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JUAN RAMÓN ZARAGOZA

NÉSTOR OMAR ZARAGOZA

VIOLETA ORTOLANI

EDGARDO GARNIER

JUAN ALBERTO URIARTE

DINA NARDONE IRIGOYEN

HORACIO POGGIO

MIGUEL DOMINGUEZ

JUAN CARLOS FULINI

ALFREDO DANIEL VALENTE

CARLOS LÓPEZ

MANUEL LIBEROFF

ELVIO ANGEL BEL

Memoria, Verdad y Justicia 24 de marzo de 2010

RAÚL RENÉ DE SANCTIS

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ÂŤAunque hace siglos de esta historia amarga Por amarga y por vieja se las cuento Porque las cosas no se aclaran nunca Con el olvido ni con el silencioÂť. Pablo Neruda, Versainograma a Santo Domingo (1965)

Homenaje a desaparecidos uruguayenses (marzo de 2007).

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El informe sobre los desaparecidos uruguayenses Después de años de ocultamiento, silencio, negación y en algún caso hasta vergüenza, no es tarea fácil reconstruir la historia de cada uno de los uruguayenses que fueron víctimas del terrorismo de estado. Esa labor de investigación que el equipo de El Miércoles inició prácticamente con la aparición del periódico, casi una década atrás, es un trabajo colectivo, en construcción permanente y aún abierto a nuevos aportes. El objetivo central era que la comunidad uruguayense conociera los rostros y las historias de cada uno de sus hijos malogrados en la violencia política, y de ese modo saldara una vieja deuda con ellos. Publicado originalmente en 2004, este informe continuó siendo actualizado durante los años siguientes, incluyendo a otros uruguayenses que no eran tenidos en cuenta en las listas. El semanario El Miércoles fue el primer medio de Concepción del Uruguay en realizar un informe sobre los hijos e hijas de la ciudad que resultaron víctimas del terror de Estado en los años 1970; en sus páginas se publicaron en marzo de 2004, las historias de vida tanto de aquellos uruguayenses asesinados por la lúgubre Triple A prohijada por el gobierno justicialista antes del Golpe (como es el caso de Chilo Zaragoza) como los que fueron desaparecidos a posteriori del 24 de marzo de 1976, o nacida en cautiverio como la hija de Edgardo Garnier, aún no recuperada por sus familiares. El informe se fue alimentando con el aporte de familiares, con trabajos posteriores, y sobre todo con la permanente actualización por parte de los periodistas de El Miércoles que continúan proveyendo de material al respecto. A partir de 2005, el impulso dado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia permitió que jóvenes estudiantes investigaran la vida de nuestros desaparecidos y ahondaran en el conocimiento sobre sus historias personales. Algo de ese material también fue enriqueciendo el informe que se publica en estas páginas. En el recuerdo permanente de todas las víctimas del terrorismo de Estado oriundas de Concepción del Uruguay, en la demanda legítima y renovada de memoria, verdad y justicia, va también el homenaje a los familiares que nunca dejaron la lucha, conscientes de que en realidad sólo se pierde una pelea cuando se deja de pelear. Américo Schvartzman

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Informe sobre los desaparecidos uruguayenses Concepción del Uruguay no fue ajena a la operatoria macabra que puso en marcha la Junta Militar a través de la desaparición forzada de personas. Las víctimas de nuestra ciudad que habitualmente se consignaron son las siguientes: Juan Ramón Zaragoza, Horacio Poggio, Juan Carlos Fulini, Juan Alberto Uriarte, Néstor Zaragoza, Dina Nardone, Alfredo Daniel Valente, Miguel Domínguez, Juan Carlos López, Edgardo Garnier y Violeta Ortolani de Garnier. Luego, el trabajo atento y paciente de los periodistas de El Miércoles, la espontánea colaboración de lectores y las noticias surgidas de la propia realidad, fueron modificando y ampliando la lista mencionada. Hay varios matices que deben considerarse en la confección de esta lista, que fue elaborada en el período que va desde los últimos estertores de la dictadura, y los años iniciales de la democracia (19821984) por parte los organismos de derechos humanos que funcionaron en Concepción del Uruguay, en especial la delegación local de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Matices que deben señalarse, porque es sabido que, por ejemplo, la familia de El Zorro Valente es oriunda de Colón, pero su hermano mayor, Carlos, se radicó desde hace muchos años aquí y trabaja en esta ciudad. Por esa razón siempre se incorporó a Valente en la lista, y en esa calidad se lo homenajea.

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Otro caso es el de Violeta Ortolani, quien tampoco era oriunda de Concepción del Uruguay, pero al ser la esposa de Edgardo Garnier, siempre se la ha incluido en la lista. Del mismo modo, debería tenerse en cuenta en esa nómina que Violeta estaba embarazada cuando fue secuestrada, y hay datos firmes de que su hijita nació en cautiverio. Pese a los denodados esfuerzos de la familia Garnier, nunca se pudo dar con el paradero de la hija de Edgardo y Violeta, que hoy tiene alrededor de 30 años. Razón por la cual, por otro lado, podría incluirse a esa joven en la lista. Distinto es el caso de Carlos López, militante montonero del cual no hay más datos ciertos que los que aparecen en el listado de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) –pese a que un cronista de El Miércoles logró ubicar a una hija, que reside en Concepción del Uruguay y que no quiso hablar sobre el tema. El trabajo periodístico permitió determinar, dos décadas después, que otro caso incluido en la lista era un error sólo atribuible a la desidia: se trata del nombre de Claudia Emilia Monzón. Como contribución concreta a solucionar esta desgraciado yerro, El Miércoles la retiró de la lista, aunque sigue apareciendo en las placas, y aún se incluyó su nombre en el listado de los actos oficiales realizados el viernes 24 de marzo de 2006, en ciudad, por los 30 años del Golpe. Aparte se detalla el caso.

En los últimos tiempos se añadieron tres nombres, los de Raúl René De Sanctis, Manuel Liberoff y Elvio Bel. Aunque parezca obvio, debe destacarse que este recorrido sobre los uruguayenses víctimas del terror de Estado no ignora la actuación política de cada uno de ellos, ni presentarlos como ingenuos ciudadanos que sin motivo, por distracción o inexplicablemente, cayeron en manos de la muerte. Todos ellos eran militantes políticos o sociales convencidos y comprometidos, que apostaban a la construcción de una Argentina mejor. Sólo un puñado de ellos formaban parte de organizaciones que optaron por la violencia, en la equívoca y suicida convicción de que era el método para promover ese cambio, y tampoco esos datos se soslayan en este informe, sin que ello implique relativizar lo que ocurrió ni establecer una «graduación» entre las víctimas del terrorismo de Estado. Para concluir, desde aquí convocamos a quienes posean datos, en especial sobre los uruguayenses cuyo perfil aún es tan borroso, a que nos lo hagan llegar para mejorar y ahondar este informe, de manera que alguna vez toda la comunidad uruguayense conozca quiénes fueron sus hijos mártires de la última dictadura que asoló estas tierras. l

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Juan Ramón ZARAGOZA Asesinado por la Triple A el 09/06/1975 Estudiante, militante del Partido Comunista, a los 21 años estaba a punto de recibirse de bioquímico en la UNLP y era delegado de la Carrera de Bioquímica en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP. «Chilo», así lo llamaban, fue asesinado antes del golpe, por la tenebrosa Asociación Anticomunista Argentina, la fuerza paramilitar de extrema derecha fundada por López Rega. Lo fueron a buscar a su departamento y se lo llevaron. Desde la policía se comunicaron para avisarles a los familiares de que lo tenían detenido. Pero cuando los familiares viajaron a La Plata, Chilo había sido encontrado muerto y con varios itakazos, en Berisso. Su hermano Néstor Omar fue quien lo identificó. La Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP lo homenajó dándole su nombre a un aula del edificio de Química.

Néstor Omar ZARAGOZA Desapareció el 09/06/1977 Nro. de legajo: 645 Neco estudiaba Medicina en la UNLP. Cuando se cumplían dos años exactos de la muerte de su hermano mayor, fue secuestrado y no se supo más de él. Los familiares no poseen información sobre cómo y adónde lo llevaron. La historia de los hermanos Zaragoza siguió dando frutos amargos: Luisa Cecchini, la madre de Chilo y Neco, se integró a las Madres de Plaza de Mayo y participó continuamente en las movilizaciones y reclamos. Tras la muerte de su marido, y luego de tantos años de lucha, estuvo internada en una clínica de nuestra ciudad, y después de una semana de agonía, falleció el 8 de junio de 2002, casi el mismo día del mismo mes que había marcado dolorosamente dos veces la vida de esta madre.

Violeta Graciela ORTOLANI de GARNIER Desapareció el 14/12/1976 Nro. de legajo: 5464

Edgardo Roberto GARNIER Desapareció el 08/02/1977 Nro. de legajo: 5465 «Cuando desapareció Violeta, ella estaba embarazada de ocho meses –contaba Silvia Garnier, hermana de Edgardo, a El Miércoles–

. Se la llevaron cuando estaba haciendo mandados, porque para los represores una mujer embarazada, a punto de tener a su hijo, era casi un botín de guerra». Ambos desaparecieron cuando estaban estudiando en la ciudad de La Plata. «Militaban por las causas sociales, hacían trabajo social en las villas», cuenta Silvia, orgullosa del compromiso de sus seres queridos. «El golpe de Estado los afectó mucho –relata– y ya en los primeros días de iniciado el Proceso ellos contaban que la represión que se estaba llevando adelante era brutal, que las desapariciones eran cosa de todos los días. El recuerdo que tengo de ellos es sumamente doloroso, puesto que en esos días no se podía compartir con otra gente lo que estaba pasando, e incluso hoy creo que en aquel momento no teníamos la dimensión exacta de lo que estaba ocurriendo», agrega. Silvia y su familia siguen luchando, con ayuda de las Abuelas de Plaza de Mayo, para ubicar a su sobrina, que habría nacido el 17 de enero de 1979, es decir que hoy tiene 31 años.

Dina Ana María NARDONE IRIGOYEN Desapareció el 10/11/1978 Nro. de legajo: 2631 Estudiante de Medicina de la UBA, cursaba el quinto año cuando fue detenida en la entrada de la pensión universitaria. Ese día había aprobado un examen pre-final de psiquiatría. Los encargados de la pensión avisaron de inmediato a los familiares. La mamá de Dina, Ana María Irigoyen, viajó a Buenos Aires y realizó la denuncia en la comisaría 17 de la Policía Federal, mientras su padre lo hacía ante el jefe del Área 124 de Concepción del Uruguay. El 23 de diciembre del mismo año se comunican telefónicamente con familiares de la Capital Federal de parte de la «Policía Federal» para decirles que tenían a Dina, que deseaban hablar con sus padres para entregarles a su hija y que les avisarían unas horas antes. Los familiares hicieron todo tipo de gestiones, ante autoridades, militares, administrativas, judiciales. Denunciaron el secuestro ante distintas organizaciones de Derechos Humanos, la Corte Interamericana (CIDH), autoridades del Episcopado, presentaron hábeas corpus, sin

resultados. Según testimonios registrados por la Conadep, Dina fue vista el 11 de noviembre de 1978 en la ESMA, al día siguiente de ser secuestrada. El novio de Dina, un estudiante oriundo de Neuquén, Francisco Natalio Mirabelli, también fue víctima del terrorismo de Estado.

Horacio Norberto POGGIO Desapareció el 23/07/1976 Nro. de legajo: 2439 Isabel Poggio de Embon, hermana de Horacio, contó a El Miércoles la historia de su hermano: «En el momento que desapareció, estaba trabajando en el Sindicato de Prensa, en Córdoba. Él estaba hablando con el teniente coronel Gonzálvez en el Sindicato, que ya estaba intervenido, cuando ingresaron militares a buscarlo. Esa misma tarde fuimos a Córdoba y este militar nos dijo que lo habían llevado para averiguar antecedentes. A través de un tío nuestro, que se desempeñaba como secretario de Harguindeguy, supimos que estaba detenido en un centro clandestino de Córdoba. Y esa fue la última noticia que tuvimos. Pero con Menéndez no se podía hacer nada, porque Córdoba era un mundo aparte. Lo último que supimos fue que Horacio le había regalado su biblioteca a un amigo que no militaba en política, porque mi hermano no comía por comprarse libros. Pero el ejército entró en la casa y se llevó toda su biblioteca». «Horacio militaba en política. Empezó militando en el Movimiento de Liberación Nacional, y cuando se disolvió ese movimiento no participó de ninguna otra organización. Había trabajado en la empresa Kaiser, y después trabajó en el Sindicato de Luz y Fuerza junto con Agustín Tosco, aunque no compartían ideología. Él era un estudioso de la situación social y política. Y en esos años estaba convencido de que no era el mejor momento para iniciar una revolución y generar cambios profundos en la Argentina. Consideraba que había que esperar. Y por eso no participaba de ningún movimiento. Era un intelectual». Horacio terminó el secundario en la Escuela Normal, y después se fue a Santa Fe a estudiar abogacía, pero dejó la carrera cuando le faltaban pocas materias. Comenzó su militancia en el Centro de Estudiantes del secundario, en la Escuela Normal. Fue presidente del Centro durante la polémica de «Laica o Libre». Estuvo casado dos veces: con Raquel Camilión –tuvo una hija que hoy vive en Paraná– y con Angélica Belarduchi, con quien tuvo otros tres hijos.

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Miguel Alejandro DOMINGUEZ Desapareció el 03/02/1978 Nro. legajo: 4666

meter miedo y evitar su continuidad y descendencia», concluye Enrique su mensaje.

Juan Alberto URIARTE Estudiante de Ciencias Económicas en La Plata. Su padre es suboficial mayor de la Prefectura (retirado). Aparece en una cárcel de Azul (provincia de Buenos Aires) «de la nada –cuentan sus familiares–. Así entran en contacto sus padres y lo empiezan a ir a visitar, van los fines de semana, mantienen correspondencia». Pasa a otra cárcel y luego vuelve a Azul, hasta telefonean a su padre para informarle que «lo iban a liberar. Fue una gran alegría, se pusieron a organizar el recibimiento con amigos y parientes. El día que iba a salir en libertad su padre llegó a las 6 de la mañana, estuvo esperando en el auto, pero llegó la hora de la liberación, que era a las 9, y no salía. Esperó un par de horas y nada, entonces entra y pide explicaciones y le contestan que su hijo ya salió en libertad. El padre le dice ‘no puede ser, yo estoy acá desde las 6’, y le muestran el registro en donde estaba la firma y decía que había salido a las dos de la mañana». Desde entonces no supieron más de él. Algún tiempo después, Hugo Domínguez –primo de Miguel, que viajaba seguido a la Capital Federal– fue con la hermana de Miguel a la embajada de España, y el embajador tenía un mapa de la Argentina, de la ubicación de los centros clandestinos de detenidos. «Acá hay 300 y en el otro 150, nos decía –cuenta Hugo– pero el nombre de su hermano no figura... Tenemos que ver, por ahí está con otro nombre». El padre contrató en Buenos Aires una empresa de investigación privada, habló con distintas autoridades militares, pero tampoco tuvo resultados. Hugo recuerda a su primo como «un pibe bárbaro, era verdaderamente un idealista». También cuenta que Miguel era peronista, «era un militante, participaba en el Centro de Estudiantes. Creía en la justicia social, en el bienestar de los trabajadores». Enrique nos aportó,a partir de la publicación de este informe, que Domínguez aparece mencionado en el libro del reconocido periodista Carlos Gabetta, Todos somos subversivos. «Yo lo vi en Rosario un par de veces, militando, bastante lejos de La Plata, lo que me hizo suponer que estaría en algún lugar importante de la organización (Montoneros) para venirse de La Plata a Rosario. La historia de Miguelito es un clásico de la 'solución final' imaginada por la dictadura: los liberaban para sacarse el problema legal de encima, pero los mataban en la calle para

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Desapareció el 21/09/75 No.Conadep: 9475 Tenía 28 años y era albañil. Estaba viviendo en Moreno, provincia de Buenos Aires, pero viajaba seguido a Concepción del Uruguay. El 21 de septiembre de 1975 llegó a su casa personal policial que no se identificó. Lo detuvieron a él y a su pareja, que luego fue liberada. A los tres días su hermana Angelica Uriarte de Olguín, que también vivía en Moreno, trató de localizarlo y se enteró de que estaba en Devoto, donde lo negaron. Presentó un recurso de hábeas corpus, pero sin resultados. Dos años despues y en Concepción del Uruguay, durante una comida familiar en la casa de la madre de Uriarte, personal de la Policía Federal se llevó para tomar testimonios a dos cuñados, al padre y al hermano, para conocer qué sabían acerca de la desaparición de Juan Alberto Uriarte. No se supo más sobre él.

Juan Carlos FULINI Desapareció el 03/03/1977 Nro. de Legajo Conadep 8898 Decl. Nro.: 6275645 Nacido en 1951, Juan Carlos Fulini cursó la secundaria en el Colegio del Uruguay, con excelentes calificaciones, pero además, habitualmente era elegido ‘mejor compañero’. Sus familiares cuentan que solía decir que era ésa ‘su mejor calificación’. Egresó del Colegio en 1969 y trabajó en la conocida tienda “La Quemazón Funcional”. Siempre, desde la adolescencia, estuvieron en su conducta los valores del compromiso y la solidaridad. En 1974 partió hacia la ciudad de Buenos Aires, donde comenzó a trabajar en la sucursal del Banco de Entre Ríos, y también cursaba estudios de Ciencias Económicas en la UBA. En sus cartas a su familia cuenta su actividad cotidiana sin hacer referencia a su militancia política, pero ya desde sus años en su ciudad natal, Juan Carlos estaba vinculado fuertemente a la militancia a través de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Fue secuestrado en la madrugada del 3 de marzo de 1977, en la Capital, en su departamento de

calle Carlos Pellegrini al 800, junto a Orlando Luis Raffo, quien también trabajaba en la sucursal del Banco, y que permanece desaparecido hasta hoy. Juan Carlos tenía 25 años. La Conadep no posee testimonios de su paso por centros clandestinos de detención. Su mamá, Elena Leonor Brich de Fulini, se presentó ante la justicia, las fuerzas de seguridad y en las distintas organizaciones de derechos humanos, pero nunca pudo tener respuestas acerca del paradero de su hijo.

Alfredo Daniel Valente Desapareció en marzo de 1977 Nro. de Legajo Conadep 5206, Decl.No:3709 El Zorro Valente, como lo llamaban sus amigos y compañeros, nació en 1952 en Lucas González (departamento Nogoyá) pero vivió su infancia en Colón. De familia radical, Valente era estudiante de cuarto año de Medicina en La Plata, donde se sumó como militante a la organización Montoneros. Desapareció cuando había transcurrido un año del golpe de Estado genocida. La última carta que habían recibido sus padres es del 5 de febrero de 1977, y allí menciona dos ‘combates ‘ en los que participó. Para la Conadep, Alfredo desapareció en junio de 1978, siendo secuestrado en el partido de General Madariaga. El Zorro fue “el mejor número cinco que jamás haya conocido Colón», según aseguran quienes lo vieron lucirse en el Club Campito de esa ciudad. En 1966 ingresó a la Escuela Normal de Colón, con excelentes clasificaciones en historia y educación física. Un accidente (lo atropelló un camión) pospuso su ingreso a la Facultad de Medicina hasta 1972, en que se muda a esa ciudad donde ya vivía su hermano Carlos, quien influyó en su definición política: ambos se sumaron al peronismo, en la llamada “Tendencia Revolucionaria”, y en ese carácter el Zorro militó activamente en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). Luego se integró a la estrategia montonera. Aunque no hay datos precisos sobre el destino que tuvo Valente, distintos testimonios lo ubican como uno de los detenidos ilegalmente en el centro clandestino de detención ‘La Cacha’ (en las inmediaciones de La Plata), donde fue visto entre el 29 de julio y el 1º de agosto de 1978. Su hermano Carlos vive y trabaja en Concepción del Uruguay, y ésa es la razón por la cual Alfredo siempre fue incluido en la lista de desaparecidos de la ciudad.

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Carlos LÓPEZ Desapareció el 2 de abril de 1977 Nro. de Legajo Conadep 2891, Decl.No. 5412 En algunos listados aparece como Juan Carlos López y en otros como Carlos López Brest. Tenía 29 años cuando desapareció. No hay testimonios fehacientes en la Conadep de su paso por un centro clandestino de detención. Fue secuestrado en la Capital (otras fuentes mencionan que lo «chuparon» en Berazategui, provincia de Buenos Aires). El cronista de El Miércoles Valentín Bisogni ubicó a una hija de Carlos, pero ésta no quiso hablar sobre su padre ni sobre su militancia en las organizaciones políticas de los años 70. Se sabe que era casado y tenía dos hijos. Su militancia era en la organización político-militar «Montoneros». Como Uriarte, de quien era amigo y compañero, López hizo sus estudios primarios en la Escuela 48 "Recuerdos de Provincia", ubicada en el tradicional barrio uruguayense La Concepción.

Raúl René DE SANCTIS Desapareció en mayo de 1977. Nro. de Legajo Conadep 320 Aunque era uruguayense, su familia se mudó a Rosario siendo él muy pequeño. Su nombre se agregó al listado recientemente, dado que en septiembre de 2008 las Abuelas de Plaza de Mayo lograron identificar dos nuevos casos de nietos recuperados, y uno de ellos fue precisamente el de Laura Catalina De Sanctis Ovando, su hija nacida en cautiverio en 1977. Al difundirse esta noticia, se informó que De Sanctis era nacido en nuestra ciudad, el 29 de julio de 1954. Tras instalarse su familia en Rosario, realizó casi toda la escuela primaria en el Colegio del Sagrado Corazón de esa ciudad y los estudios secundarios en el Colegio San José, de orientación salesiana, donde también participó de los grupos de jóvenes salesianos. Comenzó a estudiar Antropología en la Universidad Nacional de Rosario, sin llegar a concluirla. Fue obrero en la empresa metalúrgica Acindar. Militaba en la organización Montoneros, al igual que su pareja Myriam Ovando, quien estaba embarazada de seis meses cuando fue secuestrada, en abril de 1977. De Sanctis desapareció en mayo de ese mismo año, en la ciudad de Campana (provincia de Buenos Aires). Su

hija Laura Catalina ocupa el lugar 94 entre los nietos recuperados por Abuelas.

Manuel LIBEROFF Desapareció en mayo de 1976. Nro. de Legajo Conadep 3600 Manuel Liberoff fue un médico reconocido ampliamente en el Uruguay. Hijo de inmigrantes, tras concluir sus estudios secundarios en la Histórica, desarrolló una carrera como médico en el país vecino, donde llegó a ser un importante dirigente gremial de los profesionales de la salud, siendo dirigente del Sindicato Médico de Uruguay. Desapareció en Buenos Aires. Desde varios años atrás, en su Montevideo de adopción una plaza lo homenajea llevando su nombre. Nacido el 31 de marzo de 1922, en Concepción del Uruguay, hijo de padre ruso y madre argentina, se graduó de doctor en Medicina en Uruguay en 1949, donde residía desde 1944. Se casó en Uruguay, con Silvia Nemirovsky, argentina. Vivió y ejerció la medicina en la popular zona de Camino Carrasco, en Montevideo, desde 1952. Fue directivo del Sindicato Médico de Uruguay, fundador de las asociaciones de padres de la Enseñanza Secundaria y miembro del Partido Comunista Uruguayo. Detenido el 12 de julio de 1973, en su domicilio en Montevideo, permaneció en un cuartel del kilómetro 14 del Camino Maldonado. El 7 de noviembre de 1973 es expulsado del país. Previamente la dictadura había revocado su ciudadanía uruguaya el 31 de octubre, con el acuerdo del «consejo de estado». Fue secuestrado en Buenos Aires, en mayo de 1976. En el mismo operativo también asesinaron a los destacados dirigentes del Frente Amplio, Héctor Gutiérrez Ruíz y Zelmar Michelini. Recién en 1997 el Estado argentino lo reconoció como desaparecido. En un acta de 1973 del Sindicato Médico del Uruguay, se deja constancia de la intervención de Liberoff, en la última reunión de la que participa, en donde define el momento que se vive en el Uruguay (no muy diferente del que poco después comenzaría a respirarse en la Argentina). Allí dice, pidiendo que se vote a favor de un paro médico: “Los que tenemos esta edad tuvimos la desgracia de haber vivido muy cerca de los monstruos. Tenemos en la cabeza los campos de concentración, las torturas, el genocidio ejecutado por los bárbaros. Toda familia europea ha tenido sus muertos; eso es el fascismo. Hoy lamento en el alma que haya com-

pañeros que todavía tengan dificultades para comprender que estamos viviendo en el fascismo. Si la derrota no se logra (y tengo fe en que los vamos a derrotar), los compañeros que ahora no comprenden, comprenderán en carne propia lo que es el fascismo, pero ya no podrán levantar la mano para votar paros alternados o paros distintos de los que plantea la urgencia de la hora. Si se tiene la fibra humano y en este caso, la fibra de un médico (que es casi un santo), la conciencia jamás los dejará dormir porque tendrán presentes nuestros rostros y lo de esos enfermos que dicen defender. Lástima que ahora no tengan la imagen de los cantegriles (asentamientos) de mi departamento. Eso les haría comprender lo que el paro médico significa. Esos hace tiempo que tiene metidos en sus casas el paro médico y el hambre; esos son los que ven prostituir a sus hijas y convertise sus hijos en infanto juveniles. Les pido disculpas porque no quiero molestar a nadie con mis palabras, pero hay momentos en que hay que saber plantear y no dar más vueltas: o se está con el fascismo o se está con la democracia, con la libertad y la humanidad. Discúlpenme esta forma de expresarme, pero quería que quedara mi voto permanente por la lucha del pueblo, de los médicos, de la decencia, de la justicia, de esta organización maravillosa que ha demostrado ser el SMU que aun en los momentos más duros, tiene la autoridad moral y la grandeza de tratar de discutir, para que todos los hombres comprendan que estamos haciendo todo lo contrario de lo que esta desgraciada canalla viene propagandeando.»

Elvio Ángel BEL Desapareció el 5 de noviembre de 1976. Nro. de Legajo Conadep 2000 Nació en Concepción del Uruguay el 20 de enero de 1938. Era hijo de chacareros llegados a La Histórica desde Villa Mantero. Luego, su padre se mudó a Urdinarrain, donde ejerció el primer año de docencia. A los 20 años hizo el servicio militar en Comodoro Rivadavia, pero luego fue trasladado al Distrito Militar de Trelew. Al terminar la ‘colimba’, se quedó y volvió al ejercicio de la docencia. Allí se transformó en maestro rural. Luego se mudó a Rawson, donde continuó trabajando en su profesión, pero regresó a seguir con sus labores en Trelew. Allí integró una cooperativa de vivienda y se afilió al Partido Comunista (PC), en 1965. Por esos tiemSIGUE EN PAGINA 8

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pos, además, fue uno de los promotores de la conformación del primer sindicato de docentes de Chubut. También fue uno de los fundadores de un Instituto de Estudios Superiores en 1966, que comenzó a funcionar dependiendo de la Universidad del Sur de Bahía Blanca y terminó convirtiéndose en la actual Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNP). En tiempos duros, de persecuciones por sus ideas políticas, Bel ejerció varios oficios. Trabajó en el Instituto Nacional de Tecnología

Agropecuaria (INTA), en la escuela que de la Unidad Penal Nº 6 de Rawson, en la Dirección de Estadísticas y Censos de la provincia, como periodista y también como comerciante. Cuando se encontraba desarrollando esta actividad fue secuestrado por un grupo de tareas. Antes, por su militancia política, Bel había estado detenido en el penal de Rawson en 1970, en el mismo donde ejerció la docencia. En octubre de1972 volvieron a apresarlo, tras ser apoderado de Roberto Santucho, junto a otros 15 ciudadanos, y fue en-

Claudia Emilia Monzón: un error sin explicaciones En distintos listados figura, desde los años 80, el nombre de Claudia Emilia Monzón. Sin embargo, debió pasar una década (desde que su nombre se incluyó en la placa de la calle Nunca Más) para aclarar que Claudia no está desaparecida. En informes anteriores de este semanario no se habían podido obtener datos sobre ella. Los testimonios orales en los inicios de los años 80 consignaron que esta joven, oriunda de Concepción del Uruguay, fuera incluida como una de las víctimas del terrorismo de Estado implantado en 1976. Su nombre no aparecía en el listado de la Conadep ni tampoco en otros testimonios de organismos de Derechos Humanos. Hasta el 30º aniversario no había información. Pero tras una serie de datos se pudo corroborar que Claudia no está desaparecida, y si bien lo estuvo (para su familia, al menos) ello nada tuvo que ver con el terrorismo de Estado de la dictadura. En efecto, la mujer, que tiene 56 años, estuvo cerca de 20 alejada de sus familiares, con quienes perdió todo contacto en 1977, aproximadamente. Tres años atrás la ubicaron por medio de una tía en Buenos Aires (donde vive ahora). Incluso acudieron al programa Gente que busca gente para encontrarla. Los familiares de Claudia Monzón, que viven en calle Posadas al 1800, contaron en 2006 a El Miércoles que a ellos «nunca nadie les preguntó sobre Claudia, sobre si era o no desaparecida». También dijeron saber que figuraba en las listas de Uruguay como desapareci-

da, y no en las nacionales, pero nunca le dieron importancia, porque «ella nunca estuvo metida en política» y estaban seguros de que no estaba «desaparecida por los militares». La insólita situación genera bochorno por la ligereza con la que se manejó el nombre en ciudad, pero no parece preocupar demasiado a Estela, la hermana de Claudia. Dijo que una vez se enteraron de que «alguien le quería poner el nombre de Claudia a una calle, pero como asumieron que primero les tenían que preguntar a ellos, no hicieron nada». También dijeron que Claudia, en realidad, hace rato que sabe que acá la cuentan como una desaparecida, pero no le ha preocupado mucho, realmente. Un notable cruce de actos de desidia (si cabe la calificación) determinó que su nombre se siguiera incluyendo, aún en la nueva placa que se descubrió el año pasado. La historia, un bocado de cardenal para la derecha argentina que siempre se negó a aceptar las cifras (reconocidas incluso por los propios represores, que como publicó el año pasado La Nación, insospechable de 'progresismo', se atribuían haber asesinado al menos a 22.000 personas) no debe ser ocultada por quienes responsablemente queremos verdad y justicia en la Argentina. Lo lamentable es que no se haya conocido antes y que durante tanto tiempo se incluyera ese nombre, en un error extendido en el tiempo, sin explicación.

viado a la cárcel de Villa Devoto, en la ciudad de Buenos Aires. Luego de una pueblada en Trelew, recuperó su libertad, al igual que sus compañeros de cautiverio, y volvió a su tierra adoptiva. Tiempo después, instaló un comercio. El 5 de enero de 1975 se casó con Hilda Fredes y el 22 de febrero de 1976 nació su hijo, Pablo Manuel Bel. El 5 de noviembre de 1976 fue secuestrado en su negocio, junto a su hijo de ocho meses de edad. Tres horas más tarde, el pequeño se reunió con su madre, tras ser entregado por la brigada que ‘levantó’ a ambos a una familia de las afueras de esa localidad chubutense. De Ángel no se tuvieron más noticias. Continúa desaparecido. Según indica su legajo en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), no hay testimonio de su paso por un centros clandestinos de detención. El 3 de noviembre de 2006, la UNP lo homenajeó llamando ‘Elvio Ángel Bel’ al aula Nº 59 de la sede de Trelew. En su ciudad de adopción también un centro cultural lleva su nombre, al igual que una de sus calles, por decisión unánime de sus concejales, que también, en 2006, el año en que se cumplieron 30 años de su desaparición forzada, quiso eternizar su memoria.

NO OLVIDAR Las palabras de Isabel Poggio resumen el pensamiento de varios de los familiares con los que dialogó El Miércoles. «Me parece fundamental que se investigue lo que pasó, que se declare la nulidad de los indultos que decretó Menem. Sobre todo por nuestros hijos, para que nunca jamás se olviden de lo que pasó, y evitar que se vuelva a repetir». También cuando se agolpa el sentimiento al recordar al ser querido: «Cada vez que hablo de mi hermano, lloro... Es un dolor que a uno le queda adentro. Siempre estuve orgullosa de mi hermano, así que me gusta recordar su compromiso por un mundo mejor. Y la verdad que hoy se nota la ausencia de su generación. Hace tanta falta ese tipo de personas, que hubieran sido quienes conducirían el país en este momento».

Más información en www.miercolesdigital.com.ar COLABORARON EN INVESTIGACIÓN Y ENTREVISTAS: VALENTÍN BISOGNI, GUSTAVO SIROTA, MARTÍN BARRAL, JORGE DÍAZ, DARÍO BARON, ELBI ESTEVE, GUADALUPE COLOMBO, ADRIÁN PINO, EDUARDO OJEDA. SE UTILIZARON MATERIALES DE LOS TRABAJOS REALIZADOS POR LOS ALUMNOS URUGUAYENSES: PABLO LORÁN, JUAN MIÑO, SABINA FARÍAS, DENISE CARABALLO, SANDRA CASTILLO, ALEJANDRO RUIZ Y YANINA ROMERO.

Agradecemos profundamente la colaboración y los testimonios de todos los familiares.

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Homenaje a desaparecidos uruguayenses (marzo de 2007).

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“La inextinguible fe en el futuro”

Chilo Zaragoza: primer uruguayense víctima del terror de Estado Su nombre, Juan Ramón Chilo Zaragoza, forma parte de la historia de la violencia política en la Argentina: en 1975 la Triple A lo cosió a balazos. Fue entonces el primer entrerriano de la larga lista de víctimas –muertos o desaparecidos– de la derecha violenta y asesina de este país, esa derecha que desde 1976 fue dueña de vidas y propiedades de los argentinos. Como los estudiantes de la Noche de los Lápices, su “crimen” fue pelear por la jerarquía de la educación. Era un militante pacífico y un estudiante destacado. Sus perseguidores lo deshonraron incluso después de muerto: su tumba en el cementerio local fue ultrajada por la Triple A. Un perfil del militante y un pedido público por un lugar, una pared, un mural o una calle, que lo recuerden. Por Américo Schvartzman

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a imagen tiene sus años. Todo en ella revela ese medio siglo transcurrido. Todo: el niño, pulcro y concentrado, peinado a la gomina, lee su papel. Está aún “con los cortos” –como co rresponde a su edad, a su época, a su estampa–. El pizarrón, a sus espaldas, trae en prolija caligrafía cursiva, la frase del Libertador: “La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos”. Sobre la pizarra, escalonadas hacia arriba, las letras góticas dicen “Consejo General de Educación”. Detrás del gurí que lee, un hombre de traje y bigotes, un funcionario del Consejo quizás, se inclina sobre el escritorio pispeando la continuidad del acto protocolar. Faltan años para que la tragedia final se desate sobre el país, pero sus mecanismos de origen ya están en marcha desde hace rato. Entre otros, la salvaje distancia entre la palabra y la acción, entre el discurso y los hechos. Corre el año 1962 cuando se toma esta fotografía. Illia está en el gobierno, digno pero débil. Débil, porque está allí sobre la base de la proscripción del movimiento político de masas que fue derrocado hace poco tiempo y hasta cuyo nombre fue prohibido. Digno, porque orienta sus esfuerzos a que –algún día– haya en efecto democracia, e independencia como país. Es en ese año, 1962, en el que el niño lee. Aunque no se lo ve en la foto, un público atento acompaña y escucha. La ceremonia es organizada por el CGE y transcurre en el Teatro San Martín de Concepción del Uruguay. En el papel que sostienen con firmeza

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sus manos, están escritas, “pasadas a máquina” con prolijidad, las palabras que redactó este niño de 9 años, para presentarse a los Juegos Florales en el rubro Cuentos. El título es “En el bosque” Cuenta, en primera persona, las peripecias de un niño que ayuda a su padre en la labor cotidiana, y de cómo le salva la vida luego de que un “insecto ponzoñoso” lo pica, en medio del monte (“el Bosque” en el idioma literario). En sus frases correctas, Juan Ramón puso en palabras muchos de los valores que ya incorporó su aguda inteligencia de gurí entrerriano: el amor filial, la supervivencia ante la naturaleza hostil, el coraje individual, la lucha contra la adversidad, la curiosidad por la mezcla de elementos (que pocos años después lo llevará a la carrera de Bioquímica), el sentimiento del deber, el deseo de enorgullecer a los progenitores... El Chilo, como lo llaman su familia y amigos, está leyendo. Tiene la vista fija en el papel. Otras imágenes muestran la fuerza que tenía esa mirada. Allí está el pequeño Zaragoza, cómodo en su papel y eso se nota en la vieja foto. Zaragoza hijo, primer vástago de un proletario, siente que tiene un destino de tesón y triunfo, que vibra en sintonía con la frase de José de San Martín escrita con tiza en el pizarrón. Eso siente “Juan Ramón Zaragoza (h)”, como firma el cuento. Su papá, Tito, humilde pero formado trabajador del “Ministerio”, comunista convencido, su mamá Luisa Cecchini, ambos padres laboriosos y amorosos, su hermanito Neco, sus tías y parientes, todos merecen ese destino. Y él quiere enorgullecerlos, por eso se esforzará luego, por eso el “Cuadro de Honor”, por eso los promedios superiores siempre a 8, por eso los abundantes “«diez felicitado” en Química, pero también en Música o en Historia, también en “«Educación democrática” –materia de nombre siempre cambiante–. Por eso también profesor de Música y Guitarra antes de cumplir 17. Y por eso también, siempre: el compromiso, la solidaridad, la participación. La foto no dice otras cosas. No habla de la ferocidad con la que “En el bosque” se desató luego la tormenta, y de cómo esas fuerzas implacables se llevaron para siempre al autor de aquel cuento.

UNA PEQUEÑA PARTE Hay muchas formas de abordar la construcción de la memoria colectiva. Ponerle nombres al horror es quizás una de las mejores. Contar la historia de uno de esos nombres es darle encarnadura a un hecho histórico. La pequeña historia, la individual, la de una persona concreta, real, en sus coordenadas de tiempo y espacio, con sus sueños y frustraciones, con sus amores y desgarramientos, con su proyecto de vida y sus desilusiones, con sus virtudes y sus mezquindades... No es sencillo. La pérdida del ser querido sólo permite ver el primero de los términos en cada una de las díadas propuestas. Pero aún así, el diálogo franco con sus seres queridos permite conocer, al menos entrever, esas facetas. Y recomponer el personaje, contornearlo, hacerlo reconocible, ayuda a completar la comprensión de las cosas. La historia del Chilo es una más, de las tantas –paradójicas–

de la violencia política argentina. Era un militante político, decidido y definido por la acción de transformación pero dentro de lo institucional. La penetrante mirada de Chilo ancla con fuerza en esa convicción, capaz, eso sí, de hacerlo empuñar la guitarra. Tan lejos está de la violencia, de la locura armada de esa guerrilla iluminada –que comenzaba a reproducir en su interior “el poder autoritario que intentaba cuestionar”, los mismos mecanismos, o casi, que los poderes fácticos que impugnaba, como afirma Pilar Calveiro–; tan lejos, decía, está Chilo que en las cartas a su madre no sólo demuestra su preocupación por avanzar en la aprobación de materias para recibirse pronto: se preocupa también porque no ve a su hermano menor, Neco, dedicarle el tiempo suficiente a su carrera. Entre los muchos que lo recuerdan, Germán asegura que El Chilo siempre tuvo condiciones para el liderazgo. Confuso en sus propios conceptos ideológicos, el músico cincuentón ignora los detalles de la militancia de su amigo –perdió contacto cuando, tras la secundaria, Zaragoza recaló en La Plata– pero barrunta que tenía los conocimientos para “armar un caño”. El cronista, al que le gusta perder tiempo en discusiones de esa índole, le señala la paradoja de que, de alguna manera, un amigo de Chilo termine dando pábulo al prejuicio ideológico: en esa ensalada, parece sustentar que si era militante de izquierda, alguna relación con la violencia habría de tener. Germán no entiende. De nada vale explicarle que el Partido Comunista –al cual adhería Zaragoza– se oponía tajantemente a “la vía violenta”. Para qué abundar en cuestiones más complejas, como la distancia insalvable con montos o troskos, o la controvertida estrategia del apoyo crítico del PC a Videla para “que no se imponga el sector pinochetista”, o las giras europeas de Nadra y Fava (capitostes del PC) para convencer a los socialdemócratas de allá de que Videla era “un general democrático”. Esas sutilezas se escapan al amigo de correrías adolescentes, que además aporta el dato de que El Chilo tocaba el charango, y no sólo la guitarra. “Tocaba con mi hermano”, abunda Carlos, El Tero, algo mayor. “Y más de una vez habremos zapado juntos”. Germán después compuso en homenaje a Chilo una canción llamada Nube de paso, en la que recordaba que “en esta madrugada / no está presente / toda la gente que quiero / por causas muy diferentes / algunos que los mataron y otros que nunca más volvieron”. El músico cincuentón tendrá sus incoherencias, pero merece recordarse que durante muchos años fue el único en la ciudad que, en público, recordaba a Zaragoza, cuando el temor, la vergüenza o el pesar se lo impedía hasta a sus propios familiares.

EL MEJOR ALUMNO Al matrimonio Zaragoza le costó tener esos hijos, separados por tres años entre sí; esos párvulos que alegraron aquel hogar de trabajadores. A Luisa y Juan Ramón les llegaron los chicos de grandes, según cuentan sus familiares. La casa familiar estaba en Rivadavia al 400, cerca del histórico barrio La Concepción, cuna de la ciudad, lugar de trabajadores, humilde y seguro. CONTÍNUA EN LA PÁGINA SIGUIENTE

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Chilo había nacido el 14 de julio de 1953. A los 13 empezó la secundaria en la Escuela Normal Mariano Moreno, pero como no quería ser maestro (el título que otorgaba la escuela por aquellos años) al terminar tercer año se mudó al Colegio del Uruguay, de donde egresó como bachiller. Sus compañeros y profesores lo recuerdan como un alumno inquieto y respetuoso, capaz de discutir los contenidos de las materias con argumentos sólidos. En el Colegio –como antes en la Escuela– Chilo se destacó en sus estudios, con promedios superiores a 8 puntos en todos los años, los más altos en cuarto (8.66). Las asignaturas en las que orillaba la excelencia también configuran los perfiles de su personalidad: literatura, idioma extranjero, las distintas ciencias “duras”, pero también Música e Historia lo muestran cerca del diez. En 1970, con 17 años, se recibió de profesor de Música en el Conservatorio Ibero Americano. Al año siguiente viajó a La Plata para ingresar a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) como alumno de la Carrera de Bioquímica. En el medio falleció su papá, de un infarto, lo cual lo golpeó con dureza, pero a la vez estrechó su relación con Luisa. Durante los años de su vida universitaria se destacó como uno de los mejores alumnos de su promoción: en 1975 era alumno regular de 5º año de la Carrera de Bioquímica, es decir que pese a sus otras pasiones –era activo militante en el Centro de Estudiantes (CEFCE) y en la Federación Juvenil Comunista, y daba clases de guitarra para hacerse de unos pesos– no había perdido un solo año de su carrera. Miembro del Movimiento Universitario Reformista (MUR, el brazo estudiantil de la FJC), Chilo fue delegado de Bioquímica en la conducción del CEFCE. En las cartas a su mamá, desgrana ternura y humor, le cuenta a cada paso la evolución de sus estudios, pero también la mantiene al tanto de la actividad política: en agosto del 74, por ejemplo, le cuenta: “Mañana se sabe el resultado de las elecciones del Centro. Creo que ganamos seguro. Me dieron la beca: 14.000 por mes y los vales del comedor. Mañana también cobro el primer sueldo de profesor (de guitarra) (...) Por eso pienso y te digo que a partir del mes que viene no me mandes más de 5 o 10. Lo demás dáselo al Neco o comprate algo que te guste. El Neco (no le vayas a decir que te avisé pero me parece que anda estudiando poco)”.

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En otra carta, un par de días después, le dice a su mamá que quiere ir al campo “a andar a caballo”. En esa misma carta le anuncia “le ganamos a la JUP por 8 votos, sobre un total de 1.200 y pico”. En la última carta que recibió Luisa, Chilo narra las últimas novedades que traen ajetreado al Centro de Estudiantes: “Nos quieren reformar la carrera y no nos darían el título de bioquímico, sino de químico, y nos sacan materias. Y es todo una manganeta para destruir la Universidad, que es lo que quiere la Misión Ivanissevich. Así que la cosa va a estar movida”.

CREYERON MATARLO Y tan movida estuvo la cosa. A fines de 1974, mediante la sanción de la Ley 8.271, la provincia de Buenos Aires aprobó la creación del Colegio de Bioquímicos, que a partir de ese momento fiscalizó el ejercicio profesional. En mayo de 1975 el rector interventor de la UNLP, a propuesta del delegado interventor de la Facultad de Ciencias Exactas, resolvió la eliminación de la Carrera de Bioquímica, reemplazándola por orientaciones de la Licenciatura en Química. Los alumnos de 5º y 6º año de la Carrera de Bioquímica, con el apoyo del Centro de Estudiantes de la Facultad y bajo el liderazgo de Chilo, se opusieron tenazmente a la desaparición de la Carrera. Consiguieron entrevistas con legisladores provinciales y nacionales y lograron que la situación tomara estado público. En ese contexto, y de manera inesperada para todos, se produce el secuestro y asesinato de Chilo. La noche del 8 de junio de 1975 un grupo armado perteneciente a la Triple A, la banda de asesinos fundada y prohijada por José López Rega, el ministro de Bienestar Social del gobierno de Isabel Perón, lo fue a buscar a su departamento –en calle 46 entre 3 y 4– y se lo llevaron, en un automóvil marca Torino. Desde la Policía se comunicaron para avisar a los familiares que lo tenían detenido. Pero cuando los familiares viajaron a La Plata, Chilo había sido encontrado muerto y con varios itakazos, en Berisso. Su hermano Néstor Omar, Neco, fue quien lo identificó. El 9 de junio, por la madrugada, apareció el cadáver, en el balneario La Balandra, cercano a La Plata. Tenía 40 impactos de bala de distinto calibre. El alumnado de la Facultad le rindió homenaje con una placa recordatoria. Memoria, Verdad y Justicia


Pero las atrocidades no terminaron allí. La placa fue arrancada y, ya después del golpe de Estado, en marzo de 1977, manos anónimas profanaron la tumba de Chilo. Sí, en su ciudad entrerriana y tranquila de Concepción del Uruguay, donde “no pasaba nada”. El inexplicable odio de la derecha no tenía límites: abrieron un boquete, introdujeron por él combustible y prendieron fuego. Luego dejaron una inscripción que decía: “Los zurdos hijos de un millón de putas no tendrán paz ni después de muertos”. Aunque hubo algunos testimonios (un empleado del cementerio), denuncias judiciales y presentaciones, nunca se supo quiénes fueron los responsables de estos hechos. Una carta anónima que recibió Luisa acusaba a un oficial del Ejército, de apellido Palacios, de haber tenido participaón en el atentado. Pero no concluyó allí el calvario de los Zaragoza. El 9 de junio de 1977, exactamente dos años después de la aparición del cadáver de Chilo, su hermano Néstor, estudiante de Medicina, fue detenido en su domicilio de calle 35 de La Plata, junto con otros tres estudiantes con quienes compartía el lugar (Juan José Riqueza, José Luis Suárez y Luis Dimattía), por un comando del Ejército Argentino, con personal de civil y en uni-

forme. Neco nunca apareció. Luisa se instaló en La Plata, donde recibió la solidaridad y el apoyo de los amigos y compañeros de ambos, que conformaron la Comisión de Solidaridad con la Familia Zaragoza. Además, se sumó a los organismos de lucha por los derechos humanos, y hasta su muerte, siguió bregando, esperanzada, por la aparición con vida de su adorado Neco. Berta Schultz de Steimberg, madre de una joven desaparecida y compañera de lucha de Luisa en La Plata, recordaba a esta incansable y orgullosa madre, que luchó hasta que la salud ya no se lo permitió: “Luisa tenía grandes problemas físicos, muchas dolencias a pesar de las cuales no se perdía nada, íbamos juntas a todos lados”. La historia de los hermanos Zaragoza siguió dando frutos amargos: Luisa Cecchini, luego de tantos años de lucha, estuvo internada en una clínica de Concepción del Uruguay, y en 2002, después de una semana de agonía, falleció el 9 de junio de ese año. El mismo día que había marcado dolorosamente, dos veces, la vida de esta madre.

HONRA ETERNA Nunca importó (¿acaso tiene importancia para la derecha asesina?) que los propios compañeros de Chilo Zaragoza y de su hermano Neco se definieran como “ardientes enemigos del accionar de los grupos terroristas de la ultraizquierda”, como los describen sus amigos y compañeros de la Comisión de Solidaridad, aquellos que hablaban de su “inextinguible fe en el futuro”. Posición de la que –en el caso de Neco– ni siquiera logró desviarlo el profundo dolor por la terrible muerte de su hermano. Su sentimiento, como el de Chilo, era de “repudio a la violencia terrorista, fuera del signo que fuera”. Una compañera de militancia de Chilo habló en un reciente homenaje acerca de las causas por las que militó. Estas fueron sus palabras: “Liberación o Dependencia. Por la construcción de una central única estudiantil que confluya a la construcción del frente de liberación nacional y social, por los postulados de la Reforma Universitaria (cogobierno, universidad abierta al pueblo, de excelencia y al servicio de las necesidades populares). Estas eran las banderas que como militante levantó Chilo. Su secuestro y asesinato apuntó a frenar la lucha de los alumnos de Bioquímica (de los cuales era delegado) contra la modificación del Plan de Estudio que impulsaban sectores reaccionarios. Luchábamos contra el cientificismo y la imposición de líneas de investigaCONTÍNUA EN LA PÁGINA SIGUIENTE

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ción a través de subsidios a la investigación”. La lucha no fue en vano: a fines de 1975, el nuevo rector normalizador sancionó la Resolución 619, que derogó las nuevas orientaciones de la Licenciatura en Química, reimplantando la Carrera de Bioquímica en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP, que cobra así su primer martir. Después de la larga noche del Proceso, en 1991 se asigna el nombre de Juan Ramón Zaragoza a un aula de la Facultad de Ciencias Exactas, ubicada en el primer piso del edificio de Química. Además lo continúan homenajeando al poner su nombre a distintas actividades, incluyendo torneos de fútbol. En La Plata, además, funciona un Centro Cultural por los Derechos Humanos que lleva el nombre “Hermanos Zaragoza”, desde el año 2000, por un pedido de Luisa Zaragoza, ya que Neco y Chilo trabajaban en ese lugar. Desde entonces es un espacio de reunión de diferentes sectores, donde se realizan actividades culturales y políticas. El Centro Cultural Hermanos Zaragoza tiene como objetivos la defensa de los espacios de expresión alternativos contra la elitización del arte y está ubicado en la calle 53 entre 3 y 4.

POR ANTIGUA Y POR AMARGA “Aunque hace tiempo de esta historia amarga / por amarga y por vieja te la cuento”, decía Pablo Milanés. En Concepción del Uruguay, durante años, los familiares de los desaparecidos debieron cargar con un doble dolor, con una doble herida que sangró hasta hace poco: a la pérdida del ser querido –no sólo sin explicaciones sino además sin datos de su destino final– se le sumó la angustia por el estigma. Pueblo chico al fin, con demasiados poderes tradicionales aliados al poder fáctico, los familiares de desaparecidos se sentían señalados. Ese que va ahí perdió al hijo porque “andaba en cosas raras”. Debieron pasar años para que algunos de los familiares comenzaran a sentir algo distinto sobre su hijo, hermano o primo víctima del terrorismo de Estado. Algo que, con el tiempo, se transformó en la capacidad de enorgullecerse de él. Y allí, entonces, se cerró el círculo paradojal. Aquel Chilo que de gurí expresaba en su cuentito ese profundo deseo, al fin lo logró. Son sus sobrinos –como Pablo Lorán, autor de una de las investigaciones premiadas en el Concurso que organizó la Subsecretaría de Derechos Humanos– son sus familiares, es una buena parte de su ciudad natal, la que hoy se enorgullece de ese nombre y apellido; de ese rostro anguloso de mirada fuerte, que apenas a una cuadra de la plaza, durante más de un año recibió el notable homenaje de una comunidad que, si antes lo negó, hoy parece animarse a mirarlo a los ojos, aunque aún se encuentra lejos de acogerlo como al hijo pródigo. Pero las lluvias y las operaciones comerciales destiñeron ese homenaje y liquidaron aquel muro de la pintada. Tres décadas después, se merece, Chilo, otra mano de pintura memoriosa. Algún mural, alguna calle, alguna placita, que lleven su nombre. Que esta vez siga allí, en su recuerdo, para que la ciudad no olvide a sus hijos víctimas de la violencia política. Y que cuando se despinte, cuando el viento, la lluvia o el paso del tiempo atenúen sus colores, nuevas manos, jóvenes como las de Chilo y plenas de “la inextinguible fe en el futuro” que tenía él, vuelvan a dibujar su rostro y llenar una, dos, tres, muchas paredes, con su querida presencia. Que así sea.

“En el bosque” Con este cuentito y siendo alumno de cuarto grado en la Escuela Urquiza de su ciudad, Chilo ganó el primer premio en los Juegos Florales. El título de su trabajo era “En el bosque” y aquí se reproduce su fragmento inicial. “Era una noche, una noche en que sólo la luna iluminaba el espeso bosque. Vivíamos en una humilde cabaña de leños. Mi padre todos los días iba al bosque para hachar los troncos de los árboles y no advirtió que un insecto ponzoñoso rondaba a su alrededor y que en un momento éste se posó en su cabeza y le inyectó el veneno, produciéndole un agudo dolor. “Mi padre dio un agudo grito, tanto que hizo temblar el bosque entero. Yo acudí corriendo y lo encontré tambaleándose y lo llevé a la cabaña. Lo senté en una silla, le puse vino en la herida, y volví al bosque a buscar hierbas medicinales para la picadura. En eso, se presentó ante mis ojos una gruta, y decidí entrar, con el hacha que llevaba en el cinturón. De pronto vi una serpiente que me amenazaba con su traidora leguna. Yo, con mi mano temblorosa saqueé el hacha y tomé puntería, pero el reptil saltó y se empezó a enroscar en mi cuerpo. Yo temblaba y gritaba pero la serpiente seguía apretándome cada vez con más fuerza. Sentí una mano libre y tomé el hacha que estaba en el suelo castigando con ella la cabeza del reptil. Este cayó mortalmente herido. Limpié el hacha con unas hojas y seguí corriendo en busca de esas hierbas. “El cansancio se apoderaba de mí. “Caía en el suelo, no podía levantarme y me acordé que tenía la cantimplora cargada con agua, la destapé y sorbí unos tragos. Seguí caminando solo, perdido entre las ramas, pronto oí un ladrido, tomé nuevamente unos tragos de agua y reanudé la marcha, corriendo en la misma dirección. “Llegué al lugar ansiado, allí estaban las hierbas buscadas, y cortando hasta que creí juntar la cantidad necesaria emprendí el regreso. (...) “Entré, abrí la pesada puerta y ya en la pieza donde se encontraba mi padre, lo encontré desvanecido. Enseguida puse las hierbas en una tinaja de barro. Con unas piedras formé fogón y junté leña e hice fuego. Eché agua en la tinaja donde se encontraban las hierbas y los dejé hirviendo. Fui nuevamente donde estaba mi padre y me senté frente a él. No se movía. Me inquieté un poco y traje el agua de hierbas ya listas para la cura y con una esponja mojé en la olla y se la coloqué en la herida con el curativo jugo. Mi padre se quegó y luego empezó a abrir los ojos exclamando un quejido. Luego con una vieja aguja le pinché una ampolla que se le había formado en la herida, apenas pinché saltó el mal. Luego le volví a pasar el jugo de hierbas. Mi padre se fue levantando y yo le ayudé. Una vez parado me dijo: –Te has portado muy bien, hijo y te lo agradezco (...)”

LA PRIMERA VERSIÓN DE ESTA NOTA SE PUBLICÓ EN MARZO DE 2006 EN ANÁLISIS ALGUNAS DE LAS FOTOGRAFÍAS Y DATOS FUERON TOMADOS DEL TRABAJO DE PABLO LORÁN, PREMIADO EN EL CONCURSO DELA SUBSECRETARÍA DE DERECHOS HUMANOS

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Horacio Norberto Poggio es el único uruguayense que aparece en la lista de los 98 periodistas y trabajadores de prensa desaparecidos durante la dictadura. Este recuerdo de Poggio se realiza de la mano del trabajo de la periodista Sandra Míguez, de Paraná, y también de tres estudiantes secundarias (Jimena Chaile, María Paula Resnisky y Victoria Olivera) que investigaron la vida de Poggio, y participaron del concurso organizado por la Subsecretaría de Derechos Humanos. Los recuadros testimoniales fueron extraídos de esa labor.

Horacio Poggio y la otra verdad Había nacido en Concepción del Uruguay, pero la vida lo llevó a radicarse en Córdoba, donde se casó dos veces y tuvo cuatro hijos. La última nació poco después de la desaparición forzada por parte de un grupo comando de la dictadura. Viviana, su hija mayor, rescata la historia que durante tantos años necesitó revelar pero a la que no se animó hasta juntar el coraje suficiente y recuperar su propia memoria. En ese camino encontró a quienes estuvieron en el último minuto cuando su padre fue secuestrado y que doblegaron el dolor en palabras. Por Sandra Míguez

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n 1976 Estela trabajaba en el Sindicato de Prensa de Córdoba, donde se encargaba de la Tesorería. Horacio Poggio era, desde hacía un año, empleado administra tivo a su cargo y juntos cobraban las cuotas sindicales. El 23 de julio habían ido a pie hasta el diario La Voz del Interior, por ese entonces en pleno centro de Córdoba, a pocas cuadras del Sindicato. Desde el golpe de Estado, los sindicatos, gremios y organizaciones políticas y sociales eran controlados de cerca. Por eso, no era novedad que a cada paso sintieran el repique de los pasos de quienes venían tras ellos. «Ese día fue muy particular, porque eran muchos los que se movilizaban, más de 15, y nos cruzaban en cada esquina, sin ningún tipo de reserva», reconoce Estela. No era la primera vez que sentían pasos detrás, al costado, por delante. Aún así, alcanzaron a regresar al Sindicato, donde ya había un interventor militar por resolución del Ministerio de Trabajo de la Nación, el teniente coronel Roberto Gozálvez, y como de costumbre Horacio se dirigía hacia su oficina para avisarle que ya estaban de vuelta. En ese mismo instante irrumpió en el local un grupo de hombres armados vestidos de civil que habían llegado en varios vehículos, uno de los cuales era una camioneta de color oscuro. Amenazaron a punta de pistola a quienes se encontraban en el lugar, entre ellos dos afiliados, la encargada de la Proveeduría y a Estela, que fue increpada directamente: «¿Dónde está el tipo que venía con vos?», le preguntaron.

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Se dirigieron hacia las escaleras, donde encontraron a Horacio, que subía hacia el despacho del interventor, y lo esposaron por la espalda. Dos integrantes del grupo comando subieron al primer piso y le manifestaron al teniente coronel que se quedara tranquilo, pues «la cosa no es con usted», tal como lo señalan los testimonios registrados en el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). «Fui la última en ver a Horacio, un hombre sumamente inteligente, que siempre estaba alegre, que era inquieto y contagiaba con su espíritu entusiasta», dice Estela, aunque las lágrimas inunden esos ojos traslúcidos que buscan desconcertados, después de 30 años, algún sentido a la última expresión en la mirada de Horacio. «Sabía lo que le esperaba, pero no sé qué me quiso decir», agrega. El grupo armado también intentó llevarse a Estela, pensando que era su mujer, pero finalmente se fueron. A Horacio lo arrojaron sobre el piso de la caja de la camioneta, cubierta con una lona verde. La segunda mujer de Horacio, embarazada de ocho meses, lo aguardó en vano junto a sus dos hijos pequeños y a Viviana, hija del primer matrimonio, que solía estar con ellos. Pero no volvió. Fueron los mismos compañeros de Poggio quienes realizaron las primeras gestiones ante el interventor para tratar de saber dónde lo habían llevado. Sin embargo, Gozálvez sólo pudo informar que la detención la realizó «personal de seguridad». CONTÍNUA EN LA PÁGINA SIGUIENTE

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Estela recuerda que luego del secuestro de Horacio, el mismo tipo que lo llevó volvió a cruzársele en el camino como para demostrarle que la seguían persiguiendo, para mantener vivo el terror. Estela habla y sus palabras traen las imágenes del dolor, del desgarro, de la impotencia. Esas palabras que fueron silenciadas porque, como ella misma dice, «llegó un momento en que temíamos pensar». Y a pesar de los 30 años transcurridos, o tal vez por eso mismo, el recuerdo lejano se fue haciendo presente para traer con palabras una imagen de la persona que fue Horacio. Para Viviana, que tenía 11 años cuando desapareció su padre y hoy intenta redescubrirlo en el testimonio de quienes lo conocieron.

CÓRDOBA, VIENTRE DE REBELDÍAS Córdoba había sido durante la década del 70 el lugar de la resistencia estudiantil y obrera a los gobiernos militares que se venían sucediendo. Desde 1966, con la muerte del estudiante y obrero Santiago Pampillón, se reavivó el fuego que en menos de tres años generaría el Cordobazo, la lucha entre la policía y el pueblo cordobés. Con ello se abría paso al fermento de ideas, tendencias y organizaciones que serían protagonistas destacados de la década siguiente. «De esa experiencia surgieron algunos de los mejores cuadros políticos de la década siguiente. Carlos Scrimini, Nicki Ceballos, Chacho Camilión, Jorge Damonte, Carlos Azócar, Huevo Rubio, Abel Bohoslavsky, entre otros, compartirán después la militancia con los luchadores obreros», señala la nota titulada “Córdoba, el vientre de la rebeldía”, de Ángel Stival y Juan Iturburu, en la Revista Los ‘70. Chacho Camilión era hermano de Raquel, la primera mujer de Horacio Poggio, y ya vivía en Córdoba cuando la pareja decidió dejar Concepción del Uruguay para radicarse en la ciudad mediterránea, donde unos años después nació Viviana. Horacio trabajó en una fábrica de automotores y luego en el Sindicato de Luz y Fuerza, donde conoció a Agustín Tosco, combativo líder de los Gremios Independientes, con quien trabó una relación de profunda amistad; era el tiempo de la movilización de los trabajadores que terminaron gestando el Cordobazo. En Córdoba se destejía una compleja madeja de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y obreras. Ernesto Ponsatti, dirigente sindical del gremio de prensa y editor del órgano

Generaciones y encuentro: Sebastián y Viviana (hijos), Beatriz e Isabel, (hermanas) María Elva (mamá) sobrinos y nietos de Horacio Poggio.

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Los que lo conocieron Isabel Poggio de Embon (hermana): «Horacio era un sol. Era un luchador por la igualdad y para que desapareciera la pobreza. Tenía pasión por los libros y prefería comprarse uno antes que ropa. Tenía su propia biblioteca que por desgracia desapareció durante la dictadura, él había llevado sus libros a lo de un amigo para que así no los destruyeran pero los encontraron y los quemaron». Cristina Scolamieri (compañera de militancia de Horacio en el Malena): «Horacio era un morocho de ojos oscuros, lindo, con una nariz bastante fea (risas). Era una persona muy dulce, muy pensante. Era un gran lector, antes que político era un gran intelectual, un tipo valioso, un pensador de verdad, un tipo que leía a Lenin y a Marx antes de los 20 años. Hubo gente que dijo que Horacio estaba en la lucha armada pero es mentira. Era un tipo muy intuitivo, capaz y coherente, quería igualdad y que todos tuvieran educación sin importar quienes fueran sus padres. Horacio había estado en la toma de escuelas de Concepción del Uruguay cuando el gran debate de la educación, la Laica y la Libre, cuando tomaron el Colegio Nacional y la Escuela Normal. Era un tipo claro, coherente, preocupado por muchas cosas, pero siempre pensó en su familia, en los hijos que tenía y los que iba a tener. Era un tipo formado, que no quede como un soñador adolescente... Era un pensador y si no hubiese pasado lo que pasó, hubiera sido un dirigente o un filósofo. No se creía mejor que nadie ni más bueno que el resto, decía que en la lucha por los ideales los primeros beneficiados éramos nosotros mismos, porque éramos felices pensando y luchando. Y él hacía lo que le daba alegría». Jorge Lattanzio (compañero del Centro de Estudiantes de la Normal): «Nos conocimos en el Centro de Estudiantes y tuvimos una buena relación. Cuando ya no vivía acá nos escribimos, incluso Horacio me escribió pidiendo disculpas por las diferencias personales que tuvimos en el secundario... Eso muestra su honestidad ideológica, así era él. Firmaba las cartas y después hacía un dibujito de Fidel o del Che Guevara, era buen dibujante, hacía caricaturas. Lo hacía feliz pelear por la gente que el quería, por los pobres, quería cambiar el sistema. Su ideología avanza desde haberlo leído a Viñas hasta la historia de la Revolución Cubana. Su evolución intelectual es esa, va hacia la izquierda y termina en la izquierda. Lo que más lo condenó a Horacio fue el lugar de trabajo en Córdoba, en el Sindicato, junto a Tosco. Para los milicos eran un peligro». Leopoldo Kohon (amigo de Horacio): «Nos conocimos porque él era presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal y yo integraba el Centro del Colegio. Horacio era un año mayor pero nos hicimos amigos y fuimos a estudiar juntos abogacía a Santa Fe, donde convivimos tres años. Las experiencias que compartimos fueron muchísimas: desde un Congreso en Rosario donde se creó la Cooperativa Argentina de Estudiantes Secundarios, pasando por la creación de la Confederación Entrerriana de Estudiantes Secundarios y antes la Federación de Estudiantes Secundarios de Concepción del Uruguay (Fescu). Mi primera borrachera fue el día en que Horacio se iba de Santa Fe, estábamos en un bar de la estación de colectivos. Fue un gran vacío su partida: él era mi amigo más fuerte». Memoria, Verdad y Justicia


oficial de Luz y Fuerza, explica: «Existían grupos y subgrupos, y divisiones y nuevos agrupamientos, de modo que a veces era difícil identificar a quién respondía cada uno». Ponsatti fue el que propuso a Poggio como administrativo en el Sindicato de Prensa y con él se deleitaba discutiendo sobre los hechos políticos. «Horacio no le temía a la discusión, pero no se enojaba porque otro planteara un modo de ver las cosas distinto al suyo; para él la discusión, el debate, era un ámbito natural y el lugar donde se podían resolver las diferencias», recuerda Ponsatti, para quien Poggio era un estudioso. «Leía y estudiaba cada aspecto que le interesaba con una profundidad que luego era muy difícil de rebatir», dice. Parte de ese esmero, de esa constante búsqueda, Horacio la canalizó en la militancia, en el grupo denominado Malena (ver recuadro) en el que también participaban Reyna y Camilión. «Malena fue una agrupación de discusión basada en el marxismo no sólo como marco teórico y científico sino también ideológico, en el cual era fundamental tener coherencia», comenta Juan Iturburu, que fue integrante de la agrupación. «Cuando recién comencé a participar era muy difícil exponer algo, porque inmediatamente te pedían que dieras un argumento válido; no se podía decir nada sin que tuviera un fundamento científico», señala Iturburu, que subraya la importancia que se le daba a la concepción pluralista de la agrupación. También, que era habitual analizar textos de exponentes del pensamiento nacional como Arturo Jauretche, Rodolfo Puiggrós o Juan Carlos Portantiero.

EN BUSCA DE LA VERDAD Son muchas las personas que permiten recuperar la verdad: algunos con la contribución del testimonio, otros aportando datos y trabajando en la recuperación de las piezas perdidas y escondidas de este trágico rompecabezas. La Agrupación Hijos, que realiza un relevamiento de datos basado en el testimonio de familiares y personas que estuvieron en contacto con las víctimas; numerosas personas, en el ámbito de la Justicia, en los equipos forenses, en militantes sociales comprometidos, en organizaciones de distintos tipos, que permiten

Sebastián, Eleonora y Carolina Poggio, y su mamá Angélica Guilarduci.

que día a día se conozca un poco más sobre todo lo que ocurrió en la Argentina en la última dictadura militar. Gracias a ellos, Viviana puede recuperar su historia, y gracias al testimonio de Estela, de Ernesto y de Selva, otra de las trabajadoras del Sindicato de Prensa presente al momento del secuestro de su papá. Aquella verdad que no habla del secuestro como método sistemático de detención perpetrado por los genocidas y torturadores. Aquella verdad que habla de un hombre inteligente con ideales, bueno, entusiasta, que no le temía al debate de ideas – como lo describen sus compañeros de trabajo–, que se corresponde con la realidad objetiva de los que tuvieron oportunidad de conocerlo. PUBLICADO EN NOVIEMBRE DE 2005 EN ANÁLISIS Y EN JUNIO DE 2006 EN EL MIÉRCOLES

Poggio y el Malena: entre Paco Urondo y la mamá del Che Guevara (Por A.S.) El «Malena» fue uno de los muchos intentos de nuclear, en la Argentina, a los distintos grupos de la izquierda que se venían fragmentando a pasos acelerados. Surgió al calor de la Revolución Cubana, de los primeros intentos de comprender al peronismo (ese «hecho maldito del país burgués»...) y contó con la participación nombres que luego serían algunas de las figuras más trascendentes de la política y de la cultura argentinas. Aunque duró pocos años, el Malena (como le decían sus integrantes) tuvo entre sus filas a dirigentes políticos y sindicales, militantes provenientes de varios partidos tradicionales: peronistas, radicales, socialistas, comunistas... Intelectuales como Ismael y David Viñas; o la mamá del Che Guevara, Celia de la Serna. También Pedro Milesi y Susana Fiorito, intelectuales de buen nivel. En sus inicios tuvo un fugaz paso por ese movimiento el socialista Guillermo Estévez Boero y sus jóvenes universitarios. En el Malena militó Francisco Urondo antes de sumarse a las organizaciones armadas peronistas. El grupo se disolvió en 1969, cuando tras el Cordobazo algunos de sus integrantes plantean la necesidad de organizar un núcleo revolucionario que retome ese intento pero desde una perspectiva militante: «Ya no alcanza con defender la estrategia armada en el plano teórico: hay que llevarla adelante», era la tesis.

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Un testimonio Correo electrónico enviado al Miércoles Digital por un ex compañero de Miguel Alejandro Domínguez, en septiembre de 2009. Estimados periodistas: Yo creo que desde el golpe del 76, me estoy preguntando qué fue de mi compañero Miguel («el cabezón») Dominguez. Cuando apareció Internet, muchas veces escribí su nombre en el buscador, sólo Miguel, porque no sabía que se llamaba Alejandro, con el afán de saber qué había pasado con él. Hoy volví a hacerlo despues de un tiempo. Escribí su nombre asociado a la palabra "desaparecido" y de pronto apareció su foto, entre otros desaparecidos uruguayenses, tal cual lo conocí. Sospechaba que podría haber ocurrido. Una persona de semejante sensibilidad social, no podría haber estado al margen del genocidio. Los que luchaban por la igualdad, la justicia social y en contra de la entrega del patrimonio nacional, eran los enemigos de la "patria" y había que liquidarlos. Yo lo conocí de la militancia, pero no en La Plata sino en Rosario. Los dos asistíamos a las reuniones del PSP (Partido Socialista Popular, del actual gobernador Binner). Un día dejó de venir a las reuniones y se acercó a un grupo cuyo líder era un tal Garat (un sector de Franja Morada muy radicalizado y al que le decían "La Franja Anarca") y dejé de tener noticias de él. Tengo un gran recuerdo de él y ahora una gran angustia al saber que está desaparecido. Un abrazo muy fuerte para su familia y para Uds. periodistas de Concepción, que hicieron que me encontrara con la verdad despues de tantos años. Juan Wolmy 8.374.544 tecnor@cooperlib.com.ar

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Desapariciones Ruben Blades Que alguien me diga si ha visto a mi esposo, preguntaba la doña, se llama Ernesto y tiene cuarenta años, trabajaba de peón en un negocio de autos, llevaba camisa oscura y pantalón claro, salió de noche y no ha regresado y no se ya qué pensar pues esto antes no me había pasado. Llevo tres días buscando a mi hermana, se llama Altagracia igual que la abuela, salió del trabajo para la escuela, tenía puestos jeans y una camisa blanca, no ha sido el novio, el tipo está en su casa, no saben de ella en la policía ni en el hospital. Que alguien me diga si ha visto a mi hijo, es estudiante de medicina, se llama Agustín y es un buen muchacho, es a veces terco cuando opina, lo han detenido, no sé qué fuerza, pantalón blanco camisa a rayas, pasó ante ayer. Clara Quiñones se llama mi madre, ella es un alma de Dios y no se mete con nadie, se la han llevado de testigo por un asunto que es nada más conmigo y yo fui a entregarme hoy por la tarde y ahora vi que no saben quién se la llevó del cuartel. Anoche escuché varias explosiones, tiros de escopeta y de revólver, autos acelerados, frenos, gritos, ecos de botas en la calle , toques de puerta, quejas por dioses, platos rotos, estaban dando la telenovela, por eso nadiemiró pa´fuera. Avestruz. Adónde van los desaparecidos, busca en el agua y en los matorrales y por qué es que desaparecen, porque no todos somos iguales y cuándo vuelve el desaparecido cada vez que lo trae el pensamiento, cómo se llama al desaparecido, una emoción apretando por dentro. (Del disco "Buscando América", 1984)

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Desaparecidos uruguayenses  

Historias de vida de los hijos y las hijas de Concepción del Uruguay que fueron víctima del terrorismo de Estado en los años 70. Un trabajo...