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plural
Adriana Menassé Temple es investigadora del Instituto de Filosofía donde desarrolla temas relacionados con la ética de la alteridad y con las problemáticas que brotan de la pregunta por el sentido. También se ha desempeñado en temas de filosofía y literatura. Ha publicado La ley y la fisura (ensayos de literatura y ética) (1999), y Ley, otredad y sentido (acercamiento al problema de la justicia desde una perspectiva levinasiana (2015). Es profesora de la Universidad Veracruzana.
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PERSPECTIVAS ÉTICAS
Coordinadores
Adriana Menassé Temple / Rubén Sánchez Muñoz
En las últimas décadas, las meditaciones en torno de la ética han venido ocupando un lugar central dentro de la filosofía, pero también en otros sectores de la sociedad: en ámbitos públicos y privados, en las relaciones personales, interpersonales, nacionales e internacionales, y en las relaciones que tenemos y mantenemos con el medio ambiente y los animales. Frente al desvanecimiento cada vez más profundo de las certezas que fundaron Occidente, los textos reunidos en este volumen se proponen discurrir en torno a la dimensión ética de la experiencia humana. Si bien el derrumbe de aquellas convicciones no puede detenerse con sólo un gesto de la voluntad, consideramos que hoy resulta ineludible afrontar su desafío desde cierta apuesta nada ingenua por la delicada estructura donde se articula el sentido. No hay en este libro un enfoque unitario pero los ensayos que presentamos buscan, cada uno a su manera, recuperar para el pensamiento el lugar en el que la vida humana, una vida capaz de intención moral y cifrada en los significados que compartimos con los otros, reclame su belleza y pueda hacerse eco, nuevamente, de su dignidad y valía.
PERSPECTIVAS ÉTICAS Adriana Menassé Temple Rubén Sánchez Muñoz
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Coordinadores
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Rubén Sánchez Muñoz es Profesor Investigador de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, del Círculo Latinoamericano de Fenomenología y The International Association for the Study of the Philosophy of Edith Stein. Autor de la Introducción al personalismo de Edith Stein (Universidad Pontificia de México, 2016) y coordinador de Pensar la fenomenología desde dentro. Ensayos críticos (Universidad Veracruzana, 2017).
PERSPECTIVAS ÉTICAS
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
PERSPECTIVAS ÉTICAS
ADRIANA MENASSÉ TEMPLE RUBÉN SÁNCHEZ MUÑOZ Coordinadores Autores
ALBERTO SUCASAS MAURICIO BEUCHOT ADRIANA MENASSÉ RUBÉN SÁNCHEZ MUÑOZ CINTIA C. ROBLES LUJÁN JORGE MEDINA DELGADILLO ROBERTO CASALES GARCÍA IGNACIO QUEPONS JULIO QUESADA JACOB BUGANZA SANDRA GARCÍA PÉREZ FERNANDO HUESCA RAMÓN
tirant humanidades Ciudad de México, 2019
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© Adriana Menassé Temple, Rubén Sánchez Muñoz y otros.
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Adriana Menassé es investigadora del Instituto de Filosofía donde desarrolla temas relacionados con la ética de la alteridad y con las problemáticas que brotan de la pregunta por el sentido. También se ha desempeñado en temas de filosofía y literatura. Ha publicado La ley y la fisura (ensayos de literatura y ética) (1999), y Ley, otredad y sentido (acercamiento al problema de la justicia desde una perspectiva levinasiana (2015). Es profesora de la Universidad Veracruzana. Rubén Sánchez Muñoz es Profesor Investigador de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, del Círculo Latinoamericano de Fenomenología y The International Association for the Study of the Philosophy of Edith Stein. Autor de la Introducción al personalismo de Edith Stein (Universidad Pontificia de México, 2016) y coordinador de Pensar la fenomenología desde dentro. Ensayos críticos (Universidad Veracruzana, 2017).
Índice PRÓLOGO............................................................................................................. 11 Adriana Menassé Temple Rubén Sánchez Muñoz GÜNTHER ANDERS Y HANS JONAS: EVITAR EL APOCALIPSIS........ 17 Alberto Sucasas ACERCA DE UNA ÉTICA PLANTEADA DESDE LA HERMENÉUTICA ANALÓGICA.................................................................................................. 51 Mauricio Beuchot EL REDESCUBRIMIENTO DEL OTRO EN TIEMPOS ANTISEMITAS: HERMANN COHEN TOMA LA PALABRA................................................... 65 Julio Quesada ÉTICA Y AMOR EN LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL..................... 89 Rubén Sánchez Muñoz LA ATADURA AMOROSA DEL LENGUAJE (El sentido del sentido común en el pensamiento de Franz Rosenzweig)............................................... 107 Adriana Menassé LINEAMIENTOS DE LA ÉTICA REALISTA DE PIEPER........................... 137 Jacob Buganza ALGUNOS LUGARES DE LA ÉTICA EN ORTEGA..................................... 157 Sandra García Pérez
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LA APUESTA LEIBNIZIANA POR LA LIBERTAD COMO CRÍTICA AL FATALISMO Y A LA INDIFERENCIA...................................................... 169 Roberto Casales García NEUROFILOSOFÍA, BIOÉTICA Y MEDIO AMBIENTE........................... 187 Fernando Huesca Ramón VULNERABILIDAD Y EMOCIONES MORALES: APUNTES DE UNA INVESTIGACIÓN FENOMENOLÓGICA...................................................... 215 Ignacio Quepons UNA APROXIMACIÓN A LA ÉTICA DEL DINERO DESDE LÉVINAS... 231 Jorge Medina Delgadillo ÉTICA Y ANTROPOLOGÍA EN LA RAZÓN POÉTICA DE MARÍA ZAMBRANO......................................................................................................... 239 Cintia C. Robles Luján
PRÓLOGO En algunos momentos específicos de la historia, las reflexiones sobre la ética se hacen más presentes que en otros. No es que los autores en general pasen desapercibidos los temas concernientes a cómo es preciso vivir o qué debemos hacer para ser felices o cómo vivir una vida digna, porque nos parece que son temas fundamentales de la existencia humana. Es más bien, que estos mismos temas y otros concomitantes se van tornando poco a poco en temas centrales que parecen responder a problemas capitales propios de la época en que se desarrollan. En el fluir de la historia vemos que en algunas épocas o periodos en concreto, unos temas o problemas son más importantes que en otras o que se les presta mayor atención. La ética, por ejemplo, aparece en ciertos momentos de coyuntura, en periodos de transición de una época a otra o de una “figura del mundo” a otra —como le gustaba decir a Luis Villoro.1 Cuando esta figura del mundo se halla consolidada y su sistema de creencias es sólido, la ética parece operar de manera implícita o como consecuencia de la estabilidad en que se fundan las creencias. Pero cuando estas creencias se desequilibran y su fundamentación se torna cuestionable, la duda y la sospecha del estilo de vida que esas mismas ideas producen de los sistemas de valoraciones y prácticas en que se vive o ha vivido a partir de ellas, sus implicaciones, límites y consecuencias se vuelven un verdadero enigma. Así, en las últimas décadas, las meditaciones en torno de la ética han venido ocupando un lugar central dentro de la filosofía, pero no solo dentro de ella, sino con especial énfasis en atender diversos problemas que surgen en múltiples sectores de la sociedad, en ámbitos públicos y privados, en las relaciones personales, interpersonales, nacionales e internacionales o las relaciones que tenemos y mantene1
Villoro, L., 2010, El pensamiento moderno. Filosofía del Renacimiento, Fondo de Cultura Económica/El Colegio Nacional, México.
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mos con el medio ambiente y los animales. La reflexión nace dentro de la filosofía ciertamente, porque la ética es una parte de la filosofía y desde aquí el trabajo de los filósofos ha consistido en fundamentar una variedad de propuestas que intentan responder a estas cuestiones esenciales de la vida práctica que mencionamos antes. Es verdad que no se trata de un asunto sencillo y que resulta difícil ponerse de acuerdo y llegar a un consenso. De pronto nos encontramos frente a una variedad de propuestas que no siempre son confluyentes. Aunque no necesariamente los modelos éticos son antagónicos o excluyentes, resulta difícil tomar una postura cuando se tiene que evaluar a profundidad el alcance teórico y práctico de dichos modelos. En torno de estos problemas y dificultades se concentra una parte del trabajo filosófico. Después, vemos o nos encontramos en nuestro mundo circundante, en nuestro mundo más próximo y más allá en los mundos lejanos, una serie de prácticas detrás de las cuales hay bases teóricas que sustentan el comportamiento de los individuos. Muchos de esos elementos son preteóricos e inclusive prerreflexivos. Esto no quiere decir que no tengan sentido ni razón de ser. Quiere decir sencillamente que el contenido teórico que sustenta nuestro actuar, que orienta nuestro albedrío o que sienta las bases de nuestro trato con los otros, puede no estar clarificado para nosotros, que puede estar cimentado en un conjunto de creencias que requiere ser explicitado. Uno puede defender claramente los derechos humanos, sin que haya necesidad de que sepa el sustento teórico que tienen en la filosofía de Immanuel Kant; uno podría no haber leído nunca La crítica de la razón práctica o la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y aun así ser defensor de los derechos humanos. Podemos saber también y estar convencidos que nuestra libertad llega hasta donde empieza la libertad del otro, sin saber nada del utilitarismo de John Stuart Mill, quien formuló esta expresión en su ensayo sobre la libertad. Pero lo relevante del asunto no es eso precisamente, sino más bien el hecho de que nuestra vida práctica tenga esta orientación ética y que de alguna manera podamos vivir en el esfuerzo de comportarnos éticamente en las circunstancias que el mundo nos ofrece. Si bien es
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cierto que el formalismo en la ética da sustento teórico a nuestra vida moral, no menos cierto tiene que ser que la vida práctica de los individuos se desarrolla de cara a unas circunstancias concretas. Parece ser que la ética llega en un momento determinado de la existencia, es decir, hay una especie de madurez ética o un despertar de la vida en un sentido ético y parece ser una vez más que la ética, como decía Husserl, le imprime a la vida un valor más alto. Esta es la razón por la cual depositamos en la ética cierta esperanza y cierto valor. Y esta es la razón por la cual también nos aventuramos a explorar diversas vías de acceso a ella, varias perspectivas sobre la ética, porque se trata de eso: un conjunto de miradas que nos dan ciertos aspectos del actuar ético y del vivir éticamente. Estas perspectivas, luego, tienen a su vez que ser revisadas y analizadas a profundidad para, una vez más, valorar sus implicaciones, sus limitaciones y sus alcances sin desatender las condiciones materiales específicas en que se desenvuelve la vida personal y social de los individuos. Lo cierto es que el discurso filosófico nos ha acostumbrado a hablar de la crisis de la modernidad como algo que damos por sabido. Se han cuestionado sus narrativas de liberación, su vocación universalizante, su concepto de racionalidad. Desde múltiples ángulos se ha puesto en entredicho la capacidad del ser humano para fincar en el mundo alguna verdad moral o especulativa; la subjetividad misma se disuelve, así como la primacía de su acción intencional. Después de la Primera, de la Segunda Guerra Mundial —y su crueldad sin precedentes—, de las posteriores y atroces guerras étnicas y nacionales, hablar del progreso moral del ser humano resulta cuando menos irrisorio. Por otro lado, el tan cantado progreso tecnológico, aunque parte obligada de nuestra vida, ha dejado ver también su aspecto brutal y depredador. Los sueños de la razón nos engendraron monstruos, como previera Goya. El humor de nuestro tiempo es un humor apocalíptico, si por eso entendemos una certeza difusa de ruina inexorable de aquella otrora celebrada civilización. Esto no comenzó ayer, claro: de las críticas románticas a la Ilustración cuando todavía razón y progreso estaban en su momento ascendente, pasando por la fe revolucionaria de los movimientos sociales que desembocaron
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en nuevas formas de opresión y esclavitud, hasta los vahos del escepticismo reinante, la atmósfera que nos circunda expresa de todas las maneras un pesimismo tenaz. El universo simbólico del arte, la filosofía, el cine, los medios de comunicación y hasta la publicidad insisten en convencernos que la especie humana no es sino un error de la naturaleza, el más sonado fracaso de su pueril aventura. Los textos reunidos en este volumen proponen repensar los retos de nuestro tiempo desde el horizonte de un pensamiento comprometido con la dimensión ética de la experiencia humana. Si bien el derrumbe de las convicciones que durante siglos sostuvieran a Occidente no puede detenerse con solo un gesto de la voluntad, consideramos que hoy resulta ineludible afrontar dicho desafío desde una reflexión que examina la delicada estructura donde se articula el sentido. Sin duda, la hermenéutica radical que atraviesa el pensamiento contemporáneo nos advirtió contra la soberbia de la razón; ningún escepticismo, sin embargo, puede convencernos de que la crueldad y el abuso, el crimen o la arbitrariedad, son una opción entre otras equivalentes. Tal vez no sea posible desentenderse de las interrogaciones que se plantean a partir del anti-humanismo para-heideggeriano, del pragmatismo de corte rortiano, o de cierto ecologismo casi místico; el ser humano con sus determinaciones y su capacidad de orientarse en el mundo pierde la contundencia de su experiencia sensible, la certeza irreductible de una íntima vulnerabilidad. Y sin embargo, vivir humanamente parece implicar un espacio que afirma, ratifica y ancla una significación ética de la existencia que compartimos con los demás. El límite a la deriva de las interpretaciones y, en última instancia, al desfondamiento del sentido, son los actos de amor y de justicia que los seres humanos practican espontáneamente y aguardan en los demás. Pues son estos los que abren los canales del lenguaje mismo. Así, de manera no unívoca sino a partir de perspectivas teóricas disímbolas, el hilo que atraviesa los ensayos que recogemos en estas páginas trenza la idea de que, a pesar de todo, la ética constituye el sustrato de todo filosofar, si por filosofar entendemos la
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vocación de bien y de justicia inscrita en esa forma de existencia que es la existencia vivida humanamente. El pensamiento y la libertad son capaces de hacer contacto con la experiencia en cuanto experiencia verdadera; ética y verdad soportan el entramado de nuestra subjetividad y de nuestra sociabilidad en la medida en que la relación con los otros seres nos impone límites últimos y nos intima a una apuesta radical por la concordia y el sentido. Este sentido es el que afirma el valor de la vida, el que inaugura la cultura y abre el espacio simbólico de la dignidad y el agradecimiento. Dentro de ese espacio se negocian, se depuran y acrisolan las orientaciones que conforman nuestra condición, pues acaso como apunta Walter Benjamin, algo es esperado, algo es exigido de nosotros,2 de ese ser capaz de perpetrar atrocidades, pero cuya existencia misma está anudada a una vocación de encuentro y a un imperativo moral. Buscar respuestas en la tradición en una época en la que todo está diseñado para durar poco y tirarse pronto, como refieren Z. Bauman, G. Lipovetsky y B. Chul-Han, entre otros, podría acusar una actitud conservadora, cuando no escolar. Más que respuestas, sin embargo, el esfuerzo filosófico que nos convoca consiste en refrendar ciertos ejes de gravitación que demasiado fácilmente se han querido disipar en la tarde de una evanescencia sin asideros. Y es que, a pesar de la criminalidad sin freno que hoy avasalla nuestras calles, nuestros noticieros y nuestras pláticas, parece haber también, en la indignación colectiva, la convicción de que hay prohibiciones imposibles de transgredir si queremos sostener la confianza primaria y la posibilidad del amor. La virtud nunca está garantizada, es cierto; es solo el movimiento del espíritu que se juega en buena fe el que, en última instancia, prevalece y ennoblece nuestros días y trabajos. Ese trabajo 2
Citamos libremente de las Tesis sobre la historia, particularmente la tesis II: “Éramos esperados en la tierra. También a nosotros entonces, como a toda otra generación, nos ha sido conferida una débil fuerza mesiánica a la cual el pasado tiene derecho de dirigir sus reclamos” (Benjamin, W., 2005, Tesis sobre la historia, traducción y presentación Bolívar Echeverría, Editorial Contrahistorias, México, p. 18).
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nunca está terminado, pues más que un camino infinitamente largo pero continuo, consiste en la pequeña, ineludible y siempre renovada tarea de rectitud que conforma nuestras vidas. Los ensayos que presentamos buscan, cada uno a su manera, acercarse al apremio de estas interrogantes desde el diálogo que establecen sus autores con el pensamiento de aquellos que, de alguna manera, han avanzado o cuestionado estos presupuestos. De Hans Jonas a Edmund Husserl, pasando por las interrogaciones de todos los otros autores que aquí confluyen, este libro quisiera colaborar con el trabajo colectivo de pensar un orden en el que la vida humana, una vida capaz de intención moral, cifrada en los significados que compartimos con los otros, reclame su belleza y pueda hacerse eco, nuevamente, de su valía.
Adriana Menassé Temple Rubén Sánchez Muñoz Agosto de 2018
GÜNTHER ANDERS Y HANS JONAS: EVITAR EL APOCALIPSIS Alberto Sucasas1
Universidad de A Coruña
Symphilosophie2 es el neologismo acuñado por Günther Anders para evocar un episodio biográfico: las discusiones intelectuales que el joven matrimonio formado por él mismo y Hannah Arendt mantenía en “el angosto balcón de una diminuta y humilde casa de Drewitz”,3 mientras compartían un cesto de cerezas. Más allá de su rendimiento autobiográfico, la expresión invita a reconsiderar, con intención crítica, el paradigma dominante en el trabajo histórico-filosófico: cualquier corpus remite a una autoría única, el nombre propio que acompaña a las obras que lo integran; la relación con otros pensadores —en el orden de la filiación (maestro-discípulo), la confrontación o la afinidad— es algo secundario. Si bien nunca está del todo ausente la referencia de un pensamiento a otros que le preceden o acompañan (las consabidas “influencias”), lo cierto es que se impone, como centro de la producción filosófica, la figura, irreductiblemente individual, de un pensador único. Confirmarían esa regla algunas excepciones. Así, en nuestra época, obras como Principia Mathematica (Russell y Whitehead) o Dialéctica de 1
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Esta contribución se inserta en el Proyecto de I+D “Sufrimiento social y condición de víctima: dimensiones epistémicas, sociales, políticas y estéticas” (FFI2015-69733-P), financiado por el Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia (Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, España). Cf. Anders, G., 2013, La batalla de las cerezas. Mi historia de amor con Hannah Arendt, trad. A. Valero Martín, Editorial Paidós, Barcelona, p. 17. El vocablo alemán podría traducirse por sinfilosofía o cofilosofía. Ibid., pp. 15-16.
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la Ilustración (Adorno y Horkheimer), incluso contaríamos con tándems estables: Gilles Deleuze y Félix Guattari. Por relevantes que hayan sido esas contribuciones, no alcanzan a cuestionar el paradigma indicado: axiomáticamente, la filosofía se produce—y escribe— en primera persona del singular; el sujeto filosófico es un yo autosuficiente y solitario. Subyacen a esa convicción dos presupuestos. De raigambre aristotélica, el primero de ellos promueve el primado de la categoría de sustancia sobre la de relación: el ser es inherente a una entidad independiente (la ousía del caso); las relaciones sobrevenidas con otras entidades no perturban ese dato fundamental. A ello se añade el principio, en este caso de origen cartesiano, del ego cogito como lema de cualquier acto de conciencia; también, claro está, de la actividad reflexiva del filósofo. Pese a su prestigio secular, ambas convicciones han sido puestas en entredicho por el pensamiento contemporáneo, empeñado en promover, contra el aislamiento sustancialista, la vida relacional que se teje entre los entes y en subvertir la fe solipsista operante en las “filosofías de la conciencia”. El incuestionable éxito de la categoría de intersubjetividad da certero testimonio de ese vuelco histórico. Sin embargo, la labor receptiva e interpretativa de la filosofía actual apenas parece haber acusado ese cambio de paradigma; perpetúa, más bien, inercias del pasado, obstinadamente fiel al programa sustancialista y solipsista. ¿No habrá llegado el momento de afrontar el trabajo histórico-filosófico desde el principio de intersubjetividad? La escena conyugal, entre cerezas y conceptos, a la que remite el neologismo de Anders sugiere reconsiderar la literatura de pensamiento en tanto que expresión de una Symphilosophie, de un pensar compartido entre dos o más sujetos. Tal intersubjetividad, en efecto, no es necesariamente dual; bien puede acoger una pluralidad mayor. Así, un ménage à trois especulativo. Resultaría tentador poner a prueba esa hipótesis revisando los múltiples vínculos y afinidades que, a lo largo de varias décadas, mantuvieron entre sí tres figuras decisivas de la filosofía en la segun-
Günther Anders y Hans Jonas: evitar el apocalipsis
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da mitad de la pasada centuria: al matrimonio Anders-Arendt habría que añadir, como tercer integrante, el amigo íntimo de ambos, Hans Jonas. Más modestamente, aquí se propone abordar el vínculo filosófico (philía intelectual sustentada por el afecto recíproco) entre los dos miembros masculinos del terceto. Su relación de amistad coincide con la vida adulta de ambos. Se fragua a comienzos de los años 20 en la Universidad friburguesa,4 sufriendo una brusca interrupción con el exilio y la guerra;5 reanudada en 1950, se mantendrá hasta el final de sus vidas. Vidas cuyas longevas trayectorias casi se confunden con la del siglo (Anders: 1902-1992; Jonas: 1903-1993); de hecho, tiempo histórico, signado por la barbarie, y tiempo biográfico fueron indisociables en ambas. Bien podría decirse que la reconstrucción de este traza, en sobreimpresión, la silueta de aquel. Con todo, el enfoque adoptado será más bien filosófico que biográfico: presuponiendo como trasfondo la íntima vinculación entre Jonas y Anders, se pretende dar cuenta de sus afinidades intelectuales, en los interrogantes que plantean y en las respuestas que alcanzaron a darles. No obstante, la elucidación en paralelo de los discursos no debe perder de vista el perfil humano de quienes los produjeron.
VIDAS PARALELAS Coetáneos, Anders y Jonas forman parte de una constelación epocal en la que asimismo se integran algunas otras personalidades mayores del pensamiento del siglo XX: junto a la Arendt, habría que contar, entre otros, a Benjamin, Scholem, Strauss o Löwith. Todos
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“En 1923, ya en Friburgo, éramos íntimos amigos” (Jonas, H., 2005, Memorias, trad. I. Giner Comín, Editorial Losada, Madrid, p. 92). “Durante la guerra no existió intercambio epistolar entre nosotros [con Arendt y Anders]. En cuanto llegué a Canadá, en el invierno de 1949/50 —entre Navidad y Año Nuevo— viajé a Nueva York y me reencontré allí con Hannah y mi amigo Günther” (ibid., p. 306).
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ellos son, en las décadas iniciales del siglo, jóvenes pensadores alemanes de origen judío que se rebelan contra el espíritu asimilado de los padres e, hipersensibles al “irresistible ascenso” del antisemitismo, denuncian lo ilusorio de la sedicente simbiosis judeo-alemana. La barbarie consumada en los doce años de nacionalsocialismo, confirmando funestos presentimientos, supondrá una quiebra biográfica irreversible, que en la mayoría de los casos se traduce en un exilio norteamericano (o en su tentativa fallida: el suicidio de Walter Benjamin) que conlleva la experiencia de la apatridia y la dificultad de proseguir, o inaugurar, una carrera académica. Permaneciendo en suelo estadounidense (Arendt o Jonas) o retornando a Europa (Anders, pero también pensadores afines como Adorno o Horkheimer), su quehacer posterior será el de elaborar una filosofía de posguerra que, aun en contra de supuestos muy arraigados en una tradición milenaria, desvele las claves de la inaudita barbarie (ante todo, el exterminio de los judíos europeos en los campos nazis)6 e impulse, desde 6
Jonas, quien se ve a sí mismo como “alguien que había vivido los horrores de los años treinta y cuarenta, y que pasaría el resto de su vida a la sombra de Auschwitz” (Jonas, H., 2013, Essais philosophiques. Du credo ancien à l’homme technologique, Vrin, París, p. 18), abandonó Alemania tras la llegada del nazismo al poder, instalándose en Palestina en 1935. La declaración de guerra británica le inspiró un llamamiento, en el que se funden la voluntad comunitaria de supervivencia y el imaginario épico del sionismo, titulado Nuestra participación en esta guerra (Una voz dirigida a los hombres judíos): “[S]i ganan las potencias occidentales —y en eso confiamos—, Hitler es derrocado y vuelve a haber esperanzas de vida para el pueblo judío. Si gana Hitler, eso significará nuestra destrucción, aquí y en cualquier parte: entonces, al menos muramos combatiendo” (id., 2005, op. cit., p. 215). Participa como soldado en la liberación de Alemania, pero la victoria se verá ensombrecida por la noticia de la muerte de su madre en Auschwitz. Siempre mantendrá, por una parte, una mirada lúcida, aunque estremecida, sobre la magnitud del Mal acontecido: “Y cuando miramos con horror las fotografías de Buchenwald, los cuerpos arruinados y los rostros desfigurados, el extremo ultraje inferido a la humanidad en su carne, rechazamos el consuelo de que esto es apariencia y la realidad es distinta: miramos a los ojos a la horrible verdad de que la apariencia es la realidad y de que nada es más real que lo que aquí aparece” (id., 2000a, El principio vida. Hacia una biología filosófica, trad. J. Mardomingo,