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José Miguel Palacio La ambigüedad tras la fascinación


José Miguel Palacio La ambigüedad tras la fascinación


Durante muchos años José Miguel Palacio ha paseado y admirado la ciudad, se ha entregado al placer de expresarla y descubrirla. En esa cacería que tanto atrapa, nos sorprende con imágenes de calles, mercados, estaciones... Se para y lanza su flecha en forma de instantánea fotográfica, luego en el estudio y a través de un trabajo lleno de técnica y maestría pictórica, traslada esa visión de paseante sorprendido al lienzo. Imágenes del presente que se pintarán en el futuro. Después de años de minucioso trabajo, en esta muestra podemos contemplar con una luz y unos reflejos que le son propios (los maneja como nadie en el arte actual), un recorrido por grandes lienzos que nos hablan de la ciudad y sus lugares comunes. Nuestra admiración por este artista que nos hace partícipes de sus visiones y emociones a través de una obra dinámica y llena de matices lumínicos. Artista con-

cienzudo y vital, su obra nos transmite ese entusiasmo y alegría a través del que plasma una personalísima visión de nuestro mundo más cercano. Su técnica depurada traslada a pinturas de los «clásicos» de los que se declara gran admirador, como nosotros de su pintura realista y con alma que ahora tenemos el honor de exhibir en nuestras salas. Como en anteriores ocasiones, no puedo dejar de dar las gracias a los coleccionistas por su inestimable generosidad para que esta muestra pueda llevarse a cabo, permitiendo de nuevo que los vecinos de Alcobendas puedan disfrutar de unos óleos que dan vida a la pintura creando esos efectos de luz y realidad que tanto definen a Palacio. Fernando Martínez Rodríguez Concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Alcobendas


José Miguel Palacio: ¿verdad o mentira? [Reflexiones sobre un artista extralúcido] Alfonso de la Torre

Pretendido mundo de Madrid al cielo, como reza una de sus hermosas series, universo suspendido a fuer de hiperrealidad, he pensado, viendo las misteriosas pinturas de José Miguel Palacio (Zaragoza, 1950), en los creadores que durante el siglo veinte pintaron esta ciudad y que fueran reunidos en una hermosa muestra bajo el título «Madrid 1992», hace años se ve. Evoqué, claro, el punto de inicio de la Gran Vía y Antonio López varado en ella. Alfredo Alcaín, o Amalia Avia y su mundo tembloroso del comercio en los sesenta: calle de la Salud. Y en la escenografía de personajes de Julio López, barojiana lucha por la vida en un gris espacio deconstruido o asaltado por las sombras. En las pinturas tristes de medianerías y edificios en parameras, el Carabanchel de la calle Irlanda de Gerardo Rueda. Ciudad inspiradora de historias, pintadas o escritas, el pintor Palacio —«obsesionado por Madrid», diría Juan Manuel Bonet—, viaja desde el ras de suelo —la calle y el comercio, sus luces o sombras, transeúntes y emigrantes, mimos, vendedores o mendigos—, hacia la bóveda. A veces, como en los hermosos cuadros a lo Richard Estes, son pinturas en las que se refleja el paisaje en los cristales, sucediendo un encuentro feliz entrambos, suelo o ciudad frente a cielo-cima-nube, a modo de trompe l’oeil de la citada hiperrealidad, intercambio de la urbe y su reflejo, urban mirrors, en tautológicas palabras del artista. Y un cielo desmesurado (analizo ahora sus aires y siempre son distintos), permanece en sus lienzos como fondo de los fragmentos elegidos de la ciudad. Artista

devorador del escenario urbano, que gusta en hacer patente mas sin que por ello se aminore el misterio, es Palacio de la estirpe de los flâneurs, de los paseantes que entienden la metrópoli como el lugar fantástico en donde se desarrollan acontecimientos —era una ciudad magnífica, dirá Georges Hugnet11-, también es frecuente su mirada se pose en otro lugar querido por los surrealistas: el escaparate y sus simulacros (Louis Aragon), recordemos que, junto a la ruina romántica, espacio predilecto de aquellos. Una vocación, la surrealizante, que Palacio ha ejercido con secreta intensidad, y estoy pensando en sus hermosos dibujos y ediciones gráficas sobre papel donde el artista parece reservar en voz baja, desde antiguo, su itemporal espacio para la expresión más directa del sueño, esa poesía voluntaria, tal recuerda el Diccionario surrealista2. Defensor del silencioso y esforzado trabajo en el estudio («mancharse todos los días las manos con los pigmentos»), ethos que da sentido a la vida del artista, es su objetivo provocar emociones a través de un mundo entregado a la pulcritud pictórica, definido a veces como «una vida para el arte». Pues siendo Palacio declarado pintor de lo moderno —la velocidad del tren, el tráfago de la ciudad o sus nuevos edificios—, acaba pintando una obra silencio  Era una ciudad magnífica —un modelo de temporada [...]. André Breton y Paul Éluard, Dictionnaire Abregé du Surréalisme, París, Galerie des Beaux Arts, 1938. Versión en castellano: Diccionario Abreviado del Surrealismo, Madrid, Ediciones Siruela, 2003, pp. 29-30. La voz «ciudad» aparece firmada por Georges Hugnet. 2   Ibíd, p. 95. 1


sa que, en palabras que le son también próximas, va «más allá de la realidad urbana»3. Es el teatro de su época, ferrocarril y el avión, estación o aeropuerto, vehículo de último modelo, suburbano o reciente arquitectura (en algún caso periclitada ya, de tan reciente). Quedan así, inevitables, los lugares de tránsito relatados, representados con ritual precisión mas con aire de varados en la rada de la inútil prisa y, de inmediato, su pintura me conduce a la percepción del elogio de la errancia. Pienso en Brancusi y sus películas donde pasa veloz el paisaje por la ventanilla, vértigo del desplazamiento pareciere inútil pues contempla aquel con morosidad ese mundo febril en derredor, pareciendo, entonces, como Duchamp, descomponer así el paisaje. El espacio o el tiempo, visto y pintado con inteligencia, como el joven hombre triste de aquel antiguo tren. Pasea Palacio por la ciudad, en declarada búsqueda de una escena que le llene de emoción. Al cabo, nuestro tiempo ha sido el de los caminantes-paseantes-flâneurs. Ya citamos a Baudelaire, mas evoquemos también a Robert Walser o Walter Benjamin. Viajó Brancusi, con su mochila y bastón, desde un país lejano hasta París, sur a norte al encuentro de la ciudad moderna. Para los caminantes de la urbe, es sabido, caminar es atesorar y, este es Walser, deambular es creativo: desde las suelas llegarán las metáforas, «muchas ocurrencias, relámpagos y luces de magnesio se mezclan y se encuentran   Las afirmaciones de José Miguel Palacio, que frecuentan este texto, proceden de la película documental emitida durante la exposición en el Centro de Arte de Alcobendas.

con naturalidad para ser cuidadosamente elaboradas»4. El paseo, el contacto con el mundo, supone una experiencia casi sobrenatural, vemos lo que sucede afuera, pero también es transustanciado ese viaje en un tránsito, casi alucinatorio, hacia el espíritu vislumbrándose así el conocimiento. Es un trance donde lo que sucede deviene un lugar contradictorio pleno de paradojas: «todo lo exterior se volvió sueño, lo hasta entonces comprendido, incomprensible»5. Caminar, escribirá Walter Benjamin, se constituye en metáfora mayor de la experiencia: «el paseo es un empleo del tiempo que nos lleva al encuentro de nuestra existencia, y pasear (es) un proyecto que nos libera de todo proyecto. Por ello, el dominio de la experiencia del paseante es obligadamente otro”, el trance devenido verdad. Pintura compleja, al modo de penetrables jeroglíficos de lo moderno, el quehacer de nuestro pintor es resultado de una ardua reflexión sobre el propio oficio de pintar siendo sustento, son sus palabras, un mimado dibujo. Lienzos que devienen extraordinariamente misteriosos bajo su aire comprensible siendo su quehacer, empero, irreductible al análisis rápido pues Palacio muestra por lo general fragmentos del mundo que, en su ser lato, muestran su fabulosa credibilidad, mas portando siempre con tal expresividad de lo representado un tembloroso sentimiento de extrañeza. Bajo la apariencia de hipe-

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  Robert Walser, El paseo, Madridm Ediciones Siruela, 1996, pp. 30 y 59.   Ibíd.

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rrealidad de su pintura («hiperrealismo puro y duro», dirá el artista) y la certeza del sol de mediodía bañando los cristales del mundo, una escritura cifrada recorre estos lienzos al modo de un nivel más profundo, esc(i)ondido tras la apariencia de las historias, estableciéndose así una suerte de misteriosa gravedad y pesantez de las escenas. Pues no olvidemos que justamente donde más familiar sucede el mundo, en el aire más objetivado, el efecto de extrañeza es más agudo, más conmovedor, en la inquietud de lo planteado sin mínima desviación frente a lo que vemos. Decía Worringer que la angustia ante el espacio sería signo de la modernidad, un espacio en donde permanece la tensión entre la herencia del arte y nuestro presente. Fantasmagoría moderna, conmocionados por la luz hiperrealista de sus pinturas, confiado en la luz, Palacio la describe con aire de espejismo, por la perfección innegable de su quehacer pictórico. No ha de olvidarse que es la luz protagonista de la pintura metafísica del siglo veinte y, precisamente, ese aire solar, casi insolado a veces, de muchas de sus pinturas, parecería hacer devenir los lienzos en nuevas modernas anunciaciones desarrolladas en la vida de la ciudad. En nuestro pintor afectará la luz hasta a las sombras que, a veces leves, devienen sombras de plata. Permanece nuestro pintor embargado en la alquimia de pinceles y pigmentos, trabajador infatigable a la búsqueda de los arcanos de colores negros o blancos que, en su complejidad, le permitan, como su admirado Caravaggio, «el manejo de la luz y la penumbra intensísima,

entrando así en la sombra, una sombra profunda», en sus palabras. Y tal demiurgo, pinta sus lienzos de un modo obsesivo, inundando el dibujo la tela, tal espectro desde el que surgirán las formas, metódico: desde el ángulo superior izquierdo al derecho inferior, «nunca regreso», taxativo dirá el pintor riguroso. Embarga entonces de luz sus pinturas tras permanecer el grafito, silencioso, en cuidado esquema, avanzando luego desde la penumbra en múltiples direcciones; fascinado por la metamorfosis incesante de la luz devenida en valor, ésta a veces acentuada de manera cuidadosa sobre ciertos elementos, envolviéndolo todo, iluminando la vida tal ventana abierta al mundo y, al concluir la pintura, parecerá así referir el misterio esquivo de la palpitación en derredor. Creador al que se podría aplicar aquello que Huysmans dijo de Whistler, es un artista extralúcido, que extrae de la realidad lo supersensible, deviniendo sus pinturas poéticos encantamientos destilados desde el ruido de las calles6. Así, representa Palacio caminantes que, le he dicho en alguna ocasión, me recuerdan los personajes de Balthus, tal aquella calle, The Street (1933), cuyos peatones, pareciere transitando en el teatro del barrio, devendrían estatuas7, seres aislados con aire de sobrexpuestos, insolados en el fluir de las aceras. Juego de ausencias y presencias, tembloroso mundo suspendido en Joris-Karl Huysmans, El Arte Moderno. Algunos, Madrid, Tecnos, 2016, p. 178. 7   Estoy pensando en su pintura La calle [The Street], 1933, MoMA, Nueva York. 6


tre las preguntas, justamente algunas pinturas de Palacio también parecen hacer mención a una quietud glacial, soledad radical, la soledad que infringe la urbe. Primacía de lo absoluto del instante, a la par, refulge la ciudad —tal «puerta del mundo», dirá Palacio—, como una escena bruscamente amplificada tras la tormenta vemos palpita la luz, emergen intensas historias en la pintura de nuestro artista, al modo de las storyscapes de Hooper, pues pareciere Palacio representar seres quietos, casi estereométricos, varados en la pescadería o en el quiosco, esperando algún soplo. Tal agujero en sus pinturas, estos personajes parecen horadar el supuesto verismo de las escenas urbanas, pues dicho misterio trasgrede los signos, sin pretender explicarlos. Figuras encerradas en sí mismas, entre el aislamiento y el desamparo, pareciere inasequibles al deseo contemplador de penetrar en su secreto. Acedía de la espera en el dédalo de la urbe: en el andén de la estación, frente al cajero, la suerte del vendedor de lotería, en el silencio del café del bulevar o en la vocinglería del backstage. Indicaciones simbólicas de lugares que ilustrará esta summa de relatos en sueños, tal letargia de los personajes que parecen así heridos por el tiempo (el mundo que va y viene), seres sustraídos, más solos aún, en la apoteosis de la ciudad, en la mentira del reclamo de las locas vitrinas del deseo, devenido el lujo,

la marca o el letrero comercial promisorios, en mensajes fulminados por el desamparo de la luz. Bruscamente girado el mundo hacia los universos interiores, como la ciudad poblada de estatuas presentida por De Chirico. Urbe refugio, tal da las calles sean Madrid, que deviene un hermoso contenedor, reconocible, de episodios, mas Palacio, como lo hará Hooper, transustancia el espectáculo de la metrópoli para referir inefables estados de alma. Melancolía de un hermoso día, pareciere, más que relatado en detalle comprimido en el lienzo, como escribiera Pierre-Jean Jouve, «el espacio con manos de cielo se comprime a sí mismo / su pecho gime bajo sus manos celestes»8. Mundo de reticencias e (i)rrealidades, hay en su pintura una frecuente compañía de silencios o cosas que, dichas a medias, muestran ese singular estar entre lo hipermostrado y lo que, silencioso, tiembla. Paisajes bañados de luces tal retratos de una desposesión, pienso a veces que el aire especular que portan muchas de sus pinturas acaban refiriendo también, la incertidumbre, la reflexión en torno a la duda de lo real. Metafísica de los lugares, eres quien puebla sus sueños, dirá Aragon en Le paysan de Paris (1926). Reflejos que muestran sin compasión la bella mentira del arte. Antes de nuestro existir sobre la tierra, decía De Chirico, «el dios Silencio reinaba por todas partes, invisible y presente»9.

  Pierre Jean Jouve, Noces, París, Au Sens Pareil,1928.   Giorgio de Chirico, Paris: «Minotaure», n.º 5, 1934, pp. 31-32.

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La pescadería de la Calle Santa Isabel, 2003 Óleo sobre lienzo. 100 x 50 cm.


El vendedor de la Once de la Puerta del sol, 2003 Ă“leo sobre lienzo. 116 x 89 cm.


Estación Príncipe Pío, Anden 1, 2003 Óleo sobre tabla. 60 x 110 cm.

COLECCIÓN RAÍLES DE ARTE. FUNDACIÓN DE LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES


Estación Príncipe Pío, Anden Metro, 2003 Óleo sobre tabla. 60 x 54 cm. COLECCIÓN PRIVADA


Emigrantes en quiosco de la Puerta del Sol, 2004

Ă“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


Quiosco de flores de calle Princesa con calle Altamirano, 2004 Ă“leo sobre lienzo. 116 x 89 cm.


Mujer en cajero automático de calle Ortega y Gasset, 2004 Óleo sobre lienzo. 116 x 89 cm. COLECCIÓN CEART FUENLABRADA


Mujer leyendo la prensa en cafeterĂ­a Milford, 2005 Ă“leo sobre tabla. 54 x 60 cm.


Guitarrista en quiosco del parque del Retiro, 2005 Ă“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


Torres Picasso y Torre Europa desde Concha Espina con Serrano, 2005 Ă“leo sobre lienzo. 89 x 116 cm.


Puerta de Europa desde estación de Chamartín, 2006 Óleo sobre tabla. 89 x 116 cm. COLECCIÓN REALIA


Paseo de la Castellana 110, desde boca de metro de Nuevos Ministerios, 2006 Ă“leo sobre tabla. 60 x 54 cm.


Plaza de Callao desde edificio Telefรณnica, 2006 ร“leo sobre lienzo. 195 x 130 cm.


Aeropuerto de Barajas, en el interior de la T4, 2006 Ă“leo sobre tabla. 54 x 60 cm.


Aeropuerto de Barajas, vista de la pista desde el edificio T4-F, 2006 Ă“leo sobre tabla. 60 x 110 cm.


Back-stage Pasarela Cibeles, 2007 Ă“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


De Madrid al cielo, boca de metro Chueca, 2005

De Madrid al cielo, Banco de España, 2005

COLECCIÓN PRIVADA

COLECCIÓN PRIVADA

De Madrid al cielo, Edificio Windsor, 2005

De Madrid al cielo, Arco del Triunfo y Faro de Moncloa, 2012

COLECCIÓN PRIVADA

COLECCIÓN PRIVADA

Óleo sobre tabla. 27 x 22 cm.

Óleo sobre tabla. 27 x 22 cm.

Óleo sobre tabla. 27 x 22 cm.

Óleo sobre tabla. 27 x 22 cm.


Altaria entrando en estaciĂłn Puerta de Atocha, 2008 Ă“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


Atardecer en el puerto deportivo de Gijón, 2007 Óleo sobre lienzo. 55 x 46 cm. COLECCIÓN PRIVADA


Ave en Estación de Puerta de Atocha, 2007 Óleo sobre tabla. 54 x 60 cm.

COLECCIÓN RAÍLES DE ARTE. FUNDACIÓN DE LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES


Torre Espacio, Torre Cristal y Torre Sacyr Vallehermoso en construcción desde barrio de Begoña, 2007

Óleo sobre lienzo. 116 x 89 cm.


Montal alimentación de Zaragoza, 2007 Óleo sobre lienzo. 46 x 55 cm. COLECCIÓN PRIVADA


La Reina de las tintas de Zaragoza, 2008 Óleo sobre lienzo. 55 x 46 cm. COLECCIÓN PRIVADA


Salida de Avant de estación Puerta de Atocha, 2008 Óleo sobre tabla. 54 x 60 cm.

COLECCIÓN RAÍLES DE ARTE. FUNDACIÓN DE LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES


La esquina del BernabĂŠu, 2008 Ă“leo sobre lienzo. 60 x 100 cm.


La exposiciรณn de Porsche, 2009 ร“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


Trenes Avant en los andenes de la estaciĂłn Puerta de Atocha, 2009 Ă“leo sobre tabla. 60 x 110 cm.


Interior del nido del AVE, Estación de Atocha, 2009 Óleo sobre tabla. 54 x 60 cm.

COLECCIÓN RAÍLES DE ARTE. FUNDACIÓN DE LOS FERROCARRILES ESPAÑOLES


Plaza de los Sagrados Corazones, 2010 Ă“leo sobre tabla. 89 x 116 cm.


Reflejos de la Gran Vía en un autobús de la EMT, 2010 Óleo sobre lienzo. 89 x 130 cm.


United Colors of Benetton en Gran VĂ­a, 2011 Ă“leo sobre lienzo. 60 x 100 cm.


Gran Vía desde Plaza de Callao a edificio Telefónica, 2011 Óleo sobre lienzo. 195 x 130 cm.


Aeropuerto de Barajas, vista interior, 2012 Óleo sobre tabla. 54 x 60 cm. COLECCIÓN PRIVADA


Reflejos en el interior del Aeropuerto de Barajas, 2012 Óleo sobre lienzo. 60 x 100 cm. COLECCIÓN PRIVADA


Tren Talgo T 350 en la estaciรณn Puerta de Atocha, 2013 ร“leo sobre tabla. 60 x 54 cm.


Trenes Alstom serie 100 en estaciĂłn Puerta de Atocha, 2012 Ă“leo sobre lienzo. 89 x 130 cm.


Los Kennedy en Loewe de la Calle Serrano, MAD Óleo sobre tabla. 60 x 54 cm.


El Corte InglĂŠs de calle Princesa, 2013 Ă“leo sobre lienzo. 81 x 65 cm.


Tienda Ferrari en calle Serrano, 2014 Ă“leo sobre lienzo. 60 x 100 cm.


La Casa del Bacalao, 2014 Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm.


Tienda Diesel en Paseo de Gracia, Barcelona, 2015 Ă“leo sobre lienzo. 130 x 195 cm.


Tienda Hugo Boss en Paseo de Gracia, Barcelona, 2015 Ă“leo sobre lienzo. 89 x 130 cm.


Tienda GUESS en Paseo de Gracia, Barcelona, 2016

Ă“leo sobre lienzo. 146 x 97 cm.


Tienda Dolce & Gabbana, 2016 Ă“leo sobre lienzo. 146 x 97 cm.


De Madrid al Cielo PolĂ­ptico de 18 obras. Ă“leo sobre tabla. 27 x 22 cm c/u


For years, José Miguel Palacio has admiringly walked the streets of the city, relishing the chance to explore it and transmit the feelings it evokes. During the course of such hunting trips, he has astonished us with his images of streets, markets and stations... He stops, aims and shoots his arrows — in the shape of photographic snapshots, and then, back in the studio, he brings to bear all his technical and pictorial expertise to commit those sights seen through an urban explorer’s eyes to canvas. They are mages of the present that will be painted in the future. This exhibition takes us on a journey through a series of large paintings depicting the city and its public spaces, images resulting from years of painstaking labour and marked by the trademark light and reflections that Palacio masters like no other artist on the contemporary art scene. And we cannot help but admire this creator for his ability to share with us, through a dynamic style full of subtle light effects, his visions and feelings. A conscien-

tious artist full of vitality, his work conveys all the enthusiasm and joy of a highly personal vision of the most familiar aspects of our world. His refined technique mirrors the works of the classical masters for whom he professes great admiration, as indeed we do for the realism and warmth of the paintings we are now honoured to exhibit in our rooms. As on previous occasions, I am duty bound to thank the collectors for their inestimable generosity, without which this exhibition would not have been possible. Once again, they have allowed the people of Alcobendas to enjoy a selection of oil paintings which, thanks to the light effects and realism so characteristic of José Miguel Palacio, bring pictorial art to life. Fernando Martínez Rodríguez Councillor for Culture and Education, Alcobendas Town Council


José Miguel Palacio: True Or False? [Reflections on a clairvoyant artist] Alfonso de la Torre

Looking at the enigmatic paintings of José Miguel Palacio (Zaragoza, 1950), and contemplating that yearned-for world between Madrid and heaven — as Palacio described it in one of his beautiful series, a universe suspended in its own hyperreality, I cannot help but think of the creators who painted this city during the course of the 20th century and who were brought together, years ago now, in a marvellous exhibition entitled “Madrid 1992”. I inevitably found myself envisaging Antonio López, firmly ensconced at the start of the Gran Vía; Alfredo Alcaín and Amalaia Avia, and their trembling depiction of the shopping ambience around Calle de la Salud in the 1960s; the Barojian figures of Julio López, fighting for survival in their grey, shadow-afflicted, deconstructed settings; and the desolate, sad buildings and fencing of Calle Irlanda in Gerardo Rueda’s paintings of Carabanchel. In this city, which inspires so many stories — both written and painted, Palacio (a painter “obsessed with Madrid”, according to Juan Manuel Bonet) moves from ground level - streets and shops, light and shadow, passers-by and immigrants, mime artists, vendors and beggars — to the celestial vaults above. Some of his paintings are comparable to the beautiful images of Richard Estes in that they reflect the cityscape in window panes, producing a happy interchange between city/ground and sky/cloud/summit: a kind of trompe l’oeil of the hyperreality mentioned above, a dialogue between the metropolis and its own reflection tautologically described by the artist as “urban mirrors”. And always there remains that imposing, exaggerated sky (on closer examination all that empty space varies from

one picture to another), serving as a background for those chosen fragments of the city. Palacio, a devourer of urban settings who loves to reveal all while at the same time maintaining a sense of mystery, is at heart a flâneur, a gentleman of leisure who considers the metropolis a place of fantasy where things happen (“It was a magnificent city”, as Georges Hugnet would say1), His attention is also frequently drawn in another direction, much loved by the Surrealists: shop windows and their simulated portrayal of reality (Louis Aragon). Indeed, it should not be forgotten that this, together with romantic ruins, constituted one of the most iconic Surrealist motifs. Palacio indulged this penchant for surrealisation intensely but discreetly. I am thinking particularly of his beautiful drawings and graphic prints on paper, where he seems always to have played down, but nevertheless nurtured, his timeless capacity for expressing dreams: a deliberate, measured form of poetry, as we are reminded in the Surrealist Dictionary2. A staunch defender of silent, relentless work in the studio (“getting your hands covered in pigment every day”) as an ethos for endowing the artist’s life with meaning, his aim is to provoke emotional reactions by cultivating a world devoted to pictorial perfection — an attitude sometimes described as a “life for art”. Because although Palacio is a ¹  Era una ciudad magnífica — un modelo de temporada (...), André Breton, Paul Éluard, Dictionnaire Abregé du Surréalisme, Paris: Galerie des Beaux Arts, 1938. Spanish version: Diccionario Abreviado del Surrealismo, Madrid: Ediciones Siruela, 2003, pp. 29-30. The word “city” appears signed by Georges Hugnet. ²  Ibid. p. 95.


self-confessed painter of the modern world — fast trains, the hustle and bustle of the city and its new buildings — his silent work ends up going “beyond urban reality”3, to use another phrase equally applicable to his outlook. The theatre of his day is that of train and plane, station and airport, latest generation vehicles, suburban, cutting edge architecture (sometimes so cutting edge that it is almost outdated already). And, inevitably, that is how Palacio depicts such transit areas - with ritual accuracy but also with an air of abandonment on the dusty plain of useless precipitation in pictures that somehow hint at the exaltation of wanderlust. It reminds me of the films Brancusi made where the landscape flashes past on the other side of the window, a breakneck displacement seemingly rendered useless as the artist slowly contemplates the feverish world around him as if he were decomposing the countryside after the manner of Duchamp: space and time, observed and painted with intelligence, like the sad young man in that old train. José Miguel Palacio walks the city streets, openly seeking a scene that will stir his emotions. After all, our age is that of the city-strolling flâneur. We mentioned Baudelaire, but let us not forget Robert Walser and Walter Benjamin, too. Brancusi travelled north to Paris from a distant southern land with his stick and rucksack, a journey that brought him to the modern city. All globetrotters know that walking means amassing rich experiences, and — as exemplified by Wal-

ser — drifting is creative: walking boots are a great source of metaphors: “many ideas, flashes of inspiration and magnesium light are effortlessly mixed and discovered then to be carefully processed”4. Walking the streets, contact with the world, represents an almost supernatural experience, the observation of what is happening outside, but that journey is also transubstantiated into an almost hallucinatory voyage of spiritual evolution and awareness. It is a trance in which events become places full of contradictions and paradoxes: “everything outside became a dream, everything previously understood became incomprehensible”5. Walking, as Walter Benjamin later pointed out, became the greatest metaphor for the acquisition of experience: “walking is a use of time that places us in contact with our own existence, a project that frees us from all other projects. Hence, the walker’s command of his experience is necessarily different”. The trance thus becomes the Truth. Palacio’s painting is complex, like a series of penetrable hieroglyphics pertaining to all things modern. It is also the result of gruelling meditation about the very craft of painting based, in the artist’s own words, on meticulous draughtsmanship. These are pictures that, beneath the veneer of their apparent comprehensibility, become extraordinarily enigmatic. Their creation, however, is impermeable to rapid analysis: Palacio generally shows fragments of the world which broadly reveal its fabulous credibility, while al-

³  The words of José Miguel Palacio, frequently cited in this text, are taken from the documentary film played during the exhibition in the Centro de Arte de Alcobendas.

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 Robert Walser, El paseo, Madrid: Ediciones Siruela, 1996, pp. 30 and 59. 5   Ibíd.


ways accompanying such highly expressive treatment of the subject matter with an electric feeling of astonishment. Beneath their apparent hyperrealism (“pure and simple hyperrealism” as Palacio calls it) and the constant presence of the midday sun bathing the windows of the world, these pictures are pervaded at a deeper level by a kind of encoded writing, hidden away behind the stories being told, and this somehow endows each scene with an aura of mysterious, oppressive sobriety. And let us not forget that it is precisely in the world’s most familiar contexts, in its most objectivized ambiences, that the feeling of astonishment is strongest and more moving - thanks to the unease of contemplating a proposal so painstakingly identical to what we can see with our own eyes. Worringer used to say that anguish before space was a sign of modernity, space being the permanent depository of tension between the legacy of art and our present. Palacio presents this modern phantasmagoria, befuddled — and reassured — by the hyperrealist light of his paintings, as a kind of mirage, demonstrating the undeniable perfection of his pictorial expertise. Light is, after all, a key element in the metaphysical painting of the 20th century, and the brightly illuminated, sometimes almost sunbaked, feel of many of Palacio’s paintings would seem to turn the pictures into new, modern proclamations forged in the very life of the city. In these works, light even affects the shadows, sometimes only very faint, turning them into silver shadows. Palacio, immersed in the alchemy of brush and pigment, is a tireless worker in search of the hidden

mysteries of complex black and white tones which allow him, like his much-admired Caravaggio, to “manipulate light and intense half-shadow, thereby entering fully into shadow, a deep shadow”, as he himself puts it. Like a demiurge, he paints his pictures obsessively, his drawing flooding the canvas like a spectre from which the different forms methodically emerge: strictly from the top left hand corner to the bottom right hand corner — and “never returning”, as the rigorous painter would prescribe. Then, once the silent graphite has been applied, he carefully fills his compositions with light, advancing in multiple directions out of the shadows. He is fascinated by the incessant metamorphosis through which the light, sometimes subtly accentuated as it falls on certain elements, asserts its presence. The light enshrouds everything, illuminating life like a window open to the world, and when the painting ends it gives the impression that the elusive, palpitating mystery continues all around it. A creator to whom Huysmans’ description of Whistler as a “clairvoyant” artist is equally applicable, Palacio extracts everything super-sensitive from reality, turning his paintings into poetic spells distilled from the noise of the streets6. As I have sometimes told him myself, his walkers remind me of the figures in some of Balthus’ works, like, for example, “The Street” (1933), in which the pedestrians seem to have been transposed into a neighbourhood theatre setting and  Joris-Karl Huysmans, El Arte Moderno. Algunos, Madrid: Tecnos, 2016, p. 178.

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become statues7, isolated beings who look overexposed on the bustling pavement. Apart from this type of reference to absence/presence, to this trembling world suspended amid questions, some of Palacio’s paintings also seem to suggest glacial silence — the radical solitude violated by the city. At the same time, the city — prioritising the absoluteness of the moment — shines forth like a “gateway to the world”, as Palacio would say: as in a brusquely enlarged scene, after the storm we see a flickering light. The artist’s paintings project intense stories, as in Hooper’s storyscapes, because he seems to be representing quiet, almost stereometric beings stranded in fishmongers’ or at the newsstand, awaiting a breath of life. These figures are like a hole in Palacio’s pictures. They seem to pierce the assumed verity of the urban scenes represented, because they form part of a mystery that breaks sign without trying to explain them. They are absorbed in themselves, caught between isolation and helplessness, as if completely impermeable to the spectator’s desire to discover their secret. They are fish caught in the net of the city: on the platform at the station, in front of the cash machine or the lottery seller’s stand, in the silence of the boulevard café or in the shouting backstage. Symbolic indicators of places illustrated by this summa of dream world tales, they are so lethargic that they seem wounded by time (by the coming and going of the world), transposed beings, lonelier than ever in this urban apotheosis, in the falseness of the mad desire on display in shop windows,

where luxury, brands and commercial exhortations become mere messages that are immediately struck out once the light disappears. The world has swung sharply towards its inner universes, as in De Chirico’s city of statues. A refuge-city, like that provided by the streets of Madrid, becomes a beautiful, recognisable container of episodes, but Palacio, like Hooper, transubstantiates the spectacle of the metropolis to address unspeakable states of the soul. The melancholy of a beautiful day, rather than described in compact detail on canvas, looks like what Pierre-Jean Jouve calls “space with handfuls of sky shrinking into itself / its breast groaning beneath its celestial hands”8. The world of reservations and (un)realities depicted in Palacio’s paintings frequently includes silences and half-spoken ideas which illustrate that particular experience of being midway between what is hyper-represented and what trembles silently. Eying these landscapes bathed in light like portraits of an expropriation, I sometimes think the spectacular impact of many of Palacio’s pictures also ends up conveying uncertainty and reflection about our debt to reality. The metaphysics of place: you are the person in your dreams, as Aragon says in “Le paysan de Paris” (1926). It is a reflection that mercilessly exposes the beautiful deception of art. To quote De Chirico, before we existed on Earth “the god Silence reined everywhere, invisible and omnipresent”9.   Pierre Jean Jouve, Noces, Paris: Au Sens Pareil,1928.   Giorgio de Chirico, Paris: “Minotaure”, nº 5, 1934, pp. 31-32.

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  I refer to the painting The Street, 1933, MoMA, New York.

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José Miguel Palacio www.josemiguelpalacio.es

José Miguel Palacio nace en Zaragoza en 1950 y estudia en la Escuela de Artes de su ciudad. Su obra está presente en destacadas colecciones y museos tanto de España como del extranjero: Biblioteca Nacional, Ayuntamiento de Sevilla, Museo del Ferrocarril, Ayuntamiento de Baunatal en Alemania, Museo Nacional de Belgrado, Colección de Arte Reale, Colección Fundación Vodafone, Colección Realia y Colección Casino de Madrid, entre otras.   Realizó su primera exposición individual en 1979 y a principios de los años 90 se traslada a vivir definitivamente a Madrid, donde desarrolla su carrera profesional, principalmente en la pintura. En distintos momentos ha cultivado también otras formas de expresión como el grabado, la fotografía, la escultura múltiple y monumental, como las instaladas en San Sebastián de los Reyes o Torrelodones.   Desde 2003 su trabajo se vincula al hiperrealismo donde forma parte del grupo más destacado de pintores españoles dedicados a este género.

Exposiciones individuales 2016 José Miguel Palacio. La ambigüedad tras la fascinación, Centro de Arte de Alcobendas. 2013 Urban mirrors, Galería El Quatre Barcelona, Barcelona. 2013 Hiperrealismo urbano, Galería Ansorena, Madrid. 2012 Huellas Urbanas (Conmemoración 25 aniversario de la Casa de Cultura), Casa de Cultura, Torrelodones. 2009 Más allá de la realidad urbana, CEART, Centro de Arte Tomás y Valiente, Fuenlabrada. 2008 De Madrid, Encierros,Trenes, Aviones y Nubes, Universidad Popular José Hierro, Sala Martín Chirino, San Sebastián de los Reyes, Madrid. 2007 Madrid Urbano, Centro de Arte Casa de Vacas, Parque del Retiro de Madrid.

1997 Sala de Exposiciones de Arte Reale de Madrid. 1995 Sala de Exposiciones de Caja Castilla-La Mancha de Cuenca. 1993 Galería Al Andalus de Sevilla. 1993 Casa de Cultura de Torrelodones. 1993 Galería Santa Engracia de Madrid. 1979 Palacio Nacional de Exposiciones y Congresos de Jaca. 1979 Sala Altisent’s de Lérida.

Obras en Museos y Colecciones Colección Grabado Contemporáneo de la Biblioteca Nacional. National Museum de Belgrado. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla. Excmo. Ayuntamiento de Baunatal en Alemania. Museo del Ferrocarril, Madrid. Colección Arte Reale, Madrid. Colección Fundación Vodafone. Colección Realia, Madrid. Colección Casino de Madrid. Colección Fundación SB. Excmo. Ayuntamiento de Torrelodones. Fundación Concha Márquez de Madrid. Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha. Excmo. Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. Museo del Grabado Español Contemporáneo, Marbella.

Exposiciones colectivas 2015 Otra realidad. 50 pintores y 6 escultores, Fundación Arcilla, Centro Cultural La Vaguada, Madrid. 2014 El Quatre Global, El Quatre Sala d’Art, Barcelona.


2014 Summer Salon Show 2014, Rarity Gallery, Mykonos, Grecia.

1997 Museo de Artes Decorativas, Madrid.

2013 Viajeros al tren, Fundación de los Ferrocarriles Españoles, Madrid.

1996 Pequeño Formato de Obra Gráfica, National Museum, Belgrado.

2013 Tapas, El Quatre Barcelona, Barcelona.

1995 Centro Cultural El Torito, Madrid.

2013 Art Madrid 2013, Galería Ansorena, Madrid.

1994 Autores Contemporáneos, Sala Winkler, Torrelodones.

2012 Art Tetris “Petit Format”, El Quatre Sala d’Art, Granollers, Barcelona.

1994 Placeres Ocultos, Galería Novart, Madrid.

2012 La Colección CEART, 2005-2012, Centro de Arte Tomás y Valiente, Fuenlabrada.

1996 Galería Marc Sabata, Barcelona.

1994 III Bienal Internacional de Obra Gráfica, Art Gallery Sunce, Leskovac, Yugoslavia.

2012 Arte sobre raíles, Sala Expometro, Estación de Metro Retiro, Línea 2, Madrid.

Obras para grandes entidades

2011 Water for Africa, Galería Barbarín y Delaflor Art Consultancy, Madrid.

2003 Edición de grabado para XXV aniversario de la Medicina Rural Española.

2009 Un espacio para los cinco sentidos, Feria de Arte Contemporáneo Arte Hotel, Madrid.

2002 Creación de escultura Sinfonía de la Razón para Laboratorios Pficer.

2008 IV Exposición de Donaciones de Obra Gráfica a la Biblioteca Nacional 1998-2002.

2001 Creación de escultura Génesis Biológica para Laboratorios Novartis.

2008 El ferrocarril en el arte, Museo del Ferrocarril, Madrid.

2000 Creación de escultura para Premio Taurino Casino de Madrid.

2004 El paso del tren. El Tren en el Arte, Museo de la Pasión, Valladolid. 2003 Arte Taurino, Galería Van Dick, Madrid. 2000 Parque Botánico José Celestino Mutis, Huelva.

1999 Creación de escultura para Premio Internacional de Peiodismo Fundación Airtel. 1998 Edición de carpeta de grabado Generación del 98 para II Semana de Medicina y Arte, Fundación SB.

1998 Exposición de esculturas Luz y Volumen, Centro Cultural Buenavista, Madrid. 1998 Exposición itinerante en La Paz y Sucre (Bolivia).

Monumentos en espacios publicos

1997 Sala de Exposiciones Barquillo, Madrid.

2004 Escultura monumental La Verbena en Torrelodones.

1997 Arte Santander 97.

2001 Monumento escultórico conmemorativo del hermanamiento entre San Sebastián de los Reyes y Baunatal, en San Sebastián de los Reyes.

1997 Palacio de la Corrala de Santiago, Granada.


José Miguel Palacio. La ambigüedad tras la fascinación Centro de Arte Alcobendas Del 14 de diciembre de 2016 al 7 de febrero de 2017 EXPOSICIÓN / CATÁLOGO AYUNTAMIENTO DE ALCOBENDAS Alcalde / IGNACIO GARCÍA DE VINUESA Concejal de Educación y Cultura / FERNANDO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ Coordinadora del Centro de Arte Alcobendas / BELÉN POOLE QUINTANA Organización y edición / CENTRO DE ARTE ALCOBENDAS Fotografías / JOSÉ MIGUEL PALACIO Texto / ALFONSO DE LA TORRE Traducciones / ADAPTEXT Maquetación, producción e impresión / MOONBOOK Transporte / BALTASAR CORNEJO Asistencia montaje / MERINO Y MERINO, S.L Seguro / HISCOX ISBN / 978-84-945366-3-2 Depósito legal / M-41478-2016 © de la edición, Ayuntamiento de Alcobendas © de los textos, sus autores © de las fotografías, José Miguel Palacio, VEGAP, 2016

AGRADECIMIENTOS Colección Realia, S.A., Colección Raíles de Arte, Colección CEART, D. Agustín López Quesada, D.ª Mar Zaldívar, D. Manuel Álvarez, D. Pedro Antonio Pérez, D.ª Julia Navarro, D. Gonzalo Jiménez, D.ª Helda Calle, D. Javier Labarta, D.ª Mento Blanco, D. José Manuel Guiu, D.ª Gloria Villuendas, D. Jorge Guallar, D.ª María del Carmen Lorente, D.ª Juana López Otero, Galería Ansorena

Este catálogo se terminó de imprimir en los talleres de Moonbook el día 30 de noviembre de 2016, festividad de San Andrés

Centro de Arte Alcobendas Mariano Sebastián Izuel, 9 Alcobendas, Madrid 91 229 49 40 centrodearte@aytoalcobendas.org www.centrodeartealcobendas.org


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La ambigüedad tras la fascinación: José Miguel Palacio  

Catálogo de la exposición de José Miguel Palacio, "La ambigüedad tras la fascinación", celebrada en el Centro de Arte Alcobendas, del 14 de...

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