Informacion sobre waiya

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El Proyecto Wai Ya

1. Que es Wai Ya?: Es un proceso colectivo de organización de mujeres indígenas en la Amazonía, que a través de la producción, distribución y venta de productos gastronómicos autóctonos, especialmente del ají busca: (i) Generar conciencia sobre la importancia de conservar el bosque amazónico en momentos de crisis ambiental y cambio climático, a través del respeto a la cultura ancestral de estas comunidades indígenas; (ii) Garantizar la soberanía y seguridad alimentaria de las comunidades indígenas; (iii) Abrir puentes de diálogo y conexión entre la sociedad indígena y la no indígena (iv) Generar alternativas económicas sostenibles e integrales para las familias de la Amazonía; Wai Ya quiere decir, en las lenguas Macuna y Barasano, “río pescado”. Wai Ya, en Macuna, es el nombre del río Pira Paraná, nombre que en realidad viene de la lengua guaraní. La razón por la que se pone este nombre al proceso es porque las mujeres indígenas quieren hacer muy explícita la conexión entre los productos y sus lugares de origen y la cultura de las personas que lo preparan. El río Pira Paraná es un río muy sagrado para las comunidades que de él se nutren. 2.

Como se gestó Wai Ya: en el marco de cooperación entre la Fundación Gaia Amazonas (una ONG Colombiana que trabaja en la conservación y protección de la diversidad cultural y biológica de la Amazonía) y la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del río Pira Paraná ACAIPI, se define la necesidad de encontrar las maneras en que las mujeres puedan participar activamente en proceso organizativo de la Asociación Indígena, pero desde su propio conocimiento y sin transgredir las características propias y los roles en sus comunidades, de forma que puedan tomar decisiones en este contexto. Tras un largo proceso de 10 años de acompañamiento a las


comunidades, de análisis y dialogo intercultural, las mujeres indígenas, con el apoyo de equipos interdisciplinarios no indígenas, conformaron grupos de investigación para recuperar, registrar y transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos referidos a las semillas, el cultivo, la educación de los hijos, los rituales y el papel de las mujeres en la vida comunitaria. Las mujeres poco a poco van reafirmando el valor de su conocimiento y las potencialidades que tienen como agentes activas en la construcción de un futuro mas pertinente para sus hijos. En paralelo van tomando conciencia de que es necesario desarrollar iniciativas productivas que les permitan acceder a recursos económicos, sin desequilibrar las estructuras socioculturales y ambientales de sus comunidades. Es entonces cuando en el marco del proceso organizativo que pretende definir e implementar programas integrales de salud, educación, gobierno propio y manejo ambiental, surge la necesidad de emprender iniciativas productivas que fortalezcan el conocimiento local y tradicional, al mismo tiempo que faciliten las relaciones con el mundo no indígena. Comienzan este desarrollo con la comercialización de artesanías en ferias de Bogotá, pero rápidamente se llega a la conclusión de que es un mercado muy complejo y competitivo y que en términos ambientales no resulta tan sostenible, al generar mucha presión sobre los recursos naturales (maderas finas como palo de sangre, etc.). A partir de ahí (2005) empieza a explorarse la posibilidad de comercializar el ají en las zonas urbanas de Colombia, en especial Bogotá, en lugares que pudieran reconocer el valor agregado del producto (restaurantes, supermercados orgánicos, etc.). Estos lugares tienen, además, un potencial ‘pedagógico’ en la medida en que permiten al vendedor transmitir un mensaje con el producto, generando conexión entre el consumidor y el productor. En un futuro se espera que el ají sea un conector entre la selva y la ciudad, permitiendo establecer una cadena productiva justa y que beneficie de igual manera a todo los eslabones que participen en ella. 3.

Ubicación y producción: el ají es cultivado y procesado por grupos de mujeres indígenas de todas las edades pertenecientes a las etnias Macuna, Barasano, Eduria y Bara, cuatro etnias de la Amazonía Colombiana (habría unas 84 en la Amazonía Colombiana en total). Este producto vienen entonces del corazón de la selva Amazónica colombiana y de uno de los ríos que ha logrado preservar hasta el momento su cultura y su tradición. El río Pira Paraná esta localizado en el Gran Resguardo del Vaupés, en los límites del departamento del Amazonas y del Vaupes y donde habitan aproximadamente 3.000 personas pertenecientes a los grupos Macuna, Barasano, Eduria, Tatuyo, Tuyuca, Itano y Carapana entre otros y su cuenca cobija un total del 5.400 km2.


El ají generalmente es cultivado en las periferias de las chagras (chagras = espacios de cultivo o huertas familiares, foto 1) y en los patios exteriores de las malocas o viviendas ancestrales (ver foto 2 y foto 3). La maloca es una casa comunal que representa el universo según la visión indígena; funciona como sede de la mayor parte de las actividades rituales siendo el lugar donde se piensa y maneja el territorio. Hoy en día también sirve como un espacio de reunión en donde se reflexiona acerca de la vida cotidiana y se toman decisiones políticas. Aunque cada uno de estos grupos se diferencian unos de otros en cuanto al uso de la lengua y la posesión tanto de ciertos bienes de cultura material como de conocimientos específicos, comparten creencias, tradiciones y costumbres como: el cultivo de la yuca brava combinado con la cacería, la pesca y la recolección de frutos silvestres, el uso de malocas como centros ceremoniales y de congregación y una narrativa mitológica común. Actualmente la población esta agrupada en 15 comunidades y 30 malocas aisladas, las cuales conforman la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del río Pira Paraná ACAIPI. Las comunidades que actualmente están produciendo el ají son Sonaña, Villanueva, Piedra Ñi, Santa Isabel y San Miguel, que hoy en día es el principal productor, para un total de 40 mujeres productoras (ver foto 4, mapa comunidades).


Como se prepara: Todos los años las mujeres del Pira Paraná cultivan en sus chagras diferentes clases de ají. Según la época de cosecha ellas recolectan los frutos frescos y los almacenan en sus casas hasta tener una cantidad considerable para iniciar el proceso de preparación (fotos 5, 6 y 7). Los diferentes frutos frescos de ají se colocan en una parrilla elaborada con bejucos naturales, arriba de un fogón especial y distinto donde las mujeres cocinan diariamente; de manera que con el humo, lentamente se vayan ahumando o moqueando. Este proceso puede durar meses pues el ají debe estar muy bien secado para que no se pudra con el tiempo y logre mantener el sabor a ahumado que es su principal atractivo. Una vez esté bien seco se pila (muele) en un gran mortero de madera hasta que quede bien molido y posteriormente se cierne o cuela. En algunos casos se utilizan molinillos. 4.

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Los productos de Wai Ya: el principal producto es el ají molido 100% orgánico (sin ningún preservativo ni agregados) el cual se distribuye en tarros de vidrio de 30grs o de 150grs, acompañado de un folleto con la información básica de quien, donde y como se produce (foto 8). Adicionalmente, se han realizado alianzas con chefs para desarrollar una línea de salsas en base al ají, y se han desarrollado también combinaciones sal marina con el ají. Son productos ideales para el consumo directo, para cocinar otras salsas, para marinar, aderezar etc. Son productos no perecederos. La sostenibilidad del proyecto Wai Ya: (i) en términos sociales el proyecto es sostenible en la medida que fortalece una relación de intercambio y reciprocidad entre las mujeres de las comunidades y entre las mujeres y la comercializadora; asimismo, es una iniciativa que promueve un proceso colectivo de organización por encima de intereses individuales, es decir, los excedentes de las ganancias se destinan a las prioridades identificadas por el colectivo de las mujeres indígenas, como la investigación, la educación de los hijos y programas de salud intercultural (foto 9). Finalmente, la producción y comercialización del Wai Ya no genera competencia entre las mujeres, ya que todas saben cómo cultivar y preparar el ají y no requiere grandes chagras para hacerlo. Dentro del grupo de mujeres hay una gran conciencia de que es necesario llevar de la mano el crecimiento económico con sus procesos organizativos, dicho de otra forma, que el ritmo del proceso productivo no transgreda su organización y estructura socio-­‐cultural; (ii) en términos económicos es sostenible porque la relación costo-­‐ beneficio es positiva; a pesar de la lejanía/aislamiento geográfico de estas comunidades, es un producto liviano, poco voluminoso, de valor y no perecedero (almacenable), lo que implica un costo de transporte bajo. Así mismo, vemos que el ají tiene un gran potencial exportador; (iii) es sostenible desde el punto de vista ambiental porque es un producto local que se consume desde los orígenes de estas comunidades, no requiere monocultivos y a largo plazo su crecimiento no depende de talas de bosque virgen. Por otro lado hay más de 30 o 40 especies de ají autóctonos, todos comercialmente viables.


6.

Como se comercializa el Wai Ya y sus derivados hoy en día: Silvia Helena Gómez, Nelson Ortiz y Bárbara Santos crearon una comercializadora, llamada Kanáma (que quiere decir en indígena, flujo de fuerza vital), que envasa el producto, diseña y produce los brochures y desarrolla canales comerciales de distribución, permitiendo así que su venta sea acompañada de mensajes. Restaurantes insignia de Bogota como Wok, Donostia y Abasto lo compran en forma continua y abren espacios para que se capacite a sus cocineros y meseros sobre el producto, su lugar de origen, sus técnicas de preparación y su valor cultural entre otros aspectos.

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Resumen de los aspectos positivos del proyecto:

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Potencialidades transfronterizas: hasta el momento se esta trabajando con mayor intensidad con mujeres de la Amazonía Colombiana pero se han comenzado a desarrollar esfuerzos para congregar mujeres indígenas del Brasil, Perú y Ecuador; una red de mujeres indígenas del Amazonas mas allá de las fronteras podría trascender las barreras políticas y posicionar el valor de la gastronomía Amazónica y la cultura que la soporta como un ejemplo de articulación y cooperación entre naciones a nivel mundial. Reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: al rededor de la gastronomía de un pueblo, esta latente su cultura y su lengua, legados milenarios que han permitido mantener la diversidad tanto biológica como cultural del planeta. El ají Wai Ya, sus productos derivados y sus tradiciones culturales son la expresión de un proceso intergeneracional de construcción colectiva de futuro, basado en el entendimiento del presente y la valoración del pasado de dichas culturas que podría ser reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Proceso intercultural: la preparación y comercialización del ají Wai Ya es un ejemplo de dialogo de saberes e intercambio de experiencias efectivo, pues es una iniciativa donde convergen las posibilidades del mercado con la cultura indígena. Donde no compiten sino que se complementan la tradición con la tecnología. Busca generar alternativas para un desarrollo realmente sostenible que contemple un crecimiento activo, pero pausado y respetuoso con las dinámicas socioculturales locales. Proceso integral: mas allá de la comercialización de un producto, la red de mujeres indígenas productoras de Ají Wai Ya están fortaleciendo su capacidad organizativa, su capacidad social para la toma de decisiones, así como abriendo espacios para incidir directamente desde su conocimiento y experticia, en la construcción de sus sistemas educativos, políticos y de salud.


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Apoyo y consolidación de una red de mujeres indígenas: Wai Ya valora y apoya el capital social que representan las mujeres como pilares de la sociedad, generadoras de vida y de alimento.

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Silvia Helena Gómez: es antropóloga de la Universidad de los Andes, quien ha trabajado con comunidades indígenas por 12 anos, en diferentes ríos de la Amazonía Colombiana y Brasilera. Es maestra graduada con honores en ciencias holísticas de Schumacher College, adscrita a Plymouth University. Trabajo por 7 años en la fundación Gaia Amazonas en un equipo interdisciplinario de profesionales apoyando procesos con los indígenas y actualmente asesora a The Gaia Foundation en el Reino Unido, en las relaciones entre comunidades indígenas del Amazonas y Africa. Ha asesorado al PNUD de Naciones Unidas en la región de los Montes de María (Colombia) en el fortalecimiento de su programa “Redes” y ha sido asesora de la unidad de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Fotos adicionales: las fotos son de Sergio Bartelsman, quien ha dado expreso permiso para utilizarlas, siempre y cuando se le reconozca el crédito en cualquier publicación. Adicionalmente a las fotos mencionadas antes, la carpeta de fotos contiene las siguientes: (1) Foto de Silvia Helena Gómez en una reunión con mujeres Barasano, para la elaboración del plan de trabajo anual de investigaciones (ii) Foto de María Luceli Marin, investigadora, productora de ají y educadora Barasano; (iii) Foto de Rosa Marin (tía de Ma Luceli), es la principal emprendedora de la comunidad de San Miguel y es la directora del consejo de ancianas; (iv) Foto de Anita Reina, una de las mujeres que asumió la responsabilidad del organizar el acopio del ají en San Miguel; (v) Foto de Silvia Helena Gómez participando en ritual en Santa Isabel; (vi) Foto del Raudal de Casabe, uno de los lugares más sagrados del río Pira Paraná; (vii) Puerto de la comunidad de San Miguel, (viii)Foto del río Pira Paraná.