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MENORES: VICTIMIZACIÓN, DELINCUENCIA Y SEGURIDAD (Programas formativos de prevención de riesgos) (Coordinador)

ENRIQUE ORTS BERENGUER Autores:

FRANCISCO ANTÓN BARBERÁ RAQUEL CAMPOS CRISTÓBAL VICENTA CERVELLÁ DONDERIS FRANCISCO JAVIER DOMÍNGUEZ ALONSO DANIEL FERRANDIS CIPRIÁN MARÍA SOLEDAD LILA MURILLO FRANCISCO MONTES SUAY ENRIQUE ORTS BERENGUER MARGARITA ROIG TORRES CLARA VIANA BALLESTER

tirant lo b anch Valencia, 2006


Copyright ® 2006 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© ENRIQUE ORTS BERENGUER y otros

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: I.S.B.N.: 84 - 8456 - 630 - 7


Francisco Antón Barberá Profesor asociado de la Universitat de València. Departamento de Derecho Penal. Inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía.

Raquel Campos Cristóbal Doctora en Derecho, profesora tutora de la UNED, colaboradora en tareas de investigación con el Departamento de Derecho Penal. Universitat de València

Vicenta Cervelló Donderis Profesora Titular de la Universitat de València. Departamento de Derecho Penal.

Francisco Javier Domínguez Alonso Profesor Titular de Escuela Universitaria de la Universidad de Alicante. Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales

Daniel Ferrandis Ciprián Becario de investigación. Dirección General de Tráfico. Colaborador del Departamento de Derecho Penal. Universitat de València

María Soledad Lila Murillo Profesora Titular de la Universitat de València. Departamento de Psicología Social

Francisco Montes Suay Catedrático de la Universitat de València. Departamento de Estadística e Investigación operativa

Enrique Orts Berenguer Catedrático de la Universitat de València. Departamento de Derecho Penal

Margarita Roig Torres Profesora Titular de la Universitat de València. Departamento de Derecho Penal.

Clara Viana Ballester Colaboradora del Departamento de Derecho penal. Universitat de València


ÍNDICE PRÓLOGO .............................................................................................

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AGRADECIMIENTOS .........................................................................

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INTRODUCCIÓN .................................................................................

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PRIMERA PARTE EN BUSCA DE DATOS: LA ENCUESTA 1. DESCRIPCIÓN DE LOS INSTRUMENTOS ................................ 1.1. El adolescente como víctima ................................................... 1.2. El adolescente como agresor ................................................... 1.3. Variables psicológicas ............................................................. 2. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA: LOS SUJETOS DE LA INVESTIGACIÓN ............................................................................... 2.1. Población estudiada ................................................................ 2.2. Diseño y selección de la muestra: muestra teórica ............... 2.3. Descripción de la muestra real ............................................... 3. SELECCIÓN DE CENTROS ..........................................................

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SEGUNDA PARTE LOS ADOLESCENTES COMO VÍCTIMAS Y COMO INFRACTORES 1. VARIABLES ESTRUCTURALES .................................................. 2. LOS ADOLESCENTES COMO VÍCTIMAS .................................. 2.1. El adolescente como víctima de accidentes en el hogar ........ A) Consideraciones generales ................................................ B) Influencia de la presencia de los padres en el hogar ....... C) Conclusiones ...................................................................... D) Propuestas ......................................................................... 2.2. El adolescente como víctima de hechos ilícitos ...................... A) Consideraciones generales ................................................ a) Victimización por sexos ............................................... b) Victimización por cursos .............................................. c) Victimización por tipo de centro ................................. d) Victimización por capitales de provincia .................... B) Propuestas .........................................................................

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ÍNDICE

3. EL ADOLESCENTE COMO AGRESOR, INFRACTOR O AUTOR DE INFRACCIONES PENALES, COMPORTAMIENTOS INCÍVICOS O INDISCIPLINADOS .............................................. 3.1. Conductas delictivas y/o antisociales ..................................... A) Infracciones penales y administrativas ........................... B) Comportamientos incívicos o indisciplinados .................. 3.2. Conductas cometidas según sexo ........................................... 3.3. Conductas cometidas según la edad ...................................... 3.4. Conductas cometidas por tipo de centro educativo ............... 3.5. Conductas cometidas por capital de provincia ...................... 3.6. Características del menor infractor ....................................... 3.7. Consecuencias penales: Las medidas de la Ley Orgánica de Responsabilidad penal de los menores .................................. 3.8. Propuestas para prevenir la delincuencia juvenil ................. 3.9. Conclusiones ............................................................................ 4. VARIABLES PSICOLÓGICAS ...................................................... 4.1. Satisfacción del adolescente con las relaciones familiares ... 4.2. Sentimiento de seguridad ....................................................... A) Seguridad en la calle ......................................................... B) Seguridad en el colegio ...................................................... C) Seguridad en casa ............................................................. 4.3. Actitudes hacia la autoridad ..................................................

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TERCERA PARTE SUGERENCIAS PARA MENORES, PADRES, TUTORES, GUARDADORES Y ENSEÑANTES 1. RECOMENDACIONES PARA LA EVITACIÓN DE ACCIDENTES .................................................................................................. 1.1. Dirigidas a los menores para evitarles accidentes ................ 1.2. Dirigidas a los menores cuando han sufrido un accidente ... 1.3. Dirigidas a padres, tutores y guardadores ............................ 1.4. Dirigidas a enseñantes ........................................................... 2. PROPUESTAS PARA REDUCIR LAS POSIBILIDADES DE QUE LOS MENORES SEAN VÍCTIMAS DE UN DELITO .................. 2.1. Recomendaciones para los menores ....................................... A) Cómo prevenir robos y cómo reaccionar ante ellos .......... B) Frente a una agresión física ............................................. C) En relación con insultos, amenazas o chantajes .............. D) Como posibles víctimas de acoso o abuso sexual ............. E) Ante una posible intimidación .......................................... 2.2. Sugerencias para padres, tutores y guardadores .................. 2.3. Sugerencias para enseñantes .................................................

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ÍNDICE

3. ALGUNOS CONSEJOS EN RELACIÓN CON EL USO POR LOS MENORES DE ORDENADORES, INTERNET Y TELÉFONOS MÓVILES ........................................................................................ 3.1. Para los menores ..................................................................... 3.2. Para padres, tutores y guardadores, en relación con el uso del ordenador y de Internet .......................................................... 3.3. En relación con el uso del móvil ............................................. 4. PROPUESTAS PARA PREVENIR LA DELINCUENCIA JUVENIL ................................................................................................... 4.1. Sugerencias para los menores ................................................ 4.2. Observaciones para padres, tutores y guardadores .............. 4.3. Sugerencias para enseñantes .................................................

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A MODO DE EPÍLOGO .......................................................................

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BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................

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ANEXO: La encuesta y los resultados .................................................

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PRÓLOGO Me pide mi buen amigo y compañero Enrique Orts Berenguer unas breves líneas de presentación de la investigación criminológica interdisciplinaria, que el mismo ha coordinado sobre la fascinante problemática del menor, en la que el equipo investigador examina la doble condición antagónica del adolescente: como víctima (bien de accidentes domésticos, bien de sucesos delictivos), y como infractor; aportando en el ámbito de la prevención y control, interesantes propuestas dirigidas a los poderes públicos, a padres, tutores, guardadores y enseñantes del menor —y al propio adolescente— para conjurar con eficacia los riesgos empíricamente constatados de siniestralidad, victimización y trasgresión del ordenamiento jurídico. Agradezco sinceramente a Enrique Orts la deferencia que ha tenido al encomendarme este prólogo; y lo escribo con verdadera satisfacción, porque es de justicia subrayar algunos de los aspectos más originales y meritorios de la investigación que presento al lector. Brevemente. La elección y el acotamiento del objeto de la investigación — para empezar— constituye un acierto innegable. Lo afirmo y enfatizo porque la Criminología (¡y a menudo se olvida!) no es una disciplina meramente teorética y académica (una ciencia “de” profesores y “para” profesores), sino un saber práctico y practicable, con inequívoca vocación social. Un saber o experiencia que no se agota en la acumulación de datos y conocimientos —ni en la verificación de hipótesis y teorías sobre el fenómeno delictivo—, sino que persigue la elaboración de un núcleo sólido y sistemático de información empírica e interdisciplinaria sobre el problema del delito (doloroso problema éste, social y comunitario, no mera manifestación de patología y disfuncionalidad social, como algunos pretenden), que permite comprenderlo con rigor e intervenir positivamente en el mismo. Punto de partida, por cierto, éste que sin duda han


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ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA

asumido los autores de la presente investigación, al escoger y delimitar una temática de palpitante interés social y actualidad, analizando, primero, la ambivalente posición criminológica del menor (tanto desde un punto de vista fenomenológico como etiológico), bien como víctima bien como infractor; y formulando, después, propuestas prácticas y útiles para la evitación de los riesgos de siniestralidad y victimización del adolescente y de la conducta trasgresora de éste. Todo ello, además, con un lenguaje claro, directo y didáctico, que llega fácilmente a los destinatarios de la información obtenida. Por otra parte, el método y diseño de la investigación que presento —de sus instrumentos, variables, muestras, etc.— constituye, sin duda, uno de los méritos más destacados de aquélla. En efecto, a mi juicio, los autores examinan la realidad sirviéndose de instrumentos empíricos fiables, de encuestas inteligentemente elaboradas; y de los resultados que éstas arrojan, infieren con rigor una información muy valiosa para explicar dicha realidad, para comprenderla e intervenir científicamente en la misma. Proceder, desde luego, impecable porque la Criminología —a diferencia de las disciplinas jurídicas y normativas— sustituye el método abstracto, formal y deductivo de éstas, propio del mundo del Derecho (de las “togas negras”) por el método empírico e interdisciplinario de las ciencias del “ser”, de las ciencias “fácticas” (de las “batas blancas”). O como quería Ferri: el criminólogo —el científico— sustituye la intuición por la observación, el deber ser por el ser, las opiniones por los hechos. Subrayo, pues, y reitero en este particular el acierto del equipo investigador porque, en definitiva, el cientifismo de cualquier propuesta depende fundamentalmente de su rigor metodológico. O, dicho de otro modo: lo que en verdad permite distinguir un ensayo literario erudito, una brillante novela de ciencia ficción o una ingeniosa teoría intuitiva sobre el delito de una genuina aportación científica sobre el fenómeno criminal, es el método seguido, su rigor empírico. Me llama también la atención —y muy positivamente, desde luego— la equilibrada interdisciplinariedad —que no pluridisciplinariedad— del equipo investigador y de su trabajo.


PRÓLOGO

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Configurarse y coordinarse un equipo bien compenetrado de muy diversos especialistas, e integrar armónicamente en un núcleo unitario, sistemático y totalizador de conocimientos y saberes sectoriales heterogéneos procedentes del Derecho Penal, la Estadística Criminal, la Psicología Social, la Sociología, la Policía Científica, etc., no es tarea precisamente fácil, dadas las conocidas tendencias centrífugas y pretensiones excluyentes de las disciplinas que integran la compleja y enciclopédica estructura de la ciencia criminológica (lo que Ortega definió críticamente como “barbarie de los especialistas”). Por otra parte, resulta difícil discrepar de las premisas teóricas de la investigación, ya que cuentan con un amplio consenso científico. Ante todo, la especial vulnerabilidad del menor, su elevado riesgo de victimización por razones de sobra conocidas. Pero, fundamentalmente, la necesidad de prevenir con eficacia los riesgos de victimización del adolescente (y de la conducta infractora de éste), no a través de inútiles políticas represivas sino de programas de información y formación del menor, de transmisión de valores y, en definitiva, de educación cívica y comportamiento prosocial. La presente investigación es, a mi modo de ver, un positivo modelo a seguir. ¡Qué improbable es que la moderna Criminología de nuestro tiempo alcance la credibilidad, el apoyo e interés social (y la financiación necesaria) si no se ocupa de los problemas reales de la sociedad y el hombre de hoy! Si no aporta una información práctica y practicable sobre el problema social y comunitario del delito. Si continúa presentándose como una Ciencia académica y teorética de profesores y para expertos que se comunican entre sí con un criptolenguaje. Si la información que suministra sobre el doloroso problema social y comunitario del delito satisface a los sabios y eruditos, pero resulta impracticable.

ANTONIO GARCÍA-PABLOS DE MOLINA Catedrático de Derecho Penal y Director del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense


AGRADECIMIENTOS La realización de este trabajo y su publicación han sido posibles, en primer lugar, merced a la ayuda concedida por el Ministerio de Educación y Ciencia al proyecto presentado en su día por el equipo investigador, integrado por los autores de este libro, bajo el título “Programas formativos de prevención de riesgos; victimización y delincuencia: la seguridad del menor”1, en segundo, hemos de destacarlo y agradecerlo, a la colaboración de los directores y profesores de los centros que nos permitieron pasar en ellos la encuesta que figura en el anexo de este libro, y a los alumnos de dichos centros que accedieron a contestarla2. Innecesario es decir que sin el concurso de unos y otros hubieran sido imposibles la ejecución y la culminación del proyecto citado y, claro está, de esta obra. De hecho, si hubiéramos de dedicarla a alguien, lo haríamos a esos enseñantes que en condiciones de escaso reconocimiento social, privados de la necesaria y razonable autoridad para mantener la indispensable disciplina en los colegios, no siempre apoyados por los padres de sus alumnos ni por los poderes públicos, realizan una de las tareas más trascendentales y meritorias de cuantas se desarrollan en una sociedad abierta; y también la dedicaríamos a los alumnos, que constituyen el núcleo de nuestra atención y nuestra preocupación, no porque nos parezcan mejores o creamos que nacen buenos, “justos y benéficos” y la sociedad les corrompa, sino porque tal vez sea posible infundirles algunos hábitos sensatos, porque son más débiles3, y porque,

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(Ref. BJU 2001-3067), del que fue investigador principal Enrique Orts Berenguer. La relación de los centros que amablemente colaboraron aparece en el epígrafe dedicado a la Selección de Centros en el capítulo correspondiente a la Encuesta. Y, aunque cueste reconocerlo, porque de ellos depende que algún día, más o menos lejano, podamos cobrar las pensiones de jubilación, por las que hemos cotizado.


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AGRADECIMIENTOS

contra lo que muchos de ellos acaso piensan o aprovechan más o menos inconscientemente, algunas de las bases del actual sistema educativo y de las ideas imperantes entre padres y algunos o bastantes pedagogos y educadores no les benefician en nada. Igualmente, hemos de manifestar nuestro agradecimiento a la empresa Chillida Corpoval S.L., y en particular a su presidente, Antonio Avila Chuliá, por el interés mostrado en todo momento por nuestro proyecto, por su importante contribución a la difusión de sus resultados, por las sugerencias que nos hizo con base en su vasta experiencia y tuvimos en todo momento muy en cuenta, y por sus deseos de contribuir a la elaboración de los materiales idóneos para hacer llegar nuestras propuestas a menores, padres, tutores, guardadores y educadores. Por último, y no en menor grado, debemos expresar nuestro reconocimiento a Antonio Fernández Hernández, María José García Ruiz, Lucía Martínez Garay, Gustavo Reos Guerrero y Enma Sancho Alberola, que prestaron una valiosa colaboración en diferentes momentos de la confección del proyecto que hoy ofrecemos a la imprenta. Los autores


INTRODUCCIÓN Esta obra es fruto de la investigación desarrollada, a lo largo de los años 2002 a 2005, por el equipo integrado por sus autores que han plasmado en ella las razones que les impulsaron a llevarla a cabo, los puntos y planteamientos de partida, los pasos dados y las conclusiones obtenidas. Y ahora, al darla a la luz, pretenden ponerla al alcance de todo lector interesado en temas criminológicos o, simplemente, preocupado por la seguridad de los menores de edad en distintos órdenes, así como por las lesiones, los daños y molestias que éstos pueden causar a los demás. El objeto de la investigación quedó fijado, en primer término, en establecer una delimitación, lo más precisa posible, de las clases de accidentes en que, con más frecuencia, pueden verse involucrados los menores4, de los delitos de que tienen más probabilidades de ser víctimas y de las infracciones y los delitos mayormente cometidos por ellos; y en segundo, en buscar vías y recomendaciones para prevenir unos y otros. Por tanto, se eligieron y jalonaron tres ámbitos, a su vez recortados y contraídos a los supuestos de riesgo para bienes jurídicamente amparados, en los que sus protagonistas son menores de edad, sea como lesionados, perjudicados o agraviados, sea como transgresores. De modo que el hilo conductor del conjunto del estudio puede cifrarse en la seguridad de los menores (y, de rechazo, de todos), en su búsqueda, desde una doble perspectiva, pasiva y activa, en tanto pueden recibir daños y causarlos.

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No nos referimos a accidentes como los de circulación o de aviación en que pueden verse involucrados menores en tanto viajan en compañía de sus padres, etc., sino de accidentes propios de la corta edad, podríamos decir, consustanciales a los primeros contactos con el entorno, fruto del desconocimiento, la inexperiencia y la inhabilidad.


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INTRODUCCIÓN

A) Para empezar, partimos de una serie de ideas, generalmente aceptadas por obvias: las relativas a que evitar a los menores de edad posibles accidentes —derivados de los peligros de siempre y, especialmente, de los consustanciales a la moderna sociedad—, su victimización por hechos ilícitos e intentar que no los cometan y lleguen a convertirse en futuros delincuentes o adultos antisociales, deben ser una prioridad para padres5, tutores, etc., y, en segundo término, para los poderes públicos. Por lo que hace a éstos, convinimos también en que su intervención ha discurrido por muy variados cauces, de entre ellos el legislativo (Código civil, Ley Orgánica 1/1996, etc.); y han recurrido al punitivo en particular tanto para dispensar protección a los menores frente a ataques contra su estado civil, su libertad sexual, su intimidad, etc., como para reprimir los hechos delictivos efectuados por aquéllos (especialmente a través de la Ley Orgánica 5/2000, reguladora de la responsabilidad penal de los menores). Y, asimismo coincidimos en que en este último orden de cosas, predomina la tendencia a utilizar los medios y sanciones penales y a endurecerlas para solucionar problemas que pudieran afrontarse inicialmente desde otras perspectivas más eficaces en todos los sentidos; tanto para la formación integral y la seguridad del menor, como para la salvaguarda de bienes jurídicos e, incluso, para mejorar la educación general de los adultos. A los anteriores presupuestos, de relativamente fácil constatación, añadimos otros no menos aprehensibles, como es el atinente a que los progresos económicos y científicos que permiten a nuestras jóvenes generaciones disfrutar, gracias a los esfuerzos de las que las han precedido, de mayores oportunidades y de una existencia más confortable, son también fuentes de peligro para la vida e integridad física, psicológica y moral de niños y jóvenes. Sin embargo, la mayoría de los mismos no

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Aunque muchos parecen trasladar a las instancias oficiales y a los educadores tamaña responsabilidad.


INTRODUCCIÓN

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siempre reciben de sus padres, ni de sus educadores, una formación adecuada y suficiente que les permita enfrentarse con éxito a las situaciones difíciles o de riesgo en las que pueden verse involucrados en su vida diaria6. De hecho, muchos menores no saben, hasta que sufren las consecuencias, qué objetos o productos deben abstenerse de tocar, ni cómo reaccionar, por ejemplo, si se pierden en un centro comercial, o si se declara un incendio en su hogar, o si se ven implicados en un accidente de

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Ni tampoco, nos tememos, para enfrentarse a las más sencillas, consustanciales a la vida de relación. Resulta paradójico, alguien debe haberlo dicho y si no lo decimos nosotros, que las autoridades exijan a quienes quieren conducir un automóvil o adquirir una escopeta pasar con éxito determinadas pruebas, mientras que a nadie se le fijan unas condiciones mínimas para traer descendencia al mundo, a pesar de que los riesgos y responsabilidades sean mayores en este segundo caso. En general, bien puede afirmarse, quienes se aprestan a tener un hijo de forma consciente piensan antes en la cuna o en el cochecito para llevarlo de un sitio a otro que en lo que deberían enseñar a ese hijo para que éste fuera capaz de hacer frente a las variadas, complejas y a menudo arriesgadas situaciones que la vida le ha de deparar, y todavía menos en aleccionarles sobre sus obligaciones para con el resto de las personas, algo que acaso ignoran o no practican. De hecho, no es infrecuente que unos padres o abuelos obsequiosos pongan en manos de sus retoños un artefacto peligroso para los demás —un ciclomotor o una bicicleta, por ejemplo—, sin advertirles de cómo deben usarlo y qué deben hacer para no molestar al prójimo; como tampoco lo es que no pidan disculpas a quienes han sido o están siendo molestados por alguno de sus hijos, y que a lo más que llegan, cuando son algo educados, es a decir a aquéllos “tened cuidado”. Por otra parte, no podemos dejar de pensar, mirando hacia atrás y alrededor, en cuán insólito resulta, en general y en la vida cotidiana, que un miembro de la especie siga las exhortaciones de sus progenitores y se aproveche de las experiencias y saberes ajenos, por próximos que sean; tal vez porque la experiencia es personal e intransferible, y nos gusta equivocarnos sin ayuda de nadie, o porque las circunstancias que rodean las vivencias de cada cual son distintas o creemos que lo son, o quizá porque los consejos peor aceptados son los provenientes de los ascendientes, o porque de alguna manera captamos que no son del todo desinteresados o se intuye que quien ahora aconseja se equivocó antes y acaso al hacerlo tampoco acierte, o…


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INTRODUCCIÓN

circulación7. Es por ello, debiera pensar cualquiera, que los menores necesitan aprender algunas reglas básicas que puedan contribuir a su seguridad y a alimentar la confianza en sí mismos, precisamente aquella que necesitarán en situaciones de emergencia. Además, y seguimos sumando obviedades, la menor edad coloca al ser humano en una situación de inferioridad, pues su limitada fortaleza física, su natural falta de habilidades y experiencia, y su inmadurez psicológica, le sitúan, en general, en desventaja en cualquier entorno frente a los adultos y los miembros de no pocas especies del reino animal, y lo convierten en fácil víctima de agresiones y vejaciones sexuales, malos tratos físicos o psicológicos, abandonos, prostitución, etc.8; y no debemos olvidar que niños y jóvenes no sólo pueden ser víctimas de la criminalidad, sino también autores y partícipes de la misma. En este último sentido, los medios de comunicación social nos aproximan a una realidad nada gratificante, por cuanto nos dan cuenta de menores que sufren burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas o acoso en el contexto escolar a manos de sus iguales; o de que los hay que trafican con drogas, participan o cometen violaciones o agresiones sexuales o se implican en asaltos grupales con tintes racistas y xenófobos, o golpean a sus padres o a sus educadores9.

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Y los adultos, en general, tampoco. Ante esta realidad, si nos preguntáramos, por ejemplo, si en principio sabría un niño cómo reaccionar ante determinadas situaciones o en sus relaciones con adultos o compañeros, si fuera objeto de intimidaciones o de extorsión o se le invitara a participar en una conducta portadora de alguna clase de peligro, probablemente, habríamos de darnos respuestas también negativas. Y aunque podríamos divagar sobre si la causa de tales acontecimientos es la ausencia de los padres del hogar, una pobre supervisión paterna, la falta de comunicación, las actitudes de rechazo de los menores hacia lo que dicen los mayores, los escasos afecto y apoyo emocional, una formación cultural pobre, reducida a la que ofrece la peor televisión, el modelado de la violencia familiar, la carencia de recursos a la hora de


INTRODUCCIÓN

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Y todavía trajimos a colación otra evidencia que no podíamos pasar por alto: que los comportamientos incívicos10 están muy extendidos11, sea porque vivimos en una sociedad bastante

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afrontar los problemas interpersonales, y de expectativas, la socialización callejera,..; nos parece más prudente no hacerlo porque ni es éste uno de los objetivos de nuestro estudio, ni estamos en condiciones de dar una respuesta mínimamente fundada a semejante cuestión (ni estamos seguros de que pueda darse con fundamento). Como tampoco lo estamos para establecer si se trata de un fenómeno nuevo por completo o sólo acrecentado en los últimos años, pues se carece de datos que faculten a pronunciarse con seguridad sobre lo que ocurría hace cuarenta, cincuenta o cien años. Y aún ahora no se dispone de una información minuciosa y acabada sobre lo que ocurre sobre el particular, sino casi exclusivamente de la proporcionada de forma más o menos detallada por los medios de comunicación. Incluyendo entre ellos los constitutivos de infracciones penales y administrativas. Por descontado, no hay estadísticas detalladas sobre comportamientos incívicos, sobre su multiplicidad y la frecuencia de su comisión —de hecho, es posible que exista desacuerdo sobre si algunos merecen o no esa calificación—, pero basta salir a la calle un día cualquiera en una ciudad como Valencia para, antes de cruzar el umbral del portal, tener que mirar a izquierda y derecha por si circula por la acera algún motorista o algún ciclista a lomos de su correspondiente artefacto mecánico, y no precisamente a velocidad de una persona al paso, y no está de más echar un vistazo al suelo por si hubiera alguna deposición fresca. Una vez en la calle, si se presta un poco de atención al entorno, pueden observarse automóviles y motocicletas circulando a velocidad excesiva, con una observancia escasa de las normas reguladoras del tráfico —en bastantes casos, de motocicletas en particular, con acompañamiento de ruidos insufribles—, a ciclistas haciéndolo por donde no deben, a vehículos de todas clases estacionados en carriles reservados a los transportes públicos, en doble fila, donde más pueden obstruir el tráfico o estorbar a los que ha aparcado correctamente o en las aceras —que los peatones se ven obligados a abandonar para seguir su camino—, actitudes ineducadas de los usuarios de los distintos artefactos y de los propios peatones; de pronto, el caminante puede recibir, con más frecuencia de la imaginable, un potente chorro de aire frío o caliente, según se esté en invierno o en verano, faltaría más, acompañado o no de goteo, procedente de los sistemas de aire acondicionado de cualquier establecimiento ubicado en la calle por la que se transita; a lo que puede añadirse una refrescante

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