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GÉNERO, DROGAS Y PRISIÓN Experiencias de mujeres privadas de su libertad en México

Corina Giacomello

México D.F., 2013


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AGRADECIMIENTOS Esta investigación fue apoyada por becas de distintas instituciones: – La Universidad Nacional Autónoma de México; – El Colectivo para una política integral hacia las drogas (CUPIHD); – El programa de becas “Drogas, Seguridad y Democracia” administrado por el Social Science Research Council y la Universidad de Los Andes, en cooperación con, y con fondos proveídos por, la Open Society Foundation y el International Development Research Centre, Ottawa, Canadá. A todas ellas dirijo mi más profundo agradecimiento por la confianza demostrada hacia mi proyecto, y por permitir su realización y cumplimiento.


íNDICE INTRODUCCIÓN.............................................................................. 1. Planteamiento del problema de investigación................................. 2. Objetivos....................................................................................... 3. Aproximación teórica y metodológica............................................ 4. Estrategia de investigación............................................................. Recopilación de datos estadísticos.............................................. Trabajo de campo...................................................................... Elaboración, desarrollo, selección y análisis de las entrevistas....... 5. Estructura de la tesis......................................................................

13 13 18 19 24 24 25 28 33

Capítulo I

UN OGGETTO CHIAMATO DONNA 1.1. El concepto de género................................................................. 1.2. Patriarcado y regímenes de género.............................................. 1.3. Cambio y permanencia en las relaciones de género..................... 1.4. Conclusiones...............................................................................

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Capítulo II

EL TRÁFICO INTERNACIONAL DE LAS DROGAS 2.1. Crimen organizado transnacional............................................... 2.2. Producción, distribución y consumo de drogas........................... 2.3. Panorama histórico de las políticas internacionales sobre drogas. 2.4. Límites del marco prohibicionista y propuestas alternativas....... 2.5. Delitos contra la salud y sanción en méxico................................ 2.6. Entre el tráfico y la prisión: los sujetos secundarios..................... 2.7. Conclusiones...............................................................................

56 59 67 76 81 88 93

Capítulo III

MUJERES EN RECLUSIÓN POR DELITOS CONTRA LA SALUD: UNA PANORÁMICA CUANTITATIVA 3.1. Mujeres, prisión y delitos contra la salud.................................... 3.1.1. México.............................................................................

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Índice

3.2. Población penitenciaria en el distrito federal............................... 3.3. Lo que los datos dicen y lo que ocultan......................................

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Capítulo IV

MODOS DE PARTICIPACIÓN Y FORMAS DE INVOLUCRAMIENTO 4.1. Perspectivas latinoamericanas sobre la participación de las mujeres en el tráfico............................................................................ 4.2. De beige y de azul....................................................................... 4.3. Introductoras de drogas a centros de reclusión........................... 4.3.1. Lucy................................................................................. 4.3.2. Chela............................................................................... 4.3.3. La penetración de las drogas en la prisión........................ 4.4. Mulas......................................................................................... 4.4.1. Yiyo................................................................................. 4.4.2. Alma................................................................................ 4.4.3. Asia.................................................................................. 4.4.4. “Amor”, “ambición” y “rebeldía”.................................... 4.5. Piedra, dinero o condena............................................................ 4.5.1. Margarita......................................................................... 4.5.2. Mariana........................................................................... 4.5.3. Un mosaico líquido.......................................................... 4.6. Conclusiones...............................................................................

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Capítulo V

TRIPLE CONDENA 5.1. La discriminación de las mujeres en el sistema de justicia y en el espacio penitenciario................................................................... 5.2. Pocas e irrelevantes..................................................................... 5.3. Las mujeres privadas de su libertad en los textos internacionales. 5.3.1. Las reglas de bangkok...................................................... 5.4. Ejemplos de legislaciones de países latinoamericanos sobre la materia....................................................................................... 5.5. las mujeres en el sistema penitenciario mexicano........................ 5.5.1. Funcionamiento práctico de las prisiones en México........ 5.6. Las reformas constitucionales y sus implicaciones para el sistema penitenciario............................................................................... 5.7. Un mosaico legislativo................................................................ 5.8. Triple condena............................................................................

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Índice

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5.9. “La cárcel es como quieras vivirlo”............................................. 5.10. Las paradojas de la prisión......................................................... 5.11. Conclusiones...............................................................................

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Capítulo VI

CONCLUSIONES Y PROPUESTAS 6.1. Tráfico de estupefacientes, prohibicionismo y la penalización de los sujetos secundarios................................................................ Propuestas.................................................................................. 6.2. La participación de las mujeres en el tráfico................................ Propuestas.................................................................................. 6.3. Sistema penitenciario.................................................................. Propuestas.................................................................................. Propuestas en materia legislativa sobre mujeres en reclusión...... 6.4. ReflexioneS finales......................................................................

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BIBLIOGRAFÍA..................................................................................

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INTRODUCCIÓN

1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN Esta investigación habla de mujeres privadas de su libertad, procesadas o sentenciadas por delitos relacionados con drogas: las mulas, aquellas que transportan estupefacientes adentro o encima de su cuerpo o en contendedores —generalmente maletas—, las introductoras a centros de reclusión —quienes a menudo usan su vagina como cavidad de ocultamiento—, las vendedoras al menudeo y las consumidoras. La relación género-tráfico de estupefacientes-prisión, es el núcleo principal de este estudio, que tiene como propósito conocer más sobre la participación de las mujeres en el tráfico internacional de drogas y sus implicaciones penales y penitenciarias, a partir de una investigación con mujeres en prisión por delitos contra la salud en México. Las protagonistas de este trabajo son internas del Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha Acatitla (CFRSSMA) —de aquí en adelante: “el femenil”, “Santa Martha”, “el centro” o “el penal”—, ubicado en la Ciudad de México, procesadas o sentenciadas por delitos contra la salud en distintas modalidades. Son mujeres que presentan grandes diferencias entre sí: su historia de vida, la edad, su condición jurídica, el tipo de delito y, en el caso de las sentenciadas, los años de sentencia. Al mismo tiempo, forman parte del grupo al que pertenecen por ser mujeres, aunada al delito cometido y a la condición de ser aprehendidas y recluidas. Son habitantes de un espacio que las precede, aquél donde se cruzan los flujos internacionales de las drogas y las consecuencias de su penalización. El tráfico de drogas por un lado, y su combate, por el otro, actúan como dos microcosmos cuyas dinámicas intervienen en múltiples esferas de acción (política, económica, cultural, de uso


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del espacio público, de salud). El tráfico transnacional de estupefacientes es un fenómeno glocal1, es decir, tiene una dimensión global —favorecida por el proceso de globalización económica y tecnológica— estrechamente entrelazada con las dinámicas locales. Éstas abarcan desde el cultivo, la producción de estupefacientes, el reclutamiento de personal, la organización y ejecución de las distintas fases de trabajo —transporte y ocultamiento de la mercancía, recepción del dinero, reinversión de las ganancias en el mercado lícito, corrupción de las autoridades, entre otras— hasta la faceta más íntima de ese mercado mundial: la penetración de las drogas en el cuerpo individual mediante el consumo o, como en el caso de las mulas o de las introductoras de drogas a centros de reclusión, como forma de trabajo. La interrelación entre la globalidad y la localidad del comercio de las drogas presenta sesgos distintos de acuerdo a las circunstancias regionales, nacionales, provinciales, rurales o urbanas e incluso de “barrio”. Los países de América Latina y México como uno de ellos participan en todas las fases del negocio. La producción y comercialización de sustancias ilícitas ofrecen oportunidades de trabajo ilícito a los sectores más marginados de la sociedad, a la vez que generan espacios de impunidad, corrupción y violencia. También la dimensión del combate y castigo por este negocio ilícito tiene una doble faceta global y local que pasa por la mediación de los Estados nación. Las políticas dominantes en materia de droga surgieron hace más de un siglo, en 1909; si bien fueron impulsadas por un puñado de países, con Estados Unidos e Ingla-

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Ulrich Beck introduce este término para referirse —a la penetración de los riesgos globales— —en especial los relacionados con la finitud de los recursos naturales, las nuevas fronteras abiertas por la tecnología, las enfermedades y los “virus sociales”, que se convierten en riesgos económicos y políticos— en la vida cotidiana de las realidades locales. El espacio glocal, entonces, se construye como el locus de interacción entre la dimensión global y la local. El marco glocal se desarrolla dentro de la teorización de la sociedad del riesgo y de las estrategias de la economía del mercado mundial (Ulrich Beck, Poder y contrapoder en la era global (Barcelona: Paidós, 2004). Recurro a este concepto para enfatizar la interacción dialéctica entre el nivel global y el local del tráfico internacional de estupefacientes y de las medidas ideadas para combatirlo.


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terra en primera fila, los acuerdos internacionales que se han ido gestando en el seno de la Organización de las Naciones Unidas desde aquellos primeros esfuerzos cuentan hoy con un consenso prácticamente global. Dichos tratados se desprenden de un inamovible —y muy criticado— dogma prohibicionista que moldea las legislaciones nacionales de los países miembros, empujando para la adopción de políticas de combate frontal a las organizaciones y de una justicia criminal represiva caracterizada por la aplicación de la pena de prisión y de sentencias elevadas. El punto de sublimación del juego entre la actividad ilícita y los mecanismos y actores que operan con el propósito de detenerla se concretiza en la actuación del sistema de justicia en el ámbito penal nacional. La privación de la libertad con fines preventivos, la instauración de una causa penal, su desarrollo y la culminación en la promulgación de una sentencia —absolutoria o condenatoria— son las distintas fases de un proceso simbólico, pero con consecuencias muy reales, en el cual convergen el delito y la pena. Por ende, la combinación de las actividades relacionadas al tráfico en la región y las medidas nacionales de combate y castigo dibujan el rostro de las cárceles y de quienes las habitan. La conformación de la población interna (por género, tipo de delito, etnia, edad, nivel socio-económico, preferencia sexual, orientación política y nacionalidad), la organización del sistema penitenciario de un país y el funcionamiento real de sus prisiones nos revelan abundante información sobre la sociedad a la que estamos mirando: quién castiga, qué se castiga y a quién se castiga; cómo se castiga, es decir, cómo funciona el sistema de procuración e impartición de justicia, cuáles son sus principios y cuál su actuación en la vida cotidiana; cuáles intereses se preservan mediante la criminalización de ciertas conductas y qué trato se les da a las personas acusadas de ponerlos en riesgo. En fin, la prisión funciona como una lupa que nos permite ver cuáles jerarquías y juegos de poder predominan en la sociedad observada y cómo se valúa y concibe la vida humana en un espacio de segregación, y en particular la vida de las mujeres. Cuando nos enfocamos en la población penitenciaria femenil, se observa que aunque las mujeres históricamente representan una


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minoría2 a nivel mundial y también en México (alrededor del 5%), desde los años noventa el panorama ha cambiado, puesto que a nivel global se ha registrado un aumento rápido en el número de mujeres privadas de su libertad. Las razones de este aumento residirían principalmente en el mayor involucramiento de las mujeres en delitos relacionados con drogas y en las penas elevadas aplicadas por dichos ilícitos. La minoría numérica de las mujeres en reclusión en comparación con sus equivalentes masculinos ha conllevado su invisibilización en el sistema penitenciario y en las ciencias que subyacen su conformación, entre ellas la criminología3. Las principales teorías criminológicas desarrolladas a lo largo del siglo veinte, han mirado a la mujer que delinque a partir de concepciones sexistas que contraponían el modelo de la buena mujer vs la mala mujer, siendo esta última el prototipo de la mujer delincuente entendida como transgresora del orden natural de las cosas, de acuerdo al cual las mujeres deben mantener una actitud de castidad, sumisión y apego irrestricto a las normas penales y sociales. Si bien dichas teorías han sido superadas y otras las han suplantado, a lo largo de este trabajo veremos cómo las concepciones acerca de las mujeres en reclusión siguen siendo embebidas de prejuicios basados en creencias sobre lo que debería de ser una “buena mujer”. Ello tiene implicaciones en cómo la familia reacciona ante el encarcelamiento de una mujer (a menudo abandonándola y etiquetándola de mala madre), el funcionamiento del sistema penitenciario y de muchas de sus prácticas cotidianas, especialmente aquéllas relacionadas con el ejercicio de la sexualidad y la maternidad. La tendencia a mirar a las mujeres acusadas de transgredir la norma penal a partir de una visión estereotipada y desde una óptica masculina ha sido puesta en discusión por la criminología

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UNODC, Handbook for prison managers and policymakers on Women and imprisonment, 2008 c, http://www.unodc.org. Rosa Del Olmo, “Teoría sobre la criminalidad femenina”, en Rosa Del Olmo (coord.), Criminalidad y criminalización de la mujer en la región andina (Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1998), 19-33.


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feminista4, la cual se ha desarrollado principalmente en los países anglosajones desde los años setenta del siglo veinte. Feministas criminólogas, sociólogas y antropólogas, principalmente, han creado herramientas metodológicas y epistemológicas que hacen una crítica a la criminología tradicional y al funcionamiento del sistema penal en su conjunto, incluyendo la esfera penitenciaria. A través de rigurosas investigaciones teóricas, cuantitativas y cualitativas redefinen los parámetros para aproximarse a las mujeres transgresoras. Introducen la teoría de género para el estudio y el análisis de qué delitos comenten las mujeres, cómo son castigadas y, finalmente, cómo funcionan las cárceles de mujeres. Asimismo, muestran cómo “la criminalidad” y la persecución de las actividades delictivas, son procesos sociales marcados por las relaciones de género5. Es decir, el género es adoptado como categoría de análisis y parámetro de definición identitaria que marca las relaciones entre hombres y mujeres en distintos espacios sociales, incluyendo el de la criminalidad y del castigo. La investigación feminista muestra que ningún espacio es neutral6, sino que están embebidos de relaciones asimétricas de poder marcadas por el género en detrimento de las mujeres. Puesto que la prisión no es un espacio aislado, sino que es fruto de la misma sociedad que excluye a una parte de sus integrantes a través de la pena privativa de libertad, es razonable pensar que las relaciones entre los géneros se reproducen y magnifican en el interior de las cárceles. De ello se deriva que alguno de los aspectos impuestos

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Elizabeth Almeda, Corregir y castigar; el ayer y hoy de las cárceles de mujeres (Barcelona: Ediciones Bellaterra, 2002). Con el término género me refiero a la construcción sociocultural de la diferencia sexual entre hombres y mujeres y a la subordinación de las segundas. Los roles de género, así como los atributos y las creencias acerca de lo que es “propio” de cada género varían histórica y geográficamente, no se presentan de manera homogénea dentro de una misma sociedad y se entrelazan con otros ejes identitarios —la clase, la etnia, las preferencias sexuales, la condición jurídica, entre otros—. Celia Amorós Puente, Mujeres e imaginarios de la globalización. Reflexiones para una agenda teórica global del feminismo (Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2008); Linda McDowell, Género, identidad y lugar (Madrid: Ediciones Cátedra, 2000).


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a hombres y mujeres, causan más sufrimiento para éstas7. Por lo tanto, cabe preguntarse sobre las implicaciones del espacio penitenciario para y sobre las mujeres que en él habitan (cómo está organizado, su son tomas en cuenta las necesidades especificas de las mujeres en reclusión, así como en el ámbito judicial, legislativo e institucional del sistema penal y penitenciario. En América Latina no se ha desarrollado una criminología feminista propia8. Sin embargo, también en la región se ha registrado un aumento en los estudios sobre la participación de las mujeres en la esfera criminal, principalmente en delitos relacionados con drogas, y las implicaciones en el espacio penitenciario. Las investigaciones sobre el tema de la delincuencia femenina estudian el fenómeno a partir de las especificidades propias de la región, es decir, analizando la relación entre género y delito tomando en cuenta el contexto sociopolítico de los países latinoamericanos, especialmente el deterioro económico, la feminización de la pobreza, el aumento del tráfico de estupefacientes y el crecimiento de la “economía informal” —sector principal en el que se emplean las mujeres—.

2. OBJETIVOS A partir del contexto de la criminología feminista y de sus especificidades en América Latina, la tesis que a continuación presento busca responder las siguientes interrogantes: ¿cuál es la participación actual de las mujeres en los delitos relacionados con drogas?; ¿cómo se involucran y qué papeles desempeñan en las organizaciones criminales?; ¿cuáles son las consecuencias personales y sociales?; cómo es el sistema legal, judicial y penitenciario en el caso de

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Pat Carlen, “Introduction: women and punishment”, en Pat Carlen (ed.), Women and punishment. The struggle for justice (Portland, Oregon: Willan Publishing, 2002), 3-20. Carmen Antony García, Estudio sobre violencia de género: mujeres transgresoras (Panamá: Universidad de Panamá, Instituto de la Mujer, 2005); Rosa Del Olmo, América Latina y su criminología (Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 1981).


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las mujeres que cometen estos delitos?; ¿cómo interpretan ellas su involucramiento y castigo al estar en prisión? Ello con la finalidad de cumplir diversos objetivos. En primer lugar, me propongo contribuir al conocimiento sobre la participación de las mujeres en el tráfico de estupefacientes en América Latina desde la perspectiva de género. Otro de mis objetivos es estudiar la relación entre políticas en materia de drogas y sistema punitivo, así como las implicaciones específicas que ello ha tenido para las mujeres en América Latina. A través del estudio del sistema penitenciario mexicano y de las entrevistas a mujeres privadas de su libertad en la prisión femenil Santa Martha Acatitla, me propongo describir cómo el tráfico de estupefacientes y la organización social de género se combinan y afectan a las mujeres que ingresan a la prisión desde una posición de desventaja estructural. Finalmente, otro objetivo portante de esta investigación es la elaboración de propuestas en materia de políticas de drogas y sistema penitenciarios que puedan tener repercusiones positivas para el grupo estudiado.

3. APROXIMACIÓN TEÓRICA Y METODOLÓGICA La base de esta investigación es la teoría de género en el marco de la epistemología y metodología feminista. La epistemología estudia quién puede ser sujeto de conocimiento, a qué tipo de pruebas deben ser sometidos los resultados para ser legitimados como conocimiento y qué tipo de cosas pueden ser conocidas. La epistemología valida al sujeto que conoce, las preguntas que llevan al conocimiento, el proceso de construcción del mismo y las interpretaciones de lo que se conoce. La epistemología feminista considera además el género de la persona que conoce y cómo es que eso influye en las teorías, conceptos y métodos de investigación. Dentro de la variedad de tendencias y orientaciones, las investigadoras feministas comparten unos principios básicos9:

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Norma Blazquez Graf, El Retorno de las Brujas. Conocimientos, aportaciones y críticas de las mujeres a la Ciencia (Ciudad de México: CEIICH, UNAM, 2008); Teresita De Barbieri, “Sobre la Categoría Género. Una


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“Toda la teoría feminista considera al género como un ordenador social y como categoría significativa que interactúa con otras como clase, etnia, edad o preferencia sexual, con relaciones estructurales entre individuos, entre grupos y entre la sociedad como un todo. Sin embargo, al usar los lentes de género para ver el mundo, se obtienen diversas imágenes o teorías que ponen el acento en diferentes puntos de origen desde donde surgen las relaciones de género que oprimen y ponen en desventaja a las mujeres dentro de la organización social que se vive, por lo que desarrollan también diferentes planteamientos teóricos y estrategias para lograr su transformación”10.

La introducción de la variable del género11 para el análisis científico, es decir, el género como categoría analítica, hace que se pueda hablar de una epistemología feminista. El uso de este concepto implica necesariamente referirse a relaciones de poder12 y señalar que alguien, generalmente los hombres, lo detenta en perjuicio de otro, generalmente las mujeres. Ponerse “los lentes de género” significa hacer investigación con perspectiva de género que, en pa-

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introducción teórico-metodológica”, Revista Interamericana de Sociología, no. 2 y 3, Año VI 2a. época, mayo-diciembre (1992); Evelyn Fox Keller y Helen E. Longino, Feminism and science (Nueva York: Oxford University Press, 1996); Marta Lamas (comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual (Ciudad de México: Miguel Ángel Porrúa, PUEG, 1996); Diana Maffía, “Epistemología feminista: por otra inclusión de lo femenino en la ciencia”, en Norma Blazquez Graf y Javier Flores (eds.), Ciencia, Tecnología y Género en Iberoamérica (Ciudad de México: CEIICH, UNAM, Unifem y Plaza y Valdés, 2005), 623633; “Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia”, —Revista Venezolana de Estudios de la Mujer— no. 28 (2007). Norma Blazquez Graf, “Epistemología feminista: temas centrales”, en Norma Blazquez Graf, Fátima Flores Palacio y Maribel Ríos Everardo (coords.), Investigación feminista. Epistemología, metodología y representaciones sociales (Ciudad de México: UNAM, CEEICH, CRIM, Facultad de Psicología, 2010), 21-38, 28. Luisa Posada Kubissa, “La epistemologización de la diferencia y la impugnación del paradigma de la igualdad entre los sexos”, en Alicia H. Puleo (ed.) El reto de la igualdad de género. Nuevas perspectivas entre ética y filosofía política (Madrid: Biblioteca Nueva, 2008), 335-343. Silvia Soriano Hernández, Mujeres y guerra en Guatemala y Chiapas (Ciudad de México: CCYDEL- UNAM, 2006).


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labras de Alicia Elena Pérez Duarte13, es “un enfoque analítico y metodológico que tiene como fundamento la teoría de género y que visualiza a hombres y mujeres en tanto sujetos históricos, construidos socialmente, producto de una organización social determinada”. Analizar la realidad con perspectiva de género implica, por lo tanto, incluir a las mujeres como sujeto de conocimiento y estudiar las relaciones sociales a partir de la exclusión histórica de las mujeres de los procesos de construcción de la realidad. De acuerdo a Sandra Harding14: “Las feministas argumentan que las epistemologías tradicionales excluyen sistemáticamente, con o sin intención, la posibilidad de que las mujeres sean sujetos o agentes del conocimiento, sostienen que la voz de la ciencia es masculina y que la historia se ha escrito desde el punto de vista de los hombres (de los que pertenecen a la clase o a la raza dominante)”.

Por lo tanto, un objetivo de la investigación feminista es construir teorías que visibilicen las actividades de las mujeres (investigar por, para y con las mujeres) y evidenciar cómo las relaciones asimétricas de poder entre los géneros son componentes reales en la historia de la humanidad y un factor de explicación de la vida social15. Sin embargo, como queda manifiesto en la cita de Norma Blázquez Graf, reconocer las desigualdades de género, transformar las condiciones de conocimiento y crear una ciencia con perspectiva de género no es lo único que se propone la epistemología feminista. El feminismo, como movimiento amplio que engloba varias corrientes (feminismo socialista, radical, feminismo negro, femi-

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Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña, Derecho de familia (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2007), 34. Sandra Harding, “Is there a feminist method?”, en Sandra Harding (ed.), Feminism and methodology (Bloomington: Indiana University Press, 1987) 1-11, 3. Eli Bartra (comp.), Debates en torno a una metodología feminista (Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, primera reimpresión, 2000); Sandra Harding, The science question in feminism (Nueva York: Cornell University Press, Ithaca, 1986); Carme Adán, Feminismo y Conocimiento. De la experiencia de las mujeres al cíborg (La Coruña, España: Spiralia Ensayo, 2006).


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nismo poscolonial y eco-feminismo, por mencionar algunas) siempre ha mantenido un empeño político, el cual se ve reflejado en su propuesta epistemológica. En palabras de Linda McDowell16: “Lo que distingue los estudios feministas es la indagación de cómo se constituyen las relaciones de género y las diferencias sexuales y cómo forman una base de poder. Pero no es todo, porque si queremos cambiar las relaciones entre el sexo, el género y el poder tendremos que mantener el compromiso político. El proyecto feminista no es una empresa fácil. Pide el desmantelamiento de las bases que sostienen las relaciones sociales cotidianas y la mayoría de las instituciones y estructuras de poder, así como de los fundamentos teorético de las divisiones convencionales de género”.

Por ende, con la crítica a la ciencia “tradicional” —definida por algunas feministas como “mala ciencia”—, la epistemología feminista no pretende una mera función “reparadora”, sino un compromiso transformador, es decir, construir conocimiento que opere un cambio en las relaciones entre los géneros. De acuerdo a Diana Maffia17: “Hablar de una reconstrucción feminista de los saberes científicos es hablar de una reinterpretación desde la perspectiva de género, y del aporte que desde ella pueda hacerse para la emancipación de las mujeres”.

Una de las preocupaciones de la investigación feminista es crear una “objetividad fuerte” en oposición a la objetividad de la escuela positivista. Esta última no es considerada suficientemente rigurosa, pues se base en supuestos de neutralidad (el distanciamiento entre el sujeto y el objeto de la investigación y la negación de los elementos subjetivos que intervienen en el proceso de investigación) que, en cambio, mantienen ocultas las parcialidades, los juicios de valores y todos aquellos factores (el sexo y las condiciones sociales de la persona que investiga, las relaciones jerárquicas dentro de la academia, la fuente de financiamiento, etc.) que moldean al que produce el conocimiento y al resultado del proceso de investigación. Sandra Harding identifica tres metodologías principales que

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McDowell (2000), 24-25. Maffia (2007), 13.


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persiguen la construcción de dicha objetividad18: el “empirismo feminista”, la teoría del “punto de vista feminista” y el “postmodernismo feminista”. El empirismo feminista sostiene que es posible corregir la mala ciencia recurriendo a los mismos métodos de la ciencia tradicional pero supliendo su sesgo masculino y androcéntrico con uno incluyente de las mujeres, no reduccionista sino sensible a los factores de género presentes en la investigación científica. Es definido por Harding como “empirismo ingenuo”, pues se limitaría a “sumar a las mujeres” sin cuestionar los fundamentos epistemológicos de la mala ciencia. Por lo contrario, las seguidoras de la teoría del punto de vista argumentan que las mujeres, en cuanto que sujetos históricamente excluidos y marginados, ofrecen un punto de observación epistémico privilegiado para conocer la realidad y, por lo tanto, para la deconstrucción de las relaciones de poder. El riesgo de esta visión es la esencialización de las mujeres como grupo homogéneo y la romantización de la interpretación del mundo desde el lugar de lo marginal y lo excluido. Para contrarrestar los límites de la teoría del punto de vista con respecto a las experiencias de las mujeres, ha surgido una tercera escuela, es decir, el postmodernismo feminista. Donna Haraway19 sostiene que la objetividad fuerte feminista es “conocimiento situado”, es decir, la perspectiva depende de acuerdo a las circunstancias de “desde dónde” se conoce. Éstas no abarcan solamente el contexto de las personas que habitan el espacio social que se pretende conocer, sino debe explicitarse también con respecto a la persona que lleva a cabo la investigación. Las feministas postmodernas argumentan que la única opción de conocimiento objetivo residiría en el cambio permanente de perspectiva, en el conocimiento parcial y móvil, enmarcado en el espacio y en la subjetividad de quien conoce, razón por la cual son consideradas relativistas.

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Harding (1986). Donna Haraway, “Situated Knowledge: the science question in feminism and the privilege of partial perspective”, en Fox Keller y Longino (1996.), 249-263.


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Estas categorizaciones no deben considerarse como definiciones excluyentes, sino orientaciones dentro de las cuales se dibujan supuestos metodológicos y técnicas de recopilación de información que caracterizan las investigaciones feministas20.

4. ESTRATEGIA DE INVESTIGACIÓN El desarrollo de esta investigación abarcó la revisión y sistematización bibliográfica para tener el estado del arte del tema, la recopilación y construcción de datos cuantitativos, la realización de las entrevistas, el proceso de selección de los casos y el análisis de resultados.

Recopilación de datos estadísticos He recurrido a datos cuantitativos en dos momentos: para describir la situación actual del tráfico de estupefacientes y para ubicar a las mujeres estudiadas en un contexto nacional, latinoamericano y mundial. Con respecto al capítulo sobre tráfico, me remito a los Reportes Mundiales de Drogas de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (United Nations Office on Drugs and Crime, de aquí en adelante: UNODC) y otras fuentes oficiales indicadas en notas a pié de página. Para la elaboración de los datos sobre mujeres en reclusión, he cruzado datos de distintas fuentes: estudios cualitativos, estadísticas sobre delitos, estadísticas específicas sobre drogas y sobre población penitenciaria. Para el caso de México he consultado las estadísticas de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y los datos y boletines la Procuraduría General de la República (PGR)21. Como se verá en el capítulo III, los da-

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Sharlene Hesse-Biber y Patricia Leavy, Feminist Research Practice (Los Angeles: Sage Publications, 2007). Caroline Ramazanoglu y Janet Holland, Feminist Methodology. Challenges and Choices (Los Angeles: Sage Publications, 2002). Http://www.ssp.gob.mx; http://www.pgr.gob.mx; http://www.inegi.org. mx.


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tos de la INEGI y SSP presentan diferencias enormes; las cifras de INEGI son mucho más elevadas que las de SSP, por ende, también los porcentajes sobre la distribución de la población (por género, situación jurídica y fuero) varía notablemente entre una fuente y otra. Para el Distrito Federal me he basado principalmente en la encuesta sobre población en reclusión del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE)22.

Trabajo de campo La parte de trabajo de campo en prisión también se ubica dentro de los parámetros de la epistemología feminista y reúne fines científicos y éticos, pues implica acudir a las mujeres en reclusión como fuentes de conocimiento, sujetos que conocen y que presentan una realidad desde su contexto —la prisión— y desde su punto de vista. Los discursos que desde el lugar del género moldean sus narraciones revelan qué creencias y cuáles relaciones de poder están en juego al momento de conjugar una historia personal con una elección más o menos voluntaria u obligada de una criminalidad específica, aquélla relacionada con el negocio de las drogas. El compromiso ético y político reside en hacer patentes las voces de las mujeres intentando usar sus entrevistas no sólo como material de análisis, es decir, texto destinado a cumplir con un requisito metodológico de investigación que pertenece a la investigadora, sino instrumento de participación activa en la construcción de propuestas. Por lo tanto, la autonarración de las mujeres entrevistadas sobre sus vidas, las circunstancias del delito y la vivencia de la prisión son analizadas discursivamente pero también retomadas como fuente de conocimiento, conjuntamente con otras, para la elaboración de las propuestas finales. La parte de propuestas orientadas al cambio es también una componente fundamental de este trabajo, puesto que comparto la convicción feminista de que

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Elena Azaola y Marcelo Bergman, Delincuencia, marginalidad y desempeño institucional. Resultados de la tercera encuesta a población en reclusión en el Distrito Federal y el Estado de México (Ciudad de México: CIDE, 2009).

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