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Diciembre 2016

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NIVOLA Revista gratuita de la Asociación Amigos de Unamuno en Salamanca.

Portada: Busto de Miguel de Unamuno, ubicado en el rincón del Casino de Salamanca donde tenía su tertulia. Esculpido por Agustín Casillas “el poeta de la arcilla” in memoriam (Salamanca 2 de Octubre de 1921 – Salamanca, 9 de noviembre de 2016). Fotografía: Elena Díaz Santana

Consejo de Redacción: Francisco Blanco Prieto Pablo de Unamuno Pérez Luis Gutiérrez Barrio Antonio de Miguel Gaspar Elena Díaz Santana Marta García Gasco Ana Chaguaceda Toledano Juan Carlos López Pinto Miguel Elías Sánchez Sánchez Florencio Maíllo Gascón La Asociación Amigos de Unamuno en Salamanca expresa su agradecimiento a los articulistas e ilustradores por sus desinteresadas aportaciones.

Página Web: www.amigosdeunamuno.es Correo electrónico: amigosdeunamuno@gmail.com Depósito legal: S. 250-2015 © Asociación Amigos de Unamuno en Salamanca

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Índice Editorial: Reconocimiento y gratitud………………………….…

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La Casa-Museo Miguel de Unamuno…..……………….…...... Ana Chaguaceda Toledano (Casa-Museo Unamuno) Marta García Gasco (Fundación Rafael de Unamuno)

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Una nueva traducción de Unamuno en Rumanía..................... Carmen Bulzan

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Unamuno en Becedas. ANECDOTARIO……………………….. Jesús Gómez Blázquez

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Estampa poética “Salmo III”……..………………………..……..

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Salamanca…………………………………………………………. Emiliano Jiménez Fuentes

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La literatura de Unamuno en el cine…………………………...... Juan Antonio Pérez Millán

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“Huellas de san Juan de la Cruz en el Cancionero unamuniano”…. 21 María Jesús Mancho Duque Unamuno, profesor de griego………………………………………. Francisco Blanco Prieto

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Manuel Santamaría, discípulo de Unamuno……………………… Román Álvarez

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ITINERARIO UNAMUNIANO SALMANTINO. Cuarta mirada……….…………………………..…………………

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Actividades realizadas por la Asociación……………………….. Segundo semestre 2016

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Actividades previstas por la Asociación………………………… Primer semestre de 2017

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Ficha de afiliación e Instituciones colaboradoras………………

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RECONOCIMIENTO Y GRATITUD Editorial Con esfuerzo, tesón y sacrificio alumbramos el cuarto número de NIVOLA, tras un corto viaje cobijados bajo las alas del halcón de Globalia, a quien agradecemos su colaboración durante los tres primeros números y lamentamos no poder seguir volando a su amparo. En esta ocasión es la neozelandesa Fundación Vista Linda quien nos proporciona el combustible necesario para continuar el viaje de estas páginas hacia los socios que nos revitalizan con su apoyo. Dicha fundación está presidida por Jayne McKelvie y colabora activamente con la Universidad de Salamanca promocionando el intercambio científico y cultural con programas específicos de cooperación, como la cesión de obras artísticas y bibliográficas para investigación y difusión entre los miembros de la comunidad universitaria. Así, la Biblioteca General dispone de una edición en cinco volúmenes de las obras de Aristóteles publicada en 1831, con anotaciones manuscritas de Heidegger, así como una primera edición (1781) de la Crítica de la razón pura, de Kant. Y en la Casa Museo Unamuno está depositada una carta de Miguel de Unamuno a Juan Valera en 1902, de la que no se tenía noticia. Igualmente, la Fundación ha convocado una beca denominada “VIII Centenario de la Universidad de Salamanca - Fundación Vista Linda”, cuyo objetivo es dar a conocer en todo el mundo la existencia ininterrumpida durante 800 años de la Universidad de Salamanca a través de la docencia y la investigación, así como de la difusión de la cultura, los saberes y la lengua española. Vista Linda ha orientado también sus apoyos económicos y su colaboración a otros ámbitos culturales y publicaciones académicas, fomentando siempre el impulso de las actividades educativas y los valores de la convivencia entre los distintos pueblos. Vaya, pues, nuestro reconocimiento a la Fundación Vista Linda por su inestimable ayuda en la cristalización de nuestro proyecto, unido a gratitud sincera que va más allá del protocolario gesto rutinario de agradecimiento y del refranero, porque sin su colaboración esta cuarta entrega de la revista no vería la luz.

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La Casa-Museo Miguel de Unamuno Ana Chaguaceda

Marta García Gasco

(Casa-Museo Unamuno)

(Fundación: Rafael de Unamuno)

MIGUEL DE UNAMUNO RESIDE EN “LA RECTORAL”

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a historia de nuestra Casa-Museo se inicia en el momento en que un joven Miguel de Unamuno es nombrado rector de la Universidad de Salamanca por la reina regente en nombre del rey, el 26 de octubre de 1900, impresionado por su renovador discurso de apertura del curso académico 1900-1901. Como rector, tiene la posibilidad de ocupar la conocida como “casa rectoral o casa de la parra”, un edificio levantado en el siglo XVIII bajo las directrices del importante arquitecto del barroco salmantino, Andrés García de Quiñones.

Esta casona había sido concebida como espacio para servir de sala de claustros y de vivienda de los sucesivos rectores de la Universidad. Su ubicación y la amplitud de la misma anima al matrimonio Unamuno a trasladarse aquí a comienzos de 1901 con sus cinco hijos: Fernando, Pablo, Raimundo, Salomé y Felisa. Hasta 1914, momento en que nuestro autor es apartado de su cargo rectoral, reside en esta casa, donde nacen el resto de sus hijos: José, María, Rafael y Ramón. Son años de alegrías familiares, pero también de tristezas, ya que su hijo Raimundín fallece al poco de llegar a la casa, en 1902, tras una larga y dolorosa enfermedad. Por otro lado, comienza a recibir reconocimientos públicos de gran importancia, tales como la Insignia de Caballero Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII, de manos del rey Alfonso XIII, en 1905 el título de “Officier de l’Instruction Publique” por parte del gobierno francés en 1910 o la propuesta de miembro de la prestigiosa institución Hispanic Society of America en 1913.

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Como creador, publica en este período la mayor parte de sus obras más importantes: 1902 Paisajes, Amor y pedagogía, En torno al casticismo. 1903 De mi país. 1905 Vida de don Quijote y Sancho 1907 Poesías 1908 Recuerdos de niñez y mocedad 1910 Mi religión y otros ensayos breves 1911 Por tierras de Portugal y de España, Rosario de Sonetos líricos, Soliloquios y conversaciones 1912 Contra esto y aquello, El porvenir de España 1913 El espejo de la muerte, Del sentimiento trágico de la vida 1914 Niebla Finalmente, el 20 de agosto de 1914 es destituido como rector por el ministro Bergamín, por lo que la familia Unamuno debe abandonar la casa rectoral y trasladarse a una vivienda de la calle Bordadores. DE LA RECTORAL A LA CASA-MUSEO UNAMUNO Debemos el paso de casa rectoral a Casa-Museo Unamuno al rector Antonio Tovar, quien, en 1953, dentro de los actos del VII Centenario de la Universidad de Salamanca, decide rendir homenaje a su predecesor, rehabilitando la vivienda y trasladando la biblioteca privada que Miguel de Unamuno había regalado a la Universidad poco antes de fallecer, así como su archivo y el mobiliario y los enseres familiares que sus hijos habían conservado hasta la fecha. El 10 de octubre de 1953 la Casa-Museo Unamuno inicia su andadura, bajo los cuidados de una de las hijas del rector, Felisa, de quien aún hoy, seguimos recibiendo alabanzas por parte de los investigadores que la conocieron, destacando de ella su entrega y entusiasmo por difundir la obra de su padre. Igualmente, la Universidad pone en marcha en estos momentos la Cátedra Extraordinaria Miguel de Unamuno En 1964 la Universidad celebra los cien años del nacimiento de Miguel de Unamuno. Se proyecta una gran exposición en la Biblioteca Histórica de las Escuelas Mayores y empieza a fraguarse un hecho importantísimo para todos nosotros. A iniciativa del profesor y director de la Biblioteca Universitaria, César Real de la Riva, y con el apoyo del entonces rector Alfonso Balcells, se entabla contacto con los hijos de Miguel de Unamuno, con el fin de formalizar el depósito del archivo privado y objetos personales y familiares del escritor, ubicados desde 1953 en la Casa-Museo. Esta iniciativa concluye felizmente en 1967, momento en que el Estado los adquiere con la condición expresa de la familia de que su destino sea para siempre la CasaMuseo Unamuno.

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LA CASA-MUSEO UNAMUNO HOY: CASA DE LA MEMORIA Y CENTRO VIVO La Casa-Museo Unamuno es, indudablemente, un espacio privilegiado de trabajo y contemplación. El visitante se encuentra frente a él con toda la intimidad de su autor y, gracias a ese ambiente doméstico, tan parecido en el fondo a cualquiera de nuestras casas, entendemos mejor al autor y al hombre. Esta proximidad y este poder respirar y ocupar por un tiempo el lugar donde habitó Miguel de Unamuno emociona. Un lujo para los investigadores: trabajar en el ambiente mismo donde D Miguel escribió esa carta o ese poema y evocar el mismo ambiente que inspiró al escritor algunas de sus más celebres obras. Desde hace ya algunos años, la Casa-Museo Unamuno está implicada en la realización de gran número de actividades y eventos, todos ellos dirigidos a fomentar y difundir la memoria de su antiguo morador. Para ello la Casa-Museo trabaja y cuenta con la colaboración del Servicio de Bibliotecas, de quien depende orgánicamente, del Servicio de Archivos, de Actividades Culturales, de Ediciones Universidad de Salamanca o, más recientemente, de la Oficina del VIII Centenario. Asímismo, una Comisión Asesora (CACMU) integrada por ocho profesores de nuestra Universidad de las áreas de Filosofía, Historia, Literatura y Lengua Española nos asesora y colabora en dichas actividades. Es importante destacar el papel de la familia Unamuno. Si en 1967 fueron los hijos del autor quien, con un acto generoso y responsable, asentaron las bases de lo que hoy es nuestro centro de investigación, en la actualidad son sus nietos los que colaboran, se preocupan y se implican con nosotros. Además de sus donaciones, su presencia en nuestros actos y su entrega entusiasta, destacamos, a modo de importantísimo ejemplo, la puesta en marcha en 1994 de la “Fundación Rafael de Unamuno” por parte de su viuda, Josefa Conde. Gracias a la Fundación, cada año se otorga una beca de investigación que ofrece la oportunidad de efectuar un estudio detallado de la figura y obra unamuniana, así como de participar en la gestión y organización de las diferentes tareas que se realizan en la Casa. A través de Ediciones Universidad de Salamanca se edita desde 1948 la revista más antigua de la Universidad, “Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno”, gestionada desde la Casa-Museo. En los últimos años se ha intensificado nuestra colaboración, incentivando las presentaciones de obras de temática unamuniana o la venta de sus libros cada 23 de abril, Día del Libro, actividad ésta última que concentra gran cantidad de público.

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Durante muchos años se han venido celebrando las “Jornadas Unamunianas”, que han reunido en la Casa-Museo a los más destacados intelectuales en interesantes debates y mesas redondas en torno a la figura unamuniana, cuyas conclusiones y aportaciones quedan reflejadas en sus actas. Gracias a la colaboración de la Oficina del VIII Centenario y de Actividades Culturales hemos dado a conocer, a través de tres exposiciones, facetas menos conocidas de Miguel de Unamuno y hemos profundizado en el estudio de algunas de las etapas más interesantes de su vida: “Dibujos de Miguel de Unamuno”(2011). “Miguel de Unamuno y la fotografía. ¡Imaginar lo que se ve!” (2012) y “Destierro/Descielo. Unamuno, de París a la República. 1924-1930” (2014). Por otro lado la riqueza de su archivo y biblioteca personales hace que su presencia en exposiciones de las más importantes instituciones culturales de España sea continua: Biblioteca Nacional de España, Residencia de Estudiantes, Centro de Arte Reina Sofía, Caixa Forum, Institución Libre de Enseñanza, Ayuntamiento de Bilbao, Fundación MAPFRE, Cabildo Insular de Fuerteventura, Fundación Torrente Ballester, Casa-Museo Azorín, a título de ejemplo. Es importante incidir en este punto en la colaboración, a través del préstamo de documentos para exposiciones puntuales u otros proyectos, con el resto de CasasMuseo gracias a la existencia desde 1993 de la Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores (ACAMFE), de la que la Casa-Museo Unamuno es socio fundador y que aglutina a más de cuarenta centros españoles y coordina diversas actividades con la Asociación de Casas de Italia y de Portugal. Con el objetivo de ser una institución activa y conocida en nuestra comunidad autónoma, provincia y ciudad, se han llevado a cabo interesantes proyectos divulgativos como las exposiciones itinerantes con la Fundación Villalar, Filmoteca Regional de Castilla y León y Ayuntamiento de Candelario; la adaptación de los cuentos de Miguel de Unamuno a “lectura fácil” con ASPRODES, apostando por ella como elemento de inclusión de las personas no lectoras o con discapacidad en el mundo cultural; los Paseos Unamunianos de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes para alumnos de la ESO y Bachillerato o la presencia en la oferta de Las llaves de la ciudad con el Ayuntamiento de Salamanca. Cada día que pasa es un reto más que se nos presenta para seguir avanzando. Todo comenzó con un hombre, un profesor, un escritor, un intelectual con mayúsculas, que vivió en esta casa y que, gracias a su modo de vida y a su obra, nos ha dado la oportunidad de conocerle más a fondo para continuar, hoy en día, la importante labor de conservar y dar difusión al valioso legado que nos donó.

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Una nueva traducción de Unamuno en Rumanía Carmen Bulzan Profesora Universidad Ecológica de Bucarest, Rumanía

Homenaje - 80 años Miguel de Unamuno 1936-2016

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ué puede representar prueba más grande para rendir homenaje a alguien que traducir y hacer conocida su obra? Aunque han pasado muchos años desde su desaparición física, el espíritu de Miguel de Unamuno, sin embargo, está siempre vivo. Y él puede ser mantenido así no sólo por aquellos que mencionan su nombre, hablando sobre el (la familia, los literatos, los maestros y otros que mantienen su memoria), sino también por aquellos que, desde la distancia, lo sienten cercano. Un enfoque naciente de la consonancia de pensar el sentimiento y vivir el pensamiento del autor con aquellos que a través de la lectura (y traducción) vibran al unísono. Si el filósofo alemán Martin Heidegger hablaba del pensamiento que piensa ya el pensado, para que sea útil para lo que todavía está para pensar, Unamuno nos impulsa a sentir el pensamiento y pensar el sentimiento, juntos, porque ambos son productos del mismo motor - el psique. Partiendo de esta filosofía de vida, el traductor de la opera unamuniana sabrá que no tiene sólo a traducir las palabras de una lengua extranjera a la suya, sino que tiene que transmitir la experiencia de la cual estas palabras han nacido, o sea, el pensamiento y el sentimiento conjuntos. Más allá de la letra de cada palabra esta su espíritu, aquella intimidad en la cual intimamos para entender, para que después transmitamos en nuestro idioma lo que el autor dijo, pensando el sentimiento y sintiendo el pensamiento, en su idioma. Esta intimidad es donde nacen las emociones, los sentimientos, estados de ánimo y pensamientos del autor, ya que el libro, el producto de este lugar, es el resultado salido a la luz a través de la palabra escrita. En el 150 aniversario del nacimiento de Don Miguel, en 2014, dediqué un libro, UNAMUNO Y RUMANIA, y traduje 150 (!) poesías escritas por Unamuno y publicadas en el libro titulado HOMBRE DE PALABRA. Hemos lanzado ambos libros en Bilbao, lugar de nacimiento del gran filósofo y poeta español, en las celebraciones

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ocasionadas por este aniversario, y después en el Instituto Cultural Rumano de Bucarest. Ahora, 80 años después de su desaparición física, le dedico la traducción al rumano, de su más querido libro, tal como se expresó en el año 1908, cuando se publicó el libro Recuerdos de niñez y de mocedad. “No sé cómo puede vivir quien no lleve a flor del alma los recuerdos de su niñez. Trece volúmenes llevo ya publicados, pero de todos ellos no pienso volver a leer sino uno, el de mis “Recuerdos de niñez y de mocedad”, donde en días de serenidad ya algo lejana, traté de fijar no mi alma de niño, sino el alma de la niñez.” Mientras tanto, otras traducciones de Don Miguel se añadieron: Amor y pedagogía, Editorial Instituto Europeo, Iasi, 2011, Apuntes para un Tratado de cocotología, Editorial Instituto Europeo, Iasi, 2011, ofreciendo al público rumano, amante de la poesía, la primera Antología poética Unamuno, edición bilingüe español-rumano, lanzado en Salamanca, en 2010, en la Casa-Museo Unamuno y el Instituto Cervantes de Bucarest, en el mismo año. Sólo en la luz se encuentra la verdad, el conocimiento auténtico, sugestivamente representado en el mito platónico de la cueva. A través de traducciones se produce una especie similar de sacar a la luz, tanto del autor y su obra, como de los que siguen leyendo hoy y, a través de la lectura, están regresando al mundo de aquellos que permanecen solo en sombras, pero sombras que iluminan... Noviembre 2016 Bucarest, Rumanía.

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Unamuno en Becedas ANECDOTARIO Jesús Gómez Blázquez

Becedas

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as largas estancias de don Miguel en Becedas podrían ser abordadas desde las más variadas perspectivas. En esta ocasión me propongo desvelar una serie de anécdotas que los propios becedanos me contaron y que dejan a las claras algunos rasgos del carácter y de la personalidad del profesor. Qué deleite me producía hablar con aquellas personas que aún eran testigos vivos de su presencia en Becedas. Qué distinta forma de interpretar sus actos y sus palabras. Y con qué diferencia de carácter me lo pintaban unos y otros. Porque don Miguel era para unos silencioso y retraído. Huraño y hosco para otros. Y era, a la vez, tan afable y cordial como áspero y esquivo. Eso sí, todos le recordaban con esa aureola que las gentes sencillas colocan sobre las sienes de personajes esclarecidos. Sus veraneos becedanos y sus reiteradas visitas dieron pie a una sucesión de sabrosas anécdotas, muchas de las cuales permanecen ocultas en el cajón de sastre que alberga mis anotaciones. Acostumbraba a pasar largas horas a la fresca de la sombra de un robledal próximo a la Aceña, donde los muchachos, sin ningún respeto a las gélidas aguas que bajaban de los neveros de Peña Negra, se bañaban. El Unamuno pensante y observador solía escuchar con curiosidad a la chiquillería y con relativa frecuencia irrumpía con apreciaciones personales en sus espontáneos razonamientos. Les pedía explicaciones sobre esto y sobre aquello y, de la misma forma que disfrutaba con el ingenio de los avispados muchachos, les recriminaba con mal talante el menor de los improperios. En este marco se produjo la famosa reprimenda que echase a uno de aquellos zagales al que oyera blasfemar: ¿Cómo te atreves, mocoso, a ensuciar el nombre de Aquél a quien con tanto afán yo estoy buscando? Y me contaba uno de los presentes que no contento con la reprobación, averiguó quién era su padre y le pidió encarecidamente que diera al muchacho su merecido castigo.

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“Era muy terco”, me confesaba un anciano. En una ocasión había ido, como muchas mañanas, a descansar a la sombra de unos nogales cercanos a la fuente de la Bimbrorra que inmortalizase Santa Teresa. Cuando el dueño llegó, encontró a don Miguel sentado en la pared de su propiedad, en la que a buen seguro el rector había removido algunas piedras para acomodarse mejor. No debió parecerle muy bien a Vicente, que así se llamaba el propietario, quien tras recriminarle la acción le obligó a abandonar el paraje. Pozo de la Aceña Unamuno, se negó y tras una ardua disputa sobre de quién era el nogal, de quién era la pared y de quién era la sombra, terminaron ambos ante el juez quien, conocedor de los hechos y a pesar del empecinamiento de los contendientes, fue capaz de poner en práctica sus dotes conciliadoras para que la cosa no pasara de ser una mera y sabrosa anécdota. Otro buen hombre me hablaba con actitud de asombro contenido: Cuando más enfadado le vi –me decía- fue una vez que llegó al pueblo tras la reciente proclamación de la República. Y es que parece ser que, enterados de su llegada, algunos prohombres de Becedas, convencidos de la satisfacción que sentiría el veraneante, no dudaron en acudir a agasajarle con toda suerte de parabienes. Y nunca lo hubieran hecho porque don Miguel no tardó en darse cuenta de que aquellos parabienes no respondían a los sinceros sentimientos que la situación requería. Se le encendieron los ojos y despojado de falsas cortesías se los quitó de encima descargando contra ellos la ira acumulada en el tumulto salmantino: Me agasajáis con palabras falsas, con parabienes de fariseos… No me cabe duda de que fue Nicolás Sainz, un masón del gremio de los zapateros, nacido en Oñate y casado y afincado en Becedas, una de las personas que mejor congenió con don Miguel. Era un hombre culto, erudito, de ideología afín a la del pensador, pero por encima de todo, un hombre afable, abierto y respetuoso, de los poco habituales en el medio rural de la época, lo que le hizo estar siempre en el ojo del huracán. Don Miguel se jactaba con frecuencia de haber enseñado a Nicolás a ponerse la boina al estilo vasco y Nicolás se sentía orgulloso de servir de guía al profesor en sus excursiones a la sierra. No nos resultaría difícil imaginarnos a los El nogal y la pared de la discordia dos personajes abriendo trochas por el espinazo serrano, contemplando el valle desde la cumbre y llenando el cielo de mensajes existencialistas teñidos de dudas religiosas y de quebrantos políticos. Me contaba mi amigo Paco Hernández Sainz, nieto de Nicolás, que en una de las subidas a Peña Negra comieron en el Hoyo, junto a un nevero, y que don Miguel grabó con su bastón en la nieve un “viva la república”, que los dos contemplaron hasta que el rigor

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de la siesta terminó difuminándolo, un viva efímero, tan efímero como su sueño republicano. Fue el propio Nicolás quien, siendo yo muy niño, me contaba cosas de don Miguel y todavía permanece en mi memoria el extraño relato de un episodio en el que no he dejado de pensar. Me contaba que le gustaba pasear por la calle Mayor, andando despacio y siguiendo el curso y oyendo el susurro del agua de la añorada regadera que la surcaba. Que en la misma calle Mayor, en el rincón del Llanillo, buscaba la quietud y los secretos de la historia de una pequeña fontana En Peña Negra comieron junto a un nevero del siglo XIII y que allí, ante ella, desplegaba su silla y solía sentase. Tomaba nota de sus reflexiones mientras las mujeres sacaban del pocillo cubos de agua para llenar las tinajas de sus casas. Una de aquellas mujeres que sacaban agua de la fuente, con la actitud de cortesía que caracteriza a las mujeres de Becedas, le ofreció un trago con el que paliar el sopor del momento. Algo debió pasar por su mente que le obligó a reaccionar de la forma más extraña. El pensador frunció el ceño, se levantó, recogió su silla, ordenó sus papeles y, como quien se siente víctima de una ofensa, se fue sin decir nada. No creo que la buena mujer entendiese su actitud, tal vez ni se lo propuso. Ni siquiera Nicolás supo explicármela. Hoy no me cabe duda de que por medio estaba la alegoría del agua que tanto significó para Unamuno y para tantos otros poetas de su generación. Ciertamente le habían ofrecido agua quieta, parada, sin vida. Agua en la que él veía muerte, eternidad incierta, agónica esperanza y que no debe beberse cuando tan cerca hay otras que representan a la vida, a la pureza y al continuo movimiento. Agua como la de las cristalinas chorreras de Becedas, aguas no para mirarse en ellas, sino para beberlas como él mismo escribió en “Andanzas y visiones españolas”. Aguas que, sin embargo, como él también escribió con gran acierto, a veces, no solo no unen a los pueblos sino que los separan. La perfecta y obsesiva comunión que don Miguel mantuvo en Becedas con los molinos y con los molineros y las controvertidas relaciones con el párroco don Evaristo Martín Angulo, tío de Basilio y de José Mª Martín Patino, podrían haber ampliado este anecdotario becedano del viejo rector, anecdotario que con lo expuesto consideramos ya suficientemente esclarecedor.

Fuentecilla del Llanito

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Salamanca Emiliano Jiménez Fuentes Profesor jubilado de la Universidad de Salamanca. Geólogo. Paleontólogo

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namuno! Nombre que conocí en mi Bachillerato como el de un escritor más, al lado de los de Baroja, Azorín, los dos Machado, Pérez Galdós, Benavente... Después viví aquel Preuniversitario con sus lecturas de textos, donde profundicé y aprendí a admirar, más que a los autores, a la Lengua en que expresaron sus emociones, sus sentimientos, sus amores, su desesperación... ¡Esta Lengua nuestra...! ¡En una palabra: ESPAÑA! Pasaron algunos años. Ya en Salamanca sentí, poco a poco, como la ciudad iba atravesándome la piel, apoderándose de mí. ¡Como debió pasarle a don Miguel...! La lectura de "Niebla" supuso para mí un gran choque. Era la primera vez que el alma de un escritor penetraba en la mía. ¿O era al revés? Comprendí, de pronto, que había otra literatura diferente a la que hasta entonces me había entretenido. Era algo que te hacía pensar, que te abría un mundo de sentimientos nuevos. Busqué sus obras. En ellas aprecié su atemporalidad y la ausencia --no la necesitaba-- de su localización. Quien no ha vivido en Salamanca puede situar la trama en cualquier otra ciudad castellana, pero yo la sentí dentro de mí, sin que se la nombrara. Llegué a la conclusión de que había una simbiosis, que Unamuno es Salamanca y que Salamanca es Unamuno. Y comprendí que no fue el espíritu de él el que se apoderó de la ciudad. Es ella la que se adueñó de su alma, rehaciéndola, transformando en su carne vasca el sentimiento de la vida castellana, en una amalgama singular. Me da la impresión de que ese adueñamiento salmantinizante se ha incrustado en otras muchas personas a lo largo de los tiempos, no sólo en literatos; en muchos que han dado fama a "Roma La Chica" por haber vivido, sin haber nacido, en ella. ¿Qué tiene esta ciudad, que a tantos enhechiza? ¿Será su piedra luminiscente, la sin par arenisca de Villamayor, única en el mundo, casi?

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¿O será el amor atesorado por ella, el que sintieron tantos por "su Salamanca", que se ha ido acumulando como un gas inerte e invisible, como una batería que se recarga al andar? ¿Qué es lo que tiene? Hoy, miles y miles de personas la visitan, muchos arrastrados por las corrientes turísticas seudoculturales, que llenan los establecimientos hosteleros, sí, pero que han transformado la ciudad en algo impersonal, una más, cuyo interés fluctúa según el vaivén de la moda impuesta por el dinero fácil. Pero Salamanca es más, mucho más, que eso. Hay que dejarse llevar por sus viejas calles, vacías, sin los cada día más frecuentes e invasores aditamentos hosteleros que tanto la afean y tanto distraen la atención de quien quiere elevarse por encima de la mediocridad imperante. ¡Aunque muchos, muchísimos, opinen lo contrario! Es entonces, cuando están desiertas, al amanecer, en sus llameantes crepúsculos pétreos, o húmedas por la fina lluvia, o en sus suaves noches silenciosas, cuando sientes como te penetra la piel, como algo inmaterial que te llega al alma. ¡Mi Salamanca! ¡Cuando yo muera quiero dormir en ti, incorporarme a tu hechizo eterno! ¡Y que por siempre me asocien contigo!

La sombra de Unamuno vela su Salamanca (dibujo del autor).

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La literatura de Unamuno en el cine Juan Antonio Pérez Millán Escritor y crítico de cine

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o ha tenido demasiada suerte don Miguel de Unamuno con las adaptaciones de sus obras al cine. Él, que dejó escritas frases como que «la película es pellejo», «el espectáculo de cine es propio de un tonto inédito» o «yo he escrito algunas novelas y cuentos y dramas que no creo que tengan nada de peliculables, pero si a algún cinematografista se le ocurriera sacar de alguno de ellos una película –que yo no iría a ver–, no creería que me debía más que un pintor que hiciese un cuadro representando a uno de sus personajes o escenas», entre otras, habría contemplado con horror la mayoría en las versiones cinematográficas de sus novelas: ocho hasta ahora, cuatro de ellas basadas en «Nada menos que todo un hombre», y una en cada uno de los títulos siguientes: «Abel Sánchez», «La tía Tula», «Niebla» y «Dos madres». La posible espectacularidad visual y sonora de la última de las «Tres novelas ejemplares» hizo que desde muy pronto la historia del arrogante nuevo rico indiano Alejandro Gómez y esa Julia Yáñez de familia empobrecida y que se negaba a entregarse a él hasta que aceptó un matrimonio finalmente desgraciado, ha servido de base a las películas tituladas Todo un hombre, dirigida en 1943 en Argentina por el cineasta de origen belga Pierre Chenal; en 1954 y en México por Julián Soler con el pintoresco título de La entrega; en España en 1971 por el conocido y prolífico realizador Rafael Gil, esta vez con la misma denominación del original; y de nuevo en México, ya en 1983, por Rafael Villaseñor, otra vez con el título sintético de Todo un hombre. De las dos primeras hay que decir que compartieron guionista adaptador, Ulises Petit de Murat, especialista en este tipo de labores con obras destacadas de la literatura universal, y eso explica tanto

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las similitudes entre las dos películas como sus diferencias comunes respecto del texto original. Se subrayan los aspectos melodramáticos del argumento, en detrimento del posible sentido de este, mientras se trasladan las localizaciones, las acciones y hasta los nombres y ocupaciones de algunos personajes principales y, en general, se cuentan historias de «pasiones desatadas» muy acordes con lo habitual en aquella época y aquellas cinematografías, como en la española, por otra parte. Entre una y otra, el director español de tendencia experimental y corta trayectoria Carlos Serrano de Osma había realizado en 1946 su versión de «Abel Sánchez», subtitulándola, igual que la novela, «Historia de una pasión», referida a la envidia. Porque tal es el rasgo que define ante todo al médico coprotagonista, Joaquín Monegro, incapaz de reprimir ese sentimiento frente a los éxitos y reconocimientos de su amigo pintor, cuyo nombre da título al texto y al filme. Más que su fidelidad o no al sentido del original, algo tan difícil de evaluar en un traspaso de las letras a las imágenes y los sonidos, a pesar de los encomiables esfuerzos de tantos analistas y teóricos de las adaptaciones cinematográficas de obras literarias, en este Abel Sánchez llaman la atención los atrevimientos formales que Serrano de Osma introduce en el desarrollo del argumento. Así, en un momento en que Joaquín, furioso, bebe un vaso de agua para calmar su ira, la cámara simula situarse dentro de la boca, de modo que el líquido se vierte hacia dentro de ella. En otro pasaje, durante la larga intervención del propio Joaquín alabando a Abel por el éxito de uno de sus cuadros, en el homenaje que él mismo ha promovido, la cámara parece colocada sobre el carrito con el que un camarero recoge los platos sucios mientras habla el orador, después se desplaza hacia la cocina, produciéndose un silencio, y al volver al comedor se recupera el sonido del final del discurso. Estos y otros muchos recursos audiovisuales adornan una narración que en la película empieza por el final, con la muerte de Joaquín Monegro, se centra en las frecuentes discusiones y enfrentamientos verbales y casi físicos entre los dos amigos, además de en sus ambientes familiares entrecruzados, y acaba como al principio, adquiriendo un carácter circular que subraya su significado.

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Dieciocho años más tarde, en 1964, el director debutante Miguel Picazo llevaría a la pantalla la que está unánimemente considerada como mejor versión cinematográfica de un texto unamuniano: La tía Tula. De ella se ha escrito tanto y tan bien que poco podemos añadir, salvo que tres de los mayores aciertos de Picazo serían haber renunciado a la fidelidad literal para fijar su atención en las relaciones entre la protagonista y su cuñado Ramiro, viudo de Rosa, limitándose a reflejar los capítulos 8 a 15 de los 24 totales, con los que la acción descrita adquiere gran intensidad. El segundo sería el cuidado exquisito y la calidad de las imágenes y los sonidos, insólitos en un director primerizo, que utiliza planos largos y Tula cuida de Tulita y Ramirín serenos y aun complicados movimientos de cámara sin perder por ello el gusto por la composición de cada encuadre. Y el tercer acierto, haber confiado el papel protagonista a la actriz Aurora Bautista, espléndida en su caracterización de solterona reprimida en sus contactos con los hombres y volcada sustitutivamente en el cuidado de sus sobrinos Tulita y Ramirín, acabando de rescatarla así de las interpretaciones de heroínas que tanta fama le habían dado en películas características del llamado «cine histórico de cartón piedra» de los primeros años del franquismo. Y ahí acaban prácticamente las alegrías que nos ha dado el cine de raíz unamuniana. Porque la adaptación por Rafael Gil de «Nada menos que todo un hombre» no pasó de ser una muestra de superproducción a la española, demasiado esclava del afán de mantener una cierta fidelidad puramente verbal al original y amparada en el gancho comercial de sus protagonistas: Paco Rabal y Analía Gadé. De la siguiente adaptación del mismo texto, y última de las ensayadas hasta ahora, la perpetrada en 1983 por Rafael Villaseñor en coproducción hispano-mexicana y con el divo de aquel país Vicente Fernández y nuestra antigua Miss Universo, la malograda Amparo Muñoz, solo cabe decir que se trató de un disparate oportunista, centrado en las relaciones de Alejandro Gómez –ahora llamado Joaquín Barrera– y el hijo habido de su matrimonio con Julia Yáñez –aquí, Laura Monteros–, en un argumento que se dice «basado en la obra original de Miguel de Unamuno» pero que la trastoca por completo, salpicándola de canciones extemporáneas y con el grave error de doblar al castellano a todos los personajes, de manera muy deficiente, por cierto, con lo que el conjunto adquiere un aire de artificiosidad difícilmente soportable.

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Algo parecido podría decirse de las dos adaptaciones restantes: la de «Niebla» convertida en Las cuatro novias de Augusto Pérez en 1975 por José Jara, otro cineasta con frustradas aspiraciones vanguardistas que nunca encontró su lugar en la industria, y cuyo título se refiere a la madre de Augusto, su ama de llaves Liduvina, Aurora Bautista y Carlos Estrada en La tía Tula la joven sirvienta Rosarito y el supuesto gran amor de su vida, la hermosa Eugenia, interpretada por Charo López. Con un reparto encabezado por Fernando Fernán-Gómez que no consigue insuflar algo de credibilidad a un guion en el que han desaparecido las implicaciones metafísicas y metaficcionales del original, y dispuesto ante todo a aprovechar la moda del llamado «cine del destape» puramente epidérmico de las postrimerías del franquismo. Por último, habrá que mencionar la versión de otra de las novelas ejemplares, «Dos madres», llevada a cabo en 1977 por Javier Aguirre, cineasta de larga trayectoria que alternó las obras de carácter formalmente innovador con las puramente comerciales. La película se confiesa solo «inspirada» en el original y, seguramente para tratar de hacer caja, se llamó Acto de posesión, nada menos. Protagonizada otra vez por Amparo Muñoz, en compañía de su popular pareja de entonces, el cantante Patxi Andión, se limita a poco más que explotar los desnudos de Isela Vega, en su triste pero despótico papel de la viuda estéril que manipula a su amante para que deje embarazada a la joven Berta y le arrebate después la hija producto de esa relación. El filme carece de profundidad y se queda, una vez más, en la superficie de un relato mucho más enjundioso. A la vista de esos resultados, y a falta de una exposición más detallada y extensa, quién sabe si, pese a otras evidencias admirables a lo largo de la historia del cine, no tendría algo de razón Don Miguel al sugerir que llevar una obra literaria al cine equivale a «despellejarla»… sobre todo si se hace empeñándose en ser materialmente fiel a la letra de la misma en vez de a sus posibles significados.

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“Huellas de san Juan de la Cruz en el Cancionero unamuniano” María Jesús Mancho Duque Catedrática de Lengua Española. Universidad de Salamanca

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a influencia de la mística en la producción unamuniana ha sido reconocida, especialmente en obras como En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida y, naturalmente, el Tratado sobre el amor de Dios.

Para la presente ocasión nos hemos fijado en algunas huellas del místico carmelita en el Cancionero1. Así, en la composición 405, titulada Madrigal de las Altas Torres, donde se nos ofrece una selección toponímica de la profunda Castilla, Unamuno, en pinceladas impresionistas, plasma los perfiles de sus héroes históricos y espirituales - “Castilla, Castilla, Castilla/ madriguera de recios hombres”-, delineados al contraluz de la esencialidad descarnada del paisaje: Medina la del Campo sueña -cigüeñas, cornejas al bordeel de César Borja ¡qué salto! San Juan de la Cruz que se esconde Evidentemente Unamuno, conocedor de la biografía del santo, alude a la etapa oculta de formación espiritual y aprendizaje literario dirigido por el P. Bonifacio, en el Colegio que los jesuitas habían instalado en la pujante ciudad de las ferias castellanas, preparación que intentaba hacer compatible con su trabajo como enfermero y monaguillo. La etapa culminaría con el descubrimiento de su vocación religiosa y su ingreso en la Orden del Carmen, y no, sorprendentemente, en la Compañía de Jesús. San Juan de la Cruz se manifiesta como uno de esos hijos ilustres de la Castilla trascendente.

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Las referencias al Cancionero se hacen a partir del volumen tercero de la Poesía Completa de Unamuno, Madrid, Alianza Editorial, 1988, Introducción por A. Suárez Miramón. En adelante, Unamuno, Poesía completa.

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Otro poema que merece algún comentario es el 686, escrito el 11 de febrero de 19292: Juan de la Cruz, madrecito, alma de sonrisa seria, que sigues tu senderito por tinieblas de miseria de la mano suave y fuerte de tu padraza Teresa, la que corteja la muerte; la vida, ¡cómo te pesa! Marchas por la noche oscura, te va guiando la brisa. Te quitas de toda hechura, te basta con la sonrisa. De Dios el silencio santo, como de noche sin luna, vas llenando con tu canto, para Dios canto de cuna. Madrecito de esperanza, nuestra desesperación gracias a tu canto alcanza a adormecer la razón. Desde el primer verso es perceptible la afición de Unamuno por los juegos lingüísticos, derivados de su formación filológica, al utilizar una base femenina –madrecon un diminutivo en forma masculina: madrecito, para aplicarlo a Juan de la Cruz. Tal incongruencia gramatical constituye un guiño al lector para evocar, quizá, la pequeñez de estatura, la débil complexión física del santo, como consecuencia de las carencias padecidas en su infancia y adolescencia en cuanto “pobre de solemnidad”. La reiteración de diminutivos, reflejada en senderito, tal vez pretenda reflejar ciertas facetas de la personalidad del carmelita, como su exquisita sensibilidad o su capacidad de evitar enfrentamientos con una sonrisa, aunque esta sea seria -y aquí hallamos una muestra de la expresión mística: el oxímoron. Si la sonrisa dulcifica, la seriedad connota firmeza, austeridad: el adjetivo remite al itinerario espiritual propuesto por el santo castellano, en absoluto fácil, ni cómodo, ni sensible; menos aún sensiblero. Teresa, ciertamente, ya había recorrido ese tránsito interior. Fue ella la que descubrió a su fraile y lo atrajo a su Reforma –“de la mano suave y fuerte”-, reconociendo en su hondura y refinamiento espirituales la huella enamorada de Dios. Los adjetivos, nuevamente opuestos, hacen aflorar la antítesis propia de una estética común a los místicos, pero cara también a Unamuno. Mientras el calificativo suave connota dulzura y femineidad, fuerte sugiere los rasgos varoniles de fuerza y fortaleza de ánimo, que la

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Unamuno, Poesía completa, p. 374.

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santa pretendía infundir e inculcar a sus hermanas de orden. Por ello, la figura se introduce ahora mediante un sustantivo masculino –padre-, modificado por un sufijo aumentativo, aplicado en forma femenina -padraza-, con lo que se crea un efecto paradójico, de manera paralela, pero contraria a lo que sucedía con madrecito, quizá para reflejar la complementariedad de dos seres que se erigen en fundadores de la Reforma carmelitana. La referencia a la progresión del espíritu aparece de nuevo en el poema unamuniano: -“marchas por la noche oscura”-. En esa andadura espiritual, el camino se identifica con el marco temporal, con la Noche, símbolo de raíces arquetípicas, cuyos filamentos, contrastados en tradiciones bíblicas, nórdicas e islámicas, se enraizan en una dramática experiencia interior. La insistencia en la oscuridad, conduce a un estado de desnudez integral –“te quitas de toda hechura”-; a un vacío absoluto, para alcanzar la nada, en la que, si Dios concede la gracia, surgirá la plenitud del Todo. La noche es el camino -dirá explícitamente el santo-, donde toda calla - De Dios el silencio santo- , y la ausencia de sonido, equiparable a la de objetos visibles, propicia la audición de la Palabra. Al avanzar el proceso nocturno, se intensificarán sus notas: oscuridad, soledad y silencio, profundos símbolos carenciales en san Juan y también en Unamuno, acentúan el espesor de la tiniebla pregnante del espíritu –“como de noche sin luna”-: nada se ve, ni se oye, ni se percibe, ni se conoce o entiende. Sólo queda la angustia, radical y desgarradora, materia de la que brota el propio canto –“vas llenando con tu canto”. Éste emerge desde el abandono total, en la creencia confiada -por fe vivade que precisamente en lo más profundo de esa negación absoluta, surgirá la luz guiadora que iluminará el camino. Sumergido en la soledad, el místico castellano eleva su oración. Y esta poesía, purificada, surgida de la esperanza, –“Madrecito de esperanza”- es para Dios la prueba del amor más puro: un dulce “canto de cuna”. Desde la perspectiva humana, para los hombres, como Unamuno, sumidos en “nuestra desesperación”-, los efectos de estos poemas son balsámicos, como un órfico canto de sirenas: por las amenas liras y canto de serenas, os conjuro ... porque la esposa duerma más seguro3. Pero, desgraciadamente, tales efectos son sólo pasajeros y superficiales; no calan, solo logran “adormecer la razón”. La capacidad racional del hombre reclama sus fueros. Hay un tono de jaculatoria en esta última estrofa del poema, donde Unamuno es consciente de la dramática imposibilidad de anular -como exige el santo- las prerrogativas del entendimiento, para fundarse en sola fe, urgido por la esperanza. Aferrarse tan solo, y casi a la desesperada, a la fe esperanzada como único asidero es una exigencia excesiva para el intelectual profundo que era el Rector de la Universidad de Salamanca.

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San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, A, estrofa 30, vss. 146-147.

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Unamuno, profesor de griego Francisco Blanco Prieto Presidente de la Asociación Amigos de Unamuno en Salamanca

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namuno estuvo dando clases de Lengua Griega desde 1891 hasta 1899 en que se hizo cargo de la cátedra de Lengua y Literatura Griega hasta su deportación en 1924. Es decir, gran parte de su vida docente estuvo vinculada a la cultura griega.

Mi procedimiento en clase es, en cierto modo, cíclico. Hago primero que los alumnos den una rápida ojeada a la gramática fijándose sólo en las líneas generales, en los casos normales más frecuentes de la declinación y conjugación, sin descender a particularidades y volvemos luego a repasarla detallándola ya, es decir, recalcando. Hago lo que al trazar un cuadro, que empiezo por el bosquejo y no que se vaya acabando trozo por trozo. El programa que impartía de Lengua Griega, formado esencialmente por la Gramática de Curtius, traducida de la 15ª edición alemana al castellano por su compañero de cátedra Enrique Soms Castelín, constaba de 50 lecciones repartidas en Fonología, Fonética, Morfología, Derivación y Sintaxis. Siendo preguntado por un alumno sobre la lección que debían traer preparada para el día siguiente, Unamuno respondió: “Toda la gramática”, queriendo dejar claro a los alumnos que el aprendizaje no era cuestión de recetas o píldoras para digerir diariamente, sino formación total necesaria para formar mentes creativas, libres e independientes, capaces de gestionar autoaprendizajes. Aclaremos igualmente que el objetivo de sus clases no era hacer helenistas en dos años, cosa imposible, sino fomentar el gusto por la cultura clásica, familiarizando y sensibilizando a los alumnos con el espíritu y la cultura grecolatina. En sus clases no explicaba lección teórica alguna, dedicando el periodo lectivo a traducciones y ejercicios prácticos de aplicación sobre lo que el alumno había aprendido por su cuenta en el libro de texto.

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Aprovechando la poca simpatía que tenía por la lengua griega, ciertas opiniones afirman que los alumnos no aprendían griego con él, algo, como las críticas al absentismo laboral, que tampoco se acercan a la verdad, pues lo cierto es que los discípulos casi nada conocían de esa lengua clásica. No obstante, también ha favorecido esa leyenda el hecho de que un escritor tan culto y prolijo como Unamuno no escribiera ni una sola obra en la lengua de la cátedra que regentaba. Conviene recordar que en el Bachillerato no se explicaba griego, y los alumnos llegaban a su clase sin preparación alguna en la materia.

Sé más que el suficiente griego –decía Unamuno- para poner a aquellos de mis alumnos que gusten de él en disposición de valerse por sí mismos y de hacer progresos en la lengua de Platón, y puedo ponerles al corriente de lo que se sabe de más importante respecto a la literatura griega. Fuera de esto, no me creo obligado a hurtarme de los que estimo sagrados deberes para con mi patria, engolfándome en eruditas disquisiciones sobre éste o el otro punto de filología o de literatura helénicas, lo cual sería pasadero si no hubiese aquí labores más urgentes que acometer. No, no me ha dado Dios mis capacidades para eso. El interés casi exclusivamente gramatical ha hecho estragos en nuestras cátedras de latín y griego. Lo han alimentado cierto natural escolástico y seco de nuestros espíritus y sobre todo la pereza espiritual. Es mucho más fácil enseñar gramática de una lengua que no enseñar la lengua misma como manifestación de una literatura; cuesta menos esfuerzo ese horror que se llama análisis lógico o sintáctico, con sus oraciones primeras o segundas, y su “vuelva usted por pasiva” o la disección morfológica del vocablo con todo lo de prefijos, sufijos, raíz, tema, desinencias, etc., que no entrar en el pensamiento de Horacio o de Tácito, de Sófocles o de Tucídides. Yo procuro enseñar lengua griega y no gramática de esa lengua. Apenas mis alumnos conocen el alfabeto y pueden seguir la mera lectura

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de un texto, y mientras van imponiéndose en la declinación y conjugaciones regulares, voy yo traduciendo y comentando lo que se lee. Es decir, que empiezo a traducir griego desde el cuarto o quinto día de clase y no deja de traducirse hasta el último del segundo de los dos cursos de lección diaria de que consta la asignatura. Y por utilidad mía no traduzco una misma cosa en dos cursos distintos, pues no quiero que me ocurra lo que a más de un catedrático de latín, que al cabo de los años no saben traducir sino los trozos que tienen de texto. No me gustan los Trozos, Crestomatías y colecciones de fragmentos escogidos. Empleo esas pequeñas ediciones, con notas, que publica la saca Hachette, de París, y procuro que cada curso –sobre todo en los segundos cursos– se traduzca alguna obra completa. Hace dos años tradujimos dos cantos completos de la “Ilíada”; un diálogo de Platón; la “Antígona” de Sófocles; el “Prometeo encadenado” de Esquilo, y el “Manual” de Epicteto. A quien conozca el griego le parecerá que esto es mucho traducir para un solo curso, pero he de advertirle que no me detengo con delectación morosa de lingüista o de gramático en las dificultades y pasajes oscuros, sino que a las veces los paso por alto, dando la interpretación más corriente. Mi objetivo es acostumbrar al estudiante a la fisonomía general del idioma, suministrarle un vocabulario lo más rico posible y hacer que se aficione a la literatura griega, pudiendo gustar de algunas de sus obras maestras en conjunto. Su discípulo Federico de Onís, nos habla de las clases de griego impartidas por don Miguel, en los siguientes términos:

Yo no sé de dónde ha salido la especie de que Unamuno en su cátedra enseña de todo menos de griego y de filología románica, sin duda de sus propias afirmaciones insolentes contra el helenismo y contra la ciencia. Pero de las afirmaciones de un hombre como Unamuno, de gran complejidad espiritual y de un subjetivismo exagerado, no se

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pueden sacar consecuencias, sino contando con todo el sistema de sus ideas y sentimientos (...). Unamuno enseña griego y pone a sus alumnos en comunicación directa con las grandes obras de aquella raza privilegiada, enseña a producir la ciencia y da a sus discípulos los instrumentos precisos para adquirirla, entre otros, las lenguas modernas, y con su palabra difundía siempre las ideas madres del saber humano.(...) El señor Unamuno enseñaba griego y filología románica, dentro del grado elemental posible en nuestras universidades donde los alumnos tienen que empezar por aprender el alfabeto. Concluimos diciendo que el método de don Miguel, consistía en meter rápidamente a los alumnos “in median res”, según Horacio, o sea que mandaba enseguida leer y traducir comenzando por frases cortas. Así, los alumnos se veían obligados a estudiar cuanto antes por su cuenta los elementos gramaticales necesarios, como declinaciones, conjugaciones, etc., no sin que les hiciera preguntas en medio del análisis de las frases, que cada día se interpretaban. El día de su jubilación dejó Unamuno muy clara su posición ante las clases de griego, diciendo:

Nunca he querido hacer helenistas, sino hombres cultos con sentido del espíritu clásico helénico y gusto por la antigüedad. Tampoco la escuela debe hacer plateros, ni siderúrgicos, ni boticarios, sino hombres. Es decir, los alumnos aprendían griego a través de un libro de literatura griega, no de un texto de gramática. A esto cabe añadir la renovación anual de los textos literarios.

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Manuel Santamaría, discípulo de Unamuno Román Álvarez Catedrático de Filología Inglesa

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urante los más de ocho años de oficio decanal pude contemplar cada día en mi despacho una orla en la que aparecían alumnos y profesores de la promoción 1914-16 de la Facultad de Filosofía y Letras en la entonces Universidad Literaria de Salamanca. Movido por la curiosidad, intenté seguirle la pista a algunos de aquellos jovencitos con apariencia de mayores que me contemplaban casi un siglo después de haber culminado sus licenciaturas. En el plantel del profesorado estaba, como es natural, el retrato de Miguel de Unamuno entre otros insignes maestros de la época, como, por ejemplo, el gran filólogo Pedro Urbano González de la Calle4. Y entre los alumnos –todos ellos varones— se encontraba Manuel Santamaría Andrés, flanqueado por otro gran especialista en estudios clásicos y con el tiempo catedrático de Griego de la Universidad de Salamanca, Ricardo Espinosa Maeso; y por Emilio Alarcos García, padre del que sería con el tiempo catedrático de la Universidad de Oviedo y académico de la RAE. Los tres –el zamorano, el leonés y el madrileño-- eran buenos amigos en su época de estudiantes y conservaron la amistad posteriormente, hasta el punto de que Emilio Alarcos García firmaría como testigo en la boda de

Pedro Urbano González de la Calle (1879-1966) se exilió en Colombia en 1939, donde llevó a cabo una fructífera labor. En 1950 pasó a México, cuando ya contaba 71 años. Mantuvo relaciones epistolares con quien había sido su discípulo, Ricardo Espinosa, a quien en una emotiva carta enviada desde la capital mexicana en marzo de 1959 le hace partícipe de sus amargos sentimientos de transterrado en un momento en el que, a pesar de haber visto truncada varias veces su carrera académica, está dispuesto a iniciar una nueva etapa vital, si bien “con más nieve en el alma que en el cabello”. Esta misma misiva trasluce el desgarro de la separación, ya para siempre, de su “querido e inolvidable ambiente universitario salmantino”. 4

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Manuel y este, a su vez, sería el padrino de Emilio Alarcos Llorach. Al tercero, Ricardo Espinosa aún lo llegué a conocer, solitario y jubilado, a finales de los años setenta cuando compartíamos de vez en cuando menú en el mismo restaurante barato de la calle Bordadores. Por esas fechas aún ignoraba yo que don Ricardo había hecho generosa donación de todos sus papeles, archivos y fondos bibliográficos a la Universidad. Pero ¿quién era ese muchacho de aspecto bondadoso cuyo rostro aniñado contrastaba con el de sus dos compañeros portadores de sendos mostachos que parecían mayores que Manuel? Con el tiempo fui hilando trazos de su biografía5, hasta descubrir su admiración fervorosa por Unamuno, maestro con quien mantuvo relación a través de los años y de las respectivas circunstancias biográficas. La familia de Manuel aún conserva una foto que Unamuno le dedicó al que parecía ser uno de sus discípulos predilectos. El texto dice: “A Manuel Santamaría, su amigo, maestro y compañero siempre, Miguel de Unamuno”. Unamuno fue su maestro venerado. Unamuno presidió el tribunal con el que Manuel se licenció en Filosofía y Letras con la máxima calificación en junio de 1916. Unamuno presidió también el tribunal para el Premio Extraordinario de Licenciatura al que Manuel se presentó. No obstante, el galardón se lo llevaría su buen amigo Alarcos. Finalmente, Unamuno presidiría también el tribunal que en 1935 debía dotar una plaza de catedrático en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid a la que Manuel Santamaría aspiraba y que ganó el teórico del fascismo español Ernesto Giménez Caballero, cuya desenvoltura en los ejercicios de la oposición causó admiración en don Miguel. Entre 1918 y 1922 trabajó Manuel en el Instituto de Zamora, ciudad en la que había nacido en 1896, y el primero de mayo de 1922 tomó posesión de su cátedra de Lengua y Literatura Castellana en el Instituto de Segunda Enseñanza de León. Uno de sus colegas de claustro sería José Gaos, profesor de Filosofía y posteriormente rector de la Universidad de Madrid, exiliado en México como consecuencia de la Guerra Civil y bien conocido por sus traducciones de las obras de grandes figuras de la Filosofía, como Scheler, Hegel, Husserl y Heidegger (El ser y el tiempo). Entre los discípulos de Santamaría se encontraban el pintor José Vela Zanetti y el futuro catedrático de Derecho y Magistrado del Tribunal Supremo, Mariano Martín-Granizo, quien luego se casaría con Matilde, la hija mayor de Manuel. Durante el curso 1925-1926 ejerció Manuel su docencia en el prestigioso Instituto-Escuela de Madrid, en el que desde 1918 la Junta de Ampliación de Estudios había confiado el nuevo impulso y la reforma de la enseñanza pública en España. Las cartas que Manuel le dirigió a Unamuno6 no dejan lugar a dudas acerca de la veneración y el respeto que sentía por el rector salmantino, antiguo profesor suyo de Lengua y Literatura Griega en el Estudio salmanticense. Así, con fecha 20 de noviembre de 1920, cuando Unamuno es condenado por injurias al rey, “su amigo y discípulo” se solidariza abiertamente con el maestro: “Siento en lo más honde de mi Este interés fue compartido también por José Enrique Martínez Fernández e Isabel Cantón Mayo, quienes publicaron una documentada semblanza con el título de Penumbra vital, literaria y educativa de Manuel Santamaría, Universidad de León, 1997. 6 Se conservan en la Casa Museo Unamuno al menos ocho, que van desde el año 1920 hasta 1932. 5

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alma este atropello que es atropello inferido en su persona a todos los hombres verdaderamente liberales de España; pocos, pero los mejores”. Además de considerarse abiertamente liberal, Santamaría le declara a don Miguel su inmarcesible gratitud: “Escribo a V. en esta ocasión porque comprendo que es la más adecuada para manifestarle mi agradecimiento más cordial por las enseñanzas que de V. he recibido en clase y, fuera de ella, en sus libros”. Justo un año más tarde, el 28 de noviembre de 1921 y también desde Zamora, Manuel Santamaría se dirige de nuevo a su maestro para darle cuenta del éxito de la representación de Fedra en esa ciudad, pero, sobre todo, y con un lenguaje encendido y apasionado, trasladarle la felicitación por un reconocimiento recibido en Bélgica y extraer conclusiones acerca de las diferencias entre ambos gobiernos: el belga, que homenajea a Unamuno, y el español que lo menosprecia: “Se avergonzaría, si fuera capaz de ello, esta cuadrilla de lacayos y farsantes que nos desgobierna, al comparar su conducta tan indigna y cobarde con la de este Rey [el Rey de los belgas]; pero cada uno obra como quien es y de estos viles lacayos y de su amo no se pueden esperar más que vilezas”. Un mes más tarde felicita a Unamuno por haber sido nombrado vicerrector, y le comunica que está a punto de salir para Madrid con el fin de opositar a una cátedra de Literatura, en cuyo tribunal está Menéndez Pidal. En un acto de buena fe no exenta de candor confía en la equidad y justicia del tribunal, pues considera que “la mayor parte de las veces que se cometen injusticias es más por ignorancia que por maldad de los que juzgan”. Dos meses después --con membrete de la Biblioteca Provincial y del Instituto de Zamora – Manuel Santamaría le hace a Unamuno partícipe de su alegría al comunicarle que se va a trasladar a León como resultado de haber aprobado las oposiciones de Instituto, al tiempo que reconoce una vez más la influencia que las enseñanzas unamunianas han tenido en el feliz desenlace de la oposición en contra de algunos vaticinios, dadas sus vinculaciones con el maestro: “En estas oposiciones he tenido la satisfacción de poder decir las cosas como las sentía sin ocultar ni velar nada. En las últimas oposiciones que hice, un amigo de V. y mío me aconsejó que dejara las cosas de Unamuno, así llama él a decir lo que se siente, y que si no las dejaba no sería nunca catedrático. Afortunadamente se equivocó”. Ya desde León, en 1924, de nuevo se solidariza Manuel con los agravios y atropellos que sufre Unamuno por parte de “el Testicular y compañía”. Le ratifica su “leal amistad” y concluye diciendo que “en España no se puede vivir ya dignamente”. Mientras Unamuno permanece en Hendaya, Manuel y su esposa Olvido viajan dos veces desde León con el propósito de visitar al maestro. Cuando Unamuno regresa del destierro tras la caída de Primo de Rivera, Manuel Santamaría quiso estar entre quienes acudieron al apoteósico recibimiento, pero, como dice en la carta de 13 de febrero, le fue imposible acudir por razones laborales. El tono exaltado de la misiva no deja lugar a dudas acerca de las ideas antimonárquicas del firmante: Ahora hay que empezar la revisión de todo lo actuado hasta aquí por la tiranía, por los que la precedieron y por el que la trajo para ser él el amo, exigiendo a todos la responsabilidad de sus fechorías. Sin olvidar los asuntos de Marruecos que esta gentuza vino a tapar. Nada de olvidos ni de irresponsabilidades. Irresponsables son los tontos, y los reyes que en la

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irresponsabilidad y en la maldad se les parecen. A unos y a los otros hay que encerrarlos para que no hagan daño… Hay que llevar a la cárcel y a la horca a toda esa canalla y evitar por todos los medios que nadie se quede viendo impunemente. […] La carta termina con una petición expresa de liderazgo a Unamuno: “Sea V. nuestro guía, D. Miguel, para llevar a cabo el buen camino a esta nuestra España. No en vano ha sido usted consagrado por la persecución […] Le abraza muy fuerte su discípulo…” Un mes más tarde acusa recibo de una carta de Unamuno en la que, al parecer, restaba importancia a los enemigos que pudieran hacerle daño. Manuel no está de acuerdo con el término empleado por Unamuno –“mosquitos”—y argumenta: “Yo creo que importan [los mosquitos] mucho más que los moscones, que no hacen más que zumbar, mientras los mosquitos propagan las pestes. Y si esta peste de la Dictadura fue obra de moscones, la propagaron los mosquitos”. En noviembre de 1932 le comenta a Unamuno la posibilidad de que una amiga suya, a quien ha animado a verter al francés obras del maestro, traduzca a ese idioma el libro de narraciones El espejo de la muerte, para lo que solicita el permiso del autor. Alega en favor de la traductora que ofrece garantía de calidad en su trabajo, calidad que ya había mostrado sobradamente en su traducción de La beca. El proyecto podría verse afectado a la hora de la publicación por el hecho de que, según opina la amiga de Manuel –cuyo nombre no consta en la correspondencia—los editores prefieren novelas extensas a las colecciones de cuentos; y si así fuera el caso, siempre quedaría abierta la posibilidad de publicarlos en periódicos y revistas una vez otorgado el permiso por parte de Unamuno. Además de un puñado de composiciones poéticas escasamente difundidas, pequeñas narraciones –algunas de corte netamente unamuniano--, y traducciones poéticas que no llegó a dar a la imprenta, Manuel Santamaría publicó en 1933 su libro Estilística (Preceptiva literaria) 7 , en el que recurre en no pocas ocasiones a ilustrar los conceptos mediante ejemplos tomados de Unamuno, “uno de los escritores actuales que más en español piensan y escriben” (pág. 46). Al abordar el tema de los sonetos, pone dos de Unamuno como ejemplo de esta forma poética --“Siémbrate” y “La sangre del espíritu”—“tan perfectos que pueden competir con los clásicos”. Igualmente recurre a Unamuno como modelo de escritor de cuentos. Tampoco olvida a su maestro en la bibliografía recomendada, donde se recogen sus Ensayos, Contra esto y aquello, Soliloquios y conversaciones, y Por tierras de Portugal y España. Manuel Santamaría Andrés, Estilística (Preceptiva literaria), segunda edición. Valladolid. Imprenta Castellana, 1933. 7

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Por desgracia, el cruel desgarro de la Guerra Civil golpeó con saña tanto al admirado maestro como al discípulo y amigo. Manuel había sido nombrado vicepresidente de la Diputación de León, y por ello el 22 de julio de 1936 fue detenido y confinado en San Marcos, esa joya leonesa del plateresco convertida en ergástulas de tortura y muerte. Acusado de traición junto con otros quince ciudadanos leoneses, entre ellos el gobernador civil, el presidente de la Diputación y el alcalde, tras un consejo de guerra (por más que el Sumario 467/36 de la Auditoría de Guerra de la 8ª Región Militar no contenga en ninguno de sus 354 folios pruebas contundentes que justifiquen la sentencia) para quince de ellos se solicitó la pena de muerte. Ante lo delicado de la situación, Manuel Santamaría le pide a su esposa Olvido Alonso que se dirija a Miguel de Unamuno en busca de ayuda. Así pues, el 25 de octubre la mujer de Santamaría le escribe a Unamuno “para pedirle en nombre de sus cuatro hijos, en el mío y en el suyo que haga la caridad de interceder por él cerca de personas que por su elevada jerarquía puedan hacer que la justicia resplandezca […] ya que el Consejo de Guerra está señalado para esta semana y no quiera Dios que su valiosa ayuda llegase tarde.”. Bueno estaba don Miguel por esas fechas como para interceder ante nadie. Bastante tenía con lo suyo después de lo sucedido el día 12 de ese mismo mes en el Paraninfo de la Universidad. Manuel y sus compañeros fueron condenados a muerte y, en consecuencia, fusilados a las siete de la mañana del 21 de noviembre de 1936, después de las preceptivas tres horas en capilla con derecho a “pedir los auxilios que necesitaran compatibles con su situación”, y de haber firmado de su puño y letra la notificación del inmediato cumplimiento de la sentencia. S.E. el Jefe del Estado se dio por enterado de la sentencia y no puso objeción al cumplimiento de la misma. A Manuel le acompañó en el último momento su cuñado, Néstor Alonso, militar adscrito al arma de Aviación, que nada pudo hacer por él salvo ofrecerle la posibilidad de ser fusilado en la última tanda –los fusilaban de tres en tres—a lo que Manuel respondió que preferiría caer el primero para evitar ver morir a sus amigos.8 En este proceso Manuel representaba la misión educativa, la intelectualidad, el prestigio de una cátedra, y ya se sabe lo que los militares sublevados opinaban acerca de la inteligencia, por boca del rugiente Millán Astray. En el certificado de defunción de Manuel Santamaría consta su fallecimiento por “parálisis cardiaca”, macabro eufemismo, atribuyéndole siete hijos al finado, cuando en realidad eran Omito la identidad de los militares implicados en el Consejo de Guerra (presidente del tribunal, vocales, juez instructor, vocal ponente, fiscal, defensor, testigos y alférez al mando del pelotón de ejecución), para ahorrarles a sus respectivos familiares y deudos un oprobio innecesario. 8

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cuatro los que Manuel dejaba huérfanos. Ni en eso acertaron. El diario Proa dio la noticia --encabezada con un lacónico “Sentencia que se cumple”—de la ejecución de todas las autoridades republicanas leonesas: “En el campo de tiro de Puente Castro, ha sido ejecutada ayer de madrugada la sentencia que había recaído contra los siguientes paisanos, que fueron condenados a muerte en reciente consejo sumarísimo, celebrado en la Diputación” [Y sigue la relación de los 15 nombres]. Para mayor escarnio, dos días después de la ejecución se dispone por la superioridad competente el cese en el Instituto, con suspensión de empleo y sueldo, del “catedrático don Manuel Santamaría Andrés”. Y en el colmo de los despropósitos, en marzo de 1937 y en abril del mismo año, se piden responsabilidades civiles por parte de la Comisión Provincial de Incautación de Bienes, responsabilidades a las que su viuda tendría que hacer frente. Cada vez que contemplo la orla de 1916 con los retratos de ese puñado de catedráticos y alumnos, me pregunto cuántos de ellos habrán tenido un final tan triste y dramático como el maestro Unamuno y su discípulo Manuel Santamaría –servidor de la pluma y víctima del plomo--, bien ajenos entonces, en sus flamantes fotos de la licenciatura en ese curso académico, a los crueles avatares que una España trágicamente dividida y carnicera les depararía justo veinte años más tarde.

Apunte de Unamuno realizado por Santamaría

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ITINERARIO UNAMUNIANO SALMANTINO Cuarta mirada

D

esde la Plaza de Anaya, bordeando las catedrales llegamos al antiguo Palacio Episcopal, sede de los obispos salmantinos hasta 1964. Este edificio clasicista fue cedido por el obispo Pla y Deniel al general Franco al comienzo de la guerra civil, para que en él instalara su cuartel general en los primeros días de octubre de 1936, poco antes de que Unamuno le visitara en su despacho de la Antiguo palacio episcopal primera planta, para interceder ante él por sus amigos detenidos, por los maridos de las esposas que le habían informado de la detención de sus compañeros y por los profesores depurados. A través de la pequeña rúa Calderón de la Barca, alcanzamos la peatonal calle Libreros, sede de la primera imprenta y librería salmantina, por donde itineraba la ruta de la Plata que subía desde el puente romano. En esta vieja calle toma cuerpo la Casa Museo Unamuno, espacio de obligada visita para los simpatizantes y seguidores del escritor vasco-salmantino, que guarda en su seno el archivo documental de Miguel de Unamuno más importante y completo que existe, junto a enseres domésticos del rector, de extraordinario valor testimonial. Distribuida en tres plantas, alberga en la inferior el salón rectoral, donde tenían lugar ciertos los protocolos académicos en tiempo de Unamuno. El primer piso está reservado al museo, donde se encuentra el dormitorio de Unamuno, el despacho, su biblioteca privada cedida a la Universidad y objetos personales del maestro, como las plumas de caña que él mismo elaboraba para escribir, lentes de miope, boina vasca, capa, etc. Casona dieciochesca convertida en museo de investigación que fue vivienda rectoral ocupada por Unamuno durante su primera etapa como rector, desde 1900 a 1914, donde nacieron sus hijos José, María, Rafael y Ramón, muriendo en ella el

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Casa Museo Unamuno


pequeño Raimundín, que tanto desconsuelo le produjo. En un despacho de esta mansión escribió sus obras “Amor y Pedagogía”, “Vida de don Quijote y Sancho”, “Poesías”, “Recuerdos de niñez y mocedad”, “La difunta”, “La princesa doña Lambra”, “Fedra”, “Por tierras de España y Portugal”, “Rosario de soneros líricos”, “Del sentimiento trágico de la vida” y “Niebla”, entre otras. A dos pasos de la Casa Rectoral, se abre el cuadrangular Patio de Escuelas con la estatua del agustino catedrático Fray Luis, realizada por Nicasio Sevilla, que fue levantada allí en 1869. Figura del encarcelado por la Inquisición, que se nos presenta con la mano tendida pidiendo paz, como tantas veces dijo Unamuno al hablar de ella, especialmente en el salón municipal del Consistorio salmantino, al producirse el golpe de Estado en 1936. Patio que alberga el plateresco Hospital del Estudio de 1413, hospedería de estudiantes menesterosos y centro sanitario donde las “sangrías” eran habituales, dirigido por el catedrático de Cirugía del Estudio que acumulaba por ello doble salario. En las Escuelas Menores cuya entrada está situada a continuación del hospital, los alumnos realizaban estudios previos de acceso a la Universidad, llamada entonces Escuelas Mayores. Guardaron las primeras para Unamuno un imborrable y triste recuerdo del 2 de abril de 1903, cuando a la puerta de las Escuelas Menores fue muerto otro estudiante en las algaradas de 1903, por disparos de las fuerzas de seguridad. Frente a la estatua de Fray Luis, se abren las puertas a las Escuelas Mayores con deslumbrante fachada plateresca, en cuyo recinto se albergan diversas aulas dedicadas a solemnes actos académicos, entre las que destacan el Aula Unamuno y el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, al que dedicaremos la quinta mirada en nuestro itinerario unamuniano salmantino.

Patio de Escuelas

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ACTIVIDADES REALIZADAS POR LA ASOCIACIÓN SEGUNDO SEMESTRE 2016

Miguel de Unamuno. Retratos. La eternización de lo momentáneo Sala de la Palabra, 30 de junio a las 20.00 h. Marta García Gasco, Vocal de Coordinación de Actividades de la Asociación.

“Visita a la casa-Museo de Unamuno” El sábado 17 de septiembre los socios tuvimos el placer de visitar la Casa-Museo Unamuno de la mano de su directora Ana Chaguaceda y de Marta García Gasco.

De su mano pudimos hacer un recorrido por los retratos del escritor y conocer la estrecha relación que los diferentes artistas tuvieron con don Miguel, con el que mantuvieron relación epistolar.

“Celebración aniversario de la jubilación de Unamuno” Unamuno profesor y rector Celebración del aniversario de la jubilación de Unamuno Conferencia celebrada el 29 de Septiembre en el Aula Magna de la Facultad de Filología. Impartida por Francisco Blanco, Presidente de la Asociación. Fue presentado por Vicente González, Decano de la Facultad de Filología.

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29 de septiembre.- Siguiendo con los actos de la celebración del santo, cumpleaños y jubilación de Unamuno, la Asociación ofreció un homenaje floral a D. Miguel ante el busto que realizó Victorio Macho y que se encuentra en la escalinarta de Anaya. Realizaron la ofrenda Elena Díaz y Luis Gutiérrez. Antonio de Miguel Gaspar pronunció unas palabras. Un coro cantó el gaudeamus.


Unamuno en Becedas Dentro del ciclo de conferencias “Veraneos de D. Miguel” el día 23 de octubre en el salón de actos de la Casa de las Conchas tuvo lugar la conferencia “Unamuno en Becedas”, impartida por el catedrático Jesús Gómez Blázquez y presentado por Francisco Blanco, Presidente de la Asociación.

Rector Salvador Vila, discípulo y amigo de Unamuno Conferencia celebrada en el Centro de Estudios Brasileños, el 29 de octubre. Corrió a cargo de Mercedes del Amo, biógrafa de Salvador Vila, quien fue presentada por Luis Gutiérrez, Secretario de la Asociación.

Ecos místicos de la poesía Unamuniana

La obra de Unamuno en el cine

Conferencia que tuvo lugar el día 10 de noviembre en la Sala de La Palabra. La conferencia fue impartida por la Catedrática Mª Jesús Mancho Duque y presentado el acto por Jesús Málaga, Presidente del Centro de estudios Salmantinos (CES)

Conferencia celebrada en Filmoteca de Castilla y León el día 17 de noviembre, a cargo de Juan Antonio Pérez Millán, excoordinador de la Filmoteca. Fue presentado por Maite Conesa Coordinadora de la Filmoteca y por Luis Gutiérrez Secretario de la Asociación.

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VISITA A LA CASA MUSEO MIGUEL DE UNAMUNO

En el Salón Rectoral, la directora de la Casa Museo, Ana Chaguaceda da la bienvenida a los socios de la Asociación. Ante un retrato de D. Miguel pintado por Florencio Maíllo.

Dado el amor de Unamuno a la papiroflexia, encontramos este modelo, que reproduce el original hecho por D. Miguel

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Muchos son los retratos que Unamuno se hizo a lo largo de su vida. De las paredes de su casa cuelgan instantáneas correspondientes a diferentes etapas de la misma.

Vista general de la mesa donde los investigadores consultan los manuscritos de Unamuno y los fondos de la biblioteca en general.


Biblioteca de D. Miguel, situada en el antiguo comedor de la vivienda. En primer plano la camilla familiar. Delante de las estanterías hay una vitrina con objetos pertenecientes al escritor.

Detrás de la mecedora la parra que inspiró a Don Miguel el poema: “La parra de mi balcón”

Junto a la chimenea solían leer los hijos de Unamuno, sobre ella un retrato realizado por Manuel Losada en 1905.

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ESTRENO ABSOLUTO DE LA OBRA TEATRAL “EL SENTIDOR ANTE SU RETRATO” De Francisco Blanco Prieto La obra teatral “El sentidor ante su retrato” se estrenó el día 2 de diciembre de 2016 en el teatro Liceo de Salamanca por la compañía Komo Teatro, dirigida y adaptada por Claudio Casero Es una dramatización de la vida y sentimientos de Miguel de Unamuno ante la muerte de su esposa Concha, ajena a toda ficción creativa, donde la voz de don Miguel otorga al texto de Francisco Blanco un incuestionable valor testimonial, con fuerza documental suficiente para sacrificar la seducción de la teatralidad escénica al rigor histórico amparado en la realidad vital del personaje. Descubre la obra al Unamuno más desconocido, alejado de las tribunas sociales, literarias y universitarias, presentando un ser humano de carne y hueso ante la realidad familiar, acosado por la muerte de quien fue su vida, amor y costumbre. Un Miguel de Unamuno en zapatillas domésticas que sufre, llora, padece, se disloca moralmente y teme por el futuro que a él le espera y a cuatro de sus hijos todavía con dudoso porvenir. Larga agonía de Concha que atormenta al marido en vigilia permanente, negándose a ir a Grenoble para recibir el doctorado honoris causa, viendo apagarse paulatinamente la vida de su eterna costumbre, única mujer durante sesenta años de convivencia. Mujer que fue sostén de la casa, alegría familiar, madre de nueve hijos y silencioso apoyo de Unamuno. Muerte de la esposa que representa un punto de inflexión irredimible en la vida de don Miguel, preocupado desde entonces en resolver el futuro de algunos hijos, sobrevivir a la jubilación, atender a la cátedra extraordinaria y organizar su obra literaria, sus artículos, ediciones de libros e ingresos económicos, tarea que encomienda a su viudo yerno, pidiéndole que regularice la relación amorosa con su hija Felisa. Es colofón de la obra la defensa de la individualidad y de la verdad por encima de la paz; la certeza de no ser conocido como realmente fue; la convicción de ser criticado por su obra sin haber sido leída y amorosa oración final a Concha ante su retrato, resumen del desgarro sufrido por el sentidor ante la muerte de su esposa

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ACTIVIDADES PREVISTAS PRIMER SEMESTRE DE 2017 ENERO Jueves 26

Hora: 20:00 h. Lugar: Sala de la Palabra Actividad: Conferencia: El Lazarillo de Tormes / San Manuel Bueno, mártir: Intersecciones Monserrat Villar González. Presidenta de la Asociación Pentadrama. Presenta: Elena Díaz Santana. Vocal de Comunicación.

FEBRERO Jueves 16

Hora: 20:00 h. Lugar: Aula Magna de Filología Actividad: Conferencia: Unamuno, personaje de ficción en la novelística europea. Vicente González Martín. Catedrático y decano de la Facultad de Filología. Presenta: Román Álvarez Rodríguez. Catedrático de Filología Inglesa.

Miércoles 22

Hora: 20:00 h. Lugar: Casa de las Conchas Actividad: Conferencia: Miguel de Unamuno y Rubén Darío en la España de su tiempo. Carmen Ruiz Barrionuevo. Catedrática de Literatura Hispanoamericana, USAL Presenta: Elena Díaz Santana, Vocal de Comunicación

MARZO Martes, 7

Hora: 19:30 h. Lugar: Casa Museo Unamuno. USAL Actividad compartida con Casa Museo Unamuno: Conferencia: “Unamuno y las mujeres” Josefina Cuesta. Catedrática de Historia Contemporánea. USAL Presenta: Manuel Redero San Román. Catedrático de Historia Contemporánea. Proyección del Audiovisual: “Nada menos que toda una mujer” Autoras, Sherezade Álvarez Maniega y Mónica García Franco Coordinado por la Profesora de la Facultad de Comunicación Audiovisual de la USAL, María Isabel Rodríguez Fidalgo Duración 32 minutos

Viernes 17 Hora: 20:00 h. Lugar: Sala de la Palabra Actividad: Conferencia: Estructura y unidad de sentido en el pensamiento de Unamuno. Eugenio Luján Palma. Catedrático de Filosofía. Presenta: Ana Chaguaceda Toledano. Socia Fundadora de la Asociación.

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Viernes 31 Hora 19:00 h.: Lugar: Biblioteca “Torrente Ballester”. Actividad: Asamblea General de Socios.

ABRIL Jueves 6

Hora: 20:00 h. Lugar: Sala de la Palabra Actividad: Conferencia: Miguel de Unamuno en el destierro Elena Díaz Santana. Vocal de Comunicación. Presenta: Luis Gutiérrez Barrio. Secretario de la Asociación.

Jueves 27

Hora: 20:00 h. Lugar: Sala de la Palabra Actividad: Conferencia: Ruta unamuniana salmantina. Eugenio García Zarza. Catedrático de Geografía. USAL Presenta: Luis Andrés Marcos. Vicepresidente de la Asociación.

MAYO “JORNADAS AUDIOVISUALES UNAMUNIANAS”

Jueves 4

Hora: 19:30 h. Lugar: Sala de proyección de la Filmoteca de Castilla y León. Actividad: Proyección del documental “Recordando a Unamuno”. Cedido por la Filmoteca de Castilla y León Presenta: Maite Conesa, directora de la Filmoteca.

Viernes 5 Hora: 19:30 h. Lugar: Sala de proyección de la Filmoteca de Castilla y León. Actividad: Proyección del documental: Horas serenas del ocaso breve. Presentado por su autor y guionista: José Amador Martín Sánchez

Lunes 22 a Viernes 26

Actividad: Viaje a la Casa Museo de Unamuno en Fuerteventura. Visita a Lanzarote

JUNIO Jueves 22

Hora: 20:00 h. Lugar: Centro de Estudios Brasileños Actividad: Conferencia: El último Unamuno ante las dos Españas. Eduardo Pascual Mezquita. Catedrático de Filosofía. Presenta: Luis Andrés Marcos. Vicepresidente de la Asociación.

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Nivola Nº4  

Cuarto número de la revista con las actividades y colaboraciones del segundo semestre 2016. Asociación de Amigos de Unamuno

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