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Amaranto


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canción Allen Ginsberg

El peso del mundo es amor Bajo la carga de la soledad, bajo la carga de la insatisfacción el peso, el peso que arrastramos es amor. ¿Quién puede negarlo? En sueños toca el cuerpo, en el pensamiento construye un milagro, en la imaginación angustias hasta que nace en el ser humano — Observa desde el corazón ardiente de pureza porque la carga de la vida es amor, pero acarreamos el peso fatigosamente, y hemos por lo tanto de descansar en brazos del amor finalmente hemos de descansar en brazos del amor.. No hay reposo sin amor, ningún sueño sin sueños de amor ya sean locos o helados

Ginsberg, Allen, Aullido y otros poemas, página 63,Visor Libros, Madrid, 1981.

obsesionados de ángeles o máquinas, el deseo final es amor puede no ser amargo, puede no negar, puede no retener de ser negado: el peso es demasiado grande — ha de dar a cambio de nada como es entregado el pensamiento en la soledad en toda la excelencia de su exceso. Los cálidos cuerpos resplandecen juntos en la oscuridad, la mano se mueve hasta el centro de la carne, la piel se estremece de alegría y el alma acude gozosa a los ojos — Sí, sí, eso es lo que yo deseaba lo que siempre deseé, siempre deseé regresar al cuerpo donde nací.

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3 El Alma del rostro Tulio Petricolli

Amaranthus Spp.

Si pensamos que en la pequeña superficie de un rostro podemos ver infinitas formas diversas y reconocerlas, esto quiere decir que hay en ella una retícula tan infinitesimal de signos, de relaciones entre signos, la cual conforma un mapa casi inexplorable por su extensión. En este mapa, las relaciones son más importantes que las formas, pero sobre todo, en este mapason importantes los signos. Cuando miro un rostro, recibo de él una emoción y me dejo invadir por ella, pero luego debo traducir mis impresiones a signos. Debo leer las «palabras» pintadas en el rostro, las cuales, todas juntas, a través de su entramado de relaciones, hacen nacer dicha impresión. Debo por tanto, ver los signos de esos sentimientos. ¿Dónde está escrito que un rostro sea antipático? ¿Dónde está la palabra «dulzura», dónde están «firmeza», «ambigüedad»? Mirar bien quiere decir tener siempre ante los ojos una lente de aumento que hace visible lo que en un primer momento no conseguimos ver a simple vista (o con vista no entrenada, o apresurada, o no educada, o perezosa). El rostro está formado por dos partes, nunca totalmente simétricas. Tenemos tendencia casi por una especie de educación mental, a mirar por simetrías. Pero el rostro no es nunca simétrico. No hay un rostro que tenga una mitad igual a la otra. Unas veces, las dos partes están en total contradicción; otras, parecen construidas para equilibrarse. Como si un ojo se desviara para compensar al otro,que acaso es demasiado fijo. Creo que lo primero que hay que mirar en un rostro, cuando se hace un retrato, es la relación entre sus dos partes: la derecha y la izquierda. Es preciso trazar mentalmente una línea de separación entre ambas. El rostro, indudablemente, está hecho de relaciones, pero de unas relaciones que están situadas a la izquierda y de otras tantas relaciones que está situadas a la derecha; y estas relaciones, a su vez, no pueden dejar de relacionarse entre sí. Se pueden encontrar desequilibrios, conflictos, adiciones. Si uno tiene un ojo un poco convergente y el otro no, nos hallamos ante un tipo de estrabismo; pero si tiene los dos convergentes, nos hallamos ante un «carácter». Si miramos bien, y si pensamos en ello, nos damos cuenta de que cada elemento está compuesto de varias partes. Conrad habla del «pliegue de los párpados». No es fácil pensar en el pliegue de los párpados.A veces se habla del pliegue de los labios. Pero lo de que los párpados tengan pliegues es una intuición de Conrad.Los párpados tienen pliegues. Un pliegue hacia arriba o hacia abajo.

Pueden tener arrugas. Todos los componentes del rostro contienen una suma de detalles. Y todos estos detalles entran a formar parte del sistema de relaciones a que aludíamos antes. El rostro es una especie de microcosmos, donde todo está en equilibrio. En equilibrio precario, sin embargo. Porque participa el movimiento. Debajo de la piel hay una trama de músculos que activa el movimiento y da expresión al rostro. Y estos músculos, como ocurre en el gimnasio, se desarrollan, crecen, se hacen más fuertes cuanto más se les estimula. A menudo hablamos de cuerpos de gimnasio. Son los de quienes hacen gimnasia y hacen crecer sus bíceps o sus hombros. También nuestro rostro es una superficie ejercitada en el gimnasio, en el sentido de que los músculos que más se estimulan son los que se hacen más visibles. Pero ¿quién manda a los músculos que se muevan? Es el alma, nuestra parte más íntima y secreta, que quiere expresarse u ocultarse; que quiere salir de su envoltura: de esa especie de edificio en el que está confinada. El alma tiene dominio sobre los músculos. Los estimula a expresar de lo que ella cree, o lo que en ese momento desea. El cuerpo, en ocasiones, padece el malestar del alma. Yo tengo una pena, un dolor psíquico. Estoy mal. El cuerpo enferma. Para Groddeck, podemos incluso considerar una carie en un diente como un mal psíquico. Por lo tanto, la psiquis manda sobre el cuerpo. Puede ocurrir asimismo lo contrario. Sucede que si yo tengo algo que no funciona en mi cuerpo mi malestar somatiza al alma. Concreto: si tengo una nariz que no me gusta, mi alma sufre por ello. El sufrimiento se transmite de vuelta al cuerpo, entonces; y todo empieza de nuevo, haciéndose más complicado.Debajo del rostro, en suma, hay siempre un cuerpo.Cuando reflexiono sobre los paisajes tema que, junto con los retratos, es el que más me interesa en este momento– con frecuencia acude a mi mente una imagen de Stevenson. En la Tierra de la colcha, Stevenson, con la cabeza apoyada en el cojín, observa los pliegues del cubrecama, que se transforma en paisaje, montes, ríos, colinas, donde flotas y ejércitos y jinetes se cruzan en choques y batallas. Pero ¿qué es lo que Stevenson no dice, dejándonos la tarea de imaginarlo? Que debajo de las mantas de la cama hay un cuerpo que crea ese paisaje, que modula y transforma su superficie. Allí debajo están los miembros muy sensibles de un poeta, con sus sentimiento tos, su historia, su vida. El paisaje, la superficie del mundo en que vivimos, es un mórbido y delicado cubrecamas

sobre el cual debemos movernos de puntillas. El paisaje ha tenido un papel importante en mi vida, sobre todo en aquel fatigoso período de la adolescencia, al que he hecho alusión anteriormente. Es la visión más bella que tengo del pasado. El paisaje, el de mis colinas, naturalmente, fue la escenografía de los momentos de soledad en aquellos años, y por ende el lugar, el escenario, en el que me sentí actor solitario y grato. Este paisaje ha reaparecido ahora en mi pintura, aunque lo que hoy indago no es su pura y simple representación, sino un muro que me permite garabatear y escribir otras cosas, mezcladas con otros recuerdos. Por seguir con la metáfora teatral, es una escenografía hecha para un espectáculo que se actualiza continuamente. Pero, al margen de esta breve disgresión, si nos detenemos a reflexionar sobre ello, el rostro y el paisaje tienen todo un vocabulario que los asemeja. Tienen una anatomía y una fisiología que los aproxima. Hablamos de arrugas en relación con el rostro y de «arrugas» en relación con el paisaje; tanto en relación con el rostro como con el paisaje podemos hablar de etapas, depresiones, cortes, hoyos, hundimientos... Podríamos multiplicar lasafinidades léxicas. Yo miro un paisaje como miro un rostro. Y viceversa. En reciprocidad, hablo de «mapas» en referencia a rostros, al igual que hablo de rostros en referencia a mapas. Más allá de las metáforas, hay una única profundización visual. Tal vez el paisaje no tiene propiamente un alma, sin embargo percibo dentro de él una fuerza que determina las líneas de su superficie. Cuandomiro un paisaje, automáticamente me viene a la cabeza la pregunta de por qué están allí aquella arruga, aquella colina, aquella forma montañosa; qué impulso las ha hecho aparecer de la manera en que han parecido. Exactamente como hago con un rostro.


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Camuflaje Sofia Sanchez Navarro

Mi barba es mi camuflaje, soy dos personas al mismo tiempo, dos. Una con ella y otra sin ella. Definitivamente si pienso cambiar una parte es mi propio camuflaje, como todo tiene fallas, necesito perfección, quizá una aplicación para hacerla invisible en caso de necesitarlo, pero sin tener que rasurarme ¿sí me explico? Como super heroe, identidades separadas, vidas diferentes, Clark Kent lo hacía con lentes, yo tengo más estilo, tengo barba. Es sexy, atrae a las mujeres, normalmente se acercan a besarla, acariciarla y besarla de nuevo, hasta que conocen a mi madre, no les gusta ver tan fácil como sería ese hombre de barba poderosa en mujer, algo pasa que me aullenta toda la masculinidad que ésta me da, por ende mis relaciones terminan por ser esporádicas, razones para viajar, cambiarme de lugar con frecuencia, la maldición sexual que me manda a conocer chicas por todo el mundo, se enamoran tanto de mi que no me tengo que preocupar por trabajar, ellas me mantienen, vivo dos o un año con ellas. Así he vivido estos últimos años, en altamar, sal de sexo y amores perdidos en las historias del viento.

Ortiz Virgil, Twins, esculturas cerámicas, Nuevo México, 2012


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Nocturno en que nada se oye Xavier Villaurrutia En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable descenso sin brazos que tender sin dedos para alcanzar la escala que cae en un piano invisible sin más que una mirada y una voz que no recuerdan haber salido de ojos y labios ¿qué son los labios? ¿qué son miradas que son labios? y mi voz ya no es mía dentro del agua que no moja dentro del aire de vidrio dentro del fuego lívido que corta como el grito y en el juego angustioso de un espejo frente a otro cae mi voz y mi voz que madura y mi voz quemadura y mi bosque madura y mi voz, quema dura como el hielo de vidrio como el grito de hielo

aquí en el caracol de la oreja el latido de un mar en el que no sé nada en el que no se nada porque he dejado pies y brazos en la orilla siento caer fuera de mí la red de mis nervios más huye todo como el pez que da cuenta hasta siento en el pulso de mis sienes muda telegrafía a la que nadie responde porque el sueño la muerte nada tienen ya que decirse.


Amaranto se termino de imprimir el mes de septiembre de 2012,en la Ciudad de México. En su composición tipográca se utillizó la fuente Avenir.

CENTRO de diseño, cine y televisión. Institución de educación superior. Sierra Mojada 415, Lomas de Chapultepec, México D.F., 11000

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