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Star Trek y los derechos humanos

Robert Alexy Alfonso GarcĂ­a Figueroa

Valencia, 2007


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Director de la Colección:

Javier de Lucas Catedrático de Filosofía del Derecho

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.

© robert alexy alfonso garcía figueroa

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Nota preliminar..........................................................................

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1. Estos son los viajes de la nave interestelar Enterprise 1.1. De senderos y guerras estelares..................................... 1.2. Sci-Fi y Sci-Phi(losophy of Law)................................... 1.3. Rosquillas cinematofágicas y dudas paraxiales............ 1.4. Algunas transacciones entre fantasía y filosofía: ¿Por el bienestar de quién?..................................................... 1.5. Una misión dedicada a la exploración de mundos desconocidos. En los confines de la ciencia y la razón...... 1.6. ¿Inhumanos o demasiado inhumanos?: Data y Spock 1.7. El lenguaje, la última frontera: Cómo hacer cosas con el klingon (que es un idioma)........................................ 1.8. Hasta lugares adonde nadie ha podido llegar… Distanciamiento práctico....................................................

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2. La filosofía jurídica de Robert Alexy................................

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3. Data y los derechos humanos. Mente positrónica y concepto dobletriádico de persona (Robert Alexy)........ 3.1. El Episodio 035 de la Next Generation: ¿A quién pertenece Data?.................................................................... 3.2. Los titulares de derechos............................................... 3.3. Data y el concepto de persona.......................................

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4. Ficha técnica.........................................................................

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5. Películas de Star Trek y capítulos de televisión citados .........................................................................................

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Referencias bibliográficas........................................................

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Índice


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urante la primavera del año 2004 tuve la fortuna de disfrutar de una estancia de investigación en el seminario jurídico que el profesor Robert Alexy dirige en la Universidad Christian Albrecht de Kiel. Allí encontré el texto (Alexy 2000) de una conferencia del maestro alemán sobre el androide de Star Trek, Data. A primera vista, se trataba de un trabajo excéntrico en el conjunto de la obra de Alexy, seguramente el representante de la filosofía del Derecho en lengua alemana más importante desde Kelsen. Pero más allá de las apariencias o los prejuicios, el lector podrá comprobar que en realidad nos encontramos ante una proyección amena y original de muchas de sus ideas sobre una manifestación influyente de la cultura popular de nuestro tiempo. A mi vuelta a España propuse a Robert Alexy traducirle al castellano esta conferencia y unirla a otros materiales que escribí con el propósito de servir de marco a la aportación del filósofo del Derecho alemán. El

resultado lo tiene el lector en sus manos: A mi primer capítulo general sobre el género fantástico, su virtualidad para la reflexión ética y jurídica y una presentación de la teoría de Robert Alexy en el segundo capítulo, le sigue en el tercero (y principal) la traducción del trabajo del profesor de Kiel. Precisamente en relación con la aportación de Alexy, seguramente no esté de más consignar dos apreciaciones que quizá puedan ser de interés para el lector. La primera proviene del propio autor alemán. En un correo electrónico de hace un año me contaba que había visto recientemente por televisión la última entrega de la serie de películas de Star Trek, Nemesis (2003), donde Data sacrifica su propia vida para salvar la flota estelar. En su mensaje Alexy consideraba este hecho como ilustrativo de las tesis que él pretende mostrar con su trabajo. Quede aquí, pues, constancia de ello. La segunda tiene que ver con la traducción al castellano de “Data y los derechos humanos”. Dado que este texto se refiere a un capítulo de la serie de Star



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Trek. The Next Generation, me he basado en la versión doblada al castellano (y a veces en los subtítulos en nuestra lengua) siempre que he podido. Sin embargo, los numerosos matices específicos que había adquirido el episodio en su doblaje al alemán me han obligado en numerosas ocasiones a tomar como referencia no la versión en castellano, sino la traducción directa al castellano de la versión alemana (el lector podrá advertir estos casos porque serán distinguidos en cursiva). Espero que el lector no considere inoportuno que haga mención de un ejemplo bien significativo para justificar esta decisión. Cuando Picard se refiere a la forma de aplicar el Derecho por parte de la capitana Louvois dice: a) En la versión original: “She may be overly attached to the letter of the law, but I suspect that she still understands its spirit”. b) En la versión en castellano (bastante apegada a la letra del original, por cierto): “Puede que tenga demasiado apego a la letra de la ley, pero sospecho que todavía entiende su espíritu”. c) En la versión alemana: “Sie klebt wahrscheinlich sehr an dem Buchstaben des Gesetzes, aber ich vermute, dass bei ihr noch eine Spur von Menschlichkeit zu finden ist”, i.e., “parece muy apegada a la letra

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de la ley, pero supongo que todavía habrá en ella un rastro de humanidad“. En la versión original y la española se contrapone la letra de la ley al espíritu de la ley de acuerdo con una tradicional dicotomía no siempre compartida (Beccaria nos decía que nada había peor que recurrir al espíritu de la ley a la hora de aplicarla). Por el contrario, la versión alemana opone a la letra de la ley, nada menos que un rastro de humanidad. Esto le lleva a Alexy a formular una serie de reflexiones en torno al Derecho y su humanidad (derechos humanos) que no pueden ser inducidas a partir de las otras dos versiones. En suma, en casos como éste, sólo manteniendo la versión alemana, el conjunto adquiere sentido. Dejando a un lado que haya sido fruto del puro azar, supongo que el hecho de que los traductores alemanes de la serie contemplen la aplicación mecánica del Derecho como lo opuesto a una mínima humanidad es algo que se explica por la profunda huella que ha dejado en la cultura jurídica y no jurídica de ese país la trágica experiencia del periodo nacionalsocialista. Desde entonces, la máxima Gesetz ist Gesetz se ha cargado de cautelas incluso para el anónimo traductor radbruchiano de una serie de televisión.


Nota preliminar

un ejemplo de novela en cadena (chain novel). Se trata de una obra colectiva en que han participado infinidad de personas que añaden una nueva aventura, un nuevo personaje o una nueva reflexión a todo un cuerpo narrativo, pero que han sabido mantener su coherencia hasta extremos insospechables. Un célebre filósofo del Derecho norteamericano, Ronald Dworkin, cree que el Derecho funcionaría de manera parecida a como aparentemente lo hace Star Trek: cada juez añade un episodio al escrito por el anterior, quien a su vez desarrolla coherentemente las decisiones y los materiales jurídicos previos. Tanto en Star Trek como en el Derecho esta coherencia garantiza que podamos atender a esos materiales fragmentariamente sin perder por ello una aproximación acertada a, por así decir, su espíritu: el espíritu de la ley y el espíritu de Star Trek. Han leído borradores de parte o la totalidad del libro sucesivamente y en diversos estadios de su elaboración los profesores Leonor Moral, Mario Ruiz, Jerónimo Betegón, Santiago Sastre, Pablo de Lora, Betzabé Marciani, Javier de Lucas y Miguel Ángel Pacheco. A Almudena y Gogó García Figueroa también les debo, como a Guillermo Corral van Damme, atentas lecturas del

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Por otro lado, debo admitir que no le faltará razón al trekky que a continuación eche de menos la referencia a enteras áreas del universo de Star Trek. Sin duda, esas lagunas requieren alguna explicación. He limitado mis referencias a las diez películas para la gran pantalla y a sendas series de televisión: Star Trek. La serie original y Star Trek. La Nueva Generación (vid. infra 5.). Con esa selección he procurado por un lado prestar atención suficiente a los comienzos de la saga en los sesenta, luego a su lanzamiento a la gran pantalla desde finales de los setenta y finalmente a la parte de la serie televisiva de finales de los ochenta y principios de los noventa que sirve a Alexy de punto de apoyo para sus reflexiones. Se atiende así a lo que podríamos denominar el “núcleo duro del universo de Star Trek”, pues si las seis primeras entregas de Star Trek en la gran pantalla se nutren de los personajes de la serie original, en las cuatro últimas los protagonistas provienen de la Nueva Generación. En cualquier caso, la falta de exhaustividad (casi inevitable ante ese inmenso repertorio de tribulaciones de la Flota estelar más allá de nuestra atmósfera) queda compensada por un rasgo muy relevante de Star Trek: su coherencia interna. Star Trek es


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borrador. A todos les estoy muy agradecido por su ayuda. Por otra parte, creo que ésta es una buena oportunidad para agradecerle al profesor Alexy el amable recibimiento que en su día me dispensó en Kiel. Mi deuda con él debe extenderse tanto a los investigadores invitados Stanley Paulson, Rodolfo Arango, Ana María Cherry Gaitán, Mitsuhiro Matsubara, Sang Kyung Lee y Hidehiko Adachi, como a los profesores y al personal del seminario jurídico de su dirección

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entre quienes debo recordar con particular afecto a los profesores Martin Borowski y Carsten Bäcker, así como a la secretaria del departamento Andrea Neisius. A todos ellos debo una estancia en Kief inolvidable por feliz y fructífera. Es de justicia desearles a los hasta aquí citados, siguiendo los muy venerables usos de los longevos vulcanianos: ¡Larga y próspera vida! Alfonso García Figueroa Aranjuez, enero de 2007


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ualquier trekky que se precie (y se calcula que haya unos diez millones repartidos al menos por este planeta) podrá recitar de memoria las siguientes palabras pronunciadas por una voz en off sobre un firmamento estrellado: El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave interestelar Enterprise en una misión que durará cinco años, dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas, nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares adonde nadie ha podido llegar…

Se trata de la fórmula que servía de prólogo a cada episodio de la serie original de Star Trek. Después la Enterprise cruzaba veloz la pantalla y aparecían los títulos de crédito al son de la evocadora sintonía de Alexander Courage, que Jerry Goldsmith actualizaría para la Nueva Generación muchos años después. A las 20.30 horas del jueves, 8 de septiembre de 1966 (se acaban de cumplir cuarenta años del acontecimiento), la cadena de televisión estadounidense NBC emitía por vez primera Star Trek. Su creador, un expiloto y expolicía, Gene Roddenberry, había

tenido que vencer las reticencias de los directivos que desconfiaban de la rentabilidad del proyecto debido a sus pretensiones filosóficas, a su intelectualismo. Sin embargo, a los 29 episodios de la primera temporada de la serie original le siguieron muchos otros durante un total de tres años en respuesta a un enorme éxito, que se propagaría luego por todo el mundo y que se prolongaría durante décadas con la emisión de nuevas series de televisión como Star Trek. La nueva generación (emitida en los EE.UU. entre 1987-1994) o Espacio Profundo 9 (1993-2000). Todo ello sin olvidar las dos temporadas de la serie de animación, las siete de Star Trek. Voyager (19952001), las cuatro de Star Trek Enterprise (2001-2005) o la reciente Star Trek. New Voyages realizada con el concurso de los fans. Paralelamente, Star Trek ha ido acumulando diez títulos para la gran pantalla desde Star Trek. La película (1979) hasta Star Trek: Némesis (2003) (vid. infra 5.). Este conjunto de obras, que incluye cómics y libros, conforma todo un universo de personajes

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y escenarios (a lo largo de más de 400 horas de calidad, justo es decirlo, no invariable), que en conjunto aquí resulta imposible siquiera esbozar. Quien desee ubicarse en él con algo más de detenimiento puede encontrar una introducción actualizada en un reciente trabajo de Adolfo Pérez (Pérez 2005) y en la abundante información que ofrece la edición especial de coleccionista de las 10 películas lanzada por la Paramount. Naturalmente la web proporciona también valiosa información. Por ejemplo, en lengua española resulta muy útil la biblioteca de www.mundostartrek.com o la información que ofrecen www.zonatrek.es o www.trekminal.com así como las asociaciones de aficionados: www.cochranemadrid.esp.st, www.cste.es o www.club.telepolis.com/bcntrek. Los protagonistas de aquellas primeras aventuras de la serie original son bien conocidos por el gran público: el Capitán James T. Kirk (William Shatner), el Sr. Spock (Leonard Nimoy), el Capitán Montgomery Scott (más conocido cariñosamente como Scotty, interpretado por James Doohan), el comandante Pavel Chekov (Walter Koenig), la comandante Uhura (Nichelle Nichols), el capitán Sulu (George Takei) y el Dr. Leonard H. MacCoy. Con toda probabilidad

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tenga razón en su análisis el guionista y productor de algunas de las cintas para la gran pantalla, Harve Bennet, cuando concluye que todo giraba en el fondo en torno a un triángulo formado por el capitán Kirk, el vulcaniano Spock y el médico, Dr. MacCoy. Spock representa la lógica, la razón; MacCoy representa con su carácter vehemente la pasión, y finalmente Kirk debe tomar decisiones mediando entre esos dos vectores. Razón y pasión definen así la relación entre estos personajes, de forma que los problemas son en buena medida los de siempre. Pero por otro lado, hoy puede decirse que aquellos personajes forman parte de la cultura popular de toda una generación y ello significa que encarnaron e impulsaron algunos de sus valores propios. Basten para dar cuenta de esta dimensión contextual e ideológica dos hechos muy concretos. El primero tuvo lugar en tiempos de la serie original de televisión, aunque sus consecuencias nos alcanzan décadas después. Cuando la actriz afroamericana Nichelle Nichols pensó en abandonar su papel en la serie de comandante Uhura (palabra que significa libertad en swahili), nada menos que el Dr. Martin Luther King la disuadió recordándole su influencia social como mujer y afroamerica-


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Glasnost. Significativamente los dos negociadores son, por parte de la legación klingon, Gorkon (seguramente la versión klingon de Gorbi, caracterizado con una amplia frente gorbachoviana y una barba lincolniana) y por parte de la Federación, el ya almirante Kirk. En este punto el actor Leonard Nimoy (que tuvo la idea de convertir la película en una alegoría del clima político de la perestroika) establece una ecuación interesante. Del mismo modo que “sólo Nixon (con su rotundo anticomunismo) podría ir a China”, así sólo Kirk (cuyo hijo pereció en manos de los klingon) podría negociar con éstos. Quizá sean sólo dos anécdotas entre tantas, pero bastan para demostrar que tras los relatos de ficción se oculta invariablemente la realidad y que tras las normas y valores implícitos en el relato cabe reconocer normas y valores a los que los telespectadores resultan sensibles. En suma, parece claro que un fenómeno de masas como Star Trek difícilmente puede quedar al margen de los problemas sociales que nos preocupan y que se destilan de uno u otro modo en historias que se sitúan lejos en el tiempo y en el espacio, pero cerca de los afectos y preocupaciones de la gente. Naturalmente, el nivel de compromiso con la realidad y

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na (Pérez 2005, 68). En ese momento el célebre activista estaba dando en el clavo, pues por aquel entonces una niña negra seguía con pasión desde un barrio marginal de Nueva York aquellas aventuras en que una mujer de su propia raza se movía con plenas igualdad y consideración entre blancos. Aquella niña era la años más tarde oscarizada Whoopi Goldberg, quien, movida por su afición a la serie, solicitó trabajar en la nueva generación de Star Trek donde interpreterá a la El’Aleurian Guinan que regenta la cantina de la nave. Quizá no esté de más avanzar ahora que en el episodio del que se ocupa Alexy, “La Medida de un Hombre” (infra 3.1), es precisamente Guinan quien pone en guardia al Capitán Picard frente a los riesgos de reinvención del esclavismo a que puede conducir hacer clones en masa del androide Comandante Data. El segundo, más reciente, tiene lugar hacia los primeros noventa ya en la gran pantalla. El guión de Star Trek VI es toda una metáfora de la política internacional de la era Gorbachov. En ese filme los temibles klingon, cuya amenaza recuerda a la de los rusos durante la guerra fría, abren negociaciones con la Federación. Un desastre como el de Chernóbil precipita la necesidad de una apertura, de una


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con ciertos ideales puede variar. De ello dependerá que el relato pueda cumplir una función me-

ramente escapista o por el contrario una función normativa de guía ética o política.

1.1. De senderos y guerras estelares

La tripulación de la Enterprise en la serie original

En respuesta a las apasionadas peticiones de sus fans, aparece en 1979, bajo la dirección de Robert Wise, Star Trek. La película. Este salto a la gran pantalla coincide prácticamente en el tiempo con la aparición de la otra gran saga espacial, Star Wars (La guerra de las galaxias, 1977), con la que las comparaciones resultan inevitables. Ello condicionó necesariamente el perfil de Star Trek, que debía re-

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afirmar su propia personalidad en los cines. Esta necesidad se manifestaba en cuestiones formales, de diseño, pero también en su filosofía más profunda. Por una parte, según nos cuenta el diseñador Bill George, cuando se proyectaron las naves espaciales de Star Trek se optó por un diseño extremadamente pulcro precisamente para contrastar con las naves de Star Wars en las que eran visibles las


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y de coherencia. Como veremos algo más adelante, la ubicación de la historia en el futuro o bien en el pasado presenta alguna connotación ideológica. b) Objeto: razón/mito. Volvamos a la fórmula de Star Trek. Conviene recordar que la misión de la Enterprise está dedicada a “la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas, nuevas civilizaciones”. Es decir, la Enterprise desarrolla una misión científica de “exploración” y “descubrimiento” al estilo de las grandes expediciones científicas del XIX. Esta ideología ilustrada o positivista parece ausente en los personajes de Star Wars inmersos en contiendas bélicas que presentan (y esto es lo más importante) un considerable trasfondo místico-religioso. En otras palabras, en Star Trek el puesto central de la ciencia y la racionalidad es reemplazado en Star Wars por la fe y el misticismo. Es de justicia reconocer que en Star Trek también hallamos este aspecto, pero se trata de un misticismo por lo general filtrado por la ciencia, en el sentido de que es la dimensión mística de la propia ciencia la que interesa en Star Trek, lo cual redunda en cierta prioridad de lo racional. Por otra parte, resulta significativo que la U.S.S. Enterprise se traslade por el universo a grandes velocidades gracias a la tecnolo-

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erosiones y desperfectos causados en las batallas espaciales. En un plano más profundo, conviene advertir que el planteamiento de los guionistas de Star Wars es, si se piensa bien, completamente distinto y quizá sirva aquí de oportuno contrapunto para caracterizar con algo más de detenimiento Star Trek. En realidad, existen al menos cuatro aspectos relevantes y conexos de cada una de las sagas en que se manifiestan diferencias fundamentales: el tiempo, el objeto, la sociedad ideal que les sirve de marco, y la función ideológica. a) Tiempo: futuro determinado/pasado indeterminado. Por recurrir a un punto de partida bien conocido, comparemos la recién citada fórmula que sirve de prólogo a cada capítulo de Star Trek con aquellas no menos célebres palabras con que comienza Star Wars: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...” Por lo pronto, en Star Trek el cuaderno de bitácora del capitán nos mantiene perfectamente informados de la precisa fecha estelar en que todo sucede (vid. e.g. infra 5.) mientras que Star Wars se proyecta, como vemos, hacia un pasado ambiguamente definido. El resultado es que Star Wars suelta amarras con la realidad nada más comenzar el viaje mientras que Star Trek encierra una pretensión de verosimilitud


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gía Warp, al motor de curvatura. La energía fundamental de Star Wars es “la fuerza”, un concepto (o pseudoconcepto) místico inaprensible por la razón. La fuerza que mueve a la Enterprise se basa en la ciencia. La fuerza que guía a Luke Skywalker cuando pilota su caza por los angostos túneles y canales de la Estrella de la Muerte se basa en la fe y reside en su conciencia. Como veremos, mientras que Star Trek se inscribe en el género de la ciencia ficción, Star Wars forma parte más bien de la tradición de la fantasía épica y en este sentido está más próxima a los cuentos de hadas y los relatos maravillosos (por recurrir a la taxonomía de Todorov, a la que me referiré más tarde). De hecho, George Lucas, de formación antropólogo, reconoce su especial deuda con la obra de Joseph Campbell, El héroe de las mil caras, una aplicación de la teoría de Jung al mito del héroe (Campbell 1959). c) Sociedad ideal: utopía/milenarismo. Las sociedades que describe cada una de las sagas resultan asimismo muy diversas. Por decirlo de forma efectista, la sociedad ideal de Star Trek recuerda al modelo de la Utopía de Tomás Moro, mientras que Star Wars presenta en su caso un aire milenarista. En Star Trek la Tierra ha alcanzado un grado de

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desarrollo que hace posible una mejor convivencia, que no excluye la necesidad de algún tipo de regulación. Los miembros de la Enterprise guardan una estructura militar y observan una cadena de mandos en cuya designación la competencia y el mérito, son una y otra vez considerados. En suma, la sociedad ideal a la que se refiere Star Trek busca la verosimilitud que supone renunciar a una sociedad de ángeles o elfos (o ewoks) y en esa medida, se hallan presentes el Derecho y cierto orden. La de Star Trek es una sociedad nómica que puede haber conseguido una cierta paz perpetua planetaria, pero no una paz perpetua universal. Los belicosos klingon, los gélidos borg, los pérfidos pakledianos, los tenebrosos remanos y los romulanos descendientes de los vulcanianos, los crueles cardasianos, los ictiomorfos antedianos o los agresivos ferengi son pueblos (entre muchos otros caracterizados por el diseñador de maquillaje Michael Westmore, como los tarlac, bajorianos, talaran, elloran, son’a, cuzar, bolian, zakdornes, ocampa, etc.) con los que a veces se plantean graves conflictos interestelares a los que se busca soluciones diplomáticas, pero que pueden exigir eventualmente el recurso al uso de la fuerza. En Star Wars los personajes suelen exhibir a menudo un


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(aunque no siempre) buenos mimbres psicológicos para un conservadurismo paralizante. Por el contrario, Star Trek se proyecta hacia el futuro con optimismo y con una disposición favorable a la transformación que se manifiesta claramente en su actitud hacia la ciencia. Como veremos más adelante, en Star Trek el progreso científico y el progreso moral corren paralelos frente a la relación de oposición que se establece en Star Wars (Falzon 2005, 164 ss., 178). Así pues, al contraste con la otra gran saga espacial se manifiestan ya algunas de las virtudes que atesora Star Trek para el que desee ensayar alguna reflexión jurídica o moral. Después de todo, apasionarse por un sendero en las estrellas y no tanto por sus guerras parece un buen comienzo. Antes de estudiar propiamente en qué pueda sernos útil concretamente Star Trek para aproximarnos a problemas jurídicos y morales, desearía formular algunas consideraciones generales sobre la virtualidad de la ciencia ficción para el estudio de cuestiones prácticas.

1.2. Sci-Fi y Sci-Phi(losophy of Law) Los expertos en las relaciones entre Derecho y literatura han establecido dos ámbitos

fundamentales de estudio: el Derecho en la literatura y la literatura en el Derecho (García

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aire mesiánico y las estructuras jerárquicas presentan connotaciones feudalistas indicativas de un grado inferior de racionalización en el ejercicio del poder. Más adelante veremos la importancia que tiene el tipo de sociedad ideal con el que se compromete un relato para comprender mejor su trasfondo axiológico. d) Función ideológica: progresismo/conservadurismo. El tiempo en que se sitúa la acción define en buena medida la función y la ideología del relato. Como hemos visto, Star Trek no suelta amarras con la realidad de forma tan resuelta como Star Wars. El pasado del que nos habla Star Wars es algo acabado que no puede ya ser alterado, pero que al mismo tiempo se presenta como una especie de edad de oro a la que retornar. Con ello Star Wars adquiere ese aire nostálgico propio de las historias de hadas cuya lectura ideológica suele ser conservadora, pues el anhelo del pasado suele comportar una insatisfacción con el presente al que se incorpora una desconfianza ante el futuro. Parece ser que éstos suelen ser


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Amado 2006). El Derecho está presente en la literatura a través de recreaciones de procesos judiciales, historias de abogados o la descripción de injusticias entre otras cosas. La literatura está presente en el Derecho en la medida en que la argumentación jurídica sea o incorpore un relato, una narración, un discurso, un ejercicio retórico, etc. (Calvo 1996; Roermund 1997). Las relaciones entre Filosofía del Derecho y cine pueden trazarse en términos semejantes. En este libro se ponen en contacto la ciencia ficción de Star Trek con la filosofía del Derecho y singularmente con la filosofía de los derechos humanos. Por tanto, se mostrará cómo la filosofía de los derechos humanos se refleja en Star Trek y cómo Star Trek nos da algunas pistas para comprender los derechos humanos. No cabe duda de que no se trata de una aproximación al uso por más que seguramente también sea más divertida que de costumbre. Ello no implica que el ejercicio que aquí se muestra sea fútil o frívolo y en este punto quizá sea necesario detenerse y formular alguna aclaración. Para examinar la oportunidad de esta perspectiva, la utilidad que la ciencia ficción pueda brindar a la filosofía del Derecho, no es imprescindible contar con un concepto preciso

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de ciencia ficción ni de filosofía del Derecho. La experiencia nos enseña que muy a menudo hacemos uso de cosas sin conocer algunos de sus aspectos esenciales y cualquiera puede comprender que si tuviéramos que tener absolutamente claros todos los conceptos para poder operar con lo que efectivamente refieren, estaríamos perdidos. Pensemos, por acudir a un símil, cuán difícil se tornaría algo tan simple como comer una manzana, si para digerirla tuviéramos que conocer detalladamente el proceso químico de su metabolización. Es una suerte, pues, que no debamos comprometernos aquí con un concepto preciso de filosofía jurídica ni de ciencia ficción porque, como vamos a ver en breve, se trata de dos nociones controvertidas. Por eso, admitido que para hablar de algo no es necesario precisar una y otra vez más el sentido exacto en que hablamos de ello, quizá no esté de más aquí una referencia general a lo que significan ciencia ficción y filosofía del Derecho, pues es de imaginar que el lector que se acerque a estas páginas quizá tenga nociones de la una o la otra, pero raramente será un experto en ambas. Por lo que a la filosofía jurídica se refiere, en uno de sus trabajos Norberto Bobbio nos advertía rotundamente hace años (el


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tender por teoría del Derecho, teoría de la justicia y teoría de la ciencia jurídica, ni qué deba comprender cada una de estas áreas del saber. De hecho, una parte importante de la reflexión jusfilosófica consiste en última instancia en preguntarse qué sea la jusfilosofía, lo cual no deja de resultar inquietante. Entretanto, al menos en España, el papel de la filosofía del Derecho sigue siendo marginal y mal comprendido entre los juristas. Probablemente algunos filósofos del Derecho hayan devaluado la disciplina con excentricidades poco justificables; puede que muchos se hayan alejado de las preocupaciones de los juristas y otros sencillamente no han sabido compaginar su rigor con cierta vocación interdisciplinaria marcada por el signo de los tiempos, por no hablar de los que son sencillamente antipáticos o gustan revestir su rigor de antipatía (se cuenta, seguramente con fines difamatorios, que un conocido filósofo del Derecho invitado a un jurado que debía juzgar los castillos de arena de unos niños no se le ocurrió otra cosa que declarar el concurso desierto). El resultado, sea cual fuere su causa, es que, en el mejor de los casos (cuando, a pesar de todo, los juristas tienen una buena opinión de los filósofos del Derecho), estos vienen a ser

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artículo es de los sesenta) de que “buscar una definición de filosofía del Derecho es una inútil pérdida de tiempo” (Bobbio 1991, 91). El propio autor italiano subrayaba entonces que muchos estudios de filosofía jurídica se habían definido negativamente, en el sentido de que se habían referido a investigaciones sobre el Derecho que los juristas (digamos “prácticos”, i.e. civilistas, penalistas, administrativistas, mercantilistas, etc.) no habían podido o no habían querido abordar. Desde luego decirle al cultivador de una disciplina que no se sabe muy bien qué está haciendo y que, sea lo que fuere, se trata de algo residual, no es lo más halagüeño que cabe imaginar. Quizá ante lo desolador del panorama, Bobbio ofrecía un programa de trabajo para la filosofía del Derecho en torno a tres disciplinas: teoría del Derecho, teoría de la justicia y teoría de la ciencia jurídica. Por sintetizarlo en pocas palabras, a la filosofía del Derecho le correspondería resolver tres grandes cuestiones: qué es el Derecho, cómo debe ser el Derecho y cómo conocemos el Derecho. Hoy en día puede decirse que el programa de trabajo de Bobbio es ampliamente compartido, pero ello no significa que las cosas estén del todo claras. No está muy claro qué debamos en-


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considerados una especie maldita aquejada de esa dolencia de los poetas que cabría llamar, à la Baudelaire, el síndrome del albatros: su gracilidad en las alturas se torna cómica torpeza en el suelo, donde “(s)es ailes de géant l’empechent de marcher” (Baudelaire 2003, 46-7). Por su parte, los juicios de los especialistas sobre el concepto de ciencia ficción no suelen ser mucho más alentadores si lo que buscamos son certezas. A pesar de que mucho se ha discutido sobre ello (lo cual ha sido considerado un indicio de la vitalidad del género), no existe consenso en torno a los rasgos propios de la ciencia ficción como género literario y cinematográfico y algunos han llegado a cuestionar que podamos hablar de la ciencia ficción como género autónomo. Otros se han limitado a asimilar las películas de ciencia ficción a las del Oeste (Sontag 1996, 274 ss.) (en tal caso no sería casualidad que el creador de Star Trek, Gene Roddenberry, fuera en su momento guionista de westerns). Y todo ello sin entrar en la cuestión, también muy polémica, de si es posible hablar con propiedad de géneros cinematográficos en general (Altman 2000). En todo caso, insisto, afortunadamente no es necesario para los fines de este trabajo comprometerse dema-

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siado con una posición definida en torno a todas estas enjundiosas disquisiciones, pues aquí se trata tan sólo de formular algunas reflexiones en torno a las posibilidades que las películas, que normalmente reconocemos como películas de ciencia ficción, nos brindan a la hora de plantear problemas prácticos (morales, políticos y jurídicos) que han preocupado en alguna medida a juristas y filósofos del Derecho singularmente. Parece que, bajo cualquier definición razonable de ciencia ficción, Star Trek lo es; del mismo modo que, bajo cualquier definición razonable de filosofía del Derecho, los problemas a los que se aludirá más adelante tomando Star Trek como pretexto son problemas iusfilosóficos. Pero vayamos a la cuestión de la justificación de un estudio como éste que sigue una metodología atípica. Me pregunto si a estas alturas todavía hará de las suyas por el mundo ese tipo de personaje gris y a su manera bienpensante que se escandaliza por ejercicios como éste en que se ponen en contacto las historias de la literatura, del cine o de cualquier otra manifestación más o menos popular de la cultura con una disciplina abstracta, sesuda y universitaria como la filosofía del Derecho. Mi impresión es que deben de ser más


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Russell y Strawson discutieron sobre las enigmáticas calvicie y sabiduría del actual rey de la Francia republicana (Russell 2000; Strawson 2000) y enigmático resulta el color grue (verdul) al que se refiere Nelson Goodman (2004) o el anticash (el antidinero) del que nos habla Dennet en su prólogo al Concepto de lo mental de Ryle (Dennet 2005). En realidad, podríamos multiplicar aquí los ejemplos que he tomado prácticamente al azar y al que se añadirán otros a lo largo de este libro. Por otra parte, a la popularización de ciertas ideas y de cierto estilo de pensamiento ha contribuido una lista nada desdeñable de títulos que han gozado de amplísima difusión y que buscan hacernos cercano y ameno lo que algunos a veces se empeñan en mostrar arcano y grave porque sí. Dejemos a un lado casos tan evidentes y clásicos como Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll y piénsese en obras actuales tan divertidas como la historia de la filosofía que nos ofrece Matthew Stewart en La verdad sobre todo. Una historia irreverente de la filosofía con ilustraciones (Stewart 1998) o el bello recorrido a través de pinturas y fotografías que nos propone Otfried Höffe en su Breve historia ilustrada de la filosofía (2003); piénsese en el éxito

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Star Trek y los derechos humanos

bien pocos, pero en atención al debido respeto que a todos nos han de inspirar las minorías, desearía formular alguna consideración antes de continuar. Como todos sabemos, la filosofía ha apelado desde antiguo a nuestra imaginación con el fin de despertar nuestra perplejidad y aclarar o ilustrar ciertas teorías. Las parábolas bíblicas, la caverna de Platón o las aporías de Zenón son útiles experimentos mentales que sirvieron a sus autores para expresar pensamientos complejos. En el Medievo, el lógico Jean Buridan nos contó la trágica historia de un pobre asno que falleció de inanición en un punto equidistante entre dos cercanas balas de suculenta paja por haberse comprometido seriamente con un principio al que no quiso renunciar: comer primero la paja más cercana. Seguramente el burrito de Buridan no aprobaría desde el cielo de los asnos el rigorismo de Kant con los principios, una severidad moral tantas veces ilustrada con narraciones moralizantes. Así, en uno de sus opúsculos más conocidos (Kant 1999), Kant nos quiso demostrar que no debemos mentir nunca, ni siquiera a unos asesinos que llaman a nuestra puerta preguntándonos por el paradero de la que quieren hacer su próxima víctima y resulta que se encuentra en nuestra casa.

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R obeRt A lexy A lfonso G ARcíA f iGueRoA Valencia, 2007

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