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editorial

Los que toman lo no esencial por esencial y lo esencial por no esencial, ocupados en pensamientos equivocados, nunca llegan a lo esencial Dammapada 1.11

Cuadernos de budismo

Lo esencial en el darma del Buda es comprender la naturaleza de la realidad, incluyendo evidentemente la de uno mismo. Esa naturaleza está perfectamente apuntada y reconocida en las enseñanzas. Se conoce como vacuidad (sunyata en sánscrito; tongpañi en tibetano). El problema fundamental es cómo llegar a conocer la vacuidad de modo directo, de primera mano; no como un concepto sino como una experiencia. En las distintas tradiciones se describen métodos diferentes para llegar a esa comprensión profunda. Todos tienen como núcleo central la meditación formal. Algunas tradiciones hacen más hincapié en el estudio, sobre todo del madiamika, es decir, de los escritos de Nagaryuna y sus seguidores. Otras fomentan el desarrollo de la atención plena en todas las actividades. En el tantra la técnica consiste en identificarse con una deidad y practicar las disoluciones. En el dsogchen se necesita a un maestro que te muestre por primera vez esa realidad para luego aprender a recrearla. Y en algunas escuelas zen se usa el acertijo imposible, o koan, para llevar a la mente a un estado especial, no conceptual; por cierto, algo muy parecido a lo que propone Tsongkapa, utilizar el pensamiento conceptual lógico-analítico para llegar a una/la experiencia no conceptual. En todos los casos lo que importa es llegar a tener la percepción directa de la experiencia descrita como vacuidad: algo intransferible, “a-personal” (puesto que el yo deberá desaparecer) y que vendrá acompañado de gran paz o gozo. Para este proceso de ver más allá de las apariencias de las cosas es de gran ayuda explorar el concepto de las dos verdades. La realidad convencional, la forma en la que consideramos el mundo a nuestro alrededor y a nosotros mismos, y la realidad última, la que es accesible a una conciencia clara libre de perturbaciones, la vacuidad. El concepto de las dos verdades nos introduce a la idea de que hay una realidad aparente, la de nuestro mundo ordinario, y otra que apunta a la verdadera naturaleza de objetos y conciencia. Si sólo operamos con la realidad convencional desarrollamos atracción por todo lo que nos gusta y aversión hacia lo que nos disgusta. Esto crea un círculo vicioso de atracción y rechazo que constituye el samsara. El mundo condicionado y

esclavista del que debemos escapar. Si empezamos a dudar de que las cosas sean tan sólidas, concretas y permanentes como parecen, empezamos a acercarnos a la realidad absoluta, a la ausencia de todo vestigio de solidez, permanencia y esencia tanto en ellas como en la conciencia; es decir, ponemos en duda la realidad convencional y se nos abre la puerta de la realidad última, cuya consecución es el nirvana. Tradicionalmente, el camino del estudio de la vacuidad se inicia cuando ya se ha obtenido una mínima experiencia en otros dos aspectos del método del Buda, a saber, la actitud de renuncia a todo lo que nos trae sufrimiento y el reconocimiento de la necesidad del altruismo basado en tener buen corazón. Aquí debemos investigar la idea de transitoriedad, que básicamente implica que todo cambia continuamente. Este cambio se puede entender, a nivel superficial, observando el deterioro de las cosas materiales y físicas del mundo que nos rodea y los cambios físicos, anímicos y psicológicos que experimentamos todas las criaturas. A nivel sutil, se refiere al cambio invisible, atómico, que se produce momento a momento y que refleja en suma la verdad de que nada existe de forma permanente, definitiva, sólida y autosuficiente y de que, por tanto, al final todo es una ilusión. La segunda idea es la de interdependencia, expresada en la doctrina de la originación dependiente (pratitya samutpada). Nada opera independientemente, todo procede de causas y condiciones. Esto es porque aquello es. La interdependencia es quizás fácil de entender conceptualmente, abriendo los ojos a nuestra realidad y, hoy en día, a las características de nuestra era globalizada; es un hecho conocido que lo que sucede en un rincón del mundo afecta al resto. El reconocimiento de esta interdependencia es vital para ver que todo es mucho menos concreto y sólido de lo que parece y que, por tanto, podemos tomarnos las cosas menos en serio. Este es el nivel, sólo con escuchar algo sobre la vacuidad se nos abren las puertas a muchas otras posibilidades. Porque existe la transitoriedad y la interdependencia, todo es posible, incluso la iluminación. Como siempre, ojalá encontréis inspiración en las páginas de este número de otoño. XAVI ALONGINA – Editor

es una publicación trimestral de: EDICIONES DHARMA: Elías Abad, 3 bajos - Aptdo. 218 - 03660 Novelda (Alicante) - Tel. 96 560 32 00 E-mail: dharma@edicionesdharma.com – www.edicionesdharma.com DIRECTOR: Xavi Alongina • HAN COLABORADO EN ESTE NÚMERO: José Alias, Eduardo García-Arévalo, Jianhong Liu, Toto Lara, María Lara, Aurora García, Valentín Mencía, Javier Agenjo, Carlos Cirugeda, Marc Alongina y Santiago Aguado. SUSCRIPCIONES: M.ª Carmen Pérez - Tel.: 609 632 932 (de 9 a 14 horas) - maricarmen@edicionesdharma.com IMPRESIÓN: Aguado Impresores, S.L. · Novelda • Depósito Legal: A-1027-87 · ISSN: 1886-1067 • IMPRESO EN PAPEL RECICLADO 100% DISEÑO PORTADA: AGUADHARMA Cuadernos de budismo no comparte necesariamente las opiniones de sus colaboradores. NUESTRO OBJETIVO: presentar la esencia del budismo de una manera no sectaria e integrada a la cultura occidental. SUSCRIPCIÓN: se inicia siempre con el número de primavera de cada año. Al suscribiros recibiréis los números ya aparecidos en el año. El precio de la suscripción para el 2011 es de 20 €. 25 € para el extranjero. Por respeto al medio ambiente, a los textos e imágenes que contiene, no tiréis a la basura los ejemplares viejos de Cuadernos. Pasadlos a alguien o juntadlos con vuestro papel para reciclar. EDICIONES DHARMA ESTÁ ASOCIADO A LA FPMT


Hasta pronto Lama Lundrub

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Editorial De otras revistas y de la red Una flor es una flor, una flor no es una flor... Lama Zopa Rimpoché

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Realidad absoluta Lama Thubten Yeshe

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El Dalái Lama en Toulouse Xavi Alongina

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La práctica de la visión profunda Yongey Mingyur Rimpoché

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Los monasterios perdidos de Ladakh y Zanskar: meditación de altura. Carmen Nieto

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Kadro-lá en Barcelona. Canal Central Pasaje al Mandala del Buda. El Triple Canon: I El Canon del Sutra. Ven. Aigo Seiga Castro

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Vacío como el cielo. Guy Newland La vacuidad: ¿qué es eso? Antonio Pascual ¿…? Miguel Ángel León Maneras de vivir. José Alias Los ocho símbolos auspiciosos. La rueda Libros Imágenes del despertar

Portada: El Dalái Lama preparándose para hacer postraciones antes del inicio de las enseñanzas. Foto: Mena Baldeosingh Contraportada: Tangka del Buda de la Medicina. Archivo de Ediciones Dharma

Con Lama Lundrub en Kopan. Viaje a Nepal y Bután en 2005

Peregrinaje al Kailash 2011. Viajes organizados por Cuadernos de budismo y Viajes Sanga.

cuadernos de budismo. Otoño 2011

Índice

Lama Lundrub nos dejó hace tres días. Debido a los continuos viajes de Lama Yeshe y Lama Zopa, fue la cara visible de Kopan durante las tres últimas décadas. Te lo podías encontrar en cualquier lugar, paseando con su mala entre las manos observando a los jóvenes monjes haciendo puya, organizando la cocina, la secretaría, la biblioteca, recibiendo a los visitantes... Siempre estaba dispuesto a dedicar tiempo a los muchos visitantes de todo el mundo que recibe Kopan a diario. Él encontraba siempre tiempo para una breve entrevista que se convertía en media hora de enseñanzas. Con el tiempo, cada vez se parecía más a Lama Yeshe, por su humor, su energía de padrazo, su cariño. Su vida era de completa dedicación y entrega total a la visión de Lama Yeshe y Lama Zopa. Más a sus anchas manteniéndose en un segundo plano…, hizo alguna gira por Asia para dar enseñanzas pero siempre eludió ser el centro de atención. Recuerdo en una ocasión en el curso de meditación de 1976 que literalmente Lama Yeshe tuvo que auparlo en el trono para que hablase a los participantes del curso… Era especialmente cariñoso con los españoles haciendo bromas con el hecho de que Kopan era ahora un monasterio español. Siempre nos decía que esperaba que Osel pronto asumiera su papel y se instalara en Kopan y nos pedía que le ayudásemos en esa tarea. Nacido en una humilde familia tibetana en 1941, estudió en Sera. Desde su exilio, primero en el campo de refugiados de Buxa donde estudió con Gueshe Rabten y otros maestros, participó en la preparación de las tierras para el reconstruido monasterio de Sera en el sur de la India. En 1972, Lama Yeshe le envió a Kopan para enseñar filosofía a los jóvenes monjes durante tres meses. Pero se quedó y dedicó su energía, amabilidad y conocimiento del darma para desarrollar Kopan, especialmente los estudios monásticos tanto de chicos como de chicas, cuyos monasterios se han convertido en un referente. Es una gran pérdida para Kopan y para todos los que lo visitamos regularmente. Lama Lundrub siempre tenía unos minutos y una sonrisa para todo el mundo. ¡Que todas sus aspiraciones se cumplan! Novelda, 10 de septiembre de 2011

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de otras revistas y de la red Cómo domar la mente que no deja de querer cosas

cuadernos de budismo. Otoño 2011

Sasha T. Loring. Psicoterapeuta e instructora de retiros de vipásana durante más de 30 años. Artículo aparecido en Shambhala Sun de julio de 2011.

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“Querer algo” es un fenómeno universal, y nuestra lista mental de lo que queremos es aparentemente interminable. Nos despertamos por la mañana y nos preguntamos “¿Qué quiero hoy? ¿Qué quiero comer, qué quiero comprar, y cuánto quiero?”. El desear de este modo, cuando va más allá de nuestras necesidades básicas ordinarias, es la expresión de un anhelo para tener más de lo que ya tenemos o tener algo distinto. Existe un sentimiento fundamental de insatisfacción. Vale la pena prestar más atención a la naturaleza de este querer algo, reconociendo cuando el deseo está presente y, en ese momento, identificarlo como tal. Cuando te hayas familiarizado con la acción de reconocer el deseo y lo hayas definido, entonces será más fácil descubrir cuándo estás atrapado en él, y te resultará mucho más fácil liberarte. También puedes ser más concreto sobre los elementos del deseo, nombrando el sentido correspondiente que activa, además de lo que está buscando. Por ejemplo, el ansia o deseo intenso surge de ver algo; una forma que deseo. O el ansia surge por el sentido del gusto; al desear un placer del contacto con la lengua. Puedes incluso prestar atención al ansia por las ideas, por el estímulo intelectual. (…) La práctica de la meditación es un modo excepcional de adquirir familiaridad con tu mente y acostumbrarte a observar cómo los estados mentales surgen, se toma nota de ellos y seguidamente se disuelven. Con la práctica puedes mejorar tu manera de darte cuenta del estado mental de “querer algo”, dejar que haga acto de presencia, observarlo y dejarlo ir. Al observar el deseo mismo y al dejarlo ir una y otra vez, puedes desarrollar un sentimiento de ecuanimidad más asentado y satisfactorio en tu mente, en vez de estar sujeto

constantemente a una serie interminable de deseos. (…) El segundo elemento para disminuir el deseo intenso es descubrir el momento en que tu atención se ha quedado atrapada. Quedarse atascado es un tipo de atención que se concentra en una cosa por la que sentimos un intenso anhelo o gran rechazo. Si se trata de atracción por algo, esto nos lleva a tener pensamientos sobre el objeto además de notar un sentimiento físico; algo como un hueco que debe ser llenado. Incluye también la tendencia mental

de embellecer las cualidades atractivas de lo que quieres, a la vez que ignoras los aspectos indeseables o futuras consecuencias. Al emplear la atención plena para romper esa fijación de la atención, puedes separar el deseo por algo y el hecho de obtenerlo. Imagina que tu hijo es arrastrado hacia el mar por una corriente. No intentarás luchar contra la corriente (el objeto) sino que agarrarás a tu hijo (tu atención) y lo llevarás hacia la orilla. Si tu práctica se vuelve más consciente de tu atención, como un aspecto de tu mente de la que te

puedas hacer con los mandos y utilizar de apoyo, descubrirás cuándo ha sido “secuestrada” y, deliberadamente, traerla de vuelta. (…) Otra forma de soltar la fijación es ofrecer el objeto de tu deseo. He convertido en hábito dejar una pequeña porción de comida en mi plato y ofrecerla mentalmente al final diciendo algo como “Ojalá todas las criaturas tengan suficiente comida”. He descubierto que esto tiene varios resultados. Reduce las tendencias de comer deprisa y sin prestar atención a lo que se come. Y también convierte cada comida en una experiencia a compartir con el Universo. Además, cuando ofrezco la comida siento una sensación de calor en mi corazón, un instante en el cual resplandece la compasión que suaviza y ensalza mi estado mental. Al empezar a funcionar con nuestra propia mente podemos comenzar a darle la vuelta al ansia que a menudo rige nuestros comportamientos. (…) Liberarte del deseo intenso puede, en realidad, aumentar el placer que puedas experimentar por los objetos a tu alrededor, tanto si son tuyos como si no. Puedes reconocer la atracción y relajarte en ella, como una experiencia de apreciación, en vez de la de querer algo. El objeto es tanto más valioso si eres capaz de desasirte de él, quedándote así libre de poder continuar experimentando tu mundo sin verte atrapado en él. La atracción per se no es un problema, es del intento de adherirte al objeto de tu atracción de donde surge el dolor. (…) En resumen, hay tres pasos para reducir el ansia y disfrutar de una vida más satisfactoria: reconocer la mente que quiere algo, relajar la fijación de tu atención y ofrecer el objeto de tu deseo; psicológica, físicamente, o de las dos formas. Como individuos, tenemos la oportunidad de redirigir el instante de querer algo en un momento de generosidad y empatía; esto nos ayudará a recorrer un buen trecho del camino hacia la transformación de nuestra mente y aliviará la profunda insatisfacción que dirige nuestra ansia. (…)


Seamos realistas

Después de aplicar el darma del Buda por un tiempo y escuchar charlas sobre liberación y libertad, algunas personas se sienten muy frustradas si no han obtenido el logro. Se olvidan de que se necesita mucho tiempo para evolucionar de ser una persona ordinaria a ser un buda. (…) A ciertas personas les gusta hablar sobre el darma más profundo; el darma de los budas y bodisatvas, pero no les gusta tanto hablar del darma para gente ordinaria. Cuando la naturaleza de las enseñanzas es excesivamente elevada, puede desalentar a la gente porque puede ser muy difícil de consumar. En esa situación, cuanto más estudian el darma más frustrados se pueden volver. Pero si, de modo realista, aplicamos categorías más apropiadas a los seres humanos ordinarios, si usamos el darma como nuestro guía y nos esforzamos para completar lo que está al alcance de los seres humanos, esta sabiduría nos puede conducir a la otra orilla. (…) Puesto que existen diferentes niveles de libertad y distintos niveles de liberación, la mayoría no puede esperar liberarse de todo a la vez. Debe obtenerse gradualmente. (…) Puesto que la liberación y la libertad son estadios de iluminación, la ignorancia y la iluminación son relativas. Las personas que permanecen en la ignorancia no están iluminadas, pero los seres verdaderamente iluminados no permanecen en la iluminación. Esto sucede porque, cuando hay apego al hecho de estar iluminado, no existe verdadera libertad. La gente corriente permanece en el concepto de “yo”, que incluye al “mí” y lo “mío”. Cuando analizan el “yo” puede que descubran que la parte del “mí” no está presente, pero la parte “mío” aún existe. En primer lugar el cuerpo es “mi cuerpo” pero no es “mí”. En cuanto a “mi dinero”, “mi casa”, etcétera, todos esos son “míos”.

Puesto que no existe un “mí” real que pueda ser percibido, es ignorancia considerar lo que es “mío” como “mí”. (…) Si un practicante iluminado permanece en la idea de estar liberado, eso no es gran liberación. La verdadera libertad del camino de los budas y bodisatvas es no tener idea del sí mismo, ni idea de estar liberado. El Sutra del diamante recuerda: “No yo, no otros, no seres sensibles”. Esto no implica que no haya que actuar en

El árbol de la iluminación. Ilustración china del siglo XVIII.

el mundo, sino que hay que utilizar la compasión y la sabiduría para ayudar incondicionalmente a cualquier ser sensible. Esa es la verdadera libertad. (…) Hay una cita que reza, “No merodees en el lugar donde hay un buda”, y otra cita que dice, “Aléjate rápida-

mente del lugar donde no hay un buda”. Dos budistas iban en peregrinaje; uno de ellos estaba iluminado, el otro no. Cierto día pasaron por un templo y el primero dijo, “Debe haber un buda en el templo, vayamos y mostremos nuestros respetos”. El otro dijo, “Puesto que el buda ya está ahí, no perdamos el tiempo y prosigamos”. En otra ocasión llegaron a un templo abandonado, y el primero de ellos dijo “Ahí no hay buda, debemos entrar y mostrar nuestros respetos”. El otro dijo, “Vamos de peregrinaje; puesto que ahí no hay buda mejor prosigamos”. (…) ¿Por qué seguir el camino cuando el buda está ahí y también cuando el buda no está? Porque si el buda ya no está en tu mente no lo encontrarás en ningún otro lugar fuera de ti. Si no puedes sentir el buda interior y solo ves el buda externo, éste no es el buda real. Sigue adelante sin perder el tiempo y continúa la práctica. Si realmente conoces la liberación y la libertad, el buda está en todas partes y en ninguna. (…) El camino es a la vez gradual y progresivo, de modo que no hay que ser imparcial y excesivamente ambicioso; uno no puede convertirse en buda en una noche. Aunque el mahayana comparte el concepto de iluminación instantánea, requiere de una práctica gradual y durante largo tiempo. De modo que lo que parece ser instantáneo, es en realidad el resultado de una larga práctica. Tanto el Chan como el Zen se refieren a la iluminación gradual e instantánea, pero de hecho las dos son lo mismo. De modo que ¿cómo se practica mejor el Chan? La mejor manera es viendo el Chan como la vida diaria. En especial para los practicantes ordinarios, es muy importante experimentar el darma con el cuerpo y la mente mundanos. El Chan no es místico ni escurridizo; mientras se sea consciente en la vida diaria, el Chan está en todas partes. (…) Nota : La palabra Zen es la pronunciación en japonés de la palabra china Chán (禪), que a su vez deriva de la palabra sánscrita Dhyana, que significa aproximadamente “meditación“ o “estado meditativo”. Cabe destacar que el maestro japonés Daisetsu Teitaro Suzuki iguala el dhyana con el zazen (en chino 坐禅 zuòchán, “Chán sentado”, o “meditación sentada”).

cuadernos de budismo. Otoño 2011

El maestro Chan Sheng Yen nos recuerda que no debemos sentirnos desanimados por que no hayamos alcanzado la iluminación. Después de todo, sólo somos humanos. De un artículo aparecido en la revista BuddhaDharma del verano de 2011.

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cuadernos de budismo. Otoño 2011

Una flor es una flor, una flor no es una flor...

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La realidad de un fenómeno puede ser considerada de varias maneras. Una realidad de una flor, por ejemplo, es que es impermanente; cambia constantemente, decae, día tras día, minuto a minuto. Incluso a cada segundo se va marchitando. ¿Por qué? Porque depende de otras causas y condiciones. Pero, no obstante, sólo lo notamos cuando esa caducidad afecta al color y a la forma de la flor. No notamos el sutil marchitar de la flor a cada segundo. La flor crece debido a sus causas y condiciones, y se marchita por otras causas y condiciones. La realidad es que la flor cambia a cada segundo debido a esas causas y condiciones, y debido a este sutil cambio, cambia cada minuto, cada hora, cada día. El sutil cambio conlleva un cambio más grande, cuando finalmente notamos que la flor se está marchitando. Con anterioridad a esto, ya ha habido varios cambios pero eran demasiado sutiles para que nosotros los notáramos. Puesto que no nos damos cuenta de este cambio, la flor se nos aparece como algo permanente. Aferrándonos al hecho de que esta falsa apariencia de permanencia es la realidad, creamos la ilusión de permanencia en relación a algo que es impermanente. Ahora considera la realidad de una flor, que es extremadamente sutil. “Flor” es un nombre, una palabra, una etiqueta que se aplica a un objeto: una flor. Vemos una flor en relación al objeto y no etiquetamos “flor” a cualquier cosa. Cuando vemos un jarrón o un libro, por ejemplo, no los llamamos flor. Antes de que apliquemos la etiqueta “flor” a Lama Zopa Rimpoché algo, tenemos que tener una razón para hacerlo así, de otro modo podríamos aplicar esa etiqueta a cualquier objeto que veamos. De Curación definitiva, el poder de la compasión. Si tú mismo te consideras una flor, es probable que acabes en el departamento psiquiáEdiciones Dharma. trico de un hospital. Antes de que escojamos Novelda 2009. la etiqueta específica de “flor”, tenemos que ver un objeto material que ha crecido en la Imágenes de flores como decoración en unos tierra y tiene la forma y color particular de una flor. Al ver ese objeto nos decidimos a grandes almacenes de aplicar la particular etiqueta de “flor”. Si veChiba (Japón).

mos un jarrón, un libro, o una mesa no lo hacemos. Este es el proceso a través del cual percibimos una flor. Cuando no analizamos nuestra percepción, parece que vemos una flor sin más, como si viéramos la flor sin que nuestra mente la etiquete como tal, pero esto es completamente erróneo. El proceso actual es que primero vemos la flor, un objeto material específico, la etiquetamos como “flor” y entonces aparece una flor ante nosotros. Es sólo después de que la etiquetamos como “flor” que percibimos una flor. Hasta ese momento no veíamos una flor. El objeto material con el aspecto de una flor es la base de la percepción, y la palabra “flor” es la etiqueta. Primero vemos el objeto y luego la flor (nombre sustantivo), así que el objeto no es la flor que es un mero sonido. Aun cuando la realidad es así, nuestra mente no se da cuenta de ello. Desde el principio, nuestra mente ofuscada cree que vemos la flor, no el objeto flor. En realidad, vemos primero la base y solamente percibimos la flor cuando la hemos etiquetado. Lo que hay que entender llegados a este punto es que el objeto y la etiqueta no son lo mismo; el objeto flor y la etiqueta flor, son diferentes. No obstante, tampoco son algo separado, porque la flor no existe sin su objeto. El objeto que ves primero no es la etiqueta “flor”. Son diferentes. Incluso si no hemos meditado mucho sobre la vacuidad de los fenómenos, es esencial que comprendamos el proceso de distinguir la etiqueta de la base de la percepción: el objeto. Asimismo, no hay flor en el objeto flor. A nosotros nos parece que sí, pero es una alucinación. Es lo que conocemos como “el objeto a ser rechazado”, es decir que tenemos que darnos cuenta de que está vacío. Allí no hay una flor, y no en el sentido de que la flor no existe, sino en el sentido de que no existe flor sin la base de la percepción. Lo que primero vemos es el objeto base de la flor, pero no es la flor. Existe una flor allí donde existe el objeto base de una flor,


De este análisis, podemos ver que la flor está completamente vacía en el sentido de existir como un objeto en sí mismo. La flor existe como algo que surge sutilmente dependiendo de

Incluso si no hemos meditado mucho sobre la vacuidad de los fenómenos, es esencial que comprendamos el proceso de distinguir la etiqueta de la base de la percepción: el objeto.

la intervención de la mente. Esta es la realidad de la flor que he mencionado antes. Aun cuando este es el modo en que la flor existe, aquellos que no han comprendido el concepto de la vacuidad no perciben la flor de este modo. La flor se nos aparece como algo real y esa apreciación es completamente falsa. Esa flor, que parece existir por sí misma, es una completa alucinación; está completamente vacía. Todo proviene de la mente, todo es una creación de la mente. Cuando cientos de personas miran un mismo individuo, cada una percibe a esa persona de manera diferente: algunos la ven bonita, otros fea, a otros les da igual. Las diferencias se originan en las mentes de quienes lo perciben. El modo en que un objeto se nos aparece viene de nuestra propia mente, no del lado del objeto. Depende de cómo miramos al objeto, cómo lo interpretamos, cómo lo catalogamos. El hecho de que todo proviene de la mente es un principio budista fundamental, pero los científicos occidentales están de acuerdo en que incluso la existencia de un átomo está

relacionada con la mente del observador. Todo es una creación de la mente, incluso la misma mente. Puesto que todo viene de la mente, la mente misma es fundamental para curar enfermedades. Como las enseñanzas del Buda, los textos médicos tibetanos y chinos explican que todas las enfermedades se originan en la mente y relacionan la enfermedad a tres ilusiones fundamentales: ignorancia, ira y apego. La verdadera raíz de la enfermedad –y de todo el sufrimiento– es la ignorancia, específicamente la ignorancia de la realidad última de los fenómenos. Para sanar no solamente la enfermedad sino todo tipo de sufrimiento, e imposibilitar que volvamos a experimentar el sufrimiento de nuevo, tenemos que curar las causas del mismo, que están en nuestra mente. Tenemos que detener completamente aquellas acciones motivadas por las ilusiones, las ilusiones propiamente dichas, y las semillas de éstas. La medicina que usamos es la realización de la vacuidad, la naturaleza última de los fenómenos. Por eso es muy importante entender la vacuidad y la razón por la

que el Buda impartió tantas enseñanzas sobre el tema de la vacuidad, la más breve de ellas es: La Esencia de la Sabiduría, comúnmente conocida como El Sutra del Corazón.

cuadernos de budismo. Otoño 2011

pero en la base de una flor, no hay ninguna flor. Así pues… ¿Qué ha pasado con la flor? La flor no es que sea no-existente, la flor existe. Analizándolo de este modo, no obstante, podemos ver que la flor es algo completamente diferente de lo que creíamos que era. ¿Qué es la flor? La flor es simplemente lo que está etiquetado por la mente en relación a la base del objeto. En otras palabras, la flor ha sido creada por la mente. Esta es la naturaleza esencial de la flor, y podemos ver que es extremadamente sutil. El modo más breve de expresarlo es decir que la flor está meramente etiquetada por la mente. Para elaborarlo un poco, podemos decir que la flor viene meramente etiquetada por la mente dependiendo de la base del objeto. La flor es extremadamente sutil, como el espacio. No es que la flor no exista, existe, pero en un modo extremadamente sutil. Otra manera de expresarlo es decir que la flor existe simplemente porque la base real de la flor existe. No es que la flor no exista. Existe, pero es tan sutil que es como si no existiera.

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Cuadernos de budismo 78  
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