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Revista de YoNoFui, Asociación civil y cultural. Año 2, Nº2

$ 50.-

Cómo es la libertad cuando el “afuera” te deja afuera

Morir en la cárcel Luz en la Piel, una experiencia fotográfica Entrevista a la actriz Cristina Banegas la única irreal es la reja

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Yo no nací acá, yo no fui silenciada, yo no fui tumbera, yo no fui desmemoriada. YoNoFui es una afirmación de lo que somos, nuestra forma de decir que las personas privadas de libertad no dejamos de sentir, no perdemos la voz ni nuestra identidad por encontrarnos detenidas durante un período de nuestras vidas. YNF es una organización social nacida hace doce años a partir de la necesidad de generar un espacio de encuentro. Un lugar donde a través de diferentes talleres de formación en artes y oficios, vamos creciendo como personas y como colectivo, hayamos pasado por la cárcel o no. Dentro de ese marco nace YoSoy, una manera de reafirmarnos como parte de una sociedad en la que todos deberíamos tener los mismos derechos y oportunidades. YoSoy es también una revista, un proyecto del taller de periodismo Tinta Revuelta, que nació hace cuatro años en la sede de YNF en la calle Bonpland. Allí, cada miércoles nos reunimos entre mate y mate a leer y escribir, a debatir y a intentar generar un cambio, en nosotras y en los demás. Nos proponemos volcar todo eso en esta revista para que puedan conocer nuestras experiencias, pero también para que podamos reflexionar, pensar y construir entre todxs ese cambio que queremos ver. Para contar lo que otros esconden. Para ser nosotras, porque ya no somos invisibles. Ésta es nuestra voz.


Revista de YoNoFui, Asociación civil y cultural Año 2, Nº2 Talcahuano 57, 2º “10”, CABA ISSN : 2469-0759

YoNoFui es una Asociación Civil sin fines de lucro que trabaja en proyectos artísticos y productivos en las cárceles de mujeres de Ezeiza y, afuera, una vez que las mujeres han recuperado la libertad. Tinta Revuelta es el Taller de Escritura y Periodismo de YoNoFui. Nació en el año 2012 en la sede cultural de la calle Bonpland 1660, C.A.B.A. Participan mujeres privadas de libertad con salidas transitorias, mujeres liberadas y personas que no pasaron por la experiencia de la cárcel. Inspiradas en el cooperativismo, las participantes de TR reparten equitativamente las ganancias de las ventas entre sus participantes.

las pibas y el diseñador colectivo editorial Taller de Periodismo y Escritura Tinta Revuelta

Sumario 5 EDITORIAL 6 INGRESO

Por Lorena Campos

TAPA: Liliana Cabrera durante una jornada del Taller de Fotografía en la Unidad 31 de Ezeiza (2008).

“afuera” no hay nada. Los costos de una condena que nunca terminás de pagar. Por Tinta Revuelta

OPINIÓN

9 CORREO

De cronopios y cronopias Por Elisabet Soria

..Y mientras tanto estamos todas muertas Por Liliana Cabrera (Página 29)

33 ENTREVISTA

“La deuda eterna” entrevista a la española

10 SARPADA LITERATURA

Manuela Muñoz quien nos relata las

Series de TV: Media Naranja

peripecias que debió realizar para

Por Liliana Cabrera

sobrevivir en un país extranjero luego de pasar por la privación de libertad.

12 EN FOCO

Por Yo María

El cuerpo como moneda de cambio Morir en la cárcel. La crueldad de un

OPINIÓN

sistema que consume vida.

Por Tinta Revuelta

Por Carina Panelo (Página 37)

La llamada

38 CRISTINA BANEGAS

Pasión de multitudes. Qué es y cómo

“Es imposible no tomar partido, uno

funciona el chat telefónico en la cárcel.

claramente está de un lado”

Por Lucrecia Treviño

Por Tinta Revuelta

18 TALLER DE FOTOGRAFÍA

“Toda una vida dejo en la cárcel y hoy me cuesta tener que despedirme”

16 CHAT

suscripciones yosoy@yonofui.org.ar

impresión GuttenPress. Tabaré 1760/72, CABA

La calle no es un lugar para vivir

Salir de la cárcel ¿El fin de la pena? Cómo recuperar la libertad cuando en el

Primer día en el penal

8 AGUAFUERTES PORTEÑAS

diseño editorial Juan Pablo Fernández

contacto www.yonofui.org.ar Bonpland 1660, CABA, CP 1414 info@yonofui.org.ar

Por Merlina India

colaboran en este número Alejandra Rodríguez Alejandra Marín (fotografía) Luis Beltrán (fotografía) Sandro Báez (retoque fotográfico)

26 NOTA DE TAPA

Cuando el tiempo de espera cambia las formas. Un repaso por los ocho años del taller de fotografía estenopeica y su reciente muestra en el Centro Cultural

42 TIENDA

Productoras: Reina Vallejo

43 AGRUPACIONES AMIGAS Hoy: Limando Rejas

Harolodo Conti.

44 EGRESO

OPINIóN

El mismo pedacito de cielo Por Alejandra Rodríguez (Página 21)

Último día en el penal Por Ramona Leiva

46 ANUNCIOS

CONTRATAPA: El cuerpo habla. Un mapa de la crueldad, creado por las integrantes del Taller de Escritura y Periodismo Tinta Revuelta, Complejo IV, Ezeiza (2012). PÁG. 4: Elizabeth Correa, Taller de Dibujo y Experimentación Gráfica de YoNoFui, 2015

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editorial

Seamos libres, ¿lo demás no importa nada?

E

n el editorial del número anterior, titulado “El que calla otorga”, contábamos los hechos ocurridos a las compañeras privadas de libertad en la Unidad 31 de Ezeiza: el 23 de mayo de 2014 fueron violentamente trasladadas a otro penal para dejar su lugar a hombres procesados y condenados por delitos de lesa humanidad. El camino de un habeas corpus interpuesto en favor de las mujeres tuvo idas y vueltas, hasta que finalmente el 1° de octubre de 2015, la Sala III de la Cámara Federal de La Plata resolvió revocar la resolución del Director Nacional del Servicio Penitenciario Federal que ordenaba el traslado de los genocidas a la unidad de mujeres y que, en el plazo de 20 días, se desalojara a los trasladados y se reintegrara a las mujeres a su lugar de detención anterior. Hasta el día de cierre de este editorial, 27 de marzo de 2016 -nada menos que días después de cumplirse 40 años del último golpe de Estado- tal orden no se concretó. Cada uno de los 80 genocidas dedujeron in pauperis, lo que significa “por razones de pobreza” ante la Cámara, y ésta se encuentra corriendo vista a la defensa para evaluar la admisión individualmente; dicho en criollo, ¡esto se va a demorar vaya uno a saber cuánto! Desde estas páginas y a la luz de los acontecimientos ocurridos durante los cuatro meses de gobierno macrista, hay hechos y gestos que no podemos dejar pasar ingenuamente: el editorial del diario La Nación “No más venganza”, publicado el 23 de noviembre de 2015, que habla de la necesidad de subsanar el “vergonzoso padecimiento” de estos genocidas que están presos; la reunión entre el Secretario de Derechos Humanos y miembros del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv) quienes celebraron dicho encuentro al declarar que es “la primera vez que un gobierno democrático recibe a la Ong de las víctimas del terrorismo” y, por último, la visita del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Barack Obama a nuestro país, invitado a participar de un acto por los Derechos Humanos el pasado marzo. A la luz del consenso a las políticas del “orden” que el actual gobierno construye tan rápida y eficazmente, nos preguntamos: ¿qué efectos reales tuvieron las políticas de Derechos Humanos impulsadas durante los 12 años de gobierno kirchnerista? (política que a cuentagotas llegó “adentro”, también hay que decirlo). ¿Qué fuimos capaces de construir las organizaciones durante este tiempo? ¿Cuál será nuestro rol en estos años venideros?

La espectacularidad de la Guerra contra el narcotráfico, desplegada durante el fin de año con la fuga de los hermanos Lanatta y la Emergencia en Seguridad Pública se exhiben en bandeja al servicio de los medios de comunicación y los negocios. Sabemos perfectamente dónde impacta este discurso mentiroso: sobre los cuerpos de los pibes y las pibas, sobre los cuerpos de las mujeres pobres. Lxs mismxs que si no lxs matan afuera, lxs matan adentro. También de esto nos urgió hablar en estas páginas: ¿cuánto vale la vida de un presx común? Y hablamos del barrio y de la cárcel porque creemos que pensar la cárcel tiene necesariamente que ver con múltiples relaciones entre el adentro y el afuera, toda una circulación de cuerpos, objetos, bienes y dinero que nos confirma que este continuo es el de la producción de mercados, por eso necesitamos pensar la cárcel de una manera nueva, no ya como una institución disciplinaria sino como una institución que produce y reproduce crueldad. Durante el año pasado, trabajamos en el taller Tinta Revuelta sobre “la pedagogía de la crueldad”, un concepto tomado de la investigadora Rita Segato, quien lo define como un sistema de relaciones vinculadas a la explotación y desposesión. Cuando ya no podemos ver al otro como un semejante. Cuando valés según cuánto le sirvas al capital. Pensar desde esta perspectiva la situación de las mujeres privadas de libertad es esencial para nosotras. Un repaso al ras nos permite ver que un alto porcentaje de mujeres está detenido por delitos vinculados al consumo, un 70% vinculados a la venta (tipo kioskito) o tráfico de drogas (las llamadas “mulas”), el último y más frágil eslabón en la cadena del narcotráfico; el 84% de las mujeres no cometió delitos violentos ni estuvo detenida anteriormente. Existe una desproporción sideral entre el delito cometido, las penas que sufren y el impacto que tiene su detención para su entorno cercano, ya que la mayoría de estas mujeres son cabeza de familia y de ellas depende el sustento de su hogar; muchas pierden el vínculo con sus hijxs y otrxs nacen y crecen tras las rejas o van a parar a instituciones por falta de un adulto que se haga cargo. En otros casos, muchos para nuestra sorpresa, las mujeres no quieren salir de la cárcel, o piensan en cómo volver porque allí, mal que mal, tienen su primer trabajo formal y sus derechos básicos (malamente) garantizados… ¿Existe mayor crueldad que la cárcel volviéndose un horizonte de inclusión para las mujeres pobres?

Colectivo Editorial Tinta Revuelta 5


ingreso  por Merlina India Ilustración: Silvia Hurtado Taller de Dibujo y Experimentación Gráfica YNF, 2013

Primer día en el penal

M

e acuerdo que me tiraron al piso, que había sol, que me vio un amigo, que me estaba yendo, que me subí a un taxi. Que me había metido en un garage y no había sacado casi nada de plata, pero me estaba yendo. Que el taxi paró en un semáforo en rojo, donde había un cobani, que el del garage corrió a avisarle, se puso enfrente del auto y yo pensaba: “¿por qué no le puse el revólver de juguete en la cabeza y le dije ‘arrancá’?” Y nada, me quedé helada. Me comí doce horas en el calabozo de una comisaría. Era el Día del padre y me verdugueaban diciéndome “cómo la estará pasando tu papá” una y otra vez buscando mi reacción. Y la encontraron. Empecé a pegar patadas en las rejas, ta ta ta. “¡Loca de mierda!”, me gritaron, y dijeron que tenía que hacer pis para un análisis porque estaba drogada, aunque más que drogada estaba enfurecida con ellos por todo lo que habían dicho. Me pasaron un frasco, lo llené hasta rebalsar y lo apoyé sin tapar sobre el escri-

torio lleno de papeles. ¡Trash!, les ensucié todo. Había un pelado y estaba el comisario, que me pegó tanto como a un perro, no me olvido más de ese hijo de puta. Me tiraron en el piso y me cagaron a patadas, todos los golpes en el cuerpo, ninguno en la cara.

a palos de qué carajo se trataba. Ya arriba del camión, hablando con una mina me enteré de que ese sello refiere a un sector de la unidad para “resguardo físico”, para las “infantos” y “violinas”, por haberme dado la cabeza contra un vidrio fui a parar ahí.

A las doce horas cumplidas me llevaron a Tribunales y ahí me agarraron estas bichas del Servicio Penitenciario; mujeres grandotas que me pusieron las marrocas y me llevaron frente a un secretario. Ahí fue cuando recibí la noticia de que iba a ser trasladada a una Unidad de Ezeiza.

Fueron bajando a las otras mujeres del carro, pero a mí me decían: “No, vos no te bajás”. Yo tenía 23 años, estaba vestida toda de blanco y tenía dos colitas en el pelo. Era carne de cañón y me tiraron a un pabellón muy feo. La policía y los jueces son perversos, yo no era una amenaza como para estar con minas que tenían causas re grosas; lo mío era una tentativa de robo con una réplica, tenía que estar en los pabellones comunes.

Cuando salimos por los pasillos de ese lugar tan feo que es Tribunales me di la cabeza contra un vidrio y la señora bicha me sujetó los brazos en la espalda tan fuerte que me inmovilizó. Empecé a querer lastimarme, como solía hacer de más chica: me cortaba cuando tenía una situación fea, le agregaba dolor al dolor. Por ese motivo, antes de subir al camión de traslado pusieron un sello rojo en un papel, que no entendí ni

Me comí doce horas en el calabozo de una comisaría. Era el Día del padre y me verdugueaban diciéndome “cómo la estará pasando tu papá” una y otra vez buscando mi reacción. Y la encontraron.” 6

Esa noche no dormí, creo que somos muchas las que no dormimos el primer día. Llegué a la madrugada y me quedé sentada en una silla, estaba todo oscuro –no me olvido más–, y una señora se me acercó y me dijo que si quería dormir iba a tener que hacerlo en el piso y llamar a la celadora, “porque acá están las refugiadas”. Me quedé sentada toda la noche y no pegué un ojo. A las ocho de la mañana, cuando vino el recuento, empecé a gritar y a reclamar que me llevaran a un pabellón común; quería hablar con alguna autoridad, porque ni siquiera había podido hablar con mi familia. En el pabellón había un teléfono y pensé


que levantabas el tubo y marcabas, pero no. Estaba en el peor pabellón y nadie me decía que necesitaba una tarjeta. Marcaba y una voz decía “Telefónica…”, no sé qué cosa, pensaba que era como un teléfono particular y no tenía idea de qué era una tarjeta telefónica. Después me fui enterando, claro, ¿quién me iba a dar una tarjeta? ¡La tarjeta es plata adentro del penal! Me costó, pero a las dos semanas salí de ese pabellón. Después de enterarme de que “el 19” es cobro revertido, pude llamar. Llamé a mi familia, llamé a mi juzgado, hice ruido, mucho ruido y salí. Me llevaron al Pabellón 10, que en ese momento era “villa”, donde tuve otro recibimiento más común. Ahí tuve un bondi, por mi cara nomás tenía problemas. Aprendí a vestirme con casaca, pantalón flojo y rodete. Un día estaba cocinando, se me acerca una pareja y una me dice: “¿Qué, estás perseguida?”. “Sí, están atrás mío y me están mirando, estoy perseguida”; siempre fui cocorita, hasta en la cárcel. Entonces me dijeron “seguí cocinando tranquila” y voló la sartén con fideos salteados. Eso no se hace, es bien de ortiva, de cobardes. Una era gorda y el chongo, un flaquito, me dobló los brazos para atrás y me empezó a dar. Había unas cuchetas de fierro cortadas y me empezó a dar, pa, pa, pa en el ojo, de pedo que no me lo rompió, pero sí el tabique. Una compañera me

lo acomodó en el momento y me dijo: “Ahora vas a hacer lo siguiente. Andá a la carpa de ellas, deciles que querés hablar, cuando salga una pegále un arrebato y veníte para acá”. Hice lo que ella me dijo, “che, ¿puedo hablar con vos?”, pum en la boca y me fui. Mi compañera la agarró en el baño, ¡cómo peleaba esa mujer! En el piso ta! ta! ta! y el chocolate saltaba. “Boluda ya está, no le pegués más, ya fue”, le pedí, pero me dijo: “Cuando a vos te estaban pegando no dijiste ni A, ¡mirá tu sangre!, ¡mirá tu cara!”. Cuando terminó les dio una patada en el culo y dijo: “A la piba no la tenés porqué picotear; la piba es re piola, así que vos te tomás el palo”. En el recuento se fueron con sus cositas. La chabona me puso papa y carne para que bajara la hinchazón del ojo y vieron que no era una mina de mierda. De ese pabellón me fui al 11 y conocí también lo que fueron los tubos; así me fui haciendo. Ya estando en libertad voy a las marchas a hacer el aguante a las familias por las pibas que mueren ahí adentro. La gente me dice “pero vos no estás muerta, estás viva, ya saliste, ya está”, y yo les respondo: “Nunca vas a ser el mismo si pasás por ese lugar”. Aprendí mucho, pero también entendí que mi esencia tiene que estar siempre intacta, por más rejas y borcegos que me pateen la cabeza.  • 7


Aguafuertes Porteñas  por Lorena Campos

La calle no es un lugar para vivir

S

alí a caminar por mi Buenos Aires querida y la vi tan bella, llena de colores, árboles, semáforos y carteles de políticos caretas; tan bella la ciudad… Y me encontré con los pibxs que cuidan coches, esos a los que Don Galeano dedicó poemas. Salí a caminar por avenidas sordas, cuna de artistas, y encontré los murales de los pibxs del Isauro.

El Centro Educativo Isauro Arancibia se ubica en Paseo Colón y Cochabamba, esquina con memoria, ya que bajo la autopista se encuentra el ex centro clandestino de tortura y exterminio Club Atlético. Al Isauro llegan pibxs de distintos lugares y edades, algunos en situación de calle y otros no. Estudian e intentan salir adelante para tener un buen futuro, para el pueblo y para sus familias. Los une la amistad, el respeto, la confianza y el compromiso de progresar. Cada uno tiene un proyecto de vida diferente a su realidad actual. Llegan a la escuela motivados porque allí se sienten cómodos y si tuvieron una mala noche, saben que alguien los espera. Entre otras cosas, en el Isauro desayunan y almuerzan, aprenden un oficio, juegan a la pelota y son tratados con amor.

Un poco de historia En 1998, a pedido de la CTA se abrió un centro educativo para adultos de nivel primario. En 2001, el Ministerio de Educación les destinó recursos materiales y humanos, con la idea de “establecer lazos entre la calle y la escuela”. Pero debido a la demanda de matrículas y la falta de espacio, a principios de 2006 la escuela se mudó a la cooperativa “El Molino”. En 2007 se hizo un convenio con el Centro de formación profesional N° 3 dependiente de la UOCRA y en 2008 la cantidad de chicxs sobrepasó el cupo de vacantes. Se firmó un acuerdo entre la UOCRA, el Isauro y el Ministerio de Educación, que se comprometió a poner en condiciones un edificio. En 2009, maestros y pibxs comenzaron una lucha por conseguir un espacio propio. Participaron en la comisión de Educación en la Legislatura porteña, hicieron reclamos a la Defensoría del pueblo 8

y se visibilizó el conflicto. Gracias a esto, desde 2011 el Isauro funciona en Paseo Colón 1318, donde concurren más de 100 pibxs en situación de calle y unos 35 niñxs. La realidad sin chamuyo Los “pibxs de la calle” no son todos iguales, si les damos una oportunidad pueden estar mejor. Lxs chicxs que estudian en este centro tienen la fortuna de tener un lugar donde sentirse libres, aprenden valores y no son discriminados; no están solos. Pero todos los días desde hace años, la comunidad el Isauro enfrenta múltiples conflictos. En 2014 surgió la idea de extender el metrobús y para el Gobierno de la Ciudad debía pasar en medio de la escuela. Los pibxs, los maestros, vecino y organizaciones como la Asamblea Popular Plaza Dorrego, No Tan Distintas y la CTA, y artistas amigos, defendieron el espacio a través de festivales, protestas y ollas populares. Recientemente, un compañero que vivía en la calle, Roberto Otero, de 16 años, fue asesinado por la policía. “Robertito asistía al Isauro, nadie vio nada, nadie denunció”, comentó Lila Wolman, docente del Isauro. Robertito era el menor de cuatro hermanos, cartonero, cariñoso y compañero; tenía ganas de salir de la calle pero una bala tenía su nombre. Por ser pobre, morocho, por su cara de “chorro”. Era solo un niño y el silencio de los medios de comunicación se hizo escuchar. De estas cosas de las que no se hacen eco los diarios se ocupa “La realidad sin chamuyo”, publicación que se hace en la escuela. Victoria y Martina, del Taller de revista, cuentan que lxs chicxs eligen los temas y las profes guian el trabajo. Los maestros, por vocación y por compromiso, transforman esta realidad. Dibujan herramientas para que lxs pibxs no caigan en la basura de siempre y puedan sobrevivir. Como sociedad, debemos respetar los derechos de nuestrxs niñxs y adolescentes y velar porque se cumplan. Creo que no se deben impulsar leyes para que los encierren; culparlos desde temprana edad no les dará el orden que necesitan. La calle no es un lugar para vivir.  •


Correo de Cronopios y Cronopias 

por Elisabet Soria

H

ola chicas de YoNoFui: Les escribe Gloria desde la Unidad 13 de Santa Rosa, La Pampa. Me encuentro en esta ciudad pero soy del sur, donde se degustan los ricos chocolates y las jaleas de rosa mosqueta. Les comento que la revista YO SOY por casualidad llegó a mis manos un día que fui a la biblioteca, la encargada me la ofreció para leer y me interesó, la leí y me pareció hermosa, con un contenido fuerte, pero real… Es difícil confesarse, es como desnudar el alma, ustedes se abrieron y de eso se tienen que sentir orgullosas. En estos lugares, hoy nuestros, mañana de otras, dejar una revista y/o una radio es una herencia para seguir cultivando. Es algo así como lo que dijo el escritor: “Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”… Ya no son voces calladas ni manos atadas, porque se hacen escuchar y se hacen conocer a través de la revista. Yo voy a un taller de radio pero es muy precario, se graban algunas pequeñas cosas y el tallerista lo pasa en su programa porque acá no tenemos radio F.M y creo que nunca la vamos a tener. Quiero contarles que estoy terminando la secundaria, trabajo, y para los ratos libres tenemos con dos compañeras más un proyecto que estamos concretando, se trata de hacer muñecas de tela para niños carenciados de una “Escuela Hogar”. Bueno, me voy despidiendo, nos gustaría contactarnos con ustedes para intercambiar ideas e inquietudes. ¡UN FUERTE ABRAZO! Y SIGAN ALIMENTANDO ESOS ESPIRITUS LIBRES… CON MUCHO CARIÑO, GLORIA

Querida Gloria: Sorprendida de que haya llegado el primer número de esta revis a la Unidad 13 de Santa Rosa La Pampa, y emocionada bien de que nos cuentes de tus estudios y tu taller de radio. Pero te reto: creé que vas a tener tu FM. Así comienzan las movidas, en un taller de morondanga, se juntan los Móron y las Dángas, como antaño los Cronopios y los Famas. Las voces y las manos se desatan, pero dentro de cada alma se corre la mierda y aparece lo mejor. Duele y da miedo, se crean reacciones en los que se sienten “libres de tirar la primera piedra” y piensan que reprimiendo y torturando “corrigen” a sus oprimid@s. A modo de parecer Sor-ete, creo que el Amor salva y da de comer, ¡je, je! ¿O acaso esa confección divina de muñecas para donar no nos da práctica y nos reconstruye para nuestra autogestión? Fijáte en esta revis, más de 10 años después de soñada con mucho, mucho esfuerzo, talleres dentro y fuera del penal, reuniones, desalientos, críticas (algunas constructivas, otra no), viento en contra, viento a favor, el Taller de Periodismo Tinta Revuelta, creado hace 3 años, pudo al fin escribir, editar, e imprimir la revista. Ahora el desafío es la venta, que cuesta, ¡pero no bajamos los brazos! ¡Sí, sigamos conectadas! • P.D.: ¿Saben la historia del nombre YoNoFui? Se las cuento la próxima.

Preguntá, sugerí, pedí consejos, compartí ideas... Escribinos a yosoy@yonofui.org.ar

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sarpada literatura  Series de TV  por Liliana Cabrera

MEDIA NARANJA Escena de la serie de Netflix, Orange Is the New Black

La serie Orange Is the New Black, de Jenji Kohan (2013, EE.UU.), está basada en el libro autobiográfico de Piper Kerman Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison, que relata sus memorias sobre la vida en la cárcel.

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enía mis dudas sobre si viendo Orange Is the New Black encontraría puntos de contacto entre nuestra realidad y la de los presos del norte. Cuando estuve en la Unidad 31, una compañera que había sido detenida por esos pagos nos contaba cómo se dividían los grupos por etnia: las blancas, las morenas, las asiáticas o las latinas se agrupaban entre ellas. Empecé a ver el primer capítulo sin expectativas. Apareció la voz en off de la protagonista contando lo que significaba bañarse para ella y en lo que se había convertido el acto de ducharse estando presa. Luego la intro. Me llamó la atención la cortina, la interpretación de Regina Spektor mientras se suceden primerísimos primeros planos de miradas y bocas de mujeres, mechadas con aspectos típicos de la cárcel: la celda, el área de los teléfonos, el característico uniforme naranja que se usa allá y al que hace referencia el nombre de la serie, esposas, huellas digitales, el flash durante la foto del prontuario. Me impresionó la edición. A cada silencio de la letra en la canción un golpe de efecto, y el ruido de la reja con la aparición de los títulos, al principio y al final. En el primer capítulo vemos el derrotero de la protagonista, Piper Chapman, con su novio y sus amigos en su

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última noche en libertad, antes de entrar voluntariamente a una prisión de mínima seguridad. Los capítulos se suceden entre la primera percepción de Piper de la gente que va conociendo, los clichés que trae la gente de “afuera” sobre los que están “adentro” y los flashbacks de su pasado y los de sus compañeras. Hasta que se encuentra con Ella y ahí el mundo se vuelve a poner patas para arriba. Ella es Alex Vause, la novia que la inició en el negocio de las drogas y de la cual se distanció tras una separación conflictiva. A medida que pasaron los capítulos me impresionó cada vez más cómo eran retratadas las situaciones cotidianas, esa metrópolis que se convierte en tu mundo. Busqué información sobre quién había creado la serie y apareció Piper Kerman, una rubia de ojos claros, homónima de la protagonista y muy parecida. Orange Is the New Black primero fue un best seller en primera persona, y lo que se cuenta allí es la experiencia de un año detenida. ¡Con razón al pasar la barrera del primer capítulo logré identificarme con las situaciones y los cambios que sufre en cada episodio! A los golpes tiene que hacerse fuerte para atravesar cada etapa. En la primera temporada Piper le dice a su madre (que busca diferenciarla de


las demás reclusas): “Mamá, soy igual a todas ellas y ésta es mi vida ahora”. Me sorprendió encontrar también los momentos de alegría; porque sí, aunque usted no lo crea, allí también hay alegría y felicidad. Mirando la serie se me vinieron todos los cumpleaños en torbellino, desde el primero, en el que una de las chicas hizo una torta al agua para más de 40 personas en un pabellón en el que prácticamente estábamos hacinadas, hasta los últimos, más agradables gracias a percibir un sueldo (llamado “peculio”) por trabajar en el penal. Teníamos una tradición en la Unidad 31 que fuimos legando a las nuevas generaciones: la torta de pija. Todas tuvieron la suya, desde la más joven hasta las doñitas. Allí estaban las tortas con velas y el miembro erecto, hecho con chocolate cobertura y un preservativo que funcionaba como molde congelado en el freezer tras sacarle el lubricante. Una compañera holandesa pidió dos: una blanca y una negra. Recuerdo también el festejo de los carnavales en los pabellones abiertos. A diferencia de las cárceles de EE.UU., nosotras no usábamos mamelucos, entonces podías ver las mejores marcas europeas desfilando por los pasillos del penal de la mano de las chicas extranjeras compartiendo pasarela con lo mejor de la Salada. Recuerdo la ansiedad con la que todas esperábamos que ellas, las afortunadas chicas de transitoria, volvieran de “afuera” trayendo ropa y productos que les pagábamos en cuotas. Íbamos al comedor, como en una reunión de Tupperware, para que nos mostraran lo que habían traído. Los negocios también están presentes allí y las cosas no son blancas y negras. En la serie Red, una mujer de unos 50 años de origen ruso, es la “dueña” de la cocina y dirige su pequeño negocio de contrabando de lo que no se consigue en la proveeduría de la cárcel. Pero lo que ella hace no es tan peligroso como lo que le propone el guardiacárcel Méndez: contrabandear drogas con techo (así se le dice al apoyo de la policía). Red no accede, la sacan del medio tendiéndole una trampa (le colocan droga, como suelen hacerles antes de una requisa a las internas a las que les tienen bronca) y ponen en la cocina a alguien que con el tiempo dirá que sí. A Red le quitan la seguridad del tráfico de influencias, la forma en que puede plantarse frente a las demás. Las relaciones no se dan como se ven en la serie: es mucho peor en la vida real. Cuando el afuera va que-

dando atrás, lejano, se encuentran en la convivencia rasgos humanos que se convierten en la base de una supuesta “amistad”. Y nacen otro tipo de relaciones, de “estrecha confianza”; es sotovocce, ese tipo de secreto que todo el mundo comenta por lo bajo mientras toma mate: la compañera que cuando sale en transitoria se ve con el Jefe o Jefa X, la fajinera que se convirtió en “favorita”, la que tiene un idilio con la celadora o con la directora del penal. Esto también se ve en la serie, con el personaje de Dayanara Díaz, que queda embarazada de un celador, aunque sin la carga maquiavélica de la realidad en el encierro. Me parece muy interesante cómo en cada capítulo se realiza un retrato certero de estas mujeres, con todas sus complejidades. Los lazos de amistad que muchas veces se vuelven fuertes entre ellas, como en una familia, pero también las relaciones de poder que se crean, entre los eslabones fuertes y los más débiles que son utilizados como moneda de cambio. Porque toda líder necesita la lealtad de su rancho, todo es cuestión de estrategia. En uno de los capítulos se ve una de las tareas que debían llevar a cabo las mujeres: asustar a las nuevas, presenciar junto a las celadoras la primera ducha de las novatas en el penal. No vi una situación así, pero esa escena me hizo reflexionar en la percepción que uno va teniendo de la privacidad a medida que pasás años detenida y cómo vas resignándote a que las cosas son así: desde la primera requisa profunda que tenés cuando llegás a la alcaldía de Tribunales, con indicaciones como “sacate todo, agachate, abrite, agachate un poco más, hacé flexiones”; órdenes que en un principio escuchás con horror y que después tomás como parte del sistema. Es extraño recordar cada detalle de mi detención con cierta nostalgia, como si recordara los últimos años del secundario, desde los momentos más difíciles en los que, por ejemplo, colgábamos la carne en la ventana de los pabellones de la U3 para que se mantenga “fresca” porque no teníamos heladera, hasta los momentos en que estuve más cómoda en la U31 trabajando en la Biblioteca, pidiendo clases de tai chi, usando maquillaje Mac mientras aumentaba mi colección de sandalias. Fue un camino largo. La que yo era cuando entré no es la misma que salió. Al igual que Piper en la serie, todas fuimos cambiando y haciendo de esa rutina nuestra vida. Creo que esa es la mayor virtud que tiene Orange.  • 11


en foco  por Tinta Revuelta Ilustración: Male Cejas Taller de Dibujo y Experimentación Gráfica YNF, Año 2015-12-02

El cuerpo como moneda de cambio Las muertes de personas privadas de libertad en las cárceles federales y provinciales quedan muchas veces sin esclarecer o catalogadas como suicidios. Cómo se cobra vidas el Servicio Penitenciario Federal.

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l 23 de diciembre del 2012 Florencia “La China” Cuellar habló como todas las noches con su papá. Conversaron sobre cosas cotidianas, también de lo contenta que ella estaba por haber sido elegida la madrina de su sobrina. Se despidieron esa noche acordando el horario para conversar al día siguiente. Por eso a Alfredo Cuellar ni a ninguno de los que conocían a La China le cerró la carátula de suicidio cuando más tarde fue encontrada sin vida. Según el Servicio Penitenciario Federal (SPF) La China se habría colgado… lo paradójico es que, cuenta su padre, fue encontrada bañada y cambiada, recostada sobre la cama, para luego ser paseado su cuerpo sobre un colchón por todo el penal como una especie de trofeo, según dijeron sus propias compañeras. A La China le tenían bronca, pero no precisamente sus pares sino el propio SPF, porque había participado de varios reclamos en solidaridad con sus compañeras. Alfredo comenzó a transitar un infierno desde que se enteró de que a su hija le había pasado algo, a través de la llamada telefónica de una compañera de La China, y fue a pedir explicaciones al Complejo IV. En la unidad, veinte agentes penitenciarios lo hicieron pasar a una oficina, rodeándolo, y sin darle ninguna respuesta lo enviaron al Juzgado. Alfredo nunca recibió una notificación formal por parte del SPF. Luego vendría la seguidilla de trabas burocráticas, amenazas, golpes y secuestros en la vida de Alfredo. Incluso quisieron hacerle firmar un papel en el que aceptaba la carátula de muerte de su hija como Suicidio, cuando en la autopsia se había consignado que Florencia tenía varios golpes en el torso. Intentaron silenciarlo a través del 12

miedo, mientras se convertía en un militante por los derechos de las personas privadas de libertad, todo un símbolo de la lucha por Justicia.

Tres años antes de la muerte de Florencia Cuellar, Silvia “Barbie” Nicodemo pasó a ser la primera de una lista de nueve mujeres cuyas muertes se caratularon como Suicidio o Muerte dudosa”. En su caso, la Procuración Penitenciaria presentó una denuncia –con fecha del 06/08/2009– por la comisión de los siguientes delitos: Incumplimiento de los deberes de funcionario público y/o abandono de persona,” que además involucra falsedad ideológica pasible de responsabilidad penal contra el personal del SPF que estaba de turno aquel 22 de febrero de 2009, por haber adulterado el libro de guardia, el sumario de prevención labrado por la Jefa de Día e incluso el registro del Centro médico, en el que detallaban falsamente el horario en que se le realizaron a su cuerpo, ya sin vida, las maniobras de RCP. Como si esto fuera poco, se realizó un traslado post mortem al Hospital Calcuta de la localidad de Ezeiza simulando no tener constancia de su fallecimiento, para evitar que su muerte quedara asentada dentro de los muros del penal, modalidad que no es exclusiva de los penales de mujeres de Ezeiza. El viernes 19 de septiembre de 2014, Rubén Edison Heredia llamó como todos los días a su casa a las 21 horas, desde la Unidad N°6 de Rawson. Habló con su madre. Estaba nervioso, algo no estaba bien, si es que se puede decir que algo está bien en ese lugar. Dos días atrás había salido del tubo (celda de castigo) al


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en foco  por Tinta Revuelta

que lo habían llevado luego de una sanción por un problema con un celador. La guardia de ese viernes era la misma con la que había tenido problemas. Rubén, “el Pitu” para sus compañeros, tenía también el horario de las 12 de la noche para usar el teléfono, pero no llamó a nadie. Su mamá trató de comunicarse con él en repetidas oportunidades durante esa noche y en el transcurso de la mañana siguiente, pero nadie atendió el teléfono. Ese mismo sábado 20 de septiembre a las 2 de la tarde, su hermana Carina Heredia recibió un llamado en el hogar de la familia, en la Ciudad de Buenos Aires. Quien estaba del otro lado del teléfono era Guillermo Irrutia, Jefe del Servicio Social de la Unidad 6 de Rawson, para informarle que a las 11 de la mañana habían encontrado muerto por asfixia a su hermano en la celda, con los pies atados. Dijo que le enviarían el cuerpo, pero que previamente la familia debía comunicarse con el Juzgado Federal de Rawson, donde se tramitaba la investigación. Ése fue el comienzo del calvario. Carina se comunicó inmediatamente con el Juzgado a cargo del Dr. Ricardo Sastre y le informaron que, además de la muerte de su hermano, estaban investigando golpes y agresiones a tres compañeros más que habían aparecido maniatados en el mismo pabellón. Le dijeron que tenía que esperar por la autopsia porque los médi-

Según el Servicio Penitenciario Federal (SPF) La China se habría colgado… lo paradójico es que según cuenta su padre, fue encontrada bañada y cambiada, recostada sobre la cama, para luego ser paseado su cuerpo sobre un colchón por todo el penal como un especie de trofeo. 14

cos estaban de paro, motivo por el cual se haría en Buenos Aires. Este tipo de situaciones son habituales en los procedimientos a llevarse a cabo por “muertes dudosas” dentro de un penal, habiéndose conocido excusas tales como falta de móviles y de personal o demoras en dar aviso a las autoridades judiciales, entre otras. El límite entre la negligencia, la complicidad por omisión y el encubrimiento es muy fino, casi difuso, cuando las pruebas y las acciones inmediatas al hecho son las que hacen la diferencia a la hora de esclarecerlos. Los mismos que tienen a su cargo la custodia y el cuidado de las personas privadas de libertad bajo el control del Poder Judicial, se ven involucrados en sus muertes. La responsabilidad institucional siempre debería estar presente, pues lo único que debería perderse durante la detención es la libertad ambulatoria, sea cual fuere la conducta y la carátula del interno o la etapa procesal, no la vida. Así fueron pasando los días, a Carina le avisaron el jueves 25 de septiembre que recién el domingo 28 enviarían el cuerpo. Tuvo que esperar diez días para velarlo. Recién el 30 de septiembre lo pudo enterrar. La investigación, como en la mayoría de estos casos, obvia la responsabilidad penitenciaria y busca incriminar a los detenidos. No llamaron a indagatoria a ningún miembro del personal de turno el día de su muerte, aún cuando es un secreto a voces que Rubén resultaba bastante “molesto” para los guardiacárceles, que se la tenían jurada, que este desenlace era solo una cuestión de tiempo y que habrían utilizado para matarlo lo que conocemos en la jerga como “coches bomba” (cuando un interno realiza una vendetta para el SPF y se le paga con favores o droga), un modus operandi que intenta desvirtuar la naturaleza de los crímenes y ocultar la responsabilidad de los agentes penitenciarios.

En uno de los párrafos del Informe “Cuerpos castigados” (2007), producido por la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), los sociólogos consideran al “maltrato físico como castigo reflejado en el cuerpo del detenido/a, como medio y fin de aquellos ejerci-


cios regulares y sistemáticos de soberanía, disciplina y control, que en tanto dispositivos desplegados y articulados se constituyen en estrategias de gobernabilidad en el marco de las relaciones sociales carcelarias”. Luego del asesinato de “El Pitu”, sus compañeros fueron trasladados a otros penales y había un temor generalizado en el aire de sufrir su misma suerte. El SPF tiene una larga historia de muertes y malos tratos hacia los internos, y dentro de esta tradición de torturas sistemáticas regulares se requiere cierta organización y decisiones institucionales para encubrirlas (ver recuadro). En nuestro país cada 38 horas muere una persona en una cárcel. El SPF es consecuente con su ADN, se rige por la Ley Orgánica 20.416, aprobada en 1973 durante la dictadura de Agustín Lanusse. La participación de penitenciarios en la desaparición de personas fue quedando a la vista con los años, y juzgada en procesos como el de los hechos ocurridos en el centro clandestino El Vesubio. Durante la última dictadura cívico militar el SPF todavía dependía del Ejército, una de las fuerzas que contaba con la enseñanza en torturas y vejámenes de la Escuela de las Américas, dependiente de los EE.UU., de la Escuela alemana que tras la creación de los campos de concentración de

la Segunda Guerra Mundial se convirtió en la universidad en la desaparición de personas, pero sobre todo de la Escuela Francesa, que luego de la Batalla de Argel (1956-1957) otorgaba el posgrado en los tratos inhumanos, dueña de una metodología cruel e infame, experta en los objetivos civiles. Los veteranos de guerra franceses eran traídos a Buenos Aires; para dictar clases a los entonces jóvenes cadetes de la Fuerzas Armadas, quienes serían los ideólogos del pasado negro que tuvo nuestro país. Crímenes como el de La China Cuellar, “Barbie” Nicodemo y el “Pitu” Heredia, así como los de tantos compañeros y compañeras detenidxs, no son más que el resultado de un complejo entramado social que los convierte en carne de cañón para un sistema que los utiliza como moneda de cambio. Son los elementos descartables del narco negocio y del mercado negro que opera “adentro” y “afuera” de los muros y los transforma en su fuerza de choque, mientras van tomando posesión de los diferentes estamentos del poder financiero y territorial, predadores de sus pares, volviéndolos prescindibles, reemplazables, víctimas del gatillo fácil. El eslabón más débil de una cadena dentro de un sistema que los condena cíclicamente sin que puedan zafar, mientras sigan siendo negocio.  •

Glosario del miedo El informe “Cuerpos Castigados” (2007), realizado por la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), describe algunos de los métodos de tortura que los agentes del Servicio Penitenciario Federal desarrollaron en los penales de la Argentina: La Bienvenida: Cuando nuevos internos llegan a un penal, se los recibe entre patadas y golpes. El Pata Pata: El personal penitenciario pega patadas a los detenidos con sus borceguíes con punta de hierro, palazos o gomazos en la zona de los tobillos y plantas de los pies. El Puente Chino: Dos filas de personal penitenciario enfrentadas dejan un espacio entre medio, por donde obligan a pasar a los detenidos corriendo desnudos, ida y vuelta, varias veces, mientras se los golpea con palos, gomas, cadenas, patadas y escudos. La Pirámide: Se les ordena a los internos apilarse desnudos uno encima de otro, mientras se les pega con palos. Los que quedan más abajo en la pirámide padecen situaciones de asfixia, que los llevan a pegarle a sus compañeros para sacárselos de encima. Si logran salir de la pirámide son golpeados por los penitenciarios. El Plaf Plaf: Se golpea con fuerza a los detenidos, con las manos abiertas sobre las orejas. El Chanchito: Esposar las manos por la espalda y los tobillos del detenido y a su vez, éstos entre sí, inmovilizándolo contra el piso.

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chat  por Lucrecia Treviño Teléfono en la ventana del comedor de un pabellón. Película color 120 mm Cámara de madera, 2014

La llamada Adentro de las cárceles es muy popular el llamado “chat telefónico”. Qué es y cómo funciona esta herramienta que despierta pasiones.

C

uando estás en cana, re en cana, hasta las manos, no te queda otra que tratar de ir esquivando obstáculos para sobrevivir y no morir en el intento. Por supuesto, en el camino te llevás muchos tropiezos que, en mi caso, reina tumbera de las metepatas, me costaron muy caros. En este capítulo les cuento uno de los principales motivos, un famoso embrollo: el chat telefónico, donde llamando al 52722244 ingresás a una sala de conversación y comenzás a charlar de manera inmediata con otro o varios usuarios. Generalmente una empieza a conocerlo y a encariñarse con el chat recién después de algunos meses de encierro ya que al comienzo, si tenés cinco minutos para hablar con tu familia es mucho. Esto pasa como a los seis meses de estar a la sombra, cuando te toca un pabellón tranquilo lleno de doñitas y no de mujeres en edad reproductiva, ¡sino fuiste, tendrás que esperar unos cuantos meses más para acceder con tiempo al teléfono!

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El momento crucial es cuando comenzás a ver a tus compañeras todas cachondas y lanzando risitas boludas en vez de volver llorando después de usar el teléfono. Es una mala señal, porque te tentás y hacés la pregunta fatal: ¿qué pasó que venís tan contenta? “Es que estuve descolgando en el chat un rato”, te contestan y channnnnn, caés como mosca en la sopa: –Ah, ¿sí? ¿Está bueno? ¿Me pasás el número? No podés evitar caer en la tentación, gastás tu tarjeta telefónica, que te costó horas de fajina de pasillo -en mi caso- para entrar en ese mundo de fantasía. Ahí conocés al George Clooney de Marcos Paz, al Chayanne de Devoto, al Cabré del Complejo 1, y por supuesto, vos te convertís en la Jennifer López de la Unidad 3, la de cachivaches, no como las de la 31 que son pupilas, y sí.... siempre hubo pica entre las dos, ¡lo dije! Volviendo al tema, cuando pasa un par de semanas de charlas

eróticas con el negro, flaco, ruso, peque o cualquier adjetivo calificativo que te tocó, te enterás de que capaz tu pretendiente es marido de alguna del Pabellón 9 y novio de otras 3 del Pabellón 5 y que, parece, una del Pabellón 1 te mandó a decir que te va a agarrar en la visita para cagarte a palos y dejarte mormosa. Y bueno, el cuero te enseña nomás, ahí llega el momento decisivo: si seguís buscando, soñando que aparecerá el príncipe azul, o es más fuerte el miedo a las garroteadas que podés recibir sin siquiera conocer a estos giles. Yo aprendí la lección, ¡pero entonces viene la parte de aguantar a las que recién empiezan en la hot line! Esto sucede aproximadamente al año y medio de estar condenada, cuando ya con mucha suerte y tras pasar por el C.O.N.E.T., Educación y talleres varios, te ingresan a un pabellón con gente que tiene más ganas de irse que de quedarse; hacés buena letra y tenés tu horario para llamar, ¡que suele ser ya de media hora! Estás contenta todos


los días esperando tu turno, cuando aparece una enamorada embelesada a la que le importa muy poco si te toca a vos y decide quedarse perpetuamente hablando. ¡Otro momento decisivo! Si le decís algo se pudre todo, ya que lo más probable es que no corte y siga hablando más tiempo a propósito, o que corte y te grite, te diga que sos ortiva, mala compañera, envidiosa. En fin, cualquier cosa que te haga ver pésima delante de las demás y no solo ganarte una enemiga, sino quedar como una bruja delante de todo el pabellón. Pero eso no es lo más triste. Si te pasa esto en el horario de recibir tus llamadas te agarra un ataque de locura, ya que sabés que a la persona que marca le va a dar eternamente ocupado. Para que no se angustie le inventás que andaba mal el teléfono o que la policía lo cortó, total una mancha más al tigre no le hace nada, aunque muchas veces también es cierto.

Cuando ya te falta poco de condena y salís en transitorias empezás a comprender la situación, porque ya no tenés más interés en nada que no sea salir. El teléfono queda en segundo plano y hasta le cedés tus horarios a las demás, porque ya ves más seguido a algún espécimen interesante en el tren, en la combi, en el colectivo, y hasta agradecés que a algunas las llamen, porque están tan contentas sintiéndose diosas que se olvidan de los berretines tumberos aunque sea por un tiempo. Uno de los casos que presencié en vivo y en directo fue el de Analía. Pasaba horas chateando, pero jamás imaginé que caería alguien en sus redes de chamuyos. Contaba por todos lados que iba a venir alguien a visitarla, ¡pero nadie le creía, pobre! Si es difícil que vayan a visitarte tus parientes, ¡imaginate un desconocido! Pero contra todos los pronósticos, el muchacho apareció en el mal llamado gim-

nasio donde se reciben las visitas. ¡Era como un pollito mojado delante de un montón de felinas hambrientas! ¡Cuando la vio! No pasaron ni 15 minutos, que el hombre ya le estaba pidiendo por favor a la policía que lo deje escapar. Tenía la cara desencajada del miedo, y alrededor todas estaban relamiéndose para ver si podían abalanzarse sobre él ante la primera sonrisa. Pero no ocurrió, creo que se compadecieron y lo dejaron ir porque estaba por sufrir un ataque de pánico, sino, tenía que esperar como cuatro horas más a que terminara el horario de visitas. Creo que ese muchacho nunca más en su vida se acerca a un teléfono después de la película de terror que vivió. Y la resignada Analía quedó en un rincón sin arrepentimientos: “Si pasaba, pasaba”, decía. ¡Que siga existiendo ese mundo virtual que nos ayudó a muchas a escapar por un momento, aunque sea, de la realidad!  • 17


taller de foto  por Tinta Revuelta Patio del pabellón. Película color 120 mm. Cámara de madera, 2014

Cuando el tiempo de espera

cambia las formas

Desde 2009, el Taller de Fotografía Estenopeica de YoNoFui, Luz en la Piel, permite a mujeres privadas de libertad encontrarse con un espacio de creación y reflexión en donde el tiempo, las decisiones, la luz y la oscuridad adquieren nuevos sentidos.

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na cámara que no tiene lente. Una pequeña cajita de fósforos con un diminuto orificio que deja pasar un hilito de luz. Y como de una galera de mago sale un conejo, la magia se produce y se forma una imagen. Una caja o una lata de conservas se pueden transformar en ese objeto que nos ayudará a decir sin palabras, a inmortalizar un momento y captar la vida en una imagen. “La fotografía estenopeica te permite trabajar con pocos recursos teniendo una herramienta artística muy buena, democratiza la fotografía”, afirma Alejandra Marín, socióloga y fotógrafa que desde el año 2009 dirige el taller “Luz en la piel” de YoNoFui para mujeres privadas de libertad, en la Unidad 31 primero y desde hace un año en el Complejo IV. Allí, una vez por semana, las mujeres que asisten al taller encuentran un espacio en donde las rejas quedan en un segundo plano. Ana Fernández, una de las asistentes, cuenta qué le dejó su paso por ahí: “Me permitió acercarme al arte, que para mí es liberador tanto adentro como afuera de la cárcel. Era un espacio dentro de la privación de libertad que me permitía tomar decisiones, tener control sobre algunos procesos, aunque el resultado final fuera incierto.”

Ida y vuelta “Siempre había visto la fotografía como algo que me hubiera gustado emprender, siempre me gustó, pero era lejano, como podés pensar en la remota posibi18

lidad de un día dirigir una película. El lugar menos pensado, la cárcel, lo hizo posible”, rememora Liliana Cabrera, que pasó por el taller durante varios años en la Unidad 31. Hoy en día, en libertad hace dos años, participa de charlas, muestras y presentaciones de los libros que logró editar el taller, que recopilan muchas de las imágenes que ella y sus compañeras tomaron en la cárcel con una cajita de fósforos. En un lugar donde expresarse o visibilizarse es difícil, tanto el Taller de Poesía como el de foto le dieron la posibilidad de comunicar y proyectarse a otra realidad. “Cuando saco una foto busco lo mismo que con la escritura, lograr plasmar una emoción, un cúmulo de sensaciones de un momento determinado, lo que parece inexplicable con palabras”, define. Alejandra coincide con que los encuentros en el penal son más que un taller de fototografía: “Se trabajan otros temas, considero que todos los talleres de YoNoFui son una excusa, se llega a un resultado, se hace fotografía porque yo soy fotógrafa, se hace poesía porque otra es poeta, pero hay muchísimas cosas por detrás de cada taller, a mí me importa más el proceso que el resultado. Me encanta que el resultado sea hermoso y hacer una muestra y un libro, pero me parece que todo el trabajo que se hace desde YoNoFui excede a los talleres y es lo importante”, asegura, y explica que el contenido de la clase se determina en conjunto con las mujeres que concurren. “A veces voy con una idea, llego, alguien me plantea algo y se modifica la clase. Todo es muy dinámico”.


También para Constanza Cantero (Coty) quien se sumó como docente al taller en el año 2012, el ida y vuelta con el grupo define el devenir del taller; en ocasiones se trabaja a partir de disparadores que llevan las docentes y otras muchas son las mismas chicas quienes plantean temas de debate. “El año pasado en el Complejo IV hablamos del tema de la

violencia dentro de la cárcel, le habían pegado a una chica y empezamos a hablar de ese hecho puntual y también de la violencia que hay afuera. Pensamos que no es un problema solamente del penal, sino que como sociedad estamos viviendo violentamente”, cuenta. Toda esa crueldad no es exclusiva de la cárcel. Es importante poder ver y pensar ese contínuo 19


taller de foto

que existe entre el adentro y el afuera, entre la cárcel y el barrio. Con ese espíritu de compartir y reflexionar, llevan la obra de fotógrafos o poemas que sirvan de inspiración para generar actividades y debates.

Tiempo de espera La fotografía estenopeica lleva incorporada cierta idiosincrasia que se refleja en sus largos tiempos de producción, ya sea el tener que pensar qué cámara hay que fabricar, y construirla, o en los largos minutos de exposición para hacer una foto. En contra20

Pasillo del pabellón. Película color 120 mm. Cámara de madera, 2013

posición con la inmediatez en la que vivimos (“con apretar un botón ya está, te vas de vacaciones y sacás mil fotos”, dice Alejandra), la estenopeica frena eso, obliga a un cambio, a pensar qué foto se quiere hacer. “A veces tenemos una o dos fotos por chica para que hagan en la clase, entonces no te va a dar lo mismo que haya tres personas o una que ninguna, todo es pensado, todo está ahí por algo. La autora tiene que decidir, dirigir la situación, decirle a cada una qué hacer… Es su foto, y todas las que estamos alrededor tenemos que seguir las indicaciones de ella”, afirma Alejandra.


OPINióN 

por Alejandra Rodríguez

A. R. es Licenciada en Artes Combinadas (UBA)

El mismo pedacito de cielo La muestra “Iluminaciones” reúne escenas de la vida en la cárcel y, con cada fotografía, interpela al espectador. Dentro de una rutina agobiante, repetitiva y cargada de violencia, las mujeres toman decisiones para abrir el diálogo y captar lo que nunca volverá a suceder. “ Quise estudiar fotografía y así más o menos interpretar mi silencio porque allí hay cosas que uno nunca puede decir. Son cosas que uno tiene como dolor en el alma. El silencio cuenta más que las palabras.”  Ramona 1

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luminaciones2 compone una partitura de imágenes y textos a modo de relato sobre aspectos poco conocidos de la vida en el encierro. Un grupo de mujeres conversando, un niño que mira el cielo desde su cochecito, el rostro de una mujer que descansa apoyada sobre la ropa de un bebé, una enorme panza ocupándolo todo: son algunos de los momentos que se alumbran a través del pequeño punto de luz que entra en la cámara estenopeica. Otras imágenes nos muestran espacios y objetos que se entrelazan con cielos celestes o cargados de nubes y ventanas atravesadas por rayos de luz como si fueran chorros de agua. Estos recurrentes cielos y ventanas se presentan como fronteras y horizontes por los cuales la vida sucede, muta y se proyecta. A diferencia de las fotografías que se pueden tomar con una cámara digital o con un celular, cada relato visual estenopeico supone un trabajo minucioso, pensado, y una experiencia espacio-temporal singular. Al realizarse con una cámara sin lente, la exposición es mayor, por lo tanto, la relación entre tiempo y espacio es constitutiva y compleja. Nos preguntamos cómo se traduce este procedimiento en la experiencia misma de realizar una fotografía en el contexto de encierro, lugar donde las coordenadas espaciotemporales se vivencian como una misma cosa. La realización de cada

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fotografía estenopeica implica cierto trastrocamiento de lo sensible; supone repensar la relación entre los cuerpos, entre estos y los objetos y, además, desnaturalizar la relación entre los cuerpos y el contexto y vivenciar una duración del tiempo. “Aprendí a encontrar los reflejos de todas las cosas sin tener que sacarme una foto”, dice Joana en uno de los textos que integran la muestra. Las fotografías laten como expresión material y sensible de este procedimiento hecho vivencia y se resisten a ser miradas como objetos cerrados sobre sí, a ser consumidas por un pasivo observador, mientras se abren interpelantes como posibilidad viva de encuentro. La rutina en la cárcel es rigurosa y constante, cada día, cada vez, a la misma hora, siempre la misma pared, la misma reja, el mismo pedacito de cielo que se logra ver a través de la ventana. Así, cada imagen desafía el hastío de la repetición, intentando fijar aquello que nunca podrá repetirse existencialmente. Aunque los espacios sean siempre los mismos, será a través de la fotografía que se podrá reinventarlos cada vez. “La fotografía me dio la posibilidad de reinventar los días, de reinventar el mismo patio”3, comenta Liliana Cabrera, una de las autoras. Otro aspecto que se hace presente mientras uno recorre la muestra es su contexto de producción: el taller, las charlas y las risas, las decisiones acerca de dónde ubicar la cámara, los objetos o los cuerpos, cómo realizar cada encuadre, qué es lo que se quiere mostrar y cómo se lo quiere hacer. Así lo cuenta Alejandra Marín, profesora del taller: “Con la estenopeica uno toma todas las decisiones, elige el formato de la película, en cambio en la digital vos sacás en un formato que viene establecido por el fabricante de la cámara y tenés determinadas variables que podés modificar y después ya no, es siempre acotado; en la estenopeica vos elegís (Continúa en la página 23)

YoNoFui (2015), ILUMINACIONES, Taller de fotografía estenopeica. Luz en la piel. Buenos Aires, Colectivo Editorial Tinta Revuelta.

Muestra de fotografías estenopeicas realizadas en la Unidad Penal Federal de Mujeres de Ezeiza por el Taller Luz en la Piel de YoNoFui Centro Cultural Harold Conti (2015)

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Presentación del libro Iluminaciones, Centro Cultural Haroldo Conti, septiembre 2015.

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taller de foto En el contexto de privación de libertad, en el que cada mujer está impedida de decidir a qué hora sale al patio a ver el sol, a qué hora come, a qué hora va al Centro Médico, a qué hora habla por teléfono con su familia, cuándo recibe visitas o a qué hora se apagan las luces, poder tomar decisiones alrededor de un hecho artístico y que queden plasmadas en una obra adquiere dimensiones muy diferentes a las que pueden tener sacarse una selfie con el teléfono celular o tomar decenas de fotografías digitales. Y a la vez, esos tiempos lentos tan antagónicos con la inmediatez de las cámaras modernas da otro significado a la espera y al valor del tiempo en el encierro. “Depende de la luz que haya en el ambiente es el tiempo que tenés que dejar abierto el estenopo y eso es lo que más me gusta, no es un tiempo fijo, y no son los tiempos convencionales de una cámara pocket o una reflex, son otros tiempos más lentos. Disfruto mucho de sacar una foto y esperar”, cuenta Coty.

En un ámbito en el que el paso del tiempo despersonaliza, que una mujer se encuentre con ella misma en una imagen puede tener consecuencias impensadas para muchos en épocas de redes sociales. Romina Ausqui, otra de las participantes de Luz en la Piel, confiesa que el taller le gustaba mucho porque podía sacarse la angustia y la tristeza del momento y compartirlas con sus compañeras, y va más allá: “Aprendí a valorarme como persona y a ver las cosas desde otro lugar. Yo me drogaba mucho adentro, tomaba muchas pastillas y me sacaba fotos re loca. Cuando empecé a ver las fotos y el estado en el que estaba, me di cuenta de que no quería ser esa persona”. Ya en libertad, Romina acaba de participar de la presentación del segundo libro de Luz en la Piel en el marco de una muestra en el Centro Cultural Haroldo Conti. En las fotos ahora sale sonriente, con un brillo en los ojos que refleja más luz.  •

El bebé de Reina en el Jardín de Infantes. Película diapositiva 120 mm vencida, revelada como negativo. Cámara de madera, 2013.

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todo.”4 En estas pequeñas decisiones, lo que se instituye como fuerza es lo que cada una de estas mujeres hacen, crean e inventan juntas, desafiando lo que la institución carcelaria les determina para sí. Entre luces y sombras se retratan momentos de esas vidas deseantes, sus dolores y amores. Cada cielo, cada espacio iluminado por un rayo de luz, cada rostro, nos recuerdan que no todo es lo mismo dentro de la cárcel, que cada vida es una vida, que el castigo se disfraza muchas veces de supuestos, de silencios o de olvidos. Que las mujeres privadas de su libertad son amantes, artistas, trabajadoras, sensi4

Cabrera, Liliana, (2015) “Fotografía y campo popular: luz que nace desde adentro”, en marcha.org.ar

bles, vitales, creativas e inteligentes, pero además son muchas, y en su mayoría son jóvenes, son madres, son pobres y victimas de múltiples violencias dentro y fuera de la cárcel. Estas mujeres eligen de qué manera contar sus historias. Deciden cómo representarse, qué relatos sobres sus vidas quieren hacer visibles. Nos miran a través de sus fotografías y sus escritos. Nos hacen preguntas. Nos desplazan de la comodidad de quien mira al pasar o de quien se mueve en sus suaves estaciones. Como dijo Roland Barthes, el punctum de la fotografía es ese azar que en cada foto nos despunta, nos lastima y nos obliga a mirar cada vez de nuevo aquello que creemos ya haber visto.  •

Erica en la celda con la ropa de su bebé. Película color 120 mm. Cámara de madera, 2014.

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fotogalería

Celeste, Reina y Ana en el patio del Jardín de Infantes. Película diapositiva 120 mm vencida como negativo. Cámara de madera, 2013.

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La panza de Erica, en el pasillo de Educación. Película color 35 mm. Cámara cajita de fósforo, 2014

Una de las participantes del Taller en el patio de Educación

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nota de tapa 

por Tinta Revuelta

SALIR DE LA CÁRCEL ¿EL FIN DE LA PENA? Estigmatizaciones, falta de recursos, de contención y de apoyo estatal son algunos de los muros que esperan a las mujeres en “el afuera” cuando recuperan su libertad. El mal llamado “proyecto de vida” y los costos de una condena que nunca terminás de pagar.

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dades de las mujeres privadas de su libertad, cuyas historias emergen como vestigios de múltiples violencias: de género, institucionales, familiares. ¿Qué hace que esta mujer se abrace a la reja? Las reflexiones y testimonios que surgieron en el taller aportan datos que permiten pensar este sentido paradojal que cobra el sistema carcelario para algunas mujeres. Cuesta aceptar que alguien vea en la cárcel una salida, y lejos de pensar que a las detenidas “les gusta” estar presas porque allí la vida es fácil -sentido que cierta prensa intenta imponer-, nos preguntamos qué tiene que haber pasado para que la cárcel sea una opción en la vida de una mujer. A partir de allí, tratamos de aportar herramientas para abordar la cuestión en toda su complejidad.

Entraste y “fuiste”

“S

oy NN, y ya sé que ni en el Patronato1 ni en ninguna parte tienen alojamiento para mí y mi hija, ni trabajo, ni nada. Si salgo vuelvo a entrar, porque en la cárcel por lo menos trabajo y no estamos en la calle”. El relato de Yamila puede sonar increíble pero es real, y da cuenta de muchos otros similares. Si bien en su caso hay factores paradigmáticos y brutales de omisiones estatales, sirve como punto de partida para analizar el momento de “recuperar la libertad” porque contraría nuestra visión crítica de la cárcel y también nuestro ideal libertario. Yamila está presa en Ezeiza con su hija de 2 años; vivió en la calle desde los 13 y sabe que no puede volver a lo de su tío. Le sobran razones para no querer que su hija pase por lo que ella pasó ahí, entonces no quiere salir del penal. “No se abrace a la reja porque es inútil”, le dijo su defensor. Al cierre de esta nota, le darán la excarcelación en una semana y ella ya sabe lo que le espera. Tiene 25 años, no tiene DNI y nunca lo tuvo, a pesar de que transitó por varias instituciones estatales durante su niñez. Tramitar su documento implicó abrir un expediente judicial que lleva 2 años dando vueltas, pero aún no hay sentencia que reconozca su identidad. El DNI le permitiría acceder a derechos básicos -de ella y de su hija- tales como un empleo, un plan social o una vivienda. Este caso y otros similares, surgieron de relatos en el taller Tinta Revuelta y ponen sobre la mesa las dolorosas reali-

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Patronato de Liberados, institución que tiene por objetivo prestar asistencia a las personas liberadas.

Hablar de la salida de la cárcel remite al ingreso y a las sensaciones que nos atravesaron: el extrañamiento con el entorno se apodera de nosotras, la prisión impone reglas expresas y tácitas desde diferentes actores, exige una recodificación de la existencia: hay que saber “plantarse”, con quién “estar bien” y cómo satisfacer necesidades vitales; aprender la distribución de tiempos, espacios y poderes; asimilar los horarios impuestos, el pabellón en el que caíste, tener o no una celda propia, abierta o cerrada, dormir con otras, la intimidad, las rutinas, el lenguaje (la gorra, las soplabolsas, la fajina) y ver que hay otras que parecen acostumbrarse. Una compañera del taller comenta: “Te encontrás con un abanico de situaciones, gente muy distinta a vos con la que te estás tomando un mate… también se acomodan los prejuicios”. Otra observa que en ocasiones “la presa es la peor enemiga de la presa”, y eso lleva a que las fricciones en la convivencia se centren en el trato entre pares. Por momentos se incurre en la falsa idea de que “la ley la hace la presa”, pero vemos que este código de hostilidades entre pares es un espejo del código impuesto por el encierro, las modalidades extorsivas y compulsivas de dar y tomar que se imponen “desde arriba”. “Con los años, aprendés a calcular cuándo tenés que ser cachivache y cuándo ‘hacer papeles’. Tener una actitud de compañerismo en el ‘rancho’, compartirlo todo las 24 horas mientras sabes ‘que entraste solo y salís solo’ y que en el fondo, aunque ‘tocan a unx y saltamos todxs’ no tenés que confiar en nadie”. Una trama de acciones, omisiones y complicidades que deben reconocerse y respecto de las que hay que producir adaptaciones activas para 27


nota de tapa 

por Tinta Revuelta

El sistema penal es un proceso selectivo que recluta su “clientela” principalmente de los sectores populares. La estigmatización no empieza en el hecho que te marcó como delincuente, en general esa persona pertenece a un grupo previamente estigmatizado.

sobrevivir. Una pedagogía de la crueldad que circula de una manera compleja, no sólo de arriba hacia abajo sino en todos los sentidos, también entre pares, y que no es exclusiva de la privación de libertad. Necesitamos crear nuevas imágenes y nuevos conceptos para pensar la cárcel, ya no como una institución disciplinaria: como un reducto que produce y reproduce crueldad.

Mi reino por un café con leche El sol, la naturaleza, la familia, los hijos, la comida o tomarte un café con leche son cosas que se ponen en valor y se añoran en la cárcel, aunque antes no te representaran gran cosa. Desde las salidas más elementales, como ir al juzgado de comparendo en un camión penitenciario en el que pasás hasta 12 horas sin agua ni baño, congelada o desmayada de calor, hasta las salidas transitorias o la definitiva, se instalan como una fantasía que adquiere proporciones épicas. Salir de la cárcel tiene algunas implicancias comunes para las mujeres, y otras diferenciales. Algunas están relacionadas con la condición social: cuántas disponen de vivienda a la que puedan regresar, cuántas viven en un contexto no violento, qué significa salir para la que estaba en situación de calle, para la que no tiene trabajo y tiene una familia que mantener o para quien fue víctima de abuso. Una compañera lo expresa así: “Es bien distinto si te esperan o no, si sos de acá o sos extranjera; incluso si 28

tus allegados están enterados de que estás presa”. Muchas horas se pasan pensando en la salida: en todo lo que vas a hacer y lo que vas a disfrutar cada momento. Pero cuando llega, ni siquiera sabés a dónde ir. Es tal el efecto de la cárcel en la subjetividad que controvierte toda percepción de sí, del afuera y del adentro. Una compañera trae una imagen: “Es como si la cárcel fuera una cruz que se lleva, que pesa en el alma, como si la reja hubiera quedado dentro tuyo”.

Cuando afuera no hay nada Con el paso por la cárcel la identidad queda deteriorada, el estigma que deja la prisión es difícil de superar y obnubila la mirada del otro y la propia. El sistema penal es un proceso selectivo que recluta su “clientela” principalmente de los sectores populares. La estigmatización no empieza en el hecho que te marcó como delincuente, en general esa persona pertenece a un grupo previamente estigmatizado. En el caso de las mujeres, además, existen connotaciones de género que caracterizan a las seleccionadas, los tipos de infracciones por los que suelen “caer” (el 70% de las mujeres están detenidas por delitos vinculados a las drogas -muleo y venta tipo kioskito, el eslabón más débil de la cadena) y las implicancias de la ejecución de la pena para ellas, describen elementos que se repiten en sus historias de vida, por ejemplo, haber sido ellas mismas víctimas de violencia, lo cual dota de un significado particular a la salida y a la inclusión social. Una de nosotras reconoce la gran fragilidad con la que se sale: “La pérdida de autonomía, la incapacidad de encarar cosas básicas como cocinarnos, planificar nuestro día, ordenar nuestros tiempos, hacer cosas por vos misma”. Adentro, la vida cotidiana está estrictamente pautada; aunque estés en libertad repetís los comportamientos de la cárcel. Varias compañeras coinciden: “Durante mucho tiempo me levantaba a la hora del recuento” o “me descubrí esperando que me den la comida”. Otra recuerda: “Por un tiempo no sabés a dónde pertenecés, cuando entrás a un lugar público sentís que tenés un cartel en la frente por el que todos se dan cuenta de donde venís; y cuando empezás a salir con transitorias, te sentís extraña con las presas y también con tus amigos”. El encierro carcelario para algunas implica un deterioro abismal respecto de sus anteriores condiciones de vida, para otras es una absurda posibilidad de beneficiarse de políticas públicas que -aún con sus


OPINióN 

por Liliana Cabrera

…Y mientras tanto estamos todas muertas

A

ntes de salir de la cárcel te llega un papel proveniente del Juzgado, es la “Orden de Libertad”. Ya en esa primera instancia, antes de cruzar la barrera que separa el adentro y el afuera, hay escritas una serie de condiciones impuestas que tenés que cumplir a como de lugar si salís en libertad condicional. Primero deberás presentarte en tu Juzgado antes de que se cumplan las 48 horas de tu salida, aunque tu domicilio esté en otra provincia y tu Juzgado en Capital (lo he visto, te preguntarás “¿te pagan el pasaje?”, ¡ni de chiste!). También tendrás que presentarte ante el Patronato de Liberados de tu localidad y cumplir con ese ritual, una vez por mes hasta que termine tu condena, y si están de huelga, te presentás sí o sí en el Juzgado. En mi caso, en aquel oficio había otra cláusula bastante habitual: ver a un psicólogo una vez por semana. Fue así como antes de las 48 horas me presenté en el Tribunal, luego en el Patronato y luego en otra oficina de Asistencia Social en Diagonal Norte, adonde me mandaron a tramitar lo del psicólogo. Allí, me dijeron que tendría la “suerte” de recibir terapia en la Universidad Kennedy (aparentemente tienen un convenio para que sea gratis)… La fortuna no duró mucho, en cuanto me cambiaron de profesional varias veces y observé que la terapia era en un lugar con vidrios espejados, hice todo lo posible para poder cambiar de institución. En esa oficina de Asistencia social me dieron un listado de posibles empleadores a quienes podía pedir trabajo. En todos los lugares a los que llamé me pidieron un certificado de antecedentes penales y la libreta sanitaria. Inmediatamente fui a darme la baja del ENCOPE (Ente Cooperador Penitenciario), lugar donde uno figura por haber trabajado en la cárcel, y a presentar ese papel en Anses. Antes de salir hay un momento de la condena en que tratás de proyectar todas estas cosas. Averiguás todos los lugares donde podés pedir ayuda habitacional y/o económica, algún lugar donde te tiren una soga (y no para colgarte), puertas que golpear para poder llevar a cabo tu microemprendiemiento (si es algo que tenés proyectado, no es fácil construir sobre el aire). Y entre todos esos lugares aparece Readaptación Social… Solo para los liberados de cárceles federales, porque hay

ciertas diferencias en cómo se va desarrollando tu periplo, dependiendo de si estuviste detenidx en una cárcel federal o provincial. Para pedir un subsidio habitacional dentro de Capital Federal, por ejemplo, tenés que ir a Readaptación Social para que te hagan un informe ambiental. Primero vas y te hacen llenar una ficha de ingreso, te dan una serie de indicaciones para poder cumplir con los requisitos. Por ejemplo, conseguir tres presupuestos de hoteles familiares menores a los $ 2.000 (una tapera mínima sale cerca de $ 3.000). Así y todo, te informan que nunca vas a recibir $ 2.000; se asignan $ 1.800 por persona y con hijos podés llegar a un poco más. Conseguir los presupuestos no es fácil, ningún hotel quiere darte una constancia del valor a abonar y tienen miedo de que seas un agente encubierto de la AFIP recorriendo barrios populares. Si lográs conseguirlos, tenés que volver a la oficina de Readaptación, las asistentes sociales te hacen un informe ambiental y de ahí tenés que ir a Desarrollo Social de la Ciudad, oficina ubicada en Pavón y Entre Ríos, donde esperar un turno para dentro de… ¡dos meses!, mientras seguís en situación de calle. Según el orden de prioridad, a criterio de ellos, si no tenés hijos ¡cagaste! Cuando lográs entregar todo y el trámite pasa por innumerables manos (calculá dos meses más), vas a retirar una tarjeta de débito a un banco en Pompeya, vas a cobrar por diez meses, luego pedir un recurso de amparo y no es seguro que te lo den. Hay algunas necesidades, que parece, son más humanas que otras. En Pavón y Entre Ríos también te tramitan el Ticket Social, pero para eso necesitás otro turno (no te sirve el mismo); recién ahí tendrías la posibilidad de recibir la tarjeta Ciudadanía porteña (un poco más de plata). En Provincia esto no existe, depende del Patronato que te toque recibir algo o no. Alguna vez todos los detenidos escuchamos diferentes variaciones de algunos beneficios, con el mismo asombro de quien escucha un relato épico, sobre la existencia de subsidios del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para amoblar o equipar una futura casa, si es que la tenés, o la remota posibilidad de entrar en el plan PROCREAR, si tenés un conocido, dicen, pero sólo supe de una sola persona que lo habría tramitado

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nota de tapa 

por Tinta Revuelta

que descansa en la falacia de que existe igualdad de oportunidades para que cumplamos nuestros objetivos, en la medida que nos esforcemos. De ahí que si no lo logramos es porque no pusimos el suficiente empeño. Es decir, es un problema individual.

enormes deficiencias- jamás habían estado disponibles para ellas: derechos básicos como tener donde dormir, estudiar, bañarse o trabajar. Es común escuchar decir a las mujeres privadas de su libertad, aún a las de avanzada edad, que el trabajo en la cárcel es el primer empleo en blanco que tienen en su vida. Este es uno de los datos más impactantes de la población femenina dentro del sistema federal. En el caso de las instituciones carcelarias provinciales la situación es mucho peor, ya que quienes pueden acceder a un trabajo cobran la irrisoria suma de 16 pesos mensuales, y esto no es ironía.

El mito del “proyecto de vida” Existe un concepto que circula entre los operadores del sistema penal y las instituciones avocadas a la tarea “resocializadora”. Es empleado por los profesionales de los servicios de salud (psicólogos, psiquiatras), trabajadores sociales y jurídicos. Es un concepto que no se discute y se enarbola como medio y fin de numerosas políticas públicas. Se trata del “proyecto de vida” que, supuestamente, debe trazar la persona bajo “tratamiento” (en este caso penitenciario) y que da la pauta de que la tarea de “resocialización” está cumplida. La capacidad de darse un proyecto de vida supone trazar objetivos y prioridades, libertad de elección y un plan racional en el que se implementan recursos genuinos (no idealizaciones ni divagues). Supone autonomía. No es de extrañar entonces que el factor económico sea un elemento central en su elaboración, y en esto cobra preponderancia la posibilidad de obtener un trabajo. Lo curioso de esta retórica, en la que dialogan las disciplinas que confluyen en el sistema penitenciario, es que ubica la incapacidad de obtener un trabajo en “la voluntad” de la persona y no en un problema estructural producto de la desigualdad; menos aún se toman en cuenta las consecuencias que el tránsito por la cárcel tiene en sus vidas. Hay algo del “sueño americano” que pulula, y 30

La inclusión social es un objetivo al que llegan muy pocas personas que pasaron por el sistema penal, y podríamos aseverar que es una realidad a la que acceden sólo las personas que cuentan con recursos materiales, simbólicos y sociales propios, pese al sistema penal.

Del desempleo a la cárcel y de la cárcel al desempleo Tanto depende la “reinserción” de los recursos propios de las mujeres que, en la actualidad, nos encontramos con una situación de auténtica ausencia de las políticas pospenitenciarias, que ya arrastran un historial de insuficiencia de recursos o falsos recursos. Veamos: en febrero de 2015, luego de un conflicto gremial, se sancionó una ley que integró al Patronato de Liberados a la estructura del Poder Judicial bajo la denominación de Dirección de Control y Asistencia. La ley aún no se reglamentó y no existe ninguna institución que brinde asistencia a los liberados. El Patronato de la Provincia de Buenos Aires está colapsado y hay provincias que ni siquiera cuentan con uno. La integración al mercado formal de empleo plantea barreras adicionales: las leyes de empleo público tanto a nivel nacional como provincial (salvo contadas excepciones) prohíben la admisión de personas con antecedentes penales. La situación no mejora en el ámbito privado, en el que para cualquier empleo mal pago debemos concurrir con certificado de antecedentes penales como condición excluyente, aún en los ámbitos en los que predomina la contratación en negro, como el trabajo doméstico, al que en el mejor de los casos podemos acceder las mujeres. Quienes trabajan dentro de las unidades penitenciarias tal vez cuenten con algún dinero al momento de salir, si es que no lo destinaron a la subsistencia de su familia, cosa muy común en las mujeres privadas de la libertad y quienes (como se vio en la nota de tapa de la edición anterior, Infancia suspendida) muchas veces por tal motivo rechazan la prisión domiciliaria, ya que perderían su trabajo. Existen subsidios excepcionales para microemprendimientos, ofrecidos por el Ministerio de Desarrollo Social a través de Readaptación Social, que no están


con buen resultado y, sinceramente, a estas alturas no me consta si es cierto. He escuchado de personas a las que les han dado bolsones de comida, pañales o materiales de construcción para edificar en un terreno que no sé de donde podés llegar a sacar, quizás de la Tierra Media, si desalojás a un Hobbit en el mejor de los casos. Con respecto al trabajo, lo que hay es mínimo, te ofrecen la posibilidad de hacer un curso y cobrás $ 250 al mes del Seguro de capacitación y empleo, (si hacés el curso, cobrás $ 200 más), todo esto mientras vivís en la calle porque aún no salió el subsidio habitacional. Aquellos que salimos en libertad sabemos que el primer lugar a donde uno va es provisorio: lo de un familiar, un amigo o un conocido que por amor al arte -o porque le tiraste unos mangos- te aguanta unos días, salvo que tengas una familia que te contenga y un buen pasar. Todos, mientras estuvimos detenidos, alguna vez preguntamos por un seguro de desempleo que no existe para los que salimos de la cárcel; “lo que hay” es una línea del Ministerio de Trabajo llamada PEI (Programa de Empleo Independiente), con el que podrías llevar a cabo un microemprendimiento, pero necesitás estar certificado en la actividad que vas a desarrollar, o el POI (Pro-

grama de Orientación e Inducción al Mundo del Trabajo), para lo que tenés que esperar para que se haga efectivo: dos años. Todo esto mientras aún no te salió el subsidio habitacional… En el mientras tanto vivís del aire y en el aire, porque los tiempos de la burocracia no son los de tu urgencia; mientras esperamos esos tiempos, estamos todos muertos. Lo único nuevo que ha aparecido bajo el sol es el “Proyecto autogestivo”, y para acceeder a él hay que organizarse con otrxs compañerxs, ya que es el paso previo a ser cooperativa y armarla no es soplar y hacer botellas (y por ley no pueden ser miembros directivos de una cooperativa personas con antecedentes penales); requiere hacer hasta estudios de mercado, todo esto cuando recién salís, y muchas veces no tenés las necesidades básicas cubiertas. Salir es un proyecto de mucho antes de tu fecha de libertad, estás obligado a proyectar en la urgencia cuando no tenés un lugar seguro donde dormir, ni qu[e comer, ni la tranquilidad suficiente para pensar, decidir y tomar las riendas de tu futuro. Dicen que depende de tu esfuerzo no fracasar, cuando lo único que podés hacer es jugar con las cartas que te tocaron. Te obligan a cantar truco, cuando te estás para irte al mazo.  •

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…sin embargo se mueve

pensados para quien pasó años en la cárcel. Permiten la compra de alguna maquinaria o herramienta y generan la ilusión de brindar apoyo a un individuo –entendido de manera abstracta- con iniciativa y sin ninguna otra carencia; podríamos decir, se esperan soluciones biográficas para problemas estructurales.

La “resocialización” es el ideal que plantean las normas que justifican el “tratamiento” penitenciario. Siendo así, podríamos pensar que existe una trama institucional preparada para orientar a quien sale en libertad a lograr su inclusión a través de un sistema de apoyos. Entonces, al salir, a Yamila la estaría esperando la documentación que le permitiría, con la debida asistencia, acceder a políticas básicas de vivienda, salud y educación para ella y su hija, hasta tanto pueda elaborar su nueva situación, su condición de víctima de abuso, sus 25 años de calle y encierro institucional, tal vez capacitarse y hasta obtener un empleo. Sin embargo, Yamila tiene una historia que le permite comprender que en el circuito de oficinas que formalmente definen como su función la readaptación, la reintegración o alguno de los paradigmas “re”, difícilmente le brinden apoyo. Esto es lo que hace que Yamila se abrace a la reja. Porque, absurdamente, la reja le reconoció una identidad aunque sea para garantizar su castigo, la alojó aunque sea en una celda, le dio un estatus social y jurídico aunque sea como delincuente, le aplicó una ley aunque sea la ley penal. 32

Mientras trabajamos para desandar el estigma y peleamos por nuestro lugar en la sociedad, no dejamos de pensar en modos de ponerle fin a la pena, de achicarla y minimizar sus efectos durante y después del encierro. Una política integral de inclusión implica abordar el conflicto de las mujeres liberadas con herramientas que actúen sinérgicamente y no en forma parcial; que reconozcan, con perspectiva de género, los problemas estructurales que afectaron a estas mujeres y deje de culpabilizarlas por lo que no está ni estuvo en sus manos cambiar, asumiendo esas carencias como responsabilidad estatal. En ese marco, la cuestión del trabajo -que como se vio no es factor único para la inserción, en especial en historias de graves vulneraciones- sigue siendo la llave maestra para que muchas mujeres puedan salir del círculo vicioso que las reintegra a la cárcel. Existe un proyecto de ley2 que deroga la prohibición de la ley de empleo público y establece la obligatoriedad de contratación de un cupo determinado de liberadxs y beneficios impositivos a las empresas privadas que lxs contraten. Para que este proyecto no pierda estado parlamentario, urge que la comisión de presupuesto y hacienda lo dictamine, obtenga media sanción de la Cámara Baja y siga su trámite en el Senado. También sería importante sumar una modificación a las leyes que regulan el cooperativismo, ya que la legislación prohíbe a personas con antecedentes penales formar parte de los consejos directivos. Fueron duros los casos y las frases que se pusieron sobre la mesa y escuetas las salidas que vislumbramos… Sin embargo, la tierra se mueve, aunque Galileo acorralado haya sido obligado a suscribir su quietud perpetua. Y mientras dimos forma a esta nota, que cristaliza el fracaso de nuestra empresa, también nosotrxs nos movemos para cambiar la historia y contradecir lo que aquí se ha escrito.  • 2

Derechos económicos de los liberados. Medidas de accion positiva para el acceso al empleo de personas que hayan sido privadas de su libertad. Firmantes: Carlotto, Recalde y otros, 8091-D-2014.


nota de tapa 

entrevista por Yo María

La deuda

eterna

La española Manuela Muñoz cuenta cómo es para una mujer extranjera pasar por la cárcel, por un arresto domiciliario y finalmente recuperar la libertad en un país desconocido, sin documentación y sin derechos, ni para ella ni para su hija.

¿De dónde sos? Soy española, de Alicante, ciudad de Elche, donde he vivido toda mi vida. Hace 4 años y 5 meses que estoy acá con mi hija Kenia, de 5 añitos. En España quedaron mis hijos más grandes, Juan Manuel de 26 años y Tatiana de 22, que me están esperando. ¿Cuánto tiempo estuviste detenida? Mi pena fue de 4 años y 6 meses. Cumplí 3 años privada de libertad, 20 días en el penal y el resto en el hogar Sol Naciente con arresto domiciliario. ¿Cómo te sentiste allí? Muy mal en comparación a la Unidad 31. El hogar era peor que estar en la cárcel para mí, pero para la nena, que tenía un año y medio cuando me detuvieron, fue mejor, no ha crecido viendo u oyendo esas puertas de hierro, esas rejas que se ven en el patio. No vio que te despiertan para el recuento a las 5 de la mañana, ni esas rejas con alambres de pinchos donde a lo sumo ves un pájaro. Es una situación fea estar privada de libertad, lo sabe uno aunque lo haya

vivido poco tiempo. Despúes, en el hogar, fue como si viviera en una dictadura. ¿Para vos o para ambas? Para mí. Con los niños no se metían, salvo que querían que los levantáramos a las 6 de la mañana, ¿a una criatura de un año y medio la vas a levantar a las 6 de la mañana? Yo me revelé contra la comida que nos daban, la falta de alimento, entonces tuve muchos problemas, me amenazaban. ¿Tus compañeras o gente del hogar? Del hogar, la directora y una de las operadoras, la que llevaba el tema de la alimentación. Creo que el Estado les pagaba por tener abierto el lugar, por amor al arte no lo tenían. ¿Cuál era el problema con la comida? La poca comida, y que a veces los fideos estaban con gusanos. Y encima a mi nena y a mí, por revelarme, por hablar, nos tuvieron 6 meses a fideos con manteca o arroz con queso... y bichos, ¡un asco! 33


nota de tapa 

entrevista por Yo María

¿Recibiste algún apoyo por parte de España? El Consulado Español paga unos cien euros por mes a las personas que están en la cárcel, ese ingreso a mí nunca se me dió. ¿Por? Mariel, la trabajadora social del Patronato de Liberados, una mujer mala, tenía que haber mandado una nota al Consulado diciendo que a mí me hacía falta ese dinero para los alimentos y la ropa de la nena, y no…

Dentro de los penales se puede trabajar, ¿en el hogar también? Te hacían trabajar sin cobrar nada. A mí me hacían limpiar toda el área de discapacidad y me mandaban luego a limpiar la panadería y atenderla. Ya en arresto domiciliario, ¡me sacaban a la calle y me mandaban a pedir donaciones! En el marco del “arresto domiciliario” no podés dejar tu domicilio... Claro, y yo no quería, pero me decían “bueno, ¿no vas?, vamos a decirle al Juez que no estás respetando las órdenes, te vamos a mandar otra vez a la unidad, te vamos a sacar a la nena”. Amenazas. Es decir que había maltrato psicológico. Psicológicamente me destruyeron, al punto de que empecé a callarme, decir a todo que sí y bancarme lo que me dijeran. Por ejemplo, salir a las 10 de la noche con la plata de la recaudación de la panadería tres cuadras adentro de la Villa 11-14, arriesgándome a que me robaran, me metieran un tiro o me hicieran algo y, encima, la Jueza pensara que había estado saliendo por voluntad propia. ¿Por qué te hacían llevar el dinero a la Villa 11-14? Porque allí vivía la operadora del hogar, Olga. Por ese tipo de cosas cerraron el hogar y después de un juicio, la directora terminó en la unidad; ahora acaba de salir en libertad. 34

¿Nunca lo mandaron o se quedaba con el dinero? No sé. Alguien del Consulado me dijo que ellos, el hogar, ya percibían un “subsidio de pañal” desde España, por lo cual yo tenía que tener todo lo que me hacía falta. Yo le decía que no, y él me decía que entonces la trabajadora social o la directora del hogar presentaran una nota. ¡Nunca lo quisieron hacer! También esta gente estuvo a punto de destruir el vínculo de mi hija con su padre, porque los primeros dos o tres meses dejaban que viniera a vernos solo una vez por semana y después directamente no lo dejaban acercarse. Si me mandaba comida o pañales y cosas para la nena me las robaban allí, hasta que me prohibieron recibir cosas si no las compartía con todas. Yo no quería, ¿si me traía un yogurt lo tenía que compartir con 10 chicos? Se lo quería dar a mi hija, no lo podía repartir porque no me daba el cuero, porque no lo tenía y porque no iba a tomar ninguno nada. Entonces las madres se quejaron de que yo tenía privilegios y me prohibieron que me trajeran cosas. Es decir, pasé lo que no pasé en la cárcel. ¿Por qué te derivaron de la Unidad 31 a ese hogar? Kenia se enfermó apenas al entrar. Tenía hongos vaginales, diarrea, fiebre. La llevaba a la salita de ahí y los médicos me decían: “Le das ibuprofeno y la bañás con agua fría”, pero no le bajaba la fiebre, entonces me enojé con el director de pediatría. Dice que yo lo amenacé, pero sólo le grité que iba a hundir su carrera, porque si mi hija estaba mal la quería llevar a un hospital. Le dije que me diera una orden de salida porque no era normal que después del tratamiento le siguiera la fiebre, la diarrea, los hongos vaginales. Que la tenía que bañar en una pileta en la que se bañaban todos los niños y donde lavaban la ropa. Y que encima estaba en el Pabellón 17, donde estaban las chicas más adictas. Tampoco le daban el Nestum, y si no comía eso no comía nada. Me puse a gritar y la celadora me tuvo que sacar de la sala. ¡Me hicieron una junta directiva y me preguntaban por qué reaccioné así! Le escribí una carta al Juez, y tres días más tarde me dieron el arresto domiciliario.


¿Y el lugar que encontraron para el arresto fue ese hogar? Sí, según la abogada, en ese momento los hogares de madres no aceptaban mujeres, pero a la semana de entrar al penal vi ratas que parecían gatos, tenía la cabeza llena de piojos, chinches, pulgas, picaduras por todos lados. Tenía que ponerme tres colchones para no clavarme la madera de la cama en la piel, era terrible. Le dije a la abogada que me sacara de ahí. ¿En algún momento pediste volver al penal? Sí, pero no me dejaron. Y después no quería porque pensaba en la nena. Ella no tiene porqué vivir privada de libertad, vivir ciertas situaciones, en el hogar mal o bien ella veía autos desde la ventana, podíamos salir por un pedacito entre la panadería, las oficinas, la terraza, los dormitorios... Veíamos pasar un gato, algo que allá en el penal no se veía. Yo pensaba “la tengo que sacar de acá”, pensaba en cómo mandarla a España y quedarme sola ahí. ¿Qué sentías al ver la calle tan cercana? Me consolaba pensando que en el hogar no estaba tan controlada por personal de la justicia como en la Unidad.

que enfrentar sola a la realidad, con una niña de 5 años, en un país extranjero, sin ayuda y sin trabajo. No sabía cómo iba a reaccionar el juez si yo no tenía a nadie que se hiciera cargo de mí. Gracias a Dios, o por mi comportamiento a lo largo de todos estos años, no me pidieron que nadie se hiciera cargo. Me dijeron “sigue tu vida, siempre diciendo dónde estás, si te mudas”. Encontré trabajo, y un poco también las asociaciones me ayudaron. ¿Qué asociaciones? YoNoFui. La conocí a través de una trabajadora social de la SENNAF, de minoridad. Había unos cursos de fotografía estenopeica, moldería, un programa de becas. Elegí el de máquinas de coser, para hacer ropa; yo cosí siempre zapatos, era aparadora de oficio, me imaginé que no me iba a ir tan mal con la costura. Conocí a la gente, empecé a plantear mis problemas, tuve contención. Cuando tú no tienes a nadie, tener alguien con quien desahogarte significa mucho ¿entendéis? Comencé a trabajar con la beca y una ayuda que me estaba dando la SENNAF por el arresto domiciliario, fui haciendo un poquito de trabajo para YoNoFui y saliendo adelante, hasta el día de hoy.

¿Sabías a dónde ibas a ir al recuperar tu libertad? No sabía qué iba a pasar con mi vida. Me daba todo miedo, incertidumbre y alegría de poder irme donde quisiera, salir, moverme, irme a la costanera… Pensaba “¿qué voy a querer ir a ver primero?”.

¿De qué manera encontraste trabajo? Fui a ver a un señor que iba a comprar pan cuando yo trabajaba en la panadería del hogar. Él tiene una mueblería, y cuando vi que no tenía donde acudir me ofrecí como empleada. Ya hace un año que estoy ahí.

¿Tenías a alguien afuera que pudiera ayudarte? Se suponía que cuando saliera con la condicional el padre de mi hija se iba a hacer cargo de nosotras, pero descubrí realmente lo que estaba haciendo. Andaba mal, drogándose, haciendo cosas que no debía, y ahí comenzó realmente mi calvario, lo más crudo. Me tuve

¿Tenés algún proyecto? Sí, un proyecto textil propio. A partir del curso de moldería, de lo que no tenía ni idea, fui haciendo móviles, almohadas, bolsitas para regalos, bandoleras. Eso me va ayudando porque sólo la mueblería no me alcanza. Una compañera de YoNoFui, Ramona, me

Manuela trabajando en el Taller de Diseño Textil en la sede de YoNoFui de Vicente López

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nota de tapa 

entrevista por Yo María

hace un llamamiento, si no va luego se hacen tres edictos y recién van por el llamamiento. ¡¿Qué hago yo sin trabajo, con una nena de 5 años y mi horario para laburar reducido?!

Manuela junto a su hija Kenya y a las docentes de Diseño Textíl, recibiendo el certificado por su capacitación

prestó la máquina recta, y de un día para el otro me vino una overlock. Estaba arrumbada, no se vendía por viejita, la probamos y nos re sirve; somos dos en el proyecto, vamos de a poquito. ¿Visitaste muchas oficinas del Estado para ver si recibías ayuda? La verdad, no muchas. Soy de las que me caliento poco cuando veo negatividad. He ido cuatro veces, he preguntado, les he pedido ayuda, pero con el tema de que no tengo documento argentino, las puertas se me cierran. Y más con “la precaria”, un documento que me dan por mes y ya tengo que ir otra vez a renovarlo, es un desastre. Me canso de ir, tocar una puerta y que me digan que no. Tengo un sueldo de 4.800 pesos, más lo que hago para YoNoFui y mis cosas. También seamos realistas, no es que salgo y me vendo todo, no es un trabajo seguro. Lo ideal sería tener un ingreso estable todas las semanas, mudarnos. Porque en la piecita de mi socia tenemos las máquina y en la otra dormimos las tres y son 3900 pesos, es mucha plata. Fui a la Defensoría del Pueblo para pedir una Ayuda habitacional. ¿Con la precaria podés tramitar un monotributo social? No. Fui a la calle Venezuela al 800, me atendió una trabajadora social y le expliqué: estoy por finalizar mi libertad condicional y el padre de la nena no está. Tengo todo trabado en Tribunales. El Juez primero 36

¿Tenés un margen de horario para trabajar? Es un círculo vicioso: no tengo familia que me cuide la nena y si alguien lo hace tengo que pagarle, pero no puedo pagarle porque no tengo trabajo. Ya he ido a Pavón y Entre Ríos a pedir y me dijeron que no. En la precaria sí te pueden dar subsidio habitacional. Tengo todos los papeles, voy a ir con todo para hacer cola porque sólo dan 20 números. Ya estuve desde las 9 para que me dijeran eso y se me venció la precaria, entonces debo ir a migraciones otra vez a decirle a la abogada “hazme algo para que me la den por 3 meses”, porque cuanto junto todos los papeles para presentarlos en un lugar se me vence y tengo que volver para atrás. Mañana me toca ir, iré a las 6, la niña no irá al jardín, y llegaré primera y que me den el subsidio y el ticket social, para sumarlo a lo que hago y sobrevivir. Porque a mí la cabeza me funciona todo el día, y pienso, en esta situación que estoy viviendo no quiero hacer lo que no debo por falta de ayuda o por la falta de un Juez que mueva el trasero, al que le estoy diciendo que el padre de mi hija está en Ecuador, que averigüe directamente. Pido una audiencia con el Juez para explicarles y no me la dan. ¿Por qué no te dejan hablar con el Juez? Supuestamente no se puede, el abogado me dice “¿qué le vas a decir?”. Yo sé lo que le tengo que decir, sé hablar... Que vine a la Argentina con una nena chiquita, cometí un delito, me hice cargo y estoy a punto de terminar de cumplir con todo lo que pasé; que no soy de acá y no tengo derecho a documentos argentinos, que me quiero ir a mi país, que acá no tengo familia, ni trabajo ni quien se haga cargo de la niña y si no trabajo la niña no come, y que si yo me enfermo, ¿dónde va ir a parar? Que el padre la abandonó hace mucho y ni siquiera está en Argentina, que no se ha hecho cargo de mí en la condicional, que le he hecho denuncias por maltrato físico y psíquico a mí y a la nena. ¿Tengo que cometer otro delito para encarcelarme? Que me deje ir a mi país de origen donde mi familia me va a ayudar. Querés mostrarles que estás haciendo las cosas bien... Si estoy allá me ayudarían porque verían que realmente no estoy con el padre de la nena, ellos no aprobaron nunca esa relación. Mi hija mayor


tiene sus dudas, pero aún así me mandó ayer 30 euros; para un atado de cigarrillos, no me manda más porque piensa que lo voy a utilizar para otras cosas. Me están obligando a que agarre el teléfono, haga una llamada y se acabe toda la historia, puedo sacar a la nena del país y nadie se entera, ¿pero qué me cuesta? No puedo hacer eso, no me da el cuero ni las circunstancias, porque serían tremendas las consecuencias. Pero de cierta manera, yo, pensando mi cabecita, me digo: sería tan fácil conseguir plata, poder salir de acá y no estar padeciendo. ¿Qué te dejó el estar en la cárcel? Que una es fuerte, que puedo salir adelante sin tener que recurrir a cosas a las que uno recurre en un momento de desesperación. Que aunque no tenga qué comer todo el día, tengo dos brazos, dos manos, dos piernas, me puedo mover, vender algo, buscar la moneda de manera legal y honradamente sin tener que estar ni robando (bueno, yo no sé robar), ni traficando ni haciéndole mal a nadie. No hay que desesperarse; yo fui a parar a la cárcel por mi desesperación en España, todo se venía abajo y me metí en más de lo que podía abarcar. Fui muy ambiciosa, no sabía lo que es ser pobre, tenía mi casa, mis autos, mi moto, un trabajo. Pero mi hermana tiene un restaurante, me dije “la voy a superar” y ahí me cagué. No le hice caso; ella me decía “no es el momento de ponerte nada porque está viniendo la crisis”. Me fue bien el primer año, el segundo me fue mal... le debía a los proveedores, no quería que me quitaran nada, me empecé a endeudar, se me hizo una bola que no se podía parar y la única manera que encontré fue mandándome una de estas. Fue la primera, de allá a Ecuador y de Ecuador para acá, y ahora no tengo absolutamente nada. ¿Creés que en España podrías haber salvado algo? O perder todo, pero libre. Empezar de nuevo y en mi país, con mi gente. Haber nacido Kenia en España. Me desesperé cuando estaba embarazada y perdía todas mis cosas, y el bebé con un problema renal, se me juntó todo. Mis hermanas en vez de apoyarme me maltrataron, decían “tenés que abortar porque sos una mujer grande”, mi vida fue un caos y dije “¡A la mierda! Me voy, gano algo de dinero, vuelvo a remontar y que me dejen en paz”. Y no. En Ecuador estuve 18 días detenida, durmiendo en el piso y malcomida. Pero me soltaron, porque allá para el presidente Correa una mujer embarazada, cometa el delito que cometa, no tiene que estar detenida.   •

OPINióN 

por Carina Panelo

“Toda una vida dejo en la cárcel y hoy me cuesta tener que despedirme”

F

ueron muchas las veces que me tocó la libertad y todas me han dado la misma sensación: de miedo, de soledad, de persecución. Y la maldita droga que siempre está. Esta vez, el desafío más grande lo estoy padeciendo en los últimos cien días que me quedan de encierro. Dejo en ellos una lucha inmensa contra el sistema, contra mí misma y contra el maldito pasado, que me quiere pisar los talones para que vuelva a tropezar. Toda una vida dejo en la cárcel y hoy me cuesta tener que despedirme y decir “adiós, acá ya no hay lugar para mí, ni para la cabeza que hoy tengo”. No volverán las viejas compañeras de condena ni tampoco aquel embarazo, y ese niño que dejó de existir cuando vino al mundo. Me siento rara escribiendo estas líneas, como si quisiera despedirme de la cárcel que tantos años me resguardó del infierno que vivía en libertad y yo no había elegido. Mi familia, a veces, creo me recuerda, culpándome de tantos años de cárcel y consumo, para no reconocer que la falla y la semilla del mal la habían sembrado ellos. De ese barrio y de esa familia también debo despedirme, ellos no me han dado nada bueno, ni la sensación de felicidad. Ojalá todo quede en el recuerdo. Hoy estoy acompañada por buena gente, que me eligió y elige acompañarme en mi lucha para tener por fin una vida en paz. Todo será un cambio muy grande, una pelea interna que debo superar.  •

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ENTREVISTa 

por Tinta Revuelta.  fotos: Luis Beltrán

“Es imposible no tomar partido, uno está claramente de un lado”

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La actriz Cristina Banegas recibió en su casa a YoSoy y, mates de por medio, habló de su trabajo docente en la cárcel, el “cirujeo” en la actuación, la forma de trascender el miedo en el escenario y la importancia de militar desde el arte.

D

iminuta e inmensa, Cristina Banegas nos recibe en su hogar. Entre risas y fotos, su voz espesa y grave nos invita unos mates. La ronda empieza tímida, pero de a poco se distiende. Banegas acompaña sus respuestas con mirada intensa y, como en el teatro, administra sus silencios. Exiliada “voluntariamente a la fuerza”, ganadora de innumerables premios, hija, madre y abuela, se hace tiempo para dar clases de teatro en alguna unidad penitenciaria o asistir a marchas de resistencia. La actriz, de 67 años, nos sugiere que entremos a su página web (cristinabanegas.com.ar) donde está todo lo que hace. Tango, textos, audios y videos. A pesar de estar en su casa, antes de empezar pregunta si a alguien le molesta que fume y se pone a armar un cigarrillo. ¿Dictaste talleres de teatro en las cárceles? Sí, en la Unidad 48, con varones, y en la 33, de La Plata. Tengo una anécdota: los viernes iba a la U48 con Gabi Saidón. Para llegar a dar clase tenías que pasar varias puertas y un gran garaje con coches. Yo siempre iba haciendo un chiste: que íbamos en una visita guiada, yo era el guía y decía “acá a la izquierda, el desarmadero”. Meses después sale una nota de [Horacio] Verbitsky en Página 12, “Descubren el desarmadero de la Unidad Penitenciaria 48”. Le escribo: “Perro, me pasé un año yendo y todos los viernes sigo haciendo el mismo chiste, era como irresistible, no podía no ser eso, ¡una industria!”. Como todos los chistes decía la verdad, revelando lo innombrable... ¿La cárcel fue lo que esperabas? Me hice varios amigos adentro, dirigí una obra de Griselda Gámbaro, Decir Sí. Y ellos habían preparado ya otra de [Carlos] Gorostiza, El acompañamiento, y los ayudé un poco. Después hicimos Decir Sí en la cárcel, en la UNSAM y en El Excéntrico, fue fantástico. Y hablaron muy bien un par de presos, que ya eran ex presos y se habían recibido de sociólogos. Era muy gracioso, porque El Excéntrico es chiquito, una casita chorizo con muchos vericuetos, lugares que uno va emparchando y agregándoles cositas... entonces los canas estaban como locos, decían los puntos de es-

cape con nombres bien como hablan los canas, muy divertido [Nota de la Revista: Cuando a una persona privada de libertad se le concede una salida cultural, personal del Servicio Penitenciario debe ir a analizar el espacio e identificar los probables puntos de escape y, el día de la salida, debe acompañar al detenido y vigilarlo las horas que haya sido autorizado a estar fuera del penal por el Juez correspondiente]. Fue una jornada muy conmovedora, ese día uno de los presos, José, conocía a su hijita, Jessica, que acababa de nacer, así que fue una noche única, inolvidable. ¿Habías estado en una cárcel antes de esa experiencia? Había ido a La Plata para dar un taller a un grupo de mujeres y salieron unas improvisaciones muy fuertes pero no hubo continuidad, habían puesto varios talleres a la misma hora, el mismo día. Y fui a Ezeiza con Albertina Carri a proyectar la película Géminis, en la que he hecho intervenciones. El Servicio Penitenciario interpone talleres permanentemente. Claro, estabas haciendo un laburo que es de viernes a viernes con alguien y si no viene no se arma nada. Después nos pasó de todo, como un cana que estaba haciendo guardia en pedo y comenzaba a tirar tiros a la noche; había herido a unos cuantos hacía muy pocas horas... Esas cosas pasaban. ¿Cómo se mantiene a raya el miedo a salir a escena? Se llama contra-fobia. Trato de concentrarme mucho antes de entrar haciendo ejercicios de meditación, calentando la voz, timbrando, aflojando. ¿Mutó ese miedo o es siempre el mismo? El miedo es vivo, creo que se va renovando. La primera vez que hice teatro después paré 5 años. Hice un poquito de TV, cosas sueltas, y cuando volví a debutar, digamos, estaba al punto de un infarto, me iba a morir, sentía pánico. Ahora el miedo no llega a ese nivel de infarto; es mucha adrenalina, mucha inseguridad, pero bueno, a subir al escenario y a poner toda la carne al asador. 39


ENTREVISTa 

por Tinta Revuelta

¿Una vez que subís al escenario ya está? Más o menos. En Los caminos de Federico, que estoy todo el tiempo arriba del escenario sola, sería imposible mantener un nivel de concentración. Vas remando y de repente agarrás una correntada de algo poderoso y pasás un rato extraordinario; pero no pasa todo el tiempo y todos los días. Con Lorca por ejemplo, me pasa que hay poemas que son tan conmovedores, tan preciosos, que es un gran placer hacerlos. Eso también dialoga con el miedo y lo corre, pero no se va. Diría que hay cosas que me generan más miedo, más exigencia, más responsabilidad. Cuando cargás con la responsabilidad de una obra, como decía Alberto Ure: “Sos el cadenero, el caballo cadenero y el que tira de los otros caballos que tiran del carro”. ¿Hay algún personaje que hayas interpretado con el que te identifiques más? No siento que tenga que ver con una identificación, trabajo con la ficción. Medea mata a sus hijos, son barbaridades de tragedia griega. Más allá de que tengas ganas de matar a alguien, no me puedo identificar; uno puede construir esa furia, esa oscuridad y esa situación, pero con el imaginario. De pronto veo en una película en que una actriz está haciendo algo con una tacita y esa tacita empieza a temblar... uso esa imagen y la meto en una obra. La actuación es una construcción, hay algo de cirujeo. Vas afanando de acá y de allá, rasguñando y encontrando diferentes imágenes, acciones, signos, para ir formando el personajes, es bien delictivo. Un poco es como cocinar con lo que hay, con el “aquí y ahora” de cada día y de cada noche. ¿Cómo preparaste tu personaje en Mujeres Asesinas? Fue una experiencia muy fuerte y hubo que trabajar en lugares inhóspitos; no era que parabas a la hora de comer y te ibas a una parrillita... ¡nooo! Pero el cirujeo es aplicable también cuando se hace buena TV. Trabajábamos con el director Daniel Barone, que le da mucho espacio a los actores para que propongan. Una noche llegué a mi casa reventada, hice zapping y había una manada de leonas en Animal Planet. Me quedé ahí clavada, salían a cazar. Estábamos grabando un capítulo de Mujeres Asesinas en donde no era sólo la protagonista la que mataba, era toda la familia, el caso de la pastora [Milagros R]. Con los actores nos daban ataque de risa porque matábamos como a cinco, era todo terrorífico, estábamos en la motorhome tomando fernet como locos. Son esas cosas que te matás de risa de la angustia por40

que tenés que ir a clavarle un cuchillo en la garganta o cortarle la lengua a otro, unas salvajadas. Voy al día siguiente a la grabación y le digo a Barone: “Vi esto en la tele”. Cuando salimos con mis dos hijas, el marido y el nieto a buscar a la siguiente víctima, que era un travelling con los galpones de Liniers atrás, de ferrocarriles, les propuse imitar esa mirada de las leonas, el ritmo. Era impresionante la caminata, tenía cadencia, iban juntas y acechando, en armonía, con la cabeza baja y la mirada alta. Quedó buenísimo. La realidad siempre te provee, si estás perceptivo y observás, siempre encontrás algo. Cuando interpretás a alguien que vive, ¿te gusta conocer a esa persona? No, nunca lo hice. Las únicas personas vivas que interpreté eran mujeres asesinas. Por ejemplo Emilia Basil, que hace en su restaurante empanadas con el cadáver del hombre al que mata. Sí supe que a Nacha Guevara cuando hizo de Yiya Murano ella la llamó, la citó, quería asesorarla. ¿Tenés algún limite ideológico con los personajes que elegís? No, por ahí hay obras que no haría, o no haría un programa con el que no esté de acuerdo ideológicamente. Lo que elijo hacer puede salir bien o mal, el resultado estético es otra cosa, pero he sido muy coherente por una cuestión más de estómago. Hay cosas que no podría hacer. Nunca sería jurado del programa de Tinelli, ningún dinero del mundo me lo pagaría. ¿Fuiste a comer con Mirtha Legrand? Hace unos 15 años, pero no entré. Me invitan al programa y mi marido, Cacho, que estuvo 7 años en el exilio, me dice: “¿Preguntaste quiénes son los otros invitados? Mirá si son [Aldo] Rico o [Luis] Patti”. Llamo, pregunto y todo bien. Voy al día siguiente, hay unas paredes del estudio, una recepción y un señor parado de espaldas. El tipo se da vuelta, lo miro: “¡¿Usted es Patti?!”. “Sí”, me dice, me doy vuelta y salgo del estudio. Mirtha ya estaba presentando el programa, ve movimientos raros, no sé qué dice y salen atrás mío dos o tres asistentes. Les dije que yo pregunté quiénes iban a estar y respondieron “es que a último momento nos falló un invitado y lo invitamos a Patti”. “No me siento a la mesa con torturadores”, dije y salí disparada. Fue una cosa impulsiva, no me podía detener nada ni nadie en el mundo. Llegué a mi casa y me empezaron a llamar de todas las radios. Después fui otra vez y ahí sí entré, ahora no iría.


¿Qué pensás del discurso de ciertos sectores que piden condenas más largas y cárcel para todos? Es tremendo; estaba viendo documentales de la Segunda Guerra Mundial, de Auschwitz. Es el mismo pensamiento, “hay que meterlos presos a todos”, “hay que matarlos a todos”, dice lo mismo, es la misma ideología. ¿En algún momento te fuiste perseguida de la Argentina? Sí, a España, desde el 79 al 83, pero no estaba perseguida. No podía trabajar en algunos canales y me echaron de un programa en Canal 13 por una transgresión que hice: la redacción de una revista que se llamaba Buenos Anuncios, hecha por niños de unos 12 años, y yo era la Secretaria de redacción. ¡Lo que se hacía era dar los buenos anuncios desde la dictadura! Yo tenía una amiga en la cárcel de Devoto, presa política, entonces le escribí una carta a Massera (un Día de la Armada nos habían dicho que nos iba a recibir) pidiéndole por la libertad de ella. No estuvo Massera, pero sí su secretario privado; cuando nos íbamos le entregué la carta y los productores del programa vieron todo. No tenía oportunidad de hacerlo sin que me vieran y me echaron, claro. Al mes me citaron de ahí y no fui, que me vengan a buscar. ¿Creés que el trabajo artístico puede modificar la vida de una persona que está presa? Sí. En los talleres que di llegamos a que los hombres pudieran armar dramaturgias, construir infraestructuras a partir de improvisaciones y elaborar una obra corta con diálogos escritos por ellos. Para algunos fue fundamental, creo que cualquier disciplina ayuda. Además, sumaron la carrera de Socio-

logía y les abrió la cabeza. ¡Escuchar hablar a Ángel esa noche de estreno! Cuando salió de la cárcel y volvió a la villa, a la Cárcova, armamos una movida, hice de Eva Perón en la hoguera y creó una biblioteca popular a la que nombró Juan Gelman. También se llamaba así la biblioteca de la cárcel y el lugar donde dábamos clase se llamaba El Eternauta. Estaban las Madres de Plaza de Mayo y sus grafittis estaban prohibidos, pero ellos ideologizados, bien, como tiene que ser. Creo que todo eso no se siguió. Cambian las autoridades, cada semana una traba distinta, toda clase de escenas. Yo no la pasaba tan mal porque los actores tenemos algo que despierta cierto cholulismo, los ratis también son cholulos y dentro de todo no me maltrataban demasiado. Cuando fue la toma de la Sala Alberdi manifestaste tu apoyo y te vimos en fábricas recuperadas leyendo, cantando, ¿un artista debe tener un compromiso de ese tipo? Sí, supongo que es casi imposible que no haya una construcción de la ética y estética, hay de todo en la viña del señor. La realidad, nuestra historia, las dictaduras, 30.000 desaparecidos. Si no tenés conciencia de lo que pasó, si no tenés un pensamiento y una posición sobre eso, o sos un facho hijo de puta o sos un tarado. Es imposible no tomar partido, uno está claramente de un lado. He sido consecuente; el hecho de ser una persona pública y de tener cierto reconocimiento me da un poco de chapa, me convocan para que opine o para que firme. ¿Hay fantasmas en el Cervantes? Y en el San Martín también. Además está la madre, la hija, el hermano, ¿entendés?  • 41


tienda Reina en un juego del Jardín de Infantes, en una foto tomada en el Taller Luz en la Piel

Reina Vallejo

Fotógrafa y encuadernadora, Reina alegra las tardes de la sede de YNF. A un año y medio de recuperar su libertad, también se capacitó para ser parte del equipo de ventas de la cooperativa de trabajo.

R

eina Vallejo es una de las productoras de la Cooperativa YoNoFui. Llegó a la organización a partir del Taller de Fotografía estenopeica dictado por Alejandra Marín y Constanza Cantero en la Unidad 31 de

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Ezeiza, y es una de las autoras de la muestra “Iluminaciones”, realizada junto con el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti: “Siempre me gustó el arte, el dibujo, la pintura y la comunicación. Me anoté en el taller un

poco por fotografía y otro poco porque podíamos leer. Leímos El diario de Frida Kahlo: Un íntimo autorretrato y ella marcó mucho el taller. Yo la incluí en una de mis fotos.”, nos cuenta.


agrupaciones amigas; hoy habla: Hoy, ya en libertad, participa del Taller de Encuadernación. Es parte fundamental del equipo que encuaderna artesanalmente los libros, agendas, cuadernos y libretas. Reina le agarró rápido la mano al oficio; y tiene una facilidad natural para lo que involucre creatividad, también fruto de sus dos años de estudio en el IUNA. “YoNoFui es para mí un espacio de contención, me siento muy acompañada”, asegura Reina.  •

Limando Rejas L

imando Rejas es un colectivo que forma parte de la organización política Usina, conformado por personas que están o estuvieron privadas de su libertad y otras comprometidas con la disputa en favor del efectivo cumplimiento de los derechos de quienes viven o han vivido el encierro carcelario. Surgió principalmente frente a la realidad de las cárceles argentinas, cuyas condiciones atentan contra la dignidad humana, y de la propia necesidad de quienes se encuentran privadas/os de su libertad, de organizarse y discutir estrategias colectivas para garantizar el ejercicio de los derechos humanos, que son diariamente vulnerados por su condición de detenidas y detenidos. Nuestros principales objetivos son la reivindicación de quienes se encuentran privadas/os de su libertad como sujetos de derechos, el empoderamiento a través de la organización colectiva y fortalecimiento de las capacidades para actuar por sí mismas/os en defensa de éstos, para exigir su cumplimiento y garantizar su ejercicio a partir de nuevas herramientas que provee la propia organización; así como

para tomar decisiones que hacen a las condiciones de su detención a través de métodos creativos y que no necesariamente se limiten a la judicialización. Exigimos la vigencia de los derechos y garantías constitucionales, así como también de medios accesibles, eficaces y eficientes para reclamar su cumplimiento. Entre otras actividades, desarrollamos un Taller de Derechos Sociales en el Centro Universitario de Ezeiza (CUE) del Complejo Penitenciario Federal Nº IV de Mujeres, que ya cumple su tercer año de existencia. Es en parte a raíz de los intercambios de experiencias y reflexiones de este taller que tomamos conocimiento de las situaciones que se presentan en este trabajo. Quedamos a disposición de las/los lectoras y lectores de la revista.  •

Contacto: limandorejas.blogspot.com.ar twitter: @LimandoRejas  facebook: Limando Rejas limandorejas@gmail.com

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egreso 

por Ramona Leiva Ilustración: Ramona Leiva. Taller de Dibujo y Experimentación Gráfica YNF, 2013

Último día en el penal U

na madrugada me llevaron de mi casa y dejé a mis niños. En ese momento, no me di cuenta más que de eso. Un viernes después de tres años y medio regresé, por la noche. Un amigo me fue a buscar al penal –yo no le había avisado a nadie porque nunca estuve segura de si realmente iba a salir. Este amigo, que además era mi vecino, vivía enfrente de casa; me dejó en la puerta, puso 50 pesos en mi mano y dijo: “Yo hasta acá llegué. No te voy a acompañar hasta dentro. Cualquier cosa que necesites me avisás”. Y toqué el timbre. Salió una de mis hijas preguntando quién era... “Yo”, decía con una voz bajita... no me salía nada, y de nuevo “¡¿quién es?!” , “Yo, mamá”... ¡Es mamá!, grita y le avisa a sus hermanos... La más chiquita se estaba bañando y escucho que dice: “No estén mintiendo porque no salgo más de la ducha”. No creía... Me abren la puerta entre toda la emoción y el susto. Creo que más que nada uno tiene miedo cuando sale; después todas las cosas te asombran, pero ese miedo que todos tenemos no sé por qué es tan fuerte. Y entré a mi casa. Mis 44

hijos estaban haciendo pizza y me senté a la mesa... Cuento esto, porque me pareció que la casa estaba en penumbras. Fue una sensación rara... como que las luces estaban bajitas. Comimos, hablamos, estaban todos felices y sorprendidos porque no me esperaban. Pero es raro: te sentás a la mesa con tus hijos y tus hijos ya no son los que dejaste. Habían pasado casi 4 años y sentía una incomodidad, una sensación de entre soledad y vacío, más que de extrañeza… Y ahí estaban mis niños, ya no tan niños. Ahí empecé a tomar realmente consciencia del tiempo. De todo el dolor que había sentido y el dolor que había causado. En mi caso, mi marido también había estado conmigo. Las huellas de lo ocurrido se veían en la cara de mis hijos, unos con más bronca que otros, tal vez por la edad de cada uno de ellos. Una se siente extraña en su propia casa. Las cosas parecían recién puestas en cada lugar. Una vuelve a recordar que era parte de aquella vida y de esta vida que volvía a vivirse. Una vuelve a sentarse en la mesa donde se había sentado, en la misma silla, que ahora parece más cómoda y gastada. Te acostás en tu cama, compartida con tu amor tantas veces, pero

parece tan distinta... Lavás los platos con tus manos torpes, porque te pasaste tantos años lavando vajillas y vasos de plástico que ahora el vidrio y la loza te parecen pesados y frágiles. Recuerdo que al día siguiente de volver a casa me levanté a la hora del recuento. Tomamos mate, y a la tarde fuimos a caminar por Ballester con mis hijas. Me hablaban y las primeras palabras las escuchaba, pero después mi cabeza no podía procesar todo... y por momentos me reclamaban, me decían “no me estás escuchando”. Yo las veía hablar pero no me entraba lo que decían o me perdía en la conversación. Es como que estás en otro tiempo diferente al que ellas están viviendo... me costaba lo cotidiano, viajar en colectivo, esas cosas; igual yo salía. Lo transcurrido estaba ahí, en mis hijos, en mi casa, en mí, sin saber en ese momento qué hacer. Solo teniendo más amor, pero también más miedo aunque podría decir pánico, no sé si puedan entender: el pánico es algo muy grande y se puede llegar a interpretar como paralizante, pero no, porque tenía mucha fuerza para seguir. Ya afuera de la ciudad. Yo en esa otra ciudad de adentro.


Yo afuera con todo el tiempo. Ese tiempo interminable del adentro.

Recuerdo dudar si hacer venir a la familia a la visita, porque se tiene la necesidad de ver, acariciar, hablar con los hijos, pero también se sabe que antes de que lleguen a nuestro encuentro viajaron horas en colectivo y combi...

Me cuesta acostumbrarme, y eso que ya llevo un año y medio en libertad. Recuerdo que en esos tiempos de verano, en el penal había que tratar de conseguir una botellita congelada para poder tomar algo que calmara al calor. Recuerdo dudar si hacer venir a la familia a la visita, porque se tiene la necesidad de ver, acariciar, hablar con los hijos, pero también se sabe que antes de que lleguen a nuestro encuentro viajaron horas en colectivo y combi (vehículo que hace un trayecto exclusivo al penal) e hicieron varias horas de cola pasando por trámites y requisitos (presentación de documentos de identidad junto con la tarjeta de autorización de visita, revisada del cuerpo y de la vestimenta) y todo los hace parecer a ellos también condenados. Recuerdo cómo el amor dolía y me fortalecía, hice todo para no verlos sufrir. Los veo a cada momento y me aguanto de no demostrarles con besos y caricias excesivas todo lo que me hicieron falta. Ahora están a mi lado y puedo disfrutarlos, gracias a Dios puedo volver a ser su mamá.  • 45


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Corré la voz: YoNoFui te espera

YoNoFui te espera: si estás por salir en libertad, o ya saliste, comunicate con nosotras a:

11 6172 3202 11 2331 6716 • Talleres de formación en Artes y Oficios • Grupo de apoyo para liberadas • Asesoramiento y contención para los primeros tiempos en el afuera. No estás sola. mail: info@yonofui.org.ar   facebook: Yonofui ong

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¡Vamos por nuestra escuela! Después de más de diez años, logramos tener un espacio propio en la ribera del barrio de La Boca. Y ahora nuestro proyecto es construir allí, en la Av. Pedro de Mendoza al 2700/800, una sede en donde desarrollar nuestro trabajo institucional, visibilizar la problemática de las mujeres privadas de libertad, acompañar a las personas que pasaron por contextos de encierro y luchar por construir una sociedad menos injusta. El objetivo es hacer realidad nuestra Escuela de Talleres de Formación y Producción en Artes y Oficios, abierta a la comunidad, con aulas, maquinaria, galería de exposiciones, biblioteca, salón de usos múltiples, un comedor, una tienda y un lugar para los más pequeños para que sus mamás puedan asistir a los talleres. ¿Qué necesitamos? Aliados estratégicos que nos acompañen con materiales, donaciones, y siendo nuestros sponsors. Podés donar online, mediante transferencia bancaria, comunicándote con nosotros a: donaciones@yonofui.org.ar http:donaronline.org/yonofui/vamos-pornuestra-escuela Podés ser parte de este espacio de construcción colectiva.


El cuerpo habla un mapa de la crueldad 48

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YoSoy Número 2  

Segunda edición de YoSoy, la revista del Colectivo Editorial Tinta Revuelta, el Taller de Periodismo de YoNoFui.

YoSoy Número 2  

Segunda edición de YoSoy, la revista del Colectivo Editorial Tinta Revuelta, el Taller de Periodismo de YoNoFui.

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