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Territorio y Dramaturgia

ROSA ELVIRA Por Rodrigo Vélez Ángel

SOLILOQUIO DE ROSA ELVIRA

Personajes: Rosa Elvira Hombre Mujer Obispo Doris Adriana

ROSA ELVIRA: Cuando Doris Adriana desapareció, las últimas personas la vieron subir a un taxi a las 3 de la madrugada: eso dijeron. Cuando, días después, la encontraron en un terreno baldío de Tunja, fue reconocida por una prostituta de allí como colega de prostitución: eso dijo. Luego fue enterrada como una NN por un cura; el cura la llamó cariñosamente “Sandra” a la entonces NN porque, según él, tenía carita de Sandra: eso dijo el amable cura. Y ahí debía acabar la historia. Pero luego su cuerpo fue exhumado: habían encontrado a Doris Adriana y Doris Adriana había muerto de una sobredosis de cocaína: dijeron en todos los medios de comunicación. “Pero ella no consumía drogas”: dijeron sus familiares y amigas. Por más que los sospechosos se empeñaron en esta versión, si hubiese sido consumidora su cuerpo habría tolerado las dosis: eso dijo medicina legal. Por lo tanto, la versión de la muerte por sobredosis quedaba descartada. Había algo más. (Pausa) La noche última, Doris Adriana había estado en el apartamento de un cantante. Los últimos que dijeron verla fueron los guardaespaldas del cantante. Dijeron, además, que la vieron abordar, a las 5 de la madrugada, un taxi; sin embargo medicina legal determinó su muerte a las 3 de la madrugada. ¿Cómo podía morir a las 3 am y luego ser vista a las 5 am subiéndose a un taxi? Entonces la prostituta,


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que había dado falso testimonio, huyó. Y el cariñoso curita, que le había puesto “Sandra” a Doris Adriana, también huyó. El escándalo crecía. Y un pastorcito mentiroso tenía Colombia: el curita. Por eso yo no me fío de curitas. (Pausa) Entonces el cantante se declaró inocente. Luego aceptó que habían consumido cocaína pero que él a nadie le ofrecía de eso, con lo que dijo que Doris Adriana se drogó según su propia decisión. El cantante, que seguía declarándose inocente, dijo que él sólo había prestado su apartamento, lo cual alcanzaba a ser razonable y le devolvía al país un ídolo que habían querido manchar. Pero un buen día el cantante desapareció: de la noche a la mañana era un prófugo de la justicia. “¿Por qué huye si es inocente?”, “¿Por qué lo persiguen si es tan buen cantante?”. El escándalo seguía creciendo. Y si no había muerto por sobredosis, ¿por qué? (Pausa) Fue encontrada con restos de cocaína en el ano y la vagina y semen de tres hombres que la abusaron cuando ya Doris Adriana no era una mujer sino una mujer asesinada: las pruebas de adn arrojaron que el semen pertenecía a los dos guardaespaldas del cantante, los mismos que la habían visto abordar un taxi a las 5 am, dos horas después de que hubieran vuelto su cuerpo vertedero de fatalidad, humillación y semilla podrida. Medicina legal aclaró algo más: su muerte se había dado por asfixia mecánica, lo que quería decir que la cocaína había estimulado el erotismo y fue añadidura de la sevicia que envolvió su asesinato. ¿En qué país nací yo? (Pausa) Lástima que lo encontraran culpable porque el cantante era un hombre de verdadero talento. Cómo no iba a serlo si logró que la condena bajara de 12 años de prisión a 6, que al final quedaron en 32 meses de casa por cárcel. ¡Un hombre con tanto talento debe ser muy buen cantante! ¡Y un país como el nuestro necesita talentos! Es el cantante que repetidamente se oye en las oficinas, buses, fiestas y lugares públicos, y que los colombianos cantan de memoria, emocionados. Es la música que se escucha en las emisoras de mi país. (Pausa) Lo último que sé es que acaban de estrenar una serie televisiva donde exaltan la vida de ese cantante. También supe algo más: el Congreso de la República prepara una ley que conmemore su vida y obra. Lo suyo es un ascenso fulgurante: de la reja metálica a la celebridad. ¿En qué país morí yo? LA OFICINA

Varias parejas de baile, a las que sólo se les ve de las rodillas hacia abajo, bailan un ritmo que no se oye. Apagón. El escenario dividido en dos. A derecha, la oficina inmaculada, perfectamente distribuida. A izquierda vemos un hombre sentado en una silla, pensativo, en ropa interior. La mujer, pensativa, en una cama, dentro de un mosquitero. La acción inicia en el espacio de la izquierda. El hombre camina hacia proscenio y recoge su ropa. Un niño de apariencia humilde entra y adelanta la silla hasta donde el hombre. HOMBRE:

Pero habrá que hacerlo.

MUJER:

¿Tiene que ser hoy?

HOMBRE:

Hoy o mañana da igual.


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MUJER: ¿Por qué? El hombre acaba de ponerse el traje de Obispo. Comienza a apropiarse con aplome de su corporalidad OBISPO: Usted sabe porqué. MUJER: Porque ya está tomada. OBISPO: Algo así. MUJER: ¿Qué falta? OBISPO: Que usted firme. MUJER: Pero soy mujer. OBISPO: ¿Y? MUJER: Soy mujer también. OBISPO: El Estado se lo agradecerá. MUJER: ¿Tomar justamente yo la decisión? OBISPO: Por eso tendrá que dejar de ser mujer y ser usted y alguien más. MUJER: ¿Cómo hace para convivir consigo mismo? OBISPO: Realmente mi vida es muy divertida: es muy obscena. MUJER: Exagera. OBISPO: Es realmente placentera. Aprovecho los beneficios de ser actor. MUJER: ¿Con quién lo aprendió? OBISPO: Primero, con los niños; luego con el vaticano; al final con el Estado: tres lugares para dar amor. MUJER: Es usted camaleónico. Tres formas de ser criminal. OBISPO: Amante de la infancia, servidor del vaticano, consejero del Estado. Si no fuera Obispo no sería tan flexible. MUJER: Tres roles en un mismo traje. OBISPO: Exacto.


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MUJER: ¿Hoy como quién viene? OBISPO: Ministro de Estado. Y el Estado tiene un problema MUJER: Pero yo soy mujer, no puedo decidir en tiempo record algo que deje tranquilos al mismo tiempo a la sociedad, al Estado y a mí. OBISPO: A ti, yo te absuelvo. MUJER: ¿Eso funciona? OBISPO: Claramente. MUJER: Fue asesinada por dos hombres, cuando se pidió ayuda policial la policía no llegó, cuando necesitó atención médica no la tuvo. ¿De quién es la culpa? OBISPO: ¿Del Estado? MUJER: ¿No basta con mandarlos a la cárcel? ¿Por qué hemos de ser nosotras las culpables? OBISPO: Está mirando el bosque tan panorámicamente que pierde el asunto puntual. MUJER: ¿Cuál es? OBISPO: Usted lo sabe. Lo va teniendo en la punta de la lengua. MUJER: No se puede comprometer al Estado y a sus instituciones. OBISPO: Mejor que no. Hay que lavar la leche derramada. MUJER: Pero soy una mujer. ¿No he de tener ni siquiera solidaridad de género? OBISPO: Cuando usted llegó a este cargo, ya el problema estaba echado. ¿Por qué cree que se le escogió a usted y no a diez hojas de vida más completas de hombres más preparados? El Estado le ha dado la oportunidad de ser juez a una mujer. El Estado ha confiado en usted. ¿Va a defraudar a todo un género? MUJER: ¿De modo que para eso me escogieron? OBISPO: Se le escogió para que cumpliera con las obligaciones de su cargo, y su cargo es una dependencia del Estado. MUJER: ¿Para que resolviera, en mi condición de mujer, la suerte de ella? OBISPO: No se le está pidiendo nada por fuera de su cargo. MUJER: ¿Y si renuncio? OBISPO: Los medios se le irán encima.


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MUJER: Igual se vendrán encima. Les diré la verdad. OBISPO: Es mejor que no lo haga. MUJER: Es verdad que es mejor que no lo haga. OBISPO: ¿Está lista? MUJER: Ya casi. OBISPO: ¿Qué le falta? MUJER: No sé. OBISPO: ¿Mi bendición? MUJER: No sé. OBISPO: Ya la tiene. MUJER: Pero no me he confesado. OBISPO: Es un adelanto, estaba incluido en el contrato. MUJER: En la letra menuda que no leí. OBISPO: Sí la leyó. Y como la leyó y firmó, la entendió. Y como la entendió y firmó, fue aceptada… MUJER: Y lo que acepté fue este cargo. OBISPO: Es sólo un trabajo. MUJER: ¿Por qué no la atendieron a tiempo? OBISPO: ¿A Doris Adriana? MUJER: No. OBISPO: Perdón, me confundí. MUJER: A Rosa Elvira. OBISPO: ¿Es la que murió en el parque? ¿O en la casa del cantante? MUJER: La que asesinaron en el parque. OBISPO: Da igual. Ocurrió en esquinas de Latinoamérica.


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MUJER: ¿Por qué no la atendieron a tiempo? OBISPO: Pues porque tenía una sobredosis. Y las drogas son ilegales en nuestro Estado. Y si son ilegales no podemos patrocinarlas con auxilios, ambulancias y canalizaciones. Cada cual ha escogido su destino. Incluidos los funcionarios. MUJER: Está hablando de la que murió en casa del cantante. OBISPO: Me confundí de nuevo. ¿Qué pasa si derramas leche encima de la leche? MUJER: No sé. OBISPO: Nada, se confunden. En los dos casos, no hay que llorar mucho, hay que actuar. MUJER: ¿Y cuando realmente no murieron por sobredosis? OBISPO: Ahí es donde entra usted. MUJER: El asesino de Rosa Elvira ya había violado a sus hijos. OBISPO: Eso parece. MUJER: Así fue. OBISPO: Claro, todo el mundo lo sabía. MUJER: Así es. OBISPO: ¿Y si todo el mundo lo sabía por qué ella se fue con él a un parque oscuro a la media noche? ¿No será que le gustaba el terror y quería una noche de terror? ¿Por qué se fue con él si era tan maleducado? ¿Eso no la hace un poco culpable? MUJER: Y si era tan mal muchacho y se sabía, ¿por qué el Estado no hizo nada? ¿No se habría podido evitar? OBISPO: Para la sociedad es una mujer asesinada y unos hijos violados por un hombre. Para el Estado son 3 casos en cincuenta millones de habitantes. Para el Estado, que debe atender tantos problemas, es sólo un dato del problema. MUJER: ¿Así lo excusa? OBISPO: Así es como se ha de excusar, diplomáticamente, para que la vida siga. MUJER: Pero es que Rosa Elvira debía poder salir con quien quisiera. No podía estar pidiendo pasado judicial a cada persona. No podemos pedir pasado judicial a cada persona que nos encontramos. Partimos de que si andan libres nos dejarán en paz. OBISPO: Lo que ustedes quieren nunca es muy claro. Y cuando quieren de un hombre sólo sus funciones, se vuelven rítmicas.


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MUJER: ¿Rítmicas? OBISPO: Sobre todo si son pobres. MUJER: No entiendo. OBISPO: Las pobres bailan mejor. ¿Usted cómo baila? (Le entrega un traje de ejecutiva) Ceda, ceda. MUJER: Han pasado casi tres años desde que fue asesinada. OBISPO: ¿La del parque o la del apartamento del cantante? MUJER: La del parque, estamos hablando de la del parque. ¿Es que ya no puede hacer la diferencia? OBISPO: No, la verdad, las pobres son todas muy rítmicas. Les gusta trabajar con la cadera. Tres años. MUJER: Hace tres años fue asesinada. OBISPO: ¿Y el cantante? ¿Dónde está ahora? MUJER: Protagoniza una telenovela. OBISPO: ¿Y encontraron a Sandra? MUJER: Doris Adriana. OBISPO: Sandra era más bonito. Más básico, como cuadra a una mujer rítmica. MUJER: La encontraron hace años. OBISPO: Muy bien. Es un caso cerrado. Así está mejor. Ella descansa y nosotros también. Se acaba el trámite al uso. Debemos dar vuelta a la página. Le repito, está mirando el paisaje en su conjunto y lo que cayó fue sólo un árbol. (Le extiende de nuevo el traje de ejecutiva) La Mujer se lo pone. Lenta pasa al espacio de la derecha. Se sienta en el escritorio. El Obispo hace lo mismo. El niño entra y le ubica la silla cerca. La Mujer pone en el reproductor una canción tropical y teclea mirando al monitor. Lo mira. Teclea. Imprime un documento. Se lo recibe el Obispo MUJER: Absuélvame. OBISPO: (Leyendo) “Rosa Elvira es culpable de su propia muerte porque sabía que se relacionaba con desconocidos que eran un peligro para la sociedad y ella y sus compañeros de estudio como tales los reconocían”. ¿Rosa Elvira? ¿No era la de la casa del cantante? ¿Cómo se llamaba?


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MUJER: Doris Adriana. OBISPO: Eso, Sandra. El Obispo se acerca, la bendice con la mano. Una bola de discoteca se enciende. Bailan juntos la canción OBISPO: Tienes las notas, sólo te falta el ritmo. A la oficina van entrando parejas de baile. Se suman. Sólo se ven de las rodillas para abajo. Apagón lento. La música sigue sonando ELLAS, MUY ALLÁ ROSA ELVIRA:

(A Doris Adriana) ¿Qué me pasó a mí?

DORIS ADRIANA: (Suena una música tropical. Se tapa los oídos con las manos) Mi mamá estuvo buscándome varios días. Mis hermanos no podían dormir. ¿Qué hay después de la muerte? Morir es una repetición. Esto ha ocurrido a otros, pero no de esta manera, por eso no estoy tranquila. Llegué durmiendo y todavía me parece que sueño. Bajo tierra estoy tan irreconocible como en las últimas horas sobre la tierra. Me angustia saber que mis familiares han quedado pensando en mí. Aunque finalmente me hayan encontrado, han quedado esperándome. Creen que entraré por la puerta y comeré con ellos. Mientras no se aclaren las cosas estarán pensando en mí y eso me recuerda que he quedado atrás y me hace sentir sola. (A Rosa Elvira) Te golpearon en la cabeza con un casco de moto, te violaron entre dos, te empalaron: por tus dos orificios llegaron a tu vientre. Agonizaste cinco días, pero ya no. (Pausa. Suena una música tropical. Se tapa los oídos con las manos) ¡Esa música! ROSA ELVIRA:

¿Estás contenta?

DORIS ADRIANA: (Sonriendo) Sí, contigo sí. Si estuviera sola, estaría triste. ROSA ELVIRA:

Yo soy el alma de un país.

DORIS ADRIANA: Sí, de mi país. Apagón lento


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Reseña del autor Rodrigo Vélez Ángel: Ha sido profesor de literatura y arte dramático en la Universidad del Valle. En 2014 fue becario del gobierno italiano en Bogliasco Fundazione (La Liguria, Génova) donde residió e inició la investigación de su libro sobre dramaturgos afrocolombianos. Estudiante de la Maestría en Literatura Colombiana y Latinoamericana de la Universidad del Valle y Maestría en Dramaturgia de la Universidad Nacional de las Artes, en Buenos Aires. Es autor de las obra Lady Málaga, que en 2012 recibió la Beca de Dramaturgia del Ministerio de Cultura de Colombia.

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ROSA ELVIRA de Rodrigo Vélez  

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