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Eva Martínez, el rescate de la joyería tradicional mexicana en Tlaxco Noviembre

Los niños de Tlaxcala voltean su mirada al cielo

Reviven los fantasmas y leyendas del Teatro Xicohténcatl ENTREVISTA

REPORTAJE


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El rescate de la joyería

tradicional mexicana en Tlaxco José Carlos Avendaño Flores Fotografía: Richard Castillo Xochitiotzi

Eva Martínez Sánchez tiene un taller que produce 150 modelos de piezas en plata

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sus 85 años de edad, Eva afirma que aún tiene muchas cosas por hacer. Incluso, reflexiona que todavía no ha creado una pieza ornamental que simbolice a Tlaxcala como cuna de la nación. Para esta mujer, la plata es el metal más hermoso. Gracias a su creatividad y habilidad con las manos, ha dado forma a infinidad de aretes, anillos, pulseras, dijes, prendedores y algunos collares con este metal. Las piezas que elabora han traspasado la frontera de México y su principal sello es haber sido representativas en épocas pasadas. También ha destacado en la pintura. Asegura que desde los 2 años de edad ha registrado en su cerebro cada momento que ha vivido. “Recuerdo perfectamente cuando se casó mi hermana mayor, cuando murió mi padre y cuando murió mi hijo de leucemia”. Por ello, asegura que su cerebro y sus manos son las partes más preciadas de su cuerpo.

Lo mismo da vida a ornamentas femeninas con motivos de bordados indígenas que a símbolos de la Colonia como las manos, el Espíritu Santo, pájaros, cruces y flores, pero todos tienen la dedicación de las horas que requiere una artesanía. Sus diseños se han vendido en varias exposiciones y tiendas dedicadas a promover las tradiciones mexicanas, pero también han traspasado fronteras y son reconocidos en Europa y Asia. En uno de los metales más representativos de México, doña Eva ha dado vida a aretes con figuras asociadas con emblemas de libertad, unión y fertilidad, sobre todo rescatando piezas originales que usaron mujeres de familias españolas, criollas y nativas durante la Colonia y en la Revolución Mexicana, también utiliza los bordados de la época prehispánica e incluso ha duplicado un modelo de aretes que usó Frida Kahlo. Su gusto por la orfebrería en plata es resultado de su trabajo de investigación sobre la joyería tradicional mexicana. El contacto espontáneo con la gente le

permitió recopilar una gran cantidad de piezas (en su mayoría aretes) que abarca la época colonial (siglos XVII–XVIII) y la época independiente de nuestro país (siglo XIX). Recuerda que cuando era pequeña se colgaba flores naturales en las orejas, de ahí su gusto por diseñar aretes. Como pintora, Eva ha expuesto su obra en varias galerías y salones de algunos estados de la República, como Coahuila, Nuevo León, Tlaxcala y la ciudad de México, de manera individual o colectiva, en pinturas de caballete con técnica al óleo, acuarela y acrílico. La entrevista de este mes es con la maestra Eva Martínez Sánchez, fundadora y directora del Taller Escuela de Platería que lleva su nombre y que opera en el municipio de Tlaxco. La plática se realiza en la alberca de un hotel de la ciudad de Tlaxcala, en donde la maestra Eva se hospedó porque al día siguiente recibió un reconocimiento por parte de las autoridades estatales y municipales, en el que se anunció que una calle de Tlaxco llevará su nombre.

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Debido a su avanzada edad y a que convalece de una fractura de cadera, la maestra Eva llega a la cita con el apoyo de su nuera Carmen.

Eva Martínez Sánchez nació en Monterrey, Nuevo León, pero vivió en la ciudad de Saltillo, Coahuila, hasta los 18 años de edad. Fue ahí donde estudió

A sus 85 años de edad, reflexiona que aún no crea una joya que simbolice a Tlaxcala La maestra porta un vestido de manta con grecas bordadas en color rojo, rebozo y un gorro tejido color gris. Su cabello plateado y su piel reflejan el paso de los años, pero de sus ojos color verde emerge una mirada alegre y de mucha fortaleza. Es más, en alguna ocasión comentó (a la periodista Teresa Ramírez Ojeda) muy convencida: “estoy segura que aún me faltan hacer muchas cosas, pienso vivir 120 años”.

pintura con la maestra Dora Scaccioni de Herrera (esposa del maestro Rubén Herrera). La maestra Eva llegó a la ciudad de México en el año 1945, donde desempeñó algunos trabajos administrativos y se ayudaba de la pintura. Su gusto y dedicación por la pintura hizo que fuera seleccionada por la pintora Elena Huerta Múzquiz, para que colaborara con ella en 1952. En ese año,

la maestra Huerta fue comisionada para pintar dos muros en el auditorio de la nueva sede de la Escuela de Agricultura “Antonio Narro” de Saltillo. El mural se tituló La escuela del campo. Así, el segundo muro fue pintado con la colaboración de Electa Arenal, hija de la muralista María Romana Herrera (hija del maestro Rubén Herrera) y de Chacha Martínez (como se le conocía a la maestra Eva). Para el año 1975, comienza a trabajar en la Dirección General de Culturas Populares (DGCP) como ayudante de investigador en el Departamento de Publicaciones de la dependencia. Este trabajo la mantuvo viajando por el centro del país, investigando y documentando diversos temas de la cultura local. Así, haciendo su trabajo de campo, comienza a observar con mayor detalle


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la gran riqueza y belleza de los accesorios que utilizaban las mujeres de la región para su adorno personal. En especial los aretes. A partir de ese momento, comienza su investigación sobre la joyería tradicional mexicana. El contacto espontáneo con la gente le permite recopilar una gran cantidad de piezas (en su mayoría aretes) de los siglos XVII, XVIII y XIX. Por otro lado y por la capacidad en el área artística que demostraba, la DGCP le encomendó la tarea de dar cursos de artesanías a los maestros de primaria de la Secretaría de Educación Pública del Distrito Federal. En 1984, termina la carrera de Técnico Artesanal en Joyería y Orfebrería en la Escuela de Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) Ese mismo año, la DGCP la envía al municipio de Tlaxco, Tlaxcala, a investigar el estado de una maquinaria abandonada de un taller de platería. Al notificar que dicha maquinaria se encontraba en buenas condiciones para trabajar, la DGCP, junto con el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), la invitan a formar el Taller Escuela de Platería. A partir de 1985, Eva Martínez comienza a reproducir en plata los modelos de aretes que había recopilado a lo largo de sus 10 años de investigación. Para 1986, la maestra Marta Turok W., entonces directora general de la DGCP,

comisiona como responsable de este taller a Eva Martínez y la alienta a continuar con la labor que venía realizando. En 1989, este Taller Escuela se constituye bajo el régimen de sociedad civil y la maestra Eva Martínez se convierte en su directora. Así, con la finalidad de rescatar y revitalizar los diferentes aspectos del trabajo artesanal, el objetivo central de este Taller Escuela es el de formar artesanos en el oficio de la platería, que cuenten con una educación terminal que les permita ejercer y desarrollarse en este arte en nuestro país. El taller cuenta con un programa de capacitación, en donde el alumno recibe la instrucción necesaria que le permite formarse como aprendiz de joyero. Además, se otorga al alumno una beca durante el tiempo que dure su capacitación. De esta forma, se permite que el Taller tenga una producción constante de

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diseños especiales de moldes a partir de un dibujo y/o una pieza original, modelado e inyección de cera, habilitación de materiales (laminado y alambre), hasta biselado, engarce y armado de las piezas de joyería. La técnica básica utilizada en la producción de esta joyería se denomina “la cera perdida”. Esta técnica es completamente artesanal y muy laboriosa. Consta de alrededor de 16 pasos que van desde la realización del diseño de la pieza hasta el armado de la misma. La producción actual consta de aretes, anillos, pulseras, dijes, prendedores y algunos collares, elaborados en plata pura mexicana .933 y quintados, respectivamente. También se utilizan piedras semipreciosas en la confección de estas joyas, entre ellas la turquesa, malaquita, ámbar, granate, ópalo, perla de río, coral, cuarzo, amatista, obsidiana, turmalina, etcétera.

La maestra Eva ha catalogado su joyería en cuatro colecciones joyería y que, a su vez, forme nuevos artesanos. Así, a lo largo de sus casi 27 años de vida del taller, se han formado 10 artesanos de este oficio. En la actualidad, el Taller Escuela cuenta con un personal fijo de tres técnicos artesanales en joyería, con especialidades que van desde la elaboración de

La maestra Eva ha catalogado su joyería en cuatro colecciones: Colonial (siglos XVII y XVIII), Art Nouveau (finales del siglo XIX y principios del XX), Bordados mayas (a partir de 2002 a la fecha) y diseños propios. Las dos primeras colecciones son resultado de sus investigaciones como


10 Entrevista ayudante de investigador de la DGCP, mismas que abarcaron algunas zonas de 10 estados del centro del país: Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Hidalgo, México, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Veracruz. La tercera es producto de una investigación minuciosa sobre los tejidos de punto de cruz y de algunos huipiles de la cultura maya. La cuarta es producto de la creatividad de la maestra como diseñadora y artista. Las piezas de las colecciones que maneja este Taller Escuela se han ido incrementando con el paso del tiempo, debido a que, aunque la maestra ya no realiza trabajo de campo, las personas que la visitan le han ofrecido piezas antiguas (heredadas de sus familias) para que las reproduzca en plata. Es así que bajo la selección y supervisión de la maestra Eva Martínez, este taller maneja en la actualidad alrededor de 150 piezas de joyería tradicional mexicana. Esto representa un importante acervo histórico al respecto y todo se encuentra para venta al público. El trabajo de Eva en Tlaxco La plata se convirtió en su aliada y desde hace más de 27 años usa este metal para crear joyas. Eva Martínez ha dedicado un cuarto de siglo a emular la belleza de la naturaleza, conjuntándola con su creatividad y con los orfebres de antaño. “Cuando llegué a Tlaxco, hace 27 años, la gente se fue enterando que reproducía las piezas antiguas, entonces empezaron a traérmelas y mi acervo se fue haciendo más grande. Durante mi investigación conocí artesanos de distintos estados, recabé datos, reparaba las piezas que me traía la gente y con el permiso de sus dueños me permití hacer una réplica”, relata. –¿Cuáles son las piezas más antiguas que ha reproducido? –Pensé que eran unos aretes que datan de los años en que gobernó Benito Juá-

más años. Eva adoptó como su hogar el municipio de Tlaxco, Tlaxcala, desde 1985. Esta entidad, según sus propias palabras, es su origen, “la mamá de mi mamá era

La técnica utilizada en la producción de la joyería se denomina “la cera perdida”. rez (entre 1858 y 1871), pero empecé a hacer piezas de bordados prehispánicos y creo que ahora esos son los que tienen

tlaxcalteca, ella era morena y mi abuelo era blanco de ojo verde como yo”. Desde que se instaló en Tlaxco, cons-

truyó una casa campirana de adobe –ella misma la diseñó como si fuera arquitecto–, la cual alberga el Taller Escuela de Platería, donde realiza sus creaciones y comparte sus conocimientos a sus alumnos “Estaba preocupada por transmitir lo que sé, he tratado de no pasar por la vida sin hacer nada por los demás, este trabajo da la oportunidad de crear, diseñar y hacer cosas lindas con la plata”, refiere, satisfecha por compartir lo que sabe. Doña Eva tiene varios gustos, entre ellos la pintura y la lectura. Comenta que antes de dedicarse a la platería pensó


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en ser pintora. “En Saltillo, cuando era joven, fui ayudante de una pintora italiana, se llamaba Dora Scaccioni, pero después me dediqué más a la artesanía; yo pinto a la naturaleza, los paisajes y las flores”. Convencida de que los actos de las personas son el único resultado de lo que obtendrán en la vida, doña Eva expresa que el trabajo manual no sólo le da un bienestar espiritual, sino que le permite trascender en sus piezas y enseñar a través de la orfebrería lo que ha aprendido de la cultura mexicana. “Tus obras te llevarán a donde quieras irte”, manifiesta. Recuerda que su pasión por rescatar y elaborar joyería inició en 1985; después del sismo en la ciudad de México buscó un lugar cerca para vivir y trabajar, en ese tiempo laboraba en la Dirección General de Culturas Populares. “Siempre me gustó hacer mis propias cosas, hacía collares y aretes y los vendía para mantener a mis hijos, no tenía maquinaria. Cuando llegué a Tlaxcala quedé maravillada porque algunas de las máquinas abandonadas que rescató la Dirección General de Culturas Populares eran para trabajar la plata”. Reflexiona que la labor de recuperar las piezas antiguas debe continuar en el país, porque “México tiene la fortuna de tener cientos de diseños que están a punto de perderse. Recrear esas piezas es una buena manera de preservar testimonios de otras épocas, de no desligarse del pasado”. –¿Tiene algún recuerdo de su infancia? –De mi infancia hay muchos recuerdos, tengo una memoria maravillosa; desde los 2 años de edad me acuerdo de todo. Recuerdo el casamiento de mi hermana la mayor y la muerte de mi papá, así notoriamente, después la muerte de un hijo mío, quien murió chico de leucemia, o sea, cáncer. –¿Fue una niña traviesa? –Traviesa no, muy responsable, hasta ahorita, tengo casi 80 años, cuántos tengo (pregunta a su nuera, quien responde que tiene 85 años de edad). Imagínate todo lo que he hecho en esos 85 años. –¿Cómo adquiere ese sentido de responsabilidad desde pequeña? –La responsabilidad para mí no era nada más ir a jugar y patas pa´ arriba, sino que era idear cosas, un día me llevó mi tía la obra de teatro El gato con botas y entonces me puse a hacer títeres de tela

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con la figura del gato que había visto y me puse a dar funciones de teatro en el corral de mi casa. –¿Por qué se inclina por las artes? –Mi madre estudió 15 años música y tengo muchos parientes que eran violinistas de la época del Sonido 13; hay toda una historia detrás de nosotros en las artes. –¿Por qué se dedica a la joyería de plata y no de oro? –No puedo hacer de oro porque está muy caro y es un metal casi prohibido; en cambio, la plata es una maravilla, México es el mejor productor del mundo. Debemos saber tratar la plata. –¿Qué es para usted la plata? –La plata es lo más hermoso que hay, porque se pone oscura y se ve bonita, si se ve brillante, también se ve bonita, así que como a ti te guste, la vas a presentar. –¿En qué se inspira usted para crear un modelo? –Siempre ando buscando diseños antiguos. Tengo un diseño que se llama Tercera Potencia porque es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La figura tiene la corona de Cristo. –¿Es usted creyente en Dios? –Bueno, cada quien cree en Dios como se le da la gana. –¿Y en el caso de usted, cómo cree en Dios? –Yo creo que Dios es toda la fuerza del universo. –¿Qué piensa usted de la originalidad? –Es lo mejor, porque si estás esperando como boba a que la gente te traiga las cosas, lo chistoso es que tú hayas nacido para crear. –¿Tiene usted alguna figura favorita de las que ha creado? –Hay tantas, en la pintura y en la orfebrería que no tendría una en particular, el mundo está cargado de arte y es una bendición. –¿Por qué le gusta lo mexicano? –Porque lo siento, allá (en Saltillo) con mi maíz, en mi casa toda la vida había tortillas, era raro que comiera uno pan. Estaba uno acostumbrado a comer tortillas, aunque no te las hicieran en la casa, una señora pasaba a dejarlas todos los días y el del pan cada 15 días. –¿Usted nació en Monterrey, creció en Saltillo, después va al Distrito Federal y llega a Tlaxcala?, ¿en todo este recorrido dónde le ha gustado más estar? –Pues en Tlaxco. Porque ahí desarrollé la

joyería más que en ningún lado. –¿Cuántos hijos tiene usted? –Tengo dos, uno se me murió de leucemia y el otro (Mateo) trabaja en Europa. –¿Y su esposo? –Mi esposo ya murió. Se llamó Horacio y era originario de San Pedro de las Colonias, Coahuila. –¿Dónde conoció usted a su esposo y por qué se enamoró de él? –Pues la cosa es que no sabe uno si se enamora o no se enamora, la cosa es que nos casamos y tuvimos dos hijos. Me divorcié. –¿Por qué se divorció? –Por diferentes circunstancias, pensábamos diferente. –¿Qué edad tenía cuando se divorció? –Hace como 45 años. –¿Fue complicado enfrentar un divorcio en una época en la que la sociedad era muy costumbrista?

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toy mal de la cabeza. Soy una persona amorosa, no hago caso a la gente y yo digo que estoy bien. –¿Qué le falta hacer? –Hacer nada, deseo que llueva más y que se den cosechas muy ricas para que haya comida para todo el mundo. –¿Qué es lo más representativo de Tlaxcala para usted? –La cuna del mestizaje. –¿Ha hecho una pieza que simbolice esa situación? –A la mejor la puedo hacer. –¿Qué haría? –Una paloma, más bien no se me ocurre ahorita algo. –¿Qué representa para usted los homenajes y reconocimientos? –No me gustan, creo que no hay necesidad, el que venga y se interese por mí y por Tlaxco, se va a dar cuenta de lo que hacemos en la Escuela Taller.

En su trabajo artesanal ha duplicado un modelo de aretes que usó Frida Kahlo –Sí fue difícil, siempre decían que traía una medalla colgando que decía: necesito hombre. –¿Cómo sorteó esa situación? –No haciendo caso a la gente, tuve seguridad en mí misma, quería hacer lo que tengo ahorita. Mi nuera con su hijo, que es un hombre hermosísimo, que es lindísimo, a quien le gusta mucho la música, el baile, es especialista en música. Eso es lo que yo quiero. –¿Cuáles son sus gustos personales? –Fíjate, ya con tantos años encima, ya no puedo leer mucho, me hago tonta y Carmen (su nuera) es la que me pone el cuchillito en la nuca que debo de leer y así voy. –¿Le gusta algún género de música? –Me gusta toda. De unas canciones me gustan una cosa y de otras, otra cosa. Entonces, una música que esté bien tocada, esa es la que me gusta. –¿Cómo se definiría usted como persona? –Eva Martínez Sánchez, hija de Teófilo Martínez y de doña Consuelo Sánchez, y amiga de todos ustedes. –¿Tiene usted alguna frase de cabecera? –Que a veces soy necia, repito mucho la frase `sí lindo´, `sí linda´, pero eso no se debe hacer, porque piensan que es-

–¿Qué es un arete para usted? –Una flor puesta, eso es un arete. Hay una flor que se llama arete, tiene una bolita y unos pétalos, es muy bonita. Cuando era niña me ponía flores naturales en las orejas. –¿Cuál es la parte de su cuerpo que más quiere? –El cerebro, porque pienso y las manos porque con esas trabajo. –¿Cómo ha hecho usted para que a los 85 años esté bien conservada? –Vivir. –¿Cuál es el momento ideal para crear? –El momento de silencio, siempre estás pensando, o al menos yo. –¿Qué le hace falta? –Es arriesgado decir que no me falta nada, creo que me faltan muchas cosas por hacer. En el año 2010, la salud de la maestra Eva se deterioró a raíz de una fractura de cadera, que la imposibilitó de seguir trabajando diariamente en su taller. Hoy, a sus 85 años de edad, la maestra ha mostrado una mejoría y continúa en recuperación, aunque de manera lenta y pausada. A pesar de lo anterior, Eva se mantiene al frente del taller, aunque su participación activa ha disminuido.

Revista Momento No.60  

Noviembre 2012

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