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Los Cuatro Darmas de Gampopa

Bendíceme para que mi mente se dirija hacia el darma. Bendíceme para que mi práctica del darma pueda convertirse en el camino. Bendíceme para que el camino pueda clarificar la confusión. Bendíceme para que la confusión pueda manifestarse como sabiduría. Gampopa

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uesto que no soy ni un gran erudito ni un ser realizado, con el fin de beneficiar a aquéllos que muestran un sincero interés por el darma, repetiré, simplemente, las palabras sin tacha del

Buda. El incomparable Gampopa, gran maestro de renombre mundial, condensó en cuatro frases todas las enseñanzas que impartieron e impartirán los mil budas de este eón afortunado. Estas cuatro frases, conocidas como los Cuatro Darmas de Gampopa y comentadas por el gran maestro Longchen Rabyam, son unas enseñanzas extremadamente profundas, en las que se combinan sutra y tantra. Si un discípulo recibe estas instrucciones y se aplica en su práctica, podrá alcanzar la Iluminación completa en una sola vida. Es asombroso lo extraordinarias que son las instrucciones vitales de los budas y de los practicantes realizados. Los budas han desarrollado plenamente todas las cualidades del abandono y el logro; han abandonado los oscurecimientos y logrado las cualidades de la sabiduría. Los seres despiertos han enseñado el darma, movidos por su gran amor y bondad hacia otros seres, un amor y una bondad comparables a los de una madre hacia su


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único hijo. La fuente del budismo en nuestro mundo es el buda Shakiamuni, el ser completamente iluminado. Sus enseñanzas se han transmitido a través de un linaje de bodisatvas que moran en los bumis, los niveles del bodisatva. Así pues, estas enseñanzas han sido transmitidas a través de un linaje ininterrumpido de practicantes realizados, hasta llegar a mi propio maestro raíz. El primero de los Cuatro Darmas de Gampopa: “¡Vuelve tu mente hacia la práctica del darma!”, se lleva a cabo reflexionando sobre los cuatro cambios en la mente. El primero de ellos describe la dificultad de obtener un precioso cuerpo humano, dotado de las ocho libertades y las diez riquezas. Puesto que ya tenemos un cuerpo humano, podríamos creer que lo hemos conseguido sin esfuerzo alguno, pero no es así. Para renacer en un precioso cuerpo humano es necesario haber acumulado una tremenda cantidad de karma positivo en vidas previas. Los seres humanos son tantos como las estrellas que brillan en el cielo por la noche. Pero, de entre todos estos seres humanos, los que se interesan por practicar el sagrado darma, los que tienen un cuerpo humano precioso, son muy pocos; tan pocos como las estrellas que brillan en el cielo durante el día. Y, de todas las personas que se interesan por el darma, las que practican con sincera diligencia son todavía más escasas. La auténtica práctica del darma implica renunciar a todas las ambiciones mundanas y, en su lugar, buscar la iluminación completa en esta misma vida. Aunque hemos obtenido un cuerpo humano precioso, está gobernado por la impermanencia. Impermanencia significa que nada perdura, ni el mundo ni los seres que habitan en él. En particular, la duración de la vida de un ser humano es extremadamente corta, tan impredecible e insustancial como el destello de un relámpago o como una burbuja en el agua. Nadie, en este mundo, vive para siempre; morimos todos, uno detrás de otro. Y, si después de la muerte caemos en alguno de los tres reinos inferiores, nuestra desdicha y nuestro dolor serán tan indescriptibles como insoportables. Actualmente nos esforzamos por conseguir condiciones perfectas, placer y riqueza. Pero por muy increíble que sea el nivel de lujo y felicidad mundanos que podamos conseguir ahora, no podremos llevarnos nada de todo eso a la otra vida, ni a nuestros amigos ni a los miembros de nuestra familia ni nuestros bienes materiales, etc.–.


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Aunque sintamos amor y afecto por nuestros familiares y amigos, en el momento de la muerte viajaremos solos, hacia un lugar desconocido. En todas nuestras vidas anteriores hemos pasado por esta misma experiencia, dejando atrás relaciones y amistades y abandonando todas nuestras posesiones. Sea cual fuere la felicidad y la riqueza que consigamos en esta vida, es tan insustancial como el sueño que tuvimos ayer noche. Comprender que nada perdura, que todo pasa como un sueño, es comprender la impermanencia y la muerte. Si nuestra vida acabara en nada, como el agua que se evapora o la llama que se extingue, sería perfecto. En ese caso no tendríamos que preocuparnos por nada. Pero siento deciros que no es así, porque nuestra consciencia no puede morir. Tras la muerte, nos vemos forzados a experimentar el efecto de nuestras acciones kármicas previas. Debido a la ignorancia, hemos errado eternamente por el samsara y, siendo incapaces de liberarnos, vagamos constantemente por los tres reinos inferiores y los tres superiores, uno tras otro. Para liberarnos de los seis reinos de existencia samsárica necesitamos practicar el sagrado darma ahora, mientras tenemos esta oportunidad. Mientras sigamos cubiertos por el oscurecimiento de las emociones perturbadoras y el oscurecimiento cognitivo, continuaremos en la existencia samsárica. Estos dos oscurecimientos son, precisamente, los obstáculos que nos impiden alcanzar el estado de budeidad omnisciente. Con el fin de eliminarlos, llevamos a cabo las prácticas conocidas como preliminares. Dichas prácticas están incluidas en el Segundo Darma de Gampopa: “¡Que tu práctica del darma se convierta en el camino!”. Primero, tomamos refugio y hacemos postraciones, eliminando con ello las acciones kármicas negativas y los oscurecimientos que hemos acumulado con nuestro cuerpo, durante vidas incontables. Para eliminar las acciones negativas y los oscurecimientos acumulados con la palabra, desde un tiempo sin principio, practicamos la meditación y la recitación del mantra de Vajrasatva. Para eliminar los oscurecimientos y las acciones negativas acumulados mentalmente, durante vidas sin principio, ofrecemos el mandala externo, interno y secreto. Por último, para purificar las acciones negativas y los oscurecimientos que se han reunido mediante una combinación de cuerpo, palabra y mente,


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desde un tiempo sin principio, practicamos los aspectos externo, interno y secreto del yoga del guru. Se dice que “los logros espirituales ocurren espontáneamente cuando se eliminan los oscurecimientos”. El yoga del guru, una práctica sumamente profunda, es excelente para eliminar los oscurecimientos y desarrollar la realización. Aunque se halla entre las prácticas preliminares, se dice que es más profundo que la parte central de la práctica misma. El Tercer Darma de Gampopa: “¡Permite que el camino clarifique la confusión!”. “Camino”, aquí, debe entenderse dentro del contexto de la base, el camino y el resultado, una estructura que incluye todas las enseñanzas de sutra y tantra. La base es la naturaleza búdica, sugatagarba, el darmakaya de todos los budas, que está presente en todos los seres. Se compara con el oro puro e impoluto, dotado de cualidades supremas y libre de todo defecto. ¿En qué forma la naturaleza de buda está presente en todos los seres? El ejemplo que se da es el del aceite en una semilla de mostaza. La semilla de mostaza, cuando se prensa, siempre produce aceite. De la misma manera, la esencia de la budeidad, la naturaleza búdica, se halla en todos los seres. Ningún ser carece de ella. Todos los budas y bodisatvas tienen naturaleza búdica, al igual que todos los seres, hasta el más pequeño de los insectos, sin diferencia alguna en cuanto al tamaño o la calidad. La naturaleza búdica, el sugatagarba, engloba todo el samsara y el nirvana. El espacio no tiene centro ni límite. Allí donde hay espacio, hay seres. Donde hay seres, está presente la naturaleza de buda. A esto se refiere la afirmación de que la naturaleza búdica abarca todo el samsara y el nirvana, todos los mundos, a todos los seres. La naturaleza búdica está presente en todos los seres, pero nosotros no somos capaces de reconocerla. Tal ignorancia es la causa principal de nuestro vagar en samsara. Debido a la ignorancia de no conocer su propia naturaleza, los seres se han perdido en la confusión, como el oro puro que ha caído en el barro y permanece temporalmente manchado. Los budas no se perdieron en la confusión, sino que mantuvieron su “asiento natural”. La diferencia entre los budas y los seres es la diferencia entre conocer y no conocer nuestra naturaleza innata. Aunque el oro sea siempre oro, cuando está cubierto de barro se


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torna irreconocible. El oro cubierto temporalmente por el barro se utiliza como ejemplo de los seres que no reconocen su propia naturaleza. Todos los seres son budas pero, debido a los oscurecimientos temporales, no son conscientes de ello. La base se compara con el oro puro, mientras que el camino es como el oro que ha caído en el barro y está cubierto por los engaños. En este contexto, el camino significa el estado de confusión. La budeidad, el estado realizado de todos los seres despiertos, significa no desviarse por el camino de la confusión y, en su lugar, reconocer que el estado de la base es como el oro puro. Por el poder de la confusión, nos hemos perdido en el estado del camino: el oro puro se halla temporalmente cubierto de barro. Nos encontramos temporalmente bajo el poder de la confusión. Debido a que dormimos en la ignorancia, pasamos por los sueños de los tres reinos, renaciendo entre las seis clases de seres samsáricos una y otra vez, eternamente. En nuestra naturaleza búdica están, intrínsecas, las cualidades conocidas como los tres kayas o cuerpo, palabra y mente innatos, que se conocen también como los tres vajras. El cuerpo vajra es la cualidad inmutable de la naturaleza búdica; la palabra vajra es su cualidad inexpresable e incesante; y la mente vajra es su cualidad carente de error. De esta manera, el cuerpo vajra, la palabra vajra y la mente vajra están inherentemente presentes como nuestra naturaleza búdica. En estos momentos, el cuerpo vajra inmutable está oscurecido por nuestro cuerpo físico transitorio y perecedero. La palabra vajra, incesante y continua, la voz de la naturaleza de la ecuanimidad, está temporalmente oscurecida por las repetidas emisiones de sonidos en nuestras conversaciones habituales. De la misma forma, la mente vajra, libre de error, está oscurecida por nuestro pensamiento confuso. Aunque el cuerpo, la palabra y la mente de todos los victoriosos estén presentes en nuestra naturaleza búdica, se hallan oscurecidos por nuestro cuerpo, palabra y mente ordinarios. Hemos caído bajo el poder de la confusión y, por lo tanto, nos hallamos en el estado del camino. Con el fin de permitir que el camino clarifique la confusión, purificando de este modo los oscurecimientos de cuerpo, palabra y mente, se imparten enseñanzas.


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Las diversas prácticas que se enseñan son: el estadio de desarrollo, visualizar nuestro cuerpo como la forma de los budas; el estadio de recitación, cantar los mantras con nuestra voz; y el estadio de consumación, dejar que nuestra mente repose en el estado de samadi. El estadio de desarrollo o visualización no significa imaginar algo que aún no está presente. El cuerpo vajra de todos los Victoriosos se encuentra en nuestro interior, es intrínseco a nuestra naturaleza búdica. Practicando el estadio de desarrollo, eliminamos los oscurecimientos que cubren dicha naturaleza y nos impiden percibirla directamente. La palabra vajra de todos los budas, que no cesa jamás, el rey de todas las expresiones melodiosas, está también presente en nosotros. La recitación de los tres tipos de mantra –vidya, dharani y guhya– nos permite eliminar el oscurecimiento de nuestra palabra ordinaria. La mente de todos los budas, el estado despierto no conceptual, es también inherente a nuestra naturaleza, pero se halla cubierta por nuestro pensamiento conceptual perecedero. Si reposamos, simplemente, en la ecuanimidad del estado de samadi, se revelará nuestra mente vajra innata. No pienses que el estadio de desarrollo consiste en imaginar algo que no es real, como por ejemplo, que un trozo de madera es oro puro. El estadio de desarrollo no es eso en absoluto. Es, simplemente, reconocer lo que ya es, lo que ya existe. Estadio de desarrollo significa crear mentalmente, o imaginar, la forma de los budas. Aunque la visualización en este momento sea una construcción mental, un acto mentalmente fabricado, no deja de ser una imitación de lo que ya está presente en todos nosotros. Mientras no seamos capaces de practicar el estadio de desarrollo último, necesitaremos visualizar o crear mentalmente imágenes puras, con el fin de aproximarnos a ese estado absoluto. El estadio de desarrollo último implica reposar simplemente en la esencia de la mente de todos los budas, de la que se manifiestan, de manera espontánea, los dos cuerpos de la forma –el sambogakaya de luz de arco iris y el nirmanakaya de un cuerpo físico–. De hecho, la naturaleza búdica es el punto de partida del estadio de desarrollo, y esta naturaleza innata se actualiza practicando el samadi de la talidad. El estadio de desarrollo se crea a partir del samadi de la talidad, que es el darmakaya de todos los budas. Del


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darmakaya se revela el sambogakaya, que es el samadi de Iluminación y, del sambogakaya, aparece el nirmanakaya mediante el samadi de la sílaba semilla. Así es como debe llevarse a cabo el estadio de desarrollo. El samadi de la talidad es el reconocimiento de la naturaleza búdica misma, el estado de darmakaya, perfecto y primordialmente puro. Si no hemos reconocido esta naturaleza en nuestra experiencia personal, podemos acercarnos a ella o fabricarla imaginando que todos los fenómenos, todos los mundos y los seres, se disuelven en vacuidad mientras recitamos, por ejemplo, el mantra OM MAHA SHUNYATA JNANA VAJRA SVABHAVA ATMA KON HANG. De la gran vacuidad, se manifiesta la claridad del conocimiento, como el sol alzándose en el cielo y emanando luz. Esto recibe el nombre de samadi de Iluminación que es, en esencia, el sambogakaya. El espacio está iluminado por la luz solar y, de la luz del sol, surge un arco iris. Ésta es la analogía del nirmanakaya, el samadi de la sílaba semilla de la que surge la forma de la deidad. El nirmanakaya es visible pero no tangible; no podemos palparlo con nuestras manos pero tiene una apariencia. Debemos imaginar que la forma de la deidad es aparente, pero carece de naturaleza propia. Así como un arco iris en el cielo no es en modo alguno substancial o material, tampoco la deidad es de carne y hueso. En pocas palabras, el estadio de desarrollo ocurre dentro del marco de los tres kayas. El darmakaya lo abarca todo, como el espacio. Dentro de este “espacio”, el sambogakaya está vivamente presente, como la luz del sol. El nirmanakaya aparece como un arco iris, con el fin de aportar bienestar a los seres. Al igual que el sol no puede surgir y brillar sin la apertura del espacio, tampoco el incesante sambogakaya puede manifestarse sin la naturaleza no aparente del darmakaya. El sol no puede brillar si no hay espacio; el arco iris no puede surgir sin la luz del sol. Así pues, los tres kayas son indivisibles. De este modo, la práctica de los tres samadis proporciona un marco para la visualización de la deidad. Seguidamente, invocamos a la deidad última, desde el reino de Akanishta, y la disolvemos en nosotros haciéndonos inseparables de ella. Después, recitamos alabanzas, presentamos nuestras ofrendas, etc. Todas estas activida-


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des, aparentemente convencionales, del estadio de desarrollo se asemejan a las de los seres humanos comunes y corrientes pues, cuando éstos reciben la visita de personas importantes, ensalzan sus buenas cualidades y les ofrecen deliciosos manjares y presentes. El propósito del estadio de desarrollo es purificar nuestras tendencias habituales como seres humanos, y no el de aplacar a ciertos dioses externos con nuestras ofrendas. Las deidades no están sujetas al contento, cuando se les rinde culto, ni al descontento en caso contrario; somos nosotros quienes nos beneficiamos, ya que purificamos nuestros oscurecimientos e incrementamos las acumulaciones. Cuando practiques el estadio de desarrollo, hazlo con un sentimiento de amplitud, de inmensidad y apertura. No debes visualizar a la deidad en tu casa, dentro de este pequeño mundo. En primer lugar, todo cuanto existe se disuelve en la gran vacuidad, en el vasto espacio y, dentro de la inmensidad del espacio, se crea el mandala de los cinco elementos. Sobre éste, imaginamos el imponente Monte Sumeru. En la cima del mismo, está el palacio celestial y, en su interior, el trono con un asiento de discos de sol y luna. Sobre este trono, aparecemos en el aspecto de la deidad yidam, sea ésta cual fuere. Así es como debemos practicar el estadio de desarrollo, y no imaginándonos sentados en nuestra pequeña habitación. El propósito principal del estadio de desarrollo es destruir nuestro aferramiento a una realidad sólida. Lo que nos hace proseguir en la existencia samsárica es nuestra fijación a la concreción. El estadio de desarrollo desmantela tal fijación. ¿Cómo? Imaginando que el mundo es un campo de budas; que el lugar donde moramos es un palacio celestial; y que los seres en él son las formas divinas de las deidades visibles, y a la vez intangibles, como el arco iris en el cielo. De forma similar, la recitación del mantra destruye la fijación a nuestra palabra discontinua normal, que cesa y comienza. El mantra recibe el nombre de “rey de la expresión verbal”; es la palabra vajra incesante. Por último, la mente vajra, libre de error, destruye nuestro pensamiento conceptual habitual. Al periodo de recitación le sigue el estadio de consumación, que en este contexto es la disolución en la vacuidad del palacio y de la deidad, y el resurgir, desde el estado de vacuidad, en la forma de la deidad. El propósito de la disolución es eliminar nuestra fijación


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habitual a las apariencias como reales y permanentes, así como la tendencia a la idea de eternalismo. Al resurgir en la forma visible, y al mismo tiempo insustancial, de la deidad, destruimos también la base para el nihilismo, la idea de que no existe nada en absoluto. Así, adiestrándonos en la eliminación de las tendencias hacia ambas ideas erróneas, esta práctica es, realmente, el camino que clarifica la confusión. En resumen, esto es en relación a cómo permitir que el camino clarifique la confusión. Por el momento, nos hallamos bajo el poder de la confusión. A través de estas prácticas, seremos capaces de erradicarla y comprender el cuerpo, la palabra y la mente vajras de todos los budas. Una buena metáfora para tal confusión son las alucinaciones causadas por la datura, una droga psicodélica. Normalmente, nos percibimos unos a otros con una cara, dos brazos y dos piernas pero, cuando estamos intoxicados por la datura, dejamos de ver a las personas tal como son y las percibimos con diez cabezas, veinte brazos, cincuenta piernas, etc. Actualmente, nos hallamos bajo la influencia de la droga de la ignorancia y seguimos confundidos dentro de los seis reinos del samsara. Cuando cesa el efecto de la datura, volvemos a ver a la gente tal cual es en su estado natural. Pero en este momento, el efecto de la droga de la ignorancia aún no se ha agotado; estamos todavía bajo el poder de la confusión. Para clarificar la confusión en el camino necesitamos practicar los estadios de desarrollo, de recitación y de consumación. La cuarta enseñanza de Gampopa: “¡Que la confusión se manifieste como sabiduría!”, se refiere al estadio de consumación. El estadio de consumación que se ha mencionado previamente es definido por y en dependencia de una visualización que, o bien se disuelve en la vacuidad, o bien reaparece de la vacuidad; por eso se llama “estadio de consumación con atributos”. El auténtico estadio de consumación, el tema del Cuarto Darma de Gampopa, implica reconocer nuestra naturaleza búdica. Cuando el oro puro está cubierto de barro, no es fácil reconocerlo como oro, a pesar de que el barro sea temporal. Pero cuando se le quita esa capa de barro, vemos claramente que el oro es oro. De la misma manera, cuando se purifica nuestra confusión, se manifiesta la sabiduría, que es nuestro estado despierto básico.


L

Tulku Urgyen Rimpoché (19201996), ha sido uno de los grandes maestros de meditación tibetanos, con un gran reconocimiento por su personal aportación a las enseñanzas sobre el mahamudra y el dsogchen. Su monasterio en el valle de Kathmandú, la Nagi Gompa Hermitage, ha sido un gran centro de aprendizaje donde 300 monjes han permanecido de retiro durante 20 años bajo su supervisión. Su método, que surge de las instrucciones de su propia experiencia, tiene como objetivo dirigir al meditador hacia la naturaleza esencial de su propia mente, mostrando la sencillez del estado despierto que permite tener acceso a esa esencia, la mente de sabiduría del Buda.

a visión de este gran maestro de dsogchen es que el corazón de las enseñanzas del Buda se centra en “permitir que la confusión renazca como sabiduría” reconociendo el estado despierto que ya está presente en cada individuo. En este libro, el autor, uno de los grandes maestros de meditación de la tradición karguiu, expone el camino a la Iluminación, que es sencillamente el descubrimiento gradual de este estado despierto. Con la benevolencia y brillantez de un ser realizado, Rimpoché ilustra los puntos esenciales de la práctica espiritual, inseparable de la vida cotidiana, de una forma lúcida y con humor. “La budeidad no es algo que se encuentra fuera de nosotros. No es “algo”, que de forma mágica, descienda sobre ti y te transforma en un buda. El fundamento para despertar a la Iluminación es experimentar el buda en ti mismo. Las cualidades de un buda iluminado no son sus cualidades, son las cualidades de la naturaleza búdica manifestándose en todo su esplendor. Nosotros también poseemos el mismo potencial, pero está escondido, permaneciendo dormido”. “Cuanto más reflexiono sobre el darma, más maravillado estoy. ¡Las enseñanzas del darma son asombrosas! Es como una verdadera herencia que podemos recibir. Normalmente, el tipo de herencia que recibimos, cuando muere un hombre de negocios, nos ayuda a hacer dinero para cuidar de nuestro cuerpo ¿no es cierto? Esas son las instrucciones para perpetuar el samsara (el mundo condicionado y limitado). Pero lo que el Buda nos ha dejado y nos ha transmitido son las instrucciones sobre el modo de vaciar el samsara. ¡Esto es algo increíble!”. ISBN: 84-86615-82-8

9 788486 615826

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