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Revista del Centro de Creatividad Literaria

Año 5 (segunda época) febrero de 2019

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Distribución gratuita

Entrevista con Agustín Labrada: “mi mirada necesita más luz” • Arlén Sánchez y su Topografía de la memoria Cuentos ganadores del Concurso Arquitectura Espíritu del Hábitat Humano • La fotografía como arte digital • A 90 años de la Antología de Jorge Cuesta • Poemas de Rodolfo Novelo Ovando De artistas, cultura, funcionarios y… otros bichos • Ante AMLO, una IP con conciencia social

Rosado Vega y la Expedición Científica Mexicana


S u m a r i o

Entrevista 5 Revista del Centro de Creatividad Literaria, A. C. Director Miguel Ángel Meza

30 Arlén Sánchez y la Topografía de la memoria Miguel Ángel Meza

Consejo directivo José Luis Gaytán Saules (Director) Marcos Constandse Madrazo (Fundador) Carlos Constandse Madrazo (Fundador)

Trasluz

Consejo editorial Javier España

Norma Quintana

José Díaz Cervera

Lourdes Cabrera

Wildernain Villegas Carrillo

Martín Ramos

Carlos Torres

Lorena Careaga

Marién Espinosa

Agustín Labrada

Antonio Leal

David Anuar

Elvira Aguilar Angulo

Ramón Suárez Caamal

Rodolfo Novelo

Jorge Cortés Ancona

Que la poesía repose como el vino: Agustín Labrada Miguel Ángel Meza

10 Poemas Rodolfo Novelo Ovando

Devezencuento 12 La casa incómoda Sol Pineda

Diseño

15 No todo es lo que parece Juan Carlos Serrano

Mauricio Cejín Consejo artístico

17 Espacios Tomás A. Pacheco May

Gena Bezanilla Angélica Mercado Norma Ordieres Jesús Montalvo

Latintatenta

Corresponsal en Playa del Carmen

19 De artistas, cultura, funcionarios y …otros bichos Macarena Huicochea

Ana María Moreno Pérez Corresponsal en Felipe Carrillo Puerto Ángel Sulub Corresponsal en Yucatán Svetlana Larrocha Administración Servicios Corporativos de Cancún, S. C.

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TROPO a la uña es una publicación trimestral del Centro de Creatividad Literaria, A. C. Oficinas: Av. Contoy 48, SM 17, Esq. Av. Nichupté, Cancún, Quintana Roo. Teléfonos: 01 (998) 887 4374 y 01 (998) 887 4364. No se responde por originales no solicitados. Las opiniones contenidas en los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de los autores. Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos incluidos en TROPO a la uña, siempre que se citen la fuente y el autor. Certificado de licitud y contenido: en trámite. Número de Reserva al título en Derechos de Autor: 04-2000-032217031500-102.

Visítenos en nuestra página web: www.tropoalauna.org

Consulte la revista digital en: issuu.com/centrodecreatividadliteraria

Envío de colaboraciones: miguelmeza57@hotmail.com


22 Rosado Vega y la Expedición Científica Mexicana David Anuar

48 Nueva tierra, de José Antonio Íñiguez Cristian Poot

35 ¿Qué normas éticas deberían regir nuestra vida? Héctor Hernández

50 Muerte Contrarreloj, de Jorge Zepeda Patterson Miguel Miranda

38 Fabrica/acciones Vanesa González-Rizzo Krasniansky

PAPIROS

51 Frutos de la amistad Carlos Torres 52 Roma, indiscutible pieza de arte cinematográfica Svetlana Larrocha

40 Una antología que vale lo que Cuesta Marién Espinosa

Arlen Sánchez Apunte No. 6 Amanecer Serie Litoral 2017

55 Una iniciativa privada con conciencia social Marcos Constandse

43 Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor Mariel Turrent 44 El corazón de Plutón y otras dulzuras, de Fer de la Cruz José Antonio Íñiguez 46 Contramarea. Breve antología de poesía joven de Cancún Daniel Medina

P U N T O S

TERTULIAS

59 La fotografía como arte digital Angélica Mercado

PORTAFOLIO 62 Emiliano Robledo

Art-TROPO-do 64 Carlos Varela

D E

D I S T R I B U C I Ó N

CANCÚN: LIBRERÍAS: Porrúa • Dante • Iztaccíhuatl

HOSPITALES, CLÍNICAS, NOTARÍAS Y COMERCIOS: Galenia

Needful Things • Colibrí • Utopía City

Hospiten • Notaría 6 • Notaría 2 • Estética Yareri • C. Dental Evolución

CENTROS CULTURALES : Casa de la Cultura • Instituto de Cultura y

OTROS: Talleres y salas de lectura, ferias de libros, cruzadas poeticas y

Artes • Café Divertimento • Teatro Xbalanqué • La Pitahaya • El Pa-

encuentros de escritores y medios de difusión

bilo • Centro de Creatividad Fotográfica • Talulah • Galería de Plaza

PLAYA DEL CARMEN: Café Andrade • Jardín El Edén

Caracol • Biblioteca Barocio

Le Lotus Rouge Galería Escamilla • Galería de Arte 5ta. Avenida

RESTAURANTES: Pasteletería • 100% Natural • Tapioka Café

Biblioteca Jaime Torres Bodet

Bisquets Obregón • La Casa de los Abuelos • Marakamé • Mangiare

COZUMEL: Magenta Centro • Cultural • Restaurante del Museo de

UNIVERSIDADES: U. del Caribe • La Salle • U. del Sur • Anáhuac

la Isla * El Coffee Cozumel.

UNID • Universidad de Quintana Roo (Chetumal y campus Cancún).

CARRILLO PUERTO: Museo Maya Santa Cruz Xbáalam Naj • Casa de

EMPRESAS Y ORGANISMOS: Grupo Xcaret • CCE • Delphinus

la Cultura de FCP • Centro Cultural La Casa de los sueños • Tierra Café

AMMJE • Ayuntamiento

MÉRIDA: Centros culturales, librerías y cafeterías


Entrevista con

AgustĂ­n Labrada FotografĂ­a: Salvador Montenegro

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He dejado que la poesía repose como el vino Por Miguel Ángel Meza Radicado en Chetumal desde 1992 y nuevo ciudadano de Cancún desde 2018, Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964) ha alternado durante estos 27 años de vivir en Quintana Roo varios oficios (unos obligadamente utilitarios y diligentes, otros necesariamente creativos y de desafío vital) que le han permitido sobrevivir la nostalgia en esta que se ha convertido en su segunda patria: por un lado, el periodismo cultural, la docencia y la promoción cultural; por otro, la poesía, la escritura creativa, y el amor y la amistad. En la siguiente entrevista, el escritor cubano-mexicano confirma que en esta nueva etapa se aleja del periodismo cultural, retoma exclusivamente la vocación poética y la escritura de ficción, y promete que pronto veremos obra suya que “aspira a una creación que pueda universalizarse”.

No considero que mi experiencia tenga que ver con el exilio

—E

ste 2019 cumples 27 años de haberte establecido en Quintana Roo, prácticamente los mismos años ya que viviste entre Holguín (infancia) y La Habana (adolescencia y juventud). Dentro de algunos meses tendrás más tiempo viviendo en México que el que viviste en Cuba. ¿En qué momento sentiste que te convertías en un escritor cubano-mexicano? ¿O nunca lo ha sentido así?

—Cuando llegué en 1992, la comunidad literaria del Caribe mexicano (de lo que ahora soy parte) me recibió con cariño y respeto, así que muy pronto comencé a sentirme como un escritor cubano-mexicano hasta tal punto que el primer libro que publiqué en México hacia 1995, un libro de periodismo cultural que se llama Palabra de la frontera, gira sobre los autores, libros, revistas y talleres de Quintana Roo. Desde entonces, comparto esa riqueza: ser un autor de dos países en un contexto que es abiertamente cosmopolita. Llegué a los 27 de edad y el diez de febrero de 2019 cumpliré 27 años de vivir aquí la mitad de mi vida.

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e n t r e v i s t a —¿Sigues añorando Holguín, donde se encuentran tus orígenes y tus primeros afectos y rencores como lo dices en alguna entrevista? —Añoro Holguín y añoro La Habana, las ciudades de Cuba donde viví. Es inevitable. En Holguín, aún se encuentra parte de mi familia. En La Habana, pasé años de mucho aprendizaje y descubrimientos, ciudad mágica llena de cultura y de una belleza que el tiempo no logra lacerar. Ambas han sido importantes para mí, ambas me han tatuado de recuerdos. Por eso cada vez que me sea posible las visito y frecuento lugares y personas que estimo trascendentes en mi memoria afectiva. Mi mejor manera de homenajearlas es escribir sobre ellas y sentirlas siempre latiendo, con toda su música, en mi corazón. —¿En qué momento de tu estancia en Chetumal, donde viviste hasta 2017, sentiste la posibilidad real de regresar a Cuba? ¿Por qué no lo hiciste? —En diferentes momentos, tuve el impulso de regresar a Cuba, pero no rebasa esa sensación, un deseo momentáneo que se manifiesta en tiempos de crisis (de ingreso, emotivas o existenciales) que pasa rápido como esas mismas crisis. Volver a vivir en la isla de Cuba no está en mis proyectos inmediatos, y si estuviera implicaría reacomodos domésticos y socioculturales y cambios de otra índole igualmente significativos, matizados por todo el tiempo que he permanecido en México, pero es bueno saber que allá dispongo de un hogar donde siempre seré acogido y decir contento como José Martí: “Dos patrias tengo yo…” —Para tu visión poética del mundo, ¿qué te ha dado el autoexilio, la adopción de una segunda patria? ¿Cómo ha marcado tu poética? ¿Lo veremos reflejado en los poemarios inéditos en los que vienes trabajando últimamente? —No considero que mi experiencia tenga que ver con el exilio. Nunca he sido expatriado ni me he visto envuelto en confrontaciones políticas. Me establecí en esta costa de México por decisión propia y esa aventura, por llamarla de algún modo, se refleja en mi libro La vasta lejanía, sobre todo en aquellos textos relacionados con la nostalgia y la sublimación de Cuba, y aparecerá igualmente en los poemarios inéditos. También hay otros poemas concebidos desde la óptica y las vivencias de esta tierra adoptiva, más próximos a un imaginario que surcan desasosiegos, reflexiones, placeres y recreaciones históricas. —El año 2000 es de alguna manera un parteaguas en tu vida como poeta y periodista: es el año en que publicas el poemario emblemático en tu carrera lírica La vasta lejanía y el conjunto de crónicas, entrevistas y artículos literarios Más se perdió en la guerra. A la vuelta del tiempo, parecería que en ese momento, inconscientemente, pones en pausa la poesía y la escritura creativa y te decantas por el oficio periodístico (pues a partir de entonces no publicas ya poemarios y sólo das a conocer los libros de periodis-

mo cultural Un paseo por el Paraíso (2006), Seis caminos (2012) y Ellas están de paso (2013); y el conjunto de ensayos críticos Teje sus voces la memoria (2011), que se unen genéricamente a Palabra de la frontera (1995)). ¿Puedes hacer una reflexión al respecto? —Después de haber publicado La vasta lejanía, en Mantis Editores (Guadalajara), decidí que escribiría mis poemas sin presiones de tiempo, en la medida en que nacieran con espontaneidad y, a la vez, fui organizando textos periodísticos, con valores estéticos e históricos, que podían conformar libros y así aparecieron esas obras que mencionas. Hice un repaso de lo que publiqué en revistas y periódicos, elegí lo mejor que pude, y se comparte ya con los lectores. Casi sin darme cuenta, he dejado que la poesía repose como el vino, veremos si gusta o no cuando vea la luz como han gustado ya mis creaciones periodísticas.

No quiero tener una obra vasta, pero sí lo más rigurosa posible —Encontrando cierto paralelismo, me da la impresión de que en este momento de tu carrera, en 2019, retomas con más fuerza la vocación poética (¿y quizá la narrativa?) y dejas el periodismo cultural en segundo plano. ¿Es acertada esta apreciación? —Sí, es acertada. He decidido volcarme exclusivamente en la escritura de ficción y tratar de darle salida a diferentes libros inéditos de poesía y narrativa. Todo eso sin apuro. No quiero tener una obra vasta, pero sí lo más rigurosa posible en términos estéticos. Hay ideas, argumentos, remembranzas, fabulaciones y críticas que resuenan en mi interior y pueden hallar su cauce en esas formas genéricas. Eso haré, digo ahora. Deseo expresar todas esas emociones en sus diferentes registros, en sus entramados simbólicos y testimoniales. Requiere trabajo, requiere leer y sesiones de escritura, depuración y artesanía verbal. —¿Salir de Chetumal y afincarte en Cancún, es otra forma del autoexilio? ¿De qué huyes de la ciudad en donde nació tu hijo, donde te proyectaste como periodista cultural, promotor y editor? ¿Qué dejas allá? —No huyo de Chetumal ni busco una alternativa de exilio, prefiero considerarme un viajero enamorado que desea cambiar de aire. Cumplí un ciclo allí, donde queda parte de mi historia y donde nació mi hijo Alejandro. No emigré tan lejos. Cancún pertenece a la misma entidad caribeña. En Chetumal, he escrito casi toda mi obra y estuve involucrado en proyectos que me dieron satisfacción como el programa radiofónico Una puerta al mar, la revista Río Hondo y el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Dejo amigos, paisajes, días luminosos y oscuros, recuerdos y pedazos de humanidad que nunca olvidaré. Sigue en p. 8

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t r a s l u z

Inventarme en el vacío Por Agustín Labrada En la balanza, otros ojos definirán mi luz y mi tiniebla. Mi propia nobleza fue la espada enemiga y navegué muy solo, sin poder elegir el arpa o el infierno. Qué denso es el camino de dos caras. Si mentí, fue para inventarme en el vacío. Si viajé sin llegar a la muerte, fue para mí un misterio. Vengo desde un pozo adivinando el mundo entre la incertidumbre, mientras un viejo siglo cruza ante ese juez más sabio que es el tiempo.

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EN

SU ESBOZO CRÍTICO

L ITERATURA D E Q UINTANA

R OO . U N P ANORAMA , la investigadora Norma Quintana sitúa la poesía de Agustín Labrada con justa precisión. Poeta “de discurso intimista —afirma la crítica literaria—, sus temas van del amor al desarraigo en un verso siempre sosegado que se desplaza entre la confesión y la reflexión en busca de espacio donde atesorar esencias. El sujeto lírico anda tras la autodefinición y el encuentro con los recuerdos, los momentos entrañables, la memoria de la patria lejana. Poeta de altos vuelos, Labrada tiene oficio y lo sustenta en una factura impecable, donde la imagen y la metáfora sirven de marco a una emotividad que nunca se desploma en la cursilería o el sentimentalismo.”

—¿Qué poética del habitar buscas en una ciudad como Cancún, tan caótica, multicultural y frívola? —Aquí, puede transcurrir, al mismo tiempo, un concurso de belleza en la zona hotelera, una matanza entre narcotraficantes en alguna colonia, un concierto de música clásica en la Casa de la Cultura de Cancún, una huelga de taxistas frente al ayuntamiento o la fundación de una secta religiosa. En esta ciudad turística de más un millón de habitantes, donde vive gente de todo el mundo, hay muchas realidades posibles, que son idóneas para la narrativa del realismo sucio y para la poesía que dialoga con diferentes voces a la vez. Me gusta este ámbito pluricultural cuando se aspira a una creación que pueda universalizarse.

Quiero desprenderme de una mirada, que no funciona para mi expresión, que necesita más luz —Al releer tus tres poemarios publicados hasta la fecha, nos sentimos inclinados a concluir que La vasta lejanía, del año 2000, marca sin duda un antes y después en tu poética. Aunque es el poemario que publicas desde

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Quintana Roo, tras tu salida de Cuba en 1992, en él alcanzas lo más depurado de tu estética intimista y nostálgica. Es un poemario que mira al pasado y cierra un ciclo. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación? —Creo que en ese libro alcanzo cierta madurez expresiva, cierra un ciclo de crecimiento y apropiación del oficio, de más autoexigencia para escribir y de asimilaciones de lecturas, pero no cierra en lo temático. La nostalgia va siempre conmigo y con ella temas que tampoco me abandonan como el amor, la muerte, familia, la infancia y la historia. Quizá ahora haya sumado algunas variantes estilísticas, exploraciones con el lenguaje que inciden en el idiolecto y nuevas temáticas, pero mantengo ese fondo emocional y una mirada de la que quiero desprenderme, que no funciona ya para mi expresión, que necesita más luz. —¿Qué tan difícil resultó para los poetas de tu generación (la nacida entre 1958 y 1972), distanciarse de la poesía panfletaria, de la estética desencantada o exultante prevaleciente en la Cuba revolucionaria, producto de la filiación política común? —Frente al coloquialismo mal asimilado —que si bien volvía más diáfano el diálogo con los lectores también propiciaba facilismo en la hechura de textos, donde se vertieron panfletos ideológicos intrascendentes—, mi generación en los años ochenta hizo un rescate de las poéticas del grupo Orígenes, leyó autores de relieve universal y escribió una poesía más rica en términos tropológicos, con mucho peso intimista y un enfoque crítico de la realidad histórica, que al principio no fue entendida, que a veces fue vetada, pero que al final se impuso en la contienda y abrió una ruta expresiva para las nuevas generaciones.

El reto de los jóvenes es superar a sus mayores y sorprendernos —Has sido testigo del quehacer poético de Quintana Roo. Las grandes figuras que marcan nuestra literatura — Juan Domingo Argüelles y Luis Miguel Aguilar ambos fuera del terruño) y Javier España, Antonio Leal y Ramón Iván Suárez Caamal (éste campechano-quintanarroense)— han dejado una vara alta para las nuevas generaciones. Como testigo del surgimiento de estas nuevas voces, ¿quiénes crees tú que son los continuadores reales y consistentes de esta tradición y qué los hace diferentes? —No estoy seguro, porque para ello tendría que conocer a fondo y en toda su variedad lo que hoy escriben los poetas más jóvenes del estado. Tampoco pienso que estos autores que nombras conformen una tradición. Algunos de sus poemarios son relevantes, pero cada autor maneja su estilo de manera tan singularizada que lo único que los une es su pertenencia a Quintana Roo y no una estética común. Muchos de sus poemas son referentes válidos en


Si alguna libertad arde y se ahoga. Fotografía: Agustín Labrada.

pos de la calidad artística, los cuales han sido reconocidos con premios, ensayos y reseñas. El reto de los jóvenes es lograr ese nivel o superarlo con mejores versos. —¿Qué opinión te merece específicamente la nueva corriente de poetas noveles que hacen poesía en Cancún? ¿Qué virtudes les encuentras? ¿Qué áreas de oportunidad deberían cuidar según tu mirada crítica? —Les encuentro a estos poetas dos virtudes: apasionamiento y desafío, pero también creo que, en algunos casos, deben pulir más sus textos y no conformarse con el aplauso local, que es auténtico y estimula, pero no otorga siempre garantías de rigor. Admiro también la hermandad que entre ellos existe como gremio. Ya son reconocidos como una nueva generación, ahora les corresponde leer más, escribir más, equivocarse y acertar en sus experimentaciones con los ojos en la literatura del orbe, sin visiones provincianas, y elevar a la misma altura emoción, inteligencia y lenguaje. Ahora les toca sorprendernos. —¿A qué poeta regresas continuamente y por qué? —A Eliseo Diego, porque, aunque sea de otra generación, la de Orígenes, me siento muy identificado con su modo de sentir y de transfigurar esos sentimientos en escritura. No dejan de asombrarme la cadencia de sus versos, las metáforas sutiles que tejen sus poemarios, su devoción por la memoria y la fantasía, su apego familiar y patriótico, en el mejor sentido de estos conceptos. En cada lectura que hago, descubro otras resonancias como si se tratase de nuevos autores, tales son su polisemia y su encanto lo mismo en la tendencia versolibrista que en estrofas rimadas o el poema en prosa. Es un maestro sublime.

—¿Qué poeta estás leyendo en este momento? —A la escritora polaca Wisława Szymborska, de quien antes sólo había leído un par de poemas cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Me atrae esa manera suya de lograr con un lenguaje sencillo la construcción de alegorías esenciales para entender al ser humano y a la sociedad contemporánea. Aunque su visión sobre esa sociedad sea amarga, hay un soterrado canto a la vida, desde códigos irónicos y humorísticos, pero siempre estremecedores. Poco retórica, poco intelectual en su discurso, descubro aquí cómo aborda lo trascendente desde lo cotidiano, en versos de apariencia coloquialista llenos de ritmo. —En su poema ¿Pueden los poetas cambiar el mundo?, el poeta alemán Gottfried Benn se hace veinte preguntas. Dos de ellas son estas: “¿Tiene que ser bueno en la cama / un poema de amor?” y “¿Qué poemas de amor / son mejores: / los precoitales o los poscoitales?” Como hombre enamorado del amor y admirador de la belleza femenina, ¿qué responderías? —Nunca he pensado mis poemas de amor desde esas perspectivas. Creo que cada texto amoroso vale por su calidad literaria más que por la vivencia que pueda motivarlo o el ángulo que en él se aborde. Son testimonios del enamoramiento y los ritos sexuales, de la conexión emocional y el cariño sublime, incluso del entorno paisajístico romántico donde se contextualizan y de la soledad cuando las relaciones mueren. En ese rumbo, en un buen poema de amor se eterniza con palabras ese encuentro en la cama, el antes y el después del sexo como cúspide, sin jerarquizar determinado instante, pues todo en él es una plenitud. TROPO

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p o e m a s

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R od ol f o Novelo Ovand o

Amar en selva Aterriza la luz sobre la ceiba del ayer, el pozo aún desborda su memoria; agua iridiscente del pasado. Ya se desnudan los rugidos en la fronda, sin piedad: contraria sumisión de la palabra miedo que en mi letargo se desquicia, que no define entre mis aguas a la selva, al húmedo resuello, penetra con la sensación de ser en el seseo del amor que calla y rompe su sonido. La mentira se presta a cualquiera, ninguna aberración de(v)ida sucumbe en el anonimato de negarse. Los desterrados se avejentan en la noche, con caricias selváticas degeneran placer y castigo en la monotonía de siluetas que reinciden. Arrancar las raíces salinas del vientre se ha vuelto el testamento submarino, la agonía que me erige: mar y selva conjugados en mi rostro.

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t r a s l u z

Atardecer en el silencio La abuela se detiene en el umbral del todavía. Como ella, el retrato del abuelo no se esconde en la añoranza, reverbera en el azahar impregnado, en nuestro sitio, en el ayer del patio, en el silencio. Sentada mece al tiempo y lo demora, mientras él, con una mano en la cintura, se arrumba en el naranjo herido de memoria. En otras horas el ruido del coser encubre los intentos para mejor no recordarle. Y pedaleando en la insistencia intenta no llorar, hasta olvidarse del otro sufrimiento. La abuela se detiene en el umbral del todavía. Hoy el pasado se costura en su mirada, y en este atardecer, dibujado en su sonrisa, vive el misterio de la espera. Libros: Alegoría de un Instante, UAEM/ La Tinta del Alcatraz, Toluca, 2001 || Tras el exilio de mis alas y En alguna parte de esta soledad, Fondo Editorial del I.Q.C. en 2003 y 2005, respectivamente || Callar desde el silencio, Secretaría de Cultura de Quintana Roo/ CONACULTA, 2009|| La Salvedad de los Negados, Gaceta del Pensamiento, 2012|| Olivos para una tarde de luna, UQROO/Porrúa, 2015

Rodolfo Novelo Ovando. Poeta. Estudió la licenciatura en administración en el ITCH y la maestría en educación en la UNID. Becario del PECDA durante 2001-2002 y 2005-2006. Ganador del concurso de publicación de obras del Fondo Editorial del I.Q.C. en 2001 y 2002, del Premio Juan Domingo Argüelles 2007. Mención de Honor en el Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada 2011 y Finalista del XI Concurso Literario Internacional “Ángel Gavinet” 2017, en su edición de poesía, celebrado en Finlandia. Diplomado en Narrativa por el INBA y en Fomento a la Lectura por la UAM. Actualmente es profesor en la Universidad de Quintana Roo.

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1er. lugar del I concurso “Arquitectura. Espíritu del Hábitat humano”

La casa incómoda Por Sol Pineda En el marco de la celebración del 1° de octubre, Día Nacional del Arquitecto, el Colegio de Arquitectos de la Riviera Maya convocó al I concurso de poesía y cuento “Arquitectura. Espíritu del Hábitat humano”, que se celebró en septiembre pasado. Publicamos en estas páginas los textos ganadores (1ro., 2do. y tercer lugares) en la categoría cuento.

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pesar de su desaliño, solía llevar sus desventajas con dignidad. Parecía que sus diferencias más que hacerla menos la hacían más distinguida. Las demás casas del retorno salpicadas siempre con la cautelosa pintura del pudor aprendieron a convivir con ella. Aceptaron sin preguntas su desparpajo al mostrar eternamente sus paredes desnudas tatuadas sólo con suciedad y grafitis. Coherentemente con su imagen negligente, lo que primero podía leerse en el muro de la entrada entre una multitud de obscenidades y dibujos pintarrajeados eran dos palabras: laissez faire. Una vez concertado el pasar a ser vecino de la casa incómoda, dependía de la muy particular historia de cada quien el estacionarse temporal o definitivamente en los diferentes estadios obligados que suponía el convivir día tras día con un inmueble de tales características: asombro, incredulidad, asco, duda, intriga, denuncia, resignación u olvido. La versatilidad de su abandono le permitió durante años, dar cobijo a decenas de gatas parturientas, a cancunenses errantes, a fugitivos,

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a pandillas de tlacuaches, pero sobre todo a sustentar las historias que alimentaban cotidianamente al universo vecinal. Sucesivamente y por periodos que obedecían a la trascendencia y gravedad de las palabras contagiadas en las esquinas o en el parque, los mitos definitivos eran resultado de la tenaz imaginación con que cada vecino iba condimentando las historias que llegaban a sus manos. Contrariamente a lo esperado y tal vez porque de alguna manera todos conocíamos la justa receta, el amalgamar diferentes apetitos y querencias siempre trajo como resultado una franca convivencia entre seres sobrenaturales, justicieros, drogadictos, héroes fantásticos, narcotraficantes y hasta faunos. Lo cierto es que si de algo podía hacer gala esa casa, era de sus riquezas bizarras. Una vez fueron los túneles que, originados en el patio trasero, podían desembocar lo mismo en el puerto de Veracruz que en Tijuana. Otra, la certeza de la existencia de un cenote, cuyas aguas profundas únicamente albergaban helechos y seres vivos en peligro de extinción. Ante tales certezas quiméricas ¿qué cariz tomaba entonces la retórica entre vecinos? Ésa variaba dependiendo de las necesidades de evasión, de per-


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Desde las rodillas de mi nariz al vientre de mis dedos de los pies. Autor: Alex Chinneck. Casa intervenida que crea la ilusión de una casa abandonada con fachada de ladrillo derretida en el patio delantero. Se instaló en la ciudad costera de Margate, en el condado de Kent.

suasión, de edad y del tiempo disponible entre el emisor y el receptor de la historia. No era lo mismo impresionar a la solitaria mujer entrada en años, cuyo fin máximo consistía en aderezar su propia vida con anécdotas ajenas y acontecimientos irreales, que tratar de integrar al retorno a la joven pareja interesada en presentar en sociedad su recién estrenada alianza matrimonial. Una vez compartidos los diarios sucesos circunstanciales e irrelevantes relacionados con la casa incómoda, que iban desde robos de bicicletas por los aluxes, hasta ruido de motores y arrastre de cadenas (en los que esclavos que nunca habían visto la luz eran responsables de transportar ingentes cargamentos de droga a través de los túneles interminables), nos quedaba al final del día a todos los que habitábamos la calle de Oyamel la asignatura pendiente de la credibilidad. Asunto por demás delicado, que sin embargo aprendimos a despejar a través de los años con guiños subjetivos y pactados. La fachada maloliente y nauseabunda nos advertía desafiante que además de taparnos la nariz cuando camináramos enfrente, había que velarnos el raciocinio para no hacer preguntas, para aceptar tácitamente su existencia, ganada día tras día al proporcionarnos de forma dual materia prima y zozobra. Todo aquel forastero que se atreviera a cuestionar la verosimilitud de nuestros relatos, era desviado puntualmente hacia otros temas que a fin de cuentas sobraban: política, clima, cambios de gobierno, algo del turismo. En fin, no faltaba. ¿Qué no se daban cuenta? No era bienvenida ninguna mirada teñida de burla o duda relacionada con esa casa, nuestra casa, la casa de todos. ¿Locura colectiva? Tal vez. La acción de los genes dominantes

acaso también pueda manifestarse por supermanzanas. Lo cierto es que cada vez que pasábamos enfrente ya sea en coche o a pie, descargábamos en su superficie llena de basura, nuestros oscuros temores y aprensiones. Nuestros secretos. Si cualquiera de nosotros tenía al anochecer algo de que arrepentirse, bastaba sólo con entrar al retorno para sentirse bañado por un caudal de alivio. La casa incómoda al amparar arrebatos y hechos mucho más súbitos y graves comparados con el nuestro, provocaba que la carga propia gradualmente empezara a desleírse hasta permitirnos dormir tranquilos. Fue el martes de hace tres semanas cuando todo cambió. Eran cerca de las diez de la mañana cuando las dos rejas de la cochera abiertas de par en par, anunciaban sin recato la pérdida de su virginidad celosamente guardada a lo largo de quince años. Pudimos ver cómo un camión de carga trepaba vorazmente todo cuanto encontraba a su paso: muebles inservibles, ropa vieja, plantas silvestres. Las palabras atrás de las miradas inquisitivas empezaron a fluir: “¿Y los drogadictos? ¿Los camellos? Ya no digas los aluxes. ¿Qué va a ser de todos ellos? Las generaciones completas de gatos y tlacuaches. La flora y fauna en peligro de extinción del cenote. ¿Habrán dado parte a las autoridades de los túneles? A saber quién habrá sido el soplón. No tarda en llegar el INAH ¿eh? Capaz que hasta la prensa se deja venir. ¡Abran paso! ¡Abran paso! ¡Que ahí va su madre! ¡¿Quién se atreve a acompañarme a hacer un recorrido por los túneles?! ¡Un cubre bocas! ¡¿Quién tiene cubre bocas?! A mí me sobraron de los de la influenza. ¡Qué bárbara! ¡Si eso fue hace un chorro de tiempo! Si encuentran mariguana me la guardan que mi marido ha

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Ilustración: Ville Anderson (1986-Pernaja), artista revelación 2015 en Finlandia.

andado con un dolorón de espalda. ¡Sí, cómo no! Ahorita te la vamos a guardar. ¡Los gatitos bebés van para Tere...! ¡Hagamos un plantón! ¡Están alterando nuestro ecosistema vecinal!” Durante los días subsecuentes y de acuerdo con sus muy particulares tiempos, cada uno fue digiriendo los cambios en el retorno. “Los dueños quieren vender la casa”, fue lo único que pudimos sacarle al que parecía ser el jefe. Era un hecho que el hormiguero de albañiles y trabajadores iban a impedir nuestro acceso en grupo, por lo que optamos por ingresar individualmente dependiendo de las agendas de cada quien. Como si estuvieran saliendo de un confesionario, cada vecino regresaba contrito a refugiarse tras su propia puerta una vez que había hecho “la visita”. El desconcierto sembrado en los ojos de todo aquel que emergía del edificio y las miradas esquivas tintadas con una mezcla de rubor y complicidad nos invitaban a los que aún no habíamos entrado, a todo menos a hacer preguntas. Al día siguiente de que las palabras laissez faire fueran borradas por un brochazo de pintura color arena mediterráneo, tocó mi turno. Era mediodía y los albañiles almorzaban ruidosamente con Coca Cola. Por si las dudas opté por vestir mezclilla, tenis cómodos, ponerme repelente, además de hacerme acompañar de una discreta linterna. Una emoción espumosa provocaba que los latidos de mi corazón casi pudieran oírse. Y así hubiera sido si no fuera por la estridente música de banda que impidió ponerme en evidencia. Dos, tres pasos, casi llegaba al jardín de atrás. Por fin vería el abismal cenote con mis propios ojos. Planeé en ese instante empezar a hacer fotografías antes

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de que alguno de los trabajadores me lo impidiera. Cuatro, cinco pasos... ¿Qué estarán haciendo con los túneles? ¿Adónde habrán ido sus habitantes? ¿Por qué razón no habíamos visto aún alguna acción por parte de las autoridades responsables de preservar la fauna silvestre? Seis pasos y.... nada. Nada. ¡Nada! Sólo el muro colindante con el inmueble de atrás que daba a la otra calle. Diez metros cuadrados cubiertos con raquítica maleza y dos tocones. ¡¿Y el cenote?! Pregunté al muchacho que a poca distancia me seguía. Por el tono con que me respondió pude adivinar la cantidad de veces que había repetido la misma frase: “No era un cenote. Sólo un brazo de cenote. Seco. Pequeñito, al que pudimos rellenar con arena en un momento”. Luego de tal hallazgo consideré ya bochornoso preguntar por los dichosos túneles. Salí de allí supongo, con el mismo rostro con el que salieron los vecinos que me precedieron. Los días posteriores también opté por el silencio. Silencio que pudo obviar la pérdida tardía de cierto tipo de inocencia compartida. Estoy segura que todos por separado sentimos como si de pronto nos hubiera sido arrebatado algo. Como si nos hubieran cortado la cuerda que atravesaba el cenote y de la que nos sostendríamos si nuestra casa hubiera existido. Hoy he vuelto a pasar enfrente del recién remodelado edificio. En un acto reflejo quise cubrir con mi mano la nariz y la boca. Pero no lo hice. Varios matices ocres y arena perfectamente delimitados me recordaron que al mismo tiempo que nosotros, la casa incómoda pudo alcanzar por fin la mayoría de edad. TROPO


2do. lugar del I concurso “Arquitectura. Espíritu del Hábitat humano”

No todo es lo que parece Por Juan Carlos Serrano

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asta ahora yo siempre coincidí con aquellos que afirmaban que las suegras son seres desdichados, portadoras de rencores y maldad. Alicia y yo vivíamos con su madre. Ella fue la causante de nuestras continuas desavenencias. Estorbaba nuestras pláticas con opiniones absurdas, me escudriñaba como si yo fuese un asesino serial a punto de cometer una locura. Nuestra pasión fue perdiendo la intensidad de la lujuria por temor a ser escuchados, y si se nos ocurría un juego amatorio en las primeras horas de la mañana, nos interrumpía el grito de: ¡Chicos, ya está el desayuno! Pero un día, Alicia y yo, después de un largo repertorio de reproches y justificaciones, coincidimos por fin, en una decisión largamente postergada: debíamos encontrar la forma de irnos de allí, y obtener la tan ansiada independencia, con todo lo que eso significaba. Me escuchó y accedió. El dinero que habíamos logrado juntar, no alcanzaba para el enganche de la vivienda que ella y yo hubiésemos querido tener. Optamos entonces por comenzar, por donde todas las jóvenes parejas comienzan: el Infonavit. Nos dimos a la tarea de averiguar. Aunque sería más correcto decir: me puse a averiguar. Los puntos que ella y yo teníamos acumulados en nuestros respectivos trabajos, nos permitiría acceder a un nuevo desarrollo que se llamaba Villas del Sol. Fuimos a conocerlo. Llegamos veinte minutos des-

Fotografía: El Naranjo Estudio

pués. Ya frente a las casas, todas iguales por cierto, el rostro impasible de Alicia no presagiaba nada bueno. Tenía que decir algo. Recurrí nuevamente a argumentos positivos: —Están bonitas, ¿no?, pequeñas, pero bonitas. Tienen buen acceso, llegamos bastante rápido. —Y una vez adentro, el remate contundente—: Con el dinero que tenemos, podrías hacer algunos cambios a tu antojo, con muebles adecuados podría quedar muy agradable, ¿no crees? —Creo que sí —dijo—, y yo sentí que había logrado mi objetivo. Fueron semanas de juntar documentos, llevar originales con sus copias respectivas para cotejar. Siempre faltaba algún papel. Me sorprendí de mi propia capacidad para aceptar las idas y vueltas sin perder de vista el objetivo final. Al mes y medio lo habíamos logrado. Recién entonces le avisamos de nuestros planes a la madre de Alicia. Reaccionó mejor de lo que hubiera imaginado. Simplemente nos dijo, que si estábamos dispuestos a vivir “en punta de la chingada”, era cosa nuestra. Alicia con entusiasmo le explicó de las remodelaciones y le prometió visitas continuas. No es tan lejos después de todo —le aseguró—. La madre le ofreció recomendarnos a un arquitecto muy amigo de la familia, honesto, decente y muy trabajador. Aceptamos la oferta. Cuando días después me presentaron al arquitecto Cortez, debo confesar que no me cayó bien. Un hombre bajo, de cabello ralo, que usaba camisas de guayabera para ocultar un abdomen prominente y que hablaba en un susurro casi imperceptible sin mirarte a los ojos. Cuando nos dieron la llave

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Borderlife. Brian Coshock. Instalación al aire libre. Alcantarilla abandonada en las calles de Milán convertida en un cuarto estrecho en miniatura.

de la casa, que estaba ubicada en la mitad de una cuadra que prometía tranquilidad, y cuyo pequeño patio trasero se apoyaba en la barda perimetral, llevamos al arquitecto a conocerla. Ante las sugerencias de Alicia, nos propuso una pared divisoria en L, que le daría al rectángulo de la sala-comedor alguna gracia. La pared iría forrada en un papel importado que asemejaría el ladrillo a la vista. La cocina era un espacio vacío al que habría que construir por completo, mesada, azulejos, un fregadero doble, y dos espacios para la estufa y un refrigerador de una sola puerta. La alacena fue una imposición de Alicia. El cuarto más grande no llevaría closet, porque Alicia decidió hacer un cuarto de vestir en el dormitorio pequeño. Por último, el único baño, necesitaba un mueble en el lavabo y una mampara corrediza en la regadera. Cuando pregunté por el presupuesto, el arquitecto me susurró que no me preocupase. Y no dejé de preocuparme. Al mes y medio de iniciada la remodelación, los dos albañiles que trabajaban en ella, habían levantado un metro la pared de la sala por dos de largo, y en la cocina habían tirado a mazazos una pequeña mocheta que sería remplazada. Cuando le pregunté al arquitecto Cortez si íbamos en tiempo, me contestó: “el tiempo transcurre, y todas las horas tienen sesenta minutos”. A los dos meses y cuando la ansiedad había comenzado a hacer mella en mi estómago, pregunté suavemente por el papel que cubriría la pared, las maderas del cuarto de vestir y los azulejos, que todavía no conocía, el arquitecto me respondió: “Hay motivos adyacentes, que esperan el momento oportuno y nos demuestran con sobradas razones que las expectativas han sido válidas”. No creo haberlo entendido. Y no dije nada. Habían pasado más de tres meses desde que comenzaron los trabajos, y parecía que por fin estaban por finalizar. Y así fue, dos días después se presentó el arquitecto Cortez, nos dijo que esperaba que todo hubiese quedado de nuestro agrado y me extendió una hoja con el membrete de su despacho, con una columna detallando los gastos. Fui a la cifra

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final: ochenta mil pesos —leí—, y él le aclaró a Alicia que ese monto se debía al cariño y el afecto que sentía por su madre y su familia. Extendí el cheque sin cuestionar, no sea cosa que el afecto y el cariño se vieran comprometidos. Cuando Cortez salió, Alicia y yo nos abrazamos en el medio de la sala y le dije: “por fin solos”. El resto del dinero, apenas alcanzó para una estufa, el refrigerador y una mesa con cuatro sillas. La mudanza fue sencilla, la cama matrimonial y dos maletas. En la pared común, que dividía nuestra sala de la del vecino, escuché un golpe durante todo el fin de semana, primero en la pared después en el piso. Toqué la puerta del vecino, y me atendió un niño de siete u ocho años con una pelota en la mano. Al entrar en casa, lo único que se me ocurrió decir fue: ¡Qué barbaridad, lo dejan solo! Durante varios días me despertaron a las ocho de la mañana unos golpes metálicos del otro lado de la barda perimetral. Me asomé. Cuatro jóvenes en shorts intentaban a martillazos enderezar la hojalata de un auto que en realidad estaba para el deshuesadero. Les hice referencia a la hora. Ellos se sonrieron y, levantando una botella de cerveza, me dijeron: “¿Una chela maestro?”. Entré a la casa con una mezcla de rabia y desilusión. La pareja de la otra casa se peleaba con precisión cronométrica. Empezaban los gritos a las siete de la tarde y terminaban a las diez, minutos más minutos menos. Y por las tardes una banda de adolescentes jugaba a la pelota enfrente de nuestra casa; sus gritos atravesaban muros ventanas y puertas, y a veces el cristal de algún automóvil. Alicia que estaba tan harta como yo, me dijo: —A veces, hay cosas que no son lo que parecen. Cuando la madre de Alicia abrió la puerta, y nos vio ahí parados con las dos maletas a nuestros pies, esbozó una sonrisa y secándose las manos en el delantal, nos dijo: —Pasen, esta es su casa. He cambiado de opinión. Después de todo, debo admitir que mi suegra no es tan mala, como se suele generalizar frecuentemente. TROPO


3er. lugar del I concurso “Arquitectura. Espíritu del Hábitat humano”

Espacios Por Tomás A. Pacheco May

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entro de la oficina, un hombre sentado detrás de un escritorio apoya el codo izquierdo y se arregla los anteojos con el índice. Con la mano derecha sostiene un bolígrafo con el que tamborilea sobre la superficie de madera. La mirada fija en el reloj de pared sigue el movimiento de las agujas hasta que éstas coinciden en el medio. Alguien toca la puerta y el hombre exclama: —¡Justo a la hora! —mientras lo invita a pasar señalando un lugar vacío frente a él. No sonríe, pero su rostro refleja amabilidad. El segundo hombre toma asiento y habla sin necesidad de que le pregunten nada. —He tenido un sueño recurrente, es quizá el motivo por el que me han pedido venir a verlo. El primero cruza las manos recargando ambos codos sobre el escritorio y descansando la barbilla en ellas. —Entonces, hable. —Le decía que tengo un sueño recurrente: sueño que habito en un lugar lejano, en un espacio de grandes dimensiones, en donde he recreado una ciudad entera. Debe usted saber que soy arquitecto, algunos dicen que de los mejores, creo que por eso me solicitan. Para ayudarlos a diseñar no necesito instrumentos, ni planos, ni lápices, mucho menos tecnología, solo mi mente relajada. Por cierto, ¿hace cuánto le construyeron esta oficina? El techo se ve desnivelado y las paredes, mire nada más que desacierto, y mejor ni le digo de la decoración, tan solo este sillón que ocupo es una pena. Los intersticios del edificio presentan deficiencias.

—Permítame preguntarle: ¿a quién ayuda? ¿Quiénes son ellos? — interrumpe el primero rascándose la frente y regresando a su posición inicial. —Si le digo, no me lo creería —responde de inmediato el segundo—. De cualquier manera, se lo tengo que decir: son los que me acompañaron cuando era niño, cuando mis noches se llenaban de soledad. Mire, crecí en un ambiente de abandono. Mi padre era aficionado a la bebida, en ocasiones no llegaba ni a dormir, pasaban días sin que diera señales de vida. Mi madre, mi pobre madre, tenía que hacerse cargo de mis hermanos y de mí. Había días en los que no teníamos para comer. Pero yo era feliz, esa felicidad que te da desconocer las cosas de adultos Por las noches, al acostarme, cerraba los ojos deseando que alguien se preocupara por mí, que me escuchara, alguien a quien contarle mis sueños. Quería cambiar mi vida, tener un hogar, triunfar en la vida, tener la edad para irme de mi casa y construir un mejor futuro. Cuando tenía dieciséis años cayó en mis manos un libro: Las ciudades invisibles. Lo leí con verdadera fruición y supe en ese momento que quería ser arquitecto. Una noche tuve el primer sueño: ráfagas multicolores se agolpaban en mi mente, y yo giraba y giraba como viajando dentro de un caleidoscopio. Al dejar de dar giros, me encontré en un lugar sin horizonte, parado justo en el centro de un llano en donde la escasa hierba crecía de a poco. Tarde en percatarme que detrás de mí, se hallaba una choza, las paredes hechas de troncos pintados en un blanco refulgente. Miré con detenimiento y vi que no tenía techo. Un hombre me llamó con la mano; en un segundo estaba yo echado en una manta, con la mirada fija en un cielo enorme que se confundía con el derredor.

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Destrucción. Vigilism Sketchpad. (drawingarchitecture.tumblr.com)

—Tenga la amabilidad de dirigirse a mí cuando hable, no cierre los ojos, no se me duerma. Después de ese primer sueño, ¿qué ocurrió? —No le di la mayor importancia; los sueños son así de locos, ¿no le parece? Pero seguí soñando con él y después sería con ellos. Al principio cada seis meses, después cada tres, luego una vez al mes, hasta que fueron a diario. Debo admitir que me gusta soñar con ellos, estar con ellos, convivir con ellos. En cada sueño fuimos diseñando los diagramas para dar soporte a la ciudad con todo lo que iba aprendiendo sobre arquitectura. Devoré libros acerca de la arquitectura antigua y también de las nuevas tendencias, comprobé los conceptos de verticalidad y de aprovechamiento del espacio, con su ayuda empezamos a cambiar lo que antes era un lugar desprovisto de todo en un lugar con orden, con jerarquía. —Y el mundo onírico del que me habla, ¿tiene personas?, ¿vive alguien ahí? —Han empezado a llegar, debo terminar de construirlo para hacerlo más confortable. Todavía no hay autos, pero ya edificamos puentes, pasos a desnivel, viaductos, en fin, toda la infraestructura necesaria para hacerlo transitable. Tenemos un excelente sistema de drenaje, redes de agua potable y electricidad. No pensamos usar semáforos, ni nada que perturbe la tranquilidad de los futuros ciudadanos, tal como han hecho en otras ciudades que de tanto construir terminan por exceder los límites que la naturaleza exige. —¡Miente! —grita el primero visiblemente desesperado—, miente, miente, miente. —Se pone de pie y camina por la habitación—. Usted no es ningún arquitecto y tampoco tiene ningún sueño. Esto es un invento suyo para evadir su responsabilidad; y sepa de una vez que eso no lo voy a permitir. Usted tendrá el castigo que se merece. El segundo, nervioso, levanta tímidamente la mano

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como quien solicita la venia de alguien para hablar. Sin esperar autorización se pone de pie y dice: —Me llamo Arsenio contreras, tengo 26 años, soy originario de Michoacán, soltero, vivo en Cerrada de Mar Caspio número 22, tengo un pitbull llamado “Azteca”, estudié arquitectura en la universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo. El primero da tres pasos para regresar al escritorio y abrir cajones buscando algo. Saca un expediente y se dirige al segundo que ya ha regresado a su lugar. —Eso es lo que dice este expediente, pero yo no lo creo. Este es su sueño, el otro lugar, su vida real. Aquí solo ha experimentado con nosotros. Mi deber es acabar con esto, la situación es intolerable. Lleva diez años sin hacer nada, para usar una paráfrasis de la jerga: en obra negra. — Termina la perorata azotando el puño sobre el escritorio—. ¿Quiere añadir algo más? Debo tomar mi decisión Antes de continuar la voz se le quiebra: —No ayudé a diseñar y construir los edificios más emblemáticos del lugar en el que ahora vivo. Pretendo casarme algún día y tener hijos que crezcan sanos y felices. No he plantado más de cien arboles de manera indirecta, reconozco que aún me faltan muchas cosas por hacer y quiero hacerlas, es probable que haya fallado en mucho y desperdiciado el talento con el que nací, pero no me merezco este castigo. Les mentí a mi padre, que era albañil, y a mi madre, que con esfuerzos me compró los libros y pagó la carrera. Reconozco que no leí El manantial, ni Las ciudades invisibles, pero alardeaba de haberlo hecho solo para ganar popularidad. Por último, este edificio fue lo primero que diseñé y construí; por eso, sé que está mal soportado el techo, reconozco que fue mi culpa que se cayera y los aplastara a todos. Yo inventé esta ciudad. ¿Por qué no me dejan despertar? —grita a todo pulmón. TROPO


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De artistas, cultura, funcionarios y… otros bichos

Ilustración: Antonia Eiriz. Vaso de agua, 1964.

Por Macarena Huicochea

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l arte y la cultura no son entidades asiladas de la realidad. Surgen y evolucionan en una sociedad particular y se ven afectadas por la economía y los valores predominantes a los que pueden reflejar e incluso subvertir. Y a pesar de que a muchos les incomode, política y cultura siempre se encontrarán estrechamente relacionadas dado que hay un puente permanente entre ambas: la comunidad. Así que, cuando se habla de Políticas Públicas, siempre hablamos de CIUDADANOS (artistas e intelectuales, vendedores, profesores, amas de casa, servidores públicos o empleados de la iniciativa privada, etc.) que comparten o intercambian visiones del mundo y de la vida, sumergidos en una realidad en la que la cultura es ese tejido invisible que todo lo atraviesa y comunica: desde la ideología política y las concepciones sobre el Estado; hasta los conceptos acerca de bienestar, justicia, desarrollo, ciudadanía, diversión, arte, cultura… Es así como las múltiples redes que tejemos con la realidad (de manera consciente o no) nos mantienen conectados a través de procesos y productos tan sutiles —y a la vez poderosos— como el lenguaje, la construcción social de la realidad, nuestros conceptos y relación con el dinero y con el mercado laboral… e incluso definiendo nuestras decisiones y acciones cotidianas basadas en nuestros valores y sueños comunes o compartidos.

Leer o no leer; asistir o no al teatro o a un concierto, ser parte de una agrupación o colectivo de artistas independientes o sumergirse en las pantanosas aguas de las instituciones y burocracias; arriesgar la “prístina integridad moral” arrojándose a las fauces de los intereses de la iniciativa privada y “venderse” al mejor postor, o decidir ser un “bohemio” y “mantener la “integridad”, tropezándose y descalabrándose financieramente con proyectos individuales; o también, por qué no, siendo un idealista que persigue una Utopía y sueña con una sociedad más informada y capaz de analizar su realidad, reconociendo su identidad a través de las obras de los grandes pensadores y artistas que recrean y renombran el mundo. En la sociedad contemporánea, el acceso a internet ha ampliado los horizontes de la información y la desinformación al grado de convertirse en laberintos de los cuales es difícil escapar ilesos. Ideologías políticas, de género, religiosas, etc., que a veces anudan la multifacética urdimbre y la compleja trama del quehacer cultural al grado de que, muchas veces, ni las mismas autoridades —y menos la ciudadanía— logran descubrir los “beneficios” del arte y la cultura por los que luchan esos grupos de artistas (algunos sumisos, a la espera de alguna dádiva; otros rebeldes y contestatarios, sin disposición para negociar sus “ideales”; muchos a la deriva, dejándose llevar por las mareas, o anclados como rémoras a “tiburones” en la gestión de recursos). Y en medio de este maremágnum turbulento —en el que se mueven las apasionadas emociones y visceralidades de las

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…es el momento de demostrar que la cultura no es solamente la realización de “eventos”, ni folclor o distracción (“circo”); y menos el medio para el protagonismo institucional o individual, sino la invitación a descubrir, reconocer y reconectar las visiones del mundo que nos han llevado a ser parte de una comunidad pluri y multicultural, (…). Lo que determina el poder de una cultura es la fuerza que le da la comunidad que la defiende, la respeta y se siente representada por sus expresiones.

comunidades de artistas— hay una gran mayoría que realmente apuesta por compartir los resplandores y prodigios que han encontrado en el arte y en las expresiones culturales: guerreros y amazonas dispuestas a cruzar los fosos de la burocracia; a disolver los barrotes de las cárceles mentales, y a no morder los anzuelos que manejan los nuevos y viejos políticos, interesados en acallar esa llamarada creativa que siempre lo cuestiona todo y pone en riesgo cualquier status quo o estancamiento, apostando por el prodigioso poder de ver más allá de lo aparente y descubrir (por sí mismos) la esencia y el profundo significado del mundo y de los actos humanos. Es por ello que estoy convencida de que cualquier movimiento o propuesta cultural que no tenga como eje y puente a los ciudadanos y el bienestar público está condenado a devorarse a sí mismo. Y asumo la posibilidad de equivocarme, pero, después de haber participado durante más de 30 años en los caminos del arte, la cultura y la gestión pública —en varias instituciones públicas y privadas del país—, escucho y veo repetirse en Quintana Roo y en Cancún los mismos discursos y errores: recurrentes polarizaciones o idénticos contubernios “contra natura”; discursos y lenguajes “comunes” que, sin embargo, no significan lo mismo para funcionarios, artistas y población en general. Tengo la impresión de que cada uno de los actores involucrados permanece aislado y atento sólo a su propio “argumento” y “papel”; prisionero de los intereses que representa y del contexto en el que se desenvuelve. Y es que incluso las mismas palabras no significan lo mismo: puente, sinergia, comunidad, cultura, arte… se convierten, según los labios que los pronuncian, en ingenua aspiración, en perverso engaño o en sonido vacío que se lleva el viento. He participado tanto cómo he podido y he seguido con interés las propuestas de uno de los Colectivos de artistas de Cancún (sin que ello implique desconocer los méritos y batallas de otros muchos a los que respeto y apoyo también —aunque entre ellos suela haber rivalidades—). Y debo con-

fesar que muchas veces, ante los encuentros entre artistas y gobierno (municipal, estatal o federal) me siento como alguien que llegó a una reunión de cortesía y de pronto se encuentra en un ring en el que “los técnicos” se enfrentan a los “rudos”; los “buenos” a “los malos”; la “autoridad” a “los artistas” y, a pesar de las palabras y diplomacia, en las acciones y entrelíneas permea el ejercicio del poder y sus argucias, mientras la población pasa de largo y ninguno de los bandos centra su discurso en las necesidades y realidad de una ciudadanía que no se siente representada… por nadie. No me sorprende, ni lo critico, pues esa es la condición humana prevaleciente en cualquier ámbito: mirar por los intereses del propio gremio o por las aspiraciones personales y creer que se puede hablar a nombre de la gente y extrapolar la mirada propia como si fuera la única perspectiva posible. No pretendo tener “las mejores respuestas”, ni me inclino ante tirios o troyanos, sólo creo que ni es una buena idea el seguir actuando como “Quijotes” incomprendidos por “un sistema que nos margina”, ni tampoco continuar quejándonos ante una sociedad que muchas

La Evolución Silenciosa. Museo Subacuático de Cancún.

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El pasado 12 de noviembre, la Presidenta municipal Mara Lezama sostuvo un encuentro con parte de la comunidad artística de Benito Juárez. Ahí se comprometió a elaborar una política cultural que incluya las inquietudes, reclamos y propuestas específicas del gremio. (Fotografía: sala de Prensa del Ayuntamiento).

veces ignora nuestros esfuerzos porque no hemos sido capaces de demostrar la importancia y valor de la cultura, ni hemos podido quitarle las etiquetas de “incomprensible, elitista, aburrida o banal”. Nos quejamos de falta de respuesta del público, pero a veces las obras no resultan profesionales ni de interés más que para su autor y el club de amigos que lo sigue en sus presentaciones o exposiciones y estrenos. Por todo lo anterior, me parece esperanzadora la posibilidad de trabajar en colectivo y aumentar la autocrítica y profesionalismo, pues es el camino más certero para gestionar nuestro destino. Creo también que es el momento de demostrar que la cultura no es solamente la realización de “eventos”, ni folclor o distracción (“circo”); y menos el medio para el protagonismo institucional o individual, sino la invitación a descubrir, reconocer y reconectar las visiones del mundo que nos han llevado a ser parte de una comunidad pluri y multicultural, con múltiples identidades e historias (algunas imaginarias, otras oficiales y muchas por descubrir o resignificar). Lo que determina el poder de una cultura es la fuerza que le da la comunidad que la defiende, la respeta y se siente representada por sus expresiones. Crear comunidad en un lugar como Cancún es un enorme reto, pues es una ciudad con una historia muy reciente, con apenas un par de generaciones nacidas aquí, y con una población flotante; sin embargo, vivir en nuestra ciudad representa la oportunidad de ver un espejo, o mejor, un caleidoscopio de nuestro país —e incluso del mundo—, en el que tod@s hemos venido a buscar y a encontrar más y mejores formas de expresar lo que somos y lo que aspiramos ser, desarrollando nuevas maneras de comunicarnos y de relacionarnos, dando sentido y cohesión a todas y cada una de nuestras acciones y relaciones. Cancún es un espacio prodigioso en el que se gesta el reto de redescubrir y afianzar lo que realmente somos: COMUNIDAD.

Y aunque sin duda resulta loable la lucha de la comunidad artística por profesionalizar el trabajo que realizan y por visibilizar las necesidades y propuestas del GREMIO, me parece que aún existe mucha desconfianza (ganada a pulso) ante las instituciones oficiales que tendrán que hacer su parte para recuperar la credibilidad y dejar de usar el arte y la cultura como moneda de cambio y sombrero ajeno para “divertir” a las masas. Lo único que me parece preocupante es que en ambos extremos de esta dupla, mancuerna o dualidad entre el estado y los creadores, pocas veces se escucha y visibiliza que no son ellos quienes “hacen” la cultura, sino la gente, y que si ésta no participa o no se interesa en sus propuestas es porque no se siente identificada con ninguno de los supuestos actores o representantes de sus intereses, lo cual debería preocupar a ambos sectores y ser la prioridad a resolver. El camino es largo y el horizonte más amplio de lo pensado… En una próxima colaboración hablaré, precisamente, de los grupos y personas que están haciendo propuestas vanguardistas y de gran valor, y que están logrando liberarse de esa visión individualista y egocéntrico-narcisista que tanto daño hace y que, con sus acciones y proyectos, representan la esperanza de recuperar el valor y significado real de la cultura. TROPO

Macarena Huicochea. Estudió Letras, Psicología y Ciencias humanas. Autora de Blasfematorio (Colección Becarios del Centro Toluqueño de Escritores) y La Caricia de la Esfinge (Biblioteca del Bicentenario del Instituto Mexiquense de Cultura). Umbrales (Consejo Editorial del Estado de México) reúne sus dos libros anteriores y algunos cuentos publicados en revistas e incluso inéditos. En el IMC se desempeñó como Coordinadora de Difusión Cultural, jefe del Departamento Editorial, y subdirectora de la revista Castálida. Fundadora y directora de Casas de Cultura en el Estado de México. Se ha desempeñado como guionista, conductora y productora de programas de radio y televisión.

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“En plena selva. La Expedición Científica mexicana en el Territorio”, Fuente: Luis Rosado Vega, Un pueblo y un hombre, p. 283.

De olvidos: Luis Rosado Vega y la Expedición Científica Mexicana David Anuar

D “Luis Rosado Vega”, Fuente: José Díaz Bolio, “Semblanza de Luis Rosado Vega”, p. 39. 1 2

esde hace años me cautiva la figura de Luis Rosado Vega, un personaje oscuro y olvidado de la historia y la literatura yucateca. Un amigo y contemporáneo suyo, el poeta José Díaz Bolio, lo retrataba como alguien agudo, hiriente y altanero, “muy temperamental. Pero […] contradictorio. Tan pronto se le humedecían los ojos al escuchar una pena ajena, como se alzaba colérico ante el menor incon¬veniente. Y era muy suspicaz y des¬confiado; todo lo cual, aunado a su soberbia, lo redujo a la soledad de sus últimos años”.1 Luis Pérez Sabido, experto en trova yucateca y quien conoció al escritor, me dijo en una entrevista lo siguiente: “era un personaje complicado […] críptico, cerrado, irónico, agrio, hosco… no era fácil ser amigo de Rosado Vega”.2

José Díaz Bolio, “Semblanza de Luis Rosado Vega”, Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán 253-255 (abril-diciembre de 2010): 32-39, en la 38. Luis Pérez Sabido, entrevista por el autor. Mérida, Yucatán, 26 de enero de 2016.

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En el 2012, y a raíz de una beca PECDA que me otorgó el Estado de Quintana Roo, tuve mi primer encuentro con esta olvidada figura de la península. Siempre me ha gustado investigar, y cada vez más se vuelve parte de mi proceso creativo. Es probable que esta inclinación haya tomado forma en esos días. Recuerdo que antes de comenzar a escribir el libro del PECDA, hice una indagación sobre la literatura de Quintana Roo, a la cual dedique tan sólo tres meses del año que duraba la beca; sin embargo, ocho años después lo que empezó en ese entonces sigue siendo una de mis principales inquietudes, pasiones y proyectos. Fue durante esa búsqueda en el pasado literario del terruño que me topé con dos obras de Rosado Vega: Poema de la selva trágica (1937) y Claudio Martín. Vida de un chiclero (1938). Las dos obras giran en torno a la explotación forestal y los excesos humanos en el Territorio de Quintana Roo en las primeras décadas del siglo XX. El trópico es representado como una fuerza oscura y cautivante, un espacio salvaje y de degeneración física y moral, ajeno a la nación y sometido a los capitales e intereses extranjeros. La salida a este laberinto, en la propuesta del autor yucateco, surgiría de la acción transformadora del hombre y la revolución. En la novela Claudio Martín esto se expresa en la muerte del personaje principal como símbolo y germen revolucionario del trópico y sus trabajadores: “Pero ese abono rojo, muy rojo, que bañó la República […] cayó también sobre la tumba de aquel joven chiclero […] Es de presumir que aquel cuerpo se haya sentido resucitar y a través de su sepulcro ávidamente haya vuelto sus ojos hacia fuera, vislumbrando el sangriento, pero hermoso panorama de la renovación”.3 De igual forma, los dos últimos cantos de Poema de la selva trágica, “Conminación” y “A la luz del alba”, pueden ser leídos como llamados y representaciones de la acción revolucionaria de los trabajadores forestales: Hombres de la selva, rebaño o redada los del rostro pálido y ardiente mirada y cuerpo enfermizo y escuálido […] ya tiñe el espacio la aurora, en bosques y praderas, ya amanece, ¿qué esperas?... ya es hora; levántate, oprime tu pendón y a manera de cuño ponle un sello de sangre y esgrime 3

Luis Rosado Vega, Claudio Martín. Vida de un chiclero (Ciudad de México: SCOP, 1938), 258.

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el arma que falta a tu puño; sé tú mismo tu propio baluarte, tu misma defensa, tu propio camino, y escribe en tu propio estandarte tu propio destino…!4 También vale la pena señalar en este libro la progresión dramática y narrativa que se teje de un poema a otro, y cómo se traza en el fondo una historia de explotación y emancipación del trópico, que inicia en “La selva trágica”, con un intermedio de horror y transfiguración fantástica, y concluye con la esperanza revolucionaria de “La luz del alba”. Sobre la cuestión dramática, esta obra insinúa desde el título una conexión con la dramaturgia, que se desarrolla en la estructura al ser cada poema una “jornada” del recorrido. Luis Rosado Vega usa este vocablo como un guiño intertextual al teatro del Sigo de Oro Español que se organizaba en jornadas, por ejemplo, en La vida es sueño de Calderón de la Barca. Me interesa subrayar dos cosas de Poema de la selva trágica, una ligada a la tradición de la poesía mexicana y

otra a mis búsquedas personales. Por un lado, este conjunto de 14 poemas da una visión oscura y descarnada del trópico, tema que comenzaba a ser explorado desde otro punto de vista en la obra de Carlos Pellicer con su “Esquema para una oda tropical” (1933/1973), quizás, el poema más importante del siglo XX en el sureste mexicano, por ser el canto lírico fundacional del trópico y sus paisajes.5 Cabe acotar que este tema fue una constante en la obra pelliceriana; en cambio, en Rosado Vega el trópico se entrelaza con una postura regionalista de mirilla peninsular. Existieron otros puntos de contacto entre el poeta yucateco y el tabasqueño, por ejemplo, un perfil compartido respecto a la docencia y la cercanía a los poderes políticos regionales y nacionales; asimismo, ambos se apasionaron por el mundo prehispánico e incursionaron en la arqueología a través de la creación y curaduría de museos.6 En ese marco de la tradición poética mexicana del sureste, es necesario revalorar Poema de la selva trágica por su contenido histórico, ideológico y literario. De este último aspecto, destacaría los poemas intermedios de corte fantástico, “La muerte en siesta”, “La tormenta” y “Delirante nox”, donde la voz lírica transfigura gradualmente la selva tropical en una suerte de aquelarre dantesco: ¡Oh!, ¿quién a la selva tal daño le hizo, quien la ha transmutado, qué hechizo le dieron, y quién se lo ha dado?... El árbol ya es monstruo que aterra, visión que alucina, ya es un ser que sacó de la tierra los pies y camina; provocando a sorpresa y a susto también se desprende el arbusto que ya no es arbusto porque se ha transformado en un duende; si al sueño reacio un pájaro deja la obscura enramada, se vuelve una bruja de enorme joroba que hiende el espacio montada en su escoba…7

Luis Rosado Vega, Poema de la selva trágica (Chetumal: SCOP, 1937), 125-129. Carlos Pellicer publicó en 1933 una “Primera intención” del poema, y cuatro décadas después dio a conocer una segunda parte del “Esquema para una oda tropical”. 6 Luis Rosado Vega fue el fundador y director del Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán, en tanto que Carlos Pellicer reorganizó el Museo de Tabasco, y fundó otros seis, entre ellos el de Frida Kahlo y el Anahuacalli en la Ciudad de México y el Parque Museo de La Venta. 7 Luis Rosado Vega, Poema de la selva trágica, 68-69. 4 5

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En general, la obra literaria de Luis Rosado Vega no ha resistido el paso del tiempo, sobre todo su narrativa afincada en las estéticas del siglo XIX con largas descripciones y un lenguaje que hoy es sentido como ampuloso, por ejemplo, María Clemencia (1912), su primera novela. En cambio, su poesía me sigue pareciendo atractiva, sobre todo por el tono pesimista y existencial que circunda gran parte de sus versos. Como muestra de esto los versos iniciales de “La eterna neurosis”, incluidos en su ópera prima: Era una selva oscura donde alzaban entre el ramaje misterioso y tétrico, como sangrientos frutos de exterminio sus degolladas testas mis recuerdos, mis recuerdos amargos, los hirientes… los negros!8 Sin duda, aún vale la pena leer la obra poética de este escritor yucateco como parte de nuestra historia literaria peninsular, donde resaltan libros como Alma y sangre (1906), El libro de ensueño y de dolor (1907), En los jardines que encantó la muerte (1936) y un interesante ejercicio de poetizar la historia en Romancero yucateco (1949), además de sus

“Expedición Científica Mexicana 1937. Ruinas visitadas en el Territorio de Quintana Roo por el grupo B”, Fuente: Alberto Escalona Ramos, “Algunas ruinas prehispánicas en Quintana Roo”, p. 571.

“Ruinas de Punta Pájaros, Bahía de la Ascensión, Q. R.”, Fuente: Alberto Escalona Ramos, “Algunas ruinas prehispánicas en Quintana Roo”, s/p. 8

Luis Rosado Vega, Sensaciones (Ciudad de México: Casa Editorial de E. Sánchez, 1902), 96.

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La ECM fue un proyecto científico con intereses políticos que se llevó a cabo en un contexto de confrontación entre el gobierno de Lázaro Cárdenas y una parte de la élite política y económica de Yucatán conocida como la Camarilla Oficial. Este enfrentamiento fue producto de la Cruzada del Mayab, es decir, la expropiación de las haciendas henequeneras. obras relacionadas con Quintana Roo. No en balde, Rosado Vega fue en su momento antologado por Genaro Estrada en Poetas Nuevos de México (1916), junto a nombres como Amado Nervo, Luis G. Urbina, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera, José Manuel Othón, Enrique González Martínez, Alfonso Reyes, Ramón López Velarde y José Juan Tablada.9 Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, su nombre y su obra fueron sepultados en el olvido literario, y hoy apenas se le recuerda por su contribución al mundo de la trova yucateca por canciones como Flores de mayo, Xkokolché, Las golondrinas, o la emblemática Peregrina, composición que Felipe Carrillo Puerto dedicó a la periodista estadounidense Alma Reed.10 El segundo aspecto que deseo retomar de Poema de la selva trágica se encuentra en el prólogo del libro, donde Rosado Vega consignaba haber realizado una estancia de más de medio año en el Territorio de Quintana Roo. La curiosidad me hizo escarbar más y di con otro libro del mismo autor, Un pueblo y un hombre (1940), una especie de hagiografía política dedicada a loar la obra revolucionaria del entonces gobernador del Territorio, el general Rafael E. Melgar. Allí, Luis Rosado Vega explicaba que su primera estancia en Quintana Roo había sido parte de un proyecto arqueológico que el gobierno federal había financiado en 1937: la Expedición Científica Mexicana (ECM).11 Continué mi búsqueda en periódicos de la época con la esperanza de encontrar noticias de la Expedición, sin embargo, éstas llegaron a través de un libro que fue escrito en 1937 por César Lizardi Ramos. Imágenes de Quintana Roo es el título de la obra que Lizardi escribió como enviado especial del Excélsior en la Expedición Científica Mexicana. Muchos de los artículos vieron la luz en ese diario capitalino, pero no fue sino hasta el 2004 que Guillermo Goñi editó y publicó con apoyo del INAH el manuscrito que había permanecido inédito por más de medio siglo.12 A estas alturas, yo quería saber cada vez más sobre esa Expedición, uno de cuyos frutos había sido la escritura de

dos obras literarias de Luis Rosado Vega que consideraba y sigo considerando parte fundamental de nuestra historia literaria. En un ensayo titulado “El elemento irracional en la poesía”, el poeta norteamericano Wallace Steven señala que lo irracional en la poesía no es un tema, como en el surrealismo, sino un proceso en el cual el poeta transforma la realidad en poema. Al ser este proceso irracional resulta imposible indagar en él o tratar de comprenderlo; no así el extremo primario de este proceso, es decir, la realidad detonadora del poema.13 En este sentido, intuía que la Expedición y la estancia de Luis Rosado Vega en el Territorio eran una experiencia vital que se encontraban en la base de Poema de la selva trágica y Claudio Martín. Con la poca información que había logrado recopilar desde el 2012, me aventuré a escribir una novela en el 2015, gracias al auspicio de una beca PECDA por parte del Estado de Yucatán, que aún permanece inédita. El personaje principal es Luis Rosado Vega, y en ella narro dos de los cinco viajes de la Expedición Científica Mexicana. La literatura me llevó a la historia, y en el 2016 tomé la decisión de estudiar una maestría en dicha disciplina. La Expedición volvió a tocar mi puerta mientras cursaba los primeros cuatrimestres, gracias a un artículo escrito por María de la Cruz Pallés. En el texto, la arqueóloga consignaba que la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) había recuperado en 1984 la colección documental de la Expedición, que había sido parte de la biblioteca personal del arqueólogo yucateco Roque Ceballos Novelo.14 La ECM se volvió entonces una suerte de obsesión personal y de paso mi tema de tesis. Viajé a Chetumal y a la Ciudad de México para realizar trabajo de archivo, tan sólo para enfrentarme con la cruda realidad de que la colección documental había desaparecido y sólo se conservaban unas borrosísimas transcripciones fotocopiadas de los informes en la BNAH y en la Sala Bibliográfica Chilam Balam de Tusik en Chetumal. No

Genaro Estrada, Poetas Nuevos de México (Ciudad de México: Ediciones Porrúa, 1916). Se puede encontrar una descripción detallada sobre la historia de la canción en Luis Rosado Vega, “Cómo surgió la canción Peregrina”, Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán 253-255 (abril-diciembre de 2010): 29-31. 11 Este fue uno de los muchos nombres que recibió la iniciativa, y que he optado en utilizar por su eufonía y economía lingüística. Algunos de los otros apelativos fueron: Expedición Científica Exploradora Mexicana y Expedición Científica Exploradora del Sureste. 12 César Lizardi Ramos, Imágenes de Quintana Roo, editado por Guillermo Goñi (Ciudad de México: INAH, 2004). 13 Wallace Stevens, “El elemento irracional en la poesía”. En Estados Unidos en sus ensayos literarios, selección, prólogo y traducción de Federico Patán, 159-175 (Ciudad de México: UNAM: 2001), 159-162. 14 María de la Cruz Paillés Hernández, “La expedición científica mexicana”. En La antropología en México. Panorama histórico. Las disciplinas antropológicas y la mexicanística extranjera, coordinado por Carlos García Mora y María de la Luz del Valle Berrocal, 133-148 (Ciudad de México: INAH, 1987), 137. 9

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vale la pena reconstruir aquí todo mi andar archivístico, en cambio, deseo dar una breve panorámica de los resultados de mi investigación sobre la Expedición Científica Mexicana.15 En junio de 1937 salió del Puerto de Veracruz la Expedición Científica Mexicana, la primera iniciativa de exploración arqueológica mexicana al Territorio de Quintana Roo, que hasta entonces había sido explorado y estudiado principalmente por arqueólogos extranjeros e instituciones norteamericanas como la Carnegie Institution. La comitiva era liderada por Luis Rosado Vega, quien logró sacar avante la Expedición gracias a sus amistades políticas, en particular con Francisco J. Múgica, en ese entonces Secretario de Comunicaciones y parte del círculo íntimo del presidente Lázaro Cárdenas. La Expedición fue aprobada y respaldada por la Presidencia de la República y por Secretarias de Estado como Guerra y Marina, Comunicaciones, Educación Pública, Relaciones Exteriores, e instituciones como la Universidad Nacional y el

Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía (MNAHE). Fue tal la importancia que le dieron a la Expedición que ésta gozó de un jugoso presupuesto que ascendía a $58,268 pesos, cantidad nada despreciable para la época si consideramos que era un tercio del presupuesto anual del MNAHE y la mitad del presupuesto de la Dirección de Monumentos Prehispánicos, dependencia antecesora del INAH. La ECM fue un proyecto científico con intereses políticos que se llevó a cabo en un contexto de confrontación entre el gobierno de Lázaro Cárdenas y una parte de la élite política y económica de Yucatán conocida como la Camarilla Oficial. Este enfrentamiento fue producto de la Cruzada del Mayab, es decir, la expropiación de las haciendas henequeneras. Existieron diversas críticas a la Expedición en la prensa capitalina y peninsular. La más importante de ellas fue la de Alfredo Barrera Vásquez, en ese entonces un joven lingüista y filólogo, quien se alineó al grupo de la Camarilla Oficial cuando el gobernador de Yucatán

“Las magníficas ruinas de Tulum. Desmonte”, Fuente: Luis Rosado Vega, Un pueblo y un hombre, p. 61. 15 Mi tesis de maestría, fruto de esta investigación, se titula: La Expedición Científica Mexicana al Territorio de Quintana Roo (1936-1938): prácticas científicas y relaciones políticas en la formación del Estado-nación.

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y rostro público de la Camarilla, el ingeniero Florencio Palomo Valencia, lo nombró director interino del Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán (MAHY), institución que había fundado y dirigido Luis Rosado Vega desde mediados de la década de 1920 hasta su destitución en 1937. Barrera Vásquez descalificó a tal grado la labor de su antecesor que realizó un informe sobre el estado del MAHY que hizo público a través del Diario del Sureste. El flamante director interino fue pródigo en la descripción de los “errores” de Rosado Vega; afirmaba, por ejemplo, que las cédulas decían “disparates”, y denunciaba restauraciones inadecuadas usando cemento, o peor aún, piezas o fragmentos ajenos al objeto creando así “engendros arqueológicos y timos científicos y artísticos”. En la BNAH encontré una nota engrapada al recorte periodístico del informe, en la cual Alfredo Barrera Vásquez escribió de forma lapidaria su opinión sobre la Expedición y su líder: “El anterior director del Museo Arqueológico a que se refiere este informe era don Luis Rosado Vega, Jefe de la llamada ‘Expedición Científica Mexicana’ que dicen recorrerá la Zona Maya. Creo que con esto se dejará de pensar que el poeta Rosado Vega algún día pueda ser arqueólogo”.16 A pesar de todos los ataques a la Expedición y a Rosado Vega, hubo un hecho simbólico que marcó el apoyo definitivo del gobierno federal. El 10 de marzo de 1937, Luis Rosado Vega realizó un banquete de agradecimiento en el restaurante Manhattan, en el centro de la Ciudad de México. Al evento asistieron distintas personalidades políticas y militares que reafirmaron su compromiso con la Expedición, entre ellos, Francisco J. Múgica y Eduardo Hay, ambos secretarios de Estado, así como el gobernador y el exgobernador del Territorio de Quintana Roo, Rafael E. Melgar y Mario Ancona Albertos. El banquete fue así el espaldarazo definitivo del gobierno federal. El equipo de la Expedición estuvo conformado por 16 personas que se organizaron en 5 secciones de trabajo. Entre los miembros más destacados se encontraban el arqueólogo Miguel Ángel Fernández, el ingeniero Alberto Escalona Ramos, el periodista y experto en cronografía maya César Lizardi Ramos, el historiador Nereo Rodríguez Barragán, el militar Luis Escontría Salín, el artista colombiano Rómulo Rozo, y los camarógrafos Aurelio Loyo y José Ruiz

Personal y secciones de trabajo Sección

Miembros

Sección arqueológica A

Miguel Ángel Fernández César Lizardi Ramos Rómulo Rozo José Ruíz Alberto Escalona Ramos

Sección arqueológica B

Fernando Güemes Enrique Vales

Sección de historia

Nereo Rodríguez Barragán Rafael Álvarez Luis Escontría Salín

Sección administrativa

José Gorjoux Alfredo Gamboa Miguel Ceceña Quiroz

Sección directiva

Luis Rosado Vega Manuel Ibarra Aurelio Loyo Ortega

Fuente: Elaboración propia con base en información de Luis Rosado Vega, Un pueblo y un hombre, 313-314.

Entre los hechos más destacados de la Expedición se encuentran haber descubierto más de 30 sitios arqueológicos en su recorrido por la zona insular, el norte, el centro y el sur de Quintana Roo; el interés por los vestigios arqueológicos coloniales (capillas, iglesias, pozos, casas, fuentes); haber iniciado la reconstrucción del sitio arqueológico de Tulum y el hallazgo de nuevos frescos; participar en la formación de dos museos locales, uno en San Miguel de Cozumel y el otro en Chetumal, al depositar en ellos valioso material arqueológico, gesto por demás extraño en la época, cuando la tendencia común era centralizar todo el patrimonio arqueológico en la Ciudad de México; colaborar en la construcción de una incipiente industria turística en el Territorio alrededor de Tulum, siendo este sitio la principal atracción; la decoración de la fachada de la Escuela Belisario Domínguez y el Hospital Morelos, hoy en día patrimonio urbano e histórico de la ciudad de Chetumal, así como divulgar en el centro

Alfredo Barrera Vásquez, “Estado en que se Encuentra el Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán y Plan Para su Reorganización”, Diario del Sureste (Mérida), 20 de junio de 1937.

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“La Expedición Científica Mexicana […] realizando trabajos de excavación con una brigada de soldados federales”, Fuente: Luis Rosado Vega, Un pueblo y un hombre, p. 323

del país un imaginario distinto del Territorio, que buscaba dejar atrás los fantasmas del infierno tropical, la Siberia mexicana y del presidio porfiriano. En los primeros meses de 1938 gran parte de los miembros de la Expedición Científica Mexicana habían vuelto a la Ciudad de México. Algunos regresaron enfermos e incluso, Aurelio Loyo murió debido a una paratifoidea. Ya en la capital, hicieron trabajo de gabinete, redactaron informes y realizaron dos exposiciones de los hallazgos arqueológicos y etnográficos, una en el salón más bello de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas y otra en el Palacio de Bellas Artes. Este es sólo un bosquejo a brocha gorda tanto de la importancia de Luis Rosado Vega como figura literaria de la península de Yucatán al igual de lo que fue la Expedición Científica Mexicana, una historia que había permanecido en su mayor parte olvidada en el marco de la historia regional y la historia de la arqueología nacional, así como por los avatares en torno al hallazgo y desaparición de su colección documental.

Al acabar de escribir estas letras me percato de algo. No en balde, toda escritura es descubrimiento. Mi vínculo con Luis Rosado Vega, lo que me cautiva del personaje, a pesar de su carácter hosco, duro, difícil y quizá hasta de personaje no grato, es nuestro amor compartido por el presente y el pasado de la península de Yucatán, por la literatura y la historia de nuestro pedazo de terruño y nuestra siempre elusiva identidad. TROPO David Anuar (Cancún, 1989). Licenciado en Literatura Latinoame¬ricana (UADY, 2008-2013) con Maestría en Historia por el CIESAS-Peninsular (2016-2018). Becario del PECDA Quintana Roo (2012) y de Yucatán (2015). Becario del Festival Cultural Interfaz (2017). Ganador del Con¬curso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011). Autor de las plaquettes de poesía Erogramas (2011, Catarsis Literaria El Drenaje) y Estrellas errantes (2016, UAEM). Autor de los libros Cuatro ensayos sobre poesía hispano¬americana (2014, Ayuntamiento de Mérida) y Bitácora del tiempo que transcurre (2015, Ayuntamiento de Mé¬rida). Becario de la Fundación de las Letras Mexicanas. Reside en la Ciudad de México.

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Arlén Sánchez

Taza, periódicos y libros de mi abuela. Serie Archivos. 2018.

Conforma mi identidad la memoria de mis antepasados Por Miguel Ángel Meza Luego de sus dos exitosas exposiciones individuales en 2018 —Litoral-Asfalto y Archivos. Topografía de la Memoria—, y de una presencia continuada y muy activa en varias muestras colectivas ese mismo año, Arlén Sánchez se ha revelado como una artista visual con una conceptualización muy templada, muy meditada y muy convincente acerca de su proceso creativo, de su temática y de sus proyectos. Afincada en Cancún desde hace diez años, Arlén ha enfatizado su reflexión pictórica sobre la identidad propia desde el estudio del pasado familiar, y sobre la identidad colectiva, a fin de rescatar de ese archivo valores en favor del bienestar común y reforzar el sentimiento de pertenencia, todo ello bajo una premisa: “conocer el origen para reconocerme en él”.

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Los 9. Serie Archivos. 2018.

El lugar que habito es una metáfora de mi mundo interno

—A

l parecer el gran tema que te motiva desde el inicio de tu carrera es el de la identidad, ya sea colectiva y urbana, ya sea familiar o personal. En esta exploración ¿qué implicaciones has hallado entre el habitar un lugar determinado y la formación de la identidad? ¿Hasta dónde proyectas llevar esta exploración? —Me parece que mi lugar de residencia funciona como una metáfora de mi mundo interno y mi historia de vida. Así relaciono la Ciudad de México, donde nací y crecí rodeada de la calidez familiar y los retos propios de la edad adolescente, con mi búsqueda por encajar y descubrirme a través de mis relaciones con los otros. Al ir madurando fue coincidiendo con el cambio de residencia, mi cambio de rol como persona, mi salida del seno familiar para independizarme y formar una familia propia. El incremento de responsabilidades han propiciado las condiciones de una reflexión más introspectiva hacia una búsqueda de mí misma y mis raíces. Siento que esta exploración de quién soy y la auto-observación, son una constante cotidiana cuyo alcance no podría delimitar.

—Es significativo que te inquiete este tema ahora que has experimentado dos vivencias urbanas en sus extremos: la Ciudad de México (con su pasado, su sobrepoblación e identidad en continua crisis y lucha por permanecer) y Cancún (una ciudad que busca configurar la identidad que lo caracterice y le dé sentido de comunidad). —En ambas ciudades hay similitudes en cuanto a la continua reconstrucción de identidad, como mencionas. Ahora que resido en Cancún, desde hace casi diez años, ha cambiado mi perspectiva del entorno. La Ciudad de México forma parte de mi pasado y ya no me identifico tanto con sus crisis sino con su riqueza en la oferta cultural, de la cual carece Cancún. Sin embargo, siento que soy partícipe y testigo de la actual transformación que está aconteciendo en el ambiente artístico de Cancún. —¿Cómo es tu relación con los otros artistas de Cancún? ¿Haces vida comunitaria artística? —Estoy descubriendo a la comunidad artística de Cancún. He conocido muchos artistas a quienes admiro en diferentes procesos de su carrera, y valoro mucho las enseñanzas de los maestros con trayectoria, que tienen un interés real por la profesionalización del arte en Cancún. Siento que es un momento de unión y solidaridad en el que varios grupos de distintos niveles y centros culturales están proyectando el crecimiento cultural como comunidad. —¿Qué otras ideas temáticas piensas desarrollar en el futuro? ¿Cuál es tu próximo proyecto?

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Moño y pelota de mi madre. Serie Archivos.

—Estoy explorando actualmente en la línea de los recuerdos y las anécdotas del pasado, de mi infancia y mis antepasados. Me interesa la memoria de situaciones, personas y ambientes que en su momento respondían a un juicio determinado a corta distancia y cómo es que ahora, desde la mujer que soy hoy, observo y atesoro el hecho de que la contemplación de esos momentos se vuelve muy valiosa, como un rescate y resguardo. Esas valoraciones se vuelven indicios de mi identidad. Estoy trabajando en las atmósferas y locaciones generadoras de esas sensaciones de bienestar y nostalgia. —¿En qué expresión te sientes más cómoda, más libre? —En este momento y por el proyecto en el cual estoy trabajando, en la abstracción. Siento que es una presentación más directa, que comulga con las sensaciones y atiende de inmediato a la percepción. El proceso durante la construcción de la pintura me enseña en cada paso; mientras que la representación figurativa narra y explica, y siento que la anécdota delimitaría de alguna forma el discurso a las formas reconocibles, a los personajes, dejando de lado el impacto visual. —¿Qué vicios o defectos tuyos procuras evitar mientras trabajas? —La procrastinación, en definitiva. La evito respetando de forma disciplinada un lugar y horario de trabajo, que

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debo cumplir sin importar las distracciones o frustraciones que el mismo proceso creativo implica. —Háblanos un poco de tu disciplina de trabajo cotidiano. ¿Qué manía o gustos pones en práctica en ese proceso creador? —Prefiero tomarme mi tiempo en solitud, trabajo mejor de noche y en silencio, la planeación y el diálogo con la obra son muy importantes. Me abstraigo en ese momento, pierdo la noción del tiempo y luego dejo el estudio por varios días. Me gusta soltar el cuadro dejarlo en reposo antes de volver a verlo, entonces el discurso se transforma y me permite observar con más objetividad. —En tu producción creadora, qué es más importante, ¿la técnica o el sentimiento? —Van de la mano, la una se sirve de la otra y se complementan con el concepto. Sin la técnica adecuada el sentimiento no es sólido y el discurso es confuso. Entonces el concepto no sirve y la obra no tiene sustento, se vuelve un ejercicio. Es fundamental dominar la técnica para que ésta obedezca el sentimiento y así el discurso se revela. —¿Recuerdas la obra o el artista que marcó tu orientación en el arte, tanto en tu temática como en tu estilo? —Han sido varios en correspondencia temporal con mi formación académica. Pienso que una importante apor-


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Tajamar. Serie Litoral.

tación en mi manera de entender la pintura fue el movimiento del Expresionismo Abstracto de Nueva York, y en la actualidad admiro mucho la importancia del proceso, del artista trabajando, de la subjetividad de la factura y sus alcances masivos en las series “Cages” de Gerhard Richter.

El arte es para mí un medio de autoconocimiento y congruencia —Has afirmado que “el arte es liberador y revelador”. ¿De qué te ha liberado el arte? ¿A ti qué te ha revelado? —Siempre he encontrado en el consumo del arte un respiro del ajetreo cotidiano, ya sea cine, música, pintura, literatura. Mediante una manifestación artística se logra el efecto en mí de abstraerme de mis particularidades para vincularme con el discurso y, de alguna forma, involucrarme en una realidad más allá de mis cuestiones personales. Eso lo encuentro muy liberador. Y en el acto creativo propio, el ejercicio de dibujar o pintar es un encuentro conmigo misma. Casi siempre comienzo con una idea conceptual que va evolucionando y transformándose en la técnica, en el hacer y dialogar con el cuadro, hasta tener una voz propia; y entonces descubro: la pintura me revela Fondo del mar. Apunte No. 5. Serie Litoral.

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(En Cancún este) ...es un momento de unión y solidaridad en el que varios grupos de distintos niveles y centros culturales están proyectando el crecimiento cultural como comunidad.

que la idea original era en realidad algo más profundo o simplemente distinto; descubro y redescubro cosas de mí misma constantemente en el proceso. —¿Podrías ampliar tu idea de que el arte es “la única forma de conectarse con cualquier emoción humana, más allá de cualquier connotación subjetiva”? Parecería una paradoja: ¿el arte contemporáneo no es fundamentalmente subjetivo como las emociones humanas? —Considero que el arte y los artistas pretenden desde su subjetividad conectar con universalidades que nos sobrepasan como individuos. Creo que las emociones humanas son universales y en este sentido son un común denominador. —¿Cómo entiendes el concepto de transgresión en el arte, específicamente en el tipo de obra que has desarrollado? —El arte tiene como característica la transgresión per se, confronta. A través de mi obra busco de una manera sutil un enfrentamiento poético con mis creencias personales, resultado de una investigación autorreferente y de experimentación de los materiales. —Seguramente, en algún momento te has preguntado cuál es el sentido de lo que te hace ser artista. ¿Qué te has contestado? —El arte es para mí un medio de autoconocimiento y congruencia, me enfrenta como persona y como artista permitiéndome un crecimiento que devienen en bienestar al ver la obra concluida. Me significa una forma de registro de quien soy y de la etapa en que me encuentro. El proceso me emociona y me motiva en la búsqueda del asombro y placer estético que por sí mismo me provocan los materiales y la ejecución. —Como artista, ¿cómo quisieras que te recordara la posteridad? —Pretendo que mi obra sea cada vez más sólida y acorde a mi propio crecimiento y conocimiento como persona y como artista, aspiro a seguir trabajando, a seguir dialogando en busca de un discurso honesto y auténtico. Quisiera que en algún momento la obra por sí sola tenga capacidad de generar una impresión contundente, un alcance de amplio espectro y así hacer una conexión atemporal, compartir el estado mental que me a mí me provoca pintar. TROPO

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El vestido de novia de mi abuela. Serie Archivos.

Zapatos y paraguas de mi bisabuela. Serie Archivos.


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¿Qué normas éticas deberían regir nuestra vida? Por Héctor Hernández

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La Educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar al mundo. Paulo Freire

ace unos 2500 años, uno de sus discípulos le preguntó al sabio chino Confucio «¿Hay alguna sola palabra que pueda guiarnos toda nuestra vida?» Y el Maestro respondió: «Reciprocidad». E inmediatamente explicó a lo que se refería: “Lo que no desees que te hagan a ti, no se lo hagas a los demás.” Esta regla de conducta ética se conoce comúnmente como la regla de plata. Si la gente en general guiara su conducta por esta regla se evitarían muchos problemas, pues cada individuo razonaría así: “Como no deseo que me roben, no voy a robar”, “Como no deseo que me mientan, no voy mentir”. La aplicación general de esta regla incluso podría ayudar a evitar conflictos entre individuos agresivos que desafortunadamente suelen ser más violentos que aquel par de sujetos donde uno insulta al otro, y el insultado dice: —Repíteme eso y te rompo la cara. —Considéralo repetido —responde el otro. —Considera tu cara rota. Un problema con la regla de plata es que parece limitarse a no causar daño a otros y en ese sentido puede ser cumplida incluso por un objeto inanimado, por ejemplo, una roca: no

desea ser dañada (porque no tiene deseos) y no hace daño. Sin embargo, aunque “mucho ayuda el que no estorba”, no siempre es suficiente ayuda el solo hecho de no estorbar, cuando alguien está siendo asaltado con frecuencia desea que alguien le ayude y no solo que no interfiera. Unos 500 años después de Confucio, Cristo compartió con sus discípulos la siguiente regla más exigente: “Como quieras que te traten a ti, debes tratar a los demás”. Esta regla es conocida como la regla de oro o regla áurea (Au es el símbolo del oro en la tabla periódica). Esta regla no se cumple con solo evitar hacer daño, requiere tomar acción positiva y ayudar a otros.1 Obviamente el mundo sería mucho mejor si la gente siguiera esta regla en la vida, pero no muchos la siguen, no es fácil hacerlo. El astrónomo Carl Sagan, en su libro póstumo Miles de millones hace la siguiente crítica a la regla de oro: “¿Debe el masoquista infligir dolor a su vecino? La regla de oro no toma en consideración las diferencias humanas. ¿Somos realmente capaces, después de haber recibido una bofetada en la mejilla, de poner la otra para que también la abofeteen? ¿Acaso no es esto garantía de un mayor sufrimiento frente a un adversario desalmado?” Lo primero que se puede decir en respuesta es que la regla está dirigida para personas sanas, o “normales”, mientras que el masoquismo y el sadismo estás clasificados en el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) como trastornos mentales. Así que no se puede tomar uno de esos casos como contraejemplo de la regla. Por otra parte, para casos menos extremos, se puede decir que si un “masoquista” inflige dolor a su vecino, es para que el

1 La regla de plata se puede forzar un poco para extenderla a otros casos utilizando verbos negativos como ignorar, hacer caso omiso, etc. Por ejemplo, “Si no deseo que me ignoren cuando necesito ayuda, no debo ignorar a los demás cuando la necesiten”.

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Fotografía: El Naranjo Estudio

vecino en respuesta le inflija dolor a él y, mediante ese dolor, experimente placer. Así que en última instancia lo que desea es el placer, no el dolor. En ese sentido, lo que debe hacer, según la regla de oro, es tratar de hacer que alguien, normalmente la pareja o alguien con quien tiene un vínculo emocional, experimente placer a fin de que esa persona esté dispuesta a corresponder y satisfacer su deseo de placer, aun si eso implica que lo haga a costa de provocarle cierto tipo de dolor específico, comúnmente durante el acto sexual. En este caso la regla sigue funcionando bien, como una recomendación de complacer a la pareja si se quiere ser complacido. Ahora bien, la afirmación de poner la otra mejilla para que la golpeen, no debe entenderse en forma literal porque el mismo sabio maestro que la recomendó fue abofeteado en cierta ocasión y no puso la otra mejilla, sino que se defendió diciendo: “Si dije algo malo, muéstrame donde está lo malo; y si lo que dije está bien, ¿por qué me pegas?” (Juan 18: 22-24). Muchos estudiosos del texto concuerdan en que más bien se refería a no dejarse provocar en una agresión, ya sea física o verbal, porque una bofetada no se da para herir físicamente, sino solo para llevar a una confrontación. El ejemplo indica que seguir la regla de oro no significa complacer a los demás en todo lo que se les ocurra (sea bueno o malo), en el caso del insulto el otro normalmente quisiera que cayeran en su provocación, pero el consejo es no permitirlo. Como dijo el filósofo Séneca en su libro cuarto de Tratados Morales: “Seános, pues, de consuelo cuando nuestra mansedumbre dejare la venganza, que no faltará quien castigue al desvergonzado, soberbio e injurioso: vicios que no se ejercitan en solo uno ni en sola una afrenta.” La regla de oro no se refiere a complacer deseos egoístas que dañen a otros. Por ejemplo, a un asaltante le gustaría que cuando esté robando, todos cooperen sin oponer la más mínima resistencia, mejor aún si le traen más dinero de otros lugares, pero eso no significa que estemos

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obligados a hacer eso cuando nos asalten. En otras palabras, la regla de oro se puede resumir así: “El bien que quieras recibir, deberías demostrárselo a los demás”. Una regla que parece más fácil de seguir que la de oro o plata es la regla de bronce es: “Haz a los demás lo que ellos te hagan”, la cual a su vez parece mejor que la regla de hierro: «Haz a los demás lo que te plazca, antes de que ellos te lo hagan a ti.» Carl Sagan llama regla de hojalata, por su flexibilidad, a una combinación de la regla de oro para los superiores y la de hierro para los inferiores: “trata de ganarte el favor de los que están por encima de ti y abusa de los que tienes debajo”. Otra regla común llamada nepotismo (del latín nepos= sobrino o nieto) es “privilegia en todo a tus parientes próximos y haz lo que te plazca con los demás”. Actualmente, muchos se rigen por reglas centradas más en el beneficio propio como “haz lo que digo y no lo que hago”, que a veces se llama doble moral. Alguien dijo: “bueno es mejor tener doble moral a no tener ninguna”. Los diez mandamientos, que antes eran respetados, ahora la gente los suele aplicar en forma condicionada, por ejemplo, así: “Honra a tus padres (mientras recibas vivienda, dinero o comida de ellos, de otra forma vas a tener que trabajar)”. “No robes a menos que estés seguro que nadie te está viendo”. En julio de 2017, un hombre vio que estaban saqueando un comercio en Argentina, detuvo su motocarro y se unió al saqueo, el problema es que estaban filmando una película y era solo una escena de saqueo, así que el ladrón tuvo que devolver los objetos robados y fue llevado a la Comisaría. “No mientas, excepto si te ahorra grandes esfuerzos”. Hay una historia que algunos atribuyen al filósofo Arthur Schopenhauer (yo no estoy seguro si realmente fue Schopenhauer el protagonista, pero no importa). Al inicio de un curso en la Universidad de Berlín, preguntó a los estudiantes: —Antes de comenzar, quisiera saber si alguien ha leído mi ensayo sobre la influencia de la mentira en


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Fotografía: El Naranjo Estudio

las relaciones humanas. Aunque no lo recuerden bien, levante la mano el que lo haya leído. Muchas manos se levantaron, y Schopenhauer meditativo, dijo: —Ahora ya sé que de esta influencia voy a poder hablar con conocimiento de causa, pues la verdad es que yo nunca he escrito este ensayo. Eso no significa que no haya gente que se tome en serio la obligación de decir la verdad. Se dice que Bertrand Russell consideraba a G. E. Moore una de las personas más honestas que había conocido en su vida y una vez le preguntó si había dicho alguna vez una mentira, Moore respondió que sí y algún tiempo después, Russell escribió: “Creo que esta es la única mentira que Moore dijo en toda su vida”. Actualmente, la regla implícita que rige la conducta de mucha gente es “haz lo que te plazca, pero asegúrate de que no te descubran cuando hagas algo mal visto”. Por lo general, la gente desea hacer lo que le place, pero prefiere que otros paguen las consecuencias. Por ejemplo, muchos tiran basura en la calle, en el transporte o desde su auto, esperando que otros sean los que la recojan, o los que limpien. Existe una tendencia a observar el mundo solo desde la perspectiva egocéntrica de los beneficios tangibles que va a obtener el individuo de lo que haga o deje de hacer. Incluso en campos típicamente considerados de “servicios”, como la medicina, con frecuencia se puede detectar una actitud como la del siguiente diálogo entre médicos. —¿Sabías que operé a Fulano? —¿Con buenos resultados? —Cien mil pesos.

Por otra parte, es alentador ver a un sector de la población que todavía se preocupa por otros, aunque cada quien tiene su “otro” favorito. Algunos se preocupan por el bienestar de los perros callejeros, otros de los gatos, otros por uno o más de los grupos más vulnerables (pobres, ancianos, enfermos, afectados por un desastre natural, etc.), o por el medio ambiente. En mi opinión, es preciso explotar los valores que hay detrás de este interés genuino en otros para recuperar algunas cualidades que parecen haberse estado devaluando, como la honestidad, el altruismo, la cortesía, la empatía y el auto-control. Sin embargo, solo una reflexión profunda sobre lo valioso de estas cualidades o los valores subyacentes podría hacer una diferencia en la conducta de la gente que actualmente no aprecia su valor en toda su extensión. Aquí es donde entra la importancia de la educación ética, padres y maestros pueden fomentar la reflexión sobre los valores indicados y otros mediante sus propias experiencias y meditaciones. Las normas que deberían regir nuestras vidas son aquellas que promueven los valores (como la de oro, de plata y de bronce), y no su contrario (los antivalores), como las reglas de hierro, de hojalata y de nepotismo. Si desde la niñez se cultivan los valores, se tendrán personas con principios firmes a quienes difícilmente se les puede corromper. Estas personas no tendrán la actitud que dijo en broma Groucho Marx, pero que muchos viven seriamente: “Estos son mis principios, si no te gustan, tengo otros”. TROPO Héctor Hernández (México, D. F.). Licenciado en Actuaría y Matemáticas, doctor en Filosofía de la Ciencia y doctor en Educación. Actualmente es profesor del departamento de Desarrollo Humano en la Universidad del Caribe.

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Fabrica/acciones Por Vanesa González-Rizzo K.

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omos fabricantes. Creamos, destruimos, también construimos. En este siglo mucho más que en otros y desde nuevos sitios. Nuestras posibilidades son inmensas, sobre todo en la fabricación de lo etéreo, eso que puede desvanecerse en el aire o permanecer como lápida y costar vidas. Los medios de comunicación y las redes sociales son los principales fabricantes de verdades, falsedades y mentiras. Nosotras y nosotros decidiremos con qué alimentamos nuestra mente, a quién le creemos, qué creemos y qué nos hace bien consumir. Sin embargo, no todo es tan controlado para el usuario, a veces es difícil distinguir si aquello que nos repiten será cierto o no. El pensamiento crítico resulta un desafío al que pocas personas acceden. En general nos quedamos con la chatarra del tipo: “Es un peligro para México”, “Con este milagrito, sin dietas, sin esfuerzo y comiendo hamburguesas todo el día bajarás 20 kg” y la lista es inmensa. Hemos vivido decisiones desafortunadas por no dudar, por no cuestionar aquello que nos dan por cierto. Descartes nos lo advertía desde el siglo XVII: él desechará todo lo que llegue de los sentidos, pues los considera engañosos y no debemos fiarnos de ellos. Para este autor, entonces, lo fundamental no será lo referido a los sentidos (y es así cómo rompe con el empirismo), sino a la razón, la duda y la certeza. Si no es a partir de los sentidos, el mundo debe ser apropiado por medio del entendimiento; es decir, las cosas no deben ser vistas o tocadas, sino comprendidas por el pensamiento. Es la clásica formulación del racionalismo: la fuente del saber es la razón, no los sentidos. Sin ser esencialistas, sin decir que en ese pensamiento está la verdad (pues ¿a cuál verdad nos referimos?) cabe traer al filósofo de varios siglos atrás, pues nos hemos alejado de la posibilidad de usar la duda, la razón para tomar decisiones en nuestra vida, y

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para elaborar un juicio en torno a las demás personas y a los acontecimientos que se nos presentan. Hay discursos que han sido tan tramposos y tan manipulados que a la gente ya le cuesta trabajo dar por verdad la palabra de algunas y algunos, por ejemplo la de las y los políticos, cuyo descrédito es tal que permiten, en parte de la población, la posibilidad de incluir la duda. Resulta complejo el proceso, pues parte de las dificultades se relacionan con el poder hegemónico, con quién o quienes detentan el poder y los manejos que se van enhebrando. Calan hondo en la vida simbólica de las sociedades. Hay discursos que se dan por ciertos, basta que los diga alguien con “suficientes credenciales” o que sea parte de lo que se considera “moralmente bueno”, que ostente un poder trabajado, pulido, como para que la duda sea más difícil de enunciarse. En un mundo tan precarizado emocionalmente, tan convulsionado en relación con los mensajes e informaciones que recibimos, en un mundo en el que el empaque vale más que el contenido (como diría el querido Eduardo Galeano), somos superficiales en nuestro andar, vamos por encima de las olas, tratando de que no nos revuelquen y, paradójicamente, somos personas deseosas de que alguien nos zambulla profundamente y nos diga esas lindas palabras al oído, esas que nos hagan creer que tenemos importancia, que hay esperanza, que valemos. Queremos creer. También somos fabricantes de sostenes precarios, lugares desde donde podamos sentir que estamos bien paradas, que los huecos, la falta y la carencia que nos acompaña a todas las personas se borra, aunque sea por un suspiro. Hay existencias más frágiles que otras, hay contextos en los que las condiciones son extremadamente favorables para que la falsedad, la ignorancia, la mentira y la estupidez cobren vida como moneda de cambio. Sean parte del intercambio que empobrece y aparenta sostén. Así cuando nuestras vidas, a pesar de todos los intentos,


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Es así que podemos tener variaciones que van de la confianza a la des-confianza, de la identificación introyectiva que produce intimidad, a la identificación proyectiva que vacía y deshace… Nos invita a pensar con qué alimentamos nuestra mente, qué es lo que la nutre, cuánta basura nos tragamos. Qué relaciones establecemos con nosotros, con los otros, y qué calidad emocional tienen. ¿Somos capaces de resistir el dolor psíquico en el encuentro de instantes significativos?

retornan al vacío, somos perfectos espectadores de vidas ajenas, disfrutamos del “Reality Show”, y entonces la felicidad del otro se vuelve propia, nos contagiamos de los chismes, las traiciones y los amores de las y los otros. Incluso los recreamos en nuestro cotidiano y hacemos enormes historias de hechos menores, somos invitados a un festín en el que nuestras propias fantasías pueden cobrar vuelo. Allí la verdad no importa, o quizá la verdad sea esa que se quiere creer, esa a la que le ponemos la historia propia, la completamos con nuestros supuestos, nuestras envidias, llevamos al máximo las rivalidades. Narramos con certezas y juicios descabellados, sin darnos cuenta que ello nos pertenece. Lo propio puesto en el otro. Actuando fuera en un intento por salvarnos dentro. ¿Podremos rescatarnos de las fabricaciones, podremos encontrar la sinceridad? El psicoanalista Donald Meltzer escribe un trabajo sobre el tema que resulta interesante, pues lo enmarca en la situación analítica y en esa virtud particular que para él tiene el lenguaje de la emocionalidad. Es en este encuadre en el que surge la palabra “sinceridad” que, a diferencia de otras, le resulta una “palabra musical, mordaz y la más virginal que se puede encontrar en nuestra verbosa cultura”. Meltzer incorpora el inconsciente para poder hacer su desarrollo. Dice: “Es que esta función variable de nuestra habilidad para significar la intencionalidad implícita de nuestros conceptos (sentimientos, pensamientos) es la que es experimentada por la concientización personal como gradaciones de la sinceridad…” . Es así que podemos tener variaciones que van de la confianza a la des-confianza, de la identificación introyectiva que produce intimidad, a la identificación proyectiva que vacía y deshace… Nos invita a pensar con qué alimentamos nuestra mente, qué es lo que la nutre, cuánta basura nos tragamos. Qué relaciones establecemos con nosotros, con los otros, y qué calidad emocional tienen.

¿Somos capaces de resistir el dolor psíquico en el encuentro de instantes significativos? Cuánto trabajo interno tenemos para descubrirnos sumergidos en momentos de profunda estupidez, haciendo uso de los juicios de valor hacia otros seres, sin detenernos a dudar, sin pensar en el daño que producimos. Emergió otro término que hace sentido y es la omnisciencia se refiere a cierta pobreza de la imaginación estrechamente ligada a la envidia, que no puede concebir sus propias limitaciones de pensamiento y conocimiento. Por lo tanto, supone que lo que piensa o sabe es la medida de todo el pensamiento y el saber posible. Hacia estos lugares somos invitados constantemente. La huida de la afectividad profunda, de la conexión con el saber y el conocer propio, es recurrente. Nos quedan alternativas, cada buen trabajo psicoanalítico puede ser una, pero también existe la posibilidad de que socialmente seamos fabricantes de nuevos vínculos, de nuevas maneras de acercarnos al decir y el hacer de las personas. Nos queda la constante posibilidad de dudar y cuestionar. Plantear un ejercicio ético en nuestras relaciones, en los consumos personales, nutrir la mente y los vínculos con sinceridad, con amor. Construir socialmente espacios en los que la escucha, el intercambio de ideas, incluso las discusiones, el pensamiento crítico y las divergencias, nos enriquezcan y nos permitan crecer como personas y como sociedad. TROPO Vanesa González-Rizzo Krasniansky. Psicoanalista con más de 18 años de experiencia clínica en el tratamiento de bebés, niños, adolescentes y adultos. Fundadora en 2005 del Espacio de Desarrollo Infantil e Intervención Temprana (EDIIT) en la Ciudad de México. Miembro activo de la Asociación Mexicana para el Estudio del Retardo y la Psicosis Infantil (AMERPI), integrante de la Asociación Mundial para la Observación de Lactantes. Ha sido docente en el Círculo Psicoanalítico Mexicano, la Universidad La Salle Cancún, y la Universidad Marista de Mérida, entre otras instituciones.

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Una antología que vale lo que Cuesta Por Marién Espinosa Garay

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n julio de 1928, el periodista Vereo Guzmán recogió en un artículo aparecido en el semanario Revista de Revistas, algunas opiniones de reconocidos escritores en torno a un libro recién publicado, que había caído en los ambientes culturales de la época como una auténtica bomba. Este articulista declaraba que la Antología de la poesía mexicana moderna, había levantado una polvareda en los círculos literarios de nuestro país y, con mala intención, tituló a su demoledora colaboración en la revista mencionada Una antología que vale lo que Cuesta, queriendo significar que la Antología valía muy poco, tanto como el poeta que la firmaba, el entonces muy joven y apenas conocido Jorge Cuesta. Como era de esperarse, las opiniones vertidas en semejante artículo fueron adversas al grupo de jóvenes poetas encabezados por el firmante, quienes se atrevieron a seleccionar, entre los viejos autores, aquellos que consideraban sus maestros, dejando fuera a otros reconocidísimos talentos nacionales. Pero además y para colmo, se atrevieron a elaborar insolentes críticas para todos ellos y, peor aún, sintiéndose al nivel de los grandes, publicaron sus propias obras en un exceso de autogratificación que resultó chocante y presuntuoso a los entonces numero1

sos —y bastante aguerridos—, aficionados a la poesía en el México posrevolucionario. De esta manera, la polvareda que se anunciara en la encuesta de marras habría de convertirse en huracán. Y un mes después nacería la revista Contemporáneos, donde estos irreverentes poetas noveles habrían de consagrarse en la historia de la cultura mexicana, a pesar de los denuestos e improperios que les mereció su primera aventura en el ejercicio de la crítica literaria. Años después de publicada tan incendiaria compilación —que ha sido leída y comentada por escritores mexicanos y extranjeros desde entonces—, el Fondo de Cultura Económica decide reeditarla. Así que en 1985, a 57 años de su primera aparición, resurge la misma Antología1, ahora purificada por el tiempo y prologada por el académico y editorialista Guillermo Sheridan, quien hace una radiografía de la obra, así como del poeta que se atrevió a firmarla, el ya mencionado Jorge Cuesta y, por supuesto, de sus amigos y secuaces, los poetas —hoy consagrados— de la Generación de Los Contemporáneos. En su prólogo, Sheridan apunta, a su vez, severas críticas, al mismo tiempo que concienzudos reconocimientos a esta hoy importantísima Generación. Pero también asevera muchas elucubraciones más, como la sospecha de que la elaboración de tal Antología fue perpetrada por varios de ellos —sospechosos son Xavier Villaurrutia, Jaime

CUESTA, JORGE (1985) Antología de la poesía mexicana moderna, México, Fondo de Cultura Económica, Col. Lecturas Mexicanas

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Torres Bodet, Salvador Novo, Bernardo Ortiz de Montellano y Enrique González Rojo, entre otros—, quienes habrían presionado a Jorge Cuesta para firmar el engendro colectivo y dar la cara por todos, aunque no la dio, pues se fue a Europa cuando surgió el vendaval de reacciones adversas, precisamente entre los reaccionarios de entonces. Pero algo es inobjetable hoy en día: la necesidad de cualquier aspirante a poeta, de conocer a estos críticos implacables de los modos de hacer y deshacer la poesía de nuestro país desde los años decimonónicos a la fecha. Y es que Los Contemporáneos quedaron instalados en un parteaguas donde México dejaba atrás el nacionalismo revolucionario que había llevado a grandes alturas las propuestas artísticas del Muralismo, aquel nacionalismo que también había fundamentado el descubrimiento de la propia identidad a través de la Escuela Mexicana de Pintura y que, además, ejerció la autocrítica y la reflexión profunda junto a los autores de la Novela de la Revolución, entre otros capitales acontecimientos culturales que proliferaron después del apaciguamiento de la tormenta revolucionaria, bajo el gobierno de Álvaro Obregón. Este caudillo buscó la manera de amainar el conflicto armado nombrando al intelectual ateneísta José Vasconcelos para dirigir el rumbo de la educación en un México que se recuperaba de sus heridas históricas a fuerza de arte y cultura. Pero Los Contemporáneos siguen instalados allí, en la incómoda posición que fue su razón de ser, entre el México nacionalista y la obligada internacionalización, de cara a un mundo cada vez más ancho y al ineludible futuro por construir. Ellos fueron y siguen siendo el puente entre dos maneras de poesía, y son síntesis también de ambas, en un salto dialéctico que perdura hasta nuestros días. Por consiguiente, la autorizada crítica de Sheridan en el prólogo de la reimpresión del año 85 del siglo pasado, abre un sinfín de perspectivas a la obra que causara tanto revuelo en el año 28 y, como se ha dicho, es un rico abrevadero de lúcidos conceptos para los aspirantes a poetas en la actualidad, nuestro tan traqueteado siglo XXI. Para dejar a un lado los asuntos políticos y entrar en el meollo de la tan mencionada Antología, habremos de parafrasear al prologuista mientras explica que en la primera parte de ésta, los aún no llamados Contemporáneos —pues ellos se definían El grupo sin grupo—, recogen versos de los modernistas y clasicistas de la segunda mitad del siglo XIX, quizá a quienes consideraban sus maestros, como Manuel José Othón, Salvador Díaz Mirón, Francisco

A. De Icaza, Luis G. Urbina, Amado Nervo y Rafael López. En este primer escenario se acusa la grave falta de dejar afuera al famoso Duque Job, Manuel Gutiérrez Nájera. La segunda parte de la Antología selecciona obras de Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Enrique González Martínez, Manuel De la Parra, Ricardo Arenales, Ramón López Velarde y Alfonso Reyes, con obras posmodernistas y autores acordes a los planteamientos del Ateneo de la Juventud, cuyas obras pueden situarse en la primera veintena del siglo. Y la parte tercera presenta las propuestas de aquella polémica Generación, irrespetuosa y hasta pedante, según los criterios de los viejos de entonces, que se atrevió a elaborar el libro que reúne y vitupera a todos: Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Salvador Novo, Gilberto Owen, Carlos Pellicer y el estridentista Manuel Maples Arce. Crítico de los críticos, Sheridan comenta que Jorge Cuesta “…pudo ser más enérgico con la poesía de sus compañeros de generación, por lo menos, tanto como lo fue con las (generaciones) anteriores”. Sea esta una excusa para buscar el libro, para conocer a Los Contemporáneos, para abrevar en la obra de cada uno de ellos, o para investigar qué han dicho y escrito so-

Muy ilustrativo el documental de Octavio Paz sobre Los Contemporáneos, México en la obra de Octavio Paz : Los Contemporáneos, Itinerario poético / O. Paz, realización de J. Vázquez, dir. general de H. Tajonar. https://www.youtube.com/watch?v=396xKGWtK3g https://www.youtube.com/watch?v=qhxM6cLHbDM

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Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet y Salvador Novo.

bre el tema los grandes poetas que vinieron después, con nuevos enfoques, profundos análisis y sesudos ensayos, como Octavio Paz2, Luis Cardoza y Aragón, Efraín Huerta, el mismo Sheridan en varios estudios, y muchos más. También que estas notas sirvan de introducción, como si de trailers cinematográficos se tratara, o para degustar una probadita de los versos que aparecen en esa Antología. Versos lanzados al aire, fuera de contexto y estructura, pero aun así, pedradas de imágenes y emociones que pueden descalabrar nuestra parsimonia en cualquier momento.

Así, desvanecida de distancias, / acaso lloras sobre la palabra otoño. Manuel Maples Arce

Asoladora atmósfera candente, / do se incrustan las águilas serenas, / como clavos que se hunden lentamente. Manuel José Othón

¡Las luces de las luciérnagas / iban a licuarse todas / en un hilo de agua tierna! José Gorostiza.

Y suele retornar y me reintegra / la fe que salva y la ilusión que alegra, / y un relámpago enciende mi alma negra. Salvador Díaz Mirón Amé, fui amado, el sol acarició mi faz, / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz! Amado Nervo Del verano, roja y fría / carcajada, / ¡Rebanada / de sandía! José Juan Tablada ¡Perenne floración y eterno emblema! / Mi tristeza es como un rosal florido. Enrique González Martínez El Niño Dios te escrituró un establo / y los veneros de petróleo el diablo. Ramón López Velarde. Amapolita morada / del valle en que nací / si no estás enamorada / enamórate de mí. Alfonso Reyes. Lento / y con ruedas de espuma, / por las arenas de insomnio fluye / el río de mis sueños. Jaime Torres Bodet

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Trópico, ¿para qué me diste / las manos llenas de color? Todo lo que yo toque / se llenará de sol. Carlos Pellicer Ella y la luz se pierden juntas. / A cada paso muere un espejo. Enrique González Rojo ¡Ay, la mañana! ¿Por qué / ahogarla en el primer cigarrillo? Salvador Novo.

Tengo sed. / ¿De qué agua? / ¿Agua de sueño? No. / De amanecer. Xavier Villaurrutia. Quizá resulte injusto comprobar que el mismo Jorge Cuesta no participó con sus poemas en la obra adjudicada a él. Quizá por modestia, nos privó al menos de algún fragmento de su soberbio Canto a un dios mineral, apología de la ciencia química. Pero a la fecha, después de 90 años de su primera publicación, podemos decir que la Antología es uno de los libros fundamentales para el conocimiento de la poesía mexicana, y una introducción a la vasta obra de Los Contemporáneos, el grupo de jóvenes poetas que poco tiempo después fungirían como directores de Relaciones Exteriores, embajadores, secretarios de Educación Pública, ministros plenipotenciarios, miembros de la Academia Mexicana de la Lengua, cronistas de la Ciudad de México, secretarios generales de la UNESCO, senadores, promotores culturales, doctores Honoris Causa, y un largo etcétera. Una vez que ha sido aquilatado el verdadero valor del grupo que la dio a la luz, podemos decir, ahora en tono de homenaje, que la Antología vale lo que Cuesta. TROPO


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La parte sórdida del erotismo Por Mariel Turrent Temporada de huracanes Fernanda Melchor Penguin Random House 2017 223p.

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e decidido omitir citas de este libro, principalmente, porque me parecen tan fuertes que no me atrevo a aislarlas del contexto. Prefiero no alardear de la desgracia, no propagarla, con la esperanza de que desaparezca algún día del alma humana. La trama de Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, inicia cuando un grupo de niños encuentra un cadáver cerca de la ranchería La Matosa. El cuerpo es de una Bruja respetada en la zona y las hablillas van inculpando a unos jóvenes que la visitaron días antes. Así el lector se irá involucrando con cada personaje, con sus demonios y sus desesperanzas, hasta sumergirse en un erotismo obscuro que es inminente en un mundo de miseria. Con un narrador en tercera persona, Melchor va contando la historia de cada uno de sus protagonistas utilizando su lenguaje, mimetizándonos así con ellos y transportándonos a ese mundo apocalíptico, recreado gracias a su atento oído y su gran talento para

transcribirlo. La atmósfera es cruda y desgarradora, y desde la primera página seduce su ritmo, arrastran sus frases interminables. La idea le surgió de una nota roja sobre un brujo local asesinado por su amante. Melchor lo usa como pretexto para entrar en los laberintos más sórdidos, imprimiendo en sus páginas una atmosfera que duele: seres abandonados que viven la orfandad porque nadie asume la responsabilidad de su crisis. Incluso los mismos personajes deciden olvidarse, evadirse, anestesiarse. Pero la autora logra vincular al lector con ellos a través de dos elementos que trascienden todos los obstáculos: la tristeza y el sexo. Esta combinación de emoción e instinto, resulta en un texto violentamente erótico. Dice la autora: “Ahí los personajes se enculan, se encandilan, pero no se enamoran”. Y es que el amor en Temporada de Huracanes no existe. Aunque los personajes anhelan encontrarlo en el sexo, no lo saben porque no lo conocen. Su total ausencia provoca un vacío que muerde, mastica, devora a todos en una vorágine pasional sin sentido. A sus 34 años Melchor se considera una persona triste, para quién escribir es crear algo a partir de las soledades individuales, de los pedazos rotos y dispersos de cada mundo individual. Porque ella habla de las multitudes solitarias y dolorosas. De esas que todos queremos olvidar pero que

urge evidenciar para transformarlas, exiliando de sus vidas y de las nuestras el desamparo. A pesar de la terrible fatalidad, Temporada de Huracanes me gustó, y no pude parar de leer hasta pasada la mitad de la novela cuando mis obligaciones me forzaron a detenerme. Me costó mucho trabajo regresar a ella. Una vez fuera del huracán, no tuve ganas de internarme nuevamente en la furia de su miseria. Aun así, regresé pensando que ya lo peor había pasado, pero la violencia fue aumentando en cada página al punto que quise apresurarme para huir de esta pluma que no tiene límites si se trata de recrear un mundo atroz. TROPO Mariel Turrent Eggleton (México, D. F., 1967). Ha publicado los libros “Desde adentro” (aforismos) y “Cajón de muertes y amores” (cuentos), y “La jornada del viento” y “Desnudeces de agua” (poemas). Obtuvo el primer lugar en el segundo Concurso de Cuento Juan Domingo Argüelles (1999). Es autora de la novela Hasta el último vuelo (Malix editores, 2018). Correo electrónico: marielturrent@gmail.com

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Una caja de sorpresas* El corazón de Plutón y otras dulzuras Fer de la Cruz Sedeculta, 2018 Yucatán, México

Por José Antonio Íñiguez

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a poesía de Fer de la Cruz siempre me ha parecido una verdadera caja de sorpresas. Todo aquel que ha seguido su obra con atención, sabrá que es un poeta que intenta no ser el mismo más de dos veces. Ha transitado del lirismo más puro y riguroso (véase Redentora la voz) hasta el verso de carácter conversacional y satírico (véase “La cuenta regresiva”) y ha salido siempre ileso, triunfante, gracias a esa infatigable curiosidad que posee. El libro que hoy nos reúne a todos bien puede confirmar lo anterior. Y de la misma forma, dar constancia de que a todos los intereses poéticos de Fer, se suma también la de la poesía dirigida al público infantil. Su primer libro de este corte titulado Aliteletras: de la a a la que quieras, así como su humilde incorporación como alumno al taller “Una resortera para las palabras”, de Ramón Iván Suárez Caamal, así lo confirman. Gracias, pues, a ese entusiasmo genuino —nacido probablemente en aquellos talleres de la Casa Internacional del Escritor de Bacalar— es que existe hoy El corazón de Plutón y otras dulzuras. Este pequeño y entrañable poemario, admirablemente ilustrado por Miriam E. Pérez Ballesteros, llega hasta aquí de la mano de su autor para ofrecernos un viaje auténtico de retorno a las aulas de clase. Con preocupaciones más pedagógicas que poéticas, Fer entrega ahora un libro que busca, en primera instancia, mediante la fábula didáctica, llegar y transformar a sus lectores más pequeños; como nos informa, en una nota preliminar, al hablar de la primera sección:

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La primera parte de este libro, titulada Sonrisa de zarigüeya, fue escrita a solicitud de la maestra Yokebed Espino, quien trabajaba en la conducta de una niña de su clase, en el colegio William Kilpatrick, mediante estrategias basadas en su experiencia y profesionalismo, con una buena dosis de dulzura. Y después, al contarnos cómo nació la segunda parte, que lleva por nombre el título de la obra: Escribí El corazón de Plutón en agosto de 2015, justo luego de darse a conocer en el mundo la primera foto de Plutón tomada desde cerca. Ésta y muchas otras fotografías fueron tomadas por la sonda espacial Nuevos Horizontes, la cual tardó siete años en llegar hasta Plutón desde la Tierra. Las imágenes muestran que en la superficie de Plutón existe una enorme región helada en forma de corazón. […] El cuento propone una lección basada en los principios de la pedagogía vivenciada, el aprendizaje acelerado, la estimulación temprana, el trabajo en equipo y el amor a la investigación y al conocimiento. Estas dos motivaciones, entonces, le sirven a Fer para elaborar estos dos poemas. El primero, como anticipa la nota, nos cuenta en verso libre la fábula de una pequeña zarigüeya con graves problemas de comportamiento, que sus compañeros de clase —un saraguato alegre, un mapache travieso, un alacrán amable, una zorra sonriente, un guajolote de monte, un camarón un tanto distraído,


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Fotografía: El Naranjo Estudio

una tórtola medio atolondrada, un cenzontle de trino primoroso— tratan de modificar solidariamente. El segundo, mientras tanto, nos cuenta con ágiles heptasílabos, una clase que el maestro Tecolote realiza para enseñar, mediante frutas tropicales, cuántos planetas conforman nuestra vía láctea. Así, pues, haciendo uso de esa curiosidad y esa valentía que le caracteriza, Fer con El corazón de Plutón y otras dulzuras nos invita a aprender de nuevo y divertirnos con la palabra poética. Y por otra parte, le hace frente a ese gran prejuicio que, en los cenáculos literarios, existe entre la poesía y la didáctica (como si a los niños lectores les fuera a dar de pronto sarampión; como si a los lectores adultos —esos niños con problemas de altura— se les fuera a caer de pronto un diente de leche). Celebro por eso que la poesía de Fer de la Cruz sigue siendo esa caja de sorpresas que, de cuando en cuando, nos ofrece libros como éste para niños, maestros, padres de familia. Para todos. TROPO

*Texto leído en la presentación del libro el 29 de noviembre, en el Centro Cultural de las Artes de Benito Juárez, Cancún.

José Antonio Íñiguez (1991). Ha publicado en diversas revistas y suplementos culturales. Ha sido incluido en antologías como Los caminos de la lluvia: muestra poética de Cancún (Ediciones Del Lirio, 2013) y Parkour Pop.ético. Mapa poético (SEP, 2017). Becario de poesía en la categoría de jóvenes creadores del PECDA. Es autor de Nueva tierra (Ediciones O, 2018).

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Un solo mar que multiplica Contramarea. Breve antología de poesía joven de Quintana Roo Por Daniel Medina

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reguntas surgen por sobre todas las cosas cuando las antologías aparecen: ¿por qué estos y no los otros? ¿Por qué la temporalidad? ¿Por qué los criterios? Y todas las preguntas son válidas pues toda obra literaria es cuestionable e imperfecta. La antología cumple la función de registrar las modificaciones preferenciales de cierto grupo de escritos, agrupándolos —en el mejor de los casos— por razones de tiempo. El concepto generación, se ha dicho muchas veces, tiene que ver con la lectura del mundo a contraluz de la historia. Y aunque difiero totalmente de la funcionalidad del término, es cierto que resulta necesario en nuestro contexto. Contramarea. Breve antología de poesía joven de Quintana Roo, cuya selección y prólogo corresponde a David Anuar, propone la lectura de cinco poetas: cuatro de ellos cumplen cabalmente con los criterios expuestos por el antologador, mientras otra de las voces resulta más bien un homenaje y ruptura de los términos mismos de la obra. En bases generales, Contramarea ofrece un recopilatorio eficaz de lo que sucede ahora mismo en el estado de Quintana Roo. Es cierto, los escritores nacidos en los noventa son el mejor parámetro no para saber en qué sitio nos encontramos ahora sino para saber a dónde vamos. Hay una certeza que nos revela el nombre: nos alejamos de la compleja red de temas que poetas anteriores establecieron: el mar y la naturaleza; a esto, además, agregaría definir la extensión oscura del océano, como puede leerse en Sobre la tierra de los muertos, de Javier España.

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El prólogo señala, a partir de un verso maravilloso de Juan Domingo Arguelles, el lei motiv de los nuevos poetas del estado: “Al mar dije que no”, aunque como también señala David Anuar, la experiencia poética del mar, nostálgica y propia del terruño, no desaparece sino que se reorganiza y pierde su condición de núcleo. Y es que hay una gran mentira en la que inocentemente hemos caído: la mayor debilidad de la poesía del sur de México es su excesivo amor por la tierra, su sentimiento y mucho corazón. A decir verdad, nos hemos perdido sólo el gusto del público —en su mayoría otros poetas y un par de críticos— del centro y norte de México. Ni más ni menos: en realidad no hemos perdido nada. Adentrándonos en la selección de autores, este libro inicia con Adriana Cupul Itzá, poeta nacida en Bacalar en 1979 y fallecida en 2005 en la ciudad de Mérida. Los cuatro poemas seleccionados de la autora pertenecer al libro


p a p i r o s Tsunamis inconclusos, publicado en 2002. Nombrados “Palabras del fuego”, “Palabra de un árbol seco”, “Casa indígena” y “Alojarme de todo”, estos poemas dialogan con la posibilidad de ser en las cosas naturales, del complejo y eternamente misterioso origen y composición del espacio que se ocupa. En “Palabras del fuego” se recurre al propio origen del génesis: Antes del principio/ de los códices / y de las estelas / sólo ruido y silencio conversaban. Para más adelante, revelar: El primer hombre / silencio / después nada. Hay que recordar aquellos versos de Juarróz: La palabra es el resumen del silencio […] que es resumen de todo. “Palabras de un árbol” se plantea la conciliación del árbol con el hombre, la relación padre e hijo frente al entorno natural, es decir, nuevamente origen y creación desde el punto cero; en los dos poemas restantes surgen los siguientes verbos: construir, poner, dibujar, dialogar y vigilar, esto como una ejemplificación del deber del Yo Creado que sostiene una deuda con su creador. En palabras del poeta marroquí Tahar Ben: Cuando el bosque avanza, / es inútil la huida, / sobre todo si se es, / uno mismo, / árbol. Posteriormente llegamos a la obra de José Antonio Íñiguez y su heterónimo Aurelio Macó. Poesía cargada sobre todo de un tufo de ironía y desenfado, a su vez una poesía minuciosa cuya propuesta resulta refrescante y transgresora, como puede notarse en la brevísima serie de Antihaikús: ronca el amo sobre la hamaca / el perro mientras tanto / se acerca al charco de baba y se contempla. La tradición del haikú quintanarroense, cuyo impulsor es Ramón Iván Suárez Caamal, resulta transgredida con la misma negación del fenómeno de la forma japonesa. No se destruye el haikú: se rebate. Íñiguez-Macó no sólo ejemplifica las palabras del presentador de esta antología sino que, además, es un perfecto caso de Matar al Padre, negar al maestro: todos somos Bashō: / una rana en cámara lenta / salta un estanque en National Geographic. Siguiendo con la obra de Melbin Cervantes, entramos a un plano existencial que retoma el aliento largo y poderoso para cantar a la vieja usanza. Quizá influido particularmente por Octavio Paz, Melbin Cervantes retoma los elementos naturales de las hierbas, el insecto, la piedra y el mar, así como la idea del Caribe. Lo particular de este poeta es la delicadeza, la pulcritud de las imágenes y el ritmo plástico, como se deja ver en el maravilloso poema “Sigo las huellas que dejó el silencio”: conmoviendo la marea; en su vientre / nacen de espuma golondrinas blancas. La poesía de Cristian Poot, ahora, avanza por momentos entre el tono profético, nostálgico y contemplativo. En el poema “Taxonomía de aves”, por ejemplo, escribe: Y tuvieron entonces noción / de la vida y la muerte, / de lo eterno y lo efímero. Los poemas siguientes: “Infancia remota” y “Conocer el mar”, se animan más desde la referida nostalgia

El Naranjo Estudio.

y contemplación: nótense las dedicatorias respectivamente: A los niños de mi colonia y A la laguna de Bacalar. Desde el lado antológico resulta maravilloso el contraste en los últimos dos poetas mencionados: el verso largo, enramado y estridente de Melbin Cervantes, frente al verso corto, aforístico y terrenal de Cristian Poot. Lo que nos lleva entonces a la última poeta antologada, Laura Angulo, cuyos poemas “Caminos de la orquídea”, “Sustraendo” y “Algún día”, retoman la idea del bosque como origen, el silencio, lo existencial y natural. Existe, sin embargo, una forma particular: versos proyectivos y enfoques particularmente visuales en la disposición del verso, el uso de herramientas divisorias, el aliento corto y largo intercalándose. Contramarea cumple una de las funciones primordiales del género antológico: servir de brújula y mapa. Se sitúa en un contexto, el mexicano, en que la versatilidad y la tradición del género son absolutamente necesarias. México es, quizá, el país de las antologías. En el caso de Quintana Roo, para nadie es un secreto que se vive un auge creativo, tanto estética como académicamente. Poetas como Adriana Cupul Itzá, José Antonio Iñiguez, Melbin Cervantes, Cristian Poot y Laura Angulo lo confirman. Antologadores como David Anuar son necesarios. Así, Contramarea es poesía del sur, de la península, poesía joven y propia de tiempos extraños. Parafraseando a Salvador Novo: el género antológico es la gran biógrafa de las literaturas. TROPO Daniel Medina (Mérida, Yucatán; 1996) es autor de Una extraña música/A strange music (Ofi Press, 2017). Ha colaborado en diversos medios digitales e impresos como Periódico de Poesía, La Gualdra (suplemento cultural de La Jornada Zacatecas) y Blanco Móvil. Obtuvo el Premio INBA-CEDART de Poesía 100 Años de letras mexicanas 2014, el Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014, Mención Honorífica en el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015 y el Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017. Becario del PECDA Jóvenes Creados en la categoría de poesía (2017-2018). Poemas suyos han sido traducidos al inglés, albanés e italiano. Dirige Ediciones O.

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Un diálogo con la tradición japonesa del haikú Por Cristian Poot

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Nueva tierra José Antonio Íñiguez Ediciones O Mérida, Yucatán 2017 75 pp

l haikú es un pequeño óleo de la naturaleza, un nido en el desierto de sílabas en tres escalones, señala el poeta peruano Miguel Ángel Zapata. El haikú, además del oficio inherente al uso de la métrica (5-75), es una experiencia sensitiva y anti-intelectual. Es una sabiduría que pasa por la fisicidad del poema. En palabras de Takayama: “nos enseña a ver la inestabilidad de las cosas y de la vida humana”. Los estudiosos del haikú enumeran una serie de temáticas que éste aborda. Sin embargo, Basho, creador del género, considera que al haikú hay que buscarlo en las cosas que a uno le rodean. En este contexto, el libro Nueva tierra de José Antonio Íñiguez propone una conversación estrecha con la tradición japonesa del haikú. A lo largo de la manu-

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factura de estos versos, el poeta gana con creces el título de haijín, como se le nombra al poeta del haikú. Lo anterior debido a que demuestra un amplio dominio de la métrica necesaria para la escritura de este género poético, pero además porque es capaz de compenetrarse con los elementos del entorno, dejando a éstos hablar por sí mismos. En un análisis escueto se puede comentar lo siguiente. El epígrafe del libro anuncia la temática cíclica, situando al lector en el inicio de la cuenta. Pero también inicia el diálogo con la tradición japonesa del haikú, ya que el haikú utilizado por Antonio como epígrafe, pertenece a Shiki Masaoka (1902), creador del término haikú que se empezó a emplear a partir del siglo XIX, cuyo antecedente es el término haikai, utilizado desde el siglo XVI. Cito el epígrafe: Cada año nuevo cielo y tierra en armonía el primer día. Por otro lado, este libro se configura en tres apartados: “Tiempo de lluvia”, “Solares” y “Nueva tierra”. En el primer apartado “Tiempo de lluvia”, el primer haikú empata con lo anunciado en el epígrafe. El haikú que hace alusión a copos de nie-

ve deja asomar el desenfado, propio de la voz poética del autor. El ánimo del haikú se asemeja a Kobayashi en la medida que parte de lo natural, pero toma en cuenta que lo natural ha sido modificado por el hombre, donde la realidad es moderna y existen términos como “glamour” que forman parte del ideario moderno: Copos de nieve en las ramas de un pino. Eso es glamour. Otra de las herramientas que utiliza el haijín es la transfiguración, que también Buson solía utilizar en algunos de sus textos. En el siguiente haikú de Antonio Íñiguez ocurre lo apenas mencionado: Bajo la lluvia dos paraguas abiertos, como dos lirios. Al menos dos de los haikús de este apartado comparten elementos del escenario que el propio Basho utiliza. A continuación uno de los poemas más conocidos de Basho: Un viejo estanque: Salta una rana ¡zas! Chapalateo.


p a p i r o s El siguiente poema de Antonio Íñiguez hace referencia directa al haikú anterior, haciendo una especie de homenaje a Basho. Remarcando el diálogo de este libro con la tradición japonesa del haikú: Quieta la rana al borde del estanque. ¿Espera a Basho? En el apartado dos, “Solares”, hay una agudeza del haijín para conectarse con los elementos del mundo. Una suerte de actitud acorde a la expresión del arte zen, una compenetración del hablante lírico con cuanto lo rodea, dejando que las cosas hablen por sí mismas. Cito los siguientes poemas: (1) Silencio en casa. (El viento en las cortinas me contradice). (2) No sabe el árbol si cantar o dar frutos. Tarde de marzo. En este segundo apartado, uno de los haikús es dicho desde una voz acorde al tipo de haikú llamado “existencialista y social” con fuertes influencias de la II Segunda Guerra Mundial. En el caso de Íñiguez, esto significa una postura curiosa e inquisitiva por comprender el entramado de la realidad social, pero ejerciendo a la vez un acto de amor y compasión por su realidad inmediata: Si no al sol, ¿a quién le canta el gallo? Cuéntame, obrero. En el apartado final, “Nueva tierra”, aparentemente hay una ruptura con la voz del haijín de los apartados anteriores, en el sentido de que ahora aparecen elementos retirados del verdor, de la hojarasca, del estanque

El Naranjo Estudio.

y todos aquellos elementos naturales. O bien, se hace visible la problemática ambiental de la era moderna. Como ejemplo, los siguientes poemas:

(2) Brisa de otoño, según mi brújula mi choza está detrás del monte.

(1) Deshuesadero: en una llanta grazna un pájaro ¿de otro mundo?

Para finalizar y tomando en cuenta lo anteriormente expuesto, Nueva tierra de José Antonio Íñiguez es una oportunidad para acercarse a la agudeza del haikú, ya que es un libro que deja hablar a los elementos del mundo, expresando el punto de intersección de lo momentáneo con lo constante y eterno. TROPO

(2) Por pura estética un hombre corta un árbol en la avenida. Sin embargo, elementos de la era moderna como el televisor, o escenarios como un deshuesadero, que justamente se hacen presentes en este último apartado, aún continúan con el diálogo propuesto con la tradición japonesa desde el principio del libro. Prueba de ello, Issaa Kobayashi, uno de los haijines más sobresalientes precursores de la tradición japonesa del haikú, presenta poemas que conversan también con la problemática moderna: (1) Se han abierto las flores: no las merece el mundo.

Cristian Poot (Felipe Carrillo Puerto, 1992). Autor de los poemarios Nostalgia de pájaros, 2015; e Infancia remota, de próxima publicación. Compilador de la revista literaria Literachere, 2015. Antologado en Desde los siete azules, 2016; Contramarea: breve antología de poesía joven de Quintana Roo, 2018; entre otros. Mención honorífica del Premio Nacional de Cuento Breve del Tecnológico Nacional de México; becario del encuentro peninsular de escritores Festival Cultural Interfaz-ISSSTE, “Los Signos en Rotación” realizado en Yucatán; y mención honorífica del Premio Estatal de la Juventud de Quintana Roo, categoría Expresiones Artísticas y Artes Populares.

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De las corruptelas a la bicicleta Por Miguel Miranda Muerte Contrarreloj Jorge Zepeda Patterson Planeta 2018 312 p.

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o toda la gente sabe que el ciclismo es un deporte profesional que genera mucho dinero, sobre todo en Europa, que tiene un gran arraigo; ni que la carrera más famosa, el Tour de France, es una vuelta por etapas que dura veintiún días, que se corrió por vez primera en 1903 y que hasta la última edición se rodaron poco más de 3,500 kilómetros. Partiendo de estos conceptos, Jorge Zepeda Patterson (Mazatlán, 1952) decidió escribir un thriller muy al estilo de Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie, donde sucede no uno sino varios crímenes en un ambiente controlado donde los protagonistas, buenos o malos, nobles o perversos, no pueden escapar. Porque a pesar de los crímenes que se suceden durante el Tour, cada protagonista (desde el ciclista líder, el director de la carrera, hasta el humilde mecánico) deberá permanecer en las filas de la carrera, no podrá escapar de la organización, así como Hércu-

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les Poirot y todo su clan no pueden escapar del Expreso de Oriente; Marc Moreau y sus coequiperos, incluida su pelirroja novia que trabaja de jefa de mecánicos no pueden salir del Tour: hacerlo constituye en una fatal evidencia en contra. Zepeda Patterson afirma que para desintoxicarse de la trilogía de thrillers político-policíacos que había escrito anteriormente (Los corruptores, 2013. Milena o el fémur más bello del mundo, 2014 y Los usurpadores, 2016) se fue a cubrir un Tour de France acreditado como reportero; se involucró con los ciclistas (que como ya dije, forman un interesante ecosistema donde cohabitan líderes, directores deportivos, gregarios, mecánicos, masajistas, médicos y demás fauna) y como buen mexicano, se hizo “cuate” de varios y les tiró de la lengua para conocer todas las intimidades de la carrera de bicicletas más famosa e importante del planeta. El protagonista, Marc Moreau, es mitad colombiano y mitad francés: extraordinario pretexto para que el escritor base la historia con carácter latinoamericano; los colombianos son, de suyo, ciclistas escaladores naturales y famosos. El niño Marc crece en los barrios montañosos de Medellín, donde la bicicleta se convierte en su aliada para llegar temprano a clases y posteriormente, para buscarse una vida mejor, ya establecido en Francia al lado de su padre.

Aun sin que el lector sea aficionado al ciclismo profesional, la novela del mazatleco resulta intrigante y divertida, pero haciendo honor a la verdad, se queda corta con lo anteriormente escrito por el ganador del Premio Planeta 2014. A pesar de que utiliza una estructura circular, similar a la aplicada en la trilogía política, Muerte Contrarreloj carece de la fuerza dramática que sucedía en los escenarios de Los corruptores o de Milena... En pocas palabras, Muerte Contrarreloj es un thriller internacional, comercial, bien escrito y que puede emocionar fácilmente a los entendidos y amantes del ciclismo. Sin embargo, si usted está más interesado en la montaña rusa de emociones político-criminales que vivimos en este país nuestro de cada día, comience por Los corruptores y termine en bicicleta. TROPO Miguel Ignacio Miranda (CdMx, 1966) Diseñador gráfico, comunicólogo, publicista, editor, escritor. Profesor de la U. Anáhuac. Miembro fundador de Malix Editores. miguel@malixeditores.com


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Frutos de la amistad Por Carlos Torres

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os escritores muy notables consolidaron una fructífera amistad: Henry Miller y Lawrence Durrell. Debo reiterar que me gusta más Durrell que Miller, así como en alguna otra ocasión opiné que prefiero a Bukowski antes que a Miller, tan venerado éste por el genial angelino a quien cierta parte del público considera o consideró un viejo sucio. Miller es, por supuesto, mucho más popular que Durrell, porque el primero supo elevar a un alto plano literario sus aventuras sexuales, que según creo tienen buena porción de fantasía, como también me parece que ocurrió con Guillermo Cabrera Infante en su célebre novela Tres tristes tigres, cuyo escenario es la postrera Habana del dictador Fulgencio Batista. Obviamente —me adelanto a mis fieles detractores—, la narrativa de Miller tiene otros atractivos, como por ejemplo su irreverencia polimorfa, su incesante crítica al american way of life, y otros muchos, pero creo que ese factor sexual es el que más adictos le ha procurado al “muchacho del Bronx que quiso ser escritor”. En cambio, Durrell es más profundo, más sereno y minucioso, aunque es cierto que desplegó un admirable despliegue del típico humor inglés en su novela Antrobus, centrada en los ambientes diplomáticos. Sin embargo, su fama mundial se debe a la tetralogía El cuarteto de Alejandría, que transcurre lenta y majestuosa, matizada por el pesimismo y la melancolía, aunque finalmente vitalista. Cuando en 1935 Durrell leyó Trópico de Cáncer, decidió escribirle a Miller en misiva que recibió una rápida y cordial respuesta. A partir de ahí, se consolidó una firme amistad que, entre otros beneficios, generó la redacción de El colo-

so de Marusi, sin duda la mejor novela de Miller, porque en ella el autor se interna en el secreto de la civilización griega, que a su vez proviene de un culto al Sol tan inextinguible como lo es la cultura maya, tan armonizada con la naturaleza y el cosmos, que pervive hoy entre sus descendientes. Los hechos brutos fueron así: Durrell, ya inscrito en el Servicio Exterior de la Gran Bretaña, vivía en el archipiélago helénico, y se le ocurrió invitar a Miller a pasar una temporada en el Mediterráneo. Miller, tan inclinado a la búsqueda de formas genuinas de existencia, se encontró entonces con el paisaje estricto de esa localidad, Marusi (asentamiento localizado pocos kilómetros al norte de Atenas), y sobre todo con un vivificante diálogo a la orilla del mar, con uno de sus habitantes. Lo curioso del caso es que Miller no sabía griego y su interlocutor no hablaba inglés, pero no obstante, mantuvieron una larga conversación con base en mentiras de Miller y estruendosas carcajadas de ambos, porque se habían comunicado bajo los imperativos de una realidad radiante, como la que disfrutamos en el Caribe mexicano, que también pertenece al Mediterráneo. Durrell tenía veinte años menos que Miller, pero ello no fue óbice, sino tal vez factor favorable, para que cultivaran una hermosa amistad. Miller y Anaïs Nin, según se cuenta, promovieron la publicación The black book, el primer libro de Durrell. Estos dos artistas se profesaron admiración mutua, que es uno de los componentes de la verdadera amistad, aunque no un sine qua non, porque me consta que mis amigos y amigas entrañables suelen olvidar con asombrosa facilidad, que no soy digno de ninguna admiración. Aprovecho la oportunidad, para expresar una vez más, mi idolatría hacia Anaïs Nin, especialmente por sus numerosos Diarios, en los que uno puede convivir sin mayor esfuerzo pero con gran provecho, con una inteligencia superior, tan excelsa como la de Susan Sontag. TROPO

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Roma

Indiscutible pieza de arte cinematográfica Por Svetlana Larrocha

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l igual que Alfonso Cuarón, casi he visto todas mis películas favoritas en pantalla chica. Roma, el octavo largometraje de este cineasta, el más personal, se dice, ya está agregado a mi top ten: una obra de arte en todos los sentidos, aunque ciertos “cinéfilos” no comprendan en dónde radica la propuesta escénica del mexicano. Algunos alegan que para poder valorar Roma hay que verla en una sala cinematográfica. Por supuesto, es el sitio ideal, pero no hay que demeritar el hecho de que las plataformas de streaming puedan ser otra ventana más para disfrutar del séptimo arte. Estrenada en agosto de 2018 en el Festival Internacional de Venecia —donde ganó el León de Oro para mejor Película—, ha estado disponible en Netflix desde el 14 de

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diciembre de 2018. Si como dicen llegara a obtener algún premio importante de la Academia en la próxima entrega de los Óscar, sería la primera película financiada y exhibida por Netflix en lograrlo. Sin embargo, las cadenas cinematográficas principales del país, Cinépolis y Cinemex, propietarias de 90% de los cines, no respaldaron a Roma (ni a Netflix, claro). Exigían 90 días entre el lanzamiento físico y el de la red. En otros países, como Polonia y Corea, la han exhibido en más salas que en nuestro país, aunque al final sí haya habido un período de tiempo en las salas antes de estrenarse en Internet: tres semanas. Rodada en México, en blanco y negro, en español y mixteco, el argumento es simple: la vida rutinaria de una familia de clase media alta de la colonia Roma de la Ciudad de México en el inicio de los años setenta: Sofía, la madre, una química que da clases en una preparatoria;


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Antonio, médico del IMSS; Teresa, la mamá anciana de Sofía; y los cuatro hijos de la familia (Toño, Paco, Sofi y Pepe), niños traviesos, juguetones, peleoneros, desordenados a veces, pero educados, respetuosos y obedientes de sus padres y abuela, y cariñosos y amables con la gente del servicio doméstico. Una casa grande de dos plantas, con espacio suficiente para todos, incluso las dos sirvientas (Cleo y Adela), tres coches (con chofer) y “Borras”, el perro. Todo esto pasado a través de los ojos de la sirvienta y nana Cleodegaria, Cleo, una mujer silenciosa y discreta, de raíces mixtecas, que percibe al matrimonio en cisma: cómo Antonio, amante de la música clásica, debe fungir como padre y esposo amoroso, mirando familiarmente la programación televisiva de aquella época, pero quejándose con su mujer, en privado, de todo (“de la caca del perro en la terraza”, por ejemplo) y cómo Sofía trata de ocultar este deterioro en su familia, hasta que aprovechando un congreso médico en Canadá, Antonio la abandona definitivamente.. Es aquí cuando Cleo (Yalitza Aparicio, ciertamente una revelación actoral) y Sofía (Marina de Tavira) comienzan a llevarnos a través de sus vidas paralelas, externamente diferentes y sin embargo viviendo, cada una a su manera, el abandono de quien no esperaban: Sofía buscando noticias del esposo ausente y ayuda con conocidos del matrimonio; Cleo, en su depresión silenciosa, sin dejar de hacer su trabajo, sin dejar de atender a esos niños que son su responsabilidad laboral, pero que también llenan su corazón. En una escena, con una Sofía triste y consciente de su desamparo, hay un cruce de miradas entre ella y Cleo, y hay un reconocimiento de

padecer, cada una a su manera, y de haber sido engañadas, utilizadas. Por eso no sorprende cuando en otra escena, Sofía —ya resignada al abandono de Antonio— le dice a Cleo: “Estamos solas. No importa lo que te digan: siempre estamos solas”. Balance perfecto, estas dos protagonistas llevan el peso de la película, pero esto nunca hace demeritar el trabajo actoral del resto del elenco. En el filme, Cuarón juega con dos elementos importantes. El primero, el agua. Desde la escena inicial, donde el agua de los pisos lavados se va por el desagüe, seguida por la lluvia con granizo cuando Cleo descubre su inesperado embarazo y Sofía informa a los niños que su papá no regresará pronto, pasando por el agua lacustre que ayuda a apagar el incendio del bosque cercano a la hacienda visitada, hasta el agua violenta del mar en una de las escenas finales, donde viene la catarsis de Cleo y la confirmación del amor de la familia hacia ella. El otro elemento que aparece continuamente, quizá no advertido por todos, son los perros. “Borras”, el perro de la familia, siempre presente, atento y saltarín con la llegada de los amos, jugando con los niños y lamiendo la mano al detectar la tristeza de “sus” humanos. En cada momento importante de la vida de esta gente, los perros aparecen, ya sean los callejeros abandonados y hambrientos, o los guardianes “de raza” de otras familias, incluso inmortalizados en las paredes. “Aquí están todos los perros que vivieron en la hacienda desde 1911”, le dice a Cleo una mujer del servicio de una familia amiga de Sofía. Lealtad y protección, honestidad y bondad, las virtudes de los canes son las mismas de Cleo para el lugar y la gente con quien vive. En la toma final se puede ver, y

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escuchar, a la nana subiendo las escaleras de la casa, un avión surcando el cielo y los ladridos de los perros… Es interesante cómo en la película se muestra ese lejano México setentero, con sus programas de televisión, tales como Ensalada de locos, con canciones populares del inicio de esa década: “Te he prometido” (Leo Dan), “No tengo dinero” (Juan Gabriel), “Me dices que te vas” (Carmela y Rafael), “Mi corazón es un gitano” (Lupita D’ Alessio, antes de ser la “leona dormida”), “La nave del olvido” (José José), y con personajes irrepetibles como el escapista Profesor Zovek. En este punto es necesario comentar que en la cinta puede verse a este protagonista visitando el lugar donde entrenaban kendo algunos de los miembros que participaron en el “Halconazo” del Jueves de Corpus Christi (10 de junio de 1971), matanza igual representada en Roma. El rumor de que el también hipnólogo los entrenaba se manejó alguna vez, pero nunca pudo comprobarse; actualmente, la familia de Zovek lo niega. Asimismo, para las nuevas generaciones debe ser increíble ver ciertas costumbres de esa época, como fumar dentro de las salas de cine o dentro de la casa, sin importar otras personas, incluyendo niños. Siendo su propio director de fotografía, a falta del Emmanuel Lubezki —quien por compromisos no puedo participar en este proyecto—, los planos continuos que Cuarón utiliza son preponderantes en el largometraje, como si fueran tomas “barridas” de una cámara fotográfica, haciendo que éstos sean la conciencia de los personajes… algo como un narrador avec. Estos movimientos son los que crean esa atmósfera sublime, que aunada a la músi-

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ca correctamente seleccionada, al lenguaje preciso y a las actuaciones soberbias, dan como resultado una película perfecta, intensa pero suave y sutil, incluso en las escenas de violencia, natural o provocada. Sin duda, es la mejor película de este director. Si en la próxima entrega de los premios Óscar, la nonagésima primera, en febrero de 2019, Roma se hace acreedora de alguno de los principales galardones (Guion, Actriz, Dirección o Película), también habrá muchísimos que aseguren que Cuarón ha hecho un homenaje a los miles de migrantes que en 2018 salieron de Centroamérica y cruzaron por México, buscando llegar a la nación estadounidense en pos del American dream. Incluso, podrían decir —peor aseveración—, que con la llegada del nuevo gobierno federal, el de “Cuarta Transformación” (el que se encomienda a chamanes, recibiendo teatralmente “limpias” y bendiciones para gobernar), al fin, el nuevo pero viejo cine mexicano ha hecho justicia y —cual revista Vogue— ha enaltecido la figura de la mujer indígena. Crasos errores: el señor Cuarón sólo quiso hacer un homenaje a Libo (Liboria Rodríguez), su nana y la de sus hermanos en la niñez. Nunca en Roma se toca el punto de la inmigración de Cleo, cuándo, cómo y por qué se dio. Es, simplemente, una trabajadora doméstica de las que todavía en los años setenta y ochenta eran llamadas “gatas”, y ahora “chachas” (ambos términos, peyorativos), como muchas que llegan de sus pueblos o lugares marginados socioeconómicamente para trabajar en casas de familias de cualquier ciudad. Eso es Cleo en Roma, sin pretensiones. Pero será recordada por mucho tiempo. TROPO


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Ante AMLO, empresarios con conciencia social Por Marcos Constandse

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e recordará que en los momentos previos a las elecciones presidenciales del año pasado, como ciudadano me moví con incertidumbre. Dudaba entre optar por darle continuidad a un sistema cuya corrupción —más bien, perversión— pudiera prolongarse, o decidirme por alguna opción de cambio, en realidad con la única viable que teníamos, la del partido MORENA. También se sabe que empecé a escribir una novela, a la que llamé Mi Candidato, novela favorable a Andrés Manuel López Obrador, en la cual mencionaba sus virtudes y defectos, pero en la que terminaba inclinándome por él. No pude concluir aquel texto, precisamente, debido a la incertidumbre que me producía el cambio. Porque un cambio supone siempre una opción de riesgo. Por supuesto, la realidad ya era insostenible en nuestro país. Nuestro sistema había llegado ya a límites insoportables de corrupción y perversidad. Muchos políticos y gobernadores no sólo se robaban el erario, sino endeudaban a sus estados de manera irresponsable para robar más. Incluso, varios habían empezado a despojarnos de nuestras propiedades mediante redes de corrupción que abarcaban todos los ámbitos: desde la elaboración de documentos falsos de tenencia de la tierra, amparados por poderes judiciales y laborales corruptos, hasta la implementación de juicios laborales y civiles falsos y escabrosos. Todo lo cual desembocaba en el despojo del patrimonio de una enorme cantidad de ciudadanos honestos,

que de esta manera perdían todo lo logrado en años de trabajo. Autoridades y funcionarios corruptos, con absoluta impunidad, despojaban a ciudadanos indefensos del resultado del esfuerzo de toda su vida. Aparentemente, ante tal barbaridad y arbitrariedad, no se podía hacer nada. Estos actos y otros muchos, como las “estafas maestras”, o los sobornos de Odebrecht, fueron publicados y conocidos por todos, pero la impunidad era absoluta. Por eso, y por otras razones que sería largo enumerar, el pueblo optó en las elecciones por el cambio. El filósofo Bergson dice que el vacío que produce el cambio (por el riesgo), es profundamente doloroso. Pero en las elecciones de julio de 2018, “la mayoría absoluta” optó por ese cambio, prefiriendo el riesgo y sus implicaciones. Y ocurrió gracias a una mayoría absolutamente espontánea. No de acarreados, ni como resultado de una farsa electoral, ni con el apoyo de los instrumentos de poder. Y fue tan absoluta que prácticamente desmembró a los partidos tradicionales, al final los verdaderos culpables de la debacle de un sistema, por cómo traicionaron una y otra vez a los ciudadanos hasta provocar el hastío de todos, de esa gran mayoría. Hasta provocar el cambio. Podremos entenderlo o no, podremos aceptarlo o no, podremos quererlo o no, pero el cambio llegó para dar pie a lo que se ha anunciado como una “cuarta transformación de la república”, una transformación constitucional que al parecer “llegó para quedarse”. Ahora bien, observemos el panorama y analicémoslo racionalmente para decidir qué debemos hacer ante esta ineludible realidad.

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Un político “diferente” Mientras otros aspirantes al poder se graduaron en el ITAM (correctamente) y estudiaron posgrados en la Massachusetts Institute of Technology (MIT) —en la actualidad considerada como la mejor universidad del mundo— o en Harvard, o en Oxford, Andrés Manuel López Obrador, durante 18 años, recorrió la República más de tres veces, TODA, visitó millares de poblaciones pequeñas y pueblos de campesinos y colonias de obreros, y en ese caminar se convenció de que México requería de un cambio. En ese estar en contacto diario, en esos más de seis mil días de incansable e incomprensible campaña, se empapó de esa diferencia histórica que hay en México (y en todos los países del Tercer Mundo) entre los que todo tenemos y los que todo les falta. En lo personal, debido a mi profesión, conocí esa pobreza hace sesenta años, cuando recorrí México construyendo sistemas de agua potable para pueblos de menos de dos mil habitantes, obras de la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública, a través de la Comisión Constructora de la Secretaría, dirigida por el Arq. Joaquín Álvarez Ordoñez (uno de los pocos políticos honrados que he conocido). Pero la pobreza, como todo lo humano, es relativa. Porque no se puede negar el avance de las ciudades medias de México. Por ejemplo, Saltillo, una ciudad que hace veintidós años, la última vez que la vi, era un “pueblón” habitado por pueblerinos. Cuando fui el año pasado, me encontré una ciudad habitada por ciudadanos. Y así es Querétaro, Celaya, Aguascalientes, Puebla, Monterrey, Guadalajara y muchas más que en estos sesenta años, se convirtieron de pueblos grandes en ciudades modernas, con ciudadanos modernos, como en Ciudad de México. Sin embargo, debe reconocerse de la misma manera que la “pobreza relativa” se ha conservado en México de una forma “patéticamente consistente”. Y la polarización entre aquellos que todo tenemos y aquellos que no, ha sido cada vez mayor. Según números oficiales del INEGI, en México 54% de los mexicanos vive en pobreza y 20% en pobreza extrema. Desde mi punto de vista, esto se debe a la corrupción de los políticos mexicanos que, según los analistas más serios, le cuesta al país entre 4% y 7% del producto interno bruto (PIB). Si le agregamos la inseguridad, que le cuesta al país 3% del PIB, sería 10%, más 2% de crecimiento, tenemos un costo de 12% del PIB. Es decir, si hubiéramos utilizado bien ese 12% del PIB —el costo de la corrupción e inseguridad— no seríamos la economía número catorce sino la primera del Tercer Mundo, el primer país en haber roto las barreras de la pobreza y la injusticia, predominante en los países de este segmento.

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Hemos creado, es cierto, instituciones de enorme valor real e histórico para la nación. Tenemos el Seguro Social, el Infonavit y una enorme cantidad de instituciones que, jurídica y oficialmente, son correctas, pero que están infectadas por la corrupción. Por ejemplo, en nuestro sistema judicial creamos la institución para la lucha de la corrupción, que los congresistas traidores a México convirtieron en “la institución para proteger la corrupción”, con sus fiscales carnales y a modo, para proteger durante nueve años a los corruptos, que son la inmensa mayoría. México ha progresado y ha progresado mucho, como un organismo fuerte y poderoso, pero enfermo de un cáncer que combina “corrupción con indiferencia” ciudadana. Y ese cáncer es el que López Obrador quiere eliminar junto con sus diferencias sociales. Su lema “los pobres primero”, sus políticas sociales —proyectos que serían pagados con la eliminación de la corrupción y la evasión fiscal— y sus ideas del pueblo bueno y honrado ¡pueden ser viables!, si todos las comprendemos y las apoyamos. La cúpula empresarial no debería adoptar una política de confrontación con el nuevo Presidente, ni una posición como la expresada por Diego Fernández de Cevallos a propósito de la consulta ciudadana y la decisión de suspender la construcción del aeropuerto en Texcoco. “El jefe Diego”, como es conocido, hombre inteligente y empresario político —que ganó pleitos millonarios apoyado en la ley, sí, pero basándose en errores de forma de quienes defendían posiciones contrarias— argumentó razones lógicas y legales para proponernos a todos una política de “confrontación absoluta con Andrés Manuel”. Y así, no sólo él sino toda la cúpula empresarial se lanzó en la misma dirección. Me parece equivocado. Quienes proponen confrontarnos con López Obrador olvidan algo: el actual Presidente Constitucional de México es una persona que durante dieciocho años fue confrontado, insultado, maltratado y mal juzgado por prácticamente todos los medios de comunicación masiva, periódicos, televisión, revistas, etcétera, los cuales le han dicho y le dicen de todo. Esas críticas, durante más de seis mil días, no lo derrotaron ni lo inhibieron en su lucha. Los medios de comunicación en México enfrentan hoy un riesgo muy difícil de superar. No es el “ataque a la libertad de prensa” que muchos esgrimen, sino el ataque frontal a los mecanismos que les generaban cuantiosas fortunas, ese dinero —miles y miles de millones de pesos— que los políticos mexicanos dilapidaban tratando de limpiar sus impúdicas imágenes. Ese dinero del pueblo gastado en fotografías e imágenes de televisión, donde presumían los logros personales de su accionar político. Es claro, pues, que los poderosos medios masivos de co-


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Tengo fe en que el nuevo Presidente será congruente con lo que ha expresado: su respeto a las libertades humanas, al libre mercado, a la propiedad privada, al inteligente manejo de la macroeconomía y a la depuración del sistema de justicia en México.

municación no serán nunca favorables a la presidencia de Andrés Manuel como no lo han sido hacia los intereses del pueblo mexicano, aunque —hay que señalarlo— siempre habrá honrosas excepciones. Así pues, la propuesta de confrontación es un error. Confrontarse con Andrés Manuel, el Presidente Constitucional, que cuenta con el incondicional apoyo del Congreso y el Senado de la República, es un error. Por lo tanto, las propuestas que explico a continuación tienen como premisa un proceso de colaboración, donde los empresarios se involucren en las políticas públicas y sociales que el nuevo jefe de la nación propone.

sión)—, podremos crear una enorme fuerza política y social, con una enorme cohesión, no para confrontar sino para participar. Y pondré un primer ejemplo: muchos creemos que la decisión de suspender la construcción del aeropuerto en Texcoco no fue correcta. Pero ¿qué pasaría si los organismos de la iniciativa privada, encabezados por el Consejo Coordinador Empresarial, organizáramos una empresa —“Aeropuerto Texcoco”, por ejemplo— y entre los 10 millones de mexicanos que creemos que esa obra es correcta, contribuyéramos con una cantidad, desde mil pesos hasta un millón de pesos (y el que pueda con

No confrontación, sí participación Si en vez de estar pensando en confrontaciones, legales o no, que van a ser perdedoras hoy o mañana, ¿por qué no pensamos en prepararnos para participar, por ejemplo, en las consultas ciudadanas que se pondrán en marcha tarde o temprano en este sexenio, al tiempo que sumamos nuestro apoyo a los programas sociales del nuevo gobierno. El nuevo jefe del Ejecutivo no propone atacar la economía de mercado, ni la democracia, ni la macroeconomía, ni la legalidad. Las personas designadas por él para las carteras importantes —como Hacienda y Gobernación, por ejemplo— son congruentes con esta visión, personajes moderados si los comparamos con los políticos de la izquierda radical que se posicionaron con fuerza en el Congreso y en el Senado. Si creamos una nueva iniciativa privada, con conciencia social —si verdaderamente los empresarios nos unimos para crear una fuerza real, de participación, que verdaderamente apoye más programas sociales, no de caridad (ante la cual no tengo nada en contra) sino de participación social activa; si nos alineamos efectiva y valientemente en contra de la corrupción, y participamos activa y prácticamente en las encuestas, convenciéndonos (y convenciendo a nuestros colaboradores, con argumentos y sin pre-

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más), para reunir un capital de riesgo —los 100 mil millones de pesos que se necesitan— y los invirtiéramos en las obras para terminar el aeropuerto? Esto se haría, por supuesto, revisando los contratos y compromisos existentes y presentándole este concepto a Andrés Manuel sobre la base de que el pueblo de México (salvo que él elija hacerlo) no correrá ningún riesgo al asumir el compromiso de construir este aeropuerto, dejando a salvo los intereses del pueblo que él representa. Estoy seguro de que sería una empresa extraordinaria que todos los empresarios podríamos emprender y un modelo a seguir para futuros desarrollos: todos invirtiendo por el bien de México y “creo” que Andrés Manuel vería con buenos ojos sustraer los intereses fiscales (del pueblo) de un proyecto, en el cual, por alguna razón, no cree, pero que no perjudicaría a nadie (salvo los que quisiéramos correr el riesgo). Pero, además, este sería el primer gran esfuerzo de integrar a la iniciativa privada alrededor de un proyecto social y económico factible, como punto de partida de participación, no creando un partido político que represente intereses particulares sino con todos los organismos empresariales representados por sus líderes electos, participando en este cambio “que llegó para quedarse”.

Una nueva iniciativa privada Este ejercicio de participación nos puede llevar a una nueva concepción de los organismos de la iniciativa privada, mucho más participativa, como representativa de

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un empresariado con una visión mucho más de “sustentabilidad empresarial”, en la cual la inclusión social se vuelve fundamental. Insisto: no hablo de un partido político. No es la idea que siempre deforma los objetivos, sino de una participación social más activa de los organismos ya establecidos en toda la República, que nos prepare objetivamente y realistamente para la nueva era llamada “Cuarta Transformación”. Propongo, pues, que formemos parte de ella, no que nos enfrentemos a ella. Finalmente, deseo aclarar algo para los que tengan duda. A pesar de mis múltiples conexiones con el estado de Tabasco, origen de toda nuestra familia, no tengo el gusto de conocer a Andrés Manuel. Jamás he estado en ninguno de sus mítines. Y sólo coincido con él en dos conceptos fundamentales: el primero, que llegó el momento de que el pueblo sea primero; y el segundo, en el cual creo sinceramente: en su deseo de luchar abiertamente en contra de la corrupción. Tengo fe en que el nuevo Presidente será congruente con lo que ha expresado: su respeto a las libertades humanas, al libre mercado, a la propiedad privada, al inteligente manejo de la macroeconomía y a la depuración del sistema de justicia en México. TROPO

Marcos Constandse. Empresario cancunense. Autor de los libros Yo soy nosotros. Una visión transpersonal del mundo (Diana, 2002) y Ecología y espiritualidad (Diana 2003). Su más reciente libro es, Déjalo ser, una novela sobre la historia de Cancún. Correo-e: marcos@xcaret.com


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Troppo Vero! Si la realidad siempre supera la ficción, ¿qué hace la fotografía como arte digital? Por Angélica Mercado

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a fotografía ha posibilitado ver más allá de lo que está visible en una imagen, estimula la imaginación para crear escenarios, reales o no. Desde su invención ha posibilitado nuevas formas de conocer el mundo y representarlo, ha dotado de verosimilitud lo que el fotógrafo construye artificialmente - ya que depende de ciencia y tecnología para elaborarla-. Podríamos decir que la fotografía es un hallazgo, o una coincidencia, a la que el fotógrafo ha llegado por intuición; este proceso implica una abstracción de la realidad, es decir, se deja de pensar en el mundo real para centrarse en el pensamiento, es una labor filosófica. Actualmente, la fotografía, fija o en movimiento, es el recurso más utilizado en el arte digital y la herramienta más popular en la sociedad contemporánea. Podríamos decir entonces que la fotografía ha modificado nuestra forma de pensar respecto a lo que es real o no, siendo así, resulta lógico deducir que: Si la fotografía es la verdad y si la fotografía es realidad construida, entonces la verdad es ficción para la fotografía. El fotógrafo posee completa autoridad sobre lo que ve, decide qué decir al respecto, exterioriza su individualidad, manipula escenarios que crean la ilusión de realidad a tra-

La invasión de los lirios acuáticos, Tamiko Thiel, 2013.

vés de la cámara, los softwares y las apps, que aseguran de forma efectiva las pretensiones de un público que tiene preferencia por la manipulación, misma que parece estar en nuestros genes. La actual era digital ha supuesto un nuevo paradigma en el que han surgido nuevas formas de arte como el arte digital. Las tecnologías han mostrado su poderosa capacidad de influir en nuestro comportamiento y en las formas de creación artística, ya no se trata de un ente ajeno a nuestra percepción, es una realidad que debemos dejar de ver como ficción. Me parece curioso que entre más intervenida sea la imagen, es decir, más manipulada sea la realidad, más se aleja de la ficción. Las nuevas tecnologías imitan o aumentan la experiencia visual y por lo tanto sensorial, tomemos como ejemplo las pantallas planas que publicitan su calidad mostrando imágenes de un hermoso paisaje; todo en la imagen es irreal. La luz no refleja esos colores, o el ojo humano no percibe grados de nitidez en puntos por pulgada ni a través de lentes macro, por mencionar algunas características; sin embargo, quien la mira exclama: ¡qué real se ve! Hace unos 400 años, el Papa Inocencio X hizo lo mismo al ver el retrato que Velázquez le pintó: Troppo Vero!, dijo sorprendido la expresión en italiano que significa “demasiado verdadero”. Me pregunto qué hubiera dicho sobre la fotografía.

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Durante 100 años, la fotografía fue vista como portadora de lo real, merecedora de la verdad, y ahora, permite que el mismo medio sea la imagen de lo que nunca ha sido. Ya para 1860, tan solo 21 años después de la invención de la fotografía, el pintor Oscar Gustave Rejlander hizo una de las primeras serendipias fotográficas al demostrar que la fotografía podía ser un medio perfecto para modificar escenarios y por ende, una herramienta para intervenir la realidad. Su obra “Los dos caminos de la vida” podría ser una de las primeras fotografías intervenidas por otros medios con fines conceptuales. En aquel entonces, se experimentaba con técnicas mecánicas y/o artesanales, como mascarillas para fotomontaje, la doble exposición, o el positivado con la superposición de varios negativos. Rejlander imprimió su obra en gran formato -13”x19”– a partir de 32 negativos que positivó a la albúmina, creando así, una escena inexistente en la realidad espacial. Aquí cabe la afirmación de Fontcuberta: “el buen fotógrafo es el que miente bien la verdad”. Jugar con la concepción de relacionar dos mundos en los que lo ficticio y lo real conviven en un mismo espacio, fue punto de partida para artistas en diversas disciplinas; hoy en día, la fotografía ha encontrado en las nuevas tecnologías una herramienta necesaria para representar la realidad cambiante, tal es el caso de la Realidad Aumentada —RA— una nueva perspectiva en nuestra forma de ver el mundo que nos rodea, se trata de una imagen “aumentada” en la que los elementos físicos reales se combinan con otras imágenes generadas por dispositivos digitales —como una tablet o un celular—, coexistiendo en un mismo espacio, donde la realidad y la virtualidad se separan apenas por una delgada línea. La presencia de la Realidad Aumentada en las Artes dispone un nuevo recurso tanto de expresión artística como en la difusión de la misma. Esta tecnología permite incorporar información virtual a partir de un objeto del mundo real, creando así una sola imagen paralela a ambos mundos. La diferencia entre realidad virtual y realidad aumentada es que en la primera nos sumergimos en un espacio creado digitalmente perdiendo toda percepción del mundo real que nos rodea, y en la segunda, la imagen virtual se inserta en escenarios reales permitiendo interactuar con ésta como si se tratara de una obra física real. Ahora el artista es capaz de crear imágenes virtuales que se interconecten con el mundo real; un ejemplo es el proyecto “Art

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around you” lanzado por la aplicación Snapchat, que permite a sus usuarios fotografiar esculturas de Jeff Koons situadas virtualmente en varios lugares icónicos del mundo de forma simultánea. Comercialmente, la Realidad Aumentada, es un éxito; apps como “Think before you ink” te permite visualizar el tatuaje de tu elección, antes de hacerlo permanente; empresas como Ikea y su app “HouseCraft”, posibilitaron idear tu espacio personal colocando muebles u otros objetos, en distintos colores o lugares de tu hogar, para elegir el adecuado. Vender con la experiencia de Realidad Aumentada ya es común para el usuario que sigue los últimos lanzamientos en tecnología digital, sobre todo en el mercado de moda y belleza, sin embargo, su uso no comercial, como en la educación y en las Artes representa una caja de Pandora que todos estamos dispuestos a abrir. La artista Tamiko Thiel ha explorado los medios virtuales centrándose en el desarrollo de posibilidades interactivas y narrativas de la Realidad Aumentada como vehículo de contenidos culturales y sociopolíticos. Sus obras atraviesan los límites entre arte y tecnología, encontrando en la fotografía el medio que une ambas disciplinas como nunca antes, para ella, la Realidad Aumentada es el Arte Urbano del Siglo XXI. El éxito del video mapping es prueba de ello. El trabajo de Thiel supone una integración cultural del entorno, el humano y la virtualidad, a través de la intervención y la interacción. Nos presenta escenarios de realidad alterna, posible, aunque poco probable. La escena irónicamente resulta familiar ya que efectos similares se han visto en cine, por lo que, casi automáticamente, asumimos que se trata de un mundo existente, reconocible, aunque no sea así. En fotografía, la intención interviene de forma directa en el efecto que la imagen tiene ante su espectador, es decir, está hecha para ser interpretada de tal forma, para emitir una emoción similar a la del autor; un proceso un tanto sublime en realidad, dado que, el fotógrafo cree que controla su obra hasta que la libera para ser vista. Ahora, la Realidad Aumentada en fotografía, hace a sus espectadores partícipes de ese efecto, se integran a la obra e interactúan con ella libremente, creando otras imágenes a partir de la obra original y así, como el fotógrafo se acompaña de la cámara, el espectador del “Arte Urbano del Siglo XXI” usa su dispositivo digital para vivir la experiencia o, los más afortunados ya cuentan con sus lentes RA. Imaginemos un transeúnte sin celular, lo que observará serán personas interactuando


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Los dos caminos de la vida, Oscar Gustave Rejlander, 1860.

con la invisibilidad del Arte, se trata de un arte no incluyente todavía; parece increíble pensar entonces, que en la era digital la interacción e integración sea punto de partida para artistas, mientras que la aparente batalla entre Arte contra el elitismo, parece dar un paso atrás. La fotografía es más noble en ese contexto, es para todos y de todos, todos la toman con la imperativa misión de compartirla, y después de unos likes o followers se desecha o se queda flotando, anónima, en la nube. La fotografía ha pasado de ser instantánea a ser desechable, de apreciar imágenes, ahora las devoramos; la intervención de la Realidad Aumentada puede ser que enfatice esta característica, aunque también puede limpiar de imágenes nuestro entorno y darnos la oportunidad de elegir si vemos o no alguna de las miles de imágenes que nos rodean a diario. Es por esto que las artes visuales y cultura visual en la educación, debe tener un lugar privilegiado como aprendizaje formal; el analfabeta del futuro será quien no sabe interpretar sus propias imágenes, y eso, sí es una realidad. En un nivel más comercial pero que presenta oportunidades creativas también, es que los fotógrafos empiezan a dotar de contenido interactivo sus trabajos comerciales, que hace que las fotografías o el álbum fotográfico sea mucho más atractivo para sus clientes; o bien, ya es posible planificar el horario de una toma fotográfica o buscar una locación específica con el uso de visores 3D de Realidad Aumentada que permiten visualizar la trayectoria del sol o la luna. Si la fotografía digital y su edición representaban un reto para aquellos fotógrafos de

la vieja escuela, la transición hacia el uso de este recurso tecnológico sugiere el desarrollo de nuevas habilidades y competencias en cómo aprendemos a ver y nuestro conocimiento sobre la fotografía. Debemos entender que al cambiar la tecnología, el lenguaje visual también lo hace de forma proporcional, es como aprender un nuevo idioma en el que algunas palabras cambian cada tres meses ¿cómo expresarse así? Por esto, es razonable que algunas de las propuestas en Arte Digital sean difusas, se noten poco exploradas. Como cualquier otra herramienta, la Realidad Aumentada presenta posibilidades y limitantes propias del medio, somos nosotros los responsables directos en hacer la paz con las máquinas, como lo pretendía la Bauhaus desde el Siglo pasado, bien decía su fundador Walter Gropius: “La mente es como una sombrilla, funciona mejor abierta”, el ser flexible es menester para la sociedad contemporánea. Tal vez la innovación debería ser social, renovar los valores existentes y enfocar el uso de los recursos tecnológicos hacia una educación a través de las artes, que sensibilice y empodere, para hacer de esta inevitable relación, una funcional; la fotografía resulta la herramienta idónea para construir una nueva visión de la realidad, a través de ella –y las veces que la compartimospodemos aumentar la realidad con el ojo enfocado en la reflexión y la acción. En conclusión, creo que la fotografía como arte digital hace posible que la ficción sea una experiencia real, y que a diferencia de otras manifestaciones artísticas que invitan a la interacción, ésta es Troppo Vero! TROPO

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Emiliano Robledo

Realidad aumentada en fotografĂ­a 62


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Emiliano Robledo, estudiante de la Licenciatura de Innovación Empresarial en la Universidad del Caribe, fue seleccionado para ilustrar la sección PORTAFOLIO de esta revista luego de una convocatoria realizada por nuestra colaboradora Angélica Mercado vía Facebook dirigida a estudiantes y aficionados de la fotografía Troppo Vero. La fotografía Troppo Vero consiste en realizar fotografías mediante un dispositivo móvil o Tablet utilizando una aplicación de realidad aumentada (RA). Robledo ha explorado el medio RA con una app llamada Augment.

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Profile for Centro de Creatividad Literaria

Nueva Época tropo 19  

Nueva Época tropo 19  

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