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No admitimos como proporcionada, ni alcanza a impresionarnos co mo bella, u na co mbina ció n de elementos desconocidos y poco fa milia res Tod o aquello que n os ob ligue a una inspe cc ión curiosa , o a u n trabajo de co mp rensió n más o men os difícil, mata en nosotros el placer estéti co Para él, el espíritu exige u na perfe c ta paz intelectual.
He ahí e.l recio esco llo de todas .las innovaciones artísticas , y he ahí también la explicación de mu c has guerra s encarnizadas que han debido sostener determinadas tendencias, antes de alcanzar sus triunfos defi• • nthvos.
Un c iert o n ú m ero de factores co n ve n c ionales, cre a· dos unos por el medio ambiente, u ni versa les otros, for · man la base sobre la cual se asienta toda co mposición de arte. Así co m o el poeta sufre en su imagina ció n la tiranía del lengua je que ha de co m u ni cado co n sus se · mejantes, así también los cu ltores del arte e n Jas otra s esferas, se inclinan c ada uno a n te su lenguaje propio y pe cu liar.
Pero - circunstancia curiosa - tampo c o lo familiar alcanza a darnos impresión de belleza. Por el co ntrario: l as mismas obras maestras, c omo no sean ba s· tante complejas, sucumben para no sotros, ante la co n· templa ción co nstante que las ha ce vul gares . L o vulgar es sinónimo de lo feo.
El artista, li gado a los demás h o mb res por lo co n· ven c ional v lo co no cido, debe no obstante tr asmiti r les • l o n uevo; y e n este equi li brio de lo co n ocido y de lo de s co no c ido, reside en cierto mod o, el se cr eto de la . , , e mo cw n e stehca.
Lo que u na obra presenta a n uestro espíritu d e la armonía del u nivers o, sin obligarnos a esfuerzo alguno, s in que vayamos a pedírselo co n el razonamiento y c on la ciencia, eso será .lo que te n ga de he r mosa para nos· otros. Claro está : para n o inquietarnos, para no obligar · nos al razonamiento y al esfuerzo, tendrá que habl arnos en nuestro idioma, e n e l idio ma de n uestrO S e lement o s familiares, o de acuerdo co n las formas y los rasgos dominante s que nos sean co no cidos
Por eso, de un pueblo a otro p uehlo y de u n siglo a otro siglo, el llamado " buen gusto" se muda y las tendencias artís ticas se su c eden; y p or eso guarda n también dentro de cada r aza y de cada suelo, algo así c omo una línea pe r manent e: Por u na parte se busca lo novedoso, se hu ye de las repeti c iones vulgarizadas, de las frases he c has; y po r otra el arte se afi r ma al suelo que lo cobija , pa ra hablar en idioma i nteli gible Todo cri terio absoluto para ju z gar el valor de l arte, en ta l o cua l manifesta ció n regional o hist ór i ca, es injus· tif i cado y absurdo. P odrá n señalarse desde "a fuera" def ectos y c ualidades objetivas de u na obra de arte deter· minada. Y p ar a esto mismo, se requiere pruden c ia. Lo que se relaciona co n el placer estéti c o que esa obra es ca pu de sugerir al pueblo y a la é po ca que la cre aron, no se a l ca nza sino desde adentro''. El juicio sobre u n arte pret érito o exótico, expresa
más fá c ilmente su co n corda n cia con nuestro medio ac· tu al. que el va lor absoluto del arte juzgado; porque, si n aceptar nin gu na filosofía relativista, el arte es para nosotros "expresión", y co m o tal, no puede menos de re• lacionarse estrec ham e nt e co n el medio ambiente en que se produce.
Una gran tolera n cia para todas la.s e scuelas, es la ú ni ca co ns ecue n cia lógi c a que surge de estas co nsideracio ne s. Pero esta toleran c ia, que pued e y debe tener el c ríti co ilustrado, no se e n cu entra e n el público a quien e l arte se dirige' y el público juzga co n crite rio abso· luto, y co n la intransigen c ia expontánea del corazón, las manifestaciones artística s Así debe de ser según lo que dej a,mos exp r esado: el público es •• el medio ,, y en él reside n los factores co n ve n cio nal es, co ntr a los cua les no es posible directa m e nte luchar.
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Ap li quemos estas co nsi deracio n es a nuestro asunto. Hablo e nt re arquitectos na c ionales: ¿quien es de ellos el que no se ha planteado alguna vez, si no cien ve c es, la preg u n ta de cua l pueda ser la nuev a tendencia de n uestra arquite ctu ra? ¿quien n o ha pensado en elemen· tos nu evos , en n uevas proporcioQes 1 Las formas lógicas de los mo der n os procedimientos co n structivos, los ti· pos de l c:- lima y del co ntinen te e n estas tierras de aluvión cos mop olita, las líneas orig inales que cristalicen los particu la res programas del siglo ¿quién no ha buscado la rea liza c ión estética de estos idea.les de nuestro arte?
La re nova ció n está e n e l ambiente. Pare ce que nue s· tros medios de expresión estuvieran g'a.stado s, que la s proporcio n es ca nóni c as y seculares, nos tuvieran aprisionados y si n mo vi miento. Una frialdad monótona nos amenaza co n la noche polar ¿Es tan acentuada la existe n c ia de este hecho? Muchos lo afirman categó ricamen• te, y lo exajera n aun m ás . F re nte a ello, los na c ionales-ayudados por el cosmopolitismo público-bus c an fuera de fronteras, y en la,s • arquttectos de nuestro exhumaciones arqueológi c as, que y a caracterizaro n en Europa al siglo XIX, esa renovación anhelada. Vemos así surgir en n uestro suelo: el c halet no r mando para adaptarse a las pla yr, s; la c asa es pañola, destinada a la ciu dad y al cam· po; la vi lla italiana para realzar el encanto de los aire• dedores urba no s; y no faltan el tipo ingilés y el tipo nor• tea nieri c ano de las viviendas. En este mare magnun de ti pos diversos, todo parece c ontribuir a que se pierda aún más el carácter de nue s• tro arte. P ero no podemos ni debemos ser pesimistas: para que la renova c ión se produzc-a, la época de transic ión es indispensable. Toda esa variedad que hoy parece agobiarnos, e n riquece n uestro lenguaje artí.stico, y adapta al público a u na amplia tolerancia. Cuando esos elementos Se fundan, que han de fundir se sin duda, el día e n que los arquite c tos dejemos a un lado nuestra preten• sión de eruditos clasificauores de estilos, habremos crea• do para los artistas del futuro, u na tan grande libertad - 17 -
de expresión, cual no pudiera crear sé en ningún .pueblo de civilización secular.
Estamos ahora ensanchando nuestros y así como podemos esperar que fundidas en una las diversas corrientes de sangre que la inmigración ha reunido en América, formen mañ ana una raza nueva y vigorosa, podemos esperar también que en el arte se produzca la misma evolu c ión.
Pero si una erudición libresca de parte de los artistas arquitectos, impidiera reunir en un solo lengu aje, to· dos los elementos de orígenes distintos, como se aúnan en el idioma hablado las voces de diver sas y antagónicas etimologías, aun no debemos ser pesimistas: porque aun c onservándose el casillero de los estilos, el lenguaje ar• quitectónico se enriquece: y tal vez los esti los mismos sirvan mañana, en mayor escala que hoy, para dar cará c ter a las obras de arte.
Dejemos a un lado prejui c ios y temores: la sabia dirección de la naturaleza va siempre más allá que la previsión humana: y aunq u e nos fuera dado corregir, por lo que toca a nuestra América, las leye s univer•sales que presiden la evolución de pueblos y c ivilizaciones, haríamos bien de no poner sobre ellas nuestras manos.
Mu c ho ha progresado en el país la técnica Arquitectónica. ¿Cual es el papel que ha de tocarle a ella en la evolución artística de la arquite c tura?
Ante todo precisemos su significación de la manera más clara que nos sea posible ¿a qué se reduce la técnica? Ninguna definición de diccionario nos satisface plenamente. ¿Qué entendemos nosotros por nuestra técnica? Podríamos definirla por •• el conocimiento de nues· tro arte''. No la llamamos ciencia, aunque la ciencia tenga en ella una parte de relativa importancia· Hay dentro de la técnica arquitectónica, mucho conocimiento que esca· paría a una clasifica c i ó n metódica y rígida. Es lo que podriamos llamar la técnica artística". Sus conclusiones rara vez son terminantes, y de _la diversidad de sus tendencias, surgen las diferen t es escuelas de arte.
La buena técnica artística enseña a sentir, por medio del estudio de sus conclusiones: la mala, a penas llena • l a mente de prejui c ios y fórmulas vanas: y es porque la técnica se refiere en muchos de Sus puntos, a eso que hemos llamado lenguaje''. a e so que es convencional y muda ble. La té c nica artística, deduce de las obras de arte los caracteres que les son comunes y sienta así sus normas para el artista. Claro está: muc hos de estos caracteres son universales; muchos son locales o particulares. Algo se refiere en ellos a lo que es objetivo en la obra de arte: a su armonía con la naturaleza : "' su verosimilitud" por ejemplo: mucho a •lo que es simple modo ele expresión : la propor c ión, la concordancia re· lativ a de los elementos, etc.
De más está que digamos cuán indispensable es la técnica para el artista. No sólo la ciencia progresa y su· ma sus cono c imientos: también lo hace el arte; y lo
que no puede crear el de un hombre, aislado en una hora de la civilización, lo realizan los siglos sumando una tras otra las obras de los genios.
Tal es el papel de la técnica •• y debemos fe ,licitarnos de que en un momento que considerar fundamental, eche ella sus raíces hondas en nuestra tierra, para producir mañana frutos dignos de la herencia artísti c a, legada a América por la c ivilizaci ó n e uropea.

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Pero hemos hablado de la técnica •• artística", y a penas hemos mencionado la científica".
Esta tiene también su papel en el arte, pero indirecto. Ella da las formas constructivas y lógicas dentro d e la economía: su fín principal es de c arácter utilitari o y prá c tico\ caráder del c ual no puede c asi nunca desprenderse la arquitectura.
Ahora bien ¿cómo puede obrar esta técnica sobre las forma s artísticas?
Sabido es que no todas las con strucciones se presentan al público, como obras de arte para ser juzgada s. Hay edificios de índole utilitaria q u e no temen exponer sus esqueletos descarnados a los ojos del público. Ellos dan las formas nuevas sin temores de crítica. Pasan desatendidos. pero no deben pa sar.lo para los arquitectos artistas: cuando esas proporciones extrañas y esos elementos nuevos, que ho y tal vez sorprenden pero n o emocionan, hayan penetrado en el lenguaje convencional de la arquitectura, el arte podrá ir tomando posesión de ellos pa r a con ellos expresar belleza.
Si desde un principio la forma constructiva hubiera aparecido bajo el pretendido dominio del arte, no habría producido emoción estética: habría sido como un idioma extraño, de los que solo pueden entenderse, die• • c tonano en mano.
Las formas artísticas, cuando son realmente reno• vadoras, no preceden a las constructivas, ni aparecen sÍ· multáneamente con ellas. Los grandes estilos han sur· gido desnudos, como abandonados por el espíritu del arte, hijos de finalidades uti.litaria s. Y si mientras no han pe· netrado en el lenguaje artístico con sus forma •s y sus c omhinaciones elementales, el arte ha debido echar mano de ellos, los ha cubierto con ropajes "piadosos" disfrazando sus formas •• chocantes"·
Esta con•sideración nos conforta, cuando vemos en nuestra época reproducirse el cuadro ¿No entrarán m a· ñana por ejemplo, las formas y las propor ciones cara c · teristicas del cemento armado en las combinaciones artísticas? ¿no expresará por ellos la sus creaciones nuevas 1 Difícil sería negarlo cuando ya estamos viendo los comienzos de esta evolución.
Es preciso ser pues optimi stas, tener fe en el futuro de n u estra arquitectura, c uyas orientaciones de mañana poseen un horizonte despejado: si bien es cierto que la hora presente es todavía de indecisión y de duda.
H. T. A.
Las generaciones de ho y , testigos de los primeros pasos que da la humanidad ha cia esa edad nueva que ahora está na ci endo, son, co n más o menos c ons c ien cia , las creadoras de la nueva estética y de la nueva forma bella. Las diversas artes res ponden a la vida de u n país cada u na con su matiz especial en armonía co n el espíritu de aquél, pe ro ninguna co mo la Arquitectura está tan ligada a la vida colectiva y social, ya que la masa del pueblo, con sus costu mbres, sus ne ces idades y su cultura, ha de dar la pauta de las condiciones materiales y morales a que ha de satisfacer la forma arquitectónica; y así, tan interesa nte co mo pudiera ser para el sociólogo el problema de la humanidad del porvenir, lo es para el arquitecto el problema, paralelo a aquél. de la arquitectura d el porvenir. ¿Cuál será, pues, la forma arquitectónica del mañana, y cuál será la estética de la ciu dad futura?
Es indudable, por lo que a la estética actual se refiere, que mucho, o todo de lo que ho y se tiene po r sencillo y co rriente y vulgar, lo sin carácter, lo cot idiano y lo anónimo, servirá a los arqueólogos venideros como dato magnífi co para definir y caracterizar la obra bella de nuestra época. Y en cuanto a la estética futura, la forma arquitectónica será verdadera; co mo la columna de cartó n en la falsa anécdota de Juan de Herrera, caerá n las co lumnas postizas, las ménsulas de escayola que cubre n viguetas de hierro, los pináculos hue co s, los dinteles kilométricos Pero esta evolución ha c ia la nueva belleza, será lenta y trabajosa, porq ue pesa sobre la Arquitectura toda la gloriosa historia de la co nstru cc ión en pied r a, pero ella será, y entonces habremos llegado a la nueva forma verdadera y bella.
Y esta evolución será porque ha y , además de la nece sidad moral de que se -efectúe, una ca usa prácti ca y decisiva que la determina; esta causa , que es una necesidad perentoria, que ha de depurar la arquite ctu ra, que ha de renovarla, que ha de embellecerla y que ha de darla una fisonomía moderna, es la actual crisis de la construcción, la cr isis de la viv ienda barata.
El aba en el costo de los materiales, la r econstrucció n de las c iudades arrasadas por la guerra, las nuevas exigencias de la vida moderna y del hogar moderno, el encarecimiento general de la vida y la necesida d de propor c iona r habita ció n saludable a las cla ses más humildes, plantean ho y el p roble ma del arquitecto en tiempos bien distintos de aquellos en que se podí-a co nstruir un Monasterio del Escorial·
El problema de la vivienda barata es, principalmente, un problema de simplificación de forma, de supresión de or namentación y de rapidez en la ejecución; y además, en é l, no ha de o lvidar el arquitecto que su profesión es un arte cuyo fin primordial es la expr esión de la belleza; y así, la ne ce sidad de conseguirla de una manera simple y sumaria co n el empleo acertado de sólo los materiales ne ce sarios en la co nstru cció n, le hará ser modernísimo en .su concepción. Podemos, pues, afirmar, que el ba rr io o brero será la obra arquitectónica del siglo, bien distinta de otras bien pomposas que no pasan de ser magnas co-
lecciones de restos arqueológicos. Pero el arquitecto mo· derno no puede ignorar el arte pretérito, sino que, conocedor de toda la tradición arquitectónica y de todas las bellezas pasadas, ha de depurarlas, con alma de artista. para cre ar la síntesis de la línea bella, de la nueva línea bella, que ha de complacer al espíritu fatigado del obrero durante su estancia en el hogar.
Como ejemplos en la fase de evolución hacia la n ueva forma, son altament-e interesantes los tipos de casas baratas c onstr uí dos por el novísimo procedimiento del hormi gó n colado.

Este método en el arte de c onstruir es debido a los ingenieros Harms, holandés, y Small, americano, y, en resumen, co nsiste: en col ar en un molde de fundición una casa de ho r migón, de modo análogo a como se efectuaría el co lado, en ese mismo molde, de una pieza de metal fun· dido.
Des cribire mos la operación sumariamente.
Se prepara la c imentación, como para una construc• c i ó n ordinaria, según las cargas, clase de terreno, etc.; se co nstru ye el suelo de la planta baja, que será una super• fi c ie continua y sobre él se empieza a colocar el molde.
Este molde o matriz está forma do por un gran número de placas de fundición de peso y tamaño maneja• bles, las cu ales, como han de ser colocadas de canto unas s obre otras , tienen los bordes especialmente reforzados

y dispuestos para recibir lo r pernos que han de unirlas entre sí. Con las mismas piezas se pueden mold ear for• mas diversas según su disp f sición, y así, los moldes se pueden emplear para el encofrado de distinta-s constru c• • ciones, lo cual es un gran fa c tor de economía.
Los primeros elementos del molde se colocan for· mando una doble hilada de una interior y otra ex· terior, separadas segím la magnitud de que vaya a ser 1 el grueso del muro y parale l as entre sí; luego se siguen poniendo filas de sólo en el molde exterior, y en• tonces se procede a la colocación de los hierros que van a constituir la armadura de lo" muros y q u.e están dispues· tos formando una red de horizontales y verticales bastante separados entre sí; se colocan también los tramos de las escaleras constituidas por piezas de H. A., cuyos extremos entran en el mold d , y asimismo se disponen los tubos de las chimeneas y los marcos de las puertas y ventanas. Después se c oloca la pared interior del en c o· frado, que se mantiene a una distancia constante de la exterior por medio de unos tacos o clavija..s. De esta ma· nera queda preparado el de todos los muros, traviesas, etc., de la planta baja.
El techo está constituido por viga-s de H. A. que se c olocan sobre el molde y a puesto y despué..s se continúa montando el del piso superi d r, de modo análogo a como se ha indica do para el bajo.
Las casas proyectadas en este sistema son general· mente de dos plantas.
La última fila de placaiS colocad a, tiene una disposi· ción especial redondeada en su borde para moldear la sencilla moldura que sirve de cornisa de coron amiento. Sobre el encofrado del piso l segundo se colocan las vigas que han de constituir el piso de la terraza.
1 Los suelos están forma dos por losas de hormigón que se c olocan sobre las vigas. vigas y losas se prefieren ya manufacturadas para ser puestas en la obra, con o bjeto de ahorrar el tiempo que necesitarían para su com· pleto fraguado, en caso de ser formadas en la c olada, que no se podría q ¡u itar el encofrado correspon· diente hasta que el endure c imiento de los suelos les permitiera soportar su peso; además, este proce• dimiento inmovilizaría el mplde por mucho tiempo en una misma obra, lo que no se puede a dmitir por razones , econom1cas.
Después de montado el por completo, se vierte en él, por la parte superior,¡ constantemente por el mismo punto y de una manera continua, la mezcla espe c ial que constituye el hormigón, especial tiene por objeto asegurar el reparto uniforme de masa por todos los puntos del molde, y evitar olas decantaciones que pue· den ocurrir en el seno del hormigó n , al ser vertido desde cierta altura.
Y como en el reparto y compresión de la masa no se emplean pisones y demás procedimientos corrientes, es preciso que el hormigón tenga una gran fluidez para que, vertido por un solo punto, presente en c ada instante una superficie libre aproximadamente horizontal. El mortero se prepara, pues, con una gran cantidad de agua ( 120 a 175 por 100), lo que le da gran fluidez, y ademá s se le agregan materia s c oloidales, que aumentan su viscosi· dad e impiden la decantación.
A los dos o tres días de vertido el hormigón, se quita
el encofrado y se tapan los que en los muros han dejado las clavijas que reforzaban las piezas del molde.
Los marcos de la s puertas y ventanas, así como las vigas y tubos de chimenea y los tramos de las escaleras, quedan perfectamente empotrados y sujetos por la dilataciól'l del hormigón al fraguar.
Una de las características de este sistema de c ons· trucción es la brevedad como medio de economizar en la mano de obra, principal elemento que interviene en la determinación del costo. La casa que apar-ece en la fotografía adjunta ha sido ejecutada próximamente en catorce ' días : ocho para colocar e.l molde, uno para la colada, dos para el fraguado y poco rnás de dos para desmoldar.
Las viviendas de hormigón colado son de una sobria, selecta y nueva belleza. Ellas han de satisfacer nuestros anhelos de verdadera estética, ac aso porque están conce• bidas sin preocupación estética. Y son modernas, limitadas por su silueta acusadora de rectas y planos, y por la rapidez de su ejecución, llena del vértigo actual que r ige a nuestra vida intensa; f-ebril ejecuci ó n que aparece en las líneas del edificio en s u carácter espe c ial, en la a usencia de retoque s y enlucidos, y en la carencia de guar• dapolvos, impostas y salientes; y aparece este cará c ter, sin perjudicar al de solidez y estabilidad, cosa natural en obra de ejecución rápida, pero d e concepción madura: madurez en el pensamiento y rapidez en la acción, virtu• des de nuestra época.
Al quit ar el molde, aparece la vivienda con su línea fina y airosa, senciUa y bella. El color ceniciento del hor· migón la envuelve en una tonalidad suave que apenas altera el tenue valor obscuro de la cornisa de coronamien• to; los distintos planos que da la planta, siempre algo • movida, son en su belleza la variedad, así como la sabia ponderación de huecos es la armonía de SU belleza; ar· monía que, a veces, está subrayada con la disonancia pro· ducida por la colo c ación o el tamaño de algún hueco desacorde con los demás.
La belleza en la distribución de puertas y ventanas estriba en que aparecen sencillamente a la fachada c omo manif esta ción de .la vida del interior, expresada lógica y cuidadosamente en las plantas, en cuyo estudio reside, como es sabido, una de las principales fuentes de econo• mía; y con respecto a su ornamentación, debieran de ha· berse pintado con colores violentos, mejor que con los blancos y grises empleados; de esta manera se hubiera valorado el color apagado de los muros de hormigón; pu· diera haberse un a:zul ultramar intenso o un violado fuerte.
Pero. el problema de 1a ornamentación d e esta vi· vienda, dejando aparte las consideracione s econ ó mi c as, es sum amente difícil por causa de la nov edad de los procedimientos constructivos. Suprimida la ejecuci ó n de la obra por hiladas horizontales, se haoe difícil el empleo de impostas y elementos análogos con la base de la línea horizontal, y la construcción sin solución de continuidad no hace racional el empleo de salientes en esta clase de muros; poco, pues, ha de servir la aplicación de la s formas de la arquitectura tradicion-al, y aun menos, quizá, la busca en el natural de elemen tos utilizables. pues es bien
difícil el encontrarlos desempeñando funciones análogas; acaso la consid eración sobre las formas estratificadas de los terrenos sedim•entarios era un camino a seguir, pero un difícil camino, pues sería labor verdader amente genial la de crear, mediante el estudio del natural, formas adap• tables a lo tan intelectualmente concebido.
Pero aun hay más; entre las muchas soluciones buscadas al problema de la vivienda barata (que bien han variado desde que se hizo el ensayo de Mulhouse en 1852), ha y otra, tan original como 1a descrita, presentada últimamente en los Estados Unidos: consiste en ejecu• tar las fachadas sobre los moldes tendidos horizontalmente sobre el suelo, y, una v ez fraguado y endurecido el hormigón, se izan hasta su posición vertical, colocándose de esta manera en la obra; después se colocan las vigas, suelos, etc., en piezas ya fabri c ada s de hormigó n armado. He aquí un nuevo problema de forma y ornamentac10n.
Estas son unas, entre las ideas nuevas, verdaderamente revolucionarias, en el arte de construir, creadas por la honda transformación de la vida; eUas no han dado aún la forma definitiva, pero sí el ambiente nuevo que vivifica. ¿Qué carácter y qué estética s erá la del sistema
constructivo que triunfe en la práctica, adaptándose a las co ndi cio nes que se le pi den 7 j Qué rara belleza será la de las ag'rupacion es de cientos de miles de esas vi· viendas!
¿Cómo será, pu es, la ciudad del porvenir 7 Acaso que· darán las actuales como núcleo de las venideras, como centro de la administra ció n, los trabajos y los negocios; quedarán rode adas d e las futuras barriadas, con las ha· hitaciones, 1as viviendas, las de la nueva estética, llenas de sencillez, de verdad y de belleza. Entonces apar ecerán lo s edificios de hoy co n sus moldura-s y sus cresterías, con sus esculturas y sus ornamentos, con la misma ex· trañeza y la complicación que aparecen los antiguos templos indios en medio de la Horesta virgen; sólo que esta • floresta se.r á de chimen eas, de cables y de anuncios, esos elementos que caracterizan tan típicamente la fisonomía de las ciudades fabriles, ya con sus líneas duras, ya con sus co lores violentos. ¡Bello e intenso mañana! Entonces, acaso parezcan dulces cuadros a lo Fra Angélico las locu ras de Marinetti.
Enrique Colás H ontan. Arquitectura - Madrid.
Estudio de una c onst tru(Ctiva sanñlawia 2 las nuevas ttrans fowmacñone$ y ensan ch es edilicaos
La construcción de una ciudad, así como la ampliación de toda otra existente, es la solución de un co mplejo y grave problema sanitario que precede a toda preocupac i ó n d e índole estética, sin que esta prioridad signifique que tal pre ocu pación no sea atendible, sino que asume su alto y verdadero valor una vez resuelta la cuestión sanitaria, base fundamental de t o da implanta c i ó n edilicia.
D e nada, en absoluto, valdrá la belleza de una ciudad si ésta no es salubre y po co vulnerable a los agentes morbosos que constantemente se ciernen sobre la vida.
La población más hermosa del orbe será esquivada con horror si es malsana, y nadie vacilará un solo min uto en la alternativa de optar e ntre ella y otra, árida y vulgar, pero privilegiada en sanidad. El único índice de incontrastable valor que mide el grado de excelencia de una lo ca lidad cualquiera, es su índice de mortalidad.
Esta verdad indiscutible evidencia que es absurdo emproender grandes obras de embel le c imiento o ensanc he urban o sin antes tener rigurosamente plan e ado el sistema topográfico-sanitario a que deben subordinarse dichas obras-entendiendo por sistema sanitario todo el co nj u nto de menesteres :-redes de toda índole, pavimentos, locomoción, centros c ulturales y de distracción, etc. que contribuyan al co nfort completo d e la existencia, o sea a la sanidad en su más ámplia expresión.
Para la finalidad a que nos proponemos arribar por el presente estudio, vamos, en forma breve y resumida, a entrar de lleno al análisis de un caso concreto al que

po r analogía se podrán referir los demás que se hallen en co ndiciones semejantes.
Nos referiremos a Montevideo, c iudad de tipo cu adricular, enteramente co nstit uida por cu adrados y fracciones de esa figura dispuestos en dameros de grande extensión que solo se diferencian entre sí por variación de ru mbo de ca lles, y n ó por otra cosa.
Montevideo es, quizá, la c iudad de manzanas más peq ueñas; miden éstas 85 mts. de lado, habiéndolas a profusión, menores, pero raramente más grand es.
Esta exigüedad fué originada, más que por otra causa, por una forzada razón de propor c i ó n a que se sometió el fundador ante la estrechez de la lengua de tierra en que h ubo de delinear la ciudad primitiva, que en la época de su funda ció n no medía más de 700 metros de ancho útil. Di c ho fundador dividió, pues, el terreno, en fracciones en armonía con su reducida dimensión.
L os muni c ipios na c ionales que sucedieron a los c a• bi:ldos hispanos, no obstante no tener para la extensión extramuros de la c iudad, que atender a la mi.sma razón que se imp uso al co nquistador, puesto que a partir d.e.l recinto de la Ciudadela el terreno se ensanchaba ampliamente hacia todo rumbo, han co ntinuado hasta el día usando las mismas prácti cas de urbanización y el mismo módulo de subdivisión de la tierra delineado por los españoles.
La división del suelo en par ce las diminutas, si tuvo co nvenien cia para la aldehuela esencialmente militar, que por imperiosos fines políticos fundara España en
• herra c harrúa, no la tuvo i g ual para la comuna patria, a cupo la misión de extender la ciudad hasta su lí• quten mite actual.
El desmenuzamiento del suelo de la urbe en cu a dras cortas, ha originado un exorbitante número de c alles qu e no han desempeñado otra misión que -la de extender extraordinariamente la c iudad con las consiguientes g r aves desventajas que toda extensión con poca densidad de población aporta a todo c entro urbano: imposibilidad de dotar lo d e redes sanitarias, l u z, aguas, pavimentos, lo c omoción, et c ., en toda s u planta.
Tomando un promedio, podríamos decir que Montevideo, cada 500 m e tros lineales, tiene 100 de c alle, y que c ada manzana enfrenta a u na superficie de vía públi c a c asi igual a s u área, sin que esta prerrogativa ha y a influido mayormente en su sanidad.
No es, como sab e mos, ni el núm e ro de c alles, ni la amplitud de éstas la q ue asegura en absolut o la sanidad de una pobla c ión.
Una pobla c ión se r á sana cuando sus c asas lo sean, y éstas, a su vez lo serán, c uando sean sus c eptibles de ser envueltas y penetradas profundamente por el ai r e y la luz, elementos prjmordiales de la hi g iene natu r al. Mont evideo, a pesar de ten e r, sin incl u ir plazas y parques, más de la ter c era parte de su suelo destinado a c alles, no concede mayormente a sus viviendas la facultad salub r e antedicha.
Nuestras manzanas, pequeñas po r orígen, y en m uchas partes más empequeñe c idas por leyes de reti ro de frente para ensan c hes de calles, obligan a ,}a c asa a apiñarse ha c ia el c entro de di c has manzanas y a c omprimirse n > r m ' 1 ' . AL L:El::.,
la c antidad ni la calidad que la sanidad dom é sti c a reclama, y , por lo tanto, un permanente fo c o de insidias a la sal u d de su habitador.
De la anula c ión del s u sodicho núcleo ponzoñoso vamos a o c uparnos en lo q u e sigue del presente estudio, puesto que, de dicha anulación hacemos depender la sanidad de la vivienda y, por extensión, .la de la c i u dad en g eneral.
La habilitaci ó n sanitaria del c entro de toda m a nz a na podrá obtenerse fa c ilmente si nos valemos del sist e ma

Fig. l - Subdivisión de una manzana en block s ai s l a do s , y di spo s ició n de área central libre y pa s age s de comunicación con la s calles adyacentes en sus fondos pr ec isamente donde po r la índ o l e d e s u s dependen c ias es más reclamado el desaho go.
El núcleo de toda manzana está, e n g eneral, constituído por d e penden c ias d e s e rvi c io, casi siempre, a c ausa de la estre c hez extrema de.I sola r tipo de Montevide o ; en inferiores c ondi c iones de area c i ó n e ilumina c i ó n. Es este núdeo un conj u nto de fondos y uxtapuestos y apiñ a dos, q ue en general no re c ibe de los elementos naturales de vida
Fi g . 2 - Subd iv isi ón en block s p a ral e lo s y di sp osición de su s de sa güe s
c onocido del área c entral libr e inte r puesta a lo s f o n do s de todos l o s edif ic ios de a qu ella en forma que ab a rque e l ma y or númer o d e éstos.
Pero, para q ue tal p r á c ti c a sea r e alizable, e s m e nest er que las manzanas sean ma y ores que las q u e a ctu almente constituyet:t la c iudad, en las eu ales la m e j o ra a p u ntada es difícilmente realizable a c a u sa de s u peq u eñez, no obstante, en c iertos c asos también podría t e ne r lu g a r mediante u na le y de r e tir o de f o ndo a nál og a a la di ctada para retiro de fr e nte en los c as o s de e n s an c h e de c alles.
Pero, donde la inn o va c ión asumirá tod o s u v al or e imp o rtan c ia, será en u n amanzamiento n u ev o Pa ra f i j a r ideas y evitar des cr ip c iones, r epr e sentaremos g rafi c am e nte e l pro c edimiento de q u e nos vald r íamos para ll eg ar a la habilita c i ó n sanita r ia ant e di c ha.
La Fi g 1 de por sí, y sin requeri r expli c a c iones, nos indica que el resultado de la op e ra c i ó n efe ctu ada so b re una frac c i ó n de suelo para el fin prop u est o , es la o bt e nc ión de u n cuerpo de blo c ks edifi c ables q ue e n s u c onj unto c onstituirán la n ue va manzana c on la perf ecc i ó n introducida.
El esquema ofre c e una c ombinaci ó n de blo ck s en c uadro, pero éstos, c omo lo muestra la Fi g 2, p ue den disponerse en cualq u ie r ot r a forma, y a pa r alelamente, para apli c a c iones de c asas-jardín a c opladas, en g r u pos de c uatro, o aisladas si se q u ier e , y a dist r ibu y éndose en planta irregular o mixta.
A primera vista pa r e c erá q ue el terren o de stinad o a área s libres y pasa j es tr ae r á c om o co nse cue n c i a u na g rande pé r dida de t erre no q ue extenderá u n pobla do más de lo q u e l o haría u n amanzamiento co mún. Sin em b a rgo no es así, por que el terreno tomado para uso c omún será, e n g ran parte, compensado por la r edu cc ión de c alles a
que Jugar la ampliación de la manzana modificada. Por otra parte, si consideramos que los solares de ésta, por su doble exposición al cielo, serán suceptibles de mayor aprovechamiento por supresión de patios, elevación, etc., tendremos, como resultado de la mejor a, una equilibrada compensación de suelo edificado, entre las manzanas macizas y .las internamente abiertas. La ciudad, e n vez de extenderse, apiñada, se co ncentrará, diluída, y e n privilegiadas co ndi cio nes de sanidad. co modidad y belleza.
Sabemos que ho y, higienicamente hablando, es impo-

Fig. 3- Disposición de lo s de sagües de una manzana. A. Colector maestro. B. Id e m secundarios. CCC. Tubos domiciliarios. D. Sumideros de call-e. E Area central lihe. F. Block!S edificables
sible uti liza r los subsuelos de nuestras casas en más de u na tercera pa rte de su piso. La doble ex posi ció n habilitará e n toda su amplitud n o solo esa importante depen· dencia sino que también m ejorará , de mu c ho, los piso s bajos co mer c iales, generalmente mal aereados y m uc ha s veces iluminados artificialmente e n las horas más brillantes del día, práctica ésta rec hazada por la higiene, aún ola más anticuada.
F uera de la ventaja parti cu lar del mej or aprovechamiento del terreno a que la doble vista dá luga r, otras innumerables derivarán de la disposición propuesta. L a plazuela ce ntral proporcionará a la vivienda adyacente u n aparente l ugar de estadía, que puede ser jardinado y hasta c ontener aparatos gimnásticos, donde los párvulos de la vecindad podrán distraerse lejos de la calle y a la vista de .los suyos; y en los barrios populosos facilitará los servicios generales de la casa, co ncediendo a su cuer · po más Íntimo la independencia que hoy no tiene, La estrechez d e nuestros solares no admite puerta de ser· vi c io. Todos los men esteres domésticos, aún los menos propios, deben ha cerse por la ú ni ca puerta de la casa a través de vestíbulos, galerías, escaleras de honor, etc .• co n menoscabo de su propiedad e i ndependen cia Pe r o la mayor y más trascendental ventaja de la di sposición en estudio es de í ndole eminentement e urbano-sanitaria y , econonüca.
Nuestra ciudad está integralmente minada por una tu pida red cloaca-!; decenas de millares de v eces perfo-
rada por los co nd uctos de cada casa. Es conocida la imposibilidad de una obturació n perfecta en todo tubo a base c ementicia, a causa de los inevitables asientos de te· rreno y descuidos co nst ructivos , aún insignificantes, y por lo tanto son inevitables las filtraciones y emanaciones a que tales imp erfeccio nes dan lugar. El dorso de to· do colector es u na criba irrigadora de gases perniciosos del sue lo de la ca lzada en toda la extensión de la ciudad. Las tuberías doJ'lliciliarias están en el mismo caso. Y en co n ju nto las vías de la ciudad no son sino una tranu. de fuentes emanadoras de gases y filtraciones temibles, que después de atravesar la ca pa de suelo que l as trascienden al ambiente y se distribuyen ror la ciudad.
Agreguemos a esto que la m u ltiplicación al infinito de las perforaciones y su dificultad de obtu rarlas her· meticamente favorece la difusión de las temibles ratas, y te nd remos definida la co ndi c i ó n hi gié nica del sistema que ho y por hoy desagua la ciudad.
Los graves inconvenientes que acabamos de describir pueden reducirse al mínimun adaptando, al ama n:t a • miento que analizamos, el dispositivo de desagüe que en· seña n las F ig 3 y 4. V emos por esas figuras que el sistema c onsiste en sacar las tuberías domiciliarias por el fondo de la c asa y c onectarlas a un co nducto, el cua l, después de recoger todos los desagües de la manzana y c alles, los arroja a su vez al colector maestro por comu · nicaciones m uy distanciadas u na d e otra y que correspon· den a u na por cuadra. En esta forma la criba al co le ctor maestro n o ha lugar por l a desaparición de los co ndu c tos transversales domiciliarios que, atraviesan las calles, las que, también, se verán libres de levantamientos de su5 c alzadas, c ostosos y obstruye ntes.
El saneamiento de via lidad por retiro de tuberías de c alle e inte gr id ad c asi tota l de c o l ectores maestros m ul -
Fig. 4- Disposición del sistema de saneam iento interno y de vialidad • tiplica su eficacia salubre por reducción extraordinaria de desarrollo li n eal d e tubería pública. La Fig. 4 muestra que para el desagote de un sistema ed ilicio de la forma e st u diada, basta disponer un colector cada dos cuadras, y en la mayoría de los casos en u n solo sentido. puesto que las manzanas o blo c ks se empalmarían a dicho co• lecto r dos a dos por inter m edio de los co nductos secun· da r ios de calibre reducido y solo cubier tos por la tierra de la plazuela interna para su más có moda inspección.
De lo visto se desprende que la disposi c ión que de· ja mos estudiada reduce su desa rró llo métrico lineal a menos de la mit ad de l o que lo h aría el sistema co m ún a ctu almente en uso La eco n o mía derivada de esta reducc ión es tan gra nd e co m o. ev idente
Fuera de las ya expuestas, otras mil ventajas econ ó mi cas , estéticas y de co m odidad que las c ircunstancias

del momento ob li gá nd o n os a ser breves no n os permiten describir, proporcionará a la ca sa y a su suma, la ciudad, el sistema que en sus grandes líneas acabamos de exa· minar en la ligera y resu mida reseña que terminamos aquí. Montevide o 192 0.
Silvio Geranio, Arquitecto.
Bastant es c asas te n ían capilla en donde el Con· sejo oía misa los días señalados, y la del Espíritu S a nto antes de la elección de oficiales , entre los n obles y los c iudadan os previamente insaculados en las bo lsas de los respectivos cargos; verbigracia , en Huesca, Jaca, Barbastro y Ta ra zona. T úvola también Z aragoza, cuya casa ha sido demolida. Asímismo había un _departamento para las marcas o co ntrast es que el Concejo ponía en las piezas de plata que se labraban, bien fuera la llamada de
Otros servicios m u ni cipales se alojaban en depar tam entos separados; verbigracia, en H uesca el peso públi co y el almudí o gr anero. Alg u no era hospitalizado en edificio monásti co, co m o la leprosería en el hospital de l os frailes de San Lázaro, desde el siglo XII (3)
La Casa Consistorial difería, co mo digo, tan po co de • u na mansi ó n señorial, que a menudo pudo ser - aquélla instalada en u na noble parti cu lar adquirida por el Con· cejo; tal es el caso de Graus, Alquézar, Valder robres , etc.
le y , bien la de reales, bien la acendrada. Pa ra ello, el Conce jo designaba u n c iudadano, co n la deno m inación de marcador de la plata (1).
En otro aposento estaba el arc hi vo; en otro, con puerta independiente, la p r isión, co n sus cad enas, sus ar· go llas de g arganta y de pies, las esposas, los grillos y los ca ndados (2). En otro, el depósito para las med idas · patrones, la sala de la Contaduría, o sea la de los co nt a · dores o jueces de los ] urados, etc.
( 1) A/ lltll t cs púg. :! , (2) A}Juntes citado::;, pág. 50.
Per o lo corriente era que el edificio fuese fabricado ad h oc
La planta y distribución son m uy simples: aquélla, recta n gu la r; el piso bajo suele aparecer dividido por unos c omo arcos for me ros, a l os que correspo nd e n otros en c im a, que constituyen el antepecho de la exornada galería de la luna, o caja de la escalera. Ej e mplo: y ] a c a. En este caso la puerta de ingreso se abre e n el mu ro de fachada, no sucediendo así cua ndo hay po rc he o atrio.
< ::) · 1no nu,;;rafí<t en e l si¡;lo Xll " ca, 1921) pftg. :!4, - 24-
Este vestíbulo raras veces tiene bóveda. Por lo ge· neral, techumbre corriente. El de Huesca ostenta un bello artesonado, y entre las zapatas corre el mote Urbs victrix Osea , que llevan sus monedas autónomas romanas. Los arcos van exornados a lo renaciente, y presentan en sus enjutas, en medallón, el prudente aviso: Quien quiera

Loa vre ( Huesca ) - Casa Consistorial
adm i nistrar justicia , cierr e los ojos al odio y a la amici cia. 1578.
Del vestíbulo parte la escalera que c onduce a la sa· la de sesiones, que en Huesca aparece exornada con me· dallones que presentan bustos de g uer r e r os, de Felipe Il y su esposa (?), angelotes, et c ., y en el c upulín del re· mate de la caja (ya del siglo XVIII), los es c udos de Hues c a (el antiguo de las torres y la mues c a) y del Rei· no. Todo en labor de estuco o yeso endurecido
Esta escalera e$ análoga a las de las casas nobles suntuosas (Maestranza, Argillo, Luna, Gurrea, en Zara• goza; Clime n t, Monteara gó n, en Hues c a et c .) c on la sola diferencia de que en éstas la •luna o patio, sobre c uatro co· lumnas, es central y las dependen c ias e stán en torno de él ( gre c o romana), c omenzando la es c alera en uno de los frentes, y en la Casa Consistorial esta luna y es c alera aparecen a un lado.
La parte esencial de la Casa Consistorial, c omo de las nobiliarias, es la gran sala alta, la sala de las reunio· nes, que equivale al salón de honor, o de recibir, co n su · estrado , de las c asas solariegas. En ella se tenían las reu n iones c oncejiles, las re c epciones, etc. Gravita sobre el vestíbu lo y tie ne acceso por 1a amplia escalera que c o• mienza en aquél. Del mismo modo que la sala de recibir de u n a casa señorial se alza sobre la ba j a o vestíbul o , c on saletas o piezas reducidas adyacentes, o sobre una tienda en las casas modestas, el salón de sesione s en las Con sistoriales está sobre el vestíbulo, c on paso a peq u eñas depende n cias (Huesca, Ja c a, Barbastro, T arazona, Al e a • ,• ñi:z, et c .), o sobre el atrio o lonja de pública contratación (Bielsa, Graus, Sena, Alcolea, Monzón, Loarre, Valderro· bres, etc ), en el que está la pue r ta de a c ceso a la es c alera. La g'ran sala se il u mina con amplias ventanas ( algunas convertidas más tarde en bal c ones), bellamente exor• nadas al exterior, según el gusto rena c entista. Esta sala s9lía tener una monumental chimenea. La techumbre, con
artesonado de madera en las suntuosas {Huesca-actual sala de vistas de la Audiencia-,] aca, Barbastro ).
En c uanto a las fachadas, las Casas Consistoriales rura l e s la tienen sencilla y sin ador n os; las venta nas ras · g an el liso muro, y el remate es la galería corrida con pequeños arcos, destinada a desvanes, a estilo de las ca• sas parti c ulares ( 4) y alero voladizo. Algunos d e estos c uerpos de galería son evidentemente añadidos en el siglo XVIII; pero es el caso que la mayoría de las Casas C o nsistoriales que c itamos lo presentan. No lo tienen Ja c a, Bielsa y T arazona. En estas dos hacen aquel oficio una segunda serie de ventanas, y debió tenerlas también Ja c a. En esta última, recientemente ha sido substituido e l r emate que se ve en la fotografía por otro pesado y antiestético, que es un latente atentado al Arte.
La de Huesca tiene una bellísi ma ga lería. El rafe o alero va sustentado por nueve c olum nas que se apoyan e n un antepecho c orrido. El alero es de primorosa talla e n madera, a estilo de los que tanto abu ndan en Arag'Ón (5), y presenta c anetes, c ordon•es, piñ as, etc., produciendo gra c ioso, pero majestuoso efecto Esta galería la protegen en sus lados dos torres c uadradas. En 1611, cuando se
Biel sa ( Huesca ) - Casa Consistorial
co nst ruyó , opina ro n u nos que se hi c iese con arquería, o tros c on c olumnas, c omo asi fué.
El 26 de Abril de 1577 se firmó el contrato entre el
( 4) nuestro c:-;t u<li o "La (·asa a ltoaragon esa. · ( Madri d 1919).
( 5) So n exce le ntt-s eje mplos, en Z a ragoza. en la s ca s as <l e la Maestranza, Coleg ios de Ran Felipe y Polité c n ico, A u d i enc i a Casi no principal, casa el e M or lares , etc., qu'e ademl\s co n tiene n es plén d ido s a rteso nad os en el int'e rior , c on r ica ta ll a y p o li c ro mf a, cuya tr adi c ión mudéjar es •bi e n patente en l as tec humbre s d e l a ca,tedral d-e T e rue l. Ralas c apitular y priora! de Sljena (s i gl o s XI V XY ) La Seo y L a A ljafer1a d e Zara g oz a, palacio t'Pi s c opal de Hu e s ca XV). c te. Ha y, hermosos a le ro s, e n la casa d c l os Argensolas. d e Barbastro; e n la de Lafar.ga e n Sar ii'íena e n la de Cli m e nte , de H ue sca s ; e n T a razona , en Dar oca y en o'tros mucl1o s lugare.s de Aragón. (Véase Ale1·os y t ec h ttm bt ·es de Z arae n A-r t e Ant.gonés, tomo l, número 3, ma rz o de 1 9 13 ).
Concejo y el ma estro Miguel de Allué para edificar esta Casa Consistorial. Por eso en los medallone s del vestíbulo aparece la fecha de 1578. En 8 de Febrero de 1610, co mo quiera que la fachada se hallaba en pésimo estado, acordó el Concejo levantarla de nuevo.
Hizo los planos Domingo Zapata y Abadía, arquitec· to de Zaragoza, y se encargó de la dirección de los tra · bajos su hermano Hernando Abadía, de Huesca, en 26 de Abril del mismo año.
En 29 de Julio de 1611 se acordó co nsultar con maes· tros y ofi ci ales peritos si el mirador estaría seguro co n columnas, co mo mar caba la traza; y en caso afirmativo, q ue se hi c iera así, y no c on arcos, como algunos pretendían
En Agosto de este año se comenzó a trahaj ar. Desd e Abril de 1612 fué dire c tor de las obras el citado Zapata, por e nferm edad de Abadía, hasta su co nclusi ó n. En Noviembre de este año se terminó, reconociéndola los maes·

tros Antonio M e ndizábal, por el Concejo, y Marcos Mañaria, de Zaragoza, po r Za pata (6).
Las ventanas primitivas oste ntan sus rejas de época; y aunque se han abierto otras posteriormente, todavía co ns erva la fac hada una austeridad, una auritmia y u n c arácter tales, que ha ce n de esta Casa Consistorial la mejor y m ás típi c a de Aragón y de su arquitectura munici pal. No ha y en ella escultura ni aplicación ninguna (po r eso su misma severidad la ha ce agradable). En ca mbio, otras fachadas ostentan abundante exorno. La de Alca· ñiz pertene c e al siglo XVII. Es de gusto serio, neoclási co, co n puerta de medio punto flanqueada de co l umnas y tres gra ndes ventanas en c ima, c on frontón y antepe c h o. La (ti 1 1•:1 N li ficio que ha , · al l aclo el antig u1J Imperial '· de Santiago, agTegado a la {lni\'P J'Siclad. fundado por D B er·eng-uer de ::ian ca t ecl r átiC'o aquel cC'ntro, y e l emperador <:a rio s Y. e n 1534. arqui t ec tunt d e !':U fachada gwncla simetría <'O n la del Anmtamiento: e n efecto. :,;e llizo con <'s t a mi ra a l mismo tiempo. eRto tle.sde No, iembre del año 1610. El arquitecto fué el citado M entlizábal.
del ce ntro se tapó en el siglo XVIII para co lo car u n es · cudo de armas y un rótulo más tarde. Remata en galería de arcatura y rafe de made ra labrada. Formando ángulo hay un cuerpo, de fecha anterior (siglo XV), destinad o a otras dependencias muni ci pales y a prisi ó n del partido. Tiene tres esbeltísimos arcos ojivales en su atrio, y u na ga le ría de arcos de remate añadida en el siglo XVIII.
Aunque torpemente refor mada hacia el año 1863, es muy interesante el exorno de la fachada de Tarazona, obra del siglo XVI. Sobre la puerta, y a lo largo de aquélla, vense dos enormes estatuas c asi exentas, de T úbal y Hércules, arrimados a un árbol (7). Faltan dos más, des· truídas. En ci ma corre un pre cioso friso ca si de alt o re • lieve, representando la entrada de Carlos V en Bol o nia, co n m u ltit ud de figuras de pr óceres y c aballeros, co m o de un pie y medio de altura, obra del mejor tiempo de n u estras Artes.
La de Sos es del siglo XVII, c on p uerta del gusto • re1nante.
La de Ja c a lleva fecha de 1544 e n el zó c alo de las co lumnas que protegen la portada. A los lados, dos ven · tanas c on salientes rejas de é po ca Correspondiend o al piso noble, ventanas co n remate en frontón esculturado {cabezas y jarro nes). El tono negruzco de esta fachada la comunica gravedad y robustez, e n medio de los pla terescos adornos
La de Bielsa presenta en su flan c o , co mo se ha di c ho, u n tambor aspiller :-. do, q u e le da u na silueta pintores c a de casa fuerte. En m edio de la rudeza c onstructiva del país y de la sobriedad del paisaje pirenai c o, llama la aten c ión el exorno fastuoso de su ventana c entral, del más p uro siglo XVI, y el mold uraje de las ve ntanas del últi mo piso
( i 1 -\ht<li en(lo a la que rodea el <le la eiutlau: 1'ubul Japhet lllt: funclCtrit: H crculcs 111c ,·ecclifi-cco: it.
Carece de ga lería: y la te c h u mbre de lajas de pizar ra. en g ran de cl i ve, le da u n aspe c to asaz original. En la base. arquena.
En la p rov in ci a de T eruel, además de la de Al ca ñ iz, son mu y interesantes las Casas Consistoriales de La Fresneda y Vald erro bres. La primera, anti gua Lonja pa· re c e un edificio de fin del siglo XV o prin c ipios del XVI. aunque c on adi c iones posteriores (los adornos plater escos

Jaca ( Huesca )- Cas a C ons istorial de las ve ntanas- b al co n es y la g ale r ía alta de a rqu illos. d e l siglo XVII). Ti e n e amplio portal de arco de medi o p u n to rebajado y dos ve n tanas co n rej as e n el hastial de fac hada p r in c ipal. En la lateral , tr es arcos sustentantes, y e n c ima, tres ventanas main e ladas. Rem ate de ga l ería y rafe o alero vo ladiz o
La de Vald errobres es p r eciosa po r el vigor de sus lín eas y su elegancia. Sobr e g rand es soportales, que l e
dan mu cho c arácter, se yergue el piso noble. prev1a doble imposta cor rida. co n ventanas (luego balcones) con sobrio exorno de frontón a lo romano. Encima, otra im· posta, galería de ar cos, friso decorado y gran alero de ma· dera co n ca netes y metopas labrados. Es obra del siglo XVI.
El material empleado en estas Casas Ayuntamientos es la piedra arenisca o caliza, el ladrillo y ambos com• binados.
D e pied ra en su totalidad. son las de Bielsa (con tejados muy agudos a causa de la abundancia de nieves en aquella co marca pirenaica). Jaca, Tarazona. Sos. Alcañiz. La F re sneda y Valderrobres. De ladrillo. Barbastro, L oarr e, Monzón, Alcolea y. por lo general, las de pueblos de poca importancia. Por excepción, es toda de lad r illo la de Hues ca , y admira el efecto grandioso que e l alarife consiguió co n solo este material. s 'in combinarlo siquiera en la ce rías y dibujos a lo mudéjar. antes bien, da nd o superfi c ies lisas. solamente divididas por impostas sencillas.
La pied ra y el ladrillo vense asociados en Graus y en Sena : aqué lla en el c uerpo del edificio éste en la galería de re mate. Esta alianza, tan corriente en Casas Con• sist orial es de los P.aíses Bajos, Dinamarca y Suecia (8). p roduce bonito efecto.
A rte castizo y vigoroso, co n la robustez y el contraste del ca rácter y del terreno. es el de estas Casas Consisto· r iales aragonesas, m uy homogéneas en su traza. Si al • influjo italiano deben elementos como la mirándola o ga · lería y el exorno. que adquiere aquí un tinte de sobriedad. bien propio y tradicional es el rafe o alero que las termina. de origen mahometano español: la distribución, aunque las dependen c ias sean, co mo es lógico, las mismas q ue e n todas partes. pues co m ú n en la esen c ia es el origen de los Municipi os y su formación: y esa noble arrogancia que, sin ala rdes de torres. cupulines. flechas. remates en frontones dentellados, ventanas rasgadas mu y próximas y puertas varias a lo francés, Aragón dió a sus· edifi c ios co n c ej il e s, que forman un grupo definido y c alificad o e n el cu adro ge n éric o español de la edad moderna.
Ricardo del Arco.
1>e le!-:"a •!o r egio (le B e llas Artes - - Ma driñ.
CS) 1'. r;;n Jnrt. de villc ct bef/?·oi8 .Yunt ti c la Frau : e. Ji u yen .;t _r¡c ct Rcnaissance ( París , Laurens. 1919), pá;.:s. r, a 21).

Armando Ac:osta y Lara
Fa c had a
La fa c had a y plantas que publicamos ho y, pertene· ce n al petit hotel situado e n la c alle W ashi n gton e n tre
Co l ó n y Pérez. Castell n o.
Fu é c o nst ruido e n u n terreno ocupado hast a ahora p or u na vieja c asa colo n ial, si g uie n do la te nd e n c ia ya mar c ada de tra n sfor ma r las c alles del vie j o M o n tevide o , co n la c o nstru cció n d e edifi c ios que c a mb iará n su anti guo aspe c to, c o ns t i tu y éndose así u n ba r rio e minen te, mente anstocrah c o
El ed ifi c i o c o ns ta de u n pasaje subterráneo par a e n t r ada de servi c io, planta baja o c upada por los l ocales de re c ep c ió n y servi c ios, planta alta, co n stituye n· d o la parte í ntim a de la c asa y l ocales para sirv iente s e n la azotea S e h a adoptado e l par t ido de ha ll c e nt ral , • •
al c ual dan l a sala , e l es c ritorio y el c o m edor , q ue a s u vez. ti e n e u n bow - window sobre la te r raza que da al j ardín.
L a parte de servicios, está constituida po r el gara g e, toilette, desp e nsa, offi c e co n escalera de servi c io y c oc ina la q ue ta mbi é n da sobre el jardí n
E n l a planta alta se han dis p uesto los dor m itorios, boudoir, toilette, cuarto de c ostura c on bal có n a l jardín, c uarto de baño , co n ta nd o tambié n c on u n hall c e n tral, sobre el cua l desemboca la es c alera p ri n c ipal.
La fac h ada respo n de al estilo Luis XVI, m odernizado y adaptado a n uestras n e c esidades y c ar ac terísti c as e spe c iales.

Alumno: Raúl Federici
Arquit ec tura IX y X
Situado a proximidad de una gran ciudad, este jardín será establecido adentro de un gran p a rqu,e público del cual fo rm ará pa r te, fero, teniendo, sin embargo una com p leta independencia y su entrada propia. Será un gran jardín comportando las diferen· te s divisione s correspondientes a las varías varíe· dades de familia s del reinado animal, agrupada s entre caminos agradablemente dis t ribuido s Además de las casas y a br igos necesarios a lo s animales, y entre los <:uales se destacarán los de la s fieras, de los mon os, de los pájaros, de los ¡:erros, reunidas cada familia en un mi smo pabellón, con parte techada en donde se rá admitid o el público, y parte al aire libr e
Alumno: Luí s A. Barbé
Prof. Arqto. José P. Carré

Una Escuela de Dibujo y Museo. - Arquitectura
4o. curso.
Alumno:
Se distribuirán los edificios siguientes:
Un Museo de Historia Natural.
Un Palmario.
Invernadero s ( templados y calientes ).
Galerías de expo si ciones de instrumentos ' agrtcola y adornos de jardín.
Un acuario.
Una sala de conciertos.
Un terreno de exhibición de los raros menes de la raza humana que existan en estado salvaje.
• espeettodavía
Se dispondrán también en lugar bie n apropiado unas caballerizas y construcciones para abrigar los animales de silla como elefantes, girafas, camellos, que servirán a las persona s qu e desean pasear de este modo en el jardín
Dos pequeñ os ferrocarriles: uno a tracción mecánica y ot ro a tracción animal, pondrán en comunicación las principales partes del jardín.
El terreno no excede rá de 400 m et ro s en s u mayor dimensión.
Alum no: Luis A. Barbé
Este edificio aislado y rodeado de plantaciones servi rá al mismo tiempo para las exposiciones temporarias de arte y para la enseñanza del dibujo.
Se compondrá de:
J.'' El Museo compuesto de:
Una gran sala para las exposiciones temporaria s de Pintura, Escultura, Arquitectura.
Varias Sala s o Galerías para las colecciones de modelos.
2. " La parte enseñanza compuesta de:
2 Clases de Dibujo. Vestíbulo Portero.
2 o 3 piezas para la Administración. Vestuarios, w. c. etc.
,· La enseñanza del dibujo se hará solimente de noche, de modo que se podrá prever una entrada.
tJN DEPOSI'rO PARA BASTIDORES Y ACCESORIOS DE TEA'TRO

ARQUITECTURA 4. " CURSO
E ste edificio destinado a conservar los bastidores de un gran teat r o como también los acce sorio s : muebles, trajes, a rmaduras, etc., estará construido sobre un terreno cuya mayor dimensión no exceder á de J60 metros, accecible de un lado por una ancha calle; los tres otros lados estarán limitados por paredes medianeras.
Las con struccione s no deberán acercarse mas de lO metros de las pared es medianeras para evitar la propagación de incendi os. Por la misma razón, se evitará en tre ellos comunicaciones techadas. Sin embargo, el cargamento de los ca rro s debe efectuarse a cubierto.
El conjunto de la s construcciones comprenderá : L " Un pabellón de conserje y un pabellón de administración a la entrada.
2. o Lo s depósito s de ba stidore s en número de tre s o cua tro por un co njunto de 80 a 90 casillas d e bastidore s
Cada depósito se compone d e una v ía longítudina 1, donde los car ro s de transporte entran por una ex tremidad, se paran para cargar o desca rgar y salen por la otra extremidad.
De cada lado de esta vía están >
Pla nta
Prof. Aqt o: Jo sé P C a rr é
Alumno: A ntonio Rubio
las casillas de ba stidore s abiertas por delante, cerradas sobre lo s otros tres lado s, ancha s de 3 o 4 metros, y de 4 metro s por lo menos de profundidad; los ba stidore s están colocados parados con ba stante intervalo para poder hojearlos. Las casillas tienen alrededor de 9 metros de altura. Arriba de las casillas de bajo el techo se colocan los telones a rrollados.
Se precisa que el carro muy largo, pueda dar la vue lta
después de su salida del depósito para vo l ver sea por la misma vía, sea por un camino diferente.
3. " Los Talleres: Uno grande y do s má s pequeños, accecible a lo s carros.
Estos Talleres muy vastos tienen luz de arriba. Las telas para pintar están colocadas sobre el suelo. Los pintores trabajan de pié, circulando sobre las telas.
El más grande de los talleres está reservado para las tela s de fondo.
Además se dispondrán tallere s pequeños para la preparación de los estudios y maquetas. Vestuarios, lavabos, etc. Un gran taller de carpintería y talleres secundarios para la confección o reparación de bastidores, etc.
Cerca de esos diversos talleres habrá una sala representando la escena de un teatro (más o X l5 ) para los ensayos tación" de bastidores.
4. o Los depósitos de co mprendiendo : Un patio descubierto, • cargamentos, descarga, etc. menos 20 de "plan• accesorto s para los embalaje,
Almacenes en varios pisos, para los muebles y accesorios. V ario s talleres en diferentes pisos para carpinteros, tapiceros, pintores, etc.
S. <> Caballería para dos caballos, cochería para un carro. Alojamiento para el Guarda-Conserje, y un o o dos obreros cocheros.
Prof. Arqt o: Cánd ido Lerena Joanicó
COMPOSICION DE ORNATO

Tema
<c Un Faroh
Se proyectará un farol destinado a co l oca r se sobre la puerta de ent r ada de un bazar, tienda u ot ra casa de comercio.
E ste farol const ruid o principalmente de hierro forjado dáerá estudia r se de manera que constituya un motivo decorativo que contribuya a llamar la atención sob re la casa de comercio.
Croqui s ., {¡ o:tt :
Prof. Arqt o. Carlos A. Herrera Mac-Lean
Alumno: Albert o Aguerr e
Situada e n la plaza principal o plaza de Bolív ar , dá acceso a la Capilla del Sagrario y queda c ontigua a la Catedral.
Es un interesante model o de estilo pla teresco, de los que abundan en España donde se presenta co mo transición entre e l estilo ojival y el greco ro mano. Ti e n e más o menos 5 mts 40 desde el piso hasta el intradós y tres metros de luz. Su labor es Íntegramente de talla de piedra, y presenta un co njunto mu y bello.
S u i nterior es bastante interesante, sobresaliendo el altar ma yor trabajo ejecutado en carey por Fran c is c o d e Acuña, así co m Ó también el púlpito y los mar cos de algu nos cuadros de Vasquez, r i co tesoro artísti co de este templo.
Alumno: Héctor N. Ca selll