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Autorreferencia A partir del lenguaje (visual, escrito, sonoro) vamos creando una piel, unos órganos, colores y texturas. Así, escribirse, o dibujarse no solo tiene que ver con describirse a uno mismo. También es volver a ser, una y otra vez, de tantas maneras como la imaginación lo permita. El juego entre la realidad y la ficción siempre ha tenido límites difusos, los límites de las percepciones subjetiva y objetiva son dudosas, todo lo creado existe en algún lugar, versiones de la vida tan diferentes como universos paralelos. Este número de Chalupa invita a jugar a ser, pero este juego siempre ha estado implícito en la creación, pues siempre hablamos desde algún lugar que al fin y al cabo nos pertenece, así pensemos que solo es ficción, que estamos adoptando otro estilo, otra técnica. Ese lugar inventado también es nuestro, habla de nosotros y habla del mundo. Porque todo remite a lo básico y universal; el lugar desde el que hablamos cuenta de otros, es en ese punto en el que nos conectamos y probablemente es por eso que procuramos entendernos a nosotros mismos a través de otros. Cuando nos planteamos este tema pensamos que el individuo era la fuente de inspiración más común. El artista se observa a sí mismo y a partir de ahí da cuenta de conflictos y perspectivas propias. Sin embargo, al recibir las participaciones de este número vimos que había mucho más para hilar, pues llegaron voces que hablaban simultáneamente del lugar propio pero al mismo tiempo de muchos más. Pueden buscarse entre las líneas y palabras que vienen en estas páginas, que seguro están ahí.


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El gato de dos cabezas se mira al espejo y se vuelve cuatro. El reflejo del gato es más real que el gato mismo. Cada uno es bicéfalo. Hombres, gatos, serpientes, monstruos. Todo es imagen y semejanza, apariencia y representación. Se es un espejo de sí mismo. El otro en el reflejo es más cierto que el yo.

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Una

mujer

ovillada en sí misma Camilo Velásquez

En la séptima con veinticinco, costado oriental, hay un mural en el que se ve a un hombre con camisa de rayas dando la espalda. Frente a él hay una larga pared que hace pensar como en un museo o en una galería, pues cuadros de distintos tamaños cuelgan en línea. Entre ellos solo se distingue bien el que está en el centro, al que parece mirar el hombre en cuestión; en este cuadro se ve sonreír a una mujer que lleva una cicatriz en una de sus mejillas, y que, desde un piso más bien bajo de un edificio que debe ser la torre Colpatria, mira hacia abajo, hacia un mural en la séptima con veinticinco, costado oriental, en el que hay un hombre pintado que lleva una camisa a rayas. Frente a él, una pared con varios cuadros; en el del centro se ve sonreír a una mujer con cicatrices en ambas mejillas, asomada a una de las ventanas de la torre Colpatria. Desde allí mira con preocupación la llegada de tres tipos en overol negro que vienen a demoler el muro desde donde se ha estado mirando.

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Virginia y yo Angélica Hoyos Alguna vez alguien me dijo en un sueño que los domingos existían para que los escritores y los músicos crearan los mundos que se derivaban de este mundo. Me explicaba que esa era la ruta que el universo transitaba para establecer y mantener el equilibrio. Era domingo y yo no podía dejar de pensar en ese sueño, asi que me fui a escribir lejos de la pared blanca que me recordaba que esa no era mi casa, porque junto a la pared había perdido el equilibrio y me había untado de blanco y vaciado de historias, probablemente porque hace mucho no escribía y no escribía porque suponía que no tenía nada que decir. Decidí entonces que el universo me necesitaba para restablecer mi equilibrio y salí a dar una vuelta. En mi paseo dominguero conocí a Virginia. Virginia sostenía una libreta verde y escribía frases cortas, era zurda y yo con la derecha me tomaba el atrevimiento de escribir “Virginia” en la libretita azul que por ese entonces cargaba a todas partes y aún permanecía vacía. Virginia tenía una mirada fuerte, pero su firmeza no ensombrecía la ternura que asolaba tras cada pestañeo.

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Llevaba una gorra roja que cubría parte de su canosa cabellera y su mano derecha sujetaba una botella de cerveza y la otra el lapicero, movía los pies bajo la mesa como si estuvieran bailando, no podía entender que esos pies tan alegres fuesen parte de ese rostro tan azul. Imaginaba que Virginia era una mujer sensible, sencilla y anotaba en mi libreta que un oso hibernaba en su alma y ella hibernaba en la mía. Decidí que Virginia estaba escribiendo una historia y me preguntaba si en su historia cabría un personaje como yo. La observé y la descubrí durante horas seguidas pero no cruzamos miradas ni una sola vez. Cuando regresé a la pared blanca, volví a leer las páginas ahora escritas en la libreta azul y entendí que Virginia no escribía sobre mí y que yo tampoco había escrito sobre ella, aunque entonces ninguna de las dos lo supiera, aquello que no entendía parecía adquirir de repente todo el sentido: eran sus pies alegres los que hacían parte de mi rostro azul. Una noche de equilibrio se establecía para ambas, la Virginia que ahora vivía en mi libreta azul y aquella que hibernaba en mi alma.

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“Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia hay la espera de mí mismo…” Vicente Huidobro, La poesía es un atentado celeste, 1948 Palabras, dibujos, trazos y manchones. Todo el tiempo está la imagen en mi vida. Me rodean mis cuadernos, mis bocetos, mis mapas conceptuales y mis inquietudes frente a la imagen. Cuán extraña es la imagen y cuán versátil. Toda mi vida he buscado atrapar momentos por medio del dibujo, de mis anotaciones, recuerdos y fotografías. Es como si tuviera miedo que estos de pronto desaparecieran. Que mi memoria no fuera capaz de contenerlos. Como si ese proverbio que dice: “más vale pálida tinta que brillante memoria” estuviera presente como una necesidad para no olvidar. Pero es más un antojo personal para satisfacerme o validarme como ser que vive. Para poder tener qué mostrar. Es, tal vez, un resultado de ese afán que ha surgido últimamente. Ese afán por mostrarnos a los demás de una u otra forma. Sí, amo recordar, amo ver una y otra vez mis dibujos, mis fotos o sencillas anotaciones de momentos. Disfruto viendo, leyendo, descifrando las imágenes sobre mis vivencias, sobre las personas que he conocido, sobre mis afectos y sus sensaciones. Pero también necesito esa validación del otro. Convierto mi intimidad en una vitrina, expongo mis trazos, mis momentos en familia, mis sentimientos a través de palabras. Muchas veces cuando se acercan a mí, muestro mis libretas, comento sobre mis trabajos, me vendo como un objeto, como un servicio, como una empresa o simplemente como ser humano.

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Me considero una mezcla extraña y contradictoria, por un lado egresado de artes, por otro lado profesional de publicidad. Dos campos que en algunos aspectos se acompañan y en otros se contradicen. Así soy yo, un tanto serio y metódico. Otro poco desordenado e irreverente. Soñador y calculador, pero de raíz contradictorio y enredado. Un conjunto complejo de vivencias e intenciones, de ideales y remordimientos. Simplemente un ser humano. Pero durante el recorrido de mis imágenes encuentro que está lleno de retratos de los que me rodean, escritos y fotografías sobre mis vivencias. Estos recuerdos han conformado mis cuadernos de bocetos, mis blogs de fotografías, mis cajones o cajitas de recuerdos. Siempre están presentes los objetos, las figuras, los dibujos, las palabras, las líneas y las fuerzas vitales, etc. Un gran compendio de elementos e imágenes así mismo complejas y multifacéticas. En ellas se guardan mágicamente las vivencias y contienen algo más de lo que ellas representan como imágenes. Son, en conjunto, una suma de elementos que podemos ver, tocar y entender. Pero más allá, sólo yo puedo comprender el verdadero valor que hay en ellas. Tal vez, sólo yo me puedo encontrar en ellas. Siempre está la espera de mí mismo. v Me intriga el poder de la imagen, del dibujo y de la palabra. Es el poder de la línea y la versatilidad que esta tiene para poder contener tanta información en su conformación como unidad elemental de la imagen. La capacidad para poder guardar tantos sentimientos y tantas vivencias. Siento una infinita admiración por los sencillos trazos, inocentes y despreocupados de un niño dibujando a su abuela en la finca o de una ama de casa que elabora su listado de los artículos para ir a comprar en la tienda.

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Sí, sí, mi obra puede que esté llena de vida y lo que quieran, pero no es de la mía. Es más como de las que quisiera, de esas que me gustan pero no las logro. Porque de estas cosas creativas sabré, pero de vivir… He tratado y he tratado, pero no sé bien (o sabía pero se me olvidó cómo es que se hacía). Igual hace rato que no me pongo, ya como que me cansé. Será seguir afuera, qué hijueputas, mientras mi obra sea -así yo no-. Seguir aguantando, pero ya asumiéndola marginal. La periferia y su tristeza: soledades e inmovilidades, sinsabores, malvivires y malestares, chuchaquis, ese vacío cada vez más jodido… Todo para seguir entregando a ustedes lo mejor de lo que no soy. Y a la vida seguir pasándole por el ladito, que ya le tengo el tiro: asomarme a veces y fusilarme ideítas, tumbarme motivos. Me toca, porque ya casi no sueño, y si no ¿de dónde saco?, y pa drogarme, mejor trabajo, que es lo mismo. Es que a mí la creadera me puede. Y así, hasta que el silencio me gane. Yo sé que mi obra les maravilla y que por ella me adoran y cantan mi gloria (como si yo fuera pues…). Y yo que me voy a poner a decirles “no, no, no, mérmenle, que tampoco”. Suerte, ustedes vean. Ustedes miren a ver. Qué tal yo ahí andar poniéndome a cada vez que a alguien le dé por... La chimba. Háganse cargo. Y vea si por ahí les llega a dar por dejar de joderme… en una de esas hasta me les avispo y me mejoro.

O morir ya faltando nada para llegar, con la escena montada y el público listo. Imagínese la leyenda… Porque es que usted va y se aparece con toda esa expectativa en su más alto momento… Pa´ después no salir con nada… O pues no con nada, pero… No, lo que hay es que (sic) seguir alimentando el mito, si ya la película se la montaron, aprovechar y ahora, pa´ que no se la pillen. Si usted de todas formas quiere aparecerse por allá, ahí sí ya usted verá.

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Tabla decontenido 1 2-3 4 5

Editorial Mariana Gil (Colombia)

chicosconpoderes.blogspot.com

Astrid Ávila (Colombia) astridavila.tumblr.com

Camilo Velásquez (Colombia) facebook.com/esfaleron

Sylvia Gómez G. (Colombia) sylviagomez.net

6-7

Pedro Mancini (Buenos Aires)

8-9

Keki Unpuntito (Argentina)

10-11

Ezequiel García (Argentina)

12-13

Angélica Hoyos (Colombia)

pedromancini.blogspot.com/

cargocollective.com/unpuntito ezequielgarcia.com.ar

hoyosenpapel@gmail.com

Laura Mickan (Colombia) flickr.com/mickanpie

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Lucia Borjas (Venezuela)

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Santiago Ayerbe (Colombia)

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Manuela Fajardo (Colombia)

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Criollan Brothers (América Latina)

behance.net/luciacool

santiagoayerbeart.tumblr.com flickr.com/manuisquity criollanbrothzrs.blogspot.com

Daniel Cadena (Colombia) flickr.com/mrchain

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Jesus Cossio (Perú)

jesuscossiocomics.blogspot.com/

John Muñoz (Colombia)

behance.net/severostyle

Marta Postigo (Perú) elrayorosa@gmail.com Ilustración portada y contraportada


Publicado en junio de 2014, Bogotá, Colombia. ISSN: 2357-5182 Información y contacto: ¡RUGE! todoslosrugidos.blogspot.com todoslosrugidos@gmail Facebook:todoslosrugidos Equipo editorial: Manuela Fajardo Rafael Oliver Sylvia Gómez G.

Este trabajo está licenciado bajo Creative commons Atribución-Compartir igual 3.0 Unported. Queremos que usted pueda copiar, distribuir y comunicar esta obra, pero si lo hace, le pedimos que reconozca nuestra autoría. También puede hacer obras derivadas siempre y cuando las comparta bajo esta misma licencia. Avísenos si lo va a hacer; uno de los propósitos de compartir es generar vínculos. Si quiere usar esta obra de una forma diferente a la que esta licencia permite, escríbanos y nos ponemos de acuerdo.

Producción audiovisual: Laura Mickan vimeo.com/lrmckn Impresión de carátula en serigrafía: Rattrap facebook.com/rat.trap.98 Impresión páginas internas: Centro Gráficas centrograficas@gmail.com Editado y producido por:

Con el apoyo de:

En alianza con:

Esta publicación es beneficiaria de la beca de estímulos para proyectos editoriales en artes plásticas y visuales del Instituto Distrital de las Artes, Idartes.


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Chalupa 07 Autorreferencia  

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