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Adiós, adiós, dos veces José

Viernes Guatemala, 4 de octubre de 2019 Año 7 No. 303


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Guatemala, viernes 4 de octubre de 2019

Editorial El cuerpo como novela y el alma como canción. Tales parecen ser los pares formales y de contenido que propo-

Regina

Ocho mil esc

nen la prolífica narradora chilenolibanesa Lina Meruane y el recién fallecido intérprete dos veces mexicano, dos veces José, a quien el escritor Francisco Méndez dedica en estas páginas sentida serenata. Meruane bromea sobre que su lengua materna es la Medicina, pues la suya es una familia de médicos y de esa cuenta se empapó de información de sobremesa y a ella misma le ha tocado ser protagonista de su propia novela, pues desde pequeña se ha visto marcada por la diabetes. Su obra es una reflexión sobre los mitos alrededor de la salud y la maraña de sentimientos creados individual y socialmente en torno a ella. Todos estamos enfermos, llega a decir, aunque no lo sepamos. Su narrativa está dotada de una suerte de ternura descarnada, en la que el afecto tiene un papel —no siempre feliz— decididamente protagónico. Por último, dedicamos un recuerdo a José José, quien mostró mapas del alma, trazados con lágrimas y sangre en la piel llagada de los enamorados de muchas generaciones. Para él, la paz. Para nosotros, el sosiego.

Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Freddy Pérez

raíz de la pérdida de su padre, Aarón abandona su única pasión: la fotografía. Solo gracias a Julie, una chica de su salón de clase, recuperará la alegría de la juventud, la pasión por el arte y, quizá, la relación con su madre... hasta que un suceso inesperado sacude la trama que une a estos tres personajes y cambia el rumbo de sus vidas... Es la trama de Ocho mil escritos para Julie, de María Regina

Cineasta

DIRECTORIO D

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Gua

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Michelangelo Antonioni nació en Ferrara, Italia, el 29 de septiembre de 1912, y murió en Roma, el 30 de julio de 2007. Destacado cineasta a quien por la calidad de sus guiones, reelaborados tras cada filmación, y por otros escritos, se le considera asimismo un agudo escritor de la segunda mitad del siglo XX. En sus últimos años se dedicó a la pintura, una afición juvenil que había ido recuperando en su carrera.


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a Morales

Semblanza Auguste Comte

critos para Julie

Morales Calderón, galardonada con el premio “Marilena López” de Literatura Infantil, creado para enriquecer la tradición cultural de niños y jóvenes lectores guatemaltecos, y consolidar así su gusto por la lectura. La autora ha hecho aportes en el ámbito de la creación, gestión y producción cultural, tanto en el campo de la escritura, como en el de la edición, la música, las artes escénicas, la investigación y la pedagogía.

lería

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El sociólogo y filósofo positivista, Auguste Comte nació el 19 de enero de 1798 en Montpellier, Francia. Fue hijo de Louis-Auguste-Xavier Comte, un modesto funcionario, y de Félicité-Rosalie Comte, una ama de casa hipocondríaca. Tuvo dos hermanos. Muy buen estudiante y dotado de una gran memoria, obtuvo varias veces “le prix de preéminence”. Cursó estudios en la Escuela Politécnica de París, de 1814 a 1816, de donde fue expulsado por tomar parte en una revuelta estudiantil. No llegó a obtener un título universitario, hecho que influyó negativamente en su carrera docente. El 19 de febrero de 1825, a los 29 años, se casó con Anne-Calorine Massin. Tras ser abandonado por su esposa a causa de los violentos accesos de cólera, se trasladó a Saint-Denis en busca de reposo y los médicos aconsejan su reclusión y es diagnosticado como un “maníaco megalómano”, siendo sometido a duchas frías y otros tratamientos de la época. Probablemente sufrió de psicosis maníaco-depresiva. La enfermedad se prolongó y, el 2 de diciembre de 1826, gracias a la intervención de su madre, abandonó la casa de salud. A la fase de exaltación le sucedió otra de depresión, Comte se arrojó al Sena desde el Puente de las Artes, y un guardia real le salvó de morir ahogado. En 1844 el filósofo se entregó totalmente a la Religión de la H’umanite, que expone en la segunda parte de su Systeme de Polítique positive, cuyas 2 mil 500 páginas escribe en menos de 3 años. Auguste Comte sostenía que del estudio empírico del proceso histórico se desprendía una ley que denominó de los tres estados, y que rige el desarrollo de la humanidad. Los estudió en su obra Course of Positive Philosophy (18301842), traducido en 1853 como Curso de filosofía positiva. Según esto, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por “tres estados teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo”. Afirmó que el estadio teológico tiene su reflejo en esas nociones que hablan del derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos, tales como el contrato social. El estadio positivo es el análisis científico o “sociológico” (término acuñado por Comte) de la organización política. Deseaba una sociedad estable, gobernada por una minoría de doctos que empleara métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos. Reconoció el valor de la religión, pues contribuía a la estabilidad social. Consideraba que el medio para establecer la armonía social era la propaganda de una “nueva” religión, en la que el culto a un dios personal se sustituye por el culto a un ser superior abstracto (al género humano en general). En su obra Sistema de Política Positiva (18511854; 1875-1877), propuso una religión que estimulara una benéfica conducta social. Creó el término altruismo (dar sin esperar nada a cambio). Su filosofía ejerció una gran influencia incluso en la fundación de países, como es el caso de Brasil, en cuya bandera se puede leer: “Orden y Progreso”, que parte de su tríada filosófica: “Altruismo, Orden, Progreso”. Auguste Comte falleció en París, el 5 de septiembre de 1857. Fue enterrado, por disposición suya, cuando su cuerpo se hallaba en estado de descomposición, con la mano derecha sobre el corazón oprimiendo un medallón con cabello de Clotilde, su último y arrebatado amor.


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Lina Meruane: el cuerpo como novela

Fotos: Archivo

Lira Meruane dialogó con los asistentes del Hay Festival de Querétaro sobre la idea de que “todos estamos enfermos”.

Diana Massis* l novio presenta fiebres y sordera, posibles síntomas de estrés postraumático. Y Ella, la protagonista de Sistema nervioso, la reciente novela de la escritora chilena Lina Meruane (Santiago, 1970), no sabe lo que tiene. ¿Parestesia, esclerosis, mielitis, un tumor maligno? Lo cierto es que siente extrañas descargas y hormigueos en uno de sus brazos y es necesario hacer un diagnóstico. ¿Cómo es la relación con el médico cuando se buscan respuesta y tratamiento? ¿Qué le ocurre a quienes rodean a los enfermos? ¿Cómo reacciona cada uno cuando el cuerpo traiciona? Quince años de investigación, además de haber crecido en una familia de médicos, desembocan en cuatro libros sobre la enfermedad, que son parte de la magnífica obra de Lina Meruane: el ensayo Viajes virales y las novelas

Todos tienen alguna enfermedad en la familia de Ella. Su hermano sufre fracturas de huesos, al padre lo aquejan problemas prostáticos y su madre transita por un cáncer de mama. Fruta podrida y Sangre en el ojo. En cada uno de estos libros toca una arista del tema y, tal vez para cerrar el ciclo, o esta obsesión por el cuerpo en el cuarto texto, Sistema nervioso, los

enferma a todos y los narra a partir de su mal. La autora, que vive entre Nueva York y Santiago, dialogó con los asistentes del reciente Hay Festival de Querétaro, sobre la idea de que “todos estamos enfermos, negociando no solo con nuestros cuerpos, sino con los discursos de la salud y con otras instancias en que se piensa lo otro como enfermo: el migrante, el drogadicto, la prostituta, el homosexual.”

¿Lo que cuentas lo aprendiste desde chica?

Las conversaciones de mi familia, hasta el día de hoy, giran en torno al diagnóstico y ese relato es apasionante, porque es una historia de detectives. El médico tiene una serie de pistas, que son los síntomas, que a veces no son fáciles de leer ni de resolver. El médico debe encontrar qué es lo que está detrás, porque puede ser algo que lleve a la muerte, igual que el asesino.


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¿Cómo te marcó haber crecido rodeada por ese lenguaje?

He aprendido mucha medicina de sobremesa. No soy capaz de tratar a alguien de manera específica, pero en cuestiones simples siempre le achunto (risas).A veces digo como chiste que mi lengua materna es la medicina y no el castellano. Esos saberes me permiten entender los casos. Cuando alguien se enferma y tengo que leer sobre su enfermedad, al tiro lo entiendo y se me queda. He llevado esa pasión y obsesión por el cuerpo a mis novelas. El caso de Ella me interesaba especialmente. Ahí aparece la figura del médico todopoderoso, pero él es otro ser humano que también se equivoca. Está trabajando con saberes aproximativos. Por más que la medicina se haya tecnologizado para descifrar los misterios del cuerpo, el médico es un intérprete y a veces no encuentra una explicación. Es lo que le sucede a Ella. Ahí se muestra la fragilidad de la medicina.

¿No queda más remedio que entregarnos a ese proceso de búsqueda?

La gente se expone a las medidas diagnósticas y tiene la esperanza de descubrir qué es lo que le pasa, porque así se va a poder tratar. Pero hay una serie de falacias: puede que ese resultado diga que no hay tratamiento o que lo haya pero que no funcione porque no todos los cuerpos son iguales. Hemos desarrollado una gran fe en la medicina, que ha venido a reemplazar a la religión en las sociedades más laicas, pero la medicina no necesariamente va a solucionar el problema, ni el doctor va a ser infalible. Uno pide segundas o terceras opiniones y normalmente son contradictorias. ¿Qué hay que hacer con este cáncer? ¿Extirparlo, radiarlo, aplicarle quimioterapia? ¿Y cuánta? ¿Será peor el remedio que la enfermedad?

¿Estamos en una situación de gran vulnerabilidad?

Como personas de la calle, todo esto nos incita a convertirnos en pequeños expertos en la enfermedad que estamos sufriendo. Uno se mete a Google y averigua qué es lo que tiene, pero eso no necesariamente nos hace sentir más seguros. Hay una frase del padre de Ella que dice: no porque uno tenga más información va a tener más conocimiento. Esa frase me parecía muy fuerte. Y a la vez, estamos muy expuestos al error.

¿Qué te parece la tendencia a relacionar las enfermedades con lo emocional y que de alguna forma nos provocamos las dolencias?

Leí con atención esas ideas, que se dieron a conocer, de manera masiva, con el ensayo de Susan Sontag La enfermedad y sus metáforas. Ella hace una lectura muy sagaz de cómo se culpa a ciertos individuos de sus enfermedades, el Sida por la promiscuidad, el cáncer por la represión de los sentimientos. Sin embargo, apartándome de la toxicidad del lenguaje, que es lo que ella cuestiona, pienso que nuestras penas y estrés sí nos causan una baja de defensas. Si estamos deprimidos, angustiados, tristes, tendemos a enfermarnos más.

Según la autora, todos estamos enfermos, aunque no lo sepamos.

Esta novela indaga sobre los orígenes palestinos de Meruane.

Otra cosa es culpar a la persona de “haberse provocado una enfermedad” porque una no se estresa por gusto. El estrés y la depresión son respuestas a las exigencias de la sociedad hiperproductiva e hiperexplotada en la que vivimos. Más bien hay que pensar en cómo hacer para que nuestra sociedad del consumo deje de serlo, y deje de ser la sociedad del cansancio, en la que tenemos que hacerlo todo, sin parar nunca.

como médico y habló de estudios con monjas que demostraban esto... Era una especie de advertencia: hay que darle uso a la pechuga, si no te va a dar un cáncer. Le dije que habría que pensar qué otros factores podrían incidir, porque la mayor parte de las mujeres tiene hijos y el cáncer está a la orden del día. Y es que la ciencia sirve para fundamentar todo tipo de discursos. Detrás de las cifras hay seres humanos con ideas, ideologías, prejuicios, y hay que tener cuidado con eso.

La madre enferma de cáncer de mama y reflexionas sobre esta especie de condena para las mujeres, incluso preguntas: “¿se sigue siendo mujer sin tetas?”

Por supuesto que cercenar una mama significa perder algo que para muchas mujeres es parte de su identidad. No se sabe por qué ha aumentado tanto este cáncer, y el cáncer en general. Las mujeres estamos más pendientes ahora, no solo porque el médico te recuerda la mamografía, sino porque tantas personas cercanas lo han sufrido. Algunas no eligen ponerse la prótesis de silicona, otras, lo único que quieren es ponérsela, otras se sacan las dos pechugas de inmediato para no exponerse a un segundo cáncer. No hay una respuesta única ante esa pérdida, es lo que quise representar en la escena donde la madre y las hijas van a elegir la prótesis y tienen todo tipo de pensamientos en torno a lo que significa ese cuerpo extraño, de silicona, y en qué medida devuelve la sensación de normalidad, porque al mismo tiempo es una prótesis insensible, una especie de pechuga fantasma.

¿Y esta idea de que les da más cáncer de mama a las mujeres sin hijos?

Esto es muy interesante. En un conversatorio de mi libro Contra los hijos (Lina decidió no tenerlos) apareció un señor que se presentó

En el libro dices: “Sería la madre la que advirtió que muchos médicos desconfían del dolor de las mujeres y las mandan a la casa sin atenderlas”. ¿Es así?

Hay estudios que lo comprueban y hay dos extremos. Por un lado se tilda a la mujer de histérica, exagerada, quejosa y es común desconfiar del relato de sus síntomas. Si el médico no encuentra de inmediato una respuesta, la manda para la casa, a veces muy enferma y muere, porque nadie le hizo caso. En el otro extremo, es sabido que las mujeres tienen un umbral más alto para el dolor. Cuando le preguntan cuánto le duele, de 1 a 10, una mujer va a decir 6 y un hombre, 9, frente al mismo dolor. Entonces algunos médicos más listos les suman a las mujeres, porque saben que ellas tienden a aguantar más. Ese es el mejor de los casos.

¿Cuál sería la causa?

Como pasamos por la experiencia del parto, nuestro cuerpo o nuestra psicología o no sé qué mecanismo, hace que aguantemos más el dolor, estamos mejor preparadas. También está la menstruación, que puede ser una experiencia muy dolorosa e incómoda, que a nosotras nos sucede una vez al mes y a los hombres, es menester recordarlo, no les sucede nunca.


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La autora chilena vive actualmente entre Nueva York y Santiago de Chile.

Meruane decidió no tener hijos y esta obra discurre sobre esto.

“Los ricos se quejan más o los pobres sienten menos”, es otra frase del libro, ¿se apega a la realidad?

Sale de mis múltiples lecturas sobre la vida real. La gente pobre, que ha sufrido más, aguanta más o se queja menos, o las dos cosas a la vez. Una persona con medios que no recibe buena atención, lo más probable es que reclame o demande, mientras que una con pocos ingresos tal vez no lo haga, porque no sabe o no tiene las condiciones. Por eso las personas más vulnerables reciben peor trato, es brutal.

¿Qué pasa cuando una familia se enferma?

En el caso de esta novela, la enfermedad intensifica la relación familiar. La enfermedad reordena las relaciones y los vínculos alrededor del que está enfermo.

¿Son relaciones sanas o enfermizas?

Son ambas, la distinción es solo aparente. Hay un estudio sociológico fascinante sobre cómo se une una familia cuando uno de los miembros está enfermo, el caso de un hijo alcohólico, diabético, con una enfermedad congénita o grave. En esos casos la familia se organiza alrededor de su cuidado, pero si la enfermedad desaparece queda un excedente de afecto y de roles que han perdido su sentido. Entonces, alguien más se enferma para que la familia pueda mantenerse unida. La autora comparte el criterio de que la información no te hace más sabio.

El novio le dice a Ella que en su familia son “adictos al

cuerpo”, ¿Cómo se manifiesta esta adicción?

No hablan más que de los cuerpos, las enfermedades, los diagnósticos y las muertes. Hay una serie de situaciones, unas divertidas y otras trágicas, en las que todo se trata de eso. Él se resiste a esos discursos, porque estar expuesto a esos temas lo pone a uno en una situación de estrés muy grande, sobre todo si no tienes entrenamiento.

¿A ti te estresa?

Yo estoy entrenada, no me estresa el relato diagnóstico, me entretiene. Tal como reflexiona Ella en el libro, habría que estar un poco muerto o sordo para descansar del cuerpo. Del cuerpo no se descansa nunca, siempre se está con él. Y en la medida en que uno envejece, cada vez más el cuerpo te recuerda que está ahí.

¿Cómo es tu relación con la enfermedad? ¿Hay odio o aceptación?

Tengo diabetes desde los 6 años, por lo tanto, llevo una larga relación con mi cuerpo enfermo, tuve que aprender a vivir con él. Y esa relación ha tenido diferentes momentos, de odio, de aceptación, de celebración. Creo que eso me da una pequeña ventaja, porque ya pasé el proceso del golpe y del moretón: primero rojo, después morado, verde, amarillo, hasta que lo dejas de ver. Quienes han tenido una vida saludable, no tienen ese aprendizaje. Yo a veces pienso que soy una especie de sobreviviente. Tengo una relación más feliz con mi cuerpo enfermo, porque a pesar de todo lo que hemos pasado, aquí estamos. *BBC


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Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América

Víctor Miguel Díaz DCA, 7 de enero de 1936.- Hemos recibido el libro Bronces patrios. Barrios ante la posteridad, del cual es autor el viejo periodista y acucioso historiógrafo, don Víctor Miguel Díaz. Se trata de un volumen de 736 páginas en cuarto mayor, magníficamente impreso en los talleres de la Tipografía Nacional y profusamente ilustrado. Vio la luz pública en forma fragmentaria sucesiva como folletín del Diario de Centro América, del cual el autor es director. Está dedicado “a la memoria de los que lucharon y vencieron en las brillantes jornadas de la revolución libertadora de 1871”. El Reformador, así como la heróica lucha libertaria de la cual salieron incólumes los altos principios del liberalismo guatemalteco y aún centroamericano, están vigorosamente perfilados en el libro que nos ocupa que, como se podrá apreciar, es un homenaje a la memoria del general Justo Rufino Barrios, insigne caudillo de la Reforma, en el primer centenario de su natalicio. En una edición posterior haremos más extensos comentarios sobre el contenido de tan importante obra, limitándonos por ahora a acusar recibo al autor por su valioso envío y agradecérselo muy de veras, así como felicitarlo por la realización de un trabajo de verdadero aliento en nuestra bibliografía histórica. (Del periódico Liberal Progresista, correspondiente al 3 del mes en curso).


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Reporte en V

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Business Roundtable: Fotos: Archivo

Alberga a la crema y nata del capitalismo estadounidense, y ahora quiere cambiar la forma de hacer negocios en ese país.

Jamie Dimon, jefe del Business Roundtable y presidente ejecutivo del banco JP Morgan Chase, asegura que este cambio apunta al éxito empresarial en el largo plazo.

BBC* a organización Business Roundtable reúne a los presidentes ejecutivos de 181 de las mayores corporaciones de Estados Unidos, desde Amazon hasta Xerox, pasando por las mayores empresas de comercio minorista (Walmart), tecnología (Apple), energía (Exxon Mobil), telecomunicaciones (AT&T), automóviles (Ford), finanzas (JP Morgan Chase), entre muchas otras. Se trata de compañías que cuentan con más de 15 millones de empleados y unos ingresos anuales superiores a los US $7 billones. Recientemente, los líderes de estas empresas divulgaron una declaración en la que asumen un cambio de visión radical sobre el objetivo de sus corporaciones, rompiendo con la política que mantenían desde hace más de 20 años, la cual privilegiaba la maximización de los beneficios de los accionistas por encima de cualquier otra consideración. A partir de ahora su propósito se ampliará, con la mirada puesta en favorecer también a los empleados de las compañías, a sus clientes y a las comunidades en las que operan. Pero, ¿a qué obedece este cambio?

La lucha por los beneficios

Desde 1978, Business Roundtable publica declaraciones sobre los principios del gobierno corporativo y en todos esos documentos divulgados desde 1997, se ha respaldado el concepto de “primacía del accionista”. Esta visión se puso en boga en la década de 1970, alimentada en gran medida por la doctrina elaborada por el reconocido y controversial economista Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien en un artículo publicado en The New York Times señaló sin ambages que “la responsabilidad social de una empresa es generar ganancias”. “En un sistema de libre empresa y propiedad privada, un ejecutivo corporativo es un empleado de los dueños de la compañía. Tiene una responsabilidad directa con sus empleadores. Esa responsabilidad es hacer negocios de acuerdo con sus deseos, los cuales generalmente serán hacer tanto dinero como sea posible mientras cumple con las normas básicas de la sociedad, tanto aquellas incorporadas en las leyes y aquellas encarnadas en las costumbres éticas”, escribió Friedman. La propuesta del economista llegaba en un momento en el que las empresas en Estados Unidos ofrecían generosos planes de retiro para sus empleados y hacían importantes donaciones

El economista Milton Friedman aseguraba que la responsabilidad social de la empresa reside en generar ganancias.

a las comunidades, pero los directivos eran criticados por trabajar más en su propio beneficio que en el de los accionistas. Entonces, se produjo el giro que llevó a la era de la primacía de los accionistas, durante la cual la política corporativa se ha centrado en maximizar las ganancias a costa de la reducción de los beneficios de los empleados, así como de cualquier otro “gasto improductivo”. Para garantizar que estos cambios se produjeran, las compañías establecieron además programas de incentivos en los cuales los bonos de sus altos ejecutivos dependen de los divi-

dendos que produzca la empresa a corto plazo. Pero si las ganancias de las grandes empresas aumentaron, también lo hizo su mala imagen pública.“La desconfianza en las compañías estadounidenses ha crecido hasta el punto de que la idea misma del capitalismo está siendo debatida en la escena política”. “El populismo está siendo acogido en ambos extremos del espectro político, trátese del proteccionismo comercial de Donald Trump o la supremacía de la red de protección social del senador Bernie Sanders”, escribió días atrás el columnista de The New York Times, Andrew


Viernes

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: redefinir el capitalismo Tricia Griffith, presidenta ejecutiva de la aseguradora Progressive Corporation, señaló que aunque los directivos trabajan para obtener ganancias y entregar beneficios a los accionistas, las mejores empresas van más allá. “Ellos ponen a los clientes primero e invierten en sus empleados y en sus comunidades. Al final, esa es la vía más prometedora de construir valor en el largo plazo”, apuntó.

¿Promesas o acciones?

El rechazo a las grandes corporaciones alcanzó niveles muy elevados, tras la crisis financiera de 2008.

Pese a ser la primera potencia del mundo, Estados Unidos tiene un elevado nivel de desigualdad.

Ross Sorkin, a propósito de este cambio propuesto por el Business Roundtable.

La apuesta a largo plazo

En su nueva posición sobre el objetivo de sus corporaciones, el Business Roundtable se compromete con 5 puntos concretos: entregar servicios o bienes de valor a sus clientes. Invertir en sus empleados y compensarlos de forma justa. Negociar de forma justa y ética con los proveedores. Apoyar a las comunidades en las que están asentadas las empresas. Generar rentabilidad de largo plazo para los accionistas. Jamie Dimon,

jefe del Business Roundtable y presidente ejecutivo del banco JP Morgan Chase, destacó que este giro está vinculado con una visión de sostenibilidad a lo largo del tiempo. “El sueño americano está vivo, pero se está deshilachando. Los grandes empleadores están invirtiendo en sus trabajadores y en sus comunidades, porque saben que esa es la única vía para ser exitoso en el largo plazo. Estos principios modernizados reflejan el firme compromiso de la comunidad empresarial de seguir impulsando una economía que sirva a todos los estadounidenses”, dijo en una nota de prensa.

El Business Roundtable fue creado en 1972, por la fusión de tres organizaciones distintas que coincidían en su creencia de que el sector empresarial debía jugar un papel activo en la elaboración de políticas públicas. Desde entonces ha tenido una importante participación en la aprobación o rechazo de numerosas iniciativas legislativas. En 1975, por ejemplo, sus actividades de cabildeo fueron consideradas fundamentales para la derrota de una iniciativa que buscaba reformar las reglas antimonopolio, para permitir a los fiscales generales de los 50 estados de EE. UU. demandar a las empresas en nombre de los ciudadanos. En 1982, el grupo se opuso a las metas de déficit fiscal propuestas por la administración de Ronald Reagan, y abogó ante el Congreso porque redujera los gastos en Defensa que planificaba el Gobierno. En 1990, el Business Roundtable se movilizó para lograr que el gobierno de George H. W. Bush impulsara el TLCAN con México y Canadá. En tiempos recientes, la organización ha abogado por una reforma migratoria que abra las puertas y facilite la llegada y permanencia en Estados Unidos de mano de obra calificada, pero también de trabajadores agrícolas. Ahora, el nuevo giro anunciado en su visión sobre el objetivo de sus corporaciones ha sido acogido con cierto escepticismo. “No creamos que es por benevolencia que los CEO (presidentes ejecutivos) del Business Roundtable finalmente reconocen que deben defender algo más que los beneficios de los accionistas. Ignorar temas como la complicidad con los abusos a los derechos humanos es una invitación a un desastre de relaciones públicas”, escribió hace poco en un tuit Kenneth Roth, director ejecutivo de la ONG Human Rights Watch. Otros críticos apuntaron que el anuncio es más una declaración de intenciones que un plan de acción, por lo que resulta razonable que haya dudas sobre su verdadera aplicación. “No se equivoquen, no fue la democracia de los accionistas la que creó este nuevo momento de iluminación. La indignación pública impulsó esto. También lo hizo la ira en Washington y el escrutinio de los organismos reguladores. Los accionistas —con algunas excepciones— no se dejaron convencer, hasta que ya no tuvieron otra opción que darse cuenta de que estas fuerzas podrían tener un impacto en sus inversiones”, escribió Ross Sorkin en The New York Times. Así, este cambio en la visión de los objetivos corporativos de las grandes empresas de Estados Unidos es por ahora una semilla cuyo cultivo no parece garantizado. *British Broadcasting Corporation

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Contando el tiempo No se puede entender el moderno capitalismo estadounidense, sin remontarse a la historia de las plantaciones de algodón del siglo XIX y al papel que jugó el esclavismo en ese país.

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El gran salto La vieja plantación (Baile de esclavos en una plantación de Carolina del Sur), ca. 1785-1795. Acuarela sobre papel; se le atribuye a John Rose.

Róger Lindo* ecientemente, la revista dominical del diario The New York Times incluyó en sus páginas una serie investigativa, Proyecto 1619, dedicada a observar el 400 aniversario del nacimiento del esclavismo en Estados Unidos, así como a explorar la parte que jugó la labor esclavista en la acumulación de riqueza de esa nación a lo largo del siglo XIX. La base de esa economía fueron las plantaciones de algodón, en el sur de Estados Unidos. Ahí se adoptaron formas de producción, financiamiento y administración que sentaron algunos fundamentos del capitalismo estadounidense. Esta historia de acumulación originaria inicia en 1619, nos cuenta Nikole Hannah-Jones en una pesquisa sobre sus ancestros. Ese año atracó en las costas de Virginia, colonia inglesa, un barco con una treintena de hombres y mujeres provenientes de Angola; habían sido capturados en calidad de botín, tras un asalto pirata a una nave portuguesa cuyos tripulantes se dedicaban a la trata de esclavos. Ni que decir se tiene que los colonos blancos de Virginia se apresuraron a adquirir esta carga humana, dando inicio así a uno de los capítulos más vergonzosos —y lucrativos— de la nación americana.

Ciclo de acumulación

Antes de que ese país cerrara definitivamente su ciclo esclavista, en 1865, importó casi medio millón de esclavos (de un total de 12.5 millones que ingresaron al Nuevo Mundo). Hace apenas unos años, por cierto, se colocó una placa en Wall Street, indicando el sitio preciso donde operaba un mercado de esclavos, en el siglo XIX. Los frutos de la producción esclavista enriquecieron a bancos, a navieras que trasladaban el algodón a Europa, y a las grandes factorías en Inglaterra que transformaban el algodón en preciados tejidos, que eran vendidos en los vastos dominios coloniales y comerciales del Imperio británico. En esos días se echaron los cimientos “del sistema de enriquecimiento capitalista más exitoso del mundo”, caracterizado por flujos de capital, mano de obra y mercancías a una escala global, dice el historiador Howard Zinn en La otra historia de los Estados Unidos (A People’s History of the United States). Las plantaciones del sur de los Estados Unidos devinieron en eficientes sistemas de explotación, en cuyo centro se ubicaban las oficinas centrales, desde las cuales los propietarios y sus abogados planeban las estrategias

y movimientos de capital, y en cuyo derredor operaban unidades especializadas, contadores, supervisores y capataces.

El primer big business

Si bien las explotaciones de tabaco y arroz también lucraron con el sistema esclavista, recayó en el algodón el privilegio de convertirse en “el primer supernegocio estadounidense”, apunta Mathew Desmond, catedrático de Sociología de la Universidad de Princeton y colaborador de The New York Times. Gracias al régimen esclavista, dice, la acumulación de riqueza alrededor de la producción y comercio de algodón llegó a superar la de todos los ferrocarriles y las fábricas existentes en la nación americana. No en balde New Orleans, capital de ese vasto imperio algodonero, presumía que el poderío de su banca superaba a la de Nueva York. Españoles y franceses no se quedaron atrás. A la vez brutal y refinada, la gestión de las explotaciones de azúcar en el Caribe adquirió contornos similares. Pero esa es otra historia. El conocimiento de las fibras de algodón se remonta a casi cinco mil años atrás. El advenimiento de la Revolución Industrial, la intro-

“El Libro de contabilidad y registro de plantaciones”, de Thomas Affleck. Public Domain.


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Rey Algodón, por J.C. Coovert, Memphis, TN – Library of Congress, Public Domain.

ducción de la desmotadora y posteriormente el perfeccionamiento de la hiladora mecánica, a mediados del siglo XVII, espolearon la demanda de esa materia prima, que devino en principal producto de exportación de la Gran Bretaña. Al principio, los británicos importaban algodón crudo para sus fábricas mayoritariamente de India. La fibra estadounidense terminó imponiéndose, gracias a la calidad de su fibra pero, por encima de todo, a una razón contundente: el algodón de Norteamérica, producido por esclavos, resultaba más barato.

Manual para esclavistas

Desmond alude en su investigación a un recurso muy apreciado en la sociedad esclavista: El libro de contabilidad y registro de plantaciones, de Thomas Affleck. Este manual ofrecía al plantador una guía para ayudarle a registrar pormenorizadamente la producción de cada esclavo, esclarecer los balances de fin de año, cuantificar costos de capital, herramientas y mano de obra esclava, y consignar pérdidas y ganancias, así como las causas de estas. Todas las características de una economía de escala, dedicada a la optimización de la fuerza laboral forzada.

“Quizá lo más asombroso es que [los dueños de plantaciones] encontraron maneras de calcular la depreciación humana, y cómo tasar la variación del valor de mercado de los esclavos a lo largo de sus vidas”. Aunque se consideraba que el pico de la edad productiva andaba entre los 20 y los 40 años, adicionalmente se hacían ajustes dependiendo del sexo, el vigor y el temperamento de cada individuo. En los campos de cultivo, los esclavos más veloces eran ubicados a la cabeza de la línea, con el fin de imponer un ritmo a los demás. Se cita el caso de un esclavista que llegó a crear cuadrillas para mujeres embarazadas, así como una “cuadrilla del sarampión” donde se alineaba a los que contrajeran la enfermedad. En revistas que se publicaban para beneficio de los propietarios de esclavos, estos intercambiaban recomendaciones sobre la dieta, la vestimenta y hasta el tono con que debía hablarse a sus sometidos. El negocio iba en boga: una industria voraz en Inglaterra —y en el norte industrial— demandaba más producción de materia prima. Esta, a su vez, espoleaba el desarrollo de la Revolución Industrial. El látigo hacía su trabajo. Al momento de estallar la conflagración con el norte, en 1861, un esclavo promedio recogía 400 por ciento más algodón en comparación con 1801. “En 1831, los productores sureños colocaban en el mercado 350 millones de libras, la mitad de la cosecha de algodón crudo global de ese año. Apenas 4 años más tarde, se recogían 500 millones de libras”.

Mercancía humana como colateral

El negocio del algodón alcanzó tales dimensiones y grados de complejidad que dio paso a la adopción de contratos de futuros y a la creación de innovadores productos financieros, formas de crédito y tipos de seguros. Nuevas figuras se incorporaron al derecho mercantil, para mitigar riesgos y lidiar con disputas. La vertiginosa evolución del negocio llevó a los plantadores a explotar a sus esclavos bajo una inédita modalidad: ya no solo como mano de obra barata y amoldable a jornadas salvajes de producción, sino como garantía o colateral hipotecario para obtener créditos que permitieran seguir creciendo. “En una época en que el valor de la tierra era reducido, la mercancía humana pasó a ser el aval principal para prestar dinero”. He ahí a Thomas Jefferson, padre de la patria estadounidense, autor de su Constitución y propietario esclavista de Virginia, echando mano de 150 de sus esclavos en calidad de garantía para financiar la construcción de su mansión, hoy museo, Monticello.

“En la primera década del siglo XIX, las plantaciones podían apalancar [financieramente] a sus esclavos, tasándolos a un 8 por ciento de interés, de lo cual obtenían un rendimiento triple”. En ocasiones, se potenció su utilidad en múltiples hipotecas: el endeudamiento superó a la garantía. Se cuenta de estados sureños en los que los esclavos inyectaron más capital a la economía —como colateral—, que por el valor de lo que cosechaban. La banca financiera no tardó en explotar el nuevo y prometedor filón. Si el prestamista cae en mora, el banco se adueña del colateral: los esclavos pasan a subasta. Instituciones bancarias de Holanda (de esta nacionalidad era la firma que prestó a Jefferson para que pudiera construir Monticello), Inglaterra y los bancos del norte de Estados Unidos entraron al juego.

El desplome

Los historiadores citados por Desmond descubren similitudes entre la Gran Recesión inmobiliaria de 2008 y el desplome del valor del algodón en las primeras décadas del siglo XIX. Guardando las proporciones, tenemos la misma euforia, las mismas mañas, los mismos resultados. En ambos casos entraron en juego desquiciadas operaciones financieras que se hicieron torta. “El capitalismo sin quiebra es como el cristianismo sin infierno”, dice Claudi Pérez en el diario español El País, en un análisis de la crisis de 2008. En esos días, se dio por titularizar deuda hipotecaria, empaquetarla a lo grande y ofrecerla como suculenta inversión. Al reventar la burbuja, millones de propietarios timados perdieron sus casas. No les quedó otra que devolverlas al banco, e irse a alquilar. En el caso de la deuda de las plantaciones, la burbuja también se pinchó. En 1834 el valor del algodón se desplomó, generando el pánico de 1837. “Los dueños de plantaciones debían a los bancos de Nueva Orleans US $33 millones, en una temporada en que las cosechas solo daban rendimientos de US $10 millones. Los plantadores no podían liquidar sus bienes para recaudar el dinero. Al desplomarse el valor del algodón, arrastró consigo a los inversionistas. La gente que compró [valores] por 2 mil dólares, terminó vendiendo a 60 dólares”. No había suficientes esclavos para saldar la deuda. Hoy diríamos que la deuda de los dueños de plantaciones era “tóxica”, remata Mathew Desmond en su reveladora investigación. *Barracuda literaria


Jacques Chirac, una “veleta tercermundista” Jacques Chirac pide a un soldado isarelí que se aparte cuando trata de hablar con un comerciante árabe en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Liberal y propagador del concepto “fractura social”; antiinmigrantes y luego solidario con los refugiados; pronuclear y más tarde ecologista, Chirac supo gobernar según soplaba el viento. Luis Rivas* ágrimas a izquierda y derecha. Una Francia dividida homenajea a uno de sus expresidentes más históricos y memorables, Jacques Chirac (presidente entre 1995 y 2007), que murió el 26 del mes pasado a causa de una infección pulmonar a los 86 años de edad. “El presidente Jacques Chirac ha muerto acompañado por su familia, en paz”, informó su yerno. Liberal y, después, propagador del concepto “fractura social”; en contra de los migrantes y luego solidario con los refugiados; pronuclear y más tarde ecologista, Jacques Chirac supo gobernar según soplaba el viento. Mujeriego pero discreto, amante de la buena mesa y bebedor moderado, Jacques Chirac supo enganchar con la fibra popular de sus compatriotas a pesar de ser también el primer presidente en la historia de Francia condenado por la Justicia, por la creación de empleos ficticios durante su man-

dato como alcalde de París (1977-1995). Ese juicio y esa condena llegó ya en 2011, cuando sus facultades físicas y mentales —y la benevolencia de los jueces— le libraron de asistir al juicio. Llegado a la política con Pompidou, al que siempre mostró su reconocimiento, fue primer ministro en 1974, bajo la presidencia de Valery Giscard D’Estaing, al que abandonó dos años más tarde. Si había algún político al que Chirac no soportaba ese era Giscard, un personaje arrogante y altivo. Sin ninguna duda y a pesar de la rivalidad política, se puede decir que Chirac disfrutó más trabajando como jefe de Gobierno con el socialista François Mitterrand, durante el período de cohabitación que se inició el año 1986. A pesar de ser derrotado por el líder socialista en dos ocasiones -1981 y 1988-, Chirac no escatimó nunca elogios a la “finura de juicio” e “inteligencia táctica” de su rival, que “era menos de izquierda de lo que se cree”.

Militante del PCF

La pretendida sensibilidad social que él y sus enemigos subrayan viene quizá de su adolescencia. Jacques Chirac militó en su juventud en el Partido Comunista Francés y llegó incluso a vender ejemplares de su boletín de prensa, pero en sus memorias reconoce que se dio cuenta tarde de que el PCF era una marioneta de los estalinistas, y denunció el sectarismo de sus camaradas. Chirac confesó también que habría participado en “El Mayo del 68” si hubiera sido más joven en esa época, y dijo comprender el ansia de reformas de una juventud que soportaba una sociedad rancia esclerotizada. Se consideraba también un “anticolonialista” y un “tercermundista”. Gracias a su iniciativa, la abolición de la pena de muerte fue inscrita definitivamente en la Constitución francesa. Chirac aprobó, directa o indirectamente, algunos de los episodios más oscuros de acción de los agentes especiales de los servicios secretos franceses en África y Oriente Medio. Pero eran otros tiempos y todo quedaba clasificado como secretos de Estado por el bien de la nación. Tampoco le restó popularidad su política de privatizaciones de empresas estatales y otras medidas que hoy serían calificadas como ultraliberales en un país donde el sector público era —y es— un tótem.

El “olor” de los inmigrantes

Entre los homenajes a Chirac otros pasarán por alto sus palabras en pleno debate a principios de los 90 sobre la inmigración. Disputando ya los votos al Frente Nacional, Chirac habló del

Guatemala, viernes 4 de octubre de 2019

Jacques Chirac encarnó la Presidencia, de 1995 a 2007, combinando la solemnidad monárquica de la V República con una empatía y una habilidad para hacerse querer, que nada tienen que ver con el populismo.

“olor y el ruido” como algunos de los inconvenientes que provocaban los extranjeros acogidos en Francia. Llegó a la Presidencia en 1995, y ya no abandonó la primera magistratura de la nación hasta 2007. En las presidenciales de 2002 se convirtió también en el presidente más votado por la izquierda. El candidato socialista, Lionel Jospin, fue eliminado en la primera vuelta gracias a la dispersión del voto de izquierdas y cedió la segunda plaza al líder del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen. La movilización de los votantes de centroderecha y de la izquierda otorgó a Chirac más del 80 por ciento de los votos.

Reconocimiento

Todavía dentro y fuera de Francia se alaba la decisión de Chirac de oponerse a la guerra lanzada por George W. Bush en Irak. Pocos añaden que las relaciones entre París y el Irak de Sadam Hussein estaban cimentadas sobre importantes acuerdos petroleros y de tecnología nuclear que la cabalgata del texano iba a destruir. Los judíos franceses nunca podrán olvidar que fue Jacques Chirac el primer mandatario que reconoció oficialmente la responsabilidad del Estado francés en la deportación de 75 mil judíos bajo la ocupación nazi. El 16 de julio de 1995, con motivo del 53 aniversario del arresto de miles de judíos encerrados en el Velódromo de Invierno de París,


Guatemala, viernes 4 de octubre de 2019 Fotos: Archivo

Jacques René Chirac nació el 29 de noviembre de 1932; fue primer ministro 1974-1976 y 1986-1988, alcalde de París 1977-1995, y presidente de Francia, 1995-2007.

e interedades. Los Guiñoles de la Información del Canal+ francés le convirtieron en un comodín en sus sátiras sobre la política nacional. En esos sketches madame Chirac, la aristocrática Bernadette Chodron de Courcel, también tenía un papel estelar. Los guiñoles le hicieron ganar elecciones, dicen algunos. En todo caso, los humoristas eliminaron del disco duro de los franceses los episodios negros de la política chiraquiana. Su “conversión” hacia las causas sociales y próximas a la juventud fueron obra de su principal consejera de comunicación, su hija Claude, la verdadera responsable de la simpatía popular generada por su padre.

Redes

Un político total en un mundo que ya no existe. Dijo no a la guerra de Irak, y acabó manchado por la corrupción que encarnaba la vieja política, en su peor y su mejor versión.

antes de ser enviados a los campos de exterminio, Chirac denunció que “la locura criminal del ocupante fue secundada por franceses, por el Estado francés”. Chirac desvelaba así, en público, una de las mayores vergüenzas de la historia de Francia. La Chiracmanía se multiplicó también gracias a la televisión. La necrología iconográfica de

Chirac refleja las insólitas imágenes del Presidente francés abroncando a sus guardaespaldas israelíes, que le impedían disfrutar tranquilamente de un baño de masas entre palestinos en Jerusalén. En sus últimos años de mandato y hasta que la enfermedad le dejó fuera de la actualidad, una emisión de televisión dirigida por gauchistas le impulsó a la fama popular interclases

Su popularidad es tal que se ha convertido en un personaje también, sin buscarlo, en las redes sociales. En Tumblr, Fuck Yeah Jacques Chirac compila sus principales fotos. En Chirac-machine.com están recopiladas sus mejores frases, como una referida a Margareth Tatcher: “Pero qué quiere esta arpía, ¿mis cojones en una bandeja?”. Jacques Chirac y Bernadette Chodron tuvieron otra hija, Laurence, que murió a los 58 años, víctima de una enfermedad cardiaca. En 2005 sufrió un derrame que lo apartó de la vida pública. En 2016 tuvo que ser trasladado de urgencia a Francia desde Marruecos, donde pasaba las vacaciones, por una infección pulmonar. Los allegados del expresidente aseguran que la muerte de Laurence dejó a Chirac sin ganas de seguir luchando contra su propia enfermedad, que finalmente terminó por llevárselo este 26 de septiembre. *El Confidencial

“Un verdadero intelectual, un maestro, un hombre muy pesado y muy interesante”, palabras de Vladimir Putin, presidente de Rusia.


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Ventanas

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Te doy mi vida a cambio de Fotos: Archivo

Tras medio siglo de carrera e innumerables éxitos, el mexicano José José falleció a los 71 años de edad.

De niño, mientras crecía viendo pasar autos frente al portón de la casa, un radio AM que funcionaba con baterías me acompañaba junto a Porfín, un pastor alemán de 13 años. Me encantaba escuchar música, pero mis gustos no iban dirigidos a Gabilondo Soler, más conocido como Cri Cri, sino hacia la sensacional voz de quien después supe que se llamaba artísticamente José José. Francisco Alejandro Méndez* ecuerdo que durante un viaje al colegio, en el autobús oficial, conocí a una niña que se llamaba Claudia. Me sonrojaba con tan solo saludarla y ni me atrevía a hablarle; pero cuando, por la tarde sintonizaba la 5.60 y salía el chorro de voz del cantante mexicano, pensaba en ella y hasta en declararle mi sentimiento. Un lunes subí al bus. El asiento de Claudia estaba vacío. Volví a ver con tristeza al chofer, quien me expresó con melancolía: se fueron para Europa. Fue enton-

Sin lugar a dudas, El triste es una de sus canciones estrella que permanece en memoria de muchos. Un jovencísimo José José brilló con una memorable interpretación de este tema, compuesto por Roberto Cantoral, en el Festival de la Canción Latina de 1970 (que después se convertiría en el Festival OTI). Tuvo que conformarse con el tercer puesto, pero le sirvió para cautivar al gran público y dar el salto internacional definitivo en su carrera.

El triste Qué triste fue decirnos adiós cuando nos adorábamos más hasta la golondrina emigró presagiando el final

El triste

Qué triste luce todo sin ti los mares de las playas se van se tiñen los colores de gris hoy todo es soledad

No sé si vuelva a verte después no sé qué de mi vida será sin el lucero azul de tu ser que no me alumbra ya Hoy quiero saborear mi dolor no pido compasión ni piedad la historia de este amor se escribió para la eternidad Que triste todos dicen que soy que siempre estoy hablando de ti

no saben que pensando en tu amor en tu amor, he podido ayudarme a vivir he podido ayudarme a vivir Hoy quiero saborear mi dolor no pido compasión ni piedad la historia de este amor se escribió para la eternidad Que triste todos dicen que soy que siempre estoy hablando de ti no saben que pensando en tu amor en tu amor, he podido ayudarme a vivir he podido ayudarme a vivir He podido ayudarme a vivir


Viernes

Guatemala, viernes 4 de octubre de 2019

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e quedarte; adiós José José ces que comprendí que las canciones las cantaba José José para mí.

Como una catedral

Con el tiempo, durante mi época de deportista intenso, conocí a mis mejores amigos, entre ellos a Otto Alfred, con quien fundamos una especie de iglesia dedicada al Príncipe de la canción. Quizá los encuentros de tenis de mesa que perdimos, quizá las chicas que nos mandaron por un cuerno, lo cierto es que nos capturaba, de tal manera que hasta aprendí a tocar guitarra y traté de emular a Chepe Chepe, como le decíamos con cariño. En cierta ocasión, en el Estor conocí una chica canadiense (fuimos a dar demostraciones de tenis de mesa a la minera), ambos nos enamoramos, pero su padre llegó a conminarme para que me alejara de ella (tenía 16, yo 18). Sin embargo, nos vimos a escondidas y luego me envió varias cartas a mi hotel. Cuando abandoné en barco el pueblo, la vi llegar al malecón en una bicicleta. Se bajó y me saludaba con ambos brazos. Todos a bordo la vieron llorar; yo no pude porque las lágrimas me lo impidieron: “Lo que un día fue no será/ya no vuelvas a buscarme”. Uno tras otro llegaron los golpes de rechazo de las chicas, y yo contaba los trofeos que no había ganado. Nos refugiábamos en los mejores discos del intérprete mexicano, y hasta tuvimos el intento de hacer unas playeras con: “…sé que no soy el mejor/ que soy un fracaso/ por eso te guardo aquí…”. Hasta que poco a poco, cada uno tuvo su novia, pero durante las noches, juntarnos en un bar y meter fichas de a 25 a la rocola para que sonara Lo pasado pasado o Gavilán o paloma, era una de nuestros mayores anhelos.

El sueño hecho realidad

Cada una de sus piezas, más su entrañable voz ofrecen algo único a los oídos y al corazón.

Es una especie de dopamina que te produce una sensación muy rara en todo el organismo. A veces es la congoja de la tristeza, que a media pieza te avienta un aluvión de sentimientos y te saca llanto y mocos; otras, es la alegría de la melodía, que te hace estar a la par de José José y esas niñas a las que nunca, nunca volviste a ver y que cuando suena: “amor como el nuestro/ no hay dos en la vida/ por más que se busque/ por más que se esconda…”. Las traes a la memoria.

Una bufanda blanca

Me volví periodista, y por allá por 1993, la suerte llegó en una llamada telefónica: me solicitaron entrevistar al Príncipe para el medio que laboraba. Le pedí a Otto que me acompañara, y tras una hermosa entrevista (ya la publicaré), le presenté a mi amigo y le contamos de la iglesia. —¿Van a ir al concierto? —nos sorprendió. No teníamos plata. No se lo dijimos, pero por nuestra cara, nos pidió que lo esperáramos en la entrada principal esa noche. Así fue. Cuando se acercó, vestido de negro y con una bufanda blanca, nos señaló y entramos a sentarnos directo a primera fila. Y lloramos con cada pieza. Pero eso no terminó allí: cuando finalizó su presentación, nos llamó y lo seguimos. Nos dirigimos al bar del hotel, donde destapó una de whisky etiqueta negra, y nos la bebimos con él. Creo que fue uno de los días más felices de mi vida. Hasta le regalé mi único libro publicado. Nos reímos durante dos horas, hasta que se levantó, nos dio la mano y se marchó: “Casi todos sabemos querer/pero pocos sabemos amar/es que amar y querer no es igual/amar es sufrir/querer es gozar/”.

Con los broders

Junto a un dream team de la literatura guatemalteca (ya era escritor, yo) barrimos con todos los karaokes de Guatemala, El Salvador, Costa Rica, hasta que las pistas de José

Volcán dio nombre al disco en el que el compositor español Rafael Pérez Botija fue responsable de todos los temas. O tú o yo, Farolero y Pregúntaselo a ella fueron otros “número 1” de este exitoso álbum. Volcán Besabas como nadie se lo imagina igual que una mar en calma igual que un golpe de mar Y siempre te quedabas a ver el alba y a ser tú mi medicina para olvidar Ya sé que avisabas hacía tiempo amor, ten mucho cuidado, amor, que te dolerá Tú no debes quererme, yo soy pecado hay días en mi pasado que volverán Yo que fui tormenta

Volcán

yo que fui tornado yo que fui volcán soy un volcán apagado Porque tú volaste de mi nido porque tú volaste de mi lado Yo que fui tormenta yo que fui tornado yo que fui volcán soy un volcán apagado Besabas como nadie se lo imagina igual que una mar en calma igual que un golpe de mar Y siempre te quedabas a ver el alba y a ser tú mi medicina para olvidar Hiciste que los días se hicieran noches a veces era tu cuerpo, a veces era algo más y yo era un pobre hombre, pero a tu lado

José prácticamente quedaron inservibles: Juan Pablo, Javier, Luis, Pablo, Estuardo, Carlitos, Alfredo, entre otros. Con cada uno disfrutamos y chillamos, como decía Felipe: lloramos borrachos las canciones del Príncipe. Su iglesia creció y el amor que le profesamos a su música, a él como un mito, como un superhéroe de carne y hueso, sufrido en su vida, casi acabado siempre, pero que salvó muchas vidas y a más de alguna la empujó al abismo.

Sus interpretaciones llegaron a constituir un indiscutible legado sentimental para muchas generaciones.

Finaliza el proyecto

Hoy, a la semana de su partida, tras verlo sufrir, entrar y salir de hospitales, levantarse y seguir cayendo, como dicen los Enanos; tras brindar en muchas partes del mundo por este cantante universal, como universal es el sentimiento: “porque el tiempo tiene grietas/ porque grietas tiene el alma/ porque nada es para siempre…”. Le decimos adiós a una Nave del olvido que ya partió, cantando, sufriendo, llorando. Pocas veces en la vida tenemos la oportunidad de que alguien nos entre tan profundamente en el corazón y en el alma: José José lo seguirá haciendo y estará vivo en cada amigo, cada amiga, cada quien que tararee o silbe alguna de sus estrofas: “Espera un poco, un poquito más/ para llevarte mi felicidad…” * Escritor

sentí que era afortunado como el que más Yo que fui tormenta yo que fui tornado yo que fui volcán soy un volcán apagado Porque tú volaste de mi nido porque tú volaste de mi lado Yo que fui tormenta yo que fui tornado yo que fui volcán soy un volcán apagado Porque tú volaste de mi nido porque tú volaste de mi lado Yo que fui tormenta yo que fui tornado yo que fui volcán soy un volcán apagado


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Revista Viernes del Diario de Centro América del 04 de octubre de 2019  

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