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Editorial

brimos el año con una gran interrogante: ¿cómo reanudamos la marcha? La larga marcha. La respuesta es que hay que empezar a caminar. El camino es una incógnita que se despeja a medida que se avanza o retrocede, aunque físicamente el retroceso no existe. ¿Qué hacer para que la esperanza se eleve sobre sus propias derrotas? Para encontrar el cómo es necesario entender que somos viajeros en el tiempo, pues, por ejemplo, mientras aún vivimos las consecuencias de las guerras de colonización continental, estamos tratando de entender apenas las claves de este presente acérrimo que nos muestra el muro, no la puerta. Ir al pasado, no para atrincherarse o para dolerse del paraíso perdido, sino para leer en el paisaje de la memoria los atisbos de futuro. Hay atisbos de futuro en las gestas de los pueblos originarios y hay atisbos de futuro en la aventura republicana que protagonizamos. Es más: hay atisbos de pasado en el futuro. Cosas para cuya transformación es necesario hacer acopio de paciencia, pues aparecen una y otra vez a lo largo de los milenios. La idea es no darse por vencidos, aun vencidos, como gritaba un himno de guerra emblemático del período bélico recién pasado. No darse por vencidos aun vencidos. Seguir adelante. Mientras tanto, un pensamiento para aquellos que no están con nosotros pero que se manifiestan cotidianamente en nuestros sentimientos y actos. Este es el primer Viernes del resto de nuestras vidas. Salud.

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Guatemala, VIERNES 3 de enero de 2014

Cuento diecisiete

El canalón Estuvieron despiertos mucho rato, fumando, mientras el viento se paseaba por la casa, arrancando pedazos de pared y haciendo caer piedras; del piso de arriba saltaban trozos de revoque que se estrellaban en la planta baja con estrépito. Él solo veía de la mujer una tenue silueta, un contorno rojizo, cada vez que se avivaban las brasas de los cigarrillos: la suave curva de sus pechos bajo la tela del camisón y el perfil de su cara en reposo. Al ver la fina hendidura de sus labios, aquella leve entalladura de su rostro, sintió una oleada de ternura. Habían sujetado bien las mantas a los lados, y se apretaban uno contra otro. Aquella noche no tendrían frío. Los postigos golpeaban y por los cristales rotos de las ventanas silbaba el viento. Lo que se oía arriba, entre los restos del tejado, eran verdaderos aullidos, y en algún sitio algo batía con fuerza contra una pared, algo duro y metálico, y ella murmuró: —Es el canalón. Hace tiempo que está suelto. —Le asió la mano y prosiguió en voz baja— Aún no había estallado la guerra, yo ya vivía aquí, y cada vez que llegaba a casa y veía ese trozo de canalón colgando pensaba: «Tienen que mandarlo a reparar». Pero no lo mandaron a reparar. Colgaba torcido, uno de los ganchos se había caído. Yo lo oía golpear cuando hacía viento, lo oía las noches de tormenta, desde esta cama. Vino la guerra y siguió igual. En la pared se veían las marcas del agua, un reguero blanco con los bordes gris oscuro, de arriba abajo, cerca de la ventana y, a derecha e izquierda, unas manchas redondas, con el centro blanco y aros grises alrededor. Después, me fui muy lejos, trabajé en Turingia y en Berlín, y cuando la guerra terminó y yo regresé, el canalón seguía igual. Media casa se había hundido, yo había estado lejos, había visto mucho sufrimiento, muerte y sangre. Me dispararon con ametralladoras desde unos aviones y pasé miedo, mucho miedo… y, mientras, ese pedazo… de zinc seguía colgando, echando la lluvia al vacío… porque la pared se había caído. Las tejas saltaron por los aires, los árboles fueron derribados, el yeso se desprendió de las paredes, cayeron

bombas, muchas bombas, y ese pedazo de zinc seguía colgado de un solo gancho, sin ser alcanzado ni arrancado por la presión de las explosiones. Su voz se hizo más suave, casi cantarina, y ella seguía oprimiéndole la mano. —Mucho ha llovido durante estos seis años —dijo—. Mucha gente ha muerto, muchas catedrales se han hundido; pero cuando regresé el canalón seguía ahí, y las noches de viento lo oía golpear. ¿Me creerás si te digo que me gustaba? —Sí —dijo él. El viento había cesado, la noche estaba serena y el frío se hacía sentir. Se subieron las mantas y metieron los brazos. En la oscuridad ya no se divisaba nada, ni su perfil veía él, aunque la tenía tan cerca que sentía su respiración: el soplo ligero y cálido de su aliento era tranquilo y regular, y él pensó que se habría dormido. Pero, de pronto, dejó de percibirlo y buscó sus manos. Ella las asió con fuerza y él notó su calor y pensó que aquella noche no tendría que pasar frío. De pronto, se dio cuenta de que ella estaba llorando. No se oía nada, solo por el movimiento de la cama dedujo que ella se frotaba la cara con la mano izquierda, pero tampoco podía precisarlo y, sin embargo, sabía que lloraba. Se inclinó sobre ella y volvió a sentir su aliento, que parecía resbalarle por la piel como un suave fluido. Ni siquiera cuando le rozó la fría mejilla con la punta de la nariz pudo ver algo. —Anda, échate —dijo ella en voz baja—. Vas a coger frío. Él no se movía, quería verla, pero no vio nada hasta que, de pronto, ella abrió los ojos. Entonces vio el brillo de sus ojos y el débil fulgor de las lágrimas. Ella estuvo llorando mucho rato. Él le tomó la mano y volvió a arrebujarse en la manta. Y le sostuvo la mano hasta que sintió que ella aflojaba la presión de los dedos y se soltaba lentamente. Él le rodeó entonces los hombros con el brazo, la atrajo hacia sí y también se quedó dormido y durante el sueño sus alientos se entremezclaban como caricias… Heinrich Böll/ Alemania

DIRECTORIO

Director General, Héctor Salvatierra; Subdirector General Técnico, Rodrigo Carrillo; Editor, Otoniel Martínez; Diseño Gráfico, Héctor Estrada, Elisa Álvarez, Paulo García, Elvis Rodas; Redacción: María Mercedes Arce, Patricia Palacios, Christa Bollmann, Manolo Acabal, Héctor Castañeda; Internacionales: Édgar Quiñónez; Corrección: Jorge Mario Juárez; Digitalización: Boris Molina; Museo de la Tipografía Nacional, Thelma Mayén; Hemeroteca del Diario de Centro América, Álvaro Hernández.


La mirada Oceanía

Fotos: AFP

Mas casas en el ano nuevo

Foto: Danilo Ramírez

Asia

África

Europa

Redacción ara cumplir con la promesa de dar techo propio a los damnificados por el terremoto, el presidente Otto Pérez Molina entregó mil 56 viviendas en San Marcos y Quetzaltenango, como parte del proceso de reconstrucción por el sismo del 7 de noviembre de 2012. El Gobierno invirtió Q41 millones 700 mil en 558 casas en la región marquense y 498 en la quetzalteca. “Estamos cumpliendo con los compromisos de Gobierno, para que los núcleos familiares que han sido asistidos puedan pasar las fiestas bajo un techo seguro”, manifestó el gobernante. Por su parte, la vicepresidenta Roxana Baldetti indicó: “Hubo dudas sobre si las residencias se iban

a levantar. Pero esto es el reflejo de que con trabajo eficiente se cumple con la población guatemalteca, a la cual nos debemos como funcionarios públicos”. Con esta entrega se totaliza la construcción de 4 mil 817 casas, en las que se ha invertido Q100 millones 458 mil. El dignatario resaltó que en 2014 se agilizarán los trabajos para culminar con la edificación de 2 mil 483 techos propios pendientes en Quetzaltenango, que estaban a cargo del desaparecido Fondo Nacional para la Paz, y que ahora se hará con el esfuerzo de las carteras de Comunicaciones y de la Defensa. Con todo este trabajo se terminarán de levantar 7 mil 300 domicilios contemplados en la reconstrucción. “Hay total transparencia en la movilización de materiales y contratación de personal de albañilería, entre otros componentes en estas labores”, explicó Alejandro Sinibaldi, titular del Ministerio de Comunicaciones.

América

Los primeros en recibir el año fueron los australianos, quienes lo festejaron con juegos pirotécnicos en el puente Harbour. Después fue el turno de los asiáticos, quienes celebraron con luces de color en Beirut, Líbano. Posteriormente, los africanos, en Abidjan, Costa de Marfil, gritaron de júbilo. Finalmente, en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, 2014 fue recibido con los brazos extendidos dentro del mar. Guatemala, VIERNES 3 de enero de 2014

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Fernando Urquizú*

Cronicas y

recuerdos

de enero

n la revisión de las crónicas y recuerdos de las tradiciones de Guatemala, que han alcanzado cierta vigencia en la segunda década del siglo XXI, debemos partir del esperado día de Noche o Año Viejo y llegar al Año Nuevo, justo a las 12 de la noche, que marca el fin de un ciclo y el comienzo de otro en el que concebimos alcanzar las metas que nos proponemos en la vida a corto, mediano y largo plazo. En el calendario ancestral prehispánico puede que esta referencia se realizara en otra fecha, pero fue absorbida por el calendario ritual católico romano desde la venida de los españoles, a finales de 1523, lo que implica que el primer Año Nuevo, como lo conocemos actualmente, fue el de 1524. Este día ya se conmemoraba una festividad denominada El Dulce Nombre de Jesús o JHS presente en la heráldica europea, inspirada en la costumbre hebrea de la circuncisión de los niños a los ocho días de nacidos, ocasión en la que tomaban el nombre propio con el que serían conocidos en el resto de su vida. El desarrollo de la cultura hispánica en el medio aprovechó esta enseñanza para difundir la obligatoriedad del bautismo para reconocer a los infantes como miembros de la Iglesia, pero la realidad pragmática era llevar un estricto control registro de los vasallos de la monarquía. En consecuencia, el bautismo era obligatorio y toda gente que no cumplía con este requisito contaba con la amenaza de creencias populares, como: que si pasaba más de ocho días sin efectuar esta ceremonia los niños podrían ser sustraídos en cuerpo y alma de Foto: Archivo

Entrada triunfal del Santo Cristo de Esquipulas a la Nueva Guatemala de la Asunción, después del triunfo del Movimiento de Liberación Nacional en 1954.

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Foto: DCA

sus cunas por Satanás, que tenía como aliados otros demonios menores; y si esto no sucedía habría la posibilidad que le salieran cachos en la frente como parte de su desarrollo físico y social fuera del cristianismo. Festividad, crónicas, tradiciones, costumbres, saberes y anécdotas fueron dando forma a la costumbre de hacerle, desde la última semana de diciembre, su faldón o vestidito de bautismo al Niño Jesús, que nacía desnudito en su pesebre a las 24 horas de este mes, pero que debía ser integrado al pueblo de Dios mediante el sacramento y así permanecer todo el año, debidamente ataviado con su atuendo de faldón del que se le desprendería hasta la siguiente Noche Buena. A esta conmemoración, le sigue el 2 de enero, denominada de la Virgen, como Reina y Madre de la Iglesia, eventualidad que nos explica los diferentes rezados que con su escultura siguen saliendo en diferentes iglesias de los viejos barrios de la Nueva Guatemala de la Asunción y muchos pueblos del área rural. En este contexto debemos tener en cuenta que dicha fiesta obedecía a otra situación material que nos explica situaciones puntuales, como el origen del rezado del 1 de enero del actual Santuario Expiatorio del Sagrado Corazón en el barrio de San Gaspar, antiguamente conocida como iglesia de Santa Cecilia, muy relacionada las tradiciones de enero como veremos. Este barrio, a las orillas del actual Centro Histórico, era originalmente un pueblo trasladado de Antigua Guatemala llamado San Gaspar, dedicado al culto de Jesús y la Virgen bajo el misterio de la “Epifanía de Jesús”, que reconoce a Cristo como Rey de reyes de los continentes identificados en la época colonial, eventualidad que se centraba en la lectura iconográfica e iconológica de la representación de los Reyes Magos; así, un rey de raza negra montado en un elefante que representaba África; otro de tez morena que monta un camello, Asía, y otro de piel blanca que galopa en un corcel blanco. Estos elementos simbólicos se recapitulaban el 6 de enero, día en que se entregaban a los niños los juguetes, costumbre popular que se perdió conforme avanzó el capitalismo y se desarrollaron las facciones iconoclastas del cristianismo, que popularizaron el árbol de Navidad y Santa Claus para colocar los regalos como un producto más del consumismo en el día de Navidad. Sin embargo, la costumbre de representar autos sacramentales en plazas y atrios de templos con este tema alcanzó algunos pueblos de la república hasta muy entrado el siglo XX, donde llegaban cargados de juguetes y dulces para los patojos que los esperaban con gran entusiasmo, hasta que fueron desapareciendo del ideario y relevados por otras festividades como: El Día del Niño, que ahora celebramos el 1 de octubre. En las crónicas y recuerdos de las festividades de enero también cobró capital importancia el 15 de enero, dedicada al Santo Cristo de Esquipulas, devoción destinada a relevar a la Virgen de Guadalupe como ícono de unidad en la arquidiócesis de México, a la que estuvo adscrito el obispado de Guatemala de 1547 a 1743. Esta advocación cobró fuerza cuando se formó el Arzobispado de Santiago de Guatemala, que debió crear sus propias devociones, eligiéndose como consecuencia el templo católico más grande de Centroamérica en el corazón de la nueva jurisdicción

La escultura y el poblado fueron paulatinamente to­­­mando un lugar como símbolo de lo guatemalteco o centroamericano, expresado en sus luchas no necesariamente religiosas.

Escultura del Dulce Nombre de Jesús (JHS), realizada por el renombrado artista Julio Dubois, en la Nueva Guatemala de la Asunción en 1910, cuya festividad se conmemora el 1 enero.

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Foto: Fernando Urquizú

Caja de Peticiones, vía informática, al Santo Cristo de Esquipulas colocada a los pies de la escultura de esta advocación en su camarín.

Almanaque del 2010, expendido en una parroquia de la ciudad de New York donde funciona una Hermandad del Santo Cristo de Esquipulas, que aglutina a los connacionales que viven en aquella ciudad estadounidense.

eclesiástica erigida, situándolo en un sitio conveniente, casi al centro entre la ciudades de Santiago de Guatemala, Ciudad Real de Chiapas, Tegucigalpa y San Salvador, como pueblos más desarrollados de aquel tiempo, alcanzando ya una influencia en Nicaragua y Costa Rica, que también fueron adscritas al nuevo arzobispado. El Santo Cristo de Esquipulas pronto contó con un historial que justificara su carácter prodigioso, y se ordenó la concesión de indulgencias a los peregrinos que lo visitaran en el monumental templo por parte de los obispos sufragios de la nueva arquidiócesis, fortaleciéndose esta devoción como un símbolo de unidad regional. En este contexto ideológico, la escultura y el poblado fueron paulatinamente tomando un lugar como símbolo de lo guatemalteco o centroamericano, expresado en sus luchas no necesariamente religiosas. Una vez entendido el origen y desarrollo de esta devoción, podemos fácilmente ubicar su papel como parte y contraparte de las reformas liberales, su figura en primer plano del enfrentamiento entre capitalistas y socialistas, su papel como símbolo de la unidad contra el desarraigo de los pueblos en el conflicto armado interno, hasta considerarse el lugar, como un sitio propicio para alcanzar los Acuerdos de Paz a finales del siglo XX, evento que nos da una idea del uso político de esta devoción, la cual constituye parte fundamental del movimiento de ideas entre los distintos grupos sociales del país, que le ha permitido incorporarse al avance de la cultura global, especialmente en comunidades de connacionales que viven en el extranjero, exportándose de esta manera el sentido de unidad que genera, especialmente en el mes de enero, cuando sus devotos dentro y fuera del país documentados o ilegales piden, vía Internet, su intercesión para la concesión del sueño americano de bienestar material por medio del trabajo. La siguiente conmemoración especial es el día de San Sebastián, el 20 de enero, que tenía mucho apego en el ideario religioso hispánico, derivado de su fusión con una deidad ancestral prehispánica, a la

en la aflicción que debió haber sentido la Virgen al darse cuenta que había perdido a su hijo en su visita al templo, y la alegría al recuperarlo cuando, él le habría hecho saber la importancia de su misión en la tierra, que era esparcir las enseñanzas religiosas. El regreso de la efigie del Niño Jesús al nacimiento habría la siguiente etapa de la utilidad de este altar en la fijación de la unidad familiar, como lo era el rezo de la novena en su honor, el cual debía terminar preferentemente el 2 de febrero, día de la Purificación de la Virgen o día de Candelaria. En las crónicas y recuerdos de enero no debemos dejar de lado las grandes moloteras que año con año se forman en las librerías con motivo del regreso a clases de las nuevas generaciones de patojos con unos listados que cada año superan el anterior con útiles escolares que jamás utilizan de manera adecuada, debido al incremento de la reproducción mecánica del conocimiento, que incluye cada vez una dependencia más grande de la informática. En este contexto, cada vez nos sorprende la reducción de los períodos de clases presenciales y el abuso de la copia en trabajos de investigación cada vez más complejos, pero poco interpretados por la mayoría de educandos, pero que, sin embargo, son bien llevados por unos pocos que alcanzan al final el éxito en el ejercicio de una profesión. *Doctor en Historia

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que se le rendía culto mediante un baile ritual identificada en el Memorial de Sololá como: La danza del Tongolón, en la que se flechaba a un joven atado a un árbol. Esta referencia nos permite asociar la mezcla entre esta devoción con la que se le profesa en el medio al pretor romano, que murió de la misma manera convirtiéndose en un héroe del cristianismo católico, cuya evidencia es perceptible desde la existencia de una antigua parroquia en la Antigua y la Nueva Guatemala que funcionó bajo esta advocación y que aún cuenta con una capilla en la Catedral Metropolitana y muchas iglesias de la capital y el interior, siendo el santo patrono protector también de muchas poblaciones. El mes de enero termina con la tradición popular de una costumbre producto de la festividad de “Jesús perdido y hallado en el templo”, cuyo epicentro era la llamada capilla del III Dolor de la Santísima Virgen, dedicada a esta devoción llamada actualmente de los Dolores del Cerro, en Antigua, y trasladada a una capilla de la iglesia de Candelaria en la Nueva Guatemala. Esta evocación está destinada a fijar la idea de respeto de la familia por el ejercicio profesional de los fieles y que debía ser doblemente valorado si se dedicaban a la vida religiosa. Esta doctrina originó la tradición local de sustraer la imagen del Niño Dios del nacimiento para devolverlos con fiesta y regocijo en el tercer domingo de enero, cuando se celebraba esta fiesta inspirada

Un rey de raza negra montado en un elefante que representaba África; otro de tez morena que monta un camello, Asia, y otro de piel blanca que galopa en un corcel blanco, es de Europa.


El corazon delator

Edgar Allan Poe

Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la Tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia. Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre. Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría... ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo, mientras dormía. Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás... pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente. Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando: -¿Quién está ahí? Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo

no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando... tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte. Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena... ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: “No es más que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez”. Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación. Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna. Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre. Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito. ¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es solo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado. Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquel me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí... ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez... nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme. Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones

que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas. Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar... ninguna mancha... ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo... ¡ja, ja! Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora? Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar. Sonreí, pues... ¿qué tenía qué temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto, bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima. Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara... hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos. Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba... ¿y qué podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso..., un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y; sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia... maldije... juré... Balanceando la silla, sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto... más alto... más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían... y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces... otra vez... escuchen... más fuerte... más fuerte... más fuerte... más fuerte! -¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!

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Este artículo sintetiza estadías de campo con fines etnológicos entre 2003-2005, en la región de los chuj, dentro del taller Espacio de los muertos, del programa de investigación Geografía de lo sagrado: dinámicas de los espacios y las identidades mayas, que estuvo a cargo de Aurore Monod-Becquelin, directora de investigación del CNRS (Universidad de París X).

Recorridos de

los caminos d

Ruth Piedrasanta Herrera* a muerte para los chuj constituye un suceso culminante de la vida y, más que un evento final, se le considera un momento “de paso”, pues la creencia que se trata del tránsito hacia otra realidad resulta unánimemente compartida. Esa otra realidad, hacia la cual transitan quienes mueren, guarda más relación con la tierra y su interior, aunque de diferentes maneras que con el cielo, cuya representación entre los chuj no guarda demasiadas semejanzas con el prometido por la Iglesia. Con respecto al tránsito emprendido por los difuntos, se sabe que implica varios tipos de recorridos, para los cuales resulta menester el concurso de cierta clase de intermediarios. Por otra parte, el lugar final de destino y el recorrido que deben efectuar los muertos se ve afectado por el hecho de tener o no deudas contraídas con el dueño del cerro, o bien, por la oportunidad de morir a su hora o no, cuestiones por las cuales se dirigirán hacia los dominios del cerro o hacia chamub’ -lugar de la muerte-1, no sin cumplir ciertas escalas en el trayecto. Cabe comentar que chamub’ no se encuentra reñido con un imaginario donde el infierno cristiano aparece, pero se permite innumerables licencias en relación a tales creencias. Tenemos entonces que, no obstante, su contenido sincrético, las convicciones sobre el destino después de la muerte, así como lo que incumbe al trato de los vivos para con los muertos, revelan su adscripción a lo que se considera una fuerte tradición maya. En ella aparecen varios rasgos similares a sus vecinos, mayas también, pero se perfilan bien sus propias características. En los recorridos que emprenden los muertos existe una serie de riesgos, y para sortearlos se requiere del concurso de distinta clase de mediadores, que ayudan a pasarlos de un espacio a otro. El mediador más

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importante ha sido el maxtol o maestro de coro, quien es una de las autoridades religiosas tradicionales entre los chuj. El maxtol ha tenido un desempeño particular en los ritos ligados a la muerte, y logró constituir un poder religioso-sincrético considerable durante siglos, ligado a la Iglesia católica. En esta zona del país, los maestros de coro fueron personajes clave en el mantenimiento de la fe adquirida en la Colonia, aun así se dio una peculiar adaptación regional que se mantuvo ligada al tratamiento ritual de los muertos. Fue por medio de este desempeño ritual que los maxtoles respondieron a las creencias chuj, pues desempeñaron distintas funciones que mantenían la relación con los difuntos. La más importante consistía en levantar el espíritu del muerto, pues luego de velar al finado, de manera familiar y comunitaria, había que sacarlo de su casa y era el momento en que el maxtol intervenía para llevar al espíritu fuera del hogar e irle mostrando el camino hacia el camposanto. Esto se hacía en medio de cantos y rezos, en latín, que el maxtol leía. Así pues, era él quien marcaba ritualmente el punto de partida hacia los caminos de chamub’. Dentro de los recorridos iniciales luego de morir figura el reconocimiento del muerto por la autoridad ya fuera de este mundo, como efectivamente apto para morir. Juan nos ilustra al respecto: “Porque aquí muchos se han muerto por un minuto o una hora… ellos cuentan que aquí a la autoridad es donde llegan, cuando ya le conviene a uno y llega allí, se queda de una vez”. Pero cuando a uno no le ha llegado el momento “la autoridad o la policía municipal lo devuelve a la casa. A veces regañan y dicen que

por qué esta allí si todavía no les ha llegado su hora y deben regresar dicen…” Ahora bien, cuando ya es la hora de morir, hay una serie de recorridos obligados, uno de ellos concierne a donde se dirigen los muertos: “Decían que se iban directamente al infierno, así decían todos. Pero el Aj-chum2 [adivino] dice [que] si uno no tiene rezo, porque se va uno lleno de pecados, entonces la mamá o el papá ora por los muertos para que el guardián del infierno lo salve, o sea que lo saque, porque si no hay nada de oración… ellos están detenidos allá en el infierno. El chamub’ es el infierno digamos… allá es donde están presos unos y otros están libres”.


los muertos, y

de chamub'

Ilustración: DCA

1. Cham significa morir, y es una raíz que denota todo lo relativo a la muerte. 2. Literalmente significa el señor de los Chumes o semillas con las que se practica la adivinación. 3. Ver Piedrasanta: 2001.

Chamub’ entonces no es el infierno conocido como destino único de castigo eterno y sufrimiento, sino se amplía, y puede ser a la vez un espacio de reclusión tipo carcelario, y un espacio de libertad. Ahora bien, dicha libertad debe conseguirse. En esto

entran en juego una serie de estratagemas, que pueden demandar otros mediadores y algunos ritos familiares. Una manera de liberarse de la prisión de chamub’ es negociar con los jueces o encargados (guardián del infierno). Por esta razón a los difuntos a veces se les colocan todos sus anillos o se ponía monedas en sus manos, para que tuvieran con que pagar sus multas a los jueces y no permanecieran presos. Otra forma de interceder en los recorridos de los muertos nos fue referido: “El Aj-chum es el que dice que se rece. [Para eso] empiezan a dialogarse: qué falta tiene el papá y la mamá y así hacen oración… [Se ve] qué falta han cometido sobre la tierra y lo recomiendan con los

abuelos muertos… Se les recomienda a ellos para que se junten allí donde están. Puede que se llegue a un lado malo, entonces para eso están los tatarabuelos, es como portavoz los tatarabuelos. Ya están allá y ellos son los que [interceden ante] los jueces allá”. Aquí nuevamente aparece la figura de un mediador -o más bien varios-, los tatarabuelos muertos, quienes evitarán peligros de ese camino, o los podrán sacar o conducir de un lugar funesto hacia uno con menos riesgos. Por otro lado, la comunicación entre los vivos y los muertos en su devenir, se puede perpetuar a través del wayich, cuando uno duerme. Así nos fue dicho: “Y vienen [los muertos] a dar aquí sueño también. Los que mueren vienen a dar sueños a sus familiares, el wayich viene a contar con sus familias me está pasando así… entonces allí es cuando se ponen a orar”. Finalmente, si se han tenido tratos con el dueño del cerro, y este en vida del difunto le ha dado pisto -dinero- o buena fortuna -animales u otros bienes-, después de la muerte es el momento de cubrir la deuda. La cual consistirá en desempeñar una determinada labor eternamente. Sin embargo, no lo hace solo. Don Mateo Torres de San Mateo nos dice: “Se queda de una vez en el cerro, en el cerro allí y se va toda la familia allá dice. Si pues, porque no solo él se come el pisto, [la] familia también, entonces también se van”. Conviene mencionar que los dominios del dueño del cerro pueden hallarse en el mismo paisaje donde moran los vivos o bien dentro del cerro mismo, es decir, que no se trata del espacio que ocupa chamub’. Asimismo, debe destacarse el sentido colectivo de tipo familiar ligado a la muerte. Por lo aquí expuesto, este se expresa en al menos dos puntos: el mantenimiento de la relación entre vivos y muertos a través de los años, la cual ocurre particularmente en el nivel familiar, y, por otro lado, en los alcances que esta unidad puede tener, pues estos lazos permiten asegurar un mejor destino a los muertos, por medio del apoyo mutuo y la solidaridad que se extiende más allá de la vida. En el primer punto pueden apreciarse los cuidados que merecen los muertos, como el rezo familiar dialogado de los vivos para aliviar las penas del finado por los caminos de chamub’, o los mensajes a la familia expresados por el propio wayich del fallecido. Por otra parte, los miembros extintos de la familia, gracias a la consanguinidad, juegan un importante papel como mediadores a favor de los muertos recientes en esos riesgosos paraderos. En el segundo punto, saldar la deuda con el señor del cerro, así como algunos casos enfermedad, constituyen un asunto familiar y no individual. En ellos la familia comparte la responsabilidad en el mal de uno de sus miembros –en el caso de la enfermedad3 - o disfrutó igualmente del bien concedido –caso de la deuda con el Cerro–, por tanto, debe actuar en conjunto, aun después de la muerte. De lo que se infiere que la unidad e imbricación producto del parentesco, constituye un rasgo que no se extingue con el fin de la vida. De las consideraciones aquí evocadas se desprende que para los chuj los muertos no descansan. Comúnmente asumen un estado deambulatorio a través de los caminos de Chamub’. En estos recorridos se demanda el apoyo de mediadores o intercesores, vivos o difuntos, quienes funcionan como pasadores entre los distintos espacios de libertad o de mayor peligro. Eventualmente, en caso de haber sido favorecidos por el “cerro” con buena fortuna, deberán trabajar en sus dominios, como con los de un patrón, a quien se deben como eternos siervos. Por eso puede decirse que la idea sobre la paz y el descanso eterno para los muertos difiere mucho de lo que piensan los chuj. *Doctora en Antropología

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Patricia Palacios e le conoce mundialmente como autor de las novelas clásicas y fantásticas El hobbit, y el Señor de los Anillos, de temáticas mitológicas, lenguajes creados y criaturas irreales, que han impactado en la industria cinematográfica y editorial, entre otras. En 1920 trabajó en la redacción del Oxford English Dictionary y con la experiencia adquirida entró a la universidad de Leeds como profesor no titular de Lengua Inglesa. También impartió clases de anglosajón en la de Oxford; asimismo, lengua y literatura inglesa en la de Merton. Mantuvo una estrecha amistad con el escritor C.S. Lewis, creador de Las Crónicas de Narnia, los dos eran miembros del grupo los Inklings, cuyo objetivo era el debate literario. El 28 de marzo de 1972 fue nombrado por la reina Isabel II Comendador de la Orden del Imperio Británico, y en 2008, el diario The Times lo clasificó sexto de Los 50 escritores británicos más grandes desde 1945. Hoy se cumplen 122 años del nacimiento de John Ronald Reuel Tolkien, conocido como J.R.R. Tolkien, que nació el 3 de enero de 1892 en la ciudad de Bloemfontein, en el estado libre de Orange, en Sudáfrica, y falleció en Oxford el 2 de septiembre de 1973. Tolkien fue escritor, filólogo, poeta y profesor universitario, católico rematado, militar, seguidor de normas y costumbres aprendidas en casa y en la iglesia.

Padre del

El origen Tolkien

Los antepasados paternos de este literato fueron artesanos de Baja Sajonia, Alemania, aunque estuvieron en Inglaterra desde el siglo XVIII. Su apellido es un anglicismo del alemán Tolkien (temerario). Por otro lado, la familia Suffield, su apellido materno, eran comerciantes y asentados en Birmingham. John Ronald Reuel recibió el primer nombre de su abuelo paterno, como parte de la tradición de llamar así al hijo mayor del hijo mayor, ya que su tío solo tenía hijas, le tocó a su padre nombrarlo así. Su segundo nombre fue puesto por su madre, quien pensó que sería una niña y eligió Rosalind, quedando Ronald como sustituto, y el tercero, que significa “próximo a Dios”, de su progenitor.

De casa en casa

El clima de África afectó la salud de Ronald, como le llamaba su familia, por lo que en 1895 su madre decide regresar a Inglaterra cuando tenía 3 años, junto a su hermano, Hillary Arthur, nacido en 1894. Quedando su padre en Orange al cuidado de la venta de diamantes y piedras preciosas para el banco de Inglaterra. Su padre esperaba reunirse con ellos en ese país, pero fallece de fiebre reumática el 15 de febrero de 1896, lo que dejó a Mabel y sus dos hijos sin ingresos, y la obligó a regresar a vivir con su familia en Birmingham. En ese mismo año volvieron a mudarse a Sarehole, hoy Hall Green, una villa de Worcestershire, que tiempo después perteneció a Birmingham. Este lugar boscoso, rodeado de colinas, forma parte de los pasajes de algunas de sus obras. Sin dejar de lado la granja de su tía Bag End (Bolsón Cerrado), nombre que utilizó en su ficción.

“...esto es como un golpe de hacha junto a las raíces”. Tolkien, al referirse a la muerte de C. S. Lewis en 1963.

Ilustración: Archivo

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Hobbit Su madre se encargó de educarlos, su amor por la botánica fue inculcada por sus enseñanzas, lo que le despertó el placer por la naturaleza. Comenzó a pintar paisajes, árboles, pero su predilección eran los idiomas, cuyas bases del latín, aprendido de ella, desarrolló su aptitud lingüística que lo llevó a crear idiomas propios, utilizados en sus libros.

Niño prodigio

Cuenta Humphrey Carpenter en J.R.R. Tolkien: Una Biografía, que él ya escribía y leía fluidamente a los 4 años. Todos los conocimientos adquiridos en su casa le facilitaron la entrada en King Edward´s School, de Birmingham, y luego en la Escuela de San Felipe del Oratorio, de la misma región, y en el Exeter College, en Oxford, donde se graduó con honores. Todo cuanto le sucedió fue parte de su visión literaria, como la anécdota que se lee en esta reseña de su vida“… en la infancia del pequeño John le picó una tarántula en el jardín de su casa en Bloemfontein y su nana, una mujer negra, que puede verse en una de las pocas fotografías familiares de la época, le succionó el veneno con la boca”. Según Carpenter, hay críticos que sugieren que este contratiempo tiene paralelos en sus historias, pero Tolkien aseguró, en su tiempo, no tener recuerdo alguno de este accidente ni de tenerle miedo a estos insectos.

El catolicismo y la precariedad

Mabel, su madre, decide en 1990 sumarse a la religión católica sin tomar en cuenta la oposición de su familia, de quienes dependía económicamente desde que había enviudado, por profesar ellos la baptista. Esto bastó para que le retiraran toda ayuda. Las penas de Tolkien no paran allí, ya que en 1904, en Fern Cottage, Rednal, donde alquilaban, fallece su madre a consecuencia de la diabetes, una enfermedad mortal, al no haber sido descubierta la insulina. Este funesto suceso llevó a Ronald a creer que su madre era una mártir de la fe, lo cual arraigó sus creencias católicas hasta convertirlo en un devoto fanático de la misma. A raíz del deceso de su progenitora, quedan en la orfandad y vuelven a mudarse, son recibidos en Edgbaston por el padre Francis Xavier Morgan, quien apoyó moral y económicamente a Mabel Tolkien luego de su conversión. Este sacerdote fue parte importante en los conocimientos idiomáticos del autor, ya que con el español aprendido creó su Naffarin, aunado a lo aprendido con anterioridad. Además, las torres de Perrott´s Folly y Edgbston Watervork, que rodeaban el Oratorio de Birmingham, le inspiraron las torres oscuras de Orthanc y Minas Morgul de El Señor de los Anillos. Por ello se percibe que todo lugar o persona que tuviera contacto con Tolkien sería plasmado en cada uno de sus libros. Sin dejar de lado las pinturas románticas medievalistas de Edward Burne-Jones que desde 1908 se exhibe en el Birmingham Museums & Art Gallery.

El amor, los amigos y la poesía

El amor llegó a su vida en 1908, cuando conoció a Edith Mary Bratt en el orfanato, de quien se enamoró, pero de

Al cine la fantasía de Tolkien Esta literatura llegó a la pantalla grande con la adaptación animada de Rankin/Bass, de la novela El Hobbit, en 1977. Este mismo equipo creó en 1980 una animación para televisión, El retorno del Rey, una recapitulación breve de los dos primeros tomos de El Señor de los Anillos y que fue la continuación de su cinta de 1977. Luego de dos décadas, New Line Cinema y el director, Peter Jackson crearon la trilogía del Señor de los Anillos, en los años 2001, 2002 y 2003. Posteriormente, los mismos abordaron la trilogía de El Hobbit, de la cual ya se han estrenado dos, una en 2012 y actualmente la segunda. La tercera se espera para este año.

inmediato encontró la negativa de su mentor, que le prohibió verla, escribirle, hablarle, hasta cumplir los 21 años, lo que él obedeció al pie de la letra. Mientras tanto, se reunía con sus amigos en el Club de Té y Sociedad Barroviana, formado por ellos para tomar el té de forma ilegal, lo que continuaron haciendo al terminar la escuela. De estos encuentros Tolkien supone que le vino el impulso de escribir poesía. Luego de obstáculos y trabas impuestas por el padre Francis, quien deseaba que se graduara en Filología en Oxford, envía la anhelada carta el mismo día de cumplir su vigésimo primer cumpleaños a Edith. Ella responde que ya está comprometida, argumentando su olvido. Lo que no importó al escritor y la busca hasta lograr su aceptación; luego de convertirla al catolicismo se casan el 22 de marzo de 1916 en Warwick, de esta unión tuvieron cuatro hijos. Pero antes de este acontecimiento se gradúa

con honores en el Exeter College de Oxford, en Lingüística Inglesa y Literatura hasta Chaucer.

Rotundo no a la guerra

Después de graduarse, su apacible vida se vio interrumpida con la Primera Guerra Mundial en 1914. Siendo teniente segundo en los fusileros de Lancashire, combatió en la batalla de Somme como especialista en lenguaje de signos y oficial de comunicaciones, donde vio morir a muchos de sus amigos, situación que marcó su vida. En algunos fragmentos de las cartas que escribe a su hijo Christopher, deja ver la amargura e inutilidad que le provoca la guerra, y compara hechos reales con los de sus libros “… estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y según parece lo lograremos. Pero el precio es, como lo sabrás, criar nuevos Saurons y lentamente ir convirtiendo a hombres y Elfos en Orcos”. Llamaba a los científicos del Proyecto Manhattan físicos lunáticos y constructores de Babel, luego de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki. En 1916 adquiere la fiebre de trincheras, por lo que es trasladado a Inglaterra. En ese ínterin comienza a escribir El libro de los cuentos perdidos.

Amistad y religión

En la universidad de Oxford, Tolkien conoce al profesor y escritor C.S. Lexis, autor de Las Crónicas de Narnia, con quien al principio no congeniaba por la religión, pero que terminó siendo uno de sus mejores amigos y principal corrector, junto con los otros miembros del club los Inklings. Fue él quien le conminó a publicar El Hobbit en 1937, escrito para sus hijos.

Llega la muerte

Su esposa Edith muere el 29 de noviembre de 1971, a los 82 años, por lo que Tolkien decide regresar a Oxford, donde las autoridades de esta casa de estudios le prodigan cuidados hasta su muerte, el 2 de septiembre de 1973, a los 81 de edad. Es enterrado en la misma tumba de su compañera de vida, situada en el cementerio de Wolvercote, en Oxford, y en cuya lápida se lee los nombres de Beren y Lúthien para Ronald y Edith. Estos fueron extraídos de la famosa leyenda incluida en El Silmarillion, que no es más que el amor entre estos dos seres de diferente naturaleza, la doncella elfa Lúthien y el mortal Beren.

Grande desde el 45

Describe Carperter, en su biografía, que luego de su muerte, el tercer hijo del autor, Christopher, publicó una serie de obras basadas en las notas y manuscritos inéditos de su padre, entre ellas El Silmarillion y Los hijos de Húrin. Estos, junto a El hobbit, y El Señor de los Anillos, son cuentos, poemas, historias de ficción, idiomas inventados y ensayos de un mundo imaginario llamado Arda, que era uno de sus continentes, conocido como la Tierra Media, y aplicó la palabra legendarium a la mayoría de estos. El diario The Times escribió“… escritores como William Morris, Robert E. Howard y E. R. Eddison precedieron a Tolkien en el género literario de fantasía, con obras tan famosas e influyentes como las de Conan, el Bárbaro, pero el éxito de El Hobbit y El Señor de los Anillos, cuando se publicaron en Estados Unidos, condujo directamente al resurgimiento popular de este género. Lo cual ha causado que Tolkien sea identificado como el padre de la literatura moderna de fantasía, o concretamente de alta fantasía”.

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Una misma no Miedo y memoria: una tercia

novela de Leopold

Erick Aguirre* l argentino Leopoldo Brizuela ganó hace un año el Premio Alfaguara, con la inquietante novela Una misma noche (2012), que revive ciertas pesadillas en la historia reciente de Argentina y, sobre todo, provoca en quien la lee esa sensación, a veces tan común, de vértigo frente a la oscuridad de algunos recuerdos: el miedo de bordear a tientas los lindes entre la memoria, la realidad y el sueño. Un relato que pulsa con firmeza sobre las llagas de la cobardía, el remordimiento y la culpa. Brizuela nació en La Plata, Buenos Aires, en 1963. Además de narrador es poeta, traductor, músico y periodista. Ha sido colaborador de suplementos literarios y coordinador de talleres de escritura creativa; detalle, este último, que nos hace suponer que la narración está construida sobre ciertos elementos autobiográficos mezclados con hechos reales e imaginados. La trama de Una misma noche empieza a desarrollarse cuando, una madrugada del 2010, el escritor Leonardo Bazán (protagonista y voz narrativa de la novela), atestigua desde la ventana de su casa el asalto de un grupo de paramilitares a una residencia vecina en un barrio de La Plata. El atraco despierta en Bazán un viejo recuerdo: en 1976 también fue testigo (y quizás cómplice), junto a sus padres, de una embestida parecida, a esa misma casa, en los albores de la dictadura militar. Es una recapitulación que Bazán, entonces de 12 años, había arrumbado en los siempre traicioneros confines del olvido. Ahora se propone enfrentar un proceso complejo y angustioso para entender las implicaciones profundamente individuales (aunque inevi-

Aunque es un relato “serio”, es también una novela, digamos, del género “negro”, puesto que asume la intriga como valor novelesco.

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oche ,

do Brizuela Fotos: Archivo

tablemente evocadoras de un trauma colectivo) de ese recuerdo; algo que solo logrará con la escritura, específicamente con la ficción; con la novela. Narrada en primera persona, como la historia del proceso de escritura del mismo relato o como los apuntes de un investigador o un psicólogo que, pista tras pista y recuerdo tras recuerdo, se indaga a sí mismo y abre las compuertas de su propia historia pero también de la Historia (con mayúscula), Una misma noche explora el funcionamiento de la memoria y sus intrincados conflictos con la realidad y el sueño. También, inevitablemente, abre una posibilidad de reflexión acerca del papel del ciudadano frente al poder. Aunque es un relato “serio”, es también una novela, digamos, del género “negro”, puesto que asume la intriga como valor novelesco. “Un thriller existencial, perturbador, hipnotizante”, ha dicho Rosa Montero, presidenta del jurado que otorgó el premio. La historia transcurre en dos tiempos: entre 2010, cuando el asalto de los paramilitares a la casa vecina, le recuerda al protagonista el atraco anterior, hasta entonces dormido en su memoria, y 1976, cuando ese viejo recuerdo empezó a cubrirse de telarañas. Esa recapitulación del 76, que Bazán nunca había podido recobrar con claridad, empieza a obsesionarlo y lo lleva a investigar qué fue lo que en verdad ocurrió. Pero en ese anterior asalto, los miembros de la patota (paramilitares) llegaron a su objetivo (la casa vecina) utilizando como plataforma o punto de operaciones la casa de los Bazán, donde el padre, un antiguo recluta de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada, no solo presta colaboración, sino que los acompaña en la embestida. El niño Bazán, que ha subido a una escalera para ver desde el borde de una tapia lo que hacen aquellos hombres cuando ya están al otro lado, es efectivamente testigo de casi todo: su padre pateando la puerta de los vecinos… “Ellos, tan elegantes, y él en ropa de cama. Él, viejo y aindiado, y ellos jóvenes y altos. ¿Con qué expresión en los ojos, tras los anteojos negros? ¿Aprobación o burla?”. El pequeño baja la escalera con sigilo, regresa a su vivienda, y olvidándose de su madre se refugia en el piano. Se sienta en el taburete y se pone a tocar. Mientras dura el asalto él ensaya La Polonesa en Sol Mayor, para Anna Magdalena, de Bach. “No habría querido ver lo que vi… La cara de mi padre pateando la puerta ¿Por qué no piensa en nosotros?... Que nadie más la haya visto es mi único consuelo”. La novela está dividida en cuatro partes: Novela, Memoria, Historia y Sueño, y cada una de esas partes, presumo, está narrada desde la perspectiva o la atmósfera de cada uno de esos ámbitos. Como ante toda buena narración, me invade la pregunta de si es la ficción literaria, auxiliada del sueño y otros más oscuros acicates a la memoria, la mejor manera de entender nuestras propias historias individuales y, de paso, la común historia de nuestros semejantes, con todo lo que eso significa. Porque la realidad es difícil de contar: todos la percibimos desde distintas perspectivas. En algún libro del norteamericano Paul Auster leí que las cosas recordadas tienden siempre a subvertir lo recordado, es decir: lo que se recuerda y lo que se cuenta (o lo que se sueña y se cuenta) nunca se corresponderá con lo que en realidad ocurrió. En un pasaje de la primera parte del libro el protagonista sube a la planta alta de su casa a escribir, y se dice a sí mismo: “Lo que tengo que hacer, de una vez, es narrar lo que sucedió esa noche. Una novela… Y comprendo que la escritura es una manera única de iluminar la conexión entre el pasado y el presente. Y eso me alienta a empezar: no como quien informa, sino como quien escribe”. Más adelante, dice: “¿Qué es el bloqueo de un escritor? No la simple incapacidad de escribir, sino

de escribir de acuerdo con su verdad más profunda: conectado a la imaginación con el centro oscuro de la personalidad que exige salir a flote en forma de relato”. Y después: “Cuando una experiencia se calla durante tanto tiempo, y ya no puede distinguirse si fue real o imaginaria… solo el cotejo con la realidad puede sacarnos de la duda”. Todo eso me parece una confirmación de algo que, creo, el autor seguramente comparte con muchos otros narradores, digamos, “serios”: que desde el ejercicio de la ficción se puede llegar a una mejor comprensión de la realidad, esa materia indescifrable o inasible que vive dentro y fuera de nosotros, hasta en el sueño. Hago recuento de algunos pasajes interesantes que he subrayado: Cuando el narrador conversa con el personaje Miki, y hablan sobre los primeros apuntes del protagonista, surge una pregunta: “¿Hay algo concreto que no pudiste contar, algo que se te haya quedado afuera? Y de pronto, casi sin pensarlo, como una extraña floración de esa exacta y sola circunstancia, digo: Mi padre. Y siento que es mi padre quien me apunta desde el fondo del bosque de la memoria”. “Cuando mi madre vuelve a casa, yo la abrazo. No les ha dicho a las Kuperman (las vecinas asaltadas) que mi padre acompañó a la patota por los fondos. Yo tampoco le he dicho que mi padre les rompió la puerta. Esa profunda solidaridad une dos coartadas. Siento un extraño alivio: al fin pasó el vértigo que yo sentí al subir por aquella escalera… Y ahora, a dormir. A empezar el olvido”. Como en los viejos laboratorios fotográficos donde las figuras surgen poco a poco del papel bajo el líquido revelador, así, ahora, ante Bazán, junto a su secreta complicidad, se hacían visibles aquellos hombres que había creído del pasado: “Guardianes de ese orden secreto que nos rige, y que yo, más que nunca, me proponía descubrir escribiendo”. Cuando conversé con el autor durante la presentación del libro en Managua, fue para mí inevitable intentar indagar acerca de las implicaciones más bien colectivas y catárticas que un libro como este puede tener en Argentina, y quise hacerle la misma pregunta que los editores se hacen en la contratapa: ¿Cómo es posible que una estructura criminal, montada décadas atrás, todavía exista y que la gente siga reaccionando de la misma manera, con el mismo miedo? Entonces comprendí que el interés del autor, al menos esa noche, era la indagación más bien de los comportamientos individuales en determinadas circunstancias, y, por supuesto, la misteriosa función del sueño y la memoria en el proceso de escritura. Y entonces también recordé lo que el autor dijo en una entrevista que: Una misma noche es más profundamente una reflexión sobre cómo se forja la masculinidad, un proceso que se ve mucho más claramente en tiempos de violencia”. Pero esta novela es también una indagación (y lo ha señalado el jurado) “sobre la esencia del mal y nuestra corresponsabilidad en la violencia y la injusticia”. Cito de nuevo: “Creyendo buscar la verdad sobre Diana Kuperman, se me había abierto el misterio de mi propia cobardía… Creyendo salvarme, había entrado lenta, plácidamente, en la maquinaria. El miedo al miedo”. ¿Qué tanta potencia tiene el miedo como para modificar los recuerdos de alguien? ¿Cuál es la responsabilidad civil de quienes, como el narrador (incluso siendo un niño), en cierto momento vieron hacia un lado ante las acciones de un régimen represivo? ¿Hasta dónde, en estos casos, se es víctima o se es cómplice del verdugo? Son preguntas que me sigo haciendo, y no es precisamente el autor quien tiene la obligación de contestarlas. *Poeta nicaragüense

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s o l e d o l a g e El r s o g a M s e y e R

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y r n e O. H

as y los or las joy ortero, p io c e r su desp ido el p emostrar lomón hubiera s iera sacado su d a r a p e a b e para , Jim hu i el rey S a más qu tana nad e Su Majestad. S dos en el sótano e él, nada más qu a Eso era regalos d s sus tesoros apil pasado delante d entavos. ntimos. a o c r d os y brilló ie te to b ie u n s h co n cé que nvidia. sobre sus hombr jo de sus nta y e e z e e n e h v a d c b a o a d ta b n y a s r s aba cayó reloj c sándose su ba n dólar tenta centavos e or uno, discutie l hasta má de Delia ecogió p e e verlo me ermosa cabellera das aguas. Llegó entonces ella la r desfatodo. Y s s ahorrados, uno el verdulero, y e La h dura. Y se sintió a de par Céntimo l almacenero, y ejillas de uno s a a cascad ió como una vesti Por un minuto as caían a la n u m s e s o io n c la o m n c o e e . c grim sil te qu olv do s y la env sa y rápidamen tras un par de lá o, hasta ergüenza ante la a un regar la e il ic d n o r r a c , nervio brero. ie mien implicab s. ojas de v de nuevo ermaneció de p viejo som, abrió ponían r de avaricia, que s contó tres vece . u s o s u p s p n d llecer y mbra roja. n los ojo queta; se acusació stinado. Delia loiente era Navida e cura cha l brillo todavía e ra salir a la calle. s lfo b s u a o o r a ig a y n s h íd ta c ja ía a e r o ie d te ne os s pa su v era de os. Y al Se puso lo de faldas y co bajó las escalera Sofronie. Cabell e te centav da que hacer fuue conduce a la ie s d e y y . u e ó v ta tó li e m n a a a r y oche abía n iqueos o. Lo q Con un ente la puerta, s ía un cartel: “M Y, jadeando, tr arecía Un dólar entemente no h . Y Delia lo hiz de sollozos, llor m le p te a nervios de se detuvo se bió rápidamen blanca, fría, no orar one Evid elecho y lle la vida se comp ueos. Don lia su iado im le r b p a r la e ses”. De , grande, demas qu o de oriq la d e ll al mis c n d s a l s s s a lo a a o r d s e p o e , d e to m o e io de Madam uerta. me lia. reflexión , con predomin asa se va calmand a su hogar, uno dmente trolarse. indicada en la p ? -preguntó De sombrero y déje n s c o a a ta c e d is c d r a a a n x ir e ñ o ys nie” e el i pelo o era la due s una m ría la “Sofro iere comprar m adame-. Sáques Mientras a etapa, echemo s a la semana. N la Policía lo hab u M Q e o d r te ij -¿ en óla gun pelo -d ra a la se entos de ocho d os, pero ciertam n manos arta -Compro c a ig m b d a ta n g r mente. ando la masa co e e a e . ll r m o b r o y li dep ja n u s ó l lo l y o a para a , sopes n al cu mirar e rea cascada ca un ded un lugar omo tal. un buzó acercaría jamás con el Madame áu o ía a ij b L a -d h s c , e a r o e ta s ad óla descrit en alas . una tarje n la entr al que no -Veinte d ijo Delia rrieron volando mirar -d Abajo, e mbre eléctrico, al departamento te n e a . m un ti do en ecía ng”. expertas elos inmediata iguientes transcu Y Delia empezó alguna, Y ambién perten Dillingham You o hasta allí volan cuanm . s r é s a -D , T os hora tan vulg más. mortal. e “Señor James m” había llegad ad de su dueño tradas h, y las d por la metáfora, para Jim. O d a id n r ara nadie había h e e e g r p s n , ó lo d a im r g J e nomb alabra “Dillin íodo de prosp ahora que su e a r P s se veían o er rosadas. ios en busca del staba hecho par o ese. Y ella lo diseño La p c nterior p s semanales. Per de “Dillingham” ucirse a E m e a o . o g d n c ó , e u o n tr lo n e n s a ti d lo o enco e pla o reg la brisa a treinta dólare lares, las letras iamente en red gham Al fin lo gocio había otr adena de reloj, d r el material mism o n r e c m o n a o p do ganab jado a veinte dó an pensando se señor James Dilli Jim” y n c n u lo l a r En ningú nado todos. Era maba su valor so e mal gusto... ta l reloj. habían b como si estuvie ”. Pero cuando el ento, le decían “ oung, e io d la d c c y c a o e l r n p ti p ig s , m in , que n inú o valor. Era d o ió r aba c u borrosas sta y humilde “D bía a su departa elia Dillingham Yal está p ta n y b e que usc ión ncillo lguna ornam u ader e e u s lo d d D s c r y o a e te r a v lo m n s o a e e a o ñ c d n e c d m u u a as ta rip elia. To o por la s egaba a s y no por mpre con las cos de que era exac vientos. La desc egresó Young ll samente abrazad al lector como D ta r a ie e s n p y d e s e s r a u e r e c n r in o o cis ocu vio se dio Jim: valioso y s lla veintiún dóla n esa cadena era cariñ emos presentad s con el afuera, la a s ll a ji n e e e p o m o h r A lvó las ó hacia en un a quien . pañía Pagó po . Era com ntavos. C se empo na y mir para Jim licarse a ambos. chenta y siete ce r la hora en comse veía muy biena dejó de llorar y junto a la venta bre una verja gris dólar a n o podía ap nte a casa con o ansioso de mir estupendo, Jim correa Deli dó de pie que caminaba s tenía solamente u. Había e ir a e r u m iv e a v q j a id e lo p S gastada re rá iba plumas. y vio un gato gris ra Navidad y ella un regalo a Jim ltado. loj, Jim rque, aunque el las, a causa de la e r u s , u n e s a e una apenad . Al día siguiente para comprarle , y este era el re abían hurtadil uiera. Po el paso a ndió h s de cualq a mirar la hora a adena. ió d e c n patio gris y siete centavo tavo, mes a mes lejos. Los gastos lo un e c ió o n obligado a en vez de una c casa, su excitac s para el pelo, en osidad y ochenta orrando cada ce ana no se va muy mpre lo eran. S a Jim. a la r b e il a ó c s n g a u e e n g e ll te ie u h q por la ó sus Delia na estado a te dólares a la sem bía calculado. S mprar un regalo onito Cuando cia y sensatez. Sac estragos hechos , amigos míos, u b a a s n d e lo Con vein ores de lo que h centavos para co imaginando algo mente n d e r cierta pru mpezó a repara s una tarea trem uesido may ochenta y siete has horas felices que tuviera justa ecer a e e l y a u s c a rizos peq nte g s o n o c l o n L o e u lg n te . c u r r m (a r r e o o d o p la d e da dó al am bierta p estudia abía pasa uerpo l y de cali a digno d sumada ntesca. estaba cu a un encantador rgamente. a z Su Jim. Hlgo fino y especia es para que fuer ía un espejo de c uerpo e b a a ig c g u b tarea utos s icos, la recerse para él. A o de condicion la habitación ha es un espejo de ca muy los 40 minque la hacían pa pejo con ojos crít ire por segunda A e d im n d o te ín s s s s m s a r e m u do pe el otra to tan me ese e las ven na vez hayan vis o dólares. Una n rápida y en s y apreta iró su imagen en ijo, antes de que nd. Pero, ¿qué un tr o n ñ E ). u e ch Jim Isla .M ed con uizás alg soluto r su imag nto de o holgazán no me mata, s corista de Coney ría haber hecho entero. Q un departame irarse en él, tene a, lo hacía con ab ó ante im J a d i o n S u p “ n lt parezco h! ¿Qué entero e ágil podría, al m o Delia era esbe ventana y se par dió su la sartén dirá que aber hecho? ¡O s?.” , z r y e m la e v o a p arado y e d C p d a o . e s tr r h o jó s le v p o a delg ía le r ta a r a in y n d u e e d s la nte s ngitu pero era y cosa po chenta y siete c e el café estaba franjas lo técnico. De repe n intensamente, rgencia su cabell mano a na en su puerta u dólar y o siete de la noch ir la carne. io b e n d a c la domin Sus ojos brilla dos. Soltó co A las caban a apretó ra recib . n ca de la les provo padre el espejo s de veinte segu estufa pa saba nunca. Deli ue quedaba cer e la u q n e s a s ta l s te q li esa e retra color an cuan larga era. ueños de dos co ue había sido de . Si la Jim no s la punta de la m d a q r li e n o e a r a c r o D e e e n jó d e e d m j d o, ngha llera l relo y se sentó Los Dilli rgullo. Una era e a otra era la cabe nto frente al suy ne e o L v m . o s ta la lo un inmenantes de su abue ido en el depar bellera fuera de iv a y v c a u r im s J ie r e b a d S ab a h u jado colg Reina de Delia habría de algún día

Guatemala, VIERNES 3 de enero de 2014


por dond e primer re Jim entraba siemp llano de la re Tenía la c escalera y . Entonces escuch o ó sus pas s , por un tu mbre cosas coti dianas y a de decir pequeñas momento, se pus os en el o h sigo siend Los b o bonita” ora murmuró: “D plegarias por las p pálida. Y entoncelancos y ágiles dedo io . s m La puerta ío, que Jim equeñas se abrió, piense qu un rápido s se escuchó un jubs de Delia retiraron serio. Pob Ji m e e r n e tr y de gemidy femenino cambio iloso grito de éxtas el papel y la cinta. que mante muchacho, solo ó y la cerró. Se is le n te e n v r e ía ! ía Necesitab poderes d os, lo que requirió hacia un histérico ; y después, ¡ay!, tenía guan a evidente22 años y ¡ya con delgado y raudal de e e l c tes. in o n m s u e e u d mente un lo del señ n lágrimas iato despli Porqu Jim fr o abrigo nu a familia una al lad e allí estaban las pe r del departamentoegue de todos los evo y no perdiguer anqueó el umbral o mucho ti o de otra- que De inetas -el juego com . Delia con que ha descubier y allí permaneció e li to in u m u n n a ó a e v cod xpr il co muy herm mpo en una vitrin a había estado ad pleto de peinetas, que la ate a o rró. No er esión que su muje orniz. Sus ojos se fi mo un s joyas y ju as, de carey auté de Broadway. E mirando durante r ni de horr ja a s r or, ni de n de enojo ni de so no pudo interpre ron en desaparec tamente del color ntico, con sus bord an unas peinetas ta r estado pr in p es adorna id a eparada. gún otro sentimie presa, ni de desapr r, pero a r a . E lu r cir an simpleme d É expresión n o nte había peinetas muy caras en la bella cabeller os con extraña. l la miraba simple to para los que ella bación m , s a u e e m h aho s ll n u p e a o b ir n r esperan Delia se le ier te, con fije za de pos ado por ellas y las lo sabía, y su coraz ra za, con u a la s tr e e ón n -Jim, quer vantó nerviosamen h e z a n r as la b a ido -excla te y se ace habían de destinadas a ser ad s algún día. Y ahor ía anhelado sin la vendí por m r c ó ó a -n ornadas c sapa a q on esos co eran suyas, pero cerá de nu ue no podía pasar o me mires así. M él. Pero Deli recido. diciados a e la e c v N o a o r a la té ¿ v s n id e o o de mirarla l pelo y lo ad sin hac primió co dornos te importa Mi pelo cr e n s r tr e , c te c v o a n ojos hú su pecho y ¡No te im e rápidamente. D erdad? No podía un regalo. Crem -¡ , M e fi d n i os y c pelo c almen agina ime deja Y enseguid recerá muy rápido on una débil sonris te, fue capaz -¿Te corta s qué regalo, qué r «Feliz Navidad» y s r de hacerlo. a, y dijo: , e a e Ji s a g te d m mo alo io un salto ! el pelo? -p no pudier -¡Oh, oh! como un reguntó Ji tan lindo te tengo! s felices. a d a r s e c gatito cha uenta de m un enorm Jim no muscado un hecho , con gran trabajo e esfu vehemen había visto aún su y gritó: , como si tan eviden -Me lo co erzo mental. c h ia e te e r m n a u rt o la nque hicie é y lo ven s o a m b r e ie mismo, ¿n e g ta r a ta lo l pareció dí -dijo D ra o es c brillar con palma de su man . Delia lo mostró Delia. o Jim pasó ierto? Sigo siendo la elia-. De todos mod la lu z d el brillante . El precioso y op con s -¿Verdad aco -¿Dices q u mirada por la ha misma aun sin mi p os te gusto lo y ardiente que es m e u b espíritu d para enco a -No pierd e tu pelo ha desap itación con curios lo, ¿no es así? r a e v il n arecid as el ti idad. te antoja. trarla. Ahora pod losa, Jim? Recorr dije, lo ve rás mirar í la ciuda Dame tu ndí, eso e empo buscándolo o? -dijo con aire ca la hora 10 d entera reloj. Quie -dijo Delia s todo. Es ti, perdón si idiota. En vez 0 -. N a debajo de de obedecer, Jim s ro ver cómo se ve veces al día si se por uno -c me. Quizás alguie ochebuena, much Lo vendí, ya te lo e dejó cae c su n n r en el sofá on ella puesta. haber con ontinuó con una sú podría haber con acho. Lo hice por -Delia -le duca y sonrió. , cruzó sus bita y seria tado mi p tado mi am ij o olvidémo ahora. So manos elo, uno dulzura-, p or por ti. ¿ Pasada la n n o s d d ero nadie emasiado Pongo la c e nuestros primera so V Abrazó a e n p d h a o r í e rn e d r m r g rí p m e al alo res i a D al fuego. reloj para comprar osos para usarlos e s de Navidad por otra direc elia. Durante 10 a, Jim pareció desp fuego? -preguntó. te las pein n ertar rápid segundos ción, hac etas. Y ah este momento. ia a la sema m a Los Reye ora pon la na o un m algún objeto sin iremos con discre mente. s M a g sabios -m o matemáti im carne aravillosa s, como ustedes se co o algú illón en un año, portancia. Ocho ción en mente sab Pesebre. g n hombre u equivocad ¿cuál es la dólares r a m e n te E Como era llos fueron los qu ios- y llevaron reg saben, eran muy valor, per a. Los Reyes Mag sabio podrían dar diferencia? Un a e n los al Niñ n o aquel n in o o s s a v s b e tr u io n a n ta jeron s, a res r con la ve explicado o ntaja sup no hay duda que taon los regalos de N o en el más adela estaba entre ellos al Niño regalos puesta le e mbién su n caso de avidad. mentaria d . Este osc nte. Jim sa uro acerti e gran torpe, la s estar repetidos. Y , además, de pod s regalos lo eran, la mesa. có un paquete del jo s e r á e e bolsillo d un departa ncilla historia de d aquí les he contad r ser cambiados e su abrig -No te equ o s m o jó e y v n e to lo n iv e o y que inse puso sobre s atolondr o, en forma muy los más r ques conm o su lavad n ic ados s ig o a o ta s o tesoros q digamos a mi muje o un peinado es , Delia -dijo-. Nin ue tenían mente sacrificaron que vivían en a p lo g r e ú c s c n el uno it e ia s n su a. Per abio corte l, har regalos, e provocad llos fuero s de hoy en día q casa. Pero, para te al otro o tal desc o si abres ese paq ían que yo quisier de pelo, n los más ue, de tod regalos, lo rminar, oncierto e a u s n un prim ete verás por qué menos los verdad s más sabios son loabios. De todos los os los que hacen er momen me has q eros Reye s to. s Magos. seres como Jim y ue dan y reciben Delia. Ell os son

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Revista Viernes Año. I No. 17