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El Poder de Servir

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CULTURA

FORTALECIENDO LOS

VALORES

Amistad: El Refugio que Construimos Juntos

Judith Diaz Delgado El Poder de Servir

LOS COLUMNISTAS

Sexualidad y Déficit Intelectual:Ver Más Allá de los Mitos, Reconocer la Dignidad

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Valores de Nuevo León, revista mensual #163 Febrero 2026. Editor Responsable: Zenyazhent Martha Esperanza Hernández Valladares. Número de Certificado de Reserva otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04 - 2016 - 071413220700 - 102. Número de Certificado de Licitud de Título y Contenido: 16776. Domicilio de la Publicación: Álvaro Obregón 315, Colonia Centro C. P. 64000, Monterrey Nuevo León, México Imprenta: SAGA IMPRESOS. Privada Felipe Ángeles No. 3003 Col. Argentina C. P. 64550, Monterrey Nuevo León, México Distribuidor, Zenyazhent Martha Esperanza Hernández Valladares, Bosques de Linda Vista, Del Caporal 937 San Nicolás de los Garza, C.P.66473 Nuevo León, México.

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FORTALECIENDO LOS VALORES

Por Zoe Uresti

Amistad: El Refugio que Construimos Juntos

Fotografía por:
Zoe Uresti

Febrero, el mes más corto del año, paradójicamente nos regala una de las lecciones más profundas y duraderas: no estamos solos. En medio del frío que aún sigue en muchos lugares, la amistad se convierte en ese abrigo invisible que nos sostiene. No hablo solo de los amigos de toda la vida, esos que conocen nuestra historia sin necesidad de palabras. Hablo también de esos compañeros de ruta que encontramos en los salones de clase, en el trabajo, en el transporte público o en una conversación casual en la cafetería. Porque la amistad, en su esencia más pura, es el arte de construir puentes donde antes había caminos individuales.

Vivimos en una era hiperconectada que paradójicamente padece una epidemia de soledad. Tenemos cientos de contactos digitales, pero pocas presencias auténticas. La verdadera amistad no se mide en "me gusta" ni en respuestas instantáneas a historias de Instagram. Se construye en la mirada atenta, en el silencio compartido, en el "aquí estoy" sin condiciones.

El escritor C.S. Lewis definía la amistad como ese momento en que dos personas se descubren caminando en la misma dirección. No se trata de fusionarse ni de perder la individualidad, sino de reconocer en el otro un eco que resuena, un impulso que nos anima a seguir adelante. Es "la complicidad de los cómplices que no necesitan hablarse para entenderse", Pablo Neruda.

En el contexto académico y profesional, la amistad suele ser vista como una distracción. Se nos enseña a competir, a destacar, a ver al otro como un rival que disputa la misma beca o el mismo puesto. Pero esta mirada empobrece no solo nuestra experiencia, sino también nuestro desempeño. Numerosos estudios confirman que el aprendizaje colaborativo (ese que ocurre entre pares que se apoyan genuinamente) es más profundo, significativo y duradero.

Un amigo en el salon es quien te pasa sus apuntes cuando te enfermaste, quien te explica con paciencia ese concepto que no logras comprender, quien te recuerda que un examen no define tu valor. Es también quien celebra tus logros sin envidia y te sostiene en tus fracasos sin titubear. En una sociedad que individualiza el éxito y privatiza el fracaso, la amistad es un acto de resistencia colectiva.

Fomentar relaciones sanas no significa idealizar la amistad ni exigir perfección. Toda relación genuina pasa por momentos de tensión, malentendidos y silencios incómodos. La clave está en cultivar algunos principios fundamentales como la confianza, el apoyo mutuo, la libertad y la reciprocidad.

Este febrero, más allá del comercial “Día del Amor y la Amistad”, mira a tu alrededor. Reconoce a esas personas que hacen tu camino más ligero. No necesitas grandes gestos ni declaraciones épicas. A veces, un mensaje inesperado, un "gracias por estar ahí" o simplemente preguntar "¿cómo estás de verdad?" puede encender una luz en el día de alguien. La amistad no es un lujo. Es un refugio, un espejo donde reconocemos nuestra humanidad compartida. Es "una sola alma que habita en dos cuerpos", Aristóteles. En un mundo que a menudo nos empuja a blindarnos, la amistad nos recuerda que solo somos plenamente humanos cuando nos abrimos al otro.

Que este febrero no pase sin que le digas a ese amigo o amiga lo importante que es en tu vida. Las palabras dichas a tiempo son semillas que germinan en los inviernos más duros.

Aventura:

OTRA VEZ CUBA

Por: Jose Manuel Guerrero Noyola Pbro.

Leo en el Evangelio: "denles Ustedes de comer" (Lc 9, 11-17)

Luego, leo en las noticias, que México envió dos buques a Cuba con alimentos, y me alegro.

Pero me cuestiona leer comentarios negativos en redes sociales; porque pareciera que somos cristianos de misa dominical y de rezos, pero no de obras de misericordia.

11 millones de cubanos, están padeciendo un castigo injusto, al tener bloqueada la compra de petróleo, por el imperio en turno.

Y no podemos aplaudir ese crimen.

Tenemos que respetar los derechos de todos.

Ellos deben solucionar sus agudos problemas, ante ese bloqueo infame que los aprisiona.

No tenemos derecho a invadirlos, y menos aun, a asfixiarlos.

Debe brillar nuestra solidaridad, no nuestro gesto amenazador.

Son los mismos cubanos los que tienen que decidir cómo desean que sea el país donde quieren vivir. Y a nosotros, los que no somos cubanos, nos toca apoyarles, animándoles a exigir el fin del embargo económico, y a buscar la paz con justicia. Dejemos que ellos hagan su propio camino en la búsqueda de la democracia, que ellos puedan unirse y organizarse para que unidos salgan adelante. A nosotros nos toca agradecerles todo lo que nos aportan, orar por ellos, y hacerles sentir nuestra solidaridad de siempre. Ojalá la Iglesia, con todos sus obispos, con toda su riqueza, con todas sus parroquias y con todos sus evangelizadores, se pongan del lado del pueblo, y lo acompañen valientemente en este proceso actual, dejando a un lado el miedo y confiando que “el Amor todo lo espera”.

Judith Diaz Delgado El Poder de Servir

Hablar de Judith Díaz Delgado es hablar de una mujer cuya historia personal se entrelaza de manera profunda con la historia social y política de México. Su trayectoria no nace en el poder, sino en la experiencia cotidiana de la pérdida, la responsabilidad temprana y la formación de valores sólidos que hoy se reflejan en su ejercicio legislativo.

Senadora de la República por Nuevo León, Judith Díaz no concibe la política como un espacio de privilegio, sino como una herramienta de transformación social. Su regreso al Senado ocurre en un momento histórico para el país: una nueva etapa política marcada por una participación ciudadana masiva y por la llegada de la primera mujer presidenta de México, contexto que, en sus palabras, significó un cambio “del cielo a la tierra” tanto para la vida pública nacional como para su propia historia política.

Pero antes de llegar a las tribunas legislativas, antes de los debates, las leyes y las decisiones de Estado, hubo una niña que aprendió muy pronto a resistir, una adolescente obligada a asumir responsabilidades de adulto y una joven que encontró en la educación y en la conciencia social el sentido de su vocación de servicio.

“No puedes legislar si no conoces el territorio ni a la gente que vive en él.”

RAÍCES DE FE Y PÉRDIDA TEMPRANA

Judith Díaz nació en 1958 en la Ciudad de México, en el seno de una familia profundamente ligada a la educación y a la fe. Hija de una profesora de educación primaria y de un ministro evangélico, desde sus primeros años de vida estuvo rodeada de valores espirituales y de una visión comunitaria de la existencia.

“Soy hija de una profesora de educación primaria y de un ministro evangélico”.

A los dos años, su familia se trasladó a Chiapas, donde vivió parte de su infancia. Sin embargo, su vida cambió de manera abrupta cuando, siendo apenas una adolescente, perdió a su madre.

“A los 14 años, 13 años, murió mi mamá, 1972, y desde entonces vivo en la ciudad de Monterrey, soy una hija adoptiva de esta gran urbe. Realmente llegué a vivir a San Nicolás y viví un gran tiempo de mi vida ahí”.

A su temprana edad cuando ocurrió este suceso que marcaría de manera definitiva su carácter y su manera de enfrentar el mundo, su padre queda viudo con varios hijos a su cargo, situación que obligó a la familia a reconfigurarse y a asumir nuevas responsabilidades. Tras la muerte de su madre, Judith y sus hermanos se trasladaron a Monterrey, ciudad que con el tiempo adoptaría como suya y que ella misma reconoce como el lugar donde se terminó de formar personal y socialmente. Creció en un hogar numeroso donde compartir, defender ideas y asumir tareas domésticas no eran opciones, sino condiciones de supervivencia cotidiana.

RESPONSABILIDAD, RESILIENCIA Y CARÁCTER

Ser la cuarta de ocho hermanos implicó aprender desde muy joven a hacerse escuchar, a tomar decisiones y a asumir responsabilidades que, en otras circunstancias, habrían correspondido a los adultos.

“Hoy somos siete hermanos, fuimos nueve primero hace muchos años murió un hermano pequeño, después murió mi hermano, el mayor, hace alrededor de tres años, está por cumplir ya cuatro años”.

Antes incluso de terminar la secundaria, Judith ya tenía a su cargo tareas domésticas, el cuidado de sus hermanos menores y la organización del hogar.

“Pues mi mamá murió cuando mi hermano, el más pequeño, nació, estaban muy chiquitos y mi papá se casa cinco años después de enviudar. Somos una familia bastante unida, la verdad, desde chica nos tocó la responsabilidad de aprender a cocinar”.

“Les digo de broma que yo aprendí en defensa propia, porque mi hermana, la que cocinaba, cocinaba muy feo”.

Judith reconoce como se fueron formando sus ideas y lo que era el compartir en una hermandad tan numerosa como lo es su familia.

“Te tenías que defender, si querías una concha tenías que pelearla, porque llegaban tres conchas, dos orejas, pan de dulce.

Mira, es una situación muy interesante tener una dinámica entre muchos hermanos, porque aprendes a compartir, a defender tus ideas; también me volví muy mandona, dicen mis hermanos y mis hijos que soy mandona, pero bueno, es que asumí responsabilidades desde pequeña”.

Su adolescencia estuvo marcada por la ausencia materna una experiencia que ella misma reconoce como un proceso no resuelto en su momento, pues la necesidad de “resolver primero y llorar después” se convirtió en una consigna de vida aprendida desde casa.

“En ese momento no lo procesas, en ese momento actúas, porque hay que hacerlo. Mi mamá nos había enseñado una frase “primero se hace y luego se llora”, o sea, usted resuelva ahorita y luego llora”.

“Eso a mí me hizo comerme mis lágrimas muchos años. Que lloré por mi mamá muchos años después. Ello te hace dura, te hace fuerte, pero también te falta esa parte de aprender a explorar tus emociones y aprender a transitar tus emociones”.

Esa fortaleza temprana, aunque necesaria, también dejó huellas emocionales que con el tiempo aprendería a reconocer y trabajar.

“Asumir responsabilidad, eso te permite aprender a tomar decisiones. También traes en tu cabeza las ausencias, el que se va tu mamá de casa para siempre, el que pierdes a un ser querido, también te forma, te forma para que seas resiliente al dolor”.

Una mujer que aprendió a través del dolor, a enfrentar la pérdida de un hermano, de su madre a tan temprana edad deja hullas en su alma, pero aprende de ello, aprende el valor de la vida y de lo humano.

“Un año antes de que mi mamá muriera, un camión atropelló a mi hermano más pequeño y muere mi hermano, recuerdo a mi papá parado frente al cuerpo de mi hermano y dijo: “nuestra vida está en las manos de Dios”.

“Creces con eso, fortalece tu fe, tu espíritu, tu vida se fortalece con esas pérdidas, pero obviamente también te quedan dolores, situaciones, vacíos, y creo que en mi caso sí tuve algún tema con la autoestima después, porque te sientes sola, te falta un factor muy importante que es la mamá, porque en nuestro país la mamá es el círculo en donde convergemos todos”.

Hoy en día agradece el haber llegado a sus vidas a Irma Guerrero quien la senadora reconoce como su madre ya que fue quien termino de formarlos.

“Y papá se casa con nuestra querida mamá que queremos mucho, Irma Guerrero Marín, una maestra, y ella termina de formar a mis hermanos”.

En medio de esa dureza, la música, el canto, el deporte y la vida comunitaria ligada a la iglesia se convirtieron en espacios de escape, expresión y fortalecimiento espiritual. Estas actividades no solo le permitieron sobrellevar las responsabilidades, sino también desarrollar una sensibilidad social y humana que más adelante sería clave en su vocación pública.

“Me gustaban mucho los deportes, practiqué deportes en Chiapas, jugaba futbol. Pero me gusta mucho la música y me gusta mucho cantar, creo que eso fue parte de mí y sigue siendo, si estoy en una fiesta canto. Creo que eso es parte de lo que te ayuda a salir adelante”.

“También tuve actividades en la igle-

sia, ya que mi papá era ministro, daba clases a los niños de historias bíblicas y eso te ayuda… Porque fortalece espiritualmente”.

Su adolescencia transcurrió en un México profundamente desigual y marcadamente patriarcal, contexto que influyó en su manera de comprender las limitaciones que enfrentaban las mujeres y en su posterior compromiso con la equidad de género.

“Tuve novio muy joven, casi entrando a la Normal, y tenía que decidir cuando terminó trabajar o casarme y fui a buscar una plaza y era de que váyase a Tabasco, a Chiapas, no me asustaba ir para allá, pero ya tenía novio, yo lo que quería era casarme más que irme a otro lado, la verdad, y él, no me hubiera dejado que me fuera”.

EDUCACIÓN COMO VOCACIÓN Y HERRAMIENTA DE CAMBIO

La educación fue siempre un eje central en la vida de Judith Díaz. Proveniente de una familia con tradición magisterial —abuelos, madre, tíos y posteriormente hijas dedicadas a la enseñanza—, su decisión de ingresar a la Normal Nuevo León fue una extensión natural de su historia familiar y de su convicción personal.

“En general hay una tradición, pero a mí me gustaba el magisterio y al final en mi casa, aunque mis hermanos son ingenieros, abogados, todos han sido maestros, hay una tradición. Mi hija, la mayor, es maestra, aunque es abogada y tiene un doctorado en otras cosas, en estudios de la comunidad y otras cosas culturales, lee mucho, al final es maestra”.

Su paso por la Normal estuvo marcado por la influencia de maestros forma-

“Mis heridas no se borran, pero no me definen; me enseñaron a seguir adelante.”

dores que dejaron una huella profunda en su visión pedagógica y social. “Tuvimos muy buenos maestros, Humberto Ramos Lozanos me dio clase, formadores, profesor Valenciano, maestro Bustillos, etc”.

“Y terminé la Normal chica, todavía joven. En ese tiempo además empiezo a participar políticamente”.

Aunque terminó sus estudios siendo aún muy joven, la experiencia de estar frente a un aula, incluso desde el servicio social, reforzó su conciencia sobre las desigualdades educativas y la necesidad de políticas públicas que atendieran a las comunidades más vulnerables.

“Cuando estas en cuarto año en la Normal te mandan a cubrí un año de servicio social, yo lo hice en la escuela Ignacio Zaragoza en el centro de San Nicolás. La verdad fue espectacular porque el director me dejó participar en todo lo que tú no te imaginas y lo disfruté mucho.

Salía en la mañana, comíamos y nos íbamos corriendo, comprábamos algo

de comer ahí en el camino y llegábamos a la escuela porque había que estar a la una, salías a las 12 de la normal, que estaba en Hidalgo y Venustiano, por ahí, y córrele a San Nicolás, la ruta 14 en ese tiempo y llegábamos corriendo a la primaria.

Fue un año muy formativo porque la escuela necesitaba reparación de baños y ahí voy yo de Argüendera a hablar a la alcaldía y a buscar que cambiaran los baños, hacer muchísimas cosas en la escuela”.

Posteriormente, ya como madre y en medio de una vida personal compleja, decidió continuar su formación académica e ingresó a la Facultad de Ciencias de la Comunicación, donde se formó como periodista entre 1980 y 1984. Esta formación le otorgó herramientas fundamentales para la vida pública: la capacidad de comunicar, de entender los procesos sociales y de construir discursos con sentido crítico.

“Tuve conciencia de participación social, entendía cuáles eran los distritos, cosa que mucha gente no sabía y que

no le importaba, a mí sí me importaba, me importaba lo público, pero sobre todo me importaba que se hiciera justicia.

Aprendí a defender electoralmente, tenía ya dos hijos, los tuve muy joven, tuve a mi hija mayor a los 20 y a mi hijo Manuel lo tuve a los 21.

Me voy a la facultad y sigo estudiando, porque yo quise, no, la verdad es que se le ocurrió al exmarido porque lo que quería yo era estudiar leyes, pero él dijo que no porque ahí había muchos hombres, entonces me fui a comunicación porque esa era la carrera que me quedaba. Me hubiera gustado estudiar leyes, pero mira, leyes lo aprendí a trancas, y comunicación me ha servido para todo”.

Aunque en su momento deseó estudiar Derecho, las condiciones sociales y familiares de la época limitaron esa posibilidad. Sin embargo, la vida política le permitiría, con el tiempo, aprender “a hacer leyes” desde la práctica legislativa, integrando su vocación educativa, su formación comunicativa y su experiencia de vida.

“Me toco un México muy macho en los años 74, 75, por ahí, 77, hasta los 80´s y los 85´s. Y aquí todavía se resisten, no quieren la paridad total, es increíble que haya municipios que no hayan tenido una alcaldesa”. ¡Por amor de Dios!

VIDA PÚBLICA Y DESPERTAR POLÍTICO:

Cuando la conciencia se vuelve responsabilidad

El tránsito de Judith Díaz hacia la vida pública no puede entenderse sin el contexto social y político que marcó a su generación. Su acercamiento a la política ocurre en un México convulso, donde los procesos electorales estaban lejos de ser transparentes y donde la participación ciudadana se limitaba, en muchos casos, a la resignación. Desde muy joven comprendió que el cambio no se producía de manera espontánea: requería organización, presencia y, sobre todo, voluntad de involucrarse.

“Hay muchas cosas que influyeron en mi vida en lo particular y que me fueron transformando, el 85 fue una. Porque me tocó el terremoto en la ciudad de México, ver cómo los gobernantes se quedaron sin saber qué hacer en el momento del terremoto.

Yo estaba ahí, lo viví, llegar el 20 de noviembre al centro de la ciudad, porque queríamos ver el desfile con los niños chicos y ver que los edificios seguían ahí, que los cuerpos seguían ahí, que no lograron sacar a todas las costureras, si ustedes recuerdan, pero fue la inmovilidad de las autoridades que no sabían qué hacer, la sociedad se organizó.

Eso es importantísimo, porque además fue un cambio y creo que yo soy una generación a la que le tocaron cambios radicales en la vida de nuestro país.

Creo que esos cambios abruptos sociales, me toca verlos algunos de afuera, en esta ocasión me tocaron ver de adentro. Muchas de las cosas que pasaron el 2006, sin duda también lo viví”.

Su primera experiencia política fue formativa. Le permitió entender el funcionamiento del sistema desde dentro: cómo se construían las campañas, cómo se definían los distritos y cómo, en muchos casos, la voluntad popular era ignorada. Esta etapa temprana no estuvo exenta de desencantos, pero lejos de alejarla, fortaleció su interés por lo público y su necesidad de buscar justicia desde los espacios institucionales.

“Todo lo que pasa aquí en la extinta Granja Sanitaria, La Colonia, todo lo que fuimos viviendo, cómo la gente tenía una necesidad de vivienda y el gobierno era omiso con ellas, hoy entiendo mucho, con mayor claridad lo que estas personas vivían y cómo se iban desarrollando en cada ciudad, cómo se fue descomponiendo el tejido social, es algo que a mí me tocó vivir.

Entonces adquieres una responsabilidad doble, porque fuiste viendo cómo la propia sociedad fue permisiva y fuimos permitiendo cosas que sucedían y cómo fuimos callando y construyendo o deconstruyendo lo que hoy tenemos.

Hay demasiadas señales a través de tu vida desde adolescente, de resiliencia, muchos conceptos en donde te vas formando, donde vas recuperándote de situaciones adversas”.

A diferencia de quienes llegan a la política desde el privilegio, Judith llegó desde la vida cotidiana: como madre joven, como trabajadora, como estudiante y como ciudadana consciente de que las decisiones públicas afectan directamente la vida privada de las personas.

EL SERVICIO PÚBLICO EN TERRITORIO: aprender desde la realidad

Uno de los pilares más sólidos de su trayectoria es el trabajo de base. Su paso por programas educativos y comunitarios no fue una etapa transitoria, sino una experiencia que definió su manera de ejercer el poder. Trabajar en bibliotecas públicas, alfabetizar adultos y recorrer comunidades alejadas del área metropolitana le permitió conocer un Nuevo León distinto al que suele aparecer en los discursos oficiales.

En el trabajo con CONAFE, Judith no solo observó carencias materiales,

sino desigualdades estructurales: comunidades sin acceso a educación digna, caminos intransitables, escuelas improvisadas y familias enteras excluidas de las oportunidades básicas. Estas vivencias le dieron una perspectiva clara sobre la importancia de diseñar políticas públicas que partan del territorio y no de estadísticas frías.

“Haber trabajado en CONAFE me permitió conocer los rincones del estado de Nuevo León, ir a la Sierra de la Siberia, allá en Zaragoza, a Rayones, hasta Casillas, en un lugar donde tienes que caminar, que el camino es terracería, pegado al río Pilón y vas viendo hasta que llegas a Casillas. Y llegar a esos lugares fue impresionante, o llegar a lugares como Los Garza allá en Aramberri, o ir al Peñuelo.

El Peñuelo es una comunidad que me marcó la vida, son cosas que te llenan de satisfacción, porque tú vas a lugares a donde nadie va. El Peñuelo es un lugar en donde tienen una mojonera y se juntan San Luis, Nuevo León, Coahuila y Zacatecas, a 12 kilómetros está El Salvador, Zacatecas, ir y conocer esas comunidades para mí es algo que no te lo puedo explicar ni siquiera con palabras, porque es algo que me llena.

Soy de las pocas mujeres que ha recorrido el estado de Nuevo León y así también hacia China, El Hueso, la Brecha del Becerro, que son intransitables en algunos momentos, pero todo eso, ir hasta La Corona, a Teran, comunidades hermosas. Eso a mí me cambió la vida”.

Este contacto directo con la realidad social se convirtió en un referente permanente de su ejercicio legislativo. Para ella, no es posible legislar con justicia si no se conoce a la gente, si no se caminan las colonias, si no se escuchan las historias que rara vez llegan a los escritorios del poder, legislar sin empatía, es legislar desde el desconocimiento.

“Aquí en Nuevo León tenemos aún comunidades en tremendas desigualdades, a donde no hay otra manera de que los niños se preparen más que CONAFE.

Tú no puedes hacer una legislación si no estás puesto en los zapatos de los otros para entender lo que viven. Para desarrollar la empatía tienes que conocer al pueblo, conocer la ciudad que gobiernas, la verdad he lamentado mucho que en estos últimos años quienes nos gobiernan no conocen ni siquiera la ciudad.

Estoy segura que si ahorita le pregunto a uno de nuestros gobernantes, a la cabeza o al que sigue o al otro, en dónde está la colonia Urbivilla, no me van a saber decir, ni van a saber entender que hay tres o cuatro Urbivillas, no van a entender que hay una en García, otra en Monterrey, no van a entender que la colonia Zimex ¿cómo se formó?, aquí por ejemplo en Santa Catarina, no te van a entender cuál es el proceso de los que han vivido en la fama porque nunca han ido, entonces pues no pueden tener empatía.

“Uno puede sentarse en la mecedora y decir ‘soy una mujer desdichada’, o sobarse las rodillas, levantarse y continuar.”

Para generar la empatía tienes que estar cercana a la gente, tienes que conocer, no necesariamente que hayas vivido tú los problemas, pero estar cerca”.

SER MUJER EN LA POLÍTICA:

Resistir, permanecer y transformar

Desarrollar una carrera política siendo mujer implicó enfrentar resistencias constantes. Judith inició su trayectoria en una época en la que la política era un espacio abiertamente masculino, donde las mujeres eran vistas como acompañantes y no como protagonistas. Las decisiones importantes se tomaban sin ellas y, en muchos casos, su presencia era tolerada más que reconocida.

“Era otro momento para las mujeres, todo era de permiso, hasta tu pasaporte tenía que firmarlo tu pareja. Hoy tú vas y tú como adulta puedes sacar tu pasaporte tú sola, en ese tiempo eso no existía, hasta si tú querías con-

tratar algo, tenía que firmarte el marido. Tú no podías comprar una casa tú sola, a menos de que fueras mujer soltera lo podías hacer, pero si estabas casada no, tenías que pedir permiso para contratar lo que fuera, era otro momento de la vida para las mujeres”.

Además de los prejuicios, existían barreras legales y culturales que limitaban la autonomía femenina. En ese contexto, permanecer en la vida pública requería no solo preparación y disciplina, sino una fortaleza emocional considerable. Judith aprendió a adaptarse, a resistir y a mantenerse firme sin perder de vista su propósito. Con el tiempo, la lucha por la equidad dejó de ser solo una causa colectiva para convertirse también en una experiencia personal. Entendió que abrir espacios para las mujeres no era un

gesto simbólico, sino una necesidad democrática. Su permanencia en la política es, en sí misma, una forma de resistencia y una referencia para las generaciones que hoy encuentran un camino más abierto gracias a quienes insistieron antes.

ADVERSIDADES PERSONALES:

Nombrar lo que durante años fue silencio

Uno de los aspectos más significativos de su historia es la manera en que ha decidido hablar de las adversidades personales que enfrentó. Judith no edulcora su pasado ni lo utiliza como discurso fácil; lo nombra con la claridad de quien ha reflexionado profundamente sobre sus propias heridas. Es sobreviviente de abuso sexual infantil, una experiencia que marcó su

autoestima y su manera de relacionarse consigo misma y con el entorno. A ello se suma la vivencia de la violencia doméstica en su vida adulta, una realidad que durante años fue normalizada socialmente y que muchas mujeres aceptaban como parte inevitable del matrimonio.

“Soy una mujer resiliente de por sí, porque soy una mujer que vivió abuso sexual infantil, soy sobreviviente de abuso sexual, soy sobreviviente también de una orfandad que te marca y soy sobreviviente de violencia doméstica. Me divorcio por violencia.

“Soy una mujer que tuvo la autoestima en ceros y creo que uno puede escoger entre sentarse en el sillón o la mecedora y decir ¡soy una mujer muy desdichada!, ¡me va muy mal!, o sobarte las rodillas, levantarte y continuar en la vida formada por la resiliencia, por las heridas que traes, sí son mis heridas, ahí están, no se borran. Pero puedes tomar la decisión de seguir adelante tú sola”.

Estas experiencias no solo generaron dolor, sino también una comprensión profunda de cómo opera la violencia estructural contra las mujeres: desde el silencio, la culpa y la invisibilización. Judith reconoce que durante mucho tiempo creyó que “así eran las cosas”, reflejo de una cultura que no nombraba ni sancionaba estas violencias.

“Al final te va haciendo una amalgama tu vida que te permite sí, ser resiliente, pero luego también sacas los guantes y te defiendes porque ya pones un alto.

Pero también te sirve para ayudar a otras mujeres, no porque seas un ejemplo, pero sí podemos ayudar a otras a salir adelante y a enseñarles a tomar decisiones. El asunto es que tú no naces con un plan de vida, tú tienes

“La resiliencia no es no caer, es decidir levantarte una y otra

vez.”

que construir tu plan de vida, te tienes un día en tu vida que sentar y decir ¿A dónde voy?, ¿Qué quiero?, ¿Qué me motiva?; pero es que eso no te lo enseñan”.

La decisión de divorciarse no fue solo un acto personal, sino también un punto de quiebre. Representó recuperar la voz, la autonomía y la posibilidad de reconstruirse desde otro lugar.

DEL DOLOR INDIVIDUAL AL COMPROMISO SOCIAL

Las heridas no desaparecen, pero pueden transformarse. Judith Díaz eligió convertir su historia personal en una herramienta de empatía y acción. Su experiencia le permitió comprender que ninguna mujer vive sola la vio-

lencia, aunque muchas la enfrenten en soledad. Desde esta conciencia surge su compromiso por impulsar leyes, políticas y redes que acompañen, protejan y fortalezcan a otras mujeres.

“Creo que en este momento que hay una política pública que apoya mucho a las mujeres, a las empresarias, a las artesanas, a las indígenas, a las que traemos heridas, dolores y todo, creo que este es el momento de que se levanten y que impulsen el mundo”.

Para ella, la resiliencia no es una narrativa de superación superficial, sino un proceso complejo que implica reconocerse vulnerable, tomar decisiones difíciles y construir una vida distinta a partir de las propias cicatrices. Esta visión atraviesa su trabajo políti-

co y su manera de entender el servicio público.

“Para las mujeres de hoy y las jóvenes de hoy es diferente, hoy por ley las mujeres pueden participar en igualdad, hoy por ley las mujeres tienen acceso a lo que antes no teníamos, hoy las cosas ya tienen nombre.

Antes no existía la violencia doméstica porque no tenía nombre, es decir, existía, pero no tenía nombre, no estaba visibilizada, hoy está penada esa violencia, hoy hay leyes que le permiten a la mujer salir adelante y pienso que este es el momento para que todas aquellas que han tenido alguna duda sobre sí misma tomen conciencia, se levanten y salgan adelante.

Y lo más importante es tejer una red de mujeres que sostenga a otras mujeres por lo que ellas quieran hacer”.

Judith sostiene que quienes llegan a los espacios de poder tienen la obligación ética de no olvidar su historia ni cerrar los ojos ante el dolor ajeno. Su vida pública, marcada por la experiencia personal y la cercanía con la realidad social, es testimonio de una política que no se ejerce desde la distancia, sino desde la memoria, la empatía y la responsabilidad colectiva.

Valores que orientan su ejercicio público

Los valores que sostienen la vida pública de Judith Díaz no son conceptos abstractos, sino principios vividos. La honestidad, la transparencia, la empatía y la perseverancia atraviesan su discurso y su práctica política. Ella misma ha insistido en que la vida de quienes ocupan cargos públicos debe ser una “caja de cristal”, visible para la ciudadanía y libre de privilegios injustificados.

“Creo que en mí se forjó algo como fortaleza, terquedad y perseverancia. Pienso que hay cosas que no se esconden, como cuando traes una guayaba, todo el mundo huele y sabe que traes una guayaba contigo. Así es la transparencia, así es la vida. Pienso que yo he sido muy transparente también en mi vida.

No me he hecho rica en la política, no tengo más que la casa que he comprado. Creo que la vida de los políticos tiene que ser así, como una caja de cristal

donde todos puedan ver qué tienes. Se han creado mecanismos para eso”.

Otro valor central en su trayectoria es la responsabilidad social. Judith sostiene que quienes llegan a la vida pública no lo hacen solos y que cada cargo implica una deuda con la sociedad. Esa visión la ha llevado a defender una política cercana, austera y enfocada en resultados, más que en discursos o protagonismos.

“Este camino está pavimentado por muchas mujeres atrás que decidimos ayudar a que este camino se pavimentara.

No llegaron solas, no llegaron porque quisieron, no llegaron porque sí, llegaron producto del trabajo de muchas otras que impulsaron desde la Revolución, desde la Independencia, que lucharon por otras, este movimiento de las mujeres ayudó a eso. Pero además no somos entes solidarios ni quere-

mos el país de las Amazonas en este mundo.

Hoy tenemos que caminar de la mano de los hombres y ayudar también a los hombres a sanar todas las cosas que los hicieron a ellos actuar como muchos de ellos actúan y crear ciudades seguras para las mujeres, trabajar para ellas y constituirnos como una sociedad más solidaria, hombres y mujeres”.

EL SENADO COMO ESPACIO DE RESPONSABILIDAD HISTÓRICA

Su regreso al Senado de la República ocurre en un momento clave para México y para Nuevo León. Judith asume esta responsabilidad consciente de que no se trata solo de ocupar un escaño, sino de representar a miles de personas que depositaron su confianza en un proyecto de transformación profunda del país. Desde el Senado, ha enfocado su tra-

bajo en temas estratégicos como la educación, la equidad social, la alfabetización, el fortalecimiento de instituciones como CONAFE y INEA, y la reconstrucción del tejido social. Para ella, la educación sigue siendo el eje central del desarrollo y la herramienta más poderosa para combatir la desigualdad.

“Me gustaría hoy buscar que el modelo de CONAFE permanezca en el país, porque aún se requiere, porque todavía tenemos comunidades muy alejadas.

Yo estoy contratada por el pueblo de Nuevo León para hacer leyes que mejoren la vida de todos los demás.

Hoy con la visión clara que tenemos en la Cuarta Transformación de bienestar para todos, esto no puede estar ajeno.

Fortalecer al INEA, esa es una situación importantísima, porque aún seguimos teniendo en este país personas que no saben leer, que no saben escribir o que tienen sus estudios truncos por situaciones de desigualdad del país, hoy lo tengo mucho más claro”.

Su labor legislativa está marcada por una visión integral: no concibe las leyes como documentos aislados, sino como instrumentos vivos que deben responder a realidades concretas. Por ello, su trabajo se articula entre la tribuna, el territorio y la escucha constante de la ciudadanía.

FE SIN DOGMA:

Una espiritualidad que sostiene, no que impone

Para Judith Díaz Delgado, la fe no es una bandera política ni un discurso para convencer a otros. Es un ámbito profundamente personal, íntimo, que

“Durante años creí que ciertas violencias eran normales, hasta que entendí que no lo eran.”

pertenece a su historia y a su manera de entender la vida. Criada en un entorno donde la espiritualidad formaba parte de lo cotidiano —hija de un ministro evangélico—, Judith aprendió desde pequeña que la fe puede ser una fuente de fortaleza, pero también que no debe confundirse con la imposición religiosa.

“Cuando tu vida espiritual y tu fe están fortalecidas, sabiendo que dependes de alguien y que alguien está para cuando tú tienes un problema y que puedes acudir a él, obviamente te fortalece, te da confianza para seguir adelante. Así me formaron a mí”.

Ella misma se define con claridad: no es una mujer religiosa en el sentido institucional del término, pero sí es una mujer de fe. Su relación con Dios no pasa por el dogma ni por la prédica, sino por la convicción interna de que existe algo superior que acompaña, sostiene y da sentido en los momentos más difíciles.

“La fe es la certeza de lo que no se ve, tener la convicción de que va a venir. No soy religiosa, sí creo en Dios, tengo una relación con Dios y soy una mujer de fe”.

Para Judith, la fe no reemplaza la responsabilidad individual ni la acción social. Al contrario, la fortalece. Creer no significa esperar pasivamente, sino tener la certeza de que incluso aquello que no se ve puede construirse con trabajo, ética y compromiso. Desde esa perspectiva, la espiritualidad se convierte en una brújula interna que orienta decisiones, pero no justifica abusos ni silencios.

“Tu estructura de fe también te puede ayudar a no caer en lo que muchos caen, como la corrupción. Y al final la estructura de fe le sirve a la gente también para no corromperse, pero también para ayudar en la recomposición del tejido social que tanta falta nos hace en estos días”.

Al reflexionar sobre la historia y los grandes cambios sociales, Judith encuentra coincidencias claras entre quienes lograron transformar realidades profundamente injustas: todos tenían una estructura espiritual sólida. En ese sentido, menciona figuras universales como Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., líderes distintos en contexto y cultura, pero unidos por una convicción profunda que iba más allá del poder político o militar.

“Pero yo te pongo un ejemplo de los grandes, de dos grandes al menos.

¿Por qué podía hacer lo que hizo Gandhi en la India?

-Porque estaba fortalecido espiritualmente.

¿Por qué pudo hacer lo que hizo Luther King en su historia?

Porque estaba fortalecido, eso pienso yo. Y eran diferentes, pero su estructura de fe estaba firme”.

Para ella, la fortaleza espiritual fue el cimiento que permitió a Gandhi encabezar una lucha pacífica frente a un imperio, y a King sostener un movimiento por los derechos civiles en medio de la violencia y la discriminación. No se trataba solo de estrategias políticas, sino de una coherencia interna que les permitió resistir sin traicionarse a sí mismos.

Judith ve en estos ejemplos una lección vigente para la vida pública contemporánea: la fe —entendida como convicción ética y espiritual— puede ser un antídoto contra la corrupción, el cinismo y la deshumanización del poder. No como discurso moralista, sino como estructura interna que impide perder el rumbo.

-¿Para ti qué es el éxito? “Pienso que es como la felicidad, son facetas, no es, allá está la felicidad, córrele tras ella, no, son espacios. Yo he tenido momentos exitosos y momentos no tan exitosos. Entonces para mí son momentos, no es el llegar a un lugar, no es un destino, es un camino”.

UNA VIDA CON PROPÓSITO Y MEMORIA

La historia de Judith Díaz Delgado es la de una mujer que no separa su pasado de su presente, ni su vida personal de

su compromiso público. Sus heridas, lejos de ocultarse, se transformaron en empatía; su fe, lejos de imponerse, se convirtió en fortaleza; y su trayectoria política, lejos de buscar protagonismo, se sostiene en la coherencia. Hoy, desde el Senado de la República, representa a Nuevo León con una convicción clara: la política solo tiene sentido cuando se ejerce con honestidad, cercanía y propósito. Judith aspira a ser recordada no por los cargos que ocupó, sino por el trabajo realizado, por la congruencia entre lo que dijo y lo que hizo, y por haber servido sin traicionar sus valores.

“Quiero que la gente me recuerde como alguien que sirvió, que apoyó, que trabajó, como una mujer trabajadora y honesta”.

Judith es una mujer que la inspira constantemente la diversidad de temas y necesidades en nuestra sociedad y en la continua lucha de exigencia de justicia y valor por parte del Estado y el País.

“Me inspira también saber que este Estado se construyó hace muchísimos años y que a nadie se le ocurrió que necesitábamos un puente mucho más grande en Constitución y Gonzalitos, que a nadie se le ocurrió, eso me inspira.

Me inspira la injusticia de la gente que tiene alguna situación del Poder Judicial y que nunca pudo prosperar, que tienen 20 años ahí con la bronca y no, ¿Por qué?, Porque no, porque así es, ¿Sabes?

Y te voy a decir por mí misma, porque yo pensé que así era, que estaba bien que el marido te diera unas cachetadas. Que así era y me doy cuenta de que mucha gente piensa que así es y no, no es así. Uno puede aspirar al bienestar, eso me inspira, me inspira y me apasiona y me saca la Judith de adentro a luchar por esas cosas, creo que es lo que nos inspira la final a los seres humanos”.

En tiempos de desconfianza y polarización, su historia recuerda que es posible construir una vida pública íntegra, que la transformación social comienza con decisiones personales y que la fortaleza más duradera no siempre es la que se grita, sino la que se sostiene en silencio.

Judith Díaz no solo habla de cambio: lo encarna, su mensaje es claro, honesto y necesario en un tiempo que exige más consciencia, más humanidad y más acción.

LOS COLUMNISTAS

VE DONDE OTROS NO VEN

Sexualidad y Déficit Intelectual: Ver Más Allá de los Mitos, Reconocer la Dignidad

Hablar de sexualidad en personas con discapacidad intelectual sigue siendo, para muchos, un tema incómodo. A menudo se evita, se minimiza o se distorsiona. Sin embargo, cuando decidimos ver donde otros no ven, descubrimos una realidad fundamental: las personas con déficit intelectual sienten, desean, aman y necesitan vínculos afectivos igual que cualquier otra persona.

La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por limitaciones significativas en el

funcionamiento intelectual y en las habilidades adaptativas. Está presente desde la infancia y puede tener diversas causas: prenatales (factores genéticos, enfermedades durante el embarazo, consumo de sustancias), perinatales (complicaciones durante el parto) o postnatales (meningitis, traumatismos, tumores). También existen factores ambientales como la desnutrición, negligencia o falta de estimulación.

Pero más allá de la causa, es imprescindible recordar algo esencial: la discapacidad in-

telectual no implica una limitación emocional. Las personas con esta condición no son asexuadas ni incapaces de amar. Negar su dimensión sexual es negar una parte central de su humanidad.

EL IMPACTO EN LA FAMILIA:

Un proceso emocional profundo

El diagnóstico de una discapacidad intelectual transforma la dinámica familiar. Padres y madres atraviesan un proceso emocional complejo que puede incluir negación, enojo, negociación, depresión y finalmen-

te aceptación. Estas etapas no son lineales ni iguales para todos, pero forman parte del camino hacia la comprensión y el acompañamiento consciente.

En este proceso, muchas veces la sexualidad del hijo o hija queda relegada. La sobreprotección se convierte en una respuesta común. El miedo al abuso, al rechazo social o al “qué dirán” puede llevar a invisibilizar sus necesidades afectivas y sexuales.

Sin embargo, la sobreprotección excesiva limita el desarrollo de habilidades sociales, autonomía y comprensión del propio cuerpo. Cuando evitamos el tema, no protegemos: desinformamos.

SEXUALIDAD Y DISCAPACI-

DAD INTELECTUAL:

Romper mitos

Existen múltiples creencias erróneas alrededor de la sexualidad en personas con discapacidad intelectual: Que son asexuadas, que no pueden consentir, que no necesitan educación sexual, que no pueden disfrutar relaciones afectivas, que no pueden formar pareja o ser padres.

Estos mitos generan barreras más fuertes que la propia discapacidad. La realidad es que el desarrollo saludable de la sexualidad contribuye al bienestar emocional, autoestima e integración social.

También es importante reconocer la diversidad sexual y de

género. En ocasiones, cuando una persona con discapacidad intelectual expresa una identidad de género diversa u orientación no normativa, se atribuye erróneamente a “confusión”. Esto puede derivar en mecanismos de represión o negación de derechos. La identidad sexual no desaparece por existir una discapacidad.

Ver más allá implica comprender que la dignidad no depende del coeficiente intelectual.

EDUCACIÓN SEXUAL:

Una herramienta de protección y autonomía

La educación sexual en personas con discapacidad intelectual no es opcional: es un derecho y una necesidad.

Desde la infancia es fundamental trabajar el concepto de conductas públicas y privadas. Enseñar, con materiales concretos y adaptados a su contexto, qué comportamientos son adecuados en espacios públicos y cuáles pertenecen al ámbito privado. No se trata de reprimir, sino de orientar.

Aspectos clave en la infancia incluyen: Identificación de partes del cuerpo y partes privadas, control de esfínteres y autonomía en el aseo, diferenciación de tipos de saludo según la persona, expresión adecuada de afecto, aprendizaje de reglas sociales y respeto de turnos.

de decisiones y la expresión de emociones y necesidades.

La promoción del consentimiento es esencial. Enseñar a decir “sí” y “no”, reconocer límites propios y ajenos, y detectar situaciones de abuso constituye una herramienta de protección poderosa.

DERECHOS, DIGNIDAD Y ACOMPAÑAMIENTO

Las y los menores con discapacidad intelectual tienen derecho a: Educación sexual adecuada, información clara y accesible, comunicación abierta con sus cuidadores, prevención y protección contra abusos, apoyo profesional especializado y desarrollo de autonomía.

Simultáneamente, debe fortalecerse la autoestima, la toma

La familia es el primer agente educativo. A través del afecto, el respeto y el ejemplo, modela valores que acompañarán a la persona toda la vida. La escuela complementa este proceso. Cuando evitamos hablar de sexualidad en discapacidad intelectual, perpetuamos la exclusión. Cuando educamos, acompañamos y respetamos, promovemos inclusión real, la sexualidad no es un privilegio reservado a quienes cumplen ciertos estándares intelectuales, es una dimensión humana universal.

Porque la verdadera inclusión no consiste solo en permitir la presencia, sino en garantizar el respeto integral de la persona, y eso incluye su derecho a amar y ser amado.

TODO POR MÉXICO

Gonzalo Montiel Saavedra

En el año de 1986 México fue sede de la Copa Mundial del Futbol y la Presidencia de la República en coordinación con el Ejercito Mexicano y Marina, crean una unidad de elite denominada “Fuerzas Especiales de Reacción Inmediata de Alto Mando” (FERIAM), su objetivo principal era la de movilizar unidades de reacción y combatir de manera quirúrgica y que pudieran infiltrar, atacar y destruir al enemigo sin afectar a la población civil durante los partidos de futbol ante cualquier eventualidad o actos terroristas, posteriormente participaron en los enfrentamientos con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en donde la logística y el desarrollo de estrategias fueron de gran importancia en el combate frontal con dicho grupo subversivo, en 2004 cambian de nombre a “Cuerpo de Fuerzas Especiales” (CFE), e inician operaciones para combatir al narcotráfico.

¿Pero quienes forman parte de estas fuerzas especiales que son consideradas como las mejores del mundo?

no, guerra de guerrillas, operaciones anfibias, manejo de inteligencia en situaciones extremas, paracaidismo, supervivencia, adiestramiento físico y de resistencia, cuentan con un historial impecable, conocimientos sobre medicina táctica y comunicaciones, así mismo se someten a exámenes rigurosos como psicológicos, físicos y médicos entre otros.

Actualmente Sinaloa se ha convertido en el estado más blindado del país con cerca de 3 mil elementos de fuerzas especiales, el 25 de julio arribaron a la entidad 150 integrantes de fuerzas especiales y 150 fusileros paracaidistas, para el 27 de julio un refuerzo de 90 efectivos llego para fortalecer las labores de patrullaje y combate directo en zonas críticas en Culiacán, en septiembre de 2024 a la fecha, en Sinaloa se han desplegado cerca de 2900 soldados especializados, este estado no es el único con despliegues importantes de soldados elite denominados los murciélagos por su naturaleza sigilosa y de actuar en la noche, teniendo presencia en Zacatecas con 300 soldados y en Jalisco llegaron 90 el 5 de agosto del año pasado,

A diferencia de las tropas regulares los CFE portan armamento y tecnología de vanguardia destacando los fusiles de asalto como el FX-05 de diseño ciento por ciento mexicano, pistolas de alto rendimiento como la Glock 17 y 19, Sig Sauer P226 y Beretta, en apoyo de fuego, emplean ametralladoras ligeras como la FN Minimi y la M249, y a ello se suman los lanza granadas entre otros. Algunas veces trabajan en conjunto con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la FGR y la GN.

Así que no olvidemos la existencia de soldados de gran nivel para salvaguardar la soberanía nacional y que su lema vibra y suena fuerte con gran intensidad en todos los rincones de nuestro país:

La fortaleza del hombre radica en el dominio de su mente, su grandeza se conoce por la humildad de su espíritu, la honradez de su alma y su voluntad de vencer.

Son soldados destacados, tienen entrenamiento riguroso en combate urbay más de 10 mil elementos se han desplegado en las fronteras de Sonora, Chihuahua, Baja California, Nuevo León Tamaulipas y Coahuila.

MUSEO

Museo La Milarca invita al taller

“Epístolas Medievales” por el Día del Amor y la Amistad

Monterrey, N.L. — En el marco de la celebración del Día del Amor y la Amistad, el Museo La Milarca ofrecerá el taller “Epístolas Medievales. Cartas de Amor y Amistad para San Valentín”, una actividad que busca rescatar el valor de la escritura como medio esencial de comunicación durante la Edad Media, al tiempo que brinda una experiencia creativa y lúdica para todas las edades.

El taller se realizará el próximo 14 de febrero en tres horarios: 12:00, 14:00 y 16:00 horas, dentro de las instalaciones del museo. De acuerdo con Paloma García, Jefatura de Servicios Educativos y Atención al Público, la actividad incluirá una introducción dinámica sobre qué son las epístolas y cómo se utilizaban durante la Edad Media, explicando de manera clara y visual la importancia de las cartas en una época en la que no existían medios digitales. Durante la sesión también se abordará el concepto del amor cortés y la tradición de San Valentín, presentados de forma accesible para personas de todas las edades. Los asistentes podrán conocer ejemplos de cartas medievales y observar elementos característicos como letras capitulares, uso del color y detalles ornamentales, con especial

énfasis en los aspectos decorativos.

El objetivo del taller es despertar el interés por la historia y estimular la creatividad, permitiendo que cada participante cree su propia epístola inspirada en modelos históricos. Al finalizar, los asistentes podrán redactar una carta de amor, amistad o agradecimiento dirigida a una persona especial. En el caso de los niños, se brindará acompañamiento con sugerencias guiadas que faciliten la escritura y el dibujo.

Todos los materiales estarán incluidos, desde hojas con diseños inspirados en arcos medievales hasta bolígrafos, lápices, colores y diversos artículos decorativos. La actividad no tendrá costo adicional para los visitantes del museo; sin embargo, el cupo es limitado, por lo que se recomienda llegar con anticipación. Para más información, el público puede consultar la página web www.museolamilarcha.mx o seguir las redes sociales del museo en Facebook, Instagram y TikTok como @museolamilarca.

TURISTA URBANO

Paseo Santa Lucía y Parque Fundidora

(Plan gratuito, cultural y romántico para febrero)

“Un recorrido entre agua, historia y naturaleza en el corazón de Monterrey”

Si buscas un plan para disfrutar en pareja, en familia o con amigos este mes de febrero, el Paseo Santa Lucía y el Parque Fundidora son una opción ideal. Este espacio combina historia, cultura, naturaleza y actividades recreativas en un mismo lugar, convirtiéndose en uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad.

El Paseo Santa Lucía es un canal artificial de 2.5 kilómetros que conecta la Macroplaza con el Parque Fundidora. A lo largo del recorrido podrás caminar junto al agua,

cruzar puentes, disfrutar murales, áreas verdes y esculturas, o bien tomar el paseo en lancha para vivir la experiencia completa.

Al llegar a Fundidora, encontrarás amplios espacios para picnic, renta de bicicletas, zonas infantiles, museos y espacios culturales como el Horno 3, Cineteca Nuevo León y el Centro de las Artes. Es un lugar perfecto para tomarse fotos, hacer ejercicio o simplemente relajarse.

Ideal para:

Citas románticas al atardecer

Paseos familiares los fines de semana

Sesiones de fotos

Picnic con amigos

Acceso al parque y al paseo: Gra-

tuito

Paseo en lancha

Renta de bicicleta

Museos dentro del parque: Costos variables (algunos con descuento para estudiantes, INAPAM y niños)

Horario:

Abierto todos los días

Paseo en lancha: generalmente de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. (puede variar según temporada)

Ubicación:

Centro de Monterrey, conexión

Macroplaza – Parque Fundidora.

Mariana Janeth

Rodríguez García

Estudiante maestría en Administración

Medalla oro

Campeonato COCABA

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