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Colecci贸n Portugal y e1 Mundo


Director coordinador: José Andrés-Gallego Disefio de cubierta: .José Crespo

Obra publicada con el apoyo de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa

O 1992,Alberto Vieira O 1992,Fundación MAPFRE América O 1992,Editorial MAPFRE, S. A. Paseo de Recoletos, 25 - 28004 Madrid ISBN: 84-7100-347-3 (rústica) ISBN: 84-7100-348-1 (cartoné) Depósito legal: M. 25819-1992 Impreso en 10s talleres de Mateu Cromo Artes Grhficas, S. A. Carretera de Pinto a Fuenlabrada, dn. Km. 20,800 (Madnd) Impreso en Espana-Printed in Spain


ALBERTO VIEIRA

PORTUGAL Y LAS ISLAS DEL ATLANTICO

EDITORIAL

MAPFRE


LA REVELACIÓN DEL ESI->ACIO Y EL OCÉANO ATLAN~TCO

Los mitos y Ias levendas E1 descubrimiento de1 si Los viajcs hacia occidente ..................... . . Colón y las idas ................................. Las islas de1 sur ......................................... ................................. 11. LAOCUPACIÓNDE 1.AS ISMS

Los incentivos dr Ia colonización E1 régimen de propiedad Las donaciones de las tie E1 destierro como política de colonización

. ., . La emgracion insular .................................................................. Madeira y Ias Canarias ....................... ................................. Madeira y Ias Azores ....................................


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Portugal y Ias klax de1 Atlúntico Las islas y Guinea ......................... La emigración en e1 siglo xu< . . . . .......................................

., La lucha por la posesion de1 océano .... E1 sistema de Ia fortificación de Ias is1;is E1 Atlántico y las islas en 10s siglos xvrii y xa: , . La nueva geografia economica ............ .......................................

111. LA I<LONOML\ INSULAR Los componentes de la dieta alimenticia ...................................

,

............ ....... .... ....... .. .. .

Aprovecharniento de los recursos ............................................... El comercio ..... ....................................... E1 comercio de cabotaje E1 comercio interinsular E1 comercio atlántico Europa v Ias islas El comercio con e

N. LASINSITTUCIONES INSULARES ............. E1 senorío de Ias islas

............................ . . ....


Las instituciones reales La Iglesia en Ias idas

Las constituciones sinodales Los judios y Ia Inquisici贸n Asistencia ....... ................... ....... ........

. .. ........... .... .... .... ... ....


d a s rslas dei Atlántico fincionaron como

auténticos laboratorios de experienciiis humanas qnr promo~ieron la adaptación de hombres 3' cultivor a nuevus ambienter y a1 establecimien~ode nn vivo diúlogo entre las gentr2.r de t<uropa y África.. .>> Francisco Teiiveiro, 196 1


El dragón (Dracacea Draco), árbol común de 10s bosques de 10s archipiélagos de Madeira, Azores, Canarias y Cabo Verde, hoy casi extinguido. En el siglo xv se le extraia Ia Ilamada sanare de draaón que se usabe como tinte, y sus troncos se utilizaban para Ia conshucción déembarcaciones. Éste es un conjunto de 10s que existen todavia en 10s alrededores de Funchal. Fotografia: Esc. Manuela Aranha


Ayer como hoy Ias islas fueron y continú;in siendo protagonistas activas de1 proceso económico y político cn el contexto europeo y mundial. En el caso de1 espacio atlántico son todavia una referencia importante para los continentes que lo rodean. I'ara algunas Ia función de apoyo en Ias comunicaciones se transformó, de acuerdo con el progreso y Ia nueva coyuntura política. en puntus estratégicos para Ia defensa de Occidente. Otras ahrieron nuevos caminos, destacándose como importantes estancias de turismo. Por otro lado, çI devenir de1 proceso político, en este final de1 siglo xx,vino a atribuirles una posición diferente merced a su independencia (Cabo Verde y Si« Tomé) « aiitonomía (Madeira, Azores y Canarias). Pero, ante todo, csto nos parece una justificada y breve referencia sobre los primeros niomentos de1 desarrollo dc estas nuevas sociedades con Ia expansidn europea. La comprensión de esto sólo es posihle mediantc el adecuado encuadre en 10s espacios continentales vecinos. que en cierros casos ejercen una acción dominante. Por lo tanto, era nuestro deseo, cuando nos propusirnos tratar el tema, abordar Ia presencia portuguesa en el Atlántico, pero, teniendo en cuenta que exisren en esta colección otros tomos en los cuales se hace un tratamientc especializado de1 Brasil, Magreb y el África Negra, optamos por hacer incidir nuestro anilisis sobre Ias islas portuguesas de1 Atlántico oriental. El mundo insular creado por 10s portugueses en el vasto océano presenta numerosas cspecificidades, perc, tamhién una filiación profunda con los espacios continentales vecinos, por lo que no puede ser desvinculado de este contexto. Tal como tendremos oportunidad de constatar, los cuatro archipiélagos definidos por sus veinticuatro islas


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Portugal y las d a s de/ Ailántico

participaron activamente en e1 proceso de afirmación de 10s portugueses en e1 Atlántico occidental. Areas agrícolas o puertos de escala para Ias rutas oceánicas !r de contacto con e1 continente africano son algunas de Ias más significativas funciones de Ias islas. E1 activo protagonismo insular, evidenciado en Ias últimas décadas por la historiografia, es e1 tema que nos proponemos tratar en Ias páginas siguientes. El análisis deberá ser necesariamente de fornia sintética, dentro de Ia estructura y plan editorial. Esta ubligación nos impidió abordar en detalle todos los aspectos que muchos de los lectores pretendian ver tratados, pero que aqui optamos por remitir a estudios específicos, merecedores de nuestro crédito. Por otm lado, procuraremos favorecer el caso de Madeira, ya que nuestros trabajos han incidido sobre ella, y también porque a Ia misma le cs atribuida una función de bisagra en e1 contexto de1 mundo insular que nos ocupa. Esta última situación resulta de1 hecho de haber sido Ia primera área insular (portuguesa) merecedora de una ocupación efectiva y de una valorización económica que después sirvió de modelo para Ias deinás iniciativas insulares y continentalcs. Partiendo de esto, nos decidimos por presentar Ias peculiaridades más evidentes de 10s cuatro archipiélagos y los aspectos que definen su diferenciación en e1 mundo atlántico. Optamos por inciciir en el abordaje de 10s tres primeros siglas, prolongándolo cuando haya motivo para ello. Con esto no pretendemos de modo alguno trazir uria síntesis histórica desde Ia ocupación hasta Ia actualidad. Para nosotros, y esperamos que lo sea también para e1 lector, éste es un análisis sobre Ia visión de1 mundo insular en e1 período de creación y fundameritación. No entraba en nuestros planes, ni cn los de 10s editores, reunir aqui una historia general de Ias islas, pero si apuntar una visión reflexiva de esta realidad, capaz de despertar el interés de1 lector, en un momento en que esta se afianza cada vez más en nuestro entorno. La bibliografia, presentada en notas y cn Ia resena final, tiene e1 mérito de conducir a1 lector bacia e1 necesario análisis de Ias cuestiones que sean de su interés. No fue fácil establecer en Ias páginas que siguen una sintesis capaz de saciar Ia curiosidad de cualquier lector. La inexistencia de núcleos documentales debidamente organizados Y preparados para responder a


Ias cuestiones que ei investigador incesantemente coloca y e1 carácter inconsistente de mucha de la producción historiográfica no nos permitieron surcar mejores caminos. E1 resultado de este periplo, a veces deslucido, es Ia consecuencia de ello. Por último nos queda agradecer a algunos maestros y amigos que, de una forma o de otra, contribuyeron con sus consejos y criticas. Al profesor Luis de Albuquerque y a1 doctor José Pereira da Costa nuestro más sincero reconocimiento por e1 apoyo que nos prestaron a 10 largo de Ia investigaciún v redacción dei presente tcxto. Funchal, agoito/diciembre de 1990


PRIMERA PARTE


INTRODUCCION

E1 Atlántico no es sólo una inmensa masa de agua, salpicada de isIas, pues a é1 se asocia una larga tradición histórica que se remonta a Ia Antiguedad, de donde resultó su nomhre de pila. Aqui nos encontramos con un conjunto polifacético de islas y archipiélagos que se volvieron relevantes en el proceso histórico de1 océano, casi siempre como intermediarios entre Ia mar alta y los puertos litorales de 10s continentes europeo, africano y americano. Las islas se agrupan de un modo general, junto a Ia costa de 10s continentes africano y americano, pues sólo Ias Azores, Santa Helena, Ascensión y el grupo de Tristao da Cunha se distancian de ella. Desde rl pionero trabajo de Fernand Rraudel ' fue atribuida a Ias islas una posición clave en Ia vida de1 océano y de1 litoral de 10s continentes. A partir de aqui Ia historiografia pasó a manifestar gran interés por su estudio. Nótese todavia que, según I'ierre Chaunu ', fue activa Ia intervención de los archipiélagos de Madeira, Canarias y Azores, a los que designó Mediterráneo Atlántico, en Ia economia castellana de los siglos xv y XVII. Para el Atlántico portugués Ia coyuntura era diversa, pues Ia actuación en tres frentes C o s t a de Guinea, Brasil e i n d i c o extendió los enclaves de dominio al sur de1 océano. En este contexto surgieron cinco vértices insulares d r gran relieve A z o r c s , (:marias, Caho Verde, Ma-

' O Medrlerrüneri r , o Mundo Me<iiierrinr<o nii <$,o<-d&, Fzhpe 11, 2 vols., Lisboa, 1984 (1.' edicion cn 1949). ' .Tcuzliu a Ami'ricir Si~lorX i l i y Xi)il, Sei,iila. 19h3


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Portugal v Iczs islas del Atlántico

deira y Sao Tomé- imprescindibles para Ia afirmación de Ia hegemonía y defensa de las rutas oceánicas de los portugueses. Ahí asentaba Ia corona portuguesa 10s principales pilares atlánticos de su acción, haciendo d e las islas desiertas lugares de acogida y reposo para 10s náufragos, ancladero seguro y suministro para Ias embarcaciones, y espacios agrícolas dinamizadores de Ia economia portuguesa. En e1 primer caso podemos hacer referencia a Madeira, Canarias, Cabo Verde, São Tomé, Santa Helena y Azores, quc surgen, a partir de principios de1 siglo xvi, como 10s principalcs ejes de Ias rutas de1 Atlántico. De aquí Ia necesidad de diferenciar aquellas islas que se afirmaron como puntos importantes de Ias rutas intercontinentales, como Ias Canarias, Santa Helena y Ias Azores, de Ias quc se derivan de Ias áreas económicas litorales, como sucede con Argiiim, Cabo Verde y el archipiélago de1 golfo de Guinea. Todas, a excepción de São Torné. viven en una situación de dependencia en relación a1 litoral que Ias tornó importantes. Sólo Ia de São Tomé, por Ia importancia de Ia cana de azúcar, estuvo fuera de esta subordinación por algún ticmpo. El protagonismo de Ias islas Canarias y de Ias Azores es mucho más evidente en el trazado de Ias rutas oceánicas que se dirigían y rcgresaban de Ias Indias occidentales y orientales, resultado de su posición a Ias puertas de1 océano. Ellas actuaron como via de entrada y de salida de Ias rutas oceánicas, lo que motivó Ia mayor incidencia de Ia piratería y pillaje en Ia región vecina. Pero 10s dos archipiélagos no fueron só10 áreas de apoyo, una vez que e1 suelo fbrtil permiti6 un aprovechamiento de sus potenciales por medio de 10s cultivos europeo-mediterráneos. Fue esta última vertiente Ia que los proyectó hacia un lugar relevante en Ia historia de1 Atlántico. En este grupo emergen Madeira y Ias Canarias por Ia primacía de ia ocupación, que, por eso mismo, se proyectaron en r i restante espacio atlántico gracias a los portugueses y castellanos. De aquí resulta Ia evidente vinculación económica e institucional de Madeira a1 espacio atlántico portugués, igual sucedió en Ias Canarias con Ias Indias de Castilla. De aquí tamhién Ia importancia que asume para e1 estudio y conocimiento de la historia de1 Atlántico la valoración de la investigación histórica sobre ambos archipiélagos. Si ç n Ias Canarias tal necesidad se tornó un hecho con e1 empeno de muchos investigadores e instituciones. con mayor realce a partir de1 Coloqiiio de Historia Canario-Ame-


ricana (1977), en Madeira sólo se realizó en 1986 con 1a crcación de1 Centro de Estudios de Historia de1 Atlántico. Por todo esto, q e d a justificada nuestra opción por e1 abordaje de1 protagonismo de Ias islas portuguesas de1 Atlántico, poniendo de relieve su afirmación en Ia estrategia lusitana de dominio de este espacio y en el usufructo que en ellas tuvieron d e Ias numerosas potencialidades económicas.


Algunas veces los conceptos que dan cuerpo a determinada realidad histórica nos colocan innumerables trampas, que pueden poner en duda ese mismo conocimiento. Esto viene a propósito de1 uso de 10s conceptos más adecuados para definir lo que realmente pasó en el siglo xv con Ia revelación a Occidente de aquello que vendría a ser Ia nueva realidad atlántica: Ias islas. Cierta historiografía, partiendo de una visión centroeuropeísta de1 mundo y de1 supuesto pionerismo de Ia iniciativa de gentes de Ias regiones lusitanas, pretende ver cn esto un actcr descubridor y en e1 consecuente establecimiento, una forma de colonización. Ambos conceptos vician Ia realidad y por eso han sido motivo de ardiente polémica. Hoy e1 problema es meramente académico, sustituyéndose su uso por otros conceptos tales como «encuentro de culturas», «redescubrimiento», <<reconocimiento» ... Y pocos son ya aquellos que mantienen ia terminologia tradicional. El Atlántico, considerado una revelacicin o redescubrimiento de1 siglo xv por parte de los portugueses, pasó a asumir un lugar de protagonista activo en épocas muy anteriores a esta centuria. Desde Ia Antiguedad, especialmente a partir de1 siglo vi a.C., aparecen testimonios que garantizan Ia presencia de pueblos riberencis de1 Mediterráneo en sus aguas. Primero, 10s cartagineses y, después, 10s árabes fueron preludio de Ia gesta realizada plenamente en e1 siglo xv por portugueses y castellanos. Son numerosos 10s documentos de variada índole (textos narrativos, portulanos y vestigios arqueológicos) que acreditan e1 conocimiento de1 océano por 10s pueblos mediterrincos en fecha muy anterior a Ia presencia portuguesa. E1 legendario relato de Ia Atlántida, inmorta-


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Portugal y lus islus de1 Atlúntzro

lizado por Platón, los textos narrativos de autores clásicos grecorromanos, y Ias más recientes pesquisas arqueológicas asi lo demuestran. Pero. e1 hecho de que algunos de 10s testimonios asuman, hasta e1 momento, casi Ia dimensión de leyenda, como succdc con Ia Atlántida y e1 viaje de Robert Machim, ha llevado a muchos historiadores a mantener Ia clásica perspectiva sobre hechos reales. En Ia actualidad abundan 10s testimonios que garantizan un conocimiento, todavia limitado, de1 Atlántico, de Ias islas y regiones occidentales de1 continente africano. De estc modo, Ia gesta portuguesa iniciada en 1419, según Ia tradición, con el primer viaje a Madeira, asume só10 una función reveladora a Ia cristiandad occidental de1 nuevo mundo y no un descubrimiento. Más imponante que el descubrimiento fue la valorización socioeconómica que defini6 Ia iniciativa de los portugueses. Las pruebas que fundamentan Ia presencia de los argonautas antiguos en estos parajes se acumulan y vicnen siendo apuntadas desde el siglo xvi por la historiografía portuguesa, como lo atestiguan Antonio Galvão, Damiáo de Góis y Gaspar Frutuoso. Pero el empeno de la historiografía nacional en Ias reivindicacionrs procedentes de Ia división Ilevada a cabo en e1 siglo XVIII de1 continente africano condujo a una opinión afirmativa, mantenida hasta la actualidad, de Ia prioridad lusitana en e1 conocimiento de1 Atlántico occidental, oriental e indico. La publicación en 1954 de1 polémico estudio de Armando Cortesão1 sobre la carta náutica de 1424, en que el autor se declaraba a favor de1 testimonio de Ia literatura grecolatina, fue mal acogida. De esta forma tomaba cuerpo una nueva realidad de1 proceso de conocimiento de1 océano. Durante siglos e1 Atlántico fue considerado e1 mar de Ias tinieblas, incapaz de ser surcado por Ias embarcaciones mediterráneas y de someterse a las técnicas de navegación a1 uso. E1 empeno de cartaginenses, árabes y peninsulares vino a revelar lo contrario y a convertirlo, a partir de1 siglo xv, en e1 principal centro de convergencia de 10s intereses europeos. Para e1 griego 0 e1 romano esta extensa masa de agua materializaba Ia dicotomía de1 bien y de1 mal, cxpresada en visiones aterradoras, contrarias a la navegación pero favorables a su afirmación como paraíso de 10s dioses de Ia mitologia. I'ara e1 europeo de 10s siglos ' The Nautical ('bar!

of

1424. Coimhrai. 1954


La reuelación del océawo

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xv y xvr será la imagen de una esperanza de total mudanza de 10s intereses económicas. Esta creatividad literaria greco-romana-árabe dio origen a varias islas fantásticas, que surgen con mayor agudeza desde e1 siglo XIV, como blanco preferente de algunos navegantes incautos. Primero se divulgó la Atlántida, después Ias Afortunadas, Hespérides, Antilla ( o Siete Ciudades), São Brandão y Brasil. Las tres últimas, que surgen por lo menos desde e1 siglo xw,dominaron Ia imaginación de 10s cartógrafos, en ésta y posteriores centurias, y cautivaron e1 interés de otros tantos navegantes, persistiendo, en algunos casos, hasta e1 siglo xx. La isla de São Brandão se mantuvo en Ia cartografia desde e1 siglo XIII al XIX, siendo desplazada hacia los espacios inexplorados de1 océano. Entre tanto, la Antilla atrajo a algunos portugueses, como Fernão Teles (1474), Fernão Dulmo (14861, João Afonso do Estreito y 10s hermanos Corte-Reais, que solicitaron a la corona e1 necesario derecho de posesión. Para Gaspar Frutuoso' éstas y otras islas no pasaron de meras fantasias de los literatos europeos que le precedieron. Su posición es de total oposición a esta realidad y a la Atlántida de Platón, siendo varios 10s argumentos presentados para fundamentar su idea. La última perduró hasta hoy, conquistando numerosos adeptos en las diversas ramas de la ciencia, que le dedicaron mucho tiempo en estudios y pesquisas infructuosos. En este contexto, Ias iniciativas portuguesas, dominadoras de1 vasto océano, atribuyeron Ia nueva imagen a la realidad atlántica. La visión de Avieno se sobrepuso a Ia de Duarte Pacheco Pereira o a Ia de don João de Castro. La situación preferente de1 portugués le llevó a la defensa de1 Mure Nostrum, que después tuvo que compartir con Castilla y más tarde con otros europeos. Esta división cuatrocentista mereció el comentario incisivo de Gaspar Frutuoso: «no entiendo esta mezcla, cómo en este mar hubo dos seíiores diversos». En verdad sólo la constatación de la coyuntura política permitirá entender Ia razón de esta disputa y repartición por Ias dos coronas peninsulares. Ante esto podemos afirmar que e1 conocimiento de las islas y litoral africano se gestó en la Antiguedad, siendo evidente, en una comparación entre Ia leyenda v Ia realidad, que e1 mito de Ia Atlántida es Ia

Saudade> da Tenu, li6 I, Ponta Delgada. IL)69. capb.

XXVIII-XXX.


La revelación de1 océano

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hipotética estatua ecuestre, que habria existido en Ia isla de1 Cuervo, quedó demostrado por José Agostinho que era una ilusión ópticai. Conviene esclarecer que no es nuestra intención afirmar, tal como 10 hizo el vizconde Santarem, que e1 descubrimiento de Ias islas tuvo lugar só10 en e1 siglo xv; pero si referir, a ejemplo de Luis de Albuquerque ', que de los ocasionales y asiduos viajes «no perduró memoria de Ia experiencia adquirida» capaz de guiar o motivar Ias expediciones posteriores de 10s siglos XN y xv. Dijimos experiencia adquirida y no conocimiento, pues de Ias expediciones perpetuadas por Ia literatura perduró só10 un conjunto de islas, con nombres variados e indiscriminadamente colocadas a lo largo de Ia costa africana hasta el golfo de Guinea. Por otro lado esta visión que ha prefigurado Ia historia de1 Atlántico antes de1 siglo xv es demasiado limitada, por intentar definir e1 nivel de conocimiento a Ia presencia o paso de nada más que europeos, ignorando cualquier iniciativa de Ias poblaciones africanas, desde Marruecos hasta e1 golfo de Guinea. Esta perspectiva europeocentrista se hace extensible a Ia realidad de1 Atlántico dominado por Ias islas vecinas y no por Ia costa africana, preludio de asiduas visitas o de un establecimiento de gentes, como sucedió en el archipiélago de Ias Canarias y en Ia isla de Fernando Póo. La presencia de una población autóctona oriunda de Ia costa africana testifica que el espacio insular no se mantuvo desconocido y que ciertamente muchos de 10s textos que se nos configuran como mera ficción tienen que ser revisados a Ia luz de esta nueva realidad. Los aborígenes de1 archipiélago canario fueron el resultado de dos movimientos migratorios: e1 primero, en fecha incierta, entre e1 2500 y 1000 a.C., que llevó a1 establecimiento de Ias primeras gentes en Ias isIas próximas a1 Cabo Juby (Lanzarote y Fuerteventura); e1 segundo entre 10s siglos VI y IX, provocado por e1 avance árabe en el norte de África, que condujo a Ia total población de1 archipiélago. En Cabo Verde, São Tomé y Príncipe se hace referencia a Ia presencia de gentes africanas antes de la Ilegada de los portugueses en el res)? Keporr on rhr results of joint firld investigations unclertaken on Corvo in June 1 9 8 3 ~en Riviifo de Sludi Fentci, XII, Roma, 1984, pp. 31-46, ' J. Agostinho, *Achados arqueológicos nos A ~ o r c s »en Açoreona, IV, p. 97. «Arlántico» çn Dzrionúrio de Hi.~tdriad i Portuxli/. I , Lisboa, 1975, pp. 247-249.


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Portugal y Ias isla.~de1 Atlรกntico

Mapa de Angelino Dulcert de 1339. La representaciรณn cartogrรกfica de Ias islas se remonta al siglo xiv y su perieccionamiento se debe a diversos mapas, resultado de un mayor conocimiento.


siglo xv. Todavia Ias islas se encontraban sin explotar a su Ilegada en Ia segunda mitad de1 siglo xv, 10 que demuestra que estos encuentros, de haber tenido lugar, debieron de ser muy fortuitos. La colonización de éstas no presentaba ningún interés, siendo ocasional e1 de Ia isla de Annobón. Para estos archipiélagos, por su proximidad a Ia costa, el contacto con Ias poblaciones de1 litoral africano fue una realidad. No se puede decir 10 mismo de Madeira y Ias Azores, cuya distancia de1 litoral y Ia navegabilidad de 10s mares circunvecinos no fueron 10 más adecuado para favorecerlo, a no ser de forma ocasional. Tal vez por esto sea imposible detectar e1 rastro de su existencia y conocimiento en Ia tradición histórico-literaria, lo que no sucede con Ias Canarias, por ejemplo. Tras e1 descubrimiento de1 océano en Ia Antiguedad tuvo lugar, en Ias primeras décadas de Ia Edad Media, un pcríodo de olvido. Nos encontrábamos ante un acuartelamiento de1 viejo continente y de1 mar Mediterráneo, siendo e1 Atlántico considerado, por esto mismo, un mar tenebroso. La idea comenzó a ganar forma con Avieno, que 10 define como Ophiusa «Mar de Ias Tinieblas». Los geógrafos árabes, conocedores de Ia tradición clásica y atentos a Ias cxpediciones de sus compatriotas, continuaban creyendo en Ia navegabilidad de1 mar más allá de Ias columnas de Hércules. Este conocimiento se mantuvo por muclio tiempo fuera de1 área de influencia de los pueblos peninsulares. La causa de esto fue Ia coyuntura envolvente de la alta Edad Media, en que se sobrepone e1 concepto ptolemaico de1 mundo occidental, donde imperaba Ia inhabitabilidad e infranqueabilidad de Ia zona tórrida. Así, e1 acceso a 10s mercados asiáticos só10 seria posible por e1 mar de Levante. E1 océano continuará por mucho tiempo como un mar infranquea~ ble, teniendo relevancia en Edrisi (1099-1154) Ias tesis de Séneca y Avieno. Con Ia venida de1 nuevo milenio algo estaba por acontecer en Occidente: Ias cruzadas, por un lado, y 10s progresos técnicos (Ia brújula, e1 timón y Ia navegación a «bolina») y económicas, por otro, condujeron a Ia apertura de puertos oceánicos. De este modo, a Ias aisladas expediciones árabes p r i m e r o Ia de 10s aventureros de Lisboa en 1147, después Ia de Ibn Fátima y Mohamed Ben Ragano- se sig~iieronotras, con alguma frecuencia, bajo e1 mando de italianos, bretones, vascos, vizcaínos y catalanes, a lo largo de1 siglo x n ~De . estas últimas. además de1


La revelación de1 océano

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La Cerda. Tal orden suscitó una ardiente disputa por e1 archipiélago de Ias Canarias, que só10 tuvo su epílogo en 1479 con e1 tratado de Alcá~ovas.Mientras 10s monarcas de Le6n y Castilla manifestaban su regocijo, Ia posición de1 rey portugués, Afonso IV,fue de enfrentamiento, por carta de1 12 de febrero de 1345 '. E1 rechazo estaba fundamentado en Ia proximidad geográfica y en Ias expediciones realizadas, pues, como refiere e1 monarca lusitano, xnuestros nativos fueron 10s primeros que encontraron las mencionadas islas». También Ia demora de Ia conquista es justificada por Ia «guerra que se propagó primero entre nosotros y 10s reyes sarracenosn. Con respecto a1 archipiélago azoriano, mucho más acá de Ia costa africana, Ia presencia en Ia cartografía no está todavia debidamente esclarecida. Nótese que numerosos historiadores han atribuido a1 archipiélago Ias islas fantásticas dibujadas en e1 lugar de Ias verdaderas Azores. La primera es Ia «insula de bracir», identificada con Ia Tercera, en e1 mapa de 10s hermanos Pizzigani de 1367. Después en un Atlas de Jaffuda Cresques de 1375-1377 aparecen seis islas en lugar de Ias Azores, a Ias que se juntaron dos más en 1384. Esta representación tuvo continuidad en la cartografia posterior y también había sido expresada por primera vez en e1 Libro del Conocimiento a mitad de Ia centuria. Luis de Albuquerque y Gaetano Ferro' no están de acuerdo en su relación con las verdaderas Azores. Uno de 10s aspectos que fundamenta su tesis es Ia existencia de 10s mapas de Cristóbal Soligo de 1455 y de Gracioso Benincasa de 1482, representando a1 lado de Ias verdaderas Azores aquellas islas que hasta entonces se asociaban a1 archipiélago. Las expediciones portuguesas a lo largo de Ia costa africana no quedaron ajenas a Ia presencia en Portugal de Manuel Pessanha, contratado en 1317 por don Denis para crear la flota real y preparar a 10s marineros en 10s conocimientos necesarios en e1 arte de navegar. En realidad, e1 referido viaje de 1341 a Ias Canarias es apuntado como una consecuencia de esto. Adviértase además que e1 rey don Denis había conseguido en 1320 "I el necesario apoyo por parte de1 papado para Ilevar a cabo una guerra de piratería en la costa africana, aconteciendo 10 Introduçüo 2 l ~ f i ~ t ó r dor i a D e i o b n k e n t u r Portugucici, I.isboa, 1986, pp. 165~169. 43-44.

" Ar Nnvrgaç6e~portriguexor no Atlântico e tio Indici,, Lisboa, 1989, pp. " Moniimenta Henricina, I , Coimbra, 1960, n." 9 7 . pp. 2 3 0 ~ 2 3 4 . '" J . M. Silva Marqiles, Dercobrimentor Pnrtugr<eiei, I . pp. 4 0 ~ 4 2 .


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Portugal y las idas dei Atlántzco

mismo con su sucesor en 1341 ". La presencia de flotas en estos parajes es un indicio de que 10s mares eran frecuentados con asiduidad. Además de eso, estos viajes propiciaron a 10s marineros un primer conocimiento de las islas próximas, habiendo, por otro lado, una relación entre la última flota y la expedición enviada en este afio a Ias Canarias. La confrontación abierta en tierras peninsulares con 10s árabes hizo olvidar por algún tiempo Ia disputa por e1 nuevo espacio oceánico. Los portugueses habian esperado hasta su definitiva salida de1 Algarbe y a Ia solución de problemas internos para regresar a1 océano. Lo mismo sucedió, más tarde, con 10s Reyes Católicos, que hicieron depender e1 apoyo a1 viaje de Colón de Ia victoria en la guerra contra 10s moros, que tuvo lugar en Granada a principios de 1492.

A la par de estas noticias, más o menos verdaderas, de viajes dominadores de1 océano Atlántico persiste en e1 primer milenio un conjunto variado de leyendas que hablan de las expediciones alli realizadas. La tradición clásica, que presenta e1 océano como un espacio paradisíaco, sólo accesible a 10s dioses y héroes, toma forma en Ia literatura de la Edad Media. E1 momento agitado que se vivia en Europa, debido, por un lado, a las invasiones normandas y, por otro, a la amenaza de 10s árabes, provocó un conjunto de leyendas reveladoras de esta salida forzada. Todo parecia indicar que la solución estaba en e1 Atlántico. Primero tuvimos, en rl siglo VI, la aventura de1 monje irlandés san Brandán, que huyendo con sus companeros de 10s normandos encontra asentamiento en una isla de delicias, en medio de1 océano. Después, en e1 714, fue e1 turno de un arzobispo y seis obispos lusitanos, que, huyendo de 10s ataques de 10s moros, encontraron en su camino una isla, Ia Antilla o isla de las Siete Ciudades. Esta isla, representada en el mapa portugués de 1424, es asociada por Armando y Jaime Cortesáo a Ias Antillas. Ambos episodios tuvieron eco en la cartografia de 10s siglos XN y xv, que Ias representaba siempre en espacios inrxplorados o poco conocidos de1 océano. A veces éstas se coniunden con los archipiélagos


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de Madeira, Azores y Canarias, pero su permanencia hasta una fase tardia revela Ia inexistencia de cualquier relación con Ias verdaderas. Más tarde surge el viaje de Robert Machim a Madeira, considerado por unos como leyenda y por otros como un hecho real. La forma en que e1 relato es presentado, en la versión original de Francisco Alcoforado", adulterada por Valentín Fernandes" o romanceada por don Francisco Manuel de Melo, en Ia Epanáfora Amorosa de 1660, no es el molde que propicie nuestro total apoyo. En cualquiera de 10s casos aparecen anacronismos de orden interno y externo que nos hacen prever una mezcla de leyenda y verdad. Después de un acalorado debate, abierto en 1873 por Álvaro Rodrigues de Azevedo", el tema pasó a ocupar a numerosos investigadores hasta Ia actualidad. De ahi resultó Ia aparición de1 texto original de1 referido viaje y e1 fundamento genealógico de Ia inexistencia de1 protagonista de Ia aventura. Verdad o leyenda, lo cierto es que este mismo relato quedará para ilustrar e1 panorama literario madeirense como testigo de1 conocimiento de1 archipiélago en pleno siglo m. H e de referir, a propósito, que la versión contada por Valentín Fernandes, donde Robert Machim es citado como un desterrado, encuentra semejanza con lo descrito en un documento de 1406". En esta fecha, de entre el numeroso grupo de ciudadanos expulsados de Inglaterra se encontraba un Machim y un Machico.

A pesar de Ia existencia de datos reveladores de un descubrimiento de 10s archipiélagos atlánticos más allá de 10s trópicos, a partir de1 siglo xiv,Ia historiografía continúa insistiendo en Ia tesis de1 descubrimiento cuatrocentista. A esto habria contribuido la coyuntura nacionalista de Ia segunda mitad de1 siglo XIX, que estableció esta opción como respuesta a Ias dichas expoliaciones lanzadas por 10s franceses, castellanos " nRelaFáo de Francisco Alcofaradon en Arquivo H~stóricoda Marinha, I , Lisboa, 1936. pp. 317-329. " O Manurcnto de Valentim Fernander, Lisboa, 1940, pp. 106-108. '' aNotasn en Saudades da Terra, Funchal, 1871. " Public Reccord Office, Rotuli Parlinmentonim, 171, pp. 571-572.


Portugal y las islas de1 Atlántico

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o ingleses. Las intervenciones de J. J. da Costa Macedo'" y de1 vizconde de Santarem" dieron cuerpo a la tesis oficial de Ia historia de los descubrimientos. Durante mucho tiempo se continuó pensando que era una ofensa a la corona presentar e1 descubrimiento de 10s archipiélagos en fecha anterior a Ia Ilegada de 10s portugueses. Esta defensa intransigente de los descubrimientos portuguebes buscó fundamento en los cronistas de1 reino, de donde cogió 10s argumentos de su tesis para combatir a 10s detractores. La tradición hizo de ella una verdad irrefutable. A partir de ta década de 10s cuarenta de1 presente siglo comenzaron a surgir opiniones contrarias, fundamentadas en una paciente y seria investigación. De abí resultó que la tesis de1 descubrimiento cuatrocentista de1 Atlántico oriental se deshizo con argumentos evidentes de Ia cartografia o fuentes narrativas. En e1 caso de Madeira y Ias Azores, si ojeamos Ias Saudades da Terra de Gaspar Frutuoso I', una de Ias fuentes primarias en que se asentaba la defensa de la tesis oficial de1 descubrimiento de ambos archipiélagos, encontraremos los argumentos que la contradicen. E1 autor, a1 escribir, a finales de1 siglo xvi, esta resena sobre Ia historia de las islas, reunió todo lo que encontró en la tradición oral y escrita. De este modo, al lado de1 testimonio de1 descubrimiento cuatrocentista surgen otros, con Ia misma evidencia, que apuntan hacia un conocimiento de fecha anterior. De ésta y otras cuestiones relacionadas con e1 conocimiento de Ias islas atlánticas presentaremos una breve sintesis de1 debate habido hasta el momento, de1 que se concluye que no hay consenso en la historiografia en cuanto a la fecha y nombre dc 10s descubridores de las isIas, y a cada época, escuela o corriente corresponde una tesis diferente, que en nada contribuyó a Ia solución de1 problema. Para Madeira, Azores y Cabo Verde se continúa discutiendo la prioridad o no de1 descubrimiento por 10s portugueses. En las Canarias, ya ocupadas desde tiempos remotos, Ia cuestión está en saber quién contactó primero con este pueblo y trajo de a111 el primer grupo de esclavos.

'\iIlemórias

para

a

liiriório d a Nave~aq6rii. ilr,robrimentor dor Portuguerei, Lisboa,

1819.

'' Memória sobre a Prioridade dor Dcrcohrimentoi Purtuguerei na corte Ocidental Ahicana, Lisboa. 1958. '" CompBrerise 10s libros 11, 111, N y VI d e Ia\ Saudsdei da Ttm.


La revelaczón de1 océano

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Desde la Antiguedad a la Baja Edad Media se suceden relatos vagos para testificar este abordaje, pero, sin duda, el más importante en cuanto a1 archipiélago fue Ia disputa entre portugueses y castellanos por su posesión. Y es de eso de lo que trataremos. La disputa por las islas Canarias en los siglos xn, y xv çs e1 preludio de nuevos enfrentamientos con objetivos exclusivistas bien patentes en 10s reinos peninsulares I*. La defensa de1 rnare clausum y los problemas de socesión de las mismas coronas iueron los principales responsables de1 conflicto que tuvo lugar en dos escenarios afines: Ia península Ibérica y e1 Atlántico oriental. E1 alborear de una nueva era en el siglo xv condujo a profundos cambios en la geografía política de Europa occidental. E1 Mediterráneo cede lugar a1 Atlántico. A partir de entonces este último océano, considerado infranqueable, pasa a afianzarse como uno de los principales escenarios de 10s acontecimientos donde intervienen Ias coronas peninsulares, mejor dispuestas para Ia disputa. Las islas localizadas a las puertas de1 Nuevo Mundo tienen un papel primordial en el proceso de transformación. De este modo, la disputa por el vasto océano se inicia cn el mundo insular, pues de su dominio dependerá Ia exclusiva de las navegaciones y comercio en e1 Atlántico hacia e1 sur. Así lo entendieron los monarcas de Portugal y Castilla, que, desde e1 siglo xrv, estuvieron envueltos en una ardiente disputa por su posesión. En Portugal tuvimos, primero, a Afonso TV y después al infante don Henrique. Este último, a partir de finales de1 primer cuarto de1 siglo xv, apostó fuerte eri esta empresa. La separación parcial de la corona castellana favoreci6 el refuerzo de Ia posición «henriquina» frente a su opositor, Ia burguesia andaluza. Este desafio de1 infante en la conquista de las Canarias y Ia forma de intervención en Madeira y en Ias Azores llevó a Charles Verlinden a preguntarse si estaba en las intenciones de1 infante crear un estado insular. E1 viaje de Jean de Betencourt en 1402 evidencia, por un lado, e1 alejamiento de Normandía de la opción atlántica y, por otro, e1 refuerzo de la tierra andaluza, una vez que e1 referido expedicionario apenas consiguió conquistar el apoyo de Ia comuiiidad sevillana, cncabczada por

" P. E. Russrll, O infente D. Henriquc e <ir ilhas C~inánar lima ditnen.c2o moi c o m preendidii dd b i o p f k henriyurna, Lisboa, 1979.


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Portugal y Ias islas de1 Atlántico

la familia Las Casas. Después, e1 conquistador se sometió a1 feudo de1 rey de Castilla con la intención de conseguir apoyos, 10 que vino a Iegitimar, a priorz, Ia soberania castellana. A la burguesia andaluza le interesaba Ia posesión de Ias islas porque se presentaba como un mercado importante para e1 comercio de esclavos y materias colorantes y, así mismo, como base de apoyo para posteriores incursiones en e1 litoral africano. E1 monarca de Castilla, agradecido por la intervención de Afonso de Las Casas en este proceso, decidió premiar su esfuerzo, solicitando e1 2 de Mayo de 1421 Ia confirmación papal de la posesión de Ias islas de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma. Ante Ia evolución de 10s acontecimientos, al infante don Henrique le quedaban dos alternativas: la solución diplomática haciendo valer 10s derechos portugueses junto a1 papado o el recurso a una intervención bélica, legitimada por e1 espíritu de cruzada, una vez que 10s guanches eran paganos. Asi tuvimos 10s viajes de don Fernando de Castro (1424-1440) y Antonio Gonçalves de Câmara (1427). En 10s alegatos presentados en 1435 en e1 Concilio de Basilea se enfrentaron las dos opciones políticas de las coronas peninsulares: Ia portuguesa por intervención de1 obispo de Viseu, don Luis Amaral, y Ia castellana por e1 obispo de Burgos, don Alonso de Cartagena. En la disertación de1 último fueron presentadas las normas que marcaban el derecho internacional de la época en 10 que concierne a la legitimación ~~. de Ias razones alli alede la posesión de Ias islas a t l á n t i ~ a s Algunas gadas ya habian sido invocadas en e1 siglo m por don Afonso N para contrariar la orden papal de conceder a don Luis de La Cerda e1 sefiorío de las islas Afortunadas. Pero en uno y otro frente las conquistas fueron efímeras y no permitieron una solución inmediata de1 conflicto, que perduró durante algunos anos y só10 fue resuelto mediante e1 tratado firmado en e1 afio 1470 en Alcáçovas y confirmado en e1 siguiente en Toledo. Su firma sefiala e1 abandono definitivo de Ias pretensiones portuguesas por Ia posesión de las Canarias y la aparición de nuevos frentes de disputa más allá de1 Bojador. {Cuáles fueron 10s motivos que Ilevaron a este cambio de actitud? Por parte de 10s portugueses ésta no deriva sólo de1 hecho de estar ante una opción «henriquina», y que habría muerto en el 1460 con e1 '"J. M. Silva Marques, Desobnjnentos

porfuguerer.

t.

I , pp. 8 6 ~ 8 8y 291-346.


infante, pues se asocian también cambios provocados en e1 espacio atlántico con el avance de1 reconocimiento de tierras hacia e1 sur. Las Canarias, que en un primer momento eran imprescindibles para e1 apoyo a Ia navegación y comercio en el litoral africano, se perdieron en favor de Madeii-a o de las factorias recién creadas en la costa africana, como fue el caso de Arguim (1455). Además de esto, 10s avances en la técnica náutica y construcción naval permitian una mayor autonomia de Ias embarcaciones dejando de ser necesaria esta escala. Por último, destacaremos e1 hecho de que la burguesia andaluza estaba empenada en el comercio de Ia costa de Guinea, haciendo alli varias incursiones que colocaban en peligro Ia exclusiva comercial lusitana. Ante este panorama só10 una solución era posible: Ia via diplomática por medio de Ia firma de un tratado dc partición de1 oc(.an«. La proximidad de Madeira a1 archipiélago canario en consonancia con e1 rápido surgir de población y Ia valorización económica de1 suelo madeirense orientaron Ias atenciones d e 10s primeros colonos hacia una activa intewención en Ia disputa al lado de1 infante. Primero fue Juan Gonçalves, sohrino de Zarco, que en 1446 fuc enviado por el infante a Ia isla de Lanzarotc para firmar el contrato de compra de Ia isla con Maciot de Betencourt; después fue Ia fuerte presencia de Ios madeirenses en la armada allá enviada en 1451. De ahí resultó inevitable~ mente Ia apertura de una ruta de contacto entre los dos archipiélagos, que perduró en Ias ccnturias siguientes. En cuanto a Ias Canarias, apenas se Iiabla de conquista, cuyo inicial artífice fue Jean J e Betencourt. Para 10s archipiélagos portugueses, abandonados cuando Ia ocupación, e1 debatc subsisti6 alrededor de la autoria y fecha de su descubrimiento. Las lagiinas y contradicciones de fuentes diplomáticas o narrativas no propician cualquier consenso. I'ara Cabo Verde Ia disputa gira en torno a1 nombi-c J e su descubridor, en Madeira y en Ias Azores no existe acuerdo en cuanto a Ia fecha y n o m ~ bre de1 verdadero desciibridor. En relación a Ias Azores hay quien defiende Ia tesis tradicional apuntando a Gonçalo Velho como su descuhridor en 1439, y los que fundmentan su tesis en una leyenda de Ia carta Valsequo. 114391, que afirma perentoriamente el descubrirniento t.11 1427 por Diogo de Silves. Esta última opción conquistó a Ia historiografía en el momento presente. La controversia engendrada resulta. fundamentalmente, de lo


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Portugal y las idas de1 Atlúntico

precario de Ias informaciones reunidas en 10s textos contemporáneos (Gomes Eanes de Zurara y Diogo Gomes) o Ia confusa organización de Ias diversas versiones, como sucede, por ejemplo, en Gaspar Frutuoso" y sus seguidores. A partir de Ia versión «frutuosiana» de1 descubrimiento de Ias Azores Ia historiografía de 10s siglos XIX y xx se encargo de establecer varias tesis, que pueden ser resumidas en cuatro: trecentista, cuatrocentista, «henriquina» y gon~alista.Las tres últimas defienden e1 descubrimiento en e1 siglo xv, diferenciándose apenas en cuanto a su autoría: marineros anónimos, que tanto podian ser de la casa de1 infante don Henrique, o Diogo de Silves, en un viaje de regreso de la costa occidental africana, o Gonçalo Velho Cabral, hacia 1431. Esta última resulta de Ia interpretación dada a Ia referencia hecha por João de Barros sobre estas islas. Pero en este y en 10s demás documentos Gonçalo Velho es citado só10 como poblador, situación corroborada también por Zurara y Diogo Gomes. De Ia primera versión e1 principal fundamento es Ia cartografia de1 siglo XN, donde surgen representadas unas islas que se piensa sean Ias Azores. Sin embargo, no hay consenso en cuanto a su autoría. Para unos fueron marineros italianos o catalanes, mientras otros se refieren a Ia intervención de portugueses y pilotos genoveses a1 servicio de Afonso IV. Algunos historiadores niegan esta última posibilidad, diciendo que tales representaciones cartográficas son fantásticas y nada tienen que ver con Ias verdaderas Azores. La prueba de esto es su representación a1 lado de Ias islas verdaderas en Ias cartas de 10s siglos xv y XVI. En cuanto a1 archipiélago de Madeira, e1 problema se presenta más difícil, una vez que Ias versiones son tantas cuantos los cronistas que con tal propósito escribieron. En Francisco Alcoforado", João de Valentín Fernandes", Jerónimo Dias LeiBarros", Antonio G a l v ã o 2 ~ tez6y Gaspar Frutuoso aparecen diferentes interpretaciones de1 acon-

" G . E'rutuoso, up. c i t , lib. 111, N g VI. '' aA r e l a ~ ã od r . r en Arquivo Ifiriórico da Marinha, vol. 1, 1963, pp. '' Aria, décado primeira, Lisboa, 1988, lib. 1, c a p s 11 y 111. " Tratado dos Dercubrkrntoi, Barcelos, 1987. " O manuscrito de Viilrntim Femandcs, Lisboa. 1910, pp. 97-131

317~329.

"' Drrcobrrmento da ilha de Madeira e Diicurro da vido e tedor doi capitãrr da dita iihn, Coimbra, 1947.


tecimiento con diversos protagonistas. Aqui e1 hecho más sobresaliente es e1 relato de Ia aventura de Robert Machim, presentado en diferentes versiones. Peso veamos, aunque someramente, Ia forma en que e1 problema ha sido abordado por 10s cronistas y Ia historiografía. Todos 10s autores referidos son unánimes en considerar Ia población de Madeira como obra portuguesa, teniendo como dirigente a1 infante don Henrique, apoyado por Joáo Gonçalves Zarco, con o sin la cnlaboración de Tristão Vaz. La polémica tiene lugar en cuanto a la fecha de1 descubrimiento y a su autoría. Para unos, Ias islas fueron descubiertas por portugueses: João Gonçalves Zarco con Tristão Vaz, o en todo caso Afonso Fernandes. Para otros fue una iniciativa de extranjeros: castellanos en Puerto Santo e ingleses en Madeira. De acuerdo con esto podemos definir cuatro versiones coetáneas, que servirán de base a Ia historiografía de 10s siglos XIX y m. 1. La relación de Francisco Alcoforado atribuye e1 descubrimiento de la isla a1 inglés Roberto Machim y e1 reconocimiento v ocupación a 10s marineros de1 infante. 2. La relación de Diogo Gomes considera el hecho como iniciativa de1 piloto portugués Afonso Fernandes, rnanteniendo e1 poblamiento como una tarea henriquina. 3. Gomes Eanes de Zurara, en la crónica, atribnye a João Gonqalves Zarco y Tristão Vaz Ia triple misión de hallazgo, reconocimiento y ocupación. 4. Cadamosto prefiere dejar vaga Ia reterencia a Ia autoría, siendo concreto sólo en cuanto a 10s ~obladorcs. A partir de esta información, consignada c.n 10s textos de 10s cronistas contemporáneos o casi contemporáneos, encontró la historiografia 10s medios para fundamentar Ia tesis de1 descubrimiento de1 archi~iélago.Desde e1 primes estudio de Alvaro Rodrigues de Azevedo (1873) hasta las más recientes publicaciones podemos establccer dos maneras de encarar Ia cuestión. Para unos, e1 descubrimiento habria sucedido en e1 siglo xiv, como resultado de Ias expçdiciones portuguesas a las Canarias, siendo prueba de esto 10s portulanos y cartas de la época, o la aventura de Roberto Machim. Mientras otros, basándose en 10s textos de Zurara, João de Barros y Gaspar Frutuoso, afirman que e1 descubrimiento tuvo lugar ç n el siglo xv por iniciativa de João Gon~alves Zarcn y Tristãu Vaz.


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I'urtugal y las islas Se1 Atlúntico

Extranamente, en 10s documentos dc la Cancilleria real aquellos que Ia tradición apunta como 10s descubridores de Ias islas no son mencionados como tales sino como pobladores. Además, e1 infante don Henrique, en carta de1 18 de septiembre de 146OX, se referia a Madeira como isla que Knuevamente encontré», mientras João 11, en otra carta de1 8 de mayo de 1493 ", refiere que Ia misma había sido ~descubierta y ocupada» por su bisabuelo. Conjugadas estas informaciones con Ias anteriormente referidas, Ia conclusión más plausible para e1 caso de Madeira y de las Azores es que su descubrimiento es anterior a Ia presencia de los portugueses, que surgen como redescubridores y pobladores dc este nuevo espacio. Los abordajes anteriores no fueron suficientes para atribuirles cl valor real que les estaba resewado en e1 sigl« xv. Desde entonces, Ias islas se confirmaron como protagonistas activas en e1 comercio con el Nuevo Mundo. Madeira file durante mucho tiempo un piierto necesario para Ias navegaciones a 10 largo d e Ia costa africana, mientras Ias Azores mantuvieron idéntica misión en 10s viajes hacia occidente y en e1 regreso de los viajes exploradores de Ia costa africana y de Ias grandes rutas oceánicas. De acuerdo con ZuraraZ9,Madeira emerge, a partir de 1445, como e1 principal puerto de escala para Ias navegaciones a 10 largo de la costa occidental africana. E1 rápido resurgir económico de Ia ida, asociado a Ias ya referidas dificultades encontra<iiis en las Canarias, así lo determinaron. Los excedentes agrícolas que Ia isla producía eran suficientes para abastecer a Ias carabelas xhenriquinasn de bizcocho, vino y demás víveres frescos. Madeira fue por algun tiempo escala obligada de 10s viajes portugueses en el Atlantico, siendo una prueba de esto el paso por Ia isla de Cadamosto, a mediados de1 siglo xv. A partir de1 siglo siguiente c1 archipiélago madeirense pcrdçrá esta función en favor de Cabo Verde o de Ias Canarias. por lo que la referencia en Ias rutas será ucasional. Desde entonces, Ia escala rnadeirense só10 se justificará por Ia necesidad de aprovisiooamiento de vino, pues 10s vientos de nordeste y sudeste Ia dificultaban. Como ccinsecuencia de estas circunstancias,

,I/ionumrntu ile>iriiina, vol. X111, n 1 9 3 . &>i>. 1-17-349. h. Rodriguc\ de Azevedo, «Nota\* L.II Sli~idiidcrda l i r r d , 17unchal, 1873, pp. 675-67;.


Madeira se afianzó como lugar imporvantc en Ias navegaciones y descubrimientos en e1 Atlántico oriental. El rápido surgir de Ia desenvol~ tura económica y e1 interés d e 10s principales pobladores en dar continuidad a Ia empresa de reconocimiento de1 Atlántico reforzaron Ia posición de Ia isla destacando 10s servicios prestados por los madeirenses. Para Ia aristocracia naciente e1 empeno rn Ias accioncs marítimas y bélicas fue al mismn tiempo una forma de homenaje a1 monarca o senorío y de adquisición de beneméritos o encomiendas. Tales condicionantes atrajeron a todos 10s madeirenses, sin exclusión de edad. En 1445 Fernáo Tavares, de edad avanzada, participó en una de Ias expediciones, siendo armado caballero en Cabo Resgate. Zurara '" confirma Ia situación, destacando que Ia presencia de 10s madeirenses en 10s viajes «henriquinos» se orientó por 10s principias y tradiciones dc Ia caballería medieval, teniendo como objetivo primordial servir a su amo, el infante don Henrique. A esta acción sc unieron los elementos más influyentes de Ias casas de 10s capitanes de Funchal y Machico, que entre 1445 v 1460 fueron bastante destacadas. Pero los caballeros madeirenses no sc preocuparon por 10s viajes africanos, pues también se vieron implicados rn diversas batallas de defensa de las plazas marroquíes y después çn la búsqueda de mar y tierra desconocidos para Occidente, a partir de ias Azores. En cuanto a Ias plazas africanas, más alla de este apoyo bélico hay que destacar Ia presencia siempre constante de Ia isla, abasteciendo de materiales de construcción v dc cereales a Ias fortalezas o costeando 10s gastos.

A partir de1 reconocimiento de Ias islas ;izorianas en Ia década de 10s veinte de1 siglo xc,, Ias posibilidades de rrgreso a lo largo de Ias expediciones africanas 1, e1 avance hacia el occidente fueron una realidad. Los testimonios de Ia existencia de tierra má\ allá de Ia línea de1 horizonte occidental de Ias islas comenzaron a surgir con freciiencia en Ias regiones azorianas y madeirenses: pedazos d r madera, cadáveres, ca-

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Portugal y las islas drl Atlántico

dor de un sastre, mientras e1 otro, Guirarte, es presentado en la tasación de1 azúcar de 1498 como propietario de canaverales en Ias zonas interiores. Entre tanto, en 10s anos de 1491 y 1492 Pedro Barcelos y João Fernandes e1 Labrador habrían partido hacia allá al servicio de1 rey portugués, resultando d e eUo e1 descubrimiento de Ia tierra a la que se llamó de1 Labrador. La prueba de esto es presentada en un documento de 1511, donde e1 mismo es citado a1 servicio de 10s ingleses de Bristol. E n una carta de Lázaro Luis de 1563 encontramos esta sugestiva inscripción: «La Tierra de1 Labrador que desrubrió Joam Alvares~.

La entusiasta adhesión de azorianos y madeirenses en busca de Ias tierras occidentales despertó e1 interés de Colón cuando fijó su residencia en Madeira y en Porto Santo, 10 que vino a contribuir a la definición y madurez de1 plan de alcanzar la India por esta via. Colón Sue en verdad e1 hombre de Ias islas, pues durante sus cincuenta anos de vida recorrió muchisimas en e1 Mediterráneo y e1 Atlántico. En este último océano estuvo a1 norte, en Islandia, y a1 sur, descubriendo el espacio oceánico y Ias idas de Ia costa oriental (Madeira, Canarias, Cabo Verde y Azores) y occidental (Antillas). Su presencia en este grupo se inicia en Ia década de los setenta de1 siglo mr en Madeira. Aqui arribó el navegante en calidad de mercader de azúcar y de aqui salió como un marinero empenado rn e1 descubrimiento de las tierras occidentales. El primer viaje tuvo lugar en e1 verano de 1478, cuando vino por orden de Paolo di Negro para conducir a Gbnova y entregar a Ludovico Centurione dos mil cuatrocientas arrobas de azúcar. La isla, sus gentes y productos no le eran extrafios, una vez que en su tierra oyera hablar ya de ella como la tierra de1 pastel (hierba pastel) y de1 azúcar. Por otro lado, a1 pisar e1 suelo madeirense no se sentiria só10 ya que contaria con la presencia de compatriotas suyos, que allí se habían asentado, atraídos por e1 comercio de1 azúcar. Nótese que es precisamente a partir de Ia década de 10s setenta cuando se identifica a algunos italianos en Madeira: Francisco Calvo, Baptista Lomelino, y Antonio Spinola, después Juan Antonio Cesare y Jerónimo Cernigi. Muchos de ellos fijaron mo-


La revelación de1 océano

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rada en Ia isla y, merced a Ia relación matrimonial con Ias doncellas de Ias principales familias, adquirieron una posición relevante en Ia sociedad y economia madeirenses. En 1479 Colón estaba de nuevo en Lisboa, manteniendo vivo el interés por e1 archipiélago, lo que le Ilevó a casarse con Filipa de Moniz, hija de Bartolomeu Perestrelo, capitán de la donación en la isla de Porto Santo, también de origen italiano. El casamiento se celebró, según Bartolomé de Las Casas, en Lisboa a finales de 1479; después e1 matrimonio vendría a residir a Porto Santo y Madeira, donde nació su único hijo, Diogo. Esta permanencia, aunque temporal, en Ias dos islas le procuró el conocimiento de Ias técnicas de navegación usadas por 10s portugueses, Ia posibilidad de participar en algunas expediciones a Ia costa de Guinea y le abrió Ias puertas a 10s secretos, guardados en Ia memoria de intrépidos navegantes insulares, sobre Ia existencia de tierras a occidente. Hernando Colón y Bartolomé de Las Casas insisten en que fue a partir de Ia estancia en Madeira cuando é1 mismo definió e1 plan de viaje, con base en 10s escritos y cartas marinas que recibió de Ias manos de su suegra. Colón oyó historias y relatos de 10s aventureros madeirenses, siéndole facilitadas Ias pruebas materiales de Ia existencia de Ias tierras a través de Los destrozos traídos por Ias corrientes marinas. De este modo, a su salida Ilevaba consigo Ia firme certeza de Ia existencia próxima de Ias regiones occidentales. La isla y sus gentes se quedaron en su corazón y nunca más 10s olvidó. Su gratitud quedó expresa en 1498 con su paso, en el tercer viaje, por Porto Santo y Madeira, donde, según Bartolomé de Las Casas, fue objeto de una apoteósica recepción. En este tercer viaje, Colón se detuvo por algún tiempo en Ias islas orientales: primero Madeira y Porto Santo, después Gran Canaria y La Gomera y, finalmente, Ias islas de Ia Sal, Boavista y Santiago. El objetivo de1 paso por Cabo Verde era claro: alcanzar un paralelo más al sur con Ia intención de encontrar Ia ruta adecuada para e1 encuentro de Cipango y, a1 mismo tiempo, cargar ganado vacuno para su isla Hispaniola. Si de estas islas Colón guardaba gratos recuerdos 10 mismo no se podrá decir de Ias Azores, donde arribó en 1493 en el regreso de1 primer viaje. Después de una violenta tempestad de Ia que fue victima, Ia noticia de tierra firme, Ia isla d e Santa Maria, seria un buen presagio, si se le acogiese de buen grado, pero no fue eso lo que sucedió. El, considerado primero corsario y despues, por e1 uso de Ia ban-


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Portugal y Ia.r islas ilrl Atlántico

dera casteliana, un intmso en 10s mares portugueses, fue mal recibido en tierra por e1 capitán João de Castanheria. Tal vez por eso mismo en 10s tres viajes que siguieron e1 navegante nunca más arribó a las Azores, pasando siempre de largo. Pero este primer viaje tuvo e1 mérito de trazar e1 rumbo de Ias rutas de comercio de1 Nuevo Mundo, quedando Angra, según Gaspar Frutuoso, como Ia «escala de1 mar a poniente».

E n tanto proseguia con rapidez Ia valoración de 10s archipiélagos de Madeira y Azores, continuaban 10s viajes de reconocimiento de Ia costa africana que conducirían a su revelación total y de Ias islas vecinas. Varias fueron Ias dificultades que surgieron a lo largo de ese recorrido y que condicionaron 10s rumbos de reconocimiento de Ia costa: primero e1 problema de1 regreso, merced a 10s alisios de1 nordeste y de Ia corriente de Ias Canarias, después Ia superposición de1 interés comercial a1 interés geográfico con el comercio de los esclavos, y, finalmente, Ia muerte de1 infante don Henrique en noviembre de 1460, considerado e1 principal artífice de 10s viajes. I:ue en este intervalo de tiempo cuandu se descubrieron Ias islas de1 archipiélago de Arguim por Nuno Tristao, Gonyalo de Sintra y Cadamosto en 10s anos de 1443 y 1444. De inmediato se estableció una factoría en Arguim (14551, que se afianzó como un importante empariu para e1 comercio y ia navegación en el área. E1 descubrimiento portugués de Ias islas de Cabo Verde y São Tomé tendrá lugar mucho más tarde, en un momento en que el pohlamiento de Madeira estaba ya en una fase avanzada. Las islas de1 primer archipiélago son visitadas por 10s marineros de1 infante don Henrique, todavia en vida de éste, siendo el resultado dei avance de los viajes hacia e1 sur. E1 reconocimiento de Cabo Verde (1444) y después de Ia costa hasta Sierra Leona (1460) conduciría a1 cncuentro de Ias islas próximas a Ia costa, que asumieron e1 nombre de1 cabo cn cuestión. Para Ia historingrafía se depara además un dilema. ?A quién atribuir e1 descubrimiento de Ias islas y cuál es Ia fecha exacta para su definición?


La revelación de1 ociiano

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Confrontadas Ias fuentes narrativas se verifica Ia existencia de voces discordantes y la apropiación indebida, según algunos, por parte d e Cadamosto de1 descubrimiento de Ias islas de Boavista y Santiago y de Antonio da Noli, de Ias que Diogo Gomes se decia descubridor. Aqui un breve paréntesis para decir que era común en Ia época atribuir a aquellos que se decian descubridores de Ias idas su administración, de ahi resultó Ia disputa por Ia prioridad de1 encuentro de Ias islas de Cabo Verde. Pero ante esto surgen opiniones diversas en cuanto a Ia autoria d e este hecho, apuntando unos Ia iniciativa de Vicente Dias, Antonio da Noli, Diogo Gomes o Cadamosto, y otros Ia asociación de Diogo Gomes y Antonio da Noli. Diferente es, entretanto, Ia idea expresada en fuentes diplomáticas que definen de modo preciso el nombre de1 descubridor. En carta regia de1 19 de septiembre de 1462 se declaraba que Antonio da Noli habia sido el descubridor de cinco islas -Santiago, Boavista, Maio, Sal y Fogo-, todavia en vida de1 infante don Henrique, esto es antes de1 18 de noviembre de 1460. En otra carta de1 28 de octubre de 1462 se menciona a Diogo Afonso como el descubridor de Ias demás islas de1 archipiélago, habiendo ocurrido Ia revelación e n esta fecha o e n época anterior. Este Diogo Afonso, escudero de1 infante don Fernando, era también su contable en Ia isla de Madeira y uno de 10s muchos madeirenses que se interesaron por el descubrimiento de Ia costa occidental africana. Además de eso, deberá recordarse que el infante don Henrique en el testamento de 28 de octubre de 1460, después de aludir a Ias islas de1 archipiélago de Madeira, habla de «Guinca con sus idas», 10 que deberá ser considerado una alusión segura a Ias islas orientales de Cabo Verde, descubiertas ese afio por Antonio da Noli. Más tarde, el 3 de diciembre, e1 rey donaba cinco de estas islas a1 infante don Fernando, refiriendo que Ias mismas habían ya pertenecido al infante don Henrique. A ellas vinieron a juntarse Ias occidentales, por carta de1 19 de septiembre de 1462, 10 que prueba que habian sido descubiertas en el intervalo de tiempo que media entre Ias dos donaciones por Diogo Afonso. En Ia cartografia es patente Ia vinculaci6n de Ias islas a Antonio da Noli, pues en un mapa de 1488-1493 aparece como descubridor, y en otro de Juan de La Cosa de 1500 se hacc referencia a ellas como Ias «islas de Antonio o de1 Cabo Verde*. Tal como dijimos, Ia muerte de1 infante don Henrique condicionó el ritmo de 10s viajes exploradores de Ia costa africana, que sólo Fueron


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Portugal y Ias islris de1 Atlúntico

retomados en noviembre de 1469, como consecuencia de1 arrendamiento de1 comercio de1 área a Fernão Gomes. Una de Ias cláusulas de1 contrato obligaba al reconocimiento anual de una determinada área de costa. Fue precisamente en su curso cuando, entre 1470 y 1472, João de Santarém y Pedro de Escobar descubrieron las islas de1 golfo de Guinea. Primero São Tomé y Príncipe (a1 principio designada de Santo Antonio), después Fernando Póo y Annobón. El nombre de las dos últimas es delatador de Ia autoria y fecha de1 descubridor. Las restantes islas de1 Atlántico fueron descubiertas en e1 transcurso de 10s primeros viajes hacia Ia India: João de Nova descubrió Trinidad (1501) y Santa Elena (1502), mientras a Tristão de Cunha se debe e1 descubrimiento en 1506 de1 archipiélago a1 que fue asignado su nombre.


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I1 LA OCUPACIÓN DE LAS ISLAS

Madeira fue de todas Ias islas Ia primera eri merecer una ocupación efectiva por parte de los colonos europeos. Por eso emerge en e1 contexto de1 espacio atlántico como un área pionera y después modelo de 10s procesos, técnicas y productos que sirvieron de referencia para Ia afirmación portuguesa. La colonización se inició a partir de 1420 y 10s primeros colonos tuvieron a su disposición numerosas condiciones propicias para el éxito de Ia iniciativa. Era una isla que estaba abandonada, abierta a cualquier iniciativa de poblamiento, rica en maderas y agua y con buenas ensenadas para su abordaje. No sucedia lo mismo en Ias Azores o en Ias Canarias, Cabo Verde y São Tomé, donde surgieron numerosas dificultades a1 establecimiento p;ninsular. En e1 primer caso, fueron 10s seismos y volcanes los que hicieron huir a 10s primeros colonos. En el segundo, Ia presencia de una población autóctona -10s guanches- difícil de dominar, mientras en Ias últimas dos fueron Ias condiciones inhóspitas de su clima las que dificultaron Ia presencia eu^ ropea. Por todo esto, Madeira merece una referencia especial, dado que sirvió de modelo para Ias demás actividades de ocupación Ilevadas a cabo por portugueses y castellanos en el espacio atlántico. Tal como aqui ya hemos referido, a pesar de Ia existencia de pruebas irrefutables sobre el conocimiento de Ias islas acá de1 Bojador desde tiempos remotos, sólo a principios de1 siglo xv surgió Ia necesidad de reconocerlas y ocuparlas. La coyuntura peninsular a Ia que se alia inevitablemente Ia disputa por Ia posesión de las Canarias condicionó Ia inmediata apuesta portuguesa por Ia colonización de Madcira.


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Portugal

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lar islas de1 Atlántico

De acuerdo con 10s cronistas, e1 proceso tuvo varias fases. Zurara nos refiere cuatro expediciones a partir de 1419 que condujeron al redescubrimiento, reconocimiento y ocupacibn por medio de1 envio de los primeros colonos. Aqui se discute Ia fecha y e1 mando de Ias tareas de poblamiento. Los cronistas insisten en Ia activa intervención de1 infante don Henrique, pero los documentos y el propio infante refieren algo diferente. E1 infante afirma que só10 en 1425 participó en el proceso, mientras Ia documentación establece e1 ano de 1413 como e1 inicio de su intervención como senor de Ia isla, pasando a ser, según Joáo GonGalvesde Câmara en 1511, un «huerto de1 sefior infante». Pero e1 propio Afonso V declaraba en 1461 que João Gonçalves Zarco fue el primer poblador enviado por e1 infante, lo que contradice Ia idea defendida por algunos de que de Ia coordinación de esta tarea se ocupó e1 rey, por intermedio de1 administrador de Ia hacienda, João Afonso. En concreto, apenas se sabe si fue en el uso de 10s plenos poderes cuando el infante don Henrique distrihuyó, a partir de 1440, Ias tierras de1 archipiélago entre aque110s que habían procedido a su reconocimiento, y que serian sus capitanes. Dicen los cronistas que Ia ocupación de Ias idas de Madeira y de Porto Santo tuvo lugar en e1 verano de 1420 y que los promotores de Ia iniciativa (João Gonçalves Zarco, Tristáo Vaz Teixeira y Bartolomeu Perestrelo) se hicieron acompafiar de hombres, productos e instrumentos necesarios para lanzar Ia simiente europea. Esta era la tercera de un conjunto de expediciones realizadas al archipiélago en los dos anos que antccedieron. Con Ia distribución de Ias tierras por Ios tres pobladores, Ias islas de Porto Santo y Madeira quedaron divididas en tres capitanias. Porto Santo, por ser una isla pequefia, quedó entregada en su totalidad a Bartolomeu Perestrelo, mientras Madeira fue separada en dos por una separación en línea diagonal entre Ponta da Oliveira y la de Tristão. La vertiente meridional, dominada por Funchal, quedó casi toda en poder de João GonGalvesZarco, mientras Ia restante área dominada por Ia costa norte quedó para Tristào Vaz. Si en e1 caso de Porto Santo surgierori problemas, primero con los numerosos conejos, después con Ias condiciones poco propicias de1 medio, no sucedi6 lo mismo en Madeira, donde los primeros colonos


La ocupaczón de lus isI<is

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encontraron todos 10s medios necesarios para e1 establecimiento. De acuerdo con Gaspar Frutuoso I , la isla de Porto Santo era «pequena, pero fresca [...I; no tiene buenas aguas por ser seca y de poco arbolado» mientras Madeira ero 10 inverso, siendo caracterizada por Ia «fertilidad y frescura [...I y de muchas riberas y fuentes de agua». De este modo, la ocupación, iniciada en Ias áreas de Funchal y Machico, se extendió rápidamente a toda Ia costa meridional, llevando a Ia creación de otras regiones en Santa Cruz, Câmara dc Lobos, Ribeira Brava, Ponta do Sol y Calheta. La orografía de Ia isla condicionó Ia forma de poblamiento, mientras la elevada fertilidad de1 sue10 y Ia presión de1 movimiento demográfico determinaron la rapidez de1 proceso. A 10s primeros obreros y canteros se siguieron diversos grupos de algunos hombres libres y Ia necesidad de buscar esclavos en la costa africana. De entre e1 grupo de pobladores mereccn referencia 10s treinta y seis hombres de Ia casa de1 mismo infante, en su mayoría escuderos o criadas, que adquirieron una posición relevante en Ia estructura administrativa y fondiaria. Pertenecían al numeroso grupo de segundones de1 reino o a Ia pequena aristocracia, todos en busca de títulos y tierras, lo que podria estar en el origen de Ia actitud de Joao Gonçalves Zarco a1 solicitar a1 rey cuntro varones de categoria para casar con sus hijas. El rey accedió con el envio de García Homeni de Sousa, Diogo Afonso de Aguiar y Martim Mendes Vasconcelos. En una lista de 10s hombres justos de Ia capitania de Funchal, elaborada en 1471, se cuentan só10 un 10 por ciento de caballeros y un 5 por ciento de bidalgos. Pero, a partir de entonces, cl número aumentó merced a 10s títulos, conquistados con Ia participación en la defensa de Ias plazas marroquíes y de reconocimiento de Ia costa africana, y a1 ennoblecimiento por la intervención en Ia estructura administrativa y en Ia economia azucarera. Todo esto condicionó el fuerte impacto de Ia corriente inmigratoria que repercutió de forma evidente en cl movimiento demográfico de Ia isla. Asi, de 10s primeros cuarenta colonos que acompanaron a 10s capitanes se pasó a ciento cincuenta familias en la década de los cuarenta y despuis a ochocientos en Ia inmcdiatamente posterior, alcanzándose en 1514 una poblaciOn de cinco mil habitantes.

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Portugal y las islus del Atlรกntico


E1 progreso de1 movimiento demográfico estuvo en relación con e1 nivel de desarrollo económico de Ia isla y se refleja en Ia estructura institucional. La creación de nuevos municipios. parroquias y Ia reforma de1 sistema administrativo y fiscal fueron e1 resultado. Como corolario tuvimos a nivel religioso el desmembramiento de Ias primeras parroquias con Ia aparición de nuevas: Santo Antonio, Câmara de Lobos, Ribeira Brava, Ponta d o Sol, Arco da Calheta y Santa Cruz. A nivel administrativo, la situación repercutió en Ia aparición de 10s primeros jueces pedáneos de Câmara de Lobos y Ribeira Brava y después 10s municipios de Ponta do Sol y Calheta, respectivamente en 1501 y 1502. En Ia capitania de Funchal es evidente el progreso socioeconómico de las áreas limitrofes además de Ia ocupación, donde se crearon después 10s primeros municipios. En un listado de 10s hombres justos de1 municipio de Funchal hecho en 1496 tenemos un grupo importante de gentes de Câmara de Lobos, Ponta do Sol y Calheta. Fue, ciertamente, la presión de éstos 10 que Ilevó a la aparición de nuevos municipios. Entre tanto, en Ia capitania de Machico e1 progreso no fue tan evidente porque e1 medio no ofrecia las mismas condiciones en términos de contactos y economia agrícola. De este modo, só10 Ia localidad de Santa Cruz fue una excepción, disputando algunas veces Ia primacia a Machico. De ahí resultó Ia creación de Ia villa en 1515. Inserta en el perímetro de esta capitania estaba toda Ia costa none que, por las dificultades de acceso, fue motivo de una colonización tardia y lenta. Esto contrastaba con Ia de Funchal, donde e1 progreso se daba a un ritmo galopante, 10 que motivó en 1508 Ia elevación a ciudad. Esta actitud de la corona es justificada por e1 elevado número de hidalgos y cabaIleros que allí vivian y e1 importante movimiento comercial de1 puerto '. E1 progreso de la colonización de Ia isla es también visible en Ia administración religiosa, reflejándose en Ias mudanzas a1 régimen de congruas. Aqui, una vez más, es evidente Ia supremacia de Ia vertiente sur de Ia capitania de Funchal. De 10s cuarenta y dos distritos creados en Madeira en 10s tres primeros siglos de ocupación, veinticinco pertenecian a la capitania de Funchal y 10s restantes a la de Machico. Los últimos surgen con mayor incidencia en <:I siglo m, momento en que Arquivo Regional <Ia Madeira, Câmara Muiiicipiil du Fumhal, 278v."~279.

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Portugal y /as d a s de1 Atlántico

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se tiene noticia de otras trece nuevas parroquias. En Funchal, el periodo que transcurre a partir de mediados de1 siglo XVI fue marcado por e1 incremento de nuevos distritos con particular relieve para el área que envuelve Ia ciudad de Funchal. La dimensión asumida por estos distritos podrá ser verificada a través de1 valor de Ias congruas y de los consecuentes edictos de mejora. En e1 período de 1572 a 1591, por 10s edictos en ciiestión, se concluye que 10s distritos con menor número de hogares, inferiores a cien, estaban localizados en el área de Ia capitania de Machico, mientras 10s de Funchal rondarían en su mayoria valores superiores. E1 censo de 1598 ' 10 esclarece con mayor exactitud. Los ocho distritos de Ia ciudad de Funchal aparecen con más de dos tercios de1 total. En toda Ia costa norte entre Porto Moniz y Porto da Cruz este valor no alcanza en ambos casos ei 10 por ciento. Lo mismo se podrá decir de1 impacto de esta realidad en cuanto a la estructura institucional, cuyas alteraciones fueron en el sentido de adaptarla a Ia nueva realidad. Aqui mcrecen referencia Ias iniciativas de Ia infanta dona Beatriz, con Ia creación de una aduana en cada sede de capitania, y, después de don Manuel, a partir de 1486. En ambos casos Ias medidas establecidas favorecieron a Ia villa de Funchal, dando un implulso decisivo a su afirmación como principal puerto dc Ia isla. Si es cierto que Ia colonización de Madeira se concrçt6 con una rapidez inaudita, lo mismo no se podra decir de Ias demás islas portuguesas de1 Atlántico. Dificultades de variada índole hicieron que e1 proceso fuese lento y que en algunos casos. como Cabo Verde, solo se c o n ~ cretase en pleno siglo xuc. En Madeira todas Ias condiciones eran propicias al rápido crecimiento de Ia población. Estábarnos ante dos islas, de clima suave y que disponían de 10s niedios indispensahles para el e s ~ tablecimiento de colonos. A Ia inversa, en Ias Azores o en Cabo Verde Ia proliferación de islas con características distintas y Ias dificultades resultantes de su ecosistema fueron una traba. En las Azores el infante don Henrique ordenb en 1439 a Gonçalo Velho que iniciase Ia colonización de Ias islas de San Miguel v Santa Maria, mandando soltar ganado bravio en dichas islas. Pero esta iniciativa no surtió efecto, por 10 que diez anos más tarde se repitió Ia rnisma

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Archipiélago de Ias Azores. orden. Las cartas de donación de Ias capitanias de Ias islas nos aclaran que e1 efectivo poblamiento tuvo lugar en Ia década de 10s sesenta o setenta, siendo el resultado de Ia presencia de flamencos en Faial y de madeirenses en São Miguel. Las islas más occidentales -Corvo y Flores- se encontraban en 1507, según Valentim Fernandes, sin poblar. Tales dificultades resultaron, fundamentalmente, de1 hecho de estar en las islas activos 10s fenómenos volcánicos y de estar sujetas a asiduos terremotos. En San Miguel se habla de erupciones en los anos de 1444 y 1445, a las que se sucedieron Ias de 1563 en Pico Sapateiro y 1630 en Ias Furnas. En cuanto a Ias demás islas, tenemos idénticas situaciones en São Roque do Pico (1562), en S i o Jorge (1580) y en Faial (1672). En Ias dos últimas 10s efectos fueron desvastadores: en São Jorge se perdieron cuatro mil cabezas de ganaclo y quinientas pipas de vino, en tanto que en Faial e1 fenómeno pruvocó un primer movimiento emigratorio hacia el Brasil. La infanta dona Beatriz, a1 confirmar en 1474 Ia compra de Ia capitania de la isla de São Miguel por Rui C;»nçalves da Câmara refiere que Ia «citada isla desde e1 comienzo de su poblamiento hasta la presente fue muy mal aprovechada y pobladan. Iln verdad fue este segun-


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Portugal y Ias das de1 Atlúntico

dón de1 capitán de Funchal quien dio el arranque definitivo al poblarniento de la isla, fijando su residencia en Vila Franca do Campo, donde estuvo hasta que fue enterrada por un terremoto en 1522. Para esa necesaria valorización de1 suelo azoriano contó con Ia presencia de muchos madeirenses, ya habituados a este tipo de tareas. Nadie mejor que é1 tenía los ingredientes necesarios para hacer brotar de esta tierra virgen 10s cultivos más comunes de la época. La administración de su hacienda en Ia Lombada da Ponta do Sol. que acababa de arrendar a João Esmeraldo, servia de escuela. A su muerte en 1497 el capitán dejaba abiertos varios frentes de labranza N o r d e s t e , Agua de Pau, Ribeira Grande, Ponta Delgada y Lagoa-, que en los veinticinco anos siguientes vendrian a adquirir e1 estatuto de villas, y una de ellas, e1 de ciudad en 1546. La ascensión de Ponta Delgada fue rápida y se hizo a costa de1 abandono de Vila Franca d o Campo tras catástrofes como la de 1522. El primer asentamiento de colonos data de 1499, pero ocho anos después esta localidad era ya villa y bastaron otros treinta y nueve anos para que se convirtiera en ciudad. Gaspar Frutuoso lo definió de forma resumida: sprimero fue tan solitario como anorado lugar y pobre aldea, y después pequena villa, la que ahora es grande, rica, fuertc y tan afamada ciudadn. Y, después, concluye Ia que antes era sujeta y sufragãnea dr otra villa es en el presente casi seriora, a Ia que van a obedecer todas Ias villas r! lugares de toda esta isla4.Todo esto resultó de1 hecho de ser grande y cn ella haber más gente que en todas Ias otras villas y por estar en ella los cargadores Ia mayor parte de1 ano y hacer allí el cargamento de los pastos y criarse el ganado cn Ias otras villas más qiir rn esa por ser casi toda tierra aprovechada de pasto y tierras de pan ... '.

La isla de São Miguel, después de un período de dificultades, acabó por conquistar un lugar cumbre en Ia economia de1 archipiélago azoriano. Fueron creados seis municipios que senrían a treinta y dos parroquias guarnecidas de noventa clérigos. La isla aparecia a finales de1 siglo XVI con 5.587 hogares (39 %) y 20.377 almas de confesión (36 %), siendo de destacar Ia ciudad de Ponta Delgada y Ia villa de Ribeira G. Frutuoso, Seudoder da Terrii, lib. IV. vi,I. 11, 1924, p 302 Arquivo dor A<OI<T, N,p. 55.


Lu ocupación de las isla

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Grande. Vila Franca do Campo, Ia primera capital y más importante villa hasta 1522, surge ahora en tercer lugar. En Terceira el arranque definitivo de poblamiento tuvo lugar en la misma década con Ia división de Ia isla en dos capitanias (Praia y Angra). El rápido incremento poblacional está expresado en Ia creación de una tercera villa en São Sebastião (1503) y en Ia elevación de Angra a ciudad en 1533. De este modo, esta isla fue apenas tercera de nombre, puesto que en importancia económica y social acabó por ocupar un lugar cumbre. En las veinte parroquias, servidas por ciento cuatro clérigos, se contaba, a finales de1 siglo xvi, con 4.970 hogares y cerca de 21.371 vecinos. También la ciudad de Angra adquirió un papel dominante en Ia relación interna y externa de Ia isla. El proceso de ocnpación de Ias islas menores no fue idéntico a Ias dos anteriores, que en lo global representaban cerca de 10s tres cuartos de Ia población total de1 archipiélago; fue lento y sólo se consiguió afianzar por completo a partir de Ia primera mitad de1 siglo XVI. Aqui podemos destacar Ias de Faial y Pico por el volumen poblacional que adauirieron. A otro nivel podemos hablar de Sáo Jotgc, una pequena y accidentada isla, donde Ia estructura administrativa y religiosa fue enriquecida debido a Ias dificultades de contacto entre los varios núcleos de población. Para apenas 2.269 vecinos tenemos tres municipios y siete parroquias, número excesivo comparado con I:aial. Sáo Miguel y Terceira. En esta isla el poblamiento, merced a Ia configuración de1 suelo, tuvo lugar a partir de tres núcleos de1 litoral, Ias frajás (primero Velas, después Topo y Calheta), que asumieron Ia categoria de villas. Aqui los colonos disponían de una pequena bahía de acceso a1 mar, agua, ticrra y vegetación adecuada entre 10s acantilados. En Ias demás islas Ia colonización fue lenta y tampoco gozaron de un idéntico progreso social e institucional. En tanto Ia isla de Faial permaneció como una viiia, en las de Graciosa y Pico surgieron dos nuevas villas en Ia década de 10s cuarenta de1 siglo xvi: Sáo Roque en Pico (1542) y Praia en Graciosa (1546). La creación se rigió única y exclusivamente por Ia dispersión geográfica de 10s núcleos dc población, que hacia aumentar Ia distancia a Ia sede de1 mutiicipio. En las islas más occidentales, Flores y Corvo, Ia presencia de colonos es tardia, teniendo lugar só10 en el si& 171.Y en e1 caso de Corvo


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Portugal y las zslas del Atlántico

sólo a partir de mediados de siglo con esclavos de1 capitán de Flores, Gonçalo de Sousa. Las dificultades en el redutamiento de Ia población azoriana se producen en e1 sido xv, puesto que en e1 siguiente fue fácil encontrar colonos, incrementándose rápidamente Ia población, de 10 cual tenemos testimonio gracias a1 texto de Gaspar Fmtuoso y a 10s censos de crecimiento de Ias congmas en 10s siglos XVI y m. Como a i c d t a d se presentaban Ias epidemias y Ias calamidades: Ia peste de 1523 a 1531 en Ribeira Grande y Ponta Delgada y por fm e1 diluvio sobre Vila Franca do Campo (15221, que causaria más de 5.000 víctimas entre 10s micailenses. Nótese que la peste afectó también a Faial, Pico, São Jorge y Terceira en 1599, de 10 que resultaron cerca de mil muertos sólo en Ia última ida. Peor fue lo que sucedió en Cabo Verde, São Tomé y Príncipe, donde e1 establecimiento de colonos fue perjudicado por Ias condiciones difíciles de1 clima. En realidad e1 clima se presentó como Ia principal traba a Ia instalación de colonos europeos, atrasando e1 proceso de poblamiento y valorización económica. Son numerosos 10s testimonios que denuncian Ias dificultades alli sentidas por 10s europeos. De acuerdo con Valentim Fernandes estas islas [Cabo Verde1 eran primero tan sanas que Ias gentes que alli iban sanaban. Pero ahora [en 15061 son tan enfermizas que Ia gente sana enferma. Creo que después dç que 10s negros Ilegaron a ellas corrompieron e1 aire como en su tieria, que es enfermiza Opinión diferente era Ia de Gaspar Frutuoso, a finales de1 siglo XVi, quien afirma perentoriamente:

todas Ias islas son rnuy sanas y tienen muchos aires frescos de1 norte y nordeste [...I y para concluir toda Ia infamia de que ellas fueran débiles y muy enfermas es falsa, porque 10s hombres, exentos de comer y beber, teniendo castidad, viven mucho en ellas y, siendo lujuriosos, mueren a causa de diarreas y de sangre '. Pero 10s que vivían allí atestiguan Ias palabras de Valentim Fernandes, e, infinitas veces, dieron conocimiento a1 rey de1 hecho. Son prueba


La ocupación de las islas

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de ello 10s testimonios de don João de Castro en 1545 y de 10s jesuitas que fueron enviados entre 1607 y 1609. Por otro lado, 10s hechos que ilustr~nesta realidad se reflejan en Ia elevada mortalidad de 10s funcionarios reales alli enviados. De ahí resultó, en cierta medida, Ia anarquia reinante en e1 archipiélago, con Ia necesidad de sustitución casi permanente de 10s funcionarios, por abandono de1 cargo o muerte. Para favorecer Ia presencia de nuevos pobladores, la corona incitaba con un sueldo doble en relación a1 de1 reino y Ias posibilidades de comercio en Ia costa africana. Pero abajo, en plena región ecuatoriai, estaba e1 archipiélago de São Tomé y alli Ias condiciones de supervivencia eran extremadamente limitadas. La situación está descrita en el testamento de Alvaro Caminha (14991, en una carta de1 corregidor de la isla en 1517 y en una consulta de Ia Mesa de Ia Conciencia y Ordenes de 1597. En Ia última se atribuye Ia dificultad de manutención de1 clero en Ia isla a1 hecho «de Ia tierra ser muy enferma y sujeta a plagas de mosquitos, que son muchos y muy nocivos»'. Más tarde, en 1571, el obispo aludia a las condiciones de insalubridad de Ia tierra como Ia principal causa de1 absentismo de sus predecesores en e1 cargo q . Fueron numerosos 10s portugueses que perecieron bajo e1 calor tórrido, siendo de citar e1 caso de 10s dos mil jóvenes judios que alli fueron enviados en compafiía de Alvaro Caminha en 1493, de 10s que só10 sobrevivían seiscientos, pasados apenas seis anos. En Ias mismas condiciones estuvieron 10s funcionarios reales, 10s padres de Ia CompaÍíía de Jesús y los mercaderes que morían en e1 ejercicio de sus funciones, quedando 10s bienes para e1 saqueo de 10s que sobrevivían. De este modo, a partir de 1497 Ia corona procurd moralizar esa situación. Primero en Santiago se creó e1 cargo de administrador y recibidor de 10s bienes de 10s difuntos ' O . Después, en 1519, se dio una regulación a1 tesorero general de 10s difuntos, donde se determinaba, entre otras cosas, que 10s capitanes y oficiales reales no estaban autorizados a quedarse con 10s bienes, que revertirían en pagar Ia libertad de 10s cautivos o en e1 hospital de Santiago, creado en 1497 ' I . A Ia par de eso, e1 rey

" Monumenta Mirironóriii Africanii, 111, pp. " Ibideni, 111, pp. 7 ~ 3 5 . "' Ibidem, 1. pp. 377-392.

' Ibidem,

111, pp. 125-126.

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Portugal y las zslas de1 Atlántzco

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nombró un proveedor de 10s difuntos para las islas d e Cabo Verde y Sáo Tomé, que en 1549 se encontraba en funciones. Ello demuestra Ias dificultades sentidas por 10s portugueses en Ia colonización de estas islas. En relación a Cabo Verde só10 se avanzó con e1 poblamiento de Ias idas de Santiago y Fogo, quedando Ias restantes por algún tiempo como zona de pastos. En Santiago e1 proceso se inició en 1462, habiéndose dividido para el efecto Ia isla en dos capitanias: una para dona Branca de Aguiar, con sede en Ribeira Grande, y Ia otra para Diogo Afonso, con Ia capital en Alcatrazes. E1 progreso de Ias islas es atestiguado en 1498 por Cristóbal Colón, que por allí pasó con destino al Nuevo Mundo. E1 navegante comienza por contestar a1 nombre atribuido a la isla, pues, como refiere, «son tan secas que no vi cosa verde en ellas y toda Ia gente enferma ...»". Después se refiere a su estancia en Boavista y Santiago. En Ia primera isla da cuenta de1 elevado número de tortugas de que los portugueses

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C. Vareln, Cristóbui CoIon Textos y d<i<iira~ni~i, ciimpietui Madrid. 1984, p. 241.


La ocupación de las 1.~1ilr

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se servían para Ia cura de leprosos. Aqui encontró só10 seis o siete moradores que tenían la función de matar las cabras, salar la carne y cueros y enviados al reino. De entre éstos, menciona a Rodrigo Afonso, escribano de Ia hacienda real, que le proporcionó el necesario abastecimiento de carne y sal. Después estuvo en Santiago, con Ia intención de recoger ganado vacuno para Ia Espanola; pero el calor tórrido molestó a su tripulación, viéndose forzado a seguir viaje antes de 10 previsto. Valentim Fernandes, nueve anos más tarde, alude a1 estado de ocupación de Ia isla de Santiago, al enunciar que e s t á poblada con mucha gente», y para Fogo dice só10 «con gente» 1. cn cuanto a Ias demás resume al afirmar que estaban epobladas dc cabras y no de gente». Aun así, e1 número de vecinos de ambas debia de ser reducido, pucs en un inventario de L513 Ia principal villa (Ribeira Grande) es citada con apenas 162 habitantes. Más tarde, en 1548, ésta la de Praia presentaban 1.200 moradores. Ambas con 10s demás núcleos de pohlación de Santiago y de Fogo aparecen en 1582 con 15.708 moradores I ' . En Ias dos islas, si incluimos Ia creación de Ias parroquias. así como 10s censos de crecimiento de los tributos de 10s vicarios, constataremos el progreso de Ia población en e1 siglo m, en especial en cl último cuarto de siglo, en que fueron creadas once parroquias, existicndo só10 dos en Fogo, con más de mil doscientas almas de confesión Después tuvo lugar Ia colonización dc Ias islas de Brava 11545) y de Santo Antão (1548). Ile Ias restantes s6lo se sabe de algunos datos sueltos de Ia población en fechas diversas: São Nicolau es resefiada en 1595 con sesenta almas de confesión, Boavistii recibia en 1677 el primer párroco, Maio se presentaba en 1699 con doscientos treinta habitantes, mientras Sal dcbió ser ocupada en fecha incierta a finales de ese siglo. Hasta Ia aparicidn de un párroco en Ias islas, lo que se concreta en 1677 en Maio, Boavista y São Nicolau, ei servicio religioso era prestado una vez a1 ano por un padre visitador. En Santiago, en Ribeira Grande, por el hecho de desembocar allí una ribera de abundante agua y una ensenada que favorecia e1 contacto permanente con el mar, sirviendo de ebcala a Ias rutas de Ia India. se

' A. (:aireii-a. «A capivania das ilhas d r Cahu Vercii,» en Keviitii dc ilistória eco^ norriict~c Socidl. n: 19. 1987. [pp. 295~303.


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Islas de1 golfo de

Gitinea

afianzó como Ia capital de1 archipiélago y sede de1 obispado en 1534. Pero la «insalubridad dcl clima» llevó a Ia corc~naa determinar cn 1652 la transferencia dc Ia capital a Praia, donde dehcriiin residir e1 ohispo y el gobernador. Algo semejante succdib en la «tw capitania, dondr Ia villa de Alcatrazes fue sustituidzi en 1516 por Santa Alaria da I'raia. en tanto que Ia de Lapa, en Sâo Nicolao, fue traspiisada er 1693 a Ribeira Brava. En São Tomc, Ia primera partida iie colnnos es de 1486. cuando loáo de Paira se ofreci6 a ocuparia. usufriictuando 10s privilegias establecidos en cl fuero de 16 de diciembrc i c 1485. Después fue la vez de Joâo Pcrcira en 1490, pero se piriisa ciuc Ia verdadera colonización empezó en 1496 con Alvaro Caminha, con cl auxilio de los ireferidos judíos y africanos Eri cuanto a Ia isla de1 Príncipe, este proceso se inició en 1500, despues de Ia concesi6n de1 fuero, por iniciativa de r2ntunio Carneiro. t<n Ias islas de Annoh6n 1. Fernando P h ,el proceso fue más tardio, ci>n Ia dificultad en estii última de Ia presencia de africanos. Es de cxtriinar e1 hccho de qiic fueia ocupada tardiamente, dado que era Ia mayor de1 grupo y cstal~aser\~iclade una dcnsa floresta. La presencia de pohlacion y ia situación marginal respecto de Ias riitas más frecurntadas en 1'1 zona contribiiyernn ;I I:! pcrsistencia cle Ia situacibn.


En todas Ias islas Ias dificultades sentidas cn e1 momento de Ia ocupación fueron numerosas, variando e1 grado a medida que se avanzaba hacia occidente o hacia el sur. De este modo, Ia corona y cl sefiorío se sintieron en Ia necesidad de incentivar Ia instalación de colonos: Ia entrega de tierras de sembrado, privilegios y cxenciones fiscales variadas, y Ia salida forzosa con e1 destierro de los senienciados. Todo esto comenzó en Madeira extendiéndnse despuks a Ias islas restantes. La cnncesión de tierras fue, a Ia par que los numerosos privilegios fiscales, uno de los principales incentivos ;i Ia instalación de colonos, incluso en áreas inhóspitas como Cabo Vcrdc y São Tome. La avidez de tierras y títulos por parte de los segundones y de Ia pequena aristocracia de1 reino contril>uyó a alimentar Ia diáspora. Se sabe, de acuerdo con un apartado de una carta de Joao I inserta en otra de 1493, que fue el rey quien reglamcntó la forma de entrega de tierras de Madeira, que deberia ser hecha dç acuerdo con e1 estatuto social de1 colono. Asi, los vecinos de tnás elcvada condición y posee~ dores de réditos las recibían sin ningún cargo. Los pobres 1 humildes que vivian de su trabajo sólo tenían derecho a ellas mediante requisitos especiales, y solameute Ias tierras que pudieseri trabajar y volver arables en un plazo de diez anos. Con estas cláusula^ restrictivas se favorecia a Ia concentración de propiedades en iin reducido número de pobladores. A partir de 1433 con el sefiorío de Ias idas en poder de1 infante don Henrique, tal prerrogativa pasó a su juris<licción, con Ia salvaguardia de las anteriores medidas. Esto demuestra, una vez más. que Ia primera iniciativa y reglamento de distribucióri de tierras interesó a1 monarca. El infante, haciendo uso de tales prerrogativas, delegó sus poderes en los capitanes. De acuerdo con cl fuero henriquino. cuyo tcxto se desconoce --y lo pocri que se sabe es por relerencias indirectas-. Ias tierras eran entregadas a los colonos [por iun plazo dc cinco atios, acabado el cual, si Ias mismas no habian sido aprovechadas, caducaba e1 derecho de posesión y la posibilidad de riiivva concesióii. Este cambio en el rkgimen de distribucióri de las tierrns será el resultado de la presión de1 movimiento dernografico y de1 enrarecimiento de Ias tierras baldias, disponibles para ser Iabradas. Nótese que en 1466 10s moradores de Funchal reclamahan ilinio a1 senorío contra el sistema


Portugal y las islas de1 Atlántico

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de distribución de tierras, que hacía peligrar e1 cultivu azucarero por falta de lefia y maderas. Pero solamcntc cn 1483 ante Ia actitud de1 capitán de Machico de distribuir tierras en los montes próximos a Funchal, e1 seílor de Ia isla, don Manuel, reprende a dicho capitán, para después cn 1485 prohibir totalmente Ia distribución de tierras en 10s montes y arbolados de1 norte de Ia isla. Finalmente en 1501 y en 1508 quedó prohibida cualquier concesihn de [ierras en régimen de terreno abandonado. Estas medidas para limitar Ia distribución de tierras podrán ser entendidas como una forma de defensa de los intereses de Ia aristocracia terrateniente empenada en e1 cultivo de Ia cana de azúcar. La situación dio origen a varios conflictos que implicaron Ia intervención de1 sefiorio, por me& de normas punitivas y el envio de una partida a cargo de su magistrado. A1 mismo tiempo, Ias dificultades en Ia preparación de Ias tierras para cultivo, resultantes de Ia falta de mano de obra y de Ia orografía de Ia isla, llevaron a los madeirenses a reclamar Ia suspensión de los plazos estipulados en c1 fiiero henriquino, con e1 argu~ mento de que Ias tierras eran «bravas y escabrosas y de mucho arholado». Entre tanto, un estatuto, no frchado, estipulaba Ia forma de actuación en Ias Azores, estableciendo normas que conducian a sanear 10s pleitos que Ia referida distribución de tierras había generado li. La principal novedad estaba en la obligatoriedad de asistencia a los actos de1 almojarife y su escribano. Mas para (;aspar Frutuoso Ia entrega de tierras en Ia isla de São Miguel seguirá desde e1 inicio esta norma. De acuerdo con los estatutos de 1470 1483 Ias concesiones que no habían sido hechas de acuerdo con estas reglas eran consideradas nulas. Además de eso, cl citado estatuto estahlecia Ia obligatoriedad de1 registro con Ia referencia de los limites, 10s productos y e1 área disponible. Cuando Ias islas pasaron a depender directamente de Ia corona, Ia entrega de Ias tierras pasó a realizarse de forma diversa. De acuerdo con e1 estatuto de 1530, e1 acto era siipervisado por el corregidor. En sintesis se piicde afirmar que en cl período de 1433 a 1495 la concesión de tierras de sembrado era hecha por e1 capitán en nomhre de1 donante. La carta de entrega era elaborada por el escribano de1 almojarife en presencia de1 capitán y dei altnojarife. En e1 enunciado de

" Arqiiivo

d o i /1qirii 11, pp. 302 y 1x6.


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Portu~aly las islas de1 AtlántLco

de los esclavos, que, de un modo general, pasaron a colonos de1 antiguo senor. Nótese que Ias islas de Santa Maria, Sáo Miguel, Terceira y São Jorge también fueron marcadas por el absentismo de sus propietarios, que prefirieron Ia vida fácil de Ia corte en Lisboa. Pero aqui, al contrario que en Madeira, Ia situación no fue motivo de un sistema peculiar de explotación de fincas, pues se mantuvieron Ias tradicionales formas de aprovechamiento de Ias tierras. El referido sistema de relaciones, que legitimaba Ia posesión de Ia tierra, es específico y emerge en Madeira como resultado de1 absentismo de1 medio rural por parte de1 grupo poseedor. La especificidad está en e1 hecho de existir dos formas de propiedad: Ia vrntajosa (Ia tierra) y Ias bienhechoras. Este sistema, legitimado apenas por el derecho habitual, definió una forma diferente de interdependencia, de carácter disipador, por ambas partes, e1 senorío y e1 colono. Su afirmación, a partir de mediados de1 siglo xc? tiene un doble origen: social y económico. Primero fue Ia coyuntura demográfica, que en consonancia con Ia escasa área agrícola, asociada a Ias dificultades en e1 reclutamiento de esclavos, provocó su aparición. Despues e1 bajo rendimiento agrícola y Ia necesidad de inversiones en Ia viticultura volvieron inevitable el cambio en e1 dominio de fincas. A partir de Ia segunda mitad de1 siglo XVIII e1 sistema, que se habia afianzado como una solución para Ia agricultura madeirense, pasó a ser responsable debido a1 abandono de Ias iierras y por una fuerte sangria popular a través de Ia emigración. Para combatirlo, Ias autoridades establecieron medidas en el sentido de reponer la explotación directa de Ia tierra, siendo de mención Ias medidas requeridas para Porto Santo ya en 1770. La casi totalidad de Ias tierras de Ia isla eran foráneas de los conventos de Ia Encarnación y Santa Clara, de Ias misericordias y cofradías de1 Santísimo Sacramento de Funchal y Santa Cruz y de propietarios particulares, todos ellos residentes fuera de Ia isla. De este modo, su aprovechamiento só10 seria posible mediante contrapartidas más favorables para e1 agricultor. Estas nunca Ilegaron a Madeira y en 1976, por legislación regional, el régimen file abolido. Por otro lado, Madeira fue también Ia tierra donde 10s mayorazgos y capillas se afianzaron plenamente. De acuerdo con e1 testimonio de1 siglo XIX, más de dos tercios de Ias tierras cultivadas estaban vinculadas. Próximas a ella estaban Ias islas Terceira, Sio Miguel, Santiago y


Fogo. En la isla de São Miguel Ia presencia de los senorios era considerable a finales de1 siglo m, consistiendo su riqueza en Ias rentas acumuladas en moyos de trigo, tal como se podra verificar por el texto de Gaspar Frutuoso. La casa de Jacome Dias Correia, que según este autor parecia una corte, recibia anualmente 300 moyos de trigo. De este modo, Ias medidas para Ia extinción de los mayorazgos, Ilevadas a cabo a partir de1 marqués de Pombal, y que culmisiaran en 1863 con Ia total abolición, tuvieron retlejos evidentes en Ia estructura de tierras. Durante e1 período a analizar, dos productos materializaron Ia cosrcha agrícola madeirense: e1 azúcar y el vino. Cada uno por separado define un diversa forma de aprovechamiento de1 suelo y de inversiones: los cafiaverales requieren áreas especiales abastecidas de agua y Ia principal mejora se resume prácticamente cn ç1 ingenio de azúcar, que no es patrimonio de todos los labradores de canavcrales; los vinedos exigen constantes cuidados todavia menos costosos, con el levantamiento de enrejados y Ia construcción de1 lagar. Construir y ponçr a funcionar un ingenii~dc azúcar no era tarea fácil, pues implicaba una elevada inversión. que no estaba a1 nivel dc todos 10s propietarios de plantaciones. E,n Ia apreciación de 1494 para 221 propietarios produciendo 80.451 arrobas tenemos só10 14 máquinas, lo que dará una media de 5.746 arrobas por cosecha, por cada dos ingenios. Todavia en 1493 se refiere Ia existencia de 80 maestros de azúcar para una producción de cerca de 80.000 arrohas, lo que puede indicar un mayor número de infraestriictura r n Ia isla. En Sáo Tomé 10s ingenios y los canavrrales asumieron otra dimensión, siendo tamhién diferente Ia estructura productiva. I'ara una producción valorada entre Ias 150.000 y 450.000 armbas de azúcar el número de ingenios era de 60 a 450, lo quc cquivaldría a una medida más haja por unidad. Pero el número de haciendas es mucho más reducido (en 1615 se habla de 62 haciendas), denotándosc una tendencia a la concentración de propiedades. De esto se concluye que Ia estructura d r tierras madeirense que dio cuerpo a Ia cosecha azucarera era mucho mejor que Ia de sus conciudadanos santotomenses y brasilenos. Por otro lado 10s canaverales madeirenses nunca alcanzaron Ia dimensi6n de los de Brasil, siendo evidente una tendencia al parcelamiento con e1 recurso al sistema de arrendamiento. Si comparamos 10s cafiaverales mencionados en Ia apreciación de 1494 y los valores de recaudaci6n de 10.; cuartos v quintos entre


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Portugal y Ias islus ild .4tlúnticu

1500 y 1537, se concluye que el cultivo se estableció en Ia isla en régimen de pequena y mediana propiedad. La gran propiedad, lógicamente en relación con la dimensión de Ia isla, surge con mayor evidencia en las comarcas de Ribeira Brava y Calheta. En el siglo x v ~só10 veintidós propietarios, que producen más de 2.000 arrobas, suman e1 37 % de1 total d r azúcar producido en Ia isla Este valor es dos veces superior a1 de sus paisanos de 1494. Ante esta evidencia nos parece cierto que Ia primera mitad de1 siglo xvr estuvo marcada por Ia afirmación cic Ia gran propiedad, que se consolidó plenamente en Ias «Partes de1 fondon, esto es, en Ias comarcas de Calheta, Ponta d o Sol y Ribeira Brava. En Ia comarca de Funchal y en Ia capitania de Machico sc afirmaron, respectivamente, Ia mediana y Ia pequena propiedad. El número de propietarios con menos de 100 arrobas era reducido en Ia capitania de Funchal ( 5 %) y, renombradamente, en Ias comarcas de Ias Partes de1 fondo (con valores entre 1 % y 5 1', en tanto en Ia capitania dc Machico alcanza más de Ia mitad, o sea e1 53 %. De este modo, podemos también concluir que, desde finales de1 siglo xv, es dominante la tendencia a la concentración de 10s canaverales. La crisis en el cultivo de 10s cafiaverales, a partir de Ia década de 10s treinta, contribuyó también ii ello, expresándose en Ia reducción de1 número de canaverales y en c1 número de arrobas recaudadas por cada propietario. La deuda y el consecuente embargo condujeron a Ia transferencia de muchos canaverales a1 grari propietario: el nrtistócrata, el tuncionario o el mcrcader. Tal coyuntura condujo, e n Ias comarcas de Ribeira Brava y Calheta, ai refuerzo de Ia gran propiedad, mientras en Funchal y en Ponta do Sol tiivo un efecto contrario.

La forma de distribución de Ias tierras utilizada en Madeira se mantuvo en los Azores, Cabo Verdr, Sao Tom; y Brasil, adecuándose a las condiciones de cada zona. La diferencia más significativa surgió cn Cabo Verde, donde algunas islas fueron concedidas en régimen de contrato para usufructo de pastos, por lo quc no estaba atribuida Ia facultad de subdividirias. Por otro lado, el régimen dc distribución de tierras, teniendo en cuenta la poca adherencia dc los nucvos colonos, era más am-


plio y permisible, dando a los intermediarios tina mayor libertad de acción. En São Tomé, de acuerdo con un piloto anónimo de mediados de1 siglo m, más de dos partes de Ia isla se cncotitraban todavía por talar, lo que facilitaba el acccso a cualquier fot-asicro para Ia posesión de tierras:

... así cualquicr negociante dc Espana y IJcirtugal o de cualquier otra nacicin vime iiquí a habitar y le is asignado por cl administrador drl rcy, por via dc compra o por prccio cómodo, tanto tcrrcno como le parçcç q u r tienr inodri dç hacrr culiivar ' . Las diferencias más evidentes entre Ia propiedad madeirense y Ia de Ias otras islas resultan de las condiciones niesológicas de1 suelo arable y de 10s productos que definen Ia agricultiira. En tanto en Madeira Ia orografía condicionó e1 excesivo parcelamiento de1 suelo, que vino a desembocar en e1 celebre contrato de colonia, en las Azorcs o en São Tomé perdiiraron Ias grandes propiedades, expresadas en drcas extensas. De este modo, el sistema de tierras que sin'ió de soporte a Ia cosecha de azúcar de Sáo Tomé podrá ser considerado como e1 preludio de 10s grandes y extensos canaverales hrasilenos, mientras que Madeira será, todavía, 1, por razoiies obvias, Ia expresioti de Ia ~icqucfiapropiedad.

La política moderna de destierro como forma de incentivo a la población de los lugares desérticos no cra novedgrd, pues venía siendo utilizada para Ia colonización de1 litoral de1 Ngarve 1, zonas fronterizas de Castilla. La corona, de acuerdo con su interbs, ordenaha a 10s corregidores e1 destino de 10s desterrados. Despuks de1 Ngarve, vinieron Ceuta y Ias islas atlánticas. 21primer sentenciado .i destierru hacia Madeira de1 que quedó noticia fue Joáo Anes, que huiii a Ceuta 11 cn 1441. pasados once anos, solicitará el perdón real. pal-a los Azorrs el envio de los deportados pas0 a scr hecho por pctición expresa de1 infante don


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Purtu~aly las islus de1 Atlúntico

Henrique en el período de Ia regencia de don Pedro. Pero Ias islas poco cautivaron su atención, como se desprende de1 requerimiento hecho por João Vaz para que le fuese conmutada Ia pena a Ceuta, pues a su entender «Ias citadas islas no eran tales para que en ellas hombres pudiesen vivir». A partir de Ia decada de los setenta drl siglo xv el principal destino de los desterrados fue c1 archipiélago de Cabo Verde, sustituido en Ia centuria siguiente por São Tomé. Según el corregidor de Sao Tomé, en 1517 " el número de desterrados en Ia isla representaba un cuarto de Ia población, lo que era motivo de serias preocupaciones, merced a su comportamiento irisumiso. Aqui o en Cabo Verde muchos de ellos huían y se hacían homicidas, lo que vino a ocasionar numerosos problemas, por lo que Ia corona estableció alguna moderación en Ia política de destierros con destino ;i Ias islas. Así en 1575 " el rev ordenó a Ia Casa de Ia Súplica que cl destierro hacia São Tome Mina se tu\''lese en cuenta para aquellos que no fuesen acusados de crimcnes ruines, porque eran malos ejemplos para los esclavos. En 1622 Manuel Severim de Faria los apuntaba como la principal causa de las dificultades sentidas en Ia ensenanza de Ia doctrina a 10s esclavos caboverdianos I " . Pero no todos eran motivo de queja, pues en l 4 9 9 " por carta de Pero de Caminha hay rrferencias a la vida ejemplar de Joáo Mendes, «buen hombre y que es el mejor hacendado d e I;I isliin.

El establecimiento de numerosas exenciones fiscales y privilegios fue e1 medio más eficaz para promover Ia instalación de colonos en Ias islas. El sistema se inició en 1439 en Madeira y se propagó después a Ias restantes islas. Los colonos madeirenses gozaron, por cinco anos, de Ia exención de1 pago de1 impuesto y aduana en Ias mercancias enviadas a 10s puertos de1 reino. En 1444 este privilegio fue renovado, siendo en Ias islas azorianas donde se marituvo hasta 1482. En 1479 los fun-


Li ocupación de IU.Tis1d.1

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chalenses manifestaron su aprecio por esta saludable medida, atribuyéndole el progreso de1 poblamiento de la isla: «Ia principal causa por Ia que esta tierra se pobló desde su principio y se puebla hoy en dia es principalmente porque fuimos liberados de pagar semejantes tributos...»". Bien en Cabo Verde, bien en São Tomé y Príncipe Ias dificultades de instalación fueron redobladas y por eso mismo hubo necesidad de reforzar los incentivos. Fue en el comercio con Ia vecina costa africana en 10 que Ia corona encontró Ia mejur f«rnia de promover el poblamiento de Ias islas. Los pocos colonos que hacia allá sc dirigieron fueron guiados por este prometedor comercio. Para Cabo Verde quedó establecido en 1466 el privilegio exclusivo en los cambios comerciales con 10s Rios de Guinea. Los vecinos de Santiago estaban autorizados a comerciar en el área. excepto en Arguim. Además gozaban de exenciones fiscales en Ia exportación de prodiictos hacia el reino y Ias islas. Alguna de estas prerrogativas fueron acordadas: primero fue Ia restricción de Ia zona de comercio en Ia costa airicana (1472), después el establecimiento de mercancias defendidas 11480, 1497. 1514, 1517) cn ese mercado y, finalmente, Ia limitación de1 tratado de esclavos a Ias necesidades de los habitantes de Santiago, sicndo el cambio con productos locales, esta es, e1 algodón y panos (1472 y 1517). Las razones prescntadas por Ia corona para fundamentar tales restricciones eran Ias siguientes: 10s danos c;iusados a Ia Hacicnda Real y Ia necesidad de motiv;rr a 10s residentes para tina rnayor valorización económica de1 suelo de Ias islas. Pcro cl municipio de Kibeira Grande, a1 contestar en 1512 a Ia medida real, devolvi<^ Ia responsabilidad a los cristianos nucvos, qiie eran los arrendatarios de Ia comna. Sena Barcelos refiere que c1 çstancamiento dei movimietito demogrifico de1 archipiélago en el siglo xm fuc el rcsultad<i de Ias leyes esobrc Ia captura no haber dado mas amplia libertad a los inercaderes»". En verdad, como lo refirieron en 1510 10s vecinos de Ribeira Grande (ai solicitar a1 rey una copia de 10s privilegias por haber sido robados los anteriores) «Ia dicha isla está t;in alejada de estos reinos y tan tnala de enferme-

' "

Aryuivri Hinrjrri-o dii Modeira, XV. pp. 'Jí1110 Monum<~ritaMi~iiiinona/lfrica>i<i, I. p. i l


dades que necesita que les dé V.A. el dicho privilegio y todavia otros solamente por habitar en dicha isla v no dcspoblarsr ...» ' I . Idéntica fue Ia solución encontrada para Ias islas de1 golfo de Guinea, donde Ia corona estableció también Ias referidas exenciones fiscales en el comercio con el reino (1485) el privilegio de cambiar en Ia costa hasta el Congo (1493 y 15001.

El poblamiento de 10s archipiélagos atlinticos resultó de Ias condiciones ofrecidas con Ia intención dc satistacer Ias necesidades de cereales y de la disponibilidad política social dcl enclave peninsular. En el caso poriugués Ia inexistencia de poblaci~nen Ias idas ocupadas Ilev6 a Ia necesidad de canalizar hacia allí 10s excedentes de población o 10s disponiblcs de1 reino. E1 tenómcno cle transmigración en el siglo xv presenta, a nivel de movilidad social, uii aspecto particular de Ias sociedades insulares. Fueron, primero, polos de atracción y, despué5, viveros diseminadores de gentes para Ia faen;i atlántica. AI comienzo, Ia novedad, aliada a los numerosos incentivos de instalación, definiu cl primer destino, pero después Ias escasas y limitadas posibilidacles económicas de Ias islas y Ia Iascinación por Ias riqaezas de Ias Indias condujeron a nucvos rumbos. En e1 primer caso. Madeira, porque fue rápida Ia valorización económica, galvanizó Ias atenciones portuguesas meditcrráneas. Só10 después surgieron nucvus destinos insulares como Ias (lanurias, Azores, Cabo Verde y Sáo Tomé, donde se adviertc quc los madeirenses fueron importantes. De esta forma, Ia Madeira de1 siglo w podrá ser definida como un polo de convergencia y redistrihución de1 movimiento cmigratorio en el mundo insular. En e1 siglo mi se desvanece todo el intercs por Ias islas, centrándose en el occidenie descubierto por Crist6hal Colón o I'edro Aivares Cahral. y en e1 Oricnte, a1 que Vasco dc Ciatna Ilegari poi- via marítima. Los gérmcnes ile Ia geografia humana ile Ias islas fueron peninsulares, dc origenes (livcrsos, cuya incidcncia c 11Ias fueiiies históricas nos


La ocupaczón de lux isld.7

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lo impiden afirmar. Se insiste, para Madeira, Azores y Cabo Verde, en que las primeras partidas de pobladores provinieron de1 Algarve, pero no hay datos suficientemente claros sobre su establecimiento. Esta deducción resulta de1 hecho de que e1 infante don Henrique hubiera fijado su morada en el litoral de1 Algarve y de haber partido de allí las primeras caravelas de reconocimiento y ocupación de las islas. <Pero cómo «exportar» gente en un área que carecia de ella? iLos que partian de1 Algarve eran oriundos o gentes que allí afluían atraídos por Ia fama marítima de que gozaba Ia zona? Orlando Ribeiro afirma, a este propósito. que en Ias islas de Madeira, Porto Santo, Santa Maria y São Miguel al primer impacto de gente de1 sur se siguió e1 norteno. Pero Ia abultada documentación que consultamos niega tal proveniencia en el caso de Madeira y São Miguel. En un listado sumario de 10s primeros poblaciores de Madeira, Ia presencia nortena es mayoritaria y además los registros parroquiales de1 distrito de Sé para e1 período de 1539 a 1600 corroboran Ia idea, dándonos un número mayoritario de parejas dc Ias regiones de Braga, Oporto y Viana. También en el listado de1 grupo de mercaderes, en 10s primeros anos es dominante Ia presencia de gentes de Entre-Douro-e-Minho, especialmente de 10s puertos costeros de Ponte Lima, Vila Real y Vila do Conde. En São Miguel e1 listado de 10s primeros pobladores suministrado por Gaspar Frutuoso nos Ileva a concluir una idéntica instalación de Ias gentes de1 norte de Portugal: de 137 familias de que se tiene referencia el 59 por ciento eran de1 reino y el 24 por ciento de Madeira. De Ias primeras el mayor porcentaje se sitúa rn Ia región de Entre-Douro-eMinho. La misma idea podrá ser expresada para Ias demás islas de1 archipiélago, no obstante hay algunas características evidenciadas por Ia historiografía. Los datos abastecidos por Ia genealogía, antroponimia, linguística y etnología refieren un origen variado para los primeros colonos que actuaron como el germen de Ia nueva sociedad azoriana: miíiotos, alentejanos, algarvianos, madeirenses y flamencos dan cuerpo a1 comienzo de Ia sociedad. Es cornprensible que, de1 ejemplo de lo que sucedió en Madeira, en e1 grupo de pobladores de Ias islas de Santa Maria y Sáo Miguel surgiese un grupo de gentes de1 Algarve o allí residentes, que constituyeron Ia oligarquia local. Pero después, Ia principal fuerza motriz de Ia sociedad y economia azorianas debí;~ser, necesariamente, de1


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Portu~uly las is1d.s

Atlántico

norte de I'ortugal. Y si, en el inicio, 10s contactos eran preferentemente con el Algarve, se divcrsificarán después. A ejemplo de Madeira se rnantuvo una fuerte vincuiación con ias tierras nortenas. Partiendo de1 principio de que Ia colonización de Ias islas fue un proceso escalado, que atraio Ia totalidad de Ias regiones peninsulares y hasta mediterráneas, es de prever Ia conflucncia de gentes de varias proveniencias, en especial en ias regiones riberenas de myor concentración de población. Si es cierto que e1 litoral de1 Algarve ejerció una posición de relieve en Ias primeras expediciones hcnriquinas en el htlántico, no es menos cierto que ésta era un área de recicnte ocupación y carente de gentes. Asi, el grucso de 10s labradores de1 mundo insular portugués seria de origen nortcno, siendo cn niuchos casos los puertos de1 litoral dei Algarve e1 lugar de partida. De1 Algasve vinieron, sin duda, los criados o sirvientes de Ia Casa de1 Infante, cuyo origen geográfico esta todavia por esclarecer. Éstos tuvieron una funcióii de relieve en e1 lanzamiento de Ias bases institucionales de1 setiorío de Ias islas. También en Cabo Verde se constata. para Ias islas de Santiago y Fogo, una incidencia inicial de algarvios en Ia creación de Ia nueva sociedad, a la que dcspues se juntaron los negros, como libres o esclavos. <Pero se mantendrá esta filiación de los prirneros pobladores con el litoral de1 Algarve, teniendo en çuenta que e1 proceso tuvo Iiigar después de Ia muerte de1 infante don Henrique? De Sâo 'l'omç se sabe sólo de Ia presencia de una fuerte comunidad judaica, iresultado de Ia segunda partida de pobladores ordenada por Alvaro Caminha, dcsconociéndosc c1 origeri de los primeros allí conducidos por João cle Paiva. Pronto se conocieron los efectos neiasios de Ia presencia de los judias cn estos parajcs. responsabilizados de Ia quiehra de1 comcrcio y de Ias normas de1 erario real. De este imodo, t:n 1516 don Manuel ordenó que solo podrian i-csidir en Cabo Verde mediante ordeii real, y lo mismo sucedi6 en 1569 para São Tome. El proceso de formación de Ias sociedades insulares de Guinea fue diferente de1 de Madeira y Azores. Aqui. ln distancia de1 reino y Ias dificultades de reclutamiento de colonos curopeos, debido a lo insano de1 clima, condicionaron de modo evidcnte Ia forma de su rxpresión itnica. A un reducido núinero de europeos, restringido en algunos casos a los tamiliares de los capitanes v funcionarios rcales. vinieron a juntarsc 10s


africanos, que formaron e1 grupo activo de Ia sociedad. Pero Ia presencia d e negros, bajo Ia condición de esclavos, incentivada a1 inicio, fue después motivo de restricciones. Su espiritu insumiso, de lo que resultaron algunas serias revueltas en Sáo Tomé, fue Ia principal razón de estas medidas.

Los t8xtrunjeros Confrontadas Ias Canarias con Ias islas portuguesas, se Ilega a la conclusibn de que cl proceso de ocupacion y los agentes que lo conformaron fueron diferentes, siéndolo tarnhicii Ia coyuntura en que tal se dcsenvolvió. En Ias Canarias Ia iniciiitiva de conquista parti6 cie un extranjero y e1 proccso de poblamiento tuç niarcado por Ia presencia genovesa, en tanto en Ias islas portuguesas ~ o d «cllo fuc iin fcnótneno nacional bajo Ia orientación de 1;i coroti;i. La presçncia exrranjera en Ias islas portuguesas es evidente (iesdc cl inicio de1 poblamiento. Primero Ia c~iriosidadpor las nuevas tierras, después Ia posibilidad de un canibio comcr<ial ventajoso: he aqui 10s principales mó\~ilespara su establecimiento c11 Ias islas. Su permanencia está ya documentada en Madeira a partir de mediados de1 siglu xv, integrados en las segundas partidas de pobladorcs. Y no cntraron más porque estaban, hasta 1493, condicionados a Ia concesión de carta dc vecindad. Por otro lado, Madeira fue Ia primcra isla eii despertar Ia a t c n c i k dc 10s mercaderes extranjeros, que encontraron cn ella un buen mercado para sus operaciones coinerciales. Advikrtase que e1 riiicón madeirense fue Ia primera de todas Ias islas atlánticas en merecer una ocupación efectiva inmediata, por presentar un conjunto \ariado de prc~ductoscon valor mercantil; 10 que despertó Ia codicia de 10s mercaderes nacionales extranjeros. En los dcmás archipiélapos este proceso fue lento, ya que tardaron en aparecer productos capaces de gcncrar los cambios externos. En el ciiso de Ias Canarias y de Ias -Izoi-es rso s<il« i ~ i çposible a partir de priiicipios de1 siglo xvi, coii Ia ol;.i-ta dc nuevos productos como e1 azúcar, pastel (hierba pastel) y cereales. Despuc's, cn el último archipiélago, su afirmación como importanie almackn dcl comercio oceánico hizo converger hacia alli 10s intei-cscs de algunas casas comerciales empenadas en e1 contrabando dc prodictos de pas~i.


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Portugal y Ias zslas rlrl /Itlántico

En Madeira, sobrepasadas a partir de 1489 todas Ias barreras a Ia presencia de extranjeros, Ia comunidad forastera se amplia y gana una nueva dimensión en Ia sociedad y Ia economia. La presencia de agentes habilitados para Ia dimensión asumida por Ias transacciones comerciales y Ia inyección de1 capital en e1 sector prodiictivo y comercial favorecieron Ia evolución de1 sistema de cambios. En este contexto se destaca Ia comunidad italiana, que vino en busca dc azúcar. La importancia asumida por e1 cultivo en Ia isla y el comercio de su producto en el mercado europeo fue el resultado de Ia intervención de esta comunidad. Florentinos y genoveses fueron 10s principales artífices de esto. Los primeros se evidenciaron en Ias transacciones comerciales y financieras de1 azúcar madeirense en e1 mercado europeo. A partir de Lisboa controlan a distancia, por medio de una red de administradores, e1 comercio de1 azúcar madeirense. Para ello consiguieron de Ia Hacienda Real prácticamente Ia exclusividad de1 comercio de1 azúcar resultante de 10s derechos cobrados por la corona en la isla, así como e1 monopolio de 10s contingentes de exportación establecidos por Ia corona en 1498. Nombres como Benedito Morelli, Marchioni. Joáo Francisco Affaitati, Jerónimo Sernigi, tienen intereses en Ia isla, donde actúan por iniciativa propia o por intermedio de sus agentes, rnadeirenses o compatriotas suyos. La penetración de este grupo de mercaderes en Ia sociedad madeirense es por demás evidente. El usufructo de privilegios reales y Ia relación matrimonial favorecieron su integración en Ia aristocracia madeirense. Estos, en su mayoria, se presentaban como propietarios y mercaderes de azúcar. Son ejemplo de ello Rafael Cattano, Luis Doria, Joao y Jorge Lomelino, Lucas Salvago, Giovanni Spinola, Simão Acciaiolli y Benoco Amatori. Conviene referir que los extranjeros tuvieron aqui una presencia fuerte en Ia agricultura, pues e1 conjunto de estos productos derivados de1 azúcar alcanzó e1 20 por ciento de Ia producción. También 10s flamencos y franceses aparecerán en la isla, desde finales de1 siglo xv, atraídos por el comerciu de1 azúcar. De entre éstos son pocos 10s que echan raices en la sociedad madeirense -João Esmeraldo es una excepción-; su único y exclusivo interés es el comercio de1 azúcar. E n Ias Azores Ia situación fue diferente, pues 10s flamencos surgen desde e1 inicio como importantes pobladores. Ellos fueron imprescindibles para Ia colonización de Ias islas de Faial, Terceira, Pico y Flores. El primero en desembarcar en Ias Azores scria Jácome de Bruges. pre-


La ocupación ilr lar zslas

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sentado en documento de 1450 como capitin de la isla Terceira. De su acción poco se sabe y hay quien duda de Ia autenticidad de1 titulo. Más importante fue, sin duda, Ia Ilegada de Josse I-Iuerter en 1468 como capitán de Ias islas de Pico y Faial. Le acompafiaron numerosos flamencos que contribuyeron en parte a1 arranque de Ia población de Ias islas de1 grupo central y occidental. Martim BehaimZ4refiere hacia 1466 Ia presencia de dos mil flamencos en Faial, mientras Jerónimo Munzer2', veintiocho anos después, estima que son só10 mil quinientos 10s que residían aquí y en Pico. En Ia isla de Sao Miguel se habla de Ia rxistencia de una comunidad bretona. Según algunos deriva de1 inicial flujo de pobladores, pero para otros es tardia, situada entre 1515 17 1527, pues sólo en Ia última fecha e1 lugar surge con tal nombre. Sin embargo, es de extrafiar que Gaspar Frutuoso no haga algún comentario sobre ella y que 10s registros parroquiales sean omitidos. Pero esto no invalida Ia tesis de p r e ~ sencia de esta comunidad, tal vez en fecha posterior, comprobada, por otra parte, en algunos apellidos, topónimos, y características físicas de Ia población, de Ias casas y de 10s molinos de viento. A esta partida inicial de extranjeros como pobladores se sucedieron otras con objetivos distintos. El progreso económico de1 archipiélago despertará Ia atencion de la burguesia europea, que aparece en busca de sus productos. E1 pastel (hierba pastel) atraio primero a 10s flamencos y después a 10s ingleses. De aquí resultó Ia importante colonia de estos últimos en Ia ciudad de Ponta Delgada. En 10s archipiélagos de Cabo Verde y Si« Tomé, Ia comunidad extranjera asume menos irnportancia, siendo, en cierta medida, delimitada por Ia política exclusivista de la corona portuguesa, que crcó serias trabas a su presencia. E1 hecho de que Santo Somé mereciera una explotación diversa con el cultivo de Ia cana de azúcar Ilevó a que alli afluyesen técnicos y mercaderes, ligados al pn~ducto.Por otro lado, según un piloto anónimo de1 siglo xvi, existia Ia prcocupación de atraer colonos de diversos origenes para c1 poblaniiento de la isla: ehabitan alli muchos comerciantes portugueses, castellanos. franceses !. gcnoveses y

" Arrh;vo '

doa A ~ o n 3 .I , pp. 442-443. O ltinerúrri, do Ilr lirrinimo Munrer (:<>imhra.1926. pp. 65-66


de cualquier otra nación que aqui quicren vivir y se aceptan todos de muy buena v~luntad...n'~. E n un listado posible de este grupo cs evidente su reducido número y e1 hecho de que, en su mayoria, hayan adquirido Ia nacionalidad portuguesa y aportuguesado sus nombres. En otro archipiélago encontramos algunos italianos y flamencos. Por imo lado, al descubrimiento de1 archipiélago de Cabo Verde están asociados dos italianos -Cadamosto y Antonio da Noli-, que se encontraban al servicio de1 infante don Henrique. A ellos podemos unir, cn el caso de Cabo Verde, a Joham Pessanha. Pero Sacco, Antonio Espínclola, Bastiam de Lila. Rodrigo Vilharam, Fernam Fied de Lugo; en S;io Tomé, a Cristóvao Doria de Sousa, Andre Lopes Biscainho, Jácome Leite, Pedro y Luis de Roma, Francisco Corvynel, Antonio Rey y Jorge Ahote. Nótesc que Cristóvao Doria de Sousa era en 1561 el capitin 5. gohernador de Ia isla de Sáo Tomé. La existencia de la comunidad cxti-anlera, mayoritariamente compuesta por mercaderes, está en consonancia con Ia coyuntura peninsular y europea, por un lado, y 10s atractivos de indole económica que Ias islas ofrecían, por otro. D e esta forma, cl lanzamiento de cultivos con elevado valor comercial como e1 pastel (hiirba pastel) y e1 azúcar, está asociado a ello. Estos se desarrollan cn Ias islas como los principales financieros de Ia referida actividad agrícola como animadores de1 comercio. En Madeira y las Azores la introducción e incentivos de los cultivos de pastel y cana de azúcar se rncontraban ligados. Así, el pastel es apuntado por la historiografia azoriana como un legado de Ia colonia flamenca de1 Faial, eri tanto el azúcar madrirrnse es considerado el resultado de Ia presencia genovesa. En síntesis se piiede afirmar que Ias comunidades italianas y flamencas contribuyeron de forma relevante . i Ia colonización y valorización económica dc Ias islas. En Madeira y cn Ias Canarias destacaron 10s genoveses como principales mensajeros de Ia economia aiucarera, mientras en Ias Azores 10s segundos se afirtnaban como pobladores de algunas islas y principales promotort,s ciel cultivo de1 pastel. La presencia flamenca cn Madeira y Canarias cs tar~lía,lo que no perjudicó su vinculación a1 cultivo y comercio de1 ;izúcai. Entre t,llos rnerecen espe-


La ocupación de lus idur

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cial referencia 10s Weselers con importantes intereses en Madeira y en La Palma. Si tenemos en cuenta que Ia presencia de1 grupo de forasteros resulta fundamentalmente de intereses mercantiles, comprenderemos Ia mayor incidencia en Ias idas o ciudades donde Ia actividad fue más relevante. De este modo, Ias islas de Madeira, Gran Canaria y Tenerife galvanizaron muy pronto su interés y condujeron a que ellos estableciesen una importante red de negocios a partir de Lisboa o Sevilla. Sólo así se puede explicar Ia posición dominante allí asumida. En Ias Azores, Ia presencia de Ia comunidad extranjera se divide entre 10s intereses agrícola y comercial. pero fue sin duda este último, derivado de Ia importancia que asumib e1 cultivo de1 pastel, e1 que Ilamó Ia atencibn de los mercaderes flarnenrus, franceses e ingleses hacia los puertos de Angra y Ponta Delgada. Más tatde Ia importancia definida por esta área en Ias rutas comercialçs dei Atlántico atrajo Ia codicia de 10s extranjeros asi como de corsarios o mercaderes dedicados a1 contrabando. En idéntica situación surgieron mochos de 10s forasteros en Ias isIas de Cabo Verde y de1 golfo de Guinca, airaídos por e1 rentable comercio de esclavos, pero las limitaciones impuestas por la corona a su permanencia no fueron adecuadas para que estahleciesen un vinculo seguro. Téngase en cuenta, por fin, Ia presencia de 10s ingleses, que adquirieron un lugar relevante en los archipiélagos de Madeira, Azores y Canarias a partir de1 siglo mr. Su principal interés era r1 vino, destacándose como los más importantes consumidores en Ia tierra de origen o en Ias colonias orientales y »ccidentales. kstos permanecieron hasta Ia actualidad, deiando rastros evidentes en 10 cotidiano de Ias islas.

Fue a partir dc Ia mezcla de 10s primcros pobladores europeos, oriundos de varias rcgiones y pertenecientes ;I estratos sociales diferentes, cuaiido se defiiiió Ia estructura social dc Ias islas. Aunque es necesario tener en cuenta que fue diferentr si1 expresibn. Así, Madeira y Ias Azores pt-esentan una estructura distinta de los archipiélagos de Ia costa y de1 golfo de Guinea. En 10s dos prinieros cstamos ante una po-


blación mayoritariamente europea, donde se incluian libres y desterrados. En Ias últimas islas e1 principal germen poblacional es definido mayoritariamente por africanos de la costa vecine. E1 clima fue Ia principal causa condicionante de la presencia de 10s europeos en Cabo Verde y São Tomi, siendo e1 recurrir a Ia población negra a é1 habituada e1 único medio posiblc. Pero aqui 10s portugueses se destacan como poseedores d e privilegias, bienes agrícolas y cargos administrativos, en tanto los negros fueron Ia principal mano de obra de Ia que ellos se servían «para cultivar las tierras, para hacer las plantaciones y extraer los azúcares* ". De este modo, el rey había determinado en 1472 que los vecinos de Santiago pudiesen xtener esclavos, esclavas, machos y hembras para sus servicios su mejor vivienda y población». Sucede que, siendo Ia mayoría de 10s curopeos solteros y habiendo dejado a las mujeres en e1 reino, fue fácil Ia relación con Ias negras, 10 que llevó e un necesario mestizaje de Ia población. 1,as esclavas, conocidas como mujeres «lavanderas», rstahan al servicio dc 10s europeos como amas. A mediados de1 siglo xw un pili~toanónimo describe lo que sucedia en São Torné: 10s portugucses. castcllanos, fraiiccsrs y gcnovesçs y de cualquier otrs nación I... I rnuriénd«les Ias rnujcres hlancas Ias toman negras, en lo que no hacen niucha dificultad, siçndo los habitantes ncgros dç gran intçligencia y ricos, y criando a sus hijas a nuçstro rnirdo, canto en Ias costumhrçs como en r1 trajc, 1 los quc nacçn dc talçs nçgras son de color pardo y les Ilarnan mulatos ". Esto no agradaba a1 obispo y a Ia corona que, por eso mismo, procuraron poner dificultades a1 avance dc Ia rnancebía. En 1 5 4 9 ' ' l rey determinó que Ias penas aplicadas a Ias miijeres solteras procesadas y prostitutas fuesen hasta el destierro de1 reino. Entre tanto, en Cabo Verde una orden de 1620 estableció cl envio hzicia alli de Ias rnujeres que hasta entonces eran desterradas a Brasil, como forma de combatir Ias relaciones sexuales entre blancos y ncgros y de acabar c»n 10s mulatos.

'' Monumcntii '' Ibidem IV.

Miniuniriii Africiir2o. IV, 1). <>?i p. 625. " Ihidem. LI, pp. -143~445.


La presencia de1 africano, bajo Ia condicion de esclavo, liberado o libre, es una constante en la sociedad creada por los portugueses en Ias islas tropicales. Su intervención era, no obstante, extremadamente limitada, pues pocos fueron aquellos que adquirieron un lugar relevante; y, de éstos, los que destacaron fueron precisamente aquellos que en Ia vecina Africa pertenecian a Ias élites étnicas. E1 piloto anónimo nos refiere en São Tomé e1 caso de João Menino. Diferente fue Ia posición asumida por 10s africanos en Ias islas de Madeira y de Ias Azores, donde, balo Ia condición de esclavos o libertos, se encontraban incluidos entre 10s estratos bajos de Ia sociedad. Por ende, e1 edificio social asumió otra complejidad, no limitándose sólo a Ia diferencia entre Iibres y esclavos, pilei en e1 prirnrr grupo aparecen diversos estratos. Ai lado de Ias personas «honradas y de grandes haciendas», tenemos a 10s artesanos, 10s asalariados y, finalmente, los esclavos. De1 primer grupo salió la oligarquia terrateniente que acumulaba títulos, bienes fondiarios y cargos administrativos. La presencia de otros estratos sociales en e1 «gobierno» sólo fiic facilitada a1 grupo oficial por orden real de 1484 a través de los procuradores de 10s menesteres.

Sin duda, e1 aspccto más peculiar y relevaiitc de esta estructura social fue la posición asumida ante la esclavitud. Para cierta hi~torio~rafía se vuelve paradigmático e1 caso madeirensc, pues es revelador de Ia forma de paso de Ia sociedad mediterránea haci;~Ia atlántica, a través de Ia vinculación a1 aiúcar. De hecho, Ias islas de1 Atlántico oriental fueron e1 filón de azúcar que catapultó Ia mano de obra esclava hacia iina afirmación en Ias referidas sociedades y economías. De ahi rcsulto que en Ias A~ores,donde Ia cosecha azucarera fue diminuta, este grupo social no adquirió Ia misma dimensión que en Madeira y Canarias. Pero es difícil, en cualquiera de 10s archipidagos, establccer un cetiyo exacto. En el caso de Madeira se ret'iere, con base en Gaspar Frutuoso, que I«s esclavos representarian en 1552 cerca de1 14 ' X de1 total de 10s habitantes de Funchal y el 29 %> de toda Ia isla, pero los datos analizados por nosotros para toda Ia isla y i-clacionados con los i.i.ris<o\ de 1598 sc qiiedan en


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I'ortugal y las idas de1 Atlántico

el 5 %, en tanto en Ias Canarias orientalcs tal porcentaje rondaria e1 15 "/o. E1 porcentaje de1 grupo en 10s registros parroquiales es reducido, no sobrepasando en total e1 3 %. Los valores más elevados surgen en 10s bautismos y casamientos en 1590 con un 12 % y en los fallecimientos de 1569 con un 19 %. La presencia de esta mano de obra rcsultó de Ias dificultades sentidas en e1 reclutamiento de colonos, derivadas de las numerosas exigencias de la cosccha de1 azúcar y la facilidad de la captura en las Canarias o en la costa africana. Adviértase que, más tarde, una mayor búsqueda por otros mercados carentes causó aqui dificultades a su manutención, siendo más fácil y barato e1 recurso a la mano de obra libre. Los esclavos tuvieron en estas islas una función mercantil en e1 proceso socioeconómico en 10s siglos s v y xvi. A ello contribuyeron, por un lado, Ias facilidades en e1 acceso a su mercado africano y, por otro, Ia incesante húsqueda de esta fuerza manual, derivada de Ias dificultades en el reclutamiento de colonos en e1 reino, conjugada con su permanente demanda ante las malas condiciones de1 siielo a labrar y de la inusual necesidad de cosecha y fabricación de1 azúcar. En Madeira e1 proceso de apertura de frentes de barbecho fue lento y necesitaba de una mano de obra numerosa !r barata. La preparación de1 suelo para Ias siembras fue lenta: Ias quemas, Ia construcción de paredes para la retención de Ias tierras y Ia apertura de 10s canales para Ia utilización de agua en e1 regadio ! uso de su fueria motriz cn las máquinas. Después fueron 10s cultivos agrícolas. Esta situación, aliada a Ia fuertc presencia madeirense en Ias campafias de defensa de Ias plazas africanas, de conquista de Ias Canarias y de reconocimiento de Ia costa africana, implica Ia solución de Ia esclavitud de canarios o africanos, niuchos de ellos presos de csas hazanas. De este modo, estaba abierta Ia \-ia para Ia afirmación de Ia esclavitud en Ia isla, disponiendo para ello de múltiples frentes de reclutarniento: primero Ias Canarias, despu6s Ia costa africana, desde Marruecos hasta Angola. Pero e1 principal surtidor de esclavos fue e1 área de Ia costa y Rios de Guinea. Allí Ilegaron los madeirenses y establecieron, en Santiago y después r n São Tomé, un importante almackn para este comercio con destino a so isla. Pero más tarde, prolongaron sus intereses a1 tráfico transatlántico. Esta situación contribuyd a que Madeira fuesc un importante almac6n de comercio de rsclavos para e1 reino o Canarias.


La ocupaciún d? lar

i.~lds

COSTA OE LOS

A T I

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MERCADOS 4

LISBOA.FLANDES

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BLLRBADOS, INDIA. B W S I L

3

TENERIFE. GRANCW4111&.LbUROTE

4

RIEIRII

GRANDE (MNTIAGO)

----- wras or ~ x ~ o ~ r n c i d ~ RUTAS DE I M P O R T A U ~ N

Rutas

v mercados de 10s esclavos

en Madeira.

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Portugal y lus idas dc.1 Atlántico

La esclavitud en Madeira adquirió una dimensión diferente de Ias islas de Cabo Verde y São Tomé o de Ias Antillas. Esva diferencia no radica sólo en e1 número de esclavos, pues también se extiende a Ia visión de1 mundo estahlecida por la estructura social rnadeirense. En Madeira e1 esclavo es parte integrante de la sociedad. El mundo de1 escla~ vo se entrecruzaba con e1 de1 libre. Varios factores condicionaron estas especificidades: Ia dimensión adquirida por Ia propiedad en el suelo madeirense, asociada a la estructura social y ec»n6mica, favoreci6 esta simbiosis. Los regimientos reales y Ias ordenanzas municipales insistían en Ia necesidad de control de1 estrecho espacio de convivencia de1 esclavo, procurando evitar cualquier situacii~npropiciatoria de revuelta. Ante esto, el esclavo estaha amarrado a1 háhito de1 sefior y só10 podia d e s ~ prenderse de é1 en condiciones especiales y mediante su consentimiento. De este modo, el csclavo só10 existia ante Ia sociedad asociado a si1 sefior. Junto a ello, Ia mujer esclava mantctiía una estrecha ligazón con e1 propietario, sea éI de sexo femenino o m;isculino, sirviéndole en todo lo que fuera necesario. Las disposici«ties testamentales Ias favorecian precisamente por esta situación. Es común asociar e1 esclavo al cultivo y iabricación de azúcar: e1 binomio esclavo-azúcar es considerado para muchos una realidad sin argumento. Esto cs así en São Tome, Antillas y Brasil, pcro cn Madeira y Canarias la situacibn es diversa. En \.erd;id este cultivo fue cl muelle propulsor de Ia afirrnación de los esclavos en Ias islas, pero Ias condi^ ciones específicas del sistema J c prupicdad permitieron una diversidad de relaciones sociales en torno a Ia producción. E n Madeira, iil cnntrario de lo qiir sucedi6 en Ias arcas arriba citadas, el cultivo de cana adquiri6 diversas expresiones agrícolas. En este caso nos encontramos con un excesivo parcclamiento de los cultivos de cana y Ia afirmacibn de una nucva forma de posición y usufructo de Ia tierra -el arrendamiento-, que colocaha rn segundo plano la lunción de1 esclavo en e1 proceso productivo. Dcspiiés, Ia crisis azucarera provocó Ia afirmación de otro cu1tiX.o 1 ; i vici-, que relegó a un plano secundario la prescncia de1 esclavo cn el sector productivo. Más aún, e1 binomio ingenio-canaveral era poco Ireciicnte, sicndo usual e1 recurso a Ia máquina de antes para Ia m«licnd;i de Ias canas y fabricación dei azúcar. Esta división de tarcas y Ia pequenez dc 10s canaverales no facilitaron Ia permanencia de una mano dc obra fiia. sino quc posibili-


I A ocupución dc

14s fslus

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taron una afirmación de Ia fuerza de trabajo eventual. Ante esto só10 nos queda decir que en e1 caso de Madeira y en el de Ias Canarias Ias tareas de cultivo y fabricación de1 azúcar fueron ejecutadas por una mano de ohra mixta: esclavos y libres trabajaban Ia tierra y desarrollaban Ia vida de1 ingenio, peso 10s últimos predominan, a1 contrario de lo que sucedi6 en Ias Antillas o Sáo Tomt:. También en Ias Azares e1 esclavo se mezcló con el criado y e1 trabajador en Ia prestaciún de servicios domésticos, agropecuarios y artesanales. Pero aqui Ia esclavitud no adquiri6 Ia dimensión que asumió en Ia sociedad madeirense; a ello contribiiveron Ia forma de organizaciún de Ia estructura de tierras y e1 relativo alcjamiento de los mercados abastecedores de esclavos. E n Cabo Verde y Sao Tomé, por su proximidad a1 mercado de esclavos y su función como factorias para cste tráfico, la situación era diversa. En el primer archipiélago, por ejemplo. fue escasa su disponibilidad en los Rios de Guinea. La corona habia determinado cn 1472 que los habitantes de Santiago pudiesen «tcnc.i- esclavos, esclavas, machos y hembras para sus servicios y su mejor viviçnda y p»blación». Hasta e1 mismo clero no prescindia de sus senricios, como se desprende de una carta de 1607 dcl padre Barreia, misionero en Sierra Leona. Decia él: «Ia experiencia nos viene a demostrar que ni en Ia isla ISantiagol ni acá podcmos vivir sin esclavos». En Ias idas de1 golfo de Guinea el proceso fue diferçnte, ya que a cso se deberá sum'ir el hecho de quç cl azucar alcanzó una gran importancia, necesitando enormes excedentes d c mano de ohra africana, justificados por la reducida dimensión de los europeos. Aqui trabajaban más de trescientos ingenios, en e1 sigla xvi, todos ellos alimentados por fuerza de trahajo esclavo. De acuerdo c»n una relación de 1554 cada ingenio tenia a su disposición entre cientu cincuenta y trescientos esclavos. Alvaro de Caniinha declara en c1 lestaniento, hecho a finales de1 siglo xv, tener a su servicio «en Ias obras, rozas y sembrados» más de quinientos esclavos. Ida estructura agricola y social, generada por e1 azúcar, gana una dimensión idéntica a Ia qiiç asumirá más tarde en Brasil y Antillas. Esta situación çs el prelu<lio de 10 q u ç sucederia, después, a los africanos, esclavizados y obligaclos a hacer Ia travesia de1 océano.


Tanto en Cabo Verde como en Sao Tomé, e1 trabajo de 10s esclavos era Ia fuerza motriz de Ia economia agricola. Su dia a dia era establecido por Ia tradición africana de una forma peculiar. Seis dias era e1 tiempo resewado para que los esclavos volvieran productivas Ias tierras de1 amo y apenas les era permitido un dia para encontrar los medios de subsistencia diaria. AI contrario de lo que sucedia en Madeira o en Ias Azorcs cl senor ni>da cosa alguna a aqurlli>sricgios I ... I ni hiquiera hacr gasto en darlcs vestidos, ni de comer. ni cn mandarlcs construir cabanas, porque ell<is por si rnismos hacçn todas Ias cosas "'.

Contra esto reclamaba el padre Manuel de Barros en 1605, diciendo que los esclavos c11 domingo y dias santificados no cunlplían el precepto religioso, porque «tales dias da Dios a1 cautivo para trabajar para sus necesidades i...] nada para el seõorx. Nótese que esto no era novedad para 10s negros, que siendo esclavos en el continente ya estaban sometidos a tal régimen de trabaio y lue de allí de donde 10s portugueses lo copiaron. Los esclavos asumían aqui una posición mucho más i~nportanteen Ia composición de Ia sociedad que en Ias islas de1 lado de acá de1 Bojador. En este grupo debemos diferenciar, hien en Santiago bien en São Tomé, 10s esclavos residentes de los de rescate. Los últimos, después de algunos dias de pcrmanencia en los almacenes de la facroría, seguían rumbo a su destino, a América, Europa o Ias islas atlánticas. Eran numerosos pero de permanencia limitada. Valentim Fcrnandes da cuenta de ello a principios de1 siglo xvi, rcfiricndo que en Sáo Tomé habia, entre 10s mil moradores libres, e1 doble de esclavos residentes y de c i n ~ co a seis mil de rescate. Con e1 transcurso de1 tiempo, Ia relación entre 10s libres y 10s esclavos residentes aumentó, de modo que en 1536 existian seiscientos blancos para igual número de mulatos y dos mil esclavos. En Ia isla de Príncipe en 1607, en Ias cinco factorias en funcionamiento, se contaban diez hombres hlancos casados, dieciocho criollos v quinientus esclavos " . En Cabo Verde 10s datos dispunihles sobre Ia presencia de los esclavos cubreri sólu Ias islas pobladas desde el inicio (Santiago y Fogo) en 1513 y 1582. En ia primera iech~ise refiere en

.

"' Vinyrm d? 1.rrho~ n iIba dc São Tomr', I.isl>oa s.d pp. S4~(,11 M o n , ~ r m n ~ hf,,siotuir;a d Afitcmu, I , , 1 57. 1 . 383

"


la Ribeira Grande Ia residencia de ciento scsenta y dos vecinos, siendo de éstos treinta y dos esclavos. En la segunda hay 13.700 esclavos (87 %) y 1.008 vecinos (13 %), en las dos islas. Aquí es evidente Ia mayor concentración en Ribeira Grande, donde representan más de1 92 % de la población ". Ante esto se torna evidente Ia diferencia entre el fenómeno de la esclavitud de los dos archipiélagos con 10s arriba citados. En todas Ias idas Ia presencia de1 esclaro negro no era pacífica, siendo considerada en muchos momentos como un factor d e fuerte inestabilidad social. Los fugitivos, en uno y otro lado, generaban e1 habitual recelo de Ias autoridades, que todo hacian para sanar 10s aspectos nocivos que su presencia podría causar. Peco en tanto en Madeira !Ias Azores e1 conflicto era ocasional, no asumiendo proporciones graves, lo mismo no se podia decir de Ias islas de Guinra. En São Tomé, 10s fugitivos se reunian en ias montanas en cuadriIlas y asaltaban esporádicamente las villas. De ahí resultaron también algunas sublevaciones importantes (en 1547 y 1595) que pusieron en peligro Ia permanencia de 10s europeos y Ia continuidad de1 cultivo de Ia cana de azúcar. Fue célebre la revuel~ade 1595, comandada por Arnador, esclavo fugitivo de Bernardo Vieira ". El enfrentamiento de 10s esclavos fugitivos comenzó a ser evidente a partir de 1531, ano en que los habitantes de São Tomé manifestaron su aprensión a1 rey por Ia presencia de tales grupos de esclavos fugitivos, considerados una amenaza permanente para Ia isla. De ahí resultó Ia necesidad de medidas por parte de la corona, en caso contrario «se perderá esa isla y pronto será toda de 10s negros». También en Ias Azores, más propiamentc en Vila Franca do Campo, quedó registrada una revuelta de esclavos en 1522, teniendo por jefe a un tal Badail, esclavo de Rui Gon~alvesda Câmara, pero sin ningún efecto para la sociedad. En Madeira, donde el grupo era más numeroso, no se conoce ningún tipo de revuelta, más allá de los casos a i s ~ lados de violencia de lns esclavos fugitivos en 10s caminos que circundaban Ias serranias d e Ia ida.

" A.

Carreira, C.'abo Vc,rdr Lisboa, 1983, pp. 1 7 3 ~ 3 7 4 . R. Ramos, «RrbeliBo e Sociedade colonial: alrorwo e levantamento em São Tome (1545-1555)~cn Rpy~rtcIitimtaciondI de Ertudb~.4/nin1ior n.' 417, 1986, pp. 17~74. "


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Portugal y lus 2rlu.r de!! Atluntzco

La elevada movilidad social es una característica de Ia sociedad insular. E1 fenómeno de Ia ocupación atlántica lanzó Ias bases de Ia sociedad y la emigración se ramificó y proyectó más allá de1 Atlántico. Las islas fueron así, en un primer momento, polos de atracción, pasando después a actuar como áreas centrífugas. IJa novedad, aliada a Ia forma en que se proceso Ia colonización, tlctiv6 ei primer movimiento. La desilusión, Ias escasas y limitadas posibilidadcs económicas y la codicia de nuevas y prometedoras tierras, el segundo movimiento. Primero h e Madeira, después Ias islas próximas a Ias Azores y Ias Canarias y, finalmente, los nuevos continentes o islas. Desilusionado con Ia isla, e1 madeirense buscó mejor fortuna en Ias Azores y en Ias Canarias, y depositó, después, en Ia costa africana Ias prometedoras esperanzas comerciales. En este grnpo sç incluyen principalmente los segundones desposeidos de tierras por el sistema de sucesión. Es de ello ejemplo Rui Gon~alvesda Câmara, hijo de1 capitán de1 donatario en Funchal, que prefirió ser capitán de Ia isla distante de São Miguel a mantenerse como mero propietario en Ponta do Sol. Con é1 surgieron otros que dieron e1 arranque decisivo a Ia colonización de esta isla. De este modo. Madeit-a se evidencia también cn e1 siglo xv como un centro de divergencia de gentes en e1 Nuevo Mundo. La elevada movilidad de1 islote Ilcvó a 10s monarcas a definir una política de restricciones en el movimiento emigratorio cn favor el establecimiento de1 colono en la tierra, como forma de evitar la despoblación de Ias áreas !,a ocupadas. Pero Ia Ilatnada de Ias riquezas fáciles, de1 rescatç africano I I de Ia agricultura americana eran mas convincentes, teniendo a su favor Ia disponibilidad (le 10s veleros que hacían escala con asiduidad 10s puertos insulares. 1.a emigración era inevitable. Madeira disfrutaba en el siglo nr.a ejemplo de Ias Canarias, de una posición privilegiada ante Ia costa c idas africanas. De este modo, se afirma durante mucho tiempo como Lin importante centro migratorio hacia los archipiélagos vecinos o lejanos continentes. A ello contribuyó e1 hecho de estar asuciada al madeirensc uti cultivo que fne Ia principal apuesta de los bai-bechos de1 atlántico, esto es Ia cana de azúcar. Los madcirenses aparecen en Ias Canarias, Azores, Sao Tomé y Brasil para contribuir a que en e1 suelo rirgen brote Ia caiia, aparezcan 10s canales dc riego <ipara que funcionen 111singenios, siendo también


Li ocupación d ~ lax ' L\lu

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los artífices de 10s avances tecnológicos. La crisis de Ia producción azucarera madeirense, generada por la concurrencia de1 azúcar de Ias áreas que sus habitantes contnbuyeron a crear, 10s etnpujó a destinos distantes. En esta diáspora atlántica, iniciada en Madeira, hay que referir el caso de Ia emigración interinsular de 10s archipiélagos de1 Mediterráneo Atlántico. Las islas, por Ia proximidad 1, forma similar de vida, aliadas a Ias necesidades crecientes de contactos comerciales, ejercieron también una fuerte atracción entre si. Madeirenses, azorianos y canarios no ignoraban su condición de insulares y, por eso mismo, sintieron necesidad de estrechar estos contactos. Madeira, una vez más, por la posición de bisagra entre Ias Azores y Ias Canarias y por la anterioridad en Ia colonización, fue, desde mediados de1 siglo xv, un importante viver« abastecedor de colonos para estos archipiélagos y de contacto entre ellos. La isla funcionó más como polo de emigración para las idas que como área receptora de inmigrantes. Si exceptuamos e1 caso de 10s esclav«s guanches y la inicial venida de algunos de los conquistadores de Lanzarote, podemos afirmar que el fenómeno es casi nulo; no obstante, cn el siglo xvi 10s azorianos despuntan en Funchal. Téngase en cuenta, además, Ia presencia de una comunidad de azorianos en las islas Canarias, principalmente en las idas de Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote, dedicada a1 cultivo de 10s cereales, vid, cana de azúcar y pastel. Pero azorianus y canarios, bien colocados en el trazado de las rutas oceánicas. volvieroii s i ~atención al prometedor Nuevo Mundo.

Madeira y lus Cana~iu.5 Uno de los aspectos reveladores de Ias ~onexionesmadeirenses y azorianas fue Ia relación con Ias Canarias. Para Pérez Vida1 '' Ia presencia portuguesa en e1 archipiélago resultó cle su intervención en los momentos decisivos: e1 primero, marcado por Ias acciones de Ia corona y de1 infante don Henrique, en 10s siglas xiv y xv, que tendrá su epílogo en 1497 con c1 tratado de Alcáçovas; c1 segundo, de iniciativa par-


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Portugal y las islus del .4tluntico

ticular, abarcando 10s siglos xvi a xviii, en que 10s impulsos individuales se sobreponen a Ia iniciativa oficial. Este último fue el momento de expresión plena de Ia presencia lusitana y de su paulatino declinar ante Ia Restauración dc Ia monarquia portuguesa y de Ia guerra de fronteras mantenida hasta 1665. La cuestión o disputa por Ia posesión de las islas Canarias fue el preludio de nuevos enfrentamientos con el objetivo de monopolizar las navegaciones atlánticas. El enfrentamiento inicial fue entre Portugal y Castilla, y tuvo como escenario Ias islas Canarias. Esta disputa comenzó a mediados de1 siglo xrv, pero só10 en Ia centuria siguiente, por iniciativa de1 infante don Henrique, tuvo su mayor expresión. La expedición de Jean de Betencourt en 1402 marca e1 inicio de la conquista de las Canarias; en tanto, su subordinación a Ia soberania de la corona castellana y a1 reconocimiento en 1421 por el papado de esta nueva situación hizo renacer Ia poléniica de1 siglo xiv. A1 infante portugués restaban solamente dos posibilidades: Ia solución diplomática, haciendo valer sus derechos junto a1 papado, y el recurso de una intervención bélica legitimada por e1 espiritu de cruzada que a ella se pretendia asociar. De esta última situación resultaron Ias expediciones de don Fernando de Castro (1424 y 14401 y de Antonio Gonçalves da Câmara (1427). Pero en todos 10s frentes Ias conquistas fueron efímeras y de poco vali& por ejemplo, Ia compra en 1446 de Ia isla de Lanzarote a Maciot de Betencourt, por 20.000 reales blancos a1 ano y regalias en Ia isla de Madeira. De eso s6lo rcsultó Ia ramificación de esta importante farnilia a Madeira y, después, a Ias Azores. El litigio se cierra en 1480 con Ia firma de un tratado en T»ledo. Desde entonces Ia c o ~ rona portuguesa abandona su reivindicación por Ia posesión de esas isIas con garantias de que Ia burgiiesía andaluza no se en~rometeráen el comercio de Guinea. La coyuntura de estas islas y dc Ia relación de Ias coronas peninsulares acompaiíó desde el inicio Ias conexiones canario-madeirenses. En e1 siglo xv e1 vínculo de Madeira y Lanzarote se afilia en Ia célebre disputa entre las coronas peninsulares por Ia posesión de Canarias. A finales de1 siglo siguiente su reafirmación y expansión a todo e1 archi~ piélago canario fueron el resultado de Ia cicupación de Ia isla en 1582 por don Agustín Herrera, acto quç se materializó en Madeira en la unión de Ias dos coronas peninsulares. Entre tanto, en Ias Azores tuvimos desdc 1582 Ia presencia de imporr;intcs contingentes militares cs-


lo ocupación

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pa~ioles,pero siendo reducida Ia presencia de canarios, aunque el efecto social de los fenómenos en ambos archipiélagos fue diverso. El primero permiti6 Ia afirmación madeirense en Lanzarote, en tanto el segundo, más allá de1 natural refuerzo de Ia rcalidad, condicionó Ia presencia canaria en Funchal, que nunca fue muy significativa. Tal vez el momento de mayor intervención sea e1 de1 siglo m con Ia presencia de los aborígenes canarios, como esclavos, ai \er\rici« de1 pastoreo y cosecha de1 azúcar. Si a Ia componente política se dehe conceder el mérito de apertura e incentivo de Ias conexiones humanas, a Ia económica queda Ia misión de reforzar y sedimentar esta relación. De esta forma 10s contactos comerciales surgen simultáneamente como consecuencia y causa de las migraciones humanas. Sin embargo, tal intercamhio só10 adquirió su plenitud en e1 siglo mr~,incidiendo preferencialmente en el comercio de cereales de los mercados de Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote. La proximidad de Madeira al archipiklago canario y el rápido surgir de Ia pohlación valorización socioeconómica de1 suelo orientaron Ias atenciones de1 inadeirense hacia esta prometedora tierra. Así, pasados sólo veintiséis aíios desde Ia ocupación de1 suelo madeirense, se enredaron en Ia controvertida disputa por 121 posesión de Ias Canarias al servicio de1 infante, en 1436 y 1351. La presencia madeirense en Ia empresa canaria condujo a una mayor aproximación de los dos archipiélagos, al n~ismotiempo que influyó en e1 trazado de vias de contacto y comerciei entre 10s dos archipiélagos. En Madeira tuvimos, primero, Ia salida kcil de mano de obra esclava para Ia cosecha de1 azúcar y, después, e1 recurso al cereal y a Ia carnc, necesarios para Ia dieta irlimenticia de1 madeircnsc. En Ias Canarias fue c1 recurso a Madeira como puerto de ahrigi~de Ias gentes molestas con Ia conturbada situa<-iónque alli sc vivió en el siglo x\.. En 1376, con Ia conquista Ilevada a cabo por Diogo de Herrera, muchns de los descontentos con Ia nuera situación emigraron hacia Madeira y Castilla. De entre ellos podemos tiombrar a I'edro y Juan Aday, Juan de Barros, Francisco García, Bartolomé Heveto y Juari Rernal. Esta corriente migratoria, resultado de1 descontento generado por Ia conquista y ocupación de1 archipiélago c~inario.se iniciará hacia mediados de1 siglo xv, siçndo su heraldu Maciot de Bettcncourt. El sobrino de1 primer conquistador de Ias Canarias, amargado con Ia evolución de1 procrso y cn litigio con los interescs de Ia burguesia de Se-


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villa, cedi6 e1 derecho de sefiorio de Lanzatotç a1 infante don Henrique a cambio de una abultada suma de dinero, de haciendas y regalias en Madeira. Se iniciaba así una nueva vida para esta familia de origen normando, que de Ias Canarias pasa a Madeira y a las Azores, relacionándose a111 con la principal nobleza de Ia tierra, lo que le valió un lugar de relieve en Ias sociedades madeirense y micaelense de1 siglo xv. Acompafiaron el destierro de Maciot de Bettencourt su hija Maria y los sobrinos y nietos Henrique y Gaspar. Todos ellos consiguieron una posición de prestigio y abultadas haciendas merced a la relación matrimonial con las principales familias de Madeira. Doca Maria Bettencourt, por ejemplo, se casó con Rui Gon~alvesda Câmara, segundón de1 capitán de1 donatario de Funchal y futuro capitán de1 donatario de Ia isla de São Miguel. La compra en 1474 por Rui Gonçalves da Câmara de Ia capitania de Ias islas de São Miguel implicó Ia ramificación de Ia familia en Ias Azores. Con dona Maria Bettencourt siguió hacia Vila Franca su sobrino Gaspar, que más tarde vendría a encahezar el mayorazgo de su tia en São Miguel, valorado en 2.000 cruzados Los hijos, Henrique y João, dçstacaron en Ia bpoca por 10s servicios prestados a la corona, recibiendo a cambio muchos beneficios. Henrique de Bettencourt prefirió e1 sosiego de las tierras de Band'Além en Ribeira Brava, donde vivió en riquisimos aposentos. Allí instituyó un mayorazgo y participó activamente en Ia vida municipal y en Ias campanas africanas. Los descendientes se destacaron en Ia vida local y en las diversas campanas militares en África, India y Brasil. Si esta primera partida migratoria trazó el rumbo y destino madeirense, Ia expedición pacificadora de don Agustín Herrera, conde de Lanzarote, en 1582, sedimentó y estrechó 10s contactos entre Madeira y Lanzarote. E1 propio conde de Lanzarote, en una corta estancia en la isla, fue uno de los heraldos de esta relación, pues se unió a los Acciaiolis, importante casa de mercaderes v terratenientes florentinos, fiiada en Ia isla desde 1515. Sus hucstcs siguieron su ejemplo, y muchos de los trescientos hombres de1 presidio formaron familia en Ia isla. En e1 período de 1580 a 1600 10s espanolçs aparecen en primer lugar en Ia inmigración madeirense ".

" L. I:. de S o u \ i ~Mclo. «Imigra<;ãu na Miidcii-a. I'aróquia da Sé 1539-1600~en Hirldrio c Sociiv1ddi: ti: 3, 1979, pp. 5 2 - 5 3 .


IA ocupación de Ias islas

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El levantamiento de1 cerco en 1640 trajo consigo consecuencias funestas para tal relación. Así, 10s madeirenses residentes en Lanzarote fueron blanco de represalias, siendo de referir Ia confiscación d e 10s bienes de1 hijo varón de Simão Acciaioli, que se casaria con la hija de1 conde de Lanzarote. E1 impacto lusitano en ias Canarias apareció muy temprano, teniendo a Madeira como uno de 10s principales ejes de1 movimiento. La presencia se prolongó a Ias islas de La Palma, Lanzarote, Tenerife y Gran Canaria. Los portugueses asumieron un lugar de relieve, situándose entre 10s principales artífices de Ia valorización económica de las islas. Fueron eximios agricultores, pescadores, pedreros, zapateros, marineros, dejando huellas indelebles de Ia p o r t ~ ~ a l i d aen d Ia sociedad canaria. La tradición bélica y aventurem de algunos madeirenses 10s Ilevó a participar activamente en Ias campaiías de conquista de Tenerife, recibiendo por ello, como recompensa, numerosas tierras. De ahí resultó Ia fuerte presencia lusitana en esta isla, donde en algunas localidades, como Icode y Daute, surgen como un grupo mayoritario. Además, Granadilla fue fundada por Gonzalo González Zarco, hijo de João Gonçalves Zarco, capitán de1 donatario de Funchal. La prueba más evidente de Ia importancia de Ia comunidad lusa en Ia isla está documentada en 10s Acuerdos del cabildo de Tenerzfe, donde aparecen siempre en segundo lugar. Lo mismo se podrá decir de Ia isla de La Palma, donde 10s portugueses marcaron fuertemente su presencia, teniendo como testimonio Ia existencia de algunos registros parroquiales hechos en portugués. Mientras, en Lanzarote e1 fuerte impacto madeirense está comprobado por Ias numerosas referencias de Ia documentación y por e1 testimonio de Vieira y Clavijo de que Madeira era familiar para los lanzaroteiíos, conocida como la isla. La acentuada presencia lusitana en el archipiélago fue e1 resultado de Ias posibilidades económicas que éste ofrecia y de Ias necesidades de mano de obra y de Ia posibilidad de penetración en e1 comercio con Ia costa africana y después con e1 nuevo continente americano. Así, en un primer momento fuimos confinados con un numeroso grupo de aventureros, de 10s cuales se reclutaron 10s oficiales, mecánicos y agricultores y só10 después surgirron 10s agentes de romcrcio y transporte, todos


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Portugal y las islas de1 Atlántico

ellos con una acción decisiva en Ia economia de1 archipiélago en 10s siglos m y XVII. Es fácil testimoniar la asiduidad de 10s contactos, pero difícil se vuelve avalar Ia dimensión asumida por Ia presencia portuguesa en este archipiélago, en cuanto a su origen geográfico. En 10s diversos actos notariales, que consultamos, se ignora, muchas veces, e1 origen geográfico de 10s interventores portugueses. E1 hecho de que muchos se consignen en diversos actos relacionados con otros de Madeira u otorgando poderes para e1 cobro de deudas y administración de herencias nos Ileva a sospechar su origen madeirense. Cuando 10s contactos entre Madeira y las Canarias fueron más frecuentes resultó natural Ia presencia de una importante comunidad madeirense en ese archipiélago, con principal relieve en las islas de Lanzarote, Tenerife y Gran Canaria. Alli fueron agentes destacados de comercio y transporte entre 10s dos archipiélagos o artesanos, especialmente zapateros. Los azorianos, mayoritariamente de Ias islas Terceira y Sáo Miguel, surgen en menor número, preferentemente ligados a Ia faena agrícola. La clase mercantil de origen madeirense en Ias Canarias sigue un rumbo peculiar; al contrario que 10s flarnencos e italianos, no se empadronan de inmediato, manteniendo e1 estatuto de permanentes. La necesidad de establecimiento es casi siempre e1 corolario de1 progreso de sus operaciones comerciales y de las inversiones en tierras. Los cambios operados en la coyuntura política a partir de 10s acontecimientos de1 afio 1640 condicionaron Ia presencia de1 madeirense. É1, que hasta entonces se beneficiaba de un estatuto preferencial en la sociedad y economia lanzarotefia, por ejemplo, desaparece paulatinamente de1 escenario de acción. Y , hecho insólito, [os pocos que conseguimos rastrear en Ia documentación procuran ignorar o apagar su origen, figurando só10 como vecinos sin otra referencia. Esta situación coincide con e1 fin de Ia relación comercial incidiend o sobre 10s cereales de Ias Canarias, pues a partir de 1641 dejó de aparecer en Funchal, siendo sustituido por e1 azoriano o por nuevos mercados como la Berberia y América de1 Norte. <Será ésta resultado de la crisis de cultivo de cereales canarios o fruto de1 ambiente de mutua represalia peninsular? Citaremos también que a partir de entonces sur-


gieron nuevos y más prometedores destinos para la emigración, como e1 Brasil, que motivarían este cambio. De Ia presencia de Ia comunidad portuguesa en Canarias resultaron numerosas influencias, hoy todavia visibles en Ias aportaciones linguísticas y etnográficas. Son evidentes los portuguesismos en las nomenclatura de 10s oficios, utensilios y productos a 10s que estuvieron ligados: azúcar, vino, pesca, construcción civil y fabricación de calzado. Por e1 contrario tamhién tenemos algunos testimonios de Ia presencia de 10s aborígenes de las Canarias en Madeira y Azores. Su presencia como esclavos o 10s asiduos contactos entre Ias islas favorecieron estas aportaciones. En Ia isla de São Miguel, a pesar de estar atestiguada solamente la presencia de dos guanches -un pastor y un maestro de maquinaria- su presencia dejó rastro en la toponimia con e1 pico y la logoa de1 canario. En Madeira, más allá de esa referencia toponímica, persisten vestigios de su presencia en Ia construcción de cuevas para la vivienda (Ribeira Brava) y culto religioso (São Roque d o Faial) y en Porto Santo el uso generalizado de1 gofio.

Madeira

y

las Azores

E1 movimiento migratorio entre Madeira y las Azores es mucho más tardio, teniendo como iniciador a Rui Gonçalves da Câmara, que en 1474 fue nombrado capitán de Ia isla de Sáo Miguel. A pesar de estar documentada en época anterior Ia estancia de Diogo de Teive, que en 1452 habría descubierto Ias islas de las Flores y Corvo, lo cierto es que sólo a partir de Ia década de 10s setenta se generaliza ese movimiento, que condujo a las islas de São Miguel, Terceira, Santa Maria y Pico a muchos segundones de Ia aristocracia madeirense. En Madeira se habia agotado Ia posibilidad de fácil adquisición de tierras, cosa que en Ias Azores era fácil. No debemos olvidar que el incentivo de cultivos como Ia cana de azúcar y Ia vid está también ligado a 10s madeirenses. E1 movimiento inverso fue poco frecuente y só10 tuvo lugar a partir de principios de1 siglo XVI. A ello contribuyó la asiduidad de 10s contactos entre 10s dos archipiélagos, provocada por e1 comercio de cereales e, incluso, el temor de las crisis sísmicas que asolaron Ias islas Azores, con especial relieve Ias de 1522 y 1563.


ron títulos y honores. Las plazas eran un lugar de «diversión» para la caballeria madeirense. Por otro lado, algunos madeirenses gozaron de cargos gubernativos, siendo ejemplo de ellu e1 caso de Antonio de Freitas, promovido en 1508 como comendador de Safim, Fernão Gomes de Castro, en 1610 nombrado capitán de Tánger. Tal vez por eso mismo, Sue con desagrado que 10s madeirenses encsraron Ia política de abandono de muchas de Ias plazas de don Joao I11 y se adhirieron en gran número a la campafia africana de don Sebastiao. Madeirenses y azorianos tuvieron un papel importante en la conquista y defensa de Ias factorias de1 océano Indico. Por e1 lado madeirense se evidenciaron João Rodrigues de Noronha como comandante de Ormuz (15211, Jordáo de Freitas, capitán de Maluco (1533) y Antonio de Abreu, capitán d r Malaca (1522).

La emigración en e1 siglo xa:presenta características completamente diferentes de esta primera oleada. Hasta ahora estábamos ante una salida hecha de acuerdo con las solicitudes externas, donde se aliaba e1 deseo de aventura a 10s intereses económicos. A partir de entonces fueron 10s impulsos internos 10s que condujeron a Ia salida forzada de insulares. La tierra que 10s recibiera hace cuatrocientos anos se presentaba ahora madrastra, incapaz de satisfacer Ias necesidades vitales y, por eso mismo, 10s inipelia para la aventura americana. Todo esto surge como resultado de Ias mutaciones de la coyuntura interna e internacional. La centuria ochocentista fue un momento de particular significado para Ia historia de las idas atlánticas. Varias fueron Ias alteraciones a que Ias mismas siniieron de escenario. La más relevante fue la desarticulación entre e1 movimiento demográfico y Ia situación decayente de Ia economia. A partir de1 siglo XIX e1 hambre se sucedi6 con alguna frecuencia en Cabo Verde y lo mismo se podrá decir de Madeira y Ias Azores. Entre tanto, de1 otro lado de1 Atlántico cstábamos ante un momento de euforia económica, con la minería y cosecha agroindustrial, que no tenía en cuenta las medidas de abolicibn de la esclavitud. Ante esto e1 isleíio, dçsposeído de la tierra por e1 régimcn iie sucesibn y de1 mando


Portugal y Ias islus il<d iltlántico

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económico, abandona su propio medi» y sale rumbo a tales destinos, con e1 aliciente de Ias propuestas de los contratistas, para sustituir a1 esclavo. De ahí resultó que muchos comentaristas políticos consideraran esta cmieración como una forma de «esclavitud b l a n c a ~ . En síntesis, Ia emigración ochocentista materializó Ia simbiosis de1 sueno y ambición individual con los impulsos y exigencias de Ia coyuntura emergente de Ia política abolicionista. En este movimiento migratorio destaca en el caso de Madeira una incidencia en las islas (Antillas y Hawai), en cuanto los azorianos y caboverdianos prefieren los espacios continentales (Brasil y Estados Unidos). En e1 último caso Ias rutas de la pesca ballenera se ligaban con los dos archipiélagos, facilitando e1 movimiento. Allí 10s insulares fueron como Ia mano de obra necesaria para Ia sustitución de 10s esclavos cn 10s canaverales, en la rnineria y ganaderia. E1 caso de Ias islas de Sáo Tomé y Pt-incipe se presenta diferente, pues aqui la ingente falta de mano de obra para la cosecha de1 cacao y de1 café incentivaron el movimiento inmigratorio. Primero de esclavos y después, con Ia abolición de Ia esclavitud (18541, de trabaiadores o sirvientcs. La forma de reclutamiento dc mano de obra fue acérrimamente criticada por los ingleses. En e1 periodo de 1876 a 1920 entraron en Ias islas más de ciento cuarenta mil tfiibaiadores para e1 trabajo de Ias plantaciones, provenientes de Mozamhique, Angola y Cabo Verde. En el archipiélago azoriano Ia emigración inició su marcha ya en Ia segunda mitad de1 siglo XVIII orientada por Ia corona hacia Ia colo^ nización de Ia parte sur de Brasil. No ohstante es en c1 siglo siguiente cuando e1 fenómcno se afirma de pleno, v continúa siendo su destino preferentc el Brasil, seguido de Ias islas Sandwich, a los que se vino a sumar en Ias dos últimas décadas Estados Unidos de América, como resultado de Ia presencia azoriana en Ia pesca de Ia ballena. La emigración madeirense alcanzó su auge en Ia década de 10s cuarenta de1 siglo xis. A ello en mucho coritrihuyeron Ia persecución a los protestantes (18-14-1846) y Ia crisi5 de1 comercio de su vino, principal sustento de sus gentes, a partir de 1830, y e1 hambre que se extendió por toda Ia isla en 1847. En el periodo de I834 a 1872 salieron más de treinta mil madeirenses con destino a Brasil Antillas. Solamente Ia isla de Demerara recibió entre 1841 y 1889 cerca J e cuarenta mil; en tanto Hawai, entre 1878 1913. atraji) más dc veinte mil.

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En Ias islas de Guinea Ia coyunturd fue i<lc;ntica,evidenciandose e1 Cabo Verde, motivada por e1 hamhre, que fur una constante de Ia historia de Ias islas en 10s siglas XWII y xix. La m;iyol- incidencia tuvo lugar rn el período de 1863-1864. América, Br:isil y el continente portugés fueron 10s principalçs destinos, aprovechãndo\r dc Ias rutas de comercio que entonceh persistian.


SEGUNDA I'ARTE

EL MUNDO ATLÁNTICO


E1 siglo xv marca e1 inicio de Ia afirmacion de1 Atlántico, nuevo espacio oceánico revelado por Ias gentes peninsulares. E1 mar, que hasta mediados de1 siglo xn, se mantuviera ajcno a Ia vida de1 mundo europeo, atrajo sus atenciones y en poco tiempo vino a sustiruir el mercado y via mediterráneos. La apertura, como vimos, fue titubeante, pero generadora, en e1 inicio, de numerosos conflictos: primero fue la disputa por la posesión de las Canarias, que sc extenciió, después, a1 propio dominio de1 mar oceánico Portugucscs y castellanos entraron en acérrimo conflicto, sirviendo e1 papado de árbitru en esra rcpartición. Los franceses, ingleses y holandeses, que, cn un primer momento, fueron solamente espectadores atentos, entraron tanihieil en Ia disputa a reivindicar un mau? liberum y c1 usufructo de Ias nucvas rutas y mercados. En estas circunstancias, el Atlántico no fue s<ilo el mercado via comercial por excelcncia de Europa, sino tambi6n uno de los principales escenarios en que se desarrollaron 10s conflictos que definen Ias opciones políticas de Ias coronas europeas, expresadas por mediu de Ia guerra de corsarios. En esta contienda político-económica, quc e1 océano generó, se centrari nuestra atcnción. Haremos un brcve sumario de Ias cuestiones, poniendo en evidencia Ias que nos parccen imprescindibles para Ia comprensión de1 protagonismo de 10s espacios insulares. En realidad, como tendremos oportunidad de vet, Ias islas fueroii los principales pilares de Ia estratcgia de1 dominio de1 océano, y por eso niismo todas Ias iniciativas en este ámbito repercutirán de modo evidente en ellas.


108 LA LUCIIA

Portugal y Ias islus drl Atlántico POR LA I>OSrSION DEL O< t,\NO

Cuando 10s portugueses se lanzaron, en e1 siglo xv, a Ia exploración de1 océano encontraron, a Ia partida, un primer obstáculo. Las Canarias, que tan necesarias se presentaban para el control exclusivo de1 océano, estaban ya siendo conquistadas por Jean Betencourt, un extrano navegante, financiado por 10s mercadercs de Sevilla. Esta fue Ia primera dificultad quc causó numerosos problemas a Ia plena afirmación de1 mure clausum lusitano. Ante esto, sólo había una posibilidad, tomar posesión de una de las islas por conquistar iLa Gomera, por ejemplo) y avanzar en Ia colonización de Madeira, que podría funcionar como área suplementaria en apoyo a1 avance de los viajes hacia cl sur. A ésta se siguieron otras dificultades de igual importancia que pusieron trabas a1 progreso de los viajes hacia el sur. La búsqueda de una ruta de regreso de Ia costa africana mas allá de1 Bojador preocupó a 10s marineros y dificultó e1 progreso de 10s viajes hacia e1 sur. La vuelta por mar con e1 paso por Ias Azores fue Ia solución mas indicada, pero tardó en ser descubierta. En 1434, sobrepasado e1 Bojador, el principal problema no estaba cn el avance de 10s viajes, pero si en Ia forma de asegurar Ia exclusividad a partir de ahí, ya que en e1 área de Ia parte de acá de este limite eso no fue conseguido. Primero fue Ia concesión en 1443 a1 infante don Henrique de1 control exclusivo de Ias navegaciones al sur de1 mismo cabo, Jespués Ia búsqueda de1 beneplácito papal, en calidad de autoridad suprema establecida por la r a publica christiana para tales situaciones. Las bulas de Eugenio IV (1445) y Nicolás V (1450-1452) fueron preludio de 10 que vino a ser definido por la célebre bula Romanus Pontzfoc de1 8 de enero de 1454. En ella se legitimaba Ia posesión exclusiva a los portugueses de los mares más aUá de1 Bojador por 10 que su traspaso para nacionales y extranjeros sólo seria posible con e1 consentimiento de1 infante don Henrique. La presencia de extranjeros, a partir de este momento, fue considerada un servicio a1 referido infante, como sucedió con Cadamosto, Antonio da Noli, Usodimare, Valarte y Martim Behaim, o una forma de usurpar el dominio y de ofensa al papado. En Ia última situación despuntan 10s castellanos a partir de Ia década de los setenta, procurando intervenir en Ias costas de Guinea, como forma de represalia a las pretensiones portuguesas por Ia posesión de Ias Canarias. A pesar de las medidas represivas definidas en 1474 contra los intrusos en e1 comercio


Lu política atlántica

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de Guinea, Ia presencia castellana continuará siendo un problema de difícil solución, sólo alcanzado con cesiones mutuas a través de1 tratado firmado en 1479 en Alcaçovas y después confirmado a 6 de marzo de1 ano siguiente en Toledo. La cesión portuguesa estableció Ia primera partición política de1 océano, sancionada por el papa Sixto IV en Ia bula de1 21 de junio de 1481. A partir de entonces quedaba legitimada Ia posesión exclusiva para Portugal de1 mar más allá de1 Bojador. A esta división de1 océano, de acuerdo con los paralelos, sucedió más tarde otra en el sentido de los meridianos, provocada por el viaje de Colón. E1 encuentro de1 navegante en Lisboa con João 11, a1 regreso de su primer viaje, provocó de entendia inmediato e1 litigio diplomático, ya que el monarca port~ig~iés que Ias tierras descubiertas estaban en su ires de dominio. Pero, apresuradamente, los Reyes Católicos aprovecharon Ia presencia de un castellano al frente de1 papado -Alejandr« V I y procuraron legitimar Ia posesión de Ias tierras descubiertas como pertenecientes a su parte de1 Atlántico, por bula de1 4 de mayo de 1493 alterada el 26 de septiembre. El conflicto só10 encontró solución con un nuevo tratado, firmado el 7 de julio de 1494 en Tordesillas y ratificado por el papa Julio I1 el 24 de enero de 1505. A partir de entonces, quedó establecida una nueva línea divisoria de1 océano, a trescientas setenta leguas de Cabo Verde. A 10s demás pueblos europeos, habituados desde muy temprano a Ias cuestiones judiciales, sólo les restaba una reducida franja de1 Atlántico, el norte, y el Mediterráneo. Pero todo esto seria verdad si tuviesen poder de ley internacional Ias bulas papales, lo que en realidad no sucedia. El cisma de Occidente, por un lado, y Ia desvinculación de algunas comunidades de Ia jurisdicción papal, por otro, arrebataron a los actos jurídicos Ia medieval plenitud pot(.itati.i. De este modo, en oposición a tal doctrina definidora de1 marr clausum se antepone Ia de1 mure libenrm, que tuvo en Grócio el principal teórico. La última visión de Ia realidad oceánica orientó Ia intervención de franceses, holandeses e ingleses en este espacio. La guerra de piratas tuvo una incidencia preferente en los mares circunvecinos de1 estrecho de Gibraltar e islas, y Ilevó al dominio de múltiples espacios a ambos lados de1 Atlántico. Los ingleses iniciaron en 1497 Ias sucesivas incursiones en e1 océano, siendo célebres los viajes de W. Hawkins (1530), John Hawkins 11562-1568) y Francis Drake (1581.1588). Entre tanto los franceses se cstablecieron en América, pri-


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Portugal y las isla de1 Atldntico

mero en Brasil (1530, 1555, 1558), después en San Lorenzo (1541) y Florida (1562-1565). Los hugonotes de La Rochelle se afirrnaron como e1 terror de 10s mares, asaltando en 1566 Ia ciudad de Funchal. La última forma d e combate a1 exclusivismo de1 Atlántico peninsular fue Ia que ganó mayor adhesión de 10s estados europeos en e1 siglo m. A partir de principios de la centuria, e1 principal peligro para las carabelas no resultó de Ias condiciones geoclirnáticas, sino de la presencia de los intrusos, siempre dispuestos para asaltarlas. De este modo la navegación fue dificultada y las rutas comerciales tuvieron que ser adecuadas a una nueva realidad: surgió la necesidad de dotar de artillería a las naves y de una armada para escoltarlas hasta puerto seguro. H e aqui algunas de Ias preocupaciones de 10s peninsulares en 10s siglos m y m1. Pronto 10s franceses comenzaron a infestar 10s mares circunvecinos de Madeira (1550-1566), Azores (1543, 1552-1553, 1572) y Cabo Verde, y después les siguieron el rastro 10s ingleses y holandeses. Los primeros hicieron incidir preferentemente su acción en 10s archipiélagos de Madeira y Azores, patente en Ia primera mitad de1 siglo m, ya que en Cabo Verde só10 se conocen algunos asaltos en 1537, 1538 y 1542. Los navegantes de1 norte escogían 10s mares occidentales o e1 área de1 golfo y costa de Guinea, teniendo 10s mares circunvecinos de Ias islas de Santiago y São Tomé como e1 principal centro de operaciones. A partir de la unión peninsular se sucederán numerosos asaltos franceses a Madeira, donde tuvieron Ia pronta respuesta de Tristão Vaz da Veiga. En 10s archipiélagos de Cabo Verde y São Tomé, al peligro inicial de 10s castellanos y franceses vinieron a juntarse 10s ingleses y, fundamentalmente, 10s holandeses. En la década de 10s sesenta Ia piratería inglesa era ejercida por John Hawkins y John Lovell. Es de destacar que 10s ingleses no atacaron Madeira, pues allí tenían una importante comunidad residente empenada en su comercio. Su acción incidió preferentemente, en las Azores (1538, 1561, 1565, 15721, y Cabo Verde. La presencia de corsarios en 10s mares insulares debe ser articulada, por un lado, de acuerdo con la importancia que estas islas asumieron en ia navegación atlántica y, por otro, por ias riquezas que ias mismas generaron y que despertaron Ia codicia de estos extrafios. Pero si estas condiciones definen la incidencia de 10s asaltos, 10s conflictos políticos entre las coronas europeas 10s justifican a Ia luz de1 derecho de la época. De este modo, en Ia segunda mitad de1 siglo XVI e1 enfrenta-


miento entre Ias coronas peninsulares definió Ia presencia de 10s castellanos en Madeira o en Cabo Verde, en tanto 10s conflictos entre las familias reales europeas atribuían Ia legitimidad necesaria a estas iniciativas, haciéndolas pasar de mero robo a acción de represalia: primero fue, desde 1517, e1 conflicto entre Carlos V de Espana y Francisco de Francia, después 10s problemas consecuentes de la unión ibérica a partir de 1580. Esta última situación es un dato más en e1 enfrentamiento entre Ias coronas castellana e inelesa. aue estalló a oartir de 1557. E1 período que transcurre en las dos décadas finales de1 siglo xvr está marcado por numerosos esfuerzos de Ia diplomacia europea en e1 sentido de conseguir Ia solución para 10s ataques de Ia piratería; para lo cual Portugal y Francia habían acordado en 1548 Ia creación de dos tribunales de arbitraje, cuya función era anular Ias autorizaciones de represalia y cartas de piratería. Pero su existencia no tuvo reflejos evidentes en Ia acción de 10s corsarios. Hay que hacer notar que es precisamente en 1566 cuando tenemos noticias de1 más importante asalto francés a un lugar portugués. En octubre de 1566 Bertrand de Montluc, a1 mando de una armada compuesta de tres embarcaciones, perpetraba uno de 10s más terribles asaltos a Vila Baleira y a la ciudad de Funchal. Acontecimiento parecido só10 fue el asalto de 10s argelinos en 1616 a Porto Santo y Santa Maria, o e1 de 10s holandeses a São Tomé. La muy noble y rica ciudad de Funchal, durante quince días, quedó a1 mando de estos corsarios, que robaron los productos agrícolas (vino y azúcar), profanaron Ias iglesias (Ia catedral de Funchal) e hicieron prisioneros a muchos esclavos. Parte de este botín fue subastado en e1 momento de su partida entre 10s residentes, o vendido en Ia isla de La Palma, donde hicieron escala. De este asalto quedaron algunos relatos y testimonios presenciales, pero e1 más punzante y pormenorizado fue el de Gaspar Frutuoso, que en e1 libro Saudades da Terra, dedicado a Madeira, describe de modo sucinto 10s acontecimientos y condena el descuido de sus gentes. Tal como refiere, Ia ciudad estaba «muy rica de muchos azúcares y vinos, y 10s moradores prósperos, con muchas alhajas y ricos ajuares, muy pacífica y abastecida, sin temor ni recelo de1 mal que no cuidabann '.

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Saudadrr da Trrra, lib. 11, p. 328

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Una de Ias principales consecuencias de este asalto fue el mayor empeno de la corona y autoridades locales en los problemas de defensa de Ia isla y, principalmente, de su ciudad, que por estar cada vez más rica y engalanada despertaba Ia codicia de 10s corsarios. La dejadez en el arte de fortificar y organizar Ias huestes costó caro a 10s madeirenses; y, por eso, fue general el deseo de defendçr Ia isla. Se reactivaron los planes y recomendaciones anteriores en e1 sentido de definir una eficai defensa de la ciudad a cualquier amenaza. E1 regimiento de Ias ordenanzas de1 reino (1549) tuvo aplicación en Ia isla a partir de 1559, en tanto ia fortificación tuvo regimientos (1567 y 1572) y un nuevo maestro de obras, Mateus Fernades. La pirateria a partir de la década de los ochenta tomó otro rumbo, siendo Ias diversas iniciativas una forma de represalia a Ia unión de Ias dos coronas peninsulares. Ello quedó expreso en Ia intervención de diversas armadas: Francis Drake (1581-15851, conde de Cumberland (15891, John Hawkins, Martin Forbisber, Thomas Howard, Richard Greenville y el conde Essex (15971, que no se limitaban sólo al asalto a Ias embarcaciones peninsulares que regresaban a Europa cargadas de oro, plata, azúcar y especias, sino que también su acción fue extendida a tierra firme, donde intervenian en busca de un abastecimiento de víveres y agua o de1 voluminoso saqueo, como sucedió en 1585 en Santiago y en 1587 en Ia isla de Ias Flores. La presencia de los holandeses en esta disputa se rige por condiciones especificas. Éstos porque poseían importantes intereses en e1 cultivo azucarero americano, procuraban asegurar el dominio de São Tomé, Santiago y demás factorias de1 comercio de esclavos. A eso se juntaba el empeno en Ia manutención de Ias rutas de tráfico y e1 objetivo de destruir los intereses aiucareros de1 área. En 1598 fue el ataque a Santiago y en e1 afio posterior a São Tomé. En e1 último destruyeron todos los ingenios en actividad. Pero más tarde, con Ia ocupación de Bahia y Pernambuco, 10s holandeses volvieron de nuevo a Guinea con Ia pretensión de dominiar las rutas de comercio de esclavos. De aqui resultó c1 paso en 1624 y 1625 de dos armadas hacia Bahia, con e1 objetivo de tomar posiciones, retornando después en 1628 para conquistar Santiago y en 1641 para ocupar Sáo Tomé y Angola. En Ias dos últimas áreas se mantuvieron hasta 1648, momento en que fueron expulsados por 10s portugueses. Ante Ia incesante embestida de los corsarios en el mar y en tierra firme hubo necesidad de definir una estrategia de defensa adecuada.


En el mar se optó por e1 necesario armamento de Ias embarcaciones comerciales y por la creación de una armada de defensa de las naos en tránsito. Ésta se conocerá como Ia armada de las islas, instalada en Ias Azores, y que procedia desde allí a la escolta de Ias naos hasta puerto seguro. En tierra se optó por diseiiar una incipiente linea de defensa de 10s principales puertos, fondeaderos !r bahias, capaz de frenar el posible desembarque de estos intrusos.

El sistema de defensa costera surge en este contexto con una doble finalidad: desmovilizar o cerrar e1 camino a1 invasor y servir de refugio para Ias poblaciones y haberes. Por ello, Ia norma fue Ia construcción de fortalezas después de una amenaza y nunca una acción preventiva, por lo que a cualquier asalto de grandes proporciones sucedia, casi siempre, una campana para fortificar 10s puertos y localidades y organizar Ias milicias y ordenanzas. Es de ello ejemplo el asalto de 10s hugonotes a la ciudad de Funchal en 1566, que provocó de inmediato una reacción en cadena de las autoridades locales y de Ia corona en defensa de1 burgo. En verdad, fue sólo a partir de este asalto cuando se pensó en organizar de forma adecuada e1 sistema defensivo de Ia isla. Primero fue Ia reorganización de Ias rnilicias (15491, vigias (1567) y ordenanzas (15701, después e1 plan para fortificar Ia ciudad de Funchal (1572) a cargo de Mateus Fernandes. Esto se repitió en las demás islas, sin haber conseguido nunca definir una estructura defensiva eficaz. Las islas tuvieron siempre Ias puertas abiertas al exterior, y se vieron sujctas, por eso mismo, a Ia presencia de estos intrusos. La inestabilidad provocada por la permanente amenaza de 10s cor^ sarios a partir de1 último cuarto de siglo xv condicionó e1 diseno de un plano de defensa de1 archipiélago, con base en una linea de fortificación costera y de un servicio de vigias y ordenanzas. Hasta el asalto de 1566 poca o ninguna atención fue dada ;I esta cuestión, quedando Ia isla y sus gentes entregadas a su suerte. I:n términos de defensa, este asalto tuvo e1 mérito de comprometer a Ia corona y a 10s habitantes en Ia definición de un adecuado plano de defcnsa. Desde 1475. con Ias vo-


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Dibujo de Ia isla de Madeira con una perspectiva de Ia ciudad de Funchal y de sus,fortalezas, enviado desde Lisboa el 29 de octubre de 1582 por don Francbs de Alava a Felipe de Espana. Original en e1 Archivo General de Simancas, Espana.


luminosas amenazas de1 corsario, 10s madeirenses solicitaron al senor d e la isla q u e se empenase en Ia defensa d e su isla con Ia construcción d e una fortaleza en Ia villa d e FUnchal. Pero só10 en 1493' d o n Manuel, duque d e Beja y sefior d e la isla, estableció u n estatuto para q u e se hiciese una «cerca y muros» e n la villa, a ejemplo d e lo q u e se habia hecho e n Setúbal. Los madeirenses entendieron esta orden como una opresión, l o q u e Ilevó a1 aplazamiento d e la obra, y sólo en 1513 comenzó a trazarse ese plano bajo la orientación d e João Cáceres, maestro d e obras real en Ia isla. La primera fase fue concluida en 1542 constando d e u n baluarte y u n muro. E1 asalto francés d e 1566 vino a confirmar Ia ineficacia d e estas fortificaciones y a reivindicar una mayor atención por parte d e Ias autoridades. Así sucedió, pues por e1 estatuto d e 1572 ' fue establecido un plano d e defensa ejecutado por Mateus Fernandes, fortificador y maestro d e obras. De aqui resultó e1 refuerzo de1 recinto amurallado d e Ia fortaleza vieja, Ia construcción d e otra junto a Ia picota y una extensión d e muralla entre las dos. Esta situación es testimoniada, u finales de1 siglo m, por Gaspar Frutuoso: Esta ciudad amurallada, de Ia ribera de Nossa Senhora do Calhau, junto a Ia cual está una fortaleza nueva, donde tiene el capitán su morada, donde defiende también la ciiidad que queda fuçra de1 muro, de Ia banda de1 oeste hasta Sáo Lázaro, y, por Ia ribera de Nossa Senhora do Calhau, va e1 muro a 10 largo de media legua por tierra adentro, a lindar con rocas más ásperas, fuertes y defensoras que é1 mismo, que fabricado con cubelas y saetçras, de Ia banda de Ia ribera hay tres puertas, en Ias que están sus vigias y guardias, por Ias cualcs se sirve Ia ciudad, que quçda de Ia banda ijrste de esie muro hacia dentro y hacia fuera, y en el muro dc Ia banda tiene una puerta de servicio, junto a Nossa Senhora do Calhau, y otra, más en medio de ia ciudad, junto a 10s mataderos, y otra. que es Ia más principal, Ia de 10s Varadouros, en frente de Ia calle de 10s Mercaderes. A medi« «tiro de batia» de esta pucrta principal de Ia casa de Ia Aduana, más próspera y con mejores (ifirinas que Ia de Ia ciudad de Lisboa, bien amurallada de canteria y ccrrada por tierra y por mar,

Arquivo liiitóri<o da Madeira, vol. XVI, 1911, doe. n:

169. pp. 284288 (21 de

junio).

' R.

Canta, O Refiento de Fortifica(ão dc di,n Sihasliáo (1572)... Fiinchal, 1984.


l'ortugal y lus Irlu.7 de1 Atlántico

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que está junto a ella y en ella bate mucha~sveces, cuandci alli hay marejada. Luego, desp~irsde Ia Aduana, a un otiro de bestia* está Ia Fortaleza Vieia, quç cs Ia principal, situada sobrr una roca, y tiene por Ia banda dcl mar sçis grandes y hçrmosos cantis de agua, que de ella salen y rn ella nacen, en Ia mima roca sobrr Ia que está fundada, y que de ninguna maneta se puedc tomar ni coger, por Ia banda de tierra, por ningún ençmigo; esta fortaleza tienç, por parte de1 mar. dos cubelos, como torres rnuy fuertes, quç guardan e1 mismo mar y artillería, de los que están bien provistos, !r. por Ia banda de tierra, otros dos, que guardan toda Ia ciudad por encima, por estar más altos que ella, trniendo en dicha parte tambitn un muro rnuy alto y fuerre, con una fortisima puçrta abatible;... I . El plano de defensa de Funchal se cornpletó en e1 período de unión de Ias dos coronas peninsulares con Ia construcción de la fortaleza de Santiago (1614-16211, con e1 consecuente aumento de1 trozo de muraIla costera, y de1 castillo de Sáo Filipe do Pico (1582-1637). E1 espacio insular no podrá considcrarse una fortaleza inexpugnable, pues Ia diseminación de Ias islas, provistas de una extensa orla costera, imposihilitó una iniciativa concertada de defensa. Cualquiera de Ias soluciones que fuese encarada, adernás de ser muy cara, no satisfaria una necesidad política de defensa. Ante esto, esta era siempre pospuesta hasta que surgiesen amenazas capaces de impelir su concentración. En Madeira fue el asalto de 1566. En Ias Azores fue el temor de idéntico asalto 10 que Ilevó a su definición en Ias islas Terceira y Faial. E1 plano de defensa de Ias islas azorianas comenió a ser esbozado a mediados de1 siglo xvr por Bartolomeu Ferraz, como forma de respuesta a1 recrudecimiento de Ia piratería, pero só10 tuvo plena concreción en e1 último cuarto de Ia centuria. Bartolomeu Ferraz presentó a la corona sus conclusiones: Ias islas de Sao Miguel, Terceira, São Jorge, Faial y Pico estaban expuestas a cualquier eventualidad de corsarios o herejes; 10s puertos y villas clãmaban por más adecuadas condiciones de seguridad. Según 61, 10s azorianos precisaban estar preparados para ello, pues «orne percibido meo combatido» '. De ahí resultaria Ia reorganización de1 sistem;i de defensa Ile\~adoa cabo por João i i i y clon Se' S d u i i d r . ~dii

7;,rra, lib. 11, pp. 1 1 0 1 14. Ariil<'u, doi Aqor~s.\o1 V. pp. 364~36iI 1543); <ir., rbzii<,m v01 h'.pp. 121~124.S . d.


La política utlánttcd

Castillo de São João Baptista en Ia isla Terceira. 1986

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bastiào. Fueron ellos los que reformaron e1 sistema de vigilancia y defensa a través de nuevos estatutos. La construcción de1 castillo de São Bras en Ponta Delgada y, pasados veinte aiios, de1 castillo de São Sebastião en Porto de I'ipas (en Angra) y de un baluarte en Horta, he aqui los resultados más evidentes de esta política. Más tarde, con la ocupación castellana de1 archipiélago azoriano, fue muy sentida la necesidad de una imponente fortaleza en Angra, capaz de guardar las riquezas en circulación y ponerlas fuera de1 alcance de Ia codicia de cualquier corsario y de contener 10s ánimos exaltados de los angreses. El inicio de Ia construcción de1 más imponente baluarte de1 espacio atlántico tuvo lugar en 1592. a partir de un plano trazado por João de Vilhena, y sólo quedó concluido en 1643. A ejemplo de1 castillo de São Filipe de Angra, 10s castellanos también construyeron una fortaleza con el mismo nombre en Funchal, además de haber concluido Ia linea defensiva de Ia playa de Funchal con el fuerte de Santiago (1614). En este campo fue incansable Ia iniciativa de Tristão Vaz de Veiga" promovido en 1585 a1 cargo de1 «general y superintendente de Ias cosas de la guerra», cargo idéntico al asumido en Terceira por Juan Urbina, nombrado en 15x3 gobernador de Ias islas y maestre de campo de1 tercio castellano. Peor fue el estado en que permanecieron Ias islas de la costa y golfo de Guinea, pues Ias insistentes acciones de piratas y corsarios no fueron suficientes para impedir a 10s insulares y autoridades avanzar con un adecuado sistema defensivo. Son pocas Ias referencias a Ia defensa de estas islas pero suficientes para atestiguar su precariedad; se reducia a pequenos baluartes, muchas veces sin ninguna utilidad. En São Tomé se erigió Ia primera fortaleza en tiempos de don Sebastiao, en tanto en Santiago Ia villa de Praia só10 mereció tal empeno en el dominio filipino, constru!réndose una muralla y un baluarte con e1 nombre de São Filipe. Esta preocupación defensiva demuestra que e1 ncéano dejó de ser el mure clausum lusocastellano pasando a mar? liberum de todos los europeos, especialmente de 10s holandeses, ingleses y franceses, que se afir-

Y a u d a d r i du T e m . lih. 11, pp. 199-211. ' A. de Freiras Mrnçzes, Or Açores v l>omiriio 1:iiipino i I > X O ~ l 5 9 0 j ,Angra da Hcroísmo. 1987. pp. 171210


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maron con 10s principales agentes de1 nurvo emporio oceánico. En el caso inglés Ia posición hegemónica fue conquistada, en parte, a costa de 10s tratados de amistad celebrados con Portugal (1654, 1661). En e1 siglo XVII 10s mecanismos comerciales estaban cambiando, afirmándose, cada vez más, una tendencia al proteccionismo económico, definida por Ias compatiias comerciales y de legislación restrictiva: 10s holandeses crearon en 1629 Ia Companía de Ias Indias Occidentales; los portugueses en 1649, Ia Compafiia General de Comercio para e1 Brasil; y 10s ingleses en 1660, la Royal (:ompany of England. La política rnonopolista y proteccionismo de 10s ingleses se inició en 1651 con e1 Acta d e Navegación y tuvo continuidad en Ias actas posteriores de 1661 a 1696. En Francia Ia política dcl cardenal Richelieu (1624-16421 habia dado e1 lema para Ia nueva realidad político-comercial. E1 mar que siglos atrás fuera sdlo un privilegio de 10s peninsulares era ahora patrimonio de 10s diversos emporios marítimos europeos. La anterior división política dejó de ser una realidad y dio lugar a Ia era de 10s imperativos económicos.

EI. K ~ L Á N ~ Y. IÙ(f:S~ ISLAS

E N LOS SI<;l.OS X\ I11 Y XiX

Los cambios en e1 dominio político y cconómico operados a lo largo de 10s siglos xviir y XIX no retiraron a Ias islas Ia función primordial de escala y espacio de disputa de1 mar oceano. La frecuencia de embarcaciones se mantuvo, en tanto Ia piratería quedó marcada por una fuerte escalada, entre finales de Ia primera centuria y principios de Ia siguiente. A 10s tradicionales corsarios de Francia, Inglaterra y Holanda vinieron a iuntarse 10s americanos de1 norte v sur. En estas iircunstancias las islas se hallaron de nuevo con Linacoyuntura de inestabilidad, idéntica a Ia surgida en el siglo anterior. Esta fue mala para el comercio y seguridad de Ias poblaciones insulares. Entre 1763 y 183 1 Ias idas de Madeira i: Azores se enfrentaron con Ias amenazas e intervencidn de1 pirata çuropeo (franceses, ingleses y espaboles) y americano, destacando en los ultiinos Ia represalia de los insurgentes argentinos. Ambos archipiélagos iueron blanco de Ia guerra de represalia americana y europea. Por rso los intereses económicos insulares fueron çst»rhados, en los períodos ,\c mayor incidencia.


El corsario europeo incidía preferentemente sobre Ias cmbarcaciones espafiolas y francesas y motivaba una respuesta violenta de Ias partes afectadas, como sucederá con Ia embestida francesa contra los ingleses en 1793, 1797 y 1814. Mas 10s últimos fueron 10s que actuaron con mayor seguridad, pues habían montado un plan de dominio de1 Atlántico, sirviéndose de Funchal como principal puerto de apoyo para sus incursiones. E1 mar azoriano era e1 blanco preferente de los corsarios americanos, por lo que Ia mayoría de sus asaltos tuvieron allí lugar. Las principales víctimas de1 pirata americano fueron 10s portugueses y espanoles. La presencia de 10s corsarios americanos surge como consecuencia de Ia Guerra de Ia Independencia de los Estados Unidos de América de1 Norte (1770-l790), a 10s que se aliaron, a partir de 1816, 10s insurgentes de las colonias castellanas. En tanto en Madeira Ia actividad de1 insurgente es más evidente en Ia década de 10s ochenta de1 siglo XVIII, en Ias Azores se destaca en e1 período de 1814 a 1816, siendo célebre Ia batalla naval de Horta de 1813. Los insurgentes actuaron a partir de 1816, siendo sus embestidas «consecuencia de Ia parte que Portugal había tomado en Ia guerra actualmente existente; traía órdenes de cautivar todos 10s medios que encontrase pertenecientes a aquella nación e igualmente espanoles» '. E1 hecho de que Ia tripulación estuviese compuesta por ingleses y espanoles Ilevó a Ias autoridades portuguesas a considerarlos como piratas y nunca como corsarios. Los mares de Ias Azores se mantuvieron como principal escenario de acción. Para afrontar su embestida se cstablecid Ia patrulla de 10s mares azorianos con dos embarcaciones". En Cabo Verde pasaba algo diferente. siendo la presencia cursaria derivada de Ia reprcsalia francesa, de la que son nutorias Ias dos invasiones de Ia ciudad de Praia (1712 y 1781) y una de Sáo Antáo (1712) y Brava (1798). La permanente amenaza de 10s corsarios redobló e1 interés eii las obras d e defensa que dieron como resultado varias campanas, entre finales de1 siglo XVIII y principios de1 siguiente. La incidencia íue mayor s en Ias idas de Madeira, Sáo Miguel y Terceira, Ias más f ~ i s t i ~ a d apor Ia presencia y acción de 10s corsarios. Arqiiivu Histórico Ultrarnnrino. /Ijor<,s. iiiaco 6 9 " Ibidrm, ini(-ii 79.


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en que se encontraban o por no ser adecuadas a 10s fines a que estaban avocadas. Ejemplo de ello es Ia isla de Sáo Jorge, donde apenas dos baluartes estaban en estado conveniente I ' ; aunque es necesario decir que Ias campaiias de Ia ingeniería militar en este período sólo se encaminaron a verificar e1 hecho, siendo pocas o nulas Ias medidas de valorización de1 parque defensivo costero. En verdad, la línea de defensa disponible asumia poca utilidad en una época en que toda Ia acción de 10s corsarios se desarrollaba en e1 mar.

Tal como tuvimos oportunidad de afirmar, Ia definición de 10s espacios políticos se hizo, primero, de acuerdo con los paralelos y, después, de acuerdo con e1 avance de 10s descubrimientos hacia occidente en el sentido de 10s nieridianos. La expresión real resultaba só10 de Ia coyuntura favorable y de acatamiento por los demás estados europeos. Peso el océano y tierras circundantes podían todavia ser subdivididos en nuevos espacios de acuerdo con su protagonismo económico. De un lado Ias islas orientalcs y occidentales, de1 otro el litorial de los continentes americano y africano. La divisi~inno resultó de un pacto negociado, pero si de Ia confluencia de Ias reales potencialidades económicas de cada una de Ias áreas en estudio. En este contexto asumieron particular importancia las condiciones internas y externas de cada área. Las primeras fueron resultado de los aspectos geoclimáticos, en tanto Ias últimas derivan de 10s vectores definidos por Ia economia europea. A partir de Ia mayor o menor intervencitin de ambas situaciones estaremos ante espacios agrícolas, avocados a Ia producción de excedentes capaces de asegurar Ia subsistencia de 10s que habían salido y de 10s que quedaron en Europa, de productos adecuados a un activo sistema de cambios internacionales, que mantenía una fuerte vinculaciún de1 virjo a1 Nuevo Mundo. E1 azúcar y e1 pastel fuei-on 10s principales productos definidores de Ia última coyuntura. De acuerdo con cso podemos definir múltiples y variados espacios agromercantiles: ireas agrícolas orientadas a los carnbios con el exterior


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y a asegurar Ia subsistencia de 10s residentes; áreas de intensa actividad comercial destinadas a Ia prestación de servicios de apoyo, como escalas o mercados de cambio. En e1 primer caso se incluyen Ias islas orientales y occidentales y Ia franja costera de America de1 Sur, conocida como Brasil. En e1 segundo merecen refercncia Ias islas que, merced a Ia posición riberefia de Ia costa (Santiago y Sao Tomé), o de Ia posición estratégica en e1 trazado de Ias rutas oceánicas (como sucede con Ias Canarias, Santa Helena y Azores), hicieroii depender el proceso económico de ello. La estrategia de dominio y valori~acióiieconómica de1 Atlántico pasaba necesariamente por 10s pequenos cspacios que salpicaban e1 océano. Fue en los archipiélagos (Canarias y Madeira) donde se inició Ia expansión atlántica y fue en ellos donde Europa asentó toda Ia estrategia de desenvoltura económica en curso en 10s siglos xv y xxvi. Nadie mrjor que los portugueses entendi6 esta realidad, y, por eso mismo, establecieron para el emporio lusitano un carácter anfibio. Islas desiertas u ocupadas, bien o mal colocadas para Ia navegación, fueron 10s verdaderos pilares de1 emporio portugués en el Atlántico. Tal vez, por eso mismo, Frédéric Mauro había afirmado tan perentoriamente: «iles saus donte, mais iles aussi importants que des continents» ''. Opinión idéntica ya habían manifestado Fcrnand Braudel y Pierre Chaunu, siendo secundados por Charles Vcrlinden y Vitorino Magalháes Godinho. Fue precisamente Fernand Braudel quien por primera vez se apercibió de esta realidad, atribuyendo a 10s archipiélagos de Madeira, Azores y Canarias e1 nombre de Mediterrani~oAtlintico, esto es lafinisterra de Ia economia mediterránea y e1 principio de Ia nueva economia atlántica. Entre tanto, Pierre Chaunu anotó çsta realidad y Ia comparó con aquello a lo que é1 Ilamó hledzterrano Amerzcanu (Antillas). Desde entonces quedaron establecidas dos áreas para el rosatio de islas atlánticas. Ante esto, el abordaje y conocimient» de Ias sociedades insulares es uno de los dominios de Ia pesquisa histórica más solicitado en Ias últimas décadas, como 10 demuestra la vasta producción bibliográfica. Los autores arriba citados ejercieron iin papel decisivo en Ia afirmación historiográfic;~de este espacio a1 prrmitir Ia inserción en el ámbito más vasto de Ia vivencia atlántica, valorizando Ia interrelación con e1 litoral africano, americano y riiropeo. ' Dei

i'niduili c / der tiommes. Pctrlc, 11)7 p.. > i


E1 Atlántico surge, a partir de1 siglo xv, como el principal espacio de circulación de los veleros, por lo que se defini6 un intrincado enlace de rutas de navegación y comercio que ligaban el viejo continente con Ias costas africana y americana y las islas. Esta multiplicidad de rutas resultó de1 complemento económico de Ias áreas insulares y continentales y surge como consecuencia de Ias formas de aprovechamiento económico allí adoptadas Pero a eso deberán juntarse Ias condiciones geofísicas de1 océano, derivadas de las corrientes y vientos que delinearon e1 trazado de Ias rutas 1, los rumbos de 10s viajes. En este contexto Ia más importante y duradera de todas Ias rutas fue sin duda aquella que ligaba Ias Indias (occidentales y orientales) a1 viejo continente. Ésta galvanizó el empeno de los monarcas, poblaciones riberefias y, por encima de todo, los piratas y corsarios, siendo expresada por múltiples escalas apoyadas en Ias islas que salpicaban las costas nccidentales y orientales de1 mar: primero Ias Canarias y Madeira, después Cabo Verde, Santa Helena y Ias Azores. En los tres archipiélagos, definidos como Mediterráneo Atlántico, Ia intervención en Ias grandes rutas se hace a partir de algunas islas, siendo de destacar Madeira, Gran Canaria, La Palma, La Gemera, Tenerife, Lanzarote y Hierro, Santiago, Flores y Corvo, Terceira y Sáo Miguel. Para cada archipiélago se fijó una isla, servida por un huen puerto de mar, como el principal eje de actividad. Cn cl mundo insular portugués, por ejcrnplo, se evidenciaron, dç form;~divcrsa, Ias islas de Madeira, Santiago y Terceira como los principalcs ejes. Las rutas portuguesa y castellana presentaban un trazado difercnte. En tanto Ias prirncras se distanciahan de Iishoa Ias castellanas partían


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de Sevilla con destino a Ias Antillas, teniendo como puntos importantes de su radio de acción 10s archipiélagos de Ias Canarias y Azores. Ambos centros de apoyo se presentaban bajo soberania distinta: e1 primero era castellano desde e1 siglo xv, en tanto e1 segundo, portugués, lo que no facilitb mucho el imprescindible apoyo. Pero por un lapso de tiempo (1585-1642) e1 territorio entró en Ia esfera de dominio castellano, sin que ello significara mayor seguridad para Ias armadas. Pero en este período se intensificaron las operaciones de represalia de franceses, ingleses y holandeses. Las expediciones (tuvimos r n 1581 Ias de don Pedro Valdés y don Lope Cruz, en 1582 y 1583) organizadas por Ia corona espanola en Ia década de los ochenta con destino a Terceira tenian una doble misión: defender y escoltar Ias armadas de Ias Indias hasta puerto seguro, en Lisboa o Sevilla, y ocupar Ia isla con e1 fin de instalar una base de apoyo y defensa de Ias mtas oceanicas. La escala azoriana se justificaba más por necesidad de protección de las armadas que por necesidad de reabastecimiento o reparo de Ias embarcaciones. Era a Ia entrada de 10s mares azorianos junto a la isla de Ias Flores, donde se reunian 10s navios de Ias armadas y se procedia a Ia escolta hasta puerto seguro de Ia península, desviándolos de Ia codicia de los corsarios, que infestaban los mares. La necesidad de garantizar coo eficacia tal apoyo y defensa de las armadas Ilevó a la corona portuguesa a crear, en fecha anterior a 1527, la Proveeduría de Ias Armadas, con sede en Ia ciudad de Angra l . Desde e1 inicio, Ia seguridad de Ias flotas fue una de Ias más evidentes preocupaciones para Ia navegación atlántica, por lo que ambas coronas peninsulares delinearon, por separado, su plan de defensa y apoyo a 10s navios. En Portugal tuvimos, primero, e1 regimiento para Ias naos de Ia India en las Azores, promulgado en 1520, en que fueron establecidas normas para impedir que Ias mercancias cayesen en manos de Ia codicia de1 contrabando y de1 corsario. Pronto fue reconocida Ia insuficiencia de estas iniciativas, optándose por una estructura institucional, con sede en Angra, capaz de coordinar todas Ias tareas. E1 nombramiento en 1527 de Pero Anes do Canto como Proveedor de Ias Armadas de Ia India, Brasil y Guinea, marca

' Vémc nuestro cs~udiosohre Comrircio lnvrin,uiar nor ihuior xiJ v 1987, pp. 1 7 ~ 2 4 .

XVI,

Funchal,


Las escalas del oréano Ias >das

127

e1 inicio de1 viraje. A1 proveedor competia Ia superintendencia de toda la defensa, abastecimiento y apoyo a las embarcaciones en escala o de paso por los mares azorianos. Además, estaba bajo sus órdenes la armada de las islas, creada expresamente para escoltar, desde las Flores hasta Lisboa todas aquéllas provenientes de1 Brasil, India y Mina. En el período de 1536 a 1556 hay noticia de1 envio de por lo menos doce armadas con esta misión. Después se procuró garantizar en 10s puertos costeros de1 archipiélago un fondeadero seguro, constrnyéndose las fortificaciones necesarias. En 1543 Bartolomeu Ferraz trazó un plan de defensa extensible a todo e1 archipiélago con tal objetivo. Los motivos son claros: «porque Ias islas de Terceira importaron mucho, por lo que por si valen como por ser refugio y socorro principal de Ias naos de Ia India, y porque 10s franceses son tan atrevidos que sea justo « injusto toman todo lo que pneden» '. Era esta estructura de apoyo lo que faltaba a 10s castellanos en este área considerada crucial para la navegación atlántica y lo que 10s llevó, muchas veces, a solicitar e1 apoyo de las autoridades azorianas. Pero la ineficacia o Ia necesidad de una guardia y defensa más activa les obligó a reorganizar e1 sistema, creando el sistema de flotas. Desde 1521 las flotas pasaron a gozar de una nueva estructura organizativa y defensiva. AI comienzo fue e1 primer sistema de flotas anuales armadas o escoltadas por una armada. Después, a partir de 1555, e1 establecimiento de dos flotas para e1 tráfico americano: Nueua Espana y Tierra Firme. El activo protagonismo de1 archipiélago azoriano y, en especial, de Ia isla Terceira es referido con cierta frecuencia por derroteros y marineros que nos dieron cuenta de los viajes o 10s literatos azorianos que presenciaron Ia realidad. Todos hablan de Ia importancia de1 puerto de Angra, que, a decir de Gaspar Frutuoso, era «Ia escala de1 mar poniente». Entre tanto, Pompeo Arditi habia ya reafirmado en 1567 la importancia de la tierra de Terceira para la navegación pareciéndole «que Dios pone milagrosamente la isla en medio de tan grande océano para salvación de 10s míseros navegantes, que muchas veces Ilegan sin mástiles ni velas, o sin mantenirnientos y se abastece0 de todo»'. Luis Maldonado

'

Arquivo dor A~ore.7,V, pp. 364-367. «Viagens. . » en B o l h do Inuituto iIUtOrii<, dc Ilho Tmeiru VI, 196.8, p. 179


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Portugal y las islas de1 Atlรกntico


Las escalas de1 océano: lils 1.r1u.r

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valora la importancia de esta función de1 puerto de Angra en Ia vida de la población de Terceira: Era Ia isla Terceira de este tiempo Ia tierrii rnis próspera en riquezas y abundancias que más caras puedan ser; porque como ti~dos10s anos fuese solicitada por Ias flotas de Ias Indias de Castilla, y naos de1 Oriente, y además de todos los navios que venían de Ias conquistas de1 Brasil y Guinea, a Ia cual se venian todos a reforiar, y en ella encontraban abundancia y dentro de Ias veinticuatro horas tomaban todo lo que necesitaban; nadaba verdaderarnenie Ia isla en rios de plata y oro. Apenas Ilçgaba cualquiera de estas fl~itaso armadas, cuando inmediatamente concurrían a Ia ribera de1 puerto de Angra Ias gentes de toda Ia isla, unos con Ia caza, otros con Ias aves, otros con Ias f m ~ tas, otros con cl ganado, otrcis con panos dc hilo ... '. La participación de1 archipiélagn madcirense en las grandes rutas oceánicas fue esporádica, justificándose Ia ausencia por su posición marginal en su trazado ideal. Pero la isla no quedó ajena a Ia ruta atlántica, evidenciándose en algunos momentos como una escala importante para 10s viajes portugueses con destino a1 Brasil, golfo de Guinea e India. Numerosas veces Ia escala madeirense fue justificada más por Ia necesidad de abastecer a Ias embarcaciones de vino para consumo a bordo que por falta de agua o víveres frescos. No sc olvide que e1 vino era un elemento fundamental de la dieta de a bordo, siendo preferido por sus cualidades en Ia lucha contra e1 escorhuto. Además, este vino tenía Ia garantia de no deteriorarse con c1 calor de 10s trópicos, antes al contrario, ganaba propiedades gustativas. Motivo idéntico prndujn Ia asidua presencia de los ingleses, a partir de finalcs de1 siglo xvi. La proximidad de Madeira en relación a los puertos de1 litoral peninsular, asociada a Ias condiciones de los vientos y corrientes marítimas, fue e1 principal obstáculo a Ia valnrización de Ia isla en e1 contexto de ias navegaciones atlánticas. Las Canarias, por mejor posición y constituidas por siete islas en latitudes diferentes. estaban en condiciones de ofrecer e1 adecuado servicio de apoyo. Todavia Ia situación confusa que allí se vivió, resultado de Ia disputa por su posesión por Ias dos coronas peninsulares y Ia lenta pacificación de Ia pohl;ición indígena. hicieron

a

kenru . 4 q r < ~ n ~vol c I, Angra, 1989, p 2 h ;


que Madeira surgiese en e1 siglo x\- com11 uno de 10s principales ejes de1 dominio y navegación portugueses en e1 htlántico. Tal como nos refiere Zurara, Ia isla fue desde 1445 el principal puerto d r escala para Ias navegacioiiçi a lo largo de Ia costa africana. Pero el mayor conocimiento de los marei, 10s avances tecnológicos y náuticos retiraron a Funchal esta pusición de bisagra r n Ias navegaciones atlánticas, siendo sustituida por los purrtos de Ias Canarias o Cabo Verde. Así, a partir de principias de1 siglo svi, Madeira resultará un punto de referencia para Ia navegación atlintica, una escala ocasional para reparación y aprovisionamiento de vino Sólo e1 resurgir económico dc Ia isla conseguirá atraer Ias atencioiics dc Ias armadas, navegantes aventureros. D e este modo se puede concluir que Ias islas situadas a ias pucrtas de entrada y salida protagonizaron un papel importante en Ias rutas atlánticas. Pero para surcar largas distancias rumbo a Brasil, a Ia costa africana o al indico, era necesario disponer cie más puertos de escala, pues el viaje era largo y difícil. Las áreas comerciales de Ia costa de (;uiriea y, después, con el pasaje de1 cabo de Rurna Esperanza, las indicas hicieron indispensable la existencia de escalas intermedias. I'rimero Arguim, que sirvió de factoria y escala pata Ia zona de Ia costa de (iuinea, despuGs, con Ia revelación de Cabo Verde, fue la isla de Santiago la que se afirmó como principal escala de Ia ruta de ida para 10s portugueses y podia niuy bien sustituir a Ias Canarias o Madeira, lo que realmente aconteció. Algunas islas m;is fueron reveladas y tuvieron un lugar prominente en el trazado de Ias rutas. Es el caso de Sào Tomé para cl área de navegación de1 golfci de Guinea y de Santa Ilelena para Ias carabelas de Ia ruta de1 Cabo. También Ia fuerte ~->r»yeccionde los archipiélagos de São 'í'omé Cabo Verde sobre los espacios vecinos de Ia costa africana Ilevó a Ia cororia a crear dos factoria5 (Santiago y Sio Tomé) con objeto de contl-olar, a partir dc ahí, todas Ias transaccioncs comerciales de Ia costa africana. D e esta forma, cn el Atlántico siir Ias principales escalas de Ias rutas de1 indico arribabati cn 10s puertos de Ias islas de Santiago, Santa IIelena y Ascensióti. Aili 121s armadas se reabastecían de agua, lena, vituallas o procedían a ligeras reparaciones. Además, se revela, incluso. Ia de Santa Helena com<)escala de reagrupamiento de Ias flotas venidas de Ia India después de iiuhlar cl cabo: misión idéntica a Ia de Ias Azores cn cl final de Ia travesia oceinica.


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Portugal y las is1a.c de1 Atlántico

trema vulnerabilidad de estos puertos, evidente en Ias numerosas embestidas inglesas y holandesas en Ia primera mitad de1 siglo mr. Para e1 siglo xu< estaba reservado un total cambio en el sistema de rutas de1 Atlántico. Los progresos en Ia desenvoltura de Ia máquina a vapor hicieron que se elaborase un nuevu plano de puertos de escala, capaces de servir d e apoyo a la navegación como abastecedores d e productos de cambio y de1 carbón para el funcionamiento de Ias máquinas. En las Azores el puerto de Angra cedi6 e1 lugar a 10s de Horta y Ponta Delgada, en tanto en Cabo Verde Ia isla de Santiago fue sustituida por Ia de São Vicente, lugar que disputaba con Ias Canarias. Entre tanto Funchal se vio rcforzada por Ia doble oferta como puerto carbonero y de iino dela ida, lo que atrajo numerosas cmbarcaciones inglesas y americanas. Junto a eso Ia posición privilegiada de que los ingleses gozaban en la isla Ilevó a que se sirviesen de1 puerto de Funchal como base para Ias actividades dc piratería contra franceses y castellanos.


La definición de los espacios econórnicos no resultó solarnente de los intereses políticos y económicos derivados de Ia coyuntura expansionista europea sino también de Ias condicionçs internas ofrecidas por e1 medio, que se vuclven por demás evidentes cuando a t a m o s ante un conjunto de islas dispersas en e1 océano. l'al como nos refiere Carlos Albcrto Medeiros: son fundamentalmente condicionçs fisicas ias que están r n ia hasc de1 arrrglr> dcl paisajç: Ias climáticas, q u c primitçn coniprendrr Ias d i f e rencias çntrç çllas y Ias morfológicai, quc denirci de Ia coyuntur;i climática dc cada u n o , asumen el papçl i~se~icisl .

En conjunto estamos ante islas con el m i m o origen geológico, sin ningún vestigio de ocupación humana, pero con diferencias marcadas a nivel climático. Las Azores se presentab;rn como una zona tçmplada, Madeira como una réplica mediterránea, i n t;into en 10s dos archipiélagos rneridionalçs eran rnanifiestas Ias influe~iciasde Ia posición geo-

' «Acerca da ocupação h u m a n a das ilhas puriiipucws '10 Atlâliticii» en Finisierru. Reuiito Portuguesa dr Grqryiia. vol. IV. n.' i . Lisbo.~.1969, pp. 144~145.Sobre los as^ pecios groclimáticos veansc 10s siguientes cstudios: 1. do hmnral, Srintiago de Ceho I.'er~ de. A Terra e oi llomt.nr Lisboa, 1964; R. Surim de Hrit,,. A ilha de Sio ihliyurl, Esiiiudo gtuyrificti, Lisboa, 1952; J hlçdeirus <:onstancia. hai~lii<io ,lu pariayrm hunionizuda da ilho dr Süo Migui.1, (:nirnhr;i, 1963~1964;Antonio Hriirii Fiirreira, A Ilhu do Gr<iciosa,L i s ~ boa, 1968; C. Mcdriror, rl !lhe do Cunir,, Lisboa, 196i 0 Ribeiro, L'ilr di. Mod?i"re Étude ~ é o ~ r < i f i q uLishoa, i ~ < ~ . 1949; idem, A ilha do "irli i, n Liia., erupçrirr Lishoa, 1954; F. Tcnrriro. A ilhii dc Si<,'Iijtrié Estudo gc<iyrá/i<o. I.ishti%i. 1961.


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Portugal y [as 1:rlu.r úd Atlantico

gráfica, que estahlecia un clima tropical scco o ecuatorial. De aqui rcsultó Ia diversidad de formas de valorización económica y social. Para los primeros europeos que alli se establecieron Madeira y Ias Azores ofrecían mejores requisitos, por Ias semejanzas de clima con Portugal, que Cabo Verde o São Tomé. En estos dos últimos archipiélagos fueron numerosas Ias dificultades de adaptación de1 hombre y de Ias culturas europeo-mediterráneas. Alli el curopeo cedió lugar al africano y Ias culturas mediterráneas de subsistencia fueron sustituidas por Ias de Ia vecina costa africana. Por fin. es necesario tener en cuenta Ias condiciones morfológicas que establecen Ias especificidades de cada isla y vuelven posible Ia delimitación de1 espacio y su forma de aprovechamiento económico. Aqui e1 recorte y relieve costero fueron importantes. La posibilidad de acceso al exterior a través de buenos fondeaderos era un factor importante. Es a partir de aqui cuando se vuelve comprensible Ia situación de Madeira, definida por Ia excesiva irnportancia de Ia vertiente sur en detrimento de Ia de1 norte. Y en Ias islas de1 golfo de Guinea el hecho de que Fernando Póo fuera eliminada en favor de Sã« Tomé. De un modo general estábamos ante c1 pleno dominiu dcl litoral como área privilegiada de establecimiento, aunque, algunas veces, no lo fuese en términos eco nó^ micos. En Ias islas en Ias que Ias condiciones orográficas propiciaban una fácil penetración en el interior, como sucedió en Sao Miguel, Terceira, Graciosa, Porto Santo, Santiago y Sáo Tomé, Ia presencia humana se extendió hasta allí y generó los espacios de barbecho. Para Ias demás la omnipresencia de1 litorial es evidente y domina toda la vida de 10s insulares, siendo allí e1 mar Ia via privilegiada. Los ejemplos de Madeira y São Jorge son paradigmáticos. D e acuerdo con Ias condicioncs geoclimáticas es posible definir Ia mancha de ocupación humana y agricola de Ias islas. Esto condujo a una variedad de funciones económicas, a veces complementarias. De este modo, en los archipiélagos constituidos por mayor número de islas y articulaciones de 10s vectores de Ia subsistencia con los de Ia economía de mercado fue más armoniosa y no causó grandes dificultades. Las Azores se presentaban como Ia exprcsión mis perfecta de Ia realidad, en tanto Madeira era e1 reverso de Ia moneda. El proceso de colonización de Ias islas, ya antes abordado, les definió una vocación de áreas económicas succdáneas de1 mercado y espacio mediterráneos. Así, 10 que sucrdió en los siglos x\' y xw fue Ia


14 economia z~~.sular

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lenta afirmación de1 nucvo espacio, teniendo ci>mopunto de referencia las islas. La mudanza de centros de influencia fue responsable de que los archipiélagos atlánticos asumiesen una función importante. A todo eso podrá unirse Ia constante presencia de gentes riberenas de1 Mediterráneo interesadas en establecer 10s productos y el necesario soporte financiero. La constante presencia de1 Mediterrineo en 10s inicios de la expansión atlántica podrá ser la causa de1 dominio mercantil de Ias nuevas experiencias de barbecho aaui emorendidas. Ciertamente, 10s pueblos peninsulares y mediterráneos, a1 comprometerse con el proceso atlántico, n« dejaron de Iado la tradición agrícola y los incentivos comerciales de 10s mercados de origen. Por eso, en e1 equipaje de 10s primeros labradores insulares fueron imprescindibles Ias cepas, rizornas, algunos granos de precioso cereal, mezclados con aperos y herramientas. La afirmación cie las áreas atlánticas resultó de este trasplante material y humano y de que 10s peninsulares fueron 10s principales obreros. Este proceso fue la primera experieiicia de ajuste de barbechos a las directrices dc Ia tnueva economia de niercado. La apuesta preferente fue por una agricultura capaz de suplir Ias faltas de1 viejo continente, bien 10s cereales. hirn el pastel y azúcar, que se beneficiaron de Ias novedades propiciadas por el medio. Aqui estamos recordando Cabo Verde y São Tomé, donde la frustración de un cultivo de subsistencia europeo no fue ficilmente compensado con la oferta de 10s producti>s africanos a travks de1 rnaiz zaburro c ifiames. En Cabo Verde pronto se reconoció Ia irnposibilidad de1 rentable cultivo de 10s caíiaverales. Pero tardó en valorarse e1 algodón como producto sustitutivo, tal era Ia obsesión por i I azúcar. La sociedad y economia insulares surgen en Ia confluencia de los vectores extremos con las condiciones internas de1 multifacético mundo insular. Su definición no fue simultánea ni obedeci6 a 10s misnios princ i p i o ~organizativos por el hecho de ser Ia misma resultado de Ia división por Ias coronas peninsulares y sefiorios islenos. Por otro lado. Ia economia insular es resultado de Ia presenci;~de varios factores que intervienen directamente en la producción y comercio. No basta disponer de un suelo fértil o de un producto de permanente búsqueda, pues a eso deberán tambicn zisociarse los meciios pro-


Portugal y lar zslas de1 Atlúntzco

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piciadores de Ia filtración y existencia de técnicas y medios de cambio adecuados a1 nivel mercantil alcanzado por los circuitos comerciales. De este modo, para conocer 10s aspectos pruductivos y de cambio de Ias economias insulares se vuelve necesaria una breve referencia a 10s factores que están en su origen. En cuanto a1 sector productivo deberá tenerse en cuenta Ia importancia asumida, por un lado, por Ias condiciones gcofisicas y, por otro, por Ia política distributiva de los ciiltivns. Es por Ia conjunción de ambas por lo que se establece Ia necesaria jerarquia. LGSsuelos más ricos eran reservados para e1 cultivo de mayor rentabilidad económica (e1 trigo, la cana de azúcar, e1 pastel), en tanto 10s medianos quedaban para los productos hortícolas y fruticolas, quedando los más pobres como pasto y área de apoyo a 10s dos primeros. A esta jerarquia definida por Ias condiciones de1 suelo y persistencia de1 mercado podemos afiadir para Madeira otra de acuerdo con Ia geografia de Ia isla y 10s microclimas que Ia misma genera. La explicación fue dada por Orlando Ribero' pudiendo e1 Iector apercibirse de eso en el siglo xvr, a partir de Ia lectura dc la obra de Gaspar Frutuoso. La realidad en cuestión es específica de Madeira y só10 encuentra algo parecido en Ia isla de São Tomé '. Para que todo esto tuviese lugar de forma ordenada hubo necesidad, por parte de1 senorio y de la corona, de definir normas para el aprovcchamiento de los recursos agrícolas de 10s nuevos espacios. De ahi resultaron numerosas medidas reglamentadoras de las actividades productivas. Esta política se esboza ya con la entrega de tierras, donde se establecen, rnuchas veces, ios ptoductos más adecuados para su cultivo. En Madeira en 1492 se apuntaba hacia Ia preservación de los trigales, pero en 1508 Ia prioridad estaba en los canaverales. Lo rnismo sucedia en las Azores, donde en São Miguel se estableció en 1532 una división equitativa de1 suelo cn campos de trigo y tierras de pastel. No se agotaba aqui la iniciativa de las autoridades en el ciclo productivo, ya que la fase de transformación de 10s productos era otro aspecto que atraia su interés. Todo esto, es proporcional a1 volumen y especialización de Ias tareas. Así çn e1 caso de1 azúcar, cuyo proceso era '

A ,lho dc Mlidcrra

pp. 37-43

v 56~59.

<ir!

meado, do iiii<lii ix. Lisbua. 1985 ( I . ' cdición cn 19491,

F. Tenrriro, .lilha de Süo Y i m P Lishtiu. 1'469, p ~ >49-54. .


Lu economia in.~ulur

137

lento, había un apretado control y reglamentos para Ias tareas, por medio de estatutos y ordenanzas específicos. Mayor y más evidente era Ia actuación a nivel de1 sector comercial. En este caso Ias autoridades intervenían con c1 doble objetivo de asegurar, por un lado, el comercio monopolista cie Ia burguesia nacional y, por otro, Ia normalización de 10s circuitos. AI mismo tiempo, deherán mencionarse Ias ordenanzas municipales que defienden, única y exclusivamente, intereses de los conciudadanos; esto es, garantizar e1 ahastecimiento de1 mercado local de productos esenciales. Las ordcnanzas, de Ias que se conocen Ias de Funchal, Angra, Ponta Delgada, Ribeira Grande, Velas, Vila Franca d o Campo, son de ell« testimonio, como tendremos oportunidad de comprobar '. Las Canarias, por Ia riqueza de 10s recursos humanos y naturales, destacan en e1 siglo xv como e1 primer hlanco. Pero Ia conquista y ocupación fueron retardadas por Ia disputa clitrc- Ias dos coronas peninsulares y e1 enfrentamiento de los guanclies. De este modo, Madeira asumió una posición cumhre en el proccso, una vez frustradas Ias i n i ~ ciativas en Porto Santo. El archipiélago azoriano y Ias demás islas en e1 área de Guinea tuvieron su desarrollo en una época tardia, impidiendolo varios factores de orden interno a 10s que no son ajenas Ias condiciones mcsológicas. E1 clima y el suelo áridos, por un lado, seísmos y volcunes, por e1 otro, eran un cartel poco alentador para los primeros pohladores. En ambos casos e1 comienzo de1 cultivo de Ia cana de azúcar estiivo ligado a los madeirenses. Ellos habian recibido Ias t6cnic;is de los italianos pero pronto se aprestaron a difundidas en tndo cl cspacio atlántico. Madeira, que se encontraba a poco más d r medio siglo de cxistencia como sociedad insular, estaba en condiciones de ofrecer los contingentes de colonos habilitados para Ia apertura dc nuevos harhechos y e1 lanzamiento de nuevos cultivos en Ias islas v ticrras vecinas. Así sucedió con e1 trasplante de cana de azúcar a Santa Maria, São Miguel, Terceira, Gran Canaria, Tenerife, Santixgo, São Tomé y Brasil. La tendencia unificadora de Ia economía agrícola de1 espacio insular chocó con varios ohstáculos que, dcspu&s, conclujeron a un reajustc de Ia política económica la definición dç Ia complementariedad entre a

1%.

Vieiro, «As postura\ municipais <ia içl;iili.i!;i i .\çori.r iius si.coliis w a xvii» i Arrjrc., i, o Al/Ün/i<ii, .\ngi-;i <i<>HÇI-oisriii~. 1<189.

vri 111 Col<iyuLo Ir,li~riiii<ion<il0


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10s mismos archipiélagos o islas. En estas circunstancias Ias islas consiguieron crear en su seno 10s medios necesarios para solucionar 10s problemas cotidianos b a s a d o s casi siempre en asegurar 10s componentes de Ia dieta alimenticia- para Ia afirmacien en 10s mercados europeo y atlántico. Así sucedió con 10s cereales, que, producidos sólo en algunas islas, fueron suficientes, en condiciones normales, para satisfacer Ias necesidades de la dieta insular, sobrando un gran excedente para suplir Ias carencias de1 reino. Uno de 10s objetivos iniciales que orientó Ia colonización de Madeira fue la posibilidad de acceso a una iiueva área productora de cereales, capaz de suplir las carencias de1 reino, las plazas africanas y factorías de Ia costa de Guinea. Esta ultima situación era definida por lo que fue conocido como e1 «saco dc Guines». Entretanto, 10s intereses en torno a1 cultivo azucarero se recriidecerán y e1 intrrés en e1 cultivo era obvio. Este cambio sólo se hizu pusiblc cuando se encontró un mercado sustitutorio. Así sucedió con Ias hzores, que, a partir de Ia segunda mitad de1 siglo XVI, pasaron a asumir e1 lugar de Madeira. El cereal fuc el producto que condujo a una unión armoniosa de Los espacios insulares, no sucediendo los rnismo con e1 azúcar, e1 pastel o e1 vino, que fueron responsables de1 enfrentamiento y de una crítica desarticulación de 10s mecanismos económicas. Junto a esto, todos 10s productos fueron e1 soporte, más que evidente, de1 poderoso dominio europeo en Ia economia insular. Priniero e1 azúcar, despiiés e1 pastel y c1 vino, ejercieron una acción devastadora en e1 equilibrio latente en Ia economia de Ias islas. La incesante búsqueda y rentable ncgocio condujeron a Ia plena afirmacibn, casi exclusiva, de estos productos, generadora de dependencia de1 mercado externo. Este, más allá de ser e1 consumidor exclusivo de estos cultivos, aparece como e1 principal abasteccdor de 10s productos e instrumentos de que 10s insulares carecen. Ante esto, cualquier eventualidad que pusiese en duda e1 sector ~roductivoera e1 preludio de1 estancamiento de1 comercio y e1 anuticiu evidente de dificultades, que desembocaban casi siempre en c1 hambre. Basándose en esto Fernand Braudel ciefcndió para Ias islas de Madeira y Azores el régimen prodiictivo has;~doen el monocultivo'. Pero


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lo que sucedia en Ias islas era mucho más complejo. La heterogeneidad de espacios no era propiciatoria de ello. De este modo, Ias reacciones no tardaron en aparecer por parte de investigadores más atentos y conocedores de estas islas. E1 primero en rebatir la idea fue Orlando Ribeiro',, siendo secundado por F. Mauro y Vitorino Magalhaes Godinho. Este último definió Ia economia insular como un régimen de productos dominantes y nunca de monocultivo. En verdad fue eso lo que sucedió en cualquiera de los dos archipiélagos de1 Mediterráneo Atlántico, exccptuándose Ias islas de los archipiélagos de Cabo Verde y São Tomé, dondc Ia situación fue diversa. En Madeira y en Ias Azores esta tendencia fue frenada por múltiples factores: en c1 sector productivo Ia diversidad de1 suelo y el clima condicionó un verdadero mosaico de cultivos, de los que el texto de Gaspar Frutuoso es testimonio. En los contactos con el exterior, a pesar de Ia ausencia de registros aduaneros, Ia situación es también diferente, siendo corroborada Dor 10s diversos visitantes La estructura de1 sector productivo de cada isla se molde6 de acuerdo con esto, pudiéndose definir en componçntes de dieta alimenticia (cereales, vid, hortalizas, frutos, ganado) ! de cambio comercial (pastel, azúcar y algodón). En consonancia con Ia iictividad agrícola, se verificó Ia valoración de los recursos disponihles por cada isla, quc integraban Ia dieta alimenticia (pesca y siivicuitura~o 10s canihios comerciales (orchilla, zumaque, maderasi. Es esto lo q ~ i cnos proponemos tratar a continuación.

LOS <:OMI'ONIN.I'LS

01. 11 .4 DIETA Al,lhli7N~I'I(I,\

La presencia en Ias islas de un grupo de colonos, oriundos dc un área en que el componente fundamental de Ia alimentación eran 10s cereales, definió para ellos una función primordial en la apertura de los frentes de barhecho. En e1 comienzo todo tue moldeado a imagen y semejanza de1 rincón de origen, por ello. dondr eso se volvia difícil era I 10s trigales. los casi imposible reclutar e instalar gentes. A ~ aparecieron


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I'ortugal y las zslas de/ Atlúntzco

vinedos, Ias huertas y 10s frutales dominados por Ia casa de paja y, más tarde, por lujosas viviendas senoriales. A partir de1 siglo xm el Atlántico fue invadido por nuevos cultivos de 10s espacios recién conocidos, que pasaron a formar parte de Ia dieta alimenticia de Ias poblaciones: primero el maíz, después el name y Ia patata. Pero su presencia en Ia agricultura insular varió de archipiélago en archipiélago. E1 maiz Ilegó pronto a Ias ilzores y São Torné, cn tanto en Madeira su aparición só10 tuvo Iiigar en e1 siglo XLX. La patata c o ~ menzó a tener aceptación en Madeira Azi~resen Ia segunda mitad de1 siglo XVII.

Los crreulc~ En Madeira, hasta Ia década de 10s srsenta de1 siglo w, el paisaje agrícola fue dominado por 10s trigales, decorados de parras y canaverales. El cultivo ccrealifero dominaba Ia economia madeirense, generando grandes excedçntes con que se abastecian los puertos de1 reino, Ias plazas africanas y Ia costa de Guinea. Todo rso fue el resultado de Ia elevada fertilidad de1 suelo provocada por Ias quemas inicialmente hechas. A mediados de1 siglo xv Cadamosto niencionaba Ia cosecha de tres mil moyos de cereal, que excedia en más de1 65 por ciento Ias necesidades de Ia población madeirense. De ésta, mil moyos cstaban destinados a Ilenar e1 «saco de Guinean, csco es, abastecer Ias tactorias de Ia costa africana. Pvro a partir de la década Ilc los scsenta cl dominio de 10s cultivos de canaverales condujo a una paulatina quiehra de los trigales, de modo que a partir de 1466 la producción ccrealifera pasó a ser deficitaria, no pudiendo asi asegurar 1,)s compromisos de abastecimiento de Ias plazas y factorías africanas. Desde entonces Ia isla necesitaba importar parte significativa de1 cere:il que consumia. En 1479 Ia cosecha daba sólo para cuatro meses. dcpendiend~]c1 iibastecimiento de1 restante cereiil importado de Ias /\z»res y de Ias Canarias. El cultivo tenía lugar cn 10s miinicipios de (:alheta y Ponta do Sol y en 121 isla de Porto Santo. Esta coyuntui-a derivó de1 domiiiio d r ios canaverales y de1 rápido agotamicnto de1 siielo, resultado de1 cultivti intensivo drl que fue l~lanco. Giulio Lancli I« trataba de forniii c,rplicitii cn 1530:


La economia znsulur

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La isla produciría en mayor cantidad si sc sernbrase. Pero Ia ambición de Ias riquezas hizo que 10s habitantçs, drscuidándose de sembrar trigo se dedicasen só10 a producir azúcar, pues de éste sacaban rnayores provechos. Lr) que explica no recolectar cn Ia isla trigo para más de seis meses, por çso hay una carencia de trigo. que eii gran abundancia es importado de Ias islas vecinas La corona habia establecido en 1508 que Ias Azores eran el granero de1 mundo atlántico, supliendo Ias carencias de Madeira y sustituyéndola en e1 abastecimiento de Ias plazas africanas y de Ia ciudad de Lisboa. En verdad, Ia crisis cerealifera madeirense condujo a1 incremento de1 mismo cultivo en e1 suelo azoriano, habiéndose determinado, especialmente cn São Miguel. un freno a1 avance de1 cultivo de1 pastel. Presentándose el archipiélago azoriano con una vasta área y un suelo variado fue difícil delinear una política de aprovechamiento. La falta de mano de obra hizo que se hiciese incidir cn Ia colonización só10 en áreas definidas, muchas veces, y en vias de barbecho. En Ia isla de São Miguel y Santa Maria, e1 ritmo acelerado de 10s barbechos y Ias elevadas posibilidades de1 suelo para Ia expansinn de1 cultivo cerealífero condujeron a Ia afirmacinn como principales productores de trigo, relegando a un segundo plano a los restantes. Santa Maria fue la primera isla en scr labrada, pero e1 espacio de cultivo reducido Ia condujo hacia una posicióti secundaria, cediendo e1 lugar a la de São Miguel, con un área plana apropiada para e1 desarrollo de 10s barbechos, a pesar de Ias dificultades derivadas de las erupciones volcánicas y de 10s seísmos. De este modo, Ia isla verde se afirmó, a 10 largo de 10s siglos xvi y xw~,como la principal área productora de trigo de1 archipiélago. Terceira. donde e1 proceso inicial fue perturbado, disfrutó a partir de 1470 de una posición privilegiada cn el ciiltivo de cereales, manteniéndose, hasta mediados de1 siglo xvi, como un fuerte competidor de Sáo Miguel. Pero los factores geográficos Ia orientaban hacia una acción de apoyo y aprovisionamiento de Ias naos, mientras que Ias cons«Dcscri(ao <Ia ilha CI;~Madeira» cn A Iliii/<~irur i r i i i por citroiigc'ir<ii, Funchal, 1981, p. 84.


tantes solicitudes de1 sector terciario atraian cada vez más gentes a la ciudad de Angra, quedando e1 campo en sçmiabandono. De este modo el mantenimiento de contactos regulares con Ias islas de São Jorge, Graciosa y São Miguel eran, cada vez mas, imprescindihles para poder asegurar e1 servicio de abastecimiento de Ias emharcaciones que llegahan a1 puerto. A partir de finalcs de1 siglo xvi Toe evidente Ia afirmación de1 archipiélago azoriano como principal productor de trigo en çl Atlántico. La economia cerealifera aioriana estaba organizada en torno a dos puertos importantes (Angra y Ponta Delgada) que tenian a su alrededor un vasto hzntrrlund, abarcando Ias áreas agrícolas de Ias islas i. de Ias vecinas. Así, la isla de Santa Maria çstaba colocada bajo e1 mando de Sáo Miguel y Ias restantes adyacentes o dominadas por c1 purrto de Angra. Adviertase que hasta cl mismo comercio de cereal de Flores y Corvo se hacía ii partir de Angra, como sucedió cn 1602. En síntesis: 10s barbechos de ccrcal cn e1 archipiélago se distrihuían en consonancia con Ias posibilidades de1 suelo y Ia cxistencia de ejes de filtración o, más prupiamentc, de confluencia de rutas capaces de filtrar los elementos excedentes de Ias coscchas. La isla de Sáo hliguel, siendo Ia de mayor extcnsicin de1 archipiélago y Ia que ofrecia mejores condicioties a 10s barbechos, se afirma, desde el inicio, como Ia principal productora de cereal. Éste crecía, de lado a lado, con el pastel. Todo e1 espacio cn torno a Ia ciudad, el área agrícola más importante de Ia isla, estaba ociipado con 10s dos cultivos. Frutuoso. a {inales de1 siglo xvi, lo confirma. En 1640, Ia isla producía 13.800 moyos de trigo, siendo más cle Ia initad (7.705 moyos) de los trigales situados entre Ribeira GranJc y I'onta Delgada, situindose en segundo lugar el litoral desde Bretana n Ias Feitciras, con 2.360 moyos. E1 irea dominante de1 cultivo se situaba eii Ias proxiinidades de1 puerto de Ponta Delgada. eri Ia fecha el principal piierto de comercio de Sâo Miguel. Terceira es citada en todas las tuentes narrativas como una de Ias principales islas de producción de cercial de1 archipiélago. En 1527 Francisco Alvares le atribuyó el epíteto dc rntidri. diz1 trlgo '. En e1 mismo sentido se relierc Antoniri Cordeiro ciiando 'ifiirna que en tiempos remotos

I.'i~rdud<,irdinli,rn>ai.Jri, 11 p;trrc. cep IV


dia xcasi lo misrno que São M i g u e l ~ " Las . restantes islas sç çncuentran en una posición secundaria pero. aún aií. con un excedente confortable capaz de mantener activo el comcrcio local y externo. Así sucedia con Ia isla Graciosa, donde Ia cosecha de trigo y cebada «excede a Ia de Ias demás islas» "I; a ello contribuian Ias condicioncs favorables propiciadas por la orografía. En cuanti) a las restantes islab, Valentim Fernandes y Jean Alphonse hacen refrencia a la abundancia de cereales. Gaspar Frutuoso alude a Ias de São Jorge y Pico como tierras de poco pan, a Faial le atribuye una cuscchgi de mucho trigo. a 1:lores se refierc como autosuficiente y a Gracios21 y Corvo como tierras de pan ' . La historiografía de1 siglo xvi es unanimr cn afirmar Ia elevada fertilidad de1 suelo azoriano. E1 texto más ejemplar es de Frutuoso, quien nos da ciienta, de modo exhaustivo, de Ias diversas formas de actividad económica de1 archipiélago, teniendo en cuetita los factores de produc~ ción. El autor nos traza, de modo clarividcntç. Ia coyuntura de Ia economia azoriana de Ia decada de los ochenta. EI mismo, erb Ia descripción de Ias islas, destaca que e1 suelo azoriano, de un modo general. se presentaba apto para el cultivo de1 trigo, donde bien por Ias condiciones geográficas. bien por Ia fertilidad, se volvia innecesario el uso de burbechos de campos sin cultivar. Así concliiye que Ias islas de Ias azo^ res «son tan abundantes de pan, que al principio de si1 descubrimiento daba cada moyo de tierra sembrada de trigo o cebada cuarcnta o ciricuenta 0 sesenta moyos y, todavia muchas veces cosechan 10s labradorcs de un "alqueire" de sernbrado veinte treintan ". En el análisis particular de cada isla destaca Ia fertilidad de Ias de Santa Maria y São Miguel, diciendo. r n ciianto a Ia primera: Se sicnibra uii nioyo dç tiçrra i-on trcint;, y cinco y hasta cuareriia ;iIquçii-çs dr trigo, y no sufrc t a n t a siniictitc como Ias otras islas, porque es de rnucha pr<iducci«n,y sç çncuciitr:in pies de trigo dc un grano que da ciento diei, ciento \.çintr cspi,yas. y es corniin de nqiiellcis qur Hist6r;u Itiiuluizu, p. iO2. Ibidrm. p, 415. " Siiudud<,i (lu I é r r d , lih. VI ' Ibiilem. lih V I . 1, 4 '


Portugal y Ias i.sla.r dr.1 iltlántico

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biçn producen, son cincucnta y scsenia, diez, qiiincc, vcinte, treinta, cuarenta " En cuanto a Ia isla de São Miguel, da cuenta de Ia elevada fertilidad de1 suelo, de tal modo que Ias tierras no necesitaban de descanso, pues «dan abundantisimo fruto, mayormente en e1 principio de su descubrimiento, en que tenían todo su vigor y fuerza ...», anotando más adelante que «en Ia colina de Ia villa de Ribeira Grande, y en otras muchas partes de esta isla, respondia Ia tierra a sesenta moyos por moyo de trigo, y lo mismo de cebada; y tan vasto y de calidad era el pan, que dos segadores segaban trescientos haces a1 dia, cada haz daba un alqueire de trigo ...» ". Esto fue confirmado por fray A. de Monte Alverme, refiriendo que en 10s Fenais un moyo de tierra daba sesenta de trigo, habiéndose encontrado alli «un pie de trigo que tenía 107 espigas»". La media de productividad de trigo oscila entre 15 a 20 simientes, aunque hubiese anos con referencias elevadisimas y exageradas. Este número es considerado espectacular si tenemos en cuenta que Ia media occidental oscilaba entre 3 y 4 simientes, nunca excediendo en anos de buena cosecha Ias 10 simientes. Caso idéntico sucedici en Portugal, donde Ia media rondaba estos valores, sólo encontrándosc valor superior en Ias tierras de1 monasterio de Alcovaqa icon 8 a 13 simientes) y la regibn de Barcarena (con 8 simientes) Si aceptamos Ias informaciones ofrecidas por Gaspar Frutiioso como seguras, tenemos que considerar que estábamos ante una cosecha fuera de lo común, que excedia los limites hasta aqui considerados normales en Ia cconomía agraria europea. Ida admiración con que é1 y otros autores de1 siglo xv (Zumara, V. 1:crnandes) refieren Ia elevada productividad de1 cereal azoriano es un argumento más para corroborar esta realidad. Todo seria posible cn una tierra rica y virgen, donde el trigo crecía fácilmente. El europeo encontró en Ias islas por explotar e1 medio adecuado y capaz de suplir Ias dificultades generadas por Ia degradacihn, cada vez ' Ihid~m.lih. 111. p 98. ' Ibi<ic>ia,lih. N.toi~io11, pp. l i y 23 ' (:ronicdi rlil pniuíni-ia dr Súo Joüo Fv,ing~~iiii<i .iiir ilhor doi Degada, IL)hl.

16.

Aci>n,s, vol. 11, Ponva


reflejos de1 agotamiento de1 suelo insular, \entido dc modo evidente en Terceira: Sçnor, esta islu Terceira çstá rati ncccsitada dc trigri corno nunca cstuvo porquc cstá en condicibn iir alguns gcnie algunos dias no conicr pan, bien quç por eso no han de inorir, liorquç hay cosas aqui eu Ia lirrrii ccin iluc mantenerse este poco ticmpo que 1t.s falta. Esto, Scnor, causó nri habcr bucna simientr ptirque rn ticrra de un rnoyo de semhrado se sembró moyo y rncdio rri qur se lanzó a Ia tierra quinicntos rnoyos de trigo dci qiic sc acosturnhraha a lanzar; esto causó esta mçngiia de trigo y que ahora han dc sembrarse tambitn más tierras de Ias que nunca se senibrí) sçgún Ia información que tengri ç n todas estas idas de Ias Azores ha! esio salv<ien Ia isla de Santa Maria, doiidc dicen teiier cl trigo qur lei mnccesario ... I " . D e este modo estaba comprometido c1 abastecimiento de Ias armadas hasta Ias nuevas cosechas, esto es, un período de abril a junio. A mediados (lel siglo xm la aparición de1 tizón vino a agravar Ia situación. Asi, en cl invierno d e 1552, todo e1 archipiilago padeció hambre. Las poblaciones de Sáo Miguel, Faial y Sáo Jorge se amotinaron, manifestándose contra Ia salida ilimitada dcl cereal de1 comercio y contra Ias rentas reales y particulares para c1 reino. A principias de 1552 los concejales se oponen a los planes de Alõnso Capiquo, que venia a buscar el dinero d e Ias rentas, pues alcgari como qurja que «en estas idas este ano haya mucha necesidad de trigo y sea mas caro que desde hace muchos anos ...» ". Entrevanto 10s habitantes de Sào Miguel se quejaban a1 monarca de la actividad especulativa de los scnores. quienes, procurando sacar mayor lucru, lo exportaban, quedando Ia isla «en mucha necesidad y en el invierno viene a valer mucho y, por no venir dc fuera, falta a vecesm. D e este modo, propusieron a Su Majcstad Ia obligatoriedad d e cada propietario d e dejar r n Ia isla un tercio dc Ia cosecha. Pero el edicto real apenas dcterminó que fuese s d o un cuarto. Algo semejante pasaba en Praia (Terceira), donde ia conceialía dominada por los grandes productores d c trigo permitia Ia salida d e 4.000 ' Aryurio doi .l<,on.i. vol. 1, pp.

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I'ortugul y Iu.7 irias del Atldntico

atlántico. De un lado, una isla extensa con vastas áreas propicias a1 cultivo de1 cereal, de1 otro un área con flojas posihilidades agrícolas, pero disfrutando de una posición estratégica. La economia azoriana se estructuró a partir de Ia primera mitad de1 siglo m, bajo e1 signo de este ambiente, dando origen a dos áreas de actividad económica dominantes, en torne a Ias cuales se colocan Ias demás como regiones periféricas. Es común definir este viraje en el cultivo cerealífero aioriano como resultado de una actuación de1 movimiento demográfico insular. No obstante, si tenemos e n cuenta 10s datos demográfiios para los aiios de 1567 y 1568, podemos concluir que no hubo cambio significativo en e1 natural movimiento ascendente. S6io hay que destacar un reajuste de Ia geografia pohlacional de1 siglo xvr, con el dominio de las áreas cn franco desarrollo. Así sucedió en São Miguel con el espacio agrícola en torno a1 eie de Ponta DelgadaIRiheira Grande y en Terceira con la ciudad de Angra. La deficiencia cerealífera de algunas áreas de1 archipiélago azoriano se debe fundamentalmente a un cambio en Ia estructura económica, a Ia que no fue ajena su posición en Ia dinamica económica de1 mundo colonial atlántico. Las alteraciones más significativas ocurrieron en Terceira con e1 sector de actividad dominante e1 primario dio lugar a1 terciario. En Sáo Miguel éste mantuvo Ia supremacia, relegando a un segundo plano a los demás. A partir de Ia mitad de1 siglo xvi, de acuerdo con e1 rnmbo definido por estas áreas, Ia coyuntura ccrealifera será asimétrica, demostrativa de este viraje. Desde entonces Terceira se mantuvo como una isla carente que busca su provisión en Graciosa, en Sã» Jorge y, también, en São Miguel, mientras que el sue10 niicaelense sc afirmará como e1 área agrícola por excelencia, donde se cultivaba la hierba pastel y e1 cereal. Esta última estaba preparada para ser e1 potencial granero de1 Atlántico europeo, contando con un solo impedimento: el cultivo rentable de la hierba pastel. De este modo, Ia situación cerealífera definida por Fréderic Mauro entre 1570 y 1669 no pone cn duda Ia tcoría divulgada de que Ias Azores iueron e1 granero de Portugal y de Ias plazas de Africa, antes confirma y refuerza nuestra idea de que éste se situaba en São Miguel. Esta isla era la principal productora de1 cereal de1 archipiélago e, igualmente, Ia que ofrecía mejores condiciones en cuanto a Ia extensión


La economia insular I).

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CORVO

0.

FLORES ORkCIOSA

PICO

M O MIOUEL

A T L A ' N T I C O HASTA 700 M O F

1000 - 1 5 0 0 1501

- 2000

2001

- z5m

snw.

Producci贸n de trigo en Ias Azores en 1680

Producci贸n de trigo en Ia isla de S茫o Miguel en 1640

MA&


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Portugal y las islus de1 /ltliin~icico

de1 suelo. E1 análisis de la coyuntura cerealifera, por lo menos, 10 especifica. En verdad, en Sáo Miguel Ias crisis ceredíferas son raras y espaciadas, siendo en su mayona cortas y resultado de factores ocasiondes, como las tempestades. Así succdió en 1573, en que uri fuerte temporal destru~ótodos los sembrados Tambiin en e1 siglo xm se dio otra co)untura de crisis en 1591-1592 que obligó a Ia importación de cereales. Esta fue descrita como resultado de Ia aparición de Ia hicrba pastel, que tendia a sustituir a1 trigo. Lo que fue resuelto en favor de1 cereal. ya que éste, aunque considerado un cultivo de inferior rentabilidad, era necesario, siendo uno de los imperativos de Ia corona su persistencia. De 1591 a 1640 se mantuvo un intervalo prolongado en que no se hace referencia a ninguna crisis. La falta en cl último ano fue resultado de Ia incompatibilidad entre los interrses de Ia aristocracia ciudadana, propietaria y ligada a1 comercio de cxpurtación de cereales, y e1 necesario aprovisionamiento de1 micaelense. dc. modo especial de Ia ciudad de Ponta Delgada. Las medidas j~roteccionistas, con e1 establecimiento de un contingente de reserva o Ia prohibición de salida de trigo, y el cxamen de 10s graneros, fueron relegados a un segundo plano u olvidados para facilitar e1 comercio. Solamente en 1677 Ia falta de cereal resultó de una quiebra de Ias cosechas, que no habrían sobrepasado Ia mitad de1 ano anterior. El trigo «era tan poco que corrí;i cl riesgo de no sustentarse esta ida» "'. La situación de extrema miseria y hambre se agravó a partir de los anos cuarenta de1 siglo mr, conduciencio ai amotinamiento de1 pueblo hambriento. Así sucedió en 1643, 1647 y 1695. En Ia primera fecha e1 pueblo amotinado pmcuró evitar Ia práctica especulativa de los concejales compr«metidos con el comercio dcl cereal, impidicndo el embarque de una carabela con trigo, cuando «rio lo encontraban en Ia ciudad a la venta para comer y sembrara" En 1590 10s pobres de São Miguei oriundos de Ias áreas rurales se rebelaron contra Ia aristocracia burguesiii de Ponta Delgada, Ribeira Grande y Vila Franca do Campo, foizándoles a poner fin al comercio y al precio cspeculativo dcl pari "' Bihlioieca Púhlica

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Arq~iivi,d r Porit;i I)i.lRa<i,i.Cim<ir<iiMuni<rpiil de i'rinta Del~

godri, n . 5 3 . lols 188 \ . ' ~ 1 8 9v.". '' 11. Lima 01Asorei na Fciinomia A l / i n i z < i (o,hiid,oi) i k u i o i gra do IIrroismo. 1978, pp 3 7 3 ~ i 5 4 .

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La economia Mrular

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La falta de1 cereal en São Miguel, a partir de la mitad de1 siglo xw, surge como consecuencia de los malos anos agrícolas y de Ia acción especulativa de la aristocracia y clase mercantil micaclense, interesadas en el comercio de1 cereal y con fuerte influencia en las concejalías de las tres magistraturas, y nunca como resultado de una quiebra en las cosechas. Los pocos datos disponibles comprueban esta tendencia. Diferente fue lo que sucedió a 10s colonc~sportugueses cuando llegaron a Santiago y Si« Tomé. Allí no medraban 10s cultivos que definian Ia dieta alimenticia europea y tuvieron un gran disgusto cuando vieron Ias primeras espigas secas. De este modo sintieron la necesidad de estructurar de forma diversa Ia colonizacion de las islas y Ia agricultura a implantar. Recurrir a los africanos, como esclaros i, no, fue Ia solución más acertada para superar el primer obstáculo. Tenian una alimentación diferente a Ia de los europeos, basada cn rl niaiz zaburro, en e1 arroz y en e1 name, cultivos que allí prosperaban con facilidad. Entretanto, los pocos europeos que alli se instalaron estuvieron siempre dependiendo de1 bizcocho o harina enviados desde Ias islas o desde e1 reino. E1 padre Baltaiar Barreira esboza en I(i06, de forma clara, Ia situación en Ias islas de Cabo Verde. Ia principal simicnte que haccn rs dt. rnziíz zahurro y de éste comçn ordinariamente los criollos y negros, y hacçn mucha cantidad de tuém y cuscux L...] virne mucha harina dc f u m a dc Ia que sc arnas;, cada dia iodo e1 piin que comen Ius portugucscs ".

Además, el archipiélago era rico en pastos para ganado menor y vacuno, que daban la carne, y con el pescado. cri abundancia en los mares circundantes, complcmentaban y defitiían su alimentación.

Lu uid y e1 uino Junto a1 cereal se plantaron tambien cepas de donde se extraía e1 sabroso vino de consunio corriente o el iitiliz:ido cn los actos litúrgicos.


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Portugal y lar zslus &L Atlántico

El ritual cristiano hizo que se valoraran ambos productos, que, por esu mismo, acompanaron el avance de Ia cristiandad. En ambos casos fue fácil Ia adaptación a Ias idas más allá de1 Bojador, pero lo mismo no sucedió con Ias de Guinea. La vid consiguici penetrar en este último espacio si bien adquiriendo una importancia diminuta. Martin Behaim da cuenta a finales de1 siglo xv de la plantación de vides en São Tomé, en tanto un piloto anbnimo testimonia en 1607 Ia existencia de vifias en Ia isla de Fogo, 11 en otros documentos encontramos Ia referencia a su cultivo tambiin en São Nicola~iy Maio. El vino producido en Ia isla de Fogo era considerado por algunos viajantes, que por allí pasaron y tuvieron oportunidad de probarlo, semejante a1 de Madeira. De este modo, Ia viticultura quedó reservada a Ias islas de1 Mediterráneo Atlántico, donde el vino adquirió un lugar importante en ias exportacioncs. En Madeira e1 cultivo de Ia vid aparece ya con gran relevancia al comienzo de Ia colonización, siendo una importante moneda de cambio con e1 exterior. Cadamosto, a mediados de1 siglo xv, se admira de Ia calidad y valores de producción de Ias cepas madeirenses. En verdad e1 cultivo de Ia vid había adquirido inmediatarnente una exrensa parcela de1 terreno barbechado en el frente sur, extendiéndose dcspués a todo e1 área agrícola de Ia isla, a partir de finales de1 siglo xv. Pero su desarrollo fue obstaculizado por el dominio de los canaverales y, por eso mismo, Ia afirmación plena sólo tendrá lugar a partir de1 momento en que surjan Ias primeras dificultades en r1 comercio de1 azúcar. La evolución de Ia cosecha vitivinícola madeirensc de los siglos x\r y x v ~sólo podrá ser conocida a través de1 testimonio de visitantes extranjeros, ya que es escasa Ia información cn Ias fuentes diplomáticas. Hans Standen definia en 1547 Ia economia madeirense por el binomio vinolazúcar; pasados 23 anos sólo sc hahlaba de1 vino como principal factor de1 sistema de cambios con el exterior. Los trigales y canaverales dieron lugar a Ias parras y matorrales. La vid se volvió el cultivo casi exclusivo de1 colono madeirense. De este modo, e1 vino adquirió e1 primer lugar en Ia ecunornia madeirense, manteniéndose asi cerca de tres siglos. La rápida y plena afirmacibn de\ vino de Madeira en el mercado atlántico derivo de1 elevado contenido alcoh~jlico,lo que le favoreci6 en


Lu economia zn.sular

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Ia expansión por todo e1 mundo. Este consiguió llegar en condiciones deseables a 10s destinos más inhóspitos, impropios para su conservación. En Cabo Verde, São Tomé o Brasil e1 vino madeirense era preferido a los demás por ser el único quc resistia e1 calor tórrido al que estaba sujeto. Los capitanes y tripulantes de Ias embarcaciones que navegaban por Ia región ecuatorial no ocultaban tampoco su preferencia, por 10 que escalaban con asiduidad en Funchal para abastecerse de vino. Este era de 10s pocos vinos, tal vez e1 único, que no se avinãgraba al pasar 10s trópicos, sino todo lo contrario, adquiria propiedades gustativas, lo cual mucho les alegraba. En las Azores el cultivo de Ia vid estuvo iejos de adquirir, ai inicio, Ia misma pujanza que tuvo en Madeira o en Ias Canarias; dificultades de1 medio impidieron que en algunas de Ias islas se produjese vino de calidad con Ias cepas Nevadas por 10s madeirenses en e1 siglo XV. Son numerosas Ias quejas de 10s extranjeros que visitaron el archipiélago en el siglo xvi sobre Ia poca calidad de1 vino que encontraron. Linschoten refiere, a propósito de Terceira, Ia «gran abundancia de vino, pero muy flojo y que no puede guardarse ni ser transportado para fuera. Es, con todo, utilizado por Ia gente pobre, pues 10s más ricos usan ordinariamente vinos de Madeira y Canarias» ". Aún asi, el cultivo continuó adquiriendo un lugar relevante en Ia agricultura de Ias islas de Sào Miguel, Pico y São Jorge. En Ia primera isla Ia cosecha de finales de1 siglo xvi podria alcanzar las cinco mil pipas, siendo mayoritariamente de1 área de Ponta Delgada y Lagoa. En Sáo Jorge Ilegaba a alcanzar Ias tres mil pipas, en tanto en Pico rondaban Ias mil novecientas pipas. En el siglo XWI se extendió el mercado consumidor de1 vino azoriano, especialmente en Brasil, generando un importante hinterland en torno a1 puerto de Horta, uno de los eles de1 comercio azoriano. A partir de ahi Ia principal isla productora fue Ia de Pico, que produjo cerca de treinta mil pipas en 1649, pasando a sesenta mil en 1658. E1 vino o vinagre de São Jorge, Pico y Graciosa irnía fácil acceso a partir de1

'' «Histúria de Navegaçâo» en Boletim dri Imiituio Iliitdrico da iahu Tercrtra, 1, p. 151.


La economia insular

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En Cabo Verde, a1 contrario de lo que sucedia en Madeira y Azores, no existió ningún contacto entre Ia ganaderia y Ia agricultura, siendo diferente Ia forma de aprovechamiento. Este sector asumió primordial importancia en Ia economia, siendo en algunas islas e1 principal factor económico. Aqui só10 se poblaron Ias idas de Fogo y Santiago, quedando Ias demás, por mucho tiempo, como un importante pasto arrendado a particulares. La carne salada fue durante un largo período la principal fuente de riqueza de alguna de Ias islas, sirvicndo para abastecer Ias naos y Ia salida con destino a Brasil, Madeira y el reino. Por otro lado, Ias pieles fueron también una importante fuente de rendimiento, activadoras de 10s cambios con 10s puertos europeos. En una relación de 10s jesuitas (1603-1604) se da tetimonio de Ia riqueza de1 archipiélago caboverdiano, diciéndose que «hay gran copiosidad de crianza de ganado» y que Ias islas estaban «todas habitadas de cazadores que se Ilevan muchos cueros de aqui a diversas partes» '".

Caria de azúcar: Madeira (1990) "' 1'E. Guerreiro, Rt,lojõo anual doi roirur qur. hzerdri iir p u d m do co»iq><inhtude rui.. , T. I., iibro TV, Coimhlr, 1930, p. 401

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I'ortugal y las is1a.r

de/

Atlúntico

Los productos anteriormente citados se dan como una necesidad que nace de Ia dieta alimenticia de los colonos europeos o de Ias disposiciones de Ias áreas de instalación. Otros aparecen por motivos diferentes y acaban por adquirir una importancia inusual en Ia economia insular. Estos son los productos que designamos coloniales, por ser impuestos por Europa con la finalidad de suplir Ias carencias de1 rnercado europeo Fue Europa Ia que 10s revalorizó y molJc<i de acuerdo con Ias necesidades comerciales, distribuyéndolos por las áreas adecuadas y asegurando 10s medios necesarios para su cultivo, distribución y comercio. En estas circunstancias aparece Ia cana de azúcar Ia hierba pastel. Los incentivos de Ia corona y el rnunicipio, aliados a Ia elevada valorización por los agentes europeos, actuaron como mecanismos propiciatorios de1 desarrollo de estos cultivos.

La cana de aiúcar, por e1 alto valor económico en el mercado europeo mediterránro, fue uno de los primeros y principales productos que Europa legó y definió para Ias nuevas áreas de oclipación en el Atlántico. Su producción se inicio en Madeira, extendiéndose después a las restantes islas y al continente americano. En esta primera experiencia fuera de Europa Ia cana azucarera manifestó las posibilidades de desarrollo fuera de1 hábitat mediterráneo. Tal evidencia catalizó los intereses de1 capital nacional y extranjero, que apostó por la expansión de1 cultivo y por su comercio. Si cn 10s primeros anos de vida en e1 suelo insular Ia cana azucarera se presentaha como un cultivo secundario, a partir de mediados dcl siglo xv ya aparecia como e1 producto dominante, situación que perduró en Ia prirnera mitad de1 siglo siguiente. La cana aiucarei-a, como disfriitaba de1 apovo de1 scnorio y de Ia corona, conquistó el espacio mantcnidci eii barhecho dc los trigales y se expandió por todo e1 suelo culti\.able d r la vertiente meridional. La capitania cle Funclial. ocupando Ia casi totalidad de1 área, agregaba por


La economia msulur

157

eso mismo, en su perímetro Ias mejores tierras para el cultivo de1 azúcar. Entretanto a Ia de Machico restaba sólo una ínfima parcela y todo un vasto espacio arbolado necesario para la construcción y actividad de 10s ingenios. En 1494, de1 azúcar producido en Ia isla sólo el 20 % provenía de Machico, siendo todo lo demãs de Funchal: Ia relación entre estos valores en el período de 1494 a 1537 oscilaba entre 10s 5:l (1494) y 10s 3:l (1521-1524). En Ia capitania de Funchal existían áreas distintas para e1 cultivo de canaveral. La estimación de 1494 distingue allí dos áreas de canaverales: Funchal y sus alrededores, y el restante espacio a partir de1 Campanario, conocido como partes de1 Fondo. El último área era el de mayor cosecha, con e1 74 % de Ias arrohas de Ias tasas de 1494. Pasados veintiséis anos, Ia situación evolucioni) de modo favorablc para Funchal, que presentaba el 33 %. E1 período de plena afirmación de cstc cultivo se sitúa entre 1450 y 1521. Durante esos anos 10s canaverales dominaron e1 panorama agricola madeirense y el azúcar fue el principal pl-oducto de cambio con el mercado externo. El ritmo de crecimiento de este cultivo se rompi6 en 10s anos de 1497-1499, por una crisis momcntinca en Ia comercialización. A partir de 1516 los efectos de Ia competencia se hicieron sentir en Ia isla y condujeron a un paulatino abandono de los canaverales. La presencia de este cultivo en el sue10 niadeirense condujo a una reestructuración de1 régimen de organizaciOn agrícola de acuerdo con sus especificidades. Para Ia plena afirmación de los canaverales fueron necesarias algunas condiciones, más allã de Ias ofrecidas por e1 suelo: e1 agua para el regadío y para accionar 10s ingeriios; Ia madera para construirlos y Ia leria para mantener e1 funcionamiento de Ias calderas. Gracias a la presencia de estos factores 1;i cana se expandi6 en Ia ida. Aun así, conviene aclarar que los can;ivrrales madeirenses nunca alcanzaron Ia dimensión de 10s brasilenos y de 10s de São Tomé. Aqui, a1 contrario de 10 que sucedió al otro lado de1 Atlántico, el cultivo sólo podia ser hecho de niodo intensivo en tcrrazas escalonadas de forma ingeniosa por el madrirense. De acuerdo con Ia valoración de 1491 se podrá decir quc el sistema de organización de tierras en torno a1 azucar se caracterizó por e1 dominio de Ia pequena propiedad: los propietarios con mãs de 1.000 arrobas representaban sólo 22, mientras que cn cl período dc 1509 a 1536 serán 44, hahiendo 15 con valores superiores a 2.000 arrobas.


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Portugal y las i.slu.r úel Atlúnticu


Para e1 afio de 1494 es posible saber cuil es Ia importancia asumida por los canaverales, ya que Ia valorización era hecha individualmente por cada uno: para un total de 209 propietarios tenemos 431 cafiaverales. Es común decir que 10s cultivos de cana heneficiaban directamente a amplias capas de la población madeirense, I« que no parece corresponderse con Ia verdad, pues Ia tendencia ;I[ ercesivo parcelamiento de Ia propiedad no disminuyó Ia capacidad de afirmación de 105 grandes propietarios, que se servian de arrendatarios o colonos: en 1494 de 10s 209 propietarios de cultivos de cana contril>uycn sólo uii 21 por cicnto. Si tenemos en cucnta este número de propictarios y e1 de aquellos que contribuyen en e1 período de 1509 a 153í. (263 propietariosl nos veremos forzados a admitir que e1 cultivo hcneiiciaha sólo a Lin reducido número de madeirenses. Los demis gozab;in de beneficios indirectos. merced al comprorniso con Ias diversas tarras ligadas al culti\.o, transporte, transformación y comercio. En el primci- grupo, dc beneficiarios directos, se incluian mercaderes nacionales y zxtraiijeros 1, Ia aristocracia local comprometida ron Ia administraci611 rc.al y senorial: anibos controlaban, en cl siglo xvi. el 51 '% de Ia cosech:~,situindose en el grupo de propietarios con niás de 1.000 arrobas. Este tipo de análisis só10 nos Iùe posible para Madeira, donde disponemos de algiinos libros de registro J e los irnpiiestos sobre el azúcar recaudado, faltando idéntica informacicin c11Iiis hzores y São Tomé. La cana de azúcar f i e , de todos los culti\:os trasplantados en e1 espacio atlántico, aquel que rnayor cuidado rcqiiería en iin período limitado de tiernpo. E1 ciclo vegetativo definia uri acompaiiamiento constante a lo largo de1 aiio: plantar, mondar, Jeshojar, combatir Ias plagas y efectos nociiros de los anirnales, cortar y, Jrspués, Ilcvar e1 ingenio adonde se molía 11extraia e1 jugo para Ia i:ibricacii>n de1 azúcar. Mientras que Ias tareas relacionadas coo VI cultivo sc realizaban de forma lenta a lo largo de1 ano, la parte relaciiinada con Ias lahores dçl ingenio era una actividad intensiva que debia \cr ejecutada en un corto período. El ingenio trabajaha dia y noche, multiplicándose Ias tareas entre cl molino, e1 horno Ia purga. Todo esto debía hacersc de forma continuada y realizarse en un plazo de 72 lioras, pues en caso contrario Ia cana y e1 jugo cornenzaban a t'ermentai-. /\nie tal hecho, se volvia jus^


La economia insular

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tificable Ia presencia de numerosa mano de obra, que só10 podia ser reclutada entre 10s esclavos. E1 fenómeno fue descrito, hacia 1530, por Giulio Landi de Ia siguiente forma: Se fabrica el azúcar de esta maneta: cogen primero Ias cafias y Ias extienden por orden en los surcos. Después, cubiertas de tierra, Ias van regando reiteradas veces, de modo que Ia tierra sobre 10s surcos no se reseque, sino que se mantenga siempre búmeda. De ahí que, por Ia fuerza de1 sol, cada nudo produce su cana, que crece poco a poco cerca de cuatro brazas, y sucedia asi porque e1 terreno aplicado al cultivo tenía más fuerza d e producción [...I. Así maduran a1 cabo de dos anos y, una vez maduras, Ias cortan en primavera, cerca de1 pie. Los pies, germinando d e nuevo, producen otras canas para e1 ano siguiente, éstas no crecen tan altas, sino cerca de menos de una hraza, y a1 fin d e un ano maduran. Cortadas estas segundas, se arrancan totalmente Ias plantas, para después, a su debido tiempo, reponer otras canas como se dice. Una vez maduras, muchas veces son danadas por Ias ratas. Por eso 10s esclavos son diligentes en coger y matar estas ratas [...I. Los lugares donde con enorme actividad y hahilidad se fabrica e1 azúcar están en grandes haciendas, y el proceso es e1 siguiente: primero, después de Ilevar Ias caiias cortadas hacia 10s lugares arriba mencionados, Ias ponen debajo de una muela movida por agua, Ia cual, triturando y aplastando Ias canas, lcs extrae todo e1 jugo. Aqui hay cinco vasos puestos por orden, en cada uno de los cuales el jugo extraído de Ias ~.anaspasa un cierto tiempo en ebullición, pasando después a Ias otros vasos, y a fuego lento le dan con habilidad Ia cocción, de modo que Ilegue a espesura tal que, puesto después en moldcs de barro, pueda endurecer. La espuma que se forma 1cocer el aiúcar se echa en barriles, excepto Ia que sale dc Ia primera cocción, porque ésta se hecha fuera; pero Ia otra, que se conserva, es muy semejanie a Ia mie1 '-.

En la molienda de Ia cana se utilizaron varios medios (alzaprimas, lagares y trapiches de bestias), lo que daria lugar en Madeira a la aparición de1 primer ingenio de agua patentado en 1452 por Diogo de Teive. E1 proceso no se resume só10 en este tipo de mecanismo, ya que en las áreas donde no era posible disponer de Ia fuerza motriz de1 agua "

«Descrição da ilha da Madeira» in A M<id,,ira t:irto por ertri2náriroi. Funchal,

1981, pp. 84-85.


Portugal y las d a s de1 Atlántico

162

Ingenio de agua brasileno de1 agua se hizo uso de la fuerza animal « humana. Los hombres eran conocidos como trapiches o almanjarras ". Para São Tomé el piloto anónimo hace referencia al uso de «brazos de 10s negros y tamhién caballos». De este sistema se sabe só10 que fue usado en los inicios de la exportación de Ia caíla de azúcar en Madeira, siendo poco probable su continuidad después de Ia experiencia de1 ingenio de agua de Diogo de Teive, teniendo en cuenta Ia disponibilidad de cursos de agua y el posible aprovechamiento por medio de Ias corrientes. En Madeira, los factores geohidrográficos fueron propicios para Ia generalización de 10s ingenios de agua, en lo que los madeircnses se mostraron eximios creadores. También en S i o Tome se disponia de condiciones para Ia afirmación de1 cultivo. Mientras que Ia primera disfrutaba de numerosos cursos de agua y de una vasta área de floresta, disponiendo de leria para los hornos y madera de palo-blanco para 10s ejes de1 ingenio, en São Tomé se contaba, además de1 parque forestal, con un fácil acceso a los mercados abastecedores de mano de obra esclava.

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Picia dc madcra donde se

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al aninial q u c rnucvc I;, nori>>IN. de1 T I .


Li economia

163

znsular

Toda Ia actividad socioeconomica generada por e1 azúcar fue dominada por e1 ingenio de azúcar, pero esto no significaba que Ia existencia de cultivos de cana resultase de Ia presencia próxima de un ingenio. En Madeira, a ejemplo de Brasil, fueron numerosos los propietarios incapaces de disponer de medios financieros para montar semejante estructura industrial. En la valoración de la producción de la capitania de Funchal de1 ano 1494 se mencionan só10 14 máquinas para un total de 209 usuarios y 431 cafiaveralesz8. El precio de montaje de semejante estructura industrial no estaba a1 nivel de1 presupuesto de todos 10s propietarios. De acuerdo con Ia valorización hecha para el ingenio de Antonio Teixeira en Puerto de Ia Cruz en 1535 esta mejora estaba valorada en 200.000 reales ". En otro documento de 1547 se refiere que 10s canaverales, ingenios y su agua de servicio tenian un presupuesto de 461.000 reales ' O . Pero en 1600 João Berte de Almeida vendió a Pedro Gonçalves da Câmara, en Funchal, un ingenio por valor de 700.000 reales" . Creadas las condiciones a nivel interno, por medio de incentivos a la inversión de capitales extranjeros en e1 cultivo de Ia cana y comercio de 10s derivados, de apoyo de1 senorio, corona y administración, la cana era apta para prosperar y afirmarse, aunque só10 por algún tiempo, como e1 produao dominante de Ia economia madeirense. E1 incentivo externo provocado por 10s mercados nórdico y mediterráneo condicionó e1 proceso expansionista en ésta y en Ias demás áreas atlánticas. A este desafío, acompanado de Ia incesante demanda de1 mercado externo, sucedió un período de crisis resultante no sólo de Ia concurrencia de nuevos mercados productores, sino, por encima de todo, de factores internos como Ia carencia de abono de 10s terrenos, Ia hostilidad de1 sue10 a1 cultivo, los cambios climáticos que entretanto se sucedieron y, por último, Ia aparición de1 bicho de la cafia. La primera mitad de1 siglo xvr es definida como e1 momento de apogeo de1 cultivo azucarero insular y también por Ia cantidad de difi'V.Rau y J. de Macedo, O açúcar Funihal, 1962.

d ; Moiieira ~ no,

fim do récuio

xi!. Probiernoi de

produçio e Comércio,

'* A. Artur Sarrnento, «Apontamentos Histbricos de Machicu~en Ilar Arte I, pp. 8-9.

e da

Hirtóriu da Madeiro, "01.

'I Arquivo Regional da Madeira, Capeler, Cna. 8, 1.' 9, Inventario de bicncs de Joáo de Ornelas e Vasconcelos de 19 de enero de 1547. " Arquivo Regional da Madeira, Mirfricórdi~d,) h n c h a i n u 40, iols 49-58,11 de sçptiembre de 1600.


Vista panorámica de Ia cumbre de João Esrneraldo, viéndose Ia casa y capilla (1508) de1 flamenco de1 rnismo nombre que adquirió estas tierras en 1473 a Rui Gonçalves da Câmara. Esta seria una de Ias primeras expresiones de Ia trilogía rural (casa. ingenio y capilla) que dominó Ia economia y Ia sociedad brasilenas.


ducción de vino. Esta situación, quc se ha mantenido hasta Ia actualidad, no ha Ilegado a atribuir a1 producto Ia misma pujanza económica de otrora.

Como ya se dijo, Ias segundas producciones de la cana de azúcar fueron Ilevadas a Ias Azores por 10s primitivos labradores, promoviéndose el cultivo eii Santa Maria, São Migiiel, Terceira y Faial. Aqui se intentó e1 cultivo varias veces, pero sin conseguir los resultados deseados. Las condiciones geofísicas, aliadas a Ia inexistencia o reducida dirnensión d e los capitales extranjeros, frenaron su desarrollo. Fueron numerosas Ias regalias y privilegins para su lanzamiento en Ias islas azorianas, pero aún asi no consig~iieronsuperar ias dificultades de1 medio. En e1 primer cuarto de1 siglo sm e1 cultivo adquirió alguna importancia en São Miguel, Santa Maria y Faial. En este momento Ia producción representaba un tercio de Ia que se recogía en los caílaverales madeircnses. Se habla, niás tarde, de una nueva fase de retorno de1 cultivo a partir de Ia década de los cuarenta, pero nos faltan datos seguros para avaiar Ia dimensión que habría asumido. Ciertamente, Ia tendencia fue, una vez más, coartada p o r la apuesta definitiva por e1 cultivo de Ia hierha pastel y de 10s cerealvs, pues cl azúcar comenzaba a desarrollarse de forma más ventajosa en Brasil. A los archipiclagos de Cabo Verde y São Tomé los cultivos de cana Ilegaron mucho triás tarde y, como cii otras áreas, ia experiencia madeirense fue importante. En el primero s0lo en Ias islas de Santiago y São Nicolau, pero sin Ilegar a ser iin cultivo rentable y competitivo con el azúcar madeirense. Las condicioncs rnorfoiógicas y orográficas le fueron adversas. SLIintroducción dehió de tener lugar en el inicio de Ia colonización, en Ia década de 10s sesenta, a pesar de Ia primera referencia fechada en 1490. Por otro lado, el zizúcar producido en el archipielago, a ejernplo de lo que sucedvría en São 'l'omé, no preseniaba Ia calidad de1 madcirense, pues, como nos refiere (;aspar Frutuoso, «nada de este Ilega a 1;i isla de Madeira» ' I . I'ero mas tarde. cn el siglo xrx,


La economia in.rt~lur

167

el cultivo retornaria siendo utilizado, principalmente, para Ia fabricación de aguardiente, que se consumia en cl archipiélago y se exportaba hacia Rios de Guinea. Diferente fue lo que sucedi6 en Sai) ' h n i e . donde Ia abundancia de agua y lena, asociada a Ias condiciones de1 suelo, file Ia condición adecuada para propiciar los medios indispensahles para e1 cultivo de Ia cana. E1 azúcar producido se volvió, por eso rnismo, compctencia de1 madeirense, aunque sin alcanzar nunca su calidad. En Lisboa 10s confiteros reclamaban con frecuencia por Ia mala calidad de1 azucar de S i » Tomé, habiendo quien 10 refinaba por segunda vez, lo qiic file prohi~ hido por el municipio debido al elevado gasto de Iena. En São Tomé Ias plantaciones de cana sr cxtendían por el norte y nordeste de Ia isla, liaciendo recordar, sepún un testinioni« 1ic 1580, los campos alentejanos ". Uno de 10s hechos q ~ i ccontribuyó para que se volviese competitivo con respecto al rnadeirense fue su eleuada productividad. Según Jerónimo Munzer ", &te seria tres veces superior al de Madeira. En el comienzo só10 se prociucia inelaza, que despuks era Ilevada a Lisboa para scr refinada, pero a partir de 1506 Ia isla pas0 también a bacer azúckir hlanco, habiéndosc cutistr~iidoa ese efecto e1 primer ingenic ". El piloto anónimo nos da cuenta tamhiéii de1 motlo en quc se procesaba e1 cultivo en Ia isla de Sáo Tome. Aqui. Ias canas tardaban sólo cinco meses en madurar, por lo que «plant;idas en el mes de (:nero. se cortan a principias de junio». Ai contrario dc .%ladeira,dondr cl cultivo era esporádico, en Sai, Tomé se podia plantar y cortar cana todos 10s meses, de lo que resultaba una mayor distribuci<in de Ias tareas a lo largo de1 ano. La activiclad de 10s itipenios c\ i:itiibién nicnt-ioriada por este autor: Existcn allí cerca <Ir60 ingçnios. !.i1 i.onsiruidi~s,dondr rorrr agua, con Ia cual muelen Ia cana y Ia pisiin. I:i.hari c l jugo cn c'ilderz~scii<ir~ m i s y, drspiirs dç hcrvido, lu I a n ~ a ncii niiildçs, çn 10s i.u;ilcs hacen pançs dc ;iziiczii-d<: 15 o 20 lihr;is. ~iiiriliciitidi>lii con crnizti. <IcI rnis-

.

" I. Cabtro IIrni-iil~içr, n O ciclo du ti(uc;ii- c i ~ S;i< i I'olni. rio\ b c c i l l o h rn I'oriu~ril no Mundo, I , Lisho;i, 1989, p. 271 " Mununzr>rin ibliiiiori,iriu ,4f;iianu, IV, 1951. t i 6 , 1 . 16~20. ' (1 Monirii,iiti> <I<,l'iil<~>ilrni F<,i.,rnni/<'. I.islii~;i.lq411. li. 128.

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Portugal y Ias islas del Atlánándrco mo modo en que nosotros 10 hacemos con Ia arcilla tamizada. En muchos lugares de la isla donde no hay agua, emplean en este trabajo 10s brazos de los negros, y tarnhien t.sclavos

Mayor era Ia dificultad para secar 10s panes de azúcar, debido a Ia elevada humedad de1 aire. Por ello fuc necesario definir un método capaz de conseguir10 en poco tiempo: Hacen un cobertizo alto de tahlas [...I, todo cerrado por arriba y por 10s lados, sin ventana alguna. solamente con Ia abertura de Ia puerta; levantan dentro de é1 un estrado de tina altura de seis pies, con vigas distantes una de otra cuatro pies, y sobre ellas van extendiendo tablas, en las cuales colocan los panes de azúcar: debajo de dicho e s ~ trado están algunos rnaderos secos. de árboles gruesos, 10s cuales, lanzándoles hego, no hacen Ilama ni humo, peru se van consurniendo de1 mismr, modo que el carbón. Y de este modo secan 10s azúcares, como en tina estufa, conservándolos dçspués en lugares todos cerrados coo tziblas, de modo que el :iirr no cntre. Las más antigua referencia a los ingenios de agua en Ia isla data de 1517, fecha en que Ia producción de Ia isla rondaria Ias 100.000 arrohas. Estos valores prueban que en poco tiempo São Tomé suplantó a Madeira, que producía 93.000 arrobas y nunca sobrepasaría Ia barrera de Ias 144.000, conseguidas en 1510. En São Tomé Ias plantaciones de canaverales producian mucho más, de modo que en 1520 Ia cosecha sobrepasó las 120.000, para alcanzar, en las décadas de los cuarenta a sesenta las 150.000. En este período el número de ingenios Ilegaria a los cuatrocientos. Precisamente en 1529, aiio en que Ia corona estipuló 10s necesarios incentivos para Ia construcción de ingenios, aparecen Ias primeras quejas de los madeirenses contra Ia competencia de1 azúcar de Sáo Tomé. A ello contribuiria el hecho de venderse en Lisboa, como si fuera de Madeira, para Ia fabricación de conservas. A partir de Ia década de los sesenta comenzaron a surgir Ias primeras dificultades en Ia cosecha azucarera de São Tomé. Primero, el asalto de 10s corsarios franceses rn 1567 v, después, Ia revuelta de los "' h1az>e.p@o d <liihoa 2 ;lha dt .Ti<i Toriri' eizritu por u»i piii>to <inónimo,Lisboa, 1989, pp. 2 5 ~ 2 9 .


angolefios en 1574 alcanzaron particularmente a los ingenios de azúcar. Pasados algunos anos se redoblaron Ias dificultades con 10s asaltos de 10s holandeses (1595-1596 y 1641) y Ia revuelta de 10s Mocambos (1595-1596). A esto se podrá afiadir la presencia de1 bicho de Ia cafia (1621) y, a partir de 1635, Ia falta de esclavos para Ia cosecha, debida a Ia presencia de 10s corsarios holandeses en 10s principales mercados negreros. Adviértase que en 1641, cuando tuvo lugar la ocupación holandesa, fueron abandonados más de sesenta ingenios, siendo 10s restantes quemados por éstos o por 10s angolefios. De esta forma, 10s invasores impedian su competencia con el de Pernambuco, que pretendian controlar. La coyuntura tuvo reflejos evidentes en Ia cosecha de Ia segunda mitad de siglo, conduciendo cl cultivo hacia un estado de crisis de1 que nunca se recuperaria.

Producción de azucar en Madeira y São Tomé

Si nos preocupamos en comparar el ciclo evolutivo de1 cultivo de Ia cafia en 10s diversos espacios de1 Atlántico donde fue cultivada, des-


cubririamos Ia existencia de afinidades entre su afirmación en un área y su decadencia en otras. Asi sucedi6 en Madeira con São Tomé y en esta isla con Brasil. E1 cultivo de 10s canaverales aparece en São Tomé a finalrs de1 siglo xv, esto es, en el moniento de apogeo de Ia producción madeirense, que alcanza en 1510 cl valor más elevado, entrando después en un movimiento descendente. Esta fase depresiva, que se acentúa a partir de 1525, coincide con el momcnto de afirmación de1 azúcar de São Tomé. Es precisamente cn Ias décadas siguientes, hasta mediados de siglo, cuando se alcanzan los valores más elevados. A partir de1 último cuarto de1 siglo XVI fue Ia competencia desenfrenada de1 azúcar hrasilefio Ia que dciinió iina acentuada quiebra en el periodo de 1595 a 1600. A esta coyuntui-a deberá anadirse Ia revuelta de los esclavos (15951, agravada por Ia destrucción de Ins ingenios provocada por e1 saqueo holandés. En verdad. este momento coincide con la plena afirmacit~nde1 azúcar brasilcno: cuya cosecha continuaria en franco ascçnso en Ias décadas pustcrirlres. E1 dominio holandis de Recife, al conri-ario de lo que habitualmentc se picnsa, no provocó una quiebra i i c cste ritmo, sino sólo quiebras puntuales, que se rcflejan cn los valores cle los anos de 1618 y 1645. Este periodo de nienor oferta de azucar hrasileno en los puertos peninsulares no deberi ser entendido como una quiebra de la producción sino s6lo como iin desvio de 10s circuitos comerciales. Esta coyuntura coincide con el retoriio de1 cultivo a Madcira y São Tomé, alcanzándose cn Ia última, entre 1641 y 1645 Ias 100.000 arrohas. Tal ritmo de rehabilitación de Ia economia azucarcria insular tuvo que afrontar Ias dificultadcs provocadas por 10s holandcscs, iiiteresados en rnantener Ia exclusiva de1 azúcar pcrnambuqiieno. A partir de ahi. e1 archipielago d r Sáo Tomé pasó a depender sólo de1 comercio de esclavos y de Ia pnca cosecha dc mandioca y maiz. Pçro Ia crisis de1 coinercio de esclav«s a partir de principias de1 siglo xix hizo que se operase un cambio radical eri Ia economia. Surgieron, entoncrs, nucvos cultivos (cacao. caft:. jengibre y aceite de palma), que proporcional-on un nuevo desafio agricola

La hierba pastel aparece en Ia economia insular en condiciones identicas a Ias de1 azúcar. Fue iin ciiltivo introducido por los europeos


IA economíu zncular

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para satisfacer Ias carencias de1 mercado de textiles. Hasta el siglo XVII, con la introducción de1 anil en Europa, ésta fue la principal planta de Ia tintoreria europea, de donde se extraian los colores negro y azul. Además, Ia disponibilidad de otras plantas tintoreras, como Ia orchilla (de donde se sacaba un tono castano rojizo) y Ia sangre de drago, trajo consigo Ia Ilegada de italianos y flamencos, interesados en el comercio, quienes a su vez nos legaron Ia nueva planta tintorera: Ia hierba pastel. La hierba pastel fue primero cultivada en Madeira, y después en Ias Azores y en Ias Canarias. Pero só10 en el archipiélago azoriano, en Ias islas de São Miguel, Terceira, São Jorge y Faia1 alcanzó rnayor dimensión económica. La toponimia registra si1 presencia y define 10s espacios de su cultivo. En Madeira se hace referencia al cultivo y al comercio );a en e1 siglo xv. Los italianos habian sido los principales interesados en el comercio, lo que los Ilevó a considerar a Madeira como la isla de1 pastel. En e1 siglo xvi está documentada su salida hacia Flandes. Pero 10s datos documentales son escasos así como Ias rcferencias que evidencian su presencia, lo que puede deberse a su posicidn secundaria en Ia economia madeirense en favor de otros productr~s,como e1 vino y el azúcar, dominantes y de los que se obtcnian elevados réditos. Fue en el archipiélago azoriano donde Ia hierba pastcl alcanzó un lugar de gran relieve. Su importancia es comparable a Ia que asumió e1 azúcar çn Madeira, Canarias y São Tomé. Fiic c1 cultivo de Ia hierba pastel e1 que activó 10s cambios con e1 exterior y despertd el inten:s de 10s mercaderes italianos, flamencos e ingleses. Su promocidn en Ias islas se debió a Ia presencia de 10s flarnencos. pero heron 10s ingleses en 10s siglos xvi y >i\,ii 10s que lo consumieron preferentemente. Ellos participaron en Ia colonización de Terceira cie I:aial. Pero iue en Ia isla de Sáo Miguel en donde se produjo Ia mayor parte de Ia hierba pastcl exportada de Ias h<ires, siendo ésta I-esponsable de Ia aparicidn de varias fortunas, como Ias de Jorge Hotelho y Francisco Arruda de Costa. Siguiendo e1 ejernplo de lo sucedido coii e1 azúcar en Madeira, Ia corona concedi6 varios incentivos para Ia promoción de1 cultivo, que, con Ia incesante búsqueda por parte de los niercaderes nórdicos, hicieron avanzar rápidamente su cultivo. En 1589 1.inschoten referia que «e1 negocio más Srecuente tle estas islas es e1 pastel», de cuyos componentes hacían el «principal empleo», siendo e1 comercio «e1 principal pro-

"


Portugal y las islas de1 Atlúntico

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vecho de 10s insulares* "; mientras que en 1592 e1 gobernador de São Miguel atribuía Ia falta de pan a1 dominio casi exclusivo de1 suelo por e1 cultivo de la hierba p a ~ t e l ' ~ . Los azorianos también procedian a Ia preparación de la hierba pastel para la exportación. Las hojas eran recogidas y después molidas en una máquina para extraer todo el jugo. Después, se hacían bolas re dondas que eran vendidas a 10s mercaderes. Eran éstos 10s que procedían a granear las referidas bolas en tanques de agua. La operación era lenta y requeria la presencia diaria de los granadores, cuyas funciones eran controladas por 10s veedores de aduanas. Los estatutos reales y municipales prestaban maynr atención a esta fase. Gaspar Frutuoso nos legó un testimonio precioso sobre el cultivt, y claboración de1 producto: Es Ia hierba pastel un cuarto gknrrci, que usan 10s tintoreros para dar color azul, sobre Ia cual se da rnejor el color negro; [...I cl cual, recogido en hojas, sc muele en Ias máquinas que dije, y está cn una bandeja Ia rnasa de éste hasta e1 dia siguiente. escurriendo algún jugo, y entnnces son obligados los labradores a haccr bolas, haciendo unos bolos redondos, cada uno cuanto pueden comprender ambas manos en e1 medio, y, después dç hacer Ias bolas, se ponc a secar en unos canizos a1 sol y al viento, y sçco se guarda en casa hasta cl mes de enero, febrem y mario, cuando lo pesan y recihen los mercaderes y reccigen cn sus silos ladriUados y entalados, donde quebrando aquçllos bollcis cada diei quintalrs, poco más o menos, vierten una pipa d r agua, dondç lo guardan treinta dias ganando rnucho calor y virando cada dia. Pasados los treinta dias, por algún cspacio de tiernpo, lo vuelven cada dos dias, y despuks 10 viene a virar el granador, que lo grana dos dias a la semana hasta secarse, y después 10 venden 10s de Ia tirrra a l<isde fuera o a Icrs de Ia misma tierra... "I.

La lentitud de las tareas de fabricación, de la que dependia Ia calidad de1 pastel, Ilevó a la corona a cstablecer en 1536 a través de1 «estatuto sobre el beneficio de1 pastel y Ia elección de 10s veedores de aduana» las normas adecuadas a su cultivo fabricación de1 producto final de exportación. La orchilla fue también un importante recurso de Ias islas que tuvo idéntico aprovechamiento en Ia industria tintorera. Esta es una planta

" " 'I

Op c i t . pp. 152~154. Arquivo dos Aqorrs, 11, 130. M. O. Rocha (;i]. O I'orro de Ponta Ililgiid<i

.

pri. 90~100.


La economia ~ s u l u u

173

indígena de Ias islas Azores, Canarias, Cabo Verde y Madeira, aunque su importancia en la economia insular só10 seria relevante a partir de1 siglo xvrri. Esta planta crecia en Ia roca escarpada de1 litoral, convirtiendo Ia operación de recogida en un trabajo arriesgado. En 10s archipiélagos que se encuentran más allá de1 Rojador se ignora Ia presencia de Ia hierba pastel, a pesar de Ia importancia que alli asumió e1 cultivo de1 algodón y Ia consecuente fabricación de panos. E1 clima, e1 desconocimiento de Ias técnicas de tintoreria, demostrada en Ia entrega de Ia explotación de Ia orchilla a 10s castellanos, favorecieron esta coyuntura. Pero aqui e1 cultivo de1 algodón fue impuesto por 10s mercados costeros africanos, carentes de hilo para la industria textil. De acuerdo con Valentim Fernandes, el cultivo de1 algodón incidia en las islas de Santiago, Maio y Fogo "I. De esta última' recibió la corona, en 1513, 890 quintales de diezmo, lo que significa una importante ~roducción,existiendo, por ende, un administrador de1 algodón. Hasta 1517, e1 algodón era exportado en bruto, después de reunido y limpio en Santiago, pero a partir de entonces 10s insulares pasaron a fabricar panos que después enviaban a Ia costa de Guinea. A lo largo de1 siglo xvii e1 algodón se presentó como primordial para Ia economia caboverdiana, siendo e1 principal incentivo, a1 lado de Ia sal, de los cambios comerciales con Ia costa africana. Fue, asimismo, uno de 10s más importantes objetivos de Ia codicia de 10s corsarios, siendo usado numerosas veces, en momentos de penuria económica, como moneda de cambio en Ias transacciones locales. En los archipiélagos de Madeira y Azores sólo se sabe que fue cultivado e1 lino, con el cual se fabricaban 10s panos más comunes usados por la gente modesta, ya que los tejidos de luio eran importados de1 reino o de1 extranjero. Pero fue en Sào Miguel, especialmente en 10s municipios de Ribeira Grande y Lagoa, donde e1 cultivo tuvo mayor repercusión, produciéndose panos (de estopa, de servilletas. manteles) para uso de 10s naturales y exponación hacia Ias islas vecinas, en tanto Ias piezas de lino podian ser enviadas a1 extranjero, especialmente a Inglaterra.

La economia de Ia islas no se limitó só10 a 10s productos traídos por 10s colonos europeos, pues ellos también disponían de recursos ma-


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Portugal y las d a s de1 AtlántLco

ritimos y terrestres. En cuanto a1 primer aspecto, es necesario tener en cuenta que 10s insulares, por Ia forma de asentamiento riberefio, se revelaron eximios marineros y pescadores, extrayendo de1 mar, por eso mismo, un gran número de recursos con valor alimenticio. La actividad pescadora en 10s principales puertos y fondeaderos cautivó Ia atención por Ia abundancia de pescado y mariscos. E1 área marítima definida por Ia costa occidental africana, entre cabo Aguer y Ia entrada de1 golfo de Guinea, era mucho más rica en pescado, siendo frecuentada por 10s vecinos de Madeira y de Ias Canarias, así como por los pescadores de1 Algarve y Andalucia ' I . Sin embargo, el balance de Ias capturas de 10s madeirenses y azorianos no fue suficiente para colmar Ia carencia de los mercados, ya que habia necesidad de importar pescado salado o ahumado de Europa de1 Norte. En Cabo Verde, además de Ia pesca, existi6 Ia industria de Ia sal en Ia isla con e1 mismo nombre, Maio y Boavista, consumida, preferentemente, en el mercado de Ia costa de Guinea. Pero en Ias islas abundaban otros recursos con valor mercantil inmediato que merecieran también e1 interés de 10s insulares. La orchilla crecia en abundancia en Ias islas de Madeira, Porto Santo, Desiertas, Salvajes, São Jorge, Corvo, Flores, Santa Maria, La Gomera y e n Ias de Cabo Verde. En estas últimas, la explotación fue concedida en 1468 a João y Pedro de Lugo, pasando en 1527 a Vaso de Foios. En 1513 Ia explotación de Ia orchilla fue arrendada en São Nicolau y Santa Luzia por 55.500 reales'? En la primera mitad de1 siglo x?x tuvo un gran incremento e1 comercio de orchilla, que fue entregado a arrendatarios extranjeros, pasando en 1844 a1 estado con exclusividad, y, tras cinco anos, pasó a ser libre. Ésta se exportaha hacia Inglaterra, Holanda y Francia. Lo m i m o sucederá en Madeira v Azores. Es de destacar igualmente Ia importancia que asumió Ia extracción de sangre de drago en Ia isla de Porto Santo, siendo también un importante ingrediente de la tintorería. Valentim Fernandes y Gaspar Frutuoso nos refieren Ia abundancia de dragones en Ia isla, que durante mucho tiempo fueron e1 principal soporte económico.

" A. Rumeu de Armas, «Pesquerias Espanholas cm Africa (siglos XV c X1?)», rn Anuúrio de Eltiidoi Atlünticor, :n 23, p. 371. " fliit<irisGrrol d<,Cdbo Verde, Corpo Diiciimrniai, n? 88, pp. 241~243.


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En el ámbito de Ia silvicultura sobresale también e1 aprovechamiento de Ias maderas, necesarias para Ia construcción de barcos, casas, ingenios y medios de transporte; de Ias lenas, usadas como combustible casero e industrial (en 10s ingenios y en Ias forjas); y de Ia brea para Ia calafateria de 10s navios. La insistente solicitud de maderas y lenas, especialmente en Ias isIas donde el cultivo de Ia cana de azúcar adquirió alguna importancia, fue desastrosa para el equilibrio ecológico, no respetando incluso a Madeira, que mereció tal nombre por la abundancia y esplendor de su arbolado. Esto Ilevó a 10s municipios a tomar medidas de control en e1 desbaste forestal, con mayor evidencia en Madeira, donde el parque foresta1 fue devastado por Ia cosecha azucarera. En Cabo Verde y São Tomé es de destacar, por último, Ia importancia que asumió e1 comercio de maderas de Guinea con destino a1 reino. Valentim Fernandes, a principios de1 siglo m, y más tarde Gaspar Frutuoso, celebran Ia riqueza de1 archipiélago madeirense en este material. Las maderas de palo santo, barbuzano, tejo, cedro, ti10 y aligustre abastecian Ias necesidades de Ia industria local y se exportaban a1 reino y plazas mediterráneas. Incluso se decia, en e1 siglo xv, que las maderas de Ia isla revoludonaron Ia construcción civil de Lisboa, permitiendo Ia aparición de construcciones con más de un piso. Con Ia intención de defender este rico patrimonio se establecieron estatutos en 10s que se regulaba e1 corte d e maderas y lefias, siendo los más importantes 10s de 1561 y 1562. La isla, que en e1 inicio de Ia ocupación había atemorizado a 10s pobladores por Ia densidad de1 arbolado, era ahora en Ia vertiente sur una ladera en vias de desertización. No fue e1 inicial incendio, que Ia tradición dice que duró quince anos, el motivo de esta situación, aunque si lo fue Ia incesante búsqueda de lenas para Ia fabricación de1 azúcar.

El sistema d e cambios, en e1 amplio y multifacético mundo insular, dependió de un múltiple conjunto de factorçs, activadores o no de1 intercambio. En este contexto valoramos 10s productos, pero es necesario tener en cuenta que éstos no fueron por si solos suficientes para mantener e1 sistema de carnbios. Para que ello tuviese lugar fue nece-


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saria Ia existencia de condiciones que lo favoreciesen, como 10s medios y Ias vias de contacto, Ia presencia de agentes capaces de responder a 10s diversos desafios y 10s instrumentos de pago adecuados a1 volumen y duración de 10s cambios. E1 comercio es, simultáneamente, Ia causa y Ia consecuencia de Ia conjunción armoniosa de este conjunto de factores, que condujeron al progreso de Ia sociedad y economia insulares. E1 proceso histórico pone de relieve, de forma clara, esta realidad. Seria Ia aparición de1 comercio azucarero lo que condicionaria e1 desarrollo de infraestructuras portuarias y lo que implicó e1 nivel de progreso de los centros urbanos en Madeira, Canarias y São Tomé. Lo mismo sucedió en Sào Miguel con e1 desarrollo de Ia hierba pastel. Esta actividad, que mereció el pleno apoyo de los insulares y que encontró allí los mecanismos adecuados para ello no era ajena a Ias presiones de Ia economia atlántica, así como a los obstáculos humanos y naturales. Fue e1 europeo quien definió 10s circuitos comerciales y procuró mantenerlos bajo control. Las islas fueron, por lo tanto, encaradas como espacios periféricos que dependían umbilicalmente de1 centro europeo. Por otro lado, Ias coronas peninsulares, empenadas en definir un comercio monopolista, intervienen con asiduidad, regulando de forma exhaustiva Ias actividades económicas y delimitando e1 espacio de maniobra de sus agentes. La excesiva intemención de Ia corona, unida a Ias intemperies esporádicas, tempestades marítimas, peste, piratería y corsarios, fue Ia principal responsable en determinados momentos de1 bloqueo de 10s circuitos comerciales. A todo esto se podría anadir e1 permanente interés en el control y regulación de1 sistema de cambios, que derivó, en primer lugar, de Ia ingente necesidad de preservar para Ia corona e1 monopolio de1 comercio de determinados productos en áreas definidas, y, en segundo, de la necesaria acción con el obietivo fundamental de asegurar el abastecimiento local y, al mismo tiempo, definir los productos adecuados para un cambio en e1 mercado mediterráneo atlántico. Las instrucciones de Ia hacienda real iel almojarifazgo y, después, Ia Proveeduria de Ia Hacienda) junto con los municipios dictaban Ias ordenanzas necesarias para tal política económica y controlaban su ejecución. Esta actitud es constante y abarca todos 10s sectores de actividad. Las autoridades intervienen en Ia producción, en el proceso transformador de Ias materias primas, en Ia distribución y en el comercio de


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te a un área importante en e1 tráfico negrero hizo que se mantuviesen, necesariamente, como meras factorias. La valorización de 10s recursos azucareros de São Tomé o ganaderos de1 archipiélago caboverdiano no fueron suficientes para competir con Ias rutas de1 tráfico negrero, a partir de1 siglo XVI. De acuerdo cou esto, es común definir Ia economia de Ias islas por su carácter periférico, aunque éste era necesario para Ia afirmación de 10s intereses hegemónicos más allá de1 Atlántico. De este modo, e1 mercado insular se caracterizó por Ia carencia de identidad y de estructuras o medios que le posibilitasen suplantar tal posición. Un análisis más profundo de 10s mecanismos socioeconómicos insulares nos revela que en Ias sociedades insulares se desarrollaron actividades económicas fuera de1 alcance de los sectores dominantes. En cierta medida, Ias relaciones interinsulares, derivadas de su complementariedad, son e1 ejemplo más evidente. Con base en esto, emerge Ia estructura comercial de los archipielagos, definida por Ia heterogeneidad y expresada en una variedad de áreas, productos, circuitos y agentes comerciales, que darán origen a tres formas de1 sistema de cambios: 1. e1 comercio de navegación interna e interinsular, englobando Ias comunicaciones y contactos comerciales en e1 mercado interno, a nivel local, regional e interregional, definiendo este último los contactos entre Ias islas de1 mismo archipiélago; 2 . el comercio interinsular, estableciendo Ias conexiones a nivel de 10s archipiélagos atlánticos; y 3. e1 comercio atlántico, circunscrito a 10s contactos de larga o corta distancia con los mercados europeo, africano y americano. La permanente y siempre activa comunidad peninsular se asociará desde e1 inicio a 10s elementos más prominentes de1 tráfico internacional nórdico y mediterráneo, que conducirán a Ia excesiva vinculación de Ias islas a 10s grandes espacios continentales. Asi, en Madeira y Canarias, asumen particular importancia las colonias italiana y flamenca, que olvidarán por algún tiempo 10s conflictos religiosos y se unirán en pro de una causa común: e1 comercio. El interés fundamental estaba en e1 azúcar. Pero en Ias Azores Ia presencia de los flamencos y, después, de 10s ingleses estaba motivada por Ia oferta de Ia hierba pastel, en tanto 10s castellanos, holandeses e inglçscs aparecen en Cabo Verde o São Tomé impulsados por Ia trata de negros.


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La ruta de conexión de1 mundo insular con los origenes europeos fue, sin duda, Ia más importante de1 comercio externo en 10s siglos xv y m. Más tarde, a ésta se sobreponen Ias de contacto con el mercado americano, que tuvieron una importancia especial para Ias islas de Ia costa y golfo de Guinea. La permanencia y fortalecimiento de estos contactos fue e1 resultado de Ia existencia de productos y mercados adecuados para e1 cambio con estos destinos. Para e1 europeo Ias islas fueron, por encima de todo, un mercado capaz de suplir las necesidades alimenticias, de productos industriales y mano de obra esclava. A esto se suma la posibilidad de ser cllos mismos los consumidores de 10s excedentes de las manufacturas europeas. La disponibilidad de esta última hacía aumentar Ias ganancias de Ias transacciones comerciales y definia una extrema dependencia de los mercados insulares, agravada por e1 cambio drsigual. Diferente fue Ia relación de Ias islas con el mercado americano. E1 protagonismo de cada archipiélago dependi6 de Ia oferta de productos y servicios y de1 mutuo empeno de insulares y americanos en el refuerzo de estos contactos. En e1 Mediterráneo Atlántico se expresó en dos fases distintas: primero, de apoyo al lanzamiento de las nuevas sociedades con e1 cambio de experiencias de aprovechamiento económico y coo el servicio de apoyo a Ias rutas de conexión a este nuevo mercado; después, fue la relación directa de las islas con Ia oferta de1 vino. En las islas de Cabo Verde y São Tomé tiene relevancia Ia función de los mercados redistribuidores de1 tráfico negrero, necesario para Ia economia americana. La desmesurada importancia de1 impacto continental, europeo, africano o americano relegó a un segundo plano Ias no menos relevantes formas de contacto y comercio en el mercado insular. Fueron pocos 10s estudiosos que se apercibieron de Ia iniportancia de esta última realidad y le atribuyeron su verdadero significado. Para nosotros, está comprobado que tales conexiones marcaron d e forma evidente Ia sociedad y economia insulares, principalmente en el Mediterráneo AtIántico. La vecindad y Ias facilidades en Ias comunicaciones, aliadas a Ia complementariedad y siniilar nivel alcanzado por e1 proceso socioeconómico, sedimentaron Ia red de interrelaciones. En este particular, Madeira, merced a la posición bisagra entre los archipiélagos de las cana^


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rias y de Ias Azores, fue importante para e1 mantenimiento de este intercambio. Los contactos intercontinentales fueron diferentes, expresándose de acuerdo con su destino. En los cambios con el mundo europeo dominaron en exclusiva, además de los esclavos, los productos conocidos como coloniales e 1 azúcar y Ia hierba pastel-, mientras que con e1 litoral africano, además de Ia búsqueda de mano de obra barata, subsiste la obligación de abastecer a las factorias y plazas de cereal. La demanda de las plazas occidentales sólo será posible con el recurso, primero, a1 contrabando y, después, a Ia facilidad en e1 abastecimiento de1 nuevo mercado de vino. Entretanto, en Ias islas, 10s contactos internos se afirmaron como resultado de Ia complementariedad latente a partir de 10s componentes de Ia dieta alimenticia: c1 vino y los cereales.

E1 comercio de cuhotaje La disposición de Ias áreas ocupadas de acuerdo con Ias cundiciones geográficas fue un factor preponderante en e1 establecimiento de Ia red de contactos entre 10s varios núcleos de población. E1 hecho de que estemos ante islas en que e1 mar era, por encima de todo, Ia via privilegiada y Ia dificultad creciente de los medios y posibles vias de comunicación terrestres, Ilevó a que 10s circuitos de cabotaje fuesen importantes. La primada de Ias vias maritimas era menor en aquellas isIas en que Ia orografía permitia una fácil circulación interna. En Ias islas de Madeira, Sáo Miguel y Terceira t'stas se expresan de modo diverso. En cuanto a Ia primera, lo accidentado dc las vertientes casi imposibilitaba un contacto terrestre, mientras que en Ias restantes, Ias tierras Ilanas y Ia suavidacl de 10s declives facilitaron esta forma de contacto. En Madeira Ias vias de comunicacicin terrestre fueron una realidad a partir de1 siglo m. De este modo, Ia economía agrícola de Ia isla tuvo que obedecer a Ias posibilidades de Ia via marítima, siendo definida por Ia orla litoral. E1 mar dominó los contactos y Ia vida cotidiana. E1 rumbo trazado por los primeros pobladores, eii e1 reconocimiento de Ia isla en e1 siglo xv, perduró por mucho tiempo. Esta situación condicionó Ia forma de progreso de Ia población y de Ia economia, que se desarroIIó a partir de las ensenadas y fondeaderos. Ante esto, aparecieron 10s lugares de población -Funchal, Machico. Santa (:riiz, Ponta d o Sol,


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Calheta- que adquirieron una importancia en el proceso económico y social de Ia isla. Fue en torno a estos lugares, con un estatuto institucional definido, donde giró todo el movimiento de mercancias y personas. La red de distribución de1 azucar es ejemplar y Ia expresión más perfecta de esta realidad. A pesar de existir una aduana en cada capitania, e1 puerto de Funchal se mantuvo como la puerta de entrada y salida de Madeira. La de Santa Cruz fue de vida efímera y Ia corona siempre se preocupó en mantener el sistema de cambios de cada isla centrado en un lugar portuario importante. Así sucedió con Funchal, Ponta Delgada, Angra y Ribeira Grande (más tarde Praia), respectivamente, en Madeira, São Miguel, Terceira y Santiago. En todos los lugares Ias varias tentativas descentralizadoras fueron perjudiciales en cuanto a1 control de Ia Hacienda Real. Ante esto, en el caso de Madeira, Ia salida de1 azúcar, principal producto de cambio en los siglos xv y m, se efectuaba a partir de1 puerto de Funchal, cargando toda Ia producción de Ias comarcas de Ponta d o Sol, Ribeira Brava, Calheta y el mismo Machico, siendo alli conducida y después despachada en Ia aduana hacia los múltiples destinos. Por eso misrno, era en Funchal donde se instalaban 10s mercaderes interesados en el comercio de1 producto y era también aqui donde se recibía e1 cereal y las manufacturas que después eran canalizadas en el sentido inverso, hacia Ias localidades de ta isla. En el caso de Ribeira Brava, Gaspar Frutuoso menciona que es «una fresca finca donde los moradores de Ia ciudad encuentran y les Ilega e1 mejor trigo, frutas, caia, carnes, y en mayor abundancia que en toda Ia isla; y se puede con razón llamar e1 granero de Funchal, como a Ia isla de Sicilia se Ia llama el de Italia»". Para mantener este circuito era necesario un grupo numeroso de barqueros. Funchal y Ias demás localidades estaban en condiciones de satisfacer tal demanda. Una situación más característica tenia lugar en las Azores, donde la estructura comercial de1 archipiélago se esbozó de modo complicado, definiéndose por Ia heterogeneidad de 10s espacios económicos. De hecho no existe unidad, pero si una variedad en productos, circuitos comerciales, mercaderes nacionales y extranjeros. En e1 centro estaba un grupo de islas (Terceira, Faial, Graciosa, São Jorge, Pico), colocadas en

G. Frut~ioso..Souiiud<i d<i Tcrro, lih. 11, p. 88


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una posición geoestratégica importante. de acuerdo con e1 trazado de ias rutas atlánticas. Por eso tuvimos dos areas como almacenes comerciales: Terceira (Angra) y Faial. En e1 extremo occidental y oriental estaban dos grupos de islas desplazadas de1 principal eje comercial atlántico y, por eso mismo, secundarias. Su valoración sólo fue posible gracias a sus potencialidades endógenas. Las idas de Flores y Corvo, por su reducido espacio y parcos recursos naturales, fueron dejadas al olvido y só10 se destacaron por el apoyo que prrstaron a l a s dos carreras de Ias Indias. Las de São Miguel y Santa Maria mantuvieron una situación privilegiada en el mercado azoriano, por sus posibilidades de aprovechamiento agrícola, con el trigo y la hierba pastel. De este modo, podemos definir dos áreas económicas en e1 archipiélago donde domina uno y otro sector dc actividad: una central, dominada por Terceira, Flores y (:onro, que se afirmará como e1 eje de apoyo y abastecimiento de Ia navegación atlántica y de1 c<]mercio; otra periférica en Ia isla de Sâo Miguel y Ias restantes, donde Ia agricultura fue dominante. Este ambiente valorizador de Ia via marítima condicionó también Ia construcción naval, que mereció en ambos archipiélagos un gran incremento, como resultado de Ia disponibilidad de buenas maderas. Pero su desarrollo tuvo lugar de forma controlada, estando sujeto a nu me^ rosas restricciones por parte de la corona. Sólo en Ias islas de São Miguel y Terceira existieron astilleros navales para servicio de Ias islas y de Ia navegación atlantica. Con anterioridad establecemos para este archipiélago dos espacios dominantes, abarcando igual número de mercados para el comercio de trigo: Terceira y Sào Miguel. Era a partir de estas islas desde donde se hacia toda la distribución de1 cereal, pues cran las únicas que disfrutaban de óptimas condiciones para el comercio intrrnacional. De este modo, a nivel de Ia definición de1 mrrcado cerealífero azoriano, tendremos que distinguir dos formas de cambio paralelas y similares: e1 comercio y ei transporte entre idas y cor1 ei exterior. E1 comercio de cabotaje se preseritaba reaitalizado con e1 abastecimiento de Ias áreas carentes o c«n r1 envio de 10s excedentes hacia 10s mercados exportadores A n g r a y Ponta D e l g a d a Así sucedió en Terceira en relación con Ias islas de1 grupo central y occcidental, y en São Miguel con Santa Maria.


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E1 mercado de Terceira, a lo largo dçl siglo m, se definia por tres importantes centros exportadores: Angra, Sáo Sebastião y Praia. A partir de ahi se mantenía e1 comercio. De éstos destacó e1 dc Sáo Sebastião, que se mantuvo hasta finales de1 siglo con un activo movimiento. Este municipio abarcaba el mejor área dc cultivo de cereales. El micaelense presentaba igualmente dos puertos de salida de cereal (Ponta Delgada y Vila Franca do Campo) con una zona de producción envolvente. No obstante, el de Ponta Delgada se presentó, a partir de 1518, como el principal centro de comercio, relegando a 10s otros a un segundo plano o, de forma mas propia, a una situación dependiente. Esto se volvió más evidente en e1 siglo mr, considerándose en 1684 que éste era «e1 camino por donde se envían 10s cargamentos de trigo de toda ella», aunque estuviese autorizada, cn 1679, Ia salida de cereal por cualquier puerto ". Fue e1 micaelense e1 que, después de Ia quiebra de mediados de1 siglo m, alimentó todo e1 trato comercial de1 trigo, a nivel interno y externo. Este granero acudió a Terceira en niomentos de apuro, como en 1591, enviando el trigo necesario para 10s militares de1 presidio, y en 1675, con Ia cantidad solicitada para colmar Ia falta alli existente. Además, en 1595, Linschoten referia que «ella produce igualmente trigo de1 cual provee muchas veces a Ias otras islas en caso de necesidad» i'. E1 mercado cerealifero de Sáo Miguel se afirmó, a partir de mediados de1 siglo m, como e1 principal granero azoriano, en tanto el de Terceira fue colocado en un segundo plano. perdiendo toda Ia importancia que tenia en e1 coniercio, a pesar de Ia actividad de1 puerto de . São Sebastiáo. Esta situación perduró hasta inícios de1 siglo m ~momento en que se inició una ligera recuperación en Terceira, que duró poco tiempo, ya que en 1640 se retornó a1 estado anterior. Pero en esta década de 10s cuarenta la crisis se generalizó a todo e1 mercado de1 trigo azoriano. Este movimiento puede entendcrse dentro de la crisis de Ia economia atlántica, alcanzando e1 punto culminante en c1 archipiélago en Ias décadas de los sesenta y setenta. En Terceira y Sáo Miguel Ia via terrestre fue un medio privilegiado para 10s contactos. Se establecieron, pues, circuitos de distribución in" d a ,

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terna entre 10s principales puertos de salida. En el caso de São Miguel fue redoblado e1 interés de 10s municipios por reparar los caminos y por e1 reglamento de1 oficio de carretero. También en Cabo Verde Ia afirmación dominante de Santiago, a través de los puertos de Ribeira Grande y Praia, generó idéntica trama de circuitos entre las islas de1 archipiélago. A este movimiento interno de cada isla tenemos que anadir, necesariamente, en Cabo Verde, São Tomé y Azores aquel que se establecia entre las islas de un mismo archipiélago. En e1 caso azoriano esta via fue importante, debido a las condiciones especificas de cada una de Ias islas. A esto deberá anadirse la política de desarrollo trazada por la corona portuguesa, que condujo a una división, aunque imperfecta, de los espacios agrícolas y de servicio. El flujo de embarcaciones de las rutas oceánicas hacia Angra hizo de la ciudad el principal centro de servicio de apoyo a la navegación atlántica y, por eso mismo, se creó a su alrededor una diversificada red de cabotaie de apoyo, que alcanzaba a toda la isla y a las vecinas (Sáo Jorge y Graciosa). Una vez más Gaspar Frutuoso, perfecto conocedor de Ias islas, expresa esto, de forma clara, a1 afirmar que «todas las otras islas son sus esclavas, pues cuanto en ellas se cria viene para ellan, concluyendo que eran «fincas» de Terceira. Era el puerto de Angra e1 que abastecia las islas de1 grupo central y occidental de manufacturas europeas: vino, azúcar y derivados de la isla de Madeira, a cambio de 10s cereales, ganado, legumbres, maderas, lena, fruta y barro. Después, e1 proceso económico al que las islas estuvieron sujetas las condujo hacia una situación cada vez más independiente. En Ias Azores, Terceira pasó a mantener el dominio sobre Graciosa y Ia parte de la costa de São Jorge orientada hacia ella. Faial se ligaba a Pico y São Jorge, Flores a Corvo, y São Miguel a Santa Maria. A partir de aqui se estableció una especialización en los servicios prestados por cada área o puerto. Angra fue Ia ciudad de apoyo a Ia navegación intercontinental, Horta e1 centro de comercio de1 vino y Ponta Delgada el puerto de comercio de1 cereal y la hierba pastel. E1 hecho de que en Ia primera hubiera existido un puerto importante en 10s contactos intercontinentales Ilevó a1 establecimiento de servicios consulares como apoyo de Ias actividades legales e ilegales. Primero fueron los franceses (1609), después 10s holandeses (1655) y, finalmente, los


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alemanes, suecos, daneses, noruegos y castellanos, todos en Ia década de 10s ochenta de1 siglo XVII. Por 10s mismos motivos 10s castellanos, cuando tuvo lugar Ia unión dinástica, se preocuparon por Ia ocupación de1 archipiélago. Para ellos eso seria la principal garantia para Ia seguridad de sus flotas, que por alli pasaban. Pero sólo lo consiguieron, con mucha dificultad, después de haberse enfrentado a Ia resistencia terceirense apoyada por 10s ingleses y franceses, ambos interesados en mantener un puerto de apoyo para Ias incursiones en e1 Atlántico. Más hacia el sur Ias factorias de Santiago y São Tomé además de centralizar e1 tráfico comercial de cada archipiélago, se afirmaron, por algún tiempo, como 10s principales almacenes de1 comercio con el litoral africano. Santiago mantuvo, hasta mediados de1 siglo xvi, e1 control sobre e1 comercio de Ia costa de Guinea y de Ias islas de1 archipiélago con e1 exterior. Y fue también el centro de redistribución de 10s instrumentos y mantenimiento europeos y de distribución de Ia sal, carne adobada, cueros, panos y algodón. Mientras que Ia primera situación, con la evolución de Ia coyuntura económica, fue perdiendo importancia, Ia segunda se mantovo por mucho tiempo, definiendo una trama complicada de rutas entre las islas de1 archipiélago.

El comercio tnterinsulur

E1 comercio entre Ias islas de 10s tres archipiélagos atlánticos resultaba no só10 de la complementariedad económica, definida por Ias asimetrias proporcionadas por Ia orografía y e1 clima, sino también de Ia proximidad y asiduidad de 10s contactos. El intercamhio de hombres, producto y técnicas dominó e1 sistema d r contacto entre los archipiélagos. Madeira, merced a Ia posición ~rivilegiadaentre Ias Azores y Ias Canarias y de Ia parcial cesión de dominio de Ias rutas indica y americana, presentaba mejores posibilidades para el establecimiento y manutención de este tipo de intercambio Los contactos con las Azores resultaron de Ia fuerte presencia madeirense en Ia ocupación y de Ia necesidad de abastecimiento de cereales, ya que el archipiélago de las Azores era uno de los principales productores. Con Ias Canarias las inmediatas conexiones fueron resultado de Ia presencia de madeirenses, a1


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servicio de1 infante don Henrique, en Ia disputa por Ia posesión de1 archipiélago y de la atracción que éstas ejercieron sobre 10s madeirenses. Todo esto contrastaba con Ias hostilidades azorianas hacia la ruta de abastecimiento de cereales a Madeira. Anadir, también, que Funchal fue por mucho tiempo un puerto dç apoyo a I»s contactos cntre Ias Canarias y e1 viejo continente. Los contactos asiduos entre los archipiélagos, caracterizados por Ia permanente corriente emigratoria, sc definen como una constante de1 proceso histórico de los archipiélagos, hasta el momento en que e1 enfrentamiento político o económico 10s separó. Esta última situación emerge en Ia segunda mitad dcl siglo xvii como resultado de Ia competencia creada por el vino producido. simultáneamente, en 10s tres archipiélagos. El trigo fue, sin duda, e1 principal móvil de Ias conexiones interinsulares. Según los testimonios de Giulio L;indi (1530) y Pompeo Arditi (1567) 10s cereales fueron 10s principales activadores soportes de1 sistema de cambios entre Madeira y los archipiélagos vecinos, que, por eso mismo, fueron considerados e1 grancru madcirense. La ruta de abastecimiento de cereales tuvo su máxima expresión a principias de1 siglo xvi. La referencia mas antigua al envio dc trigo de Canarias hacia Madeira data de 1503 en La Palma y 1506 en Tenerife, rti tanto la presencia de1 azoriano solo está documentada a partir de 1508, ano en que Ia corona defini6 Ia obligatoriedad dcl abahtecimiento ;i Madeira. E1 comercio de1 cereal a partir de Ias Canarias se consolidó a través de Ia regularidad de los contactos con Madcira, siendo sólo perjudicado por 10s embargos temporales, micntras quc el de Ias Azores fue impuesto por la corona, ya que Ia burguesia y iiristocracia azorianas, especialmente de São Miguel, no se mostrahan iriteresadas en mantener esta via. Todo e1 enipeno de 10s azorianos estaha canalizado hacia el comercio especulativo con e1 reino o hacia 10s contratos de ah;istecimiento de Ias plaias africanas. Ilesde 1521 e1 prccio )- Ia forma dc transporte de1 cereal aioriano eii Madeira estaban lxijo cl control de1 municipio. De este modo era difícil Ia especulaci6n por parte de Ins arrendatarios y mercaderes micaelenses. La garantia de abastecimiento intcriio de cereales, que habia sido una constante en c1 inicio de Ia coloiiizacion de Madeira, no resisti6 e1 asalto de los cultivos europeos para Ia exportación, que en poco tiempo invadieron casi todo el territorio arable. El ;irchipiélag«, compuesto só10


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por dos islas, siendo una de ellas de débiles recursos, tenia que asegurarse necesariamente e1 abastecimiento recurriendo a Ias islas vecinas. En 1546 de 12.000 moyos consumidos sólo un tercio fue producido localmente, siendo e1 resto importado de Ias islas próximas o de Europa. En los siglos m y xvii Ia oferta de1 cereal insular, de Ias Canarias y de Ias Azores, representó cerca d e Ia mitad de Ias entradas. En el caso de Ias Azores casi todo provenia de São Miguel y de Faial, en tanto en Ias Canarias destacaron Ias islas de Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife. La permanencia de esta ruta de abastecimiento de cereales implicó Ia extensión de los cambios comerciales entre los tres archipiélagos, ya que al comercio de1 cereal se asociaron otros productos, como contrapartida favorahle para 10s cambios. A Ias Azorrs los madeirenses tenían para ofrecer vino, azúcar, conservas, maderas, ejes y duelas de pipa, reexportación de instrumentos y otros productos de menor importancia. Para Ias Canarias Ia oferta se extendía a Ia fruta verde, manojos de mimbre, zumaque y panos de estopa, sayal o manta. Las islas azorianas fueron al principio un consumidor preferente de1 vino madeirense y canario. Todo esto debido a Ia necesidad de encontrar una contrapartida rentable al comercio de cereales y por ser el vino que producían de baja calidad. Pues el afamado vino de Pico se afirmó sólo a partir de Ia segunda mitad de1 siglo XVII. En e1 ano 1574 el vino de Madeira desembarcado en el puerto de Ponta Delgada representaba el 42 por ciento de Ias importaciones vinícolas, siendo el más cotizado en el mercado micaelense. Lo mismo sucedia en Angra en Ia segunda mitad de siglo, En e1 siglo xvii el mayor incremento de Ia viticultura de Ias islas de1 grupo central y Ia creciente mejoría de calidad contribuyeron a Ia subordinación de1 producto en el sistema de cambios con Madeira y Ias Canarias. A finales de Ia centuria el producto todavia continuaba siendo destacado en Ias entradas de Ia aduana de Ponta Delgada. El comercio entre Madeira y Ias Canarias era muv anterior al establecimiento de los prirneros contactos con Ias Azores. La rclación se iniciaria a mediados de1 siglo xv, activada por Ia disponibilidad en el archipiélago de csclavos, carne, queso y sebo. Pero Ia insistencia de los madeirenses en los contactos con Ias Canarias no seria de1 agrado de1 infante don Fernando, senor de Ia isla, interesado en promover 10s contactos con Ias Azores. A pesar de eso. ellos continuaron y Ia ruta adquirió un lugar relevantc en Ias relaciones extrrnas de Ia isla. valiéndole


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para e110 Ia disponibilidad de cereal y carne, que eran cambiados por instrumentos, zumaque y esclavos negros. Esta última y peculiar situación aparece en la primera mitad de1 siglo m ~con , cierta evidencia en 10s contactos entre Madeira, Lanzarote y Fuerteventura. Algo diferente sucedió en 10s contactos comerciales entre las Azores y las Canarias, que nunca asumieron Ia misma importancia que 10s madeirenses. La poca facilidad en Ias comunicaciones, Ia distancia entre 10s dos archipiélagos y Ia dificultad en encontrar 10s productos con posibilidades de intercambio hicieron que estos cambios fuesen esporádicos. Sólo las crisis cerealíferas de1 archipiélago de Ias Canarias hicieron que e1 trigo azoriano Ilegase alli en 1563 y 1582. A veces ia permuta se hacía a partir de Madeira, com« sucedi6 en 1521 y 1573. La contrapartida de Canarias para este comercio se basaba en e1 vino, 10s tejidos europeos y la brea. En e1 siglo xvii, los registros de la aduana de Ponta Delgada, entre 1620 y 1694, testifican un crecimiento de los contactos comerciales con este destino, pues e1 número dc entradas y salidas se encontraba en segundo lugar, seguido por Madeira. A otro nivel estaban Ias relaciones interinsulares con los archipiélagos de más allá de1 Bojador. Primero, Ias dificultades en Ia ocupación só10 condujeron a Ia inmediata y plena colonización de una isla en cada área -Santiago y São Tomé-, que pasó a actuar como principal eje de1 comercio interno y externo. Despucs, cl aprovechamiento económico no fue uniforme y de acuerdo con Ias solicitudes drl mercado insular en el lado de acá de1 Bojador, asumiendo, a veces, como sucede con São Tomé, una posición de competencia. Por fin se registra que estos espacios existían más para satisfacer Ias necesidades de1 vecino litoral africano que por su importancia económica interna. De Ia relación de los dos archipiélagos con 10s de1 Mediterráneo Atlántico es evidente e1 interés de 10s últimos en el tráfico negrero, con mayor relevancia en 10s madeirenses y canarios. Los madeirenses que alli aparecen fueron favorecidos por el compromiso con los viajes de exploración y comercio a 10 largo de Ia costa africana y por Ia presencia, aunque temporal, de1 puerto de Funchal en el trazado de Ias rutas. A1 contrario, Ias Azores se mantuvieron por mucho tiempo como puertos receptorcs de las carabelas que hacían Ia ruta de regreso a1 viejo continente.


r MILES DE LIOVOS

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Azoreç: exportación d e trigo. Siglos XVI-XVII.

AZORES. 108.000

OTROS. 5302

CANARIAS. 27.777

EUROPA. 54.967 El trigo en el puerio d e Funchal. 1510-1640.


Portugal y las zslas de1 Atlántico

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La posición privilegiada de Madeira y Canarias y Ia insistente búsqueda de mano de obra para e1 barbecho de 10s diversos claros entretanto abiertos, generaban un desvio de Ia ruta de1 comercio de 10s esclavos, destacando Funchal y Las Palmas como dos importantes ejes de1 tráfico y manteniéndose asi hasta Ia plena afirmación de Ias rutas americanas. Por otro lado, Ia relación de Ias islas africanas con el Mediterráneo Atlántico fue facilitada por los beneficios fiscales atribuidos por Ia corona en 1507. Y sabemos, por una solicitud de 10s habitantes de Santiago, que Ia contrapartida comercial se basaba en el abastecimiento de cereal, primero de Madeira y después de las Azores. Entretanto, Ia corona concedió en 1562 y 1567 facilidades a 10s madeirenses para el comercio de esclavos de Cabo Verde y Rios de Guinea, como forma de suplir Ia crisis azucarera, I« quc deberia haber contribuido a un aumento de los contactos. La comunidad madeirenses residente en Santiago debía de ser numerosa, a juzgar por los testimonios que se conservan. De éstos, merece referencia especial Francisco Dias, natural de Ribeira Grande, que, en e1 testimonio de 1599", es presentado como uno de 10s más importantes mercaderes de esclavos, interesados en el tráfico con Madeira y Antillas. Lo mismo se podrá decir de 10s azorianos, aunque citados con menor frecuencia. La permuta se basaba por el lado africano en esclavos, a 10s que se vinieron a juntar los productos de Ia tierra, como e1 algodón, maíz, cuscús, carne adobada, cueros y sal, recibidos a cambio de vino, cereales y herramientas. Las Canarias mantuvieron, también, una relación preferente con Cabo Verde. Primero fue e1 comercio de Ia orchilla, después los contactos asiduos para cambiar el vino por esclavos, que eran conducidos a Ias Antillas o de regreso a Ias islas. En uno y otro caso los contactos con São Tomé eran exiguos, debido a que las islas de1 golfo de Guinea cstuvieron por mucho tiempo por debajo de 10s intereses de Ias gentes de1 Mediterráneo Atlántico. En realidad, si retiramos Ia eventual presencia de madeirenses para transmitir los secretos de1 cultivo aiucarero, esta aparición es tardia y se rige por Ia necesidad de capturar esclavos en Ias costas angolenas. De este inodo, Ia referencia a1 cargamento de un navio con algodón y azúcar en 1542 con destino a Ias Azores es esoorádica4'. '" Arquivo Regional da Madcira, Misericordia <lu I:iinchal, :n 684, fols. 785-790 v.". a

V. Rau. Ert:riutlr,~.Sobre o Ilrrtürr<i do ,Sal P o r / u ~ u < iLishoa, , 1989, p. 217.


Bahía de Funchal en el siglo xvi (Centro de Estudios de Historia y Cartografia Antigua).

Tal como hemos mencionado. pues nunca está de más repetirlo, Ia posición periférica de1 mundo insular condicionó e1 sometimiento de su comercio a 10s intereses hegemónicos de1 viejo continente. Los europeos fueron 10s agricultores, responsablçs de Ia tratismigración agrícola, asi como 10s primeros en disfrutar de Ia calidad de 10s productos de Ia tierra y de 10s elevados riditos que e1 comercio propició. De ahi resultó la total dependencia de 10s espacios insulares con respecto a1 viejo continente, siendo ia vivencia económica moldeada de acuerdo con Ias necesidades de éste, las cuales, a veces, se presentaban como una cosa ajcna, de otro pais. Por eso es evidente Ia preferencia de1 viejo continente en 10s contactos con e1 exterior de 10s archipiélagos. Esta es la relaci6n umbilical con Ia vieja Europa de la que hablamos. Sólo después aparecieron Ias islas vecinas y 10s continentes africano y americano. De1 viejo rincón de origen vinieron los productos y herramientas necesarios para Ia apertura de los barbcchos, y también Ias directrices institucionales y comerciales que 10s materializaron. E1 usufructo de Ias posibilidades de una relación con otras áreas continentales, en el caso


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Portugal y las i.slas de1 Atlánttcu

de1 Mediterráneo Atlántico, fue consecuencia de un aprovechamiento ventajoso de Ia posición geográfica y en algunos casos una tentativa de fuga a Ia omnipresente ruta europea. En este contexto se volvió más importante Ia presencia de los archipiélagos de Ias Canarias, Azores, Cabo Verde, Sáo Tomé y, aunque por motivos diferentes, de Madeira. E1 archipiélago canario, merced a Ia posición y condiciones especificas creadas tras Ia conquista, fue de 10s tres el que sacó mayor partido de1 comercio con el Nuevo Mundo. La proximidad al continente africano, asi como ia posición correcta en Ias rutas atlánticas, le permitieron intervenir en e1 tráfico intercontinental. En Ias Azores, el hecho de estar Ias islas situadas en Ia recta final de las grandes rutas oceánicas dio Ia posibilidad de obtener algún provecho con Ia prestación de numerosos servicios de apoyo y de1 eventual contrabando. Madeira se encontraba fuera de eso a partir de finales de1 siglo xv. Por mucho tiempo este comercio fue sólo un espejismo, y sólo se volvió una realidad cuando e1 vino cnmenzó a ser el preferido de Ias gentes que embarcaron en Ia aventura indica o americana. Gracias a esto, e1 vino madeirense se afirma plenamente a partir de Ia segunda mitad de1 siglo xmi. Rumbos diferentes tuvieron los archipiélagos de São Tomé y Cabo Verde: la proximidad de Ia costa africana v Ia permanente actividad comercial definieron la innegable vinculación al continente africano. Durante mucho tiempo 10s dos archipiélagos fueron poco más que puertos de contacto entre América o Europa y Ias factorias de Ia costa africana. En uno y otro caso e1 avance de Ia colonización dependió de Ias facilidades concedidas a1 comercio. En e1 fucro concedido en 1485 a Sáo Tomé e1 privilegio de1 comercio con el área costera aparecia como recompensa «de1 trabajo a que se disponen, por ir a vivir a dicha i ~ l a > > ~ ~ Lo mismo habia sucedido en 1466, en Cabo Verde, donde se decía que éstos iban a vivir «con muy grandes libertades y gastos» +'. Las facilidades concedidas al comercio con Ia costa africana degeneraron en problemas para la Hacienda Real, por lo que la corona se vio forzada a tomar medidas restrictivas para el comercio local, con r e ~ flejos evidentes en la evolución económica de Ias islas que de é1 de-


La economia insular

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pendían. Las primeras dificultades comeniaron con e1 contrato de Fernão Gomes en 1469, que retiraba a los caboverdianos e1 usufructo de una importante franja de la costa. Tres anos después aparecieron las primeras dificultades en esta actividad comercial, que tuvieron continuidad en e1 siglo siguiente. La respuesta no se hizo esperar. Los caboverdianos primeto cuestionaron las limitaciones impuestas y se defendieron alegando que gracias al comercio de esclavos se abastecian de bienes alimenticios y artículos de otras islas o de Europa. Después acusaron a 10s arrendatarios de Ia corona de ser 10s principales responsables de Ia situación a Ia que se había Ilegado "I. La corona, no obstante, insistió con Ias mismas ordenanzas y sólo en 1521 accedió, consignando en el estatuto de1 administrador de1 tratado de Santiago los prjvilegjos de 1472 'I. La problemática coyuntura política que tuvo lugar a finales de1 siglo xvr y principios de1 siguiente tuvo e1 don de conducir a un cambio en este escenario. La crisis dinástica y la consrcuente unión de Ias coronas peninsulares Ilevaron a su desagravio permitiendo una apertura total de1 área al comercio con los insulares, siis vecinos, y con 10s europeos, especialmente con los holandeses. Ante esto, Santiago dejó de ser e1 principal almacén de Rios de Guinea, por lo que fueron evidentes Ias consecuencias en la economía de Ia isla. En 1622 exclamaba ya don Francisco de Moura que «está aquella isla en tanta pobreza y necesidad que en pocos anos se acabará ...» ". Con Ia Restauración, e1 comercio suí'rió varios cambios: en 1642 fue franqueado a todos los vecinos de Santiago y vasallos de1 reino, acompanado por facilidades de acceso de los extranieros a Ias islas; después se optó por el régimen de companias, habihdose creado las de Ia costa d e Guinea (1664), después de Cacheu, Rios y Comercio d e Guinea (16761, de Estanco de Maranhão y I'ará y. finalmente, de Cacheu y Cabo Verde (1690).

'" Ibidem, n.' 7 6 . pp. 2 0 9 2 1 1 , 24 de octuhre dc 1512: ri." 77, pp. 2 1 1 ~ 2 1 4 25 , de octiibre de 1522. '' Ibtdem, n." 6 . DD. . . 25-28, 8 dc fcbrerr> de 1472. '' C. J. Srnna Barci.lus. ifixirrórie de Coho i'crdi, e i,uinl, parte I , Lishoa, 1899. 1,. 223.


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Portugal y lus z.slu.s ilel Atlúntzco

El comercio insular con Europa se detinía por una multiplicidad de productos, agentes, rutas y mercados. En rste aspecto, Ia península Ibérica se presentaba como el principal merc;ido consumidor o redistribuidor para Ias principales plazas europeas. A pesar de persistir una tendencia centralizadora en los puertos dt. Lisboa y Sevilla, lo cierto es que su expresión real, especialmente en el caso portugués, fue mucho más amplia, abarcando 10s principales puertos de comercio hacia el sur (Lagos y Silves) y hacia e1 norte de1 país ~Caininha,Viana, Porto !r Vila do Conde). En 10s primeros decenios Ia presencia de mercadrres extranjeros, interesados en e1 comercio de 10s productos insulares portugueses, estaba limitada a Ia ciiidad de Lisboa, merced a Ias dificultades impuestas en e1 inicio de1 siglo xv a Ia intenrención directa en los mercados productores. Pcro esto no podia manterierse por muchr~más tiempo, y pronto aparecieron 10s primeros extranjeros vecinos « c«n licencia para dedicarse al comercio y fijar residencia. Después se les abrió Ias puertas, como forma de promover el comercio excedente de1 azúcar. Aun así, rl comercio estuvo, por mucho iiempn, sujeto a numerosos obstáculos que impedían Ia libre circulación ile los agentes y de Ia mercancia. AI comienzo de Ia colonizacióti de Ias Azores, Ia cosecha de cereales daba para satisfacer las necesidades dcl ai-chipiklago y sobraban algunos excedentes que eran conducidos a I,isboa. La salida de cereal hacia este destino fue reivindicada en 1473 !. 1490 por los habitantes de la ciiidad. Tal recla~naciónpone de r r l i e ~ eIa competitividad que asumia el cereal azoriario en Ias últimas décadas de1 siglo sv, merced a Ia aparición de nuevos destinos como Madeita y plazas de1 norte de África. Se encontró, de este modo, el graiiern sustituto de Madeira, capaz con Lisboa y plazas a f r i ~ de ahastrcerla y de siicederla en esta i~i~icióii canas. L«s exce<ientc.s aí 10 permitian, por lo que t.1 cereal se afirmó como e1 primer y mas importante producio de esta relación comercial. E1 comercio de1 cereal azoriann sc cirnentó, primero, en e1 aprovisionamiento de1 reino, y después. en cl ohligatorio abastecimiento de Madeira y piazas africanas. La ruta hacia el renio fue establecida como iina necesidad consecuente de la prorrii~ciónde1 cultivo en e1 suelo in-


La economia in.rulur

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sular, mientras que e1 segundo rumbo fue delineado por Ia politica económica trazada en e1 espacio insular. El último destino fue impuesto por Ia corona. E1 mercado de1 reino fue e1 primer consiimidor de trigo azoriano pero no e1 único ni el principal destino de1 trigo isleno, pues en lugar cumbre y reservado estaban Ias plazas portuguesas de1 norte de África. E1 movimiento de trigo azoriano hacia éstas se hacia bajo el control real por medio de asentadores que en Lisboa rccibian e1 contrato de abastecimiento y de alli enviaban los respectivos na\.ios a cargar el trigo guardado. Estr comercio se beneficiaba de 10s privilcgios establecidos por Ias ordenanzas reales, siendo considerado como prioritario en Ias transac~ ciones cerealiferas azorianas: todo el comercio de trigo en el archipiclago, especialmente en São Miguel y Terceira, deberia hacerse «sin perjuicio de 10s lugares de África». De este niodo, una vez iniciada Ia cosecha se procedia a Ia recaudación de1 referido trigo, estimado en unos 2.000 6 3.000 moyos. Aden~ásde ello, el contratante 0 procurador tenía Ia prioridad en Ia compra de1 cereal, por lo que Ia libre salida de trigo só10 tenia lugar después de1 resguardo de1 «saco para África». Pero esta ordenanza causal~aperjuicio a los agricultores, en caso de que tardase el envio de Ia remesa. La cámara de Ponta Delgada recomendaba en 1644 a 10s contratistas de dicho trigo que hiciesen Ia compra antes de agosto, en caso contrario no se responsabilizaba de1 cumplimicnto de1 contrato. Estas medidas eran Ia consccuencia de una serie de situaciones que imposibilitaban ai archipiélago para atender sus compromisos y para asegurar el abastecimiento interno. La violencia con que Ia corona imponía Ia ruta, impidiendo a1 mercader ejecutar 10s cambios comerciales corricntes o rctardándolos; e1 tono descriptivo de 10s estatutos y recomendaciones, teniendo la desfachatez de afrontar Ia requisicion de los navios y carros necesarios para el transporte y carga de1 referido trigo; y, por fin, la constante presencia de1 administrador para el abastecimiento de Ias plazas, crearon dificultades en Ias relaciones de cambio en el mercado cerealifero azoriano. El archipiélago estaba condenado a niantener e1 cereal bajo riguroso control, que abarcaba Ia producción y el comercio. El senorio (rey, capitán, donatario, terrateniente) y e1 contratista desde Lisboa controlaban todos los circuitos de1 mercado insiilar, dictando las normas que regian Ias compras. Si tenemos en cuenta Ias necesidades dei consumo


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Portugal y las Lslas de1 Atlántico

local y el «saco dç trigo* para Ias plazas dc África y Madeira, poco trigo sobraba para el comercio. E1 gran mercader de cereal hizo fortuna con e1 aprovisionamiento de Ias plazas norteafricanas, como contratista, como intermediario de los senoríos (como sucede con e1 conde de Vila Franca) o con e1 recurso al contrabando y especulación posibles. Los más importantes mercaderes locales aparecen como representantes de 10s asentadores; téngase en cuenta el caso de Manuel Alvarcs Senra, que file procurador de Avaro Fernandes de Elvas y contratista de1 abastecimiento de Tánger (16361, mientras que Guilherme Chamberlin representó a Pedro Alves Cabra1 v a Manuel da Costa Braza. De un modo general, 10s asentadores eran originarios de1 reino y alli recibían e1 estatuto real para confirmar e1 referido contrato, equipando Ias carabelas necesarias para Ia carga de1 cereal en Ponta Delgada o en Angra. En e1 siglo xvr no hay ninguna referencia de procuradores o administradores de dicha provisióri. Éstos sólo aparecen a partir de mediados de1 siglo m1. En algiinos momentos e1 abastecimiento se hizo de modo diverso, bien bajo Ia responsabilidad de1 administrador real en Ias Azores o de1 proveedor y contador de I;I hacienda, bien por iniciativa de particulares fuera de este sistema. <,

E1 comerczo ron c./ rpino Los contactos entre Madeira y e1 reino eran constantes y se hacían con mayor frecuencia a partir de 10s puertos de Lisboa, Viana y Caminha. Los puertos de1 norte mantuvieroti una accion muy importante en el período de apogeo de Ia cosecha azucarera, ya que los marineros y mercaderes oriundos de aquella zona controlaban una parte importante de1 tráfico comercial, siendo ellos 10s que abastecían a Ia isla de carne y panos, Ilevando a cambio e1 azúcar hacia 10s mercados nbrdicos. Madeira tenia para ofrecer al nirrcadcr de1 reino un grupo restringido de productos, peso capaces de despertar su interés. A principio fueron las maderas, la sangre de drago y los excedentes de la producción cerealífera; después, e1 azúcar hizo redoblar Ia oferta y, finalmente, e1 vino exportado hacia Lisboa, muchas veces con Ia finalidad de abastecer a Ias naos de Ias rutas de1 Brasil u otr«s destinos.


La economia z~~ruiur

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Mercados de1 azúcar La isla recibía a cambio de Ia limitada pero rica oferta un conjunto variado de productos, de 10s que destacan Ias n~anufacturasimprescindibles para e1 uso y consumo cotidiano: loza, teia de Sctúbal, Lisboa y Oporto, panos, aceite y carne de1 norte. Ademis, el pucrto de Funchal actuaba, muchas veces, como interrnediaric entre los puertos de1 rcino y Ias factorias africanas, siendo de destacar el comercio de pieles, e s ~ clavos y algodón de Cabo Verde. En e1 inicio de Ia colonización de Madeira e1 producto que de inmediato cautivó Ia atencitin de los p,ortugucses fue aquel que dio nombre a Ia isla, esto es, Ias maderas. Estas eran de alta calidad teniendo usos múltiples en Ia isla y fuera de ella. Miichas fueron exportadas hacia el reino y también hacia Ias plazas africanas (Mogador y Safín) y puertos europeos (Roven). Tal como nos aclaran los cronistas. estas maderas revolucionaron el sistema de construcción civil y naval de1 reino. El comercio azoriano con los puertos de1 rcino se regia por 10s mismos principias y solicitudes que el madcirense; s6lo se alteraban los productos ofrccidos como contrapartida. En tanto Madeira ofrecía un solo producto sçgún Ia época, siendo a partir de determinado momento e1 azúcar, Ias Azores presentaban una oferta variada y más ventajosa: cereales, hierha pastel y ganado. Tamhién ;iquí 10s puertos de1 norte de1


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Portu~aly las zslas de1 Atlántiro

país, especialmente de Ia región de Entre-Douro-e-Minho, estaban en primer lugar. Eran &tos 10s que abastecían a Ias Azores de aceite, sal, lozas, panos y otros artículos, recibiendo a cambio trigo, carne, cueros y pastel. Los contactos de Cabo Verde y São 'romé con el reino y puertos europeos eran también asiduos en Ias primeras centurias de Ia ocupación, dependiendo de Ia frecuencia de1 trazado de Ias rutas oceánicas y de Ia disponibilidad de productos. Asi, en el caso de São Tomé, Ia presencia de1 cultivo azucarero en el siglo xvr activó Ias relaciones con e1 reino y 10s principales mercados de1 norte de Europa. Pero Ia oferta no se resumia sólo a este producto, pues 10s navios transportaban también algodón (de Annobón), especias (jengibre, guindilla, pimienta y canela), marfil, y palo de Guinea y de Brasil ". En Cabo Verde, e1 mismo conjunto de productos, al que se podrá aiiadir el oro, ámbar y orchilla, activó al comienzo 10s contactos con el reino. Sin embargo, la aparición de un nuevo y prometedor mercado para el comercio de esclavos a occidente vino más tarde a monopolizar todos 10s intereses. La trama de relaciones con el viejo continente no se limitaba só10 a los puertos reales, ya que 10s cultivos locales interesaron a 10s mercados mediterráneos y nórdicos: primrro Ia orchilla y otras planta tintoreras como Ia sangre de drago y Ia hierha pastel, y después e1 azúcar y e1 vino, fueron productos que estuvirron cn la mira de 10s mercaderes extranjerns. Además, e1 reino no disponia de todos 10s artículos solicitados por Ias gentes insulares, cada vez más exigentes en su calidad. Las riquezas acumuladas con cstc comercio daban lugar a un lujo ostensible en Ia decoración de Ia casa que sólo podría ser conseguido en Ias plazas de Yprrs, Roven y Londt-es. t a opulencia de Ia aristocracia madeirense queda bien patente en Ia demanda innecesaria de artículos de lujo, testimoniado por Gaspar Frutuoso a finales de1 siglo m. Su origen es claro: en Funchal 10s beneficio~de1 azúcar y en Ponta Delgada los de la hierba pastel. Esta circunstancia condicionó inevitablemente Ia presencia de mercaderes oriundos de Ias plazas europeas. Sc ofrecía azúcar, hierba pastel y or-

" V. Kau, op. o~.. pp. 210-221; F. Castclci Br.~nc«.«O Comércio Externo de São 'I'i~nit n o seculo XVII» cn Studin, n 24. I.ishoii, 1'160, pp. 7 3 98.


chilla, algodón y esclavos, recibiéndose a camt~iopaííos y, a vçces, cereales o pescado seco y salado. E1 comercio azoriano estaba orientado casi exclusivamente a 10s centros textiles de1 norte, especialmente con Ias islas Británicas y a través de agentes comerciales, que en el siglo x\,ii asumen una posición hegemónica en e1 puerto de Ponta Delgada. En los registros de salida y entrada de1 puerto, en e1 período de 1620 ;I 1694, más de Ia mitad de Ias embarcaciones çran inglesas, y e1 comercio de Ia mayoria de cllas se dirigia hacia Inglaterra. La principal mercancia en tránsito en e1 puerto de Ponta Delgada era la hierba pastel, que tuvo su momento estelar en Ias décadas de 10s veinte y treinta. En este contexto es evidente Ia hegemonía de1 mercado y mercaderes ingleses, pues Ia casi totalidad de Ia hierba pastel (98 %) exportada en e1 período de 1621 a 1676 fue conducida hacia Inglaterra. La parte sobrantc sc distribuyó en Holanda, Francia, Flandes y Sevilla. Adviértase que r1 inglés ignoró Ias prohibi~ ciones impuestas a su presencia por Ia corons a finales de1 siglo .n~. Su fuerte presencia en Ia isla y el recurso al pabellón de nacionalidades autorizadas posibilitaron que esta via comercial se mantuviese abierta.

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Comercio de1 azucar. Madeira 1490-1550


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Portu~aly las islzzs de1 Atlántico

E1 comercio madeirense, a1 contrario que e1 azoriano, estaba orientado hacia e1 tradicional mercado mediterráneo, apostando principalmente por e1 azúcar, con tres áreas de destino: Ias ~ l a z a sespafiolas de Sevilla, Valencia y Barcelona; Ias ciudades italianas (Gt'nova, Venecia y Livorno) y 10s puertos de1 Mediterráneo oriental (Chios y Constantinopla). Las primeras fueron imprescindibles para este comercio, funcionando como plazas de redistribución hacia e1 mercado levantino. AI azúcar se afiadieron después Ias maderas (especialmente de vinático y cedro), Ia orchilla, Ia hierba pastel, e1 curro y los esclavos, que se cambiaban por pafios, trigo y objetos de lujo. Los contactos de Ias islas de Cabo Verde y Sáo Tomé con Europa no fueron tan importantes como 10s que mantuvieron con ia costa africana o americana. Sin embargo, Ia disponibilidad de algunos productos (azúcar, esclavos, algodón, carne, cueros y orchilla), solicitados por e1 mercado europeo, Ilevó a la existencia de rutas permanentes con Ias principales plazas europeas. Hacia Flandes, directamente o a través de 10s puertos de1 reino, se exportaba el aiúcar de Sao Tomé, Ias maderas y especias africanas y e1 algodón. En 10s contactos con los puertos de1 reino se hacían Ilegar éstos y otros productos, como sal. carne adobada, cueros, ganado y esclavos. E1 comercio de Ias islas con e1 litoral africano, exceptuando e1 caso de Cabo Verde y São Tomé, se hacía con mayor asiduidad a partir de Ias Canarias que de Madeira o de Ias Azores. Aun así, Madeira, merced a su posición de bisagra en e1 trazado de Ias rutas de1 siglo xv, tuvo un papel relevante. Los madeirenses participaron activamente en 10s viajes de exploracion geográfica y comercio en e1 litoral africano, destacando Funchal, en Ias últimas décadas de1 siglo xv, como un importante almacén para e1 comercio de colmillos de elefante. También Ia iniciativa madeirense se bifurcó: de un lado estaban Ias plazas marroquíes, a Ias que-la isla pasará a abastecer de hombres para Ia defensa, de materiales para Ia construcción de ias fortalezas y dc cereaies para e1 sustento de 10s hombres acuartelados; de1 otro, el área de Rios y golfo de Guinea, donde se abastecia de esclavos, tan necesarios para asegurar Ia fiieria de trabajo en Ia cosecha de1 azíicar. E1 azoriano quedó alejado de estas áreas por Ias dificultades de acceso y también por Ia forma de explotación económica a que fueron sujetas, que le hacían prescindir de los productos oftccidos por el comercio de Ia zona. La mayor asiduidad de loh contactos con e1 continente africano Sue el resultado de Ia necesidad de abastecer de cereal a Ias


La economia i~rsulur

201

plazas de1 norte de África e incluso a1 área dc Ia costa de Guinea, sustituyendo a Madeira a partir de finales de1 siglo xv. Aunque en esta época el abastecimiento se hacia, muchas veces, ;I partir de Madeira. AI revés de lo que sucedia con Ias Canarias, Cabo Verde y São Tomé, Ias islas de 10s archipiélagns de Madeira y Azores estuvieron hasta e1 siglo xvii apartadas de1 comercio con el continente americano. Les bastaba aguardar Ia Ilegada de Ias embarcaciones e intentar e1 contrabando o 10s trueques ocasionales. Hay que decir que a1 puerto de Funchal Ilegaron también algunas naves. El desvio era considerado por Ia corona como intencionado, para hacer e1 contrabando, por lo que fueron determinadas medidas prohibitivas, de poca aplicación práctica. Los contactos entre Madeira y e1 litoral americano se dcsarrollaron, tras Ia quiebra de1 cultivo de Ia cana de azúcar, con e1 incremento de1 comercio de vino madeirense. Ambos producios estaban, de hecho, ligados. La poca oferta de azúcar en Madeira y Ia incesante demanda llevaron a los madeirenses a especular con cl azúcar brasileno, haciéndolo pasar por azúcar madeirense. Descubierto e1 fraude, e1 monarca consiguió su prohibición en 1591, valiéndose de Ias reclamaciones de 10s municipios. Más tarde, con e1 abandono definitivo de1 cultivo de la cana de azúcar, no había motivo para impedir este comercio. Solamente cl sistema de buques mercantes condicion6, por algún tiempo, Ia presencia madeirense. La creación en 1649 de Ia Companía (;eneral de1 Estado de Brasil, poseedora de1 exclusivo comercio para esta irea, motivó protestas de 10s de Funchal y Angra, los principales perjudicados. Esto Ilevó a Ia corona a dar e1 19 de nuviembre de 1652 una orden especial para el envio de dos embarcaciones de Funchal y tres de Ias Azores, orden que se mantuvo hasta Ia liberación de1 comercio en 1670. Esta ruta servia para e1 cambio de azúcar y maderas por vino y vinagre. El azúcar brasileno tenía destino diverso. En Madeira era utilizado en Ia industria de conservas y cáscara de naranja, en tanto en las Azores era reexportado después por 10s mercaderes extranjeros, rsl~ecialniei~te franceses, con destino a 10s puertos europeos. Mientras tanto, nucvos mercados fucron apareciendo en el espacio americano, especialmente en las colonias inglcsas de Ias Antillas y de Ia costa de1 norte, qiie se afirmaron como potenciales e s pCIOS .' C O I ~ S U midores de vino madciretise y azoriano. El vini~,quç hasta cnt»ncçs tç-


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Portugal y lai iilirs de/ Atlántzco

nía como destino exclusivo ej Brasil, pasó también a ser conducido hacia 10s nuevos mercados, que asumieron un lugar dominante a partir de finales de Ia centuria. A 10s puertos de Pernambuco, Rio de Janeiro y Bahía vinieron a juntarse 10s de Nueva Inglaterra, Nueva York, Pensil~ vania, Virginia, Maryiand, Bermuda, Barbados, Jamaica, Antigua y Curazao. En e1 período de 1686 a 1688 dc Ias 688 pipas entradas en Boston tenemos 266 de Madeira y 421 de Pico. Esta situación refleja una realidad que marcará e1 comercio en Ias centurias siguientes: 10s azorianos abastecían, preferentemente, 10s puntos de América de1 Norte, Ilevados poi- el rumbo de los balleneros, en tanto 10s madeirenses hacian incidir sus contactos en Ias Antillas inglesas y francesas. Las islas de Santiago y São Tome, merced a Ia proximidad de Ia costa africana, se afirmaron como importantes almacenes de trata de negros africanos durante 10s siglos xv a xvri, teniendo como principal destino, a partir de1 siglo m, el nuevo continente americano. La primera factoria dominaba Ia vasta área conocida como Rios de Guinea, en tanto la segunda se cxtendía desde São Jorge de Ia Mine hasta Angola, pasando por Axem 1, Benim. Tal como mencionamos, la colonización sólo fue posihle gracias a las facilidades concedidas a los habitantes para e1 comercio en esta costa. La evolución de1 comercio no fue constante y estlivo durante mucho tiempo sujeta a 10s cambios de la coyuntura atlántica. Así, Sao Tomé asumió un lugar relevante en e1 comercio con el golfo de Guinea hasta e1 último cuarto de1 siglo xvi: siendo Ia crisis, a partir de 1578, resultado de1 desvio de Ias rutas hacia e1 litoral africano. En e1 período que transcurre hasta 1650 entraron en São Tomé 94.900 esclavos, con una mayor incidencia en los anos 1501 a 1575. Entretanto, en Ia época de Ia unión de las dos coronas peninsulares, e1 número de esclavos conducidos desde S i o Tomé a Ias Indias de Castilla ilartagena, Veracruz y Margarita) alcanzó 10s 4.828, esto es el 20 por ciento de1 total. Los problemas con Ia economia azucarera hahían colocado a Ia isla en situación de dependencia de1 comercio de este producto, refiriéndose el escribano de Ia factoria en 1551 " ilue éstc era e1 principal rendimiento


La economia z'nsulur

203

de Ia corona, por lo que e1 desvio de Ias rut;is contrariaba Ia política de instalación de 10s colonos. En Santiago, principal isla de1 archipiélago de Cabo Verde y factoria de1 comercio de 10s esclavos de Rios de Guinea, e1 comercio fue definido por otro rumbo. AI comienzo result6 de Ia oferta de Ias producciones locales, pero después, con Ia apertura de nuevus mercados de esclavos, fueron solicitudes externas Ias qiie io motivai-on. Los csclavos pasaron a ser conducidos primero .I Europa e islas atlánticas después a Brasil y Antillas ". En el período de 155 1 a 1640 esta factoria condujo a Ias Indias de Castilla más de 5.729 rsclavos (e1 23 %i en 146 barcos (e1 10'%), siendo 4.439 só10 en ios anos de 1609 y 1610. Durante mucho tiempo, e1 comercio, entregado a arrendatarios. fuc e1 principal motivo de los cambios comerciales en la isla. Era con éste, cambiado por algodón y panos, con el que se adquirian ias manufacturas europeas. Sin embargo, 10s numerosos impedimentos puestos a Ia circulación de ios productos de este tráfico, Ius desvios de mercaderes extranjeros y nacionales y, en especial, d<. los aventureros, vinieron a perjudicarlo en Santiago ". La importancia de estos mercados cn cl ~omerciode esclavos con dirección a1 continente americano quedó demostrada a finalcs de1 siglo xvi, momento en que 10s pueblos extranjcros se lanzaron $11 ataque de 10s principales almacenes de tráfico negrero, con particular relieve de 10s castellanos. También es e1 caso de 10s iiol;rndeses, que en 1630 ocuparon Pernambuco. Esta actitud era inevitahle, piles sóio asi podrian conseguir 10s esclavos necesarios para Ia manuterición de Ia economia azucarera. De ahi resultó Ia ocupacion de São Jorge de Ia Mina (16221, Angola (16411, y 10s constantes asiiltos a Sáo Tome, que [levaron a su invasión en 1641, permaneciendc alli hasta 1648.

" E. Vila Vilar, ifiipanoom4rica g e1 comrrciri i.~~-l<ivos 1.01 a,ientoi pr,rtugueres. Sevilia, 1977; T. B. Duncan, op. r i [ , pp. 195-238. >' A. Carreira. <>ho Venh,. Lisboa, 1983, pp. I 4 8 149.


1v LAS INSTITUCIONES INSULARES

La esuuctura institucional es uno de 10s temas más característicos en e1 estudio de las islas portuguesas de1 Atlántico. Ésta adquiri" forma en Madeira y después se expandió y se desarrolló en los demás archipiélagos de acuerdo con Ias particularidades de cada uno. De este modo iremos acompanando su recomdo a partir de1 modelo madeirense. La historiografía se debate entre Ia defetisa de la originalidad de1 proceso y su vinculación a Ias estructuras peninsulares. En cuanto a nosotros, nos parece que hay un poco de todo. En realidad Ias instituciones insulares fueron resultado de1 trasplante de Ias estructuras institucionales peninsulares (ignoramos si hubo alguria conexión, intencionada o no, con las formas de colonización de1 Mediterráneo) y de las innovaciones generadas por el nuevo media. I:uc a partir de Ia primera e incipiente forma de cstructura social iniciada en Madeira como ésta se desarrolló y fundamentii. A1 contrario dc lo que se pueda imaginar, nada de esto fue predeterminado, todo emergió de acuerdo con Ias necesidades de1 momento. El caso de Madeira es paradigmático. I)n un principio todas las funciones de mando quedaron centralizadas en 10s hombres que comandaron al proceso de colonización de las dos islas -João Gonsalves Zarco, Tristão Vaz y Bartolomeu Perestrelo-. Ellos dinamizaron Ia colonización de1 área que les fue encomendada, y de ellos dependia la solución de las primeras querellas institticionales que la nueva sociedad generó. Después, el proceso socioeconómico creó nuevas necesidades, entre ellas tina ajustada estructura institucional. La concesión en 1433 por carta real dçl gohierno de Ia islas a1 infante don Hçnriquc fue el inicio de una nurva era. El infantç perma-


con 10s dilerentes agentes: Ias islas realcs y ia idas de senorío. Merecieron e1 primer nombre aquellas que fueron conquistadas por iniciativa de Ia corona, en tanto Ias segundas lo fueron por iniciativa particular. Por otro lado, esta estructura institucional parece haher sido lamada con carácter perdurahle, habiendo permanecido hasta Ias cortes de Cidiz (1811). E1 senorio portupés, a1 contrario, fue circunstancial y no resisti6 más de sesenta y cuatro anos (1498). En las Canarias la centralizacióii de poderes Ilevada a cabo por Ia corona no condiijo ;i Ia extinción de Ia estructura setioriai, sino só10 a suprimir algunas prerrogativas. Partiendo de1 principio de que los archipiélagos de Madeira y Ias Canarias materializaron Ia primera expericncia de Ias coronas peninsulares en el espacio atlántico, se adivina Ia importancia que asumieron en posteriores ocasiones iniciativas de poblaniiento y \.alorización cconómica de continentes o islas. De aqui sc concluye que Macieira funcionó como e1 modelo institucional para ci Atlántico portugubs, en tanto Ias Canarias ejercieron idéntica función para e1 mundo colonial castellano: Ias capitanias madeirenses se cxpandieron en Ias islas portuguesas (Azores, Caho Verde y São Tome) y Brasil, en tanto e1 sistema de adelantado fue transferido a América y Antillas espanolas.

El senorío portugues de Ias idas se inici<i en 1431 con Ia entrega por don Duarte al infante don Henrique, en calidad de administrador de Ia Orden de Cristo, de1 gobierno temporal y religioso de Ias islas de Madeira, Porto Santo y Desiertas. De acuerdo con Ia carta de donación, el infante recibiría la potestad de administrar y distribuir Ias tierras, de forma que Ias volviera rentables. En un segundo momento, el infante, en calidad de donatario, procedió a Ia sut>delegación de poderes en 10s tres primeros colonizadores -João Gonc;alves Zarco, Tristão Vaz y Bartolomeu Perestrelo-. procediendo a Ia divisiiln de1 archipielago en tres capitanias: Machico (1440),Porto Santo (1446) y Funchal (1450). I'uesto que Ias fechas ti« coiilciden, hay quien sigue especulando sobre ello. Estamos de nuevo aiitç otro problema acaciérnico que poco interesa a1 debate de1 tema. Los primeros colonizadores a 10s que tue concedida Ia posesión de Ias capitanias pasaroii ;I Ilamarse capit;iiies ilel donatario, siendu los


N

DONATARIO

SENOR~O

VIDA

GOBIERNO

Infante don Henrique

1394-1460

1433-1460

Don Afonso, conde de Barcelos Infante don Pedro Don Afonso V

1453 1329-1449 1439(?)-1449(1) 1433-1470

NOMBRE

Infante don Fernando

1433-1470 1460-1470

Don João Don Diogo Don Manuel Vasco Anes Corte Real (1)

1469-1521

ÁREA

O

FECHA

Madeira, Porto Santo y Deserta Azores

26isetl1433 1Oimarl1449

Como São Miguel São Luís, São Dinis, São Jorge, Sao Tomé y Sta. Iria Islas descubiertas

20lenel1453 -c

O

x

18lseV1460 17inov/1457

Jesús Cristo (Terceira) y Graciosa 02lseti1460 Madeira, Azores, Santiago, Fogo, Maio, Boavista y Sal 031d1c11460

1484-1495 Terra Nova

17iseVi 506

Por cesión del infante don Henrique. periodo de 1470-1479 el gobierno fue ejercido por Ia madre de 10s donatarios. doiia Beatriz, en virtud de Ia minoria de edad de ambos.

(2) En el

El

senorio

de Ias islas.

m

h ' 5 E

%

2


representantes de1 infante en Ia jurisdicción que les fue encomendada, y ejerciendo en su nombre la justicia y administración de1 patrimonio. Como recompensa tenian derecho a Ia posesión de tierras baldias, privilegio~exclusivos -como la venta de sal y fabricación de jabón, molinos, hornos y sierras de agua- y gozaban de1 usufructo de1 diezmo sobre las rentas estahlecidas en e1 fuero henriquino. La jurisdicción de los capitanes estaha limitada solo a nivel de Ia justicia, pues ellos no podian suplantar Ias competencias inscritas en la carta de1 sefiorio, que les retiraba el derecho de apelación y sentencia en caso de muerte o «amputación» de un miembro. Sin embargo, rl infante a1 conceder en 1440 Ia capitania de Macbico a Tristáo Vai declaraba que este derecho le pertenecia, lo que Ilevó a don Afonso V a rectificar en Ia carta de confirmación de Ia capitania de Funchal en favor de João Gonçalves Zarco, e1 25 de noviembre de 1451. Ahí e1 monarca es preciso: «donde dice en la carta de mi tio que la apelación de muerte v mutilación de1 miembro venia antc él, queremos que venga ante nosotros, según está contenido en Ia carta (1433) de1 rey mi sefior y padre de dicho escrito)). La intervención de los capitanes de1 donatario era, muchas veces, de pleno poder, olvidándose de que sus poderes estaban limitados a lo establecido en las cartas y a Ias innumerahles rcstricciones que se sucederán en otros despachos reales. E1 hecho de que en el inicio fueran 10s principales representantes de ia soberania en estos espacios creó hábitos plenipotenciarios, que se obstinaron en mantener aun cuando pasaran a estar limitados por Ia presencia de niievas instituciones y funcionarios. En el caso madeirense se sabe que hasta Ia muerte de1 infante don Henrique la figura y presencia de1 capitán era dominante en 10s varios aspectos administrativos. De este modo, los funchalrnses, a Ia muerte de1 infante don Henrique, en 1461 presentaron al nuevo sefior un pliego de reclamaciones en que pedia11 medidas capaces de frenar e1 lihre arbitrio de1 canitán de Funchal. La afirmación de Ia estructura de poder municipal fue una de las respuestas más adecuadas a la omnipresencia de1 capitán. Pero esta comunión de intereses no siempre prosperó junto al senorin y, después, a Ia corona. Son numerosas Ias ocasiones en que cl monarca, correspondiendo a Ia apclación de los iapitanes o con c1 fin de agradecer sus servicios.


210

Portugal y las islas de1 Atlántico

establece prerrogativas de refuerzo de su jurisdicción. En e1 caso de Funchal vemos que Ia jurisdicción es ampliada a finales de1 siglo xv y principios de1 siguiente, momento en que Ia tendencia iba en sentido contrario: en 1487 e1 poder de juzgar 10s aspectos civiles fue ampliado hasta 10s 15.000 reales y en e1 caso de 10s esclavos les fue atribuida la facultad de recurrir a la justicia en caso de corte de oreja (1509). La primera medida se volvió extensiva a todas Ias capitanias por Ia orden real de 1520. Entretanto, en 1509, e1 capitán de Funchal acumulaba e1 cargo de administrador de Ia hacienda. Y fue precisamente en este período cuando la corona intervino con la intención de reforzar su poder, retirando a 10s capitanes algunas facultades gubernativas, que pasaron a ser ejercidas por nuevos funcionarios: e1 almojarife y e1 corregidor. AI mismo tiempo, se asistió a Ia plena afirmación de1 municipio, que, subordinado a 10s intereses de1 capitán durante mucho tiempo, pasó a disfmtar de amplia autonomía: e1 capitán perdió Ia facultad de presidir Ias elecciones y de confirmar a 10s funcionarios elegidos, pasando dicha potestad a la corona y funcionarios reales. Durante mucho tiempo fue evidente e1 conflicto entre sus intereses y 10s de1 municipio, teniendo como telón de fondo Ia pérdida de prerrogativas gubernamentales. En Ia isla de São Miguel 10s conflictos fueron evidentes y se perpetuaron durante más de dos siglos, siendo ejemplo de elio 10s municipios de Vila Franca do Campo y Ponta Delgada. La isla de São Tomé presenta una situación singular. Primero, 10s pobladores no estuvieron sujetos a ia forma de soberania intermedia, siendo simultáneamente donatarios y capitanes. Por otro lado, con la presencia de un corregidor, a partir de 1514, e1 capitán-donatario (se designa así por estar cumpliendo Ias dos funciones: capitán y donatario) vio Ia jurisdicción suspensa, siendo sus funciones ejercidas después por un capitán nombrado por la corona. Esto sucedió a partir de 1541. En este último se centralizaron todos 10s poderes judiciales y militares, apoyado por un magistrado y un letrado. E1 período de unión de las dos coronas peninsulares tuvo reflejos evidentes en la figura institucional de 10s capitanes, un buen ejemplo de elio es Ia posición asumida por Rui Gonçalves da Câmara y Tristáo Vaz da Veiga, respectivamente capitanes de São Miguel y Machico, quienes fueron investidos de amplios poderes a1 ser nombrados gobernadores de São Miguel y Madeira. Ésta fue Ia última expresión de plenos


Portugal y las A s h.1 Atlántico

212 Santiago

Pedro Correia 21/mari1522 Francisco Correia 2OiocV1542 ? 2. Ribeira Grande Antonio da Noli D. Branca de Aguiar 08iabri1497 Joáo Correia de Sousa 18iagol1536 Maio Rodrigo Afonso ? CABO Egas e João Coelho 03ijunl1504 (3) VERDE Barao do Alvito 07ijunl1524 Boavista Pedro Afonso 31/may/1590 (4) Pedro Correia 08lenei1505 (4) Fogo D. Joáo de Menezes e Vasconcelos 20iabri1528 Santo Antao Joao Afonseca ? Gonçalo de Sousa 13ienel1548 Sao Nicolau y Sáo Vicente O. Filipa de Silva OBlju111577 (4) Brava, Sal, Santa Luzia, islotes, Raso e Branco Joáo Pereira 22iocV1545 1. Funchal y Ol/nov/1450 Joao Gonçalves Zarco MADEIRA Desiedas MADEIRA 2. Machico Tristao Vaz 08lmayi1440 Porto Santo Bartolomeu Perestrelo Ollnovi1446 Sao Tomé Joáo de Paiva 24lset11485 Joao de PaivalMecia de Paiva Olienel1486 (5) SAO TOMÉ Joao Pereira 03lfebl1490 (6) Y PR~NCIPE Alvaro de Caminha 29ljuli1493 Príncipe António Carneiro 1500 Annobón Jorge de Melo 1503 1) Documento considerado apócrifo.

2) Vendidas a João d'Afonseca el 1 de marzo de 1504 3) Confirmación de compra. 41 Sólo -~ - el - aanado.

5j Toda la;slafue incorporada a Ia corona ei 19 de diciembre de 1522. 6) Mitad de Ia ida.

Las capitanias insulares en el Atlántico portugués. Las capitanias podían ser vendidas, sujctándose el comprador a una confirmación de1 ~cíioríoy de Ia corona: Pedro Correia d e Cunha, capitán de la isla Graciosa, casado con Iseu Perestrelo, hija d e Rartolomeu Perestrelo, compró a su suegra el derrchu d e posesión d e Ia capitania de Porto Santo, habiendo obtenido c1 consentimiento de1 infante e1 17 de mayo d i 1458; no ohstante, ésta fue después considerada


nula por Ia corona a petición de1 heredero, Bartolomeu Perestrelo. La compra de Ia capitania de Ia isla de São Miguel por Rui Gonçalves da Câmara fue confirmada por la infanta dona Beatriz e1 10 de marzo de 1474, siendo Ia confirmación real dada e1 20 de mayo y el 13 de julio de1 mismo afio. Tal como lo referinios, Ia norma establecida para Ia sucesión determinaba la mayoria de edad y la linea masculina de1 heredero. La práctica admitió algunas cxcepciones. apareciendo mujeres al frente de Ias capitanias. Es el caso de dona Branca de Aguiar, hija de Antonio da Noli, que recibió el 8 de abril de 1497 Ia posesión de Ia capitania de Ribeira Grande (Santiago), sucediendo a su padre, que fue capitán de toda Ia isla. Algo semejante tuvo lugar en Sáo Tomé, donde el rey concedi6 e1 14 de marzo de 1486 parte dc Ia isla a Mécia de Paiva. Pero e1 monarca no violaba Ias normas en vigor. pues estahlecia que el cargo de capitán deberia ser ejercido por aqucl que se casase con ella. La carta real de confirmación es clara al afirmar que éste deberia ser de ((elección y voluntad real». Diferente fue lo que sucedió en 1:unchal en 1660 cuando Ia muerte de1 octavo capitán dejti a Ia capitania sin heredero, quedando en poder de su hermana, dona Mariana Alencastre, de donde resultó una demanda entre varios pretendicntes de sexo masculino que duró hasta 1676. Casos hubo en que Ia donación era limitada: vitalicia o por una y más vidas. Por dos vidas, se puede documentar en 1477 Ia entrega de1 islote de Bugio al capitán de Funchal. Poi- tres, es conocido e1 caso de Ia isla de Maio, donada en 1672 a dona Maria de Menezes; en tanto que Ia vitalicia aconteci6 e1 3 de enerc de 1505 con Ia concesión de1 ganado bravo de Ia isla de Boavista a I'cdro Correia. Las dos últimas, expresadas en un momento en que hahia sido extinguido e1 senorio y en que, por eso mismo, los capitaoes dependinn directamente de Ia corona, testifican una nucva fase, definida por lina mayor versatilidad de los usufructuarios. La evolución de1 senorio y capitanias cn Ias Azores, Cabo Verde y São Tomé testifican c1 comportamiento seguido por Ia corona, que procuró articularlos de ;icuerdo con Ias especificidades de cada capitania. De este modo, en Ias Azores estamos ante otra forma de exprcsión, siendo el preludio de una niieva etapa. Aqui, al contrat-io de lo que sucedió en e1 archipiélago madeirense, no todas Ias islas quedaron bajo Ia jurisdicción de1 mismo Jonatario. La omnipríscilcia de1 infante don Ilen-


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Portugal y las i h r de1 íItlántico

rique no era tan dominante como algunas veces se pretende afirmar. La isla de São Miguel estuvo hasta 1449 cn manos de1 infante don Pedro, permaneciendo Ias otras, a excepcion de Flores y Corvo, en poder de1 infante don Henrique. Las dos islas más occidentales, descubiertas por Diogo de Teive y Fernáo Tcles en 1452, fueron donadas en 1453 a don Afonso, duque de Barcelos. El senorío de1 infante don Henriquc fiie aumentado después a cinco islas de Cabo Verde, que habian sido descubiertas en 1460 por Antonio da Noli, como postula Ia donación real de1 3 de diciembre. Fue este vasto patrimonio e1 que e1 iniante concedi6 cl 22 de agosto de 1460 a don Fernando, confirmado por el documento real el 2 de septiembre y 2 de diciembre de 1460. Las demás islas, posteriormente encontradas, todavía en vida de1 infante don Henrique, fueron integradas en el senorío por carta real el 19 de septiembre dc 1462. El descubrimiento y ocupación de Ias islas de1 archipiélago de Sáo Tomé y Príncipe fue tardio y tuvo lugar en una época en que e1 senorío estaba ya en franca decadencia. De este modo, Ias islas no quedaron asociadas ai patrimonio de Ia Orden de Cristo, siendo donadas por iniciativa real a particulares. El 24 de septiembre de 1485 Ia isla de São Tomé fue concedida a João de Paiva, siendo ésta limitada e1 11 de enero de1 ano inmediato sólo a Ia mitad, qucdando Ia otra r n posesión de Ia corona. João de Paiva, como depositario de Sao Tomé, se encuentra en una posición semejante a Ia de un donatario, dado que no fue a residir en ella, mandando en su lugar a João Pereira, quien aparece como virtual capitán de Ia isla. Pero Ia ocupación efectiva só10 tuvo lugar en 1493 por iniciativa de Alvaro Caminha, alcalde mayor con amplios poderes en Ias jurisdicciones de lo civil y lo criminal. Las particularidades de1 proceso de ocupación de Ia isla Ilevaron a que Ia corona concediese, por cartas de1 8 de diciembre de 1493 y de1 15 de diciembre de 1499, 10s poderes de sentenciar a pena de miierte y mutilación de miembros a los esclavos. Estas prerrogativas caducaron por carta de1 4 de enero de 1500. Es de destacar que Ia posesión dc Ia capitania de Ias tierras que Vasco Anes Corte Real iba a descubrir fue concedida el 17 de septiembre en idénticas condiciones. Está todavía por definir Ia política seguida por el senorío y corona en Ia distribución de Ias capitanias creadas cn los cuatro archipiélagos. Se insiste en el hecho de que éstas fueron concedidas a los poseedores


como recompensa por los servicios prestados a Ia corona. Pero esto no esclarece por qué unos reciben una, dos islas o sólo parte de ellas. Si en Madeira esto quedó plenamente aclarado con Ia división de1 territorio de Ias dos islas por 10s tres iniciales colonizadores, lo mismo no se podrá decir, por ejemplo, de Ias Azores, donde es difícil encontrar explicación para Ia forma en que fueron establecidas Ias capitanías. Primero fue Gonçalo Velho quien aparece como capitán de Ias islas o de sólo dos (São Miguel y Santa Maria), una d r ellas con una superficie superior a Ia de Madeira. Después, fue su parcelamiento, iniciado con Terceira, dividida en 1474 en dos capitanías entre Alvaro Martins Homem y João Vaz Corte Real. Este último fue también capitán de Sáo Jorge (1483). Esta situación es un tanto extrana, ya que tiene lugar en e1 momento en que São Miguel, Ia mayor isla de todo el archipiélago, es confirmada só10 para un capitán, en tanto ésta, que en un inicio abarcaba sólo una capitania, tuvo que ser dividida en dos partes, cuando todavia existían islas para entregar, como Pico, Graciosa y Sào Jorge. Caso idéntico sucedió en Cabo Verde, donde se estahlecieron dos capitanias en Santiago, permaneciendo las demás por ocupar y sin capitán. Aqui, a ejemplo de Terceira, aparecen capitanes en idénticas circunstancias a Ias de João Vaz Corte Real: Rodrigo Afonso fue depositario de la capitania de Acatrazes (1490) y de Ia isla de Maio, mientras que Pedro Correia tuvo parte de Santiago (1522) y toda Boavista (1505). ?Cómo explicar esta diferente actitud en Ia distribución de Ias capitanias insulares? De 10s cuatro archipiélagos analizados sobresale Madeira, no só10 por el hecho de haher sido e1 primer ocupado sino también por haher sido una ocupación efectiva y ordenada: Ias tres capitanias fueron Ia solución que perduró. AI revés sucedió e11 los demás; aunque al principio Ia tendencia fuese hacçr corresponder a cada isla un capitán, en un segundo momento la conyuntura fue diversa. El impacto de este proceso en 10s reinos favoreci6 una mayor presencia de criados de Ia casa de1 infante don EIenrique o de Ia corona. Además, cada vez era más numerosa Ia multitud de caballeros y marineros de Ia gesta africana que clamaba por una recompensa. Ante esto hubo necesidad de volver a definir Ia polític;~de entrega de Ias tierras descubiertas, de modo que se pudiese contemplar a todos 10s interesados. Esta coyuntura tomó forma a partir de Ia década de los sesenta con el gobierno de1 infante don Fetnaiido. Itn Terceira, de una única


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Portugal y lar idas lasiid fltlántico

capitania de Jácome de Bruges se hicieron dos, lo que también sucedió en Santiago y Sáo Tomé. Aun asi subsiste una duda: Chabía algún motivo para que Ia mayor isla de1 archipiélago azoriano (São Miguell, con una superficie mayor a Ia de Madeira, continuase en posesión un solo capitán? La única explicación posihle debe de estar, según nuestro e n t e n ~ der, en e1 hecho de que ésta, en un principio, fuera desfavorahle a la instalación de colonos. Los movimientos sísmicos y 10s permanentes fenómenos volcánicos ahuyentaron a 10s primeros colonos, como testifica Gaspar Frutuoso, por lo que fueron pocos 10s que se dispiitaron su posesión. Só10 Rui Gonçalves da Câmara, hijo segundo de1 capitán de Funchal previó allí un futuro como capitán. De este modo, se puede concluir que Ia forma de entrega de Ias capitanias estaba de acuerdo con Ias posibilidades que éstas ofrecían. capaces de despertar Ia codicia de numerosos grupos de interesados. Solo así se podrá comprender Ia diversidad de opciones en Ia distribución de Ias capitanias: en 24 islas sólo 4 (Madeira, Terceira, Santiago !. Sáo Tomé) fueron subdivididas, quedando Ias otras definidas aisladamente (Porto Santo, Santa Maria, São Miguel, Flores, Como, Graciosa. Fogo, Santo Antáo, Príncipe y Annobón), en grupo (Santa MaríaISáo Miguel. Flores/Corvo, FaiaUPico, São Nicolau, São Vicente, Brava, Sal y Santa Lucía) o en parte (AngraISão Jorge, AlcatrazesIMaio y Boa Vista I . En síntesis, podemos afirmar que Ia estructura institucional que dio forma a Ia sociedad implantada por los [portugueses en Ias islas, definida como seriorio, alcanzó a la casi tntalidad de las pertenecientes a 10s archipiélagos de Madeira, Azores y Cabo Verde, manteniéndose hasta e1 gobierno de don Manuel, que fue. sirnultáneamente, senor y rey, lo que contribuyó a acabar con esta última situación en 1498. A partir de esta fecha desapareci6 el sefiorio, forma intermedia de gobierno, pero se mantuvieron los capitanes, que pasaron a responder ante Ia corona. Tamhién queda demostrado, en cuanto a1 aspecto formal de las capitanias, que no hay uniformidad, habiendo islas en posesión de un capitán que dependian directamente de Ia corona y otras subordinadas a un sefior. Por otro lado, 10s capitanes podian ser despositarios de una o más idas o sólo de una parte de ellas, como sucedi6 en Madeira, Terceira, Graciosa, Santiago y Sáo Tomé. Tal como tuvimos oportunidad dc afirmar, e1 título de posesión de Ia capitania estaba sujeto a numerosos impedimentos. En primer lugar,


Las instituciones insulares

217

era eventual, debiendo ser confirmado siempre que cambiase e1 rey. Además, Ia sucesión se hacía obligatoriamente por línea masculina, por 10 que la inexistencia de tales condiciones implicaba su pérdida, volviendo su posesión a la corona. Fue por esta última situación por 10 que muchas capitanias fuemn extinguidas o cambiaron d e manos. De este modo, se vuelve difícil, si no imposible, trazar e1 cuadro de 10s capitanes de 10s donatarios de las islas, Ia fecha de Ias donaciones y las confirmaciones, asi como e1 período de gobierno. Só10 Ias capitanias de Funchal y de Ia isla de São Miguel se mantuvieron en posesión de Ia misrna familia hasta su extinción con el marqués de Pombal. La familia de 10s Câmaras, en ambos casos, conservó durante bastante tiempo este derecho, a pesar de 10s numerosos contratiempos que se sucedieron. En 1656 Ia capitania de Funchal estuvo a punto de ser extinguida, dado que João Gon~alvesda Câmara murió sin dejar hijo varón, quedando, excepcionalmente, en posesión de dona Mariana de Lencastre Vasconcelos y Câmara.

En 10s inicios de Ia colonización de 10s archipiélagos Ia incipiente estructura institucional favoreció la concentración de poderes en Ia figura de1 capitán o serior, pero el rápido proceso evolutivo al cual las islas estuvieron sometidas, asociado a 10s incesantes y reclamados abusos, Uevaron a Ia inevitable quiebra de poderes. Además, el escaso corpus legislativo disponible propició esta situación por lo que Ia forma más adecuada de combatirlo fue el recurrir a medidas reguladoras de los diversos aspectos de Ia sociedad. El gobierno local en Madeira hasta 1461 se rigió por e1 fuero henriquino, concedido a Ia isla en fecha incierta. Pero en éste no se consignaban todas las determinaciones posibles, por lo que mucho quedaba a1 arbitrio de1 capitán. Los vecinos de Funchal reclamaban a1 nuevo serior de la ida, en 1461, la plena afirmación de la estructura municipal, pues estaban en contra de1 poder mayestático de1 capitán y sus servidores. Los estatutos y reglamentos que siguieron y una mayor actividad de1 magistrado de1 seriorío motivaron la nueva estrategia de gobierno de1 infante don Fernando para las áreas de1 setiorio.


Monarca Corona

c3 Monarca

Estructura administrativa de 10s archipiĂŠlagos de Ias Azores, Cabo Verde y Madeira.


La creación, o mejor, Ia plena afirmación de1 municipio fue e1 preludio de una nueva era para Ia historia de Ias recién creadas sociedades insulares. El municipio se estableció, en algunos archipiélagos, en un momento avanzado de la colonización, cuando 10s pobladores tomaron conciencia de su capacidad de intervenir en Ia vida política y sintieron 10s efectos de Ia política de despotismo de 10s capitanes. Sin embargo, bien en Funchal bien en Ponta Delgada, es patente e1 empeno de1 capitán en subordinar esta estructura de poder a sus intereses, entregando 10s cargos a parientes y servidores, o actuando al margen de ésta. En todas Ias islas Ia política de creación de nuevos municipios obedeció a determinados principios: primero se estableció para cada capitania un municipio que después se subdividió, de acuerdo con e1 progreso de las localidades emergentes de1 aislamiento y de Ia capacidad reivindicativa de los municipios. E1 poder municipal adquirió plena p u j a n ~ asólo en Ia primera mitad de1 sigla xm. Sólo entonces le fue concedida mayor legitimidad gubernativa. Data también de este siglo la subdivisión de las capitanias en más de un municipio. En Funchal, aparecen los de Ponta do Sol (1501) y Calheta (15021, en tanto en Machico sólo fue permitido el de Santa Cruz (1515). Mientras tanto, en Ia isla de São Miguel, un poco mayor que Madeira, e1 primitivo municipio de Vila Franca do Campo dio lugar a otros cinco: Ribeira Grande (1507 1, Nordeste ( 15 141, Agua de Pau (1515), Lagoa (1522) y Ponta Delgada (1546). En Ia pequena isla de São Jorge Ias dificultades provocadas por Ia orografía condicionaron la existencia de tres niunicipios para poco más de tres mil habitantes: Velas (1503), Topo (1510) y Calheta (1534). Mientras que en Terceira, además de 10s dos municipios existentes, uno en cada capitania, apareci6 otro en 1503 en lugar de Ribeira de Fray João, que se Ilamó São Sebastiao. Esto contribuyó a demostrar, por un lado, Ia falta de un criterio en Ia política real de creación de municipios y, por otro, Ia mayor ca~ a c i d a dreivindicativa de los azorianos, contrarios a la presencia de una oligarquia fuerte en Ias sedes de Ias capitanias. Sólo asi fue posible e1 aumento de la estructura municipal. Desconocemos los principios de Ia estructiira municipal en 10s archipiélagos de1 golfo y costa de Guinea, peso sabemos que han existido en Ias islas inicialmente ocupadas, csto es, Santiago, Fogo, São Tomé y Príncipe. En Ia primera isla Ia existencin de dos capitanias justificó


Ia subdivisión en dos municipios: uno con sede en Ribeira Grande y e1 otro en Aicatrazes. Pero aqui Ia estructura de poder permaneceria inmutable por mucho tiempo, dominada por una reducida pero fuerte oligarquia local: el número limitado dc vecinos habilitados para e1 ejercicio de ese poder -10s xhombres j u s t o s » llevó a1 ayuntamiento de Ribeira Grande a solicitar e n 1562 a la corona que los inspectores s i r ~ viesen por tres meses, ya que no era pnsible reunir un grupo de veinticuatro hombres habilitados para e1 ejercicio de este cargo. E1 grupo de funcionarios que formaban Ia estructura municipal en estas islas era mucho más reducido que e1 de 10s archipiflagos de Madeira y Azores. En Cabo Verde, en 10s dos municipios de Santiago, habiri dos jueces y concejales, un procurador de1 conseio, escribano, alguacil y médico, en tanto en Fogo e1 grupo se resumia sólo a un juez, dos concejales y un escribano. En São Tomé existi6 sdlo un municipio con sede en Povoasão. Ailí Ia estructura de1 senado dcl ayuntamiento era en todo semejante a la de Santiago.

Los funcionarzos En cualquiera de 10s casos analizados Ia estructura institucional de1 municipio era definida por un conjunto variado de funcionarios con competencias específicas, que pueden ser escalonados de Ia siguiente manera: 1. oficialcs de nombramicnto real: 2. oficiales elegidos por sufragio indirecto, por los vccinos, y 3. funcionarios administrativos, dc nombramiento real. Esta disposición formal es gradual >r define Ias competencias de cada uno. Los primeros, especialmente ÇI corregidor y alcalde, poseían mayor capacidad gubernativa que los otros. Los segundos c o n c e j a l e s , procurador de consejo, alguaciles, guardas mayores de salud y procuradores de 10s oficios- eran elegidos entre un grupo restringido. El senorío y la corona intervenian activemente, Ipues eran los que establecian las listas de «hombres-justos», de dondc sc escogían los elegidos. Además de esto, los cargos de nombramiento fueron, en un primer momento, de iniciativa de1 senorío y s6lo máz tarde, a partir de 1497, pasaron a ser responsabilidad de la corona. D e acuerdo con 10s títulos reales de confirmación dc estas listas y con Ia asiduidad a Ias reuniones dei municipic es posiblc saber cuál es


Ia importancia y Ia capacidad de intervención de los diversos estratos socioprofesionales en Ia vida municipal. En este caso, algunos de los estudios hechos para Madeira y Azores confirman Ia existencia de una oligarquia local. La elección de 10s oficiales de1 consclo era hecha de modo indirecto a partir de una lista donde estaban empadronados todos los «hombres justos» de1 consejo, esto es, todos aquellos que allí residían y eran aptos para e1 ejercicio de Ias funciones. Trienalmente se procedia, a partir de Ia relación de nombres, a Ia elaboración de tres listas para 10s cargos de juez, concejal y procurador, con 10s nombres de aquellos que habian de ejercer 10s cargos en 10s tres próximos mandatos. Después, se colocaban individualmente en pequefias bolas de cera (balas), se distribuían cn tres sacos, de acuerdo con 10s cargos, y se guardaban en un arca bajo Ia custodia de1 portero de1 ayuntarniento y uno de los jueces elegidos. AI final de cada mandato se procedia a Ia apertura solemne de1 arca y de Ias bolas. Los «hombres j~istos», aun no perterieciendo a Ia concçjalía, podían participar en Ias reuniones de1 consejo y emitir parecer y voto. En Ias concejalías de1 siglo ?N de Funchal cstu sucede con asidvidad, casi siempre motivado por Ia necesidad de establecer ordenanzas sobre el cultivo y comercio de1 azúcar. De Ias partcs más recónditas de Calheta a Ribeira Brava, venian 10s «hombres i u s t o s ~ ,propietarios de canaverales, a defender sus intereses. La presencia de 10s demás vecinos, cri gçneral, estaba simbólicamente representada en Ia figura de1 procurador de1 consejo y, más tarde, a partir de 1482, en los representantes de 10s oficios. En Funchal Ia lista era aprobada por Ia corona, siendo c1 rey quien indicaba 10s vecinos que en ella deberian constar. De las diversas listas disponibles a partir de 1470 se sabe de Ia presencia mayoritaria de1 grupo poseedor de Ia capitania, que se consolidará con e1 cultivo azucarero. De este modo sus intereses coincidian con 10s de1 municipio de Funchal. Idéntico fue e1 caso de Ponta Delgada, donde 10s productores dc cereal hicieron, más de una vez, aprobar medidas que les eran favorables. La representativida<l de los divers«s estratos sociales cn los municipios de Cabo Verde y São Tomé se presentaba distinta, pues allí Ia diferente estructura social, caracterizada por Ia fuerte presencia de esclavos y libertos, gencró numerosas dificiiltaclcs, que en e1 caso de São


IAS instituciones znsulur,r

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cereales, pastel y uvas-. pasando las reuniones a realizarse quincenalmente o tras una pausa, por un período determinado, en los meses de verano. Por otro lado, Ia lectura de Ia actas revela que 10s tres primçros meses de1 ano eran Ii~sde más intensa actividad.

Lu jurisdicción Una de Ias principalrs preocupaciones de1 municipio estaha en asegurar a 10s municipios medios básicos de subsistencia, procurando evitar cualquier ruptura en 10s abastecimientos. Las ordenanzas definían las reglas que los oficiales procuraban cumplir c«n e1 mayor escrúpulo. Sin embargo, Ia no corrcspondencia entre el afio civil, por e1 que se regia e1 gobicrno municipal, e1 ano agrícola era generadora de dificultades. De ahí nació Ia necesidad de ajustar e1 afio administrativo a1 calendario agrícola. La medida parece haher sido seguida en Madeira desde Ia década de los sesenta de1 siglo xv. en tanto en Ias Azores tuvo expresión práctica en Vila Franca desde 1577 ! en Ponta Delgada a partir de 1605. A partir de aqui el mandato pasó a comenzar en el dia de san Jiian. Las prerrogativas que definían Ia jurisdicción de1 rnuriicipio estaban inscritas en el fuero, concedido por el senorío o corona a las localidades cn esta situación. En Madeira e1 primero f;e dado p«r e1 infante don Henriquc, cuyo texto se perdió, al que siguieron otros en 1472, 1499 1515'. EI penúltimo quedo concedido como Fuero nnevo. E1 de1 siglo XVI supuso una tentativa unificadora de Ia capacidad de intervención de los municipios, pues fue extendido a todos 10s de Ia isla. Despues fuerun utilizados en Ias Azorcs, como quedó testimoniado en e1 caso de Ponta Delgada y Angra. F,n Sao Tom< son conocidos dos fueros (1485 y 15241, concedidos cn idénticas condiciones que a los madeirenses '. Los estatutos reaies, o Ias respuestas puntiiales a Ias dudas impuestas por 10s municipios, completaban SLI jurisdicción y Ia capacidad de '

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150-151. Monumrnlii brc y 19 dc mayo

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Portugal y l a ~idas de1 Atlántzco

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intervención de 10s funcionarios. Algunas de estas ordenanzas fueron después recopiladas en e1 artículo de Ias ordenanzas de1 reino. Es e1 caso de 10s estatutos de1 administrador de1 comercio de São Tomé de 1532 ' y de Santiago de 1520 '. La jurisdicción de1 municipio era establecida, de forma simbólica, por e1 sello, bandera y picota, a 10s que se unia e1 fuero, donde se expresaban e1 estatuto de Ia villa y Ias donaciones a que tenía derecho. Pero Ias villas creadas por e1 infante don Henrique en Madeira no disfmtaban de tales prerrogativas, pues 10s dos primeros fueron concedidos en 1461 por e1 infante don Fernando, por petición de 10s vecinos de Funchal; y el último, símbolo de1 brazo implacable de Ia justicia, só10 fue dado en 1486 Dor don Manuel. La idea básica de creación de1 municipio resultó de Ia necesidad de reglamentar 10s aspectos de Ia vida cotidiana y de Ia urgencia de1 establecimiento de una estructura institucional que fuese portavoz de 10s deseos de Ia población. De este modo, es legítimo concluir que 10s intereses locales estaban a1 frente de otros y que su acción incidió, principalmente, en este ámbito. A esto deberá juntarse Ia limitada capacidad judicial. D e un modo general podemos considerar que e1 municipio en 10s siglos XVI y xvi~disfrutaba de amplia autonomia y de elevada participación de Ia gente en e1 gobierno, aunque Ia práctica municipal vino a revelar algunos atropellos que Ilevaron a Ia corona a limitar Ia jurisdicción por medio de funcionarios reales, como el corregidor. Teniendo en cuenta Ia situación creada por Felipe 11, con Ia unión de Ias dos coronas peninsulares (1580-1640), procuraron diminuir 10s poderes de 10s municipios portugueses procediendo a algunos cambios en la estructura organizativa. La intervención y Ia jurisdicción de 10s cargos municipales, ya definida en las ordenanzas y estatutos reales, no aparecen en e1 código de ordenanzas. Aqui só10 se establecerán normas para el semicio de 10s funcionarios municipales, como sucede con 10s arrendatarios de1 pasto e inspectores de pesos y medidas. ' Ibidem,

11, n:' 7, pp. 14-15, estatuto de 2 de agosto. n.O 101, pp. 281-283, 16 de diciembre de 1571; n." 107, pp. 295-301, 13 de enero de 1520.

' Hi~tdrioGeroi de Cabo Verde-cotpodocumental,


Por Ias sentencias y ordenanzas, insistentcmente divulgadas en plazas públicas, se sabe de1 empeno de los concejales en 10s aspectos de Ia vida cotidiana: defensa de 10s usos y costumbres, Ia salud pública y la manutención de1 equilibrio entre Ias actividades económicas. Éstos eran algunos de 10s temas preferentes. De los aspectos de Ia justicia, cuya actuación está expresada en e1 número variado de funcionarios -juez foráneo, jueces pedáneos, alcalde, carcelero, alguacil, alguacil de Ia sierra y ciudad, guardas mayores-, es necesario hacer referencia a la limitada jurisdicción, resumiéndose só10 a 10s hechos civiles citados en Ias ordenanzas.

Las ordenanzas rnunicipale~ Definida Ia estructura de poder municipal, importa ahora saber cómo intervenía en Ia ciudad en que se inserta. Pero esto sólo será posible cuando se encuentren disponibles los libros de las sentencias. En e1 caso de Ias islas persisten numerosas lagunas que imposibilitan un estudio exhaustivo. La más antigua concejalia que se conoce, aunque incompleta, es Ia de1 Ayuntamiento de Funchal, que se inicia en 1472. Por eso, y teniendo en cuenta que Ia mayoria de Ias deliberaciones eran ocasionales y que só10 Ias ordenanzas, por perdularias, podrían expresar mejor Ia situación, optamos por analizar esta últimas, disponibles únicamente en Funchal, Angra, Ponta Delgada, Ribeira Grande v Vila Franca do Campo ". Las ordenanzas, que surgieron como normas reguladoras de 10s múltiples aspectos cotidianos de1 burgo, son e1 testimonio más evidente de Ia visión de1 mundo de1 municipio. De acuerdo con las ordenanzas y estatutos concedidos a1 burgo, e1 municipio estaba implicado en Ias atribuciones legislativas particulares, resultantes, especialmente, de la necesidad de adaptar las ordenanzas grnerales de1 reino a Ias particularidades de1 espacio a1 que serían aplicadas: por un lado existían Ias ordenanzas generales, establecidas por Ia corona, y por otro lado Ias normas de conducta institucionalizadas en e1 derccho habitual, que definían Ias peculiaridades de Ia vivencia local.

". Vieira, *As posturas municipais da Madeira c i\~oresnos séculos >N a > T I » en 111 Coióyuio ln/rrn<i<.iunaIiobre or Ayorer <, Atlântico, n p r a do Heroismo. 1989.


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Portugal y las z:rlas del AtlántlCo

Las características o tendencias de Ias sociedades y economias insulares se reflejan en Ia articulación de Ias ordenanzas. De este modo se puede entender que la mayor o menor valorización resulta de Ia presión de1 pueblo en Ia política municipal. Contabilizadas Ias ordenanzas de 10s cinco municipios, se constata, a nivel de 10s sectores de actividad económica, el dominio de1 sector terciario con e1 53 por ciento, seguido de1 secundario con e1 39 por ciento y e1 primario con só10 e1 8 por ciento. Esta tendencia hacia e1 sector terciario de Ia realidad socioeconómica resulta, por un lado, de1 hecho de que el medio urbano contribuye con mayor número de situaciones que carecen de normas y, por otro, de1 reflejo de si1 dominio en Ia vida económica. Pero es necesario tener en cuenta que esto no es igual en 10s diversos municipios. En Funchal 10s sectores secundario y terciario se encuentran casi a1 mismo nivel, a1 contrario de lo que sucede en Angra, donde el último tiene una posición dominante. La afirmación de 10s sectores secundario y terciario podria tener diversos orígenes. En primer lugar, conviene referir que las ordenanzas inciden preferentemente sobre Ia urbe, espacio privilegiado de1 sistema de cambios y ofertas de servicio. Afiadiremos también que esta función se ve reforzada por el carácter atlántico y europeo de las ciudades en cuestión. Esto se vuelve más evidente en Funchal, Angra y Ponta Delgada, importantes polos de atracción de1 movimiento comercial insular e intercontinental. Además, Ia actividad oficial y comercial de1 burgo implicaba también una mayor atención, debido a1 mayor número de situaciones anómalas. La visión de1 mundo rural perpetuaba, a1 contrario, técnicas y relaciones sociales ancestrales, siendo cl proceso regulado por Ia rutina y el ritmo de Ias cosechas. Ahi poco o nada cambiaba con e1 transcurrir de 10s anos. De este modo, e1 legislador municipal orientaba la atención hacia la vida cotidiana de1 burgo marcada por 10s variados carnbios. Pero en las sociedades en que Ia faena rural se volvia importante y definidora de 10s sectores socioeconómicos y donde 10s cultivos necesitaban de excesivos cuidados, este aspecto no podia ser menospreciado. De aqui resulta la presencia de esta temática en el 13 por ciento de las ordenanzas, en su mayoría de 10s municipios de Vila Franca do Campo y Ponta Delgada, ambos en Ia isla de São Miguel.


I*rr instituciones insulares

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Tal como tuvimos o~ortunidadde afirmar, Ia colonización y exploración de1 mundo insular se hizo de acuerdo con 10s componentes de Ia dieta alimenticia de1 habitante de Ia tierra -trigo/vinoy de 10s productos impuestos por el mercado europeo para satisfacer Ias necesidades de Ias plazas europeas -azúcar y hierba pastel-. El primer grupo de productos agrícolas, por Ia importancia que asume para Ia vivencia cotidiana de Ias gentes insulares, solicitaban mayor empeno de1 municipio. De ahí resulta su repercusión en por lo menos e1 50 por ciento de Ias ordenanzas. Nótese que el último grupo sólo mereció referencia en e1 15 por ciento de Ias ordenanzas. La presencia de 10s citados productos en 10s dos archipiélagos no obedecia só10 a Ias características definidas por Ia orografía y e1 clima, pues también resultaba de Ias orientaciones de Ia política agrícola definida por la corona y de las necesidades que derivaban de la subsistencia de Ias poblaciones. Tales condiciones implicaron un ambiente tipico en e1 mundo insular atlántico, reflejándose en Ia vivencia de cada burgo. La abundancia o carencia de productos de subsistencia conducían a diversas actitudes por parte de1 legislador. En e1 primer caso ésta alcanzaba todos 10s aspectos de Ia vida económica de1 producto, en tanto en e1 segundo inciden preferentemente sobre el abastecimiento de1 mercado interno con normas adecuadas para e1 normal funcionamiento de 10s circuitos de distribución y cambio. Así, se justifica Ia similar importancia atribuida a Ias ordenanzas cerealiferas en São Miguel (Ponta Delgada y Ribeira Grande) y Terceira (Angra). Mientras que a Ia primera se Ia puede considerar un importante granero de1 mundo insular, Ia última aparece, desde mediados de1 siglo xvi, como un área carente que aseguraba su abastecimiento en Ias islas vecinas. Lo mismo ocurre de forma semejante en Funchal, Ponta Delgada y Angra. Excepto con 10s productos típicos de Ia economia colonial -azúcar y hierba pastel-, Ia situación es idéntica en Madeira y São Miguel. La ganaderia asume en todo e1 espacio agrícola insular un papel fundamental merced a Ia triple valorización económica en Ia faena agricola, dieta alimenticia e industria de1 cuero. Este sector fue relevante en los municipios de Ponta Delgada, Angra y Funchal. Su importancia condujo a un mayor intéres de Ia jurisdicción municipal en Ia venta de carne en 10s mataderos municipales asi como en Ias industrias de curtidos y calzados.


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En el caso de Ia carne, e1 legislador local interviene de modo diverso: Ia carencia implicaba una regulación más cuidada y asidua de1 senado que la abundancia. Esto es evidente en Angra y Ponta Delgada, municipios que hacían depender el abastecimiento ganadero de Ias localidades o islas vecinas. Ponta Delgada aseguraba en Santa Maria, Ribeira Grande y Vila Franca d o Campo Ia ración de carne y derivados, en tanto Angra hacía depender e1 abastecimiento de Ias islas de São Jorge y Graciosa. E1 desarrollo de Ia industria de1 cuero tenía implicaciones en Ia salud de1 burgo, lo que Ilevaba a1 senado a reglamentar rigurosamente Ia actividad, definiendo 10s locales para curtir y lavar 10s cueros, así como e1 modo de elaboración de 10s menesteres ligados a esta industria. Además, se procuró asegurar Ia disponibilidad de Ia materia prima para Ia industria de1 calzado, prohibiéndose Ia salida. La situación es idéntica en Angra, Funchal y Ponta Delgada. Esta medida, aliada a otras referentes a Ia defensa de Ia salud de1 burgo, revela que Ia ganadería era importante. Era de aqui de donde se extraia Ia carne para Ia alimentación, 10s cueros para Ia industria de 10s curtidos, y e1 estiércol para fertilizar Ias tierras, además de1 aprovechamiento de Ia fuerza motriz en e1 transporte o labranza de las tierras. Este sector fue una gran fuente de riqueza, y, por lo tanto, merecedor de redoblado interés por 10s municipios de Funchal y Ponta Delgada. La presencia de Ia ganadería y actividades de ella derivadas generaba numerosos problemas. Es e1 caso de 10s datios causados por el ganado suelto, sin pastor, en los cultivos, especialmente vinas, trigales y cultivos de cana azucarera. De ahí resultó Ia necesidad de delimitar Ias áreas de pasto y Ia obligatoriedad de cercar Ias tierras cultivadas. Más tarde, un conjunto variado de plagas infestó con asiduidad 10s cultivos, lo que obligó a una participación conjunta de todos 10s vecinos. Una de Ias principales resultaba de Ia presencia de 10s páiaros, especialmente canarios y cuervos; los primeros incidían con frecuencia sobre el municipio de Vila Franca do Campo. Para combatirlos 10s municipios estipulaban Ia obligatoriedad para todos 10s vecinos de presentar periódicamente un número variado de cabezas de 10s referidos pájaros, que después serían registradas en un libro al efecto. E1 número era variable de acuerdo con el espacio agrícola y con Ia urgencia de1 combate. En e1 aspecto agrícola e1 interés de1 municipio variaba, de acuerdo con el dominio existente en Ia extensa orla agrícola que cercaba Ia villa. En Funchal, que abarcaba una de Ias más importantes áreas de cultivo


de cana de azúcar, casi todo e1 interés se centraba en 10s canaverales e ingenios, definiendo a cada uno el complejo proceso de cultivo y elaboración de1 azúcar. En Ias Azores, conocidas desde e1 siglo xv como e1 principal granero portugués, mayor atención fue prestada a1 problema cerealifero. Extrafiamente, el cultivo de Ia hierba pastel, que tenia una importancia relevante en Ia economia micaeiensc, no mereció gran atención en el código de Ias ordenanzas. En Ponta Delgada tenemos só10 dos y en Vila Franca do Campo siete, en tanto cn Angra sólo hay referencia a una única sobre la orchilla. Las pocas referencias a Ias plantas tintoreras deben de ser consecuencia, ciertamente, de Ia existencia de estatutos reales que regulaban, hasta e1 pormenor, e1 cultivo, transformación y comercio de1 producto. Sin embargo. c11 e1 caso de Madeira con e1 azúcar existieron, simuitáneamente, 10s estatutos reales v ias respectivas ordenanzas. E1 rico granero azoriano d e finales de1 siglo xv y principios de1 m se convirtió, a partir de mediados de1 siglo XL'I, en un ajustado granero, incapaz de cubrir Ias necesidades de pan de 10s insulares, cada vez más acuciante, y de1 mercado lisboeta, norteafricano y madeirense, carentes de los parcos excedentes de la producción azoriana. Las siete espigas exuberantes habían perecido dando lugar a otras raquíticas e improductivas. E1 suelo estéril y cansado se negaba a producir e1 preciso cereal en Ia proporción que 10 habia hecho antano. El isleno, habituado a1 consumo de pan, se vio obligado a buscar otras formas de alimento, si no queria pasar hambre. Esta situación de1 cultivo cerealifero condujo a1 empobrecimiento de 10s arrendatarios, en tanto 10s senores, merced a Ia acción especulativa y a1 contrabando, continuaban aumentando sus ganancias. Ante esto se volvia urgente el establecimiento de una política cerealifera capaz de dar solución y evitar e1 desequilibrio entre Ias cosechas y e1 consumo. Pero cso sólo seria posible mediante cl control total de 10s circuitos de distribución. De ahí resultó Ia necesidad de mantener Ias reservas necesarias para e1 consumo local y provisión de Ias naos de1 camino de Ias Indias, que arribaban a 10s puertos azorianos. Esta política cerealifera de1 archipiélag» azoriano no es original en e1 contexto europeo, pucs en toda Europa y áreas oceánicas carentes se universalizan tales medidas. Es cierto que a cada área correspondia un caso variado y miiltifacético, donde esta nrientación protectora ca-


Portugal y lar zslac dt.1 Atlantzco

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recía de 10s necesarios reajustes y adaptaciones. Siendo e1 archipiélago azoriano definido, desde e1 inicio, como un área de comercio de cereales donde la coyuntura fue desfavorable. huho necesidad de adecuar Ia política de ahastecimiento a esta realidad. Todo e1 empeno de las autoridades locales y reales estaha en Ia satisfacción de las necesidades de1 archipiélago, en el aprovisionamiento de Ias naos de1 reino y en e1 comercio nbligatorio con Ias áreas carentes (Madeira y norte de Africa). De este modo e1 comercio rcntable se volvia casi imposible. La vigilancia constantr sobre los precios daiiaba a la clase mercantil impidiéndole Ia espçculación y e1 contrabando posihles. La política mercantil azoriana se hasaba, esencialmente, en dos formas de actuación diferente, pero complementarias: 1. control/reglarnentación/prohibición de1 comercio y transporte de cereales en e1 mercado interno y externo, y 2. control de Ias cosechas y de los circuitos de reahastecimiento y conservación de1 cereal, con e1 estahlecimiento de una reserva: e1 trigo de registro. La actuación de1 municipio era variable y se adaptaba a Ias circunstancias emergentes de1 ciclo vegetativo de1 cereal. De julio a agosto, con Ia cosecha de1 cereal, se efectuaha Ia primera inspección de 10s graneros para medir Ias existencias de Ia cosecha y guardar e1 porcentaje de trigo de 10s registros, que quedaría de reserva. De septiembre a noviembre se cargaha e1 trigo necesario para el mercado africano, madeirense y Ia exportación posihle. Concluidas estas iniciativas comenzabaii a aparecer Ias primeras dificultades en e1 aprovisionamiento de Ia pohlación, siendo necesario poner término a Ia actividad de contrabando por inedio de un apretadu sistema de vigiiancia y control de las salidas, r) de Ia prohihición. Estas medidas se estahlecían de acuerdo con e1 vdumen de Ia reserva de1 cereal. A partir de enero Ia falta de cereal se volvia una realidad permanente, amenazando e1 abastecimietito de1 puçhlo y dando motivo a Ia especulación, generadora, muchas veres, de motiries populares. Pero sólo entre marzo: abril y mayo se procedia a Ia apertura de1 trigo de los registros en Ias diversas localidades, que tenía un precio establecido por 10s concejales. L.os sembrados hahían agotado los últimos alquei re.~" de Ia reserva de1 cereal de 10s arrcnclatarios. .''

Aniigiia niedida porlugursa dc cal>ariil.~il i.<(iiivalcntc;i I 3 litros


La ejecución dc Ias medidas tomadas o estipuladas en cada momento dependian, en primer lugar, de la iniciativa de1 procurador de1 consejo y, después, de1 espiritu reivindicativo de Ias gentes, expresado casi siempre cn motines. La actuación de los concejales era ambigua 1. acorde con su origen social. Téngase en cuentii que aqui tenian asiento representantes de1 pueblo, sefiorios y burguebia, comprometidos en el comercio de ccreales. Los componentes de Ia dieta alimenticia insular adquirieron un lugar relevante cn la intcrvención de los municipios. que a ello dedicaron e1 37 por ciento de los capitulas de 10s referidos cbdigos de ordenanzas. Todo esto, junto con Ia constante interpelacion de los concejales, de^ muestra Ias asiduas dificultadrs en asrgurar Ias necesidades vitales de los municipios. Tal empeno era, no obstante, riiuy variable, adecuándose a Ia realidad agrícola situación productiva de cada ciudad. Todo esto fue consecuencia, ciertamente, tiel hecho de que Ia dieta alimenticia mantuviera un ancestral origen mediterránro, siendo poco variada, o quc provocaba numerosas dificultades a1 abastecimiento dcl medio urbano. El poco uso de Ias legumhrcs y pescados deriva de1 abuso de1 pan y vino. Siendo 10s mares insulares ricos en pescado y marisco, y estando toda Ia vida de Ias poblaciones doininada por cl mar y Ia extensa costa, no se comprende e1 menosprecio por las iriquczas alimenticias marinas en favor de Ia carne. Téngase en cucnta que IAS ordenanzas referentes a Ia carne se duplican en relación con Ias qiic se refieren al pescado. El pescado aparece sólo r n Ias ordenanzas en Angra y en Funchal, donde se regula no só10 Ia venta sino también Ia pesca, dándose especial importancia en Angra a Ia forma de distribiici<in del mercado local. La importancia destacada de1 pan y de Ia carne en 10s hábitos alimenticios de Ias poblaciones de Ias islas implico un crecientr interes de1 municipio en su circulacibn y venta. Eti realidad el cbdigo de ordenanzas acompanaba todo c1 proceso de creacibn. transformación, transporte y venta. Igual fue Ia incidencia sobre 10 quc cada dia envuelve a Ia actividad de 10s medios de producción a clios ligados (norias, tahonas, hornos y matader» municipal). E1 molinero debia ser apto y diligente en el oficio, volviendose obligatorio e1 exarnen y juramento anual en c1 senado dei ayuntamiento. Adcmás, 10s concejales fiscalizaban diariamrnte Ia medida dcl cereal. de Ia harina y el acto dc maquilar. En hladcira li11 tarea estaba a cargo


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Portugal y Ias içlas de1 Atlántico

de un arrendatario de 10s molinos. Este aspecto mereció una cuidada atención en Ias ordenanzas de Angra, Ribeira Grande y Funchal sin que sucediera lo misrno en Ponta Delgada, que hacia moler su trigo en 10s molinos existentes en Vila de Ribeira Grande. Ya que 10s molinos disponibles eran movidos por agua, estaban obligatoriamente situados en 10s lugares donde ésta existia en abundancia y podia ser canalizada para tal fin. En Terceira só10 Angra presentaba en 1694 doce molinos, estando otros trece repartidos por Ia isla. Para Funchal esta presencia era importante también r n la ciudad, donde existieron más de ochenta, siendo cl punto de mayor concentración la margen derecha de Ia ribera de Santa Luzia. La necesidad de prevenir cualquier dano contra el molino, Ia harina y salvado Ilevó al municipio a establecer Ia prohibición de Ia existencia, en las proximidades, de pocilgas y gallineros. Además, Ia animación inusual de1 espacio circundante al molino volvia necesario e1 establecimiento de normas de conducta social con la intención de moralizar y disciplinar e1 comportamiento de los que habitualmente lo frecuentaban. En Madeira Ias mujeres casadas o mancebas no podían frecuentar ni prestar ningún servicio en la molienda. A1 molino le sucedia el horno colectivo o privado, que aseguraba Ia cocción de1 pan consumido en la ciudad. Pero Ia consolidación pública de este aspecto era consecuencia de la existencia de factores propiciadores de ello en cada isla o villa. En Madeira y Azores tras una fase inicial en que éstos fueron privilegio de1 senorio, se asistió a una excesiva proliferación de hornos en Ia ciudad y alrededores. Aunque Ia mayor parte de1 pan consumido era resultado de los hornos públicos. El municipio procuraba ejercer un control riguroso sobre el peso y e1 precio de1 pan. Ambos eran fijados por e1 ayuntamiento de acuerdo con Ia situación de Ia reservas de cereal existente en 10s graneros locales. Además de esto, en momentos de pobreza eran 10s concejales 10s que distribuian el cereal a Ias panaderias. Esta preocupación aparece só10 en Funchal, estando a cargo de los inspectores de pesos y medidas, que procuraban mantener e1 control sobre e1 suministro de cereal o harina y Ia fabricación de pan, con la verificación de peso y precio de venta a1 público. Téngase en cuenta que Ia villa, y después Ia ciudad, estaba desde finales de1 siglo xv bajo Ia amenaza de Ia carencia de cereales. Esto generó, como es obvio, especiales cuidados por parte de la concejalia.


Las instituciones insularr?

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E1 único reflejo de una actitud municipal similar en Ias islas azorianas se sitúa en la elaboración y venta de1 bizcocho, elemento indispensable para la dieta de a bordo de las numerosas embarcaciones que se dirigían e1 archipiélago. Siendo 10s puertos de Angra, Funchal y Ponta Delgada importantes almacenes de1 comercio atlántico es natural Ia gran atención prestada a la fabricación de1 bizcocho. El azúcar, por el contrario, se afirmó en Ia economia insular como el principal incentivo para la manutención y desarrollo de1 sistema de cambios. Tal hecho, asociado a1 carácter especializado de1 cultivo y fabricación de1 azúcar, volvió necesaria la regulación por e1 código de ordenanzas en Madeira. La intervención municipal no se resumia sólo a 10s canaverales y a1 proceso de fabricación de1 azúcar, extendiéndose también a otros aspectos que contribuían de modo indirecto al desarrollo de1 cultivo. Así se justificaba la extremada atención concedida a Ias aguas v maderas, dos elementos imprescindibles para e1 cultivo e industria azucarera. En este punto la acción municipal se adecuaba a Ias condiciones geofísicas de cada área productora, variando Ias iniciativas de acuerdo con la mayor o menor disponibilidad de ambos factores de producción. Madeira, que disirutaba de un vasto parque forestal y de abundantes caudales de agua, no necesitaba i n t e ~ e n i rexageradamente en esta cuestión, reservando tnayor atención a Ias actividades en torno a1 ingenio de azúcar. Las ordenanzas explicaban a 10s ciudadanos cómo actuar en e1 cultivo de 10s canaverales, transporte de Ia cana y lena por los arrieros. asi como la actividad de 10s diversos oficios en 10s ingenios. . A este numeroso grupo de agentes de producción que aseguraban e1 funcionamiento de1 ingenio de azúcar le era exigido el máximo esfuerzo para que e1 azúcar blanco extraído presentase las cualidades solicitadas por e1 mercado consumidor europeo. En este caso se valorizó la formación de 10s operarios especializados en Ia fabricación de azúcar (refinadores, purgadores ... ), al mismo tiempo que era solicitada a1 propietario una selección sensata de los agentes, que deberían prestar juramento ante e1 senado de1 ayuntamiento todos los anos. Esta política fue reforzada con la aparición de1 veedor de aduana oficial, municipal que tenía por misión fiscalizar Ia calidad de1 azúcar elaborado. E1 uso ahusivo de 10s agentes de1 producto en elaboración, llevó a1 municipio a estipular fuertes multas para aquçllos que robaban cana,


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Portugal y las i.~la.~ de1 Atlantico

segundas producciones de Ia cana, mie1 y aguardiente. Junto a ello se establecieron trabas a Ia existencia de çondiciones que incitasen a1 robo, prohibiéndose Ia posesión de cerdos a cualquiera que trabajase en e1 ingenio, y Ia paga de los servicios en especies. Sin embargo, esta última no fue tenida en cuenta por 10s propietarios de1 ingenio, que continuaron pagando algunos servicios en azucar. Sólo así se comprenden Ias cantidades de azúcar disponible en niaiios de muchos trabajadores, durante la primera mitad de1 siglo xvi. El proceso de fabricación de herramitntas aparece tambit-n como un momento importante de animación en Ia ciudad, ocupando a un numeroso grupo de oficios con asentamiento en áreas o instalación en caIlcs establecidas por e1 niunicipio. La necesidad de un apretado sistema de control sobre Ia clase oficial en e1 setilido de exigir mayor calidad de Ias herramieiitas producidas, de una tasacibn de los productos y ta^ rifas, condicionaron este interés dei legislador insular, 10 que Ilevó a la aparición de ésta en e1 21 por ciento de Ias ordenanzas analizadas. Esta política municipal para 10s oficios no era uniforme en 10s dos archipiélagos, ya qiie Ia ordeiiania se desarrolla de acuerdo con una multiplicidad de factores condicionantes de1 desarrollo de Ia estructura oficial. Por eso Ia incidencia fue mayor cn Ias ordenanzas de Funchal, Angra y Vila Franca d o Campo que en los restantes municipios. Por otro lado, en los municipios azorianos este sector dc actividad no adquirió Ia importancia relevante que t~ivoen Madcira. lo que pucde ser indicio de1 bajo nivel de desarrollo de 10s senricios y de1 sistema de cambios. Tal expresión de Ia vida oficial dcl burgo no es igual en todas Ias ordenanzas de 10s municipios estiidiados. Sólo en I'unchal es patente Ia mayor incidencia y variedad de 10s oficios abarcados, a1 contrario de lo que sucede en 10s municipios azorianos. Por ejemplo, en Vila Franca do Campo el interés de los concejales se centra casi exclusivamente en dos oficios ligados a 10s transportes -barquero y carretero-. Es de destacar, sin embargo, Ia importancia atribuida a 10s alfareros, actividad con gran tradición en este municipio. En Angra y en Funchal eran ]os molineros 10s que más problemas ciiusaban al burgo, y, por eso mismo, merecerian especial vigilancia de los inspectores de pesos y medidas. La mayoría de 10s oficios citados en Ias ordenanzas pertenecen a1 sector secundario y terciario, teniendo c1 primario poca representatividad. Aqui se confirma Ia importancia que los dos primeros sectores de actividad asumieron en 10s municipios.


Lar znstituczone.i in.sularcx

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Los oficios son e1 rsqueleto en que se asentaha Ia vida de1 burgo. Eran ellos los que animaban Ia vida cotidiana de Ias calles y plazas. De ahi resulto e1 gran interés demostrado por el código de ordenanzas. Mayor atención fue dada a la actividad transforniadora y a1 scctor alimenticio, con particular rclevancia, en e1 primer caso, de Ia industria de1 calzado y, en e1 segundo, de Ia molienda de1 cereal y venta de carne. De un modo general, 10s oficios referidos en Ias ordenanzas pertenecen a 10s sectores secundario (56 por ciento) y terciario (36 por ciento), con especial mención para Ia actividad transformadora alimenticia. Sólo en Funchal e1 conjunto de oficios de1 sector secundario está muy próximo, merced al elevado desarrollo de Ia estructura oficial. Adviértase, sin embargo, que era en Funchal donde se encontraba una mayor variedad de oficios, situación contrastada con Ia exigua referencia y sobriedad de 10s municipios azorianos. En Madeira se regularon de forma exhaustiva 10s oficios ligados a Ia producción (caiiaverero, descascarillador). transporte (arriero, barquero y maestro de navio), transformación (sastre, calderero, herrero, herrador, hornero, maestro de ingenio, molinero, alfarero, platero, tahonero, tonelero, zapatero) y comercio (carnicero, lencero, mercader, pescadero, tabernero y ventero) de los productos y utensilios. En Ias Azores, en uno u otro sector de actividad, Ias referencias son vagas. Esta diversidad de actuaciones resulta de Ia coyiintura socioeconómica de cada ciudad. Así. Vila Franca do Campo, dominada por grandes áreas agrícolas, vio dcsarrollarse e1 sector de transporte, necesario para Ia distribución de los excedentes. Lo mismo sucedió en Ia ciudad de Angra, donde Ia misión de puerto oceánico condujo a1 fuerte desarrollo de 10s oficios ligados a1 sector alimenticio. La intervención de1 legislador municipal en Ia faena oficial se orientaha con Ia intención de regular Ia actividad. Así se establecía de modo riguroso e1 proceso de fabricación y Ia tahla dc precios para 10s arancçles y herramieiitas. La calidad de1 servicio y ~roducciónno resultaba só10 de Ia competencia en Ia plaza sino, fundamentalmente, de la vigilancia de Ia corporaciones y de la exigrncia de1 examen para e1 a p r e n ~ diz. El juramento anual y la necesidad de dar una fianza completaban Ia jurisdicción municipal. En Madeira 10s platcros y toneleros dcbian presentar a 10s concrjales Ia senal para que constase en los lihros de1 a p n tamiento. E1 taller daha lugar a1 mercado o plaza, espacio privilegiado para Ia distrihución y reparto de 10s utensilios. El municipio redohlaba aqui


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Portugal y las islus de1 Atldnticf~

Ia vigilancia, estableciendo reglas definidoras de1 sistema de cambios. Ésta fue una de Ias preocupaciones dominantes en Ias ordenanzas, manifestada en Ia presencia de1 28 por ciento de éstas. Aqui Ia actuación se repartia entre e1 abastecimiento de bienes alimenticios y utensilios. La plaza dominaba e1 espacio urbanizado, estableciendo una particular división de acuerdo con Ias exigencias de Ias tendencias internas y externas de Ia vida económica. A 10s edificios de Ia fiscalía se suceden 10s almacenes y tiendas de venta. Su importancia en Ia vida cotidiana está justificada por una doble acción: primero, sometiendo a 10s diversos oficios a juramento y fianza anuales, desp~ié5,por medio de Ia vigilancia de 10s inspectores. Las normas reguladoras de1 mercado insular se estructuraban de Ia siguiente forma: 1. Comercio interno, una intervención basada en un apretado sistema de vigilancia que incidia en e1 precio de venta y en los bienes alimenticios y utensilios, filados por los concejales; 2. Comercio externo, actuación con Ia intención de delimitar 10s cambios con e1 extcrior de 10s excedentes o productos a esto destinados. Para e1 comercio externo e1 municipio intervenía de acuerdo con e1 nivel de desarrollo socioeconómico de cada ciudad o villa. En Ias de gran animación comercial con e1 exterior. como Angra, Funchal y Ponta Delgada, Ia atención era mayor principalmente a nivel de movimiento de entrada y salida. La defensa de los cultivos locales implicaba algunas limitaciones en e1 movimiento de entrada. AI contrario, Ia carencia, especialmente de bienes alimenticios, conducia a1 establecimiento de medidas activadoras de Ia entrada y a1 control riguroso de transporte y almacenamiento. Estas últimas se completaban con Ia prohibición impuesta en cuanto a su salida. Estaban en este grupo el cereal, el \.ino, e1 aceite, e1 pescado, e1 ganado, Ia carne, c.1 hizcocho, e1 lino y e1 cuero. La fragilidad clel sistema económico insular, asociada a Ia extrema dependencia de1 mercado europeo y atlántico, condicionó e1 nivel de desarrollo de1 sistema de cambios, marcado por múltiples dificultades en e1 abastecimiento. De este modo, Ias autoridades municipales dirigian su acción sobre e1 sistema de cambios, dc modo que aseguraran Ia subsistencia de Ias poblaciones. De ahí resultó e1 especial empeno en Ias cuestiones de1 abastecimiento, dondc c1 cerra1 era escaso 0 anormal. La


última situación explica e1 elevado número dc ordenanzas sobre 10s cereales en São Miguel, considerada e1 ~rincipalgranero de1 mundo insular portugués. Téngase en cuenta que éstas aparecen, con especial agudeza, en Ia décadas de 10s treinta y cuarenta, ~ e r í o d ocritico para e1 abastecimiento y comercio cerealifero micaelense. La vid y e1 vino integraron también el grupo de cultivos y productos protegidos, debido a Ia importancia que asumen en Ia dieta y sistema de cambios insulares. Las ordenanzas estipulaban medidas para evitar 10s danos causados por e1 ganado en Ias vinas, robos de uvas, así como Ias normas para Ia venta de1 vino de taberna. En el primer caso se prohibía en Ponta Delgada, Funchal y Angra Ia venta de uvas sin licencia de1 dueno. En e1 segundo, se impedia a sus intermediarios los procesos fraudulentos en Ia venta, asi como la evasión de1 pago de 10s derechos y la mezcla de vinos de diferentes calidades. Para ello cada taberna só10 podria disponer de dos pipas de vino (blanco y tinto), y ambas verificadas y abiertas por e1 oficial de1 consejo, el arrendatario de1 vino. En este contexto merece especial atención Ia preocupación de1 municipio de Angra en prohibir Ia mezcla de 10s vinos. Las indicaciones sobre e1 uso de1 azúcar, mie1 de abejas y cana dan a entender que Ia práctica de1 «vino adulterado» es antigua y ya tenía lugar en Angra. La carne y el pescado, productos que exigian especiales cuidados en el manejo y venta, tuvieron también una referencia relevante en las ordenanzas. Se establecían normas reguladoras, definidoras de1 proceso de circulación y venta. La venta de1 pescado debía realizarse en Ia plaza y por agentes habilitados por e1 senado de1 ayuntamiento. De este modo, a 10s propietarios de barcos, patrones o pescadores les estaba vedado el comercio a1 por menor. Ambos productos, sólo después de fiscalizados por e1 inspector de pesos y medidas, eran puestos a la venta. En el caso de Ia carne, el corte y venta eran hechos ante un oficial de1 consejo. La venta por peso o medida facilitaba e1 fraude de 10s vendedores poco honestos que falsificaban 10s medios usados en Ia medición. De este modo e1 municipio estaba obligado a aumentar Ia vigilancia sobre e1 minorista, siendo e1 blanco principal las vendedoras ambulantes. Por ello se estipuló e1 uso obligatorio de pesos y medidas aprobados por el patrón municipal, con anuales confirmaciones a cargo de1 inspector. La sociabilidad en e1 pequefio espacio insular no mereció idéntica atención por parte de los municipios. A ello contribuyó el hecho de que


con medidas sanitarias, que se adecuaban a1 nivel de sanidad y predominio de vivencia rural en e1 municipio. Los principales problemas concernientes a la sanidad resultan de Ia permanente circulación de animales en Ia ciudad, de1 uso abusivo de1 agua de las fuentes, pozos, corrientes y riberas para lavar, beber y uso industrial. A todo esto se unia Ia preocupación por e1 aseo de Ias calles y plazas públicas. La solución de alguno de estos problemas Ilevó al municipio a delimitar e1 área de tránsito y, en e1 caso de Madeira, la construcción de cobijos para 10s animales. El agua, elemento vital de Ia vida cotidiana y de Ia faena agrícola insular, mereció el interés de1 municipio. Se intervino en e1 sentido de regular el uso, evitando el hurto y dano por Ias actividades artesanales -lino y cuero-. La fuente, espacio privilegiado de Ia vida cotidiana de la ciudad, mereció especial atención: se restringió e1 uso y consumo de agua, limitándose e1 servicio de bebedero para animales o tendedeto de ropa. Esta preocupación es dominante en las islas Terceira y São Miguel. Funchal fue, sin duda, de todos 10s municipios e1 que disfrutó de mejores condiciones de sanidad, ya que Ia ciudad estaba situada en una ladera cortada por tres riberas. Las actas de 10s concejales y e1 código de ordenanzas prestan poca atención a Ia sanidad. Idénticas, o por lo menos parecidas en algunos aspectos, deberían de ser las normas establecidas en las ordenanzas de 10s municipios de Ias islas de São Tomé y Cabo Verde, cuyo contenido se nos escapa por su ausencia. En Ias ordenanzas aprobadas en 1732 por Ia cámara municipal de Santo Antão es variado e1 abanico de intervenciones, coincidiendo algunas con Ias anteriormente citadas para Madeira y Azores. Éstas abarcaban Ia sanidad, pesos y medidas, danos causados por e1 ganado y pájaros, y las consecuentes medidas de protección.

Por 10 que se refiere a Ias diversas estructuras de mando, nunca se alcanzó una armonía perfecta, ya que aparecieron numerosos conflictos, dentro de la propia institución o, lo que era más habitual, fuera de ella. A ello contribuiria, por un lado, Ia insistente subdelegación de poderes y, por otro, las dificultades en la pronta fiscalización por parte


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de Ia corona. Una reclamación de Madeira tardaba meses en obtener la respuesta de1 senorío o de la corona, y empeoraba en el caso de São Tomé o de Cabo Verde. El distanciamiento de Ia corona y Ia falta de «ajo justiciero» de 10s funcionarios provocaron numerosos atropellos de 10s que fue victima la vida municipal madeirense en e1 siglo xv 11 toda Ia administración de Cabo Verde y São Tomé en 10s siglos xvi y xvir. En uno y otro lado Ias situaciones son casi idénticas, siendo 10s capitanes, importancia de1 rey, e1 principal motivo de discordia. En 1511 e1 capitán de São Miguel entró en conflicto abierto con e1 magistrado eclesiástico y e1 contador. Pasados cinco anos, fue el de Funchal e1 que mostro su incompatibilidad con el corregidor, negándose a accptarlo como tal, lo que Ilevó a la corona a suspender10 así como a su magistrado. Caso parecido sucedió seis anos después en Sao Tomé, siendo expulsado e1 capitán João de Me10 y en su lugar nombrado un gobernador, repitiéndose con e1 de Ribeira Grande en Santiago, donde éste fue sustituido por e1 magistrado supremo de Ia Casa da Suplicação. En la petición judicial acusatoria contra e1 capitán micaelense aparecen numerosos testimonios de poder despótico. Pero estas acusaciones, consideradas por Gaspar Frutuoso sin fundamento, Ilevaron a que aquél fuese suspendido, siendo sustituido por su tio, Pedro da Câmara, siendo Ia capitania restituida en 1515. Queda asi probado que la corona mantuvo una actitud implacable con 10s capitanes, pero 10s vicios, acumulados en anos de libre gobierno, lejos de la presencia de1 rey o de sus representantes, iueron e1 principal obstáculo a esa política. La usurpación y 10s enfrentamientos asiduos de jurisdicción de las instituciones y funcionarios condicionaron una reaccitin eu cadena por parte de la corona. De Ias desavenencias surgidas destacan Ias que tuvieron lugar en Ia isla de São Miguel entre 10s capitanes y 10s municipios de Ribeira Grande, Ponta Delgada y Vila Franca d o Campo. Era necesario demostrar que Ia situación camhiaba y 10s hábitos despóticos debian ser combatidos con una estructura institucional nueva, adecuada a Ias exigencias de Ia imprescindible centralización real. E1 senorio desaparecia, naturalmente, sin sobresaltos, pero dejaba desamparados a los capitanes, incapaces de encarar 10s desafios de 10s cambios.


De Ia nueva estructura institucional resultaba una mayor revitalización de poder municipal y Ia aparición de nuevos municipios y de otras estructuras de mando, para establecer una barrera firme a 10s hábitos arraigados en Ia vida cotidiana de 10s capitanes. De este modo, hubo necesidad de establecer una estructura fuerte capaz de enfrentar Ia nueva realidad. Los atropellos a Ia autoridad legítima de1 rey aumentaban de acuerdo con Ia distancia de Ias capitanias a 10s centros de decisión en el reino. La necesidad y celeridad en el nombramiento de 10s funcionarios reales para tales islas era bien patente en el requerimiento de1 municipio de Ribeira Grande (Santiago) en 1624: Es que Ia gente de ella es revoltosa, v hay homicidios y otros crimenes; y, si no hubicra gobernador, hahría muchos más; y 10s naturales, por srr muchos, vejaron y maltrataron a Ias personas que alli están de este reino, que son muy pocas, por quvdar libres y senores de1 g o ~ bierno. Fue por esto por lo que Ia corona estableció una autoridad suprema: primero en São Tome e1 cargo de capitán (1541), después en Cabo Verde e1 de capitán general de Ias islas (1578). Este último vino a dar origen en 1600 al capitán gobernador, siendo sustituido, a partir de 1640, por e1 capitán y gobernador general. También fue necesario definir una forma específica de gobierno para Ias islas. Los gobernadores y magistrados pasaron a ser nombrados sólo por un período de tres aíios, finalizados los cuales su gohierno debería someterse a una inspección. Despues, la corona pasó a enviar, con frecuencia, magistrados <I magistrados supremos para inspeccionar Ia acción de 10s gobernadores, magistrados e inspectores de aduanas. En Madeira y Azores 10s problemas se resolvían puntualmente con Ia presencia de1 corregidor -uno en el primeru y dos en el segundoy sólo a partir de Ia unión de Ias coronas peninsulares e1 nuevo monarca vio Ia necesidad de adccuar Ia forma de gobierno de Ias islas a Ia vigente en las Canarias: cn Terceira se instituyo el cargo de gobernador (1581), d e s ~ u é sen Madeira en 1585, 0 de egeneral y superintendente de ias cosas de guerr;rn7. Ambas situacionrs sc pçrpetuaron tras Ia res-


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Portugal y las idas de1 Atlúntzco

tauración de Ia independencia en 1640, quedando en Ias Azores como gobernador de1 Castillo de Sáo Felipe y de Ias islas de Ias Azoresi. También en Cabo Verde y São Tomé Ia presencia de Ia autoridad real se inició con Ia intervención de1 corregidor: en 1514 en e1 segundo y 1517 en e1 primero. En São Tomé éste aparece desde e1 inicio como funcionario supremo, retirando jurisdicción a 10s donatarios. En Cabo Verde e1 cambio fue paulatino: a1 comienzo adquirió una función de funcionario supremo, siendo conocido en 1558 como e1 magistrado jurisconsulto. En 1569, en e1 archipiélago de Cabo Verde. Ia tendencia era hacia Ia concentración de poderes en un solo funcionario, apareciendo asi e1 magistrado supremo Antonio Velho Tinoco, que acumulaba las funciones de proveedor de la Iiacienda, de 10s difuntos y residentes, corregidor y capitán de Ia ciudad de Ribeira Grande9. Finalmente, en 1587 se crea el cargo de capitán general, gobernador y proveedor de Ia hacienda Real, a quien competia Ia ~u~eriritendencia de toda Ia actividad gubernativa de Ias islas y Rios de Guinra. La presencia de una figura con jurisdicción absoluta fue una necesidad sentida desde e1 primer momento de la colonización de las islas. En e1 caso de São Tomé esta presencia se volvió más riecesaria merced a1 reducido número de europeos y de 10s permanentes conflictos que subsistieron entre Ias autoridades locales. La actividad de 10s donatarios, corregidores y capitanes fue marcada por numerosos atropellos. La falta de un poder central y fuerte condicionaria algunos de los alborotos que tuvieron lugar en Cabo Verde entre 1545 y 1555. Uno de 10s aspectos de mayor interés para Ia corona fue, sin duda, e1 establecimiento de Ia estructura fiscal y Ia consecuente forma de intervención. Mientras e1 sefiorio perduró, ésta quedó bajo Ia jurisdicción de1 sefiorio, que intervenía por medio de1 almojarife, que hacía cumplir lo estipulado en e1 fuero henriquino y en diversos estatutos. Próximo a é1 estaba e1 capitán, que se afirmaba más bien como beneficiario de 10s réditos y poseedor de la décima parte de Ias rentas sefioriales. Con e1 gobierno de1 infante don Fernando esta estructura fiscal se mostró inadecuada para e1 nivel de progreso alcanzado por Madeira, de " U . de M ç n d o n p Dias, A vida de nusior iivoi. vol. 111. de Cabo Verde A. T. Mata, «A primeira visita de um tónio Velho Tinoco c. 1575)» en Ultramnr, Vll.

ri:

4. 1969.

à Guiné (An-


Las instituciones insu1are.s

243

donde resultó Ia necesidad de crear una nueva estructura capaz de supervisar la hacienda en Ia isla, creándose Ia tesorería. Más tarde, en 1477, e1 desarrollo de 10s cambios con e1 exterior, motivado por el progreso de1 cultivo azucarero, condujo a un nuevo reajuste, que Ilevó a Ia aparición de Ias aduanas, una para cada capitania. Más tarde, en 1483, Ia estructura fue ampliada con Ia creación de 10s puestos en Ia costa más alia de Câmara de Lobos. Fue, no obstante, Ia corona, a partir de 1499, quien impuso un adecuado sistema fiscal, asentado en dos instituciones: 10s almojarifazgos de aduana y de 10s departamentos. E1 primero intervenia en e1 movimiento de entradas y salidas y en e1 cobro de 10s respectivos derechos; e1 segundo fue creado para recaudar 10s derechos dirigidos a Ia cosecha de azúcar, una cuarta parte, que después pasaria a una quinta. Y finalmente en 1508 se dio una nueva forma a1 sistema fiscal en Madeira con e1 establecimiento de Ia Proveeduria de Ia hacienda. De 10s derechos recaudados, a1 principio por e1 sefiorio y después por la corona, tenemos e1 diezmo sobre 10s rendimientos fijos o sobre cualquier valor, siendo unos de usufructo de1 donatario y otros de la Orden de Cristo. A esta primera fiscalia se sobrepone otra asentada en las principales producciones con valor comercial: en 10s cereales era e1 diezmo de Ias cosechas, en tanto en e1 vino era una determinada cantidad de aquel que fuese puesto a Ia venta en Ias tabernas, que fue conocido como la imposición de1 vino (1485), cuyo valor iba en su totalidad para Ias obras de ennoblecimiento de la villa de Funchal. Los derechos sobre la producción de1 azúcar, Ia parte más importante de Ia fiscalia, sufrieron varias alteraciones. En e1 inicio, debido a que só10 e1 infante don Henrique tenía derecho a fabricado, todos los productores dejaban en su ingenio la mitad de1 azúcar; después, con Ia autorización para e1 uso de ingenios particulares, este impuesto pasó a un tercio y después, en 1467, a un cuarto sobre Ia cosecha. La recaudación de este derecho se hacía a partir de Ia valorización anticipada de Ia cosecha. Esta labor estaba a cargo de1 almojarife y dos tasadores escogidos por Ia concejalía. Pero este sistema generó numerosas criticas de 10s productores, por 10 que en 1507 se procedió a un estudio sobre Ia mejor forma de dirigir y recaudar e1 referido derecho. En consecuencia se creó una nueva estructura fiscal, Ia Proveeduría de Ia Hacienda (1508) y un nuevo impuesto en vigor a partir de 1516. E1 impuesto pasó a ser un quinto de Ia producción y su recaudación fue hecha por una nueva estructura institucional, e1 almojarifazgo de1 azú-


car, subdividido en diversas comarcas. Así hubo dos almojarifazgos (Funchal y Machico) y cuatro comarcas (Funchal, Ribeira Brava, Ponta do Sol y Calheta). Esta situación ~ e r d u r óhasta 1522, momento en que este almojarifazgo se unió al de Ia aduana formando una estructura única. En 10s siglos xv y xvr los derechos establecidos sobre e1 azúcar fueron Ia principal fuente de rendimiento de Ia corona en Ia isla, utilizados para costear 10s gastos de Ia manutención de Ias plazas africanas y de Ia casa real. Este elevada cantidad de azúcar era comercializada por Ia corona por rnedio d e contratos específicos con los mercaderes, en su mayoría genoveses. En Ias Azores sucedió algo semejante a Madeira, por lo que se imitaron 10s edictos y estatutos reales que formaban la estructura institucional. Los fueros de1 almojarifazgo de Funchal de 1499 y 1515 fueron aplicados sin restricciones en Ias islas de São Miguel, Terceira y en Ias demás. E1 traslado en Ponta Delgada fue elaborado en 1526 y 1557. De este modo e1 sistema tributario implantado por el senorio y Ia cotona en las Azores fue idéntico al madeirense, variando sólo su incidencia sobre 10s nroductos disoonibles. Aqui fue mayor Ia atención atribuida al cereal, ganado y hierba pastel, 10s componentes más destacados de Ia economia de1 archipiélago. Por referencias de Gaspar Frutuoso, se sabe que en Ia isla de São Miguel en Ia década de 10s ochenta de1 siglo xvr Ia corona recaudaba 76.500 cruzados, siendo el 50 por ciento de 10s derechos de Ia hierba pastel y el 26 por ciento de1 diezmc de1 trigo. En Cabo Verde Ia elección de Ia estructura institucional se esbozó ya a finales de1 siglo xv, quedando Ia villa de Ribeira Grande en Santiago como principal centro administrativo donde quedó instalado, desde 1741, el almojarifazgo de Ias islas. Más tarde, el progreso socioeconómico de1 archipiélago Ilevó a Ia creación de un almojarifazgo para cada capitania, siendo el de Ia isla de Fogo de 1507. Por otro lado, Ia importancia que el archipiélago asumía ante el comercio de esclavos de Ia vecina costa de los Rios de Guinea condujo a Ia corona a establecer una factoria, con sede en Santiago. con ei objetivo de supervisar este comercio. Aqui, al contrario de lo que hahia sucedido con Ias idas de Madeira y Azores, se optó por Ia necesaria centralización de Ias estructuras institucionales, instaladas en Ia capit;il de la isla de Santiago.


Todo esto resultó de Ia experiencia descentralizadora madeirense y azoriana, que y e d ó como la solución mas adecuada para 10s objetivos de Ia corona. Es de destacar que también en Madeira y Azores la tendencia a Ia centralización fue un hecho. En tanto en Madeira e1 principal centro administrativo sç localizó en Funchal, en Azores se dudó varias veces entre Ponta Delgada y Angra. La definición de esta medida en Cabo Verde fue fácil, pues era una isla dominada por 10s aspectos socioeconómic»s, ya que Ias demás prefirieron el aprovechamiento de1 ganado. Lo mismo no se podria decir de Madeira y, más propiamente, de Azores. Idéntica fue la política llevada a cabo en tierras caboverdianas en cuanto a Ia justicia, haciéndose instalar una vivienda para e1 contador de 10s actos e inquisidor y corregidor en Ia misma isla. E1 estatuto que regulaba Ia jurisdicción de1 corregidor, fechado cn 1520 I " , era igual para todo el espacio insular y Ia única diferencia apareci6 en las Azores, donde se crearon dos jurisdicciones, una en Angra y otra çn Ponta Delgada. Hacia e1 sur, en Sào Tomé y Príncipe, nos encontramos con una estructura fiscal y judicial en consonancia con Ia que fue implantada en Cabo Verde. En e1 primer aspecto es de destacar Ia existencia en São Tomé de una factoria, idéntica a Ia de Santiago, con una superintendencia de1 comercio de Ia costa africana \.ecina. Para regular Ias iniciativas y privilegios de los habitantes fuerori concedidas dos cartas de1 fuero, una en 1485 y otra en 1524. Las rentas recaudadas por la Hacienda Rcal en ios tres archipiélagos testimonian, simultáneamente, la eficacia de las instituciones y Ia dimensión asumida por Ia economia, ya que tales valores recaen sobre algunos aspectos de1 ciclo productivo y comercial. En 1507 Ias finanzas públicas recaudaron 50.500 reales, sicndo más de Ia mitad provenientes de 10s réditos recaudados en e1 azúcar madeirense, quedando Ia Azores y Cabo Verde con un ínfimo porcentaje. Pero la tendencia se alteró, merced a Ia crisis de1 azúcar en Madeira: en 1518 Ias rentas madeirenses decrecieron en un 64 por ciento en tanto las azorianas suhen un 600 por ciento. El movimiento ascendente de1 archipiélago azoriano continuará eti 10s iinos inmediatos.


En e1 siglo xç?~disponemos d e una valoración global d e 10s rendimientos portuarios para las diversas áreas. Los cuatro archipiélagos juntos representaban e1 67 por ciento de esta renta, dividiéndosç los valores de1 siguiente modo: JURISDICCI~N

...

. . .

Madeira ................... .................... Azores Cabo Verde ..................................... ................................... TOTAL .................................................

RENDIMIENTOS

24.000$000 40.000$000 22.000$000 9.500$000 87.800$000 183.000$000

%

13 22 12 5 48

Estos datos nos permiten afirmar I(> mismo que e1 escritor de1 siglo mr, Luis Mendes de Vasconcelos: Las idas sc poblaron de una \,ri,i. ni, rstán, como 1;i India, sfligirndo a los Iiornhrrs continiianientç, y clc ;\tas nos provrrm<isdc trigo, por dondç antes beneficio que dano 110s causa su poblamiento, ahundati~ do en tierras fertilisirnas y lahi-adore, que Ias cultivan; nos dan tinta pastel buçna para tenir paiios, ;rzGcai y iltras crisas nccrsarias para Ia vida, aunqur de todas nos api-riv<:ch;irnosmal ' .

Tal como refiere Jaime Cortesao, los iranciscanos se encuentran indudablemçnte ligados a 10s procesos de ilescubrimiento, ocupación o conquista de1 nuevo mundo atlánticu. hcoinpanaron a Ias gentes peninsulares en Ia tarea civilizadora de1 océano, fueron 10s primeros en Ilevar la palabra de Dios a estas tierras rccbnditas y alli rezaron Ia primera misa. De aqui resulta Ia gran importancia asumida por Ia orden seráfica en las islas, especialmente en los archipiélagos de Madeira y Azores. La más antigua presencia d e Ia Iglesia en Ias islas data d e 1344, afio en que e1 papa Clemente VI concc-dii.) a don Luis de Ia Cerda e1

" «Dialog<is do \,tio de Lisboao eci Aiiiohiiri </o<Eronon2zsiui Poriiigu~iri,selec , pref. y noras de Antóniu Sergio, Lisboa. 1924. pp. Y i ~ 8 8 .


Catedral de Funchal. bendecida en 1514

principado dc Fortuna. Este hecho fue e1 preludio de una ardiente polémica entre Ias coronas peninsulares. En esta fecha se habia creado también un obispado, ya que en 1355 fray Bernardo, residente en Avignon, es citado como ohispo de Ias islas de Fortuna. Entretanto, en 1369, e1 papa Urbano V concedi6 a 10s »bispos de Tortosa y Barcelona c1 encargo de evangclizarlas, enviando en 1386 a un capellán a La Gomera. Pero éstos nunca visitaron las idas y Cue só10 en 1404, tras el primes viaje de Jean de Betencourt, cuando se avanzó, de hecho, con una estructura religiosa cn e1 archipiélago, creándose e1 obispado de Ruh i ~ á o(Laniarote), transferido después, cn 1438, a Las Palmas de Gran Canaria. En Ias islas portuguesas pasó algo diferente. Aqui, e1 derecho de patronato fue concedido a Ia Orden de Cristo, por carta real de 1433, confirmada por bula de 1455, a Ia que quedri subordinada toda Ia estructura religiosa. En todas Ias islas se establecerán magistraturas con el objetivo de organizar y ejercer e1 gobierno çclesiástico. Esta situación, posterior a1 inicio de pohlación de Madeira, desagradó a 10s franciscanos, que habían acompanado a los primeros pobladores. Algunos malentendidos con el vicario de Tomar les llev6 a


abandonar en 1459 Madeira, instalándose en Xabregas. La salida puede ser considerada como una forma de represalia por parte de1 infante don Henrique ante su subordinación a1 vicario general en Ias islas Canarias, como postulaba un texto de1 papa Nicolás V en 1450. Para cubrir su ausencia e1 papa Pio I1 concedió en 1462 licencia a 10s frailes de Ia regla de San Jerónimo para fundar un monasterio en Madeira, lo que no surtió efecto. Entretanto, 10s franciscanos regresaron en 1474 a su convento de São João de Ribeira y acabaron por adquirir una posición relevante en Ia isla. Más tarde, en 1485, se retiró a Ia isla fray Pedro da Guarda, creando Ia pequena ermita de São Bernardino en Câmara de Lobos. Este franciscano, conocido como e1 santo siervo de Dios, fue célebre en Ia isla por sus virtudes y milagres, 10 que motivó un culto arraigado en las poblaciones de Câmara de Lobos, que se mantuvo hasta 1835, ano en que fue prohibido. La orden seráfica se afirmó en Ia vida religiosa madeirense creando conventos en Funchal, Câmara de Lobos, Santa Cruz, Ribeira Brava, Calheta y Machico. En este contexto destacan los conventos de San Francisco de Funchal y el de Santa Clara. E1 primero, para albergar a los frailes, fue construido a partir de 1474, rn tanto e1 segundo, de monjas, fue erigido por iniciativa de Joáo (;on~alves Câmara, segundo capitán de Funchal, en e1 lugar donde su padre había edificado su capilla de Ia Conceiqâo de Cima (a1 contrario quc Ia de Concei~áode Baixo, construida junto al mar), que tuvo el patronato de Ia misma por bula (1476) de Sixto IV y por bula (1496) de ~UejandroVI quedó establecida su regular observancia y e1 inicio de Ia clausura, siendo abadesa dona Isabel de Noronha, hija de1 capitán, que se encontraba en e1 convento de Ia Conceição de Beja. Por fin, se registra e1 convento de Nossa Senhora da Piedade, fundado por legado establecido en el testamento (1518) de Urbano'Lomelino en su granja, situada en cl lugar donde ahora se levanta e1 aeropuerto de Funchal. Idéntico ideal movió a1 canónico Henrique C a l a ~ ade Viveiros, que en 1650 levantó el convento de Nossa Senhora da Encarnaçáo en honor de Ia restauración de Ia independencia. Éste fue un convento femenino más dc ia regla francis~ cana de Santa Clara. La colonización de Madeira, en cuanto a ia organización eclesiástica, parece haber sido definida de acuerdo con un plan preestahlecido. Jerónimo Dias Leite refiere que el objetivo de los primeros madcirenses


era xcomenzar Ia edificación de Ias iglesias y de Ias villas y lugares y labranza de tierras)). Tales principios guiaron no sólo el caso de Madeira, sino tambibn el de 10s otros dos ;ircliipi6lagos atlinticos :I donde los portugueses Ilcgaron. En el período de 1433 a 1499 Ias adniinistraciones civil y religiosa estaban a cargo de1 inaestre de Ia Orden de Cristo, que en e1 caso de Ia jurisdicción religiosa determinara Iii superintendencia por el vicario de Ia villa de Tomar. De acuerdo con Ia bula dc 1456 Ias nuevas áreas atlánticas eran consideradas nul/zus Jzuci.iic, siendo dcpcndientes de aquel vicario. Era é1 quien determinaba Ia construcción de Ias primeras iglesias iiombraha los prelados para VI scrvicio rçligioso. Esta lorma de organización de Ia5 estructuras religiosas fue igual en Ias Azores, Cabo L'erde y São T«niC. donde tambibn tiivimos Ias primeras parroquias y capillas de drdeiies meiiorcs. En Ias Azores, a ejemplo de Madeira, el primer servicio religioso fue ohra de los franciscanos, quienes construyeron en 1446 Ia primer;~capilla en Santa Maria y después otras cn Angra (1452) y en Ia villa de Praia (14811. La orden s e ~ ráfica se extendió después a otras islas. donde lundo casas en Terceira, Faial y São Migucl. Hay tambien tcstinionio de Ia presencia d r los j e ~ suitas (15701 y agustinos en ia isla <!V 'I'erceira. En Cabo Verde y Sào Tome Ia estructura de Ia 1glcsi;i evolucionci de acuerdo con e1 impacto de Ia colonizacifin. Aqui Ias condiciones inhóspitas generadas por el clima causaroii numerosas dificultades a Ia acción de los europeos y en especial dcl clei-<i. Numerosos misioneros y prelados de Ias diócesis de ambos :irchipiclagos no resistieron el calor tcirrido de estas islas. De aqui resulto Ia negativa de algunos ohispos a tomar posesión de1 lugar, y aclucllos quc. \,inier»n a Ias islas resistieron poco tiempo. 'l'ambién 10s misionerc~s<li. I;i C:ompatiía ile Jesús fueron víctimas de Ias condiciones inh6spit:is dcl clima, 10 cluc Ilcv6 a I:i orden a meditar c1 eiivio de nue\.as misioiie\ E1 primer vicario enviado por I;i Orden de Cristo liecia Santiago fue e1 dominico fray João, nombrado eii 1173, mieritras en São Tomé se sabe que a Ia mucrtc de Alvar» (:arninha Ia isla estaba servida por


un vicario y un clérigo. En ambos archipiélagos estas dificultades fueron constantes y condicionaron de forma evidente Ia presencia de1 clero y después de1 obispo y demás dignatarios. La falta de instalaciones dignas, 10s conflictos asiduos con las autoridades civiles y la casi permanente ausencia de1 prelado de la diócesis son las características más notables de la vida religiosa de Ias islas. Además de eso, Ia construcción de Ias catedrales de Santiago y São Tomé fueron obras difíciles de Ilevar a cabo. La primera se inició en 1585, pero pasados doce anos todavía estaba por concluir; en cuanto a la segunda se prolongó hasta 1693. Algo parecido tuvo lugar en Angra, donde las obras de1 nuevo templo fueron retardadas hasta 1618, afio en que fue consagrada. Diferente fue el caso de1 obispado de Funchal, donde Ia construcción de1 templo que le sirvió de sede fue más rápida: e1 duque Ia ordenó en 1485 pero Ias obras se iniciaron en 1493, y todavia continuaban en 1515, siendo consagrada un afio después. Las riquezas generadas con e1 comercio de1 azúcar proporcionaron a Ia corond y vecinos ei dinero necesario para levantar tan suntuoso templo y Ilenarlo de preciosas pinturas flamencas y objetos religiosos en oro y plata. La presencia de Ia orden seráfica en Ias islas de la costa y golfo de Guinea es referida en e1 testamento de Alvaro Caminha, en 1506, donde se documenta Ia existencia de una iglesia de São Francisco y un monasterio. Mientras, en 1565 fray Rodrigo das Frias había solicitado a la reina e1 necesario apoyo para Ia fundaciún de un monasterio, lo que podría significar que e1 anterior estaba ya desmantelado por 10s asaltos de los corsarios o por dificultades de otra índole.

Los obispados

Extinguido e1 sefiorio, Ia Orden de Cristo a través de1 vicario de Tomar continuó supervisando e1 gobierno eclesiástico de Ias islas hasta que e1 12 de junio de 1514, por la bula Pro c,xcellenti, fue creado e1 obispado de Funchal con jurisdicción sobre toda el área ocupada por 10s portugueses en e1 Atlántico e indico. Hasta este momento todo e1 servicio episcopal erii realizado por 10s obispos titulares enviados por


252

Portugal y Ias islus del Atlรกntico


el vicario de Tomar, siendo de destacar Ias visitas a Angra en 1487 y a 10s archipiélagos de Madeira y Azores ientiéndase Funchal, Angra y Ponta Delgada) en 1507 y 1508. Pero e1 progreso económico y social de este vasto espacio Ilevó a Ia creación en 1534 de nuevas diócesis, cuyas áreas fueron desconectadas de Funchal: Goa, Angra, Santiago y São Torné. i La diócesis d e Angra abarcaba só10 Ias islas de1 archipiélago azoriano, en tanto Ias de Santiago y São Tomé comprendían, más allá de Ias islas de 10s archipiélagos de 10s que formaban parte, Ia costa africana vecina. De Ia de São Tom6 fue desmemhrada Ia última área, que dio origen en 1596 a1 nuevo obispado de São Salvador de1 Congo. Por otra parte, el 31 de enero d e 1533 Ia diócesis de Funchal fue elevada a Ia categoria de metropolitana y primada, englobando «Madeira y Porto Santo, las islas Desierta y Salvajes, aquella parte continental de África que limita con Ia diócesis de Safí, asi como Ias tierras de Brasil, tanto Ias ya descubiertas, como Ias que se vinierçn a descubrir». Pero bsta fue una situación pasajera. Además, Ia bula papal no fue expedida por el Vaticano, pues Ia corona no Ia había pagado, 10 que pone en duda Ia existencia real de1 arzobispado de Funchal. En 1551 el papa Julio 111 rcvoca rsta situación, pasando Funchal a simple obispado auxiliar de Lishoa, que asumiria Ia función de primado de Ias tierras atlánticas, en tanto Ia d e Goa cumpliría idénticas funciones en Ias tierras orientales. La justificación presçntada por el papa es retlejo de1 cambio operado en Ia geografia económic;r de1 espacio atlántico: Nosutros, n o obstante, considerando que Ia navegación de Ia provincia archiepiscopal hacia la ciudad dc t'iinchal es muy difícil e inrierta y que se vuelvc no menos peligrosa que costosa a los obispos provim ciales, al clrro y ziI pueblo, y que muchas veces sucçde que para tal navegaciõn faltan los navios necesarios y bien equipados, y aunquc los haya, todcis n o osao lanzarse a1 mar çn un viaje tan largo y peligroso, por 10 que 10s propios provincianus que apelan a su arzobispo de Funchal no pucden presrntarse a su tribunal y a dicha ciudad para hacer valer su\ apelaciones y conseguir Ia justicia deseada y, además, sufren otras irirotn<ididadesy danos ... '.

"

i>. 84.

Traducido por I'r

M.Juvenal

Pita I'encir>i. A .\i' dri Fundml, I:unchal, 1963,


Portugal y las i7la.r de1 Atlántico

254

OBISPOS DE MADEIRA. 1514-1721

GOBIERNO

1514-1526 1533-1547 1551-1556 1556-1569 1570-1573 1574-1585 1586-1608 1610-1618 1618-1650

NOMBRE

CONSTWCIONES

Diogo Pinheiro Martinho de Portugal fray Gaspar do Casal Jorge de Lemos Fernando de Távora Jerónimo Barreto Luis Figueiredo de Lemos fray Lourenço de Távora Fernando Jerónimo

1672-1674 fray Gabriel de Almeida 1675-1682 fray António da Silva Teles 1685-1689 Esteváo Brioso de

VISITAS

MORADA

N. N. N.

1578 1575-1578 1597,1602 1600,1606 1615 1613 1622, 1629, 1634 1621, 1624-1625, 1626-1629 1630,1637, 1632-1633 1636-1637 1639-1643 1672-1673 1680

Figueiredo

1684-1685, 1688

1690-1696 fray José de Santa María 1698-1721 José de Sousa Castelo Branco

1695

OBISPOS DE CABO VERDE. 1533-1705 GOBIERNO

1533-1534 1538-1546 1551 (?)-I574 1575-1587 1588-1606 1607-1609 161 1-1614 1614-1624 1627-1646 1672-1674 1675-1684 1687-1705

j )

NOMBRE

--

Brás Neto (1) Joáo Marvi fray Francisco da Cruz Bartolomeu Leâo fray Pedro Brandáo (2) Luis Pereira de Miranda fray Sebastião Ascensão fray Manuel Afonso de Guerra (3) fray Lourenço Gano fray Rabiáo dos Reis fray António de São Dionísio fray Victoriano do Porto

DEFUNCI~N -

29 noviembre 1546 19 marzo 1574 9 febrero 1587 14 julio 1608 18 marzo 1614 8 rnarzo 1624 1 noviembre 1646 8 febrero 1674 13 septiembre 1684 21 febrero 1705

No tomó posesión, or muerte. Renunció el 22 de Jciembre de 1606, pero desde 1594 estuvo en Lisboa. Sólo en 1622 fue a su diócesis.


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256

Portugal y 1a.r i.rlas de1 Atlรกntico


GOBIERNO

1534-1540 1540-1553 1554-1572 1577-1590 1590-1602 1603-1608 1611-1614 1614-1621 1623-1625 1626-1632 1636-1640 1641-1658 1674-1677 1677-1687(?) 1687-1689 1692-1696 1699-1702

NOMBRE

Diogo Ortiz de Vilhegas (1) fray Bernardo da Cruz (2) fray Gaspar Cão Martinho de Ulhoa (3) fray Francisco de Vilanova fray António Valente fray Jerónimo de Quintanilha fray Pedro da Cunha Lobo Francisco de Soveral (4) fray Domingos de Assunção fray António Figueira (5) fray Bento de São Jorge (6) fray Manuel do Nascimento Bernardo Zuzarte de Andrade fray Sebatiáo de São Paulo fray Timóteo do Sacramento (7) fray António da Penha de França

DEFUNCI~N

16 febrero 1572 8 agosto 1606

14 septiembre 1640 5 agosto 1658

(1) Nunca fue al obispado. (2) Nunca fue al obispado y renunció el 28 de abril de 1553. (3) Renunció al cargo por desavenencias con el gobernador. (4) Nunca fue al obispado, siendo transferido para el cargo en 1625 (5) Nunca fue al obispado. (6) No tuvo confirmación papal. (7) Transferido para Maranhao.

A 10s cuatro archipiélagos en estudio corresponden, a partir de 1533, igual número de obispados, todos ellos con problemas semejantes. Primero fueron los iniciales prelados los que prefirieron Ia residencia en e1 reino a Ia administración directa de sus obispados. Después fueron los contlictos de jurisdicción con Ias autoridades civiles y, asi mismo, con e1 cahildo. En este último caso merecen mención Ias contiendas habidas entre los ohispos de São 'l'omé « Cabo Verde con los gobernadores. Es de destacar, cn el primer archipiélago. Ia extensión de Ias c o n ~ tiendas a1 cahildo. La s«lución de este cunflicto, en anibos casos, só10


258

Portugal y las ir lu^ de1 Atlánticr,

fue posible con Ia intervención de los obispos aprobados por e1 papa, tras Ia diferencia entre Portugal y Ia Santa Sede, provocada por Ia guerra de Ia restauración de Ia independencia de 1640. La relación de 10s prelados madeirenses y azorianos con Ias autoridades civiles fue mucho más pacifica, a pesar de algunos conflictos puntuales. De éstos destacan, en Ias Azorcs, Ias desavenencias surgidas en Angra bajo el gobierno de don Pedro de Castilho (1578-1583) y don Jerónimo Teixeira Cabra1 (1600-161 1). En Madeira sólo cpedó memoria de Ia contienda entre fray Gabriel de Almeida (1672-1674) y el gobernador y capitán general J o i o de Saldanha y Alburquerque. En todos 10s obispados, a excepción de1 de Angra, hubo obispos que ejercieron, simultáneamente, e1 gobierno civil y eclesiástico. Esta sitnación es especifica de1 período de subordinación portuguesa a Ia corona de Castilla. Primero tuvimos en Sao Tomé en esas funciones a1 obispo iray Francisco de Vilanova (1590-1602), seguido por iray Jerónimo de Quintanilha (1611-1614) y iray Pedro da Cunha Lobo (1614-1621). Más tarde fue en Madeira fray Lourenço de Távora el que ejerció e1 cargo de gobernador general en e1 período dcl 8 de abril de 1614 a1 17 de diciembre de1 ano siguiente. Y, finalmente, fray L o u r e n ~ o da Gama (1627-16363 en Cabo Vci-de.

La actividad de1 clero en 10s archipiéliigos de Guinea no se resumia sólo a Ia asistencia religiosa a 10s europeoh, ya que también estaban encargados de cristianizar a los negros que eran conducidos a Ias islas como esclavos v a los que vivían en I;i vecina costa africana Se anade, también, Ia escasa presencia de habitantes en algunas isIas, lo que condicionaba al ministerio por reducido clero, limitándolo a visitas periódicas. L» mismo sucedia cii Ia costa de Cuinea, dependiente de Ia jurisdicción eclesiástica de Caho Verde y en Ia de1 Congo bajo e1 escudo de São Tomé. En Ia bula de creación de1 obispaclo de Santiago quedó establecido que Ia franja costera de Cuinea, dc ccrc;i Jç trescientas leguas, entre


e1 rio Gambia, el cabo de Ias Palmas y el rio de Santo André pertenecía a aquella área, siendo Ia restante hasta e1 cabo de Buena Esperanza de1 obispado de São Tomé. De este modo, era c1 clero de 10s archipiélagos, ahora elevados a ubispados, e1 que debería asumir Ia difícil misión de cristianizar a 10s negros residentes y a 10s Ilevados como esclavos a Europa y América. A1 clero caboverdiano y de Sao Tomé, además de Ia prestación de Ia asistencia religiosa a los europeos residentes, le estaba encomendada la tarea de bautizar a 10s esclavos de Ias diversas factorias. Esta última función se vulvió más evidente a partir de 1515, afio en que Ia corona decretó e1 bautismo masivo de todos los esclavos antes de su partida hacia Ias plantaciones americanas. Para que esto sucediese sin atropeIlos, se estableció en São Tomé la obligatoriedad de que e1 administrador entregara al vicario e1 traslado de los derechos de entrada de 10s esclavos des~achadosDor Ia factoría wara ser bautizados ". Fueron numerosas Ias dificultades surgidas cn Ia ensetianza de Ia doctrina a 10s africanos: primero Ia oposición de1 propio clero y prelados a tales bautismos masivos de los esclavob, sin ninguna formación doctrinal y muchas veces convertidos al islam o adeptos a prácticas religiosas locales; después, Ias dificultades como Ia ensenanza de1 catecismo, resultantes de barreras linguísticas y, finalmente, Ia actitud contraria de los contratistas, que 10 consideraban un contratiempo para 10s negocios ". Para combatir Ias dificultades linguísticas se recurrió a1 uso de intérpretes de las catequesis, con qiiienes e1 almojarifazgo de São Tomé gastaba en 1556 20.000 realcs li. En este contexto fue importante Ia acción de 10s jesuitas, a partir de mediados de1 siglo xvi. La Compaiíía de Jesús envio a este área varias misiones. De éstas se tiene noticia de dos con once religiosos en Cabo Verde y Guinea y otra con seis en São Tomé I'. Pero ellos también padecieron las dificultades de adaptación a1 clima, ya sentidas por los europeos residentes. En e1 caso de Cabo Verde murieron todos 10s

' Ibidem. 11, n . "

121. p. 383, 22 de marzo de 1551,.

A. Carreira, (àbo i'erde, Lisboa, 1983, PII. 273~292.

Monumento Mirril>nán<iAfiiconii, 11, n.' 124, pp. 384, 22 dc marzo de 1556. Ibrdem, n." 159, pp. 459~461,20 de fehrrrc, de I>(>O; n:' 39, pp. 94-95, 6 de ahril de 1604: F. (;urrreiro. o," cii. 111, p. 415 "'

"


misioneros, y fue con alguna aprensión como Ia Compafiia de Jesús se enfrentó con Ia necesidad de enviar otras inisiones. Para cubrir esta dificultad e1 obispo de São Tomé hahía sugerido en 1585 Ia creación en Coimbra de un colegio para educar a los negros que después serían 10s misioneros. Una vez más surgieron dificultades, ya que los nativos no quisieron mandar a sus hijos, por lo que e1 colegio fue de nuevo traspasado a São Tomé en 1597 I'.

La Reforma y la (:ontrarreformu E1 sigla xvr es definido en cuanto ;I Ia cstructura religiosa de Ia cristiandad occidental como un momento de activo protagonismo. A ello contribuirán Ia tentativa de reforma [levada a cabo por Lutero y Calvino y Ia rápida respuesta de1 papado por medio de1 Concilio de Trento. La Compaiiía de Jesús emerge en este contexto como e1 bastión de Ia respuesta papal, cuyo movimiento se coniice como «Contrarreforma». La Iglesia y sus miembros hahian entrado en Ia vida fácil, dejándose corromper por Ias atracciones materiales. E1 estado en que se encontraba Ia Iglesia era realmente alarmante. La vida de1 convento estaba en degradacióii, dominando allí la indisciplina y alguns inmoralidad. El clero secular se separaba de1 servicio en Ias parroqiiias acercándose a los vicios de la sociedad. En el caso de Ias islas de Sã« Tomé y Cabo Verde todo esto quedó patente en 10s agravios contra el obispo Bartolomeu Leitãu. El absentismo llegaba también a Ia alta jerarquia de Ia Iglesia católica. Los obispos electos rehusaban asumir el gobierno de1 episcopado, prefiriendo Ia vida mundana de Ia rortc. Los primeros obispos nombrados para Ias diócesis insulares nunca pisaron e1 suelo de sus diócesis y de 10s que allí se quedaron fueron pocos los que procedieron a Ia indispensable visita a Ias parroquias. Estc absentismo aumentó, de acuerdo con Ias dificuliades de instalaci<iii \ Ia ,listancia en relación a1 reino.

'' Monunjentu ,I.lii~ionáriuAfncanu, 111, t i . 142, p[>. 4'32~495,11 de noviembrc <Ic 1595; n . ' 163, pp. 5.18~556.16 de iulio de 1597: i o l V. r,'208, p. 5 5 7 . 30 dc septicmbre de 1609


Las instituczunes in.rular<'r

261

De este modo, Ias islas de Cabo Verde y Sao l'omé fueron Ias más atendidas. En Madeira el primer obispo en pisar e1 suelo de su diócesis fue don Ambrosio, en nombre de1 arzobispo don Martinho de Portugal, que allí estuvo en 1538 acompanado por dos visitadores (Jordão Jorge y Alvaro Dias). Fue a partir de entonces cuando sc reorganizaron Ias parroquias, estableciéndose normas religiosas para SLI preservación en Ias iglesias, a través de los libros de registro. Después de su muerte, en 1544, el obispado permaneci6 vacante hasta 1551. En este período estuvo en Funchal el obispo don Sarello, de las Canarias, que dio «órdenes a muchas personas y recorrió toda Ia isla confirmando en común a todos 10s que de ello tenian necesidadn. Y, en 1552, fue nombrado ílay Gaspar do Casal, que no rcsidió en Ia isla, siendo e1 hecho más destacable e1 haber participado en e1 Concilio de Trento. Su sucesor, don Jorge de Lemos, nomhrado en 1556, fue quien en realidad dio forma a Ia aplicación de Ias órdcnes de1 concilio, siendo seguido después por don Jerónimo Barreto (1571.1585) don Luis de Figueiredo de Lemos (1586-1608), considerados los verdaderos artífices de esta reforma en Madeira. Eii Ias Azores, en el período que iransciirrc hasta Ia creación de1 obispado en 1534, el poder eclesiástico era ejercicio desde fuera: primero por el vicario de Tomar (1442-1514) y <ic.spuéspor el obispo de Funchal. Durante este período el gobierno eclrsiástico cra ejercido por un obispo visitador, a quien era atribuida una misión especifica y temporal. El primero que Ileg6 a Ias islas azorianas fue don João Aranha, obispo de Safim, que estuvo en São Miguel y Terceira. Más tarde, en 1505, Vasco Afonso, vicario de Machico, fue nombrado visitador general y en 1506 Bartolomeu Fernandes fuc nomhrado magistrado eclesiástico de1 archipiélago. Con Ia creación de1 obispado de Funchal en 1514 Ias Azores pasaron a su jurisdicción. En 1523 fue el viçario de Angra el nombrado para e1 cargo de visitador y magistrado cclesiástico de Ias Azores. Es e1 comienzo de Ia centralización de1 gobierno eclesiástico en esta ciudad. A1 m i m o tiempo que fue creado el obispado de Angra tatnbién aparecieron los de São Tomé y Santiago. Pero en 10s dos últimos la presencia de un obispo cre6 numerosos pr«blemas. Los primeros prelados


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Poytugal y las islas de1 Atlánttco

destacaron por si1 ausencia, a ejemplo de lo que sucedió en Madeira y Azores, mientras que 10s que siguieron marcaron e1 gobierno por un permanente conflicto con Ias restantes autoridades. En Funchal y en Santiago algunos obispos acumularon de forma simultánea Ias funciones de prelado y gubernador, lo que confirma una más amplia intervención en Ia vida de Ias diócesis. En e1 caso de Madeira hubo tres obispos: fray L o u r e n ~ ode Távora (1610-16141, fray Jerónimo Fernando (1623-1630) y don Gaspar Afonso da Costa Brandão (1758 y 1777). En Santiago fueron dos los obispos con cargos políticos: fray Cristovão Cabra1 (1630) y fray Francisco de São Simão (1781). En Funchal Ia reorganización de Ias instituciones religiosas y de1 ritual religioso iniciados por don Jerónimo Rarreto en 1578 tuvieron continuidad con dun Luis Figueiredo de Lemos (1597, 1602), fray Lourenço de Távora (1615), don Fernando Jerónimo (1622, 1629, 1634), fray Antonio da Silva Teles y fray José de Santa Maria (1610). Todos los prelados realizaron un sínodo donde aprobaron diversas constituciones. De todas ellas sólo se publicaron Ias de dos (1578 y 1597) y se conocen Ias d e otro manuscritas, habiéndosr perdido Ias restantes.

Lar constztuciones sznodale.7 E1 Concilio de Trento (1545.15631 definió una nueva realidad para Ia teologia y práctica institucional de Ia jerarquia religiosa. Por medio de un nuevo modelo de catecismo se pretendia unificar el ritual religioso y combatir el absentismo de clero y laicos. Uno de 10s medios más adecuados para Ia aplicación de estas 6rdenes fue el de los concilias diocesanos. De acuerdo con Ias normas estahlecidas en Ias diversas sesiones de1 concilio fiieron elaboradas Ias normas capaces de atender a 10s nuevos deseos dc Ia práctica religiosa. La obligatoriçdad de una reunión asidua de los sínodos episcopales y e1 consecuente establecimiento de constituciones son consecuencia de Ia reforma tridentinzi. Hasta entonces estas normas estaban ya establecidas, pero nunca se cumplian. En los nuevos obispados de Angra y Funchal sólo se reconocerán 10s sinodos de 1559 establecidos por fray Jorge de Santiago, a pesar de ser unos dc los más antiguos de Funchal. En Sáo Tomé se sabe dc Ia realización de dos sínodos -uno por fray Mar-


tinho de Ilhoa y el otro por don Francisco Soveral (1617)-, pero se ignora e1 paradero de éstos. En Funchal Ias primeras constituciones publicadas son posteriores a1 Concilio de Trento. Adviértase, sin embargo, que ésta fuc de las pocas diócesis donde se cumplieron Ias órdenes sobre Ia prioridad de 10s sinodos, habiéndose realizado, hasta finales de1 siglo .WI, nueve reuniones, de Ias que resultaron igual número de textos. Entretanto, en Angra no se conoce ninguna, sucediendo 10 mismo en Sào Tomé y Cabo Verde. Ante esto es legitimo concluir que Ia iglesia se encontro con Ia natural inercia de Ia estructura eclesiástica y de los prelados, volviéndose difícil combatir el absentismo como lo determinaban Ias orientaciones tridentinas: Ia ausencia de 10s prelados y la dispevsión geogt-áfica de Ias parroquias fueron motivo de ello. En Trento se insistió en una mayur presencia de1 clero en Ia vida de Ias parroquias, combatiéndose cl absentisn~oy los desvios morales. y se procuró dignificar su actividad, por medio de una mejor formación religiosa. De esto resultó, en la práctica, Ia aparicidn de 10s seminarios, Ia asiduidad de Ias visitas parroquiales y Ia rnejora sustancial de 10s medios de supervivencia de1 clero con el aumento de Ias congruas. La formación de1 clero a través dc seminarios era también indispensable para este cambio. La medida -a reclamada en los concilios de Nicea y Toledo sólo tiene ahora plena concreción. En Madeira el seminario se creó en 1566 por iniciativa de don Jcrónimo Barreto, mientras en São Tomé se creó uno, con sede inicial en Coimhra 11585) y después transferido a Ia isla en 1597. La presencia de1 colegio dc 10s Jesuitas fue importante, ya que Ia orden, considerada el principal bastión de la contrarreforma, contribuiria a este cambio. priniero en Madeira y en las Azares (1570 en Angra, 1591 cti Ponta Delgada y 1652 en Horta). También en São Tomé y Cabo Verdc tuvieron papel imprescindible en Ia evangelización y bautismo de ;ifricanos. Allí no hay noticia de Ia creacidn de un colegio, limitándose a enviar misiones. Una de las recomendaciones más relevantes de1 Concilio d e Trento fue Ia necesidad de Ias visitas pastorales, de dos en dos anos. Pero éstas no siempre se realizabati con el necesario rigor. Con ias actas disponibles es posible evaluar el nivel de religiosidad popular y cl mayor o


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Portugal y Ias ir1u.s de/ Atlúntzco

menor impacto de Ias órdenes de1 papa y (te los sínodos diocesanos. En los archipiélagos de Madeira y de Ias Azores fueron entonces divulgados algunos libros de Ias visitas que nos dan cuenta de una común religiosidad popular 1 9 . Las consecuencias de1 Concilio de Trento son evidentes en Ia estructura religiosa de Ias islas. En cuanto a1 patrimonio de1 clero se crearon Ias condiciones necesarias para su magisterio con el aumento de Ias congruas y sustentos. En Ias Azores éstos quedaron establecidos por 10s edictos de 1563, 1569 y 1591, y en Madeira, por los de 1572 y 1598". Teniendo en cuenta Ia importancia dc Ias constituciones sinodales para Ia definición de Ia religiosidad, preseritaremos un breve análisis de Ias existentes, só10 en Ias diócesis cle Angra (15591 y Funchal (1578 y 1602). En un análisis de contenido se verifican numerosas semejanzas, lo que prueba que hay un origen común. En realidad 10s textos se basaban en un formulario común: Ias constituciones sinodales de Lisboa, aprobadas en e1 sinodo de1 25 de agosto de 1536. Algo peculiar sucedió con Ia vicaría de Tomar, que despiiés de Ia creación de Ia diócesis de Funchal se mantuvo como nullius di»resr\~,pero rigiéndose por un texto propio aprobado en el sinodo de1 18 al 22 de junio de 1554. En el preámbulo es citado, a ejemplo dc Ia5 constituciones de Angra de 1559, e1 origen en un texto anterior de Funchal; de este modo se puede afirmar que Ias de don Jerónimo Barreto (1578) no fueron Ias primeras establecidas para e1 obispado, Iiabicndo unas anteriores que se perdieron. Fernando Augusto da Silva'. nos refiere, a propósito de esto, que e1 arzohispo don Martinho cle I'ortugal redactó unas constitucionesque sirvieron de regla al gobierno de1 obispado de Funchal. Para Antonio de Vasconcelos ?' ésta5 hicrun cstablecidas por don Diogo " M. I:. Enes. Ai ~ i s i t a rpmtoraii dd motriz Jt. .S& .Sc,hasiido de i'ozta Delgada 11674-17391, hiipra d o Heroismo, 1983; E. dos S;intiis, «A sociedade rnadrirensç na época moderna. Alguns indicadores» en Acioi </o I (oloyuiri Iiiirmricionui dr Historin da Madeire, vol. 11. 1:unchal. 1989, pp. 1 . 2 1 2 ~ 1 2 2 5 . '" Arquivo doi Aprr,i, vol. N.pp. 1 8 4 ~ 1 9 2 A. : Rodrigucs dc Axr\edu, rAnoraçóesn en Saudad~s&'Irrro i Fiinchal, 1873. pp. 5 3 6 ~ 5 6 6 . " .Sr~b.rídioxpare a lfisirlória da dioa.re h I:iirichol, Funchal, 1946. p. 9 8 . " «Noto <:ranol<igico-hihliographica tias ci,nstituiçuçs diucexinas portuguesas até hoje irnprcssasn cn O lriiiiiuto, Coimbra, v i > I 5 8 , 19 11. p. 494.


Pinheiro, que sirvió simultáneamente de obispi~de Funchal !r vicario de Tomar. Comparados 10s sínodos de Angra (1559) con 10s de Funchal (1578) se verifica que e1 impacto de Ias normas tridentinas fue poco significativo, incidiendo só10 en 10s aspectos doctrinales, pero con poco valor para su articulado. Hecho evidente de quç en Ias idas Ia práctica cultual de1 clero y Iaicos, aun a nirel teórico, no estaba fuera de1 buen camino. La doctrina expresada en Ias constitucioncs puede ser dividida en cinco puntos: 10s sacramentos, e1 rito religioso, e1 clero, Ia administración de1 patrimonio y de la justicia, los pecados y Ias faltas. Mientras que 10s dos primeros se mantuvieron casi sin'cambios, de acuerdo con Ias contingencias de Ia coyuntura y de Ias niievas dudas que ella generó, los demás se adaptaron a nuevas situacioncb. Y el principal cambio tuvo lugar tras e1 (:oncilio de Trento, como forma de adecuarlo a Ias referidas norrnativas. El concilio intervenía con Ia intención de mantener una cierta uniformidad en el rito religioso, bien en Ia Santa Misa, bien en Ia administración de los sacramentos. Antes I-einaba Ia indisciplina, lo que generaba algunas veces escándalos, particularmente en el caso de1 casamiento: eran numerosas las bodas clandestinas ycosanguineas. Los aspectos doctrinales inciden, preferentemente. sohre e1 bautismo. Ia confirmación, Ia comunión y el matrimonio. Las normativas tridentinas establecian Ia nccesidad de unificar e1 rito de 10s sacramentos y por eso encontramos Ias mismas órdenes en Ias constitucioncs, aunque expresadas dc forma diferente. Pero aqui 11 allá subsisten algunas peculiaridades. Por ejemplo. en Ias Azorcs se insiste en Ia ensenanza de Ia doctrina v cn el bautismo casamiento de los infieles venidos de Guinea, Indias 1, Brasil; t.n tanto en Madeira don Luis Figueiredo de Lemos establecia un capitulo especial sobre los esclavos. Esto dcmuestra e1 interés de Ia Iglesia en e1 evangelización de 10s infieles y Ia irnportancia asumida por Ia pohlación esclava en ambos archipiélagos. Después de establecidas estas'normas para Ia administración de 10s sacramentos, el interés se desplazó al clero, procurando definir conductas de vida «honesta» 1, ejemplar. Comparadas Ias constituciones postridentinas con Ias anteriores se .nota una mayor incidencia en Ias primeras çn cuanto a1 sacramento de Ia orden. Aqui se recomendaba una mayor t o r ~ mación de1 clero, 111 qiiç derivó en Ia necrsicia<i de crçar scmitiarios.


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Portugal y las zslu.\ de1 Atlántico

Junto a esto, Ias constituciones y e1 propio concilio insisten en ia vida reglada de1 clero, de modo que se evitaran escándalos. Para ello se recomendaban ciertos preceptos en el modo de vestir y normas de sociabilidad, previniéndolos de actividades indecorosas y de convivencia y cohabitación con concubinas. Esto últinio tue también motivo de algunos capítulos de Ias ordenanzas reales. Aun así, la vida desordenada de algún clérigo continuó siendo manifiesta. por lo que en 1608 e1 papa Pablo N ordeni, una mayor intervenúón de1 Santo Oficio ante 10s corruptos. Una consecuencia de esta fue Ia prisión en 1618 de1 padre Bento de Lira, vicario de São Vicente (Madeira). En Ias visitas hechas por inquisidores de1 Tribunal de1 Santo Oficio de Lisboa a Madeira y Azores aparecen otros miembros de Ia Iglesia condenados por provocación, blasfemias. dcsobediencia, penersión y critica de los doemas de1 catolicismo. E1 combate contra el absentismo de1 clero fue otra preocupación: el párroco y el cura pasaron a residir obligatoriamente en Ia sede de Ia parroquia y a cumplir con sus deberes, que se establecerían en los sínodos postridentinos: Funchal (1585, 1597). Pero para que esto se Ilevara a cabo era necesario garantizar al clero medios de subsistencia adecuados y capaces de mantenerlo apartado de Ias tascas mundanas y sujeto a Ias parroquias. Las múltiples recomendaciones en cuanto a1 rito religioso se revelaban en los diversos obispados a partir de1 Concilio de Trento. Desde entonces quedó determinada Ia existencia de un único misal, breviario y catecismo. Además definieron reglas sobre aspectos formales de Ias misas, oficios, horas y procesiones. En cuanto a Ias últimas se establecia, en e1 caso de Madeira, Ia obligatoriedad de1 Corpus Christi. Visitación de Nuestra Seiiora, Lrtanías, Viernes Santo y Santiago Menor, patrón de Ia ciudad; en Ias Azores sr mantenían Ias dos primeras y se afiadia la de1 Ángel Custodio. En cuanto a Ia estructura institucional se refiere, sobresalen 10s oficiales de justicia eclesiástica (promotor fiscal, notario, magistrado y canciller) con sus respectivas competencias. El cargo fue encomendado al magistrado, exigiendo en Ias Azores uno para cada isla, exceptuando Terceira con dos, uno para cada capitania; en tanto en Madeira había cuatro: uno para Arguim, otro para Porto Santo y los restantes para Madeira, uno en cada capitania.


La supervivencia de1 clero dependia de los diezmos recaudados, de 10s beneficios y de la administración de los hienes que pertenecían a Ia Iglesia y que, de un modo general, le hahían sido cedidos por disposiciones testamentarias. En todas Ias constituciones existen normas sobre esto. La recaudación de los diezmos eclesiásticos estaba tutelada por las instituciones reales. De acuerdo con 10s sinodos de Angra este derccho de Ia Iglesia debía ser entendido com« una fnrma de retribuir a Dios por haberles proporcionado estos productos. por lo que Ia sustracción a1 fisco era «pecado muy grave y peligros«». F.n Ia dkcada de 10s oclienta de1 siglo xvi el valor de Ias rentas recaudadas en Ias Azores era de 76.500 cruzados, siendo la mitad só10 de Ia isla de Sâo Miguel. Para Ia misma fecha sc sabe también que el diezmn daba para pagar todos 10s gastos diarios de1 clero y de Ia cnnstr~1cci<1n de Ias (liversas parroquias. La justicia eclesiástica era un tema importante en Ia vida de la diócesis. Ésta ticne un lugar relevante en Ia vida del obispado y parroquias de é1 dependientes. Para ello Ia Iglesia cre6 una estructura judicial, definiendo la jurisdicci0n de1 magistrado eclesiástico, del obispo y de1 papa. E1 clero, o el visitador r n senricio. formaba parte de la estructura, estando todos obligados a declarar los pecados públicos v a clamar por ia justicia. La Iglesia disponia de estructura judicial propia en cada obispado. A pesar de quc tal jurisdicción abarcaba algunos sectores de Ia sociedad laica, era en el clero donde se definia c«n rnayor rigor su intervención, ya que Ia inmunidad eclesiástica no periniiía su presencia cn 10s tribunales seculares. No fue fácil delimitar c1 área jurisdiccional de Ia justicia a nivel secular y religioso, pues numerosas normas instituidas por la Iglesia sc r e ~ piten en Ia articulacibn de Ias leyes 1, ordenanxas reales, con una jiirisdicción común. E1 código de Lus Sietr Purtidii.~, Lino dc los principales fundamentos de Ias Ieyes peninsulares, define tmto en Ia pritnera partida a1 dedicarla por entei-o a1 estado «eclesiistic<i>>. Allí quedaron selladas numerosas reglas que despuks pasaron a Ias i~rdenanzasreales portuguesas y constituciones sinodales. En Ia reropilación de Ias leyes, hecha en el reinado de don Afonso V, un capitulo dcl libro segundo cs sobrc c1 «tratar de Ias Icyes. que fallan acerca de Ias iglesias, y monasterios y


I~oovtugaly las islas de[ Atluntico

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clérigos sagrados, y religiosos» ", donde fueron incorporadas todas Ias determinaciones acordadas entre Ia Santa Sede y [os monarcas anteriores. Para todos 10s que incurrían en «pecados» graves, Ia pena más severa que podia serles aplicada era la cxcomunión. La respectiva carta era pasada por el obispo, habiendo. tio obstante, penas que sólo podrían ser irnpuestas por el papa, conforme: a lo establecido en Ia nota final. La cxcomunió~ifue el arma niás poderosa dc Ia justicia eclesiástica, siendo definida en Ias constituciones como «Ia mayot que hay en Ia iglesia de Dios», privando a 10s i-eos «<le la participacion en 10s sacramentos, de 10s auxilios de ella, y de la comunicación con 10s fieles cristianosn ". De este modo Ia 1glt:sia coiifió cn Iris consecuencias de estu para haccr cumplir las normas <ic coiiducta establrcidas y reprimir a los refractarios. La cxcomunión en si representiih;~siilo Ia exclusi<in de1 rco de Ia convivencia con los cristianos en I;i Iglcsiii y dei accesu a los actos litúrgicos. I'ero en rcalidad sus consccuciicias sociales cran mucho más funestas, pues conducian a una coaccion social violenta y era en eso en lo que Ia Iglesia confiaba, divulgando púhlicamente Ia lista de los excomulgados, por medio de edictos ;i I;i puerta de Ia iglesia. Las penas más hlandas eran establecidas en dinero o en penitencias. La aplicacihn d r los códigos civil y religioso y e1 castigo de los infractores se hacia d r forma diferente. tn tanto Ia jurisdicción secular estaba expresada en Ia actividad de los funcionarios reales (corregidor, alcalde, juez foráiieo y ordinario) y de Ias instituciones entretanto creadas, en el dominio eclesiástico se divide cntre 10s funcionarios (rnagistradi~y visitador) y tribunal de Santo Oficio. Estc fuc creado con un ohjetivo cspccífico, pero ciespués si. atnplit su jurisdicción a otros dominios.

Los j u d i o y ld 1nqui.iición

1,a cvaluacióri niás importante clc. Ia religiosidad de los seglares y de1 clero está sin diida en los testimonio.; registrados. prirnero en los

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diversos libros de Ias visitaciones y después en 10s procesos ante e1 Santo Oficio. Éste ejerció su actividad a travks de1 tribunal de Lisboa, a1 que pertenecia todo e1 espacio ultramarino. La acción de1 tribunal en estos parajes no era permanente y se hacía a través de visitadores enviados al lugar. En Madeira y cn Ias Azores se realizaron tres visitas: en 1575 por Marcos Teixeira, en 1591 y 1592 por Jerónimo Teixeira Cabral y en 1618 por Francisco Cardoso Torneo. En Cabo Verde y Sã« Tomé se estableció idéntica misión en 1591, 1618 y 1626, pero 10s visitadores nunca pisaron Ias islas, deteniéndose sólo en Brasil o en Angola. Es manifiesta una cierta connivencia de Ias autoridades con Ia presencia de Ia comunidad judaica, lo cual resulta de Ias fdcilidades iiiiciales a su establecimiento. Recordemos que e1 poblamiento de São Tomé se hizo con ninos de origen hebreo. De este modo, e1 tribunal intervino só10 en las primeras islas procesando a algunos judios, pero pocos, a juzgar por la comunidad alli existente y por su permanencia. En el primer cuarto de1 sigla xvii, de Ia lista de judios censados, tenemos 58 en Madeira y 61 en Ias Azores. Mientras tanto, en e1 iiitervalo de tiempo entre Ias visitas, e1 tribunal se hacía representar por e1 obispo, clero, rectores de1 Colegio de los Jesuitas, afamiliareho y comisarios de1 Santo Oficio En lns cuatro archipiélagos Ia presencia de Ia comunidad hebrea era importante. Los judios, en su mayoria comerciantes, estaban ligados, desde el inicio, a1 sistema de cambios en las islas, siendo ellos los principales animadores de la relación y comercio a larga distancia: en Madeira y Azores fue Ia via de Ia Europa dcl Norte, en tanto en Cabo Verde y São Tomé la de América. La creación de1 tribunal de1 Santo Oficio en Lisboa condujo a que avanzasen en e1 Atlántico: primero en Ias islas y después en Brasil. Tal diáspora se hizo de acucrdo con Ias tendencias de Ia econoniía atlántica, por lo que dejaban Lin rastro evidente en su red de negocios. E1 azúcar fue sin duda uno de 10s principales móviles dc su actividad, tanto en Ias islas como en Brasil.

" J. A. Salijador, 0i initãoi-nuuorr o comercio no a t l h t i c o ,nrndionoi São I'aulo, 1978: i d m . 01nio~niitarifo tráfico neyr<,iro. S á o 1';iulo. 1981


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Portugal y 10s içlus ilel iltlántico

Además de eso, Ia relación de estos espacios con los puertos nórdicos condujo a una mayor permeabilidad a Ias ideas protestantes, lo que generó numerosos cuidados por parte de1 clero y de1 Santo Oficio. La incidencia de1 comercio de Ias Azores y de Madeira en e1 azúcar, hierba pastel y vino condujo al establecimiento de contactos asiduos con 10s puertos de Flandes e Inglaterra, que no era bien visto por e1 tribunal. Esta debr haber favorecido la presencia de una importante comunidad en los dos archipiélagos, lo que vino a aumentar las preocupaciones de los inquisidores. Sin embargo, Ia intervención de1 tribunal fue reducida, pues sólo se conoce Ia prisicin de algunos anglicanos de Ias Azores en Ias visitas de 1575 y 1618. En Madeira Ia presencia de Ia comunidad británica era considerable, pero se mantuvo ilesa. E1 obispo de Funchal, fray Lourenço de Távora, en e1 sinodo realizado e1 15 de iunio de 1615 Ilamó la atención por Ia presencia de extranjeros «de partes contaminadas en Ia fe», apelando por la necesidad de cumplirse lo establecido en 1608 por el prelado anterior, que determinaba «que los tales extranjeros cismáticos y herejes no pueden tratar ni disputar con Ia gente de Ia tierra sobre la fe, ni hacer cosa que diese escándalo~.Esto deriva ciertamente de Ia asidua frecuencia de mercaderes ingleses a Ia ciudad de Funchal, que asumían una posición dominante en 10s cambios externos. Analizadas Ias denuncias y confesiones de madeirenses y azorianos ante 10s inquisidores se deduce una ineficaz intervención de1 clero en Ia ensenanza de Ia doctrina a 10s seglares; Ia mayoria de 10s reos son el resultado de Ia ignorancia de los cánones católicos. La misma idea se nos transmite a través de Ias visitas parroquiales a Madeira y Azores, disponibles y ya divulgadas. De este modo se puede afirmar que Ias orientaciones tridentinas tardaron en Ilegar a Ias idas y que Ia inercia 1, el bajo nivel cultural de1 clero insular serían los principales responsables de esta situaciún. En 1648 "' João N amonestaba ai clero azoriano, apuntando e1 escándalo que provocaban sus pecados públicos: en estas islas, según algunas veccs fui informado, sç vçn c<in tanto rxceso y pi>c<itçmor dr Dios c<imrtirndo 10s pecados públicamentc qiie se podría en ellas temer qiic vinicse sobrç sus habitantes e1 gran '* F . IZrrrriraDrummond, Apontamrntoi L,,uogrifi<oi, Politicor Cloii e E c ~ e l i Ú ~ t t c o ~ yiira a lli.~tdri/idoi n o a i Ilhar dor A~on,s.Angra ilo I lcroísmo. 1990, [>I>. 196~197.


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Portugal y /as isla.7 de1 iltlántico

sición destacada en e1 panorama nacional. En Ias Azores tuvimos a Gaspar Frutuoso, fray Diogo das Chagas, fray Agostinho de Monte Alverne y a1 padre Antonio Cordeiro, que inauguraron una generación de literatos e historiadores. En Madeira fueron el padre Manuel Alvares (1526-15831, Leão Henriques, fray Rçmigio dç Assunpgão, Sebastião de Moraes, Jerónimo Dias Leite y Martim y Luis Gonçalves da Câmara. Pero aqui, a1 contrario de las Azores, su formación y estudio se bifurcan en varias ramas y actividades. E1 padre Manucl Alvares, natural de Ribeira Brava, fue célebre por Ia Gramática Latina, que tuvo numerosas ediciones y sirvió durante más de doscientos anos de manual para Ia ensenanza de1 latín. Junto a esto, Ia Madeira de 10s siglos AT y m vivió una verdadera animación cultural generada en 10s ambientes de palacio, copiados de Ia corte por 10s capitanes de Machico y Funchal. El testirnonio de esto está en e1 Cancionrro de García de Resente, recopilado en 1516. Nótese que dos de ellos fueron capitanes: João Gon~alvesda Câmara, e1 Porrinha, segundo capitán de Funchal y Tristão Teixeira, más conocido como el Tristão de Ias Damas, segundo capitán de Machico. A esta pléyadc de poetas hay quc anadir Ia figura de Baltasar Dias, conocido como e1 «poeta ciego de Madeira», célebre por sus asuntos teatrales de tono hizantino. Hecho singular es e1 de una de sus piezas, Ia Tragedza de1 marquis de Mantua, que fue representada en São Tomé y alli perduró hasta el presente, bajo el título de Tchiloli. Ésta es considerada una de Ias manifestaciones culrurales que acompafió Ia expansión de Ia cana de azúcar.

Otra de las vertientes que marcó Ia intervenci6n de la Iglesia en Ias islas fue Ia prestación de servicios de asistencia a 10s cristianos y cautivos. Para ello existia un conjunto variado de instituciones que fueron creadas de acuerdo con las necesidades de los diversos núcleos poblacionales. Las ciudades portuarias fueron provistas de hospitales, que dahan el necesario apoyo a 10s marineros y demás personas de1 pasaje. Además, 10s problemas con e1 hamhre. mendicidad y Ia peste Ilevaron


las instituczones insular<r

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a Ia creación de numerosas instituciones de beneficencia, por iniciativa de particulares, que después pasaron al control de Ia Iglesia. En Madeira tuvimos, al principio, Ias mrrcerias, siendo Ia de Funchal fundada por Constanp Rodríguez, rnujei- de João Gonçalves Zarco, en 1484. Treinta anos despues su marido aparece hacicndo donación d e un terreno, junto a Ia capilla d e São Paulo, para construir un hospital, lo que sólo se realizó en 1469. En fecha anterior a 1477 se había levantado otro en Ia Rua de Boa Viagem. Entretanto, en 1498 se creó en Lisboa un hospital rnayor que vino a congregar a todos 10s menores allí existentes. El mismo espíritu fue seguido por todas Ias viIlas de1 reino, por autorización papal de1 23 de octubre de 1501. De acuerdo con Ias ordenanzas reales era tarra de Ios obispos sir superintendencia. Es en este contexto cuando apareccn idénticas instituciones en Ias islas. En Madeira tuvimos, primero, en Funchal (1507) y, después, en Machico, Calheta, Santa Cruz y Porto Santo c1 hospital de Ia Misericordia ". En Ias Azores aparece en Ias principales ciudades (Ponta Delgada y Angra) y villas. Hecho singular acontece en Terceira y en Sào Miguel, donde tuvimos Ia referida cofradía en Ias localidades de Vila Nova y Maia. Aqui, a ejemplo de 10 sucedido en Santa Criiz en Madeira, la presencia de importantes familias y ;implios legados permitieron su creacibn.

:"Arquivo FIrridrico da Madeira, vol. xiv, Funchal, 1964-1966, aruciiios de Jose P r ~ reira da Costa, Maria Clara de Sá Cruz y Eduardo (:. Nuncs Pereira.


CONCLUSION

De Ias islas, de sus habitantes y forasteros dejamos aqui algunos indicios de Ia vida cotidiana, registrados a través de1 rastro dejado en la documentación dispnnible. De este pasado. hecho de duros trabajos, se sabe de Ia existencia de una identidad propia, a pesar de Ia excesiva vinculación a Europa o a1 litoral africano. Esta visión de1 mundo insular tuvo su primera expresiSn en Madeira y, después, avanzó con e1 proceso expansionista a lo largo de1 océano, donde 10s portugueses encontraron nuevas islas. Por eso Madeira fue cl punto de partida y en ciertas ocasiones e1 único testimonio de tal fulgurante proceso histórico, merced a Ias innumerables lagunas documentales que persisten en los demás archipiélagos. Por utro lado, Ia comprensión de este fenómeno n o seria posihle sin Ia inevitable referencia y examen profundo de Ia situación madeirense. Fuc esto 10 que Ilevamos a cabo en Ias ~ á g i n a santeriores. La comparación de1 devenir histórico cn 10s archipiélagos en cuestión nos Ilevó a Ia conclusión de que había una unidad de 10s archipiélagos, constituida en Ia diversidad de los espacios. Las soluciones para los problemas aparecen en cadena y tienrn como referencia 10s casos anteriores. De cste modo, el conocimiento de1 pasado histórico de Ias islas debe trascender e1 espacio de Ia isla o archipiélago y encuadrarse en e1 mundo insular, en particular, y en c1 Atlántico, en gcneral. En Ias páginas anteriores procuramos Ilevar a1 lector por esa via, definiendo un periplo insular donde fuese posible reencontrar a los aventureros y marineros que revelaron a Occidente estos parajes paradisíacos o infernales. y dar testimonio d r los primeros pasos de Ia soL

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Portugal y Ias islas de1 Atlántico ciedad, economia e instituciones insulares. De esta última característica emergen 10s aspectos comunes y divergentes que definen Ia función de cada archipiélago o isla. No hubo unidad en este caso, pero un hilo conductor definió para 10s tres archipiélagos una aproximación de1 devenir histórico. En todos fue evidente Ia dependencia de 10s espacios continentales europeo, africano y americano. Por otro lado, Ia mayor o menor proximidad a ellos difinió Ia dimensión de dependencia, siendo pmeba de ello Ias islas de 10s archipiélagos de Cabo Verde y Sáo Tomé en relación a1 continente africano. Hay que anadir también que Ias similitudes y conexiones son definidas por la posición geográfica de 10s archipiélagos. De este modo, éstas son más evidentes entre Madeira y Ias Azores, y entre Cabo Verde y São Tomé, que entre 10s dos grupos. Ante esto, que refleja a veces una evolución divergente de1 proceso histórico, Ias aproximaciones podrán ser enganosas y causantes de errores. Fue contra esto contra 10 que luchamos, estableciendo un análisis cauteloso en cuanto a Ia forma y contenido. Y esperamos que el lector haya sido guiado por esta via de conocimiento de esta unidad construida en Ia diversidad.


CRONOLOGIA

Primer viaje de circuniiavegación de1 continente africano, a partir de Oriente, por orden de1 faraón egipcio Neco. Periplo de Hanáo n lo largo de Ia costa occidental africana. Viaje a Ias Canarias de 1.aniarote Malocello, al servicio de1 rey de Portugal. Contrato entre Manuel Pessanha y e1 rey de Portugal para Ia organización de Ia Armada Portuguesa. Viaje de Agostinho de1 Tegghia de Corbizzi y Nicoloso de Recco a Ias Canarias, al servicio de don Afonso N. Concesión papal de1 setiorío de Ias islas Afortunadas (Canarias) a don Luis de Ia Cerda. Primer viaje de Maciot de Betencourt a la isla de Lanzarote. Creación de1 obispado de Rubicão (Lanzarote) transferido en 1438 a I.as Palmas. Reconocimiento de Ias islas de Madeira y Porto Santo, seguido de Ia ocupación en el afio siguiente. Expedición de don Feriiando de Castro a Ias Canarias; se siguieron otras hasta 1440. Descubrimiento de Ias islas de Ias Azores excepto Flores y Corvo, por Diogo de Silves, de acuerdo con Ia carta Valsequa (14391.


Portugal y las içlus di.1 Atlántico Donación real de1 derecho de patronato de las islas de Madeira a Ia Ordeti de Cristo. Carta de don Afonso V, eximiendo de diezmo a Ias islas de Ias Azores, confirmada rn 1447. Donación de Ias islas cle Madeira Porto Santo a1 infante don Henrique. Concesión de los benefícios fiscales a los pobladores de Madeira en 10s contactos con el puehlo como forma de promover su poblarniento. Licencia a1 infante don Henrique para poblar Ias sietc idas de Ias Azores; repetida e1 10 de marzo de 1439. Donación de Ia capitania de Machico a Tristão Vaz. Carta de Ia exención de1 diezmo por cinco anos en el comercio con el reino a partir de Ias Azores. Descubrimiento de Ias islas de Arguim por Nuno Tristão, G o n ~ a l ode Sintra y Cadamosto. Donación de Ia capitania de Porto Santo a Bartolomeu Perestrelo. Carta de exención de1 diezmo a los habitantes de Ia isla de São Migiicl. Donación de Ia capitania de Ia isla Terceira a Jacome de Br~iges. Donación de Ia isla de Corvo a don Afonso, duque de Bragan~a. Carta de don Afonso V danando a Ia Otden de Cristo Ia administraci<in espiritual y jurisdicción dc Ias tierras conquistadas y por conquistar. Bula Rornunus Pontzfix, legitimando Ia posesión exclusiva a Portugal dc Ias tierras más allá de1 Bojador. Confirmación real dc compra de Ia capitania de Porto Santo por Pedro Correia da Cunlia. ( 2 y 18 de septiemhre v 3 de diciemhre) Donación de Ias islas <le los archipiélagos de Madcira, Azorcs y Cabo Verde al infante don Fernando.


Carta real que declara a Antonio da Noli descubidor de Ias idas de Santiago, Boavista, Maio, Sal y Fogo, que habría ocurrido en fecha anterior a1 18 de noviembre de 1460. Carta mencionando a Diogo Afonso como descubridor de Ias islas de Brava, São Vicentç, São Nicolau. Inicio de Ia colonización de Santiago. Cana de concesión de ~rivilegioa los vecinos de Cabo Verde de comercio de los Rios de Guinea. Carta de Ias capitanias dc Ia isla de Faial y de Pico a José Dutra. Contrato de explotación dç Ia orchiia de Cabo Verde, celebrado con João y Mendo de Lugo. Descubrimiento de Ias islas de1 golfo de Guinea: São Tomé, Santo Atltonii) de Príncipe, Annobón y Fernando Póo. Donación a Rui Gonçalvcs da Câmara de Ias idas que descubriera. Donación y confirmacioncs de Ia capitania de Ia isla de São Miguel a Rui Gonçalves de Câmara y de su compra a João Soares dc Albergaria y Sousa, confirmada por Ia corona en 1483. Donación de Ia capitania de Angra a João Vaz Corte Real. Donación de Ia capitania de Santa Maria a João Soares de Sousa. Creación de Ias aduanas en Ias capitanias de Funchal, Machico y Porto Santo. Firma de1 tratado entre Portugal y Castilla, en e1 que se establece Ia forma de división de1 mar costero de1 continente africano. confirmado e1 6 de rnarzo de 1480 en Toledo y por e1 papa Sixto IV c1 21 de junio de 1481. Creación de1 primer oratorio de 10s franciscanos en l'raia (Terceira). Carta de donación de Ia isla de Sáo Jorge a João Vaz Corte Real.


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Portugal y las islalas did ;Itlánticu Donación de Ia capitania de la isla de São Tomé a Joáo de Paira, limitada el 1 de enero de1 ano siguiente sólo a la mitad. Carta de1 fuero de la isla de São Tomé. Confirmación de1 contrato entre Fernão Dulmo y Joáo Afonso de Estreito sobre el descuhrimiento de Ia isla de Ias Sete Cidades (Siete Ciudades). Cana de donación de Ias islas Terceira y Graciosa a1 duque de Beja. Inicio de Ias obras dc Ia catedral de Funchal, concluidas en 1508. Firma de1 Tratado de Tordesiüas. Donación de Ia alcaldki dt. Angra y Sáo Jorge a Joáo Vaz Corte Real. Inicio de Ia colonización de São Tomé por Alvaro Caminha. Creación para Santiago de1 cargo de administrador y receptor de los bienes de los difuntos. Creación de1 hospital de Santiago. Donación de Ia capitania de Ribeira Grande (Santiago) a dona Branca Aguiar. Creación de almojarifazgo de la aduana y de 10s departamentos en Madeira. Confirmación real de Ia posesión dc Ia capitania de São Tomé por A l ~ a r oCaminha. Carta real concediendo a Fernao de Melo Ia jurisdicción civil y criminal hasta pena de muerte sobre los esclavos de São Tomé. Inicio de Ia colonizaci6n de Ia isla de Príncipe. Donación a Gaspar Cone Real de cualquicr tierra o isla firme que dcscubricra o Iiallara. Descubrimiento de Ia isla de Trinidad por João de Nova. Creación de Ia villa dc Ponta do Sol (Madeira). Asalto holandés a Ia isla de São Tomk. Descubrimiento de Ia isla de Santa I Ielena por João de Nova.


Creación de Ia vila de Calheta (Madeira). Creación de la villa de las Velas (São Jorge). Fundación de1 hospital de Sáo Tomé. E1 papa Julio I1 rectifica e1 Tratado de Tordesillas. Descubrimiento de Ia isla de Tristão de Cunha por e1 navegante que le dio nombre. Confirmación de1 senorío de Terra Nova a Vasco Anes Corte Real. Creación de Ia viüa de Ribeira Grande (Sio Miguel). Donación de la capitania de la isla Graciosa a don Fernando Cotinho. Elevación de Funchal a Ia categoria de ciudad. Creación de Ia villa de1 Topo (Sáo Jorge). Bula de creación de1 obispado de Funchal. Creación de Ia vilia de1 Nordeste (Sáo Miguel). Creación de la villa de Santa Cmz. Fuero del almojarifazgo de Funchal. Creación de Ia viila de Agua de Pau (São Miguel). Estatuto para las naos de Ia India en Ias Azores. Carta Real, estableciendo Ia jurisdicción de 10s capitanes de Madeira y Caho Verde. Terremoto en São Miguel, que sepultó Vila Franca do Campo. Nombramiento de gohemador para São Tomé. Creación de Ia villa de Lagoa (Sáo Miguel). Sublevación de los esclavos en Vila Franca do Campo. Fuero para la isla de São Tomé. Creación de Ia ciudad de São Tomé. Primera referencia a1 cargo de proveedor de Ias armadas en la isla de Terceira, ejercido por Pero Anes do Canto. Elevación de la diócesis de Funchal a arzobispado y primado, situación que se mantuvo hasta 1551, en que pasó a sufragánea de Ia dç Lisboa.


284 1553ljunio13

Portugal y las islas de/ tlántico Creación de la vdia de Calheta (São Jorge) Nombramiento de1 primer corregidor para Cabo Verde-Bach. Estevão de Lagos. Creación de la ciudad de Angra (Terceira). Inicio de Ia colonización de la isla Brava. Creación de Via do Praia (Graciosa). Elevación de Ponte Delgado (São Miguel) a ia categoria de ciudad. Sublevación de los esclavos negros de Ia isla de São Tomé. Inicio de la colonización de Santo Antão. Licencia a los habitantes de Madeira para conseguir esclavos en 10s Rios de Guinea. Asalto de corsarios franceses a Ia isla de São Tomé. Revuelta de 10s angolenos en São Tomé. Primer capitán general de la isla de Cabo Verde. Nombramiento de1 primer gobernador de la isla de Terceira, Juan de Urhina. Nombramiento de1 general y superintendente de los asuntos de Ia guerra cn Madeira. Asalto a Ia isla dc Santiago por Francis Drake. Sublevación de los negros de Sáo Tomé capitaneados por Amador. Asalto holandes a Ia isla de São Tomé. Creación de Ia diócesis de Sáo Salvador de1 Congo. Ataque holandés a Ia isla de Santiago. Ataque holandés a Ia isla de São Tomé. Nueva estructura giibcrnativa de Ias islas con la aparición de1 cargo de capitán y gobernador. Creación de1 consulado francés en Angra (Terceira). Saqueo de 10s corsarios argelinos a Ias islas de Santa María y Porto Santo. Plaga de1 bicho de Ia cana en los canaverales de São Tomé. Asalto holandés a Ia isla de São Tomé.


Nombramiento de1 conde de Salvaterra como gobernador de1 castillo de Angra. Ocupación holandesa de Ia isla de Sáo Tomé, expulsados en 1658. Crcación de Ia Companía General de1 comercio para e1 Brasil. Concesión de1 derccho a los madeirenses y azorianos para enviar a Brasil todos 10s anos, respectivamente, uno y tres barcos; situación que se mantuvo hasta su liheración en 1670. Creación de Ia Companía de la Costa de Guinea. Creación de la Companía de Cacheu, Kios y Comercio de Guinra. Compaíiía de1 Estancci de Maranháo y Para. (:ompafiía de1 Cacheu v (:ab« Verde.


BIOGRAFIAS

Câmara, Rui Gonçalves da (.../1497). Hijo de Joâo Gonçalves Zarco y Constança Rodrigues. Fue e1 primero nacido en Ia isla y el segundo en Ia sucesión de Ia casa, lo que le retiró Ia posibilidad de alcanzar Ia posesión de Ia capitania de Funchal, apareciendo sólo como beneficiario de las tierras por cultivar que su padre le donó en la Lombada de Ponta d o Sol. Se caso en madeira con dona Maria Betencourt, hija de Maciot de Betencourt, sobrino de1 conquistador de Ias islas de Lanzarote y Fuerteventura. Después de demostrar su valentia de caballero en Ia campanas de Arzila y Tánger, emprendió Ia búsqueda de una tierra donde pudiese ser también capitán. Solicitó de la corona una carta de anticipación de posesión para Ias islas que pensaba descubrir a occidente dc Ias Azores, concedida por don Afonso V el 21 de junio de 1473. Después fue al encuentro de otra forma más fácil de conseguirlo, por medio de Ia compra a João Soares de Albergaria y Sousa de1 derecho de posesión de Ia capitania de Ia isla de Sao Miguel. Esta compra por valor de 2.000 reales y 4.000 arrobas de aiúcar fue confirmada por el seriorio y por Ia corona, respectivamente, el 10 de marzo y 20 de mayo de 1474. Para cubrir esc gasto Rui Gonçalves da Câmara arrendó en 1473 siis tierras de Ia Lombada de Ponta do Sol a João Esmeralda. Seria en el verano de 1474 cuando é1 mismo tomó posesión efectiva de su capitania al fijar morada eii Vila Franca d o Campo; le acompafiaron su mujer, sus hijos naturales y <<muchoshonrados hombresy, según dice Gaspar Frutuoso, que le ayudaron a Ilevar a cabo e1 desafio laniado por Ia infanta dv «hacer poblar ... y regir


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Portugal y las islar de1 Atlántico

con justicia». Es precisamente en ese momento cuando Ia isla adquiere el incremento económico necesario, merced a Ia intervención de medios, técnicas, productos y mano de obra madeirenses; a su muerte a finales de noviembre de 1497 la isla tenia ya alguna importancia económica y su misión quedaba cumplida. Caminha, Alvaro (.../1499). Caballero de Ia Casa Real, natural de Faro, recibió e1 29 de julio de 1493 Ia posesión de Ia capitania de Ia isla de São Tomé, como recompensa por sus servicios cen 10s asuntos de1 mar y de tierra, en Guinea y en Ias partes de África, entre 10s infieles)). Pero a esta donación estaba ligado un compromiso asumido ante Ia corona para vivir alli con continuidad, de modo que se pudiese dar inicio a la ocupación efectiva de esta isla. Además de eso, se establecieron algunas regalias a1 capitán y acompafiantes para favorecer e1 asentamiento. Él recibió Ia alcaldía mayor de Ia isla (20 de noviembre de 14931, el usufructo hereditario de Ia capitania y una jurisdicción más amplia en el campo de lo civil y criminal, en tanto a 10s pobladores les fueron concedidas numerosas regalias en el comercio de Ias islas y áreas costeras vecinas. Alvaro Caminha fue e1 que dio inicio a Ia ocupación efectiva de1 suelo de São 'i'omé, sinriéndose para ello de 2.000 chicos judios, recién bautizados, que le acompafiaron en 1493. El comercio de1 azúcar y de 10s esclavos africanos hicieron de Ia isla un importante almacén de1 comercio de1 golfo de Guinea, y de su capitán un importante y rico sefior. E1 testamento redactado en 1499 es testimonio de esto, a través de 10s numerosos y valiosos legados que establecía. Allí se cita también su activo comercio con e1 reino, donde se mantenia, en Lisboa, a Alvaro Pires como administrador. Canto, Pero Anes d o (14731155). Hijo de João Anes do Canto y de dofia Francisca da Silva, nació en el afio 1473 en Guimarães. A finales de esa centuria fijó morada en Ia isla Terceira, donde se convirtió en uno de 10s más importantes propietarios; Ias tierras Ias adquirió por dote de casamiento, título de compra o de tierra por cultivar, en tanto los titulos nobiliarios (28 de enero de 1539, Cabdero de Ia Orden de Cristo) derivaron de su destreza como Caballero en sus campafias de Arzila (1509) y Azamor (1515). Además, en 1531 fue nombrado para el cargo de proveedor de Ias armadas en Ia isla, teniendo como función apoyar, defender y reabastecer Ias naos de1 camino de Ias Indias que surcaban los mares azorianos.


A su muerte, e1 18 de agosto de 1556, dejaba a sus descendientes un vasto patrimonio, repartido en tres mayorazgos y un cargo de proveedor de las armadas, todo para su hijo varón. Dutra, Jos (.../1495). Flamenco que vino a Portugal en 10s tiempos de don João 11. Habiendo sido mozo de Ia Casa Real, se casó con Beatriz de Macedo, dama de1 Paço, hija de Fernáo de Macedo de Evora. En 1466 recibió e1 encargo de poblar la isla de Faial, confirmada por cana de1 5 de marzo de 1491 Ia capitania de ésta y la de Pico. En e1 viaje de ocupación se hizo acompanar de compatriotas suyos, residentes en Lisboa, 10 que, a1 entender de Gaspar Frutuoso, fue a buscar a Flandes. Fue de la iniciativa de ese primer grupo de pobladores de donde se procedió a1 arranque definitivo de colonización y valorización económica de Ias islas de1 grupo central, siendo e1 cultivo de Ia hierba pastel e1 principal incentivo. Frutuoso, Gaspar (152211591). Poco se sabe sobre Ia vida de este ilustre literato azoriano, e1 primer y principal realizador de la historia de las islas atlánticas, hasta su partida en 1548 hacia Salamanca. Se dice que fue hijo de Frutuoso Dias, importante mercader de Ponta Delgada, y que habria nacido en 1522. Después de 10s estudios en Salamanca (1548-1558), Coimbra y, tal vez Evora, se estableció en São Miguel, donde fue desde 1565 párroco (20 de mayo) y predicador (19 de junio) de Ia iglesia parroquial de Ribeira Grande. Allí vivi6 10s últimos anos de si1 vida, dedicado a la investigación y escritura de Ias Saudades da Terra (Nostalgias de la Tierra). Fue precisamente entre 1583 y 1590 cuando escribió 10s seis libros de su monumental obra, en que aborda todos 10s aspectos de las islas atlánticas (Azores, Cabo Verde, Canarias y Madeira). La documentación de su parroquia testimonia numerosas veces su ausencia en este período de tiempo, ciertamente provocada por Ia necesidad de conocer 10s lugares que describe en la obra. En un breve análisis de esta monumental historia de Ias islas atlánticas hasta el siglo xv se concluye que e1 tratamiento no es idéntico, ya que depende de Ia posibilidad de acceso a esas informaciones por e1 autor. Si en e1 caso de Madeira esta laguna fue cubierta con Ia petición expresa ai canónico Jerónimo Dias Leite de Ia necesacia recopilación de 10s hechos, en cuanto a Ias demás islas e1 autor debe haberse basado en tçstirnonios orales o escritos que


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se nos escapan. Además de eso, es de destacar su tratamiento desproporcionado de esta realidad. Así, Ia isla de São Miguel merece un análisis exhaustivo, en tanto Ias demás islas son descritas muy resumidamente. En e1 caso de Ias Canarias Ia incidencia preferente en Ia isla de La Palma, Ia única en Ia que e1 autor describe su geografia costera e interior, debe de resultar de una visita o de un testirnonio detallado de algún mercader azoriano que allí estuvo. Machim, Robert. Aventurero inglés que había huido en 1344 de1 puerto de Bristol con su amada, Ana d'Arfet, naufragando en una pequena ensenada de Madeira, a Ia que le dio el nombre, Machico. Es de esta forma como Francisco Alcoforado, Valentim Fernandes, Damião de Gois y Gaspar Frutuoso inician e1 relato de1 descubrimiento de1 archipiélago madeirense. Pero Ia tradición historiográfica más reciente, a partir de1 texto de Alvaro Rodrigues de Azevedo (18731, pone en entredicho Ia veracidad de1 relato, fundamentándose casi exclusivamente en Ia versión romanceada de don Francisco Manuel de Melo (1660). Pero documentos recientes testifican Ia existencia de este apelido desde el siglo xrv, en tanto un documento en 1406 refiere la expulsión de Inglaterra de un Machim y un Matchico; esta situación presenta afinidades con el texto presentado por Valentirn Fernandes. Leyenda o verdad, 10 cierto es que este enigmático aventurero quedó en 10s anales de la historia madeirense para confirmar e1 conocimiento de Ia isla en fecha anterior a Ia presencia portuguesa en e1 siglo xv. Moniz, dofia Filipa de (...11485). Hija de Bartolomeu Perestrelo, capitán de1 donatario de Ia isla de Porto Santo y de Isabel Moniz. Se casó en 1479 ( ? ) en Lisboa con Cristóbal Colón y después fue a vivir a Porto Santo y Madeira. No existe consenso en cuanto al lugar de nacimiento de Diego, primer y único hijo de este enlace: unos dicen que nació en Lisboa, otros, en Porto Santo. Sólo se sabe que tras Ia boda vinieron a vivir a Madeira, estando en 1485 de vuelta en Lisboa, donde ella falleció. La vinculación colombina a1 archipiélago madeirense fue importante para la concreción de1 proyecto de viaje de 1492, pues definió el plano de1 viaje gracias a su contacto con Madeira en busca de una ruta hacia occidente. Noli, Antonio da (.../1496). Navegante italiano, natural de Noli (Liguria). Es considerado el descubridor de cinco islas de1 archipiélago de Cabo Verde (Santiago, Fogo, Sal, Boavista y Maio). En 1462


recibió de las manos de1 infante don Fernando Ia posesión de la capitania de Ia isla de Santiago, afio en que comenzó su ocupación, acompanado d e su hermano Bartolomeu y su sobrino Raffaele. En 1472, por razones que desconocemos, e1 senorío le retiró e1 usufructo de Ia mitad de Ia isla, 10 que le Ilevó en 1476 a tomar partido por 10s castellanos que invadieron la isla. Después volvió a reconocer Ia soberania portuguesa sin que la jurisdicción total le fuese concedida; a1 morir sin hijo varón, esta parte que le quedaba fue donada, extraordinariamente, a su hija, dona Branca de Aguiar. Paiva, João da. Hidalgo de la Casa Real, vecino de Obidos, recibió e1 24 d e septiembre de 1485 la posesión de la capitania de Ia isla de São Tomé. Sin embargo, nunca se desplazó a la isla, dejando e1 encargo de poblarla a Joáo Pereira, que Ilegó en 1486. Por carta real de1 11 de enero de 1486 Ia capitania quedó reducida só10 a Ia mitad de Ia isla, siendo e1 11 de marzo confirmada su posesión por su hija, dofia Mecia de Paiva. Pero ésta acabó por entero, en 1490, en manos de João Pereira, en calidad de primer colonizador. Perestrelo, Bartolomeu (14002-1457114583. Este hidalgo, caballero de Ia casa de1 infante don Henrique y e1 primer colonizador de Porto Santo era de ascendencia italiana. Fue compatiero de João Gonçalves Zarco y Tristáo Vaz en e1 viaje de reconocimiento y ocupación de Ias islas de1 archipiélago de Madeira, quedando con e1 encargo de poblar Ia de Porto Santo, de Ia que recibió posesión de Ia capitania e1 l de noviembre de 1446. Esta situación es justificada por e1 infante «por ser é1 e1 primero que por su mandato dicha isla pobló, y por otros muchos servicios que me hizon. Se casa tres veces, pero só10 de1 último enlace con Isabel de Moniz nació e1 hijo varón que habia de suceder10 en Ia posesión de Ia capitania. Además de éste, nació también Filipa de Moniz, que se casó con Cristóbal Colón. De1 segundo enlace una de Ias hijas, Iseu Perestrelo, se casó con Pedro Correia, capitán de Ia isla Graciosa, quien también compró a Isabel de Moniz e1 derecho de posesión de Ia capitania de Porto Santo y fue confirmado por e1 infante e1 17 de mayo de 1458, pero ante Ia mayoria de edad de1 heredero esta venta fue considerada nula por Ia corona. Teive, Diogo de. Las genealogias madeirenses nos hablan de dos: tio y sobrino. E1 primero estuvo entre 10s primeros pobladores de Madeira, siendo escudero de la casa de1 infante. Fue é1 quien e1 5 de


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diciembre de 1452 recibió de Ias manos de1 infante un edicto en que le era concedida autorización para construir un ingenio de agua para Ia fabricación de azúcar, en vez de 10s depósitos. En mayo de 1454 se encontraba ya en Funchal en compafiía de su mujer, Marina Gonçalves, siendo mencionado como propietario de casas y de una sierra de agua. También participó activamente en la vida local, como «hombre justo» de1 consejo, habiendo sido elegido para diversos mandatos. Bartolomé de Las Casas 10 define como el emprendedor, conjuntamente con Pedro Velasco, de un viaje hacia occidente, que se habría realizado en 1452. Fue a1 regreso de1 viaje cuando é1 mismo descubrió Ias islas citadas (Flores y Como), tal como 10 confirma Ia carta de donación en 1453 de Ia isla de Corvo a1 duque de Braganza. También otra carta de 1474 refiere su encuentro con Diogo Teive y su hijo João de Teive en momentos muy próximos a esta fecha. Además, Ia documentación de Terceira confirma su presencia a principios de la década de los cincuenta como cumpafiero de Jácome de Bruges. Fue ciertamente en esta época cuando realizó e1 viaje a occidente. Van der Haghen, Guilherme (...11500). Fue uno de 10s que acompafiaron a Jos Dutra en 1470 en Ia colonización de Faial. Natural de Bruges, se encontraba en Lisboa con su esposa, dofia Margarida de Azambuja, cuando tuvo lugar e1 viaje de colonización de Faila. De Flandes trajo consigo a todos 10s criados y familiares, instalándose primero en Faial, después en São Jorge y Terceira y, finalmente, en Flores. A é1 se debe la promoción de1 cultivo de Ia hierba pastel en Ias islas, habiendo traído de Flandes Ias plantas y 10s agentes técnicos habilitados para su fabricación. Vaz, Tristão. Primero escudero, después caballero de Ia casa de1 infante. Fueron sus hazarias en e1 norte de Africa Ias que le valieron ese último titulo y e1 simple nombre de Tristão o Tristão de la isla. Por iniciativa propia armo una carabela para el reconocimiento y población de Madeira, recibiendo después en recompensa Ia posesión de la capitania de Ia mitad de Ia isla, conocida como Machico, por carta de1 4 de mayo de 1440. Se casó en el reino de dona Branca Teixeira, de lo que resultaron cuatro hijos y ocho hijas: e1 primogénito, Tristão Teixeira fue conocido por su arte de galantear a las clamas, lo que le valió el apodo de Tristão de las Damas.


de Joรฃo Gonรงalves Zarco, reproducciรณn de una pintura existente palacio de San Lorenzo en Funchal.


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Portugal y Ias idas

dtl iltlántzco

Padre e hijo atribuyeron poca importancia a Ia administración de Ia capitania, interesados más en Ias hazaiias bélicas y en Ias diversiones de carácter militar. Uno y otro cobraron fama por Ia prepotencia de su gobierno, siendo célebre el caso de1 castigo infringido a Tristão Barradas, que le Ilevó a Ia pérdida de Ia capitania y a su destierro, perdonado por carta de1 17 de febrero de 1452, abandonó Ia capitania y pasó a vivir en el Algame, donde moriria en Silves, con más de ochenta anos. Velho, Gonçalo. Caballero, navegante de Ia casa de1 infante don Henrique, fraile profeso de Ia Orden de Cristo y comendador de Almourol. De acuerdo con 10s cronistas, fue é1 quien descubrió Ias islas azorianas a partir de 1431, y quien inició su ocupación a partir de Santa Maria. No se conoce ninguna carta de donación en su favor hecha por el infante; sólo se sabe por algunos documentos que fue capitán de Ias islas azorianas (en carta de1 infante de 1460). Por otro lado en una carta de 1443 se menciona que estas islas habían sido cedidas como préstamo a é1 mismo, para en una carta de perdón de 1455 referirse a Ias «islas que Gonçalo Velho tiene a su cargo». Ante esto será legitimo deducir que Ia inicial tarea de ocupar Ias islas, con Ia suelta de ganado en Santa Maria y São Miguel, desde 1439, fue hecha por su iniciativa, aunque nunca habría pisado sue10 azoriano. A su muerte, la posesión de las capitanias de Santa Maria y São Miguel quedó en poder de su sobrino, João Soares d e Albergaria y Sousa. Zarco, João Gonçalves (1390?-1467?).Escudero de Ia casa de1 infante, armado Cabalero en Tánger, se destacó como el principal realizador de1 reconocimiento y ocupación de1 archipiélago. Antes de esto se desmarcó como un importante corsario en Ias aguas riberefias de Ia costa de Algame y seria el primero en utilizar a bordo una pieza de artilleria: e1 trabuco. De su genealogía poco se sabe con certeza, habiendo, no obstante, quien afirma que habia nacido en 1395 en Tomar, hijo de Gonçalo Esteves y de doiia Brites (hija de Joáo Afonso, administrador de Ia hacienda real que tuvo el encargo inicial de orientar Ia colonización de Madeira) y que se casó con Constança Rodrigues. AI recibir, el 1 de noviembre de 1450. de manos de1 infante, Ia posesión de Ia capitania y, diez aiios después, Ia carta de armas (4 de julio de 1-1601, veia coronadas sus hazaiias en el mar, en Ias pla-


zas de África y en Ia ocupación de Ia isla. donde se revelará como e1 más emprendedor. Murió con edad avanzada, tal vez en 1467, dejando a sus descendientes un vasto patrimonio. Los rçstos mortales reposan hov en e1 convento de Santa Clara, habiendo sido allí trasladado de la primitiva capilla de Nossa Senhora do Calhau de Cima, por su primogénito. A partir de la carta de armas dei6 de usar el sobrenombre (Zarco), pasando a Ilamarse Joio (;on~alvesda Câmara de Lobos, en honra de los lobos marinos y de1 Iiigat- que hoy ostcnta este nombre, que era propiedad suya.


BIBLIOGRAFIA

El estudio de Ias islas atlánticas ha merecido en este siglo una atención preferente en e1 ámbito de Ia historia de1 Atlántico. Primero fueron 10s investigadores europeos o americanos como Fernand Braudel (1949), Pierre Chaunu (1955-1960), Fréderic Mauro (1960) y Charles Verlindem (1960) y T. B. Duncan (1970) 10s que hicieron referencia a Ia importancia de1 espacio insular en e1 contexto de Ia expansión europea. Después apareció Ia historiografía nacional reforzando este interés y adaptándolo a Ia dinámica de Ia expansión peninsular. Son de mayor importancia 10s textos de Francisco M«rales Padrón (1955) y Vitorino Magalháes Godinho ( 1963). Todo esto condicionó 10s rumbos de Ia historiografía peninsular en Ias últimas décadas, contribuyendo a Ia necesaria apertura a Ias nuevas teorias y orientaciones de1 conocimiento histórico. En este contexto, Ias décadas de 10s setenta y ochenta se destacan como momentos importantes en e1 progreso de Ia investigación y saber históricos. A ello contribuiria Ia aparición de estructuras institiicionales y de iniciativas afines, activadoras de un verdadero salto cualitativo. E1 movimiento editorial de Ia historiografía insular es desigual, dependiendo de la existencia de historiadores y de instituciones capaces de estimular Ia producción y divulgación de 10s estudios. La similitud de1 desarrollo de vida de Ias islas atlánticas, aliado a su permeabilidad a Ias perspectivas históricas peninsulares definieron una cierta unidad en Ia forma y contenido de Ia historiografía insular. Gaspar Frutuoso, a finales de1 siglo xvr, con Ias Saudades da Terra expresa, de forma ejemplar, Ia visión de conjunto de1 mundo insular, aproximando 10s archipiélagos de Madeira, Azores, Canarias y Cabo Verde. Esta situación, sin igual en Ia historiografía, só10 será reiornada a partir de Ia dé-


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l'ortu,~al y Ias lsltcs del Atlúntlcu

cada de los cuarenta de la presente centuria por 10s historiadores europeos y só10 ahora por 10s insulares. Las conciencia histórica de unidad de esta múltiple realidad de 10s archipiélagos fue definida de modo preciso por Ia expresión de Braudel de «Mediterráneo Atlántico», que abarca 10s tres archipiélagos situados a Ia entrada de1 océano. En el término de este proceso, Ias exigencias académicas con Ia expansión de Ias universidades y de1 sahcr histórico condicionaron e1 avance cualitativo de Ia historiografía, a partir de Ia década de 10s cuarenta de1 presente siglo. Pero este avance es desigual, lo que provoca también una diversidad de niveles de conocimiento de Ia realidad para cada uno de los archipiélagos. De este modo, fuc más asidua y vnluminosa Ia producción histórica en 10s archipiélagos dc ias Azores y Canarias que en Madeira, São Tomé, y Cabo Verdc. Ello se debe, fundamentalmente, a Ia falta de instituciones culturales y universitarias con esta vocación. Por otro Izido, importa destacar e1 valor asumido por Ias publicaciones periódicas y la posihilidad de encuentro de 10s investigadores, a través de coloyuios; en lo que Ia década de los ochenta fue fértil. La historiografía insular, permeable a 10s origenes europeos, surge en e1 inicio de Ia revolución de1 conocimiento geográfico como Ia expresión pionera de esta novedad y, a1 rnismo tiempo, como una necesidad institucional justificante de un prnceso de afirmación de Ia soberania peninsular. De este modo, el período que media entre 10s siglos iniciales de1 reconocimiento de1 océano está marcado por una escritura más europea que insular, próxima a Ia crónica y a Ia literatura de viajes, donde Ias ideas se difuminan. Los hechos históricos y Ias impresiones de viaje son perpetuados en 10s escritos con un uso posterior, de acuerdn con Ias exigencias de cada generación v época. Esta prosa liistcirica está impregnada de un ideal romántico y se sirve de perspectivas y formas positivas para justificar y fundamentar ciertos ohjetivos políticos que emanan de Ia coyuntura política en que emergen. Las publicaciones periódicas asurnen particular importancia en Ia pesquisa histórica, ya que es a partir de estas cuando e1 público interesado toma conciencia de 10s progresos que se van consiguiendo. En Madeira todo e1 mérito está en dos: cl Archiou Histórico de Madeira (19 volúmenes editados de 1931 a 19901, iniciada por Cabra1 do Nascimento y que José Pereira da Costa transformó en boletín de1 entonces Archivn de Distrito de Funchal; Dtis Artes e Da I-fist(jria da Madéira (1948-19771, organización de Ia Sociedad de Concienos de Madeira, re-


Bibliografia

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vista publicada por iniciativa de Luis Peter Clode. En Ia actualidad merecen mención Ias revistas Atlántico (1985~1989)!, Islenha (desde 1987 ). En Ias Azores, ayer como hoy, proliferan Ias publicaciones periódicas, muchas de ellas de índole general pero con fuerte incidencia en Ia temática histórica. Son éstas la Insulana (19441, de1 Instituto Cultural de Ponta Delgada: Boletim do Núcleo Cultural da Horta (1950) y e1 Bo-

letim da Comissão Reguladora do Comércio de C~reaisdos Açores (1945-1960). Una mención especial merecen Ias publicaciones que insisten en el conocimiento histórico: Boletim do Instituto Histórico da Ilha Terceira (1944) y Arquipélago-ciências humana.<revista de Ia Universidad de Ias Azores (1977), que desde 1985 publican números por separado sobre Ia historia. Para Ias islas de Cabo Verde y São Tome el panorama no es idéntico, resumiéndose muchas veces su valorización a Ias publicaciones periódicas nacionales con carácter colonial, como son: Boletim da Sociedade de Geografia de Lisboa (desde 18751, Studia (19581 y Ultramar (1961); con carácter especifico merece ser mencionado el Boletim Cultural da Guiné Portuguêsa; y en Cabo Verde Ias revistas Claridade (São Vicente, 19571, Cubo Verde (1950) y, más recientemente, Raize.~(Praia, 1978). Una referencia especial merecen 10s estudios publicados por Antonio Carreira y A. Teixeira da Mota, que mucho contribuirán a revelar la parte recóndita de Ia historia de estas islas. También los coloquios fueron importantes en la valoración e interés de1 conocimiento histórico. Ésta es una nueva dimensidn que emergió al final de Ia centuria. Primero fueron los coloquios realizados en Las Palmas desde 1977, que senan conocidos como Colóquio de História Canário-Americana, que tendrá en 1992 su décima edición, y después idéntica iniciativa aparece en Ias Azores (1983, 1987 y 1990) y Madeira (1986, 1989). De Ias tres ediciones azorianas y de Ias dos madeirenses quedaron algunos cientos de comunicaciones reunidas en varios volúmenes, y Ia certeza de que Ia investigación histórica inició una nueva era. Con Ia intención de facilitar a1 lector una mayor profundización en Ia temática expuesta a lo largo de estas páginas vamos a presentar una resefia resumida de Ias obras que estimamos más importantes. Os Açores e o Atlântzco (séculos xivxvrr), Angra do Heroismo, 1984. Este volumen reúne Ias actas de1 coloquio realizado en 1983. A éste le siguieron dos más en 1987 y 1990, habiéndose ~ublicadoIas actas de1 segundo en un volumen en el Bol<,tíu de1 Instituto Histórico


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Portugal y la.~i.slas de1 .Atlántico

de Ia isla Terceira (vol. XLV, 1987), cntidad promotora de todos estos eventos. Albuquerque, Luís de (dir.), Portugal no Mundo, 6 vols., Lisboa, 1989. En 10s dos primeros volúmenes se publican estudios monográficos sobre Madeira (Alberto Vieira), h o r e s (Artur Teodoro de Matos, Maria Olimpia da Rocha Gil), Cabo Verde (Marilia Lopes, Maria Manuel Torrão) y Sào Tom6 (Luis de Albuquerque e Isabel Castro Henriques). Arquivo dos Açore.~, 15 vols., Ponta Delgada, 1878-1959 {reeditado por Ia Universidad de Ias Azores, 1980-1984). Su puhlicación se inició en mayo de 1878, por iniciativa dc Ernesto do Canto, que subvencionó 10s diez primeros volúmenes, siendo 10s restantes responsabilidad de Afonso Chaves y J. H. Oliveira Rodrigues. En ellos se reúnen, aunqiie de forma vaga, 10s documentos más importantes sobre las Azoreb, recogidos en los archivus azorianos, Torre do Tombo y otros archivos. Arquivo flistdrico ilii Madeira, 19 vols., Funchal, 1931-1990. Iniciativa de Cabra1 d o Nascimento, que despues pasó a Boletín de1 Archivo de Distrito de Funchal (hoy Archivo Regional de Madeira), en que se publicaron importantes estudios y apuntes sobre historia de la ida. En los últimos cinco volúmenes (1977-1990) se reunió Ia documentación de1 tomo primero de1 registro general de1 ayuntamiento de Funchal, con documentos de 1425 a 1623. Azevedo, Alvaro Rodrigues de, «Notas», en Saudade.s da Terra, Funchal, 1873. En treinta y tres notas (pp. 313~855)anexas a Ia edición de la obra de Gaspar Frutuoso rekrcntr a Madeira e1 autor reúne todo lo que consiguió recoger, hasta 1873, sobre Ia historia de1 archipiélago, capaz de esclarecer algunas cuestiones dejadas en suspenso en el texto editado. Barcellos, Christianno José Scnna, Subsidias para u flistdriu de Cabo Verde e Guinr;, 5 partes, Lisboa, 1899-1911. En estos anales de Cabo Verde y Guinca e1 autor reunió importante documentación agrupa cronológicamente hasta 1842, faltando una adecuada estructura formal, que deberá ser reunida en la obra en preparacií,n, dirigida por Luis de Albuquerque y M. E. Madeira Santos, con el título de Historta General de Cabo Verde. Brasio, Antonio (puhlicación y notas), Monirmenta Missionáriu Africana. A f i a Occid~ntal,1." série, 7 vols., l,ishoa, 1952-1956, 2.Qerie 15 vols., Lisboa, 1953.1385. En esta ci>lecci<índe documentos el in-


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vestigador encuentra 10s más significativos que existen sobre 10s archipiélagos de Cabo Verde y Sáo Tomé y a ellos anade textos narrativos y documentación diplomática. Carreira, Antonio, Cabo Verde Formação e extinção de uma sociedade escrauocrata (1460-18781, Lisboa, 1983 12."d.). Pertenece al autor e1 mayor número de trabajos históricos sobre el archipiélago de Cabo Verde, de1 que este estudio es un ejemplo. Colóquio Internacional de História da Madeira (actas de1 I y 111, 3 vols., Funchal, 1989-1990. En 10s tres volúmenes están reunidas Ias actas de1 primero (1986) y segundo (1989) coloquios realizados en Funchal por Ia Secretaria de Turismo, Cultura y Emigración de Gobierno Regional de Madeira. Dias Urbano de M e n d o ~ a ,A vida de nossos avós, 8 vols., Vila Franca d o Campo, 1944-1948. Intento de recreación de Ia vida de los antepasados con el recurso a documentos que el autor también publica. Esta obra y otras publicadas de1 mismo autor son indispensables para Ia comprensión y estudio de Ia historia micaelense. Duncan, T. B., Atlantic islands. Madeira, the Azores, and the Cape Verdes in seuenteenth-century. Commerce and navigation, Chicago, 1972. El primer estudio, hecho de forma separada, sobre 10s archipiélagos portugueses (Madeira, Azores y Cabo Verde) en el siglo mi. Drummond, Francisco Ferreira, Anais da ilha Terceira, 4 vols., Angra do Heroismo, 1850-1864 (reedición en 1981). En estos cuatro volúmenes se presenta de forma cronológica Ia historia de Ia isla Terceira hasta 1832. Como complemento deberá indicarse Ia edición reciente de sus Apontamientos Topoyráficos, Puliticos, Civis e Ecle-

siásticos para a Historia das nove ilhas dos Açores servindo de suplemento aos A n a i ~de ilha Terceira, Angra do Heroismo, 1990, edición de J. G. Reis Leite. Frutuoso, Gaspar, Saudades da Terra (libros 1 a 6) 7 vols., Ponta Delgada, 1977-1987. En esta obra escrita en Ia década de 10s noventa de1 siglo xw el autor reuni6 todo lo que consigiiió recoger sobre 10s archipiélagos de Madeira, Azores, Canarias y Cabo Verde. Texto indispensablç, es cierto, pero confrontado con Ia documentación disponible. Gil, Maria Olimpia da Rocha, O arquipelagu dos Açores no século xvrr. Aspectos sócioeconómicos (1575-1675), Castelos Branco, 1979. Uno de 10s primeros intentos de sistematización de Ia sociedad y economia azorianas en un período crucial de Ia historia de este archi-


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Portugal y lar islas del Atlántico

piélago. Peca só10 por e1 hecho de privilegiar 10s núcleos documentales terceirenses en detrimento de otras islas. Godinho, Vitorino Magalhães, Os descobrimentos e a Economia Mundial, 4 vols., Lisboa, 1981-1982. La primera obra de síntesis sobre 10s aspectos económicos de 10s descubrimientos en que a Ias islas atlânticas les es atribuido un papel relevante. - Mito e Mercadoria, Utopia e Prática de Navegar. Séculos XII~XWII,Lisboa, 1990. Además de la visión de conjunto que Ia obra pretende en 10s diecisiete capítulos, nos parece particularmente relevante aquel en que e1 autor nos presenta con una primorosa sintesis sobre d a s islas atlánticas: dos mitos geográficos en la construcción de1 Nuevo Mundo». Macedo, Antonio L. da Silveira, Historia das quatro ilhas que formam distrito da Horta, Horta, 3 vols., 1871 (reedición en 1981). Estudio monográfico sobre Ias islas de Faia1 y Pico. Mauro, Fréderic, Portugal o Brasil e o Atlántico. 1570-1670, 2 vols., Lisboa, 1988-1989 (l."dición en 1960). Obra general sobre el espacio atlántico, aqui encarado en una perspectiva innovadora, con especial incidencia en Ia valoración que se da a 10s archipiélagos de Madeira y Cabo Verde. Pereira, Fernando Jasmins, Estudos sobre Historia da Madeira, Funchal, 1991. Recopilación de estudios inéditos y publicados por e1 autor sobre Ia historia de Madeira en 10s siglos xv y xvi. Éste es uno de 10s marcos de referencia de Ia actual historiografía madeirense. Santos, João Marinho, Os Açores nos séculos xv e m, 2 vols., Ponta Delgada, 1989. E1 primer intento de análisis global de1 progreso histórico azoriano, incompleto poco riguroso porque su abordaje se limita só10 a Ia documentación publicada y Ia fuentes narrativas. Silva, Fernando Augusto da, Elucidário Madeirense, 4 vols., Funchal, 1984 (4,"dición). Diccionario histórico-enciclopédico sobre e1 archipiélago de Madeira: su lectura deberá ser hecha con algunas reservas, pues comete ciertos errores en ia cronologia. Vieira, Alberto, O comercio interinsular nos séculos xv e xw (Madeira, Açores, Canarias), Funchal, 1987. En este trabajo fue nuestra intención destacar Ias conexiones sociales y económicas entre 10s tres archipiélagos en cuestión.


Abote, Jorge, 82 Abreu Antonio de, 101 João Pimenta, 255 Acciaoüü, Simáo, 80,97 Aday Juan, 95 Pedra, 95 Affaitati, João Francisco, 80 Afonseca, João, 212 Afonso N, 33, 37, 38, 40 V, 54, 208, 209, 266 Conde de Barcelos, 208 Diogo, 49, 64, 21 1 Duque de Barcelos, 214 João, 54 Pedro, 212 Rodngo, 65, 211, 212, 215 Vasco, 261 Agostinho, JosC. 29 Aguiar dona Branca de, 64, 212, 213 Diogo Afonso de. 55 Alava, Francés de, 114 d'Albergaria, Joáo Soares, 21 1 Albito, Barao do, 212 Albuquerque, Luis de, 17, 29, 33, 45 Alburquerque Afonso, 131 João de Saldanha y, 258

Alcoforado, Francisco, 35, 40, 41 Alejandio Vi, 109, 248 Alencasire, Mariana. 213 Almada. Manuel de, 255 Almeida fray Gabriel de, 254, 258 João Berte de, i63 Alphunsr, Jran, 143 Alvares Francisco, 142 padre Manuel, 272 Amador. 91 Amarsi, I. do, 133 Amaton. Benoco, 80 Andradr, Bemardo Zuzane de, 257 Anes, João, 73 Aranha Juãu. 261 Manuela, 13 Arditi, I'ompeo, 127, 186 Armas, A. Rumeu de, 174 Armda, Francisco, 171 Ascensão, fray Sebastião, 254 Assunção. iray Domingos de. 257 Assunp<;ão,iray Remigio de, 272 Avieno 27, 31 Azr~edo,Alvaro Rodnguec de. 35, 41, 42, 264


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Portugal y las islas ilr.1Atlántico

Sena. 75 BarceUos, Christianno José Senna, 193 Barreia, padre, 89 Barreira, Balrazar. 151 Barreto, Alvaro. 131 Jerónimo, 254, 261, 262. 263, 264 Barros, Joao de, 40.41 Juan de, 95 Manuel de, 90 Beatriz, Infanta dona, 5 8 , 59, 208, 213 Brhaim, Martim, 81, 108, 152 Ben Kagano. Mohamed. 31 Brnincasa, Gracioso, 33 Bernardo, Iray, 247 Betencuurt Gaspar dc, 96 Henriqur dç, 96 Jean, 37, 39, 94, 108, 247 João de, 96 Maciut de, 94. 95, 96 Maria de, 96 Biscainho, Anclre Lupes. 82 Botelho, Jorgc. 171 Braga, Manuel Corta. 196 Branco, J. Freitas, h9 Brandán, san. 14 Brandão fray Pedro, 254 (;aspar Afonso da Costa, 262 Hraudel, Fernand, 21, 124, 138 Brugrs, Jácornc de, 80, 21 1. 215 Cahral iray Cristovão. 262 Prdro Alvares, 76 I'edro Alvcs. 196 Jerónimo Teixeira. 255, 258, 269 Cácrres, João, 115 Cadamosto, 41. 42. 48, 39, 82, 108, 140 152 Calvino, 260 Calvo, Francisco, 46 Câmara, Gonqali,cs de Antonio, 38. 9.1 João, 54, 217, 248.

João e1 Porrinha, 272 Lu,\, 272 Martim. 272 Pedro, 163 Rui. 59, 91, 92. 96. 99, 165, 210, 211, 213, 216 <:ámara, Mariana Lencastre Vasconcelos y, 217 c:sminhii Alvaro de, 63, 66, 78, 89, 212, 214, 250. 251 Pcro de, 74 Cantini,, Sebastião. 45 Canto Ernesto de, 28 I'ero Anes do, 126 <:iiri, fray Gaspar, 257 Cnpiqilo, Afonso, 146 C:;irita, R., 115 <:arlos V d e Espana, 11 1 Carneiro. Anrúniu, 66, 212 Carreira, Antonio, 65, 74. 91, 203. 259 (:tisal. lray Gaspar di>.254. 261 (:asas

Afr,~isode. 38 Bartolome d c 1.a~.47 familia, 18 Castanhçira. Joáo de, 4 8 <:astelo Branco, r.. 198, 222 josc de Sousa, 254 C a s ~ i l h i Pcdro ~. de. 255. 258 (:asrn, dori Jogo de, 27, 63 dun Frrnando de, 38, 94 &al L i ~ ~ i r r n çde, o 255 17ernáo Gomes de, 101 Maiiuçl Gouvçia d r . 255 Catcíliri>s, Keycs, 31, 109 Catran<>,Rafael. 80 Ccnturionr. Ludovico. 1 6 Cçrda, 1,uis de La, 32, 18. 246 Crrnigi. Jcrúnimu. 1 6 Crsare. Juan Antonio, 46 Clcmentc \?. 246 Ccielho


Egas, 212 Joao, 212

Colón Cristóbal, 34, 45, 47, 76. 109, 131 Diogo, 47 Hernando. 47 Compafiia de Jesús, 63, 250, 252, 259, 260.271 Constancia, 1..Medeiros, 133 Curbizi, Angiulino Tegghia de, 32 Cordeiro, Antonio, 142. 272 Comia Francisco, 212 Pedro, 212. 213, 215 Jacome Dias, 71 Cane~Reais,herrnanos, 27 Corte Real Vasco Anes de, 208, 211 Gaspar Eanes, 45 M i p t l Eancs, 45 Vasco Eanes, 45 João Vai de, 45. 211, 21 1, 215 Cortesdo Armando, 26, 14 Jaime, 34, 246 Conynel, Francisco, 82 Cosa, Juan de La, 49 Costa Pedra da, 255 José Pereira do, 17, 273 Coutinhu, Frrnandu. 211 Cresques, Abraan, 32 Cresques, Jaffuda, 33 Cristian I de Dinamarca, 45 Cruz fray Bernardo d s 257 Fray Francisci~da, 254 Lope, 126 Cunha Tnstão de, 50 Pedro Correia de, 212 Cumberland, conde de, 112 Chagas, fray Diogu das, 272 Chamberh, CTuiihermr, 196 Chaunu, I'ierre, 21, 124 Dias

Alvaro, 261 Baltasar. 272 Francisco, 190 Vicentc, 49 U.de Mendonga, 242 Dinis, do". 31 Diogo. Don, 208 Dona. Luiq, 80 Drake, Francis, 109, 112 Dmmmond, Francisco Ferreira. 145, 270 Duane, don, 207 Diilcert, Angelinu, 30. 32 Dulmo, Fcrnao, 27 Dutra, Jos. 211 hdrisi, 31 Elms, Alvaro Frrnandes dc, 196 Enes, M.F , 264 E~cobar,Pedro de, 50 Esmeralda. Joáo, 60, 80, 165 Espindola, Antonio, 82 Essex. conde, I12 Estreito, João Afonso do, 27 Eugcnio N, 108 FaXundes. Joári Alvares, 45 Faria Gaspar dc, 255 Manuel Severim dc. 74 Fatima, Ibn. 31 1;çlipr 11, 114, 224 Frrnandeb Ahnío. 41 Bartolr,nieu, 261 João c1 Labrador, 46 Mateui, 112, 113, 115 Valen~trn,35, 40, 59, 62. 90. 143, 144, 173. 174, 175 Fcrnando, Infante do", 49, 187, 208, 214, 215, 217, 224, 242 Fcrraz. Bartolomeu, 116, 127 Ferreira, Antonio Bnirn, 133 Ferro. Gartano, 33 F i g ~ a r a fray , António. 257 I:igueired<i. Esrevão Brioso de. 254 Foios. Vasco de, 174 Forbisher. Manin, I12 Fizinciaco I de Francia. 111


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Portugal y las zslar de1 Atlántico

Freitas Antonio dr, 101 Jordáo de, 101 Frias, fray Rodrigo de, 251 Frontera, Pero Vasques de Ia, 45 Frutuoso, Gaspar, 26, 27, 28, 36, 40, 41, 45. 48, 55, 60, 62. 71. 77. 81. 111.

Gdváo, Antonio, 26, 28, 40 Gama fray Lourcnqo de, 258 Vasco de, 76, 164. Gano, fray Lourenp, 254 García, Francisco, 95 Gil, M. da Rocha, 146. 172 Góis, Damiao, 26 Gomes Diego, 40, 41. 49 Fernáa, 50, 193 Godinho, Vitorino M a g a h s , 124, 139 Gonçalves, Juan, 39 Greenviiie, Richard, 112 Grócio, 109 Guarda, fray Pedro da. 248 Guerra, fray Manuel Afonso de, 254 Guerreiro, F 155, 250, 259 Hawkins Jahn, 109, 110, 112 William, 109 Hemem, Aivaro Marwis, 211, 215 Henrique, Infante don, 37, 38, 40, 41, 42,

.

43, 48, 49, 54, 58, 67, 74, 78, 82, 93, 94, 96, 108, 205, 207, 208, 209. 213, 214, 215, 223, 243 Henriques, Leio, 272 Hennques, I. Casrro, 167

Herrera, Agustín, conde de L.anzarote, 94, 96 Diogo de. 95 Hesiodo, 28 Heveto, BanolomL:, 95 Homero, 28 Howard. Thumas, 112

Huerter, Josse, 81 Humbolt, Alexander van, 28 llhoi, fray Maninho, 262 Iserlin. B., 28 Jerunimo, fray Fernando, 254, 262 João

1. 67 11, 42, 109 111. 101, 1I 6 IV, 270 do", 208 fray, 250

Jorgr. Jordio, 261 Julio 11, 109 111, 253 Landi, Giulio, 140, 161, 186 Leão. Hanolomeu, 254 Leitão, Antonio Vieira, 255 Lritç Jãcome, 82 Jcrúnimo Dias, 40. 248, 272 Lemos Jorge de, 254, 261 Luis de Figuciredo de, 254, 261, 262, 265

Lila, Bastiam de, 82 Lima. H., 150 I.inschuten, Jan Huygen van, 128, 153, 171, 183

Lira, Bento de, 266 Inibo. fray Pedro de Cunha, 257, 258 Lomelino. Baptistamç, 46 Lumelino Baptista, 46 Joào, H0

Jorge, 80 Urbano, 248 Luwcll, John, 110 Lug<i João de, 174 Pcdro de, 174 Fcrnam Fied de, 82 Luis, Lázaro, 46 Luteri), 260 Macedi,


J. de, 163 J.J. de Costa, 36 Machim, Roben, 26, 35, 41 Maldonado, Luis, 127 Maloceiio, Lanzarote de, 32 Manuel, don, duque de Beia, 58, 68, 78, 115, 208, 216, 224 Marques, J.M. Silva, 33, 3R Marvi, João, 254 Mauny, Raymond, 32 Mauro, Frédénc, 124, 139, 148 Medeiros, Carlos Alberto, 133

Melo Francisco Manuel de, 35 Jorge de, 212 Melo, L.F. de Sousa, 96 Mendes, João, 74 Menezes, A. de Freitas, 119 Menina João, 85 Miranda, Luis Pereira de, 254 Mocambos, 169 Moniz, Filipa de, 47 Monte Alveme, fray Agostinho de, 144, 272

Montluc, Bertrand, 111 Moraes, Sebastião de, 272 Moreili, Benedito, 80 Mata, A. T., 154, 242 Moura, Francisco de, 193 Munzer, Jerónimo, 81, 167 Nascimento, fray Manuel da, 257 Necao iI, 28 Negra, Paolo di, 46 Neto, Brás, 254, Nicolás V, 108, 248 Noli, Antonio da, 49, 82, 108, 212, 213, 214

Noronha Isabel de, 248 Joào Rodngues de, 101 Nova, Joãa de, 50 Omelas, André Alvares de, 154 Ovidio, 28 Ovington, John, 271 Pahlo IV,266 Padrún, Francisco Morales, 297

Paiva Joáo dc, 66, 78, 212, 214 Mécia de, 212, 213

I'edro, dor, infante. 208 (regente), 74

Penha de França, fray António da, 257 Pereira Joáo, 66, 212, 214 Nuno Alvares, 255 Eduardo C. Nunes, 273 Duanr Pacheco, 27 Peres. D., 241 Perestrelo Bartolomeu, 47,54,205, 207,212,213 Iseu, 212 Pessanha Joham. 82 Manuel, 335 Pindaro, 28 Pinheiro. Diogo. 254, 264 Rrdngo, 255 Pio 11, 248 I'izzigani, hermanos, 33 Platón, 26, 27, 28 Plinio el Viejo, 28 Plutarco, 8 , Pombal, marqués de, 71. 211, 217, 271 Pono, fray Viçtoriano do, 254 Portugal. Martinho de, 254, 261, 264 Prazeres, fray João dos, 255 Ptolomeo. 28 Quintanilha, fray Jerónimo de. 257, 258 Kamos. R., 91 Rau. V., 163, 190, 198 Recco, Nicoloso de, 32 Reis, fray Rabiao dos, 254 Resente, (;arria de, 272 Ressurreii;ào, fray An~onioda, 255 Rry, Antonio, 82 Ribeiro Agost~nho,255 Orlando, 77, 133, 136. 139 RidieLieu, cardenal, 120 Kodriguei, Constansa. 27 3


Portugal y las zslas de1 Atlúntzcu Roma Luis de, 82 Pedro dc, 82 Russel, P. E., 37 Sá Cruz, Mada Clara, 273 Sacco, Pero, 82 Sacramento, fray Tim<iteudo, 257 Salvador, J. A., 269 Salvago, Lucas, 80 Santa Mana, iray J o i . 262 Santarem João de, 50 vizcondc de. 29, 36 Santiago, Eray Jorge de, 255, 262 Santo Oficio, 266, 268. 269, 270 Santos, E. dos, 264 Sáo Dionisio, fray Aniuniu de, 254 São Jorge, Iray Bcntu de, 257 São Paulo, iray Srbastiao, 257, São Simão, iray Francisc,,. 262 SareUo, don 261 Sataspes, 28 Sebastião, dan, 116, 119 Séneca, 31 Sergio, António, 246 Senra, Manuel Aivarc\. 196 Sçrnigi, Jerónimo. 80 Sículo, Didoro. 28 Silva Fernando Augusto da, 264 Filipe de. 212 Silves, Diogu de, 39, 10 Sintra, Gon~alode, 48 Sinto N, 109, 248 Soeiro, H., I ) i Soligo, Cristobal, I3 Sousa Gonqalo de, 62, 212 fray Pedro de. 255 J.K., 69 Cristovão Doria de. 82 Garcia Homem de, 55 Sousa, João Correia de. 212 Soveral. Francisco. 257, 203 Spínola

António, 46 (;iovanni, 80 Standen, Hans, 152 Tavares, Fernáo. 43 Távora 1:ernando de, 254 fray Lourengo de. 254, 258, 262, 270 Trinciia Antonio, 163 ,Marcos, 269 Tnstão, 272 'l'ristão, Vaz, 54 l'rivr.. Diogo de, 45. 99, 161, 162, 21 1, 214 l'rlr\ Icrnão, 27, 211, 214 Ira" António da Silva. 254, 262 l'rnreiro, F., 133, 136 I'erra Nova, Anrique, 45 <;uirarte, 46 'l'inoco, António Velho, 242 Torneo, Francisco Cardoso, 269 Trist:i<i,Nuno, 48 Ulhoa. Maninho de, 257 Ilrhano V. 247 Urhina, Juan, 119 Usodimare, 108 Vala~tç,108 Valdca, Pedro, I26 Varela. c:. 64 Vasconcelos Antonio de, 264 Luis Mendes. 246 hlanim Mendes, 55 1,130 de iMenezc5 r. 212 J<>à0,74

'l'ristáo, 41. 205, 207, 209, 212 Veigii. Tristáo Vaz da, 110, 119, 210 Velh<>.Gon~alo.39, 40. 58, 211, 215 Verlirid.cn, Charies, 37, 124 Vidal Pércz, 93 Virir.! ,lihei-to. 137, 225


Indice onomástico António, padre, 131 Bernardo, 91 fray Clemente, 255

Vilanova, Francisco de, 257. 258 Vilar, E. Vila, 201 Vilharam, Rodrigo, 82 Vilhegas, Diogu Oniz de, 257 Vilhena, João de, 119

309

Vivaldi, hcrrnanus, 32 Viveiros, lienrique Cdaga de, 248 Weselrr, iamilia, 83 %arco Joào (;onsalves, 41, 54, 75, 97, 205, 207, 209, 211, 212, 273 Gonzalo González, 97 Zilrara. Ennes Gomes de, 40, 11, 42, 43, 54, 110


&artunadas, islas, 27, 28, 32, 38 África, 85, 96, 148, 195, 196, 253 negra, 15 norte de, 29, 194, 195,201, 230 Agua de Pau, 60, 219 Aguer, cabo, 174 Akáqovas, Tratado de, 33, 38, 93, 109 Alcatrazes, 66, 215, 216, 220 capitania de, 21 1 Akova~a,144 Algme, 34, 73, 77, 78, 174 América, 90, 103, 109, 192, 207, 259,269 de1 Norte, 45, 98, 202 de1 Sur, 124 Ana Chaves, babía de, 118 Andaiucía, 174 Angola, 86, 102, 112, 131, 202, 203, 246, 269 Anga, 48, 61, 83, 119, 122, 126, 127, 128, 129,132,137,142,145,147,148, 154. 181, 182, 183. 184. 187. 196.201.

capitania de, 211 obispos de, 255 Annobón, isla de, 31, 50, 66, 198, 216 capitania de, 212 Antigua, 202 Antiiia o isla de Ias Siete Ciudades, 27, 34

Andas, 34, 46, 88, 89, 100, 102, 124, 126. 190, 201, 202, 203. 207 Antonio de Noli, isla de, 49 Arguim, archipiélago de, 22, 39, 48 Arguim, isla de, 48, 75, 130, 266 Atlántico. océana, 15, 19, 21, 22, 25, 26, 28, 29, 31, 34, 37, 42, 46, 78, 83, 92, 100,101,107,109,110,120,121,124, 125, 130, 131, 132, 140, 142. 147, 156, 157, 169, 178, 185,207,251,269,275 Centro de Estudios de Histona del, 23 eumpeo, 148 idas del, 30, idas portuguesas del, 23, 50, 58, 73, 205 accidental, 16, 26 oriental, 15, 26, 36, 37, 43, 85 sur, 130 Atlántida, 25. 26. 27. 28 ~scensió",isla, 21, Axem, 202 Azares. archioiélaeo de Ias. 13. 15. 21. 22.

UO


3 12

Portugal y las d a s &l Atlántico

239,241,242,244,245,246,250,253, 258,261,262,263,264,265,266.269, 270, 271, 272, 273. 276 capitania de, 211 esrructura adtninktrativa de, 218 senario de, 208 Bahía, 112, 292 Barbados, 202 Barcarena, 144 Barcelona, 200 obispo de, 247 Basilea. Concilio de. 38 Benim, 202 Berhena, 98 Bermunda, 202 Boavista, isla de, 47, 49. 64, 65, 131, 174, 213. 215, 216 capitania de, 212 srnorío de, 208 Bojador, cabo, 32. 38. 53, 90, 108, 109, 152, 173, 188 Boston, 202 Braga, 77 Brasil, 15, 21, 59, 71, 72, 84, 88, 89, 92, 96, 99, 100, 102, 103, 104, 124, 126, 127, 129, 130. 131, 137, 151,155,161, 164, 166, L70, 196,202,203,207,246, 253, 265, 269 Cumpanía Gerieral de Comercio para el, 120 Compania General de1 Estado de, 201 Bmva, ida de. 65. 121. 216 capitania dc, 212 Brrtana. 142 Bristol, 46 Bnránicas jslas, 199 Buena Esperanza, cabo de, 130, 259 Bugio, islote de, 213 Burgos, obispo de, 38 Cabo Verde. archi~iélaaode. 13. 15. 22.

capitania de, 212 esrructuta adrninisiraiiva de, 218 irlotes de, 212 uhispor de, 254 (:achcu. 193 (:idiz. cortes de, 207

(:ámai-a de Lobos, 55. 57, 243, 248

(laminha, 194, 196 (:arianas. archipirlago de, 13, 15, 21, 22. 29, 31. 12, 31, 14, 35, 36, 37, 38, 39, 41, 42, 46, 48. 53, 76, 79, 82, 83, 85, 86. 88, 89, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99. 107. 108. 124. 125. 126. 129. 130.

<:ipango, -17 Coimhra, 260, 263 C o n p , 76. 131, 258 <:i,nstantinopla, 200 Corvi>.isla, 28, 29, 59, 61. 99, 125, 142, 141. 174, 182. 184. 214, 216 capiratiía de, 211 scnorío de, 208 Curazao, 202 (:hios. 200 r,.,," 07 ,, Demerara, isla dc. 102 I>escria, isla, 32, 253 scnurío de. 208 I>esiçrtas. isias. 174. 207 capitania de, 212 Englland, Koyal Cumpany of, 120 Eiiirç~Douru~e-hlinho, 77, 198 Espana, i 3 E~pari<da isla, 65 Estados Uriidos, 102 (;iicrra de la liid~~endencia dr ~~~

,,a"LL,


índice toponimico Europa, 34, 37, 90, 107, 112, 124, 145, 156, 164,171, 187, 191, 192, 193, 194, 200, 203, 229, 259, 275 de1 norte, 174, 198, 269 Faial, ida, 59, 61, 62, 80, 81, 82, 116, 143, 146, 166. 171, 181, 182, 184, 187, 216, 250 capitania de, 21 1 Feiteiras, 142 F ~.~~ n...,s i p . 144 .. Fernando Póo, isla de, 29, 50, 66, 134 Flandes, 171, 199, 200, 270 Flures, isla de Ias, 59, 61, 62, 80, 99, 112, 125, 126, 127, 142. 145, 174,182, 184, 214, 216 capitania de, 21 1 Florida, 110 Fogo, isla de, 49. 64, 65. 71, 78, 90, 152, 155, 216, 219, 220, 244 capitania de, 212 seiiodo de, 208 Francia, 111, 120, 174, 199 Fuerteventura, isla de, 29, 95, 187, 188 Funchal, 13, 17. 43, 45, 54, 55, 57, 58, 60, 67, 68, 72, 85, 92, 93, 95, 96, 97, 98, 111, 112, 114. 115. 116, 119, 121, 130, 132, 137, 153, 154, 156, 157, 163, 164,180,181. 186, 188, 189,190, 191, 197, 198,200.201,207. 209,210,213, 216,217,219,221,222.224,225,226, 227,228,231,232,233,234,235,236. 237,239,240,243,244,245,247,248, 251, 253,261,262, 263. 264, 265, 266, 270, 272, 273 capitania de. 212 Furnas. 59 Gambia, rio, 259 Gaspar Fructuosu, 85 Génova, 46, 200 Gihraltar, estrecho de. 109 Goa, 253 Gomera, isla de Ia, 38, 47, 108, 125, 174, 247 Gran Canaria, isla de, 38, 47. 83, 93, 97, 98, 125, 137, 164 Graciosa,61, 134, 142, 143. 148. 153, 181, 184.212, 215. 216, 228

313

capitania de, 211 seiiorio de, 208 Granada, 34 GranadiUa, 97 Guinea, 28, 94, 109, 112, 126, 129, 131, 175, 259, 265 archipiélago de1 golfo de, 22, 50, 76, 78, 89. 91, 103, 110, 119, 131, 134, 137,152,177,179,185,190,219,242, 251. 258 c o s ~ ade, 21, 39, 47, 83, 86, 100, 108, 110, 119, 130, 138, 140, 173, 174, 177, 179, 185, 193, 201, 219, 251, 258 golfo de, 29, 83, 100, 129, 130, 174, 200,202 Rios dc, 75, 86, 89, 167. 190. 193, 200, 202, 203, 242. 244 Hawai, isla de, 102 Hea,,écdes, islas de 27 Hierro, isla de, 125 Hispaliiola. isla de Ia, 47, 131 llolanda. 120. 174, 199 Horta, 132. 263 batalla naval del, 12 1 Ihénca, 37, 194 Icode, 97 India, 46, 50, 65, 96, 126, 127, 129, 130, 131, 246 Tndias, 182, 229, 265 (:anagrna de, 202 de Castilla, 22, 126, 127, 131,202,203 de I'ortugnl, 131 occidcntaies, 22, 76, 125 orientaler., 22.125 , Indias Occidrntales, <:umpaiiía de Ias, 120 indico, oceano, 21, 26, 101, 130, 251 Inglaterra. 15. 120. 173, 174, 199, 270 Islandia, 46 Italia. 181 Jamaica, 202 João Esmrraldo, cumbrc dr, 165 Juhv. raho. 29 Lahrador. 46 Lagoa, 60. 153, 173, 219 Lagos, 194 1,anzarotc. isla de. 29. 39. 93. 94, 95. 96, 97. 98. 125, 187, 188


obispado de Rubisã«, 247 Lapa, 66 Lrgname, isla de lo, 32 Lcvante, mar de, 31 Lisboa, 31, 47, 70, 80, 83. 109, 114, 115. 125, 126, 127, 141, 167. 168,175,194, Livorno, 200 Londres, 198 Machico, 43, 55, 57, 58, 72, 157, 180, 181,207, 209, 210, 219, 244,248,261, 272. 273 capitanía de. 212 Madeira, archipiélago de, 13, 15, 16, 21, 22, 23. 26, 31, 32, 35, 36, 37, 39, 40, 41, 42. 43, 45, 46, 47, 48, 49, 51, 54. 78, 83, 85, 87, 88. 89, 90, 91, 93, 95, 96, 98, 99, 100, 101, 102. 108, 110, 120,121, 124. 125, 130. 131, 133, 154, 155, 173,207,216,220,221,250.253. 275, 276 capitanía de, 212 estructura adminisriariva de, 218 isla de. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 67. 69.

265, 266,269. 270, 2i1. 272, 2 7 j capitania de, 212 obispus de, 254 sefiorio d i , 208 Magreb, 15 Maia, 273

capitania de, 212 sefiorio <I?. 208 Malaca, 101 Maluco, 101

Mediierraneo, mar, 25, 31, 37. 46, 109, 135. 205

Mina, 74, 127, 111 S;iu Jorge de Ia, 202, 203 Mo)gador, 197 Moiambique, 102, 164 Nicca, Concilio de, 261 Nnrdrs~ciisla de Madeira), 60 Nordcstr iisla dr São Miguel), 219 Nomandia, 37 Nucva Inglaterra, 202 Niirva York, 202 Niiçri, Mundo, 37, 42, 48, 64, 92, 93, 123, 177 Op<>no.77, 194. 197 Oricntc, 76, 100. 127 Ormuz. 101 I'alma, rsla de In, 38. 83. 97, 111. 125, 164, 186 Palm;is. cabo de ias, 259 I'slmas de Gran Canaria, Las, I90 ohispado d e Rubii-ão, 247 I'ará, 191 Partes de1 Fondo. comarcs de, 72, 157 Pcnsilvania, 202 l'ernamhuco, 112, 169, 202, 203 I'ico, ida, 61, 62. 80. RI. 99, 116, 143. 153, 181, 184, 187. 202, 215, 216 cal~itanisde, 21 1 Pico Sapateiro. 59 I'onia Delgada, 60, 62. RI, 83, 119, 132, 117, 142, 147, 148. 150, 153. 154,181, 182, 181. 184. 187, 188, 195. 196. 198.

Ponta dc Oliveira. 54 l'onta do Sol, 55. 57. 72, 92, 140, 180, 181, 219, 222. 244 L<imbadiida. h0


Ponte Lima, 77 Pono da Cmz, 58 Pono Moniz, 58 Porto Santo, 41, 45, 46, 47, 54, 55, 70,

Santa Ma, seiiodo de, 208 Santa Luzia, isla de, 174, 216, 232 capitania de, 212 Santa Mana, isla de. 47, 58, 70, 77, 99,

77, 99, 111, 134, 137, 140, 174, 207, 216, 253, 266. 273 capitania de, 212 sefiono de, 208 Pono SCO,32 Poríugai, 33, 37, 73, 77, 78. 94, 109, 111, 120, 121, 126, 134, 144, 148, 258 Povoação, 220 Praia (isla Graciosa), 61 Praia (ida Santiago), 65, 66, 119, 181, 184 Santa María de, 66 Praia (isla Terceira). 61, 146, 147, 183 capitania de, 21 1 Príncipe, ida, 29, 50, 62, 66, 90. 131, 216, 219 capitania de, 212 Santo h t ó n i o dç, 222 Purto de Ia Cruz, 163 Raso e Branco, capitania de, 212 Recife, 170 Resgate, cabo, 43 Ribeira Brava, 55, 57, 66, 72, Y6, 99, 181, 221, 244,248, 272 Ribeira Grande, 60, 62, 64, 65, 75, 91, 130, 137, 142, 143, 147, 148, 150, 173, 181, 184, 190,213,219,220,225,226, 228, 232, 240, 241, 242. 244 capitania de. 212 Rio dc Janeiro, 202 Ruchelle, La, 1 111 Roven, 197, 198 Safirn, 101, 197, 261 Sal, isla de la, 47, 216 capitania de. 212 senorio de, 208 Salvaies, idas, 32, 49, 174, 253 San Lorenzo, 110 Sandwich, islas, 102 Santa Cmz, 55, 57, 180, 181. 219, 248, 273 Santa Helena, isla de, 21. 22, 50, 124, 125, 130

111, 117,141,142, 143, 146,166, 174, 182., 184.. 215.216. . . 228.. 250 capitania de, 211 Santiago, isla de, 47, 49, 63, 64, 65, 70, 75. 78. 84. 86. 89. 90. 100. 110. 112.

capitania de, 212 sriiorici de, 208 Santo André, rio de, 259 Santu Antão, isla de, 65, 216 239 capitania de, 212 São h t ã o . 121 Sâo António, 154 São Brandão o de Ias doncellas, islas de, 27, 32

São Dinis, senodo de, 208 Sao Jorge. isla de, 59, 61, 62, 70, 116, 123, 134, 142, 143, 146, 147, 148, 153, 171, 174, I81,184.215,216,219,222, 228 capitania de, 21 1 seiiorío de, 208 São Luis. <çnorío de. 208 São Mirucl. isla de. 58. 59. 60. 61. 68. 70.

capitariia de, 211 srnori<~de, 208 Sào Nicolnu, ida, 65, 66, 152, 166, 174, 2 I(>

capitania de, 212 Sào R q u r , 61 Sâo Roqui. do Faiai, 99 Sao Roqui. do Picu, isla dc. 59


Sáo Sebastiiio, 61, 147. 183, 219 Sáo Tomé y Príncipe, archpiélago, 62, 63. 67, 75, 81, 89. 90, 102. 130, 134, 139. 192, 214, 222, 245, 246 capitania de, 212 São Tomé, ida de, 15, 22, 29, 48, 50, 53, 64, 66, 71, 72. 73. 74, 76, 78, 79, 82, 84, 85, 86, 88, 89, 90, 91, 92, 100, 110, 111, 112, 119, 124, 130, 131, 134, 135, 136, 137, 140. 151, 152, 153, 154, 157, 159. 162. 164. 166, 167. 168, 169.

222,223, 224,239,240, 241, 242,245. 250,251,253, 258,259,260,261, 262. 263,269, 272. 275 capitania de, 212 obispos d e , 257 setiorio de, 208 São Vicenrr, isla de, 132, 216 capitania d e , 2 12 Sé, 77 Setúbal, 115. 197 Sevilla, 83, 95, 108, 126, 194, 199, 200 Sicilia, isla de, 181 Sierra I.eona, 48, 89 Silves, 194 Simancas, Archivo Gencral de, 114 Tánger, 101. L96 Tenerife, isia de, 38, 83, 93, 95, 97, 98, 125, 137, 164, 186, 187 Terceira. ida, 33. 61. 62. 70. 80. 81. 98.

184, 195,215,216,219,227,232,238, 239, 241, 244, 250, 261,266, 273 capitania de, 21 1 setiorio d e Jrsús (:risri,, 208 'Srrr,, Nova. 45 ri.tir>riode, 208 rulç<lo (,oncilio de, 263 'Srarado de, 38. 94. 109 Tumar. 250, 251. 253. 261, 263, 265 Topo, 61, 219 'Iórdaillas, Tratado de, 109 'l'onr,sa, ohispo de, 247 'i'renio. Concilio de, 260, 261, 262, 263, 264, 265, 266 'i'rinidad. isla de, 50 Trisiao. 54 'Sristio de Cunha, idas dr, 21, 5 0 Valencia, 200 Velas. 61. 137, 219. 222 Vrnrcia. 200 \Jrracmr. 202 Vian'i. 77. 194. 196 J3aIcivd. I11 Vila du <:onde.. 77., 194 Vda I:ranca d o Camoo. 60. 61. 62. 91. 96.

Vila Nova, 273 Vila Kcnl, 77 Virg~riia,202 Viseii. ohispo de. 38 Xabrcgas, 248 Ypws. I98


Este libro se termin贸 de imprimir en 10s talleres de Mateu Cromo Artes Gr谩ficas, S. A. en el mes de julio de 1992.


1992-AVIEIRA-portugal ilhas  

Colección Portugal y e1 Mundo Obra publicada con el apoyo de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa O 1992, Alberto Vieira O 1992, Funda...

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