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contratiempo DIRECTIVA Gerardo Cárdenas, Jochy Herrera, Moira Pujols, Rod Slemmons, Helen Valdez, Ellen Wadey Placey DIRECTORA EJECUTIVA Moira Pujols DIRECTOR EDITORIAL Gerardo Cárdenas DIRECTORA DE ARTE Olivia Liendo CONSEJO EDITORIAL Arturo Richardson, Catalina María Johnson, CHema Skandal!, Febronio Zatarain, Gerardo Cárdenas, Ignacio Guevara, Jochy Herrera, Jorge Frisancho, Julio Rangel, Luis Alejandro Ordóñez, Marco Escalante, Marcopolo Soto, Olivia Liendo, Rafael Franco, Rey Emmanuel Andújar, Stephanie Manríquez, Verónica Lucuy Alandia

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s algo mágico, incomprensible: el scratch scratch de la aguja sobre el surco, al que sigue…nombre usted su preferido. Puede ser Miles Davis o Thelonius Monk; puede ser Vivaldi o Mahler; pueden ser los Rolling Stones o Dylan; o Pérez Prado, Blades, Bebo Valdés. Los sonidos mágicos del vinilo, que el CD o el mp3 nunca han podido reproducir del todo, están de vuelta. La subcultura del vinilo es más cultura que sub. En este ejemplar de marzo, Stephanie Manríquez ha coordinado un dossier donde se explora el mundo del vinilo en toda su dimensión: desde la intensa búsqueda por parte de coleccionistas de elusivos, casi mitológicos LP’s, a la formación de comunidades que enriquecen la diversidad musical de Chicago. En este ejemplar, nuestro 112, presentamos a Efrén Mancera, el primero de una serie de fotógrafos latinos de Chicago cuyo trabajo iremos desplegando en la sección Mirada Cómplice. Junto con su trabajo, presentamos tex-

tos de Martha Rivera, Marco Escalante, Catalina Johnson, Héctor Torres y Jochy Herrera, y una reseña de Delta de las arenas: cuentos árabes, cuentos judíos, una antología de Rose Mary Salum publicada por Literal Publishing y que es tal vez la única que, hasta ahora, rinde tributo a las migraciones árabes y judías que ayudaron a conformar la actual literatura latinoamericana. La poesía, siempre presente en contratiempo, tiene dos vertientes en este ejemplar: por un lado, el debut en nuestra páginas de la poeta belga Pascale Lora Schyns, con fragmentos del poemario que escribió y publicó en español, Estropeada, y que habla sobre la violencia de género; y, en Deshoras, autores del taller de contratiempo visitan otro tema recurrente de la poesía universal: el mar. Todo esto conforma una especie de prólogo para nuestro VII Festival Poesía en Abril que se aproxima, y de cuyas características y contenidos estaremos hablando en nuestras páginas.

Marlowe Baca es diseñador industrial, serígrafo y apasionado del vinil, además de uno de los tres miembros del colectivo de DJ de Chicago Sonorama. En su ilustración de la portada del número, Baca reúne la fluidez de la música, la longevidad del formato vinil pero también su fragilidad y la forma en que la era digital está ayudando de muchas maneras a mantener la vigencia del formato analógico.

FOTOGRAFÍA Arturo Richardson

Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro © contratiempo nfp 1900 South Carpenter, Chicago IL 60608. (312) 427 5450

contratiempo is grateful for the past and present support of The Chicago Community Trust, the Richard Driehaus Foundation, the Field Foundation of Illinois, the Illinois Humanities Council, the Illinois Arts Council, the City of Chicago Department of Cultural Affairs, the International Connections Fund of the MacArthur Foundation and individual, institutional and corporate donors, and the contribution of writers, artists and volunteers who make our work possible

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TIEMPO EXTRA 3

Estropeada Pascale Lora Schyns

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Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant, de José Ángel N. Martha Bátiz

10 Chiberia, la Ciudad

de los Hielos Arturo Richardson, Andrea Ojeda, Ana María Soto Rafael Franco

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Delta de las Américas Gerardo Cárdenas Un umbral de humo Martha Cecilia Rivera

fotógrafo Ignacio Guevara

DOSSIER 14 El retorno de los discos

CHema Skandal!, 7

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Cuando el demonio lo llame a escena Héctor Torres Hasta que la muerte nos separe, Stanley… Marco Escalante El nuevo efecto Panamá Catalina María Johnson

del vinil Jorge Verdín

23 Mar 1

Ramoneta Gregori 24 Canto de Sirena

19 Se compran

Álbumes Blancos Luis Alejandro Ordóñez

MIRADA CÓMPLICE 12 Efrén Mancera,

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17 El romanticismo

Juana Goergen 24 Mar

Julieta León 20 En busca

del Santo Grial Stephanie Manríquez 21 Discos, nerds

y togetherness Brenda Hernández

25 Albatros

Febronio Zatarain 25 El mar

Jorge García de la Fe 26 Jehová y Poseidón,

15 “El Disco es Cultura”

Un ciclo de revoluciones por minuto Stephanie Manríquez

DESHORAS 22 Presentación

Febronio Zatarain 27 Mar de fondo 23 A-mar abierto

16 Vinilo:

Historia de un viaje sonoro y multisensorial Jesús Echeverría

aburridos, hacen olas Gerardo Cárdenas

Angelina Llongueras

Sandy Juhasz 27 Lo que el mar 23 Las mujeres sueñan

Yennis Franco

se llevó Rebeca Alemán


POESÍA

Estropeada, de Pascale Lora Schyns (fragmentos)

La herencia de las fábulas, de las dolencias de la tempestad, disimula el sollozo de los invasores que lamentan la perpleja intensidad de una destrucción que nunca nunca borrará las huellas de los reyes renegados por no haber rivalizado con la obligación de arder hasta el final hasta que se apaguen los latidos de los malos presagios.

Pascale Lora Schyns (Lieja, Bélgica, 1963) escritora, periodista y traductora, es autora de una docena de títulos, entre poemarios, libros de relatos y una novela, escritos en francés, inglés y español, desde Il ne s’agit peut-être pas de lui (Caractères, París, 1998) a Les Survivants de Sallimoc (Éditions L’Harmattan, París, 2010). El poemario Estropeada (El taller del poeta, Pontevedra, 2013), cuyos fragmentos publicamos, trata el tema de la violencia de género.

Ilustración: Constanza http://www.poramoralarte-folklorista. blogspot.com/

************* La verdad degollada flácida en el desprecio sanguinario de los hombres desolados

paseaba

Helada murmuraba se imaginaba arrugada casi muerta suspendida a una mentira Intrigada por su visión tan impura se quitó la vida sin saber que había muerto ya. ************* Aún permanece el último reducto el viaje a los asteroides el choque inestable entre la riqueza de los peores años de la vida y la extinción radiante de los mejores años de la muerte Aún permanece la sospecha humillada e intacta enlazada con las ruinas que se hunden y se reflejan en la pena fallecida, agradecida por haber sido eliminada Aún permanece la huella de la ejecución de la abolición decretada sin ley, mentirosa violación moderada ejecución ahorcada por el impacto del deterioro enigmático del fervor Aún permanece algo de piedad torpedeada por la derrota improbable y convencional de la corrupción de los sentidos Pero Nada Queda.

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CRÍTICA

Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant, de José Ángel N. Martha Bátiz

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n Ilegal, reflexiones de un inmigrante indocumentado, libro autobiográfico escrito por José Ángel N. (la mención del apellido se omite a propósito, para proteger la identidad del autor), editado este año por la Universidad de Illinois como parte de una serie llamada Latinos in Chicago and the Midwest, el lector encontrará una historia única, distinta de la mayoría de historias de inmigrantes ilegales a las que los medios y los estereotipos nos tienen acostumbrados. No distinta en su origen, sin embargo, porque el origen de toda marcha clandestina hacia el sueño americano a riesgo de perder la vida es siempre el mismo: la falta de posibilidades de crecer y desarrollarse en el sitio donde se ha nacido, las carencias, los empleos mal pagados o inconseguibles, una educación deficiente o simplemente fuera del alcance y, en general, la inequidad y la injusticia sociales como principales obstáculos para acceder a una vida mejor. José Ángel nació en Guadalajara, México, donde al terminar la secundaria decidió apostarle al mismo futuro que tantos otros jóvenes sin expectativas pero con ambición: cruzar la frontera hacia Estados Unidos y trabajar de sol a sol allá, donde la paga en dólares alimenta no nada más las ilusiones sino la hoguera del progreso personal. José Ángel no habría de conformarse con una vida de sacrificios que rindiera magros frutos. En cuanto se dio cuenta de que sin hablar inglés no podría conseguir mejores empleos que como lavaplatos y, tras una promoción, mesero, dejó uno de sus dos empleos para estudiar esa lengua hasta que logró dominarla. Tras el aprendizaje del inglés llegaron las ganas de sacar el diploma equivalente a la preparatoria, luego entrar al College, hacer una licenciatura y, ¿por qué no? Realizar estudios de postgrado. José Ángel logró todo esto toreando los riesgos de vivir en los Estados Unidos sin documentos que le permitieran disfrutar a plenitud de las metas cumplidas, de los éxitos que le abrían puertas pero que, paradójicamente, hacían más grande el peligro de ser descubierto y deportado. Cuando por fin encontró un buen trabajo donde pudo ejercer sus conocimientos y mostrar sus habilidades, tuvo que rechazar la oportunidad de un ascenso porque implicaba viajar. Después, al recibir un correo electrónico de su empleador pidiendo clarificar un problema con su número de Seguro Social, optó por renunciar y marcharse a hurtadillas al final del día, a fin de no tener que dar explicaciones. La suya es una historia feliz y amarga al mismo tiempo, porque cumplió el sueño americano— alcanzó una situación económica estable, pudo

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comprar un departamento de lujo—pero ha tenido que mantenerse siempre con un perfil bajo, mirando por encima de su hombro, temeroso de perder en un instante todo aquello por lo que se ha esforzado por años. Este libro, cuyo valor testimonial no debe subestimarse, está escrito en inglés, lo cual es una muestra contundente de que este mexicano pisa fuerte, rompe estereotipos y está comprometido con su futuro—el cual, lamentablemente, es vulnerable al pasado, ese que José Ángel cuenta con la eficacia de un narrador nato. Por ejemplo, al hablar de su experiencia inmediata tras cruzar la frontera, describe cómo él y otros pollos, guiados por su coyote, caminaron por una cañería. “No migra would ever go down this pipe. Nobody with any human dignity would, so we leave ours behind”, declara. El párrafo cierra con una afirmación certera que se me ha quedado dando vueltas en la mente: “Traveling in the same direction, narcotics on their way to give a high to those who vilify my journey are transported in a much more humane and sanitary fashion.” No tener papeles, ni siquiera una licencia válida para conducir, obliga al aislamiento, y José Ángel deja que el lector se asome a su soledad. Aprender inglés trae como consecuencia no deseada el deterioro de su español, lo cual lo avergonzó al grado de extender su encierro hasta las orillas del silencio. Quienes nos hemos marchado de nuestros países de origen para vivir en un ambiente anglófono podemos, hasta cierto punto, identificarnos con él en este sentido. Cuando uno se marcha se lleva consigo un cierto nivel de lenguaje, coloquialismos y referencias, que en el nuevo lugar se estanca. La lengua está en constante movimiento, cambia todo el tiempo, pero lo hace lejos de donde uno vive, y uno no participa de estos cambios, simplemente los descubre al volver, o al conversar con seres queridos que se han quedado allá, donde la gente al cabo de unos años ya no habla como uno recuerda, y las expresiones que usamos ya no están de moda y nos delatan como seres llegados de un tiempo anterior. Para José Ángel el proceso fue doblemente doloroso porque no ha podido regresar a Guadalajara a ver a su madre y hermanos, y porque a su nueva familia no puede sino ofrecerle vivir, como él, bajo la sombra de un temor que no cesa, y con la esperanza de una amnistía que parece más un espejismo que una posibilidad verdadera. José Ángel, sin embargo, sigue sin darse por vencido. El siguiente paso que planea va una frontera más allá, hacia el Canadá, para continuar sus estudios de postgrado. Aunque

el gobierno canadiense no le otorgó hace unos meses el permiso necesario para estudiar aquí, tanto en las universidades de McGill como de UBC tiene ofertas de becas, y él piensa solicitar el permiso nuevamente. De recibirlo, Canadá ganaría una mente brillante, y Estados Unidos perdería a un ciudadano que, a pesar de no tener documentos de residencia legal en el país, es a todas luces ejemplar. Illegal, Reflections of an Undocumented Immigrant es una lectura ágil, interesante y necesaria para asomarse hacia la existencia de alguien que hace mucho debió haber dejado de ser una sombra más entre miles. Desde Toronto aplaudo su tesón y su talento, y cruzo los dedos para que Canadá no deje ir la oportunidad de recibir en su territorio a alguien cuyo futuro se adivina brillante, a pesar de haber sobrevivido tantísimo tiempo en penumbras. N del E: Illegal se presenta el 15 de marzo próximo, 7 pm, en The Book Cellar, 4736 N. Lincoln Avenue, en Chicago. Martha Bátiz, catedrática y escritora mexicana. Es profesora en la Universidad de York, campus Glendon, en Canadá. Autora de A todos los voy a matar, Boca de lobo y, recientemente, De tránsito

Portada de Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant, por José Ángel N.

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CRÍTICA

Delta de las Américas Gerardo Cárdenas

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os descendientes de Ismael y de Jacob andan (andamos; el que escribe, lo sabe ahora y hace algunos años aún lo ignoraba, es sefardita) sueltos por todo el continente, disfrazados de lugareños, integrados y sin embargo distintos. Poseedores de una historia que aparece y desaparece, llegados a las nuevas tierras americanas desde la época en que árabes y judíos perdieron a España y tuvieron que convertirse (y de paso escaparse en las carabelas), o desde las migraciones posteriores a la Primera Guerra Mundial. Llamados turcos sin serlo, judíos siéndolo, semitas casi nunca. Errantes. Aferrados a sus tradiciones, agentes del sincretismo. Árabes y judíos son otra América, que no es española, ni indígena, ni negra (habría que hablar en otro momento de la América asiática, tiempo al tiempo). Es una América que en público habla español, portugués o inglés, y puertas adentro habla árabe, yiddish o ladino. Literal Publishing ha preparado una antología casi única, Delta de las arenas: cuentos árabes, cuentos judíos (Houston, 2013), que al reunir a autores de ambos orígenes plantea una estética y una visión específicas: un collage de visiones. En su prólogo, Rose Mary Salum, editora del volumen, subraya: los temas de los autores no son en absoluto distantes de la temática literaria latinoamericana pero a sus textos “están adheridas partículas muy finas que traen consigo el pensamiento y las creencias de otras regiones. Los autores de los cuentos participantes viven en este continente, el español o el portugués es su lengua madre, pero desde su nacimiento, dado su singular legado, llevan consigo una herencia que matizó las experiencias personales y los determinó, enriqueciendo el tejido con el que el lenguaje embebe la realidad”. La propuesta no es sólo literaria. Salum pone el ejemplo de las teorías orquestales de Daniel Barenboim, para señalar que en este volumen se busca la apertura de espacios para una interacción pacífica entre las dos culturas, aunque esa interacción tenga que darse en el papel y desde América, y no en carne y hueso en Medio Oriente. Treinta y cuatro autores integran la antología; voces árabes y judías que lo son también del Perú, México, Argentina, Colombia, Brasil, Guatemala, Bolivia, Chile y El Salvador. Pero lo son también, y este comentario es estrictamente mío, de los Estados Unidos, país que acoge a una decena de ellos (esa segunda hégira o diáspora está claramente expresada en un cuento como “La víspera de Passover” del guatemalteco David Unger).

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Si bien son más frecuentes las recopilaciones y antologías de escritores de origen judío, o de escritores de origen árabe, el esfuerzo de Salum y Literal tiene sólo dos antecedentes conocidos en América Latina: Caminos para la paz, editada y publicada en 2007 en Argentina, y Primos, publicada en portugués en Brasil, en el 2010. La primera recoge a escritores marroquíes e israelitas que escriben en español; la segunda, a escritores brasileños de origen árabe y judío. Delta de las arenas va mucho más lejos, es un esfuerzo que abarca a todo el continente. En un volumen con 34 relatos el lector tiene mucho de dónde escoger en términos de preferencias. Las mías se van con “El último día en Beirut” de Luis Fayad, el ya mencionado de Unger, “La vida y los malvones” de Ana María Shua, “Treinta o más” de Salim Miguel, “Xerox Man” de Ilán Stavans, “Zulu” de Naief Yehya, “El agua que mece el silencio” de Salum, “Moscas de la fruta” de Lina Meruane y “Shabat” de Tatiana Salem Levy. Salum plantea en el prólogo que la antología confirma que América Latina ha ido abrazando oleadas sucesivas de inmigrantes y las ha logrado integrar en su seno. Cierto, pero esa condición es algo que no debemos dar por hecho ni olvidar. Pienso en mi propio país de origen, México, y en el brutal tratamiento que reciben ahí los centroamericanos que atraviesan su territorio en su intento por llegar a Estados Unidos. En ese contexto, se me antoja aún más urgente el mensaje explícito e implícito de la antología: un mar donde “navegarían escritores vivos de ambos linajes reflexionando y, quizá, bordando sus historias sobre las delicadas aguas de la existencia y su origen”. Me parece una

imagen precisa. El ser humano no está nunca confinado por el territorio —se mueve, avanza como sobre las olas— pero sí está definido por su experiencia, su origen, su lengua, y por su capacidad de recibir al otro, o de asimilarse a lo ajeno. El delta extiende sus dedos arenosos por nuestra historia; el río no deja de fluir hacia el mar, y de llevarnos hacia otros parajes a donde vamos cargados de nuestras historias. Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano. Autor del libro de relatos A veces llovía en Chicago y director editorial de contratiempo. Tiene en preparación un segundo libro de relatos y un poemario. Un día se topó con la noticia de su origen sefardita.

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Portada Delta de las arenas: cuentos árabes, cuentos judíos (Houston, 2013), fragmento


TIEMPO EXTRA

Un umbral de humo Martha Cecilia Rivera

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lgunos umbrales en el arte son tan imprecisos que al intentar cruzarlos se vuelven de humo. Y el humo es lo que es, una huella apenas. Rastro en el aire. Uno de los umbrales que amenaza con desdibujarse es ese que diferencia la buena ficción de la buena literatura. Al menos, eso es lo que parece desprenderse de las recientes listas de candidatos al Nobel de Literatura (nunca oficiales), en donde aparecen nombres con tan poco en común como los de Adonis y John Le Carré. Sin negar el tremendo valor de cada quién en su género, reconforta que el premio se sigue otorgando a quienes hacen literatura y no a quienes crean ficciones fenomenales. Dos firmes candidatos al galardón 2014 son Haruki Murakami y Amos Oz. Uno de ellos debería ser el premiado. El otro es el favorito. Se verá en Octubre. Haruki Murakami El japonés Murakami ha ocupado el primer lugar en las apuestas del Nobel en los últimos años, y ha estado en la lista cerca de una década. Ha vendido más de un millón de copias de cada una de sus obras mayores, algunas excediendo los doce millones. Ha publicado 13 novelas, 3 colecciones de relatos cortos y 3 libros de ensayo. Entre otros, ha ganado el premio Franz Kafka (2006), que se considera buen predictor de quién ganará el Nobel desde que Elfriede Jelinek obtuvo ambos galardones en un mismo año. Los temas de Murakami no encajarían a simple vista dentro de algunos cánones del Nobel. Sus relatos muestran la cotidianidad de la sociedad contemporánea japonesa, adinerada, ultramoderna, y que no parece arrastrar como tantas otras y ellas todas teñidas de violencia , un conflicto estructural que desafíe fundamentos de la existencia o la dignidad humana. Las angustias colectivas que refleja parecerían, por decirlo de algún modo, menos urgentes. Hay que recordar que uno de los criterios para otorgar el Nobel es que la obra se enmarque dentro de la lucha por un ideal. No parece ser este el caso de Murakami a pesar de sus ensayos, de los que se dice reflejarían la alienación colectiva y desentrañamiento posteriores al terremoto japonés de 1995, y de haber recibido el Jerusalem Prize Freedom of the Individual in Society (2009). Otro aspecto crucial, la dimensión del arte, también parece restarle opciones. Es innegable que Murakami escribe muy bien, lo atestiguan sus premios y sus ventas. Sin embargo es difícil encontrar, en su escritura, preocupación esté-

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tica. Esto no parece ser necesariamente resultado de traducciones injustas ni de diferencias entre las culturas occidental y japonesa, ya que otros autores escribiendo originalmente en japonés (Kenzaburo Oe, Nobel 1994) sí generan esa conexión emocional que se espera resulte del encuentro con el verdadero arte. La estructura de los relatos de Murakami tampoco resulta inaugural. No hay tratamientos innovadores de voces ni tiempos. Lo peor de todo son sus recurrencias, que dejan un sospechoso olor a fórmulas. Pasajes moralmente escandalosos que no aportan nada, sexo innecesario, y personajes misteriosos insinuando secretos imposibles, aparecen una y otra vez en sus novelas. ¿Ficciones fenomenales? Amos Oz El israelí Oz también ha sido candidato al Nobel por varios años. Ha publicado 13 novelas y 9 libros que compilan más de 400 ensayos, entre otros. Además de haber recibido también el Franz Kafka (2013), el Príncipe de Asturias (España, 2007) y otros premios literarios, recibió el Frankfurt Peace Prize (Alemania, 1992) y la medalla de la Legión de Honor (Francia, 1997). Una reconocida voz internacional en el tema del conflicto IsraelPalestina, Oz ha liderado varios movimientos de intelectuales, incluyendo la fundación de Peace Now en 1978. Amos Oz escribe desde la urgencia existencial que seguramente define la vida humana en su región del mundo, y esa urgencia se siente desde que se lee la primera de sus frases. Las suyas son historias sobre las distintas angustias cotidianas de los judíos que colonizaron el estado Israelí en sus primeros años, todavía bajo la hegemonía inglesa. Es difícil discernir cuál parte de sus relatos corresponde a memorias, o a ficciones, aunque él ha insistido en que las suyas son historias en el sentido de fábulas o leyendas. Quizás debido a la voz autobiográfica que de todas formas se hace oír desde sus textos, la suya es una literatura en donde se percibe autenticidad, y que desprende una tremenda fuerza. Y a esa fuerza, como expresión de la angustia de un pueblo, se ha dirigido la Academia Sueca cuando premia autores cuya literatura trasciende la ficción para hacer una contribución significativa para la raza humana. Aunque en sus novelas no se encuentra, estrictamente, marcado lirismo, leerlo es toda una experiencia estética. Tanto su manejo de los tiempos y las estructuras del relato, como sus personajes, rezuman un arte literario que

genera en el lector conexiones emocionales inolvidables y obliga al cuestionamiento. Su estilo es elegante y refleja niveles intelectuales muy altos. Además sostiene el interés del lector, entre otras cosas porque las ocurrencias de sus relatos no resultan predecibles ni se repiten de una novela a otra, aunque todas se refieran a lo mismo. Eso marca la diferencia entre escribir sobre una misma obsesión o repetir una misma fórmula. También fija el umbral, para que no sea de humo. Una pregunta que permanece en el aire es si el significado político de Amos Oz será un factor en la decisión de octubre. Martha Cecilia Rivera es narradora y poeta colombiana. Escribe sobre temas literarios en Hoy, Pilsen Portal, contratiempo, y en su propio blog (www.florentinoletters. com). Su producción literaria ha sido publicada en múltiples antologías y revistas en Estados Unidos, Colombia y España. Sus poemas han ganado varios reconocimientos internacionales, el más reciente en el concurso La fuerza de la palabra, Argentina, 2013. Entre su narrativa se encuentran la novela Fantasmas para noches largas y el volumen de relatos Ópera de un hombre que buscaba, ambos actualmente en proceso de publicación.

Sup: Amos Oz Cortesía: Página de internet oficial de Amos Oz Inf: Haruki Murakami Fotografía: Gal Oren

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TIEMPO EXTRA

Cuando el demonio lo llame a escena Héctor Torres

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melia llegó a esas historias de opulencia que contaban los mayores cuando aquellas se alejaban de su vida, día a día, cada uno de los días vividos en el bloque 40 de ese laberinto llamado 23 de Enero. Como el momento en que comenzaron a apagar los ascensores a las diez de la noche para contrarrestar la ola de violaciones a las vecinas. O las guerras por el control del bloque. Sabe que esa ciudad de casi cincuenta bloques y nosecuántos barrios es una república independiente a la que la policía entra con restricciones. La han despertado en la madrugada los gemidos de hombres grandotes suplicando que no los maten. Y ha escuchado las detonaciones que hicieron caso omiso de esas súplicas. Ha visto cómo se fortalecen en armamento los diversos “colectivos” que apoyan al gobierno, y sabe que ya se vislumbra la Gran Guerra Final, pero entre ellos. Vio también a un hombre llamado Alberto llegar a su vida silbando, e irse asimismo unos años después. Dicen que vive con otra por ahí cerca, y aunque asegura que no le afecta, cuando Albertico, que ya tiene veinte, camina silbando por el pasillo, experimenta una crispación que no puede controlar. A Amelia no le importan los malandros ni el fantasma de Alberto ni la política. Como miles de sus vecinos, sólo sabe que su día comienza a las cinco de la mañana, que se gana el pan en una empresa en Boleíta y que cuando el Metro la suelta a golpe de seis de la tarde, debe conservar fuerzas para agarrar la camioneta que la llevará hasta el bloque. Y que Albertico es un muchacho tranquilo (que tiene su novia y su trabajo) al que ha ido llevando con titánico esfuerzo. ¿A dónde?, ni se lo pregunta, con lo molida que queda cada noche cuando pone la cabeza sobre su almohada. El Bemba también se crió en el bloque. Lo conoce de cuando era Joseíto y tenía unos diez años menos que ella. Lo vio ir a la escuela como hasta cuarto grado y lo vio echarse a perder paso a paso. Siempre fue grande para su edad. Como los tiranos son ambiciosos y narcisos, ha cincelado su leyenda a costa de decenas de cadáveres. Sabio el demonio, que cuando encumbra a los hombres hasta la casa del Poder deja abierta la puerta de su caída. Es una casa tan pequeña que cabe un inquilino por vez. Tarde o temprano todos abren la puerta. El instinto es un don que se atrofia si no se usa. Pero los poderosos se ensoberbecen tanto que llegan al escandaloso punto de desdeñarlo. Como todo poderoso, El Bemba lo había mandado de NÚMERO 112

vacaciones hace tiempo. Confiaba ciegamente en sus compañeras, la Beretta y la Lugen. Cuenta la leyenda que cuando encendía esos inmensos tabacos nadie debía verlo a los ojos. Los que desoían esa conseja pagaban su insolencia con su muñeco dibujado sobre la acera. Es decir, todo hombre prudente que presenciaba sus ritos, con sus dos pistolas enterradas en la pretina del pantalón, cerraba prudentemente su grifo de testosterona. Nada cuesta bajar la vista unos metros ante la presencia de la muerte. A la mañana siguiente se consolaban cuando se encontraban en la calle. ¿Lo viste? Tiene amarillo el blanco de los ojos. Dicen que le pega a la mamá. Son dos pistolotas… ¿Cuándo coño alguien le va a pegar dos tiros a ese carajo? Y, a su manera, a esa plegaria se sumaba su madre: ¿Dios, cuándo te lo vas a llevar?, rogaba piadosa. Solamente el demonio es tan perverso para susurrar cada tanto en la oreja del poderoso: ¿Para qué tienes poder si no es para usarlo? (que es su forma de decirle: mira esa puerta, ábrela). No era tan tarde ese día que pasó “la chica”. Una nena de unos dieciséis años todo lo bella, sencilla, fresca y apetecible que puede ser una nena de esa edad. Como todo asunto del destino, ni siquiera fue algo personal. Ese grácil volumen en movimiento fue el picaporte que giró El Bemba. No teman, cosas peores ocurren a diario entre callejones y ascensores. Simplemente no reprimió el impulso de sopesar esas deleitables nalgas quinceañeras. Cuenta la leyenda que la chica llegó a su casa y, sin quitar ni poner una coma, relató lo ocurrido a Albertico, su novio. Mientras una corriente helada recorría su cuerpo, Albertico se retiró a su casa con expresión taciturna y meditó en silencio frente a una bifurcación imaginaria. Dicen que eran como las doce cuando se escucharon tres tiros de un revólver, y luego una andanada de armas automáticas, acompañadas de un grito que asustó a los vecinos más que los plomazos. Cuenta esa leyenda que Albertico caminó hacia El Bemba ignorando su famosa mirada torva y desenfundó un treintiocho que alguien le prestó gustoso al enterarse de la empresa que se había impuesto. Dicen que con el primer plomazo, que le entró por el hombro, El Bemba entendió lo que estaba ocurriendo, y que murió con una estúpida expresión de perplejidad, viendo al chamo acercarse mientras disparaba. Albertico, temblando todavía, lo despojó de las dos pistolas y sintió algo tan portentoso que si no gritaba a todo pulmón vaciando las cacerinas al aire, hubiese

muerto de terror en ese instante. La alegría de los vecinos fue efímera. Dicen que el demonio nunca descansa. Ahora susurra en la oreja de El Albertico (que hace tiempo que dejó a aquella noviecita): ¿Para qué tienes poder si no es para usarlo? Algún muchacho, de esos que sus mamás recogen temprano, tomará obediente el testigo cuando el demonio lo llame a escena. Héctor Torres es narrador y promotor literario. Es venezolano y vive en Caracas. Autor de los libros de cuentos El amor en tres platos (2007) y El regalo de Pandora (2011), de la novela La huella del bisonte (2008) y del libro de crónicas Caracas muerde (PuntoCero, 2012). Es fundador y ex editor del portal www.ficcionbreve.org y creador del Premio de la Crítica a la Novela del Año en su país. Webpage: www.hectorres.net. El texto reproducido acá es una versión especial para contratiempo de una de las crónicas de Caracas muerde.

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Portada de Caracas muerde (PuntoCero, 2012).


TIEMPO EXTRA

Hasta que la muerte nos separe, Stanley… Marco Escalante

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n algún lugar leí que pocos años antes de su muerte, Stanley Kubrick por fin había alcanzado cierta sabiduría común entre conservadores, y que su último filme, Eyes Wide Shut, era una suerte de reconocimiento de la institución matrimonial. Según esta curiosa interpretación, El Dr. William Hartford, en su recorrido nocturno por las calles de New York, resiste a todas las tentaciones ilícitas de la carne y opta, al final, por el amor conyugal. Cuando ví por primera vez la película, me llamó la atención la escena en que la esposa de Hartford imagina sus encuentros sexuales con un oficial naval: parece una propaganda de perfume. Pensé entonces que el matrimonio no solamente se deteriora por el efecto corrosivo del hábito, sino que en su lenta y dolorosa decadencia termina por empobrecer la imaginación sensual de los cónyuges. No vi al doctor Hartford como un héroe que sacrifica el deseo momentáneo en nombre de la constancia de la vida familiar, sino como un advenedizo de clase media que pretende irrumpir, clandestinamente, en la corte de la plutocracia; y que luego de ser desenmascarado, retorna a la mediocridad del matrimonio y su tedio, porque simplemente las delicias del libertinaje están reservadas para cierta aristocracia. Hartford es la encarnación contemporánea de Barry Lyndon, cuyo matrimonio con Lady Lyndon no es más que una bella estampa que remite a un cuadro de Reynolds. Existe, claro está, la noción compleja del matrimonio como producto de la civilización. Lo natural sería aparearse caóticamente, como cualquier animal. El matrimonio, negación de la naturaleza, sería más bien un producto de la cultura, y acaso el único tipo de unión que pueda garantizar la realización plena del ser, puesto que ofrece un orden, una dirección, una moral, allí donde la naturaleza quiere imponer su anarquía. Sospecho que entre los que defienden esta idea, abundan los que quisieran someter a todos los libertinos a un programa de integración social similar al que se le aplica a Alex en A Clockwork Orange. Obligados a mirar por horas películas pornográficas, o documentales sobre enfermedades venéreas, los pacientes regresarían, asqueados, a la realidad ascéptica e inerme donde el matrimonio es la

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norma. No creo que Kubrick haya pretendido, en sus últimos días, maquillar los horrores de la vida conyugal tras concluir que el matrimonio, con todos sus defectos, es la mejor de las uniones posibles. No es eso lo que veo en el rostro agotado de la pareja Hartford en Eyes Wide Shut. La naturaleza, la pluralidad y anarquía del deseo, no desaparece nunca; y el matrimonio, el trabajo fijo, la vida consagrada a una familia, refleja esa tensión entre la entrega racional a un concepto y el llamado de la selva. Todo esto me lleva a The Shining, la obra maestra de Kubrick. En The Shining, el matrimonio y la paternidad aparecen como los principales obstáculos del ejercicio creativo. Jack Torrance no se vuelve loco porque está aislado –como solía suponer la crítica setentera. Se vuelve loco porque no está suficientemente solo. Cada vez que se enfrenta a la página en blanco, la realidad cotidiana lo llama con sus menudas exigencias: si no lo interrumpe su mujer, lo interrumpe el hijo. La creación exige habitar un reino de fantasmas porque el mismo escritor es ya un fantasma. Jack Torrance no puede plasmar en el papel los horrores que se multiplican en su inconsciente porque su conciencia está abrumada por hechos concretos. El laberinto que constantemente aparece en la película, es a un mismo tiempo el laberinto conyugal y el de la página en blanco; para salir de él, resulta necesaria la eliminación de su mujer y su hijo. El horror de la película reside en la monstruosidad del egoísmo que

habita en todo artista. O destruye las ataduras familiares o sociales, o renuncia a su vocación y se convierte en padre y marido modelo. El limbo es una excepción reservada a los grandes. Todo esto a raíz del documental Room 237, que somete The Shining al análisis inverosímil de unos cuantos individuos. Uno de ellos concluye que el filme habla, de manera soterrada, del sistemático genocidio de las tribus indígenas de este país; otro sostiene que el filme entero es acerca del holocausto perpetrado por los nazis contra los judíos; un tercero piensa que el filme está relacionado con el proyecto Apolo XI de la NASA. Lo curioso es que todas estas muestras de delirio crítico son casi plausibles y se apoyan en evidencias visuales extraídas directamente de la película, gracias a la tecnología del DVD. Room 237 es un documental apasionante que se limita a The Shining. Me pregunto cuál sería la consecuencia de un proyecto similar que se enfocara en Eyes Wide Shut. Yo colocaría el testimonio de aquellos que vieron en la película una sabia apología del matrimonio contemporáneo. Pero como advertencia final, le recordaría al público que el artista, con su arte, cuestiona su propia existencia. A diferencia del mal crítico, que corrobora la suya amparándose en interpretaciones estrechas de obras que rebasan nuestra capacidad de juicio.

Stanley Kubrick Imagen cortesía de Raoul Luoar

Marco Escalante, escritor peruano, reside en el área de Chicago y es miembro del consejo editorial de contratiempo. Su libro de ensayos Malabarismos del tedio fue publicado en 2013 por la editorial Siete Vientos.

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MÚSICA

MÚSICA COMO ANTÍDOTO A LOS MALES DE LA SOCIEDAD

El nuevo efecto Panamá Catalina María Johnson

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n 1977, los tratados Torrijos-Carter le devolvieron control a Panamá sobre su canal interoceánico y las áreas adyacentes que habían estado bajo control de Estados Unidos —casi mil quinientos metros cuadrados de tierra que incluyen las instalaciones que fueran anteriormente Fuerte Clayton, establecido en 1919 por decreto del presidente Woodrow Wilson. Hoy día, parte de esas instalaciones militares ha sido convertida en lo que se llama la Ciudad del Saber. El pasado enero, por los antiguos barracones, en un reluciente auditorio y por los espacios verdes de la renovada Ciudad del Saber sonaron los acordes de todo tipo de jazz y otras músicas latinoamericanas gracias al Panamá Jazz Festival, celebrado anualmente desde hace once años. El festival es resultado del sueño de Danilo Pérez, célebre pianista y compositor panameño, director artístico del festival, creador de la Fundación Danilo Pérez, profesor de música en Berklee College of Music y en New England Conservatory of Music y Artista para la Paz de la UNESCO. En una pequeña oficina de la Fundación en el centro histórico de la ciudad, relataba Pérez cómo fue que nació su visión. Comenzó explicando que su padre (profesor además de director de agrupación musical) le ayudó a entender la importancia de la música en todo sentido: “Mi padre a todo le ponía música y la usaba para enseñar de todo en la vida, así aprendí matemáticas, geografía, electrónica”. Años después, en 1989 coincidió uno de los conciertos de Pérez con la invasión a Panamá por parte de Estados Unidos. Pérez decidió que “si iba a morir, moriría tocando música”. Lo asombró el hecho de que por lo menos por unas horas, el público logró vivir momentos de belleza en medio del caos. Estas vivencias le ayudaron a Pérez a fundar en 2003 el Festival de Jazz y, dos años después, la Fundación con su nombre que se beneficia de los recursos creados por el Festival y ofrece estudios musicales para niños y jóvenes de áreas empobrecidas. El Festival tiene un efecto extraordinario en muchos otros sentidos. Los reconocidos músicos invitados a dar conciertos brindan a diario clínicas musicales a las que asisten centenares de jóvenes panameños. Otra parte fundamental del Festival es el Simposio Anual de Musicoterapia organizado por la chilena Patricia Zárate (saxofonista, musicoterapeuta y esposa de Pérez) en el cual se incluyen talleres sobre el uso, por ejemplo,

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de la música en el tratamiento de padecimientos como el Alzheimer y el autismo. Pero la piedra angular es la serie de extraordinarios conciertos que se llevan a cabo en el Casco Viejo de la ciudad y en la Ciudad del Saber. El concierto emblemático del Festival lo dio el propio Pérez en la Ciudad del Saber para la premiére mundial en vivo de su última grabación, Panamá 500, integrado por temas quecelebran los quinientos años de que los conquistadores ‘descubrieran’ el Océano Pacífico, además deincluir otras perspectivas de ese hecho, incorporando tanto la narrativa oral de los pueblos indígenas del país como percusiones y cantos afrocubanos. Pérez manifiesta con pasión el deseo de que la música sea instrumento de otro “efecto Panamá”, el cual transformó la flora, fauna y biodiversidad a nivel mundial cuando, debido a radicales procesos sísmicos, surgió Panamá uniendo las dos mitades del continente americano. Pérez considera que otro cambio radical a nivel mundial fue la construcción del canal que une dos grandes océanos y que modificó para siempre las rutas de turismo y comercio marítimos. Por ello el Festival presentó, entre otras, músicas como la del proyecto “transístmico” del gran acordeonista panameño Osvaldo Ayala y la agrupación de soul de Luci y los Soul Brokers de Panama City. Agrega Pérez que el jazz en particular, con sus estructuras creativas, democráticas y horizontales, ofrece un modelo a seguir para modificar las nocivas estructuras verticales y jerárquicas de nuestras sociedades latinoamericanas que llevan a sus integrantes a un conformismo extremo y gran pasividad. Y así, el gran final del Panamá Jazz Festival se dio con un concierto gratuito de diez horas al aire libre en el cuadrángulo central de la Ciudad del Saber, donde apenas en 1999 llegaron a su fin ochenta años de actividades militares en suelo panameño. La alegría del público presente y el espíritu familiar y de convivencia que se respiraba, dieron amplio testimonio del “efecto Panamá” que hace millones de años resultó ser esencial para la vida del planeta, y que puede llegar a serlo de nuevo si a través del arte y la música logramos salvarnos a nosotros mismos.

En el sentido del reloj: Luis Carlos Ayala, estudiante de la Fundación Danilo Pérez. Foto: Catalina María Johnson Lucy y Soul Brokers. Foto: Bill Bytsura Osvaldo Ayala. Foto: Bill Bytsura

Catalina María Johnson es miembro del consejo editorial de contratiempo, escritora, locutora y productora de Beat Latino (www.beatlatino.com), programación radial para estaciones de radio pública desde México, D.F. a Berlín

George Garzone y Berklee Global Jazz Institute. Foto: Bill Bytsura Danilo Pérez. Foto: Catalina María Johnson

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CONTRAFOTO

Chiberia, la Ciudad de los Hielos Decir que en Chicago hace frío es aproximarse a la pesadilla. Para una ciudad acostumbrada al subzero y a las pilas de nieve, el invierno de 2013-2014 pasará a la historia por su acumulación de nieve y por el golpeo constante del vórtice polar. Por unos

días, Chicago estuvo entre los puntos más fríos de la Tierra. Esta página, que recoge trabajos de fotógrafos locales – unos de contratiempo y otros no – ofrece un testimonio visual de los días de Chiberia. Gerardo Cárdenas

En sentido del reloj: Chicago bajo cero por Arturo Richardson, dominicano Chicago bajo cero II por Arturo Richardson, dominicano Naturaleza muerta por Andrea Ojeda, mexicana The Shining Redux por Ana María Soto, cubanoamericana Blizzard por Rafael Franco, puertoriqueño

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contratiempo nfp es una dinámica y multifacética organización sin fines de lucro que se ha convertido en el epicentro de la literatura y cultura hispana e inmigrante en Chicago. La misión de contratiempo nfp es promover los aportes culturales de la población latina hispanohablante en Estados Unidos. contratiempo es

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La revista contratiempo El taller de creación literaria Poesía en Abril Ediciones Vocesueltas Lectura, diálogo y performance

www.contratiempo.net

Illegal Reflections of an Undocumented Immigrant José Ángel N. José Ángel N. is an undocumented immigrant. He lives in Chicago.

Book release: March, 15th, 7:00 p.m. The Book Cellar 4736 N. Lincoln Ave.

Presenters: Juan Mora-Torres, author of The Making of the Mexican Border Marco Antonio Escalante, author of Malabarismos del tedio Julio Rangel, member of contratiempo’s editorial Board


Fotografías: Efrén Mancera

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MIRADA CÓMPLICE

Efrén Mancera, fotógrafo Ignacio Guevara

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frén Mancera es un fotógrafo joven, oriundo de México. Las fotos que aquí aparecen han sido procesadas en los cuartos oscuros del Truman College en Chicago. A pesar de las tentaciones que brindan las técnicas digitales, Efrén se empeña en fotografiar y revelar de manera tradicional. El agua es un elemento común en su fotografía, el agua como espejo, como superficie, como filtro y como cápsula. Una ciudad a punto de caer desde una frágil rama, un charco que se secará en horas, cientos de burbujas a punto de morir, Efrén tiene la sensibilidad y habilidad para capturar lo efímero de un gran momento. En sus propias palabras: “Para mí la fotografía expresa mejor los sentimientos, inclusive más que las palabras. La fotografía captura momentos que la vida no podrá volver a reproducir, con la ventaja de que ahora tenemos una fotografía que nos permite personalmente reconstruir y disfrutar una imagen exacta de ese mismo pasado. La arquitectura de Chicago es lo que más me atrae; trato de encontrar lugares que sean poco frecuentados, porque pocas veces incluyo personas en mi fotografía. Una buena fotografía es la que es única, la que no vemos a diario ni en televisión, ni en el periódico ni en el internet”. Ignacio Guevara, fotógrafo costarricense, es miembro del consejo editorial de contratiempo. Reside en el área de Nueva York

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VINILO

Historia de un viaje sonoro y multisensorial Jesús Echeverría

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na de las características más fascinantes de la música es su capacidad instantánea para exaltar los sentidos, ese efecto mágico que permite desconectarse de la realidad cotidiana para perderse en un viaje sonoro y multisensorial. Durante décadas esta revelación fue posible gracias a las vibraciones generadas por el roce entre una aguja y ese objeto redondo y oscuro llamado elepé (LP) o disco de larga duración, un objeto capaz de catalizar emociones mientras gira reproduciendo los sonidos que guarda cada una de sus dos superficies, un complejo proceso mecánico de tipo analógico, algo que los románticos prefieren describir como un proceso enigmático e indescifrable de carácter alquimista. El disco o vinilo es el formato de reproducción de audio más longevo utilizado en la actualidad. Así es, a pesar de los vaticinios y el desarrollo de nuevos formatos, el disco elepé no solo ha logrado subsistir sino que además goza en la actualidad de una renovada popularidad y de un incremento en ventas, algo que no acontecía desde hace más de 10 años. Sin duda, para cualquiera que haya pasado de la adolescencia a la edad adulta antes de iniciada la segunda mitad de los 90, escuchar música significa entregarse a un ritual profundamente íntimo, que inicia desde el instante que escuchas por primera vez una canción en la radio y prosigue con el esfuerzo por acumular el dinero suficiente para acudir a la tienda de discos, pararse frente a ellos, rastrear al elegido mientras se es seducido por decenas o cientos de portadas plagadas de un arte gráfico alucinante. Ya en casa, la emoción se intensifica al momento de remover el plástico, sacar el disco con cuidado de su funda, colocarlo en la tornamesa, poner la aguja y admirar la portada mientras se reproducen los primeros sonidos. Indudablemente, cada persona guarda una memoria individual de esta experiencia, una serie de recuerdos que evocan momentos específicos y esa es quizá la causa fundamental detrás del apego al objeto, el disco elepé que tras cada nueva escucha no solamente reproduce sonidos, también evoca memorias, recuerdos, lugares, personas, olores y emociones. El elepé no solo trascendió al tiempo y generaciones; también logró superar los propósitos mercantiles con los que comenzó a comercializarse en 1948 tras las innovaciones hechas por la compañía Columbia Records. El primer registro de un disco como sistema de grabación y reproducción data del 1894 y se acredita a la compañía Gramaphone del alemán Emile Berliner; sin embargo, fue Columbia Records quien introdujo el disco long play (disco de larga duración) elaborado de una mezcla de 180 gramos de vinil y acetato, con capacidad de reproducir

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un promedio de 22 minutos de audio por cada lado a 33 1/3 RPM. El elepé rebasó los propósitos meramente comerciales y sin planificarlo se transformó en un ente para la expresión artística y propagación de cambios sociales. Los primeros elepés fueron concebidos a finales de los 40 para comercializar música clásica y bandas sonoras de musicales de la época; la música popular de ese entonces estaba limitada a los sencillos, discos de corta duración con una o dos grabaciones en cada lado. Prácticamente no existía el concepto de larga duración en la música pop. Sin embargo, la industria reconoció las oportunidades económicas que representaba el formato LP y comenzó a editar discos donde la fórmula consistía en tener una o dos canciones que funcionaran como sencillos, generando altas ventas y donde el resto del material no fuese de importancia comercial o artística, la cuestión se traducía a poder vender más caros los discos por el hecho de que contaban con más material pero sin importar el contenido. Así surgieron los primeros larga duración de Elvis Presley o Little Richard. Incluso, grupos como The Beatles o The Rolling Stones editaron sus primeros álbumes bajo esta premisa, lanzando discos que incluían algunas composiciones originales y una cantidad notable de covers. El cambio radical surge de la mano del movimiento por los derechos civiles y el movimiento folk de los Estados Unidos, particularmente a partir de 1963 con la edición de The Freewheelin’ Bob Dylan, segundo álbum de un Dylan que, a sus 22 años, lo consolida como cantautor logrando que la compañía le permitiera grabar un disco donde solamente una canción no era de su autoría. Con este trabajo, Dylan deja claro que cada una de sus composiciones supone una visión crítica de la sociedad americana y ante la sorpresa de los ejecutivos de Columbia Records obtiene reconocimiento y aceptación masiva, instaurando al elepé como un medio de expresión artística y cultural. Por su parte, la escena británica atenta a la hazaña de Dylan e influenciada por el nacimiento de la psicodelia decide aprovechar su poder de convocatoria y ventas para exigir control artístico de sus grabaciones. Es así que grupos como The Beatles, The Kinks, The Rolling Stones o The Who optan también por emplear el elepé como recurso para explorar todo su potencial artístico. El disco Rubber Soul de los Beatles, en 1966, refleja un crecimiento notable con letras más maduras e influencias del folk de Dylan o The Byrds. Sin embargo, es en 1967 con la edición de Stg. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que podemos hablar de un álbum indiscutiblemente conceptual, una obra artística con niveles de sofisticación y experimentación jamás antes escuchados. Para ese entonces, el grupo no

estaba preocupado por la complejidad de estos sonidos que suponía recrear en vivo, pues cansados de los gritos de las fanáticas habían decidido dejar las giras para concentrar toda su energía en la creación musical. La relevancia histórica de este disco no se puede desestimar, más allá de la innovación y experimentación musical que van desde la secuencia que une los temas, la amalgama de géneros como la psicodelia, música clásica, instrumentos hindúes, grabaciones reproducidas al revés hasta sonidos de animales; el álbum también se destaca como obra conceptual por su portada y diseño, creada por el artista pop Peter Blake, donde aparecen los cuatro Beatles vistiendo trajes de sargento creados por el diseñador mexicano Manuel Cuevas y frente a un collage de personajes celebres y contrastantes; cuenta una leyenda urbana que se habría considerado incluir el retrato del actor y cómico Germán Valdez “Tin Tan”, pero que éste optó por declinar a última hora, enviando en su lugar una figura del árbol de la vida de Metepec que aparece en un extremo de la portada. A partir de ese momento, aparecen discos de artistas como The Velvet Underground o Captain Beefheart & The Magic Band (Trout Mask Repicla) que desafían por completo los convencionalismos de la industria; y Jimmi Hendrix produce Electric Ladylad, un álbum doble que incluye temas que alcanzan los 15 minutos de duración como Voodoo Chile y The Who da vida a Tommy, la primera ópera rock. Por su parte, el jazz y el soul demoraron su apuesta al álbum como una obra completa; fueron Miles Davis y Marvin Gaye quienes con Bitches Brew de 1970 y What’s Going On de 1971 revolucionaron el concepto del álbum en sus géneros. Ya entrada la década del 70, los discos eran el formato de venta musical dominante, distinguiéndose por la variedad de propuestas que van desde el glam rock, el rock progresivo, la música disco y el punk rock. De entre estos géneros el que mayor repercusión tuvo en la formación ideológica de generaciones futuras fue el punk rock con la aparición de sellos independientes como Rough Trade en Londres, editando elepés de Stiff Little Fingers, Cabaret Voltaire o The Smiths, y SST en Long Beach, que editó discos de Black Flag, The Minutemen o Dinosaur Jr.; estos sellos se fundaron bajo la ética DIY (Do it youself o Hágalo usted mismo) que aplicada a la música se refiere a aquellos artistas que se oponen al sistema establecido y producen discos con sus propios medios, autopromocionan su música y autogestionan sus presentaciones. Estos valores transmitieron la confianza necesaria para que miles de jóvenes alrededor del mundo crearan sus propias escenas y sellos discográficos, que desde la década de los 80 y hasta la actualidad

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El romanticismo del vinil Jorge Verdín ◄

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han representado la alternativa a los imperios y monopolios corporativos de la industria musical. La autogestión también rinde frutos en América Latina, donde paralelamente al resto del mundo han coexistido sellos que en su momento fueron muy populares como Discos Orfeón fundado en 1958 en México y que editó muchos de los primeros intentos por hacer rock mexicano, Discos Fuentes, una institución de la cumbia y el vallenato fundada en Colombia en 1934 o Fania Records fundada en 1964 en Nueva York y que siempre será un referente obligado de la salsa y la música afrolatina. A mediados de los 90 el disco compacto (CD) desplazo al elepé y al cassette como el principal formato de venta musical y la subsecuente llegada de Internet y el MP3 produjo un intercambio musical hasta ese entonces inimaginable, hoy en día la adquisición de música solo requiere de un clic y la portabilidad es insuperable. Sin embargo, los nostálgicos recalcitrantes que deciden aferrarse a la absurda emoción de dar la vuelta a la cara de un elepé jamás han desaparecido y son ellos quienes mantienen vivo y girando al vinilo, las escenas locales de hip hop, música electrónica, ska y punk rock nunca dejaron de apostar por el vinilo. Tan solo en Chicago, basta mencionar el ejemplo de sellos como Southkore Records que surgió como parte del colectivo de bandas punk de los barrios de La Villita y Pilsen y que arropados bajo la consigna DIY editaron música de Non Fiktion Noise, Eske, Tras de Nada y No Slogan, títulos que hoy no solo son un objeto de culto y colección sino un fotografía sonora de las aspiraciones, frustraciones, utopías y desesperanza de un sector de los jóvenes latinos de la ciudad. No es fácil predecir el futuro del disco, pero es dudoso que desaparezca por completo. Las cifras indican que durante el pasado 2013 las ventas experimentaron un incremento significativo (el álbum Random Access Memories de Daft Punk ocupó el primer lugar entre los elepés más vendidos, superando el medio millón de copias). Antes escuchaba un disco mil veces, hoy la tecnología me lleva a escuchar mil canciones de una vez; sé que pertenezco al grupo que prefiere la primera opción y disfrutar de una experiencia que se percibe más humana, más cálida y auténtica, alejando a la música de ser un mero producto de consumo y otorgándole al disco el valor que se merece. Larga vida al vinilo, el disco es cultura.

Jesús Echeverría es productor de radio y comunicador mexicano. Partidario de la exploración musical y pionero de la radio independiente latina de Chicago, donde radica. Desde los 10 años practica el oficio de guardar el vuelto para comprar y sumar nueva música a su colección NÚMERO 112

or más que quiera justificar o racionalizar, debo admitir que mi relación con el vinil es en gran parte, romanticismo. Soy un cursi. Lo sé. Pero los discos son una gran parte de mi formación no solamente musical, sino también, personal y profesional. Para mí, un vinilo (sea LP o sencillo) es una combinación compuesta de música (obvio - a menos que te gusten los discos de declamación o cursos de lenguaje), el acetato en sí (the medium is the médium con disculpas a McLuhan), la nostalgia, el arte visual y el aspecto búsqueda/ interacción; el conjunto de estos elementos le dan un valor especial a los discos, que los hace entrañables en mi opinión. Para la generación en la que crecí, el LP o el sencillo de 45rpm fue el formato por excelencia para el consumo de música. Empecé a comprar discos, por lo general sencillos, desde la primaria, pero mi colección musical empezó a tomar forma cuando tuve mi primer trabajo estable, a mediados de los años 80. En esa época aparecieron los primeros discos compactos, pero eran caros, y al principio, la selección se

limitaba a artistas comerciales como Toto o Rod Stewart, así que seguí comprando vinilos. Eventualmente, el formato digital se emparejó en variedad, bajó un poco de precio y poco a poco casi eliminó por completo del mercado al vinilo. Me convertí a los CD por ser más prácticos y nítidos, pero nunca me deshice de mis LPs, porque aprendí a valorar el hecho que el vinilo sonaba diferente a lo digital. Era casi como tener una versión alterna de un mismo álbum. Tengo una lista personal de discos que en mi opinión suenan mejor en vinilo como: Remain in Light (Talking Heads), Brilliant Trees (David Sylvian), Spirit of Eden (Talk Talk), Off The Wall (Michael Jackson); los escuché por primera vez en LP y cuando eventualmente salieron en CD, los compré solo para ser decepcionado por la calidad de la transferencia a digital. Aunque han salido reediciones remasterizadas de todos estos discos, por alguna razón, sigo prefiriendo el sonido del LP. Recientemente experimenté una curiosa confirmación de este gusto cuando adquirí Music Has Right To Children de Boards of Canada en ►CONTINÚA EN LA PÁGINA 18

Foto cortesía: Jorge Verdín

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vinilo; al ponerlo en el tornamesa confirmé que cierta música que por sus componentes sónicos y/o emocionales, es más contundente vía vinilo. En este caso, la atmósfera granulosa del álbum, la versión sónica de una foto antigua amplificada demasiado, complementa tan perfectamente el sonido más textural del vinilo que parece haber sido compuesto para ese formato. El contexto emocional de este álbum, un ensueño dopado de recuerdos infantiles que están por caerse de la neurona, remite a la fuerte carga nostálgica del formato del disco, el objeto viejo empolvado. Polvo, olvido, óxido, descomposición. Nostalgia. Según Retromania de Simon Reynolds, la palabra nostalgia fue acuñada en el siglo XVII por el médico Johannes Hofer, para describir una aflicción que aquejaba a mercenarios suizos de la época que salían de su patria por periodos extendidos para cumplir con sus misiones. Era, en aquel sentido, una añoranza intensa por regresar al hogar y todas sus comodidades. Hoy en día, el motivo principal de lo que entendemos por nostalgia no es algo físico, sino el añorar un mítico tiempo pasado que fue mejor, que en gran parte, esta basado sobre la cultura pop de la época en cuestión. Gracias a la alta velocidad mediática de las últimas décadas, los periodos en los cuales se recicla la cultura pop (cine / música / arte / moda / etc.) son cada vez más cortos, así que constantemente se están creando una serie de pasados perfectos que transmutan en cuestión de meses. Para una generación obsesionada con la novedad y exclusividad, el hecho que bandas o artistas que en un momento son el futuro de la música, son desplazados en cuestión de meses, se manifiesta en una especie de fatiga de búsqueda. Cuando ya nomás no los mueve The (poner nombre de banda hipster del momento aquí), estos nuevos melómanos terminan escarbando en el pasado y descubriendo o explorando por primera vez, artistas viejos. Como resultado, los sellos discográficos han reconocido en la nostalgia musical una mina de oro. En vez de invertir en bandas nuevas, están poniendo atención especial en reeditar LPs de artistas consagrados como Roxy Music o Pink Floyd, o en el caso de artistas menos conocidos, vender los derechos a sellos independientes interesados quienes reeditan discos que de otra manera sería imposible encontrar. La pregunta obligada aquí es ¿por qué reeditar en LP? La respuesta tiene dos partes: la primera, como se lamentaría James Murphy en I’m Losing My Edge, es que una nueva generación con un poco de diligencia y una buena conexión de internet, tienen la posibilidad de convertirse en melómanos expertos en cuestión de semanas. Por medio de una red de enlaces y blogs con una gran riqueza de información, se pueden adquirir discografías completas de una infinidad de

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artistas en cualquier género imaginable, pero a un precio inesperado. Este consumo desmedido de música nos lleva a la segunda parte de la respuesta, que radica en que cada vez más gente, a pesar de tener cientos de gigas o terabytes de música en formato digital, tienen la sensación de no ser dueños de nada. Aquí es donde entra el vinil. El LP materializa la música que muchos solo poseen en ceros y unos, convirtiéndose en un objeto que denota autenticidad. Para muchos melómanos, ser dueños de vinilos les da licencia para pensar: yo no soy de los que nomás andan jalando rolitas del internet - ni madres, yo soy un melómano en serio. Tengo Transformer en vinil de 180 gramos. Si una descarga es una especie de hack, el vinil es credibilidad física instantánea. El LP se ha convertido en un señal cultural tan importante para la nueva generación de fanáticos de música, que según la página thevinylfactory.com, un 27% de las compras de LP del 2013 fueron hechas por personas de entre 18-24 que no poseen tornamesa. A mí lo que me gusta de esta tendencia, es que no solamente es que es posible encontrar reediciones de discos clásicos, sino que artistas más recientes como Tame Impala, The XX, Beach House y Jim James también ofrecen sus discos en LP porque se ha convertido de nuevo en un formato comercialmente viable. Una consecuencia de la importancia del LP como arte objeto es que en las últimas décadas, se ha visto la aceptación del arte de portadas a colecciones permanentes de museos de renombre. En lo personal, cuando era pequeño pasaba largos ratos admirando las portadas de los discos de mi padre cuando entraba en su onda y hacía sus maratones de LPs en la sala. Noté que por lo general, si me gustaban las imágenes de las portadas, los discos me gustaban, o por lo menos me eran tolerables. Un tiempo después, la banda de fiestas de la colonia, me prestaban LPs a cambio de mis servicios transcribiéndoles la letra de éxitos del momento. Desconociendo a los artistas, escogía los discos por las portadas. Gracias a estos generosos mariguanos, antes de entrar a la adolescencia me topé con Rubycon de Tangerine Dream, Dark Side of The Moon de Pink Floyd y In The Court Of The Crimson King de King Crimson, e inconscientemente forjé la relación entre buenos gráficos = buena música. Cuando descubría discos de los sellos 4AD y Factory Records, alrededor de 1983-85, desconocía la música por completo, pero la seducción visual de las portadas, espacios de 30x30 cms con su propio campo de gravedad, era irresistible. Un día compré unos discos desconociendo el contenido, pensando que si la portada era tan intrigante, la música no podría estar tan mal. Estos fueron: Sunburst and Snowblind de Cocteau Twins y Thieves Like Us de New Order. Dos bandas geniales complementadas por vi-

suales extraordinarios (a cargo de 23 Envelope y Peter Saville respectivamente). La experiencia me impactó de tal manera que me redefinieron como persona y decidí dedicarme al diseño gráfico. La música también entra por los ojos. Dudo que el impacto emocional hubiera sido tan intenso con un disco compacto. Hay veces que acudo a las tiendas de vinilos cerca de mi depa poniéndome un límite económico (digamos 20 dólares); evito las secciones más o menos conocidas de la tienda y me pongo a buscar en las cajas de LPs baratos a ver qué sale. Rodeado de otros coleccionistas que comentan nuevos descubrimientos, he tenido hallazgos fortuitos y variados como LPs y sencillos de Chico Hamilton, Hugh Masekela, Los Relámpagos del Norte, Camilo Sesto y Françoise Hardy. He adquirido sabrosos sencillos de artistas de música tropical como Los Nativos de la Cuesta y una versión salsera del himno de los Hare Krishna, así como hermosas canciones country de los 60 saturadas de barbitúricos, cachondos sencillos de música africana o alucinados conceptos de hip hop underground que Kanye West jamás en su vida podría imaginarse. El aspecto social de cazar discos también es interesante. En Poobah Records de Pasadena, uno de los empleados regularmente hace DJ sets en el segundo piso de la tienda y me conecta con los temas que me gustan. Las ocasiones que pido recomendaciones al staff, generalmente aciertan. Toda esta búsqueda e intercambio social se da en un ambiente físico que para mí, es una fuente de una gran inspiración o por lo menos de relajamiento, especialmente en una tienda que a veces parece estar localizada en el centro de Ámsterdam. Entiendo que hay maneras de intercambiar música y documentarse en línea, pero después de pasar horas frente a una computadora, ya sea trabajando o produciendo música, para mí es mucho mas gratificante salir a hurgar un rato en los cajones de una tienda, armar un bulto para probar con el tornamesa de la tienda, poner un disco y escuchar la superficie del vinilo que anuncia que la música está por empezar. La mala calidad del torna simplemente me engancha más, y siempre me pregunto: ¿cómo va sonar esto en el torna del depa? y la respuesta por lo general es: bonito. No perfecto, pero muy bonito. Jorge Verdín es un diseñador gráfico y músico/productor mexicano, radicado en Los Ángeles. Formó parte como músico, diseñador y director visual de Nortec Collective desde sus inicios en 1999 hasta su desintegración en 2007. Con su proyecto musical Clorofila, produjo el álbum Corridos Urbanos y como Tremolo Audio, editó Visitas. En la actualidad prepara material de Clorofila para ser lanzado en 2014 MARZO 2014


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Se compran Álbumes Blancos

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n un artículo de julio de 2013 para la revista digital Quartz, qz.com, DeVon Harris señalaba la paradoja que si bien las ventas de vinilos en Estados Unidos habían aumentado de unas 990 mil copias en 2007 a 4.5 millones de unidades en 2012, las ventas de tocadiscos se mantenían estancadas. La conclusión de Harris es que la gente está comprando los álbumes no para escucharlos sino para exhibirlos como objetos de colección. Es, si se quiere, un devenir lógico del vinilo, tomando en cuenta que el LP exige una atención a la música que ya muchos no le ponemos, al menos la necesaria para ir y cambiar el disco de lado o poner otro disco cada dos por tres, comparado con la conveniencia de la biblioteca iTunes o del streaming de Spotify que pueden sonar por horas y horas hasta el olvido. Pero sobre todo porque el vinilo todavía conserva algo que siempre fue inherente a él: su valor como objeto de arte o de colección. Desde carátulas creadas por artistas, como las emblemáticas de Andy Warhol para The Velvet Underground y The Rolling Stones, pasando por los artes llenos de detalles de Iron Maiden, hasta la presencia de mensajes encriptados y subliminales, como el de la muerte de Paul McCartney o el famoso We ate the acid de Grateful Dead; el empaque de los álbumes siempre fue parte del atractivo, y a veces el principal, de poseer un álbum. De ahí a que las personas se dedicaran a coleccionar álbumes por las carátulas y no solo por la música había un paso. De entre los tantos coleccionistas que uno puede enconNÚMERO 112

trarse por ahí, Rutheford Chang ha hecho de su colección una auténtica obra de arte. The Beatles El décimo álbum de los Beatles es el único titulado con el nombre del grupo, pero nadie lo llama así debido al diseño de portada que hizo el artista Richard Hamilton: una carátula completamente blanca con apenas el nombre de la banda escrito en la esquina inferior derecha. Chang tiene un solo disco en su colección: el Álbum Blanco, y la misma ya va por 944 ejemplares. Claro que Chang no colecciona cualquier tipo de Álbum Blanco, para que un Álbum Blanco entre en su colección tiene que ser parte de la primera edición del disco, que salió numerada y constó de unas 3 millones de copias. El Álbum Blanco fue publicado a finales de noviembre de 1968, por lo que son muchas las copias que pueden haberse perdido para siempre; las que quedan parecen destinadas a tarde o temprano llegar a manos de Chang. En la exposición We buy White Albums (Se compran Álbumes Blancos), que desde el año pasado se ha presentado en Nueva York, Indianápolis, Middletown y actualmente está en Atlanta, se pueden ver todos los Álbumes Blancos que Chang posee y de paso ofrecerle una copia, si es que se posee una. De hecho, las reseñas de la exposición en Nueva York, celebrada en marzo de 2013, hablaban de poco menos de 700 unidades; quizás cuando salga publicado este trabajo la colección tenga más de las 944 que posee en la actualidad. Chang explicó para el sitio Dust & Grooves, www.dustandgrooves.com, que paga entre 1

Luis Alejandro Ordóñez

y 20 dólares por álbum y que le interesan más las copias en mal estado que las perfectamente conservadas. Desde manchas de hongos y humedad, quemaduras de cigarrillo, restos de café, firmas, mensajes personales, poemas, garabatos, hasta auténticas obras de arte se pueden ver en las carátulas de los discos de la colección de Chang. Así exhibidos, los Álbumes Blancos de Chang son una auténtica instalación donde se puede ver, como él señala, el efecto del uso y del paso del tiempo en los objetos. No 1, 100 Álbumes Blancos Chang también es un melómano y el proyecto We buy White Albums cruza del coleccionismo y la instalación a la propia música. En su sitio web rutherfordchang.com se puede escuchar el resultado de reproducir simultáneamente el lado A del disco 1 de 100 copias del Álbum Blanco. Con la diferencia producto del envejecimiento particular de cada copia, Chang logra un resultado quizás similar al de un tema del propio Álbum Blanco, Revolution 9, o al de otro gran tema de The Beatles, A day in the life, con que se da cierre al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Pero sobre todo deja en evidencia que cada vinilo es único y que al reproducirlo se escucha no solo la música sino la propia historia del álbum.

Luis Alejandro Ordóñez es de Venezuela y vive en Chicago. Es miembro del consejo editorial de contratiempo. Su trabajo literario puede leerse en www.laoficinadeluis.com contratiempo

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Foto cortesía: Rutheford Chang


DOSSIER

En busca del Santo Grial Stephanie Manríquez

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Cómo podemos entender el valor absoluto de un disco de vinilo? ¿A qué se le considera una rareza musical? ¿Y hasta qué punto puede llegar un coleccionista para obtenerla? Tal vez podríamos comenzar analizando esta declaración hecha por Moe Arroyo, soulera, chicana y coleccionista de 45s, en el reportaje Lowrider Oldies publicado en waxpoetics no.49: “Por una semana podría alimentar a mi familia con arroz y frijoles: — ¿Dónde esta la carne, mamá? — No nos alcanzó para carne. ¡Mamá compró un record!” El mundo de los coleccionistas de música en vinilo no se inició hace tres o cuatro años; ha sido una cruzada para quienes nacieron en su cuna – tomando en cuenta que el disco ha existido por más de un siglo. Es un deleite costoso y de largo plazo. Paciencia y audacia se requiere para estar al acecho de rarezas, al acecho del Santo Grial; cada coleccionista tiene un wish list, con sus más preciadas rarezas a encontrar que suelen ser una edición original, una primera edición, una edición limitada, un white label álbum (discos publicados por ningún sello o una copia promocional; no llevan ningún rótulo, inscripción o crédito), EPs o sencillos de 7’’(45s). “Así es como se hace, y no importa el precio” – terminaría diciendo Arroyo y eliminando de su lista alguna rareza Northern Soul, proveniente de algún distribuidor europeo independiente. Los records más cotizados en la historia del disco parecen ser aquellos de los que se habló muy poco, que jamás se supo de su existencia hasta recientemente o que cargan con mitos y leyendas. Ejemplos incluyen la venta por 525 mil dólares de la copia autografiada a Mark David Chapman por John Lennon de Double Fantasy – Capitol, 1980 –de John Lennon & Yoko Ono, cinco horas antes de que este lo asesinara; o por 180 mil dólares de la única copia existente del sencillo That’ll Be the Day/In Spite of the Danger, de The Quarrymen– 78 RPM, white label, 1958–, primer proyecto creado por Lennon antes de la formación de los Beatles. Un disco es un legado musical, un patrimonio. Un disco que desaparece jamás se vuelve a escuchar. Por tanto, los ávidos coleccionistas se han convertido en archivistas, protectores y arqueólogos musicales de estos finos artefactos surcados y su misión es compartir rarezas y expandir los repertorios musicales de una audiencia conocedora y no tan conocedora, mediante programas de radio, fiestas, reportajes, ferias de discos y, gracias a la accesibilidad del internet, en redes como Facebook, Instagram, Vine, Youtube y comunidades especializadas como Discogs, ebay, popsike.com, entre muchas otras. En mi opinión, el hecho de compartir y/o abandonar el vinil en algún tianguis o mercado de pulgas, en alguna venta de garaje, en tiendas de segunda mano o inclusive abrir las puertas

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de tu casa a algún desconocido cazador o extranjero ambulante, ha hecho que este se preserve. Existen coleccionistas cazadores de vinilos en bruto, que su idea de compartir es mediante la reedición de materiales perdidos o inéditos. El rescate del disco extinto es una campaña global para rendirle tributo y garantizar su posición dentro del mapa musical. La reedición es para muchos coleccionistas la última esperanza de obtener aquel material que han buscado por años. Tal es el caso del descubrimiento de una banda peruana de garage-punk de los 60 llamada Los Saicos por Munster Records o la reedición del disco debut Rockabilly, 1957, de Los Locos del Ritmo por Electro Harmonix. Las disqueras independientes dedicadas a este mercado rebuscan los orígenes de la música desde el funk, soul, R&B, jazz, pasando por la psicodélica, rock, garage, punk, hasta el afrobeat, cumbia, boogaloo, tropicalia, salsa, entre otros géneros. Dentro del mundo de la reedición las disqueras más reconocidas pudieran ser: Munster Records, Vampisoul, Vinilísssimo y Electro Harmonix en España; Soul Jazz Records y Soundway Records en Inglaterra; Número Group, Lion Productions, Light in the Attic Records y Secret Stash Records en Estados Unidos. Idealmente, el proceso de la reedición independiente comienza con el propósito de rescatar un disco extinto, para ello, hay que llegar a su fuente original o máster. Pero si un disco se caracteriza por su rareza, un máster es aún más, ya que estos quedaron rezagados por las disqueras ya inexistentes en el rincón de un sótano; muchos otros másteres migraron y/o huyeron de su país por políticas internas, por la mala distribución de materiales, al no tener éxito por estar muy adelantados a su época o simplemente porque nunca se les dio la oportunidad de reproducirse, recordemos el caso del Sugar Man, Sixto Rodríguez. El siguiente paso es ético: rastrear a los dueños o artistas a fin de no caer en un acto de piratería; la importancia de este paso es lo que distingue a la reedición, ya que al hacer contacto directo con los creadores, el álbum a crear se convierte en un documento histórico, contextualizado social, política, cultural y musicalmente. Las reediciones en vinilo se caracterizan, además de por su rareza musical integrada, por incluir tracks jamás antes escuchados, biografías, narraciones y anécdotas de dichos artistas, grupos o bandas, distintas fotografías de ellos en su época, y en la mayoría de las veces se reproduce el arte original en carátula. Número Group reside en Chicago y se ha dado a conocer por reediciones en los géneros soul, latin, rock y experimental. Realizó la

compilación Salsa Boricua de Chicago la cual se valora por el enriquecimiento cultural – no por la calidad de las bandas, según conocedores – que aportaron Carlos Ruiz y su sello disquero Ebirac, en los años 70 en la comunidad de Humboldt Park en Chicago, cuando el apogeo de la salsa se encontraba en Nueva York y/o en Miami. Los dos LPs vienen acompañados de una guía escrita y fotográfica de 60 páginas que aterrizan la presencia de la música puertorriqueña en esta ciudad. Existen ideas divididas sobre el valor que se le adjudica a una rareza de coleccionistas; existen los puristas que respetan lo original, los sonidos monofónicos, la nitidez del disco, los estragos del tiempo sobre su portada; y su lealtad no se quebranta aunque un disco les cueste todo su salario semanal. Otros muchos agradecen a la reedición el descanso de su búsqueda; podrán proseguir con el siguiente material en su lista y tal vez se ahorraron unos cuantos miles de dólares al no haber conseguido el original. Y para el resto, encontrar la diferencia entre pagar 20 dólares vs 2 dólares es un albur que están decididos a tomar, un disco encontrado en una tienda de segunda, maltratado pero que el track deseado se escuche tal cual a una reedición libre de imperfecciones que haya perdido ese espectro auditivo especial al haber sido masterizado. No importa cual sea tu caso, hay muchas rarezas que están a la espera de ser descubiertas y/o reeditadas. No tires o abandones tus discos, recuerda que El Disco es Cultura.

Izquierda: Grupo: Los Ovnis Album original “Hippies” Año 1968 Sello: ECO Derecha: Grupo: Los Ovnis Album: N/A (Pero tiene todas las canciones de “Hippies”) Año: 1997 Sello: Fungus Records

Agradecimientos, por el apoyo con este texto, a Charly García y Edgar Baca, coleccionistas de música en vinil y parte del colectivo musical (((SONORAMA))), que promueve rarezas latinoamericanas de las décadas de los 60 y 70 (www. sonoramachicago.com). Stephanie Manríquez, escritora mexicana, reside en el área de Chicago. Tiene una pequeña colección en vinil de garage, rock-pop y electrónica; forma parte de un dúo de entusiastas musicales,“The Ponderers”. Es parte del consejo editorial de contratiempo MARZO 2014


DOSSIER

Discos, nerds y TOGETHERNESS Brenda Hernández

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Qué rayos tiene de especial eso de coleccionar música en discos de vinil? Como amantes de la música, la industria nos ha dicho una y otra vez que es un formato muerto, un formato remitido para tipejos blancos, viejos y gordos que usan fanny packs y se preocupan por rajaduras imperceptibles, números de matriz y fechas originales de difusión. ¿Por qué algo que suena tan poco atractivo se ha convertido en cuestión de honor para aficionados de la música, de todas las edades, géneros y procedencias? Como coleccionistas, todos tenemos alguna anécdota sobre la primera vez que compramos un disco. Para algunos de nosotros era una experiencia novedosa. Yo misma, habiendo crecido en la era del cassette y el disco compacto, no tenía ninguna razón para siquiera considerar comprar un vinil a menos que no pudiese encontrar un álbum en ningún otro formato. Ni siquiera sabría decirles qué hizo especial esa experiencia. Lo que inicialmente me llevó a sólo comprar vinil es un misterio hasta para mí misma, una memoria oculta en la neblina de sótanos polvosos y oscurecida por el vaho formado por miles de surcos que giran a 33 y 45 rpm. Lo que puedo decirles es que compramos discos por todo tipo de razones ‘tontas’. Los compramos por impulso porque tememos que, por ser tan oscuros, no los volvamos a ver. Los compramos porque ese músico tocó ese instrumento en esa pista y ese disco fue distribuido solamente como sencillo. A veces, lo compramos como trofeos, como esa copia original de una rara canción que sólo ponemos para amigos muy especiales. Y hasta los compramos para otras personas porque nos traen recuerdos de buenos tiempos. Pero nada de esto responde a la pregunta: ¿por qué el vinilo? Hay subgrupos que han pasado completamente al formato vinilo: los mods clavados en el soul de los 60s, el R&B y el rock de garaje. La gente del Northern Soul, uno de varios subgrupos de la cultura musical británica, que buscan discos extremadamente raros de sellos privados que fueron descartados por el público mainstream. En el reggae, los 45 rpms siguen siendo la fuente preferencial de música para sus seguidores y, más recientemente, para jóvenes generaciones de latinos que están formando una comunidad entre los extremadamente raros sonidos latinoa-

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mericanos de los 60, 70 y 80 que sólo pueden encontrarse en formato vinilo. Tal vez la respuesta a nuestra pregunta no tenga nada que ver con el vinilo, sino con la comunidad que ha surgido en torno a grupos especializados de coleccionistas que comparten entre sí sus discos. Aquí en Chicago, hemos visto un incremento constante del vinilo en noches de dance, desde los sonidos Northern Soul del Windy City Soul Club a las noches latinas de (((SONORAMA))); tanto los coleccionistas como los entusiastas de la música llenan las salas de baile y los clubes por toda la ciudad para oír a ciertos DJs que seleccionan discos de sus colecciones personales. Rara vez responden a peticiones, dado que están limitados a los cientos de discos que han seleccionado para tocar esa noche, por lo que como resultado estás a merced del DJ para bien o para mal. Pero cuando las luces se atenúan y se han servido los últimos tragos, te marchas sabiendo que has vivido algo único esa noche, con ese DJ, en ese lugar –una experiencia que seguramente nunca se repetirá en su totalidad. Hasta yo, se sabe, he viajado a otras ciudades y estado, a otros países, sólo para escuchar discos que nunca podré escuchar en casa. Y es que son los recuerdos asociados a esas noches de baile, al viaje hasta esos lugares, y el encuentro con esos nerds de los discos, lo que hace que quiera aún más. Por ejemplo, en 2013, junto con ese geek de los discos, Kevin Jones, me pregunté qué se conseguiría con juntar a coleccionistas y entusiastas de todo el mundo por una sola noche, aquí en Chicago. Pusimos la idea en marcha y la respuesta fue impresionante. DJs, coleccionistas y aficionados de todas partes vinieron a Chicago para disfrutar ese amor compartido por la música soul a 45 rpm –un evento que bautizamos como Soul Togetherness USA. Ahora en su segundo año, Soul Togetherness USA ha ampliado sus esfuerzos para desarrollarse a lo largo de un fin de semana a fin de celebrar la alegría y camaradería que sólo es posible a través del amor por la música. Este año ofreceremos cuatro días completos de discos seleccionados por DJs de Chicago

y de todo el mundo, sin costo alguno para el público. El fin de semana también incluirá una feria del disco orquestada por Beat Swap Meet, un ‘tour del soul en autobús’ por todo Chicago y que visita varios salones de baile. El evento no sólo se enfocará en discos raros de soul, sino que incluirá también un salón dedicado a sonidos jamaiquinos raros, organizado por Jamaican Oldies Productions, y un salón de sonidos latinos raros organizado por (((SONORAMA))). Esperamos que podamos seguir acrecentando este comunidad en nuestro pequeño mundo de geeks de los discos porque, reconozcámoslo, nada de esto tiene sentido si lo que oyes es tu iPod en tu cuarto. Brenda Hernández es coordinadora de arte y cultura juveniles y reciente curadora del programa Chicago Artist Month de la municipalidad. Favorece ampliamente el soul de los 70 y es copromotora de Soul Togetherness USA. Para más información sobre Soul Togetherness USA, visite: www.soultogethernessusa.com

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DESHORAS

Fotografía: Yuriy Khimanin

Deshoras se ha vuelto mar. El mar que enamora, que nos atrapa con cantos de caracolas, que nos aleja del verde de los montes, que nos envuelve y nos palpa con sus olas, que nos invade y nos niega con su azul. El mar lujurioso, el seductor, el que se vuelve mujer, se vuelve hombre y luego nos desdeña, nos abandona, nos tira a locos y nos deglute. El mar testigo y personaje de los cantos de Homero, el mar que deja a Hamlet sin amada. El mar nostalgia, el mar metáfora de patria, el mar mundo, el mar niño, el mar viejo, el mar vida, el mar espejo. El mar de dioses, el mar campo de batalla, el mar destino, el mar heraldo, el mar silencio, el mar abismo, el mar en calma: el mar. Presentación y selección de textos a cargo de Febronio Zatarain

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MARZO 2014


DESHORAS

Sandy Juhasz

A-mar abierto

Saboreo tu boca de sal la miel rayada en las olas aflora incienso la espuma de luz perfuma la fina hendidura de almeja que inevitablemente abres   Sandy Juhasz (Caracas, Venezuela), es poeta, licenciada en Letras por la UCAB, directora creativa y promotora cultural. Ha publicado algunos cuentos en su blog Historias que Nunca me Contaron

Yennis Franco

Las mujeres sueñan El mar me extrañó desde siempre como ave perdida hice nido en las copas de los árboles sin dueño soy mujer de verdes en toda estación los azules quedaban lejos mi lecho era verde sin naves para navegar y con un claro sin fin de deseos   sin embargo el mar me enamoró sin prisa desde la otra orilla oía el canto de las caracolas las inofensivas caracolas que llegaban a mis manos desaladas a contarme su historia   sus profundidades sus movimientos al son de la luna  en su lecho profundo   cuánto desconocía de bajeles de sirenas y de llanto cuando el sol lo posee ante nuestros ojos cómo llegar a él si mi casa no tiene puertas si sólo tengo una ventana para mirar apenas un atisbo un olor una canción de caracolas   si mis pasos fueran veloces iría a él con prontitud a desandar sus secretos a volar entre sus aguas de altamar a velar por los amantes que duermen entre sus olas no miraría hacía atrás pintaría de verde su azul porque es todo lo que soy.

Ramoneta Gregori

Mar 1 Sentada y en silencio escucho el golpe de las olas sobre viejas palmeras nunca nos hemos comprendido bien el mar y yo   hay algo de miedo en esta relación   soy mujer de montaña trópico húmedo de cafetales o tierra seca de almendros y olivares   Mar he buscado un golfo del mar Caribe para hablarte   artimaña femenina para minimizar tu fuerza   aún así te siento poderoso y paradójicamente más cercano ¡Necesito tiempo para amarte! Ramoneta Gregori (Cataluña, España), es poeta y escultora. Ha publicado Las Antecesoras (1995) y Cantos (2006)

Fotografía: Lali Masriera

Yennis Franco (Maturín, Monagas, Venezuela), es poeta y docente. Ha publicado Claustro (2000) NÚMERO 112

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DESHORAS

Fotografía: Lali Masriera

Juana Goergen

Canto de Sirena “Recobremos el mar con los sentidos…seamos su voz” Coromoto Renaud Era un banco de coral. Era una hermosa sirena. Era un viejo y lujurioso mar que los cercaba. -Lo que sigue no cabe en el poemaolas encabritadas de incestuosa locura coral teñido en rojo virgen dolor colectivo en sexo de mujer desapareciendo al unísono de todas las sirenas. Calla la luna impávida avanzando sobre el negro mar. -Ellas van solasSus escamas húmedas pesan como párpados que lloran. Se acercan los navíos repletos de hombres: si órgano o si músculo o si glándula, poco importa. Importan en las rocas, vuelos de pelícanos y gaviotas hacia las escolleras, y ellas contemplando a los hombres que se acercan. Ellas contemplando la tormenta con el temor del primer relámpago en la sangre. -no han logrado defenderse del turbulento mar que las acecha- Se acercan los navíos repletos de hombres. La luna se desnuda ante el aire que transparenta. A las sirenas, se les incendia el pecho, y un gemido de golondrina que agita sus alas y vuela, emigra hacia los llanos abiertos del silencio acurrucado en la mirada. En el corazón nocturno se acumula el chillido. Así les nace el canto: ¡un estallido de rabia en la garganta! Abajo los corales guardan el recuerdo de una lluvia que los tiñó de rojo y más allá las almejas abren su pubis. Juana Iris Goergen (Puerto Rico). Poeta, ensayista y profesora. Ha publicado La sal de las brujas, La piel a medias y Las ilusas

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Julieta León

Mar Mar tú que hablas la lengua del guijarro y la de las piedras Fotografía: Lali Masriera que presenciaste el rapto de Helena y viste al Caballo de Troya entrando a la ciudad   tú   que observaste a Aquiles inflamado de rabia cuando se retiraba ofendido a su tienda   que llevaste a Ulises de lugar en lugar mas nunca a Ítaca que no lo ahogaste  (habrías podido) aunque ése era el designio de Poseidón   tú    que no enloqueciste de amor cuando cubrías de cardúmenes de espumas el cuerpo perfectísimo de Venus   que no te ateriste de miedo cuando miraste a Medusa a Escila   a Caribdis   tú   Mar que has sido generoso con tantos y justamente terrible con otros   tú  en quien confluyen todas las aguas del cielo       el infierno        la tierra   tú que decides y recoges tempestades dime dónde ocultas el cadáver de Ofelia Julieta León (Caracas, Venezuela), es poeta y docente. Ha publicado Las aguas borran los senderos (1999), Arena del desierto (1999), Eterna sed (2005), Mall (2005), Aguas de Santa Fe (2011) y Regreso a Manicuare (2011) MARZO 2014


DESHORAS

Febronio Zatarain

Albatros Fotografía: Lali Masriera

Quiero bucear en ti, Mar, mirar tus delfines, tus tortugas, tus medusas, dejarme envolver por tus cardúmenes, ir más allá de tus gentes, de tus barcos y de tus pueblos sumergidos, llegar a lo más profundo, a tu jardín, y tocar las rosas que tienen los pétalos escarchados de sal. * Entrar a tu cabaña, al fondo del jardín, poner leña en tu chimenea y encenderla. * Quise encenderte, Mar, pero el agua se resiste a dejar de ser agua, insiste en buscar al pez, y ya no soy pez, ni siquiera anfibio, mis aletas hace mucho se volvieron alas y mis agallas desaparecieron. Necesito el aire, por eso estoy emergiendo. * Te soñé, Mar, y me zambullí en ti y mientras te abría dejaste de ser mar para volverte pradera y yo dejé de ser pájaro y me volví perro y corría en ti y un ruido que tapaba los ladridos me atrajo y me detuve y una locomotora venía y vi cómo su rostro se acercaba y cómo el humo que salía de su frente se quedaba atrás y yo quería entrar en ese rostro y fui perro y locomotora a la vez y luego perro de nuevo y llegué a la arena y sentí tu espuma en mis patas y vi cómo las crestas de tus olas se arqueaban hasta que reventaban y me lancé contra un arco y contra otro y nadé nadé nadé.

Jorge García de la Fe

El mar El mar, la mar, mi mar: añil de luz cristal.

*

Tu mar, su mar, el nuestro: hirviente líquido, misterio.

Extraño tus islas, Mar, tus continentes, tu tierra firme. Quisiera ser marmota para hibernar en una de tus grutas, hormiga para explorar cada milímetro de ti, topo para recorrer tus galerías subterráneas, rinoceronte para trotar en ti y hacerte vibrar, avestruz para esconder mi cabeza en ti, comején para deglutirte y construirte, dromedario para penetrar en tu desierto y acampar en uno de tus oasis.

La mar de tul azul: bojear la infinitud.

*

Aquí, allá: el mar profundo, abisal.

Encontré una de tus costas, Mar, pero no era ni de arena ni de piedra; era de hielo y de nieve. He estado volando y no he podido encontrar tierra firme. Vuelo para dejarte atrás pero tú te extiendes y yo me agoto. Desciendo, me acurruco en tu agua firme y escucho tu susurro. * Semiabro los ojos y ante mí la niebla; a la distancia, dibujo una isla. Me sacudo y alzo el vuelo y siento mis alas como si fuera Pegaso, entro en la brisa y siento sus caricias. Me doy cuenta de que nací para esto. Alcanzo la isla y quiero mirar del otro lado. Me poso en la cima y veo otro mar sólido y, a lo lejos, un pájaro tirado. Febronio Zatarain (México, 1958). Vive en Chicago desde 1989. Ha publicado varios libros, incluyendo la novela En Guadalajara fue, y la colección de crónicas que escribió en colaboración con Raúl Dorantes titulada Y nos vinimos de mojados: cultura mexicana en Chicago. Es coordinador del taller literario de la revista contratiempo NÚMERO 112

El mar y Cuba, Cuba, el mar: un guiño del Caribe en papel de celofán. Jorge Luis García de la Fe (Cuba, 1954). Su poemario Chicago es mi batey forma parte de la antología En la 18 a la 1 (Ediciones Vocesueltas, 2010) contratiempo

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DESHORAS

Fotografía: IKO

Gerardo Cárdenas

Jehová y Poseidón, aburridos, hacen olas Jehová ordenó a Jonás, hijo de Amitai, que predicase su palabra en Nínive.

Poseidón amasó la espuma de las olas y con ella formó un gran pez que soltó en el mar para que aterrase a los hombres y fuese leyenda.

Jonás, en vez de Nínive, marchó a Joppa y pagó un generoso soborno para que unos marineros lo llevasen a Tarsís. El gran pez era cobarde: huía del reflejo de las estrellas sobre las olas y lo asustaba su sombra navegante en el fondo del mar, pero temía aún más la ira de Poseidón, y vagó sin rumbo. Jehová y Poseidón, contrariados, espalda con espalda rumiaron su ira y agitaron la tormenta. Los marineros, pálidos y ateridos hicieron sacrificios a Jehová y tiraron por la borda a Jonás. El gran pez se extravió en el remolino y al abrir la boca para implorar perdón al dios tragó a miles de seres y a un hombre que siempre iba en dirección contraria. Jehová y Poseidón, aburridos, calmaron las aguas y marcharon en busca de obediencias. En Nínive saborearon por largo tiempo una sopa hecha de la carne de un gran pez y su especial sazón, que ningún cocinero logró replicar. Gerardo Cárdenas (Ciudad de México, 1962) es escritor y periodista. Dirige la revista contratiempo en Chicago. Es autor del libro de relatos A veces llovía en Chicago (Ediciones Vocesueltas, Libros Magenta, 2011) y tiene un segundo libro de relatos y un poemario en vías de publicación

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DESHORAS

Angelina Llongueras

Mar de fondo Mar de la concepción .. el de los cuerpos jóvenes de mis padres buscándose en el lecho permitido del matrimonio, en una España franquista que les ha tobado tanta vida, en una tarde de siesta, después del baño en una playa cercana a la que llegaron para ungirse de sol y de sal. Con tiempo al fin para dar cauce al deseo en el calor de agosto. Mar de la infancia ...de playas repletas de cuerpos sudorosos tostándose al sol entre toallas y sombrillas, transistores en marcha, bocadillos de pan con tomate y basuras amontonadas, de bosques de pinos y de construcciones en marcha, de arroces y mariscos tribales, de neumáticos de goma y de gafas submarinas... Mar de pescadores que subastan el pescado en la playa y de mujeres que cosen las redes de barcas de colores chillones y nombres de estar por casa. Mar de palas y de cubos y castillos de arena, y del “niños, ya está bien, salir del agua, que ya es hora de regresar a casa”.

Fotografía: Lali Masriera

Mar del primer amor En el mar bravo del Norte, de color del metal de los cielos repletos de nubes, en el restaurante de la playa de Scheveningen...Mar con sonido a violines que tocan para nosotros mientras yo levanto la vista y me quedo pegada en el fondo de tus ojos azules, y al que muchos años después, a tu muerte, vuelvo desde el otro continente a entregarle la ofrenda de una rosa blanca ... Mar de mitos y leyendas ...de viajeros a los que les cuesta regresar al hogar donde la mujer teje y desteje para librarse de falsos amantes y cubrirse de paciencia para esperar al amor, porque en las muchas islas del regreso acechan las brujas, las sirenas y los cíclopes... Mar de muchachitas sacrificadas al altar de la guerra que levanta los vientos, antes en la calma chicha de lo inaguantable, y de esposas vengativas que asesinan a guerreros que volvieron con un botín de esclavas a las que forzaron al sexo, mientras ellas profetizaban desgracias que nadie les creía... Mar de dolor y sufrimiento ...en el que chillan millones de peces radiactivos, en el que las ballenas nos muestran su suicidio, en el que piratas hambrientos buscan el sustento que las redes industriales les robaron a su pueblo, en el que las petroleras vierten su podredumbre para enloquecer alcoranes, en el que tsunamis vengativos arrasan con las costas, en el que bolsas de plásticos forman isletas de muerte, en el que se pasean flotas de guerra genocidas, en el que se han ahogado tantas vidas que escapaban de un destino de pobreza programada, en el que hay tanto duelo, y tanto desamor, y tanto desatino... Mar, eterno hogar ...que todo lo escuchas y todo lo comprendes. Mar espacio sin límites de la libertad, que nos permites ser, y crecer, y vivir, y gozar y entender... Mar insondable, infinito y eterno al que he de volver siempre, incluso cuando este planeta nuestro, este puntito, ya no sea presencia y ni tan siquiera recuerdo en la memoria cósmica del universo. Angelina Llongueras (Barcelona, España) es actriz, directora de escena, dramaturga, poeta, profesora e investigadora

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Rebeca Alemán

Lo que el mar se llevó IN MEMORIAM Mónica Spear y los 150 mil asesinados en Venezuela en estos últimos 12 años. (Enero 2014)

MAYA: Mar MAR: ¿Si? MAYA: Cuéntame de mi mamá MAR: Es alta, muy bonita y le gusta dibujar MAYA: Ah (PAUSA) ¿Y qué pinta? MAR: Te pinta a ti MAYA: Ah, entonces no se ha olvidado de mí MAR: (El MAR RÍE) No, claro que no MAYA: Dile que me creció el cabello y que ahora tengo un nuevo amigo: Manuel, está en primer grado, como yo, y se ríe mucho; así como tú. Ah y dile que todavía no me gusta el brócoli, pero que me va a gustar y dile por favor que saqué A en mi clase de música… MAR: Se lo diré MAYA: Dile también que si vuelve, no se olvide del cuento que me prometió MAR: Se lo diré MAYA: Mar MAR: ¿Si? MAYA: (PAUSA) Nada… Rebeca Alemán, periodista, actriz y pianista. Es fundadora y directora de Water People Theater Group (Chicago-Caracas). Ganadora del Premio ACE a Actriz Revelación y Mejor Actriz contratiempo

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Contratiempo 112 • Marzo 2014  

CONTENIDO: El disco es cultura || El mar || Poemas de Pascale Lora Schyns || Delta de las arenas || Y más // contratiempo nfp es una dinám...

Contratiempo 112 • Marzo 2014  

CONTENIDO: El disco es cultura || El mar || Poemas de Pascale Lora Schyns || Delta de las arenas || Y más // contratiempo nfp es una dinám...

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