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HISTORIA Y FUTURO Córdoba, miércoles 12 de septiembre de 2012

Universitarios para la patria nueva Plaza Cuarto Centenario. Ciudad Universitaria. Fotografía: Andrés Fernández, Prosecretaría de Comunicación Institucional, UNC

UNC 4OO AÑOS

capítulo

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La Universidad, en manos de la Provincia

La gran polémica después de los jesuitas Universitarios para la patria nueva

Muchos de los protagonistas de aquellos días revolucionarios de la Independencia que finalmente se declaró en 1816 pasaron por las aulas de la Casa de Trejo. El gobernador Juan Bautista Bustos mantuvo una estrecha relación con la institución.

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os días que siguieron a la Revolución de 1810 tenían una vitalidad tan intensa que la larga siesta colonial parecía lejana. Quizá el ritmo cotidiano no había cambiado demasiado, pero no sólo las pasiones y las ideas políticas latían con ardor, sino que empujaban a la acción, ya sea con la palabra o con la espada. El tiempo nuevo, la patria que se gestaba, llamó también a las puertas de la Universidad, que entonces mostró a la luz semillas germinadas: de los hombres protagonistas de aquellos días en los que el ansia de libertad y

la lucha por plasmarla en independencia desvelaba a los contemporáneos, muchos de ellos habían pasado por sus aulas. Sin embargo, los recursos seguían siendo pocos desde que, tras la expulsión de los jesuitas, se vendieran muchos de los bienes de la Compañía que habían contribuido al sostenimiento de la institución. En los años revueltos de la década de 1810, esta situación incluso se complicaba cada vez más. Mientras la agitación llegaba a los pasillos de la Casa de Trejo, se dieron algunos

pasos para replantear el rumbo académico. El Deán Gregorio Funes (quien en 1809 había fundado la cátedra de Aritmética, Álgebra y Geometría aportando 10 mil pesos de sus propios recursos para sostenerla) propone en 1815 un nuevo plan de estudios, aprobado por el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y que tendría una gran ascendencia en la vida universitaria. Entre tanto, y como reflejo de la influencia que cada vez más alcanzaba la cultura francesa, por esos años se dispuso que el idioma francés fuera de

enseñanza obligatoria. Por otra parte, también se recuperaba la biblioteca a través de la gestión de su entonces director, José María Bedoya. En 1810, conforme a los principios de igualdad de los ciudadanos, en los actos de graduación de la Universidad se reemplazaron las togas por vestimentas cotidianas.

Provincialización Las dificultades económicas de la Universidad se hicieron cada vez mayores. En 1820, cuando el brigadier general Juan Bautista Bustos asume la


Gobernador Juan B. Bustos Fotografía: Sebastián Cáceres, Prosecretaría de Comunicación Institucional, UNC.

se incorporó el estudio del derecho patrio o las leyes del Estado. Ese año, Bustos, quien había reglamentado que quienes poseían títulos universitarios estaban capacitados para ejercer cualquier función pública, fue declarado “Protector de la Universidad”. Mientras el país, entre batallas y luchas incesantes, avanzaba en una dirección, en la Universidad había algunas cosas que habían quedado detenidas en la colonia, como el hecho de exigirles “limpieza de sangre” a los aspirantes a alumnos. Recién en 1833, Benito de Otero, quien era gobernador delegado, dispuso que los hombres de cualquier posición social estaban en condiciones de matricularse, cursar, rendir materias y optar por grados académicos. La caída de Bustos tras su derrota frente al general José María Paz cortó el lazo de cierta dependencia que la Casa de Trejo tenía con quien fuera el primer gobernador constitucional de Córdoba.

Años de escasez Eran épocas bravas para el país y para Córdoba. Los recursos habían sido devorados primero por la guerra de la Independencia y luego por la ferocidad del enfrentamiento interno entre unitarios y federales, aunque esas identificaciones políticas a veces transitaban por líneas imprecisas. Pero el choque de intereses entre Buenos Aires y el interior era el centro del conflicto. Estas circunstancias se reflejarían en la Universidad. En agosto de 1834, el periódico El Narrador se lamentaría

de que “un establecimiento tan útil y necesario haya desmejorado de su antiguo esplendor”, a la vez que sostenía: “Podemos asegurar que en toda la Universidad hay pocos estudiantes que sepan las reglas ortográficas. Los padres de familia y maestros de primeras letras deben esmerarse en evitar que sus hijos y alumnos adquieran ciertos resabios en la pronunciación y el mal uso de las palabras que cuesta mucho abandonar”. En 1836, cuando ya había comenzado a regir el largo gobierno de Manuel “Quebracho” López, el Estado provincial asumió que no contaba con recursos para sostener la Universidad. López le reintegraría la potestad para nombrar a sus propios profesores y rectores, así como la de llamar a concursos para las cátedras, pero con pocos recursos. Lo más ardiente de la lucha entre federales y unitarios se reflejaría en la Universidad, que llegaría a exigir la adhesión a la causa federal a sus alumnos y profesores. López, mientras tanto, en 1842 dispuso que todos los libros que le fueran secuestrados a los unitarios en las acciones de confiscación de bienes fueran a parar a la biblioteca universitaria. La derrota de Juan Manuel de Rosas a manos del general Justo José de Urquiza, sobre la mitad del siglo XIX, cambiaría el rumbo de la historia nacional y el país se encaminaría hacia su organización constitucional. Para esas horas decisivas, la Universidad también había forjado hombres e intelectos que aportó a la nueva etapa

Como la única casa de altos estudios en esta parte sur de las colonias españolas, la de Córdoba recibió a muchos hijos de familias de apellidos destacados que buscaban un destino universitario. Por eso es que por sus aulas (o por las del Colegio Monserrat) pasarían también algunos de los protagonistas del movimiento revolucionario de mayo de 1810 y de los que sellaron la Independencia en 1816, entre otros que lideraron a sus pueblos en las demás provincias. Tres de los miembros de la Primera Junta de gobierno estudiaron en Córdoba. Ellos fueron: Juan José Castelli. Fue el que, entre ocho hermanos, sus padres eligieron para que fuese sacerdote, por lo que lo enviaron al Colegio Monserrat. Luego comenzó estudios universitarios de filosofía y teología, pero cuando murió su padre, decidió abandonar su destino de cura y marchar hacia Chuquisaca a estudiar derecho. El “orador de la Revolución” volvería a Córdoba encabezando la misión que fusilaría a Santiago de Liniers y otros antirrevolucionarios. Fue vocal de la Primera Junta. Juan José Paso. Vino desde Buenos Aires enviado por su padre, panadero, a estudiar en el Colegio Monserrat. Luego pasó a la Universidad, se doctoró en leyes en 1779 y se quedó un par de años más enseñando filosofía. Participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo y luego fue designado secretario de la Junta. Manuel Alberti. Oriundo de Buenos Aires, estudió en la Universidad hasta alcanzar el doctorado en Teología y Cánones en 1785. Al año siguiente, fue ordenado sacerdote. Volvió a su lugar natal y adhirió a la Revolución. Como vocal, fue el único miembro de la Junta que no suscribió el fusilamiento de Liniers. Otros, en tanto, fueron miembros de la Junta Grande, el gobierno que le seguiría al surgido en Mayo de 1810. El Deán Gregorio Funes, quien fuera maestro de Castelli y rector de la Universidad, fue uno de ellos. Otros: Juan Francisco Tarragona, santafesino; Juan Ignacio Gorriti, salteño, y Pedro Francisco de Uriarte, santiagueño. Pero sería el Congreso de Tucumán, en cuyo seno el 9 de julio de 1816 se declararía la Independencia, una de las mayores muestras de la influencia de la Universidad de Córdoba en el devenir de la patria nueva: nada menos que 14 de los 29 congresistas que suscribieron el acta de la Independencia habían pasado por sus claustros. La lista es la siguiente: Manuel Antonio Acevedo, Pedro Aráoz, José Eusebio Colombres, Pedro Ignacio de Castro Barros, Pedro León Gallo, Pedro Francisco de Uriarte, José Ignacio Thames, Juan José Paso, José Ignacio de Gorriti y los representantes por Córdoba, Eduardo Pérez Bulnes, José Antonio Cabrera, Luis Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera y Miguel Calixto del Corro. Fray Cayetano José Rodríguez había sido profesor de la Universidad, en tanto que Pedro Medrano estudió en el Colegio Monserrat.

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Gobernación de Córdoba, pasa a depender de la Provincia, es reacondicionada y recibe algún equipamiento que la renueva. Uno de esos equipamientos que marcará un fuerte impulso será la nueva imprenta, adquirida por suscripción pública con el apoyo de parte de la población. El decreto del 7 de septiembre de 1822 sostenía que los productos de la imprenta debían hacer crecer los fondos de la Universidad y proveer a las escuelas “de libros y mamotretos análogos de su enseñanza”. También afirmaba que: “…ella (la imprenta) reprime el despotismo, sostiene la libertad y es el único camino de propagar las luces, formar la opinión pública y consolidar la unidad de sentimientos que es la conservación del orden y la verdadera fuerza de los estados”. Bustos, que había creado la Junta Protectora de Escuelas para promover la educación en el ámbito rural, tomó una medida de neto corte social. “Con el objeto de adelantar la ilustración de la campaña, recibirá la Universidad un niño de cada curato, cuyo lugar vacante se reemplace sucesivamente sin otro costo de sus padres que vestuario y alimento, en grados en todas las ciencias”. En 1823, se reformó otra vez el plan de estudios y, por decreto, se establecieron los recursos para su funcionamiento. El nuevo plan había sido diseñado por José Baigorrí –quien además realizó un estudio sobre el estado de las finanzas de la institución– y, entre otros aspectos, priorizaba la enseñanza del castellano por sobre la del latín, así como

Hombres para la patria nueva




El Deán Funes y el plan de estudios de 1815

Las luces de la razón y de la religión propagadas por la enseñanza Por Jaqueline Vassallo (*)

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a real cédula sancionada por Carlos IV en 1800 erigió la Real Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Monserrat, que, como “universidad mayor”, pasó a tener los mismos privilegios que las de Salamanca, Lima o México. Esta disposición también incluía el mandato que estuviera a cargo del clero secular de Córdoba, así como una serie de indicaciones relacionadas con la reforma de los planes de estudios. Sin embargo, recién llegó a aplicarse a fines de 1807, luego de que tuvieran lugar las invasiones inglesas y durante el mandato del Virrey Santiago de Liniers, en medio de un cambio de contexto político que a nivel local dejó de favorecer a los aliados de Sobre Monte, entre ellos, los franciscanos. Durante varias décadas, el clero secular había sostenido una intensa lucha política contra los franciscanos para que la Universidad pasara a sus manos, tal como lo había ordenado Carlos III al momento de la expulsión de los jesuitas. Entre las figuras más relacionadas con esta lucha de poder, podemos citar a Gregorio

Funes, cuya vida política se inició durante el virreinato de Liniers, según Miranda Lida. Funes había nacido en Córdoba, en mayo de 1749, en el seno de una familia que por entonces contaba con estrechos vínculos con la Compañía de Jesús. Según Tulio Halperín Donghi, luego de estudiar derecho civil y canónico en Alcalá, y mientras practicaba abogacía en Madrid, recibió de Carlos III una canonjía de gracia en la ciudad de Córdoba

Siendo Deán de la Catedral, Funes asumió como Rector de la Universidad a comienzos de 1808 y de inmediato creyó conveniente la reforma del plan de estudios. a la que llegó junto al obispo San Alberto. Siendo Deán de la Catedral, asumió como Rector de la Universidad a comienzos de 1808 y comenzó a preparar un nuevo plan de estudios, siguiendo de cerca los mandatos de la real cédula. Finalmente, en 1815 se implementó el nuevo plan.

Al calor de la Revolución El plan de 1815 recibió influencia directa del de la Universidad de Alcalá de Henares, que había sido reformado en 1772, en el marco de las transformaciones ordenadas por Carlos III. También es importante señalar que mientras el Deán Funes lo redactaba, tuvo lugar la Revolución de Mayo, que cambió el contexto socio-político del Río de la Plata y que lo contó entre sus principales actores políticos. Funes intentó adecuar el número de cátedras que le ordenaba crear la real cédula con la escasa disponibilidad de recursos económicos con los que contaba para las carreras de Artes, Teología y Derecho. En síntesis, consistió en lo siguiente: los estudios de Artes comprendían cuatro años. En el primero, se enseñaba lógica y metafísica y en el segundo, aritmética, geometría y trigonometría. A continuación, física y, en el cuarto año, filosofía moral. La carrera se abría cada dos años, por la escasez de recursos y el exiguo número de alumnos. Teología también se

completaba con cuatro años de cursado. Entre sus materias, encontramos teología escolástica, teología dogmática, antigüedades y disciplina eclesiástica y teología moral. Finalmente, en el particular caso de los estudios de Derecho, a las cátedras de jurisprudencia civil (Instituta

Las carreras pasaron a tener una duración de cuatro años y se incorporaron los estudios de derecho patrio y derecho internacional. y derecho real) y derecho canónico, les sumó las de derecho patrio (dictado por los distintos gobiernos que se sucedieron a partir de mayo de 1810), natural y de “gentes” (derecho internacional). La decisión de que los futuros abogados estudiaran derecho patrio la fundamentó de la siguiente forma: “Nuestra revolución ha hecho caducar las leyes que dieron los reyes de España para las Américas. En adelante ya no conservaremos estas leyes sino como un monumento de la degradación

en que hemos vivido” Mucho se ha discutido en la historiografía argentina acerca de la originalidad de este plan de estudios. En este sentido, algunos parecen acordar que no existieron demasiados cambios ideológicos respecto del período franciscano, habida cuenta de la persistencia del regalismo, el rigorismo y hasta el filojansenismo, según los autores que proponía para el estudio de estos cursos. Sin embargo, resulta ineludible destacar la inclusión del estudio de las matemáticas, que llegó a costear con su propio peculio

(*) Doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Profesora de Instituciones Hispanoamericanas en la Escuela de Archivología, UNC. Investigadora del Conicet. Miembro de la Comisión Ejecutiva 400 años.


Los jesuitas inauguraron en 1765 la primera imprenta que llegó a estas latitudes y que luego fue trasladada a Buenos Aires. En 1823, el gobernador Bustos adquirió otra y la destinó a la Universidad.

Nacimiento del periodismo Según el historiador Efraín U. Bischoff, la imprenta que adquirió el gobernador Bustos “tuvo una derivación importante: nació el periodismo en Córdoba”. El 21 de diciembre de 1823 aparecía El investigador, dirigido por el canónigo Estanislao Learte y el fray Hipólito Soler, y nueve días después, El Montonero, bajo la dirección de Juan Antonio Saráchaga. En los años siguientes, salieron a la luz numerosos periódicos, en su gran mayoría de neto corte doctrinario.

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esde 1455, cuando el alemán Johann Gutemberg produjo el primer libro con una imprenta de tipos móviles, pasaron más de 300 años hasta que por estas latitudes del sur llegó la primera imprenta. Su destino, Córdoba. Era la más poderosa arma cultural de aquellos tiempos. Los jesuitas, que desde mediados del siglo XVII salieron en busca de una imprenta y de la correspondiente autorización real para hacerla funcionar, plantearon, precisamente, que el objetivo era “transmitir la cultura y los conocimientos a través de sus publicaciones”. Según el historiador Efraín U. Bischoff, por esa época los padres Pedro de Arroyo y Carlos Gervasoni son comisionados para solicitar una “Real Cédula de S. M.” para que la Universidad de Córdoba del Tucumán “pueda tener imprenta propia como hay en Lima, y otras diferentes partes”. El pedido destacaba “los muchos gastos y trabajo que tiene aquella Universidad en los frecuentes papeles que tiene que imprimir, no habiendo imprenta alguna en las tres Provincias de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay”. Después de una larga búsqueda, finalmente se consiguió la imprenta, que llegó en 1764 y se inauguró al año siguiente, una vez obtenido el permiso del Rey. Estaba destinada a ser usada por la Universidad y por los colegios jesuitas y en 1766 se edita la primera obra: Cinco oraciones laudatorias en honor del Dr. Don Ignacio Duarte y Quirós, publicación hecha para honrar al gran benefactor del Colegio Monserrat, escritas por el padre José Paramás. Pero duró poco en manos de los jesuitas, que fueron expulsados en 1767, y de los cordobeses: el virrey Juan José de Vértiz ofreció comprárselas a los franciscanos, quienes argumentaron que los jesuitas habían pagado dos mil pesos

por ella. En 1780, partió hacia Buenos Aires para convertirse en la histórica Imprenta de los Niños Expósitos, que jugaría un importante papel luego de la Revolución de Mayo. La Universidad volvería a contar con otra imprenta recién en 1823, cuando el gobernador Juan Bautista Bustos adquirió una máquina y se la cedió. “De ella salieron muchos libros, folletos, documentos y papeles y era la única imprenta importante del interior del país”, dice Bischoff. El decreto de Bustos señalaba limitaciones como las de “no dar papeles que ataquen a la religión del Estado, las autoridades constituidas del país, que inciten a la sedición, a trastornar el orden público, a desobedecer las leyes, que ofendan el decoro de la decencia pública, el honor y la reputación de alguna persona, o que publiquen los defectos de su vida privada”. Muchos años después, el 4 de julio de 1925, se reinaugura la Imprenta y Talleres Gráficos, que funcionará en la actual Manzana Jesuítica hasta que un voraz incendio la destruye casi en su totalidad. Las nuevas instalaciones se construyeron en la Ciudad Universitaria y se inauguraron con el nombre de Dirección General de Publicidad el 18 de noviembre de 1959. En el acto, el rector Jorge Orgaz dijo: “Por este medio, se harán accesibles al estudiante las principales fuentes de su información y de su formación. También por él se contribuirá a la eliminación del vicio del apunte, que tanto daño causa en la formación de los futuros investigadores profesionales y técnicos”. Algunas décadas más tarde, se crea la Dirección General de Publicaciones y en 2007 pasa a denominarse Taller General de Imprenta de la UNC, dependiente de la Secretaría General. Ese mismo año se crea la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba

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La imprenta, un largo desvelo




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46 - Centro Cultual UNC (en construcción) 47 - Colegio Nacional de Monserrat 48 - Fac. de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales 49 - Rectorado Antiguo. Museo Histórico 50 - Facultad de Derecho y Ciencias Sociales 51 - Facultad de Arquitectura , Urbanismo y Diseño 52 - Museo de Antropología 53 - Secretaría de Gestión y Planificación Institucional

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La Universidad Nacional de Córdoba ocupa más de 1.100 hectáreas de superficie total. Gran parte de los predios universitarios se concentran en la Ciudad Universitaria, pero también se distribuyen en diferentes espacios de la ciudad y la provincia. En el centro de la ciudad se encuentran la antigua sede de la UNC y el Colegio de Monserrat, que forman parte del complejo de la Manzana Jesuítica, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, además de algunas unidades académicas y dependencias administrativas. En otros barrios de Córdoba, como Observatorio y Clínicas, también se localizan distintos edificios universitarios, así como también en el interior provincial, como en Valle Hermoso donde se encuentra la Reserva Natural Vaquerías y Bosque Alegre, donde se ubica la Estación Astrofísica. La UNC cuenta actualmente con 13 facultades y 2 colegios secundarios. En ella se dictan 86 carreras de grado, 182 de posgrado y 8 carreras terciarias. Posee 98 institutos de investigación, 3 centros de estudios interdisciplinarios, 5 centros de salud pública y 25 bibliotecas. Tiene además 2 observatorios astronómicos, la Reserva Natural de Vaquerías en Valle Hermoso, 1 Laboratorio de Hemoderivados, 17 museos, 1 editorial, 2 emisoras de radio, 2 canales de televisión y 22 predios deportivos.

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Dimensiones de una Universidad de cuatro siglos

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1 - Pabellón Argentina 2 - Facultad de Odontología 3 - Laboratorio de Hemoderivados 4 - Comedor Universitario 5 - Aulas “K”, Facultad de Odontología 6 - Secretaría de Asuntos Estudiantiles 7 - Facultad de Ciencias Agropecuarias 8 - DASPU 9 - Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño 10 - Pabellón de Anatomía 11 - Escuela de Graduados de Medicina 12 - Biología Celular 13 - Pabellón Agustín Tosco, Aulas “B” 14 - Francia Anexo 15 - Pabellón Francia 16 - Casa Verde 17 - Facultad de Psicología 18 - Pabellón Chile 19 - Pabellón Perú, Facultad de Ciencias Médicas 20 - Aulas “A” 21 - Secretaría General de Rectorado, Aulas “D” 22 - Facultad de Lenguas 23 - Aulas “C” 24 - Dirección de Inclusión Social 25 - Dirección de Deportes 26 - Facultad de Ciencias Económicas 27 - Escuela de Kinesiología 28 - Aulas de Medicina 29 - Teatrino 30 - Pabellón México, Facultad de Artes 31 - CEPIA, Facultad de Artes 32 - Pabellón José De Monte 33 - Facultad de FIlosofía y Humanidades 34 - Pabellón España, Escuela de Historia 35 - Centro de Investigaciones Biológicas 36 - CIM 37 - Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales 38 - Facultad de Ciencias Químicas 39 - FAMAF 40 - Incubadora de Empresas UNC 41 - Pabellón Brujas 42 - Granero 43 - Escuela de Graduados, Fac. de Ciencias Económicas 44 - Escuela de Trabajo Social 45 - Escuela de Ciencias de la Información 46 - Escuela de Ciencias de la Información 47 - Planeamiento Físico

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Referencias

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54 - Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano 55 - Hospital Nacional de Clínicas 56 - Hospital Universitario de Maternidad y Neonatología

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Servicios de Radio y Televisión (Marqués de Sobremonte)

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Reserva Natural Vaquerías (V. Hermoso) Estación Astrofísica Bosque Alegre

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La Universidad a mediados del Siglo XIX Por Silvia Romano (*) y Valentina Ayrolo (**)

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1. Gálvez, Víctor, 1942 [1889], 323 2. Garro, 1882, 340/343 3. Cit. por Garzón, 1902, 238 4. AHPC, Legislatura 1852/58, f. 277 5. Gálvez, 1990 [1889]539 6. Garro, 1882, Apéndice, 474/475 7. ibid, 478/480

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Fragmento del trabajo “Poder y Representación Política, Córdoba a mediados del Siglo XIX”, publicado en História Unisinos, Revista del Programa de Pós-Graduacao em História da Universidade do Vale Rio dos Sinos, Vol. 5, Nº 4, 2001



arios testigos de la época se han referido a Córdoba como un reducto de lo conservador, lo confesional y lo ilustrado. Por caso, Víctor Gálvez (Vicente Quesada), rememorando su retorno a la provincia en 1852, la caracterizaba en estos términos “...Córdoba, antigua y culta, ciudad llena de los humos aristocráticos de poseer Universidad y Catedral, cuajada de doctores vanidosos y de clérigos de campanillas, de cogotudos frailes y de monjas ricas (...) El clero era a la sazón influyente y respetado. Clérigos desempeñaban el Rectorado de la Universidad y del Colegio Monserrat” 1. Varios elementos permiten comprobar la percepción de Gálvez y los rasgos conservadores que señalamos en el ámbito de la Universidad. Además de haberse resistido a abrir las aulas a quienes no acreditaran “pureza de linaje”, es un ejemplo conocido que en 1844 el Claustro obtuvo del gobierno la revocación de una autorización anterior (1833), concedida a un pardo para cursar, bajo las siguientes consideraciones “...la RAZÓN, LA JUSTICIA y las circunstancias reclaman imperiosamente la rigurosa observancia del régimen y orden antiguo que a este respecto se ha guardado siempre en la Universidad...”, por lo que se expulsaba a los que estuviesen estudiando amparados por aquel decreto2, exclusión que se mantuvo al parecer hasta la década de 1850. La Universidad, al igual que el Colegio Monserrat, eran espacios de ascenso y formación de las elites para el ejercicio de funciones de gobierno, pues como lo reconocía el gobernador Manuel “Quebracho” López en 1850, “predispone a la juventud tanto para el foro, como para el servicio del altar y demás empleos públicos”. El título universitario era una reconocida fuente de prestigio social, como se ve en la solicitud de Lahitte a López en 1851 de otorgarle el título de abogado al comerciante Luis Cáceres (plenipotenciario de López en Buenos Aires), pues ello contribuiría “...a aumentar el prestigio de que conviene rodear al Sr. Cáceres en su actual posición...”3. Por su parte, Mariano Fragueiro, llamando la atención sobre las facilidades acordadas a los que aspiraban a la profesión del derecho, en 1858 señalaba: “Dirigidas artificialmente las inteligencias a una profesión ya de suyo simpática por el prestigio y alto rol social que acuerda a los que la ejercen, no sólo se verá desertar de todas industrias indispensables al progreso del país a capacidades (...) sino que representan un estímulo a las mediocridades y a las falsas vocaciones para aspirar a funciones casi públicas...”4.

Según observara Gálvez, los caminos elegidos para los jóvenes de la elite resultaban en que sólo hubieran en Córdoba “sacerdotes, abogados, médicos, hacendados y comerciantes, ¡ningún industrial, ningún ingeniero!”5 Las viejas representaciones acerca de las jerarquías, honores, derechos y privilegios que correspondían a la Universidad y a sus autoridades se mantuvieron por bastante tiempo y fueron reivindicadas cuando se produjo su “nacionalización” (1856), tal como quedó expresado en su Constitución Provisoria (1857), que vale la pena citar. En relación a la composición, atribuciones y prerrogativas del Claustro, establecía que éste se integraba por los doctores, licenciados y maestros graduados. Fuera de ellos, sólo tendrían lugar en el mismo el obispo de la Diócesis, el gobernador de la Provincia o el jefe Supremo de la Nación. Los integrantes del claustro, “...en sus reuniones de actos públicos y secretos, como en acompañamientos a que la Universidad concurra en cuerpo, guardarán el orden de antigüedad de sus grados, sin que entre teólogos y juristas haya preeminencia por razón de las facultades y sólo la obtendrán estos con respecto a los filósofos...”6 En cuanto a los honores y preeminencias del Rector, señalaba: “El Rector preside a la Universidad así en cuerpo de Claustro como en actos literarios; y como Presidente tendrá en las funciones y actos de Universidad silla de preeminencia, tapete, mesa cubierta y dos cojines donde se coloque el escudo de los Sellos (...) Cuando concurriese con el Claustro fuera de la Universidad, tendrá, como Presidente, tapete y silla de distinción (y...) se le dará el tratamiento de Señoría.”7 Si bien quedó extinguido el fuero académico, la Universidad conservó el derecho de llevar en las funciones públicas el escudo usado hasta entonces y se mantuvieron otros símbolos y prácticas ceremoniales de antiguo régimen. Los encargados de compilar los reglamentos y estatutos vigentes para facilitar su aplicación y la redacción de la Constitución provisoria fueron Eduardo Ramírez de Arellano, Francisco de Paula Moreno, Luis Cáceres y Rafael García, todos los cuales integraron la Legislatura de la Provincia de Córdoba entre 1850 y 1855

(*) Doctora en Historia. Docente e investigadora de la UNC, CIFFyH. (**) Docente e investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata. CONICET.


Vivir en Córdoba A continuación, un breve fragmento de la novela “Como vivido cien veces”, de la escritora Cristina Bajo, que retrata las vicisitudes y la vida cotidiana en los alrededores de 1830.

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l día amaneció nublado y con los federales atacando a desgano: la razón les decía que la plaza era inconquistable. El joven Isasa fue devuelto al fuerte para confirmarles que Facundo era el sitiador, confiando en que el espanto pudiera más que las inútiles arremetidas. Por él les hacía saber que el caudillo estaba dispuesto a oír proposiciones y que en acto de buena voluntad, no tomaría revancha en la población. La tácita amenaza dividió a los sitiados entre los que deseaban un trato y los que insistían en resistir, seguros ya de las defensas y sospechando que el apuro del riojano se debía a la proximidad del general Paz. Para el mediodía, Quiroga formó el ejército en la calle Ancha –la de Santo Domingo– en una formidable demostración, enviando a Ruiz Huidobro a parlamentar. Este anunció que el “protector” –así habían comenzado a llamar al Manco– no llegaría antes de que ellos aplastaran la ciudad; que la degollina sería cuestión de minutos dada la cantidad de hombres dispuestos a la faena. Pasó luego a ofrecer condiciones “que no desmerecían el pundonor de ambos bandos”. Entre los emplazados prevaleció la idea de darles largas, apostando a la llegada de Paz, ya que ni los federales de la ciudad confiaban en que el caudillo riojano respetase lo pactado. Al atardecer, la paciencia de Quiroga y los argumentos de los fortificados se agotaron y fue necesario capitular ante quien no había podido vencerlos ni con la fuerza de un ejército. Entregada la plaza, las mujeres refugiadas en el templo se retiraron; altivas y ojerosas, pasaron sin un gesto ante la tropa que consideraban de bárbaros. Los heridos fueron entregados a sus familiares –mujeres en su mayoría– que aguardaban en la boca de los puentes levadizos, resistiendo tercamente a los oficiales que las conminaban, con malos modos y amenazas, a echarse atrás

La guerra en todas partes: hacia afuera y hacia adentro

¡Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra Independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos. ¿Qué nos falta más que decirlo? (…) Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”. La carta de José de San Martín a Tomás Godoy Cruz, congresista en Tucumán, además de reflejar las convicciones del Libertador, muestra a las claras el estado de las cosas a mediados de 1816. Aquel camino que inició la Revolución de 1810, que había formado un gobierno de criollos pero que formalmente no se había animado a romper con España, estaba en una encrucijada definitiva. Es que en 1813, tras la derrota y el ocaso de la estrella de Napoleón, Fernando VII

había regresado al trono con pretensiones de recomponer el absolutismo de sus predecesores, por lo que salió a tratar de recuperar a sangre y fuego las colonias rebeldes de América. Las batallas contra los españoles habían comenzado bien temprano, y uno de los grandes protagonistas de esas luchas fue Manuel Belgrano, abogado devenido en general que comandó el Ejército del Norte y obtuvo dos victorias cruciales en las batallas de Tucumán y Salta, en 1812, y que convocó al pueblo de Jujuy a escribir una de las páginas más conmovedoras de nuestra historia: el Éxodo Jujeño. Mientras, desde el mismo mayo de 1810 habían quedado al desnudo las tensiones entre Buenos Aires y el interior. La primera tenía una fuente inagotable de recursos a través del puerto y la Aduana, y sobre esa base pretendía imponer una organización a su manera y según sus intereses. Al puerto, en tanto, llegaban los barcos ingleses con sus telas baratas, producto de la revolución industrial que habían desarrollado y que les dio la llave para la colonización económica de buena parte del mundo. Las diferencias internas ni siquiera se disimularon demasiado mientras se peleaba contra España, aunque las guerras de la Independencia siguieron adelante. En enero de 1817, San Martín y el Ejército de los Andes cruzaron la cordillera y echaron a los soldados de la Corona de Chile y del Perú. Desde el norte, Simón Bolívar abría el otro camino hacia la libertad. San Martín, abandonado a su suerte por Buenos Aires, a quien había desobedecido para hacer su campaña, dejó la guerra en manos del venezolano. Finalmente, la victoria de Ayacucho confirmó militarmente que un nuevo pueblo asomaba en la faz de la tierra. En el territorio que luego sería definido como Argentina, las luchas intestinas hacía rato que regaban los campos de sangre. El interior, que enarbolaba la consigna federal, organizaba sus armas en montoneras lideradas por caudillos y salía a batallar contra los unitarios que defendían el interés porteño. Los intentos de alcanzar una Constitución terminaron siendo rechazados por las provincias por sus sesgos unitarios. Eran años de desorganización general. En 1829, Juan Manuel de Rosas asume su primer gobierno en la provincia de Buenos Aires y se erige en la figura que se convierte en el centro de la escena nacional por más de 20 años, suscitando odios furibundos, afectos incondicionales y alianzas interesadas. Gran parte de su estrategia para alcanzar el poder casi absoluto se basó en alianzas con caudillos provinciales. El levantamiento del entrerriano Justo José de Urquiza concitó diversos apoyos y en 1852 terminó derrotando a Rosas en la batalla de Caseros. Poco después, Buenos Aires se separó de las provincias que conformaron la Confederación argentina. En 1853, se alcanzaría por fin una Constitución. Pero todavía quedaban otras batallas a las que asistir

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Historia y literatura




La Gaceta publicó el Manifiesto

Clausura de la Universidad

15 de junio Hubo tres postulantes al Rectorado: Alejandro Centeno, Enrique María Paz (candidato de los estudiantes y abanderado de la Reforma) y Antonio Nores (candidato de la asociación de caballeros católicos “Corda Frates”). La alianza entre estudiantes y profesores liberales auguraba el triunfo de Paz, pero la presión clerical sobre esos docentes fue efectiva: en la Asamblea de Consejeros, Nores se impuso en la tercera votación (ninguno logró la mayoría en las dos primeras). Los estudiantes irrumpieron en el Salón de Grados, lo desalojaron e impidieron la consumación del acto. Sobre el pupitre rectoral redactaron la declaración de una nueva huelga.

21 de junio La Gaceta publicó el Manifiesto Liminar, que llevó las firmas de Enrique Barros, Ismael Bordabehére, Horacio Valdés, Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis Méndez, Jorge Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio Biagosch, Ángel Nigro, Natalio Saibene, Antonio Medina Allende y Ernesto Garzón.

11 de julio El Consejo Superior clausuró la Universidad.

Designación de Susini como interventor 2 de agosto El presidente Hipólito Yrigoyen nombró como interventor de la UNC a Telémaco Susini, uno de los protagonistas de la Reforma Universitaria, con el apoyo de los estudiantes. Se dispuso que asumiera el 8 de agosto.

Susini no asumió. Nuevas protestas 8 de agosto La asunción de Susini como Interventor, agendada para este día, se postergó al 10 de agosto y luego indefinidamente. La fuerte oposición de los sectores conservadores lo forzó a renunciar. Los estudiantes retomaron las protestas.

1918

línea de tiempo 4OO años UNC

1610- 1876 1877- 1918 1918- 1938

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Reforma Universitaria

Primer Congreso Nacional de Estudiantes

Deodoro Roca redactó el Manifiesto Liminar 17 de junio Nores asumió el Rectorado. La Federación Universitaria de Córdoba reclamó su renuncia y Deodoro Roca redactó el Manifiesto a los Hombres Libres de Sud América. Estudiantes de todo el país y sectores de trabajadores se plegaron a la huelga.

Acusación del Obispo de Córdoba contra los estudiantes 6 de julio El Obispo de Córdoba, Fray Zenón Bustos, acusó a los estudiantes de incurrir en "prevaricato franco y sacrilegio".

21 de julio El Primer Congreso Nacional de Estudiantes, convocado por la Federación Universitaria Argentina, abrió sus sesiones en Córdoba proclamando la necesidad de autonomía, gobierno tripartito paritario, asistencia libre, régimen de concursos y periodicidad de la cátedra, entre otras demandas.

Estudiantes derribaron la estatua de Rafael García Renuncia de Nores al Rectorado 6 de agosto Ante la ingobernable situación, Nores renunció al Rectorado.

15 de agosto Un grupo de estudiantes derribó la efigie del docente conservador Rafael García, emplazada en los jardines de la Universidad.


Elisa Ferreyra Videla fue la primera mujer en egresar de la UNC con el título de abogada.

1926

27 de febrero Se inauguró el Instituto de Maternidad (actual Hospital Universitario de Maternidad y Neonatología) frente a la Plaza Colón, cuya edificación –a cargo de la Dirección de Arquitectura de la Nación– había comenzado en 1923.

El Monserrat, Monumento Nacional 14 de julio El Congreso Argentino, por Ley 12365, declaró Monumento Nacional al Colegio Nacional de Monserrat.

1938

Mayo La Universidad de Córdoba y la Universidad de Buenos Aires fueron nuevamente intervenidas y sus estatutos sufrieron modificaciones que limitaron la participación estudiantil.

Inauguración del Instituto de Maternidad

1932

12 de septiembre Bajo la intervención de Salinas se reformó el Estatuto incorporando los reclamos estudiantiles: los estudiantes lograron participación en los Consejos Directivos, se les permitió rendir cualquier número de materias y se reorganizó el plantel docente. Belisario Caraffa renunció al cargo de Vicerrector. Se reabrió el internado en el Hospital de Clínicas.

Primera abogada de la UNC

1930

23 de agosto Yrigoyen designó como interventor a José Salinas, ministro de Justicia e Instrucción Pública.

Intervención de la UNC y la UBA

1929

Reforma del estatuto

1923

Nuevo interventor

Detención de 83 estudiantes Fundación de la Escuela Superior de Comercio “Manuel Belgrano”

Eliseo Soaje rector electo 5 de octubre La Asamblea Universitaria nombró Rector, con el aval de la FUC, a Eliseo Soaje, ex Decano de Medicina y candidato a Vicerrector de Martínez Paz.

Un reformista en el Rectorado de la UBA

Golpe militar de Uriburu

Marzo En la Universidad de Buenos Aires resultó electo como rector el reformista Ricardo Rojas. En diciembre del mismo año, Alfredo Palacios objetó en el Consejo Superior la ordenanza limitativa del ingreso a medicina.

6 de septiembre Un golpe de estado derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Uriburu, el militar golpista, intentó imponer sin éxito un gobierno de corte corporativista. Intervino las universidades anulando el régimen de autonomía y cogobierno.

1938 La Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano fue creada por resolución del Honorable Consejo Superior de la UNC. Su mandato fundacional está marcado por su especialidad en comercio y por el objetivo explícito de preparar alumnos de nivel secundario para su posterior ingreso a la Facultad de Ciencias Económicas.

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9 de septiembre Los estudiantes ocuparon la Universidad y asumieron su gobierno. Valdés, Barros y Bordabehere fueron nombrados decanos de Derecho, Medicina y Ciencias Exactas respectivamente. Los tres ejercían la presidencia de la Universidad. La inauguración de clases no llegó a realizarse: el ejército y la policía irrumpieron y detuvieron a los 83 ocupantes del Rectorado Histórico de la Universidad. Fueron acusados de sedición, aunque finalmente no fueron procesados.

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Fotografía: Gentileza del Laboratorio de Hemoderivados de la UNC.

Laboratorio de Hemoderivados

Una hazaña silenciosa Bajo el lema “Un compromiso con la vida”, la institución que produce derivados del plasma es la de mayor capacidad en Sudamérica.

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¿Cómo andan en el Laboratorio? Imagino que muy cansados de tanto hacer gammaglobulina humana para mí y muchos más”, escribió el niño Lucas B. en el sitio web del Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba (http://www.unchemoderivados.com.ar). De alguna manera, es una muestra de lo que da sentido a la institución y a su lema original: “Un compromiso con la vida”. El Laboratorio de Hemoderivados de la UNC es una de esas hazañas silenciosas que creció en lo profundo del país para dar una respuesta científica con espíritu solidario al sufrimiento de muchos argentinos y sudamericanos. Fue creado en 1963 por disposición del gobierno del presidente Arturo Umberto Illia, quien donó sus fondos reservados para el proyecto, con un claro objetivo social: la producción de

medicamentos a bajo costo, que sustituyera importaciones y regulara los precios del mercado. La idea de montar una planta productora de derivados plasmáticos fue concebida por un grupo de profesionales de la cátedra de Farmacología de la Facultad de Ciencias Médicas, guiados por su titular, el doctor Ricardo Landaburu, quien sería el primer director. El proyecto se concretó en la Universidad Nacional de Córdoba, lo que permitió despojarlo de toda connotación comercial y protegerlo de los grandes intereses económicos de la época. Hoy es un modelo de empresa estatal sin fines de lucro y con exitosa autogestión económica y financiera. Recién el 22 de agosto de 1974 el Gobierno nacional habilitó la planta, y poco después comenzó la producción de medicamentos, lanzando ese mismo año el primer lote de

albúmina sérica humana pasteurizada, producto precursor del laboratorio.

Más y más producción

La producción de medicamentos hemoderivados está directamente relacionada a la disponibilidad de plasma humano, cuya colecta, desde los inicios hasta hoy, creció un 700 por ciento. El laboratorio abastece más del 70 por ciento del mercado nacional de inmunoglobulina G endovenosa y albúmina sérica humana. El incremento de la demanda de estos medicamentos a raíz de su efectividad en nuevas situaciones clínicas hizo que el Laboratorio aumentara proporcionalmente la producción. Esta evolución ha permitido a la institución avanzar significativamente en el logro de la autosuficiencia nacional y regional en medicamentos derivados del plasma.

En la actualidad, no sólo fracciona plasma de Argentina, sino que también tiene convenios de intercambio plasmahemoderivados con Uruguay y Chile, y sus productos se distribuyen en numerosos países de América latina, como República Dominicana, Perú, Bolivia, Paraguay y Guatemala. El crecimiento de la institución no sólo se evidencia a través del incremento y la diversificación de la producción de medicamentos hemoderivados, sino también de la incorporación y gestión de dos nuevas unidades productivas: UNC Fármacos, destinada a la producción de medicamentos genéricos inyectables de bajo volumen, y UNC Biotecnia, dirigida al procesamiento de tejidos humanos. Ambas unidades se encuentran en pleno crecimiento y tienen el objetivo de satisfacer

diferentes necesidades sociales. Este año, además, se concretó la producción de edta calcio, medicamento huérfano utilizado para el tratamiento de pacientes intoxicados con el metal plomo en sangre; junto al Instituto Biológico de La Plata, se aprobó el subsidio para el desarrollo del Factor IX recombinante (Proyecto Biohemo) y la comercialización a nivel nacional de dexametasona UNC, lo que le va a permitir al Laboratorio ser proveedor del Programa Remediar, del Ministerio de Salud de la Nación. El año próximo se terminarán las obras que representarán una gran transformación: la superficie del Laboratorio crecerá 95 por ciento, lo que significará un incremento de 80 por ciento de la capacidad de la Planta de Hemoderivados, así como se cuadruplicará la producción anual de los medicamentos genéricos

UNC 400 años–Historia y Futuro - Fascículo 3  

"UNC 400 años–Historia y Futuro" es una colección sobre la historia de la Universidad Nacional de Córdoba, editada en el marco de las celebr...

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