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Portal Editorial Comunidades, comunitarismo y comunal, son conceptos generalmente relacionados con asentamientos humanos reducidos y confinados en zonas rurales. Incorporamos en este número algunas reflexiones que

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Luis Alfred

Acercamien del Himno

pese a la fuerza de su realismo, quizás hasta el punto de ser descarnado, no por ello dejan de valorar la esperanza como un formidable recurso socialmente renovable y nos llaman a volver los ojos hacia el potencial transformador que cada panorama sombrío hace incubar en las comunidades, apelando a un sentido del comunitarismo y de lo comunal que va más allá del entorno defensivo que prohija mentalidades hipernacionalistas. De acuerdo con estas percepciones sobre el devenir, los requerimientos del desarrollo, entendido como bien vivir, imponen saltar de la comunidad aldeana a la municipal, y de esta a la regional, nacional e internacional. Saltar no, sino transitar, fluir entre comunidades. De eso se trata. De crear vínculos duraderos gracias a la fluidez del movimiento comunitario. Conectar lo pequeño con lo grande en un flujo de doble vía forma parte de una alquimia que echa mano de los sueños para construir esperanza. Y es que, bien vista, la esperanza es la piedra

ice el poeta Arango, autor de este Acercamiento editado por la Tipografía Nacional en 1983: “El poema original de José Joaquín Palma, fue modificado en algunos de sus versos por el gramático guatemalteco José María Bonilla Ruano, en 1934. Las modificaciones no afectaron su estructura, son mínimas y mejoran el sentido de ciertos conceptos que sonaban demasiado belicosos para nuestra época. Tales fueron las opiniones expresadas por académicos, intelectuales y periodistas, que aplaudieron los cambios que le introdujo el profesor Bonilla Ruano. No se trataba de “enmendarle la plana” a Palma, sino tan solo de expresar el sentimiento guatemalteco, ya sin la exaltada visión, sin la emotividad que despertó en las conciencias americanas la histórica lucha por la Independencia. No olvidemos que José Joaquín Palma era cubano de nacimiento y guatemalteco de corazón y que cuando escribió la letra de nuesro Himno Nacional, Cuba aún no había logrado su independencia. Pero no es nuestro propósito considerar aquí las modificaciones de 1934, ni la famosa anécdota de Palma, que mantuvo en secreto su identidad como autor hasta poco antes de su muerte, acaecida en 1911”.

filosofal que muta el carbón en oro y el cieno en luminosa constelación.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

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do Arango

nto a la letra o Nacional

lería

El cuentista mágico El 12 de enero 1628 nació en Francia Charles Perrault, célebre autor de Historia ou contes du temps passé, que contiene cuentos como Caperucita roja, Barba azul, La bella durmiente, Pulgarcito, Cenicienta y El gato con botas.

Cuento 167

La identidad Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajo me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vuelta lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas palabras. Pocas. Él contestaba por no dejar y seguimos con una gran paciencia, con la misma paciencia de la mula que nos jalaba por los derrumbaderos, con la paciencia del mismo camino, seco y vencido, polvoroso y viejo, hilvanando palabras cerradas como semillas, mientras el aire se enrarecía porque íbamos de subida –casi siempre se va de subida-, hablamos, no sé, del hambre, de la sed, de la montaña, del tiempo, sin mirarnos siquiera. Y de pronto, en medio de la tosquedad de nuestras ropas sucias, malolientes, el uno junto al otro, algo nos atravesó blanco y dulce, una tregua transparente. Y nos comunicamos cosas inesperadas, cosas sencillas, como cuando aparece a lo largo de una jornada gris un espacio tierno y verde, como cuando se llega a un claro en el bosque. Yo era forastero y solo pronuncié unas cuantas palabras que saqué de mi mochila, pero eran como las suyas y nada más las cambiamos unas por otras. Él se entusiasmó, me miraba a los ojos, y bruscamente los árboles rompieron el silencio. “Sabe, pronto saldrá el agua de las hendiduras”. “No es malo vivir en la altura. Lo malo es bajar al pueblo a echarse un trago porque luego allá andan las viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, no más acordándose de ellas”… Dijimos que se iba a quitar el frío, que allá lejos estaban los nubarrones empujándolo y que la cosecha podía ser buena. Caían nuestras palabras como gruesos terrones, como varas resecas, pero nos entendíamos. Llegamos al pueblo donde estaba el único mesón. Cuando bajé de la carreta empezó a buscarse en todos los bolsillos, a vaciarlos, a voltearlos al revés, inquieto, ansioso, reteniéndome con los ojos: “¿Qué le regalaré? ¿qué le regalo? Le quiero hacer un regalo…” Buscaba a su alrededor, esperanzado, mirando el cielo, mirando el campo. Hurgoneó de nuevo en su vestido de miseria, en su pantalón tieso, jaspeado de mugre, en su saco usado, amoldado ya a su cuerpo, para encontrar el regalo. Miró hacia arriba, con una mirada circular que quería abarcar el universo entero. El mundo permanecía remoto, lejano, indiferente. Y de pronto todas las arrugas de su rostro ennegrecido, todos esos surcos escarbados de sol a sol, me sonrieron. Todos los gallos del mundo habían pisoteado su cara, llenándola de patas. Extrajo avergonzado un papelito de no sé dónde, se sentó nuevamente en la carreta y apoyando su gruesa mano sobre las rodillas tartamudeó: -Ya sé, le voy a regalar mi nombre. Elena Poniatowska/Francia-México

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Abecedario

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La globalización

Fotos: Archivo

Lo común, lo comunitario, es una de esas posibilidades anidadas en la acción de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza. En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Álvaro García Linera*

ha muerto

l desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los Estados en nombre de la libertad de empresa y la cuasirreligiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta. La renuncia de Gran Bretaña a continuar en la Unión Europea, el proyecto más importante de unificación estatal de los últimos 100 años, y la victoria electoral de Trump, que enarboló las banderas de un regreso al proteccionismo económico, anunció la renuncia a tratados de libre comercio y prometió la construcción de mesopotámicas murallas fronterizas, han aniquilado la mayor y más exitosa ilusión liberal de nuestros tiempos. Y que todo esto provenga de las dos naciones que hace 35 años atras, enfundadas en sus corazas de guerra, anunciaran el advenimiento del libre comercio y la globalización como la inevitable redención de la humanidad, habla de un mundo que se ha invertido o, peor aún, que ha agotado las ilusiones que lo mantuvieron despierto durante un siglo. Y es que la globalización como metarrelato, esto es, como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos. Y hoy no existe en su lugar nada mundial que articule esas expectativas comunes; lo que se tiene es un repliegue atemorizado al interior de las fronteras y el retorno a un tipo de tribalismo político, alimentado por la ira xenófoba, ante un mundo que ya no es el mundo de nadie.

La medida geopolítica

Quien inició el estudio de la dimensión geográfica del capitalismo fue Marx. Su debate con el economista Friedrich List sobre el “capitalismo nacional” en 1847 y sus reflexiones sobre el impacto del descubrimiento de las minas de oro de California en el comercio transpacífico con Asia, lo ubican como el primer y más acucioso investigador de los procesos de globalización económica. De hecho, su aporte no radica en


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La medida geopolítica del capitalismo

la comprensión del carácter mundializado del comercio que comienza con la invasión europea a América, sino en la naturaleza planetariamente expansiva de la propia producción capitalista. Las categorías de subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al capital con las que Marx devela el automovimiento infinito del modo de producción capitalista, suponen la creciente subsunción de la fuerza de trabajo, el intelecto social y la tierra, a la lógica de la acumulación empresarial; es decir, la supeditación de las condiciones de existencia de todo el planeta a la valorización del capital. De ahí que en los primeros 350 años de su existencia, la medida geopolítica del capitalismo haya avanzado de las ciudades-Estado a la dimensión continental y haya pasado, en los últimos 150 años, a la medida geopolítica planetaria. La globalización económica (material) es pues inherente al capitalismo. Su inicio se puede fechar 500 años atrás, a partir del cual habrá de tupirse, de manera fragmentada y contradictoria, aún mucho más.

El “fin de la historia”

Si seguimos los esquemas de Giovanni Arrighi en su propuesta de ciclos sistémicos de acumulación capitalista a la cabeza de un Estado hegemónico: Génova (siglos XV-XVI), los Países Bajos (siglo XVIII), Inglaterra (siglo XIX) y Estados Unidos (siglo XX), cada uno de estos vino acompañado de un nuevo tupimiento de la globalización (primero comercial, luego productiva, tecnológica, cognitiva y, finalmente, ambiental) y de una expansión territorial de las relaciones capitalistas. Sin embargo, lo que sí constituye un acontecimiento reciente al interior de esta globalización económica es su construcción como proyecto político-ideológico, esperanza o sentido común; es decir, como horizonte de época capaz de unificar las creencias políticas y expectativas morales de hombres y mujeres pertenecientes a todas las naciones del mundo. La globalización como relato o ideología de época no tiene más de 35 años. Fue iniciada

por los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, liquidando el Estado de bienestar, privatizando las empresas estatales, anulando la fuerza sindical obrera y sustituyendo el proteccionismo del mercado interno por el libre mercado, elementos que habían caracterizado las relaciones económicas desde la crisis de 1929. Ciertamente fue un retorno amplificado a las reglas del liberalismo económico del siglo XIX, incluida la conexión en tiempo real de los mercados, el crecimiento del comercio en relación con el Producto Interno Bruto (PIB) mundial y la importancia de los mercados financieros, que ya estuvieron presentes en ese entonces. Sin embargo, lo que sí diferenció esta fase del ciclo sistémico de la que prevaleció en el siglo XIX fue la ilusión colectiva de la globalización, su función ideológica legitimadora y su encumbramiento como supuesto destino natural y final de la humanidad. Y aquellos que se afiliaron emotivamente a esa creencia del libre mercado como salvación final no fueron simplemente los gobernantes y partidos políticos conservadores, sino también los medios de comunicación, los centros universitarios, comentaristas y líderes sociales. El derrumbe de la Unión Soviética y el proceso de lo que Gramsci llamó transformismo ideológico de exsocialistas devenidos en furibundos neoliberales, cerró el círculo de la victoria definitiva del neoliberalismo globalizador. ¡Claro! Si ante los ojos del mundo la URSS, que era considerada hasta entonces como el referente alternativo al capitalismo de libre empresa, abdica de la pelea y se rinde ante la furia del libre mercado “y encima los combatientes por un mundo distinto, públicamente y de hinojos, abjuran de sus anteriores convicciones para proclamar la superioridad de la globalización frente al socialismo de Estado”, nos encontramos ante la constitución de una narrativa perfecta del destino “natural” e irreversible del mundo: el triunfo planetario de la libre empresa. El enunciado del “fin de la historia” hegeliano con el que Fukuyama caracterizó el “espíritu” del mundo, tenía todos los ingredientes de

una ideología de época, de una profecía bíblica: su formulación como proyecto universal, su enfrentamiento contra otro proyecto universal demonizado (el comunismo), la victoria heroica (fin de la guerra fría) y la reconversión de los infieles. La Historia había llegado a su meta: la globalización neoliberal. Y, a partir de ese momento, sin adversarios antagónicos a enfrentar, la cuestión ya no era luchar por un mundo nuevo, sino simplemente ajustar, administrar y perfeccionar el mundo actual, pues no había alternativa frente a él. Por ello, ninguna lucha valía la pena estratégicamente, pues todo lo que se intentara hacer por cambiar de mundo terminaría finalmente rendido ante el destino inamovible de la humanidad, que era la globalización. Surgió entonces un conformismo pasivo que se apoderó de todas las sociedades, no solo de las élites políticas y empresariales, sino también de amplios sectores sociales que se adhirieron moralmente a la narrativa dominante.

La historia sin fin ni destino

Hoy, cuando aún retumban los últimos petardos de la larga fiesta “del fin de la historia”, resulta que quien salió vencedor, la globalización neoliberal, ha fallecido dejando al mundo sin final ni horizonte victorioso, es decir, sin horizonte alguno. Los primeros traspiés de la ideología de la globalización se hacen sentir a inicios de siglo XXI en América Latina, cuando obreros, plebeyos urbanos y rebeldes indígenas desoyen el mandato del fin de la lucha de clases y se coaligan para tomar el poder del Estado. Combinando mayorías parlamentarias con acción de masas, los gobiernos progresistas y revolucionarios impulsan una variedad de opciones posneoliberales mostrando que el libre mercado es una perversión económica susceptible de ser reemplazada por modos de gestión económica mucho más eficientes para reducir la pobreza, generar igualdad e impulsar crecimiento económico.

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La distribución desigual de los ingresos sigue abriendo brechas en el planeta.

Con ello, el “fin de la historia” comienza a mostrarse como una singular estafa planetaria y nuevamente la rueda de la historia con sus inagotables contradicciones y opciones abiertas se pone en marcha. Posteriormente, en 2009, en Estados Unidos, el hasta entonces vilipendiado Estado, que había sido objeto de escarnio por ser considerado una traba a la libre empresa, es jalado de la manga por Obama para estatizar parcialmente la banca y sacar de la bancarrota a los banqueros privados. El eficienticismo empresarial, columna vertebral del desmantelamiento estatal neoliberal, queda así reducido a polvo frente a su incompetencia para administrar los ahorros de los ciudadanos.

Costo moral

La idea del “fin de la Historia” niega el sentido transformador de la acción humana.

Luego viene la ralentización de la economía mundial, pero en particular del comercio de exportaciones. Durante los últimos 20 años, este crece al doble del PIB anual mundial, pero a partir del 2012 apenas alcanza a igualar el crecimiento de este último, y ya en 2015 es incluso menor, con lo que la liberalización de los mercados ya no se constituye más en el motor de la economía planetaria ni en la “prueba” de la irresistibilidad de la utopía neoliberal. Por último, los votantes ingleses y norteamericanos inclinan la balanza electoral a favor de un repliegue a Estados proteccionistas (si es posible amurallados), además de visibilizar un malestar ya planetario en contra de la devastación de las economías obreras y de clase media, ocasionado por el libre mercado planetario. Hoy, la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los últimos siglos. Sin embargo, ninguna frustración social queda impune. Existe un costo moral que, en este momento, no alumbra alternativas inmediatas, sino que (“es el camino tortuoso de las cosas”) las cierra, al menos temporalmente. Y es que a la muerte de la globalización como ilusión colectiva no se le contrapone la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados. La

globalización, como ideología política, triunfó sobre la derrota de la alternativa del socialismo de Estado, esto es, de la estatización de los medios de producción, el partido único y la economía planificada desde arriba. La caída del muro de Berlín en 1989 escenifica esta capitulación. Entonces, en el imaginario planetario quedó una sola ruta, un solo destino mundial. Y lo que ahora está pasando es que ese único destino triunfante también fallece, muere. Es decir, la humanidad se queda sin destino, sin rumbo, sin certidumbre. Pero no es el “fin de la historia” como pregonaban los neoliberales, sino el fin del “fin de la historia”; es la nada de la historia. Lo que hoy queda en los países capitalistas es una inercia sin convicción que no seduce, un manojo decrépito de ilusiones marchitas y, en la pluma de los escribanos fosilizados, la añoranza de una globalización fallida que no alumbra más los destinos. Entonces, con el socialismo de Estado derrotado y el neoliberalismo fallecido por suicidio, el mundo se queda sin horizonte, sin futuro, sin esperanza movilizadora. Es un tiempo de incertidumbre absoluta en el que, como bien intuía Shakespeare, “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas con las partículas caóticas de esta nube cósmica que deja tras suyo la muerte de las narrativas pasadas.

Futuros posibles

¿Cuál será el nuevo futuro movilizador de las pasiones sociales? Imposible saberlo. Todos los futuros son posibles a partir de la “nada” heredada. Lo común, lo comunitario, es una de esas posibilidades que está anidada en la acción concreta de los seres humanos y en su imprescindible relación metabólica con la naturaleza. En cualquier caso, no existe sociedad humana capaz de desprenderse de la esperanza. No existe ser humano que pueda prescindir de un horizonte, y hoy estamos compelidos a construir uno. Eso es lo común de los humanos y ese común es el que puede llevarnos a diseñar un nuevo destino distinto a este emergente capitalismo errático que acaba de perder la fe en sí mismo. *Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia


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Gavetas

Hemeroteca del Diario de Centro América

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Aniversario de la TN DCA, 6 de enero de 1934.- Mañana cumple 40 años de establecida formalmente la imprenta del Estado como Tipografía Nacional. Son 4 décadas fecundas por su reafirmación de los prestigios en las artes gráficas guatemaltecas; su influencia en los progresos técnicos de la imprenta, del fotograbado, de la encuadernación, del rayado y de la cinematografía. Con estos adelantos en las artes gráficas, las obras impresas en los talleres de la TN son gala del industrialismo guatemalteco y constituyen uno de los aportes de mayor influencia en la cultura nacional, desde el punto de vista de las divulgaciones literarias. En este particular, cabe hacer justicia a todo el personal de la Tipografía.


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Reporte en V Juan Arturo Otero Castillo* uando el ser humano llega oficialmente al mundo a través del nacimiento, es expuesto a un abrumador volumen de información que pone de manifiesto las limitaciones físicas y psicológicas de ese momento para comprenderla; y solo con el paso del tiempo y un cuidado adecuado obtiene y desarrolla las herramientas necesarias para sobrevivir, comprender, adaptarse e influir sobre el entorno, valiéndose en el proceso de la práctica de una atención selectiva que busca evitar saturar los sentidos con la información que le rodea. Partiendo de este principio del desarrollo como base y sumado a una creciente población mundial que implica y multiplica cultura, ideología, religión, ciencia y conflicto, se explica la forma automática con que se crean divisiones de todo tipo. Se quiere simplificar la realidad delimitándola como recurso racional, perdiendo de vista la unidad de todo lo existente e ignorando las consecuencias autodestructivas que generan las acciones presuntamente dirigidas a otros, en actos que tienen por génesis el egoísmo arraigado en la ilusión de la individualidad. Por mencionar dos ejemplos, en los procesos de contaminación de los lagos por la industria, la empresa daña en apariencia algo ajeno cuando en realidad destruye el recurso natural que es necesario para sí misma, o el hecho de que en un acto violento a la vez que se hiere al otro se atenta contra la propia salud mental, emocional y física. En infinidad de casos asistimos al nacimiento continuo de diferenciación y choque (a más división, más fuentes de conflicto) que conducen a la autodestrucción o degeneración de la realidad, víctimas de la necesidad de crear una división instrumental que se vuelve contra nosotros.

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El peligro de

División e intolerancia religiosa

Según un cuento popular de la India, en el valle del río Brahmaputra vivían varios ciegos que competían por determinar cuál de ellos era el más sabio, para lo que a través del tacto habrían de describir la forma exacta de un elefante que palpaban, atribuyéndole cada uno formas tan variadas como la de una serpiente (trompa) o una pared de barro secada al sol (costado del elefante), desacreditándose entre sí de forma acalorada, negándose a admitir que su limitada percepción les impedía apreciar al ser integral que reflejaba fuerza y solidez a la vez que gracia y templanza. ¿Cuántas guerras se han emprendido en nombre de Dios? ¿Cuántos disgustos han visto la luz entre amigos a causa de pretenderse sabios antes que prójimos? Y, sobre todo, ¿cuántos siglos de intolerancia se dibujan en el sendero por recorrer, una vez las huellas de nuestros pasos hayan cedido ante el viento, la lluvia y el sol? La religión, etimológicamente, representa “volver a unir”, “vincular” al ser con Dios y a su vez al hombre con el hombre; sin embargo, hoy es frecuentemente sinónimo de división, intolerancia o indiferencia si el prójimo es ajeno a la propia creencia; surgen abismos entre religiones que siguen a profetas distintos, de creyentes que interpretan de forma antagónica las enseñanzas de un mismo maestro, y faltarán por llegar, ¿o ya están aquí?, los que sobre roca firme fundan

la iglesia del disidente de las enseñanzas del disidente del profeta original, en una espiral que causa división y sufrimiento por igual.

División material

De forma parecida como sucede con el concepto del tiempo, nos obligamos a creer que el mundo físico y tangible está dividido, en apariencia, hasta que la aplicación de escalas vuelve todo relativo, cuando vemos al cielo y nos comprendemos parte del planeta, de un sistema solar, que es a su vez una pequeña unidad en la inmensa galaxia, o si, por el contrario, sentimos palpitar con fuerza el corazón, casa y motor en que circulan coágulos de vida, compuestos a su vez por sistemas cada vez más diminutos e igual de imperceptibles que los millones de galaxias lejanas que nos saludan desde la oscuridad, reflejando que todo el universo funciona con las mismas leyes y el mismo molde, de lo macro a lo micro, sean estas galaxias, planetas, personas, animales, células o partículas atómicas. Desde lo intangible se intuye esta unidad a través de los vínculos afectivos que nos man-

tienen unidos a kilómetros de distancia, pues el afecto es como la fuerza gravitacional de los planetas que, aunque invisibles, determinan mutuamente su trayectoria en una danza perfecta a la distancia, así como sucede con las moléculas, sistemas planetarios, galaxias y ¿universos? Finalmente, la muerte nos recuerda de golpe la unidad más allá de la forma, con la vuelta de la materia a su forma original.

Límites mentales

La sed de poder y conquista son lastre del ser humano, antepasado y moderno. Se busca mantener la división de clases sociales, creadas artificialmente a golpes de ignorancia y egoísmo, pues la avaricia construye con barrotes de oro su propia prisión y deja un vacío profundo en los agrietados corazones que acumulan más de lo que pueden gastar. Si despojamos al ejecutivo de su traje y corbata y al obrero de su overol: solo queda humanidad. Muchas vestiduras son herramientas para dar un giro de tuerca a la mentira y aparentar la verdad. ¿No son acaso lo que llamamos con


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e la división

Nunca es demasiado pronto para aprender a rebasar límites artificiales.

orgullo patrio “países” producto de ese anhelo de poder y conquista? El egoísmo nos arrebató el mundo y marcó absurdos límites. ¿A quién pertenece la Tierra

Fotos: Archivo

si un latido de su corazón de magma es más longevo que los casi 200 años de Independencia de “nuestro país” que desde su cielo ha visto perecer sin excepción a quienes se han proclamado dueños de él en hojas de papel? Resulta entonces muy sencillo y natural comprender que somos solo raza humana de nacionalidad terrícola, haciendo eco a las palabras de Facundo Cabral cuando menciona: “Hay una sola religión, el amor; hay un solo lenguaje, el del corazón; hay una sola raza, la humanidad; hay un solo Dios y está en todas partes”. Los artificiales límites son alimento de la guerra, que enfrenta a iguales contra iguales cegados por el espejismo que vuelve en enemigo hasta el rostro del espejo y les invita a recitar con fervor “divide y vencerás”, aunque el ganador de hoy se convierta en vilipendiado mañana; al final, ninguno es vencedor, todos son víctimas de la ilusión. Las diferencias solo son valiosas si son interpretadas como complemento, nunca como división, intolerancia…, autodestrucción.

*Psicólogo

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Contando el tiempo

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Zygmunt Bauman:

la modernidad líq

El sociólogo polaco ha sido uno de los pensadores de referencia más incisivos de las últimas décadas. Una obra plena de lucidez constituye su legado.

EC*

l intelectual polaco Zygmunt Bauman ha muerto a los 91 años en Leeds, Reino Unido. Bauman, ganador del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2010) junto a Alain Touraine, fue el acuñador del concepto modernidad líquida. El filósofo, exiliado de su país en 1968 tras ser expulsado del Partido Comunista Polaco, se afincó en Reino Unido y fue profesor en la Universidad de Leeds. La obra de Bauman, galardonado con el European Amalfi Prize for Sociology and Social Science (1989) y el Theodor W. Adorno

(1998), se popularizó hace dos décadas gracias a sus teorías “líquidas” sobre las derivas de la posmodernidad y la quiebra del porvenir. “La clase media y los proletarios forman parte ya de una clase conjunta, el precariado, gente que no está segura de su futuro. Las leyes del mercado implican que tu compañía pueda ser devorada por otra y tú te vayas a la calle, perdiendo de pronto todo lo ganado en una vida. Nadie se siente seguro hoy. Nadie confía en el porvenir”, comentaba Bauman en una entrevista de 2014. Las nuevas generaciones “son las primeras desde 1950 que no inician su trayectoria a partir de lo logrado por sus padres, sino que están


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Los libros de Bauman expresan una búsqueda incesante de respuestas con base en la formulación de los problemas más acuciantes de nuestro tiempo.

quida preocupadas tratando de alcanzar y recrear las condiciones bajo las que han vivido. No miran al futuro, están replegadas y a la defensiva, y ese es un cambio muy poderoso”, añadió el pensador polaco en dicha entrevista. En su discurso de aceptación del Príncipe de Asturias, Bauman reflexionó así sobre las incertidumbres de la posmodernidad y las dificultades para analizar una era de certezas líquidas: “Hacer pedazos el velo, comprender la vida… ¿Qué significa esto? Nosotros, humanos, preferiríamos habitar un mundo ordenado, limpio y transparente, donde el bien y el mal, la belleza y la fealdad, la verdad y la mentira

estén nítidamente separados entre sí y donde jamás se entremezclen, para poder estar seguros de cómo son las cosas, hacia dónde ir y cómo proceder. Soñamos con un mundo donde las valoraciones puedan hacerse y las decisiones puedan tomarse sin la ardua tarea de intentar comprender. De este sueño nuestro nacen las ideologías, esos densos velos que hacen que miremos sin llegar a ver”. “Es a esta inclinación”, continuaba Bauman, “incapacitadora nuestra a la que Étienne de la Boétie denominó servidumbre voluntaria. Y fue el camino de salida que nos aleja de esa servidumbre el que Cervantes abrió para que pudiésemos seguirlo, presentando el mundo en toda su desnuda, incómoda, pero liberadora realidad: la realidad de una multitud de significados y una irremediable escasez de verdades absolutas. Es en dicho mundo, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar, y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro”.

Movimiento constante

Los análisis de Bauman sobre los vínculos entre la modernidad, el nazismo y el comunismo posmoderno le han otorgado un gran reconocimiento internacional. Ha contribuido al desarrollo de las ciencias sociales mediante la creación de conceptos como la teoría de la modernidad líquida , que define los tiempos actuales como una era de cambio y movimiento constante, en la que el hombre está huérfano de

referencias consistentes y los conceptos son más inestables que nunca. Las teorías de Bauman han ejercido una gran influencia en los movimientos antiglobalización. Su obra ensayística, que comenzó en los años 50, alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y holocausto (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad. Entre sus obras más significativas destacan La modernidad líquida (2000), considerada su obra cumbre, en la que observa cómo el capitalismo globalizado está acabando con la solidez de la sociedad industrial; Amor líquido (2005) y Vida líquida (2006). Además, es autor de títulos como La cultura como praxis (1973), La posmodernidad y sus descontentos (1997), La globalización: consecuencias humanas (1998), En búsqueda de la política (1999), La sociedad individualizada (2001) y Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias (2005). En esta última expone las consecuencias inevitables de la modernización, tales como las migraciones, los refugiados, el desempleo, la nueva pobreza y la necesidad de fijar identidades. Entre sus trabajos publicados en español se encuentran Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores (2007), Vida de consumo (2007), Archipiélago de excepciones (2008), Múltiples culturas, una sola humanidad (2008), El arte de la vida (2009) y Mundo consumo (2010). Su pensamiento y su obra han sido fruto de análisis en una decena de libros publicados por varios autores. *El Confidencial

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Tragaluz

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Jack London:

escrito Pablo Francescutti * arinero, buscador de oro, socialista, vagabundo, corresponsal de guerra, escritor a destajo y autor de ciencia ficción. Quien nació en 1876 en San Francisco como John Griffith Chaney se construyó un personaje extraordinario llamado Jack London a la altura de sus mejores ficciones. Durante varias generaciones, el cajón de sastre denominado literatura juvenil tuvo en su canon obras suyas, como Colmillo Blanco y La llamada de la selva, dos fábulas darwinistas narradas desde el punto de vista de un lobo y un perro, respectivamente, en cuyas páginas London escenifica la supervivencia del más apto, concepto que luego aplicaría a la sociedad humana. La primera pieza que vendió a un editor pertenecía al género de la ciencia ficción. Le siguieron una docena de cuentos y cuatro novelas en los que explora temas que hoy nos suenan familiares: la reanimación de cadáveres (A thousand deaths), el megalómano inventor del arma definitiva (The enemy of all the world), la búsqueda de la fórmula de la invisibilidad (The shadow and the flash), el derrumbe de la civilización a causa de una pandemia global (La plaga escarlata), la guerra bacteriológica entre una potencia asiática y las naciones de raza blanca ( The unparalell invasion) y, mucho menos usual, una parábola sobre el origen de la desigualdad social ambientada en la era de las cavernas (La fuerza de los fuertes).

Pionero de la ficción prehistórica

Recientemente se cumplieron cien años de la muerte de Jack London, el narrador de aventuras que inició en la literatura a generaciones de jóvenes con sus buscadores de oro en Alaska y sus marineros de los mares del sur. Menos recordadas son sus obras de ciencia ficción, entre las que sobresale la primera distopía moderna, El talón de hierro.

El mundo cavernícola le sirvió de escenario también en Antes de Adán (1906), obra que lo situó, junto a los hermanos J. H. Rosny, entre los pioneros de la novela prehistórica. Apoyándose en los sueños atávicos de un joven contemporáneo, el autor remonta el Pleistoceno medio y nos sumerge en la vida desagradable, corta y brutal de tres clases de homínidos: el simiesco Pueblo del Árbol, el más evolucionado Pueblo del Fuego, y la Gente, a medio camino de ambos. A esta última pertenece Diente Grande, el yo ancestral del joven soñador. Con su compañera La Rápida, vive a salto de mata esquivando a los tigres de dientes de sable y otros peligros, hasta que los suyos y el Pueblo del Árbol son arrinconados por el agresivo Pueblo del Fuego –nuestros antepasados–. Pese a su credo darwinista, London no oculta sus simpatías por los perdedores en la lucha evolutiva. Por otra parte, de sus escritos de anticipación el más memorable es El talón de hierro (1908). Esta aventura socialista de proporciones


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Guatemala, viernes 13 de enero de 2017

or profético London también fue marinero de agua dulce.

pectiva de una sociedad libre y socialmente justa, la Hermandad del Hombre.

Propaganda por el progreso social

El día en que Jack London navegó desde el pie de Broadway para su aventura en el Pacífico Sur a bordo del “Snark” en 1907.

Publicada en una coyuntura convulsa de Estados Unidos, de concentración de la economía en grandes monopolios, empobrecimiento masivo, corrupción galopante, enriquecimiento obsceno de una minoría de magnates y auge del Partido Socialista, cuyo candidato Eugene Debs quedó tercero en las elecciones presidenciales de 1904, la novela no pasó desapercibida. Unos críticos la tacharon de panfletaria, los socialistas moderados condenaron su escepticismo en las políticas reformistas, mientras otros celebraron su eficacia propagandística en aras del progreso social. Algunos lectores avispados observaron que su argumento consistía en una recreación actualizada del enfrentamiento expuesto en Antes de Adán, con las clases populares en lugar de los homínidos desplazados y la oligarquía ocupando la posición del Pueblo del Fuego. Años más tarde, le atribuyeron un valor premonitorio: haber anticipado el fascismo antes de que este cobrara existencia. La imputación a Everhard del atentado al Congreso prefigura el complot inventado por los nazis a raíz del incendio del Reichstag, la excusa usada para instaurar su dictadura.

Tremendista… , o no tanto Sus libros abarcan un amplio espectro de escenarios humanos.

épicas gira en torno a dos revolucionarios, la pareja formada por Everhard y Avis, que en un futuro cercano dirigirán al pueblo americano en su combate contra los plutócratas. Los hechos se precipitan cuando una huelga general simultánea en Estados Unidos y Alemania obliga a los gobiernos a desistir de una guerra de rapiña. El Ejecutivo estadounidense, furioso de que hayan frustrado sus planes expansionistas, reacciona culpando a Everhard, flamante diputado, de un atentado al Congreso montado por sus propios esbirros. A continuación, impone una reforma autoritaria de la Constitución

que le permite arrasar las libertades y controles democráticos. El talón de hierro, como se llama el régimen de la plutocracia, se dota de una policía secreta y con la ayuda de sindicatos corruptos consigue sojuzgar a la población. Como observa H. Bruce Franklin, “el clímax llega en una de las grandes escenas de la literatura apocalíptica”: el sangriento aplastamiento de la rebelión popular en Chicago a manos de mercenarios paramilitares. El desolador desenlace es atenuado por el epílogo, escrito siglos más tarde desde la pers-

En 1937, León Trostky saludó la agudeza visionaria de su “amenazadora profecía”. George Orwell, otro gran creador de distopías, la consideraba una de sus principales influencias. Hoy, muchos ven en El talón de hierro la obra maestra del autor de San Francisco. En ella se sacudió los prejuicios que lastran parte de su legado, como el desdén por las razas de color, una visión machista de la aventura y el culto socialdarwinista al más fuerte. A London, el escritor mejor pagado de su época, la vivencia de la injusticia en carne propia y la solidaridad con los desposeídos le decantaron en contra de los poderosos, aguzando su intuición de la reacción latente en su país para mayor riqueza de un texto que en su día sonó tremendista y hoy no lo parece tanto. *SINC

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Ventanas Biografías y vidas ísico y astrónomo italiano. Sus estudios sobre la caída de los cuerpos y la trayectoria de los proyectiles sentaron las bases sobre las que Newton fundaría la física clásica; en astronomía, la invención del telescopio le permitió acumular pruebas en apoyo del modelo heliocéntrico de Copérnico. Pero más allá de sus aportaciones concretas, que lo definen como un eslabón fundamental en la revolución científica europea de los siglos XVI y XVII, la relevancia histórica de Galileo reside sobre todo en la introducción del método científico experimental, y también en su condición de símbolo: pese a su desenlace, el proceso inquisitorial a que fue sometido por defender el heliocentrismo ha pasado a representar el triunfo definitivo de la ciencia y la razón sobre el oscurantismo cultural y religioso de la Edad Media. Nacido en Pisa, ciudad perteneciente al Ducado de Toscana en época de Galileo, fue el primogénito del florentino Vincenzo Galilei, quien lo matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Pisa. Pero en 1585, tras haberse iniciado en las matemáticas fuera de las aulas, abandonó los estudios universitarios sin obtener ningún título, aunque sí había adquirido gusto por la filosofía y la literatura.

Método experimental

En 1589 consiguió una plaza de profesor, mal remunerada, en el Estudio de Pisa. Allí escribió un texto sobre el movimiento, que mantuvo inédito, en el cual criticaba los puntos de vista de Aristóteles acerca de la caída libre de los graves y el movimiento de los proyectiles. Una tradición apócrifa, pero muy divulgada, le atribuye haber ilustrado sus críticas con una serie de experimentos públicos realizados en lo alto del Campanile de Pisa, desde donde dejó caer simultáneamente cuerpos de distinto peso para mostrar que todos llegaban al suelo al mismo tiempo, refutando con este simple experimento la por entonces sagrada autoridad de Aristóteles, que había afirmado, casi 2 mil años antes, que los cuerpos más pesados caían más de prisa. De haber ocurrido realmente, hubiera podido situarse en el episodio de la torre de Pisa el nacimiento de la metodología científica moderna. En lugar de especular vanamente sobre las teorías de los sabios de la Antigüedad y los padres de la Iglesia, cuya veracidad nadie ponía en duda (por eso Aristóteles o Santo Tomás eran llamados Autoridades), Galileo partía de la observación de los hechos, sometiéndolos a unas condiciones controladas y mesurables en experimentos como el de la torre; de tal observación surgían hipótesis que habían de corroborarse en nuevos experimentos y demostrarse matemáticamente, pues, según un célebre concepto suyo, “el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático”. En julio de 1609 visitó Venecia y tuvo noticia de la fabricación del anteojo, un rudimentario telescopio a cuyo perfeccionamiento se dedicó, y con el cual realizó las primeras observaciones de la Luna; descubrió también 4 satélites de Júpiter y observó las fases de Venus, fenómeno que sólo podía explicarse si se aceptaba la hipótesis heliocéntrica de Copérnico. Galileo publicó sus descubrimientos en un breve texto:

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El 8 de enero de hace 375 años fallecía este incansable investigador, considerado con justeza Padre de la ciencia y un referente ético de la comunidad científica.

Galileo Galilei El mensajero sideral, que le dio fama en toda Europa y le valió la concesión de una cátedra honoraria en Pisa. En 1611 viajó a Roma, donde el príncipe Federico Cesi lo hizo primer miembro de la Accademia dei Lincei, fundada por él, y luego patrocinó la publicación (1612) de las observaciones de Galileo sobre las manchas solares. Pero la profesión de copernicanismo contenida en el texto provocó una denuncia ante el Santo Oficio; en 1616, tras la inclusión en el índice de libros prohibidos de la obra de Copérnico, Galileo fue advertido de que no debía exponer públicamente las tesis condenadas. Su silencio no se rompió hasta que, en 1623, alentado a raíz de la elección del nuevo papa Urbano VIII, publicó El ensayador, donde expuso sus criterios metodológicos y, en particular, su concepción de las matemáticas como lenguaje de la naturaleza. La benévola acogida del libro por parte del Pontífice lo animó a completar la gran obra con la que pretendía poner punto final a la controversia sobre los sistemas astronómicos, y en 1632 apareció, finalmente, su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo; la crítica a la distinción aristotélica entre física terrestre y física celeste, la enunciación

del principio de la relatividad del movimiento, así como el argumento del flujo y el reflujo del mar presentado (erróneamente) como prueba del movimiento de la Tierra, hicieron del texto un verdadero manifiesto copernicano. El análisis galileano del movimiento sentó las bases físicas y matemáticas sobre las que los científicos de la siguiente generación edificaron la física clásica; respecto del heliocentrismo, la leyenda que atribuye a Galileo Galilei la frase referida a la Tierra Eppur si muove (“Y sin embargo, se mueve”), después de la abjuración señala ya la naturaleza indomable de la evidencia científica, que, incapaz de plegarse a un proceso inquisitorial, acabaría imponiéndose entre los astrónomos, gracias tanto a las observaciones de Galileo como a la coherente descripción de las órbitas elípticas de Kepler. Todos estos esfuerzos culminarían un siglo después en la sistematización de la mecánica por obra de Isaac Newton: los tres “axiomas o leyes del movimiento” (las leyes de Newton) y la ley de gravitación universal, que dedujo de las anteriores, daban cumplida explicación del movimiento de los cuerpos terrestres y de los planetas, logrando la unificación de la mecánica terrestre y celeste.


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H.G. Wells:

el autor que ayudó a imaginar el futuro

odos tenemos nuestras máquinas del tiempo. Las que nos llevan hacia atrás son los recuerdos... y las que nos llevan hacia delante son los sueños. Así describió este autor británico la relevancia de la ciencia ficción en una de sus novelas más conocidas, La máquina del tiempo (1895). En solo seis años, de 1895 a 1901, escribió sus obras más importantes, entre ellas La isla del doctor Moreau, El hombre invisible, La guerra de los mundos y Los primeros hombres en la Luna. Muchos de sus libros inspiraron años después otros clásicos. Un mundo feliz, de Aldous Huxley, comenzó como parodia de las novelas de ciencia ficción de Wells. Y el cineasta Orson Wells adaptó La guerra de los mundos en una versión radiofónica tan realista que pasó a la historia por haber hecho creer a millones de oyentes que los alienígenas invadían la Tierra.

Sin este visionario creador de un centenar de libros seguramente no habría películas como Star Wars o Volver al futuro. Archivo

Exitoso contador de historias

La receta del éxito de Wells era escribir de la forma más creíble posible. Hasta entonces los autores explicaban todos los acontecimientos fantásticos de sus libros de aventura recurriendo a la magia. Sin embargo, Wells se servía de teorías científicas y solo se permitía una excepción extraordinaria por cada una de sus historias, por ejemplo la aparición de alienígenas o los viajes en el tiempo. El padre de la literatura de ciencia ficción predijo muchos de los logros y sucesos del siglo XX, como el tanque, el avión, las guerras mundiales, la bomba atómica –un cuarto de siglo antes de la primera fisión nuclear–, una nueva Europa, las casas prefabricadas, la revolución sexual e incluso una forma primitiva de Wikipedia e Internet, a la que llamó cerebro mundial. Herbert George Wells nació el 21 de septiembre de 1866 en Bromley, municipio más bien aburrido a las afueras de Londres. Su padre era jardinero, pero se ganaba un dinero extra como jugador de críquet profesional, y su madre era ama de casa. H. G. fue tan malcriado que la más leve sombra de desaprobación le provocaba ataques de ira de los que no se libraban ni sus amigos más cercanos. Así lo describió uno de sus amigos, el escritor irlandés George Bernard Shaw. Wells aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba para formarse y rápidamente hizo carrera como exitoso contador de historias, algo que le abrió puertas también en lo privado. “La indignación moral es envidia rodeada de aureola”, dijo en una ocasión Wells, quien era mujeriego, para defender su búsqueda del amor libre. Era bajo y huesudo, con un aburrido bigote y una voz chillona, pero estaba tan lleno de ideas que a menudo las mujeres encontraban

Este seductor y tenaz fabulador y contador de historias podría verse como un viajero del tiempo.

irrestible a este donjuán de los intelectuales, como le gustaba llamarse. Así que H. G. Wells entretuvo a la mojigata sociedad británica también con sus aventuras privadas. Casado dos veces, en una ocasión intentó huir con la hija de uno de sus camaradas socialistas y otra vez el padre de una joven lo acechó con una pistola cargada en un club privado. Su relación con la escritora y música Elisabeth von Arnim era tan intensa que rompieron dos veces las camas de un hotel. Nunca sintió vergüenza y siempre fue claro: “Soy muy inmoral. He utilizado a personas que me han amado”. Wells soñaba con una sociedad liberal y se le llegó a considerar un feminista pionero, aunque le importaba más su propia libertad sexual que el derecho al voto de las mujeres. Al igual que Bernard Shaw y Bertrand Russell, formó parte de la Sociedad Fabiana, movimiento

socialista del que derivaron el Partido Laborista británico y la London School of Economics. Además, fue uno de los fundadores de la primera organización británica de derechos civiles, conocida hoy como Liberty. Visitó a Máximo Gorki, con cuya querida tuvo una relación; odiaba la barba de Marx, conoció a Lenin y entrevistó a Stalin. Quería cambiar el mundo y mezclaba en sus libros tendencias científicas con críticas socialistas. En la carta enviada a una amiga aseguró que enmascaró sus profecías como especulaciones sobre vehículos motorizados y calefacción eléctrica, pero que las pensó para socavar y destruir la monarquía, la monogamia y la fe en Dios. El precursor de nuestro presente murió el 13 de agosto de 1946. ¿Quizás fue en realidad un viajero del tiempo de un futuro liberal enviado al pasado para cambiar el curso de la historia? La Jornada


Revista Viernes 13012017  

Revista Viernes edición 167 del Diario de Centro América, 13 de enero de 2017.

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