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Desconexión digital: oasis personal y profesional «Ya nadie se sorprende al ver a una persona vagando por la calle con su smartphone en la mano como un alma errante, sin utilizar el aparato, solo sosteniéndolo en alto como un amuleto dotado de la mágica propiedad de anunciar un nuevo mensaje o una llamada en cualquier momento».

Sal de la Máquina. Sergio Legaz Esther Plaza Alba Un niño de 13 años fue castigado tres días sin móvil y cuando lo encendió tenía 14.000 mensajes en la aplicación WhatsApp. No es ficción sino realidad y sucedió a mediados de junio en Oviedo. Pudiera ser un caso aislado, o 'cosas de niños'. Ni lo uno ni lo otro. Es raro encontrarse con alguien que apague el móvil para dormir o cuando se encuentra en una reunión. Todo lo contrario, lo llevamos con nosotros a cualquier parte. También a la playa, la piscina e incluso, al cuarto de baño. Entre las múltiples consecuencias de este hábito existe una que tiene que ver con la separación entre la vida profesional y la personal y es el llamado 'efecto blurring' (el mundo digital difumina la vida laboral y la personal). «Por supuesto que las personas necesitamos tiempos personales al margen de nuestra actividad profesional y laboral. No solo no somos máquinas sino que como personas, tenemos derechos básicos como, finalizada nuestra jornada laboral, usar nuestro tiempo como consideremos oportuno». Así se pronuncia José Luis Casero, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización Pixabay de Horarios Españoles (ARHOE) sobre el derecho a la desconexión digital, reconocido en Francia desde el pasado 1 de enero, en respuesta a la tendencia a alargar la jornada laboral mediante el uso de móviles e internet. La opinión de ARHOE es compartida por el sindicato UGT, quien días después de este reconocimiento en el país galo, comunicaba que en España «es necesario abrir un debate en profundidad sobre los tiempos de trabajo para impedir que las empresas abusen de los avances tecnológicos para explotar a los trabajadores». Desde el punto de vista de las profesiones, las posturas difieren porque en numerosas ocasiones se trata de atender a clientes, pacientes o usuarios que requieren de la labor profesional fuera de su propio horario laboral. Por este motivo, muchos son los profesionales (entre los que hay numerosos autónomos) que adelantan trabajo los fines de 36 g Profesiones

semana, contestan consultas antes de irse a dormir o miran el correo electrónico mientras se trasladan a su puesto de trabajo en transporte público. Cambio cultural Como desde hace años lleva recordando ARHOE de lo que se trata es de provocar un cambio cultural, cuyas palancas más acertadas pudieran ser la consecución real de la conciliación laboral y personal, la adaptación al horario del meridiano de Greenwich o en este caso, la aplicación del derecho a desconectar: «En nuestra opinión, el derecho a la desconexión no es discutible a día de hoy. Cuestión distinta es si es buena una ley que, partiendo de ese principio, sirviese para reafirmar el derecho y cambiar determinadas actitudes en el uso de dispositivos móviles vinculados al trabajo, tanto de empresas como de algunos trabajadores que se han instalado como una costumbre en alguna organización. En nuestra opinión, sí». Lo reconocido en Francia llegó a la sesión parlamentaria en el Congreso en formato de pregunta sobre si el Ejecutivo tenía pensado adoptar alguna medida similar y seguir el ejemplo de Francia con los trabajadores y empresas en España. El Gobierno anunció que estarían dispuestos a explorar medidas conducentes a la implantación de límites en las jornadas laborales. En el mes de marzo fue el partido PODEMOS quien registró una proposición no de ley también en la Cámara Baja, exigiendo la desconexión por ley. En esta iniciativa se reclamaba además, la elaboración de estudios e indicadores sobre el uso de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. El autor del libro con el que comenzaba este artículo, Sergio Legaz, apunta varias propuestas de desconexión, muchas de ellas individuales, por las que podríamos empezar: El dormitorio, territorio vedado; resucitar la agenda de papel o el reloj de pulsera; compartir con los demás los logros conseguidos al desconectar o establecer un Día sin móvil a la semana: «24 horas de tiempo rescatado para nosotros. Un oasis libre de adicción cuyos senderos habrá de descubrir y recorrer». nº 168 g julio-agosto 2017

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