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Collares provenientes de San Pedro Sacatepéquez. Se usa una tonalidad celeste distinta a la de Patzún. Las sartas de cristal checoslovaco son de principios del siglo XX.

contenido pág.

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EDITORIAL

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JOYERÍA PREHISPÁNICA Coralia Anchisi de Rodríguez

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INFLUENCIA HISPANA EN LA JOYERÍA COLONIAL Coralia Anchisi de Rodríguez

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SIGLOS XIX Y XX

Coralia Anchisi de Rodríguez

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TRADUCCIÓN


#45

EDITORIAL GALERÍA GUATEMALA

Consejo Editorial: Estuardo Cuestas Morales Mario Estuardo Montes Granai Carlos Díaz–Durán O. Carlos Enrique Zea Flores Egemberto Alvergue O. María Olga Granai de Zoller Dirección Ejecutiva: Mariflor Solís Edición: Roberto Broll Asistente Editorial Beatriz Quevedo Asistente: Mónica Chávez Diseño: Ximena Chapero Gestión: Andrea Barrios de Correa e Iracema Guzmán Distribución: Tienda El Chayal, Artemis Edinter, Village Books, Sophos, Culinaria, de Museo, Casa de Artes, Metáfora, CIRMA. Óscar García y Elvin Martínez Traducción Beatriz Quevedo Alcira García-Vassaux Impresión: Print Studio Fotografía: Carol Schutt, Fernando Camposano (páginas 12, 17, 18, 21, 25, 66, 76, 86, 94), Jeffrey Obregón (páginas 18, 19, 23, 28, 33, 35, 68, 76), Roberto Cruz, Mariflor Solís, Fototeca Guatemala CIRMA, Casa Popenoe, Roberto Sacasa © Editorial Galería Guatemala Año 15, Número 45 Guatemala 2013 Fundación G&T Continental 6a. Avenida 1–27, Zona 4 Edificio Mini, torre norte, 5º. piso, Ciudad de Guatemala. Teléfonos: 2339–3257, 2339–2282, 2339–2198, 2379–8983 adireccion@fundaciongytcontinental.org www.fundaciongytcontinental.org Los fondos que se recauden con las donaciones recibidas por esta publicación están destinados al apoyo brindado por Fundación G&T Continental a la conservación del patrimonio cultural de Guatemala y a las actividades que con esta finalidad promueve y copatrocina.


EDITORIAL J OY E R Í A G UAT E M A LT E CA

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a joyería es un elemento que ha acompañado a las diferentes civilizaciones y grupos sociales a lo largo de la historia de la humanidad. Elemento de ornato personal y símbolo de identificación de determinado grupo, la joyería ha sido usada para precisar el estatus del ser humano, quien demuestra con ello su pertenencia y rol social.

Guatemala no ha sido la excepción. Desde tiempos remotos, los antiguos mayas definieron su papel dentro de la sociedad de acuerdo a los elementos que los ornaban. El jade, concha, obsidiana, barro, plumas, pieles, oro y tumbaga, entre otros, fueron utilizados como joyería para configurar la iconografía personal en su papel dentro de la nobleza, el clero o simplemente como otro miembro más del conglomerado social. Posterior a ello, y luego de la Conquista, se modificaron los patrones sociales, cambiaron los roles, y los españoles introdujeron nuevos elementos a la joyería que se usaba en nuestro territorio, como cuentas de cristal, monedas, cadenas de oro y plata, dijes de diversas formas y motivos, muchas veces con el fin de evitar el mal de ojo. A partir de entonces, la joyería guatemalteca ha evolucionado, utilizando los metales nobles, cuentas de diverso material y procedencia, semillas, monedas de todo tipo cuya circulación fue oficial en nuestro país, piedras preciosas y semipreciosas, corales, azabaches y elementos precolombinos, que han hecho que nuestra joyería sea única y particular.

Collar guatemalteco de falso coral o coralío, principios del siglo XIX. Se diferencia del moderno por tener color muy similar al del coral mediterráneo (rojonaranja). Lo remata un medallón con el águila bicéfala, penden adempas un hombre, una mujer, una paloma y un cupido, todos símbolos relacionados con el amor. Se encuentran también cuatro campanillas para alejar el mal y varias monedas de 8 reales o bambas.

No es mi intención ahondar en estas líneas sobre lo que el lector mismo encontrará y descubrirá sobre nuestra joyería en las páginas que a continuación le presentamos y cuyos textos le debemos a la acuciosa investigadora Coralia Anchisi de Rodríguez, cuya enorme dedicación ha dado como resultado un documento que desde ahora estamos seguros se volverá referencial para todo investigador e interesado en el tema. Agradezco a su vez, a los coleccionistas privados y a las instituciones que nos permitieron tener acceso a sus piezas para llevar al público un artículo único. Para Fundación G&T Continental es un verdadero gusto presentar esta edición de Galería Guatemala como parte de nuestras celebraciones de 20 años apoyando el arte y la cultura, con la seguridad que con ello estamos definitivamente contribuyendo al rescate, documentación y valoración de nuestro patrimonio cultural, en esta ocasión, manifestado en la joyería guatemalteca.

Lic. Estuardo Cuestas Morales Presidente

Joyería guatemalteca

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Prehispánica Coralia Anchisi de Rodríguez

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a joyería jugó un papel importante en el Período Prehispánico, ya que además de realzar la belleza física de los personajes públicos, los identificaba con un estatus político, militar o religioso; es decir que al observar a un individuo, cada uno de los elementos de su ajuar y sus características físicas indicaban su jerarquía. Estos personajes se valían de la pintura corporal, tatuajes, escarificaciones, perforaciones en la nariz, oídos y labio inferior, la deformación craneana e incrustaciones dentales para modificar su apariencia, alejándose de su naturaleza humana a fin de acercarse o identificarse con seres sobrenaturales o deidades con los cuales tenían alguna filiación. Estas transformaciones físicas solían complementarse una parafernalia que incluía máscaras, tocados con plumas y aplicaciones, joyería y vestimenta que los distinguía ante el pueblo como gobernantes, miembros de un linaje, guerreros o sacerdotes. Estos elementos eran utilizados durante las ceremonias y actos públicos, lo que seguramente causaba gran impacto en todos los asistentes. Se pensaba que la sangre de los gobernantes y sus familias era necesaria para mantener el orden cósmico y el ciclo de la vida terrenal. Ésta debía ofrecerse en ceremonias y sacrificios para saciar a las deidades que, a cambio de ella, enviaban la lluvia y permitían que la naturaleza siguiera su curso. Los miembros de la nobleza tenían la obligación de ofrecer este líquido vital ritualmente y se sangraban para alcanzar los favores de los dioses y evitar los desastres naturales. Algunas veces, estos actos quedaban plasmados en estelas, altares y monumentos que se erguían en las plazas y espacios públicos. Ejemplo de ello es el dintel 24 procedente de Yaxchilán, en México, que data del siglo VIII y en el que el gobernante Escudo de Jaguar está acompañado de su esposa, la Señora Xoc, quien derrama su sangre en un rito sagrado al pasar un lazo con espinas o fragmentos de obsidiana por su lengua o labio inferior.

Entre las joyas precolombinas, se encuentran los cascabeles que se adosaban a collares, muñequeras, tobilleras y a las prendas de vestir. Se fabricaron con metal y también de barro.

Los actores de este ritual visten toda la parafernalia real, con impresionantes joyas de jade, tocados, plumas y trajes finos de algodón que sirven para identificar su jerarquía. Esta escena es una de las tres tallas elaboradas para conmemorar el evento y legitimar al gobernante, a su esposa y a su descendencia ante sus súbditos.

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Materiales utilizados en la Joyería Los materiales que se usaron en la joyería precolombina provenían de Mesoamérica -el área comprendida entre México y América Central-, donde eran intercambiados mediante rutas de comercio establecidas entre los distintos territorios que conformaban el área. Entre los materiales más importantes se encuentran la obsidiana, piedras verdes (jadeíta y serpentina, entre otros), cristal de roca, conchas y caracoles, nácar y perlas.

Este material sirvió también para elaborar algunos objetos usados por la realeza, como navajas y cuchillos para sacrificios o algunas piezas de joyería, como las llamadas lentejuelas que consisten en láminas muy delgadas con un agujero al centro que se cosían o bordaban en los tocados y ciertas prendas de vestir. Sirvió también para tallar orejeras y otros objetos decorativos que posiblemente se adosaban a los tocados y la vestimenta.

En los últimos años del Período Postclásico llegaron también algunos objetos de oro, tumbaga y cobre, que por su escasez, eran muy apreciados.

El más importante de los yacimientos de obsidiana en Guatemala es El Chayal, ubicado a 25 kilómetros de la ciudad de Guatemala y donde se producía la materia prima de mejor calidad de la América Precolombina. El material extraído se preparaba descortezándolo para retirar las primeras impurezas y desde allí era llevado por cargadores hacia los centros de distribución, por los ríos que comunican nuestro territorio con México. Entre los sitios más importantes se encontraba la ciudad de Kaminaljuyu, en el área central de Guatemala y que según varios expertos tuvo el monopolio de la explotación y distribución de la obsidiana de El Chayal.

La Obsidiana Los yacimientos de obsidiana tuvieron gran importancia en el Período Precolombino, ya que antes de los siglos VII y VIII no se conocían los metales y, la obsidiana era el material con que se fabricaba gran cantidad de instrumentos utilitarios, especialmente instrumentos, armas y herramientas punzocortantes.

En México también existen algunos yacimientos donde se producía este mineral, aunque para Guatemala, el más importante fue el de Pachuca, que al igual que Kaminaljuyu, estuvo bajo la influencia teotihuacana hasta el Período Epiclásico (750 al 1000 d.C). El material de este afloramiento tiene la particularidad de tener una tonalidad verde, distinta a la de color gris que generalmente tiene la obsidiana de nuestro país. Seguramente el intercambio comercial o las alianzas entre los comerciantes de los distintos pueblos hicieron posible que llegaran algunos ejemplares mexicanos a Guatemala, donde tuvieron mucha importancia. Las obsidianas de color son raras y fueron muy apreciadas, especialmente la de color rojo que se producía en México. Otra variedad, la llamada meca, que tiene vetas corintas o castañas, era extraída del yacimiento de El Chayal, Este mineral se trabajaba usualmente con técnicas de percusión, desgaste, pulimiento o presión que permitían desprender lascas. Para hacer otros objetos era necesario trabajar sus filos y darles nuevas formas. Entre estos objetos, los más codiciados se conocen con el nombre de excéntricos, piezas excepcionales que sólo pueden ser fabricadas por maestros artesanos. Otros yacimientos guatemaltecos son los de San Martín Jilotepeque e Ixtepeque, cerca de la frontera con El Salvador.

Rana de conchas y caracoles con los ojos de obsidiana pulida, hallada en una excavación en Topoxté, Petén. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Ministerio de Cultura y Deportes.

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Pectoral de jade. Representa un personaje con tocado, orejeras y collar. Es usual que estas piezas tengan pequeños agujeros para colgar otras joyas de ellos, en este caso otro jade con la forma de un ave mítica.

Jade y Piedras Verdes Collar de jade precolombino con un pectoral y varias cuentas talladas, una de ellas con un rostro humano, al igual que el pectoral.

Los antiguos pobladores de nuestro país apreciaban muchísimo las piedras que tenían tonalidades verde-azules, a las que llamamos piedras verdes. La más fina y de mayor dureza es la jadeíta, aunque también se utilizó la serpentina, calcedonia y otros minerales que tienen el mismo color. Estas tonalidades se asociaban con el maíz y con la regeneración de la naturaleza. Era también el color que se ubicaba al centro de los cuatro puntos cardinales, en el centro de la tierra. Entre los aztecas tomó el nombre de Chalchíhuitl y los pueblos mayas lo llamaban Yax. El nombre jade con que lo conocemos hoy, se deriva del vocablo francés l´ejade que surgió del nombre que se le daba en español, piedra de ijada, ya que los españoles creían que este mineral era capaz de proteger y curar algunas afecciones de los riñones, por la misma razón que la nefrita, otro mineral que pertenece a la familia del jade, era conocida como lapis nephriticus.

Collar de jade precolombino con un pectoral y varias cuentas talladas, una de ellas con un rostro humano, al igual que el pectoral.

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Los tubos y las cuentas esféricas se utilizaron para formar piezas como muñequeras, tobilleras y collares.

Collar de cuentas de jade azul, uno de los minerales más apreciados en el mundo precolombino.

Estos minerales son naturalmente blancos y toman su color de otros minerales cuando se mezclan con ellos. Los colores más apreciados son el azul y el verde imperial, aunque se encuentran también en otras tonalidades como el verde oscuro, verde manzana, verde claro y negro. Otras veces, el verde aparece como una veta en medio de un campo blanco.

El jade se extrae en varios puntos de la cuenca del Río Motagua, en el Oriente de la república, desde donde se comercializaba hacia el norte usando la travesía del río de la Pasión. Se llevaba también hacia el Caribe y toda Centro América, especialmente hacia Copán en Honduras y Costa Rica. El mineral se tallaba y pulía en infinidad de formas, entre las más comunes se encuentran las esferas perforadas y los tubos, que unidos o engarzados servían para hacer brazaletes, tobilleras, collares y demás. También se hizo sartas talladas, discos, orejeras, pectorales, placas y narigueras.

Piezas de jade de menor tamaño o calidad, fueron usadas por los miembros de clases medias o bajas, ejemplo de ello es este collar que combina varios materiales como sartas de barro con engobe rojo, naranja, negro y blanco, tubos y esferas de serpentina, azabache y esquisto.

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Collar de jade con pectoral de ave hacha, producto del intercambio comercial de la época. Este motivo tiene su origen en Costa Rica, aunque también se han encontrado piezas con esta temática hechas con jade nacional.

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Vaso de Mosaicos de Jade De Tikal, Petén Período Clásico Tardío La elaboración de este vaso de mosaicos de jade fue solicitada por el soberano Yik´in Chan K´awil, que gobernó entre los años 734 y 746 d.C. Al morir, el vaso fue colocado dentro de su ofrenda funeraria, en el Entierro 196 de Tikal. Para su elaboración se emplearon cientos de pequeñas piezas de jade verde con tonalidades diferentes, logrando el artista un mosaico de gran refinamiento. El vaso se compone de dos partes, el objeto cilíndrico y la tapadera, que lleva al centro un asa decorada con la cabeza retrato del gobernante peinado como el dios joven del maíz. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Ministerio de Cultura y Deportes

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Collar que integra sartas elaboradas con la concha de varias clases de moluscos.Sobresalen las de color naranja y rojo, que eran de las más apreciadas.

Conchas, Caracoles, Perlas y Nácar Por las mismas rutas de comercio por las que se exportaba el jade y la obsidiana, llegaban a nuestro territorio bienes foráneos, algunos desde el mar, como es el caso de los caracoles, perlas, nácar y conchas. Entre todos los productos marinos, los más apreciados fueron las conchas de la especie spondylus, que tienen una tonalidad rojo-naranja. Algunas veces estos materiales se combinaron con otros o sirvieron como base para elaborar mosaicos junto al jade y otros materiales. Las perlas se usaron también y algunas han sido encontradas con un contexto funerario. Se caracterizan por estar perforadas con un agujero bastante grueso ya que no se contaba con herramientas metálicas para horadarlas, un detalle que las haría perder su valor en tiempos modernos.

Collar de concha y hueso. El pectoral y las distintas sartas de color naranja son de la variedad Spondylus, una de las más apreciadas por su color. Discos como el de esta pieza se asociaban con el sol. Tiene la imagen tallada del monstruo iguanajaguar, de cuyas fauces emerge el rostro de un personaje. Los caracoles son de la familia Olivaey se utilizaban también como cascabeles que emitían sonido al chocar unos contra otros.

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Cobre, Oro y Tumbaga El metal no se conoció en nuestro territorio hasta que las técnicas metalúrgicas llegaron a México y Costa Rica, de donde proviene la mayoría de los objetos de oro, tumbaga -una aleación de oro y cobre-, y cobre que se han encontrado en el país. Muchos de ellos se perdieron cuando los primeros conquistadores fundieron todo lo que encontraron en búsqueda de oro y riquezas.

Collar de oro precolombino, de tipo mixteco que llegó a nuestras tierras como producto del intercambio comercial de la época. Entre las piezas del collar destacan los cascabeles, muy populares aún en los primeros años de la Colonia.

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Collar de jade y oro, de estilo mixteca. En la joyería precolombina fue común la mezcla de varios materiales.

Collar de oro estilo mixteca, con cascabeles y pasadores para traspasar dos hilos de sartas.

Collar de oro estilo mixteca, con cascabeles y cuentas con forma de calabaza.


Collar de jade azul y una sarta de turquesa, que puede distinguirse de las otras por su color. Estas piezas se encuentran junto a varios cascabeles y cuentas de oro estilo mixteca.

Orejeras La utilización de estas joyas tenía también un contexto o significado ritual, como es el caso del acto público para horadar los agujeros de los lóbulos de las orejas en los que después se introducían las orejeras y que, según fray Bernardino de Sahagún, se llevaba a cabo públicamente en una ceremonia que se celebraba cada cuatro y ocho años, en la que la sangre derramada servía como ofrenda y el uso de orejeras indicaba que quien las usaba había ofrecido su sangre. La perforación de los lóbulos de los oídos se realizaba desde la infancia, los agujeros debían ensancharse progresivamente introduciendo objetos cada vez más gruesos y pesados para que los agujeros llegaran a tener el diámetro necesario a fin de ser traspasados por grandes orejeras o tubos de jade y otros materiales, que eran utilizados por los adultos.

Collar de jade con orejera redonda en el nudo. Las piezas con esta forma se usaron también en los tocados y los collares, generalmente en parejas, una a cada lado.

Piezas de jade labrado. Se usaron como orejeras, aunque también formaron parte de los collares, tocados y se cosieron también en algunas prendas de vestir.

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Los caracoles y las conchas se utilizaron para fabricar toda clase de adornos y joyas como pectorales, orejeras, brazaletes. Entre las más apreciadas se encuentra la variedad Spondylus, de color rojonaranja.

El investigador Enrique Vela indica que aunque existe gran variedad de formas, éstas pueden dividirse en dos formas básicas “…las que sencillamente se insertaban en el lóbulo (si bien de ellas podrían pender adornos) y las que estaban formadas por la orejera propiamente dicha atravesada por un tubo del que con frecuencia colgaban elaborados remates… Normalmente, la parte de la orejera que se insertaba presenta una especie de canal en el que encaja el lóbulo, aunque existen algunas con forma de gancho.” Estos objetos fueron fabricados en muchos materiales como cerámica, hueso, obsidiana, piedras verdes, conchas y oro en el Período Postclásico. Algunas orejeras no estaban hechas para traspasar los oídos, sino que se colgaban o fijaban en los penachos y tocados, frente a los oídos. Usualmente, éstas son planas y redondas; algunas son caladas, otras están decoradas con pequeños mosaicos de concha, jade, pirita y obsidiana.

A la muerte de un personaje real, era importante enterrarle con gran pompa y sobre todo colocar junto a él -o ella- sus posesiones más preciadas, que le acompañarían en su paso por el inframundo cuando surgiera nuevamente a la vida, demostrando su jerarquía.

No todas las joyas del Período Prehispánico estaban hechas de materiales preciosos, la gente común y los funcionarios que ocupaban cargosos menores utilizaron objetos de menor valor. Existe infinidad de orejeras y cuentas de barro, algunas muy finas y pulimentadas, en especial los escasos ejemplares del Período Preclásico que en su mayoría tienen engobe fino de color negro. Existen otras más gruesas y tardías, con un acabado más rústico y sin engobe. Algunas de ellas muestran restos de pintura roja.

El Bezote

Piezas de barro con un apéndice lateral en la base, que servía para fijarlo en los tocados. Es posible que también se usaran como orejeras.

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Algunas alhajas podían ser utilizadas exclusivamente por la realeza y los bezotes forman parte de este grupo. Se insertaban en un agujero que se hacía entre el labio inferior y la barbilla en el área que se denomina bezo, de donde toman su nombre.

La gran mayoría de las alhajas precolombinas que han sido recuperadas provienen de contextos funerarios en los que los gobernantes fueron depositados con ofrendas, entre las que se encuentran finas piezas de cerámica y gran cantidad de placas, tubos, cuentas de jade, y otros materiales preciosos. Entre las prácticas funerarias, se encuentra la del uso del cinabrio molido que se esparcía sobre el cuerpo del difunto y los objetos que le acompañaban, que daban la impresión de haber sido pintados de color rojo. Según algunos autores, esto se debió a la importancia de la sangre, según otras fuentes se trató de una forma de prevenir el robo, ya que el contacto o la inhalación de este mineral podía ser fatal para los saqueadores. Las perforaciones para insertar los bezotes se hacían también en ceremonias públicas. Llevar estas joyas denotaba la jerarquía de su dueño y era exclusiva de los jefes políticos, que además debían pertenecer a ciertos linajes. Cuando estos mandatarios eran hechos prisioneros, una de las mayores humillaciones que recibían era la de quitarles el bezote, ocasionando que la


persona perdiera saliva por el orificio, lo que suponía la pérdida de su estatus y una forma de humillación pública y degradante. Entre los mexicanos, esta alhaja se llamaba téntetl, que se traduce como piedra de labio y se fabricaba con diversos materiales y con varias formas.

Placas Las placas se usaron desde el Período Preclásico y se encuentran relacionadas con la cultura Olmeca. Usualmente son una especie de tablilla plana, que en algunos casos están grabadas con figuras o inscripciones como la de Leyden, otras son completamente lisas. Algunas presentan perforaciones que permiten colgarlas, otras no las tienen, lo que hace suponer que además de ser usadas como alhajas, pudieron ser ofrendas. Generalmente son de jade bien pulido y de buena calidad.

Discos y Pectorales Estas piezas son usualmente las más finas y ostentosas, se llevaban sobre el pecho o el abdomen, como remate de una gargantilla o collar. En algunos casos han sido hallados como ofrendas y en otros como parte de un ajuar funerario. Han sido fabricados en cantidad de materiales y técnicas diversas, con aplicaciones o mosaicos, tallas en bajo relieve, calados y líneas incisas, presentando muchas veces restos de pintura roja que queda depositada en las ranuras. En el Postclásico también se usó el oro o la tumbaga para su fabricación. Suelen representar animales, rostros, deidades y mandatarios. Collar de jade y varias piedras verdes que también eran muy apreciadas en la América precolombina. En la punta una placa de jade verde manzana y un pectoral rectangular de serpentina.

Entre las piezas más finas y más llamativas de joyería que se han encontrado en nuestro país, se puede mencionar tres pectorales del sitio de Topoxté, situado en una isla en la laguna de Yaxhá, un pectoral del Dios Itzamná y varios animales de nácar, concha, caracoles y jade, del Período Clásico Tardío. Otros objetos de gran calidad han llegado hasta nosotros, como el sapo con orejera de jade, proveniente de Tayasal. Los discos son también una especie o variante de pectoral, aunque se les llama así por su forma redonda. Algunos se hicieron de concha y otros de caracol.

Dios A o de la muerte elaborado de mosaicos de nácar y jade. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Ministerio de Cultura y Deportes.

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Las Narigueras Las narigueras eran uno de los símbolos de la élite precolombina; eran usados por personajes que ocupaban los rangos más altos de las sociedades prehispánicas. En algunos casos formaban parte del rito de entronización de un soberano que llevaban a cabo en un acto público, como ha quedado plasmado en varios códices mexicanos como el de Nutall, Becker, Bodlei y Colombino.

Otras tienen formas variadas, con algún tipo de punta o gancho que sirve para sujetarlas a la nariz, como sucede con las que ostentan las figurillas femeninas del área de Cotzumalguapa, en la Costa Sur.

Existen varias formas o tipos de narigueras, como las llamadas de barra o tubulares que traspasan la nariz por la parte central. En algunos casos se utilizaban tubos largos, usualmente de jade, que atravesaban el orificio de lado a lado.

Las narigueras que cuelgan de la parte central de la nariz y cubren la boca, se presentan de varias formas, muchas veces asociadas a las culturas teotihuacanas y que forman parte del atuendo de los personajes de los incensarios recuperados en el fondo del lago de Amatitlán en el sitio de Mexicanos o las tapaderas de incensarios con influencia teotihuacana de la costa sur.

Incrustaciones Dentarias

Fragmento de figurilla-silbato de la Costa Sur. Tiene una nariguera con dos piezas redondas a los lados de la nariz; algunas veces son planas y otras redondas.

Fragmento de figurilla de la Costa Sur. Ostenta una nariguera de influencia teotihuacana que pende de la nariz y cubre la boca.

Entierro 116 de Tikal, Petén Período Clásico Tardío El entierro fue descubierto en el interior del Templo I de Tikal. Ahí se encontró el cuerpo de Hasawa Chaan K´awil, uno de los más grandes estadistas en la historia de la ciudad, que gobernó entre los años 682-734 d.C. Entre su rica ofrenda se encuentran extraordinarios collares, brazaletes y cinturón de piezas de jade, además de piezas de concha, obsidia y huesos tallados. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Ministerio de Cultura y Deportes

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Otra de las transformaciones sufridas por los miembros de las élites precolombinas es la de las incrustaciones dentarias, en las que se hacían pequeñas perforaciones circulares en algunas piezas dentales para depositar en ellas piezas de pirita o jade. Generalmente se presentan en los dientes frontales, donde eran más obvias y se veían más. Algunas veces las incrustaciones eran planas y otras ligeramente curvas, sobresaliendo de la superficie del esmalte. El número de las piezas en la que se hacían las incrustaciones solía variar. Se acostumbraba también limar los bordes de los dientes para cambiar su forma.

Diente con incrustación de jade convertido en un colgante.


Las Máscaras Las máscaras fueron otro de los elementos que se utilizaron en contextos funerarios. La más famosa de ellas es la que cubría el rostro del rey Pacal en Palenque, México. Algunas fueron fabricadas de una sola pieza durante el Período Preclásico y se les relaciona con las culturas de la Costa Sur. Otras se fabricaron con mosaicos de jade, concha, obsidiana, nácar y pirita.

Máscara funeraria de Tikal, Petén Período Clásico Tardío Mosaicos de jade, concha, madre perla y pirita Descubierta en el entierro 160 de Tikal Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Ministerio de Cultura y Deportes

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Influencia Hispana en la

Joyería Colonial

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a llegada de los conquistadores en 1524 marcó una nueva era en el adorno personal y los materiales utilizados en la joyería latinoamericana. El jade, las conchas y otros materiales que se usaron en la Época Prehispánica fueron desplazados por las cuentas y abalorios que trajeron los españoles. Desde América del Norte hasta los Andes, encontramos collares de dijes, sartas de cristal o coral, monedas, medallas, milagros y crucifijos de bronce o plata, similares a los que se usaban en España o con variantes locales que seguramente evolucionaron de ellos. El doctor Jesús Paniagua Pérez de la Universidad de León considera que la joyería americana se divide en tres categorías: indígena, aristocrática y criolla. Esta última es la que generalmente fusiona o reinterpreta con elementos locales y extranjeros, lo que se aplica también a la joyería guatemalteca

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Collar de coral mediterráneo con dijes, exvotos y piezas de plata.


en la que ciertas piezas muestran características muy singulares. Vale la pena agregar una variante a esta clasificación, ya que existen alhajas que son más vistosas y de mayor tamaño que únicamente se usan en ocasiones especiales y a las que en nuestro país llamamos ceremoniales o de cofradía y las de uso diario, que son menos ostentosas y más livianas. En la joyería popular de Europa se usaron materiales y formas muy similares a las que se usaron en América y que podrían describirse con las mismas palabras con que los investigadores Cavero y Alonso describen la hispana: “En cuanto a las joyas más populares eran de plata o plata dorada… sin piedras de valor, usándose sólo el coral y las piedras fingidas mediante un tratamiento especial de la plata. En estas joyas, aunque las utilizasen los seglares, solía haber relicarios, rosarios, cruces y medallas de contenido religioso.” Al analizar los elementos e influencias que conforman la joyería, se debe tomar en cuenta que las alhajas son elementos dinámicos que sufren modificaciones que obedecen a las necesidades, creencias, gustos y poder adquisitivo de sus propietarios. En el caso de las piezas de metal, éstas suelen fundirse para crear otras nuevas y más modernas, sin dejar ningún rastro visible de su forma original.

Es importante notar que algunos temas y materiales que se encuentran en la joyería guatemalteca han sido utilizados en Europa desde hace muchos siglos, especialmente en España, donde han sido ampliamente estudiados. En mi opinión, las coincidencias que existen con la joyería hispana no son una casualidad y es por ello que presento una comparación entre los elementos locales y los ibéricos para tratar de entender lo que en nuestro país ha quedado en el olvido. En este proceso tuve la fortuna de contar con el apoyo del investigador español Valentín Monte Carreño miembro de la Asociación Azabache y Leño Fósil de la Universidad de Oviedo y con los acertados comentarios del Lic. Julio Manuel Carvajal Cavero, conservador del Museo de las Alhajas en la Vía de la Plata, España, a quienes agradezco sus valiosos aportes y doctas opiniones. La joyería tradicional española de los siglos XVI, XVII y XVIII es el resultado del sincretismo de los gustos, materiales, valores y creencias de los distintos pueblos que habitaron la Península Ibérica a través de los siglos. Los romanos aportaron el azabache, al que se atribuía propiedades medicinales y el cristal de roca que se asociaba con la pureza de Venus y que, al incorporarse al cristianismo, empezó a asociarse con la virtud y la purificación. Utilizaron también el coral que se usaba para mejorar la circulación sanguínea y evitar las hemorragias.

Se debe considerar que con el paso del tiempo las sartas se pierden, especialmente cuando los collares se revientan. Las piezas de más valor Los grupos semíticos –moros y pueden ser vendidas o empeñadas en judíos- introdujeron las ágatas y Collarada maragata, de la ciudad de Astorga corales entremezclados con plata. Los momentos de necesidad, cambiando conformada por collares de distintas longitudes. Se de manos, razones por las que en compone de medallas, corales, crucifijos, azabaches, musulmanes llevaron a la Península sartas vítreas, corales y gran cantidad de piezas. Ibérica el arte de la filigrana y la un mismo collar pueden encontrarse Collares como estos dieron origen a la joyería nacional objetos de distinta procedencia y de desde los primeros años de la colonia. utilización de monedas perforadas. varias épocas. Los mismos autores Con los moros llegó el aojo, que en indican: “Los hay de distintos tamaños y sartas, con variadas nuestro país se convirtió en el mal de ojo y la necesidad de piezas de diferentes materiales, formas, elementos estéticos y protegerse de este mal con amuletos y talismanes capaces de contenidos tanto religiosos como mágicos, que variaron a lo atrapar el daño causado por la mirada de los envidiosos y los largo del tiempo en razón de las modas y de las creencias”. malintencionados. En nuestro país existen muy pocos investigadores que se hayan ocupado de la joyería tradicional; una de las primeras menciones se encuentra en el libro de Olga Arriola de Geng, donde se hace una comparación entre los textiles y alhajas guatemaltecas con la moda peninsular de los siglos XVIII y XIX. En el año 2000, la investigadora Bárbara Knoke de Arathoon también se refiere a la influencia española, aunque haciendo énfasis en el área textil.

El cristianismo aportó medallas, crucifijos y relicarios para alejar a los demonios y proteger a quien los llevaba. Los collares y otras piezas de joyería utilizaban muchísimos elementos que además de adornar, servían para proteger a quien los usaba, una concepción tomada de la Alquimia, que consideraba que el contacto con ciertos minerales era suficiente

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para mejorar la salud, asegurar la eterna juventud o cambiar la naturaleza de ciertos materiales. Es por ello que se usaron materiales como el coral, el cristal o el azabache, que en el pensamiento popular podían curar las enfermedades o proteger a quien los usaba. Sobre los orígenes de estas joyas se puede decir que el collar, del latín collare, fue un adorno especialmente femenino en nuestra cultura. Asociado al sentido ornamental de la joya, sirvió como signo de posición social, e incluso, como expresión de creencias. En España, Cavero y Alonzo indican que tenían distintos nombres de acuerdo a su tamaño: “Como tal joya, la dividimos, según su conformación, en gargantillas, coraladas (sarta de corales) y collaradas”. Los gustos y la cultura hispana tuvieron un impacto importante en los indígenas desde las primeras décadas del siglo XVI, cuando los religiosos que llegaron a América con los conquistadores y colonizadores se dedicaron con ahínco a la evangelización con el propósito de salvar almas, procurando erradicar todas las prácticas que consideraban paganas y procurando familiarizarlos con las ideas españolas. Los primeros esfuerzos se enfocaron en los gobernantes y sus familias, considerando que la conversión de éstos facilitaría la evangelización del resto de la población, para incorporarlos con más facilidad a la cultura occidental. El primer paso consistía en enseñarles algunas oraciones, asignarles nombres cristianos y luego bautizarlos. El rey Felipe II reconoció la estirpe de varios miembros de las noblezas indianas que se convirtieron al cristianismo; algunos contrajeron matrimonio con españoles, especialmente las mujeres, lo que facilitó la incorporación de sus descendientes. El primer caso documentado en la historia de Guatemala es el de doña Leonor, hija del capitán Don Pedro de Alvarado y la princesa mexicana doña Luisa de Xicoténcatl, quien luego se casó con el capitán español don Francisco de la Cueva. Las damas indígenas que se desposaron con españoles de alcurnia gozaron de las mismas prerrogativas, adoptando la moda europea y usando joyas, encajes y bordados, llegando a utilizar seda con las mismas limitaciones que las españolas. Gustaban de los corales, cuentas vítreas, relicarios, medallas y otros adornos que se usaban al otro lado del mar y los que poco a poco fueron asimilados por el resto de la población. En el Antiguo Régimen español, la ropa y la joyería de los individuos indicaba la clase social a la que cada quien pertenecía; la realeza no tenía limitaciones, se permitía a los miembros de la corte usar ropajes y otros adornos que estaban vedados a las clases sociales más bajas. Estas disposiciones eran violadas constantemente, lo que provocaba la creación de nuevas leyes y castigos para los infractores. El investigador Antonio Pérez

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Martín considera que se dedicó tantos esfuerzos a este asunto porque los miembros de la baja nobleza, aldeanos, arrieros, comerciantes y artesanos, se excedían en la compra de atuendos y joyas, llevando a la ruina a sus familias, lo que ocasionaba que dejaran de pagar los impuestos y otras imposiciones fiscales que eran importantes para las arcas reales.

Las Cuentas de Vidrio y Cristal El origen de las cuentas vítreas se remonta a miles de años atrás. Se sabe que fueron utilizadas por los egipcios, que viajaron en los barcos fenicios y que los romanos las llevaron a todas sus colonias alrededor del Mar Mediterráneo. Los portugueses las usaron en África para comprar esclavos y marfil y, los franceses las intercambiaron por pieles en América del Norte. También acompañaron a las expediciones españolas que llegaron a nuestras tierras desde las primeras décadas del siglo XVI, cuando fueron intercambiadas por bienes, oro y perlas. Bernal Díaz del Castillo, cronista español del siglo XVI, registró varias veces en sus escritos la forma en que se intercambiaba las cuentas de cristal. En especial las margaritas, una variedad de cuentas venecianas que frecuentemente se usó para adquirir perlas en las costas de Venezuela. De estas transacciones nació el verbo margaritiar, que se aplicó a la acción de intercambiar cuentas de vidrio por otros bienes y que, con el tiempo se usó genéricamente para referirse a cualquier tipo de transacción en la que se usaran cuentas de intercambio o comercio. Los conquistadores las usaron también como obsequios para reafirmar las alianzas, relaciones políticas y diplomáticas, como sucedió en el primer encuentro entre el emperador Moctezuma y Hernán Cortés, cuando el conquistador entregó al emperador mexicano un collar de margaritas echándoselo al cuello efusivamente para agradecer los obsequios que había recibido de él por medio de sus embajadores y emisarios en el camino hacia la ciudad de Tenochtitlán. Este evento ha quedado plasmado en las Cartas de Relación que el capitán le envió al emperador Carlos V de España y en las crónicas de Bernal Díaz del Castillo. La mayoría de las cuentas que traían los españoles al final del siglo XV y durante el XVI eran de origen veneciano y se distinguen de otras por su calidad y por estar hechas de varias capas de pasta vítrea de distintos colores. Sin embargo, también se han encontrado otras fabricadas en China y Holanda. Entre las sartas venecianas de mayor importancia se encuentran las rosettas, llamadas en español margaritas; de forma esférica u ovalada que se fabricaban sobreponiendo entre cuatro y siete capas de vidrio de distintos colores y que luego se desgastaban en los extremos o en la parte central para dejar al descubierto las capas interiores, formando una especie de flor de varios pétalos, de donde tomaron su nombre.


Las más antiguas (1490-1580) tienen al centro una estrella de 12 a 15 puntas, con siete capas de color, el centro generalmente es de una pasta vítrea gris y sobre ella se sobreponen varias capas blancas, azules y rojas. También hay otras que se hicieron combinando los colores verde, amarillo, rojo y negro. Las piezas más antiguas provienen de Murano. Esta forma fue imitada en Holanda durante los siglos XVII y XVIII, cuando algunos artesanos venecianos trabajaron en los Países Bajos. Otras sartas fueron fabricadas por los franceses, que nunca lograron tener la calidad de las venecianas. Otra sarta que llegó en grandes cantidades durante los siglos XVI y XVII es la llamada Nueva Cádiz que se fabricaba con tres capas de pasta vítrea de distintos colores: azul oscuro -casi negro- al centro, una fina capa blanca y sobre éstas, otra de color verde o azul, pulida y lisa. Siempre son alargadas y pueden llegar a medir varios centímetros, tienen forma tubular, con bordes angulados, algunas veces son rectas y otras retorcidas. Otras cuentas que tuvieron gran importancia son las cornalinas d´Allepo o corazones blancos, que se conocen en nuestro medio como coralillos, coralíos o falsos corales. En España se les llama granadas por asemejarse a las semillas de ese fruto. Se fabricaban con dos colores de pasta vítrea, uno opaco al centro que generalmente es blanco -aunque también puede ser amarillento o verdoso-, y una capa de color en la parte exterior, que en nuestro país tiene un tono naranja-rojo, muy similar al del coral, aunque también hay otras que tienen una tonalidad parecida a la del arándano rojo. Su parecido con el coral y con la cornalina es lo que las hizo tan populares. Su precio las hacía más asequibles a las masas que las piedras semipreciosas. Las más antiguas tienen el exterior opaco y se distinguen por ello de las que empezaron a fabricarse en los primeros años del siglo XIX, cuando la capa exterior empezó a ser más traslúcida y brillante. Las sartas más modernas datan de la primera mitad del siglo XX y se distinguen por su color rojo intenso, muy similar al de la cáscara del tomate. En Guatemala existen muy pocas piezas de pasta vítrea de los siglos XVI y XVII y, las pocas que existen, se encuentran asociadas con las primeras misiones que se fundaron al principio del Período Colonial. Una pequeña cuenta, de apenas dos o tres centímetros del tipo Nueva Cádiz retorcida, de color turquesa, fue encontrada por el arqueólogo René Johnston, junto a una pieza de oro precolombino en la excavación de la iglesia y el convento franciscano de San Juan Alotepeque en Santa Lucía Cotzumalguapa. Otras piezas que datan de la misma época fueron encontradas en los proyectos arqueológicos en las orillas del lago Petén Itzá, realizados en algunas de las misiones que se fundaron para catequizar a los itzaes antes de 1703, donde se han encontrado también algunas cuentas holandesas, que generalmente se conocen con el nombre de dogones.

A la izquierda, pieza de la variedad nueva cádiz veneciana, recuperada en la excavación arqueológica en la misión franciscana de San Juan Alotepeque, Cotzumalguapa, por el arqueólogo René Johnston. Se hallaba junto a una pieza de oro precolombino quebrada. A la derecha, sarta rosetta o margarita, de origen veneciano (14901560), del mismo tipo de las que Hernán Cortés intercambió con Moctezuma.

Estas cuentas se encuentran raras veces en los collares; con suerte se halla una o dos en el área que se coloca en la base de la nuca, donde las mujeres indígenas acostumbran ensartar cuentas de color y/o de forma distinta que las del resto del collar, como una forma de protección que atrae la mirada hacia estas sartas que quedan a la vista cuando ellas se recogen el pelo y protegiendo la parte posterior contra las miradas maliciosas. Las más comunes son de color azul o blanco, aunque se fabricaron en verde, negro y otros colores. Los españoles usaron también las cuentas chinas que llegaban en los galeones, aunque son muchísimo más escasas que las europeas. En Europa existieron varios centros donde se producían estos abalorios, entre los más importantes se encuentran Murano, en Venecia, Holanda y Bohemia, a las que también se les conoce como de Pomerania o Checoslovaquia. Dentro de éstas se encuentran algunas que eran muy apreciadas, en especial las de color azul, fabricadas con cobalto -un mineral de precio elevado- y que junto a otras, se usaron en hebillas para zapatos, gargantillas y aretes. En la Península Ibérica se fabricaron varias cuentas, las más importantes datan del siglo XVIII, cuando el rey Felipe V propició la fundación de la Real Fábrica de Cristales de la Granja en 1727, donde se fabricaron cuentas para rosarios y sartas para joyería, entre ellas, las pepitas muy similares a los discos checoslovacos. También se fabricaron las cuentas moras y romanas, que imitan el diseño de algunas sartas de la era romana que se caracterizaban por tener el fondo rojo o negro con lunares

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Collar donde se alternan discos con plumas, sartas de cristal muy pequeñas con líneas que simulan plumas de ave.

Las Piedras de Virtud blancos. Otro tipo de cuentas fueron las plumas, muy parecidas a las producidas en las fábricas venecianas, y las opalinas, de cristal lechoso o semitransparente con destellos tornasol, muy similares a los que produce el ópalo. Esta fábrica también producía gemas de cristal que imitaban a las piedras preciosas más finas. La mayoría de las que se encuentra en Guatemala están talladas como cabujones, que son piedras pulidas de forma redondeada. Las hay también facetadas, siendo la mayoría de color verde o rojo y unas cuantas de color azul-celeste. Servían para engarzarse en el lugar de las piedras preciosas en anillos, cruces y crucifijos colgantes con piezas móviles o en las coronas y otros atributos de las imágenes religiosas.

Entre las piezas para evitar el mal de ojo se encuentran las cuentas moras y las granadas, por ser similares a las semillas de esta fruta. Las piezas que tienen lunares, actuaban como pequeños “ojos”, que protegían a quien las usaba en contra de las miradas envidiosas.

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Éstas tienen sus antecedentes en la alquimia que antiguamente se contaba entre las ciencias más importantes y que, en algunos casos, estuvo ligada al hermetismo, la astronomía y la filosofía. En el pensamiento de los alquimistas, algunas sustancias y minerales tenían propiedades medicinales e incluso mágicas, siendo capaces de transformar

Cruz antigua de plata con piedra de cristal facetado, sirve como terminación de collar.


algunos objetos. Los alquimistas también buscaban encontrar toda clase de sustancias que sirvieran para los más variados propósitos, como obtener la inmortalidad o el conocimiento absoluto. Las piedras de virtud eran generalmente piedras preciosas, semipreciosas o minerales que en el pensamiento popular garantizaban el bienestar de su propietario y se les asociaba con el buen funcionamiento de algunos órganos. Entre las más populares se encuentran el ágata, a la que se le atribuía la capacidad de proteger de las energías negativas, absorbiéndolas. El ámbar favorecía la digestión y se usaba contra la cefalea y el dolor de cabeza, el coral se asociaba con los problemas de la circulación sanguínea y el azabache evitaba ciertos males, A la cornalina, del mismo color que la carne, se le atribuía la propiedad de curar las heridas y evitar las hemorragias. Éstas se incorporaron al uso diario, muchas veces como piezas de joyería que se llevaban junto a otros objetos en collares y cadenas para calmar las dolencias físicas. Entre los abalorios que tuvieron un uso generalizado entre las mujeres se encuentran las sartas de leche, usadas para garantizar una buena lactancia. Los materiales que se usaron con este fin fueron el nácar o madre perla y las cuentas de vidrio lechoso o cristal blanco, que generalmente se encontraban engarzadas en plata, aunque algunas veces se perforaban Collar de sartas blancas utilizado por las chichiguas o amas de leche que amamantaban a los niños. Las mujeres de Mixco eran famosas por ello. Se pensaba que las cuentas blancas favorecían la producción de leche. Foto antigua del estudio de Eichemberger. Foto cortesía de Roberto Cruz.

directamente y se ensartaban en los collares procurando que se encontraran en un lugar cercano a los senos. Éstas generalmente se encontraban en los collares utilizados por las llamadas amas de leche que eran las mujeres que se contrataban para amamantar a los niños de la nobleza y las clases altas. Por lo general, estas mujeres también tenían hijos propios y eran capaces de alimentar a ambas criaturas. Además de estas sartas, en nuestro país también se acostumbraba usar collares de cuentas blancas, como puede observarse en algunas fotos de chichiguas, nombre que se les daba a las personas que se dedicaron a este oficio en Guatemala y que generalmente venían de la población de Mixco, donde se consideraba que las mujeres tenían buena leche. A las cuentas y dijes de color blanco se les atribuye propiedades para mejorar la lactancia. Destacan las elaboradas en nácar, que por su color se asemejan a la leche.

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Otra piedra de importancia fue el cristal de roca, que se asociaba con la virtud, la virginidad y la pureza; su uso era purificador. En su lugar se usó también el cristal transparente, algunas veces mezclado con polvo de oro. Los españoles que llegaron a América encontraron que aquí también se creía en las bondades de algunas piedras, entre ellas el jade, que pasó a ser parte de la gran botica europea. Los españoles lo usaron para curar las afecciones renales y lo llamaron piedra de ijada porque así se le llama al área abdominal entre las costillas falsas y la cadera donde se encuentran los riñones.

El Aojo o Mal de Ojo Algunos elementos utilizados en la joyería española se encuentran asociados con esta creencia, extendida por Europa, Asia y América; y que se conocía también como fascinación. Consiste en pensar que es posible que las personas envidiosas y mal intencionadas sean capaces de causar daño a otras por medio de la mirada, provocando enfermedades y dolencias. Su transmisión, según el teólogo medieval Hugo de San Víctor “…es a través de la pupila del envidioso, o el terriblemente acomplejado, quien desea tanto aquello que ve, que le transmite en su pretensión posesiva la maldición”. Algunos médicos y sabios de la antigüedad la consideraban una enfermedad real; los griegos protegían a sus niños marcando la frente con tierra húmeda o barro. En 1425, el científico español Enrique de Villena escribió un extenso tratado sobre su transmisión, los padecimientos de los afectados y cómo curarlo. Esta creencia viajó con los hispanos hasta nuestras tierras, donde aún tiene varios adeptos. Al igual que en España, aquí se considera que los niños son los seres más vulnerables. En Guatemala se dice que ellos tienen sangre tierna y que los mayores tienen la sangre más pesada o madura, razón por la cual es necesario protegerlos. Esto coincide con la descripción de fray Martín de Castañeda en el siglo XVI, que decía: “El mal de ojo no es precisamente una hechicería, sino más bien el producto de la disposición corporal del que mira a otra persona. Esto sucede porque cuando, particularmente los niños, reciben el aojamiento es porque muchas personas lanzan con sus miradas las impurezas y suciedades más fútiles del cuerpo, que tienen efectos venenosos”. En España se pensaba que también podía ser transmitido por las personas que tenían algún defecto físico, como indica Monte Carreño en su libro Azabachería Asturiana “…las personas que tienen dos niñas en cada ojo, las que poseen la vena del entrecejo muy abultada y las solteronas…originándose el aojo por envidia, por maldiciones, por alabanzas abusivas o exceso de cariño…pudiendo ser contraído en cualquier lugar, abierto o cerrado, a distancia relativa o no, quedando sujetos a él todas las personas y animales sanos y hermosos y exentos de tal posibilidad los feos…”

Collar de coralinas de cristal con dijes. Se encuentran algunas piedras de virtud como el jade, caracoles y conchas para la fertilidad y una cuenta de leche de nácar.

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En nuestro país se considera que algunas personas que se encuentran en cierto estado o que poseen ciertas características físicas pueden transmitir este daño, como es el caso de los borrachos o las mujeres que están menstruando –cuando se considera que su sangre es más caliente–, o los zarcos –que tienen ojos claros o que tienen un ojo más claro que el otro. Existen gran cantidad de amuletos para prevenir este mal, éstos tienen la capacidad de atrapar la mirada antes de que dañe a la persona. Entre los más usados se encuentran los corales rojos


Collar de azabache y cuentas de cristal negro con varios crucifijos y cruces antiguas, se usaron contra el mal de ojo.

y las cuentas de vidrio o cristal del mismo color, que según la creencia popular, son capaces de captar la mirada maliciosa, evitando que cause algún daño a quien se ha protegido con ellos. Se han utilizado también colmillos, semillas, caracoles y conchas. En general se puede decir que se usa toda clase de abalorios que llamen la atención y que capten la mirada, antes de que ésta llegue a la victima del aojo. Se favorecen los colores brillantes y llamativos, las piezas móviles o articuladas y las que reflejan la luz, en fin, todo aquello que sea capaz de llamar la atención de la mirada maliciosa. También se usan las piedras y sartas que tienen puntos blancos y que son asociadas con ojos, como las cuentas moras y las romanas que se han usado tradicionalmente con este propósito.

Existen varias pinturas medievales y renacentistas en las que el Niño Dios usa alhajas de la misma forma en que eran usadas por los infantes antiguamente. Usualmente se trata de una sarta de cuentas de coral de la que pende una ramita larga del mismo material en el centro y, que desde tiempos inmemoriales, se asocia con la mano mágica de la diosa egipcia Hathor, que se interpone entre su protegido y el mal que le amenaza. La rama de coral, según se San Víctor, es un “ramillete que –como es sabido-, significaba La Higa, o la mano mágica; habida cuenta de que el coral con su tronco y sus derivaciones, recuerda en sus formas a la muñeca, a la palma y a los dedos humanos”. En España se prohibía creer en la magia, amuletos y talismanes que fueran contrarios a la religión católica, aunque en la práctica se actuara de forma diferente, como queda demostrado en varios retratos de niños de la nobleza española del siglo XVI, en que los infantes fueron retratados con un dijero infantil, una especie de cinturón o cadenilla de la que cuelgan varios amuletos que protegían al usuario del mal y alejaban a los espíritus malignos. Entre los amuletos y talismanes que penden de ellos están la mano del tejón, las higas o figas, ramitas de

Protección de los Infantes La vulnerabilidad de los infantes, su propensión a contraer enfermedades y la carencia de remedios eficaces para combatirlos, llevó a nuestros abuelos a pensar que algunos males se podían combatir con objetos que tenían características específicas y que eran capaces de evitar el mal o atraparlo antes de que llegara a afectar a los niños. Es por ello que con el pasar de los años se ha creado gran cantidad de amuletos y talismanes. Los primeros poseen características protectoras propias, a causa del material con el que están hechos o por su forma; los segundos deben ser preparados o potencializados por medio de rituales y oraciones mágicas que les confieren poderes especiales. Entre los más favorecidos se encuentra el coral, usado en Europa desde hace muchos siglos.

Virgen de la Senigallia, Piero della Francesca (circa 1470), se aprecia el uso de collar de coral con rama natural, el cual se colgaba en el cuello de los infantes para protegerlos del mal.

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Detalle del collar en portada, en el que se aprecian las campanillas que se usaban para alejar el mal con su sonido. Se usaban también en los dijeros de los niños.

piedras aplomadas, en forma de Pomo, guarnecidas de oro, con un Diamante cada uno, y en unos Lasos de Listón azul, nueve Perlas gruesas y otras quatro piezecitas de Contrayerba, y cormillos (galicismo para colmillos); en trecientos ps”. El texto anterior ha podido incluirse gracias al investigador don Roberto Cruz, quien me facilitó una copia del documento. coral, colmillos, garras y pequeños cuernos de venado o cabro, así como cuentas de cristal y piedras semipreciosas, medallas, relicarios, cruces y otros abalorios. Estos dijeros eran de gran importancia y tenían suficiente valor para ser incluidos en los inventarios de los bienes familiares. Uno de ellos se menciona en la descripción y avalúo de las pertenencias del teniente capitán de una de las milicias de la Ciudad de México, Don Antonio Rodríguez de Pedroso y Soria, Segundo Conde de Xala, que data de 1784: “Una faxa de Diges, formado sobre una sinta de raso apastillado, y en ella tres Relicarios de oro y Diamantes, todo con Lasos, el de en medio con su Cera de Agnus, y los otros dos con las Ymagenes de Ntra. Señora de Belén, y San Antonio, de Cera, de medio reliebe; un Rosarito de Perlas, dos higuitas de Coral (amuleto que tiene la forma de una mano cerrada que se usa contra el mal de ojo), engastadas en oro, con un Diamante cada una; dos

El sonido de algunos objetos de metal tenía un efecto protector, razón por la cual se usaron los sonajeros -llamados chinchines en nuestro medio-, cascabeles, cencerros y pequeñas campanillas que tenían la propiedad de alejar a los demonios y malos espíritus con su sonido. En el pensamiento popular, el tañido de la campana tenía la propiedad de santificar el espacio donde se escuchaba, alejando al mal. En Guatemala, las campanillas se usaron también en algunas insignias o escudos de cofradía que preceden las procesiones y acompañan a los cofrades en el recorrido procesional de las imágenes por las calles.

Coral, cornalinas y falso coral Existen muchas variedades de coral y también los hay de muchos colores como negro, rosa, blanco y otros. Antiguamente se pensaba que era una especie de arbusto que crecía en el fondo del mar y que cuando entraba en contacto con el aire se endurecía. La variedad que tiene más importancia para la joyería hispanoamericana es la de color rojo-naranja que crece en el Mediterráneo, en las costas de las Islas Canarias, Portugal, España y Cabo Verde en África. En la mitología clásica se le asociaba con Medusa, personaje capaz de petrificar a todo aquel que le mirara a los ojos, lo que hacía imposible vencerla. El único héroe capaz de derrotarla fue Perseo, quien logró acercarse a ella mientras dormía, viendo su reflejo en un escudo espejado, en vez de mirarla directamente. Cuando estuvo cerca cortó su cabeza, mientras la diosa Atenea guiaba su mano. Al momento en que la cabeza de la góngora fue decapitada, algunas gotas de su sangre cayeron al mar, dando origen al coral mediterráneo que tiene un color rojonaranja. Su asociación con Medusa lo convirtió también en un objeto protector al que se le atribuía propiedades apotropaicas, o sea que era capaz de alejar el mal.

Pulseras para proteger a los infantes del mal de ojo. Suelen conseguirse en atrios de iglesias, ferias y fiestas patronales. Dos pulseras tienen avellanas al centro, otra tiene lágrimas de San Pedro y la última una pequeña cruz de madera de árbol de chico, cuentas vítreas y semillas de tusup o collarín.

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A la representación de la cabeza macabra con serpientes que brotaban en lugar de sus cabellos se le llama gorgononeion y según la leyenda había sido colocada en el escudo de la diosa Atenea, para hacerla invencible. En la tradición popular, su cabeza era capaz de petrificar al mal, por lo que se le colocaba en las entradas de edificios y viviendas para proteger a sus habitantes.


El coral tenía las mismas propiedades que esta cabeza y evitaba las influencias malignas que podían afectar al niño indefenso. En Guatemala aún se acostumbra proteger a los niños pequeños colocándoles una pulsera de sartas de color rojo en la que también se ensarta alguna semilla o insecto, que sirve el mismo propósito de desviar la mirada y atrapar el mal. Las mujeres lo usaban con el mismo fin en gargantillas, collares y collaradas, donde se le combinaba con toda clase de objetos que además de ser hermosos tenían el propósito de velar por el bienestar de su dueña. Durante los siglos XVII y XVIII también se usó el coral rojo de China, que llegaba a América en los galeones que navegaban por las rutas de comercio con Oriente que habían sido establecidas por los españoles. Las naves salían de Filipinas llevando sedas, especias, marfil, algunos esclavos y por supuesto, coral del mar de China que llegaba hasta la costa mexicana, para luego ser embarcado hacia la Península Ibérica. Su color es distinto y bastante más rojo que el del mediterráneo; su superficie no es tan lisa o pulida y tiene varias imperfecciones. El alto costo de las coraladas y la necesidad de prevenir las desgracias, provocó que se buscaran otros materiales alternativos, de más bajo costo, que fueran capaces producir los mismos resultados. Se fabricaron materiales que se le parecían mucho, como resinas, pasta de coral molido y vidrio que se conocen con el nombre de coralinas.

Collar de doble hilo de coral, dos cuentas de filigrana y algunas monedas. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7097

Otra cuenta que tuvo un uso similar es la cornalina de Alepo o corazón blanco, que originalmente se fabricaba en Venecia. Localmente se le llama coralillo, coralío o falso coral. Tiene distintas tonalidades, dependiendo de su antigüedad; en nuestro país se encuentra en rojo-naranja; rojo y rosa fuerte o arándano y que, al igual que los corales se combina con toda clase de abalorios. La combinación del coral con la plata, que gusta tanto en España, llegó a la península con grupos semíticos –moros y judíos–, que habitaron por tantos siglos en la Península Ibérica y luego a Guatemala con los españoles.

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Cuentas de Plata Los musulmanes llevaron a España nuevas técnicas de metalurgia que también se aplicaron a la joyería, entre ellas el damasquinado y la filigrana, que consiste en la utilización de finísimos hilos de oro o plata que se entorchan y retuercen en delicados trabajos de joyería. Esta técnica se utilizó para realizar infinidad de objetos, especialmente crucifijos y cuentas para rosarios que también se usaron en los collares. Entre las formas más comunes se encuentran las llamadas bolas o bolitas que tienen forma esférica. En Guatemala se hay de tres tipos, las de filigrana, las que se hacen de dos láminas semiesféricas soldadas al centro y las caladas, que son una variante de las anteriores y son más modernas, casi siempre del siglo XX. Una buena parte de las piezas esféricas que hoy se encuentran en los collares provienen de rosarios que se llevaban al cuello junto a los collares y cuyas sartas se agrupan en decenas de cuentas porque sirven para contar las aves marías que se han

Entre los collares que las españolas acostumbraban llevar al cuello, se encuentran los Rosario de 12 cuentas, posiblemente para rezar un solo misterio. Podría ser que algunas cuentas se hubieran perdido.

Detalle de un collar de coralíos o falsos corales donde se pueden apreciar tres tipos de cuentas esféricas antiguas de filigrana, de las que muchas veces se usaban en los rosarios o llegaban a los collares cuando éstos se reventaban.

rezado. No todos los rosarios están completos, los hay de dos, tres, cuatro y cinco misterios, dependiendo de la cantidad de cuentas que tengan las piezas. Cuando los rosarios se revientan, sus cuentas pasan a ser meras sartas en los collares.

Collar con sartas esféricas de plata, algunas utilizadas previamente como cuentas de rosario, en esta pieza hay también algunos misterios.

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Las cuentas bicónicas guatemaltecas se asemejan en su forma a las bollagras españolas, que fueron utilizadas por los íberos en España y se encuentran en los collares junto a las sartas esféricas, aunque su fábrica es mucho más sencilla que la hispana.


Entre las cuentas que podrían tener un origen guatemalteco, se encuentran las que aquí se llaman misterios, que son piezas fundidas con forma de un polígono rectangular, que algunas veces tiene algunas facetas en los extremos y otras no. Las más antiguas generalmente tienen la forma de una flor o un sol estampado en cada una de las cuatro caras de mayor tamaño, grabados con punzones de punta circular o plana.

Se le confería el poder de evitar el daño del Basilisco, bestia mitológica que se describe en el Bestiario Romano como mitad serpiente que tenía el poder de matar con la mirada, su aliento resquebrajaba las piedras y marchitaba la vegetación a su alrededor. El mismo autor indica que: “El azabache reflejaba su mirada y preservaba a quien lo llevase”, por lo que se le asoció con todas las afecciones de la vista. Se le relacionó también con el aojo o mal de ojo y se pensaba que era capaz de capturar las miradas malintencionadas. Indica el investigador Valentín Monte Carreño que las personas que lo usan, consideran que ��ste se rompe cuando ha captado algún daño, evitando el mal que podría haber aquejado a su propietario. El mismo autor comenta que en España, “…los árabes potenciaron las virtudes del azabache en la Península. Esta consideración de piedra de virtud pasó a formar parte de la España cristiana y la propia Iglesia consideró al azabache material provechoso, más aún si estuviera labrado con determinadas formas, excepto la higa, considerada abominable por su origen pagano.”

Detalle del nudo de un collar en el que pueden observarse dos misterios, piezas cuadradas o rectangulares que posiblemente fueron parte de un rosario o decenario.

Esta forma se sigue fabricando hasta el día de hoy para los chachales modernos. Su nombre sugiere que en algún momento estas piezas originalmente se encontraran en los rosarios o decenarios. Una variante de este tipo son las piezas completamente cuadradas a las que se les llama daditos y que, al igual que las rectangulares, tienen también algún diseño estampado en cada una de sus caras, generalmente flores.

Los Azabaches y Cristales Negros El azabache es también uno de los materiales más apreciados en la joyería hispana, no sólo por su hermoso color negro brillante, sino por las propiedades que se le conferían. El investigador español Valentín Monte Carreño explica: “Es, pues, el azabache una madera fosilizada que sigue conservando, observada al microscopio, su estructura vegetal.” El mismo autor agrega que “El nombre español azabache es de origen árabe”. Se sabe que fue tallado desde la antigüedad, porque se han hallado objetos de este material que datan de la prehistoria. En España se han encontrado yacimientos de importancia y está asociado con el peregrinaje hacia Santiago de Compostela, que se convirtió en el centro azabachero más importante de Europa.

Las piezas de azabache tenían gran importancia dentro del patrimonio familiar en el Período Colonial. Actualmente existen pocos documentos americanos en los que se encuentra mencionado, uno de ellos es la descripción y avalúo de las pertenencias del Teniente Capitán Don Antonio Rodríguez de Pedroso y Soria, Segundo Conde de Xala, que data de 1784, en la que se describen las joyas de la familia: “Un par de Aretes de Asavache y oro, de tres almendras; en doce ps”. (ps.: abreviatura para indicar su valor en pesos) y “Un par de Aretes de Asavachi, de una almendra, guarnecidos en oro; en un peso”. El investigador Valentín Monte Carreño menciona un documento hallados por la investigadora Ángela Franco sobre un embarqute de azabache destinado al comercio guatemalteco que llegó al país en 1780. Éste incluía botones, rosarios, gargantillas y una buena cantidad de higas, un amuleto del que ya casi no queda ninguna evidencia en Guatemala, y al que se conoce también con el nombre de figa o cigua, cuya forma es la de una mano cerrada en la que el dedo pulgar sobresale entre los dedos medio e índice y que se usaba para atrapar el mal. Aunque fue condenado repetidas veces por la Iglesia, esto no evitó que se siguiera utilizando en su forma original o combinado con símbolos religiosos para contrarrestar su origen pagano. Muchos investigadores opinan que su historia tiene ya varios siglos y que se originó en Egipto con la mano de la diosa Hathor, patrona de la música, que tañía platillos para alejar al mal e interponía su mano protectora para evitar que sus fieles sufrieran algún daño. En la cultura del antiguo Cartago se le asociaba con la mano de la diosa Tanit, a quien se relacionaba con la luna y la fertilidad. En el judaísmo se le llama Jamsa y representa la mano de Miriam, la hermana de Moisés. Se acostumbra utilizarla en

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Cruz de Taracea o Cruz de Jerusalén Entre las piezas que se usaron en los collares y las collaradas españolas se encuentran unas hermosas cruces con finas incrustaciones de madera, nácar, marfil y carey, fabricadas con la técnica llamada taraceado, una artesanía que fue introducida por los moros a España y que es originaria del Medio Oriente. Sobre la Cruz suele haber una efigie de Cristo, que generalmente es de bronce. En nuestro país existen muy pocos ejemplares de estos objetos que hayan sobrevivido hasta nuestros días. Se les conoce también con el nombre de cruces de Jerusalén, porque allí se fabricaban originalmente. Los peregrinos las adquirían como reliquias y luego se lucían entre las alhajas de las damas. En la parte posterior tienen una especie de círculos de nácar que representan las estaciones del Vía Crucis y sirven también para rezarlo.

Collar de azabache, cristal negro y monedas de distintas denominaciones. Una moneda macuquina o macaco le sirve como medallón.

Estos crucifijos son bastante grandes y cuando no se usaban como joyas en una collarada, podían colocarse en la pared. Una de estas piezas aparece nombrada en el inventario y valuación del Conde de Xala dentro de los objetos del oratorio: “Una Cruz de Jerusalem, embutida de concha, con su Cristo de Bronce; en quatro pesos”.

la entrada de las viviendas para protegerlas o colgarla al cuello para preservar a quien lo lleva. Los musulmanes la asociaron con la mano de Fátima az Zahra, hija del profeta Mahoma. Algunos autores españoles consideran que éste podría ser el origen de los hermosos tocadores que se encuentran en algunos portones antiguos que tienen la forma de una mano femenina, usados en España en lo siglos XVIII y XIX, al igual que en Guatemala. En nuestro país no se encuentran tallas de azabache, su presencia se reduce a cuentas de color negro relativamente redondas y facetadas; la mayoría de las piezas que pasan por azabache son realmente de cristal o vidrio negro porque la apariencia de ambos materiales es muy similar y se hace difícil distinguirlos si no se tiene un ojo bien entrenado. Indica el investigador Valentín Monte Carreño que por tratarse de un fósil vegetal “Arde produciendo mucho humo, desprendiendo un olor bituminoso y, a veces, fétido”. En algunos casos se encuentra entremezclado con cuentas vítreas de color negro confundiéndose con ellas. En el siglo XIX, las sartas de color negro vuelven a ponerse de moda a causa del luto de la reina Victoria, tras la muerte del príncipe Alberto. En Whitney, Inglaterra, empiezan a fabricarse gran cantidad de joyas de este material, incluyendo algunas cuentas, tanto para el consumo local, como para la exportación, entre ellas algunas de gran tamaño y muchas facetas que pueden encontrarse en varios collares guatemaltecos.

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Cruz de Taracea o Jerusalén de finales del siglo XIX o los primeros años del XX. Estas piezas se compraban durante peregrinajes y luego se lucían en la joyería. No es común encontrar este tipo de pieza en Guatemala.


Las Donas El término donas se refiere a la donación o regalo que recibe la novia al momento de contraer nupcias y que generalmente luce durante la ceremonia del matrimonio. Usualmente se compone de vestidos y/o joyas. En algunos casos, estos presentes formaban parte de la dote que entregaban los padres o podían ser un obsequio del futuro esposo, dependiendo de la tradición local. En Guatemala existen muchas poblaciones que adoptaron esta práctica, especialmente en los departamentos de Alta y Baja Verapaz, donde aún se acostumbra que el novio regale a su futura esposa el ajuar completo que usará el día de la boda, que se compone de anillos, varios collares de plata, un huipil y un corte. El valor de estos objetos suele contribuir a la seguridad financiera de los contrayentes, ya que en un momento de necesidad, pueden venderse o empeñarse; antiguamente servía más bien para amparar a las mujeres abandonadas o a las viudas, para que pudieran afrontar los tiempos difíciles o la ausencia de sus cónyuges. La temática de estos objetos usualmente está relacionada con al amor, la fidelidad o la fertilidad de la pareja. Por lo general, estas piezas tienen forma de corazones, pájaros o palomas unidas, anillos o manos que se entrelazan.

de medalla o medallón bastante grande, con forma de corazón, a la que muchas veces se le agrega la efigie de un crucificado, convirtiéndose a la vez en un objeto religioso. Otra variante es la que tiene una especie de cajuela con vidrio que contiene alguna reliquia. Los corazones guatemaltecos son muchísimo más sencillos, más pequeños y menos elaborados que los hispanos. La mayoría de ellos son láminas planas con alguna decoración incisa. Es común que tengan

Collar guatemalteco con elementos similares a los españoles, como crucifijos, medallas y cuentas moras, que tienen puntos blancos que simulan ojos y sirven para prevenir el mal de ojo, así como otros dijes que procuran fertilidad.

Varios anillos del área de las Verapaces. De izquierda a derecha: dos anillos de dijes, dos con dos palomas que se unen con su pico, anillo con una paloma y dos anillos de matrimonio en el que ambas manos se unen.

inscritas algunas iniciales, seguramente relacionados con el nombre de su dueña o su pareja. Es muy raro encontrar corazones con vidrieras, como los españoles. El corazón se encuentra también en el crucero de algunos crucifijos que cuelgan de cadenas y collares o en anillos que tienen una placa plana con esta forma grabada con algún monograma o las iniciales del nombre de su propietaria.

Los antiguos griegos consideraban que el corazón era el centro del cuerpo humano. Aristóteles afirmó que era el lugar donde se originaban las ideas, la espiritualidad y los sentimientos, mientras que el cerebro era un órgano de menor importancia que únicamente servía para enfriar o refrescar el cuerpo, una especie de radiador. Al considerar que el amor se originaba en el corazón, era lógico asociar su forma con los enamorados. Entre las joyas más hermosas de los collares españoles se encuentra el corazón de novia, que lleva este nombre debido a que era regalo habitual de las donas. Por lo general, es una especie

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Entre las alhajas asociadas con las bodas se cuentan también los collares o cadenas largas conocidos con el nombre de lazos, que se convierten en un símbolo de la unión entre ambos cónyuges. Muchas veces son tan largos que deben usarse con doble o triple vuelta alrededor del cuello y aún así, cuelgan hasta la cintura. Existen varias formas de elaborar los eslabones que luego se entrelazan formando distintos diseños o patrones interesantes. En Guatemala, la mayoría de estos objetos es originaria del área de las Verapaces, donde aún se acostumbra que el futuro esposo los regale a su prometida. Los obsequios que recibía la novia dependían de la capacidad económica o de las costumbres locales, aunque era usual que se incluyera sartas de coral, azabache, algunas cuentas finas

Mujer usando aretes de los que pende una maza o lágrima, un antiguo símbolo de fertilidad. En el collar hay también un dije en forma de esfera derivado de la bullae romana. Circa 1931-1944.CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7096

Collar con dijes, algunos temblereques y varias mazas o lágrimas, antiguo símbolo de fertilidad que formaba parte de los amuletos que las novias recibían al casarse para procurarles una familia numerosa.

Entre las joyas de la novia se cuentan también los aretes que suelen tener elementos que protegen su cuerpo o son símbolos del amor de su esposo. En los aretes antiguos de Guatemala, es común encontrar un colgante alargado que en España se conoce con el nombre de maza y que aquí se llama lágrima. Algunos autores españoles lo consideran la reminiscencia de un símbolo fálico, descendiente del Fascinus romano, que atraía la buena suerte y favorecía la fertilidad, asegurando una familia numerosa para los recién casados. Por lo general, el guatemalteco es facetado, aunque también hay otros lisos muy parecidos a los españoles.

Aretes similares a los de la fotografía, en los que penden mazas o lágrimas.

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La Corona Española se preocupó constantemente del valor y la cantidad de los regalos que se intercambiaban al momento del matrimonio. El autor Antonio Pérez Martín indica: “En las Cortes de Madrid de 1573 los procuradores se quejan de la <demasía y soltura que se usa en dar de las joyas y vestidos al tiempo del casamiento en todo género de gentes>.”


de cristal, además de cruces, corazones, medallas, relicarios monedas y otros objetos de valor. En algunas ocasiones éstos se ensartaban utilizando cintas bordadas, listones, hilos de seda y borlas, que servían para dar más prestancia a los obsequios recibidos.

latón, bronce y otras aleaciones, algunas veces decorados con esmalte o peltre. Generalmente se trataba de piezas fundidas o estampadas que en los uniformes de los altos oficiales tenían un baño en oro o plata, un trabajo muy distinto al que se observa en los tapojos que tienen varias piedras preciosas engarzadas.

Los anillos también se asocian con el matrimonio y usualmente son intercambiados entre los contrayentes, su iconografía es muy variada. Por un lado, su forma circular no tiene principio ni fin, lo que se asocia con el amor eterno. Las piedras que se usan en ellos y su color también tienen un significado: el diamante es el símbolo de la eternidad, el rubí del amor. La mayoría de los anillos antiguos que se encuentran en Guatemala son de plata, aunque existen también otros llamados tapojos que son de oro y piedras preciosas.

A esto se debe agregar que algunos tienen forma circular, como los botones y otros tienen una forma alargada, que no serviría para ser insertada en un ojal. Los primeros tienen la particularidad de tener una piedra al centro y el resto de piedras alrededor, formando un círculo en forma de flor que se conoce como rosetta. En otras piezas, las gemas están alineadas, lo que se conoce en Guatemala como barrita, aunque su nombre verdadero sea el de paralelo gramo. Estos anillos son de plata en la parte superior y en ella se engarzan o montan las piedras preciosas con una técnica que se conoce como de engaste cerrado, que cubre los lados de la gema, protegiéndola.

Tapojos En el país existe gran cantidad de estos anillos, que se incluyen dentro de la categoría de las alhajas aristocráticas, lo que puede asegurarse porque están fabricadas de oro, diamantes y otras piedras preciosas. Aunque casi no existe literatura sobre su origen o significado, se puede decir que durante el siglo XVII y una parte del XVIII se acostumbraba montar los diamantes sobre plata para realzar su brillo, como se observa en estas piezas. Existen muchas teorías y suposiciones sobre su origen que carecen de respaldo o fundamento. Una de ellas sostiene que eran los botones de los uniformes de los oficiales españoles que fueron transformados en anillos agregándoles el aro. Al respecto vale la pena mencionar que la mayoría de los botones que se usaron en los uniformes militares estaban hechos de cobre,

Los brillantes de las piezas antiguas fueron tallados con lo que se conoce como corte rosa o el de tabla tallada. Éstos tienen menos facetas que las piedras modernas y por lo tanto brillan menos, porque reflejan menos la luz. La pieza de plata siempre está montada sobre un aro de oro, decorado profusamente con motivos florales y vegetales labrados con la técnica de cincelado. La pureza del metal varía también, algunos usan oro de alto kilaje, mientras que otros están hechos de oro bajo llamado tumbaga en el Período Colonial, que no cumplía con las especificaciones de la Corona y generalmente se fabricaba con una aleación de oro con cobre. Dos lazos de matrimonio de Verapaz de mediados del siglo XX. Los más antiguos son generalmente más pesados y los eslabones más gruesos.

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Crucifijos, Medallas, Relicarios, Exvotos, Escapularios, Cristos Preñaos y otros Símbolos Religiosos Existen gran cantidad de objetos en la joyería popular que además de ser alhajas, son también símbolos de religiosidad, entre los que se encuentran las medallas, cruces, crucifijos, escapularios, relicarios y otros objetos que representan o están relacionados con la Santísima Trinidad, la Virgen y los santos. Generalmente se acostumbra que éstos sean benditos por un sacerdote con agua bendita, lo que los santifica y los hace más poderosos contra el mal. Entre las piezas más importantes se encuentran las cruces y los crucifijos que se distinguen de las anteriores, porque tienen una efigie de Cristo adosada. Se usan como punta en el lugar del medallón o ensartados a los lados del collar, junto a los dijes y monedas.

Dos anillos de dama del siglo XVIII, uno con las piedras engastadas en forma de rosetta y el otro como paralelo gramo o barrita, como se les llama en nuestro país. Este tipo de anillo se conoce localmente como tapojo.

Fueron usados tanto por hombres como por mujeres, aunque se diferencian por su tamaño, los de las damas son generalmente más pequeños, pueden tener una sola piedra o varias colocadas en una rosetta o en paralelo gramo. Los masculinos son más grandes y siempre tienen monturas de rosetta.

La forma de la cruz depende de la longitud de sus brazos, la griega o inmisa cuadrata es la que tiene cuatro brazos de idéntica longitud que se intersectan en ángulo recto; la cruz latina está formada por cuatro segmentos, tres de ellos de idéntica longitud y uno vertical en la parte inferior, más largo. Algunas tienen brazos redondeados o entorchados como las columnas salomónicas, otras son planas y suelen grabarse con diseños geométricos o vegetales que algunas veces representan viñas que trepan, símbolizando de la sangre de Cristo que se convierte en vino al momento de la consagración, uno de los símbolos favoritos del movimiento de la Contrarreforma. Los elementos vegetales representan también la vida eterna, indicando que la cruz no fue un madero seco, sino que de él brotó la vida eterna con la resurrección de Cristo. Otra variante tiene una especie de triángulo en la parte baja, que puede ser sencillo o muy labrado, y simboliza el Monte del Calvario cuando es escalonado o el Monte Carmelo cuando es simplemente triangular, relacionándose con la orden de los carmelitas. En España existen crucifijos con piezas móviles que cuelgan en los extremos de los brazos de la cruz y posiblemente sirvieron como modelo para las que se usan en México y Guatemala. Las más conocidas son las de los yalalag, un grupo zapoteca de Oaxaca, de quienes toman su nombre. Las más antiguas se distinguen por tener un corazón alado al centro y cruces que cuelgan de tres extremos, con un corazón ahigado al centro o en la parte inferior. En Guatemala se usaron crucifijos con elementos similares a los mexicanos. Las cruces y crucifijos tienen tres corazones, uno fijo en el extremo inferior y dos colgados de los brazos horizontales. Los corazones del crucifijo guatemalteco también son alados, de forma ahigada, algunos tienen tres gemas engarzadas con engaste cerrado al centro de cada uno de ellos, usualmente de color rojo o verde. El investigador Manuel Rivero Pérez considera que esta forma está relacionada con las palomas que se usan en los pendientes para proteger el oído y en algunos casos tomaban la forma de corazón alado, lo que podría aplicarse a estos crucifijos. Las hay planas con diseños cincelados y grabados, o con la efigie de Jesucristo crucificado que se encuentra coronado con un resplandor desproporcionadamente grande, una reminiscencia gótica, llamado de plumas.

Algunas de las sartas que encontramos en los collares, fueron cuentas de rosario, como es el caso de estas piezas realizadas con la técnica de filigrana. La punta de este collar es una cruz del siglo XVII.

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Los autores Cavero y Alonso indican que el diseño de las cruces llamadas de espiquete, en España, datan del final del Período Gótico, en los primeros años del siglo XVI, que luego “…se barroquizó a partir del siglo XVII con añadidos de lacería entre los brazos


y goteras en forma de paloma con las alas desplegadas, dispuestas en los brazos y en el extremo distral del mástil, ya que en el proximal lleva soldada la correspondiente asa del barrilete”. Su forma es similar a la de las piezas guatemaltecas. Las medallas antiguas son bastante escasas en Guatemala, las hay de plata y bronce. Las españolas representan imágenes de la Virgen María en sus distintas advocaciones así como de los santos, el Santísimo Sacramento y algunos símbolos religiosos como anagramas marianos, josefinos y del Dulce Nombre de Jesús. En España se usaron unas de gran tamaño a las que se les llama patenas. Aquí son más pequeñas. En el siglo XIX llegaron varias medallas francesas. Los relicarios son otro de los elementos de la joyería española. Tuvieron gran valor porque en ellos se guardaban reliquias, o sea los restos mortales de algún santo o algún objeto relacionado con ellos y su santidad, como pequeños fragmentos de su ropa. Eran muy apreciados y difíciles de encontrar, por lo que alcanzaban altos precios.

Relicarios con reliquias de primera clase, que contienen restos mortales de los santos: Sta. Hya mártir, Papa Pío V, Santa Verónica, Sta. Escolástica, Sta. Catarina Virgen y Mártir.

Paloma del Espíritu Santo de lámina de plata recortada.

Anverso y reverso de un escapulario de la Santa Faz del siglo XVIII.

Algunos relicarios se obtenían durante las peregrinaciones, como los llamados de la Santa Faz, que se distinguen por tener una imagen del rostro de Jesucristo sobre un campo de lámina de oro. En él se reproduce la reliquia que se encuentra en Alicante y que según la tradición, habría cubierto el rostro de Cristo en el Santo Sepulcro. En nuestro país existen muy pocos relicarios de este tipo, que seguramente llegaron desde el otro lado del mar. También existen otros que generalmente tienen la forma de una cajuela con una de las caras de cristal, donde se guardan los restos de alguna persona santa y, en los que siempre se encuentra un pequeño recorte de papel en el que se indica el nombre del santo al que pertenece la reliquia. Algunas veces se decoraban con flores de papel, bordados, lentejuelas, flores secas o láminas recortadas de metal. Otro de los símbolos de la Santísima Trinidad es la paloma del Espíritu Santo, cuando se encuentra sola, ya que cuando se encuentran dos, especialmente uniendo sus picos, se convierte en uno de los temas más favorecidos de la joyería relacionada con el matrimonio. Algunas veces son fundidas y otras son láminas planas recortadas como una silueta con líneas y esbozos grabados. En España se usaron medallas o medallones de gran tamaño a los que se les llama patenas y otros ligeramente curvos, con la efigie de Cristo, que se conocen con el nombre de Cristos Preñaos que se usaban sobre el vientre para proteger la salud de la criatura que se encontraba en el seno de su madre. En Guatemala son sumamente raros, posiblemente importados desde España.

Collar de azabaches antiguos y otras cuentas que se le agregaron en el siglo XX. La medalla en la punta tiene mucha similitud con los joyeles españoles y con el Cristo preñao que se usa sobre el vientre de las mujeres casadas.

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Collar de plata con temblereques, medallón con filigrana, algunos dijes y dos pescados, que en España se usan tradicionalmente como amuletos protectores.

Amuletos y Talismanes Aunque las propiedades de los amuletos y los talismanes sean similares, es importante aclarar la diferencia que existe entre unos y otros. Los primeros tienen cualidades por sí mismos a causa de su forma o por el material con el que se han fabricado; los segundos deben pasar por un proceso o ritual para ser efectivos, o sea que no tienen poderes por sí mismos. Entre los amuletos protectores que tradicionalmente usaba la mujer española se encuentra la trucha, que en muchos casos es articulada, o sea que se compone de piezas interconectadas con eslabones, que le dan movilidad. Se considera un objeto protector de la madre cuando la pieza es grande y del feto cuando es pequeña. Este animal es ajeno a la fauna guatemalteca y sin embargo se le representa muchas veces en la joyería local, en la que simplemente se le llama pescado, perdiendo su antiguo significado. Los pescados guatemaltecos son más sencillos que los europeos, de una sola pieza plana de plata fundida y grabada con escamas y otros detalles relativamente rústicos. Yo considero que la costumbre de utilizar estos dijes llegó a nuestro país con el propósito original de proteger a las mujeres y a su progenie, aunque hoy en día ya nadie lo recuerde.

Otro de los amuletos que tiene su origen en la joyería española es la maza, a la que aquí generalmente llamamos lágrima o gota, por su forma alargada. En la opinión de Julio Carvajal Cavero, se podría tratar de una transformación o evolución de las bullae romanas y las pomas de azogue que tenían poderes curativos. Otros investigadores, como Hugo de San Víctor, consideran que esta forma ha evolucionado de los antiguos amuletos fálicos de Roma.

Otro amuleto con un fin similar es el de la bola, que proviene de la bullae romana. Este término se deriva de su forma redondeada, similar a la de las burbujas y se asociaba con propiedades medicinales y curativas. Se usaron en Roma, donde se acostumbraba colgarlo al cuello del niño desde los ocho días de nacido y se retiraba en una especie de rito de pasaje, cuando dejaba de ser un infante, llevándolo al templo como ofrenda. Existen algunas pinturas renacentistas en las que el Niño Dios lleva uno de estos objetos en el cuello, de la misma forma en la que la usaban los infantes de este período. Este objeto se usó también en España, en los llamados trajes charros, en los que se cosían varios botones de forma esférica. Éstos tienen una argolla en la parte superior que sirve para colgarlos o sujetarlos. El mismo objeto se encuentra en el mortom, traje ceremonial de las cofradías indígenas de Totonicapán. Sus miembros acostumbraban enterrarse con él. Algunos objetos de forma similar, aunque más pequeños se usan como dijes en los lazos y collares de las Verapaces, especialmente en los collares de cuartillos.

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Pintura flamenca de la Virgen del siglo XV, de una colección particular, en la que el Niño Dios sostiene entre sus manos una esfera o bullae.


Los caracoles y conchas se han usado también en los collares. La investigadora Concepción Alarcón Román considera que estos objetos están asociados a la protección infantil y que al montarse con guarniciones de plata, generalmente están destinadas a los niños. En su opinión, al evocar el agua, se relacionan también con la fecundidad que ésta provoca. Según la autora, era común que se usaran en las prendas de vestir de los infantes o eran usadas por las mujeres para propiciar la concepción. En nuestro país se encuentran a manera de dijes en los collares antiguos, siempre montados con una guarda de plata. Otro de los dijes que se encuentra frecuentemente es el de la pajuila, un ave salvaje de la fauna centroamericana, de cola larga. Seguramente se utilizó por alguna razón, aunque hasta la fecha no he encontrado a ninguna persona que sepa cuál era su significado. Una de las explicaciones posibles es que aunque ahora se le llame pajuila, sea originalmente una representación de pavo real con la cola cerrada, un símbolo que ha sido usado en el cristianismo desde hace cientos de años para simbolizar la vida eterna y la resurrección de Cristo y que se ha asociado con el amor eterno entre los contrayentes. Entre los amuletos protectores de poder apotropaico se encontraban los colmillos, puntas de las astas del venado, o los candiles de los rebecos, una especie de cabra de montaña. Según el autor Hugo de San Víctor, tenían un propósito medicinal. Cuando una persona había sido afectada por el aojo, debía “…hundir (o meter) en las aguas, leche o líquidos que se daban a beber a aojado, para remedio del mal…el cuernodiente se tenía como un eficaz talismán contra el veneno.” Se incluían también en los dijeros infantiles de niños y en los collares de las mujeres.

Dije de cristal en forma de lágrima con guarnición de plata.

Colmillo con guardas de plata, usados como dijes en un collar de plata. Antiguamente servían como talismanes de protección.

Según el mismo autor, los colmillos de tiburón también tenían el mismo propósito, en especial los fósiles que fueron usados por miembros de la familia de la Casa de Austria, como un antídoto contra el envenenamiento tan común en los círculos cortesanos. Éstos debían ser introducidos en las bebidas y los alimentos antes de ser consumidos, para absorber los venenos. El conservador del museo Alhajas de la Vía de la Plata en León, indica que también se utilizaban contra las picaduras de “… las sierpes y otros animales ponzoñosos. Para personas y cabalgaduras”. Lo que indica que también se usaban para proteger a los animales domésticos. Los colmillos también están asociados con la masculinidad. En nuestra sociedad se considera que un hombre debe ser valiente, fuerte y agresivo, características que generalmente tienen los animales de los que se extraen los colmillos como los felinos, tiburones y jabalíes.

Pajuila de plata

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Mujer de Santa María de Jesús con aretes de luna de los que pende una pequeña esfera, un elemento que ya se usaba en la época romana. CIRMA. Frank Lee MaysNo. 2001-5932

Aretes o Pendientes En castellano el término arete se refiere a una especie de aro de metal que se usa en la oreja. Otros tipos de adornos que cuelgan de las orejas tienen distintos nombres como pendientes, polcas, arracadas, zarcillos y demás. En nuestro país, éste es un término genérico que se utiliza para nombrar a todos los adornos que se usan en los oídos, aunque existen muchas variantes que en otros países tomarían otros nombres. Los diseños y motivos de las joyas locales son muy similares a los que se usaron en España, entre ellos se encuentran las lúnulas o sea piezas en forma de luna en su fase de cuarto creciente, generalmente asociadas con la fertilidad femenina y que son aún muy populares entre las mujeres campesinas de nuestro país. En algunos casos son planas y tienen argollas en sus extremos, algunas tienen en la parte central de abajo una bolita pequeña, quizá una evolucionada forma de bulla o bullae, de las que antiguamente utilizaron los romanos para atraer la buena suerte y que también tenían poderes curativos. Otras veces tienen una sola luna y en otros casos tienen varias piezas de la misma forma que se conectan unas con las otras a través de argollas, lo que les da mucha movilidad y las hace más llamativas. Las lúnulas son un motivo muy antiguo de origen semítico que tiene miles de años, lo que se puede comprobar al leer el pasaje bíblico del libro del profeta Isaías (3, 1822) en el que éste reprime la vanidad de las Arracadas españolas de plata sobredorada y piedras de cristal. Tiene al centro una paloma estilizada de alambre de plata.

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Dos variantes de aretes de luna, es común encontrar siluetas de gallos y palomas en ellos, así como piezas móviles.

mujeres y el lujo femenino: “…Aquel día arrancará el Señor sus adornos: ajorcas, diademas, medias lunas, pendientes, pulseras…sortijas y anillos de nariz…”. Antiguamente tenían valor mágico y servían para atraer a los hombres.


Entre los pendientes guatemaltecos que tienen el tema de la luna, existe una variante que cuenta, en la parte baja, con cinco colgantes. Ésta podría considerarse una variante de los vincos mencionados por los investigadores Cavero y Alonso, quienes asocian los cinco colgantes que penden de ellos, con los cinco dedos de la mano de Fátima, de origen semítico, que se usa para proteger del mal. Al igual que en los aretes españoles, se usan los colores rojo y verde alternadamente. Localmente se llama lunas a todos los aretes que tienen variantes esta forma. Otros pendientes o aretes que tuvieron gran influencia en nuestra joyería son las arracadas, que generalmente formaban parte de las donas que se entregaban al momento del matrimonio. Son una clase de argolla plana que en el centro tiene una especie de roleo, que se interpreta como una paloma estilizada. Algunas veces tiene también una piedra engarzada de color verde o rojo, casi idénticos a los que se usaban en Guatemala. La paloma se usó como una forma protectora contra los males, en especial cerca de los orificios de los oídos, para evitar que el daño entrara por allí. Entre los pendientes más hermosos de la joyería española se encuentran los llamados de calabaza que están formados por una pieza esférica, elaborada con la técnica de filigrana y adornada con pequeñas esferas o medias esferas a las que en España se les llama pezuelos. En nuestro país se usaron unas piezas similares, aunque las guatemaltecas están formadas de dos medias esferas, en lugar de tener una cerrada. Ambas tienen gran cantidad de piezas móviles o colgantes, aunque las guatemaltecas Aretes de media esfera con piezas móviles y una maza o lágrima colgando al centro, similares a los de la fotografía.

son mucho más simples y pequeñas que las hispanas. A diferencia de las españolas, las guatemaltecas tienen una maza o perilla al centro, amuleto que ya fue mencionado en páginas anteriores y que al igual que la paloma, sirve de terminación a los ibéricos y tiene una función protectora. Según los autores Cavero y Alonso, estos amuletos podrían tener su origen en Galicia. Otro grupo lo constituyen los que tienen una especie de gota o lágrima colgando, cuyo significado fue mencionado anteriormente. De acuerdo a los mismos autores, al igual que los Ibéricos, “se componían de dos cuerpos: el superior era un botón y el inferior una perilla… Fue un tipo de pendiente usado en Zamora, equivalente al modelo gallego denominado de maza, que en Aliste dicen de botija”.

Mujer de San Cristóbal Totonicapán con aretes de medias esferas y varias piezas móviles. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7167

Joyería guatemalteca

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Las Semillas Entre las semillas que fueron utilizadas en la joyería española se encuentran la castaña y la avellana de Indias, originaria de América del Norte, que es el fruto de una planta con varias propiedades medicinales y que ya era usada por los indígenas antes de la llegada de los europeos. Sus poderes curativos sirvieron para que su semilla fuera incorporada a la botica española, donde se usaba a manera de dije, generalmente engarzada con una guarnición de oro o plata que la rodeaba, llegando a convertirse en uno de los amuletos de mayor difusión en la joyería española, según varios autores. Esta semilla aún se utiliza en Guatemala junto a semillas de pito o cuentas de color rojo para prevenir el daño del mal de ojo en los infantes. Aquí se le atraviesa directamente y se le ensarta en el centro de pequeñas pulseras que se colocan en la muñeca de los niños.

La Joyería Aristocrática

Mujer de San Cristóbal Totonicapán con aretes de monedas soldadas y un collar de sartas de vidrio soplado y esmaltado con mercurio. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7114

Las monedas se usan también en estas joyas, especialmente los cuartillos o cuartos de real, aunque también se usan los medios y los reales, dependiendo del diseño y del tamaño de la joya. Algunas veces las monedas se adornan con filigrana y muchas veces tienen pequeños colgantes. En otros casos las monedas de un cuarto de real se combinan con varias lúnulas de distinto tamaño que cuelgan unas de las otras por medio de argollas en los extremos. Otra variedad es la que se elabora soldando varias monedas para formar algún diseño, generalmente en forma de rosetta. No todos los adornos que se usan en las orejas son de metal, en algunas poblaciones aún se acostumbra traspasar los agujeros del oído con hilos de color, especialmente los de color fucsia o magenta y colgar de ellos monedas y cuentas de vidrio o cristal.

Variedad de semillas, entre las que se encuentran varios tipos de “ojo de venado”, utilizadas desde la Época Colonial para atraer la suerte y evitar el mal de ojo; a las de mayor tamaño se les llama “ojo de buey”

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Ésta es una de las distintas categorías en las que se puede dividir la joyería americana de acuerdo al Dr. Jesús Paniagua Pérez, de la Universidad de León y se refiere a la que usaban los representantes de la Corona Española y sus familias, así como por los miembros de algunas familias adineradas de la época que en ocasiones tenían joyas idénticas o muy similares a las que se usaban en Europa. Desgraciadamente, en Guatemala existen muy pocos retratos del Período Colonial que serían muy útiles para recabar información sobre la vestimenta y el adorno personal de la época. La mayoría de las alhajas coloniales que se encuentran en nuestro país han sido heredadas de generación en generación, algunas son muy finas y otras, un poco más pequeñas y menos ostentosas. Entre los pocos retratos que ilustran este tema se encuentran dos pinturas de Juan José Rosales que datan de los últimos años de la colonia en el siglo XIX, en los que se retrató a dos señoritas antes de ingresar al convento y hacer sus votos perpetuos; ambas tienen hermosos pendientes de oro y diamantes con gargantillas de perlas y algunos anillos, piezas que seguramente formaban parte del patrimonio de sus familias.


Se debe tomar en cuenta que Guatemala no era un país tan importante como México o Perú, donde se asentaron los gobiernos de los virreinatos. Las personas que llegaron a estas tierras o vivían en ellas no debieron ser miembros de la más alta realeza, sino posiblemente hidalgos o miembros de una clase media acomodada, que no tenían las alhajas que usaban los miembros de la alta aristocracia. Es posible que sus joyas tuvieran piedras más baratas, de menor tamaño o falsas, de las que se fabricaban en la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso, o las que venían de Bohemia con “…incorporación de pasta vítrea o cristales coloreados y facetados tipo carré, que encajan con la técnica de engaste cerrado, como es característico en las arracadas de la comarca bañezana y de la Maragatería, fue prácticamente habitual del siglo XVII… en la que se imitaban las piedras preciosas… Más frecuente fue la aplicación en las joyas de los hidalgos, clase media acomodada y ricos comerciantes, que incluían en sus joyas piedras más baratas, como los granates,… piedras falsas, cristales coloreados, perlas, corales y esmaltes”. Entre las sartas de cristal facetadas es común encontrar algunas que por su color y apariencia se parecen a las piedras semipreciosas. Entre las más comunes se encuentran las que parecen granates, de color rojo oscuro y las negras que suelen confundirse con azabaches. En cuanto a las joyas más populares “eran de plata o plata dorada, realizadas en su mayor parte en filigrana, sin piedras de valor, usándose sólo el coral y las piedras fingidas mediante

Retrato de María Ignacia Payés y Romaña el día de sus votos perpétuos en el carmelo. Además de utilizar sus mejores galas, se colocaba las mejores joyas, que luego mudaría por el hábito religioso, como símbolo de su renuncia a la vida mundana. Obra de Juan José Rosales, 1811. ©Casa Popenoe , Universidad Francisco Marroquín, Guatemala

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Aretes antiguos de finales del siglo XVIII, similares a los que usan las jóvenes que ingresaron como religiosas al convento.

un tratamiento especial de la plata. En estas joyas, aunque las utilizasen los seglares, solía haber relicarios, rosarios, cruces y medallas de contenido religioso.” como indican los autores Cavero y Alonso que sucedía en España. Los mismos autores agregan en otra página del texto: “…y en los dedos no escasean los anillos con piedras falsas”. Aunque estos objetos no tenían el valor de las piedras reales, tampoco se puede decir que fueran baratijas; tenían un valor elevado y se mencionaban entre los valores de la familia en los testamentos. En su elaboración se usaba cristal de calidad y minerales valiosos como el cobalto para lograr el color azul o el oro para el rojo. El trabajo de facetado se hacía a mano y era tan laborioso como el de las piedras reales. Se usaron en hebillas para zapatos, pulseras, aretes y collares. Sobre la joyería masculina, se pueden examinar los retratos que se hicieron de algunos personajes públicos que lucen algunas condecoraciones y anillos, que junto a los relojes de bolsillo y algunas hebillas para zapatos, se usaron durante la Colonia.

Retrato de Doña Rafaela Laraylú y Pineda de 1769. Esta joven tiene en la cintura un cinturón con varios amuletos de los que tradicionalmente se usaron en España como las campanillas y las truchas; aunque con un toque afrancesado, al incluir en él miniaturas y otros elementos. ©Casa Popenoe , Universidad Francisco Marroquín, Guatemala

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Siglos

y Coralia Anchisi de Rodríguez

L

a joyería tradicional de ciertas regiones de Guatemala está íntimamente ligada con la vestimenta local, ya que de la misma forma en la que se acostumbraba que todos los individuos de una población usaran ropa similar, los tocados y otros adornos tenían ciertas características que también los distinguían de los que se usaban en otras localidades.

Sobre la historia de los trajes regionales de las poblaciones indígenas, que aquí llamamos trajes típicos, se sabe muy poco. Algunas personas piensan que son una especie de uniformes impuestos por los españoles durante la colonia, un hecho que ha sido reafirmado por algunos investigadores y que carece de fundamento, ya que hasta el día de hoy no se ha encontrado ninguna disposición de la Corona Española que obligara a los pobladores a utilizar algún atuendo específico que los diferenciara de otros grupos. Las únicas prohibiciones que se han encontrado se refieren al uso de la seda o a joyería que tuviera precios excesivos y que ya han sido mencionadas en las páginas anteriores. Lamentablemente, existe muy poca evidencia de la vestimenta que se usó en Guatemala durante la Época Colonial, especialmente en lo que se refiere a los trajes utilizados por los indígenas. Ciertamente, se puede asumir que las personas que habitaban en las distintas áreas del país preferían cierto tipo de vestimenta que se adaptara a sus actividades, al clima y a los materiales a los que se tenían acceso en la comunidad, como hilos, tintes y demás.

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Los collares más largos se usan dándoles varias vueltas, y se fijan utilizando una cinta o listón que se anuda por detrás. Tecpán, Chimaltenango. CIRMA. Colección Alemana. No. 009-006-005. Entre 1980-1940.


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El investigador Robert Hill indica que la primera evidencia conocida en la que se menciona la existencia de algún tipo de vestimenta distintiva data de 1759 y se encuentra en un documento colonial que narra detalladamente el conflicto por el uso de tierras comunales entre dos comunidades, donde el gobernador indígena de Patzicía acusa a personas de Tecpán que pueden ser identificadas “…por la ropa distintiva de sus poseedores…”, lo que demuestra que para ese momento, la ropa que se usaba en ambas poblaciones ya estaba bien definida. Otros autores mencionan que al final del siglo XVIII, las diferencias en el traje se daban más bien por la clase social a la que pertenecía la persona y no por su lugar de origen. Al momento de la llegada de los españoles, los hombres usaban un taparrabo llamado maxtlatl o wex y una tilma o especie de manta o capa que se ataba sobre el hombro, que con el paso del tiempo fueron sustituidos por los pantalones y la camisa que los españoles habían introducido y que fue adoptada por los miembros de las élites locales. Las prendas utilizadas por la aristocracia indígena pudieron haber servido de modelo para el resto de la población. El investigador Robert Hill comenta: “Incluso a Fuentes y Guzmán, quien escribió a finales de ese siglo, le impresionaron las diferencias en el vestido entre los plebeyos y los aristócratas indígenas y no las variaciones entre los pueblos y eso que había viajado mucho y vivió toda su vida en el altiplano maya.” De lo anterior se puede deducir que aunque existían algunas diferencias en la vestimenta que se usó en los distintos sitios, no existían limitaciones legales que obligaran a ninguna persona a usar o dejar de usar cierta prenda, diseño o color específico. Más parecía que éstas respondían a las necesidades, preferencias, creencias y gustos de las distintas comunidades. Es posible que estas personas, ya sea por tradición o por necesidad, decidieran unificar las características de las distintas prendas de vestir que hoy son el distintivo de cada población, como sucedió en Europa y otros sitios que adoptaron cierta forma de vestir, sin imposición alguna.

Joven de San Juan la Laguna moliendo maíz con el collar corto y más sencillo que usan las de su edad. CIRMA. Colección Alemana. Joven moliendo de San Juan la Laguna No.09-003-015. Entre 1980-1940.

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El mismo concepto se aplica a la joyería, ya que hasta mediados del siglo XX, comunidades enteras usaban collares, anillos y aretes muy similares, que al igual que las prendas de vestir, identificaban a los individuos con su lugar de nacimiento y la comunidad a la que pertenecían y servían como complemento al atuendo que se usaba en una localidad o región, como una especie de moda local.


Este collar se enrollaba alrededor del cuello con varias vueltas. Las monedas, cruces y sartas de vidrio, se enhebraron sin ningún orden específico y carece de simetría. En un lado se pueden notar un dije de plata de algún cuadrúpedo y una maza o lágrima, antiguo símbolo de fertilidad. Totonicapán. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7013

Los adornos personales de la colonia eran muy variados. Según Hill, eran una mezcla de los que se usaban antes de la llegada de los españoles y los que éstos introdujeron: “Tenían las orejas perforadas como en tiempos de la preconquista, pero no el labio inferior, y los aretes colgantes de estilo español reemplazaron a las orejeras de oro, jade u obsidiana de otros tiempos. También se usaban brazaletes de metal y collares hechos de cascabeles de latón, monedas españolas de plata y cuentas de cristal.” En el párrafo anterior se nota el sincretismo o criollismo que ya existía en el gusto de los kaqchiqueles del siglo XVII. Se ignora si los cascabeles mencionados eran similares a los precolombinos o si se empezaron a fabricar a la usanza europea, aunque se puede inferir que la costumbre precortesiana de usar cascabeles se mantuvo por mucho tiempo y que seguramente gustaban del sonido que producen los objetos de metal cuando chocan unos con otros. El nombre de las piezas de joyería dependía del idioma utilizado en cada región o poblado. Actualmente usamos la palabra chachal para referirnos a los collares que se usan en las distintas comunidades indígenas. Esta palabra proviene de la lengua quiché. El Diccionario de Guatemaltequismos lo define como “m. collar de cuentas de coral o vidrio y monedas antiguas”. Sin embargo existen otras definiciones como la del Vocabulario de Lengua Quiché, que tiene una definición más amplia: “Gargantilla, y todo adorno de garganta y manos, mas ornato de los pies”. Otro

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Familia de las Verapaces. Nótese la jerarquía con la matrona que luce orgullosamente varios collares de monedas y anillos en casi todos los dedos, junto a mujeres más jóvenes de la familia. Las jóvenes usan collares sencillos, mientras que las casadas los usan más elaborados y con monedas de plata. CIRMA. Colección Alemana No.009-006-074 Verapaz, Tamahú. Entre 19801940.

diccionario de la misma lengua lo define como un collar de más importancia o ceremonial. En este respecto, vale la pena mencionar que existen piezas para uso diario y otras para ocasiones especiales a las que se ha denominado ceremoniales o de cofradía, que son más vistosas, tienen mejores piezas y suelen ser más largas o con piezas de mayor tamaño. Las niñas y mujeres jóvenes generalmente lucen gargantillas muy sencillas, con piezas más pequeñas o de menor importancia, mientras que las mujeres casadas poseen collares de mayor calidad.

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Poqomchí. Es por esta razón que aquí nos referimos a estas piezas como collares, gargantillas, pecheras y demás, porque técnicamente es incorrecto llamar chachales a las alhajas que provienen de otros grupos o personas que no sean quichés.

En la lengua cakchiquel, el término chachal ru, se define como “Sustantivo. Collar, pulsera, adorno.” En el mismo idioma existen también otras palabras que provienen de la misma raíz como el verbo chachalij, que significa poner adornos; chachalij rií quiere decir adornarse a sí mismo y chachalij tu, poner adornos.

Otro término de origen precolombino es chalcigüite, que según el Diccionario de Guatemaltequismos se usa para nombrar a cualquier: “…adorno de cristal, de piedra y, por extensión, todos los dijes que se llevan colgados del cuello.” Surgió como una corrupción del término chalchihuitl, que los mejicanos de habla nahuatl usaban para referirse al jade y a las piedras verdes cuando llegaron a nuestro territorio apoyando a los ejércitos españoles en el siglo XVI. Aunque este término ha caído en desuso, formaba parte del lenguaje diario de nuestras abuelas y se usaba para referirse despectivamente a todos los objetos que se usan en los collares y que por lo general carecían de valor.

Hoy en día la palabra chachal se ha convertido en un término genérico para designar a todos los elementos que conforman la joyería utilizada por los indígenas, aunque ésta no exista en los diccionarios de otras lenguas como el Kekchí, Poqoman o

La longitud de las joyas varía de una comunidad a otra y, por lo que puede observarse en las fotos antiguas de mujeres del occidente del país del final del sigo XIX y la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los collares eran generalmente más


cortos, del tipo que llamamos gargantilla. Las niñas y mujeres jóvenes generalmente los usaban más simples y de una sola vuelta, mientras que las de más edad acostumbraban usar varias vueltas que se anudaban por detrás del cuello con cintas o listones. Las piezas podían estar enhebradas sin ningún orden, totalmente asimétricas o con una pieza central y las otras colocadas en pareja a cada lado con absoluta simetría, especialmente cuando lucían monedas de ocho reales, llamadas popularmente bambas. Los collares gruesos o de varios hilos se conocían también con el nombre de ahogaderas y se usaban para cubrir o disimular el llamado güegüecho, causado por el bocio, que se manifiesta físicamente con una especie de papada o inflamación en la base del cuello y que era bastante común hasta que empezó a consumirse la sal yodada en el siglo XX. Otros collares eran un poco más largos y cubrían o llegaban a la atura del pecho, por lo que se les llama de pechera. Generalmente tenían una cruz o moneda grande que hacía las veces de medallón como los de San Miguel Chijaj y San Pablo Rabinal, del departamento de Baja Verapaz. Otras veces estaban rematados con medallones hechos de varias monedas soldadas en forma de roseta. Los collares largos que cuelgan hasta la cintura son menos usuales y la mayoría proviene del área de las Verapaces donde sus dueñas los lucen orgullosamente junto a varios anillos que adornan sus dedos. La fototeca de CIRMA en Antigua Guatemala conserva gran cantidad de fotografías que datan de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, donde se aprecia cómo se usaban los collares en esa época. Entre las más interesantes se encuentran los negativos en vidrio tomados en el estudio fotográfico de los hermanos Girón, durante las décadas de los años 30 y 40 para el Libreto de Jornalero, que se exigía a los trabajadores del campo para que pudieran trabajar en las fincas durante el gobierno de Ubico. En ellos se colocaba una fotografía pequeña, de un tamaño similar a la de los pasaportes actuales y los datos del trabajador, así como los pagos que se le abonaban y las deudas que éstos tenían hacia sus patronos. Muchas mujeres indígenas se retrataron con su mejor huipil y sus mejores galas, lo que hoy permite conocer la forma en la que se acostumbraba usarlos.

Mujer de Totonicapán con un collar simétrico en el que se utiliza un medallón de Sacapulas como pieza central, con monedas grandes de 8 reales, llamadas bambas, colocadas simétricamente a cada lado. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7093

Los materiales utilizados en la joyería son muy variados, algunos collares están hechos exclusivamente de cuentas, a las que se les podía agregar monedas y otros abalorios de plata; otros tienen sartas de coral, azabache, vidrio, semillas y otros materiales. En los más antiguos se usaban también borlas de seda y cintas, que los hacían más vistosos. Algunas poblaciones como San Juan Cotzal y San Pablo Rabinal han conservado esta tradición aunque ahora se hacen de lana y lustrina, reemplazando a los hilos antiguos. Collar de soguilla de Chajúl, Quiché. En el hilo de seda se enhebran las sartas y monedas y se anuda por detrás con hermosas borlas del mismo material.

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Collar de doble hilo, con cuentas rojas en la parte de la nuca para proteger a su dueña del mal de ojo. Las mujeres generalmente usaban el pelo recogido, lo que permitía ver las cuentas de otro color. En nuestro país se usaron monedas de varios países, este tiene monedas mexicanas. Segunda mitad del siglo XX.

Además de la longitud, los collares pueden engarzarse en un solo hilo o se enhebran multiplicando las hebras entre una bola y otra, o entre una moneda y otra, con dos, tres o más hilos, que luego vuelven a unirse en un solo punto. La parte menos vistosa o la que tiene las piezas de menor calidad o tamaño es generalmente la parte que va en la base de la nuca. Hasta hace pocos años, esta área generalmente quedaba visible porque la mayoría de las mujeres usaba peinados que recogían el pelo con cintas y listones. En los collares antiguos suelen encontrarse una o varias sartas que llaman mucho la atención en esta área y, que son distintas o de otro color que las del resto del collar. Parece que tenían el propósito al atraer la mirada, evitando que la vista se fijara en la dueña de la joya y que ésta sufriera un aojo. Es importante mencionar que los collares antiguos carecían de cierres y cuando eran demasiado pequeños para pasar por la cabeza, se anudaban.

La forma y la longitud de estos collares cambiaron nuevamente en las décadas de los años 70 y 80, cuando fueron redescubiertos y se pusieron muy de moda. Durante estas décadas se consideraba que una señora de sociedad no estaba bien vestida si no tenía un huipil ceremonial y un buen chachal. Muchas personas se dedicaron a coleccionar cuentas, monedas y otros objetos de plata reutilizándolos, enhebrándolos nuevamente y mezclando piezas de distintas épocas y lugares en collares muy simétricos, adaptándolos a la moda y al gusto del momento, agregando además, adornos y colgantes con motivos foráneos o que no se habían utilizado anteriormente. La mayoría de los collares perdieron su forma original y sufrieron la pérdida de varias piezas importantes a las que en esta época no se les daba ningún valor, entre las que se cuentan varias sartas vítreas, borlas, cintas y pompones antiguos que se hallaban gastados o desteñidos por el paso del tiempo.

A las sartas que habían llegado durante la Colonia en los siglos XVI, XVII y XVIII se les sumaron otras que llegaron de Inglaterra, Venecia, Bohemia, China y otros países durante el siglo XIX y la primera mitad del XX. Estos nuevos elementos se incorporaron a los collares tradicionales, aportando colores y formas muy variadas a las ya existentes. La moda afrancesada del Imperio Napoleónico y el gusto del Período Victoriano convirtieron a las antiguas piezas españolas en objetos viejos y obsoletos que fueron sustituidos por guardapelos, camafeos y otras joyas muy distintas a las que hasta entonces se habían usado en Guatemala. Los collares tradicionales siguieron utilizándose en los poblados alejados de las ciudades y quedaron casi exclusivamente en manos de indígenas, donde se siguieron atesorando. Hasta el día de hoy, la calidad y el tamaño de las piezas suele representar el estatus de una persona dentro de su comunidad y puede ser la posesión más valiosa de una mujer indígena.

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Collar de jade precolombino y concha con un bellísimo pectoral, orejeras, sartas talladas y otras piezas, al que se le agregaron varias cuentas de plata antigua en las últimas décadas del siglo XX.


Cuentas que llegaron en el siglo XIX y XX

Collar en coral de rama con dijes modernos y cruz de plata antigua. El coral de rama empezó a utilizarse en el siglo XX, es mucho más frágil que las piezas que se usaron durante la Época Colonial.

Coral de Rama Las cuentas de coral mediterráneo se habían usado en Guatemala desde el Período Colonial. Casi todas tienen la forma que aquí llamamos tamborcitos con dos extremos redondos, perforados al centro y paredes cilíndricas o ligeramente abombadas, que en otros países toman el nombre de barriles. Otros son un poco más largos, de forma tubular. En el último siglo, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, se empezó a usar coral en rama perforado en un extremo, sin tallar, combinándolo con las mismas piezas que ya se usaban anteriormente. Éstos fueron armados cuando escasearon los corales antiguos y hubo necesidad de buscar una alternativa, que además tenía el mismo color y estaba hecha del mismo material.

Coralinas Las coralinas son piezas que imitan al coral y que pueden estar hechas de pasta o resina, coral fósil teñido y originario de China, polvo de coral molido, cristal y porcelana. Aunque también se usaron en el Período Colonial, la mayoría de ellas llegó al país durante los siglos XIX y XX. A simple vista pueden ser similares al coral o tener el mismo color, la mayoría son rojas o anaranjadas. Una buena parte de ellas se fabricó en la antigua Checoslovaquia. Se usan combinadas con piezas de plata, al igual que los corales y tienen las mismas propiedades y significado.

Sartas Vítreas En el siglo XIX y la primera mitad del XX, llegaron a Guatemala gran cantidad de sartas vítreas que en su mayoría procedían de los distintos centros productores de Europa y unas pocas de China, gracias a la apertura comercial que siguió a la independencia en 1821. Su precio era más accesible, por lo que fueron adquiridas en grandes cantidades y se volvieron muy populares. Aunque se fabricaron en casi todos los colores, las preferidas fueron siempre las rojas, naranjas y negras, que imitaban o sustituían al coral y al azabache, que tradicionalmente se habían usado durante la Colonia y tenían precios muy elevados.

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Varias sartas checoslovacas. Las translúcidas son llamadas “güicoyitos”, en nuestro medio y datan de las últimas décadas del siglo XIX. Las piezas más antiguas son las aceitunas de azul-cobalto, que son de las últimas décadas del XVIII o de los primeros años del XIX.

Cuentas Checoslovacas o de Bohemia Uno de los centros productores más importantes de Europa se encontraba en el área de Bohemia, donde se fabricó gran cantidad de las sartas. Las más comunes son:

Cuentas de Vaselina o de Uranio Las hay de varias formas, aunque las más comunes son las bicónicas, con o sin facetas, que se fabricaron en amarillo y verde traslúcido, azul cobalto y rojo. Se llaman así porque las amarillas y las verdes tienen un color opaco amarillento, muy similar al de la vaselina; existen otras que tienen una apariencia opalescente o lechosa. Esta variedad se distingue de otras cuentas porque al ser examinadas en la oscuridad con luz ultravioleta se vuelven fluorescentes, en una tonalidad verde producto de las pequeñas cantidades de uranio radioactivo que se usó en su fabricación. Este componente fue descubierto por Martin Kaproth (1743-1817), quien lo utilizó como colorante para el cristal. Hacia 1830 empezó a usarse industrialmente en la fabricación de cuentas, aunque ganó mayor popularidad en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Estos cristales dejaron de fabricarse a mediados del siglo XX cuando el uranio fue decomisado por varios gobiernos y se utilizó en la fabricación de las bombas atómicas. Collar de soguilla de Chajul, Quiché de varias vueltas. Posee varias cuentas de vaselina que al ser expuestas a la luz negra o ultravioleta se tornan fosforescentes y emiten brillos de color celeste o verde intenso.

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La utilizaci贸n de distintos minerales en la elaboraci贸n de las sartas de vidrio, para obtener distintos colores y texturas, hace que algunas de ellas se vuelvan fosforescentes al ser expuestas a la luz negra o ultravioleta.

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Cuentas de Manganeso Existen otras sartas que emiten brillo de color naranja cuando se iluminan con luz ultravioleta, producto del manganeso que contiene la fórmula del cristal con el que fueron fabricadas.

Sartas con Fluorescencia Celeste Esta variedad de cuentas también se vuelve fluorescente cuando se exponen a la luz negra o ultravioleta, emitiendo un brillo intenso de color celeste.

Melones o Aceitunas Estas sartas tienen forma ovalada y generalmente se les llama melones, aunque en España también se conocen con el nombre de aceitunas por tener una forma similar a la de estos frutos. Las hay de varios colores, aunque las más comunes y apreciadas son las rojas y en segundo lugar las de color naranja. Se utilizan en varias poblaciones del occidente del país, incluyendo Rabinal, donde se usan en el collar de matrimonio. Las de color azul también son muy apreciadas, en especial las de cobalto, aunque son bastante raras. La mayoría de éstas data de los siglos XVIII y XIX.

Sartas translúcidas de cristal checoslovaco celeste, de las últimas décadas del siglo XIX, llamadas olivas. Se les encuentra en casi todos los colores. Las del siglo XIX son generalmente más grandes que las de las primeras décadas del siglo XX.

Cuentas blancas y opacas que reaccionan a la luz ultravioleta emitiendo un brillo o reflejo celeste intenso, a causa de los minerales contenidos en ellas.

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Varios collares del siglo XIX y principios del XX, con sartas de cristal checoslovaco y español, en colores translúcidos, cuya forma se conoce como disco. Las hay gruesas, y las más aplanadas, se les llama en otros países espaciadores o rondelas. Las cuentas de esta forma son comunes en los municipios de Sacatepéquez, donde se combinan varios collares de distintos colores. En nuestro país se conocen también con el nombre de botonetas, por su similitud a estas golosinas.

Espaciadores de Rondela, Discos Checos Achatados y Rondelas de Borde Redondeado Son piezas redondas y planas, con una forma muy similar a la de las lentejas, aunque bastante más grandes. En nuestro medio suele llamárseles botonetas. Aunque existen muchas variantes, las diferencias son mínimas. Todas tienen forma redonda y plana, el centro un poco más ancho o abultado que las orillas. En España también se fabricaron y se les conoce con el nombre de pepitas. Son las cuentas más populares y comunes en el departamento de Sacatepéquez, donde se usan en casi todos los colores y tamaños, aunque algunas poblaciones favorecen algunas tonalidades sobre las otras. Algunas son translúcidas y otras son opacas. Se usan solos o combinados con sartas de otra forma o color.

Collares de discos o botonetas en diferentes colores, que acostumbran utilizar las mujeres en San Juan Sacatepéquez, Guatemala. La mayoría de las cuentas datan de las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX.

Esferas de Cristal Checas Son completamente redondas, algunas son transparentes como las que se usan en el collar de matrimonio de San Miguel Chicaj, otras son opalescentes o lechosas, especialmente las más antiguas. También hay traslúcidas en rojo o naranja, otras son opacas y de un color sólido como las blancas que se usan en San Mateo Ixtahuacán, combinadas con las azules que se usan en Chajul.

Las esferas de cristal checoslovaco se usaron en diferentes colores translúcidos y sólidos. Los colores rojo, blanco y azul, se utilizan en collares de San Juan Cotzal y Chajul.

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Collar de esferas checoslovacas de varias vueltas de Patzicía. Se anuda en la parte de atrás con alguna cinta o listón. Algunas veces tienen monedas, cruces y otros dijes.

Mujer de Patzicía, Chimaltenango con collar ceremonial de varias hiladas, de cuentas esféricas checoslovacas de principios del siglo XX. CIRMA. Frank Lee Mays Patzicía. 2003-8375

Sartas Facetadas Estas sartas imitan las piedras verdaderas con cortes o facetas para reflejar la luz. Algunas son translúcidas y pueden ser completamente claras o tener un ligero tinte de color celeste, rojo, corinto, rosado o verde; en muchos casos imitan piedras de más valor. El color rojo oscuro se usó para imitar al granate y se encuentra con cierta frecuencia en los collares guatemaltecos mezclado con dijes, monedas y medallones de plata. Están perforadas al centro, algunas son redondas, otras tienen forma

Sartas translúcidas de cristal checoslovaco. El facetado de estas cuentas se hacía a mano. Por la forma y cortes, se les llamaba sartas de corte inglés. Aunque hay varios colores, los más comunes son transparentes, celestes y granate, con el propósito de imitar esta piedra semipreciosa que fue tan popular a finales del siglo XVIII y en el XIX. En muchas ocasiones se les intercalaban monedas, medallones y dijes.

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de pera y otras son bicónicas. Una de las formas más populares es la del Corte Inglés. En algunos casos tienen un ligero brillo tornasol, que se logra sometiéndolas al calor después de haberlas cortado. Las de color negro se usaron para sustituir el azabache, que tenía un precio más alto. Se encuentran en varios tamaños y de muchísimas formas. La mayoría de ellas se fabricó en la antigua Checoslovaquia, aunque también se hicieron en Austria y Francia.


Cuentas de encajar checoslovacas de dos, tres y cuatro pétalos. El color celeste era el utilizado en Patzún.

Güicoyitos

Jóvenes de Sumpango, Sacatepéquez con collares de cuentas checoslovacas de encajar de dos puntas. CIRMA. Frank Lee Mays. 2004-0232

Estas piezas se conocen en otros países con el nombre de calabazas, aunque en nuestro país se les llame güicoyitos porque tienen una forma similar a la de este vegetal. Estas sartas se encuentran también en varios colores.

Sartas Checas de Encajar de dos o tres puntas y de cuatro o cinco pétalos Estas cuentas tienen pequeñas hendiduras en la parte central que permiten que unas se adapten a las otras, encajando o conectándose cuando se ensartan en un hilo, formando distintos diseños que resultan muy interesantes y le da volumen. Las hay de dos, tres, cuatro y cinco lados o pétalos. Se encuentran prácticamente en todos los colores, aunque en Guatemala los más apreciados son el rojo, negro, naranja y celeste. Se usan en hilos de varias longitudes, algunas veces como gargantilla y otros como pechera, solas o entremezcladas con monedas, dijes y cruces de plata.

Cuentas de cristal checoslovaco de encajar, de dos puntas, en color rojo y negras, combinadas con cuentas esféricas, utilizadas en Cunén, Quiché.

Tres hilos de discos, cuentas de encajar y calabazas con monedas de 8, 1 y ½ real, con un medallón de monedas de plata soldadas. Las cuentas de color rojo en la base de la nuca podrían haber sido para protegerse del mal de ojo desde atrás.

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Collar de un solo hilo con secciones dobles de sartas de cristal checoslovaco de diverso tipo, del que sobresalen los g端icoyitos azul cobalto, con dos monedas coloniales espa単olas de a 2 reales de 1821, acu単adas en la Nueva Guatemala y una medalla conmemorativa del centenario de la independencia centroamericana, en 1921.

Tres hilos de calabazas transl炭cidas de Checoslovaquia de finales del XIX o principios del XX, intercaladas con cuartillos de real de plata.

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Cuentas de Cristal Soplado Esmaltadas con Mercurio o Cristal de Mercurio Estas cuentas se elaboraban soplando el vidrio dentro de ciertos moldes que les daban su forma final. Tienen paredes muy delgadas y son vacías por dentro. Para darles color se usa una técnica muy similar a la que se usa en los espejos, esmaltando su interior; se encuentran en dorado, plateado, verde y azul. Algunas son redondas y sencillas, mientras que otras tienen formas elaboradas. En Europa se vendían como guirnaldas para los árboles navideños, pero en Guatemala empezaron a usarse como collares. Son sumamente frágiles y muchas veces se encuentran quebradas y astilladas, especialmente en los bordes, donde reciben más daño a causa del roce entre unas y otras. Las mujeres de Chimaltenango las usan en plateado, las verdes y doradas se usan en San Antonio y Santa Catarina Palopó a la orilla del lago de Atitlán y en Soloma, Huehuetenango. En San Gaspar Chajul, municipio del Quiché, se usan en los collares y en los pendientes o aretes que se hacen con hilos de seda de color fucsia.

Mujer con collar de cuentas de vidrio soplado y esmaltado entre las cuales se intercalan 3 monedas de a 8 reales de plata, llamadas bambas. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P34-075.1

Sartas de vidrio soplado, esmaltadas con mercurio y plata, utilizadas en Chichicastenango, Quiché.

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Cuentas Españolas Pepitas Son redondas y aplanadas, perforadas al centro y tienen una forma similar a la de las lentejas, se fabricaron en la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso, en España.

Opalinas Su nombre se deriva del ópalo, una piedra semipreciosa que emite brillos tornasoles. Estas sartas de cristal tienen una tonalidad lechosa o semitransparente. Algunas veces despide destellos tornasoles. Fueron hechas en España en la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso y en la antigua Checoslovaquia.

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Collar de matrimonio de San Miguel Chicaj. Tiene cuentas esféricas checoslovacas de finales del siglo XIX y opalinas españolas de finales del XVIII; además una cruz antigua de corazones ahigados a manera de medallón y una cruz más sencilla, que cubre la base de la nuca para protección. Esta cruz ya no se encuentra en los collares del siglo XX.


Cuentas Venecianas Coralíos o Falsos Corales Entre las sartas más populares de los siglos XIX y XX se encuentran los corazones blancos, llamados así porque el centro de cada sarta se hace de una pasta vítrea de ese color y sobre ella se sobrepone otra, generalmente roja. En Guatemala se encuentran en varias tonalidades o variantes del rojo-naranja, todas relacionadas con el color del coral y se les llama coralíos o falsos corales. Los más antiguos tienen la superficie opaca y se distinguen de los del siglo XIX y XX, porque los últimos tienen una superficie brillante y traslúcida. Las piezas más antiguas que datan de los primeros años del siglo XIX son de color naranja como el coral mediterráneo o la cornalina, rosa fuerte o arándano, rojo rubí y rosa fuerte; los del siglo XX tienen una tonalidad roja, similar a la de la cáscara del tomate maduro, razón por la cual algunas veces se les llama rojo tomate. Collar de falso coral o coralíos, primera mitad del siglo XIX. Fabricadas en Venecia, en otros países se conocen como corazones blancos, ya que usa una capa base vítrea blanca, amarillenta o verdosa, sobre la cual se sobrepone el otro color, en este caso de tonalidad rojo-naranja. En España se les llama también granadas, ya que se les parecen mucho.

Mostacilla y Mostazones Se trata de sartas de pasta vítrea de un solo color que generalmente tienen los lados ligeramente abombados. En los collares guatemaltecos usualmente se usan los mostazones que son los de mayor tamaño y se les encuentra en casi todos los colores. Los translúcidos se usan generalmente en las Verapaces, intercalados con pequeñas monedas de ¼, ½ y un real, en los collares conocidos como de cuartillos, de medios o de reales, aunque los últimos son los más raros. Los de color negro se usan en los departamentos de Tononicapán y Sololá,

Collar de cofradía de Nahualá, Sololá, de varias vueltas con esferas checoslovacas rojas con mostazones, que son las cuentas más pequeñas.

Listón fabricado con mostacilla de varios colores que se usa anudado sobre el pecho con una lazada, en Cruz Blanca, Sacatepéquez.

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generalmente en hilos muy largos que sirven para dar varias vueltas alrededor del cuello que se anudan con una cinta o listón en la base de la nuca. Las sartas más pequeñas se conocen localmente con el nombre de mostacilla, se les usa en la aldea de Cruz Blanca, en el departamento de Sacatepéquez, donde las pequeñas cuentas se entretejen para hacer una especie de listón largo que luego se anuda sobre el pecho con una lazada.

Caracoles y Conchas Los caracoles y las conchas se utilizaron durante el Período Colonial como amuletos y talismanes con guarniciones de plata que permitían colocarlos como dijes y entremezclarlos con otras piezas. Estos objetos siguieron usándose en años posteriores y recombinándose con nuevos elementos. Existen varias poblaciones en las que se acostumbra usar collares elaborados con conchas y moluscos. En Cajolá, Quetzaltenango se acostumbra enhebrar cuentas elaboradas con caracoles recortados, que algunas veces se usan en su color natural y otras veces se tiñen de colores. En Panzós, Alta Verapaz se usa un collar que se elabora ensartando pequeños caracoles combinándolo con otros collares de cuentas de cristal, monedas, dijes y plata.

Collar de caracoles recortados, utilizado en Cajolá. Se utiliza en color natural y teñido de colores. Se combina con otros collares.

Aunque en Guatemala no se acostumbraba hacer collares con fragmentos de conchas, los pobladores de las costas pacífica y atlántica empezaron a fabricarlos en el siglo XX, copiando los que se hacen en el Caribe para venderlos a los turistas

Semillas En Guatemala existe gran cantidad de semillas que por tener una forma o color llamativo se han utilizado tradicionalmente para elaborar aretes, anillos, pulseras y collares. Algunas provienen de plantas domesticadas como los frijoles; otras crecen salvajes y se recogen en barrancos y terrenos baldíos. Algunas son utilizadas en todo el país, como el caso del frijol de pito, mientras que otras se usan únicamente en algunas regiones. Poco a poco esta artesanía ha perdido importancia, ya que cada vez existen menos espacios donde se puedan recoger semillas salvajes, personas que se dediquen a recorrer los bosques o que tengan tiempo disponible para prepararlas y enhebrarlas. Las semillas se dañan con la humedad y son blanco fácil de los gorgojos y polillas que muchas veces habitan en ellas desde el momento en que se compran en los mercados locales, donde pueden adquirirse a precios muy bajos y muchas veces terminan en la basura.

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Collar de pequeños caracoles que se usa en Panzós combinado con otros collares de cuentas de cristal, dijes y plata.

La perforación de las semillas no es tarea fácil, muchas de ellas se rompen o rajan al momento de horadarlas. Usualmente es una tarea asociada con las mujeres y los niños. María Eliberia Sequén, originaria de Santa María de Jesús, Sacatepéquez, y vendedora de estos objetos en el Mercado de Artesanías frente a la Iglesia del Carmen en La Antigua Guatemala, se ha dedicado a esta tarea desde pequeña y dijo que “…a las niñas siempre les ha gustado adornarse y como no había mucho dinero, ni los aparatos de ahora… nos íbamos <al monte> donde había semillas que usábamos para hacer collares y adornarnos…”


La elaboración de estas piezas se hace combinando gran cantidad de semillas, algunas comestibles, como los piloyes –una especie de frijol bastante grande y de colores muy llamativos-, otras que provienen de árboles como el pito, caspirol o conacaste y otras que son recolectadas en los barrancos, bosques y selvas. Agradezco especialmente al Dr. Miguel Torres por su apoyo en la identificación botánica de algunas semillas y a Flavio González quien me proporcionó varios especímenes.

Higuerío Es una planta silvestre que crece en casi todos los departamentos del territorio nacional. Se le llama higuerilla en otros países de América Latina y su nombre científico es el de Ricinus communis. Se usaba en collares para hombres y mujeres en varias comunidades del departamento de Sacatepéquez. Estas semillas son muy tóxicas y su ingestión puede causar la muerte.

Frijol de Pito El árbol que produce estas semillas tenía gran importancia en la religión y la mitología precolombinas. En el libro del Popol Vuh se lee que los dioses trataron de crear a los hombres varias veces, hasta que lograron perfeccionarlos. Los primeros fueron moldeados con barro, pero se deshicieron cuando llovió; la segunda vez fueron hechos con madera del árbol de Pito, al que se llama “tzite” y formaban la pareja de las mujeresmuñecas hechas de cibaque que se ahogaron junto a ellos en el diluvio, porque no tenían alma. Finalmente lograron crear al hombre de maíz. Su madera aún se considera sagrada y se le confieren algunas propiedades mágicas. Sus semillas se usan en ritos de adivinación, combinadas con granos de maíz y navajas prismáticas de obsidiana. Hasta el día de hoy, su tronco se usa para fabricar los cuerpos de Maximón, San Simón y Judas en varias poblaciones del departamento de Sololá. Su nombre científico es Erythrina berteroana. Su flor es comestible y es la que le da el nombre de pito, ya que al soplarla de cierta manera produce un silbido. Sus semillas crecen en vainas cerradas que se abren cuando maduran y dejan caer la semilla al suelo. Se le conoce en otros países como árbol de coral, ya que sus flores y sus semillas tienen un color rojo intenso. En algunos departamentos se le llama michi. Al igual que todos los frijoles, tiene un pequeño ojo o mancha de otro color que, junto a su color intenso lo hace muy llamativo y por ello se utiliza en la joyería, especialmente para la protección contra el mal de ojo. Con él se fabrican collares para los adultos y pulseras que se colocan en las muñecas de los niños, junto a otras semillas que en la mente popular protegen a los infantes, como la avellana o el ojo de venado.

Collar de semillas de higuerío, alternadas con frijoles blancos teñidos de colores.

Collar que alterna semillas jaspeadas del higuerío con frijoles rojos de pito.

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Jaboncillo Su nombre científico es Sapindus saponaria y su pulpa aún se usa para fabricar jabones. En América del Sur se le conoce como chambimbe o coco y, al igual que en Guatemala, se le usa también en la joyería tradicional. Aquí se le llama jaboncillo porque antiguamente se usaba en lugar del detergente para lavar la ropa. Al dejar la semilla en remojo, ésta despide una sustancia ligosa y espumosa que se usa como jabón.

Collar de semillas redondas claras, semillas de macadamia, semillas ojos de iguana, semillas ojos de venado, más grandes que las anteriores y distintos tipos de frijoles y semillas largas de flamboyán.

Collar de semillas negras y redondas de jaboncillo, alternadas con chilindrones (de forma triangular), al centro una de mayor tamaño de árbol de injerto.

una esfera de madera pulida. Empezaron a usarse en el siglo XX, cuando se inició su siembra y producción en Guatemala.

Lacandón Semilla redonda y plana como lenteja de color marrón o café que también se usa en la elaboración de collares y gargantillas, generalmente se le combina con las pepitas de otras plantas.

Encino Las bellotas del encino se utilizan en su color natural o pintándolas en distintos colores, solas o intercaladas con otras semillas.

Semillas de Melón “En otros tiempos se usaban las pepitas de melón, me acuerdo cuando mi hermano las picaba con aguja capotera y hacía hilos que se dejaban secando colgados en un clavito en la sombra…”, son las palabras del Sr. Pedro Hernández originario del municipio de Santa Catalina Barahona, del departamento de Sacatepéquez. Las pepitas deben usarse el mismo día que se abre la fruta, pues aún están suaves.

Semillas de encino. Estas nueces al caer del árbol se suelen ensartar junto a otras semillas.

Nuez de Macadamia Las nueces de macadamia son comestibles y en su estado natural se encuentran dentro de una cáscara redonda, esférica, muy dura y difícil de romper que se usa en la joyería porque parece

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Collar de semillas de melón. Las semillas deben ensartarse cuando aún están frescas.


Semillas similares, aunque varían de tamaño. Se usan para prevenir el mal de ojo en collares y pulseras. Las de mayor tamaño se conocen como ojo de bruja y las más pequeñas tienen distintos nombres en varias poblaciones, los más comunes son: ojo de cangrejo, collarín, colorín, pitillo, tusup o huevo. Las últimas se usan en los municipios de Salamá y Sacapulas.

Ojo de Cangrejo, Collarín, Colorín, Pitillo, Tusup o Huevo Éstas son semillas pequeñas que se han usado desde hace muchos años en Santo Domingo Sacapulas. Sus colores rojo y negro muy brillantes la hace muy llamativa, razón por la cual se usa como un amuleto de protección contra el mal de ojo. Se acostumbra colocar una gargantilla a las niñas y una pulserita a los niños sin mezclarla con otras semillas. En el departamento de Sacatepéquez se usa con el mismo fin, pero se le agrega una semilla de avellana en la parte central de la pulsera. Su nombre científico es Rhinchosia pyramidalis. Su identificación y la del ojo de bruja, fue posible gracias a Elfriede de Pöll, M.S. y Ph.D. en Botánica y Directora del Herbario UVAL del Instituto de Investigaciones de la Universidad del Valle. Crece en una liana o bejuco herbáceo, algo leñoso y sus semillas son tóxicas.

del Bactún, el 21 de diciembre de 2012. Los collares que se usan en estos rituales simbolizan el calendario precolombino Tzolkin, que está compuesto de 13 meses de 20 días cada uno. Las semillas de piloy rojo se agrupan en secciones de 20 unidades (por los días) y se separan siempre con una semilla de ojo de venado, para indicar que se trata de un nuevo mes, dando la apariencia de un rosario en el que ésta ocupa el lugar de paternóster. También se usa como amuleto para la buena suerte y para prevenir el mal de ojo en los adultos. Algunas personas lo utilizan como talismán, en el bolsillo izquierdo. Se considera que es posible aumentar el poder de esta semilla mediante algunos ritos. En el libro de la Inquisición en Guatemala del investigador Ernesto Chinchilla Aguilar, se menciona que en la Época Colonial se usaba como talismán contra el mal de ojo.

Avellana Se usa también para evitar el daño y el mal de ojo. Se acostumbra convertirla en talismán mediante una ceremonia muy similar a la que se hace con el ojo de venado, rociándola con agua bendita y pasando sobre ella ramas de la ruda, una planta importada de Europa. En Guatemala se usa en pequeñas pulseras para niños, con una semilla al centro, mezclada con frijoles del árbol de pito o cuentas de cristal rojo.

Lágrimas de San Pedro En algunos países de América Latina se les llama también lágrimas de María porque se usaron para hacer rosarios y contar con ellas las avemarías que se habían rezado. Usualmente se les usa en su color natural, gris claro perlado, pero algunas veces se tiñen con anilina de distintos colores. Su superficie es lisa y muy pulida.

Ojo de bruja Es una semilla muy similar a la anterior, aunque de mayor tamaño; se le conoce también con el nombre de Huayruro y se usa para hacer collares en toda América Latina. El árbol macho produce semillas de color rojo intenso con manchas negras y su nombre científico es Ormosia velutina Rudd. El árbol hembra las produce únicamente rojas y su nombre científico es Ormosia de isthmensis Standl. Crece en los bosques húmedos del departamento de Izabal.

Ojo de Venado y Ojo de Buey Estas semillas provienen de ciertas plantas que viven a la orilla de ríos y lagos. Cuando caen al agua son arrastradas hasta el mar, donde flotan y eventualmente llegan a las playas, donde suelen encontrarse. Existen muchas variedades de esta planta en América y África. A las más pequeñas se les llama ojo de venado y a las de mayor tamaño ojo de buey. Se usan en la adivinación y en algunos rituales relacionados con temas calendáricos como el cambio

Collar de semillas Lágrimas de San Pedro y garras de gato. Semillas conocidas como lágrimas de San Pedro, fueron utilizadas antiguamente como cuentas para rosarios. También se les conoce como lágrimas de María. Su aspecto es gris muy lustroso.

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Mashan Son semillas negras, pequeñas y lustrosas, algunas tienen forma redonda y otras son ligeramente ovaladas, por lo que se puede decir que su forma es irregular.

Conacaste Es una semilla alargada, pequeña y semitransparente. Su nombre científico es Enterolobium cyclocarpum.

Flamboyán o Llama del bosque Collares elaborados con distintos tipos de frijol, los grandes de color negro se conocen como uruna, los de color y los castaños o cafés con pecas negras se conocen como pintillos.

Son semillas alargadas de color castaño oscuro que se combinan con otras que generalmente les sirven como espaciadores.

Garra de Gato Es una de las semillas que tradicionalmente se ha utilizado en el departamento de Sacatepéquez. Se utiliza también en la medicina tradicional para tratar las dolencias renales, que en Guatemala suelen llamarse mal de orina. Su nombre científico es Proboscidea parviflora.

Frijoles En Guatemala existen muchas variedades de frijoles que por su forma y su colorido se utilizan en la joyería. Algunas son especies nativas y otras importadas. Entre las semillas más vistosas se encuentran los piloyes, que son bastante más grandes que la mayoría de los frijoles. Sus colores son variados y muy llamativos: rojo, blanco, marrón, amarillo-naranja y negro, conocido localmente como uruna. Otros tienen colores entremezclados, pecas o pintas, por lo que se les llama pintos, se encuentran en combinaciones de colores muy atractivas que varían del rosa al morado, marrón con negro o negro con blanco. Otro de los frijoles se llama pintillo, tiene color marrón o café, con puntos negros y se usa en Sacatepéquez. En las poblaciones de San Antonio y Santa Catarina Palopó, se usaban frijoles blancos perforados y enhebrados hasta hace algunos años. En Sacatepéquez se acostumbra teñirlos de colores y combinarlos con otras semillas.

Trueno Es una semilla larga que se usa también en el Perú, donde se le llama tabanchin. Trae buena suerte.

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Semillas de mashan que son recogidas en los bosques y barrancos, son pequeñas, de color oscuro y de forma esférica u ovalada. Aparecen junto a otro collar elaborado con semillas alargadas de conacaste, que traen buena suerte. Las redondas pequeñas son de guanacaste.


Se le llama ojo de iguana porque simulan la pupila del animal al tener color negro en el centro. Se usan contra el mal de ojo. Aquí se han alternado con las de jaboncillo.

Plumero En Guatemala, a esta variedad de plantas se les llama plumeros porque sus flores tienen forma de plumas y en el centro de ellas, se encuentran las semillas. En los barrancos de San Juan Sacatepéquez crecía de forma salvaje una especie de la que se obtenía una semilla pequeña de color oscuro, que después de recogerse, se horadaba y ensartaba en collares cortos que eran usados por los hombres.

consumiendo una pequeña cantidad cada dos días. También se usan para adelgazar.

Sépalos de Eucalipto En la población de San Jerónimo en Baja Verapaz, se usan los sépalos de una variedad de eucalipto para hacer collares. Se recogen cuando caen del árbol.

Injerto Esta es la semilla de un fruto que se consume localmente, cuya forma es muy parecida a la del zapote, aunque más pequeña. Se usa como medallón o terminación de los collares por su tamaño. Tiene el nombre científico de Pouteria viridis.

Camaleón

Pepita de Aguacate tallada Otra de las semillas que se usó a manera de medallón o terminación del collar, es la del aguacate, que se acostumbraba usar con alguna talla. Sépalos de eucalipto.

Es una de las semillas que crece naturalmente en los barrancos, donde es recogida por los recolectores de semillas, que luego las perforan para enhebrarlas en los collares.

Ojo de iguana Es otra de las semillas que se usa en los collares con un propósito protector. Es de color castaño, con el centro más oscuro, casi negro, como un ojo con pupila. Al igual que todas las semillas y cuentas de cristal que tienen pequeños ojos, son consideradas protectoras, porque velan contra el mal como una especie de vigilias que siempre están atentos.

Chililndrones o Chilco Estas semillas también se usan en la medicina tradicional para aliviar la constipación. Deben pelarse antes de su consumo

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Insectos Algunos insectos también se han usado tradicionalmente en la joyería guatemalteca, en especial, un vistoso escarabajo que tiene la caparazón de color blanco y negro al que localmente se le conoce con el nombre de camaleón, un coleóptero del género Zopherus. Su identificación fue posible gracias al apoyo del Dr. Miguel Torres y del Dr. Héctor Castañeda. En San Jerónimo Verapaz se usaba como si fuera una sarta. Se le quitaba las patas, utilizando únicamente el cuerpo, que se traspasaba con una aguja. Las mujeres de esta población solían usarlos en collares cortos, en los que se enhebraban varios de estos escarabajos. Se usaban también en las pulseras de los niños, junto a las semillas de collarín o colorín para proteger a los infantes del mal de ojo. Hasta la década de los años 60, eran muy comunes y se podían comprar vivos en las ferias y los atrios de las iglesias para las fiestas patronales. Se acostumbraba decorar sus caparazones con piedras de fantasía que se pegaban con goma, al igual que una pequeña cadenita que servía para evitar que escapara y además servía para sujetarlo a la ropa con un alfiler o gancho de ropa como una especie de prendedor. Un insecto muy similar y de la misma familia aún se usa de la misma forma en México y se conoce con el nombre de maquech.

Pulsera para niños de San Jerónimo, Baja Verapaz. La pieza central es un insecto llamado localmente camaleón. Se le traspasa el cuerpo transversalmente y se le quitan las patas para convertirlo en una especie de sarta, que al llamar la atención, protege a los infantes.

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Camaleón decorado con pedrería. Estos insectos se vendían vivos en los atrios de las iglesias. Se les decoraba y pegaba a una cinta o cadena muy fina que servía para evitar que se escaparan. Usados como prendedor viviente.


Collar de sartas de cristal de finales del siglo XIX con monedas de plata de varias épocas y procedencias. Las monedas se seleccionaban por su tamaño y por ser de plata, valían por su peso. En nuestro país se usaron en los collares monedas de España y toda América Latina, aunque las más comunes son las nacionales, peruanas, potosinas, mexicanas y españolas.

Monedas Las monedas eran utilizadas en la joyería guatemalteca desde el Período Colonial. Para el siglo XIX y la primera parte del XX, las monedas de plata eran el elemento más abundante de los collares guatemaltecos, junto a las cruces de plata. La mayoría eran cortos y gruesos como gargantillas o ahogaderas, unos cuantos de tipo pechera y otros muy largos como los de las Verapaces, de gran parecido con las cadenas de monedas usadas en México por las tehunanas, que al igual que en Guatemala, se elaboran con monedas y suelen rematarse con medallones elaborados con monedas soldadas. En nuestro país también se usan cruces y crucifijos.

Mujer de San Cristóbal Totonicapán con un collar de monedas en forma de gargantilla o ahogadera, que posó para una postal de G. Hurter, en la primera década del siglo XX.

El uso de monedas perforadas en la joyería tiene raíces semíticas, donde además de convertirse en objetos decorativos, tienen propiedades mágicas. Según la información del Lic. Julio Carvajal Cavero del Museo Alhajas en la Vía de la Plata de España: “… las lecheras (amas de cría para los hijos de la burguesía y aristocracia) tenían unos collares de monedas de plata. Efectivamente, se consideraba que la plata traía buena suerte. Y el niño iba a ser rico, si bebía en un recipiente de plata hecho para él,… Desde luego que el agujerear las monedas tiene una connotación mágica además del simple hecho de poderlas colocar en un cinturón, o dónde fuese.” El mismo autor informa que algunas de las monedas que se encuentran en los collares o collaradas españolas son de origen musulmán. En los collares guatemaltecos se utilizan monedas españolas y de todos los países de América Latina que fueron colonias hispanas, entre las más comunes están las mexicanas y las peruanas, a las que se les llamaba peruleras. Excepcionalmente se encuentran monedas de plata de Estados Unidos. Originalmente se usaron únicamente las monedas de plata, ya durante la segunda mitad del siglo XX se empezaron a usar las de níquel. En la mayoría de los casos sólo se perforaban, aunque también fueron usadas en infinidad de formas, con muchísima creatividad, sufriendo modificaciones para convertirse en medallones, dijes y aretes, pulseras y anillos, que se fabricaron soldando, recortando o cambiando su forma, agregando colgantes, dijes y toda clase de decoraciones, incluso con piezas móviles que se unen por medio de argollas y cadenas. Las monedas suelen ser modificadas al recortar, limar o grabar su superficie para convertirlas en dijes con formas geométricas, de flor, sol, con siluetas en forma de cruz o de pájaros, especialmente de palomas y águilas bicéfalas. Estas modificaciones hacen que los especímenes pierdan su valor numismático, para convertirse en alhajas.

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Collar con monedas y varios temblereques. Entre las formas más comunes se encuentran la del águila bicéfala, estrellas, flores y cruces que fueron usados en esta pieza. La mayoría de las monedas son del siglo XIX.

Temblereques Los temblereques se elaboran utilizando varias monedas recortadas. Algunas veces se colocan como medallón en la parte principal del collar, otras veces se usan como dijes. Las monedas más grandes sirven de base para colgar otras modificadas o dijes elaborados con lámina de plata recortada. Entre las formas más utilizadas se encuentran las águilas bicéfalas, palomas, soles, corazones y estrellas, que forman el cuerpo principal del colgante y que se encuentran perforadas con varios agujeros pequeños en los lados y la parte baja, de los que cuelgan figuras y otras monedas más pequeñas. Las piezas colgantes suelen estar recortadas también y en muchos casos se decoran estampando círculos y otros detalles para convertirlas en dijes.

Monedas Caladas Otro de los usos decorativos que tuvieron las monedas en la joyería guatemalteca es el de calar los diseños dejando vacío el fondo para resaltar los motivos representados en ellas. Este trabajo es típico del siglo XX, los primeros ejemplos datan de mediados de siglo y se usaron en medallones, dijes, anillos y toda clase de abalorios que colgaban o se soldaban a distintas piezas de joyería.

Monedas adosadas a los anillos En algunos casos las monedas de plata de ½ y un real se usaron soldadas en los anillos, especialmente en el área de las Verapaces.

Se ilustran los diversos trabajos realizados con monedas, para elaborar toda clase de objetos utilitarios y joyas como pulseras, collares, anillos, llaveros, etc.

Varios anillos antiguos, entre ellos dos con monedas de un real.

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Collar de sartas de cristal checoslovaco y Moneda de 8 reales resellada como medallón.

Medallones de Monedas Los más sencillos se hacen horadando una moneda para enhebrarla en una cadena o hilo. La moneda puede ser de cualquier tamaño, pero generalmente es una de ocho reales, o un macaco -nombre que se le da localmente a las macuquinaso una bamba. Otras veces se convierte en medallón al soldar una argolla en la parte alta de la pieza. Los medallones también se hacen soldando varias monedas. Por lo general se usa una moneda más grande al centro y otras más pequeñas al rededor, a manera de roseta. Los medallones guatemaltecos tienen un parecido lejano con los usados en México por las mujeres tehuanas, aunque los mexicanos son bastante más grandes que los que se usan aquí y generalmente bañados en oro. Otra modalidad consiste en rodear la moneda con hilos entorchados que forman diseños simétricos.

Medallón de Sacapulas del siglo XIX, con una piedra de cristal rojo, símbolo del amor.

Otra variante es la que en la parte alta tiene una mano que sostiene la moneda. Algunas veces se trata de una mano cerrada que sostiene entre los dedos una argolla de la que cuelga una o varias monedas que han sido convertidas en medallón. Una forma similar es la que presenta una mano que soldada a la moneda, parece sostenerla con los dedos en la parte superior. Otra variante más la constituyen los medallones de la población de Sacapulas, en el departamento del Quiché, a los que se les agregan dijes con forma de animales o personas, cadenas, cruces, hojas y flores; incluso hilos de filigrana entorchados que forman roleos, como puede observarse en los más antiguos. Al analizar los motivos y la simbología que tienen los distintos objetos utilizados en su factura, se puede suponer que originalmente hayan sido obsequios relacionados con las donas, joyas que las novias reciben en el matrimonio. Aunque la mayoría de los medallones utilizan monedas grandes, del tipo llamado bamba, también hay otros que tienen piezas más pequeñas, incluso las de uno o dos reales.

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Collar de discos o espaciadores de cristal checoslovaco translúcidos y monedas, que se usaba antiguamente en Santa Catarina Barahona, Sacatepéquez. Una de las hiladas es translúcida y la otra rosa pálida.

Matochos

Exvotos o Milagros

Los matochos son medallones que se hacen uniendo varios anillos para formar una especie círculo que se cuelga de una cinta de terciopelo o seda negra, sin ninguna decoración. Los anillos que se emplean son muy variados, los hay de palomas y corazones, con piedras de cristal y flores, con piezas móviles y demás. Un rasgo común entre todos ellos es que son bastante gruesos, la parte que va en el interior es siempre más delgada que la exterior, donde se encuentran los diseños y adornos. Esta joya se utilizaba en Sacapulas, junto a los medallones de monedas.

En México y España los exvotos son pinturas en las que se representa a un santo por cuya intercesión ocurrió algún milagro. Tradicionalmente estos objetos se llevaban hasta el santuario y se dejaban allí para ser colgados cerca del altar del santo como testigos silenciosos de los favores recibidos. Una variante de este tipo de agradecimiento lo constituyen las figuras de cera o metal que se conocen en el extranjero como milagros y que tienen la forma de la parte del cuerpo que fue sanada o el milagro recibido. También se acostumbraba llevarlos a los templos para que sirvieran como testimonio.

Dos matochos de anillos anudados, junto a los medallones de Sacapulas.

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En nuestro país se han confundido los términos y se llama exvotos a las figurillas de metal o cera que en otros países se llaman milagros. Estas piezas no se usaban en los collares, sino que cosidas a la ropa, donde todas las personas podían ver que la persona estaba rezando para que se le concediera un favor. Cuando se recibía el milagro, debían llevarse a la iglesia y se colgaban allí con listones de colores. Existen tantas formas y figuras como necesidades, los más comunes tienen la forma de las partes del cuerpo y generalmente se asocian con la sanación de manos, pies, cabezas, ojos y demás. Los hay también con forma de vacas o caballos para agradecer la curación o el hallazgo de un animal perdido, con forma de chapulines -nombre que se le daba a la langosta que acababa con las cosechas-, hombrecitos o mujercitas con faldas en forma de abanico para agradecer la curación, el regreso o recuperación de un ser querido. Algunos son muy antiguos, incluso del Período Colonial, aunque la mayoría son de los siglos XIX y XX. La costumbre de usarlos en la joyería empieza en la segunda parte del siglo pasado, cuando estas piezas llegaron a los collares y empezaron a incluirse en los llamados chachales, cuando todos los objetos que eran de plata y tenían alguna antigüedad fueron a parar a los collares.

Detalle de collar de sartas facetadas de cristal checoslovaco verde y mostazones translúcidos.

Dijes Jarritos y Tinajitas Entre los dijes más originales se encuentran los jarritos, que se fabrican colocando guarniciones de plata en los dos extremos de una sarta de vidrio o una piedra semipreciosa como el cristal. La parte superior lleva un asa y un vertedero para que parezca un jarro, la parte posterior tiene media esfera recortada que le sirve como base. Las sartas que forman el cuerpo de la pieza son de mayor tamaño que las del collar y pueden ser una imitación de coral o de azabache o aún, sartas de colores translúcidos. Algunas datan del siglo XIX y otras de las primeras décadas del siglo XX. En el siglo XX se dio una variante de los jarritos al agregar dos asas, convirtiéndolos en tinajitas, que siguen el mismo patrón y son muy parecidas a las anteriores, aunque más modernas. En los años 70 y 80 se sustituyó la sarta vítrea por una esfera de plata, a la que se le agregaron dos orejas.

Exvotos con forma humana, servían para agradecer el retorno de un ser querido, la salud de una mujer, etc. Exvotos con forma de pierna y brazo. Se usaron para agradecer la curación de estos miembros.

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Medallón de Sacapulas con dijes en forma de quetzal, segunda mitad del siglo XX.

Quetzales Los dijes con esta forma se encuentran entre las adiciones más modernas que tienen los collares del siglo XX. Ahora se usan en las cadenas de las mujeres de las Verapaces, en los medallones de Sacapulas y en los chachales que se armaron a partir de la segunda década del siglo pasado.

Tecomates Otro de los dijes que empezó a usarse en las décadas de los años 70 y 80 es el del tecomate, una calabaza con forma de pera que tiene en la cintura una cinta o nudo simulado con alambre entorchado que se anuda y del que salen dos cordones.

Donas Jarrito fabricado con una cuenta de cristal para el cuerpo y que se le adosaron guardas de plata en ambos extremos para convertirla en un jarro o pichelito, como se les llama también en Guatemala.

Piedras de Cristal con Guarniciones de Plata Estas son piezas muy interesantes y decorativas que se encuentran ensartadas en muchísimos collares. Se hicieron con piezas de cristal de colores a las cuales se les colocó una guarnición de plata y una argolla en la parte alta para poder colgarlas. En la mayoría de los casos tienen la forma de una gota o lágrima, aunque también hay algunas redondas. No se sabe mucho sobre su origen o significado y cabe la posibilidad de que no hayan sido hechas como dijes, sino que sean una forma de reutilizar las piezas que colgaban de aretes o de otras joyas. Las piedras pueden ser planas o facetadas.

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Este término se refiere a los regalos que se entregan a la novia el día de su boda. Entre los pueblos indígenas aún se acostumbra que el novio regale a su futura esposa algunas joyas, que varían de un poblado a otro.

Joyería de las Verapaces Las mujeres de esta región se caracterizan por usar collares largos, que generalmente cuelgan hasta la cintura y gran cantidad de anillos en cada mano. Se acostumbra que el novio entregue a su futura esposa varias alhajas de plata y el atuendo que ella usará el día de la ceremonia. El precio de las joyas o donas que la novia recibe es muy elevado y algunas veces no concuerda con el nivel económico de los contrayentes.


Collares de Monedas Se acostumbra usar monedas horadadas de un real o sus fracciones para formar collares largos que cuelgan sobre el pecho y usualmente llegan hasta la cintura. Antiguamente se usaban monedas verdaderas, hoy en día se fabrican de monedas falsas más delgadas y de menor tamaño que las de antaño y se utilizan también las de níquel. Los collares antiguos eran más sencillos. Éstos consistían en monedas del mismo tamaño con un solo agujero en uno de los lados y luego se ensartaban junto a cuentas de vidrio o cristal que servían como espaciadores entre una y otra, las más comunes son traslúcidas porque reflejan el brillo de la plata, aunque también se usaban las que tienen color. Suelen tener alrededor de un ciento de monedas, pero los números varían.

Collar de monedas de un real separadas con cuentas de cristal de color fresa, típico del área de las Verapaces.

Collares de falso coral o coralío con monedas y una cruz de las que se solían llevar en las Verapaces, junto a otros collares de plata o con otras cuentas de pasta vítrea. La cruz es del siglo XIX y las cuentas, las hay desde el siglo XVIII, como los melones de color azul cobalto hasta la mayoría de las cuentas de los primeros años del siglo XX.

Collar de las Verapaces con cuartillos. Se han usado espaciadores checoslovacos de cristal translúcido entre las monedas; los que reflejan el color de la plata y la hacen más llamativa y brillante.

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Collar de monedas de un cuarto de real o cuartillos colocadas en una especie de malla con terminaciones triangulares o en forma de racimo de uvas con remates de esferas, similares a las bollagras españolas.

Collar de cuartillos soldados con argollas a dos cadenas a los lados. En la parte exterior hay varios dijes esféricos que en nuestro país ya no tienen ningún significado y que pudieron originarse en la tradición española de las bollagras. Pieza utilizada por la pintora Carmen L. de Pettersen para una de las acuarelas del libro: Maya of Guatemala: life and dress.

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Otra forma de usar las monedas consiste perforarlas en lados opuestos, donde se colocan las argollas que sirven para sujetarlas a dos cadenas que corren paralelas por la orilla de todas las monedas; pueden usarse soldaduras con el mismo fin. Estas piezas pueden estar decoradas con colgantes en forma de esfera o bollagra. Algunos tienen únicamente una en la punta a manera de medallón; en otros hay varias que cuelgan a lo largo del collar. Otra variedad es la que usa una moneda o cruz de mayor tamaño a manera de medallón en la punta. Otra variante es la que utiliza monedas perforadas que se unen unas a otras con pequeñas argollas soldadas que forman una especie de pechera o cuello que cubre los hombros. En él las monedas se agrupan formando una especie de racimos de uvas o picos. En las últimas décadas del siglo pasado empezaron a escasear las monedas de real antiguas y se empezaron a usar las monedas de plata de 5, 10, 25 y 50 centavos de quetzal que habían dejado de acuñarse para 1964 y que aún se encontraban en abundancia.

Joven posando para una postal; entre sus joyas se puede observar una gargantilla o ahogadera ancha para cubrir el cuello que muchas veces servía para disimular el bocio y un collar hecho de monedas de un cuarto de real, en forma de picos o racimos de uva. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P35-003


Lazos de matrimonio y cadenas tradicionales de las Verapaces.

Lazos de Matrimonio Se acostumbra que la novia reciba también cadenas fabricadas con eslabones que al entrelazarse forman distintos diseños. Por lo general son bastante largos y se pueden dar dos o tres vueltas al collar que cuelga hasta la cintura. Otra variante del mismo, aunque más moderna que la anterior, es la que usa pequeñas esferas que se unen con alambres retorcidos con un trabajo similar al que se usa en los rosarios.

Cadenas con dijes

Nótese los distintos tipos de eslabones, en estos lazos de matrimonio de las Verapaces, de finales del siglo XIX y principios del XX.

En esta misma zona también se acostumbra usar cadenas de plata con dijes que generalmente tienen forma de quetzales, pavorreales, pájaros, caballos, monedas falsas -en especial macacos o macuquinas- cerdos e incluso elefantes. Estos adornos empezaron a usarse hasta el siglo XX, lo que se puede deducir cuando se examinan los abalorios que cuelgan de ellos.

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Antiguo collar de matrimonio de Rabinal. Con sartas de coral mediterráneo (que luego fueron sustituidas por sartas de cristal) y dos borlas de seda que son el símbolo de los corazones que se unen en la ceremonia. Entre los dijes se encuentra una moneda macuquina, (llamada macaco en Guatemala), varias cruces y crucifijos, junto a un corazón con iniciales, otro dije relacionado con el compromiso y el amor.

Collares de matrimonio de San Pablo Rabinal Hasta hace pocos años, la vestimenta y la joyería que las mujeres usaban en Rabinal, Baja Verapaz, dependía de su estado civil. Aunque los collares tradicionales eran siempre de color rojo, las sartas utilizadas se diferenciaban unas de otras. Las de las solteras eran redondas, sus collares más cortos y simples; los collares de las mujeres casadas o comprometidas eran más elaborados y tenían piezas de plata. En esta población se acostumbra que los contrayentes se entreguen collares durante la ceremonia, en el lugar de anillos. Tradicionalmente había dos collares iguales o muy similares con sartas de coral o cristal checoslovaco rojo en forma de oliva, que además tenían varias monedas de plata. La punta o terminación del collar se hace con dos borlas de colores a las que se llama corazones que simbolizan el amor de los dos novios que se une en el matrimonio. Antiguamente se hacían con hilo de seda y más pequeñas, hoy se acostumbra hacerlas con lustrina o lana. En la punta se usa una cruz de plata grande.

Collar de matrimonio de Rabinal, Baja Verapaz. Las borlas que lo adornan son el símbolo de los dos corazones que se unen en matrimonio. Las cuentas del collar son olivas checoslovacas de finales del siglo XIX. Antiguamente se fabricaban de seda y eran mucho más pequeñas.

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Collar de matrimonio de San Miguel Chicaj En esta población se acostumbra que la mujer reciba un collar para su casamiento. Los collares pueden tener sartas de coral o cuentas de cristal traslúcido, intercaladas con monedas de plata. Un crucifijo grande le sirve de remate al frente y un crucifijo de menor tamaño se encuentra en la parte de atrás del cuello, en la base de la nuca. Se usa junto a los collares rojos que usan las mujeres solteras y que seguramente la novia tenía antes de casarse. La cruz de atrás ha desaparecido de los collares modernos.

Collar de matrimonio de San Miguel Chicaj, antiguo. Este collar tiene cuentas de coral mediterráneo y todas las monedas son macuquinas o macacos como se llaman en Guatemala. Este collar fue usado por la pintora guatemalteca doña Carmen Lind de Pettersen en la acuarela de esta población que se encuentra en su libro: Maya of Guatemala: life and dress.

Medallones de Sacapulas

Collar de discos checoslovacos de finales del siglo XIX con varios medallones de monedas, los dos de atrás provienen de la población de Sacapulas, Quiché.

Estos medallones tienen siempre una moneda como pieza central alrededor de la cual se van soldando otras monedas más pequeñas, dijes y alambres retorcidos con la técnica de filigrana, los motivos se repiten simétricamente a ambos lados de la pieza. Una de las formas más tradicionales es la que tiene una pieza, especie de tornapunta con un agujero en la parte alta que sirve para colocar una argolla. A los lados suelen usarse dos hojas extendidas, posiblemente una simplificación de las hojas de acanto. Los más antiguos tienen dos perros en la parte alta, viéndose uno al otro. El perro representa la fidelidad en la iconografía cristiana, por lo que podría estar allí como el símbolo de una de las virtudes más deseables del matrimonio y estar asociado con éste. Otros medallones usan caballos y venados en lugar de los perros. Los más modernos tienen quetzales, leones y toda clase de animales que no tienen ninguna relación con los votos matrimoniales.

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Matocho de anillos anudados y dos cadenas con medallones de Sacapulas, en una composiciĂłn similar a la de la fotografĂ­a de CIRMA.

Collar de Soguilla. Consiste en fijar las distintas piezas, como cuentas y monedas, con nudos de un hilo grueso al que se le llama soguilla, lo que los hace muy llamativos. San Gaspar Chajul, QuichĂŠ

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En la parte de abajo suelen tener monedas soldadas, de las que penden tres cadenas con dijes en cada una de sus puntas. Generalmente éstas tienen relación con el tema del amor o el matrimonio. En los antiguos, los dijes tienen alguna simbología como las truchas, que en Guatemala se llaman pescados y que fueron descritos anteriormente o las palomas con una forma muy similar a las usadas como amuleto en España, colgando de la cola, con las alas abiertas y el pico hacia abajo, cruces y otros símbolos. Los medallones de finales del siglo XIX o principios del XX tienen también elementos simbólicos como dos personas, un hombre y una mujer, con un pavo real, que significa eternidad o sea el amor eterno de la pareja. Desde mediados del siglo pasado se les ha agregado toda clase de animales y objetos que nada tienen que ver con la temática amorosa, en especial los quetzales. Otros medallones están decorados con filigrana y se puede encontrar en ellos una piedra de cristal rojo, un color asociado con el amor. Originalmente se usaban colgando de una cadena simple o adornada con cuentas esféricas y/o monedas. En el siglo XX se les fueron agregando dijes que cuelgan a los lados, entre los que generalmente se encuentran los quetzales. En otras ocasiones también se encuentran como puntas de collares de cuentas vítreas, en los que también se enhebran monedas de distintos tamaños. Mujer de Sacapulas, Quiché usando joyería tradicional de la localidad. En la parte alta lleva un matocho hecho de varios anillos anudados y bajo ellos, dos medallones de monedas. Circa 1931-1944. CIRMA. Estudio Zanotti-Hnos. Girón No. 165-P2-7065

Collar elaborado con varias monedas antiguas de distintas dimensiones y denominaciones, con un medallón de monedas soldadas en la punta.

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Anillos La joyería popular de Guatemala generalmente se fabrica en plata, lo que se aplica también a los anillos que se encuentran dentro de los objetos que recibe la novia o que son intercambiados entre los contrayentes. Los anillos relacionados con el compromiso o el matrimonio se fabrican con motivos alusivos al amor; entre los más comunes se encuentra el que representa las dos manos de los contrayentes entrelazadas, tema que empezó a usarse desde el siglo XVIII, aunque en Guatemala la mayoría de sortijas con este motivo data del siglo XIX o de la primera mitad del XX. Este diseño se conoce con el nombre de Fede, que significa fe en italiano. También se usan con una o dos palomas. Se consideraba que estas aves eran una especie de mensajeras, por lo que se les representa llevando corazones en el pico, cartas de amor o anillos. Cuando las palomas están solas, se representan con las

Varios anillos antiguos, algunos tienen placas con las iniciales de sus dueñas originales, otros monedas de medio real y uno de ellos tiene una piedra antigua que es un cabujón de la fábrica de cristales de la Granja de San Ildefonso, de los últimos años del siglo XVII

alas abiertas. El anillo debe usarse con el pico de la paloma hacia abajo y la cola hacia arriba, de manera muy similar a la que tienen las palomas que se usan en los aretes españoles para la protección del oído. Para el matrimonio se usan los que tienen dos palomas, que unen sus picos dirigidos hacia el centro del anillo, generalmente sobre una piedra de vidrio o cristal, que muchas veces fue sustituida por un coral o azabache en los años 80. Posiblemente están relacionados con la tradición italiana que acostumbra soltar dos palomas blancas después de la ceremonia nupcial, simbolizando el amor y la felicidad que se augura a la pareja. El corazón ha sido tradicionalmente otra de las formas asociadas con el amor. Para el siglo XVI, al final de Renacimiento, ya se utilizaba en la joyería. Los anillos los representan de muchas formas, algunos tienen un corazón aplanado a manera de placa en la que se graban iniciales. Estas placas también se encuentran de forma cuadrada, rectangular y ovalada. Otros tienen un corazón en relieve al centro de la sortija. Otra variante es la que tiene uno o varios colgantes que se hacen de lámina de plata recortada con siluetas de pájaros, corazones y otros símbolos. En los anillos antiguos, las figuras representan algún objeto y en la mayoría de los casos están grabadas con detalles para hacerlas más atractivas. Se trata de dijes minúsculos adosados a una pequeña argolla, que los une al anillo. Los modernos ya no usan siluetas sino formas geométricas que son más sencillas y menos elaboradas. Antes se usaba un anillo en cada dedo porque eran más gruesos, actualmente se acostumbra usar varios anillos en cada dedo; las mujeres de las Verapaces llegan a usar hasta 15 anillos en cada mano. Otro de los motivos que se encuentra en los anillos es la calavera con huesos entrecruzados, que se ha vuelto un sinónimo de la bandera pirata y que actualmente se asocia con la hombría o la valentía. En lo siglos XVIII y XIX se usó como un recordatorio, a fin de que los vivos se prepararan para la muerte, evitando los placeres mundanos que llevan a la muerte del alma.

Materiales y Colores Específicos de Algunas Poblaciones Aunque ciertas piezas tuvieron un uso generalizado, hubo algunas poblaciones en las que se usó exclusivamente algún color o se tuvo preferencia por las cuentas y sartas de cierta forma.

Varios collares de vidrio soplado y esmaltado.

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Patzún se caracterizaba por utilizar collares de un mismo color. Sus pobladoras combinaban cuentas de distintos tamaños, agregándoles algunas monedas y en ocasiones cuentas de color.

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Joyería masculina Entre las piezas más llamativas se encuentran los collares que se usan en las cofradías de Sololá. Al respecto, la investigadora Guisela Mayén de Castellanos indica: “En varios casos sólo una prenda o un par de detalles sirven para distinguir los dos cargos… El día que un cofrade recibe su cargo, su indumentaria sólo se diferencia de la del cofrade mayor por la ausencia del chachal.” Varios autores indican que los hombres de Tecpán también utilizaban algún tipo de collar o chachal. La investigadora Bárbara Knoke de Arathon menciona en su trabajo un dato que tomó de Osborne, indicando que “A mediados de los años 30 los cofrades de Tecpán llevaban collares sumamente largos con docenas de monedas colgando del cuello…”

Mujeres de Chajul con varias hebras de seda con monedas ensartadas y cuentas de vidrio soplado esmaltadas que se usan en los agujeros de los lóbulos de los oídos, se acostumbra hacer tres horadaciones. En lugar de los collares que se usaban antaño, llevan varios hilos de esferas checoslovacas de cristal que han sustituido a los de soguilla. CIRMA. Foto Frank Lee Mays Chajul 2005-1005

Monedas con Hilos de Seda o Soguilla de San Gaspar Chajul

En la población de Rabinal se acostumbra que en lugar de intercambiar anillos, los novios usen dos collares iguales o muy similares, como se indica en las páginas anteriores. Otro collar que es usado indistintamente por ambos sexos es el de los guías espirituales que varía enormemente de población en población, especialmente en tiempos modernos. Muchos de ellos consideran que las cuentas de jade tienen ciertas cualidades mágicas. En las ceremonias relacionadas con las fechas calendáricas se acostumbra usar collares de frijol piloy con semillas de ojo de venado que fueron descritos anteriormente.

Entre las piezas de joyería más originales y quizá menos conocidas de Guatemala se encuentran las del municipio Chajul en el departamento del Quiché, en donde las monedas y las sartas se enhebran y anudan en hilos de seda que tradicionalmente eran de color fucsia o magenta. Aunque en tiempos modernos se usa también el rojo. En los collares se mezclan cuentas de vidrio o cristal con monedas en varios hilos y para fijarlas las van anudando, lo que permite ver el hilo que las sostiene. En el cierre se acostumbra hacer dos borlas que cuelgan por la parte de atrás. Se acostumbra llevarlas el 6 de enero, día de San Gaspar, uno de los tres reyes magos y patrono de una de las cofradías más importantes de la población. El mismo material se usa para elaborar los pendientes o aretes. Se acostumbra que las mujeres tengan tres perforaciones en los lóbulos de los oídos que se traspasan con varios hilos en cada una de las horadaciones y en los que se enhebran monedas y cuentas de vidrio soplado y esmaltado, que luego se anudan por detrás y los sobrantes quedan colgando sobre los hombros, a manera de una borla muy vistosa. Tradicionalmente se usaba una hebra de maguey para pasar el hilo por los agujeros de las orejas.

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Xuan y su familia, cofrade de Santa María, Sololá. CIRMA. Foto Timothy Smith. 2001


Reloj de bolsillo con leontina de plata. Para evitar que el reloj cayera al suelo se usaba una cadena que se enganchaba al reloj por medio de una leontina o gancho; el otro extremo se aseguraba en el chaleco, o en su defecto en la solapa del saco.

Mancuernas o pines fabricados para motivar a los electores a votar por Manuel Estrada Cabrera para el período 1917-1923. Se regalaba un botón por cada voto; sin embargo, algunas personas votaron hasta tres veces para obtener un par de mancuernas y un botón para la solapa. El candidato ganó las elecciones.

En los primeros años del siglo XX se utilizaban los relojes de bolsillo. Éstos estaban unidos a una cadena llamada leontina que se enganchaba al chaleco donde se guardaba el reloj para evitar que cayera y se dañara. Los trajes indígenas del occidente del país no tienen chaleco, por lo que se adoptó la costumbre de usar el reloj en el bolsillo del saco y enganchar la leontina en la solapa, como puede observarse en varias fotos antiguas. Entre los anillos que son típicamente masculinos se encuentran los de tecolote, símbolo de sabiduría. Estas piezas se encuentran algunas veces en posesión de los jefes de familia, los de más edad y son un símbolo de respeto y reconocimiento de su autoridad.

Colmillos y garras Los colmillos y garras del jaguar, jabalí y tiburón generalmente se asocian con las distintas cualidades de los animales de los que provienen y son deseables de la masculinidad por lo que son usados por los jóvenes.

La cruz de chico Son cruces de madera sencillas que generalmente cuelgan de una cinta negra, que puede ser de cuero. Se les fabrica de la madera del árbol de chico zapote y se piensa que este material aleja el mal y protege a quien lo usa. Es una joya masculina, aunque en raras ocasiones las usan los niños en pulseritas con cuentas rojas a manera de protección contra las miradas malignas. Pareja de San Juan Comalapa, Chimaltenango posando para una foto en el estudio de Yas Noriega antes de 1917. Nótese la forma de colocar el reloj de bolsillo, cuando el traje no tenía chaleco para enganchar la leontina. CIRMA. Foto Yas Noriega. Pareja Comalapa 005-004-2911

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Joyería de las imágenes religiosas Es interesante notar que en los pueblos indígenas se acostumbra que los santos de las iglesias y cofradías se vistan con los mismos trajes que usan las personas de la comunidad. Se les adorna también con los mismos collares, aretes y otras joyas que se usan en la población. Esta modalidad es una variante de las costumbres españolas de vestir a las imágenes y adornarlas con joyas. Aún se acostumbra regalar alhajas a las imágenes de veneración para agradecer favores y milagros, razón por la cual se les ve lucir prendedores, cadenas, anillos y coronas, especialmente para ocasiones especiales y fiestas patronales. En los poblados indígenas se sigue la misma tradición, usando los textiles elaborados por las tejedoras locales. Se puede pensar en un sincretismo entre las costumbres europeas y americanas. El autor Robert Hill opina: “Incluso los santos se convirtieron en miembros de una comunidad, ya que eran adornados por sus devotos con el traje local. Al describir algunos de los <abusos> cometidos por los Kaqchiqueles en Comalapa alrededor de 1770, el arzobispo Cortés y Larraz escribió que vestían a los santos con muchas prendas y les ponían paños (su´t) en la cabeza, igual como se vestían los hombres. Cuando el cura del pueblo les reprochó por esta práctica, le dijeron que era la costumbre de los antepasados y que, por consiguiente, seguirían guardándola.”

Joyería de Dientes de Leche Hasta hace poco tiempo se acostumbraba que las señoras guardaran los dientes de leche de sus criaturas para convertirlos en piezas de joyería. Era común que los dientes se montaran en casquitos de oro o plata y se convirtieran en dijes que colgaban de aretes y pulseras; en algunos casos se les agregaba un coral. Tradicionalmente se usaron como amuletos en contra del mal de ojo. En España se consideraba que podían proteger a las mujeres de ciertos dolores y se daba especial importancia al primer diente de la criatura.

Imagen doméstica de la Inmaculada Concepción, del siglo XVII, con un huipil de Sacatepéquez y joyas que usan en la población para las imágenes.

Los símbolos patrios Esta temática se empezó a utilizar en el siglo XX. Los quetzales suelen usarse como dijes colgando de cadenas y medallones o como prendedores. También se han hecho infinidad de joyas, en especial prendedores con la forma de nuestra flor nacional, la monja blanca. En algunos casos se utilizó la moneda de Q0.50, donde figuraba esta orquídea y se le convirtió en joya, en otros casos se hacían las orquídeas de plata. También la ceiba, nuestro árbol emblemático, se ha usado en la joyería, aunque con menos frecuencia que los otros símbolos.

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Prendedor de plata de mediados del siglo XX. Representa una monja blanca, uno de los símbolos patrios de nuestro país.


Joyería neo maya Este tipo de joya fue muy popular a mediados del siglo XX. Es posible que su uso tenga influencia mexicana. El descubrimiento de nuevas sitios arqueológicos y el florecimiento de la arqueología inspiró la elaboración de joyas que representaban motivos ancestrales como dioses quemando incienso, tejiendo o sosteniendo entre sus manos mazorcas de maíz. Estas piezas se elaboraron en plata y por lo general representaban personajes míticos en bajo relieve.

Redescubrimiento de los chachales en los años 70 y 80 La joyería indígena que había quedado en el olvido fue redescubierta en las décadas de los años 70 y 80 gracias a la popularidad del artista guatemalteco David Ordóñez y el Ché Ferraira, quienes empezaron a pintar indígenas con sus vestimentas locales. En la tienda El D’zunún, se vendía gran cantidad de objetos folklóricos y volvieron a ponerse de moda. En los mismos años se fundó el Museo Ixchel del Traje Indígena, que se dedicó al estudio de los textiles tradicionales. Fue entonces cuando muchas personas notaron que estos objetos estaban desapareciendo y se dedicaron a coleccionarlos. En Guatemala empezaron a usarse para ocasiones especiales y todas las damas de sociedad asistían a los eventos utilizando huipiles de cofradía y collares tradicionales a los que se llamó genéricamente chachales, utilizando el nombre que se les daba en idioma quiché. Es también el momento en el que, por la ignorancia que se tiene sobre la joyería de Guatemala, las piezas de los collares son recolectadas y reinterpretadas, mezclando estilos y épocas. Se usaban piezas precolombinas con objetos coloniales y piezas del siglo XX, enhebrados de forma simétrica con una cruz o medallón en la punta, dijes y piezas de plata en el resto del collar. El desconocimiento ocasionó que se perdieran las piezas a las que se les daba menor importancia, especialmente las de cristal o vidrio. En esta época, solo se valoraban las piezas de plata, coral y azabache, así como las piezas de jade precolombino. Los collares originales volvieron a ser rediseñados por sus nuevos propietarios, desechando algunas piezas, reutilizando otras y mezclando algunas que nunca hubieran estado juntas. Las borlas y listones se desecharon por estar sucios y gastados. Otra de las nuevas adiciones se dio en esta época, al agregar dijes de plata nuevos con motivos no tradicionales o totalmente ajenos a la tradición, entre los que se pueden mencionar los elefantes de la buena suerte, las cruces de caravaca con doble travesaño que no se usaron en nuestro país, o sartas chinas de vidrio o plástico que se compran en el almacén El Zafiro. Otras personas combinaron las piezas de plata con perlas o piedras semipreciosas como el lapislázuli, que nada tienen que ver con las formas tradicionales.

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Collar de plata y jade contemporáneo. El diseño, original de Ivonne Anzueto de Joyería del Angel, integra medallas conmemorativas del Popol Vuh, emitidas por la Fundación del Centavo en la década de los años setenta del siglo XX, con jade del país. Su fabricación fue en plata ley 925, con acabado azulado iridiscente y detalle de pergaminos, pieza de jade lila con vetas azules y la medalla de la colección Popol Vuh. La inspiración de estas piezas contemporáneas viene de lograr capturar la esencia del alma de nuestra tierra, mostrando así diseños con un valor histórico, cultural, artístico y estético. La colección es única en su diseño e integrará además del jade, lava y piedras semi preciosas. Otra muestra de la evolución actual de la joyería guatemalteca.

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ENGLISH TRANSLATION Editorial

Pre-Hispanic Jewelry

Guatemalan Jewelry

From page 12 // Coralia Anchisi de Rodríguez

All throughout human kind history, jewelry has been an important element of every civilization and social group. As personal adornment and as an identification symbol of a particular group, jewelry has been used to ascertain human social status, demonstrating a sense of belonging and social roles.

Jewelry played an important role during the Pre-Hispanic Period because not only did it enhance the physical beauty of public figures, but it also endowed them with political, military, or religious stature. An individual’s hierarchy could be identified according to each element of his or her trousseau and physical features.

Guatemala has not been the exception. Ancient Maya people defined their roles within society by the ornamental elements they wore. Jade, conch, obsidian, clay, feathers, animal hide, gold, and tumbaga, among other materials, were used as jewels to conform the personal iconography of their roles within nobility, the clergy or simply as ordinary members of society.

These protagonists took advantage of body paint, tattoos and scarring, nose, ear, and lowerlip perforations, cranial deformations, and dental incrustations to modify their appearance, distancing themselves from their human nature in order to approach or identify with supernatural beings or deities with which they had some affiliation. These physical transformations were frequently complemented by paraphernalia that included masks, headgear with feathers and applications, as well as jewelry and vestments which distinguished them before the people as rulers, members of a lineage, warriors, or priests. These elements were used during ceremonies and public events, most assuredly achieving great impact on all those in attendance.

After the Conquest, social patterns were modified. Roles changed as the Spaniards introduced new elements to the jewelry used in our territory, like crystal beads, coins, gold and silver chains, as well as charms of many forms and motifs, many of them used to avoid the evil eye. Since then, Guatemalan jewelry has evolved, using noble metals, beads of diverse materials and precedence, seeds, all types of coins which officially circulated in our country, precious and semi-precious stones, corals, jet, and pre-Colombian elements, making our jewelry unique and special. It is not my intention to comment any further into what the reader will find and discover about our jewelry within the pages that follow. The author of the material presented is the meticulous researcher Coralia Anchisi de Rodríguez, whose enormous dedication has resulted in a document that will certainly become a reference for those interested in the topic and researchers alike. I wish to thank, in turn, the owners of the private collections as well as the institutions that allowed us access to their pieces in order to bring this unique essay to the public. For Foundation G&T Continental, it is a real pleasure to present this edition of Galería Guatemala as part of our 20-year celebration of supporting the arts and culture. We are confident that in doing so, we are definitely contributing to the salvage, documentation and appreciation of our cultural heritage, manifested in this occasion, as Guatemalan jewelry. Estuardo Cuestas Morales President Foundation G&T Continental

It was believed that the blood of rulers and their families was necessary to maintain cosmic order and the cycle of earthly life. Blood had to be offered in ceremonies and sacrifices to satisfy the gods who, in exchange, would send rain and permit nature to run its course. The nobility was under the obligation to offer this vital liquid ritually, and so they would bleed themselves to achieve favor with the gods and avoid natural disasters. Sometimes, these events were recorded on stele, altars, and monuments built in public plazas and spaces. One example is Lintel 24, from Yaxchilán, Mexico, dating back to the Eighth Century. It reveals ruler Jaguar Shield, accompanied by his wife, Lady Xoc, pouring forth her blood by passing a rope with thorns or fragments of obsidian through her tongue or lower lip. The participants in this ritual are dressed in royal paraphernalia, with impressive jade jewelry, headgear, feathers, and fine cotton clothing which identifies their hierarchy. This scene is one of the three carved to commemorate the event and legitimize the ruler, his spouse, and his descendants before his subjects.

Materials used in jewelry All the materials used in Pre-Columbian jewelry came from Mesoamerica – the area comprised by Mexico and Central America – where they were exchanged through trade routes established among the different territories that made up the region. The most important materials include obsidian, green stones -jadeite and serpentine, among others-, rock crystal, shells and conches, mother of pearl and pearls. During the final years of the Postclassic Period, objects made from gold, tumbaga, and copper were also made available and, due to their scarcity, were greatly prized.

Obsidian Obsidian deposits were very important in the PreColumbian Period because metals were not yet known before the Seventh and Eighth Centuries, and obsidian was the material used to make large amounts of useful tools, especially piercing and cutting instruments and tools, as well as weapons. This material also served to manufacture some objects used by royalty, such as sacrificial blades and knives, or certain pieces of jewelry, such as the so-called sequins which were very thin plates with holes in the center, sewn or embroidered on headgear and certain pieces of clothing. It was also used to carve ear ornaments and other decorative objects possibly adhered to headgear and vestments.

The most important obsidian deposit in Guatemala is El Chayal, located 25 kilometers from Guatemala City, where the best raw material in Pre-Columbian America was produced. Extracted material was prepared by stripping it in order to withdraw initial impurities; from there, it was taken by carriers to distribution centers, one of these being the rivers which communicate our territory with Mexico. One of the most important sites was Kaminaljuyu, in central Guatemala, which according to several experts held monopoly over El Chayal’s obsidian mining and distribution. Colored obsidian was very rare, especially the red variety which came from Mexico. Another variety, the so-called meca, presented maroon and brown veins and came from El Chayal. This mineral was usually worked by means of percussion or pressure which would release thin plates known as prismatic blades. In order to make other objects, it was necessary to work edges and provide new forms. Among these objects, the most prized were known as eccentric and could only be manufactured by master craftsmen. .

Jade and Green Stones Ancient settlers of our country greatly appreciated stones with green-blue shades which we call green stones. The finest and hardest was jadeite, although serpentine, chalcedony, and other minerals of similar color were also used. These shades were associated with corn and the regeneration of nature. It was also the color located in the center of the four cardinal points, in the center of the earth. Among the Aztecs, it took on the name of Chalchihuitl and the Mayan people called it Yax. The name jade known to us today is derived from the French – l’éjade – which came from the Spanish name piedra de ijada, since the Spaniards believed the mineral could protect and cure people of certain kidney afflictions. For the same reason, nephrite, another mineral of the jade family, was known as lapisnefriticus. These minerals are naturally white and take on their color when they mix with others. The most prized colors are blue and imperial green, although there are other colors such as dark green, apple green, light green and black. Other times, the green color appears like a vein amid a white surrounding. Jade is extracted from various points along the Motagua river basin, in the eastern region of the republic, from which it was traded to the north through the Pasión River. It was taken also to the Caribbean and all Central America, especially to Copán, in Honduras, and Costa Rica. The mineral was carved and polished in infinite forms, the most common being perforated spheres and tubes which, strung together, served as bracelets, ankle bracelets, necklaces, and such. There was also manufacture, among others, of strings of carved beads, disks, ear ornaments, breast plates, plaques, and nose ornaments.

Shells, Conches, Pearls, and Mother of Pearl Through the same trade routes in which jade and obsidian were exported, foreign goods entered our territory, some from the sea, such as conches, pearls, mother of pearl, and shells. Among all the sea products, the most prized were the spondylus variety of shells which have a red-orange shade of color. Sometimes, these materials were combined with others or served to create mosaics with jade and other materials. Pearls were also used and some have been found in funeral contexts. They are characterized by rather large perforations since there were no metal tools to drill them, a detail that would devalue them in modern times.

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Copper, Gold and Tumbaga Metal was not know in our territory until metallurgic techniques spread to Mexico and Costa Rica, from where most of the gold, tumbaga –an alloy of gold and copper-, and copper objects found in the country came. Many of these were lost when the first conquerors melted down everything they found in their search for gold and wealth.

Ear Ornaments The use of this jewelry piece also had a ritualistic context or significance, as is the case of the public event where the perforation of ear lobes in which the ear ornaments were introduced took place. According to Fray Bernardino de Sahagún, this public ceremony was celebrated every four and eight years. The blood poured forth served as a sacrifice indicating that whoever wore the ear ornament had offered his or her blood. Ear lobe perforations were carried out during childhood. The holes were to be enlarged progressively with the introduction of thicker and heavier objects so the holes achieved the diameter needed to be penetrated by large ear ornaments or jade tubes, or other materials used by adults. Author Enrique Vela indicates that although forms varied greatly, this type of jewelry can be divided into two basic forms, those which were simply inserted into the ear lobe (from which adornments could be hung) and those formed by the ear ornament itself pierced by a tube from which elaborate closures frequently hung. During the Postclassic Period, these objects were manufactured from many materials such as ceramic, bone, obsidian, green stones, shells and gold. Some ear ornaments were not made to pierce the ears, rather they were hung or affixed in the headdresses or headgear, hanging in front of the ears. Usually, these are flat and round; some are perforated, others are decorated with small mosaics made from shell, jade, pyrite, and obsidian. Not all Pre-Hispanic jewelry was made from precious material. Common folk and lower level officials used objects of lesser value. There is an infinite amount of clay ear ornaments and beads, some very fine and polished, especially the few samples from the Preclassic Period, most of which have fine black trimming. There are other thicker ones from a later period, or a rustic finish and lacking trimming. Some of these reveal remnants of red paint.

The Bezote Some jewelry could be used exclusively by royalty and such were the bezotes. They were inserted in a hole opened between the lower lip and the chin, in the area known as bezo; thus the name When a royal character died, it was important to bury him or her with great pomp and, above all, with his or her most prized possessions which would accompany that person on the way to the underworld and into the new emergence of life, demonstrating hierarchy. The vast majority of Pre-Columbian jewelry recovered comes from funerary contexts in which the rulers were buried along with their offerings. Among these are fine pieces of ceramic and large amounts of plaques, tubes, and jade beads, as well as other precious materials. One of the funerary rituals practiced included the use of ground cinnabar which was sprinkled over the dead body and the surrounding objects, creating the impression that these had been painted red. According to some authors, this was due to the importance of blood; according to other sources, this was a form of preventing theft since contact or inhalation of this mineral could prove fatal to looters. Perforations to insert the bezotes also took place in public ceremonies. Wearing this jewelry denoted the hierarchy of the wearer and was exclusive to political chieftains who additionally had to belong to certain lineages. When these rulers were made prisoners, one of the worst humiliations they could suffer would be

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the removal of the bezote which caused the person in question to lose saliva through the orifice, thus symbolizing a loss of status and a form of public humiliation and degradation.

Hispanic Influence on Colonial Jewelry

Plaques

The arrival of the Spaniards in 1524 marked a new era in personal adornment, as well as the materials used in Latin American jewelry. Jade, shells and other materials used during the Pre-Hispanic Period were displaced by beads and adornments brought by the conquerors. From North America to the Andes, there are necklaces with charms, crystal beads, coins, medals and crucifixes of bronze or silver similar to those used in Spain, with local variants.

Plaques or plates were used since the Preclassic Period and were related to the Olmec culture. Usually, they come in the form of a flat plate, at times carved with figures or inscriptions, such as the Leyden sample. Others are completely smooth. Some present perforations from which they can be hung; others have none, thus allowing the supposition that, besides their use as jewelry, they were used as offerings. Generally they are made from well-polished, high-quality jade.

Disks and Pectorals or Breastplates These pieces are usually the finest and most ostentatious and were worn on the chest or abdomen, to finish off a throat piece or necklace. In some cases they have been found as offerings; in others, as part of a funerary trousseau. They have been manufactured with many materials and in diverse techniques, with applications or mosaics, low relief carving, in fret work designs and incised lines, presenting often remains of red paint deposited in the cracks. During the Postclassic Period, gold and tumbaga were also used in their fabrication. These pieces often represent animals, faces, deities, and rulers. Among the finest and most attractive pieces of jewelry found in our country are three breastplates from the Topoxté Site, located on an island in the Yaxhá Lagoon, a pectoral plate of the God Itzamná, and several animals made from mother of pearl, shell, conch, and jade, from the Late Classic Period. Disks are also a type or variation of the pectorals, although they are given this name for their round shape. Some were made from shell, others of conch.

Nose Pieces Nose pieces were one of the symbols of the PreColumbian elite class; they were used by characters of the highest rank. In some cases, they were part of the public enthroning ritual of a sovereign, as is illustrated in several Mexican codices such as the Nutall, Becker, Bodlei, and Colombino samples. There are several forms or types of nose pieces, such as the so-called bar or tubular variations which pierced the central part of the nose. In some cases, long tubes, usually of jade, were used to pierce the orifice from side to side. Others present varied forms, with some type of point or hook used to attach them to the nose, as occurs with the nose pieces worn by the feminine figurines found in the Cotzumalguapa area, on the South Coast. Other nose ornaments hang from the central part of the nose and cover the mouth. There are many of these, often associated with the Teotihuacan cultures and constituting part of the vestments of the characters seen on censers recovered from the bottom of Lake Amatitlán, at the Mexicans Site, or on censer lids with Teotihuacan influence from the South Coast.

Dental Incrustations Another transformation endured by the Pre-Columbian elite was dental incrustations in which small, circular perforations were done on certain teeth to deposit pieces of pyrite or jade. Generally, these pieces were inserted in the front teeth where they were more obvious and could be seen better. Some incrustations were flat, others slightly curved, outstanding from the tooth surface. The number of incrusted pieces would vary. Also, they would have their teeth edges filed, in order to change their form.

Masks Masks were another element used in funerary circumstances. The most famous is the one covering the face of King Pacal, from Palenque, Mexico. Some were manufactured from one single piece during the Preclassic Period and they are related to the South Coast cultures. Others were fabricated with mosaics of jade, shell, obsidian, mother of pearl, and pyrite.

From page 28 // Coralia Anchisi de Rodríguez

Dr. Jesús Paniagua Pérez, from the University of León considers that American jewelry is divided in three categories: indigenous, aristocratic and Creole. The latter generally merges or reinterprets local and foreign elements. In Guatemalan jewelry, this applies to certain pieces with singular features. In the analysis of the elements and influences of jewelry, consideration must be taken into the fact that jewels are dynamic elements that suffer modifications due to the needs, beliefs, tastes and purchasing power of its proprietors. Metal pieces are often melted in order to create new and modern ones, leaving no visible trace of their original form. It is important to note that some subject matters and materials found in Guatemalan jewelry had been used in Europe many centuries ago, especially in Spain where they have been amply studied. In my opinion, common features with Hispanic jewelry are no coincidence, thus I present a comparison between local and Iberian elements in an effort to try to comprehend what has been forgotten in our country. During this process, I had the good fortune to have the support of Spanish researcher Valentín Monte Carreño, member of the Asociación Azabache y Leño Fósil (Jet and Fossil Wood Association) of the University of Oviedo and with the accurate commentaries of Julio Manuel Carvajal Cavero, curator of the Museo de las Alhajas en la Vía de la Plata (Jewelry Museum at Silver Street) in Spain to whom I thank their valuable input and learned opinions. Spanish traditional jewelry of the Sixteenth, Seventeenth, and Eighteenth Centuries is the result of a syncretism of tastes, materials, values and beliefs of different peoples who inhabited the Iberian Peninsula throughout centuries. Romans contributed jet, attributed with medicinal properties, as well as rock crystal associated with the purity of Venus and later incorporated into Christianity associated with virtue and purification. They also used coral to improve blood circulation and avoid hemorrhaging. Semitic groups –namely Moors and Jews- introduced agate and coral mixed with silver. Muslims carried to the Iberian Peninsula the art of filigree and the use of perforated coins. With the Moors arrived the belief of the evil eye and the need of protection against this harm with amulets and talismans with the capacity to get hold of the damage caused by the gaze of envious and malicious people. Christianity contributed medals, crucifixes and lockets to keep away demons and to protect those who wore them. Necklaces and other jewelry pieces used many elements that adorned and served to protect those who used them, a conception taken from Alchemy, which considered that the contact with certain minerals was enough to improve health, guarantee eternal youth or change the nature of certain materials. Thus, materials such as coral, crystal or jet were used, as popular belief dictated, to cure illness or as protection. As for the origin of these jewels, the word necklace –in Spanish collar-, is from the Latin collare. It was an adornment specific to women. It was also associated with the ornamental sense of the jewel and served as


a symbol of social status and even as an expression of beliefs. Researchers Cavero and Alonzo indicate that in Spain they had many different names according to their size, as chokers, necklaces and collaradas -long necklaces. Hispanic tastes and culture had an important impact on the indigenous people since the first decades of the Sixteenth Century when religious orders arrived in America. Indigenous ladies who married Spaniards of lineage adopted European fashion using jewels, lace and embroideries. They liked corals, vitreous beads, lockets, medals and other ornaments used on the other side of the ocean and which, little by little, were assimilated by the rest of the population.

Glass Beads and Crystal The origin of vitreous beads goes back thousands of years. They were brought by Spanish expeditions that arrived in our land since the first decades of the Sixteenth Century when they were exchanged for goods, gold and pearls. The conquerors used them as gifts to reaffirm alliances as well as political and diplomatic relations, as was the case of the first encounter between the Emperor Moctezuma and Hernán Cortés, when the conqueror gave the Mexican emperor a necklace of margaritas, throwing it effusively on his neck as to thank the gifts he had received by means of his ambassadors and emissaries on his way to Tenochtitlán. The majority of beads brought by Spaniards towards the end or the Fifteenth and during the Sixteenth Centuries were of Venetian origin. These were distinguished by their quality and by the fact that they were made by various layers of vitreous paste of different colors. However, others have been found made in China and Holland. Among the most important beads of Venetian origin are the rosettes, called in Spanish margaritas (daisies), which are spherical or oval in shape, and were manufactured overlapping four to seven glass layers of different colors. Then, the edges or the centers were wore down, leaving the interior layers open and forming a flower of various petals, hence the name. Another type of bead which arrived in great quantities during the Sixteenth and Seventeenth Centuries is the New Cádiz, manufactured with three layers of vitreous paste of different colors. They are always elongated and can measure various centimeters. Other beads that had great importance were called Cornaline d’Alepo or White Hearts, known in Guatemala as fake corals or coralíos. These were made with two colors of vitreous paste, one opaque in the center and another layer of color on the exterior. Their resemblance with coral and cornaline made them very popular as their price was more affordable to the masses than semiprecious stones. Today, these beads are rarely found in necklaces; with luck there is one or two in the area to be placed at the base of the neck, where indigenous women used to string beads of other color and /or shape as a way of protection. These beads, at sight when their hair was up, were to attract malicious glances, thus protecting their back side against any harm.

Virtue Stones The history of these beads started with Alchemy, formerly considered among the most important sciences, linked to Hermetic beliefs, Astronomy and Philosophy. In the mind of alchemists, various substances and minerals had medicinal and even magic properties, being able to transform some objects. Virtue stones usually were precious or semiprecious stones, or even minerals which, according to popular belief, guaranteed wellbeing to their owner. They were also associated with the proper function of some organs. Among the most widely used was agate, attributed with the capacity of protecting against negative energy by absorbing it. Amber favored digestion and was used

against headaches. Coral was associated with blood circulation problems and jet avoided some illnesses. Cornaline, which is flesh colored, was attributed with the property to cure wounds and avoid hemorrhaging. These were incorporated into daily use, sometimes as jewelry pieces used with other objects in necklaces and chains to calm physical disease. Among beads generally worn by women were the so-called milk beads, used to guarantee good breast feeding. Another stone of importance was crystal rock, associated with virtue, virginity and purity; its use was purifying. In its place, transparent crystal was also used, sometimes mixed with gold dust. Spaniards who arrived in America found that there was also the belief in the benefits of certain stones, among them jade, which became part of the great European medicine cabinet. Spaniards used it to cure renal afflictions and called it piedra de ijada –flank stone- as kidneys are found in that area between the false ribs and the hip.

The Evil Eye Some Spanish jewelry elements are associated with this belief, extended throughout Europe, Asia and America. It was also known as fascination. It consists of the thought that envious and malicious people may be capable of causing harm to others by means of their glance, provoking disease and illness. This belief traveled with Spaniards to our land, where it still has many adepts. As in Spain, it is believed that children are the most vulnerable. There are many amulets to prevent the evil eye. These are said to have the capacity to catch the malicious glance before it can do any harm. Among those widely used are red corals and red glass or crystal beads, as well as fangs, seeds, conches and shells.

Infant Protection The vulnerability of children, their proclivity to contract illnesses and the lack of efficient remedies to cure them lead our ancestors to think that certain diseases could be cured with objects of specific characteristics that were able to avoid harm or catch it before it affected the children. Thus, in time, many amulets and talismans have been created. Amulets have their own protecting features due to their material and form, talismans have to be prepared and potentiated by rituals and magic spells that grant special powers. Spain prohibited the belief in magic, amulets and talismans thought to be against the Catholic faith, even though in practice, people acted differently. This is showcased in several child portraits of Spanish nobility during the Sixteenth Century, in which children appear with infant charm holders, a type of belt or chain of which various amulets hang, protecting them from harm and keeping away evil spirits

Silver Beads Muslims introduced metallurgic techniques to Spain. These were also applied to jewelry, among them damascene and filigree which consists of the use of very fine silver of gold threads gimped and twisted to create intricate jewels. This technique was used to manufacture many objects, especially crucifixes and rosary beads that were also used in necklaces. Among the beads that could have a Guatemalan origin are the so-called mysteries which are pieces melted into a rectangular polygon. The oldest usually have a flower or sun stamped in each of the four larger sides, engraved with broaches of circular or flat points.

Jet and Black Crystals Jet is also one of the most appreciated materials in Hispanic jewelry, not only because its beautiful bright black color, but also due to its attributed properties. Spanish researcher Valentín Monte Carreño explains: “Jet is a fossilized wood which, seen under microscope, still conserves its vegetable structure”. And he adds: “The Spanish name azabache is of Arab origin”. It was attributed with the power to avoid the socalled Basilisk illness, named after the mythological beast described in the Roman Bestiary as half serpent, with the power to kill at glance. His breath cracked stones and withered all vegetation around him. The same author indicates: “Jet reflected his glance and protected whoever carried it”, thus it was associated with all sight afflictions. It was also related to the evil eye and was thought to capture malicious looks. Black beads became fashionable again during the Nineteenth Century due to the mourning of Queen Victoria after the death of Prince Albert. A great quantity of jet jewels were manufactured in Whitney, England, including beads for domestic and foreign commercialization. Some Guatemalan necklaces had these beads, a few of great size and others of many facets.

Taracea or Jerusalem Cross Spanish necklaces included beautiful crosses of fine wood, mother of pearl, ivory and tortoiseshell inlays. These were manufactured with the Taracea technique, a handcraft originated in the Middle East and introduced by Moors to Spain. The cross often bears an effigy of Christ, usually made of bronze. These crosses were fairly big and when not used as jewels in a necklace, they could be hung on a wall. They were first manufactured in Jerusalem, hence their name.

Dowries Dowries referred to a donation or gift the bride received on her wedding day and usually used during the ceremony. It mostly consisted of dresses and jewels. In some cases, these gifts were part of the trousseau given by the parents or they could be a present from the groom, depending on local tradition.

The sound of certain metal objects was also thought to have a protecting effect, thus the use of rattles, jingle bells, cowbells and bells. These were believed to keep away demons and evil spirits with their sound.

The subject matter of these gifts usually was related to love, fidelity and fertility. In general, the jewels were in the shape of hearts, birds or united doves, as well as rings and intertwined hands.

Coral, Cornaline and Fake Coral

Among the most beautiful of the Spanish necklaces is the Heart of the Bride, its name due to the fact that it was the habitual dowry gift. It is usually a medal or larger medallion, in the shape of a heart. Many times, a crucifix was added, turning it into a religious object.

There are many varieties of coral and also many colors, as black, pink, white and others. Red-orange coral, from the Mediterranean, is the most important in HispanicAmerican jewelry. Coral avoided evil influences that could affect a helpless child. In Guatemala, parents still protect their children by placing a bracelet of red beads with a seed or insect, in order to divert the evil eye. Women used it with the same purpose in chokers, and necklaces where they combined all type of objects that were not only beautiful but also ensured their wellbeing. The high cost of coral and the need to avoid misfortune led to the search of alternate materials, of lower cost and with the capability of producing the same results. Beads were manufactured of diverse materials such as resin, ground coral paste and glass. These were known as fake corals.

Earrings are other bridal jewels that often have protecting elements or love symbols. Antique earrings showcase pendants known as tears. Some authors consider this element reminiscent of a phallic symbol from the Roman Fascinus, thought to bring good luck and fertility, assuring a numerous family for the newly weds. Long necklaces or chains known as lazos or links are jewels also associated with weddings. These turn into a symbol of union between spouses. Sometimes there are so long that they must be used in double or triple strands around the neck, and even then, they hang down to the waist.

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Rings are also related to marriage and usually are exchanged between spouses. Their iconography is varied. On one hand, its circular form has no beginning and no end, associating it with eternal love. The stones used and their color also have meanings: diamonds are the symbol of eternity, rubies are symbol of love. Most antique rings found in Guatemala are made of silver. There are others made of gold and precious stones called tapojos.

Tapojos There are many of these rings in Guatemala, which are include in the category of aristocratic jewels due to the fact that they are made of gold, diamonds and other precious stones. Even though there is not much literature about their origin or meaning, it can be said that during the Seventeenth and Eighteenth Centuries, diamonds were mounted on silver to enhance their brilliance, as seen in some of these pieces. Tapojos were worn by men as well as by women. However, they differed in size as those made for women were usually smaller, and could have one or more stones mounted in a rosette or parallelogram. Those for men were bigger and were always mounted in rosettes.

Crucifixes, Medals, Lockets, Ex-voto, Scapulars, Cristos Preñaos and Other Religious Symbols Many accessories in popular jewelry are more than ornaments as they are also religious symbols such as medals, crosses, crucifixes, scapulars, lockets and other objects representing or related to the Holy Trinity, Virgin Mary and the saints. These are usually blessed by a priest, making them more powerful against evil. Among the most important pieces are crosses and crucifixes. The latter distinguish from the first because they have an effigy of Christ. They are used in place of medallions or strung throughout the necklace with charms and coins. In Spain, there are crucifixes with moving pieces hanging from the arms of the cross. Possibly, these served as models to the ones used in Mexico and Guatemala. Those best known are used by the yalalag, a Zapotecan group from Oaxaca. The older ones have a winged heart in the middle and crosses hanging from the ends with liver-shaped hearts. Crucifixes with similar elements were used in Guatemala. Crosses and crucifixes have three hearts, one at the bottom and two hanging from the horizontal arms. Guatemalan hearts are also winged and liver-shaped. Some have three gems, usually red or green. Antique medals, although scarce in Guatemala, exist in silver and bronze. Spanish ones represent images of the Virgin Mary in her various invocations, as well as images of saints, the Sacred Sacrament and other religious symbols with Marian and Josephite anagrams, as well as those of the Sweet Name of Jesus. Medals of great size, called patens, were used in Spain. The Nineteenth Century saw the arrival of French medals. Lockets are other element of Spanish jewelry. They had a steep value because they could keep relics –namely mortal remains of saints or any related object. They were highly appreciated and difficult to find. Another Holy Trinity symbol is the dove, representing the Holy Spirit, when it is found by itself. When there are two doves, especially with their beaks touching, the image becomes one of those favored in jewelry related with marriage. In Spain, women used medals or medallions of great size, as well as others slightly curved with the effigy of Christ. These are known as Cristos Preñaos (pregnant Christs) and were used on the abdomen of pregnant women to protect the health of the baby. They are very rare in Guatemala, possibly imported from Spain.

Amulets and Talismans Although amulets and talismans share similar properties, it is important to explain the difference

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between them. Amulets have qualities by themselves due to their form and material. Talismans have to undergo a process or ritual to be effective. Among protecting amulets traditionally used by Spanish women is the trout, in many cases articulated, which meant they were made of pieces interconnected by links, allowing mobility. It is considered a protecting object for pregnant woman when the piece is big and protecting of the fetus when it is small. This animal is alien to Guatemalan fauna; however it is often represented in local jewelry, in which it is simply called fish, losing its former meaning. Another amulet with a similar objective is the ball, from the Roman bullae. This term derives from its round form, similar to bubbles and is attributed medicinal and curative properties. It was used in Rome where they used to dangle it from eight-day old babies. It was later removed in a rite of passage when he or she was no longer an infant, and then it was taken to the temple as an offering. Renaissance paintings showcase Baby Jesus wearing one of these objects dangling from his neck in the same fashion they were used by infants of that period. Other example of amulet in Spanish jewelry is the maza, known in Guatemala as tear or droplet for its elongated shape. In the opinion of Julio Carvajal Cavero, this amulet could be a transformation or evolution of the Roman bullae and the quicksilver pomanders of curative powers. Other researchers such as Hugo de San Victor consider that this form evolved from antique phallic amulets of Rome. Conches and shells have also been used in necklaces. Researcher Concepción Alarcón Román considers that these objects are associated with infant protection and when mounted on silver were destined for boys. In her opinion, as these evoke water, they are related with the fertility it provokes. According to the author, they were commonly used on infant clothes or were used by women to promote conception. In our country, there are found as charms in antique necklaces, always mounted on silver. Among protecting amulets with apotropaic powers were fangs, deer antler points or mountain goat horns. According to author Hugo de San Victor they had a medicinal purpose. When a person had been afflicted by the evil eye, he or she should submerge the amulet in the water, milk or any liquid to be drunk, as to remedy the harm. They were also included in infant charm holders and women necklaces. The curator for the Jewelry Museum on Silver Street in León indicates that they were also used against serpent and other poisonous animal bites, for persons and even domestic animals. Fangs were also associated with masculinity. Our society considers that men should be brave, strong and aggressive, all characteristic of animals such as felines, sharks and wild boars, whose fangs are still extracted to use as amulets.

Earrings and Pendants In Spanish, the term earring refers to a type of metal ring used dangling from ears. Other kinds of ornaments that hang from the earlobes have different names such as pendants, polkas, tendrils and more. In Guatemala, earring is a generic term to name all adornments used on the ears, even though there are many variants that take different names in other countries. The designs and motifs of local jewelry are similar to those used in Spain, among them the lúnulas (from the work luna in Spanish, meaning moon). These pieces have the shape of a crescent moon, generally associated with female fertility and are still very popular among peasant women in our county. These moon shaped earrings have an antique motif of Semitic origin from thousands of years ago, which can be proved by reading a biblical verse of the Book of the Prophet Isaiah (3, 18-22) in which he reprimands

female vanity and luxury: “On such day the Lord will tear away their adornments: bangles, tiaras, halfmoons, pendants, bracelets, rings and nose rings….”. Back then, these had magic value and served to attract men. Other pendants that had great influence on Guatemalan jewelry are the so-called arracadas, and which were part of the dowry given at marriage. These are a sort of flat rings with a volute in the center, interpreted as a stylized dove. Sometimes they also bear a green or red stone. The dove was used as a protecting form against evil, especially near the ear canal, preventing any harm to enter that way. Coins were also used as earrings, especially quarters of a real (currency used during Colonial times), even though half a real or a real itself were also used, depending on the design and size of the jewel. Sometimes, these coins were adorned with filigree. In other cases, quarters were combined with crescent moons of different sizes. Another variant is elaborated by melding several coins to form a design, usually in the form of a rosette. Not all ornaments used on ears were made of metal. In some towns, they still follow the tradition of inserting colored threads through ear piercings. These threads are usually fuchsia or magenta, from where coins, glass or crystal beads are hung.

Seeds Among the seeds incorporated into Spanish jewelry were the chestnut and the hazelnut of the Indies, from North America. The hazelnut of the Indies is the fruit of a plant with various medicinal properties and was used by the indigenous people before the arrival of the Europeans. Its curative powers enabled it to join the Spanish medicine cabinet, where it was used as a charm, usually set in gold or silver and becoming a widely used amulet, according to several authors. This seed is still used in Guatemala along with pito seeds or red beads in order to prevent the evil eye in infants. Here, it is perforated directly and strung in the center of small bracelets to be worn by children.

Aristocratic Jewelry This is one of the categories described by Dr. Jesús Paniagua Pérez, from the University of León and it refers to the jewels used by Spanish Crown representatives and their families, as well as some wealthy families of the time who had identical or very similar jewels as those used in Europe. Unfortunately, in Guatemala there are few portraits of the Colonial Period that would be useful for attaining information about the clothing and personal adornment of the time. Most of the Colonial jewels found in our country have been betrothed from generation to generation, some are fine pieces and others are smaller and less ostentatious. Among the few portraits that showcase the subject matter are two paintings by Juan José Rosales from the last years of the Colony, well into the Nineteenth Century, in which he depicted two young ladies before they entered the convent and made their perpetual vows. Both have beautiful pendants of gold and diamonds, pearl chokers and some rings. These pieces surely were part of their family heritage. As to more popular Spanish jewels “these were of silver or gilded silver, mainly in filigree, without expensive stones, using only coral and fake stones with a special silver treatment. These jewels, even if used by secular people, consisted of lockets, rosaries, crosses and religious medals”, as indicated by Cavero and Alonso. The same authors add: “… and the rings with fake stones were not scarce on the fingers”. On the topic of male jewelry, Colonial portraits made for public figures showcase decorations and rings, along pocket watches and some shoe buckles.


Nineteenth and Twentieth Centuries From page 52 // Coralia Anchisi de Rodríguez Traditional jewelry of every region in Guatemalan is closely linked to local attire; as all individuals who live at one location use similar clothing, their headpieces and other adornments have special features that distinguish them from others used in other locations. The differences in attire respond to the needs, preferences, beliefs and tastes of each community. This concept applies to jewelry, since up to the Twentieth Century entire communities used similar necklaces, rings and earrings, identifying individuals with their place of birth and the community they belonged to, plus they were complements to the attire used in the region, as a local fashion. The name of the jewels depended on the language of each region. Today, the word chachal is used referring to all necklaces used in different indigenous communities, designating all elements of indigenous jewelry. For this reason, this essay refers to these pieces as necklaces, chokers, chest-length necklaces and others, as it is technically incorrect to call chachal all jewels belonging to other groups. The length of the necklaces varies from one community to another, as seen in old pictures of women from the western regions of the country towards the end of the Nineteenth Century and the first half of the Twentieth, when these were usually shorter, like chokers. Girls and young women generally wore simple one-strand pieces as older women used several strands tied at the back by ribbons. The elements on each piece could be threaded with no order whatsoever, completely asymmetric, or there could be a central piece and others placed by pairs on each side with absolute symmetry, especially when they showcased coins of eight reales, commonly known as bambas. Wider necklaces of various strands were known as ahogaderas or chokers and were used to cover or conceal the protuberance caused by goiter manifested as a sort of double chin or inflammation at the base of the neck, common among the population until the introduction of iodized salt in the Twentieth Century. Other necklaces were longer and covered part of the chest, thus the name de pechera, meaning they were chest-length. These usually had a cross or large coin used as a medallion like those from San Miguel Chicaj and San Pablo Rabinal, from Baja Verapaz. Others were topped off with medallions made of several coins welded in the form of a rosette. Long necklaces down to the waist were less common and mostly used in the Verapaz area where their owners still proudly flaunt them along with several rings on their fingers. The materials used are varied, some necklaces are made exclusively of beads, others also have coins and other silver adornments; still others have different beads of coral, jet, glass, seeds and other materials. The oldest ones were more flamboyant as they had silk tassels and ribbons. Some hamlets like San Juan Cotzal and San Pablo Rabinal have kept this tradition, but now the tassels are made of wool and alpaca. Initially, beads used in Guatemala during the Colony during the Sixteenth, Seventeenth and Eighteenth Centuries were of Spanish origin, later came the addition of others from England; Venice, Italy; Bohemia in the old Czechoslovakia; China and other countries during the Nineteenth and early Twentieth Centuries. These new elements were incorporated into the traditional necklaces, contributing new colors and varied shapes. The French fashion from the Napoleonic Empire and the Victorian Period taste turned antique Spanish pieces into old and obsolete objects substituted by lockets, cameos, and other jewels different from those used in Guatemala. Traditional necklaces continued to be used in towns far from the cities and remained almost

exclusively in the hands of indigenous people who treasured them. Still today, the quality and size of their pieces often represent status within the community; jewels can be the most valuable possessions of an indigenous woman. The shape and length of these necklaces changed again during the 1970s and 1980s when they were rediscovered and became fashionable. During those decades, a high society lady was not well dressed if she did not have a ceremonial huipil or typical blouse and a good chachal or necklace. Many persons started to collect beads, coins and other silver objects, reusing, threading and mixing them with others from different periods and localities, making them into symmetric necklaces adapted to the fashion and taste of the time, adding adornments and pendants of alien motifs not used before. Most necklaces lost their original form and suffered the loss of several important pieces considered, at the time, of little or no value, among which were antique vitreous beads, tassels, and ribbons found worn or discolored by time.

Beads arrived during the Nineteenth and Twentieth Centuries

Branch Coral Mediterranean coral had been used in Guatemala since Colonial times. During the last century, when antique coral was scarce and there was need for an alternate option, branch coral was used. It was not processed and was perforated on one end. It was combined with older pieces.

Coraline These pieces imitate coral and could be made of paste or resin, tinted fossil coral from China, milled coral dust, crystal and porcelain. Even though these were also used during the Colony, most of them arrived during the Nineteenth and Twentieth Centuries.

Vitreous Beads During the Nineteenth and first half of the Twentieth Centuries, a great number of vitreous beads arrived in the country. Most came from different production centers in Europe and a few from China, thanks to the commercial trade open after the country’s independence in 1821. Their price was affordable, thus they were acquired in great quantities and became very popular. Although they were produced in almost every color, those in red, orange and black were preferred because they substituted coral and jet, more expensive stones traditionally used during Colonial times.

Czechoslovakian or Bohemian Beads One of the most important production centers in Europe was in Bohemia, where a great number of beads were manufactured. Among the most common were: Petroleum Jelly or Uranium Beads Manufactured in yellow, green, cobalt blue and red, their name is due to the fact that the yellow and green ones are opaque, resembling petroleum jelly. This variety distinguishes from others because when examined under ultraviolet light it turns fluorescent, because of the small quantity of radioactive uranium used for its production. Manganese Beads These beads emit an orange glow when illuminated with ultraviolet light, product of the manganese in the crystal formula used for their manufacture. Melons or olives These have an oval shape and are usually called melons, even though they are named olives in Spain. The most common and valued are those in red, followed by those in orange. They are common in the western part of the country, including Rabinal, where they are used in the wedding necklace. Those in blue are also very much appreciated, especially those made of cobalt, even though these are very rare.

Spacer Rondelles, Czech Oblate Disks and Sided Rondelles These are round and flat pieces, with slightly bulkier centers, similar to split peas, but bigger. In Guatemala they are often named botonetas or little buttons. These are popular in the department of Sacatepéquez. Czech Pearls These are completely round, some are transparent, as those used in the wedding necklace of San Miguel Chicaj, others are opalescent or milky, especially the older ones. Some are translucent red and orange, and still others are opaque and solid in color as the white ones used in San Mateo Ixtahuacán, combined with others in blue from Chajul. Faceted Beads These imitate real stones and are faceted to reflect light. Some are translucent, others can be completely clear, and still others can have a slight light-blue, red, burgundy, pink or green tint; in many cases they look like valuable stones. Dark red beads were used to substitute garnets and are frequently used in Guatemalan necklaces, mixed with charms, coins and silver medallions. Black faceted crystal substituted jet, which was more expensive. Interlocking Beads of two or three points and four or five petals These have small indentations in their central part, allowing beads to interlock when threaded, forming interesting designs that give volume to the necklace. Pressed Fluted Melons or Pressed Squash These are known in other countries with local names for squash or pumpkin due to their shape. They are found in several colors. In Guatemala they are known as güicoyitos. Blown Mercury or Mercury Glass These are manufactured by blowing glass into molds. They are empty and have extremely thin walls. Their color is given through an enameling technique, similar to that used to make mirrors. They are found in gold, silver, green and blue. Women in Chimaltenango use those in silver; those in green and gold are used in San Antonio and Santa Catarina Palopó, around Lake Atitlán and in Soloma, Huehuetenango. In San Gaspar Chajul, Quiché, they are used in necklaces and in pendants or earrings manufactured with fuchsia silk threads.

Spanish Beads Nuggets These are round and flat, perforated in the center and are similar to split peas. They were manufactured in the Royal Crystal Factory of San Idelfolso Farm in Spain. Opaline Its name derives from opal, a semiprecious stone that emits litmus glow. These crystal beads have a milky or semitransparent tone.

Venetian Beads Coralíos or fake corals During the Nineteenth and Twentieth Centuries, white hearts were among the most popular beads. Their name is due to the fact that the center of each bead is made with a white vitreous paste which is used as a base for another layer, usually red. In Guatemala there are various red-orange tones, all related to corals, hence their name coralíos or fake corals. The older ones have an opaque surface and are different from those of the Nineteenth and Twentieth Centuries because the latter have a bright and translucent surface. Seed Beads and Large Seed Beads These are vitreous paste beads of one color. Usually they are slightly domed. Necklaces often use the large seed beads in almost every color. Translucent ones are used generally in the Verapaz area, inset with small coins of a ¼, ½, or one real. Depending on which coin is used, each necklace is known as quarter, half or one real; the latter is very rare. Seed beads in black

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are used in Totonicapán and Sololá, often in very long strands that could go around the neck several times. They close at the back base of neck with a ribbon. The smaller beads known simply as seed beads are used in Cruz Blanca, Sacatepéquez where these are inset to create a sort of long ribbon which is tied on the chest with a bow.

Shell and Conch These objects continued to be used and re-combined with new elements. Various towns still use necklaces manufactured with shells and mollusks. In Cajolá, Quetzaltenango they thread beads made of cut conch, sometimes in their natural color, others tinted. In Panzós, Alta Verapaz, they use necklaces threaded with small conches combined with other crystals, coins, charms or silver beads.

Seeds In Guatemala, there is a great quantity of seeds that have been traditionally used to elaborate earrings, rings, bracelets and necklaces due to their appealing form or color. Some come from domesticated plants like beans; others grow in the wild and are collected in forests, jungles, ravines and even empty lots. Some are used throughout the country like the pito bean, while others are used in some regions only. The manufacture of these pieces is done by combining a good number of seeds, some edible like the piloy –a type of big and colorful bean-, with others that come from various trees. I thank Dr. Miguel Torres for his support in the botanic identification of some seeds, and Flavio González who provided me with various samples. Castor-oil Plant This wild plant grows in almost all the Guatemalan territory. It was used for men’s and women’s necklaces in various communities of Sacatepéquez. These are very toxic and may even cause death. Pito or Whistle Bean The tree that produces these seeds was of great religious and mythological importance during PreColombian times. Its wood is still considered sacred and is attributed some magical powers. Its seeds are used in divination rites, combined with corn and obsidian. Its flower is edible and looks like a whistle or pito in Spanish, hence its name. The seeds grow in pods, which open when they reach maturity, allowing the seeds fall. In other countries it is known as coral tree, as its flowers and seeds are deep red. As all beans, it has an eye or spot, which makes it appealing for its use as protection against the evil eye. Soapberry This seed is known in South America as chambimbe or coconut and it is used, the same as in Guatemala, in traditional jewelry. It was known locally as soapberry because it was used instead of detergent to wash clothes. Lacandon It is a round and flat seed, similar to a brown lentil. It is used for necklaces and chokers and is usually combined with other seeds. Oak acorns Oak acorns are used in their natural color, as well as painted in different colors, alone or inserted with other seeds. Macadamia Nut This edible nut is found within a spherical, hard shell, which is used in jewelry because it resembles a polished wood bead. Its production in Guatemala started during the Twentieth Century. Melon Seeds In the words of Mr. Pedro Hernández, originally from Santa Catalina Barahona, Sacatepéques: “Before, we used melon seeds. I remember when my brother used to threat them with a darning needle and would leave the strands to dry hanging from a nail in the shade”.

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Crab Eye or Egg These are little seeds used traditionally in Santo Domingo Sacapulas. Their bright red and black color make them very appealing, hence they are used as amulets against the evil eye. They grow in an herbaceous liana and are toxic. Their identification, as well as that of the witch’s eye was possible thanks to Elfriede de Pöll, M. S. and Ph. D. in Botany and Director of the UVAL Herbarium of the Del Valle University Research Institute. Witch’s Eye This seed is very similar the crab eye, but bigger. It is known as huayruro and is used to make necklaces in all Latin America. The male tree produces intense red seeds with black spots. Sea Bean and Drift Seed There are many varieties of this plant in America and Africa. The smaller ones are known as sea beans and the larges ones as drift seeds. These are used in divination and calendar rites. They are also used as good luck charms and as amulets to prevent the evil eye in adults. Some people use them as talismans in their left pockets. Hazelnut It is used to prevent harm and the evil eye. The practice of making it into a talisman is common. This is done in a ceremony in which the nut is sprinkled with holy water and then rubbed with rue leaves. In Guatemala, it is used in small bracelets for children, with a one hazelnut in the center inset with pito beans or red crystal beads. Job’s Tears In some Latin American countries, these are called Mary’s tears because they were used to manufacture rosaries. They were usually used in their natural color. Their surface is smooth and polished. Devil’s Claw This seed has been traditionally used in Sacatepéquez. It is used in traditional medicine to treat kidney problems commonly known in Guatemala as urine illnesses. Beans There are many varieties of beans in Guatemala which, due to their shape and color, are used in the manufacture of jewelry. Among the more appealing is the piloy, bigger than most beans. Their colors are varied and appealing. Some beans have many mixed colors, freckles or spots and are called pintos. Others, used in Sacatepéquez, are called pintillos and are brown with black spots. White beans, perforated and threaded, were used in San Antonio and Santa Catarina Palopó until recently. They are colored and combined with other seeds in Sacatepéquez. Thunder It is a long seed also used in Peru, where it is called tabanchin. It is thought to bring good luck. Mashan These are black, small and shiny seeds, irregular in form as some are round and others are slightly oval. Conacaste This is a local tree that produces elongated, small and semitransparent seeds. Forest Flame These are elongated dark brown seeds which are combined with others usually as spacers. Pampas Grass In Guatemala, this plant is known as plumero or duster because its flower grows in the form of a feather duster. Its seeds are found in the center of the flower. A variety of this plant used to grow wildly in the ravines of San Juan Sacatepéquez. It produced small, dark brown seeds which were perforated and threaded in short necklaces used by men.

Graft This is the seed of a locally eaten fruit, very similar to the sapodilla. It is used as a medallion or to top off necklaces due to its size. Chameleon This seed grows in the wild in ravines, where it is collected and then perforated to be threaded into necklaces. Iguana Eye This seed is also included in necklaces as a protective element. It is brown, with a darker, almost black center, like an eye with a pupil. As all seeds and beads with eyes, it is considered to have the ability to keep vigil against the evil eye. Lucky Nut These seeds are also used in traditional medicine to alleviate constipation. They must be peeled before the consumption of small doses. Eucalyptus Sepal The sepals, collected when they have fallen on the ground, of a variety of eucalyptus are used to manufacture necklaces in San Jerónimo, Verapaz. Avocado Pit The avocado pit, usually carved, was used to top off necklaces or as a medallion, due to its large size.

Insects Some insects have been traditionally used in Guatemalan jewelry, especially the one known as ironclad beetle, with a black and white shell. It is a coleopteran from the Zopherus genus. Its identification was possible thanks to the support of Dr. Miguel Torres and Dr. Hector Castañeda. It was used as a bead in San Jerónimo Verapaz, where people would remove the legs, perforating the body. Women in this community wore them in short necklaces with several beetles. They were also used in bracelets for children along with crab eye seeds for protection against the evil eye.

Coins These were used in Guatemalan jewelry since the Colonial Period. During the Nineteenth and first half of the Twentieth Centuries, silver coins, along silver crosses, were the most abundant elements in Guatemalan necklaces. Most were short and heavy as chokers, others were chest-length and still others were very long as the ones used in the Verapaz area, very similar to the coin chains used in Mexico by the Tehunanas, which were manufactured with coins and topped off with medallions made of welded coins. In our country, these are topped off with crosses and crucifixes. Guatemalan necklaces use coins from Spain and all Latin American countries that were Hispanic colonies. Among the most common are coins from Mexico and Peru, called peruleras. Temblereques These were elaborated using various cut coins. Sometimes, they were placed as medallions in the central part of the necklace, others they were used as charms. Bigger coins were used as the base to hang other altered coins or charms elaborated with cut silver plate. Cut-out coins Another decorative use for coins within Guatemalan jewelry was that of cutting out the designs and leaving the background empty so that the motifs would stand out. Rings with coins In some cases, silver coins were welded to rings, especially in the Verapaz area. Coin Medallions Simple medallions were made perforating a coin in order to thread through it a strand or chain. The coin could be of any size.


Collar de sartas checoslovacas, monedas de plata y remate con medallón de Sacapulas.

Matochos

well as the attire she will wear during the ceremony.

These are medallions made by a series of rings gathered on a black velvet or silk lace until they form a circle. They were used in Sacapulas, along with coin medallions.

Coin Necklaces These are made by perforating and threading coins. They usually have around 100 coins.

Ex-votos or Miracles In Guatemala, there seems to be confusion between these terms, thus, little metal or wax figures called miracles in other countries, are locally called ex-votos. These pieces were worn sewn to the clothes, where everybody could see that the person was praying for a miracle. When the miracle was granted, they would be taken to church, where they were hung from colored ribbons. They began to be used as adornments in jewelry during the later years of the Twentieth Century when these pieces were added to necklaces.

Charms Little Jugs and Jars Among the most original charms are the little jugs manufactured by placing silver trimming to a glass bead or semiprecious stone to form a jug. During the Twentieth Century, a variation was introduced with the addition of two handles, turning the jugs into tinajas or two-handled jars. During the 70s and 80s the bead was substituted by a silver sphere. Crystal Stones with Silver Trimming These are interesting and decorative pieces found in many necklaces. They were made with colored crystal pieces with a silver trimming and hanging hoop. Quetzales Charms in the shape of a quetzal –Guatemalas’s national bird- are among the modern additions to necklaces during the Twentieth Century. They are now found in chains used by women in the Verapaz area, in Medallions from Sacapulas and in the so-called chachales put together in the latter years of the past century. Tecomates or gourd vessels Another charm used since the 70s and 80s is a gourd vessel, which is a pear shaped squash with a ribbon.

Donas or Donations This term refers to the gifts offered to the bride on her wedding day. Among indigenous people, the groom still gives his future wife some jewels, which vary from region to region.

Jewelry from the Verapaz Area Women from this region wear long necklaces, usually down to the waist, as well as many rings in each hand. The groom gives his bride several pieces of jewelry, as

Wedding chains The bride also receives a long chain manufactured with intertwined links. These are mostly very long and can be worn in two or three strands that hang down to the waist. Chains with charms Chains are adorned with silver charms in the form of quetzales, peacocks, birds, horses, fake coins, pigs or even elephants.

Wedding necklaces from San Pablo Rabinal Instead of rings, the bride and groom exchange necklaces during the wedding ceremony. Traditionally, there were two equal or similar necklaces with coral or Czech crystal red beads plus several silver coins. They were topped off with two heart-shaped colored tassels as a symbol of the love that bonded the couple and a big silver cross.

varies from one region to another and is used by both sexes is that of the spiritual guides, especially in modern times. They consider that jade beads have certain magic qualities. In ceremonies related to particular calendar dates, spiritual guides use necklaces made with piloy beans and sea beans described before. Typical male rings include those adorned with owls, the symbol of wisdom. Elders and heads of the family usually possess these pieces and are symbols of respect and authority recognition. Jaguar, wild boar and shark fangs are often associated with these animal qualities, which are desirable for masculinity; hence they are used by young men. They also use the so-called chico cross, simply made of wood, usually hung from a black leather band. It is made from sapodilla wood which is thought to keep away evil and protect those who use it. It is often used by men; however boys wear it in bracelets with red beads against the evil eye.

Jewelry made with Baby Teeth

Women receive a necklace for their wedding day. These may have coral or crystal beads, inset with silver coins. A big crucifix may top it off in front and a smaller crucifix may be found in the back to be placed at the base of the neck.

Until recently, mothers kept the baby teeth of their children to make them into jewels. It was common to see milk teeth mounted in gold or silver and turned into charms hanging from earrings and bracelets; sometimes a coral piece was added. Traditionally, they were used as amulets against the evil eye. In Spain, they were thought to protect women from certain health conditions and their baby’s first tooth was given special importance.

Medallions from Sacapulas

Patriotic Symbols

Wedding necklaces from San Miguel Chicaj

These always have a coin as the center piece around which other smaller coins, charms and filigree forms are welded. They are often topped off with welded coins from which, in turn, hang three chains with charms. These often have love or marriage motifs.

Rings Guatemalan popular jewelry is usually manufactured in silver, which is true for the rings offered among the gifts exchanged during weddings. Rings, related to commitment or marriage, are manufactured with love motifs and frequently have one or two doves. The shape of the heart has also been added, as it is associated with love. Before, women used one ring on each finger because these were wider. Today, women use several rings in each finger and women from the Verapaz area use up to 15 rings in each hand.

Male Jewelry Among the most appealing pieces are the necklaces used by the Sololá brotherhoods. Some authors indicate that men from Tecpán also use a form of necklace or chachal. Another necklace which greatly

The use of this subject matter began during the Twentieth Century. The quetzal –our national bird- is used in charms hanging from chains and medallions or as pins. Many types of jewels have been made of these symbols, especially pins featuring the monja blanca – our national flower. In some cases, the modern 50-cent silver coin, in which this flower is showcased, has been used; in other cases, the orchid itself is made of silver. Another emblematic symbol, the ceiba -our national tree- has also been used, although less than the other ones.

Neo-Mayan Jewelry This type of jewel was very popular in the midTwentieth Century. It is possible that its use has a Mexican influence. The discovery of new archaeological sites and the flourishing of archaeology inspired the manufacture of jewels representing ancestral motifs as gods burning incense, weaving, or holding corns. These pieces are made of silver and usually represent mythical characters in bass-relief.

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Fundación G&T Continental actividades realizadas mayo-agosto 2 0 1 3 El objetivo principal de la Fundación G&T Continental es apoyar el arte y la cultura de Guatemala. Para el efecto, durante los últimos cuatro meses ha llevado a cabo las siguientes actividades:

M AYO

j u n io

Exposición “Diagrama” en la Galería Guatemala del Banco G&T Continental, del 9 al 25 de mayo - Obra reciente de Erick Menchú que abordó las técnicas de gofrado y punta seca.

Exposición “Dejando Huella” en la Galería Guatemala del Banco G&T Continental, del 5 de junio al 12 de julio Primera exhibición del Colectivo InTEGgra que mostró los avances de los participantes en las diferentes técnicas de grabado.

VI Convención Mundial de Arqueología Maya en el Auditorio Juan Bautista Gutiérrez, el 14 de junio - Apoyo a la iniciativa de Eventos Antigua, con el objetivo de divulgar las investigaciones arqueológicas a públicos diversos. Entrega de la Orden del Arrayán 2013 en la Sala Manuel Galich de la Universidad Popular, el 19 de junio - Condecoración a la Primera Actriz María Teresa Martínez por 60 años de destacada trayectoria artística y a la Universidad Popular por 90 años de contribuir a la formación técnica y artística de los guatemaltecos.

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juLio Firma del Convenio Marco con el Ministerio de Cultura y Deportes en el Palacio Nacional de la Cultura, el 9 de julio Convenio para encauzar e incrementar los esfuerzos de apoyo de la Fundación G&T Continental a las dependencias del estado. “Expo Di Landívar” en el Museo Nacional de Arte Moderno “Carlos Mérida”, inaugurada el 9 de julio - Presentación de trabajos de diseño industrial de los alumnos de la Facultad de Diseño de la Universidad Rafael Landívar. Exposición “Memoria de la Imagen” en la Galería Guatemala del Banco G&T Continental, del 18 de julio al 22 de agostoConjunto de los trabajos de Norman Morales y Josué Romero, que demostró la calidad de estos artistas de la plástica.

Firma del convenio para reciclaje entre Kimberly-Clark y el Banco G&T Continental, en el mes de julio - Convenio interinstitucional de compromiso con el ambiente y financiamiento para proyectos culturales. X Feria Internacional del Libro, FILGUA 2013 en el Parque de la Industria, del 25 de julio al 4 de agosto - Actividad dedicada a la mujer que dio a conocer las últimas novedades editoriales. Destacada participación de la Fundación G&T Continental con una conferencia sobre sus 20 años de labor editorial.

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AG O STO Exposición-homenaje a Dagoberto Vásquez en la Galería de Arte del Centro Municipal de Arte y Cultura, del 7 al 30 de agosto - Retrospectiva del legado de este maestro de la plástica, que mostró su pintura, escultura, grabado y dibujo.

Firma del Convenio con la Dirección General de Aeronáutica Civil, en el Aeropuerto Internacional La Aurora, el 22 de agosto Convenio que faculta a la Fundación G&T Continental a colocar obra de arte en el aeropuerto. El proyecto inició con los artistas Manolo Gallardo, José Toledo y Valenz. Concurso Fotográfico “Engage 2013” en la Galería Guatemala del Banco G&T Continental, el 26 de agosto. Premiación y exposición de fotografías de los colaboradores de la Corporación G&T Continental.

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Revista Galería No. 45 "Joyería Guatemalteca"