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SUPLEMENTO MENSUAL

OCTUBRE 2017

TODAS

POLÍTICA PÚBLICA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO E INTERCULTURALIDAD: NUVIA MAYORGA NACIONAL

MUJERES RURALES Y MUJERES INDÍGENAS Opinión

Mely Romero • Vitálico Coheto • Hortensia Girón • Fidel Demédicis


DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES RURALES OBJETIVOS DEL DESARROLLO SOSTENIBLE Y EMPODERAMIENTO

En 2017, la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales (15 de octubre), se refiere al empoderamiento de las mismas, relacionándolo además con los Objetivos del Desarrollo Sostenible para “poner fin a la pobreza y el hambre, alcanzar la seguridad alimentaria” y reducir las desigualdades que inhiben el desarrollo de las niñas y mujeres. A este respecto, el Instituto Nacional de las Mujeres coadyuva con las acciones que el Gobierno Federal realiza a través de sus programas y que permiten a las mujeres rurales de México acce-

der a instrumentos y recursos que aseguren su identidad jurídica, la obtención de apoyos para la producción agrícola, títulos de propiedad, entre otros, que viabilizan la reducción de las brechas de desigualdad, así como el desarrollo de las niñas y las mujeres mexicanas que impulsan y fortalecen el ámbito rural. El reto es incrementar el porcentaje de participación de las mujeres en cargos como presidentas de órganos de decisión en los núcleos agrarios. A partir de esto, será necesario realizar tareas coordinadas que refuercen el empoderamiento de las mujeres rurales, de modo que se impulse su desarrollo personal y colectivo.


FRANCISCO A. GONZÁLEZ FRANCISCO D. GONZÁLEZ JESÚS D. GONZÁLEZ CARLOS MARÍN ANGEL CONG PEDRO GONZÁLEZ HUGO CHAPA JAVIER CHAPA ALFREDO CAMPOS ROBERTO LÓPEZ JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA HÉCTOR ZAMARRÓN ÓSCAR CEDILLO BÁRBARA ANDERSON RAFAEL OCAMPO MIGUEL ANGEL VARGAS MAURICIO MORALES ADRIANA OBREGON RICARDO ZAMORA DYANA REYES ADRIAN LOAIZA GUILLERMO FRANCO FERNANDO RUÍZ ALBERTO BRAÑA VALERIA GONZÁLEZ RODOLFO GUTIÉRREZ TOMÁS SÁNCHEZ MARCO A. ZAMORA

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CARTA EDITORIAL

FOTO: CORTESÍA CDI

(†) JESÚS D. GONZÁLEZ FUNDADOR

TODAS SUPLEMENTO MENSUAL REGINA REYES-HEROLES ALBERTO PRADO MIGUEL REYES DARINEL BECERRA LAURA ESCAMILLA EMILIANO GONZÁLEZ BERENICE CHAVARRÍA

EDITORA GENERAL DE SUPLEMENTOS EDITOR DE ARTE GERENTE DE ARTE Y SUPLEMENTOS EDITOR ADJUNTO COEDITORA DE SUPLEMENTOS EDITOR WEB REDACTORA

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LORENA CRUZ SÁNCHEZ PRESIDENTA DEL INMUJERES MARCELA ETERNOD ARÁMBURU SECRETARIA EJECUTIVA MARÍA DE LA PAZ LÓPEZ BARAJAS DIRECTORA GENERAL DE INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO MARÍA GUADALUPE DÍAZ ESTRADA DIRECTORA GENERAL DE TRANSVERSALIZACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO ANA LAURA PINEDA MANRÍQUEZ DIRECTORA GENERAL DE EVALUACIÓN Y DESARROLLO ESTADÍSTICO ROCÍO IVONNE PÉREZ MARTÍNEZ DIRECTORA GENERAL DE ADMINISTRACIÓN Y FINANZAS FLOR DE LIS VÁSQUEZ MUÑOZ DIRECTORA GENERAL ADJUNTA DE ASUNTOS INTERNACIONALES MARTA B. CABRERA GARCÍA DIRECTORA GENERAL ADJUNTA DE COMUNICACIÓN SOCIAL Y CAMBIO CULTURAL PABLO NAVARRETE GUTIÉRREZ COORDINADOR DE ASUNTOS JURÍDICOS ANA ORTIZ MONASTERIO RIVERO COORDINADORA DE ASESORES

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FOTOGRAFÍA DE PORTADA CORTESÍA CDI LOS CONTENIDOS DE LOS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL PRESENTE SUPLEMENTO SON RESPONSABILIDAD DE LAS Y LOS AUTORES FIRMANTES.

MUJERES RURALES E INDÍGENAS Hoy es estratégica la participación de las mujeres rurales e indígenas de México, por sus contribuciones al desarrollo agropecuario; por sus liderazgos y su creciente organización. En la coyuntura que ofrece que este 15 de octubre se conmemoró el Día Internacional de las Mujeres Rurales, desde Todas hacemos un recorrido en distintos puntos de vista de quiénes son y cómo viven. También es momento de reconocerlas, explicarlas y hacerlas visibles. Ellas constituyen un factor fundamental en la economía de sus familias y sus comunidades, pero no solo están actualmente participando en la vida política nacional, desde los ayuntamientos, a donde accedieron tras la reforma política que consideró la paridad para las listas electorales en las cámaras de diputados del país. Es verdad que esta población femenina en México vive situaciones difíciles por su doble condición de mujeres y de pobres; con limitado acceso a la tierra, muchas monolingües y, al mismo tiempo, atrevidas y modernas. Saber que son ellas las depositarias de la seguridad alimentaria, representan un sector estratégico en el desarrollo del campo, como productoras y como mano de obra. Son también quienes han mantenido parcelas y milpas tradicionales

ante la migración de muchos campesinos y son, al mismo tiempo, también migrantes. Por ello, desde INMUJERES cada año son convocadas a contar sus historias. En este número se explora un fenómeno trascendente. Muchas jóvenes de nuevas generaciones campesinas e indígenas han surgido, accediendo a la educación superior y a profesiones no tradicionales; son beneficiarias de un extenso programa de atención, a través de las Casas de la Mujer Campesina, donde reciben servicios de salud, educación, asistencia en asuntos jurídicos y orientación, atención y programas para atemperar la violencia de género. Nos propusimos igualmente darles voz, como una tarea de información y difusión a la que estamos obligadas. En INMUJERES, responsable de la política de género, hace algunos años se instaló una mesa interdisciplinaria dirigida a comprender y generar políticas públicas para atender los efectos de la migración interna y externa; sus emprendimientos productivos y el comercio exterior de sus artesanías. Estamos convencidas de que su condición étnica y discriminada, cambia aceleradamente por su acción propia y las políticas públicas enfocadas a ello.

3. MELY ROMERO CELIS

7. VITÁLICO CÁNDIDO

Subsecretaria de Desarrollo Rural en la SAGARPA

COHETO MARTÍNEZ

4. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ YÁÑEZ Directora de lo Consultivo y Enlace de Género del Registro Agrario Nacional

5. FIDEL DEMÉDICIS HIDALGO Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural

Presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados

11. JULIETTE BONNAFÉ Especialista en Programas, ONU Mujeres México

13. NUVIA MAYORGA DELGADO Directora General de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas

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RETOS PARA LAS LÍDERES INDÍGENAS EN EL SIGLO XXI FOTO: SHUTTERSTOCK

El rol de estas mujeres sirve como ejemplo de los cambios que urge realizar.

MARÍA AMPARO GUTIÉRREZ REYES

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n más de 500 años de resistencia indígena el papel de las mujeres ha sido fundamental para su sobrevivencia, tanto de esa resistencia heroica, como de nosotras mismas. Sin embargo, nuestras intervenciones y acciones han sido poco o nulamente difundidas y reconocidas en la mayoría de los casos, incluso por los teóricos del movimiento indígena. Pensar en la lucha de los pueblos originarios sin incorporar la perspectiva de género, corre el riesgo de que sus logros dejen fuera los derechos y reivindicaciones de las mujeres que constituimos la mitad de la población indígena y en muchas comunidades, debido a la migración, la gran mayoría. Bajo esta óptica, el rol de las líderes indígenas adquiere un carácter relevante por el papel histórico que hemos jugado en el proceso por lograr una sociedad igualitaria, al tener que encabezar la vanguardia de un movimiento que busca visibilizar a miles más, que sufren la subordinación del entronque patriarcal1 y la falta de reconocimiento a nuestra labor de liderazgo en todos los ámbitos, ya que a través de nosotras están representadas no sólo las miles de mujeres, sino también los hombres que aspiran a una sociedad, en condiciones de igualdad. Siglos de patriarcado nos mantienen cercadas en las esferas del no poder; por lo que un considerable número de voces femeninas lo colocan como un problema prioritario para lograr la igualdad entre hombres y mujeres al considerarlo parte de la desigualdad más grotesca en la esfera del quehacer político y uno de los espacios donde con más fuerza se pone en evidencia su subordinación.

Superar la estructura dominante y hegemónica tradicional de distribución de las oportunidades de participación política en todos sus niveles y el reconocimiento social al trabajo que realizan las que lo han podido rebasar, son una clave importante para lograr los cambios sustantivos que se necesitan para construir una sociedad de igualdad y justicia, no sólo para los pueblos indígenas sino para todas y todos los integrantes de la sociedad mexicana. Este problema social, ha sido reconocido como problema público gracias a un conjunto de factores incluido el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994 lo que le permitió ingresar a la agenda pública. Sin embargo, a más de 20 años son persistentes las desigualdades en todas sus manifestaciones, por lo que la lucha por cambiar este sistema de opresión sigue vigente, afortunadamente en este proceso no estamos solas, es esperanzador saber que existen voces que desde el sur, traen vientos de cambio, que están generando una corriente feminista indígena, que reconoce nuestras especificidades y discriminaciones, pero que sigue pensando en colectivo en cuanto al reconocimiento de nuestros derechos como pueblo y que, sobre todo, se encuentra buscando estrategias propias como el feminismo comunitario, en donde consideran que las desigualdades que sufrimos las mujeres indígenas no tienen que ver sólo con el género, sino con otros factores como la clase, la raza y la etnia. Así seguimos soñando en un futuro de igualdad y de justicia, convencidas de que las mujeres, -de la cual mi madre fue un gran ejemplo- nacimos de la tierra, venimos con el viento, caminamos con el tiempo, nos movemos como el agua, somos fuego, luz y energía; por eso, somos el futuro de la humanidad.

Bajo esta óptica, el rol de las líderes indígenas adquiere un carácter relevante por el papel histórico que hemos jugado en el proceso por lograr una sociedad igualitaria

María Amparo Gutiérrez Reyes, Coordinadora Nacional de la Red de Mujeres Indígenas.

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REFERENCIA: [1] Entronque Patriarcal de acuerdo con Julieta Paredes conjunción de patriarcados que vivimos las mujeres indígenas: el que trajeron los conquistadores y el existente en antes de su llegada, que si bien no era tan opresor al entroncarse ambos generaron una mayor discriminación y desigualdad hacia las mujeres indígenas.


Sector Gobierno

EMPODERAMIENTO DE LA MUJER RURAL, UNA DEUDA PENDIENTE

FOTO: CORTESÍA SAGARPA

Nuestro país está inmerso en una desigualdad económica y de género que nos lastima; en el sector rural, esta desigualdad es aún más cruda. Reconocer el papel de las mujeres rurales de nuestra nación nos permitirá llegar más lejos como sociedad.

MELY ROMERO CELIS

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as mujeres en México y en el mundo trabajan más que los hombres recibiendo una remuneración menor. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), garantizar la igualdad de acceso de las mujeres a la tierra y otros insumos agrícolas aumenta la productividad agrícola en 30% y reduce el número de personas con hambre, que en el caso de las mujeres indígenas en México este porcentaje llega casi a 50%. En México viven cerca de 14 millones de mujeres rurales, 2.2 millones de ellas son mujeres rurales indígenas. Estas mujeres, además de ser jefas de familia y administradoras del hogar, son también productoras del sector agroalimentario, sin embargo, y de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), sufren de una triple discriminación: por pobreza; por género y por etnicidad. A pesar de representar más de la mitad de la población rural del país, las mujeres siguen viviendo en condiciones inferiores a las de los hombres. Solo 15.7% de la propiedad de la tierra en México corresponde a mujeres y apenas 1 de cada 10 créditos en el sector van a unidades productivas encabezadas por mujeres. Es impensable que por el simple hecho de ser mujer, y vivir en el ámbito rural, la probabilidad de una mejor calidad de vida sea menor. En la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), decidimos trabajar para cambiar esa realidad, entendiendo que empoderar a las mujeres rurales no solo es un deber moral, sino que es fundamental para erradicar el hambre y conseguir la seguridad alimentaria en México.

Durante 2016, se invirtió una cifra histórica: 8,935 millones de pesos gracias a la convergencia de los Programas de la Secretaría que atendieron a la mujer rural. Esto se tradujo en más de millón y medio de apoyos para las mujeres. Además, este año se creó el Programa El Campo en Nuestras Manos, el plan de acciones más ambicioso en la historia de la SAGARPA para atender a la mujer rural. La estrategia pone a la mujer y su bienestar en el centro de su operación, enfocándose en su desarrollo productivo, a través del impulso de sus proyectos de producción primaria y suma de valor. Los resultados que hemos tenido en menos de un año son evidencia del deseo y capacidad de las mujeres por cambiar su realidad y la de sus comunidades. A inicios de este año, en su primera Convocatoria, el programa obtuvo una demanda de apoyos extraordinaria, casi 4,200 proyectos de mujeres de todo el país, principalmente del sur y centro del país. Hay retos y áreas donde avanzar. Para esto, es importante conocer a detalle la realidad de las mujeres rurales e indígenas al recabar información sobre su entorno, su perfil económico, así como sus contribuciones productivas y el valor de su trabajo, con la finalidad de formular políticas públicas que respondan a sus necesidades, su entorno y su comunidad. En el mundo ya se reconoce al sector agroalimentario de nuestro país. Hoy somos el 12o. productor mundial de alimentos, pero podemos llegar más lejos. Un México más justo y próspero en sus regiones será posible mientras las mujeres tengan las mismas oportunidades para su desarrollo personal, económico y profesional que los hombres. Ir por el camino de la equidad, del respeto y de la libertad traerá recompensas. Mi esfuerzo está dirigido hacia las mujeres y su presente, pero también hacia el futuro de todas las niñas de México, especialmente rurales e indígenas, quienes merecen crecer en un país que las proteja y les garantiza una vida plena y segura.

Un México más justo y próspero en todas sus regiones será posible mientras las mujeres tengan las mismas oportunidades para su desarrollo personal, económico y profesional

Mely Romero Celis, Subsecretaria de Desarrollo Rural en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.

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Sector Gobierno

ACCESO DE LAS MUJERES A LOS ÓRGANOS DE REPRESENTACIÓN DE LOS NÚCLEOS AGRARIOS MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ YÁÑEZ

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a legislación en materia agraria, registra la historia de la lucha de las mujeres para contar con voz, voto y obtener el reconocimiento formal de sus liderazgos. Si bien es importante destacar que la legislación agraria abrogada y vigente no han sido restrictivas o condicionantes en la distinción de género para la integración de mujeres en el Comité Particular Ejecutivo, Comisariado Ejidal, Consejo de Vigilancia o Comisariado de Bienes Comunales, la normatividad si ha registrado avances importantes para impulsar una mayor participación de la mujer en la toma de decisiones al interior del núcleo agrario. La Ley Agraria del 6 de enero de 1915, que fue emitida durante la Revolución Mexicana (1910-1917) por Venustiano Carranza, no contemplaba distinción de género para ser designado como miembro de alguno de los órganos de representación, establecidos en su Artículo 4. Para la Ley Reglamentaria Sobre Repartición de Tierras Ejidales y Constitución del Patrimonio Parcelario Ejidal de 1925, el comisariado ejidal era designado por la junta general de ejidatarios según el artículo 4, y al igual que el Reglamento de la Ley Reglamentaria sobre Repartición de Tierras Ejidales y Constitución del Patrimonio Parcelario Ejidal, expedido en 1926, no efectúan una mención especial al género para la integración del Comisariado Ejidal. Esta situación prevalece en el Código Agrario de 1934, el cual en sus artículos 119 y 120 establecían que la administración de los bienes agrarios y la vigilancia de los fraccionamientos por parte del poblado, estaría a cargo de un Comisariado Ejidal, constituido por tres miembros propietarios y tres suplentes, con los cargos de presidente, secretario y tesorero. En los Códigos Agrarios de 1940 y de 1942 aparecieron los primeros avances concretos, ya que en el artículo 13 del Código Agrario de 1940, que se establece por primera vez expresamente que “Las mujeres a las que

se haya concedido derechos ejidatarios de acuerdo con el censo que sirvió de base para dictar la resolución presidencial, podrán ser electas para los cargos de Comisariado Ejidal y del Consejo de Vigilancia”, situación que también incorporó el Código Agrario de 1942. En la Ley Federal de Reforma Agraria, ordenamiento agrario vigente entre los años 1971 a 1992, establecía en el artículo 38 que para ser miembro de un Comisariado Ejidal se requería ser ejidatario del núcleo de población de que se trate y estar en pleno goce de sus derechos. Y en su artículo 45 señala expresamente que las mujeres que disfrutaran de derechos ejidales tendrían voz y voto en las Asambleas Generales y serían elegibles para cualquier cargo en los Comisariados y en los Consejos de Vigilancia, consolidando así su derecho a formar parte de los órganos de representación de los núcleos agrarios. Con la Ley Agraria de 1992, en el artículo 12 se prevé que son ejidatarios los hombres y las mujeres titulares de derechos ejidales, en su artículo 32 se establece que el comisariado ejidal es el órgano encargado de la ejecución de los acuerdos de la asamblea, así como de la representación y gestión administrativa del ejido. El 19 de diciembre de 2016, con la publicación en el Diario Oficial de la Federación del Decreto que adiciona un segundo párrafo al artículo 37 de la Ley Agraria, se registra otro importante avance, al establecer que en las candidaturas a puestos de elección para la integración del comisariado ejidal y el consejo de vigilancia, deberán integrarse por no más del 60% de candidatos de un mismo género, pudiendo aspirar a cualquiera de los puestos indistintamente, y que para las demás comisiones que existan al interior de los ejidos se procurará la integración de las mujeres. La adopción del esquema de cuota de género, es una medida concreta que busca dar respuesta al desequilibrio de género en los órganos de representación de los ejidos, y que procura llegar en algún momento a la paridad. De conformidad con el artículo 4 Constitucional, y consistente con la reforma al Artículo 37 de la Ley Agraria publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de diciembre de 2016, el Registro Agrario Nacional emite con fecha 22 de febrero de 2017 la Circular Número 04/2017, relativa a los criterios para la calificación registral de las Actas de Asamblea de Elección de los Órganos de Representación de los núcleos agrarios, en la cual se establecen los aspectos que deberán tomar en cuenta las Delegaciones de este órgano registral para calificar la cuota de género en la integración de las planillas para el comisariado ejidal o comisariado de bienes comunales y el consejo de vigilancia. Si bien, es aún insuficiente para ofrecer una situación de equidad de género, la legislación agraria vigente ha avanzado al otorgarle plenos derechos a las ejidatarias y comuneras sobre la tenencia de la tierra, y darle un justo reconocimiento a su contribución, al otorgar mayores espacios de participación en las decisiones de núcleos agrarios, como integrantes de órganos de representación. Actualmente en el Registro Agrario Nacional existen 14,817 núcleos agrarios con órganos de representación inscritos, dentro de los cuales 11,914 mujeres forman parte integrante del Comisariado Ejidal o del Consejo de Vigilancia. Para mayor información, lo invitamos a consultar: http://www.ran. gob.mx/ran/index.php/sistemas-de-consulta/estadistica-agraria/estadistica-con-perspectiva-de-genero.

La adopción del esquema de cuota de género, es una medida concreta que busca dar respuesta al desequilibrio de género en los órganos de representación de los ejidos

María Guadalupe Martínez Yáñez, Directora de lo Consultivo y Enlace de Género del Registro Agrario Nacional.

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LO FEMENINO Y LO IGUAL FOTO: SHUTTERSSTOCK

El feminismo da pasos firmes para poder igualar el acceso a las oportunidades de mujeres indígenas y rurales.

ALMA A. VALENCIA ARANA

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a agenda femenina rural, desde donde se mire será siempre un espacio llano e infinito, sordo y lejano, incoloro y transparente como un papel en blanco antes de ser escrito y un lugar opaco antes de que la luz pueda encenderla. Podemos sentir los vientos de cambio electoral, que extienden sus aires en busca de la fraternidad y hay en las personas gestos inevitables, incomodidades, recuerdos de otros cambios que no fueron cambios, sino mera transición. Quisiéramos cerrarle las puertas, pero a fin de cuentas tenemos que abrirlas porque siempre guardaremos esa íntima tristeza de que los cambios pueden ser posibles, y si lo olvidamos, regresemos al surco desde donde están otras mujeres, para que entendamos ese espíritu de inocente alegría y esperanza que una nueva sociedad es posible de crear. Porque unas, las que estamos en campo con otras mujeres, nos acordamos muy bien de todas las cosas pendientes que estamos quedando a deber a esas mujeres de sonrisas francas y miradas tristes, que a pesar de los pesares siguen empujando a este país. La agenda femenina rural, no puede estar ajena a ellas y no solo nombrarlas, sino invitarlas a esta fiesta de lo femenino, del feminismo, no del igualitarismo como muchas lo conciben. No es cosa tampoco para mí muy clara, porque en el fondo de las palabras hay sonidos como de diferencia, quizá porque mi naturaleza también es rural como ellas y ando muy orgullosa de ser su igual. Me cuesta entonces platicarles que el feminismo tiene esa intención, de poner al frente de cada una la posibilidad de mirar esas situaciones históricas de opresión

y desigualdad. No es nada más tener los mismos salarios, o poder ir a la escuela, u ocupar puestos políticos, o de que el marido “ayude” al cuidado de la casa de ambos o a cocinar que él también comerá. El feminismo camina más largo y firme que el de igualar el acceso a oportunidades. Se trata de reconstruir a las instituciones y reeducar a las estructuras patriarcales para cambiar esas reglas costumbristas que se han impuesto como parte de su rol de ser mujer, envueltas en halos de ignorancias. Saber que en lo general el feminismo tiene que ver con una forma distinta de concebirnos y de ser reconocidas. La palabra feminismo retumba en ellas desde el sonido de las voces de la iglesia, o de otros hombres en sus burlas. Hay que cambiar ese sonido en ellas para no perder la oportunidad de visualizar la forma en que han (hemos) sido excluidas y sometidas. El igualitarismo nos lleva a creer que únicamente al ser reconocidos algunos derechos, el patriarcado se va a acabar. No quiere decir que vamos a fundar una sociedad donde también seremos parte de ese patriarcado sino de pensar que esa forma de concebir al mundo y a nosotras, va a cambiar. Cada vez que veamos a una de nuestras hijas cuando sea obligada por sus padres o hermanos a casarse porque alguien ya la “tocó”; o una mujer muerta por esas violencias domésticas; cada vez que queremos salir a los espacios de participación; cada vez que otras voces deciden por ellas y se encuentran en el camino manos y voces masculinas tratando de hacernos voltear a la pared; cada vez que pisamos las calles y sentimos ser vulnerables; cuando nos acusan de ser provocadoras de violación; cada vez que nos hacen sentir ser un objeto; cuando dicen que nuestro cuerpo no nos pertenece; cuando nos hacen señas con los ojos para callarnos; ahí deberá estar el feminismo para recordarnos que no se trata únicamente de ser iguales, se trata de escuchar en esa palabra, el sonido de muchas voces que somos para hacer de nosotras y nuestra sociedad un lugar donde la luz esté siempre encendida.

Se trata de escuchar en esa palabra, el sonido de muchas voces que somos para hacer de nosotras y nuestra sociedad un lugar donde la luz esté siempre encendida

Alma A. Valencia Arana, Red Nacional de Mujeres Rurales AC.

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Poder Legislativo

MUJER RURAL: CARÁCTER Y PERSEVERANCIA FIDEL DEMÉDICIS HIDALGO

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a mujer rural es clave dentro de la economía social en cualquier país. Su aporte no solo está acotado a ser la mano de obra en las parcelas, sino también dentro de la investigación, la ciencia y la tecnología que a través de los años han ido evolucionando en conjunto con el campo. La mujer rural es el claro ejemplo de lo que significa tener carácter y perseverancia, pues históricamente y a pesar de la clara desventaja con su símil del sexo opuesto, ha resultado ser, contra todo pronóstico, la vanguardia en temas rurales en México y el mundo. No podríamos imaginar una zona rural en México sin el trabajo de las manos de cientos de miles de mujeres que extraen los alimentos de las entrañas de la tierra y que a diario toman el papel de madres, de hijas, de esposas, pero principalmente de trabajadoras al servicio de la patria, quienes sin chistar y sin reparos, salen cada mañana con las ilusiones intactas a dar la cara por un México, al que, si en algún sector le hace falta inversión, es al rural. Según la FAO, se estima que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, aumentarían el rendimiento de sus explotaciones agrícolas entre 20% y 30%, sacando de 100 a 150 millones de personas del hambre. El acceso equitativo a los recursos incrementaría el rendimiento agrícola total en los países en desarrollo entre 2.5% y 4%, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y al crecimiento económico. Es importante señalar que, por lo antes mencionado, se debe empoderar a la mujer de este sector, hacerle ver que es pieza fundamental de todo un sistema rural, agrícola y ganadero, que requiere de su orden y su astucia y, a su vez, dar cuenta al servidor público que la mujer rural puede ser tan o más productiva y tan o más importante que una oficinista, burócrata o política de ciudad. Bien lo dijo alguna vez el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon: “El empoderamiento de las mujeres rurales es crucial para poner fin al hambre y la pobreza”. No obstante, en nuestro país tenemos grandes rezagos ideológicos que hacen ver mermada la labor fundamental de las mujeres en el desarrollo

rural y agropecuario; además de visibles carencias como la falta de acceso a la educación, el acceso limitado al crédito y la poca o nula asistencia sanitaria. No podemos dejar de lado algunos indicadores que señalan diversas organizaciones civiles como que, alrededor de 500 millones de mujeres del medio rural viven por debajo de la línea de la pobreza, de las cuales un alto porcentaje pertenece, de manera indignante, a nuestro país. Es intolerable permitirnos como sociedad y como gobierno abandonar a aquellas damas que, con su sudor y su trabajo incansable, luchan cada día por la seguridad alimentaria de un país que año con año ve reducido su presupuesto rural, todo lo contrario, debemos generar y aplicar mecanismos que coadyuven a subsanar las problemáticas mencionadas y no seguir pasando por encima de los derechos de la mujer rural, sobajando su labor y denigrando su persona. Dicho lo anterior podemos concluir que a pesar del gran trabajo y la incansable labor que realiza de sol a sol nuestra mujer rural en pro del desarrollo de todos los mexicanos, tenemos grandes retos y metas por alcanzar y por cumplir desde cada una de nuestras trincheras. Son ellas, también, parte de un relevo generacional en el campo, pues según el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (CEAMEG), las mujeres que participan en la producción agrícola son jóvenes, ya que 62.5% tienen menos de 45 años. La creciente migración obligada por buscar opciones de vida en el extranjero ha provocado un fenómeno particular del campo: la feminización de la agricultura, haciendo más necesaria la participación de la mujer. Actualmente las remesas que envían nuestros migrantes a sus hogares (27,000 mdd) son la segunda fuente de divisas del país y la principal fuente de ingreso de una cantidad importante de hogares rurales. La diferencia entre mujer urbana y mujer rural debería ser nula, sino fuera porque existe una brecha impresionante en las condiciones de vida que hay en el campo en relación con la ciudad. El trabajo en la parcela, en el hogar o bien los servicios domésticos que realizan las mujeres deberían ser reconocidos, así según la OCDE, la mujer rural tiene un PIB per cápita 50% menor que el promedio nacional. Según la misma fuente la pobreza rural es del 56% de la población y un 28% vive en pobreza extrema. En el campo solo 68% de las viviendas tienen piso firme, 52% drenaje, 87% electricidad y 16% servicio telefónico. La salud es también una gran carencia, ya que la mortalidad infantil es tres veces mayor que en la capital del país. Igual sucede con la escolaridad, donde el promedio de la población rural es menor a cinco años, casi la mitad de los 9.7 años que se tiene como escolaridad en la Ciudad de México. El 95.5% de las mujeres rurales del país, con 12 años o más, realiza algún tipo de trabajo, doméstico principalmente, trabajo que no es reconocido. La mujer rural es una de las pocas posiciones de género que tiene al 15 de octubre como Día Internacional de la Mujer Rural, por acuerdo de la ONU, pero poco nos sirve una celebración sino mejoran las condiciones de la mujer rural. No olvidemos, no abandonemos y no menospreciemos a estas heroínas de botas, sombrero y campo, pues si lo hacemos entonces habremos puesto el último clavo al ataúd del desarrollo rural en México.

Es necesario aplicar una mirada interseccional con énfasis en la garantía del derecho a la consulta y participación de los pueblos y las mujeres indígenas

Fidel Demédicis Hidalgo, Presidente de la Comisión de Desarrollo Rural del Senado de la República.

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Poder Legislativo

FOTOS: SHUTTERSTOCK

LA MUJER INDÍGENA FRENTE AL DESTINO DE SU CULTURA Educar a una mujer indígena permite la recuperación de la grandeza de los pueblos indígenas.

VITÁLICO CÁNDIDO COHETO MARTÍNEZ

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a mujer indígena ha jugado un papel muy importante en la vida económica, política, social y cultural de las comunidades indígenas. Gracias a ellas, las lenguas indígenas se preservan porque son quienes enseñan a sus hijos a hablarlas; además, transmiten el conocimiento de otros importantes aspectos de la cultura y reafirman la identidad. Hoy conocemos la grandeza de nuestras culturas originarias, de sus usos y costumbres, de su música, danzas y, sobre todo, el vestuario, porque ellas enseñan a sus hijas a elaborarlo y portarlo con dignidad. Gracias a las mujeres indígenas, a pesar de todos los intentos de homogeneización cultural, desde la Colonización y en particular desde la Revolución Mexicana, sobreviven 68 pueblos indígenas. Sin embargo, por falta de efectivas políticas de desarrollo con perspectiva de género, poco interés se ha dado al desarrollo de la mujer indígena y aun cuando las estadísticas de educación señalan un aumento en el acceso, la matrícula de mujeres es menor en comparación a la de los hombres. No se han estudiado las causas principales y en consecuencia se ha desviado la atención. En materia de desarrollo económico, la mujer indígena, a la par que el hombre, cultiva la tierra y procura la alimentación y bienestar de su familia. Sin embargo, pocos son los programas de capacitación y de apoyo para proyectos productivos que privilegien la participación de la mujer indígena.

En muchas comunidades y ante la falta de capacitación y fuentes de empleo, la mujer se dedica a la elaboración de artesanías, pero no cuenta con apoyos gubernamentales para su comercialización. La mujer indígena es la que procura que se lleven a cabo, dentro de su comunidad, las celebraciones y tradiciones, como las fiestas típicas: Día de Muertos, fiestas patronales y otras. Propicia la ayuda solidaria de su familia tanto en trabajo comunitario como en el propio núcleo familiar, de la misma manera ocurre cuando se da el deceso de un miembro de la comunidad. No obstante, la mujer indígena padece cotidianamente la negación de sus derechos políticos, no los ejerce plenamente y ello constituye una tarea fundamental pendiente de solucionar. Hoy, que oficialmente se abre la oportunidad de la participación política de las mujeres, los partidos políticos y las diferentes organizaciones de apoyo a la mujer deben propiciar encuentros, realizar páneles y foros en los que puedan expresar sus ideas y darles la confianza para que en sus comunidades asuman el poder y ejerzan el liderazgo que la mujer indígena ha acreditado en el terreno económico, social y cultural. Todo se debe traducir en un nuevo liderazgo político forjado por la mujer indígena. Las indígenas que ocupan las alcaldías, sindicaturas, regidurías y otros cargos, es imprescindible que fomenten e impulsen un gobierno con perspectiva de género para que paulatinamente se logre el éxito, para ello, es necesario que las dependencias les brinden su apoyo y lograr el mejor desempeño. El pueblo dice: “Si educas a un hombre, educarás a un individuo, si educas a una mujer, educarás a un pueblo”. Por esta y otras razones, educar a una mujer indígena es estar en el camino hacia la recuperación de la grandeza de los pueblos indígenas.

La mujer indígena padece la negación de sus derechos políticos, no los ejerce plenamente y ello constituye una tarea fundamental pendiente de solucionar

Vitálico Cándido Coheto Martínez Presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados.

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Academia

LOS MUCHOS MÉXICOS... RAFAEL TONATIUH RAMÍREZ BELTRÁN

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obre la base de la diversidad de ecosistemas y biológica que existe en nuestro territorio, se constituyó en un periplo milenario poblacional, una gran diversidad cultural y étnica, que hasta nuestros días nos sigue caracterizando, debiendo ser uno —no siempre lo ha sido— de los grandes orgullos nacionales. Los muchos Méxicos contenidos en nuestra geografía y que siguen vivos. Existen más de 65 grupos étnicos distribuidos en el país que, con su lenguaje, costumbres, cosmovisiones, identidad, principios, creaciones artísticas, religiosidad, fiestas, creencias, símbolos, prácticas comunitarias, ritos, saberes y resistencias, son parte innegable del patrimonio intangible de sabiduría que tiene la especie humana. La Encuesta Intercensal (INEGI: 2015) nos indica, un total de población indígena de 12,025,947 personas, que constituye 10.1% de la población nacional. Son más ellas que ellos: 6,146,479 son mujeres (51.1%). En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo segundo destaca la relevancia de los indígenas: La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas; El derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional (decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural, la resolución de los conflictos internos, preservar su lengua, conservar su hábitat, etc.); La Federación, los Estados y los Municipios, deben promover la igualdad de oportunidades de los indígenas y eliminar cualquier práctica discriminatoria (lo que los obliga a: impulsar el desarrollo regional; incrementar el nivel escolar; posibilitar el acceso a servicios de salud, etc.) En la Carta Magna —el cimiento jurídico sobre el que se soportan las instituciones, las iniciativas de desarrollo nacional y las políticas públicas— los indígenas tienen una gran relevancia en aspectos como la determinación histórica fundacional, la autonomía relativa y las oportunidades que se propicien para su desarrollo particular. Sin embargo, la realidad en su terquedad desigual nos sigue mostrando que es persistente el olvido sobre este grupo: La población indígena de México forma parte de los estratos más pobres y desfavorecidos de nuestra sociedad; (…) La misma precariedad

de las condiciones de vida y las alternativas posibles afectan de manera diferencial a las distintas culturas a las que pertenecen los pueblos indígenas, y también afectan en mayor medida a las mujeres. Si lo vemos crudamente no es alentador el escenario para algunas de ellas: mujeres, pobres, indígenas y con desigualdad al interior de sus familias. Esta cuádruple negación o marginación de la mujer indígena tiene múltiples causas, que por espacio no desarrollaremos. En este contexto: ¿qué, a pesar de la adversidad, está haciendo ese dignísimo 5% de la población por incorporarse al desarrollo nacional o simplemente por salir de la marginación y sobrevivir? sorprende la capacidad de resiliencia de las indígenas en: Proyectos productivos (artesanales, turísticos, agrícolas, sustentables, culturales, etc.), generadores de ingresos y de microempresas de las mujeres indígenas que coinciden con los Estados con mayor presencia de ellas, como Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Pero también en zonas específicas del Estado de México e Hidalgo. (García L. y Jácome T.:2006) El sistema educativo tiende a seguir manteniendo en los niveles más bajos de desarrollo educativo y de aprendizaje a los indígenas (Schmelkes, S.: 2013), sin embargo, no se puede negar que la presencia de las mujeres indígenas en los distintos niveles es cada vez mayor, han colaborado en ese afán: la educación indígena, las Universidades Tecnológicas, las Universidades Interculturales Indígenas, las Estatales y Nacionales y proyectos educativos con jornaleras agrícolas y migrantes. Este es el inicio de pequeñas batallas ganadas por nuestras indígenas en su reapropiación y conciencia de sí mismas, pero se podrían citar otras: participación en organizaciones de la sociedad civil; en movimientos sociales; en partidos políticos; en diferentes medios y redes colectivas; transformaciones familiares e ideológicas; en derechos laborales y jurídicos y en la vida cultural de nuestro país; y en la aportación a las remesas que recibe el país, cuando han emigrado. Victorias, si se quiere locales o humildes, pero son, sin proponérselo, tácticas en la gran transformación necesaria del país.

Los indígenas tienen relevancia en la determinación histórica fundacional, la autonomía relativa y las oportunidades para su desarrollo

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán, Profesor e investigador universitario, SNI nivel 1 Conacyt.

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Referencias: García L. y Jácome T. et. al. (2006). Las mujeres indígenas de México: su contexto socioeconómico. Instituto Nacional de las Mujeres. Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Consejo Nacional de Población. Secretaría de Salud. México. Pineda R, Vizcarra B. et. al. (2006). Gobernabilidad y pobreza: proyectos productivos para mujeres indígenas mazahuas del Estado de México Indiana, núm. 23, 006, pp. 283-307 Ibero-Amerikanisches Institut Preußischer Kulturbesitz Berlin, Alemania Schmelkes, S. (2013). Educación y pueblos indígenas: problemas de medición. Instituto Nacional de Evaluación Educativa. México. http://www.ordenjuridico.gob.mx/constitucion.php http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/especiales/intercensal/


Trabajo

BORDADORAS DE SUEÑOS FOTO: SHUTTERSTOCK

Las mujeres zapatistas rompieron la división sexual del trabajo y eso les cambió la vida.

MARÍA ENRIQUETA BURELO MELGAR

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oy, a 23 años de que el EZLN sorprendió a México y al mundo una fría madrugada de enero del 94, sorprendidas descubrimos que la Comandante Ana María, dirigió la toma de San Cristóbal de las Casas. La irrupción zapatista demostró que las mujeres eran más que servir la cocina, artesanas, tener hijos, sino que podían tomar las armas, ser soldadas. Rompieron la división sexual del trabajo. Ello significó incursionar en un mundo nuevo: aprender español, a leer y a escribir, a nutrirse tanto física como intelectualmente, tener acceso a la salud, mejor calidad de vida, no morir en un parto o que sobreviva el bebé. Encontraron obstáculos de insurgentes, oposición a dar órdenes. Libraban dos batallas: la liberación de sus pueblos y la de ellas mismas: “queremos que sea reconocida nuestra forma de vestir, de hablar, de gobernar, de organizar, de rezar, de curar, trabajar en colectivos, respetar la tierra y entender la vida, que es la naturaleza que somos parte de ella”. Tras 22 años preguntamos qué ha pasado: ¿viven las campesinas indígenas en mejores condiciones? ¿Hay violaciones a sus derechos? ¿Se continúa privilegiando el trabajo masculino? La división sexual del trabajo no significa reparto equitativo del trabajo, sigue privilegiado el masculino. Ellas hacen doble o triple jornada. Apoyan a sus parejas en la milpa: “Trabajamos igual que los hombres, al término de nuestra jornada, nadie nos sirve la comida, nadie respeta ni da valor a nuestro trabajo y nadie confía en nuestra capacidad para decidir: hasta para comprar jabón tenemos que pedir permiso, y ellos, si toman trago, todo se vuelve peor”. Veinte años no fueron suficientes para una diferencia positiva. Ellas ya no son las mismas, pero sus entornos relacionales siguen iguales. El mercado y las políticas públicas no han mejorado ni su pobreza, ni su posición subordinada, sí han profundizado sus dependencias y han transformado sus formas de vida, identidades y culturas, pero se acrecentaron la exclusión social y la violencia.

Dicen que las instituciones no promueven cambios sustantivos para erradicar la violencia contra las mujeres. Hoy se hizo visible como no pasó antes. Los derechos políticos de las mujeres se hicieron evidentes, pero experimentan más violencia que nunca. Antes, “yo pude jugar de niña, fui a la escuela, nos sentimos más importantes, nos casamos más tarde y los hijos fueron más espaciados”. Hay una presencia significativa de mujeres indígenas en la política. María Gloria Sánchez por segunda vez es presidenta de Oxchuc; Rosa Pérez, presidenta de Chenalhó; Cecilia López, expresidenta municipal de Oxchuc, hoy diputada local; muchas regidoras. Pero hay violencia política. Ésta, dirigida a las mujeres por desafiantes al patriarcado, las normas y las prácticas sociales. Destacó la presencia de Silvia Juárez Juárez, cuyo trabajo se enfoca en la defensa del territorio indígena zoque frente a la extracción minera. Es una defensora comunitaria, genera conciencia sobre los impactos de la extracción de hidrocarburos. La lucha de las indígenas se ha diversificado. Por un lado, se continúa luchando por erradicar la violencia familiar, buscan pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, acceso a la tierra, tener voz y voto en las asambleas y son los puntales de la economía familiar y comunitaria, e impiden la pérdida de la cultura tradicional. Concluiríamos, que si bien la irrupción del EZLN les trajo una serie de beneficios todavía hay mucho por hacer y más dificultades que las del 94. Es necesario fortalecer procesos organizativos con el empoderamiento de personas clave, el auxilio de instrumentos legales como la CEDAW, un nuevo orden económico internacional basado en la equidad y la justicia, para promover la igualdad. Los Estados están obligados a modificar los patrones socioculturales para eliminar los prejuicios y las prácticas consuetudinarias basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres.

La división sexual del trabajo no significa reparto equitativo del trabajo, sigue privilegiado el masculino. Ellas hacen doble o triple jornada

María Enriqueta Burelo Melgar, Secretaria para la Igualdad de las Mujeres del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez.

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PROMOVER LA IGUALDAD DE GÉNERO EN EL MEDIO RURAL CONLLEVA BENEFICIOS PARA TODAS Y TODOS

FOTO: SHUTTERSTOCK

EDWVIGIS RODRÍGUEZ GUERRERO

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as mujeres rurales, indígenas y campesinas han visto cambios importantes durante los últimos años en relación con su reconocimiento dentro de marcos jurídicos e institucionales que les permiten acceder a diversos programas y acciones para fortalecer su desarrollo. Sin embargo, no puede soslayarse que aún quedan temas pendientes de atender, y es hacia donde apunta la agenda de género en este sector de la población. Los cambios institucionales en México deben ser acompañados por la implementación cotidiana de la igualdad de género, es decir, aquellos elementos que las leyes postulan para lograr mayores niveles de paridad entre mujeres y hombres para su acceso a mejores condiciones de vida tienen que permear las prácticas sociales, políticas, económicas y culturales que diariamente afectan o favorecen a las personas, tanto en lo individual como en lo colectivo. Promover la igualdad de género en el medio rural mexicano conlleva beneficios no únicamente para la población objetivo de las acciones o políticas públicas, sino para toda la sociedad. La pobreza, la marginación, la exclusión y las brechas de desigualdad habrán de erradicarse en función de que las personas participen del cumplimiento de sus derechos humanos, entre los cuales se observa el acceso a la salud, trabajo digno, medio ambiente sano, recursos hídricos y demás cuestiones relevantes para el desarrollo. En este sentido, es necesario resaltar que las mujeres rurales, indígenas y campesinas requieren de mayor autonomía para determinar qué necesitan y cómo resolverán sus necesidades. El conocimiento que poseen sobre sus entornos y las dinámicas de sus comunidades permite integrar perspectivas acerca de los mecanismos de solución a conflictos o carencias. Para esto, es indispensable que se asegure la participación política de las

mujeres de modo que sus liderazgos conduzcan a la atención de los grupos vulnerables o que presentan más desventajas. Una de las principales problemáticas al respecto, es la limitación con que viven las mujeres para ejercer sus derechos políticos en núcleos agrarios o municipios rurales e indígenas, sea esto por falta de reconocimiento o por resistencias a darles mayor inclusión en la integración de órganos de toma de decisión y de gobierno. Incluso, la violencia ha sido un factor fundamental para que las mujeres no realicen este tipo de actividades, aun cuando sus aportaciones son trascendentales. Por otra parte, las mujeres rurales, indígenas y campesinas han ido ocupando cada vez más espacios en la generación de riqueza para sus familias y comunidades, pero la distribución de las tareas del hogar no ha tenido cambios que permitan a mujeres y hombres cumplir con estas responsabilidades de manera equitativa. En consecuencia, las mujeres trabajan mucho más tiempo que los hombres, inclusive, sin que este esfuerzo implique un ingreso monetario. Asimismo, el acceso a la propiedad de la tierra debe ser asunto prioritario para que las mujeres del medio rural logren su inserción en programas que busquen fortalecer la producción y comercialización agrícola, pecuaria y ganadera, pues ellas también forman parte del campo mexicano, al que es toral rescatar y posicionar en el primer plano del desarrollo de nuestro país. Sin la inclusión efectiva de las mujeres en el desarrollo, las desventajas sociales y las desigualdades no serán atendidas. Por tanto, al ser el campo uno de los sectores que más ha aportado al crecimiento de México, tiene que trabajarse con más ahínco para que la igualdad entre mujeres y hombres genere procesos de desarrollo integral, en el que todas y todos participen y de cuyos beneficios, todas y todos sean acreedores.

Las mujeres rurales, indígenas y campesinas han ido ocupando cada vez más espacios en la generación de riqueza para sus familias y comunidades

Edwvigis Rodríguez Guerrero, Subdirectora de Sustentabilidad y Medio Ambiente del INMUJERES.

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ONU

DERECHOS DE LAS MUJERES INDÍGENAS ONU Mujeres y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir realizan labores conjuntas para analizar la legislación federal, en cuanto a la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres indígenas.

FOTO: CORTESÍA

JULIETTE BONNAFÉ

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a Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas cumple diez años. Este aniversario representa una oportunidad de hacer un balance, y ver, 10 años después de su formulación, qué tanto se han aplicado en México los principios de la Declaración, en particular para las mujeres indígenas. ONU Mujeres y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir han realizado un análisis conjunto de la legislación federal mexicana a la luz de lo establecido en la Declaración, en lo relativo a la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres indígenas. Los resultados, si bien muestran indudables avances en la armonización legislativa nacional con este importante instrumento que constituye la Declaración, también revelan oportunidades de mejora. A continuación, se plantean algunas recomendaciones para garantizar los derechos de las mujeres indígenas, acorde con lo que marca la Declaración: š Participación plena de las mujeres indígenas en los espacios de representación y decisión, dentro y fuera de su comunidad, así como el derecho a votar y ser votada, en el marco del contexto cultural y colectivo del que son parte. š Acceso justo de las mujeres indígenas a las tierras, territorios y recursos naturales. š Acceso a servicios educativos y de salud, interculturales y de calidad, gratuitos y de carácter resolutivo, con pleno respeto a su forma de organización e identidad cultural y colectiva.

š Ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres adolescentes, jóvenes y adultas, tomando en cuenta los recursos y métodos tradicionales de atención y prevención. š Medidas para garantizar los derechos de las trabajadoras en contexto de migración dentro y fuera del país. š Prevención, atención, sanción y eliminación de la violencia, aplicando protocolos que tomen en cuenta el contexto cultural y comunitario de las mujeres indígenas. š7YY[ieW`kij_Y_Woh[fWhWY_ŒdZ[bWi violaciones de sus derechos humanos. Se debe promover la participación de las mujeres en la definición de medidas de reparación, con pleno respeto a su identidad cultural y colectiva. Como lo ha indicado el propio Comité de la CEDAW, las estructuras de poder y acuerdos de autonomía local indígenas tienden a excluir la participación y la perspectiva de las mujeres. Por ello, es necesario aplicar una mirada interseccional con énfasis en la garantía del derecho a la consulta y participación de los pueblos y las mujeres indígenas, así como las perspectivas de género e interculturalidad, en la adopción y aplicación de medidas para garantizar sus derechos. Tanto la perspectiva de interculturalidad como la perspectiva de género cuestionan y critican la visión tradicional de la “neutralidad” de las normas a la luz de las desigualdades estructurales que enfrentan las personas y los pueblos indígenas así como las mujeres y niñas. Por ello son tan urgentes como fundamentales estas perspectivas, y solo utilizándolas se podrán garantizar los derechos de las mujeres indígenas en México.

Es necesario aplicar una mirada interseccional con énfasis en la garantía del derecho a la consulta y participación de los pueblos y las mujeres indígenas

Juliette Bonnafé, Especialista en Programas, ONU Mujeres México.

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Procuraduría Agraria

HORTENSIA ERÉNDIRA GIRÓN FLORES

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l término de la Revolución Mexicana, los campesinos e indígenas vieron plasmados sus derechos de acceso a la tierra en el artículo 27 Constitucional; en él se establecía que los pueblos despojados de sus tierras tendrían la vía de la restitución, o bien, el reconocimiento de sus bienes comunales; para los campesinos sin tierras, tendrían el derecho a solicitar la dotación. Los hombres eran los privilegiados al recibir la tierra, en una estricta división sexual del trabajo, solo en caso de que quedaran viudas y con hijos, se consideraba que las mujeres podrían incluirse en el padrón de ejidatarios o comuneros. A partir de 1992, con la reforma al artículo 27 Constitucional que concluyó el reparto de tierras e inició la regularización de las posesiones, se hicieron los primeros estudios para conocer las características de la propiedad social y el perfil de los titulares de derechos agrarios. Actualmente, existen en el país 29,618 ejidos y 2,374 comunidades agrarias, que hacen un total de 31,992 núcleos agrarios, integrados por 3.8 millones de ejidatarios o comuneros con sus derechos certificados, dueños de 51% del territorio nacional. Las mujeres son la cuarta parte de los titulares de derechos agrarios con 1.3 millones. De los 31,992 núcleos agrarios, en 6,698 hay presencia indígena, es decir, en 21% de los ejidos y comunidades agrarias la población indígena fue beneficiada en el reparto agrario.

FOTO: SHUTTERSTOCK

LAS MUJERES INDÍGENAS EN EJIDOS Y COMUNIDADES AGRARIAS Lo anterior, muestra la gran importancia que tienen los ejidos y comunidades agrarias, prácticamente cualquier proyecto de desarrollo regional, incorpora a la propiedad social y, por ende, a los ejidatarios y comuneros, entre ellos, a las mujeres. La presencia de las mujeres es mayor en las comunidades agrarias, con 29% del total de comuneros; mientras que, en los ejidos, el porcentaje es de 22%. Las mujeres con derechos agrarios tienen acceso a la parcela, las tierras de uso común, a poseer un solar en el asentamiento humano, a formar parte de las actividades de la parcela de la mujer, a participar en la asamblea con voz y voto y, a ser electa para ocupar algún cargo en el comisariado. La asamblea es el máximo órgano de decisión en los ejidos y comunidades agrarias; por su parte, el comisariado formado por tres personas con los cargos de presidente, secretario y tesorero, son quienes representan al núcleo agrario y su actuación es con base en los acuerdos que celebre la misma. La participación de las mujeres en el comisariado es distinta si analizamos a los ejidos y comunidades agrarias sin presencia o con presencia indígena. En los 31,992 núcleos agrarios existentes, hay 10,536 mujeres en los cargos del comisariado ejidal, o sea, en 38% de los ejidos y comunidades agrarias hay por lo menos una mujer. En 6,698 núcleos agrarios con presencia indígena, hay 1,532 mujeres en el comisariado, es decir, 25% tienen mujeres ocupando cargos de representación. En conclusión, las comunidades agrarias son frecuentemente población indígena, pertenecen a pueblos originarios que habitaban territorios antes de la llegada de los españoles y, en el reparto agrario, solicitaron la restitución de sus tierras o el reconocimiento de sus bienes comunales. Las mujeres tienen un mayor acceso a los derechos agrarios en las comunidades agrarias, en comparación con los ejidos; sin embargo, las mujeres tienen menor acceso a ocupar cargos de representación en el comisariado de las mismas.

Las mujeres tienen un mayor acceso a los derechos agrarios en las comunidades agrarias, en comparación con los ejidos; sin embargo, tienen menor acceso a ocupar cargos de representación en el comisariado

Hortensia Eréndira Girón Flores, Directora General de Organización Agraria en la Procuraduría Agraria.

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Sector Gobierno

EL MUNDO DE LAS MUJERES INDÍGENAS Y RURALES

FOTO: CORTESÍA CDI

Gracias a los programas estatales, las mujeres indígenas cuentan con ingresos monetarios y no monetarios que permiten su empoderamiento económico.

NUVIA MAYORGA DELGADO

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partir de la Encuesta Intercensal 2015 y el criterio de hogar indígena se cuantifica un total de población indígena de 12,025,947 personas, que constituye 10.1% de la población nacional. Del total de población indígena estimada, 6,146,479 son mujeres (51.1%) y 5,879,468 son hombres (48.9%). En cuanto a la distribución por tamaño de localidad de residencia, 51.2% de la población indígena radica en localidades con menos de 2,500 habitantes, otro 28% reside en poblaciones con más de 2,500, pero menos de 15,000 habitantes y como resultado de los acelerados procesos migratorios, 18.1% de la población indígena reside en ciudades con más de 100,000 habitantes. En los flujos migratorios tienden a participar más los hombres en relación con las mujeres, lo que genera procesos de feminización del campo mexicano y requiere que las políticas públicas que se implementen tengan dos enfoques fundamentales, la perspectiva de género y la interculturalidad. Sin ellas, no podemos garantizar en lo próximos años la reducción de las brechas entre mujeres indígenas y no indígenas. Por ello, las acciones que realiza la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), benefician particularmente a las mujeres y niñas indígenas que habitan el medio rural, las acciones que realiza el Programa de Infraestructura Indígena, permiten que mujeres y niñas indígenas dejen de acarrear el agua a las viviendas, lo que permite que ese tiempo sea destinado a otras actividades, particularmente en el caso de las niñas, a la educación. Asimismo, el que las viviendas que otorga el gobierno de la República hoy cuenten con estufas ecológicas, permitirá reducir las enfermedades

respiratorias asociadas al humo que genera la leña. Por ello, llevar agua potable, electrificación, saneamiento y/o comunicación terrestre, según sea el caso, beneficia particularmente a las mujeres, ya que se reducen las horas de trabajo destinado al hogar. En el ámbito de la producción y productividad, más de 50% de quienes tienen un proyecto productivo, son mujeres; la mayor parte de los proyectos se desarrollan en el ámbito rural con iniciativas productivas que van desde productos agrícolas, cría de ganado, artesanías, productos alimentarios, que hoy tienen impresa la marca Manos Indígenas Calidad Mexicana, ejemplos de mujeres indígenas cuyos productos cuentan con el respaldo de la CDI se muestran dos veces al año en las Expos Manos Indígenas que realiza la Comisión para apoyarlas en la comercialización. Con ello, las mujeres indígenas cuentan con ingresos monetarios y no monetarios que permiten su empoderamiento económico. Los proyectos para la eliminación de la violencia contra las mujeres indígenas los encabezan las Casas de la Mujer Indígena, de las 32 que existen actualmente 30 se ubican en el medio rural, donde es necesario fortalecer capacidades de la población indígena para la eliminación de la violencia contra mujeres y niñas; así como el fortalecimiento de las nuevas masculinidades desde un enfoque intercultural. Las acciones anteriores se ven fortalecidas con las más de 1,000 Casas y Comedores del Niño Indígena, donde más de 50% de quienes son beneficiarios de las acciones institucionales de estos lugares, así como de las becas que otorga la CDI son mujeres. Solo por dar un ejemplo de la acción institucional, en Guerrero más de 80% de quienes cuentan con una beca de educación superior, son mujeres indígenas. Todo ello, da cuenta que la política pública que implementa la CDI es con perspectiva de género e interculturalidad, porque solo así eliminaremos las barreras que han impedido el pleno desarrollo de las mujeres indígenas.

La política pública que implementa la CDI es con perspectiva de género e interculturalidad, porque solo así eliminaremos las barreras que han impedido el pleno desarrollo de las mujeres indígenas

Nuvia Mayorga Delgado, Directora General de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

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OSC

FOTO: CORTESÍA CDI

BRECHAS, CAMINOS PARA LLEGAR A LA IGUALDAD GUADALUPE MARTÍNEZ PÉREZ www.alianzami.org

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as voces de las mujeres indígenas han estado en silencio desde épocas de la colonia hasta nuestros días, caminando por el racismo, la discriminación y exclusión, que no solo han padecido las mujeres sino también los hombres indígenas de este país por más de 525 años, en donde se han construido historias de abuso y explotación, relaciones de desigualdad, antidemocráticas en las que a la mujer se le ha visto como objeto y no como sujeta de derechos. Trescientos años de colonia y después dos siglos entre independencia y revolución han mantenido a nuestro país muy ocupado en restaurar e instaurar modelos de política, asimilación e integración y, de una aparente gobernanza desde el modelo capitalista. Hay una responsabilidad de Estado y una deuda histórica hacia los pueblos indígenas. Se dice que en México existen 68 lenguas indígenas con 365 variantes, según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI); una población indígena de 12, 707,000 según CONAPO-INI, 51% corresponde a mujeres indígenas. Para hablar de su situación es necesario saber que no existe un diagnóstico nacional que nos pudiera ilustrar. Existen vacíos documentales y en algunos estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas se han hecho diagnósticos en materia de salud y violencia. Por ejemplo, Guerrero ocupa uno de los primeros lugares de muerte materna, por ello se funda la Coordinadora Guerrerense de Mujeres Indígenas que surge a raíz de esta grave problemática y fundan la primera casa de la salud de mujeres indígenas1 “Manos Unidas” en Ometepec. Muchas tierras y territorios de los pueblos indígenas están amenazados por los megaproyectos, las mineras; estos últimos violan el derecho colectivo de los pueblos indígenas a la libre autodeterminación, consulta, participación, consentimiento, libre, previo e informado. La militarización en poblaciones indígenas hace que muchas de sus mujeres estén en riesgo y sean utilizadas como botín de guerra.Por un lado, atenta contra los derechos individuales, a su dignidad y, por otro, resquebraja la unidad comunitaria, por ejemplo, las hermanas González en Chiapas, hasta los casos conocidos como Inés y Valentina que lle-

garon a la Corte Interamericana o el caso de Ernestina Asencio2, de 73 años violada por militares. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006, se observa que el 63% de las personas indígenas que lograron acudir a un centro de salud, no retornarán a él debido a que, en general, se encuentran cerrados, faltan medicamentos y materiales, tardan mucho en ser atendidas y están lejanos. Lo anterior, sin duda, refleja la profundidad del abandono motivado en elementos estructurales de discriminación y que se refuerza con las evidencias mostradas por la Encuesta Nacional de Discriminación de 2010 que señala que 44% de la población mexicana considera que, en efecto, no se respetan los derechos de las personas indígenas y además indica que: 8 de cada 10 mexicanos y mexicanas manifiestan que no han sido respetados sus derechos por motivo de sus costumbres o su cultura, por su acento de hablar, por su color de piel, por provenir de otro lugar, por su educación, por su religión o por su forma de vestir. Las mujeres indígenas padecen terriblemente la violencia, sobre todo, en zonas indígenas, a decir del ex relator Especial de Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen, la cual se ha documentado de manera reiterada y en donde la humillación y agresión hacia ellas es utilizada como estrategia para aterrorizar a sus comunidades. Bajo este contexto conocido, la población de mujeres indígenas rurales y campesinas tienen que luchar y trabajar para poder sostener a sus familias y cambiar formas de trabajo que aún siguen siendo explotadas en sus propios territorios. Hablar del “Día Internacional de la Mujer Rural” nos lleva a ver un panorama de desigualdad, de falta de información estadística y desagregada que nos permita analizar y reflexionar sobre la situación de mujeres indígenas rurales, jornaleras agrícolas y migrantes. Sin duda, las mujeres indígenas rurales son agentes de cambio para una comunidad, para un estado, para un país y la sostenibilidad alimentaria de toda una sociedad que invisibiliza su trabajo en el mundo.

Las mujeres indígenas rurales son agentes de cambio para una comunidad, para un estado, para un país

Guadalupe Martínez Pérez, Coordinadora regional de la Alianza de Mujeres Indígenas de Centroamérica y México.

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REFERENCIA: [1] http://www.redindigena.net/casasalud/antecedentes. html Vista 7 de agosto 2015 [2] http://www.cimacnoticias.com.mx/node/42952 Visto el 7 de agosto 2015


Entrevista POR: SEMMEXICO

LAS NUEVAS MUJERES INDÍGENAS Y RURALES ESTÁN ABRIENDO CAMINO

¿Quiénes son, en 2017, las mujeres indígenas y rurales de México? Hoy estas mujeres se transcurren en sus pueblos y comunidades en cinco espacios de la estructura política uso costumbrista: las esposas de mayordomos adquieren grandes responsabilidades para que la mayordomía tenga buen fin. Participan en “comités” para el desarrollo comunitario, relacionados con roles tradicionales de género, por ejemplo, escuelas y clínicas. Están presentes en ligas deportivas, comités de fiestas y grupos religiosos (por ejemplo, catequistas); algunas pertenecen a organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, y su presencia en cargos políticos (es decir, de ayuntamientos) “es limitada, pero no inexistente”, hoy creciente. ¿Y cómo viven en el campo? ¿Las pensamos productoras o coadyuvantes? Hay que decir que en los últimos 18 años estas mujeres están reconocidas, su voz escuchada; son sujetas de políticas públicas en positivos, aunque tienen críticas y pendientes, crecientemente con perspectiva de género. Ellas hoy en mayoría siguen al cuidado de la parcela y el traspatio, formas tradicionales de producción; están encargadas o apoyan la cosecha, pero mantienen el traspatio. Ahí se encargan del ganado menor, la cría de cerdos, borregos, cabras, guajolotes y de la producción de hierbas de olor, además de la crianza de hijos e hijas. Como sujetas de la política pública, son las principales receptoras de programas y recursos vía los programas de combate a la pobreza; res-

cara a hechos concretos en la economía, y que no se pueden ocultar. Hay que saber que entre 20 y 40% del territorio rural tiene concesiones mineras, de hidrocarburos, y para el desarrollo de las empresas energéticas. Ahí están, en el sur, en el norte, en el este y oeste del país con acciones de resistencia.

FOTO: CORTESÍA VERÓNICA VÁZQUEZ GARCÍA

Doctora en Sociología por la Universidad de Carleton en Ottawa, Canadá, Verónica Vázquez García, tiene 17 años de trabajo en el Área de Género del Programa de Desarrollo Rural del Colegio de Postgraduados, Centro Público de Investigación de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), profesora investigadora, conoce prácticamente todos los espacios de vida, pensamiento y acción donde actúan las indígenas y mujeres rurales de México1. Hablar con ella nos sumerge en un mundo prejuiciado de mujeres estáticas, de fotografía discriminatoria, a nuevas y potentes constructoras de México, porque las nuevas mujeres indígenas y rurales están abriendo camino. Verónica las conoce.

ponsables de la clínica además hacen trabajo voluntario en escuelas y ya ha surgido una nueva generación (hijas) con educación, hasta la preparatoria, lo que las coloca en mejores condiciones y una visión más amplia. No obstante, son las migrantes milenarias, dentro y fuera del país, las que cuidan la parcela, la milpa tradicional, pero se trasladan como mano de obra a los campos de cultivo, como el del Valle de San Quintín. Son mal pagadas y realizan jornadas dobles y triples, pero ya salieron de la esfera privada y se movilizan a través de organizaciones, algunas potentes, donde desarrollan liderazgos. ¿Cómo han avanzado gracias a sus organizaciones? Hoy son las jóvenes, muchas en numerosos espacios, como las jóvenes abogadas que trabajan por el derecho al territorio, en una mezcla afortunada entre feministas urbanas y mestizas, en un encuentro, digamos, no conflictivo, todo con indicadores positivos. Cientos se han convertido en defensoras de los ejidos —que no se vendieron a pesar de las reformas agrarias de 1992— de

¿Cuál es su contribución al desarrollo agrícola, que ha conseguido convertir a México en un país no importador, sino exportador de alimentos? En realidad, seguimos importando granos básicos. El crecimiento es la producción y exportación, principalmente de hortalizas. Esa producción está en manos privadas y de empresas trasnacionales. Su inconmensurable participación es como mano de obra. En la parcela milpera, ellas ayudan a mantener el ecosistema, producen para el autoconsumo maíz o especies, frijol, calabaza, tubérculos, frutos y quelites. Son puntal en la economía familiar y mantienen la cosmovisión de los pueblos ancestrales. ¿Entonces ellas han progresado? Han ido a la escuela; trascendieron las fronteras de su comunidad. Valientes desde la época del modelo de sustitución de importaciones, han salido de pueblos y comunidades, acuden a esas cosechas de grandes industrias agroalimentarias, migraron a los Estados Unidos, hasta 50% fueron las cosechadoras del campo del país vecino, pero padecen las discriminaciones y la violencia; tienen menos hijos, pero siguen siendo encargadas de sus familias. Son jóvenes educadas, muchas, tanto que viajan por el mundo, pero la mayoría no logra aún espacios reales de toma de decisiones, a pesar de la fortaleza de sus grupos. En las comunidades y los municipios, para promoverlas y apoyarlas urge fortalecer los Institutos Municipales de las Mujeres para que logren orientarlas, darles herramientas jurídicas y fortalecer el trabajo que hacen, como promotoras de los servicios de agua, luz, construcción de escuelas y espacios públicos. Si es cierto que son escuchadas, las instituciones todavía no las apoyan lo suficiente. REFERENCIA: [1] En 1995 recibió la medalla de excelencia por su tesis doctoral y en 1997 una beca de liderazgo de la Fundación MacArthur. OCTUBRE, 2017 | TODAS |

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Consejo Social

FOTOS: CORTESÍA

¡NUNCA MÁS ATRÁS! MARGARITA CAMACHO RODRÍGUEZ

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uestro país se caracteriza por ser pluricultural y multiétnico. De acuerdo con la encuesta intercensal 2015, se reporta que la población indígena asciende a 12,025,947 personas, lo que constituye 10.1% de la población nacional, y de esa cantidad total 51.1% son mujeres. Además, México cuenta con una gran diversidad de lenguas indígenas, contabilizando 68, las cuales incluyen 364 variantes, siendo algunas de las principales el náhuatl, el maya y el tzeltal. Las entidades con mayor población hablante de lengua indígena son Oaxaca, Yucatán y Chiapas. Por otra parte, de cada 100 personas indígenas, 75 de ellas se ubican en ocho estados; Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Estado de México, Puebla, Yucatán, Guerrero e Hidalgo. En las localidades rurales, el 51.1% de sus habitantes son mujeres; Michoacán con 52.6%; Estado de México, Guerrero y Puebla con 52.1% cada uno; y Oaxaca e Hidalgo con 52% y 51%, respectivamente. En el año 2015 el promedio de hijos en las mujeres indígenas de entre 15 y 49 años fue de 2.0, teniendo los mayores índices Nayarit, Durango, Chiapas, Guerrero y Chihuahua con un promedio de entre 2.31 y 2.61. Su situación de vida en pareja es predominante de casadas y en unión libre desde los 12 y más años. Respecto a su situación laboral, las mujeres indígenas que cuentan con trabajo remunerado, se encuentran en el sector artesanal, en el trabajo doméstico y en el comercio informal, presentando una tasa de analfabetismo de 35.1% y siendo monolingües 64.5% de ellas. Asimismo, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) 2014, indica que alrededor de 8 de cada 10 personas hablantes de lenguas indígenas se encuentran en situación de pobreza, y 23.4% de los hogares indígenas declararon tener una jefatura femenina

Es sabido que la principal problemática de la población indígena es la discriminación, seguida por la pobreza, la falta de apoyo gubernamental y las barreras lingüísticas, siendo las mujeres quienes más la resienten por su condición de género y de indígenas, viviendo en mayor pobreza respecto de los hombres del mismo grupo de esa población. Ahora mismo persisten amplias brechas de desigualdad entre población indígena y no indígena. Estas circunstancias deben orientar la toma de decisiones y el establecimiento de políticas públicas que atiendan las necesidades de los pueblos originarios, dando de esta forma cumplimiento a los acuerdos internacionales y respondiendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los esfuerzos interinstitucionales para la protección de la igualdad de género, los derechos humanos, la transversalización y la democracia paritaria, son avances que aspiramos conseguir y por los que luchamos cada día desde nuestras remotas trincheras. No somos agentes pasivos. La igualdad de derechos y oportunidades nos asiste. Estamos caminando para alcanzarlos, cuidamos el planeta, sus recursos naturales con los que estamos hermanados. Queremos el acceso a la toma de decisiones, luchamos por la democracia en la participación cotidiana comunitaria, buscamos la incidencia en la consulta, en la asamblea y en los usos y costumbres. Nuestros sueños y aspiraciones son como los de todas; un mundo mejor compartido en el todo. La realidad nos dice que falta mucho por hacer para conseguirlo. Hagámoslo corresponsablemente, no más decisiones a nuestras espaldas, queremos ser sujetas y no objetos para que otros hagan por nosotras y no con nosotras. El patrimonio tangible e intangible que generamos y que hemos atesorado como pueblos originarios ancestrales, como población heredera de una memoria histórica y cultural manifiesta en pirámides y tantos vestigios de nuestra grandeza y aportes al mundo, hace que representemos una riqueza cultural e identitaria de nuestro país. No queremos que nos sigan viendo como población aparte, minoritaria, que se refieran a nosotras como “pobrecitas”, lo que queremos es ser parte de una sociedad incluyente en la igualdad, en la diversidad, no discriminadas y sujetas de todos los derechos. ¡Nunca más atrás!.

La principal problemática de la población indígena es la discriminación, seguida por la pobreza, la falta de apoyo gubernamental y las barreras lingüísticas

Margarita Camacho Rodríguez, Consejera Social del INMUJERES.

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Fuentes: Proigualdad 2013 (25-26), CDI, INEGI, CONAPO.


OSC

FOTO: CORTESÍA

NUEVAS FORMAS DE VINCULACIÓN COMUNITARIA PALOMA BONFIL SÁNCHEZ

L

a sociedad mexicana vive transformaciones muy aceleradas, con impactos profundos en segmentos cada vez más amplios. Un sector en el que se registran estos cambios es el de los pueblos indígenas urbanizados, incorporando a sus culturas tradicionales elementos de la sociedad mestiza, del mercado y de rasgos derivados de una migración creciente. Entre los cambios más significativos que pueden observarse en las sociedades indígenas de México, están los de las nuevas generaciones y, especialmente, las jóvenes que se movilizan para reconstruir la comunidad a partir de transformar su posición dentro de ella, y exigir y buscar la legitimación de sus derechos. Generaciones de jóvenes mujeres indígenas —más escolarizadas, con mayor contacto con formas diversas de pensamiento y movilización social— ocupan distintos nichos sociales desde los que se cuestionan y reconstruyen lazos comunitarios. Las jóvenes de las nuevas generaciones indígenas pueden ser lideresas de alto impacto, ocupar cargos públicos en distintos niveles y mantener una activa participación política sustentada en su representatividad en grupos de base y en organizaciones civiles. Además, construyen redes que rebasan las fronteras de lo comunitario y alcanzan el nivel internacional, al tiempo trabajan por sus colectivos vía esfuerzos de gestión. Son las que se articulan frecuentemente con la sociedad civil no indígena, y con movimientos internacionales y demandas específicas de sus pueblos. Forman hoy puentes entre la comunidad y la aldea globalizada y recuperan sus identidades reclamando ampliados derechos para ellas y sus compañeras, dentro y fuera de sus pueblos. Las lideresas políticas de nuevas generaciones indígenas trabajan en la comunidad, inciden en políticas públicas, capacitan a funcionarios de distintos niveles, litigan, y construyen y defienden derechos colectivos de sus pueblos y los específicos de las mujeres, dando nuevo sentido, más amplio e incluyente, a las nociones indígenas de complementariedad, comunalidad y bien común. En lo local, existen también lideresas de nivel medio con un radio de acción circunscrito a la comunidad y el espacio municipal; estas jóvenes son las que se están formando para adquirir herramientas técnicas que fortalezcan sus funciones públicas y políticas, así como herramientas de liderazgo. Con frecuencia, representan un factor de cambio social para sus comunidades ante escenarios de migración, crisis del campo, movilización indígena y violencia social.

Comparten con sus pares varones condiciones de desigualdad y asimetría social, aunque es frecuente que vivan mayores índices de analfabetismo y monolingüismo, resultado de una combinación de formas de exclusión que obstaculizan la ciudadanía femenina indígena. El desempleo, la falta de recursos para cubrir las necesidades básicas, el aumento de la violencia estructural y de género, la migración, la exclusión de los espacios de participación en la vida civil, económica y política, son otros impedimentos para la participación y representación entre mujeres indígenas local y nacionalmente; dentro de sus sistemas normativos y en las estructuras de la democracia institucional. Ellas buscan abrirse espacios en sus comunidades y municipios, los más cercanos a los intereses y la vida cotidiana de las indígenas que, sin embargo, ofrecen muy reducidas oportunidades para su participación en la toma de decisiones. La exclusión aumenta según los niveles de autoridad, representatividad y poder en las estructuras políticas mexicanas. Los datos muestran que el ámbito municipal representa el reto más complicado para avanzar en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Por ejemplo, en Oaxaca, donde se presentaron buena parte de mujeres aspirando a esos cargos, de los 570 municipios del estado, la representatividad femenina indígena apenas llegó a 2.1% del total, debido principalmente a la violencia y el machismo, con altos costos en la vida pública. Las mujeres indígenas ocupan espacios de decisión, opinión y representación ganados después de luchas constantes como promotoras o activistas, o ante el vacío que dejan los varones atrapados por la migración. Estas jóvenes representan la voz de las mujeres de sus pueblos y articulan formas distintas de entender la realidad, sus problemas y sus soluciones. La mayoría se articulan a organizaciones locales o indígenas: políticas, sociales, productivas; otras, se vinculan a proyectos institucionales para población femenina campesina e indígena, de salud, productivos, artesanales, en los que suelen encontrar su primer contacto con la perspectiva de derechos, el concepto de género y las nociones de titularidad de derechos. Pese a las dificultades enormes para desarrollar su liderazgo, para acceder a cargos de autoridad; o para vencer resistencias y situaciones con alto costo personal, son estas jóvenes las que han abierto la brecha para ejercer sus derechos ciudadanos, reclamando la equidad en la participación política y pública, y quienes más contribuyen a transformar los roles de género culturalmente aceptados. En la sociedad desgarrada que tenemos hoy, ellas representan mil colores y formas de la esperanza.

En lo local, existen también lideresas de nivel medio con un radio de acción circunscrito a la comunidad y el espacio municipal

Paloma Bonfil Sánchez, Integrante del Grupo Interdisciplinario sobre Mujer, Trabajo y Pobreza, GIMTRAP, AC.

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Consejo Consultivo

UN MUNDO DESIGUAL, TODAVÍA…

FOTO: CORTESÍA

México tiene la perspectiva de género como estrategia en sus programas federales, institucionales y sectoriales. Pero aún el país enfrenta retos para promover la igualdad de mujeres.

LAURA MERANIF PACHECO CHAB

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esde 2013, México incorporó en la planeación nacional el desarrollo de la perspectiva de género como estrategia transversal en los programas gubernamentales federales, institucionales y sectoriales; no obstante, enfrenta retos para promover la igualdad de mujeres que están en condiciones de rezago, exclusión y vulnerabilidad, como es el caso de las mujeres indígenas y rurales. Por ello, vale la pena mirar hacia este sector tan importante, pues según datos del INEGI existen 494 municipios donde más de 40% de sus habitantes son hablantes de lengua indígena, tan solo en Oaxaca hay 245 municipios en esta situación. A modo de ejemplo, hablemos tan solo de dos necesidades básicas: salud y educación. En lo referente a salud: 15.1% de la población indígena no está afiliada en alguna institución, además que la atención que se brinda en la mayoría de las unidades médicas de la seguridad social deja mucho que desear y no cuenta con los medicamentos suficientes para atender a esta población como es debido. Es común llegar a las clínicas de las comunidades indígenas, y verlas sucias y abarrotadas de gente enferma tirada en el piso, que incluso se van sin recibir medicamentos porque en el dispensario de la clínica no los tienen o simplemente el médico “no está”. Ver a gente que se queja porque han esperado demasiado o manifiesta que han recibido regaños por parte del personal ¡por no hablar español! Todo esto ocurre en las poblaciones indígenas de México, aunque la política del Ejecutivo sustentada en el artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos menciona que: “La Federación, las

entidades federativas y los municipios, para promover la igualdad de oportunidades de los indígenas y eliminar cualquier práctica discriminatoria, establecerán las instituciones y determinarán las políticas necesarias para garantizar la vigencia de los derechos de los pueblos indígenas”. A pesar de los esfuerzos del Estado, se ha documentado que entre los grupos de población con niveles de vida en mayor desventaja se encuentran los pueblos indígenas, pues según el Coneval “7 de cada 10 personas hablantes de lengua indígena se encuentran en situación de pobreza, esto implica, entre otras cosas, la dificultad para acceder a la salud”. Según la Encuesta Intercensal 2015, “en el país, 15 de cada 100 personas hablantes de lengua indígena no están afiliadas a servicios de salud”. En lo referente a educación, según el Banco Interamericano de Desarrollo, en el país persiste una brecha significativa entre la población indígena y la no indígena en cuanto al acceso al derecho de la educación. Especialmente las mujeres indígenas son quienes presentan los niveles más altos de analfabetismo y baja escolaridad y 2 de cada 10 niños hablantes de lengua indígena no saben leer ni escribir, 23% de los hablantes de lengua indígena son analfabetas, en comparación con 4.2% de no hablantes. Se reconoce que la educación es un derecho humano, un factor que reduce las desigualdades sociales e impulsa el desarrollo individual y colectivo. Los bajos niveles de escolaridad se traducen en bajos niveles de ingreso y se relacionan con precarias condiciones de salud y en general con disminución de oportunidades para una calidad de vida. Todo esto sin tomar en cuenta la insuficiencia de servicios básicos en la vivienda como el agua entubada, servicio de drenaje y piso firme, indican que la inversión de recursos públicos en asentamientos con población hablante de lengua indígena sigue teniendo notables diferencias en comparación con el resto del país. ¡Así de desigual es el mundo de las mujeres indígenas y rurales en México!

Los bajos niveles de escolaridad se traducen en bajos niveles de ingreso y se relacionan con precarias condiciones de salud

Laura Meranif Pacheco Chab, Consejera Consultiva del INMUJERES.

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OSC POR: BERENICE CHAVARRÍA

MUJERES RURALES E INDÍGENAS: PRODUCTIVAS Y AGENTES DE CAMBIO

FOTO: CORTESÍA

Fundación Origen apoya a mujeres que se encuentran en situación vulnerable e impulsa sus capacidades para transformarlas en mujeres empoderadas.

A

través del bordado, elaboración de artesanías, tejido y estilismo, se busca impulsar el desarrollo económico de mujeres indígenas y rurales que viven en el Estado de México, Guerrero, Puebla y Nayarit: esta es la misión de Fundación Origen, en la que los miembros trabajan por el empoderamiento femenino en las comunidades más olvidadas. Fundación Origen fue creada por Mariana Baños Reynaud en 1999. Desde sus inicios tuvo el objetivo de brindar atención integral para la mujer, con el fin de romper los patrones de violencia y pobreza. Como uno de sus ejes de acción, esta Fundación apoya a mujeres rurales e indígenas. Por eso, en el año 2007 se creó el primer Centro Casa Origen en Guerrero. En estos espacios se busca desarrollar la autoestima, la seguridad y la confianza de las mujeres en sí mismas y en sus capacidades,

además se impulsa el desarrollo de actividades productivas y capacitación para el autoempleo y trabajo digno. “Hay seis centros en cuatro estados: uno en Villa Victoria, Estado de México; otro en Tepic, Nayarit; y dos en Puebla y Guerrero. Nuestro objetivo es abrir un centro en cada estado del país”, afirma Patricia Aldavera, coordinadora de Centros Casa Origen. En los Centros se apoya a las mujeres rurales e indígenas desde tres ejes: 1. Programa Desarrollo Humano: A través de talleres y pláticas se fortalece su autoestima, se impulsa el desarrollo individual y la comunicación en la familia para prevenir la violencia intrafamiliar. También se promueve el cuidado de la salud, y la mejora en los hábitos alimenticios. “Al principio son mujeres que difícilmente expresan lo que sienten, cuando iniciamos no hablaban, no te veían a los ojos. Pero poco a poco

van participando, se organizan, desarrollan su creatividad y su autoestima”, comenta Patricia Aldavera. 2. Programa Desarrollo Económico: Se impulsan las capacidades de las mujeres por medio de actividades productivas. Ellas reciben capacitación para elaborar artículos, además se les informa sobre conceptos básicos de negocio, los cuales podrán generar un ingreso mensual de 3,000 pesos. “Para aquellas mujeres que antes de entrar a la fundación ya tienen una artesanía, solo se les impulsa para que su producto sea innovador y se coloque en un mercado, ya sea local o en la Fundación”, afirma la coordinadora de los Centros. En Villa Victoria, Estado de México, las mujeres mixes y mazahuas se dedican al bordado, hacen servilletas o cojines y otras producen té. En Puebla se les ha capacitado para elaborar jabones o champús, y ellas mismas obtienen la materia prima a través de sus cosechas. En Nayarit se crea el arte huichol. Todos los artículos se encuentran en la página de Fundación Origen, con catálogos que muestran la labor hecha por las manos de estas artesanas. También se establecen alianzas con instituciones y empresas para ofrecerles la posibilidad de capacitarse en otros oficios. Aldavera explicó que actualmente en Guerrero se trabaja de la mano con L’Oréal en el programa “Belleza por un futuro”, donde se capacita a las mujeres en el tema de estilismo. 3. Promotoras Origen: Esta es la fase final de un largo trabajo en conjunto. Aquí las mujeres reflejan las nuevas formas de relacionarse gracias a los patrones de cultura y educación que se impulsan en la Fundación. Cuando se logra el empoderamiento integral, las mujeres se convierten en agentes de cambio en sus comunidades. “Valoran sus habilidades, aprenden sobre el liderazgo, asumen compromisos, hacen gestiones ante el gobierno para ver qué se necesita en su comunidad”, explica Patricia Aldavera. Aunque la mayoría de las mujeres que forman parte de los Centros tienen entre 25 y 45 años de edad, no se deja de lado a niñas y adolescentes, con quienes también se trabaja de forma paralela con programas de salud emocional y de acompañamiento durante su crecimiento; también se impulsa la prevención de la violencia y la delincuencia. De esta forma, las mujeres que han sufrido de violencia de género, por pobreza y ser rurales e indígenas, generan un proyecto de vida para mejorar su condición, la de su familia y su comunidad. OCTUBRE, 2017 | TODAS |

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Consejo Social

FOTO: SHUTTERSSTOCK

VIOLENCIA DE GÉNERO EN MUJERES INDÍGENAS Y RURALES En estos casos, la violencia se encuentra focalizada en violaciones a derechos humanos, insultos, golpes y menosprecio.

VIOLETA DEL PILAR LAGUNES VIVEROS

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e acuerdo con el Informe Conciso La Situación Demográfica en el Mundo, de la ONU, para el año 2014, la población mundial alcanzó 7,200 millones de personas y se espera que para 2050 habrá aumentado en más de 2,000 millones, siendo rural la mitad de esa población. Asimismo, de acuerdo con el estudio La Situación de los Pueblos Indígenas en el Mundo, editado por el Departamento de Información Pública de la propia ONU, en el año 2010, se advierte que los pueblos indígenas sumaban 370 millones y aunque constituyen 5% de la población mundial, aportan el 15% de todos los pobres del mundo, representando la tercera parte de los 900 millones de indigentes de las zonas rurales. Ahora bien, desde la época de la invasión y posterior colonización de los pueblos originarios hasta la actualidad, la violencia hacia los pueblos indígenas y hacia el medio rural, si bien ha variado en su grado de masividad, ha sido un fenómeno constante y, en el entorno actual, las políticas de desarrollo nacional y regional, irrumpen violentamente en las sociedades locales, contrastando con las prácticas socioculturales que tradicionalmente persisten en las localidades con acento indígena y rural. Si atendemos en específico a las mujeres indígenas y rurales, la problemática es mayor, y la violencia en estos casos se encuentra especialmente focalizada en violaciones a derechos humanos de gravedad, como desplazamientos, destrucción de su cultura y creencias, insultos, golpes, menosprecio, invasión de sus cuerpos a través de violaciones y trata, exclusión y discriminación, además de otras formas derivadas de la omisión del Estado para garantizar el acceso a los servicios de salud y a la justicia. En general, hay poca información al respecto, pues si bien ya se reconoce esta situación en informes, diagnósticos y en algunas estadísticas. Sin embargo, poco se sabe de las características e indicadores de la violencia de género contra ellas, atendiendo a cada etnia a la que pertenecen y a su entorno específico. Como dato hay que resaltar que las mujeres indígenas y rurales padecen de violencia estructural al interior de sus propias comuni-

dades, producto de la visión patriarcal y machista que se nutre de algunas de sus tradiciones y costumbres; y de violencia institucional a raíz de la defensa de la tierra y los recursos naturales por parte de los pueblos originarios, que en muchas ocasiones se ha incrementado con la presencia de los “cuerpos de seguridad”. La violencia sexual es de las prácticas históricas más permanentes de violencia hacia las mujeres indígenas y rurales, practicada por diversos actores, además de agentes del Estado, y persistentemente invisibilizada e impune; las políticas asistencialistas no reconocen en el caso de las mujeres, sus capacidades y sus conocimientos. Asimismo, en los servicios públicos de salud las mujeres indígenas y rurales han sufrido esterilizaciones masivas, maltrato, abuso y abandono; además estos servicios son escasos, precarios, de muy baja calidad, dispersos y limitados para ellas, reproduciendo las relaciones excluyentes que caracteriza a la sociedad mexicana. En general, si bien las instituciones públicas y privadas, las “atienden”, en realidad, no representan una solución al problema que plantean. En el ámbito laboral se les discrimina por prejuicios, estereotipos, roles y actividades y en muchas ocasiones se les circunscriben en actividades de cuidado a su familia y apoyo en el campo, sin percibir salario alguno; en el servicio doméstico sus salarios son muy bajos y muchas veces deben ausentarse de sus familias por periodos muy prolongados; si deciden ser emprendedoras y vender sus productos, la transportación de estos es muy complicada y se les cuestiona mucho el precio de venta siendo perseguidos y extorsionadas por autoridades administrativas sin escrúpulos y lo que les queda generalmente lo entregan a su familia (padres, hijos) o pareja. Ser mujer, ser pobre, ser rural, ser indígena son condiciones que alejan la posibilidad de tener acceso al desarrollo y con ello al ejercicio de la ciudadanía plena, y contribuye a seguir aumentando la brecha de desigualdad social contra ellas, que se naturalizan e influyen en su vida para mirarse a sí misma como el exterior les dice, para influir en la percepción de sí mismas. Los efectos de la situación de violencia generalizada en que “sobreviven” afecta su capacidad para afrontar la vida y resolver los conflictos a los que se enfrenta y altera en forma negativa su percepción sobre ellas mismas. Desafortunadamente, no se observa que las políticas públicas implementadas en México y en todo el mundo sean suficientes para mejorar la situación de las mujeres indígenas y rurales, al contrario, pareciera que la apuesta es invisibilizar la problemática mientras se “avanza” en el exterminio del “mundo indígena y rural”.

Ser mujer, ser pobre, ser rural, ser indígena son condiciones que alejan la posibilidad de tener acceso al desarrollo y con ello al ejercicio de la ciudadanía plena

Violeta del Pilar Lagunes Viveros, Consejera Social del INMUJERES.

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Reportaje POR: SOLEDAD JARQUÍN EDGAR, SEMMÉXICO

ACCIONES DE LAS MUNÍCIPES INDÍGENAS TRAS LOS SISMOS

FOTO: REUTERS

Durante la catástrofe natural, las líderes salieron a las calles a atender los problemas de sus comunidades.

Algunas, cuestionadas por ser parejas, hermanas o hijas de políticos, enfrentan violencia antes y durante sus campañas políticas

E

ntre 2015 y 2016, 342 mujeres gobiernan municipios, al menos la mitad en zonas rurales e indígenas, en Oaxaca y Chiapas donde en total fueron electas la tercera parte del país: 36 en Chiapas y 58 en Oaxaca. No ha sido fácil, la mayoría ha “sobrevivido” a presiones dentro de sus partidos, de grupos políticos y por intereses ajenos o caciquiles. Algunas, cuestionadas por ser parejas, hermanas o hijas de políticos, enfrentan violencia antes y durante sus campañas políticas, en mayor o menor medida.

A 10 meses de iniciar su gestión las que asumieron a partir del 1 de enero pasado, o casi dos años para las que llegaron en enero de 2016, la tarea fundamental la centran en cumplir compromisos de campaña. Algunas dicen que ello cambió dramáticamente tras los sismos del 7, 19 y 23 de septiembre pasados. Gloria Sánchez López, en Juchitán de Zaragoza, su tarea se multiplicó, frente a más de 15,000 viviendas afectadas luego del 7 de septiembre; el censo indica: 12,000 viviendas en pérdida total; más 2,000 o 3,000 viviendas dañadas resultado del segundo sismo del 23 de septiembre. Antes del 7 de septiembre, había priorizado realizar 787 obras: la renovación del drenaje, obras de agua potable, construcción de parques y embellecimiento para el pueblo de más de 100 mil habitantes en la cabecera municipal y siete agencias. Desde el terremoto enfrentaron cerca de 7,000 réplicas. Se desplomó la mitad del palacio municipal de la emblemática ciudad, ella estuvo laborando duramente ese jueves, porque cerca de 18 mil familias están afectadas. Dice que el proyecto municipal tendrá que seguir. “Nos tenemos que levantar” dice optimista. Además de atender la emergencia como prioritaria, destinará recursos municipales en la compra de 13,000 lonas para las personas tras las fuertes lluvias que azotaron la zona durante las últimas semanas y para adquirir despensas para familias que siguen a la intemperie. Lamenta que el panorama del municipio cambie y considera insuficientes los 120,000 pesos para reconstrucción, del gobierno federal. Las nuevas casas serán diferentes a las actuales. Gobernar en la emergencia es difícil y advierte que los gobiernos federal y estatal puedan segregar al gobierno municipal, “lo que menos debe haber en estos momentos son cuestiones partidarias”, la desgracia es responsabilidad de todos los niveles de gobierno. Hacemos lo necesario para la gente, con apoyo de la sociedad civil, pero todavía nos falta mucho. En la Cañada, la presidenta municipal de Santa María Texcatitlán, también enfrenta el rechazo de una parte de pobladores. Sostiene que estos son azuzados por funcionarios. Explica, que es por ser mujer y ocho regidoras. Narra que desde enero, cuando inició su gobierno, un grupo de hombres tomó el palacio municipal, obstaculizando sus acciones, incluyendo algunas agresiones. Pese a todo, agrega, se han realizado acciones concretas para la población. EL CASO CHIAPAS En Chiapas, donde la paridad de género se dio “casi con calzador”, en 2015 fueron electas 36 presidentas municipales, seis meses después de tomar posesión las munícipes de Tila y Chanal renunciaron a favor de sus esposos, quienes en las planillas ocupaban cargos de síndicos, eso aprobado por el Congreso local. Elva Narcia Cancino, periodista, afirmó de casos polémicos en Chenalhó y Oxchuc, donde las presidentas municipales Rosa Pérez y María Gloria Sánchez vieron con dificultades ejercen. Hoy su gobierno está destinado a resolver conflictos poselectorales e internos, a pesar de las resoluciones del TEPJF. Pero están haciendo obra pública. En Chiapas, un estudio que realizan con el Congreso del Estado, reveló que de 33 presidentas, 16 hacen su trabajo y 17, los maridos están al frente del municipio; y como muchas ascendieron al poder para que sus partidos cumplieran con la paridad, gobiernan con proyectos preestablecidos por maridos o por quienes encabezaban la lista. OCTUBRE, 2017 | TODAS |

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Recomendaciones POR: BERENICE CHAVARRÍA

EXPOSICIÓN VIRTUAL

DOCUMENTAL

INDÍGENAS URBANAS ¿NUEVA CIUDADANÍA? Trabajo, tránsito, movimiento y cultura de las mujeres indígenas que eligieron vivir en la Ciudad de México: esto se puede observar desde el lente de Lucero González, quien documentó la vida actual y el constante crecimiento que logran estas mujeres al llegar a la CDMX. Más allá de solo mostrar postales, en esta exposición virtual del Museo de Mujeres Artistas Mexicanas, la fotógrafa lleva al espectador a conocer los procesos de los que forman parte las indígenas desde sus distintas actividades como cocineras, tejedoras y amas de casa. Disponible en: www.museodemujeres.com

BAJO LA SOMBRA DEL GUAMÚCHIL Frente a la cámara, 13 mujeres indígenas narran sus historias tras las rejas y cuentan cómo el narcotráfico invade sus comunidades y su realidad cada día. Este trabajo consta de una investigación escrita y audiovisual realizada por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Atlacholoaya, Morelos. Uno de los casos que se relatan es el de una mujer indígena de Atlixtac, Guerrero, quien fue incriminada por llevar a bordo de un autobús una bolsa con supuesta droga, cuando en realidad se trataba de semillas. Este documental tiene el objetivo de demostrar que con alternativas económicas en el campo se puede alejar el narcotráfico de los pueblos indígenas y no con cárcel. Disponible en: vimeo.com/17755550

LIBROS

PÁGINA WEB

HACIA LA AUTONOMÍA ECONÓMICA DE MUJERES PRODUCTORAS INDÍGENAS, RURALES, HUÉSPEDES Y MIGRANTES Es un texto que narra historias de éxito de un grupo de mujeres pertenecientes a comunidades rurales e indígenas, quienes gracias a financiamientos otorgados por la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec), lograron crear microempresas que les permitieron alcanzar su independencia económica, además de generar empleos para familiares y congéneres. Gloria Hernández Cerón, Guadalupe López García, Clara Hernández Vicenteño, Noemí Luna García y Laura Mariana Osorio Plascencia son las encargadas de relatar el camino hacia el empoderamiento femenino de mujeres en condiciones de marginación, violencia, analfabetismo y rezago educativo. Editorial: Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec).

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ANAMURI Este portal es dirigido por la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, de ahí el nombre. La página web tiene como objetivo visibilizar los aspectos laborales, económicos, sociales y culturales de estos grupos. Aquí también se fomentan diferentes actividades, como producción en el campo, artesanías, folklore y tradiciones, con líneas de acción que pretenden promover la solidaridad entre las mujeres, en el ámbito emocional, intelectual, social y productivo incentivando el trabajo en equipo y la formación de redes. www.anamuri.cl


Breves

FOTOS: CORTESÍA SEMMEXICO

OTRO 19 DE SEPTIEMBRE

Durante el 19S, las mujeres fueron elemento clave en la historia de México.

El pasado 19 de septiembre, la Ciudad de México volvió a vivir las mismas imágenes de hace 32 años: un terremoto. Esta vez de 7.1 grados que puso a la capital en estado de emergencia y al país, de luto. Este sismo también golpeó con fuerza los estados de Morelos, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Guerrero y Oaxaca. El epicentro del sismo se localizó a 120 kilómetros de la Ciudad de México, al sureste del poblado de Axochiapan, Morelos. Cientos de voluntarias y voluntarios, servidoras y servidores públicos, representantes del Ejército y la Marina, policías y bomberos salieron a realizar las labores de rescate de los inmuebles colapsados. Ciudadanas y ciudadanos tomaron palos, picos y botes para remover los escombros en la búsqueda de personas con vida. Muchas mujeres salieron a las calles, participaron en los rescates, se organizaron para reunir comida y medicinas, colaboraron en los centros de acopio y sumaron su esfuerzo en el proceso de reconstrucción de nuestro gran país. Al concluir las labores de búsqueda y rescate en los inmuebles afectados, el Gobierno Federal dio a conocer que se habían registrado 471 fallecidos.

OBSERVATORIO DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN SONORA

CONFERENCIA REGIONAL SOBRE LA MUJER DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE En la 56 Reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se llevó a cabo los días 5 y 6 de octubre en la Ciudad de La Habana, Cuba, se analizan los avances en la implementación de los compromisos asumidos por los gobiernos en la Agenda Regional de Género para ALC, en total congruencia con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en septiembre de 2015 en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A este encuentro acudió Marcela Eternod Arámburu, Secretaria Ejecutiva del Inmujeres.

Con el objetivo de que las mujeres de Sonora ejerzan la mitad de las candidaturas a puestos de elección popular en igualdad de condiciones, se creó el Observatorio de Participación Política de las Mujeres. El documento que crea dicho organismo fue signado por la gobernadora Claudia Pavlovich Arellano; la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), Lorena Cruz Sánchez, y la presidenta de la Red de Mujeres en Plural, Olga Haydeé Flores Velázquez.

Lorena Cruz, Claudia Pavlovich y Olga Flores en la presentación del Observatorio de Participación Política de las Mujeres.

RECONOCEN LABOR DE ANA GÜEZMES FRENTE A ONU MUJERES MÉXICO La Comisión para la Igualdad de Género del Senado de la República entregó un reconocimiento a Ana Güezmes García por su trabajo al frente de la ONU Mujeres en México. La representante de las Naciones Unidas concluyó su periodo (de marzo 2010 a octubre 2017), por lo que senadoras, diputadas, el Inmujeres, académicas y grupos feministas le hicieron un reconocimiento por su compromiso a favor de los derechos de las mujeres y las niñas de nuestro país. OCTUBRE, 2017 | TODAS |

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Numeralia Salud sexual y reproductiva

Mujeres rurales e indígenas

8% a 16.9%

fue el aumento en el uso de métodos

anticonceptivos en la primera relación sexual de la población

22.7% de las 61.5 millones

rural y de

de mujeres contabilizadas en 2015

4.9% a 11.8% entre los hablantes de lengua indígena durante los años 2009 a 2014.

habitaban en localidades rurales.

76.2% de los partos de las hablantes de lengua indígena fueron atendidos por personal médico

6.6% de mujeres hablan lengua indígena del total de la población femenina de 5 años y más, es decir 3.68 millones. Mientras que 3.49 millones de hombres que también la hablan, representan

6.7%.

y

20.2% por una partera.

Para las mujeres rurales, estas cifras son de

90.9 % y 7.4%,

respectivamente.

2 de cada 3 muertes maternas que carecieron de atención médica registradas en 2015 ocurrieron en localidades rurales.

Educación 2.6%

Participación económica 31.3% representa la participación de las mujeres

fue la inasistencia escolar

entre niñas rurales de 6 a 12 años,

rurales en el mercado laboral en 2017, mientras que

para el grupo de 13 a 15 años de edad, era de

15.9%,

en el país asciende a

42.9%.

sin diferencias

respecto del conjunto nacional.

21.1% de las mujeres hablantes de lengua indígena de 15 años o más declaró ser económicamente activa en 2015, cifra que probablemente subestime su participación,

6.6

años en promedio han

debido al tipo de actividades realizadas, bajo una

estudiado las mujeres rurales de 15

organización comunitaria y familiar, y no reconocidas

años en adelante, cifra que en México

como actividades económicas.

es de 9 años, según datos de 2015.

Violencia 7.3% fue el porcentaje de niñas hablantes de lengua indígena de 6 a 12 años que no asistían a la escuela en 2010. Para 2015 se reporta una

4.6%. Para aquellas de 13 a 15 años de edad, la inasistencia escolar era de 25.3% y 22.6%, respectivamente.

inasistencia de

Uso del tiempo

46.1% es la prevalencia de violencia de pareja a lo largo de la vida reportada por las mujeres que hablan lengua indígena y para las mujeres rurales es de

39.2%, mientras que en todo el país es de 43.9%.

Reconocimiento de derechos políticos

6.3 horas semanales dedican

La reforma aplicada en 2015 al artículo 2 de la

las mujeres indígenas a desgranar

Constitución, garantiza que “las mujeres y los hombres

el maíz, a cocer o moler el nixtamal e

indígenas disfrutarán y ejercerán su derecho de votar y

o a hacer tortillas de maíz o trigo

ser votados en condiciones de igualdad” y que “en

para sus hogares, mientras que los

ningún caso las prácticas comunitarias podrán limitar

hombres contribuyen con ho

2.77

horas a dichas actividades.

los derechos político electorales de los y las ciudadanas en la elección de sus autoridades municipales”.

Referencias: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Intercensal 2015. Tabulados básicos. INMUJERES, Sistema de Indicadores de Género (SIG). Consejo Nacional de Población (CONAPO), “Panorama de la Salud sexual y reproductiva, 2014”. En La situación demográfica de México 2015, pp. 43-71. México. INMUJERES a partir de INEGI, Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2014. Base de datos. INMUJERES a partir de Secretaría de Salud, DGIS, Cubos dinámicos de defunciones (mortalidad). Muertes maternas INEGI-SS 2002-2015. INEGI, Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), segundo trimestre de 2017. INEGI, Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2014. Reformas constitucionales, en www.diputados.gob.mx

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| TODAS | OCTUBRE, 2017


TODAS, octubre de 2017  

Mujeres rurales y mujeres indígenas

TODAS, octubre de 2017  

Mujeres rurales y mujeres indígenas

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