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Mahmud Darwish

PASAJARO ENTRE PALABRAS FUGACES ANTOLOGÍA POÉTICA


Poeta palestino nacido en Birwa, Galilea. Considerado no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda, ha vivido en algunos países europeos, en Egipto y en Beirut, donde dirigió una revista y fue uno de los miembros más destacados del Centro de Investigaciones Palestinas. Entre su obra destacan los libros de poesía, Pájaros sin alas (1962), su primer poemario, extraordinariamente lírico y muy influido por la poesía árabe clásica; Hojas de olivo (1964), Enamorado de Palestina (1966), El fin de la noche... es día (1968), Diario de una herida palestina (1969), Mi amada se despierta (1969), Los pájaros mueren en Galilea (1971), Amarte o no amarte (1972), Tentativa número 7 (1974), Esa es su imagen y éste es el suicido del enamorado (1975), Elogio de la alta sombra (1983), Menos rosas (1986), Once astros (1992), ¿Por qué has dejado el caballo solo? (1995), El lecho de una extraña (1999) y Mural (2000); y los libros en prosa, Algo sobre la patria (1971), Diario de la tristeza corriente (1973) y Adiós, guerra, Adiós, paz (1974). Influido por los poetas occidentales, Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda, García Lorca y T. S. Eliot, desde 1996 vivió en Ramalla, donde dirigió la prestigiosa revista literaria Al-Karmel. Dueño de una sugestiva prosa, semi-autobiográfica, extraordinariamente fluida, sencilla y reflexiva, quizá fue el poeta más dotado, representativo y prestigioso de la Resistencia palestina.


PARA NUESTRA PATRIA Para nuestra patria, Próxima a la palabra divina, Un techo de nubes. Para nuestra patria, Lejana de las cualidades del nombre, Un mapa de ausencia. Para nuestra patria, Pequeña cual grano de sésamo, Un horizonte celeste... y un abismo oculto. Para nuestra patria, Pobre cual ala de perdiz, Libros sagrados... y una herida en la identidad. Para nuestra patria, Con colinas cercadas y desgarradas, Las emboscadas del nuevo pasado. Para nuestra patria cautiva, La libertad de morir consumida de amor. Piedra preciosa en su noche sangrienta, Nuestra patria resplandece a lo lejos E ilumina su entorno... Pero nosotros en ella Nos ahogamos sin cesar. LA NIÑA / EL GRITO En la playa hay una niña, la niña tiene familia Y la familia una casa. La casa tiene dos ventanas y una puerta... En el mar, un acorazado se divierte cazando a los que caminan Por la playa: cuatro, cinco, siete Caen sobre la arena. La niña se salva por poco, Gracias a una mano de niebla, Una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre! ¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros.


El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible, No responde. Sangre en las palmeras, sangre en las nubes. La lleva en volandas la voz más alta y más lejana de La playa. Grita en la noche desierta. No hay eco en el eco. Convierte el grito eterno en noticia Rápida que deja de ser noticia cuando Los aviones regresan para bombardear una casa Con dos ventanas y una puerta. Ramala, agosto del 2006. EL JARDÍN DORMIDO Cuando el sueño la abrazó, yo robé mi mano, Cubrí sus sueños, Vi la miel ocultarse tras sus párpados, Recé por dos piernas milagrosas, Me incliné sobre los latidos de su corazón, Vi trigo sobre mármol y sueño. Una gota de mi sangre lloró, Temblé... El jardín duerme en mi lecho. Fui hacia la puerta Sin volverme hacia mi alma dormida, Oí el tintineo antiguo de sus pasos y las campanas de mi corazón. Fui hacia la puerta - la llave está en su bolso y ella duerme como un ángel después del amor-. Noche sobre lluvia en la calle y ningún ruido Salvo los latidos de su corazón y la lluvia. Fui hacia la puerta. Se abre,


Salgo. Se cierra, Mi sombra se desliza tras de mí. ¿Por qué digo adiós? Desde ahora soy extraño a los recuerdos y a mi casa. Bajé las escaleras. Ni un ruido, Salvo los latidos de su corazón, la lluvia Y mis pasos sobre la escalera que desciende Desde sus manos al deseo de viajar. Llegué al árbol. Allí, ella me abrazó, Allí me golpearon los rayos de plata y clavel, Allí comenzaba su universo, Allí se terminaba. Me detuve unos instantes hechos de azucenas y de invierno, Me marché, Dudé, Luego me marché. Recogí mis pasos y mi recuerdo salado Y me marché en mi compañía. Ni despedida ni árbol. Los deseos se han dormido tras las ventanas, Todas las historias de amor Y todas las traiciones se han dormido tras las ventanas, Y la policía secreta también... Rita duerme... duerme y despierta sus sueños. Por la mañana recogerá su beso Y sus días, Luego preparará mi café árabe Y su café con leche. Me preguntará, por milésima vez, por nuestro amor Y responderé: Soy el mártir de las manos que, Cada mañana, me preparan el café. Rita duerme... duerme y despierta sus sueños. ¿Nos casaremos? Sí.


¿Cuándo? Cuando crezcan violetas En las gorras de los soldados. He recorrido las calles, el edificio de correos, Los cafés de las aceras, los clubes nocturnos Y las ventanillas de venta de billetes. Te amo, Rita. Te amo. Duerme, yo parto Sin motivo, como los pájaros violentos, yo parto Sin motivo, como los vientos débiles, yo parto. Te amo, Rita. Te amo. Duerme. Dentro de trece inviernos preguntaré: ¿Todavía duermes o te has despertado? ¡Rita! Te amo, Rita, te amo... MOSCAS VERDES El espectáculo es eso. Espada y vena. Un soñador incapaz de ver más allá del horizonte. Hoy es mejor que mañana pero los muertos son los que Se renovarán y nacerán cada día Y cuando intenten dormir, los conducirá la matanza De su letargo hacia un sueño sin sueños. No importa El número. Nadie pide ayuda a nadie. Las voces buscan Palabras en el desierto y responde el eco Claro, herido: No hay nadie. Pero alguien dice: “El asesino tiene derecho a defender la intuición del muerto”. Los muertos exclaman: “La víctima tiene derecho a defender su derecho a gritar”. Se eleva la llamada a la oración desde el tiempo de la oración a los féretros uniformes: ataúdes levantados deprisa, enterrados deprisa... no hay tiempo para completar los ritos: otros muertos llegan apresuradamente de otros ataques, solos o en grupos... una familia no deja atrás huérfanos ni hijos muertos. El cielo es gris plomizo y el mar es azul grisáceo, pero


el color de la sangre lo ha eclipsado de la cámara un enjambre de moscas verdes. Ramala, agosto del 2006. RECUERDO A SAYYAB Recuerdo a Sayyab gritando en vano en el Golfo: “¡Iraq, Iraq, nada más que Iraq...!”. Y sólo le respondía el eco. Recuerdo a Sayyab: en este espacio sumerio, una mujer venció la esterilidad de la niebla y nos legó la tierra y el exilio. Recuerdo a Sayyab... la poesía nace en Iraq: sé iraquí, amigo, si quieres ser poeta. Recuerdo a Sayyab: no halló la vida que Imaginaba entre el Tigris y el Éufrates, por eso no pensó, como Gilgamesh, en las hierbas de la eternidad ni en la resurrección... Recuerdo a Sayyab: tomó el código de Hammurabi Para cubrir su desnudez Y marchó, místico, hacia su tumba. Recuerdo a Sayyab cuando, febril, Deliro: mis hermanos preparaban la cena Al ejército de Hulagu porque no tenía más siervos que... ¡mis hermanos! Recuerdo a Sayyab: no habíamos soñado con un néctar que no merecieran las abejas, ni con más que dos pequeñas manos saludando nuestra ausencia. Recuerdo a Sayyab: herreros muertos se levantan de las tumbas para forjar nuestros grilletes. Recuerdo a Sayyab: la poesía es experiencia Y exilio: hermanos gemelos. Y nosotros sólo soñábamos con una vida semejante a la vida y con morir a nuestra manera. “Iraq, Iraq. Nada más que Iraq...”. A MI MADRE Añoro el pan de mi madre,


El café de mi madre, Las caricias de mi madre... Día a día, La infancia crece en mí Y deseo vivir porque Si muero, sentiré Vergüenza de las lágrimas de mi madre. Si algún día regreso, tórname en Adorno de tus pestañas, Cubre mis huesos con hierba Purificada con el agua bendita de tus tobillos Y átame con un mechón de tu cabello O con un hilo del borde de tu vestido... Tal vez me convierta en un dios, Sí, en un dios, Si logro tocar el fondo de tu corazón. Si regreso. Tórname en Leña de tu fuego encendido O en cuerda de tender en la azotea de tu casa Porque no puedo sostenerme Sin tu oración cotidiana. He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia Para que pueda emprender Con los pájaros pequeños El camino de regreso Al nido donde tú aguardas. LA CÁRCEL Ha cambiado mi dirección, el horario de mis comidas, mi ración de tabaco, me ha cambiado el color de la ropa, la cara, la figura, y hasta la luna -tan querida aquíes más grande y dulce que nunca. El olor de la tierra: perfume; el sabor de la naturaleza:azúcar. Como estar en la azotea de mi vieja casa


y que una estrella nueva se clavase en mis ojos. EL CIPRÉS SE HA TRONCHADO El ciprés se ha tronchado cual alminar Y se ha dormido De camino a la austeridad de su sombra, Verde, oscura, Tal cual. Nadie sufre ningún mal. Los coches han pasado, rápidos, sobre sus ramas. El polvo ha cubierto los cristales... El ciprés se ha tronchado pero La paloma no ha dejado su nido público En una casa vecina. Dos pájaros migratorios han volado sobre sus alrededores Y se han intercambiado algunos símbolos. Una mujer ha preguntado a su vecina: ¿Has visto pasar una tempestad? Ella ha respondido: no, ni una apisonadora... El ciprés se ha tronchado. Los que han pasado por sus ruinas han dicho: Tal vez se haya cansado del descuido, O esté caduco porque es grande cual jirafa, Tan vacío de sentido como una escoba, Y no da sombra a los enamorados. Un niño ha dicho: yo lo he dibujado perfectamente, Su silueta es fácil. Una niña ha dicho: El cielo hoy está incompleto porque el ciprés se ha tronchado. Un joven ha dicho: el cielo hoy está completo Porque el ciprés se ha tronchado. Y yo me he dicho: No hay misterio ni evidencia, El ciprés se ha tronchado, eso es todo, El ciprés se ha tronchado. TENGO LA SABIDURÍA DEL CONDENADO A MUERTE Tengo la sabiduría del condenado a muerte: No tengo cosas que me posean. He escrito mi testamento con mi sangre: “¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”.


He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana... He soñado que el corazón de la tierra era mayor que Su mapa Y más claro que sus espejos y mi cadalso. He creído que una nube blanca me Ascendía, Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas. Y al alba, la llamada del sereno Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje: Vivirás en otro cadáver. Modifica tu último testamento. Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución. ¿Hasta cuándo?, pregunto. Esperaré a que mueras más. No tengo cosas que me posean, respondo, He escrito mi testamento con mi sangre: “¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!” Y yo, aunque fuera el último, Encontraría las palabras suficientes... Cada poema es un cuadro. Pintaré ahora para las golondrinas El mapa de la primavera, para los que pasan por la acera, el azufaifo y para las mujeres el lapislázuli... El camino me llevará Y yo le llevaré a hombros Hasta que las cosas recobren su imagen Verdadera, Luego oiré lo genuino: Cada poema es una madre Que busca a su hijo en las nubes, Cerca del pozo de agua. “Hijo, te daré el relevo. Estoy encinta”. Cada poema es un sueño. He soñado que soñaba. Me llevará y le llevaré Hasta que escriba la última línea En el mármol de la tumba: “Me he dormido para volar”. Y llevaré al Mesías zapatos de invierno


Para que camine como los demás Desde lo alto de la montaña hasta el lago. PASAJEROS ENTRE PALABRAS FUGACES Pasajeros entre palabras fugaces: Cargad con vuestros nombres y marchaos, Quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos, Tomad lo que queráis del azul del mar Y de la arena del recuerdo, Tomad todas las fotos que queráis para saber Lo que nunca sabréis: Cómo las piedras de nuestra tierra Construyen el techo del cielo. Pasajeros entre palabras fugaces: Vosotros tenéis espadas, nosotros sangre, Vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne, Vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras, Vosotros tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia, Pero el cielo y el aire Son los mismos para todos. Tomad una porción de nuestra sangre y marchaos, Entrad a la fiesta, cenad y bailad... Luego marchaos Para que nosotros cuidemos las rosas de los mártires Y vivamos como queramos. Pasajeros entre palabras fugaces: Como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero No paséis entre nosotros cual insectos voladores Porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra. Tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos Y tenemos, aquí, lo que no os gusta: Piedras y pudor. Llevad el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades Y devolved el esqueleto a la abubilla En un plato de porcelana. Tenemos lo que no os gusta: el futuro Y lo que sembramos en nuestra tierra.


Pasajeros entre palabras fugaces: Amontonad vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos, Devolved las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro O al horario musical del revólver Porque aquí tenemos lo que no os gusta. Marchaos. Y tenemos lo que no os pertenece: Una patria y un pueblo desangrándose, Un país útil para el olvido y para el recuerdo. Pasajeros entre palabras fugaces: Es hora de que os marchéis. Asentaos donde queráis, pero no entre nosotros. Es hora de que os marchéis A morir donde queráis, pero no entre nosotros Porque tenemos trabajo en nuestra tierra Y aquí tenemos el pasado, La voz inicial de la vida, Y tenemos el presente y el futuro, Aquí tenemos esta vida y la otra. Marchaos de nuestra tierra, De nuestro suelo, de nuestro mar, De nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas, De todo... marchaos De los recuerdos de la memoria, Pasajeros entre palabras fugaces CUATRO DIRECCIONES PERSONALES 1. UN

METRO CUADRADO EN LA CÁRCEL

Ésta es la puerta, y detrás el paraíso del patio. Nuestras cosas, todo lo que nos pertenece se esfuma. La puerta es la puerta, puerta de la metáfora, puerta del cuento, puerta que purifica a septiembre, puerta que lleva los campos a la génesis del trigo. La puerta no tiene puerta, pero yo puedo acceder a mi salida, enamorado de lo que veo y no veo. ¿Tanta gracia y belleza en la tierra y la puerta no tiene puerta? Mi celda no ilumina más que mi interior. Que la paz sea conmigo, y paz al muro de la voz. Para alabar mi libertad he compuesto diez poemas, aquí y allí. Amo las migajas de cielo que se infiltran por el tragaluz de la


cárcel, un metro de luz donde nadan los caballos y las pequeñas cosas de mi madre, el perfume del café en su ropa cuando abre la puerta del día a sus gallinas. Amo la naturaleza entre otoño e invierno, a los hijos de nuestro carcelero y las revistas esparcidas por las aceras lejanas. He compuesto veinte canciones satíricas del lugar donde no hay espacio para nosotros. Mi libertad: ser lo contrario de lo que quieren que sea. Mi libertad: ampliar mi celda, continuar la canción de la puerta. Puerta es la puerta. La puerta no tiene puerta pero yo puedo acceder a mi interior... 2. ASIENTO

EN UN TREN

Pañuelos que no son para nosotros. Amantes del último minuto. Luces de la estación. Rosas que pierden un corazón en busca de un abrigo para la ternura. Lágrimas que traicionan a las aceras. Mitos que no son para nosotros. Desde aquí, ellos han partido. ¿Tenemos a alguien allí para que se alegre a la llegada? Lirios que no son para nosotros porque besaríamos los raíles. Viajamos en busca del vacío pero no nos gustan los trenes cuando sus estaciones son nuevos exilios. Lámparas que no son para nosotros porque veríamos a nuestro amor de pie, esperando el humo. Tren rápido que corta los lagos. Y en cada bolsillo, las llaves de una casa y la foto de una familia. Los pasajeros del tren regresan con su gente, pero nosotros no regresamos a ninguna casa. Nosotros viajamos en busca del vacío para encontrar la rectitud de las mariposas. Ventanas que no son para nosotros y saludos en todas las lenguas. ¿La tierra era más clara cuando cabalgábamos en los caballos antiguos? ¿Dónde están los caballos, las vírgenes de los cantos y los himnos de la naturaleza que estaban en nosotros? Yo estoy lejos de mi lejanía. ¡Qué lejano está el amor! Las chicas nos capturan, rápidas como ladrones de mercancías. Olvidamos las direcciones en las ventanillas de los trenes. Nosotros, que amamos diez minutos, no podemos regresar a ninguna casa familiar, no podemos atravesar el eco dos veces. 3. LA

SALA DE CUIDADOS INTENSIVOS


El viento me lleva hasta que la tierra me resulta estrecha. Tengo que volar y embridar el viento, pero no soy más que un hombre. He sentido un millón de flautas desgarrándome el pecho, he sudado hielo y he visto mi tumba en mi mano, he dado vueltas en la cama, he vomitado y me he desvanecido un momento. Estoy muerto. Antes de la muerte breve he gritado: te quiero. ¿Entraré a la muerte sobre tus pies? Estoy muerto, completamente muerto. La muerte es tranquila, no llores. La muerte es tranquila, si no fuera por tus manos golpeando mi pecho para que regrese de mi muerte. Te quiero antes y después de la muerte, pero en el intervalo, sólo he visto el rostro de mi madre. Es el corazón, que se ha perdido un momento antes de regresar. Le pregunto a mi amada: ¿En qué corazón he dado? Ella se inclina sobre mi corazón y cubre mi pregunta con sus lágrimas. ¡Ay, corazón, cómo me has mentido derribándome de mi relincho! Nos queda mucho tiempo, corazón. Ve al encuentro de la abubilla llegada de la tierra de Balquís. Hemos enviado las misivas, atravesado treinta mares, sesenta riberas y nos queda vida suficiente para ser dispersados. ¡Ay, corazón, cómo has mentido a un caballo que no se cansa de los vientos! Ve despacio para que completemos este último abrazo y nos prosternemos. Ve despacio... despacio, para que sepa si eres mi corazón o su voz cuando ella grita: tómame. 4. HABITACIÓN

DE HOTEL

Que la paz sea con el amor el día que venga, el día que muera y el día que cambie de amantes en los hoteles. ¿Qué tiene el amor que perder? Nosotros tomaremos café en la tarde del jardín. En la cena, contaremos las historias de nuestro exilio, luego nos iremos a una habitación para continuar la búsqueda, como dos extranjeros, de una noche de ternura... Dejaremos restos de palabras en dos sillas, dejaremos nuestros cigarrillos y otros vendrán para prolongar nuestra velada y el humo. Dejaremos un poco de sueño en la almohada y otros vendrán y se dormirán en nuestro sueño... ¿Cómo creer a nuestros cuerpos en los hoteles? ¿Cómo creer a nuestros


secretos? Otros vendrán y prolongarán nuestro grito en la penumbra de dos cuerpos entrelazados... Nosotros no somos más que dos números tendidos en una cama común y decimos lo que han dicho hace poco dos que han pasado por el amor. Llegan las despedidas rápidas. ¿Ha sido un encuentro breve para que olvidemos a quienes nos han amado en otros hoteles? ¿No has dicho alguna vez estas palabras desenfrenadas a otro? ¿No he dicho yo alguna vez estas palabras desenfrenadas a otra, en otro hotel o aquí, en esta cama? Daremos los mismos pasos para que vengan otros y den estos pasos... NOS FALTA UN PRESENTE Partamos tal como somos: una dama libre y su amigo fiel. Partamos juntos en dos direcciones. Partamos como somos, unidos y separados. Nada nos causa dolor, ni el divorcio de las palomas ni el frío en las manos ni el viento en torno a la iglesia. Los almendros no han florecido del todo. Sonríe para que sigan floreciendo entre las mariposas de tus hoyuelos. Dentro de poco tendremos otro presente. Si te das la vuelta no verás sino exilio tras de ti: tu dormitorio, el sauce de la plaza, el río, tras los edificios de cristal y el café de nuestras citas... todo, todo preparado para convertirse en exilio. ¡Seamos buenos! Partamos tal como somos: una mujer libre y un amigo fiel a sus flautas. No tenemos suficiente edad para envejecer juntos, ir a paso lento al cine,


ver el epílogo de la guerra entre Atenas y sus vecinos y asistir dentro de poco a la ceremonia de paz entre Roma y Cartago. Dentro de poco los pájaros emigrarán de un tiempo a otro. ¿Este camino no es más que polvo en forma de sentido? ¿Nos ha conducido en un viaje efímero entre dos mitos? ¿Es necesario y somos necesarios, como un extraño que se ve en los espejos de su extraña? "No, éste no es mi camino a mi cuerpo". "No hay soluciones culturales para las preocupaciones existenciales". "Allá donde estés, mi cielo es verdadero". "¿Quién soy yo para devolverte el sol y la luna precedentes?". Seamos buenos... Partamos tal como somos: una amante libre y su poeta. No ha caído suficiente nieve de diciembre. Sonríe y caerá como copos de algodón sobre las oraciones del cristiano. Dentro de poco regresaremos a nuestro mañana, tras nosotros, allí donde éramos dos niños al comienzo del amor jugando a Romeo y Julieta para aprender el léxico de Shakespeare... Las mariposas volaron del sueño como el espejismo de una paz rápida. Nos coronaron con dos estrellas y nos mataron en el combate por el nombre entre dos ventanas. Partamos, pues, y seamos buenos. Partamos tal como somos: una mujer libre y su amigo fiel. Partamos tal como somos. De Babilonia vinimos con el viento y hacia Babilonia vamos...


Mi viaje no es suficiente para que, sobre mis huellas, los pinos se conviertan en panegíricos del lugar meridional. Nosotros somos buenos aquí. El viento del norte es nuestro viento y meridionales son las canciones. ¿Soy yo otra tú y tú otro yo? Éste no es mi camino a la tierra de mi libertad. Éste no es mi camino a mi cuerpo y yo no seré "yo" dos veces ahora que mi pasado ha ocupado el lugar de mi mañana y me he escindido en dos mujeres. No soy oriental ni occidental. No soy un olivo que ha dado sombra a dos aleyas. Partamos, pues. "No hay soluciones colectivas para las obsesiones personales". No es suficiente que estemos juntos para estar juntos... Nos falta un presente para ver donde estamos. Partamos tal como somos, una mujer libre y su viejo amigo. Partamos juntos en dos direcciones. Partamos juntos y seamos buenos... SONATA I Si eres la última palabra que me ha dicho Dios, seamos dos en uno y dichosos ahora que los almendros se han iluminado sobre los pasos de los caminantes, aquí en tus dos riberas, y revolotean sobre ti las perdices y las palomas. Has apuñalado al cielo con el cuerno de la gacela y las palabras han fluido como rocío en las venas de la naturaleza. ¿Cuál es el nombre del poema ante la dualidad de la Creación y la Justicia, entre el cielo lejano


y el cedro de tu lecho, cuando la sangre anhela otra sangre y el mármol gime? Un mito necesitará broncearse en torno a ti. Esta hilera son las diosas de Egipto y Sumer que, bajo las palmeras, cambian su ropa y los nombres de sus días, y concluyen el viaje hacia el fin de la rima. Mi canto necesita respirar: la poesía no es poesía ni la prosa es prosa. He soñado que eres la última palabra que me ha dicho Dios cuando os he visto en sueños, y se hizo el Verbo. TU NOCHE ES DE LILAS La noche se sienta donde tú estás. Tu noche es de lilas. A veces, de los rayos de tus hoyuelos se escapa un signo que rompe la copa de vino y alumbra la claridad de las estrellas. Tu noche es tu sombra, un fragmento de tierra legendaria para igualar nuestros sueños. Yo no soy el viajero ni el residente en tu noche de lilas. Soy el que un día fue yo. Cada vez que la noche te rodea, mi corazón duda entre dos moradas: y ni el ser ni el alma se satisfacen. En nuestros cuerpos, un cielo abraza a una tierra, y toda tú eres tu noche... una noche que resplandece como la tinta de los astros. Una noche, bajo la protección de la noche, repta por mi cuerpo aletargada, cual sopor de zorros. Una noche que rezuma misterio, luminosa sobre mi lenguaje. Cuanto más se aclara, más temo el mañana en el puño de la mano. Una noche que contempla segura y tranquila su inmensidad que sólo rodean su espejo y las canciones de los antiguos pastores al verano de unos emperadores enfermos de amor. Una noche que florece en la poesía preislámica sobre los brincos de Imru Al Qays (1) y otros 1[1] El poeta más famoso de la época preislámica. Es autor de una de las casidas que componen las muallaqat (las "colgadas"), los poemas más logrados de la época que constituyen el prototipo de la


y, para los soñadores, ha ensanchado el camino de la leche hacia una luna hambrienta en los confines de las palabras... UNA NUBE DE SODOMA Después de tu noche, la noche del último invierno, la calle del mar está vacía de vigilantes y ninguna sombra me sigue, tras secarse tu noche en el sol de mi canción. ¿Quién me dirá ahora: deja el ayer y sueña con todo tu inconsciente libre? Mi libertad está ahora sentada junto a mí, conmigo, en mis rodillas, cual gato doméstico. Me mira y mira lo que me has dejado del ayer: tu chal lila, un vídeo de Bailando con lobos y un collar de jazmín en el musgo del corazón... ¿Qué hará mi libertad después de tu noche, la noche del último invierno? Una nube partió de Sodoma a Babel hace siglos, pero su poeta, Paul Celan, se ha suicidado hoy en el río de París. No me llevarás al río de nuevo. Ningún vigilante me preguntará: ¿Cómo te llamas hoy? No maldeciremos la guerra. No maldeciremos la paz. No escalaremos la tapia del jardín buscando la noche entre dos sauces y dos ventanas. No me preguntarás: ¿cuándo abrirá la paz las puertas de nuestra fortaleza a las palomas? Después de tu noche, la noche del último invierno, Los soldados han instalado su campamento en un lugar lejano, una luna blanca se ha posado en mi balcón y mi libertad y yo nos hemos sentado, en silencio, contemplando nuestra noche. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo después de tu noche, la noche del último invierno? TOMA MI CABALLO Y SACRIFÍCALO casida árabe. Según la tradición, recibieron ese nombre porque cada año los mejores se escribían con letras doradas y se colocaban en la Meca "colgados" en el templo de la Kaaba.


Tú, no mi obsesión de conquistas, eres mi boda. He dejado a mi alma y a sus parientes, tus demonios interiores, la libertad de plegarse a tus deseos. Toma mi caballo y sacrifícalo para que, cual guerrero tras la derrota, yo camine sin sueños ni emociones... Paz a la fatiga que deseas, al príncipe cautivo, al oro necesario para la celebración del verano por tus seguidores. Mil paces para ti, entera y plena con tus pretendientes, humanos o genios. Paz a lo que has hecho de ti para ti: la horquilla de tu pelo rompe mi espada y mi escudo, y el botón de tu camisa porta, en su luz, la contraseña para toda clase de pájaros. Toma mi aliento como si tomaras una guitarra que acceda a tus deseos de viento. Toda mi Andalucía está en tus manos. No descuides ninguna cuerda para defender el alma en mi Andalucía. Yo sabré, en otra época, sabré que he logrado la victoria con mi desesperación, que he encontrado mi vida, allí, fuera de ella, junto a mi pasado. Toma mi caballo y sacrifícalo, para que yo porte mi ser, vivo o muerto... SONATA V Te palpo como el violín solitario los arrabales lejanos. Lentamente, el río reclama su parte de lluvia. Un mañana que pasa por el poema se aproxima poco a poco, yo porto la tierra lejana y ella me lleva por los caminos. Sobre el caballo de tus costumbres, mi alma teje de tu sombra un cielo natural, hilo a hilo. Yo he nacido de tus actos en la tierra y de mis heridas cuando esparcen las flores de granado de tus jardines cerrados. La sangre de la noche fluye blanca del jazmín. Tu perfume


es mi debilidad y tu secreto me persigue cual picadura de serpiente. Tu pelo es una jaima de viento con colores otoñales. Camino con las palabras hasta el fin de las palabras del beduino a dos parejas de palomas. Te palpo como el violín la seda del tiempo lejano y crece, en torno nuestro, la hierba de un lugar antiguo y nuevo.

¿QUIÉN SOY YO, SIN EXILIO? Extraño como el río al borde del río...El agua me ata a tu nombre. Nada me retorna de mi lejanía a mi palmera: ni la paz ni la guerra. Nada me incorpora a los Evangelios. Nada... nada relumbra desde la costa del flujo y el reflujo entre el Tigris y el Nilo. Nada me desembarca de los navíos del faraón. Nada me porta o me hace portar una idea: ni la nostalgia ni la promesa. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer sin exilio y sin una larga noche que escrute el agua? El agua me ata a tu nombre. Nada me lleva de las mariposas de mi sueño a mi realidad: ni la tierra ni el fuego. ¿Qué hacer sin las rosas de Samarcanda? ¿Qué hacer en un lugar que pule los cantos con sus piedras lunares? Ambos somos ligeros, como nuestras casas, en los vientos lejanos. Somos amigos de los seres extraños entre las nubes... dos restos de la gravitación de la tierra de identidad. ¿Qué haremos? ¿Qué


haremos sin exilio y sin una larga noche que escrute el agua? El agua me ata a tu nombre. No queda de mí más que tú, y no queda de ti más que yo, un extraño que acaricia el muslo de su extraña. ¡Oh, extraña! ¿Qué haremos con la tranquilidad que nos queda y con una siesta entre dos mitos? Nada nos lleva: ni el camino ni la casa. ¿Este camino ha sido siempre igual, o nuestros sueños lo han cambiado tras hallar, entre los mongoles, un caballo en la colina? ¿Qué haremos? ¿Qué haremos sin exilio? LECCIONES DEL KAMASUTRA Con la copa engastada de lapislázuli la espero, junto al estanque, el agua de colonia y la tarde la espero, con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña la espero, con la elegancia del príncipe refinado y bello la espero, con siete almohadas rellenas de nubes ligeras la espero, con el fuego del penetrante incienso femenino la espero, con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos la espero. No te impacientes. Si llega tarde espérala


y si llega antes de tiempo espérala, y no asustes al pájaro posado en sus trenzas. Espérala, para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración. Espérala para que respire este aire extraño en su corazón. Espérala para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube. Espérala y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche. Espérala y ofrécele el agua antes que el vino, no mires el par de perdices dormidas en su pecho. Espérala y roza suavemente su mano cuando poses la copa en el mármol, como si le quitaras el peso del rocío. Espérala y habla con ella como la flauta con la temerosa cuerda del violín, como si fuérais dos testigos de lo que os reserva el mañana. Espérala y pule su noche anillo a anillo. Espérala hasta que la noche te diga: no quedáis más que vosotros dos en el mundo. Entonces llévala con dulzura a tu muerte deseada y espérala... UNA NUBE EN MI MANO Han ensillado los caballos sin saber por qué, pero han ensillado los caballos en la llanura. El lugar estaba preparado para su nacimiento: una colina desde los arrayanes de sus antepasados se vuelve a Oriente y Occidente. En los Libros, las hileras de olivos exaltan las caras visibles del lenguaje


y un humo de lapislázuli adorna este día para una pregunta que no concierne sino a Dios. Marzo, niño mimado de los meses. Marzo carda el algodón sobre los almendros. Marzo ofrece un banquete de malva en el patio de la iglesia. Marzo, tierra para la noche de la golondrina, para una mujer que se dispone a gritar en los desiertos y habita en los robles. Un niño nace y su grito permanece en las grietas del lugar. Nos hemos separado en las escaleras de la casa. Ellos decían: en mi grito hay una cautela que no conviene a las plantas aturdidas. En mi grito hay lluvia. ¿He perjudicado a mis hermanos cuando he dicho que he visto a los ángeles jugando con el lobo en el patio de nuestra casa? No recuerdo sus nombres, su forma de hablar ni su ligereza al volar. Mis amigos extienden las alas por la noche y no dejan ninguna huella tras de sí. ¿Le diré la verdad a mi madre? Tengo otros hermanos que ponen una luna en mi balcón y tejen un manto de margaritas. Han ensillado los caballos sin saber por qué, pero han ensillado los caballos al final de la noche. Siete espigas bastan para la mesa del verano. Siete espigas en mis manos. Y en cada espiga el campo hace crecer un trigal. Mi padre sacaba el agua de su pozo y le decía: no te seques. Me daba la mano para que me viera agrandarme cual verdolaga... Camino por el brocal del pozo: tengo dos lunas, una en lo alto y la otra en el agua, nada... tengo dos lunas seguras, como sus antepasados, de la verdad


de las leyes... Ellos han fundido el hierro de las espadas, las rejas de los arados. La espada no puede reparar lo que el verano ha estropeado, han dicho. Han rezado mucho tiempo y han cantado sus alabanzas a la naturaleza... Han ensillado los caballos para bailar la danza de los caballos en la noche de plata. Una nube en mi mano me hiere: no quiero de la tierra más que esta tierra: el olor del cardamomo y el tamo entre mi padre y el caballo. Una nube en mi mano me ha herido. No quiero del sol más que una pepita de naranja y el oro que fluye de la llamada a la oración. Han ensillado los caballos, sin saber por qué, pero han ensillado los caballos al final de la noche, y han esperado a un espectro surgiendo de las grietas del lugar. PRIMEROS EJERCICIOS SOBRE UNA GUITARRA ESPAÑOLA Dos guitarras se intercambian una moaxaja y con su sedosa desesperanza rompen el mármol de nuestra ausencia sobre nuestras puertas y hacen bailar a los robles. Dos guitarras... Una eternidad azul nos transporta, dos nubes caen en el mar, cerca de ti. Dos olas ascienden a las escaleras y lamen tus pasos, prenden la sal de las playas en mi sangre y emigran hacia las nubes de púrpura.


Dos guitarras... El agua llora, y los guijarros y el azafrán y llora el viento. "Nuestro mañana no volverá". Y la sombra llora tras la locura de un caballo tocado por una cuerda. En la estrechez de su horizonte, entre los cuchillos y el abismo, elige el arco de la flor. Dos guitarras... Una canción blanca para la morena. El tiempo se rompe. Que pase su palanquín sobre dos ejércitos: egipcio e hitita y se eleve el humo, el humo coloreado de sus atavíos sobre las ruinas. Dos guitarras... Sólo los pasos del nahawand[2] te privan de la Andalucía de la época y de la Samarcanda de antaño, cual gacela que precedió a sus funerales y voló en el soplo de las margaritas. ¡Amor! Mi mal enfermo, ¡Basta, basta! No olvides de nuevo tu tumba sobre mi caballo. Aquí, dos guitarras nos inmolarán. Dos guitarras... Dos guitarras... HELENA, QUÉ LLUVIA 2 Nota de la escala contemporánea árabe, también llamada kurd o kurdi. (N.T.).


Me encontré con Helena un martes, a las tres, la hora del interminable hastío. Pero escuchar la lluvia con una mujer como Helena es un himno al viaje. Lluvia ¡Qué nostalgia! Nostalgia del cielo por el cielo. Lluvia ¡Qué gemido! Gemido de los lobos por su raza. Lluvia sobre el techo de la sequía, la sequía dorada de los iconos de las iglesias. - ¿A qué distancia de mí está la tierra? ¿A qué distancia de ti está el amor? Le pregunta el desconocido a Helena, la vendedora de pan en una calle tan estrecha como sus medias. - No está más lejos que una palabra o una gota de lluvia. Lluvia con hambre de árboles. Lluvia con hambre de piedras. El desconocido le dice a la vendedora de pan: Helena, Helena, ¿llegará el olor de tu pan hasta una ventana, en un país lejano, para borrar las palabras de Homero? ¿Ascenderá el agua desde tus hombros hasta los árboles desecados en un poema? Ella le responde: ¡Qué lluvia! ¡Qué lluvia! El desconocido le dice a Helena: me falta un narciso para contemplar el agua, tu agua en mi cuerpo. Contempla, Helena, el agua de nuestros sueños y encontrarás a los muertos sobre tus dos riberas que tararean tu nombre: Helena, Helena, no nos dejes solos como la luna.


¡Qué lluvia! ¡Qué lluvia! El extranjero le dice a Helena: Yo luché en tus dos trincheras, y tú no eres inmune a mi sangre asiática, ni lo serás a una sangre oscura que corre por las venas de tus rosas. Helena. ¡Qué duros eran los griegos de aquella época! Y Ulises era un animal que amaba viajar en busca de su leyenda. Las palabras que no le dije a ella las he pronunciado. Y las palabras que pronuncié no se las he dicho a Helena. Pero Helena sabe lo que el extranjero no dice. Sabe lo que dice el extranjero a un perfume que se rompe bajo la lluvia. Ella le dice: La guerra de Troya jamás existió. No existió jamás. ¡Qué lluvia! ¡Qué lluvia!

NOCHE QUE SE DESBORDA DEL CUERPO Jazmín sobre las noches de julio. Canción para dos extraños que se encuentran en una calle que no lleva a ninguna parte. ¿Quién soy yo, después de estos ojos almendrados? Dice el desconocido. ¿Quién soy yo, después de tu exilio en mí? Dice la desconocida Guardémonos de remover la sal de los mares antiguos en un cuerpo que recuerda...


Ella le devuelve su cuerpo cálido y él le devuelve su cuerpo cálido. Así, los dos amantes extraños dejan su amor desordenado, como abandonan su ropa interior entre las flores de las sábanas. - Si de verdad eres mi amado, compón un Cantar de los cantares para mí y graba mi nombre en la rama de un granado, en los jardines de Babilonia. - Si me quieres de verdad, posa mi sueño entre mis manos y dile al hijo de María: Nos has hecho sufrir la misma suerte que Tú has elegido. Señor, ¿somos lo bastante justos para la existencia del mañana? - ¿Cómo me curaré del jazmín mañana? - ¿Cómo me curaré del jazmín mañana? Ellos permanecen juntos, en las sombras que se extienden por el techo de su alcoba. Ella le dice: No serás sombrío después de mis pechos. Él responde: Tus pechos son noches que iluminan lo esencial, noches que me cubren de besos. El lugar y yo estamos repletos de noches que se desbordan de la copa. Ella se ríe de su descripción. Y vuelve a reír ocultando la pendiente de la noche en su mano. - Amor mío, si pudiera ser un chico, sería tú. - Y si yo pudiera ser una chica, sería tú. Ella llora, como siempre, al regresar de un cielo color vino. Llévame, extranjero, a un país donde no posea un pájaro azul sobre un sauce. Ella llora, para cruzar sus bosques en el largo camino hacia sí misma. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy, después de tu exilio de mi cuerpo? ¡Ay de mí, de ti y de mí país!


¿Quién soy, después de estos ojos almendrados? Muéstrame mi mañana. Así, los dos amantes dejan su despedida en desorden, cual perfume de jazmín sobre las noches de julio. Cuando llega julio, el jazmín me lleva a una calle que no conduce a ninguna parte, pero yo sigo cantando: jazmín sobre las noches de julio. LA MUERTE DE FÉNIX En los himnos que cantamos hay una flauta, en la flauta que nos habita un fuego y en el fuego que encendemos un Fénix verde. En su elegía no he distinguido mi ceniza de tu polvo. Una nube de lilas basta para ocultarnos la jaima del pescador. Camina, pues, sobre las aguas como el Señor. Ella me ha dicho: El recuerdo que llevo de ti no está desierto y ya no hay enemigos para las rosas que surgen de los escombros de tu casa. Un anillo de agua rodeaba la elevada montaña y el Tiberíades era el patio trasero del primer Paraíso. Le dije: la imagen del universo se ha completado en unos ojos verdes. Ella me respondió: Oh, mi príncipe y mi cautivo,


guarda mis vinos en tus jarras. Los dos extraños que se han consumido en nosotros son esos que hace un instante han intentado matarnos, los que volverán a sus espadas dentro de poco, los que nos preguntan: ¿Quiénes sois? - Dos sombras de lo que fuimos aquí, dos nombres del trigo que crecen en el pan de las batallas. No quiero regresar ahora, como los Cruzados de mi casa. Soy todo este silencio entre los dioses y los que se inventaron un nombre. Soy la sombra que camina sobre las aguas, la escena y el testigo, el adorador y el templo en la tierra de mi asedio y del tuyo. Sé mi amado entre dos guerras en el espejo -dijo ella-. No quiero regresar ahora a la fortaleza de mi padre. Llévame a tu viña y reúneme con tu madre. Perfúmame con agua de albahaca, espárceme sobre la vasija de plata, péiname, enciérrame en la cárcel de tu nombre, mátame de amor. Cásate conmigo. Despósame por los ritos agrarios, adiéstrame en la flauta y quémame para que nazca como el Fénix, de mi fuego y del tuyo. Una forma semejaba al Fénix llorando ensangrentado antes de caer al agua cerca de la jaima del pescador. ¿De qué sirve mi espera y la tuya?


DE UN CIELO A OTRO SEMEJANTE PASAN LOS SOÑADORES Dejamos nuestra infancia a la mariposa cuando dejamos un poco de aceite en los peldaños, pero olvidamos saludar a nuestra hierbabuena, olvidamos saludar furtivamente a nuestro mañana tras nosotros. La tinta del mediodía sería blanca si no estuviera el libro de la mariposa en torno nuestro. Mariposa, fiel a ti misma, sé como quieras, antes y después de mi nostalgia. Deja que sea tu ala y que mi locura viva conmigo cálida. Mariposa, madre de ti misma, no me abandones a la suerte que me destinan. No me abandones. De un cielo a otro semejante, pasan los soñadores, séquito de la mariposa, portando espejos de agua. Nosotros podemos ser como anhelamos. De un cielo a otro semejante pasan los soñadores. La mariposa teje con la aguja de luz los atavíos de su comedia. La mariposa nace de sí misma y danza en el fuego de su tragedia. Mitad Fénix. Lo que le ha rozado nos roza. Una semejanza agazapada entre luz y fuego, entre dos caminos. No. Nuestro amor no es descuido ni sabiduría. Siempre así, así... así. De un cielo


a otro semejante pasan los soñadores. La mariposa es agua que ansía volar. Se escapa del sudor de las muchachas y crece en la nube de los recuerdos. La mariposa no declama el poema, es tan ligera que rompe las palabras como rompen los sueños los soñadores. Que esté. Que nuestro mañana esté con nosotros y también nuestro pasado. Que nuestro hoy esté presente en el banquete de este día, preparado para la fiesta de la mariposa. Y los soñadores pasan sanos y salvos de un cielo a otro semejante. De un cielo a otro semejante, pasan los soñadores. LAS ENSEÑANZAS DE HURIYYA[3] I Un día pensé en partir. Un jilguero se posó en mi mano y se durmió. Me bastaba con acariciar el pámpano de una parra, deprisa, para que ella supiera que mi copa estaba llena, acostarme temprano para que ella viera mi sueño y prolongara su noche para velarlo, que una de mis cartas llegara para que ella supiera que mi dirección había cambiado en el seno de las cárceles y que mis días revoloteaban en torno a ella y ante ella. II 3

Nombre de la madre de Mahmud Darwish.


Mi madre cuenta mis veinte dedos de lejos. Me peina con un mechón de su cabello dorado. Busca en mi ropa interior a las mujeres desconocidas y zurce mis calcetines rotos. No he crecido en sus manos como deseábamos, ella y yo. Nos separamos en la pendiente de mármol. Las nubes nos hicieron señas, a nosotros y a unas cabras que heredarán el lugar. El exilio nos crea dos lenguajes: Dialecto, para que las palomas se entiendan y guarden el recuerdo, y literal, para que explique a las sombras su sombra. III Permanezco vivo en tu océano. Tú no me has hablado como una madre a su hijo enfermo. He sufrido la luna de bronce sobre las tiendas beduinas. ¿Recuerdas el camino de nuestro exilio hacia Líbano, donde te olvidaste de mí y de la bolsa de pan? (El pan era de trigo). No grité para no despertar a los guardianes. El perfume de rocío me posó sobre tus hombros, gacela que perdió allí su albergue y su macho. IV No tienes tiempo para las palabras sentimentales. Has amasado la albahaca todo el mediodía, y para el zumaque has cocido la cresta del gallo. Sé lo que carcome tu corazón, traspasado por el pavo real, desde que te cazaron por segunda vez del Paraíso. Nuestro universo entero ha cambiado y nuestras voces se han transformado. Hasta el saludo entre nosotros ha caído sin ruido, cual botón de un traje en la arena. Dame los buenos días,


dime cualquier cosa, para que la vida me trate con ternura. V Ella es la hermana de Hayar, hermana de madre. Llora con las flautas de los difuntos que no han muerto. No hay ninguna sepultura alrededor de su jaima para que sepa cómo se entreabre el cielo, y no ve el desierto detrás de mis dedos para distinguir su jardín en el rostro del espejismo. El tiempo anciano la lleva corriendo a una broma necesaria: su padre ha volado como el circasiano en el caballo de la boda, y su madre ha preparado, sin llorar, la alheña para la otra mujer de su esposo y ha examinado su ajorca. VI Nuestros encuentros no son sino despedidas en el cruce de conversaciones. Me dice, por ejemplo: cásate con cualquier forastera, más bella que las hijas de nuestro barrio. Pero no creas a otra mujer que a mí, ni creas siempre a tus recuerdos. No te consumas para iluminar a tu madre. Ese es su hermoso deber. No anheles una cita con el rocío. Sé realista, como el cielo. No añores el manto negro de tu abuelo ni los regalos de tu abuela. Lánzate al mundo cual potro. Sé tú mismo allá donde estés. Lleva sólo el peso de tu corazón, y regresa, si tu país se extiende a todos los países y cambia de situación. VII Mi madre ilumina las últimas estrellas de Canaán en torno a mi espejo y arroja su chal en mi último poema.


LA GOLONDRINA DE LOS TÁRTAROS A la medida de mis caballos será el cielo. He soñado con lo que sucederá después del mediodía. Los tártaros avanzaban por debajo de mí y del cielo. No soñaban detrás de sus tiendas alzadas ni conocían el destino de nuestras cabras a merced del invierno próximo. A la medida de mis caballos será la tarde. Los tártaros escondían sus nombres en los tejados de las aldeas, cual golondrinas, dormían con placidez entre nuestras espigas y no soñaban con lo que sucederá después del mediodía, cuando el cielo vuelva poco a poco con los suyos por la tarde. Tenemos un solo sueño: que el viento pase como amigo y esparza el perfume del café árabe por las colinas que rodean el verano y los extraños. Yo soy mi sueño. Cada vez que la tierra se estrecha la agrando con un ala de golondrina y me agrando. Yo soy mi sueño. En la muchedumbre me he llenado con el espejo de mi alma y mis preguntas sobre los astros que pasan sobre los pies de los que amo. En mi soledad hay caminos para los peregrinos hacia la Jerusalén de las palabras, arrancadas como plumas de las piedras. ¿Cuántos profetas necesita la ciudad para que retenga el nombre de su padre y se arrepienta: "He caído sin combatir"? ¿Cuántos cielos se cambiarán en cada pueblo para que su chal carmesí le complazca? No nos mires así. No seas el último mártir. Temo por mi sueño a la evidencia de la mariposa y a las manchas de mora en el relincho del caballo. Temo por él al padre al hijo y a los que pasan por la costa mediterránea buscando los dioses


y el oro de los precursores. Temo por mi sueño a mis manos y a una estrella erguida sobre mi hombro que espera el canto. Nosotros, los habitantes de las noches antiguas, tenemos nuestras costumbres en el ascenso hacia la luna de la rima. Creemos a nuestros sueños y mentimos a nuestros días. No estaban todos nuestros días con nosotros desde la llegada de los tártaros, y ahora se disponen a partir olvidando nuestros días detrás de ellos. Dentro de poco nos posaremos sobre nuestra edad en los campos y haremos nuestras banderas de sábanas blancas. Si la bandera es necesaria, que esté desnuda de símbolos que la arrugan, y seamos apacibles para que nuestros sueños no vuelen detrás de la caravana de los extranjeros. Tenemos un solo sueño: encontrar el sueño que nos llevaba como la estrella lleva a sus muertos. ¿CUÁNTAS VECES TERMINARÁ LO NUESTRO? Contempla sus días en el humo de los cigarros, mira el reloj de bolsillo: si pudiera, pausaría su sonido para aplazar la maduración de la avena. Él sale de sí mismo agotado, impaciente. El tiempo de la mies ha llegado. Las espigas son pesadas, las hoces descuidadas y el país se aleja ahora de su puerta profética. El verano del Líbano me habla de mis viñas en el Sur. El verano del Líbano me habla del más allá de la naturaleza, pero mi camino hacia Dios comienza desde una estrella en el Sur...


- ¿Me hablas, padre? - Ellos han fijado una tregua en la isla de Rodas, hijo. - ¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso, padre? - Y se ha terminado todo. - ¿Cuántas veces terminará lo nuestro, padre? - Ya se ha terminado. Han cumplido con su deber: Han disparado con fusiles rotos contra los aviones enemigos. Hemos cumplido con nuestro deber. Nos hemos alejado de los acedaraques para no mover la gorra del jefe militar. Hemos vendido los anillos de nuestras mujeres para que cazaran pájaros, hijo. - ¿Pero entonces, padre, nos quedaremos aquí, bajo el sauce del viento, entre los cielos y el mar? - Hijo mío, todo aquí se asemejará a algo de allí. Seremos a nuestra imagen y semejanza por las noches, y la estrella eterna de la semejanza nos consumirá. - Padre, aligérame del peso de tus palabras. - He dejado las ventanas abiertas al arrullo de las palomas, he dejado mi rostro en el brocal del pozo, he dejado a las palabras charlando a su antojo, colgadas en el armario, he dejado a la oscuridad en su noche, envuelta en la lana de mi espera, he dejado a las nubes tendiendo sus zaragüelles en la higuera, he dejado al sueño engendrando al sueño y he dejado a la paz sola, allí en la tierra... - ¿Estabas soñando en mi vigilia, padre? - Levántate. Regresaremos, hijo mío. HASTA MI FIN Y EL SUYO - ¿Estás cansado de caminar,


hijo, estás cansado? - Sí, padre. Tu noche es larga en el camino y el corazón se ha fundido en el suelo de tu noche. - Todavía eres ligero como un gato. Sube a mis hombros. Dentro de poco atravesaremos el último bosque de terebintos y robles. Éste es el norte de Galilea. El Líbano está detrás de nosotros y todo el cielo es nuestro, desde Damasco a las bellas murallas de San Juan de Acre. - ¿Y después? - Volveremos a nuestra casa. - ¿Conoces el camino, hijo? - Sí, padre: Un pequeño camino al este del algarrobo de la calle principal. Al principio es estrecho por las chumberas, luego se va ensanchando hasta el pozo y se asoma al viñedo de Yamil, el vendedor de tabaco y dulces. Después se pierde en la era, antes de enderezarse y sentarse en nuestra casa con forma de papagayo. - ¿Conoces la casa, hijo mío? - La conozco como el camino: un jazmín rodea una puerta de hierro, pisadas de luz en la escalera de piedra, un girasol que contempla lo que hay detrás del lugar, abejas domésticas que preparan el desayuno del abuelo sobre el plato de junco. En el patio, un pozo, un sauce y un caballo. Y detrás el cercado, un mañana que hojea nuestros papeles... - ¿Estás cansado, padre?


Veo sudor en tus ojos. - Estoy cansado, hijo mío. ¿Me llevarás tú? - Como tú me has llevado, padre. Llevaré esta nostalgia a su comienzo y al mío, y andaré este camino hasta mi fin y el suyo. LA ETERNIDAD DE LAS CHUMBERAS - ¿A dónde me llevas, padre? - En dirección al viento, hijo. ... A la salida de la llanura, donde los soldados de Bonaparte levantaron una colina para observar las sombras sobre las viejas murallas de Acre, un padre le dice a su hijo: No tengas miedo. No temas el silbido de las balas. Pégate al suelo y estarás a salvo. Sobreviviremos. Escalaremos una montaña al norte y regresaremos cuando los soldados vuelvan con sus familias lejos. - ¿Quién vivirá en nuestra casa, padre? - Permanecerá como la hemos dejado, hijo. Él palpa su llave como si palpara sus miembros y se sosiega. Al pasar por una alambrada de espinos dice: Recuerda, hijo. Aquí los ingleses crucificaron a tu padre durante dos noches sobre los espinos de una chumbera, pero jamás confesó. Tú crecerás y contarás a quien herede sus fusiles el camino de sangre derramada sobre el hierro... - ¿Por qué has dejado el caballo solo? - Para que haga compañía a la casa, hijo. Las casas mueren cuando se marchan sus habitantes...


La eternidad abre sus puertas de lejos a los caminantes de la noche. Los lobos de los páramos aúllan a una luna temerosa, y un padre le dice a su hijo: Sé fuerte como tu abuelo, escala conmigo la última colina de robles y recuerda: aquí cayó el jenízaro de su mula de guerra. Ven conmigo y regresaremos. - ¿Cuándo, padre? - Mañana, tal vez pasado mañana, hijo. Detrás de ellos, un mañana aturdido masticaba el viento en las largas noches de invierno, y los soldados de Josué bin Nur construían su fortaleza con las piedras de su casa. Jadeantes por el camino de Caná, dice: Por aquí pasó un día Nuestro Señor. Aquí convirtió el agua en vino y habló largamente del amor. Recuérdalo mañana, hijo. Recuerda los castillos de los cruzados mordisqueados por la hierba de abril tras la partida de los soldados... ALDEANOS SIN MALICIA Yo no conocía todavía las costumbres de mi madre ni a su familia cuando los camiones vinieron del mar. pero conocía el olor del tabaco en torno al manto de mi abuelo y el perfume eterno del café, desde que nací, como nacen aquí los animales domésticos: de un solo empujón. Nosotros también gritamos cuando descendemos al borde de la tierra, pero no depositamos nuestras voces en jarras antiguas. No colgamos la cabra en el muro, no pretendemos el reino del polvo


y nuestros sueños no se asoman a las viñas de los otros ni rompen las reglas. Mi nombre no tenía todavía su pluma para que yo saltara más lejos que la tarde. El calor de abril era como los rabeles de nuestros visitantes de paso, nos hacían volar cual palomas. Tengo mi primera campana. El encanto de una mujer me inclina a oler la leche en sus rodillas y huir de la picadura de los manjares. Nosotros también tenemos un secreto cuando el sol cae de los álamos: nos arrebata un deseo de llorar por alquien que ha muerto en vano. Está muerto. Nos arrastra un anhelo de ver Babilonia o una mezquita de Damasco, y una lágrima del zureo de las palomas en el camino eterno del dolor nos llora. Aldeanos sin malicia ni arrepentimiento en la palabra. Nuestros nombres, como nuestros días, se asemejan. Nuestros nombres no nos designan del todo. Y nosotros nos colamos en la conversación de los huéspedes. Tenemos cosas que decir de la tierra a la extranjera cuando ella borda su chal pluma a pluma del cielo de nuestros pájaros que vuelan. El lugar no tenía otras ataduras que los acedaraques cuando los camiones vinieron del mar. Preparábamos la comida de nuestras vacas en su aprisco, ordenábamos nuestros días en armarios hechos con nuestras manos, nos ganábamos el afecto del caballo y hacíamos señas a la estrella errante.


Nosotros también subimos a los camiones. El brillo de esmeralda en la noche de nuestros olivos y los ladridos de los perros a la luna pasando sobre la torre de la iglesia fueron nuestros compañeros de vela. Pero no teníamos miedo: nuestra infancia no nos acompañaba. Nos contentamos con una canción: Volveremos dentro de poco a nuestra casa... cuando los camiones vacíen el excedente de su carga. LA ÚLTIMA TARDE EN ESTA TIERRA La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos y los que dejaremos, allí. La última tarde no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin. Todo permanece en su estado, el lugar renueva nuestros sueños y a sus visitantes. De pronto no somos capaces de ironizar porque el lugar está preparado para acoger al vacío. Aquí, la última tarde gozamos de las montañas rodeadas de nubes. Conquista y reconquista y un tiempo antiguo que entrega a este tiempo nuevo las llaves de nuestras puertas. Entrad en nuestras casas, conquistadores, y bebed nuestro vino de nuestra sencilla moaxaja, porque nosotros somos la noche en su medianoche, y no hay alba portada por un jinete procedente de la última llamada a la oración. Nuestro té es verde y caliente, bebedlo. Nuestros pistachos son frescos, comedlos, y las camas son verdes, de madera de cedro, rendíos al sueño después de este largo asedio, y dormid sobre el plumón de nuestros sueños. Las sábanas están preparadas, los perfumes colocados en la puerta y los espejos son numerosos. Entrad para que nosotros salgamos del todo. Dentro de poco buscaremos lo que


fue nuestra Historia en torno a la vuestra en los países lejanos y al final nos preguntaremos: ¿Al Andalus estuvo aquí o allí? ¿Sobre la tierra... o en el poema? SÉ UNA CUERDA PARA MI GUITARRA, AGUA Sé una cuerda para mi guitarra, agua. Los conquistadores han llegado y los antiguos conquistadores han pasado. Es difícil que recuerde mi cara en los espejos. Sé mi memoria y veré lo que he perdido. ¿Quién soy después de este éxodo? Tengo una roca a mi nombre sobre las llanuras que se asoma al pasado concluido. Siete siglos me acompañan detrás de las murallas de la ciudad. En vano se redondea el tiempo para que yo salve mi pasado de un instante que alumbra ahora la historia de mi exilio en mí y en los otros. Sé una cuerda para mi guitarra, agua. Los conquistadores han llegado y los antiguos conquistadores han pasado hacia el Sur, pueblos que restauran sus días en el montón del cambio. Yo sé quién era ayer. ¿Qué seré mañana bajo las banderas atlánticas de Colón? Sé una cuerda, sé una cuerda para mi guitarra, agua. No hay Egipto en Egipto. No hay Fez en Fez y Damasco se aleja. No hay sacre en la bandera de mi gente, no hay río al este de las palmeras asediadas por los caballos veloces de los mongoles. ¿En qué Andalucía desapareceré, aquí o allí? Sabré que he perecido y que aquí he dejado lo mejor de mí: mi pasado. No tengo más que mi guitarra. Sé una cuerda para mi guitarra, agua. Los conquistadores han partido y han llegado los conquistadores. ¿CÓMO ESCRIBIR SOBRE LAS NUBES?


¿Cómo escribir sobre las nubes el testamento de mi gente? Si mi gente abandonó el tiempo al igual que su abrigo en las casas, y mi gente cada vez que construye una ciudadela, la destruye para erigir sobre ella una jaima para su nostalgia por la primera palmera. Mi gente traiciona a mi gente en las guerras de la defensa de la sal. Pero Granada es de oro, de la seda de las palabras bordadas con almendras, de la plata de las lágrimas en la cuerda del laúd. Granada es la gran ascensión hacia sí misma y será lo que desea: la nostalgia por cualquier cosa pasada o que pasará. El ala de una golondrina roza el pecho de una mujer en su lecho y ella grita: Granada es mi cuerpo. Un hombre pierde su gacela en el desierto y grita: Granada es mi país, yo soy de allí. Canta para que los jilgueros construyan de mis costados una escalera al cercano cielo. Canta el heroísmo de los que ascienden hacia su muerte, luna a luna, en la callejuela de la amada. Canta a los pájaros del jardín piedra a piedra. Cuánto te amo, a ti que me has despreciado. Cuerda a cuerda, en el camino hacia su cálida noche. Canta. El aroma del café después de ti ha perdido su mañana. Canta mi partida del arrullo de las palomas sobre tus rodillas y del nido de mi alma en las letras de tu sencillo nombre. Granada está destinada al canto. Canta. EN EL LARGO ÉXODO TE AMO MÁS En el largo éxodo te amo más. Dentro de poco cerrarás la ciudad. Yo no tengo corazón en tus manos ni camino que me lleve. En el largo éxodo te amo más. El granado de nuestro honor, después de tu pecho, ha perdido su savia. Leves son las palmeras,


las colinas, nuestras calles en el crepúsculo y la tierra cuando se despide de su tierra. Leves son las palabras y los cuentos sobre las escaleras de la noche. Pero mi corazón es pesado. Déjalo allí, aullando en torno a tu casa y llorando los bellos días. No tengo más patria que ella. Al partir te amo más. Vacío el alma de las últimas palabras: te amo más. Al partir, las mariposas guían nuestras almas. Al partir nos acordamos de un botón de la camisa perdido y olvidamos la corona de nuestros días. Recordamos el olor del sudor con perfume de melocotón y olvidamos la danza de los caballos en la noche de bodas. Al partir nos igualamos al pájaro, nos apiadamos de nuestros días y nos contentamos con poco. Me basta de ti el puñal dorado que hacía danzar mi corazón moribundo. Mátame lentamente y diré: te amo más de lo que dije antes del gran éxodo. Te amo. Nada me causa dolor, ni el aire ni el agua ni la albahaca en tu mañana ni el lirio en tu tarde me causa dolor después de este éxodo. YO TENGO DETRÁS DEL CIELO UN CIELO Yo tengo detrás del cielo un cielo para regresar, pero continúo puliendo el metal de este lugar, y vivo una hora que percibe lo invisible. Sé que el tiempo no será dos veces mi aliado, y sé que saldré de mi bandera cual pájaro que no se posa en ningún árbol del jardín. Saldré de toda mi piel, y de mi lengua descenderán algunas palabras sobre el amor por la poesía de Lorca que habitará en mi alcoba y verá lo que yo he visto de la luna beduina. Saldré del almendro como algodón sobre la espuma del mar. El extranjero ha pasado portando setecientos años de caballos. Ha pasado por aquí el extranjero para que el extranjero pase por allí. Saldré dentro de poco de los pliegues de mi tiempo como extranjero de Damasco y de Andalucía. Esta tierra no es mi cielo pero esta tarde es mía,


las llaves me pertenecen, y los alminares y las lámparas, y yo también me pertenezco. Soy el Adán de los dos paraísos, dos veces perdidos. Cazadme despacio y matadme deprisa bajo mi olivar con Lorca. NO DESEO DEL AMOR SINO EL COMIENZO No deseo del amor sino el comienzo. Sobre las plazas de mi Granada las palomas remiendan el vestido de este día. En las jarras hay vino abundante para la fiesta que nos sucederá, en las canciones hay ventanas suficientes para que eclosionen las flores de granado. Dejo el jazmín en su maceta y mi pequeño corazón en la alacena de mi madre. Dejo mi sueño riendo en el agua y al alba en la miel de los higos. Dejo mi hoy y mi ayer en el pasaje hacia la plaza de la naranja donde vuelan las palomas. ¿Soy yo ese que ha descendido a tus pies para que asciendan las palabras cual luna blanca en la leche de tus noches? Golpea al aire para que yo vea, azul, la calle de mi flauta. Golpea a la tarde para que yo vea como entre tú y yo languidece este mármol. Las ventanas están vacías de los jardines de tu chal. En otro tiempo sabía mucho de ti y recogía la gardenia de tus diez dedos. En otro tiempo poseía perlas en torno a tu cuello y un nombre grabado en un anillo del que surgía la noche. No deseo del amor sino el comienzo. Las palomas han volado sobre el techo del último cielo. Han volado y volado. Quedará después de nosotros abundante vino en las jarras y un poco de tierra es suficiente para que nos encontremos y la paz arraigue. YO SOY UNO DE LOS REYES DEL FIN Yo soy uno de los reyes del fin. Salto de mi caballo en el último invierno. Soy el último suspiro del árabe.


No me asomo al arrayán sobre las azoteas y no miro a mi alrededor por si me ve aquí alguien que me conozca y sepa que he pulido el mármol de las palabras para que mi mujer atraviese descalza campos de luz. No me asomo a la noche para no ver una luna que iluminaba todos los secretos de Granada cuerpo a cuerpo. No me asomo a la sombra para no ver a alguien portando mi nombre y corriendo tras de mí: descárgame de tu nombre y dame la plata del álamo. No miro hacia atrás para no recordar que pasé por la tierra. No hay tierra en esta tierra desde que el tiempo se rompió en torno a mí, fragmento a fragmento. No estaba enamorado para creer que las aguas eran espejos, como les dije a mis viejos amigos. Y no hay amor que interceda por mí. Desde que he aceptado el pacto de paz no tengo presente para pasar mañana cerca de mi ayer. Castilla izará su corona sobre el alminar de Dios. Escucharé el tintineo de las llaves en la puerta de nuestra edad de oro. Adiós a nuestra historia. ¿Seré yo quien cerrará la última puerta del cielo? Yo soy el último suspiro del árabe. LOS VIOLINES. Los violines lloran con los gitanos que marchan a Andalucía. Los violines lloran por los árabes que salen de Andalucía. Los violines lloran por un tiempo perdido que no volverá. Los violines lloran por una patria perdida que tal vez volverá. Los violines prenden los bosques de esta oscuridad lejana, lejana. Los violines ensangrientan los cuchillos y huelen mi sangre en la yugular. Los violines lloran con los gitanos que marchan a Andalucía. Los violines lloran por los árabes que salen de Andalucía.


Los violines son caballos sobre una cuerda de espejismo y un agua que gime. Los violines son un campo de lilas salvajes que se aleja y se acerca. Los violines son una fiera que tortura la uña de una mujer, la roza y se aleja. Los violines son un ejército que construye un cementerio de mármol y de nahawand[4]. Los violines son la anarquía de los corazones que enloquece el viento en los pies de la bailarina. Los violines son bandadas de pájaros que se escapan de la bandera incompleta. Los violines son el quejido de la seda arrugada en la noche del amante. Los violines son la voz del vino lejano sobre un deseo vencedor. Los violines me siguen, aquí y allí, para vengarse de mí. Los violines me buscan para matarme allá donde me encuentren. Los violines lloran por los árabes que salen de Andalucía. Los violines lloran con los gitanos que marchan a Andalucía. UN DÍA ME SENTARÉ EN LA ACERA Un día me sentaré en la acera, la acera del extranjero. Yo no era un narciso, aunque defendía mi imagen en los espejos. ¿Has estado alguna vez allí, extranjero? Quinientos años pasados y acabados, y nuestra ruptura continúa, allí, indefinida. Entre nosotros las cartas continúan, y las guerras no han modificado los jardines de mi Granada. Un día pasaré por sus lunas y frotaré mi deseo con un limón. Abrázame para que renazca de los perfumes de un sol y un río sobre tus hombros, de los pies 4 Nota de la escala contemporánea árabe, también llamada kurd o kurdi


que arañan la tarde y ella vierte lágrimas de leche a la noche del poema. Yo no fui un pasajero en las palabras de los cantores: yo era sus palabras, la paz de Atenas y Persia, Oriente abrazando a Occidente en el viaje hacia una misma esencia. Abrázame para que renazca de las espadas damascenas en las tiendas. No queda de mí más que mi vieja armadura y la silla dorada de mi caballo. No queda de mí más que un manuscrito de Averroes, El collar de la paloma y las traducciones. Yo estaba sentado en la acera, en la plaza de las margaritas, contando las palomas: una, dos, treinta... y a las muchachas que robaban la sombra de los arbustos sobre el mármol y me dejaban las hojas de la edad, amarillas. El otoño ha pasado para mí, y no me he dado cuenta. Todos los otoños han pasado, nuestra Historia ha pasado por la acera... y no me he dado cuenta. EL INVIERNO DE RITA Rita ordena la noche de nuestra habitación: queda poco vino y estas flores son más grandes que mi cama. Abre la ventana para que se perfume la hermosa noche. Posa, allí, una luna en la silla. Coloca, encima, el lago en torno a mi pañuelo para que las palmeras se eleven cada vez más. ¿Te has vestido de otra? ¿Te ha habitado otra mujer para sollozar así, cada vez que tus ramas enlazan mi tronco? Frótame los pies y frota mi sangre para que conozcamos lo que las tempestades y los torrentes han dejado como legado de ti y de mí... Rita duerme en el jardín de su cuerpo. Sobre sus uñas, las moras del bosque iluminan la sal en


mi cuerpo. Te quiero. Dos pájaros se han dormido bajo mi mano... la ola del noble trigo se ha dormido sobre su pausada respiración, una rosa roja se ha dormido en el vestíbulo, la noche breve se ha dormido y el mar se ha dormido frente a mi ventana, al ritmo de Rita, asciende y desciende en los rayos de su pecho desnudo. Duerme entre tú y yo, y no cubras la profunda penumbra del oro entre nosotros. Duerme con una mano en torno al eco y la otra esparciendo la soledad de los bosques, duerme entre la camisa pistacho y la silla limón, duerme cual caballo en las banderas de la noche de su boda... El relincho cesa y cesan las colmenas de abejas en nuestra sangre. ¿Estaba allí Rita? ¿Estábamos juntos? Rita partirá dentro de unas horas dejando su sombra cual celda blanca. ¿Dónde nos encontraremos? Pregunta a sus manos, y yo miro a la lejanía. El mar está detrás de la puerta y el desierto está detrás del mar. Bésame en los labios, dice. ¡Oh, Rita!, le respondo. ¿Partiré de nuevo, teniendo uvas y un recuerdo, abandonado por las estaciones entre el signo y la expresión, como una idea? ¿Qué dices? Nada, Rita, imito al héroe de una canción sobre la maldición del amor asediado por espejos... ¿De mí? Y de dos sueños en una almohada que se cruzan y huyen. Uno saca un cuchillo y el otro confía los mandamientos a la flauta. No comprendo el significado, dice ella. Ni yo, mi lenguaje está hecho de fragmentos semejantes a la salida de una mujer del sentido, y los caballos se suicidan al final del hipódromo. Rita bebe el té matutino y pela la primera manzana con sus diez lirios. Me dice:


No leas ahora el periódico, los tambores son los tambores y la guerra no es mi oficio. Yo soy yo. ¿Tú eres tú? Yo soy el que te ve cual gacela arrojándole sus perlas, el que ve a su deseo corriendo tras de ti cual torrente, el que nos ve perdidos en unicidad sobre la cama y en divergencia, como el saludo de los desconocidos en el puerto. El exilio nos lleva en su viento, cual hoja, y nos arroja en los hoteles de los extranjeros como cartas leídas deprisa. ¿Me llevarás contigo? Seré el anillo de tu corazón desnudo. ¿Me llevarás contigo? Seré tu traje en países que te han procreado para derribarte, seré un cofre de hierbabuena que portará tu muerte y tú serás mío, vivo o muerto. El guía se ha perdido, Rita, y el amor, como la muerte, es una promesa sin devolución ni caducidad. Rita me prepara el día cual perdiz que se aduja en sus zapatos de tacón alto. Buenos días, Rita, y nubes azules para los jazmines de tus axilas. Buenos días, Rita, y frutas para la luz del alba. Rita, buenos días. Rita, retórname a mi cuerpo para que las agujas de los pinos reposen un momento en mi sangre abandonada. Siempre que abrazo a la torre de marfil, huyen de mis manos dos palomas. Ella dice: regresaré cuando los días y los sueños cambien, Rita. Es largo este invierno y nosotros somos lo que somos. No tomes mis palabras para decir: yo soy la que viéndote colgado en el recinto, te bajó y te vendó las heridas. Con sus lágrimas te lavó, antes de esparcir sus azucenas sobre ti, y pasaste entre las espadas de sus hermanos y la maldición de su madre. Yo soy ella. ¿Pero tú eres tú?


Rita se levanta de mis rodillas, visita a sus adornos y se recoge el pelo con una mariposa de plata. La cola de caballo acaricia las pecas esparcidas como intensas gotas de luz sobre el mármol femenino. Rita cose el botón de la camisa mostaza. ¿Eres mío? Soy tuyo, si dejas la puerta abierta sobre mi pasado. Yo tengo un pasado que veo ahora naciendo de tu ausencia, del chirrido del tiempo en la cerradura de esta puerta. Tengo un pasado que veo, posado como la mesa, junto a nosotros, tengo la espuma del jabón, la miel salada, el rocío y el jenjibre. Para ti, si quieres, los ciervos, las llanuras, y las canciones, si quieres, para ti las canciones y las sorpresas. Yo he nacido para amarte, caballo que hace bailar a un bosque y en el coral surca tu ausencia. He nacido dama para su caballero. Tómame para que te escancie un vino definitivo, para curarme de ti en ti. Dame tu corazón: he nacido para amarte. He dejado a mi madre en los antiguos salmos maldiciendo al mundo y a tu pueblo y he encontrado a los guardianes de la ciudad entregando tu amor al apetito del fuego. He nacido para amarte. Rita casca las nueces de mis días y los campos se ensanchan. Esta tierra pequeña se reduce para mí a una habitación en una calle en el piso bajo de un edificio en la montaña que se asoma a la brisa del mar. Tengo una luna color vino, una piedra pulida, una parte del espectáculo de las olas viajando por las nubes, una parte del libro del Génesis, del libro de Job y de la fiesta de la cosecha, una parte de lo que he poseído y del pan de mi madre. Tengo una parte de la azucena de los valles en los versos de los enamorados antiguos.


Tengo mi parte de la sabiduría de los enamorados: la víctima ama el rostro de su asesino, si cruzas el río, Rita. ¿Y dónde está el río? Dice ella. En ti y en mí hay un único río, le respondo, y de mí fluye sangre y memoria. Los guardianes no me han dejado una puerta para entrar. Me apoyo en el horizonte y miro hacia abajo, hacia arriba alrededor y no encuentro horizonte para mirar. No encuentro en la claridad sino mi mirada dirigiéndose hacia mí y le digo: regresa de nuevo a mí, y yo quizás vea un horizonte que un mensajero restaura con una carta de dos breves palabras: tú y yo, una pequeña alegría en una cama estrecha, una alegría mínima. Todavía no nos han matado, Rita, ¡qué pesado es este invierno, Rita, y qué frío! Rita canta sola a las cartas de su lejano exilio nórdico: he dejado a mi madre sola junto al lago, sola, llorando mi infancia lejana tras ella, y todas las noches duerme sobre mi pequeña trenza. Madre, he roto mi infancia y me he convertido en una mujer que cría a su pecho en los labios del amado. Rita gira sobre Rita sola: no hay tierra para dos cuerpos en un cuerpo y no hay exilio para el exilio en estas habitaciones pequeñas. La salida es la entrada. En vano cantamos entre dos precipicios. Partamos para que aparezca el camino. No puedo, ni yo -dice ella sin decirlo, y calma a los caballos en su sangre: ¿vendrá la golondrina de una tierra lejana, oh extraño y amado, a tu jardín solitario? Llévame a una tierra lejana.


Llévame a la tierra lejana, solloza Rita, ¡qué largo es este invierno! Y rompe la porcelana del día en la reja de la ventana, posa su pequeño revólver en el borrador del poema, arroja las medias en la silla y se rompe el zureo. Ella parte, descalza, hacia lo desconocido y la hora de mi partida llega. SOY YUSUF, PADRE Soy Yusuf, padre. Mis hermanos no me quieren, no me desean entre ellos, padre. Me agreden, me lanzan piedras e insultos. Quieren que muera para hacerme un panegírico. Me han cerrado la puerta de tu casa, me han echado del campo, han envenenado mis uvas y han destrozado mis juguetes. Cuando la brisa ha acariciado mi pelo al pasar, me han envidiado y se han revuelto contra mí y contra ti. ¿Qué les he hecho yo, padre? Las mariposas se han posado sobre mis hombros, las espigas se han inclinado hacia mí y los pájaros han volado sobre mis manos. ¿Qué he hecho yo, padre, y por qué yo? Tú me has llamado Yusuf Y ellos me han arrojado al pozo y han acusado al lobo. Y el lobo es más clemente que mis hermanos, padre. ¿Acaso he ofendido a alguien cuando he dicho que he visto once astros, el sol y la luna, y que los he visto prosternados ante mí? ANDARÉ ESTE CAMINO Andaré este largo camino, este camino tan largo, hasta el final, hasta el final del corazón, andaré este camino largo, largo, largo... Nada tengo que perder sino el polvo y lo que está muerto en mí. La hilera de palmeras


indica lo que está ausente. Cruzaré la hilera de palmeras. ¿Necesita la herida a su poeta para dibujar una granada a la ausencia? Os construiré sobre el techo del relincho treinta ventanas para la metáfora. Saldréis de una peregrinación para entrar en otra. Se estreche o no la tierra para nosotros, andaremos este largo camino hasta el final del arco. Que nuestros pasos se tensen cual flechas. ¿Estamos aquí desde hace poco y dentro de poco alcanzaremos la flecha del comienzo? El viento gira en torno nuestro, gira, ¿qué dices? Digo: Andaré este largo camino hasta mi final... hasta el final. EN EL CAMINO HAY OTRO CAMINO En el camino hay otro camino. En el camino hay un espacio para el viajero. Arrojaremos muchas rosas al río para cruzarlo. Ninguna viuda quiere volver con nosotros. Vayamos allí... allí está el norte del relincho. ¿No has olvidado algo elemental que asentará el nacimiento de nuestro pensamiento futuro? Habla del ayer, compañero, para que vea mi imagen en el arrullo y alcance el collar de la paloma o encuentre la flauta en una higuera abandonada. Mi nostalgia gime por todo. Mi nostalgia me designa asesino o víctima. Y en el camino hay un camino para andar y andar. ¿Hacia dónde me llevarán las preguntas? Yo soy de aquí y soy de allí, y no soy de allí ni soy de aquí. Arrojaré muchas rosas antes de alcanzar una rosa en Galilea. SOBRE ESTA TIERRA Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: la indecisión de abril, el olor del pan al alba, las opiniones de una mujer sobre los hombres, los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba


sobre las piedras, las madres erguidas sobre un hilo de flauta y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores. Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: el fin de septiembre, una dama que entra, con toda su lozanía, en la cuarentena, la hora del sol en la cárcel, una nube que imita un grupo de seres, las aclamaciones de un pueblo a quienes ascienden a la muerte sonriendo y el miedo que las canciones inspiran a los tiranos. Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: sobre esta tierra está la señora de la tierra, la madre de los comienzos, la madre de los finales. Se llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Señora: yo merezco, porque tú eres mi dama, yo merezco vivir. SI PUDIERA VOLVER A EMPEZAR Si pudiera volver a empezar, elegiría lo que elegí: las rosas del cercado. Viajaría de nuevo por los caminos que llevan o no llevan a Córdoba, colgaría mi sombra en dos rocas para que los pájaros fugitivos anidaran en sus ramas, quebraría mi sombra para seguir el perfume de los almendros flotando sobre una nube polvorienta y me fatigaría en las laderas. Acercaos, escuchadme, comed de mi pan, bebed mi vino, pero no me dejéis solo en la calle de la vida, cual sauce extenuado. Amo los países en los que el canto del viaje no ha dejado huella y no han obedecido a ninguna sangre o mujer. Amo a las mujeres cuyos deseos ocultan el suicidio de los caballos sobre un umbral. Volvería, si pudiera volver, a mi misma rosa, a mis propios pasos... pero no regresaré a Córdoba. YO SOY DE ALLÍ Yo soy de allí. Y tengo recuerdos. Nací como nace la gente. Tengo una madre


y una casa con muchas ventanas. Tengo hermanos, amigos, y una cárcel con una fría ventana. Tengo una ola que han raptado las gaviotas, un paisaje favorito, una hierba silvestre, una luna en los confines de la palabra, la subsistencia de los pájaros y un olivar inmortal. He pasado por la tierra antes de que las espadas pasaran por un cuerpo al que convirtieron en mesa. Yo soy de allí. Retorno el cielo a su madre cuando llora por su madre y lloro para que me reconozca la nube a su regreso. He aprendido, para romper la regla, todas las palabras apropiadas en el tribunal de la sangre. He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer una única palabra: Patria... DIRECCIONES DEL ALMA FUERA DE ESTE LUGAR Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta viajar a una aldea que no ha colgado en su ciprés mi última tarde. Me gustan los árboles sobre la azotea de una casa que nos ha visto atormentar a dos pájaros y nos ha visto cultivar los guijarros. ¿Por qué no pudimos cultivar nuestros días para que crecieran despacio hacia las plantas? Me gusta la lluvia que cae sobre las damas de las lejanas praderas. Un agua que ilumina y un olor compacto cual piedra. ¿Por qué no pudimos descuidar nuestras edades y contemplar más el último cielo, antes de que se ocultara la luna? Direcciones del alma fuera de este lugar. Me gusta partir adonde me lleve el viento, pero no me gusta llegar. VIAJAMOS COMO TODOS Viajamos como todos, pero no volvemos hacia nada... como si el viaje


fuera camino de nubes. Hemos enterrado a nuestros seres queridos en la sombra de las nubes y entre los troncos de los árboles y hemos dicho a nuestras mujeres: parid hijos nuestros durante cientos de años para que podamos acabar este viaje hacia una hora de un país y un metro de lo imposible. Viajamos en los carros de los salmos, dormimos en las jaimas de los profetas y surgimos de las palabras de los gitanos. Medimos el espacio con el pico de una abubilla, cantamos para olvidarnos de la distancia y nos bañamos en la luz de la luna. Largo es tu camino. Sueña, pues, con siete mujeres para que puedas llevar este largo camino sobre tus hombros. Sacude para ellas las palmeras si quieres conocer sus nombres y de qué madre nacerá el hijo de Galilea. Tenemos un país de palabras. Habla, habla para que sostenga mi camino con piedras de piedra. Tenemos un país de palabras. Habla, habla para que conozcamos el fin de este viaje. LA TIERRA SE ESTRECHA PARA NOSOTROS La tierra se estrecha para nosotros. Nos hacina en el último pasaje y nos despojamos de nuestros miembros para pasar. La tierra nos exprime. ¡Ah, si fuéramos su trigo para morir y renacer! ¡Ah, si fuera nuestra madre para apiadarse de nosotros! ¡Ah, si fuéramos imágenes de rocas que nuestro sueño portara cual espejos! Hemos visto los rostros de los que matará el último de nosotros en la última defensa del alma. Hemos llorado el cumpleaños de sus hijos. Y hemos visto los rostros de los que arrojarán a nuestros hijos por las ventanas de este último espacio. Espejos que pulirá nuestra estrella. ¿Adónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? Escribiremos nuestros nombres con vapor teñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne. Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje. Aquí o ahí... nuestra sangre plantará sus olivos.


ABRAZA A SU ASESINO Abraza a su asesino para lograr su clemencia: ¿te enfadarías mucho conmigo si sobreviviera? Hermano... hermano: ¿qué he hecho para que me asesines? Dos pájaros vuelan sobre nosotros, apunta hacia arriba. Dispara tu infierno lejos de mí... ven a la choza de mi madre para que te prepare las habas. ¿Qué dices? ¿Qué dices? ¿No soportas mi abrazo ni mi olor? ¿Estás cansado del miedo que me habita? Entonces arroja ese revólver al río. ¿Qué dices?... ¿Un enemigo en la ribera del río ha dirigido su metralleta hacia el abrazo? Entonces dispara contra el enemigo. Escaparemos juntos de sus balas y escaparás de tu delito. ¿Qué dices? ¿Me matarás para que el enemigo vuelva a su casa/nuestra casa y tú retornes al juego de la caverna? ¿Qué has hecho con el café de mi madre y de tu madre? ¿Qué crimen he cometido para que me asesines, hermano? No desataré la cuerda del abrazo. No te dejaré. TENEMOS DERECHO A AMAR EL OTOÑO Tenemos derecho a amar el final de este otoño y a preguntarle: ¿Hay espacio en el campo para un otoño nuevo, mientras tendemos sobre él nuestros cuerpos carbonizados? Un otoño que abate sus hojas de oro. ¡Ah, si fuéramos hojas de higuera, hierba abandonada para revelar la diferencia entre las estaciones! ¡Ah, si no nos hubiéramos despedido del sur de los ojos para preguntar lo que preguntaron nuestros padres cuando se lanzaron sobre las puntas de las lanzas! Tal vez la poesía y la plegaria se apiadaran de nosotros. Tenemos derecho a enjugar la noche de las mujeres hermosas, a hablar de lo que acorta la noche de dos extraños esperando la llegada del norte a la brújula. Otoño. Tenemos derecho a aspirar el perfume de este otoño y pedirle a la noche un sueño. ¿Puede enfermar un sueño como los soñadores? Otoño, otoño. ¿Puede nacer un pueblo sobre una guillotina? Tenemos derecho a morir como queramos, para que la tierra pueda ocultarse en una espiga.


SOMBRÍA SERÁ LA NOCHE... Sombría será la noche... escasas las rosas. El camino se dividirá más de lo que hemos visto, una llanura se partirá, una pendiente se derrumbará sobre nosotros, una herida nos caerá encima, nuestra gente nos abandonará, el muerto matará en nosotros al muerto para olvidar los ojos del muerto... y consolarse. Sabremos más de lo que hemos sabido. Iremos de abismo en abismo, impulsados por una idea que las tribus han adorado y luego han quemado sobre la carne de sus adeptos cuando éstos disminuyeron. Veremos entre nosostros emperadores que grabarán sus nombres en el trigo para guiarnos. ¿No hemos cambiado? Hombres que degüellan según la ley de su puñal, arena para que crezca la arena, mujeres según la ley de sus muslos, sombra para que disminuya la sombra... Pero yo seguiré el curso del canto, aunque escaseen mis rosas. El ÚLTIMO TREN SE HA PARADO El último tren se ha parado en el último andén, y nadie salva a las rosas. Ninguna paloma se posa en una mujer de palabras. El tiempo se ha acabado. El poema no puede más que la espuma. No creas a nuestros trenes, amor, no esperes a nadie en la muchedumbre. El último tren se ha parado en el último andén, y nadie puede retornar a los narcisos rezagados en los espejos de la penumbra. ¿Dónde dejaré mi última descripción del cuerpo que en mí habita? Todo ha terminado. ¿Dónde está lo que ha terminado? ¿Dónde vaciaré el país que en mí habita? No creas a nuestros trenes, amor, las últimas palomas han volado, han volado, y el último tren se ha parado en el último andén... y no hay nadie.


QUIERO MÁS VIDA Quiero más vida para encontrarte, más exilio. Si mi corazón fuera ligero, lo lanzaría sobre cada abeja. Quiero más corazón para poder llegar al tronco de una palmera, y si mi vida me perteneciera, te esperaría detrás del cristal de la ausencia. Quiero más canciones para llevar un millón y una puertas, levantarlas cual jaima en dirección al país y vivir en una frase. Quiero más damas para conocer el último beso y la primera muerte bella sobre un puñal empapado del vino de las nubes. Quiero más vida para que mi corazón conozca a los suyos y para poder volver a una hora de tierra. HE VISTO LA ÚLTIMA DESPEDIDA He visto la última despedida: me despedirán en una rima de madera, izado por manos de hombres y ojos de mujeres. Me envolverán en una bandera y mi voz se conservará en cintas. Me perdonarán en una hora todos mis pecados, luego los poetas me insultarán. Más de un lector recordará que yo velaba cada noche en su casa. Una chica vendrá pretendiendo que me casé con ella hace veinte años y pico. Se contarán leyendas sobre mí y sobre las conchas que recogía de los mares lejanos. Mi amiga se buscará un nuevo amante que esconderá en sus vestidos de luto. Veré la fila del cortejo fúnebre y a los que pasan, cansados de esperar.


Pero aún no veo la tumba. ¿No tengo derecho a una tumba, después de todas estas fatigas? EL AMOR ME ENSEÑA A NO AMAR El amor me enseña a no amar, a abrir la ventana al borde del camino. ¿Puedes emerger de la llamada de la albahaca y partirme en dos: tú y lo que queda de la canción? Cualquier amor es el amor. En cada amor veo el amor, como muerte de una muerte precedente. Viento que se afana en impulsar a los caballos, entre nubes y valles, a su madre-viento. ¿No puedes salir del tintineo de mi sangre para que acune este ardiente deseo, para que aparte a las abejas de los pétalos de la rosa contagiosa? Cualquier amor es el amor. Me pregunta: ¿cómo ha vuelto el vino a su madre y se ha quemado? ¡Qué dulce es el amor cuando atormenta y destruye al narciso del deseo! El amor me enseña a no amar y me deja a merced de las hojas. NOSOTROS AMAMOS LA VIDA Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella, bailamos entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas o una palmera. Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella. Robamos un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo y concluir este éxodo. Abrimos la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa mañana. Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.


Allá donde estemos, cultivamos plantas que crecen deprisa y recogemos mártires. Soplamos en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo del camino y escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco. Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella. MELODÍA GITANA Una calle clara. Una chica sale a iluminar la luna. Países lejanos, países sin huellas... Un sueño salado. Una voz que talla la cintura en la piedra. Camina, amor mío, por mis pestañas o por las cuerdas. Una luna herida, un silencio que rompe el viento y la lluvia y torna el río aguja en una mano que teje los árboles. Un muro que nada. Una casa que desaparece cada vez que surge. Tal vez nos maten o se duerman en el pasillo. Un tiempo escandaloso, una muerte que nos desea cuando pasa. Todo está concluido. Nos hemos acercado al río.


El viaje de los gitanos ha concluido y nosotros estamos cansados de viajar. Una calle clara. Una chica sale a pegar fotografías en las paredes de mi cadáver. Mis jaimas están lejanas y no dejan huellas... VUELAN LAS PALOMAS Vuelan las palomas. Se posan las palomas. - Prepárame la tierra para descansar: estoy fatigado de tanto amarte... Tu mañana es fruta para las canciones y esta tarde es de oro. Nosotros somos el uno del otro cuando la sombra penetra a su sombra en el mármol y yo me asemejo a mi ser cuando cuelgo mi alma a un cuello que no abraza sino a las nubes. Tú eres el éter que se desnuda ante mí cual lágrimas de uvas, eres el comienzo de la familia de las olas cuando se agarran a la tierra, cuando emigran. Te amo. Eres el preludio y el epílogo de mi alma. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. Mi amado y yo somos dos voces en los mismos labios, yo pertenezco a mi amado y él a su estrella fugitiva. Penetramos en el sueño pero él se rezaga para que no le veamos. Cuando mi amado se duerme, yo velo para proteger su sueño de lo que pueda ver y expulsar a las noches pasadas antes de nuestro encuentro. Elijo nuestros días con mis manos y elijo para mí la rosa de la mesa.


Duerme, amor mío, para que las voces de los mares se eleven hasta mis rodillas. Duerme, amor mío, para que yo me pose en ti y salve tu sueño de una espina envidiosa. Duerme, amor mío, en paz y con las trenzas de mi poesía. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. - He visto abril en el mar. He dicho: has olvidado la vigilia de tus manos, los cánticos en mis heridas. ¿Cuántas veces puedes nacer en mi sueño y matarme para que grite: "te amo" y tú descanses? Te llamo antes de las palabras y vuelo en tu cintura antes de llegar hasta ti. ¿Cuántas veces puedes posar las direcciones de mi alma en los picos de estas palomas y desaparecer, como el horizonte en las laderas, para que yo sepa que eres Babel, Egipto y Siria? Vuelan las palomas. Se posan las palomas. ¿Adónde me llevas, amor mío, lejos de mis padres, de mis árboles, de mi pequeño lecho y de mi inquietud, de mis espejos, de mi luna, de la alacena de mis días y de mis noches en vela, de mi ropa y de mi pudor? ¿Adónde me llevas, amor mío, adónde? En mi oído, abrasas los desiertos, me cargas con dos olas, quiebras dos costados, me bebes, me enciendes y me abandonas en el camino del viento hacia ti. Piedad... piedad. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. - Mi cintura se desangra porque te amo. Huyo de dolor en las noches agrandadas por mi temor.


Ven a menudo y auséntate brevemente. Ven brevemente y auséntate a menudo. Ven sin parar, ah, de un paso inmóvil. Te amo porque te deseo, porque te deseo. Tomo un puñado de este rayo cercado por las abejas y la rosa fugaz. Te amo, maldición de los sentimientos. Tengo miedo de ti por mi corazón, miedo de que mi deseo se realice. Te amo porque te deseo. Te amo, cuerpo que crea los recuerdos y los mata antes de se completen. Te amo porque te deseo. Modelo mi alma a la imagen de dos pies, de dos paraísos, me rasco las heridas con las extremidades de tu silencio... y la tempestad. Muero para que las palabras se sienten en tus manos. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. - El agua me hiere porque te amo, los caminos del mar me hieren, la mariposa y la llamada a la oración en la luz de tus brazos me hieren, amor mío. Te llamo en mi sueño, temiendo la atención de las palabras, temiendo que descubran a la abeja llorando entre mis muslos. La sombra de las lámparas me hiere porque te amo, un pájaro en el cielo lejano y el perfume de violeta me hieren. El comienzo del mar y su fin me hieren. Ojalá no te amara, no amara, para que se curase el mármol. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. Te veo y me libro de la muerte. Tu cuerpo es un puerto con diez azucenas blancas y diez dedos. El cielo va hacia su azul extraviado y yo retengo este brillo marmóreo, el perfume de la leche oculta


en dos melocotones sobre el mármol y adoro a quien otorga a la tierra y al mar un refugio en la ribera de la sal y la miel primeras. Beberé el néctar de algarroba de tu noche y me dormiré sobre un trigo que rompe el campo, rompe hasta el grito que se oxida. Te veo y me libro de la muerte. Tu cuerpo es un puerto. ¿Cómo me exilia la tierra en la tierra? ¿Cómo se duerme el sueño? Vuelan las palomas. Se posan las palomas. Tengo miedo, amor mío, del silencio de tus manos. Frota mi sangre para que se duerma el caballo. Amor mío, las mujeres de los pájaros vuelan hacia ti. Tómame como aliento o esposa. Amor mío, permaneceré aquí para que maduren en tus manos los pistachos de mis senos, para que los guardias me arranquen de tus pasos. Amor mío, te lloraré porque eres el tejado de mi cielo y mi cuerpo es tu tierra en la tierra y tu morada. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. En el puente, he visto la Andalucía del amor y del sexto sentido sobre una rosa marchita. Le ha devuelto su corazón y ha dicho: el amor me exige que no ame. Exige que le ame. La luna se ha dormido sobre un anillo que se rompe. Las palomas han volado. En el puente, he visto la Andalucía del amor y del sexto sentido sobre una lágrima desesperada. Le ha devuelto su corazón y ha dicho: el amor me exige que no ame.


Exige que le ame. La luna se ha dormido sobre un anillo que se rompe, las palomas han volado y la noche negra se posa en el puente de los amantes. Vuelan las palomas. Se posan las palomas. SÓLO OTRO AÑO Amigos, me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año, sólo otro año para amar a veinte mujeres y treinta ciudades. Un año es suficiente para dar a la idea un cuerpo de azucena, para que una tierra desconocida albergue a una chica que me lleve al mar y me entregue, de sus rodillas, la llave de todos los lugares. Un año es suficiente para vivir toda mi vida de un tirón, en un solo beso o en un disparo que ponga fin a mis preguntas y al enigma de los tiempos confusos. Amigos, no muráis así. Por favor, no muráis, esperadme otro año, sólo otro año. Tal vez terminemos la charla y el viaje que hemos iniciado e intercambiemos ideas caminando por la calle, sin horario ni banderas. ¿Hemos traicionado a alguien para tener que llamar país a cada pájaro y espuma a la tierra que está fuera de la herida, para que temamos el susurro? Quizá podamos proteger al lenguaje


de un sentido que no hemos deseado, de un canto que no hemos entonado a los sacerdotes... Amigos, mártires erguidos en mi lecho... y en la cintura de una chica de la que aún no he gozado ni he elevado sobre sus piernas mi oración al dios del jazmín... Dejadme solo un momento. Tenemos derecho a tomar el café con azúcar, no con sangre, a escuchar el sonido de nuestras manos llamando a las perdices que nos lloran, no la caída de las fortalezas. Tenemos derecho a censar nuestras venas que hierven con el viento de los deseos crónicos, a dar las gracias a la pelusa dormida en el vientre lácteo y a romper el ritmo de los cánticos piadosos... Amigos, mártires, mo muráis antes de pedir perdón a una rosa que no habéis visto, a un país que no habéis visitado, a un deseo que no habéis logrado, a mujeres que no os han colgado en el cuello el icono del mar ni el tatuaje del alminar. No muráis antes de que formulemos la pregunta que no harán los supervivientes: por qué la tierra se parece a un membrillo, por qué la mujer se parece a lo que no se asemeja la tierra, a las privaciones de los enamorados... y a un río de claveles? ¿Por qué me reconocieron abiertamente cuando morí... y me negaron cuando regresé vivo de mi periplo? Dios mío, mi cadáver me ha guiado y les ha hecho regresar a mí. Cual chimenea, lo han alzado entre ellos. Amigos, mártires, pensad en mí un poco, amadme un poco,


no muráis así, por favor, no muráis, esperadme otro año, un año, sólo otro año. No muráis ahora, no me dejéis, amadme para que bebamos este cáliz, para que descubramos que la ola blanca no es una mujer ni una isla. ¿Qué haré tras vuestra ausencia? ¿Qué haré después del último entierro? ¿Cómo voy a amar la tierra que os arrebata de mi lado y os oculta del mar? ¿Cómo voy a amar al mar que ahoga a los que rezan y eleva el alminar? ¿A quién visitaré los sábados por la tarde? ¿Quién abrirá mi corazón a los gatos? ¿A quién dedicaré el panegírico de esta luna agria sobre el Mediterráneo? ¿A quién llevaré las pertenencias de las mujeres pasajeras y seductoras? ¿A quién dejaré este hastío cotidiano? ¿Qué significará mi vida cuando no tenga más que mi sombra para apoyarse en la pared de mi sombra, tras vuestra ausencia? ¿Quién me conducirá a mi alma y la convencerá de que se quede conmigo? No muráis, no muráis así, por favor, no me arranquéis de la manzana-mujer para lanzarme al libro de las elegías y a los ritos de las perseverantes lágrimas. No poseo mi corazón para lanzarlo sobre vosotros cual saludo, no poseo mi cuerpo para hacer un nuevo ataúd y un testamento, no poseo mi voz para atravesar esta calle elevada sobre el fusil. Tened piedad de mí, amigos, tened piedad de las madres desconsoladas que buscan otras albórbolas para celebrar el nacimiento de los espejos en los estallidos de las bombas. Tened piedad de las paredes que desean la hierba, de los escritores en las noticias necrológicas,


tened piedad de un pueblo al que hemos prometido el acceso de la rosa por la puerta de las cenizas amargas. No desaparezcáis ahora, como el poeta en el sombrero del mago. ¿Quién recogerá las rosas de los mártires? Esperad, amigos, tened piedad de nosotros. Nuestras ocupaciones no nos permiten buscar tumbas y una elegía distinta de la anterior. ¡Qué pequeñas son estas rosas! ¡Qué grande es esta sangre! ¡Qué bellos sois, amigos, cuando violáis la tierra en el milagro del génesis o descubrís la fuente entre las rocas de las montañas posibles! Amigos, me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año, otro año. Un año es suficiente para que caminemos juntos, para que nos colguemos el río en la espalda como los gitanos, para que destruyamos juntos el último templo y coloquemos una piedra bajo otra, para que retornemos al alma de su exilio cuando marchemos juntos, cuando declaremos una pequeña huelga de adoración a las imágenes. Si me abandonáis ahora, amigos, si partís para habitar en la nebulosa del cráneo, no os llamaré, no os haré elegías ni escribiré una palabra sobre vosotros. Ahora no puedo hacer elegías a nadie, ya sea país, cuerpo, un cuerpo en un disparo o un obrero en la fábrica de la muerte unificada. A nadie, a nadie... Que este canto sea


el fin de las lágrimas derramadas sobre todos vosotros, amigos traidores, y una elegía destinada a vosotros. Por eso... no muráis, amigos, no muráis ahora. Ninguna rosa es más cara que la sangre en este desierto. No tenéis tiempo. No muráis así, por favor, no muráis, esperad otro año, un año. Me basta con que sobreviva alguno de vosotros para vivir un año, sólo otro año. Un año es suficiente para que ame a veinte mujeres y treinta ciudades. Un año es suficiente para que acuda junto a mi madre desconsolada y le grite: alúmbrame de nuevo para que vea la rosa desde su comienzo y ame el amor desde su comienzo hasta los confines del canto. Sólo otro año. Un año es suficiente para vivir toda mi vida de un tirón, en un solo beso o en un disparo que ponga fin a mis preguntas. Sólo otro año, otro año, un año... POEMA DE BEIRUT Manzana del mar, narciso de mármol, mariposa de piedra, Beirut, image del alma en el emperor. Description de la primera mujer, perfume de nubes. Beirut, de fatiga y oro, de Alandalús y Damasco. Plata, espuma, mandamientos de la tierra en plumas de palomas. Muerte de una espiga, exilio de una estrella entre mi amada y yo, Beirut. Jamás he oído a mi sangre pronunciar el nombre de una amante que duerme en mi sangre... duerme...


De una lluvia sobre el mar aprendimos el nombre. Y del sabor del otoño y las naranjas de los que llegan del Sur, como nuestros antepasados, venimos a Beirut para venir a Beirut... De lluvia, hemos construido nuestra choza. El viento no corre y nosotros tampoco. Cual clavo hincado en la arcilla, el viento cava nuestro refugio y dormimos como hormigas en sus hormigueros. Cantamos en secreto: Beirut es nuestra jaima. Beirut es nuestra estrella. Estamos prisioneros en este tiempo lánguido. Los invasores nos entregaron a nuestra gente y apenas habíamos mordido la tierra cuando nuestro protector se abatió sobre las bodas y el recuerdo. Y repartimos nuestras canciones entre los guardias. De un rey en el trono a un rey en un féretro. Prisioneros en este tiempo lánguido, no hemos hallado, casi definitivamente, más que nuestra sangre, no hemos hallado lo que hace al sultán popular ni al carcelero afable, no hemos hallado nada que muestre nuestra identidad, excepto nuestra sangre escalando los muros... Cantamos en secreto: Beirut es nuestra jaima. Beirut es nuestra estrella. Ventana abierta al plomo del mar, una calle y una moaxaja nos roban. Beirut es la imagen de la sombra. Más bella que su poema, más sencilla que la charla. Nos seduce con mil comienzos abiertos y alfabetos nuevos. Beirut es nuestra única jaima.


Beirut es nuestra única estrella. ¿Nos hemos tendido en sus sauces para medir unos cuerpos que el mar ha borrado de nuestros cuerpos? De nuestros primeros nombres hemos venido a Beirut buscando los confines del Sur y un recipiente para el corazón derretido... ¿Nos hemos tendido en las ruinas para pesar el Norte con la medida de las cadenas? La sombra se ha inclinado hacia mí, me ha roto y me ha dispersado. La sombra se prolonga... Que los árboles que viajan de noche nos lleven de noche por el cuello cual racimo de muertos abatidos sin razón... Hemos venido de un país privado de su país, de la mano del árabe literal y de una fatiga... cual ruinas de esta tierra que se extiende del palacio del emir a nuestras celdas y de nuestros primeros sueños a... leña. Danos un muro para que podamos gritar: ¡Beirut! Danos un muro para que podamos ver un horizonte y una ventana de llamas. Danos un muro para que colguemos Sodoma, dividida en veinte reinos para vender petróleo... y árabes. Danos un muro para gritar en la península de Arabia: Beirut es nuestra última jaima. Beirut es nuestra última estrella. Un horizonte emplomado se ha esparcido por el horizonte. Senderos de conchas huecas... no caminos. Del océano al infierno, del infierno al Golfo, de la derecha a la derecha y al centro no he visto más que un patíbulo con una cuerda para dos millones de cuellos.


¡Beirut! ¿Dónde empieza el camino a las ventanas de Córdoba? Yo no emigraré dos veces ni te amaré dos veces. En el mar, no veo más que el mar... pero revoloteo por mis sueños e invoco a la tierra para que sea el cráneo de mi alma fatigada. Quiero caminar para caminar y caerme en el camino hacia las ventanas de Córdoba. Beirut es testigo de mi corazón. De sus calles, emigro, y de mí, colgado en un poema infinito. Digo: mi fuego no muere... palomas en sus edificios, paz en sus escombros... Cierro la ciudad como si fuera un libro y porto la tierra menuda, como un saco de nubes. Me despierto y, en la ropa de mi cadáver, me busco. Nos reímos: todavía estamos vivos, como los gobernantes. Gracias al periódico que no ha anunciado que yo había caído allí por descuido... Abro pequeños caminos para el aire, mis pasos y los amigos pasajeros, el pérfido panadero y la imagen nueva del mar. Gracias, Beirut de brumas, gracias, Beirut de ruinas... Mi alma se ha roto. Lanzaré mi cadáver para que las invasiones me vuelvan a matar y los invasores me entreguen al poema... Porto el lenguaje sumiso cual nube por las aceras de la lectura y la escritura: "Este mar nos deja sus oídos y sus ojos" y regresa al mar por el mar. ... Y yo porto la tierra de Canaán, cuyas tumbas se han disputado los invasores pero no los narradores. De una piedra nacerá el Estado de gueto y de una piedra crearemos el estado de los amantes.


Improviso la despedida. Las pequeñas ciudades se ahogan en expresiones similares, la herida crece sobre la lanza y se alternan en acompañarme hasta el fin de este canto... Desciendo por la escalera que no conduce al refugio ni a las bodas, asciendo por la escalera que no conduce al poema... desvarío un poco para que vengan la lucidez y el verdugo... Grito: natividad, tortúrame para que grite, natividad... Por las invocaciones, cabalgo hacia Damasco con la esperanza de tener una visión. Siento vergüenza del eco de las campanas que me llegan oxidadas, le grito a Atenas: ¿cómo te puedes derrumbar en nosotros? Luego, susurro en las tiendas beduinas: mi rostro no está completamente maduro y mis venas rebosan trigo... Le pregunto al último islam: ¿en el comienzo fue el petróleo o la ira? Deliro. Tal vez parezca extraño a los míos. Que los poetas se inquieten menos por mi lenguaje y yo lo limpiaré de ellos y del pasado... No he hallado en las palabras más utilidad que su deseo de cambiar de autor... Adiós a lo que veremos al alba que nos desgarrará dentro de poco, a una ciudad que nos retornará a otra ciudad para que se prolonguen nuestro éxodo y nuestra sabiduría. Adiós a las espadas y a las palmeras, a una paloma que volará de dos corazones consumidos de pasado, a un techo de tejas... ¿El combatiente ha venido por allí, como un obús en la guerra? ¿Su estallido ha roto las tazas de té en el café? Veo ciudades en papel armado de reyes y uniformes caqui, veo ciudades que coronan a sus conquistadores. Unas veces Oriente es la antítesis de Occidente y otras es la imagen y la mercancía de Occidente...


Veo ciudades que coronan a sus conquistadores y exportan mártires para importar whisky y las últimas novedades del sexo y la tortura... ¿El combatiente ha venido por allí, como un obús en la guerra? ¿Su estallido ha roto las tazas de té en el café? Veo ciudades que cuelgan a sus amantes en ramas de hierro y dispersan los nombres al alba... ... Al alba viene el guardián del único ídolo. ¿De quién nos despediremos, salvo de esta cárcel? ¿Qué tienen que perder los prisioneros? Caminamos hacia una canción lejana, hacia la libertad inicial y, por primera vez en la vida, palpamos la belleza del mundo... Este alba es azul y el aire es visible y comestible, como los higos... Ascendemos. Uno, tres, ciento y mil en el nombre de un pueblo dormido a estas horas. Al alba, al alba, concluimos el poema y ordenamos la confusión en los cajones del alba. Bendita sea la vida. Benditos sean los vivos sobre la tierra, no bajo el yugo de los tiranos. ¡Viva la vida! ¡Viva la vida! Luna sobre Baalbek y sangre en Beirut. Dime, preciosa, quién te ha convertido en una yegua de zafiros, dime quién te ha arrojado a dos ríos en un ataúd. Ojalá tuviera tu corazón para morir en el momento de mi muerte.


... De un edificio sin sentido a un sentido sin edificios, hemos encontrado la guerra... ¿Es Beirut un espejo para que lo rompamos y penetremos en sus fragmentos o nosotros somos espejos que quiebra el aire? Ven, soldado, háblame del policía: ¿Has llevado mis flores a la ventana? ¿Has transmitido mi silencio a los que amo y al primer mártir? ¿Tus muertos han muerto en ti por mí y por el mar o me han atacado y me han arrancado de la mano de una mujer que preparaba el té para mí y la flauta para los combatientes? ¿La iglesia ha cambiado tras vestir a su obispo con uniforme militar o ha cambiado la presa? ¿Ha cambiado la iglesia o hemos cambiado nosotros? Las calles nos rodean. Saca a Beirut de Beirut y repártela entre las ciudades. El resultado: un espacio para el refugio. Posa a Beirut en Beirut y sácala de las ciudades. El resultado: una taberna. ... Caminamos entre explosiones - ¿Nos acostumbraremos a esta muerte? - Nos acostumbraremos a la vida y al deseo insaciable. - ¿Conoces a todos los muertos? - Conozco a los enamorados por sus miradas y veo a las asesinas satisfechas con sus encantos y sus ardides. ... ¿Nos inclinaremos para que pase la bomba? Nos acordamos de los primeros días de la guerra. - ¿Nuestro poema ha sido en vano? - No, no lo creo. - Pero entonces, ¿por qué la guerra precede al poema? - Pedimos a la piedra el ritmo pero éste no viene, y los poetas tienen divinidades antiguas. Pasa una bomba. Entremos al bar del hotel Commodore. El silencio de Rimbaud me encanta, al igual que sus cartas en las que habla de África. - Yo he perdido a Cavafy. - ¿Por qué?


- Me dijo: no te marches de Alejandría buscando otra. - Yo he encontrado a Kafka dormido bajo mi piel, adaptado a la túnica de la pesadilla y al policía que llevamos dentro. - Libradme de mis manos. - ¿Qué ves en el horizonte? - Otro horizonte. - ¿Conoces a todos los muertos? - Y a los que nacerán... Nacerán bajo los árboles, nacerán bajo la lluvia, nacerán de las piedras, nacerán de estallidos, nacerán de espejos, nacerán de rincones, nacerán de derrotas, nacerán de anillos, nacerán de capullos, nacerán del comienzo, nacerán de la narración, nacerán sin final. Nacerán, crecerán y los matarán. Y nacerán, nacerán, nacerán... Explica lo siguiente: Beirut (mar-guerra-tinta-lucro) El mar: blanco o emplomado, verde en abril, azul, pero si se enfada, enrojece todos los meses. El mar: se ha inclinado hacia mi sangre


para ser la imagen de los que amo. La guerra: destruye nuestra obra de teatro para que la representemos sin texto ni guión. La guerra: memoria de los primitivos y de los civilizados. La guerra: comienza en la sangre. La guerra: se acaba en el aire. La guerra: hace un agujero en nuestra sombra para pasar de una puerta a otra. La tinta: está destinada a la lengua literal, a los oficiales, a los espectadores de nuestras canciones y a los que se rinden ante el paisaje del mar triste. La tinta: hormigas negras o un maestro. La tinta: nuestro istmo seguro. El lucro: derivado de la guerra interminable, desde que nuestros cuerpos se han vestido con el arado, desde la primera cacería de antílope hasta la aparición de los socialistas en Asia y en África. El lucro: nos gobierna, nos expulsa de los utensilios y de las palabras, roba nuestra carne y la vende. Beirut: zocos en el mar, economía que destruye la producción para construir restaurantes y hoteles... un Estado en una calle o en un apartamento, un café que, como el girasol, torna hacia el sol, descripción de la migración y de la belleza libre, paraíso de los minutos, un asiento en la pluma de un pájaro, montañas que descienden al mar, mar que asciende hacia las montañas, gacela degollada con el ala de un gorrión y un pueblo que no ama la sombra. Beirut: calles en los barcos. Beirut: puerto para la unión de las ciudades. Se ha vuelto contra nosotros y nos ha abandonado, dándonos la espalda. Beirut, traicionará otra nube a los que te miran?


Arquitectura que se amolda a los deseos de las nuevas castas, musgo de los días entre el flujo y el reflujo, desechos que vuelan desde los peldaños hacia el trono, arquitectura de la descomposición y la composición, mezcla de caminantes por las aceras precediendo al terremoto. Ha girado volviéndonos la espalda. Su arquitectura, en línea con el mundo, mira hacia el nuevo mercado en el que se compra y se vende, sube y baja según el precio del dólar y del lingote de oro, que sube y baja según el precio de la sangre oriental. No... Beirut es la brújula del combatiente... Llevaremos a los niños al mar para que confíen en nosotros... soberano es el rey nuevo y la voz de Fayruz, repartida equitativamente entre dos comunidades, nos guía hacia lo que convierte a los enemigos en una familia y a Líbano en una espera entre dos etapas de nuestra sangrienta historia. ¿El camino se ha estrechado y de tus pasos nace la senda, compañero? - Asediado por el mar y los libros sagrados. - ¿Es nuestro fin? - No. Persistiremos como las antigüedades, como un cráneo coronando los días, persistiremos, como el aire y la mirada de los mártires, persistiremos... mezclando la noche con la barricada, esperando lo que ignoramos, ocultando el mundo árabe en un andrajo llamado unidad, compartiendo la noche: - Layla no me cree, pero yo creo a sus pezones cuando se agitan... ella me seduce por su elegancia al caminar: caderas de antílope, piernas de gacela, alas de gorrión, resplandor de vela. Cada vez que la abrazo, llama a las balas perdidas. - Soberano es el rey nuevo. ¿Hasta cuándo nos divertiremos con esta muerte? - No sé, pero velaremos por un poeta en el recital. - ¿A qué partido pertenece?


- Al partido de la defensa de los bancos extranjeros y del asalto al parlamento. - ¿Hasta cuándo se multiplicarán los partidos y desaparecerán las clases sociales, compañero nocturno? - No sé. Pero tal vez te mate o tú me mates a mí si discrepamos en la definición de la feminidad. - Ella es la brasa que viene de las piernas, nos quema. - Ella es el pecho que respira las olas, nos ahoga. - Ella son los ojos que destruyen la génesis del universo. - Ella es el cuello que se puede beber. - Ella son los labios llamando al astro salado. - Ella es lo enigmático. - Ella es lo evidente. - Te mataré. Mi revólver está preparado. Soberano es el rey, el revólver está preparado. Beirut, forma para la forma, geometría de las ruinas... Miércoles, sábado. La vendedora de anillos. Barrera de inspección. Un pescador. Riqueza. Lengua y anarquía. Noche del lunes. Ellos han subido las escaleras y se han llevado lo que han podido. Quien no es de los nuestros es del bando de los árabes, de su raza. Ganado. Martes. Jueves. Miércoles. Ellos tomaron noventa guitarras y cantaron en torno al banquete de asado humano. Luna sobre Baalbek, sangre sobre Beirut. Dime, preciosa, quién te ha convertido en yegua de zafiros. dime quién te ha arrojado a dos ríos en un ataúd. Ojalá tuviera tu corazón para morir en el momento de mi muerte. Hemos incendiado nuestras naves y hemos colgado nuestros astros en las murallas.


Nosotros, erguidos sobre las líneas de fuego, proclamamos: Beirut es una manzana, el corazón no ríe y nuestro asedio es un oasis en un mundo agonizante. Haremos bailar a la plaza y casaremos a las lilas. Hemos incendiado nuestras naves y hemos colgado nuestros astros en las murallas. No hemos buscado a los antepasados en los árboles de las genealogías, no hemos viajado fuera del pan puro y de nuestra ropa de barro, no hemos enviado la fotografía de nuestros padres a las conchas de los lagos antiguos. No hemos nacido para preguntar: ¿Cómo se ha producido el paso de lo inorgánico a lo orgánico? No hemos nacido para preguntar... hemos nacido sin importar cómo y nos hemos propagado, como las hormigas por la estera, luego nos hemos transformado en caballos de tiro... Nosotros, erguidos sobre las líneas de fuego, hemos quemado nuestras naves y hemos abrazado nuestros fusiles. Despertaremos a esta tierra que se ha apoyado en nuestra sangre. La despertaremos y, de sus células, extraeremos a nuestros muertos. Lavaremos sus cabellos con nuestras lágrimas blancas, en sus manos, verteremos la leche del alma para que se despierten y les rociaremos los párpados con nuestras voces: Levantaos, seres queridos, regresad a casa, volved al viento que, de nuestros costados, ha arrancado el sur de la tierra, volved al mar que no recuerda ni a los muertos ni a los vivos. Volved de nuevo porque no hemos seguido en vano vuestras huellas. Aquí, nuestras naves se han quemado y no tenemos una tierra, salvo la vuestra, para defender sus curvas y su trigo.


Os defenderemos del olvido, os protegeremos con las armas forjadas para nosotros con vuestras manos. Tejeremos para vosotros con un cráneo y con una rodilla resbalada porque no tenemos una tierra, salvo la vuestra, en la que clavar nuestros pies... Volved, que nosotros os protegeremos "aunque seamos inmolados sobre las piedras". No abandonaremos la plaza del silencio que ha igualado vuestras manos. La rescataremos y os rescataremos. Aquí, nuestras naves se han quemado y hemos acampado en el viento que, aquí, se ahoga en vosotros. Y aunque todos los ejércitos de la tierra escalen este muro humano, no abandonaremos la geografía de vuestra sangre. Aquí, nuestras naves se han quemado. De vosotros... de un brazo que jamás nos abrazará, construiremos nuestro puente en vosotros. El sol nos ha abrasado, vuestras cajas torácicas nos han ensangrentado, vuestros exilios han desgastado nuestras articulaciones "y aunque seamos inmolados sobre las piedras" no diremos "sí" porque de nuestra sangre a nuestra sangre se extienden las fronteras de la tierra. De nuestra sangre a nuestra sangre se extiende el cielo de vuestros ojos y el campo de vuestras manos. Os llamamos y el eco responde cual patria. Os llamamos y el eco responde cual cuerpo de cemento. Nosotros, erguidos sobre las líneas de fuego, proclamamos que no abandonaremos la trinchera mientras dure la noche. Beirut es para lo absoluto y nuestros ojos son para la arena. En el comienzo, no fuimos creados, en el comienzo fue el verbo y ahora, en la trinchera,


aparecen los síntomas de la gestación. Manzana en el mar, mujer de sangre amasada de arcos. ajedrez de palabras, resto del alma, llamada de socorro del rocío, luna quebrada sobre la mastaba de la noche. Beirut, amatista que grita ardiendo viva en el dorso de palomas, sueño que portaremos cuando queramos y colgaremos en nuestros cuellos. Beirut, azucena de escombros y primer beso. Panegírico de lilas. Abrigo para el mar y los muertos, techo para los astros y las jaimas, poema de piedra, encuentro de dos alondras ocultas en un pecho... Cielo amargo sentado, pensativo, en una piedra, rosa sonora, Beirut, voz decisiva entre la víctima y el sable. Y un niño, perdido en todas las tablas de las leyes y en los espejos, que se ha dormido. SALMOS 1 Amarte o no amarte. Me alejo, dejando tras de mí direcciones susceptibles de perderse, y espero a los que regresan; ellos conocen las horas de visita de mi muerte, y vienen. Tú eres esa a la que no amo cuando te amo. Las murallas de Babilonia se estrechan por el día, tus ojos se agrandan y tu rostro resplandece al sol. Es como si no hubieras nacido, no nos hubiéramos separado y no me hubieras derribado. En la cubierta de la tempestad cada palabra es bella y cada encuentro es despedida. No hay nada entre nosotros salvo este encuentro, nada salvo esta despedida. Amarte o no amarte. Mi frente huye de mí, y siento que no eres nada o lo eres todo, y que puedo perderte.


Quererte o no quererte. El murmullo de los arroyos me quema la sangre. El día que te vea partiré. He intentado recuperar la amistad de las cosas perdidas: lo he logrado. Me he ufanado de ojos capaces de contener todos los otoños. He intentado, y lo intento, dibujar en torno a tu cintura un nombre adecuado para un olivo pero ha nacido un astro. Te quiero cuando digo que no te quiero. Mi rostro se cae, un río lejano disuelve mi cuerpo, y en el zoco venden mi sangre como sopa de sobre. Te quiero cuando digo que te quiero, mujer que ha posado las playas del Mediterráneo en su regazo, los jardines de Asia en sus hombros y todas las cadenas en su corazón. Quererte o no quererte. El murmullo de los arroyos, el susurro de los pinos, el rugido de los mares y las plumas del ruiseñor me queman la sangre. El día que te vea, partiré. Cantarte o no cantarte. Me callo, grito. No hay un momento para gritar o para callar. Tú eres mi único grito. Tú eres mi único silencio. Mi piel penetra en mi garganta. Bajo mi ventana el viento pasa uniformado y la oscuridad llega de improviso. Cuando los soldados abandonen mis manos escribiré algo, cuando los soldados dejen mis pies caminaré un poco y cuando los soldados se aparten de mi vista te veré y me veré de nuevo. Cantarte o no cantarte. Tú eres la única canción. Me cantas si estoy en silencio. Tú eres el único silencio.


2 Ahora me siento seco cual árbol en un libro y el viento es algo pasajero. ¿Luchar o no luchar? Esa no es la pregunta. Lo importante es que mi garganta sea fuerte. ¿Trabajar o no trabajar? Esa no es la pregunta. Lo importante es descansar ocho días a la semana según el horario palestino. ¡Oh patria que se repite en canciones y masacres! Guíame a la fuente de la muerte. ¿Es el puñal o la mentira? Para recordar que tengo un techo perdido debo sentarme al aire libre. Para no olvidar el aire puro de mi país tengo que respirar tuberculosis, para recordar la gacela nadando en blancura tengo que ser prisionero de los recuerdos, para no olvidar que mis montañas son altas tengo que soltar la tempestad de mi frente y para salvaguardar la propiedad de mi lejano cielo es necesario que no posea ni mi piel. ¡Oh patria que se repite en masacres y canciones! ¿Por qué te paso de contrabando de aeropuerto en aeropuerto, como el opio, como tinta invisible o un transmisor? Quiero dibujar tu forma, esparcida entre expedientes y sorpresas. Quiero dibujar tu forma, volando en metralla y alas de pájaros. Quiero dibujar tu forma pero el cielo me rapta la mano. Quiero dibujar tu forma, asediada entre el viento y el puñal. Quiero dibujar tu forma


para encontrar mi forma en ti: me acusan de ser abstracto y falsificar documentos y fotografías, asediada entre el puñal y el viento. ¡Oh patria que se repite en canciones y masacres! Te conviertes en un sueño y robas el asombro dejándome petrificado. Tal vez seas más bella como sueño, tal vez seas más bella. No queda en la historia de los árabes ningún nombre para prestarte, para escalar con él a tu ventana secreta. Todos los nombres clandestinos están confiscados en las oficinas de reclutamiento con aire acondicionado. ¿Aceptas mi nombre, mi único nombre clandestino: Mahmud Darwish? El nombre original me lo arrancaron de la carne los látigos de la policía y los pinos del Carmelo. ¡Oh patria que se repite en masacres y canciones! Guíame a la fuente de la muerte. ¿Es el puñal o la mentira? 3 Cuando mis palabras eran tierra fui amigo de las espigas. Cuando mis palabras eran ira fui amigo de las cadenas. Cuando mis palabras eran piedra fui amigo de los arroyos. Cuando mis palabras eran revolución fui amigo de los terremotos. Cuando mis palabras eran coloquíntida fui amigo del optimista y cuando mis palabras se tornaron miel las moscas cubrieron mis labios.


4 Dejé mi rostro en el pañuelo de mi madre y me marché llevando las montañas en el recuerdo. La ciudad destruyó sus puertas y proliferaron sobre la cubierta de los barcos como prolifera el verdor en los jardines lejanos. Me apoyo en el viento ¡irrompible estatura! ¿Por qué vacilar, si tú eres mi muro? La distancia me golpea como la fría muerte golpea el rostro de los enamorados. y al acercarme a los salmos mi fragilidad se acrecienta. ¡Oh pasillos llenos de vacío! ¿Cuándo llegaré? Bienaventurado el que se envuelve en su piel. Bienaventurado el que recuerda su nombre original sin error. Bienaventurado el que se come una manzana sin convertirse en árbol. Bienaventurado el que bebe de las aguas de los ríos lejanos sin convertirse en nube. Bienaventurada la roca que ama su esclavitud y no elige la libertad del viento. 8 Una interminable agonía me transporta a una calle en los barrios de mi infancia, me introduce en casas, corazones y espigas. Me concede una identidad que torna en controversia esta larga agonía. Me consideraron muerto y redimieron el crimen con canciones. Pasaron sin pronunciar mi nombre, enterraron mi cadáver en expedientes y golpes de Estado y se alejaron. (El país con el que soñaba seguirá siendo


el país con el que soñaba). Fue una vida breve y una muerte larga. Me levanté un momento y escribí el nombre de mi tierra en mi cadáver y en un rifle. Dije: uno es mi camino y el otro mi guía a las ciudades costeras. Y al moverme me mataron. Enterraron mi cadáver en expedientes y golpes de Estado y se alejaron. (El país con el que soñaba seguirá siendo el país con el que soñaba). En mi interminable agonía soy el señor de la tristeza y las lágrimas de cada chica árabe enamorada. Cantores y predicadores en torno a mí proliferan, y de mi cadáver brotan poesía y líderes. Todos los alcahuetes de la lengua popular aplauden aplauden y aplauden. Viva esta interminable agonía. Una interminable agonía me transporta a una calle en los barrios de mi infancia, me introduce en casas, corazones y espigas. Me torna en controversia y me concede una identidad y un legado de cadenas.

9 Me preparo para estallar


al borde de un sueño como los pozos secos se preparan para la inundación. Me preparo para partir al borde de un sueño como se prepara la piedra en las profundidades de las minas abandonadas. Me preparo para morir al borde de un sueño como el mártir se prepara para morir de nuevo. Me preparo para gritar al borde de la verdad como el volcán se prepara para la erupción. 12 Dibujemos Jerusalén: un dios se desnuda sobre una línea verde oscura, formas semejantes a pájaros emigran, una cruz se detiene en la calle de atrás. Algo semejante a albaricoques y asombro surge detrás de los puentes y un espacio amplio se extiende desde los genitales de un soldado a la historia del poeta. Escribamos Jerusalén: La capital de falsas esperanzas, combatientes que huyen y estrellas ausentes. Extrañas palabras se mezclan en las callejuelas y los besos antiguos abandonan los labios de los cantantes y los vendedores ambulantes. Un muro nuevo se levanta para un nuevo deseo, Troya reúne a los cautivos y la elocuente roca no pronuncia ni una palabra en contra. Bienaventurado quien aborta el fuego en un rayo. Cantemos a Jerusalén:


Niños de Babilonia, descendientes de cadenas, volveréis a Jerusalén dentro de poco, dentro de poco creceréis y cosecharéis el trigo del recuerdo del pasado. Dentro de poco las lágrimas se tornarán espigas. Niños de Babilonia, volveréis a Jerusalén dentro de poco. Aleluya. PRELUDIO SOBRE EL AGUA Tras el lejano otoño hay treinta años, la imagen de Rita y una espiga que ha pasado la vida en el correo. Tras el lejano otoño. Un día te quise... y me marché. Los pájaros vuelan con mi nombre y los matan. Un día te quise y lloro porque eres más bella que el rostro de mi madre, más bella que las palabras que me han dejado errante. En el agua está tu cara, la sombra de la tarde lucha contra mi sombra y me impide ver las ventanas de mi familia. ¿Cuándo se marchitarán las rosas en el recuerdo? ¿Cuándo se alegrarán los extraños? Para describir el momento que flota en el agua


hay un mito o un cielo. Bajo el cielo lejano te he olvidado. Allí crecen las azucenas, sin razón, y los fusiles, allí, sin enfado, y el poema allí, sin poeta, y el cielo lejano frente a las azoteas de las casas, la gorra del guardia y el olvido de mi frente. Bajo el cielo extraño nos tortura la tierra, tu cuerpo pide fuego a las naranjas y huye de mí. Te quiero. El horizonte se transforma en pregunta. Te quiero. El mar es azul. Te quiero. La hierba es verde. Te quiero-azucena. Te quiero-puñal. Un día te quise y conozco la fecha de mi muerte. Un día te quise sin suicidio detrás del otoño lejano. Peino tu pelo, dibujo tu cintura en el viento, estrella y fiesta. Un día te quise. Te quiero junto al otoño lejano. Los pájaros pasan con mi nombre libres, con mi nombre pasa el día cual jardín y con tu nombre vivo.


Un día te quise y vivo tras el lejano otoño. TE MATARON EN EL VALLE Te regalo mi recuerdo ante la mirada del tiempo, te regalo mi recuerdo. ¿Qué dice el fuego en mi país? ¿Qué dice el fuego? ¿Has sido mi amor o una tempestad sobre las cuerdas? Yo soy extranjero en mi propio país, extranjero. Te regalo mi recuerdo bajo la mirada del tiempo, te regalo mi recuerdo. ¿Qué le dice el relámpago al cuchillo? ¿Qué dice el relámpago? ¿Fuiste en Hattin[5] un símbolo de la muerte de Oriente? ¿Y yo soy Saladino o un esclavo de los cruzados? Te regalo mi recuerdo ante la mirada del tiempo, te regalo mi recuerdo. ¿Qué dice el sol en mi país? ¿Qué dice el sol? ¿Estás muerta sin sudario y yo estoy sin Jerusalén? Despuntó del valle. Dicen que redujo el valle y se ocultó. Su belleza secreta rodeó las pequeñas espigas y resolvió las preguntas de la tierra. Los de mi generación ¿recordáis el verano? Flores de Hebrón y huérfanos de Hebrón ¿recordáis el verano 5

Batalla en la que Saladino venció a los cruzados.


que asciende de sus dedos y abre todas las puertas? Una violeta le dijo a su vecina: tengo sed. Abdallah me regaba. ¿Quién se ha llevado la juventud de los jóvenes? Despuntó del valle y en el valle se muere. Nosotros crecemos entre cadenas. Despuntó del valle de pronto y en el valle se muere por etapas. Ahora nos alejamos de él generación tras generación, vendemos las aceitunas de Hebrón gratis, vendemos las piedras de Hebrón, vendemos la historia de Hebrón, y la vendemos para comprar en su pecho la imagen de un asesinado luchando. No reconocí el amor de cerca. Que lo reconozca mi muerte. Mi infancia-Troya árabe pasa y no vuelve. Todos los puñales están en ti. Elévate verdor del limón, brilla en la noche y aumenta el llanto de los que llegan. El viento está en un puñal y nuestra sangre es crepúsculo. No quemes tu pañuelo verde, la noche se quema. Bienaventurada la serpiente que ha dormido en la madera derruida. Bienaventurada la espada que convierte al cuello en ríos de libertad. No reconocimos al amor de cerca.


Que se enfade el enfado. Caminamos a la Troya árabe y la lejanía se acerca. No recuerdas cuando escapamos de ti hacia los vastos exilios. Aprendimos los idiomas universales y el cansancio del largo viaje hacia el ecuador. Aprendimos a dormir en todos los trenes, lentos y rápidos, el amor en el puerto y el cortejo preparado para todo tipo de mujeres. Aprendimos la amistad de cada herida, la lucha de los enamorados, el deseo envasado y la sopa sin sal. ¡Oh país lejano! ¿Se ha perdido mi amor en el correo? Ni el beso de goma nos llega ni el óxido de hierro. Todos los países son el nuestro y nuestra parte de ellos es el correo. No recuerdas cuando escapamos de ti a las cárceles. Hemos aprendido a llorar sin lágrimas y a leer las paredes, los cables y la triste luna, libertad, una paloma, la satisfacción de Jesús y la escritura de los nombres: Aisha se despide de su esposo y vive Aisha, viven los perfumes de la sangre, el rocío y el jazmín. ¡Oh rostro lejano! Te mataron en el valle pero no te mataron en mi corazón.


Quiero que reconstruyas mi espontaneidad oh rostro lejano. Recuérdanos cuando te buscamos en la hecatombe. Que se quede tu brazo que da al mar y la sangre en los jardines, y sobre nuestro renacimiento se alce un puente. Que se queden todas las azucenas de la palma húmeda en su jardín, pues llegamos. ¿Quién compra a la muerte un billete hoy sino nosotros? ¿Quién? Hemos exprimido todas las nubes de los mapas del mundo y los poemas de la nostalgia por el país. Ni su agua riega ni sus anhelos queman ni construye un país. Recuérdanos. Nosotros te recordamos como un verdor que surge de cada sangre, barro y sangre sol y sangre flores y sangre noche y sangre, y te desearemos cuando despuntes del valle y desciendas al valle cual gacela que nada en un campo de sangre sangre sangre sangre. Oh beso que duerme sobre un cuchillo, manzana de besos. ¿Quién recuerda el sabor que queda -no estando tú-


como el jardín de la esperanza? - Hemos crecido, infeliz, me dijo la vida. - ¿Y mi amor? - Los muertos no crecen. - ¿Y mis lunas? - Se cayeron con la casa. ¡Oh beso que duerme sobre un cuchillo! ¿Te acuerdas de mi boca? Te quiero cuando te quemas. ¿Quemarás mi sangre? Amo tu muerte cuando me lleva a mi país cual lirio ardiente o pájaro hambriento. ¡Oh beso que duerme en un cuchillo! La naranja ilumina nuestra ausencia, la naranja ilumina, el jazmín excita nuestra soledad pero el jazmín es inocente. ¡Oh beso que duerme en un cuchillo! Te despiertas en la frontera del mañana, te despiertas ahora y diseminas la costa negra como el viento y el olvido. ¡Oh beso que duerme en un cuchillo! El éxodo ha crecido, ha crecido el amarillo de las rosas ¡Oh mi amor asesinado! Ha crecido el vagabundeo por la luz de un mundo que me ignora, ha crecido la tarde en las calles de cada destierro, ha crecido la tarde en las ventanas de cada cárcel, ha crecido en todas las direcciones, ha crecido en todas las estaciones, y te veo alejándote, alejándote por el valle lejano. Abandonas nuestros labios, abandonas nuestra piel, abandonas... Eres una fiesta.


Te veo. Las palmeras caen. ¿Qué dijo Abdallah? - En la época avara proliferan los niños, el recuerdo y los nombres de Dios. Te veo. Cada mano grita allí. Fuimos pequeños, las cosas estaban preparadas y el amor era un juego. Te veo. Mi cara dentro de ti me conoce como la abundante arena conoce todo su amor por la playa. Te alejas de mí y la muerte es un juego. Te veo. Los olivos inclinan la cabeza a un viento pasajero. Todas las raíces están aquí, aquí están todas las pacientes raíces. Que se quemen todos los vientos negros en unos ojos milagrosos ¡Oh mi valiente amor! No queda nada por qué llorar. Adios. Las ceremonias de despedida han crecido y la muerte es una etapa que hemos comenzado. La muerte se ha perdido, se ha perdido en el alboroto del nacimiento. Extiéndete desde el valle hasta la causa del éxodo cual cuerpo que corre sobre cuerdas, cual gacela de lo imposible. UNA RIMA POR LAS MU`ALLAQAS (1995) Nadie me ha guiado hasta ser el que soy. Yo soy la vía, la vía


que a mí conduce entre el mar y el desierto. De mi lengua he nacido, en la ruta de la India, entre dos ínfimas tribus subyugadas por la luna de las viejas creencias y la paz imposible, compelidas a vérselas con la astronomía del vecino persa y las obsesiones de Bizancio, a fin de resistir a un tiempo tan duro para la jaima del árabe. ¿Quién soy? Es la pregunta que se me hace, y no tiene respuesta. Soy mi lengua, soy una... dos, diez mu`allaqas... Ésa es mi lengua, no soy sino mi lengua. Soy lo que dijeron las palabras: sé nuestro cuerpo. Y encarné su voz. Soy lo que les dije a las palabras: comulgad en mi cuerpo con la eternidad del desierto. ¡Que vosotras seáis para que yo sea tal y como proclamo! No hay tierra sobre la Tierra que cargue conmigo sino mi palabra, pájaro de mi sangre que pone el nido de su vuelo entre mis restos, entre las ruinas del mundo mágico que me rodea, en un viento que yo he detenido. Precisa me ha sido una larga noche. ... Ésta es mi lengua, un collar de estrellas en el cuello de aquellos a quienes amo -aquellos que emigraron, cogieron el espacio y emigraron, cogieron el tiempo y emigraron, cogieron el olor del barro y del ralo forraje y emigraron, cogieron las palabras y partió con ellos el corazón asesinado. El eco, ese blanco espejismo sonoro, ¿contendrá un nombre cuya afonía exprese lo desconocido? Este eco ¿hallará en el viaje su expresión subliminal? El cielo dispone sobre mí una ventana para que me asome: no veo a nadie salvo a mí mismo... Del otro lado se hallaba mi alma como si estuviera conmigo, pero mi vista no rebasaba el desierto: de viento y de arena son mis pasos, mi mundo es mi cuerpo y lo que tienen mis manos.


Soy el viajero y la senda. Los dioses me han visitado y se han ido: no volveremos a hablar de lo venidero. No hay otro mañana en este desierto sino el ayer conocido: blandiré mi mu`allaqa para quebrar el tiempo circular y que nazcan ahora los evos propicios. ¡Tanto pasado deviene mañana! Dejé mi alma a su albedrío, repleta de su presente, y el viaje me ha ido despojando de templos. El cielo tiene sus pueblos y sus guerras, yo apenas por esposa a la gacela, y a las palmeras, mu`allaqas en el libro de arena. Pertenece al pasado cuanto veo: el hombre posee el reino del polvo y su corona. Que mi lengua impere sobre los evos adversos, y mi progenie y yo mismo y mi padre, y un límite sin fin. Ésta es mi lengua y mi prodigio. Mi varita mágica. Mis jardines de Babilonia y mi obelisco, mi identidad primera, mi metal bruñido y el sagrario en el desierto del árabe, que adora la cadencia de unos versos que resbalan como estrellas por su túnica, y reverencia cuanto dice. Pero éste es un tiempo de prosa, un tiempo de prosa divina para que venza el Profeta... EL CIPRÉS SE HA PARTIDO (2004) el árbol, no tiene sombra porque es la sombra del árbol Bassam Hayyar El ciprés se ha partido como un alminar, y duerme en el camino sobre su austera sombra, verde, oscuro, como es él. No ha habido heridos. Los coches han cruzado raudos sobre sus ramas. El polvo ha cubierto los cristales... / El ciprés se ha partido, pero


la paloma no muda su nido público en la casa de al lado. Dos aves migratorias han sobrevolado el lugar haciéndose señas. Una mujer le ha dicho a su vecina: Entonces, ¿ha sido una tormenta? No, ni un buldózer... / Pero el ciprés se ha partido. Los que pasaban entre los escombros han dicho: Estaría harto de tanto abandono, o sería demasiado viejo, pues era alto como una jirafa, y de tan poca enjundia como una escoba, ni sombra daba a los enamorados. Un niño ha dicho: Lo he dibujado sin un fallo, tiene una forma muy fácil. Y una niña: Hoy al cielo le falta algo porque el ciprés se ha partido. Un joven ha dicho: Hoy el cielo está entero porque el ciprés se ha partido. Y yo me he dicho: Nada es abstruso o claro, el ciprés se ha partido, no hay más: se ha partido. LECHE DE INANA (1999) Tuyos son los gemelos: por ti la prosa y el verso se unen, mientras vuelas de un tiempo a otro, plena y a salvo sobre el palanquín de los astros de tus víctimas —tus guardianes buenos, que cargan con tus siete cielos cáfila a cáfila. Los que apacientan tus caballos entre las palmeras de tus manos y tus dos ríos, se acercan al agua: «La primera entre las diosas es la que más nos colma». Un creador enamorado contempla su obra, por ella enloquece, a ella añora: ¿Igualaré lo que hice antes? Los escribas de tu relámpago se consumen con la tinta del cielo, y sus nietos despliegan las golondrinas sobre el desfile de la sumeria... ascienda, la sumeria, o descienda. Por ti, que estás tendida en la sala con la camisa de flores y el pantalón


gris, por ti sin metáfora alguna, despierto mi lado indómito y me digo: Se alzará de mi tiniebla una luna... Deja que el agua caiga desde el horizonte sumerio sobre nosotros, como en las leyendas. Cuando mi corazón esté intacto como este cristal que nos cubre, llénalo con tus nubes para que vuelva a los suyos cargado de nubes y sueños como la oración del pobre. Y cuando esté herido no lo cornees con la testuz de la gacela, pues ya no quedan junto al Éufrates flores silvestres para que mi sangre se encarne en amapola después de las guerras. Tampoco queda en mi templo un ánfora de vino para las diosas de la Sumeria eterna, de la Sumeria efímera. Por ti, grácil en la sala, manos de seda, el talle voluptuoso, por ti sin símbolo alguno, despierto mi lado indómito y digo: Apartaré a esta gacela de su rebaño y me cornearé yo mismo... con ella. No quiero hacer de un canto tu cama; que al toro, el toro alado del Iraq, le lustre los cuernos el destino y el templo hendido en la alborada argéntea. Que la muerte le ponga su fanfarria metálica al coro de los antiguos cantores del sol de Nabucodonosor.* Y yo, que provengo de un tiempo que no es éste, he de tener un caballo condigno de este cortejo nupcial. Si ha de haber una luna, que sea alta... alta y fabricada en Bagdad, ni árabe ni persa, que no la vindiquen las diosas que nos rodean. Que se halle libre de recuerdos y del vino de los reyes antiguos, para que consumemos estas nupcias sagradas, que las consumemos, oh hija de la luna eterna, aquí, en el lugar


que hospedaron tus manos, en el confín de la tierra, el balcón del paraíso extinguido... A ti, que lees el periódico en la sala, que estás griposa, a ti te digo: Tómate una tisana y dos aspirinas, que se apacigüe en ti la leche de Inana y conozcamos qué tiempo es éste en la vieja Mesopotamia. Poesía y poética del más reciente Darwix La publicación a comienzos de 1999 de La cama de la extranjera, propició la revisión, por parte de la crítica árabe (2), de la trayectoria vital y literaria de Darwix, habitualmente interpretada desde su valor simbólico para el pueblo palestino. En la entrevista que traducimos, Darwix, cada vez más convencido de la necesidad de una estricta lectura de su obra desde presupuestos poéticos, aun si ello ha de realizarse a expensas de sus valores políticos y sociales, reflexiona sobre sus preocupaciones técnicas y espirituales. La entrevista fue realizada por varios críticos y escritores en la Casa de la Poesía de Ramallah, y publicada en la revista alShu`arâ´ (abril 1999). Hemos introducido una serie de notas a pie de página para facilitar la consulta de las traducciones españolas de los textos mencionados en el diálogo; sirvan además como aproximación bibliográfica a la obra de Darwix en España. Hasan al-Barguzi (HB): Me gustaría preguntarte sobre la "estructura artística", sobre tu plan previo para la articulación del poema. Por ejemplo, ya desde la década de los sesenta lo divides en partes y utilizas un leitmotiv, una especie de estribillo, recurriendo a técnicas compositivas de la música, que, en la poesía palestina, o en la árabe en general, no se habían dado de forma sostenida. ¿Dónde aprendiste tan temprano a concebir un plan para el poema? Algunos grandes poetas sólo empezaron a prestar atención a esto tras una larga experiencia; en tu caso, ¿viene de tu interés por la música y el


canto?

¿Cómo

te

hiciste

con

estos

mecanismos?

Darwix: A uno le resulta difícil controlar a qué le presta atención, o sea, que me cuesta fijarme en cómo me ocupo de la estructura. Quizá lo aprendiera de los modelos poéticos que leí, ya que cada uno tiene sus referentes; o tal vez provenga de la conciencia que va cristalizando con la experiencia y la práctica. La poesía es básicamente una estructura: la articulación de las relaciones entre los elementos del poema; no hay nada gratuito, ni en las imágenes, ni en las metáforas, ni siquiera en el ritmo. Yo, puedes estar seguro, continuo indagando en el proceso estructural, no en la estructura en su sentido clásico de introducción, nudo y desenlace. Por eso me alegra tu observación a propósito de la estructura en mi poesía. Es una cuestión compleja cuando se trata de poemas largos, dada la dificultad de crear una estructura armónica: la del muwaxxah, o la de los cuartetos, por ejemplo, es una estructura de sobra conocida, incluso fácil y trillada, dado que existen unos moldes poéticos; lo más difícil es la estructura dramática, especialmente por su carácter narrativo de naturaleza prosística, porque la necesaria relación o diálogo textual entre prosa y poesía no puede darse con un ritmo poético fuerte y ascendente, y se imponen ciertos descansos o silencios en el poema. Hay en ello un trabajo estructural más consciente, más visible; pero retomando tu pregunta sobre mi aprendizaje, cuantos más conocimientos poéticos tengo, mayor es mi obsesión por la estructura. HB: En la práctica, la columna vertebral de tu estructura poética ha sufrido una mudanza: en los sesenta la estructura era óptica, como en "Apunta: soy árabe" (3), y el motivo del poema era el debate con los otros, por ejemplo el juez militar, o bien había una voz poemática que interpelaba a una mujer o a otra persona; después, fuiste introduciendo el diálogo, hasta llegar a producirse, en mi opinión, un salto cualitativo entre el diálogo del poema "Un soldado sueña con azucenas blancas" (4), y el anterior y menos logrado de Enamorado de Palestina (1966). Mientras hablabas con los profetas (5), se produjo el salto a la fusión entre "la descripción cantada" y el diálogo. Dice Nietzsche que en la poesía el poeta se envuelve en el yo como si fuera un todo, pero que cuando se pasa al teatro, el yo se envuelve en el otro; "Un soldado sueña con azucenas


blancas" es la primera experiencia en la que el yo se envuelve en el otro y el otro en el yo, experiencia que se completa en poemas como "Shûlamît" (6). En mi opinión, la madurez del diálogo culmina en el poema "El largo invierno de Rita"; (7) en él se mezclan las técnicas del teatro, del diálogo y el drama, y disminuye la sobreabundancia de descripción al margen del diálogo. ¿Tiene esto raíces conscientes o inconscientes en el teatro? Es decir, ¿hay una inspiración en los elementos teatrales y dramáticos, un diálogo de tu poesía con ellos? Darwix: Puede que sí, que haya interferencias de la experiencia teatral. Las formas de creación artísticas interfieren unas en otras, no existen límites definitivos entre ellas. En cuanto a los ejemplos que has mencionado, era una poesía con pretensiones de realismo, que improvisó una manera de tratar poéticamente la realidad, aunque a condición de simplificar la expresión, porque si ésta primaba en exceso el poema perdía efectividad, exhausto como estaba de tanta retórica preestablecida. Con ello le llegó una oportunidad única al poema que prescinde del pie métrico, o que parece prosa, que decimos en árabe: (8) el poema en verso libre se puede librar de la ramplonería, del romanticismo y de los abusos propios de la lírica, dejando, por un lado, que fluya la melodía, y al mismo tiempo aproximando el texto poético al mundo real de una forma más abierta. En este sentido, mi preocupación fue cómo debe expresar el texto moderno, con medios modernos, esta realidad, sin que la descripción resultante quede fuera de la realidad, sino dentro de ella; o si la realidad podría expresar su naturaleza no poética en un auténtico poema. HB: Si se comparan tus experimentos con los de otros, tú has librado a lo poético de sí mismo mediante el acercamiento a lo real, y a lo real de un realismo excesivo preservando, por el contrario, lo poético. Darwix: Esto último es el quehacer primero del poeta, así como la función de la poesía consiste en librar a lo real de los abusos del realismo; en eso estamos de acuerdo. Pero en lo que discrepo es en que privemos a la poesía de su componente expresivo, que no le dejemos profundizar en la dicción y la melodía. Por ejemplo, las citas se dan mucho en la


poesía moderna, se han convertido en un elemento básico en la modulación del poema, lo cual constituye una manera de dialogar con otras culturas y otros poetas; interpolar estas frases tal vez parezca prosaico, pero su poeticidad resulta de su propia condición humanística más que de su belleza melódica. Esto es lo que hace a la poesía menos lírica, como no podría ser de otra manera. HB: En la colección Te quiero o no te quiero (1972) se entabla cierta dialéctica con el poema en verso libre, hasta el punto de que te lanzas por nuevos derroteros cercanos a la prosa. Hoy, cuando este diván tiene más de un cuarto de siglo, parece que has dejado el tipo de diálogo entre lo real y la poesía a la manera de Te quiero o no te quiero. ¿Cuál es la causa de que hayas abandonado este experimento? Darwix:

¿Qué

experimento?

HB: Quiero decir, que hayas vuelto a utilizar pies métricos, pero no mezclándolos como habías hecho en Te quiero o no te quiero, y que renuncies a usar el poema en verso libre a la manera de varias composiciones de ese libro. ¿Hubo algún tipo de consideraciones que te hicieran abandonar esta vía? Darwix: Esa experiencia de la que hablas forma parte de la serie "Salmos", mediante la que traté de recuperar las dimensiones de la tradición bíblica, escenificando la desolación palestina a la luz de un diálogo con las tribulaciones de la Torá. Suponía dialogar con los Salmos del Antiguo Testamento, los cuales constituyen un criterio de autoridad, tanto si les concedemos un crédito de tipo histórico como cultural o literario; al menos eran una referencia, y esto condicionaba la modulación del poema, a mitad de camino entre la lírica y la prosa. El eje del experimento no era la prosa, sino más bien la modulación, y desde mi perspectiva actual no me parece que el resultado fuera satisfactorio. Fue expresión de una voluntad explícita que se plasmó en verso libre en medio de una obra poética que entiende el verso desde la musicalidad; la juzgo con benevolencia, no la considero un punto crucial, sino un momento experimental, pues creo que ningún poeta cultural y creativamente responsable puede dejar de lado la necesidad de dialogar con una de las partes más sobresalientes de la


poesía árabe, a saber: la poesía que prescinde del pie métrico. El problema es que existe cierta confusión en la traducción al árabe de las expresiones europeas "prosa poética" y "verso libre", y a grandes rasgos me parece que la expresión "prosa poética" que usamos en árabe para el poema que prescinde del pie métrico no es muy precisa. Investigar el potencial poético a espaldas del pie métrico es una de las maneras de estudiar el ritmo de lo real y verter aguas nuevas en los cauces de la poética, y ningún poeta puede, milite en la estética que milite, obviar este diálogo, y yo dialogo con el verso libre a mi manera particular. EL DIÁLOGO INTERTEXTUAL

Hasan Jádir (HJ): En tu obra se produce cierta intertextualidad con otros textos o ideas, lo cual también sucede en La cama de la extranjera (1999). Sin embargo, en este libro la intertextualidad quiere darse en el nivel lingüístico. Me explico: anteriormente indagabas en la composición, articulando el poema a tenor de la intertextualidad; en cambio ahora ésta se centra en la lengua, intentando buscar una lengua nueva. Es un rasgo distintivo de La cama de la extranjera y me interesa saber por qué conductos has llegado a este punto. Darwix: La intertextualidad o las referencias que ejecuto conscientemente son parte fundamental de mi proceder, partiendo de la base de que no existe un libro que nazca en un único instante: no hay un libro originario, un libro que parta de cero, como por principio tampoco existe la poesía con fecha fija. Por eso, en una época de interacción entre las culturas y, por ende, de referentes inevitables, dado el enorme desarrollo de la creación poética, uno es libre de introducir las relaciones intertextuales que le parezca, sea con los clásicos árabes, sea con el mundo contemporáneo, porque escribir hoy es escribir sobre lo ya escrito. Tú no puedes entrar en este mundo de la poesía con nacionalidad; si no escribes sobre lo escrito, entonces estarás sacando a la poesía de su existencia cultural, en tanto que la poesía es, en primera instancia, un producto esencialmente cultural. En cuanto a la especificidad de cada


uno, y cómo ésta exprese lo cultural, depende de cuestiones técnicas. No hay un poeta libre de otros poetas, es posible que cada poeta sea todos los poetas, si su trabajo es serio. Cuanto más sepas, más difícil te resultará escribir, porque buscarás tu lugar en medio del barullo general. El desarrollo de la poesía ha sido tan enorme que polemizar desde un bando u otro forma parte de lo meramente técnico; en la misma medida, debe reconocerse que el poeta jamás es algo enteramente único, sino la voz de una individualidad que a su vez es el resultado de una tradición cultural. El poeta entabla un diálogo: con los demás, con cada objeto y consigo mismo, y este diálogo es una referencia continua de su experiencia poética. En esta colección, La cama de la extranjera, intento limpiar mi lengua de los excesos de la retórica poética, es decir, hay un plan consciente de moderación; que lo consiga o no es otro asunto. Lo que hay es un deseo y una afán claro de no permitir que las pompas retóricas campen por sus respetos, es decir, que refreno la imaginería poética, unas veces reduciendo su papel, y otras introduciendo ritmos que corran libres y desenfadados, sin función aparente, como se marca cualquier melodía en una composición musical. La buena música es la que tiene bien cogidas las riendas de la melodía y tira de ellas en el momento adecuado, y la moderación expresiva puede ser parte de una nueva estilística. LA FUNCIÓN DEL POETA

Zakariya Mahmud (ZM): El poema largo que se da en tu periodo intermedio (9) parece más bien un poema-tragedia. Hay un héroe trágico cercado por la gente, el universo y el destino; sin embargo, parece que ya has salido de este periodo y echado cuentas con él. ¿Por qué abandonaste este tipo de poema largo en favor de un poema más breve? Tengo la sensación de que esos poemas largos pretendían actuar frente a la historia a modo de contrapeso, que se construían a sí mismos a tenor del curso de la historia, mientras que los nuevos poemas de los últimos divanes, desde Menos rosas (1986) (10) a La cama de la extranjera, no pretenden elaborarse al calor de los acontecimientos históricos, sino de


otras

cosas.

Darwix: Tu observación es cien por cien acertada, y abordarla implica salirse del contexto estrictamente poético. Aquel proceder estaba orientado por algo parecido a la épica, una épica inexistente entre nosotros, y no me quedó más remedio que desistir de semejante intento, pues los cantos épicos cuentan un relato histórico o popular en un tiempo ya pasado. Mi pretensión con esos poemas era trasladar la realidad al ámbito de la leyenda y empujar a la leyenda hacia los márgenes de la realidad: un mito para la realidad, y realismo para lo legendario. Teníamos un héroe y una historia heroica, y éramos víctimas que ansiábamos la libertad y la liberación a través de la adopción de una fórmula heroica. Cualquier poeta en nuestras circunstancias nacionales no habría tenido más remedio que arreglárselas solo, hubiera tenido que trabajar sin colaboración, ser historiador, geógrafo, mitólogo, negociador y combatiente. Los intereses generales eran el objeto del texto poético; cada poema era el primero y el último, y debía contar la Historia entera, desde el principio hasta un final feliz o trágico, una especie de Génesis y Eclesiastés, porque uno se las había con un procedimiento que, en última instancia, le terminaba eclipsando, aunque uno se sirviera de sus propias armas lingüísticas, racionales, psicológicas y estéticas. Éste era un proceder heroico que sólo se podía llevar a cabo mediante un uso valiente de la lengua, de la construcción poética. Pero el héroe como concepto ha sufrido nuevas mutaciones: se ha aburrido de su papel, de la ambigüedad de un papel a mitad de camino entre el héroe y la víctima, y no ha recurrido a la lujuria para seguir siendo héroe, ni ha querido disfrutar de su posición de víctima; se ha transformado voluntariamente en un hombre corriente. Ante estas transformaciones históricas las formas literarias no podían quedarse al margen, porque para la literatura contemporánea el tiempo de la heroicidad estaba acabado. El héroe contemporáneo es el hombre corriente: su normalidad se exagera hasta en los aspectos marginales, habiendo quien llega a glorificarlos. La historia obra ahora de una manera distinta, y el poeta ha llegado a comprender que él no es un salvador, ni un redentor, ni un mesías, ni tampoco un profeta -que eran las cualidades del poeta romántico-, el poeta de hoy en día es el individuo que disfruta de su soledad y está solo


para poder tener la ocasión de fijarse en su individualidad y su esencia, sin que esto sea a costa de romper con la sociedad. Pero la manera de expresar la relación de la poesía con la realidad pasa por la observación, y, por lo tanto, por estudiar todas las transformaciones del héroe, incluidas las lingüísticas y el proceso de progresivo declive del poeta como voz del pueblo en favor del poeta que habla en su propio nombre como aportación a la colectividad. Y esto incluye, naturalmente, el poema de lo más insignificante o nimio, que ensalza lo humano de un hombre que por la fuerza de su voluntad no se reduce al victimismo, que canta el amor a la vida y no a la muerte, que eleva lo humano que en él hay. Esto es una parte del quehacer palestino en busca de su humanidad. Gasán Zaqtán (GZ): Hablamos de que el poeta ha abandonado su misión, o de que la heroicidad ha perdido la partida... y a partir de ahí, de las transformaciones que se han producido en la lengua como resultado del cambio de papel y de perspectiva... Estas transformaciones lo abarcan prácticamente todo, pero no comprenden al "otro", que es fundamental en tu puesta en escena. O sea, que el poeta se separó de la comunidad y se encaminó a solas hacia sí mismo, mientras que el "otro" ha seguido atrincherado en el grupo, sin llevar a cabo su labor de persuasión en solitario. No hay una diferencia clara entre el enemigo de "Un soldado sueña con lirios blancos" y el de algunos poemas de ¿Porqué has dejado solo a tu caballo? (1995), (11) más bien es casi el mismo, mientras que por el contrario la ruptura en el poeta ha sido más que evidente. Darwix: Al hablar de cambios y transformaciones lo hacemos siempre de una forma metafórica, proclive a las tergiversaciones, y que no se entenderá bien si olvidamos que estamos hablando de la reacción a todo eso desde la poesía, que hablamos de práctica poética, y no de una operación de pacificación. No me he separado de la comunidad, pero estamos en un periodo cultural muy delicado y mi poesía aspira a salirse del papel que se le ha adjudicado: el de ser el representante poético de la comunidad a la manera tradicional. Debemos hablar con suma propiedad, pues existe cierta confusión entre ética y creación, cuando lo fundamental


es cómo incorporar el texto poético a la historia de manera que sea más artístico y no más patriótico. Y en cuanto al asunto del "otro", el otro -que sólo puede vivir en tanto que espejo- es uno de los espejos del yo. No obstante, existe una gradación, el otro no es siempre un enemigo, ni es siempre un extraño, ni siempre un forastero, el otro puede ser yo, uno mismo puede ser un otro, y esto es lo que intenta decir La cama de la extranjera a través de la relación hombre-mujer: cada uno es el yo del otro, es decir, el yo se ve a sí mismo en su otro yo. Este vivir en lo ajeno está relacionado con el sentimiento humano de desarraigo, con el exilio interior que el hombre siente, más allá de las circunstancias trágicas de las que hemos hablado, es decir, de la causa palestina o la árabe. Porque a nuestra poesía le ha llegado la hora de abordar las preguntas existenciales, la encrucijada del ser humano, las eternas cuestiones que preocupan al hombre y que no están directamente relacionadas con la Ocupación, la liberación o la patria, ni con el exilio, la creación de un Estado o el autogobierno. Creo que soy un tunante. Reconozco que La cama de la extranjera es un libro de amor, de la alienación del hombre por la mujer y viceversa, de su mutua fusión; pero, al mismo tiempo, desde una perspectiva ideológica y cultural, me parece que tal vez oculte cierta resistencia. ¿Que cómo? La Ocupación quiere que el poeta palestino se encarcele en la jaula del discurso sobre la Ocupación, que se estanque en el llanto eterno por la madre simbólica, y le obliga a dar vueltas a las cuestiones primarias de la existencia, como a nuestro derecho a unas exigencias mínimas -¿tenemos derecho a cruzar la verja o no? Pero si el hombre es capaz de poner en práctica, al menos en su imaginación, e incluso en su relación con su lengua, su absoluta libertad, hay en ello una resistencia al hecho de que la Ocupación haya logrado que la lengua literaria palestina siempre exprese el instante y la duración a través de la relación con la Ocupación, en un dualismo esclerótico. (12) Cruzar la verja, conseguir una vida digna de un ser humano, todo eso está muy bien, pero la Ocupación ya se ha hecho larga, y no se trata de un fenómeno pasajero como para que podamos decir que estamos atravesamos un periodo de poesía de resistencia o de poesía de emergencia. La


Ocupación se prolonga, y debemos reparar en que desde hace cincuenta años hay un pueblo que no ha escrito más que sobre la Ocupación, sobre su mundo ocupado, sobre la necesidad de resistirse a la Ocupación. Lo sorprendente y hasta milagroso es que seamos capaces de escribir algo distinto, que yo escriba como ser humano en medio de la oscuridad y el asedio, porque si seguimos obedeciendo los dictados de la Ocupación, escribiendo reacciones ya leídas en su momento, estamos consumando la rendición de nuestra lengua, y ésta llegará a no ser más que arenilla. ZM: O sea: que abandonas un estilo pero no abandonas la causa. Darwix: La cuestión no es si éramos patriotas antes y ahora ya no lo somos. Lo que ponemos sobre el tapete son conceptos a los que ha llegado la hora de prestar atención, y a la cabeza de ellos está el concepto de literatura nacional. Éste es el meollo de la cuestión: ¿qué es la literatura nacional? ¿Qué la literatura de agitación? ¿Es la literatura de agitación una literatura que pueda vivir por sí misma en el tiempo venidero? ¿Puede una tradición literaria basarse enteramente en el poema de agitación o en la literatura directamente combativa al margen de logros literarios independientes de tal asunto? ¿Debemos continuar ligados a lo relativo y vivir de espaldas a lo absoluto? Ésta es la cuestión, y si somos o no patriotas, es un asunto zanjado. TRADICIÓN Y SENSIBILIDAD

HJ: En tu obra, es notorio el intento sostenido del poema por sobreponerse al yo y la desconfianza tanto hacia valores expresivos como hacia determinadas estructuras, un intento por ir siempre más allá. Si bien se puede afirmar que tú te sometes a dos tradiciones distintas, sin embargo yo creo que los seres humanos son rehenes del tiempo que les toca vivir, y nosotros no podemos escapar del nuestro. Cada época tiene su sensibilidad, y nosotros, en cuanto rehenes, no podemos ignorarla. La gran poesía siempre sienta las bases de una nueva tradición, y por


lo tanto -en cierto sentido- tú asentaste la especial relación de Palestina con la tierra, con una tierra femenina, como una relación casi erótica; con el tiempo, esta especial relación pasó al resto de la poesía árabe. Yo no creo que los esfuerzos puntuales de algunos por feminizar la tierra hubieran sido capaces de, a partir de las abstracciones de patria y pueblo, ofrecer ejemplos personales; esto no hubiera sido posible sin que cuajara previamente esta tradición que ahora ya es un valor, ni tampoco sin una lengua nueva. Así, en La cama de la extranjera ha terminado de consolidarse otra tradición: la recuperación de una existencia palestina dentro de la normalidad, es decir, la búsqueda de lo que no me hace ser excepcional, de lo que me libera de los condicionantes del enemigo -que quiere que me vea a mí mismo como víctima o como resistente-, y el abandono de los determinantes temporales y de sus valores rumbo a nuevas condiciones, lo cual sólo es posible mediante una lengua nueva; también es esto lo que has pretendido en La cama de la extranjera, en el sentido de que la complejidad lingüística y el intento de buscar una lengua nueva van inevitablemente unidos al hecho de asentar una nueva tradición. Pero a mí me parece que la tradición precedente sigue conmoviendo al yo colectivo de los palestinos, y que la nueva tradición todavía adolece de ciertas ambigüedades. Una de ellas resulta de la búsqueda de explicaciones a la poesía desde lo político, de referentes políticos en la poesía, de tal modo que la sensibilidad que está en conexión con una lengua nueva es la sensibilidad de la "normalización". Todo esto, ¿se ha producido de forma voluntaria y consciente o como consecuencia de una percepción vital, poética? Darwix: No me siento con fuerzas para entrar a valorar contigo La cama de la extranjera porque "me puede mi inquietud". Es la constante de mi vida, que me ha causado continuas enfermedades cardíacas. Yo siempre salgo corriendo a toda prisa, lo que equivale a romper los lazos genealógicos con mi última obra, pues ya estoy dentro de la siguiente: todos los libros "me abandonan antes de llegar a la imprenta", sumergiéndome en una profunda atonía. De lo que sí me interesa hablar es del sentido o concepto que tenemos del yo, porque la tradición es algo más complicado y confuso, es la relación entre el lector y el texto, que no tiene vida sin un


lector. El texto poético renueva su vida sólo a través del lector, y por lo tanto, preocuparse por la otra vida del texto poético tiene que pasar a la fuerza por observar cuidadosamente el desarrollo del gusto estético general a través del tiempo, lo que llamamos sensibilidad. Es preciso no temer lo que tiene de inmutable, porque la sensibilidad no es como el polvo que limpiamos para poner otro objeto en su lugar, sino que es la sedimentación progresiva de una herencia larga y profunda en la que basarse, pero sin que nada la pueda borrar u ocupar su puesto. No podemos decir que hemos fabricado una sensibilidad para un periodo de veinte años y que ahora la vamos a cambiar, sino que la sensibilidad y uno mismo cambian juntos. No obstante, hay que tener cuidado con el concepto de tiempo, que es también engañoso, pues no todo lo nuevo es un avance: desde esta perspectiva llegaríamos a escribir poemas electrónicos. Hay algo conservador en el arte que es imprescindible para que sobreviva; por ejemplo, la libertad, la emancipación, la identidad y la especificidad, conceptos todos ellos considerados caducos hoy en día, en la era del cientifismo. ¿Vamos a aceptarlo sólo para ser modernos? No, yo prefiero ser conservador, estar con la emancipación y la libertad, aunque abuse de estos valores. Hay un pragmatismo del día a día que seduce, tanto a nivel mundial como nacional, sin que se llegue a distinguir entre moda y progreso, como si los tiempos trajeran cada día un avance. No, el tiempo a veces trae un retroceso, como en el caso de la tradición estética, que existe en cuanto comparación entre lo que ayer nos gustaba y lo que hoy apreciamos, por medio de una relación que no es de ruptura sino estructural. Por eso, el poeta que escribió tal texto no es otro distinto del que antes escribió textos peores, es el mismo en lo lingüístico, lo psicológico y lo físico, alguien que intenta aprender y avanzar, pero el lector que le lee no distingue eso, porque le ha acompañado en este devenir. La trayectoria es compartida, no hay complejos de superioridad, no podemos cambiar la tradición con una decisión repentina, porque no hay ruptura entre el texto antiguo y el nuevo, es el tiempo el que produce reajustes en nuestra concepción de la poesía, oscilando entre su fuerza de intervención social y la dicción que le es propia para expresar el tiempo del ser humano.


ZM: Eso choca con la sensibilidad a la que están acostumbrados todos los lectores de Darwix. Este diván, de alguna manera, acaso desconcierte a algunos lectores, que necesitarán varias lecturas para llegar a sentirse cómodos. ¿Está de acuerdo? ¿Se ha producido este choque? Darwix: No veo ruptura alguna entre Porqué has dejado solo a tu caballo y La cama de la extranjera, sino una continuidad de estilo desde distintas perspectivas. Quizá haya desconcertado la falta de retórica de este último, sin que yo lo haya pretendido. En lo que desde luego no hay ruptura es en la modulación y en la simplificación del ritmo y la expresión. Puede que lo que choque al lector no sea ni el ritmo ni el aliento poético, sino el contenido, porque La cama de la extranjera es un libro de amor, y tal vez el choque fuera menor si en el libro se mezclaran los poemas de amor con otros. Quien me haya leído se habrá dado cuenta de que desde Menos rosas utilizo el mismo ritmo, el verso largo que comienza modulándose como si fuera prosa, que no abusa de las imágenes brillantes con pretensiones desmedidas. Nunca mi texto poético había sido así, pero como la visión tradicional esperaba de mí que hablase en su nombre -y me refiero a la política palestina después de Oslo- se encontró con que no era así, lo que causó cierta conmoción. Ésta es la parte negativa de la vieja sensibilidad, que no es sensibilidad en cuanto tal, sino la vieja concepción de la poesía, la de que el poeta responde a los acontecimientos dándoles una cobertura poética, bien sea a favor o en contra. HJ: La tradición es, en primer lugar, el conjunto de procedimientos de los que el lector de una época determinada se apropia a través de la poesía; y en segundo lugar, el conjunto de procedimientos que el emisor cree que los lectores aplican a los textos para que éstos sean o no válidos. Por tanto, en cualquier periodo, hay distintas posibilidades en ambos sentidos. Darwix: El cambio de sensibilidad es muy lento, a veces imperceptible, y en muchas ocasiones exige valentía por parte del emisor, que debe rebelarse contra la imagen preestablecida que de él se tiene y provocar un choque.


HJ: La cuestión presenta un aspecto más puramente estilístico, que es el que a mí me interesa: el paso -que se explica por el choque- de una sensibilidad a otra. El choque forma parte de las nuevas condiciones de la lectura, pero éste no es el objetivo, el objetivo es el proceso por el que se pasa de una sensibilidad a otra: en cómo se pasa de poner el énfasis en unos aspectos de la sensibilidad de menor importancia en un determinado periodo a darles prioridad en el siguiente, sin que se produzca una relación nueva con la lengua. GZ: Hay más de un choque en tu trayectoria, como ocurrió con el poema "Sarhán se toma un café en el bar" (13), que a mí me parece que supuso una fuerte conmoción para el lector. Darwix: Como ha dicho Gasán, a lo largo de mi experiencia poética se han producido varios choques. La dialéctica forma parte de mi relación con el lector, por la que yo me intereso mucho, lo cual no significa que me pliegue a sus exigencias, aunque sí me preocupo de que no se produzca una ruptura. Esta dialéctica y estas diferencias se dan todas sobre una base que es lo que más me importa, una base casi sagrada, en la que confío, y es la convicción de que no le voy a defraudar, de que el poema sin él no tiene vida; es un pacto inviolable que siempre respeto. ZM: Guerra y pacto al mismo tiempo, porque algunas veces con lo que le pides te opones al lector tenazmente, y también te quejas de que se te lee de manera inadecuada. GZ: Y otras veces haces concesiones, como con el poema Elogio de la alta sombra (1983), (14) en el que hay ciertas concesiones al lector, ya que obedece a una trayectoria seguida por los poemas "Ahmad az-Zaatar" (1977) (15) y "Beirut" (1984), (16) máxime cuando inmediatamente después se deja atrás en Es una canción (1986). (17) Darwix: Está bien que nos remontemos a este periodo. Yo no he hecho concesiones porque nunca he ofrecido texto alguno para complacer al lector. Aquella cólera y mi manera de ver el mundo se correspondían con la del lector común. Y mi enfado con el mundo conllevaba un desprecio hacia la poesía, la lengua poética y la ornamentación. Por eso le puse a Elogio de


la alta sombra el subtítulo de "poema documental", pues era tal mi enfado que llegaba a decir que hay momentos en los que no hay tiempo para la lírica, lo cual desde luego que no tiene que ver con las concesiones, sino con la expresión de las ganas de explotar. LA POESÍA NUEVA

HB: La dialéctica, de cualquier modo, se produce en torno al universo de la lucha con el otro; en cada periodo crea una especie de lengua exclusiva de los palestinos, un lenguaje sólo comprensible en un momento determinado, un lenguaje codificado, compuesto de lamentos, protestas, instancias, verjas o piedras. Tu nuevo diván tiende hacia un componente lingüístico ajeno a esta lengua específica, busca su identidad en otro sentido, en una dirección más humanística, de mayor alcance. Lo que me ha llamado la atención es que en un determinado momento confluyen el antiguo lenguaje codificado y las nuevas palabras, que pretenden introducirse en las antiguas, de tal forma que se entabla una dialéctica entre las dos palabras, o en torno a las palabras. A partir de Elogio de la alta sombra, desde Veo lo que quiero(1990), el léxico incorpora palabras de las leyendas cananeas y sumerias, intentando introducirlas de manera que se produzca una fusión con las viejas palabras. Los juegos lingüísticos entendidos con estas nuevas miras creo que han madurado en La cama de la extranjera, al menos en la fusión, o en el tránsito por la lengua, de determinadas palabras con un contenido o una dimensión que no se inscribe en la lucha sino que se encamina hacia una preocupación humanista de mayor calado. Esto significa que las nuevas palabras se han dotado de un marco totalmente nuevo, y se han reorientado en una dirección también por completo nueva. De ahí deriva la intertextualidad de la que hablaba Hasan: la intertextualidad con las leyendas cananeas y fenicias, o con las melopeas a la diosa Aaná, como en ¿Por qué has dejado solo a tu caballo?, ejemplo extremo en el que el lenguaje codificado, que casi se había agotado en sí mismo, se desintegra y al fundirse se encamina hacia una lengua nueva con otros recursos y otras connotaciones. Este proceso cuajó a partir de Menos rosas, es


decir, con el poema "La tragedia del narciso" (18) y ¿Por qué has dejado solo a tu caballo? y La cama de la extranjera. En estos últimos divanes se produce un salto en dirección a otra lengua tuya, una lengua desconocida en los setenta, con nuevas palabras, con una nueva forma de diálogo con la prosa, de profundizar en el legado de toda la región a través del texto -y en el texto a través del legado de la región- y también se produce una mudanza en busca de nuevos ámbitos de expresión: éste es el problema al que se enfrenta la tradición, porque la connotación surge de estos puntos de confluencia entre diversos libros. Darwix: El mérito fundamental de la poesía respecto a la lengua, de toda la poesía en cualquier latitud, reside en que la poesía renueva constantemente la vida de la lengua, de manera que lo que hoy parece nuevo inmediatamente se convierte en antiguo y clásico. La lengua, pues, necesita siempre un impulso creador que le renueve la vida y la proteja de las contaminaciones connotativas que se erigen en modelo; no sólo sucede esto entre los palestinos, pasa la mismo en todos los pueblos. En todo el mundo, los poetas sienten la necesidad de renunciar a determinadas palabras totalmente atadas al tiempo, porque, aunque en un momento dado fueran nuevas, siempre se acaban consumiendo y pierden su vigor, y tú tienes la misión de dotar de nuevos significados a la lengua, porque al liberarla de los viejos has de proveerle de otros nuevos: ésta es la exigencia primera de la poesía, procurar a la lengua una vida que antes no tenía, y protegerla de la decrepitud y la vejez. En tanto pueblo, el marco de la vida de los palestinos se mantiene idéntico, de manera que tenemos alrededor de cincuenta palabras de las que nos tenemos que liberar incluso aunque sean necesarias para expresar el momento histórico o el estado anímico, pues desde el punto de vista formal es preciso que podamos pasar sin ellas, hasta tal punto están expuestas al agotamiento. Burlonamente, nos podemos preguntar cómo producir un poema palestino, y respondernos: pon estas cincuenta palabras todas seguidas y habrás hecho un poema palestino. La poesía nueva es siempre capaz de devolver a este singular mineral su brillo, pero ¿de dónde le viene su carácter novedoso? A veces de propulsarla hacia nuevas regiones, es decir, cuando sacamos a la lengua de su patria y la ponemos en marcha, rumbo a la India o a otro


lugar, surgen referencias llenas de connotaciones aparentemente inocentes, como si estuviéramos fuera del presente, fuera del ahora, como si tú fueras tú y al mismo tiempo no fueras tú. Y al final, la poesía expresa un único significado, pues crea una realidad, sea equivalente, opuesta o contraria; al final, crea una realidad lingüística que el hombre necesita para soportar el trauma de su condición real de ser humano, de su dilema, y le plantea renovadas las preguntas que se hace de lo que no sabe, que es la manera de entrar en lo ignoto. La poesía no dice nada más que esto, sea a través de una elegía, de un poema amoroso o uno patriótico, la poesía está acotada por lo real, entre lo que existe de modo empírico y lo latente, entre la tierra y el cielo: cuanto más enraizados estamos en la tierra, más nos elevamos hacia el cielo; cuantos más vínculos establecemos con lo celestial, más volvemos a la tierra. Nos pasamos la vida saliendo de nuestras referencias y rebelándonos contra ellas para luego volver a ellas, no tenemos otro referente, la realidad física es nuestra referencia básica, aunque obremos sin restricciones o seamos sufíes -incluso cuando no lo somos sino porque nos ponemos ese disfraz-, es una forma de renovar la lengua y aminorar su desgaste; a veces, incluso volver a una lengua extinta es una forma de renovación. Lo que importa es que el valor de uso de la lengua tiene que estar en continua revuelta, porque si no los poetas serán idénticos unos a otros, que es el problema actual de la poesía árabe. Segunda cuestión: si remontamos la poesía hasta su madre, que es la prosa, entenderemos que esto es lo que da al verso libre su actual pujanza y variedad; pero lo que lo legitima indiscutiblemente es la falta de valores estéticos de la estandarización poética imperante, y la búsqueda de cualquier novedad fuera de ella, hasta si es mala -que no es la mejor opción- es preferible a lo que tenemos ahora. Eso es lo que piensan algunos, que el poema en verso libre es más adecuado para este tiempo que el poema de pie métrico de antes. Así lo ven. ¿Responde esto a lo que será el futuro de la poesía? Desconozco lo que dirá el futuro, pero por ahora parece que es una respuesta legítima para hacer frente al aburrimiento y el ripio del verso de pie métrico o de la poesía en metros clásicos. La metáfora, los símiles logrados, el juego con la cantidad silábica, todo esto legitima la indagación


acerca

de

la

poeticidad

de

la

prosa.

GZ: Pero la producción poética en verso libre ha empezado a ser mayoritaria también. Darwix: Sí, nada es nuevo eternamente, ni nada antiguo muere para siempre. Lo nuevo evoluciona, y el poema con pie métrico, que fue la respuesta final a una crisis que arrastró durante siglos la poesía árabe, ha entrado rápidamente en crisis al irse estandarizando a lo largo del último medio siglo; en cambio, la poesía de prosodia normativa vivió más tiempo, y tuvo una legitimidad histórica más larga que el verso de pie métrico que se rebeló contra ella. De la misma manera, el poema en verso libre que se ha rebelado contra el verso de pie métrico también ha empezado a autointerrogarse, especialmente en escritos teóricos. ¿Por qué llegan a parecerse hasta tal punto? ¿Por qué la lengua se gasta tanto? Y todas estas crisis, en mi opinión, son la prueba de la vitalidad de la poesía, porque la poesía, cuando se complace en sus éxitos, o cuando es una respuesta o solución, está muerta. Yo doy la bienvenida a esta conmoción, doy la bienvenida a esta soledad, porque es la que da a los poetas la ocasión de revisar todas sus experiencias poéticas y de ponerse a buscar en su interior, en zonas desconocidas o que todavía estaban por expresar; gracias a ella enjuiciamos la experiencia. La condición del progreso es la crisis, ningún avance viene de la felicidad y la abundancia. Y hay un futuro que nos dice que la poesía seguirá siendo necesaria y posible, pero ¿cómo renovará el poeta su poética? Que sea mediante el poema en métrica normativa, a través del uso de pies métricos o del verso libre no es lo que importa, lo que importa es la poeticidad, que el texto poético cumpla con ella. HB: Picasso decía que el arte nunca envejece. Quizá el arte faraónico esté más vivo ahora en el siglo XX de lo que lo estuvo en su historia pasada. Creo que lo que existe es una fuerza creadora única y sincrónica; algunos suponen que a medida que pasa el tiempo se produce un avance, pero en la historia del arte no hay avances, sino interconexiones, del texto cananeo con el texto moderno, por ejemplo, o del arte rupestre con el clásico o el cubismo. Por eso pienso que en la historia de la poesía, como en la del arte, todas las formas


poéticas se dan juntas ante el lector con unos mismos valores y una misma mentalidad, y puede que hasta en un mismo libro; es decir, se dan sincrónicamente. En relación con esto tengo una pregunta sobre la sincronía de los textos, referida a la vuelta a la mitología, a la época clásica y al Corán. Por ejemplo, la frase "Te quiero o no te quiero" tiene una modulación inspirada en la época clásica (19) y unos ritmos melódicos muy concretos que reflejan lo que es tu nueva forma de estructurar el poema. Tú coges una forma estructural -valga la expresión- de textos que alguna vez en la historia fueron sincrónicos, y de ella haces una nueva estructura para el poema, como un soneto o unos cuartetos, o una estructura sólo en el nivel léxico o el sintáctico, como por ejemplo cuando dices "El corifeo blande las armas para darme muerte en un tiempo de pena enlatada", en que tomas la expresión "el corifeo" de la Torá. ¿Cómo ves la relación entre estructura y creación poética dada la preeminencia que otorgas a la consecución de una lengua y un potencial nuevos; es decir, cuál es la relación entre la estructura del poema y la indagación o la intertextualidad con estos textos sincrónicos que además introduces en una forma dialogada a mitad de camino entre la prosa y la poesía? Darwix: Se pueden "decir" las cosas más antiguas y las más tradicionales en un texto nuevo, igual que se puede decir que es nueva una poesía en la que entran aleyas del Corán y fragmentos de las maqâmât. (20) Puede ocurrir que el texto más antiguo del acervo árabe sea un poema muy reciente; lo que importa es que la calidad de la estructura del poema sea el criterio por el que se acepte o se rechace la intertextualidad: que sea tal que tengan cabida los lemas, el precio de la verdura y el cambio de divisas, que el poema esté elaborado con componentes bien trabados y que esté abierto a todos estos campos, que lo integre todo; lo que importa es que todo esté subordinado a las exigencias de la estructura del poema, que esté se construya cuerdamente y lo abarque todo, a fin de que el lector comprenda que tú, en el poema, has grabado datos de un periodo histórico concreto y te has servido de ellos, datos que pueden ser utilísimos, como hizo Dante al grabar la historia de Italia en su obra. La pregunta debe ser: ¿qué se espera del poema?


HB: La estructura no es un concepto exclusivamente poético; por ejemplo, en arquitectura Le Corbusier dijo que el "plano" es la garantía frente al "ímpetu". Darwix: Y contra la divagación. Por desgracia se escriben muchos poemas que no responden a una sólida estructura, nada justifica su comienzo o su final; poemas que se abren en el vacío y no concluyen, pues se estructuran al azar, sin que nada justifique que concluyan o se detengan en un punto: ¿por qué cinco pisos y no cien? Por el contrario, una sólida estructura impide que el texto se dé a lo gratuito y a la prolijidad, su ruina. (Publicado en (Traducción

Nación de

Árabe, Luz

nº 40, invierno 2000.) Gómez García)

Notas: 2.- Véase el número monográfico (abril 1999) que le dedica la revista al-Xuará (Poetas). 3.- Poema titulado "Carnet de identidad", de su primera colección: Hojas de olivo (1964) -traducido por P. Martínez Montávez en Poesía palestina, versos en carne viva, Asociación cultural canario-palestina "Sanaud", s.d., pp. 31-32. 4.- De su libro Bajo antiguas ventanas (1967); traducción de L. Martínez Martín en Antología de poesía árabe contemporánea, Madrid, Espasa-Calpe, 1972, pp. 167-170; también de J. Martín Arancibia y K. Jihad en Desde Palestina, Madrid, Prodhufi, 1989, pp. 26-29. 5.- Alusión al tipo de escritura desarrollado en los libros referidos: Bajo antiguas ventanas y Enamorado de Palestina. 6.- Es la muchacha judía protagonista del poema titulado "Escribir a la luz de un fusil" de Mi amada se despierta (1970). 7.- De Once astros (1992). De este libro N. Paradela ha traducido cuatro secciones del poema "Once estrellas sobre el fin de la escena andalusí" en Tiempo de poesía árabe, n. 33-34 (1994) de la revista Arrecife, pp. 116-119. 8.- En la literatura árabe, el concepto qasidat an-nazr, no equivale a la expresión española "poema en prosa", que sería su traducción literal castellana: se refiere a un tipo de escritura cercana a nuestro "verso libre", expresión ésta que a su vez


plantea problemas de traducción al existir un movimiento poético con esta denominación (ax-xiir al-hurr) caracterizado sin embargo por el uso del pie métrico. A lo largo de la entrevista, hemos adaptado, en la medida de lo posible, la terminología árabe a sus correlatos españoles, alejándonos de su traducción literal, que suele ser la más usada. 9.- El que va de Mi amada se despierta (1970) a Es una canción, es una canción (1986). Hay varios poemas traducidos de los divanes de este periodo en la antología Desde Palestina, ob. cit., pp. 35-97. 10.- Véanse "Vendrán otros bárbaros" y "El tiempo está contra nosotros", trad. de L. Gómez García, en Tiempo de poesía árabe, n. 33-34 (1994) de la revista Arrecife, pp. 17 y 21; también la serie denominada por los traductores "Este último espacio" en Desde Palestina, pp. 101-114. 11.- Traducción de varios poemas en Nación Árabe, n. 31/32 (1997), pp. 101-107. 12.- Véase el artículo "La patria entre la memoria y la maleta", trad. A. Ramos, en Almenara, vol. 4 (1973), pp. 199-222. 13.- De Te quiero o no te quiero (1972), traducido en Desde Palestina, ob. cit., pp. 51-59. 14.- Libro publicado en 1983, inmediatamente después de que Darwix -y la cúpula de la OLP- abandonara Beirut. Contiene un único poema de 70 páginas -hay traducción de un fragmento en Desde Palestina, pp. 89-94 15.- De la colección Nupcias (1977). El nombre del héroe alude al campo de refugiados palestinos (Tell az-Zaatar) masacrado al comienzo de la Guerra Civil libanesa -traducción en Desde Palestina, pp. 60-68. 16.- En Cerco elegíaco al mar (1984); traducido por P. Martínez Montávez en Antologia de Poesia Mediterrània (Primer Encontre d´Escriptors del Mediterrani), Valencia, Ajuntament de Valencia, 1983, pp. 102-116; también edición bilingüe árabe-catalán de D. Cinca en Només un altre any, Barcelona, Edicions 62, 1993, pp. 106-161. 17.- Véanse los dos poemas recogidos en Desde Palestina, pp. 95-100. 18.- Extenso poema de la colección Veo lo que quiero (1990). ( 19.- En la historia de la civilización áraboislámica, los siglos de esplendor del Imperio Islámico, de finales del VIII a principios del XI d.C., constituyen la "época clásica".


20.- Relatos protagonizados por un pícaro en los que el didactismo, la crítica social y el entretenimiento se encauzan en una artificiosa prosa rimada; alcanzaron su apogeo artístico en el siglo XI d.C. -S. Fanjul ha traducido las que se consideran pioneras del género: Al-Hamadani, Venturas y desventuras del pícaro Abu l-Fath de Alejandría (Maqâmât), Madrid, Alianza, 1988.


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