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Mis Amores: El río Primera edición: Octubre 2018 ©2018 Recopilación 2017

Fernando Vidal Douglas Salomón Fernanda Benavidez Margarita Babel Arboleda Camilo Villamarín Rodrigo Vélez Nasly Sánchez Suárez Compilador: Plataforma Editorial Territorio y Dramaturgia Dulce Compañía Fundación Escénica Investigación y coordinación editorial: Diana Marcela Trujillo Restrepo Rodrigo Vélez Ángel Miguel Ángel Achury Restrepo Editor Literario y corrección de estilo: Diego Fernando Burgos Diseño y Diagramación: Ana María Pizarro Ruíz Fotografía portada: Isabela Vidarte ISBN: 978-958-48-4931-1


Con el apoyo de:


Índice 4 15 21 26 31 40 48

Patadas de ahogado Margarita Babel Arboleda

Fuga intempestiva Fernando Vidal

Dilución Fernanda Benavidez

Rap en río Nasly Sánchez Suárez

Rubia paloma Douglas Salomón

El cariño de los tontos Rodrigo Vélez Ángel

Striptease Camilo Villamarin


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PATADAS DE AHOGADO Por Margarita Babel Arboleda “…Echar raíces en el agua. Echar raíces en los suspiros. Echar raíces en el humo, en las nubes. Echar raíces en miles de pequeñas burbujas… …echar raíces en la piel ajena…” Rodrigo García “Esparcid mis cenizas en Eurodisney”

Personajes: Radio Ana Rodrigo Flujo de conciencia de Ana Flujo de conciencia de Rodrigo

T

res zonas de acción: Zona del Presente, Zona del Silencio Incómodo y Zona del Pasado. Dos personajes que se mueven en estas zonas de acción: Ana y Rodrigo. Sus flujos de conciencia se mueven con ellos. Un Radio, que reproduce noticias a su antojo. Zona del Presente. Ana y Rodrigo sentados sobre un mantel de picnic genérico que tiene encima elementos de picnic ídem. Ana lleva un vestido de flores; está perfectamente maquillada y peinada como para una ocasión especial. Rodrigo, vestido de enfermero, lleva puesto en la cintura un flotador redondo ligeramente desinflado. En medio de ambos se destaca un Radio con una antena larga, que reproduce una melodía cualquiera. Ana sirve alguna bebida alcohólica en dos copas. Rodrigo le señala que prefiere brindar con agua. La melodía termina abruptamente y da paso a una noticia. Ambos escuchan atentos.


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Radio:

Según la Organización Internacional de Gente en Movimiento, en este año perdieron la vida trescientos siete Migrantes de Flotador, en su intento por cruzar al otro lado del río…

Rodrigo apaga el Radio y lo instala en la Zona de Silencio Incómodo. Ana: ¡Salud! ¡Por ti! Rodrigo: ¡No! ¡Por ti! Ana: ¿Entonces ya no tomas? Rodrigo: No. Ahora me emborracho con agua. (Ríe) Flujo de conciencia de Rodrigo: Con la felicidad de soñar mi cuerpo en el agua. El agua me embriaga. Se miran sin saber qué decir. Silencio. Silencio prolongado. Ambos caminan hacia la Zona de Silencio Incómodo. Flujo de Conciencia de Ana: Está tan raro como siempre. Se llama Rodrigo. Y siempre veníamos aquí de picnic. Por esa época él estudiaba medicina. Quería especializarse en ginecología y estaba haciendo sus prácticas en hospitales y barrios. Brindan de nuevo. Flujo de conciencia de Rodrigo: Está linda como siempre. Me llamo Rodrigo. Y siempre veníamos aquí de picnic. Por esa época yo estudiaba medicina. Quería especializarme en ginecología y estaba haciendo mis prácticas en hospitales y barrios. Flujo de conciencia de Ana: Yo lo quería mucho. Flujo de conciencia de Rodrigo: Yo la quería mucho. Muchísimo. Flujo de conciencia de Ana: Pero nunca tuvimos sexo. Yo hubiera querido. Y siempre me pregunté si eso tenía algo que ver con sus prácticas… con lo que estudiaba… Rodrigo: Nunca tuvimos sexo. Y nunca quise darle ninguna explicación al respecto. No era un tema que me gustara tocar. Regresan hacia la Zona del Presente. Flujo de conciencia de Ana: Es lindo volver a verlo. Ana: Es lindo volver a verte. Flujo de conciencia de Rodrigo: Lo mismo digo. Rodrigo: Lo mismo digo. Ana: Estás… Flujo de conciencia de Ana: No sé si lo voy a decir, pero… Ana: Has cambiado. Rodrigo: ¡Quién no después de diez años! Flujo de conciencia de Ana: ¿Y yo? ¿Me maquillé mucho? Estoy como muy peinada. Flujo de conciencia de Rodrigo: Está hermosa. Quedé frío cuando me llamó. Y hoy sigo frío. Ana: ¿Y todavía estudias ginecolo…? ah no claro que no… Flujo de conciencia de Ana: ¿Qué digo?… ¿estaré nerviosa? Rodrigo: No, claro que no. Ya soy ginecólogo… hace mucho me gradué.


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Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo: Ana:

Claro, claro, obvio. Es que es como si... Como si el tiempo no hubiera pasado. Un poco sí… y… ¿En que clínica estás? Materno Infantil. ¡Ah mira! Bueno, pues puedo coordinar con mi seguro a ver si me atiendes un día. (Rodrigo se sobresalta) Flujo de conciencia de Ana: ¡Claro que no! No es lo que se le dice a un ginecólogo conocido ¡con el que nunca tuviste sexo! (Ríe) Flujo de conciencia de Rodrigo: ¡Ay! ¡pero como me dice eso! Flujo de conciencia de Ana: Ni siquiera por cortesía. ¡Se me fueron las luces! Flujo de conciencia de Rodrigo: No, no me está insinuando nada… Tengo que controlar los nervios. Ana: No, quiero decir que… ay Rodrigo, es que… estoy muy contenta de volver a verte… Rodrigo: Yo también. (Le toma una mano tímidamente) Gracias por buscarme. Flujo de conciencia de Ana: Y tiene que recalcar que yo lo busqué. Permanecen tomados de la mano y evitan mirarse. Silencio. Se sientan en la Zona de Silencio incómodo. Flujo de conciencia de Ana: Siempre fue tan raro. Hablaba como loco cuando quería explicarme cosas. ¿Qué digo? La verdad es que nunca lo habría buscado otra vez, pero lo vi de casualidad en la lista de especialistas de mi seguro y no podía creerlo. Creí que se me iba a salir el corazón. Necesitaba saber que había sido de él. Así que lo llamé. Regresan a la Zona del Presente. Ana: Bueno y ¿a qué especialidad de la ginecología te dedicaste? Rodrigo: Bueno, la ginecología en sí es ya una especialidad de la medicina. Bueno también está la obstetricia que es otra especialidad de la medicina, lo que pasa es que actualmente la mayoría de las personas que estudian… Flujo de conciencia de Ana: No, no ha cambiado. Explica y explica siempre... Rodrigo: A menos que te refieras a las subespecialidades. Hay unas subespecialidades como por ejemplo la medicina materno fetal o la endocrinología reproductiva… Flujo de conciencia de Ana: Bla bla bla…me importa un pepino (ríe) Rodrigo: Y estas subespecialidades son… Flujo de conciencia de Ana: El subespecial es él. Mierda, esto no me lo esperaba... parece que este subespecial todavía me gusta… Flujo de conciencia de Rodrigo: Empiezo a decir idioteces y no puedo parar. ¡Está tan hermosa! Rodrigo: Ya me puedo imaginar lo que estás pensando de mí… Flujo de conciencia de los dos: Pero ¿qué hace aquí? ¿No que no soportaba este lado del río? ¿No que esta vida no era lo suyo? Ana: Ni te imaginas qué pienso… Los dos dan un paso a la Zona del Pasado. Con un cambio total de actitud, empiezan a construir una nueva escena. Rodrigo escribe en un cuaderno. Ana llega desde atrás e intenta leer. Él lo percibe y cierra el cuaderno.


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Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo:

¿Que tanto escribes ahí? Una carta. Para ti. No te creo. Seguro. (Rodrigo arranca una página y se la pasa. Ana intenta leer) ¿Te gusta? No entiendo nada. Bueno te la puedo leer... Mierda. De verdad que terrible, yo mismo casi no entiendo nada. Ana: Tienes una letra horrorosa. O sea que es cierto lo que dicen de la letra de los médicos. Y yo que pensaba que era sólo la que usaban para escribir las recetas. Como si su letra tuviera una identidad secreta. Rodrigo: La mía no. Lo siento. No hay traje de Supermán dentro de este lapicero. Ana: ¿Al menos me decías que me querías? Rodrigo: Ajá. Se besan. Regresan a la Zona del Presente. El Radio se enciende y reproduce otra noticia. Radio:

La orilla de siempre está llena de cuerpos de más de cuarenta Migrantes de Flotador que se habrían arrojado la noche anterior. Uno se pregunta, qué va a hacer el gobierno de allá, para resolver el problema que crea acá. Necesitamos mano dura…

Ambos caminan hacia la Zona de Silencio incómodo. Ana apaga el Radio. Flujo de conciencia de Rodrigo: ¿Por qué me habrá llamado? Que incomodidad. No sé de que más hablar… Flujo de conciencia de Ana: Tal vez me equivoqué y no debí armar esta cita. ¿Me atreveré a preguntarle por qué nunca pasó nada? Ambos regresan a la Zona del Presente. Rodrigo: ¿Qué estaba diciendo? Ah sí, que estas subespecialidades son… Ana: Tengo una pregunta. Me dijiste por teléfono que te vas de viaje. ¿Es el mismo viaje que querías hacer antes? ó… Rodrigo: Sí. Ana: Es decir… nunca te fuiste. Rodrigo: No. Silencio. Silencio. Más silencio que los lleva de nuevo a la Zona de Silencio Incómodo. Por iniciativa de Rodrigo regresan a la Zona del Presente. Ana: ¿Y…a dónde vas? Rodrigo: (Sereno) Donde siempre quise ir. Ana: ¿A la otra orilla?, ¿todavía? (Rodrigo asiente) Ana va a la Zona de Silencio Incómodo, pero antes de ubicarse cambia de opinión y regresa al Presente.


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Ana: ¿Y por qué no te habías ido antes? Flujo de conciencia de Ana: Si no hablabas de otra cosa. Rodrigo: Hablemos mejor de ti. Flujo de conciencia de Rodrigo: Me gustaría tanto saber que ha sido de ella. Ana: Pues… No tengo nada especial para decir de mí, salvo que terminé la carrera, trabajo, sigo viviendo aquí… Flujo de conciencia de Ana: En mi zona de confort. Esa que siempre criticabas. Se desplazan a la Zona del Pasado y reconstruyen una escena rápidamente. Rodrigo empieza a inflar su flotador sin quitárselo de la cintura. Ana: Qué tontería. Al menos podrías ser original. Te vas a dónde van todos. Rodrigo: Porque en esa orilla se está mejor. De allá todos vuelven con ese alegre y blanquecino tono de piel. Cuando vuelva, quiero mirarlos a todos como ellos ‒los que se van‒ nos miran a nosotros cuando vuelven. Quiero mirarlos y preguntarles: “y ustedes… ¿que hacen todavía aquí? ¿por qué no se van?” y cuando me contesten, como yo mismo he contestado: “porque aquí se está bien”...yo los voy a mirar y a entrecerrar los ojos con una no muy notoria y débilmente dibujada decepción y les diré: “que conformistas”. O mejor, no lo diré. Lo pensaré. Y ellos se sentirán aún más conformistas porque sabrán que lo he pensado y no lo he dicho (ríe) Ana: ¿Cómo puedes tener pensamientos tan mezquinos cuando ni siquiera has salido de aquí? Ya encallaste. Bájate del flotador. Todavía eres uno de nosotros. (Rodrigo la abraza tiernamente y cierra los ojos) Rodrigo: No por mucho tiempo. Pero no te enojes. Al menos estoy siendo sincero. Ana: Eres sincero y ofensivo. No nos respetas por querer quedarnos aquí. A nosotros, a quienes despectivamente llamas conformistas nos gusta mucho nuestro aquí. Rodrigo: Perdóname. No quería ofenderte. Además, voy a volver (la besa) Ana: ¿Quieres volver? Rodrigo: Sí. Quiero volver. Quiero volver hablando un idioma que nadie entienda. Quiero que todos sean frente a mí unas criaturas monolingües. Que nadie sepa cómo saludarme, temerosos de que no voy a entenderles. Ana: ¡Eres tan tonto! Ni sabes lo que hay allá. Rodrigo: Lo sé. Hay algo mejor. Tiene que haber algo mejor. Ana: ¿Y los que nos quedamos? ¿Nos quedamos entonces con lo peor? Rodrigo: No estoy diciendo eso. Digo que los que nacimos con el flotador puesto, no podemos simplemente mirar el río correr o usarlo para el picnic como ustedes… es todo. Ana: Nacer con el flotador no es garantía de nada. Tienes que entrenar la habilidad de partir y hasta ahora no te he visto hacerlo. Basta de insultarnos por vivir tranquilos. Rodrigo: ¡No es un insulto! Solo intento explicarte lo que sentimos los que queremos cruzar. No nos hemos ido y ya estamos al otro lado. Porque nuestra alma nació al otro lado, pero nuestro cuerpo se quedó en la orilla equivocada. Ana: ¿Y por qué justo nuestra orilla es la equivocada y la otra la correcta? Rodrigo: No tengo una respuesta para eso. Ana: Que tengas un buen viaje (se va) Rodrigo: ¿Entonces se acabó? Ana va a la Zona del Presente. Rodrigo continúa en el Pasado.


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Flujo de conciencia de Ana: Yo creo que ver tantas vaginas en tan poco tiempo y siendo ta joven lo afectó. No tengo otra explicación. Era como si el tema no existiera. Ana regresa a la Zona del Pasado. Ambos componen lo que parece ser una escena distinta a la anterior. Ana: ¿Puedo preguntarte algo? ¿Que piensas cuando le examinas la vagina una mujer? Rodrigo: Es una pregunta asquerosa la que me haces. Ana regresa a la Zona del Presente Rodrigo y Ana: Son vaginas en otro contexto. Flujo de conciencia de Ana: Eso dijo siempre. No sé que será lo que habrá visto, pero claramente lo afectó. Simplemente no quería tocarme el tema. No quería en general tocarme nada. Rodrigo regresa a la Zona del Presente Rodrigo: ¿Oye te acuerdas de…? Ana: ¡Nunca me voy a olvidar! Sí, fue terrible (ambos ríen) Flujo de conciencia de Ana: Bueno pero no me cambies el tema… Ana: Entonces… ginecólogo en la Materno Infantil. Rodrigo: Sí. Yo sé… Flujo de conciencia de Ana: ¿Y si sabe tanto por qué está todavía aquí? Yo nunca pensé que lo iba a volver a encontrar. Ya lo hacía lejos. Porque por eso lo dejamos ¿no? Y lleva diez años aquí estancado como según él estamos todos nosotros y nunca se le ocurrió llamarme. Habríamos podido estancarnos juntos. Era mejor que por separado. ¿No? Ana regresa a la Zona del Pasado. Flujo de conciencia de Rodrigo: (Desde la Zona del Presente) No quiero ir más allá por favor. Quedémonos aquí, ¿sí? Eso ya pasó. Me duele recordarlo. Rodrigo camina hacia el Pasado con mal humor. Ana compone una escena nueva invitándolo a participar en ella. Ana:

¿O sea que con ese calendario sabes exactamente en qué noche la corriente está favorable? Rodrigo: No tan fácilmente, pero sí. ¿Ves este número aquí? Se supone que el ciclo de corrientes se repite cada año hasta dentro de diez años. Después hay cinco años de pausa y vuelve a comenzar. Pero tengo que encontrar la fórmula correcta para descifrarlo y establecer el patrón y con eso estaría resuelto todo. ¡Voy a saber las fechas exactas por cada año hasta dentro de diez años! Así que, si algo me falla, voy a tener tiempo de organizarlo. ¿Ves por qué la gente se ahoga? Nadie tiene un calendario de estos. Me cayó en la mano por un milagro. Ven, no perdamos tiempo. Tengo que llevarlo al puerto en dos horas o me van a meter preso. ¿Trajiste la calculadora? (La besa. Ana lo rechaza y se tapa la cara. Rodrigo muy afectado


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regresa a la Zona del Presente. Ana lo hala, lo trae de nuevo a la Zona del Pasado y recompone la escena) Ana: Aquí está la calculadora. ¿Trajiste el cuaderno? Rodrigo: ¿Y si nos lanzamos juntos? Sé que he dicho que no, pero si tú quisieras podríamos entrenar… Aunque solo tengo un flotador. Pero puedo intentar conseguirme otro. Ana: No es tan fácil. Desde que te conozco te veo flotando. Tú naciste nadando. No caminas, entrenas tus brazadas. No vives la vida, entrenas en ella cómo dominar el flotador para no ahogarte. Un flotador no es algo que se consigue. Es algo que crece en uno y a mí no me creció. Además, podría ahogarme. (Ana empieza a llorar) A mi me gusta estar aquí. ¿Entiendes? Flujo de conciencia de Rodrigo: Dejemos esto por favor. No quiero recordar. (Rodrigo camina hacia la Zona del Presente. Ana se queda sentada en el pasado) Flujo de conciencia de Rodrigo: Se llama Ana. Sus papás nunca querían irse de aquí. Nacieron con los flotadores desinflados los muy cretinos. Y eso se lo transmitieron a ella. Pero mejor. Después de los años creo que ella tenía razón. No todos tienen que irse. Si todos lo hicieran no quedaría quien lo reciba a uno después. Cuando me dijo que se quedaba, empecé a fantasear con que lo hacía para recibirme al volver. Durante el relato Ana ha regresado al Presente, se ha secado las lágrimas y está en una actitud distinta, festiva. Ana:

¿Qué significa “Si, yo sé”? ¿Qué pasó? ¿Qué pasó al fin con tu diario? ¿Seguiste escribiendo con esa letra ganchuda? ¿Y que pasó al fin con las predicciones sobre el oleaje que habías investigado tanto?

Ambos ríen. Rodrigo: Bueno pues no me lo vas a creer. Flujo de conciencia de Ana: Bueno pues espero creértelo porque estoy esperando una respuesta desde hace seis intervenciones. Ana: Cuéntame. Rodrigo: Pues que como lo escribí todo con esa letra mía. Un par de años después cuando terminé las prácticas y fui a revisar todo para planear el viaje resultó que no pude entender mi propia letra. Tú misma me lo dijiste: “nadie entiende la letra de un médico”. Pero lo que no pensé es que de verdad no fuera a entenderla yo mismo después. ¡Hice tantos esfuerzos! Se la pasé a varios colegas y ninguno pudo llegar muy lejos. Siempre quedaba faltando la información más sustancial sobre la corriente, la hora exacta en la que el agua está fuerte para impulsar los flotadores al otro lado. Fue toda una desgracia. Ana: O sea, que ahora ya lo descifraste… Rodrigo: No. No lo he descifrado. Sigo buscando una solución. Pero no sé, no estoy seguro de que fuera solo el diario. Me faltaba un impulso para saltar. Flujo de conciencia de Rodrigo: ¿Me faltaba ella? Rodrigo: Aunque recuerdo que la fecha apta de la corriente del año diez, era por estos días. En este mes. No se lo digas a nadie porque puede ser peligroso, pero todas las noches paso varias horas aquí mismo mirando. Cuando la gente recoge su picnic yo llego con el mío. Siempre dispuesto a saltar. Pero hasta ahora no pasa nada.


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Ana:

Pero es peligroso. Estas aguas son engañosas. Nunca puedes estar cien por ciento seguro. ¡Por eso se ahogan algunos! ¿Dime, después de tanto tiempo tiene algún sentido irte ahora? ¿No podríamos esperar? Rodrigo: ¿Podríamos? Silencio. Silencio. Ante tanto silencio Ana se desplaza a la Zona de Silencio Incómodo. Rodrigo la alcanza y la besa. El beso sube de tono y Rodrigo se resiste. El Radio se vuelve a encender. Radio:

Nosotros como gobierno de aquí, no somos indiferentes al fenómeno que causamos allá. Que alguna gente muera, no impide que otra gente salte. Es decisión de los migrantes abandonar su orilla, no de nuestro gobierno. Les enviamos nuestra solidaridad desde aquí. Ustedes nos pueden reenviar a nuestros migrantes desde allá.

Rodrigo apaga el Radio y conduce a Ana a la Zona del Presente. Rodrigo: Podríamos. Haces que quiera quedarme. Siempre lo hiciste. (Siguen besándose. Ana quiere ir más lejos. Rodrigo la detiene. Pausa) Ana: La corriente está extraña hoy. Rodrigo: Necesito entender el diario… Oscuridad. La escena se ilumina de nuevo inmediatamente en la Zona del Pasado. Rodrigo y Ana sentados uno al lado del otro. Él viste una bata de médico y ya no lleva el flotador. Entablan el siguiente diálogo, sin ejecutar ninguna acción. Flujo de conciencia de Ana: En una época empecé a ir al ginecólogo con varios pretextos. Quería analizar cómo piensan los ginecólogos, tal vez eso me daría una pista sobre su comportamiento. Pero todos parecían ser como él. Rodrigo: ¿Duele? Ana: Un poco. Rodrigo: ¿Ahí? Ana mueve la cabeza afirmativamente. Rodrigo: Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo:

¿Mejor? Ay doctor. Es molesto un ratito pero ya pasa. (Silencio) Voy a abrirlo. Ok. Por favor trate de quedarse quieta. Ay doctor… ¿es necesario este examen de verdad? Usted fue la que vino.

Silencio. Ana: Rodrigo: Ana: Rodrigo:

Doctor. Ya estoy terminando. ¿Usted cree que ver tantas vaginas al día le pueda afectar el cerebro a un ginecólogo? Cámbiese. La enfermera le indica lo que sigue.


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Ana va hacia la Zona de Silencio Incómodo como si saliera de la consulta. Rodrigo la sigue quitándose la bata. Silencio. Ambos se miran y sonríen. Ana: Ya sé que estás pensando. Rodrigo: Imposible. Flujo de conciencia de Rodrigo: No más recuerdos por favor… Flujo de conciencia de Ana: Eso lo escuché. Flujo de conciencia de Rodrigo: Imposible, era un pensamiento. Flujo de conciencia de Ana: Pues te escuché pensar. Ana: Y sí. Hay muchos recuerdos más. Ana regresa a la Zona del Pasado y empieza a componer otra escena azarosamente. Rodrigo: Si, porque te quedaste atrapada en el pasado y no sabes lo que ha ocurrido en estos días, después de nuestro reencuentro. Ana: Sí lo sé. Nos encontramos todos los días aquí en el río y yo te acompañé a mirar la corriente, tenía un comportamiento impredecible. Estaba feliz porque sabía que no te funcionaría. Cada día me besaste de nuevo. Rodrigo: Y desde esos besos nos dedicamos a recordar y no queremos salir de aquí porque aquí se representa lo mejor que nos ha pasado en la vida. Los días juntos… Ana: ¿Entonces admites que también te quedaste atrapado? Rodrigo: No, por favor no puedo admitirlo. Escúchame, pasa que esa jeroglífica e incomprensible letra… Ana salta a la Zona del Pasado y lo involucra a la fuerza en la recreación de los recuerdos. Cuando los escenifican hablan agitadamente como acelerando la acción. Rodrigo: ¿De verdad nunca has querido cruzar al otro lado? Ana: ¿Para qué? Si yo tengo todo aquí. ¿Por qué querría irme de un lugar en el que todos los días sale el sol? Dicen que al otro lado el sol no sale por meses. ¿Eso es lo que quieres? Rodrigo: No se necesita el sol para estar mejor. Y esta conversación nunca ocurrió. Rodrigo se va a Zona del Presente. Ana cierra los ojos y sigue invocando recuerdos confusamente. Rodrigo: ¡Ana! (La trae de un tirón a la Zona del Presente) Han pasado cosas en estos días. Escúchame. Logré descifrar el diario. ¡Ya sé la hora exacta! Ana queda paralizada. Flujo de conciencia de Ana: O sea, que se va. Que los nuevos besos no alcanzan ni para quedarse, ni para tocar el tema que nunca me quiso tocar. Se despedirá de todos nosotros los cómodos conformistas y luego en unos años volverá con ropa de esa que no venden aquí, trayéndonos chocolates de esos que no venden aquí y mirándonos con ojos arrogantes, a nosotros, esos que nos quedamos aquí. Ana se reincorpora.


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Ana: Eso no puede ser. ¿Quién lo iba a entender? ¡Nadie entendía esa mierda de letra! Rodrigo: Llevé mi diario a una farmacia. Los dependientes de las farmacias son los únicos que entienden la letra de los médicos. Ellos me lo confirmaron. Mi alfabeto hipocrático ya había anticipado este momento. Es hora de flotar. Esta noche salto. Ana: No puedes, no estás preparado. Flujo de conciencia de Ana: ¿Por qué nunca tocaste el tema? Flujo de conciencia de Rodrigo: Yo sabía que si lo tocaba estaría perdido. Yo te quería como a nadie. Pero si te tocaba el tema, si los besos llegaban más lejos, sabía que nunca me iba a ir. Rodrigo: (Levantando la botella de agua) Brindo por los viejos amigos y por los próximos entrañables recién conocidos. Brindo por ustedes, aquellos que dejo y no voy a extrañar. No he terminado el brindis y ya los olvidé. Ana: Hay gente que nace con el flotador y no lo usa. A otros les toca desarrollarlo a la fuerza. A otros les toca hacer que les nazca para poder sobrevivir. A otros simplemente no nos nació y no nos importa. Otros nacieron con él y lo usan. A otros les nace desinflado. Y quién sabe al final cuál de todos se va a ahogar. Rodrigo y Ana: La corriente está furiosa. Rodrigo: La corriente está perfecta. Ana: La corriente está furiosa. ¿Y, si me lanzo también? Rodrigo: ¡No Ana! ¡Nunca has entrenado! Además, si te vas, nadie va a estar esperándome después… Ana: No siempre se trata de ti. Tal vez solo tengo curiosidad. Ana salta hacia adelante y empieza a dar brazadas. Rodrigo salta hacia adelante, empieza a dar brazadas y se ahoga. Brazadas y patadas. Ana sigue nadando. El Radio se enciende y transmite una noticia incomprensible sobre cifras de ahogamientos y conflictos migratorios bilaterales. Brazadas y patadas. Ana no para de nadar mientras se reproduce la noticia. Radio:

Esta mañana aparecieron cuerpos de sesenta y cinco personas en las playas de aquí. Todas tendrían intactos sus flotadores. Nosotros no nacimos con flotador, tuvimos que desarrollarlo a la fuerza, nosotros no queríamos lanzarnos al río … estábamos bien en nuestros países de allí… pero de repente. Nuestro gobierno no es responsable por esos ahogamientos. Son los mismos ahogados quienes deben responder. Expertos de todo el mundo coinciden en que la causa de los hundimientos sería la Ansiedad. Y a veces nos obligan a saltar, con flotador o sin él, con ansiedad y sin ella, saltamos. El mundo no está en condiciones de admitir éxodos. Los éxodos son algo de otra época. Están pasados de moda. Todo es útil en nuestra orilla, menos nosotros… Dejando de lado estos incómodos acontecimientos provocados por los países de allá, pasamos a la información relevante, del deporte de aquí. Fin


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Reseña del autor Margarita Arboleda Licenciada en Arte Dramático de la Universidad del Valle (2007), Especialista en gestión cultural de la Deutsche Akademie für Management de Berlin, Alemania (2014) y Máster en Escrituras Creativas con énfasis en dramaturgia de la Universidad Nacional de Colombia (2017). Se ha desempeñado como actriz, directora, docente y productora en compañías teatrales, proyectos audiovisuales y centros de formación en Colombia, Chile y Alemania. En 2009 recibe la Mención honrosa a mejor protagonista femenina en el IX Festival de Dirección Teatral en Santiago de Chile. En 2016 recibe la beca Erasmus+ para realizar una estadía de intercambio en el programa de Ciencias del Teatro de la Universidad Libre de Berlin (FUB).


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FUGA INTEMPESTIVA Por Fernando Vidal

Personajes: Viejo poeta Niño grande Rescatista

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ncadenados y vendados, en un pequeño cuarto a la entrada de una mina de carbón abandonada, juegan a la descripción de lo que imaginan y no pueden ver. Niño grande: El firmamento está esplendoroso con ese color anaranjado, oxidado, como si el tiempo se hubiera detenido. Viejo poeta: Una cortina de nubes tóxicas tapa la salida del sol. Niño grande: Los árboles parecen de fuego, las llamas son movidas por un torbellino de vientos desatados por la furia de la montaña. Viejo poeta: Como si les hubieran dado recreo para jugar como se les dé la gana, las llamas devoran el follaje. Niño grande: Las siluetas de los farallones se pierden por efectos de la irradiación.… Viejo poeta: Sabemos, porque lo hemos observado hasta el cansancio, que en otras ocasiones es posible ver perfectamente los contornos de Pico de loro. Niño grande: Las bandas de hombres armados, están agazapados detrás de este relumbrón, no sabemos si todavía cumplen órdenes o escapan despavoridos.


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Pausa. Viejo poeta: Él mira por una pequeña ventana. Niño grande: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Viejo poeta: Una diminuta ventana a tres metros de altura para que entre aire en la casucha que está a la entrada de un socavón de la mina de carbón. Niño grande: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Viejo poeta: Eso es único, estamos presenciando algo inesperado. Los sonidos estridentes, parecen los quejidos de unas fuerzas monstruosas que lloran y se lamentan. Pausa. Niño grande: Por la carretera baja el guardabosques aferrado a su familia: huyen del sofocante fuego en combustión que hace estragos en el paisaje; en el paisaje que va encontrando a su paso. Viejo poeta: Mirá el vapor que se desprende del asfalto de la carretera, hierve como si estuviera a punto de derretirse.… Niño grande: los vapores forman figuras movedizas, si no fuera porque estamos a punto de morir, me sobrecogería con sus dibujos. Viejo poeta: Fue una explosión la que hizo sacudir la tierra. Niño grande: No, fue la sacudida de la tierra la que provocó la explosión… Viejo poeta: Las piedras del río se pegaban como si fueran maracas borrachas. Niño grande: De repente una explosión. Viejo poeta: De repente un terremoto. Niño grande: Escuchá… en lo alto de la montaña, en algún lugar de allá arriba, los pájaros gimen en coro. Pájaros de toda índole en algún mirador, comentan como si supieran algo que nosotros ignoramos. Celebran. ¿Qué carajos es lo que festejan que no somos capaces de descifrar? Viejo poeta: El graznido de un gallinazo anuncia a cuatro vientos que hay carroña a la vista para darse un festín. Silencio. Oscuro, ellos imaginan un paisaje desolador, ausente de personas. Niño grande: Los rescoldos de madera chamuscada todavía desprenden humo, carbones desperdigados por toda la zona de la catástrofe son los vestigios de aquellos inmensos árboles que cuidaban el paisaje… Viejo poeta: A lado y lado de la carretera hay arrumadas basuras de toda índole. Niño grande: Un brazo que quiso proteger a un cachorrito de ardilla, yace con su gesto protector. Viejo poeta: El bastón de mando de un paramilitar con el pedazo de humanidad al que se aferró, se identifica por el logo chamuscado. Niño grande: El misal y el rosario de un penitente que quizás nunca alcanzó el arrepentimiento Viejo poeta: El ensordecedor grito de una sirena de emergencias acompaña como un testigo fidedigno al desastre.… Alguien precavido había instalado un sistema de seguridad. Niño grande: Aún se desconocen las causas de este siniestro, si hubo manos criminales, si fue producto de la impericia social colectiva o un caso imprevisible de la naturaleza. (Pausa) No poeta, paremos este juego, ya no doy más. Viejo poeta: Ahora, más rápido, sin adornos, ¡solamente lo que se ve!… junto al cerco un ternero corre presuroso.


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Niño grande: En el pico de ese abeto, el que está allí, un enjambre de abejas africanas está inquieto, a punto de atacar… o defenderse, no entiendo su formación de combate. Viejo poeta: El abrevadero de las vacas está repleto de sal, eso fue lo último que alcanzó a hacer el tuerto antes de perderse en la espesura del monte. Niño grande: Sin comentarios... Mirá al gallinazo revoloteando alrededor del ternero abandonado… Parece que ve el futuro inmediato. Viejo poeta: Las culebras forman una línea que está atravesando la carretera… Niño grande: Gritemos a ver si alguien escucha… Viejo poeta: Nos vamos a chamuscar, y el río a un paso de distancia corre entre las piedras, como si no existiéramos. Niño grande: El gallinero está alborotado, no tienen por donde escapar, parecen fanáticas gritando en el estadio… Tiempo. Viejo poeta: No aguanto más aquí… Niño grande: Nos vamos a sofocar… Viejo poeta: Arrastrémonos debajo del humo. No alcanzaron a llegar, perdiste... Con tanta vida por delante. Niño grande: Aguante viejo, hay mucho futuro por esperar… Si pudiéramos salir de aquí… Viejo poeta: Esos malditos salieron despavoridos, huyendo, ni siquiera protegieron la mercancía. Niño grande: A nosotros, que éramos su mercancía más preciada.… Viejo poeta: Ellos estaban contratados. Niño grande: Instinto de conservación. Viejo poeta: Los van a fusilar por cobardes. Niño grande: Ojalá vinieran los jefes, para verles el rostro y despejar el enigma. Viejo poeta: Quedaremos reducidos a cenizas. ¡Qué les costaba abrir la puerta de este socavón! Niño grande: No puede ser que una maldita llave nos separe de la libertad, una maldita llave de mierda. Viejo poeta: Se oye un helicóptero rondando la zona. Niño grande: Saquemos tu camisa blanca por la ventanita... Viejo poeta: Rucia querrás decir. Niño grande: No toqués esa reja que debe estar recalentada... Viejo poeta: Y el agua del río a veinte pasos de distancia. Niño grande: Venga viejo, arropémonos con todos estos trapos, arrastrémonos, aquí abajo todavía hay oxígeno. Viejo poeta: Nos veremos en la otra vida, si es que no nos achicharramos del todo y quedamos desp erdigados en cenizas. Silencio. Cerca, un par de rescatistas realizan sus tareas, no hablan. Un bombero con un inmenso extinguidor multipropósito termina de sofocar las llamas y recoge muestras para el laboratorio. Un fotógrafo registra el incidente, deteniéndose en los cadáveres humanos y de animales. Testimonios de los estragos. Viejo poeta: No alcanzaron a llegar. Las llamas se acercan… Niño grande: Aguante viejo, hay mucho futuro por delante.


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Viejo poeta: Justamente, hay mucho futuro pero de candela por delante y por detrás, rodeándonos con sus fauces destructoras. Niño grande: No puede ser. Es asunto de una llave, una maldita llave para abrir esta cerradura. Viejo poeta: Fue un placer haber compartido con vos esta tragedia. Niño grande: Estamos abandonados, y con tanta gente afuera… ¡Qué ironía! Viejo poeta: En medio del fragor del combate, de las bombas que explotaban a las goteras cerca de la carretera central, acaeció este siniestro inesperado, un terremoto de 8.5 de magnitud… Niño grande: Ni idea si fue de 8.5, 7.4, o 6.3… Viejo poeta: La magnitud del pánico. Niño grande: Un apocalipsis de película, con efectos especiales, de película, es causado por el cruce de circunstancias: los enfrentamientos y una catástrofe natural Viejo poeta: El calor abrazador del fuego consume lo que encuentra a su paso… Niño grande: ¿Los bomberos alcanzaran a escuchar los gritos del niño y el viejo secuestrados, por los que se estaba negociando un rescate millonario? Viejo poeta: No seas optimista. Por más que gritemos, nadie aparecerá… Niño grande: (Grita con furia) Nadie vendrá a estas minas de carbón, donde nos tienen retenidos… Viejo poeta: Las noticias dirán que encontraron al niño calcinado. Niño grande: Su sonrisa congelada era una bofetada a la esperanza. Viejo poeta: ¿Qué fue eso? Maldita sea, ¿qué fue eso? Un rescatista encuentra al niño y el viejo secuestrados. Rescatista:

Fue un espectáculo sobrecogedor, una fortuna que los hubiera escuchado en medio del ruido de la destrucción. Niño grande: Cuando la avioneta soltó las toneladas de agua, el viento empujó una cantidad suficiente sobre esa torre, permitiendo que los organismos de socorro pudieran encontrarlos por fuerza del azar. Viejo poeta: Nos habíamos arropado con las cobijas, estábamos hechos un zurullo que se protegía en el rincón más oscuro. Niño grande: Entre los escombros, sus sonrisas congeladas eran una bofetada de esperanza. Rescatista: En el balcón de la casa escondida entre el follaje de la montaña, una cámara de video quedó lista para grabar la declaración de alguno de los secuestrados. Niño grande/ Viejo poeta: La corriente del río arrastraba troncos de árboles desgajados, un ternero que fue vencido por la fuerza de la corriente, el cuerpo del brazo que protegía al cachorro de ardilla, un nido de turpiales con sus huevos intactos cargados de esperanza. Rescatista: Cuando se abrió la puerta del socavón, el niño salió corriendo desaforado hacia el río, gritando enloquecido… Viejo poeta: Protéjanlo señores, no lo dejen ahogar ahora que volvimos del infierno. Niño grande: No quiero volver a mi casa, sé que alguien muy cercano fue el enlace con los secuestradores. Viejo poeta: Yo lo consuelo… las cámaras impávidas están grabando la escena, mientras los socorristas rodean al niño que se zambulle en el río, como queriendo borrar las marcas del cautiverio. Rescatista: (Les quita las cadenas). Los estragos del combate y la conflagración causada por el terremoto, se confunden en una sola catástrofe. La cámara de video


Mis amores ·19

quedó montada en su trípode, con una bandera al fondo, para grabar una declaración para el rescate. Niño grande: Me iba a sentar a comer mi ración de fríjoles con arroz chamuscado, como cada día, cuando en ese momentico sentí algo, una explosión, una explosión que se juntó con un movimiento desesperado de la tierra que rugía, furiosa de esta destrucción. Viejo poeta: Cuando abrí los ojos estaba oscuro, había polvo, había hojas, había de todo y yo no sabía qué había pasado. Viejo poeta/ Niño grande: Nosotros estábamos temblando, la tierra estaba temblando, el mundo estaba temblando... Viejo poeta: Escuché los gritos del carcelero que salió corriendo, sin importarle que nosotros estábamos encerrados. Niño grande: Su reloj de pulso yace tirado en el suelo... sigue marcando la hora en la que el traqueteo de las metralletas se confundió con el crujido del terremoto. Viejo poeta: La creciente del agua arrastra lo que encuentra a su paso. Niño grande: Arrojo la cadena que me aprisionaba a la celda del socavón y veo como el caudal del agua la hunde para luego sacarla a flote más adelante. Viejo poeta: Entró en las aguas que corren impávidas para limpiar esta suciedad... Niño grande: Es agua cristalina. Rescatista: En unos minutos el helicóptero los sacará de esta selva. Niño grande: Él deja que la corriente del río arrastre la ropa harapienta. Viejo poeta: Sabe que las cicatrices de la sospecha no se limpiarán tan fácilmente. Niño grande: Alguien muy cercano de mi familia fue el enlace. Viejo poeta: Traición Niño grande: Ambición Viejo poeta: Viveza. Niño grande: El viejo poeta fue retenido para chantajear a un hermano que se negaba a pagar una deuda. Viejo poeta: Para lo que le importa. Niño grande: Una imagen en la prensa nos muestra agradecidos. Rescatista: Señores, prepárense para abordar el helicóptero. Pónganse esta ropa limpia, no importa que les quede grande. Viejo poeta/ Niño grande: Nosotros nos despedimos del río que nos acompañó por tantos meses de cautiverio.


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Reseña del autor Fernando Vidal Medina, es director de teatro, dramaturgo e investigador en Estéticas Urbanas. Inició su actividad teatral en el colegio con Andrés Caicedo y luego en el Teusaca con Helios Fernández y Enrique Buenaventura. Algunas obras escritas: Sub-terráneos, Momo (recreación libre), Nocturno para Laura F, Charlestón el Andariego, No tienes que hablar con nadie (coautor con Carlos Enrique Lozano), Salón Unisex (Ed. Paso de Gato, México), Un cuarto para las cuatro (Revista de Teatro – Universidad de Caldas), Instantes de Desamor, Azar Callejero, Ensayo General y Jovita frente al espejo roto.


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DILUCIÓN Por Fernanda Benavidez “Ahora falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo.” Alejandra Pizarnik

E

I

n el río una mujer joven lava ropa, se escucha el viento, es un día soleado, las piedras están calientes, allí sobre las piedras la mujer pone a secar la ropa. El sonido del río es como una melodía, la mujer sigue lavando ropa y susurra una canción. “[…] y solo cuando el río deja pasar al que camina, para llegar hasta vos voy cerrado los ojos anhelando verte otra vez, voy cerrando los ojos y me parece verte otra vez” El sonido del río deja de escucharse, la mujer sigue susurrando “espero que me recuerdes soy solo uno de los muchos que se van.”1 El viento sopla más fuerte y unas prendas idénticas a las que la mujer lleva puestas se levantan 1

Perotá Chingó. (2017) Anhelando Iruya. En Aguas. Argentina: Tai Recods


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de las piedras. La silueta, idéntica a la mujer, camina hasta ella. La mujer no se da cuenta. La silueta saluda a alguien a quien no vemos. Luego de un momento, la silueta empieza a forcejear con ese alguien que al parecer la ha tomado del cuello. La silueta es sumergida en el agua, sigue forcejeando pero es inútil. La silueta sin vida es arrastrada por el río. La mujer ve como sus prendas son arrastradas, intenta ir por ellas, pero escucha que alguien la saluda, entonces saluda. Apagón. II Un cuarto oscuro iluminado por una luz blanca. Un hombre sentado que aparenta estar tranquilo. No lo está. Voz I: Voz II:

¿Cómo sucedió? ¿Y porque lo hizo?

El hombre antes de responder se rasca la cara. Él: Voz II: Él:

Ella solo estaba en el lugar equivocado. No he sentido culpa. No la conocía, su muerte me fue lejana, su vida se me escapó de entre las manos. La muerte no es lo que parece. ¿Y por qué lo hizo? Nunca me ha gustado hablar con nadie, nunca me encontré a nadie en ese lugar (Se coloca las manos en la cara luego las quita y habla un poco más fuerte) Y ella quería hablar conmigo. Es una lástima. (Se pasa una mano por la boca) Cuando me miró a los ojos fue demasiado tarde.

Se escuchan varias voces, son periodistas, están pidiendo permiso para hacer preguntas. Al hombre parece gustarle esa atención. Voz de una periodista: Para RadioNoticias señor, aún no ha dicho con detalles los motivos. Él:

No tengo un precio, yo solo intervengo como la mano de Dios. Ella no sufrió, fui silencioso y delicado. (Se toma las manos, pero luego las deja caer en sus piernas, mira al suelo). Ella murió sin tiempo para lamentarse o darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Voz de la periodista: ¿Es usted consiente de lo que hizo? Él: (Hace una pausa y habla con un tono molesto, seguro) Me están poniendo nervioso, no me van hacer quedar como un loco. No debería hablar así. Lo he dicho ya, he confesado (Está incomodo). He dicho la verdad, ella estaba en el río y… y no deseo hablar más. Apagón.

III


Mis amores ·23

En una sala pequeña. Se escucha música en un radio. Hay un perchero y un gabán. El hombre se dispone a salir, quiere tomar su gabán, pero este parece cobrar vida. El gabán le hace una caricia sobre la cabeza para luego limpiarle la mejilla. El hombre no se sorprende, le agrada. Limpia un poco el gabán y este le responde haciendo lo mismo. Se miran. Se abrazan. Durante el abrazo el gabán empieza a perder la vida y cae al suelo. El hombre desesperado intenta que el gabán se levante de nuevo, pero es imposible. La música se interrumpe, el hombre sigue intentando que el gabán se levante. Se escucha la noticia del asesinato de una mujer. Dan algunos detalles: “Mujer joven, ahogada en el río, tiene marcas en el cuello, su cuerpo fue arrastrado por la corriente hasta donde se encontraban unas lavanderas.” Apagón. La misma sala, pero ahora invadida de periódicos que cobrando vida se mueven por el espacio llegando hasta el hombre. Lo cubren lentamente hasta darle forma a su silueta, mientras esto sucede el hombre repite mecánicamente cómo mató a la mujer. Él:

Ella estaba en el lugar equivocado. La muerte no es lo que parece. La tomé del cuello. Ella me miró a los ojos, era demasiado tarde. La sumergí en el agua, la dejé ir. Es una lástima. Ella estaba en el lugar equivocado. La tomé del cuello. La dejé ir… Apagón. IV El cuerpo de la mujer es arrastrado por la corriente

Ella:

Ahora llueve, llueve dentro de mí, puedo sentir la inundación. Me pregunto si alguna vez te diste cuenta que respiraba. Sigue lloviendo, se me inunda el alma, es un fastidio. Pero ya no tengo miedo. Tengo asco de tanta agua, tanta lluvia, de tanta palabra. No creas cuando te digan que a la gente buena le ocurren cosas buenas. Las cosas buenas son mala idea, pueden pudrirte mientras respiras en el agua. Sigue lloviendo, me fastidia el alma tan mojada, me deshago. Sé que vos, estés donde estés, también estás inundado. Si vas a decir algo, no hieras. Nadie tiene por qué aceptarlo, pero tienen la obligación de comprenderlo. Soy una de las muchas que se van y no espero que me recuerdes. A él, a mi pedazo de cielito se lo contás cuando pueda entenderlo. Todo retrocede, todo es un desequilibrio. Es temporal supongo. Me he confiado a la melodía del agua. Nada pasa. Cada instante que pasa, ya no me pasa a mí. ¿Para qué tanta vida? Apagón.


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V En el río una mujer joven lava ropa. Se escucha el viento, es un día soleado, las piedras están calientes. Allí sobre las piedras la mujer pone a secar la ropa. El sonido del río es como una melodía, la mujer sigue lavando ropa y susurra una canción. “y solo cuando el río deja pasar al que camina, para llegar hasta vos voy cerrado los ojos anhelando verte otra vez, voy cerrando los ojos y me parece verte otra vez”. El sonido del río deja de escucharse, la mujer sigue susurrando “espero que me recuerdes, soy solo uno de los muchos que se van.” La mujer ve como sus prendas son arrastradas por el río. Intenta ir por ellas. Escucha que alguien la saluda, ella saluda. Vemos a un hombre. Se acerca a la mujer. Apagón.


Mis amores ·25

Reseña del autor Fernanda Benavidez Noguera candidata a grado de la Licenciatura en Literatura de la Universidad del Valle. Hace parte de LEEE, Laboratorio Escuela de Escritura Escénica proyecto donde escribe Dilución cuyo estreno se realiza en Mis Amores Territorio y Dramaturgia.


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RAP EN RÍO Por Nasly Sánchez Suárez

Personajes: Iris Magdalena Abuela Briseida Simón Dilio Héctor El hombre que mira Los esclavos

U

n martes de marzo en 1800 1:45 a.m.

LOS ESCLAVOS: Tres hombres, siete mujeres y una niña corren por los cañaduzales. Huyen. Respiran agitados, la niña en brazos de su mamá va seca de llanto. Corren sin detenerse. Un miércoles de marzo en el siglo XXI 3:45 p.m. Iris bañándose en el río. Al fondo pasa el cuerpo inflado de un cerdo pequeño flotando por el río, Iris no lo ve, el color de su piel es similar al color de agua del rio, es oscura pero bañada por una blancura de luz y brillo. Ella espera que Simón, un joven que se lanza desde el puente hacia el río por algunas monedas que le ofrecen los transeúntes, la mire y le sonría para ella cerrar los ojos voltear la cara y fingir un disgusto que se borra con la sonrisa que no puede evitar una vez su rostro ya no es visible para él. Al otro lado, su rostro se encuentra con la mirada de ese hombre que siempre la mira, ella le tiene miedo. Un jueves de marzo en el siglo XXI 9:33 a.m.


Mis amores ·27

La casa de Iris es un cuarto de seis por cuatro metros, ahí vive con su abuela, su mamá y sus hermanos Héctor y Dilio. En un camarote duermen los hermanos arriba y ella abajo con la abuela, la mamá duerme en un catrecito que se guarda bajo el camarote. IRIS: Abuela en la tienda estaba ese señor que siempre me mira. ABUELA: Cómo no te va mirar si andas mostrando más de lo debés IRIS: Normal pues, como se viste todo el mundo ABUELA: Ponete ropa decente para que te respeten. MAGDALENA: Anoche soñé otra vez con esos negros corriendo, y esa niña sequita de llorar. DILIO: Esa niña es Iris, yo que les digo. IRIS: Mamá dígale a Dilio que no me asuste. MAGDALENA: Venga la peino para que se vaya a ensayar el vals. IRIS: Mamá ¿usted le mandó invitación a Simón el hijo de don Sixto? MAGDALENA: A todos los de esta calle se les mandó su participación. IRIS: Para qué lo invitó mamá, ese que ni siquiera ha ido a ensayar el vals. MAGDALENA: Y para qué lo necesita, con tanto muchacho que hay para bailar. ABUELA: ¿Qué día era el sueño? MAGDALENA: Siempre es un martes mamá, yo lo se porque es de madrugada y todavía huele a lunes por la noche. Un viernes de marzo en el siglo XXI 10:53 p.m. En la playa del río BRISEIDA: Que Simón le manda a decir que lo espere aquí que le tiene un regalo de quince. IRIS: Que me lo lleve a la fiesta BRISEIDA: Él se lo quiere dar hoy porque de pronto no va a su fiesta. ¿Usted gusta de él? IRIS: Él es el que gusta de mí. En la oscuridad Briseida alcanza a ver al hombre que mira BRISEIDA: IRIS: BRISEIDA: IRIS:

Ese señor que está allá un día me dijo que si le mostraba las tetas me daba dos mil Ese señor siempre me mantiene mirando. Allá viene Simón, pórtese bien, que yo se la recomendé. (Briseida se aleja mientras se acerca Simón) Yo no necesito que usted me de ningún regalo.

Simón la toma fuerte por los hombros y la besa hasta que Iris deja de forcejear y responde al beso, se abrazan y Simón empieza a tocar las nalgas de Iris, ella se asusta abre los ojos y lo primero que ve es a ese hombre que la mira. Se suelta de Simón y corre hasta su casa. Un martes de marzo en 1800 5:45am LOS ESCLAVOS: Tres hombres, siete mujeres y una niña están tendidos en la playa del río, han huido toda la madrugada y se detienen ante el río para beber agua y descansar, la niña aún llora. Un sábado de marzo en el siglo XXI 5:45am


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IRIS: (Dormida) no me mire, no me toque, no me mire, no me toque, ¡Ayuda! alguien que me ayude (Se despierta llorando entre los brazos de Magdalena, quien le acaricia la frente, todos se han despertado mientras ella soñaba. La observan) HECTOR: ¿Le viste la cara? IRIS: Sí, es ese señor que siempre me mira. HECTOR: Voy a matar a ese hijueputa. MAGDALENA: No es necesario ya el río viene por él. HECTOR: Pues si es necesario yo mismo se lo entrego. MAGDALENA: Héctor ya no más. Póngase la camisa y vaya con Dilio a ver si hay guadua o arena para descargar que todavía nos falta comprar mucho para la fiesta. Salen Dilio y Héctor. ABUELA: ¿Qué día era el sueño? IRIS: Era un domingo Abuela. Tenía mucho miedo, pero sobre todo, me sentía tan triste como un domingo por la tarde. 2:43 p.m. Magdalena y la abuela haciendo la siesta en la parte baja de camarote MAGDALENA: Mamá yo siempre quise ser la virgen en las balsadas del 15 de agosto. ABUELA: Mírese como quedó de linda mi niña. Héctor, Dilio, denle la mano a su mamá para que se suba a la balsa principal, este año ella es la virgen MAGDALENA: Pero mamá si estamos en marzo. ABUELA: Fíjese bien que día es en el sueño. HECTOR: Míre mamá allí esta el hombre que mira. DILIO: Sí, la está mirando a usted mamá. MAGDALENA: Sí, a mi también me miró antecito de cumplir los quince, me miró y me miró y no dejaba de mirarme, me miró tanto que me tocó, me tocó muy duro y me dolió mucho (empieza a llorar) por eso no puede subir a la balsa vestida como la virgen. ABUELA: Ya no lloré más mi niña, que a ese hombre ya se lo llevó el vapor. MAGDALENA: Mamá esas personas que están allá en la playa son las de mi sueño, tres hombres, siete mujeres y una niña que no acaba de llorar. (Les dice adiós con la mano. Les grita) Dele agua a la niña ella lo que tiene es sed. Un martes de marzo en los siglos XIX y XXI 4:13 p.m. LOS ESCLAVOS: Tres hombres, siete mujeres y una niña llorando están parados al pie de camarote mirando a la abuela y Magdalena mientras hacen la siesta. Un domingo de marzo del siglo XXI 6:37 p.m. Magdalena peinando a Iris IRIS: Por qué mi fiesta de quince tiene que ser un domingo, el día que me siento más triste. MAGDALENA: Porque mañana es festivo y usted está cumpliendo años es hoy, no ayer, ni anteayer, ni mañana, hoy mi señorita. Está lista para ser la virgen de la balsada este año, vas a ser la virgen más hermosa y con la balsa más florida y musical. Así que ahora va y tira esa tristeza para que se la lleve el río.


Mis amores ·29

IRIS:

La abuela me dijo que nos quieren sacar de ésta tierra, que porque nosotros estamos invadiendo el territorio. Y si nos sacan de aquí a dónde nos van a mandar, dónde hay otro río para yo lavar mis tristezas del domingo. MAGDALENA: Para que nos muevan de aquí, nos tendrán que trasladar con nuestras casas, nuestro río, nuestra arena, nuestra guadua, nuestra historia, nuestra cultura y nuestros antepasados, y nos tienen que llevar en balsa al ritmo de abozao, (sonríe alegremente) así que con tanto trasteo de aquí no nos mueve nadie. En la fiesta de Iris 11:23 p.m. BRISEIDA: (Le habla en secreto a Iris) Que Simón la está esperando en el río, que si quiere que venga a bailar sus quince la espera en el río, ya. (Iris Sale) DILIO: Héctor, Iris salió camino al río. HÉCTOR: Camine vamos a ver al que mira (Briseida los ve salir y los sigue) En la playa del río todo está oscuro la única luz es la de la luna que destella sobre el río. Simón e Iris se encuentran. HÉCTOR: (Gritando) Iris hágase para un lado, (a Simón) Usted qué es lo que le mira a mi hermana (lo empuja por el pecho) IRIS: (Agarrando a Héctor por la cintura) Él no es, Héctor. No le vaya a pegar. DILIO: (a Iris, tomándola con fuerza) Usted se devuelve para la fiesta, que esto lo arreglamos entre hombres. Héctor y Dilio se llevan a Simón arrastrándolo por la arena y se pierden en la oscuridad. Iris corre hacia la fiesta para pedir ayuda. Se encuentra con el hombre que mira en el camino que la toma del brazo y la arrastra a la oscuridad. IRIS:

Mis brazos apretados con fuerza, mis piernas patean, se cierran y aprietan con fuerza, mi boca se abre y mi cuerpo grita con las últimas fuerzas.

Un grito ahogado por una mano áspera. Un lunes de marzo 5:57 a.m. Iris desnuda, desmembrada a la orilla del río. Sus ojos están abiertos, aún conservan el terror de la última vez que los vio el hombre que mira. En el fondo del río el cuerpo de Simón es mordisqueado por algunos peces, Iris no lo ve. Algunos transeúntes se empiezan a reunir en el puente desde donde se asoman a mirar el cuerpo de Iris. La niña que llora se acerca sin llanto a cuerpo de Iris, le da de beber agua, le cierra los ojos y le seca las lágrimas que aún brotan y se mezclan con el agua del río. Final


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Reseña del autor Nasly Sánchez Suárez Licenciada en Arte Dramático de la Universidad del Valle. En la actualidad se desempeña como actriz y coordinadora de proyectos en el Teatro La Máscara. Ha participado en LEEE, Laboratorio Experiencia de Escritura Escénica en la ciudad de Cali, donde indaga el ejercicio de la dramaturgia.


Mis amores ·31

Rubia Paloma Por Douglas Salomón


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…Agarren palas Que los vamos a enterrar A estos pobres muertos Agarren fuerzas Nosotros, padre, es que no tenemos plata Todo tiene solución Vayan al pueblo Yo espero aquí Con sus muertos Nosotros, padre, es que preferimos dárselos al río Que sea el río El eterno descanso Vayan, vayan, al pueblo, vayan. Miguel Tejada Sánchez (De noche un pájaro)


Mis amores ·33

Cuando su cuerpo pálido se pudrió ya en el agua, Sucedió (muy despacio) que Dios la olvidó poquito a poco: Primero el rostro, luego las manos y por último el pelo. Entonces fue carroña en ríos llenos de carroña. Bertold Brecht


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S

IETE ESQUINAS

Personajes: Ferdy Paloma El hermano La hermana

Noche-proyección video plano abierto de la ciudad, una joven trepando por la calle del muerto, arriba de Miraflores. Va desapareciendo del video, para fundirse en su presencia física. Relación con la imagen electrónica. Brisa rebelde. Ferdy, sentado en una grada bebe cerveza en lata, ruido, autos, voces, luces, gatos, también músicas. Ferdy: (Ve a la joven, la detiene) Hermosa como María del Carmen, el mismo pelo, rubio, rubísimo, puro brillo de mona bien en medio de esta noche con niebla rara, ¿Por qué será? Pero pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo¡ solo una actriz famosa y rubia tiene tú mismo pelo. Te vi y quedé. Un pelo para perderse en él, hasta la luna dormiría en tu pelo y soñaría con el Ángel de la guarda. Amarilla luz, resplandor, luciérnaga en noches de poema, en noches llenas de amarillo, de color, la noche está llena de ti. (Cogiéndole la mano) Mucho gusto, me llamo Ferdy, ¿y tú? Paloma: Hola, (Risas) Paloma. No te conozco de nada, y me dices todo ese coqueteo de puro carepandulce ¿Me conoces? Ferdy: Desde esta noche, te llamas para mí Rubia Paloma. Paloma: (Sonriendo) Y María del Carmen, ¿quién es o qué? Ferdy: Bueno, una heroína, un personaje, una niña burguesa que poco a poco se putea y ahora es famosa. Una novela, ya está traducida en varios idiomas, es la pelada de ¡Que viva la música!. Paloma: No, pues mucho el halago, divino tú, claro que sí, me encanta esa novela, la profe nos la hizo leer, también nos hizo hacer el tour, toda una ruta retratada en la novela. Que man para escribir tan bacano, es un duro, reembalado, todo flaco, bello el man. A María del Carmen por tanta rumba y tanto trasnocho, tanta perica y tantas honguizas, se le fue perdiendo el brillo de su pelo, le dio horquilla y todo eso. Gracias por lo del pelo en el mejor momento de María del Carmen (Risas). ¿De verdad te parece bonito mi pelo? Ferdy: (Risas) Te voy a decir una cosa peladita, bacano lo del tour, pero esta ciudad ya no es el Cali de esa época, a esta ciudad la enchaparon, y los ricos se tomaron lo mejor del río Pance, el Pance de los tiempos pacíficos, Pance no es lo que era antes; cuando trepas por el callejón de las chuchas y doblas, justo ahí uno mira desde lo alto hacia abajo y lo que ve es unas putas casas campestres que las constructoras descaradas con la ayuda de esos hampones del gobierno se coronaron sin pena ni gloria, y cero protestas, esta ciudad no tiene dolientes, esta ciudad es de los narcos. Mi hermano vivió los setenta, conoció ese paraíso que era Pance, si el


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Paloma: Ferdy: Paloma: Ferdy:

Pance de los tiempos pacíficos peladita, cuando solo iban algunos loquitos a sollarse semejante río de aguas frescas y cristalinas, con vertientes que formaban los charcos más alucinantes como el charco que llamaban ellos El acuario. Una nota, pura vida, las mejores trabas y los mejores hongos donde rastrearlos era toda una epifanía, todo eso dice mi hermano; también cuenta que él conoció todo ese combo de manes indisciplinados que en medio de su loquera les gustaba crear. Era un Cali gozón por donde lo mire. ¿Y mi pelo? (Risas) Adoro tu pelo, es como para chuparlo. (Risas) ¿Te han chupado el pelo? Bueno sí, a veces mientras miro la tele, yo misma me lo chupo sin darme cuenta. ¿Qué haces en la libreta? Dibujitos, muñequitos. ¿Te gustaría posar para mí, Rubia Paloma? (Risas. Salen cogidos de la mano)

TRASNOCHO DEL HERMANO Con la foto de Paloma en sus manos, sentado en la banca de un parque Hermano: Bueno hermanita, puta vida la mía sentado aquí con tu puta foto, buscándote en medio de esta puta noche mientras tu mamá llora. ¿Dónde putas te has metido? Seguro que la estás pasando una chimba, enrumbada, drogada, periquiada, importándote todo un soberano culo, te vale verga el sufrimiento de tu mamá. No hay nada más doloroso que ver a tu mamá triste, siempre pensando que eres su niña, no te ve crecer, no ve tus tetas listas, tu culo, tu pelo aleteando en la brisa para que lo quieran, no ve tu mirada vidriosa, liquida, libidinosa, no ve tu manera de caminar, seguro que te ve como la niña de siempre. Pobre mamá, tan campecha, rezando por ti, tan católica la pobre, creyendo en milagros. Bueno hermanita, ¿Dónde putas estás? ¿Con quién estás? ¿Qué malparido te atrapó? Tu novio no sabe nada, ese cabrón es un marica, sin güevas, no hace nada, no dice nada. La verdad que si te veo te pateo el culo, te pego tu empujón, te estrujo y te doblo como una puta hoja tirada a la papelera. Te encuentro y te doy tu cachetada, tu insulto merecido lo tienes. Putica de hermana que me tocó. Te gusta hacer sufrir a los que te quieren, eso es, eres una perdida, la noche es lo que te sirve, vivir en la noche, eres de la noche y en la noche te voy a encontrar, y sino que la noche te trague vampira desnutrida. Y todos considerándote la virgencita de la casa, el pichoncito, el gorrioncillo que apenas aletea, todos en casa cuidando de ti, que no te pase nada. Ahora mamá llora, y sus lágrimas no cesarán hasta no verte, hasta no tenerte en sus brazos, hasta no tocarte con sus propias manos, hasta no limpiar tu rostro. ¡Pobre mamá! Que mierda es todo, todo se jode cuando uno menos piensa, una cosa jode otra cosa, ves hermanita, ves cómo jodes ahora todo, ves lo que es darte confianza, ¿Cómo crees que me devolverás estas horas tiradas así como así? Todo se jode, todo está malditamente jodido. ¿Qué son estas calles sino una puta joda en esta puta noche olorosa a jazmín? ¿Sabe qué hermanita?, me voy a buscar un trago, un trago espanta la desdicha, un trago alegra y altera, un trago me empuja en la dureza, me pone pendenciero y que nadie me diga nada.


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LA HERMANA Proyección formato pantalla del rostro de Paloma. A público. Hermana: A ella, sí, a ella. ¿La han visto a ella? ¿La han visto pasar? Esta es su foto. La niña es blanca y rubia, es como los pichoncitos, es una paloma como su mismo nombre, es libre al viento como los materones de rosas rojas de mi casa, está enraizada en nuestros cuerpos, es la alegría, agua fresca en la garganta, es mi hermanita, mi pequeña hermanita ahora en alguna parte, porque en alguna parte debe estar, en alguna parte respira. Todos en casa la queremos, es la pequeña de todos nosotros, de mi padre, de mi madre y de mi hermano. A ella, sí a ella, ¿la han visto pasar? Su pelo es rubio y brilla con el sol, brilla y baila con el viento, pequeña venus de ojos vivos. Tengo un dolor en la garganta que se descuelga para punzar mi pecho. Quiero gritar y no puedo, gritar su nombre y no puedo, gritar a la noche maldita y no puedo. La desgracia aprieta ante mis pies, ante mis pies se postra el dolor. Conozco esta ciudad, su rumba, sus metederos, los he visitado. La busco. ¿Cómo te encuentro, hermanita? He puesto su foto, he llenado postes con su foto, he ido por estas calles bajo el sol reventando mi grito preso. En esta noche, oscureciendo mi silencio, nublando mi mirada, buscando una luz rubia en la tiniebla, muriendo por abrazarla, por limpiar su rostro, peinar su pelo, decirle que la quiero, que la quiero mucho, sangre en la sangre, la huelo, la presiento. Amo a mi hermanita, nada malo le puede pasar, a un ángel como ella, nada malo le pasará. Quiero oler su pelo, ella es mi fuerza, nos queremos, ella me quiere, yo la quiero, es la que siempre canta en casa, es loquita y traviesa, es mi Paloma. A mi Paloma nadie la puede tocar, nadie puede hacerle daño, ningún maldito morboso la puede rozar. Esta ciudad está llena de todos esos malditos desocupados, los he visto tanto, los he visto juntos y todos son cretinos e imbéciles, los he visto en las estaciones, he visto como miran a las chicas, he visto como tuercen el cuello para mirar un trasero, he visto la inmundicia que asoma en sus ojos, he visto cómo se cogen su cosa como si la supieran manejar, se creen fuertes, pandilla de cernícalos, buitres, me gustaría vaciarles las tripas y echárselas a los perros roñosos, perros callejeros devorados por la sarna, hacerlos carroña para los buitres, raza abominable, raza desgraciada; nunca me gusta que me miren, oír sus mediocres piropos, su ausencia de belleza, no tienen belleza, putos estúpidos, idiotas. Odio sus miradas, odio sus chistes, odio como caminan, odio lo que son. VIAJE HACIA EL DELIRIO Atardecer bajo los árboles. Ferdy y Paloma, sentados en la hierba Paloma:

Aquí es tranquilo, el follaje espeso, las ramas de bambú, los pájaros, los que cantan, el aire fresco, la corriente amarillosa del agua, el rumor, los colores en el cielo, el río de hormigas cargando trocitos de hojas verdes, verte tendido ahí desnudo sobre el barranco, hermoso, lleno de silencio, de secretos. ¿Qué miras? ¿Las nubes formando rostros gigantes? ¿En qué piensas? ¿Te gusta? ¿Te parece bonito? (Largo silencio) ¿No dices nada? ¿Qué quieres? ¿Te gusta la tarde? ¿Te la chupo?


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Ferdy: (Haciendo trazos en su libreta pequeña) Veo tus manos, tus pechos, tu torso, tu pelo oloroso, tus ojos, tu boca, eres hermosa, eres un ángel tendido en la hierba, eres un durazno fresco en mi hambre, en mi sed, me gusta tu sexo, un capullo en mi mano, pétalos de rosa, deshojar la pureza, sangrar en la carne, querer tus labios, perderme en tu pelo, dormir en tus pechos, tocar tu culo, rozarlo, lamer todo lo tuyo, cada rincón. Blanca Paloma desapareciendo en mis manos, soñarte flotando como una Ofelia loca de amor, rodeada de nenúfares, bajo un manto de agua diáfana. Paloma: Hace ya una semana que estoy a tu lado, que dices amarme, que me retienes y no tomo la decisión de irme, una fuerza me tiene a tu lado, hace ya una semana que me tomaste de la mano y sin conocerte me tienes contigo, sin conocerte dices palabras de amor, sin conocerte estoy aquí como si te conociera, si me conocieras, si nos conociéramos. Que dibujas mi cuerpo desnudo, dibujas mis manos, mis pechos, mis ojos, mientras bebes, te drogas, te embriagas, duermes, te revuelcas y nada te preocupa. ¿Qué pensará mamá?, imagina que estoy muerta, pobrecita mamá, siempre la hago sufrir, me imagina flotando a la deriva en esa corriente oscura, remolinos de muerte de tantos cuerpos inocentes. Tantos gritos ahogados en la densidad de lo oscuro, tiniebla húmeda. Sí, ella y mi bella hermana deben estar pensando lo peor. Las veo en la policía, los hospitales, otra desaparecida, avisos, mi foto publicada, mi nombre publicado, mi pobre mamá, mi pobre mamá, mi pobre mamá. ¿Por qué no salgo corriendo? No, no eres bello, eres feo, pero me gustas, entonces eres lindo, si muy lindo, me pierdo en tus ojos, ¿De qué color son tus ojos?, esmeralda bajo los corales, me veo en tus ojos, acuoso verde de luz melancólica, sí, me gustas mucho, no quiero estar lejos, no quiero volver a casa, no puedo ya volver a casa, mi hermano me pegará, me matará, me dará una paliza, él cuando grita pega, cuando se enoja es mejor salir corriendo, se emborracha y es peor, peor que mi papá, él también pega, también grita como mi hermano. Ves, ya no puedo volver, por más que quiera no puedo ir, y tú no te puedes ir, ahora me tienes, ahora soy tuya. Tú me robaste, tú me guardas. Ferdy: Tienes mamá, papá, hermano y hermana. ¿Qué más tienes? Paloma: A mi novio, tengo novio, él es dulce y canta, cuando estoy triste canta. Ferdy: Ya. Tienes familia, los que aman y los que pegan, y lo mejor de todo, un novio, un novio tierno, y una familia de esas. Qué raro todo esto. Paloma: No veo qué de raro hay en eso. Todos tenemos una familia de esas y un novio de esos. Ferdy: Sí, eso es lo que tú crees. Rubia Paloma, crees que todos tenemos una maldita familia, bueno, sí, sí, ahora debes cantar, sí, como hace tu novio, canta, canta, cantar es bueno, cantar aleja las desgracias, las mamás le cantan a sus niños para que duerman. Todas las noches cuentan cuentos o cantan, hacen eso para tranquilizar a sus criaturas. Cantar es bueno, aleja las penas, cantar hace olvidar lo malo, canta, Rubia Paloma, canta para mí, hazme olvidar la amargura de este mundo, la infelicidad de este mundo, canta Rubia Paloma, canta, canta para mí, y deja de temblar como una maldita hoja. Paloma: ¡No! No quiero cantar, ahora no quiero cantar, ¿Por qué te tengo que cantar? ¿Por qué tengo que hacer lo que quieres como si tú hicieras lo que yo quisiera? Además, no me gusta verte así, no me gusta como me miras ahora, no me gusta que me hables así, me das miedo.


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Ferdy: ¿Que te hable así? ¿Cómo? Paloma: Como si estuvieras bravo, como si tuvieras derecho, tienes de repente un tono, de repente estás arisco. De repente miras con odio. Sin amor en tus ojos, no hay ternura, eso veo y tengo miedo. Ferdy: ¿Qué te pasa? ¿Te sientes inocente, digna? ¿Inmaculada, santa y pura? No te das cuenta que eres como todas, coqueta e insinuante, mostrando tus tetas, metiendo de todo, loca drogadicta fingiendo pureza, mientras devoras esa lata de duraznos, eres una descarada, malcriada, te vas y dejas todo, y ahora me dices que piensas en todas esas cosas, que piensas en tu familia, pero que tu familia te puede matar, maldita mentirosa, maldita perra sin vacuna, si, eres como todas, eres puta y morbosa, eres una chupa vergas, chupa todo, te masturbas cinco veces al día, viciosa, eso es lo que eres una maldita viciosa (Saca el cuchillo- Gritos de Paloma) Paloma: ¡Socorro, socorro, socorro!, no hagas eso, deja eso, estas bromeando, malparido borracho, te vas a arrepentir, no juegues con eso, deja eso, ¡socorrooooo! Ferdy: No grites, molestas el silencio de los pájaros. Paloma: Deja ese cuchillo, suéltalo, tíralo, maldita sea no te acerques. Ferdy: ¡Te quieres callar!, no grites, vas a estropear la calma de los árboles y el canto treno del agua invocando ya tu ausencia. Paloma: No, por favor, no más, no digas nada de nada, nada bueno existe en ti, no más juegos, no sigas, no me mates. Toma todo mi pelo que tanto te gusta, pero no me mates, corta mis manos que tanto dibujas, pero no me mates, no me mates, no, espera, socorro (Ferdy la apuñala varias veces, arrastra el cuerpo, lo lanza desde el barranco. Cuerpo, sangre y cuchillo se sumergen en la corriente) Ferdy: Tú, bella Ofelia, el agua será siempre tu lecho. En una próxima vida hay que ser como los pájaros: livianos, ágiles, estrellas fugaces de la naturaleza verde. Que placer secreto el del pájaro. El vacío es su espacio, es caída, es ascensión, despegue de línea trazada rayando el espacio con destreza como el frio puñal, con decisión, con libertad. Hay que ser como el pájaro que se posa sobre la más frágil rama que apunta hacia al cielo, querubines en la contemplación de los enigmas. (Grita) pájaros de la noche devuélvanme los sueños. LAS DOS ORILLAS Sonido torrencial del agua en la oscuridad. Video del río en doble proyección, llegan voces lejanas, gritos lejanos. Cartografía del agua. FINAL


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Reseña del autor Douglas Salomón es Licenciado en Arte Dramático de la Universidad del Valle y Magister Interdisciplinar en Teatro y Artes Vivas de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor adscrito al Departamento de Artes Escénicas de la Facultad de Artes Integradas, Universidad del Valle. En su trabajo de dramaturgia ha adaptado las novelas Pensamientos de guerra y Recordando a Bosé, del escritor Orlando Mejía Rivera, A lo bien, de Alfredo Molano, Proceso K, versión libre del Proceso de Kafka, y desarrolló el escrito de Todo tiene su final, inspirado en textos de Andrés Caicedo.


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EL CARIÑO DE LOS TONTOS Por Rodrigo Vélez El título de la decimosexta novela de Mahfuz publicada por Doubleday es ya de por sí enigmático: La epopeya de los miserables J.M. Coetzee – ¿Qué le llevamos hoy? Porque todos los días los dos tontos le llevan algo Antonio Di Benedetto Personajes: MANUELA: campesina MADRE: madre de Manuela y madrastra de Luis PANTERA: albino LUIS: hermanastro de Manuela

Manuela y la Madre, en la ribera del río. Junto a ellas, dos viejas carretas con herramientas y, en el suelo, una vara muy larga de madera. Manuela busca entre una de las carretas. Madre mira hacia el río. MANUELA: ¿Dónde está? ¿Usted la ha visto, madre? MADRE: ¿Hija? MANUELA: Madre, vuelva en sí MADRE: ¿Sí? MANUELA: La pala, ¿dónde está? (Mirando alrededor) ¿Dónde la habré dejado? MADRE: ¿Cuál pala? (Buscado entre la carreta) MANUELA: En cualquier momento bajará por ese río y la necesitaré MADRE: ¿Esta? MANUELA: Madre, usted sabe perfectamente a cuál me refiero. MADRE: No sé. MANUELA: La pala grande, madre. La de cabo duro.


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MADRE: Ya sé cuál, hija. Pero esa pala… MANUELA: Madre, ¿por qué no va y descansa? Mire que a usted ya no le hace bien el tiempo bajo el sol. (Cambio) ¿Dónde pude dejarla? MADRE: No la he visto. MANUELA: ¿No la habrá prestado? MADRE: ¡Ponga un anuncio a lo largo del río para que la encuentre! Usted está muy excitada hija y eso no le hace bien. MANUELA: ¿No escuchó? MADRE: No hable de eso. MANUELA: Anoche hubo tiros allá en la cabecera del pueblo. (Madre mira en derredor. Ya sabe lo que pasa cuando eso sucede) ¡Mire! (hacia el cauce) El río ha crecido. Cuando eso pasa es porque ya viene. MADRE: Hija, haga la cosa mejor. MANUELA: Mamá, no la he cogido. (Señala la carreta) MADRE: ¡Le hablo a usted! ¡Mírese! ¡Siempre embarrada! ¡Barro hasta los tobillos! Deje todo esto, ¿sí? Mire que quiero estar tranquila. MANUELA: Ahora con un policía en casa… MADRE: Hija… MANUELA: …debería estarlo MADRE: …váyase a la ciudad. Hágase querer de un hombre. Y salga de estas montañas que aprisionan. Mire: montaña adelante y atrás. Montaña toda la vida MANUELA: Madre, por más que quisiera (intenta limpiarse el barro del cuerpo) ya no me lo puedo quitar. Como que me sale de adentro. MADRE: (Mirando la montaña) Y el sol, siempre sol, siempre río. MANUELA: (Oteando el río) ¿Ha visto hoy a Pantera? MADRE: No quisiera verla con ese tonto. MANUELA: ¡De los hombres que tenemos cerca, madre, él es el único que nunca ha cambiado con nosotras! ¡Y a mí me sirve! MADRE: ¿Vamos a la casa? MANUELA: No, madre. Debo esperar que lo traiga la corriente. (Pateando la tierra) ¡Hace días no llueve y esta tierra está dura! MADRE: Manuela, una pala es una pala. Pero usted… usted, hija, está a tiempo: ¡cambie, váyase de aquí! MANUELA: Madre, anoche hubo tiros y el río ha crecido. Este es mi sitio. Madre se sienta en una de las carretas. Saca un trapo y lo moja con agua. MANUELA: Los tiros quedan retumbando en la montaña. MADRE: (Humedeciéndose la frente) El estampido lo recogen las minas. MANUELA: Anoche los tiros… (Los vuelve a oír sola, primero uno, después dos) Y hoy la montaña tan silenciosa. Oiga. Parece que se estuviera cargando. (Mirando a Madre, brusca) ¡Ahora que Luis ha entrado en la policía deberíamos estar más tranquilas! ¡Pero véase, cada vez más inquieta! MADRE: Luis es un hombre. MANUELA: ¡¿Y?! MADRE: Está trabajando. MANUELA: ¡Madre, no lo defienda! ¡Está devastando!... MADRE: Es su trabajo.


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MANUELA: (Más categórica) …¡Está devastando! MADRE: Ayúdeme a volver, ¿sí? (Madre se apoya en el brazo de Manuela) No culpe a Luis MANUELA: ¿Él me desapareció la pala, cierto? MADRE: (Limpiándole el barro a Manuela) No estoy segura. MANUELA: ¡Usted lo crio en su casa y ahora es su dolor de cabeza! MADRE: (Limpiándola) No sale. MANUELA: ¡Madre!, lo crio y ahora el cachorro ha crecido ¡Y el cachorro era de hiena! (Se mira los brazos, llenos de aruñazos) ¡Madre, míreme estas marcas! ¡Son de anoche! ¡¿Le parece justo?! MADRE: Se enamoró de usted, hija. MANUELA: ¡Madre, pero crecimos como hermanos! MADRE: Las cosas cambian. Luis está por llegar, lléveme a la casa. MANUELA: (Mirando al río) ¡No! MADRE: Hay que hacer el almuerzo. MANUELA: Que lo prepare él. MADRE: Es un hombre, su lugar está en la calle. MANUELA: (Señalándola con rabia) ¿Y el suyo? MADRE: En la casa, junto a usted. MANUELA: Conmigo no cuente. (Mirando al cielo, con rabia) Tranquila, madre, tiene que estar tranquila. Hoy parece que va a llover (Manuela revisa el contenido de la segunda carreta) MADRE: ¡Ese barro, mi niña! (Le entrega un sombrero) Póngaselo, ¿sí? Recupere ese gesto lindo de mujer. Póngaselo. Manuela se pone el sombrero que le da un aire femenino que contrasta con su continente brusco. MANUELA: (Como un relámpago, sonríe por única vez). No estoy para ser linda. Tampoco soy muy inteligente, lo sé. Pero sé lo que tengo que hacer. MADRE: Mire lo lindo que le queda. ¿Dónde compró ese sombrero? MANUELA: Madre, entrégueme la pala. MADRE: Ah, es verdad que lo compré fui yo (Ríe) Porque usted ¿cómo va a pensar en comprarse algo? MANUELA: Madre, dejemos ahí el tema, por favor. MADRE: Pero es verdad que usted es la última en pensar en usted. Usted es de las que se entregan con alma, vida y sombrero. Para los demás todo; para usted, barro. Eso es cierto, mire esa carreta. En cualquier momento deja de servir: así está usted. Hay que ser servicial mas no servil, porque ahí sí se jode una. ¿Sabe cómo es? MANUELA: ¿Se la llevó Luis, cierto? MADRE: Es que la necesitaba. MANUELA: ¿Es que él cree que me detendré sólo porque se ha llevado algo que me es tan útil? MADRE: ¡No le haga rabiar! MANUELA: ¡Madre, desde que Luis ha entrado en la policía…! ¡Usted y yo sabemos por qué el miedo! MADRE: Tomando una pala de la carreta. Voy a afilarle esta para que la pueda usar. MANUELA: Madre, no se lastime esas manitos (Le toma una mano entre las suyas para besarlas, pero a medio camino se detiene, y las huele como un perro) Hoy no se le ven bien. Vaya a la casa y descanse. Yo espero a Pantera.


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MADRE: Él ya es un hombre muy viejo para usted. MANUELA: No será para mí, en todo caso. (Mirando hacia el río) ¿qué se habrá hecho? (Se agacha y comienza a clavar un clavo en la punta de la vara larga) MADRE: Necesito volver a la casa. ¿Vamos? Acompáñeme. MANUELA: (Mirando hacia el río) Sigue creciendo. MADRE: Esta osteoporosis. MANUELA: (Mirando hacia el río) Madre, por favor, deje la osteoporosis en paz. (Da unas paladas contra la tierra) MADRE: Está muy mellada. (saca una lima y le lima los bordes a una de las palas) MANUELA: ¡Madre, alégrese por mí! ¡Esto es lo que tengo! Aquí, donde todo es triste. MADRE: Me preocupa que algo le pase. MANUELA: ¿Por qué? ¿Porque ayudo a los que ya no pueden? Madre, los míos me cuidan. ¡Y cómo no! ¡Viven con nosotras! MADRE: Ya no queda espacio en el patio. MANUELA: Les abriremos espacio, madre, y ellos descansarán. ¡Alégrese! ¡Mire que usted me ha infundido fuerza y ahora usted no las tiene! MADRE: Mi angustia no la cura el sol. MANUELA: Y eso es lo único que sí tenemos a montones. MADRE: ¿Cuándo va a pensar en usted? Todavía es bonita. Piense en hombres vivos. MANUELA: ¡Cuando debo esperar junto al río, no se imagina, madre, la alegría que llevo! ¡No digo que me emociona! ¡Tampoco es así! Y no puedo creer que mientras tanto el resto del país esté de espaldas. ¡Porque el país dio la espalda! Entonces en medio de todo, ellos nos tienen. MADRE: Dios se encargará. MANUELA: ¿Usted cree que Dios anda por estas montañas? Madre, desde allá, desde la cabecera del pueblo hasta el ombligo… (Se pone el dedo índice en el ombligo. Tranquila) ¡Estamos solas! MADRE: Ya no estoy para esto. MANUELA: Por eso déjemelo a mí (mira hacia el río. Haciéndole señas, lo llama) ¡Pantera! (Pantera, desde afuera, responde con un silbido) A él le importa lo que traiga el río. Tiene el cariño de los tontos: un cariño que dura. MADRE: ¡Me produce terror! MANUELA: Madre, Pantera es un niño. MADRE: Usted también me produce terror. MANUELA: Debería producirle terror lo que pasa aquí, no yo que nací de usted. (camina hasta la orilla del río. Oteando la corriente) Pantera lanza el cabo de una cuerda que recibe desde la orilla Manuela. MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE:

¿Dónde quedaron los registros? Guardados. Se los confié a usted. Prométame que no se los entregará. ¡Eso es una locura! ¡No, madre, ellos merecen un nombre! Ni se enteran. Si se los entrega a Luis me haré estrangular. ¡Es mejor que no lo haga! Hija, me asusta. ¡No se puede ser tan diferente! Entre los animales pasa lo mismo.


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MANUELA: Es normal que alguien como yo, que mira la muerte a los ojos, produzca miedo. Pero ya le dije: estoy contenta. Madre, si los llega a perder, tendrá que pedir perdón, conmigo, a los muertos. Madre se sienta muy cansada. MANUELA: MADRE: MANUELA: MADRE:

Tranquila, algún día nos iremos a tierras menos escalofriantes Antes este río era más caudaloso. ¿Lo vio usted misma? Yo, no. Mi mamá.

Entra Pantera, hombre albino, con botas de caucho y sin camisa. Lleva un sombrero de paja demasiado ancho. PANTERA: (A Manuela) Estaba atrancado. Lo ayudé a bajar. (A Madre) ¡Buenas! Manuela y Pantera extienden sobre el río la vara larga y enganchan la punta. Agarrados a la línea de la vara salen del escenario. Regresa Pantera cargando, con su mano derecha, un atado de pescados, y con la izquierda, halando un brazo del muerto. Del otro brazo del muerto le ayuda Manuela. Lo ponen en tierra. Pantera le ofrece a Madre los pescados. Al ver que la Madre no se los recibe, los pone en el suelo. Madre entonces avanza un paso y los recoge. MANUELA: (Mirando reconcentrada a los ojos del muerto) Se llamará Antonio. Entra Luis. LUIS: Pantera, no lo volví a ver. MANUELA: No lo moleste. LUIS: Defiendo solamente lo que es útil. PANTERA: Remo de noche. LUIS: (A la madre) Claro, Pantera alumbra MANUELA: ¿Puede acompañar a mi mamá a la casa? LUIS: (A la madre) Hasta un conejo blanco es normal. Manuela se dirige a la carreta pero Luis se atraviesa. MANUELA: ¡Córrase! LUIS: Claro. (Le abre espacio) Manuela se agacha a la carreta. Luis se acerca por detrás. MANUELA: ¡Luis, quédese ahí! LUIS: (Sonriendo) ¿Aquí? Luis va a una de las carretas y la patea al suelo. Todo se riega. LUIS: Ya puede pasar. MANUELA: ¡No me voy a mover si no se corre! LUIS: Va a tener que pasar.


Mis amores ·45

MADRE: Luis, no más. Luis se acerca a Manuela. Manuela se lanza a la canoa. Trae una lona con la que tapa al muerto. Luis le muestra un labial. LUIS: MANUELA: LUIS: MADRE:

Solamente le quería regalar esto. ¿Qué es? Lo que usan las mujeres. Recíbaselo, hija.

Luis le lanza el labial. Manuela lo recibe, lo abre, lo saca. LUIS: (Señalando al muerto) También le queda bueno a él. Manuela lanza el labial al río. LUIS:

¡Está contaminando su río, Manuela! ¡Todos la vimos!

Luis descorre la lona del muerto. Agachado, mira a Manuela. LUIS:

¿Usted cree que le voy a hacer algo? ¡Lo rico que es dañar cosas lindas!

Luis se acerca un poco. MANUELA: ¡Luis, manténgase ahí! ¡Le advierto! LUIS: ¿Qué pasa? MANUELA: ¡Algo terrible! Luis sigue acercándose a Manuela. MANUELA: ¡Me gané un problema! Manuela levanta una panela y amenaza con ella. LUIS: No dudo que lo hará. MANUELA: No se acerque. LUIS: ¡Úsela! ¡Úsela ya que quiere usarla! ¿Quiere? ¡Una vez que la levantó le va a tocar usarla! Luis salta sobre Manuela. Manuela grita. Luis aferra la muñeca de la mano que sostiene la panela. LUIS: MADRE: LUIS:

¡Suéltela! (Manuela no suelta la panela) ¡Que la suelte! (Manuela cede Luis la suelta. Sonriendo) Usted y yo estamos unidos. Desde que nos conocimos. (A Madre) Madre, ¿está la comidita? Vamos. Vamos. (A Manuela) En la casa no va a enterrarlo. ¡Que le quede claro!

Salen Luis y Madre


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MANUELA: (Enderezando la carreta) ¡Pantera, ayude! Pantera empieza arrastrar el muerto hacia la barca. MANUELA: ¿Qué hace? PANTERA: Devolverlo al río. MANUELA: ¡No! Montan el muerto en la carreta. Cuando Manuela intenta arrastrarla, la carreta se atranca en la tierra. MANUELA: ¡Si no se hubiera muerto el caballito! La carreta sigue trancada. Manuela mira a Pantera. Pantera no se mueve. PANTERA: Es que su hermano me da miedo. Manuela desatranca la carreta y sale hacia la casa. Pantera desamarra la barca y sale.

Apagón


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Reseña del autor Rodrigo Vélez Ángel ha sido profesor de literatura y arte dramático en la Universidad del Valle. En 2014 fue becario del gobierno italiano en Bogliasco Fundazione (La Liguria, Génova) donde residió e inició la investigación de su libro sobre dramaturgos afrocolombianos. Estudiante de la Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes, en Buenos Aires. Es autor de Lady Málaga, que en 2012 recibió la Beca de Dramaturgia del Ministerio de Cultura de Colombia.


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STRIPTEASE Por Camilo Villamarin

1

Personajes: GABRIELA: Mujer que siempre tiene el control. ANTONIO: Novio de Gabriela, oportunista. RICARDO: El stripper, un actor varado. CLARA: Novia de Ricardo, haría cualquier cosa por dinero. PADRES DE GABRIELA: Están muertos.

L

a obra transcurre en medio de una lluvia que se va transformando en Tempestad. Apartamento de Gabriela. Noche. Oscuridad. Los relámpagos dejan ver la silueta de Gabriela, de pie junto a un marco de cuadro vacío y las siluetas de sus padres sentados en los muebles de la sala. Gabriela hace una señal y sus padres de mala gana abandonan la sala para situarse en el marco vacío, componiendo un cuadro vivo. Gabriela durante toda la obra estará en comunicación con ellos pues es la única que puede verlos. Suena el timbre. Gabriela se apresura a cubrir el cuadro con una tela y se dirige a abrir la puerta. Irrumpe Ricardo, el stripper, disfrazado de policía. RICARDO: (Entra actuando un allanamiento policiaco) ¡Alto ahí, Manos arriba todas, Policía! GABRIELA: (Con afán pues no quiere que nadie vea que entra un stripper a su casa, revisa el pasillo) ¡Sí señor, siga! (El hombre busca las mujeres de la fiesta) Siéntese, ¿quiere algo de tomar? RICARDO: (Saliéndose de su personaje) disculpe, pero el servicio está programado para esta hora y tengo poco tiempo. ¿Dónde están las invitadas para que comencemos?


Mis amores ·49

GABRIELA: ¡Ah! Entiendo, tranquilo… empiece. RICARDO: ¿Así?, ¿sin gente? Me dijeron que era una despedida de soltera. ¿Dónde está la que se casa y sus amigas? GABRIELA: Empiece. RICARDO: Disculpe, ¿La dirección de aquí es Boulevard del Rio # 9 - 16 Apto. 1606 Edificio El Río? GABRIELA: Sí, “Ricky”. RICARDO: Y sus amigas, ¿por qué no vinieron? GABRIELAN: No tengo RICARDO: ¿Por qué? GABRIELA: Trabajo mucho. No tengo tiempo para la vida social. Además, soy muy competitiva, a las mujeres no les gusta eso. RICARDO: ¿Y sus primas, hermanas, tías? GABRIELA: Soy hija única de padres hijos únicos y ellos ya murieron. (Mirando el cuadro de sus padres) RICARDO: Lo siento. GABRIELA: No se preocupe, ya superé lo del accidente. RICARDO: ¿Cuál accidente? GABRIELA: En el que ellos perdieron la vida y yo esta pierna. No fue culpa mía, yo no los maté. Ya lo superé… puedo sonreír mientras lo digo, ¿lo ve? Ya lo superé (Su sonrisa da miedo) RICARDO: Que terrible, lo siento de verdad. GABRIELA: No lo sienta. Haga lo que vino a hacer y hágalo bien, con eso es más que suficiente. (Pone la música. Ricardo ahora no está sólo incomodo sino también algo asustado. Comienza de nuevo su show y después de un par de prendas se detiene) GABRIELA: ¿Qué pasa? RICARDO: Lo siento, no puedo. GABRIELA: ¿Por qué? RICARDO: No sé. Todo esto ha sido muy… raro. Ya no creo que sea capaz. GABRIELA: Este es su oficio, no me importa lo que piense, ¡hágalo! RICARDO: No puedo,… no quiero. GABRIELA: ¡Hágalo! Para eso lo contraté. Párese ahí, quítese la ropa de manera sexy moviendo el trasero, úntese de aceite y restriéguese contra mí. Sáqueme al centro y rastrílleme… hágalo… como lo hacen en esos shows denigrantes…. Denígreme… RICARDO: ¡Usted está loca! GABRIELA: ¡Hágalo, maricón! RICARDO: No soy maricón, solo soy… sensible y lo que usted me dijo me perturbó mucho. Ahora no me siento capaz de hacerlo frente a usted, y la verdad, no sé si sea capaz de volverlo a hacer. GABRIELA: ¡Nooo por dios!, usted era mi última esperanza y ahora me sale con esto. RICARDO: Dejemos así, mire, no le voy a cobrar, voy a sacar solo lo del transporte y ya (saca un par de billetes y pone el sobre con el resto del dinero sobre el asiento) GABRIELA: ¿Se va a ir sin hacer su trabajo? Usted me dijo que era un profesional. RICARDO: Este no es mi trabajo, ¿me oye? No nací para ser stripper, yo quería ser actor, pero desde que me gradué esto es lo mejor que he podido conseguir. GABRIELA: Entonces aproveche, haga el papel de su vida, actúe de stripper y acabe de quitarse la maldita ropa de una vez por todas.


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RICARDO: No quiero. Me voy de aquí. (Empieza a recoger sus cosas, la mujer corre y cierra la puerta con llave) GABRIELA: Usted no sale de aquí hasta que haga su trabajo. RICARDO: Entrégueme las llaves. GABRIELA: ¡NO! RICARDO: ¡Entréguemelas! GABRIELA: No. Hasta que haga lo que vino a hacer. RICARDO: Por favor. GABRIELA: Termine de quitarse la ropa de manera sexy y podrá irse, ¿por qué tiene que hacer todo tan complicado? RICARDO: Quiero salir. GABRIELA: Salga por el balcón. RICARDO: Muy graciosa, es el piso 16. GABRIELA: Usted decide. RICARDO: Y es que nunca ha visto un hombre en pelota que está tan desesperada. GABRIELA: No es eso. No sea ridículo. RICARDO: Ridícula usted que me tiene secuestrado porque no me quiero quitar la ropa. GABRIELA: Ridículo usted que es un stripper y no se quiere quitar la ropa. RICARDO: Que no soy un stripper, soy actor, me oye, actor. GABRIELA: Esta es mi última noche y usted no va a arruinármela. RICARDO: Usted ya me la arruinó a mí. GABRIELA: Yo soy quién está pagando por el servicio. RICARDO: No quiero su cochino dinero, déjeme salir por las buenas. GABRIELA: Quítese la ropa. RICARDO: Quítemela. GABRIELA: Yo no soy su niñera. Ponga la música, mueva el trasero y quítese la ropa, es lo único que le pido, entienda, es mi última noche. RICARDO: No sea trágica, se va a casar no se va a morir. GABRIELA: Es lo mismo. RICARDO: Si le pesa tanto ¿por qué se casa? GABRIELA: No tengo otra opción. RICARDO: Claro que sí, tiene la opción de seguir soltera. GABRIELA: Ya no. RICARDO: ¿Por qué? GABRIELA: A usted no le importa, es mi stripper no mi psiquiatra. Mi psiquiatra dice que tengo problemas para aceptar un NO por respuesta. RICARDO: Parece que tiene mucha ira contenida. GABRIELA: Cállese, cállese y quítese la ropa. RICARDO: Ya basta de juegos. Abra la puerta o voy a tener que usar la fueza. Yo soy educado pero si me obligan a ponerme violento, no respondo… GABRIELA: (Sacando un arma de un mueble completamente alterada), ¡cállese, le digo! ya me harté de sus tonterías. RICARDO: ¡Ay, ay! por favor baje eso, le tengo mucho miedo a las armas. ¿Usted no supo de esa escena de cine famosa donde un actor murió por un arma de utilería? GABRIELA: Se quita la ropa por las buenas o por las malas. (Ricardo se queda pasmado, Gabriela enciende la música y él continua su show asustado y con cara de que va a llorar en cualquier momento. Cuando se quita la ultima prenda y ella la tiene en su poder, suena el timbre del apartamento. Los dos se sienten sorprendidos, como si fueran amantes)


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2 RICARDO: Déjeme ir o voy a gritar. GABRIELA: shhhh… ANTONIO: ¿Gabriela estás ahí? Abre la puerta. RICARDO: ¿Quién es? GABRIELA: Shhhh… ¿Antonio, que haces aquí? ANTONIO: Por favor mi amor abre la puerta. GABRIELA: (Inventando una excusa) Hm… es de mala suerte. ANTONIO: ¿Qué? GABRIELA: Ver a la novia antes del matrimonio. Se supone que nos veríamos mañana en la mañana en la notaria, ya tengo los papeles listos (Ricardo se ríe, la mujer lo codea). ANTONIO: Lo sé mi amor, pero es urgente, necesito hablar contigo. GABRIELA: ¿De qué? ANTONIO: No voy a hablarte de esto gritando desde atrás de la puerta. Perdí la copia de la llave de tu casa. ¿La olvidé aquí? ¡Ábreme por favor! GABRIELA: Hm… no puedo. ANTONIO: Gabriela entiende, es urgente, sino no habría venido hasta aquí. RICARDO: Ábrale… así su futuro maridito se va a dar cuenta en que anda (Empieza a bailar sexy alrededor de ella), ¿no quería un striptease? aquí se lo estoy haciendo. (Gabriela lo golpea con la cacha del arma en la cabeza, dejándolo inconsciente, se oye el sonido del cuerpo al caer. Corre a apagar la luz) GABRIELA: No estaba preparada para recibir visitas. ANTONIO: ¿Qué fue eso?, ¿por qué apagas la luz amor? (Se oyen cosas que se caen, que se mueven, bombas que se estallan, etcétera) GABRIELA: ¿Estás seguro que no puedes esperar hasta mañana?, no es el mejor momento para mí. ANTONIO: ¿Estás bien? … Gabriela responde… Voy a llamar a seguridad. GABRIELA: (Prende la luz y abre la puerta. Está agitada y despelucada. La casa no tiene ninguna decoración y Ricardo no se ve por ninguna parte) Te dije que no estaba preparada, no quería que me vieras de cualquier forma un día antes de la boda. ANTONIO: (Entra apurado revisando la casa, buscando que es lo que está mal) ¿Por qué no querías abrirme, que pasa? GABRIELA: Ya te lo dije, es de mala suerte. ANTONIO: Ya basta con eso. Estás con alguien, ¿no es cierto? GABRIELA: Estoy sola. ANTONIO: ¿Por qué estás vestida así, a quién esperas? GABRIELA: ¡A nadie! ANTONIO: ¿Entonces por qué te vistes así? Como una vagabun… GABRIELA: Quería tener una noche especial ANTONIO: ¿ah sí?, ¿con quién? GABRIELA: ¡Conmigo! Con nadie más. Una noche especial de mí, para mí. Pero parece que es imposible. ANTONIO: (Silencio) Discúlpame. Pero hay algo que necesito decirte y no puedo esperar hasta mañana. GABRIELA: Más te vale que sea algo bueno. ANTONIO: No creo que sea bueno, pero sí lo correcto GABRIELA: ¿Qué es? Habla.


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ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO:

Prométeme que no te vas a enojar. Que mal comienzo Antonio. Amor créeme que lo nuestro es más fuerte y lo vamos a superar. ¿De qué se trata?, habla Quiero que pienses en estos hermosos siete años que hemos pasado juntos antes de tomar cualquier decisión apresurada. GABRIELA: ¡Antonio! ANTONIO: (le canta) GABRIELA: ¡Habla ya! ANTONIO: ¡Tengo una amante!... Tuve. GABRIELA: ¿Tuve o tengo, al fin qué? ANTONIO: Tuve. Hasta hace unas horas. El cuerpo de Ricardo cae por detrás del sillón donde están sentados ellos y su cabeza queda visible, va abriendo los ojos hasta recuperar el sentido y escucha la conversación, está completamente desnudo, esposado y amordazado. GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO:

¿La mataste? No. ¿Cómo se te ocurre? ¿Entonces? Terminé con ella para poder avanzar con lo nuestro de una manera… limpia. ¿Por qué me lo cuentas? ¿Cómo, no lo sabías? No. ¿No podías haberte quedado callado y olvidarlo; dejarlo como tu pequeño secreto? pero lo sospechabas, ¿cierto? No, la verdad no te creí con agallas para hacerlo. Pero esta semana andabas tan rara. No me recogiste en el trabajo dos días. No quisiste acompañarme al casino. No me llevaste a comer ni una sola vez, no me compraste nada nuevo. Y tú no eres así. Estás muy rara Gaby, no te reconozco. ¡Por dios!, me voy a casar con un idiota. Esta semana estaba ocupada organizando mi noche especial… noche, que acabas de arruinar. ¿Nunca me celas? No soy ese tipo de mujer. ¿Eres lesbiana? No seas tonto Trato de entender porque yo no te importo. Ya te lo dije, simplemente no soy ese tipo de mujer. Dilo, “No me importas” déjalo salir. No es eso, es que… Tú, la mujer de hierro no es capaz de decirle a su futuro marido en la cara que no le importa. Dilo, “no me importas” ¡Antonio! Dilo, vamos. Déjalo salir de una vez. ¡Ya basta! “No me importas” ¡Suficiente! “No me importas, no me importas, no me importas”


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GABRIELA: Sííííí… no me importas, no me importas…. (Silencio) Pero nos vamos a casar... Ahora vete a dormir, tienes que verte bien mañana. ANTONIO: (Silencio) No quiero dormir solo. GABRIELA: Está bien, te quedas, pero en el cuarto de huéspedes; es de mala suerte ver a la novia antes de la boda Gabriela baja la luz. Salen.

3 Ricardo que lo ha escuchado todo trata de reponerse, está esposado, totalmente desnudo. Busca sus cosas por la habitación, sin éxito. Encuentra su celular en una silla, marca y habla con dificultad. RICARDO:

¡Aló Clarita!, mi amor, baby escúchame es una urgencia, soy yo baby, tu Ricky. Necesito que vengas por mí. Escúchame, necesito que llames al pri y le des está dirección. Clarita amor concéntrate, hay mucho ruido, no te entiendo… baby ¿dónde estás?... dale la siguiente dirección: Boulevard del Rio # 9- 16 Apto 1606, edificio El Río… Clarita, ¿cómo así, mi amor? Entiendo que estás ocupada en tus cosas, pero esto es un caso de vida o muerte. Además nos puede ir bien, sólo es una vieja loca y un tipo debilucho. Clarita concéntrate mi amor…. Aló, ¿Clarita? ¿Amor? Mi vida depende de ti… ¿Amor? ¡Aló!, Aló!

Se escucha que desde el interior del apartamento viene alguien caminando rápido, Ricardo se esconde de nuevo. ANTONIO: Ya basta por favor, te dije que me comunicaría contigo, este no es un buen momento. ¿De qué estás hablando? Estoy en mi casa, si ves, me juzgas, dices que no es cierto… Claro que es cierto, estoy en mi casa… ¿Tú estás en mi casa?, ¿dentro de mi casa? Sí, claro, recuerdo que me dijiste que me devolverías las llaves. Pudiste haberlas dejado en un sobre en el buzón... No es mentira, estoy en mi casa… en mi casa… en mi casa de campo… relajándome para el “evento” de mañana. Sí, tengo una casa de campo solo que nunca te hablé de ella… no es mentira… si ves... me juzgas… todo el tiempo me juzgas. Ya te lo expliqué tengo que casarme con ella. Es sólo por un tiempo luego ya nos volveremos a encontrar ¡mi diosa de ébano! Ahora necesito que respetes el acuerdo y te vayas para tu casa tranquila y en un par de meses nos… sí amor, un par de meses… ¿había dicho semanas? Ahh… sí ya sabes, los días se vuelven semanas, las semanas meses, jajaja tú sabes. No sabes... nooo tampoco quiero decir que los meses se conviertan en años… no quiere decir que no suceda así, pero no es nuestro caso. Ya verás como pasa el tiempo rápido mi cucurucho de chocolate y no sólo vamos a volver a estar juntos, si no que vamos a darnos la gran vida… jajaja… paciencia mi corazón, mi brownie girl, mi cla… Gabriela que ha escuchado ruidos llega a la sala. GABRIELA: ¿Qué haces aquí? ANTONIO: (Guardando el celular) No podía dormir.


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GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO: GABRIELA: ANTONIO:

¿Con quién hablabas? Con mamá… quería que supiera que no voy a llegar para que no se preocupe. ¡A la cama! En un rato, yo… ¡Ahora! ¡A la cama! ¿Así va a ser cuando nos casemos? Tal vez. ¿Te la vas a pasar diciéndome que hacer? ¡Antonio a la cama!, ¡Antonio a comer!, ¡Antonio lávate las manos! Probablemente. ¿Te quieres casar? No. ¿Por qué lo haces? Tengo que hacerlo. ¿Por qué? Se los prometí. ¿A quiénes? A mis padres, se los prometí. ¿Les prometiste a tus padres que te casarías conmigo? Sí, antes de morir. No puedo faltar a mi palabra. ¿Pero no quieres casarte? Ya te lo dije. ¿Y que hay de mí, de lo que yo siento? Ya te lo dije. Tienes razón “No me importas Antonio, no me importas”. ¿Y si yo me niego? ¡No puedes! ¿Qué? Por supuesto que puedo, de hecho ¡NO voy a casarme contigo! Cállate, y vete a dormir, mañana tenemos mucho que hacer antes del matrimonio. ¿Me estás escuchando?, No me voy a casar contigo Gabriela, No me voy a casar contigo

Ella lo golpea. GABRIELA: ¡A dormir! ¡Ya!

4 Antonio sale, Gabriela se dirige a apagar las luces cuando es sorprendida por Ricardo que aparece detrás del sillón. RICARDO: Señora… Señorita Gabriela. GABRIELA: (Ella lo mira sorprendiéndose de su presencia como si hubiera olvidado que estaba allí) ¡Cállese! qué quiere, meterme en problemas con mi marido. RICARDO: Yo lo único que quiero es salir de aquí… ah, y que me devuelva la ropa… por favor. GABRIELA: Váyase inmediatamente. RICARDO: Sí, en eso estamos de acuerdo, me devuelve la ropita por favor. GABRIELA: ¿Y el dinero? RICARDO: Yo se lo devolví. GABRIELA: ¿Dónde está?


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RICARDO: Qué se yo, yo se lo devolví. GABRIELA: Me quiere robar, es eso, ¿no? No hizo su trabajo y se quiere quedar con el dinero. RICARDO: Sí hice mi trabajo, ¿no ve? (Mostrándole que está desnudo) Yo no tengo, ni quiero su dinero. Usted fue la que lo revolvió todo y se puso como una loca (Ella hace un gesto de amenaza con la mano), con todo respeto. Como ve, yo no tengo nada más que estas soga-esposas. GABRIELA: Voy a llamar a la policía. RICARDO: Hágalo, ya quiero verla a usted, explicando esta situación ante la policía. GABRIELA: Tendré que asesinarlo, (busca el arma) RICARDO: ¿Por no quitarme los calzoncillos inmediatamente lo dijo?, ¿y por ver que maltrata a su futuro marido, por eso me va a matar? GABRIELA: (Apuntándole) ¿Qué sabe usted Ricardo? ¿Qué vio, qué escuchó? RICARDO: Nada. No sé nada, No oí nada. Solo los vi en sus problemas de pareja, lo normal. Yo a veces también peleo con mi negrita pero lo importante es que nos queremos. GABRIELA: Hm… ¿Cuánto se quieren? ¿Ella sería capaz de traicionarlo? RICARDO: ¿Cuánto? A ver cómo le explico, de traicionarme pues ella lo ha hecho, ella es un poquito… flexible con los hombres, pero lo realmente importante es que me ama, más que a cualquier otro. GABRIELA: Tendré que asesinarlo RICARDO: ¿Pero por qué? ¡Por favor! Piense en los niños. GABRIELA: ¿Niños? ¿Cuáles niños? No sabía que usted…..ah, ¡váyase! (Guarda el arma) La otra nunca llegó. RICARDO: Por lo menos quíteme las esposas ¿sí?, y yo me voy. GABRIELA: Aquí no ha pasado nada ¿me entiende? Usted y yo nunca nos hemos visto, no nos conocemos. Gabriela se acerca intimidándolo y le quita las esposas, Ricardo en cuanto está libre se abalanza sobre ella. RICARDO: Con que me ibas a matar puta de mierda (Pelean y caen al piso. Clara abre la puerta con las llaves que Antonio ha extraviado. Antonio llega a la sala al oír el estruendo) 5 RICARDO: ¡Clarita! CLARA: (A Ricardo) ¿Ricky? ANTONIO: (A Clara) ¿Qué haces aquí? CLARA: (A Antonio) ¡Bebé! GABRIELA: ¡Antonio! (A Clara) ¿Usted cómo entró a mi casa? CLARA: (A Gabriela) no revelo mis trucos señora (Agita las llaves de Antonio en su mano) RICARDO: (A Clara) ¿Me puedes explicar que está pasando aquí? ¿Le dijiste bebé a este imbécil? ANTONIO: (A Clara) Eso tendría que preguntar yo, ¿qué está pasando aquí? GABRIELA: (A Antonio) No es lo que te imaginas. ANTONIO: (A Clara) ¿Qué haces aquí? Como te dije (haciéndole un guiño), ya no puede haber nada más entre nosotros señorita, y no tenemos nada de qué hablar (Quitándole las llaves). (A Gabriela) Gaby, yo ya corté con ella te lo juro.


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GABRIELA: (A Antonio) ¿Con ella? CLARA: A ver, a ver ¿qué está pasando aquí? Voy a tratar de adivinar, bebé. Gabriela, tu rubiecita insípida, se estaba dando la gran noche de despedida de soltera con este machote rico Ricky que es mi futuro ex. Mmm pero lo que no entiendo bebé es ¿qué hacías tú aquí?, ¿disfrutabas viéndolos o luego te les ibas a unir o es que entre los tres se la jalan? ¿Por eso era que no querías verme más, porque ahora ya no te basta con esta negrota exótica si no que necesitas de a dos? RICARDO: ¿Tu futuro ex? Clara explícame eso. ANTONIO: Jajaja muy convincente con tus lecciones de moral señorita Clara, te recuerdo que eras una stripper. RICARDO: ¡Es! Anoche… CLARA: ¡Era! Ya lo dejé… ya no necesito hacer esas cosas, ahora estoy con mi hombre empresario. GABRIELA: (Riéndose) No tiene en que caerse muerto. CLARA: ¿Cómo así? ANTONIO: Gaby mi amor te juro que entre ella y yo no hay nada… solo que está obsesionada conmigo, porque… porque soy muy bueno en la cama y no puede olvidarme; pero yo te amo a ti, por eso terminé con ella. (Aparte) Mi diosa de ébano vete, no te preocupes GABRIELA: Sara o como se llame, más le vale que se baje de esa nube, si está buscando a este por plata definitivamente está en el lugar equivocado. Precisamente se casa conmigo porque no tiene en que caerse muerto. CLARA: ¡No! Bebe tendremos que matarla para quedarnos con todo. ANTONIO: (Lo piensa por unos segundos. A Clara) Cállate, como se te ocurre. (A Gabriela) Gaby sabes que jamás te haría daño. (A Clara) Mi Brownie, aún no me caso con ella, no hay herencia. CLARA: ¡Shit! ¡¿Por qué todo me sale mal?! RICARDO: ¿Por qué todo el mundo habla de matar al otro, es que no se les ocurre otra cosa? Sean originales, más creativos por favor. GABRIELA: Caíste tan bajo Antonio, ¿una stripper? ANTONIO: Eso te digo yo a ti. RICARDO: Hey, hey, ¿cómo así? GABRIELA: Padres sé que les hice una promesa, pero esto es demasiado. CLARA: (A Antonio) O sea, ¿que no hay herencia? ANTONIO: (A Clara) Por ahora no mi amor. (A Gabriela) ¿Vas a faltarles a la palabra a tus padres muertos? CLARA: Entonces, ¿de qué vamos a vivir? ANTONIO: (A Clara) Yo creo que es un mal momento para que te retires del negocio, todavía eres una mujer joven y puedes trabajar unos cuantos años más. Tal vez mientras tanto me haya salido algo bueno. CLARA: ¿Qué? Tú me prometiste que no me faltaría nada ANTONIO: Pues no nos va a faltar nada, te va a tocar duro al principio, pero ya verás como todo va mejorando. CLARA: No, no, no… todo este tiempo aguantándote, para que ahora me salgas con… ¡esto! ANTONIO: ¿Cómo que aguantándome mi chocolatico hermoso? CLARA: Yo no me voy a ir con las manos vacías. Ricardo dale a Antonio. Yo me encargo de la rubiecita. RICARDO: No. Me estabas engañando con él. CLARA: No es un buen momento para reproches. Vamos agárralo.


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Clara somete a Gabriela y Ricardo a Antonio mientras continúan la discusión. RICARDO: Lo que más me duele Clara es que te hayás metido con un hombre como este. Creí que te gustaban los machos de verdad. ANTONIO: Un momento, ¿eso que significa? CLARA: ¿Y cuándo te pillé con la manicurista? RICARDO: Eso es muy diferente, no confundas las cosas. CLARA: ¿Y la del call center? RICARDO: No significó nada CLARA: ¿Y quién te dijo que este significa algo? ANTONIO: Mi chocolatico, ¿por qué dices eso? RICARDO: Júrame que era sólo por dinero CLARA: Claro que si mi Ricky, míralo que mas me podría interesar de él. RICARDO: Tienes razón. Pero dijiste que yo iba a ser tu ex porque te ibas con él CLARA: Sólo por el dinero Ricky, ¡te lo juro! Ahora estoy contigo de nuevo. ANTONIO: Clarita, mi amor CLARA: Voy a llamar al pri para que traiga el camión. Pero tenemos un serio problema, él sabe dónde vives. RICARDO: ¿Lo llevaste a mi casa? CLARA: Sólo un par de veces. Ricky mátalos, nos van a denunciar. RICARDO: Yo no voy a matar a nadie. ¿Por qué la solución siempre es matar? GABRIELA: Tiene razón el hombre desnudo Mara, ¿te vas a conformar sólo con unas cuantas cosas que hay en este apartamento cuando puedes tenerlo todo? CLARA: ¿De qué está hablando? GABRIELA: Les propongo que terminemos esto de manera civilizada y así todos salimos ganando. RICARDO: Comience por entregarme la ropa. GABRIELA: Lo siento, la tiré por la ventana cuando Antonio nos sorprendió, no hay ropa, pero esto es más importante que unos cuantos chiros viejos. Lo que les propongo es que cada uno se quedé con una buena tajada. RICARDO: ¿Cómo así? ¿Y ahora qué me pongo? CLARA: Shhh. ¿Y cómo es eso? GABRIELA: Sencillo, yo todo lo que deseo es cumplir la promesa que hice a mis padres antes de que murieran. Ustedes nos sueltan, Antonio y yo firmamos un par de documentos para celebrar nuestra unión civil e inmediatamente tendrá derecho a la mitad de todo lo que tengo. Ustedes pueden seguir adelante con sus planes y todos satisfechos. RICARDO: ¿Y yo? CLARA: Cállate Ricky, estoy pensando. GABRIELA: Lo puedo recomendar con un amigo que tiene un teatro para que le hagan una audición. ANTONIO: ¿Por qué haces esto Gabriela? GABRIELA: Lo único que me interesa es cumplir mi promesa. Después cada uno puede hacer lo que le dé la gana. Igual pensaba quedarme contigo máximo un año ANTONIO: (Entusiasmado) Un año, ¿en serio? Si esto te hace sentir mejor hagámoslo Gaby. GABRIELA: Idiota. CLARA: Ricky suéltalo. RICARDO: ¿Pero por qué? ¿Y nosotros?


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CLARA:

Suéltalo, necesito asegurar mi futuro.

Gabriela y Antonio son liberados. Gabriela se dirige a un mueble y saca los documentos. Clara ayuda a Antonio. CLARA: Discúlpame bebé, me dejé llevar por la situación ¿Crees que cumpla su palabra? ANTONIO: No me toques Clarita, me decepcionaste. Ella es notaria, sabe lo que hace. Clara se le acerca sensual, le coquetea, lo abraza. Se reconcilian. GABRIELA: Aquí están los documentos, debes firmar aquí y aquí (Ella firma primero) Ustedes dos serán nuestros testigos, firmen acá. RICARDO: Yo no voy a participar de esto. CLARA: ¡Ricardo por favor! RICARDO: ¿Por favor qué? Yo no tengo nada que ganar, no voy a participar. CLARA: Egoísta. Yo sé firmar como él. RICARDO: ¿Cómo así Clara, por qué? CLARA: A veces tenía que pasar por tu banco a hacer retiros rápidos. GABRIELA: Sí la firma pasaba en los bancos entonces sirve. CLARA: Es idéntica, usted no podría reconocer si firmó él o yo. Es uno de mis talentos, también sé firmar como Antonio. ANTONIO: ¿Qué? Eso no lo sabía Clara. Clara firma por ella y por Ricardo. GABRIELA: Muy bien Antonio, en este momento estamos legalmente casados. ANTONIO: ¿Puedo besar a la novia? Antonio intenta besarla pero Gabriela lo golpea. Clara corre a auxiliarlo. Ricardo intenta escapar de la casa cubriéndose con un par de cojines. Gabriela va al cuadro a entregar los documentos del matrimonio, a cambio recibe una escopeta. GABRIELA: Padres, ya cumplí mi promesa, la deuda esta saldada. Ahora comienza mi venganza. (Saca el arma) Señores se acabó la fiesta, Antonio ven acércate, quiero que hagas una última cosa por mí. ANTONIO: Lo que quieras mi amor, pero baja el arma, estas un poco alteradita. GABRIELA: Quiero que vayas hasta el balcón y saltes. ANTONIO: ¡Gaby por Dios! es el piso 16, me voy a volver chicuca. GABRIELA: Veamos qué pasa. CLARA: Otra vez me quedé sin nada. GABRIELA: No se preocupe Clara usted me cayó bien, es una mujer con visión que sabe lo que quiere, la parte de Antonio va a ser suya. CLARA: ¿De verdad? ¡Muchas gracias! (Saca una navaja) ¡Antonio, salta! ANTONIO: Ustedes no pueden estar hablando en serio. GABRIELA: Tú escoges Antonio, saltas por ti mismo y mueres con dignidad o te meto una bala en la frente y tendremos que picarte etcétera, etcétera. CLARA: Cuente conmigo para lo que necesite señorita Gabriela. ANTONIO: (Silencio) ¿Por qué me haces esto Gaby?, una infidelidad no es tan grave.


Mis amores ·59

GABRIELA: Bien lo sabes Antonio, no se trata de una infidelidad, se trata de la vida de mis padres. Me lo debes. ¡Salta o disparo! (Mientras Antonio lo piensa Clara lo apuñala) ANTONIO: ¡Ya! Yo lo hago. Prefiero morir con dignidad (camina hacia el balcón) RICARDO: Señor Antonio disculpe que lo moleste, pero ya que va a saltar, pues pienso que no le va a hacer falta esa ropa. De pronto, ¿fuera tan amable de regalármela? ANTONIO: Yo a usted no le regalo nada. Dije que voy a morir con dignidad, así que no voy a saltar en pelota. RICARDO: Por lo menos el saco, por favor. GABRIELA: Dáselo ya y acabemos con esto. Antonio le entrega el saco y se dirige al balcón, Ricardo lo persigue. RICARDO: Regáleme el pantalón o deme los calzoncillos, ¿sí? ANTONIO: Ya le dije que no, apártese, respete mi momento. CLARA: Ricardo ven para acá déjalo tranquilo, seguramente tengo algo que te pueda prestar. (De su gran bolso saca mini tangas, transparencias y juguetes eróticos. Ricardo sigue insistiéndole a Antonio) RICARDO: No crea que le estoy pidiendo ambos, quiero decir, deme sus calzoncillos y se lanza con el pantalón o viceversa. ANTONIO: No Gaby, así no se puede. GABRIELA: Fuera de ahí tonto, déjalo acabar con su miserable existencia. ANTONIO: Pues miserable, miserable, no. La verdad me la paso bastante bien. GABRIELA: Cállate. Él era el que tenía que morir en el accidente en que murieron mis padres pero nunca llegó, se quedó dormido. ANTONIO: No fue a propósito, no me sonó la alarma y yo soy muy malo para madrugar Gaby, lo sabes. GABRIELA: Eres muy malo para todo, muy malo para trabajar, muy malo para cocinar, muy malo para el sexo, un completo paquete chileno. Tu único talento ¡es no hacer nada! ANTONIO: A mí también me dolió su muerte y lo de tu pierna, pero Gaby, no fue a propósito te lo juro, me trasnoché, y tu sabes como me pongo. GABRIELA: Tenías que recogerlos a las once de la mañana Antonio, ¡por Dios! Pero como no apareciste, a mí me tocó salir volada del trabajo por ellos, con tan mala suerte que terminamos saliendo disparados de un puente en una curva y el resto de la historia te la sabes de memoria. Por tu ineptitud pedazo de mierda. ANTONIO: Te desconozco Gabriela. Yo te he dado los mejores años de mi vida. GABRIELA: Si estos son los mejores años, no me quiero imaginar que me espera. ANTONIO: Gabriela perdóname por favor. Démonos una oportunidad de ser felices. GABRIELA: Mi mamá siempre te defendía y decía “No vas a encontrar mejor muchacho que Antonio, de excelente familia, apellido importante” Cada vez que se daba cuenta que quería dejarte me recordaba que te conozco desde los 16 ¿y sabes qué? No te soporto, quiero que te desaparezcas. Antonio camina decidido hacia el balcón. RICARDO: ¿Pero que le cuesta? solo los pantalones. ANTONIO: ¡Que no! Antonio aireado lo abofetea. El stripper lo forcejea y lo levanta para robarle los pantalo-


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nes, en medio de la lucha Antonio cae por el balcón. CLARA: ¡Lo mató! (silencio) Soy Rica. Deme lo que me prometió. RICARDO: (En evidente shock) Yo no quería hacerle daño, solo quería sus pantalones. GABRIELA: (Estirando un cheque) Tome, se lo ganó. CLARA: (Mira la suma y está aterrada, tiene mucha emoción) ¿Cómo sé que el cheque no es chimbo? (amenazándola con la navaja) GABRIELA: No tiene otra opción que confiar en mí. (Apuntándole con el arma) CLARA: (Lo duda un momento) ¡Soy Rica! (Besa el cheque y sale corriendo) Gabriela se asoma por el balcón, toma el teléfono y marca RICARDO: (En shock) Lo maté, soy un asesino (silencio). GABRIELA: Espera, espera…eso debes decírselo a la policía. RICARDO: (Confundido) Yo soy un policía… No, soy un actor. Lo maté. Ahora puedo ser un actor de verdad, “ser o no ser” ¡he ahí la cuestión! Soy un espíritu libre (Arroja la chaqueta, corre desnudo hacia el balcón y salta) GABRIELA: Noooo, usted nooo. Nunca contestan a tiempo cuando se les necesita. (Cuelga) !Bebé! Entra Clara CLARA:

¿Qué hiciste? Habíamos dicho a que Ricky no lo tocábamos. Ahora que le vamos a explicar a la policía. Teníamos un plan. GABRIELA: Teníamos pero tú no apareciste. ¿Dónde diablos estabas? CLARA: El idiota de Antonio terminó conmigo por teléfono y desapareció. Lo estuve buscando por todas partes, en el casino, en los burdeles, fui a su casa. No creí que apareciera por aquí solo y yo era la encargada de traerlo. Ahora, ¿Qué vamos a hacer con este desastre? GABRIELA: Bebé, no importa ahora ya todo está bien. Le diremos a la policía lo que sucedió: lo mató y luego saltó por el balcón. Tu eres mi testigo (Vuelve a marcar) De esto me encargo yo. Policía… (Sale hablando por teléfono) CLARA: De esto me encargo yo (saca la navaja y va tras Gabriela) La sala de la casa oscurece y solo queda iluminado el cuadro donde aparecen también Antonio y Ricardo. Los cuatro habitantes del cuadro sueltan un grito sordo de terror mientras la luz se funde sobre ellos. FIN


Mis amores ·61

Reseña del autor Camilo Villamarin Pereirano de nacimiento y caleño de crianza, es Licenciado en Arte Teatral de Bellas Artes Entidad Universitaria. Actor y director ejecutivo de TEATRO del PRESAGIO, agrupación con 13 años de trayectoria artística y más de 30 montajes. Ha dirigido Semen, Sangre, y Baile sin máscaras del cubano Yunior García. Ha hecho creaciones dramatúrgicas a partir de textos preexistentes como Calicalabozo, basado en relatos de Andrés Caicedo y Lo(r)ca, a partir de la vida y obra de Federico García Lorca. Actualmente hace parte de la Maestría en Creación y Dirección Escénica de la Universidad del Valle.

Territorio y Dramaturgia


62 ¡ Mis amores

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MIS AMORES: EL RÍO  

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