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#6 Abril 2013

AUTORIDAD


(obedecer y bajar la cabeza) a

U

T

obedecer y bajar la cabeza, dejarse moldear por la demanda del otro al punto de complacerlo y dejar de lado el deseo propio. Este Conflicto en general es el que provoca el sentido de la autoridad cuando nos sometemos a su Rigor en nuestro diario vivir suscitando mal humor o resignación. En el primer caso, el del mAL humor, terminás hablándote y repitiéndote todo el tiempo lo mucho que te fastidia el fenómeno viendo la aUtoridad personificada en el ejemplo que ocasiona tal emoción y viéndote en una situación extraña: uno mismo promoviendo tal estado de cosas: eso trae d0l0r de cabeza. En el segundo caso, que no es el mío, el de la resignaciÓn, parece ser que te ponés triste y los ojos se te pierden en las orbitas oculares que toman tamaños impredecibles. en Realidad dicen los que saben, que la

O

R I D AD

autoridad es una noción que implica que uno obedece a alguien por propia decisión. libertad y Autoridad son opuestos que se reconcilian en la parte donde se enuncia: nuestra propia decisión. renunciO a algo porque entiendO que está bueno para convivir aceptar otra cosa que no se había puesto en juego. La vErdad es que la autoridad que sentimos en el cuerpo, en la mayoría de los casos actualmente tiene que ver con el poder y el poder se maneja a partir de la plata no de la definición filológica. Quien tiene la plata impone su autoridad. Y nosotros entregamos nuestra libertad por unos pesos. HaY autoridad en un acto y hAy un porqué De ese acto. la Verdad es que nos pasamos bastante tiempo de nuestra vida dándole autoridad a los demás. eso nos enSeñaron.a eso nos lleva la condición


económica. ahora Bien, ¿qué nos a lleva a la parte donde decidimos: a quién le Damos autoridad? a todo bicho que camina, cuando me sonríe y cuando me alaba, cuando me increpa y me quedo soliloqueando porque me increpó, al que me mira mal y al que me complace, al que es lindo y al que es cruel, al pobrecito y al mal agestado.

Somos una máquina de producir autoridad, nos alimentamos de la autoridad que engendramos y la transformamos en otro gigante que nos mira y sólo con mirarnos nos obliga/mos a obedecerla. Porque lo hacemos en un acto de reconocimiento. (algo que reconocemos junto a, que re encona y da conocimiento, que reconoce y da miento y que econocemos resium…JA!) En este sentido, Parece que para Platón la autoridad es la autoridad de la justicia, todas las demás formas son formas erróneas de autoridad, tienen que ver con el grado de conciencia del personaje que la juega. Ya sea la forma de la figura “legal” o la de la figura “moral” o la de la figura “amada”. Discriminar estas figuras no es siempre un acto que se repite en nuestras vidas de forma ilimitada, sino que puede ser interrumpido según a quién estamos reconociendo. Incluso la interrupción esa, puede ser más intensa o menos intensa la viven-


cia de la autoridad en el sentido de con más sentido o menos sentido para nuestra libertad y nuestra razón de ser de propia autoridad. no basta con el acto de ser elegido para tener autoridad,El elegido autoridad debe confirmar que la tiene. Esto se pone interesante: es el otro, soy yo en tanto otro, el que reconoce en su conducta la autoridad que se presentifica. De esto y muchas otras cuestiones ligadas a la autoridad se trata este número con el que empezamos la edición 2013.

Lectores: ustedes son nuestro horizonte de autoridad, ahí va…

María Forcada


j


alsa biografia del Malevo Ferreyra

ssential Killing:

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“Se muere escuchando el noticiero / donde cuentan cómo le dan caza” Solari.

Amanecer duro en el frente. Destella en humedecidas pupilas el rastro del horizonte al tiempo que prende el primero. Una barba tupida, bicolor, informa la carencia de aseo pertinente. La torre que oficia de bunker dispone de lo necesario: un cartón de 43/70, balas. Endereza el sombrero texano. Y empieza. “La purga es inminente... se está jodiendo a gente que no tiene nada que ver” -repite cual mantra entre balbuceos de inútil inteligibilidad. La cronista repara en su estado emocional y cede a una tregua. Largo ha sido el trajín: también lo vimos ayer, ante los que creemos sus hijos, en lo que creemos su patio, dar cuenta de lo que conmueve el esternón de las masas locales: gendarmería rodeando esa propiedad, bajo la promesa de llevárselo puesto si no se entrega. El hogar, una esbelta casa quinta en las afueras, sitiada por la vendetta. Horas después, por la tarde, la cronista sorbiendo el té que la patrona asoma. Él, sin novedad, un halo de luz dorada hiere la paz de su cara. Las tres en noviembre, en Tucumán. Y sucede. Es largo e inconducente describir el cómo y el qué de lo que prosigue. Seremos expeditivos: los uniformados ingresan por el oeste, bajo el astro que encandila previo al atardecer. La torre es rodeada con facilidad, sin mayor trámite. Un breve despliegue para separar paja del trigo: familia, cronista y cámara por un lado. El quía, reducido, esposado, despojado del calibre grueso plateado que ostentaba en la cintura, al duro refulgir de las tres, en noviembre, en Tucumán, cabizbajo tras


un puntapié de rigor, por el otro. Pero no sólo el puntapié: ahogado, turbio ante el final, el solazo que raja la tierra, las tres, desploma su humanidad sobre el parque mientras lo trasladan. Despierta en una habitación. No está esposado, no, lo retienen tiesas sábanas almidonadas. Sólo un flaquito custodia la puerta. Bastarán apenas unos minutos para que el de chaqueta oliva se acerque a constatar, lo que cree, la somnolencia de un león caído. Bastará menos aún para que el hombre que aparenta un reposo apacible tome del brazo al gendarme girándolo con velocidad. Forcejeos proyectan sombras: las seis en noviembre en Tucumán. Un largo cuchillo en disputa cae al suelo. El uniformado se desliza dando saltos hacia atrás. Desenfunda el arma reglamentaria. Lacónico, el de bigotes dice: “¡Apunte bien! ¡Va usted a matar a un hombre!” Pero no. La hoja del errático facón lame ahora desde adentro las entrañas del joven correntino. Se retuerce mientras la sangre de a chorros entumece su cuerpito ligero, hendiendo muerte ante esas pupilas fijas, no reactivas ya. No fue distinto; decenas de veces, la mecánica habitual: penetración profunda, ágil; torcer levemente el metal sobre su eje, con pudor y determinación, como si fuera la vida (la de un gauchito aspiracional) en ello. Por la ventana, vestigios de atardecer recomiendan un ascético viaje de huida. Se pierde todo rastro de su paradero. (En alguna latitud ajena y sin saberlo, alguien elucubra un futuro film, al que a su cóctel teórico


suministra memoria cinéfila: Gerry, Tropical Malady, Los Salvajes, El Topo). Cae en una emboscada tres años más tarde a manos de un comando de licenciados en comunicación. Su cuerpo, inerte, aparece pronto, en un vulgar baldío. El torso ajado y una mueca de horror. Crasa materialidad exenta de semiótica. Rayen Nazareno


EL POD


DER DE LA IMPOSTURA


El poder de la impostura Hay veces que es mejor Desprenderse del mundo y hoy Aunque toda la bazofia Exclame por tu temor (…yo?) rara vez esta vida tiene sentido, amor y así vez que hasta mi sombra brilla en esta ciudad

El significante, el amor al significante, su adoración, que visibilizándose en el espejo de la razón nos han hecho creer que el mundo se comporta como sus leyes. Hipocresía desde los comienzos de occidente. El mundo iluminado por la razón y su lenguaje, allí nada de lo Otro permanece. Que el mundo es un saber, cúmulos de teorías y discursos, y lo lamentable, el lamento nietzschiano del humano demasiado humano por creernos ese mundo de aspectos gélido, viscosos, lamentable. Qué aspecto lamentable (cuando a uno, lo atacan bellas inspiraciones de insania) tiene el mundo para quien así ha sido transmitido. La autoridad del significante, la autoridad, es decir el dueño del habla nos ha arrogado a ser su saber, (también su padecer). Así sabemos ser. Sabemos ser a partir del despotismo del significante, y quien lo tiene, quien habla nos ha nombrado alumno, obrero, delincuente, loco,


enfermo, pobre, marginado, excluido. Figuras de su lujuria, figuras de su poder. Ha nombrado modos de ser, un circuito mezquino de posibilidades. En una palabra nos ha normalizado, y por tanto nos ha dosificado, y ha hecho dócil todo cuanto quiera deslizarse por las sombras. ¿Las sombras? Si recorrer por sombras para no estar expuesto al lenguaje de la razón y su espejo, el significante. A la inversa, desde la luz de la razón, desde el enunciado del significante, la vida entra en la sombra. Así parecería que quien toma la palabra dice, y al decir domina, racionaliza lo abominable. Pero sabemos que la libido es indomable, el jinete tiembla, y el caballo galopa por las estepas. Tal vez, esa sea una de las tareas, galopar en la libertad del rizoma para ser expuesto, afectado por todo lo otro, lo radicalmente otro. Y como decía Fenoy “es necesario una política de resistencia sustentada

por el deseo, mejor dicho, el deseo es una política de resistencia. A la inversa: la acomodación: es siempre ceder ante el deseo, un ceder ante el poderoso o ante el amo, una claudicación”.

Matías Forlani la pregunta dice ¿Augusto que cuentas? absurda pregunta que quiere de mi que no soy mas que un seudónimo virtual, una verdad que no se dice. Decir implicaría, tal vez, destruirse para emprender un camino sin retorno que se recorre sin mas cobijos que desnudándose de todas las máscaras. Sin máscaras, sin nombres, sin todo lo que se nos hace ser, sin su violencia, para escuchar desde la extremidad lo e...xterior que siempre viene. Parte, surge desde el otro, otro sin serlo, otro pero más allá de mí que lo nombra, el mí que lo nombra siempre se ubica en el lugar del Amo, en el lugar despótico que nombra, que nombra y suprime la diferencia. Viaje, tal vez realizado a lo largo de la intensidad sin más. ¿Pero entonces qué dice Augusto? eso, un ojo que mira, ojo con ese ojo, ahí nada es ingenuo. (alguna vez un grupo musical lo bautizó con el nombre “el ojo idiota”)


La Biblia de gutemberg


Que el primer texto impreso por Gutemberg haya sido la biblia en el largo plazo, desde el punto de vista de la autoridad crist técnica anula y destruye el “aura”. ¿Qué es lo aurático en rel La situación comunicativa que consistía en su lectura por un ex controlaba la trasmisión de interpretación. Claro que era un ob la existencia de una biblia por familia y la oposición a las auto que no eran conditio sine qua non para su lectura. Pero con escritura y la diseminación (producto del desprendimiento y l en manos de los “cualunques”) las derivas textuales termina para el propio cristianismo. Me pregunto si es producto de una ra e individual de la biblia la que llevó al padre Mujica a escri Yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie pu su propia hambre. / Señor: perdóname por decirles ‘no sólo d y no luchar con todo para que rescaten su pan. Señor: quier y no por mí”. En un comienzo negativo de Saer (la novela “Na podemos cifrar el periplo de desviación bíblica, en la forma de parodiado: “No hay, al principio, nada. Nada.”


a constituye una ironía, tiana. La reproducción lación al texto bíblico? xégeta autorizado, que bjetivo de los luteranos oridades eclesiásticas n la reproducción de la la circulación del texto aron siendo revulsivas a lectura reapropiadoibir la oración: “Señor: uede hacer huelga con de pan vive el hombre’ ro quererlos por ellos adie nada nunca”) bien e intertexto del Génesis Natalí Incaminato


PABLO

DE TARSO


A pesar de haber prometido sa acepto el perdón y una bondad sospechosamente genética. Esas son mis marcas de sangre seca. Felicitaciones: Pido silencio el día que no pue por favor, hagan honor a las mañanas insoportables de un eterno pobre. Leandro Bosco


altar,

eda respirar,


FE RR


ET ER O


Todo trabajador odia a su jefe, y viceversa, tiene que ver con el juego de poder que se articula entre ambas partes. Yo no era la excepción a esta regla. Mi desprecio por ese carcamal, digno ejemplar de viejo avaro de película de navidad, era realmente profundo y se extendía también hacia su hija y su yerno. La primera era una especie de cámara de seguridad apostada en la caja. Girando permanentemente sus lentes culo de botella de un lado a otro, abarcando un radio de 180º. Su esposo era un tipo que se pasaba la mayor parte del tiempo tratando de no hacer ningún esfuerzo. Solo para eso era bueno, ni siquiera cumplía bien su función de espía, la cual era la que el suegro le dictaba. De lunes a sábado, ocho horas por día convivía con esta gente. Empezaba cada mañana levantando la persiana de chapa de la ferretería. Crujía, rechinaba ese párpado de hojalata ondulada verde mar. Por muchos años hice lo mismo todos los días, barría la vereda, lampaceaba los pisos de mármol y detrás del mostrador vendía todas las cosas y cositos que van dentro de otros cositos. Una larga serie de personajes de distintas especies deambulaban por el salón de compras. Egocéntricos plomeros, afables electricistas, albañiles encriptados, aficionados testarudos y los neófitos rasos que caían con un papelito en la mano y solo decían dame esto. Solían armarse debates acerca de cómo solucionar cierto problema de cañerías, en donde participaban los expertos de distintas áreas


que se encontraban de paso. Poníamos todas las piezas sobre el mostrador y probábamos cuál sería la mejor forma de armar unas retorcidas tripas de polipropileno. No es una tarea fácil, hay que hacer varios injertos, prever posibles complicaciones hasta lograr que el montaje de curvas y contracurvas cumpla una función determinada. A veces subía la temperatura cuando dos eruditos deseaban demostrar con prepotencia su mayor conocimiento con respecto a cierto tema. Empezaban a decirse juntando los dedos de una mano - A mi me va a enseñá vo, sabé lo año que llevo en esto. Cuando uno de los susodichos se iba, el que quedaba cerraba la discusión sentenciando - este gil…no sabe náa. Por un tiempo disfrute el folclore del mundo ferretero, pero después del 2001 la cosa se puso peluda. Empezaron a pagar mal, hasta que en un momento dejaron de pagar. Los derechos que alguna vez tuve se desdibujaron, el futuro era desolador, fuera de la empresa sólo había colas de desempleados y adentro aguantábamos esa tormenta como podíamos. Me puse en gremialista y peleaba todos los principio de mes para cobrar mi sueldo. Ellos no me podían echar, yo no me podía ir. Comenzaron a implementar un plan sistemático de hostigamiento. La punta de la lanza era, por lo general, la hija del jefe, que desde la caja me indicaba con el dedo donde debía limpiar o hacer tareas inútiles, como llevar cajas de un lugar a otro, solo para demostrar


que tenía ese poder. El odio mutuo ya estaba declarado y no hacíamos nada para disimularlo. Ir cada día a trabajar a ese lugar era una pesadilla, me levantaba sabiendo que iba a ser un día horrible, junto a un par de mates de desayuno saboreaba de antemano la desesperanza. Las cuadras que separaban mi casa del trabajo se convirtieron en un túnel de naylon que recorría cuatro veces diarias, lo exterior era una imagen blancuzca de formas conocidas a la que dejé de prestarle atención. Adentro la luz menguaba y la brisa me era ajena. Cuando llegaba al negocio el tiempo parecía desacelerar a su expresión mínima, daba vueltas atrás del mostrador como un animal detrás de los barrotes. Al no haber radio, ni mucho menos un televisor, solo una vieja computadora que usaban para facturar, cantaba para apurar esas horas densas plaza pelada, solo árboles secos, a veces repetía la misma canción todo un día, en otros momentos me agarraba el tanguero y paseaba por todas las estrofas que recordaba como si todos los tangos que conocía fueran una misma composición. En muchas ocasiones ni la música sosegaba mi alma y caía en la desesperación, como un insomne contando los segundos de los minutos, los minutos de las horas, las horas de los días, y pensaba en no pensar, recordaba mucho en todo lo que alguna vez había sido, repasaba de a uno todos mis archivos para no caer otra vez en la cuenta del presente inmóvil que me sujetaba el pensamiento.


Un tiempo atrás, había visto una película que quedó grabada en mi cabeza. La pasaban seguido en la tele bajo el nombre de Metamorfosis, aunque alguna vez la vi con el título de Estados alterados. Era la historia de un científico que hacía una investigación sobre la memoria genética. El tipo se tomaba unos menjunjes chamánicos que había traído de un viaje con unas tribus antiquísimas de Centroamérica, y se metía en un tanque de agua que lo aislaba completamente de estímulos exteriores, se quedaba flotando ahí por horas hasta que empezaba a tener visiones. La cuestión es que el tipo se pegaba unos viajes en retroceso que ni te cuento, la mente se le iba por un tobogán espiral del ADN. Hasta que una vez, sale del tanque convertido en hombre mono, y se manda un tole tole enorme por la ciudad. Empecé a sentir que las horas que pasaba en ese trabajo eran como estar en ese tanque de aislamiento, levantar la persiana era bajar la tapa del contenedor, extinguir la luz y sumergirme en un estado alterado de conciencia. Hablaba y me movía como todos pero mi sensación de vida flotaba en un lugar oscuro y del mundo solo captaba ecos lejanos amortizados por las gruesas paredes del tanque. El odio que tragaba era mi menjunje chamánico y poco a poco fui penetrando las grietas oscuras entre los pensamientos, puertas de sótanos al fondo de la memoria apenas abiertas. Progresivamente me acercaba a ellas en lapsos cada vez más prologados, mientras


atendía a esporádicos clientes Llevate estas piezas así, armalas como te dije, mandale mucho teflón y sellador y toma llevate un ¾ x 20. No es que me sienta orgulloso de esto, solo cuento lo que alguna vez viví. Una tarde, apoyado sobre el mostrador, bajo la mirada inquisidora de la hija del jefe, sin ningún indicio previo ni nada que hiciera de ese momento algo especial, caí sin más en el agujero del conejo, no hubo un pasaje claro, de un momento a otro dejé de entender todo lo que sabía……………………………………......................................................... Y me volví otra cosa, una cosa que era todo, todo era una misma cosa, como un océano sin límites, la suma de todas las gotas, unidas por magnetismo y un violento zumbido envolvente, oleadas eléctricas me separan en partículas, unidades puras girando en espiral hasta condensarse el viaje no tiene tiempo, solo un flotar en suspensión y sé que estoy vivo. Me expando y contraigo con todo lo demás, soy conciencia primordial contenida en el signo de sí misma. Algo que fui nació en otro ser, me succiona y vuelvo a ser parte de él. Puedo ver, por primera vez, desde adentro de lo que soy. Me desdoblo en un cuerpo sensible, agitado en un movimiento continuo detrás de una línea invisible que atraviesa la maleza, siento todo, adentro y afuera, las punzantes piedras que piso, el suave colchón de hojas muertas y tierra, los rasguños de las ramas, el tibio ardor del sol


sobre la piel desnuda, el rozar del viento que arremolina mis pelos, la saliva que trago, el oxígeno que inhalo, el hinchar de mis pulmones, la sangre que riega mis músculos, el estómago vacío, la garganta seca, me detengo, percibo los olores, los sonidos y las imágenes como una sola red de estímulos que me empujan otra vez al movimiento, rastreo un arroyo en donde bebo, apaciguando la demanda de mi cuerpo. Cierro los ojos, levanto la cabeza y me acaricia una ráfaga húmeda que agita el ramaje, y en la increíble sensación de estar vacío de preguntas tengo la certeza de encontrar el rastro de mi presa, la busco con el conjunto de sentidos, avanzo sigilosamente hasta divisarla, espero el momento exacto y estallo en un solo impulso dirigido, caigo sobre ella y a la vez que la sostengo con fuerza le muerdo el cuello hasta arrancarle un pedazo de carne y trago, 44 vueltas tiene un kilo de alambre negro del 17, el sabor me inunda de placer, la vida cobra sentido, el cuerpo de mi presa sigue luchando, 22 vueltas tiene el del 14, otra vez le clavo los dientes y siento el chorro de sangre chocar en mi paladar mientras termina de desplomarse. 144 es una gruesa de tornillos, trago otro bocado de carne fresca y con ella también absorbo su vida, masilla se ablanda con aceite de lino. Un sonido gutural proyecta mi garganta rebosante de emoción placentera, miro alrededor evaluando algún indicio de peligro, mi presa yace sobre la hierva espesa, la sangre se escurre por debajo, entre insectos que se apresuran, autitos con masilla andan mas rápido,


rulemanes son ruedas de cartin. La tierra chupa el líquido oscuro, toma un tono marrón rojizo la lámina gastada símil madera del mostrador………………………………………………………………... No sé cuánto tarde en entender que estaba mirando mis manos, que aún se retorcían como si estrujaran algo. Cuando levanté la cabeza encontré la mirada de la cajera, esos pequeños ojos glaciales detrás de los vidrios de sus anteojos, y su eterno gesto de desaprobación. No creo que alcanzara a comprender, pero algo instintivo la obligó a retroceder, pude oler la adrenalina brotarle por los poros, corrió a la oficina a buscar al jefe y al inútil del marido. No imagino qué pudo haberles dicho pero los tres se asomaron por el marco de la puerta. Sentí que en mi mirada viajaban las imágenes que había retenido, sobre sus pálidos rostros proyecté mi película sangrienta. Sintieron el espanto del siervo ante la naturaleza del depredador. Temblaron, y se escondieron otra vez en la oficina. Por un rato largo no los vi, pasaron las horas hasta que se hizo el momento de partir, la luz rojiza del atardecer atravesaba la vidriera, bajé la persiana y me fui sin saludar. Por un par de semanas volví a sentir que el tiempo corría a su velocidad constante. Yo seguí fingiendo que era un trabajador asalariado en relación de dependencia, mi jefe mantuvo para sí,


la creencia de que aún tenía cierta autoridad tácita, aquel lugar donde se sentía seguro, como el frío hueco de su madriguera. Los otros dos me eran indiferentes. Una mañana, a primera hora, encontré bajo mi puerta el telegrama de despido, respiré profundo, luego puse el agua para los mates. Del otro lado de la puerta un perro olfateó el tronco de un árbol, la vecina del frente regaba el césped en el jardín de adelante, por la acequia corría un hilo serpenteante de agua turbia, una araña bajo el puente cazaba una hormiga negra.

Leo Pedra


A LAS


TRES A.M.


Producto del impulso de borrachera expansiva, como siempre. En parte aburrimiento. Luego de ver una película acerca de un escritor, te da por escribir. Como cuando éramos chicos, luego de una película de karate salíamos fingiendo peleas, imitando lo que habíamos visto y luchábamos repitiendo las frases geniales y las onomatopeyas de color en nuestras cabezas. Pavadas de cachorro. Sólo que entonces no bebíamos alcohol. Según como se mire, también es una pavada de cachorro, mi viejo y yo solos tomando tetrabrick durante la peli del escritor bajo la maldición. No sé a dónde voy con esto ahora mismo, ni siquiera. Encima me ha dado acidez de tinto, mientras imaginaba argumentos de terror que dieran como para un corto medianamente potable, por diversión solamente. La moraleja es “divertirse da acidez, mínimo”. Y no faltan vivencias como para describir un mosto de miedo concentrado. ¿Será que soy al revés de la frase formulada en otra película (y van…)? “Del amor no sé nada…Del miedo, cátedra…” Va otro cigarrillo, el 15 de este paquete, creo. Divagues. ¿El amor da miedo y el miedo lleva al amor, será? ¿Los secretos a las personas son como el relleno a los espantapájaros? ¿Nos hacen ser lo que somos? Dos y seis de la mañana. Parece que tiembla, hay ruidos en el edificio pero no está temblando, menos mal. Hasta las tres tengo tiempo, si hago caso a lo que dicen por ahí, que a las tres de la mañana es


la hora crítica…La hora de la muerte del Cristo, la hora en que el cuerpo está más vulnerable en su punto de descanso requerido. La hora de las brujas. Ni por esas, no saco nada de terror por ese lado, miles de cuentos se han hecho con el tema. Cigarrillo 16. Como decía alguien, todos terminamos alguna vez, bajo un foco, en una habitación jugando solitarios en la madrugada. Me acuerdo de la mujer demente gritando en el baldío cercano, mientras mi viejo hacía el asado nocturno en el patio como si nada anormal ocurriera. Las placas de tergopol desprendidas del techo de mi habitación que caían planeando en mitad de la noche sobre la cama y me despertaban haciéndome gritar. Me decían que eran las cucarachas. Mi vieja gritando a mi viejo y viceversa. Muchos gritos condimentan y le dan fuerza al guiso espeso resultante cuando uno tiene seis años. Hubo una bruja una vez en casa, no, dos veces, me acuerdo. Una fue empleada doméstica y la despidieron luego de ver el contenido de la cartera que llevaba (hasta fotos con alfileres y algo que olía a podrido); la otra fue contratada por mi madre para “ayudar en su relación en crisis” y terminó armando una rosca de proporciones en la pareja. Nada sobrenatural, era una mujer ignorante y mala leche que le creaba problemas a la gente, y encima le pagaban. Hubo fracasos, golpes y adultos volviéndose infantes, y muchos llantos. Y finales. Según dice mi vieja, nos habían maldecido. Tam-


poco le doy mucha bola en eso, 30 años después. 2:25. Cigarro 17. Mi vieja ya no está hace tiempo, claro…Mi viejo habla en sueños en la pieza de al lado. No sé si hay más vino para matar el cigarrillo que me hace respirar mal y toser, pero crujió otra vez el parquet del pasillo y no quiero ir a la heladera a fijarme, la verdad. ¿Por qué una casa hace tanto ruido cuando está despoblada y a oscuras? ¿Extrañará a quienes supieron estar y ya no? A veces ni sé si es mi viejo el que habla en su habitación. No parece él, a veces… 2:44. Ni hablar de escuchar lo que dice, no le entiendo. Ni quiero saber qué guarda y qué le sale tan cerca de las tres de la mañana. Siempre contaba que vivió muchas cosas. Pero esas cosas al final lo fueron llevando a estar solo, en un costado de la vida. 2:54. Fumo el 18 y por suerte el parquet cruje de nuevo. Mi viejo ya duerme tranquilo, lo deben haber dejado en paz los secretos, que volaron a hacer rechinar el piso del pasillo. 2.59. A esta hora hasta el miedo se ha ido y sólo queda afecto y cansancio. El parquet hace ruido y entra una vez más, impulsada, la silla de ruedas llena de polvo añejo y telas a mi pieza. Pasá, vieja.


Contame algo. Todos nos sentimos solos cada tanto, donde sea que estemos.

Pablo Luque


Se puede caminar por el campo? Se necesita una linterna… que alumbre los arbustos_ para desubicarnos… Porque el viento se abre camino entre los árboles Porque el llanto arranca un ojo de la cara vespertina Porque el diablo bucea en la siesta de la noche Y pesca en la playa con anzuelos y redes… Por qué el apodo? Por qué falta tanto…? Porque estamos lejos y sus compañeros son ratas-dentadura postiza Porque el agua nos arrastra hacia la orilla Por qué no nos sentamos a esperar? Por qué no nos turnamos para ingresar al parque de descanso? Por qué el mar? Porque no hay sillas en el vagón. Porque me toca siempre a mí Y porque el brillo lacrimoso de las estrellas se acumuló en la frontera. Nos retorcemos. Nos estrujamos. Y nos colgamos a la sombra para no desteñirnos.


E D N A A H C C I E N A

O T N IM E

M


Mi vieja me ofrece un poquito mas de bifes con puré con esa mirada suya que mas que convencer amenaza y, aunque mi estómago va a explotar en contados segundos, acepto su oferta regañándome por dentro por esta tercera década de vida que estoy viviendo sin poder todavía enfrentar a mi señora madre en esas pequeñas cosas que corroen, mínima, pero persistentemente este amor propio que he criado tan costosamente. Ella lo hace por amor, porque me ve muy flaca y porque sólo en esos detalles puede seguir imponiendo eso que adquirió desde que me tuvo en brazos y que nos cuesta asumir como tal: la autoridad. Tendemos a negar esa investidura de poder de nuestros progenitores y de toda persona a la que le tenemos afecto, pero que por algún lado también ejerce cierto dominio sobre nosotros. Tenemos totalmente aislado el deber con el querer, como si tanta dictadura, que ni siquiera vivimos pero que igualmente nos parió con esa mancha de nacimiento, nos hubiera forzado a separar la dinámica del amo y el esclavo de Hegel en nuestras relaciones sexo- afectivas y solo- afectivas. - Está rico, ¿no?- Me dice mi vieja, llenándome el plato con ese pedazo jugoso de ex vaca y esa delicia grumosa con la cantidad necesaria de nuez moscada. A veces he tomado valor y, temiendo ofender o entristecer a mi madre, le he dicho que los bifes me gustan secos, a lo cual ha respondido con un mínimo puchero y me ha notificado que solo había así, rosáceos y chorreantes. Mi paladar ha tenido que soportar ese gustito a crudo y a cada mordisco he tenido que vencer la paranoia de en-


fermarme con alguna de esas bacterias que traen los ex bichos. No puedo quejarme, mi vieja no es la única que impone su poder a través de la comida, diciéndome qué comer y qué no. Hay todo un mercado, la verdadera autoridad, la más grande e infranqueable, que nos dice de maneras más o menos sutiles qué comer, cuándo y cómo, qué comprar, vender, pagar en término para que te “premien” con un descuento (que es más bien un castigo para quienes se atrasan uno o más días en esas cuotas y cuotas y así hasta el infinito); cómo, dónde y cuándo coger, cagar, dormir; qué aprender, qué reprimir, qué soñar y cuándo despertarnos. También nos enseña -sin reprimendas explícitas y quizás por eso no nos damos cuenta de lo mucho y lo fácil que sucumbimos ante sus órdenes- cómo domesticar a lxs demás y cómo dotarnos de poder para sentirnos amxs y señorxs del mundo que nos rodea, imponiendo nuestras conductas a todo eso que nos forma y deforma. Es así como, para sentirnos La Autoridad de este contexto, que si no dominamos nos aterroriza, repetimos mandatos sobre los cómo, cuándo, dónde, qué; los sí y los no pero nunca los tal vez; vivir así o asá y morir así pero jamás asá. Nuestro manto de miedo se despliega sobre todo cuanto tocamos, sobre todxs con quienes nos relacionamos, intentando cubrirlo todo para que nada ni nadie nos diga “no” y todo y todxs sigan el camino marcado. Este miedo ha sido heredado o, mejor dicho, impuesto, por ese mismo mercado en el cual estamos tan sumergidxs que ni nos damos cuenta que ese viento del norte sigue soplando, fortaleciendo esos temores que nos llevan a una violencia sobre nuestro contexto de la cual no nos damos cuenta.


Somos violentos porque nos da poder, porque del norte también sopló el viento que nos trajo esa mancha de nacimiento “de facto” y que ha marcado nuestra mirada sobre los paradigmas de nuestras relaciones con las palabras, las cosas y las personas que se cruzan en nuestras jornadas cotidianas. Ejercemos esa violencia con gusto, siendo La Autoridad sobre ese tipo que se coló en la fila del banco; sobre este perro que debería cagar en este árbol y no en aquél; sobre esta vaca, que debe comer este pasto para después comérmela yo y guau que poderosx soy porque maté mi comida o no la maté. Pero mirá que dominio tengo sobre la naturaleza; sobre un alumno, colega, amigx, pariente o quien sea que nos venga bien para perderle el miedo a fuerza de órdenes implícitas, de repeticiones hasta el cansancio de modelos que vienen de afuera y de adentro también, porque no nos damos cuenta, pero eso a lo que le tenemos miedo y asco, esa mancha de nacimiento, la provocamos nosotrxs también. Gabi Arturo Fonseca


En un país donde la muerte is nice. Con coronas de brillants colours Muros de fuego y azúcar impalpable Bienvenidos. Este es El Tren de la desalegría Comienza aquí con los river outsiders nos mojanos, verry wet y bendecidos de miseria Descendemos al Fin del Mundo. Pero habrá un repentino stop, la grandilocuente the death servilmente dirá adiósal autoritarismo desenfrenado Fucking dictatorian man


Honraremos ahora sí la dignidad De un pueblo que encuentra la hendija Para renacer Like Fénix tricolor Atre ve te té Y nuestros altares llegaran a Dios Y al Tata Y al Mauri, si no está en lurop Y descenderemos a Argentain, para otro XD Y cuál fiesta bacanal Subrayarems lo que somos Lo que siempre seremos. ¿Por qué? PORQUE TODOS, TODITOS NUESTROS HÉROES MURIERON Josefina Farhat


RAYEN

CASTRO

Los Cooke


LA AUT


TORIDAD


“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen, pierden el respeto.” Georg Christoph Lichtenberg Había una vez (como mil veces antes y millones después), tres suaves, pomposas, lanudas y blancas Ovejas – a decir verdad, una de ellas nació negrita pero tiñó su vergüenza. Dóciles e imbéciles sus gracias, Una daba leche, dos daba lana, tres satisfacía sexualmente al pastor toda la semana: Sin obediencia no existe la autoridad. Yo soy Dolly, Polly & Molly; trinidad perfecta e idénticos ejemplares a vos y tus antecesores, soy un clon y habremos más en la línea de incubación. “ObEJAS OvEDIENTES”.“I’m all alone, so are we all We’re all clones All are one and one are all” Clones, Alice Cooper, Flush the Fashion 1980. Mi nombre es Dolly y mis facsímiles se entienden igual, por tales homonimias trotamos codificados perplejos por las praderas urbanas, hasta chuto refrescarme esquilado. Es más, extrañamos sucumbir en las fauces del lobo, sernos natura en su esencia vital, ya que por hoy el verdugo sistémico calza sus patas y endulza ve-


nenosamente esta otra manera de fin fatal. Ostentamos en masa el poder y lo cedemos simbólicamente a la unidad autoritaria. Balando baladas blancas… baleados ardemos los instintos al unísono del líder elevado: Tendré fe en el hombre, eso es difícil de entender . Entiéndome en rebaño, incluso pretendiendo negar normativas propias del esquema y me rindo a sus engaños – no por actos seductivos – acaso por mi inseguridad, mismo ahora no me asusta (sí ahoga insinuante la estructura capitalista... excitante transformismo, ni a él permite verse como dogma entero) ¡Ah! de caminar torpe este añejo Sistema, ni me encuentra ni me larga, nos debemos mutuamente en tolerancia. Podés palpar mi esplendor lúcido diabólico; Yo borrego comestible – yo diáfano amoral – esmero guardarme alcoholizado, tal cual ejemplar biológico, enfrascado en formol y “oles” varios. ¿Soy una oveja de cuántos pastores? A estas alturas Heidi maternal y Pedro angular concluyeron sus pocos animales minutos copulares; ella representativa del ginocrático modo primigenio… él, eclesiástico portante del verbo. Y me comanda la desdicha pues profundamente maneja múltiples maneras atávicas “ur-fachistas”; pretendo descontarme cual individuo liberto, independiente y/o elevado. No lo soy (quiero sin jamás permitirse poder ser, lo del ser con poder_ ese ocaso referente


para mejorar perimetralmente las maneras evolutivas del ser humano. Voto nulo o por resistencia, he marcado gustoso lo determinado en la manada. Ya quisiera sentirme anarco Proudhommiano a conciencia (me emperraron los rojos y sus antípodas arácnidas, bien consumidos en lectura y sin negar que me arrecharon) Carcajeo al fósforo las ingenuidades de los baqueanos, ¡Cuán chistoso y nocivo acabó siendo Trotsky; dañino y maquiavélico Friedman!… Me río, me río, moría, marea me afecta, somete doloso e imposible el escape. Tras inventados los códigos de sernos ovejas bípedas, este burdo esquema de postas, confianzas y singulares proyecciones desde el individuo hacia su colectividad. ¿Soy oveja de cuántos pastores?, ¿Cuáles pastos me refieren?, en la pirámide pastoril ¿Dónde poder autorizar que estoy? 1. La Lana.- (Money _ Capitalismo) Desestimo tu validez, sucumbirán los elementos del conjunto a la abstracción de mi convención. Soy tu cuero y sudor, reducido a cero. 2. El Macho Cabrío.- (We rule you _ Te gobernamos.) Represento la autoridad 3. El Cordero de Dios.- (We fool you _ Nosotros te engañamos.)


Representamos tus mayores temores: los del misterio y la incomprensibilidad del relámpago. 4. El Carnero de Fuego.- (We shoot at you _ Te disparamos). Significo militarmente tu protección embotada, pues naciste malo y sos hijo de Caín ¡Bum-bum, bang-bang! – recostate – ¡estás muerto!. 5. Las Cabras y cabrones.- (We eat for you _ Comemos por vos) Nos sabemos pocos privilegiados desde cuna fétida hasta el galardón póstumo. 6. Los Chivos Expiatorios/ El rebaño.- (We feed you _ Te alimentamos) Ostentamos en masa el poder y lo cedemos simbólicamente a la unidad autoritaria, nos proyectamos balando… Soy vos, sos yo. Mi nombre es Molly y me conocen como luisesteban, oveja equis de código anónimo.

Luis Gutierrez Tamayo


El acorazado Potemkin Serguei M. Eisenstein


Colaboraron en este número: Texto Leo Pedra// leonardopedra@yahoo.com.ar Rayen Nazareno Castro// golpebajo07@hotmail.com// http://ray-againstthemachine.blogspot.com Gabi Arturo Fonseca//comunicacion.fonseca@gmail.com Luis Gutierrez Tamayo//luisesteban4@gmail.com Natai Incaminato//nato18@hotmail.com Matías Forlani//matias.forlani@hotmail.com Pablo Luque//www.facebook.com/pablo.p.luque?fref=ts Leandro Bosco//desumuerte.blogspot.com.ar Josefina Farhat//www.facebook.com/josefina.farhat Fotografía Héctor Romero//romerohectorabel.blogspot.com.ar Corrección Emilia Matus//www.facebook.com/emilia.matus?fref=ts


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