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¡Por una vida productiva, sana y feliz; libre de transgénicos! miercoles, 16 de mayo 2018

INDICE  Transgénicos y soberanía alimentaria: controversias desde las ciencias a nuestros cuerpos  El complicado escenario que enfrentan los exportadores de alimentos rechazados en destino por límites de plaguicidas  5 cosas que Karl Marx hizo por nosotros y por las que no le damos crédito  A 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO: ALGUNOS APUNTES SOBRE MARX, EL FILÓSOFO QUE DEGUSTÓ LA MISERIA  ¿Quién tiene miedo de la agricultura ecológica? (I)  CALENDARIO AGROECOLOGICO 2018

Editor: Fernando Alvarado de la Fuente E-mail: bioferdi@hotmail.com Blog: http://fernandoalvaradodelafuente.blogia.com/ FaceBook: Fernando Alvarado BioFerdi WEB: www.ideas.org.pe Facebook: http://www.facebook.com/centroideas.peru


NOTICIAS Y EVENTOS DE LA SEMANA

Transgénicos y soberanía alimentaria: controversias desde las ciencias a nuestros cuerpos Guillermo Folguera es licenciado en filosofía y doctor en biología por la Universidad de Buenos Aires, Investigador CONICET por el área de la Filosofía de la Biología y profesor de Historia de la Ciencia en FCEN (UBA). Guillermo Folguera dirige el grupo de Filosofía de la Biología-Ffyl-FCEN (UBA), donde se investigan diferentes vínculos entre las ciencias de la vida y problemáticas sociales y ambientales. Conversamos con él sobre estos temas para profundizar en las ideas y supuestos que hay detrás del conocimiento de los transgénicos. Folguera nos cuenta cómo se marcan y legitiman las relaciones entre discurso científico y política, cómo se racionalizan los impactos de la agroindustria en la justicia ambiental, y también,sobre formas y prácticas alternativas para una sociedad más sostenible. ¿Cómo analizás el impacto socioambiental de los organismos genéticamente modificados (OGM)? Hay por lo menos dos dimensiones que a mi entender tienen que ponerse en juego. Uno es el aspecto ambiental. En el caso argentino, a partir de la llegada y consolidación a mediados de la década de los 90 de los OGM (también llamados transgénicos), como parte de un paquete tecnológico que involucra tanto la semilla como el herbicida asociado (principalmente el glifosato), las consecuencias ambientales han sido impresionantes. Principalmente, el corrimiento de la barrera agrícola y la deforestación que acompañaron al modelo transgénico produjeron efectos tales como desertificación y las inundaciones, que se intensifican por las deforestaciones de Paraguay, Bolivia y Brasil en las cuencas de los ríos que llegan a la Argentina. La otra dimensión es el impacto social. Uno de los principales fenómenos es una concentración notable en la propiedad y el uso de la tierra, que hoy está en manos de menos personas que hace 10 o 20 años, proceso que ha sido acompañada de un éxodo rural a ámbitos periurbanos y urbanos. También, algo de los que se habla menos y está poco estudiado pero que es muy importante, es el deterioro en la calidad de los alimentos. La sobreproducción de soja ha llevado a su incorporación a una gran cantidad de alimentos de consumo masivo. En términos productivos, la pérdida de una gran cantidad de cultivos que son reemplazados por la soja significa la pérdida de diversidad alimentaria, y por lo tanto de soberanía alimentaria. Cuando se observa el rol de la ciencia en los conflictos ambientales se ve una situación paradójica. Por un lado, existe una demanda creciente a la ciencia para interceder en controversias sobre el ambiente y resolver sobre los hechos en disputa, por otro, los conocimientos científicos que se ponen en juego son cada vez más discutidos y se vuelven en sí mismos objeto de controversia, exacerbando el conflicto que venían a resolver. ¿Cuáles son las causas de esta situación, y cómo se puede salir de este círculo? Una de las causas es que desde la segunda guerra la ciencia estuvo muy asociada al capital, a sus objetivos. A esta ciencia, con mucha frecuencia e incluso desde el mismo discurso científico y sus amplificadores, se le quita el plural -es decir, la enorme diversidad que tiene en su interior. En este sentido, creo que es bienvenida la controversia sobre estos conocimientos y discursos. En general los


científicos estamos poco entrenados para discutir nuestros discursos con las comunidades en territorio, y creo que eso es algo que es necesario profundizar, no precisamente evitar. Para eso es importante entender la ciencia en su contexto, los científicos debemos ser capaces de ubicarnos como uno de los actores centrales pero no únicos en este tipo de problemáticas. La capacidad de un experto de producir tecnología no lo ubica como la voz fundamental frente a un conflicto. ¿Qué ciencia necesitamos como sociedad? ¿Cuál sería el rol adecuado del conocimiento científico en el debate social sobre políticas ambientales? Necesitamos una ciencia que sea capaz de abordar verdaderamente este tipo de problemáticas sociales y ambientales, pero siempre bajo la consideración de qué supuestos se involucran, qué finalidades están en juego, qué diversidad presenta en su interior, cosas que raramente están explicitadas. Este pensamiento muchas veces se toma como una posición anticientífica, y yo creo que es todo lo contrario, justamente tiene que ver con poner en juego la naturaleza de la ciencia. Es a partir de estas caracterizaciones que se puede establecer un verdadero diálogo con las prácticas y discursos que se generan en territorio. A mi me sorprende el nivel de monismo que se construye a partir de esto, sobre todo por la serie de desconocimientos que implica, no solo de las praxis y discursos alternativos, sino de los propios supuestos involucrados en el conocimiento científico. Y en relación a la pregunta de la finalidad, del para qué, necesitamos una ciencia que no se centre tanto en asuntos redituables al capital y motorizados por el mercado, sino que aborde y ponga en juego necesidades verdaderas de la sociedad y no inventadas o transformadas por el mercado. Tomemos por ejemplo el caso del IANIGLA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales), donde la gente en territorio veía que la mayoría de los científicos que estaban abordando el problema terminaba defendiendo más los intereses de la Barrick Gold que la de aquellos que vivían en el territorio. Creo que si se toman en cuenta estos elementos vamos a salir de esta encrucijada y evitar ese tipo de conflictos. ¿Cómo evaluás la ciencia hegemónica sobre los OGM? Un elemento clave para pensarla, nuevamente, es la pérdida del plural con respecto a las ciencias. Esto frena conocimientos científicos que podrían actuar y no lo hacen. Las ciencias sociales, por ejemplo, han tenido prácticamente nula intervención frente al debate sobre transgénicos. Pero incluso las ciencias naturales la han tenido solo en alguno de sus campos. Aquí el debate aparece monopolizado por ingenieros agrónomos y genetistas moleculares, y muy raramente participan ecólogos o biólogos evolutivos. Pero más allá de esto, cuándo uno analiza qué líneas de investigación y qué supuestos de conocimiento aparecen en los campos que sí se jerarquizan, se ve que prevalecen las miradas deterministas y simplificadoras. Una de las cosas que hemos investigado en el grupo de Filosofía de la Biología, es que cuando la genética molecular habla de transgénicos, hace una simplificación de la relación genotipo-fenotipo (el fenotipo es el rasgo visiblede un organismo que deriva del resultado de la interacción entre su genotipo y el entorno). Mientras la genética molecular al hablar de organismos en general establece una relación compleja entre el genotipo-fenotipo, en donde los mecanismos complejizantes son muchos, al hablar de los OGMs éstos desaparecen. Y entonces, los técnicos de los OGMs nos explican que no hay riesgos asociados, que basta una modificación en el genoma para que se modifique el fenotipo de la manera deseada sin otra consecuencia asociada. Pero ésto no funciona así, ni siquiera siguiendo el propio discurso de la genética molecular cuando no habla de transgénicos. En este sentido, aparece frecuentemente lo que nosotros llamamos el carácter publicitario del discurso científico hegemónico, una combinación de fuertes promesas (como por ejemplo solucionar el problema del hambre), y a la vez una omisión de los factores de riesgo y los efectos negativos, de la misma manera que lo hace la publicidad con los productos de consumo. ¿Qué relación ves entre la industria de los OGM y las preocupaciones crecientes sobre soberanía alimentaria y justicia ambiental? La relación es muy estrecha. Hay que remarcar que la historia de la pérdida de soberanía alimentaria e injusticia ambiental es anterior a la década de los noventa en Argentina, cuando desembarcan los transgénicos y sus herbicidas asociados, pero es en este período donde se consolidan muchas de las


tendencias previas y además se armaron engranajes nuevos. A partir de los transgénicos se genera todo un escenario nuevo alrededor del discurso de la innovación, que trae aparejado un proceso de privatización del saber, muy vinculado al desarrollo de patentes, donde por ejemplo Monsanto puede reclamar el cobro del uso de semillas. Esto empeora el escenario anterior. Una de las consecuencias principales de esta tendencia tiene que ver con la pérdida de autonomía. La industria de los transgénicos ha implicado un incremento de las relaciones de dependencia con las grandes empresas y los países hegemónicos, y no puede haber justicia y soberanía si no hay autonomía por parte de las comunidades. Esto pone en juego no solo la relación con las multinacionales, sino con un estado nacional, que ha tomado en argentina un carácter neoliberal. Aunque recientemente esta tendencia ha tenido discontinuidades, en el marco de la cuestión de la soberanía existe una continuidad fuerte entre los modelos del kirchnerismo y el macrismo, que es la de un estado de carácter empresarial que genera patentes en colaboración con el sector privado, y que ha buscado, a la par de los deseos de empresas como Bayer o Monsanto, el incremento de la dependencia y la minimización las autonomías de las comunidades en territorio. Esto se ha repetido en la región tanto los gobiernos denominados progresistas como las clásicamente neoliberales han reproducido las mismas políticas al respecto con consecuencias por ende también similares. En esa línea, ¿Qué iniciativas interesantes podés destacar a nivel local/regional? Muchísimas. Si bien la búsqueda de soberanía alimentaria en territorio es difícil, ya que en términos de escala es complicado tener autonomía cuando estás fumigado alrededor, hay muchísimos emprendimientos en diferentes lugares, Córdoba, Misiones, Buenos Aires, Santa Fe, etc. Recomiendo un documental muy interesante de Miguel Mirra, Agroecología. Tiempo de labranza (se puede ver en este link), donde se recuperan varias experiencias que muestran este carácter de autonomía fundamental que tiene la agroecología como búsqueda de una soberanía que está en juego. En general, estas experiencias tienen carácter local, y a nivel regional empiezan a menguar, pero aparece un entretejido que se está formando, y que probablemente se termine de formar más temprano que tarde. A nivel urbano, existen resistencias parciales, como pequeñas huertas o ferias, que si bien no alcanzan todavía para dar un enfrentamiento fuerte al modelo de la agroindustria, evidentemente empiezan a ser formas importantes de visibilidad de esta serie de problemas y de desnaturalización de las prácticas hegemónicas. ¿Cómo pueden aportar las personas desde su práctica cotidiana para mejorar esta situación? Creo que es importante comenzar por el reconocimiento de la vida en territorio, lo que implica por un lado el reconocimiento de una diversidad de estrategias de vida ubicadas espacio-temporalmente, y el de un territorio que hay que pensarlo no a corto plazo sino al largo. En este sentido el cortoplacismo que está instalado creo que es un foco necesario y fundamental de rebeldía. Frente a esta vida en territorio hay que poner en juego estrategias de vida, conjugarlas con autonomía. En el marco de un momento histórico, social, político y económico, donde no se nos facilita ninguna posibilidad de elección, es importante elegir: el camino, lo que comemos, cómo destinamos el tiempo, cómo nos relacionamos con la naturaleza. Yo creo que este carácter de elección es fundamental para revertir esta situación tanto de manera local como regional, repensando cómo estamos viviendo y haciéndonos dueños de nuestro propio destino. Fuente: Amigos de la Tierra Argentina Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Transgenicos_y_soberania_alimenta ria_controversias_desde_las_ciencias_a_nuestros_cuerpos


Observaciones de Javier Silva Chang, especialista de Promperú

El complicado escenario que enfrentan los exportadores de alimentos rechazados en destino por límites de plaguicidas Cada vez hay que tener mayor control en este aspecto para no enfrentar bloqueos en destino para los despachos nacionales. Algunos empresarios prefieren hasta perder el total del embarque antes que traerlo de vuelta y volver a comercializarlo. (Agraria.pe) Los controles fitosanitarios son la última gran barrera que deben superar los empresarios exportadores peruanos para colocar sus productos en el destino final y coronar así la operación. Pero, ¿qué sucede cuando el producto es rechazado por exceder los límites máximos de residuos de plaguicidas (LMR)? Javier Silva Chang, especialista en regulación del Departamento de Gestión de la Calidad de Promperú, explica que este es un tema muy delicado, pues una vez que se detecta un exceso en los LMRs las alternativas no son muchas. Así, apunta que algunos empresarios reimportan el producto al Perú e intentan colocarlo en el mercado local, asumiendo para ello el costo del transporte de vuelta. También existe, agrega, la posibilidad de enviar el despacho a otros destinos donde los límites sean menos severos y sí se cumpla con la norma local para ingresar. Una tercera opción es asumir la pérdida total. “Muchas empresas, pymes en su mayoría, que enfrentan ese tipo de circunstancias, pérdidas, no les queda otra que simplemente descartar el producto en el mar. Nadie les dice nada, el buque regresa vacío, se olvidaron, perdieron la exportación en sí, pero ya no asumen el costo de traerlo y volverlo a vender… son alternativas evitables, previsibles o fáciles de combatir si pusieran más atención en los LMR que es un tema bastante delicado en verdad”. Cabe recordar que en marzo y abril pasado, la empresa Inversiones Andinas J&V, dedicada a la producción de semillas comestibles, se encontró con disposiciones de rechazo de la U.S. Food & Drug Administration – FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos- para un cargamento de este tipo por “mostrar o contener residuos químicos de pesticidas, lo que hace que el producto sea considerado como adulterado”. Javier Silva aclaró sin embargo que la aplicación de plaguicidas o pesticidas no debería representar peligro alguno si se hace de manera correcta con las formulaciones en campo y dentro de los límites de residuos admisibles por los mercados. Finalmente, observó que los efectos de la contaminación de los alimentos no son observables en la salud en el corto plazo, por lo que los mercados trabajan con un enfoque preventivo. Fuente: http://agraria.pe/noticia.php?url=el-complicado-escenario-que-enfrentan-los-exportadoresde-al&id=16585


5 cosas que Karl Marx hizo por nosotros y por las que no le damos crédito Eva Ontiveros BBC News 5 mayo 2018

Este 5 de mayo se conmemora el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx. ¿Te gusta tener fines de semana libres? ¿Y conducir en carreteras públicas o ir a la biblioteca? ¿Eres una de esas personas que busca poner fin a la injusticia, la desigualdad y la explotación? En ese caso, puede que este 5 de mayo quieras conmemorar el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, ya que él defendió todas estas causas. 200 años de Karl Marx: 4 ideas del ideólogo de la Revolución rusa que siguen vigentes a pesar del fracaso del comunismo La mayoría de las personas que conocen un poco la historia del siglo XX coincidirán en que la política revolucionaria marxista tiene un legado difícil. Una rápida mirada a las consecuencias en la Unión Soviética, Angola y Cuba podrían hacerte gritar: "¡Marx no es para mí, gracias!". De hecho, el pensador alemán se equivocó en muchas cosas: sus predicciones sobre el fin del capitalismo o el surgimiento de una sociedad sin clases, ideas que parecen poco realistas hoy en día. Y eso sin contar que sus ideas han servido de inspiración para experimentos sociales drásticos, a menudo con resultados desastrosos. Muchas de sus teorías han terminado asociadas al totalitarismo, la falta de libertad y los asesinatos masivos, por lo que no es de extrañar que Marx continúe siendo una figura divisiva. Pero hay otra faceta de Marx más humana, y algunas de sus nociones han contribuido a que el mundo sea un lugar mejor. Marx también acertó en algunas cosas: un pequeño grupo de personas ultrarricas domina la economía global, el sistema capitalista es volátil y nos asusta a todos con sus cíclicas crisis financieras, y la industrialización ha cambiado las relaciones humanas para siempre. 1. Quería mandar a los niños a la escuela, no al trabajo Esta es una proposición evidente para muchos. Pero en 1848, cuando Karl Marx estaba escribiendo junto a Federico Engels el "Manifiesto comunista", el trabajo infantil era la norma. Incluso hoy en día uno de cada 10 niños en el mundo está sometido a trabajo infantil, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (2016). El hecho de que tantos menores hayan logrado pasar de la fábrica al aula tiene mucho que ver con el trabajo de Marx. Linda Yueh, autora del libro The Great Economists: How Their Ideas Can Help Us Today ("Los grandes economistas: cómo sus ideas nos pueden ayudar hoy"), dice que una de las 10 medidas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels era la educación gratuita para todos los niños en las escuelas públicas y la abolición del trabajo infantil en las fábricas. Marx y Engels no fueron los primeros en abogar por los derechos de los niños, pero "el marxismo contribuyó a este debate en ese periodo de fines del siglo XIX", añade Yueh. 2. Quería que tuvieses tiempo libre y que tú decidieras cómo usarlo


¿Te gusta no tener que trabajar 24 horas al día, los siete días de la semana? ¿Y tener una pausa para el almuerzo? ¿Te gustaría poder jubilarte y cobrar una pensión en la vejez? Si tu respuesta a estas preguntas es sí, puedes agradecérselo a Marx. El profesor Mike Savage, de la London School of Economics, afirma: "Cuando te ves obligado a trabajar horas muy pronlogadas, tu tiempo no es tuyo. Dejas de ser responsable de tu propia vida". Marx escribió sobre cómo para sobrevivir en una sociedad capitalista la mayor parte de la gente se ve obligada a vender lo único que tiene -su trabajo- a cambio de dinero. Según él, a menudo esta transacción es desigual, lo que puede llevar a la explotación y a la alienación: el individuo puede terminar sintiendo que ha perdido su humanidad. Marx quería más para los trabajadores: deseaba que fuésemos independientes, creativos, y sobre todo, dueños de nuestro propio tiempo. "Básicamente dice que deberíamos vivir una vida que vaya más allá del trabajo. Una vida en la que tengamos autonomía, en la que podamos decidir cómo queremos vivir. Hoy en día, esta es una noción con la que la mayoría de personas estamos de acuerdo", dice Savage. "Marx quería una sociedad en la que una persona pudiese 'cazar por la mañana, pescar después de comer, criar ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena', como dice la célebre cita. Él creía en la liberación, en la emancipación y en la necesidad de luchar contra la alienación", añade. 3. No todo gira alrededor del dinero. También necesitas estar satisfecho con tu trabajo Tu trabajo puede ser una gran fuente de alegría si "puedes verte reflejado en los objetos que has creado". El empleo debería proporcionarnos la oportunidad de ser creativos y mostrar todo lo bueno de nosotros mismos: ya sea nuestra humanidad, nuestra inteligencia o nuestras habilidades. Pero si tienes un trabajo miserable que no encaja con tu sensibilidad, terminarás sintiéndote deprimido y aislado. Estas no son las palabras del más reciente gurú de Silicon Valley, sino de un hombre del siglo XIX. En uno de sus primeros libros, "Manuscritos de 1844", Marx fue uno de los primeros pensadores que relaciona la satisfacción laboral con el bienestar. Según él, ya que pasamos tanto tiempo en el trabajo deberíamos obtener algo de felicidad de nuestra labor. Buscar belleza en lo que has creado o sentir orgullo por lo que produces te llevará a la satisfacción laboral que necesitas para ser feliz. Marx observa cómo el capitalismo -en su búsqueda de eficiencia y aumento de la producción y de las ganancias- ha convertido el trabajo en algo muy especializado. Y si lo único que haces es grabar tres surcos en un tornillo miles de veces al día, durante días y días… pues es difícil sentirse feliz. 4. No soportes lo que no te gusta. ¡Cámbialo! Si algo no funciona en tu sociedad, si sientes que hay injusticia o desigualdad, puedes armar barullo,


organizarte, protestar y luchar por el cambio. La sociedad capitalista de Reino Unido en el siglo XIX probablemente parecía un monolito sólido e inamovible para el trabajador sin poder. Pero Karl Marx creía en la transformación y animaba a los demás a impulsarla. La idea se volvió muy popular. Ponte a prueba: ¿cuánto sabes sobre Karl Marx y su obra? Si hoy en día eres uno de esos individuos que creen en el cambio social, probablemente reconozcas el poder del activismo. La protesta organizada ha provocado un gran replanteo social en muchos países: la legislación contra la discriminación racial, contra la homofobia, contra el prejuicio de clase… Según Lewis Nielsen, uno de los organizadores del Festival del Marxismo en Londres, "necesitas una revolución para cambiar la sociedad. Así fue cómo personas normales y corrientes lograron tener un servicio nacional de salud y una jornada laboral de ocho horas". Se suele decir que Marx fue un filósofo, pero Nielsen no está de acuerdo. "Eso hace a la gente pensar que lo único que hizo fue filosofar y anotar teorías". "Pero si ves lo que Marx hizo con su vida verás que también fue un activista. Creó la Asociación Internacional de Trabajadores y estuvo involucrado en campañas de apoyo a trabajadores que estaban en huelga. Su grito de '¡Proletarios de todos los países, uníos!' es un verdadero llamado a las armas". Derechos de autor de la imagenUWE MEINHOLD/GETTY IMAGES Nielsen cree que el verdadero legado de Marx es que "ahora tenemos una tradición de luchar por el cambio. Esto está basado en teoría marxista, aunque los que protesten no se consideren seguidores de Marx". "¿Cómo lograron las mujeres el voto?", pregunta Nielsen. "No fue porque los hombres en el Parlamento sintieron lástima por ellas, sino porque ellasse organizaron y protestaron. ¿Cómo logramos el fin de semana sin trabajo? Porque los sindicatos se declararon en huelga para conseguirlo". Parece que la lucha marxista como motor de la reforma social tuvo resultado. Tal y como dijo el político conservador británico Quintin Hogg en 1943: "Debemos darles reformas o ellos nos darán revolución". 5. Marx ya lo dijo: ten cuidado cuando el Estado y las grandes empresas tienen una relación muy cercana… y vigila lo que hacen los medios ¿Qué te parecen los lazos tan estrechos que tiene el Estado con las grandes corporaciones? ¿Y que Facebook haya facilitado los datos personales de sus usuarios a una empresa que se dedicaba a influir en las intenciones de los votantes? Estas confluencias preocupan a muchas personas y quieren examinarlas más de cerca. Pero adivina qué: Marx, junto con su amigo y compañero ideológico Engels, hizo exactamente eso en el siglo XIX. Obviamente no repasaron los anales de las redes sociales, pero Valeria Vegh Weis, una profesora de criminología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora de la Universidad de Nueva York, dice que ellos fueron los primeros en identificar estos peligros y analizarlos. "Ellos (Marx y Engels) analizaron con mucho cuidado las redes de cooperación que existían en aquel entonces entre gobiernos, bancos, empresas y los agentes clave de la colonización", dice Vegh Weis.


Ponte a prueba: ¿cuánto sabes de la desaparecida Unión Soviética? "¿Su conclusión? Si una práctica, deplorable o no, resultaba ser buena para los negocios y para el Estado- como por ejemplo la esclavitud como medio de promover el impulso colonial- entonces la legislación sería favorable para dicha práctica". Las agudas observaciones de Marx sobre el poder de los medios de comunicación también son muy relevantes en el siglo XXI. "Marx comprendía muy bien el poder que tienen los medios para influir la opinión pública. En estos días hablamos mucho de las "fake news", que es algo que Marx ya hizo en su tiempo", dice Vegh Weis. "Estudiando los artículos que se publicaban llegó a la conclusión de que cuando los pobres cometían delitos, aunque fuesen menores, salían mucho más en la prensa que los escándalos políticos o los crímenes de las clases altas", precisa la experta. La prensa era también un vehículo útil para dividir a la sociedad. "Al decir que los irlandeses estaban robando trabajos a los ingleses, o al enfrentar negros contra blancos, hombres contra mujeres o inmigrantes contra locales, conseguían que los sectores más pobres de la sociedad luchasen entre ellos. Y mientras tanto nadie controlaba a los poderosos", añade Vegh Weis. Y otra cosa… el marxismo en realidad vino antes que el capitalismo. Puede que esta sea una declaración un poco descarada, pero considera esto: antes de que la gente realmente conociera el capitalismo ya había leído sobre Marx. La experta Linda Yueh dice que el término capitalismo no fue acuñado por Adam Smith, considerado un pionero de la economía. Se piensa que el término se originó por primera vez en 1854 en una novela de William Makepeace Thackeray, autor de "Vanity Fair". "Thackeray usó el término capitalista para denotar un "dueño de capital", explica Yueh. "Así que puede que fuese Marx quien utilizase esta palabra por primera vez en su sentido económico en Das Kapital en 1867. Desde entonces se ha empleado como antónimo de marxismo. En cierto sentido, el marxismo vino antes que el capitalismo". Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias-43975162

VIERNES, 11 MAYO 2018

A 200 AÑOS DE SU NACIMIENTO: ALGUNOS APUNTES SOBRE MARX, EL FILÓSOFO QUE DEGUSTÓ LA MISERIA Héctor Ponce Título original: Los barquitos de papel de Marx

De universitario en Berlín, mientras estudiaba derecho, Marx escuchó las conversaciones de los «jóvenes hegelianos», diez años mayores que él, y de quienes se desembarazó pronto tildándolos de ‘teatreros’ cuya influencia moría en la feria del libro de Leipzig. A diferencia de ellos, Marx no leía para repetir y su tribuna no fue la cátedra, sino «La Gaceta Renana», un periódico que el Estado de Prusia suprimió.


En Londres, durante una década a regañadientes y para aliviar penurias económicas, escribió en el New York Daily Tribune, un diario liberal de izquierda en que mejoró su escritura y dejó de evaporarse hacía las nubes y apreció lo que llamó con socarronería «descripciones pequeñoburguesas». Ahuyentó el tono profesoral y comprobó que las ideas estúpidas, lo mismo que las momias, se desintegran en cuanto se las expone al aire libre. En 1875, Marx vivió ocho años en una casona de Londres de la calle de Maitland Park Road. En aquella residencia despertaba a las ocho de la mañana, bebía café negro, retinto; leía los periódicos y enrumbaba hacia su estudio, escribiendo, anotando y leyendo hasta las tres de la madrugada. Se encerraba en su escritorio, frente a la chimenea y rodeado de paredes cubiertas de libreros, con dos mesitas atestadas de periódicos, libros y cuadernos de notas y un sillón de madera y un sofá de cuero en que reposaba dos horas. Escribía duro y parejo acompañado de puros y pipas que se extinguían en sus ceniceros. Ironizaba que su obra principal, El capital (1867), no pagaría ni siquiera el tabaco de mala muerte que le sirvió de combustible. Aquel escritorio, además, fue una formidable biblioteca de mil volúmenes maniáticamente desordenada, Marx era el único que al subrayar, doblar las esquinas, marcar con lápiz y signos exclamativos, encontraba pasajes en griego de Esquilo (al que releía cada año), de Shakespeare y Dante, entrenando además su portentosa memoria con El Quijote y Balzac. Amaba la literatura de Heine y Goethe por su eficacia expresiva, pero los libros eran principalmente instrumentos de trabajo: «Son mis esclavos y deben someterse a mi voluntad», decía. Dominó el alemán, el francés y el inglés, y a sus cincuenta años aprendió ruso en seis meses para leer a Pushkin y Gogol y folletines políticos que notificaban de campesinos expoliados y obreros de 14 horas de jornada. Muchísimas almas de Dios repudian la beligerancia de Marx, olvidando que las revoluciones liberales florecieron sobre los cadáveres de aristócratas, como si la indignación contra el uso de la fuerza dependiese de quién empuña el revólver. Marx, no obstante, fue reconocido como figura sagaz por mostrar que las masas explotadas y humilladas son sofrenadas, anestesiadas, al inyectárseles aguardiente. Por su ferviente necesidad de corroborar hechos y fuentes de primera mano, Marx frecuentó los mullidos asientos del Reading Room del Museo Británico, y, entre el olor del cuero y del papel, introducía las narices en los catálogos de la hermosa biblioteca. Almorzaba queso, jamón, pescado, bebía cerveza de jengibre y, horror, le gustaba el caviar. De noche caminaba por los prados de Hampstead Head y, como pensaba que cualquiera podía arribar a las mismas conclusiones, al acompañante de turno le contaba la historia del capital y de cómo el pueblo se había sublevado contra Napoleón, no por la pintoresca filosofía de Hegel, sino por la escasez del azúcar y café. Perseguido político, se escabulló por Inglaterra, Bélgica y Francia, y su obra es una filosofía de la protesta. Desenmascaró a los lobos disfrazados de ovejas y desmitificó la neutralidad de teólogos y filósofos, de economistas y diplomáticos, y rasgó los velos de sublimes creencias encontrando que la señora religión, la matrona moral y los señoritos metafísicos tienen los dientes y el estómago de la clase dominante. En realidad Marx, creó caminos para investigar el trabajo alienado, sin sentido, en que el obrero está empernado tras un mendrugo diario y por qué ese mismo obrero chisporrotea de felicidad ante la mano del amo. A pesar de algunos picos de dinero, degustó la quintaesencia de la miseria, sobre todo desde 1857 a 1862 en que se recriminaba con amigos por cartas sintiéndose inmundo:


«¡Si supiera cómo comenzar algún negocio! Las teorías, querido amigo, son grises, únicamente el business es verde. Mis pobres niños son los que más me apenan. Mientras sus amigos se divierten, ellos se sienten atenazados por el terror de que alguien les visite y vea toda la porquería». Debiendo dinero al panadero, al lechero y al carnicero, este hombre orgulloso y de carácter apasionado vivió una miseria casi vitalicia. Gustaba, eso sí, de aparentar ante las visitas y mentía a medio mundo sobre la suma exacta de sus deudas. Por su tez morena, barbas y cabellos azabaches, sus hijas lo llamaban el Moro, divirtiéndose cuando Marx creaba barquitos de papel, rebasaba una tinaja inmensa en que las bañaba y recreaba históricas batallas marítimas, con oleaje feroz, y el juego culminaba cuando el padre prendía fuego a la flotilla de papel. Una de sus hijas, Laura, nos contó que para su padre la felicidad era luchar; su héroe favorito, Espartaco, y Gretchen su heroína; disculpaba a los crédulos; detestaba a los sumisos, pero acariciándose las barbas citaba al comediógrafo latino Terencio: «Nada de lo humano me es ajeno». Fuente: http://lituma.utero.pe/2018/05/11/a-200-anos-de-su-nacimiento-algunos-apuntes-sobre-marxel-filosofo-que-degusto-la-miseria/

¿Quién tiene miedo de la agricultura ecológica? (I) 07/07/2014 Esther Vivas

La agricultura ecológica pone muy nerviosos a algunos. Así lo constatan, en los últimos tiempos, la multiplicación de artículos, entrevistas, libros que tiene por único objetivo desprestigiar su trabajo, desinformar acerca de su práctica y desacreditar sus principios. Se trata de discursos plagados de falsedades que, vestidos de una supuesta independencia científica para legitimarse, nos cuentan las “maldades” de un modelo de agricultura y alimentación que suma progresivamente más apoyos. Sin embargo, ¿por qué tanto esfuerzo en desautorizar dicha práctica? ¿Quién tiene miedo de la agricultura ecológica? Cuando una alternativa cuaja socialmente dos son las estrategias para neutralizarla: la cooptación y la estigmatización. La agricultura ecológica es torpedeada por ambas. Por un lado, cada vez son más las grandes empresas y los supermercados que producen y comercializan estos productos para dar cobertura a un floreciente nicho de mercado y “limpiarse” la imagen, a pesar de que sus prácticas no tienen nada que ver con lo que defiende este modelo. Su objetivo: cooptar, comprar, subsumir e integrar esta alternativa en el modelo agroindustrial dominante, vaciándola de contenido real. Por otro lado, la estrategia del “miedo”: estigmatizar, mentir y desinformar acerca de la misma, confundir a la opinión pública, para así desautorizar este modelo alternativo. Y, ¿si alzas la voz en su defensa? Insultos y descalificaciones. Si un científico se posiciona en contra de la agricultura industrial y transgénica, es tachado de “ideológico”. Como si defender este tipo de agricultura no respondiera a una determinada ideología, la de aquellos que se sitúan en la órbita de las multinacionales agroalimentarias y biotecnológicas, y que a menudo cobran de las mismas. Si un “no científico” la crítica, entonces, su problema es que no sabe, que es un ignorante. Según estos parece que solo los científicos, y en particular aquellos que defienden sus mismos postulados, pueden tener una posición válida al respeto. Una actitud muy respetuosa con la diferencia. Otra práctica habitual es calificar a quien crítica de “magufo”, sinónimo despectivo, según la jerga de esta “elite científica”, de anticientífico. Se ve que defender una ciencia al servicio de lo público y lo colectivo implica estar en contra de la misma. Una argumentación de locos.


Veamos, a continuación, alguna de las afirmaciones más repetidos para descalificar y desinformar sobre la agricultura ecológica, y que ampliaremos en siguientes artículos. Porque hay quienes creen que repetir mentiras sirve para construir una “verdad”. Ante la calumnia, datos e información. El peligro de los agrotóxicos “La agricultura ecológica no es más sana ni mejor para el medio ambiente”, dicen. Nos quieren hacer creer que una agricultura industrial, intensiva, que usa sistemáticamente productos químicos de síntesis en su producción, es igual a una agricultura ecológica que prescinde de los mismos. Increíble. Si las prácticas agroecológicas emergen es precisamente como respuesta a un modelo de agricultura que contamina la tierra y nuestros cuerpos. Desde hace años, la retirada y prohibición de fitosanitarios, agrotóxicos, utilizados en la agricultura convencional ha sido una constante, después de demostrarse su impacto negativo en la salud del campesinado y los consumidores y en el medio ambiente. Quizá el caso más conocido sea el del DDT, un insecticida utilizado para el control de plagas desde los años 40 y que debido a su alta toxicidad ambiental y humana y escasa o nula biodegradabilidad fue prohibido en muchos países. En el año 1972, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos vetó su uso al considerarlo un “cancerígeno potencial para las personas”. Otras agencias internacionales como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer, entre otras, han denunciado también dichos efectos. Aún así, quienes mantienen la afirmación inicial -aquí rebatida- se muestran todavía, y aunque pueda sorprender, partidarios del DDT, y lo siguen defendiendo, a pesar de todas las evidencias. Sin embargo, el DDT no es un caso aislado. Cada año, productos químicos de síntesis utilizados en la agricultura industrial son retirados del mercado por la Comisión Europea. Sin ir más lejos, en el 2012 el Tribunal de Gran Instancia de Lyon concluyó que la intoxicación del campesino Paul François y las consiguientes secuelas en su salud fueron debidas al uso y manipulación del herbicida Lasso de Monsanto, que no informaba ni de la correcta utilización del producto ni de sus riesgos sanitarios. La misma Organización de las Naciones Unides sobre Agricultura y Alimentación (FAO) sentenciaba en el artículo Control of water pollution from agriculture, en el año 1996, que el uso de pesticidas en la agricultura tenía efectos negativos en varios niveles: 1) En los sistemas acuáticos, ya que su alta toxicidad y la persistencia de químicos degradaba las aguas. 2) En la salud humana, pues la inhalación, la ingestión y el contacto con la piel de dichos productos químicos incidía en el número de casos de cáncer, deformidades congénitas, deficiencias en el sistema inmunitario, mortalidad pulmonar. 3) En el medio ambiente, con la muerte de organismos, generación de cánceres, tumores y lesiones en animales, a través de la inhibición reproductiva, y la disrupción endocrina, entre otros. ¿Qué fitosanitarios serán prohibidos mañana? Imposible saberlo. ¿Hasta cuando permitiremos seguir siendo cobayas? Jugando con la salud de los países del Sur Capítulo a parte merecería analizar el impacto de dichos agrotóxicos en la salud de las comunidades cercanas a las plantaciones donde se aplican. Innumerables han sido los casos reportados, especialmente en países del Sur donde su uso es más permisivo. En Argentina tenemos el documentadísimo caso de las Madres de Ituzaingó, en Córdoba, en pie de guerra contra las fumigaciones en las plantaciones sojeras alrededor de su comunidad, y responsables del alto número de casos de cáncer, malformaciones en recién nacidos, anemia hemolítica… que afectan a su población. En 2012, la Camara I del Crimen de Córdoba les dio la razón al sentenciar que la fumigación con agrotóxicos era delito y sus autores fueron condenados por contaminación dolosa. En varios países centroamericanos, el uso sistemático del Dibromo cloropropano (DBCP) en plantaciones de la Standard Fruit Company, Dole Food Corporation Inc., Chiquita Brands International, fue el responsable de centenares de muertes, cánceres, deficiencias mentales, malformaciones genéticas, esterilidad y dolores por todo el cuerpo entre sus trabajadores. A pesar de que en 1975, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos consideró al DBCP un posible agente cancerígeno, las multinacionales bananeras lo siguieron utilizando. La lista podría continuar con casos de comunidades afectadas por el uso de agrotóxicos en India, Tailandia, Paraguay, y muchos otros países. La agricultura industrial


genera enfermedad y muerte, los datos así lo demuestran. Quién lo niegue, miente. Si hablamos de alimentación y salud es necesario referirse también al negativo impacto de algunos aditivos alimentarios (aromatizantes, colorantes, conservantes, antioxidantes, edulcorantes, espesantes, potenciadores del sabor, emulsionantes…) en nuestro organismo. Está claro que desde los orígenes de la comida existen métodos para conservarla, y es fundamental que así sea, sino ¿qué comeríamos? Sin embargo, el desarrollo de la industria alimentaria ha generalizado el uso de aditivos químicos de síntesis para adaptar la comida a las características de un mercado kilométrico (donde los alimentos viajan distancias enormes del campo al plato), consumista (potenciando inecesariamente el color, el sabor y el aroma de los productos para hacerlos más apetecibles) y que endulza artificialmente la comida, con productos que dejan mucho que desear. Del aspartamo y el glutamato monosódico No se trata de poner todos los aditivos en el mismo saco, pero sí señalar el impacto que algunos pueden tener en nuestro organismo, especialmente los aditivos sintéticos en comparación con los naturales. El libro ‘Los aditivos alimentarios. Peligro’ de Corinne Gouget señala especialmente a dos: el aspartamo, codificado en Europa con el número E951, y el glutamato monosódico, con el E621. El aspartamo es un edulcorante no calórico empleado en refrescos y comida “light”. Algunos estudios han apuntado a las negativas consecuencias que puede tener en nuestra salud. La Fundación Ramazzini de Oncología y Ciencias Ambientales, con sede en Italia, publicó, en 2005, en la revista Environmental Health Perspectives los resultados de un exhaustivo trabajo donde, a partir de la experimentación con ratas, señalaba los posibles efectos cancerígenos del aspartamo para el consumo humano. El informe concluía que el aspartamo es un agente carcinogénico potencial, incluso con una dosis diaria de 20 miligramos por kilogramo de peso, muy por debajo de los 40 miligramos por kilogramo de peso de ingesta diaria aceptada por las autoridades sanitarias europeas. La Fundación Ramazzin concluía que era necesario revisar las directrices sobre su utilización y consumo. Sin embargo, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) hizo caso omiso a dichas conclusiones y, siguiendo la pauta habitual con los informes científicos críticos, desautorizó el trabajo. No olvidemos, los lazos estrechos de la EFSA con la industria alimentaria y biotecnológica y cómo, por ejemplo, su presidenta en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria es Ángela López de Sa Fernández, exdirectiva de Coca-Cola. El glutamato monosódico, por su parte, es un aditivo potenciador del sabor muy utilizado en fiambres, hamburguesas, mezclas de especias, sopas de sobre, salsas, patatas fritas, chucherías. Estos últimos, muy consumidos por los más pequeños. En el año 2005, el catedrático de fisiología y endocrinología experimental de la Universidad Complutense de Madrid Jesús Fernández-Tresguerres, uno de los 35 miembros de la Real Academia Nacional de Medicina, publicó en los Anales de la Real Academia Nacional de Medicina los resultados de un largo trabajo donde analizaba los efectos de la ingesta de glutamato monosódico en el control del apetito. Las conclusiones fueron demoledoras: su ingesta aumentaba el hambre y la voracidad en un 40% e impedía el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito, con lo que contribuía al incremento de la obesidad y a partir de ciertas cantidades se consideraba podía tener efectos tóxicos sobre el organismo. Algunos han llegado a denominar esta sustancia, informalmente, como “la nicotina de los alimentos”. Más allá del aspartamo y del glutamato monosódico, otros aditivos se han mostrado también perjudiciales para la salud humana, y han acabado siendo retirados del mercado. En 2007, la Comisión Europea prohibió el uso del colorante rojo 2G (E128), utilizado mayoritariamente en salchichas y hamburguesas, al considerar, después de una reevaluación de la EFSA, que éste podría tener “efectos genotóxicos y carcinógenos” para las personas. La anterior evaluación toxicológica se había realizado 25 años atrás. Otros estudios han señalado como la mezcla de algunos colorantes, a menudo utilizados en refrescos y “chucherías”, combinados con la ingesta de otros aditivos presentes a la vez en estos productos provocaría hiperactividad infantil. Así concluía un estudio sobre aditivos alimentarios publicado en la revista The Lancet, en 2007: “Los colores artificiales o el conservante benzoato de sodio (o ambos) en la dieta provocan un aumento de la hiperactividad en niños de 3 años y en niños de entre 8 y 9 años”. El maravilloso y duro documental francés Nuestros hijos nos acusarán,


nos recuerda, como señala su título, la responsabilidad que tenemos. La agricultura ecológica, en cambio, prescinde de estos aditivos químicos de síntesis, colocando en el centro de la producción de alimentos la salud de las personas y la del planeta. ¿Quién puede considerar, visto lo visto, que la agricultura y la alimentación industrial, intensiva y transgénica es más respetuosa con las personas y el medio ambiente que la ecológica? Ustedes deciden. *Artículo en Público.es, 07/07/2014, Fuente: https://esthervivas.com/2014/07/07/quien-tiene-miedo-de-la-agricultura-ecologica-i/


CALENDARIO AGROECOLÓGICO

MAYO * martes 1 de mayo, Día del trabajo. * 15 mayo, Día de la Madre * 22 mayo, Día Mundial de la Diversidad Biológica * 27 mayo, Día del Idioma Nativo, el Quechua * 30 mayo, Día Nacional de la Papa * 31 mayo, Día del NO Fumador; Reflexión sobre los desastres naturales

JUNIO * 5 junio, Día Mundial del Medio Ambiente * 17 junio, Día del Padre * 21 junio, Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía * 24 junio, Día del Campesino * viernes 29 junio, San Pedro y San Pablo, feriado * 30 de Junio, día nacional de los granos andinos: quinua, kañiwa, kiwicha, tarwi.

JULIO * * * *

6 julio, Día del Maestro 11 julio, Día Mundial de la Población viernes 27 de julio de 2018 feriado público 28 y 29, Fiestas Patrias, feriados

AGOSTO * 9 agosto, Día Internacional de las Poblaciones Indígenas. * 12 agosto, Día Internacional de la Juventud * 19 de agosto (1989-2018) vigésimo noveno (29) aniversario RAE Perú * 22 agosto, Día Mundial del Folklore * 27 de agosto (2011-2018) Séptimo Aniversario del Mercado Saludable de La Molina * jueves 30, Día de Santa Rosa de Lima. Feriado * viernes 31 de agosto de 2018, feriado público

SETIEMBRE

* 1 setiembre, Día del Árbol * 3 setiembre, primer aniversario del BioMercado de San Miguel * 12 setiembre, cuarto aniversario de la Red FyME (Red de Ferias y Mercados Ecológicos) * 16 setiembre, Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono * 21 setiembre, Día Internacional de la Paz. * 23 setiembre, Día de la Juventud y la Primavera.

OCTUBRE * lunes 8, Combate de Angamos, feriado * 15 octubre, Día Mundial de la Mujer Rural * 16 octubre, Día Mundial de la Alimentación * 19 octubre, (2007-2018) Décimo primer aniversario de la Plataforma PERÚ PAíS LIBRE DE TRANSGÉNICOS * 29 octubre, (2004-2018) décimo cuarto aniversario de la Red Peruana de Comercio Justo y Consumo Ético


NOVIEMBRE * jueves 1, Día de Todos los Santos, feriado * viernes 2 de noviembre de 2018, feriado público * 7 noviembre, (2002-2018) décimo sexto aniversario del Comité de Consumidores Ecológicos * 10 noviembre, Día del Libro * 15 de noviembre, (2015 – 2018) Tercer Aniversario del Mercado Saludable de La Molina Dominical * 17 noviembre, (1998–2018) Aniversario 20 del Grupo EcoLógica Perú * 20 noviembre, Día Universal de los Derechos del Niño * 25 noviembre, Día Internacional de la NO Violencia contra la Mujer * 29 noviembre, (1978-2018) el Centro IDEAS celebra su 40 aniversario

DICIEMBRE

* 1 diciembre, Día de la Prevención del SIDA * 3 diciembre, Día Internacional del No Uso de Agroquímicos. * 3 diciembre, Día nacional de la promoción de la Agricultura Ecológica. * Viernes 8, Día de la Inmaculada Concepción, feriado * 10 diciembre, Día de la Declaración de los Derechos Humanos * sábado 8, (1999-2017) Décimo noveno Aniversario de la BioFeria de Miraflores. * 14 diciembre, día del Cooperativismo Peruano * 25, Navidad, feriado * 1 de enero 2019, feriado

COMPARTIENDO #17- 2018 ¡ Por una vida productiva, sana y feliz, libre de transgénicos ! Miembro de  Centro IDEAS: Innovando procesos de calidad de vida  RAE Perú (Red de Agricultura Ecológica del Perú) Promoviendo sociedades con cultura agroecológica  CCE (Comité de Consumidores Ecológicos): Por una vida productiva, sana y feliz; libre de transgénicos  SEPIA (Seminario Permanente de Investigación Agraria) Perú: el problema agrario en debate

Boletín Compartiendo Nro. 17-2018  

• Transgénicos y soberanía alimentaria: controversias desde las ciencias a nuestros cuerpos • El complicado escenario que enfrentan los expo...

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