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Entrevista

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Editorial

N Revista Momento ahora o nunca Número

160 XIII Año

www.revistamomento.com.mx

Portada: Foto: Federico rios macias

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¿QUIERES ANUNCIARTE? Blvd. 16 de septiembre No. 200 Altos 3, Apizaco, Tlax. revista.momento.tlx@gmail.com Tel: 01 (241) 41 8 32 58

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uestra edición especial de marzo sobre mujeres, todas ellas ocupando cargos importantes, preparadas y algunas más buscando crecer en sus carreras dejó de manifiesto el grave problema que enfrentan por la condición de ser mujeres: La violencia. La coincidencia es que todas han sufrido en algún momento de su vida algún tipo de violencia, unas más que otras pero todas lo han vivido. En este número presentamos un trabajo titulado “Confinamiento y violencia contra las mujeres” más específico, con una radiografía de lo que se vivió durante la pandemia sobre el tema de la violencia desde el seguimiento que tuvo la organización Mujeres con poder dirigida por Yeny Charrez Carlos quien atendió por lo menos 133 casos entre los meses de marzo a octubre del 2020. Se sabe del alto índice de violencia hacia las mujeres que aumentó durante el confinamiento a consecuencia del COVID19, realidad que padecen y sufren también las infancias bajo este contexto. Los testimonios a quienes agradecemos su tiempo y su disposición para compartir episodios de su vida llenos de dolor, confirman la falta de una perspectiva de género en jueces, ministerios públicos, policías y demás personal involucrado. Ambos casos viven la separación de sus hijos, victimizadas ante la insensibilidad de las autoridades. Uno de los datos que preocupa es saber que municipios como Apizaco y Tlaxcala son los que más presentan casos de violencia, pareciera que en la urbe no se presentan este tipo de denuncias, sin embargo, no es así. ¿Qué acciones están emprendiendo las autoridades de estos municipios para atender un problema que afecta directamente a las mujeres? Por su parte la académica e investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional (CIISDER) de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Aurelia Flores Hernández confirma que el estado mexicano les ha fallado desde siempre a las mujeres en el tema de su seguridad. Tristemente estamos ante un escenario nada favorecedor para nosotras las mujeres, con una enorme falta de políticas públicas con perspectiva de género, un cuerpo legislativo deficiente y una justicia que privilegia a los hombres. Sea pues ese trabajo para poner de manifiesto el grave problema que significa ser mujer desde siempre.

Directorio DIRECTORA GENERAL Marisol Fernández Muñoz DIRECTOR EDITORIAL Carlos Avendaño Flores COORDINADOR DE REDACCIÓN Yassir Zárate Méndez DISEÑO GRÁFICO Y PUBLICIDAD Arturo Vázquez Muñoz FOTOGRAFÍA Federico Ríos Macías SUSCRIPCIONES Alejandro Fernández Muñoz COLABORADORES Juanita Aguilera Dalia Sánchez Dávila Horacio López Muñoz Cristina Figueroa Momento ahora o nunca. Revista mensual, Abril 2021 Editor responsable: Marisol Fernández Muñoz. Número de Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04 2009–021117565 700–102. Número de Certificado de Licitud de Título: (en trámite). Número de Certificado de Licitud de Contenido: (en trámite). Domicilio de la publicación: 16 de septiembre No. 200 Altos 3 C.P. 90300, Apizaco, Tlaxcala. Tel: (241) 418 3258 241 418 3258 www.revistamomento.com.mx Distribución: Revista de Tlaxcala S.A. de C.V. 16 de septiembre No. 200 Altos 3 C.P. 90300, Apizaco, Tlaxcala. revista.momento.tlx@gmail.com Imprenta: IMPRESORA Y EDITORA INFAGON: Calle de la Alcaicería No. 8. Col. Zona Norte Central de Abastos C.P. 09040 México D.F. www.infagon.com.mx


Contenido

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María de los Ángeles Mendoza Arteaga Fortaleza, valentía y confianza en mí misma

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Maricarmen Susano Pérez Yo si puedo

Confinamiento y violencia contra las mujeres

Paralelos Aquí estamos

La diferencia entre soltar y rendirse

Pan de naranja con ate

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Entrevista

Fortaleza, valentía y confianza en mí misma Autor: Marisol Fernández Muñoz y Lucero Ivonne Peña Jiménez | Fotografía: Melisa Ortega Pérez y Federico Ríos Macías

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s originaria de la Ciudad de México y lleva 30 años viviendo en Tlaxcala. Estudió relaciones públicas en la Universidad del Valle de Puebla, pero en aquel tiempo le surgió el deseo de estudiar psicología para entender su propia vida y después entender el mundo. Su formación no ha sido lineal, sus intereses se fueron transformando al pasar del anhelo por convertirse en profesora hasta encontrar su vocación en la palabra que se comparte a los demás. Muchas mujeres pueden sentirse identificadas con ella, ya que cuando decide divorciarse ésta fue una vivencia muy fuerte, con la que descubrió que no tenía la capacidad de enfrentarse a algo nuevo y resultó aún más difícil con dos hijas pequeñas empezar a sacar adelante todo sola. Mujer de corazón altruista y de proyectos e iniciativa, se siente orgullosa y satisfecha de haber fundado el Consejo Nacional de Mujeres Emprendedoras y Profesionistas (CONAMEP); también forma parte del Consejo de Organizaciones Civiles en Tlaxcala. Desde hace aproximadamente veintisiete años ha tenido la fortuna de trabajar en el servicio público. María de los Ángeles Mendoza Arteaga se considera una mujer empática, una mujer hecha en la sociedad civil, siempre la misma esté donde esté, sin pose, con su vida puesta ahí para la gente. Es un libro abierto y la satisfacción más grande para ella es transmitir confianza y que la gente crea en su persona. –Cuando era niña ¿qué soñaba ser de grande? –Soy la mayor de mis hermanos y hermanas; eran como mis alumnos y me encantaba jugar a darles clases y también lo hacía con los amiguitos. Yo soñaba con

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ser maestra, pero no pude entrar a la [Escuela] Normal en ese entonces, cuando era la Normal de Maestros en México. Me dediqué a dar cursos pequeñitos a niños desde muy jovencita, luego me dediqué a dar catecismo. Me encantaba que la gente estuviera escuchándome todo el tiempo. Ya de grande, cuando iba a la escuela y asistía a las conferencias que me invitaban conocí la semiología, al doctor Alfonso Ruiz Soto, que es quien fundó esta parte en México y tenía un auditorio lleno de cinco mil personas. Yo dije “¡Quiero ser como él!”. Yo decía: “¡Quiero estar en un escenario, quiero dar conferencias, quiero ser la mejor conferencista de todas!” –Consideras que es tiempo de las mujeres? –Para mí, en lo personal siempre ha sido el tiempo. Las mujeres no hemos tomado las oportunidades como queremos. Las mujeres no nos reconocemos a sí mismas (sic). El problema de nosotras es que cuando queremos hacer algo no creemos en nosotras, nos da miedo todo porque también estamos acostumbradas a que alguien nos diga qué hacer, para dónde ir, con quién ir, a qué dedicarnos. Somos muy fáciles de influenciar por la manera emocional en que nos manejamos. Siempre hay influencias en las mujeres y cuando una mujer empieza a creer en sí misma y se olvida de las opiniones, empieza de verdad a crecer. –Y si tenemos ahora, digamos que un poco de condiciones incluso hasta por ley, ¿qué hacer para involucrarlas, para invitarlas, para motivarlas, para inspirarlas? –Esa parte de “ahora por ley” la paridad en general tanto en política como en la administración pública que tiene que ser 50/50, creo que es un avance de otras mujeres valientes, otras mujeres con carácter, otras mujeres con reconocimiento personal


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María de los Ángeles Mendoza Arteaga

Estado civil: Soltera Hijos: Dos hijas y dos nietos Estudios: Psicología. Diplomado en Gobernabilidad y Política por la UNAM y George Washington University. Diplomado en La Habana en psicología aplicada y desarrollo humano y no discriminación con enfoque de género. Estudios adicionales sobre imagen pública, violencia de género, parte general del desarrollo del ser humano. Tiene una certificación sobre coach en desarrollo humano. 7


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(porque si tú no te reconoces, no vas a esperar que nadie lo haga) que han logrado abrir esa brecha. Ahora creo que nos toca a las demás que vamos atrás, que vamos como camuflajeando todo, ya nos toca aceptar que tenemos ese espacio, que no vamos a competir con los hombres, que vamos a lograr algo por nosotras, por toda nuestra experiencia. Es importante que tomemos esos espacios porque los va a tomar alguien más y no son mujeres precisamente. –Tu cercanía con las mujeres ha sido de manera constante como tú lo has mencionado desde un principio y a mí me gustaría que nos platicaras justamente del Consejo Nacional de Mujeres Emprendedoras y profesionistas. ¿Cuál fue el objetivo? –Cuando se crea CONAMEP es porque me doy cuenta al estar haciendo conferencias y pláticas hacia las mujeres violentadas con el tema clásico de todos los DIF estatales: “¡Vamos a sensibilizar y a concientizar a todas las mujeres para que ya no sean vio8

lentadas!”. Las mujeres levantaban las manos y tímidamente pedían no hablarles más del tema, planteaban: “¿Quién va a mantener a nuestros hijos, si no tenemos experiencia, si no acabamos de estudiar, si nuestros hijos son pequeños y no hay quién los cuide?”. Y dije “¡Tienen razón! ¿Qué es lo que quieren?” “Queremos que alguien nos ayude a salir de esto, a no depender de un hombre porque nos da de comer y un techo y nos puede venir a golpear, nos humilla, nos maltrata y aparte nos es infiel y tenemos que servirle y aguantarlo y no es por los hijos, es para que le den de comer a mis hijos y para que tengan techo seguro y esa seguridad no se acabe. Queremos generar”. Se crea CONAMEP para que todas ellas emprendan. Nace a raíz de las necesidades reales de las mujeres que hoy son las mismas, pero más grandes. Se crean los “Foros, Mujer y negocios” de manera privada con conferencias con gente muy talentosa y preparada en temas de emprendimiento, nego-

cios, liderazgo, autoestima. Invitábamos a varias empresas que generaran empleos, dinero y tuvieran todos los elementos necesarios juntos. –Nos puedes platicar un poco tu experiencia laboral, es decir, tú comentabas que has estado también en la institución pública, ¿cuál ha sido tu experiencia? –He trabajado desde hace veintisiete años en el servicio público. En el hoy ex Instituto Electoral. Trabajé en el Congreso del Estado como subdirectora de Relaciones Públicas en la LVII Legislatura. Trabajé en ITAES, en COESPO (Consejo Estatal de Población) como directora general. Trabajé en Puebla en la Dirección de Mercados de la Secretaría de Economía. Estuve cuatro meses trabajando en Estados Unidos dando conferencias en empresas particulares sobre liderazgo y ventas. Fui directora de Capacitación en la Comisión de Derechos Humanos. En el Poder Judicial de Tlaxcala y también en la Coordinación de Prensa y Relaciones Públicas con el gobernador Álvarez


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Lima. He trabajado en los tres poderes. –¿De acuerdo con tu experiencia, qué es lo que falta en las instituciones? –Falta un exceso (sic) de sensibilidad social, falta una alianza con la gente. “Falta el que realmente no digan lo que van a hacer, sino que lo hagan”. La gente tiene un hartazgo muy fuerte porque las personas que llegan se olvidan de las personas. –¿Ha sufrido violencia? –Desde luego que viví violencia, maltrato psicológico, violencia familiar; después me salgo de ese círculo. Sí fue una etapa difícil de unos años. Soy una mujer que ha padecido absolutamente todas las cosas que todas las mujeres viven; violencia, acoso, discriminación, pobreza, falta de trabajo, falta de oportunidades. –¿Cuáles son tus fortalezas? –Creo que una de las más grandes es mi seguridad. La seguridad que tengo en hacer las cosas. La confianza que tengo en mí, el amarme, el respetarme, el no permitir que nadie pase por encima de mi dignidad. El respetar a los demás, los puntos de vista. El ser solidaria

con las mujeres, practico la sororidad con las mujeres. Soy empática. –¿Una debilidad? –Creo que es mi familia. Mi principal debilidad son mis padres, mis hijas. Para quienes vivo, para quienes quiero ser siempre un buen ejemplo y quiero que ellos vean siempre en mí alguien a quien admirar y reconocer. Creo que la mayor debilidad sería defraudar a mis padres y a mis hijas. –¿Cuál es tu frase favorita? –Tengo una frase que me encanta y dice “La ignorancia radica en el desconocimiento de nosotros mismos”. –¿Cuál es tu pasatiempo favorito? –Soy muy adicta (sic) al trabajo, soy muy adicta (sic) a crear proyectos. Me encanta leer, no hay una noche que a lo mejor no lea por lo menos tres páginas por muy cansada que esté. Me encanta leer sobre desarrollo, sobre semiología. La semiología es una maravilla, es lo que me ha dado absolutamente todos los cimientos para el control emocional. Leo mucho sobre inteligencia emocional, a Daniel Goleman que es el fundador de ese tema;

leo todo lo que tiene que ver con las inteligencias, tenemos muchos tipos de inteligencia, pero la más importante es la emocional, “todo lo que tú quieras lograr si no tienes una estabilidad emocional, no logras o no llegas o nada más intentas”. Puede decir alguien he intentado todo, pero no se debe de intentar, se debe hacer. Hay personas que dicen “estoy dispuesto a empezar de cero”, perdón, pero nunca vamos a empezar de cero. Yo nunca empezaría de cero, empiezo desde ahorita desde mi experiencia, mis fracasos, mis aciertos, mis errores. Empiezo de ahí a escribir otro capítulo cada vez mejor, cada vez más firme, cada vez con más madurez. –¿Qué estás leyendo ahorita? –Estoy leyendo mucho sobre política. En este momento leo la historia de las mujeres que llegaron a ser líderes y cómo llegaron a controlar un estado, un país. –¿Qué es lo que te ha sostenido en tus tiempos difíciles? –Dios; soy una mujer de mucha fe. Tengo mucha fe en Dios, todos los días le agradezco a Dios. 9


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Maricarmen Susano Pérez Edad: 44 años Estado civil: casada Hijos: 3 10


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Yo si puedo Autor: Marisol Fernández Muñoz y Lucero Ivonne Peña Jiménez | Fotografía: Federico Ríos Macías

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ejor conocida como Mary Susano, es originaria del municipio de Hueyotlipan. Se encontraba estudiando la licenciatura en derecho, aunque se ha dado de baja temporal debido a que aspira a un cargo de elección popular y sabe que para esto se necesita entrega, trabajo y compromiso. Es fundadora y presidenta de una asociación civil que lleva por nombre “Unidas manos y voces para transformar”, creada en 2016. En Hueyotlipan siente que hace falta dar la cara por este lugar para que se desarrolle, se innove y deje de ser un pueblo triste. Esta mujer considera que falta fomentar acciones para que toda una sociedad sea valorada, niños, jóvenes, adultos mayores, personas con capacidades diferentes, el campesino. –¿Cuándo era niña qué soñabas ser de grande? –Soñaba con ser doctora, pero mi papá nos decía: “¡No hay dinero para darles estudio, entonces lo único que yo les puedo heredar es mi apellido y mis consejos!” Y nos inculcó mucho cómo dirigirnos, cómo conducirnos. Él nos inculcó que si en esta vida nos regíamos con un “Por favor”, un “Con permiso” y un “Gracias”, se nos abrirían muchas puertas y creo que sí, porque por eso he llegado hasta donde he llegado. –¿Viven tus papás? –No, mi papá ya murió. Nada más vive mi mamá. –¿Cuántos hermanos tienes? –Somos seis. Yo soy la segunda; somos cuatro mujeres y dos hombres. –Platícanos de tu experiencia laboral, ¿dónde has estado? –Fui directora del DIF hace diez años. Siento que ahí fue donde inició el plus para el ser-

vicio hacia la gente. El servicio a la comunidad me hizo darme cuenta que el área del DIF es como la parte sensible, humanitaria, solidaria de una administración, porque ahí nos llegaban infinidad de casos de violencia, de adultos abandonados, violaciones. Infinidad de casos. –¿Y después qué hiciste? –Después me fui para Estados Unidos, soy deportada. Esa sí es una triste historia porque sufrí la discriminación. Ahí fue donde me nació estudiar derecho; quise conocer nuestros derechos porque el día que a mí me agarraron los de Migración, siento que violentaron mis derechos y que no supe defenderme. Me hicieron firmar una declaración que nada tenía que ver con lo que yo había hecho, pues me dijeron “¡O la firmas y te vas hoy mismo para tu país o no la firmas y te quedas aquí alrededor de medio año detenida!” Firmé, sin saber ni qué firmé. Sentí mucho miedo y a la vez mucho coraje por no saber defenderme y no conocer mis derechos. –Justamente con lo que nos acabas de decir, ¿crees que es difícil ser mujer? –No difícil, pero sí es algo complicado. Yo fui educada en una cultura donde nos enseñaron mucho a respetar, pero no nos enseñaron cómo defendernos y, sobre todo, porque aún existen los estereotipos, los tabúes. A estas alturas mucha gente no conoce cuáles son los derechos, no tanto de las mujeres, sino del ser humano. Acá en las comunidades de Hueyotlipan veo que todavía existe mucho el machismo. Hay comunidades muy rurales, marginadas. Me doy cuenta porque platico con las mujeres y me he encontrado con personas que son todavía violentadas. 11


Entrevista –¿Algún otro episodio que usted haya vivido violencia? –Sí, de niña sufrí violencia a los 11 años. En esta actualidad, [sufro] violencia política porque [por] el hecho de levantar la mano para una elección popular, he recibido la discriminación, he recibido los términos de los hombres como “Ella qué hace”, “Ella que se regrese a hacer tortillas” “¿Ella por qué aspira a una elección popular?”. Pero todo eso a mí me fortalece, porque me doy cuenta que soy muy valiente. Me catalogan de ser muy noble, pero no se han dado cuenta, no saben que todo lo que he vivido me ha fortalecido. Soy lo que soy gracias a todo lo que me ha pasado y quiero transmitir eso a las mujeres, que sí podemos salir adelante, que también tenemos derecho. –Platícanos de la asociación civil “Unidas manos y voces para transformar”. ¿Cuándo surge? ¿Por qué surge? –Surge la inquietud de seguir apoyando porque cuando fui deportada, dije “¿Y ahora qué hago?”. En mi casa seguían buscándome, llegando solicitudes a lo que yo me había dedicado de la convicción de servir en el DIF; de ahí nace el crear una asociación que su estatus social es “Unidas manos y voces para transformar” y ayuda a las personas con capacidades diferentes. Todo ha sido bajo gestión. Que esas personas que me piden ayuda nunca se vayan con un “No” [como respuesta]. –¿Qué has logrado en estos casi seis años? –Hemos logrado darnos a conocer. Yo soy del pensar de que (sic) si no hay una solución, hay una alternativa. He logrado que la gente vea a lo mejor en nosotros una esperanza. Por ejemplo, en una ocasión me llaman y me dicen que necesitan una andadera para una señora que se cayó y no tiene las posibilidades. Entonces trato de decirles “Sí”. Veo cómo le hago, tocamos puertas, la gestionamos. –¿Consideras que es tiempo de mujeres? –Por supuesto. Siento que ya nos lo merecemos porque siempre nos han subestimado, nos han minimizado y, 12

reitero, yo no quiero sentirme superior a los hombres, creo que se ha malinterpretado la palabra equidad o igualdad. Todos somos iguales, todos valemos. Claro que es el tiempo de las mujeres, porque nosotras también tenemos ese derecho de levantar la voz, la mano. En la actualidad me doy cuenta de que sí existe mucho apoyo hacia las mujeres, es cosa de que las mujeres sepan o estén informadas. –¿Tres virtudes tuyas? –A veces es difícil como mujeres autoanalizarnos, encontramos más defectos que virtudes, pero últimamente gracias a todo lo que me ha estado pasando, sí puedo decir que una virtud es la fortaleza, la confianza, el compromiso, la honestidad, la lealtad. Me encuentro muchas virtudes. –¿Un defecto? –¡Que soy muy confiada!. Tiendo a dar la confianza, pero cuando veo que no es valorada nada más la doy una vez, dicen, “No pierde el que la da, sino

pierde el que no la supo valorar”. –¿Qué pasatiempo favorito tienes? –Me gusta ser muy sociable. Me gusta mucho interactuar con la gente. –¿Alguna palabra favorita que tengas? –¡Gratitud! Para mí la gratitud es algo muy importante. Recuerdo mucho las palabras que mi papá nos inculcó. Trabajábamos desde muy pequeños y mi papá nos decía: “Tienen dos manos, trabajen, pero con una tóquense el corazón y con la otra extiendan la mano. La vida da muchas vueltas y algún día ustedes necesitarán y no faltará quien les tienda la mano. En torno al altruismo que es a lo que me he dedicado, mi papá me decía: “Hija, este tipo de obras tú hazlas siempre con el corazón. A veces la vida o la gente lo olvida o no lo agradece, pero quien algún día te lo va a retribuir es el de allá arriba”. Mi padre nos inculcó mucho la fe, creer en Dios.


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Confinamiento y violencia contra las mujeres Autor: Yassir Zárate Méndez | Fotografía: Federico Ríos Macías

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a violencia contra las mujeres tiene muchos rostros y nombres. Además, deja secuelas muy difíciles de superar. Sus efectos los resienten las propias mujeres y sus hijos, cuando los tienen, además de su entorno cercano. La muerte de mujeres es una realidad, abonada en gran medida por la insensibilidad de las autoridades, la falta de políticas públicas con perspectiva de género, un cuerpo legislativo deficiente e incompleto, así como un sistema de justicia que privilegia a los agresores. Las mujeres enfrentan un desafiante panorama y un camino muy largo para tener una vida libre de violencia. Las actitudes machistas, la violencia cotidiana, la falta de solidaridad social se conjuntan para crear un ecosistema social que llega a ser asfixiante. Un dato pinta de cuerpo entero esta situación. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indica que 66 de cada 100 mujeres de 15 años o más de edad han padecido al menos un episodio de violencia en su vida.

Violencia sin parar

Diferentes organizaciones civiles han denunciado que la violencia contra la población femenina se incrementó durante el confinamiento dispuesto para frenar la propagación de la COVID-19. Ese es el diagnóstico que ofrece la fundadora de Mujeres con Poder, Yeny Charrez Carlos, quien bosqueja una amplia radiografía de este fenómeno. “Lo hemos señalado las organizaciones, lo que originó esta pandemia fue que se visibilizara con mayor exactitud la realidad que viven muchas mujeres en este caso, en el estado de Tlaxcala”, asienta. Para la abogada de profesión la coyun14

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indica que 66 de cada 100 mujeres de 15 años o más de edad han padecido al menos un episodio de violencia en su vida. tura sanitaria ha servido para “justificar” una situación límite. “Creo que es una realidad presente, el COVID solamente vino a mostrar una realidad de lo que viven, es decir, a escondidas”. La violencia, de manera genérica en la sociedad, aumentó durante el confinamiento, pero no podemos señalar siempre a la COVID. Está siendo el pretexto para tratar de justificar una realidad que ahí está, y es que existe violencia”, acota Charrez. El diagnóstico lo comparte la académica e investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional (CIISDER), de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Aurelia Flores Hernández. “Es un tema grave. Es la laceración que muchas mujeres vivencían (sic) en sus hogares”. —¿Está fallando el Estado mexicano para resguardar la seguridad de las mujeres?— se le pregunta a la integrante del CIISDER. —Yo diría que ha fallado desde siempre, en todo lo que significa procuración de justicia para las mujeres y prevención. Ha fallado porque no deberíamos haber esperado una pandemia o no tenemos que haber esperado a una situación de guerra, por ejemplo, en otros países. “Había cifras que estaban anunciando que las mujeres, las niñas y los niños (sic) estaban siendo violentados en sus hogares, y que el agresor era alguien cercano. Claro está que llega un momento de una situa-


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[A las mujeres] se las señala de que son culpables de alguna situación y generalmente lo que quieren hacer ver es que la mujer es mala.

Aurelia Flores Hernández

ción de salud grave, mundial. Bajo esa lógica teníamos que haber actuado para prevenir estas situaciones. —¿Por qué se violenta a las mujeres? —El agresor es una persona que desconoce su escenario humano. De pronto no ha identificado que una mujer tiene y debe tener el derecho a sentirse digna en esta vida. ¿Por qué se agrede a una mujer? Porque se cree con derechos sobre ella. No tenemos un valor para los violentadores. “El agresor proviene de contextos donde la violencia es central. Ha percibido algo. No significa que todos los que viven en contexto de violencia van a ser violentadores, pero sí es un detonante. Experimentar violencia hacia sí, en particular los hombres, en particular de pequeños, los hace de mayores intentar oprimir a la otra o al otro, como una forma de ejercicio de poder.

El agresor es una persona que desconoce su escenario humano. Curva de violencia al alza

Cuestionada sobre la tendencia de la violencia familiar, Charrez Carlos es enfática: la curva va hacia arriba. “En 2019, en todo el año habíamos registrado alrededor de 193 casos, y en este periodo, [hubo] 133 de marzo a 23 de octubre. Se disparó demasiado. Generalmente había dos o tres atenciones por semana. A veces solamente eran en línea o por WhatsApp, pero en estos 133 casos que se dieron durante el confinamiento, todos fueron presenciales. Teníamos que agendar para verificar qué tan grave era el asunto y se priorizó, sobre todo, en aquellos que vivían agresión física. —Qué tan extendida está la violencia contra las mujeres —Más bien han ido evolucionando los tipos de violencia. Nos hemos dado cuenta que, por ejemplo, en los procedimientos, solamente había unos se-

ñalamientos de violencia, que no había acuerdos, pero ahora ya se han elevado. Notamos que de los 133 casos, en 57 ya estaban todas denunciadas ante la procuraduría por algún delito, como omisión de cuidado, abandono de hogar, lesiones, amenazas. “[A las mujeres] se las señala de que son culpables de alguna situación y generalmente lo que quieren hacer ver es que la mujer es mala. Y, sobre todo, si ella trabaja. La agresión es más alta, porque consideran que no son aptas para cuidar a sus hijos. O incluso señalar que tenía un cierto número de parejas. “[En el caso de] las 57 denuncias contra ellas, las carpetas de investigación no avanzaron, porque no hay elementos para ello”. Charrez Carlos advierte que en cuanto a las relaciones de pareja, los agresores recurren a diferentes estrategias para vulnerar los derechos de las mujeres. Una es usar como baza a los hijos, en caso de que la pareja los tenga. “Se manipula a los menores para evitar el pago de pensión alimenticia. O los recargan de culpas”, describe la activista. También se da el chantaje sexual, con lo que la violación dentro del matrimonio está presente. La mujer queda en la disyuntiva de que si no accede a tener relaciones sexuales, enfrentaría la disyuntiva de no tener dinero para cuidar y mantener a sus hijos. Tienen que aceptarlo, con lo que se configura el chantaje sexual, casi siempre acompañado de violencia física.

El confinamiento permitió que se viera con mayor claridad esta situación de precariedad y de agresión permanente hacia una parte significativa de la población femenina. Y los números así parecen confirmarlo. 15


Entrevista

Los números de la violencia

El INEGI apunta que el 43.9% de las mujeres han sufrido violencia por parte de la pareja actual o última a lo largo de su relación mientras que 53.1% ha sufrido al menos un incidente de violencia por parte de otros agresores distintos a la pareja a lo largo de la vida. De hecho, diferentes organizaciones denuncian un aumento de la violencia durante el confinamiento. Se habla de hasta 45 mil casos en todo el país. Una cifra preocupante. Siguiendo la estela de las cifras del INEGI, las mujeres con mayor propensión a experimentar violencia por cualquier agresor a lo largo de la vida son las que residen en áreas urbanas (69.3%), en edades entre 25 y 34 años (70.1%), las que cuentan con nivel de educación superior (72.6%) y las que no pertenecen a un hogar indígena (66.8 por ciento). En cuanto al nivel de escolaridad las mujeres que reportan mayor violencia son las mujeres con educación superior completa 72.6%, seguidas por las de educación media superior completa con 70.7% y finalmente, educación básica completa con 67.2%. Otra característica importante es el estado conyugal en donde se observa que las mujeres separadas, divorciadas o viudas son las que presentan mayores incidentes de violencia ejercida por cualquier agresor a lo largo de la vida (72.6%). A este perfil se ajustan los dos testimonios recogidos por Momento y que se han incluido en este trabajo. Charrez Carlos explica que de marzo al 23 de octubre de 2020, la organización que encabeza registró 133 casos de violencia familiar. En cambio, Aurelia Flores pide prudencia. Para ella, hay que dudar de los datos suministrados por los medios y por las instancias oficiales. “Desde mi perspectiva, creo que siempre hay que dudar de ello”, sostiene la académica. La falta de fiabilidad de las cifras oficiales es otro factor en contra de las mujeres. Hay violencias que no se visibilizan, considera la catedrática del CIISDER. En contraste, Charrez Carlos ofrece 16

Las mujeres con mayor propensión a experimentar violencia por cualquier agresor a lo largo de la vida son las que residen en áreas urbanas (69.3%), en edades entre 25 y 34 años (70.1%), las que cuentan con nivel de educación superior (72.6%) y las que no pertenecen a un hogar indígena (66.8 por ciento).

Yeny Charrez Carlos

una breve panorámica sobre los municipios donde se acentuó la violencia contra las mujeres, siempre a partir del trabajo que efectúa su asociación. Se trata de los municipios de Tlaxcala, Apizaco, Santa Cruz Tlaxcala, Nopalucan y Zacatelco. Apizaco y Tlaxcala tuvieron 25 y 19 casos, respectivamente, con lo que se pusieron a la cabeza de la lista negra.

Condiciones de precariedad contra las mujeres

Flores Hernández alerta que al verse obligadas a convivir diariamente y todo el día con sus victimarios, las mujeres tienen pocas oportunidades para pedir ayuda del exterior. “¿A qué se debe que las mujeres no han podido llamar?”, se pregunta

la investigadora. Para ella, las violencias que ocurren en los hogares las colocan en una situación de doble exposición. “Por una parte, están encerradas por una situación de contingencia mundial, pero por otra, están en una relación cotidiana y de todo el tiempo con quien las agrede. Una mujer en esa circunstancia cómo puede hacer uso de un teléfono, o de un medio para pedir auxilio. Además, eso se da dentro del hogar. La mayoría de los agresores es el familiar más cercano. En el caso de las mujeres que mantienen una relación de pareja, es esta [la agresora]. “A quién pueden recurrir las mujeres, si las instancias permisibles para la denuncia también están siendo flagelados por esta situación de pan-


Entrevista

Las mujeres pueden ser víctimas de diferentes tipos de violencia: económica, emocional, psicológica, física, patrimonial, que se pueden combinar entre sí.

demia, porque los mecanismos, los procesos para denunciar, para llamar, para pedir auxilio han disminuido. “Todos estos contextos, estas situaciones que las mujeres vivencían (sic) se complican aún más, genera aún más incertidumbre en su propia vida, coloca en mayor riesgo la propia vida, tanto en el hogar como hacia afuera”. Advierte que no todas las mujeres tienen acceso a la tecnología y que, en todo caso, corresponde al Estado articular estrategias más certeras. “Sé que hay centros de atención a mujeres, que coordina el Instituto Estatal de la Mujer, pero se requieren estrategias más eficientes”, reclama. De hecho, la académica universitaria apunta que podrían crearse grupos de chat, aunque de inmedia-

to acota que muchas mujeres que radican en áreas con alta marginación social seguirían enfrentándose a limitaciones para adquirir equipos telefónicos o para tener conectividad. “Sigue siendo limitativo”, acepta quien se define a sí misma como feminista, activista y facilitadora.

Tipos de violencia

Para Aurelia Flores Hernández, las mujeres pueden ser víctimas de diferentes tipos de violencia: económica, emocional, psicológica, física, patrimonial, que se pueden combinar entre sí. Ahora bien, el tipo de violencia que más padecen es la emocional, porque bajo las condiciones del confinamiento, “las mujeres no tienen con quien hablar”, aunque acepta que los

hombres tampoco. Apunta que las mujeres hablan con otras mujeres “cuando van a las tortillas, viajan en el transporte público, a la consulta, a la iglesia. Tienen sistemas de comunicación que les permite deshacer toda esa flagelación de violencia que padecen. Y de esas expresiones micromachistas. Hoy las mujeres están encerradas en sus casas. La posibilidad de interactuar disminuye”. Agrega que las jefas de familia padecen violencia económica, mientras que las adolescentes también sufren la situación. Debe permanecer encerradas “y con ello estos procesos de sociabilidad, de reencuentro con sus pares o con sus amigues (sic) pues también ha sido trastocados de forma dura”. 17


Entrevista

Testimonios

Momento conversó con dos mujeres víctimas de violencia. Sus casos no se limitan al periodo de confinamiento, aunque la contingencia sanitaria agravó la situación que padecían, ya que el cierre de dependencias e instituciones les impidió tener un acceso pronto y expedito a la justicia. A eso se debe sumar una serie de fallas e inconsistencias por parte de las instancias procuradoras e impartidoras de justicia. Hace falta una perspectiva de género en jueces, ministerios públicos, policías y demás personal involucrado, como se desprende de las dos historias. Los testimonios aquí consignados respetan el anonimato de las mujeres, para evitar posibles represalias por parte de sus agresores o del entorno de estos. Momento agradece y reconoce la valentía de ambas para contarnos sus vivencias. Las dos padecieron la terrible situación de verse separadas de sus hijos, doblemente victimizadas ante el desdén y la insensibilidad de las autoridades. Afortunadamente, y a pesar de la pésima actuación de las autoridades, ya se encuentran reunidas con sus hijos, pero sin que la zozobra ni el miedo desaparezcan de sus horizontes de vida.

Testimonio 1

El día 4 de marzo [de 2020] tuve una discusión con mi ex pareja por engaño [infidelidad por parte de él]. Le descubrí ciertas cosas. Le pedí que se retirara de la casa. Él agarró sus cosas y se fue. Mi papá le pidió explicaciones de por qué la situación de haber dejado la casa. Él las dio. Llegamos a un acuerdo de que él podía ir a ver a la bebé, entrar a la casa y obviamente convivir. Todo iba normal, hasta después de casi semana y media o un mes. Antes de que me quitara a mi bebé, me pidió que regresara con él. Obviamente, luego de la situación que habíamos vivido, pues le dije que no. Él me dijo que lo pensara, pues me convenía. Le respondí que cuando fuera a visitar a la bebé, lo volveríamos a discutir. Al otro día, alrededor de las 4:30, 18

las 5, él se metió a la fuerza a la casa. Llegó y como la puerta no estaba asegurada, entró y la aventó. Mi niña estaba en la cuna. Me agarró del cuello y me aventó sobre un mueble y ya no pude hacer nada. Se llevó a mi bebé. Salí pidiendo ayuda. Lo único que los vecinos me pudieron decir fue que marcara al 911. Inmediatamente marqué y lo que me dijo el oficial fue que no me podía ayudar, que era un problema de pareja y que esperara a que regresara con mi niña. Yo, en la desesperación, le hablé a mi papá y a mis hermanos; uno de ellos me dijo que me fuera a la Procu. Fui y expliqué lo que había pasado, pero me dijeron que tenía que esperar. En ese lapso hubo una llamada en la que me dijeron dónde podía estar mi bebé. Era en un hotel. No recuerdo el nombre, pero ella no estaba allí. Nos dijeron que iban a seguir checando mi asunto y que me iba a hablar una persona. Me hablaron tres. No recuerdo los nombres. Solo recuerdo que me decían que eran de algunas asociaciones y que me dejaban sus datos para que me acercara a ellos. En ese momento recibí una llamada de la asociación de la licenciada Yeni Charrez, de Mujeres con Poder, y que ella me podía ayudar a recuperar a mi bebé. Nos reunimos. En esos momentos yo estaba muy desesperada. Lo único que quería era a mi bebé [se le quiebra la voz]. Me acerqué a la licenciada Charrez para contarle lo que me había pasado; ella me dijo que iba a ser un proceso un poco extendido, pero que confiara en ella. Se comprometió a regresarme a mi bebé. Mientras la mujer da su testimonio, su pequeña hija juguetea de aquí para allá en el lugar donde se efectúa la entrevista. Le explico a mucha gente que cuando escuché a Yeni y ella me habló con esa seguridad de que me iba a regresar a mi bebé, no quise acercarme a otra persona, porque sentí que era la indicada. Fue algo duro, difícil. Ella me decía que teníamos que ir a Ciudad Judicial. Las primeras veces que pasó por mí a casa, yo sinceramente iba con esa

esperanza de que mi pareja estuviera en juzgados y me regresara a mi hija. Obviamente no pasaba. Los primeros citatorios ni siquiera se presentó. Yeni siempre me decía que tuviera tranquilidad. Me decía que tenía la esperanza de que viera a mi bebé. Fuimos a ver al papá de mi hija donde trabaja y ella intentó arreglar las cosas, llegar a un arreglo. El papá de mi bebé no se prestó para eso. Cuando ella se dio cuenta, me dijo “Vamos para largo. Necesito que me tengas mucha paciencia, que todo lo que te pida, me lo des. Necesito que confíes en mí, que si en algún momento tú hiciste algo malo, me lo digas”. El papá de mi bebé me acusaba de prostitución, de que maltrataba a mi bebé, de que metía hombres a mi casa. Yo nunca maltrataría a mi hija. [SE LE VUELVE A QUEBRAR LA VOZ]. En ningún momento me dediqué a la prostitución ni metía hombres a mi casa. Cuando leía eso y la licenciada Yeni me preguntaba por qué él me acusaba de eso, era algo muy doloroso. Hasta el momento son cosas que no he podido superar porque no llego a entender cómo el papá de mi hija llegó a quitarme a mi hija diciendo tantas cosas que no eran reales. Esto se extendió porque él se puso en un plan muy necio. En una junta el juez le pidió que llevara a mi hija; él la llevó, pero no la presentó como tal en juzgados, sino que la dejó en un estacionamiento. Pasó casi un mes para que supiera cómo estaba; en ese lapso no supe quién la tenía o dónde estaba. El juez me dijo que podía bajar, pero que no podía tocar a mi hija, no podía ni siquiera hacerle un gesto. Yo, con tal de ver a mi hija, que era lo único que en ese momento deseaba, acepté las condiciones del juez. Bajé. A cierta distancia, la mamá de él sacó a la bebé del carro donde la llevaban y sólo la miré, vi que estaba bien y con eso me conformé. Seguimos con el proceso. Se hizo otra junta, pero no volvió a llevar a mi bebé. Llegamos a la última junta donde tuvimos que ir más allá. Relativamente el juez no estaba haciendo su trabajo. Por esa razón tuvimos que ir con un juez federal. Gracias a ese juez federal fue como


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El papá de mi bebé me acusaba de prostitución, de que maltrataba a mi bebé, de que metía hombres a mi casa.

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el otro empezó a hacer su trabajo y le exigió que nos atendiera. Ya no fue de “si quieres, fue de que traigas a la niña, porque si no, se te va a arrestar”. Mi bebé tenía una alerta Amber y obviamente a la persona que la tuviera se le iba a acusar de secuestro. Teníamos ya una sospecha, porque no era algo que pudiéramos confirmar, de que la abuelita [paterna] de mi niña era quien la tenía. Mucha gente cercana a él me decía que yo estuviera tranquila, que ya habían visto a mi bebé y que estaba bien. Cuando el juez le dijo que tenía que entregar a mi hija, él se tardó 40 minutos para trasladarla a Ciudad Judicial. Él no quería darme a mi bebé. Estaba molesto, enojado. No entiendo por qué. Al final, gracias al trabajo de la licenciada Yeni Charrez, gracias a la intervención del juez federal, él me entregó a la bebé. Sus abogados gritaron cosas muy feas, muy obscenas, le gritaron a la abogada muchas groserías, a mí también. Su abogada me acusó, de plano dijo “Miren cómo trata a la bebé, miren cómo llora”. Fue una experiencia muy dolorosa. Hay muchos casos donde les arrebatan a nuestros hijos sin un por qué. —¿Antes de esta situación usted había sido víctima de violencia por parte de su pareja? —La verdad yo entendí la palabra violencia [cuando] la licenciada Yeni Cha20

rrez me la explicó. Él algún momento sí me empujó, sí me gritó. Nunca me pegó. Era agresivo cuando tomaba, pero psicológicamente me agredía insultándome. Siempre fue de “Come más, porque estás muy delgada. Estás muy delgadita, así no te ves bien”. Hasta ese momento, cuando la abogada me explicó eso, entendí que desde mi noviazgo con él, me agredía de ese modo. —¿Es su esposo? —Sí. —¿Qué siguió cuando recuperó a la bebé? —Se impusieron medidas cautelares de protección. Tengo en mi casa cámaras [de video], adentro y afuera. Está el apoyo de la policía, ya sea en la tarde o en la noche para ver cómo estoy. —¿Cómo se siente ahora? [TOMA UNA LARGA PAUSA PARA CONTESTAR. SE APRECIA MIEDO EN SU ACTITUD] —Es algo reciente… me siento… de repente, siento que es más que nada tristeza, enojo. Son sentimientos encontrados, porque, de hecho, cuando me casé con él, teníamos un futuro planeado. Cuando mi hija nació, era un futuro de siempre juntos. Ahorita lo que más me duele es todo el proceso, porque al final de cuentas él hizo algo mal y yo hice algo mal, siempre los perjudicados son los hijos. —¿Por qué considera que su hija está siendo perjudicada por esta situación?

—Mi temor es que cuando ella crezca, me pregunte dónde está papá. Ese es mi gran temor. El escuchar por qué papá no está con nosotros. —¿Qué le dirá? —Creo que la única arma que voy a tener son todos esos papeles que van a estar ahí. —En otras palabras, la verdad. —Mucha gente me dice “Dile que se fue aquí, se fue allá”. Los niños no siempre se quedan chiquitos. Si no le digo la verdad, al rato no quiero que me reproche. A veces los hijos no entendemos por qué los papás lo hacen. —¿Qué cree que pueda dejar su historia para otras mujeres? —Cuando empezó todo esto, veía que los días pasaban y no tenía a mi hija, yo me quería rendir. A veces es un cansancio emocional, físico [SE LE QUIEBRA LA VOZ]. A veces hay momentos en que dices “Ya basta”. Lo comentaba con mi familia, y yo misma me decía que si lo que quería era a mi hija, pues adelante. Era hasta de llegar al punto de decir: “Que se la quede”, pero luego me decía: “No, por qué. Mi hija tiene que estar conmigo, porque yo no hice nada de lo que él dice, no pudo comprobar nada de lo que me acusaba”. Llegó el momento en que me dije “Tengo que ser fuerte, tengo que levantarme”, y creo que como madres tenemos que luchar por nuestros hijos. “Cuando no tenía a mi hija, no me


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quería levantar de la cama, ni bañarme, pero hubo un día en que la licenciada Yeni me dijo “Tú eres la que va a entrar a esa sala, vas a hablar por tu hija y tú eres la que va a luchar por ella. Tú vas a ser la que va a recuperar a tu hija al final de todo”. Y sí es cierto. A veces nos decaemos tanto como mujeres, que nada te dan ganas, ni de comer. Sólo quería a mi niña. Quería salir corriendo e ir a buscarla. “La licenciada me dijo “Cuando las cosas se hacen bien y todo va a su camino, todo va a estar en su momento y va a estar bien. porque si hacemos las cosas mal, te va a perjudicar a ti y a tu hija”. Y sí es cierto. En las primeras juntas la verdad me ponía pants, una sudadera y una gorra y vámonos. Yo tenía miedo de que me volviera a gritar o a empujar. Cuando ya estaba más tranquila, ya lo podía ver a la cara. Si lo veía frente a mí, yo temblaba, pero ya podía sostenerle la mirada, ya podía voltearme y hablarle. Nos sentaban juntos. Me daba miedo hasta hablar. “En las primeras juntas yo no decía nada. La licenciada me dijo “Tienes que hablar, tienes que decir”, porque él me atacaba mucho. Me atacaba diciendo que me dedicaba a la prostitución, que yo metía hombres a la casa, que yo maltrataba a mi hija, que no le daba los cuidados correspondientes. Cuando me di cuenta que estábamos per-

diendo a mi hija por no hablar, me cayó el veinte y me puse las pilas. —¿Considera que hubo favoritismo del juez hacia el agresor? —El juez no hizo su trabajo como tenía que ser. —¿Sospecharon de actos de corrupción? —Sí. —¿Procedieron ante el Consejo de la Judicatura? —Sí. —¿Qué les respondieron? —Todavía está en proceso la demanda contra el juez? —¿Advirtió actitudes machistas por parte del juez? —La verdad es que sí. Daba muchas preferencias. —¿Se considera una mujer más valiente después de esta experiencia? —Sí, más valiente y me enseñé a ser más fuerte. —¿Qué les diría a otras mujeres que estén en una situación similar a la que usted vivió? —Que no se rindan. Es algo desesperante, difícil, pero con la asesoría correcta y haciendo las cosas bien, saldrán adelante; que le echen ganas. Lo mejor de todo es cuando vuelven a tener a su hijo al lado.

Testimonio 2

Soy enfermera. En abril de este año me contraté en la Ciudad de Méxi-

co para atender a pacientes de COVID-19. Llevo cuatro años y medio separada. Tengo dos hijos, de los cuales tenía la custodia provisional. Surge esta oportunidad de irme a la Ciudad de México a trabajar, ya que me encontraba sin trabajo. Fue una oportunidad para aprovecharse. Por esa razón le dejé el cuidado de mis hijos a mi madre y me fui a la ciudad. Debido al grado de riesgo que yo presentaba, no había regresado a mi casa a ver a mis hijos para no contagiarlos, para no exponerlos; además, mi abuela presenta un alto riesgo y no quería ser un foco de infección. Me voy a la ciudad y paso un mes allá trabajando. Yo nunca tuve una buena relación con el padre de mis hijos. Desde un principio, desde que me casé con él y vivimos juntos, y más tarde, cuando ya estaba separada, sufrí violencia. Violencia de muchos tipos: verbal, sexual, física. Debido a eso nunca tuvimos una buena relación, siempre había conflictos. En abril le hice saber que me iba a trabajar [a la Ciudad de México] y que iba a dejarle los niños a mi mamá. Le hago la oferta (sic), por así decirlo, de que si él gustaba, si él podía, que se quedara con los niños, para que se sintieran con un poco más de confianza con él. Pero él se negó. Me puso como un requisito que si le qui21


Entrevista taba la pensión alimenticia, era como se quedaba con los niños. Obviamente sabemos que la pensión es un derecho de los niños. Ni siquiera yo puedo ir a decirle al juez que le quiten la pensión. [Un día] surge la situación de que los niños se salen de casa a la tienda, que está prácticamente a la vuelta y se van con el papá. No sé. Me imagino, estoy casi segura, que fueron manipulados, ya que mis hijos tenían convivencia con el papá. Mis hermanos y mi mamá me hablan para avisarme. Me comunico con el papá, me dice que los niños llegaron solos, en malas condiciones. Me empieza a agredir vía telefónica y me dice que se los va a quedar. Por la distancia, por el riesgo y todo, le digo que se quede con ellos. Me comunico con los niños a la casa de él. Hablo con mi hija, pero llega un momento en que ya no me permiten hablar con ellos. Yo, con todos los riesgos, decido venir a la casa de él a ver a mis hijos, pero no me permiten verlos. La señora [la abuela paterna de los menores] siempre ha sido agresiva. Lo que hace es que él en ese momento solicita una patrulla, que llega. Yo llevaba el documento de que tenía la custodia provisional de los niños, pero los policías dicen que no pueden hacer nada. Me recomendaron ir al ministerio público. Así lo hice. Llevé el documento de la custodia, pero desde que me entrevistaron, hubo muchas trabas. La agente del ministerio público me regañó. Me dijo que cómo era posible que hubiera ido así, si no llevaba documentos de los niños. Me la hizo muy cansada. Se abrió una carpeta de investigación. El señor estaba imputado por retención de menores, pero nunca se procedió a nada. Nunca lo investigaron. Ni siquiera me dieron una esperanza. Yo me tuve que regresar a la Ciudad de México. Tenía un trabajo que cumplir. Eso fue un viernes. Para el lunes, a la casa de mi madre llega un citatorio del juzgado para que me presentara a una junta familiar, de un día para otro. Aproveché la guardia y vine a Tlaxcala. Ese día vi a mis hijos. Habían pasado tres meses que estuvieron con 22

él. Entramos a la junta con el juez. Aclaré que era enfermera y que iba saliendo del hospital atendiendo a pacientes infectados. Era el momento del pico de la contingencia. Pero nunca hizo caso. Estaban el juez, la agente del ministerio público y el psicólogo. Expliqué por qué me había ido a la Ciudad de México. Él dice que yo tenía en malas condiciones a los niños. Nos dicen que van a entrevistar a los niños y ellos dicen que se quieren quedar con el papá. Hubo manipulación. El psicólogo asentó que los niños fueron manipulados. Aún así el juez valida el testimonio de los niños. Tras esa junta, el juez fijó una pensión a la madre, que ella misma estableció en 500 pesos semanales. El padre exigió más dinero. En septiembre, los niños volvieron con la madre. Ella asegura que su ex pareja en realidad nunca se hizo cargo del cuidado de los menores. Esa tarea la cumplía la abuela paterna. De acuerdo con el relato de la madre, “el papá tenía una pareja”. Por esa razón, “la hija se siente dolida y traicionada”. Para ese momento, ya había vencido el contrato que la mujer tenía en la Ciudad de México. También en ese lapso, había recuperado la guarda y custodia de los niños. Desde entonces, ha recibido hostigamiento por parte del padre de los niños y de terceras personas. En varias ocasiones fue amenazada de muerte por parte del padre de los niños. “Me las vas a pagar”, habría sido una de las constantes amenazas que había proferido contra ella. A raíz de esa situación, la mujer ha presentado denuncias. “Era violento conmigo. Una vez me amenazó con un cuchillo”, relata. Ella agrega que la principal molestia de su ex pareja era el pago de la pensión alimenticia decretada previamente. “Quítame la pensión. Ese fue siempre su mayor enojo. Ya verás lo que te voy a hacer. No la vas a contar. Sí nos llegábamos a ver cuando había convivencia con los niños”, asienta la mujer, quien hasta el momento de la entrevista no había recibido atención psicológica. Continúa con su relato. ¿Qué sentí cuando vivía con el papá de los niños? Mucha impotencia.

Nadie sabía que yo sufría violencia. Sólo la mamá de él. Ella contribuyó. Siempre me decía “Tienes que estar callada. Debes obedecerlo para que no te pegue” [SE LE QUIEBRA LA VOZ]. Siempre me callé. Nunca dije las cosas como eran. Cuando me separé, le conté a mi mamá lo que estaba viviendo. Ella siempre me preguntaba por los moretones que me dejaba él. Era la habitual justificación en las mujeres. Nunca dije lo que realmente estaba sucediendo. Por miedo, porque no quería que él tomara acciones en contra de mi familia, en mi contra. Ya me había amenazado con el cuchillo. “Te voy a matar”, me dijo alguna vez. Tenía miedo. —¿Qué la animó a separarse del papá de sus hijos? —Empieza a consumir bebidas alcohólicas. Abusa de mí física y sexualmente. También quería golpear a los niños. En ese momento digo “Ya basta”. No voy a seguir, no puedo seguir así. No voy a salir viva, ni yo ni mis hijos. —¿Qué condiciones considera que propician que haya personas como el papá de sus hijos? —No sé si fue la manera en que fueron educados. Tal vez amistades, el hecho de someter a una mujer, el poder que les da a estos hombres el sentirse así, con poder sobre las mujeres. —¿A qué atribuye que las autoridades no garanticen la integridad de las mujeres y de los niños en casos de violencia como el que usted vivió? —Influye mucho, porque cuando uno se acerca a la autoridad, pedí ayuda para que me devolvieran a los niños, para verlos, por lo menos. El hecho de no tomarme en cuenta o de regañarme, incluso, porque no estaba haciendo las cosas bien. Es triste ver que no hay un apoyo para la mujer. —¿Qué les diría a otras mujeres que se encuentran en una situación parecida a la que usted padeció? —Hay que tener valor, hay que tener mucha fuerza y hay que decidir. Y más que nada pensar en nuestra integridad, y si tenemos hijos, en la integridad de nuestros hijos. Somos el ejemplo para los niños. Si ven a una mujer fuerte, van a ser fuertes, van a defenderse ante cualquier adversidad.


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Cuando me separé, le conté a mi mamá lo que estaba viviendo. Ella siempre me preguntaba por los moretones que me dejaba él. Era la habitual justificación en las mujeres. Nunca dije lo que realmente estaba sucediendo. Por miedo, porque no quería que él tomara acciones en contra de mi familia, en mi contra. Ya me había amenazado con el cuchillo. “Te voy a matar”, me dijo alguna vez. Tenía miedo. 23 23


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El Movimiento Mujeres con Poder es un colectivo en el que desde la diversidad de acciones o de habilidades busca generar canales de ayuda para las mujeres. Se enfoca en atender casos de violencia que pueden poner en riesgo la vida de alguno de los integrantes de la familia. En la agrupación participan sicólogas, abogadas y trabajadoras sociales. “A pesar de que se llama Mujeres con Poder, no solo asesoramos a mujeres, también hemos asesorado casos que involucran a hombres, pero hay niños que están en riesgo, por lo que tenemos que realizar la valoración para rescatar a ese niño o niña y esté donde deba de estar. La búsqueda de esa perspectiva de género nos obliga a escuchar la petición de los niños o de las niñas. “Aplicamos un formulario. Al principio 24

era informal. Son preguntas que realizamos durante el procedimiento, y que incluye nombre, redes familiares, con quién cuentan, en caso de que algo ocurra, con quién nos dirigimos. El objetivo es identificar si existe riesgo o amenaza en la vida de alguno de los integrantes de la familia. También determinamos su condición económica”, explica Yeni Charrez. —¿Qué te llevó a crear esta organización? —Desde niña me di cuenta del valor de defender a los desvalidos. No señalaba la violencia que vivía. Llegó un abogado del DIF. Me dijo que no tuviera miedo. Me di cuenta que quería ayudarme. Me dieron poder como niña. Me di cuenta que tenía poder. Sacó la escuela y la universidad por sí misma. Experimenté cosas que me dio la libertad.


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Paralelos Autor: Horacio López Muñoz

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quí estamos. En junio de 2001, Jesús, de 32 años, falleció por un paro cardíaco, complicación de una neumonía. Es difícil aceptar que su muerte fue por complicaciones debido al VIH que apenas le habían detectado y que seguramente estaba devorando sus células CD4 tan rápido que no daba tregua. El síndrome que terminó asesinándolo también destruyó la paz de sus hermanas y hermanos mayores. Una destrucción que se ocultaba atrás del estigma que opacó la personalidad de Jesús. Nadie tenía que enterarse. Sólo dos personas sabrían al respecto. Bueno, cuatro. O quizá seis, pero nadie más. La culpa carcomió a sus hermanas quienes se preguntaban a sí mismas si podían haber hecho algo para que esto no sucediera. Quizá lo dejaron solo y repudiaron su homosexualidad que nunca se declaró. O quizá nunca lo entendieron y ahora estaba muerto. ¿Pero qué podían hacer? Todas estaban casadas, eran amas de casa con obligaciones familiares y sujetas a sus esposos como lo estaban, no podían estar con el hermano menor, verlo crecer o acompañarlo en la soledad de su niñez porque cuando nació la mayoría ya era adulta o incluso estaba casada. Sus progenitores eran prácticamente quincuagenarios cuando fue concebido. Su padre había fallecido seis años antes que Jesús cuando ya rozaba la segunda mitad de su octava década y su madre moriría un par de años después con más de ochenta años encima. Creció solo, sin poder juntarse con los sobrinos de su edad que vivían a unos metros de su casa, 26

sin poder jugar con ellos porque su hermana se enojaba si tomaban los juguetes de sus hijos o que se ensuciaran con él. Además, ¿lidiar con un hermano gay? ¿Ver cómo el hermano mayor lo golpeaba para dejar de ser maricón sin poder hacer algo porque el hombre siempre decide por una? Mejor callarse para no hacer ruido. Tendría una que soportar en silencio al hermano y sus amantes en forma de amigos, sin creer que podría haber amor en esas relaciones, sólo cosas innombrables. La violencia se mueve hacia una también. No, mejor quedarse callada. Pero la culpa regresa en olas, quitando el sueño y haciendo necesaria una reconciliación con el difunto, que lo único malo que hizo fue estar solo toda su vida y tratar de esconder su verdad de la mirada incisiva e hiriente de los demás. Jesús disfrutaba el disco original de Cher que se compró a finales de los noventa hasta antes de su muerte y se emocionaba por compartirlo con sus sobrinos que tenían casi la misma edad y que no entendían lo que significaba para él ni por qué lo bailaba en las mañanas del domingo, solo, en la recámara que compartía con su madre. Se ilusionaba con el negocio de alimento para animales que abrió y dejaría a su madre con la que vivió en compañía, solo los dos, durante seis años hasta que el virus terminara matándolo, dejándola, ahora sí, completamente viuda. El último día que vio el Sol, Jesús estaba leyendo la Biblia buscando el consuelo que quizá nadie le ofreció porque no sabían cómo, desesperado por encontrar la paz que necesitaba ante el terrible conocimiento de su finitud.

A la una de la mañana, su madre despertaría a los vecinos gritando de angustia y dolor porque Jesús se levantó brevemente de la cama y se desplomó inmediatamente, cayendo entre ésta y la pared, doblado en el estrecho espacio y muerto al instante mientras su madre octogenaria miraba con horror y angustia y sin poder hacer nada. El miedo a contagiarse surgió entre los familiares que llegaron en cuestión de segundos. Ese miedo que impidió que uno de ellos le reanimara del infarto, que hizo que le quitaran el suero y la aguja con cuidado para que no se vaya uno a contagiar con la sangre seca. Miedo a amortajarlo y meterlo en su ataúd con las manos envueltas en guantes para no tocar la piel. Miedo de que las personas se enteren de qué falleció realmente y llevarse ese secreto para salvaguardar una imagen que se construyó desde la soledad. La culpa nunca se irá. Pero aquí estamos. María, una hermana de Jesús, fue la primera en contraer el virus SARSCoV-2 en abril del 2020, dos meses antes del aniversario diecinueve de su muerte. La familia recibió con miedo la noticia, no sólo temiendo por la vida de ella, sino por la propia. Fue la primera en el pueblo en ser diagnosticada. “La vimos hace rato… ¿y si me lo pegó?” era la pregunta que flotaba en el aire, pero que nadie se atrevía a decir por miedo, un miedo que ronda e infecta más que el virus. Cuando los sobrinos se ofrecieron a llevarla al hospital, su esposo contestaba por ella que estaba bien, que no


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era nada mientras la tomaba de los hombros con firmeza, pero sin dejar entrar a nadie a la casa y respondiendo desde el marco de la puerta que no pasaba nada, que exageraba. María pellizcaba las manos que la sujetaban para soltarse y decir que sí se sentía mal, que la llevaran al médico. Pero no podía. Es mujer y el hombre siempre decide por una. Unas horas después, a punto de desplomarse, la llevaron de emergencia al hospital donde estaría aislada y con la incertidumbre de salir de pie o no, mientras a las hermanas les preocupaba si la verían viva otra vez o les entregarían un cuerpo envuelto en plástico listo para ser enterrado inmediatamente o cremado, de preferencia. La espera de dos semanas mientras estaba en el hospital fue de angustia pura, aunque logró salir de la COVID-19. Sin embargo, el pueblo no perdonó. No sabe que no perdona lo que no tiene razón para pedir perdón. Cuando las personas comenzaron a infectarse y a morir, era frecuente escuchar en el pueblo “mi papá no tenía la COVID, esas son mentiras porque aquí la única que lo ha tenido es María”. Una forma de decir que el virus que se llevó al señor no era el responsable. El estigma y el rechazo siguen flotando como una maldición que se niega a ir con la luz del Sol, destruyendo la posibilidad de despedirse del ser querido junto con las cremaciones inmediatas o el entierro casi furtivo. María y la familia sintieron en carne viva lo que Jesús tuvo que soportar debido a su condición de homosexual de clóset. Y ahora los enfermos de COVID y los familiares lo sentían también, aunque no lo comprenden y ni siquiera lo imaginan. Un estigma y un rechazo que destruyen a la familia del enfermo o del difunto. Nadie tenía que enterarse. Sólo dos personas podían saber al respecto. Bueno, cuatro. O quizá seis, pero nadie más. Y aquí estamos. Aquí estamos. Algunos con secuelas del virus que contrajimos. Otros con la esperanza de no contraerlo en el futuro. Muchos tratando de unir las piezas del negocio quebrado o del sueño roto. Y otras, tratando de decir que el hombre no decide la vida de una. Y yo, lidiando con el estigma que me obliga a cambiar los nombres reales porque uno olvida que es necesario comprender, informarse y no juzgar Aquí estamos. Con vida. 27 27


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La diferencia entre soltar y rendirse Autor: Psic. Cristina Figueroa Quirino Psicoterapeuta cognitivo-conductual Celular: 246 45 803 93

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S

oltar se relaciona con dejar ir emociones negativas, situaciones o personas que en este momento ya no están contribuyendo positivamente a nuestra vida. Soltar es dejar atrás el pasado, pero con todo el aprendizaje que esa situación suma a nuestra vida. Porque cada experiencia vivida trae algo para nosotros. Y si aprendemos a observar y a ubicar esas enseñanzas, podemos decir entonces que estamos en el camino del crecimiento personal. Por otra parte, rendirse es dejar ir una meta o un anhelo. Una meta que pueda tornarse difícil en el camino. No querer aprender, no querer sumar experiencias a nuestra vida, eso es rendirse. Y rendirse va acompañado de sentimientos de frustración, de enojo hacia sí mismo y de palabras como “si yo hubiera”. Una persona que se rinde recuerda lo que pudo haber logrado y se siente mal consigo misma. Puede, al mismo tiempo, culpar a las situaciones externas o a otras personas de su fracaso, porque la persona que se rinde así llama a la experiencia “fracaso”. Y se convierte entonces en víctima de sus circunstancias. En contraparte, la persona que suelta una experiencia o una persona, no lo ve como fracaso sino como crecimiento. El soltar va acompañado de confianza de sentimiento de libertad, de amor a sí mismo. Soltar lleva al crecimiento. Rendirse lleva al estancamiento. ¿Cómo saber que una experiencia merece soltarse? Cuando ya no suma positivamente a nuestra vida. Pero si hablamos de una meta, de un objetivo que te va a convertir en mejor persona y decides no continuar, lo más seguro es que te estás rindiendo y tal vez valga la pena reflexionar un poco, fortalecerte y seguir adelante. Si abandonas tu proyecto de vida, te estás rindiendo. Suelta solo aquello que no te sirva.


Receta

Pan de naranja con ate Chef: Juanita Aguilera

Ingredientes: • 250 gramos de harina • 4 piezas de huevo • 125 gramos de azúcar • 1/2 taza de aceite • 65 gramos de mantequilla • La ralladura de una naranja • 10 gramos de polvo para hornear • Color amarillo huevo al gusto • Una taza de leche • Una taza de ate de membrillo • 1/2 taza de ate de pera.

Procedimiento: En el tazón de la batidora acrema la mantequilla con el azúcar, el aceite, los huevos. Después de cinco minutos incorpora la harina cernida con los polvos para hornear, luego la rayadura de naranja y el color, si se desea; deja de batir y agrega los ates cortados en cuadritos. Incorpora en forma envolvente y vacía la masa dentro de un molde engrasado y enharinado. Hornea a 180 grados por 40 minutos, aproximadamente. Debe tener un bonito color dorado y consistencia firme. Buen provecho. 30


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Revista Momento Abril 2021  

Nuestra edición especial de marzo sobre mujeres, todas ellas ocupando cargos importantes, preparadas y algunas más buscando crecer en sus ca...

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