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ESPAÑA, VOZ EN OFF TEORÍA Y PRAXIS DE LA PRENSA ESPAÑOLA EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA FRÍA

MATILDE EIROA SAN FRANCISCO PILAR CARRERA ÁLVAREZ

Valencia, 2008


Copyright ® 2008 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de las autoras y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© MATILDE EIROA SAN FRANCISCO PILAR CARRERA ÁLVAREZ

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ÍNDICE Introducción ...................................................................................... Los orígenes: el sistema informativo franquista en el Eje Berlín-Roma-Tokio ............................................................................ La participación española en las alianzas de los gobiernos nazifascistas ...................................................................................... La organización del periodismo en los regímenes dictatoriales de derechas...................................................................................... Propaganda, no periodismo. Consignas y censura en las dictaduras de derechas ................................................................................. Arias Salgado o la Doctrina ............................................................ La prensa española en el sistema bipolar (de la doctrina del containment a la distensión, 1945-1962) ................................. La continuidad de los planteamientos dictatoriales en el contexto del mundo occidental democrático ............................................ Los contenidos informativos en el marco de la contención del comunismo y la coexistencia pacífica ........................................... La tipología de la prensa y sus relaciones con la sociedad ............

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La política informativa como estrategia de acercamiento a Occidente (1962-1975) ................................................................. La Ley de Prensa e Imprenta de 1966 o Ley Fraga....................... Nuevos medios para una nueva sociedad. Regresión frente a progreso en el panorama periodístico español ............................... Spain is different…, incluyendo su prensa ....................................

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Vázquez Montalbán o la Constatación .........................................

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Epílogo. De como la Sibila se nos volvió invisible .....................

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Bibliografía .........................................................................................

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INTRODUCCIÓN El estudio de la prensa en España cuenta ya con un ingente volumen de producción que ha desvelado los pormenores de muchas cabeceras, su contribución a la sociedad y su trascendencia en el contexto social y político en el que se publicaron. Queda, sin embargo, mucho trabajo por hacer, no solo en lo relativo a análisis específicos sobre la prensa española, sino en el ámbito de la historia comparada, tomando a ésta como un fenómeno de distintos ritmos pero de similares características, deudora de los acontecimientos sociales, económicos, culturales y políticos que han tenido lugar en el Viejo Continente. Este ha sido el punto básico de nuestro interés, examinar cuál ha sido la posición de España en una época clave del mundo actual, la denominada Guerra Fría, periodo de rasgos compartidos por las sociedades capitalistas occidentales ante un enemigo concentrado en el otro polo del sistema, las sociedades comunistas. La reflexión en torno a la tipología periodística, la temática, los centros emisores, los canales…, en una época de grandes cambios internos para los Estados y dominada por una gran actividad internacional, nos ha inducido a considerar el caso español como un subsistema “singular” que sólo en algunos aspectos guarda semejanzas con sus vecinos europeos. Ahora bien, esta “singularidad” —que, por cierto, el Régimen siempre defendió y popularizó en la consigna publicitaria del Spain is different y la paradoja de la “tercera vía” (ni capitalismo ni comunismo…)— interesa, más que por su “realidad”, por el empeño que el Régimen puso en su defensa. La “excepción española”, funcionó, ante todo, en términos nominalistas. Por lo demás, la dictadura del general Franco estaba perfectamente integrada en las dinámicas políticas suscitadas por un mundo dividido y en plena Guerra Fría. Es decir, era de estricta “actualidad” en términos históricos. La toma de conciencia de que el Régimen se adaptaba al “signo de los tiempos” debería hacernos abandonar la idea de su anacronismo y considerarlo simplemente en términos políticos, sin la mirada centrífuga y, hasta cierto punto condescendiente, que se dedica a las “reliquias”. La “especificidad” española hay que considerarla como la única vía


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de adaptarse al contexto internacional sin que los vencedores de la Guerra Civil tuvieran que renunciar al poder. Pero lo esencial es que el Régimen solo puede entenderse como respuesta a un mundo escindido entre capitalismo y comunismo, respuesta, eso sí, desde la específica tradición socio-política hispana, y en ese sentido, fruto no espurio de los tiempos. Desde 1939 a 1975, pues, la situación política española solo era comparable a los regímenes militaristas, de dictaduras y totalitarismos vigentes en algunos Estados iberoamericanos, africanos y asiáticos, mientras que en Europa, la Península Ibérica fue el único territorio en el que pervivieron este tipo de gobiernos derrotados en las grandes batallas de la II Guerra Mundial. En nuestra monografía, sin embargo, debemos partir de 1938 y no del inicio de la Guerra Fría comenzada en 1946-1947. Las fechas de la historia general no sirven, en este caso, para la historia de la prensa en España, puesto que el sistema informativo vigente hasta 1966 fue el gestado en plena Guerra Civil por el falangismo radical a imitación del ya existente en el territorio de gobiernos nazi-fascistas. Este es el motivo de considerar la fecha de 1938 como punto de partida para la exploración de la evolución de la prensa española. Igualmente, hemos decidido llegar hasta 1975, años de la llamada Segunda Guerra Fría, coincidente con transformaciones radicales en el Mediterráneo de las que España no salió indemne. Franco falleció en noviembre y con su desaparición física se inició una lenta agonía de las instituciones que murieron algunos años después, en 1978, de viejas y de descomposición, como su mentor. El posicionamiento del país en un escenario político tendente a normalizar las relaciones con el exterior, hicieron que se desmarcara del crispante anticomunismo radical que le había caracterizado durante décadas. Hemos estimado, en consecuencia, que, el año que murió Franco, era un buen momento para cerrar nuestro trabajo. En el primer apartado del mismo, titulado “Los orígenes: el sistema informativo franquista en el Eje Berlin Roma-Tokio”, analizamos el nacimiento de dicho sistema en el contexto de la Guerra Civil y en conexión con los modelos informativos existentes en los regímenes de carácter totalitario imperantes en el continente europeo. Desde 1938 hasta 1945 España se posicionó en un lugar central, teniendo en cuenta que su régimen y sus aliados estaban colocados en una situación dominante frente a las democracias occidentales. La prensa española en esta época no fue muy diferente de la alemana, italiana, japonesa o francesa y era imitadora de la normativa impuesta en estos países.


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El segundo, “Arias Salgado o la Doctrina” está dedicado a la figura del ministro franquista, “teórico” del Régimen, entregado a la redefinición conceptual y autoproclamado creador de la “Doctrina de la información”. Debemos prestar atención al término “doctrina” puesto que Arias Salgado se entregó en sus arengas y discursos ante los periodistas a la labor de ofrecerles un “Ideal” centrado en el vínculo indisoluble entre el periodismo y la “Idea” —el “Destino”— de España. Era voluntad del ministro convertir en “Misión” el uso de la palabra pública dotando de un aura de cuasi religiosidad a la profana labor informativa, y con ello quiso hacer del periodismo un arma propagandística y del periodista un “cruzado de la Verdad” al servicio del Régimen. Le asignó con tal fin su lugar en la lucha por el “Ideal”, vedándole toda capacidad para luchar por la libertad y por los verdaderos intereses de la nación, esto es, lo apartó del terreno de lo político convirtiéndolo en mero ornato del Leviatán. En “La prensa española en el sistema bipolar (de la doctrina del containment a la distensión, 1945-1962)”, se pone de manifiesto la ruptura brusca que supuso el final de la II Guerra Mundial para la España franquista. Desde estos momentos pasaría a estar aislada frente a las democracias, no sólo debido al ostracismo al que fue sometida por Naciones Unidas, sino porque se quedaría sin amigos próximos en el Viejo Continente a excepción de Antonio Oliveira de Salazar en Portugal. En lo que respecta a la prensa, no se implantó la libertad de expresión y ni siquiera se produjeron cambios de legislación, sino que continuó la redactada por el falangismo radical en 1938. Fue entonces cuando España comenzó a alejarse de los sistemas informativos europeos, a los que no se volvió a incorporar hasta pasadas algunas décadas. El punto en común, no obstante, con cierto tipo de prensa, fue la redacción de contenidos de información internacional anticomunista, temática muy explotada por los redactores de los medios españoles, en consonancia con las directrices marcadas desde el gobierno. Esta situación de apartamiento no podía ser mantenida para siempre. En este sentido, el gobierno intentó una aproximación a Occidente como vía posible para lograr su legitimación y su admisión en los nuevos centros económicos y políticos que se gestaban en Europa. Una herramienta utilizada para la apertura del diálogo con sus vecinos europeos fue la promulgación de una nueva ley de prensa, la de 1966, que en teoría instauraba la libertad de expresión, aunque en la práctica no hubo tal concesión, como explicamos en “La política informativa como estrategia de acercamiento a Occidente”.


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El último apartado “Vázquez Montalbán o la Constatación” está dedicado al escritor barcelonés. Podemos definir a Montalbán como un teórico de la izquierda. No se cansó de reivindicar un lenguaje prosaico, materialista, para abordar cuestiones políticas, renunciando al disfraz pretendidamente espiritualista y “trascendental”, a la mixtificación de lo político por la vía del Ideal. Al mismo tiempo proclamó la absoluta “temporalidad” del Régimen, como respuesta a las mismas contradicciones que se planteaban en el resto de Occidente. Rechazó de plano el Spain is different que, desgraciadamente, ha sido y es mucho más que un slogan publicitario. Ha sido y es la consigna de una forma de “turismo intelectual” y maquiavelismo político, que oculta sus verdaderas intenciones (políticas) apelando a la “idiosincrasia”. Montalbán se adhirió de manera radical a la “pequeña forma”. Sus escritos sobre lo “cercano” (comida, fútbol o novelas policíacas), su reivindicación del concepto con minúsculas —en contraposición a la proliferación de letras capitales en los escritos de Arias Salgado para denominar conceptos comunes—, eran mucho más que una cuestión estilística, eran un asunto moral y, esencialmente, político, en un país dado a la gran retórica y a la trascendentalización como gran arma ideológica, como muestran las palabras del Delegado Nacional de Propaganda en el año 1942: “Nosotros queremos, en primer lugar, espiritualizar la vida”. Desde los tiempos de las viejas redacciones, con el mobiliario heredado de la incautación de los diarios republicanos y con el omnipresente retrato del Caudillo, hasta las modernas instalaciones en los años sesenta, cada década arrastró su identidad. Los cuarenta con su tedio informativo y el apogeo de la exaltación propagandística; los cincuenta asistieron a la práctica de la información internacional, siempre impregnada de un discurso enardecido sobre el Jefe de Estado y las hazañas de su gobierno; los sesenta inmersos en el crecimiento económico y en la puesta en práctica de escarceos con la libertad de expresión a la que falsamente invitaba la nueva legislación; el primer quinquenio de los setenta, por último, fue testigo de la descomposición de la dictadura, con polémicas y con campañas de prensa que auguraban años venideros. El franquismo ha sido estudiado sobre todo en su nota más característica, el control informativo y la censura. Se han descuidado otros factores como el empresarial o la contextualización de la prensa española en los tiempos de bipolaridad en los que le tocó desenvolverse. Este último aspecto es en el que tratamos de contribuir con nuestro trabajo.


LOS ORÍGENES: EL SISTEMA INFORMATIVO FRANQUISTA EN EL EJE BERLÍN-ROMATOKIO El nacimiento del sistema informativo que imperó en España desde el inicio de la Guerra Fría hasta 1975, tuvo lugar en el periodo conocido como “de entreguerras” (1919-1939). Estos años fueron testigo del surgimiento de un nuevo modelo político que pretendía sustituir al parlamentarismo democrático nacido en el siglo XIX. Se trataba de los totalitarismos, triunfantes en una Europa confusa, débil y sujeta a crisis económicas de gran impacto en la sociedad. La idea de la conveniencia de la implantación de gobiernos fuertes, unipersonales, basados en el pensamiento único y con un gran control sobre la población, se extendió por numerosos países. Italia, Portugal, España Alemania, Hungría o Japón, fueron algunos ejemplos de Estados en los que este plan prevaleció y animó a la conquista del poder, aunque evidentemente, desde perspectivas y métodos diferentes. Los nuevos regímenes compartían múltiples afinidades, entre las que podríamos subrayar las de ostentar el monopolio del poder prescindiendo de la oposición, mantener las prerrogativas en el mundo de la economía, eliminar a aquellos que cuestionaran el sistema o controlar el mundo de la información. Las diferencias se hallaban, por un lado, en la forma de conquistar el poder, algunos mediante las urnas y otros mediante revoluciones o golpes de Estado contra los gobiernos legalmente constituidos; por otro lado, en la inevitable adaptación a las características sociales y culturales de los territorios en los que se impusieron. Sin embargo, los factores análogos, especialmente en sus métodos y sus fines, predominaron sobre los divergentes, dando lugar a la firma de alianzas de distinto carácter con el propósito de la defensa mutua y la colaboración política.


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La participación española en las alianzas de los gobiernos nazi-fascistas Cuando Franco formó su primer gobierno en Burgos (1 de febrero de 1938 a 9 de agosto de 1939) en plena Guerra Civil, no se hallaba sólo internacionalmente hablando. Desde el principio contó con el apoyo de Alemania e Italia, dos grandes poderes en la Europa del momento, con quienes estableció vínculos que marcarían su imagen hasta el final de su vida. En marzo de 1939, días antes de finalizar la contienda española, se firmaron tres acuerdos de gran relevancia. El primero de ellos con Portugal, el llamado Tratado de Amistad y No Agresión, origen del posterior Bloque Ibérico que uniría a las dos dictaduras peninsulares hasta la década de 1970. El segundo, consistió en el establecimiento de vínculos formales con Alemania, Italia y Japón mediante la adhesión al Pacto Antikomintern. Finalmente, la firma de un Tratado de Amistad Hispano-alemán, en el que se plasmaban acuerdos y apoyos diplomáticos entre los dos regímenes en caso de peligro exterior1. En la tensa atmósfera europea previa al inicio de la II Guerra Mundial, España había optado por la alineación con el eje nazi-fascista. No podía ser de otro modo teniendo en cuenta la palpable analogía y la deuda de guerra que había contraído con Alemania. La propaganda oficial se decantó inmediatamente en contra de las democracias, mostró su talante francófobo y criticó abiertamente al mundo anglosajón. Cuando el nuevo conflicto internacional estalló en septiembre, el segundo gabinete de Franco declaró la neutralidad, aunque ésta no constituyó en modo alguno la ruptura o el distanciamiento con respecto a sus aliados fascistas. Las relaciones con Alemania e Italia se mantuvieron con una intensidad similar o superior a la de los me-

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GARCÍA PÉREZ, R. (1994), Franquismo y Tercer Reich. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid. VIÑAS, A., (1984), Guerra, dinero, dictadura. Ayuda fascista y autarquía en la España de Franco, Grijalbo, Barcelona. Del mismo autor, (1977), La Alemania nazi y el 18 de julio, Madrid, Alianza. Sobre las alianzas con Portugal, TELO, A. J, (1996),“La estrategia de Portugal y sus relaciones con España”, en PAYNE, S. y CONTRERAS, D., España y la Segunda Guerra Mundial, Editorial Complutense, Madrid. TELO, A. J, y TORRE, H. de la, (2003), Portugal y España en los sistemas internacionales contemporáneos, Junta de Extremadura, Mérida.


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ses precedentes, pero España se afirmó en actitudes de neutralismo, justificadas por la larga tradición de inhibición ante conflictos internacionales, y, sobre todo, por los condicionamientos de la reciente Guerra Civil, cuyos relacionados destrozos materiales y económicos constituían factores más que suficientes como para impedir una participación activa en ningún tipo de altercado. Los acontecimientos, sin embargo, se precipitaron en la primavera de 1940, cuando los ejércitos alemanes violaron la neutralidad de Holanda, Bélgica y Luxemburgo. La conmoción en Europa fue grande y se incrementó en el momento de la ocupación de Francia en mayo y la entrada de Italia en la guerra. El panorama en Europa había cambiado radicalmente en pocos meses y estas alteraciones del equilibrio internacional no podían dejar indiferente al gobierno español. El 12 de junio de 1940 se acordó la “no beligerancia”, entendida ésta como una declaración previa a la intervención, y se inició una etapa (1940-1942) expresiva de la germanofilia de la política exterior española, a cuya cabeza se hallaba el ministro de Asuntos Exteriores Ramón Serrano Súñer. La actuación del ministro, se plasmó en una política agresiva que ponía de manifiesto la voluntad de participar activamente en la contienda bélica. La alianza del gobierno franquista con el Eje Berlín-Roma-Tokio y todos los Estados bajo su dominio, que ocupaban casi la mitad del Viejo Continente al Este de Alemania, fue muy sólida e irradió a numerosos aspectos de la política económica, social y comunicativa. Este posicionamiento supuso para España una de las épocas de mayor concurrencia en los asuntos internacionales, así como una de las de mayor integración y participación en las corrientes políticas europeas hasta prácticamente la llegada de la democracia y la posterior incorporación en la CEE en 1986. Mientras duró el predominio del Eje sobre Europa, España tenía asegurado un cierto papel y una relativa presencia en los núcleos de poder. Cuando la hegemonía nazi-fascista concluyó, pasó a estar ubicada en el otro extremo, el del aislamiento y el rechazo internacional como consecuencia de su inmediato pasado.

La organización del periodismo en los regímenes dictatoriales de derechas La organización de la comunicación social en época de entreguerras e incluso los años de la II Guerra Mundial (1918-1945) presenta


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unos rasgos comunes, entre los que hemos de señalar, la progresiva conversión y sistematización de la comunicación en propaganda, la configuración y potenciación de medios uniformadores de la conciencia social (cine, radio o televisión), y el desarrollo teórico realizado, sobre todo, en Estados Unidos2. El Régimen de Franco se sirvió de los modelos totalitarios de comunicación surgidos en la década de 1920 y 19303. En este sentido, su precedente lo podemos situar en los tiempos de la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), gran admirador del Duce y del tándem político que sostenía con el rey Víctor Manuel II. El dictador y Alfonso XIII imitaron proyectos y prácticas de los vecinos italianos, que preludiaban la gran arquitectura fascista de años posteriores4. En tiempos de Franco, esta herencia continuó vigente y muchas normas básicas de funcionamiento fueron tomadas de la Italia mussoliniana, como el Fuero del Trabajo cuyo inspirador fue la Carta di Lavoro, o las leyes de prensa, que veremos a continuación. La mayor parte de los parámetros en los que se desenvolvió la comunicación de la Europa nazi-fascista, en pleno auge a partir de la década de 1920, resultaban ser bastante homogéneos. La legislación, el organigrama, la estructura de la profesión…, se reprodujeron con gran exactitud en Italia, Portugal, Alemania, Japón, España o la Francia de Vichy, creando sistemas prácticamente uniformes que dejaban al margen a otros estilos informativos y a la iniciativa periodística de carácter liberal. Italia fue la pionera en la experiencia fascista y de ella copiaron el resto de los Estados que adoptaron un régimen análogo. Desde principios de la década de 1920 se habían implantado las bases de dicha política respecto a la utilización de los medios de comunica-

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VÁZQUEZ MONTALBÁN, M. (2000), Historia y Comunicación social, Barcelona, Mondadori, p. 186. CHULIÁ, E. (2001), El poder y la palabra. Prensa y poder político en las dictaduras, Madrid, Biblioteca Nueva-UNED. SAZ, I. y TUSELL, J., “Mussolini y Primo de Rivera: las relaciones políticas y económicas de dos dictaduras mediterráneas”, BRAH, Tomo CLXXIX, Cuaderno III, pp, 413-483. TUSELL, J., GENTILE, E. y DI FEBO, G. (eds.) (2004), Fascismo y franquismo cara a cara. Una perspectiva histórica, Madrid, Biblioteca Nueva. TUSELL, J. y QUEIPO DE LLANO, G. (2006), Franco y Mussolini. La política española durante la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Península.


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ción, entre las cuales figuraba la censura, las consignas y los comunicados de inserción obligatoria para los periódicos, controlados a través de un sistema de licencias y de registro. Portugal, igualmente, inició un proceso de control mediático en fechas tempranas. El golpe de Estado de 1926 y el posterior régimen dictatorial de Salazar, suprimieron definitivamente la libertad de expresión hasta los tiempos de la Revolución de los claveles de 1974. Todas las publicaciones periódicas, así como las hojas volantes, folletos, libros o escritos de distinta naturaleza, también quedaron sujetos a censura previa. Salazar veía en la prensa una amenaza contra la urbanidad y la disciplina, corruptora del verdadero modo de vida moral, distinguido por la sumisión y el respeto a la jerarquía. De ahí que el régimen salazarista contara, desde su comienzo, con su propio aparato de propaganda para adoctrinar a la población sobre los principios de patria, orden, familia y religión, a la vez que contribuía a aumentar su prestigio presentándolo como el “salvador de la patria”. Esta insistente práctica tuvo como una de sus principales consecuencias, la disminución de las tiradas de las publicaciones y su consiguiente declive, en cuanto que los lectores encontraban en ella contenidos serviles al Estado Novo, escritos desde la oficialidad salazarista. Algunos años después, la Constitución portuguesa de 1933, que concedería a Salazar mayores prerrogativas, configuró la libertad de expresión como una garantía y un derecho individual, derecho que se vio frenado por la promulgación de leyes especiales para impedir lo que se consideraba la perversión de la opinión pública y la pérdida de la integridad moral de los ciudadanos. Tras la promulgación de la Constitución, quedó instituida la censura previa y el organismo denominado Dirección de los Servicios de Censura, que dependía de los ministerios de Interior y de Guerra. Esta Dirección actuaba conjuntamente con el Secretariado Nacional de Propaganda (SNP), creado también en 1933 y convertido en una de las más sólidas instituciones del Estado5.

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PENA, A. (1994), “Historia del periodismo portugués”, en PIZARROSO, A. (coord.), Historia de la prensa, Centro de Estudios Constitucionales Ramón Areces, Madrid,. pp. 344-345. Del mismo autor, (1999), Galicia, Franco y Salazar. La emigración gallega en Portugal y el intercambio ideológico entre el franquismo y el salazarismo, Vigo, Servicio de Publicaciones de la Universidad. MAS, Mª.L. (1988), “Prensa portuguesa”, en AAVV., Historia de la


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Cuando Hitler subió al poder en 1933, contaba ya con una organización periodística centralizada y muy eficaz6. A lo largo del año, la perfeccionó con una amplia legislación que cerró el círculo en torno al control del mundo informativo. En febrero, reguló la incautación de impresos cuyos contenidos hicieran peligrar la seguridad y el orden, al tiempo que suspendió el derecho constitucional de la libertad de prensa. En marzo, Joseph Goebbels instituyó el Ministerio de Ilustración Popular y Propaganda y fue nombrado ministro, responsable de la dirección de los medios de comunicación y del modelo informativo nazi. En los siguientes meses, se promulgaron un conjunto de leyes que autorizaron la confiscación de editoriales comunistas y socialdemócratas, cuyas propiedades se destinaron a la prensa del partido. En ese año también, nacería la Ley de Prensa de 1933, explicada por su autor Goebbels, como una norma que acabaría con la libertad de información, concepto que, desde su punto de vista, estaba desprestigiado en el mundo entero en su calidad de elemento perturbador de las sociedades, choque frontal con los deberes y derechos del pueblo y del Estado que debía ser eliminada7. A partir de entonces, la prensa quedaba sometida al nacional-socialismo, al igual que los periodistas, que debían estar inscritos en un registro profesional al que sólo tenían acceso los profesionales de raza aria que hubieran participado en un curso formativo. En lo que respecta a los japoneses, disponían de una agencia nacional de noticias, Domei, y de un importante sistema de radiodifusión, NHK, controlado desde 1933 por un Consejo Central de Radio-

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Comunicación y de la prensa mundial y de España, Atlas, Madrid. TORRE, H. DE LA, ed. (2000), Portugal y España contemporáneos, Revista Ayer, nº 37, Marcial Pons, Madrid. Del mismo autor, (1993), “Las relaciones hispanoportuguesas en la edad contemporánea”, en VV.AA., Reflexiones en torno a España y Portugal, Instituto Juan Gil Albert, Alicante. El responsable del mundo de la comunicación, la prensa y el cine desde 1920 era el magnate Alfred Hugenberg. Su imperio lo formó tras la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial. Se hizo líder del Partido NacionalPopular Alemán y al final de la República de Weimar colaboró con Hitler, ofreciéndole su imperio mediático y apoyando su nombramiento como canciller. Durante un breve periodo de tiempo fue ministro de Economía y Agricultura, pero a partir de 1934 tuvo que renunciar a todos sus cargos y a vender su compañía a los nazis. GALLEGO, F. (2006), Todos los hombres del Führer. La élite del nacionalsocialismo (1919-1945), Madrid, Debate. Sobre Goebbels, GALLEGO, F. (2006), Todos los hombres del Führer, op. cit., pp. 173-234.


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difusión, en el que estaban representados varios ministerios. Tanto la prensa como las emisiones radiofónicas estaban sometidos a la censura previa desde 1937, fecha del comienzo de la guerra contra China. En 1939 numerosos periódicos y revistas habían sido suspendidos por la policía y otros fueron obligados a la fusión. Al año siguiente, fueron disueltos todos los partidos políticos y en diciembre se creó la Oficina de Información del Gabinete, cuya finalidad era establecer un Estado militar a través de la unidad y la solidaridad del pueblo. Esta oficina integraba todos los campos posibles de la información y la propaganda y cuando el país entró en guerra, en diciembre de 1941, hizo uso de ella en su condición de servicio planificado, enaltecedor del Japón victorioso y agresor hacia los aliados. Con el modelo italiano experimentado desde los años veinte, y el alemán erigido por Joseph Goebbels, gran factotum de la propaganda, el Nuevo Estado franquista nacido oficialmente en abril de 1939, sólo tenía que imitar sus pasos, añadir matices adecuados a las características españolas y aplicarlos. Las autoridades pronto se apropiaron de los medios de comunicación existentes tanto los que se publicaban en las ciudades donde triunfó el golpe del 18 de julio como los editados en el territorio leal a la II República, éstos últimos a través de la incautación de sus cabeceras, locales y recursos materiales. La vanguardia del ejército franquista, asumió el inmediato control del botín cosechado que incluía periódicos, maquinarias o receptores de radio. Todo cambió en la zona que iba siendo tomada por las tropas nacionalistas, donde el periodismo dejó de serlo para convertirse en un servicio al Estado uniformado, y el periodista en un trabajador sumiso que utilizaría un discurso grandilocuente y falso para un nuevo público, ahora resignado. La diversidad de antaño se mutó por la homogeneidad y la información por la propaganda. Franco y sus partidarios contaron desde el principio con premisas y objetivos decididamente manifiestos y claros, plenamente conscientes de las posibilidades de los medios de comunicación, a los que aplicaron, en consecuencia, un modelo elaborado y consistente, inserto en un contexto de una estrategia integral de control del Estado, y así lograron alcanzar sus objetivos8. El formato legislativo elegido no podía ser otro que el aplicado en Alemania e Italia, debido a varios

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ALVÁREZ, J.T. (1989), “La información en la era de Franco: hipótesis interpretativa”, en ALVÁREZ, J.T., y otros, Historia de los medios de comunica-


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factores entre los que señalaremos dos, en primer lugar, la efectividad demostrada en controlar al sector informativo y en contar con un instrumento propagandístico de primera magnitud. En segundo lugar, la plena identificación de los sublevados del 18 de julio con el pensamiento y la acción de las autoridades nazi-fascistas. En 1938 la Ley de Prensa, conocida como “Ley de Serrano Súñer”, adelantaba en los territorios que iban siendo ocupados por las tropas franquistas, la nueva estructura informativa vigente hasta 1966. Su principal impulsor, Ramón Serrano Súñer, era un rendido admirador de Mussolini y posteriormente devoto de Hitler. Designado ministro del Interior (1938-1940), Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS (1938-1940) y ministro de Asuntos Exteriores (1940-1942), fue responsable de los nombramientos del mundo informativo en estos años de mayor fascistización del Régimen9. Igualmente tuvo un gran protagonismo en todas las conversaciones preliminares con los dirigentes de la Alemania nazi previas a la entrevista entre Hitler y Franco en Hendaya, cuyo objetivo era el de ajustar las condiciones de la intervención de España en la II Guerra Mundial al lado del Eje. Al igual que la Alemania nazi desarrolló a partir del triunfo de Hitler en 1933 todo el dispositivo de control sobre el mundo informativo, en España, a partir de 1939, se desplegarían un conjunto de medidas que vendrían a completar la legislación de 1938. La Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 convertía al Estado en propietario de los bienes, entre ellos periódicos y radios, pertenecientes a los partidos y organizaciones afectados por la ley. En julio de 1940, una nueva ley ratificaba a Falange como destinataria de las máquinas y demás material de talleres de imprenta o editoriales incautados en años anteriores. En virtud de este derecho de conquista, los principales periódicos de Madrid y Barcelona pasaron a engrosar el patrimonio acumulado por los medios de comunicación del Estado franquista. Los talleres de Tipográfica Renovación en los que antaño se imprimían El Sol y La Voz sirvieron, a partir de 1939, para la confección del falangista Arriba, creado en 1935. El edificio de El Heral-

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ción en España. Periodismo, imagen y publicidad (1900-1990), Ariel, Barcelona, pp. 221-224. EQUIPO MUNDO, (1970), Los 90 ministros de Franco, Barcelona, Dopesa. Sobre la admiración que le profesaba a Mussolini, MOSELEY, R. (2001), El conde Ciano. La sombra de Mussolini, Madrid, Temas de Hoy.


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do de Madrid y El Liberal pasó a utilizarse para la edición del nuevo diario de la noche Madrid. En los talleres del socialista Claridad se imprimiría Pueblo, portavoz de los sindicatos verticales de FET y de las JONS. Esta política de incautaciones había permitido al Estado franquista acumular un formidable patrimonio en medios informativos. En 1943, 47 de los 111 diarios españoles pertenecían a la Prensa del Movimiento, a la que las estadísticas oficiales atribuyen el 41,2% de la difusión total de la prensa española10. El régimen, al igual que sus homólogos europeos, se había dotado de un marco jurídico que hacía imposible la libertad de opinión o información. Tres fueron los grandes principios rectores de la concepción periodística alumbrada por el franquismo, condensados en la Ley Serrano Suñer y que permanecieron vigentes hasta 1966. El primero, condenaba la regulación liberal de la prensa tal y como se había concebido a lo largo del proceso revolucionario burgués del siglo XIX. Los nuevos gobernantes entendían que se había ocasionado a la masa de lectores un gran daño por una libertad entendida al estilo democrático, igual que había ocurrido en el plano político con la convocatoria de elecciones y la configuración de los parlamentos. A su juicio, habían sido la prensa pluralista y el parlamento pluripartidista, en un régimen de libertad entendida al estilo democrático, los que trajeron consigo la destrucción de la nación en la II República. Este concepto no era original, ya se había expresado en la prensa mussoliniana de los años veinte y en la idea que Goebbels y Wilhelm Weiss, presidente de la Asociación de Prensa Alemana, habían explicado tras el ascenso de Hitler al poder, según la cual el periodismo, en el viejo sentido liberal del término, ha muerto y nunca volverá a la vida. Debe permanecer muerto porque el espíritu de aquella época está también muerto11. El segundo principio era el relativo a que el periodismo constituía un instrumento particular del Estado, que éste debía utilizar en función de sus intereses12. Mussolini lo había practicado con gran

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Según datos del Anuario de la Prensa Española, 1943-1944. HALE, O.J. (1973), The captive press in the Third Reich, op. cit., p. 36. Igualmente, CHULIÁ, E. (1993), “La legislación de prensa del primer franquismo: la adaptación española de un modelo importado”, en TUSELL, J. y otros (eds.), Congreso Internacional El Régimen de Franco (1936-1975). Madrid, UNED. MARTÍN DE LA GUARDIA, R., (1993), “Sobre los orígenes de la Ley de Prensa de 1938. El pensamiento conservador en los teóricos falangistas”,


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MATILDE EIROA SAN FRANCISCO Y PILAR CARRERA ÁLVAREZ

éxito y en Alemania se había prohibido la publicación de periódicos privados que no fueran leales a los presupuestos ideológicos nazis, de ahí que la prensa, ya fuera estatal o privada, pasó a estar al servicio del Estado. El artículo 1º de la Ley de Prensa de 1938 decía que Corresponde al Estado la organización, vigilancia y control de la institución nacional de la prensa periódica, y en concordancia con esta condición de institución nacional, actuaría como correa de transmisión del poder, y establecería los mecanismos que permitirían al Estado ejercer sobre ella su “función ordenadora”. En este sentido, correspondía al nuevo marco jurídico regular el número y extensión de las publicaciones periódicas, intervenir en la designación del personal directivo, reglamentar la profesión del periodista, ejercer la vigilancia de la actividad de la prensa y fijar la censura previa. El tercer principio consistió en convertir al periodista en un apóstol del pensamiento y de la fe de la Nación recobrada a su destino, en un español de servicio, gentilhombre del Estado en el cumplimiento de una de las tareas patrióticas más trascendentales, la de la educación nacional. Los periodistas tuvieron que cambiar radicalmente su prosa y sus métodos de trabajo en un tiempo de silencio y de penurias, de escasez de papel para imprimir, de racionamiento de gasolina para el automóvil de la redacción, de censura, de sumisión a las órdenes diarias y a la confección de editoriales entusiastas. Resignados y díscolos, sumisos y rebeldes, cada uno reaccionó ante el franquismo a su manera13. El control sobre los periodistas no fue exclusivo del franquismo, sino que constituyó una praxis habitual de los regímenes totalitarios. En Alemania, el Departamento de Prensa del Ministerio de Propaganda era el encargado de diseñar las directrices que debían presidir el trabajo diario en las redacciones. La llamada Ley de Escritores, convertía a los redactores en funcionarios, cuyo cometido era el de informar según las directrices procedentes de las órdenes estatales. En España, la primera medida para crear una estirpe de profesionales adictos fue desatar una virulenta represión, una depuración

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en TUSELL, J. y otros (eds.), Estudios sobre la derecha española contemporánea, Madrid, UNED. BARRERA C. (1999), Del gacetero al profesional del periodismo. Evolución histórica de los actores humanos del cuarto poder, Madrid, Fragua-Asociación Historiadores de la Comunicación.


TEORÍA Y PRAXIS DE LA PRENSA ESPAÑOLA…

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ideológica que eliminara radicalmente la presencia de cualquier periodista enemigo del sistema14. Una orden de 7 de diciembre de 1937 había previsto la creación de un Tribunal de Admisión y Permanencia para la Depuración de los Periodistas. Posteriormente, otra orden de 24 de mayo de 1939 obligaba a los redactores que residieran en territorios conquistados por las tropas franquistas con posterioridad a diciembre de 1938 (Cataluña, Valencia, Castilla La Mancha y Madrid), a realizar una declaración jurada con información precisa en torno a su labor profesional y política. Ambas actuaron como una trampa para los profesionales mediáticos, en cuanto que se constituyeron en una forma de delación de aquellos que, por circunstancias voluntarias o involuntarias, habían trabajado en las últimas zonas de la jurisdicción republicana. La vigilancia de la profesión periodística en el franquismo se realizó básicamente a través de tres instituciones: el Registro Oficial de Periodistas, la Escuela Oficial de Periodismo y la Unión Española de Periodistas, a modo de sindicato o asociación exclusiva para estos profesionales. A imitación de Alemania, Italia y Portugal y en consonancia con el heroico papel que el franquismo les reservaba, se procedió a la depuración del colectivo y a la implantación de un registro para estos profesionales, el Registro Oficial de Periodistas. Ya que la misión de los periodistas era la de ser apóstol del pensamiento y de la fe de la Nación y la de constituirse en un digno trabajador al servicio de España, debían inscribirse en el Registro y tener su correspondiente carné, para lo cual debían prestar declaración jurada de sus antecedentes políticos o cargos públicos. En 1940 se presentaron 4.000 solicitudes, pero solo fueron inscritos en dicho registro 1.800; al resto le faltaba algún tipo de requisito para ejercer la profesión y convertirse en predicador del Régimen15. La consecuencia inmediata de semejante criba profesional fue la implantación de una costumbre,

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NÚÑEZ DÍAZ-BALART, M. (1996), “Las depuraciones de periodistas en la inmediata posguerra, 1939-1945”, en VVAA., José Altabella. Libro Homenaje, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información. FABRE, J. (1996), Periodistas uniformats: diaris barcelonins dels anys 40. La represa i la represió, Barcelona, Colegio de Periodistas de Cataluña-Diputación de Barcelona. NÚÑEZ DÍAZ-BALART, M. (1997), “El ojo de la aguja: el carnet de periodista, el último filtro de la depuración profesional en la inmediata posguerra”, en Historia y Comunicación Social, nº 2, pp. 205-210.


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