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Olivera, N. (2011). Reflexiones sobre un viaje hacia la actualización psicológica

Reflexiones sobre un Viaje hacia la Actualización Psicológica

El día 28 de Mayo del 2011 se realizó una jornada de actualización psicológica en el aula magna de la Sede de Montes de Oca a la que asistimos alumnos de la Licenciatura en Psicología. El espíritu de la jornada estuvo relacionado con la posibilidad de plantear problemáticas actuales desde la experiencia y perspectiva de diferentes profesionales, para luego analizar las posibles proyecciones de las mismas en escenarios futuros. Se revisaron dos investigaciones recientes (2010) y dos problemáticas contemporáneas, porteñas y muy serias, que todavía no tienen solución. A continuación, se detallan los disertantes y sus respectivos temas: Dra. Brasesco, Verónica (El consumo de psicofármacos en mujeres); Lic. Prada, Carlos (Las madres abandónicas); Lic. Lunazzi, Pablo (Selección de personal) y Lic. Oosvelt, Gabriel (Los dispositivos grupales en los dispositivos de rehabilitación en relación a la constitución del sujeto). En todos los casos, se evidenció una actitud de receptividad y diálogo, con aceptación del pluralismo teórico, tanto entre colegas como en relación a nosotros, los alumnos. Se notó el esfuerzo por la integración de teorías y la capacidad para hacerlo, dando lugar a que cada uno de los presentes expresáramos una opinión personal frente a las cuestiones tratadas. Luego de mi participación en la jornada, quedé envuelta en un sentimiento que me llevó a reflexionar que queda demostrado que, aunque hablemos individualmente de: una investigación sobre el consumo de psicofármacos en mujeres, las madres abandónicas, la selección de personal y/o los dispositivos grupales en los dispositivos de rehabilitación en relación a la constitución del sujeto; es posible pensar una dinámica así como también un rol profesional del psicólogo con puntos de convergencia. Los analistas pueden ser libres en sus técnicas- tal y como vimos reflejadas ciertas diferencias entre los profesionales que compartieron su conocimiento durante la jornada- pero, no en su política. No


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podemos pasar por alto que el espíritu de trabajo de cada profesional debe respetar una ideología con coherencia interna y que, además, cabe preocuparse por el tipo de política pertinente para trabajar con la demanda actual -en el caso de los ya licenciados- y futura -en el caso del alumnado-. ¿De qué tiene que tratarse nuestro trabajo? ¿Vamos a hacer “política sobre” o “política con” otros? Si consideráramos hacer “política sobre”, responderíamos a una lógica asistencialista, según la cual, supondríamos saber lo que el paciente necesita. Si, en cambio, tomáramos la decisión de hacer “política con” otros, transitaríamos el camino del desprendimiento de las etiquetas y de los esfuerzos por “borrar a los sujetos”. Más bien tomaríamos un camino distinto, poniendo el acento del lado del sujeto y reconociéndolo como un ser responsable, capaz de encontrar sus propias respuestas. De todas formas, todas estas problemáticas, se nos presentan como un recurso inagotable, donde siempre quedará mucho por recapacitar. De allí también, la importancia fundamental de la actualización y el compromiso profesional. Ahora bien, si tenemos en cuenta la connotación del psicofármaco como sostén del sentido de la vida y lo reflexionamos en términos de Víktor Frankl (1905-1997) y la Logoterapia, podríamos decir que la búsqueda del sentido en la vida del hombre existe y es una constante desde la propia formulación del concepto. Sin embargo, hubo muchos momentos históricos, como por ejemplo la Segunda Guerra Mundial, en los que las personas parecieron haber fracasado en la tarea de encontrar el sentido de sus vidas y/o haberlo perdido. Frankl, estudió a sus compañeros del campo de concentración y descubrió que únicamente conseguían sobrevivir quienes, estableciendo un objetivo o meta, encontraban un sentido para su existencia sin renunciar a su libertad interna. Pese a que su libertad física estaba en manos ajenas, el poder de tomar decisiones personales y la actitud con la que ellos enfrentaban la situación en la que se encontraban, todavía les pertenecía. ¿Podríamos pensar que quienes consumen psicofármacos como sostén del sentido de sus vidas están renunciando en realidad a su propia libertad interna? En otras palabras, ¿Qué sucede cuando son los psicofármacos los que se

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adueñan del estado de ánimo de las personas y no ellas mismas quienes pueden controlarlos? Los psicofármacos apresan a los sujetos -y fíjense que no decimos personas sino sujetos- aún más de lo que cautivó a los individuos el campo de concentración. Allí, todavía podían contar con su libertad interior, pero aquí, son ajenos a la interpretación y manipulación de su propio control físico y mental. En la actualidad, cada vez más mujeres consumen psicofármacos para enfrentar sentimientos de insuficiencia o estados de estrés derivados de la multiplicidad de exigencias a las que deben responder - requerimientos de estudio para competir con los hombres en los diferentes puestos de trabajo, condiciones de belleza y todo lo que hace a una performance social requerida y aceptable para ser consideras como mujeres de éxito en el contexto de la vida urbana-. Nos preguntamos qué pasa con la frustración en las personas que consumen psicofármacos, ya que un sujeto no puede ser inmune a la misma. Sucede que, cual persona alcohólica bajo los efectos del alcohol, el consumidor de psicofármacos experimenta bajo sus efectos una suerte de obnubilación que lo aleja de la realidad concreta y consciente. Ahora bien, cuando el estado pasa, sólo quedan dos caminos: ir tras una nueva pastilla (análogo a tomarse otra botella) o hundirse en la angustia, que no es otra cosa, en realidad, que toparse con la vida y tolerarla. Las exigencias de la vida social nos empujan, algunas veces de manera lenta y progresiva y otras tantas veces de manera rápida y repentina, hacia un acantilado que nos resigna

a caer verticalmente hacia la nada, el fin, la muerte o la

polvareda del sujeto aniquilado, en el sentido del polvo acumulado debajo de la alfombra. Todo esto, hasta que: logremos empezar a arrancar el empobrecimiento del sujeto de raíz y abandonemos la tarea de despojarnos de nosotros mismos. El consumo del psicofármaco puede llevarnos a un lugar donde “La vida sea sueño” pero, cuando sus efectos pasen, advendrá el verdadero despertar. Nair Florencia Olivera.

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material docencia univesitaria

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