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La Jornada Semanal, 11 de agosto de 1996

Entrevista con Juan José Arreola

Partida hablada Luis Ignacio Helguera Imposible hablar de ajedrez y literatura sin recurrir al autor de Confabulario. Arreola ha hecho del tablero un vasto territorio narrativo. Luis Ignacio Helguera, ajedrecista, jefe de redacción de la revista Pauta y autor de la Antología del poema en prosa, viajó a Guadalajara para sostener una partida en público con Arreola. Como es de suponerse, la plática que sostuvieron mientras movían las piezas fue una lección de destreza literaria. "Qué bonita corbata de ajedrez trae, maestro", le digo a Juan José Arreola después de darnos un abrazo en la hermosa capilla del Museo Regional de Guadalajara, donde voy a tener el honor de acompañarlo durante una partida hablada ante un público reducido. "Sabes -dice él, acariciando la seda con diseños de torres, caballos, peones-, se la elogié tanto al joven que fue a visitarme y que la traía puesta, casi nuevecita, que me la regaló." Sentados a la mesa, pequeña y antigua, en unos equipales de petatillo de palma, Arreola saca de su maletín un juego de ajedrez y dos botellitas de agua Santa María -llenas de vino blanco y tinto- y abre la partida con un peón cuatro dama no muy usual en él, que suele preferir las aperturas abiertas y líneas y variantes tan extrovertidas como su personalidad. Rápidamente se suceden cambios de piezas, que propicio con el plan de aislar su peón de dama y la esperanza de bombardearlo después.

Grandeza y miseria del peón aislado. Porque el peón aislado puede ser una debilidad si es atacado eficazmente; pero si se logra mantener, puede constituirse en una verdadera amenaza. El equilibrio es lo primero que hay que conseguir, para ver quién es el primero que comete... no, no está bien eso de "que comete una debilidad", no se puede decir... -...que incurre en debilidades...

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-...que incurre en debilidades, e inmediatamente el contrincante tiene que aprovechar la debilidad, y luego, una palabra muy bella en ajedrez, "nutrirla". Dicen: "Logró una pequeña ventaja en la apertura, pero pudo nutrirla...". ¿Quién eres tú? - Jorge Esquinca... -Ven a saludarme Jorge, eres una de las personas que me hacen deplorar "mis deficiencias", mis deficiencias de trato... Porque lo que estamos procurando, Jorge, más yo, aquí con Luis Ignacio, es el equilibrio de fuerzas, porque en la primera deficiencia incurrí yo, en la primera flaqueza, en el peón débil, en un cambio de piezas que va a hacer estructuras de peones, débil la una y fuerte la otra; las dos se equilibran si las dos son débiles, teóricamente, o si las dos son fuertes. Pero realmente, una de las acciones ajedrecísticas más difíciles de considerar, de llevar a cabo, es provocar debilidades en la estructura final de peones. Se puede decir que toda partida consiste en una serie de movimientos y de cambios de piezas, sin perjuicio para uno ni para otro, para lograr estructuras finales de peones, que puede ser uno de ellos ganador, con respecto a la estructura enemiga, y en eso tiene mucho que ver la posición del rey. -Y por eso decía Philidor que el peón es el alma del juego, ¿no? Por eso, porque el peón es a la vez trinchera, batallón y coronación (pues el peón que corona se convierte en dama o en otra pieza); así que el peón es fundamental a lo largo de toda la partida. -Está muy bien eso de llamarlo "el alma del ajedrez" y tiene importancia porque, desde otro punto de vista, es la pieza más humilde. Tanto, que el peón en francés, como en alemán el bauer, significa "el campesino"; aquí hablamos todavía de los peones del campo, y parece que esta palabra es mucho muy antigua y viene como esas palabras que perviven, no sólo sobreviven sino que están presentes, como la partícula, que es una palabra entera, Sha. A mí me molesta curiosamente la pregunta: "¿Dónde y cuándo nació el ajedrez? ¿De dónde es el ajedrez?" Me dan ganas de contestarles lo que mi padrino, el señor cura Librado Arreola, le contestó a uno de sus fieles, a Ramón Solano. Porque mi tío se subía al púlpito y de pronto, en vez de predicar o evangelizar, decía "pregúntenme lo que quieran", y entonces una persona, una mujer le preguntó un día: "Oiga, ¿cuál es la mejor receta de las albóndigas?" Y entonces mi tío empezó a dar la receta y se comprometió gravemente, porque dijo: "Las albóndigas bien hechas llevan 13 cosas." Y por más luchas que hizo, y repasos, no llegó más que a 11, y luego a 12, y en ese momento mandó llamar a una de sus hermanas, con el sacristán, y ya llegó y le dijo: "Ven Margarita." "¿Qué se te ofrece, Librado, por Dios?" "¿Cuál es la cosa que me falta de las albóndigas? Llevan 13 cosas y no doy más que con 12." Y ya se las dijo todas, no se las voy a repetir a ustedes para no presumir, y para no darles la receta, y le dice a Librado: "Te faltó el perejil." Porque llevan perejil, cilantro y orégano, lo cual ya es un lujo en esas piececillas de olor, ¿cómo se llaman? -Especias, hierbas finas... -Sí, pienso primero en hierbas finas y no en la expresión "hierbas de olor". Bueno, dejemos eso. Decía yo lo del ajedrez. Cuando mi tío dijo "pregúntenme lo que quieran", Ramón Solano se levantó y le preguntó: "Señor cura, ¿quién inventó el comunismo?" Mi tío dijo: "Ramón, 2


primero dime tú, ¿quién inventó el atole blanco?", y quedó la cosa en tablas, en un empate completo, ¿verdad? Y vuelvo a lo que ya había dicho y abandonado casi inmediatamente: ¿dónde y cuándo nació el ajedrez? Hay que dar ya, categóricamente, una respuesta. El ajedrez no ha surgido, como lo demuestran documentos conocidos en revistas tan sencillas como ésta que traigo aquí, en la India, en China, en el siglo VII a.C., en el II a.C., del II al I. No hay que quebrarse la cabeza y hay que ser objetivos: el ajedrez es uno de los grandes dones de España al mundo, de la España musulmana. Antes del árabe desconocido de Granada no podemos llamar ajedrez a todas las variantes del Sha trang. Y fíjense, cosa milagrosa, me dan etimologías del Sha trang, el juego de los cuatro cuerpos, de ejército, de los cuatro reyes, pero lo que más me impresiona es lo que ya había dicho aquí, que poseemos palabras vivientes, tan vivientes como la palabra "azúcar", como la palabra "cheque"; ¿saben de dónde viene "cheque"? El dedo levante el que sepa de dónde viene la palabra "cheque". Viene de jaque. ¿Cómo se dice en francés "jaque"? Échec. Entonces todo cheque es un jaque... a nuestra cuenta bancaria, y a nuestro prestigio, si no tenemos fondos y en lugar de jaqueadores nos convertimos en jaqueados. A este museo, un ámbito tan querido para mí, yo venía en la etapa prematrimonial y también ya en vísperas de casarme, antes de cumplir los 27 años, principalmente a hacer lecturas y a jugar ajedrez con un primo mío, con quien llegué a hacer del ajedrez una pasión. Un amigo, tío de este hombre que tengo enfrente, y no Luis [Lizalde] sino Eduardo [Lizalde], al ver jugar a mis hijos menores, mi hija Fuensanta, aquí presente, y mi hijo Orso, decía: "Estos niños no juegan ajedrez: estos niños pelean ajedrez." Porque Orso llegaba con un ajedrez más chico que éste todavía, y con piezas todavía más inestables que las de este ajedrez, y llegaba temblando con el tablero para decirme: "Papá, mira la posición: estoy ganando y Fuensanta dice que me ganó." Y entonces, ya cuando llegaba mi hijo, con ese temblor de irritación, ya las piezas habían hecho un baile tal, que estaban todas revueltas, y ya no había manera de ver ninguna posición: no eran más que un puñado de piezas en desorden. Eso se los cuento porque el ajedrez ha formado parte de mi vida y el único reproche, no reproche, sino realmente reclamación filial que le puedo hacer a mi padre -y perdónenme que incurra en esto, no hay más remedio, vivo en mi tiempo-, que fue tan maravillosamente padre, es que no me enseñó a jugar ajedrez, ni a mí ni a mi hermano. Y mi padre jugaba ajedrez, y junto con su hermano Esteban construyeron un precioso ajedrez que mi hermano mayor y yo nos encargamos de destruir jugando a tirar las piezas como si fueran soldaditos, y parecían soldaditos porque estaban montados en casquillos de máuser, porque les habían puesto una platina, redondita, para que se sostuvieran bien, y en el hueco de la bala habían incrustado ellos unas piececitas de madera talladas a navaja, y los perfiles pintados con lápiz tinta violeta y rojo: las violetas oscuras eran las negras; las de los perfiles rojos, las blancas, porque las dos conservaban fondo blanco. Yo tengo en la memoria ese ajedrez y no sé por qué no consulté a uno de mis amigos o amigas que conocen artesanos capaces de tallar así, a navaja, para volver a tener ese ajedrez. Entonces, el ajedrez es un hecho familiar y vital. 3


-Yo una vez escribí que para mí lo que le da unidad a Juan José Arreola como escritor, como conversador, como actor de la palabra y, en fin, como personaje de talento múltiple, es la vocación verbal, y que esa vocación verbal tenía reposo y descanso al jugar ajedrez. Ahora me siento refutado. Entonces, quería preguntarle ¿qué momentos son los de descanso de la vocación verbal, además de parcialmente el ajedrez, quizá la lectura, la música? -Fíjate que yo leo todas las noches de mi vida. Creo que toda mi vida, salvo en las ocasiones en que estuve enamorado, y que ni la lectura me podía aliviar, me aliviaba sólo el ajedrez. Porque al ajedrez le debo el haber podido dejar a la mujer plantada, o no plantada, o no preocuparme por sí había cita mañana domingo o ahora sábado. Si yo tenía la posibilidad de jugar ajedrez, especialmente con tu tío Luis, porque yo quiero decirles que este joven amigo y excelente ajedrecista, es hijo y sobrino de muy queridos amigos míos, amigos que han sido como hermanos: Eduardo, Luis, Enrique [Lizalde]. Y Luis, que habría sido uno de los mejores ajedrecistas mexicanos si hubiera tenido un poco, no digamos de vocación, porque él nació ajedrecista, sino el heroísmo de la continuidad -que Eugenio D'Ors llamaba "la santa continuidad". Acusaba a los españoles de no ser devotos de "Santa Continuidad". Sino que [Luis] jugaba por jugar. Yo he jugado toda la vida por jugar, y ahora, más que nunca, juego para descansar, para distraerme. El ajedrez tiene fama, y a veces legitimada, de ser un juego difícil, complicado, esto y aquello, pero el ajedrez es un juego muy divertido y muy fácil. Y cuando se le juega, incluso conversando y diciendo "ai le va, a ver cómo se defiende; y ésta a qué le supo", y diciendo dichos cada vez más graves, cada vez más significativos y cada vez más agresivos, es muy placentero. Sobre todo, curiosamente, yo he querido hacer antologías de los dichos de ajedrez. Por ejemplo, los que pertenecen al mundo erótico, uno podría decir, pues no, no ve uno cómo el ajedrez, tan geométrico y todo eso, se presta a tales expresiones, y no se imaginan el lujo y la maravilla de ingenio que se daba en las personas que se agredían al jugar. Y uno de los tíos de este hombre llegó a hacer del ajedrez una imposibilidad de descanso para mí, porque desde que empezábamos a mover las piezas, Luis empezaba a comentar la partida en voz alta: "Ah, con que por aquí viene usted, pues no se va'poder, parece que sí, pues fíjese que no, fíjese que que qué, que no"; entonces, hacíamos del ajedrez literatura, y tampoco era descanso. La lectura sí, en solitario, salvo cuando me interesa demasiado, y entonces sí se vuelve o sigue siendo actividad. La música es un gran reposo y descanso, y por fortuna, tengo cerca de mí a mis dos hijas, Claudia y Fuensanta, que son dadas a la música. Y la música sí, pero necesito yo entregarme a la música. Si yo tengo una gran inquietud o algo así, es un milagro que la música me venza. Pero vamos volviendo al ajedrez, maestro. -Yo jugué aquí. -Tú jugaste allí y yo juego inmediatamente aquí. Lástima que no tengamos una pantalla mural para que se vea que hemos jugado una partida pues casi increíblemente correcta. Yo puedo empezar, ahora que estoy hablando de esto, a cometer errores graves...

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-También algo interesante, maestro, es la definición del ajedrez como actividad, cosa que se ha debatido mucho: si es realmente un juego de mesa entre otros, que yo pienso que no es simplemente un juego de mesa, porque cuando voy con un amigo a jugar ajedrez a un café o un bar, donde se juegan cartas o dominó, a veces, sobre todo en México, donde no está todavía tan difundido el ajedrez, como que nos miran raro, con desconfianza. Dicen: "Bueno, no están apostando y tardan mucho en jugar, piensan demasiado y, además, estudian -porque a veces sacamos un libro de partidas o problemas-; qué aburridos." Entonces, yo creo que no cabe el ajedrez en la definición llana de juego de mesa. Faulkner escribió, en su novela Gambito de caballo, sobre el ajedrez: "Nada mediante lo cual es posible reflejar todas las pasiones, esperanzas e insensateces humanas, puede considerarse como un juego." Y también lo de "arte y ciencia" tiene sus intríngulis... Decía Leibniz, creo que era Leibniz: "El ajedrez es demasiado juego para ser ciencia y demasiada ciencia para ser juego." -También se le atribuye a Napoleón. -Y otra diferencia: los juegos de mesa comunes dependen mucho del azar; en cambio, el ajedrez tiene mucho más que ver con la lógica... -Con la lógica y con la intuición. -Por supuesto.

El ajedrez ha producido jugadores espléndidos, inteligentísimos, que casi dan la idea del genio ajedrecístico; en cambio, produce otros naturales, que sin estudiar tanto, de pronto dan con la forma, que puede vencer incluso a la computadora. ¿Cómo? Por intuición. La intuición no es más que una razón que avanza fulminante

-Porque la intuición hace que una persona, en una ojeada, vea las posibilidades de las blancas y las negras en una posición determinada. -Que es lo que dijo Kasparov: que gracias a eso había superado a Deep Blue (Azul Profundo o Abismo Azul), por la intuición. Porque la intuición es humana: Las computadoras tienen lógica y análisis pero no intuición. La intuición es humana, no técnica. -Eso es. Mira, y aquí te va ya. Porque esto sí lo llevo pensando hace mucho y se liga con algo que estuve hablando con Juan José Doñán, hace dos días. Y dije: mira, todos los juegos de mesa, todas las ocurrencias humanas son posibles. Tú puedes tomar parte en un torneo de dominó, y te das cuenta si tienes un buen compañero, y los demás son buenos también y todo, en un dos por tres averiguan qué fichas tiene cada uno en la mano. Entonces, el dominó viene a ser un juego posible. En su nombre mismo lo lleva: viene de domino. Dominar: nosotros dominamos porque llevábamos los seises; yo sabía que el tres iba a dominar primero para que entrara el penúltimo seis y no se ahorcara la mula, porque yo tengo el seis de cierre. Es lógico. 5


Todos los juegos que ha inventado el hombre, no digamos el backgammon, que se juega con dados; todos los juegos de naipes son posibles. El ajedrez es el único juego que es imposible, y por eso señalé con índice de fuego a Juan José Doñán, porque estábamos conversando para dizque una entrevista, y le decía: a mí no me interesan más que los poetas imposibles; porque, aunque yo haya dejado de escribir en verso, y también en prosa, sigo creyendo en todas las cosas que podría hacer si me pusiera a hacerlas. Yo tengo por ahí unos sonetos que escribí, buenos sonetos, pero posibles. En cambio, Quevedo, por ejemplo, llega a momentos en que construye versos imposibles. Y el ajedrez es la única ocurrencia humana que queda fuera del alcance del ser humano. Las máquinas están ayudando a entender otra vez, puesto que la computadora es una nueva imagen del ser humano. El hombre se ha retratado, pero sólo en parte; así como las cámaras fotográficas y cinematográficas pueden mejorar ciertos aspectos de la visión de los objetos y de la captación de la luz, pero no superar nunca la posibilidad de una ojeada. Entonces el ajedrez tiene esta maravilla: el ajedrez ha producido jugadores espléndidos, inteligentísimos, que casi dan la idea del genio ajedrecístico; en cambio, produce otros naturales, que sin estudiar tanto, de pronto dan con la forma, que puede vencer incluso a la computadora. ¿Cómo? Por intuición. La intuición no es más que una razón que avanza fulminante, mientras que la razón razonante, por más kantiana que sea, o aristotélica que pueda, va paso a paso, se dirige hacia las cosas. El mismo Descartes es un lento caminar hacia la cosa; y de pronto Bergson, para citar un caso moderno, descubre que hay el brinco. Hay personas con esa habilidad extraordinaria que yo nunca he tenido: capturar un zancudo a la pasada. Eso es un juego de dedos casi de pianista. Y si uno se pone a pensar, a calcular, la curva de vuelo del zancudo, yo estoy aquí, mi mano mide tanto y el zancudo avanza tantos centímetros por segundo, yo lo voy a capturar aquí... Eso lo puede hacer un ajedrecista racional. Entonces, el ajedrez es arte, es ciencia, es deporte, es entretenimiento y es, sobre todo, misterio. ¿Por qué de pronto, les voy a decir una frase de pie de grabado del ajedrez: "Sin que sepamos cómo, Alexander Kotov va entrando insensiblemente en una posición perdida"? Esa frase... -Es una frase maravillosa... -Maravillosa... Esa frase para mí no vale nada más en el mundo del ajedrez, en mi propia vida: voy entrando, como Alexander Kotov, en una posición perdida; en qué momento perdí la partida con Luis Lizalde o con Bobby Fischer,1 y en qué momento se me fue de las manos y de la presencia la mujer más amada; con ella fui entrando insensiblemente en una posición perdida, y me mandó pero completamente directo, no voy a decir que por un tubo cualquiera, sino por un tubo de cañón de bronce, y me disparó a la soledad más estancada, allá donde cae una bala de cañón en una llanura. ¿Qué hace ya sin poder levantarse una pobre bala de cañón? ¿Y por qué fue entrando uno insensiblemente en una posición perdida? ¿Cuándo fue que fui quedando por debajo de la situación, fuera del alcance? Y la persona se va, como la posición. -Como esa otra frase: "Perdí una partida ganada." -¡Sí, es la frase de todos los torneos! Ése es el misterio. 6


Acabo de conseguir, en un puesto de periódicos, aquí en Guadalajara, la semana pasada, un número de la revista Ocho por ocho, que se hace en España, donde viene una hermosa partida que ganó Hjartarson, un joven noruego, y con ella el Torneo de Linares. Hjartarson, que tiene altibajos... -Lo conozco. Lo vi jugar en México, en 1981, en el XX Campeonato Mundial Juvenil. -¿Tú lo conoces? Es muy joven... -De mi edad, más o menos. -Es de tu edad, sí, y empezó ya a sonar fuerte desde hace unos seis o siete años. Es de la edad de estos otros prodigios que hay ahora: Short... -...Anand... -...Anand, y sobre todo estos que se me confunden, porque todos acaban con ov, como el que se nacionalizó español después de ir a Linares... -Shirov, y también Salov... -Shirov, Salov, y Dreiev es otro. Bueno, hay toda una serie de jugadores jóvenes de origen soviético, pues que han andado por todas partes, como el caballero del nombre siniestro, que tiene un rostro hermoso, nada más que ya se ha puesto demasiado robusto, me refiero al príncipe Yusupov, porque Yusupov era ajedrecista de la familia de Yusupov, el asesino de Rasputin, que llevaba su fama de asesino como una gloria, porque había librado al Zar, y sobre todo a la Zarina, del dominio cortesano de este personaje casi fabuloso. Pues Yusupov ya es nacionalizado alemán. Muchos de ellos se han hecho norteamericanos. Uno de los más jovencitos es Kamsky, que es siberiano, y que yo confundo a veces con Kramnik, discípulo de Kasparov y de la computadora. Ahora, Kasparov perdió una partida con el Abismo azul, que es una creación que significa inversión multimillonaria para la IBM. ¿Ustedes saben por qué ha progresado la IBM y por qué se han hecho los viajes espaciales y por qué surgió la computadora -que tiene ese nombre espantoso en lengua castellana, en España no, en México, por la palabra inglesa traducida de mala manera y sin pensar que estaban creando un verbo que nadie es capaz de conjugar? Esos aparatos se llaman "ordenadores", porque es la palabra más auténtica; las computadoras lo que hacen es ordenar, poner en orden los datos que se les suministran, clasificarlos y ponerlos al alcance de la yema de nuestro dedo, para que aparezca en la pantalla lo que estábamos buscando. Muy bien, la IBM dijo, guiándose de lo que ocurrió, para que vean que no miento o estoy exagerando: el origen del progreso de la ciencia en los últimos 50 años se debe al ajedrez, porque hubo ajedrecistas, como Botvinnik, que fue ingeniero eléctrico primero y electrónico después, y fue uno de los que estaban creando en los países soviéticos, en unión científica con los hombres de Alemania, de Francia y de Estados Unidos y de Inglaterra, esa especie de máquina de pensar. Blas Pascal llegó a construir físicamente la máquina de pensar, que era una especie de precalculadora, pero que ya abreviaba procedimientos mentales, los hacía más fáciles 7


y les daba una categoría manual, que hacía sentirse al hombre pues muy dueño de manejar entidades metafísicas de manera física. Y al hablar de entidades metafísicas me refiero sencillamente a los números, que aún cuando los escribimos en el papel siguen siendo metafísica. Y lo primero que se le ocurrió al primer hombre que tuvo enfrente la primera posibilidad de una computadora, de un ordenador, fue proponerle un problema de ajedrez. Entonces, cuando se pusieron a trabajar en todas partes del mundo, y esto lo digo sin exageración ninguna, ya Enrico Fermi, en Italia, ya Niels Bohr, Planck, y los demás, habían pensado cómo podrían hacer realidad lo que fue una ficción, lo que fue un sueño y lo que fue casi una estafa, que era la máquina de jugar al ajedrez. Para terminar ya está plática, porque yo estoy cansado, y no he dejado casi hablar a Nacho, les quiero decir esto: hay dos ejemplos, dos ejemplos muy sencillos, ay Dios mío, que no se me vayan a olvidar, que los tenía puestos uno junto a otro, y eran precisamente de ajedrez... Ah sí, ya los tengo aquí. Uno es de Mijail Tahl y el otro es muy anterior y es de Anderssen, no contra Kieseritzky sino contra Dufresne, una de las inmortales. Hay una cosa curiosa: Anderssen le ganó a Dufresne una partida fabulosa. Hay una frase que define la posición final así: "Y tal parece que un huracán se abatiría sobre las piezas blancas, pero en ese momento, el genial Anderssen concibela combinación más bella de todos los tiempos." Además, qué buena frase literariamente. Saben cuántos años pasaron, cien años, para que una persona demostrara que las negras no perderían si hubieran hecho esta jugada. Cien años, cuando la partida puede durar cuando mucho unas horas. Mijail Tahl, cuando le tocó, a los 22 años de edad, retar a Mijail Botvinnik, que estaba en la flor de la edad, como en los 40 años, de pronto Mijail Tahl hace frente al campeón del mundo con un sacrificio de caballo, dice caballo por peón, se come un peón, y Botvinnik tarda 35 minutos para decidir si se puede comer el caballo o no. Decide comérselo, y pierde. Entonces se armó, en la Unión Soviética primero, a partir de Moscú, toda una pelea de ajedrecistas. El sacrificio de Tahl es bueno, y otro ejército que decía, el sacrificio de Tahl es malo. Y nadie podía demostrarlo. Pero vino un teórico, analista, siempre lo confundo con Koblenz, que fue asesinado, pero éste creo que se llama Goldberg, que después de una semana descubrió que el sacrificio de Tahl era falso: que si Botvinnik, en vez de apantallarse, se come el caballo pero juega correcto, le gana la partida a Tahl y conserva el campeonatodel mundo. Y entonces le dicen a Tahl, Koblenz: tu sacrificio fue falso. Claro que mi sacrificio es falso, dijo Tahl, pero yo estaba jugando una partida real: Botvinnik no tenía más que 35 minutos para pensar. Ustedes llevan una semana pensando y dan con la clave, pero yo estaba frente a un hombre que no contaba más que con 35 minutos cuando mucho, y en 35 minutos ninguno de ustedes podía haber resuelto cuál era la jugada. Y ya con esta me despido, por mi parte, pero fíjate una cosa: que el ajedrez es imposible, y las dos anécdotas que acabo de referir confirman que el ajedrez está más allá de la posibilidad humana. Hay una jugada, ojalá y tú conozcas la partida, claro que la conoces, y si no la vemos ahorita en mi casa, porque quiero que vengas a donde vivimos para que sepas el camino... Un maravilloso escritor de ajedrez, Francis Lelioné, la ha llamado "La jugada más bella de todos los 8


tiempos", o "La posición más bella de todos los tiempos". Fue la de Akiba Rubinstein contra Rotlewi, el húngaro. Si no la conoces...

La partida terminó con los siguientes movimientos: 1... TxC, 2. PxD, T7D, 3. DxT, AxA+, 4. D2C, T6T.

-No la recuerdo... -Ah, pues te la voy a dar a conocer: viene en una serie de antologías. Como cuando en otra célebre anécdota, en Alemania, Bardeleben, jugando contra Steinitz, se levanta del tablero, y ya había terminado las partidas, era torneo, y lo que pasa con los zopilotes, que se ponen a comer los restos de las partidas muertas... -Eso es muy bueno. -Así les decía yo en los torneos: los zopilotes que van a devorar restos de partidas muertas. Entonces resulta esto: Bardeleben se levantó y se fue sin despedirse, abandonó la partida y le faltó la cortesía de decir: "me rindo", "me voy"; se fue. Steinitz estaba clavado en el tablero. Y uno de los que estaban ahí le dijo: "¿Usted sabe por qué se fue Bardeleben?". Dijo Steinitz: "No." "Porque usted le da mate en 10 jugadas, irremediable", que es una de las posiciones más increíbles que se han dado en el ajedrez, ¿no? Y Steinitz dice: "No, yo sabía que debía seguir jugando, pero no me di cuenta de que Bardeleben vio que estaba perdido."

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La partida terminó con los siguientes movimientos: 1. TxC+ R1A, 2. T7A+ R1C, 3. TC7+ R1T, 4. T7T+

-Pero de todas formas, ¿por qué no se despidió Bardeleben? -Porque estaba furibundo. La posición es tal, es tan horrible, es una de las posiciones más dramáticas de la historia del ajedrez. Y la última que les iba a decir era del compañero Akiba Rubinstein. De pronto alguien dijo: "Es imposible que AkibaRubinstein haya visto esta combinación." Entonces los llamaron, ahí los jueces del torneo y de todo, porque fueron acusados en periódico y en revista ajedrecística de que se habían puesto de acuerdo. Y Rotlewi dijo: "¡Pero no, me ganó totalmente!" Y fueron con Akiba Rubinstein y les dijo: "Yo soy capaz de retirarme del ajedrez si pueden creer que yo fragí¼é en compañía de Rotlewi una combinación y le pagué porque se dejara hacerla." Es tan increíble, que decían: "es imposible que un ser humano llegue a esta concepción". -Ya por último: el ajedrez puede crear rivalidades que son enemistades, como la de Karpov y Kasparov, que francamente se detestan. Pero también puede crear vínculos profundos, sobre todo entre amigos que rutinariamente lo juegan. Quisiera que Juan José Arreola mencionara a algunos más de sus rivales amistosos, como Jaime Sabines... -Bueno con Jaime Sabines lo que pasa es que él me ganó más partidas de las que yo le gané. Pero resulta una cosa: bebíamos jugando y Jaime tuvo una resistencia veinte veces superior a la mía. Cuando jugábamos tres partidas, de dos o tres horas cada una, y yo entonces todavía podía beber alguna bebida más fuerte, un cognac o un brandy, ya en esos momentos sí me ganaba Jaime. Yo también le llegué a ganar y Jaime sabía que éramos de hecho de la misma fuerza. Lo que pasa es que Jaime tenía mayor resistencia, no para jugar ajedrez sino para beber y jugar.

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(Enseguida, pasa Arreola a hacer un inventario fascinante de ajedrecistas tramposos, coyotescos, de esos "que mueven caballos como helicópteros". Entretanto, logró canjear su peón dama aislado, y después de otra serie de cambios de piezas quedamos con dos torres, alfil y cuatro peones por bando. Acordamos tablas. El match continúa en su casa y, si no el azar o la suerte, "el misterio" me favorece ante un Juan José Arreola que ha tenido una jornada victoriosa pero agotadora de revisiones médicas, redacción de prólogos y oficio verbal.) -Pero ya ves, lo que tú decías del descanso en el ajedrez: ahora, gracias a las partidas que jugamos, voy a poder dormir bien. (Y nos despedimos con el lema de la Federación Internacional de Ajedrez: "Gens una summus": "Somos una familia".)

Agradezco al Museo Regional de Guadalajara, especialmente a su director, Carlos Beltrán, y al escritor Juan José Doñán, anfitrión infatigable, la generosa invitación que me hicieron para acompañar a Juan José Arreola en la inauguración del ciclo "Conversaciones en capilla", el martes 23 de abril pasado, en la ciudad de Guadalajara. Lo que aquí transcribo es sólo un fragmento de la brillante disertación de Arreola. 1 Arreola participó en una sesión de simultáneas que dio el ex campeón mundial Robert Fischer en México, en casa del aficionado Alfredo Checa, a principios de los ochenta. También participó el Gran Maestro Internacional mexicano Marcel Sisniega. Fischer ganó todas las partidas. http://www.jornada.unam.mx/1996/08/11/sem-arreola.html

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La Jornada Semanal, 11 de agosto de 1996

Carlos Torre: un Lushin mexicano Luis Ignacio Helguera Carlos Torre es una de las figuras más enigmáticas del ajedrez. Aprendió a jugar por su cuenta en Mérida, obtuvo el quinto lugar en el Torneo Internacional de Moscú, regresó a su tierra y perdió la facultad de jugar ajedrez de alto nivel. ¿Qué ocurrió con quien acaso sea el talento más original de nuestro ajedrez? Luis Ignacio Helguera se acerca al enigma llamado Carlos Torre.

"El campeón de ajedrez de Londres en 1910 y cinco veces campeón de la Western Chess Association de Estados Unidos, el maestro Edward Lasker, ofrecerá el próximo 18 de noviembre [de 1922], a las 14:15 horas, una partida de exhibición contra el joven cajero de la Zapatería Pokorny. ¡No falte usted!" Algo así debió decir el anuncio publicado en la prensa de Nueva Orleáns que atrajo numerosos espectadores para el enfrentamiento entre Lasker (ojo: no Emanuel, subcampeón mundial de entonces, sino Edward) y el mexicano Carlos Torre, que apenas iba a cumplir los 18 años y, ya recibido como contador, despachaba, taciturno, en la caja de aquella tienda, de la que no es improbable que salieran acrobáticos zapatos de tap dancing. Carlos Torre Repetto había nacido en Mérida, Yucatán, el 29 de noviembre de 1904, y aprendido ajedrez muy pronto con su padre, Egidio Torre, y sus hermanos mayores, Raúl y Egidio, según refiere su primo Gilberto Repetto Milán en el documento biográfico, inédito y muy valioso, Torre y sus contemporáneos.La trágica carrera del más grande ajedrecista mexicano (Minatitlán, 1964). "Altibajos de la fortuna -cuenta Gilberto Repetto- forzaron a don Egidio a emigrar junto con su familia a los Estados Unidos, radicándose en Nueva Orleáns en 1916. Ya para esa época derrotaba Carlos con facilidad a sus padres y hermanos." La misma suerte fueron corriendo los mejores jugadores de Nueva Orleáns, concentrados en el Chess, Checkers and Whist Club, 12


doblegados uno tras otro por este Morphy yucateco, "joven pequeño, de piel morena, delgado, muy cortés, callado y serio para su edad", al decir de Edwin Z. Adams, quien, por cierto, en 1920 le ganó a su protegido mexicano una memorable partida con sacrificio ostinato de dama. Por eso, cuando se pensó en oponer al visitante Edward Lasker al ajedrecista más fuerte de Nueva Orleáns, todos miraron, como un solo jugador, a la caja registradora de la Zapatería Pokorny. La partida, en que tuvo ventaja Torre, terminó en tablas. Este duelo marcó el inicio de la meteórica carrera de Torre, que, experto ya en partidas rápidas -"ping-pong"- y en exhibiciones de simultáneas, cosechó pronto laureles aún más espectaculares: Campeón de Nueva Orleáns en 1923, Campeón del Estado de Nueva York en 1924 y Campeón del célebre Torneo de la Western Chess Association (Detroit, 1924). Para 1925, el segundo ajedrecista más fuerte de los Estados Unidos, después del alegre fumador de puros Frank J. Marshall (1877-1944), campeón indiscutible de su país de 1909 a 1936, no era un norteamericano sino un mexicano de 20 años: Carlos Torre. No es de extrañar entonces que fueran ellos dos los representantes de Estados Unidos en el gran Torneo Internacional de Baden-Baden (marzo-abril de 1925), ganado por Alekhine, con quien Torre hizo tablas. Colocándose a media tabla, arriba de luminarias como Reti o Tarrasch, Torre, fue invitado al Torneo Internacional de Marienbad (mayo-junio, 1925), donde alcanzó el tercer lugar, empatado con Marshall, abajo de Rubinstein y Nimzovitch. En el Torneo de Moscú (noviembre-diciembre, 1925), uno de los más fuertes de la historia, Torre, que lidereó la competencia hasta pocas rondas antes del final, quedó en quinto lugar, empatado con Tartakower, abajo de Bogoljubow, Lasker, Capablanca y Marshall. Entre sus logros más brillantes están sus tablas con Capablanca, sus triunfos sobre Marshall, Saemisch o Loewenfisch, y, sobre todo, un autorregalo de cumpleaños número21: derrotar a Lasker con sacrificio de dama. Las últimas victorias importantes de Torre fueron el primer lugar del Campeonato de la República Mexicana (junio, 1926), tras un breve viaje a su país natal, y el tercero en el Torneo de Chicago (agosto-septiembre de 1926). A setenta años de distancia, las hazañas de Torre siguen siendo las máximas del ajedrez mexicano. En su estilo de juego había toda la luz de Mérida. ¿Qué sucedió después? "Después de terminar el Torneo de Chicago -contó Torre en una entrevista de 1928, exhumada por Hugo Vargas-, un grupo de amigos me invitó a Nueva York. Fuimos a un bar de la Calle 115, donde estuvimos bebiendo algunas copas. Ése fue mi último momento lúcido; después ya no recordé nada, hasta que me encontré en el barco para venir a Yucatán. [...] Todo esto ha sido la causa de mi enfermedad: tanto trabajo y problemas de distinto orden hicieron que todo se revolviera en mi cabeza." Con el esfuerzo mental desplegado en los durísimos torneos consecutivos de 1925 y 1926, el joven de 21 años se había sobrepasado a sí mismo. Antes de cumplir los 22, tuvo que retirarse del ajedrez profesional: las tensiones que le provocaba una partida seria desembocarían fácilmente en crisis nerviosas de fatales consecuencias. El gran tablero del mundo esperó en vano el una y otra vez anunciado regreso del astro yucateco: consagrado como excelente comentarista de partidas y pedagogo tutelar de ajedrecistas mexicanos, tuvo que resignarse Torre al ajedrez informal y esporádico, rodeado de los cuidados de sus hermanos, todos médicos. Y aunque no volvió a contender, en 1977 la Federación Internacional de Ajedrez le reconoció, de modo retroactivo y casi póstumo, el título máximo de Gran Maestro 13


Internacional. Un año después, el 19 de marzo de 1978, falleció el maestro Torre. Alekhine murió en un cuarto de hotel frente a un tablero de ajedrez; Capablanca perdió el sentido, para ya no recobrarlo, mientras presenciaba una partida; Zukertort y otros murieron jugando. Torre murió lejos del tablero, en la prohibición del juego. De todas, ésta es la muerte más dramática de un ajedrecista. Aún más trágico resulta el extraño eclipse de Torre cuando comprobamos que sólo nació para el ajedrez, que su vida era el ajedrez, ese alcohol algebraico que en su formidable abstracción refleja las luchas concretas de la vida. Asexuado, introvertido, frío en su humildad y en su afabilidad yucateca, Torre leía -como Lasker- sobre filosofía y matemáticas, dominios de la pura abstracción, como el ajedrez. Un buen amigo de Torre, Rodolfo Ruz Menéndez, le dijo a Juan Villoro: "Todas las tardes iba a la casa a comer un pan dulce y tomar una taza de café, con eso se conformaba. Si iba a un restaurante le decía a la mesera: 'tráigame lo que quiera, yo no puedo escoger porque soy budista'.[...] Hablaba de un modo sibilino" (Palmeras de la brisa rápida). Tres años después del ensombrecimiento de Torre, en 1929, un exacto contemporáneo suyo, Vladimir Nabokov (1899-1977), sin conocer el caso de Torre creo yo, escribió su espléndida novela La defensa, en que el protagonista, el genial ajedrecista Lushin, víctima de una crisis nerviosa, se ve obligado a abandonar el juego, que constituye el único sentido de su existencia. Torre y Lushin: dos desadaptados conmovedores; dos seres torpes y opacos en la existencia y únicos y deslumbrantes en el ajedrez; dos jugadores que creen en la realidad del juego y descreen de las ensoñaciones de la realidad; dos mentes que sólo se iluminan en los laberintos del tablero para precipitarse finalmente en sus abismales tinieblas. En rigor, las vidas de Torre y Lushin terminan cuando se les prohibe médicamente su única razón de existir, cuando se les obliga a abandonar la partida, a doblar el rey ante una pasión demasiado poderosa.Oportunamente había sentenciado Chaucer sobre el ajedrez: "Se los advierto: no se trata de un juego de niños." http://www.jornada.unam.mx/1996/08/11/sem-helguera.html

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Luis Ignacio Helguera en La Jornada Semanal