historia del derecho en América Latina
Pablo Mijangos y González
Pablo Mijangos y González
historia del derecho en América Latina
Pablo Mijangos y González
La separación Iglesia-Estado en México, siglo XIX
¿Por qué fracasó la unión entre la Iglesia y el Estado en el México del siglo XIX? Para responder adecuadamente a esta pregunta, es necesario entender primero cómo funcionó la relación entre ambas potestades durante las primeras décadas de vida republicana. Como demuestran los diferentes ensayos que integran esta obra, el liberalismo y la república nacieron católicos en México, pero la indefinición de las reglas de convivencia mutua y el constante choque entre las prioridades del gobierno y las del clero terminaron por minar la viabilidad del régimen confesional, con independencia de las creencias religiosas de la población. Como sostuvo el presidente Benito Juárez en su “Manifiesto a la nación” del 7 de julio de 1859, la separación Iglesia-Estado era indispensable para garantizar el arraigo de cualquier régimen constitucional en México. No era sólo una cuestión de ideologías, sino una exigencia práctica en el camino a la consolidación del Estado nacional.
ENTRE DIOS Y LA REPÚBLICA
La colección “Historia del derecho en América Latina” pretende funcionar como un espacio de encuentro para las diferentes historiografías jurídicas de la región, ofreciendo además una plataforma editorial para los mejores y más novedosos estudios en la disciplina. Con miras a promover una participación más fructífera de los historiadores del derecho en la renovación de nuestra cultura jurídica, nos interesa apoyar la publicación de trabajos que exploren, con una perspectiva histórica, las múltiples relaciones del derecho con la sociedad, la cultura, la política y la economía, es decir, que no reduzcan la historia del derecho al análisis formal de normas antiguas. La premisa central de la colección es que el derecho sólo resulta plenamente comprensible a la luz de la realidad que le da forma y en la que a su vez influye de muy distintas maneras. Por eso nos importa especialmente impulsar aquellos estudios que aborden tanto las dimensiones culturales del derecho –sus cambiantes significados históricos– como su experiencia concreta, es decir, su aplicación y vigencia efectiva en la vida social, tal y como puede reconstruirse a partir de fuentes judiciales y administrativas.
ENTRE DIOS Y LA REPÚBLICA La separación Iglesia-Estado en México, siglo XIX
historia del derecho en América Latina
Es licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y Doctor en Historia por la Universidad de Texas en Austin. Es profesor-investigador en la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus principales líneas de investigación son la historia de la respuesta eclesiástica a las revoluciones liberales del siglo XIX, la historia del derecho y la historia comparada México-Estados Unidos. Es autor de los libros El nuevo pasado jurídico mexicano (Dykinson/Universidad Carlos III de Madrid, 2011) y The Lawyer of the Church: Bishop Clemente de Jesús Munguía and the Clerical Response to the Mexican Liberal Reforma (Nebraska University Press, 2015).
DIRECTOR DE LA COLECCIÓN Pablo Mijangos y González CIDE, México Consejo editorial Alejandro Agüero
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Universidad ICESI, Colombia
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El Colegio Nacional, México
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El Colegio de México, México
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Universidad Autónoma de Madrid, España
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Florida International University, Estados Unidos
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ENTRE DIOS Y LA REPÚBLICA La separación Iglesia-Estado en México, siglo XIX
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Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
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ENTRE DIOS Y LA REPÚBLICA La separación Iglesia-Estado en México, siglo XIX
Pablo Mijangos y González
Valencia, 2018
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HISTORIA DEL DERECHO EN AMÉRICA LATINA Director:
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© Pablo Mijangos y González
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9190-295-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice INTRODUCCIÓN...................................................................................................... 9
Primera parte Estado de la cuestión 1. Tres momentos en la historiografía sobre el conflicto religioso de la Reforma........................................................................................................................ 17 La historiografía partidista..................................................................................... 19 El conflicto Iglesia-Estado a la luz del revisionismo académico.................................. 22 Los temas y las preguntas pendientes del revisionismo............................................... 27
Segunda parte Liberalismos católicos 2. El obispo Clemente de Jesús Munguía y el fracaso de los liberalismos católicos en México............................................................................................................ 37 3. El magistrado Manuel Teodosio Alvírez y la disputa por el monopolio de la interpretación constitucional en 1857............................................................... 59
Tercera parte Las instituciones de la discordia 4. La imposible protección de la fe católica: censura eclesiástica y libertades constitucionales en el México republicano....................................................... 99 La inquisición liberal............................................................................................. 102 La realidad del nuevo sistema................................................................................. 109 La crisis de la posguerra y el caso Los Misterios de la Inquisición........................ 118 Epílogo: De la Ley Lares a la Constitución de 1857................................................. 126 5. Entre la igualdad y la gobernabilidad: los motivos de la supresión del fuero eclesiástico........................................................................................................... 131 Alcances y naturaleza del fuero eclesiástico............................................................... 134 El anhelo de uniformidad y eficiencia...................................................................... 140 El problema de la impunidad clerical....................................................................... 148 La debilidad y el desprestigio de la jurisdicción civil................................................. 155 Conclusión: de la Ley Juárez a la Ley de libertad de cultos........................................ 162 6. El clero ante la justicia secular: los recursos de fuerza durante la primera mitad del siglo XIX............................................................................................. 167 Una herencia del Antiguo Régimen......................................................................... 170
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Índice
Los límites del poder episcopal................................................................................. 178 La resistencia clerical.............................................................................................. 186 La desaparición de los recursos de fuerza................................................................. 193 7. ¿Secularización o Reforma? Los orígenes religiosos del matrimonio civil en México................................................................................................................. 197 8. Una desamortización velada: antecedentes y fracaso de la reforma del clero regular durante la dictadura de Santa Anna..................................................... 223 9. La respuesta popular al juramento constitucional en 1857: un esbozo de geografía político-religiosa del México de la Reforma..................................... 237 Adhesiones y disturbios a nivel nacional.................................................................. 242 El México central.................................................................................................... 255 El sur-sureste.......................................................................................................... 265 El norte.................................................................................................................. 268 Conclusiones.......................................................................................................... 271
Cuarta parte Dos provocaciones 10. Guerra civil y Estado-nación en Norteamérica (1848-1867)............................ 277 México y Estados Unidos: el camino de la guerra civil.............................................. 279 Canadá: la realización del “sueño criollo”............................................................... 289 Observaciones finales.............................................................................................. 296 11. Trascender la Reforma: Algunas reflexiones a propósito de los usos políticos de la historia........................................................................................................ 297
Anexo 12. La Iglesia Católica norteamericana vista por un obispo mexicano en el exilio (1861).................................................................................................................. 309 BIBLIOGRAFÍA......................................................................................................... 317
Introducción La separación Iglesia-Estado es uno de los procesos centrales y distintivos de la historia mexicana del siglo XIX. A diferencia del resto de América Latina, donde prevalecieron distintas formas de protección oficial del catolicismo e intervención gubernamental en la vida de la Iglesia Católica hasta fines de aquel siglo, en México el presidente liberal Benito Juárez decretó “la más perfecta independencia entre los negocios del Estado y los puramente eclesiásticos” en julio de 1859, eliminando así uno de los principios fundacionales de la nación1. En efecto, desde la Independencia de México en 1821 hasta el triunfo de la revolución de Ayutla en 1855, todos los documentos constitucionales de la república habían declarado, de manera inequívoca, que la mexicana era una nación “exclusivamente católica” y que el gobierno tenía la obligación de proteger el catolicismo “mediante leyes sabias y justas”, reservando para un futuro concordato con la Santa Sede los términos concretos de la relación Iglesia-Estado. Lo más interesante del caso mexicano es que, al nivel de la sociedad y la cultura, estas declaraciones jurídicas tenían un sustento real: a mediados del siglo XIX México seguía siendo un país abrumadoramente católico, regido en lo espiritual por un Iglesia de tres siglos de antigüedad y prácticamente presente en todo el territorio nacional. Las preguntas que despierta este fenómeno histórico son obvias y difíciles de responder: ¿Por qué fracasó el Estado confesional en una nación tan religiosa? ¿Qué factores hicieron posible y necesaria la ruptura entre el poder civil y el clero? Las respuestas de la historiografía tradicional a estas preguntas no son satisfactorias. Para el liberalismo triunfante, la separación Iglesia-Estado fue el desenlace de un largo conflicto entre el Progreso y la Reacción, esto es, entre las fuerzas que deseaban convertir a México en una nación moderna y secularizada, y aquellas que deseaban preservar a toda costa la herencia colonial. Utilizando la misma explicación pero al revés, la historiografía conservadora atribuyó este cambio revolucionario a las maniobras perversas de una minoría masónica, anticatólica y extranjerizante, movida por su odio a la esencia profunda de la nación. El problema compartido por las dos explicaciones es que ambas asumieron que la separación entre
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En el caso colombiano, la separación Iglesia-Estado decretada en 1853 fue revertida por la Constitución conservadora de 1886 y por el subsecuente concordato entre Colombia y la Santa Sede, firmado en diciembre de1887.
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el poder civil y el religioso fue una meta buscada por el liberalismo mexicano mucho antes de 1859, y que quienes se enfrentaron al liberalismo no deseaban otra cosa que volver atrás el reloj. En realidad, los liberales mexicanos de la primera mitad del siglo XIX eran tan católicos como sus adversarios, y lo que buscaron durante décadas no fue la separación, sino, más bien, la reinstauración de los viejos poderes patronales que había tenido la Corona española, ya que mediante ellos el gobierno podría intervenir libremente en la administración y gobierno de la Iglesia Católica. De igual manera, la mayor parte del clero no deseaba restaurar un pasado perdido; de hecho, los obispos que gobernaron las diócesis mexicanas a partir de la Independencia no sólo confirmaron la legitimidad del régimen republicano, sino además lo vieron como un marco idóneo para garantizar la autonomía institucional de la Iglesia Católica y la protección del catolicismo en tanto religión del pueblo mexicano2. El verdadero tema a debate no era entonces la secularización, sino, más bien, los poderes y libertades que debía tener la Iglesia en la república. Si los contendientes en el gran conflicto mexicano de la década de 1850 eran católicos y si la separación Iglesia-Estado no había sido una meta tradicional de los liberales, ¿por qué entonces el presidente Juárez optó por dar un paso tan radical en julio de 1859? La premisa que subyace a los distintos ensayos que integran esta obra es que, para entender la ruptura definitiva entre la Iglesia Católica y el Estado mexicano durante los años de la Reforma, es necesario acercarse primero a la experiencia efectiva de la unión entre las dos potestades durante las primeras décadas de existencia de la república. Así como la ruptura de un matrimonio sólo resulta comprensible a la luz de los problemas recurrentes entre los cónyuges distanciados, así también el “divorcio” entre la Iglesia y el Estado sólo se puede entender cuando se consideran las tensiones que existieron entre las dos potestades a lo largo de casi cuatro décadas. La tesis central de este libro es que, si bien el liberalismo y la república nacieron católicos en México, la indefinición de las reglas de convivencia mutua y el constante choque entre las prioridades del gobierno y las del clero terminaron por minar la viabilidad del régimen confesional, con independencia de las creencias religiosas de la población. Como sostuvo Juárez en su “Manifiesto a la nación” del 7 de julio de 1859, la separación Iglesia-Estado era indispensable para garantizar el arraigo del orden constitucional adoptado en 1857. No era sólo una
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He desarrollado ampliamente este tema en mi libro The Lawyer of the Church: Bishop Clemente de Jesús Munguía and the Clerical Response to the Mexican Liberal Reforma (Nebraska University Press, 2015).
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cuestión de ideologías, sino un paso necesario para consolidar al Estado nacional y asegurar la gobernabilidad del país. El libro comienza con un breve repaso a la historiografía sobre las relaciones Iglesia-Estado en México durante la primera mitad del siglo XIX, en el que se destacan los diferentes problemas de las interpretaciones tradicionales, los hallazgos recientes y las posibles vías para repensar estos temas en el futuro. Después viene una sección dedicada a los “liberalismos católicos”, esto es, a los distintos intentos de conciliar liberalismo y catolicismo en el México republicano. Con la finalidad de ilustrar biográficamente las dificultades involucradas en dichos intentos, los dos ensayos que componen esta sección abordan la trayectoria de dos influyentes personajes del estado de Michoacán que se enfrentaron abiertamente con motivo de la Constitución liberal de 1857. El primero es el obispo Clemente de Jesús Munguía, quien trató de utilizar el lenguaje liberal para justificar la oposición eclesiástica a una carta que, desde su punto de vista, amenazaba los derechos naturales de la Iglesia en una república “exclusivamente católica”. El segundo es el entonces magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia de aquel estado, Manuel Teodosio Alvírez, un destacado profesor de derecho canónico que invocó los poderes tradicionales de los tribunales civiles frente a la Iglesia para decretar la invalidez de los decretos episcopales que prohibieron la jura de obediencia a la carta liberal. Aunque poco conocida, la trayectoria de Alvírez es representativa de los liberales católicos que, formados en el regalismo hispano y desgarrados por la alternativa de ser fieles a la Iglesia o a la Nación, optaron por la segunda y tuvieron enormes dificultades para aceptar todas las implicaciones de la ruptura total entre la Iglesia y el Estado a partir de la guerra de Reforma. La tercera sección del libro analiza el funcionamiento de una serie de “instituciones de la discordia”, cuyos problemas explican en buena medida el fracaso de la república confesional. A diferencia de la sección anterior, en la que tiene más peso la historia intelectual, en este apartado se pone mayor énfasis en la experiencia práctica del orden jurídico que regulaba la unión Iglesia-Estado, un orden heredado en su mayor parte del antiguo régimen español pero que fue ajustado a los principios liberales de las primeras constituciones. Aunque hubo muchos puntos de contacto institucional entre Iglesia y Estado, sólo se abordan seis particularmente ejemplificativos de las tensiones entre ambas potestades: la colaboración civil en la persecución de obras impías; la inmunidad o “fuero” eclesiástico; la intervención de la justicia secular frente a las “fuerzas” o abusos cometidos por las autoridades eclesiásticas; la regulación y fomento del matrimonio; los proyectos gubernamentales de reforma de las órdenes religiosas; y, por
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último, el juramento de la Constitución de 1857. Lo que estos estudios revelan es que, en su realidad cotidiana, el régimen confesional ayudaba muy poco a proteger la religión católica, provocaba numerosos conflictos jurisdiccionales, entorpecía el despacho regular de muchos problemas que afectaban directamente a la población, y, sobre todo, exhibía con frecuencia la profunda debilidad de las autoridades civiles frente a sus pares eclesiásticas. El ensayo sobre el juramento incluye, además, un primer esbozo de la geografía política de la época, en el que puede apreciarse bien la distribución del apoyo social al clero y al reformismo liberal. La cuarta sección del libro recoge dos provocaciones para los historiadores que estudian este período. La primera es una interpretación de la Reforma liberal en el contexto de las grandes transformaciones de la región Norteamérica durante la década de 1850. Utilizando el peculiar caso canadiense como punto de comparación y contraste, el ensayo busca explicar las razones de la simultánea descomposición de los sistemas políticos mexicano y estadounidense a partir de 1848 y los problemas que finalmente llevaron al estallido de guerras civiles y al replanteamiento del orden constitucional en ambos lados de la frontera. La segunda es un llamado a “trascender la Reforma”, esto es, a cuestionar los mitos sobre esta época que todavía perduran en la memoria colectiva y a evaluar su utilidad como referente para solucionar los problemas del presente. Aunque la obra está centrada en explicar los antecedentes y motivos de la separación Iglesia-Estado, el anexo final del libro ofrece un testimonio insospechado de la recepción de este cambio por parte del clero mexicano: dos cartas privadas que escribió el obispo de Guadalajara, Pedro Espinosa, durante su estancia en Nueva York entre mayo y junio de 1861. Se trata de un testimonio importante porque revela el hartazgo de los obispos mexicanos frente a la tradicional intervención del Estado en los asuntos de la Iglesia, y su sorprendente admiración por un régimen que, al proteger la libertad de cultos y prohibir el establecimiento de una religión oficial, había facilitado el crecimiento espectacular del catolicismo en una república protestante. Un par de advertencias. Los trabajos compilados en este libro son “ensayos” en el más puro sentido de la palabra. Lejos de agotar los temas tratados, cada capítulo puede leerse como un primer acercamiento —exploratorio, provocador, cargado de interrogantes— a cuestiones que podrían desarrollarse con fuentes adicionales y mayor amplitud en un estudio monográfico. Soy consciente de que muchas de mis hipótesis serán matizadas o corregidas por quienes se acerquen nuevamente a estos temas; lo que al menos quisiera dejar en firme es el compromiso de analizar los problemas del período en sus propios términos y atendiendo a sus múltiples contextos
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y dimensiones, sin reducir la Reforma a una epopeya protagonizada por hombres que “parecían gigantes”. Aclaro también que en el libro no se aborda un factor fundamental para entender el momento y la manera en que se dio la separación Iglesia-Estado en México: el fracaso sistemático de las negociaciones del concordato con la Santa Sede. Para entender dicho fracaso es necesario seguir con atención la labor y propuestas de cada una de las misiones diplomáticas mexicanas en Roma, así como la historia de una curia papal obsesionada con el espíritu revolucionario del siglo XIX, presionada por las demandas simultáneas sus aliados y enemigos, agobiada por la situación italiana y los desafíos globales de la Iglesia, y hasta entonces ignorante de la compleja realidad política y religiosa de las repúblicas hispanoamericanas. Este fascinante episodio de la historia transnacional del catolicismo será el objeto de mis próximas investigaciones. Salvo por los ensayos sobre la censura eclesiástica y sobre el legado de la Reforma en la memoria contemporánea, el resto de los trabajos fueron publicados previamente en revistas y obras colectivas. Agradezco la autorización de mis editores originales para publicar una versión revisada de estos trabajos (la referencia original aparece al pie de cada capítulo), así como la generosa oportunidad de reunirlos bajo los sellos de Tirant Lo Blanch y el CIDE, la cual surgió gracias a la confianza de José Ramón Cossío y Salvador Vives. También reitero aquí mi agradecimiento a todos los colegas y amigos que leyeron los primeros borradores de estos ensayos, me hicieron en su momento valiosas preguntas y sugerencias, o bien me compartieron lecturas, fuentes y pistas que no conocía: Berenise Bravo, Sergio Rosas, David Carbajal, Irina Córdoba, José Barragán, Christopher Albi, Alejandro Mayagoitia, Moisés Ornelas, María del Refugio González, Silvestre Villegas, David Pantoja, Elisa Speckman, Antonia Pi-Suñer, Humberto Morales, Benjamin Smith, María José Rhi Sausi, María Luna Argudín, Israel Arroyo, Gerardo Maldonado, Adriana Luna-Fabritius, Catherine Andrews, Rafael Rojas y Thomas Bender, y en especial mi hermano Javier, que siempre ha sido mi mejor lector. Mis antiguas asistentes, Erika Gómez, Daniela Herrera y Nayeli Fonseca, me ayudaron a consultar algunos materiales reservados y a transcribir actas y expedientes de la época. Y de manera enfática y particular, quiero expresar mi gratitud hacia cuatro grandes maestros cuya sabiduría me ha ayudado a entender mejor el siglo XIX: Erika Pani, Marta Eugenia García Ugarte, Brian Connaughton y Andrés Lira. La enorme huella de sus enseñanzas está presente en cada capítulo de esta obra.
Primera parte
Estado de la cuestiรณn
Tres momentos en la historiografía sobre el conflicto religioso de la Reforma1 Bautizada por Luis González como el “tiempo-eje de la historia mexicana”, la Reforma liberal de mediados del siglo XIX fue una auténtica revolución en todos los ámbitos de la vida política, social, económica y cultural de México. Políticamente, la Reforma permitió consolidar un Estado-nación cuya viabilidad había estado en riesgo durante más de tres décadas. La Constitución de 1857, en efecto, dio forma jurídica a un poderoso gobierno federal que finalmente lograría imponerse a las tendencias centrífugas de los estados y crear paulatinamente las condiciones institucionales para el desarrollo de un mercado nacional2. En los planos económico y social, la Reforma favoreció la privatización y concentración de la propiedad agraria, dando inicio a medio siglo de rupturas y transformaciones en el mundo de los pueblos3. Esta gran revolución liberal, por último, desató el surgimiento de una cultura verdaderamente nacional, distinta y sobrepuesta a las tradiciones regionales y corporativas que hasta entonces habían definido la identidad de los habitantes de la república. En palabras de David Brading, la Reforma creó no sólo un Estado soberano, sino una patria por la que valía la pena morir, una suerte de “religión cívica, provista de su propio panteón de santos, su calendario de fiestas y sus edificios cívicos adornados de estatuas”4. Es importante advertir, sin embargo, que el eje y detonante de esta revolución fue un asunto en apariencia más limitado, pero que de distintas maneras estaba vinculado a los principales problemas y desafíos que había enfrentado México desde su independencia: la indefinición de las reglas
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Una primera versión de este trabajo fue publicada en María Luna Argudín y María José Rhi Sausi, coords., Repensar el siglo XIX. Miradas historiográficas desde el siglo XX, México: Fondo de Cultura Económica/Secretaría de Cultura/UAM, 2015, pp. 35-65. Al respecto, véase, entre otros, Marcello Carmagnani, Estado y mercado: la economía pública del liberalismo mexicano, 1850-1911, México: El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 1994. Para una primera aproximación a la historiografía respectiva, véase Daniela Marino, “La desamortización de las tierras de los pueblos (centro de México, siglo XIX). Balance historiográfico y fuentes para su estudio”, América Latina en la Historia Económica, vol. 8, no. 16 (2001), pp. 33-43. David Brading, Mito y profecía en la historia de México, México: Fondo de Cultura Económica, 2004, pp. 128, 142-144.
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que debían normar la convivencia entre la Iglesia católica y el Estado, cuya estrecha colaboración se había asumido, hasta entonces, como indispensable para el progreso moral de la sociedad y el afianzamiento del orden público. La importancia de este viejo conflicto en la definición del proyecto reformista fue puesta en claro por el propio gobierno liberal durante la guerra civil, en su Manifiesto a la nación del 7 de julio de 1859. En este documento crucial, el presidente Benito Juárez y sus ministros advirtieron que el reto de su gobierno no era ya definir los principios de la “organización política del país”, pues estos habían sido consignados en los distintos “códigos políticos” que habían regido a México desde 1821. El verdadero reto de su gobierno era otro: hacer posibles dichos principios mediante la remoción de los “diversos elementos de despotismo, de hipocresía, de inmoralidad y de desorden” que habían impedido el arraigo y consolidación de un régimen liberal en México. ¿Y cuál era, en su opinión, la fuente de aquellos males? El clero católico, el cual había fomentado una “guerra sangrienta y fratricida… por sólo conservar los intereses y prerrogativas que heredó del sistema colonial, abusando escandalosamente de la influencia que le dan las riquezas que ha tenido en sus manos, y del ejercicio de su sagrado ministerio”5. Se entiende entonces que la Reforma liberal, pese a sus múltiples ramificaciones políticas, sociales, económicas y culturales, se identifique sobre todo con los debates y medidas vinculadas al conflicto Iglesia-Estado, es decir, con la separación (o “perfecta independencia”) entre el poder público y el religioso, la libertad de cultos, la rectoría estatal de los actos del estado civil, la desamortización y nacionalización de bienes eclesiásticos, la supresión de los privilegios jurisdiccionales del clero, la paulatina secularización del espacio público, y el asalto a las confraternidades y órdenes religiosas. Tomadas en conjunto, estas medidas definieron los rasgos característicos de nuestro régimen liberal y también dotaron de una nueva identidad a la Iglesia católica en México, expresada en su adhesión cada vez mayor a las directrices y preocupaciones de la Santa Sede, y en el desarrollo de múltiples iniciativas de “reconquista espiritual” de la sociedad mexicana. Hasta la fecha, la Reforma sigue funcionando —si se me permite abusar del concepto acuñado por Charles Hale— como un “mito unificador” de las distintas lealtades políticas, una suerte de referente básico en la interpretación del pasado y la proyección del futuro nacional.
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“Manifiesto del Gobierno Constitucional a la Nación” (1859), en Documentos básicos de la Reforma, 1854-1875, tomo II, México: Partido Revolucionario Institucional, 1982, pp. 266-268.
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Considerando su importancia y complejidad, resulta comprensible que el choque entre la Iglesia y el Estado durante las décadas intermedias del siglo XIX haya sido uno de los temas con mayor longevidad en nuestra historiografía, si bien con resultados no siempre satisfactorios. El trauma de lo que Octavio Paz definía como una “triple negación: la de la herencia española, la del pasado indígena y la del catolicismo”6, favoreció que en la abundante literatura sobre la Reforma hayan predominado —hasta tiempos muy recientes— los homenajes, los lamentos y las evocaciones retóricas, a expensas de la investigación documental y del análisis sereno de los contextos y factores que desencadenaron la guerra civil. En este sentido, las líneas que siguen no pretenden hacer un recuento exhaustivo de la formidable biblioteca de obras y ensayos dedicados a este tema, cosa que no sería particularmente útil, sino más bien exponer cuáles han sido las principales interpretaciones del conflicto Iglesia-Estado durante el período de la Reforma, cuáles son sus respectivas fortalezas y carencias, y cuáles son los retos que enfrenta la historiografía contemporánea a la luz de este balance. Aunque hemos avanzado mucho en nuestra comprensión de los orígenes y desarrollo de esta disputa frontal entre ambas potestades, es claro que todavía existen preguntas importantes en busca de historiador y, sobre todo, que persiste la necesidad de revisar las categorías que han estructurado las interpretaciones dominantes de este período, particularmente la creencia en un “inexorable” proceso de secularización en el siglo XIX.
La historiografía partidista Las historias sobre la Reforma que tuvieron una recepción más amplia y por lo tanto marcaron la historiografía del siglo XX fueron escritas al calor de pasiones partidistas que no murieron con el final de la guerra civil en 1867. El ejemplo paradigmático de esta historiografía es el tomo V de México a través de los siglos, elaborado por el distinguido académico liberal José María Vigil en la década de 1880. Concebido como el episodio final y decisivo de una monumental historia de la Nación mexicana, este volumen analiza los doce años de la revolución liberal (1855-1867) a la luz de un conflicto centenario entre la autoridad civil y la eclesiástica, que había comenzado en el momento mismo que México “se iniciaba en los miste-
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Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México: Fondo de Cultura Económica, 2009, p. 171.
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rios de la cultura cristiana”7. Siguiendo la misma línea argumentativa del Manifiesto introductorio a las Leyes de Reforma decretadas por el gobierno juarista en Veracruz (1859), Vigil consideraba que la guerra civil había enfrentado a dos bandos definidos “con toda claridad”: por un lado la Nación, encarnada en el partido liberal, y por el otro los “intereses hostiles […] vinculados en un cuerpo poderoso por los materiales de que disponía y por la influencia incontrastable que ejercía en las conciencias”, es decir, la Iglesia Católica8. Se trataba de una guerra sin cuartel entre el Partido del Progreso y las fuerzas de la Reacción, una gesta épica que primero los combatientes liberales y más tarde Vigil y Justo Sierra presentarían como la “segunda guerra de independencia”9. Pese a que el triunfo de la Revolución mexicana alentó una revisión profunda de las instituciones construidas por los gobiernos liberales de la segunda mitad del XIX, la interpretación liberal del conflicto religioso de la Reforma se mantuvo intacta en las nuevas historias auspiciadas por los gobiernos posrevolucionarios, lo cual resulta particularmente notorio en las obras publicadas durante e inmediatamente después de la guerra cristera (1926-1929). En 1927, por ejemplo, el Archivo General de la Nación prestó su sello a La Iglesia y el Estado en México, una feroz diatriba contra el clero católico escrita por el periodista e historiador zacatecano Alfonso Toro. Según este autor, el profundo “jacobinismo” de los gobiernos mexicanos —desde Juárez hasta Plutarco Elías Calles— había sido la única respuesta posible frente a las intrigas reaccionarias de una “corporación obstruccionista”, “enemiga y opositora de la democracia en cada faz de la vida nacional”. Si los gobiernos jacobinos encarnaban el Progreso y la Soberanía, el clero era un cuerpo “fanático y supersticioso”, “reclutado entre las últimas clases sociales” y educado en los dogmas de una “instrucción medieval”, que sólo se había dedicado a explotar lucrativamente la “superstición” popular y a procurar sistemáticamente el “establecimiento de gobiernos tiránicos y brutales, que tomaran por modelo las formas coloniales y monárquicas”10.
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José María Vigil, México a través de los siglos. Tomo quinto: La Reforma, México: Editorial Cumbre, 1956, p. III. Ibidem, p. LIII. Justo Sierra, Evolución política del pueblo mexicano, México: Editorial Porrúa, 1986, pp. 254-255. Alfonso Toro, La Iglesia y el Estado en México (Estudio sobre los conflictos entre el clero católico y los gobiernos mexicanos desde la Independencia hasta nuestros días), México: Talleres Gráficos de la Nación, 1927, pp. 362, 379. Véase también Emilio Portes Gil, La lucha entre el poder civil y el clero, México: s.p.i., 1934.