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Cr贸nicas Lituanas

Juan Carlos Gallego


ÍNDICE

I. Rich man, poor man

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II. De 1977 a 1981: Stayba, Kurtis, vodka y el zorro

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III. Vodka, baloncesto, y KGB… mezclado, no agitado

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IV. Flashback, retrospectero mundo viejuno de la cantera lituana: Juri Fiodorov, Rimantas Endrijaitis y… Alexander Gomelski

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V. Statyba Lietuvos Krepsinis: los dorados 80

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VI. Vamos con la 6ª: 1985

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VII. Sarunas “Josef J.” Marciulionis….por si queda alguien con ganas

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I. Rich man, poor man…

Desde hace varios meses frikiforeros entre los que me incluyo debatimos sobre la extraña situación que atraviesa el baloncesto lituano, sumido en una encrucijada, un océano de dudas en el que divisamos nuevas generaciones de jugadores que se alejan cada vez más de la fisonomía y características técnicas del tradicional jugador lituano. Pero… ¿cuáles son esas características? Lituania históricamente fue un país de aleros en su amplia gama de matices y variedad: escoltas tiradores, penetradores, ala-pivots tiradores pequeños, especialistas defensivos-combativos, aleros totales capaces de hacer de todo un poco ya sea subir el balón, tirar, penetrar, incluso jugar cerca del aro... Todos con una anatomía muy definida: altura entre el 1,90 y los dos metros, livianos, largos brazos, piernas potentes que les hacen ser por norma general grandes saltadores además de estar dotados de buenos fundamentos técnicos… ¿Herencia genética? ¿Determinismo? ¿Adaptación al medio? ¿Quizá la necesidad hecha virtud?

Son preguntas difíciles de responder, ni los propios protagonistas del proceso son capaces de ponerse de acuerdo. Hay algunas cuestiones que pueden suponer un punto de arranque y consenso: la ausencia histórica (casi una maldición) de bases de calidad y de grandes y/o pesados pivots impidió a los equipos lituanos (en realidad básicamente el Zalgiris) grandes logros en la Liga de la URSS durante muchos años. Los de Kaunas, desde su triunfo en 1951 con el gran Stepas Butautas, sufren una pertinaz sequía de títulos que duraría más de treinta años y se contentan con subir al tercer peldaño del podio en un par de ocasiones y con nulas opciones de poder destronar al gigante centralista del Ejército, el CSKA, el gran enemigo íntimo.

Los Cinco Magníficos de Kaunas (Stepas Butautas es el dorsal 4) campeones de la URSS (1947 y 1951)

Para competir en una liga exigente poblada de pívots gigantescos a los equipos lituanos no les queda otra que agudizar el ingenio, explotar otras virtudes como el tiro de media distancia, utilizar un ritmo de juego alto, rápido, que cae en la anarquía en no pocas ocasiones. Una manera de jugar dinámica con incesante intercambio de posiciones donde todos tiran en posiciones lejanas al aro, todos corren y todos intentan tapar como buenamente pueden las carencias que suponen jugar sin un base definido y de calidad y sin grandes centers que puedan frenar en el cuerpo a cuerpo a las torres soviéticas del momento. Nos situamos: En 1977 se estrena en España una miniserie norteamericana que supone un bombazo, todos los españolitos de la transición o el tardofranquismo comentan las vicisitudes e intrigas de "Hombre rico, hombre pobre", la historia de la familia Jordache centrada en la evolución vital de los hermanos (Peter Strauss y Nick Nolte), que lleva al primero a gozar de una vida llena de riqueza y poder mientras el segundo acarrea una experiencia vital en las Antípodas con nefastas decisiones, malas compañías y un espíritu suicida que le lleva irremediablemente al fango, a los bajos fondos, a una vida llena de calamidades y autodestrucción alcohólica.

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como su carácter. Y sin embargo de ese debut sotto voce tendría una importancia fundamental para ese nuevo equipo en construcción, Civilis es un chico 2,06 de altura, con un tren inferior fuerte y… ¡un pívot de verdad! Zalgiris ya tiene una idea, un eje en el que cimentar su nuevo proyecto, aunque siguen sin encontrar un base de gran categoría, ¡pero hay un pívot! que alberga esperanzas para frenar en un futuro inmediato a las torres soviéticas. Su incorporación, unida a la extensa nómina de aleros de la más diversa condición y calidad, con Jovaisa como mariscal de campo, hace plantearse que es posible un futuro mejor pese a la retirada del gran Modestas. Qué jovencico Nick Nolte, y qué mal nos lo hizo pasar Falconetti.

¿A qué viene esto? Me explico, cavilando en el enfoque que quería dar a este artículo pensé en mostrar retazos biográficos de dos jugadores lituanos cuyas carreras deportivas, experiencias vitales y forma de afrontar las adversidades fueron diametralmente opuestas pese a partir de un entorno similar y desde la misma ciudad, Kaunas. Šarūnas Marčiulionis y Raimondas Civilis son los baloncestistas elegidos. Fue inevitable la asociación de ideas, porque al fin y al cabo resultaron ser precisamente eso, Hombre rico, Hombre pobre (o más bien, un pobre hombre). Después de esta aclaración continuamos. En 1977 Kaunas, el baloncesto lituano en general y en particular el Zalgiris se enfrentan a un futuro incierto; es un año de crisis, de catarsis y la incertidumbre se hace patente en el club báltico: Modestas Paulauskas se retira definitivamente, el alero que había sido su líder espiritual, su referente en la cancha en la última década. Un partido homenaje pone el broche final a su carrera, y como no podia ser de otra forma se enfrentan el Zalgiris, su único equipo, y la selección soviética con la que había ganado la medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, un Campeonato del Mundo y cuatro Campeonatos de Europa como muestras más importantes de sus cerca de doscientos entorchados. De acuerdo con la tradición del momento Paulauskas juega un tiempo con cada equipo. En ese estado de exaltación, de júbilo y homenaje nadie repara en el debut de un joven valor en el equipo de Kaunas, tal vez quiso el destino que el callado, silencioso y tímido adolescente Raimundas Civilis llegara al primer equipo entre bambalinas, de forma discreta, sin hacer ruido...

Programa del partido homenaje a Modestas Paulauskas

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Este incidente le hizo madurar prematuramente y, lo que es más interesante para nosotros, descubrirá un nuevo deporte que le resulta divertido: el baloncesto. Se fabrica artesanalmente una canasta en las inmediaciones de su apartamento… es el comienzo de una nueva vida para Sarunas…

… continuará… Raimundas Civilis. Su barba fue un icono ochentero

Cerca del viejo Pabellón de Kaunas y ajeno a todo ese ajetreo un chaval de trece años llamado Šarūnas Marčiulionis juguetea en los solares cercanos a los bloques de apartamentos donde residen con sus padres, unos funcionarios sin ninguna inclinación ni afición por el deporte que se preguntan a quién habrá salido su hijo, un niño hiperactivo que necesita estar en constante movimiento. Antes de cumplir los diez años Sarunas ya había ganado tres títulos de Lituania jugando a su deporte favorito, el tenis, incluso fue seleccionado para realizar las pruebas a escala nacional, o estatal, lo que hubiera supuesto su marcha a Moscú y el ingreso en una de las Escuelas destinadas a la élite deportiva. Sin embargo fue rechazado, ya que al parecer su estilo era demasiado peculiar: ambidiestro, golpeaba siempre la pelota cambiando la raqueta de mano, un juego que fue calificado como tosco y feo.

1977 fue un año que también marcaría la vida de Sarunas. Olvidada su actividad tenística se "centra" en la experimentación, y un día de febrero va a realizar su gran prueba que dejará impresionados a los amigos del barrio: es el momento de detonar su explosivo de fabricación casera. Algo sale mal, el artefacto explota en la cara de Marciulionis provocándole graves quemaduras en su rostro y pierde la visión por completo. Este accidente conlleva su ingreso durante más de un mes en un hospital, aislado del resto de niños y con serias dudas sobre su futuro. Él mismo, treinta años después, califica de hecho milagroso que su cara no quedara totalmente desfigurada habida cuenta de la numerosas cicatrices que la surcaban, así como la recuperación total de la visión, después de su larga estancia hospitalaria, cuando los propios médicos dudaban seriamente que aquel chico volviera a ver la luz.

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II. De 1977 a 1981: Stayba, Kurtis, vodka y el zorro…

La temporada 77-78 será más placentera de lo previsto para el equipo entrenado por Stepas Butautas. Las incógnitas de la era post-Paulauskas se disipan con buen juego y mejores resultados de los esperados, con el tercer puesto final en la Liga Soviética gracias al buen rendimiento de Linkevicius, Arlauskas y Jovaisa. Civilis comienza su aprendizaje apresurado con Linkevicius de maestro y tutor.

una afrenta a su rival lituano sin precedentes. Las consecuencias vienen en forma de baile de entrenadores: Butautas deja el cargo, Rakauskas termina la temporada interinamente y finalmente Vladas Garastas se hace con la dirección del equipo.

Vamos con la temporada 78-79, que tiene más miga. El Zalgiris tenía asumido desde hace años la superioridad del CSKA; admitía que Stroitel o Spartak le superaran en la clasificación, pero en esa temporada se produce un escarnio, una humillación sin precedentes que hará mella en el club de Kaunas: el Statyba Vilnius por primera vez en su corta historia alcanza un lugar en el podio de la CCCP 1, y lo que es más grave, delante del Zalgiris. Eso no se puede asumir. El Statyba se fundó en 1964 y durante trece años sus resultados fueron muy discretos, pero sin embargo se instala una rivalidad "localista" entre ambos equipos lituanos que roza lo enfermizo. El club de Vilna es visto con malos ojos desde Kaunas, donde el Zalgiris, con honda tradición, se postula como el referente y estandarte del nacionalismo lituano. Statyba no se identifica con ese enfoque, tiene un carácter más abierto, más aperturista, incorpora jugadores desde los institutos de Vilnius, desde la Universidad independientemente de su procedencia, incluso jugadores formados en equipos y escuelas del Ejército Soviético. Ese mayor aperturismo juega a favor del modesto rival del Zalgiris; los jugadores provenientes del ASK Riga llegan muy formados atlética y técnicamente, la ausencia de criterios tajantes de índole nacionalista pone menos impedimentos y conforman un equipo la mar de apañado con multitud de aleros de calidad y buenas condiciones atléticas. Andriunas, Urba y Jonas Kazlauskas como estiletes y un jovencísimo Alfredas Vainauskas en la posición de pívot hacen posible

Jonas Kazlauskas, de villano a héroe

Esta bofetada hace reaccionar a los verdes, que incorporan una nueva joya: otro alero, Valdemaras Chomicius. Tras la humillación, el Zalgiris reacciona como un resorte en el año de los Juegos Olímpicos de Moscú. Los verdes realizan una fabulosa temporada con un juego coral, atractivo e incisivo, Chomicius juega a gran nivel, Civilis alcanza la madurez y se enfrenta de tú a tú a las moles soviéticas, el callado Raimondas se convierte en un pilar fundamental en el juego de su equipo, con rebotes, defensa y anotación y una actuación destacadísima en los partidos de la final frente al CSKA. Arlauskas, Jovaisa y Linkevicius vuelve a un

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gran nivel y el base Vitoldas Masalski completa su mejor campaña (un base atípico con gran dominio de balón pero alejado del prototipo organizador que se lleva en la Europa de los Corbalán, Eremin o Marzorati). Civilis tiene su recompensa, es reconocido a escala estatal y consigue un hito en la historia del basket lituano: un pívot de la república báltica es llamado para ingresar en la selección absoluta de la URSS. Participa en todas las concentraciones y partidos preparatorios de los Juegos Olímpicos de Moscú, pero a última hora es descartado, ya que Gomelsky opta por cerrar el roster de la selección con jugadores más experimentados. Al fin y al cabo Civilis sólo tiene 20 años y nula experiencia internacional. La temporada 80-81 es una continuación de las buenas sensaciones, con nuevo subcampeonato frente al CSKA y el mismo equipo.

No es exactamente así, el Instituto Nacional de Educación Física se crea en 1934 cuando Lituania es aún un país independiente, con matices. Kaunas es provisionalmente la capital nacional ya que la capital histórica con numerosa población de origen polaco, Vilnius, es anexionada por Polonia desde 1920 hasta 1940. Este centro integrado impartirá enseñanzas secundarias y superiores, tanto de Educación física como Humanidades y contará con un extenso programa deportivo; los mejores atletas lituanos convivirán y entrenarán en régimen de internado en las distintas modalidades deportivas: boxeo, baloncesto, fútbol, lucha, atletismo, etc. El deporte se convierte en el hilo conductor de la identidad nacional lituana, el triunfo en el EuroBasket de la Lituania de Lubinas (Frank Lubin) eleva aún más esa confraternización e identidad nacional, la victoria deportiva une al pueblo orgulloso de sus héroes.

Llegados a este punto aún no hemos hablado de Marciulionis, y además echaréis en falta un nombre: Rimas Kurtinaitis. Tiene su explicación. Durante esos tres años Sarunas Marciulionis estudia y juega al baloncesto en el Instituto de Secundaria Nº 35 (ingenioso nombre), de escasa tradición deportiva. A pesar de ello, en su último año de bachillerato es admitido en el prestigioso Instituto Nacional de Educación Física de Kaunas, institución que levanta suspicacias en el entorno nacionalista más puritano, ya que aquello "huele a institución prosoviética"

Instituto Nacional de Educación Física de Kaunas. Ahora llamado LKKA

Tras la II Guerra Mundial (ocupación alemana) los soviéticos vuelven a Lituania para quedarse. Este Instituto, cerrado durante la guerra, abre de nuevo sus puertas con Lituania como república Báltica integrada (ocupada) en la URSS stalinista. El régimen de Moscú ve con muy buenos ojos este centro y destina importantes partidas presupuestarias, la identidad nacional lituana es barrida en aras de moldear mediante esas enseñanzas atletas-soldados fuertes que representen a la Unión Soviética.

Instituto nº35. Sarunas estudia en un centro tan bonito como su nombre.

El Instituto es un vivero de grandes atletas y el baloncesto no es una excepción. Los cinco magníficos de Kaunas campeones de la liga soviética en 1947 y 1951, Modestas Paulauskas, Valdemaras Chomicius, Rimas Kurtinaitis, Sarunas Marciulionis... gran parte de la historia baloncestística lituana. Los soviéticos traen sus innovadoras técnicas de entrenamiento y el profesorado es altamente cualificado, Butautas y

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Lagunavicius son los encargados de impartir maestría en esto del basket. Los resultados, excelentes. Vale, después de este coñazo histórico ¿dónde está Kurtinaitis? "Mi carrera deportiva casi termina antes de empezar" (Rimas Kurtinaitis). Tras acabar su formación en el Instituto Nacional en 1979 Kurtis es rechazado por el Zalgiris y es fichado por el modestísimo Lietkabelis de Panevizys. El alero de clase excelsa y tiro extraordinario anota más de 20 puntos por partido pese a su fama, merecida, de juerguista borrachín. Sus orgías alcohólicas son conocidas y alcanzan eco nacional cuando Rimas aparece en varias fotos ataviado de un sombrero y unos calcetines blancos... y nada más.

Plantilla del CSKA temporada 1981-82. Kurtinaitis abajo, primero por la izquierda

Un año más es ignorado por el club de Kaunas y se enrola en un equipo del ejército rojo, el ASK Riga, régimen espartano cuartelario que no le supone impedimento para proseguir con sus sesiones etílicas: los cuartos donde conviven entre 8 y 16 atletas invitan a la camadería, los cánticos populares y la exaltación de la amistad. Un Kurtinaitis al borde del abismo es rescatado por Alexander Gomelski, que en una de sus frecuentes visitas a Riga se fija en un chico con clase a raudales. El zorro tiene olfato, mucho, intuye un potencial enorme en ese bala perdida y le quiere para su CSKA. Le convence, Kurtis se convierte en un caso único, un hijo de Kaunas jugará en el bando enemigo. Mal visto por muchos lituanos supondrá la salvación para el jugador. En el acto de apertura del nuevo curso deportivo Gomelski se dirige a un auditorio plagado de atletas, y en un momento de su alocución se refiere a la última incorporación del equipo de baloncesto "...es lituano, tiene clase y un gran futuro.." Kurtis se levanta a petición del Coronel, y entre ruborizado y orgulloso escucha loas que vienen de la máxima eminencia de su deporte a escala estatal. Gomelski, viejo zorro y maestro con mil batallas termina su discurso con una frase dirigida al propio Rimas: "...el futuro está en sus manos, ahora le toca escoger a usted, alcohol o baloncesto". Aquella frase lapidaria, hiriente, brusca, pocas palabras, en escasos segundos, cambiará para siempre la vida y la forma de afrontarla de Kurtinaitis. Un lituano ganará la liga soviética con el CSKA. Lo nunca visto. CRÓNICAS LITUANAS, POR JUAN CARLOS GALLEGO

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III. Vodka, baloncesto y KGB… mezclado, no agitado

Título opcional: Aburriendo las piedras. Una trama a la altura desquiciante de LVT. ¿Por dónde iba? Ah, sí, el Vodka. Kurtis no fue precisamente un caso aislado en el baloncesto soviético del momento, más bien al contrario, esta bebida espirituosa formó parte de la vida cotidiana del baloncesto CCCP hasta llegar a fusionarse en no pocos momentos. Cada partido importante ganado por el equipo estatal era celebrado con cantidades ingentes de vodka, aunque al día siguiente tuvieran que jugar una final. Este hecho sorprendía notoriamente al resto de expediciones; los jugadores españoles o el propio Pedro Barthe no salían de su asombro… ¿cómo esos jugadores, borrachos como cubas pocas horas antes del partido, podían correr de aquella manera?

comienzo de la invasión lituana. Todo cambió tras la final de Cali, los jugadores lituanos participaron de manera notable en el campeonato y al terminar la final se encontraron con una sorpresa que nadie podía esperar. En la cantina del hotel aguardaban la plana mayor del CSKA, los chicos del Zalgiris fueron recibidos con aplausos y vítores de sus compañeros de Moscú; baño de alcohol y las viejas rencillas y desconfianzas fueron aparcadas.

Sinónimo de botella de medio litro de Vodka: Vitoldas Masalskis

El clan lituano. Gomelski no tuvo prejuicios

Las relaciones personales en aquella selección con jugadores rusos, kazajos, ucranios, letones, estonios, lituanos, etc. antes del Mundial de Cali no pasaban por un gran momento. El clan ruso de Tarakanov desconfiaba especialmente de los lituanos que para variar no ocultaban su orgullo nacionalista, la relación entre Tarakanov y Jovaisa era gélida y además no veía con buenos ojos esa estrecha amistad que mantenían Jovaisa, Tkachenko y Belostenny. La llegada de Chomicius y el joven Sabonis acrecentó los recelos, era el

En Lituania el grado de identificación entre el Vodka y el baloncesto llegó a ser tal que los ciudadanos si querían una botella pequeña pedían una "Masalskis" (Vitoldas Masalskis era el base del Zalgiris) y si era una botella grande solicitaban una... "Sabonis". Evidente. Raimondas Civilis, tal como lo definió su mujer "fue un buen hombre sin respeto alguno por su salud". Así era, desde muy joven fue propenso a los excesos etílicos, sus rivales conocían su talón de Aquiles y conscientes de su importancia en el Zalgiris pre-Sabonis no dudaban en agasajarle la noche anterior al partido con una degustación opípara de licores de la más diversa condición, a las que Civilis nunca se negó. En Tiblisi la juerga se alargó hasta altas horas de la mañana, pero la jugada le salió mal al Dinamo pues Civilis anota 25

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puntos y consigue la victoria en campo georgiano. La historia se repite en Vilnius, Raimondas brilla colaborando con 20 puntos en la victoria de su equipo.

prohibición de las autoridades de todos aquellos jugadores sospechosos, ya fueran hijos de deportados o con familiares en el extranjero.

Anécdotas al margen, el alcohol arruinó no pocas vidas de deportistas soviéticos y tuvo contra las cuerdas a Kurtinaitis, Jovaisa o Tikhonenkho, aunque estos consiguieron salir a tiempo. Otros no tendrían esa suerte. Si algo "hermanaba" tanto como el vodka a jugadores de la más variopinta procedencia era la presión y omnipresencia del KGB en sus vidas. En el caso lituano aún más, el Zalgiris es el bastión del nacionalismo lituano, a nadie se le escapa que los partidos entre los verdes y el CSKA tienen un ambiente especial, con un público bullicioso y vociferante; el viejo pabellón de Kaunas es una olla a presión cada vez que es visitado por el equipo del ejército opresor. No es un partido más. Contrastaba sobremanera con el palacio del CSKA, con gradas pobladas de uniformes y animación sincronizada, tres o cuatro palmadas para cada canasta local y lo mismo para el visitante si el enceste había sido vistoso. Ni un murmullo, por momentos parecía un partido de tenis. Los jugadores lituanos siempre estuvieron bajo sospecha, incluso Modestas Paulauskas fue estrechamente marcado por el Comité de Seguridad y durante sus muchos años en la selección le fue asignado su particular ángel de la guarda a jornada completa, Sergei Belov. Jovaisa fue otro objetivo prioritario, sus trapicheos y actividades relacionadas con el contrabando de enseres, ropa occidental y dólares canjeados por caviar le acarreó alguna que otra sanción, al igual que a sus grandes amigos Tkachenko, Mishkhin y Belostenny. Sin duda los que sintieron el mayor acoso del KGB fueron los jugadores del Zalgiris nacidos en Siberia, obviamente eran hijos del destierro, de la deportación. Con las purgas stalinistas cerca de 30.000 lituanos fueron destinados a los campos de trabajo siberianos, los terribles gulag. Bazaukas y Linkevicius pertenecían a este grupo, eran hijos de deportados y eso supuso un estigma, ya que jamás se les permitió salir de la URSS y Linkevicius nunca fue llamado a la selección soviética pese a tener nivel deportivo para ello. Se dieron situaciones rocambolescas en la primera participación del Zalgiris en una competición europea, como disponer únicamente de seis jugadores para disputar los partidos en el extranjero por la

Linkevicius (junto a Civilis) y Baziukas, los lituanos de Siberia

En el gigante soviético de la Guerra Fría existen diversas formas de ganarse la vida en forma de sobresueldo: una es el contrabando, la otra, ser confidente del KGB. El Zalgiris no es ajeno a esta situación, son conscientes que el club está plagado de infiltrados, sospechan de todos, incluidos jugadores y miembros del cuerpo técnico. Las escuchas telefónicas son una cotidianeidad, el personal de los hoteles donde se encuentran concentrados aparece sorpresivamente sin que nadie les hubiera avisado, al equipo le acompañan en sus viajes al extranjero un grupo de turistas “extraños” y los jugadores reciben presiones constantes bien para que se enrolen en el CSKA o ejerzan de emisarios e intermediarios para lograr este propósito, Sabonis sería la pieza más codiciada y Kurtis el intermediario, a su pesar. Los lituanos se habían librado históricamente del reclutamiento “voluntario” en el CSKA con la ayuda de las autoridades de la república báltica. A los jugadores susceptibles de ser captados por Moscú se les otorgaron trabajos ficticios, así Jovaisa era oficialmente un cerrajero, Krapikas un

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vigilante de autobús… y para los más jóvenes no faltó una matrícula en las Universidades de Kaunas y Vilnius. Esta situación, legalmente, impedía su alistamiento, aunque los chantajes en forma de promesas de apartamentos para sus familias, carreras universitarias, sueldos adicionales, etc. eran comunes así como las amenazas de perderlo todo si se negaban a colaborar.. Jovaisa y sus compatriotas se enorgullecen de no haber pertenecido nunca al equipo del ejército, comprenden que los letones formados en el ASK terminen en el CSKA, caso de Vetra, Miglinieks o Muiznieks, por el contrario se muestran muy críticos con el estonio Heino Enden por enrolarse voluntariamente en el CSKA y excluyen de cualquier responsabilidad a Kurtinaitis ya que fue lo mejor para su carrera. ¿Alguien entiende este batiburrillo?

Heino Enden

En cualquier caso la presión a la que se ven sometidos los deportistas por el KGB no es ninguna broma, los atletas son ciudadanos privilegiados del régimen pero también sirven de cabeza de turco y muestra de castigo ejemplarizante. Hay casos truculentos como el equipo de fútbol del Spartak cuya osadía, ganar la liga frente a los equipos oficialistas, fue recompensada con la deportación de los principales jugadores a los campos de trabajo siberianos. Los GULAG se cobraron muchas más víctimas deportivas, Eduard Streltsov, “el Pelé ruso” máxima estrella del fútbol soviética y medalla de oro en Melbourne fue el caso más estremecedor. El baloncesto no fue una excepción, Alachachyan, el líder de la selección en los 50-60 fue desterrado a Alma-Ata tras una derrota frente a Bulgaria, y

perdonado años después aún pudo jugar y entrenar en el CSKA. Retiradas de pasaporte y desaparición repentina fue una constante de la que no se libraron Tkachenko, Mishkin, Belostenny o Jovaisa por contrabando. El propio Gomelsky, con apellido inequívocamente judío, fue víctima de intrigas políticas con retiradas de pasaporte y relevos sorpresivos en su cargo de seleccionador en varias ocasiones. Dejo de dar el coñazo histórico y retomo, más o menos, el hilo. Los Marciulionis jamás tuvieron acceso ni posibilidades de incrementar sus ingresos en el mercado negro o similares; la única fuente de ingresos adicional a sus exiguos sueldos era un pequeño huerto con árboles frutales y hortalizas de temporada. En 1981 Sarunas acaba el Bachillerato, ignorado, rechazado por Zalgiris se esfuman las esperanzas de un salario, por pequeño que fuera y se marcha con un pequeño petate de ropa y una bolsa de manzanas (para algo valía el huertecico) a Vilnius. Marciulionis se ha matriculado en la Escuela de Periodismo dependiente de la Facultad de Historia. A priori esperaba un año nefasto en lo deportivo, y así fue; la competición interna de escuelas universitarias presentaba un nivel raquítico, era poco frecuente que un entrenador chiflado de un club serio se pasase por allí para ver algún partido, era altamente improbable que alguien se fijara en él. Por suerte, uno de esos entrenadores chiflados, del Statyva, se dignó a pasarse por aquella competición extraña, e inmediatamente se fija en aquel muchacho de manos grandes no demasiado estilizado y le ofrece realizar las pruebas con el primer equipo del Statyba. Un golpe de suerte, al fin. Agosto de 1981. Desde Katerini, Grecia, llegan noticias de un nuevo gigante soviético, se celebra el Campeonato de Europa Cadete (en España llamado Juvenil) y el impacto de un chaval de 2,12 que se mueve como un alero y tiene dedos con sensibilidad más propias de un base es fulgurante, los 39 puntos frente a España provocan las primeras notas de agencia deshaciéndose en halagos a la nueva estrella en el horizonte. Arvidas Sabonis se presenta en Europa arrasando, la URSS aplasta a todos sus rivales incluida la Yugoslavia de Drazen Petrovic. Sabonis comanda una selección de ensueño acompañado por Miglieniks, Kornishine, Misounov, Tikhonenko, Okhotnikov, Butautas (el recién destituido entrenador del Zalgiris, más conocido como "el amigo de Mazutis"), Tiit Sokk... es la generación de

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Marciulionis, mas Sarunas aún está a años luz de poder, ni siquiera soñar, estar entre ellos.

El coronel Gomelski y un jovencísimo Sabas

Sabonis ingresa con 17 años en el Zalgiris y Garastas lo tiene claro: debe jugar de titular desde el principio. Esta decisión fue muy controvertida pues el resto de técnicos pensaron que aquel chico aún estaba muy tierno físicamente y que no podría competir con los grandes pívots del momento, Garastas, molesto, espetó: “¿Cómo queréis que aprenda sin jugar?”. Para alivio de todos, especialmente de Vladas, aquel chicarrón que no sabía una palabra de ruso y con un desarrollo físico tardío semejante al de Modestas Paulauskas responde de inmediato, el Zalgiris y el basket lituano por fin contaba con su mirlo blanco, no un pívot grande cualquiera, tenían entre manos al pívot que podía marcar una época de dominio en la URSS y en Europa. Civilis, estrella en el subcampeonato nacional veía como su estrella (fugaz) se apagaba. Sabonis, tan tímido y callado como él, le roba todo protagonismo, y Raimondas a partir de ese momento será un gregario, un aguador, el pívot que haga el trabajo sucio, el que debe dejar espacios a la nueva estrella. Civilis deberá ingeniárselas para jugar de otra forma y por supuesto asume que el balón sólo le llegará a través de balones doblados y en posiciones lejanas al aro. Nadie volverá a jugar para él. Así será.

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IV. Flashback, retrospecter o mundo viejuno de la cantera lituana: Juri Fiodorov, Rimantas Endrijaitis y… Alexander Gomelski

El Coronel Gomelski no necesita presentación, pero ¿quiénes son Fiodorov y Endrijaitis? El debate sobre la influencia de los entrenadores en la formación de jugadores jóvenes es antiguo, manido, a ratos cansino y al final es difícil llegar a una consenso. Algunos conocéis mi postura; sí, por supuesto, creo que es fundamental la labor de un buen formador para encauzar el desarrollo y pulir el potencial de un jugador. Juri Fiodorov es un anónimo entrenador que ha ejercido la práctica totalidad de su carrera en el baloncesto de formación, en Kaunas, desde 1970. Por sus manos han pasado multitud de chavales lituanos, algunos llegaron a ser reconocidos como grandes estrellas a escala mundial e incluso hoy se debate si uno de ellos es el mejor jugador europeo de la historia. Dos de estos chicos que al cabo de varios años fueron consagrados NBA coincidieron a sus órdenes en los 70, Arvidas Sabonis y Sarunas Marciulionis, aunque ambos casos sus orígenes, como se ha comentado en anteriores entregas, fueron muy diferentes, o no tanto.

Marciulionis durante su adolescencia fue una duda constante deportivamente hablando, le fascinaba el baloncesto aunque a priori no tenía el físico adecuado para triunfar en él, Sarunas hasta los 17 años no creció más allá del metro ochenta, en efecto su físico no parecía un gran argumento para declinarse por este deporte, en esos momentos de incertidumbre se preguntó si realmente merecía la pena seguir intentándolo en el deporte del peloto naranja o retomar su vieja afición por el tenis. En el primer caso su corta estatura suponía un gran inconveniente, en el segundo, se trataba de un deporte minoritario, una rareza en Lituania y ya se había encontrado con la negativa de los entrenadores de Moscú unos años antes. En plena crisis de identidad deportiva aparece en su vida Juri Fiodorov, formador nada convencional presta nula atención a las diferencias físicas de sus alumnos, sus entrenamientos no son excluyentes por ese motivo, todos los alumnos realizan los mismos ejercicios de técnica individual, ya sean de tiro, dribling o pivotes de espalda a canasta. Es un sistema universalista similar al que se emplea en esos momentos en la Yugoslavia de Tito, no encasilla a los jugadores por posiciones según sus características físicas y enfrenta en los ejercicios de uno contra uno a sus chicos independientemente de las mismas. Marciulionis no abandona el baloncesto, se siente cómodo con ese sistema aunque es consciente que tendrá complicado jugar en el Zalgiris, imposible.

FIODOROV sigue a los suyo, cuarenta años enseñando chavales

Fiodorov marcaría el comienzo de otra leyenda lituana, Arvidas Sabonis, un chico que con doce años no destaca por su altura ni por su predisposición por el baloncesto, Sabas hasta esa edad tenía aficiones bien diferentes, la música en primer lugar y el ajedrez después. Ya bajo la tutela de Juri aquel niño aspirante a músico pega su primer estirón, un año después Sabonis llega a los dos metros. Su mentor, impasible, no es partidario de encasillarlo en el puesto de pívot,

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probablemente casi cualquier entrenador en Lituania, el país de los aleros, hubiera hecho lo contrario. Fiodorov huye de ese encasillamiento, sabe que tiene un diamante que debe pulir, despacio, muy despacio y no cambia su sistema de entrenamiento por ese gigante repentino. Sabas entrena como uno más, es un exterior más, realiza las mismas rutinas de técnica individual que el resto de sus compañeros, que por supuesto serían aleros en el futuro, sufre en emparejamientos contra jugadores más pequeños y rápidos, debe adquirir tiro, dribling, visión de juego y capacidad de pase, como todos. Sabonis aprovecharía esta formación inicial para convertirse años después en un jugador de características inéditas. Sigue creciendo a un ritmo inusitado en sus últimos años de adolescencia, a los 15 ya mide 2,09 y a los 17 supera los 2,14... ese físico extraordinario se acompaña de habilidades propias de un alero o un base; tira, bota, corre el contraataque, pasa con precisión y "dulzura", además es rápido, coordinadísimo y potente. Lo nunca visto. Entrenadores como Fiodorov marcaron una línea de actuación maravillosa, rompedora y eficaz. Atento a las nuevas tendencias, estudioso de los detalles y de cualquier novedad no supone sin embargo un caso aislado. Kaunas en esos momentos es un vivero, un hervidero de tendencias deportivas, una ciudad volcada con el deporte con una actividad febril con el Instituto Nacional de Educación Física de epicentro, un punto de encuentro en el que se intercambian tendencias, nuevos sistemas de entrenamiento traídos de Moscú o de Riga por profesores procedentes de las Escuelas Estatales de Educación física. Los entrenadores de distintos deportes intercambian conocimientos, ven entrenar a los distintos equipos de las más diversas disciplinas, el Rugby, fútbol y por supuesto el deporte rey de Lituania, el baloncesto, interfieren en un permanente feedback de conocimientos y técnicas. La mayoría de chicos practican diversos deportes en su etapa escolar, ya sea primaria o secundaria, primero son atletas, compaginan entrenamientos de varias disciplinas y sólo al final de su estancia en los institutos se especializan en un deporte concreto. Recuerda al sistema yugoslavo, aunque de esto próximamente tendrán información a cascoporro por un libro que estará a punto de editarse. Un tal Juan Antonio Hinojo es el autor, promete.

Retomamos, algo, el hilo, la secuencia cronológica nunca ha sido lo mío. Decíamos que sólo un entrenador de un equipo serio se hubiera acercado a ver un torneo de facultades universitarias, donde sería descubierto (con matices) Marciulionis, salvo que en aquella época existieran los genjuro y nanaujs de la vida. Tiene su trampa, no fue algo tan casual.

Con 65 años Endrijaitis sigue al pie del cañón, actualmente entrena al Pieno Zvaigždės de la liga lituana

Sarunas, como dije, pasó su último año en el Instituto Nacional de Educación Física antes de abandonar Kaunas; bien, ese mismo año se celebraba la XVI Spartakiada en Vilnius, una competición estatal de varios deportes en la que se enfrentaban las selecciones de las distintas repúblicas que componían la CCCP. Los chicos nacidos en 1963 y 1964 tenían la oportunidad de reivindicarse, mostrarse y en el caso lituano algo más, por aquello del encendido orgullo nacionalista. En el equipo lituano jugarán los ya famosos por aquellas fechas Ramunas Butautas y Sabonis, pero sorprende la inclusión del retaco Sarunas Marciulionis, un perfecto desconocido para casi todos. La selección Lituana se impone en el torneo de baloncesto contra pronóstico, la selección moscovita era la gran favorita con su máxima estrella Xoce Biriukov, acompañado de su compañero del Dynamo, Okhotnikov, aparte de Mihail Misounov, Kornishine, Kolachev, etc. El resto de Repúblicas presentan jugadores destacadísimos, unas añadas excelentes, Kazajistán con Tikhonenko, la Letonia de Miglenieks, Kirguistán con el gigantesco Grebnev con 2,15 de alzada, Ucrania, anterior campeona

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con Volkov y Azerbayán con el cañonero y máximo anotador del torneo Vagif Gadzhimetov. ¿El mejor jugador del torneo? Sabonis, por supuesto ¿el segundo? Biriukov. Ninguna sorpresa.

Entre el público se encontraba el entrenador del primer equipo del Statyba, Rimantas Endrijaitis, centrado en ver futuros jugadores para su equipo que necesitaba un cambio generacional urgente habida cuenta de la veteranía de los Kazlauskas, Urba y Andriunas. Tenía claro que Sabas o Butautas acabarían en el Zalgiris, sin embargo se fijó en Sarunas y contactó con él, nada serio, Sarunas le comenta que se irá a estudiar periodismo a Vilnius; Endrijaitis le promete que le seguirá y hasta es posible que haga alguna prueba con el Statyba. Parece una promesa de aquellas típicas de las entrevistas de trabajo que terminan con un lechuguino psicólogo de RRHH diciendo "nos pondremos en contacto con usted" con una sonrisa perfecta. Pero Endrijaitis cumplió su promesa, fue a ver aquel partido de facultades universitarias se encontró con una sorpresa monumental, en unos meses Marciulionis había crecido más de diez centímetros, ahora era un fornido alero de 1,95...el entrenador del Statyba estaba de suerte, le convoca de inmediato para que empiece a entrenar con otros chavales que se encuentran en la órbita de Statyba, entre ellos Gintaras Pocius, padre de Martynas, una marabunta de aleros que deben ganarse el puesto en un equipo de aleros. Marciulionis se gana el puesto, podrá compartir vestuario con el héroe local Jonas Kazlauskas en la temporada que suponía su retirada. Presente y futuro del club de Vilnius. Endrijatis, entrenador con olfato para detectar talento oculto no estaba solo en el pabellón de Vilnius en aquella Spartakiada, aparte de miles de lituanos enfervorizados ataviados con multitud de banderas tricolores se encuentra el "Papá Baloncesto", Alexander Gomelski, otro entrenador con un sexto sentido para prever y detectar potencialidades.

Biriukov con la camiseta del Dynamo y un Sabonis adolescente, las dos estrellas de la Spartakiada.

Alexander Gomelski siempre se declaró enamorado del baloncesto lituano en unos tiempos en lo que esto ni siquiera estaba bien visto, aquellos aleros polivalentes, descarados, propensos a la anarquía con momentos inspirados, de locura, con carácter, suponían aire fresco en una CCCP encorsetada en demasía, con jugadores funcionarios que sólo se sentían a gusto cuando arrasaban, el famoso rodillo soviético, pero incapaces de cambiar el guión si el partido se salía del guión previsto o entraba en terrenos poco propicios para ellos, carecen de una marcha que les haga reaccionar. Las derrotas continuadas frente a Yugoslavia escuecen. Los lituanos, según

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Gomelski, pueden cambiar esta tendencia. Es como predicar en el desierto, el Coronel trata en vano que los miembros del staff técnico de la selección viajen para ver y hagan un seguimiento a esos chicos, sus decisiones respecto no gustan a sus camaradas, la progresiva incorporación de jugadores provenientes del Zalgiris no es bienvenida. Junio de 1982, en pocas semanas dará comienzo el Campeonato de Europa Junior para jugadores nacidos en el 63 y 64, Obukhov da a conocer la lista de doce convocados, en ella no estará Arvidas Sabonis, Gomelski le ha seleccionado para la absoluta que debe viajar a Colombia en las próximas fechas, el gigante lituano jugará su primer MundoBasket con 18 años. En la lista del cuadriculado y rígido Obukhov hay pocas sorpresas, el capitán estrella al frente Xoce Biriukov, le acompañan la hornada junior del Dynamo, Thikonenko, Grebnev, Miglenieks, Kornishine, etc. Sólo hay una duda ¿quién será el jugador número doce? Gadzhimetov, un enorme anotador, alero de 1,90 azerbayano tiene todas las papeletas, sin embargo se impone el criterio de Gomelski y esa plaza vacante será ocupada por el desconocido Sarunas Marciulionis, un chico que sólo lleva unos meses entrenando con Statyba y sin ninguna experiencia internacional. Sarunas se presenta en Europa.

La selección capitaneada por Biriukov se alza con el título, vence en la final a la Yugoslavia del niño de Sibenik, Drazen es declarado el mejor jugador del campeonato aunque no es suficiente, el rodillo soviético se impone 97-87 tras haber arrasado, aplastado, a todos los rivales...sin Sabonis. Una generación de ensueño. Marciulionis juega entre poco y nada, ninguna sorpresa, Biriukov juega en su misma posición, la estrella indiscutible de la selección ya es un baluarte desde hace una temporada del equipo senior del Dynamo, una pieza fundamental pese a su bisoñez, Eugeni Gomelski sabe que tiene al mejor proyecto del país tras Sabonis, el tal Xoce, en realidad José Biriukov Aguirregabiría le correspondería con una temporada de ensueño liderando al Dynamo con sólo 19 años, marcas espectaculares en la Korac, 36 puntos frente a Mónaco y otros 36 al Joventut y lidera al joven equipo de la Policía a un inimaginable tercer puesto en la Primera División de la CCCP. ¿Cómo puede competir el zurdo lituano con esto? Pese a todo, Sarunas por fin es feliz gracias al baloncesto. Pese a Obukhov, un nombre que se cruzaría más veces en su destino, para su desgracia.

Campeonato Junior de Europa, Biriukov medalla de oro. Petrovic no ejercía milagros ni ganaba siempre

Su presencia y aportación al equipo son anecdóticas, sin embargo para Marciulionis y sus padres es un orgullo inmenso e inesperado, entre miles de atletas había sido escogido para cerrar la selección CCCP, increíble ¿quién lo hubiera supuesto sólo un año antes cuando aquel chaval salió de Kaunas entre el anonimato y la indiferencia?

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V. Statyba Lietuvos Krepsinis: los dorados 80

En cristiano: la construcción del baloncesto lituano. La reconstrucción del Zalgiris que dio origen al gran equipo que identificamos con Garastas no estuvo exenta de buenas dosis de suerte y casualidades. La fortuna se alió con el equipo verde en su particular renovación, sin grandes revoluciones, tras el desastre del 78. Las casualidades comenzaron en el lejano 1972, año de ingreso de Sergei Jovaisa. Sergejus era bien conocido en los círculos baloncestísticos de Kaunas desde la más tierna infancia, con doce años ya se había proclamado campeón escolar de Lituania representando a un pequeño colegio cristiano junto a A. Motiejunas y V. Jasikevicius. Con 16 años el futuro de Jovaisa parece ligado al Statyba, un club de reciente creación situado en Vilnius. Su padre, atraído por los novedosos métodos educativos del Instituto de Pedagogía y donde imparte magisterio el gran Antanas Paulauskas, que además es entrenador del primer equipo del Statyba, está convencido que es el mejor centro educativo y el programa baloncestístico más atractivo para su retoño. Sergei no comparte ese destino, quiere ingresar a toda costa en Zalgiris y estudiar en la Escuela Politécnica de Kaunas. El chico confía en sus posibilidades pese a ser en esos momentos un espárrago de 1,90 y 70 kilos, extremadamente delgado y con un cuerpo que se aleja de cualquier canon ortodoxo: tronco pequeño, piernas y brazos larguísimos y una cabeza que no se corresponde con las proporciones del resto de su fisonomía. Tras varias discusiones se impondrá a última hora la obstinación y terquería del adolescente: Jovaisa se enrola en el Zalgiris, los verdes ganan un líder por muchos años.

Jovaisa y Chomicius, Zalgiris no parecía encontrarse en sus destinos Seguimos con el azar; otro de los baluartes ochenteros llegaría casualmente al mundillo del baloncesto. Chomicius hasta su matriculación en el Instituto Nacional de Educación Física es un aventajado gimnasta y atleta, con grandes marcas en las disciplinas de saltos. A los catorce años aún no ha tocado un balón de baloncesto, sin embargo un entrenador vio en aquel gran atleta un proyecto interesante de jugador de baloncesto. Valdemaras en poco más de cinco años desde su primer contacto con un balón ya jugará con el Zalgiris, en 1979. Ese mismo año y tras disputar sólo tres partidos con el primer equipo es convocado para la selección absoluta. Con ese escasísimo bagaje Chomicius se convierte en pieza clave para Vladas y el pequeño Coronel.

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Vladas Garastas y Henrikas Giedraitis serán los entrenadores encargados de liderar el nuevo proyecto y de modernizar el Zalgiris de los 80; ambos comienzan su andadura sin hacer ruido, en principio como interinos tras la renuncia de Butautas, pero esa interinidad se transformó en diez años de proyecto sólido e ilusionante. Garastas y Giedraitis antes de su llegada al primer equipo de Kaunas jamás habían entrenado a jugadores en edad senior; formados en el Instituto Nacional de Educación Física (LKKI) en los 60, en plena ebullición deportiva de la ciudad báltica. Garastas practica natación, atletismo y baloncesto, se especializa en el krepsinis convirtiéndose en un entrenador inquieto, abierto a las nuevas tendencias y métodos de entrenamiento novedosos que confluían en el LKKI. Vladas y Henrikas forman durante dos décadas a centenares de chavales, entre ellos futuras estrellas del Zalgiris: Linkevicius, Arlauskas, Masalskis, etc.

Endrijaitis, tendrá el difícil reto de dirigir al equipo constructor en los 80 con los emergentes Marciulionis, Penikas, Pocius, Normantas, Vainauskas y un grupo de veteranos al borde de la retirada, Kazlauskas, Andriunas, Griskis, Urba… El radio de influencia abarca un buen número de conjuntos universitarios donde se foguean Atanas Grigas, Lukauskis o Dambrauskas, que acabarían en el primer equipo.

Antanas Paulaskas impartiendo magisterio; son los inicios del Statyba

Dos focos centralizados, ambiciones e ideología distintas, pero un método de trabajo similar, técnicas de entrenamiento prácticamente idénticas. El deporte es un eje vertebrador de la ciudadanía lituana, en Kaunas o en Vilnius el deporte es una parte fundamental de sus vidas. Giedraitis, primero por la derecha, en el equipo del LKKI de 1963

En Vilnius el epicentro deportivo se halla en el Instituto de Pedagogía, centro Universitario dependiente de la Universidad de Ciencias de la Educación, que supone el germen del Statyba. Antanas Paulauskas, un licenciado en educación Física por el LKKI de Kaunas se ocupará del fomento del baloncesto en el mundillo universitario de la capital báltica. Inquieto, entusiasta y trabajador obsesivo dirigirá varios equipos de baloncesto y fútbol, formará a varias generaciones de entrenadores, introduce nuevos métodos científicos aplicándolos a sus equipos y aún saca tiempo para editar varios libros técnicos. En 1964 funda el Statyba y lidera el proyecto durante veinte años. Su sucesor y alumno,

Kaunas, temporada 81-82. El debut de Sabonis no va a ser tan exitoso como se esperaba, la temporada regular es óptima pero en las eliminatorias por el título se produce un hecho que marcaría para siempre la carrera deportiva de Sabas: el nuevo gigante se crea fama de jugador proclive al “cruce de cables” en partidos importantes. En el primer choque de la eliminatoria frente al Dynamo Moscú resulta expulsado y se le sanciona para el resto de temporada por agredir a Vladimir Govalenko. Zalgiris gana el primer partido de la eliminatoria y pierde los dos siguientes, quedándose sin podio. El Dynamo se convierte en la bestia negra de Sabonis; los moscovitas son aguerridos, jóvenes y descarados, cuentan además con Okhotnikov, un 2,14 coordinado, rápido y con buen lanzamiento, ser�� el pívot que ponga en más aprietos a Arvidas

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en los próximos años, no es el clásico pívot grande y pesado a los que supera por explosividad y velocidad. Sabonis se vengaría en 1989 endosándole 53 puntos, su récord anotador. Sigamos, campaña 82-83, vuelve el hijo pródigo, la oveja descarriada Rimas Kurtinaitis. El regreso no será feliz, Garastas ya le rechazó tres años atrás y aún desconfía de un jugador con fama de juerguista y gran bebedor. En numerosos encuentros Rimas ni pisa el parqué, en otros juega unos pocos minutos en choques ya decididos. Kurtinaitis no es querido en Kaunas, a cada fallo sigue un murmullo, un rumor en la grada; es el lituano que ha militado en el ejército rojo, en el enemigo, un traidor, sus fallos no se perdonan. El estado de ánimo desciende hasta los infiernos, Rimas se arrepiente, maldice el día en el que decidió regresar desde el CSKA, club donde siempre se le respetó. Masalskis, consciente del mal momento por el que atraviesa le arenga continuamente “Eres el mejor exterior del equipo, técnicamente el mejor, sin duda, al final jugarás, no puede ser de otra forma”. El veterano base trata de convencer a Garastas para que le dé más oportunidades. En un partido igualado, otra vez ante el Dynamo, Rimas juega los últimos segundos; en el tiempo muerto Vladas ordena un tiro de Chomicius o Jovaisa que estarán en las esquinas, pero como suele ocurrir la jugada planteada no sale y el balón le llega a Rimas, que se juega el tiro… y falla. Lejos de hundirse, repetiría acción en el partido siguiente, pero en esta ocasión Kurtinaitis enlaza varios encestes en los últimos minutos y consigue la canasta del triunfo. El díscolo Kurtis tiene carácter, mucho, y ningún temor a jugarse los balones decisivos. Se gana el respeto de Garastas… y de su propio público.

Zalgiris Kaunas, 1984. Civilis, Linkevicius, Lekarauskas, Krapikas, Sabas, Jovaisa, Brazys, Chomicius, Kurtis, Masalski, Arlauskas y Valikonis

Zalgiris alcanza de nuevo la final, pero el CSKA aún es inaccesible, más si cabe esa temporada tras enrolar al anti-Sabonis, Vladimir Tkachenko, “el gran elefante bonachón”, como lo define Jovaisa, su íntimo amigo y a partir de esos momentos rivales.

Jovaisa y Tkachenko, una amistad inquebrantable

La temporada 83-84 es un pasito más, la antesala de los títulos, la final a tres partidos es una lucha encarnizada ante un CSKA más reforzado tras la incorporación de Heino Endem, base estonio de casi dos metros y tiro mortífero. El equipo de Moscú se impone en el tercer encuentro por 6773. El quinteto mágico del Zalgiris ya está rodado y preparado para mayores retos, casi todos lo recordamos de memoria: Jovaisa, Chomicius, Kurtinaitis, Civilis, Sabonis. Sabonis, la nueva megaestrella lituana, se olvidará del significado de palabras como vacaciones o descanso, y desde 1981 se le somete a un ritmo asfixiante. Enlaza concentraciones, pretemporadas y campeonatos, el Europeo Cadete, Spartakiada, debut en la liga, Campeonato de los Pueblos, torneo de selecciones que representas a las distintas repúblicas de la CCCP y que gana junto a Jovaisa y Chomicius, Mundobasket de Colombia, nuevo comienzo de la liga doméstica y en los parones giras por Europa y Estados Unidos.

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Sabonis jugando para Lituania en 1982. Curioso. Como el gesto de Pankhraskin

Así es, en noviembre de 1982 Sabas se presenta en USA con una gira de la selección soviética en la que se incluyen a jovenzuelos como el propio Sabonis o Biriukov, y sus rivales serán importantes equipos universitarios entre los que se hallan Indiana, Vanderbilt, Illinois o Virginia. En este último college milita Ralph Sampson: el enfrentamiento del año, Ralph-Sabas, una contienda aún recordada y que tantas columnas rellenó en su momento. Sabonis consigue 21 puntos y 14 rebotes por 14 puntos y 25 rebotes del norteamericano, Virginia se impone tras dos prórrogas, pero el lituano despierta un interés desmesurado en los medios especializados, en entrenadores y jugadores, Newell, Walton... todos se deshacen en elogios ante ese chico de 18 años y 2,17 que hace cosas nunca vistas en un pívot. Varias franquicias NBA se interesan por su situación y comienzan las conversaciones con las autoridades soviéticas. No es una quimera, las relaciones USA-URSS atraviesan por un buen momento, así lo atestigua la gira del combinado de Gomelski. No se descarta que un futuro inmediato los atletas rusos puedan jugar fuera de sus fronteras… ¿por qué no en la NBA?

Sigue la maratón: torneos en España, liga doméstica y llega el verano del 83. Sabonis es convocado para el EuroBasket absoluto a celebrar en Francia, y juega todos los partidos con minutadas salvajes. Sabas, aún con 18 años, asombra al público europeo: dominio brutal, intimidación, rebotes, canastas de todos los colores, dos tableros destrozados tras mates contundentes… Sabas es imparable y la CCCP se encamina a velocidad de crucero hacia un nuevo título continental. En su camino se cruzará España; semifinal con un claro favorito, pero los españoles salen respondones, comandados por un Corbalán en estado de gracia que destroza y ridiculiza a Valdis Valters llevando el partido a un ritmo frenético, con el balón volando a una velocidad inusitada y sucediéndose los contraataques. El ritmo lo marca España con Epi y Martín entonados en la primera mitad, mientras que Sibilio, horrible en la primera parte, encadena aciertos en una segunda parte memorable. Sabas da la réplica, es imparable, pero se carga de faltas: el partido está loco. Sabonis, Miskhin, Valters, Corbalán, Martín... todos son eliminados aún con muchos minutos por disputar. España falla ocho tiros libres en los últimos dos minutos y en medio del caos la URSS se coloca a un solo punto a falta de algo más de 30 segundos. Epi tiene el

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balón, dribla de un lado a otro… pero nadie se ofrece, es más, todos los rojillos corren despavoridos lejos de un balón que quema. Epi se la tiene que jugar, tiro de media distancia... limpia. El bronce sabrá a hiel. Sabonis continúa con su particular via crucis; abandona la concentración de la absoluta y se incorpora a la selección junior que debe disputar el Mundial Junior en las Baleares. Ausente Biriukov debido al inicio de las negociaciones para lograr su nacionalización, todos los focos se centran en el pívot lituano. La URSS arrasa en casi todos los partidos aunque se muestra vulnerable; Argentina, un combinado aguerrido y orgulloso, derrota a los soviéticos con una actuación de ensueño del Pichi Campana; sus 39 puntos derrotan a los hombres de Obukhov. La final, URSS-USA, rien ne va plus. El equipo soviético ya había derrotado a los estadounidenses en el partido de la primera fase, la CCCP es clara favorita y Sabas comienza el partido con un dominio abrumador. Obukhov manda una y otra vez la misma jugada, bloqueo por línea de fondo a Sabas y continuación de Tikhonenko. Los americanos corrigen su defensa… comienzan los problemas, se anticipan al monosistema con saltos rápidos evitando el pase al pívot y Buck Johnson, un ala-pívot liviano y con mucha clase, machaca la defensa contraria a base de penetraciones y rebotes ofensivos; Skiles administra la ventaja americana hasta el final del partido. Impotencia. Incompetencia. Nadie se explica cómo se pudo perder esa final. Ésa es la nueva vida de Arvidas Sabonis, de partido en partido, de concentración en concentración. Nadie piensa en las posibles secuelas que puede acarrear ese ritmo frenético, Sabas es demasiado importante para el colectivo, ya sea Zalgiris o la selección; se le despoja de cualquier descanso, nadie se preocupa por el individuo, por su salud o su bienestar. Es joven, una fuerza de la naturaleza… ¿cómo se va a romper alguien así? ¿Y Marciulionis? No me he olvidado de él; Sarunas se gana un puesto en la rotación exterior del Statyba pese a su estilo. Aún no estamos preparados para ver un jugador de esas características, su juego es calificado de feo, tosco, basto, antiestético; Marciulionis es un marciano en un mundo de aleros tirillas y estilizados, su físico corresponde al que triunfa en esos instantes al otro lado del Atlántico y no al que estamos acostumbrados en la vieja Europa.

Sarunas Marciulionis, el tosco. Los ochenta es que fueron muy perjudiciales Gomelski, que sí sabía de esto, "influye" en Obukhov y es seleccionado para el combinado junior. El Mundial del 83 supone un pasito más en su carrera, juega sólo en los partidos menos transcendentes pero ofrece pinceladas de potencia y buen juego. A finales de año Gomelski, tras el varapalo del EuroBasket, remoza su selección e incluye a Marciulionis y Vainauskas del Statyba y a Igor Miglinieks. Sarunas tiene motivos para soñar, no se pierde una concentración ni un partido preparatorio del gran acontecimiento que se ha de celebrar dentro de unos meses, los JJ.OO. de Los Ángeles. Sueños rotos a pocas semanas de la inauguración de los Juegos Olímpicos: las autoridades soviéticas comunican al combinado de Gomelski el boicot del CCCP. Tras años de "buenas" relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la muerte de Brezhnev en 1982 abre un nuevo escenario político; el anciano Andropov, ex-dirigente de la KGB y representante de la línea más dura del comunismo es el nuevo presidente soviético, suponiendo una vuelta al punto de partida de la Guerra Fría y a las tensas relaciones entre las dos superpotencias. Su muerte, en 1983, no significa un cambio de estrategia, Chernenko es un fiel sucesor y discípulo. El nuevo presidente firma la renuncia a los JJ.OO. en suelo enemigo, el boicot estadounidense en 1980 no queda impune. El maldito boicot priva del duelo apasionante, los colegiales Jordan, Ewing, Perkins, Tisdale frente al rodillo soviético a plena potencia. ¿Qué hubiera ocurrido en ese choque? Aún nos lo planteamos. Como lo demuestra este topic viejuno: http://foros.acb.com/viewtopic.php?t=140541

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VI. Vamos con la 6ª: 1985

Si alguno ha llegado a esta entrega es que sois unos fenómenos y unos machotes. O masocas. Nos quedamos en 1984 y el boicot de la CCCP ¿no? Pues sigamos con ello. La URSS llegó a competir (es un eufemismo) en el Preolímpico de París. Digo eufemismo porque el equipo soviético masacró a todos sus rivales, el rodillo rojo en su máxima expresión y que no se detuvo ni siquiera en su último partido ante el verdugo del 83, España, a la que derrota con un resultado contundente: 119-92, con actuación memorable de Valdis Valters, y en esta ocasión el humillado fue un desconocido Juanito Corbalán. Apuntes varios: Kurtinaitis debuta en la selección junto a un buen número de componentes de la vieja guardia. Sin embargo en la mente de Gomelski ese equipo no sería el que tendría que disputar los JJ.OO. de Los Ángeles. La gran obsesión del Coronel es Estados Unidos. Dos años antes ya comienza a plantearse cómo frenar el juego físico de los norteamericanos. La gira de 1982 le mostró que Sabonis podía enfrentarse sin mayor problema a las torres de ébano americanas, pero… ¿y los exteriores? ¿y cómo frenar a los rápidos ala-pívots atléticos americanos? Gomelski, ante todo un tipo práctico y listo, sabe que debe encontrar a marchas forzadas jugadores de un perfil definido para tener opciones de victoria en una hipotética final. Biriukov fue uno de los elegidos, el escolta del Dynamo cumplía los requisitos: piernas potentísimas, completo, salto, buen defensor…

Tikhonenko, Volkov y Sabonis; juventud, físico, tiro, altura… un quinteto tal vez bisoño en demasía pero con argumentos físicos y técnicos para ser competitivos contre la selección de Bobby Knight. Por desgracia no vimos un duelo histórico. La Liga 84-85 de la CCCP se presenta apasionante, el duelo CSKA-Zalgiris parece inevitable en la final y los chicos de verde este año tienen razones suficientes para creer, por fin, en una victoria sobre el equipo moscovita. Choque de estilos, la improvisación, la “sangre caliente” báltica, la imaginación lituana contra el funcionariado de Moscú con la última temporada en activo de A. Mishkin, conjunto sin esa chispa emocional que le permita afrontar partidos complicados, trabados. Tarakanov es el paradigma, tirador colosal que anota 30 puntos sin pestañear con viento a favor y un Kalashnikov mal calibrado si el partido deriva por derroteros no deseados. “Es un hombre con comportamiento de niño grande” tal como lo definió Jovaisa: si vienen mal dadas no duda en jugarse tiros a canasta con pésimas posiciones y decisiones contra natura en los momentos delicados, Tarakanov abronca a sus compañeros, a los árbitros, pierde los papeles…

Tras el inicio de trámites para su nacionalización debe cambiar de planes y se fija en aquel desconocido del Statyba. Marciulionis es un escolta aún más poderoso físicamente, puede ser su anti-Jordan. Vladimir Gomelski, hijo del Coronel, desveló años después en un libro sobre la figura del Papá baloncesto la idea que rondaba obsesivamente en la cabeza de su progenitor poco antes de la confirmación del boicot, un quinteto conformado por: Valters, Marciulionis,

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Sergejus Jovaisa, el líder sigiloso

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Jovaisa es su antítesis: cara de póker, ninguna bronca o aspaviento, sólo susurra al oído de un compañero… no sabemos lo que dice pero el efecto en el receptor es evidente, un par de palabras y el colega oyente en cuestión reacciona con cara de malas pulgas y mirada asesina… un motivador silencioso. Sergejus no busca los focos ni la popularidad en partidos sencillos o decididos; es la prolongación del entrenador en la pista, altruista, generoso, se juega los tiros justos, busca primero al compañero con ventaja, su cerebro está diseñado y entrenado para interpretar el juego, halla superioridades y encuentra un filón en cada despiste enemigo. Su polivalencia le lleva a jugar de base, escolta, alero e incluso de falso pívot en el poste medio si Civilis sale fuera de la línea del triple. Zalgiris juega sin director definido: Kurtinaitis, Chomicius y el propio Jovaisa se alternan en este cometido, pero al igual que sucede en la selección Jovaisa toma el mando de las operaciones si el partido se complica; invariablemente acaba de base en los choques a cara de perro y se juega los tiros que nadie se atreve en los instantes finales y se agarra a cada partido por complicado que esté. ¡Va mal el negocio? Manda Jovaisa. La final es un fiel espejo de las situaciones comentadas, el último partido de la serie llega a Kaunas. Juego trabado, tenso y con igualdad desde el salto inicial, en los últimos minutos el CSKA se escapa ligeramente, la situación es complicada para Zalgiris… ¿quién aparece? Jovaisa, lesionado, cojo con los abductores seriamente dañados, consigue meter una racha de tiros en los instantes finales y Zalgiris gana su primer campeonato desde el lejano 1951. 77-75 es el resultado final, de infarto.

Zalgiris, tras la consecución del título de liga

El loable esfuerzo de Jovaisa trajo consecuencias funestas en la Recopa. Una semana después de la consecución de la liga el Zalgiris se encuentra a un peldaño de la gloria europea; en la final espera el F.C. Barcelona, equipo con poderío económico sumido en una grave crisis de juego y resultados. Poco antes Manolo Flores sustituía a Serra, su americano Howard cuestionado durante toda la temporada… la Recopa es la tabla de salvación de un conjunto en crisis.

Sabas infundía respeto, o miedo

Zalgiris se presenta a la final de Grenoble en cuadro, sin Jovaisa ya que su lesión había empeorado ostensiblemente, y con las bajas habituales por problemas de pasaporte de aquellos jugadores sospechosos. Así pues los de Kaunas salen con el inexperto y limitado Brazys de base, el banquillo, deshabitado, ocupado por el eterno banquillero Jankauskas y el “microondas” Krapikas. El Barça carga contra el eslabón más frágil, Civilis recibe las embestidas de Davis y Howard, y Raimundas aguanta como puede el chaparrón con la inestimable ayuda de Sabonis, inmenso en la defensa de ayudas, tapones e intimidación que acabaron en un juego insospechado: ambos equipos se la juegan a tiro exterior, Sabas recibe dobles y triples marcajes. Tras la salida en tromba de los catalanes Kurtinaitis parece ser el único lituano que cree en

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la victoria, encadena varios triples seguidos y vuelve loca a la defensa blaugrana con sus paradas, fintas, tiros y penetraciones. El encuentro se iguala al final, es un cara o cruz, pero Rimas falla el tiro decisivo y Flores respira tranquilo, Sibilio y Epi, enormes, salvan una temporada aciaga para los suyos.

La foto es de 1989, el 10 es Grigas, 15 Dambrauskas, 13 Marciulionis y el criaturo que aparece detrás los entrenadores es... dejo que adivinen su nombre

El Barça campeón de la Recopa en Grenoble, ese bigotito sensual de Seara... latin destroyer de la época

El Statyba se plantea objetivos más modestos, se conforma con no pasar apuros en la competición doméstica. Marciulionis ya es el líder absoluto, las necesidades y carencias de los constructores le obliga a jugar en cuatro posiciones, de base a alapívot, y su superioridad y ascendencia son insultantes: casi 30 puntos de media, rebotea, asiste, es el mejor defensor con diferencia. Sin embargo Statyba practica un juego similar a sus vecinos de Kaunas, sin director definido, Arunas Grigas, el propio Sarunas o posteriormente Bacianskas se alternarán en esa función, juego de 1x1, penetrar-doblar, ochos rusos, pívots recortados con buena mano desde la media distancia… Vainauskas y Dambrauskas se asemejan a Civilis.

Kaunas-Vilnius, la conexión Panevezys. Panevezys es la tercera ciudad de Lituania, con 130.000 habitantes, la ciudad verde del país báltico, conocida antes por sus amplios parques y hoy por ser la urbe con mayor índice de criminalidad del país. Al igual que la propia ciudad, el baloncesto, representado por el Techasas, tuvo mejores momentos. El baloncesto de Penevezys consiguió una gran notoriedad en los 70-80 gracias a la figura quijotesca de Raimundas Sargunas, un entrenador de raza que luchó en solitario por sacar una prolífica cantera. Más que un entrenador, Sargunas al igual que su homólogo Vytenis Bimba de Kaunas eran unos padres para sus jugadores: hombres inquietos, con bagaje cultural y un afán formativo que transcendía más allá del ámbito deportivo. Las manos de Sargunas moldearon los primeros pasos de Civilis, de los hermanos Masalskis, Vytenis Andriunas, Lukauskis, Brazdauskis, Einikis, Dambrauskas, etc, que posteriormente acabarían bien en el Statyba bien en el Zalgiris.

Arunas Grigas es su Jovaisa particular, delgado, brazos largos y un tiro rapidísimo, perfecto técnicamente. Uno de los mejores tiradores que ha dado Lituania, y eso es mucho decir, pero ante todo un jugador completísimo, un espécimen en vías de extinción en la actual Lituania, cuyo último individuo de esta especie se llama Ramunas Siskauskas.

Panevezys, la ciudad verde

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Si hay un "producto" de la prolífica cantera del maestro Sargunas que tendrá una capital importancia en el devenir del krepsinis lituano es Jonas Kazlauskas. El exitoso entrenador, actual seleccionador griego, aprendió de su maestro el gusto por el 1x1 como origen de ventajas a partir del cual se construye el juego, la libertad creativa del jugador en pos del colectivo, el juego por conceptos. Pocas veces un entrenador acapara unánimemente toda clase de elogios de sus antiguos discípulos. Sargunas es venerado por todos, sin excepción, el entrenador que nos dejó en 2002 creó escuela, Leonavicius sigue con su legado en Panevezys y un torneo de la ciudad para categorías inferiores lleva su nombre. No podía ser menos. El reconocimiento a su labor le llegaría en 1992, Sargunas sería el entrenador asistente de Garastas en los JJ.OO. de Barcelona.

un entrenador que no consentirá los trapicheos contrabandistas de sus jugadores ni las sugerencias de sus pupilos sobre el juego. Es opuesto a Gomelski, el "papá baloncesto", el gran psicólogo que hacía la vista gorda cuando veía a Jovaisa, Tkachenko o Miskhin cargados de vodka y caviar que canjearían por productos electrónicos y ropa occidentales en sus viajes al extranjero. Sin embargo varios jugadores están contentos con el cambio, Valdis Valters no oculta su satisfacción (su relación con Gomelski siempre fue de amor-odio) y varios ex-jugadores de la junior o el propio Kurtinaitis creen que Vladimir Obukhov es un buen entrenador, les gusta que se imponga disciplina en el grupo y su forma de hacer, aunque califican de injusta la destitución de Alexander Gomelski.

Tras este paréntesis continuamos: en 1985, año de grandes cambios socio-políticos en la URSS, un político joven es nombrado secretario general del PCUS, dando aire fresco y renovador tras los mandatos presidenciales de Andropov y Chernenko. En marzo se escuchan por primera vez los términos perestroika (reconstrucción) y glasnost (apertura, transparencia): Mijail Gorbachov está dispuesto a emprender la difícil tarea de modernizar social y económicamente un país estancado, renovar unas instituciones corruptas y burocratizadas hasta límites esperpénticos, establecer unas relaciones nuevas con occidente y en especial con Estados Unidos... nadie dijo que fuera fácil, ni rápido. La vida de Marciulionis será una montaña rusa de emociones, decisiones y buenas-malas jugadas. Tras una brillante campaña es convocado por Gomelski para disputar el EuroBasket en Alemania. Glasnost al parecer es un término desconocido para los dirigentes deportivos del momento, las intrigas políticas, chivatazos mal intencionados y un odio visceral a Israel acaban con el arresto domiciliario de Gomelski, se le retira el pasaporte y es relegado en el puesto, como ocurrió trece años antes en los JJ.OO. de Munich. El temor a que el Coronel se fugue y nacionalice israelí pesa más que los 35 años de abnegado trabajo para los equipos del ejército y la selección. Vladimir Obukhov es su improvisado sustituto, la suerte de Sarunas está echada, Obukhov prescinde del lituano en la víspera de la partida de la expedición soviética. Obukhov es conocido entre sus jugadores como "Brezna" y "pequeño Lenin", inflexible, rígido, es

El pequeño Lenin, Vladimir Obukhov

El EuroBasket comienza con dudas para los soviéticos: demasiados cambios a última hora, seleccionadores opuestos… la URSS cae de nuevo ante España, ya sin Corbalán y con la baja de Epi, dirigida por un desconocido base-tapón llamado Vicente Gil. No sería la única sorpresa, el torneo se vuelve loco y se suceden los resultados más inesperados. Checoslovaquia, una selección con jugadores veteranos, treinteañeros, elimina a la Yugoslavia de Drazen en cuartos y repiten la machada en semifinales ante España con lluvia de triples de Rajniak y la imagen desconcertante del tripón Skala imponiéndose a los jóvenes pívots españoles. La URSS cumple su papel y accede a la final, pero el rival es inesperado, sorprendente. Checoslovaquia aguantaría, no obstante, veinte minutos; la calidad y orgullo de Brabenec y

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Kropilak les mantienen en el partido durante el primer tiempo. Ahí se acabó la final, la segunda parte fue un espanto, el rodillo soviético aplastó sin paliativos la ya escasa resistencia de aquellos veteranazos que fueron grandes, muy grandes, ocho o diez años atrás.

Foto repetida, lo sé: los cuatro lituanos del EuroBasket 85

Sabonis culmina un gran año: a los títulos colectivos se suma el reconocimiento como Mejor Jugador de Europa y es elegido en el Draft de la NBA por los Hawks, aunque esa elección se anularía posteriormente al no tener Sabas la edad mínima para ser elegible. En Vilnius, mientras la CCCP conseguía un nuevo título continental, Sarunas se debe conformar con una serie de amistosos de poca monta. Aprovechando las nuevas relaciones entre USA y URSS un combinado norteamericano llamado Atletas en Acción y compuesto por jugadores universitarios de segunda-tercera fila realizan una gira por varias repúblicas soviéticas, y una de sus paradas es Vilnius para disputar un partido frente al Statyba. No tendría más relevancia el asunto si no hubiera sido porque el escolta colegial que se emparejaría defensivamente con Sarunas Marciulionis se llamaba Donnie Nelson. Nelson se quedó maravillado con el jugador que le tocó defender, nunca sospechó que existiera en esa remota ciudad un escolta de esas características: físico privilegiado, dureza, piernas potentes y una fuerza descomunal en sus entradas a canasta, un físico perfecto para la NBA. Sarunas, sin saberlo, estará a partir de ese instante en el punto de mira de la liga americana…

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VII. Sarunas “Josef K.” Marciulionis… por si queda alguien con ganas

Sarunas Marciulionis vivió en el ecuador de los 80 situaciones inexplicables con la selección soviética, momentos grotescos propios de la trama de “El Proceso” de Kafka. Al igual que Josef K. será procesado y castigado por razones inconcretas e inaccesibles que se escapan a la razón. En 1985, como dijimos, comienza la pesadilla con su descarte a última hora en la selección que acudirá al EuroBasket de Alemania tras haber participado en todos los eventos preparatorios y pocos días después es rescatado e incluido en la lista de la selección que debe disputar en Japón la Universiada.

Selecciones: USA-CCCP, duelo previsto. El partido resulta emocionante e igualado desde el salto inicial; Estados Unidos comandado por Chievous, Harper, Chuck Person y Billy Thompson impone un ritmo asfixiante y las mínimas diferencias a favor de uno y otro se suceden. A falta de pocos segundos del bocinazo final el marcador refleja un empate a 93 y balón de banda para USA; Chomicius con un salto acrobático roba un balón de oro, se planta en la línea de 6,25 y clava su séptimo triple de la tarde, 30 puntos que doblegan en el último suspiro a los americanos.

A los University Games acuden los jugadores que Gomelski tenía en mente para los JJOO de Los Ángeles. Por fin se vio el quinteto Valters, Marciulionis, Tikhonenko, Volkov, Sabonis; una combinación de altura, atleticismo, tiro y talento sin precedentes. La final no ofrece sorpresas visto el rácano nivel que presentan la mayoría de

Presentación internacional con sordina de Marciulionis, la Universiada es una competición con exiguo eco y nulas imágenes. Sarunas aún es un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de aficionados occidentales. Sabonis dobla de nuevo varias competiciones en el

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verano, sin tregua debe incorporarse de inmediato al Zalgiris en el inicio de una liga CCCP que se atisba más disputada que nunca. El CSKA, pese al creciente aperturismo y modernización política emprendida por Gorbachov, recrudece su sistema de reclutamiento “voluntario”. La derrota frente a los insolentes nacionalistas lituanos duele demasiado y Gomelski se encuentra con un equipo arcaico, envejecido y tan grande como poco dinámico. El equipo del ejército rojo llama a filas al letón Igor Miglinieks, al estonio Tiit Sokk, al kazajo Tikhonenko y a los ucranianos Goborov y Volkov; de un plumazo el CSKA enrola a lo más florido de las generaciones del 64-65, jugadores de corte moderno, atléticos, coordinados y rápidos, mientras la búsqueda típicamente soviética de pívots mastodónticos queda para el recuerdo. Los tiempos han cambiado.

Kherson natal, una ciudad portuaria de Ucrania a las orillas del Dnieper. Gomelski intenta convencerle, habla con él personalmente pero ni la dialéctica ni la psicología del viejo zorro funcionan. Las autoridades moscovitas no se andan con rodeos: o se incorpora inmediatamente o será condenado a tres años de prisión. Goborov capta la idea, a su pesar será nuevo pívot del CSKA. Ucrania y Lituania no se parecen, sus dirigentes locales aún menos. Zalgiris también busca sus refuerzos y el objetivo primordial es un hijo de Kaunas que milita en el Statyba; Garastas, Jovaisa, Chomicius… tratan de convencer a Marciulionis, podría jugar la Copa de Europa, ganar títulos y proyección internacional. Sarunas se niega, su concepto de la caballerosidad y el honor le obliga a ser fiel al Statyba de Vilnius y a Rimas Endrijaitis, club y entrenador a los que debe casi todo como jugador. La competición doméstica concluye de la manera más previsible, una nueva final CSKA-Zalgiris. En un marzo sin sopresas, Zalgiris se impone en el primer duelo, pierde el segundo en Moscú y en el definitivo, en su bastión de Kaunas revalida el título tras ganar con un marcador impropio de aquellos años, un cortísimo 67-59. Sabas no baja de los 20 puntos en ningún partido, claro dominador de los tableros, el CSKA aún no cuenta con un antídoto para frenar al gigante lituano.

Sizonenko, el último gran gigante Especialmente traumática fue la incorporación de Valery Goborov, un pívot de 2,10 con grandes condiciones atléticas, movilidad, salto y tiro, un jugador de futuro, un proyecto anti-Sabonis. El ‘center’ en principio se niega a marcharse de su

Civilis y zona terminaron por ser incompatibles Siete días después, sin tiempo para grandes celebraciones, el Zalgiris tiene su gran prueba de fuego, juega su primera final de la máxima competición europea. Sabas y sus irreverentes

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muchachos están muy cerca de dominar Europa, y por el camino se han quedado clubes históricos como el Real Madrid (con un duelo memorable Sabonis-Martín en Kaunas), Simac Milan, Maccabi…

la Cibona hizo lo propio en Zagreb. El partido final no responde del todo a las expectativas creadas, ambos equipos saltan a pista sobreexcitados y nerviosos; imprecisiones, malos tiros y pérdidas absurdas se suceden. La Cibona toma la iniciativa con Usic cargando de faltas a medio equipo rival, un quebradero de cabeza ese juego de fintas y tiros cortos; Cvjeticanin es el otro baluarte, con látigo incluido que llevaría el nombre popular de Bodiroga. Sin noticias de Drazen, bien atado por Krapikas y Kurtinaitis. Sabas anota pese a los dobles marcajes de Nakic y Arapovic, pero no se siente cómodo, en la primera parte hay un amago de codazo con post-tangana a Cvjeticanin. La confirmación de sensaciones se desata en el minuto 26: Nakic se escapa en solitario en un contraataque, Krapikas le hace una falta contundente llegando por detrás, el balcánico responde con un codazo y ya la hemos ‘liao’… Sabonis corre toda la pista para propinar un derechazo a Nakic, es descalificado y la final concluye con 14 minutos de antelación; aparece, por fin, Drazen. El abarrotado Palacio de Deportes de Budapest es testigo de un nuevo cruce de cables de Sabonis tras aquella agresión a Golovenko se repite la historia, la etiqueta “se le va la olla en partidos importantes” le acompañará de por vida. Vídeo: Se acabó la final… http://www.youtube.com/watch?v=7PodpLM34wM

Aún así Sabas es adorado en buena parte de Europa (en Italia no tanto, cierto) y sobre todo en Estados Unidos. En el draft es elegido, ya de manera legal, en primera ronda por los Blazers, elección con visos de plasmarse en realidad por la nueva situación política de la URRS; no resultaba descabellado pensar en un futuro inmediato de fronteras abiertas. Zalgiris-Real Madrid, Sabas contra Wayne Robinson. La mecánica de Kurtis no está mal ¿eh?

Aguarda en la final un equipo indeseado e indeseable para Arvidas, Cibona de Zagreb: no soporta al niño de Sibenik, no oculta su animadversión por el escolta de pelo afro y boca entreabierta, odia su manera de jugar, ganar y perder, las tretas de ascendencia serbia le sacan de quicio. Los precedentes de aquel mismo año hablan de una igualdad extraordinaria entre ambos equipos, Zalgiris venció en Kaunas de manera milagrosa con una canasta final de Civilis, y

El MundoBasket de España se presenta como un escenario perfecto para la consagración de una nueva generación soviética; Gomelski trabajó durante los meses de preparación un equipo renovado con Marciulionis, Miglinieks, Tikhonenko y Volkov. Todos sus planes se desmoronarían a falta de unas pocas horas para embarcar en el avión que les debía transportar a Barcelona: un confidente anónimo del KGB informa a las autoridades que Alexander Gomelski tiene previsto desertar en España aprovechando la cobertura de la expedición de la selección de Israel, con la que viajaría a tierra santa donde

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tramitaría su nacionalización. La decisión soviética fue drástica, se le retira el pasaporte y una vez más es relegado en el puesto por Obukhov; el Coronel no puede salir de la Unión Soviética bajo ningún concepto.

derrotar a los anfitriones y en semifinales a falta de un minuto están virtualmente eliminados ante la selección yugoslava dirigida por el mito Cosic. Pero los milagros existen, la URSS remonta un imposible, triples épicos que finalizan entre los llantos de un adolescente Divac, abroncado por un iracundo Petranovic. Vídeo: Los milagros existen, la prueba… http://www.youtube.com/watch?v=_XoeRs8HmME

Dos pívots clásicos ochenteros, Sabas e Israel El daño colateral será Marciulionis, que con toda su documentación en regla y el equipaje preparado es apartado de la selección en el mismo aeropuerto. Sarunas se desespera, no entiende por qué la injusticia se ceba con él, ignora por qué la política le aparta una vez más de sus sueños deportivos; a él, precisamente a él que jamás se ha pronunciado en temas políticos, que nunca ha ocultado su orgullo por pertenecer a aquella selección, que jamás mostró inclinaciones o proclamas nacionalistas, algo común en sus compañeros lituanos. Sarunas Marciulionis medita la decisión más difícil de su vida, está convencido: deja el baloncesto, es hora de dedicarse a otra profesión, al fin y al cabo está a punto de licenciarse en Periodismo. Al menos esa nueva carrera seguro que le acarrea menos sinsabores.

La final contra Estados Unidos es un fiel reflejo de sensaciones: Sabonis machacado sin derecho a descanso, Valters más irregular que nunca y Volkov fuera de onda en aparente regresión como cuatro abierto. Mucho se ha comentado del duelo Sabonis-Robinson, un par de tapones y un palmeo brutal del lituano han pesado en demasía en el imaginario colectivo, pero es el almirante Robinson el que da una imagen de solidez de la que careció Sabas durante todo el campeonato. La medalla de oro cruzaría el Atlántico. Robinson, los 23 puntos de Kenny Smith, el trabajo del felino Charles Smith y la buena actuación de la sorpresa (a priori excéntrica y anecdótica) del enanín Tyrone “ratoncito” Bogues, ridiculizan por momentos a la CCCP. Sólo el orgullo del irreductible Chomicius y la regularidad de Tikhonenko consiguen mantener a los soviéticos en el partido remontando 16 puntos en los últimos minutos; insuficiente, la URSS muere en la orilla, fracaso de un proyecto descabezado desde su génesis… ¿qué hubiera ocurrido con Marciulionis en la pista y con Gomelski en la banda?

La selección debe capear de nuevo un cambio a última hora de seleccionador; el juego en esta ocasión será menos fluido y brillante que en competiciones anteriores, pasa serios apuros para

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Curiosa estampa, Bogues contra Sabas

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La ajetreada agenda de Sabonis marca un nuevo reto en pocos días, sin descanso posible se une al Zalgiris que debe disputar el Mundial de clubes, la Copa William Jones, en Buenos Aires. Amarga revancha, Zalgiris destroza y humilla a la Cibona en semifinales con una exhibición anotadora de Chomicius y Kurtinaitis y la actuación brillante de un invitado inesperado, Visockas, un jugador inclasificable, pívot que no llega a los dos metros con cuerpo de jugador de NFL, mazacote, ancho y un juego que se aproxima más al de los arietes futboleros irlandeses que triunfan en esos años. Visockas es un Tony Cascarino de la pelota naranja, aprovecha balones sueltos y toda la basura al alcance de sus manos para anotar de la manera menos ortodoxa posible. El Zalgiris derrota en la final al Ferro argentino, el equipo del mítico Cortijo y del añorado Mike Schlegel con 26 puntos de un Sabonis lesionado en el partido anterior. Su tendón de Aquiles no soporta más carga, los esfuerzos continuados sin un mínimo descanso han destrozado las articulaciones del ‘center’ lituano. Los daños sólo podrán ser reparados con reposo: un esfuerzo más y ese tendón se rompería, una lesión que podría acabar para siempre con la carrera del mejor jugador de Europa. Por desgracia ese reposo continuado y sanador nunca llegó.

Un encuentro marcaría un nuevo futuro prometedor e ilusionante para Marciulionis: la URRS se enfrenta a un combinado llamado AIA, Atletas en Acción, un grupo de deportistas con profundas creencias religiosas que difunde el evangelio a través de la práctica deportiva. En este curioso equipo, tal como dijimos en una entrega anterior, juega el escolta Donnie Nelson, que ya visitó Lituania un año antes junto a varios universitarios de la más variopinta calidad y se incorporan para la ocasión veteranos como el exNBA Swen Nater, retirado desde hace un año tras su experiencia en Udine y su celebérrima espantada con el F.C. Barcelona. Aunque sea lo de menos la AIA se impone por dos puntos con el viejo holandés Nater destrozando a las torres soviéticas Tkachenko y Belostenny; pero lo más importante es que en la grada se encuentra un espectador que desea ver a un zurdo lituano en acción: Don Nelson comprueba in situ que su hijo no exageraba, efectivamente, el tal Marciulionis es un jugador con un físico maravilloso perfecto para la NBA. El futuro de Sarunas parece sellado a los Nelson desde ese momento… o no. El magnate Ted Turner tendrá otros planes para él. …pero eso será otra historia…

Durante esos mismos días de septiembre Marciulionis recibe las constantes visitas de su entrenador Rimas Endrijaitis, en ellas su descubridor le insta para que siga luchando y medite su retirada. Si hay una persona en este mundo que puede convencer a Sanuras es Rimas. Las arengas del entrenador surten efecto, Marciulionis se siente en deuda con Statyba, con Vilnius y con su mentor Endrijaitis; no puede dejarlos ahora en la estacada, el Statyba sin él es carne de descenso, de su futuro depende el devenir de un club demasiado frágil para subsanar una pérdida del jugador que es alma y motor del equipo. Sabia rectificación; las relaciones USA-URRS atraviesan por un buen momento y la selección soviética realizará una nueva gira en suelo estadounidense con 13 partidos en veinte días que le enfrentará a equipos universitarios y diversos combinados. Vídeo: AIA-URSS 1986… http://www.youtube.com/watch?v=AuYFPSIySTM

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CRÉDITOS

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TEXTOS: Juan Carlos Gallego DISEÑO: Alejandro González MAQUETACIÓN: Ignacio Doña GRAFISMO: Aleix Tello BASKETME.COM - 2010

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