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V isual Promethians Experimentaci贸n visual por Silvino Gonz谩lez Morales


Prometeos Visuales «Querer fijar fugaces espejismos, no es sólo una cosa imposible, tal y como ha quedado probado tras una investigación alemana concienzuda, sino que desearlo méramente es ya una blasfemia. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y ninguna máquina humana puede fijar la imagen divina. A lo sumo podrá el artista divino, entusiasmado por una inspiración celestial, atreverse a reproducir, en un instante de bendición suprema, bajo el alto mandato de su genio, sin ayuda de maquinaria alguna, los rasgos humano-divinos.» Walter Benjamin, Pequeña historia de la fotografía.


ÂŤIt is with considerable difficulty that I remember the original era of my being: all the events of that period appear confused and indistinct. A strange multiplicity of sensations seized me, and I saw, felt, heard, and smelt, at the same time; and it was, indeed, a long time before I learned to distinguish between the operations of my various senses. By degrees, I remember, a stronger light pressed upon my nerves, so that I was obliged to shut my eyes. Darkness then came over me, and troubled me; but hardly had I felt this, when, by opening my eyes, as I now suppose, the light poured in upon me again. I walked, and, I believe, descended; but I presently found a great alteration in my sensations. Before, dark and opaque bodies had surrounded me, impervious to my touch or sight; but I now found that I could wander on at liberty, with no obstacles which I could not either surmount or avoid. The light became more and more oppressive to me; and, the heat wearying me as I walked, I sought a place where I could receive shade.Âť Mary Shelly, Frankenstein.


A veces pareciera más fácil teorizar sobre el trabajo que hacerlo, otras en cambio más fácil el hacer que el teorizar, en este caso ninguno de los dos ha sido sencillo. Cuando me he puesto a pensar, o al menos lo he intentado, sobre esta serie de fotografías y manipulaciones; he procurado recurrir a otros para hablar sobre ellas, para conceptualizar un trabajo que originalmente surge de una inquie-tud puramente visceral y orgánica a la cual me referiré más adelante. Las piezas visuales no suelen encajar perfectamente en ninguna categoría, pero es un instinto casi natural el intentar hacerlas caber en alguna parte. Por ello he recurrido a Phillip Dubois (en su libro El acto fotográfico) cuando hace referencia a la fotografía como Índex cercano al performance para encastrar esta serie de trabajos en alguna casilla: “En estos casos, el «contenido» de la obra (como referente externo expresado en un mensaje) se encuentra completamente vacío: «la obra» entonces no nos dice otra cosa que lo que la hace ser obra. Toda la semántica del mensaje reside únicamente en su pragmática (no es el producto o resultado lo que importa, es el acto mismo por el cual algo sucede - acto del artista, y también acto del espectador). “


Decía que estas piezas surgen de la emotividad más que del raciocinio o el afán de teorizar, en mi opinión y sin ánimo de ser crítico (tan solo planteando una experiencia personal) lo que más define la posmodernidad es la constante soledad al estar rodeado de muchas personas, el constante aislamiento a pesar de la aparente falta de espacio en la que vivimos. Te rozas constantemente con decenas, cientos de personas en un tu diaria experiencia inmerso en esos no-lugares de Auget pero aun así, o tal vez por ello, nunca dejas que nadie se acerque tanto como para que te toque de verdad o para que exista un contacto real que no sólo comprometa el acto físico del tacto sino el psicológico de encuentro. Si a eso le sumamos el afán casi fetichista de ocultamiento en el que se hayan centradas nuestras culturas (rendidoras de culto a las máscaras y las fachadas, alejadas de cosmovisiones y del ser humano), transformando la interacción en la más simple de las transacciones, reduciendo al mínimo el compromiso con otros y uno mismo al protegernos bajo falsos rostros prefabricados; nos encontramos con un montón de individuos solos, encerrados en sus pequeños círculos de seguridad, necesitados del contacto humano pero incapaces de arriesgarse a obtenerlo.


En esta serie las piezas están conformadas por fragmentos, recortes de pieles adosadas, amalgamadas, cosidas sin importar las diferencias raciales o de edad entre sus donantes. Se han generado nuevos mutantes herederos de la superficie de sus progenitores pero poseedores de una nueva identidad, tal vez amorfa para nuestros estándares pero no por ello menos seductora. Se ha hablado hasta la saciedad del mito de Narciso en cuanto al auto retrato y el de Medusa en cuanto a la fotografía en general: el congelar, el petrificar en el tiempo con su mirada a aquellos enfrentados a su ojo mágico. Aquí no solo petrifica sino que también funde, diluye al ser fotografiado en un caldero de bruja o herrero; lo amalgama, lo fusiona con otros para construir un nuevo híbrido, un golem, un mutante; casi una criatura Lovecraftiana que surge del fondo del abismo para confrontarnos con las cercanías entre unos y otros, un experimento romanticista en el que sueño, pesadilla, deseo y represión se unen en una sola pieza que se erige como un testigo de tal vez un subconsciente enfermo y retorcido -obviamente el mío-o de un llamado al encuentro, al contacto, al abrazo y a la necesidad imperiosa de volver a ser comunidad, de volver a acercarnos y reconocer que frente a


la xenofobia, el sexismo, la discriminación y la violencia la única solución que nos queda es reconocernos en los otros y dejar que los que nos une (siendo mucho más) vuelva a ser más importante que las pequeñas diferencias que nos separan. En la pluralidad y en el encuentro con los demás, con sus culturas, creencias, sueños y cosmogonías descansa el futuro,;cerrarnos en nosotros mismos con el complejo del puercoespín no sirve sino para aislarnos y ser autocomplacientes en nuestra ignorancia y ostracismo. La fotografía es Medusa, congela, petrifica, estas piezas pretenden que de ese acto surja en el espectador el deseo de encontrarse con sigo mismo por medio del encuentro con otros. Cada pieza es a la vez un experimento topológico y topográfico, un territorio a recorrer, una invitación a la sensualidad y a encontrar en la piel del otro y la propia no una barrera que nos separa sino la posibilidad de establecer puentes y puntos de contacto no sólo a nivel físico sino emocional. Citando a Foucault cuando hace referencia a las cuatro similitudes, estas piezas son «convenientes» ya que: «Acercándose una a otra, se unen, sus bordes se tocan, sus franjas se mezclan, la extremidad de una traza el principio de la otra (...) la convenientia es una seme-


janza ligada al espacio en la forma de “cerca y más cerca“. Pertenece al orden de la conjunción y del ajuste. Por ello, pertenece menos a las cosas mismas que al mundo en que ellas se encuentran.» O para ponerlo en términos más literarios, en palabras del gran Walt Whitman: «Love-thoughts, love-juice, love-odor, love-yielding, love-climbers, and the climbing sap, Arms and hands of love, lips of love, phallic thumb of love, breasts of love, bellies press’d and glued together with love, Earth of chaste love, life that is only life after love, The body of my love, the body of the woman I love, the body of the man, the body of the earth.»


«Una especie de cordón umbilical une al cuerpo de la cosa fotografiada a mi mirada; la luz, aunque impalpable, es aquí un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotografiados.» Roland Barthes, La cámara lúcida.


«¡Ah, si por lo menos la Fotografía pudiese darme un cuerpo neutro, anatómico, un cuerpo que no significase nada! Por desgracia, estoy condenado por la Fotografía, que cree obrar bien, a tener siempre un aspecto: mi cuerpo jamás encuentra su grado cero, nadie se lo da (...).» Roland Barthes, La cámara lúcida.


«La fotografía es indiferente a todo añadido: no inventa nada; es la autentificación misma; los artificios, raros que permite no son probatorios: sino, por el contrario, trucajes: la fotografía sólo es laboriosa cuando engaña. Se trata de una profecía al revés: como Casandra, pero con los ojos mirando hacia el pasado, la fotografía jamás miente: o mejor, puede mentir sobre el sentido de la cosa, siendo tendenciosa por natruraleza, pero jamás podrá mentir sobre su existencia.» Roland Barthes, La cámara lúcida.


«Sólo gracias a ella (a la fotografía) percibimos este inconsciente óptico, igual que sólo gracias al psicoanálisis percibimos el inconsciente pulsional.» Roland Barthes, La cámara lúcida.


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; M L Universidad Nacional de Colombia Facultad de Artes Escuela de DiseĂąo GrĂĄfico 2008


Visual promethians  

Conceptual photographic essay for class. This is the abstract for the exposition. Actually in spanish, in english soon.

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