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EXPERIMENTACIONES

y DIVAGACIONES ZURSOIF

parte III


Las cosas sucedieron tal y como nadie lo hab铆a planeado. A mi me pareci贸 normal, pero mucha gente se decepcion贸.


En un momento del día la conversación se ha vuelto algo menos intensa, menos efusiva, y el carácter que se ha ido apaciguando entre las tazas de café y el homo del cigarrillo se ha evaporado. sólo queda el cansancio, y esas frases que se habían dicho pierden valor en la memoria, queda pues, el recuerdo más fuerte, el recuerdo más duradero, ese que el tiempo se ha encargado de volver real con la compañía. Pasado un rato las miradas vuelven, estaban pero como ausentes de esta escena, los tonos seguían intactos, pero se recordaban por su olor, por su tono, por las maneras en que lograban tomar contacto con esos objetos cercanos del momento. La forma en que ella toma la taza es la forma en que ella ha tomado la taza siempre. La manera en que el toma el cigarrillo es la misma manera en que lo ha domado siempre, y aunque muchos y muchas lo agarran de la misma manera a ella le sigue pareciendo muy personal, muy de el, muy Carlos fumando. Al fondo suena una canción deprimente, algo demasiado suave como para ser celebrado, y si es celebrado no es por una suerte de gozo, es por simple aproximación sentimental con el autor, el patetismo hecho homenaje y siendo homenajeado, nada más humano que lo patético, nada más patético que lo humano. Las manos, que antes podían durar horas enteras (un día también), ya no se juntaban, la emoción, de compartir el sudor inexistente ahora que antes eran nervios, había desaparecido. Mirar los labios no era fácil, los ojos menos, nunca antes a pesar de la corta distancia se habían sentido tan lejanos, tan propios en si mismos y no de la otra persona, eran libres pero no salían corriendo. Carlos no lloraba, pero quería. Helena no hacía nada. (es una perra) era lo único que pasaba por su cabeza. (pobre) pensaba ella. Al final de la noche el durmió solo, viendo en el techo las luces de los carros. Ella, bueno, no sabemos nada de ella. sólo que se llama Helena y ya no está.


Después de tomar el veneno que me había preparado con tanto esmero aún sigo vivo. Completamente diferente a lo que me pasó aquella vez en que quería esa vida, la quise tanto. Al fin y al cabo sólo yo.


Resulta que es muy lentamente que mata, resulta que todos estamos muriendo. Unos escogen su enemigo, otros, como yo escogimos aliados, ayudantes, por si acaso, para que nos lleven un poco mĂĄs rĂĄpido de aquĂ­, aunque nunca va a ser suficiente.


oh, la libertad!

Esa cosa tan parecida a la felicidad.


Tan parecidas como inexistentes.


Experimentaciones & Divagaciones. Número 3. Mayo de 2010.

imágenes y textos © Miguel Fernando Bustos Gómez.

zursoif@gmail.com

Experimentaciones y divagaciones 3  

el número de mayo, con algo de demora, pero ya está aquí.

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