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ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR EN LA VIDA DEL NUEVO UNIVERSITARIO

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ACOMPAÑAMIENTO FAMILIAR EN LA VIDA DEL NUEVO UNIVERSITARIO

Así como el acompañamiento familiar es de suma importancia en las primeras etapas de vida de un ser humano también es importante el refuerzo prolongado en el tiempo de dicho acompañamiento, se puede decir que “los padres desempeñan las funciones propias de la crianza, cuidado y protección de sus hijos. Incluye desde cuidar de su salud, nutrición y desarrollo psico-social” (Martinielo, 1999, Pág. 3), de esta forma se fortalecen los vínculos afectivos y el sano desarrollo emocional de cada persona, de ahí, la importancia de continuar con este apoyo hasta la etapa universitaria, para que este nuevo estudiante tenga el respaldo familiar adecuado y así logre sortear algunos obstáculos que le pueden impedir culminar satisfactoriamente su carrera. Cuando una persona nace, los primeros meses y años de vida dependen exclusivamente de la calidad de espacios, momentos y experiencias en el seno familiar, es por ello que los padres cumplen un papel fundamental y polifacético, como lo expone Martiniello “los padres deben cumplir con el papel de ser responsables de la crianza del niño, como maestros, en el apoyo a la escuela y como agentes con autoridad o poder de decisión” (Martiniello, 1999). Si estos apoyos son adecuados, el niño crece con una fortaleza emocional apropiada, capaz de afrontar retos y nuevas


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experiencias sin dificultades significativas. De ahí que el rol del padre no termina con el crecimiento de los hijos, sino que se modifica con dicho crecimiento, por tanto, el joven requiere de los padres y de la familia en las nuevas etapas y retos a asumir. Debe ocurrir un cambio en la forma de pensar para que el acompañamiento familiar sea exitoso en las nuevas etapas. Por ello, la familia de hoy “se enfrenta con la postura de una nueva generación que desea vivir sus propias experiencias” (Aguirre, 1994, p. 265). Es necesario que los padres estén dispuestos a reconocer que su hijo(a) encontrará un nuevo nivel de madurez en su desarrollo psicológico durante el tiempo de su formación en la universidad. Hay nuevas oportunidades que se presentarán de manera inesperada para el hijo(a) y debe haber una preparación psicológica para aceptar hechos que posiblemente hubieran ido en contra de lo que antes era permisible


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en la niñez o adolescencia del nuevo estudiante, por esta razón, es necesario reconocer la adultez de ese hijo y la necesidad que tiene de ir cumpliendo su proyecto de vida. No es desconocido que dentro de la formación del nuevo universitario se identifican cambios relevantes no solo en él, sino también en la familia, y dependiendo del tipo de acompañamiento que se brinde en esta etapa, se pueden fortalecer procesos formativos académicamente y también como SER humano. Lo desconocido en algunas personas genera inseguridad y miedo, esto también le sucede al nuevo universitario pues debe enfrentar ambientes desconocidos, compañeros, amigos y docentes diferentes, las metodologías de trabajo académico y exámenes cambian, debe explorar nuevas formas de aprender, para obtener resultados satisfactorios, revisar la calidad de los aprendizajes obtenidos en la formación anterior, y hacer uso de los mismos, acomodarse a los ritmos de la universidad, apropiarse y responsabilizarse de su nuevo proceso formativo en calidad de joven aprendiz. Por esto, es de suma importancia la calidad del apoyo que reciba, ya que de este depende en muchas ocasiones la culminación satisfactoria de la carrera universitaria que él eligió. Entonces lo más recomendable para los padres desde su labor, es permitir cierta


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independencia y autonomía, la cual solo debe ser mediada a través de consejos, cuando se observa que el estudiante ha tomado decisiones que no producen los resultados deseados. “Los adolescentes podrán afrontar mayores responsabilidades si los padres los apoyan en la toma de decisiones y en el enfrentamiento a nuevos desafíos” (Izquierdo, 2007, p. 125). Esta afirmación no solo se aplica al adolescente sino también al joven universitario, pues él, en su búsqueda de objetivos, inicia nuevos retos, los cuales se ejecutan o no, de acuerdo a la seguridad y confianza que tenga en sí mismo. De ahí que sea importante tomar distancia frente a la búsqueda de amigos, elección de carrera, formación de grupos, o expresión de gustos, para que el nuevo universitario logre la búsqueda de sí mismo, ya que esta “se inicia gracias a un proceso de distanciamiento y comparación con el entorno familiar, cercano y entrañable hasta el momento y cada vez más extraño. Es decir, que, sin la lucha por la realización autónoma, difícilmente se puede hablar del descubrimiento de sí mismo.” (Aguirre, 1994, p. 134). Gracias a esto, el estudiante sigue construyendo su identidad, mientras explora los nuevos círculos sociales


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que ha ido encontrando. Lo anterior no significa que el padre se preocupe o aleje de su hijo. Lo expresado en el párrafo precedente, permite reconocer que la etapa universitaria de cualquier estudiante es dinámica y le ayuda a definir su nueva identidad como adulto. Por eso, los padres deben buscar pautas que le permitan mejorar el acompañamiento de su hijo/a, y que puedan facilitar la comprensión de los cambios ideológicos y sociales que posiblemente ocurran en el estudiante durante su exploración en el ambiente universitario. Lo crítico es saber cómo y cuándo intervenir, entendiendo cuándo menos, es más. Se debe tener en cuenta también que los vínculos afectivos brindan muchos beneficios y “permiten fundamentalmente el diálogo, la valoración personal (que ha de ser siempre positiva), la comprensión de sus dificultades, el ofrecimiento de un espacio para manifestar sus emociones y el favorecimiento de la seguridad” (Comellas, 2009, p. 95). Con la seguridad del respaldo y entendimiento de su familia, el estudiante está mucho más preparado para la lucha académica y social. Esto se logra cuando la familia se hace consciente de los desafíos particulares que los estudiantes enfrentan en su vida universitaria. El apoyo familiar crea un ambiente donde el estudiante puede comunicar las dificultades propias del contexto, tales como: recibir una mala nota, no encajar inmediatamente en


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un grupo social, o sentirse excluido o maltratado por compañeros de estudio, entre otras. Es así que cuando hablamos de vida universitaria, debemos pensar en retos constantes, presiones, falta de tiempo, en ocasiones dificultades con alguna materia, y un deseo de asumir esta nueva etapa con libertad, sin desconocer que “Las relaciones que en principio se establecen por exigencias académicas y que parecieran basarse nada más que en la apariencia y corresponder exclusivamente a fines utilitaristas, progresivamente se amplían e intensifican, incluyendo no sólo otros espacios y otros tiempos de la vida cotidiana, sino también se hacen más profundas y comprometen todas las dimensiones de la existencia” (Arias, Arias, Jaramillo, Restrepo & Ruiz, Pág., 233). Hay que tener en cuenta que este universitario no solo quiere aprender los contenidos de una asignatura, sino también desarrollar su vida social. En este período hay una nueva definición de libertad. Estas situaciones hacen que la familia establezca relaciones que le permitan crecer con un ser diferente, que tiene un nuevo proyecto de vida y nuevas ideas, el hijo no deja de ser hijo, pero sí se debe dar el reconocimiento del otro como ser individual y responsable, intentando evitar la sobreprotección ya que este aspecto forma un ser desvalido, porque “cuando la transmisión de


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valores está anclada básicamente en la sutura emocional más que en la vertebración intelectual, es que no prepare suficientemente al hijo para el momento en que salga a la intemperie, cuando salga del nicho familiar” (Álvarez & Berástegui, 2006, p.16 ). O citando a Levinas en el Diccionario del Pensamiento Alternativo, “La ética comienza frente al rostro del otro, que impulsa a reflexionar sobre el mundo y sobre el otro como diversidad” (Biagini & Roig, Pag. 305), con esta visión del OTRO como ser diferente, se entiende que la manera mas adecuada de relación humana es la que está guiada a través del respeto, la equidad y la democracia. También es importante reconocer las repercusiones emocionales en para estudiantes que no son apoyados por sus familias. Si un estudiante no elige bien cuales son las asignaturas y situaciones sociales que más le ayudan para alcanzar su éxito, corre el riesgo de perder interés en el estudio, y por tanto afectar sus notas, estado de ánimo y bienestar emocional. Esta es la realidad de la vida universitaria, la posición que se asuma frente a estas nuevas responsabilidades o retos dependen de muchos factores, entre ellos el familiar, porque el acompañamiento que se da en esta etapa de la vida, es crucial para que este nuevo universitario se plantee no sólo nuevos objetivos de vida sino que también los desarrolle.


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 Diseño caricaturas: Daniel Botero García

Liliana Llanos Jaramillo Psicóloga IUE


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