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We are not good, until we all are good

Colección de formación familiar Año 3 - Número 8

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Moda y modestia La acción educativa requiere una dosis de paciencia, en la que los criterios que se les quieren transmitir pueden parecer a los jóvenes exagerados. “Ya llegará el tiempo en que hijos entiendan mejor a los padres y esos conocimientos los asuman como propios, siempre y cuando no falte la insistencia –con cariño, buen humor y confianza– por parte de unos padres convencidos de que vale la pena educar en la modestia y el pudor”.

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Siempre del lado de tu familia

a adolescencia presenta nuevas oportunidades educativas en lo que se refiere al modo de vivir el pudor frente a los demás, sobre todo en lo referente a modos de tratarse, conversar o vestir. Por diversos factores y de un modo más o menos agresivo según los lugares, el ambiente suele favorecer una excesiva relajación de las costumbres. Sin embargo, conviene tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, ciertos modos de comportarse no responden a una decisión clara del hijo, o de la hija. Los adolescentes, por mucho que reivindiquen una independencia personal, son en realidad muy gregarios. Ser diferentes a sus amigos o amigas les hace sentirse extraños. No sería raro encontrarse con que ni el chico tiene una predilección por el aspecto de «cuidadoso descuido» de moda, ni la chica se siente cómoda con formas de vestir poco pudorosas, pero el miedo a sufrir un rechazo entre sus iguales les hace querer ir como los demás. El remedio no está en aislar a los hijos del grupo:necesitan a sus amigos o amigas, también para madurar. Lo que hace falta es enseñar a ir a contracorriente. Y hay que saber hacerlo. En todo caso, no se debe ceder. Cualquier forma de vestir que resulte contraria al pudor o a un elemental

buen gusto no debe entrar en el hogar. Los padres deben advertirla y, cuando llegue el momento, hablar con los hijos, con serenidad, pero con firmeza, y dándoles las razones de su comportamiento. Si durante la infancia convenía que quien explicase estos temas fuera el padre al hijo y la madre a la hija, ahora –en muchas ocasiones– suele ser oportuno que también intervenga el otro. Así, por ejemplo, ante una hija adolescente que no entiende por qué no debe utilizar una ropa que la exhibe demasiado, su padre puede aportar lo que quizás no acaba de comprender: que de esa manera atrae las miradas de los chicos, pero en modo alguno su aprecio. Como en otros asuntos, padre y madre pueden contar a sus hijos, de una forma prudente, las lecciones que ellos mismos aprendieron cuando ellos eran adolescentes, así como lo que verdaderamente buscaban en la persona con la que pensaban que podrían compartir su vida. Son conversaciones que quizás, en un primer momento, no parezcan tener mucho efecto, pero a la larga lo tienen. Quizás también los padres aprendieron así más de una vez cuando tenían la edad de sus hijos. Fuente: José Manuel Martín (ed.). “La educación en familia”.

En cada jornada, haz todo lo que puedas por conocer a Dios, por “tratarle”, para enamorarte más cada instante, y no pensar más que en su Amor y en su gloria. Cumplirás este plan, hijo, si no dejas ¡por nada! tus tiempos de oración, tu presencia de Dios, tu Santa Misa pausada, tu trabajo bien acabado por Él. (Forja, 737)


Francisco nos aconseja cómo construir la felicidad Actos pequeños que dan grandes resultados.

V

ivir y dejar vivir, jugar, ayudar a otros, cuidar la naturaleza, buscar la paz, respetar a los demás y olvidarse rápido de lo negativo son algunos de los consejos para alcanzar la felicidad que el papa Francisco dio en una entrevista publicada por una revista argentina. “VIVÍ Y DEJÁ VIVIR, es el primer paso de la paz y la felicidad”, dijo el sumo pontífice en una entrevista al diario Clarín. Francisco recomendó no dejar de brindarse a los demás, pues “si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta” y “el agua estancada es la primera que se corrompe”. También aconsejó moverse “remansadamente”, término que tomó de un clásico de la literatura argentina. LA “SANA CULTURA DEL OCIO”, disfrutar de leer, el arte y los juegos con los niños. “Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: ‘¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?’ Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo”, recomendó. LOS DOMINGOS COMPARTIDOS EN FAMILIA. “El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el

domingo no laborable. El domingo es para la familia”, afirmó. LOS JÓVENES DEBEN CONSEGUIR UN EMPLEO digno. “Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. No alcanza con darles de comer. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”, dijo. CUIDAR LA NATURALEZA y olvidarse pronto de lo malo que afecta la vida. “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano”, dijo. DEJAR DE LADO EL PROSELITISMO RELIGIOSO para contagiar la fe desde un diálogo que no se impone. “Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: ‘Yo dialogo contigo para convencerte’, no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”, aseguró. BUSCAR ACTIVAMENTE LA PAZ. “Estamos viviendo en una época de mucha guerra. En África parecen guerras tribales, pero son algo más. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa”, aseguró.

5 PASOS PARA CRIAR A UN BUEN NIÑO, SEGÚN HARVARD 1. Haz de preocuparte por otros tu prioridad Los niños necesitan aprender el equilibrio entre su felicidad y la de los demás. Necesitan oírte decir que ayudar a los demás y ser buenos es la prioridad número uno. Una parte clave para conseguir que interioricen esto es someterles a unas importantes expectativas éticas, como cumplir con lo prometido, aunque les haga infelices. No te preocupes, no lo serán por mucho tiempo. 2. Facilita que tus hijos practiquen la amabilidad y gratitud Varios estudios muestran que las personas que habitualmente expresan su gratitud suelen estar más dispuestas a ayudar y son más generosas, compasivas e indulgentes; y también ¡más sanas y felices! Como en todos los hábitos buenos, lo importante es la repetición. 3. Enseña a tus hijos a tener perspectiva La mayoría de los niños se preocupa por sus familiares y amigos. El objetivo, sin embargo, es que nuestro hijo aprenda a preocuparse por alguien de fuera de su círculo, como un niño nuevo en clase, el conserje del colegio, o incluso alguien que viva en otro país. Es importante que los niños aprendan la perspectiva de las personas con las que conviven y la de los más necesitados. 4. Sé un ejemplo de moralidad Los niños aprenden valores observando cómo actúan las personas que les rodean. Necesitamos practicar la honestidad, justicia y caridad para que nuestros hijos puedan aprenderlo de nosotros. Para que aprendan cómo queremos que se porten con los demás. 5. Ayúdales a manejar sentimientos negativos o destructivos A veces, aunque nuestros hijos quieran ayudar a los demás, un enfado, la vergüenza o la envidia pueden ponerse en su camino. Necesitamos enseñarles a manejar estos sentimientos negativos para que no les impidan preocuparse por los demás. Por: Rick Weissbourd

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