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humanidades

plural

Coordinador

José Luis Rojas Torrijos

plural

tirant

En los últimos años se ha producido un incremento notable en la oferta de estudios universitarios de grado y posgrado en Periodismo Deportivo, una especialización que sobresale por su gran poder de atracción y su repercusión social. La revalorización académica de la formación especializada en Periodismo Deportivo es fruto de una demanda social existente, pero también una consecuencia de una tendencia observada durante muchos años en las facultades y escuelas universitarias: muchos de los estudiantes que deciden iniciar una carrera de Periodismo lo hacen movidos por su gusto o afición a los deportes. Y de esta forma, los deportes se convierten en el primer contacto que muchos jóvenes tienen con el periodismo.

tirant

PERIODISMO DEPORTIVO DE MANUAL

humanidades plural

José Luis Rojas Torrijos

DE MANUAL

PERIODISMO DEPORTIVO

Coordinador

tirant

humanidades

Por ello, resulta necesario dotar a los estudiantes de Periodismo Deportivo de un manual útil, que dé claves para abordar la especialización; actual, que incorpore las innovaciones y nuevos formatos y narrativas digitales; y con perspectiva internacional, que recoja manifestaciones y experiencias informativas de diferentes culturas periodísticas. Con este fin, este libro estructura sus contenidos en catorce capítulos y para ello ha contado con la participación de 16 profesores e investigadores, procedentes de diez universidades de cuatro países, de Europa y América. En su mayor parte, los autores imparten alguna asignatura de Periodismo Deportivo o Comunicación Deportiva o bien participan en másteres donde existen materias relacionadas con este ámbito informativo.


PERIODISMO DEPORTIVO DE MANUAL


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


PERIODISMO DEPORTIVO DE MANUAL Coordinador

JOSÉ LUIS ROJAS TORRIJOS Autores

FÉLIX ARIAS ROBLES JOSÉ BARRERO MUÑOZ JAN BOEHMER STEFAN BRUNNER MIGUEL CARVAJAL ANDERSON GURGEL CAMPOS JOSÉ MARÍA HERRANZ DE LA CASA THOMAS HORKY ANA LÓPEZ CEPEDA JUAN LUIS MANFREDI SÁNCHEZ FERNANDO OLABE SÁNCHEZ LUIS MIGUEL PEDRERO ESTEBAN XAVIER RAMON JOSÉ LUIS ROJAS TORRIJOS CHELO SÁNCHEZ SERRANO JOAQUÍN SOTELO

tirant humanidades Valencia, 2017


Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© JOSÉ LUIS ROJAS TORRIJOS (Coordinador)

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-16786-58-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Índice Introducción................................................................................................................. 9 José Luis Rojas Torrijos Deporte: de mero entretenimiento al dopaje de Estado.......................................... 13 Joaquín Sotelo Universidad Complutense de Madrid

La prensa deportiva, una tipología periodística bajo presión................................ 31 Stefan Brunner Thomas Horky Hochschule Macromedia - Alemania

Traducción: José Luis Rojas Torrijos

Nuevos proyectos periodísticos. Emprendimiento periodístico en deporte........ 59 Juan Luis Manfredi Sánchez Ana López Cepeda Universidad de Castilla-La Mancha

Innovación en periodismo deportivo: claves para entenderla, analizarla y fomentarla en el nuevo paradigma industrial.............................................................. 83 Miguel Carvajal Universidad Miguel Hernández

Los géneros: del papel a la web................................................................................... 111 José María Herranz de la Casa Universidad de Castilla-La Mancha

La programación deportiva en televisión.................................................................. 135 Luis Miguel Pedrero Esteban Universidad Pontificia de Salamanca

Tendencias y formatos en la radio actual.................................................................. 157 Chelo Sánchez Serrano Universidad Pontificia de Salamanca

El poder de las imágenes en el periodismo deportivo. Conceptos para entender el papel de la fotografía y del audiovisual en la producción periodística dirigida al deporte....................................................................................................................... 181 Anderson Gurgel Campos Universidade Presbiteriana Mackenzie Centro Universitario Belas Artes, Sao Paulo, Brasil

Traducción: Jorge Cáceres


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Índice

Nuevas narrativas digitales en el periodismo deportivo......................................... 203 Félix Arias Robles Universidad Miguel Hernández

Ética y periodismo deportivo: disfunciones deontológicas y recomendaciones para una cobertura responsable................................................................................. 233 Xavier Ramon Universitat Pompeu Fabra

El lenguaje de los periodistas deportivos: de la jerga a la especialización............ 255 José Luis Rojas Torrijos Universidad de Sevilla

El deporte femenino y los medios de comunicación............................................... 277 José Barrero Muñoz Universidad Europea de Madrid

El uso de las redes sociales en el deporte.................................................................. 297 Jan Boehmer Pennsylvania State University - Estados Unidos

Traducción: José Luis Rojas Torrijos

Hacia un nuevo modelo de gestión comunicativa en las organizaciones deportivas: del newsmaking al gatekeeper............................................................................ 321 Fernando Olabe Sánchez Universidad Miguel Hernández


Introducción JOSÉ LUIS ROJAS TORRIJOS

El periodismo deportivo se ha constituido en las últimas décadas como un producto informativo de éxito social. Los contenidos sobre deportes suelen ser los más consumidos y demandados en prácticamente todo el mundo, mueven pasiones y llegan a todos los tipos de público y, además, se han erigido como pilares de una industria que genera un gran volumen de negocio alrededor de las competiciones y las grandes estrellas mediáticas. Pese a su gran relevancia como ámbito informativo, el periodismo deportivo apenas ha sido valorado como una disciplina con peso dentro de la profesión, donde incluso ha llegado a ser tildado, no sin cierto prejuicio y de manera estereotipada, como la “sección de juguete” o el “departamento de chocolate”, como si solo tratase asuntos frívolos y triviales. Tampoco ha tenido una consideración académica relevante, pese a que en los últimos tiempos ha aumentado de forma notoria el número de estudios y acercamientos científicos a esta área informativa como una especialización que reúne una serie de características que la hacen especialmente singular e interesante teniendo en cuenta su gran poder de atracción y, por tanto, su repercusión en la sociedad. Al mismo tiempo que se han ido popularizado los contenidos de deportes, tanto informativos como de entretenimiento, en los medios de comunicación, se ha producido un notable incremento en la oferta de estudios universitarios sobre periodismo deportivo, que ya no solo se constriñe —cuando existe— a una asignatura cuatrimestral de carácter opcional en el Grado de Periodismo o Comunicación, sino que además se hace extensivo a posgrados especializados y a materias o módulos dentro de másteres más generalistas. En cierto modo, esta revalorización académica de la formación especializada en Periodismo y Comunicación Deportiva no es más que una


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respuesta que se da a una demanda social existente, pero también una consecuencia de una tendencia observada durante muchos años en las facultades y escuelas universitarias: muchos de los estudiantes que deciden iniciar una carrera de Periodismo lo hacen movidos por su gusto o afición a los deportes. Y de esta forma, los deportes se convierten en el primer contacto que muchos jóvenes tienen con el periodismo. Por todo ello, resulta necesario dotar a los estudiantes de Periodismo de una obra sobre Periodismo Deportivo que sea actualizada, global y especializada al mismo tiempo transversal, como la que aquí se presenta. Es una necesidad que sea actualizada respecto a otros manuales ya publicados (por ejemplo, el de cabecera en muchas facultades en España sigue siendo Periodismo deportivo, de Antonio Alcoba, que data del año 2005), por los cambios radicales producidos a raíz de la disrupción digital en el conjunto de la industria de los medios y en las rutinas profesionales en una redacción, con gran incidencia en las maneras de contar historias y de presentar las informaciones a una audiencia que ha cambiado sus hábitos de consumir las noticias y que ha adquirido un papel mucho más activo y decisivo en la conversación social y en la distribución de los contenidos a través de las nuevas plataformas. Es preciso, además, que el nuevo manual ofrezca una visión global, que aúne aportaciones procedentes de distintas culturas periodísticas, que analice, desde diferentes puntos de vista, manifestaciones y experiencias mediáticas de varios países, y que, por tanto, no se limite al estudio de lo que ocurre solo en un territorio; todo ello, con el fin de extraer comparaciones y conocer posibles interrelaciones e influencias entre sistemas mediáticos. En tercer lugar, ha de ser una obra especializada pero también transversal. Si bien ha de profundizarse en el periodismo deportivo como un área temática compleja que aglutina una diversidad de modalidades y disciplinas, y un campo singular caracterizado por determinados géneros y formatos y por contar con un lenguaje propio; el estudio del periodismo deportivo ha de ser transversal a partir del conocimiento de las técnicas y rutinas de investigación, recolección, verificación y redacción que son consustanciales a cualquier tipología periodística.


Introducción

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Estructura de la obra Con el objetivo de dotar a los estudiantes de un manual útil, actual y con perspectiva internacional, la presente obra estructura sus contenidos en catorce capítulos y para ello ha contado con la participación de 16 profesores e investigadores, procedentes de diez universidades de cuatro países, de Europa y América. En su mayor parte, los autores imparten alguna asignatura de Periodismo Deportivo o Comunicación Deportiva o bien participan en másteres y posgrados donde existen materias relacionadas con esta especialización informativa. Partiendo del análisis de qué se entiende por deporte, el concepto que delimita la especialización desde un punto de vista temático, se ofrece un marco que sirve para explicar los cambios producidos en la prensa deportiva en papel en el mundo; la nueva estructura informativa forjada a raíz de la eclosión en los últimos años de emprendimientos periodísticos en este campo; los rasgos y las manifestaciones que han propiciado que el periodismo deportivo se haya situado a la vanguardia de la innovación; la reorientación de los géneros periodísticos tradicionales en su paso del papel a la web; la evolución de la programación deportiva en televisión; las nuevas tendencias y los nuevos formatos en la radio actual; claves y conceptos para entender el papel de la fotografía y del audiovisual en la producción periodística dirigida al deporte; y las nuevas narrativas y herramientas digitales que todo periodista deportivo debe conocer hoy. A continuación, el libro recoge otro bloque de capítulos dedicados a la responsabilidad social del periodista deportivo, entendida esta tanto desde el punto de vista de la aplicación y asunción en el ejercicio profesional de los principios éticos fundamentales como desde la óptica del dominio y correcto manejo del idioma. También se incluye una visión de la especialización periodística deportiva desde una perspectiva de género a partir del tratamiento informativo que hacen los medios de comunicación del deporte practicado por mujeres. Para concluir, el manual recoge dos capítulos que se detienen en las nuevas relaciones entre los medios de comunicación, las fuentes y los aficionados en el nuevo ecosistema informativo: por un lado, la impor-


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tancia de las redes sociales en la visibilización de la marca periodística personal y en las nuevas maneras de conectar con la audiencia y distribuir los contenidos; y por otra parte, el nuevo modelo de gestión comunicativa de las organizaciones deportivas (clubes, federaciones, etc.) en su relación con los periodistas ante el rol cada vez activo que han adquirido los propios deportistas como gestores de su propia imagen y como emisores de contenidos informativos.


Deporte: de mero entretenimiento al dopaje de Estado JOAQUÍN SOTELO

Universidad Complutense de Madrid “No, no es el músculo lo que hace el deporte: esto es lo que nos dice el Tour de Francia. El músculo, por valioso que sea, no es más que una materia prima; no es el músculo el que se alza con la victoria. La que se alza con la victoria es una cierta idea del hombre y del mundo, del hombre en el mundo. Esta idea es que el hombre se define plenamente por su acción, y la acción del hombre no consiste en dominar a los demás hombres, sino en dominar las cosas”. (Le sport et les hommes, Roland Barthes)

1. Un poco de etimología El relato cronológico de la evolución de la palabra “deporte”, tanto desde el plano de la expresión como desde el plano del contenido, varía en función de distintas interpretaciones. En su gran obra El campo semántico ‘Deporte’ (1979), Maximiano Trapero nos sumerge minuciosamente en la historia en busca de las raíces etimológicas de esta palabra que tanto pronunciamos hoy. Apunta Trapero que la palabra “deporte”, como sustitutivo del vocablo inglés “sport”, se documenta por primera vez en una crónica de una revista artística en 1894, varios años antes de que la condesa de Pardo Bazán la rescatara también del olvido en el que había quedado sumida desde el siglo XVI y la resucitara al incluirla en su novela La sirena negra (1908). No obstante, la palabra “deporte”, como sustitutiva de “sport”, no empezó a ser usual en los textos españoles hasta bien entrado el siglo XX, porque, aunque documentada ya en 1894, seguía siendo “sport” la palabra preferida en España para referirse a “actividad al aire libre con objeto de hacer ejercicio”. Hasta tal punto prevalecía “sport” sobre “deporte”, que Vicente Huidobro llegó a denunciar en un texto de 1908 esa preferencia por el anglicismo “sport” en


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detrimento del propio término español “deporte”, que la Real Academia Española no incluyó en su Diccionario con el mismo sentido que “sport” hasta 1925 (XV edición del Diccionario), cuando ya “deporte” se había impuesto en nuestra habla casi definitivamente a “sport”. Pero tras la palabra “deporte” hay una larga historia que comienza a finales del siglo XII en torno al verbo latino “deportare”. Suele señalarse que la forma antigua del actual vocablo “deporte” es la palabra “depuerto”, un derivado del verbo “deportare” (“deportar”), que vivió durante todo el siglo XIII con la significación genérica de “diversión, entretenimiento, recreo, solaz”. “Depuerto” desaparece a finales del siglo XIII, y un siglo y medio después, aparece su sustituto “deporte”, que es un provenzalismo documentado en textos españoles a partir de 1440 y que también acabó cayendo en completo desuso a partir del siglo XVI para ser recuperado nuevamente a finales del siglo XIX, si bien no ya con el significado con el que había sustituido a “depuerto” (“diversión, entretenimiento, recreo, solaz”), sino como calco del anglicismo “sport” en el sentido de “actividad al aire libre con objeto de hacer ejercicio”. En resumen: 1) “sport”, documentada por primera vez en un texto español en 1873, se usó en España con tal sentido antes que “deporte”; 2) ambas palabras —“sport” y “deporte”— coexistieron en el habla durante un cierto tiempo y 3) cuando “deporte” acabó imponiéndose (a partir de 1920), “sport” pasó a emplearse en nuestra lengua con un sentido distinto (como complemento adjetival, y no ya como sustantivo, para expresar no lo deportivo, sino lo que parece deportivo sin serlo: un chaqueta de sport, un pantalón de sport, vestir de sport... es decir, para vestir deportivo, pero sin la finalidad expresa de hacer deporte). El Diccionario de la Real Academia Española no incorporó hasta su edición de 1970 el valor moderno de la palabra “deporte”, cuando, en su segunda acepción, a “recreación, pasatiempo, placer, diversión” se añadió “o ejercicio físico por lo común al aire libre”. La propia forma “deportar” o, con más frecuencia, su forma transitiva “deportarse”, derivada del latino “deportare”, de la que provienen tanto la mencionada “depuerto” como la posterior “deporte”, y cuyo uso ha quedado documentado en algunos de los primeros textos literarios españoles, cayó igualmente pronto en desuso, a finales del siglo XIII, con


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la significación de “recrearse, divertirse, entretenerse”, que es el sentido con el que aparece en el Mio Cid; en cambio, ha pervivido hasta hoy con la significación de “trasladar, desterrar a alguien a un lugar”, lo que invita a pensar que “deportar” pudo ser hace siglos una palabra polisémica que ahora es unisémica. En cualquier caso, ambas significaciones, la del latín clásico —“trasladar”— y la del latín vulgar tardío —“divertirse”—, han quedado documentadas en textos de lenguas romances derivadas ambas de la misma raíz latina —“deportare”—. Nuestra palabra “deporte”, dejando aparte su equivalencia con el inglés “sport”, conserva aún también los significados provenientes de los siglos XV y XVI, en los que “deporte” significaba “conversar” o “tocar un instrumento” o simplemente “recrearse”, sin referencia a ningún tipo de actividad física. Mientras el inglés “sport” designa siempre una actividad recreativa con ejercicio físico de acuerdo a ciertas reglas o normas tradicionales, nuestro vocablo “deporte” actual conserva ciertos usos históricos —poco frecuentes— con los que no siempre se alude a actividades especialmente físicas, sino que, como en los siglos XV y XVI, expresa también estado, con un contenido pasivo de “placer, alegría, satisfacción”. En definitiva, nuestra palabra “deporte” actual es un anglicismo semántico desde el plano de su contenido principal hoy, pero es un castellanismo léxico antiguo desde el plano de la expresión. Y ello es lo que explica que en el habla actual usemos “deporte”, a veces, para denominar no solo a las actividades recreativas que requieren esfuerzo físico corporal, sino también para las que no lo exigen, como un lento y apacible paseo por el campo o como sentarse en una roca caña en mano a esperar a que pique algún pez. Para Ortega y Gasset, la palabra “deporte” proviene de la lengua gremial de los marineros de la Edad Media y alude al desembarco de estos cuando atracaban en un puerto, lo que les permitía disfrutar de una libertad (“estar de portu”) que no tenían navegando. En el puerto comenzaba una vida de libertad y liberación, de diversión, de solaz y ocio. Y esta es la idea que la lengua inglesa tomará de la lengua provenzal para acuñar su término “sport”.


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2. Deporte y juego El deporte, según las evidencias antropológicas que sobre él existen, nace en relación con el juego y la danza, aunque en sí mismo figure desde su nacimiento como un sustituto del conflicto y la competición. A pesar de todas las regulaciones, de su enorme industrialización, de todos los campeonatos y de todos los profesionalismos, el deporte jamás ha abandonado su lícita e inveterada componente lúdica. El deporte es, en realidad, una especie del juego. La propia expresión “Juegos Olímpicos” nos pone sobre la pista. Desde el punto de vista lingüístico, en nuestra lengua, el elemento con el que la palabra “deporte” contrae la relación más estrecha es, sin duda, con “juego”, hasta el punto que, en muchos contextos, “deporte” y “juego” funcionan como verdaderos sinónimos. Y ya desde un punto de vista técnico, extralingüístico, ambos conceptos —deporte y juego— ofrecen también una estrechísima proximidad. En términos técnicos, hay autores que diferencian entre deporte y juego basándose en que el segundo no requiere del ejercicio físico, o que es una simple iniciación del deporte (predeporte) o que el juego es una actividad más propia del niño, mientras que el deporte lo es del adulto, o que es el grado de intervención del factor suerte o del azar en los resultados lo que establece la diferencia entre uno y otro. También suele referirse que el deporte tiene una finalidad competitiva y tiene una reglamentación muy específica y poco o nada flexible, mientras que el juego se lleva a cabo únicamente por diversión y carece del grado de reglamentación que tiene el deporte. Pero todas estas pretendidas diferencias no se manifiestan tan claramente en la realidad, y menos aún en la lengua, donde, por ejemplo, el fútbol, el baloncesto, el balonvolea, el hockey, el tenis, el golf, el billar y los bolos, por citar solo algunos, son denominados indistintamente deportes o juegos. Para José María Cagigal, el deporte lo constituye esencialmente el juego competitivo, pero, en cualquier caso, no deja de considerarse al deporte una especie dentro del juego. En su magistral Homo ludens (1938), Johan Huizinga nos dice básicamente que todo en la vida del hombre es un puro jugar. El autor holandés expone la tesis de que la verdadera cultura nace en forma de


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juego. Cuando el hombre juega es cuando únicamente crea verdadera cultura. El arte, la poesía, la filosofía, el derecho e, incluso, la guerra nacen en forma de juego y, posteriormente, se institucionalizan. Para Huizinga, el deporte en el siglo XX va perdiendo su carácter lúdico y, por consiguiente, su capacidad creadora de cultura. Sobre la idea de lo lúdico de la existencia humana vuelve José Antonio Jáuregui en su La vida es juego (2003), donde nuestro querido profesor navarro nos ofrece curiosos ejemplos de esa ósmosis o confusión entre deporte y juego, como cuando alude a que, ya desde antes de nacer, cuando somos simplemente un espermatozoide corriendo junto a —y contra— otros miles por ser el primero en fecundar el óvulo, nos vemos inmersos en una especie de auténtica carrera competitiva —la primera de muchas que habrá a lo largo de la vida— que el genial Jáuregui denomina “Gran Tour Vaginal”. Y ya una vez expulsados al mundo —como diría JeanPaul Sartre—, toda nuestra existencia se desarrollará en clave de juego. Que el deporte en sí quizás haya ido perdiendo dosis de contenido lúdico con el correr de los tiempos no anula necesariamente sus cualidades lúdicas, si no que, al contrario, en torno a él y a su práctica se divierten ahora (también) otros sujetos que intervienen en el mismo acto, que es lo que ocurre en los espectáculos deportivos, en donde quien más se solaza intencionalmente es el espectador. Dice Vázquez Medel (Marín Montín, 2005: 11) que el deporte, como fenómeno de masas, pertenece hoy más al ámbito de la contemplación que al de la acción, y entonces el profesor onubense retoma el asunto del entronque de la palabra “deporte” con “deportar” para justificar esa idea de traslado a un espacio y un tiempo distintos a los de nuestro cotidiano emplazamiento. Hablando de “deporte”, José Luis Rojas Torrijos (Sobrados, 2013) apunta que ni siquiera existen criterios uniformes para delimitarlo conceptualmente. No es un terreno —dice el profesor y periodista— en el que los diccionarios y enciclopedias se pongan de acuerdo, por lo que, como señalábamos anteriormente, encontramos en ellos que determinadas prácticas son consideradas deporte, juego o, incluso, arte sin criterios reconocibles para denominarlas de una forma u otra. Y cita el ejemplo de la edición de 2001 del Diccionario de la Real Academia Española, donde el fútbol es definido como juego mientras que el fútbol


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americano es definido como deporte, o donde se habla de juego para referirse a disciplinas como el tenis o el golf y de deporte para hacerlo de modalidades como el alpinismo o el aeromodelismo. Incluso recurre a la categoría de arte para definir la esgrima o la equitación. Cuando nos aproximamos a los distintos —y numerosos— intentos de definición de “deporte”, encontramos que, según el que adoptemos, pueden quedar fuera —o dentro— de la categoría “deporte” actividades como el ajedrez, el boxeo o la tauromaquia1, por razón de que prime lo intelectual sobre lo físico, de que haya presencia de violencia o daño para un ser vivo. Para Rojas Torrijos, la definición de “deporte” más reconocida y aceptada es la recogida en la Carta Europea del Deporte (1992), del Consejo de Europa: “Se entenderá por “deporte” todo tipo de actividades físicas que, mediante una participación, organizada o de otro tipo, tengan por finalidad la expresión o la mejora de la condición física y síquica, el desarrollo de las relaciones sociales o el logro de resultados en competiciones de todos los niveles”.

3. La sistematización de actividades puramente humanas Muchos de los deportes que hoy practicamos o cuya práctica contemplamos no son más que readaptaciones o sistematizaciones, a través de reglamentaciones y otros protocolos, de actividades humanas primarias preexistentes; es decir, básicamente, cuando hablamos hoy de deporte, lo hacemos en gran medida, quizás inadvertidamente, de la simple y llana ejecución de instintos humanos, si bien reconceptualizados, por ejemplo, bajo la idea de hacer gimnasia o running para mantenernos en forma, o bajo reglas o protocolos creados artificialmente para conformar un nuevo sistema —por ejemplo, las competiciones deportivas—, pero, en esencia, todo ello se sustenta sobre la propia naturaleza y pul-

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A propósito de la tauromaquia, Roland Barthes (2008: 17) entra en un interesante terreno cuando dice que no se trata exactamente de un deporte y, sin embargo, “tal vez sea el modelo y el límite de todos los deportes: elegancia de la ceremonia, reglas estrictas del combate, fuerza del adversario, ciencia y coraje del hombre, todo nuestro deporte moderno está en este espectáculo”.


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siones humanas, infinitamente anteriores a las primeras competiciones de las que tenemos noticia, allá por el año 1453 a. C., con motivo de la institución de los famosos Juegos Panatenaicos, precursores de los verdaderos y legendarios Juegos Olímpicos, organizados casi siete siglos después, en el 776 a. C., en Grecia, en honor del dios Zeus. Una de las notas más dominantes del siglo XIX fue la efervescencia de los conocimientos. Parecía como si, gracias a la ciencia, el hombre empezara realmente a conocer y a darse cuenta de las posibilidades de autorredención que tenía a su alcance. En ese vértigo de nuevas sabidurías, los higienistas lanzaron la semilla del deporte tal y como hoy lo entendemos. El deporte moderno tuvo su epicentro en la Inglaterra de finales del siglo XIX en el marco de tres fenómenos convergentes propiciatorios: una potente industrialización, una ideología competitiva y una incipiente sociedad de masas. Pero todo este germen salió de la propia naturaleza de la especie humana. El atletismo, deporte fundamental por excelencia, no es otra cosa que una serie de ejercicios que, por su naturaleza, corresponden a las actividades físicas instintivas de la especie humana, porque la carrera, los saltos y el lanzamiento de objetos nacieron con el hombre mismo, que ejecutó estos gestos desde el principio de su existencia de un modo natural, espontáneo, irreprimible y necesario para su propia subsistencia o para su progreso como individuo y especie. En los tiempos más remotos, el hombre corría impulsivamente porque necesitaba huir o perseguir a los animales para acosarlos a pedradas o con lanzas, bien para cazarlos y procurarse alimento y abrigo, bien para escapar de sus garras; y para ello iba salvando, a saltos, cuantos obstáculos entorpecían su paso. Saber correr, saltar y arrojar objetos fue un hecho cultural condicionado por una necesidad. La base histórica de la cultura física es la supervivencia. Cierto que llegó un día en que el ser humano no solo corrió, saltó y lanzó objetos movido por sus instintos o con el exclusivo objeto de atender a sus necesidades más elementales, sino que lo hizo también atendiendo a un innato espíritu de emulación que nace de nuestra propia estimación y que se manifiesta en los diversos aspectos de nuestra existencia. La aparición del deporte es otra cuestión, también cultural, pero ligada al fenómeno del ocio. Como apunta Manuel Vázquez Montalbán (Curiá,


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1972: 3), “el Deporte es una aplicación voluntaria del ejercicio físico a fines no necesariamente de supervivencia”. La natación, deporte adorado hoy como práctica y como espectáculo, es otra de las formas naturales del movimiento humano. En realidad, todos deberíamos saber nadar perfectamente. Los hombres de la Prehistoria consideraban la natación como un arma poderosa para la vida, como un movimiento esencialmente saludable, y su conocimiento entre ellos llegó a hacerse obligatorio. Los grandes pueblos de la Antigüedad, salvo los persas, que por razones de índole religiosa proscribieron de sus costumbres el ejercicio de la natación, practicaban esta intensamente. En Atenas, era obligatorio que los padres enseñasen a sus hijos a nadar. En Roma, la natación formaba parte integrante de la educación de la juventud. Entre los fenicios, los cartagineses y, más tarde, los francos, los germanos y los antiguos iberos, casi todo el mundo sabía nadar. Y qué decir de la importancia de la natación para pescadores y marineros de cualquier época. En el orden de la sistematización de esta actividad humana primaria para convertirla en deporte de competición, en la antigua Roma se disputaban ya unas carreras de natación, y todos los años se celebraba en el mes de mayo una gran fiesta natatoria en Ostia, puerto natural de Roma, situado a 19 kilómetros de dicha capital, en la desembocadura del Tíber. Posteriormente, con el resurgimiento en Inglaterra de los ejercicios físicos que habían de dar origen al intenso movimiento deportivo de nuestra época, la natación volvió a adquirir gran importancia, hasta el punto que figuró en el programa de la restauración de las Olimpíadas (Grecia, 1896). Respecto a los actuales deportes de remo, ya desde tiempos inmemoriales, las barcas pesqueras, las embarcaciones mercantes e incluso las flotas de guerra eran impulsadas por la acción de los remeros. Las competiciones —regatas— en este ámbito datan de siglos. Ya Virgilio (71-19 a. C.), en su Naumachia (Carrera de naves), perteneciente al Libro XXIII de la Ilíada, nos habla ya de esta actividad como deporte, si bien verdaderamente como tal, ya con embarcaciones de peso, longitud y estructura determinados y con un número fijo de remos, solo se practica desde principios del siglo XIX. El año 1829 es una fecha memorable en los anales del remo, porque fue entonces cuando se celebró por vez

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