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Guatemala, viernes 13 de julio de 2018

Luis Edua

Editorial De acuerdo con algunas tradiciones de la Antigüedad, una persona que viajara sin su perro hacia la sombra (entendida aquí como la muerte), se convertía en “la sombra sin sombra de la sombra”. De ahí que, al fallecer, algunos dignatarios fueran sepultados con su guardián favorito. No obstante, más allá de la evidencia arqueológica referida en estas páginas, no es aventurado afirmar que, en verdad, la sombra del perro es el hombre. En su constante pasaje entre milenios, de un hemisferio a otro, de un pelaje a otro, los perros han estado acompañados por los humanos. En ese sentido, ser sombra de los perros también le ha significado al humano cambios de continente, de lenguaje, de piel y de ropaje. La historia de las migraciones está poblada por perros que encabezan la partida. A la zaga, envuelta en la duda, la sombra de los humanos se diluye en las estepas, los bosques o los frágiles y escurridizos puentes del deshielo. Es la historia de los perros transitando de su condición de lobo a oveja, mudando de suelo, cambiando de nombre y de refugio. Esa historia también enseña que cuando el hombre ha sido enemigo del hombre, lo ha sido también de su perro que es protector de su casa, que es refugio de su soledad. Por eso, cuando el hombre muerde al perro, pierde su sombra, y pierde su nombre para siempre.

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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al como su autor lo manifiesta en el texto introductorio, vivir durante años lejos de Guatemala nunca ha significado una ruptura de lazos con el acontecer literario del país, ya que parte de su tiempo lo ha ocupado en escribir sobre autores y temas que son de su interés, en particular los que atañen a su generación. Evocaciones de un ayer no tan lejano lo llevan a convocar figuras como las de Ana María Rodas y Marco Antonio Flores, que no solo significaron amistad, sino también una suerte de magisterio en la generación de Luis Eduardo Rivera. Así mismo resaltan nombres como los de Enrique Gómez Carrillo, César Brañas, Dante Liano y Enrique Noriega, entre otros, que ya de por sí son una respuesta a su pregunta “¿Existe la literatura guatemalteca?”.

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina

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Semblanza

Paracelso

lería El médico, escritor y dramaturgo ruso Antón Pávlovich Chéjov, murió el 15 de julio de 1904, a los 44 años, víctima de la tuberculosis que contrajo en contacto con sus pacientes. Fue un maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de este género en la historia de la literatura.

El médico y químico Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim nació el 10 de noviembre de 1493, en Einsiedeln, Suiza. Estudió las artes liberales probablemente en Viena y en Ferrara, Italia, donde se tituló de doctor, y siguiendo la costumbre de la época, latinizó su nombre y eligió el de Paracelsus. Identificó las características de numerosas enfermedades, como el bocio y la sífilis, y usó ingredientes como el azufre y el mercurio para combatirlas. Murió en Salzburgo, el 24 de septiembre de 1541. Las siete reglas de Paracelso 1º Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un hábito que debes a tu propia dignidad. 2º Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares. La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe. 3º Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo. 4º Hay que olvidar toda ofensa, más aún: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablará así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en sí, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca. 5º Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el espíritu, y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. 6º Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos, todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos, debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia. 7º Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia, y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Jamás te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.

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Abecedario

Guatemala, viernes 13 de julio de 2018 Fotos: Archivo

En las tribunas fue usual ver a personeros de la FIFA con personalidades políticas locales.

Cartas desde Rusia La Copa Mundial de Futbol es el evento deportivo más grande del planeta. Sin embargo, este deporte no despierta el menor fanatismo en Rusia, sede del evento, donde la mayoría de los habitantes no conocían a Messi o a Neymar. Diego González*

ara llegar hasta la nave espacial hay que subir unas escaleritas. Son pocos peldaños en forma de caracol que terminan en un montículo pequeño en el centro de la ciudad de Samara, algo más de mil kilómetros al este de Moscú. Allá arriba hay un Soyuz auténtico, que con sus 68 metros y sus más de veinte turbinas gobierna la ciudad. Está pintado de naranja y blanco, y tiene escrito su nombre en cirílico: Soyuz. En ruso, “Soyuz” significa “unión”, y era una de las palabras que conformaban la sigla de la vieja Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El cohete triplica en altura al centro de exposiciones Samara Cosmos, que está exactamente detrás y que fue inaugurado en 2001 en honor al aniversario por los 40 años del vuelo con el que el soviético Yuri Gagarin conquistó el espacio por primera vez en la historia de la humanidad. Tanto la nave de Gagarin como el Soyuz fueron construidos allí, en Samara. La entrevista con el cosmonauta Oleg Kononenko fue en sala principal de la planta baja del museo. Oleg caminaba entre pedazos de naves viejas y narraba anécdotas de sus tres viajes al espacio

con calma, casi sin épica: “Al final de la expedición lo que realmente extrañaba era el agua. Allá arriba teníamos toallitas húmedas, nada más. Por eso, cuando volví a tierra, lo que más quería era quedarme un rato en la ducha”. Oleg tiene 53 años y habla perfecto inglés, pero por su contrato con Roscosmos —la NASA rusa— solo puede dialogar con periodistas en ruso. Inquieto, antes de que la entrevista arrancara, quiso saber de dónde venía yo. —Uhhhh, ¡Argentina! Eso es muy lejos, debes haber tenido muchas horas de vuelo. Lejos. El hombre que conquistó el espacio tres veces y que vivió en la galaxia más de un año y medio decía que Buenos Aires quedaba lejos. Es que el “más allá”, en rigor, es acá nomás. Desde la tierra hasta la Estación Espacial Internacional hay solo 400 kilómetros, una distancia que en carro se podría hacer en tres horas y media. Allá, en la base espacial que de punta a punta mide algo más de 100 metros cuadrados, conviven por períodos de 6 meses entre dos y siete astronautas —que son los estadounidenses—, cosmonautas —que son los rusos— y taikonautas —que son los chinos—. También hay de otras nacionalidades, pero son los menos. —Nikita Krushov, por entonces presidente de la URSS, dijo en su momento que Gagarin le había comentado que en el espacio no había ningún dios. ¿Usted vio algo de eso? —Uno de los astronautas estadounidenses que participó en el primer vuelo alrededor de la Luna respondió a esa misma pregunta que no, que no había visto a ningún dios allá arriba, pero que sí vio en todo los resultados de sus obras. Me gusta esa respuesta. Lo que sí dijo Gagarin es que la tierra es azul y muy hermosa, y tiene razón. Yo agregaría que la galaxia es profundamente negra y que tiene un gran número de estrellas. “Cosmonauta” es una de las respuestas que da cualquier niño cuando le preguntan qué es lo que quiere ser cuando sea grande. Pero Oleg es un tipo algo encorvado, de andar lento, tímido y de sonrisa débil. Tiene más el physique du rol de un ingeniero que el de un superhéroe. Es

que, en verdad, un cosmonauta es más parecido a un nerd que a un atleta. En definitiva, su trabajo no tiene necesariamente que ver con la conquista de planetas habitados por aliens. De hecho, su rutina es repetitiva: sacar fotos, usar computadoras, calentar comidas que vienen en pomos, hacer ejercicios para que los músculos no se atrofien y enviar a la tierra resultados de experimentos programados.

Ser embajador

Pero Oleg no me recibió en carácter de cosmonauta, sino en el de embajador de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018 por Samara, que no tiene ni siquiera un equipo en la primera división pero que ha sido una de las 11 sedes de la copa del mundo que arrancó en junio. Teníamos que hablar sobre futbol, no importaba cómo: había que unir al cosmos con la pelota.Entonces Oleg contó que le gusta mirar futbol y que en la base hay Internet, por lo que los partidos se pueden ver en vivo y en directo. Lo contó, sonrió y se quedó en silencio, como sabiendo —y dando a entender— que esa declaración era importante, que esa era la cita que yo tenía que destacar. La misión de la entrevista, insinuaba, ya estaba cumplida. Si se busca en la Real Academia Española una definición de embajador, se lee: “Persona, entidad o cosa que por ser característico de un lugar o país, se considera representativo de ellos”. La Rae da algunos ejemplos: “El jamón es el embajador de la gastronomía española”. En efecto, no existe una definición precisa sobre qué hace un embajador del mundial, ni cuántos hay ni quiénes deben ser. Simplemente se los nombra, y ellos hablan bien de la FIFA, del país sede y de su ciudad. En ese orden. En el evento anterior, cuando Brasil tuvo que elegir a sus mejores representantes, eligió a Ronaldo, Bebeto y Zagallo, y a Marta, la superestrella del futbol femenino. Pero en Rusia es diferente. En un país que no llena estadios y cuya selección nunca ganó nada en ninguna liga, al momento de elegir “personas, entidades o cosas que por ser característicos de un lugar o país,


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se consideran representativos de ellos” se eligió a virtuosos de bayán —el acordeón ruso—, dramaturgos, cantantes de ópera, mujeres bellas, pianistas, campeones del Dakar en cuatriciclo, luchadores de judo, jugadores de hockey sobre hielo y, claro, también cosmonautas como Oleg. En pleno verano, entre junio y septiembre de 2017, recorrí todas las sedes del Mundial de Rusia. Me habían convocado desde una productora privada rusa para realizar una serie de documentales que se emitirían en televisión en 2018. El plan era mostrar el país con la excusa de la copa: entré a todos los estadios, entrevisté gente, salté en bungee jumping en Sochi, fui a discotecas en Kaliningrado, viajé en limusinas por Moscú, jugué al paintball en la vieja Stalingrado. La idea era mostrar una Rusia intensa, variada, abierta y lista para recibir al evento deportivo y social más grande del mundo.

En casa de herrero...

Técnicamente, el equipo de filmación conformado por nueve personas contaba con los recursos para enfrentar casi cualquier imponderable. La tropa no se detuvo ni ante las pérdidas de pasaportes ni ante el esguince de Muhammed, un sudanés de rulos frenéticos y muchos dientes que actuó de guía. No nos frenó ni siquiera que, paradoja de las paradojas, en toda la ciudad de Saransk fuera imposible conseguir hielo para el tobillo de Muhammed. En Rusia, el país del frío, es imposible conseguir hielo. Pero había otro problema, quizá más profundo: ninguno de los rusos con los que trabajé sabía nada de futbol. Solo yo y el sudanés alguna vez fantaseamos seriamente con ser futbolistas. Muhammed jura que tenía destino de selección, pero se lesionó y su familia decidió entonces reorganizar la vida: trabajo estable en Arabia Saudita para los padres mientras la joven joya emigraba rumbo a la lejana Moscú en busca de un título universitario. Para Narek, el director, el dilema fue espinoso durante toda la filmación. Le gustara o no, él sentía la obligación de conducir a la tropa. Como gran parte de los que trabajan en la productora, viene de Armenia, y en su país el futbol tampoco mueve multitudes. Por eso tomaba cuatro latas de bebida energizante y fumaba tres atados por día. Otro que estaba desorientado era Nikita. De 28 años, enojado con Putin, amante de Europa, pelado, forzudo, de mandíbula gruesa, de risa exagerada y movimientos toscos; el guionista de los 12 documentales tampoco sabía nada de futbol. Ignoraba —y creo que lo sigue haciendo— dónde juega Messi y si forma parte de la Selección de España, de Argentina o de Cataluña. En aquel momento, la noticia era el lujurioso traspaso de Neymar del Barcelona al París Saint Germain a cambio de la insultante cifra de 260 millones de dólares. Pero Nikita no tenía idea de qué era Neymar: si una ciudad, una isla, un gusto de helado o un futbolista brasileño. A diferencia de Narek, a Nikita no le preocupaba en absoluto su ignorancia en materia futbolística. No lo consideraba parte de su trabajo. Su tarea era mostrar una Rusia potencia, una Rusia viril, una Rusia organizada, una Rusia eficiente y, por qué no, una Rusia europea. En algún sentido, de eso se trata un mundial. El futbol, el deporte, los superatletas multimillonarios son un aspecto secundario, una herramienta. LaFIFA no es una ONG filan-

Vivimos en un mundo en el que una estación espacial está más cerca de lo que muchos países entre sí.

trópica ni tiene vocación de serlo, y la elección de la sede no se realiza según criterios nobles. Un mundial de futbol es el evento deportivo más grande del planeta. Según la FIFA, solo la final entre Alemania y Argentina, en el mundial de 2014, fue vista por más de mil 100 millones de personas. Durante el mes que duró la copa hubo más de 3 mil 200 millones de espectadores que pusieron sus ojos en Brasil. Si se tiene en cuenta que en el planeta hay 7 mil 600 millones de personas, el mundial 2014 fue visto por el 42 por ciento de los seres humanos vivos.

La parte del león

Un mundial no es necesariamente un negocio para el país sede. Hay muchas cifras que se cruzan y se amontonan, pero el grueso de los ingresos corresponde a los derechos de televisación, derechos de merchandising y venta de entradas. Y en todos los casos, es la FIFA la que se queda con la parte del león. Para el país organizador, los estándares de calidad que impone la FIFA son altos, y eso supone una gran inversión. Cosa que sucedió tanto en Sudáfrica 2010 como en Brasil 2014, donde los gastos en infraestructura previstos finalmente se multiplicaron por diez. Según estudios tanto de aseguradoras como de fundaciones, aunque muchas de las variables son difíciles de cuantificar, el resultado económico final es negativo o, en todo caso, neutro para el

país organizador. Pero hay un dato que explica esta enorme inversión: la ONU tiene 193 estados miembro y la FIFA 211. Un mundial tiene mucho más de geopolítica que de futbol. Y en 2018 ha sido el turno de Rusia, un fantasma, un malo que habla duro y escribe en cirílico. Un territorio que está detrás del muro de hielo. El más allá, donde siempre, como en la serie Juego de tronos, “Winter is Coming” con cuervos y caminantes blancos.

Mundial por sorpresa

En los meses previos al mundial, diferentes medios de distintos lugares empezaron a mirar al país con incertidumbre, y me consultaban a diario cómo era vivir aquí, donde me radiqué a finales de 2016. Ante tantas solicitudes, en marzo le mandé un mensaje a mi profesora de ruso para preguntarle si durante la Copa ella estaría disponible para trabajar de traductora. Me respondió: “Sí, creo que sí, recuérdame: ¿en qué fecha será eso?” Y no era la única que todavía no había registrado el evento más importante del mundo. El mundial tomó por sorpresa incluso a la industria turística, a los dueños de hoteles, a los que alquilan pisos a través de plataformas, como Airbnb o Booking. Con más de seis meses de anticipación, muchos fans habían reservado ya las mejores ofertas que los distraídos rusos ofrecían a precio “normal”. Sistemáticamente,


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El estadio emblemático del Mundial es el Luzhniki, donde se jugarían 7 partidos, el inaugural y donde será la final.

a comienzos de 2018, los dueños empezaron a dar de baja los alquileres con los más diversos y creativos argumentos para, inmediatamente después, republicar los mismos anuncios doblando o triplicando los precios. Los rusos tardaron en ver al Mundial. Con 144 millones de habitantes y 17 millones de kilómetros cuadrados, el país más grande del globo es un mundo en sí mismo: tienen su propio carnaval, su propio Papá Noel y sus propios deportes favoritos, entre los cuales no está el futbol. Podría decirse que su indiferencia hacia el Mundial es comparable a la que mostraría un mexicano ante un campeonato de cricket o un peruano ante el campeonato de hockey sobre hielo. La única expresión de júbilo deportivo que presencié en Rusia fue cuando le ganaron la final de hockey sobre hielo a Alemania en los Juegos Olímpicos de Invierno, en febrero de 2018, en Pieonchang (Corea del Sur). Había gente en los bares frente a televisores gigantes, las calles estaban desiertas y el grito fue agónico cuando Kirill Kaprizov metió el 4 a 3 en un partido cerradísimo. Durante la vieja Unión Soviética, el hockey ya era “EL” deporte colectivo, para la gente y también para el Estado. Varios de los principales clubes pertenecían a diferentes ramas de las Fuerzas Armadas, y sobre el hielo se ponía en juego parte del orgullo nacional. A lo largo de la Guerra Fría, la Selección de la URSS jugó un papel clave. Tanto Moscú como Washington compartían la pasión por el deporte, por lo que el equipo soviético era una suerte de “embajador socialista”. A comienzos de 2018, en Pieonchang, la cuestión política volvió a tener un papel central. Meses antes del inicio de los juegos, el Comité Olímpico Internacional decidió sancionar al equipo ruso por supuestos casos de dopaje en los Juegos de Invierno de 2014, en Sochi, que también sería sede del Mundial de futbol. Las medidas establecieron que los deportistas podían presentarse pero sin “símbolos nacionales”. Es decir, sin himno y sin bandera. Los

atletas fueron igual, en carácter de “individuos”, y entonces la organización inventó el eufemismo de “Equipo de Deportistas de Rusia” (OAR, por sus siglas en inglés). Por eso fue noticia que, tras la final del hockey sobre hielo, ya en el podio los jugadores rusos cantaran el himno ante las cámaras del mundo. Días después, en el principal acto de campaña en la carrera por su reelección presidencial en el estadio Luzhniki de Moscú, Putin los saludó especialmente desde el escenario. El hielo es clave para entender a la idiosincrasia rusa. El hielo y la carencia de sol. A pocas semanas del triunfo ruso en Corea del Sur y a exactos 100 días del arranque de la Copa del Mundo, los rusos mezclaron ideas y organizaron un evento congelado: en medio de una Moscú totalmente nevada y con temperaturas de menos de diez grados bajo cero, convocaron a los voluntarios que se ocuparían de ayudar en el Mundial para festejar lo redondo de la cuenta regresiva con un recital en el Vdnkh, la pista de patinaje más grande del mundo. Así, la fiesta que saludó al Mundial de futbol fue sobre patines y sin pelotas.

Conquistar el universo

Un mundial no se organiza para ganar plata, al menos no de un modo directo. Es un momento del soft power, o poder blando, que es como el estadounidense Joseph Nye definió en la década de los 90 la técnica de influir en otros ya no mediante la violencia sino con la

cultura y la ideología. Lo cierto es que entre el 14 de junio y el 15 de julio son 32 días en los que la mitad del mundo miró hacia este país con ojos benévolos. Los informes no van a girar sobre la situación de los homosexuales, ni sobre el papel del Moscú en el conflicto de Ucrania, ni sobre la guerra de Siria, ni sobre el supuesto intervencionismo en las elecciones de Estados Unidos, México, Colombia, Inglaterra, España o Alemania. En ese mes, la tele mostró a gente bonita con plata, sonriendo y festejando bajo el sol, con vodka del bueno. Se habló de su caviar, de sus hermosas mujeres, de la imponencia de sus grandes ciudades, del metro, de lo inesperadamente moderna que es la Rusia actual en muchas áreas y, también, de sus grandes epopeyas históricas, como su rol en la Gran Guerra Patria —que es como llaman a la Segunda Guerra Mundial— o la conquista del espacio, primero con la perra Laika, a fines de la década de los 50, y un par de años después, con Gagarin. Por eso, en un hábil gesto marketinero, las autoridades rusas decidieron enviar al espacio en marzo, en un Soyuz, la pelota Telstar, con la que Rusia y Arabia Saudita inauguraron la copa, para que, poco después, otro cosmonauta la trajera de vuelta a la Tierra. Una metáfora más de que en Rusia hay un poder claro y un orden sólido que busca hacer lo que intentan todos: conquistar el universo. *Gatopardo


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Gavetas Hemeroteca del Diario de Centro América

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Batida a la hechicería DCA, 10 de mayo de 1935.- Informaciones policiacas enteraron al público de un caso harto pintoresco, digno de una novelita de folletín por entregas, ocurrido con la maga que curaba los dolores del bajo vientre a las doncellas y que, en Asunción Mita, se hacía adorar bajo el nombre de María Magdalena de la Tierra Santa. Los agentes de la Policía cayeron sobre los profesos de la charlatana y cargaron con todos los implementos y libros donde anotaban las “tenidas verdes” para que el asunto lo dilucidara en forma categórica la autoridad judicial de Primera Instancia. Esto se ha hecho últimamente con los brujos que han aparecido en otras regiones del Occidente del país. El hecho es de peligro para las masas ígnaras, porque es un síntoma más de que el fanatismo va minando el espíritu de las muchedumbres por lo que la acción del Gobierno debe ser enérgica contra los charlatanes. Por eso es digna de encomio la labor de perseguir por todos los confines del país a los brujos o hechiceros que, armados de implementos taumatúrgicos, van sembrando el virus del fanatismo criollo en el espíritu de los ígnaros.


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Reporte en V

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Ineficiencia médica Fotos: Archivo

Jesús Méndez

iene apenas 35 años y ya le definen como el nuevo enfant terrible de la medicina. Vinay Prasad es un oncólogo especializado en hematología y profesor en la universidad de Oregón, en los Estados Unidos. Coautor del libro Ending Medical Reversal, se erige como uno de los azotes de la medicina. Recientemente ha estado presentando sus ideas en el hospital Clínic y en unas jornadas organizadas por la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitaria de Cataluña, España. El título de su presentación deja pocas dudas sobre su enfoque: “El 40 por ciento de lo que hacemos es incorrecto”. “No pretendo convencer de la cifra exacta. Puede que no sea exactamente el 40 por ciento. Lo que quiero es alertar sobre lo que sugiere”, comienza. Con incorrecto se refiere a todo tipo de práctica médica, ya sean medicamentos, cirugías, pruebas diagnósticas que o bien no son mejores que las anteriores (pero sí más caras) o no son eficaces, o incluso son peores que no hacer nada. La cifra proviene de un estudio del año 2013 en el que él mismo participó y que dio la vuelta al mundo. En este analizaron 363 artículos publicados durante diez años en la revista médica más prestigiosa, The New England Journal of Medicine, que evaluaban si una nueva práctica médica era mejor que aquella a la que había sustituido. De ellos, 146 (el 40.2 por ciento) encontraba que no, que la nueva resultaba ser peor que la anterior. “Pensamos que con los cambios en medicina sucede como con los carros o los teléfonos, que siempre van a mejor. Y es cierto, pero solo parcialmente. Los libros de medicina parecen escritos por los vencedores”, denuncia.

¿Cuáles son las causas?

Vinay Prasad es un oncólogo sin complejos. No le tiemblan la voz ni el pulso a la hora de criticar toda una serie de prácticas médicas que deberían corregirse. Tratamientos y pruebas ineficaces, intereses económicos, ensayos clínicos inadecuados… En su opinión, solo una mejor ciencia podrá dar lugar a una mejor medicina.

“En ciertos casos es porque recibimos incentivos económicos, pero la mayor parte de las veces nos convencemos de que algo funciona y lo corroboramos con evidencias anecdóticas —explica—. Tanto los médicos como los pacientes nos engañamos a nosotros mismos. Además hay otra cuestión: no se realizan los estudios correctos”. Prasad es tremendamente crítico con la forma en que las novedades llegan a la práctica clínica. En su opinión a veces se incorporan basándose en estudios débiles que, aunque plausibles científicamente, no demuestran que sean útiles. En otras ocasiones los ensayos clínicos no se han realizado como deberían. Además de la opacidad —muchos de los que tienen resultados negativos no se publican— según Prasad suelen diseñarse para aumentar las probabilidades de éxito y eso lleva a que su eficacia sea menor en condiciones reales. Y, en su inmensa mayoría, son realizados por la propia industria. “Es como si yo fuera pintor y me presentara a un concurso en el que también soy el jurado. Seguramente ganaré ese concurso”.


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Este joven oncólogo se ha dado a la tarea de impulsar una cultura de información sobre la práctica médica.

El año pasado, un artículo en la revista BMJ hizo saltar la voz de alarma. Mostró que hasta el 50 por ciento de los fármacos contra el cáncer que se aprobaron en Europa entre 2009 y 2013 no mejoraban la supervivencia ni la calidad de vida. Sin embargo, todos habían mostrado eficacia en los ensayos clínicos previos a su comercialización y, en general, se vendían a precios elevados. Prasad critica el diseño de estos ensayos, basados en variables intermedias y no en el objetivo final. Por ejemplo, como se tarda mucho tiempo en estudiar si un fármaco mejora la supervivencia, se analiza si retrasa el momento en que el cáncer progresa o vuelve a aparecer. “Pero se ha demostrado que esto no significa que el paciente vaya a vivir más tiempo. Ni siquiera que aumente su calidad de vida, aunque suene contraintuitivo”.

Más evaluaciones independientes

Dispara también contra lo que muchos consideran la esperanza contra el cáncer: la medicina personalizada de precisión. En un controvertido artículo en la revista Nature llegó a decir que se trataba de un espejismo. Sus críticos denunciaron su temeridad: de momento no es la panacea, pero ha dado resultados muy positivos en tumores como ciertas leucemias, de mama o de pulmón. “Yo me refería más bien a la nueva corriente que busca secuenciar la genética completa del tumor y a partir de ahí buscar un fármaco dirigido. Pero también abarca casos como estos. Solo pueden aplicarse en un 9 por ciento de los pacientes y disminuyen el tamaño del tumor en el 5 por ciento”. Al preguntársele si cree entonces que ha sido un error poner tantas esperanzas y recursos en este tipo de terapias, responde: “Nos movemos por modas sin saber lo que va a ser eficaz en el futuro. Cuando James Allison empezó

sus estudios sobre la inmunoterapia le dijeron que era una locura. En lugar de concentrarnos tanto en un área deberíamos mantener abiertos varios enfoques durante el tiempo suficiente”, asegura. Prasad reclama más evaluaciones. “Las novedades que se introducen en la práctica clínica deberían examinarse mediante ensayos clínicos sistemáticamente, empezando con lo más utilizado y lo más caro, y evitando conflictos de interés”. Una vez identificadas, las prácticas ineficaces deberían cambiarse.

Médicos y pacientes

Sobre todo, los ensayos clínicos que justifican la aprobación de una práctica clínica deberían ser mejores y realizarse “por una agencia independiente, no por la industria”. Sobre su altísimo costo, Prasad opina que se han hinchado por motivos burocráticos y pueden hacerse de forma más barata.

¿Qué pensarán los pacientes si se les cambian prácticas o tratamientos habituales porque no eran eficaces? El riesgo de perder su confianza es muy alto.

Prasad admite que es un tema delicado, pero, en su opinión, “la gente es inteligente, solo que muchas veces está desinformada. Los médicos debemos ser honestos y explicar cómo funciona la ciencia. En el fondo es un tema de cultura científica. Y, ante todo, debemos ser más humildes en lo que hacemos”. En cuanto al resto de la comunidad médica “está claro que es algo controvertido, pero creo que la reacción es positiva porque me siguen invitando a dar conferencias en sitios importantes (sonríe). Una vez un compañero me dijo que la razón por la que no están de acuerdo pero me siguen invitando es porque secretamente sí lo están. Aunque no lo vayan a confesar”.

Ejemplos e iniciativas Los ejemplos de prácticas médicas ineficaces o de poco valor son numerosos, pero dos suelen ser los más comentados. Uno de ellos es el uso de terapia hormonal sustitutiva en mujeres posmenopáusicas, que se generalizó en los años 80 y 90. Como los estrógenos parecían proteger la salud cardiovascular, la lógica científica inicial y los primeros estudios epidemiológicos hicieron que se emplearan en millones de mujeres. Sin embargo, un potente trabajo del año 2002 mostró que la terapia no solo no protegía, sino que podía ser perjudicial. La recomendación se retiró. El otro ejemplo tiene que ver con los enfermos coronarios pero estables en los primeros momentos de la enfermedad. En ellos tiende a colocarse un stent, una suerte de muelle que mantenga abierta la arteria estrechada. Aunque la operación tiene también una lógica básica, un estudio del año 2007 no encontró beneficios respecto al tratamiento con pastillas habitual. A pesar de ello, se siguen colocando hoy en día a un ritmo similar. En los últimos años han surgido diversas iniciativas que tratan de centralizar y mejorar la búsqueda de estas prácticas de poco valor. Algunas de ellas son la plataforma Choosing Wisely (“Elegir sabiamente”) o la sección Less is more (“Menos es más”) de la revista JAMA. *Sinc

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Contando el tiempo

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Cambiar el mundo En un reciente ensayo, la periodista canadiense Naomi Klein afirma que muchos movimientos progresistas en todo el planeta se rindieron ante un discurso mentiroso. Víctor Lenore* urante décadas, el Partido Demócrata de Estados Unidos fue visto por los progresistas del mundo como la versión aceptable de la revolución neoliberal de Ronald Reagan. El punto máximo de su prestigio llegó con la elección de Barack Obama en 2008, que causó la admiración de todo el planeta. Una década después, los cuestionamientos hacia el primer presidente afroamericano son más duros que nunca, como demuestra Decir no, no basta (Paidós), el nuevo ensayo de la superventas Naomi Klein. La periodista canadiense afirma que los progres globales no tienen derecho a burlarse de los votantes del actual mandatario del país vecino, ya que ellos también se rindieron ante un discurso mentiroso. “Una parte considerable de las bases de Obama aplaudía encantada los símbolos cuidadosamente elaborados que creó su administración: la Casa Blanca iluminada con un arcoíris para celebrar el matrimonio gay; el cambio de tono a uno educado y erudito; el espectáculo de una “primera familia” increíblemente atractiva, libre de escándalos importantes durante sus 8 años. Que son todas cosas buenas… Pero, con demasiada frecuencia, esos mismos partidarios miraban hacia otro lado si se hablaba del uso bélico de drones que segaban la vida de innumerables civiles o de la deportación de dos millones y medio de inmigrantes indocumentados a lo largo de su mandato, o de sus promesas incumplidas de cerrar Guantánamo y desmantelar el aparato de vigilancia montado por George W. Bush”, denuncia. Klein recoge la extensa lista de promesas incumplidas por Obama. También recuerda la sensación de esperanza cuando tomó posesión, en 2009, aupado por sus discursos contra Wall Street. “Los bancos estaban de rodillas, recibiendo billones de dólares de dinero público en rescates directos y garantías de crédito, y tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo se debatía acaloradamente sobre qué deberían exigir los gobiernos a cambio de rescatarles de su propia avaricia”, recuerda.

Decir no, no basta

Cabeceras procapitalistas como el Financial Times publicaban artículos sobre la necesidad de poner límites a los bonus millonarios de los ejecutivos, defendían leyes para separar la banca de ahorro de la de inversión y consideraban razonable sentar ante un tribunal a los presidentes de entidades responsables de la crisis de 2008. Se hablaba de “refundar el capi-

Según la ensayista Naomi Klein, para cambiar el mundo, no es suficiente decir no.

talismo” y hasta de “nacionalizar los bancos con carácter permanente y gestionarlos como bienes públicos”.

Los millonarios Marvel

Para decepción de millones de votantes, Obama salvó al sector financiero sin pedir nada sustancial a cambio. Hoy muchos estadounidenses, especialmente quienes votaron por él, muestran su rabia porque acepta cobrar 400 mil dólares por charla de distintas firmas de Wall Street. ¿Son estas las propinas por los servicios prestados? Como otros ensayistas de su generación, especialmente Thomas Frank, la periodista documenta cómo el Partido Demócrata pasó de ser una organización al servicio de trabajadores y sindicatos a convertirse en representante de

las élites corporativas, educadas en los campus más caros de Estados Unidos. “A Trump, el camino a la Casa Blanca se lo asfaltaron, en parte hombres muy queridos por los progresistas estadounidenses, como Bill Clinton y Bill Gates”, señala. La explicación es sencilla: desde los años 90, los progres de EE. UU. viven entregados a la figura del “millonario Marvel”, una celebridad económica que les genera más confianza que las instituciones estatales. Es el llamado filantrocapitalismo, la idea de que un grupo de ricos especialmente sensibles va a salvar el mundo de todos sus problemas. El libro pone nombres y apellidos: “Ejecutivos multimillonarios y celebridades —Bill Gates, Richard Branson, Mark Zuckerberg, Oprah Winfrey y, siempre sin que se sepa bien por qué, Bono— reciben un trato propio no


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Fotos: Archivo

Las realidades del mundo actual, sostiene esta autora norteamericana, solo pueden ser entendidas y transformadas si se realiza un ejercicio de autocrítica por parte del movimiento progresista mundial.

tanto de gente normal con algún talento en su campo como de semidiós”. La autora señala que los votantes empiezan a desconfiar de lo que denomina “la clase Davos”, el grupo de ‹milmillonarios› globales que busca influir en las políticas públicas, en muchos casos sin pasar por las urnas. “Los ciudadanos intuyen que esa riqueza y poder pujantes están de alguna manera relacionados con sus deudas y con el futuro cada vez más incierto de sus hijos”, afirma Klein. En las pasadas elecciones fue palpable el rechazo de muchos votantes a las actividades de la Fundación Clinton, que Klein describe como “la fusión de los intereses del Partido Demócrata con los intereses de las mayores fortunas del mundo”. Para muchos electores, el principal atractivo de Trump radicaba en que no se pre-

sentó avalado por las élites progres o la clase Davos, como prefieran llamarlo. Otra de las aportaciones del libro es el rechazo de Klein a la simple resistencia. Califica de “raquíticas” las iniciativas que se limitan a decir: “Venzamos a equis” o “paremos la guerra en tal parte”. La autora recuerda con amargura cómo los avances del movimiento antiglobalización se vinieron abajo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Bastó que Estados Unidos dijera: “con nosotros o con los terroristas” para que gran parte de la oposición al neoliberalismo quedase confundida y desarticulada. Por eso, Klein urge a crear un relato alternativo al oficial, con capacidad para seducir a los votantes. Su apuesta personal es la organización El Salto, centrada en programas y actividades

contra el cambio climático, la desigualdad y la defensa de los cuidados. Entre otras propuestas, anima a “expandir los sectores de nuestra economía que ya son de baja emisión de carbono: cuidado de personas, docencia, trabajo social, artes y medios de comunicación de interés público…”. Algunos ejemplos que Klein encuentra inspiradores son el sistema de guarderías de Quebec, el movimiento que respaldó a Bernie Sanders, y la expulsión de la multinacional Bechtel de Cochabamba (Bolivia) por disparar el precio del agua. “El hechizo del neoliberalismo se ha roto”, celebra. La periodista pide no quedarse en las pancartas: es hora de decidir políticas públicas. “Con pequeños pasos no vamos a llegar donde queremos ir”, concluye. *El Confidencial

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Tragaluz

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Neandertales amoro Cada vez está más superado el mito de que los neandertales eran una especie ruda y simple. Junto a sus habilidades artísticas y otras destrezas cognitivas, los paleontólogos han descubierto evidencias del cuidado hacia enfermos y niños. ¿Qué emociones compartían con nosotros? Laura Chaparro * l suroeste de Francia, en el yacimiento La Chapelle aux Saints, los paleontólogos descubrieron en 1908 unos restos cuidadosamente enterrados de un varón de entre 25 y 40 años que vivió entre 60 mil y 50 mil años atrás. Investigaciones posteriores revelaron que este Homo neanderthalensis , conocido popularmente como “El viejo”, tuvo muchos achaques antes de morir. La falta de varios dientes y una enfermedad periodontal grave le impedirían comer con normalidad, a lo que se sumaba la artritis mandibular, osteoartritis en algunas vértebras y en los hombros, una fractura costal y un problema degenerativo en el pie derecho. Por si fuera poco, también sufría una degeneración aguda en la cadera izquierda, su patología más grave y que le produciría mucho dolor. Con estas dolencias, su papel dentro de la comunidad se vería mermado, pero eso no significó que los suyos lo abandonaran. Analizando sus restos, los científicos creen que el varón fue cuidado por el grupo hasta su muerte, como recoge un reciente estudio publicado en la revista World Archaeology. Eso implica que los demás neandertales controlaron su fiebre, tomaron medidas de higiene, le dieron alimentos adecuados para su dolorida boca y le ayudaban a moverse, incluyendo el traslado cuando la comunidad se mudó de campamento. Según los autores, su salud habría empeorado progresivamente en sus últimos 12 meses de vida y también su capacidad para contribuir en las tareas del grupo. Pero los restos escrupulosamente enterrados reflejan que permaneció dentro de la comunidad hasta que falleció. Para Penny Spikins, investigadora del departamento de Arqueología de la Universidad de York (Reino Unido) y autora principal del estudio, esta actitud compasiva hacia los enfermos y heridos demuestra que los neandertales sentían emociones. “Muchos podrían argumentar que poseen exactamente las mismas capacidades emociona-

les que nosotros —señala Spikins—. Puede que no sea cierto, pero no podemos suponer que sus emociones fueron más simples que las nuestras. Incluso puede que tuvieran sentimientos que nosotros no”.

Suposiciones a partir de fósiles

El sistema límbico es la zona del cerebro que regula las emociones. Como recuerda José María Bermúdez de Castro, codirector del proyecto Atapuerca —la piedra Rosetta de la evolución humana—, todas las especies de vertebrados presentan emociones porque compartimos ese sistema límbico. “Por supuesto que los neandertales tenían emociones pero, ¿cómo podemos saber de ellas si no tenemos más que moldes de sus cráneos?”, razona. El investigador recalca que podemos realizar suposiciones lógicas a partir de conductas como los enterramientos o las pinturas, pero desde el punto de vista científico no es posible asegurar nada. “¿Se enamoraban los neandertales? Por poner un ejemplo de una emoción

compleja. ¿Quién lo puede saber?”, se pregunta. Un razonamiento que comparten la mayoría de los expertos consultados en este reportaje. Curtis Marean, director asociado del Instituto de Orígenes Humanos de la Universidad Estatal de Arizona (EE. UU.), recalca que no tenemos evidencia de emociones en el registro arqueológico. “Dicho esto, la mayoría de los mamíferos de orden superior las tienen, lo que me lleva a pensar que los neandertales también las tuvieron”, puntualiza. El psicólogo Paul Ekman distingue seis emociones básicas: alegría, ira, miedo, asco, sorpresa y tristeza. Con los registros fósiles no es posible saber científicamente cuáles de ellas compartían nuestros ancestros. No obstante, si nos movemos en el terreno especulativo, Carles Lalueza Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, España, afirma que “dada la proximidad evolutiva de neandertales y humanos modernos, no tengo ninguna duda de que compartían las mismas emociones y sentimientos que


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En Francia se encontraron restos de un hombre neandertal apodado “El viejo”, con varias fracturas, problemas en la mandíbula y una dolorosa enfermedad ósea. Tuvieron que cuidarlo para que sobreviviera en la comunidad, lo que prueba el espíritu compasivo de sus congéneres.

Se han hallado instrumentos que corresponderían con piezas elaboradas por niños en proceso de aprendizaje.

Ilustraciones: José Antonio Peñas, SINC

nosotros”. Un tipo de sentimiento sería la compasión que, según Lalueza Fox se atestigua por las evidencias que tenemos de neandertales con graves hándicaps físicos, fruto de traumatismos o accidentes de caza, que fueron cuidados por los miembros de sus grupos. El varón enfermo conocido como “El viejo” sería un claro ejemplo de compasión.

Atenciones hacia los más pequeños

Junto a los enfermos y ancianos, los niños son los más vulnerables dentro de una comunidad. El registro neandertal también refleja cómo los adultos los atendían y participaban en su educación. En un artículo publicado en Oxford Journal of Archaeology, Spikins y el resto de autores detallan diferentes yacimientos en los que se ha descubierto este aprendizaje. Así lo revelan las diferentes habilidades de corte de sílex halladas en la excavación de Arcy sur Cure (Francia). Los investigadores descubrieron huellas de neandertales expertos,

estudiantes avanzados y principiantes, que se corresponderían con niños. En el yacimiento de Rhenen (Países Bajos), los científicos encontraron instrumentos inusuales que interpretaron como el trabajo de niños intentando replicar las herramientas de los adultos. “Estos análisis sugieren un patrón estructurado de aprendizaje con el que a los niños no solo les enseñaron varias técnicas, sino que también tuvieron la oportunidad de copiar el comportamiento de los adultos”, describen los autores. Además, en algunas excavaciones se han hallado formas primitivas de lo que podrían ser juguetes, con proporciones faciales de un recién nacido. Por todas estas evidencias, Spikins da por hecho que los neandertales presentaban “elementos de calidez hacia sus bebés”, como les ocurre a otros mamíferos. Lo que también nos acerca a los neandertales son ciertas habilidades cognitivas que, según el antropólogo Clive Gamble, serían muy similares a las nuestras. Como ejemplos, el profesor del Centro para la Arqueología de las Orígenes Humanos de la Universidad de Southampton (EE. UU.) indica la capacidad de planear con anticipación, elaborar juicios sobre la mentalidad de otros o hacer arte. En su opinión, los neandertales sentían “miedo, enojo, alegría y felicidad con seguridad, pero también algunas emociones sociales como la culpa y la compasión”.

Emociones ancestrales

Los expertos coinciden en que los neandertales no fueron los primeros humanos en sentir emociones. “El ancestro de los neandertales y Homo sapiens, el Homo heidelbergensis, compartió muchos rasgos con sus dos descendientes, así que probablemente tuvo muchas respuestas emocionales similares a las nuestras”, declara Simon Underdown, profesor de Antropología Biológica de la Universidad Oxford Brookes (Reino Unido). Antes que esta especie, hace dos millones de años, el Homo erectus también mostró

muchos rasgos humanos por lo que, probablemente, tuvo emociones similares, a juicio de Underdown. “Las sociedades neandertales fueron altamente colaborativas, estuvieron cohesionadas y emocionalmente motivadas para cuidar a otros que fueran vulnerables, incluyendo a los niños”, resalta Spikins. Aunque sea imposible saber a ciencia cierta si los neandertales se enamoraban, sentían asco cuando no les gustaba un alimento o se conmovían al coger en brazos a sus bebés, los registros fósiles sí nos indican que fueron una especie humana compleja y sofisticada.

¿El gen neandertal influye en la personalidad?

Antes de que los neandertales desaparecieran de Europa, hace unos 40 mil años, coincidieron con el Homo sapiens. Hoy sabemos que en esos encuentros hubo relaciones sexuales, una hibridación que se plasmó en el genoma. Las últimas investigaciones revelan que los humanos modernos no africanos comparten entre el 1.8 y el 2.6 por ciento de ADN neandertal. Teniendo en cuenta este peso genético, Glenn Geher, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Nueva York en New Paltz (EE. UU.), y su equipo, se propusieron averiguar qué rasgos actuales de la personalidad humana podrían estar influidos por la huella neandertal. Para ello utilizaron los datos del genoma de 200 personas, prestando atención a lo que denominaron cociente neandertal, es decir, el grado de superposición genética neandertal. Estas mismas personas rellenaron varios cuestionarios sobre su personalidad, como recoge la revista Human Ethology Bulletin. “Quienes tuvieron un gran coincidencia genética con los neandertales obtuvieron puntuaciones altas en miedo, ansiedad y depresión”, indica Geher. No obstante, dada la diversidad de factores que conforman la personalidad de un individuo, el psicólogo se muestra cauto con los resultados, que califica como preliminares. *Sinc

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Ventanas

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Extinción de los perros El ADN de los restos de antiguos perros de América revela que estos animales no proceden de los lobos de la región, sino de antepasados siberianos que llegaron al continente hace 11 mil años y desaparecieron tras la llegada de los europeos. Su única herencia en las razas actuales es un cáncer genital canino. Adeline Marcos * ace más de 10 mil años, los humanos que llegaron a América lo hicieron acompañados de unos perros que no procedían de los lobos norteamericanos, sino de un antepasado canino que habitaba en Siberia. Los canes se dispersaron por toda América del Norte y compartieron territorio con los nativos durante miles de años, hasta la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XV. “Los perros, como las personas, se han visto muy afectados durante la colonización de las Américas por los europeos”, indica Laurent Frantz, investigador en la Uni-

La mayoría de las especies de mamíferos generan expresiones faciales, pero muchas se han considerado simples respuestas automatizadas de un determinado estado emocional, y no un modo de comunicación. En primates no humanos se demostró que, ante la presencia de una audiencia, los mamíferos usan los gestos para que sean vistos por otros. Ahora, un equipo de investigación de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) ha querido comprobar si este intento de relacionarse se produce en otros animales que no sean primates, y ha elegido a los perros domésticos por su larga historia de convivencia junto al ser humano. “Los perros domésticos son un modelo interesante para este tipo de estudio, ya que poseen

Fotos: cortesía Del Baston, cortesía del Center for American Archaeology

Perro enterrado en el yacimiento de Koster en Illinois con una antigüedad de 10.000 años.

versidad de Oxford y la Queen Mary University of London. Tras la llegada de los colonos, los canes desaparecieron rápidamente y casi por completo. “La razón sigue siendo incierta, pero hay varias posibilidades: enfermedad infecciosa o un cambio de preferencia por los perros europeos en las comunidades locales”, precisa el investigador. Razas modernas norteamericanas como los labradores o los chihuahuas son en realidad descendientes de otras euroasiáticas, introducidas en el continente americano entre los siglos XV y XX. Hasta ahora también seguía siendo un misterio cómo surgieron estos perros en el continente europeo. Un nuevo estudio, publicado en Science y liderado por el equipo de Frantz, ha rastreado el origen gracias al análisis genómico de ADN

Gestos perrunos

una historia única. Han vivido con los humanos durante unos 30 mil años, durante los cuales las presiones de selección parecen haber actuado sobre su capacidad para comunicarse con los humanos”, señalan los científicos en el trabajo publicado hoy en la revista Scientific Reports. Los resultados revelan que los canes también generan expresiones faciales, como levantar las cejas, porque son sensibles a la atención prestada por parte del ser humano. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron una serie de experimentos con 24 perros domésticos de diferentes razas y edades, utilizando como único estímulo la comida. Los animales se enfrentaron a cuatro situaciones distintas, en las que una misma persona miraba a cada uno de ellos de frente con o sin

antiguo obtenido de los huesos hallados en yacimientos norteamericanos y a la comparación con ADN de perros modernos y antiguos fuera de América.

Antepasado siberiano

“Hemos seguido el rastro de su origen en Eurasia y descubierto la fecha más probable a la que fueron introducidos en América”, revela el científico. Tras secuenciar 71 genomas mitocondriales y 7 nucleares procedentes de antiguos perros norteamericanos y siberianos de los últimos 9 mil años, los expertos concluyen que los perros americanos poseían firmas genéticas diferentes a cualquier otro can.

comida, o se ponía de espalda a los perros con o sin alimento. Todas las reacciones de los canes fueron grabadas en vídeo para ser analizadas. Según los expertos, los perros produjeron significativamente más movimientos faciales cuando el ser humano se mostró frente a ellos que cuando estaba de espaldas. Además, la presencia de alimentos –un estímulo no social pero excitante– no generó ningún efecto en el comportamiento de los animales. “Hemos demostrado que las expresiones faciales en los perros están sujetas a efectos de audiencia. Estas pueden adaptarse según la atención humana, lo que sugiere alguna función comunicativa y no simples estados emocionales basados en la excitación de los canes”, concluyen los autores. (Sinc)


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s americanos

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Según la investigación, los perros americanos no se derivaron de los lobos de América del Norte, sino que descendieron de un antepasado común que probablemente se originó en Siberia y se dispersó en las Américas junto con las personas que llegaron al continente hace 11 mil años, durante las primeras migraciones humanas de Asia a América. “Este estudio demuestra que la historia de los humanos se refleja en nuestros animales domésticos. Las personas en Europa y América eran genéticamente distintas, y también lo eran sus perros. Y así como los pueblos indígenas en las Américas fueron desplazados por colonos europeos, lo mismo puede decirse de sus perros”, destaca Greger Larson, directora de la Red de Investigación Paleogenómica y Bioarqueología (Palaeo-BARN) en la Universidad de Oxford.

Un tumor como única herencia registrada

En la actualidad, no queda casi rastro genético de estos animales, que desaparecieron casi por completo con la llegada de los europeos. Pero los científicos parecen haber identificado lo que podría ser el único legado superviviente de estos cánidos: un tumor venéreo transmisible. Se trata de un cáncer genital que se contagia entre perros mediante la transferencia de células cancerosas vivas durante el apareamiento que en la actualidad está distribuido en todo el mundo. “Hace unos 8 mil años, en América o más probablemente en Siberia, un perro contrajo un cáncer que más tarde se volvió contagioso —indica Frantz—. Este can fundador estaba genéticamente muy cerca de los que siguieron a los humanos durante las primeras migraciones a América hace más de 11 mil años”, continúa el investigador. Cuando estos primeros perros murieron, el genoma “vivo” más cercano a este

Resto arqueológico de perro americano.

linaje desaparecido se encontró en el de este tumor transmisible. “En otras palabras, el genoma contenido en este tumor es una reminiscencia de un linaje de perro extinto que vivió en Siberia y América durante miles de años”, asevera el experto. “Es increíble pensar que posiblemente el único superviviente de un linaje de perro extinto sea un tumor que se puede diseminar entre

El perro doméstico ha acompañado al ser humano en todas sus migraciones, por eso reconstruir el árbol genealógico de los canes ha sido una tarea difícil para los científicos, porque las pistas han estado dispersas a través de los genomas de cientos de razas de perros. Gracias a las secuencias de ADN de mil 346 perros pertenecientes a 161 razas modernas, un equipo de científicos, liderado por el National Human Genome Research Institute (EE. UU.), ha creado el mayor mapa evolutivo de las razas de perros. Los resultados, publicados en la revista Cell Reports, demuestran no solo la historia de hibridación de las razas, sino también qué efectos tuvieron en sus genes las migraciones. Para entender cómo evolucionaron las razas de perro más antiguas y qué papeles desempeñaron

los perros como una infección”, agrega Máire Ní Leathlobhair, coautora del departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cambridge. “Aunque el ADN de este cáncer ha mutado a lo largo de los años, sigue siendo esencialmente el ADN de ese perro fundador original de hace muchos miles de años”, concluye.

Mapa evolutivo

para los humanos, los investigadores seleccionaron ciertos tipos como los Pastores o los Pointers, y después los cruces recientes para obtener otros rasgos físicos. “Comprender que los tipos se remontan a hace mucho más tiempo que las razas o que las simples apariencias físicas nos hace reflexionar”, indica Heidi Parker, genetista de perros en los National Institutes of Health (NIH) y coautora del trabajo. En busca de las razas de perros más antiguas, la investigación aporta nuevas evidencias de que los canes viajaron con los seres humanos desde hace miles de años. De hecho, aunque ya existían pruebas arqueológicas, el estudio muestra las primeras evidencias en razas modernas de la existencia del ‘perro del Nuevo Mundo’, una antigua subespecie canina que migró a través del estrecho

*Sinc

de Behring con los antepasados de los nativos americanos. En este sentido, aunque las razas más populares en América proceden de las europeas, los científicos señalan que algunas razas de Centro y Sudamérica, como el perro sin pelo de Perú y el Xoloitzcuintle, probablemente desciendan de esta antigua raza de perro. “Lo que observamos es que hay grupos de perros americanos que de alguna forma se separaron de las razas europeas”, dice Parker, quien subraya que al buscar firmas genéticas del ‘perro del Nuevo Mundo’ encontraron que estos canes las tenían ocultas en sus genomas. Sin embargo, para los expertos, sigue sin quedar claro qué genes de los perros sin pelo modernos proceden de Europa y cuáles de los antepasados del perro del Nuevo Mundo. (Sinc)


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Revista viernes del diario de centro américa del 13 de julio de 2018  

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