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Si lees la Biblia tal cual, sin la idea preconcebida de encontrar errores – encontrarás que es un libro coherente, consistente y relativamente fácil de entender. Sí, hay pasajes difíciles. Sí, hay versos que parecen contradecirse uno al otro. Debemos recordar que la Biblia fue escrita por aproximadamente 40 diferentes autores en un período aproximado de 1500 años. Cada escritor escribió con un estilo diferente, desde perspectivas diferentes, para una audiencia diferente, con un propósito diferente. ¡Debemos esperar algunas diferencias! Sin embargo, una diferencia no es una contradicción. Es un error sólo cuando no existe en absoluto una manera concebible en la que los versos o pasajes puedan ser reconciliados.

Aún si no tenemos una respuesta de momento, no significa que la respuesta no exista. Muchos han encontrado un supuesto error en la Biblia en relación a la historia o geografía, sólo para descubrir que la Biblia estaba en lo cierto, después que son descubiertas posteriormente evidencias arqueológicas. Por eso mismo, hay muchos factores que pueden hacer que la Biblia sea difícil de entender. Primero, hay una diferencia en el tiempo y la cultura. La Biblia fue escrita entre 3,400 y 1,900 años antes de nuestra era. La cultura en la que la Biblia fue escrita, era muy diferente a la mayoría de las culturas existentes en la actualidad. Las acciones de pastores nómadas del año 1800 a.C. en el Medio Oriente, a menudo no tienen mucho sentido para los programadores de computadoras del siglo XXI en América. Es crucialmente importante que, cuando tratemos de entender la Biblia, reconozcamos la cultura en la que la Biblia fue escrita.


¿Qué necesitamos para entender la biblia? 

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Una Biblia: la idea de la biblia es la siguiente; puede tener más de una biblia sabiendo que puede utilizarla para el estudio personal, para llevarla a la iglesia, tener diferentes versiones para entender mejor los textos… Una concordancia de la Biblia: Esta contiene un arreglo alfabético de todas (o de casi todas) las palabras de la Biblia. Esto es muy útil y ahorra mucho trabajo cada vez que se necesita localizar ciertos pasajes bíblicos. Sencillamente Ud. busca la palabra que tiene en mente o parte del versículo deseado; y la concordancia le indicar en que parte de la Biblia se lo encuentra. Un diccionario bíblico: El diccionario ayuda al estudiante a comprender los significados del contenido de cosas bíblicas; también de personas, eventos, leyes, mandatos, aspectos geográficos (como montañas, ríos, regiones, ciudades…). No basta usar un diccionario común, puesto que éste emplea términos modernos. Lo importante es conocer el significado de los términos, tal y como eran usados en 10s tiempos bíblicos; y de las palabras que ya no usamos. Los mapas y los atlas: La Biblia es un registro histórico; así que aumente sus conocimientos al ubicar en el mapa los acontecimientos registrados en las Escrituras. Una Biblia que use el lenguaje moderno: Estas biblias son buenas para poder entender en nuestro lenguaje los textos más difíciles de interpretar rápidamente en nuestro idioma. Los libros y comentarios: Seleccione con cuidado ciertos libros y comentarios. Hágase con la ayuda de otros. Tiempo para estudiar: Otra herramienta es el tiempo, si usted no tiene tiempo para dedicarle un buen estudio a la biblia no será posible que pueda encontrar aplicaciones a su deseado aprendizaje. El tiempo se aparta y se actúa en pos de ello para poder lograr el estudio bíblico. Se deben de hacer programas para estudiar la biblia, distribuir el sistema de aprendizaje (no hacer estudios sin tener una guía de como irá aprendiendo), planificación, tener tiempo donde esta físicamente y mentalmente despejado, hacer horarios y sujetarse a ese horario. Tener un lugar para estudiar: Escoja un lugar apropiado para el estudio, esto ayuda mucho a la hora de entender la biblia, al alcance de todas sus herramientas y a la tranquilidad donde usted se concentre simplemente en lo que está ejerciendo para aprender.

Recuerde que todo esto se logra a través de la ayuda del Espíritu Santo, sin la ayuda de Él se hace imposible tener una buena interpretación bíblica ya que nuestra base espiritual depende de lo que el Espíritu Santo manifieste en nosotros.


Para salir de la confusión bíblica debemos de interpretar bien los textos y no sujetarnos a bases que sean de nuestro propio pensamiento, esperamos que este estudio sea de mucha edificación con algunos de los textos que han causado confusión dentro del pueblo creyente recién interesado en la interpretación bíblica. Aquí unas cuantas definiciones que creemos que son eficaces para el amplio entendimiento del desarrollo de este estudio: I.

II.

III.

IV. V.

Teología: El término teología tiene su origen en el latín theologia. Esta palabra, a su vez, proviene del concepto griego formado por theos (“Dios”) y logos (“estudio”). “Es el estudio de las distintas manifestaciones de Dios y su relación con el hombre y con su mundo”. Doctrina: Es el conjunto de enseñanzas sobre cualquier contenido, ideológico, político, filosófico, militar, religioso, basado en principios, que se pretenden de validez general. Contexto: Contexto es un término que deriva del vocablo latino contextus y que se refiere a todo aquello que rodea, ya sea física o simbólicamente, a un acontecimiento. A partir del contexto, por lo tanto, se puede interpretar o entender un hecho. Interpretación literal: Significa que está fundamentada en el uso natural o normal del lenguaje, el sentido común de las palabras. Lenguaje figurado: Es la representación de algo en términos generalmente usados para explicar otra cosa o idea. Presenta cuadros mentales que ilustran otras ideas.

Estas han sido algunas de las definiciones esenciales para nuestro estudio, existen más definiciones que por lo regular se puede exponer en otros capítulos posteriores a este manual, también reconociendo la puntualidad con la que vamos a desarrollar este material hemos denotado que estas definiciones son las más concernientes a nuestro estudio. Ahora sí, vamos a entrar a nuestro estudio.


I.

¿PUEDE PECAR UN HIJO DE DIOS?

1 Juan 3: 6 “Todo el que permanece en El, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido.” 

 

¿Cómo es posible afirmar que los hijos de Dios no pecan cuando sabemos que todos somos pecadores, y tenemos la experiencia de muchas cosas pecaminosas que a veces realizan aun los mejores cristianos? ¿Querrá decir aquí el apóstol que el cristiano es absolutamente incapaz de cometer una falta? ¿Cómo, pues, comprender la afirmación de que los nacidos de Dios no pueden pecar?

La carta de 1 de Juan está escrita con el propósito de prevenir que los creyentes pequen, con lo que está admitida la posibilidad de poder faltar. La mayor dificultad aquí procede de una traducción defectuosa por parte de nuestra Biblia de Valera que no fue convenientemente corregida en revisiones anteriores, pero lo ha sido en la Biblia 1977 donde podemos leer: «Todo aquel que permanece en él no continúa pecando; todo aquel que continúa pecando no le ha visto ni le ha conocido. » El hecho innegable, por cualquiera que conoce el griego, es que el verbo «poieo Amartia» no está en presente sino en «aoristo», que es un tiempo de verbo especial de la lengua griega que significa continuar de un modo repetido la acción del verbo. El aoristo es:  

El aoristo griego expresa acción pasada y aspecto puntual. Aoristo" proviene del griego antiguo aóristos "indefinido".

El cristiano puede pecar así lo expresa 1 Juan 1:8-9 “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.” Otro dato importante también nos arroja luz el contexto histórico, por las escrituras vemos que hacia fines del siglo apostólico existían ciertos pretendidos cristianos engañados que se creían poder practicar toda clase de excesos carnales, sin respetar ley ninguna. El apóstol Pablo respondió a una pregunta similar en Romanos 6:1-2, “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?2 ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” La idea de que una persona pueda confiar en Jesucristo para salvación y luego siga viviendo de la misma


manera que vivía antes, es absolutamente ajena a la Biblia. Los creyentes en Cristo son una nueva creación (2 Corintios 5:17) “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.”. El Espíritu Santo nos transforma para no realizar las obras de la carne (Gálatas 5:19-21), sino mostrar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23). La vida cristiana es una vida transformada. Tenemos entonces, que para el cristiano verdaderamente convertido, el continuar viviendo en pecado no es una opción. Ya que nuestra conversión nos transformó en una naturaleza totalmente nueva, nuestro deseo ya no es vivir en pecado. Sí, aún pecamos, pero en vez de revolcarnos en el pecado, como una vez lo hicimos, ahora lo odiamos, y deseamos ser liberados de él. La idea de “aprovecharnos” del sacrificio de Cristo a nuestro favor, al continuar una vida pecaminosa, es impensable. Si una persona creyendo ser un cristiano, aún desea vivir la antigua vida de pecado, tendría razón para dudar de su salvación. “Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba?” (2 Corintios 13:5) Es lo que expresó cierta niña cuando, con motivo de su bautismo, le preguntaron si era pecadora antes de aceptar a Cristo, y después de contestar afirmativamente, insistieron: ¿Y ahora eres pecadora? —Sí —respondió—, pero antes era una pecadora que corría hacia el pecado, y ahora soy una pecadora que huye del pecado.

II.

OIDOS PARA OIR

Mateo 11:15, Mateo 13:9 “El que tiene oídos, que oiga.”, “El que tiene oídos, que oiga.” Esta expresión, que es propia de Jesucristo, ocurre con tanta frecuencia en el Nuevo Testamento —18 veces— que con razón nos preguntamos qué significa en el fondo. Esta es una de las expresiones características de nuestro Señor Jesucristo, que siempre me ha llamado la atención. ¿Será que una frase tan sencilla, pero que a la vez tan imperativa y elocuente, encierra un profundo mensaje dirigido desde el cielo a la tierra? De hecho todos tenemos oídos y la función de aquel órgano es para oír. ¿Por qué entonces El Señor presenta un mandamiento que tal vez nuestra humana racionalidad lo catalogaría como Perogrullo? El nuevo testamento utiliza la palabra oído para significar: conocimiento de, es la facultad de percibir con la mente, comprender y conocer, de ser lentos en comprender y obedecer…


Si se tratara del oído físico o material diríamos que todos los tenemos. Pero aquí se trata evidentemente de oídos que no poseen todos. Cristo no espera que todos oigan su amonestación porque carecen de oídos para oír. Oyen, sí, el ruido de su voz, pero carecen de oídos para percibir su sentido. Como dijeron los profetas: «Tienen oídos para oír, y no oyen», tienen oídos materiales; pero no oído espiritual. Posiblemente, los oyentes de Jesús tenían el oído muy fino para oír y apreciar sonidos físicos desde el estampido del trueno hasta el zumbido de una mosca, pero la mayoría de los oyentes eran incapaces de oír y apreciar las cosas espirituales que explicaba. Entonces, la gente que no posee esta clase de oídos para percibir estrictamente el sentido especifico que narra la frase no va a entender cuál es el propósito de la narración, él o ella podrán hacer sus propias narraciones, pero no va a entender las cosas espirituales porque aún es alguien que se rige por lo carnal, sus conclusiones podrían ser similares a: como el ciego los colores, como el sordo las músicas clásicas, como el torpe las ciencias. ¿Cómo, pues, se consiguen oídos para oír la voz del buen Pastor, la amonestación de Jesús, su Palabra divina? «El que es de Dios, las palabras de Dios oye», dice Jesús. Lo que equivale a decir: «El que es (nacido) de Dios, las palabras de Dios oye.» Juan 8:47, como por el nacimiento corporal, así por el nacimiento espiritual conseguimos oído espiritual. Por el primero percibimos lo material, por el segundo percibimos lo espiritual: llegamos a tener oídos para oír la Palabra divina, comprender, apreciar y amar la palabra de Jesús y rechazar la voz del extraño. Esto implica que lo primero que hay que buscar es el Nuevo Nacimiento, la genuina conversión a Dios por la fe para entender el lenguaje espiritual de Jesús, o de quienes habiendo sido también nacidos de arriba, hablan en su nombre como servidores suyos.

III.

¿QUE QUIERE DECIR “NO NOS METAS EN TENTACION”?

Mateo 6:13 “Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén.” 

¿Acaso está aquí Jesús expresando que Dios nos mete en tentaciones?

El doctor P. L. Van Gorder, responde: La idea de que un Dios santo meta a sus hijos en tentación de pecado, es contrario a la razón, y está expresamente declarado como imposible en la Sagrada Escritura. Santiago escribe: «Que nadie diga cuándo es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie.» (Santiago 1:13).


La palabra tentar significa en el griego: peirasmos, relacionado con peirazo, de pruebas con un propósito y efecto beneficioso, de pruebas o tentaciones permitidas o enviadas por Dios. El diccionario ilustrado bíblico dice: “El Señor prueba a las personas —Abraham (Gen. 22:1), Job (Job 23:10), Ezequías (2 Crónicas 2:31) — y a las naciones (Deuteronomio 8:2, 16; 33:8). A veces su prueba es severa y dolorosa (1 Corintios 11:32; Hebreos 12:4-11; 1 Pedro 1:7; 4:8-13), pero se origina en un amor santo. Hasta que Jesús regrese, Satanás tiene libertad para tentar a la gente a pecar, el es llamado el tentador y el adversario de los creyentes. Dios a veces usa esta tentación para probar a los creyentes. La tentación no es pecado: el pecado está en ceder.” Volviendo a la frase que nos corresponde. Sin embargo, sabemos que el Señor Jesús no habría insertado una petición superflua en esta oración, por lo tanto debemos encontrar una explicación adecuada a esta petición. A fin de entender estas palabras, debemos recordar primero que el término tentación tiene dos significados. Generalmente se refiere a pruebas o sufrimientos que tientan la fe del creyente y su devoción a Dios. Algunas veces, sin embargo, este mismo término se refiere a las seducciones del mal. Una segunda consideración es el reconocimiento del hecho que la palabra metas es mejor traducida traigas. El pensamiento que aquí se expresa es que Dios, en su providencia, a veces tiene a bien permitir sucesos y circunstancias que nos conducen a situaciones de prueba, para ver si los principios del cristiano, y aun su carácter, son los que pretende ser. Dios no trata de inducirnos al pecado como los hombres pueden hacer; pero por su providencia, nos expone a condiciones en las cuales podemos ser tentados al mal. Sin embargo, cuando resistimos tales situaciones, somos fortalecidos espiritualmente. Cuando oramos «no nos metas en tentación, más líbranos del mal», expresamos al Señor que somos conscientes de nuestra fragilidad humana. El creyente humilde que no confía en sí mismo, porque posee todavía una naturaleza pecadora, pide a Dios que no le ponga en una situación en la cual su fe a Dios puede ser tentada de un modo irresistible; pues sabe que Satanás es un enemigo poderoso y por lo tanto no confía en sí mismo para vencerle. 2 Corintios 12:8-9 “Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí.9 Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.”


IV.

¿SANCIONA CRISTO EL HURTO?

Marcos 2:23-28 “Y aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. 24 Entonces los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo? 25 Y Él les dijo: ¿Nunca habéis leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros, 26 cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él? 27 Y El les decía: El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. 28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” El comentario bíblico SIGLO 21 del Nuevo Testamento nos da unas informaciones claras acerca del contexto de estos versículos, citamos: “Tenemos la impresión, dadas las críticas hacia Jesús, que una de las señales del reino de Dios es la oposición por parte de aquellos que son ciegos al reino. En este pasaje la oposición fue porque los discípulos de Jesús, quienes tenían hambre, arrancaron espigas en sábado con lo que quebrantaban la serie complicada de leyes sabáticas. Jesús contestó a los fariseos citando ejemplos de las Escrituras que éstos no podían negar. El gran rey David quebrantó mucho más las leyes sabáticas cuando se vio en necesidad, y nadie le culpó. La ironía de decir: ¿Nunca habéis leído? a personas que eran consideradas expertas en las Escrituras es obvia, Jesús sabía valerse de tal ironía en momentos de argumento. El sumo sacerdote de la época en que David tomó esa acción era Ajimelec, el padre de Abiatar, pero el nombre no es pertinente al relato. Algunos rabíes en verdad creían y enseñaban que los humanos habían sido creados para observar el sábado. Jesús demostró lo absurdo de esto, enseñando que el sábado era la provisión cariñosa de Dios hacia nosotros para el descanso y la adoración.” Cuando los discípulos fueron con Jesús y arrancaban espigas de un sembrado para saciar su hambre con trigo, y Cristo les defendió de la crítica de los fariseos ¿no sancionó el robo y perjuicio que sus discípulos hacían en una propiedad ajena? 

La palabra sancionar significa: Dar fuerza de ley a una disposición, Autorizar o aprobar cualquier acto, uso o costumbre, Aplicar una sanción o castigo.

Pero ahora centrémonos en el tema que es lo que nos corresponde en este pasaje bíblico, es necesario conocer el por qué Jesús defendió a sus discípulos de las acusaciones de los Fariseos antes que reprocharles por sus actos.


De ningún modo, ya que este proceder estaba permitido en la ley de Moisés, según tenemos en (Deuteronomio 23:25) “Cuando entres en la mies de tu prójimo, entonces podrás arrancar espigas con tu mano, pero no meterás la hoz a la mies de tu prójimo.”, donde lo que se prohíbe es emplear una hoz en campo ajeno, pero no la pequeña cantidad que puede ser arrancada y triturada con las manos. 

La hoz de gr. drepanon, una herramienta utilizada para cortar las espigas). Estos eran utilizados principalmente para cortar las espigas, más en ocasiones eran utilizadas para podar.

Entonces aquí Jesús no está permitiéndole a sus discípulos que roben en las propiedades ajenas como pensaban los fariseos que además de pensar que estaban robando ellos estaban desobedeciendo una de las leyes sabáticas que con tanta refutación la imputaban a las personas. Se hacían ignorantes es por esto que Jesús les habla con la misma palabra acerca de un ejemplo con el rey David.

V.

¿ENDEMONIADOS O ENFERMOS?

Marcos 1:32 “A la caída de la tarde, después de la puesta del sol, le trajeron todos los que estaban enfermos y los endemoniados.” El comentario bíblico SIGLO 21 del Nuevo Testamento, agrega lo siguiente: “Sigue, al atardecer, cuando se puso el sol (es decir, no siendo ya el sábado cuando el “trabajo” de sanar a los enfermos era permitido) parecía que toda Capernaúm estaba reunida a la puerta, trayendo a los enfermos y los endemoniados. Marcos hace una distinción entre los dos grupos, pero Jesús sanó a los dos. Cuando Marcos dice que muchos fueron sanados, no quiere decir que algunos no fuero sanados, sino que sólo se está refiriendo a la cantidad de sanidades. De nuevo Jesús rehusó el testimonio de los demonios y los echó fuera.”  

Enfermedad: Alteración más o menos grave de la salud. Enfermedad: Pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual.

El diccionario ilustrado de la Biblia nos detalla acerca de las enfermedades lo siguiente: “Entre los antiguos israelitas, la enfermedad se consideraba como un problema teológico y religioso más que como un proceso natural. Las enfermedades se debían, casi en su totalidad, a transgresiones legales y al castigo divino por la desobediencia y el pecado. Podían ser causadas por Dios, por su ángel o por Satanás. Son también un medio utilizado por Jehová para probar a las personas, como el caso de Job.” ¿No hay idea de superstición en la expresión de “endemoniados”? Tan poco como hay idea de superstición en la expresión “tenían mal”. Esta equivale a decir “enfermos”, cosa bien palpable y positiva; la otra equivale a “poseídos”, cosa más


terriblemente positiva también. Cristo distinguía bien entre estas dos aflicciones, el científico o médico Lucas, lo mismo. El Señor trataba los dos males de modo bien distinto. Sanaba los enfermos, pero echaba los demonios. Así es que los endemoniados no estaban afligidos de enfermedad corporal ni mental, sino cautivos de algún espíritu inmundo. La Biblia da varios ejemplos de personas que fueron poseídas o influenciadas por demonios. De estos relatos, podemos conocer algunos síntomas de influencia demoníaca, así como adquirir conocimiento de cómo un demonio posee a alguien. Estos son algunos pasajes bíblicos: Mateo 9:32-33; 12:22; 17:18; Marcos 5:1-20; 7:26-30; Lucas 4:33-36; Lucas 22:3; Hechos 16:16-18. En algunos de estos pasajes, la posesión demoníaca causaba problemas físicos, tales como inhabilidad para hablar, síntomas de epilepsia, ceguera, etc. En otros casos causaba que el individuo actuara con maldad; Judas sería el mejor ejemplo. En Hechos 16:16-18, un espíritu aparentemente daba a la joven esclava la habilidad de saber cosas más allá de su propio entendimiento. En el caso del endemoniado gadareno que estaba poseído por una multitud de demonios, tenía una fuerza sobrehumana, andaba desnudo y vivía entre los sepulcros. Dios permitió que el rey Saúl, después de haberse rebelado contra Él, fuera atormentado por un espíritu maligno (1 Samuel 16:14-15: 18:10-11; 19:9-10) con el efecto aparente de un estado de ánimo depresivo y un creciente deseo y disposición de matar a David. Dice de esto un médico cristiano: “La posesión demoníaca no es desorden orgánico o corporal. La presencia de un demonio en ciertas personas, ni absorbe ni destruye su personalidad. El poseído se halla bajo el dominio de un espíritu que le tiraniza, suspende o encadena su libertad, le quita el dominio normal sobre su cuerpo, habla por su boca y trastorna sus sentimientos. El estado anormal de sus facultades no se debe a la condición malsana de su cerebro. Se debe a la acción violenta y revoltosa de una voluntad superior. La curación del poseído está fuera del alcance de la medicina. Sólo puede efectuarse por la influencia de otro espíritu.” Es cierto que hay un gran parecido entre un loco y un endemoniado, y que mediante inyección de drogas o choques eléctricos los psiquíatras de las clínicas mentales pueden equilibrar la razón a muchos enfermos; pero también es cierto que en ciertos casos la curación de un aparente loco puede realizarse por exorcismo u oración de fe, sin medicación alguna.


VI.

¿QUIEN INSITO A DAVID A CENSAR EL PUEBLO?

2 Samuel 24:1, 1 Crónicas 21:1 “De nuevo la ira del Señor se encendió contra Israel, e incitó a David contra ellos, diciendo: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.” “Y se levantó Satanás contra Israel e incitó a David a hacer un censo de Israel.” 

Incitar es: Mover o estimular a alguien para que ejecute algo.

Una corriente teológica nos aplica una breve información acerca del hecho: “¡Aquí no existe contradicción en lo absoluto! En 2 Samuel 24:1, Dios incitó a David a contar las tropas de Israel porque Dios estaba enojado con David. En última instancia, Dios quería enseñarle a David una lección. La lección era que no confiara en sus tropas, sino en Él. Así que Dios movió a David para que contara los guerreros de Israel. Pero al mismo tiempo Dios usó a Satanás para que fuera el agente de tentación y es por eso que nos dice en 1 Crónicas 21:1-2, que fue Satanás el que le incitó.” Son dos relatos diferentes de un mismo hecho. El caso es que Dios no quería que David se ensoberbeciese por el considerable número de guerreros que tenía a sus órdenes. En cambió Satanás deseaba que David lo hiciese. Sabemos, empero, que todas las cosas que ocurren están bajo el control del Omnisciente y Omnipotente. Si Satanás fue a tentar a David era con permisión divina, del mismo modo que, por permisión de Dios, afligió a Job. Un contexto histórico del ambiente de estas dos escrituras bíblicas, se nos muestra que antes de que el conocimiento fuese expuesto más a profundidad, no se conocía una divinidad maligna que provocara daños y sufrimientos como es lo que conocemos el poderío de Satanás, los antiguos hebreos consideraban que tanto las buenas obras, los acontecimientos divinos donde Dios se mostraba en favor de ellos solo podían ser entendidos hechos por Dios mismo, al igual también que creían que si Dios producía las buenas obras era también el autor de las obras negativas y las malas acciones como los castigos y tentaciones. Esto explica que los textos han tenido un periodo de 500 años en reconocer que fue Satanás quien produjo en David la motivación de censar al pueblo, ya que antes no se reconocía a Satanás como el tentador. Lo mismo pasa con el caso del rey Saúl donde se nos enseña en diferentes pasajes que Dios le enviaba un espíritu malo para atormentarle, 1 Samuel 16:14-15 “El Espíritu del Señor se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte del Señor le atormentaba.15 Entonces los siervos de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te está atormentando.” (Cf. 18:10-11; 19:9-10). Aquí se complementa más la información o la supuesta contradicción que ha durado tantos años en reconocerse, aproximadamente 500 años en reconocer la procedencia exacta de los males y afecciones producidos por influencias negativas.


VII.

ENDURECIMIENTO DEL FARAON

Éxodo 4:21 “Y el Señor dijo a Moisés: Cuando vuelvas a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón de modo que no dejará ir al pueblo.” Dicen los enemigos, que si Dios endureció el corazón de Faraón de suerte que se revelara contra El en consecuencia de tal endurecimiento, Dios mismo era responsable del pecado de Faraón, y, por consiguiente, Dios obraba injustamente tratándole como responsable y castigándolo por sus culpas. Pero, ¿acaso es esto lo que Dios hizo con Faraón? No, por cierto. Estúdiese toda la narración y se verá la verdad del caso. Se verá que esta narración no principia diciendo que Dios endureció el corazón de Faraón, sino que Faraón mismo endureció su propio corazón. 1) Veamos primero que Éxodo 4:21 no es texto histórico, sino profético, respecto al caso, y que la historia principia en el capítulo 5:2; al entrar Moisés y Aarón al rey explicando su comisión de parte de Jehová, Faraón contesta altanero, provocando a Jehová: “Pero Faraón dijo: ¿Quién es el Señor para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al Señor, y además, no dejaré ir a Israel” Esto aconteció antes de haber Jehová endurecido su corazón. Y para hacer alarde de su desprecio hacia Jehová, se dedicó a martirizar más cruelmente que antes a los israelitas. 2) Después, manifiesta Dios su potencia, mediante Moisés y Aarón a la vista de Faraón, y leemos: “Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho.” (no que Jehová lo endureció), cap. 7:13. 3) Luego siguen las plagas, y al cabo de la primera, leemos: «Y el corazón de Faraón se endureció.» Al cabo de la segunda: «Faraón agravó su corazón.» Al cabo de la tercera: «El corazón de Faraón se endureció.» Al cabo de la cuarta: «Faraón agravó aún esta vez su corazón.» Al cabo de la quinta: «El corazón de Faraón se agravó.» 4) Humanamente hablando, ya se había agotado la paciencia de la justicia divina, y hubo de recoger el fruto de su labor. Pues acabada la sexta plaga, leemos en 9:12: “Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como Jehová había dicho (pronosticado) a Moisés.” Es importante recordar que Faraón no era un hombre bueno o inocente. Él era un brutal dictador a quien no le importaba el terrible abuso y opresión que sufrían los israelitas, quienes para entonces se habían crecido a una población de más de 1.5 millones. Los faraones egipcios habían esclavizado a los israelitas por 400 años. Un faraón anterior – y posiblemente el faraón en cuestión – ordenó que los bebés israelitas que nacieran varones, fueran muertos al nacer (Éxodo 1:16). El faraón cuyo corazón Dios


endureció, era un hombre malvado, y la gente a quien gobernaba lo aprobaba, o al menos no se oponían a sus malas acciones. De modo que ¿Dios endureció realmente el corazón de Faraón? Cierto, y esto conforme a su «método universal» de tratar a los hombres rebeldes e impenitentes. Respecto a lo cual la Escritura nos revela que a los que prefieren el error a la verdad, «les envía Dios operación de error para que crean a la mentira»; a los que a pesar de advertencias y amonestaciones persisten en el pecado, Dios al fin «les entrega a la inmundicia, a una mente depravada, para hacer lo que no conviene». Esto parecerá duro, pero es absolutamente justo. 2 Tes. 2:9-12. Rom. 1:24-26, 28. “inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les enviará un poder engañoso, para que crean en la mentira, 12 a fin de que sean juzgados todos los que no creyeron en la verdad sino que se complacieron en la iniquidad.” 2 Tes. 2:9-12 “Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; 25 porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén. 26 Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; 28 Y como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen;” Rom. 1:24-26, 28 Pero aún nos queda una pregunta: ¿Cómo endureció Dios el corazón de Faraón? No tratándose aquí del corazón físico, sino del asiento de las afecciones, sentimientos y voluntad, podemos comprender que su endurecimiento no fue un acto físico ni un acto de violencia sobre la voluntad. Así es que Dios endureció el corazón de Faraón enviándole una serie de demostraciones palpables de su existencia y de su poder, juntamente con una serie de juicios sobre su persona y su reino. Si Faraón hubiese recibido estas manifestaciones humildes y dócilmente, habrían producido su arrepentimiento y salvación, pero arrostrándolo todo y oponiéndose a Dios voluntaria y orgullosamente, quedó endurecido por lo que podía servirle de eterna salud.


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