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contratiempo DIRECTIVA Gerardo Cárdenas, Jochy Herrera, Moira Pujols, Rod Slemmons, Helen Valdez, Ellen Wadey Placey DIRECTORA EJECUTIVA Moira Pujols DIRECTOR EDITORIAL Gerardo Cárdenas DIRECTORA DE ARTE Olivia Liendo CONSEJO EDITORIAL Arturo Richardson, Catalina María Johnson, CHema Skandal!, Febronio Zatarain, Gerardo Cárdenas, Ignacio Guevara, Jochy Herrera, Jorge F. Hernández, Jorge Frisancho, Julio Rangel, Luis Alejandro Ordóñez, Marco Escalante, Marcopolo Soto, Olivia Liendo, Rafael Franco, René Rodríguez Soriano, Rey Emmanuel Andújar, Stephanie Manríquez, Tanya Victoria, Verónica Lucuy Alandia

OCTUBRE 2013 • NÚMERO 108

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a experiencia de la migración, llevada al arte, nunca es directa. En la creación artística media y se entromete la doble vida del creador: la que dejó atrás, la que adopta como nueva con mayor o menor grado de aceptación. Un reciente artículo de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza en el diario Milenio hablaba de la creciente latinoamericanización de Estados Unidos a través de la lengua española y la literatura. El dossier de nuestro número 108, octubre de 2013, coordinado y curado por Moira Pujols explora la creación literaria de los autores transmigrados como un planteamiento consciente, un intercambio entre el “ser-donde-seestá”, versus el ser “de-donde-se vino”. En torno al dossier se agrupan piezas muy variadas: una versada colectiva, de carácter festivo, en torno al taller especial que el poeta y versador Patricio Hidalgo

impartió en la nueva casa de contratiempo; casa que es también sede de una exposición de tres fotógrafos de esta casa: Arturo Richardson, Ignacio Guevara y Rafael Franco-Steeves. Leemos lo mismo un análisis del cine de Kieslowski, que una reseña al nuevo libro de la poeta mexicana Jeannette Lozano Clariond quien se presenta en Chicago el 8 de octubre; o una interesante perspectiva sobre la latinidad musical de Canadá junto a una nueva entrega de aforismo de Febronio Zatarain. Debemos especialmente subrayar, e invitar al lector a disfrutar, de la selección de poetas peruanos preparada y curada por el también poeta Jorge Frisancho, reintegrado a Lima tras una larga estancia en Chicago, y que integra la sección Deshoras. Esperamos que estas imágenes, versos e intercambios sean de su agrado y generen nuevas reflexiones.

FOTOGRAFÍA Arturo Richardson Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro © contratiempo nfp 1900 South Carpenter, Chicago IL 60608. (312) 427 5450

contratiempo is grateful for the past and present support of The Chicago Community Trust, the Richard Driehaus Foundation, the Field Foundation of Illinois, the Illinois Humanities Council, the Illinois Arts Council, the City of Chicago Department of Cultural Affairs, the International Connections Fund of the MacArthur Foundation and individual, institutional and corporate donors, and the contribution of writers, artists and volunteers who make our work possible

La ilustración de portada es una obra original para contratiempo de Paolat De la Cruz. La artista visual y diseñadora gráfica dominicana comenta: “Esta portada trata de representar el reto de todo inmigrante: Cómo expresar sentimientos en un idioma que no es el suyo, cuando la creatividad es pasión que viene del corazón”. De la Cruz obtuvo un AAS en Diseño & Comunicación Visual de la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, afiliada a The New School en N.Y. Su trabajo ha sido seleccionado y galardonado en bienales internacionales de arte y diseño. Como ilustradora ha sido publicada en más de 5 países. Actualmente trabaja de forma independiente en diseño, ilustración y artes visuales. www.paolatdelacruz.com

TIEMPO EXTRA

INFORMACIÓN SOBRE LA REVISTA, PUBLICIDAD O SUSCRIPCIONES: info@contratiempo.net ENVÍO DE COLABORACIONES: Gerardo Cárdenas gcardenas@contratiempo.net ENVÍO DE ILUSTRACIONES Y FOTOGRAFÍAS: Olivia Liendo olivialiendo@contratiempo.net VISÍTANOS EN: contratiempo.net issuu.com/contratiempo facebook.com/Contratiempo @revcontratiempo

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Inmigrante de colores Versada colectiva

MIRADA CÓMPLICE

Parte II: Febrónimos Febronio Zatarain

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El dolor y la belleza de Jeannette Lozano Clariond Eduardo Estala Rojas El cine de Krzysztof Kieślowski y la angustia de existir Vivian Sánchez

18 Los retornados

Kim Potowski 19 Palabras

Warhol y Marisol Tanya Victoria

15 Lejos es aquí

El pintor que llegó al frío Gerardo Cárdenas

16 Sobre Marina Nemat,

Amaia Gabantxo

Moira Pujols

DESHORAS 9

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DOSSIER 14 Literatura

y transmigración 8

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Sudaquia Luis Alejandro Ordóñez

10 La nueva ola de música

latina... ¡viene de Canadá! Catalina María Johnson 12 Tres fotógrafos

en octubre Verónica Lucuy Alandia

Autora de La Prisionera De Teherán : Escribir en otra lengua es un escudo Martha Bátiz 17 La otredad en

Aleksandar Hemon Luis Alejandro Ordóñez

20 Seis poetas peruanos

recientes Jorge Frisancho 21 José Carlos Yrigoyen

Andrea Cabel Jerónimo Pimentel Cecilia Podestá José Miguel Herbozo Beatriz Torres


POESÍA

Inmigrante de colores Versada colectiva

A contratiempo Chicago Patricio llegó de lejos llegó cargado de coplas a enseñar sobre los versos. ¡Vengan mujeres de Pilsen con su fresca picardía a contagiar a los hombres y bailar con alegría! Cantamos con sentimiento haciendo comunidad mirando hacia el firmamento desde un centro cultural en la Ciudad de los Vientos. Guacamaya de fulgores que abandonaste tu tierra hoy vuelas entre motores atrás dejaste la sierra ¡inmigrante de colores!

1900 South Carpenter. Fotografía: Arturo Richardson

En la víspera de la inauguración de nuevo local que contratiempo comparte con Gozamos y FMEL, nos reunimos miembros del taller de escritura creativa y de Sones de México con el extraordinario trovador mexicano Patricio Hidalgo y sus músicos. No era éste el habitual taller, sino un taller especial para aprender del arte de la versada tradicional mexicana, para conocer las sutilezas de las cuartetas, quintillas, sextillas y décimas que son también comunes a toda la lírica en español. De ese trabajo colectivo surgió esta versada que compartimos con nuestros lectores, trabajada sobre el esquema de dos cuartetas irregulares, una quintilla y una sextilla. NÚMERO 108

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NARRATIVA

PARTE II

Febrónimos Febronio Zatarain

A veces siento que la luz es una ilusión; que a Dios se le olvidó apagar las tinieblas.

El mundo tendría esperanzas si por lo menos Abel hubiese dejado un descendiente.

*

*

Eva: analgésico para sobrellevar el tedio del Edén.

Dios lo tenía todo planeado; durante seis días fue Caín…

*

*

Me consuela la idea de que algún día mi pensamiento cesará; su inmortalidad me aterra.

Dios es un mañoso: nos invita a ser como Él y celebra a quien se mueve en sus antípodas.

*

*

La montaña es de cantera, pero el roer de un escarabajo la puede desmoronar.

Dios se arrepintió de su error y para corregirlo se buscó a Noé, pero se le olvidó un detalle; había vuelto inmune a Caín, quien se coló en el arca.

*

*

Todo está dicho, mas nos comportamos como el Caín recién ninguneado por Dios.

¿De quién es la culpa, de Dios o de Caín?

* Dios nos quería trashumantes, pero nos volvimos labradores de la tierra; por eso aceptó con regocijo el cordero de Abel.

* La mayor dicha de las doce tribus: cuando en pos de la Tierra Prometida se perdieron en el desierto y de mañanita los rociaba el maná.

*

* Por más que nos machaquemos, la carne volverá a su solidez.

* Me topé a dos gemelas sesentonas vestidas idénticamente y la tristeza me derritió.

*

Cuando hablo del maná, veo caer del cielo trozos de Kentucky Fried Chicken.

Hola. ¿Qué has hecho? La verdad no sé lo que he estado haciendo. Así andamos todos; dándole vueltas al Gólgota.

*

*

El hombre moderno es un Caín que sueña con ser Abel.

Soy el Marlon Brando en su depa esperando a su María Schneider; el que nunca saldrá a la calle a bailar aquel tango.

*

Febronio Zatarain, escritor mexicano, es integrante del consejo editorial de contratiempo y coordinador de su taller de escritura creativa

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CRÍTICA

El dolor y la belleza de Jeannette Lozano Clariond Eduardo Estala Rojas

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esde Nezahualcóyotl y Cuacuauhtzin la palabra poética en México tiene que ver con los mismos temas de todos los tiempos: el amor, la traición, la verdad. “En el caso de México antiguo, sin embargo, la belleza, a diferencia de los griegos en su relación a Helena, tiene más que ver con lo espiritual. El dramatismo humano de Troya es colectivo, el drama de Cuacuauhtzin es individual. Es lo que diferencia a la poesía mexicana de otras poéticas. Esto lo ha dejado en claro Octavio Paz: La poesía es una larga pregunta sin respuesta”, señala la poeta y traductora Jeannette Lozano Clariond (Chihuahua, 1949). Los poemas suelen ser pequeñas anécdotas magnificadas en la mirada del autor. “Todo lo que he escrito, no pasa de ser una anécdota dotada de interioridad que relumbra, sea porque hunde, sea porque salva”, agrega la traductora de La escuela de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía norteamericana contemporánea (Vaso Roto Ediciones, México-España, 2013), que realizó en colaboración con Harold Bloom, notable crítico y teórico literario estadounidense. Con este libro, obtuvo el ‘Premio a la mejor traducción 2013’ en la categoría Varios Autores, que otorga la asociación Latino Book Award dentro del marco de BEA (Book Expo America), una de las Ferias de libro más importantes de los Estados Unidos, que se realiza anualmente en Nueva York. Para Jeannette Lozano Clariond, el poeta y el traductor son la misma cosa: “Ambos traducen: el primero a sí mismo, el segundo a un otro que le descubre algo sobre sí, que ya intuía pero temía develar”. Como autora dice que ha intentado incorporar otras voces de otras lenguas y tradiciones. Además considera que en México “se lee mucho, se tiene buen cine y buen teatro, dos espejos, misteriosamente oscuros, e indispensables para leerse desde lo que no se quiere ver. Espacio, tenemos espacio para pensar el mundo, color, paisaje y crisis, necesaria en toda vida humana que busca nombrar el otro dolor”. En 1996 ganó el Premio Nacional Efraín Huerta con el libro de poesía Desierta memoria. “Alguien de España leyó algunos poemas y me lo pidieron para Plaza y Janés. La UACH (Chihuahua) en su colección Cal y Arena me pidió un fragmento del libro, la parte que alude con mayor precisión a Chihuahua y sacó una plaquette”, indica Jeannette Lozano Clariond. Sobre cómo nacen sus libros, comenta al respecto: “Del dolor, suelen surgir del do-

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lor. Soy adicta a él, no porque lo quiera, sino porque lo traigo enquistado desde hace tiempo en la piel. Tengo sueños repetitivos de una elefante con semillas de sandía incrustadas en su dermis. Sé que es una condensación de mi paso por Siam en otra vida, pero sigue allí esa semilla; si la arrancara, no quedaría una herida, sólo huellas. Y algo de recuperación (reparación la llama Seamus Heaney) de lo que cada quien es”. “Aprendí a leer en los ojos de mi madre, sus palabras extrañas, su silencio tras aquella puerta de cedro. Eso me hizo poeta. Su tristeza fue mi bendición”, agrega la poeta chihuahuense que actualmente trabaja en la traducción del libro Decreación de Anne Carson, que saldrá en noviembre de 2013, para el que recibió una beca del Banff Center for the Arts. Recientemente el Fondo de Cultura Económica publicó su libro Cuaderno de Chihuahua. Este volumen surgió, dice la autora, “…al mirar a mi abuela sentada en la silla de ruedas en el zaguán de la Mina 1004: ella hablaba sola, miraba la tarde con las manchas rojizas en el horizonte. Ella me dio la imagen de su blancura como la entendió William Carlos Williams. Una estrella blanca, una estela muerta que alumbraba el destino de la Mina 1004. Por María Shallhoup aprendí a ver la distancia sin distancia, el dolor como necesario, la locura como un reacomodo en las fisuras de la casa”. Para finalizar, la poeta y traductora sugiere a los escritores mexicanos que “lean lo que se escribe en nuestro país y lo que se dice en otros continentes. Una tradición lo es en la medida en que se nutre de otras voces que nos permiten hacer alma, ensanchar la mirada”. Para más información sobre Jeannette Lozano Clariond, visitar: http://jeannettelozano. com/index.html

Para Jeannette Lozano Clariond, el poeta y el traductor son la misma cosa

Eduardo Estala Rojas, mexicano, es poeta, periodista y asesor cultural. Se ha desempeñado como corresponsal en diferentes medios de prensa internacionales, así como labores de crítica cultural y de asesoría especializada en México, Estados Unidos y Reino Unido. Autor del libro Blanco Oro Negro (Reino Unido, 2012). Vive en Nottingham, Inglaterra. eduardoestalarojas@gmail.com

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CRÍTICA

El cine de Krzysztof Kieślowski y la angustia de existir Vivian Sánchez

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principios de los años noventa, el cineasta polaco Krzysztof Kieślowski alcanzó el prestigio y la consagración de su cine de autor, obteniendo éxito y ovaciones en festivales de cine y galardones a nivel internacional. De los directores de Europa del este, de esa generación trastocada y expuesta a los restos que dejó la Segunda Guerra Mundial y que atestiguó la transición del comunismo al capitalismo, Kieślowski es el más poderoso, el más poético, el que hace temblar de sentimiento al espectador, con temas universales como lo es el amor (αν δεν έχω αγάπη, δεν είμαι τίποτα, si no tengo amor, no soy nada), el sufrimiento, y las preguntas imprescindibles, que en sus propias palabras son: ¿Cuál es el verdadero significado de la vida? y ¿Por qué levantarse por la mañana? Al ver las películas de Kieślowski, te vas olvidando de ti mismo mientras te sumerges en el vórtice emocional y al final como espectador te llevas algo indescriptible en las entrañas, algo para lo que no hay palabras. Cada filme es una obra de arte abstracto con ausencia de artificio, donde los personajes se enfrentan al dilema de tomar decisiones éticas, lo cual desemboca en finales enigmáticos. Kieślowski era un excelso narrador y guionista, un visionario metafísico que seguía su intuición y que mantuvo, quizá sin proponérselo, como ley universal en el macrocosmos (argumento, historia, conflicto, contexto) y microcosmos (vida interior de los personajes, diálogo, destino) de su filmografía a la sincronía y un sutil y herido existencialismo. Kieślowski era existencialista desde sus inicios como documentalista. Durante los años sesenta retrataba la realidad de los polacos con el propósito de rescatarles su humanidad: era muy difícil no ser político, crítico y testigo de su tiempo. La transición de cine documental a cine de autor fue lenta pero para ese entonces Kieślowski tenía muy claro que la realidad es muchísimo más enigmática, compleja y trágica que la ficción. En la esencia de sus filmes se aprecia y distingue la angustia de existir. Los personajes (Kieślowski seleccionaba perfectamente actores de alto calibre) existen con las emociones contenidas; debido a la ausencia de melodrama, las escenas se vuelven más conmovedoras y adquieren un significado y

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una fuerza estremecedora cuando aparecen en close-up los objetos y las cosas, porque aclaran el monólogo interior y delatan uno que otro enigma de la heroína o protagonista y de la película en sí. Siendo de origen psíquico también se atestigua constantemente la sincronía en la obra cinematográfica kieslowskiana, la cual es la serie de acontecimientos que coinciden en la relación de tiempo y espacio en simultaneidad. Personajes que se entrecruzan y se desunen en momentos clave, lo mismo sucede con la premonición de no estar solo en el mundo, los eventos de serendipia. Sólo es cuestión de un instante alcanzar o perder el taxi, el tren o el avión, virar a la derecha o la izquierda, decir sí o no. Estos casos solo nos revelan que el orden (o desorden) de la sincronía que decide nuestro destino es tan frágil como nuestro paso por este mundo es breve. La muerte llegó dos años después de que Kieślowski anunciase su retiro del cine. Parece que su final fue extraído de uno de sus guiones de cine. Nadie esperaba que pereciera a los 54 años durante una operación de corazón abierto en Polonia. Al fallecer con el pecho abierto y abandonar su cuerpo físico cuando su alma se

encontraba flotando como un ser alado sobre el médico, los enfermeros, su esposa y su hija. Posiblemente soltó una carcajada al confirmar que vamos desmoronándonos a lo largo de nuestra existencia sujetos a las trampas de la sincronía, por eso no somos nada.

Krzysztof Kieślowski Cortesía: Devil Probably

Filmografía más sobresaliente El Decálogo (1988) Un cortometraje sobre asesinar (1988) Un cortometraje sobre el amor (1988) La doble vida de Verónica (1991) Tres colores: Azul (1993) Tres colores: Blanco (1994) Tres colores: Rojo (1994)

Vivian Sánchez (Mexicali, México), es escritora freelance de ficción, poesía y ensayo

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CRÍTICA

Sudaquia, una nueva aventura editorial en español Luis Alejandro Ordóñez

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atorce libros publicados en 2012, treinta autores firmados y posiblemente unos veinticinco títulos publicados cuando finalice 2013, en conversaciones con otros diez autores más y una cola de manuscritos que pasa de 40, son los impresionantes números de Sudaquia Editores, la editorial que con sede en Nueva York está trayendo al mercado de libros en español de Estados Unidos trabajos de los escritores latinoamericanos emergentes. “Comenzamos por nuestro camino natural, porque somos venezolanos”, cuenta María Angélica García, quien junto a Asdrúbal Hernández conversó con contratiempo sobre la editorial. Pronto, se sumaron escritores de todo el continente, y ahora gracias a Sudaquia el público lector en Estados Unidos puede acceder a trabajos de escritores panameños, colombianos, chilenos, argentinos, cubanos, venezolanos, que de otra manera habría que buscar en sus países de origen o traérselos vía el mercado de vendedores independientes de Amazon. A la hora de definir su catálogo, Hernández dice que “esta es la literatura latinoamericana actual, no la literatura latinoamericana que se consume en España”, que en muchas oportunidades solo refleja los fenómenos más importantes de ventas y no el verdadero latir de la literatura de un país en particular. Escritores como los cubanos Osdany Morales y Enrique del Risco, el panameño Carlos Wynter, los chilenos Francisco Díaz Klaassen, Matías Celedón y Juan Pablo Roncone, los argentinos Martín Cristal y Diego Fonseca, los colombianos Juan David Correa y Andrés Felipe Solano, y los venezolanos Roberto Echeto, Israel Centeno, Eduardo Sánchez Rugeles, Héctor Torres y Slavko Zupcic, entre otros, pueden ser encontrados bajo un mismo sello en Estados Unidos que tiene la visión de “ser un punto de encuentro de la producción latinoamericana”.

en versiones tanto impresas como e-book. “La idea de Sudaquia es ser un puente entre la literatura latinoamericana y los lectores hispanos en los Estados Unidos” nos dice Hernández mientras que García agrega que había “una necesidad de crear un espacio como Sudaquia para el público acá dentro de los Estados Unidos. Los lectores están sumamente emocionados y los escritores más aún” refiriéndose a que los autores ya presentes en el catálogo no solo comienzan a tener más de un libro en él sino a recomendar otros autores amigos.

Los escritores Sudaquia trabaja sin la cláusula de exclusividad que caracteriza a las casas estadounidenses, que obligan a sus escritores bajo contrato a presentarles primero las nuevas obras que produzcan, y a esperar la decisión editorial para poder presentárselas a otras casas. “Los autores vuelven a publicar con uno en la medida en que estén felices con lo que estamos haciendo”, dice Hernández. Mientras, eventos y ferias permitirán ampliar la presencia de los libros en un mercado que hasta ahora se ha mostrado difícil de consolidar, no porque no haya libros en español sino porque nadie sabe qué tipo de libros se encontrará en una librería. Al respecto, el escritor venezolano Héctor Torres, que en Sudaquia publicó su novela La huella del bisonte, reflexiona que “mientras más títulos disponibles se consigan… más gente se acercará buscando literatura en español”. Es el reto que tiene por delante Sudaquia, deseamos que tengan éxito.

Luis Alejandro Ordóñez, escritor venezolano, es integrante del consejo editorial de contratiempo

Los lectores La distribución, eso sí, crece lentamente. Por ahora los libros de Sudaquia se pueden encontrar en dos librerías de Nueva York y una en Miami, mientras buscan otras opciones. “No estamos vendiéndole a las grandes librerías”, cuenta Hernández. “Nuestros libros, a menos de que sean bestsellers, va a ser muy difícil conseguirlo en Barnes&Noble o Books A Million. Nos estamos enfocando más bien en librerías de nicho, en librerías independientes, en librerías que tienen fuerza dentro de su comunidad y que además tienen fuerza en el mercado de lectores en español”. Además, en Amazon, en su propia página web http://www. sudaquia.net y en la tienda virtual de la revista Suburbano de Miami (http://sub-urbano.net),

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ARTE

MCA DNA: Warhol y Marisol Tanya Victoria

“Un artista es alguien que produce cosas que la gente no necesita tener y por alguna razón, piensa que sería buena idea darles”- Andy Warhol.

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partir de su propia colección permanente, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago presenta, a partir de septiembre y hasta el final de la primavera, una retrospectiva que documenta los encuentros de dos de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX: Andy Warhol y Marisol Escobar. Warhol y Marisol coincidieron en los años 60 en Nueva York, cuando el primero comenzó a trabajar las serigrafías para producir obras seriales basadas en imágenes de los medios de comunicación, y la segunda comenzó a producir sus conocidos retratos y esculturas de madera de superficies planas y elementos adicionales,

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tales como objetos cotidianos o vaciados de yeso. Los primeros encuentros entre ambos se dieron en la Galería Stable de Eleanor Word, lo que los ubicó inmediatamente a la vanguardia del movimiento del arte pop. No fue el primer encuentro entre ambos: Marisol hizo un retrato escultural de Warhol a fines de esa década, titulado Andy. Warhol reclutó a Marisol en algunas de sus primeras películas, incluyendo El beso y Trece hermosas jóvenes. Warhol, Marisol y muchos otros artistas, a partir del pop logran liberarse de la condición formal, de lo conceptual. El universo estético se vive ahora como una experiencia intensificada y heterogénea, que rompe el límite entre el arte y la vida cotidiana. La exhibición del MCA se inspira en la multifacética y cercana relación entre Warhol y Marisol, mostrando sus coincidencias y

sus divergencias como creadores. Serigrafías celebres de Warhol y esculturas de madera de Marisol se enfocan hacia el retrato, así como el uso similar de imágenes encontradas y la repetición en serie de sus figuras. MCA DNA: Warhol and Marisol se muestra del 21 de septiembre al 15 de junio de 2014. La exposición ha sido curada por Lynne Warren y Karsten Lund. El Museo de Arte Contemporáneo se encuentra en el 220 East Chicago Avenue. Más información al 312.397.4010 o en la página web http://www.mcachicago.org/.

Andy Warhol, Troy Diptych, 1962. Collection Museum of Contemporary Art Chicago

Tanya Victoria forma parte del consejo editorial de contratiempo

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ARTE

El pintor que llegó al frío Gerardo Cárdenas

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Cortesía: Félix de la Concha

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na de las consecuencias de llegar a vivir al Medio Oeste de los Estados Unidos es la aparente pérdida del paisaje visual. Más allá de los rascacielos de Chicago, y de la majestuosidad de los Grandes Lagos y el río Mississippi, la percepción general sobre el paisaje del Medio Oeste es la de una interminable y plana pradera cuyos colores son meras variaciones del amarillo y el verde. La carencia de montañas resta drama a lo que el ojo puede ver. La vista se desenfoca y se distrae en las interminables ondulaciones de los maizales. Esta impresión puede volverse permanente si no se pone atención a los detalles. Hay historias que las estaciones y el viento van labrando sobre la tierra y las construcciones, y que escapan al ojo que ha llegado a la conclusión que nada hay en esta región, de la base de la península de Michigan hasta los confines de Nebraska, que valga la pena detenerse para admirar. Es cuestión de perspectiva. La perspectiva del pintor español Félix de la Concha (León, España, 1962) es la de un ojo paciente que deja que el tiempo le revele el drama de lo visto, poco a poco, progresivamente, como en un gran angular que recorre el paisaje a la mínima velocidad. Con la exposición Painting Iowa: A pleno sol que se presenta en el Instituto Cervantes Chicago, de la Concha demuestra que, por ejemplo, hay 75 maneras distintas de ver el mismo, típico paisaje de Iowa donde un granero rojo y un cobertizo gris dominan un paisaje de mínimas colinas e interminables sembradíos. Organizadas en tres grupos de 25, las pinturas presentan este mismo paisaje bajo el paso de las cuatro estaciones, y bajo el cambio de perspectiva que resultó del movimiento del pintor de 25 pasos entre cada punto desde el cual pintó el mismo paisaje. De la Concha pinta cada día, y lo ha hecho ininterrumpidamente durante los últimos 30 años. Los cuadros presentados en el Cervantes (donde se exhiben hasta el 1 de noviembre) representan un laborioso trabajo de exteriores que se remonta a 2010. El artista nos muestra trabajos de extraordinaria tensión entre forma y espacio, donde las emociones aparecen contenidas, casi podríamos decir suspendidas, entre los visible y lo invisible y sólo se van manifestando, gota a gota, en la lenta transición entre las estaciones. De la Concha ha tenido ideas como las de pintar la histórica casa Fallingwater que construyó Frank Lloyd Wright, y los pasajes que la rodean,

bajo la luz de una linterna como parte de todo un estudio y serie sobre una de las más dramáticas confluencias de naturaleza y arquitectura. Me atrae particularmente un óleo que, a mi modo de ver, captura la experiencia de esa gran mentira publicitaria que es la primavera en el Medio Oeste. El óleo se titula Square Park in Snow y representa una calle cualquiera en Iowa City donde se vive ya el ritual del deshielo. Esta es la verdadera primavera del Medio Oeste, en la que el cielo es gris y bajo, la nieve es una mescolanza sucia de agua y hielo y ya no tiene ni de lejos la consistencia casi onírica de la nieve de invierno, y las calles son una procesión de hondos y pardos charcos. De la Concha ha logrado trabajos tan notables como One a Day: 365 Views of the Cathedral of Learning sobre la Universidad de Pittsburgh; la serie aún vigente de retratos/ testimonio Portraying Holocaust Survivors, o The Longest Story of Bilbao Ever Painted, donde cine y pintura se mezclan en un documental que se ha presentado en una gran cantidad de festivales y obtuvo Mención Honorífica en el Festival Internacional de Cine de Los Ángeles. Además, en la pasada Semana Negra de Gijón, de la Concha pintó y entrevistó en vivo a varios de los autores que concurrieron a la mayor cita internacional de escritores de novela negra.

Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano, es director editorial de contratiempo. Su libro de relatos A veces llovía en Chicago (Vocesueltas/ Magenta, 2011) recibió el Premio Interamericano Carlos Montemayor al Mejor Libro de Cuentos de 2011-2012. En la actualidad prepara para publicación un segundo libro de relatos y un poemario

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MÚSICA

La nueva ola de música latina... ¡viene de Canadá! Catalina María Johnson

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uando se emigra, tal vez no exista la posibilidad de cargar con todo nuestro equipaje, cachivaches y tiliches, pero no cabe duda que llegamos al país de destino con algo de un valor mayor e  inmenso — lo que llevamos por dentro — nuestro arte y nuestra música. En tiempos recientes, curiosamente, Canadá recibe una gran cantidad de inmigrantes de sus vecinos muy al sur; y en los meses del verano pasado, Chicago

Cortesía: Hilario Durán

Jazz salsero y cubano, desde el barrio portugués de Toronto El epicentro de la música latina en Canadá pareciera ser Toronto, ciudad reconocida por acoger e incorporar emigrantes. En sus barrios se hablan más de 140 idiomas y dialectos, y cuenta con el 20 por ciento de todos los inmigrantes. Muchos artistas latinos han encontrado hogar musical en Lula Lounge, un centro cultural, club y restaurante en el barrio portugués, fundado en el 2002 por un ecuatoriano, José Ortega y su socio español, José Nieves.  Ha tenido enorme éxito el Lula Lounge, e inclusive ha sacado un CD de grabaciones de sus funciones en vivo, en el cual se destaca el sonido salsero y jazzista del extraordinario pianista cubano Hilario Durán. A mediados de julio, ante un público abarrotado en Humboldt Park y a pesar de la lluvia, Durán abrió el séptimo Festival de Jazz Latino de Chicago al lado de la flautista saxofonista Jane Bunnett y el legendario conguero cubano de 92 años, Cándido Camero. Juntos dieron toda una lección de la potente belleza del jazz afrocubano.

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les dio la bienvenida por primera vez a varios de estos artistas latinos transplantados a Canadá. Catalina María Johnson es miembro del consejo editorial de contratiempo, escritora y locutora/productora de Beat Latino (www.beatlatino.com), programación radial para estaciones de radio pública desde Mexico, D.F. a Berlín

Lido Pimienta. Cortesía: Catalina María Johnson

Boogat. Cortesía: Philippe Sawicki

Rebelde con causa

Rap en tres idiomas

Aunque a Durán se le podría caracterizar como un músico interesado en preservar la tradición, la joven barranquillera Lido Pimienta, quien también vive en Toronto, es justo todo lo contrario. Además de ser reconocida por su arte visual, Pimienta se ha dado a conocer por vibrantes creaciones musicales que en un contexto electrónico van incorporando su voz etérea y a la vez sensual en mezclas muy contemporáneas, que indirectamente hacen referencia a las grandes cantantes afrocolombianas de su tierra. En el pequeño pero poderoso y ecléctico Clark Street Festival en Rogers Park, sin temerle al chubasco que cayó a mitad de la función, Pimienta dio tremendo concierto acompañada de solamente un chico en la computadora portátil. Se comunicó de manera carismática y afectuosa con el público y lo invitó al escenario a bailar y brincar y de paso protegerse de la lluvia. Inclusive parecieron perdonarle (después de la sorpresa) algunas de las familias mexicanas de la vecindad el que entonara una de sus canciones más polémicas, el himno feminista “Atrás”, cuyo coro dice “ahora tú eres mi perra y yo me pongo atrás, ¡me vas a respetar!”.

También en el Clark Street Festival se presentó Daniel Daniel Russo Garrido, conocido por su nombre artístico “Boogat”. Russo nació en Quebec City de padre paraguayo y madre mexicana. Boogat crea versos en francés, español e inglés. Hoy día basado en Montreal, describe la escena inmigrante como una de multiples sabores, lo que obliga a moverse al compás de muchas culturas y maniobrar entre ellas  y y las varias de uno mismo, lo él que llama en una de sus canciones, “El gran baile de las identidades”. Boogat también se mostró encantado con el público que lo aclamaba con entusiasmo en español. Se sentía en casa, exclamaba, al lado de la paletería “Monarca” de Clark Street, cuya imagen como símbolo del inmigrante era el perfecto marco para el escenario de los artistas latinos transplantados a Canadá. Actualmente Canadá permite la entrada a inmigrantes después de aplicar diversos criterios pragmáticos — si hacen falta doctores, los admiten; si necesitan obreros, igual. Mas al experimentar los talentos musicales de estos artistas latinos, seguramente lo que empezarán a percibir los canadienses es que el factor intangible de la riqueza cultural de sus inmigrantes será lo que a la larga responderá a necesidades que ni se habían percatado existían en su país. OCTUBRE 2013


EDICIONES VOCESUELTAS EDICIONES

VOCESUELTAS

Información: info@contratiempo.net

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Tantos recorridos, tantas historias de inmigración que encuentran en común una sola cosa: el idioma español. contratiempo ha creado Ediciones Vocesueltas para diseminar y promover la literatura escrita en español en Chicago. Estos proyectos de publicación conjunta con los autores han dado frutos desde el 2007, habiéndose publicado seis libros a la fecha. Debemos un agradecimiento especial a los autores publicados en Vocesueltas, cuyo ímpetu, talento y generosidad han hecho posible el establecimiento de este sello editorial.

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01 A veces llovía en Chicago. Por: Gerardo Cárdenas Precio US$12.95. 1a. edición (Marzo, 2011) . En español. ISBN: 978-09800042-67

03 Extrasístoles (y otros accidentes). Por: Jochy Herrera

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02 En la 18 a la 1. Por: Escritores de contratiempo en Chicago Precio US$14.99. 1a. edición (Septiembre, 2010). En español. ISBN: 978-09800042-5-0

Precio: US$ 19.99. 1ª. Edición (abril, 2009). En español. ISBN-13: 978-0-9800042-3-6

04 Jaleos y denuncias. Por: Stanislaw Jaroszek

05 Desarraigos: Cuatro poetas latinoamericanos en Chicago. Por: Jorge Hernández, Febronio Zatarain, Juana Iris Goergen y León Leiva Gallardo

06 Vocesueltas: Cuatro cuentistas de Chicago. Por: Raúl Dorantes, Bernardo Navia, Fernando Olszanski y om Ulloa

Precio: US$ 15. 1ª. Edición (mayo, 2008). En español. ISBN-13: 978-0-980004212

Precio: US$14. 1a. edición (Abril, 2010). En español. ISBN: 978-098000424-3

Precio: US$ 15. 1ª. Edición (agosto, 2007). En español. ISBN-13: 978-0-980004205

TALLER DE CREACIÓN LITERARIA DÓNDE: 1900 South Carpenter, Chicago IL 60608. CUÁNTO: Gratuito. CUÁNDO: Dos domingos por mes a la 1 pm. INFORMACIÓN: (312) 427 5450 info@contratiempo.net


MIRADA CÓMPLICE

Tres fotógrafos en octubre Verónica Lucuy Alandia

T

res fotógrafos preparan su exposición estos días para mostrarla este próximo octubre 18 en la sala de exposiciones de las nuevas oficinas que contratiempo comparte con Gozamos, FMEL y Calles y Sueños (1900 S. Carpenter, en Pilsen). Tres fotógrafos preparando una exposición es lo mismo que decir tres hombres abriendo las puertas de su mundo, de sus visiones y sus misterios. Arturo Richardson es un inquieto viajante dominicano. Haití después del terremoto, Egipto, Yemen, República Dominicana, Cuba —donde estudió dirección y producción, en la escuela internacional de cine, además de periodismo— serán el escenario de esa relación íntima lente-objeto, mirada-momento, momento único captado de manera única. Richardson basa su fotografía en el ahora. Ignacio Guevara tiene como objetivo compartir los lugares de Chicago que ha explorado con su leal bicicleta —su primera compra cuando llegó de Costa Rica a la Ciudad de los Vientos, aparte de una cerveza—, retratar el recorrido diario de los ciclistas y hacer honor a aquellos que han muerto ejerciendo el derecho de pedalear contra invierno y marea citadina, plenos de la adrenalina que Ignacio dice lo mueve a recorrer más y más. Rafael Franco-Steeves es dueño de una estética pulcra y enriquecedora, es un artista impredecible. Sus fotografías narran profundidades —como sus textos—, en color y en blanco y negro, presentando muestra de la ciudad hermosa

de ángulos, sombras y resplandores, gente, rostros, miradas, movimientos, o —y no sería de extrañarse— un paseo entre las nubes una tarde en que Rafa salio a volar sobre el lente de su cámara. Hay una gran discrepancia de opiniones hasta el día de hoy sobre la fotografía a color y sobre la fotografía en blanco y negro. Fotógrafos como Ferenc Berko y John Hedgecoe —el hombre que le enseñó al mundo a fotografiar, según el British Journal of Photography— fueron los precursores de la fotografía a color, y fotógrafos como Harold Baquet y Ansel Adams fueron los seguidores inquebrantables del blanco y negro, cada uno ejerciendo además distintos géneros y tendencias en su arte. ¿Qué tendencia tienen Rafael, Arturo e Ignacio, la fotografía periodística, fotografía artística, publicitaria o de pasarela? ¿Y qué los atrae más, la fotografía digital o la analógica? Cada muestra fotográfica inevitablemente nos pasea por el tiempo, por lugares que quizá nunca podamos pisar, por sentimientos inesperados y por el entramado único y peculiar de la mente y el corazón de los fotógrafos. Picasso dijo una vez “He descubierto el mundo de la fotografía, ya puedo quitarme la vida, no tengo nada más que aprender”; yo creo lo contrario, maestro. Verónica Lucuy Alandia, dentista y escritora, miembro del consejo editorial de contratiempo

Fotografía: Arturo Richardson

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MIRADA CÓMPLICE

Fotografía: Ignacio Guevara

Fotografía: Rafael Franco

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contratiempo

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DOSSIER

SOBRE MARINA NEMAT, AUTORA DE LA PRISIONERA DE TEHERÁN

Escribir en otra lengua es un escudo Martha Bátiz

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arina Nemat nació en Teherán, Irán, en abril de 1965, época en que la sociedad iraní estaba expuesta y abierta a las influencias de Occidente. El padre de Marina era bailarín, daba clases y se presentaba en público; su madre, peluquera, era dueña de un salón de belleza muy concurrido. Marina, lejos de ser una niña mimada, tuvo una infancia común, a pesar de pertenecer a la minoría católica. Disfrutaba leer clásicos infantiles y juveniles en inglés, lengua en la que nunca imaginó que se haría famosa. Después de todo, durante su temprana infancia solía hablar en ruso con su abuela, y el resto del tiempo en farsi. En 1979, con la Revolución Islámica, todo en su vida cambió: a su padre lo obligaron a clausurar su estudio de baile, por considerarse una actividad prohibida, y su madre tuvo que cerrar la peluquería porque, al tenerse que cubrir todas las mujeres la cabeza con un chador, su clientela disminuyó drásticamente. En la escuela a la que asistía Marina algunos maestros fueron arrestados y ejecutados por el nuevo régimen, y los demás, sustituidos por guardias revolucionarios que solamente permitían que se hablase del Corán. Dado que Marina quería asistir a la universidad, y a sus 16 años no podía imaginar las consecuencias que tendrían sus actos, más allá de exigir que se impartiera la

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clase de cálculo, abandonó el salón en lo que se consideró un franco desafío político, ya que sus compañeros la siguieron y, en pocas horas, el estudiantado entero se había puesto en huelga. Por esta razón, Marina fue encarcelada en la prisión de Evín, que todavía está en operación, donde fue torturada y permaneció presa por más de dos años. Su madre, aterrorizada, decidió destruir toda evidencia de la comprobada y peligrosa rebeldía de su hija, y lo primero que se le ocurrió fue romper en pedazos diminutos los libros en inglés de Marina, lavarlos para borrar las palabras, y desecharlos poco a poco con el resto de la basura. Cuando la dejaron en libertad —después de haber sido forzada a convertirse al Islam para casarse con el guardia de Evín que estuvo a cargo de su tortura— Marina regresó a casa de sus padres sabiendo que tenía que marcharse de su país natal. Como ex prisionera política no podría seguir estudiando, y su posterior matrimonio con su antiguo novio, también católico, la ponía en peligro de muerte. Ya con un hijo en brazos, Marina dejó Irán y llegó a vivir a Canadá, donde ha permanecido desde 1991. Con nadie, ni siquiera sus padres o su marido, habló de su pasado ni de lo que vivió en Evín. Quería olvidar aquello, dejarlo atrás, y lo logró por casi dos décadas, hasta que la culpa y las pesadillas la obligaron a narrar su experiencia. Y así lo hizo, en su autobiografía Prisoner of Tehran, escrita en inglés y publicada primero por Penguin Canada en el 2007, y después en 28 países más, convirtiéndose en un best-seller a nivel internacional. Marina nunca consideró escribir en farsi, a pesar de que es su lengua materna. Su amor a la literatura inglesa, el cual sobrevivió aquellos años de tortura y prohibición, se fortaleció tras su llegada a Canadá. Para escribir sus memorias Marina se inscribió en cursos de escritura creativa en inglés, consciente de que no solo su gramática y vocabulario, sino también la organización de sus traumáticas experiencias, necesitaban un pulido fino. Pero escribir en inglés ha sido una suerte de escudo: duele menos redactar así, en palabras ajenas, prestadas, que no tienen una liga directa al eco de su pena. Enfocarse hacia la corrección de la lengua le permite distraerse de las escenas terribles que ha narrado, como los asesinatos de sus amigos, el hambre constante en la prisión, el abuso sexual del que fue víctima, y su propia ejecución interrumpida de forma inesperada. Prisoner of Tehran es un libro impecable en ese sentido, con estructura y ritmo de alta calidad. Las traducciones a

otras lenguas se dieron de forma ajena a Marina, pero ahora ella está enfrentando un nuevo reto al traducir su propio libro al persa (planea subirlo a la red y permitir que pueda descargarse de manera gratuita). Es una forma más de oponerse al régimen islámico que le robó la adolescencia y el suelo que la vio nacer. Los temas que a Marina le preocupan están íntimamente relacionados con sus experiencias personales. Su lucha a favor de los derechos humanos—como parte de la junta directiva del Centro Canadiense para Víctimas de Tortura (CCVT), Acción Cristiana por la Abolición de la Tortura, y PEN Canada— le han valido respeto como activista, además de varios premios y reconocimientos prestigiosos. Desde la publicación de su libro en el mercado literario canadiense, Marina escribe constantemente en inglés, y da discursos y ponencias en esta lengua que no solo la protege sino le abre puertas para hablar sobre lo que vivió. Hacerlo en persa, sin embargo, le resulta mucho más difícil, porque ahí no hay filtro ni refugio posibles. La traducción de sus memorias ha sido lenta y dura. La recepción de su historia fue, además, distinta en el ámbito iraní, donde algunos la tachan de mentirosa y de nuevo han amenazado su vida. Es fácil para un régimen extremista cerrarle el paso a un libro escrito en una lengua considerada enemiga y peligrosa, pero al publicarse en persa, los recuerdos de Marina estarán al alcance de sus compatriotas, tanto los que vivieron esos tiempos tumultuosos como los que han crecido bajo el discurso oficial. Esta valiente mujer, que se hizo escritora por necesidad, y ha publicado cuentos, ensayos, artículos y reseñas en inglés en muchos países, siente la obligación y el compromiso de devolverles la voz, en farsi, a quienes perdieron su libertad, e incluso la vida, a partir de la Revolución Islámica. Para ella, hacerlos existir en su lengua madre implica regresar a la fuente del dolor, su territorio compartido y parte medular de su identidad. Será la prueba de fuego, porque expresarse en inglés y cruzar decenas de fronteras es ya prueba superada.

Martha Bátiz, escritora mexicana radicada en Canadá, con cuentos premiados en diversos concursos literarios internacionales en México, España y Canadá. Autora de A todos los voy a matar y Boca de Lobo, publicada como The Wolf’s Mouth, por Exile Editions en Canadá. Traductora certificada y profesora en la Universidad de York, campus Glendon

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DOSSIER

La otredad en Aleksandar Hemon Luis Alejandro Ordóñez

A

leksandar Hemon tenía pasaje para regresar a Sarajevo con fecha del 1 de mayo de 1992, pero, por consejo de su padre, decidió no tomar el avión. Su propia familia abandonó el lugar en el último tren que al parecer salió de la ciudad. El cerco del ejército serbo-bosnio a Sarajevo comenzó el 2 de mayo y duró cuatro años, el más prolongado en la historia moderna, y dejó más de 12 mil muertos, la mayoría civiles. La vida de Hemon como refugiado en Estados Unidos comenzó así, entre la suerte del no haber estado ahí y la culpa del haberse ido antes de que todo sucediera, lo que le obligó a escribir en alguna oportunidad “mi historia es aburrida: Yo no estaba en Sarajevo cuando comenzó la guerra”. Es precisamente de esos sentimientos encontrados que está lleno su libro de memorias The book of my lives (El libro de mis vidas), publicado este 2013 pero escrito a lo largo de distintos momentos, pues es al mismo tiempo biografía y recopilación de ensayos y artículos—por supuesto autobiográficos. En los veinte años que han pasado desde aquel entonces, Hemon hizo suya la ciudad de Chicago, a tal punto que se atrevió a escribir las razones por las que no se mudará nunca de ella. Chicago lo considera un escritor local, pero a la vez lo ha convertido en el escritor trasnacional por antonomasia. De hecho, Hemon comenzó a escribir en inglés una vez que supo que ya no volvería, al menos por un buen tiempo, a la otra ciudad de sus amores y de su identidad, Sarajevo. Sus primeras historias cortas las publicó en revistas por el año de 1995 y su primera novela, The Question of Bruno, es del año 2000. Tarde o temprano, uno se encontrará a Hemon si tiene interés en el mundo literario de la ciudad. Yo lo descubrí durante el festival anual de autores y literatura que organiza el Columbia College de Chicago. Ahí, Hemon leyó un cuento de su libro Love & Other Obstacles (Que yo traduciría Amor y otros contratiempos, no obstáculos) titulado “Good Living”, que narra el encuentro entre un vendedor de enciclopedias a domicilio y uno de sus potenciales clientes en el Sur de Chicago y que luego de continuar leyendo a Hemon ahora sé que es una historia imposible de definir como completamente de ficción pero que no se trata de no ficción, como el resto de su trabajo.

El uno y el otro En su obra, la pregunta sobre el qué se es luego de ser inmigrante, es un asunto central.

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En The book of my lives, Hemon dice que “la inmigración es una crisis ontológica, porque uno está obligado a negociar la condición del ser bajo circunstancias existenciales en perpetuo cambio”. La obra de Hemon es inexplicable sin Sarajevo o sin Chicago, pero ¿tiene sentido llamarlo escritor bosniochicaguense? ¿Se reconocería ahí Hemon? Quizás la pregunta más interesante no sería qué etiqueta le interesa a Hemon sino a sus lectores. La literatura siempre ha sido trasnacional; los lamentos de un joven alemán del siglo XVIII, por poner un ejemplo, han interesado a lectores no solo de otras latitudes sino de todas las épocas posteriores y siempre ha habido escritores exiliados o inmigrantes. Pero el mundo de hoy está viviendo una movilidad y comunicación sin precedentes, por lo que la pregunta de quién soy se repite más y más desde todos los posibles puntos de vista y es tema común de expresión artística y literaria. El artista o escritor que es un poco de aquí y un poco de allá, quizás se juega su pertinencia en el ser capaz de hablar tanto de aquí como de allá de una manera que sea considerada no de ninguno de los dos lugares sino universal.

Sueño multicultural, pesadilla local La negociación del inmigrante consigo mismo en muchos casos pasa por la comparación con el otro, pero con la consecuencia de que, a decir de Hemon, “en el momento de que vuelves a alguien el otro, te vuelves a ti también el otro”, en un viaje sin regreso donde la identidad se convierte en separación como vía para la autolegitimización colectiva, el nosotros tan necesario para reconocerse a pesar o debido a la condición de inmigrantes, de desplazados. En sus memorias, Hemon habla de sus padres viviendo en Canadá tras salir de Bosnia, y la necesidad que tuvieron de definirse distintos a los canadienses como vía, paradójicamente, para finalmente, algún día, sentirse en casa en Canadá. Señala Hemon que “esa necesidad de autolegitimización colectiva calza cómodamente en la fantasía neoliberal del multiculturalismo, que no es otra cosa que el sueño de tener a muchos otros viviendo juntos, todos felices tolerando y aprendiendo. Así, las diferencias son necesarias para el sentido de pertenencia: siempre que sepamos quiénes somos y quiénes no”. Pero no dejan de ser fuerzas contradictorias. En la Chicago que le dio cobijo, como en tantos otros lugares, el multiculturalismo

juega a favor de ciertas identidades y en contra de otras. Esta ciudad vive el diario contraste de estar abierta a todas las corrientes y a la mezcla de todas las culturas, mientras también está dividida en zonas de clara predominancia racial o étnica, regida por las peores fronteras: las abstractas. Viniendo de un lugar que se destruyó sobre la base del no son nosotros, Hemon sabe muy bien los estragos que puede producir la otredad.

Luis Alejandro Ordóñez, escritor venezolano miembro del Consejo Editorial de contratiempo. Visita su oficina: www.laoficinadeluis.com contratiempo

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DOSSIER

LOS RETORNADOS

Una exploración lingüística y educativa de la juventud transnacional Kim Potowski

E

stados Unidos ha sido un país de inmigrantes desde su inicio. Ya desde los años 70’s los investigadores académicos estudiaban el tema de la integración de los niños que llegan al colegio sin saber inglés. Hoy en día, le toca estudiar este tema a algunos países que anteriormente más bien enviaban (y no recibían) migrantes. Tal es el caso de México, lo que curiosamente, poca gente sospecha (véase el artículo del New York Times publicado el 23 septiembre 2013). Según el Pew Hispanic Center, entre 2005 y 2010 unos 1.4 millones de mexicanos llegaron a Estados Unidos, pero en ese mismo período, otros tantos regresaron a México. Cuando una familia regresa a México con hijos criados totalmente (o casi totalmente) en EE.UU., estos últimos vienen siendo inmigrantes al país de sus padres. Su integración escolar y social presenta un sinnúmero de desafíos burocráticos, culturales y lingüísticos (Zúñiga et al 2008). Oaxaca, el cuarto estado con mayor emigración a EE.UU. después de Guanajuato, Michoacán, y Chiapas (Encuesta de Migración en la Frontera Norte de México, 2009), es un contexto de particular interés cuando examinamos los temas relativos a la juventud transnacional. Durante el año escolar 2011-2012, empecé una serie de entrevistas en español y en inglés con 20 jóvenes “transnacionales” que se criaron en varias partes de EE.UU. y que llegaron a México entre los 13 y los 17 años de edad. En mis análisis preliminares, me enfoqué en sus experiencias escolares y sociales y también en su dominio de ambos idiomas, y en cómo se relaciona esto con su identidad como transnacionales o “retornados” – palabra que comúnmente se aplica a estos jóvenes pero que no les queda del todo a los que terminan en México sin jamás antes haber pisado territorio mexicano. Conviene un poco de contexto lingüístico. Cuando vivían en Estados Unidos, estos jóvenes eran hispanohablantes “de herencia”, o sea, el término que se utiliza en el campo educativo para referirse a los que se crían en EE.UU. con familias que hablan un idioma que no es el inglés. Hay cada vez más cursos de español adaptados especialmente a las destrezas y necesidades lingüísticas de los hablantes de herencia, cuyo inglés suele ser más fuerte que su español. Lo curioso es que, una vez en México (sobre todo si llegan antes de los 11 años) muchos se vuelven hablantes de herencia del inglés – es decir, su inglés corre el riesgo de atrofiarse mientras su español se fortalece. En mis conversaciones con estos jóvenes, hablamos de por qué decidieron regresar los

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padres a Oaxaca, cómo fue la experiencia de integración a la escuela, cómo han sido sus interacciones con los maestros y compañeros de curso, etc. Todavía estoy en el proceso de analizar las entrevistas, pero están surgiendo varios temas: Primero, que se sienten en desventaja porque no están al nivel lingüístico o cultural de sus compañeros criados en México. Muchos dicen que quisieran que sus profesores entendieran las dificultades lingüísticas que encaran, y algunos añoran a los maestros hispanohablantes en California que les habían ayudado en su transición cuando recién llegaron al sistema escolar estadounidense. Segundo, que en las clases de inglés, en lugar de sentirse respetados por su dominio del idioma, los marginalizan. Aunque no entrevisté a los maestros para constatarlo, es probable que la marginalización surja de la inseguridad que sienten esos maestros respecto de su propio dominio del inglés, comparado con el muy avanzado inglés adquirido en Estados Unidos por estos estudiantes, nivel que dicho sea de paso, temen perder. Afortunadamente, el 99% mantiene el contacto con sus amistades en Estados Unidos vía Facebook (en inglés) y hablan inglés con otros compañeros retornados y con sus hermanos. Todos mencionaron los beneficios de saber inglés y algunos dijeron que querían ser maestros de inglés en el futuro para “ayudar a niños como yo”. El Programa Binacional de Educación Migrante, PROBEM es parte de la Dirección General de Relaciones Exteriores y tiene la misión de fomentar la educación binacional, pero lo hacen es ayudar a los mexicanos en EE.UU. Nadie parece prestar atención profesional a estos chicos retornados, con contadas excepciones. La Secretaría de Educación Pública de México encargó y publicó el libro Alumnos transnacionales: las escuelas mexicanas frente a la globalización, por ejemplo, cuya información se derivó de cuestionarios que respondieron más de 24,000 estudiantes en los estados de Zacatecas y Nuevo León, de los cuales 632 habían tenido experiencia escolar en EE.UU. o habían nacido aquí, y de más de 125 entrevistas a estudiantes transnacionales y sus profesores. El estudio considera la edad y género del estudiante, como también la duración y el nivel académico de su experiencia escolar, como también variables biográficas, logros y actitudes, tales como dominio del inglés, aspiraciones académicas y opinión de las escuelas estadounidenses y mexicanas. También se toman en consideración variables como la

participación de familiares en migración internacional, y el nivel de concienciación de los maestros sobre los estudiantes transnacionales. El libro también describe gestiones preliminares de adaptación del currículo de magisterio en México en este sentido. En el segmento de Myles Estey publicado el 8 de enero de 2013 en PRI The World, sobre la adaptación de los maestros mexicanos a este fenómeno, Roberto Castañeda, director del Instituto de Migrantes de Zacatecas, dice que de los 13,000 niños que vivían en Estados Unidos y se han integrado el sistema escolar de ese estado, casi todos lo han hecho con dificultades. No hay programas nacionales que atiendan las necesidades de estos estudiantes, y Castañeda dice que para comprender las clases, traducen mentalmente, y esto hace que el aprendizaje sea lento. Se está implementando un proyecto piloto pionero que familiariza a los profesores mexicanos con el inglés. Aunque no todos están de acuerdo, sus proponentes piensan que las clases de inglés son críticas para los profesores. Castañeda cree que el proyecto piloto es más que aprender inglés: Representa un esfuerzo por ayudar a los niños nacidos en Estados Unidos se sientan mejor recibidos en México y sintonizar sus profesores a que sus alumnos están entre dos mundos. Nota: Para más información sobre este importante tema, esté al tanto de próximos números de contratiempo

Kim Potowski es profesora asociada de lingüística hispana en la Universidad de Illinois en Chicago. Su campo de investigación se enfoca en el español en Estados Unidos. Es directora editorial ejecutiva de la revista académica Spanish in Context. Recientemente editó Language diversity in the USA (Cambridge University Press) y Bilingual youth: Spanish in English-speaking societies (coedición; John Benjamins). Residió en Oaxaca gracias a una beca Fulbright.

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DOSSIER

Palabras Amaia Gabantxo

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lgo curioso le sucede al ser literario que se mueve entre países, culturas e idiomas. O por lo menos a mi me ha pasado. Se produce una especie de descoloque esencial de todo. La habitación de las palabras está siempre como si hubiera pasado un torbellino, y hay allí bastante de todo. Crecí bilingüe en un pueblo pesquero en el País Vasco, en el norte de España. Primero hablé euskera y luego cuando empecé la escuela, castellano. Leer fue una adicción temprana. Gracias al legado de Franco, la imposición férrea del español como lengua única de acceso a la cultura y el conocimiento era el pan nuestro de cada día y a consecuencia no había en mi niñez mucho que leer en euskera. Nabokov en euskera, Joyce en euskera… todo eso pasó más tarde. Así que leí en castellano, fui a la primaria en castellano. Con las Hermanas Carmelitas. Jugaba en euskera, hablaba en casa y en la calle en euskera. Y luego, con la tozudez de la adolescencia y arguyendo además un despertar anticlerical, me empeñé en hacer la secundaria en euskera en un colegio público –para entonces Franco había muerto y era posible estudiar en euskera. Me repateaba tener un nivel lingüístico más avanzado en español que en mi lengua materna; quería remediarlo, quería poder escribir cuentos y poemas en euskera igual de bien que lo hacía en español. Reequilibrar la balanza. Y lo hice, gracias a cuatro años de inmersión total. Aunque descubrí algo en el proceso. Me uní a una clase de unos 30 chavales que venían de la ikastola, una escuela primaria vasca (existían underground durante la época franquista y se legalizaron con la democracia) de pago donde las clases se impartían en euskera. No conocía a nadie ni nadie me conocía. Uno de los primeros días, la profesora de ética sugirió como tema a tratar en clase la banda terrorista E.T.A. Menuda ilusa. Era a finales de los 80, la época más sangrienta de la banda y también cuando el gobierno español acrecentó su furor contra presuntos terroristas y torturó a diestro y siniestro. Muy mal rollo. Todo andaba fatal. Se me ocurrió decir que ya estaba harta de tanto tiro a la cabeza con una 9mm parabellum, y a santo de qué tenía que saber yo con 14 años exactamente cómo es una de esas pistolas (culpa de la repetición, ese recurso literario). Que yo no creía que hiciera falta matar a nadie en todo aquel asunto. Y ahí se me tiró la clase encima, y alguien me gritó zu ez zara euskalduna! ¡Tú no eres vasca! Y otros se hicieron eco con virulencia. Y la profesora acabó llorando. Entendí entonces que el discurso interno del idioma rechazaba ciertos temas, voces autocríti-

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cas. Era como si el idioma viniera con dragones incluidos que custodiaran el tesoro de la versión Disney de las cosas. En realidad, los de E.T.A fueron muy listos. La palabra “eta” es la conjunción “y” en euskera. Ahora imaginad una página en un libro o periódico cualquiera en euskera: “eta” está en todas partes. Buen uso de lo subliminal. Entendí entonces también ipso facto que tenía un grave problema, porque no tenía pinta de que fuera a ser posible escribir las cosas que yo escribía en euskera, y al escribir en español me sentía como una auténtica colonizada y una traidora. La lengua del imperio. La lengua que estranguló al euskera. Aquello no podía ser. Así que recurrí a ese sistema universal tan utilizado por todos para solucionar problemas existenciales y puse tierra por medio tan pronto como pude. Me fui a Irlanda del Norte a estudiar literatura inglesa e irlandesa en la Universidad de Ulster. Y luego de ahí a Inglaterra, a hacer una maestría en traducción literaria que se convirtió en un doctorado; así pasé como 16 años entre Eire (Irlanda) y la pérfida Albión. Me hice adulta en inglés. My cerebro literario-académico se formó en inglés en el sistema universitario británico. Empecé a traducir literatura vasca al inglés y, súbitamente y con toda naturalidad, mis propios escritos, mis poemas y cuentos, empezaron a surgir en inglés. Resultó una liberación. Ya tenía otro idioma, uno sin connotaciones de nada ni malos rollos. Muy bien. Pero por mis profundidades seguía sonando aún el runrún del desasosiego. Y ahora dónde me ubico en realidad, me preguntaba de tanto en cuanto. En una conferencia de traductores hablando precisamente de este tema con un autor aragonés un poco bruto, me soltó “es que tú estás traumatizada, deberías de decidir si escribes en euskera o castellano y ya, y déjate de escribir en inglés, ¿o estás loca?” Hice oídos sordos. Ya pensaré en el tema otro día. Seguí escribiendo en inglés y traduciendo literatura vasca al inglés, tomo tras tomo, y en ese proceso encontré no sólo un humus profesional interesante e enriquecedor, sino un nuevo acercamiento al euskera. Empecé a ver el idioma desde fuera. Lo vi, lo comprendí – en el sentido absoluto de las cosas – de una manera mucho más esencial e instintiva, y me alucina que haya sobrevivido, este idioma tan viejo y tan bonito y tan extraño, sin primos ni madre y abuelo, que ya estaba ahí antes del latín y del griego, y mira ahora dónde están y el euskera vivito y coleando. Más adelante en el trazado de mi nomádica existencia, hace nada, me salió trabajo en la Universidad de Chicago, precisamente como profe-

sora de euskera – de lengua y literatura vascas. Y sin saber nada de la ciudad, decidí, sin dudarlo, venir a vivir a Pilsen. Porque tras tantos años en Irlanda e Inglaterra, simplemente, me hacía falta escuchar el español en el aire. Y una vez aquí busqué lo hispano literario y lo en encontré una copia de contratiempo que me topé en Simone’s. Ahí estaban las narrativas de otros que como yo que andan y desandan caminos e intentan mantener pedacitos de si mismos bien anclados a algo – al idioma, a la tradición literaria, a la idea de desmoronarlo todo desde el exilio. Y oí una voz de reclamo y pensé bueno, ya estoy en casa, ya vuelvo a entrar a la habitación de las palabras. Se me había olvidado que son todas mías. Amaia Gabantxo vaga por el mundo en tres idiomas, traduciendo, escribiendo, dando clases. También canta flamenco. Así atiende a las palabras contratiempo

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Ascensor Por Diego Sanz, Alias Karramarro. vudumedia.com


Y

N IÓ C C LE SE M rH ay at a

N IÓ C C U D O TR IN

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E RG JO

O H C AN IS FR

20 | contratiempo Fo to gr af ía :

Se is po et as pe ru an os re ci en te s

DOSSIER

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DESHORAS

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n el Perú, como en muchos otros países de habla española, la historia de la poesía moderna es un territorio de extraordinarias realizaciones e intensas, inagotables disputas. Fundada en las oleadas de modernización social y cultural de las primeras décadas del siglo XX—que produjeron las seminales obras de autores hoy insoslayables en nuestra lengua, como César Vallejo y José María Eguren—, la poesía peruana moderna ha sido siempre el intento irresuelto (y quizás irresoluble) de producir una síntesis literaria de impulsos que se contradicen, como se contradice de maneras inescapables la realidad nacional. En la era de Vallejo, las tensiones entre la ideología indigenista y la visión de lo moderno produjeron lo mejor de la escritura vanguardista local (animada, en buena medida, por la revista Amauta de José Carlos Mariátegui), pero terminaron haciéndose insostenibles y derivaron por ejemplo hacia el formalismo contemplativo y metafísico de Martín Adán, o el surrealismo melancólico e insular de César Moro o Emilio Adolfo Westphalen, tan parecidos ambos al silencio. En los años 40s y 50s, el percibido desencuentro entre los poetas “sociales” (Alejandro Romualdo, Juan

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Gonzalo Rose, Washington Delgado, et. al.) y los “puros” (Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren o, en menor medida, Blanca Varela) fue el reflejo de las escisiones entre aquella cultura moderna y un país—más rural que urbano, más andino que costeño, más agrícola y extractivo que industrial—que reclamaba, a gritos dolorosos, su urgente transformación. Una segunda oleada modernizante, en los años 60s, introdujo a la poesía peruana un imaginario más latinoamericanista, en virtud de sus conexiones con el conversacionalismo que animaba a la poesía de toda la región en esos años, y a la vez más británico-norteamericano en su ascendente, gracias a las renovadoras lecturas de una tradición—la de Eliot y Pound, Lowell, Williams y Stevens—que hasta ese momento no había sido influyente. Esta era produjo, en el Perú, la obra de autores fundamentales como Antonio Cisneros, Luis Hernández, Rodolfo Hinostroza y Mirko Lauer, y es todavía un punto de referencia obligado para la poesía contemporánea en el país. La radicalización del discurso conversacional en los años 70s, principalmente por el grupo Hora Zero (Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, Tulio Mora), ocupó el centro de la escena y oscureció quizá la supervivencia de otros impulsos, más intimistas y menos engagé pero no menos vivos; en la década siguiente, ese proceso de radicalización continuó de la mano de poetas como el primer Róger Santiváñez, Domingo de Ramos y Dalmacia Ruiz Rosas, pero al mismo tiempo aquellos otros impulsos volvieron a cobrar una cierta centralidad en el más

atenuado, más meditativo conversacionalismo de Eduardo Chirinos, José Antonio Mazzotti u Oswaldo Chanove, y en la intensa exploración personal de Mariela Dreyfus. Finalmente, si algo caracteriza a la poesía escrita en el Perú después de todos estos desarrollos, desde los años 90s del siglo pasado hasta hoy, es su descentramiento, que quizá pueda entenderse como saludable. Conviven en el espacio de la poesía peruana una multiplicidad de tendencias, estilos y espíritus compositivos (bautizada por el crítico y poeta Luis Fernando Chueca como “la consagración de lo diverso”), sin que sea posible distinguir, como si lo había sido por lo general desde principios del siglo pasado, temáticas o problemas centrales y terrenos periféricos con respecto a ellas (Quizá no es casual que el poeta en actividad más importante en el Perú de hoy sea el exigente, preciso y brillante Mario Montalbetti, cuya obra, empezada a publicar a finales de los años 70s, está marcada por la preocupación metalingüística y metapoética, y no encajó nunca en los consensos locales). Los seis autores recogidos en esta breve selección, todos menores de 40 años, no son, pues, representativos de nada tanto como lo son de esa multiplicidad de apuestas y posibilidades. Herederos del conversacionalismo en algunos casos, insulares y exploratorios en algunos más, cuidadosamente formalistas en otras instancias, ellos representan avenidas de renovación para una tradición poética que, aunque haya cerrado algunas de sus puertas, no cesa de inventar, y nos entregan trabajos de incuestionable calidad. Jorge Frisancho, poeta peruano, es miembro del consejo editorial de contratiempo

contratiempo

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DESHORAS

José Carlos Yrigoyen Autorretrato

Esta mañana con Beatriz Eguren it’s my party and i can cry if i want to

Ahora que has vuelto a este cuarto que no es tuyo, reconociéndote vencido, sin ningún rastro en la memoria que pueda recordarte alguna experiencia de dos, te preguntas por este tardío deseo de mantenerte casto, justamente hoy que estás aquí, desvestido y sudoroso, ya sin nada bueno que decir. Tu rostro, piensas, no es más el del muchacho que de mesa en mesa iba arrastrando, como una palabra que nadie osa pronunciar, su cuerpo ligero; ahora es apenas una rabiosa máscara que el calor deforma. Duerme, te dices. Porque has pasado la mañana entera caminando por la acera sometida por el sol, donde dejabas tus pies desnudos en cada esquina, buscando a un justo, un solo justo digno de tu estómago. Y cambias de género a los personajes de este poema. Figuras, imágenes, te dices, que a nadie interesan Si ella en la ciudad en otro piensa. No eres para ella más que el reflejo engañoso del plateado pez que alguna vez sacaste de las frías profundidades para luego liberarlo y hallar en ese acto una sombra piadosa. Aquí no encontrarás a nadie que te consuele. Oscurece. Algo esperas. Pero es mejor resignarse. Sobre tu piel inmóvil la noche empieza a sembrar la certeza de que este mundo no ha sido hecho para ti. (de Lesley Gore en el infierno)

Comparar, yo lo sé bien, nunca ha sido tu estilo, pero ahora sabes qué cierto es eso que cuando la vista le comienza a fallar a uno, no queda sino fijarse en los objetos que se han ido acumulando poco a poco dentro de esta casa hace más de cincuenta años. Por ejemplo, el sol. El sol, dices señalando el espacio gris de la ventana, rueda por el cielo, bruscamente y sin saber a dónde ir, al igual que mi lengua, la que se debate en silencio, mientras voy leyendo mentalmente el poema encontrado en una revista europea, escrito en un idioma que desconozco, pero en el que de todos modos algo nuevo podemos rescatar. Si estamos frente a una declaración que insiste delante de nuestros ojos en tener algún significado que no logramos desentrañar, como la canción interpretada por un desconocido encerrado en el baño, y nos rendimos a la mitad del intento, somos dueños de una libertad algo incómoda, que primero nos mantiene frescos y libres de toda influencia, como si de pronto fuéramos colores primarios. Y si estamos comenzando a flotar de esa manera, a través del humo de los arbustos y los incineradores, no podremos dejar de reparar en una sensación subterránea que se separa de sí misma para no correspondernos, igual al enloquecido capitán de un bote salvavidas al que rogamos un sitio dentro de su embarcación, flotando, con nuestros organismos remontando este mundo tan hermoso como un tumor hermoso. Por supuesto que no podemos estar así mucho tiempo. Lo incomprensible -amplios y minuciosos planos para una boca antigua clamante, digamos, entre las hojasno es un goce que se pueda mantener más que unos pocos minutos. Luego todo se vuelve obvio, como sentir el amanecer y con él otro día que viene. Cielos siempre azules, los simples pájaros negros -no los pájaros de la Historiacomo débiles símbolos de algo que conocemos pero de lo que no estamos muy seguros. En la esquina oigo cómo una mujer detalla a otra, enseñando la cicatriz, la mastectomía que le practicaron la semana pasada. La realidad es un crimen que se comete siempre en nuestro nombre. (de Horoskop)

Fo to gr af ía :

M rH ay at a

José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976) es autor de los poemarios El libro de las moscas (1997), El libro de las señales (1999), Lesley Gore en el infierno (2003), Los días y las noches de José Carlos Yrigoyen (2005) y Horoskop (2007).

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DESHORAS

Andrea Cabel [En breve cárcel]

There is a light that never goes out Muera lo que deba morir; lo que me callo. Antonio Gamoneda

Kisses are better fate than wisdom… e.e. cummins

Invades el camino, De punta a punta, Como una rueda Y tu nombre mastica una espera Sentada Sobre el lomo de un erizo, Con la mirada en la puerta, Con tus carencias latiéndote en los ojos Con tu esperanza en un nombre de estómago amplio Y mi necesidad de salir del borde del suelo Para olvidar tu abandono para acariciar por dentro esta voluntad donde pende una línea como una boca que se abre frente a la voz de un animal que llora. Te encuentro entre grandes voces semejantes a la mía Estirando los muros con latas rellenas de piedras Cubiertas de frutas secas dulces como el rostro de una anciana dulces como la mordida de una tormenta el camino bordeado de plantas de sed, de rostros muertos, Mírame, llena de puertas cerradas cubierta de una infancia mal curada mírame frágil

regalo a manos llenas el fuego que pasea junto a mi espejo. discúlpame, incendio rojo de tus ojos cuando descarrilan higos, frutas, estructuras cuando solo ruedo por el cuarto de los besos de los tiempos que agonizan con ojos cerrados y que buscan pinceles y espacio el abrazo de espiral hacia el infinito el anonimato al final de la batalla, tu mano y la mía nadando ásperas egoístas. crueles. nunca cobardes. y finalmente, serenos sobre la espuma, inundamos la misma plegaria, dando con los brazos de espejo una señal de temblor, ruptura, de terrible compañía una sustancia que repite los primeros rayos del sol (de Latitud de Fuego)

Andrea Cabel (Lima, 1982) es autora de los poemarios Las falsas actitudes del agua (2006), Uno Rojo (2009) y Latitud de fuego (2011).

sabiendo de mi tiempo como una habitación rota como un colchón sumiso al tiempo a un cuerpo solitario nadando entre rabia y pudor nadando austero inválido.

Fo to gr af ía :

M rH ay at a

(inédito)

NÚMERO 108

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DESHORAS

Jerónimo Pimentel El misterio del mundo a H. M. El misterio del mundo es un océano escondido en tu boca. Semillas cayendo al mar y anzuelos en vasos de agua. Una tripulación atenta, un capitán recogiendo versos como náufragos en las costas de Samoa. Portsmouth, el cierzo acaricia tu lengua. Ron en los labios, brújulas apuntando a cuadrantes helados. Naves cuyo destino es un puerto perdido. Y luego regresar. Nantucket al acostarte, el mar licúa tus sueños. Una cubeta, una noche ahogándose en las costas de Lima. Los peces se escurren de las manos. Criptogramas descifrados por nuestra saliva. Sílabas tartamudas para baldear la cubierta. Las nubes enceguecen tus pensamientos. Imágenes asmáticas retumbando junto al murmullo de la lluvia. Geometría líquida. Escotillas y catalejos; riendas sueltas, velas hinchadas. Una ilusión de terror, una certeza de camarotes vacíos. Linternas bailando en la cabina. Y de pronto el silencio. La gran ballena, ahí. En este mar sucumbiremos. (de Frágiles Trofeos)

Fo to gr af ía :

No sé si creo en Dios. Creo en la fuerza atómica, que nos une y da forma. Su afinidad nos hace tal cual somos y así puedo verte, tocarte y amarte. Cuando sueño que su poder se debilita la realidad pierde constitución. La materia se deshace como celuloide en una pesadilla de fuego, y la vida torna monstruosa, como un fósforo en el ojo de una oruga. Esas mañanas despierto alborozado con un grito seco y le reclamo al día por aquello que perdió la noche. Y el día me satisface. Cada mañana la reposición ocurre como si lo más elemental del mundo gozara de voluntad: las partículas se unen, la naturaleza se compone, reaparece ese cálido aspecto de paraíso echado a perder, pero aun así lo que veo halaga la memoria de mi tacto: estás. Por eso, si Dios es el nombre que le damos a la afinidad indivisible, entonces creo en el Dios de la fuerza atómica, soy su más fervoroso creyente.

M rH ay at a

Nostalgia de lo absoluto

(de La muerte de un burgués)

Jerónimo Pimentel (Lima,1978) es autor de los poemarios Marineros y boxeadores (2003), Frágiles trofeos (2007) y La muerte de un burgués (2010), además del libro de prosas La forma de los hombres que vendrán por Matías P. Delgado (2009) y la novela La ciudad más triste (2012).

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DESHORAS

Cecilia Podestá Quién será él cuando escuche el sonido de su carne atravesada por mis palabras acaso un hombre o un ciervo que acomode sus extremidades entre los últimos jadeos por su piel dolorosa ¿Quién será? Quiero saberlo. Un hombre arrojando sus miembros como se lanzan los huesos en los mercados o uno que se guarde cauteloso dentro de las cajas a convivir con polillas y gusanos ¿será de los que recuerden, temblorosos, lo que destruyeron? esa muchacha envuelta en un vestido de mujer pobre maldecida por su sonrisa, su amor y por la cría que desaparecía su ombligo o su vida dentro de su vientre hueco y traidor. ¿Quién será él? ¿Acaso mi padre? Estas son entonces las manos de su cría, las que lo recogen a él y al nido de sus palabras dentro de una boca deshecha Solo recibo la herencia de mis homicidas. Ellos han hecho de mí la fiesta de los abandonados del ciervo que relame el cemento de la madre que castigó el suicidio con desprecio del hombre y su lengua que no canta en las manos de su cría de la mujer que cortó sus brazos buscando morir frente a su niño o del hombre y su cuerpo helado estrechándose obsoleto, o de la infeliz que escribe reclamando y relamiéndose dentro del vientre hueco de su madre. ¿Quién será mi padre cuando vayan por él en la madrugada y lo hallen esperando la muerte como esperaba a esa muchacha treinta años atrás en un parque a la vuelta de su casa y antes de condenarse entre las palabras de su hija treinta años después escritas para maldecirlos con la ternura de las madrugadas postradas en ellos: los homicidas dos adolescentes, solo mis padres, jadeos, huesos arrojados, mis huesos, mis primeros homicidas.

Madre, ¿por qué bailaste tocando el sudor de mis enemigos deslizado en sus espaldas partidas tantas veces por la gracia de mi mano? En el rezo de esta noche veo cómo mi uña crece y hurga humanidad en la tierra que cubre los dientes con los que te reclamo. Tus caderas rozaban la tela la noche la luz de los faroles las sombras de tu baile la música desgraciada, sus manos. Y este, el cuerpo que enterraste vistiendo de negro cantó tu nombre dentro de mi pecho. Lo anidé entre tiernos gusanos blancos como si tejiera el nido en el que aún se hallan tibios entre mis huesos. La sangre de tu vulva latía y besabas el alcohol que sobraba en la boca de los hombres que me ultrajaron y tiraron piedras sobre mí por justa venganza. Cayó la cabeza, rodaron los ojos, los dientes, y el ruido de mi voz tan lejos ya de mi cuerpo. ¿Por qué madre, por qué bailaste con ellos por qué te convertiste en su ramera y comiste de su plato? ¿Por qué les diste un hijo bastardo un traidor, como tú, como yo? (inédito)

(inédito)

Cecilia Podestá (Ayacucho, 1981) es autora de los poemarios Fotografías escritas (2002) La primera anunciación (2006) Muro de carne (2007), Desaparecida (2008) y Vía Crucis en Chepén (2010), además de las obras teatrales Las mujeres de la caja (2003) y La repisa de los juguetes vacíos (2011), y el libro de cuentos De cabeza sobre el pasto amarillo (2011). NÚMERO 108

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José Miguel Herbozo (una llave tras los huesos)

el sol me trepanaba sin mirarme girando el corazón adentro, mas no se puede renunciar a lo que está constantemente yéndose y viniendo, a lo que nos abraza, y sin mirar las manos se aleja blanco, del blanco descendiendo. O cómo renunciarse, por ejemplo, a ser el otro lado de la nada o una luz sobre la puerta cerrada que mide en el destino y dobla el cuerpo como si hubiera perdido la mirada como si hubiera perseguido una zona del cuerpo donde acaban cerrando el descontento, aquellos sueños que atacan cada cosa, en la mirada, cantando como mágico secreto. Así te atravesaste en mis palabras, y nada que decir, que me quedaba, yo estaba caminado, el tiempo al tiempo, blandiendo allí una espada en el secreto, apareciste —así como no ahora— de la nada y aprendiste a dibujar sobre mis marcas y borraste aquí los signos, el sendero y yo perdí las pistas en medio de la nada. Era toda esa luz que se encuadraba marcando el escenario, y no el recuerdo que nubla la memoria y corre por el tiempo y todo lo avasalla, deshaciendo sobre unas manos blancas ya trazadas porciones de distancia en el cerebro, la sensación de helarse, el mundo atento al mundo que se alza entre sus muertos, y deja los despojos, dos, nosotros, el tiempo que nos une y la mirada cercando el horizonte por adentro.

El horizonte descubre y no remece lo que salta al escenario sin remedio: ella silente y hablando, allí a lo lejos, y yo para mi casa, que es ninguna parte, y ella así imitando: lo que nunca acaba está hecho para despedazarse debajo de la tierra, o como un lirio convertirse, o geranio en adelante; pero yo no diré nada —estoy callando— y las cosas que nos quedan, la batalla se diluye sobre el blanco de su cuerpo vestido y sus palabras, no recuerdo lo que lleno con el blanco, solo quiero lo que llevo entre las manos —una llaga— soledoso como si el cuerpo quieto sosteniendo dos palabras —cada nombre que se corta en el silencio— dice algo que traspase el elemento más humano o una llave tras los huesos que guardamos donde ella dice lento, o preguntaba si es que acaso no era tarde para arreglar los desencuentros, o arredrarse entre pasos tan inciertos, como he dado por andar sobre lo incierto y dibujando lo que hablaba en nuestro invierno.

Fo to gr af ía :

Yo que caminaba tanto para no cansarme de renunciar a lo que nunca cambia, ahora solo, pensando un poco menos en lo que nos espanta, en esos cuadros que cortan el camino, y que no vemos:

M rH ay at a

A veces regresa, en la inmóvil calma del día, el recuerdo de aquel vivir absorto, en la luz asombrada. Cesare Pavese

Pero yo no diré nada —en eso pienso—, y los cuadros desenvainan sus señales engastados sobre el cuerpo, allí sangrando nuestro hilo sobre el tiempo, es tan difícil procesar el horizonte sin mirarnos o sangrar ya desde lejos —no sabemos—. La agitación de la rueda nos señala por aquí, que tantas veces nos veremos —y dijiste mis palabras, yo soñaba con estirar los recuerdos—, y así fue que empezamos a girar; allí el viento fue cubriendo nuestros cuerpos, un milagro diluyó lo que quedaba todo estaba en la distancia —me explicabas—, porque ahora tan distantes, tan dispuestos para decir en silencio, una palabra o mejor silencio, silencio. (de Los ríos en invierno)

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DESHORAS

Beatriz Torres

Íbamos a repetir una escena conocida: seis horas de imágenes frente a la pantalla, tus ojos cerrándose mientras las luces se encienden, imitando el sentido que anima estas palabras. En una época yo suponía que la felicidad era emprender viajes de una hora dos o tres veces por semana, llegar a tu puerta, y pasar horas de horas con imágenes en una pantalla que era otra cada después de unos meses, o hacer de cuenta que importaba la pantalla y pasarla bien; yo buscaba acción por entonces, pero de una manera poco peligrosa. Que no te sorprenda esta cordura de volver sobre los mismos temas: no nos conocimos cruzando el camino, sino en laboratorios de los que solo quedan los primeros pisos, los jardines y un asistente que presumía de escritor, y desde entonces buscaba un mejor puesto de cualquier manera; nosotros intentamos todo lo que podíamos, apenas nos habíamos visto, pero no hablábamos, y éramos nadie con nadie, pero felices; nadie con nadie, pero dispuestos a todo. Entonces, como decía, tenía una manía lenta de probar las variaciones, y me encontré contigo, que eras de todo distinta. Así fue como empezó nuestro viaje, donde la sombra crece sobre lo que no se sabe mientras los muros se cierran. No ha pasado mucho desde que cambiaron las cosas: no más laboratorios, la facultad con el doble de pisos, el asistente ahora es profesor y molesta a sus amigos por el teléfono; nosotros llevamos veinte meses juntos, y deudas que se multiplican y dinero que escasea. Ahora que estás tan callada no sé qué debo decir, voy tanto tiempo esperando en este sitio que ha dado la mañana, y pese a que en la semana peleamos por unas monedas, tu pantalla que es nueva despide una luz distinta, una luz que no me alcanza para entender lo que se acerca mientras la sala se llena de sol y tus amigos han acabado por aceptar que el sueño tiene más poder que una película bien hecha, y han dormido como tú. Ahora que estás dormida he descubierto que nada de lo que está afuera te interesa. La escena final de la película es conmovedora, pero la pantalla habla para nadie —como yo—. No tengo sueño. Cerraré la puerta. Nos veremos en unas semanas —meses, años, nunca—.

Vino tu mirada a reencarnar con la luz lunática tumbada en mi ventana Vino vino como bala a perforarme la frente Quiere aventurarse en mi sueño encontrarme con los pies fríos las manos mojadas ser fiebre de cuarenta y un cielo rojo ahumado Convertirse en mito calar mi piel Parezco una pulga en tanta sábana mi sombra colorea el piso indigno (mis intestinos enloquecen gimen por disipar su incomprensiva explosión) Viene tu cuerpo como oleaje en invierno a romper en la roca que escondo en el pecho viene tu cuerpo a ser lluvia en mi árida inquietud Quiere camuflarse en mi deseo encontrarme sin piel acurrucada en la esquina ovalada de la madrugada embriagarme de tu exceso y expelerme (de Somniloquio)

6.10 todo está viviendo y no parece el arte de ocultarse tiene mérito en descenso sin intención o al pie de una estrategia todo existe ahí lo apetecido la pregunta es tanto que no refiere su estar o los ensayos de encubrirse a bocanadas de instinto revocado hambriento el mismo intento de acertarle todo vibra ocurre y no da cuenta de si mucho se derrama en su experiencia como fumarse sin apuro lo más lúcido quedándose en cenizas todo un alboroto la respuesta se imagina se alza se distrae lo que se cree no aturde a lo consciente que insignificante la manía de uno mismo aplaude la inocencia sin embargo todo que en su ciclo marcha y vuelve aun así no parece historia repetida que el encanto hierve y se malgasta o amargo se quema no se traga ni con agua (de De las cosas que habitan sin ser vistas)

(inédito)

José Miguel Herbozo (Lima, 1984) es autor de los poemarios Acto de rito (2003), Catedral (2005) y Los ríos en invierno (2007). NÚMERO 108

Beatriz Torres (Lima, 1982) es autora de los poemarios Somniloquio (2007) y De las cosas que habitan sin ser vistas (2013), además del libro virtual Anotaciones del hipocampo invertido (2009) contratiempo

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Contratiempo 108 - Octubre 2013