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ESCAPA

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¡¡Escapa!!

Necesitaría más de una vida para contar mi experiencia con Jesucristo, y otra más para entender lo que realmente pasó. A veces me preguntan cómo fui liberado o salí de la cárcel en que me encontraba; pero no tengo la respuesta por todo lo que viví, puesto que no solo estuve en una cárcel sino también en un sepulcro. También estuve en un sitio expuesto a las burlas, era como un circo, en un hospital, en un manicomio, es decir, no puedo definir exactamente donde me encontraba, puesto que en varios lugares, en su mayoría fueron literales, aunque sin darme cuenta, vivía lo mismo espiritualmente hablando, viviendo supuestamente libre; pero haciendo siempre lo mismo, como en una cárcel sin poder moverme, escoger, pensar, decidir, hablar, ver, levantarme, es decir, era como un muerto. La gente me veía sucio, mal oliente, pues era así como diariamente me mantenía. Haciendo cosas muy vergonzosas que por más que quisiera no podía ocultarlas, todos me veían como en un circo.

Con el pensamiento de ser un enfermo adicto a las drogas de por vida, siempre pensando hacer cosas buenas que por el poder que ejercía la droga en mí no podía y creyendo que siempre estaría como en un hospital —cada una de estas dimensiones es una parte de la referencia de donde me encontraba—, no puedo definir un estadio específico. No me agrada hablar de lo que hice, me refiero a qué consumí o hasta donde llegué por drogarme, porque hoy reconozco que mi mayor enfermedad no fueron las drogas sino la ausencia de Dios en mi vida —eso fue lo que realmente me destruyó por años—, la dureza de mi corazón hacia la persona de Jesucristo. Fue esto lo que hizo que las drogas hicieran su parte en mí, aunque ahora sé que no fueron solo las drogas, contribuyó la homosexualidad, las maras, el narcotráfico, el ser adicto a muchas cosas más. El punto no es tanto cual fue mi problema físico, sino el problema debajo del problema.

Decirles que fui yo, quien tomó la decisión de cambiar, seria a mí parecer, quitarle gloria al Señor Jesús y no, no, a Él toda sea la gloria. Dice la Biblia que Dios pone el querer y el hacer por su buena voluntad, no cabe la humanidad en esto, todo el crédito es de Él. Perdón es lo que pienso y creo, aunque no siempre fue así.

Si creo que el hombre lo único que debe hacer es nada, y ese nada es rendirse. Es aceptar que es impotente, que no sabe, no puede y no entiende que por naturaleza no quiere rendirse totalmente al Dios de amor, que es allí donde se da el milagro del nuevo nacimiento. Lo que algunos llaman aceptar a Jesucristo, yo le llamo rendición a Él.

Me rendí, vi mi vida y me sentí el más sucio, detestable e indigno; pero al rendirme le estaba abriendo la puerta a la necesidad de sentirme profundamente necesitado, y fue en ese momento que lo vi y entendí que Dios había estado conmigo desde hacía muchísimo tiempo. Me levantó, me perdonó, y restauró mi vida, tan así fue que desde acá LES ESTOY HABLANDO Y DESEANDO QUE DIOS LES BENDIGA MUCHO.

Tels.: 5956 2647

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ESCAPA by walter aguilar - Issuu