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Dimensión Misionera y Educadora de La Beata Caridad, un ejemplo a seguir Magíster César Ibarra Docente Universidad Mariana

CONGRESO MISIONERO FRANCISCANO 28 al 30 de octubre del 2011 Quito - Ecuador


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DIMENSIÓN MISIONERA Y EDUCADORA DE LA BEATA CARIDAD BRADER, UN EJEMPLO A SEGUIR César Oswaldo Ibarra1 1. Introducción: En un rincón de la bella Suiza, una joven vive su vida religiosa en un enorme monasterio. Maestra por vocación, la hermana Caridad Brader ejerce su magisterio en el instituto adjunto al complejo monacal. Todo parece estar hecho: ha dejado a su madre viuda, renunciando a una vida suave en medio de una familia acomodada; ha culminado sus estudios pedagógicos con notas brillantes, pero no ha buscado un puesto oficial, al que fácilmente hubiera podido acceder; educada en una familia de profundas convicciones católicas, ha encontrado su vocación y ha entrado a uno de los monasterios más prestigiosos de Suiza… Vive en un hermoso país, en el que cada rincón, hasta el más feo, sirve para hacer una postal. El monasterio, a pesar de su rigidez, no deja de ser un pedazo del cielo en la tierra con su ambiente tranquilo, con el susurro de la oración y de los cantos gregorianos... Todo está hecho, aparentemente nada puede alterar el cotidiano y feliz transcurrir de la vida de la joven monja y de sus compañeras… Pero un día llega al monasterio la carta de un joven Obispo alemán, Monseñor Pedro Schumacher, que trabaja en un país lejano. El prelado habla a las monjas de una tierra calurosa, llena de ríos, de árboles y de fieras, y les habla de indios y de negros que hablan idiomas desconocidos… Esa tierra está llena de enormes dificultades… A ese país lejano hay que viajar en barco en interminables, riesgosas y monótonas jornadas… Allí nada está hecho, todo está por hacer… ¿Quién quisiera dejar la cómoda vida del monasterio y venirse con él a América? Es un viaje sin aparente retorno: se puede perder la vida durante el viaje o por las peligrosas enfermedades tropicales o por los peligros de la selva… La familia será algo lejano, lejanísimo, y los rugidos de las fieras reemplazarán los susurros gregorianos… Dejarlo todo y empezar de nuevo, en medio de la pobreza y de la incertidumbre… La superiora del Monasterio se ofrece de primera, luego la joven monja levanta la mano y otras hermanas la siguen… Algo fuerte bulle en el corazón de las voluntarias: ser misioneras, ir a tierras de misión, anunciar el Evangelio a los que no lo conocen… 1

César Oswaldo Ibarra. Docente Auxiliar de Tiempo Completo de la UNAD. Docente de Hora Cátedra de la Universidad Mariana de Pasto. Par Académico del Ministerio de Educación Nacional. Licenciado en Filosofía y Ciencias Religiosas de la Universidad Santo Tomás de Aquino, Especialista en Educación Cultura y Política de la UNAD y Magíster en Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Colombiano. Correo electrónico: cesaribarra5@gmail.com


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2. La Misión… La palabra “misión” proviene del latín “missi” y se relaciona con la acción de enviar. Se aplica a las personas que son enviadas y se usa en las grandes religiones (como el budismo, el islam o el cristianismo), para indicar la acción que busca convertir a gentes de otras religiones a la nueva religión que se propone. 2.1.

La historia de la Misión:

El cristianismo es, probablemente, la religión que más se ha expandido a través del impulso misionero, lo que ha permitido su expansión por el mundo entero y ha dado origen no solo a acciones misioneras concretas sino que ha suscitado, incluso, una ciencia propia, la misionología. 2.1.1. La Misión en la Iglesia primitiva: El judaísmo se caracteriza por el exclusivismo religioso, el cual consiste en creer que solo los miembros de la religión propia se van a salvar y que los demás están excluidos de la salvación. Si bien se aceptaban algunas conversiones, nunca hubo una acción misionera propiamente dicha en el judaísmo. El cristianismo, nacido en este ambiente excluyente, pronto tuvo que lidiar con esta dificultad, como se puede ver en varios textos neotestamentarios (Mt 7,6; Ef 3, 6; Gal 3, 13-14). Jesucristo mismo, al encargar a los discípulos la difusión del Evangelio, dice: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea será condenado” (Mc 16, 15-16). De esta forma, el Señor rompe con ese exclusivismo religioso. La decidida acción misionera del Apóstol San Pablo, que lo lleva a anunciar el Evangelio por casi todo el mundo conocido, salva al cristianismo de quedar reducido a ser otra secta más dentro del judaísmo, y le da el carácter universal (católico), que le ha dado fisonomía propia como fenómeno religioso de trascendencia mundial. Aprovechando de una manera exitosa la configuración social, cultural y política del Imperio Romano, el cristianismo se extendió rápidamente por la cuenca del Mediterráneo. Las duras persecuciones propiciadas por algunos emperadores romanos no menguaron el impulso misionero sino que le dieron una fuerza insospechada, que llevó a Tertuliano a


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afirmar que “la sangre de los mártires es la semilla de los cristianos”2. En efecto, el testimonio hasta la sangre de los primeros cristianos mostró no solo el valor de la nueva religión sino también el impulso de los primeros misioneros, grupo que fue cualificado en la persecución. El decreto de libertad religiosa de Constantino en el año 313 acabó con las persecuciones y favoreció la organización jerárquica de la Iglesia. Este proceso se aceleró cuando el emperador Teodosio convirtió al cristianismo en religión oficial del Estado, a fines del siglo IV y la dotó de inmensas propiedades y riquezas que permitieron, por un lado, la rápida difusión del cristianismo pero que introdujeron, por otro lado, nuevos problemas, que la Iglesia primitiva no conocía, como las conversiones por conveniencia o la búsqueda de altos cargos eclesiásticos más por ambición que por vocación. Lo que ganaba en tranquilidad, lo perdería la Iglesia en autenticidad. Estos procesos políticos hicieron que llegaran a la Iglesia masas enteras de nuevos fieles que tenían que ser evangelizados rápidamente, creando un fenómeno de misión ad intra, ya que había que cristianizar a los ciudadanos del imperio que había acogido a la Iglesia como religión oficial. Al mismo tiempo, se desarrolló la misión ad extra, la misión “ad gentes” (a las naciones), que llevó al cristianismo a países que antes no lo conocían como Armenia o Irlanda, entre otros. Se dio, también, el fenómeno de que cristianos heterodoxos, al ser perseguidos por la Iglesia oficial, llevaran el cristianismo a otros países como en el caso del arriano Ulfilas que convirtió a los danubios, o como los nestorianos que lo llevaron al imperio persa, a la China y a la India. 2.1.2. La Misión en la Edad Media: El siglo VI vivió uno de los grandes momentos misioneros de la Iglesia. Los mejores hombres de la Iglesia se dedicaron a expandir el cristianismo por nuevos países, entre ellos Escocia, Inglaterra, Alemania y la actual Francia. La particularidad de este momento misionero es el carácter “oficial y católico”, que tendrán los envíos, protagonizados especialmente por monjes irlandeses (San Columba, Galo, Cuthberto y Columbano). El Papa Gregorio Magno envía a San Agustín de Canterbury a evangelizar el sur de Inglaterra, en una misión bajo el control de la Santa Sede y con el patrocinio de las autoridades locales, que servirá de modelo para misiones ulteriores. Este poderoso impulso misionero se consolidó aún más con la alianza establecida entre el imperio carolingio y la Iglesia. El Papa coronó al emperador en el año 800 y éste, 2

Apologías, 50, 13


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a su vez, colmó de riquezas (incluidos los Estados Pontificios), y dio amplias seguridades a la Iglesia. Este modelo que algunos llaman cesaropapismo3 se mantuvo durante largos siglos en occidente y marcó profundamente la identidad del catolicismo y, en consecuencia, afectó profundamente el espíritu de las misiones y de los misioneros. Entre los siglos X y XIII la misión se caracterizará por la doble acción misionera y diplomática, que buscaba la conversión de los gobernantes a la cual seguiría la de los gobernados según el principio: “cuius regio eius religio4”. Ese sistema, que podríamos llamar “religión de Estado”, se aplicaría exitosamente en Bohemia, Polonia o Hungría, lo mismo que en Escandinavia. Desafortunadamente, si los diplomáticos no conseguían la conversión de los reyes, los soldados la conseguían por la fuerza, como en el caso de algunos pueblos alemanes en el siglo XIII. La Iglesia oriental, empujada por su enfrentamiento con Roma, también desarrolló una amplia acción misionera. Los santos Cirilo y Metodio evangelizaron a los pueblos eslavos en el siglo IX, a los que incluso dejaron un alfabeto y una liturgia propios. La conversión de los príncipes de Kiev favoreció la difusión del cristianismo en Rusia. La discusión sobre el control de los nuevos pueblos cristianos fue una de las causas que produjeron el rompimiento entre Roma y Constantinopla en el año 1054. Las relaciones excluyentes y combativas entre el cristianismo y el Islam, especialmente durante la Edad Media e inicios de la Edad Moderna, afectaron profundamente a las misiones y favorecieron las guerras y las cruzadas. 2.1.3. La Misión en la Edad Moderna: Cuando todo parecía indicar que la cristiandad ya se había extendido por donde tenía que extenderse, apareció un mundo nuevo: el Nuevo Mundo, descubierto por los españoles con una responsabilidad sustancial, que a veces parecía más un pretexto: la obligación de evangelizar a los pueblos recién descubiertos. Miles de religiosos jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos, y centenares de obispos vinieron a América a lo largo de tres siglos para anunciar el Evangelio a los americanos. Las difíciles condiciones sociales producidas por el descubrimiento y por la colonia, redujeron a los indígenas a condiciones semejantes a las de la esclavitud. La voz clara y valiente de los dominicos Antonio de Montesinos y de Bartolomé de las Casas dio a la 3 4

Prevalencia del poder político sobre el espiritual (el César prima sobre el Papa). Según sea la religión del rey, así será la del reino. La religión del príncipe se impone a los súbditos.


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Iglesia colonial gloria y lustre, pero sus palabras quedaron como testimonio de prácticas injustas y abusivas por parte de los cristianos españoles. Otros religiosos, especialmente los jesuitas, se preocuparon por la organización social y comunitaria de los indígenas como en las célebres reducciones del cono sur. Desafortunadamente, los vicios del Patronato Regio, que reservaba muchas funciones pastorales y eclesiásticas al Estado español y luego, tras los procesos independentistas, a los gobiernos de las incipientes repúblicas dieron al traste con muchas de estas iniciativas. Otro problema, de enormes proporciones, lo ocasionaba el hecho de que no se promovió adecuadamente la formación de un clero indígena propio y de una jerarquía eclesiástica que no dependiera tanto de Europa, sobre todo después de la independencia de los nuevos estados, que suponía un total ruptura con las metrópolis y, por lo mismo, con la fuente de misioneros que siempre habían venido de España o Portugal a América. Algunas experiencias muy interesantes se dieron en el Canadá, donde los misioneros jesuitas evangelizaron a los pueblos indígenas sin cambiar sus formas de vida, o la de Mateo Ricci, en la China, que se considera como una primera experiencia de inculturación del Evangelio5, o la de San Francisco Javier que permitió una relación estrecha entre Evangelio y cultura. Desafortunadamente, problemas internos y externos impidieron que muchas de estas experiencias se consolidaran. En 1622, el papa Gregorio XV fundó la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe, con el fin de unificar criterios y normalizar la acción misionera de la Iglesia. Desafortunadamente la caída de los imperios español y portugués en América Latina y la supresión de la Compañía de Jesús en 1773, provocaron una profunda decadencia de las misiones católicas. Paralelamente, se produjo un movimiento misionero protestante muy fuerte sobre todo en América del Norte en el siglo XVIII, al que habían renunciado durante 300 años por considerar que las misiones correspondían al expansionismo católico y a sus pretensiones universalistas. Ingleses y holandeses protagonizaron este movimiento misionero. Característico de las misiones protestantes será el avasallamiento de las culturas que encuentran y su sometimiento a los intereses imperialistas de sus metrópolis. El prestigio de las instituciones educativas protestantes dará un gran impulso a su acción misionera ya que muchos nativos buscaban una formación acorde al modelo occidental que les proponían las nuevas iglesias reformadas. 5

Valores culturales como el vestuario, el arte o la música se introdujeron en la liturgia y en la evangelización.


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2.1.4. La Misión en el mundo contemporáneo: Pasada la crisis producida por los movimientos independentistas, la Iglesia, ya acomodada a la nueva situación, renovó su acción misionera orientándola a lo asistencial y a lo educativo. Infortunadamente, los misioneros europeos pretendían trasplantar el modo eclesial europeo en los países misionados como reflejo de un exagerado eurocentrismo de la Iglesia y de la cultura occidental. El viento renovador del Concilio, especialmente el influjo del Decreto Ad Gentes, hacen que la acción misionera de la Iglesia se vea desde otros horizontes, especialmente en el respeto por las culturas autóctonos, en los procesos de inculturación del Evangelio y en la consolidación de las iglesias locales, con clero y jerarquía propios. Las duras condiciones de atraso socioeconómico y cultural producidas, en el mayor de los casos, por el expolio sufrido en su período colonial y por fenómenos como el de la corrupción y de la injusticia social, hacen que la acción misionera todavía se combine en muchos países con una fuerte acción asistencial y educativa. 3. La Madre Caridad, hija de su tiempo y de la Iglesia de su tiempo… Esta visión histórica, que acabamos de hacer, nos hace evocar a la Beata Caridad Brader en su dimensión misionera. Su educación centroeuropea, su catolicismo tradicional y la cultura monacal en las que se crió y en los que vivió la primera parte de su vida, marcaron profundamente la forma de ser de la hermana Caridad. Este es un aspecto que no podemos olvidar. Cuando la hermana llega al Ecuador y a Colombia, trae consigo un bagaje cultural y religioso que la marca. Al encuentro con los indígenas en lo primero que piensa es en la educación. Fundar una escuela será una de las primeras cosas que hará en cada lugar al que llegue. Esa educación, con las duras condiciones de pobreza que encontrará en cada uno de los sitios en los que trabaja, tendrá una notoria influencia suiza y europea, y no podría entenderse de otra manera... Para la Madre Caridad y sus compañeras evangelización y educación van de la mano, la una lleva a la otra, si no se educa a los niños y a los jóvenes no se podrá hacer ellos buenos cristianos. Sin embargo, una peculiaridad del quehacer misionero de la Hermana Caridad será la del amor. Los indígenas y los campesinos, las niñas y jóvenes con los que tratará no son beneficiarios ni clientes… en cada uno de ellos ve el rostro de Cristo que sufre por la


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pobreza o por la ignorancia. La misión no puede ser solamente religiosa porque el ser humano no es solamente religión, tendrá que ser integral para que realmente transforme a la persona y a la sociedad. Esto, que a veces llamamos “pedagogía del amor”, es lo que caracteriza a la Hermana Caridad como maestra y como misionera: ver al otro como objeto de un amor preferencial: el amor preferencial que tiene Dios por los más pobres y por los sencillos. En su acción misionera no podemos esperar que se adelantara a su tiempo. La inculturación del Evangelio y la aceptación de las manifestaciones culturales no son conceptos que se manejen en su tiempo. Sin embargo, podemos ver cómo en su respeto por los otros y en su constante preocupación por recolectar utensilios y muestras naturales, que nos ha legado en los museos que hoy los recogen, nos dejó su aprecio por nuestras culturas y por el hombre y la mujer de su tiempo. En las páginas siguientes recogeremos algunos escritos y testimonios sobre la Madre, relacionados con estos dos grandes temas: la misión y la educación y, por consiguiente, su influencia en el medio social en el que le tocó vivir y la influencia que todavía mantiene en la sociedad actual a través de la Congregación de Hermanas Franciscanas de María Inmaculada que fundó. 3.1.

Dimensión misionera de la Madre Caridad:

En la primavera de 1888, la hermana Caridad pide a sus alumnas que recen por “Algo muy importante y a la vez hermoso, que no podía revelar” (PSV 206). A los pocos días se confirmó la noticia: había sido elegida para marchar como misionera al Ecuador con otras seis hermanas del monasterio. Una nueva norma permitía que los monasterios pudieran destinar a algunas de sus religiosas a la vida misionera. Monseñor Pedro Schumacher (1839-1900), Obispo de Portoviejo en el Ecuador, fue el encargado de concretar la vocación misionera de las 7 hermanas. La Madre Bernarda Büttler, superiora del monasterio y del grupo de misioneras, escogió a la Hermana Caridad como su vicaria, ya que la consideraba: “generosa en sumo grado, que no retrocede ante ningún sacrificio y, con su extraordinario don de gentes y su pedagogía, podrá prestar a la misión grandes servicios” (PSV 21). El 19 de junio de 1888 salió el grupo de siete misioneras de María Hilf y dio comienzo a su aventura misionera. El 8 de agosto, después de dos meses de azaroso viaje, llegaron a su destino: Chone, en la costa ecuatoriana. 6

Congregatio de Causis Sanctorum. Positio Super Virtutibus Caritatis Brader. Roma, 1991. Tipografía Leberit. Se citará como PSV con el número correspondiente a la página


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Con ayuda de Monseñor Schumacher y bajo la dirección de la Madre Bernarda, las hermanas mantuvieron las normas de estricta clausura de María Hilf, al tiempo que daban inicio a su acción pedagógica. Un hermoso testimonio de la Madre Caridad muestra hasta qué punto han logrado acomodarse a las difíciles circunstancias de Chone, tan distintas a las que tenían en Suiza: “Hasta ahora ninguna de las religiosas ha tenido nostalgia de Suiza, nos sentimos en nuestra casa, lo que nos parece una señal segura de que el llamamiento que nos trajo a América vino de Dios” (PSV 24). No podemos hablar de inculturación porque no la ha habido, al menos al interior del convento; lo que han hecho las hermanas es trasladar las costumbres del monasterio a la misión. Pero para el trabajo con la gente, la hermana Caridad ha tenido siempre la preocupación de dominar bien el castellano y de hacer que las hermanas extranjeras lo aprendieran bien. Igualmente se preocupaba de conocer las costumbres locales y de recolectar objetos culturales y especies animales y vegetales para el museo, lo que indica su afecto y respeto por la tierra en que ha venido a vivir. “A un joven que la trataba como extranjera, le dijo: Oiga, joven, yo soy más colombiana que usted: hace cuarenta años que vivo trabajando en Colombia, y usted no los tiene” (PSV 88). Otro punto muy importante de resaltar es la imagen que producen en la gente con su estilo de vida, sobre todo con su forma de vivir la pobreza: “el pueblo admira su espíritu de sacrificio, desconocido hasta ahora en Manabí, y envía gustoso sus niños a la escuela”, dice Monseñor Schumacher (PSV 24). La acción misionera no supone solo la predicación, lo más importante es el testimonio de vida y la coherencia, cosas que el pueblo capta inmediatamente. Testimonio y coherencia de este grupo de religiosas que, al pasar al tiempo, dará a la Iglesia dos prósperas congregaciones religiosas. Los peligros que entrañaba el hecho de que el liberalismo y la masonería fueran avanzando progresivamente en el Ecuador, movieron a las hermanas Bernarda y Caridad a fundar una nueva estación misionera en otro país y así fue como las hermanas llegaron a Túquerres, en el sur de Colombia, en el año de 1893. Túquerres era entonces un pueblo pequeño, sin embargo, recibió con los brazos abiertos a las religiosas. Pronto abrieron una escuela pública para las niñas del pueblo y de los alrededores. Si bien las primeras fundaciones estuvieron unidas a la labor educativa, las que la Madre proyectó para Panamá y para el entonces extensísimo territorio del Caquetá y el Putumayo, tuvieron un carácter marcadamente misionero.


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“Si bien, desde la perspectiva europea, toda labor apostólica en América era considerada misionera, la madre Caridad se dio cuenta muy pronto de la diferencia existente entre los territorios social y eclesialmente organizados, con tres siglos y medio de tradición cristiana –aunque pastoralmente mal atendidos por falta de clero nativo, y las regiones de población indígena donde urgía una labor de avanzada misionera, civilizando y evangelizando al mismo tiempo” (PSV 88). Parece que la Madre hubiera preferido dedicarse más a la misión que a la educación, pero primaron las necesidades de los Obispos que necesitaban atender la educación en sus extensos territorios, como puede verse en los escritos consultados: “Tenía una inclinación especial por los indios y hacia los más marginados. Por eso quiso fundar en Puerto Asís. Le encantaba hablar con los indiecitos y con la gente humilde. Por eso la gente sencilla la quería tanto” (PSV 101). Las dificultades en la misión eran tremendas. La misma Madre Caridad describe la situación que encontraron las hermanas en el Caquetá: “Allá viven todavía indios medio civilizados, y más abajo, en el Amazonas, hay todavía antropófagos. Las hermanas enseñan allá a las niñas indígenas con amor y paciencia y tremendas dificultades; al presente son 160. Las niñas deben aprender primero el español, porque cada tribu tiene diferente idioma. Además, los padres misioneros, acompañados de unos indios, deben ir a buscar a las niñas para traerlas a la escuela, especialmente al principio del año escolar, porque ellas todavía aman demasiado la libertad del campo y se esconden detrás de los arbustos” (PSVD 211). Hoy podríamos, fácilmente, hacer juicios de valor sobre el irrespeto a las culturas autóctonas y demás discursos pseudo-étnicos, pero esa labor civilizadora y evangelizadora no puede ser olvidada. Sin el trabajo de los misioneros y misioneras, la situación actual de los indígenas sería todavía más desesperada de lo que es hoy. Sin embargo, y a pesar del pesado bagaje que traen (una cultura, una educación, un idioma distinto, una cosmovisión eurocéntrica, un estilo religioso monacal, etc.), es muy diciente que, al poco tiempo de estar en América, la Madre Caridad piense que el “extranjero” para ella es la Suiza que ha dejado y que sienta la nueva tierra como su propia patria: “Dios me ayude a cumplir los buenos propósitos que hice en el extranjero (PSVD 3597).

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PSVD 152 (La abreviatura PSVD indica la página de la Positio Super Virtutibus en la parte de documentos).


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3.2.

Dimensión educadora de la Madre Caridad:

A pesar de ser un monasterio eminente contemplativo, María Hilf sostiene un colegio como un servicio a la Iglesia suiza. La joven hermana Caridad es asignada al mismo, dada su formación pedagógica anterior (ella misma8 afirma que se examinó y obtuvo el título de Maestra y que también obtuvo, luego de examen público, el título de profesora de obras manuales, o sea que estaba en posesión de dos títulos académicos). Las funciones docentes no la eximen de las obligaciones conventuales, lo que debió ser una carga muy dura en lo cotidiano. Su acción docente era muy apreciada por sus estudiantes, como se puede ver en el testimonio de una de sus alumnas, Rosa Burri-Schlumpf: “Sor María Caridad fue mi amada profesora de grupo en la primaria: una institutora extraordinariamente comprensiva, inteligente, alegre. Entraba en el salón con paso liviano, pero a la vez firme; era de temperamento vivo y fuerte y, como maestra, enérgica y resuelta: dominaba la clase, haciendo interesantísima la enseñanza” (PSV 20). Tanto en Chone como en Túquerres, la hermana Caridad se dedica fervientemente a la educación. Ella pensaba que la alfabetización aseguraba la comprensión de las cosas sagradas. Al pensar en hacer la fundación de Túquerres, la Madre Bernarda piensa en la hermana Caridad por sus inmejorables capacidades: “La Madre María Bernarda dispuso que la hermana Caridad, quien tenía la preparación intelectual, moral y administrativa, sacara adelante la obra que solicitaban en el campo de la educación9” La hermana Caridad se preocupaba por la formación más adecuada de las hermanas para el magisterio, por ejemplo aprovechando las cualidades del padre Herbrand (quien había salido del Ecuador junto a Monseñor Schumacher), al que puso como profesor de pedagogía ya que se había formado en esta ciencia en Alemania. El padre Herbrand, tenía una amplia preparación y gran experiencia como maestro (lo había sido antes de ordenarse sacerdote), y se dedicó con mucho entusiasmo a la preparación de las hermanas maestras, tal como lo señalan las Crónicas de la Congregación: 8

PSVD 152 Aguirre, Janeth, Patricia. Santa María Bernarda Bütler, misionera de la misericordia. Bogotá, 2008. San Pablo. P. 38 9


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“El reverendo Padre Herbrand era maestro bien preparado y a él le debemos en gran parte que la congregación haya tenido buena fama en escuelas y colegios. Pero siempre nos recordó y deseaba que fuéramos primero “buenas esposas de Cristo” entonces Dios nos ayudaría en todo, especialmente en el más importante y difícil trabajo de la escuela” (PSVD 324). Puede verse en el párrafo mencionado uno de los valores que va a tener la congregación en relación con el magisterio. La enseñanza es consecuencia del Evangelio. Enseñar no es un fin en sí mismo, sino que es una irradiación de la íntima unión de la hermana maestra con Cristo, unión que la empuja a abrir a los niños al misterio de verdad y de luz que ella ya ha experimentado en su vida interior. Preocupación constante de la Madre Caridad fue la formación permanente de las hermanas maestras: “Por lo menos deben dedicar dos horas por semana a los indicados estudios y si pueden tres tanto mejor” (PSVC 51210). La misma preocupación la tenía la Madre en cuanto a la dotación de material didáctico, que compraba generosamente, haciéndolo traer de Europa en muchos casos. Es muy diciente el hecho de que en su primer viaje a Suiza adquirió una gran deuda, comprando material didáctico que no pudo pagar a tiempo, a causa de la Guerra de los Mil Días, como lo apunta la Madre Celina de la Dolorosa (PSVT 27)11. En cuanto pudo, la Madre Caridad se hizo a una pequeña imprenta con lo que se facilitó enormemente el trabajo de las hermanas maestras: “También nuestra pequeña imprenta presta sus servicios. Ahora nuestras queridas Hermanas van con alegría a su trabajo porque ya tienen el material necesario para su clase. Cuando se reúnen tantas maestras siempre hay cosas interesantes y nuevas porque cada una hace sus inventos y las unas aprenden de las otras y así se llega a una cosa concreta. También tenemos una directora de estudios muy competente y así se puede educar a nuestras maestras y estar a nivel de las demás” (PSVC 493). Como puede verse, a pesar de las circunstancias tan estrechas de su tiempo, la educación de las hermanas franciscanas era una educación de alta calidad, lo que a la 10 11

(La abreviatura PSVC indica la página de la Positio Super Virtutibus en la parte de Correspondencia). La abreviatura PSVT indica la página de la Positio Super Virtutibus en la parte de testimonios.


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postre dejaría la fama que hasta hoy conservan las franciscanas de buenas maestras y de tener colegios y universidad con prestigio, por la calidad de su formación y por la constante preocupación por lo que hoy llamamos la formación continuada. Habría que preguntar si con tantas facilidades como las que tenemos hoy, somos mejores maestros que estas hermanas maestras que lo tuvieron que ser con recursos y con una formación tan limitados como los que tuvieron. Un valor que inculcaba a las hermanas maestras era la de dar ejemplo: “Finalmente les suplico, con ternura de madre, que tengan mucha caridad entre sí, tratándose recíprocamente con caridad y consideración, ayudándose en todo lo que sea posible, dando así buen ejemplo a las niñas y a las mismas hermanas” (PSV 99). La necesidad de ofrecer una educación verdaderamente integral a las niñas se desprende de esta espléndida frase de la Fundadora: “No habremos logrado nada en la educación de las niñas, mientras no les hagamos sentir su dignidad humana y la grandeza cristiana” (PSV 105). La rigurosidad de la formación académica, que la Madre piensa que es parecida a la de Suiza, se puede ver en la descripción que hace ella misma de la forma en que se hacían las pruebas finales a las candidatas al magisterio: “Cada una será examinada individualmente en cada materia durante 20 minutos, cada materia se divide en distintas tesis escritas en papeletas; lo que cada una saque en suerte, eso debe explicar. Así se hace en todas las materias en las cuales deben ser examinadas; pero también las materias se sacan por suerte y a cada una se la examina en lo que le toque: 5 o 6 materias” (PSVD 374). Otro aspecto muy interesante, y no podía ser diferente, es que el método de enseñanza y las costumbres escolares que fueron implantando las madres franciscanas en Chone y en las distintas fundaciones es el mismo que han usado en Suiza: “Ya dictamos clase según el verdadero método Benz” (PSVD 359), dice la Madre Caridad en carta a la superiora de María Hilf, y añade: mucho gusto tienen las niñas con el tejido a malla, del cual nadie tenía idea aquí” (ídem). Las hermanas enseñan lo que han hecho siempre en Suiza y aquellas cosas que piensan que pueden ser útiles a sus nuevas estudiantes, buscando siempre que las niñas aprendan aquellas cosas que les ayudarán el futuro a defenderse por sí mismas. Cuando se ha tratado de etiquetar la clase de pedagogía de la Madre Caridad se ha dicho que la suya es la “Pedagogía del Amor”. No es del caso que hagamos una discusión sobre si tal pedagogía existe o no, o si entra o no entra en las taxonomías pedagógicas.


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Pero si queremos sustentar esa idea, no podríamos desdeñar la frase de la Fundadora, contenida en la carta a una hermana maestra: “A las niñas no les podemos pegar, pero las podemos amar de todo corazón; entonces de una picardía de las niñas resulta mejor reírse con ellas que un golpe con la regla” (PSVC 467). Será insistente en el respeto por las niñas y en acabar la costumbre, entonces muy vigente, de que “la letra con sangre entra”. En una circular a las hermanas maestras dice: “Traten bien a las niñas y condúzcanlas a Dios. No vayan a pegar a ninguna de ellas, generalmente se gana más con una buena palabra o con una amonestación oportuna que con demasiado rigor” (PSVC 508). Aun cuando ya no es General, pero con la autoridad de Fundadora, la Madre aconseja incluso en los detalles más pequeños: “Que la hermana que tiene a su cargo la cocina prepare sabrosas comidas y a la vez ahorre un poco, entonces la Madre Erasma estará también contenta. Y si tienen buena comida, tanto las niñas como las religiosas estarán contentas” (PSVC 528). Estos gestos delicados muestran el amor maternal de la superiora pero son muy dicientes también para nosotros, porque nos indican claramente que la visión que tiene de la educación es una visión que llamaríamos nosotros “holística”, a la que no se escapa ningún detalle, porque no puede aprender bien el que tiene hambre y porque hay que crear un ambiente propicio a la educación. Si en esos tiempos era esto necesario, en los nuestros, tan calamitosos, lo es todavía más. La pedagogía del amor tiene como fuente el amor que se tiene al Señor. No somos maestros por vocación, que sería muy bueno, o por oficio, que sería lo peor; somos maestros por imitación del gran Pedagogo, del gran Maestro, y para nosotros los estudiantes no son ni clientes ni usuarios, ni siquiera son el centro de la acción pedagógica, son el mismo Dios, disfrazado de niño o de niña o de joven o de muchacha, que viene a nosotros para que lo amemos y le enseñemos con afecto y con amor. Cuántas veces detrás de una picardía o de una palabra hosca o de una mirada ruda se esconde la necesidad de ser escuchados o, más aún, la necesidad de ser queridos por alguien…


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En un tiempo en que los hijos ilegítimos eran severamente discriminados, aprovecha la Madre Caridad una nueva ley del gobierno para abrir sus escuelas y colegios a los mismos. Así lo vemos en la instrucción que da a una hermana: “Salió un decreto del gobierno que en todos los colegios se debe admitir también a las hijas ilegítimas. Por eso le pido que en caso que se presenten tales no rechazar ninguna, y si alguien dice algo, bien puede decir: el gobierno lo exige. Vamos a ayudar a rezar para que estas niñas se eduquen bien y ellas se sometan a todo. Las niñas no tienen ninguna culpa. De esta manera se las puede salvar si ellas reciben una educación cristiana” (PSVC 469). La frase: “Y si alguien dice algo, bien puede decir”, nos deja el sabor de que era lo que estaba esperando para abrirles las puertas, ya que seguramente no podía hacerlo libremente por las costumbres imperantes en esos tiempos. La Pedagogía del Amor supone también una relación espiritual con los estudiantes, que no son nuestra responsabilidad mientras están en la institución sino que están unidos a nosotros por lazos espirituales: “Les suplico rezar mucho por las niñas y pedir al Ángel de la Guarda de ellas para que él les inspire buenos pensamientos y para que las cuide bien” (PSVC 469). La Pedagogía del Amor es personalizada, no podemos ver a los estudiantes como una masa amorfa que se siente al frente nuestro. No se trata de educar a los estudiantes sino de conocer a “ese” estudiante o a “esa” estudiante, con su historia y con sus peculiaridades. El siguiente párrafo, escrito por la Madre, nos puede dar luces al respecto y, de paso, nos mostrará una faceta encantadora de ella: la preocupación por sus empleados y por sus familias: “Murió en Mocoa la mamá de nuestra empleada Margarita, le pido recibir a una hermana de ella que tiene 9 años y enviarla a la escuela, ella puede al mismo tiempo ayudar en el trabajo. Procure educarla y ser para ella una buena madre y fijarse para que se le enseñe bien el catecismo. Que la hermana Anunciata sea buena con ella, para ella envío un vestidito, voy a ver si encontramos una camisita… No digan a nadie nada de esto, y eduquen a la niña para que sea una buena empleada para una casa” (PSVC 477). Esta es una florecilla, aunque uno hubiera querido que dijera que sea “una buena profesional”, pero es que en ese tiempo no las había. Esta preocupación por la persona y


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por su futuro y esta sutileza de hacer el bien y callarlo para evitar las discriminaciones, hacen que admiremos a la Madre como pedagoga y como cristiana. Mujer y maestra de su tiempo, la Madre Caridad fue una mujer de mucho temple y nunca permitió medias tintas. Dura consigo misma, severa en la corrección de los errores y amorosa con la persona, supo mantener el equilibrio entre el amor y la autoridad, equilibrio hoy tan en crisis y que ha causado tantos problemas en la educación de la niñez y de juventud actuales. No dejan de ser dicientes los muchos ejemplos, algunos de ellos verdaderas florecillas, en las que se ve este equilibrio en la Madre Caridad: “Cuando yo era novicia recuerdo que la Sierva de Dios era exigente para nuestra formación. Alguna vez que subí precipitadamente la escalera, me ordenó subir y bajar de nuevo diez veces a paso moderado. Cuando ya llevaba cinco veces, me hizo interrumpir la sanción y fue a su celda, trajo un chocolate y me lo regaló, con lo cual fue tal mi alegría que estuve a punto de bajar corriendo a escalera, pero recordando la advertencia de la Sierva de Dios, bajé despacito” (PSV 65). Como se puede ver, cuando ve que la novicia ha captado el espíritu de la reconvención, suspende el castigo y morigera el momento, para no hacer sentir más mal a la castigada, dándole un chocolate. Ese equilibrio entre el rigor de la superiora y la bondad de la madre será reconocido por todas las personas que la conocieron. “Su caridad habrá oído decir que era muy exigente. ¡Claro que lo era! No puedo imaginar la fundadora de una comunidad, floja y almibarada. Su aspecto era severo pero su trato era gentil y amable. Era seria, pero gustaba ver a sus hijas alegres en los tiempos de recreo, en los que ella, festiva siempre, tomaba parte” (PSVD 575). Quienes la conocieron no niegan su carácter colérico que algunas veces le hizo cometer alguna que otra pequeña injusticia, pero inmediatamente se corregía y hacía lo posible para subsanar el daño que hubiera podido hacer. De eso hay muchos ejemplos que nos han narrado quienes la trataron: “Nos corregía, pero no conservaba rencor, y a veces, después de la corrección nos daba un regalito” (PSVT 110). “Era rígida en las correcciones, pero siempre obraba con justicia. No conservaba rencor y endulzaba su rigidez con algún regalito” (PSVT 116). “Era justa en las correcciones, y si alguna vez creía que había corregido injustamente o se había excedido, pedía perdón, como me lo pidió a mí” (PSVT 120).


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Aplicó la Madre con mucha estrictez las normas vigentes en su tiempo sobre la disciplina en las escuelas católicas. En una de sus circulares es muy clara: “Que no se admitan en nuestros colegios y escuelas, niñas o señoritas que no se sujeten a llevar vestidos no demasiado estrechos, que bajen a media pierna, que cierren hasta el cuello y lleven manga hasta la muñeca” (PSVC 505). Como puede verse, la Madre Caridad Brader fue una maestra en todo el sentido y extensión de la palabra y aunque no fue una mujer ampliamente instruida, en muchas cosas se muestra revolucionaria en materias pedagógicas, en contravía con tantas costumbres, imperantes en su tiempo, que hacían de la educación un verdadero martirio para los estudiantes. 3.3.

Influencia de la Madre Caridad en su tiempo:

En 1914, en el informe quinquenal, la comunidad reporta un total de 100 hermanas, atendiendo 12 casas y un número aproximado de 2.000 estudiantes12. La fundación de una casa en los Estados Unidos (en Amarillo, Texas), se hace con el fin de atender emigrantes mejicanos. Esta es una demostración muy clara del interés de la Madre Caridad de atender a la realidad social de su tiempo de una manera oportuna y eficaz. ¿Qué haría hoy la Madre ante la dolorosa y lacerante situación social de nuestros desplazados o del pueblo somalí, sometido a tan cruel hambruna? Nosotros los sentimos lejanos a todos, pero en el corazón de la Madre Caridad había una preocupación permanente por atender las necesidades de las gentes sin importar las dificultades. Algo que extraña a la Madre es la discriminación entre blancos y negros que se da en Panamá y que obliga a las hermanas a doblarse, atendiendo colegios y escuelas para negros y colegios y escuelas para blancos, “porque los blancos no se juntan con los negros” (PSVD 388). Realidad dolorosa que no deja de inquietarnos a nosotros hoy, en este tiempo nuestro en que, a pesar de que ha pasado más de un siglo, todavía se mantienen tantas discriminaciones y prejuicios de tantas clases. La repercusión de la obra evangelizadora y educadora de la congregación de la Madre Caridad se puede ver en el siguiente párrafo que, si bien habla del fracaso de la fundación de Barbacoas (a causa de la revolución), muestra la trascendencia de la misma obra: 12

PSVD 218


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“En Barbacoas teníamos una escuela oficial. La mayoría de los habitantes son negros; vinieron muchos niños de las orillas de los ríos, es decir desde muy lejos, de las afueras de Barbacoas y estas niñas fueron más tarde ayuda más grande en la enseñanza de la religión entre la gente más desamparada que vivía en las orillas de los ríos. Ellas bautizaron a los niños y les enseñaron a rezar; instruyeron a los adultos en la religión y los domingos los reunían para la oración y la catequesis; además ayudaban a los moribundos… La gente tenía gran confianza en estas niñas, quienes siempre decían: “esto nos lo han enseñado las hermanas”… Lo que esto significa lo sabe únicamente quien conoce esta región, y los graves peligros a los que estaban expuestas estas niñas” (PSVD 325). No hubo campo de acción ajeno a la Madre y a sus religiosas. Estallada la dolorosa Guerra de los Mil Días, no dudaron en pasar de ser maestras a enfermeras y colegios y conventos se mudaron en hospitales. La respuesta oportuna a la necesidad social del momento lo exigía: “Estalló la revolución y la guerra entre liberales y conservadores, que fue una verdadera guerra contra la religión; nos encargamos voluntariamente, por caridad hacia los pobres soldados que morían por falta de asistencia en los hospitales militares de Ipiales y Túquerres” (PSVD 325). “Esta semana hemos aceptado una nueva fundación en el Caquetá, donde los pobres indígenas, con escuela y hospital; esto último para los pobres soldados que deben custodiar la frontera con el Perú. Tales hospitales, naturalmente no están equipados como en Europa; mucho hay que suplir con la caridad de las hermanas, con remedios caseros y también con la ayuda de la casa madre” (PSVC 407). “Pobres indígenas” y “pobres soldados”: el paralelo parece mostrar que la situación en la selva era muy dura para todos, no que tuviera algún sentimiento de conmiseración por los unos o por los otros, sino que es consciente de la dureza de la vida de ambos. Para 1932, la Madre Caridad reporta a María Hilf: “280 religiosas, 40 novicias y algunas postulantes. El personal está repartido en 23 casas…” (PSVD 377) En 1943, la obra de la Madre Caridad ya tenía grandes proporciones:


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“En el Colegio de la Merced, aquí en Pasto, tienen 500 alumnas, entre ellas 75 internas; lo mismo en Cartago, 400; 300 en los otros colegios del norte de Colombia; 200 y algo más en los otros colegios aquí en el sur; en todas partes mucho trabajo, también en Panamá y Colón, en todo el istmo” (PSVC 527). Contando corto, unas dos mil niñas y jóvenes se beneficiaban de la acción educativa de la comunidad y otros miles se beneficiaban de los otros servicios (hospitales, misiones, etc.). Como puede verse, en su tiempo la obra de la Madre Caridad era gigantesca y ayudaba a solventar no solo las necesidades educativas de una vasta región del país (desde Pasto hasta Bogotá, Estados Unidos y Panamá), sino que también desarrollaban una intensa acción misionera y la atención de otros campos sociales (como la atención hospitalaria), que en momentos determinados reclamaban la ayuda de la Fundadora y de su Congregación. En tiempos muy difíciles, de mucho atraso económico, cultural, social y religioso, la Madre Caridad y las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada hicieron grandes aportes a la Iglesia y a la patria. 3.4.

Influencia de la Madre Caridad en nuestro tiempo:

Como acabamos de ver, la Madre Caridad ejerció una enorme influencia en su tiempo, convirtiéndose ella y su obra, en un poderoso instrumento de transformación social y espiritual. Sin embargo, como todas las obras que nacen del Espíritu, la obra de la Madre Caridad tiene, también en nuestro tiempo una enorme repercusión. Repartidas en seis provincias y en quince países (Colombia, Ecuador, Perú, Panamá, Cuba, Malí, Costa Rica, México, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Benín, Estados Unidos y Suiza), las hermanas atienden 105 obras (educativas, misioneras y asistenciales), haciendo suyo el carisma y el espíritu de la Congregación y de su Fundadora13. 3.4.1. Influencia espiritual: La constante afluencia de la gente al Santuario Eucarístico de Maridíaz y a la tumba de la Madre Caridad durante más de 70 años son una demostración clara de la influencia espiritual de la Fundadora no solo en Pasto sino, gracias al testimonio de las hermanas, en 13

Hermanas Franciscanas de María Inmaculada. Presentación recuperada el 10 de septiembre del 2011, en http://www.slideshare.net/guest9df768/carisma-hermanas-franciscanas-de-mi-2792836/download


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muchas partes del mundo. Como un imán, la carismática imagen de la Madre Caridad sigue siendo hoy una fuerte referencia espiritual para muchas personas. La espiritualidad de la Beata Caridad Brader, contemporánea a otros grandes santos que vivieron en Nariño en su tiempo (San Ezequiel Moreno, la Beata Encarnación Rosal, Monseñor Pedro Schumacher, el Padre jesuita Detroux), supo darle a la ciudad y a los lugares en los que están presentes las hermanas mucha de la identidad que hoy mantenemos como pueblos de gente cristiana y buena, con una fuerte influencia franciscana. Esa influencia fue en aumento a partir de su beatificación el día 23 de marzo del 2003. El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia, de algo que ya sabía el pueblo: que por sus campos, por sus montañas y valles, por sus callejuelas y, sobre todo, arrodillada en Maridíaz delante del Santísimo, había vivido una gran santa, una mujer extraordinaria que no solo había dejado una gran herencia educativa y social sino, sobre todo y ante todo, una riquísima herencia espiritual, que podemos resumir en unas pocas pero señeras palabras: Adoración, Humildad, Caridad, Amor por el otro… 3.4.2. Influencia social: La presencia de las hijas de la Madre Caridad en pueblos y ciudades, atendiendo diferentes campos de apostolado, sigue teniendo como antes, una gran importancia. Un colegio o una escuela bien atendidos son un motor de desarrollo muy importante en una comunidad. La gente ve las obras de las hermanas con respeto porque saben que en ellas todo es orden y eficiencia. La atención de las distintas clases sociales en obras paralelas (escuelas públicas y colegios privados, orfanatos, acceso a la Universidad de jóvenes de los estratos económicos más pobres aprovechando varias formas de crédito educativo o creando formas propias), hacen que las potencialidades de la formación privada no se queden solamente en los estratos más altos, aquellos que pueden pagar la educación privada, sino que las irradian a toda la sociedad. Puede parecer poco o simple, pero estas formas de acceso a la educación privada tienen una importancia muy grande en el tejido social de las comunidades. Otro aspecto fundamental, tanto en el pasado como en el presente de la Congregación, es el de la promoción de la mujer. Aunque hoy la democratización de la educación y el acceso de la mujer a la universidad son cosas, aparentemente, corrientes, no podemos desconocer el hecho de que las obras de las hermanas están dirigidas a la promoción de la mujer y a su formación integral. Este servicio a la sociedad es


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fundamental porque ayuda a que la sociedad se consolide a través de familias sólidas y bien estructuradas, en las que las mujeres tienen un protagonismo fundamental. 3.4.3. Influencia educativa y cultural: Las escuelas y los colegios administrados por las hermanas y la Universidad Mariana son modelos de educación en los medios en que se encuentran insertados. Es proverbial la calidad de la formación académica, humana y cristiana de los centros educativos de la Congregación. Las escuelas normales a cargo de las hermanas franciscanas han formado miles de maestras que, a su vez, han llevado los valores que aprendieron a sus propios estudiantes en una multitud de comunidades, que se benefician directamente de esta obra educativa. En los últimos cuarenta años, la Universidad Mariana de Pasto, la única que tiene la Congregación, se ha consolidado como un centro de educación superior de altísima calidad. Generaciones de egresados son la demostración viva y palpable de la preocupación de la Universidad por formar “profesionales integrales, humana y académicamente competentes, con responsabilidad social, espíritu crítico y sentido ético14”, como dice su Misión. Siete programas tecnológicos, catorce programas profesionales, quince especializaciones y tres maestrías forman el abanico de ofertas académicas que permite a jóvenes provenientes de muchos lugares, acceder a la educación superior en condiciones de alta calidad pedagógica en un entorno encantador y con todos los recursos necesarios pedagógicos y tecnológicos. Aproximadamente diez mil estudiantes y profesionales se benefician de una formación superior de calidad. 3.4.4. Influencia misionera: Consecuente con su idea fundacional, la Congregación sostiene escuelas y colegios en lugares en los que todavía se puede hacer misión en comunidades negras e indígenas, pero con espíritu eclesial también sostiene estaciones misioneras en Benín y en Malí, en el continente africano, con las que responde al carisma misionero de la Madre Caridad, que un día dejó su bella Suiza para venir a América a anunciar el Evangelio. Pero la acción misionera no se reduce a lo que llamamos la misión “ad gentes”, sino que atiende todos los espacios pastorales y educativos como nuevos territorios de 14

Universidad Mariana. Misión, visión y principios institucionales. Pasto, 2007, recuperado el 7 de septiembre del 2011, en http://www.umariana.edu.co/docinstitucionales/mision_vision.pdf


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misión porque en todas partes hay urgencia y necesidad de seguir anunciando el Evangelio, incluso a aquellos que aparentemente son católicos, pero solo aparentemente…

CONCLUSIONES:

1.

La Madre Caridad Brader dejó una vida relativamente cómoda y segura para dedicar su vida a la misión en América Latina. 2. La Congregación de Hermanas Franciscanas de María Inmaculada nació del fervor apostólico y misionero de la Madre Caridad Brader y extiende por todas partes el influjo de sus ideales. 3. La Misión (del latín “Missi”, acción de enviar), es la respuesta de todo cristiano al mandato de Jesucristo de “anunciar el Evangelio a toda creatura” (Mc 16, 15). 4. La Madre Caridad Brader, como hija de su tierra, de su tiempo y de la Iglesia de su tiempo, trajo un bagaje sociocultural y religioso que le dio un sello propio a su Congregación y a la forma de trabajar tanto en la educación como en la misión. 5. La Madre Caridad y la naciente Congregación sufrieron los avatares de la inestabilidad política que se vivía en América Latina a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente marcados por el influjo del liberalismo y de la masonería y de su permanente persecución a la Iglesia. La Madre Caridad supo sortear esas dificultades con sabiduría y prudencia. 6. La formación pedagógica que recibió la Madre Caridad en su juventud fue fundamental en el origen y desarrollo de la Congregación y de su acción pedagógica. 7. La pedagogía de la Madre Caridad se basa en el respeto y en el afecto por la persona, incluso en medio de la rigidez de la corrección es capaz de mostrar el amor que tiene por el otro. 8. La Madre Caridad siempre se preocupó porque las hermanas maestras estuvieran debidamente actualizadas y que contaran con las herramientas pedagógicas más adecuadas. 9. La influencia de la Madre Caridad y de la Congregación en su tiempo fue muy grande: llegó a contar casi 500 religiosas, que atendían diversos campos de apostolado: misiones, educación y hospitales. 10. La influencia de la Madre Caridad se ha extendido, a través de la Congregación y de los ex alumnos de todas sus obras, en nuestros días y su accionar es un motor de desarrollo económico, social, cultural y religioso.


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REFERENCIAS

Aguirre, Janeth, Patricia. Santa María Bernarda Bütler, misionera de la misericordia. Bogotá, 2008. San Pablo. Versión digital en: http://books.google.com.co/books?id=_2EIl3YycfcC&lpg=PA69&dq=mar%C3%ADa%20bernarda%20b%C3%BCtler&hl=es&pg =PA69#v=onepage&q=mar%C3%ADa%20bernarda%20b%C3%BCtler&f=false

Boxler, Carlos. Los jinetes eran mujeres. S.L., 1990, Ingediseños. Congregatio de Causis Sanctorum. Positio Super Virtutibus Caritatis Brader. Roma, 1991. Tipografía Leberit. De la Dolorosa, Celina. La Madre Caridad. S.L., 1970, S.E. De la Dolorosa, Celina. La Madre Caridad, apuntes para su biografía. Pasto, 1944. Editorial Cervantes.


La dimensión misionera de la Beata Caridad Brader