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always behind you


RX-10.24


RX-10.24 Estaba harto de buscar pruebas y no encontrar nada,de fracasar como al principio. No entendía por qué, después de tantos años de investigación, nada tenía sentido. Simplemente no había justificación, no entendía quién o porqué querían ocultar el rastro. Cuando ya había perdido la esperanza, encontré una pequeña caja cubierta de polvo, entre un montón de papeles que no habían servido para nada… Contenía un cassette. Por fin, después de tanto tiempo buscando algo que sanase mi conciencia, algo que me diera tranquilidad con aquella promesa de familia rota. No sé qué tipo de video me encuentre. Tengo tantas preguntas que necesito resolver, que simplemente pasaron a segundo plano preguntas como ¿Por qué una persona tan importante como mi padre escondería este cassette, luego de saber mi obsesiva búsqueda de pruebas?Pero esto lo resolvería después de reproducir el video... Toma 5 de 5 —¿Qué pasó en tu casa aquella tarde de 1889? ¿Qué sentías? —Se que me encontraba en mi hogar, pero algo de esto no me convenía. Las luces estaban titilando y el ambiente se tornó tenso. El miedo empezó a rondar por mi cuerpo: no encontraba el inicio de esta situación, ni por qué algo que era familiar para mi cambió tan radicalmente. Ya no percibía el tipo de aire que desprende un hogar.


Al cabo de un tiempo de estar buscando respuestas ya me encontraba totalmente cansada. Por suerte, había un vaso con un líquido desconocido, pero tenía tanta sed que decidí beberlo… —¿Luego de esto, qué sentiste?—La sensación era totalmente ajena a mi. Sentí cómo todo mi cuerpo se distorsionaba: sentí mi cabeza como envuelta en algodón, mis recuerdos carecían de emoción, e incluso empecé a dudar de si eran mis recuerdos. Me sentía como un robot, control de mis movimientos. Al final, sentí como si me estuviese observando desde afuera, externa a mi pensamientos, sentimientos de mi cuerpo o partes de él, como si estuviese flotando.—¿No tuviste miedo de hacerlo?—Cuando bebí el líquido, todas estas sensaciones se apoderaron de mí, y ya no era yo a pesar de que parte de mi mente seguía ahí: mi apariencia física cambio totalmente y mis pensamientos eran distintos. Pese a que ya nada era yo, cuando volvía a la normalidad estos pensamientos seguían vivos aunque eran vagos y ausentes. No eran claros los sucesos que viví mediante ese cambio y no, no tuve miedo, debido a que no era yo. No tenía control sobre mi. Era absurdo luchar, no podía controlar mi cuerpo.—¿Tú lo asesinaste? - Mis recuerdos no son claros. No tengo idea de qué fue lo que hizo este espectro dentro de mi. Pero tengo la sensación de que lo hice y por eso decidí aceptar esto.amento lo que haya sucedido.En ese momento, mi padre sacó un arma y se disparó en la cien.No entendí lo que acababa de pasar. Todo era completamente distinto a lo que esperaba. Este no era el tipo de respuestas que quería.—¡Padre! ¿Qué haces? —Nunca debiste saberlo, ahora está en ti... Karen Herrera


LA MIRADA TRAS LOS OJOS Me encontraba en la oscuridad de mi cuarto pensando en la existencia de mi vida, como hacía habitualmente. Después de no sé cuántas horas, bajé a la alacena buscando comida, y sentí algo extraño. El ambiente de mi casa parecía distinto. De un momento a otro se me resecó la boca, y vi una jarra con agua en el mesón, de la que me serví un vaso. Al regresar a mi cuarto me empecé a sentir mal: me dio mareo, sentía el cuerpo pesado y se me nubló la vista. Me recosté en la cama pensando que se me iba a pasar el malestar. Al levantarme miré hacia mi cama y me vi a mi misma todavía acostada. En el rincón de mi cuarto se encontraba una silla debajo de un reflector. Me senté y miré a mi otra yo. Me fijé en que algunos aspectos físicos del cuerpo que se encontraba allí estaban cambiando. En ese momento sentí mucho miedo, pero me convencí de que era un sueño, una pesadilla más. Cuando volví a despertar, estaba sentada en un espacio oscuro, desde el cual solo podía ver lo que sucedía tras los ojos de la otra yo, que a la vez era diferente a mí. Todo era confuso, pues lo único que veía que hacia esa persona era puro daño. —¿Qué está pasando?— pregunté en voz alta. —¿Qué está pasando? ¿Por qué haces daño? No entiendo nada. Después de un tiempo sin recibir respuesta alguna, sonó una voz cerca de mí: —Hola,Verónica. Me llamo Marianne. Tú me has creado con cada pensamiento que odias de ti, y con cada acción mala que quieres esconder. Yo me encargaré de hacer todo lo que siempre hemos querido: Venganza y sufrimiento. Estás bajo mi control absoluto. En ese momento entendí que no era ningún sueño y realmente estaba sucediendo…


Pasaron algunos meses, y cada vez me volvía mas loca pensando en cómo volver a tomar el control, ser otra vez yo la que estuviera en la luz y no ella, ya que diariamente solo veía daño y sufrimiento. Luego de pensar un poco, recordé que antes de que sucediera todo, lo único extraño fue el agua de la jarra peculiar de la que tomé un vaso. Supuse que contenía alguna sustancia inusual que afectó a mi cuerpo, pensamientos y personalidad. Días después ya había pensado mi plan para recuperar el control y acabar con todo lo que estaba sucediendo. Le dije a Marianne que me uniría a ella para ayudarla en todos sus planes. — Por fin pensaste bien— me dijo—. Pero no creo estar segura de que una joven tan noble como tú, Verónica, sea capaz de matar a una simple mosca. Solo te dejaré salir a la luz un momento, en el cual tendrás que disparar a la persona que más aprecias en tu vida y así me demostrarás que en serio te unirás a mí. Acepté el trato, solamente por estar encerrada sin control alguno. Ya era hora que alguien pusiera final a las acciones de Marianne. Y llegó el día y el momento exacto en el cual tomaría la luz… Abrí los ojos lentamente. Miré alrededor y me di cuenta de que estaba en casa. Al frente mío se encontraba mi madre mirándome aterrada, pues la estaba apuntando con un arma. Pero ya todo estaba planeado. En ese momento sonó el disparo: mi hija se apuntó a sí misma en la cabeza, porque sabía que era la única forma de acabar con Marianne. Ninguna de las dos podía seguir existiendo. Daniela Sepúlveda


19 MARZO 1991 Ahí estaba yo, en mi habitación. Era un día hermoso. Escuché la voz de mi madre que me avisaba que ya estaba lista la cena y, aunque en ese momento no tenía apetito, bajé para compartir con ella. Le hice un par de preguntas pero ella no respondió. La sentía extraña, como si no fuera ella, pero no le di importancia y preferí no hablar más. Al cabo de unos minutos termine la cena y decidí subir a mi habitación nuevamente. Me empecé a sentir mareada, con un intenso dolor de cabeza, y caí a la cama rendida. Desperté algo confundida, no entendía en donde me encontraba, me senté y observé el lugar, segundos después comprendí que estaba en mi habitación. Bajé la cabeza, en ese momento sentí que algo andaba mal, pero me volví a dormir. Cuando desperté, observé el reloj y noté que estaba retrasada. Me alisté lo más rápido posible y baje a tomar el autobús como de costumbre para el instituto. Me sentía consternada y desorientada, y noté que el autobús tomó un camino equivocado lo cual hizo que me confundiera aún más. Me acerqué al conductor para preguntar que sucedía, no me respondió… Supuse que era una ruta nueva, me calmé y me senté, y me dormí rapidamente. Cuando desperté estaba en una cabaña que se veía abandonada. No sabía cómo había llegado ahí, y cuando traté de salir del lugar no encontraba escapatoria, me sentía perseguida. En un momento sentí que algo se apoderaba de mi, y logre salir de ese lugar.


No entendía cómo lo había hecho, perdía la memoria por momentos. Cuando llegue a casa mi hermano Sergy me dijo que estaba muy preocupado por mí, que hace días estaba estaba muy extraña, que no me reconocía. Le dije que no era su problema, que debería preocuparse por las demás personas y no por mi como lo había hecho toda su vida. Sentí algo de rencor hacia él, sentí que nunca me había amado lo suficiente. La discusión se tornó algo agresiva, me desesperé al punto de querer hacerle daño, el rencor, el orgullo, el dolor se apoderaban de mí. Sentía que toda daba vueltas y no entendía nada, lo empecé a golpear con un portarretrato que estaba en la mesa, me sentía liberada, no paré hasta agotarme, hasta que caí. Desperté y estaba bañada en sangre. Tenía en la mano el portarretrato con la foto de mi hermano y yo, también ensangrentado. Vi a mi hermano tendido en el suelo, lo sacudí tratando de que despertara pero no lo conseguí. Empecé a llorar. Estaba muy lastimado, y en ese momento entendí que yo lo había hecho, no entendía cómo, pero lo hice. Llamé a la policía. Pensé en las consecuencias que llevaría esto así que decidí suicidarme, busque algo filoso, estaba llorando mucho, pase la cuchilla por mis muñecas, comprendí que lo que me perseguía en la cabaña era yo misma, escapaba de mi misma, poco a poco fui cerrando los ojos y todo acabó. Alejandra Ramos


El fin Una tarde de octubre a las 5:30 PM ocurrió un asesinato en el cual se vincula a una joven de 16 años. Los sucesos son insólitos, no se encuentra la respuesta ni el rastro de este inaudito episodio. Luego de varias horas de agonía, la víctima murió. Es un hecho totalmente lamentable… No encontraba respuesta a lo que estaba sucediendo. No podía creer que yo fui la que asesino a mi hermano. No sabía cómo esconderme ni donde hacerlo. Todo comenzó cuando tenía 15 años. En ese entonces era una niña muy sociable, le veía el lado bueno a todo. Mi papá era escolta, por lo cual casi nunca estaba en la casa, mi mamá trabajaba hasta altas horas de la noche, y mi hermano vivía en Medellín. Una tarde como cualquier otra mi papá salió muy afanado de la casa. Le pregunté que pasaba, pero no recibí respuesta. Supuse que había ocurrido algo en su trabajo; para mí era lo más lógico. Al cabo de unas horas llegó, y no lo noté muy bien. No decía ni una palabra. Más tarde lo escuche hablando por teléfono, la persona con la que hablaba era mi hermano, quien tenía que volver a Bogotá por una serie de episodios que le estaban sucediendo en Medellín. No andaba en buenos pasos. Cuando llegó todos estábamos muy felices, en especial yo, ya que me había dado muy duro su partida. Al día siguiente no vi a nadie, así que fui al cuarto de mi hermano a ver si lo encontraba. El cuarto estaba vacío, pero vi unas pequeñas pastillas encima de la mesa. Pensé que eran dulces así que decidí tomar un par. Mientras esperaba a que alguien volviera emepcé a sentirme mal, así que salí a tomar aire. Cuando llegué ya todos estaban dormidos así que yo también me acosté. Al parecer mi hermano no se dio cuenta que le faltaban las pastillas pues nunca me dijo nada así que preferí callar. 


No podía dormir. Empecé a quedarme sin aire, sentía mucho mareo y me desmayé. Al despertar todo era distinto. no me sentía cómoda en el ambiente en el que estaba, mi humor había cambiado, yo no era yo. Y en ese momento lo vi: ahí estaba, parado mirándome como si tampoco entendiera lo que pasaba. Yo ya no lo quería conmigo. De un momento a otro todo ese amor que sentía por él ya no estaba, de hecho sentía desprecio. No lo toleraba, no toleraba el hecho de tener que verlo a diario, así que esa misma noche lo hice, lo maté. Karen Muñoz


Era 17 de Abril de 1967. Me encontraba en el Clover Club, el bar al que todos los viernes iba con mis amigos, Jacob Maisson y James Matthew, a la misma hora: 7:15 PM. Yo era en ese entonces una de las personas más importantes y conocidas en Wall Street. Llegué un poco después que mis amigos, ellos tenían la costumbre de estar antes que yo en el lugar. Era un día oscuro y las calles estaban vacías. Las personas disfrutaban de sus tragos y otros disfrutaban de una buena compañía. Me senté en la barra, saludé a Charly, el barman del sitio y un viejo amigo, me senté frente a él y le pedí un vodka con doble hielo como solía pedirlo. Mientras lo preparaba yo estaba muy pensativo, no tenía la cabeza en mi sitio. Me tome dos sorbos del vodka, volteé la mirada y venía una chica muy atractiva hacia mi. Era una chica hermosa que llamó la atención de todos los hombres en el bar. Era rubia, ojos verdes, labios perfectos, mirada seductora. Traía un vestido rojo y un collar de perlas auténtico. —    Buenas noches, caballero.Rápidamente respondí su saludo. —    ¿No piensas invitarme un trago? —    Por supuesto, señorita— dije un poco sonrojado—. ¿Qué desea tomar? —    Un whisky está bien. Me entretuve unos segundos con su mirada tan seductora y llamativa. De un momento a otro se dio una conversación de la nada. —    Dígame, caballero, ¿cuál es su nombre? —    Asher MacArthur— respondí atropelladamente. —    Es un lindo nombre— comentó. —    ¿Y el suyo, señorita? — Me llamo Amber Collins— dijo sonriendo. Quedé sorprendido con su modo de hablar. —Brindemos por el habernos conocido, Asher MacArthur. En ese momento, sus palabras me trajeron malos recuerdos. En ese mismo lugar y a esa misma hora conocí unos años atrás a la culpable de mi horrible y tenebroso pasado, la mujer que arruinó mi vida. Tenía el cabello ondulado y negro, con unos ojos que reflejaban odio. Aún así, ese día la invite a bailar. Nos tomamos unos tragos hasta la hora del cierre, y tomamos un taxi hasta su casa en la Avenida Siempre Viva, que era al otro lado de la cuidad. Llegamos en un par de minutos. Me bajé del auto y le abrí la puerta a Emily, le di mi mano y le ayude a bajar. Entramos a su casa: apartamento 203. Emily sacó las llaves de su bolso, y abrió apresuradamente la puerta. —    Pasa, estás en tu casa— me dijo.


—    Eres muy amable— le respondí. Limpié mis zapatos, entré y cerré la puerta—. Qué hermosa casa tienes, Emily. Ella siguió a la cocina y sirvió una copa de vino para ella y me dio una a mi. Era un vino un poco extraño, su sabor era indescriptible. Ella bebió un poco, dejó su copa en la mesa de la sala y se dirigió a su habitación. —    Dime, Asher, ¿cuánto tiempo llevas en la ciudad? —    13 años —respondí, después de beber un poco más de vino—. Soy de Brooklyn. —    Es un lugar muy hermoso, siempre he querido conocerlo. —    Es un lugar maravilloso. En ese momento Emily salió de su habitación. Llevaba puesto un conjunto de lencería negra que le quedaba perfecto. Quedé sorprendido al verla. Era tan hermosa. —    Es hora de que nos divirtamos un poco tu y yo— dijo, acercándose a mi. Se sentó en mis piernas, me empezó a besar y me quitó el abrigo. Le seguí el juego y la bese también. Nos levantamos y fuimos a su habitación. La tiré a la cama y me desvestí rápidamente: el cinturón, la camisa, la corbata y los zapatos. Le besé el cuello, y terminamos de desvestirnos. La noche se fue consumiendo como un poco de tabaco en la madrugada. Amanecí desnudo junto a ella. Emily despertó y me abrazó. —    Debo irme— le dije —. Voy tarde al juzgado. Yo era uno de los abogados más importantes de todo New York, no podía darme el lujo de llegar tarde. —    No te dejaré ir— dijo Emily, un poco molesta. Yo me molesté. Cogí mis cosas y me fui muy molesto para mi casa. Paré al primer taxi que pasó por mi lado. En ese momento Emily me alcanzó, traía puesto un camisón de seda color blanco muy fino. —    Te vas a arrepentir de dejarme tirada, Asher— me dijo — , anoche en un descuido tuyo le puse al vino que tomabas una sustancia que alterará tu personalidad. Te hará cometer cosas de las cuales te vas a arrepentir y te acordarás de mi toda tu vida. —        ¡Estás loca!— le dije.Me subí al auto y le indiqué mi destino al conductor. —    ¡Te arrepentirás, Asher!— gritó Emily, mientras me alejaba. Esas palabras quedaron grabadas en mi memoria. Llevaba veinte minutos en el auto, estaba pensando en esas palabras que me dijo Emily, y en ese momento el conductor del taxi me dijo :—    ¿Está bien, caballero? Lo noto algo inquieto y preocupado. ¿Es por las palabras que le gritó aquella joven?


No pude decirle que no, era muy evidente que las palabras que me dijo Emily me tenían muy preocupado. Empecé a sudar y empezaron a bajar gotas de sudor por mi frente. El conductor me dejó cerca a mi casa, le pagué el dinero de el viaje y me fui. Caminé las calles que faltaban para llegar a mi casa, y empecé a sentir cosas extrañas en mi cuerpo. Mi apariencia física empezó a cambiar lentamente: yo era una persona esbelta, musculosa, apuesta, de cabello color castaño, ojos azules, buena estatura y cuerpo tonificado; pero mi cuerpo empezó a cambiar, se ancharon mis extremidades , mi color de cabello cambió a blanco, me salió barba, bajó un poco mi estatura, mis ojos cambiaron a color negro. Además, empecé a sentir odio hacia la gente , tenía deseos de muerte y venganza. Desde  ese momento empecé a ser conocido como Michael Myers, un hombre totalmente diferente. En ese preciso momento me volví tan malo: recuerdo cómo eran de grandes mis ganas de asesinar, era un deseo insaciable. Tenía un poco de memoria, recordé dónde quedaba mi casa, me dirigí hacia allá. Busqué un poco de ropa pero nada me quedaba, así que en ese momento salí del edificio, me fui a la parte del estacionamiento donde había un basurero buscando algo que me sirviera para ponerme. Encontré una camisa a rayas naranja con blanco, un pantalón un poco sucio y unos zapatos un poco dañados pero de mi talla. Empecé a husmear buscando algo más que me sirviera y, no sé por qué, tomé la decisión de guardar una navaja un poco oxidada y dura de abrir que encontré. La noche cayó de improvisto. Salí del basurero a caminar un poco. ya no era Asher MacArthur. Ahora sería conocido Como Michael Myers. Encontré una botella con un poco de ron en la calle, la tomé y bebí el poco que quedaba, arroje la botella al suelo y vi como rompía en mil pedazos, Entré a un súper mercado de 24 horas, cogí una botella de ron, unos cigarros y un encendedor. Los llevé a la caja registradora, saqué la navaja, se la puse al vendedor en el pecho, tome un poco de efectivo y emprendí la huida, sin rumbo fijo. Llegué a un lugar donde habían unos asientos, prendí un cigarro y destapé la botella de ron y la bebí casi toda en menos de diez minutos. Seguí caminando sin un rumbo fijo, y llegué a una calle desierta en el que vi a un hombre un poco extraño. Era malo, se notaba en su presencia. Me acerqué a él lentamente, saqué la navaja y le propiné dos puñaladas en el pecho. El hombre de inmediato cayó al suelo y yo huí. Un par de calles adelante caí desmayado sobre la acera frente a una cafetería. Escuché una voz que me preguntó: —    Caballero, ¿se encuentra bien?


No podía responder. Solo se escuchaban unos pequeños gemidos escapar de mi garganta, y no podía abrir bien los ojos, veía borroso. En ese momento no supe quién era ni que había sucedido esa noche, solo supe que mi ropa estaba llena de sangre. Mientras unos caballeros me ayudaron a levantar del suelo llegó la policía. Iban por el cuerpo que había aparecido justo unas calles atrás de donde me encontraba yo y, al verme, se acercaron a hacerme preguntas: —    ¿Usted conoce a Henry Arbocol? ¿Vio algo de lo que sucedió? ¿Puede darnos una pequeña declaración? No dije nada, solo me quedé callado e impresionado por la condición en la que me encontraba. Los oficiales me pidieron que los acompañara y yo no opuse resistencia. Llegamos a la estación de policía, donde continuaron con las preguntas: —    ¿Usted es el señor Asher MacArthur? —    Sí oficial— respondí—. ¿Por qué lo pregunta? ¿Qué sucedió? ¿Por qué estoy aquí? —    Es presunto culpable del asesinato de Henry Arbocol. —    Esto no puede ser cierto, señor oficial— respondí inmediatamente—. Soy un abogado que lucha por la justicia en este país.  —        Lo sabemos señor MacArthur— contestó el oficial —. Revisamos su expediente. Pero las pruebas halladas en la escena del crimen nos dirigen hacia usted. Estará en este lugar durante 72 horas mientras sigue la investigación. —    No puede hacer esto, señor oficial— dije, alterado— tengo una junta muy importante. Podría perder mi empleo si no llego. —    Lo siento, señor MacArthur, pero no lo puedo dejar libre hasta que se esclaresca la información del crimen. Pasaron las horas y me volvía loco cada instante que transcurría, y tenía el estómago vacío. Después de dos días sin comer nada, entró el oficial de policía: —        Señor MacArthur, tengo malas noticias— dijo con seriedad—. Una cámara que había cerca al lugar del asesinato captó el momento en que una persona, con la misma ropa que trae usted, asesinó al sujeto identificado como Andrés del Toro de 36 años. Es un poco confuso— continuó—, lo que nos hace llegar a esa conclusión es su ropa, porque el sujeto que la cámara nos dejó ver era totalmente diferente a usted. Me temo que será llevado ante la corte para la investigación del caso e imputación de cargos.


En ese momento se escurrieron lágrimas por mi cara, lágrimas de impotencia por no saber que estaba pasando. Estaba confundido , no sabía que pasaba dentro de mi , no sabía que mi otra personalidad era capas de causarme tanto sufrimiento. Llegó el día esperado: Jueves 22 de abril. —    Señor Asher MacArthur, ¿cómo se declara?— preguntó el juez. —    Inocente, su Señoría— contestó. —    Analizado cuidadosamente su caso, no hay pruebas contundentes que demuestren que usted es el asesino del señor Andrés del Toro. Sin embargo traía puesta la misma ropa que llevaba el asesino en el vídeo captado, por lo cual lo declaró culpable por presunto asesino del señor Andrés del Toro. Pagará una condena de 15 años de cárcel por homicidio agravado. Fui enviado a la cárcel Justice Center Leoben. Después de cinco años en la cárcel, me estaba volviendo loco. Empecé a perder la paciencia y ya quería salir de ahí. Mi compañero de celda notó mi desesperación, y me contó que había una manera rápida para salir, pero era difícil. Le dije que no importaba cuál fuera, que me la dijera. —        En la revisión semanal de los presos, todos los carcelarios se encuentran ocupados en todas las celdas, así que en ese momento puede distraerlos para ir por las llaves al centro de control, golpear a los guardias de la entrada y huir. Faltaban 4 días para la revisión semanal así que planeé perfectamente como lo haría. El día llegó lo más pronto esperado. Uno de los presos estaba dispuesto a ayudarme, así que cuando los carcelarios llegaron a la celda de él,    fingió una convulsión. Todos estaban alertados de lo que podía pasar, y en ese momento llegaron todos los guardias a ayudar al preso. En un descuido salí de mi celda y hui sin ser visto. Unos guardias pasaron corriendo por mi lado, actué natural e hice como si no supiera nada. Llegué al centro de control y la puerta se encontraba abierta para mi fortuna. El controlador estaba tomando un café. Lo ataqué por la espalda, tomé las llaves y un poco de ropa que encontre en el centro de control y huí desenfrenadamente. Corrí lo más rápido que pude. Ya en la entrada había dos guardias a la espera de información sobre el preso que estaba convulsionando. En el momento menos esperado sonó el radio de uno de los guardias: —        El preso se encuentra en buen estado. Sigan en su guardia y seguiremos la revisión.


Los guardias de la entrada tomaron sus puestos. Había uno enfrente mío, y pasé agachado, y no me vio el otro que estaba en la parte de arriba de la entrada. Me acerqué a la entrada, tomé la llave y la abrí. En ese momento sonaron unos disparos que venían hacia mi. El guardia de la parte de arriba de la entrada notó que trataba de huir. Con los disparos se activo una alarma, metieron rápidamente a los presos en sus celdas y salieron los guardias detrás de mi a buscarme. Los disparos seguían y yo no paraba de correr. Un guardia iba tras de mi con dos perros pastores alemanes que corrían persiguiéndome , estaba cansado pero no podía dejar de correr. Diez minutos después de mi huida estaba a poco de llegar a un pueblo cercano. Entré en una granja y me escondí en el granero. No noté que había una chica detrás de mi observandome sorprendida . Le pedí ayuda y ella rápidamente y sin palabras , solo con el movimiento de su cabeza, me dijo que sí. Ella me escondió y unos segundos después escuché los ladridos de los perros y al guardia pasar cerca de nosotros. Le pregunté a la chica que por qué lo había hecho, por qué me había ayudado, y ella me contestó que lo había hecho por qué sabía que no era una persona mala. Le dije que estaba equivocada, pues estaba preso por matar a un hombre, aunque no recordaba haberlo hecho. Ella calló. Le pedí prestada su casa para bañarme y comer un poco, y ella amablemente dijo que sí. Entré a la casa y tomé una reconfortante ducha, me afeité y ella me dio un poco de ropa que tenía de su padre, la cual me quedaba perfecta. También me dio un poco de comida. Cuando me iba ella me preguntó qué haría, a lo que contesté: —       Volver a mi hogar. Tener una nueva vida.Me marché, haciéndole parada a algunos autos que pasaban por mi lado. Seguí caminando por unos minutos hasta que un auto por fin se detuvo. Venía un hombre en una camioneta, a quien le pedí que me llevara. —    Caballero, dígame, ¿a dónde se dirige? —    A Nueva York. —    Por suerte para usted, caballero, voy para un lugar cercano, así que suba, yo lo llevo. Llegamos a Nueva York en un par de horas. Me dejó a las afueras de la ciudad, caminÉ hasta mi casa, llegué y la encontré como la había dejado, solo que con un par de facturas. Tenía cinco mil dólares en la caja fuerte de mi cuarto, los saqué y contacté a un amigo para pedirle que me ayudara con un cambio de identidad.


Me dijo que en una semana la llevaría, pero que necesitaría una fotografía mía, el nombre al que quisiera cambiar y mis huellas. Me dijo que costaría cuatro mil dólares. Acepté, hice todo lo que mi viejo amigo dijo, y ahora para el mundo sería conocido como Asher MacArthur.En la calle encontraba letreros de “Se busca” con mi anterior nombre. Pasaron dos años desde mi huida de la cárcel, y ya tenía un buen trabajo, amigos y nadie dudaba de mi . En ese momento escuché la voz de Amber diciéndome “Asher, Asher, Asher, ¿te encuentras bien? Quedé mudo en ese instante, pero de un momento a otro volvía mi voz.—        ¿Qué sucede?—        ¿Te sientes bien? —        Sí. ¿Quieres bailar conmigo?—        ¿Por qué no?Tome su mano, empezamos a bailar y entre bailes y copas se consumía la noche con Amber. Gracias a ella olvide cada ves más rápido lo sucedido… Juan Camilo Oviedo


DOS HERMANOS RIVALES HACIA EL MAL En el año 1975, había dos hermanos que vivía en la hacienda saliendo de la ciudad Sprinfield,  en Estados Unidos. Julián y Duvan jugaban y exploraban, y se querían mucho. Duvan, el mayor, trataba de ayudar a su papá pero todo lo estropeaba. Su padre se ponía bravo y lo insultaba, y el, triste, se encerraba en el sótano. Julián, siempre lo buscaba para ir a jugar y levantarle el ánimo. Un día, en un viaje por carretera, el carro se averió en el camino. Su padre bajó y sacó las herramientas para arreglarlo. En eso, se le cayó una llave y Duvan fue a recogerla, sin darse cuenta de que pasaba una camioneta. Duvan murió al instante. Su padre se puso muy triste. Llevaron el cuerpo a un cementerio, lo enterraron y después regresaron a casa. Julián se sentió mal durante mucho tiempo también, por lo que decidieron llamar a un espiritista que los comunicara con Duvan, quien les dijo que nada más se podían ver, pero él no los podría escuchar. Esa noche, cuando Julián se iba dormir, pasó caminando por el cuarto de su hermano y escuchó una voz rara. Entró y lo vio sentado en la cama. Se acercó a él y le preguntó qué quería, a lo que Duvan contestó: “Quiero tu alma”. Julián entro en pánico, y empezó a percibir un cambio en su hermano: parecía que no era Duván. Comenzó a estirar sus brazos y piernas, parecía un espíritu demoníaco.


Julián salió corriendo donde sus papás, quienes fueron a investigar. Su mamá se acercó y la presencia demoníaca la atacó y le arrancó un pedazo de piel de la cara. El papá, asustado se llevó a su esposa a otro cuarto y llamaron al padre. Al llegar, el padre les pidió el juguete que tenía Duvan cuando estaba vivo, y lo encerraron en un clóset. Pegaron muchos testamentos, le echaron agua bendita, y cerraron el clóset con muchas cadenas. Diez años después, una excursión de un orfanato fue a Springfield, y necesitaban un lugar para dormir. Encontraron una casa a las afueras de la ciudad,donde conocieron a un joven llamado Julián, quien los recibió con los brazos abiertos. Cuando cayó la noche, todos los niños se fueron a la cama excepto Linda que se acercó a un cuarto que estaba cerrado con llave. Cuando ya se iba a rendir, se abrió la puerta sola. Se escuchaban voces de un niño jugando, por lo que Linda se acercó, y le preguntó qué quería, a lo que Duvan contestó: “quiero tu alma”. Julián, que no se había ido a dormir, vio que la niña estaba en el cuarto, y entró justo cuando Duvan se convirtió en espectro y se cerró la puerta con Linda adentro. Julián llamó al padre, quien llegó rápidamente, sacó su Biblia y leyó un testamento mientras que Julián buscaba algo para derribar la puerta.


Finalmente encontró una pala, golpeó la puerta y la abrió. Pero ya era muy tarde: el demonio había poseído a la niña, que salió a atacar al padre hasta matarlo. Julián corrió a avisar a los niños y a la monja, y salieron de la casa.Para volver a encerrar al demonio, Julián fue a buscar la caja que le dio el padre. Fue al cuarto de su difunto hermano, miró en el clóset y se dió cuenta de que no estaba. El espíritu empezó de nuevo el ataque, por lo que Julián sacó la cruz para distraerlo, mientras que los niños buscaban el muñeco. Linda atacó a Julián, pero él se resistió al mal. La monja cogió un palo, golpeó a la niña y la amarró a la silla. La alzó y la encerró en una habitación. Los niños encontraron el muñeco y lo metieron de nuevo al closet.Todo había acabado. Julián les pregunto a todos si estaban bien, y se dio cuenta que faltaba Linda. Cuando buscaron en la habitación en que Gertrudis la había encerrado, se dieron cuenta de que había escapado… Brayan Andrés Bermudez de Hoyos

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