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EL CINE COMO MANIFESTACIÓN CULTURAL DEL DERECHO

José Ramón Narváez H.

México D.F., 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www. tirant.com (http://www.tirant.com).

Director de la Colección:

Javier de Lucas Catedrático de Filosofía del Derecho

© Jose Ramón Narváez H.

© tirant lo blanch México edita: tirant lo blanch México Avda. General Mariano Escobedo, 568 y Herschel, 12 Colonia Nueva Anzures Delegación Miguel Hidalgo CP 11590 MÉXICO D.F. telf.: (55) 5000 5000 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es i.s.b.n.: 978-84-9033-103-3 maqueta: pmc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/ empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Introducción.................................................................................

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1. Apenas una reflexión sobre la Cultura Jurídica.................

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Cultura Popular y Derecho..................................................

3. La Lucha libre y la justicia: una manifestación típicamente mexicana..........................................................................

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4.

Leyes dictadas desde el más allá: La muerte y el derecho.

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5.

Cultura vial, cultura cívica, cultura jurídica: el espacio público y el derecho.................................................................

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6.

Cultura, violencia, miedo y derecho electoral....................

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7.

Narco cultura y derecho: más preguntas que respuestas

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8.

A propósito del cine y derecho............................................

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9. Avatar: ¿nuevo cine para una nueva comunidad política? a. Vivir en Pandora............................................................ b. Mesías y conquistadores............................................... c. Tecnología, medio ambiente y cultura: los objetivos de una megaproducción............................................... d. Temáticas para aprovechar en la didáctica jurídica, bibliografía y filmografía.............................................

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10. The road: caminando hacia el sur.......................................

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11. Razón de Estado y razón de justicia: A propósito de Batman el Caballero de la Noche.............................................

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12. Astroboy: De Orwel a Asimov, control y leyes de la robótica en el ánime japonés........................................................

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13. Del discurso de los derechos a la cultura de los derechos.

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Manifestaciones culturales del derecho: Cine

Índice


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Índice 14. ¿Regula el cine nuestras vidas?...........................................

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15. Kalimán: un héroe cultural de otro tiempo........................

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16. Chili Western: El bueno, el malo y la buena......................

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17. Machete: reglas vs justicia...................................................

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18. El sentido de justicia: imágenes desde la cultura jurídica y una película mexicana...................................................... a. El sentido de justicia y el sentido común.................... b. La suspicacia de Protágoras......................................... c. Cervantes y el juicio de Sancho Panza......................... d. El sentido común en “Ahí está el Detalle”...................

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19. Los derechos sociales y el cine............................................ a. Constituciones y filmes detrás de los derechos........... b. D. W. Griffith: la primer huelga en el Cine y algo más................................................................................ c. La huelga, los derechos sociales y la Constitución mexicana de 1917......................................................... d. Eisenstein: Los marginados en el cine......................... e. La Sal de la tierra (Herbert J. Biberman, 1954).......... 20. Imagen e imaginario constitucional a través del cine silente...................................................................................... a. La patria/constitución en los documentales porfiristas................................................................................... b. La constitución en el cine carrancista......................... c. El constitucionalismo y la primera época dorada del cine mexicano............................................................... d. La Banda del Automóvil gris........................................ e. El cine oficialista........................................................... f. Lo que dejó el constitucionalismo al cine....................

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21. El miedo en el Cine: una reflexión sobre el Estado de Excepción.............................................................................

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22. Morir por la filosofía y el derecho: de Sócrates a David Gale.......................................................................................

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23. La batalla contra la intolerancia a través de la filosofía y el cine...................................................................................

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Índice 153

25. Lista mínima y personal de cine jurídico mexicano..........

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Colofón.........................................................................................

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24. Los colores de la montaña: violencia e injusticia en el campo colombiano..............................................................


Este libro pretende continuar con el debate que se originó a raíz del libro “Cultura Jurídica. Ideas e Imágenes” (Porrúa, 2010), en principio por las nociones que ahí se proponían para acercarnos a un concepto de cultura jurídica que nos pueda ser útil como punto de referencia para no perdernos en la discusión, como en toda investigación conceptual los peligros pueden ser dos extremos, por un lado podríamos condicionar el estudio de la cultura jurídica circunscribiéndolo a un ámbito reducido, a un concepto restringido y tal vez único; por otro lado podríamos diluir el análisis y terminar diciendo que todo es cultura jurídica, y entonces nada sería cultura jurídica. Así que buscamos el punto medio entre la univocidad y la equivocidad de un concepto de cultura jurídica, pero incluso si quisiéramos ser coherentes tendríamos que apelar a los propios imaginarios y a la cultura para la elaboración de dicho concepto, con lo cual nos encontraríamos en un círculo vicioso pues para eso necesitaríamos saber que es

cultura jurídica para poder observarla y describirla, pero para saber necesitamos definir, es decir, marcar unos límites aunque sean aproximativos. Tal vez la solución sea emprender ambos caminos por sus dos extremos hasta encontrar el punto de inflexión, es decir, observar la realidad social en la que suponemos podríamos encontrar “manifestaciones” de la cultura jurídica y por otro lado comenzar a proponer un marco teórico, herramientas hermenéuticas, en fin conformar un estatuto epistemológico propio para la cultura jurídica, de antemano decimos que para ello habrá que experimentar, probar y comprobar metodologías de otros saberes, porque resulta que el reto más grande que implica el análisis de la cultura jurídica es su hipertextualidad o su paratextualidad, es decir, lo que hay que interpretar es una realidad, unas prácticas, unas vivencias, y parece que la ciencia jurídica tiene poca experiencia en este sector, que paradójico, pues justamente el derecho se encuentra sobre todo en prácticas y viven-

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Manifestaciones culturales del derecho: Cine

Introducción


Manifestaciones culturales del derecho: Cine

José Ramón Narváez H.

cias, sólo que los juristas estamos incapacitados para la lectura de la realidad. Entonces ¿cómo leer una práctica? Clifford Geertz ha propuesto que comencemos echando mano de nuestras habilidades, leer la realidad como si fuera un texto “antropología interpretativa” llamó Geertz a esta propuesta, lo cierto es que de este modo cargamos con nuestros prejuicios, y la lectura será necesariamente parcial. Bourdieau ha sugerido que en la lectura de realidades es necesario considerar el capital simbólico que subyace en cada espacio analizado, pero nuestra visión seguiría siendo demasiado racionalista, seguiría siendo la de un extraño que trata de explicar una práctica extraña a él, por eso sería muy importante poderse apoyar en la sociología, la etnología, la psicología social, pero incluso en las artes escénicas para tratar de entender el grado histriónico en cada práctica, pues nos enfrentamos a personas en acción, es decir a sujetos que representan un rol dentro de una práctica, retomando aquella bella metáfora de persona como máscara que le venía de la raíz griega prósopon.

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De cualquier modo toda conclusión debería ser discutida con los actores involucrados, intentar no colocar en sus mentes y bocas ideas y palabras que ellos nunca hubieran imaginado o pronunciado. De hecho se necesita cierta empatía y humildad para observar la realidad. Se necesita tiempo, paciencia, mucho diálogo, pero sobre todo apertura hacia leguajes e ideas que de entrada pueden parecernos exóticas o extrañas. El beneficio es claro, no sólo se extenderá la visión sobre el derecho, no sólo se enriquecerán los estudios jurídicos, sino que nos servirá para acercar a la sociedad al conocimiento del derecho a través de imágenes más cercanas y familiares, por otro lado ayudará a sensibilizar al jurista. Aunque habría otras razones menos altruistas como incluso un cierto grado de ludicismo para el que investiga estos temas y el poder cultivar sectores artísticos a los que el jurista no está acostumbrado. Ciertamente en cada apartado de este libro e intentando ilustrar el derecho, partiremos de una imagen subjetiva del derecho, pero digamos que al igual que con la cultura tendremos que buscar una síntesis entre nuestra imagen y la imagen que parece manifestar la cultura, un efecto que llamaremos rotoscó-


El cine como manifestación cultural del derecho

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tante para la vida social y aquí también necesitaremos humildad para reconocerlo. De hecho, el derecho en el contexto apenas explicado, cumple una función ancilar frente a la idea clásica de la política como vida cívica y es sólo parte del orden social, por lo que su función sólo puede ser entendida dentro de un gran proyecto de coordinación de diferentes factores sociales, algo similar a lo que los griegos entendían por paideia cuyo principal objetivo es la educación de los miembros de una colectividad para mejorar a cada persona y por ende a la comunidad entera, donde ética, estética y retórica no pueden ser desvinculadas. En este libro analizaremos particularmente una manifestación cultural de gran influencia en la sociedad, nos referimos al cine, cuya fuerza normativa es bastante clara desde hace un siglo, pero cuyos estudios comienzan apenas a hacerse notar, tal vez por los prejuicios aparejados con este fenómeno que se encuentra anclado entre el mercado y el entretenimiento, pero es justo esto lo que lo hace

El rotoscopio es de alguna manera el antecesor de otros aparatos como el kinetoscopio o el cinematógrafo se trataba de un círculo en cuyas dos caras aparecían dos imágenes distintas, el rotoscopio se ataba a un cordón lo cual lo hacía girar generando un efecto visual por el cual parecían yuxtaponerse ambas imágenes contenidas en el circulo.

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pico1 en tanto que se trata de dos imágenes cuya yuxtaposición permite apreciar una tercera que es la síntesis de aquellas, un ejercicio netamente dialéctico pero partiendo de imágenes. Pero para no caer en la vaguedad del planteamiento, diremos cual es la imagen que tenemos del derecho, para nosotros se trata de una realidad social normativa en la que se relacionan los miembros de una colectividad bajo la idea de un orden común al que todos contribuyen individual y/o colectivamente. Es cierto también que bajo esta imagen se refugian normas que no necesariamente son jurídicas, pero lo que no es cierto es que no exista relación entre ellas y el derecho, como tampoco podemos negar que éstas no nos ayuden a sustentar el orden al que nos referíamos apenas. Es decir, que aunque nuestra tarea sea la de estudiar lo jurídico eso no excluye que podamos estudiar los límites de ello, así como las realidades paralelas que se relacionan con el derecho, tal vez lleguemos a descubrir que el derecho no es lo más impor-


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invasivo, permisivo e incluso performativo, porque se cuela de manera innocua en nuestras consciencias y va generando

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convicciones y cambios que necesariamente impactan al derecho y que conviene analizar.


La cultura jurídica que se va conformando a través del tiempo y a través de la de experiencia, no es una mera acumulación, es un proceso de formación de la razón práctica, el hombre prudente que resuelve conflictos jurídicos (jurisprudente) forma su criterio en la práctica, las soluciones correctas que vaya incorporando a su labor lo preparan cada vez más, saber práctico y saber experiencial, que lo hacen experto y artista (cultor del ars iuris), el derecho de este modo es una práctica de la que después de muchos años pueden obtenerse respuestas generales y principios, nunca al revés, sólo que nosotros llegamos a la historia jurídica cuando los principios estaban dados y olvidamos la naturaleza práctica del derecho. El concepto de cultura jurídica no debe ser una variable a considerar dentro de los estudios jurídicos sino un principio metodológico, entendiendo método como camino para un fin muy específico: contextualizar el estudio de los fenómenos jurídicos en la práctica social.

Pero iríamos más allá, creemos que debemos pensar el derecho como un fenómeno cultural, es decir, como algo que incide en el mundo para generar vida social, como algo que surge desde abajo aprovechando la naturaleza, tornándose arte y técnica para aprovechamiento del ser humano. Estamos listos para un concepto de cultura jurídica: Es el fenómeno jurídico visto en su vida social, donde operadores y usuarios contribuyen a su (de) formación. A propósito de una cita que tiene que ver con la costumbre y que puede ayudar a entender mejor la relación entre cultura jurídica y acumulación, resulta que un elemento recurrente del derecho es su verificabilidad histórica, cuando un uso se repite (se acumula) puede convertirse en norma, cuando una decisión judicial se repite, también puede convertirse en norma, pero el hecho mismo de la acumulación no es lo que constituye la norma, es sólo la prueba de que existe un origen espontáneo del derecho en la sociedad, más que algo político o incluso científico,

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Manifestaciones culturales del derecho: Cine

1. Apenas una reflexión sobre la Cultura Jurídica


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la idea es de Bobbio en su voz “consuetudine” en la Enciclopedia del diritto de Giuffrè, es el tomo IX. Básicamente la propuesta es para desembarazar al derecho de tanta pureza, rigidez, aridez y formalismo, el derecho como manifestación social y cultural es necesariamente político, lúdico y lleno de vida y colorido, ahora bien si para esto es necesario resignificar el mismo dere-

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cho hagámoslo, es más si es preciso desjuridicemos el derecho, porque si resulta que la persona quedó disuelta en la ciencia jurídica moderna, pues entonces para reencontrarla tendremos que buscar en aquello que se definió como no jurídico por cierto una propuesta ya hecha en su momento por el iusociólogo francés Jean Carbonnier2 y manejada en el ámbito de la política por Roberto Esposito3.

Cfr. CARBONNIER, Jean, Derecho flexible: para una sociología no rigurosa del derecho, Madrid, Tecnos, 1974. Cfr. ESPOSITO, Roberto, Categorías de lo impolítico, Katz, Buenos Aires, 2006.


Avanzando un poco más en el análisis de las implicaciones entre Cultura y Derecho, y en especial sobre el cine y el derecho, nos topamos con una distinción que es preciso tratar desde ahora para poder ubicar mejor el problema y comenzar a distinguir espacios de estudio. Nos referimos a lo que se denomina Cultura popular, cuya noción consiste en una serie de expresiones que surgen de la espontaneidad de la vida común, claro está que definir “lo popular” es una tarea mayúscula que sobre pasa la pretensión de este espacio, pero digamos que nos quedamos con la idea común de que la cultura popular es una manifestación  proveniente del pueblo, que representa prácticas e imágenes que  el pueblo tiene de sí mismo.  Muchas de estas manifestaciones suelen observar formas poco ortodoxas, poco doctas e  incluso iletradas, pero

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sobre todo híbridas4 cuestión por la cual el mundo académico suele despreciarlas e incluso satanizarlas.  Sirva también este espacio para rendir un sincero homenaje a don Carlos Monsiváis, fanático de la cultura popular (urbana)5, apasionado de la lucha libre, cinéfilo de profesión, curioso de la vida urbana mexicana. Sólo por apuntar algunos temas que tendrían que ver con la cultura popular: 1. Lo que se conoce como el cultural performance:  todas las manifestaciones artesanales que pueden contener imágenes sobre el derecho, por ejemplo la lucha libre donde se representa una idea de la justicia y el justiciero. 2. Expresiones culturales populares del derecho: el contenido jurídico de dichos, corridos, historietas como “Los Burrón” de Gabriel Vargas.

Cfr. García Canclini, Néstor, Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad, Grijalvo, México, 1989. Vamos a referir aquí que con ganas de clasificar hay quien incluso habla de una distinción entre la cultura popular urbana y la rural, afortunadamente para nosotros el cine influye ambas culturas desde sus inicios, como veremos, por lo que bastaría hablar de cultura popular.

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2. Cultura popular y derecho


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3. Los problemas metodológicos del análisis de las culturas populares: desde la etnología  hasta la antropología interpretativa de Clifford Geertz6, por ejemplo analizar las prácticas jurídicas como prácticas culturales, de este modo un proceso judicial podría ser analizado como un espacio simbólico7 y las conductas, lenguajes e imaginarios  de cada personaje

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involucrado en un juicio, nos arrojaría una visión más completa. 4. Ubicación de las posibles culturas populares en México: en principio las culturas indígenas, las culturas regionales y las culturas urbanas. Obviamente esta lista no es exhaustiva por el contrario, son sólo algunas ideas puestas en la mesa para el debate.

GEERTZ, Clifford, La interpretación de las culturas, Gedisa, México, 1987. Concepto espléndidamente acuñado y trabajado por BOURDIEU, Pierre, en su primer capítulo “Espacio social y espacio simbólico”, de su libro Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción, Anagrama, Barcelona, 1997.


Vamos a alejarnos lo más posible del derecho para encontrar su esencia. Resulta que uno de los géneros cinematográficos de confección nacional por excelencia es el llamado cine de luchadores, con un gran espectro de aceptación en muchos países latinoamericanos y uno que otro europeo en donde fue considerado cine surrealista. La primera cuestión que habría que resaltar es el carácter peculiar de la lucha libre mexicana, con muchas influencias externas pero con mucha aportación nacional, la lucha libre es como bien lo explica una frase “circo, maroma y teatro”, así,  entre las manifestaciones deportivas y la teatralidad, confluyen muchas imágenes que de algún modo son representaciones de idiosincrasias y formas de ser del mexicano. Ciertamente, la lucha libre es sobre todo catarsis, la lucha entre el bien y el mal, entre el respeto a las reglas y la marrullería, tiene un desenlace inesperado en el que subyace la idea de cier-

tos acuerdos previos, pero también la confluencia de cuestiones fortuitas y de la creatividad de los personajes involucrados. El técnico por excelencia es un justiciero, el rudo busca engañar para obtener el triunfo que no necesariamente corresponde a quien le alza la mano el réferi. Pareciera que el mexicano encuentra satisfacción participando (porque en la lucha libre no se es sólo espectador) en la batalla, al final no importa tanto el resultado, lo que interesa es una buena lucha, se asume de entrada la fatalidad, como en una tragedia griega al final todos pierden algo pero de ese modo también todos ganan.  Más allá de una  simplista concepción dual del mundo, en la lucha libre se representan las tensiones, negociaciones, traiciones y astucia que  existen en cualquier actividad humana pero con mayor fuerza en aquellas en las que hay de por medio un conflicto, como en un proceso judicial. En la lucha libre mexicana asistimos a la “teatralización de la

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3. La lucha libre y la justicia: una manifestación típicamente mexicana


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justicia”8 como bien dice la investigadora alemana “...entre más infame sea la acción  del rudo, mayor será la satisfacción por el golpe con el que responde el  técnico, restaurando la justicia9.” Una idea de justicia muy popular, aun con elementos como la venganza, la fortuna, el destino y la predestinación. Roland Barthes analizando el catch francés nos dice: …el catch se ocupa fundamentalmente, de escenificar un concepto puramente moral: la justicia. En el catch es esencial la idea de “saldar cuentas”…se trata por supuesto de una justicia inmanente. Cuando más baja es la acción del “canalla”, más se alegra el público por el golpe que se aplica con justicia: si el traidor —un cobarde naturalmente– se refugia detrás de las cuerdas y subraya su falta con una mímica descarada, es despiadadamente atrapado allí mismo y la multitud celebra al ver la regla violada en provecho de un castigo merecido.

Ciertamente puede chocarnos la idea de una justicia vengativa, pero debemos reconocer que es una idea con mucho éxito dentro de diversas sociedades humanas en distintas épocas históricas, incluso es un fenómeno que a nivel sociológico re-

sulta de interesante análisis. En este caso asistimos a la representación histriónica de este fenómeno social, por el cual un grupo humano percibe la regla, su rompimiento, su recomposición y la disuasión de no volverlo a hacer, a través de algo tan lúdico como el catch francés o la lucha libre mexicana. Sigamos con Barthes: Los luchadores de catch, saben muy bien halagar el poder de indignación del público proponiéndole el límite del concepto de justicia Para el amante de las luchas no existe nada más hermoso que la ira vengativa de un luchador traicionado, cuyo ardor no se arroja sobre el luchador que tuvo éxito en el lance, sino contra la desafiante imagen de la felonía. Naturalmente, aquí es más importante el desarrollo de la justicia que su contenido. La lucha es, antes que otra cosa, una serie cuantitativa de desquites (ojo por ojo, diente por diente)... La justicia es, por tanto, un cuerpo susceptible de ser transgredido; precisamente debido a que existe una ley, el teatro de las pasiones que la transgreden tiene un valor muy particular10.

En este contexto, la injusticia no se presenta  cuando la justicia es vencida sino cuando las partes no son coherentes con el papel que les toca desempeñar

MOBIÜS, Janina, Y detrás de la máscara... el pueblo. Lucha libre- Un espectáculo popular mexicano entre la tradición y la modernidad, UNAM, México, 2007. 9 Ibidem. 10 BARTHES, Roland “EL MUNDO DEL CATCH”, en Mitologías, Siglo XXI, México, 1985. 8

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vienen unos forcejeos iniciales y finalmente hay un ganador que somete al otro, pero ambos han aprendido, incluso el que perdió incorporará la nueva llave con la que fue vencido, así debemos enfrentarnos a través del diálogo con el afán de aprender del otro, la cuestión está en que todos podamos tener la oportunidad de “hacer la lucha”. Un derecho antiquísimo que tenemos como personas es el de manifestarnos en medio de la comunidad cuando creamos que alguna de nuestras dimensiones humanas está siendo pisoteada, es la comunidad la que debe buscar la vía idónea para que esa manifestación pueda ser elevada al plano público, es necesaria una catarsis. La lucha libre mexicana y luego el cine de luchadores, lograban esta catarsis, sobre todo por el uso de las máscaras. La máscara genera la idea de que cualquiera pueda ser luchador y de que el luchador es cualquiera de nosotros. Es la democratización del héroe, todos podemos ser justicieros y luchar por la justicia.

Ibidem

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el espectador queda “ofendido no en su juicio moral, sino en su perspectiva lógica, el público considera la contradicción de los argumentos como una de las faltas más desagradables”11. En las sociedades democráticas en donde a veces la moral ha sido desterrada y los parámetros para la toma de decisiones se basan muchas veces en la coherencia argumentativa, la metáfora alcanza, a los jueces contemporáneos es válido exigirles al menos coherencia en su decisiones y el respeto a su papel en la tragedia del proceso judicial en la que por cierto el justiciable es un espectador activo como en la lucha libre. En los Diálogos platónicos llama la atención uno en particular, el denominado Protágoras, donde Sócrates discute con el filósofo sobre la democratización del pensamiento y en especial del sentido de justicia, se discute en el fondo si es posible o no la participación ciudadana, se recurre entonces a una metáfora preciosa, en el ámbito público cada uno de nosotros es como un luchador en la arena, primero


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Ciertamente también la gente mala usa máscaras pero hay un tipo de máscaras que paradójicamente desenmascaran a la persona y la obligan a brindarse a los demás, a comprometerse con el personaje. La etimología de Persona es en griego Máscara (prosopon) somos en la mirada del otro, los demás ven nuestra máscara, el papel que representamos delante de los demás, los personajes que actuamos son formas de ser de la persona, muchas máscaras en realidad, pero nuestra esencia, proyecta una sola máscara que es la que vemos cuando nos ponemos delante de un espejo. Así entre lo que los otros ven y lo que nosotros sabemos de nosotros mismos se forja nuestra “personalidad”: persona, personaje, personalidad, todo en función de los demás que dan sentido a nuestra existencia. La vocación, la misión, la existencia son la máscara sobre la que asumimos un compromiso; nuestro proyecto de vida, nuestra profesión, nuestros ideales son la máscara con la que luchamos para dejar nuestro granito de arena en este mundo.

El luchador de antaño se tatuaba la máscara, una vez puesta había que protegerla, alimentarla y cumplirle, los luchadores nuevos terminan seducidos por una buena oferta o por la fama, renuncian fácilmente a la máscara; la máscara hay que portarla aunque moleste, porque uno vive el personaje que representa y sobre el que tal vez se cifre la esperanza de otros. Steelman comprometido con la cultura y el deporte nos explicaba: “La primera vez que me puse una máscara sentí que todo mundo me veía, y cuando caminaba hacia el ring me invadió el temor, incluso llegué a cuestionarme qué hacía ahí, pero cuando unos niños se acercaron para apoyarme, entonces todo cambió y pude sentir orgullo por lo que eso significaba”12. La teoría política moderna y el derecho han generado un sistema de simulación que trata a toda costa (paradójicamente) de despolitizarlo todo, es decir, de concentrar en unos pocos la elaboración del derecho y dejar de lado a la sociedad, un sistema ilustrado que cuando crea supuestos canales para que la gente participe es sólo para simular

Entrevista realizada en el marco del Primer Festival de cultura popular urbana, Morelia, Michoacán, 22. 23 y 24 de septiembre 2011, Ciudad Universitaria.

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sociedad se convierta en un justiciero, es decir, asuma su compromiso social y apele a la justicia en cada momento ¿es esto posible?, ¿es pura utopía? Tal vez, pero al menos comencemos sembrando la inquietud a través de algunas imágenes que nos muevan la razón y la voluntad.

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dicha participación, para ello se sigue alimentado la idea de una justicia basada en un justiciero, en un grupo o persona que podrá corregir los males del sistema actual, pero el cine enseña que los justicieros llegan la mayoría de las veces a corromperse, así que la salida válida a esta encrucijada es que cada componente de la


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