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GOBERNADOR A DEL META Marcela Amaya García DIRECTOR DEL INSTITUTO DEPA RTA MENTA L DE CULTUR A DEL META Luis Horacio Vasco Suárez DIRECTOR DEL INSTITUTO DE TURISMO DEL META Gustavo Adolfo Jiménez Barrios SECRETA RIA DE H ACIENDA DEL META María Consuelo Rodríguez Fernández DIRECCIÓN EJECUTIVA Cielo Isabel Usme Andrade (Alta Consejería Programas Especiales Gobernación del Meta) PRODUCCIÓN EDITORIA L Fundación Círculo de Profesionales del Arpa y su Música (CIRPA) TEXTOS Julián Isaza Niño: “Postales del Joropódromo” (cap. 4). Jhon Moreno Riaño: “El Movistar Arena con sabor a joropo” (cap. 2), “El conjunto llanero: tradición, evolución y tendencias actuales” (cap. 5), “Pintando la aldea: de La Plata al resto del mundo” (cap. 6) “Tradición y vanguardia en el ámbito del joropo” (cap. 7). Carlos “Cachi” Ortegón Castro: “Un canto a la libertad” (cap. 1), “La reina del contrapunteo”, “Bailes y bailadores de ayer” y “Los temas inéditos: ‘Un lápiz como destino’” (cap. 3), “La corona vuelve al Meta” (cap. 9). Cielo Isabel Usme Andrade: “Departamento del Meta, 59 años de grandeza” (cap. 8).

Darío Robayo Sanabria: “Los reyes del arpa, la bandola y el cuatro en composición e interpretación”, “Del conjunto llanero tradicional al ensamble nuevo formato del joropo” y “Los mejores cantadores de corríos y cantantes estilizados” (cap. 3) COORDINACIÓN EDITORIA L Y CORRECCIÓN DE TEXTOS Fredy Ordóñez Arboleda DISEÑO Y DIAGR A M ACIÓN Camila Cardeñosa Echeverri FOTOGR A FÍA Constantino Castelblanco Gobernación del Meta, Secretaría de Prensa, Instituto Departamental de Cultura del Meta e Instituto de Turismo del Meta: Julián Romero, Luis Enrique Cáceres, Carlos Leaño, Ricardo Rubiano y Sebastián Herrera IMPRESIÓN Printer Colombiana S.A.S. COMPIL ACIÓN Y DIGITA LIZACIÓN DE AUDIOS Juan Camilo Robayo Carvajal Julián Andrés Robayo Carvajal Wilmar Robayo Barreto Alejandro Ovalle EDICIÓN Y M ASTERIZACIÓN DE AUDIOS Julián Andrés Robayo Carvajal ESTUDIO DE MEZCL A Audio Imagen Estudios, Bogotá, julio de 2019 ISBN 978-958-99539-4-5 Primera edición Octubre de 2019 Impreso en Colombia


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51 TOR N EO I N T ER NACIONA L DEL JOROPO “MIGUEL ÁNGEL MARTÍN”

PRESENTACIÓN

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EL META EN L A INDEPENDENCIA DE COLOMBIA

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L ANZAMIENTO DEL TORNEO

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EL CONCURSO

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19 JOROPÓDROMO


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13 JOROPO ACADÉMICO

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EL HOMENAJEADO

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CONCIERTOS ESPECIALES

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CONMEMOR ACIÓN 59 AÑOS DEL META

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26 REINADO INTERNACIONAL DEL JOROPO -9-


Presentación Cincuenta y cuatro años han transcurrido desde la primera versión del Torneo Internacional del Joropo, en 1965, y en este 2019 hacemos la edición 51, enaltecida con la conmemoración del bicentenario de la Independencia de Colombia, importante suceso en el que el Meta y los Llanos fueron escenarios y protagonistas emblemáticos de la libertad sellada en territorio boyacense. Empiezo entonces por resaltar que en ese contexto histórico de los 200 años de la campaña y de la ruta libertadora —cuyo punto de partida se encuentra en los llanos de Venezuela, más exactamente en el estado de Apure, y se adentra en los llanos de Colombia, atraviesa el río Arauca y llega a Tame, pasa a Pore, capital de la provincia de Casanare, asciende al páramo de Pisba y desciende a la provincia de Tunja donde se libraron el 25 de julio y el 7 de agosto las batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá que pusieron fin al dominio español—, quisimos, para la versión 51 del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, hacer un recorrido por los episodios de 1819, memorable a los llaneros campesinos que a caballo, con lanzas y cantos contribuyeron al nacimiento de Colombia como república soberana. Repasando nuestra memoria y haciendo un reconocimiento de cada uno de los lugares de la ruta libertadora llegamos a Pore, decidimos rendirle homenaje en esta versión del Torneo a uno de sus hijos, Walter Silva, poreño de nacimiento y connotado cantautor de música llanera tradicional. Así, en 2019, completamos en el cuarto y último año de mi gobierno cuatro versiones del Torneo, con la seguridad de que siempre hicimos al respecto el mejor trabajo posible y con la certeza de que el ahora Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” es el principal bien de capital cultural que tenemos los metenses. Por esto lo engrandecimos llevándolo a los máximos escenarios culturales y musicales

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de Colombia, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el Movistar Arena, y así lo proyectamos al público más amplio posible, alcanzando un éxito sin precedentes. En identidad, le dimos un nuevo nombre al Torneo. Una vez culminada la versión 50 en homenaje a Miguel Ángel Martín —su creador—, presentamos a la Asamblea Departamental la iniciativa para modificar la denominación por Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Además propusimos adoptar el escudo como imagen y logotipo, proposición que fue aprobada a través de la Ordenanza 1004 de 2018, y que la canción “El cantador de mi tierra”, de Walter Silva, fuera adoptada como el himno oficial, propuesta que igualmente se acogió a través de la Ordenanza 1022 de 2019. El paso siguiente para proteger el buen nombre del evento y situarlo a la altura de otros importantes festivales de música debía ser el trámite ante la Superintendencia de Industria y Comercio del registro de la marca nominativa Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” y de la marca mixta con su signo el escudo. Ambos registros nos fueron concedidos con monopolio y titularidad en cabeza de la Gobernación a través del Instituto Departamental de Cultura del Meta, por un término de diez años y cuya vigencia va hasta el 30 de julio de 2029. Se suman a este balance del Torneo la documentación que hicimos sobre su historia —una aproximación— desde 1965 a 2017 a través de la publicación del libro de oro 50 Torneo Internacional del Joropo. Sueño y obra de Miguel Ángel Martín, con ocasión de la versión 50 en 2018, y la publicación de las memorias como tal de esta misma versión con el libro 50 Torneo Internacional del Joropo 2018, ambas obras acogidas con entusiasmo por los estudiosos y amantes del joropo y de la música. Ahora, honrando mi compromiso, entrego este nuevo libro que compila las memorias del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” 2019, en cuyo primer capítulo se hace un recuento histórico sobre el aporte de los Llanos, y de los Llanos de San Juan y los Llanos de San Martín a la causa libertadora con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Colombia en 2019, con línea de tiempo, ruta libertadora y el joropo colombo-venezolano de la Independencia. En el capítulo 2, aparecen los detalles del lanzamiento de la quincuagésima primera versión del Torneo al lado del concierto “Voces del Joropo” realizado en el Movistar Arena el 11 de mayo, evento que marcó un hito en la música llanera, dada su convocatoria y su despliegue sin precedentes en la capital de la República. En el capítulo 3 está el análisis y resultados del concurso de música, canto y baile, en veintiuna modalidades: grupo tradicional llanero, ensambles nuevos formatos,

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PR E SE N TAC IÓN

voz femenina criolla, voz femenina estilizada, voz masculina criolla, voz masculina estilizada, declamador, pareja de baile Los de Ayer y Los de Hoy, obra inédita instrumental para arpa, para bandola y para cuatro llanero, golpe inédito, pasaje inédito, poema inédito, mejor arpista, mejor bandolista, mejor cuatrista, mejor maraquero, mejor bajista y mejor coplero. En el capítulo 4, a manera de crónica, se presenta el 19 Joropódromo bajo el título “Postales del Joropódromo”, concurso en el que participaron 5.238 bailadores, y que esta vez estuvo acompañado de un imponente desfile de comparsas y carrozas en un ambiente mitológico de los llanos colombo-venezolanos, reuniendo por primera vez a cinco áreas artísticas: música, danza, artes plásticas, teatro y circo. El capítulo 5 contiene el desarrollo de la edición 13 del Joropo Académico con el tema “Conjunto llanero: tradición, evolución y tendencias actuales”, que fue antecedido por dos jornadas diarias de clases magistrales de interpretación de instrumentos llaneros, baile y talleres de lutería. El capítulo 6, titulado “Pintando la aldea, de La Plata al resto del mundo”, se dedicó un homenaje al maestro Walter Silva, haciendo un recorrido por la vida y obra del autor de “El chino de los mandados”. En el capítulo 7 se hace mención a los conciertos de música llanera y en especial a figuras novedosas que por primera vez llegan al escenario del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, como el cantautor venezolano de joropo tradicional Jorge Guerrero y el Grupo Cimarrón de Colombia dirigido por el maestro Carlos “Cuco” Rojas, hijo del municipio metense de San Martín de Los Llanos, agrupación que en junio de 2019 ganara por segunda vez los Independent Music Awards en la categoría Mejor Canción Instrumental con la obra “Zumbajam”. El capítulo 8 se dedica a destacar la conmemoración del aniversario del departamento del Meta, 59 años de grandeza y los 200 años de identidad nacional de la República de Colombia. Y, finalmente, el capítulo 9 hace una breve semblanza del el 26 Reinado Internacional del Joropo, cuya corona queda para nuestro departamento con Paula Fernanda Guzmán Garavito. Metenses, pese a la crítica situación que nos hizo dudar en la realización del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, a consecuencia del cierre permanente e indefinido de la vía que nos une con el centro del país afectada por la aguda temporada invernal, finalmente y con el apoyo de ustedes y la solidaridad de Colombia, especialmente de nuestros departamentos llaneros de Casanare, Arauca y Vichada, llevamos a feliz término nuestro evento, el mejor de la música llanera. Aquí

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debo agradecer y destacar la iniciativa de Leonardo Puentes, Alcalde de Yopal, en la campaña que desplegó para motivar a los colombianos a usar las vías alternas para llegar a Villavicencio y no dejar de asistir a la gran cita con su majestad el joropo. Reitero lo dicho en mi discurso de inauguración de la edición 51 documentada en este libro: mucho talento, dedicación y pasión han bastado para que, en el primer cincuentenario del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, lo hayamos mantenido en un primerísimo lugar, y como el referente más importante de la música llanera en el mundo. Y esta figuración nos obliga a seguir proyectándolo y difundiéndolo para que siga siendo el mejor en los próximos 50 años. Y el número uno de los festivales de música de Colombia. Especial agradecimiento al Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y a los Servicios Postales Nacionales 4-72 por la emisión filatélica en conmemoración al 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Estas estampillas que, además de divulgarlo en todo el mundo, contribuyen a la tarea de conservar el patrimonio histórico y cultural de nuestro departamento. Así, he cumplido con el deber de realizar exitosamente la versión 51 del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, la última de mi gobierno, y dejo este libro para consulta e historia.

Marcela Amaya García Gobernadora del departamento del Meta

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CAPÍTULO 1

E L M ETA E N L A INDEPENDENCI A DE COLOMBI A


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Llaneros de San Martín (1871) de José María Gutiérrez de Alba.

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Un canto a la libertad Tierra la de tanta historia Cinco repúblicas fueron las que libertó Simón Bolivia con Venezuela, el Perú y el Ecuador a Colombia no la nombro por ser la nación mayor1. Así fue, este año completamos dos siglos de Independencia. Y los cumpleaños (¿se podrá decir cumple-siglos?) han de celebrarse con versos, poesía, canto y música. Y en la Independencia que hubo ganamos por los llaneros que en el Puente ’e Boyacá buena victoria obtuvieron… Pero el canto no es únicamente celebración, es también reflexión: los versos de Alfonso Niño ponen el dedo en la llaga: “pero nadie se ha da’o ’e cuenta, Colombia, / lo que estos hombres hicieron […]”. Porque fue esta tierra y fueron sus habitantes los que aportaron a la causa libertadora primero refugio, luego ganas de resistir en la inmensidad, siempre posibilidades de sobrevivir, ganado para comer o conseguir recursos, caballos para moverse

1 Sextilla tradicional llanera.

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y combatir, y hombres, hombres llaneros, o sea conocimiento del terreno, sangre y valor. Además, por qué no, capacidad para contar esos hechos y cantarlos. Pues, junto con el nacimiento de la patria, la guerra de Independencia significó el reconocimiento de lo llanero como una entidad cultural diferenciada, en la que, aparte de la habilidad ecuestre, la frugalidad y la rebeldía, destacaban sus cantos singulares en los que narran “las acciones de guerra, los estragos de sus terribles lanzas, sus pasiones y amores”2. Nombra el llanero su tierra tierra la de tanta historia historia la de Bolívar, Bolívar hombre de gloria gloria al padre, gloria al hijo, gloria a su santa memoria3. Así es, la merece: ¡gloria al padre Bolívar! Pero también a sus hijos libertadores, los hijos de esta llanura, el mundo plano, todos los llanos, lejanía de tierra tendida sin divisiones entre dos sanjuanes: San Juan de los Morros y San Juan de los Llanos. ¡Gloria a los llaneros, a todos los llaneros! La historia se centra muchas veces en el héroe y su batalla victoriosa; como dice Carlos Guillermo Páramo, la historia ha hablado de personas, no de sociedades, ha tratado de eventos y no de procesos. Por eso, la historia está incompleta, es una recopilación de titulares sin desglosar; por eso, en estos días, la ruta pasó a ser más importante que el territorio entero; por eso, dos meses largos de camino opacan nueve años de lucha por todo el territorio. No es justo, ni real. El triunfo nos hace olvidar la resistencia, pero sin esta no se hubiese logrado aquel. Y resistieron los Llanos de Apure y los de San Martín y Guárico y Casanare y Arauca y el Vichada y el Meta y la región del piedemonte… Luchó el llano entero. Y cantó el llano entero… aún lo hace. Por eso esta crónica viene entreverada con cantos, para mantener viva la voz y la historia del pueblo llanero, sobre todo la del pueblo llanero de los Llanos de San Juan y San Martín, ahora del Meta, tierra también libertadora, tierra siempre de libertad, tierra eternamente cantadora y libre.

2 “Excursión de Bogotá a la isla de Trinidad por territorio de Venezuela, en el año de 1816” ( José María Salazar). 3 Fragmento de “Décimas del llano adentro”, seis numerao del juglar sanmartinero Manuel “Chicuaco” Torres.

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¡Arriba, zambos del llano! Por el llano entero anda este corrío: Arriba, zambos del llano, los del brazo arremangao, que el Libertador nos llama a peliar como es mandao, montado en su caballito de color acanelao codicia del Negro Infante, coco de Julián Mellao…4 El surgimiento de ese grito, de esta arenga feliz del centauro criollo, tiene una larga trayectoria y hunde sus raíces en varios acontecimientos de la segunda mitad del siglo XVIII que afectan la región llanera y sus habitantes. El llano, los Llanos del Orinoco, son un territorio geográficamente diferenciado desde los primeros tiempos de la conquista y colonia española, y mantienen una gran importancia estratégica para la conservación de la integridad de los extensos y complejos dominios reales. Dividido entre el Virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Caracas, el llano espera que se consolide su proceso colonizador mientras el Estado cede su responsabilidad en las órdenes religiosas. Eugenio de Alvarado y otros miembros de la Expedición de Límites (1754-1761), que recorren la región del Orinoco buscando marcar linderos con Portugal, reportan consternados la indefensión de la frontera orinocense y los abusos y descuidos de los jesuitas. Por esas quejas, entre muchas otras causas, los jesuitas son expulsados de todo el reino español en 1767. Se queda el llano, por lo menos una parte de él, sin sus protagonistas 5. Quedan sin pastores las almas de los indígenas, y sin administradores las haciendas y hatos. Permanecen las enseñanzas y los instrumentos musicales, la ocupación ganadera y los mestizos libres acrecentando su población e importancia. 4 Corrío de tradición popular, que se canta en múltiples versiones, entre estas la de Rafael Román, Pedro Flórez y otros cantadores. Otero D’Costa recoge en sus escritos una versión de comienzos del siglo pasado. 5 Nancy Espinel, en Villavicencio, dos siglos de historia comunera, señala que —además de Apiay— los jesuitas tenían en el Meta las haciendas de Cumaral, San Martín y Patire (¿será Pajure?). Y Alvarado en su Informe reservado describe la “perjudicial sujeción” de los vecinos de San Martín a los sacerdotes jesuitas.

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Pero nadie protesta entonces en el llano por la expulsión de los ignacianos, nadie defendió su obra. O no había una capacidad de respuesta, o faltaba una representación política, o simplemente su labor no merecía el respaldo social, o fueron pronta ¿y eficazmente? reemplazados por otras comunidades religiosas como los dominicanos, franciscanos y recoletos, a las que la Corte cedió pueblos, haciendas y misiones. ¿O fue su expulsión una primera liberación de los indígenas, las tierras y el ganado? No olvidemos que en territorio del Meta los indígenas se habían rebelado en 1763, y que existía cerca de San Juan el único palenque de negros del llano colombiano6. ¿O disfrutaron los mestizos sin el monopolio jesuita sobre el extendido negocio ganadero? Las dudas deberán ser resueltas por los historiadores, mientras, seguimos cantando. A finales del siglo XVIII, el Virreinato se dividía en provincias, que comprendían gobernaciones, corregimientos y alcaldías. Los Llanos de San Juan y San Martín (que abarcaban hasta los actuales Vichada, Guaviare y Caquetá) hacían parte de la provincia de Santafé, mientras que Casanare, Arauca y una buena parte de la vertiente orinocense de la cordillera Oriental formaban la Provincia de los Llanos, con capital en Santiago de las Atalayas. Los sitios claves en la geografía del territorio del Meta eran la ciudad de San Martín, la decadente San Juan de los Llanos, la hacienda de Apiay (que había sido de los jesuitas), los pueblos de Medina, Cabuyaro y la Fundación de Upía, las salinas de Cumaral y las Misiones del Meta. La comunicación con la capital del reino estaba llena de dificultades, por Cáqueza o por Gachalá o por donde fuera, los caminos eran malos y peligrosos. Un superior de los franciscanos, García Gálvez, describe estas tierras en 1769: “Llegué a esta ciudad de San Martín con mil trabajos de caminos tan agrios, los ríos tan fragosos de grandes, los calores que se experimentan muy horribles. Está esto en un desierto. […] los pobladores estaban tan separados unos de otros que eran necesarios varios días de camino para llegar hasta ellos; […] el vecindario está tan solitario que no hay un cristiano a quien volver los ojos […] la visita no la he hecho porque hay de San Martín a San Juan dos días bien tirados, y unos ríos peligrosos que ha menester uno que lo pasen a uno y las bestias pagadas y en fin todo a menester plata y avíos…”. Es posible que la dependencia administrativa de Santa Fe pusiera a los Llanos de San Juan y San Martín, que —al decir de Silvestre— no tienen padrón, en desventaja 6 En este capítulo seguimos principalmente al libro de Jane Rausch, Una frontera de la sabana tropical: Los llanos de Colombia 1531-1831.

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frente a la Provincia de Los Llanos, que sí aparece en el censo de 1778 con 21.000 habitantes: 7% blancos, incluidos 23 sacerdotes; 73% indígenas; 19% mestizos; y cerca de 0,6% esclavos negros7. Pero mientras los hatos jesuitas de Casanare, rematados por la Junta de Temporalidades de manera fallida, entran en franca decadencia, los hatos del partido del Meta, en manos de otras comunidades religiosas, aumentan sus rebaños y terminan teniendo más de cien mil reses a comienzos del siglo XIX. Pero nos estamos adelantando, antes de entrar al siglo XIX otro suceso sacudió estas tierras llaneras, especialmente Casanare, pero dejó sus semillas por toda la Nueva Granada: la Rebelión de Los Comuneros.

Los Comuneros olvidados Acallen los atambores y vosotros sedme atentos que este es el fiel romance que dicen los comuneros. Desde arriba, de la región del Socorro viene un rumor de voces descontentas, que va engrosando hasta hacerse protesta enfurecida. En el Llano se escucha, se replica y se agranda. Es la Rebelión de los Comuneros de 1781, comunera y también llanera ya que, después de la región del Socorro, es en el Llano donde tiene mayor virulencia, radicalismo y profundidad política, además de cobertura geográfica. El 16 de marzo de 1781 en El Socorro empezó la revuelta, generada por los duros gravámenes y severos ordenamientos que había impuesto el Estado español, necesitado de recaudos. Bajo el comando de Juan Francisco Berbeo fue recogiendo gente, algunos dicen que hasta 20.000 personas, y avanzando hasta Santafé. Pero en Zipaquirá la insurrección se topó con la Iglesia y se detuvo a hablar con el arzobispo Antonio Caballero y Góngora. El 6 de junio se firman las Capitulaciones, en las que se aceptan la mayoría de las peticiones de los comuneros, se disuelve la marcha, y se salva la capital del reino de la invasión del populacho enardecido. El 6 de julio el virrey Flórez manda desde Cartagena 500 soldados para restaurar el orden, desconoce las Capitulaciones, argumentando que se habían firmado bajo presión, y persigue a los líderes. José Antonio Galán, que comandaba a los 7 El comentario es de Francisco Silvestre en su Descripción del Reino de Santa Fe de Bogotá. Y los datos y

porcentajes del censo se tomaron de Convocatoria el poder del número de Hermes Tovar Pinzón y otros.

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comuneros que seguían activos, es capturado en Onzaga, el 13 de octubre, y fusilado, con otros tres dirigentes, en febrero de 1782. En los Llanos la rebelión se extiende. El 19 de mayo de 1781 los criollos dirigidos por Javier de Mendoza, nacido en Miraflores (Boyacá) y con hato en Guachiría, se toman los principales pueblos de Casanare, o sea Pore, Santiago y Santa Rosa de Chire, decretan la abolición de los tributos, toman el dinero de esos recaudos y deponen al gobernador José Caicedo. Un ejército indígena de cerca de 1.500 hombres, enfurecido por los gravámenes que afectaban su actividad textil, ataca al clero en las parroquias. Támara, Ten, Manare, Cravo, Paya, Labranzagrande, Pisba y otros pueblos se suman a la revuelta. No entran al juego Nunchía, Iximena, Tame, San Juan de los Llanos, ni San Martín. Observemos que nada pasa en el occidente llanero, todos los pueblos insurrectos están ubicados al nororiente de Pore, con la salvedad de Santiago de las Atalayas. Los comuneros llaneros, “los comuneros olvidados”8, no obedecen las Capitulaciones firmadas entre la Corona y los líderes de El Socorro, y Mendoza sigue siendo capitán general de los Llanos, como apoderado subalterno del Inca Túpac Amaru, irónicamente, pues Túpac Amaru había sido ejecutado el día 18 de mayo de 1781. Por cuatro meses el ejército comunero llanero, especialmente conformado por indígenas y algunas veces capitaneado por mujeres, recorrió la provincia hostilizando religiosos, persiguiendo alcabaleros y estanqueros9, y proponiendo llegar con su guerra a Santafé. Hasta que una milicia privada, pagada por el Marqués de San Jorge, lo derrotó. La dirigía Antonio Villalonga, que viene de la capital, cruza por el páramo de Pisba y va a salir a Pore. No encuentra resistencia seria y se impone sin mayores esfuerzos sobre los rebeldes a quienes causa tres bajas y toma 20 prisioneros, entre ellos Mendoza. Terminando el mes de septiembre se acaba también la rebelión comunera en los Llanos. Pero han llegado muchos de los antiguos comuneros santandereanos, que, a pesar del armisticio general, buscan refugio en el Llano, alejándose de la poderosa garra del Estado. Viajeros como Humboldt, en 1802, y Cortés de Madariaga, en 181110, registran su presencia en los pueblos a orillas del río Meta. Y quedan, en sus pueblos y sabanas, 8 El término, de dolorida justicia, es de Jane Rausch y su artículo así titulado es la fuente principal de estos párrafos. 9 Cobradores o recaudadores de impuestos. 10 Cortés en su Diario y observaciones señala que la mayoría de los blancos de Macuco son refugiados de los “asesinatos jurídicos” de 1780 “contra los socorreños y otros inocentes pueblos”.

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los comuneros llaneros, criollos e indígenas con pretensiones de justicia y consciencia de su capacidad guerrera. Y entre ellos sigue el Romance de los Comuneros11: La cabra tira pal monte, el monte tira pal cielo; el cielo no sé pa’ dónde ni hay quien lo sepa ahora mesmo. El rico le tira al pobre, y al indio, que vale menos, ricos y pobres le tiran a partirlo de por medio…

Y sigue la misma historia Pero la revolución de los comuneros olvidados no cambió la forma de intervenir del Estado en estos territorios, ni logró mayor presencia del gobierno del rey ni de sus ejércitos. Los textiles y el ganado siguieron teniendo muy poca importancia comercial para la Nueva Granada, y siguió sin usarse la vía Meta y Orinoco para salir al Atlántico. Los misioneros seguían siendo la mejor opción de administración del territorio: no valían mucho, permitían olvidarse de las responsabilidades estatales y contenían a los indígenas; tendrían que seguir salvando almas para Dios y el rey. El territorio seguía sumido en sus dificultades. Faltaban buenos caminos, no había protección suficiente contra los ataques de los indios bravos, pues la presencia del Estado se limitaba a las exiguas escoltas asignadas a las misiones y haciendas. Por ejemplo, para las misiones del Meta, en 1782, había un capitán y seis soldados, uno de los cuales era muy viejo para combatir; tenían 5 rifles viejos, 3 trabucos y 3 pares de grilletes; no tenían pólvora, municiones, ni balas. En 1789 apenas había 14 soldados alrededor de San Martín. Ya don Eugenio Alvarado les había advertido hasta el cansancio de la indefensión del Orinoco y el Casiquiare, ante las ambiciones de otras potencias europeas y los asaltos de los feroces caribes, pero quizás seguían pensando en España que el llano, las selvas y los raudales eran infranqueables o a ningún otro le podían interesar. Ni siquiera la toma de la Isla de Trinidad por parte de los ingleses, en 1797, cambia la actitud de la Corona hacia estos territorios, evidentemente tiene muchas otras cosas de las que preocuparse, pero con los ingleses tan cerca de las bocas del 11 Tomado de la antología Poesía política y social en Colombia de Gonzalo España.

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Orinoco hay un perro bien grande y peligroso latiendo en la cueva de los dominios hispanos. Esa presencia va a ser muy importante veinte años más tarde. A comienzos del siglo XIX las misiones del Meta se encuentran en crisis por quejas, denuncias y enfrentamientos entre las comunidades religiosas, y entre los criollos y los misioneros, que se acusan —mutua y fundadamente en cualquiera de los dos sentidos y viceversa— de abusar de los indígenas. La visita de fray Vicente Olarte, en 1806, pretende resolver conflictos y examinar la realidad sobre el terreno. Determina que hay 1.542 indígenas guahibos y achaguas, viviendo en siete pueblos, así: San Miguel de Túa, sede del Gobernador de las Misiones (antes Macurrubá), 328; Santa Cruz de Marayal (antes Pachaquiaro), 280; San Antonio de Cabuyaro (antes Iracá), 166; Nuestra Señora de los Dolores de Pajure (antes Jiramena), 140; Nuestra Señora del Campo del Arrojo (antes El Rayo), 212; Concepción de Arama, 268; y Maricuare (antes Macatía), 148. La visita resuelve algunos pleitos, pero no crea el obispado, ni otorga escoltas, ni autoriza las armas de fuego que le pedían las comunidades. El tiempo avanza, para 1809 la capital de la Provincia de los Llanos se había trasladado de Santiago de las Atalayas a Pore, la autoridad del Meta era el Corregidor de las Misiones, Santiago y San Juan habían declinado hasta casi desaparecer, el Meta se mantenía lejos del poder civil y militar, mientras el Casanare —como concluye Jane Rausch— estaba más aislado de Santafé que 30 años antes. La olla no ha hervido, pero la leña está ardiendo.

Llano y llaneros: “auxilio de los insurgentes” Si acaso te preguntan por qué andais descamisado, avanzad, avanzad, avanzad con machete en mano, decid que con sus tributos los godos te lan quitado… Todos los reyes del mundo son igualmente tiranos, avanzad, avanzad, avanzad

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con machete en mano, y contra ellos es preciso que nosotros nos unamos…12 Un tercer acontecimiento que dejó su impronta en los Llanos, y sucedió unos pocos años antes del llamado Grito de Independencia, es la andadura levantisca de Rosillo, Cadena y Salgar, quienes recorren el Meta y Casanare buscando apoyo y armas para armar su revolución, para declarar la guerra al gobierno desde la llanura. Se acaba 1809, tres jóvenes juntan vidas para armar un precario castillo de naipes con sus ambiciones políticas. Uno, santafereño, José María Rosillo, tiene 21 o 22 años y alguna experiencia militar por haber sido cadete del regimiento de Cartagena; el segundo, Vicente Cadena, nacido en Melgar, tiene 19 años; Rosillo y Cadena son primos, y gozan de lo que llamamos ahora buenos contactos, esto es, parientes en puestos importantes con poder político y eclesiástico; completa el trío Carlos Salgar, de Girón. Representan las inquietudes de la época, defienden al rey, pero protestan las actuaciones de sus delegados en América, les ilusiona el sueño de igualdad del Memorial de Agravios, saben de los sucesos de agosto en Quito y los quieren replicar en la Nueva Granada. Participaron de la rebelión de El Socorro, derrotada por falta de armas. Buscaron quitárselas a los soldados del rey en El Portillo en noviembre de 1809, infructuosamente. Entonces, deciden ir a conseguirlas asaltando los supuestos arsenales de las Misiones del Meta, donde no había ejército y abundaban los socorranos exiliados desde la Revolución Comunera, que de seguro les ayudarían. Vinieron al Llano, para armarse, engrosar filas, ocupar Pore y volver a El Socorro con un ejército que encendería la llama de la revolución de provincia en provincia hasta ocupar Santafé. Hay que resaltar el significado de su propósito, e insistir en que, desde antes del 20 de julio de 1810, son los Llanos —todo el territorio llanero— cielo, suelo y sustento del sueño de libertad. A finales de diciembre de 1809 inician el recorrido en busca de armas, hombres y apoyo para su proyecto insurgente. Desde Miraflores entran al llano por Sabanalarga, hasta llegar a San Pedro de Upía13, para permanecer 15 días. Regresan a Miraflores para aprovisionarse, vuelven a San Pedro de Upía, pasan el río y llegan a Guaicaramo, desde donde se dirigen al río Meta. Van reclutando seguidores para su causa, en Cabuyaro se les junta un esclavo, Pedro Pablo de la Cruz, “a quien le ofrecieron darle 12 Transcrito de Las sabanas de Barinas del capitán Richard Vowell. 13 Cerca del actual Aguaclara, en jurisdicción de Sabanalarga en Casanare.

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con que libertarse”14; cerca de allí Venancio, un sanmartinero dueño de un trabuco, les promete unirse al movimiento con su arma; luego se les suma un baquiano del río Meta, Santos Rodríguez; y un tal Pablo Castro. El Meta aporta hombres y recursos al primer intento insurgente. Se embarcan por el río Meta, pasan por Macurrubá15 (donde reclutan a Jorge, un “indio viejo”, otro metense revolucionario), Maquivor, Casimena, el puerto de El Higuerón y Arimena. Al llegar a Macuco ya son más de quince los rebeldes. Consiguen caballos y van hacia Guanapalo, de donde se llevan prisionero al corregidor y juez ordinario del Partido de Misiones del río Meta, José de Planes. Siguen a Trinidad, incorporan venezolanos, santandereanos y llaneros a la sublevación. Más de treinta, bien armados —tienen fusiles y dos pedreros16—, llegan a Pore a las seis de la mañana del 15 de febrero de 1810. Y se toman la capital de la Provincia de los Llanos. En Pore encuentran armas, pero el gobernador de Casanare, Remigio Bobadilla, anda por Támara. Sin detenerse a organizar una resistencia rebelde en la capital, salen para Nunchía. Allí encuentran apoyo en el alcalde —que fue comunero—, ganan nuevos adeptos y emprenden camino para Morcote. No alcanzará a llegar la rebelión hasta ese pueblo, pues Bobadilla ha organizado una milicia y embosca a los sublevados en el sitio de Pie de Cuesta, la madrugada del 18 de febrero de 1810. A enemigo que huye, plomo caliente. Allí muere el zambo Pedro Pablo, Salgar alcanzará a huir, pero son detenidos Cadena, Rosillo y otros rebeldes… La insurgencia se dispersa. Los prisioneros son llevados a Pore, donde serán juzgados17. Cadena y Rosillo son condenados a muerte y fusilados el 30 de abril de 1810. Sus cabezas son cortadas y enviadas a Santafé ese mismo día. Más que terror, su muerte generó rechazo e indignación, se les ha llamado protomártires de la Independencia. A la capital llegaron sus despojos. En su Diario de la Independencia José María Caballero anotó:

14 Archivo General de la Nación, sección Colonia, tomo X, folio 239. 15 Es San Miguel de Túa, en la orilla derecha del río Meta, frente a la desembocadura del río Túa (cerca al actual Remolino). 16 Cañones pequeños. 17 El expediente del juicio se encuentra en el Archivo General de la Nación, y es la fuente principal de estos párrafos. Además, se consultó el libro de Arcadio Benítez Ortiz, Poré: 15 de febrero de 1810, que también sigue el expediente referido.

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A 14 de mayo entraron las cabezas de don Vicente Cadena y don José Rosillo, cadete que había sido del regimiento fijo de Cartagena, después del Auxiliar de esta capital. Fue y sublevó gente por los Llanos adonde los arcabucearon y se dijo que sin confesión. El ejecutor de esta maldad fue el alférez Surga, chapetón. A 17. En este día enterraron las cabezas que trajeron de los Llanos, en la capilla de la cárcel grande. Carlos Salgar huye, pero es detenido en Tunja y conducido a la cárcel de Santafé, donde es liberado por los sublevados del 20 de julio. Se unirá al ejército patriota y morirá en combate en 1816. Cadena, Salgar y Rosillo fueron vencidos, pero no olvidados, su gesta dejó un gran legado y contribuyó a conformar un convencimiento colectivo: los rebeldes tendrían fortín y refugio en los Llanos. ¡Vengan, chapetones, a morir aquí, dexemos a España con su frenesí!

Regina se está muriendo Vide principia’ la guerra, vide nacer La Patricia y mi machete sostuvo su derecho y su justicia.18 Así canta un viejísimo corrido, así nombraban los llaneros a la Patria, con nombre de mujer: La Patricia, que está naciendo. Y, en oposición, la Regina, el reinado español, que está muriendo, pues en 1808 las tropas de Napoleón invadieron España, dando a los españoles mucho de que ocuparse, olvidando los dominios de ultramar. El 20 de julio de 1810, el Grito de la Independencia en la capital del Virreinato de la Nueva Granada19, eco de otros, desencadena un proceso particular, los criollos 18 El verso del título es el inicio de un corrido que empieza “Regina se está muriendo / Patricia se está casando / Margarita es la madrina…” y la copla es parte del corrido de “La Patricia”, ambos de la tradición llanera. 19 Ya habían nombrado su Junta de Gobierno Caracas, Valledupar, Cartagena, Cali, Socorro y Pamplona.

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acaudalados ensayan un régimen que no desconoce al rey de España, sino al “mal gobierno”. El grito tuvo desigual eco en el llano, mientras Pore establece su Junta de Gobierno el 13 de septiembre, en muchos otros lugares no sucede absolutamente nada. En los meses siguientes el llano replicará, con demora, los acontecimientos de las poderosas Tunja y Bogotá. Seremos, entonces, parte de la Patria Boba, como han llamado a ese triste desperdicio de tiempo, vidas y recursos, que demostró la incapacidad soberana de las élites criollas para autogobernarse. Como río en invierno, sin cauce pero crecida la rebeldía se extiende. Los pueblos, las comunidades, van más allá que sus desconcertados dirigentes, y se sublevan contra las autoridades coloniales, algunas veces de manera muy curiosa. Escarbando en el Archivo General de la Nación encontré un documento de noviembre de 1810, en el que el cura de Guaicaramo20, Josef Pedraza, denuncia que en San Pedro de Upía, […] la noche del día tres del presente mes hubo toda la noche continúa música y canto, andando por las calles, lo que entendí era para burlarse de las órdenes del Juez, y tal vez atropellarlo […] solo pude conocer en el canto a Victorino Urrego del vecindario de San Martín cuya voz sobresalía. Tampoco percibí las voces o comprendí lo que querían decir, pero al siguiente día tomé razón de que eran versos insultantes y en deshonor del Juez […]. También participaron en apoyo del “motín de las mujeres […] Ignacio Roa, Manuel Chinchilla, Victorino Urrego, Rafael Cendales, Florencio Patiño, y otros varios con un negro Cayetano Brizuela vecino de San Martín, y que estaban armados con palos, machetes y espadas en defensa de las tumultuosas […]”21. Por desgracia el expediente no transcribe ni describe los cantos e instrumentos, pero, afortunadamente, deja constancia de que la música es desde muy temprano instrumento de la rebeldía por estas tierras, que son sanmartineras las voces más recias, y que un Brizuela cantó siglo y medio antes de que el “Gavilán” Víctor Brizuela ganara en los primeros Torneos de Villavicencio. A pesar del desorden creciente de la Boba Patria hay intentos de integración, y los patriotas venezolanos envían, en 1811, como comisionado a la Nueva Granada, al clérigo chileno —y patriota venezolano— José Cortés de Madariaga, que nos dejó otros dos interesantes registros acerca de la música de entonces. De regreso para Venezuela pasa por la misión de Macuco, y se sorprende al encontrar coro y “orquesta de indios, compuesta de violines, violonchelos, flauta dulce, guitarra 20 Junto a la cordillera, arriba del actual Barranca de Upía, en territorio del departamento del Meta. 21 Archivo General de la Nación, Historia: SAA-I.17,11, D.30.

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y triángulos”. Unos días antes, saliendo de San Miguel de Túa, navegando por las aguas del Meta, uno de sus socios había tomado la flauta “para ejecutar la canción de Caracas ‘Gloria al bravo pueblo…’, y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que sabían la letra, e hicieron sentir los ecos de la libertad a los bogas […]” (Diario y observaciones). Música de los indígenas aún ligada al culto y a la misión, y música de los mestizos americanos, pregonando la libertad y la gloria de los bravos pueblos, ambas cercanas, en el mismo llano, resonando sobre las aguas del Meta. “Música y libertad” debería decir nuestro escudo. Lo que une la música lo separa la política. La división llanera siguió: San Juan y San Martín eran de Cundinamarca, de la antigua Provincia de Santafé, por lo tanto, fueron centralistas; Pore, o sea la Provincia de los Llanos, adhirió a la federación. No hay mucha claridad sobre el papel ni la determinación con que participaron los poblados llaneros en esa confrontación interna, ni los efectos de sus adhesiones y participación en congresos y constituciones, pero se sabe que soldados llaneros casanareños acompañaron el general federalista Baraya en su derrota ante Nariño en Santafé de Bogotá en enero de 1813, y habría soldados del Meta entre los centralistas victoriosos. En 1814, cuando Bolívar —comandando el bando federalista— se toma Bogotá, el cura de Tame, fray Ignacio Mariño, es capellán y comandante de su ejército, y de seguro había llaneros, sus feligreses, entre sus tropas. En las peleas de burros el que pierde es el arriero. Mientras los patriotas se dividen, el ejército realista va ganando posiciones en diversos lugares del Nuevo Reino. En contrapartida el llano sigue ganando prestigio como refugio, volviéndose el último territorio en el que se encuentra una posibilidad de ocultarse, armarse y combatir con el enemigo externo. No solamente combatían los llaneros en los bandos patriotas, hay que recordar que un buen porcentaje del ejército español (mayor en las llamadas milicias que en el ejército regular) estaba integrado por soldados americanos, reclutados a la fuerza o como voluntarios aspirantes a la paga y mejora de su condición social; mientras las clases altas criollas, enlistadas en los cuadros de oficiales, pretendían nobleza, poder y reconocimiento. El bando victorioso en una batalla muchas veces incorporaba los soldados hechos prisioneros a sus propias tropas, simplemente cambiaban de banderas y —cuando se podía— de uniformes22. Los poco poblados llanos de San Martín, San Juan y Casanare no participaban en un porcentaje relevante en las reclutas realistas; en cambio los llaneros del Apure,

22 Sin duda la mejor fuente sobre este tema es Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y Venezuela de Clement Thibaud.

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de Barinas y de los llamados Llanos de Caracas combatieron del lado realista en los inicios de la guerra de Independencia, bajo el comando de Boves, Yáñez y Morales, y lo hicieron con enorme efectividad poniendo en jaque a las tropas patriotas. Al lado de Boves cantaron los llaneros: Está del valiente Boves la victoria enamorá siempre la lleva en la lanza adonde quiera que va. En la batalla lo libra de las manos de la muerte, de velo matá patriotas llena de amor se divierte.23 Los triunfos de los llaneros venezolanos, peleando del lado realista, obligan a los patriotas a buscar los llanos colombianos. El enemigo es Yáñez. Se ha tomado Barinas y, casi dueño del llano de Venezuela, amenaza Casanare. En esos años la historia se moverá en el llano al galope de los caballos de José Antonio Páez, Ramón Nonato Pérez, Santiago Mariño, Juan Nepomuceno Moreno, Jacinto Lara, Juan Galea, Francisco Olmedilla, Fernando Figueredo y otros líderes de la resistencia armada llanera. Ellos recorren todo el territorio, van y vienen, con la agilidad que se espera de sus guerrillas a caballo, viviendo de los hatos y los pueblos, pendientes de la amenaza española, todos guerreros formidables; pero también guerreros con formidables problemas: ambiciones personales, disensiones internas, falta de disciplina, ausencia de un mando unificado y de la consiguiente estrategia definida. De esa guerra irregular, y por lo irregular, no hay ni registro documental suficiente de la actividad en el bando patriota, mucha de la información viene de relatos posteriores o del bando español. En ese trasegar también se vincula a los llanos de San Juan y San Martín. Veamos uno de los tantos sucesos: Olmedilla en Pore le anuncia a Páez que se separa del ejército y se va para el Vichada, y le propone que le acompañe con 200 o 300 hombres, ambas familias, un cura, y el dinero que quiten a la fuerza a los ciudadanos. Páez no apoya la idea y finalmente Olmedilla sale para San Juan de los Llanos con su familia y algunos de sus hombres. El gobernador de Casanare ordena que se detenga a Olmedilla como desertor, y Páez cuenta: “a los cinco días de no interrumpido viaje, al amanecer, encontramos a Olmedilla en la provincia de San Martín”, lo

23 Estas coplas, y las de la página siguiente, son de Pasquinadas de la revolución venezolana de Arístides Rojas.

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hace prisionero y lo conduce de vuelta a Pore. Poco después será liberado y volverá a retirarse a vivir cerca de Santa Rosalía, al otro lado del Meta24. Los llaneros de Yáñez quedan sin jefe, pues el realista muere el 2 de febrero de 1814, en Ospino, Portuguesa, en las escaramuzas previas al triunfo de Boves en La Puerta. Diez meses después le llega el turno a Boves, muerto en la batalla de Urica, el 5 de diciembre de 1814, en la punta de la lanza del guariqueño Pedro Zaraza, que había advertido “¡O se rompe la zaraza o se acaba la bobera!”. Las coplas cambiaron la letra y la intención: Si el general Bolívar fuera adivino, ya supiera que Ñáñez murió en Ospino. En Urica murió Boves, en el Alacrán, Quijada, y en el sitio del Juncal, Rosete y sus camaradas. Casanare sigue concentrando la atención de los mandos. Desde Santafé, el 29 de diciembre de 1814, Bolívar escribe al padre Mariño nombrándolo general y encargándole las tropas de Casanare que son “1.200 hombres y cerca de 3.000 caballos”. Y el 19 de enero de 1815 anuncia que “fusiles, lanzas, municiones, botiquín, cirujanos, armerías y oficiales de Caballería se dirigen a Casanare con el teniente Coronel Lara”. Empeñados en las luchas internas, los patriotas ni siquiera aprovechan la pasividad de las fuerzas del rey, y esa pasividad no dura para siempre. Sebastián de la Calzada invade Casanare en marzo de 1815, con cerca de 2.000 hombres: quiere vengar la derrota que Olmedilla y Páez infringieron a sus tropas en Guasdalito el 29 de enero de 1815. Pasa el Arauca sin oposición alguna, pues los patriotas siguen enredados en sus discusiones, y llega hasta el río Ele. “El gobierno de Casanare, que se hallaba indefenso, estaba para emigrar a los Llanos de San Martín sobre el Meta, cuando Calzada se vio en la necesidad de volver a Guasdalito”, dice el historiador Restrepo. El Meta no es solo refugio externo, es también amparo de los llaneros. Se salvó Casanare… ¿o se salvó Calzada? Lo cierto es que vendrán días amargos para los americanos. Con Fernando VII de nuevo en el trono, España emprende la Reconquista. Arranca de Cádiz un 15 de febrero de 1815, vienen los veteranos de 24 Relato de la autobiografía de José Antonio Páez.

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la guerra en España, 12.000 hombres del Ejército Expedicionario de Costa Firme, al mando de Pablo Morillo. Ese ejército de veteranos peninsulares, bien apoyado, cambia la dinámica de la guerra del lado español, ya no es guerra de guerrillas, ni guerra de insurrección popular al estilo de Boves, ahora será una guerra regular, de movimientos estratégicos y grandes desplazamientos y batallas. La Reconquista entra pisando fuerte: en abril rinden a la Isla Margarita, luego entran a Caracas y Puerto Cabello, en julio se dirigen por mar a Nueva Granada, en agosto comienzan el asedio a Cartagena que finaliza con la entrada de las tropas realistas el 6 de diciembre de 1815. Comienza el terror. El canto vuelve a cambiar de bando: Cartagena se ha rendido, Morillo triunfa en la acción, Viva España y su nación y viva porque ha sabido confundir la insurrección25. Y se persigue a los que cantan en favor de América, las canciones patrióticas son ahora canciones insurrectas. Comienza el terror. El joropo es un delito. Caracas, 4 de diciembre de 1815, causa e indagación de Manuel Aguado, preso y sin comunicación, por cantar canciones insurrectas […] Dijo: que es cierto que en dicho día se halló en la casa de Juana Morales. Que es cierto que había un baile con el cual se divertían los de la casa y los demás que allí se hallaban. Que se bailó el piquiriro y el joropo y se cantó lo mismo. Que quien tocaba la guitarra era Victorio Villegas. Declaró haber oído en dicho baile las redondillas: El general Bolívar tiene un caballo que cuando va a la guerra se vuelve un rayo.26 El caballo tendrá que ser muy bueno, pues cinco poderosos ejércitos españoles reconquistan la Nueva Granada: Miguel de La Torre remonta el Magdalena para desviar hacia Ocaña y el Socorro; Julián Bayer entra en Chocó, para seguir hasta Cartago; Francisco Warleta sube por los ríos Nechí y Cauca hasta Antioquia y Cali; Donato Ruiz de Santacruz llegará por el Magdalena, hasta Honda y Neiva; y Sebastián de la Calza­da, que llega por el oriente, desde Venezuela. No habrá un ejército patriota capaz de parar el barajuste.

25 Tomado de 1816 / El terror y la sangre sublime, editado por la Universidad del Rosario. 26 Citado de Cantar contando, contar cantando. Joropos al libertador de “Cachi” Ortegón.

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El barajuste de Serviez ¡Vienen los soldados del rey! ¡Viene la reconquista! Llegan a la capital, las tropas patriotas se baten en retirada. Vienen los vencedores de Francia, soldados profesionales, tropas de élite enviadas a devolverle el poder y el orgullo a España. Latorre (o La Torre) persigue, y adelante corren sin saber qué hacer los sobrevivientes de la derrota de Cachirí, donde Custodio García Rovira y Francisco de Paula Santander fueron derrotados por Sebastián de la Calzada, el 26 de febrero de 1816. El barajuste es grande, el presidente de la patria embobada, José Fernández Madrid, ordena que su ejército vaya al sur, rumbo a Popayán. Pero los oficiales deciden buscar para el llano. Por varias razones: está más cerca, allí hay resistencia pues combaten Ramón Nonato y Páez y otros, hay caballos y ganado, y está en la ruta a Venezuela, para allí va la oficialidad venezolana o más allá están el Atlántico, y por allí Europa, para donde se quiere ir la dirigencia civil granadina. El sábado 4 de mayo de 1816 se inicia la retirada de Santafé, cuenta Caballero en su Diario de la Independencia que llevan “200 reses y mucho equipaje”. El domingo cruzan por la ciudad los dos batallones de Serviez, encabezando la marcha la imagen sagrada de la Virgen de Chiquinquirá, que sacó el francés de su iglesia pensando que motivará a los soldados. Acampan en Tunjuelo. Al otro día, lunes 6 de mayo, apenas quedan 600 infantes y 30 jinetes de 2.000 hombres de caballería e infantería27. El resto desertó, a pesar de la bendita presencia. En la capital del Nuevo Reino, al preciso decir de Caballero, ese lunes 6 de mayo de 1816 fue el día de la “transfiguración”, todos los santafereños se convirtieron en realistas al ver llegar dos batallones de tropas españolas de infantería y dos de negros y mulatos venezolanos y reclutas del Socorro y Tunja. Mientras tanto Serviez busca el llano, ese día 6 se queda en Chipaque, el 7 en Cáqueza, el 9 su retaguardia es alcanzada en el Alto de Ubatoque, por el capitán español Antonio Gómez, que más adelante —en Sáname— encuentra la Virgen de Chiquinquirá abandonada en un rancho. Al parecer dificultaba bastante el desplazamiento de los patriotas, “el cuadro no sirvió sino para embarazarnos la marcha en los desfiladeros y dar lugar a que el enemigo nos picase muy de cerca la retaguardia”, apunta Santander.

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En la Cabuya de río Negro, el 11 de mayo, hay un nuevo enfrentamiento desfavorable a los patriotas, que quedan reducidos a 150 o 200 hombres desmontados y sin alimentos. Serviez tiene intenciones de buscar hacia San Martín, pero no puede o no quiere pasar el río Negro, entonces se desvía hacia el oriente, dirigiéndose a Casanare. Por el territorio del Meta atraviesa, con él van combatientes experimentados como Santander, José María Córdoba, Bermúdez, Montilla y —al decir de Morillo— “mucha oficialidad caraqueña”; con él van exfuncionarios de la patria libertada como Frutos Gutiérrez, José María Salazar, Ardila, Arrubla y Luis Girardot; con él va “La Emigración”. Ya salen los emigrados ya salen todos llorando y detrás de ellos las tropas de su querido Fernando Así es, los españoles continúan detrás de ellos, bien cerca. Latorre los bate en las inmediaciones del río Ocoa, el día 13 de junio; y sigue persiguiéndolos para batirlos nuevamente en el río Upía el 22 de junio. La emigración comienza a entrar en Pore desde el 23 de junio. Finalmente llega Serviez, con la poca gente que no se le apartó. La ruta ha sido muy difícil para ellos. Dos semanas después, el 10 de julio, llega su perseguidor Latorre, y allí se queda con Matías Escuté y Manuel Villavicencio. La ruta fue dura también para los españoles, Morillo ha escrito: […] al cabo de 44 días de una marcha inaudita, de no dormir en poblado, de no alimentarse más que con carnes, de sufrir lluvias continuas, de pasar los ríos Negro, Ocoa, Guatiquía, Upía, Toninio (¿Tocaría?), Cusiana, Cravo y Pauto, unas veces en balsas, otras en troncos, otras en barqueras y las más veces agarrados los soldados de las colas de los caballos que atravesaban nadando […] al fin logró a fuerza de constancia llegar a Pore, capital de los Llanos de Casanare, con su columna cubierta de laureles […].28 Dura la ruta para los guates y los europeos, en cambio Páez escribirá en su Autobiografía —refiriéndose al comentario de Morillo— que para los llaneros […] esa admiración por los trabajos y dificultades vencidas es hasta ridícula, pues ellos no necesitan de tantas comodidades en campaña, y se alimentan sólo de carne, sin pan, ni sal, ni otro condimento alguno. […] no necesitan de calzado y viven siempre a la intemperie; duermen en la sabana o en el bosque lo mismo 28 Correspondencia de Morillo al Ministro de Guerra, desde Santa Fe, 31 de agosto de 1816.

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Vuelvan Caras (1890), Arturo Michelena


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que si estuvieran bajo el más cómodo techado; son sobrios y jamás se afligen ni desesperan, aunque se vean rodeados de dificultades y peligros. Comparemos ese llanero frugal, recio y rápido con un soldado de infantería español descrito por José Hilario López en sus Memorias: […] el peso enorme de un granadero, que se aproximaba de tres arrobas, constante de fusil y bayoneta, correaje completo con cuarenta cartuchos en la cartuchera, gorra de piel de oso con alma de vaqueta, adornos de plata, cordones, plumero y su funda de lienzo, llevando, además, dentro de ella, otros cuatro paquetes de cartuchos, dos pares de zapatos ordinarios, dos de botines y algunos otros enseres, una ruana pastusa y una frazada de lana, tres pares de alpargatas, una fiambrera con la ración de uno y de dos días, y, en fin, algunas otras cosas necesarias […] En estos escritos queda resumida toda una diferencia de actitud y aptitud entre las dos tropas en combate. Ha sido importante hasta 1816 y lo será en adelante. No todo es malo en el barajuste, también ha sido productivo. La huida de Serviez y sus gentes por Cáqueza y los llanos del Meta y Casanare no fue, evidentemente, una ruta triunfal, pero se trajo al llano un grupo de militares patriotas que desempeñarán un papel clave en los sucesos posteriores, pues no pasan de largo, sino se quedan peleando. Ofrecen al llegar su experiencia y capacidad organizativa, se juntarán los huidos con los resistentes, que llevan combatiendo un buen tiempo, conocen el terreno y al combatiente llanero, y entre todos armarán una fuerza más organizada y efectiva. Entre 1815 y 1817 la lucha va a cambiar, ya no será exclusivamente una guerra de guerrillas sino más bien una resistencia organizada, una “pequeña guerra”, como dice Thibaud. Van a enfrentar al español con diversa suerte. Uno de los exfuncionarios patriotas que busca refugio en el llano es el antioqueño José María Salazar, que sale de Santafé el 27 de abril de 1816 y va escribiendo las memorias de su “excursión” (ya citada): baja por Cáqueza, Servitá, Buenavista, hasta llegar a Apiay, para ir a embarcarse en Pachaquiaro, “mas no había siquiera una canoa en que pasarlo, y fue preciso retroceder tomando casi todos los emigrados el camino de Upía punto muy distante, o para continuar por tierra hasta Casanare, si las guerrillas enemigas no le impedían, o para bajar desde allí al Meta con mejores recursos”. En Cabuyaro se embarcan con el cura patriota Luis Mendoza, Meta abajo llegan a Macuco, descansan unos días y llegan —a revienta cinchas— en solo dos días a Pore. Las impresiones de su viaje se concentran en una curiosa y admirada descripción de los llaneros, y en unos detallados comentarios sobre su música, que citaré en extenso:

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Costumbres diversas sean las que fueren interesan por su novedad; más nada me ha divertido tanto en los llanos como la música y poesía de estos pueblos. El canto es natural al hombre como a las aves, […] hay música sin el conocimiento del diapasón como hay elocuencia sin retórica, y el salvaje a falta de humana enseñanza recibe sus lecciones de los cantores de los bosques. No me había prometido en los llanos otra especie de música, mas no fue pequeña mi sorpresa cuando oí a los llaneros reunidos en coro entonando acordes composiciones regulares y canciones patrióticas. […] La bandola, que es una especie de guitarra pequeña parece que habla bajo los dedos de los llaneros y al tocar en ella su canto favorito llamado galerón adecuado a asuntos festivos se les creería inspirados por la musa de la alegría: ella les hace improvisar versos regulares de ocho sílabas en una especie de romance arábigo que va siempre en cadencia, más de asonantes que de rimas, y aunque todavía ruda en su estilo siempre es animada y armoniosa. Es grato ver a la poesía en su rusticidad nativa y recibiendo apenas la forma del arte. En este romance cantan los llaneros las acciones de guerra, los estragos de sus terribles lanzas, sus pasiones y amores: pintan los objetos al natural, y con la viveza que sienten sus impresiones, usan de símiles sencillos tomados de las cosas que los rodean, y animan de este modo sus rudos conceptos. […] Los llaneros se desafían a cantar como los pastores de las antiguas y modernas églogas usando como ellos de amebeos o cantos alternados; mas en lugar de un juez entendido que adjudique el premio de un rabel, según el mérito del canto, pierde la apuesta el que tiene primero ronca la voz […] Yo no sé cómo se han introducido en los llanos varias composiciones sagradas semejantes a los actos sacramentales. Entre ellas es notable un largo romance de San Miguel que se canta con acompañamiento y coro, el General Serviez oficial francés, uno de los jefes de la división, excelente Juez en materia de música, admiraba mucho la de aquella composición sacro profana, y nos la hacíamos repetir muchas veces: parecía cosa de novela ver aquellos pastores bigotudos con sus largas lanzas cantando el triunfo de los ángeles, y la caída de Lucifer que en el romance, así como en Milton hace una figura brillante, los fieros cantores esforzaban tanto la voz y hacían tales visajes y representaban los diablos tan al natural, que me parecía verlos allí mismo. La musa llanera suele degradarse hasta recibir por su canto un mezquino salario, sucede esto regularmente cuando está falto de dinero el trovador, y quiere refrescar sus labios con licor más espirituoso que el agua cristalina, hácela entonces delirar la inspiración de Baco, menos parece musa que bacante furiosa, y aunque lleva la medida del verso su sentido no tiene pies ni cabeza […].

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Antes de transcribir los muy interesantes comentarios musicales del emigrado Salazar, que termina en Europa su carrera, viniendo a morir en París en 1827, habíamos dejado a Pore de nuevo en manos españolas, o mejor en las garras de los españoles. La estrategia española estuvo bien clara, consolidar su dominio sobre el llano, primero asegurando los caminos que comunicaban con el altiplano, y, en un segundo término, reconociendo el territorio, también el del Meta. Así, el 16 de agosto de 1816, los realistas Sebastián Díaz y Emigdio Salazar informan a Pascual Enrile su llegada a Cáqueza, le cuentan el estado del terreno e informan su intención de reconocer Apiay, Medina, San Martín y sus inmediaciones. La tercera forma de asegurar —según ellos— el dominio sobre los llanos era imponer castigos ejemplares a los revolucionarios y sus familias, para disuadir a sus paisanos de cualquier nuevo levantamiento. Muchos fueron obligados a trabajar en la construcción de nuevas vías o la mejora de los caminos existentes, entre ellos el que unía Cáqueza con Apiay, ordenado por Morillo y Enrile. Además, imponían la prisión, el destierro, la confiscación de los bienes y —no fue el último recurso— la pena de muerte, la horca, la decapitación, el fusilamiento por la espalda, y luego el descuartizamiento y puesta de sus cabezas o extremidades en lugares donde se pudiera generar el mayor impacto. Por eso el 25 de octubre de 1816 fusilaron en la plaza de Pore a varios patriotas, entre ellos: Frutos Joaquín Gutiérrez de Caviedes, cucuteño; el capitán apureño Bernardo Escalona; el barinés Francisco Olmedilla, que había sido detenido por La Calzada en su retiro de Santa Rosalía; el oficial vizcaíno Luis Abad; el capitán canario Luis Báez; Juan Salias, sargento mayor, caraqueño; y —nuestro mártir— Joaquín Zerda (o Cerda), corregidor de los pueblos del Meta, que organizó y comandaba un batallón de indígenas armados con lanzas. Los fusilamientos siguen: en Chita, el 23 de diciembre de 1816, son ejecutados Martín Gamboa y Victoriano Valbuena. En otra guerra llanera, mucho tiempo después, un corrido29 contó de otros fusilamientos, Rodaron catorce lágrimas de los siete prisioneros al ver que iban a morir en tan grande desespero con las manos amarradas lo mismo que los corderos… 29 “El Corrido de Vigoth”, o “El Batallón J. V.”, narra la ejecución de siete contraguerilleros de José Vigoth, en Puerto Rondón, a manos de Guadalupe Salcedo.

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¡Viva la revolución! A la lanza del llanero le dio Dios su bendición diciéndole: mata godos, viva la revolución.30 La táctica del terror y los fusilamientos no funcionan, la población llanera hace días ha tomado partido, así lo vemos en diversos partes de los españoles. En uno de ellos, el 4 de diciembre de 1816, Morillo informa al virrey Sámano que los “insurgentes de los pueblos” de la Fundación de Upía, Barro Blanco, San Pedro y Apiay han robado los caballos que los realistas conducían para el ejército; e insistirá después en que todos los habitantes de esa región “son opuestos al rey”31. Además, los soldados llaneros que habían peleado del lado realista bajo el mando de Boves y Yáñez, y seguían ahora a Morales, son licenciados por Morillo, que confía solo en sus veteranos de la guerra de España y piensa que aquellos comandantes y sus tropas a caballo eran “bárbaros”. Esos combatientes llaneros venezolanos que, según Thibaud, “no tenían otra opción para sobrevivir fuera de hacer la guerra” terminan luchando en el bando patriota. La persecución alcanza también a los sacerdotes que habían apoyado la causa americana, el 12 de agosto de 1816 Caballero, en su Diario de la Independencia, registra la salida de Santafé de 17 sacerdotes presos para ser conducidos a las mazmorras de Puerto Cabello, entre ellos el doctor Jorge Mendoza, cura de Pore, que fallece en dicho puerto el 18 de mayo de 1817. Preso para España va también el doctor Gómez, cura de San Martín, por su actividad en favor de los sublevados de su parroquia y región. Desde septiembre de 1816 se combatirá en los llanos a órdenes del “Catire” Páez, que es elegido comandante en jefe, con el respaldo de los llaneros, por encima de Santander o Urdaneta. La guerra con Páez se seguirá haciendo a la criolla, con otra ganancia para los patriotas: tendrán un mando unificado. La dura Reconquista española no deja de recorrer el llano entero, y no dejan las guerrillas llaneras de defender su territorio e importunar a los invasores con ataques constantes, que buscaban alejarles o arrebatarles los caballos, el ganado y los víveres, incendiarles las sabanas, dejarlos sin recursos, etc. Nunca pudo ufanarse 30 Godos se decía a los españoles. La copla es de la tradición llanera. 31 La correspondencia de Morillo de esta cita y en adelante se toma del Catálogo de la Colección Pablo Morillo, conde de Cartagena y de Campaña de Invasión del Teniente General don Pablo Morillo 1815-1816.

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el español de tener sometido al llano entero, jamás fue el llano tierra vencida. Si la potencia guerrera española se concentraba en el Apure, los patriotas cruzaban el Arauca; si la presión arreciaba en Casanare, el Meta era el “escampadero”. Todo el llano se defendía, todo el llano luchaba. Fuera del llano la Reconquista es tan brutalmente efectiva que deja a los patriotas únicamente tres opciones: la cárcel, el destierro o el refugio. Y los refugios primordiales para venezolanos y colombianos eran los Llanos, de extremo a extremo, el bastión de la resistencia patriota. Los Llanos daban la posibilidad de sobrevivir, y, luego de sobrevivir, de oponerse, organizarse y contraatacar. Pero la resistencia llanera necesita una salida para sus productos y una entrada para armas y municiones. La única vía, la eterna, con la que ya había soñado Nariño en 1797, es la ruta del río Meta, el Orinoco y el océano Atlántico. Pues esa ruta la asegura, el 17 de julio de 1817, Simón Bolívar adueñándose de Angostura, recogiendo la obra de Manuel Piar. Desde entonces se podrá soñar con la victoria, tendrán los patriotas comunicación con el mar, ganado y recursos, seguridad para juntarse y proveer las tropas del llano, y una sede desde la cual manejar el territorio y empezar a construir un Estado independiente. Ya no serán las sillas de montar los escritorios, ni el lomo de los caballos los despachos, habrá ahora un lugar para reunir un congreso e ir armando la institucionalidad. La tarea es larga. Un decreto de Bolívar, del 24 de septiembre de 1817, va a organizar el ejército patriota con todas las arandelas del modelo francés, un estado mayor al comando, un cuerpo organizado en divisiones, una intendencia, etc. El tiempo de la guerra de guerrillas, de las bandas y los caudillos ha pasado, ahora vendrá la guerra regular, la guerra grande. Para finales de 1817 y comienzos de 1818 siguen dándose las escaramuzas, emboscadas o combates formales. Hay una valiosa documentación de estos hechos en los cuidados archivos españoles, en ellos también aparecen, como “papeles cogidos a los insurgentes”, una serie de comunicaciones patriotas cuya informalidad demuestra la escasez de medios de nuestros héroes. Valdrá la pena, a futuro, hacer un completo trabajo de transcripción y análisis de esa documentación patriota, que se escapa a la ligereza de esta crónica. La suerte de los enfrentamientos es variada, en Zapatosa32 los patriotas son derrotados en diciembre, pero bien pronto se desquitan en Santo Tomás de la Fundación de Upía y en San Martín. 32 Hoy Monterralo, en la cordillera, centro poblado de Aguazul, Casanare.

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José Manuel Restrepo, en su Historia de la Revolución de 1827, describe así la primera de esas batallas del día 28 de enero de 1818: Entre estos combates el más notable fue en la Fundación de Upía. Los españoles tenían allí 180 hombres acuartelados en una casa rodeada de empalizadas y defendida por un cañón. Los patriotas, para sorprenderlos, marcharon no por el camino, sino por medio de la sabana pajosa, y en los últimos tres días no encendieron fuego ni hablaron en voz alta. Cercanos ya al pueblo, echaron pie a tierra, y armados de sables y lanzas atacaron con mucho arrojo la casa fortificada, tomándola sin embargo del vivo fuego que hicieron la artillería y fusilería de los realistas. Poco después batieron igualmente (febrero 21) la columna española que dominaba las llanuras de San Martín que riega el Meta. Entonces los realistas de la Nueva Granada fueron desalojados enteramente de los llanos situados al este de la gran cordillera. Observemos la gran importancia que revisten estos dos combates, pues implican la delimitación de los territorios de los bandos en disputa: el llano será de los patriotas, mientras los realistas quedan reducidos a incursionar desde la cordillera o a realizar muy rápidas incursiones por la tierra plana. Y ambos combates, la Fundación de Upía y la sorpresa de San Martín acaecieron en territorio del Meta. Los sucesos de Venezuela van decantando una estrategia patriota, hay que organizar un gran ejército para invadir la cordillera y llegar hasta la capital del Nuevo Reino. No hay otro lugar sino el llano colombiano para ese propósito, y quien lo realizará se llama Francisco de Paula Santander. Llega remontando el Orinoco y el Meta. Su itinerario es fácil de reconstruir, a partir de su correspondencia, cuyos contenidos demuestran ya una organización eficaz. El 5 de noviembre de 1818 escribe a Bolívar desde el “Pueblo del Meta”33; el 9 de noviembre desde “Sitio de Buenavista en Meta”; luego se instala en Guanapalo, donde el 27 de noviembre toma posesión del cargo de comandante para Casanare. Su primera impresión, su primer deseo, contempla la posibilidad de instalarse en el territorio al sur del río Meta y resalta las ventajas de esos parajes. Informa a Bolívar, desde Guanapalo, en diciembre de 1818: Tengo el honor de informar a Vuestra Excelencia que el departamento del Meta será la base de mis operaciones y el punto de retirada en cualquier caso urgente, 33 Las comunicaciones de Santander se tomaron de La campaña libertadora de 1819. Documentos históricos de Colombia y de Correspondencia dirigida al General Santander de Roberto Cortázar.

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es decir, al otro lado del río. Muéveme a esto, lo primero, porque es el único territorio donde han quedado ganados de toda especie […] Lo segundo, porque es el territorio que une a la provincia de Guayana de donde, así como de los Llanos de Apure, podemos recibir auxilios, manteniendo siempre la comunicación por el río. Lo tercero, porque desde aquel punto está descubierto todo el país, que pueden ocupar los enemigos […]; y lo cuarto, porque es opinión general de toda la provincia no retirarse al Apure en ningún caso. Con rapidez empieza Santander a solicitar información a los comandantes militares de la región. Al capitán Higinio Castro, de la fuerza de San Martín, se dirige en diciembre 4 de 1818, decretando el reclutamiento general y condensando su intención guerrera: Quiero saber cuánta gente reunida y qué recursos tienen, y qué es lo que más necesitan […] Entretanto es menester vigilar mucho sobre los movimientos del enemigo, trabajar constantemente en reunir hombres, caballos, armas y fijar la opinión; no exponerse contra fuerzas muy superiores, ni descuidarse con las sorpresas; asegurar la emigración y quitar al enemigo todo recurso de ganados, y trayéndolos todos, cuando sea ya necesario, al interior de la orilla derecha del Meta; hostilizar al enemigo del modo que se pueda y aguardar a que reunido el ejército que estoy formando, podamos salir a buscar al enemigo. Al día siguiente, el 5 de diciembre, oficia al capitán Camacho comandante del departamento del Meta34, acerca de la designación de Santa Rosalía como depósito de armas y pólvora del ejército patriota, le encarga su custodia y le da precisas instrucciones para el cuidado y conservación de esos elementos, “untar los fusiles por fuera con sebo derretido para preservarlos del moho, y hacer enzurronar las piedras de chispa de a mil en un zurroncito largo…”, y le insta a cuidar la pólvora “sin confiarse ni de que los guahibos no pueden venir al pueblo, ni de que los pueblos sean del todo patriotas”. Esa instalación en Santa Rosalía del parque de reserva, tan importante para el ejército, confirma la importancia estratégica del Meta y la decisión de aprovechar su ventajosa ubicación y comunicación, pues por el río pueden llegar desde Angostura, o desde Europa, toda clase de auxilios. Analizando la situación de los Llanos y sus zonas vecinas, Santander escribe a Bolívar el 8 de diciembre de 1818, desde Guanapalo: […] en el territorio libre de Casanare y llanos de San Martín, se encuentran 800 hombres de caballería mal armados y 130 infantes armados […] el enemigo en 34 En esa época se refiere a las riberas de ambos lados del río Meta, sus pueblos y misiones.

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la línea que se extiende de Medina a Chita tiene 1.100 hombres de infantería del Regimiento del Rey, colocados en dicho Medina, Miraflores, Paya y Chita, en cuyos puntos se han fortificado. Tiene además 300 infantes en Puebloviejo, inmediaciones de Sogamoso, y 500 caballeros en este pueblo, de los cuales parece que un escuadrón es de españoles […] el enemigo amenaza invadir esta provincia, y yo creo que, si lo efectúa, es con dos mil hombres por lo menos […] Un mes después, el 6 de enero de 1819, la estimación de las fuerzas contrarias, bien diferente por cierto, viene del bando realista, en carta de Morillo a Sámano: Debo manifestar a vuestra excelencia que los enemigos reúnen en Casanare sobre 1.400 hombres de caballería montados y dos batallones de infantería que compondrán 500 hombres de fuerza, no contándose en este número porción de indios flecheros reunidos de las Misiones del Meta y pueblos de Casanare. El 4 de enero de 1819, nuevamente escribe Santander a Higinio Castro, comandante de San Martín, informándole que envía al comandante Aniceto Ramírez para “inspeccionar el estado de los llanos de San Martín” y poder determinar quien deba asumir la autoridad en esos Llanos, “que no pertenecen a Casanare sino a la provincia de Santa Fe”. Aniceto Ramírez es nombrado Teniente Justicia Mayor de los Llanos de San Martín o sea juez político del departamento. Ya hay un empeño de organizar el territorio liberado, y definirle un estatus administrativo y político, y ese empeño deja ver, claramente, que tanto Casanare como los Llanos de San Martín ya son territorios libres. Cuando en enero de 1819 llega al cuartel de Trinidad el capitán Isidoro Enciso, proveniente de San Martín, comunicando que están desarmadas las tropas en ese lugar, la respuesta a su comandante es clara “[…] no habiendo armero que no esté enfermo y teniendo noticia de que los enemigos vienen a la provincia, he suspendido el envío hasta mejor ocasión, en que quizá irá mayor número”. Las instrucciones que envía Santander, el 20 de enero, al comandante Higinio Castro de San Martín reafirman las tácticas patriotas y el papel clave de los llanos del Meta: Es necesario que, con su gente, aunque esté desarmada, haga inmediatamente un movimiento sobre Medina, sin comprometerse con fuerza que los pueda batir. En Medina regarán la chispa que por ese lado va una fuerte división de infantería al mando del coronel inglés Rooke. Si los enemigos fueren hasta San Martín, retírese al lado del Meta con los ganados, y si los godos dejasen poca guarnición, sorprenderla y acabar con ella. Cuando salgan de Medina, en donde nos estarán poco tiempo, véngase a Upía y manden razón de que vienen a obrar contra los enemigos por su flanco y retaguardia, cosa que llegue noticias de ellos.

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En fin, con movimientos falsos, con noticias verdaderas o falsas, de todos modos se hace la guerra al enemigo. El 13 de febrero de 1819, desde La Laguna —cerca de Pore— Santander comunica a Aniceto Ramírez que le ha nombrado Comandante General de los Llanos de San Martín, instruyéndole además que: 2. Debe hacer frecuentes correrías sobre Apiay y Cumaral y La Fundación, tanto para procurar hacerse a caballos como para impedir que partidas de fa- cciosos infecten aquel país. 3. Por medio de vigías, o de la manera que sea posible, se informará del estado de Medina y de Cáqueza, para saber que fuerza tienen y si los enemigos hacen marchar por esos pueblos algunas divisiones, de lo que me dará parte volando. Si el enemigo hiciese marchar tropas sobre la ciudad de San Martín en número que considere no poder batirlas, se retirará con cuantos recursos pueda por la orilla derecha del Meta hasta el punto de seguridad que crea conveniente […] 4. Si las tropas enemigas que vinieren por Medina pasaren directamente para Upía y de allí para el Meta o para San Pedro, entonces con la tropa a su mando las incomodará por la retaguardia, procurando sorprenderlas y hacerles todo el daño posible. La habilidad guerrera y el papel de distracción de las tropas del Meta, cuya actividad hacía dudar a los españoles sobre la ruta de llegada a Santafé, o por lo menos distraía su empeño andino de detener a Bolívar, se confirma con la Toma de la Casa Fuerte de Medina, realizada el 24 de junio de 1819, por el comandante de San Martín Aniceto Ramírez. Sámano la registra, “con dolor palpamos que nos sorprenden con facilidad en los puntos avanzados, como acaba de suceder en Medina”. También aparece el territorio del Meta como punto de acceso a otros lugares aún no liberados del Nuevo Reino, como la Gobernación de Popayán, cuyo gobernador escribe al virrey temiendo la invasión patriota por el paso de “tropas independientes por los Llanos de San Martín a los andaquíes”. La actividad guerrera en estos llanos no cesa. El 21 de julio de 1819, cuatro días antes de la Batalla del Pantano de Vargas, Barreiro escribe “he sabido hoy mismo que la caballería del Casanare, ha hecho movimiento por los llanos de San Martín con el objeto de llamar la atención de nuestras fuerzas por el punto de Cáqueza”. Y agrega el 31 de julio que “un grueso cuerpo de caballería se había apoderado del pueblo de San Pedro, donde se hallaba detenido por no haberle sido posible pasar el río Upía. […] haberse dirigido al llano de San Martín con el objeto de llamar

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la atención por Cáqueza, o los Valles de Tenza. Su número llega a ascender a 800 hombres, todos de caballería […]”. Dice Barreiro que hay que atacarlos y vencerlos pues sino habría “una invasión que podría interceptar [por Macanal o Miraflores] la comunicación de la división con la capital y aún incomodarnos por retaguardia”. Tres días después de la Batalla del Pantano de Vargas, un decreto de Bolívar llama al servicio “a todos los hombres desde la edad de 15 años hasta la de 40, solteros o casados”; el decreto, que daba cuenta de la necesidad de movilización total y lo urgente de reforzar al ejército, “tendrá fuerza de ley en las provincias de Casanare, San Martín, Pamplona y El Socorro”, mejor dicho en el país libre del yugo español para ese momento. Como vemos la suerte de las dos provincias, de los dos grandes llanos de Colombia, está siempre estrechamente ligada. Podríamos seguir extendiéndonos por muchas páginas con la narración documentada para resaltar el papel de estas llanuras del Meta en la resistencia y lucha por la Independencia, pero creo haber dejado demostrado que, desde antes del 20 de julio de 1810, hay una actitud de respaldo de las ideas insurgentes, una decisión social generalizada para otorgar refugio, ofrecer recursos y hacer la guerra contra España, y nadie puede dudar que los habitantes de los Llanos de San Juan y San Martín, indígenas y mestizos, apoyaron, resistieron, lucharon y lograron la Independencia de España. La Patria no nació en algún sector del mapa del Orinoco, no: todo el Llano es territorio libertador y todos los llaneros —sin distinción de género, ni sabana, ni río— son Libertadores. Y todos han cantado los sucesos de la guerra.

Se acabó por fin la guerra Se acabó por fin la guerra y me volví para el llano con esta herida en la frente y sin un real en la mano. Veintiún días después de la Batalla del Puente de Boyacá, el 28 de agosto, con urgencia, se envía al mayor Ascanio con un dinero y cartas hasta Guayana y se le determina que irá por la ruta de Cáqueza, y luego “se embarcará por la provincia de San Martín”, por ser la más rápida forma de ir desde Santafé de Bogotá hasta el Orinoco. Cuatro meses después de la Batalla del Puente de Boyacá, Pedro Briceño Méndez escribe desde Pore al vicepresidente Santander, impresionado por una peste que

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azota al llano, hablando por los llaneros, y aclarando que “lo peor es que también el Meta está infestado del mismo mal”: […] ¿no tienen estos infelices derecho para reclamar la más alta y decidida protección del gobierno?, ¿no son ellos los más beneméritos hijos de la Nueva Granada? ¿Los que a costa de sacrificios y esfuerzos extraordinarios e inauditos adquirieron su libertad, la conservaron y poderosamente cooperaron para darla a sus hermanos? ¿Por qué, pues, los abandona ahora el gobierno y los mira con indiferencia? ¿Por qué se ve devastar y asolar su territorio por una peste y no se sacrifica una pequeña parte del fondo público en contener a sus ruinosos y espantosos estragos? Años después el verso “Y sin un real en la mano” adquirió dimensiones de triste realidad. Abunda la documentación en que viudas y huérfanos de los llaneros guerreros demandan del Estado los haberes militares, pensiones y sueldos de sus maridos y padres. Por esas demandas se han rescatado los nombres de muchos de los combatientes criollos, sus lugares de origen y hoja de servicios. Seguimos cobrando. Dos siglos después… se mezquina hasta el reconocimiento de la participación del Meta en la Independencia. Dos siglos después aparecen los vendedores, de la ralea ambiciosa que llega a todas las celebraciones, ofreciendo héroes con nombre propio, inventados recién y sin fundamento, como si la comunidad necesitara comprar mentiras para sentirse orgullosa de su pasado heroico. Si queremos nombres, tenemos nombres: capitán Isidoro Enciso, cabo Nicolás Leal, teniente Marcelino Campos, soldado Jacobo Enciso, Paulino Rey y Pablo Enciso —a quienes la tradición sanmartinera recuerda condecorados como Vencedores de Ayacucho—, el sargento segundo de caballería Diego Ordúz de la Fundación de Upía… Pero sobre todo tenemos la Libertad como una causa colectiva. Si queremos batallas, tenemos batallas: la Fundación de Upía, misiones del Meta, la sorpresa de San Martín, la toma de la Casa Fuerte de Medina, la Cabuya de Cáqueza… Pero sobre todo tenemos décadas de apoyo y lucha por la Libertad. Y esa conciencia histórica nos alienta para seguir siendo un pueblo luchador, que no se detiene a recoger laureles, ni se pone a pulir monumentos, sino que trabaja día a día, sin descanso, porque una patria más justa y libre, más “victoriosa, digna, grande y soberana”, se siga construyendo desde acá, desde estos Llanos de San Juan y San Martín, acá desde el departamento del Meta.

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Por eso —hoy más orgullosos que nunca— nos ponemos de pie, con el sombrero sobre el corazón, y entonamos: Canta el llanero si tragándose el camino cual centauro majestuoso se encuentra con el jilguero. ¡Ay mi llanura! embrujo verde donde el azul del cielo se confunde con tu suelo en la inmensa lejanía. En la alborada el sol te besa y del estero al morichal hienden las garzas el aire que susurra en las palmeras un canto de libertad. ¡Un canto de libertad!

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CAPÍTULO 2

L A NZA MIENTO DEL TOR NEO


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Público del Movistar durante el lanzamiento del Torneo.


El Movistar Arena con sabor a Joropo El 11 de mayo de 2019 fue una fecha histórica para el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, y lo será de aquí en adelante también para la música llanera colombo-venezolana, pues, por primera vez, con el concierto “Voces del Joropo”, esta música abrió las puertas de un escenario como el Movistar Arena en Bogotá. La apuesta por parte de la organización fue arriesgada: este escenario tipo “arena”, inaugurado en 2018, fue construido para grandes espectáculos, con una capacidad para 14 mil espectadores. El joropo nunca había estado en un escenario de tal envergadura y, en esta ocasión, bajo la tutela directa de la Gobernación del Meta y con la gestión de empresarios del espectáculo se logró la hazaña. Carlos Quintero, productor del evento, afirmó que se vienen cosas importantes para la música llanera a través de este espacio llamado “Voces del Joropo”, cuyo principal objetivo es llevarla por el mundo para que la gente la conozca y aprenda a quererla. Este fue el primer paso. La venta de boletería fue total y las graderías se colmaron. Además, el apoyo de la Gobernación del Meta en cabeza de la gobernadora Marcela Amaya fue el mejor respaldo para un proyecto tan importante como este y para la divulgación del joropo, y a su vez para hacer la promoción del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Desde las primeras horas del 11 de mayo, los músicos, ingenieros de sonido y auxiliares de las agrupaciones empezaron a registrarse en la entrada de artistas y prensa del Movistar Arena. Y el equipo de producción del evento se tomó su tiempo junto con cada uno de los siete artistas durante todo el día para preparar cada detalle de sus shows.

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Antes de ese día, ya el joropo se anunciaba y se tomaba la capital colombiana: el 30 de abril se había realizado una rueda de prensa en el mismo Movistar Arena, con la presencia de la gobernadora del Meta y los artistas y agrupaciones que se iban a presentar. Y durante esos dos meses previos al evento se había desplegado una gran campaña publicitaria en medios de comunicación y se podían ver imágenes de esos grandes de la música en las principales avenidas bogotanas: Aries Vigoth, Reynaldo Armas, Palo Cruza’o, Walter Silva, Orlando “Cholo” Valderrama, Jhon Onofre y Tradicional Joropo. La presentación de Tradicional Joropo dio inicio al concierto. Esta es una agrupación con 25 años de trayectoria que se encontraba preparando el disco con el que se iba a postular a los premios Grammy Latino y que sonó aquella noche con música llanera clásica, en una atractiva puesta en escena. “Era el sueño que teníamos como grupo, mostrar nuestra música tradicional del llano, algo que ya casi no se escucha, y nosotros como llaneros soñamos con esto”, afirmó Carlos Quintero, que, además de ser el productor del evento, es arpista de esta agrupación, junto con William Macualo; también en el arpa; también hacen parte del grupo el cuatrista Leonardo Saavedra, el bajista Carlos López “Calao”, el maraquero Diego Hernández y, en las voces, Jesús Brito y Luis Eduardo Verastegui. Luego, desde Hato Corozal (Casanare), se presentó Aries Vigoth, que se mostró muy complacido de estar en este escenario y afirmó que este evento abriría espacios en otros mercados de la música para despertar el interés de empresarios de México y de Estados Unidos para llevar el joropo a otros lugares del mundo con el contrapunteo, la danza, el canto criollo y recio, el pasaje y los cantos de trabajo de llano. Aries nació en la vereda San Nicolás y fue criado en el hato La Veremos. Es un artista formado en la sabana, criollo como pocos. Es el coautor de “Predestinación”, su más grande éxito, quien junto con Marco Sergio Rodríguez creó esa canción “para que ya nadie volviera a pedirle ‘Una casita bella para ti’”, afirma sonriente “el romántico del llano”. Esa noche Aries primero interpretó su “Amor ideal”, para inaugurar un repertorio lleno de éxitos: “Llanura, aquí está tu hijo”, “Una casita bella para ti” y, por supuesto, “Predestinación”, antes del homenaje a las madres con su canción “Madrecita santa”. En su show participaron jóvenes talentos que se están formando y a quienes Aries apoya abriéndoles un escenario como este para darlos a conocer. Los jóvenes semilleros llegaron de Tame (Arauca), para formar parte de coreografías y coros en las canciones. Aries también cantó en dúo con Luna Estefanía Reyes, exparticipante de la Voz Kids —una joven cantante de Villavicencio—, en su éxito “Predestinación”.

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LANZAMIENTO DEL TORNEO

Aries afirmó que se hizo como músico en el Torneo Internacional del Joropo y que en la versión de 1979 ganó allí por primera vez en las categorías de coplero, mejor pasaje y canto recio, momento a partir del cual su carrera no hizo más que cobrar fuerza. En el Movistar Arena lo acompañaron Reynaldo Rodríguez y Alejandro Velandia en el arpa, Gabriel Martínez en el cuatro, Jorge Mejía en las maracas y Jorge Morales en el bajo. Asimismo se presentó Jhon Onofre (de Granada, Meta), para quien —afirmó— ese espacio era un honor y una gran oportunidad para él y para la música llanera; reunir a estos grandes artistas se da a menudo en el llano, pero la idea de llevarlos al Movistar Arena es algo que se agradece a Reynaldo Armas, a la gobernadora del Meta Marcela Amaya y a la organización del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, que tuvieron esta iniciativa. Este artista es la conexión con la juventud y forma parte de las nuevas voces de la música llanera, con otros repertorios, con letras universales tomadas de diferentes estilos, adaptadas y arregladas en el género llanero, además de la inclusión de sonidos novedosos para el joropo. La agrupación de este artista, conocida como La Revolución del Joropo, está conformada por un grupo de bailarines, Miguel Ubaque en los coros, Jairo Rivera y Juan Pablo Rodríguez en las arpas, Adrián Ariza “Popeye” en el bajo, Heri Wilches en el cuatro y Rafael Díaz en las maracas. Otro de los artistas que participaron con estas “Voces del Joropo” fue Juan Pablo Rodríguez, que integra Bordón Libre, la agrupación que nació alrededor de Orlando “Cholo” Valderrama y a través de la cual ha crecido (además de Juan Pablo Rodríguez en el arpa, está conformada por Alexander Romero en el cuatro, Jorge Ariza en las maracas, Adrián Ariza “Popeye” en el bajo y en la guitarra Jhon Harby Ubaque, quien a su vez es el director del grupo). El show del “Cholo” fue catalogado por Juan Pablo como un show mixto, puesto que para ese momento estaba a punto de salir el disco Cholo cantautor, que compila composiciones propias y que busca recrear las versiones originales a partir de un nuevo lenguaje musical y de un nuevo tratamiento: una nueva captura del audio, en un nuevo estudio, con una nueva mezcla y, por todo esto, una sonoridad diferente. “Pensé en grabar este álbum porque no tenía un disco con todas las canciones de mi autoría y también para mostrar la madurez musical del grupo Bordón Libre”, afirmó “Cholo”. En la presentación también sonaron temas como “Aguacerito menudo”, “Mi medio queso de luna”, “Llanerazo”, “Amor salvaje”, “Mi caballo y yo” y, para cerrar, su éxito “Llanero sí soy llanero”, como abrebocas a lo que sería el nuevo disco de Orlando “Cholo” Valderrama, que se lanzaría unos días después con el sencillo “Mi medio queso de luna”, canción compuesta en homenaje al amor de un campesino por una mujer.

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Jhon Onofre


Aries Vigoth y Luna EstefanĂ­a Reyes


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El guitarrista Jhon Harby Ubaque habló de la importancia de estar en el Movistar Arena con Bordón Libre y “Cholo” Valderrama; asimismo, considera que con “Voces del Joropo” se abrió de modo inmejorable este escenario para la música llanera. De otro lado, la dinámica contemporánea de consumo del mercado musical —por ejemplo la compra de entradas por internet y todas las tecnologías del marketing— aún es ajena al público del joropo; Jhon Harby piensa que esto también es un proceso de adaptación para el público que consume la música llanera y que está acostumbrado a otro tipo de espectáculos. Reynaldo Armas, uno de los que propuso llevar el joropo al Movistar Arena, considera que la oportunidad de que esta música se toque en este escenario constituye un antes y un después, pues es un lugar al que no es fácil llegar y los artistas llaneros no lo hacen por diferentes razones, así que “Pa’lante, quién dijo miedo”, alentó. Hace muchos años, cuando empezó a difundirse el joropo en Bogotá, la existencia de un sitio como Las Tres Llanuras marcó un hito en la historia de esa incesante búsqueda del joropo por estar en escenarios más grandes, en los que la gente pudiera apreciarlo en todo su esplendor. Aunque en el antiguo coliseo El Campín, convertido hoy en el Movistar Arena, ya había tocado Reynaldo Armas hace 34 años con un espectáculo llamado “El elenco de Reynaldo Armas” con Armando Martínez, Julio Miranda y Sexagésimo, entre otros, en ese entonces el escenario no tenía la importancia que tiene hoy día para el mercado de la música. Asegura Reynaldo — premio Grammy Latino 2013— que hay ideas de llevar el joropo a las principales ciudades de Colombia, de la mano de productores de otras músicas que mueven grandes públicos. Reynaldo resaltó, además, el apoyo de la Gobernación del Meta y de los diversos medios de comunicación que apoyaron el proyecto. La idea es poder difundir esta música a otros públicos, no solo al llanero. En un escenario como este quizás un 70 por ciento son llaneros, pero muchas personas que no conocen esta música van a ir y van a aprender a amar el joropo. Por consiguiente, estar en el Movistar Arena es también un gran compromiso de cada uno de los artistas para con el folclor y la cultura llanera. Con la llegada de las nuevas tecnologías y maneras de distribuir la música, los artistas llaneros están rezagados, llegan tarde a las nuevas maneras de producir y mercadear; por esto, Reynaldo Armas propone que debe haber una refundación de la empresa musical del joropo, de la imagen del joropo y de su producción, no solo en la calidad de las composiciones, la música o las voces, sino en toda la cadena de producción: “Ya no estamos en la época en que el cantautor llanero iba por los asaderos con los discos debajo del brazo ofreciéndolos de mesa en mesa”, sostiene.

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LANZAMIENTO DEL TORNEO

Reynaldo mezcló temas viejos con temas nuevos presentando canciones como “A usted”, un tema clásico de su repertorio; “Me emborraché pa olvidarla”, un popurrí de canciones, y terminó con “La muerte del rucio moro”, “Quince años”, “Homenaje a las madres” y “Egoísmo” de Julián Indriago (Julio Miranda). Reynaldo está preparando un disco y quiso compartir un aparte de una de sus nuevas canciones: “Las fiestas de mi pueblito”, en homenaje a todos los pueblos pequeños de Colombia y Venezuela y también a lo que sucede alrededor de las fiestas: “Aquí en el pueblo tan solo se habla de fiesta, por un momento todo lo malo se olvida, van los galleros afinando sus apuestas y en las coleadas todos tenemos cabida, por un momento la plebe y la aristocracia se dan la mano compartiendo sus bebidas, montan su rumba la izquierda y la democracia y la justicia sale huyendo en estampida, en la noche del patrón con vino, cerveza y ron celebramos en familia, y hasta que el cuerpo resista nos quedamos en vigilia y usted, amigo turista, mil gracias por la visita, le damos la bienvenida, venga pa’ darle un abrazo y brindemos por la vida”, cierra Reynaldo Armas. Omar Fandiño, más conocido en el mundo del joropo como “Chocorramo”, es el fundador y director de Palo Cruza’o, premio Grammy Latino 2016 en la categoría de Mejor Álbum Folclórico con su trabajo En armonías colombianas. Es un llanero de corazón nacido en Bogotá, porque los llaneros están en todas partes o, como dijo el “Cholo” parafraseando a un famoso mexicano: “Los llaneros somos tan arrechos que nacemos donde se nos da la gana”. Palo Cruza’o acaba de cumplir 21 años con un joropo tradicional de base. No se reconocen como joropo de fusión, excepto por el disco con que ganaron el Grammy, en el que integraron sonidos de música colombiana con el joropo, con la participación de maestros de otras regiones de Colombia. Su presentación brilló por todo lo alto con una muestra de cantos de trabajo de llano con temas como “Mi llano florecido, “La mula rucia”, “Sentimiento llanero”, “Golpe de San Rafael”, un instrumental propio de la agrupación titulado “Fantasía” y apartes de “El gabán perdido” de Rafael Martínez; también interpretaron temas de autoría de su director Ómar Fandiño, como “Gavilán que sí que no”, “Imágenes de mi llano” y “Mi cabrestero”. Palo Cruza’o está conformado por Robinson Gómez en el arpa, Alejandro cordero en la bandola, Libardo Rey en el cuatro, Carlos López “Calao” en el bajo, Ómar Fandiño “Choco” en las maracas, las voces de Diana Isabel Rodríguez y Fredy Santiago Pérez y, en los coros, Daniela León y Ana María Ulloa. Walter Silva afirma que “el Movistar Arena es un escenario digno del joropo y que el joropo es una música digna de este escenario”. Una organización que no suele ser común en esta música y de la cual toca aprender para los festivales locales fue una

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de las cosas que resaltó a propósito del Movistar Arena. Uno de los artistas que más brilló fue justamente él. En su repertorio sonó “El chino de los mandados”, “No hay como la mama de uno”, “Ríos de trago”, “No me recoja el envase”, “Cachilaperito”, “Apareció mi muchacha”, “A que te dejas querer” y “Ya no le camino más”. Un público enfebrecido pidió más y fue premiado con “Tres lágrimas”, uno de los más recientes éxitos de su disco Asuntos llaneros. Estas canciones fueron suficientes para dejar claro por qué Walter es hoy uno de los más grandes artistas de la música llanera y, también, una de las principales razones por las que fue el homenajeado en el 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, con su grupo Los Cachilaperitos, también conocido como “los araguates”, porque está conformado por músicos araucanos y también por guates provenientes del interior del país. Esta es la agrupación que lo acompaña desde hace más de diez años y está integrada por Carlos López “Calao” en el bajo, Libardo Rey en el cuatro, Fernando Torres en las maracas y William Macualo y Nelson Acevedo en las arpas. Cabe resaltar que el joropo vive un momento inmejorable en el mercado de la música y dentro de las tareas que se imponen está la de abrir nuevos espacios de difusión. En la parte sonora ya se está haciendo, pues se está innovando. Hay nuevas propuestas y por talento no hay problema, ¡hay mucho! Falta quizás pasar la página y salir un poco del circuito de la fiesta del pueblo, del circuito local, que si bien ha garantizado a un puñado de artistas vivir de manera relativamente cómoda, también a mediano plazo ha venido sofocando el género, efecto producido tal vez por la endogamia, esa vida cíclica de creación, producción y circulación en un circuito que se está quedando pequeño para el joropo. Así se bailó, se vivió, se disfrutó y se mostró en la noche del 11 de mayo de 2019 en el Movistar Arena la majestuosidad del joropo. Así fue el preámbulo del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” en Bogotá. Y de allí salimos todos rumbo a Villavicencio, al parrando, que, desde ese día, en el “run run de la brisa”, se sentía cada vez más cerca, “como un fuera e’ borda llegando”, como bien lo cantó Walter Silva en el 51 Torneo, el homenajeado.

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Reynaldo Armas


Walter Silva


“Cholo” Valderrama


CAPÍTULO 3

EL CONCURSO


Juliet Vanessa Esteban Gualdrón

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Lo esencial del 51 Torneo Internacional del Joropo Pese a que lo esencial del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” es el concurso de interpretación y composición, y que por lo tanto el máximo protagonismo debería recaer en el concursante, si se reflexiona sobre su historia, a medida que han pasado las diferentes versiones, los participantes son menos vistos por el público en la franja comprendida entre las dos y las seis de la tarde y durante el duelo musical entre intérpretes colombianos y venezolanos. Ha resultado tan importante la competencia musical del Torneo, que en los últimos 20 años se ha sumado el Joropódromo, el Joropo Académico, los ensambles de los nuevos formatos, las obras inéditas para arpa, bandola y cuatro; cambios orientados por la entidad organizadora y con base en una bitácora que corresponde a las bases del concurso de composición e interpretación. Hoy, no se pueden desconocer las influencias y transformaciones de este evento, que van desde el cambio en la procedencia de sus cultores y hacedores, el desarrollo de los instrumentos llaneros tradicionales, el enriquecimiento del joropo con instrumentos no tradicionales, el relevo generacional, las nuevas técnicas de ejecución, la consolidación del diálogo entre músicos tradicionales y académicos, y la conformación de un nuevo lenguaje del joropo contemporáneo. En su estado primigenio, el joropo solía tener un carácter social y de disfrute en el contexto rural llanero, sobre todo en las clases bajas; mientras, en la ciudad, según

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el maestro Juan Vicente Torrealba, “el joropo era vedado a las clases altas”, y en Arauca, según Jorge Nel Navea, “no era muy bien visto asistir a un parrando llanero”. Sin embargo, el joropo acompañó la vida y lucha del pueblo llanero, en el proceso independentista tanto de Venezuela como de Colombia. El corrío se convirtió en el medio para contar historias cantadas sobre la cotidianidad del llanero, del trabajo de llano y de lo que ocurría en las batallas de la revolución llanera a partir de 1948, como lo afirma Juan Sebastián Fagua. La sonoridad de aquel joropo prendía parrandos con instrumentistas mayores de mano callosa, con tiples, bandolas y guitarras. Pero, entrada la segunda mitad del siglo XX, el arpa incursiona en el territorio sonoro del joropo colombiano, desplazando a los diapasones. El arpa en adelante reinará, adornará la melodía del pasaje, hará el llamado al leco del cantador de corríos, pondrá el golpe preferido a los copleros improvisadores y sugerirá bordoneos a los bailadores. Con esos rasgos característicos, el joropo, en manos de pioneros y tempraneros cultores, era suficiente para una música local y regional y, sobre todo, aún campirana. En 1965, Miguel Ángel Martín, gracias a la creación del Torneo Internacional del Joropo, lo saca de su entorno natural: de las sabanas, hatos, fundos, vecindarios y posadas donde cumplía una función social. Surge un componente competitivo cuando el joropo se asienta en los centros urbanos, y adquiere este otra connotación; se recrea y se escenifica la fiesta llanera; se premia a los mejores intérpretes, compositores, cantadores, copleros y bailadores. El canto y el baile llanero se tornan protagonistas en los grandes escenarios de la capital del llano. En los albores del siglo XXI, el joropo sigue ganando terreno, se permea de influencias de otras músicas y sus cultores en el ámbito académico. Después de 51 ediciones, resulta notable el papel del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” en el fomento de nuevas tendencias, que se irradiarán en el resto del llano. El espacio musical se torna pedagógico y permite diálogos entre músicos, cantadores y copleros, avances de propuestas musicales vanguardistas y el despliegue de novedosas escenografías y sonoridades. El joropo, a través del Torneo, se fortalece, sube desde las bajas esferas de la población y se convierte en una manifestación que se transmite a la alta sociedad metense, a la vez que contribuye a la formación de públicos. Sin embargo, alrededor del Torneo se suscitan tensiones y se adoptan posturas frente a las influencias sobre la música tradicional, y sobre todo por el fomento de nuevas tendencias hacia el joropo contemporáneo. Reconocidos cantautores —Walter Silva

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EL CONCURSO

y Reynaldo Armas, entre otros— se refieren a la nueva vestimenta del joropo y se niegan a realizar fusiones del mismo con géneros urbanos y electrónicos. Mientras el cantautor venezolano apunta: “… no permitiré que el Joropo se contamine porque es sagrado, así digan que pertenece a campesinos resguardándolo con celo”. Walter concluye, diciendo: “… seguiré cantando como yo lo aprendí y lo toqué… a lo muy sabanero”. Ambos coinciden en que es la manera de preservar lo tradicional y es así como hay que presentarlo en los grandes escenarios, “con dignidad y altura, la mejor manera de allanarle el camino a la nueva generación de joroperos”, concluye Walter Silva. En los escenarios del Torneo, hoy se ventilan dos lenguajes del joropo. Por un lado, se fortalece el joropo tradicional de origen sabanero, y por otro, se fomenta, desde el 2010, el joropo urbano a través de la modalidad de Ensambles: Nuevos Formatos de Joropo. Según Fabio Trujillo, asesor musical del Instituto Departamental de Cultura del Meta, esta nueva modalidad busca dar cabida al músico académico, con el propósito de recrear el joropo sabanero y sacarlo de su estancamiento. En ese ámbito de cambios y transformaciones, dentro de las nuevas tendencias aparecen conceptos como joropo alternativo, joropo contemporáneo y joropo urbano, por las novedosas estructuras en fusión con recursos y elementos de otros géneros y contextos musicales, el uso de métricas no habituales en la tradición, inclusión de armonía moderna sobre escalas modales y artificiales, en un ejercicio recurrente de hibridación en el que estructuras ritmo-armónicas del joropo que existían en forma separadas, aisladas y sin influencias hoy se combinan para generar nuevas estructuras (García Canclini, Néstor, Culturas híbridas). El Torneo convoca y fortalece el joropo tradicional y, a su vez, legitima el joropo contemporáneo a través de los ensambles en alianza con músicos académicos y tradicionales con nuevos ambientes sonoros y con una proyección más allá de la frontera binacional. Dentro de los nuevos lenguajes —aunque sin fusiones—, un referente obligado es el grupo Cimarrón, cuya música encarna la revolución del joropo. Representa cambios por su virtuosismo, el uso de nuevas técnicas de producción y sus novedosas puestas en escena en vivo, con dinámicas de un baile de zapateos individuales que rompen con los cánones de la tradición llanera. Su intención es superar limitaciones del idioma, con una propuesta muy visual hecha para escenarios internacionales y abrirse espacio en el concierto de las músicas del mundo. Una de sus estrategias es la postulación de sus publicaciones a premios de índole mundial como los Grammy, táctica publicitaria efectiva que potencia e impulsa la circulación internacional de

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su propuesta musical. Luego de haber debutado este año y por primera vez en el 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, Cimarrón inicia su gira 2019-2020 por varios países. Cimarrón sigue ganando terreno, y con él, el joropo. Hoy, el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” se consolida como el único espacio musical para apreciar los avances, el desarrollo y lo mejor de la cultura musical llanera colombo-venezolana, punto de encuentro para el diálogo, la competición y el disfrute del joropo tradicional y el contemporáneo, como ha sido su esencia desde su creación. Y, por otro lado, el joropo seguirá ganando terreno en nuestro país, mientras el Torneo continúe fomentando el joropo tradicional y contemporáneo, convocando a los mejores, como la retadora de copleros Juliet Vanessa Esteban, el bordón del arpista Ángel Luis Castillo, el floreo y melodía del cuatrista Daniel Alejandro Requena, la filigrana del bandolista Luis Guillermo Angulo Torrealba, la precisión rítmica del maraquero Juan Ángel Silva, el leco del recio cantador Iván Silva, la voz recia de Mary Luz Castillo, los repiques y zapateos de Publio Bautista González y el contundente sonido de Guataca. Con toda esa descarga musical se prendió la fiesta de los llaneros. El parrando llanero se recreó con una apoteósica escenografía en la tarima principal del coliseo de eventos del Parque Las Malocas ante miles de espectadores. Al son del pasaje, el gabán y el pajarillo, el pueblo llanero bailó, coreó, disfrutó y vivió el esplendor del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” 2019. Otro hecho novedoso lo constituye la variación en la afluencia de participantes colombianos y venezolanos al Torneo, si se tiene en cuenta que, en la versión 50 realizada en 2018, fueron 127 propuestas las preclasificadas, de las cuales 56% fueron defendidas por intérpretes nacionales y las restantes 44% por ciudadanos del hermano país, y en 2019 el 55 % de concursantes provino de Venezuela, y el 45 % de Colombia. A primera vista se pensó que el cambio en la proporción obedecía a la inmigración desde el vecino país, hipótesis que fue descartada luego de las entrevistas a los concursantes venezolanos sobre su situación. Pero el resultado está ligado a la cobertura diferencial del joropo en las dos naciones. Mientras en Venezuela el joropo es música nacional, en Colombia es un género regional. Para “Cachi” Ortegón, “Venezuela podría tener 10 millones de fanáticos del joropo, mientras en Colombia los seguidores tan solo alcanzan el millón”. Además el Torneo se convirtió en una importante fuente de ingresos para intérpretes y compositores venezolanos con ocasión de la crisis económica de su país, que hace y ofrece mucho más joropo.

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Los reyes del arpa, la bandola y el cuatro en composición e interpretación Después de evaluar en privado y en público las propuestas de concursantes en todas las modalidades, el jurado calificador del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” —conformado por Carlos Andrés Quintero Pérez, Wolfgang David Ordóñez Peña, Pedro Libardo Rey Rojas, Juan Manuel Ángel Rojas, Manuel Orozco Castro, Luis Emilio Farfán Carrillo, Miguel Ángel Ubaque Vásquez, Lizeth Vivianna Vega Mejía, Gustavo Erledy Vásquez Maldonado, Pedro Hugo Mantilla Trejos, y Jennifer Ome Trujillo— determinó que en la modalidad de composición de obras para instrumentos mayores (arpa, bandola y cuatro solista) los compositores cumplieron con los parámetros compositivos (creatividad en el diseño melódico, rítmico, armónico, formal, uso de recursos técnicos y tímbricos), coherencia (identidad y balance de recursos usados) e interpretativos (afinación, fraseo y articulación). Obra inédita para arpa. El ganador, el maestro Ángel Luis Castillo Higuera de Venezuela, con su obra Sonidos de mi arpa refleja un conocimiento claro del sistema musical llanero, y estuvo salpicada con ambientes transitorios entre la onda nueva y el joropo tradicional y matizada con dinámicas en su discurso musical, con recreaciones y creaciones coherentes. El segundo puesto fue también para un hijo de Venezuela, el maestro Carlos Jesús Tapia, que como arpista en 1997 fue ganador del Torneo. Su obra, Armonías, pletórica de motivos, melotipos y patrones de acompañamiento característicos del joropo tradicional, tiene identidad propia y logra captar la esencia de la tradición musical llanera. Fueron notables su interpretación magistral y su elaborada técnica de ejecución. Obra inédita para bandola. Los repertorios de la bandola llanera se acrecentaron con tres nuevas obras venezolanas para el instrumento, y, ya desde su primera aparición en privado, se acertó con la obra inédita ganadora, Maryángel, del maestro Luis Guillermo Angulo Torrealba, obra virtuosa en las manos de un virtuoso, dueña de un lenguaje tradicional con desarrollos urbanos por su armonía y técnica de ejecución que la acercan a la sonoridad de la guitarra clásica y flamenca. El segundo lugar sería para el maestro venezolano Enmanuel Edecio Araque, con la obra El avistaje del llano, cargada con innumerables recursos y elementos del lenguaje de la bandola llanera por su contundencia interpretativa. El tercer galardón se le otorgó al maestro Denny Daniel Lobo Nieto con la obra Galopante, representativa de la bandola barinesa. Desde el 2018 las obras instrumentales para arpa, bandola y cuatro son acompañadas por el grupo base, lo que enriquece su presentación, desempeño y reconocimiento ante el público.

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Ángel Luis Castillo


EL CONCURSO

Obra Inédita para cuatro. En composición de obras inéditas para cuatro, sobresalió Resiliencia, del compositor Carlos Rafael Suárez Guape, cuyas técnicas extendidas con efectos ritmo percusivos sobre la caja de resonancia en alternancia con melodía colorean su discurso musical con armonías del Bossa Nova, cualidad y calidad que lo hicieron merecedor del primer lugar. El segundo lugar fue para el maestro colombiano Álvaro Enrique Moreno González, con su obra Viento de agua, gracias a la cual logró impresionar al jurado por su organización formal, armonía funcional y moderna, y contundente soporte ritmo armónico y buen desempeño en el escenario. El tercer lugar sería para el virtuoso maestro venezolano Daniel Alejandro Requena Salazar, con su obra Don Juan, soportada con lenguajes de la onda nueva, y rasgos andaluces, con técnicas extendidas en diálogo entre melodía y sonidos ritmo percusivos, y aunque nutrida con patrones característicos del joropo llanero resultó saturada y cargada de dinámicas a lo largo de su discurso musical, con poca coherencia. Modalidad de interpretación. Los padrotes del arpa, la bandola y el cuatro solista fueron medidos con parámetros, que se inscriben desde el ensamble, el acoplamiento, el balance instrumental, el desempeño individual (creatividad), la coherencia de la propuesta (estilo, recursos y lenguajes), hasta el conocimiento y la asimilación de la tradición musical llanera. Mejor arpista. Luego de superar sorpresivas y exigentes pruebas impuestas por el jurado calificador, como tocar sobre las limitaciones que representa un golpe de San Rafael en la tonalidad de fa sostenido menor, el arpista venezolano Ángel Luis Castillo Higuera, como intérprete de un joropo reposado, con estilo propio, aportes creativos y muy técnico en su ejecución, superó en duelo interpretativo al joven casanareño Alejandro Ancízar Muñoz Martínez. Mejor bandolista. La bandola en este encuentro se hizo sentir, y después de superar complejas pruebas de evaluación, como ejecutar un golpe de Diamantes en una tonalidad no usual —si bemol mayor—, Fabián Leonardo García Sayo, de Maní (Casanare), joven virtuoso, creativo y portador del conocimiento de la bandola casanareña, logró llegar al primer lugar, acabando con las aspiraciones del maestro venezolano Luis Guillermo Angulo Torrealba, integrante del conjunto ganador Guataca. Mejor cuatrista. Hoy el cuatro podría catalogarse como un instrumento mayor, siguiendo el rastro del arpa y la bandola, porque, aunque funge como instrumento ritmo armónico acompañante, en las últimas décadas supera ese rol y asume un nuevo papel, cantando melodías sobre 17 trastes en las manos de excelentes ejecutantes de Colombia y Venezuela y en este caso acompañadas por el formato llanero del Torneo.

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El cuatrista Daniel Alejandro Requena Salazar superó pruebas en algunos casos rebuscadas e impuestas por un jurado que buscó medir capacidades de manera sorpresiva en los instrumentistas. La experticia, el conocimiento del joropo tradicional y el virtuosismo le dieron el trofeo del primer lugar. Dicha prueba consistía en ejecutar en el lapso de un minuto y medio una chipola en la tonalidad de mi mayor, con modulación al sexto grado menor, quinto grado mayor y segundo grado menor, competencia superada de lejos por el mejor cuatrista del Torneo e integrante del ensamble ganador Sebucán. Mejor bajista. En 1991, el Torneo por primera vez acepta en su reglamento la inclusión del bajo eléctrico, como complemento ritmo armónico del tradicional formato de arpa, cuatro y maracas, y “aunque no se calificaba al instrumentista (bajista), sí se tenía en cuenta en el momento de evaluar el desempeño colectivo del conjunto llanero tradicional”, confirma en una entrevista Félix Ramón Torres. En esta ocasión, el premio al mejor bajista del Torneo se otorga seleccionándolo entre quienes integran los conjuntos llaneros y los ensambles nuevos formatos de joropo, una vez se tenga el mayor puntaje en las dos modalidades. El mejor bajista del 51 Torneo fue el venezolano Carlos Alejandro Borrero Zambrano, poseedor de una fina técnica de ejecución que le permite desglosar su gran virtuosismo sobre armonía moderna recreando los sonotipos y patrones de acompañamiento del joropo, en coherencia colectiva por su desempeño en el ensamble ganador Sebucán. Mejor maraquero. En Colombia aún quedan dos maraqueros que ejecutan este instrumento con maraca peduncular, los legendarios Hugo Devia, del conjunto Los Vaqueros, y Gilberto Castaño, exintegrante del grupo Café y Petróleo, cuyo toque se produce de manera horizontal, técnica de ejecución hoy en desuso. El premio al mejor maraquero recayó en el venezolano Juan Ángel Silva, que con su mecánica sonora sobre maracas de palo cruzao y su compleja técnica de ejecución logró superar a sus adversarios, dada también su excelente precisión rítmica en desempeño colectivo, apreciada en el grupo llanero ganador Guataca.

Del conjunto llanero tradicional al ensamble nuevo formato del joropo Desde la creación del Torneo Internacional del Joropo en 1965, el formato llanero se concebía como la agrupación integrada por un instrumento mayor (bandola, bandolón, guitarro, o arpa), acompañado del cuatro y las maracas. En contextos paralelos, la discografía llanera comercial y la industria musical recibirían con buenos ojos la

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sonoridad del conjunto llanero, con la inclusión del contrabajo, aporte atribuido al maestro Juan Vicente Torrealba, en 1960. Actualmente no se concibe un conjunto llanero sin el bajo eléctrico, pues desempeña el rol de amarre de las bases rítmicas del cuatro, las maracas y los patrones de acompañamiento del arpa. Hoy se cuenta como un instrumento más del formato llanero, y se califica de manera individual y en colectivo para ser premiado a partir de la década de los noventa. Los parámetros como ensamble, acoplamiento, balance instrumental, desempeño individual y dinámica de grupo (calidad individual y creatividad), coherencia de la propuesta (estilos, recursos técnicos y lenguajes) y conocimiento de la tradición musical llanera se evaluaron en la modalidad de conjunto tradicional llanero. Conjunto tradicional llanero. Tres agrupaciones llaneras se destacaron por su gran desarrollo técnico instrumental y musical, coherencia de la propuesta y excelentes desarrollos individuales. El primer y segundo lugar fueron para agrupaciones de Venezuela Guataca y Vendaval (ganador del 50 Torneo en 2018), respectivamente. Por la poca claridad de su propuesta, la agrupación colombiana Zumba’o, integrada por jóvenes músicos de los departamentos del Meta y Casanare, se conformaría con el tercer lugar. En el 51 Torneo del Joropo, de nuevo surge la preocupación sobre la sonoridad del conjunto llanero por su analogía con los ensambles, pues no se vislumbraron rasgos distintivos entre unos y otros. La sonoridad del conjunto llanero tradicional es una réplica de los ensambles nuevos formatos y la única diferencia es tímbrica por la organología usada, apoyada por instrumentos musicales ajenos a la tradición. Ensamble nuevos formatos de joropo. Los parámetros asociados y evaluados al conjunto llanero tradicional se aplicaron a la modalidad ensambles nuevos formatos de joropo. Esta modalidad se abre en el Torneo de 2010, para darles un espacio a los músicos académicos y que participen con propuestas musicales combinando organología tradicional y no tradicional. La nueva modalidad fue pensada como una manera de recrear la sonoridad del formato llanero tradicional y de poner en diálogo a músicos tradicionales con académicos. En ese sentido, la retroalimentación se ha dado en ambos sentidos: por un lado, para hacer crecer el aspecto académico del músico formado en la tradición, y por el otro, para abrir el estudio de la tradición musical oral al músico formado en la academia. La combinación perfecta para el joropo y su proyección. Uno de los ensambles que impresionó desde su aparición en privado fue el trío venezolano Sebucán, cuya propuesta musical incluye elementos estilísticos de otros

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géneros, métricas ajenas al joropo, rearmonización de los sonotipos del joropo, pero sin perder de vista el joropo tradicional, con coherencia y un buen balance; así, Sebucán se impuso sobre los ensambles. Rizoma de Colombia alcanzó el segundo lugar y Becuadro Ensamble fue el ganador del tercer lugar con un ajuste rítmico aceptable por el percusionista del colectivo musical.

Los mejores cantadores de corríos y cantantes estilizados Un referente obligado, representante entre lo tradicional y estilizado, y no muy lejano del Torneo, fue José “Catire” Carpio, que siendo un coplero reconocido al lado de Ignacio “Indio” Figueredo, con el tiempo se convertiría en la voz llanera estilizada más bella y versátil de la gran llanura del Orinoco. El 51 Torneo congregó a 20 excelentes voces llaneras, en los dos estilos hoy reconocidos por el Torneo (criolla masculina y femenina y estilizada masculina y femenina), con gran talento artístico, identidad estilística y musical. Las voces destacadas con los primeros lugares en las cuatro modalidades cumplieron con parámetros técnicos (afinación, vocalización, medida y acoplamiento), interpretativos (originalidad, estilo, expresión, fraseo y articulación) y conocimiento de la tradición llanera (los cantos de trabajo de llano). Y en la gran final, lograron el máximo galardón del 51 Torneo cuatro excelentes voces entre criollas y estilizadas, interpretando golpes tradicionales y obras del homenajeado Walter Silva. Las mejores voces, que dieron a este repertorio un nuevo aire, coloratura y recreación, fueron las siguientes: Mejor voz recia masculina. Iván Bernabé Silva del departamento del Casanare —con su voz clara, brillante y contundente, matizada con el fraseo característico del cantador de corríos, ganador de 170 festivales de la llanura colombo venezolana— otra vez dejó muy en claro que “Iván Silva es el gordo que siempre gana”, parafraseando el seis por derecho, con el que reafirma su condición de cantador de corríos, golpe con el que hizo méritos para alcanzar el primer lugar, muy lejos de Manuel Joaquín Infante y de Ferney Abril Pidiachi. Mejor voz estilizada masculina. Leandro J. Márquez alcanzó el máximo galardón, con una voz contundente y versátil. Fue además recursivo y conocedor del lenguaje del joropo estilizado creado por Juan Vicente Torrealba, que se enmarca dentro del joropo urbano. Manuel José Sequera y Alexis Adolfo Silva se quedarían con el segundo y tercer lugar.

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Mejor voz recia femenina. Mary Luz Castillo, la legendaria voz recia del llano colombo venezolano, ganó, entre otras virtudes, por su fuerza dramática y contundencia en el escenario. Desde los ochenta viene cosechando primeros lugares en festivales de música llanera y hoy, 30 años después, aún se impone sobre la nueva generación de voces recias femeninas de Colombia y Venezuela; su registro claro, su interpretación de un joropo reposado y su excelente fraseo denotan un profesionalismo muy por encima de sus contrincantes y coterráneas Yuraima Vásquez Meza y María Yelitza López. Mejor voz estilizada femenina. Liliana Josefina Hernández, portadora de una excelente voz y excelente desempeño, representó muy bien el joropo estilizado torrealbero, sobresalió y se impuso sobre sus colegas, Fátima Yajaira Sulbarán y Yuribel del Valle Alemán, que obtendrían el segundo y tercer lugar respectivamente.

La reina del contrapunteo En 1934 el escritor venezolano Rómulo Gallegos publica Cantaclaro, una novela poderosamente llanera y cantadora. En su primer capítulo, “La copla errante”, dice lo siguiente: Desde las galeras del Guárico hasta el fondo del Apure, desde el pie de los Andes hasta el Orinoco ¡y más allá!, por todos esos llanos de bancos y palmares, mesas y morichales, cuando se oye cantar una copla que exprese bien los sentimientos llaneros, inmediatamente se afirma: —Esa es de Cantaclaro. Pero son tantas las coplas que se entonan por allí, todas con el alma llanera extendida entre los cuatro versos, como el cuero estacado por las cuatro puntas. Si en oyendo estas trovas, alguien preguntase: —¿Dónde nació Cantaclaro? Sin vacilar le responderían: —Aquí en el llano. Pero el llano es ancho, inmenso… y de los Cantaclaros ya se ha perdido la cuenta. Esta vez se llamaba Florentino y él se añadía Quitapesares.

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Carlos Alejandro Borrero

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Daniel Alejandro Requena


EL CONCURSO

En 2019, en la edición 51 del Torneo Internacional del Joropo, algo cambió profundamente. Parece sacado de una novela. Esta vez se llama Vanessa Esteban, y pronto le añadieron “la reina del contrapunteo”. El llano sigue siendo ancho e inmenso y si de los Cantaclaros ya se ha perdido la cuenta, de ellas en cambio —de las Cantaclaras— la cuenta apenas comienza. Ella es la primera… Uno podría decirle Florentina, pero, aunque ese nombre suena bien, muy bien, para bendecir a los copleros, se oye feo, muy feo, aplicado al género femenino. Y no le hace justicia ninguna a esta bonita llanera de 22 años, toda viveza, gracia e inteligencia. Se llama Juliet Vanessa Esteban Gualdrón y venció en recia lid a ocho de los mejores contrapunteadores del llano de Colombia y Venezuela para llevarse el gran trofeo. Sincera, retadora, el oficio de la copla trasciende su vida y su conversación. Si Cantaclaro tenía su presentación, Desde el llano adentro vengo tramoleando este cantar Cantaclaro me han llamado ¿quién se atreve a replicar? Vanessa canta la suya, Se paró Vanessa Esteban ha llegado la coplera yo vengo desde Maní de las tierras cusianeras hija de un hombre criollito y de una mujer llanera por eso es que al pie del arpa no me derrota cualquiera. Su presentación no miente. Nació en Maní, en Casanare, la tierra de la bandola. Allí se crio, entre la finca familiar y el caserío de Santa Helena de Cusiva a orillas del río Cusiana. Es la tercera de los cinco hijos de Fernando Esteban Unda y Marisol Gualdrón: “una familia muy bonita, muy humilde, muy sencilla y muy amante del folclor llanero”, nos cuenta. Conversamos afuera del Coliseo de Las Malocas, mientras avanza la competencia del Torneo del Joropo, y el contrapunteo —qué mala costumbre— se deja para el final. La pregunta es obligada: ¿el coplero nace o se hace? “Hace 6 meses decía, y me paraba en la raya y defendía que los copleros nacían. Pero hace poco estoy trabajando

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con niños de grado quinto, de cuarto, enseñando a contrapuntear, y los resultados me han sorprendido, me han dicho: sí, ser coplero también se puede enseñar”. Vanessa dice orgullosa: “Vengo del campo, soy campesina. Creo que la sabiduría, el conocimiento que uno tiene en el campo es gigantesco, porque ya no es que se lo cuentan, sino que lo vive. Y una de las cosas principales para poder ser un gran coplero es tener conocimiento, saber de qué se va a hablar”. Se crio escuchando versos y echando versos. “Mi papá es coplero. Me ensayaba a mi desde los cinco años, me colocaba contrapunteos de Lorgio, de Mandinga. Se ponía a contrapuntear conmigo, me cambiaba la rima, me preguntaba. Y una vez, a los 7 años, vi a Hernando Vega, ‘El Guarracuco del Llano’, cantando con mi papá, y me dije: algún día quiero ser como él”. Así es, nació y se formó coplera. “Amo el contrapunteo”, afirma con un brillo en los ojos, “y todo lo que se hace con amor da el resultado que uno espera”. Pero no ha sido fácil llegar hasta acá, hasta el Torneo decano del joropo. Pese a su juventud, la historia es larga. Ganó su primer festival a los 10 años, El Garcero del Llano, que reúne en Yopal a niños de las instituciones educativas de todo Casanare. Llegó desde su escuela de Santa Helena, sorprendió a todos, se enfrentó en la final a Yostimar Prada, de Paz de Ariporo, y lo derrotó. Más que el triunfo, lo que no olvida de esa ocasión es haber cometido un grave error al hablar de “una vaca cuarto e’ milla”, su papá duró años repitiéndole la grabación y otros copleros la molestaban mucho (“No me gusta escucharme, con ese castigo que me dieron dos años escuchando ‘una vaca cuarto e’ milla’, ahora no, con escucharme arriba me conformo”). Empezó a endurecerse. Cada participación dejaba enseñanzas, aprendió de los triunfos y aprendió de las derrotas. Supo que ninguna victoria es completa, ni gratuita. Sin oírse recuerda algunas de sus coplas, como en El Gabán del 2018, en San Luis de Palenque, cuando en la final, “Fredy Torres me decía algo de la vida, y yo le dije algo como: No puedo creer como hay gente / que pensando se suicida / tan bonito que es vivir / plenamente nuestras vidas”. Recuerda sus festivales especiales: La Soga, en Hato Corozal en 2014 (“el estrene de mis internacionales”), y El Topocho del 2015 (“el año en que no me dejaron participar en el Cimarrón y me fui para Trinidad y gané”). Esa historia aún le duele: “No me dejaron participar en el Cimarrón… Cualquier coplero o voz recia quiere ganar el Cimarrón de Oro de Yopal o el Internacional del

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EL CONCURSO

Ensamble SebucĂĄn durante una de las audiciones privadas con los jurados.

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Joropo en Villavicencio, porque son el sueño de todo artista. Eso fue como un golpe bajo, les dieron el gusto a muchas personas. Me negaron el derecho a participar diciendo que el contrapunteo era pa’ machos, que yo era menor de edad, que los copleros se iban a retirar si yo iba, ¡mucha cobardía! ¿Por ese simple detalle de ser mujer no poder estar allí? Me he prohibido hablar mucho de eso…”. Mundo cerrado, terreno de los hombres, el contrapunteo es pa’ machos. Hasta su padre le reprochó una tarde en Guariamena, … un hombre como soy yo con mi garganta coplera ¡ninguna mujer me gana cantando copla cerrera! Andaba buscando Fernando Esteban lo que no se le había perdido, pues la respuesta tuvo la contundencia de quien tiene claras las cosas y hace de su condición de mujer una proclama. Cantando copla cerrera ninguna mujer le gana, pues le voy a ganar yo nacida allá en el Cusiana, a uste’ el hombre que me crio al ladito de mi mama, claro le voy a ganar porque me sobra sabana, porque me sobra la astucia, porque me sobran las ganas, claro que uste’ me enseñó de una forma soberana pero me le adelanté porque yo soy una dama. En los 12 años de su carrera solamente ha competido con hombres, pero en parrandos y presentaciones especiales se ha enfrentado a artistas reconocidas como Virginia Rocha y Nancy Vargas, que también improvisan, o a otras copleras como la venezolana Kaina Gota y Fernanda Brito de Paz de Ariporo. Aunque ha oído hablar de “La Matacopleros” apureña Nubia González, no ha “tenido el honor” de contrapuntear con ella. Cuando canten quiero estar presente, esa va a ser una porfía para no olvidar.

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EL CONCURSO

Vanessa pide “que no me vean como el sexo débil, que me vean como otro coplero, como un rival más. Los copleros dicen que por ser mujer tengo ventaja, que la gente siempre me va a apoyar a mí, pero eso no es tan cierto, la gente sigue siendo machista… desgraciadamente”. Sin creer en las ventajas señala con gracia: “Una de las ventajas personales de estar rodeada de hombres es que ya cualquier hombre no me endulza el oído. ¿Los copleros? Jamás me enamoraría de un coplero, aunque Yimmy Ortíz y Pío Abril son bellos. ¡Pero es que los copleros decimos muchas mentiras!”. En cambio, las desventajas son varias para una persona tan joven, metida en un mundo bravo, sin dulzura ni compasión. “Uno a veces se siente muy mal. Hace unos años atrás me encerraba en los baños de los camerinos a llorar porque me trataban mal. Una vez en Cabuyaro un coplero me hizo ese comentario ofensivo de que ‘cada vez que ganas es porque das algo a cambio’, y yo exploté, lo insulté, él se abalanzó a pegarme, la gente se metió… Y vamos al sorteo y me tocó con ese coplero y lo saqué del festival esa noche, la pagó de la manera que me gustaría que la pagarán siempre los que me ofenden: con versos y en tarima y siendo respetuosa”. Siguió endureciéndose, no hay otra manera de mantenerse con vida en esta guerra, la sentencia es contundente: “Si uno no tiene una armadura lo pueden volver nada”. Pero sus proyecciones no se limitan al contrapunteo, además de coplera, o mejor, por coplera, Vanessa es cantadora de joropo y también ha incursionado en la presentación de eventos y festivales. “Estoy estudiando Comunicación Social en Yopal. Y trabajando en una emisora radial con una gran compañera, la única narradora de coleo, Yesenia Suárez; y me encanta poderle llegar a la gente, así como lo hacemos, con sabor a llano, pero demostrar que las mujeres llaneras no somos bastas, no somos mal habladas, sino que la mujer llanera es linda, bonita y delicada. Por eso me gusta presentar con delicadeza”. Quiere probar su talento improvisando en ritmos y formas diferentes al joropo. Siguiendo los pasos de Jostimar Prada, busca espacios y golpea puertas para transcender en otras tierras. “El que es coplero se defiende en las modalidades que sea, el contrapunteo es más difícil que la trova y que la piquería por la agilidad, es más rápido. La calle también nos aporta, me encanta escuchar rap, los copleros a los que les gusta, como Alexis Sanabria, Guarracuco y Fredy Torres, me han enseñado a admirarlo”. La coplera llegará hasta donde quiera en esas otras formas de improvisación, tiene cría, madera y ganas. Por ahora está acá, participando en Villavicencio, un viejo sueño realizado.

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Envió su hoja de vida al 51 Torneo Internacional del Joropo de Villavicencio. Fue seleccionada junto a 5 copleros de Venezuela: José Villegas, Leonardo Requena, Alfredo Díaz, Cristóbal Vilera y José Panzarelli; y los colombianos Carlos Leal —quien no pudo asistir al Torneo—, Damián Santana, Uriel Vega y Robinson Gómez. ¿Cuántos copleros han pasado por aquí en los 50 eventos anteriores? ¡Muchísimos!, y jamás hubo una mujer compitiendo en contrapunteo. Vanessa Esteban ya estaba haciendo historia. Llegó a Villavicencio, la primera noche cantó con Alfredo Díaz, uno de los colegas a quien le gusta enfrentarse, pues “primero es respetuoso y segundo sabe mucho, y a mí me encanta contrapuntear con el que sepa, que va a provocar un brillo propio sin tratar de opacar al contrario”. La suerte quiso que le correspondiera cantar de nuevo y —reemplazando al coplero ausente— se enfrentó a José Requena. Fue creciendo su figura, ganándose a pulso la admiración de un público que empezó a creerle y a quererla. No era un adorno, ni una postiza curiosidad del evento, era una coplera de verdad. Con cada nueva salida al escenario ganaba más aplausos. La voz comenzó a regarse, la gente acudió a oírla. A eso vienen hoy, sábado 29 de junio, noche de las finales. Se acaba la entrevista, Vanessa tiene que irse, pronto actuará. Dejamos de conversar, pero seguirá diciéndonos muchas cosas desde la tarima. Entramos al Coliseo, anuncia el presentador: “Copleros semifinalistas: Alfredo Díaz, Leonardo Requena, Robinson Gómez y Vanessa Esteban”. Están bien repartidos, los dos primeros representan a Venezuela, los otros dos son colombianos. ¿Están bien repartidos?, hay tres hombres y una mujer, por primera vez una mujer en esta instancia competitiva de un torneo fundado en 1965. Está en la semifinal, merecidamente, pues ha demostrado sus condiciones y —sin duda— la motiva el creciente respaldo de la gente y la oportunidad de demostrar lo que siempre ha creído, lo que ella misma representa, “que una mujer tiene las mismas o más capacidades que cualquier hombre”. Se enfrenta la primera pareja sorteada de semifinalistas, de liquiliqui negro El Carraco, ganador del año pasado, y de liquiliqui blanco Alfredo Díaz. El acompañamiento es de bandola. El jurado define las condiciones de la semifinal: la consonante o letra por la que deben rimar los copleros sus versos octosílabos es “ao”; el tema es libre; cantarán por golpe de cunavichero; cada uno hará el mismo número de coplas. Está ronco El Carraco, la voz no le acompaña. Le corresponde iniciar y, como acostumbran los copleros, inicia saludando: “… buenas tardes Villavicencio / yo vengo desde otro lao…”.

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EL CONCURSO

Alfredo Díaz, “El Sabanero”, no deja pasar nada: … este dio las buenas tardes para mi está equivoca’o yo les doy las buenas noches por que el sol ya se ha oculta’o… El Carraco sacó a relucir sus triunfos: “… yo fui el que gané el de Arauca / y el campeón de Villa’o…”. Y el Sabanero le dijo: Gana muchos festivales, eso no se lo he nega’o pero festival que gane es todo el tiempo enrosca’o, en cambio yo me los gano es cantando improvisa’o. Se acaba la pelea, la ventaja es larga para Alfredo Díaz. Sigue la otra pareja de semifinalistas, Vanessa Esteban y José Leonardo Requena. Ya han cantado acá en Villavo, ya han cantado por todo el llano, ahora compiten de nuevo. La letra que impone el jurado es “ar”. Es fácil, quizás se piensa que permite mejores coplas. Vanessa nos ha dicho: “no me gustan las rimas fáciles, uno se relaja, y al relajarse uno no se exige, y al no exigirse uno dice cualquier bobada, y al decir bobadas está haciendo las cosas mal”. Cantarán por cunavichero, donde caben hasta doce versos que son muchas cosas para expresar. “Soy amante de todos los ritmos, porque mi papá es bandolista y él siempre nos daba como un paseo por muchos ritmos diferentes, nosotros nos acostábamos a dormir a las ocho en la finca, entonces de seis a siete, a siete y media, era una tertulia en la finca con la bandola de mi papá”. Inicia Juliet Vanessa: Cunavichero, préstame tu melodía pa’ poderte interpretar pal que no me conocía me les vengo a presentar Vanessa Esteban me llamo la coplera popular,

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Iván Bernabé Silva.

Andrea Yelitza López

Myriam Stella Garzón y José Guillermo Jara

Alfredo Díaz y Robinson Gómez.


Fabián Alejandro García

Luis Guillermo Angulo Torrealba durante la interpretación de “Maryángel”, obra ganadora en la categoría de obra inédita para bandola.


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yo vengo de Casanare y hacía las tierras del Meta aquí he podido llegar y vengo por el torneo y me lo voy a llevar en la repisa ‘e mi casa es que lo voy a mirar. La pelea está casada y es relancina: Soy el negro Requenita con su forma de cantar vengo del estado Guárico lo vine a representar, escuche Vanessa Esteban no se me vaya a alterar yo también vine a lo mismo a busca’ el primer lugar… Si hubo un punto de quiebre en este contrapunteo, fue el momento en que Requena, con su canto sabroso, que mezcla lo juguetón con lo agresivo, le dijo: … dice que manda en tarima, escuche Vanessa Esteban debe de rectificar uste’ como que es mujer claro que puede mandar pero adentro de su casa cuando se pone a planchar. Vanessa puso a toda la gente de su lado con la recia respuesta, con postrada de rodillas incluida, Amigo mío, estoy oyendo un machista que me empieza a criticar el honor de ser mujer nunca lo voy a dejar es la mamá de la casa y es la reina del hogar, gracias le doy a mi Dios

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EL CONCURSO

me le voy a arrodillar porque me dio este talento verraco para cantar y a toditicos los machos los empiezo a despojar. Se cumplen los tres minutos, se acaba el contrapunteo. Están parejos, pero Vanessa tiene el apoyo del Coliseo entero. De los cuatro semifinalistas, las dos puntuaciones más altas pasan a la final. El resultado no sorprende: Vanessa Esteban (la gente aclama) y Leonardo Requena. El jurado determina las reglas del último encuentro: “tema libre, consonante ‘ía’, golpe de zumba que zumba, y… sale la dama”. Mientras tanto el nerviosismo se adueña de la tarima, Vanessa revolotea, se acerca a Requena, parece decirle algo, él se limpia la boca, la mira por debajo del sombrero, recoge las mangas del liquiliqui, ambos revisan sus micrófonos, no vaya a ser que fallen en el momento cumbre. ¿Qué arderá en la mente de los copleros en estos instantes? La bandola registra, comienza el golpe, revienta la copla: Llegó una casanareña, una veguera plantía, voy a invitarlo a cantar ahorita en mi despedía (se dan la mano), escuche, Leonardo Requena, pa’ que me haga compañía yo lo veo que está asusta’o porque pidió la salía. Claro no toy asustao pues no tengo cobardía yo soy el negro Requena que canta con gallardía algo le voy a decir lo que la gente quería que yo le dé una paliza y la deje sometía. Uste’ me quiere apaliar eso era lo que quería, pero lo que no contó y eso es lo que no sabía

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una dama como yo sabe lo que es valentía y así como uste’ me ve soy polla de buena cría. Definitivamente gana el contrapunteo con la participación de las mujeres, hay otra excusa para cantar, se oyen dos esencias, se ven dos modales. La pareja de copleros por fin es eso, una pareja. Lo femenino aporta su visión del llano, que ha sido siempre tan exclusivamente masculino. Requena reconoce su desventaja, pero insiste en sus cualidades: Así como yo la veo y que la tengan aplaudía, pero saben que Requena sí tiene la jerarquía, hasta tengo más talento y bastante melodía y ya la gente lo sabe que manda mi dinastía. Vanessa retruca: Yo puedo ser pues más joven y tiene veteranía pero no quiere decir que yo tengo cobardía entre la sangre me corre una india de piel curtía y de pisar terronales tengo las patas partías. ¿Cuántas voces femeninas, cuántas niñas cantantes no estarán pensando en ensayar, en aprender, en emular a la coplera? Vanessa será ejemplo e inspiración para muchas. El contrapunteo crece. Abrumada quizás por el peso de representar la mitad del llano, presionada por la baquía del contrario, Vanessa flaquea, los nervios la dominan, vacila un poco. Requena cobra: La muchacha está enreda’ tiene la oreja perdía mientras tanto que Requena coplero de la hidalguía

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EL CONCURSO

va manteniendo el talento con mucha filosofía demostrándole a la gente que me protege el Mesías. Pero ella se repone, eso del Mesías la inspira, y su respuesta le gana una estruendosa ovación. Para ganar en Villao creo que me sobra energía y gracias a Dios y a la Virgen los llevo de compañía los ángeles desde el cielo que me han servido de guía pa’ llevarme aquí el Torneo pues para la patria mía. Cada coplero sube a una tarima lleno de expectativas y sueños, se concentra en el canto, en la copla del contrario, en lo que sabe. Pero no puede borrar lo que pasa en su vida, no puede dejar fuera el mundo del que viene, su familia, sus amores, sus problemas. Vanessa canta lo que está viviendo, sueña con el trofeo y lo junta con lo que está pasando afuera, dolorosamente lejos de esta tarima iluminada: … además la universidad de toda la vida mía hoy tengo mi papá enfermo y aquí está su hija quería pa’ llevárselo a la cama y que se pare todavía. Antes nos contó: “En enero le dije: ‘Papá me voy para el Internacional’. Y él dijo que me iba a acompañar. Pero se enfermó, lastimosamente está grave, en la UCI”. Esa circunstancia la presiona, no puede estar toda acá, concentrada en contrapuntear y vencer, no, ella tiene el corazón lejos, el alma sufriendo. Se descuida y cuando Leonardo le pregunta: “¿Dónde nació el escritor / que llaman Gabriel García?”. Se enreda, intenta colear el verso: “Que llaman Gabriel García / donde nació el… la veía…”. Confiesa su falla: “por eso puedo decir / que ahora yo me enredaría”.

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Pero no se rinde: … pero no quiere decir la batalla está perdía porque uste’ es un gran coplero que le sobra picardía. Su padre está presente. “Él quería que viniera, él deseaba que viniera y estoy aquí por él…”. Entonces se repone y vuelve a levantarse altanera: Qué pena me da un coplero llega con hipocresía ahora haciéndome preguntas y con coplas aprendías. Su padre. “Estoy aquí por él, porque él se sienta orgulloso, porque él sepa que yo siempre voy a estar haciendo lo que él me enseñó, y cada día estoy más contenta de decir que lo que soy ahora se lo debo a él, absolutamente todo”. Termina el contrapunteo. Se retiran a esperar el veredicto del jurado. “Mi padre… si triunfo esta noche se lo dedico a él”. Su padre, Fernando Esteban Unda, “El Gato”, llanero, maniceño, coplero, bandolista, amigo, murió en Yopal el día 19 de julio de 2019, a los 51 años. Veinte días antes —el 29 de junio— su hija, su alumna, la coplera de su escuela, Juliet Vanessa Esteban Gualdrón, anotó con letras de oro su nombre en el libro de los copleros: ¡Ganó el contrapunteo! Inició el tiempo de las copleras. Lo había dicho en una copla: Cuando oigo sonar un arpa me eriza su bordoneo y aquí he llegado a Villavo a buscarme este trofeo sería el regalo más grande alzarme con el torneo que una dama sea la reina reina del contrapunteo.

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Leonardo Requena y Juliet Vanessa Esteban

Guataca, grupo ganador en la categoría de Conjunto tradicional, acompañado por Juan Ángel Silva, ganador en la categoría de Mejor maraquero


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Bailes y bailadores de ayer. Crónica entreverada con entrevista. Miércoles 26 de junio. Con menos retardo que el habitual iniciaron las audiciones privadas del 51 Torneo Internacional del Joropo, en el Teatro La Vorágine. Ya está listo el conjunto acompañante, acomodado el jurado, atentos los pocos privilegiados que podemos asistir. El presentador llama a los primeros participantes: una pareja de baile de Los de Ayer: Cointa Josefina Sossa de Garrido y Pedro Fidel Sossa Peña. Hace algunos años la gran diferencia de estilos en el baile del joropo motivó la división de la modalidad en dos categorías: el baile criollo y el baile de academia. La discusión siguió y ahora concursa en Villavicencio exclusivamente el baile tradicional, repartido en dos: Los de Ayer y Los de Hoy. Los separa la edad, los primeros son bailadores de más de 55 años, Los de Hoy deben tener entre 19 y 54 años. La pareja sube al escenario. ¡Qué estampa criolla! Su presencia se impone con la orgullosa timidez de los hijos del llano adentro. Sus nombres saben a tierra plana, sus apellidos a sabanas araucanas. En efecto, nos dirán ellos después, vienen de Puerto Rondón, a orillas del río Casanare. La bandola deja oír sus notas y la pareja empieza a bailar, a bailar por la cuerda. Cointa Josefina cuenta: “Trabajo en el hogar, tengo 75 años, 10 hijos, como 50 nietos y bisnietos, mi esposo tiene 80 años y es discapacitado”. Ella es vivaz, expresiva y plena de gracia. “El baile no lo dejo yo olvidar nunca”. Sabroso su modo araucano de hablar, francas sus palabras. Pedro Fidel sigue: “Tengo 62 años, mi padre, Luis Sossa, es un abuelito de 90 años, muy llanero y eso lo aprendí yo…”. Él es más reservado, más serio. Su cuerpo recio demuestra lo que relata: “trabajo en lo que me toque, trabajo de llano, de barretón, hacha, peinilla, lo que me salga…”. Sigue el baile. El escenario parece desvanecerse y nos encontramos ahora en una fiesta sabanera, bajo un techo de palma, sobre el piso de tierra, admirando —desde un banco de cedro— a la veterana pareja que pasea la sala, animando con gritos alegres sus zapateos. Suelto una copla que escribí hace tiempo: El cuatro de mano en mano, el verso de boca en boca. ¡Viva quien baila!, dice uno, dice otro: ¡Viva quien toca!

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EL CONCURSO

Son primos hermanos: “mi padre era tío de ella”, dice Pedro Fidel. “Y además somos compadres”, dice Josefina, y agrega: “Gracias a Dios que nos ha dado la oportunidad de veni’ a esta, cómo le digo… a esta fiesta. Me siento muy contenta y alegre de ‘ber venío aquí a Villavicencio, a conoce’ a Villavicencio, porque yo nunca había venío acá”. Fidel remata: “Con ella bailamos, mejor dicho, hasta sentaos en una silleta”. Hay mucha sabiduría vital en su danza, mucha esencia. Todo es de verdad, nada es postizo. Me invade, al verlos, una inmensa nostalgia por los sabores perdidos. Con el apoyo de Publio González —un bailador criollo, baquiano de concursos y audiciones— y de la alcaldesa de Puerto Rondón, participaron en la convocatoria del Torneo. Y pasaron. Los tres jurados siguen con atención cada movimiento de la pareja, anotan, comentan. Sus pies o sus manos o sus lápices llevan el ritmo de manera inconsciente, golpean la mesa o el piso marcando el compás. Son tres expertos en el baile del joropo, Jennifer Trujillo, Gustavo Vásquez y Hugo Mantilla. Los recuerdos viven en Josefina: “Uno no podía desprecia’ a nadie, mal parejo o buen parejo, borracho o no borracho, uno tenía que salí a baila’”. Terminan los tres minutos del concurso. “Eso uno agarraba el parejo y baile y baile, y amanecía y uno seguía bailando…”, cuenta ella. “Nos encontrábamos en esas fiestas y era que durábamos una noche y un día completo bailando”, complementa él. La pareja hace una venia y se retira; el jurado se concentra en las planillas. Jennifer Trujilo, la mujer bonita del jurado, llegó con su familia desde el Huila, cuando tenía 4 años. Desde muy pequeña se dejó conquistar por la singularidad y fuerza de la cultura llanera. A los 7 años empezó cantando, y después se dedicó al baile: “Fui bailarina de danza nacional, y bailando danza nacional fue que conocí el baile del joropo, y desde ahí me comencé a educar, a bailar, empecé a concursar y después fui reina del departamento”. Doña Josefina recuerda: “Uno en esa época nadie le enseñaba nada. Había un tío y una tía que ellos sabían tocar el cuatro y la bandola, porque en esa época no había arpa —se le escucha alpa—. Entonces yo cuando los oía que tocaban a mí me gustaba mucho, me guindaba de un guindadero y ta-ta-ta, ta-ta-ta. Yo bailaba bien así, me sentía como bien bailando esa música tan sabrosa. Entonces ya la mamá de él, de mi compadre, era muy parrandera, también, y me ayudaba a ir a los bailes, en esa época duraba uno hasta ocho días fiesteando. Y ahí me conseguí el novio que también era parrandero y entonces quedamos bien”, se ríe.

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Gustavo Vásquez y Jennifer Omme Trujillo han seguido carrera de bailadores, en concursos regionales, departamentales y luego internacionales. Han sido participantes, organizadores, jurados, instructores, coreógrafos. Gustavo ha llevado el baile por el mundo entero, está escribiendo un libro sobre el tema y piensa seguir enseñando joropo, joropo espectáculo, en el extranjero. La vida de los Garrido Sossa no los deja salirse del baile. “Nosotros vivíamos en una vereda en la sabana, entonces allá uno por ahí atajando becerros y encerrando marranos nada de la música, ¿no?, por ahí de vez en cuando. Entonces ahora sí que me vine pal pueblo, pa’ Rondón, ha estado por ahí echando viajecitos y así. Estuvimos en Yopal y en Cravo Norte y en Arauca, concursando, y ganamos”. Viene la segunda pareja de la modalidad: Margarita Torres Jiménez y Luis Ariel Mendivelso Riaño. Ella es del Meta; él, casanareño de Tauramena. La pareja juntó dulzura y aplomo, se desliza sobre el tablado con magia y destreza. Los dos son veteranos que han ganado muchos trofeos. Margarita fue segunda el año pasado, con otro parejo, que ahora también concursa, Hernán Carreño Sarmiento. El joropo criollo está vivo, se mantiene en la sabana, se conserva en la lejanía. “Todavía se baila en los velorios, en los Velorios de Santo, no de muerto”, aclara sonriendo doña Josefina. Y Fidel afirma: “Mi papá canta Tono. Y mire, digamos, pasó la noche en el velorio, al otro día se quitan los santos y se coge —como se dice por allá— la cola del velorio, que es el baile, todo el día puede ser y si es posible hasta que oscureció y se sigue por la noche también. Y San Pascuales, que alguien hace una promesa porque se le perdió una vaca o un caballo. Si le aparece entonces, le paga su promesa al santo con una noche de baile. Todavía se hace en Puerto Rondón”. Afortunadamente. Gustavo y Jennifer coinciden en señalar a un bailador araucano, Luis Alberto González, como el iniciador del moderno baile del joropo. Fue él quien aumentó la velocidad, inventó zapateos, adoptó vueltas y figuras, e impuso a los jóvenes llaneros la necesidad de buscar un más allá al baile sabanero. Nieto de Abigail Cuenza, Luis Alberto, conocido como Pispirrino, abrió el camino para que bailadores como Gustavo Vásquez, José Oviedo, Oscar Ángel, Audiver Barrera, Edwin Rodríguez, Daniel Cabrera y muchos otros siguieran creando un joropo nuevo, alimentado con ricas y personalísimas influencias. Ese estilo de baile llegó en el 2002 a Villavicencio con Gustavo Vásquez, “Gustavín”, tameño, hijo de casanareños, que pensaba: “hay algo que nos falta, la gente casi no aplaude”; por eso vino e impuso “ese estilo de baile que era veloz, con ciertas figuras tomadas de la salsa, con un traje con harto tutú”, un baile acoplado, con perfección rítmica, vistoso, que “ayudó a globalizar, a masificar el joropo”.

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EL CONCURSO

Cointa Josefina Sossa de Garrido lo tiene claro y lo dice sin remilgos: “No me gusta ese baile de ahora y no he podido yo aprender ese baile… cuando lo busco por acá ya se me ha olvida’o… Esa joda bailan muy feo, porque una pata pa’ aquí otra pa’ allí, no tiene sabor a llano, es nada”. Pedro Fidel concilia: “Pero no vamos a desprestigiar el baile de hoy en día, a como vamos está acorde con la gente que va saliendo, pa’ ellos es muy bonito”. Yennifer y Gustavo echan de menos un espacio para el baile moderno en el Torneo. Lo consideran un atractivo que acerca a muchos jóvenes a la música llanera, destacan sus posibilidades de búsqueda e innovación, el colorido de sus trajes, la fuerza de su propuesta y el papel cada vez más destacado de las mujeres. Pero coinciden en afirmar que “hoy en día todos manejan un mismo estilo”, que no hay casi diferencias en esa rutina veloz y habilidosa. Terminan los tres minutos de Margarita y Luis Ariel. Queda en el ambiente esa elegancia de tirana de Margarita, perfectamente acompasada con el sereno valseado casanareño de Mendivelso. Cada jurado tiene sus preferencias, le gusta que le bailen de alguna manera. Yennifer espera mucha expresión y galanteo en la pareja; no le gusta que chamarreen el joropo, que hagan las figuras antes que los instrumentos llamen, o que corten los zapateos o valseos cuando no corresponde; arma su pareja ideal con Margarita Torres y Publio González. Gustavo admira a Yaneth Cueto y Juan Gutiérrez, y exige coordinación perfecta, precisión en las figuras, bailar por la cuerda, buen acople y trasmitir emociones con la danza. Hugo Mantilla Trejos no se engaña ni se enreda, espera que bailen “verdaderamente como se baila el joropo”. Para Josefina, “un buen parejo es que zapateé bien y le dé vuelta a la pareja como debe ser. Que sepa, que baile el gabán renquiao, que la zambullía del güire, que la pela’ del murciélago, que el botalón…”. La tercera pareja de Los de Ayer sube al escenario; son Myriam Stella Garzón Roldán y José Guillermo Jara Guevara, del Meta. Su joropo es elegante, pausado, tiene algo distinto, hay más salón que patio en su manera de bailar, hay más fiesta pueblerina que parrando sabanero. ¡Qué bien bailan! Y qué bueno que existan estilos diferentes, que un modelo —por exitoso que sea— no se imponga, que cada pareja queme el cuero del joropo con su propio hierro. ¿El joropo de ayer son estos tres minutos?, ¿cabe ese mundo, tanta vida, en una planilla?, ¿es justo meter tantos significados en unos cuantos criterios? Deberíamos permitirnos el lujo de ver a muchas parejas de ayer juntas, enfiestadas, felices, sin el requisito del saludo y la venia final, sin la exigencia de la perfección, bailando

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únicamente por el puro goce de un joropo infinito, que no es de ayer, ni de hoy, sino eterno. Relata y canta Josefina. “Todavía se hace el juego ‘e La Marisela. Eso hay que bailarla, llamarla y bailarla, pero tienen que ser varios: ‘Marisela se perdió / la madre la anda / buscando quién ha visto Marisela / en los fandangos bailando’. Y el otro contesta: ‘Por aquella loma arriba / yo la miré que venía, / el que no baile con ella / tiene su prenda perdía’. Ahí llega La Marisela y tiene que fajarse el viejo a bailar con ella, copiando las musarañas que hace. Y el que pierde le toca perder la prenda”. Jennifer cuenta que ha estado en bailes sabaneros por el Vichada, en Santa Rosalía, en La Primavera, en El Viento: “Ese joropo es bastante diferente a como uno lo ve bailar acá, es más raíz, más de los llaneros que en algún tiempo se miraban”. Gustavo se acuerda del salón comunal de la vereda, e insiste en que hasta los 17 años su baile fue el criollo. Y señala que Los de Hoy son los concursantes de hace 10 o 15 años, con muchísima experiencia en festivales; acá están Leda Fernández, Grettel Cadena, Janeth Cueto, Gladys González, Yaneth Pérez, Óscar José Oviedo, Audiver Barrera, Giovany Concho y otros; todos instructores y dueños de academias por el llano entero, todos formadores de joroperos. Aparte de la edad, Jennifer encuentra otra diferencia entre las dos modalidades: “Los de Ayer son más empíricos, Los de Hoy tienen más academia, son más cuerderos, manejan más la línea musical”. Ojalá —digo yo— trasmitan a sus alumnos que no todo es velocidad, que hay que conocer y manejar la tradición para enriquecerla. La composición del jurado inquieta a nuestra pareja: “hay solo un señor de edad, los otros son dos muchachos, por lo menos esa muchacha no sabe qué fue lo que pasó ni lo que ha pasado, no me parece”. Hugo Mantilla Trejos es veterano de todas las batallas del joropo. Tiene más puntas que un cabresto de cerda, es escritor, compositor, cantante de las primeras grabaciones, maraquero, coplero, investigador, conferencista de buenas charlas, conversador de cuentos sabrosos y —cómo no— bailador de los de antes, de los de antier. “Las músicas de ahora no son iguales a las músicas antiguas cuando uno bailaba”, dice Josefina. ¿Y las letras?, preguntamos. “Ya se me olvidaron, porque tanto tiempo, pero sí, de ese gabán me acuerdo un pedacito que decía: Tan bonito mi gabán cuando él estaba pichón la lástima que me dio cuando estaba volantón corré pa’ lante gabán

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EL CONCURSO

corré pa’ lante garzón mira que te van tirando con pólvora y munición. Es el turno de la cuarta y última pareja de la modalidad, Lola Enith Pacheco de Gómez y Hernán Carreño Sarmiento. El sombrero de Hernán lleva de adorno una larga pluma blanca, que baila con él, que persigue su valseo y se pone a volar en los repiques. Hugo Mantilla Trejos es araucano, sabe y entiende, él ha vivido, acompañado y bailado esa transición del joropo desde fundos y hatos, pueblos y caseríos, hasta ciudades, presentaciones y festivales. No es simplemente un testigo de ese cambio, no, ha sido uno de sus protagonistas. Él hizo una propuesta audaz para calificar cuando la competencia llegó a su etapa final, el conjunto base debía tocar el joropo plano, sin llamar zapateos, sin invocar figuras, ni corear repiques; así el bailador tendría que “rebuscarse”. Preguntamos a doña Josefina por otra de las diversiones de los bailes de entonces. “¿La Bamba?… Eso sí se terminó ya. Sonaba la ‘raspa’ y a lo que terminaba uno le echaba la bamba al parejo: ‘Del otro lado del río / me tirastes un limón / el limón pegó en el pelo / y el golpe en el corazón’.” Se arma la bamba, Pedro Fidel contesta: “Anillito de oro / fino a la mar se me cayó / metí la mano y saqué / el corazón de los dos”. Doña Josefina sigue, con una copla casi tan bonita como ella: “Allá arriba en aquel alto hay / un charco de agua clara / donde se baña la virgen / y el agua queda rosada”. Algún curioso se detiene a escuchar la bamba de Fidel: “De mi tierra me he venido con / la agua hasta la garganta solo / por venirte a ver hermosa / paloma blanca”. Tenemos que seguir adelante, cambiamos de tema, pero soñamos hacer algún día una visita más extensa y profunda a toda esta sabrosa sabiduría, ojalá. Su sangre sigue joropiando. Los hijos de Pedro Fidel “son un trompo pa bailar, y tengo dos nietecitas que las estoy enseñando a bailar baile criollo”. Los nietos de Cointa “bailan, bailan moderno, hay dos que bailan el criollo también. Y uno que canta, Eli Garrido”. Cointa Josefina Sossa de Garrido se queda pensando un rato, entonces, por primera vez en la entrevista, una oscurana llega a esconder el brillo de sus ojos y la gracia de su sonrisa, su voz enronquece: “El joropo de ahora no es igual y no igualará. Y el baile criollo se acabará porque ya no hay quien lo baile”.

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Pedro Fidel Sossa Peña se levanta, tiene que irse. “El baile le nace a uno es del cuerpo, no como ahora que lo enseñan a uno a bailar, no, en ese antes no, uno aprendía era porque le salía”. Se despide: “A nosotros nos llevará a la tumba esa inspiración del baile”. El domingo 30 de junio el jurado firmó su veredicto. En la categoría Pareja de Baile Los de Ayer: el primer lugar para la pareja integrada por Myriam Stella Garzón Roldán y José Guillermo Jara Guevara. El segundo lugar para la pareja integrada por Margarita Torres Jiménez y Luis Ariel Mendivelso Riaño. Y el tercer lugar, para la pareja integrada por Cointa Josefina Sossa de Garrido y Pedro Fidel Sossa Peña. En la categoría Pareja de Baile Los de Hoy: el primer lugar fue para la pareja integrada por Marvely García Guarupe y Publio Bautista González Uscátegui. Segundo lugar, la pareja integrada por Mayra Lizbeth Gutiérrez Fonseca y Efraín Alexander Medina. Y el tercer lugar para la pareja integrada por Álix Janeth Cueto Colmenares y Santos Ramón Durán. No ganaron los entrevistados, ganamos nosotros que hablamos con ellos, los vimos bailar y les aprendimos.

Los temas inéditos: “Un lápiz como destino” Componer una canción, escribir un poema, es una satisfacción inmensa, es enseñar a andar una criatura, sembrar un árbol, construir un camino. Esa creación echa a andar, se va solita, crece, se extiende, se da a conocer, señala rumbos y —a veces— se multiplica en voces y sensibilidades. Acá en el llano, en este compendio del llano que es el Torneo Internacional del Joropo, las obras de los compositores pueden competir en tres modalidades: pasaje, golpe y poema inédito. Villavicencio ha escuchado temas inolvidables, acá han nacido canciones inmortales, y uno espera conocer cada evento algo como “Campirana”, como “Muchacha cuanto te quiero”, como “El Taparito”, como “El Bongo de los recuerdos”, algo —mucho— que se quede para siempre en la exigente antología que cargamos los criollos en el corazón. Hay de dónde escoger los cinco finalistas en cada modalidad. Como ha sido tendencia en los últimos años, la convocatoria que recibe más propuestas en el Torneo es la de los temas inéditos. En esta edición 51 se recibieron —bajo seudónimo— 233 propuestas, 119 colombianas y 114 venezolanas. De ellas más de la tercera parte fueron composiciones inéditas, 42 pasajes, 20 golpes y 18 poemas. Además, se examinaron

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EL CONCURSO

15 propuestas de declamadores, ya que —desde hace un tiempo— el Torneo ha premiado también esa cualidad de hacer de un texto poético una escena sonora. No hay una atadura temática en este evento, hay total libertad. Pero —como decían los papás— libertad no es libertinaje, no se puede ir contra las buenas costumbres, ni ofender la moral, tampoco salirse de los moldes tradicionales criollos. Y otra curiosa, pero necesaria, limitación: el tiempo, los poemas no pueden pasar de seis minutos, los pasajes de cinco, los golpes (¿por qué menos?) de cuatro y medio. Ya está la tinaja en el tinajero, ahora hay que llenarla, ¡a trabajar compositores! Y yo a escribir acerca de lo que ellos crean. Si queremos escribir de compositores, dejemos hablar a sus composiciones. Oigamos ahora a los que llegaron al Torneo. Leamos sus textos, esculquemos en sus frases lo que seguramente destacó el jurado para premiarlos. Y pensemos un poco en el momento por el que atraviesa la creación y en lo divorciados que están los temas ganadores en los festivales de la popularidad o el éxito comercial.

Los golpes: “El Meta es una sonrisa” El golpe llanero, esa rica diversidad de ritmos, de estructuras armónicas de nuestro folclor, está desaprovechada en los eventos competitivos; en ellos —en la mayoría de ellos— se puede cantar pasaje y se puede cantar joropo, y uno goza con la voz pasaje o la voz recia o la afortunada combinación de ambos. Pero no puede saludar uno esa familia bonita del zumba que zumba, la guacharaca, el cacho, san Rafael, gavilán cunavichero y toda su parentela; no los verá presentarse y rivalizar. Nunca me he explicado esa injusticia. No saben los festivales lo que se pierden. En Villavicencio por lo menos existe la opción de usar los golpes, uno o la combinación de varios, para construir un tema inédito, y eso garantiza que la gente escuche y conozca, y que el compositor se obligue a buscar entre esa colorida macolla musical una flor para vestir y adornar su letra. Bueno, a lo que vinimos vamos, entremos en materia. Repito que por los compositores hablarán sus obras, por eso —me disculparán ellos— poco voy a citar sus entrevistas o nuestras conversaciones. Una frustración —lo sé, yo la sufro— es no poder cantar las propias creaciones, pues bien acá dos participantes venezolanos demostraron que la llanera sigue siendo una música de cantautores: Alfonso de La Torre Rodríguez, buen cantante —y mejor coplero— que defendió su tema “Mujeres, llano y parranda” y José Luis Álvarez Guarán que interpretó su sentido homenaje a este departamento, “Meta mágico y grandioso”.

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En cambio, Nelly Esperanza Rincón Herrera confió su “Llaneros viejos llaneros” a la voz y el talento de Egidio Eduardo Quintero Ojeda; mientras Grisaida Arias interpretó “Mi golpe”, composición de Ydalberto Jesús Suárez Morales. El grupo lo completó “Reclamo de un árbol”, creación de María Esperanza Molano Céspedes, defendida por la voz y maestría de Geraldine Pinto. Con voz propia o prestada, los golpes inéditos fueron dejándose oír en el privado y ante el público. El jurado examinaba lo literario de la composición, sus aspectos musicales y temáticos. Reinó, no podía ser diferente, el octosílabo; y, musicalmente, la combinación entre golpes que terminan en algún tipo de seis, se “ajilan”, como dicen en el oficio del joropo, y en el camino cuando el ganado se estira. Existe en la geografía de mi llanura bravía un departamento hermoso… En tono de sol menor José Luis Álvarez Guarán le iba cantando a ese sol mayor del llano que es el departamento del Meta. El Meta es contrapunteo, es reinado y es coleo, es el Torneo portentoso de Miguel Ángel Martín el sueño más ambicioso, vitrina de la cultura, semillero portentoso, es la raíz y la esencia, es el futuro y la herencia de un viejo roble frondoso… El Meta son las cuadrillas lanzas ecuestres que brillan con su pasado exitoso, vaquerías en Cumaral con furor de potro brioso, Sierra de La Macarena monumento valeroso… Las canciones se quedan con uno, completicas o a trozos, yo me traje para Casanare este fragmento:

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EL CONCURSO

El Meta es una sonrisa, es un sentir afectuoso, cara amable de Colombia en donde sueño y reposo… Estos bonitos versos de “Meta mágico y grandioso” se llevaron el segundo lugar. Ganó “Reclamo de un árbol”, un texto colombiano de María Esperanza Molano Céspedes. Uno tan actual que duele, arde esa pintura de una pesadilla que cada vez se está haciendo más peligrosamente cierta, el calentamiento global. Lo cantó una voz ganadora, aragüeña y sabrosa: Geraldine Pinto. Así “mientras la temperatura / más y más se calentaba” en el relato y en el Coliseo, iba retratando lo que pasa en el llano, con más desgraciada furia cada año: Había sombra pero yo por ningún la’o la notaba el caño se había seca’o y agua fresca no bajaba el fogaje del verano al caño y árbol secaban de repente pegó un viento que al árbol hojas tumbaba como lágrimas al suelo una tras otra llegaban toditas estaban secas por tanta sed que aguantaban… Comprendí lo que ahí pasaba que era el último suspiro, el árbol ya agonizaba y que a la naturaleza el humano es quien la acaba. Las canciones nacen por el autor y caminan por el cantante, pero hablan por todos. Y Geraldine me dejó pensando con esos versos finales que pesan como una condena: … la naturaleza cobra y yo ese día comparaba el trato que ella me dio y el que el humano le daba.

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La reflexión es cierta y aterradora, ¿qué tal que la naturaleza nos cobre todo el mal que le hemos causado? Hay tiempo, en el guayabo pos-festival, en el chinchorro pos-parrando, para pensarlo. No se puede saber qué suerte correrá un texto como este, pero ojalá que no le suceda como a tantos otros que ganan concursos y se callan para siempre. El “Reclamo de un árbol” debe oírse y atenderse.

Los poemas: “Como mi verso ninguno” Bien diferentes son los poemas seleccionados, diversos en su estilo e interpretación. El coplero Damián Santana declama —bien criollo y sabroso, por cierto— un poema de su autoría, “Hasta cuándo mi pueblo”, una queja social, un reclamo al político y al gobierno. César Augusto Rivera viene con “Dos naciones hermanas”, una nueva versión de un tema bastante trillado. Y completa la participación colombiana “Manos campesinas viejas” de Rosendo Bobadilla León, interpretado por —las mujeres se están tomando en Villavicencio lugares que tradicionalmente monopolizaban los hombres— Leidy Yineth Díaz Velázquez. Sin duda debía ser femenina la voz que hiciera ese homenaje sentido a las mujeres llaneras, “porque Dios puso en su vientre / la grandeza de una raza”; esa oración a las manos… Manos campesinas llenas de bendición y esperanza hasta esculpir en un banco su rancho a golpes de un hacha… Manos desahogando flores al interior de una carta cuando aquel primer amor destelló en cielos del alma… … sus manos yacen frías por la parca y las mías sin caricias doblan el lienzo en la caja. Manos que dejan mis manos solitarias por su marcha y en el arpa agonizando un poema de nostalgia.

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EL CONCURSO

“Manos campesinas viejas” ocupó el segundo lugar. La participación venezolana repite un nombre, un nombre valioso en la literatura llanera, un nombre que pesa y glosa y goza: Yorman Tovar. Portugueseño de Guanarito, como el Silbón, es también un recogedor de noches, que recorre, no con un costal de huesos al hombro, sino con uno de versos en el alma, por los mil rumbos del llano, remontado en “esta manera de hacernos sentir nosotros, que hemos denominado llaneridad”. Su ánima se manifiesta a través de una voz magnífica, rica en matices, llanera y docta. Compite Yorman de Jesús Tovar, con “Bocetos de un hato viejo” que declama Ronald Enrique Ruiz Collazo. Y compite su hijo Yorman de Jesús Tovar Humbría con “Mi verso y yo somos uno”, en la voz de Edgar Graterol Chinchilla. Como los Yorman Tovar clasificaron también en la modalidad de declamación, la organización les pidió designar para sus temas inéditos dos recitadores, que destovarizaran un poco la competencia. Esta vez el hijo, Yorman de Jesús Tovar Humbría, le ganó al padre, con un poema en décimas, “Mi verso y yo somos uno”, décimas de tono mayor y buen decir: Mi verso y yo somos uno y de los dos es el lauro somos un solo centauro en el sendero importuno medio cuerpo caballuno y otro medio cuerpo humano; él es trocha, yo el baquiano; él es arco, yo saeta; él es verso, yo el poeta; y los dos somos el llano. Mi verso es canción de ordeño y yo sujeto y totuma; él es corriente y espuma, yo navegante apureño; si él es río portugueseño, yo soy la ruta del bongo; mi verso es musa y rezongo del coplero en sus azares yo soy el quitapesares cuando a improvisar me pongo.

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Los pasajes: “Escribe con letra grande” Escuchamos “Viejo corral” de Carlos Eduardo Martínez Daza, en la voz de Bárbara Díaz; “No hay nada como mi llano” de Fernando Calzadilla, interpretado por Nicolás Bravo; y “Parrando de viejos tiempos” un pasaje de Gilmer David López cantado por Diana Lucía Ruiz. Pero se fueron adelante en la categoría dos propuestas bien interesantes. Tulio Amaro Mazona es el compositor de “Protección a la niñez”, el tema que se llevó el segundo lugar, interpretado por Diana Quibay. Casanareños ambos, de Orocué y Maní, su canción podría ser el principio de la biografía de muchos llaneros. Nace en un niñito en el puro centro del llano la madre era cocinera en el hato e’ mi abuelito… El pasaje cuenta bien contados los aprendizajes y oficios del niño llanero: … ya servía pa cargar agua, cargar leña pal fogón y ver los animalitos las gallinas y los patos… Y describe saberes ahora arrinconados al llano adentro, bien adentro, mestizo como Tulio Amaro: … hacer un budare grande pa fabrica’ el mañoquito y hacer el jabón de tierra con lejía de manirito y saca’ el carbón pa’ la plancha de un árbol de macanito… Para cerrar con una proclama, Yo quiero que este mensaje quede plasma’o y escrito en toda la concurrencia y en la mente de toditos: no maltraten a los niños por favor se lo suplico, porque el que maltrata un niño comete un grave delito:

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EL CONCURSO

El futuro de mi patria está en esos jovencitos, brindémosles el apoyo no importa color ni tipo y hoy me hinco de rodillas pa pedirle a mi diosito que bendiga la niñez, te lo imploro, Dios bendito. El pasaje inédito ganador lo compuso el araucano Alonso Javier Vargas Nemen y lo interpretó la venezolana María Tovar. Es curioso, si el segundo lugar nos contaba acerca de la infancia de un llanero, el primer lugar describe la vejez de ese llanero, y también trata de completar un detallado retrato. … ya me llegaron los años las fuerzas no me permiten ni buscar mi sillonero, mire la caballeriza ya por el paso del tiempo las culatas se pudrieron, el caballete ayer tarde se lo llevó un aguacero, ya no llegan los chicuacos se marchó el cucarachero… … el jagüey se está secando se quemaron los potreros, el conuco que tenía se lo tragó un espinero, la canoa del paso real se la arrastró un caramero, ya el gana’o se me acabó, los marranos y las bestias poco a poco se perdieron… Entre los dos temas, entre los dos extremos, se completa —con bastante dramatismo— la biografía de un llanero. … como sé que pronto muero entiérrame acá en mi fundo y en un trozo de madero

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escribe con letra grande aquí reposan los restos de un auténtico llanero. Así, con letra grande, o mejor con grandes letras, hay que seguir escribiendo.

Los declamadores: “Juglar entre los juglares” Se premia acá a los herederos de Víctor Morillo, de Oscar Martínez, de Rafael Martínez, de Juan Harvey Caicedo. Compiten Yorman Tovar y su heredero Yorman Tovar Humbría. Se premia a las voces profundas o criollas. Compiten Neftalí Nieto y Ramón de Jesús Aponte. Se premia el poder trasmitir, hacer vibrar, sentir. Compite Hernando Herrera. Volvimos a escuchar poemas esenciales, como “Justo Brito y Juan Tabares”, “La negra del maraquero” y “El caballo de mis coplas”, poemas que “permiten exhibir la cualidad del declamador”, lo agradecemos. Alberto Herrera fue el ganador, dejó resonando el eco de los versos: ¡No más inocentes muertos, no más madres afligidas, no más viudas indigentes, no más gente corrompida! El segundo lugar lo ocupó Yorman de Jesús Tovar Humbría. … después de ser este llano amplio y libre como el aire, hoy es esclavo y sumiso del poderoso indeseable que se hizo llamar progreso y entre botalón y alambre encerró el caballo blanco símbolo de libertades. Soy el hijo del poeta de este llano interminable, el peregrino del verso juglar entre los juglares, mulato de risa franca producto del mestizaje,

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EL CONCURSO

dulce inspiración bohemia espíritu inquebrantable que no conoce adulancia ni se arrodilla ante nadie… Me gusta ese último verso, y —a propósito— debería haber en el reglamento una limitación adicional: se prohíbe arrodillarse. A ver si se termina el abuso de ese recurso tan trillado, de ese énfasis dramático en el que ya ninguno cree. Porque el joropo no debe arrodillarse ante nadie. Y menos en el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”.

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Ganadores del Concurso de Interpretación y Composición MODALIDAD

PRIMER LUGAR

SEGUNDO LUGAR

TERCER LUGAR

Grupo tradicional llanero

Guataca (José Armando Silva Cáceres, Juan Ángel Silva Cáceres, Luis Guillermo Angulo Torrealba, Arquímedes José Correa Mendoza, Bernardo Fermín Ruíz Durán)

Vendaval (Ely Paul Vela Flórez, Alirio José Barrera Hernández, Enmanuel Edecio Araque Gutiérrez, Héctor Antonio Sulbarán Pérez, Erik Sahul Vela Flórez)

Zumba’o (José Leonardo Vela Bello, Johan David Galán Marín, Iván Arturo Vacca Tarache, Jorge Hernán Ariza Mejía, Elvis Alejandro Díaz Piraban)

Pasaje inédito

Alonso Javier Vargas Nemen

Tulio Amaro Mazona

Carlos Eduardo Martínez Daza

Obra inédita instrumental para arpa llanera

Ángel Luis Castillo H.

Carlos Jesús Tapia

Ernesto Campos Chala

Golpe inédito

María Esperanza Molano Céspedes

José Luis Álvarez Guarán

Ydalberto Jesús Suárez Morales

Obra inédita para bandola llanera

Luis Guillermo Angulo Torrealba

Enmanuel Edecio Araque

Denny Daniel Lobo Nieto

Obra inédita para cuatro llanero

Carlos Rafael Suárez Guape

Álvaro Enrique Moreno González

Daniel Alejandro Requena Salazar

Ganador de ganadores de copleros

Juliet Vanessa Esteban Gualdrón

José Leonardo Requena Arévalo

Voz masculina criolla

Iván Bernabé Silva

Manuel Joaquín Infante

Ferney Abril Pidiachi

Voz masculina estilizada

Leandro Jorge Márquez Cousin

Manuel José Sequera Torres

Alexis Adolfo Silva

Voz femenina criolla

Mary Luz del Carmen Castillo

Yuraima Yairis Vásquez Meza

María Yelitza López Andrea

Voz femenina estilizada

Liliana Josefina Hernández Gil

Fátima Yajaira Sulbarán Pérez

Yuribel del Valle Alemán

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EL CONCURSO

MODALIDAD

PRIMER LUGAR

SEGUNDO LUGAR

TERCER LUGAR

Ensamble nuevos formatos de joropo

Ensamble Sebucán (Daniel Alejandro Requena Salazar, Carlos Alejandro Borrero Zambrano, Williams Eduardo Mora Guipe)

Rizoma (Álvaro Enrique Moreno González, Diomedes Leguizamón Novoa, Jhon Alexander Pulido Herrera, Julián Camilo Obegozo Albarracín)

Becuadro Ensamble (Omar Alfonso Yanquén, Gabriel Chaparro Nossa, Francisco Javier Cristancho Salamanca, Fredy Fonseca Silva)

Mejor arpista

Ángel Luis Castillo Higuera

Mejor bandolista

Fabián Leonardo García Sayo

Mejor cuatrista

Daniel Alejandro Requena Salazar

Poema inédito

Yorman de Jesús Tovar Humbría

Rosendo Bobadilla León

Damián Adrián Santana

Mejor declamador

Jesús Alberto Herrera Ariza

Yorman de Jesús Tovar Humbría

Yorman de Jesús Tovar

Mejor maraquero

Juan Ángel Silva Cáceres

Mejor bajista

Carlos Alejandro Borrero Zambrano

Mejor pareja de baile Los de Ayer

Myriam Stella Garzón Roldán y José Guillermo Jara Guevara

Margarita Torres Jiménez y Luis Ariel Mendivelso Riaño

Cointa Josefina Sossa de Garrido y Pedro Fidel Sossa Peña

Mejor pareja de baile Los de Hoy

Marvely García Guarupe y Publio Bautista González Uscátegui

Mayra Lizbeth Gutiérrez Fonseca y Efraín Alexander Medina

Álix Janeth Cueto Colmenares y Santos Ramón Durán

Fuente: Instituto Departamental de Cultura del Meta.

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CAPÍTULO 4

19 JOROP ÓDROMO


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Postales del Joropódromo Es domingo, es junio, es el día 30 y son las nueve de la mañana. Cae una lluvia ligera, apenas agua espolvoreada sobre la avenida del parque Sikuani. Son varias calles cerradas. Son más de cinco mil bailadores que se alistan, junto con seis comparsas e igual número de carrozas con esculturas de arte fallero. Los llaneros llegan, los turistas llegan. La gente camina por los andenes. Son muchos, son miles. Son niños, abuelos, padres, madres, novios, vendedores, curiosos, turistas. Una multitud dispersa que gana densidad, que busca lugar para ver el espectáculo, que se agolpa en las bardas o se sienta en las graderías de aluminio que la gobernación de Meta dispuso para los espectadores. El Joropódromo está por comenzar. Así voy, una cabeza que se pierde en una alfombra de cabezas, uno entre tantísimos. Ya hay quienes sacan el celular y toman fotos, aunque no haya empezado la danza. La música brota desde los enormes parlantes distribuidos a lo largo de la avenida. Son torres potentes en las que retumba el joropo y por eso algunos se dejan llevar y bailan un poco, zapatean un poco. Pasan al frente los últimos bailadores apresurados que van hacia su punto de concentración, que buscan a sus grupos, que ya van vestidos con sus trajes típicos, unos hechos con telas sencillas, otros con telas brillantes. Cotizas. Sombreros. Estampados de flores. Llano, Orinoquía de fiesta, lista para el baile y la coreografía. Yo capturo instantáneas. Hago lo que puede hacer un espectador: recopilo momentos para recordar. O lo que es lo mismo: veo con atención. Veo para retener. Y al hacerlo colecciono postales de la fiesta más grande del joropo, del Joropódromo,

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que este año cumple 19 ediciones y que, a pesar de una vía cerrada que dejó al Meta y a la Región Llanos Orientales incomunicados, hoy está a reventar. Así que miro el principio de un espectáculo que es, al mismo tiempo, el final de una larga travesía, de meses de entrenamiento y preparación para 290 grupos que provienen de academias de baile, casas de la cultura, instituciones educativas y entidades que se propusieron hacer un homenaje a la tradición. Entonces esta historia es esto: postales, escenas. Momentos que se mezclan para entender —tratar de entender— un baile, un ritmo, una identidad, una fiesta.

1. Semanas antes, en una academia de Villavicencio, los bailadores son adolescentes. Hace poco eran solo tres y estaban sentados en tres sillas de plástico mientras escuchaban la percusión del aguacero en el tejado. Pero cuando la tarde se empieza a convertir en noche, comienzan a llegar los demás jóvenes. Llegan empapados, agitados. Al parecer, al ensayo se llega así llueva, truene o relampaguee. Y ahora llueve, truena y relampaguea. Las condiciones meteorológicas no son obstáculo para la preparación de la que será su presentación en el Joropódromo. Son una docena y se agrupan en uno de los salones, un espacio de unos cuatro o cinco metros de ancho por ocho de largo, de paredes blancas y desgastadas con dos ventanales amplios. Allí charlan mientras el instructor de baile conecta el equipo de sonido. Luego, cuando suenan los primeros golpes del arpa, se arman las parejas que empiezan a calentar. Muchos de estos chicos bailan desde los tres años, casi desde que aprendieron a caminar. Y muchos de ellos hacen esfuerzos tremendos para estar aquí: algunos atraviesan la ciudad, otros vienen de lugares muy humildes y pasan por dificultades para pagar la mensualidad de la academia —que por demás es modesta— y otros, los más grandes, vencen el cansancio de una jornada laboral para venir a bailar. Algunos enfrentan obstáculos aún más complicados: “Hasta hace poco venía una niña que tenía cáncer. Es que para ellos esto es una pasión muy grande”, dice una madre que viene a acompañar a su hija. La mujer, que mira el ensayo desde el otro lado de la ventana, me señala orgullosa a su hija, una chica morena de unos 14 años que baila con su parejo y que tiene una expresión en la que no se lee otra cosa que concentración. La madre me contará

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19 JOROPÓDROMO

que la hija aprendió a bailar joropo antes de aprender a hablar español, pues vivió sus primeros años de vida en Australia y, luego, al volver al país, se enamoró de la danza. La madre sonreirá y la hija empezará a sudar. El ensayo pronto se convierte en una muestra de fuerza, del ímpetu del joropo. El zapateo potente de los varones estalla al unísono. Uno, dos, tres, cuatro golpes coordinados, multiplicados, en ráfaga. Las cotizas se estrellan contra el piso lacerado. Los pies caen como meteoritos contra las baldosas ya cuarteadas, llenas de cráteres producidos por tantos ensayos como este. Es un galope. Es percusión con los pies. Es potencia en estado puro. Pero el ensayo también es una muestra de gracilidad. El escobilleo de las mujeres es un roce suave, podría decirse que es casi un aleteo a ras de piso. Quizá una caricia que contrasta con el golpe seco varonil. También es ligereza y velocidad. Si los pies de los hombres son instrumentos de percusión, los de ellas son instrumentos de viento. Entonces el joropo puede ser eso: potencia y suavidad; fuerza y delicadeza. Es eso que hay entre los extremos. Es equilibrio y es contraste.

2. El Joropódromo tiene su punto de partida poco antes de las diez de la mañana con los desfiles de las Fuerzas Militares, que dan una muestra de su historia a través de los uniformes que han utilizado en los últimos dos siglos. Luego, una delegación de México, conformada por 17 niños, niñas y jóvenes, hace su aparición con sus trajes blancos. Ellos vienen del estado de Veracruz y traen el son jorocho, un género que parece hermano del joropo a pesar de haber nacido a miles de kilómetros de distancia. La gente los aplaude, se emociona. Los mexicanos hacen venias y el cielo se despeja lo suficiente para que durante algunos minutos el sol reviente. Enseguida, desde el fondo, se acercan las comparsas. Decenas de hombres y mujeres salen disfrazados de animales y criaturas mágicas. Bailan, interactúan con el público, representan la mitología llanera y anteceden a las carrozas con esculturas de los personajes míticos de la región. Son seis comparsas que acompañan un número ídem de carrozas. El espectáculo es un despliegue de artes escénicas y circenses con los actores y acróbatas que

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usan elaborados disfraces, con los cuales van representando distintos personajes, desde criaturas espectrales hasta la misma fauna; así que la avenida del parque Sikuani se llena de aves, peces, caimanes, demonios y fantasmas, que en conjunto forman una danza libre a la que el público responde con aplausos. Pero también este es un despliegue de artes plásticas con las carrozas que llevan las enormes esculturas de arte fallero, que son piezas de icopor de alta densidad trabajadas al detalle por manos locales que recibieron asesoría del español Toni Fornes, un maestro fallero que la Gobernación del Meta trajo para capacitar a 25 artistas seleccionados entre los 47 que se inscribieron. Aquí las leyendas locales se vuelven sólidas. Todo eso sobrenatural y misterioso que tiene la llanura se evoca en el comienzo de la fiesta, adquiere consistencia en aquellas figuras de casi tres metros de altura. Entonces pasa “El Silbón” con su historia trágica de amor; “La Llorona”, que reclama a sus hijos con lamentos; “El Tuy” bromista con su manada de cerdos; el ambicioso “Juan Machete”, con sus carnes putrefactas y huesos expuestos; “Florentino y el Diablo” con su épica batalla musical en la que derrota al diablo, y “Juan de los Ríos”, el protector de las aguas, con los cardúmenes que siempre lo acompañan. El show sorprende, aunque quizá sea más pertinente decir que embruja. Los padres alzan a sus hijos emocionados para garantizarles una mejor vista. Los chicos ríen, los adultos ríen. Hay fotos, hay videos. Es una entrada cargada de misterio e imaginación que produce gozo y asombro, que abre el camino para el plato fuerte, para los bailadores que al fondo empiezan a formarse para entrar en escena. Entonces el Joropódromo es tradición y también es leyenda.

3. –¿Qué es el joropo? –Es… es todo. –¿Y qué es todo? –No sé… Todo. Margarita Torres, sentada en una de las mesas de Juan Valdez del centro comercial Primavera Urbana, tiene dificultades para definir eso que la apasiona. Quizá porque es indefinible.

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Ella es bailadora desde chica, desde los 8 años, desde que vio a un grupo de danza ensayar cuando salía de la escuela y decidió imitarlos en su casa. La de ella es una vida dedicada al joropo: en su adolescencia se unió a un grupo de baile, durante su juventud participó en varios concursos y ganó algunos de ellos, luego se hizo profesional y participó en varios Joropódromos —ganó seis—; más tarde se convirtió en jurado de diferentes certámenes y desde hace tres años compite en el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” —evento en el que se inscribe el Joropódromo— y, en esta edición, participa en la categoría de parejas de baile Los de Ayer, para mayores de 55 años. Lo que no dicen sus palabras lo dice la expresión en su rostro, que se contrae cuando habla de su pasión: su boca se arquea en una sonrisa roja escarlata y en sus ojos hay un brillo líquido de emoción. Y también eso que no dice, que no puede decir, que no puede definir, se puede ver cuando está sobre el escenario y se mueve con esa elegancia sencilla de las bailadoras, con su vestido de flores azules que cae hasta sus pantorrillas, cuando sigue a su parejo con ese coqueteo sutil hecho ritmo y transita del suave valseo, al zapateo de él y el escobillao de ella y luego a la velocidad e intensidad del movimiento. Margarita dice que no se podría imaginar sin el joropo y que por eso viaja cada ocho días a Tauramena (Casanare) para ensayar con su parejo. Dice que participar y ganar un Torneo Internacional del Joropo es el más grande honor al que podría aspirar: —Es un honor, es lo más alto —dice. Luego dice que el joropo es su vida. Entonces el joropo, para un bailador, puede ser la vida misma.

4. Los grupos transitan por la avenida. Hay niños, hay jóvenes, hay adultos. Y de repente se oyen aplausos llenos de admiración. Más allá de la barda pasa un grupo de ancianos. Bailan con sus pasos cortos y cansados, ellos van con trajes marrones y ellas con blusas blancas y faldas largas. Son hombres y mujeres que superan las siete, las ocho décadas, algunos incluso rozan el siglo de vida —más tarde me enteraré de que la pareja más longeva suma la bicoca de 190 años de edad—. Son abuelos que representan una tradición que hoy parece tan viva como en sus mejores años, que se sienten orgullosos de sus raíces.

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También hay grupos de chicos con síndrome de Down que vienen a demostrar el resultado de sus largas horas de ensayos. Mientras ellos avanzan al ritmo del arpa y las maracas, el público no hace otra cosa que asombrarse con su tenacidad y talento. Desde la barrera los saludamos y ellos nos devuelven unas sonrisas amplias y orgullosas. Todos están aquí: desde atrás se acercan grupos compuestos por bailadores afrodescendientes, otros por indígenas. Ellos revelan la pluralidad, la diversidad de una región que tiene espacio para todos. Incluso hay grupos de otros departamentos que hacen del folclor llanero una expresión propia, como las cinco delegaciones que arribaron desde Boyacá. Y por supuesto, también bailan y celebran aquellos que vienen de poblaciones azotadas por el conflicto, como Mapiripán, Puerto Rico y Uribe. Tal vez a través de la fiesta ellos conjuran el dolor del pasado, cicatrizan las heridas. Por eso, ahora que los veo, anoto en mi libreta lo que pronto se convierte en una certeza: el Joropódromo, además de una muestra de talento, también es una fiesta que incluye, que celebra la variedad y ayuda a sanar.

5. Es una tarde de viernes de principios de junio y Hugo Mantilla, un escritor y folclorista araucano de 79 años, traza una breve biografía del joropo mientras bebe café con leche. El hombre, con su voz pedregosa, dice que el joropo es una herencia andaluza. —El baile es de origen español, eso está muy manifiesto en los zapateos, que tienen relación con el flamenco. Y nace cuando los que hicieron fundaciones aquí, que luego se transformaron en los grandes hatos ganaderos, hacían sus bailes, y los mestizos y los esclavos, que no participaban en ellos, los veían y luego los imitaban. Ahí apareció el joropo. Él, que ha investigado la tradición durante la mayor parte de su vida, cuenta que es probable que “joropo” venga de la palabra árabe xarop, que significa “jarabe”, y que por eso tiene vínculos con otras expresiones culturales que se derivan de la península ibérica y que se desarrollaron en América, como el jarabe tapatío en México. Y, aunque hay varios ritmos emparentados con el joropo, afirma que nuestro baile se diferencia, entre otras cosas, porque es un reflejo del carácter mismo del llanero. —El joropo es recio. Esa reciedumbre viene de los que la ejecutan, del hombre en su medio; porque para los llaneros no es obstáculo el río, el monte, el caimán, la culebra, el sol, la lluvia.

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Hugo Mantilla dice que el joropo ha cambiado con el tiempo, recuerda con nostalgia los bailes de su juventud, habla de ese joropo de la sabana, de ese joropo criollo en estado puro. Él es un hombre que defiende lo clásico, que mira con reservas las nuevas propuestas y por eso afirma que para él el llamado joropo moderno o académico no es joropo, porque no se ciñe a la tradición. —El tal joropo moderno transforma el zapateo en una serie de repiques continuados y se pierde la concatenación de música y baile. Ahora entra la persona a zapatear mientras la música va por otro lado. Otra opinión tiene Diego Rojas, director de la academia Danzat, a quien entrevisté más tarde en su oficina. Allí, rodeado de trofeos y reconocimientos nacionales e internacionales que se acumulan en los estantes y se riegan por las paredes, dirá que el joropo es evolución. —Nosotros no vamos a perder de vista de dónde venimos por permitir la evolución —afirma. Él explica que los jóvenes bailadores alimentan la tradición con nuevas propuestas y que eso la enriquece. Por eso compara al joropo con otros ritmos, como la salsa, que permite el despliegue de la creatividad, que se nutre de otras influencias, pero mantienen la misma base. Y de eso, sostiene Diego, también puede depender la vitalidad del joropo, pues esto no solo atrae a nuevas generaciones de bailadores, sino que despierta el interés del público. —El folclor también es espectáculo —dice Diego. Y seguramente ambos —Diego y Hugo— tienen razón, pues en esa tensión entre lo nuevo y lo clásico es que crece una tradición, toma nuevas rutas, explora sus posibilidades, pero no pierde la memoria.

6. Y es lo tradicional y lo moderno lo que ahora se mezcla en la avenida del Parque Sikuani. Pues si bien los grupos son criollos son mayoría, también hay espacio para unos cuantos modernos y son ellos los que terminan de marcar la personalidad del evento. Lo que vemos en la avenida es movimiento, es energía. El zapateo retumba a su paso como una marcha militar frenética y, al tiempo, rítmica; las parejas dan vueltas, la velocidad del baile es impresionante. Ellas giran, ellos marcan con contundencia

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el paso. Los destellos de los trajes brillantes le dan a todo cierta aura eléctrica, que se conjuga con el sonido de la música acelerada. Los hombres y mujeres que ahora bailan tuvieron un entrenamiento comparable al de un atleta de alto rendimiento y, por eso, algunas academias no solo contratan a instructores de baile para dirigir las coreografías, sino también a preparadores físicos para desarrollar la resistencia. Los bailadores de joropo moderno saben que esta modalidad es la que más le exige al cuerpo. Por eso Cristian, un joven bailador, me contará que es tan intenso el baile que algunos no lo resisten y terminan desmayándose. Mientras que Anthony, un bailador venezolano, insistirá en que entrenar varias horas al día es esencial para lograr no solo la perfección del movimiento, sino la capacidad cardiopulmonar para ejecutarlo durante un periodo prolongado, como es necesario en el Joropódromo. La protagonista entonces es la resistencia para mantener esos fogonazos de energía que estallan a lo largo de todo el trayecto, pero también es la coordinación milimétrica para que todas las parejas parezcan una sola. Los que estamos a uno y otro lado de la vía atestiguamos un espectáculo donde la técnica y la capacidad física se desbordan en una marea de cuerpos transpirados y ágiles. Los que estamos aquí, como observadores, quedamos suspendidos bajo el efecto hipnótico de una danza que se reinventa, que explota bajo un cielo que no se decide entre la lluvia y el sol. Esa es la fiesta, esa es la celebración de una cultura que sorprende, que deja sin aliento, que evoluciona. Que es espectáculo, pero también es memoria y raíz. Que es amplia como la llanura misma. La fiesta termina con un público que se encuentra con su identidad, con unos artistas que dejaron todo en un circuito largo y exigente, con una fiesta que celebra como ninguna el folclor llanero, con unas postales que permanecerán en la memoria. Y para la memoria del Joropódromo de Villavicencio, quedan los ganadores.

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Ganadores 19 Joropódromo CAT E G O R Í A

M O DA L I DA D

GANADOR

E N T I DA D

MUNICIPIO

D I R E C TO R

Educativa Joroperitos

Tradicional

Remolineando Joropo

IE Remolinos

Puerto López (Meta)

Martín Antonio Gaitán

Educativa Joroperos

Tradicional

Alma Llanera

Universidad de los Llanos

Villavicencio (Meta)

Delio Manuel López

Población con Discapacidad

Tradicional

Foniñez

Cofrem

Villavicencio (Meta)

Noraldo Augusto Santiago

Adulto y Personas Mayores

Tradicional

Padrotes de Rondón

Casa de la Cultura Leocadia Vásquez

Puerto Rondón (Arauca)

Publio Bautista González

Comunidad Afrodescendientes, Indígenas y Víctimas del Conflicto Armado

Tradicional

Esteros del Mancacías

San Rafael de Domo Planas

Puerto Gaitán (Meta)

Santos Betancourth Castro

Empresarial y Entidades Públicas

Tradicional

Los Vaquianos del Joropo

Instituto de Movilidad y Transporte

Tame (Arauca)

Johan Ardenis Rodríguez

Casa de la Cultura Joroperitos

Tradicional

Pijoteritos

Casa de la Cultura

Yopal (Casanare)

Michael Andrés Higuera

Casa de la Cultura Joroperos

Tradicional

Mastranto Juvenil

Casa de la Cultura

Saravena (Arauca)

William Ascanio Martínez

Tame (Arauca)

Hussein Alirio Hernández

Academia de Baile Joroperitos

Tradicional

Requiperitos

Corporación Cultural El Repique, Bellas Artes

Academia de Baile Joroperos

Tradicional

Cabalgando

Academia Cabalgando

Arauca (Arauca)

Santos Ramón Durán

Joroperitos Moderno

Moderno

Huellitas del Joropo

CORCUMA

Tame (Arauca)

Pablo Bautista González

Joroperos Moderno

Moderno

Selección Cabrestrero

Academia Cabrestero

Villavicencio (Meta)

Gustavo Erleady Vásquez

Fuente: Instituto Departamental de Cultura del Meta

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CAPÍTULO 5

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Bordรณn Libre

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El conjunto llanero: tradición, evolución y tendencias actuales A las ocho de la mañana del martes 25 de junio de 2019, la entrada al edificio de Bienestar Universitario de la Universidad del Meta en Villavicencio (Unimeta) estaba tomada por músicos y lutieres de diferentes edades. Habían venido de muchos lugares, incluso desde otros departamentos. Se oían las voces de Luis Horacio Vasco, director del Instituto de Cultura del Meta; de Luis Ibarra, asesor de música departamental; y de Jaime León, coordinador del evento que estaba siendo inaugurado aquella mañana. Fue el inicio de semana del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Por primera vez el Joropo Académico, en su décimo tercera versión, tenía un componente de formación a través de talleres y clases magistrales en áreas de cuatro, bandola, arpa, danza, maracas, bajo y lutería de instrumentos llaneros. Todo dirigido por grandes maestros en su especialidad, reconocidos nacional e internacionalmente. Una de las conclusiones a las que se llegó según los análisis hechos por Luis Ibarra y Luis Horacio Vasco es que, más allá de que se haga una discusión o un foro en el marco de este componente del Torneo, se deben brindar espacios de tipo formativo y académico. Al estudiar festivales en otros lugares del país, se observó la relevancia que se da a los espacios de formación y apropiación de saberes en relación con las músicas tradicionales y populares, los músicos profesionales, los sabedores y los jóvenes que se encuentran en sus procesos de formación musical. Además, hay una gran preocupación alrededor del concurso de música que promueve el Torneo con relación al “malabarismo” instrumental y a logros de tipo técnico que los

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participantes demuestran en las diferentes modalidades, pero con unas propuestas musicales frías, sin sabor y muchas veces pobres musicalmente. Por estas razones se decidió transformar al Joropo Académico, a partir de este año, en su versión XIII. Los espacios formativos en asocio con la Unimeta y el Instituto Departamental de Cultura del Meta se extendieron en jornada completa durante los días 25 y 26 de junio. Más de 150 estudiantes de todas las áreas se encontraron en el edificio de la universidad y en algunos espacios destinados, como el auditorio La Vorágine, de acuerdo con el énfasis instrumental y la opción de lutería. El área académica fue diseñada por el músico Juan Pablo Rodríguez y los talleres fueron coordinados por Jaime León y Luis Ibarra. Se desarrollaron talleres intensivos en las áreas de cuatro a cargo de Heri Wilches; bandola a cargo de Edwin Hidalgo; arpa a cargo de Yesid Castro; maracas y percusión a cargo de Fernando Torres; bajo eléctrico a cargo de Carlos “Calao” López y, como novedad, por primera vez, un taller con encuentro de saberes en el que participaron diferentes lutieres del departamento del Meta, coordinado por el maestro Augusto Rodríguez. Todos estos músicos forman parte de las agrupaciones que acompañan a las grandes estrellas de la música llanera como Orlando “Cholo” Valderrama, Palo Cruza̓o y Walter Silva. Este hecho se enfocó así porque se quiso brindar un espacio guiado por músicos que viven de hacer música, que pertenecen al formato del conjunto llanero y para los que el escenario es parte de su vida cotidiana. Además, todos estos jóvenes maestros de la música llanera se han encargado de llevar al joropo a los más grandes escenarios en Colombia y fuera de ella. Unas preguntas fundamentales que guiaron el evento fueron: ¿cómo se estructura una obra o pieza musical? y ¿cómo se arregla y se monta? Por tanto el producto final fue presentar un montaje musical pasando por todo el proceso de creación y arreglos de la obra. De la misma manera se abordó la lutería y se profundizó en la construcción en equipo de un cuatro y de un arpa llanera, partiendo desde la elección misma de las maderas. Por problemas con la vía al llano, no se pudo contar con la participación de otras instituciones del interior del país —como se había planeado inicialmente—, con el fin de vincular universidades públicas y privadas con programas de formación en música. No obstante, se sintió el apoyo regional y la unión entre los departamentos de la Orinoquía frente a la crisis vial. Como manifestó Luis Horacio Vasco, se espera poder seguir fortaleciendo este espacio pedagógico, que debe ser un componente fundamental para el futuro del Torneo. Además, como ya es costumbre, el espacio de reflexión de media jornada se realizó en el Parque Las Malocas, en la mañana del viernes 28 de junio, con una asistencia total y la participación de los conferencistas Jorge Nel Navea, Carlos “Cuco” Rojas

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y William Castro, quienes desarrollaron un foro con las agrupaciones Los Copleros del Arauca de David Parales, el conjunto de Mario Tineo, Palo Cruza̓o y Bordón Libre, alrededor del tema central del XIII Joropo Académico, “El conjunto llanero: tradición, evolución y tendencias actuales”.

La lutería criolla A la entrada del edificio de Bienestar Universitario de la Unimeta, se instaló una carpa donde había gran cantidad y variedad de maderas, cortadoras, prensas, aros, diapasones, tapas armónicas y muchas herramientas especializadas para el trabajo de lutería. Allí se congregó un grupo de reconocidos lutieres del Meta provenientes de municipios como Mapiripán, Granada, Acacías, Cumaral y Villavicencio. El taller fue coordinado por Augusto Rodríguez, lutier que ha desarrollado trabajos de formación con el Ministerio de Cultura e investigaciones relacionadas con el diseño y la sonoridad del arpa llanera con levers a través del Plan Departamental de Música del Meta, patrocinado por esa cartera ministerial e implementado por la Fundación CIRPA durante 2014 y 2015. El taller se inició con la búsqueda de técnicas de construcción y el aporte de conocimientos de todos los lutieres para la fabricación de un cuatro y de un arpa llanera. Previamente los participantes recibieron una formación de tipo teórico para luego llevar el conocimiento a la práctica, momento en el que se les ilustró sobre las diferentes maneras de solucionar cada problema, para que al final obtuvieran un cuatro totalmente terminado con los aportes y conocimientos de ocho importantes constructores del departamento. El segundo día se avanzó en la construcción de un arpa llanera. El tiempo no dio para llegar a terminarla, pero dejó importantes reflexiones y aprendizajes en los participantes. Se debe resaltar que el éxito de este taller fue total y generó un valioso intercambio de saberes que todos los participantes de manera unánime valoraron positivamente. Para Pedro Rodríguez, de Acacías, fue fundamental la experiencia porque nunca se había realizado y permitió contrastar diversas competencias y conceptos que cada constructor ha probado. Para José Pérez, de instrumentos “El Cubiro”, con una experiencia de 45 años en la lutería de Villavicencio, es fundamental poder fortalecer el segmento de la construcción de instrumentos y los espacios de enseñanza y perfeccionamiento para producirlos con calidad de modo que puedan competir a nivel nacional e internacional. Para la familia Fernández —también de la capital del Meta—, cuyos integrantes son todos lutieres, participar de este espacio representa algo muy valioso por el intercambio de saberes y la fuerza de la motivación colectiva. En este oficio casi nadie

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Lutier Augusto RodrĂ­guez


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ha tenido formación y el aprendizaje siempre ha sido empírico, a través de la transmisión oral, por lo cual resulta importante normalizar estos espacios de formación en el marco del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. “Este es un arte en el que todos los días uno se permite enseñar y aprender y este espacio es fundamental para poder generar esas dinámicas”, asegura Giovanni Castañeda, uno de los lutieres participantes. Moisés Fernández aprendió la lutería de su padre y dice que todos los días de su vida aprende cosas nuevas relacionadas con su oficio. Resaltaron y propusieron además la idea de que en el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” también hubiese una categoría de concurso para el mejor lutier cada año, además de un espacio para exponer y vender sus productos de lutería en el Parque Las Malocas durante los días del Torneo. Fue a través de un censo de los lutieres del Meta realizado por el Instituto de Cultura que se hizo la convocatoria a los participantes de este taller. Aunque aún se está iniciando, este espacio es un primer paso que determinará el fortalecimiento del área de los constructores de instrumentos en el departamento, que además representa un área de producción artística y cultural que genera capital económico, cultural y social.

Los talleres Juan Pablo Rodríguez diseñó los talleres movido por el deseo de incorporar lo académico al joropo, que es una música de tradición oral pero que ya cuenta con grandes e importantes músicos que requieren más herramientas para generar propuestas con otros elementos aparte de los aprendidos desde la oralidad. La idea inicial fue hacer un programa de formación tipo seminario, en el que se abordaran brevemente las principales tendencias, estilos y técnicas de cada instrumento. Posteriormente se definieron contenidos melódicos, armónicos, rítmicos, arreglos y composición. Los talleres estuvieron divididos por instrumentos y cada uno de ellos fue dirigido por un maestro con una gran trayectoria y plena idoneidad. Un elemento fundamental para la elección de los directores de cada taller fue el reconocimiento de cada uno de los maestros en su instrumento de énfasis, puesto que la idea era que los músicos que están en los escenarios fueran quienes compartieran con los estudiantes, no solo sus conocimientos y técnica, sino también sus vivencias y su experiencia con la música y específicamente con el joropo, tanto desde la oralidad como en el ámbito académico. En el área de la danza llanera se contó con la asesoría del maestro Julián Albarracín, un reconocido artista nacional, que ha trabajado en los programas de danza del

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Ministerio de Cultura. Él resaltó el reconocimiento que ha ganado la danza llanera a nivel nacional y la importancia que el baile del joropo tiene para la construcción de la identidad de la Orinoquia. Enfatizó los grandes logros en la sistematización que se viene haciendo de la danza del joropo y la manera como se sigue investigando y articulando en los espacios sociales. Esto ha hecho que la cultura se mantenga viva y que personas de todas las edades sigan practicando el joropo en un territorio donde aún se hacen parrandos y donde bailar la música tradicional es motivo de orgullo. Esta es una tradición que solo se puede heredar en la cotidianidad y perpetuar gracias a la práctica, y aquí en el llano se ha logrado de una manera potente y admirable. Por tanto hay que entender esta danza en su contexto sociocultural, en el ámbito pedagógico, en su práctica artística-escénica; asimismo, es necesario comprender la danza como instrumento y medio de empoderamiento de las comunidades de practicantes. Este último sería su poder transformador social, fundamental para un territorio azotado por problemas de violencia.

Las reflexiones y debates en torno al “conjunto llanero” El tradicional foro se realizó el viernes 28 de junio, para abrir el debate en torno al “Conjunto llanero: tradición, evolución y tendencias actuales”. William Castro moderó la actividad y presentó a los participantes. Se inició con la intervención de Jorge Nel Navea, escritor e historiador araucano invitado al evento. Centró su disertación alrededor del estudio sobre la etiología del conjunto llanero, tarea que puede ser complicada por la falta de documentación. Propuso que la semilla embrionaria del conjunto llanero se debe buscar en Venezuela, porque es allí donde esta música ha formado parte de la matriz cultural del país, no así en Colombia. Especialmente en el estado de Guárico hay referencias a una música que hacía alusión a la naturaleza y al paisaje; es allí donde se debe buscar el origen de la música llanera. En la historia de la música llanera, después del Indio Figueredo aparece Juan Vicente Torrealba que tenía un conjunto de guitarras y se da cuenta de que la música llanera puede ser explotada y divulgada, argumenta Navea, y para esto le suma el contrabajo, que no fue bien recibido en un principio. De otro lado estaba el atuendo que debe vestir un conjunto llanero: con respecto a esto Torrealba propone el liquiliqui, manta o ruana y sombrero alón de paño. Asimismo propone un estilo para tocar maracas. A partir de aquí definen un tipo de conjunto llanero y crean un imaginario asociado a la música llanera, y así se graban discos y películas. Dentro de la memoria

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William Castro

Jorge Nel Navea


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popular de esta cultura se atribuye a José Cupertino Ríos la creación de diversos golpes hoy muy famosos, como “La catira”, “El gaván” y “La quirpa”, entre otros. Este músico sería entonces una de las principales influencias de Juan Vicente Torrealba. En medio de esa rica oralidad asociada al mundo llanero, se dice que un día, mucho tiempo atrás, invitaron a Hernando “Mota” Pérez a un evento que se hacía para un visitante ilustre y le pidieron tocar un arpa. Entonces Mota fue y agarró un palo de casabe y armó un arpa que llamaba quitapón. Cuando le preguntaron que por qué ese nombre, él respondió que era porque quitaba las angustias y ponía las alegrías. Miguel Ángel Martín inicia con la idea de difundir el joropo y el arpa después de cruzar el río Arauca con Mota y Lamuño, por allá por los años cincuenta. Después se va Miguel a Villavicencio y lo siguen Bayiyo, David Parales, Hugo Mantilla y Joaquín Rico. Este proceso se trasladó al Meta y allí se encuentran a un Luis Ariel Rey, “que está pegando”, y coinciden con los Copleros del Arauca, y así se reafirma la música llanera. Hoy en día se busca dar un nuevo ropaje a esta música para hacer de esta un espectáculo, para que se introduzca con fuerza en el mercado musical a partir de la hibridación y la fusión de diversos estilos. Sin embargo, como enfatizó Jorge Nel Navea, es importante documentar y preservar la tradición. Para Carlos “Cuco” Rojas es importante preguntarse por la denominación “conjunto llanero”. El concepto de llanero varía de acuerdo con la época y en cada momento se destaca una representación distinta, una de estas es la de ser vaquero y trabajar con el ganado o trabajar llano. Luego lo llanero se asoció a lo característico de la región de los llanos orientales de Colombia; es decir, ya no significaba necesariamente ser trabajador de llano, se volvió una expresión relacionada con un territorio. El conjunto llanero es una expresión relativamente nueva. Antiguamente se usaba más el concepto de “conjunto de arpa”, que es de origen venezolano. El concepto “conjunto llanero”, entonces, está siendo usado para designar un poder representativo de una cultura y de una música asociada a un territorio que se limita a arpa, cuatro, maracas y bajo eléctrico. Pero lo que sonó antes no es lo que suena hoy y la instrumentación de la música llanera es más amplia que esta, que reduce y delimita el concepto de conjunto llanero. Hay y hubo otras maneras de conformar los repertorios llaneros diferentes a lo que hoy se conoce como “conjunto llanero”. Alrededor de las disertaciones y debates, lo que más se resaltó en este XIII Joropo Académico fue un fuerte cuestionamiento alrededor de las sonoridades del joropo en relación con ese tipo de organología denominada “conjunto llanero”. En suma, se han configurado los imaginarios a partir de diversos ámbitos, por ejemplo el mercado, que ha impreso un sello al desarrollo del joropo con la regularización y

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normalización de este formato de arpa, cuatro, maracas y bajo, en la mayor parte del territorio. Hoy en día las propuestas de los ensambles, conjuntos o formatos buscan nuevas sonoridades afuera del contexto llanero. Jhon Harby afirma que esta búsqueda no debe deslegitimar lo tradicional, que incluso ya se hizo, porque el mismo Juan Vicente Torrealba tuvo fuertes influencias del cine mexicano y de modelos de identidad de la música mexicana, entre muchas otras.

Los standards llaneros, La Maquinaria Llanera y los ensambles El lenguaje de la música llanera está plagado de formas de hacer música que no son únicas del joropo, porque son comunes a las músicas populares; similar a como se improvisa en el jazz, se hace también en un golpe llanero, como una periquera, una paloma, un gaván o una chipola. Cada músico lo recrea o lo transforma creando una propuesta nueva a partir de una estructura rítmico-armónica. A partir de eso se pueden hacer rearmonizaciones, cambios de tempos, matices en la orquestación en cuanto a masa sonora y tímbrica, entre muchas otras opciones, que son infinitas y se deben acomodar a las necesidades de cada tema e incluso a cada espacio, porque, por ejemplo, es diferente estar en el escenario de un festival como el Torneo a estar en un estudio de grabación. En este sentido se entienden las transformaciones que se gestan en las búsquedas de los nuevos formatos o ensambles, que ponen en tela de juicio la sonoridad del joropo tradicional. La Maquinaria Llanera —con Ernesto Laya, Ramón Mota, Gailabi Jiménez y José Archila— ofrece una sonoridad muy importante porque trasciende, imponiendo una asociación rítmica de maracas y cuatro, y otra entre arpa y bajo, tomada —según el análisis de Jhon Harby— al parecer del vallenato. Además, este formato es uno de los que toma fuerza y trasciende hasta Colombia, formalizándose a través de los festivales y las grabaciones, que son los medios más potentes de difusión del joropo. Curiosamente, La Maquinaria Llanera no estuvo presente en este XIII Joropo Académico, porque habría sido un alimento crucial al debate. Este diseño sonoro a partir de ese tipo de “conjunto llanero” se difunde y se vuelve muy popular en Venezuela. En Colombia es adoptado de una manera “natural”, sin un cuestionamiento de fondo sobre lo que significa adoptar una sola o única forma de sonar y de conformar organológicamente un formato para el joropo. Esto homogeniza la sonoridad de la música llanera en un paquete que se ha popularizado en el contexto de la música llanera venezolana y que debe formar parte del debate continuo entre los estudiosos de la música llanera

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Carlos “Cuco” Rojas


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en Colombia, puesto que las organologías de la sabana colombiana han tenido otros grandes e importantes desarrollos instrumentales. También hay una relación entre el desarrollo de los músicos, la instrumentación y la manera de manejar el lenguaje musical. Un grupo puede sonar muy denso, con muchas escalas y manejo de modos, pero cuando improvisan las melodías no suenan dentro del estilo. Esto se debe a un desconocimiento de la música y de la tradición. No es solo tomar influencias sonoras, rítmicas, melódicas o instrumentales de otras músicas, sino tener clara la tradición, en este caso de la música llanera, que no se adquiere solamente a través de un maestro y un aula de clases, sino que hace falta la vivencia y el contexto. En el caso de Bordón Libre, el centro articulador fue Orlando “Cholo” Valderrama, quien, aparte de su tradición apropiada directamente de la tierra a partir de su formación y su vivencia, también ha sido un hombre que conoció otras culturas. Cuando este coincide con Jhon Harby, acuerdan que se “cambie todo este tipo de cosas como lo de los cuatro músicos parados atrás (en escena), como estatuas que solo tenían motricidad en las manos, porque ni siquiera había circulación. Esto se cambia y el mismo ʻCholo’ pide que la sonoridad del grupo sea distinta. Él va a cantar joropo y nosotros vamos a proponer algo diferente, como pasó con Camarón cuando grabó y llevó a Paco de Lucía al estudio y Paco le dijo: ‘Esto no suena flamenco’. Y le respondió Camarón: ‘Espérate que yo lo cante y te va a saber a flamenco’. Es lo mismo, porque entonces, en aquel momento yo le dije: ‘Pero, Cholo, hay una locura aquí entre lo que usted está buscando y lo que nosotros…’. Y respondió cortando la palabra: ‘Ustedes toquen que yo voy a cantar y eso va a saber a joropo’”, relata Jhon Harby con relación con su experiencia en Bordón Libre y su novedosa propuesta sonora, el influjo de la tradición, el poder de la vivencia y el territorio en el que se sitúa “Cholo” Valderrama y su obra. Finalmente, a propósito de este XIII Joropo Académico, en Agenda Hoy (el 3 de julio de 2019) se publica un artículo que resalta una de las principales conclusiones de esta jornada de reflexión y debate: “Carlos ‘Cuco’ Rojas, director de la agrupación Cimarrón, y Jhon Harby Ubaque, director de Bordón Libre, coinciden en que la música llanera colombiana es más que arpa, cuatro, maracas y bajo eléctrico, e invitan a desprenderse y no encasillarse solo en el formato venezolano que ha cercenado la historia del género”. Esto ha ocurrido en gran medida por el paternalismo que ha tenido lugar de Venezuela hacia Colombia en el ámbito del joropo y que, día a día, viene siendo objeto de reflexiones juiciosas que llevan a una búsqueda sonora, estilística y organológica más ceñida al territorio colombiano y su desarrollo histórico.

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CAPÍTULO 6

EL HOMENAJE A DO

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Pintando la aldea: de La Plata al resto del mundo “El joropo es una forma de gritarle al mundo que existimos como sociedad, significa el orgullo de nosotros los llaneros y significa poder cantar libremente”

El reconocimiento de la obra de Walter Silva no viene solo de parte de sus seguidores. Grandes cantautores —entre estos Reynaldo Armas— resaltan la importancia de su música para la identidad llanera, para la tradición y para la transmisión de los saberes del joropo y la cultura propia de hombres y mujeres de la llanura. El 30 de abril de 2019, el reconocimiento fue patente en el Movistar Arena de Bogotá, en una rueda de prensa encabezada por la gobernadora del departamento del Meta —Marcela Amaya— y los medios de comunicación nacionales, previa al lanzamiento del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, porque en 2019 el artista homenajeado en el más grande evento del joropo en Colombia y Venezuela es Walter Silva. Al lado de él están además grandes maestros como Carlos Quintero, Aries Vigoth, Jhon Onofre, Palo Cruza’o, Cholo Valderrama y Reynaldo Armas, que le rinden homenaje.

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El gobierno del Meta ha decidido homenajear a Walter Silva en la versión 51 del Torneo Internacional de Joropo “Miguel Ángel Martín” por su preeminencia en el mundo de la música llanera, por los aportes al joropo gracias a su creatividad musical y poética, pero también por los muchos significados del mundo de este cantautor nacido en Pore (Casanare), significados que cobran mayor relevancia en este 2019, año en el que se conmemoran los doscientos años de la gesta libertadora, en la cual este pueblo y sus habitantes fueron protagonistas. No en vano se ha desarrollado un Plan Especial de Manejo y Protección de su centro histórico, por ser considerado de interés nacional para la historia y la memoria de lo que ha sido el proceso de construcción de Colombia como Estado nación. A propósito del valor histórico de Pore, dice Walter: “Mi municipio, mi pueblo, es un libro de historia que ha sido abandonado y sus páginas están empolvadas. Nosotros los poreños hemos hecho muy poco por mejorarlo y preservarlo para las generaciones que vienen. Nos sobra historia y nos falta esfuerzo por valorarla y difundirla. Todos los poreños tenemos una gran deuda con nuestro gentilicio. Lo del bicentenario ha sido un soplo de vida para nuestro pueblo, que ojalá contribuya en mucho a un cambio de mentalidad hacia la historia grande que tenemos”. De otro lado, fue a Walter Silva a quien encomendaron la ardua y difícil tarea de componer el tema oficial para la versión 50 del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Y no defraudó, al contrario: convenció y enamoró presentando su canción “El cantador de mi tierra” —hoy convertida en himno según la Ordenanza 1022 de 2019—, en la que hace un entrañable homenaje a Miguel Ángel Martín, creador del Torneo Internacional del Joropo. Walter afirma que el torneo “hace rato dejó de ser una fiesta para convertirse en un espacio institucional de una gran trascendencia y envergadura. No se trata solo de un parrando o de una celebración, cuando se involucran espacios académicos, memorias escritas y audiovisuales, conversatorios, encuentros gastronómicos y un sinfín de eventos de todo tipo. Eso es otra cosa, mucho más organizada, más importante desde todo punto de vista”. Ser homenajeado en este evento, afirma Walter, es una gran responsabilidad, si se piensa que en este mundo se hacen méritos para poder merecer lo que logra, entonces se pregunta: “¿Qué habré hecho para alcanzar estos logros?”. Y, además, no deja de sentirse algo mayor porque, dice, “los homenajes se los hacen siempre es a los viejitos”, y reímos todos con su buen humor.

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Éxito musical y orgullo campesino ¿Dónde radica el éxito de Walter Silva? Es una pregunta importante para entender su música y para comprender también el mismo joropo. Hay distintas respuestas. Sus composiciones hablan de otra cara del llano, la del llanero veguero al que poco se le ha cantado. Trata temas que lo acercan a la gente porque han sido creados narrando una ruralidad propia, tejiendo la poesía, elaborando analogías entre figuras y prácticas cotidianas, que en sus canciones se hallan a puñados; una de estas analogías es la que elabora entre la marca en la oreja del ganado indicando pertenencia ―balazo y punta e’ lanza― y la manera como lo flecha el amor de una muchacha. Están también los recuerdos de los bailes, los caminos que atraviesan la vereda e innumerables referencias llaneras vueltas verso. Son formas de narrar que identifican otras llaneridades o modos de ser en el campo, como la boyacense. Así su música poco a poco se ha hecho conocer y se va abriendo camino a paso lento pero firme, como el de los buenos caballos en las grandes travesías con ganado, por la dura trocha de la música. No es difícil suponer que el fenómeno musical de Walter Silva apenas comienza. También su poética bebe de la oralidad, del habla cotidiana, de los dichos, de los refranes, del relato veredal, del cuento de camino. El llano no son solo dueños de hato: la mayoría de los llaneros viven en las veredas y realizan trabajos de mano, siembran conucos, pescan, crían marranos y gallinas, y ordeñan vacas que tienen en la cuadra… Esos llaneros son seguramente la mayoría. Ese llanero dibujado por la música de “El Carrao de Palmarito”, Francisco Montoya y Ángel Custodio Loyola representa un ideal de llanero recio, braga’o, peón de sabana, cabrestero, diestro en leco, caballo y soga. A ese llanero se le ha cantado bastante, pero Walter le canta también a ese otro llanero, el veguerito, en ese tiempo que sucede entre trabajo y trabajo de llano. Walter es sencillo y de palabra franca, y claro en sus apreciaciones cuando se le pregunta por este ideal de llanero trabajador de llano: “Hay dos formas de que un campesino nacido en los llanos se incline a ser llanero de sabana, de ganado y de caballos: una, haber tenido estos animales, o dos, que en su necesidad haya tenido que irse a trabajar como peón de sabana. Yo no tuve ni la una ni la otra. Fui más bien llanero de vega, pero yo no fui un trabajador de llano”, comenta. Es entonces una música que recrea un contexto campesino de esa mayoría. Contexto que tiende a desaparecer por muchas causas, pero que la música de Walter Silva revive porque viaja en sus versos, en sus golpes también tradicionales y en las melodías de un joropo con tinte local que, desde que se escucha, se le adivina su pasado de diapasones, guitarras, bandolones y guitarros en los parrandos de un ayer

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no muy lejano en La Plata, en el Guachiría o en la rica costa del Pauto. No ha grabado con bandola, pero sí ha tenido una fuerte influencia de los golpes de la bandola casanareña y los ha pasado al lenguaje del arpa, en canciones como “A que te dejas querer”, “Apareció mi muchacha”, “Pua’y pa’ fuera” o “¡Pija pariente!”. Son golpes de la bandola sabanera, de tradición popular, reminiscencias de sonoridades de un joropo anterior al advenimiento del arpa, tocado por manos de conuqueros y de peones de sabana, después de las jornadas de trabajo.

¡“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, serás universal! Ya la frase la dijo Tolstoi, pero en la música de Walter se hace, una vez más, evidente y cobra toda su fuerza. Además adquiere una potencia sin precedentes que se aprecia en cualquiera de sus conciertos. Por esto es importante adentrarse en su mundo para entender la coherencia de su música con su vida y la relación íntima y poética que guarda con su raíz. Le acerca al gran público el mundo de un niño o de un joven campesino en una vereda del llano y logra la empatía estética en un melómano rural o urbano de cualquier parte del país. La Plata es un caserío en la costa de La Curama, sobre la vía que une a San José de Pore con la Trinidad del Pauto. Walter Silva es un veintiochomarcero, de 1973, que nació en esta vereda, lugar que le ha inspirado no poca poesía y le ha hecho cultivar su talento y gusto por la escritura. Su infancia transcurrió alrededor de La Curama, porque de allí salía el agua con que pasaban los veranos de La Plata, pero Walter se considera pauteño y comenta con tristeza cómo hoy día las arroceras secaron el río Pauto. La vereda ha sido una comunidad unida alrededor de la escuela que floreció de la mano de doña Carmen Luisa, tamareña, madre de Walter y, como maestra, madre también de cientos de niños. Al llegar acá, todo en derredor es testigo fiel de su infancia. Personas de todas las edades lo saludan con una sonrisa y los niños le dicen “Maestro, maestro”, y lo quieren abrazar. Y lo abrazan. Porque él se deja querer. Para Walter lo fundamental y el principal valor que debe tener la música llanera es su naturaleza; por eso, poco se le escucha cantar que amansó un potro o que recogió ganado, que trabajó llano, porque no tuvo ni ganado ni caballos. A él le gusta escribir para contar historias y esa originalidad, esa sinceridad de sus letras ha hecho que la gente se sienta identificada, que su música sea tan querida por la mayoría y tan cercana a quienes lo siguen y admiran. Le han llamado la atención algunas

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veces por la forma como expresa las vivencias en sus letras, pero la verdad es que para él las cosas deben ser contadas de la manera como suceden, no cambiando los hechos o la manera como se deben decir de acuerdo a un modelo social imperante. Más allá del éxito musical, del indudable talento, del amor y del arraigo por su tierra, por ese “revolcaderito e’ burro” —como dice en alguna de sus canciones—, más allá de todo eso está un ser humano que es querido por su comunidad. Con la música de decenas de arrendajos anidados en el matapalo que preside la escuela desde hace más de 40 años, y que es uno de los primeros recuerdos que guarda de su infancia, Walter Silva nos cuenta detalles de su vida, del viejo Víctor Ramón Silva y de la profesora Carmen Luisa Gutiérrez, sus padres. Ella, fundadora de escuelas; su poderosa e imborrable huella quedó plasmada en la comunidad platense y, por supuesto, en su vida. Hoy día la escuela es un colegio y prepara a los jóvenes en los conocimientos del campo y las labores agrícolas. Esto no deja de enorgullecer a Walter, puesto que su madre es su motor más poderoso. Su padre le enseñó que en el respeto a los mayores se funda la ética familiar, le inculcó la certeza de que hay un momento en la vida para cada cosa y aprendió de él a cuidar el lenguaje. La herencia de la sabiduría familiar y popular es algo que atesora, junto con lo que ha heredado de la lengua de los viejos llaneros ―que conoce muchos―, sus experiencias, sus creencias, la llaneridad de los patriarcas y las matronas llaneras. Todo esto lo atrae y lo aprende, porque es la materia prima con la que dibuja su llano, ese que cantamos y bailamos en sus conciertos. Nuestro llano. En ese caserío —La Plata— floreció también el amor: “amor del alma, boquita del primer beso, ojitos del primer gusto, nunca te olvides de mí…” se oye en la canción “La de los mangos”, cuya protagonista seguro está en algún lugar, muy cerca. “Hoy día ya es una señora y siempre la molesto yo”, dice Walter sonriendo. Pasar por los lugares que se quedaron en la memoria es recorrer olores y sabores. Y el sabor de los mangos de estos árboles es único, los mangos de las otras veredas no saben igual, nos convence Walter con la habilidad de su palabra. El olor de la tienda de “El chino de los mandados” solo le pertenece a esa tienda, solo ese lugar huele de esa forma. Los pequeños detalles que provocan grandes emociones, importantes obras en la mente y el corazón de los artistas. La nostalgia es también un elemento fundamental de la creatividad de Walter, que ahora camina por las callejuelas de La Plata como en otro tiempo. Este lugar es un palimpsesto en el que se superponen relatos, emociones e infinidad de experiencias que solo él puede descifrar interpretando las enmendaduras y borrones que dejan las vivencias más recientes. Ya una vez lo dijo Pedro Juan Gutiérrez: “Es imposible desprenderme de las nostalgias porque es imposible desprenderse de la

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memoria. Es imposible desprenderse de lo que se ha amado”. Y es así. Es evidente que Walter canta a los lugares, a los objetos y a la gente que ha amado, a los olores, a las imágenes y a los sabores que lo llevan a todo lo querido. “Definitivamente no pude desprenderme de mi pueblo, a pesar de lo duro que me dio en mis inicios”, cuenta. Y la potencia de su música quizás radique ahí, en esa capacidad de identificarse profundamente con su comunidad. Para Walter Silva, lo bonito de las canciones es poder narrar las vivencias de las comunidades, vivencias que son comunes casi en todos los lugares, sin importar si es en el llano o en otros departamentos, como los bailes que se armaban en La Plata para recoger fondos para mejoras en la escuela, o los bazares, los primeros días de clase, los amores y los desamores. Recordando esta escuela fue que escribí “Un baile de antes”, dice Walter sentado en las gradas de la cancha. “Para entrar a la caseta en la tarde, los hombres voluntariosos aceptaban el desarme, en una banca las hembras, paraos al frente los machos y cuando arrancaba el son, era el primero que agarre”. ¿Qué baile de vereda no era así en cualquier lugar del llano? Así empezaban los bailes que se hacían en su escuela, en las épocas de su infancia, y así lo canta Walter años después. Su madre recogía los revólveres a la entrada y los guardaba en un cajón… Pero esto no significaba que fuera una sociedad violenta, el revólver hacía parte de su cultura; por el contrario, eran tiempos muy sanos, de paz. Al otro día después del baile los hombres recogían sus armas y volvían a su casa. Era también el respeto que había por los maestros. A partir de estas vivencias empezó a gestarse lentamente la idea de escribir “El chino de los mandados”.

¿De dónde viene la música? “Yo me remonto a esa época [la de su infancia] y veo dos salones, porque solo eran dos saloncitos, y está mi mamá, papalmente digámoslo así, enseñándoles a cantar a los niños música colombiana, ‘Pueblito viejo’, ‘Los guaduales’ y todas esas canciones que uno aprendió en la escuela. Mi mamá era una directora de orquesta de niños campesinos”, dice Walter, mirando hacia esos dos salones. La música vino con toda seguridad de allí. Hoy día, después de su muerte ella ha sido su mayor inspiración, mucho más que en vida. Porque la vida absorbe y no deja ver lo fundamental: ese tiempo compartido con los seres más queridos, los conciertos a donde no la llevó como invitada especial, siendo ella su más fiel fan, y todos los momentos entre los que transcurre la vida mientras uno se ocupa de planear la vida misma. Pero la música también vino de su abuelo y sus tíos maternos, músicos empíricos,

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sabaneros, que tocaron y amenizaron muchas fiestas y bailes de vereda, con sus guitarras, en todo ese inmenso llano casanareño. Ha habido más músicos por el lado materno, casi todos guitarreros. Música casanareña de diapasones, definitivamente. Pero con toda seguridad el talento y el amor por la música vino de su madre, y por eso a ella le escribió “El chino de los mandados”, su más grande éxito, indudablemente. A ella le regala y devuelve, en agradecimiento, su más grande talento manteniendo viva su memoria a través de su música. De los recuerdos más bellos a propósito de sus inicios en la música, Walter cuenta cuando trabajó como ayudante para la construcción de las calles empedradas del pueblo que hoy recorremos. En esa época, “a Pore llegó un almacén grande y dentro de las cosas que vendían había un cuatro. Mi madre pagó casi todo y yo ayudé a pagar algo. Pero ese fue el primer instrumento musical que tuve en mi vida, un cuatro que sacamos fiado y así mismo lo cuento también en una canción”. Pero además en aquella época ser músico despertaba un gran respeto. Era también algo escaso y la gente tenía ese misticismo especial hacia su figura, a su presencia: “Cuando llegaban los músicos, echaban pólvora al aire, les daban pa’ que almorzaran del mejor chuzo de carne”, dice en una canción. Ese era un privilegio casi exclusivo de los músicos de vereda. Muchas veces, incluso, era el músico el único que lograba conquistar la reina. Era la época en que hacía sus primeras travesías a pie, durante horas por el camino a Pore, seguramente con una cauchera, jugando sus juegos de niño. Muy dentro ya se cruzaba por su mente ser un cantante y componer sus canciones. Otras grandes influencias y motivaciones son las grabaciones. La primera grabadora la tuvo en 1979. Se compraba un cassette y, al comprarlo, se elegían las canciones que le ponían a la cinta. Eso al parecer fue lo que hizo doña Carmen Luisa al llevarle ese inolvidable regalo: su primer cassette. Esa cinta venía con “Laguna vieja” de Reynaldo Armas, “El venado del espinero” de Tirso Delgado, “Cantor, poeta y pintor” de Reynaldo Armas, el primer “Quitaresuellos” de “Cholo” Valderrama y alguna canción de Juan Farfán. En esa región de La Plata se escuchaba religiosamente a Juan Farfán, Tirso Delgado y Alfonso Niño. Y Walter no fue la excepción, pues se formó escuchando a estos músicos, tanto, que él recuerda bailes completos escuchando a lo largo de la noche solo a Juan Farfán o Alfonso Niño. Por esto, la primera canción que cantó fue “Adiós, adiós” de Alfonso Niño, a los seis años, y la cantó acompañado de guitarras en un parrando.

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Es mejor ir paso a paso que a las carreras Después de aprender a tocar cuatro y de avanzar lentamente en el camino de la música, ubicó un programa radial en Yopal llamado Estrellas Llaneras, dirigido por José Suárez, un locutor maniceño. Cada domingo Walter insistía para cantar en ese programa en el cual nunca pudo llegar a ganar o a figurar. Pero esa porfía por llegar arriba lo enamoró aun más de la música. Nunca le interesó mucho ganar en los festivales. Participó en el Cimarrón de Oro y fue finalista. Estuvo dos veces en el Torneo Internacional del Joropo participando como compositor: primero defendido por Jhon Onofre y después, por Lorgio Rodríguez, con quien logró el segundo lugar con su canción “Fundo e’ río”, en 2005. La única vez que ha ganado fue en el desaparecido Festival de la Sabana, en Villanueva (Casanare), con la primera canción que compuso, “Romance del coleador”. Nunca se ha considerado un gran contendor en un concurso y desde una malograda participación en un “Festival del Cacho” en Cumaral, no ha querido, aunque tampoco lo ha necesitado, volver a concursar en un festival de música llanera. La generación a la que pertenece Walter es difícil, porque coincidió con un momento en que muchos jóvenes se dedicaron a cantar y tuvieron la iniciativa de competir; sin embargo, él no le ha parado muchas bolas a eso. Es una generación muy diferente a la generación de Tirso Delgado, Alfonso Niño, Dúmar Aljure, el “Guajibo” Curvelo o Juan Farfán, artistas que le han cantado al llano haciendo un trabajo bonito para dar a conocer su cultura. Pero hoy día todo es más competitivo y las controversias no se han hecho esperar. “Al ruido de la ignorancia el silencio de la respuesta”, apunta Walter, y afirma que no caza peleas o discusiones con otros cantantes o colegas del nuevo mundo del joropo. No le interesa, su propósito está muy por encima de estas intrigas, y eso es a todas luces evidente. Su carrera se ha fortalecido de modo paulatino. La primera canción que dio a conocer fue “A que te dejas querer”, seguida por otra canción que siempre lo ha mantenido vigente y que es parte de su repertorio obligado: “Ríos de trago”. De manera lenta, pero siempre ascendente, después de estas canciones grabó “Ya no le camino más”, quizás uno de los temas que más lo ha encumbrado en el éxito. “El chino de los mandados” y “No me recoja el envase” son los más recientes éxitos, pero acompañados de otras canciones, como “Ese caballo es robado”, “La clave para olvidar” y últimamente “Tres lágrimas”. Pero lo cierto es que estar en un concierto de Walter es sentir cómo el público corea todas sus canciones, todos se las saben, y esto ocurre hoy con muy pocos cantautores llaneros. Ha grabado con la mayoría de los grandes músicos de la escena llanera: por ejemplo, con William Barragán Salcedo, un muchacho casanareño muy joven con quien

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terminó grabando el arpa de “A que te dejas querer”, “Ríos de trago”, “El chino de los mandados” y “Ya no le camino más”. Asimismo ha grabado con grandes del arpa como Mario Tineo, Abdul Farfán, Solaín Rosillo, Darío Robayo, José Archila, Gustavo Sánchez y muchos otros, para los cuales Walter solo tiene agradecimientos. Y entre los cuatristas guarda especial aprecio por el venezolano Ramón Mota y, entre los colombianos, por César Barragán y Libardo Rey, que lo acompaña en sus conciertos; en las maracas, por Diego Hernández, Fernando Torres y Guadalupe Barragán, y en el bajo, por Rubén Darío Rondón, que fue el primer bajista con quien grabó y cuyo trabajo admira enormemente. Por otro lado, en el contrapunteo prefiere el golpe de cunavichero, y el pasaje lo prefiere para cantarle al amor. Dentro de las canciones que no son de su autoría le gusta mucho cantar “La novia del hombre pobre” de Carlos Hernández “Bolo”. Es interesante que en su última producción discográfica titulada Asuntos llaneros tuvo un acercamiento al joropo mirandino de Venezuela a través de uno de los grandes arpistas de esta música, Yustardi Laza, a quien conoció en Bogotá en un encuentro de arpistas latinoamericanos y allí logró convencerlo de grabar “El joropito”, con una tímbrica de requinto pero en el arpa. Una sonoridad y un estilo muy especial que ha sido un gran acierto en la escena venezolana. “Si yo hubiera nacido en la zona andina, sería cantante de bambucos, pasillos y torbellinos, porque amo la música andina” asegura, porque su amor por la música no se queda solo en la llanera. Ama la música y cultiva sus conocimientos porque le gusta aprender, siempre respetando el joropo tradicional. Además, siente el llano como algo inabarcable, infinito. Su sincera humildad con su cultura, su música y su territorio no la calla. Y remata Walter: “Los llaneros no alcanzamos a dimensionar lo que somos como mundo, como extensión, no lo alcanzamos a dimensionar. Por eso es que al ‘Renco’ Macualo se le ocurrió decir: ‘Mucho llano pa’ un llanero’”.

“El chino de los mandados” El chino de los mandados salía corriendo por un camino de tierra, muchas veces sin camisa, a veces con un palito en la mano, pasaba por el lado del palo e’ mango donde unos años más tarde los recogería para “La de los mangos” —“amor del alma, cariñito de la infancia, sombrita del palo e’ mango donde yo te conocí”—. Luego cruzaba la cañada donde vivía la vecina, la del “pocillito e’ manteca”, la del trabajo de vecinos a mano vuelta. Más allá, a cien metros, aún está la tienda de la vereda, la tienda de doña Joaquina, la única tienda de entonces, donde Walter niño

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se perdía, se demoraba en sus fantasías, y su madre le reclamaba “que cogiera fundamento”. Esos lugares, esos paisajes emocionales y esos amores que con tanto acierto dibuja en sus canciones. Walter nos llevó a recorrer el camino que hacía de niño yendo desde donde era su casa hasta la única tienda que existía 40 años antes, y que aún hoy existe. De su casa casi no queda nada, fue transformada en su totalidad por los nuevos dueños. Pero están los caminos y los sitios. Cruzamos la cañada, que atraviesa el camino; pasamos junto a la casa de los vecinos justo antes de entrar a la tienda. Saludamos a la dueña, que lo saluda a su vez, tal vez de la misma manera que lo hacía en aquel entonces. “Aquí, en esta tienda, se conseguía desde un anzuelo para sacar chúvanos hasta un bulto de alambre, y le teníamos mucho afecto porque siempre nos hacían el favor de fiarnos, hasta que se subía mucho la cuenta y entonces tocaba parar el fiado… Aquí, en este recorrido que hicimos desde la casa donde yo nací hasta llegar a esta tienda, nace la canción ‘El chino de los mandados’”, nos cuenta. “Siempre quise hacer una canción en homenaje a mi mamá, y un día amanecí con el bichito encendido y empecé a cantar ‘vaya a la tienda o vaya a donde la vecina que nos haga el favor de prestarnos algo que al final del mes le pagamos’, ahí nació la canción”, dice Walter con desenfado. Es una canción que indudablemente retrata su infancia. Ya lo contó Reynaldo Armas una vez haciendo alusión y resaltando esta canción como el himno de los niños campesinos llaneros de Colombia. Así, Walter rinde homenaje a su cultura, a su territorio, a la gente que lo acompañó en sus primeros años y de manera única y especial a la gran Carmen Luisa, su mamá, ¡la mejor maestra!, que representa a miles de madres colombianas que en el campo, día a día, luchan por sacar adelante a sus hijos ante las dificultades. “‘Gracias, madrecita buena, nunca me acosté sin cena, tú decías que en tripa llena vive el corazón contento’, ese el homenaje más grande que yo he podido hacer a mi madre buena, contarle a la gente que gracias a ella nunca me acosté si cena. Siempre he querido que esa canción venga con una sonrisa a flor de labios, como un recuerdo alegre de mi mamá, porque es lo más hermoso que yo puedo hacer por las madres campesinas. Es una canción sagrada para mí y soy muy celoso de esta canción. Mientras pueda, no permito que la usen mal. Este es entonces un escenario vivo de lo que es una canción viva: una tienda, una vecina, la casa donde nacimos. Aquí estamos. Cuando quieran venir por acá, lleguen a Pore y seguro que yo los acompaño hasta acá, a tomarnos un café”, concluye.

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CAPÍTULO 7

CONCI E RTOS ESPECIA LES


Jorge Guerrero.


Tradición y vanguardia en el ámbito del joropo Dentro de la programación del 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” hubo una gran cantidad de estrellas invitadas, tanto en la tarima principal como en las tarimas alternas. Para comenzar, el viernes 28 de junio, en el “Gran Concierto binacional: Joropo libertario y bicentenario”, se presentó el grupo Cimarrón y los artistas Jhon Onofre, Aries Vigoth, Luis Silva, Joseíto Oviedo, Miguel Ubaque, María Alejandra Castillo, Meyer Beltrán, Nancy Vargas, Wilton Gámez, Javier Manchego, Fabiana Ochoa, Milena Benites y Virgina Rocha. En la noche del sábado 29 de junio tuvo lugar el “Gran concierto binacional: joropo, canto y grito de independencia” con Jorge Guerrero, la agrupación Calipso Orquesta y un set de artistas reconocidos, entre ellos Reynaldo Armas, Villamil Torres, Leidy Lara, Norelkys Rondón, Carlos Rico, Daniel Gualdrón, Víctor Julio Rojas y Fabiana Bravo. Y el domingo 30 de junio fue el “Concierto de cierre”, sobre el cual merece especial mención la presentación del homenajeado Walter Silva, además de Gilberto Santa Rosa, Manuel Turizo y Jorge Celedón.

Jorge Guerrero Es la primera vez que participa como invitado especial en el Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. Verlo de cerca produce una sensación de suma admiración para quienes aman su música, pero hablar con él es otra cosa. Sus palabras son pocas y precisas, con toda la picardía y el humor del hombre de la sabana que aplica a la vida eso de que “si a mí no me lo preguntan, tampoco suelto la

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lengua”. Nos contó que su carrera empezó de manera espontánea, cantando pasajes aprendidos del radio en La Voz del Cinaruco hace muchos años, por allá en el vecindario Lechemiel de Elorza, en el estado de Apure, en su Venezuela. Siendo muy joven escuchaba cantar a Francisco Montoya, a Juan Farfán, a Jesús Moreno y a todos los cantantes criollos de esa época. Jorge resalta que siempre ha tenido una gran facilidad para aprenderse las letras. Y en esa época los peones de sabana del hato Caribe Rojo (propiedad de uno de sus primos) lo escuchaban siendo él muy joven, practicando los pasajes en las tardes, al caer la noche, cuando se ponía a tocarlos con un incipiente golpe de cuatro, a repasarlos, pulirlos y aprenderlos bien. Desde entonces ya había una intención, una fuerza espontánea asociada a la música, muy dentro de sí. Y por eso hoy canta añorando con la nostalgia de su música: Tiempo de Caribe rojo, ah malaya si volviera, caramba mi llano viejo, humedecidos mis ojos, ven clarito la ribera, del Rosario en mi entrecejo. Allí me aprendí el oficio, de llanero entre regaños, de los cuales no me quejo, fue el sol de los sacrificios, que, cabresteando un rebaño, me fue curtiendo el pellejo… “¿Será que alguno de esos trabajadores de llano de Caribe Rojo llegó a imaginarse a quién tenían en frente en aquella época?”. Después de esas vivencias de sabana y de hato, que tanto marcaron su infancia, llegó a Elorza como a los doce años. Allí empezó a estudiar y con eso vinieron las serenatas y los primeros amores. “Ahí empezó el romance, ahí empezó la cuestión”, diría Reynaldo Armas; y a su vez Jorge añade sonriendo: “Ahí empezaron los primeros garabatos en verso, y ahí estaba desde antes el patrón de los pasajes viejos llaneros” —esos pasajes del radio y de la caballeriza con los peones de Caribe Rojo que recuerda con tanto cariño y que lo marcaron de manera tan especial—. De ahí para adelante lo que siguió fue pulir cada día más su poesía y dar más música al verso. Los cantantes que le trazaron el camino y dejaron la más honda huella fueron, principalmente, Francisco Montoya y Jesús Moreno, además de compositores como

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CONCIERTOS ESPECIALES

Ramón Castillo —que le escribía bastante a Montoya— y Genaro Prieto —que le escribía a Moreno—. Afirma que de ellos aprendió a dibujar el llano con versos y a describir y encontrar en el paisaje —y en el pasaje— la respuesta y la forma para lo que quiere contar. Lo que viene después de eso es solo inspiración, porque “después de que uno aprende la técnica lo único que hay es inspiración…”, dice, como recordando algún centro de sabana en Elorza. Proviene de una familia de, sobre todo, contrapunteadores; no de músicos profesionales, sino de cantadores naturales, sabaneros, de grandes parrandos. Cuando comenzó a presentarse ante un público, no solía cantar sus canciones, esas solo las mostraba durante el parrando. Después de haber cumplido con el compromiso laboral, se quedaba parrandeando, como es costumbre. Ahí sí empezaba él con el cuatro: “¡Mira! Tengo esta otra que escribí en tal o cual día. Y dele”, recuerda.

El pasaje criollo sentimental Dice que por allá en el 93 grabó su primer disco con canciones como “Viejo laurel sabanero” o “Reclamo”; pero esta última realmente la grabó por primera vez Walter Silva, “una vez que fue invitado por La Voz del Táchira a San Cristóbal a un festival, donde vivía yo —cuenta Jorge—, entonces él oyó esa canción, le gustó y se la di. Walter estaba criollito, diferente a como está ahora”, continúa contando Jorge. En esa época estaba pegado el pasaje romántico, estilizado, el pasaje “rosao”. Y entonces, como es obvio, estaba pegando Luis Silva y otros como Sexagésimo. Era otro tipo de música que formaba parte de ese contexto más urbano en aquel momento. Por fortuna para la música llanera criolla, esa cuya esencia es aún el llano y que tiene sabana y tierra, llegó Jorge y resucitó ese género agonizante del “pasaje criollo sentimental”, como lo denomina él mismo. “Yo creo que el género no estaba muerto, estaba era como dormío, y ahí fue que llegué yo como a moverle las cabuyeras”, dice riendo con picardía. Algo notable es que este estilo de Jorge Guerrero sí generó un movimiento muy fuerte de un tipo de música llanera destinada a cantarle al amor, muy romántico, pero en términos criollos, a partir de las vivencias y la cotidianidad del llanero. En esa época “ya hasta se había dejado de usar el sombrero, Teo Galíndez y Reynaldo Armas habían dejado de usarlo, y después de todo esto se volvió a usar”, dice Jorge como queriendo ilustrar que la movida de las cabuyeras al “pasaje criollo sentimental” sí tuvo su efecto importante a mediano plazo, a favor de la música tradicional. En sus discos suele grabar únicamente composiciones propias. Siempre los discos completos los graba con el arpista José Archila, aunque también ha grabado con Elio Corona,

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Antonio Ostos y Hernando Ramírez, entre otros, pero nunca discos completos. Esta vez, para su presentación en el 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín” en la noche del sábado del 29 de junio, contó con el arpa de Dixon Archila, el hijo de José. Cuenta que alguna vez, hace muchos años, ganó en la categoría de “tema inédito” en el extinto Festival del Cacho en Cumaral, con un embuste convertido en joropo recio; en realidad, era uno de esos cachos llaneros, pero cantado… Porque también tuvo su época de festivalero. Hoy día cuenta con doce producciones discográficas de estudio, a las que suman las grabaciones de contrapunteos con otros copleros, que se han compilado en dos volúmenes, La parranda del Guerrero (I y II). Comenta que los festivales y la escena del joropo en Venezuela han dejado de ser tan importantes como solían ser, pero guarda la esperanza de que las cosas vuelvan a ser como antes, más temprano que tarde.

Tal vez “Un día me motivé escribiéndole a mi compañera de vida, a mi esposa, y le escribí ese tema, ‘Tal vez’. Como un agradecimiento por acompañarme tanto tiempo, porque uno de todas formas no es un angelito”, dice entre risas de picardía. Tal vez mañana me olvides, o tal vez te olvide yo, el tiempo es quien lo decide, no se te olvide y el tiempo es obra de dios… Esta canción es muy significativa entre sus últimas creaciones. Desde que salió, pegó, antes de sonar ya le gustaba a la gente, una de esas canciones que salen al público con un halo de éxito que las antecede, pues la gente añora a Guerrero en todos los escenarios del llano. Y es muy significativo para él estar en el Torneo, “un escenario donde nunca antes había estado”, manifiesta. En Bogotá llenó escenarios, en el 51 Torneo enloqueció a la gente y en el Festival de la Bandola de Maní la gente lo esperó hasta que el sol estuvo bien alto, sin importar nada, solo para verlo y brindar con sus canciones, por la vida, por el amor y por el llano —llano que no ha muerto pero que sigue agonizante, desde hace como 200 años—. Él siempre quiere dar lo mejor y la gente lo valora por eso: porque sus letras, sus melodías y el alma de su música es poesía, tierra y horizonte. Escuchar “Las tardes grises de junio” es algo que engrifa a cualquiera que ame y sienta el llano, que le duela y que lo añore. Sus frases son látigos de sencillez y sinceridad que dejan a cualquiera sin palabras. Por eso la gente, más que quererlo, lo admira, llora en sus despedidas

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de los festivales, porque no es fácil dejar de conversar con Jorge. La gente lo adora en el escenario, porque se siente representada por su poesía… “Si uno brinda cariño, tiene que recibir cariño; lo que uno siembra es lo que recoge…”, remata Jorge.

Cimarrón Ya se sabe: nadie es profeta en su tierra. Tuvieron que girar por todo el mundo y ganar reconocimientos internacionales que nunca ha logrado ninguna agrupación de música llanera, para que por primera vez Cimarrón estuviera en el escenario del Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”, y fue en 2019 en la versión 51 de este evento. Carlos “Cuco” Rojas creó el grupo Cimarrón a mediados de los años ochenta. Sin embargo, su principal experiencia relacionada con el formato de arpa se dio montando discos de Reynaldo Armas al estilo de lo que es conocido como una banda tributo, para acompañarlo por primera vez en Colombia. “Reynaldo dijo: voy a cantar canciones de estos cinco long plays. Pero nadie sabía qué canciones iba a tocar. Entonces montamos los cinco discos completos, pero sacando de manera exacta hasta el más mínimo detalle, hasta el último pepazo y el último maracazo; sonaron como en los discos. De esa forma fue como logramos empezar a asimilar lo que es el conjunto de arpa, la sonoridad de ese tipo de formato que nos llegó desde Venezuela y que demandó todo un proceso que se debe reconocer a muchos maestros de arpa colombiana, para aprender a procesarla y adoptarla”, afirma Cuco. Desde entonces Cimarrón y el mismo Cuco han sido y son un referente de la música llanera, de modo especial en San Martín de los Llanos (Meta), pero también en todo el mundo, gracias a sus participaciones en el Smithsonian Folklife Festival, WOMEX Festival, WOMAD Festival, LEAF Festival, Rainforest World Music Festival, por mencionar algunos de los escenarios adonde han llevado su estilo propio de hacer música llanera, atrayendo así a nuevos amantes del joropo. Entre sus reconocimientos, vale mencionar su nominación a los Grammy Awards en la categoría de mejor álbum tradicional de músicas del mundo y su triunfo en 2012 de los Independent Music Awards en la categoría de mejor álbum latino con su disco ¡Cimarrón! Joropo Music from the plains of Colombia. En 2019 Cimarrón repite y gana nuevamente el premio Independent Music Awards, pero esta vez en la categoría de mejor canción instrumental con su canción “Zumbajam”, basada en un golpe tradicional de zumba que zumba. Cuco habla de sus influencias e inicios, y dice que se centró en lo que sonaba en la radio venezolana en las mañanas de su pueblo, en compañía de su padre,

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escuchando a Joseíto Romero y los Llaneros del Oeste en grabaciones con “El Carrao de Palmarito”; asimismo, José Romero Bello, especialmente “Florentino y el Diablo”, fue una obra fundamental, como también lo fue vital y estructuralmente la música de Miguel Ángel Martín que se difundía a través de la programación del teatro del pueblo, el “Camoa”. Y también la práctica musical de su tío y de otros músicos que tocaban en fiestas sanmartineras, como Mamerto Chinchilla o Apolonio Enciso. Todo esto cuajó unas sonoridades que forjaron el oído de este artista y una manera de escuchar y de hacer música llanera a través de la radio y los discos y en las fiestas. Sin embargo, es importante resaltar que lo que más dejaba huella era la música que llegaba de Venezuela. Eso fue lo que al final marcaría de manera definitiva su estilo. El conjunto de Joseíto Romero lleva por primera vez el formato de conjunto de arpa llanera a San Martín, acompañando a Juan de los Santos Contreras, “El Carrao de Palmarito”, y este hecho, junto con las grabaciones que traen, dejan una gran huella en los músicos locales. “En San Martín hay muchos discos de esa época firmados por El Carrao, son discos con una firma que solo dice eso, ‘Carrao’, porque él no sabía leer ni escribir y solo sabía firmar así: ‘Carrao’”, cuenta Cuco, jocosamente. En vísperas del festival en 1966 aterrizó un DC3 en el aeropuerto de San Martín con el conjunto completo de Joseíto y “El Carrao” a bordo. Es un momento importante para el pueblo y para la música llanera. Una imagen potente porque la gente salió a recibirlos y desde adentro del avión estaba Joseíto tocando el arpa y “El Carrao” cantando la canción “Traigo polvo del camino” de Augusto Bracca, desde la escalerilla del avión. Se bajaron y después, lo impresionante: “La cara imponente del joropo, el equipaje de ‘El Carrao’ era un costal de fique. Ahí traía su ropa. Luego el arpa la dejaron en la alcaldía porque ellos se fueron a comer y mi papá, que era carpintero, y yo nos fuimos a ver el arpa para conocerla y entender cómo estaba construida”, cuenta Cuco. Esa vez tocaron en el festival y mostraron el formato de arpa, pero fue solamente con arpa, cuatro y maracas, porque no llevaban bajo. Esas primeras vivencias y aprendizajes musicales marcaron profundamente al joven Carlos “Cuco” Rojas y le permitieron forjar su estilo y definir su concepción de la música llanera. A partir del análisis de las rítmicas que se han usado en el joropo desde aquellas épocas y lo que ha evolucionado en la historia del estilo, Cuco ha venido decantando el desarrollo rítmico que lo ha llevado a proponer la voz de Cimarrón, dando mucho de qué hablar, tanto entre los defensores de la tradición a rajatabla, como entre los amantes de la innovación.

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Carlos “Cuco” Rojas.

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La pérdida del protagonismo del arpa Poner lo melódico en lo percutivo es un propósito claro en el trabajo de Cimarrón. Esta concepción nace en la mente de Cuco cuando se da cuenta de que la riqueza rítmica del joropo está en la superficie melódica, mas no en lo propiamente percutivo (las maracas y el cuatro). Esto resulta evidente, por ejemplo, en la relación entre los pies del bailador criollo y el movimiento melódico y juguetón de un arpa o de una bandola, en cualquier baile sabanero. Allí surge un elemento que busca resaltar desde lo sonoro aquella rítmica que propone la melodía a través de los zapateos. Si uno ha estado en un baile criollo antiguo, sin amplificación, y recuerda cómo se oye un conjunto de arpa, cuatro, maracas, un cantador y 30 parejas bailando en el patio de un hato, puede analizar ese paisaje sonoro y se da cuenta de que lo que más resuena es la percusión de los bailadores que buscan un desarrollo orgánico con relación a la melodía propuesta por el arpa, por ejemplo en los llamados y las partes de bordoneo que incitan al zapateo de los bailadores. Esta es otra forma de entender el joropo desde lo percutivo y entender así una propuesta estilística como la de Cimarrón. El bajo y el cuatro tradicionales están más amarrados a la periodicidad de la armonía, una periodicidad de compás; sin embargo, el arpa establece unas periodicidades más largas, que permiten otro tipo de desarrollos de largo aliento, porque son periodicidades melódicas más complejas que las del cuatro y el bajo, que sirven para enriquecer las propuestas de percusión. Al pensar en patrones rítmicos más amplios que un solo compás, proponerlo a través de la percusión, se permite al instrumentista melódico (al arpista) no ser quien genere la melodía y, liberado, poder soltarse y tocar otras cosas más de estilo africano, con rubatos de arpa o de bandola, que suenan novedosos o raros para la oreja tradicionalista del joropo, pero que en la realidad no es algo inventado o sacado de debajo de la manga, sino que sale del análisis mismo del joropo.

Cada uno debe cocinar su propia sopa “La tradición puede ser una cárcel”, según Cuco, y propone que hay una cosa cocinada ya en el llano: un instrumento melódico (el arpa o la bandola), una guitarra golpeada (el cuatro) y una percusión (las maracas). Uno no puede seguir tomándose la misma sopa del abuelo, cada quien debe proponer lo propio. “Y cada quien debe cocinar su propia sopa”, dice Cuco. Hay una percusión que, según dicen, es la herencia de lo indígena en el joropo; sin embargo, en África hay infinidad de sonajeros y maracas: ¿no vino acaso de allí? Esta discusión queda pendiente, pero, “asumiendo que ese sea el origen indígena

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CONCIERTOS ESPECIALES

de las maracas del joropo, es claro que en la antigüedad alguien le quitó esa maraca al chamán y se la puso al joropo. Ahora, nosotros hoy día queremos incorporar el cacho e’ venao de los Sikuani”, dice Cuco, con relación a las tensiones y críticas que despierta Cimarrón en los diversos públicos que lo escuchan. Los diseños melódicos del joropo tienen una influencia directa de la música heredada de España, que a su vez es una adopción de los giros melódicos propios de las músicas del norte de África. Por tanto, la herencia africana en la música llanera es muy fuerte y se manifiesta a través de la percusión insinuada en las melodías y la danza llanera tradicional. Adoptar estas rítmicas de la superficie melódica, para mostrarlas directamente en percusiones de origen peruano o africano, supone la búsqueda de esa africanidad perdida; así se libera la función del instrumento melódico, lo que permite otro tipo de improvisaciones y diseños propios de las músicas africanas. Esta es entonces otra forma de hacer el joropo, una distinta, con otra visión, manteniendo la esencia, pero con ingredientes nuevos para el presente, tomados de la raíz. Es, en definitiva, otra forma de cocinar la misma sopa. Independientemente de las críticas, lo cierto es que Cimarrón causó furor el viernes 28 de junio, concierto con el que dio inicio a su gira mundial y llevar así nuestra música a los rincones más lejanos a partir de estas nuevas búsquedas musicales y exploraciones escénicas e instrumentales. ¡Felicidad y larga vida para Cimarrón!

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CONCIERTOS ESPECIALES

CAPÍTULO 8

CON M EMOR ACIÓN 59 A ÑO S DE L M ETA

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De izquierda a derecha: Germán Hernández, Alfonso Latorre, Miguel Ángel Galvis, Marcela Amaya y Walter Silva

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Departamento del Meta, 59 años de grandeza. República de Colombia, 200 años de identidad nacional “Son 59 años que cumple nuestro departamento, y orgullosos somos los que nacimos y vivimos en esta tierra de libertad” Marcela Amaya García En 1951 el representante a la Cámara por la Intendencia Nacional del Meta y Circunscripción Electoral de Cundinamarca, el ilustre señor Enrique González Reyes, presenta ante el Congreso de la República la reforma constitucional para la creación del departamento del Meta, que se aprueba unánimemente el 6 de diciembre de 1951 en la Cámara y se radica el 10 del mismo mes en la Comisión Primera del Senado, donde permaneció durante largos siete años a consecuencia del golpe de Estado de 1953.

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En agosto de 1958, cuando Hernando Durán Dussán, representante a la Cámara, plantea la trasformación administrativa de la Intendencia Nacional del Meta, y un mes después entrega el desarrollo del Acto Legislativo n.o 2 de 1959, contentivo del proyecto de ley orgánica por la cual se crearía y organizaría el departamento del Meta. Así se sanciona la Ley 118 de 1959, que señala el 1 de julio de 1960 para el inicio de la vida administrativa del departamento del Meta y de su inauguración oficial. El 59 aniversario de vida institucional del Meta como departamento se enmarca en la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Colombia, razón por la cual, durante esa celebración, se recordó que en el Meta sucedieron importantes acontecimientos previos a la tercera etapa del proceso de independencia —hace 200 años—, que puso fin al dominio español. Fue en el territorio de los Llanos donde se gestó la libertad y se quebrantó el poderío español, con golpe de gracia en tierras boyacenses. El 25 de julio de 1819 es la fecha histórica más gloriosa del llano. Fue el día en que catorce campesinos llaneros de a caballo y con lanzas, bajo el comando de Juan José Rondón, salvaron la patria, cambiaron la historia y marcaron el comienzo de la independencia, que se selló el 7 de agosto de ese año, con la victoria en la Batalla de Boyacá. En homenaje a los llaneros bravíos que participaron activamente en la consolidación de la República de Colombia, a los héroes del glorioso ejército libertador y a los próceres Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, se interpretó el concierto “Bicentenario Independencia de Colombia”, como acto central de la ceremonia del 59 aniversario del departamento del Meta. Este recital constó de dos partes: la primera se llamó “La Gran Colombia: El gran sueño de Simón Bolívar”, con la interpretación de cuatro canciones tomadas de la edición especial Música de la época del Libertador Simón Bolívar, 1810-2010 publicada en 2010 por el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional y del disco Cantar contando, Contar cantando, Joropos al Libertador, promovido por British Petroleum Colombia (Yopal, 2010), basado en la investigación del maestro Carlos “Cachi” Ortegón, así: *“La vencedora”: contradanza interpretada a las 4 de la tarde del 7 de agosto de 1819 en el campo donde tuvo lugar la victoriosa Batalla de Boyacá. *“La libertadora”: contradanza compuesta para la entrada triunfal del Libertador Simón Bolívar a Bogotá el 10 de agosto de 1819. *“Marcha para los funerales del Libertador”: compuesta por el maestro Francisco Seyes una vez ocurrió el fallecimiento del Libertador Simón Bolívar (el 17 de

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CON M EMOR ACIÓN 5 9 A ÑOS DE L M ETA

diciembre de 1830), y fue interpretada por el Batallón Militar en su sepelio (el 20 de diciembre de 1830). *“La guaneña”: bambuco de la región andina del departamento de Nariño, interpretado por el Batallón Voltígeros cuando el general José María Córdoba dio la carga decisiva de la Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), que supuso el fin del virreinato del Perú y también la dominación española en Suramérica. A la segunda parte del recital, se le denominó “Recorrido por la obra musical de Walter Silva”, exponente del joropo tradicional colombiano, y a quien se le rindió homenaje en el 51 Torneo Internacional del Joropo “Miguel Ángel Martín”. El maestro Walter Silva nació en Pore (Casanare), tierra patriótica y escenario emblemático de varios hechos históricos, entre estos la Declaración de Pore del 18 de diciembre de 1818 —que da inicio a la última etapa de la campaña libertadora y al nacimiento de Colombia como república soberana—. Se interpretaron tres obras de su autoría, ya éxitos consagrados del joropo: *“Ya no le camino más”: canción parte del álbum musical homónimo, que fue nominado al Premio Grammy Latino en 2009. *“El chino de los mandados”: homenaje las madres campesinas y especialmente a la humildad de su señora madre, la profe Carmen Luisa. *“A que te dejas querer”: la primera canción suya coreada por el público durante un concierto, punto de partida de su insigne carrera artística. El concierto “Bicentenario Independencia de Colombia” estuvo a cargo del grupo de cámara Rapzodia, conjunto del Meta que interpreta música sinfónica, folclórica colombiana y universal, bajo la batuta del especialista en dirección de coros Hugo Fernando Lozano, y con Nataly Delgado y Leonardo Malfoy en los violines I, Magda Llanos y Cristian Montoya en los violines II, Elver Jara en la viola, Felipe Ruiz en el contrabajo, Julieth Ávila en el violonchelo, Edward Luna en el oboe, Giovanny Ruiz en el clarinete, Eliad Carrión en la percusión, Luis Ibarra en las arpas I, Alexander Robayo en las arpas II, Alexander Romero en el cuatro, Kurman López en el bajo, y Adriano González en las maracas. Como ha sido tradicional en las ceremonias de cumpleaños del departamento, y en este aniversario 59 se exaltó a mujeres, hombres y organizaciones que por sus servicios, acciones y méritos han contribuido a la grandeza del Meta.

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De izquierda a derecha: Mauricio López, Rosalba Gutiérrez, Marcela Amaya, Milton Holguín, Hugo Lozano, Darío Manrique y Nelson Mariño

-176Pie de foto


CON M EMOR ACIÓN 5 9 A ÑOS DE L M ETA

NOMBRE

CARGO

CONDECORACIÓN

Manuel Felipe Gutiérrez Torres

Viceministro de Infraestructura

Gran Orden El Centauro Grado Gran Oficial

Ernesto Lucena Barrero

Director de Coldeportes

Gran Orden El Centauro Grado Gran Oficial

Leonor Mójica Sánchez

Rectora de la Corporación Universitaria del Meta

Gran Orden El Centauro Grado Gran Comendador

César Augusto Pérez Londoño

Director de la Universidad Cooperativa de Colombia (sede Villavicencio)

Gran Orden El Centauro Grado Gran Comendador

Presbítero Moisés Rodríguez Pineda

Sacerdote de Villavicencio

Gran Orden El Centauro Grado Comendador

Brigadier general Sergio Alberto Tafur García

Comandante de la Cuarta División del Ejército Nacional

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Brigadier general Julio César González Bedoya

Comandante de Región de Policía n.° 7

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Brigadier general Ciro Hernán Espinel Luengas

Comandante del Comando Aéreo de Combate n.° 2

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Coronel Erik Rodríguez Aparicio

Comandante de la Séptima Brigada del Ejército Nacional

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Coronel Mauricio Pedraza Rocha

Comandante del Departamento del Policía del Meta

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Coronel Luis Alfonso Quintero Parada

Comandante de la Policía Metropolitana de Villavicencio

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Teniente coronel Édgar Flórez Cañas

Director de la Escuela de Carabineros Eduardo Cuevas

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Germán Hernández Aguilera

Exsenador de la República

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Alfonso Latorre Gómez

Exsenador de la República

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Miguel Ángel Galvis Romero

Ex representante a la Cámara

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

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NOMBRE

CARGO

CONDECORACIÓN

Maestro Walter Silva

Autor, compositor e intérprete del himno del Torneo Internacional del Joropo “ Miguel Ángel Martín” (“El cantador de mi tierra”)

Gran Orden El Centauro Grado Oficial

Maestro Arnulfo Briceño Contreras (q. e. p. d.)

Autor y compositor del himno del departamento del Meta “Ay mi llanura”

El Centauro Categoría Oro

Edilberto Brito Sierra

Médico veterinario ganador del Premio Global de Bienestar Animal 2019

El Centauro Categoría Oro

Calipso Orquesta

Ganadora del Congo de Oro en el Festival de Orquestas de Barranquilla 2019

El Centauro Categoría Oro

Unión de Cooperativas del Meta y los Llanos Orientales CONFECOOP

30 años de actividad

El Centauro Categoría Oro

CONSUERTE

25 años de actividad

El Centauro Categoría Oro

Norman Enrique Chaparro Gómez

Presidente de Inter Rapidísimo

El Centauro Categoría Oro

Luis Fernando Díaz Stefenn

Director Corporación Agroempresarial de los Llanos (Corpallanos)

El Centauro Categoría Oro

Rosalba Gutiérrez de Gutiérrez

Pionera de los laboratorios clínicos en el Meta

El Centauro Categoría Oro

Milton Holguín Monroy

Dirigente deportivo

El Centauro Categoría Oro

Maestro Hugo Fernando Lozano Cuesta

Director Coral para el Papa Francisco en Villavicencio

El Centauro Categoría Oro

Jorge Mauricio López Sánchez

Empresario de la Discoteca Capachos y de la cadena de Panaderías Veracruz

El Centauro Categoría Oro

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CON M EMOR ACIÓN 5 9 A ÑOS DE L M ETA

NOMBRE

CARGO

CONDECORACIÓN

Maestro Darío Manrique Herrera

Artista popular, escultor e instructor de artes plásticas

El Centauro Categoría Oro

Nelson Mariño Contreras

Empresario de la litografía y fundador de NMC publicidad e impresos

El Centauro Categoría Oro

Miguel Ángel Ramírez Macías

Empresario agrícola

El Centauro Categoría Oro

Rosita Rojas de Revelo

Fundadora Asociación Pro-Llanos

El Centauro Categoría Oro

Timoteo Romero Morales

Dirigente sindical

El Centauro Categoría Oro

Héctor Orlando Solano Novoa

Director de la Caja de Compensación Familiar del Meta (COFREM)

El Centauro Categoría Oro

Maestro David Enrique Unda Colmenares

Gestor cultural y profesional del arpa

El Centauro Categoría Oro

Gustavo Erledy Vásquez Maldonado

Gestor cultural y director de la Academia El Cabrestero

El Centauro Categoría Oro

Los actos conmemorativos del 59 aniversario del departamento del Meta finalizaron con una parada militar en la Plaza Los Libertadores. Y con ocasión del Bicentenario de la Independencia de Colombia, la administración departamental, en cabeza de la gobernadora Marcela Amaya, dejó como testimonio para la historia del Meta los nuevos bustos de los generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, próceres de la independencia de Colombia unidos por el proyecto de construcción de una nación libre del dominio español, y quienes llevaron a cabo la tercera y última etapa del proceso para liberar a la Nueva Granada. Igualmente, se hizo reconocimiento al Ejército Nacional en sus 200 años y a la Armada Nacional, instituciones que nacen con la independencia de la República de Colombia. Y a la Fuerza Aérea Colombiana en sus 100 años, y a la Policía Nacional en sus 128 años.

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EL HOMENAJEADO

CAPÍTULO 9

26 R EINA DO I N T ER NACIONA L DE L JOROP O

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La reina Paula Fernanda Guzmán, entre las otras dos finalistas: Paula Fernanda Reyes (Tolima) y Luisa María Cruz (Quindío).


La corona vuelve al Meta Los números mandan. Es la versión 26 del Reinado Internacional del Joropo y Venezuela tiene seis representantes de los estados de Anzoátegui, Aragua, Guárico, Lara, Miranda y Táchira; los departamentos colombianos concursantes son diez: Antioquia, Bogotá, Casanare, Chocó, Córdoba, Cundinamarca, Magdalena, Meta, Quindío y Tolima. Además hay un municipio del Meta invitado especialmente, Lejanías. En total, hay 17 candidatas, que compiten por una corona, un premio en efectivo —con bastantes ceros a la derecha— y valiosos regalos. Por ver y admirar a las candidatas el público llena los escenarios de Villavicencio, en buen número. Edades, medidas y porcentajes de calificación intentan cuantificar la belleza y el talento de estas jóvenes. Pero en esta ocasión algo escapó de las cifras, Paula Fernanda Reyes Trujillo, la candidata del Tolima, con discapacidad auditiva, nos dio muchas lecciones. Por esa morena de ojos vivaces aprendimos a aclamar de otra manera, con los brazos en alto, moviendo las manos abiertas. Ahora sabemos manifestar admiración —con el lenguaje de señas— por su proyecto de culminar estudios en la Normal de Ibagué para dedicarse a enseñar a niños sordos. Y aplaudimos, golpeando con la mano abierta sobre el antebrazo, al verla bailar joropo, con el rostro iluminado por una sonrisa inagotable, sintiendo y siguiendo las vibraciones del bajo en el piso de la tarima. Y supimos, con su ejemplo, que no hay limitaciones para el espíritu y la voluntad. Las 17 candidatas esperan suceder a la ganadora de la edición cincuentenaria del Torneo y vigésimo quinta del reinado, la representante de Boyacá, Lendy Tatiana Tovar Marín, una hermosa tameña que conquistó puntaje y público bailando joropo criollo con su padre.

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Las candidatas deben saber un poco de todo, su cultura general aportará el 10% de la puntuación total. No es difícil, son estudiantes universitarias y la moderna comunicación les ha permitido conocer algo —o mucho— del Meta y del Torneo. Carolina Parra candidata del estado de Lara, Venezuela, cuenta que conocía al Meta “por fotos y redes sociales, y como canto música venezolana sigo mucho a Milena Benites, entonces sabía que ella era de aquí y tenía esas ganas de venir”. La impactante candidata del Chocó, Yulfari Alejandra Hurtado, confiesa en cambio no conocer mucho del Llano ni del joropo, pero estar “súper dispuesta a aprender mucho”. De mil maneras se han acercado al joropo, a todas les impacta su fuerza y vitalidad, y ninguna olvidará esta experiencia. Experiencia bastante agitada, por cierto. El miércoles 26 de junio las recibieron en El Dorado, en Bogotá, bien temprano; llegaron al Meta a practicar el joropo y entrenar desfiles y coreografías. El jueves, desde las 7 de la madrugada, rueda de prensa en la Gobernación del Meta. Más tarde recorrido por la Calle de las Talabarterías y cabalgata, para compartir con el pueblo villavicense. Para cerrar, en la noche, en el desfile en Primavera Urbana. Su belleza, evaluada en cada compromiso y presentación, aportará el 35 % del puntaje. El viernes visita a obra social, recorridos por la Ruta del Piedemonte Llanero, por Los Ocarros, y más ensayo. En la noche la presentación en el Coliseo de Las Malocas. El sábado las vimos —con otras 3.300 personas— desfilar en traje de baño en el Coliseo Álvaro Mesa Amaya. No pueden desmayar, pues durante todos esos eventos públicos el jurado irá evaluando su popularidad y simpatía, que aporta un 15 % de la calificación final. La noche del sábado es la oportunidad de mostrar los frutos de la preparación en el baile del joropo. En el Coliseo del Parque Las Malocas tiene lugar la presentación y muestra folclórica de las candidatas. El público va a verlas bailar joropo sabanero. Los parejos pasan de los cuarenta años, ellas no llegan a veinticinco, dos generaciones se juntan en nuestro baile llanero. El baile criollo les permite lucir con mayor gracia y elegancia su talento. El domingo 30 de junio cierra el reinado con la elección y coronación. Al inicio las 17 candidatas demuestran sus habilidades en grupo, con una coreografía sencilla. El baile continúa marcando distancias y evidenciando lejanías, para las no llaneras este montaje es el resultado de intensos —pero insuficientes— días de ensayo, mientras las candidatas de la región llevan años en las academias, los concursos y los parrandos, que dan ventaja, mucha ventaja. Y eso es determinante, ya que conocimientos y habilidades folclóricas, centradas en el baile del joropo, aportan el 40 % del puntaje total. No podría ser de otra manera, este es el Reinado Internacional del Joropo.

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R E I NA DO I N T ER NACIONA L DEL JOROPO

La calificación está en buenas manos: Natalia Andrea Fernández Copete, Reina del Joropo en 2009 y Reina del Bambuco en 2013; la diseñadora de modas metense Ana Milena Sánchez Fierro; y un araucano instructor de danza llanera, Yudier Leocadio Garrido Villareal. Escogerán primero cinco finalistas, para luego designar entre ellas a la primera princesa, la virreina y la reina. Hay gran expectativa, los asistentes toman partido. O defienden sus intereses, pues el Reinado mueve empleos y actividades, vincula diseñadores, peluqueros, maquilladoras, chaperonas, entrenadores físicos, cirujanos estéticos, publicistas, fotógrafos, instructores y bailadores de joropo, periodistas, presentadores; motiva pueblos y regiones; atrae el respaldo de compañeros, familiares, admiradores, funcionarios y empresarios. En fin, el Reinado es más que peso, estatura y medidas perfectas. El reinado sigue avanzando y nombra como semifinalistas a Paula Fernanda Reyes Trujillo (Tolima); Paula Fernanda Guzmán Garavito (Meta); Lauren Eliana Onofre Moreno (Casanare); Luisa María Cruz Uribe (Quindío); y Yuliet Andrea Chitiva Hernández, en representación del municipio de Lejanías. El concurso sigue, ahora la experiencia será determinante, pues las finalistas deberán bailar joropo espectáculo, más rápido, con exigentes figuras y vueltas, y mayores concesiones a otros bailes y escenarios. Es apenas minuto y medio de pasaje y pajarillo, noventa segundos de baile, en que culminan meses de esfuerzo, dietas, gimnasio, clases de expresión, visitas a la modista, preparación y ensayos. Se confirma que el joropo es difícil y no se aprende en poco tiempo: Meta, Casanare y Lejanías imponen su terruño, su llanería. La competencia es entre ellas. En efecto, el veredicto confirma la preferencia: primera princesa, Casanare; virreina, Lejanías, y Reina, Meta. ¡La corona del Joropo ha vuelto al departamento del Meta! Paula Fernanda Guzmán Garavito, nacida en Medina hace 22 años, estudiante de Odontología en la Universidad Antonio Nariño, bailadora de buen joropo, es la ganadora del Vigésimo Sexto Reinado Internacional del Joropo. Con la emoción brillando en sus preciosos ojos café declaró: “Fueron varios meses de mucho sacrificio, me preparé tanto que se vieron los frutos y me siento muy feliz. Hacía rato la corona no se quedaba en nuestro departamento […] nada más bello que conocer mucho de nuestro folclor llanero…”. Es cierto, y nada mejor que se junten esos tres tesoros que tanto admiramos: el folclor, la juventud y la belleza. Eso se logra con el Reinado del Joropo. Sigue creciendo. Y sus beneficios son innumerables.

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El otro Torneo Hay dos Torneos Internacionales del Joropo. Uno transcurre acá, en el Coliseo del Parque Las Malocas, lleno de sonido, pleno de logística. El escenario brilla, las luces destacan. A un lado de la tarima los periodistas trasmiten, llevan cada instante del evento por todo el país llanero. A veces ese Torneo se encierra, se mete al Teatro La Vorágine para el privado de los concursantes. O valsea por calles y avenidas en el Joropódromo. O concentra su mirada en la pasarela donde desfilan las candidatas al reinado. O se emparranda en la Plazoleta Los Centauros o el Álvaro Mesa Amaya. Ese Torneo ha tenido libros, reportajes y prensa, mucha prensa; ha generado ensayos y discursos; se le ha cantado y fotografiado cada año. Tiene hasta un espacio de reflexión, un lugar para pensarse: el Joropo Académico, donde se tratan variados temas sobre esta música, este evento y esta tierra. Pero hay otro Torneo, otro esfuerzo, otra competencia. Si uno aparta la vista de la escena destacada, si uno hace un esfuerzo para dejar de enfocarse en lo que las luces le obligan, si se asoma y ahonda, aparece el otro Torneo. Una parte se esconde detrás del escenario, donde el esfuerzo de muchas personas sostiene lo que el público ve. Allí los que saben de luces y sonido entienden que de ellos depende el éxito, son quienes ponen a sonar el joropo, arman, diseñan, muestran. Si fallan, el ambiente se llenará de pitidos y zumbidos, o quedará a oscuras en el mejor momento, siempre en el mejor momento. Un error puede costar la derrota del favorito, el olvido del tema inédito o hacer flaquear al artista consagrado. Y están los encargados de la escenografía, pues Villavicencio se destaca por disponer siempre de ambientes dignos para competidores e invitados especiales. Entonces,

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tras bambalinas, o a veces dolorosa pero obligadamente visibles, la gente trabaja para que la tarima se vea bonita, e impresione, guste y motive. Mucha gente revolotea alrededor del evento, auxiliares, organizadores, socorristas, gente de logística, personal de seguridad, administrativos, jefes. Cada uno pone su pequeña —o inmensa— pieza para que el gran rompecabezas del Torneo se complete. Uno intenta detener al borracho que quiere subirse a cantar al lado de Carlos Rico, otro exige la manilla al lagarto que quiere colarse, otro ofrece la botella de trago fino al funcionario embrisado. Hay quien alcanza las planillas de calificación al jurado, quien las suma, quien las sube al sistema. Afuera muchos acomodan los carros, y otros guían a la gente que llega. En las oficinas el personal se afana por completar los documentos de cada contrato, por resolver el problema inmenso que nadie había previsto o por complacer la exigencia caprichosa del artista invitado. Ninguno se detiene o se escapa para disfrutar del espectáculo, siguen en su trabajo, no pueden descuidarlo. Sin su dedicación fracasaría el Torneo que brilla. Nadie los aplaude y nunca ganan un premio, salvo la satisfacción íntima de haber aportado en la construcción de un gran momento. Yo, que he gozado el evento, los aplaudo, me quito el sombrero ante todos ellos y les agradezco. Y escribo estas pocas palabras en su homenaje. Hay más gente en este otro Torneo, más y más. Todo es trabajo, trabajo y arte. El traje de las candidatas al reinado, su peinado, su preparación. Las cotizas de los grupos que participan en el Joropódromo, decoradas de muchas maneras, que tienen que demostrar que duran y que saben bailar; el arco iris de los vestidos; los liquiliquis; las pancartas. Todo aporta. La escarapela, el adorno del sombrero, el recordatorio, la invitación, la fotografía. Las esculturas falleras que se trajeron a España para el Meta. Los disfraces, los adornos. El instrumento nuevo, el arpa cromática, la bandola sonora, todas creaciones de consagrados maestros lutiers. Los profesores que ensayaron o asesoraron a los participantes, los arreglistas, los que se quedaron en el camino en las clasificaciones preliminares. Los que rastrearon mitos y leyendas. Cantidad de gente, y la que falta. Lo personal se extiende a lo colectivo, el Torneo de afuera se agranda, el esfuerzo por lucir a la ciudad con traje llanero no es apenas una directriz institucional, es una causa seguida por bastante gente. Uno ve a los bebés vestidos de joropo, a las niñas ajustando la falda con esos ganchos que siempre presta el afán, a los jóvenes rectificando la horma del borsalino, a los señores remangándose el pantalón. Especialmente en los lugares que reciben turistas —hoteles, restaurantes, centros comerciales— Villavicencio se ensombrera y se encotiza. Y le quedan bien.

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EL OTRO TOR NEO

Y se allanera, se levanta todavía más criolla. Estos días el Llano refuerza su presencia en el paisaje, en el sonido, en la tertulia, en la vida de una ciudad donde muchos residentes no son de las sabanas del Orinoco. El Torneo (los dos) cumple entonces con otro objetivo, compromete a gente de diversos orígenes con esta tierra, arraiga, porque ofrece diversión, entretenimiento, cultura, trabajo y —sobre todo— identidad y orgullo. Un evento como este, fundamentalmente dedicado a mantener y difundir una tradición cultural, podría quedarse anclado en el pasado, pero no, eso no sucede. Villavicencio ha tenido el tino de proyectar la música, de entenderla como algo vital, cambiante, que recibe y da, que asimila y adapta. Por eso, en buena hora, cada año hay novedosas propuestas, puestas en escena, atrevimientos. Pueden gustarnos o no, pero confirman la vitalidad de un género musical que quiere conquistar mundo, y anda en eso. Cada Torneo nos enseña algo. Este año aprendimos a aplaudir con el gesto, sin sonido. Este año supimos que copla es un nombre femenino. Este año sentimos que no pudieran acompañarnos muchas más personas, pero nos alegramos de haber tenido con nosotros un sinnúmero de llaneros de todos los llanos. Este año Walter Silva nos trajo un mandado de alegría y sabor. Este año reconocimos que Venezuela es un manantial de voces. Este año los conjuntos, los grandes conjuntos (a propósito, faltó La Maquinaria de Archila, Laya, Motta y Gailaby) nos dieron para oír y aprender en el Joropo Académico. Este año Jorge Guerrero nos volvió a rascar. Cada alegría trae su pedazo de tristeza. Este año vivimos el desconsuelo de las tardes del Coliseo sin gente. Este año soportamos el peso de la incomunicación. Y vimos un conjunto llanero uniformado con cachuchas envileciendo al escenario donde reina el Joropo, con mayúscula. Tantas escenas hablan del espíritu del otro Torneo, del que va más allá de cualquier presentación. Refiero algunas. Los bailadores sacando a bailar al público; los turistas metiendo su salsa, su vallenato, su carranga, en el ritmo del joropo. La mayonesa de carambolo, al lado del majule; emparedado de cabeza de becerro con virutas de topocho; carne a la perra —envuelta en cuero de marrano— y pan de arroz de “La Catira”; nuevos sabores, toques personales, tradiciones culinarias, audacias sabrosas. La camaradería de los concursantes, que se juntan y se divierten, que combinan regiones y nacionalidades para garantizar la mejor de las participaciones. Los extranjeros admirando las esculturas de maíz, de frutos, de flores. Chinchorros de cumare, campechanas de cuero de toro barcino, cabrestos de cerda, toninas de palo brasil, cachicamos de alcornoco, adornando estanterías, queriendo llevar

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51 TOR N EO I N T ER NACIONA L DEL JOROPO “MIGUEL ÁNGEL MARTÍN”

el oficio de callosas manos llaneras a quién sabe dónde. El grupo de niños mejicanos que bailó joropo, que quiso al joropo, que honró al joropo. El jinete que pasa rumbo a la competencia de aparte y encierro y se encuentra con su paisano que concursa en voz recia, y se saludan, y se desean suerte, y hasta podrían intercambiar oficios, porque los une el llano. Y el Cielo que nos ampara a los que andamos por ahí esculcando la memoria de esta fiesta. Hay dos Torneos. Pero ahora pienso que no es tan sencillo como que hay uno en el escenario y otro en la trasescena. No, así no es. Es cierto que son dos, pero mientras uno está allá afuera, entre la calle, el taller, el aula, la trasescena o el escenario, rebuscándose esa forma de vida que llamamos Joropo, el otro está acá, palpitando en mi pecho, fundándose en mi recuerdo. El de afuera termina, la letra tiene un punto final, la música su último compás, el baile su postrer repique, el calendario su primero de julio. El otro, el de adentro continuará conmigo. E irá con todos. Carlos “Cachi” Ortegón

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A N E XOS

AFICHES DEL TORNEO * REPERTORIO DEL ÁLBUM MUSICAL DEL 51 TORNEO INTERNACIONAL DEL JOROPO


51 TOR N EO I N T ER NACIONA L DEL JOROPO “MIGUEL ÁNGEL MARTÍN”

TÍTULO

INTÉRPRETE

AUTOR O COMPOSITOR

MODALIDAD

1

“Mastranto”

Guataca

Guataca

Conjunto tradicional llanero

2

“Epifanía criolla”

Vendaval de Venezuela

Vendaval de Venezuela

Conjunto tradicional llanero

3

“A Walter”

Zumba’o

Zumba’o

Conjunto tradicional llanero

4

“El relato de un llanero”

María Eligres Tovar

Alonso Javier Vargas

Pasaje inédito

5

“Protección a la niñez”

Diana Yinneth Quibay

Tulio Amaro Mazona

Pasaje inédito

6

“Viejo corral”

Wendy Bárbara Díaz

Carlos E. Martínez

Pasaje inédito

7

“Sonidos de mi arpa”

Ángel Luis Castillo Higuera

Ángel Luis Castillo Higuera

Obra inédita arpa llanera

8

“Armonías”

Carlos Jesús Tapia

Carlos Jesús Tapia

Obra inédita arpa llanera

9

“Travesía de un arpa celeste”

Ernesto Campos Chala

Ernesto Campos Chala

Obra inédita arpa llanera

10

“Reclamo de un árbol”

Geraldine Gregoria Pinto

María Esperanza Molano

Golpe Inédito

11

“Meta mágico y grandioso”

José Luis Álvarez Guarán

José Luis Álvarez Guarán

Golpe Inédito

12

“Mi golpe”

Grisaida Coromoto Arias

Ydalberto J. Suárez

Golpe Inédito

13

“Maryangel”

Luis G. Angulo Torrealba

Luis G. Angulo Torrealba

Obra inédita bandola llanera

14

“El avistaje del llano”

Enmanuel Edecio Araque

Enmanuel Edecio Araque

Obra inédita bandola llanera

15

“Galopante”

Denny Daniel Lobo

Denny Daniel Lobo

Obra inédita bandola llanera

16

“La soltera”

Iván Bernabé Silva

Nestor José Romero

Voz masculina criolla

17

“El chino de los mandados”

Manuel Joaquín Infante

Walter Silva

Voz masculina criolla

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A N E XO S

TÍTULO

INTÉRPRETE

AUTOR O COMPOSITOR

MODALIDAD

18

“El chino de los mandados”

Ferney Abril Pidiachi

Walter Silva

Voz masculina criolla

19

“Resiliencia”

Carlos Rafael Suárez

Carlos Rafael Suárez

Obra inédita cuatro llanero

20

“Viento de agua”

Álvaro Enrique Moreno

Álvaro Enrique Moreno

Obra inédita cuatro llanero

21

“Don Juan”

Daniel Alejandro Requena

Daniel Alejandro Requena

Obra inédita cuatro llanero

22

Final de copleros

Juliet V. Estevan José L. Requena

Juliet V. Estevan José L. Requena

Contrapunteo llanero

23

“Cara a cara con el llano”

Liliana Josefina Hernández

Walter Silva

Voz femenina estilizada

24

“Amando al fin”

Fátima Yajaira Sulbarán

Walter Silva

Voz femenina estilizada

25

“La morenita”

Yuribel Alemán Medina

Nelson Sánchez

Voz femenina estilizada

26

“Sabas Nieves”

Ensamble Sebucán

Ensamble Sebucán

Ensamble nuevos formatos

27

“Cúrcuma”

Ensamble Rizoma

Ensamble Rizoma

Ensamble nuevos formatos

28

“Joropbandolita”

Becuadro Ensamble

Becuadro Ensamble

Ensamble nuevos formatos

29

“Rebanándome una espina”

Mariluz del Carmen Castillo

Walter Silva

Voz femenina criolla

30

“Libre corazón”

Yurayma Yairys Vásquez

Walter Silva

Voz femenina criolla

31

“No hay como la mamá de uno”

María Yelitza López

Walter Silva

Voz femenina criolla

32

“Los mamonales”

Ángel Luis Castillo

Música del folclor

Mejor arpista

33

“Las tres damas”

Fabián Leonardo García

Música del folclor

Mejor bandolista

34

“Los diamantes”

Daniel Alejandro Requena

Música del folclor

Mejor cuatrista

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51 TOR N EO I N T ER NACIONA L DEL JOROPO “MIGUEL ÁNGEL MARTÍN”

TÍTULO

INTÉRPRETE

AUTOR O COMPOSITOR

MODALIDAD

35

“Lodo sobre tierra”

Leandro Jorge Márquez

Carlos E. Martinez

Voz masculina estilizada

36

“Los dos olvidos”

Manuel José Sequera

Walter Silva

Voz masculina estilizada

37

“La nueva esperanza”

Alexis Adolfo Silva

Rafael Santana Santanita

Voz masculina estilizada

38

“Mi verso y yo somos uno”

Edgar Graterol Chinchilla

Yorman de J. Tovar Humbría

Poema inédito

39

“Manos campesinas viejas”

Leidy Yineth Díaz

Rosendo Bobadilla León

Poema inédito

40

“Hasta cuándo mi pueblo”

Damián A. Nieves Santana

Damián A. Nieves Santana

Poema inédito

41

“El cazador de mi llano”

Jesús Alberto Herrera

Carmen Martínez Arteaga

Mejor declamador

42

“Soy el hijo del poeta”

Yorman de Jesús Tovar Humbría

Yorman de J. Tovar Humbría

Mejor declamador

43

“La negra del maraquero”

Yorman de Jesús Tovar

Ernesto Luis Rodríguez

Mejor declamador

44

“El cantador de mi tierra”

Walter Silva

Walter Silva

Himno del Torneo del Joropo

MARCO MUSICAL

ESTUDIOS DE GRABACIÓN

Conjuntos ganadores, ensambles ganadores y grupos base. Surco 1: Guataca. Surco 2: Vendaval de Venezuela. Surco 3: Zumba’o. Surcos 3, 4, 5, 10, 11, 13, 14, 18, 19, 21, 23, 25, 29, 30, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 40, 43: Cuerdas al Galope. Surcos, 6, 7, 8, 9, 12, 15, 16, 17, 20, 22, 24, 31, 39, 41: Grupo base Pura Guafa. Surco 26: Ensamble Sebucán. Surco 27: Ensamble Rizoma. Surco 28: Becuadro Ensamble. Surco 44: Darío Robayo, Jhon Harbey Ubaque y Cachilaperitos.

Temas del 1 al 43: Unidad de Grabación JAR Studios, Teatro la Vorágine y Coliseo de Eventos Parque Las Malocas. Villavicencio, junio de 2019. Grabación de audios del 51 Torneo Internacional del Joropo: Julián Andrés Robayo, Juan Camilo Robayo, Alejandro Ovalle, Wilmar Robayo Barreto y Diego Hernández. Tema 44: Estudio Patio de Ropas, Mauricio Cano. Edición y masterización: Julián Andrés Robayo. Estudio de masterización: Audio Imaginación Estudios, Bogotá, julio y agosto de 2019. Productor musical: Darío Robayo

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PROY ECTO M USEO DE L JOROPO

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51 Torneo Internacional del Joropo "Miguel Ángel Martín" - Homenaje a Walter Silva  

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